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Coordinación Dr. Enrique Solana Suárez Director EA ULGPC Diseño, maquetación y edición Jorge Yeray García Pérez Edición publicada el 16/03/2018


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Rafael Robaina Romero Introducción del Rector

Ángel Tristán Pimienta 50 años de la Escuela de Arquitectura

Enrique Solana Suárez Escuela de Arquitectura en Las Palmas de Gran Canaria, 50 años de actividad

Jesús Álvarez García Felix Juán Bordes Caballero Ahora ya son otros tiempos, con nuevos recorridos

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Seguimos aquí. Pocos días después de llegar

Eduardo Cáceres Morales Antes eran cuarenta…

Benito García Maciá y José Manuel Pérez Luzardo La Escuela de Arquitectura. Una visión de los recientes graduados

Francisco Márquez Pedrosa Una y otra vez

Elisenda Monzón Peñate Viajes con la Escuela

Francisco Ortega Andrade Una década poco prodigiosa

Jin J. Taira Alonso XV_ EX_WALKPEX_PLAYPEX_X


Manuel Bote Delgado Las Palmas: la ciudad y sus cortes

Manuel Martín Hernández y Vicente J. Díaz García Tura de turas, Arquitectura

Felipe Gago Doreste Reflexiones sobre el patrimonio histórico urbano C C U E

Pablo Ley Bosch

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El ojo y la Mano. 45 de 50

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Jose Luis Gago Vaquero

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Juan Sebastían López García

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La arquitectura y la ciudad histórica canaria como recurso didáctico

Juan Ramirez Guedes Fuera de Campo

Ricardo J. Santana Rodríguez Geomorfología y uso del territorio

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Tres esquinas


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Introducciรณn

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La Escuela de Arquitectura de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria cumple 50 años, una edad que permite contemplar el camino recorrido y que ofrece una perspectiva para reflexionar y comprender el valor de la tarea realizada. Este valor es precisamente el mensaje que nos transmiten las contribuciones que se agrupan en este volumen y que se formulan desde perspectivas tan diferentes como el corazón, la historia o los proyectos presentes y futuros, pero idénticas en su mensaje de felicitación al centro por sus compromisos y sus logros, por su pasado y su futuro.

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Rector Rafael Robaina Romero

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En nombre de toda la comunidad universitaria deseo felicitar al centro, a sus equipos directivos, a sus equipos docentes, a su personal de administración y servicios, así como a los más de 2000 estudiantes que a lo largo de este medio siglo han pasado por sus aulas. Un centro que, junto con la Escuela de Ingenieros Industriales, constituyó el germen de una primera estructura universitaria que, con el tiempo, generaría nuestra actual Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

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Estas páginas ponen asimismo de manifiesto que la Escuela de Arquitectura de la ULPGC ha desempeñado una importante función científica y social porque ha sido capaz de responder a las demandas que la sociedad exige a la Universidad no solo con planteamientos académicos profundos sino, además, con una mirada crítica que ha contribuido a transformar la manera de comprender la realidad. Esta transformación, que se ha ejercido sobre el entorno territorial, urbano y arquitectónico de Canarias, mejorando la vida de las personas por sus repercusiones sociales económicas y culturales, se ha proyectado también con fuerza hacia el exterior a través de la sólida formación y la prestigiosa actuación profesional de sus titulados.


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50 años de la Escuela C I N

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(Presidente del Consejo Social de la ULPGC)

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Ángel Tristán Pimienta


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Señor rector, señor director, señoras y señores profesores, alumnos y PAS: Si hablara desprovisto de mi condición de periodista, y de mis recuerdos y vivencias, y solo como presidente del Consejo Social, que quizás sería lo protocolario pero que es ajeno a mi naturaleza, bastaría con unas pocas palabras como, por ejemplo, muchas felicidades por tan fructífera longevidad, 50 años que han dejado una huella profunda en buena tierra, y que cumplan, la Escuela, y ustedes, muchos más, y yo que lo vea

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Pero se me antoja insuficiente sin contarles algunas cosas muy relacionadas con mi actividad a medias entre notario social y cronista apasionado por los temas relacionados con el paisaje, el urbanismo, la arquitectura… cuyas vicisitudes siempre me han atraído poderosamente hasta extremos casi casi talibánicos. Esta atracción me ha permitido conocer a grandes personalidades de este mundillo complicado donde se mezcla la arquitectura y el paisaje, la belleza y la utilidad, y las distintas corrientes que, gracias a su interconexión, configuran el territorio de una forma peculiar.

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Esta atracción de que les hablo es en gran parte consecuencia de haber entrevistado, en una larga comida en una pizzería de Las Ramblas, a unos cien metros de donde se estaba inaugurando, febrero del 72, la nueva sede del Colegio Oficial de Arquitectos de Canarias en Santa Cruz de Tenerife, proyecto de Javier Díaz-Llanos La Roche y Vicente Saavedra Martínez, a un entrañable y amable ‘viejito’, que por entonces tenía exactamente la misma edad que tengo yo ahora, me faltan unos meses para 70. Quien me dio la oportunidad excepcional de ofrecerme una magnífica lección de arquitectura y del valor del paisaje y el entorno de unas tres horas inolvidables se llamaba Josep Lluis Sert, aunque entonces se escribía José Luis Sert, y estaba acompañado de Joan Miró, que creo recordar que llegó tarde, y de un arquitecto que, décadas después, seria unos de los grandes artífices de la Barcelona del 92 que aprovechó las Olimpiadas para abrirse al mar y abrazar de verdad al Mediterráneo: Oriol Bohigas.


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Sert, exiliado en EE. UU., donde desarrolló una deslumbrante carrera, prefirió hablar con aquel jovencísimo periodista lleno de curiosidad que asistir al cóctel oficial o al almuerzo que daba el Gobernador Civil. Recuerdo con emoción aquél encuentro, yo, haciendo preguntas, algunas candorosas en grado ‘cum laude’, que grababa un magnetofón portátil, de dos cintas y cinco kilos de peso, que era portátil porque se llevaba colgado del hombro, y él contestando, y reflexionando en voz alta, con mucha amabilidad. Me dijo, entre otras muchas cosas, que Canarias no podía imitar a Miami, refiriéndose al Puerto de la Cruz, que tenía que tener una arquitectura turística distinta, “he visto poco casos de desarrollo urbano tan caótico”, me confesó, para añadir que debía de conservar su paisaje “admirable”, y que las islas necesitaban una escuela de arquitectura paisajística, como el departamento que había en Harvard, que pusiera en valor las potencialidades del paisaje, y creo que esta sigue siendo una buena idea, que en parte ya funciona. “Si ustedes –me dijo- lograran hacer algo así en Canarias sería realmente extraordinario; darían un buen ejemplo al resto del país”, y muchas cosas más. Por cierto, una de sus grandes obras fueron las torres de viviendas para estudiantes casados en la Universidad de Harvard.

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A partir de ahí la arquitectura y el urbanismo se convirtieron en una de mis especialidades, o devociones, predilectas; y cientos, a día de hoy, muchos cientos, de artículos, reportajes y entrevistas, me permitieron trabar conocimiento con muchísimos profesionales de la arquitectura de los que llegué a ser amigo y en ocasiones, silencioso y anónimo discípulo. La Escuela de Arquitectura, desde sus primeros y difíciles tiempos en que como sección delegada de la de Madrid estuvo alojada en el Instituto de Tamaraceite, ha dejado una huella indeleble, en todos los sentidos. En los edificios, en las urbanizaciones, en el sector turístico, en la socialización del suelo en las urbanizaciones periféricas, en las grandes polémicas, y en la defensa del territorio, de tal manera que nuestros nietos puedan vivir las mismas islas que vieron nuestros abuelos.

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A principios de los años 70 el ayudante militar de Marina de Fuerteventura, Luciano Piñeiro Sanjurjo, cansado de que nadie le hiciera caso, me llamó para enseñarme, arriesgándose a una sanción, cómo se estaban vendiendo solares en marea baja en Corralejos. En efecto, en marea baja se veían los mojones blancos, rodeados de sebas, pero en pleamar margullaban dos metros bajo la superficie. Antes y después de aquél viaje, escribí sobre el destrozo del palmeral de Maspalomas, y sobre la venta masiva de arena de las dunas, que procuraba un buen negocio además de estratégicos solares. Contra todo ello me había advertido Josep Lluis Sert. Si la Escuela de Arquitectura cumple ahora 50 años, mi vida profesional ha sido casi paralela: yo empecé a escribir, y sobre urbanismo, en 1966-1967 sobre los poblados de chabolas de Las Coloradas, el Confital y La Punta. C I N C U E

Siempre he estado cerca de la Escuela de Arquitectura, y he participado en innumerables debates que se han producido; participado, naturalmente, desde mi tribuna en ‘La Provincia’ pero también en mesas redondas y foros a los que he sido invitado, en esos temas cruciales que han marcado el ritmo de la ciudad y definido sus sueños.

