Issuu on Google+

Andrés Borbón La última muerte de Román Perdomo


“Atraído por el abismo, vivo la melancólica certeza de que no voy a caer nunca” Juan José Arreola.

Román Perdomo, el hombre más rico y poderoso de “El Paraje” y de muchos otros pueblos a la redonda, se estaba muriendo y no había nadie en el mundo capaz de hacer algo al respecto. La familia del terrateniente lo había intentado todo: brujos, curanderos, sobadores, chamanes, yerberos, lectores de cartas, santeros, médiums, espiritistas, iridólogos, acupunturistas y hasta médicos. Iba y venía a los hospitales y clínicas de la capital como quien va a la tienda de la esquina, y nada. Lo habían medido, penetrado y analizado con todos los aparatos que la ciencia moderna conoce y el resultado había sido, hasta entonces, siempre el mismo: El hacendado tenía una salud de hierro pero se estaba muriendo y nadie sabía por qué. De todas las opiniones vertidas en torno al caso, la más plausible vino de un astrólogo itinerante que alguien encontró en un mercado sobre ruedas y que dijo, tras evaluar los portentos: —Éste hombre se va a morir porque se le han acabado las ganas de seguir viviendo. Después se rascó los mugrientos cabellos, hizo un bizco y agregó:


—Le haría bien perder las memorias: está extraviado entre los hombres que ha sido. Luego llevaron al astrólogo trashumante a la cocina, pues el pobre se desmayaba de hambre. Mientras comía a dos manos, le dijo a Brígida, la cocinera: —Pobre diablo: Es un triste hijo de puta con demasiadas muertes encima. Se ha tragado todas las vidas de un jalón y ahora resulta que no le queda nada por vivir. Engulló media docena de bisteces y una jarra de agua, treinta tortillas y tres platos de frijoles con epazote recién cocidos. Cuando terminó, se recargó en el duro respaldo de la silla, soltó un estruendoso eructo y le dijo a Brígida: —¿Cómo ves, morena, si le damos una probadita al tigre, que anda también hambriento? Brígida no entendió a la primera, pero cuando estaba despatarrada sobre el angosto catre con aquél tipo melenudo sumiéndole el enorme animal hasta el fondo de las entrañas, empezó a comprender: Si pendeja no era. Envuelta por los rítmicos rechinidos del camastro, se dio cuenta que aquél hombre lo sabía todo sobre estrellas, planetas y meteoros. Ignorante como era aquella cocinera de veinte años, ya estaba al tanto del misterio más profundo del cosmos. Entre embate y embate, el nigromante le decía al oído nombres de


astros y constelaciones. Cuando gritó “¡Betelgeuse!”, eyaculó un hijo en el vientre de la inculta mujer que, sin embargo, había tocado la luna y todos los astros del firmamento con las puntas de sus dedos callosos y prietos. El astrólogo la dejó tendida en la cama con los ojos llenos de estrellas. Dos lágrimas corrían por las mejillas de la mujer y aquellas líneas húmedas eran como rastros de cometas.

Andrés Borbón Originario de Guadalajara, Jalisco (México), es médico cirujano y psiquiatra por la Universidad Nacional Autónoma de México, profesor de posgrado en la especialidad de Psiquiatría (UNAM) y miembro de la Asociación Psiquiátrica Mexicana (APM) y la World Psychyatric Association (WPA). Actualmente, trabaja a nivel institucional como Psiquiatra en la Ciudad de México. Si te ha gustado el anticipo, el autor te permite continuar con la lectura, mediante la descarga gratuita del libro en formato PDF. Puedes encontrar el link en el siguiente enlace http://bit.ly/8ZO9Fi Si no funciona, cópialo y pégalo en tu navegador.


La última muerte de Román Perdomo