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Gema Palacios Morada y Plata

Colecci贸n los escritores b谩rbaros


Autor: Gema Baños Palacios. museodeingenuidades.blogspot.com Imagen de portada: Gema Baños Palacios Colección Los escritores bárbaros. losescritoresbarbaros.blogspot.com Copyleft: esta obra está sujeta a la licencia Reconocimiento NoComercial 3.0 Unported de Creative Commons. Se permite su reproducción total o parcial y su modificación, masticación y defecación siempre y cuando éstas sean sin ánimo de lucro. Para la maquetación de este documento se han utilizado programas de software libre como Ubuntu, LibreOffice o Scribus. Maquetador: Munir.


"Desde entonces aprendí que la li­ teratura es ese ir y venir sobre una huella que nadie eligió. Como el alcohólico o el jugador de juegos de azar, tal vez el escritor sólo escribe por escribir." (Héctor Libertella)


Morada y Plata

Madrid, con M, es morada Buenos Aires es toda de plata Vivir entre dos ciudades quiere decir vivir doblemente exponerse a vivir desdoblada revivir lo que está sin estar del todo ver en todas partes lo que deseas ver porque que estés en la otra vereda no quiere decir que te sienta lejos que hayas nacido en la ciudad de plata no significa que no te guste el morado y sé que existe un Madrid dentro de Buenos Aires no uno sino muchos millones de tonos de morado y algunas personas moradas donde quedarse

Las mujeres que soy habitan un barrio madrileño visten de morado pero sueñan en plata

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Gema Palacios

La Era Antes del Fuerte (Febrero足julio 2012, Madrid)

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Los fugitivos del miedo A M. Me miras como si acabaras de despertar de un sueño largo o de una pesadilla. No me reconoces al principio y tus ojos van acostumbrándose muy poco a poco a la luz taciturna y temblorosa que irradian los míos en la penumbra del túnel. Tenemos miedo aunque no se nos note en la cara. Las pupilas diminutas nos desnudan de todo infinito. Quiero abrirlas y apresar tus parpadeos tenues como la noche presuntuosa que pasa sin darnos cuenta. Voy a hablar más de lo previsto y mi voz será un hilo delgado de confesiones inútiles dispuestas a amordazarte. No tengas miedo de mí sino de nuestros soles apagados hace varias lunas un lunes de esos de biblioteca |11|


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y ojos pergamino. Yo sĂ­ tengo miedo de mĂ­: loca irremediable con tantos demonios bailoteando dentro que ni un mago serĂ­a capaz de salvarme del fuego. De hielo son tus manos grandes y de hierba tus ojos primitivos como las llanuras de la pampa donde ambos, sin saberlo, hace mucho, tal vez demasiado tiempo, nacimos.

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Roja "Madrid es el único sujeto posible del verbo llover" (Munir)

Huelo poesía. Escribo la lluvia. Y poco a poco gota agota mi memoria. Mi memoria perdida extraviada que ha recorrido sin rumbo fijo las calles huérfanas de Madrid que ha trasnochado en los bancos de sus bulliciosas plazas, que ha recogido ingenuidades en los bares, en las lunas empañadas de los automóviles, y en las miradas de aquellos que piden limosna sin saber qué día recordarán cómo se llaman. El horror es su pasado; la miseria, su mañana y yo ­cobarde­, ruin memoria no me atrevo a bautizarlos, a cambiar su techo de cielo por mi suelo alfombrado y el olor de mi almohada. Escribo poesía. Huelo la lluvia. Mis palabras se mojan, mi sangre se vuelve tinta y mi ser nada. |13|


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Invariable Entonces a veces no y a veces sí Ahora siempre tal vez nunca Mas ahora todo sí Todo lejos cerca Casi Dentro lentamente tan despacio acá allá Ayer arriba abajo Mañana aquí sólo Mucho lento muy lento tanto tanto pronto sí A lo mejor jamás.

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Tus túes Tu presencia tu no presencia tus relatos desplegados en mi cabeza tu jersey tu abrigo tu boca tu Caos en el orden tu vorágine y sus flechas tu salvajismo tus mentirosos poetas tu pensamiento durmiente bajo el nido tu miedo a no caer tus lindezas tu forma de expresar lo inexpresable tus pies pisando tierra suelo y firmamento tu cáscara de silencio tu interior inmenso y sus cuevas tu eco elevado al cubo tu sed tu hambre tus malas cenas tus peores desayunos tu tiniebla tus ojos que a mate saben tu mirada porteña tu imposible acceso tu elevación constante tus libros y los de la biblioteca Tú ahí al menos hablándome escribiéndome Tus palabras inmóviles perfectas esperando mi beso de buenas noches.

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Radiografía de los sueños La sed vital es fluctuante como fluctuantes son nuestros deseos envueltos en pañales gigantescos que no pueden contener todo lo inmundo que es nuestra carne y sus desechos ­fósiles imperturbables del futuro bajo la tierra y bajo los animales­. Ansiamos lo que no poseemos, mas, ¿qué es poseer sino abarcar la nada con bocas y labios entreabiertos? No es tan surrealista el paradigma repetido sin cesar en nuestros sueños no es tan disparatada la manada de ciervos que atraviesan el poema con ritmos bailando entre sus cuernos. Los cuerpos machacados por los años los cuerpos putrefactos, los residuales cuerpos... dime, ¿dónde los olvidamos, dónde perdurarán si somos tantos cadáveres maquillados haciendo cola en la taquilla del metro? Estupideces como ésta, acuden cada noche a entorpecer mis versos, y entonces sólo me quedan dos opciones: o bien compartirlos conmigo o bien apretar el gatillo y apretarme contra ellos.