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Me sentí muy emocionado cuando el profesor Joaquín Casariego me encargó, con Elsa Guerra, el prólogo del que ha resultado ser su último libro, la arquitectura colonial española en ‘El proyecto El Aaiun’ y el decisivo papel en su configuración de los ingenieros militares; Joaquín Casariego, gerente del ‘Plan de Barrios’, que trataba de hacer una ‘ciudad igual para ciudadanos iguales’, se entregó con ilusión a ese proyecto ideado por la mente siempre en ebullición creativa de González Chaparro. He admirado la tenacidad y las ideas del arquitecto Faustino García Márquez, vice Consejero de Medio Ambiente y Consejero de Política Territorial, que ha dejado una impronta indeleble en las Islas, y el papel de resistencia que ha tenido la CUMAC, luego COTMAC, ahora como se llame, para, en cierta forma, hacer lo que aconseja la filosofía Masai, según cuenta el profesor Jaime Mayor Zaragoza: ser meros administradores de la Tierra que tenemos la misión de entregar en las mejores condiciones a las próximas generaciones, eso sí, enriquecida con el valor añadido de la creación humana. He admirado y compartido una leal


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amistad con el profesor, compañero y sin embargo amigo, Carmelo Padrón, hombre bueno, trabajador, polifacético, y entregado a sus ideas con abnegación y honestidad a toda prueba; me ha impresionado Eduardo Cáceres, un hombre con una gran sensibilidad a veces escondida por un carácter algo huraño, pura apariencia para encubrir su timidez, capaz de trabajar con los sueños de César Manrique, y siempre, sincero y directo; he forjado amistad con José Antonio Sosa Díaz- Saavedra, con Antonio Trujillo… Conocí y admiré a un estudiante, lo fue durante demasiados años, Domingo González Chaparro, un santacrucero que vino a estudiar arquitectura y aquí se quedó, y en el interín fue uno de los mejores concejales deUurbanismo que ha tenido Las Palmas de Gran Canaria: él metió a la Escuela en el ‘ablandamiento’ de lo que iba a der una gran cicatriz en forma de autopista dura, los tramos VI y VII de la Avenida Marítima. Esa fue una ocasión para que varios profesores y alumnos de la ETSA, entre otros Antonio Trujillo, Juan Manuel Palerm, Sergio Pérez Parrilla, mejoraran la ‘obra dura’ del Ministerio de Obras Públicas, y sin cobrar un duro. Con Agustín Juárez y Oscar Tusquet, que me dibujó el proyecto en una servilleta, en la terraza del bar ‘Derby’ en el Parque Santa Catalina, defendí apasionadamente la obra del Auditorio Palacio de Congresos, primero en La Puntilla, y luego en su actual emplazamiento, en una ubicación geográfica antípoda, donde convirtió una zona trasera, un cuarto trastero de la urbe, en un polo de desarrollo urbano y postal de modernidad, cultura y comercio. Corro el riesgo de olvidarme de alguno de mis arquitectos predilectos, a los que admiro y quiero, y agradezco en todo momento su paciencia conmigo, su pedagogía, y su trabajo. Hoy la Escuela vive los coletazos de la crisis. Cómo no iba a afectar la crisis de la ‘burbuja’ a la profesión. Pero la Escuela de Arquitectura forma, además de buenos profesionales, una especie de misioneros que saben que su trabajo no se acabó cuando desaparecieron los faraones con sus pirámides, ni cuando otras crisis azotaron a las civilizaciones antiguas. Y la Escuela, a pesar de los tiempos poco propicios para la lírica, debe rescatar ese sentido de misión y ponerse en primera fila del debate social, como hace en esta oportunidad del medio siglo.

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Los egresados salidos de sus aulas, y presentes en los actos de esta conmemoración, es la prueba de que se plantaron buenas semillas que ya son árboles que a su vez darán nuevas semillas, enriquecidas genéticamente. Su presencia activa en la sociedad, no ofreciendo un dogma, sino ofreciendo un debate sincero y abierto, una panoplia de propuestas, un espíritu crítico, imaginación a la vez en la conservación y en el cambio, es clave para la propia sociedad en que se inserta, todo el Archipiélago, y para el propio centro, hoy en este magnífico edificio, bello en su rotundidad, de Félix Juan Bordes, otro amigo, que además es artista con los pinceles o el grabado. Hay que perder el miedo al compromiso y a ofender, a pesar de los lobos que aúllan en las redes sociales protegidos por la impunidad del anonimato. Canarias son muchos continentes en miniatura, que siempre ha sido un tubo de ensayo para ideas que luego han colonizado buena parte del mundo.

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Y llegados aquí, ahora sí digo las palabras obligadas. Muchas gracias, señor director, por

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Este es un recorrido nostálgico por un pasado en parte compartido; pero es también la formulación de un deseo: legar a nuestros descendientes unas islas donde el desarrollo no asesine el medio ambiente, donde la obra arquitectónica conviva armónicamente con el paisaje, donde hagan ustedes de agitadores sociales, agiten esta sociedad que se nos está durmiendo, ofrezcan una misión, que ya sé que entraña trabajo, esfuerzo, sacrificio, innovación, imaginación, desencantos… Pero en eso consisten nuestros respectivos oficios. En luchar para crear, creyendo en lo que hacemos.

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Tienen ustedes historia, tienen buenos profesores, tienen aspirantes y alumnos deseosos de aprender, y situarse, naturalmente, en el mundo del trabajo; tienen un entorno, una sociedad, que les necesita, aquí, o fuera. Canarias no está solo en Canarias: está en América lo protocolrio, pero que es ajeno a mi naturakeza, y a los pasados, porwu as gracias a los profesores actuales y a los pasadosa y está en África y está en Europa. Está en donde estemos. La Escuela recibe muchas influencias, pero a su vez puede ser influyente fuera de sus límites.


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haberme invitado a hablar cinco minutos con algo más de sesenta segundos cada uno, en este acto de clausura; y muchas gracias a todos ustedes por la paciencia que han tenido conmigo; y, sobre todo, y en nombre del Consejo Social, muchas gracias a los profesores actuales y a los pasados, a los alumnos actuales y pasados, a los PAS actuales y a los pasados, porque su trabajo colectivo ha merecido la pena. Miren alrededor y siéntanse orgullosos y motivados para seguir trabajando en el diseño y la construcción de un mundo mejor que comienza en la tierra que pisemos. Para seguir soñando, que es como se empiezan y acaban las grandes cosas.

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Hacen cincuenta años del momento en que se firma la Orden para que comenzaran a impartirse los estudios de Arquitectura en Las Palmas de Gran Canaria, y por extensión a toda la comunidad de las islas. Esto significó un salto cualitativo en la formación local, que tendrá consecuencias transformadoras en el contexto territorial, urbano y arquitectónico de Canarias. El territorio, la ciudad y la arquitectura constituyen el soporte de las relaciones sociales, económicas y culturales de los habitantes de un lugar.

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Es cierto, que en el ejercicio libre de la profesión de arquitecto hay también diferentes posicionamientos respecto al territorio, la ciudad y la arquitectura que se caracterizan principalmente, por diversos niveles de compromiso con ellos, en unos casos, y visiones confrontadas, en otros; sin embargo, todos procedentes de las Escuelas de Arquitectura y que

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De esta forma, la crítica desde el planeamiento territorial, y su aplicación en la construcción del paisaje y la organización, clasificación y calificación; desde el desarrollo urbano, y su aplicación en la organización coherente de centros urbanos insulares; la planificación e intervención sobre el diezmado patrimonio histórico insular, y su aplicación en la rehabilitación, conservación e intervención sobre el patrimonio edificado y los centros tradicionales e históricos; desde la edificación, con aplicación a la mejora de los resultados formales y funcionales, con la contextualización de los mismos, y la utilización de tecnologías de tradición local que optimiza los recursos para ello, y se desarrollan a través de la investigación sobre los mismos.

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Si la universidad es el lugar donde se desarrolla, o debiera, al máximo nivel el pensamiento crítico, este referido al territorio, la ciudad y la arquitectura se dispone en el archipiélago a partir de 1968 con todo su potencial, dando lugar a un cambio que se materializará con la primera generación de egresados del centro universitario de formación superior que intervendrá en todos los procesos vinculados a sus competencias, desde diferentes formas de ver, pero teniendo en común el conocimiento de la realidad característica de los territorios insulares.


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dan como resultado el multiforme panorama de los territorios insulares, además bañados de decisiones políticas e intereses económicos, no siempre ajustadas a criterios disciplinares, pero que cuando priorizan el asesoramiento experto dan resultados de alto nivel. La Escuela de Arquitectura es la conciencia colectiva del buen hacer arquitectónico y urbano, de esa forma, profesores de la misma han participado activamente en la definición de los términos legales (Ley del Suelo de Canarias), la organización territorial de cada isla (PIOT), planes de ordenación urbana de la ciudades, planes especiales, determinando criterios de ensanche en las nuevas zonas urbanas, planes especiales de ordenación de centros históricos, catalogación de edificios de interés histórico y cultural, y además, como no, el enlace plástico con la cultura internacional, contextualizada en lo local a través del diseño arquitectónico. También ha jugado un papel muy activo, apoyando a los regidores municipales, en el comienzo de los procesos para la regularización de las edificaciones construidas al margen del planeamiento, cuando apenas existía experiencia en estas vías, lo que permitió establecer un punto cero que rompiera las dinámicas especulativas de quienes vendían terrenos no urbanos para la construcción clandestina de viviendas, rompiendo, de una parte, aquella dinámica mercantil, y de otra, apoyado el desarrollo urbano para la construcción de viviendas sociales con participación de las asociaciones vecinales que se incorporaron al proyecto. La primera oficina municipal con este fin, se instaló en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, con personal de la Escuela de Arquitectura, profesores y estudiantes recién egresados; además, se desarrolla un ingente trabajo de campo a partir de sus aulas dentro de los contenidos en diversas asignaturas de la titulación; esto permitió a los estudiantes entrar en contacto con la realidad local, y adquirir conocimientos sobre estos fenómenos que los capacitó para intervenir aquellas situaciones singulares. Este tipo de actuaciones, han sumado para que hoy exista un importante control urbano de los procesos edificatorios en un territorio tan sensible y escaso como el de Canarias.

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Todo esto lleva implícito una enorme investigación acerca de aspectos locales, tanto tecnológicos como en la definición de los criterios de intervención en un territorio limitado como el canario, y sujeto a una potente explotación turística que constituye un nuevo monocultivo regional, donde el territorio y las ciudades se encuentran sometidos a gran tensión; y en lo formal a mucha experimentación, acompañado de estrictos controles sobre los costes y uso de las tecnologías, siempre buscando el difícil equilibrio entre el interés social, económico y cultural con el coherente criterio profesional.

