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anatomĂ­a de un

bolso

teresa naranjo pĂŠrez

b book

profeno o

A


anatomía de un bolso de Teresa Naranjo Pérez 2014, Ebookprofeno ebookprofeno.blogspot.com ebookprofeno@gmail.com Colección: Válvula de escape Ideólogo Editorial: Felipe Zapico Alonso Maquetación: Sol Cabañas Arias Imagen de cubierta; Jesús Navas Naranjo Imagen interior: Lola López-Cózar y Ilustración interior; Teresa Naranjo Pérez Depósito Ilegal: 2-2014 Imprime: Cada uno el suyo 100% Libre cloro e I.S.B.N. Verano, 2014

Reconocimiento - NoComercial - SinObraDerivada (by-nc-nd): No se permite un uso comercial de la obra original ni la generación de obras derivadas.


anatomĂ­a de un

bolso

teresa naranjo pĂŠrez

b book

profeno o


Nunca piensa en quedarse cuando se está marchando, o en marcharse cuando se queda a ratos. Los días son un tránsito, un viaje constante. Dicen que los destinos a veces se confunden, que los amaneceres te encuentran cuando cae la luz, y en la noche, bajadas las persianas, la luna se abre paso como si fuera un sol, estrenando sus rayos te despierta y vas a caminar bajo la sombra de un mañana distinto, igual que otro mañana. Mira como el reloj de la estación detiene las paradas, pero no hay tiempo muerto, las agujas le indican que en momentos cualquiera ellas pueden saltar, saltar las estaciones, del frío de sus pies al estío que brilla en su mirada, de la razón del norte a la emoción del sur improvisada. Sobre la incesante quietud del motor puesto en marcha, de las ruedas que giran, que desgastan, su mano se abre paso y toca y ve que aquello es equipaje, que nada más precisa cuando ya nada extraña, que podría avanzar hacia el abismo que frecuenta, que podría retroceder los meses y los años que apenas nos conocen. Y eso es lo que hace, asciende y desciende, mira el presente y vuelve y parte y lo parte y sigue tras la sombra de un mañana distinto, igual que otro mañana. Lola López-Cózar


anatomĂ­a de un bolso


A Olmo y JesĂşs


Olmo Si yo fuera una promesa te seguiría hasta alcanzar el obligado cumplimiento, sería la sombra que soy siempre a la espera de que me llames madre.

Si yo no fuera madre sería sólo barro, o un acuífero subterráneo, si mis manos no fuesen capaces de cuidarte, entonces

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sería una roca erosionada de tanto y tanto querer abrazarte. Pero soy cigüeña que no deja de llevar ramas al nido.

Esto no es un poema, es el soliloquio de quien ve batir las alas a sus crías y no sabe ser sin vosotros.

Sí, lo sé, sé que había columpios que prometían cielos y charcos que prometieron mares pero tú sabes que esa nunca fue mi promesa la mía no está sujeta a nada que se pueda tocar con la razón.

Hay que pedirle una tregua al tiempo para amasar recuerdos, pedirle que no nos detenga en los logros que no nos deje a solas con las paredes vacías,


hay que mullir las palabras para dar cobijo a los cambios y despedir a los niños para que nunca se vayan.

Y aquí, a solas devolviéndome lo que me digo para no caer en ningún adiós, rompo todas las reglas y me pavoneo orgullosa de veros alzar el vuelo juntos.

Las madres cigüeña sentimos la necesidad de hacernos necesarias para tan nada serlo, de rellenar libretas como legado de supervivencia y que cada hoja guarde su propio latido.

Recopilo todas las edades para caer en la cuenta de que migrar no es otra cosa que volver siempre.

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Y te quiero y luego se me pasa y no se quĂŠ me pasa.


Me arrebataste el corazón, me dijo y a mí me dio risa sé que no está bien pero es que yo enamorada y todo... –eso sí– lo de arrebatar, siempre me dio la risa no podía imaginarme corriendo en bata de guatiné con un corazón sangrante en la mano. Él nunca lo entendió, me llamó insensible y a mí me entraron las prisas por desmayarme.