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Mis adentros Un corazón dentro de un violín dentro de un ataúd un ataúd dentro de un corazón dentro de un violín el violín dentro del ataúd dentro del corazón dentro de mí. (...)

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La soledad o el sudor Como los pulgones verdes se aferran a la rosa rosa así me aferro yo a tus ojos, y en ellos permanezco aunque abras y cierres mucho las pupilas. Desde que estás sin estar yo no sé ser y parezco verbo copulativo sin atributo alcanzable, ridícula parte que no encontrase su sitio del todo, violín sin cuerdas maullando en la noche de agua. Mi rostro no llueve, no graniza, no nieva pero tiene un tinte oscuro como una nube grande y se refleja en el charco con tal insistencia que me dan ganas de pulsar en el lugar consabido y dejarme abrazar por la autodestrucción... (…) En la sima espectral de mis palpitantes abismos desembocan de la mano placer y dolor, y acudo a la risa, y mi carcajada es plena, el gemido desgarra y el jadeo asfixia y todo lo que rozan mis dedos no huele a sexo sino a soledad.

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Dios comido Anti­dedicado a los escritores bárbaros

No somos profanadores de tumbas No somos predicadores De tumbas no somos enterradores sí cabezas sí pensantes sí habitantes de ataúdes de sarcófagos o féretros Nosotros los bárbaros barbarizamos hasta no dejar un hueco ­de barbarie­ en este hoyo pútrido e infecto donde no hace falta firmar testamentos con sangre sino con tinta espesa bersos intoxicados de calamares.

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Museo de ingenuidades A la inocencia, siempre Al amor, nunca A M., ahora

Como una fugitiva que abandonase el lecho a la hora temprana en que su esquivo amante duerme bajo una nube de sábanas Así no he huido yo ­al alba­ cuando la mejilla derecha ha empezado a notar desconocido el olor de la almohada El calor ajeno bajo el edredón de un cuerpo no muy diferente al mío y sin embargo tan distinto ­anoche­ La mejilla no ha tardado en contagiarme su extrañeza Y ya mis ojos deberían haber averiguado el paradero de mis gafas pero no Y de repente: una voz un sonido ininteligible un murmullo apagado |20|


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Y más tarde: un ronquido animal como de tigre conteniendo la carcajada. Me paro a pensar y no recuerdo lo que estaba pensando ­anoche­ en sueños Como si esta cama me hubiera robado un pedazo un fragmento de inexistencia Mi secuestrador parece un guerrero preparado para entrar en batalla de un momento a otro Y da patadas, como un niño en el vientre del vientre… de su poseedor No encuentro el broche de las botas Ni los cordones del sujetador Sólo un ataúd negro que me mira de arriba abajo Como intentando desnudarme y me decido a no mirar Dentro Por si me caigo ­en el fondo­ todo ha sido fácil: recoger mis cosas y salir |21|


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de pun­ti­llas Como si hubiéramos hecho algo malo ­anoche­ Mientras Tú las acariciabas y Yo los acariciaba: Cuerdas tensas / rizos elásticos Notas roncas escapando de los Dos ­Es el paraíso­ me dijiste ­O el infierno visto desde abajo­ Pensé mientras el corazón se debatía entre estallar o contraerse hasta volverse un objeto más o parte de las vitrinas invisibles que forman tu museo de ingenuidades para locos Hemos luchado y has ganado Te mereces algo más que un beso y me gusta verte de vuelta jinete negro entre la polvareda Héroe mestizo Dios malherido que acude a mis manos y si pudiera ­anoche­ te habría clavado las uñas |22|


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hasta gozar tu pena vibrar en tus pesares ocultos y nada más que eso sí Por fin desaparezco de tu cabeza y salgo al mundo de lunes a las ocho y media pero los edificios no eran así ayer y las personas no tenían esa ridícula línea curva en los labios Cierro la puerta de golpe y me voy No taconeando… ni lloviendo… ni sintiendo… simplemente me marcho y tú duermes hablas en sueños me llamas entre llamas de un incendio ficticio que he metido en un cofre –ése­ Ppra que cuando despiertes si es que sigues vivo te duela la garganta y una lágrima caiga de tus ojos defectivos al pensar en la cebolla que desayunamos ­anoche­

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Pellizcos al olvido o mis muertes consecutivas

¿Ella? (No la anuncian. No llega aún.) (Rubén Darío)

Tan sólo nombres, nombres masculinos garabateados en un papel cualquiera, blanco, cuadriculado y arrancado de cuajo puede que sobreviviéndome o tal vez sobreviviéndonos, a ellos o a mí: de ningún modo a ambos. No sé quiénes sois, nombres de voz ronca y fauces abiertas, no sé si seréis con los años los mismos niños y adolescentes y adultos y ancianos no sé si voy a recordaros en vuestros labios o en la cobardía por no estar ni aquí ni ahora leyendo vuestras iniciales con ojos trémulos, truculentos o tranquilizantes. No es triste y sin embargo es ácido olvidar las palabras gongorinas de Javier en pleno vuelo volver a los ojos de Diego aterrizando

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en la pista equivocada, como la ciudad de Carlos, y sus tangos invisibles, a los ojos de un niño de diecinueve, Fernando, pequeño ópalo crecido, mirada de lobo penetrante, Quique nunca dejó de ser mi mejor amigo en el recreo, de verdad, y jugábamos por aquel entonces a imaginar lo prohibido; recrearte, Alex, sueño de una noche de verano, rosa blanca, mar y cielo, tormento en las dudas con Juan y sus camisas de botones saltarines y su pasión medida, como desmedida fue la de Sergio con sus versos voraces de vete pero vuelve pronto, y tarde o temprano esto va a terminarse y la lista dejará de tener nombres propios o los propios nombres comenzarán a repetirse uno detrás de otro, sin fin, cansados de sí mismos y del olvido al que se ven condenados. Porque olvidamos sí, olvidamos de golpe y porrazo cuando aparece una luz más blanca y menos pura, olvidamos porque no queda más remedio, porque alguien se dedica |25|


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a borrar nuestras vidas cuando nos quedamos dormidos. Esta traficante de sueños es bien conocida por todos los hombres por todos los pueblos y todas las razas, esta traficante sinuosa que no deja huella tiene tantos nombres imposibles que no seré yo quien desvele su no apellido en múltiples lenguas. Tan sólo diré que huele a nardos, sabe a hielo y viste de luto aunque brinde con champán en las noches de nuestros futuros y sucesivos entierros.