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Es la Escuela de Arquitectura que hoy pertenece a la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, pero que nació en soledad dependiente de organismos lejanos, que sobrevivió a múltiples embates e incomprensiones, pero hoy se infiltra en lo más profundo del debate político, social, económico y cultural de nuestra comunidad, por el simple, pero valioso hecho, de su integridad y coherencia. Cuenta con acreditados profesionales que se formaron con esfuerzo, también con aprendizaje vicario, pero que constituyen un sello de calidad para el entorno donde se desarrollan.

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Una escuela de Arquitectura, constituye un valor añadido al lugar donde se dispone e influencia, siempre que mantenga altas cotas de coherencia que la disponga sujeta al plano intelectual, experto y profesional, huyendo de vacíos reconocimientos o influenciadas estadísticas que hacen tender a la apariencia de quienes no somos, de tal manera que permita crecer desde los más profundo de la identidad que la formó; una Escuela de Arquitectura que lleva cincuenta años aportando valor añadido a la sociedad canaria.

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En este panorama, la Escuela de Arquitectura es un baluarte que navega en las complejas aguas del desarrollo social y económico, manteniendo un posicionamiento histórico, que se niega a ser engullida por criterios mercadotécnicos, o con sesgados intereses, evitando el uso aparente de sus acciones, potenciando la profundidad de su reflexión intelectual aplicada a la mejora consecuente de los territorios insulares de Canarias.


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“Me veo obligado a escribir esta pequeña aportación a la celebración escolar por mi condición de profesor que lleva en la Escuela los cincuenta años de su existencia. Evidentemente, son cuarenta y nueve más uno, contando con el curso en la efímera existencia de la Escuela en la Universidad de La Laguna, permítaseme contar con ese año como parte de la historia de ésta.”


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Parece que fue ayer en la mañana, y ya hace diez años, y con motivo de los cuarenta años desde la creación de la Escuela, escribíamos acerca de los orígenes y la formación primitiva de la que hoy cumple los cincuenta, en una semblanza de aquellos datos que pertenecen únicamente a las vivencias personales de los que estuvimos allí y que pensamos, no deberían perderse de la memoria menor de esta empresa común.

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De ese pequeño grupo inicial salieron protagonistas posteriores del devenir de la ordenación

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En los inicios, y tras un período de transitoriedad hasta el completamiento del profesorado de la totalidad de los cursos de la carrera, en 1976, todo eran incógnitas respecto al significado de la disciplina urbanística y, específicamente, la urbanística que debería formar parte de los conocimientos obligatorios para los nuevos arquitectos, hay que entender en este sentido que la ocupación fundamental desde el punto de vista de la profesión en ese entonces era la edificación, los proyectos de menor o mayor escala para ser construidos, siendo el urbanismo materia secundaria, de poco trabajo y mal pagado, que escasos iluminados se atrevían a adoptar como dedicación principal.

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En el día de hoy y en ese sentido, podemos intentar establecer idéntico recorrido por el interior del Departamento de Urbanismo, hoy una sección del de Arte, Ciudad y Territorio, en una perspectiva siempre incompleta por parcial, en la cual recorrer lo que ha sido el devenir de nuestras enseñanzas para extraer una visión comprensiva de lo sucedido hasta llegar a la Escuela actual éramos un grupo compacto y a la vez heterogéneo de profesores, muy pequeño en cantidad, con una diferencia en edad no mayor de seis o siete años entre los nuevos y los “mayores” y un afán común por aprender a enseñar, desde una ideología diversa con el factor común de progreso “el departamento de los comunistas”, (des)calificativo que podía tener acierto respecto de algunos, siendo más difícil de entender respecto de otros, cuando no de la mayoría y una importante afición por el estudio, la preparación y la transmisión de los conocimientos.


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Siempre entendimos, y era posición común al cuerpo del Departamento, que la urbanística era la disciplina científica que aportaba a los estudiantes las bases teóricas y las herramientas que les permitían el conocimiento de las variables que componían el fenómeno urbano para, a partir de ellas y mediante la utilización de los recursos que la carrera le iba aportando en el resto de las asignaturas, ir formando una posición crítica y personal respecto de las distintas vías de intervención para aportar respuestas intemporales a problemas concretos de los procesos de conformación de la ciudad.

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del territorio, del planeamiento y del conocimiento en el ámbito social de las islas, que merece la pena recordar en este escrito, dos Consejeros del Gobierno de Canarias, dos Directores Generales, un Presidente del Consejo Económico y Social, el primer y segundo catedráticos de urbanismo de nuestra Universidad, el primer Profesor Titular de la cosa, creo que en la lista solamente falta el autor de este escrito, que nunca ocupó ningún cargo por razones que nunca he llegado a entender, o sí, dejando al margen las pocas ocasiones en que me lo han ofrecido, no era partidario de llegar al trabajo de madrugada, utilizar chaqueta y corbata y prescindir sistemáticamente de la siesta eran potentes razones para declinar esos honores.(1)

En este sentido y en aquellos momentos, comenzó el trabajo de adoptar una estructura de enseñanza específica que, en larguísimas reuniones del Departamento, (era, en ese entonces, la Escuela en Tamaraceite), sirviera para establecer una línea básica que se integrara en el programa de las asignaturas de la escuela. Para adoptar esta decisión existían en ese momento dos escuelas de referencia en España, la de Madrid, que operaba sobre la enseñanza de planeamiento en sentido estricto y en orden escalar creciente, del Plan parcial en el primer curso hasta el Plan General en el último; y la de Barcelona, más vinculada al estudio de la forma urbana y a la identificación de los procesos derivados de la evolución de la ciudad, como base para establecer propuestas de solución a los problemas de crecimiento y evolución de ésta. Esta discusión, que continúa hasta estos días, tiene relación directa con el papel que los

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Proyecto de reforma y ensanche de Barcelona, elaborado por Ildefonso Cerdá (1857), como proyecto urbano de base teórica, previo a la existencia de una Ley para su encaje R

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jurídico.


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Resulta evidente que la ciudad contemporánea, al menos aquella de la civilización occidental, se han producido profundas transformaciones, en tamaño, ocupación y formas que hacen aún más complicado preparar a los futuros titulados para intervenir en este nuevo objeto.

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futuros arquitectos deben cumplir en el ejercicio de su profesión, profesión que tiene múltiples ramas de actuación, dentro de las cuales la urbanística debe ocupar su verdadera cuota respecto de cuál de ellas va a ocupar la vida posterior a la consecución de la titulación, el departamento se propuso, a veces con resultados desiguales, aportar los conocimientos básicos de la instrumentación para la intervención en la ciudad. Correspondería a estudios de tercer ciclo especializar a los nuevos titulados en aquellos campos profesionales que sean de su interés, cursos de doctorado, másteres, grupos de trabajo e investigación son los medios que emplean las universidades de toda Europa y América para habilitar a los arquitectos en la compleja especialidad del planeamiento y la ordenación del territorio.

Parece una obviedad que, en el fenómeno urbano actual, la ciudad está compuesta de partes diversas, cada una de ellas con unas características peculiares de forma y uso colectivo, las cuales presentan unas señas de identidad morfológica a través de sus condiciones urbanas particulares que las hacen diferenciales y, al propio tiempo, solo tienen sentido formando parte del sistema en el cual se insertan. Dichas partes de la ciudad se añaden al sistema según criterios de oportunidad, de funcionalidad o, incluso de intereses particulares, pasando a conformarse como un elemento más de aquélla. Conforme las partes se van haciendo más complejas y diferentes, más se va acentuando la imagen de desestructuración del sistema y mayor es el mensaje de confusión que la ciudad transmite al observador. Esta nueva formulación de la entidad conceptual ciudad, abre algunas nuevas vías de investigación respecto de instrumentaciones de la urbanística clásica que precisan de una nueva lectura a la luz del proceso a demostrar; así, conceptos como alineación y ordenanza,

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Plano de ordenación del Plan General de Telde (1981-1986), culminado por A. Bescós (en el recuerdo) y Jesús Álvarez. Como intento de aplicación de las teorías morfológicas de diseño de la ciudad. En principio, en este trabajo participó la totalidad de los R

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profesores del Departamento.


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En este proceso de maduración el territorio pasa, de utilizar los usos y los lenguajes espaciales que eran inherentes a la ciudad compacta, de alguna forma no especialmente ordenada, a veces en contradicción con la propia naturaleza del campo como barrera protectora del conjunto urbano, en la cual las inmensas posibilidades de accesibilidad que propician las modernas infraestructuras viarias han hecho desaparecer la frontera entre lo rural y lo urbano y se ha transformado en un espacio que en cualquier momento puede pasar a formar parte de la ciudad, cuando no a introducir nuevas centralidades exteriores a la ciudad; de ahí la especial importancia de que se puedan señalar los lugares estratégicos del territorio al objeto de que esa disponibilidad espacial no se convierta en la posibilidad infinita de actuación indiscriminada en el espacio exterior.

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relaciones entre tipología edificatoria y morfología urbana, incluso la variable tiempo en estos procesos, que parecen sustituidos por nuevos conceptos como usos dinámicos, centralidades territoriales o territorios servidos, que hacen referencia a la integración de las variables propiamente urbanas en el territorio, conjuntamente con la paulatina reorganización territorial hacia las ciudades menores, que adoptan roles de centralidad y servicio antes reservados a la capital.

En el mundo de la globalización económica es posible reconocer facetas contradictorias que pueden parecer paradojas que, llevadas al campo de la urbanística, permiten establecer algunas hipótesis de trabajo que son de aplicación a esta investigación, así, frente a los procesos de integración y concentración en algunos puntos del planeta, de enormes masas de población y poder económico, cada vez es más evidente la potencia que en el territorio adquieren las ciudades de tipo pequeño y medio, en una tendencia generalizada a la dispersión. ...