La casa lugar de encuentros fรกciles donde la verdad muerde cuando nos mira, donde es tan fรกcil buscarnos ... que a pesar de los rincones estamos en la orilla de la cama que no nos ama


No sé nada de ti desde que regresaste a mi lado, no sé cómo es tu voz ni tu mirada ni sé las cosas que hablamos, ¿de quién hablamos? No sé si el roce en la puerta es entre nosotros o viene de otra parte, no sé porqué no sé n ada de nosotros.


Me das las alegrĂ­as gastadas y las penas para que las llore y no me quedas mĂĄs remedio


Nada en las manos, nada que acariciar y sin embargo los restos de ti se hallan hendidos en las rayas ineludibles de una profecĂ­a ansiosa por cumplirse, son pieles muertas que un dĂ­a formaron tu apariencia. Todas las vidas que he vivido sin nombre te nombran a ti, yo tan solo he sido un testigo fugaz y fiel.


Que de tanto querer de tanto tanto no sé qué es lo debido, ni si seguir esperando lo que al fin y al cabo debiera de ser sin forzar la sangre, que en ocasiones tan solo es roja por una mera alteración genética.

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Sabes que existe, lo sabes porque lo has visto cuando cierras los ojos y una melod铆a recorre tu cuerpo y un aroma crea una atm贸sfera en una dimensi贸n oblicua. Yo s茅 que existe, porque lo echo de menos.

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Temía que lo absurdo me encomendase la misión de proponerte en mi músculo cardiaco, y hubo un tiempo y no hubo forma, compré un desfibrilador pero no estaba homologado, entonces entendí lo absurdo de la su-misión.

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Sucede cada vez que regreso y es que el giro de la llave en la puerta, esconde a mi niĂąa y siempre es la mujer la que entra sola con la libreta entre las piernas. Luego cuando tĂş y yo dormimos, yo balanceo la cuna.

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Te hice tantas veces con la luz apagada que no sé quererte de día. Qué pena de velas mi amor que desgaste de rutina.

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Escribo de noche cuando duermen los sensatos cuando vuelan mis pájaros y las farolas dilatan las sombras, escribo, cuando el colchón es la cama de un faquir y el día me ha robado mi único deseo de ti.

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Llegué a pensar en la distancia entre el viaducto y mi cuerpo sobre el asfalto y no veía alas que recogiesen mi adiós solo vi sirenas varadas y chalecos reflectantes. Vuelvo a medir y aunque no soy ... ni de letras me tiro por la calle de en medio, es más larga pero por allí seguro que no pasa ni dios.

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Somos el perfecto desorden; primero te quise luego te conocĂ­ luego me llamaste luego te dije mi nombre, arruinaste mi vida y nos fuimos a vivir juntos. Ahora no te reconozco no me llamas no vivimos ni separados.

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Tanto tiempo envejeciendo a tu lado y ya no sé si soy yo la que escribe y ya no sé si es un dictado y no sé si escapar o simplemente dejar de saber

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de tormentas de tormentos de ti de mí.


Guardo un oto単o por si se le olvida al ocre te単ir la alfombra del parque.

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No voy a llorar, que vengo llorada y reĂ­da de esas cosas tuyas y tuyas.


Solo quise dormir y despertar sin ti, pero fuiste t煤 el que despert贸 solo, el m谩rmol de mi piel convirti贸 tu grito en mi epitafio.

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Diario de un secuestro diario Los días pasan a través de mí con horas punzantes, mi cerebro registra actividad aunque mi cuerpo permanece estático. Desde el primer momento quise escapar aun sabiendo que nunca lo haría, ese fue mi pensamiento que aparecía como publicidad subliminal. Mi secuestrador no me permite ver su rostro, cuando creo reconocerle sé que no es él me desconcierta la rosa que a veces coloca en un rincón de mi celda. ¿Tal vez me ame? Cuando le oigo llegar, lloro de la puta alegría.