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Léelo Al Lope de Vega de los tiempos presentes

Escribías versos de peces de mares azul marino transparente mirada derretida en un labio que entonces rabiaba por otro color y por otros placeres. Me diste poco y con eso fue mucho lo que desaprendí aquel verano de hace tanto porque tanto calor congelaba mis noches y a veces notaba una sierra punzante clavada en la médula clavada en la tráquea. No me enamoré porque no era propicio o porque el vicio aquel me masturbaba los ojos y no podía llorar de alegría si nadie me había enseñado a coger bien la cuerda y atármela al cuello muy fuerte hasta rasgarme las yemas de los dedos. Si no tú, ¿quién me habría protegido del monstruo que tropezaba en mi alma? Atrapada en los bises de tu amada tragedia me desinflé como una pelota hinchable el día de un partido decisivo mientras ese dolor tan blanco fabricaba legañas. Las fichas se cansaron y el juego quedó en un empate y la tregua no fue de treinta años sino de tres meses o cuatro o cinco ya ni siquiera lo recuerdo... No sé cómo explicar que todo fue un garabato desordenando los poemas de mi vida o una lluvia esdrújula de hipérboles |27|


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siempre y nunca pegadas en las suelas de mis botas marrones de todos los días. Cuando yo me vaya cuando yo cruce el océano cuando ya no puedas intuirme en los gestos y en las palabras Cuando esto suceda, tan solo léelo, lee esta mierda de poema repito léelo: y que sepas que unos versos pueden detener el tiempo a tu favor.

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La semilla de nuestra podredumbre Decidieron llamarnos poetas y lo hicieron hasta desgañitarse o más bien hasta que se nos quedó grabado: sois poetas sois poetas sois poetas sois poetas sois potaje de garbanzos ­que viene a ser lo mismo si lo miras desde el punto de vista de la boca del verso del estómago que se abre para recibir una legumbre un fruto del campo o del trabajo o de la mano de los hombres que lucharon pero hoy se han ahorcado así: entre sudores fríos y sílabas jugosas que albergan dentro mitad y media de sabroso gusano.

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Los complementos indirectos también mueren A los gramáticos en general y a doña Marina Albondiguilla en particular, a quien deseo una larga vida Amén (...)))) ....deja de dolerme ­tumor­ deja de dolerme tanto y tan insistente­ mente atroz mortal rugido/ fiera silbante opresiva placenta estranguladora sed ­y luego­ cuerpos entrechocados caótico fin propicio a empezar sin dejar nunca de. Abrazos de brazos zozo­brantes pies a la deriva lengua de sierpe muda venenosamente verde y larga como una tortura ingresiva semejante al rictus aquel que afloró de su boca

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cadavérica que se tambalea entre escombros de maquillaje azul azafrán y tanta peluquería y tanta arruga de camuflaje Para qué si estás muerta muerta muerta mil y una veces müerta y solo ella velará tu reposo. No me hace falta (locución verbal) estudiar (actividad) para saber (estado) que Morir no es perpetuo ni siquiera dinámico pero sí télico sí!.. Porque para ti y sólo para ti es un (logro). Gracias por todo: y maldita seas ¿puta asesina? ­vieja anticuada­ (((...) Gramática.

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10.012,09 KM ¿Cuándo? Me preguntan cuándo te vas cuándo regresas cuándo vuelves a casa pero si yo no me marcho no me voy para siempre si me da miedo el avión si me dan miedo los trenes y los hombres que se saltan de parada si sé que soy una niña con cara y rostro y facciones de niña chica perdida en sus propios límites definitivamente grandes y a veces tan tan tan lejanos como Madrid de Buenos Aires.

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No creer Quién me dijo a mí que pudiese doler tanto tiempo y tan agudo el mismo resurgir de los tambores la misma laxitud de los ensueños el testamento inacabado o los agujeros mal cosidos del peluche amoroso ­perro viejo­. Mis ojos han enfermado otra vez reducidos a sal y pimienta. Tengo una cosa aquí bajo el pecho que no funciona bien que está averiado que no late como de costumbre y no sé cómo reactivar sus impulsos de nuevo. Hay una lengua culebreando en mi garganta y no soporto los reptiles no soporto las escamas me está quemando su sangre y sólo quiero dormir de tirón sin preguntarme por nada. Esta ponzoña es tan sutil que no me pertenece este aliento que apesta es más mío que nunca y me quiero vomitar a mí misma una arcada tras otra hasta retornar a la voz dulce de los dieciséis años cuando me pesaba el desamor como una losa mal encajada y lúgubre ­pero sincera |33|


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con todo­. Estuve a punto de creer en el amor quÊ tonta.