“Las capacidades de dispersión que han surgido con la globalización y la telemática- el establecimiento de fábricas en países extranjeros, la expansión de redes globales de filiales y empresas subsidiarias, el desplazamiento de oficinas centrales a suburbios y fuera de los centros de las ciudades- llevaron a muchos observadores a concluir que las economías urbanas

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se vuelven obsoletas en un contexto económico de globalización y uso de la telemática...” (2) Se da pues, la paradoja espacial de que, mientras el mundo global avanza hacia la concentrción de las personas en territorios urbanizados, lo que se puede definir como urbanización dispersa en enormes aglomeraciones de naturaleza urbana, en la escala de los lugares concretos es posible identificar un movimiento centrífugo de población hacia el territorio en detrimento de las grandes ciudades que pierden población en los últimos veinte años.

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“Efectivamente, ha vuelto a recobrar importancia la llamada geografía de los lugares, unas veces para generar una nueva interpretación dialéctica del espacio, y otras para apuntar nuevas realidades compensatorias. Si al principio parecía que lo global había anulado a lo local, en la actualidad lo global y lo local son dos realidades complementarias más que sustitutorias”(3), ello nos permite reconocer aquello que Castells definió como“un mundo organizado en torno a ciudades difusas”…(4)

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Este proceso tiene su recorrido paralelo en la actividad profesional, de cómo el planeamiento y con él, el derecho urbanístico ha venido consolidándose como una opción de trabajo a la cual

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La desaparición de las especialidades en la titulación de arquitecto ha venido a hacer más generalistas las enseñanzas de la carrera y, consecuentemente, dejar la especialización posterior a la terminación como complemento curricular individual, habiendo depender de cursos de postgrado y de la inclinación de cada uno, en ocasiones de las capacidades económicas, el perfeccionamiento de los conocimientos adquiridos en la Escuela.

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Esta reflexión, efectuada para un contexto general puede, llevada a nuestro limitado espacio territorial, ser punto de partida para entender la lógica de la dispersión en contra de las ventajas de la concentración urbana y del papel que las ciudades menores juegan en el territorio de lo urbano.


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Queda por reconocer que la incorporación del Plan Bolonia en los estudios de arquitectura, plan que promueve una mayor valoración de la constancia y el trabajo respecto de la preparación, la imaginación y las capacidades individuales está dando como resultado una organización semestral (que es cuatrimestral, por razón de nuestra peculiar idiosincrasia) de los cursos que, para el caso de las asignaturas proyectuales, entre las cuales siempre hemos entendido la urbanística, ha supuesto un desajuste enorme, en detrimento de la profundidad del tratamiento de los problemas y de sus respuestas.

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se han apuntado titulaciones diversas que, siendo necesarias en lo pluridisciplinar, pretenden participar de la tarea de ordenación, así, la geografía, el derecho, las ciencias ambientales, han venido a intentar ocupar el espacio profesional, probablemente necesarios a la arquitectura como complementarios de tal modo que nuestra titulación se convierta en directores de proyectos de obra, coordinadores de equipos de planeamiento, gestores del patrimonio edificado y cultural, supervisores de restauración de arquitectura y muchas otras salidas profesionales en las cuales nuestra preparación nos permite saber dónde buscar las herramientas para organizar las respuestas a los problemas planteadas.

De otro lado, la desaparición de la condición selectiva del primer curso, conjuntamente con los planes de estudio del bachillerato y de los cursos previos a la Universidad, hace que se produzca un adelanto importante en la llegada de los alumnos a los cursos posteriores al primero, lo que redunda en una madurez menor de nuestros alumnos en los distintos cursos; en los inicios de la Escuela, se accedía al segundo curso de la carrera con no menos de veintidós años, cuando actualmente se puede llegar con dieciocho, evidentemente esto no significa crítica al alumnado, simplemente no hemos sido capaces de adaptar nuestro sistema de enseñanza a estas nuevas condiciones. Y llegamos al hoy, otro siglo, nuevas modas y nuevos modos, la tecnología y la urbanística, la ciudad informal y desconocida, nuevos planes de estudio, más confusión, más juventud, que

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precisan de nuevas herramientas para intervenir en la ciudad, herramientas aún por inventar, que tarde o temprano, aparecerán inevitablemente y serán nuestros futuros titulados los que participarán en esa aparición. Notas: (1) Consejeros: Toni González Viéitez y Óscar Bergasa, Directores Generales: Faustino García Márquez y Oscar Bergasa. Presidente del CES: Fernando Redondo, Catedráticos: Eduardo Cáceres y Joaquín Casariego (en el recuerdo) Profesor Titular: Alfredo Bescós (en el recuerdo C I

(2) Sassen, Saskia.(2004). Las economías urbanas y el debilitamiento de las distancias. En Lo Urbano. AA.VV. Edicions UPC. Pág. 135.

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(3) Precedo, Ledo A. (2004). Nuevas realidades territoriales para el siglo XXI. Síntesis. Pág. 36.

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(4) Castells, M. (1997): El espacio de los flujos. En La era de la información. Alianza. Pág. 9.


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Cuando uno ya es mayor lo único que no importa un bledo son las personas relacionadas con la familia y la amistad y por supuesto la mejoría de la sociedad. Y a estas alturas, son mis hijos, la familia, el arte, la arquitectura y el colectivo de la ETSA lo que a mí más me interesa. En mis Bodas de Oro con la familia, no fue el pasado y la historia de mi casa y mi mujer, solo lo más importante, sino vivir hasta aquí y poder meditar sobre el futuro, lo que nos queda, y hacerlo desde una reflexión existencial, repensando aquello que permita un mayor rendimiento y satisfacción de las acciones futuras.

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Desde este riachuelo manso de aguas pacíficas en que se ha convertido la Escuela por la última gestión eficiente del actual director Enrique Solana, me han solicitado que haga un esfuerzo por recordar a aquellas personas que desde sus cargos de Dirección llevaron hasta aquí, hasta esta situación el Centro Docente… Unos que ya no están entre nosotros y aquellos que quedamos para entender que era el colectivo lo que se movía, con independencia de la gestión más o menos eficaz de los directores…

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Recuerdo una película antigua que retrata un poco esta situación de la ETSA, se llamaba “¿Qué fue de Baby Jane?” de Bette Davis y Joan Crawford, dos actrices clásicas. Contaba la tragedia de dos hermanas ancladas en el pasado cinematográfico de una de ellas como famosa actriz infantil, que a sus ochenta y tantos, trastornada y enloquecida por sus éxitos de niña, bailaba nostálgicamente por toda la casa con los mismos lazos y desplegando los vestidos de organdí.

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En estos cincuenta años que cumple ahora la Escuela de Arquitectura de Las Palmas, la situación anímica es parecida desde el punto de vista conmemorativo y el momento invita más que a recordar la historia ya pasada, plantearse una reflexión sobre el futuro y no anclarse en lo sucedido en el pasado.


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Por tanto no me queda más remedio que recordar aquellos tiempos ilusionantes de reorganización de la docencia que ya quedan muy atrás, que empezaron por construir el contenido y programa de las asignaturas, la aparición de los departamentos y la motivación hacia la actitud crítica sobre la docencia de la arquitectura y de la sociedad canaria en general. Ahora todo es muy diferente de la etapa inicial, cuando existían expectativas de crecimiento y consolidación y de adscripción de niveles y cargos docentes. Llegados a estos cincuenta años, aquella chispa ilusionante de posicionamiento crítico frente a la arquitectura se ha ido apaciguando, atravesando ahora una etapa más sorda y callada, debido también a los recortes y a la imposibilidad de potenciar al profesorado, que, debido a los reducciones del cuadro docente sólo se nutre ahora de profesores asociados de precario salario, llevando a la docencia hacia una atonía y anorexia donde se encuentra la Universidad Española cada vez más desgajada de la sociedad, entrando en una peligrosa endogamia por la poca movilidad del profesorado cada vez más enredado en cumplir con una burocracia cada vez más delirante. Al dejar atrás estos primeros cincuenta años que han servido para conseguir la consolidación del profesorado y su madurez, el colectivo debe plantearse otros rumbos, ahora que se ha producido una drástica disminución del número de alumnos al haberse cumplido las necesidades y demanda de nuestra actividad en la sociedad canaria, el colectivo docente debería reflexionar cual podría ser su papel como centro aglutinador de conocimientos y experiencia de la que está necesitado el vecino continente, América del Sur y Europa del Este, buscando también especialidades que dilaten hacia allí nuestra experiencia acumulada. Ese podría ser el centro de reflexión para un futuro próximo, para incentivar de nuevo el sentido de la existencia de la Escuela, y apetece indagar cual va a ser el nuevo sitio de la ETSA, ahora muy desclavada de su papel como motor crítico de la realidad construida y de los problemas de la sociedad canaria.

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Pero yendo a lo que es mi cometido aquí, que no es otro que desempolvar recuerdos paralelos, habría que empezar diciendo que el recorrido de los distintos directores que han pasado por la Escuela desde su fundación ha estado siempre ligado a los vaivenes del colectivo y de la sociedad, que se resistía por aquellos años a dejar atrás viejos modelos inservibles para un colectivo que aspiraba a una gestión democrática de la docencia en su sentido más pleno. La historia de los directores está vinculada a la diatriba por dejar atrás a los órganos de poder unipersonal para pasar a otro modelo de dirección más compartido.

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Recordando el pasado queda claro ahora entender mejor la conducta y el hacer de los distintos profesores que tuvieron que encarar la gestión de la Escuela, en sus tareas políticas, docentes y administrativas.

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Igual ocurrió cuando venía casi a hacer el mismo cometido el catedrático de la Escuela de Madrid Adolfo Lope-Durán, enviado como director comisario que se preocupaba relativamente de los exámenes de dibujo y análisis de formas y de firmar las actas ya refrendadas por los profesores locales.