Llámame loca tú el que se toma las corbatas en serio, el que se mira la barba con ojos en celo, el que conduce un descapotable con bisoñé, al que la quiniela de cada semana puntúa el master de su alegría.

Llámame loca tú y yo te llamaré despectivamente Re-cuerdo

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Son贸 el despertador y quise ahogar su timbre, pero mi dormitorio era una caja de resonancia y mis t铆mpanos acostumbrados a obedecer y mis ojos obedientes a la luz levantaron mi cuerpo dos metros por encima de la piedra que arropa mi muerte.


Todos los días quisiera llorarte, cuando vuelvo y no estás cuando estás ... y no te veo, cuando me río ...a solas, cuando miro tu espalda desde la ventana. Mañana sin falta me meto un dedo en el ojo.

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Somos una pareja de tres viviendo una vida de nadie, resuelvo vivir ignorante y que la noche te devuelva a ella. He sedado mi insomnio con sueĂąos placebos desobedeciendo asĂ­ el ritual de apareamiento.


Si quisiera quererte tomaría una copa o dos o tres, si quisiera dejar de quererte después de no haberte querido te devolvería la botella llena de vacíos.

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Hay un parque desnudo de titiriteros donde el silencio se rompe al pisar las hojas convertidas en patatas fritas, los niĂąos estĂĄn dormidos quizĂĄ nunca despierten.


Cuando la partida es necesaria, obligada, gradĂşo mis espejos ojos retrovisores y busco un mapa en mis manos.

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¿Y por qué ibas a querer saber? si no me sabes, si yo no sé.

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Hablemos de tú a tú me propusiste y no sé si por la orientación del satélite de repente se cortó la comunicación. tutututututu y me quedé escuchando ese sonido tan familiar, tan familiar.

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Cada vez que vuelvo de estar muerta me doy contra la tapa de tus “esos”, luego casi siempre me vuelvo a morir sólo una vez no lo hice y me preguntaste si era frígida, a lo que yo contesté, no cariño, es la rigidez post mortem.

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Hoy sería farola si no fuera porque es de día y cuando llegase la noche me encendería solo para que no nos encontrásemos.

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Reconozco que he vivido, –apesar de queel test siempre dio negativo– tan fiel que hubiera preferido reconocer mi alcoholismo en un grupo de esos que sin conocerte te saludan y dicen tu nombre aunque luego por la calle la negación sea recíproca.

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La casa, lugar de encuentros fáciles donde la verdad muerde cuando nos mira, donde es tan fácil buscarnos… que a pesar de los rincones estamos en la orilla de la cama que no nos ama.

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Manu empuñaba un arma con doce años, la heroína le hizo el héroe más villano, un día me llevó un ramo de flores de plástico, se las robó a un muerto, fue su forma de agradecerme los bocadillos y el beso que nunca nadie le daba. Manu siempre me decía: si alguien te hace daño dímelo y le mato. No me quiero morir, Teresa sin que al menos tú me hayas perdonado me decía Manu.

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No recuerdo c贸mo te llamas, en realidad creo que no nos conocemos, pero en honor a la verdad he de decirte que me alegro de haber pensado en ti aun a sabiendas de que s茅 que no existes.

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No encajo con estas propuestas de amor. Amor liviano de temporada sujeto a modas. Amor pesado por balanzas trucadas. Amor infinitamente desproporcionado de cuerdas y candados. Tal vez yo no sea amor porque no sé hablar de él, porque no sabría hacer un patrón sólo para mostrároslo.

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El amo de mi plantaci贸n cultiva adormideras y cosecha gente en barbecho.

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Acaricias al cachorro sabes que es lobo. La primera dentellada le hiere la segunda le arranca de cuajo el coraz贸n para que no sea libre de quererte.


El algesal siempre me recordó su aliento, nunca más volví a usarlo.

Los dolores musculares se cronificaron lo dejé de usar para olvidar. Pero el aliento el maldito aliento lo envasan como genérico en los juzgados donde absuelven.