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Lo interrumpido Por eso tus ojos, para quedarme. Para seguir aquí. Para aguardar aquí. ¿Aguardar qué? No importa. Para aguardar. (Chantal Maillard)

Reencontrar. Con él volver a encontrar lo inesperado: la sonrisa inmanente lo bello lo impalpable lo siempre firme el hambre del intelecto en la pasta dura de las gafas y de los hombros nervudos resistentes como varias generaciones de poetas. Lo veo desde lejos como quien se sorprende con los fuegos artificiales y escuecen las pupilas de tanta claridad comprimida en un solo centro. Así eres ahora, así fuiste en tus múltiples versiones repetidas una y otra vez hasta el delirio en veranos e inviernos congelados en primaveras y otoños de mentira. No fue una película sino un tráiler de una película que promete muy pronto una segunda parte llena de personajes de intrigas y recuerdos escritos a pluma con esa letra tuya que parece ficticia con esos ojos abiertos que parecen |35|


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que son y que están expectantes como queriendo decir: "aquello nunca fue una despedida; aún nos queda lo mejor".

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Alma flotante Ha brotado de mi pecho un gemido como si una criatura me habitase cotidianamente, oculta entre los recovecos que dejan órganos, fluidos diversos y memoria. (...) ¿Qué contiene la memoria? Yo sé que la memoria está diluida en sangre porque la memoria está diluida porque la memoria está ahí aunque no la recuerde siempre y tengan que recordármelo las lágrimas después de besos peregrinos en labios de nadie. .... No obstante: gime, gime, gime y Gema ­no yo, ni vosotras ni nosotras sino Ella­ gime gigantes gemidos desde el fondo del mar de fondo de sus ojos tristísimos y fugitivos o navegantes incluso a punto de retomar la Odisea. Las nubes giran las olas braman los gemidos son gotas de nubes en el agua |37|


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las gemas son joyas de un tesoro oculto en el coraz贸n de un barco en el coraz贸n de un ba煤l lleno de algas lleno de peces, lleno de sangre azul y mi memoria: diluida.

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Un sueño más o menos Durante mucho tiempo esperó un milagro, que el sueño que Talita iba a contarle por la mañana fuese también el que él había soñado. Solo una vez, sin que ella le diera la menor importancia, soñaron sueños análogos. (J.Cortázar; Rayuela)

He soñado que corríamos desnudos por un bosque que corríamos sobre y a través de él aunque el bosque no existía porque era una playa de hierba de color azul intenso o verde o turquesa y las ramas de los árboles eran blandas y blancas como la espuma enredada en nuestras piernas He soñado que éramos niños en la selva de la infancia condenados a sacarnos la lengua desde lo alto de un sauce llorón que no era como el de Pocahontas pero casi porque hablaba y su voz envejecida iba llenando mi boca de cuentos y leyendas que sólo podía entender si extendía las manos dejándolas caer sobre sus arrugas imperecederas llenas de feminidad y ojos grandes He soñado que te leía en voz baja un libro antiguo donde no eran los personajes los que salían de las páginas sino tú y yo quienes nos adentrábamos en ese mundo de caballerías hasta ser sólo ficticios |39|


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Y no eras don Quijote en tu disfraz tampoco yo era Dulcinea pero sí había Rocinantes y molinos ventas con fantasmas hospitalarios y muchas muchísimas estrellas en la Mancha He soñado que soñábamos sueños paralelos que nuestra lengua era una sola lengua y que los dientes servían para morder y desgarrar y sepultar en el olvido las pesadillas los Malambrunos las derrotas los miedos.

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La reinvención del deseo Y desnudos al amanecer nos encontró la luna (J. Sabina)

A flor de piel mis manos en flor los dedos rozando las páginas de tu vientre tibio cálido sudado frágil en su impureza natural siempre tan ­así...­ siempre tan ­ya sabes...­ placentero y lleno de extremidades "ebrio de trementina y besos turbios" ­dijo Neruda Duermen mis párpados y el espasmo es limpio atraviesa y sabe a más y mejor y me dan ganas de reír como una niña en un columpio a punto de rozar el cielo ­las piernas temblorosas y los dedos pisando las estrellas­ Si me lo preguntas te diré que siento dentro un deseo reinventado reinventado por nuestros yoes volviendo de la ciudad del dolor cruzando sus calles con ojos estruendo ojos al desnudo ojos muy abiertos dilatados |41|


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expansivos aniquiladores

suculentos

SonrĂ­es me miras leer Entonces yo tiemblo como una hoja a punto de caer del ĂĄrbol como la hoja de un libro asustado en manos de un lector exigente como una hoja excitada ante la perspectiva de un nuevo viaje a bordo de otra piel.

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Prólogo a una vida infinita A J.

Dos sonrisas diciéndose hasta luego en la esquina de un bar entre dos calles que podrían ser cualquiera. Aquí es donde nuestros senderos se bifurcan, niño grande, por fin, después de tanta despedida inacabada después del lío de brazos y piernas que hemos sido en este tiempo tan propicio a las sábanas y a los orgasmos literarios. Hoy me mudo de piel para que la tristeza no sea capaz de estrangular mis alegrías tan tontas y tan comprensibles, después de todo. Todo ha pasado rápido, como cuando tu coche y las curvas y las manos y los frenos rotos o las tardes de vamos al parque pero cuidado con el banco aquel que se mueve con la pura inercia silenciosa de los cuerpos. No me aprietes tanto la cintura, no me sostengas, puedo seguir adelante y tú lo sabes; aunque no hayamos llegado al primer capítulo, esta historia de prólogos me ha inyectado tanto placer en vena que necesito embeberme. De vida y más vida tratará nuestra obra maestra y la tinta va siendo tan oscura y tan negra que nada se olvidará conforme las páginas vayan pasando hasta llegar a su fin. |43|


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Prometo que mis ojos no estarán tristes, que mi voz será firme cuando lea en voz alta, que mi lengua y mis alas conservarán su aliento, su inocencia salvaje, su corazón indómito, la belleza del rubor cuando me aman. . Argentina no va a secuestrarme para siempre sino a teñir mis canas de colores, y mis caras de sonrisas imperfectas. Huele a mojado, pero el cielo no estalla en lágrimas porque esto no es una despedida. Hasta luego, compañero, espérame puntual en esta misma página que he doblado en la esquina, para que nos acordemos del momento en que interrumpimos la lectura, antes de que descargase la tormenta sobre nuestras cabezas unidas.