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No conocí al primer director Nassere Hayek, catedrático de matemáticas de la Universidad de La Laguna que vino un par de años comisionado para firmar las actas; creación de la Escuela en Las Palmas como primer centro superior universitario no gustó en la vecina isla y su director no hizo otra cosa que dejar a los alumnos como manada suelta y perpleja guiada por unos profesores recogidos a lazo, desde una actividad puramente profesional.

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Entiendo que cada director se adaptó a un tiempo rápido paralelo y simultáneo a la evolución de la propia Universidad que se estaba creando… Y a cada uno le tocó cumplir con un papel diferente para encajar en los requisitos de nuestra Universidad y a los intereses de todos los Centros que iban apareciendo y a lo que se establecía en los Estatutos.


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Javier Carvajal Ferrer vino como director comisario, catedrático de Proyectos invitado por el Ministerio para poner en práctica el modelo departamental, dándole al centro un cierto matiz nuevo de Escuela Experimental; pero estaba imbuido por un sentimiento obsesivo, por la idea de autoridad y de poder unipersonal ya periclitado Y también incompatible con los movimientos revulsivos que estaba viviendo el colectivo universitario en toda España. Pero esa época convulsiva sin embargo marcó el éxito posterior de una implantación dentro de la Escuela de otro régimen docente de gestión democrática y participación del alumnado en la organización de la docencia. De Sevilla vino Jaime López de Asiaín, catedrático de Composición que al aceptar la nueva gestión democrática del Centro, permitió que la Escuela se rigiera por una Junta de Centro paritaria que tenía como misión tomar un protagonismo en la futura Universidad de Las Palmas, que todavía no se había creado. Trajo consigo a otros profesores de la Escuela de Sevilla y también algún alumno experto en movilidad colectiva. En la Escuela de Tamaraceite estuvimos varios años sucediéndose casi cada curso un nuevo director invitado que apoyaron la nueva gestión de la Escuela, todavía alejada de los ámbitos de la Universidad de Las Palmas, a punto de crearse. Así llegó Antonio Vázquez de Castro, prestigioso arquitecto, optimista, que con su carácter irónico y chistoso, le dio otro giro a la Dirección de la Escuela, logrando que la Escuela se fuera habituando a otra manera más participativa de gestionar los asuntos docentes dándole mayor protagonismo a los alumnos de la Junta de la Escuela. De la misma manera fugaz protagonizó la dirección dentro de esta etapa más tranquila Simón Marchán Fiz, catedrático de Historia que también vino como invitado procedente de Sevilla y ,sin ser arquitecto de formación sino licenciado en historia, estaba totalmente integrado en las enseñanzas de la carrera, y también en su corto periodo contribuyó a estabilizar la gestión democrática de la ETSA.

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En esa etapa de nacimiento de la Universidad de Las Palmas cuando todavía la Escuela vivía una situación asilvestrada económicamente, subvencionada con fondos del Cabildo, fui elegido como primer director del Centro nacido aquí en la isla y recuerdo con cariño aquellos años todavía salvajes, alejado del poder administrativo central de la incipiente Universidad regentada por otro Catedrático invitado, Javier de Cárdenas, profesor de Construcción de la ETSA de Madrid. Luego vino también un Rector nacido en la Isla, Juan Pulido Castro, que me decía que yo personificaba a la Escuela que era como el burro del campesino que siempre rehuía del amo, refiriéndose a la actitud díscola e independiente mantenida por la Escuela frente al poder central, que ya se iba consolidando con la aparición en otros centros que aspiraban a crear los Estatutos de la nueva Universidad en donde de manera ineludible nos teníamos que encajar.

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En esta etapa ya más regulada recogió la dirección un corto periodo el Catedrático de Proyectos Sergio Pérez Parrilla, de Febrero de 1983 a Agosto de 1984. De muy buen recuerdo como profesor y ya fallecido. A partir de esas fechas, los directores que fueron sucediéndose, menos Agustín Juárez, Catedrático de Construcción que estuvo brevemente en funciones, atendiendo siempre con amabilidad y atención a los alumnos, elegidos desde la primera promoción de arquitectos formados en la propia Escuela, como el catedrático Manuel Martín Hernández que primero estuvo en funciones y luego posteriormente elegido por la Junta de la Escuela. Siempre desde una posición muy próxima al alumnado, y ya dentro de una Universidad de Las Palmas más consolidada que se regía con unos Estatutos recién elaborados y que organizaban la vida universitaria.

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También recuerdo que en los últimos estertores de la dictadura a Madrid le llegaron ecos, del funcionamiento atípico y extravagante de la ETSA y se desplazó a verme un inspector comisario del Ministerio que con cara de pocos amigos me preguntó que si la Junta de Escuela era paritaria; y al contestarle que sí, me preguntó cómo funcionaba… Al contestarle que perfectamente se quedó unos segundos callado y luego me contestó: Pues siga así, pero no se lo diga a la prensa… Allí acabó nuestros roces con la política del moribundo Régimen…


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También se nos fue Joaquín Casariego Ramírez, urbanista y arquitecto inteligente de carácter firme y positivo que todos recordaremos como buen gestor y buen amigo, director desde 1987 a 1991.

Estuvo un tiempo el profesor Juan José Carballo Feliú, que estuvo solo un año en funciones, antiguo alumno también del centro, de talante tranquilo que ocupó un pequeño vacío en la Dirección. Tampoco está ya con nosotros lamentablemente. La profesora titular Flora Pescador Monagas también se ocupó durante seis años de los vaivenes de la gestión del Centro, que mantuvo con una tónica general positiva, con optimismo y buen hacer, sin que se produjeran altibajos en la docencia.

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Otro antiguo alumno de la ETSA, el profesor titular de Escuela universitaria Juan Carlos Rodríguez Acosta, se mantuvo siete años al frente de la Escuela ya encarrilada por las anteriores gestiones y dependiendo como un centro más, de la administración central de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

Por último el profesor Enrique Solana Suárez, el director que más tiempo se ha mantenido con una gestión muy ordenada y llevada con carácter firme y eficaz, en una trayectoria tranquila y pacificada, con buena relación con la ULPGC y mediante la realización de máster y cursos conjunto, sobre todo con la Universidad mexicana de Guadalajara en Jalisco, con la voluntad de mantener la Escuela vinculada a Universidades centroamericanas. Antes de ceder el cargo a otro profesor, debería abrir camino a otros rumbos, y responder a estos nuevos papeles que hay que desempeñar con ilusión, internacionalizando los conocimientos adquiridos en estos cincuenta años apuntando a las nuevas relaciones africanas, americanas y de Europa del Este, porque ahora ya son otros tiempos, y hay que iniciar nuevos recorridos.

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Antes eran cuarenta, ahora son cincuenta. ¿Hay algo distinto o todo sigue igual? ¿Merece la pena recuperar y recordar aquel texto que escribimos en 2009? Yo diría que en algún aspecto si lo merece, sobre todo para tener los antecedentes históricos de la Escuela y de cómo hemos llegado a ser un centro universitario formalmente consolidado con todas las de la ley. No se deben olvidar fechas y datos de referencia e incluso en el aspecto humano quienes estaban y quiénes ya no.

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Pero también diría que ahora no se trata de rememorar aquellas anécdotas y añadir otras de nuestros avatares históricos, sino de hacer, diría yo, un diagnóstico de cómo es la Escuela que tenemos hoy y cuales han de ser sus objetivos.

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Y aún más, el contenido pedagógico se ha reducido: ahora existe poca comunicación

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La mentalidad que yo predecía en aquel texto de 2009, se va cumpliendo. Se proclama sin tapujos: ya no se necesitan arquitectos creativos sino “expertos” en una actividad técnica. Ahora más que nunca.

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Ello me da ventajas e inconvenientes. Ventajas que me permiten ser más objetivo, apartado de las presiones de esa actividad académica sistemática y diaria e inconvenientes de no tener todos los datos para poder juzgar lo que se hace y como se hace desde dentro de ese contexto con horarios rígidos y obligaciones imperiosas.

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Lo hago ahora, es evidente, desde un punto de vista un poco alejado. Jubilado hace seis años y en calidad de profesor emérito que ha abandonado la docencia diaria del plan de grado, como se le dice ahora. Apareciendo esporádicamente para introducirme en la investigación, cuando la hay, y en la enseñanza en tercer ciclo que, aprovecho para decirlo, está un poco de capa caída.


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entre departamentos y algunos como en el mío que tiene como área de conocimiento la “urbanística y ordenación del territorio”, han suprimido la “ordenación del territorio” y han dejado solo la “urbanística” interpretada como un proyecto singular a escala “grande”.

Pero esa es otra historia, volvamos a la Escuela.

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Es decir, existe en esta Escuela, y temo que igualmente a nivel nacional, un déficit de conocimientos en la enseñanza del arquitecto a pesar de que la carrera sigue estando pensada como generalista y nadie se atreve a separar, por ejemplo, la arquitectura del planeamiento, ni la técnica constructiva del diseño. Esto son defectos estructurales siempre apoyados por el acaparamiento de competencias profesionales, ahora y por muchos años, me imagino.