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Me rompo y barro los pedazos, a veces los aspiro y no sĂŠ cĂłmo haces para pegarme. Y sigo rota de tanto pegamiento Y miento.


Siento que vuelven todas las primeras veces. Arrancar a respirar después de las veladas a mis muertos –algunos todavía vivos–. La primera vez de todo es volver a la mitad de lo que queda de mí.

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Uno cree que elige y resulta que no cree, sabe con certeza. Yo no veía mis cuerdas, quien me las ató se ocupó muy bien de hacerlas parecer lazos violáceos. El manejo venía incluso remoto y claro, una no imaginaba que el movimiento de asentir o negar no era para descargar las cervicales. Siempre pensé que mis lazos formaban parte de mí y no de mis “terminaciones nerviosas” como pude comprobar un día que quise y mi cabeza negaba. Ese día en que se me trombosó mi lado obediente, descubrí que si cortaba los lazos sangraban, pero muy poco. Palabra de titirites titiritesa. a.


Siempre que voy a leer lo hago completamente desarmada y si me retiro en silencio, no es cobardĂ­a, es simplemente que no me interesa saber quiĂŠn la tiene mĂĄs larga o si por el contrario corta, pero juguetona. Nunca fui capaz de dar el Mi de tetas.

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Un sueño en argentino Mejor querrías que llorase te avergüenza mi labio leporino, decís que nunca podré silbar que se mofan de mí cuando me carcajeo. Decís que escupo en lugar de recitar un verso, que las sílabas salen a tropel por mi boca y se estrellan, que no hay luz que me favorezca y no serviría de nada leer contra la pared. Decís de mí y yo me lloro. Pero no sabés lo que yo escribo, siempre se te adelanta la risa y a mí me pierden las ganas y se me escapan entre los dientes. ¡Valiente labio, que no entendés de censuras!


Más vale que me pases a PDF para que nadie pueda cambiar mi forma. Más vale que lo hagas ya porque si no sé que me voy a borrar todas las veces que me leas.

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De las huidas aprendí a esquivar, de los encierros‌ a volar.


Se tambalean los cimientos donde construyeron mi vida, me zarandean como el huracán que no distingue al pájaro del elefante y ruedo como una piedra buscando a otras piedras para construir un nicho. Si una vez me aferré a ti, me pido perdón. Mi ADN es el de una partitura Re escrita por todos y tocada por nadie.

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Al minuto siguiente ya había pasado un minuto de su muerte. Sucedieron tantas cosas o eso dicen. El reloj no tuvo la deferencia de pararse ya todos hablaban en pasado de ella. Mi padre era viudo mis hermanos y yo huérfanos de madre… Yo la quería, decían. En un solo minuto se convirtió en recuerdo. Al minuto siguiente ya habían pasado catorce años.


驴C贸mo se explica la tristeza? En silencio, cuando no haya nadie que necesite de explicaciones.

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Sólo seré visible a los ojos nublados, a los que la niebla de la razón no empañe lo que soy. A los que miren y vean lo que no oyen y sientan lo inútil de las verdades absolutas. A los que la muerte no separe de la vida, a los que no necesiten una despedida. Sólo seré visible cuando la necedad no obligue


Si tuviera que vivir de tu consuelo, serĂ­a una sin techo.

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Hoy no pienso llorar ni un poquito, ni aunque me muerda un cocodrilo, ni aunque no pueda morderle yo a él. Ni siquiera lloraré por las cosas que se llora y que son de obligado “lloramiento” . Lo sé, hoy el vendedor de clínex llorará por mí.


Le partieron el coraz贸n y ahora anda buscando redes wifi sin encriptar para conectarse a la intranet de su libro de familia

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Ser el ĂĄngulo muerto de tu espalda o la lĂ­nea que divide tus ojos en la mitad de dos miradas, me ha convertido en sombra en una mala sombra.