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Rostros de mujer

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La gema perfecta A la auténtica Gema Palacios, mi madre

Dices que eres débil porque tus huesos son de una fragilidad extrema, y que tus manos se deshilachan como botones a punto de quebrarse por dentro. Y es cierto, ya no eres la chica de la melena, y de los pantalones cortos y del bikini rosa. Ya no eres esa porque eres esta de aquí: la que me mira, se sonríe y adivina lo que pienso, la que se enfada si hago las cosas mal o si las dejo a medias o se me olvidan, pero lo que no se me olvida es que hace veinte años que lo sacrificaste todo por mí para convertirte en una artista que cultiva a sus hijas con el mismo amor con el que toma un pincel entre los dedos, y retrata el paisaje de sus días, de sus noches, y de los aguaceros que le quedan todavía por vivir. Después de veinte años me separo de ti y estaremos muy lejos, y te escribiré largos poemas con perfume a nostalgia. Y te juro que volveré siendo la misma, pero más como tú: más valiente, más sabia |47|


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mรกs hermosa... Aunque nunca vaya a tener unas piernas tan largas, y unos huesos tan firmes como los tuyos, mamรก.

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Inés Para Inés, por estar, por ser y parecer mi propio existir

“Inés, Inés, Inesita, Inés, todo lo que eres... ¿cómo explicártelo?” Que me gusta cuando dices: "me fumo este y nos vamos" que es fácil regalarte cosas porque me encantan tus ojos como platos llenos de exóticos manjares y porque ya sabes que puedo contarte una historia que dure toda la tarde ­si no voy al grano­, y creo que el mejor lugar para confesiones es el sofá de tu casa blandito frente a la tele justo después de ver el rosco y haber acertado todas las de literatura Soy otra cuando salgo del 643 y encaro el frío o el calor con ansias renovadas No puedo evitar cuidarte y ­siento ser tan pesada­ pero es que tus ojos Inés |49|


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son a veces muy grandes y tiene todo el poder de convicci贸n del mundo Tienes un alma preciosa y eres 煤nica porque se han extinguido todas las de tu especie "Y para que me entiendan: el que no la haya querido nunca que tire la primera moneda".

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Primer boceto: la invención A Eme

Apareces y aparecen tus pestañas curvadas en un signo misterioso ­híbrido entre exclamación e interrogante­, que disipa las dudas de mi lengua y anticipa pensamientos perspicaces. Apareces por la puerta o la ventana como libélula onírica que sobrevolase las flores viles, y al tiempo fuese creando un paisaje luminoso donde la luz no tuviese cabida y el sol pareciese el garabato de un niño en la pizarra gris de todas las escuelas. Apareces ­creo­ y desapareces dejándonos tus brazos amarrados al cuerpo y los besos pegados entre los dedos del pie descalzo con que te vas y si al fin te marchas, te persigue un sendero trazado por la huella visible de las incógnitas que dejas sin responder. Tristes, buscarán consuelo en mis bolsillos. Yo las iré dejando caer sobre el asfalto, y tristes volverán a tus pestañas, como quien vuelve a su hogar muchos inviernos después de haber envejecido.

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Segundo boceto: la pincelada "Y yo sola con mis voces, y tú, tanto estás del otro lado que te confundo conmigo" (Alejandra Pizarnik)

Sueño vespertino de piernas atrapado en un vuelo de gaviota, rodillas que refrenan su caída, dedos que descubren sus historias. Así eres a mis ojos, Marina, milagro de tirante fino y curvilíneo escote de olas que no se detiene implorante sino que permanece a la espera de una orilla donde yacer unos segundos de sagrada oscuridad entrecortada. Risa que se te escapa y que me llena los pulmones como si tuviese todo el mar dentro del cuerpo, y sentirse un poco pez cuando me dejas entrar en tu jaula de fiera salvaje y tierna, ­pero muy humana, en el fondo­. Me miras preocupada desde tu balcón de labios sin barrotes y aspiro su aroma a vértigo fortuito en la cima del mundo. Me esmero por fabricar una sonrisa a la medida de tus dedos y reposo la cabeza en tu hombro sereno y admirable, mientras ideamos un mapa de vidas por vivir que ni siquiera son las nuestras. Me preguntas si tengo hambre y sí |52|


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lo tengo: pero es hambre de futuro, es hambre de nostalgias; un apetito voraz que me devora y se devora y nos escupe a las dos en medio de la Pampa. Me preguntas y no puedo responderte: ­yo también puedo oírlo, a mí también me estremece y tengo la piel a punto de prorrumpir en sollozos; Eme, por mucho que lo intente no puedo decirte a quién de nosotras pertenece el bombeo de ese corazón.