El primer síntoma de este centro universitario que cumple sus bodas de oro, es precisamente el envejecimiento. El aumento de edad del profesorado, acompañado por las jubilaciones y una política estatal de no reposición de las plazas perdidas (por aquello de la “crisis”), no solo en número sino también en calidad, ha rebajado el nivel de la enseñanza en bastantes enteros. De la misma forma que en el campo de la actividad científica se ha producido un recorte importante de recursos personales y materiales, aquí, a un nivel quizás más modesto, se ha producido lo mismo. Falta de promoción de personal y perdida de los profesores con mayor experiencia y conocimiento. El conocimiento y la experiencia que se va acumulando a través de los años en los “viejos profesores” de repente desaparece. Sí, es cierto, de vez en cuando le dan a algunos, una prórroga de algunos años (según el actual reglamento, solo tres años, prorrogable por otros tres) para ser profesores eméritos sin muchas competencias y con restricciones

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varias para poder mostrar sus capacidades y, por supuesto, privados de voz y voto en cualquier órgano de gobierno. Después se podrá ser profesor honorifico por otros tres años, prorrogables anualmente, uno a uno. Pero la desvinculación de estos profesores, con respecto a la universidad y su capacidad para poder seguir aportando sus conocimientos, se irá extinguiendo progresivamente, a pesar de no tener ningún vínculo contractual ni retribución dineraria que pudiese constituir una carga onerosa para la universidad. C

Esto podría parecer un llanto por los casos personales que conocemos, pero la realidad es que desde la administracion universitaria hay un desprecio por la experiencia y los aportes acumulados por el personal docente.

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Se dirá “es que ahora debemos ser más exigentes” pero ocurre que las facilidades para

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El problema se agrava como hemos dicho con las dificultades, cada vez mayores, para que las nuevas generaciones alcancen un nivel cada vez superior de conocimientos y habilidades pedagógicas e investigadores. Con lo cual se produce inevitablemente un retroceso.

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Todo esto lo sufre la Escuela (y, en términos generales, la universidad) que va encuadernando en una carpeta que se pierde con el tiempo, el paso y la influencia proporcionada por los recursos humanos.

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Este es el final de un profesor que, en cualquier caso, debe haber demostrado excelentes méritos tales como tener cinco sexenios de investigación.


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que un profesor joven goce de estancias en el extranjero y mejore sus conocimientos son cada vez más difíciles. No hay ayudas y no hay permisos para estancias prolongadas en otras universidades. Esto incluye una especie de endogamia y un empobrecimiento en la transmisión e innovación de conocimientos.

Yo propondría, a riesgo de que me tomen a broma, una carrera de arquitectura para formar a “no arquitectos”. Una enseñanza dirigida no necesariamente para formar técnicos arquitectos sino que fomente la creatividad en la construcción y la conservación y transformación del territorio.

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Porque la burocracia bloquea los sistemas pedagógicos innovadores y la falta de una cierta libertad de la enseñanza en los profesores, les impide implantar o proponer nuevas vías metodológicas, docentes e investigadoras.

En los años ochenta del siglo pasado cuanto estuve como “profesore a contratto” en IUAV (Istituto Univeritario di Architettura di Venezia. Italia) me sorprendía el número de alumnos existente, cerca de 5.000. ¿Cómo es posible que el mercado absorba tantos técnicos? - Preguntaba - teniendo en cuenta, además, que el número se duplicaba en Milán o Roma.

“No, no, me contestaban. No todos serán arquitectos, solo los que luego opten por un examen de estado específico. De aquí lo que salen son decoradores, escenógrafos, diseñadores, arqueólogos, planificadores, sociólogos urbanos e incluso directores de cine que ahora está muy de moda”. ¡Increíble! Aunque no tanto, porque allí se plantea una carrera abierta donde se dan diversidad de materias con una alta independencia de los docentes, sin perjuicio de una coordinación y supervisión de conjunto. Lo que no supone especialidades, sino una curricula abierta

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donde el alumno escogía las materias que más le interesaban. Luego, eso sí, si querían ser arquitectos profesionales, debían realizar el examen de estado, donde se les exigía una serie de materias específicas. No estoy tratando de decir que tengamos que copiar el modelo (que por otra parte tiene muchas similitudes con el británico, controlado en última instancia también con un examen por el Royal Institute of Britishs Architects. (RIBA). Solo, que se rompa la rigidez de una carrera excesivamente reglada y existan unas asignaturas obligatorias y otras optativas, donde el profesorado indague distintos caminos innovativos en un ámbito tan amplio como el que nos movemos. C I

Es decir, insisto, sustituir expertos por creadores.

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He aquí pues, el objetivo de los próximos años. Ya somos mayores de edad, ahora hay

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De otra manera, refundar la Escuela a sus 50 años y convertirla en un centro de referencia internacional, conectado no solo con Europa sino con África y todo el ámbito Macaronésico.

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Se tiene que promocionar en la Escuela, el intercambio de profesores de otras latitudes, realizar publicaciones de calidad ( no simplemente artículos con impacto), seminarios, conferencias, etc. donde también el alunado participe de manera activa. Es decir transferencia de conocimientos y técnicas pedagógicas e investigadoras.

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Y para ello se necesita una diversidad de las características del profesorado y de las materias que imparten. Un profesorado al que hay que facilitarles una formación en centros extranjeros y una autonomía en su línea de trabajo, a la vez investigadora y docente.


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que demostrarlo haciendo efectivas las políticas de docencia, investigación y formación de las nuevas generaciones de profesorado. Ahora son cincuenta…no creo que yo esté para los 100, ¡sería mucho pedir! Pero desde ya, me duele que esta Escuela no despierte. Yo que la vi nacer quisiera que se convirtiese en una adulta consistente y con prestigio.

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¿Posibilidades futuras? Pocas, nos acercamos a los modelos tecnológicos y, en base a ello, de momento estamos un tanto estancados y decepcionados…

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La Escuela de Arquitectura.

Una visión de los

recientes graduados C I C U E

Adela Gonzalo Rodríguez de Vera

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Benito García Maciá Dailos González Medina

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Iván Medina Álvarez

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Humberto Pérez León Jose Manuel Pérez Luzardo Mª Desireé Ramos Moreno Adrían Ravelo Milán Eva Sofía Rocha Delgado Carlos Santana Maldonado Sonia del Carmen Santana Santos

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Marta Hernández Lladó


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Continuando la conversaciĂłn de hace 10 aĂąos...


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Luzardo: Para los treinta años de la E.A. ¿recuerdas? Los dos escribimos nuestro artículo por separado, en los cuarenta, juntos, en modo diálogo o conversación, rememorando nuestra andadura más cercana, y ahora en los cincuenta lo hacemos junto a diez arquitectos noveles, entregando el testigo, ya que es una certeza que para los 60 no habrá esta colaboración decenal, aunque sí esperamos leerla ¿con nostalgia?, ¿con ilusión?, esperemos que sin sarcasmo o ironía en una especie de moderno cinismo. Benito: Sí José Manuel, en diez años no habrá dicha colaboración; pero sí nos podemos preguntar qué será de la escuela en el plazo de otra década. Y más aún, puestos a especular ¿cómo será la escuela dentro de otros 50 años? C

Son diez los “opinantes”, están entremezclados, cinco mujeres y cinco hombres, de las islas de Gran Canaria y Tenerife, a partes iguales, fruto de la mas casual de las casualidades, no buscando una paridad que consideramos en muchos casos absurda. Y de edades que van desde los veintipocos a los treintaytantos.

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Las opiniones se han realizado sin influencias entre sí, ni interferencias, desnudando sus sentires, aunque es posible que alguno no coincida totalmente con lo reflejado en esta comunicación coral, estamos seguros que la suscriben en su casi totalidad.

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La mitad son recién graduados, la otra lo será en el año 2018.

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No haremos ni locos tal ejercicio. No podemos imaginar, siquiera en un breve espacio de tiempo, lo que acontecerá en el mundo y cómo repercutirá en la carrera o titulación el oficio de la arquitectura. Sólo esperamos que en el futuro siga siendo el gran activo que ha supuesto para la sociedad canaria en su conjunto, la implantación de la Escuela de Arquitectura de Las Palmas hace 50 años ya.


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No emitimos un juicio de valores o comentarios, que cada cual saque sus conclusiones. Esperamos que sean de utilidad para los años venideros.

Benito García Maciá José Manuel Pérez Luzardo

Hoy, celebramos el decalustro de nuestra escuela, y de las personas que hacen que siga adelante, de aquellos profesores que a pesar del tiempo no pierden el entusiasmo, los que con felicidad aconsejan a las nuevas generaciones. Aquellos que seguramente conseguirán que los nuevos docentes, los cuales la escuela necesita, lleguen con ilusión y sean capaces de impartir Gracias a ellos, podemos soñar con un futuro emocionante en el camino que cada uno quiera escoger para ejercer esta profesión.

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Apología a modo de salutación inicial.

Una vez más, las personas. El afecto, y el trato con nosotros, el “empujoncito” a nuestra mente y a la eliminación de los miedos, presentes en todo estudiante de arquitectura recién graduado, pasan a un primer plano en relación a las adversidades y situaciones complicadas que la carrera de arquitectura nos da. Es por eso, que en este cumpleaños es necesario subrayar el papel de aquellos profesores de la escuela de arquitectura de Las Palmas de Gran Canaria cuya aportación se reflejan en estas líneas. Muchas gracias, han aportado felicidad a nuestro camino como Arquitectos.

¿Qué encontré en la escuela?

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Pasar por esta escuela de arquitectura no deja indiferente a nadie. Duros e intensos años, pero sin lugar a duda fascinantes. Uno no sabe lo que le espera cuando decide entrar a la Escuela de Arquitectura; sólo sabe, y desea no haber escuchado, lo que le dicen: Es una carrera larga, es una carrera compleja, ¿estudiar arquitectura, en plena crisis?...

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No sé lo que esperaba, y sin embargo, bien sé encontrar en mí lo que me llevo: el cambio de una mirada inocente y velada hacia una sensibilizada, intencionada; una constante ansia de ver más allá, de entender aquello que no era capaz de imaginar, siquiera, su existencia; la superación de uno mismo y sus capacidades; la lucha, siempre al límite, personal, logrando superar los obstáculos para simplemente mantenerse andando el camino.

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Solventar las problemáticas, el nunca parar, quizás colabore en que, unos años después, pueda saber qué esperar: superar ese miedo al vacío absoluto tras la época universitaria, creerse capaz por uno mismo de afrontar los problemas fuera del manto de protección de la Escuela, saberse válido para encontrar el camino incluso más allá de las enseñanzas recibidas. Asumir que ser Arquitecto, en estos tiempos, puede significar mucho más que la lectura estricta de la palabra... porque nos formaron para reinventar la profesión.