Declaro campo de batalla todos los lugares donde ya no existo. Donde quiera que esté ahora trazaré un mapa con las coordenadas exactas donde dirigir los ataques, quiero derrocar los escaparates, las bolsas de perfumes, todas las casas de Dior y poner las cruces boca abajo, lanzaré una ofensiva contra todo lo que respira y sin embargo está muerto. Declaro desde este exilio la guerra a lo inútil guardado en cajones, a la vajilla y cristalería de los domingos, a los regalos con los que os compró el banco. No tendré piedad Con el espumillón ni con los restos que preferisteis no tirar.

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Desde aquí veo cómo algunos os acercáis, a otros, sé que ya no os veré nunca más.


Dijo que lloviera, pero no era nube, ni tierra lo que pisaba. Contra la pared, los arriates recogieron gotas para salvar vidas como flores. flores

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El aplauso Plas plas plas plas plas ¿Y después? Necesitarás más y más nunca tendrás suficiente. Llevarás un medidor de decibelios, contarás uno a uno, te quitará el sueño. Tu estado de ánimo dependerá de lo estridente de cada aplauso, zarandearás a quien no te aplauda. Vomitarás. Amaestrarás a los pájaros para que te aplaudan. Y después, ¿qué? ¡¡Mata a tu musa!!


Naces y te acostumbran a una postura, te ponen zapatos para que te acostumbres, te ponen bragas para que te acostumbres a ser una niña, te compran una muñeca para que te acostumbres a ser madre te empiezan un trapo de costura para que te acostumbres a ser una mujer, te prohíben salir con chicos para que los acostumbres... Y aquí a fuerza de costumbres, a la fuerza media vida o más al lado de quien no me acostumbro y del lado del otro lado.

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El guerrillero cava una trinchera, construye una barricada. Se acomoda en ese saloncito y escribe largos discursos de libertad, pero no sale, ni se asoma. El general traza una estrategia sobre un mapa entre humo de puros en un despacho con tapices y no sale, ni se asoma. Yo ejecuto todos los dĂ­as sus malditas guerras y las pago con billetes de metro y hambre.


El manso dio una dentellada y le arrancó el brazo de trabajar al mozo de almacén, la rabia le cegó y no supo distinguir. El amo le recompensó y le dio el nombre de todos los brazos que morder. No tiene su propia carnaza, pero el amo está contento. Ahora cuenta con una cuadrilla de mancos y una lengua para lamer.

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El día se hace el loco como si con él no fuera y se va. Todas las noches la derrota de un día que no pretendía nada.


No se habla de lo que no quieren oír de las cosas que nunca tendrían que haber pasado, porque esas cosas no pasan, ¿no? ¿O sí? Por sí acaso no hables o búscate a alguien que dé fe.

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DeberĂ­as llamar antes de entrar a todas las estancias donde se hacen curas no vaya a ser que te encuentres a dios rogando.


La vida me muere por los pies como se muere en mi pueblo, como se muri贸 mi abuelo primero se le quedaron los pies fr铆os y no se muri贸 hasta que no se consumi贸 el cigarro.

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En caso de explosión, devolvedme a un árbol que el daño sea mínimo a vuestras inertes posturas. Y cuando haga viento me desharé de mí.


La niña chica pensaba que, si lloraba, se moría alguien y aunque le doliera un diente, nunca lloraba, ni cuando se caía y la curaban con alcohol, ni cuando le pusieron orejas de burro, ni siquiera lloró cuando dejó de ser grande. A la niña chica la trataron con adormideras.

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ยกOdio todas las riquezas valoradas por sus brillos. Reivindico los reflejos de la luna en los charcos!


Siempre supe que llorar no servĂ­a de nada desahogarte, ahogĂĄndote. como si no hubiera mar... como si no hubieras.

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Se nos acaba la memoria a cincuenta pasos la distancia justa entre el inter茅s y la deriva de la raz贸n.