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Tercer boceto: forma y tonalidades Intuyo tu pelo dormido sobre la almohada cayendo en picado hacia labios ­sonrisa perenne­ calor y color en suaves pinceladas No sé si sos vos o es la estrella que protege todos los crímenes que tu cabeza trama Pero mi mano tiembla si tu mano enmudece y estamos acá juntas en el fin de mundo tocando este cielo que huele a frío y a mar y a vida Que lo miro al alba y balbucean mis ojos de puro lindo que es de puro terrible de puro extraño Eres tan morada Eme Moradas tus calzas, tu pollera morada en el alma Que si desapareces me arrojaré por ese hueco de la escalera ­lugar propicio para morir o matar, quién sabe…­ Duermes como si no hubiera un mañana y duermen mis dedos sobre estas letras sucias que te leeré más tarde cuando despiertes ­si es que despiertas, pequeña indestructible­ Al otro de la cortina rota nos espera un abismo rugiente de libertad y sueños infinitos hechos de pasta dura hechos de luz vivísima (…) Dormí un poquito nomás

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Cuarto boceto: tan sólo esencia A la niña salvaje que revoluciona la Charca

Tienen a veces los cuerpos tatuados un paisaje: son playa o desierto, selva o montaña pero pocos, muy pocos, son marinos ­submarinos como este que ahora falta acá dentro­ Vas a volver como el agua salada y no tendré que inventarte niña resbaladiza pez sin escamas ojos­marea alta para conservarte entre burbujas, porque no hay acuario que te abarque sin hacerte cosquillas en la nuca. Tengo sed me ahogo en el aire y el mate me ha contado tu secreto: llevabas el amor y la muerte tatuados mucho antes de que la tinta rozase tus pies.

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Quinto boceto: mujer de carne y verso A veces cuando me habla y mi cabeza se encuentra debajo de la suya sobre la almohada, y veo su mandíbula, el hoyuelo, veo en su cuello a la mujer, la veo profunda, y comprendo que es una de las mujeres más mujer que he visto en mi vida, una negra de eternidad, incomprensiblemente hermosa y para siempre triste, profunda, calmada… (J.Kerouac)

Dices que Eres Que estás Aquí mismo Puedo tocarte Pueden tocarte otros sí No eres un sueño No eres mi sueño Sino el de muchos Trataron de pintarte Y fracasaron pero Yo siempre supe que escaparías del papel risa detenida en cada rincón vestidos desordenados danzarina lengua de luces y en lo hondo mujer para ser y estar |56|


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en los ojos ajenos o enamorarnos de ti por tu todo Y odiarte luego por no ser de nadie entera y eternamente Eme mujer de carne y verso mujer de beso y sangre.

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Mujeres diminutas A Marina y Lucía, ardillas saltarinas sobre la hierba mojada.

Dos niñas son risas multiplicadas besándose sobre la hierba ante mis ojos abiertos. Se tocan y se ríen y se hacen cosquillas juegan a deslizar la mano por la espalda gemela en una postura indescifrable y artística ­muy lenta­. Se huelen el alcohol en la boca y en las pupilas dilatadas con rastros de dinamita. Se saben tan niñas tan rubias tan dulces que lo de sus abrazos es fraterno y tímido como si de dos hermanas se tratase. Ya no sé quién le robó a quién la inocencia la sabiduría el miedo a fracasar el miedo a proclamar a voz en grito su amor puro como el intestino verde de una flor atravesada por una cerilla. Ruedan a mi lado otros cuerpos suenan en mi oído otras voces ­otros, otras, muchas, muy distintas­ pero ninguna así: con esa sencillez tan exquisita envuelta en un vaivén de anocheceres ante mis ojos satisfechos contemplando el milagro que sois |58|


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vosotras niĂąas doradas niĂąas adultas ebrias de ese cĂłctel prohibido al que yo llamo libertad.

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La Era DespuÊs del Fuerte (Agosto­enero 2013, Buenos Aires)

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Pleamor Una boca sumergida y ronca rebrota como un milagro desde el fondo del pantano de tus ojos indecentes quemantes o lascivos en la noche ruidosa de Blandos Aires Permanecen los restos del naufragio entre nosotros y algo me impide distinguir qué es frazada qué almohada qué dedos Qué es todo esto derrumbándose sobre mi cuerpo de madrugada Tu pecho guarda un rugido oceánico las olas nos arrastran sin remedio Te hundes te ahogas nos mueres hacia abajo hacia abajo hacia dentro y lejos de esta orilla Río de la Plata río tembloroso ­ Caos nuevo­ Vuelve tarde de noche a oscuras Sal de aquí vete márchate huye pero regresa a mi desorden Y déjame que te cuente que ­esto­ no es un poema sino |63|


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el pleamor la paz tan anhelada la agitaci贸n el oleaje de mis sentimientos.

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Morada y Plata

La insoportable brevedad del ser Duermes con alguien aunque ese alguien no duerma contigo Tiemblas y tus truenos internos son terribles como la luna llena en el horizonte a punto de suicidarse Te estremeces de dentro a fuera Las caricias lentas retrasan el momento del diminuto estallido Los brazos que te rodean son tuyos como ese poema que llevas escrito en el centro de la frente burlona Arrugas el ceño pensativo y parece que anidases en otro lugar en otra tierra con unos ojos no tan distintos de soles recostados en lechugas suaves Tu abrigo es grande y negro Mi ropa sumamente ligera Mientes y miento Todo nos enloquece Buenos Aires gime a solas Tu Alma ladra con tal fuerza que tus sueños pasarán a ser los míos en breve y cuando extiendas tus alas nada habrá que pueda retenerte a mi lado Estaré mucho tiempo desnuda y mi cuerpo perderá su consistencia para terminar desintegrándose en el viento Entonces no habrá azul que no conozca |65|


Gema Palacios

lince que no defienda porque esa mano blanda acurrucada en mi nuca unirĂĄ paĂ­ses continentes lenguas.

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Morada y Plata

La carrera mientras tanto Cordillera de nubes galopando en el cielo aquel monstruoso de belleza terrible y obscena que agranda mis ojos de lleno y los desborda los mece los escupe de vuelta Y ya fue ya fue ya no tengo palabras poéticas de ahí estos versos taciturnos sin demasiado orden verso­latido pum pum corazón templado emociones intensas Montevideo nervioso ahora y luego a la muerte del sol ciudad que no duerme fantasma sin sábana abrazando hasta nunca mis manos hambrientas.