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En este crecimiento personal nunca caminas solo: siempre hay luz e incluso algún firme faro; y es ahí donde entra a jugar el papel más importante de moldeado de los jóvenes inocentes e indisciplinados que, durante cincuenta años, ha asumido la Escuela. Y bien creo, que esta Escuela, ha superado mis expectativas en ese tránsito de años de formación, tanto académica como personal; una Escuela que busca continuar en el tiempo, se adapta, se reinventa, escucha lo que piden los tiempos, habla el lenguaje de su exterior, encuentra esa sinergia de aprendizajes constante.


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Lo primero que se debe tener en cuenta a la hora de comenzar a explorar el sendero de la formación arquitectónica es que has caído en un mundo en el que “todo tiempo pretérito NO fue mejor”, todo lo contrario, fue mucho peor. Algo que siempre me ha llamado la atención a medida que he ido conociendo arquitectos de diferentes generaciones es que su formación siempre fue más dura que la de la promoción inmediatamente posterior:

Son heridas de guerra de veteranos que sufrieron la ausencia del ordenador y de nuestro bien amado AutoCad.

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“En mis tiempos... en mis tiempos si que trabajábamos, no como ahora que se lo dan todo masticado... horas me pasé yo rotring en mano, ¿ves este punto negro en mi dedo? Me lo tatuó un rotring que se me resbaló...”.

Y es que, como todo en la vida, la arquitectura ha seguido el curso natural de las cosas y ha ido avanzando. Sin embargo, y por desgracia, la enseñanza de la arquitectura no avanza tan rápido como la profesión. Hasta cierto punto es lógico, la mayoría de los docentes pertenecen a esa generación de veteranos y no todos han sabido, o querido, subirse a la ola del cambio. Después de una media de siete u ocho años de formación has pasado por un sinfín de momentos que difícilmente vas a olvidar. Aún recuerdas cuando te dijeron: “Quieres ser arquitecto, pero ser arquitecto cuesta, pues aquí es donde vas a empezar a pagar… con horas de sueño”, y no te engañaron. Pero cuando ya estás llegando al final del camino miras a tu alrededor, ves a todos los tiernos corderitos que acaban de poner un pie en la escuela y piensas: “no saben lo que les espera” y acto seguido piensas “bueno, ahora se lo dan todo masticado”. Y es ahí cuando te das cuenta de que, en mayor o menor medida, ya estás empezando a formar parte del equipo de los veteranos. Debemos ser capaces de coger lo mejor de estas facetas que nos aporta la escuela y de

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aprender también de lo que creemos que son errores. Confiar en que saldrá bien es lo fundamental, aprender a mutar cuando el momento lo requiera, a buscar más allá de lo convencional y a dar respuesta a las necesidades contemporáneas. Nuestra escuela de arquitectura, la escuela de Las Palmas de Gran Canaria lo ha procurado, todos los escalones que hemos ido superando lo han hecho posible, las sabias palabras, de no muchos profesores, pero de unos pocos, más que suficientes, y maravillosos, hacen que valga la pena y que inicies este viaje con toda la esperanza y la ilusión, porque cuando hay sacrificio y dedicación tarde o temprano consigues tus objetivos.

¿Qué me faltó en la escuela? C

Tras la experiencia, hago balance y veo que faltan muchas cosas: La falta de relación entre las diferentes materias que he ido cursando a lo largo de mi formación han hecho que todos mis conocimientos sean compartimentos estancos sin ningún tipo de vínculo o conexión. Y ese ha sido el gran desacierto, la arquitectura es un compendio de muchas cosas, la suma de diversas áreas de conocimiento y es la coexistencia en equilibrio de las mismas la que garantiza un buen resultado.

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Ciertamente, gran parte de ellas por falta de tiempo, ya que la carrera en algún momento debe finalizar y empezar el aprendizaje de la profesión. Sin embargo, existen carencias que podrían fácilmente solucionarse a lo largo de la época estudiantil, con el mismo número de créditos. Especialmente, se echa en falta la información sobre la realidad de la profesión, las

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Recuerdo que en la jornada de puertas abiertas el director nos dijo que “dibujar era como aprender a escribir, al principio cuesta, la “a” te sale fea y la haces entre cuadraditos, pero poco a poco empiezas a mejorar y llega un momento que no sólo te deshaces de la línea de referencia, sino que empiezas a desarrollar tu propio estilo”, y que fue la que me hizo tomar la decisión entre Arquitectura e Ingeniería Civil.


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diferentes salidas, no sólo aquellas de la arquitectura de las estrellas, la cual, un porcentaje reducido de los estudiantes alcanzará a rozar.

Aunque no era lo que me esperaba, lo bueno fue muchísimo mejor de lo que podía imaginar y el trabajo fue muchísimo más de lo que creía que podría soportar.

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La Escuela de Arquitectura de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria ofrece una valiosa formación teórica, refiriéndonos estrictamente a todo aquello que es impartido en clases. Pero resulta ciertamente escasa en aspectos prácticos. El sueño de triunfar en la arquitectura y poder realizar grandes obras, es común, pero salir de la carrera y no tener nociones claras del día a día de la profesión hasta cuarto y quinto curso, (no es lógico que un estudiante de arquitectura no pise una obra hasta su quinto año de carrera) no ayuda a aclarar las dudas cuando tienes un pie fuera de la carrera.

Ayuda a ello involucrarse en las clases y con mis profesores (siempre me gustó que se aprendieran mi nombre y no ser un alumno más de cualquier asignatura), ser miembro del grupo de cultura y participar en los congresos organizados y así tener un trato más cercano con compañeros de otros cursos, con mis profesores y con otros arquitectos y, además, ser miembro de la asociación de estudiantes europea, aporta la formación y las experiencias que le faltan a los estudiantes universitarios junto a la posibilidad de ampliar mis horizontes por toda Europa.

¿Qué escuela querría ahora si empezara a estudiar? Medio siglo lleva en pie, forjando arquitectos y aportando conocimiento a todos los que hemos pasado por ella, pero en este cumpleaños se desea, que igual que los que en estos años le decimos adiós, sea capaz de reinventarse. Dar una “vuelta de rosca” e ir más allá de lo que tradicionalmente se entiende en la profesión de arquitecto. En un mundo globalizado, cambiante

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por minutos, en el que las tendencias o estilos son fugaces, debemos adaptarnos a este nuevo medio y nuestra escuela debe ser capaz también de subirse a este remolino del que no sabemos ni cómo ni dónde nos llevará, sino que simplemente requiere sacrificio y dedicación. Y de eso, la escuela de arquitectura de Las Palmas de Gran Canaria y sus estudiantes, saben de sobra. Si volviese a empezar, me gustaría encontrarme con una escuela que compartiera mis valores, es decir, que se implique mucho más en la docencia, tanto por parte de los profesores como de los alumnos. En mi opinión, la etapa universitaria no debe ser únicamente ir a clase, aprobar exámenes y entregas y salir de fiesta en el tiempo libre, pues hay mucho más que hacer, ver y aprender.

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Me parece que la subjetividad es demasiado pronunciada. Se puede entender que en esta carrera haya un componente de subjetividad mayor que en otras pero es bastante triste escuchar muchas veces a tus compañeros decir: “bueno, haré esto así, que es como le gusta”. Por otro lado, una de las cosas que me ha faltado es el contacto los materiales. Si bien es

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En cuanto a la parte de enseñanza, deberíamos tener más prácticas, más congresos, más visitas a obras, etc. Y dejar un poco de lado el monopolio de proyectos y urbanismo, porque deberíamos aprender a hacer proyectos y no a resolver un ejercicio a gusto del tutor que tengamos, pues los profesores no son unos clientes a los que tengamos que satisfacer, sino los encargados de formarnos. Además, aunque el papel lo aguanta todo, el hormigón no, y actualmente las asignaturas de Construcción, Estructuras e Instalaciones son un mero complemento de proyectos, lo que hacemos con el tiempo que nos sobra después de la entrega, cuando en la vida profesional son las más importantes debido a las exigencias del código técnico. Deberíamos aprender a proyectar desde la técnica, por lo que, al igual que Proyectos debería ser más realista, las Estructuras y la Construcción deberían ser más proyectuales, pues de nada sirve saber calcular el esfuerzo cortante de un pilar si no sé cómo aplicarlo a mi edificio ni qué tipo de estructura me conviene.


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verdad que en el laboratorio de construcción podemos ver algunos (e incluso en alguna práctica ensayar un poco con ellos), pienso que el arquitecto tiene que saber acerca de todos los materiales que coloca en sus proyectos, ver cómo se trabajan, qué dificultades lleva hacerlo, y no sólo si tiene esta o aquella propiedad o si resiste un buen puñado de kilonewtons; en definitiva, ensuciarse las manos de verdad. En general, creo que ha faltado una buena parte de experiencia práctica, no ya sólo en cuanto a los materiales, sino también en cuanto a gestión de un proyecto, todo eso a lo que tendremos que enfrentarnos cuando salgamos a la calle: montañas de papeleo (aunque ahora mucho en formato digital) de las que no sabemos más que una pequeña parte.