Para ser físicamente un poeta Para ser poeta, hay que empezar por limpiar bien la comisura de los labios de los restos de delante del espejo. Arquear las cejas, sólo si el gesto es espontáneo de cualquiera de las vísceras de donde emana cada palabra. Fijar los ojos a los pies sin dejar de mirar a todos lados. No dejar que sus manos juntas una y otra vez condicionen tu ego, si aparece, ¡¡mátalo!! Sus libros no son leyes ni decálogos. No dejarte golpear por la indiferencia, esta es el arma que utilizan los que no saben lo que tú no quieres que sepan.

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Como se siente el agua con tantas caras por lavar y tantas manos rompiĂŠndola. Unos labios la besan y otros se la tragan viva


Dejen de mirarme, de sospecharme. Dejen de nombrarme, de enumerarme, de pisar mi tiempo, de robar mi casa. Dejen de soltarme a sus perros, de escribir mi nombre en sobres, de codificarme. Dejen de espiar mis sueños, dejen de meter su publicidad en mi buzón, dejen de perdonarme, señores travestidos. Dejen de organizar mis horas, dejen de decorar con flores de temporada sus avenidas de asfalto. ¡¡ Dejen de gobernarme y denme por muerta !! que yo no he nacido para ser dictada.

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Roequite Si hubiese dejado de preguntarme todos los porqués me habría rendido antes de todos los microsegundos necesarios. Un roequite de segunda mano que yo estrené, ese fue mi debut. Me leen y deducen y no saben que amanezco a tu lado que somos, porque nos hemos hecho en contra de toda predicción, incluso de la nuestra. No ha sido fácil, porque somos opuestos tú amaneces cuando yo anochezco y yo vivo donde tú no estás. Y tal vez tampoco sepan que un día quisimos huir juntos, ese día fue nuestro encuentro no sé si tú lo recuerdas, las largas charlas en el casino pusieron los cimientos y borraron mi miedo. Hoy, solo hoy mañana volveremos a amanecer juntos.


Como si me corriera prisa abrazar, como si despuĂŠs de toda esta vida me diera miedo perder a quien rodeo con mis brazos sin la rigidez del compromiso. Como si todo lo demĂĄs sobrara. Cuatro, cinco... siete a lo sumo, no mĂĄs.

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Saber lo frío de un engaño cuando fibrilan las palabras y convierten en carámbanos los dedos que antes te señalaban amiga, apelar al orden de los recuerdos desubicados y tratar de colocarlos en brasas para descongelar aquel tiempo estático, maldito y recoger lo que aún pueda salvarse del dolor.


Le cuelgan las piernas, porque hay demasiada distancia entre su mundo y vuestra tierra. Cuando lleg贸 a pisarla, le result贸 tan extra帽amente desconocida que prefiri贸 abandonar el limbo de la distancia. Hoy reta a las baldosas y pisa sus rayas, pero ya no las cuenta.

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Juntando todas mis lagunas para crear un lago, para crear un río, para llegar a algún mar. ¿Porqué? Porque el oxígeno de los pulmones sólo me sirve para colocar un pie delante del otro y mover mecánicamente un cuerpo que no se corresponde con el de alguien que necesita alas, porque es mi manera de respirar, mi manera de no estar a solas con lo que no digo. Porque tras las ventanas hay una vida y yo necesito contármela. Gracias.

Antes de nada querría decir que para mí es imprescindible seguir siendo invisible, de ese modo sólo me verán quienes no necesitan de mí y sin embargo siempre me acompañan, el resto, no hay restos.

Gracias infinitas a Felipe Zapico Alonso por ser mi más mejor amigo, por no preguntar, por respetar mi no poesía, por entender todo lo que escribo como lo que es sin explicaciones. Gracias a Sol Cabañas por dedicarme su escaso tiempo libre y por entender que la sangre no es siempre la que manda. Gracias a Lola López-Cózar por todo, por absolutamente todo, pero sobre todo por esas toneladas de agua, por el cielo en todas partes, por hacerme soltar amarras, por sentirme fuerte como un pájaro pequeño. Gracias voz de cuenco.

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colecci贸n

de

V谩lvula escape

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Anatomía de un bolso  

Anatomía de un bolso de Teresa Naranjo Pérez

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