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Gema Palacios

Mentiras hilvanadas o algo parecido "Se abrió un claro entre las nubes hemos vuelto a ver el sol como dos presos comunes del tejao de una prisión”. (Extremoduro)

Y a qué la nostalgia a qué si no la sientes sino artificialmente en el lapso de tiempo que transcurre desde que preparas un mate y absorbes su amar­ go sabor que sabe a todo eso intuido desde el otro lado Caes longitudinalmente al cielo y el horizonte no llora tu muerte ni la de tus poemas anteriores ni la de tus versos maltratados Qué absurdo sería qué estulticia desorbitante producto de la mente de un *tarúpido* tener fe He leído escritores que creían que escribir era su oficio y el de su alma y su penitencia He desleído sus frases acumuladas en libretas en borradores en paredes como gritos de rebeldía o resistencia o no sé qué protesta silenciosa sin sentido Pero ahora |68|


Morada y Plata

Ahora, digo, que conozco que su miseria es la misma de todos, ahora, cuando me veo reflejada en el cristal del colectivo 141 atravesando esta ciudad que es mía las ganas de escribir se desmoronan de golpe Y pienso en todo el tiempo empleado tratando de versificar algo aunque fuera una tontería parecida a eso que llaman felicidad sin conseguir ser feliz mientras tanto.

*tarúpido: tarado + estúpido |69|


Gema Palacios

Esta otra utopía Cómo voy a creer/ dijo el fulano que la utopía no existe si vos/ mengana dulce osada/ eterna si vos/ sos mi utopía. (Mario Benedetti) A Joaco, por bautizarme

U­to­pí­a Vocal cerrada/ sílaba seria/ estridente/ vocal abierta. Tus labios se curvan en la u besan en el aire y el beso se proyecta, se multiplica y me roza muy breve En la o te pones serio y en la i sonríes, todo mi cuerpo se inclina y aguarda impaciente la anhelada a, provocadora, sensual, utópica en la forma, perfecta en su abertura, precipicio inútil del gemido aquel de chocolate helado. Luego el orgasmo y por fin tus labios ahí de par en par, dispuestos a recibirme como siempre, como cada noche, en el sueño o la vigilia. La palabra u­to­pí­a se desliza y va penetrando mi corazón, mis letras pequeñas, mis ojos claros. No me llames utopía, amor, no me lo digas, o dejaré de existir: seré solo en tu mente solo en tus brazos, en tus dedos, en tu guitarra, |70|


Morada y Plata

mengana dulce tendida en tu cama sin vos como testigo de este infierno frío, primavera azul/ atardecer infinito/ ganas de volverme eterna en mis palabras, en este violín viejo de tres cuerdas que me mira fiero, con voz grave, como si a través de él me imaginaras. Soy y seré utopía mientras vivas y a tu muerte, mi piel se hará carne mortal como cualquier mujer sola y desnuda que añorara el olor que te llevaste.

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Gema Palacios

Tempestad e ímpetu Hoguera única allá en el fondo del pasillo y de tus ojos o los míos los nuestros: dilatados parecidos sordos al espejismo del mundo la prohibición de estar tan cerca tan próximos los prójimos sus miembros sometidos al balanceo constante como las mareas como los flujos sanguíneos el vuelo de los teros el río Quinto y sus torrentes invisibles caballos y llamas y mujeres bailando danzas frenéticas que arrasan bosques campos atardecer llanura sin barreras fuego crepitante Pampa. Me muerdes me muerdo no hay grito capaz de silenciar la noche. Mientras tanto acá en Mercedes las tortugas caminan veloces sin mirar atrás sin envidiar a las nubes.

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Morada y Plata

Alma radiante Sistemas solares en tus ojos girando incansablemente hacen de esta ciudad chica un lugar ameno, un lugar cálido, para quedarse. Aquí cerca del suelo permanezco dormida entre sabios animales que huelen y lamen el olor suave ese olor salvaje, alegre, olor a vida, que perfuma mis piernas y tus manos cuando arrancan sollozos del violín ­Casandra sabe muy bien de lo que hablo­. Y si no que le pregunten a ella, Alma, niña y madre, hermosa Almita de ojos como balas, balas negras a punto de salir disparadas y atravesarte. Te busca, te encuentra, mira celosa tus alas y se pone triste cuando emprendes el vuelo, porque a veces lo haces, sin darte cuenta. El sol deslumbra en este planeta llamado Mercedes, constelación de san Luis, estrella vieja, antigua como el hombre que vino a nacer en tus entrañas, corazón de la Argentina y ahora, para siempre, mi tierra.

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Gema Palacios

Desgarros y/o truenos A la Gema de hace tres meses, que todavía tenía la habilidad de soñar

Triste es tal vez el adjetivo que define mi boca solitaria desde lejos He amanecido ­sí­ no queda otra: soportar la humedad porteña en los cristales grises recordar las pesadillas con miedo a seguir atrapada en su espesura recién cortada despertar y que me falten dos manos una nariz mil pestañas veinte dedos durmiendo en la cintura y una caricia breve en la nuca la paz de unos ojos ah los míos en los tuyos y el frío afuera: húmedo y triste y solitario y (ya me estoy repitiendo como siempre) Qué tonto es pensarte allá en tu cama preguntarme qué has soñado y cómo en qué desorden |74|


Morada y Plata

si has sido feliz si lo recuerdas acaso si llamea la llama y tu Alma vuela y te devuelve las ganas de quedarte o las ganas de volver aquí y arrancarme una pesadilla del pecho que no deja de sonreír desde mis uñas y me acusa con rojo sin compasión Perversa me voy a saber cuando estés maullando en mi vientre garras contra garras y todas las libélulas acudan a verme rehacer el amor con mucho cuidado como el beso de dos niños que huyeran de la infancia con temblores.

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Gema Palacios

Cuadro abstracto uno Me quemas y solo son cenizas lo que queda lo que quiero y lo que quieto se remueve entre el mareo y la fiebre Piel enferma Se fue el invierno el otoño se fue tal vez debería amanecer vestida de colores relucientes pero me duelen Te juro que cuando las letras duelen acá me siento deshecha y jirones son mis pies mente­que­vuela necesita existir con más fuerza más fuego más fundamento pero si me quemas olvido nada podrá salvarme y tendrás que enterrar mis tontas estúpidas pero insistentes desganas de bibir. |76|


Gema Palacios

El amor o la destrucción “La pasión es una ruina” (Joaquín Sabina)

Lagos de agua salada desbordándose y peces naranjas lamiendo pestañas mejillas cuello y de ahí al vientre socavando la arena entre los pechos la vena ahí están arrugados de puro desconsuelo con textura como a dedos dentro del mar Hundimiento A pique los ojos de los brazos la inverosimilitud de esta escena que ya no es de amor sino de rabia rabiosa despedida sin otro fin que el Fin En mi boca la bombilla del mate no sabe a tus labios de anoche No me perfora el hambre sí la sed del beso aquel que ha bajado en ascensor como una vecina silenciosa escapando de la escena del crimen Las sábanas han guardado tu olor no lo soporto y tu peste exquisita me derrumba Voy a dejarme ir venir regresar |77|


Morada y Plata

el vuelo será corto ahora que las alas... Pesan los segundos en el cuerpo abren una herida roja y brillante como ese amor y tus camisas y el volcán de los ojos verdeazules entre los autos Suenan ambulancias en mi estómago el enfermo es terminal la vida sin vida no es Vida No presenta signos de violencia pero ah … Joaquín ya lo dijiste vos “la pasión es una ruina”.

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Gema Palacios

La irrealidad y el deseo Voy a mamar poesía de tus pechos como quien bebe mate a media tarde para alargar las horas o se masturba a solas en el baño o en una habitación con la puerta cerrada o abierta espiando su sombra en el espejo un ruido sospechoso al otro lado perdida la mirada entre las nubes entre los cielos y más allá del cielo hay otro cielo que obsesiona el cielo azul/ rojo/ azulrojo/ rojoazul/ que trae nuevos aires.

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Morada y Plata

Estaciones que vuelven o segunda primavera Me florecen las lágrimas como pétalos que despertasen del olvido y hay algo en mis estambres que cruje: zumbido o ronroneo animal cavando en esa hondura que soy cuando amanezco Y estoy tan abierta tan abierta tan abismal­ mente abierta que el rocío resbala hacia el centro horadando los restos de noche que caen desde las ramas más altas a mis pechos de invierno Y humedad es todo cuanto intuyo es todo lo que tienes entre los ojos amarillos y azules y verdes de invertebrado que se vierte en vertical desmesura No dejes de hacer eso que haces de oler mi olor y olvidarte luego como si mi voz te quebrase los dedos y ni siquiera pudieras nombrarme: Violeta de los Alpes blanquísima ­semilla eterna anhelando polinizarse­.

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Gema Palacios

Mi vida en cuadras A Pedro Aznar, por su voz en vos

Veinticuatro ciento cuarenta y seis pasan de largo los labios veloces sobre el asfalto mojado de la avenida San Martín Caricias goteando en la nuca que me encrespan toda y el cristal del bondi se deja llevar ronroneando apenas Ahora entiendo todo menos los ojos lloviendo Claro claro el cielo por encima si nuestros pechos Por dentro transcurre la tormenta los relámpagos de punta a punta conmueven De la Historia no saldremos vivos Pero lo importante Está y la cumbia en el cientodiez casi vacío Qué gracia el pibe del flequillo Y hemos coincidido tantas veces en la cama que negarte otra ronda sería tan tonto como Apolinario Figueroa y sus jacarandás de repente Corrientes morados y rosas y azules altísimos Gritos en boca de nadie ya fue Existen en serio |81|


Morada y Plata

cotos y días y noches abiertos a todas horas por si apetece un empacho Mientras permanezca Bianca seremos tan felices como un niñito saltando los charcos A oscuras voy a recorrer tus calles cuando no me esperes bajaré del colectivo con este paraguas flaco y enfermo pero azul y alegre como un búho de ojos brillantes que me recuerda a vos con su sigilo Outlet Hilados para crear Arte Natural Fábrica de pizzas Rojo amarillo rojo Ah qué lejos quedan de mi barrio tanto como Palermo y Paternal Paysandú y Charcas un octavo y un decimocuarto piso Con ese beso que me has dado el sol se ha vuelto la pequeña gran muerte y Buenos Aires no sé cómo sigue en pie como si nada hubiera sucedido.

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La letra del loco no genera dinero. (HĂŠctor Libertella)


Otros títulos de la colección Antología Avizor Del otro lado Experimentos de vigilia Gente con sombrero I Concurso de Relato El Dinosaurio Literamita o Dinatura

Colectivo Julio Achútegui Munir Loro Gonzalo Ruiz Suárez Varios Loro

Los ojos blancos

Munir

M

Munir

Morada y plata Rómpase en caso de uso Romper el tiempo

Gema Palacios Vade Retro Carmen B. Barcón


Los e;bÉs se darà n x satisfechos si alguien quiere publicar su propio libro.

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s @ gm iz io ne

ail . c o

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Morada y plata  

Venus desnuda. Juro que ya no sé cómo pensar en Morada y Plata sin que me venga a la cabeza esa imagen tan pictórica que mi madre trazó con...

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