La escuela del futuro Escuché o leí, no recuerdo, que en los años 60 se convocaron a las mentes más extraordinarias del momento, antropólogos, filósofos, científicos, arquitectos, etc. Para debatir o quizás mejor predecir cómo iba a ser el mundo dentro de cincuenta años, se pusieron a trabajar y llegaron a unas cuantas conclusiones, las cuales, recogieron en una serie de documentos gráficos y escritos. Con el paso de los años y en el momento en que nos encontramos, viviendo en el futuro que ellos intentaron predecir, resulta que por primera vez en la historia la realidad supera la ficción, todo es mucho más impresionante e inimaginable de lo que las mentes más maravillosas de los años 60 predijeron. Sería interesante hacer esa reflexión ahora, yo me la hago desde algún tiempo que me plantearon como sería la escuela en el futuro y bueno creo, aunque seguramente me equivoque (como otros antes que yo), solo viendo los grandes arquitectos que han salido años atrás y que están saliendo hoy día de esta escuela ya nos indica un futuro más que interesante. Siempre he sentido la escuela familiar, como una pequeña casa que no sabes bien por qué, pero es acogedora, donde todos nos conocemos, eso en el futuro seguirá, y también deberíamos hacer un hueco a partes iguales con la investigación y las nuevas tecnologías, a la enseñanza de la realidad en la calle. Todos sabemos que en la escuela se vive en un mundo ideal, en el que todo es perfecto y se vale todo. Por eso debería estar esa dosis de

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realidad, creando talleres externos, visitas a obras en proceso o terminadas, así como visitas, charlas y coloquios de profesionales externos, no tanto arquitectos si no de todas las ramas a las que estamos vinculados, incluso trabajadores y empresas vinculadas. Que mejor aprendizaje que las propias experiencias de cualquier profesional. Dando un mayor conocimiento de lo que encontraremos, no salir desnudos a esa realidad. Creo que el arquitecto actual se dirige a saber un poco de muchas cosas, pero muchísimo de unas pocas.

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En paralelo, es palpable el cambio que está iniciando la profesión, desde un autónomo o grupo de arquitectos con encargos de particulares y concursos públicos y privados, estamos evolucionando hasta grupos multidisciplinares encargados de proyectos que van más allá. Proyectos que se asocian a I+D+I, a cooperación y desarrollo, a estudio sociales con escala de masterplan….

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La unidad hace la fuerza y el de los arquitectos es un colectivo muy poderoso. Todo cuanto nos rodea es arquitectura. Nacemos, crecemos y morimos en arquitectura y en muchas ocasiones no somos conscientes de la responsabilidad que recae en nuestros hombros. En no pocos lugares la enseñanza de la arquitectura se ha centrado en el diseño, pero no en el diseño

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¿Cómo veo el oficio de arquitecto?

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Así ante estos cambios galopantes, sería lógico empezar a actuar y proponer en consecuencia, empezar a crear encuentros entre facultades que favorezcan las futuras sinergias entre las disciplinas, dando a conocer otros campos que fácilmente pueden relacionarse. Un encuentro anual o semestral que reúna a distintos colectivos y presente proyectos y actividades multidisciplinares: conferencias, workshops, mesas redondas, etc; siendo el resultado final ampliar las salidas desde el inicio de la carrera, pero para mí sigo queriendo una escuela con pasión que como le robó Oiza a Lorca, una escuela que “derribe Partenones por la noche para construirlos por la mañana”.


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para la personas, en el diseño para el propio arquitecto, para alimentar su ego y llenar sus bolsillos. Lo que nos ha hecho olvidar la finalidad última del espacio construido, el habitar.

Los arquitectos, en líneas generales, tendemos a competir, a criticar y a desprestigiar el trabajo de nuestros compañeros. Esa falta de unidad y compañerismo es lo que, en mi opinión, ha hecho que en muchos momentos los arquitectos nos hayamos visto en situaciones precarias. El arquitecto no tiene peor enemigo que el propio arquitecto y eso es algo que debe cambiar. En mi opinión, somos unos afortunados, pues estamos terminando la carrera en un buen momento, cuando vuelve a haber el trabajo tradicional del arquitecto (hacer proyectos y estar a pie de obra) y cuando, tras la crisis, se han abierto muchos caminos alternativos para los arquitectos, así que creo que somos la generación con más opciones de la historia.

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Desde mi punto de vista, y como en casi cualquier otra profesión, el arquitecto nunca debe dejar de formarse. Normativas, materiales, software... todo cambia a un ritmo vertiginoso y como profesionales debemos reinventarnos, reciclarnos y adaptarnos al cambio.

El oficio del arquitecto, independientemente de a lo que se dedique, creo que es emocionante, trabajoso, sacrificado y con alta implicación y nos ofrece siempre la posibilidad de aprender y crecer, pues cada proyecto es un mundo. Es por tanto que la profesión del arquitecto debe formar parte activa de los cambios que suceden en la ciudad, priorizando la originalidad de los espacios e impartiendo cultura de manera tridimensional (me refiero a la arquitectura en sí misma como método de aprendizaje), como relata Louis H. Sullivan:

“(...) que cada edificio que tú ves es la imagen de un hombre a quien no ves (…) porque nuestros edificios son como una enorme pantalla tras la que está nuestro pueblo.”.

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¿Qué pienso hacer para el ejercerlo? El primer paso hacia nuestra vida profesional, y es llegado tal punto donde, en mi caso, entran los mayores temores y dudas. Dudas y temor no de ejercer sino de lo que espera fuera, en el mundo real, y de si la formación que tenemos es suficiente o la adecuada para enfrentarlo.

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Me dicen que vuelve a haber algo de trabajo después de la gran crisis. Empiezo a encontrar compañeros que están haciendo algunos proyectos: una reforma aquí, otra allá; algunos trabajan en una constructora, otros son autónomos. De todas formas, no es, ni de lejos, lo que era antes. Parece claro que tendremos que reinventarnos; no hay cabida para tantos arquitectos

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A mí personalmente, me atrae más la parte técnica, me gustaría ser la persona que hace realidad las ideas locas de los proyectistas. También me interesan los temas de rehabilitación, las segundas oportunidades a edificios que o tienen problemas o simplemente han quedado obsoletos. Y, más allá de la arquitectura, me interesan los temas de organización de equipos, la ejecución de cualquier tipo de proyecto, la interacción con empresas de diversos campos y trabajos multidisciplinares en general.

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Pero no todo ha sido malo y algo muy positivo que hemos aprendido en estos años es que el trabajo de arquitecto es un trabajo de equipo, dejando atrás la imagen de arquitecto estrella. Algo asumido y transmitido por profesores y alumnos, y que se ha promovido prácticamente en todas las asignaturas mediante los trabajos realizados en grupo. Esto nos da idea de cómo será nuestro modo de trabajo, tanto en un estudio de arquitectura como en otros ámbitos en los que podremos ejercer, ya sea aquí o en el extranjero. Asimismo, hemos aprendido que las posibilidades son infinitas profesionalmente, no solo por las vertientes tradicionalmente relacionadas con la profesión como son el diseño de objetos, la pintura, la escultura, etc., sino que además en la actualidad con la era digital se han abierto muchos más campos de trabajo alternativo a lo que cualquiera puede tener en mente al pensar en arquitectura.


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si intentamos hacer lo mismo que hasta ahora.

A pesar de todo creo que la arquitectura tal y como la hemos estudiado ofrece grandes oportunidades que, sabiendo aprovecharlas e interpretarlas, nos permitirán desarrollar nuestra profesión de una forma u otra, tan solo hará falta ganas e ingenio.

¿Necesito trabajar en prácticas con un estudio, por cuánto tiempo?

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De los profesores, en general, se puede decir que intentan quitarnos el temor y las dudas, que mencionaba al inicio, recalcándonos la infinidad de posibilidades y reiterando la necesidad de reinventarnos, ya que quizás en otra época sí, pero en la actualidad el trabajo no tocará en nuestra puerta pues debemos buscarlo, y ello implica trabajar posiblemente en otro país. Aunque quizás parezca un sacrificio salir al extranjero dejando atrás nuestra zona de confort, hay que mirarlo por el lado positivo y ser capaces de ver que lejos de una obligación es una gran oportunidad y una nueva aventura tanto profesional como personalmente.

Mi breve experiencia laboral me ha enseñado que trabajar para un estudio no tiene que significar ser un esclavo y estar explotado, haciendo un sinfín de horas por un sueldo mísero. Puede ser la oportunidad de formar parte de un equipo, de aprender de la experiencia de nuestros jefes y de introducirnos en el mundo laboral. El tiempo que debamos estar así es relativo, depende de lo que nos interese y lo que nos ofrezcan en el estudio, pues para poder echar a volar solos necesitamos un colchón donde poder caernos. Lo ideal sería estar unos años trabajando en varios estudios, aprendiendo de los aciertos y los errores de todos aquellos con quien trabajemos, para luego tener las herramientas necesarias para valernos por nosotros mismos. Ser valientes es una de las premisas de la profesión y por ello no debemos abusar de estar en

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un estudio de arquitectura en “prácticas”, es importante marcarse unas metas y aprender de los demás un tiempo prudente para después embarcar en la aventura de nuestras vidas.

¿Qué aportación me plantea el rasmus y que desventajas o inconvenientes?

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Una oportunidad que tenemos hoy en día, es la posibilidad de ver la arquitectura en otra parte del mundo, gracias a los programas de movilidad. Procuran que estemos al día de la demanda y el hacer de la profesión en otros países, permitiéndonos estar aún más preparados para aquello que la arquitectura requiera. En este mismo camino, aparecen las prácticas externas, por medio de las cuales podemos estar un periodo de tiempo en un estudio de arquitectura, ajeno a la escuela, haciendo contactos, observando la realidad, el día a día de la profesión y dándonos cuenta de cómo trasladar la “carrera de fondo” que hemos realizado, con todo su temario e incluso los conceptos que en ese momento no entendíamos y no sabíamos para que servirían, a la práctica profesional de la arquitectura.

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Durante mi estancia en Italia gracias a la movilidad Erasmus, fui capaz, en cierta medida, de suplir estas carencias. Cuando el idioma, la cultura, el ambiente y la arquitectura son diferentes te ayuda a cambiar de perspectiva. Es el momento en el que las clases de Teoría e Historia de la Arquitectura se convierten en el escenario de la ciudad en la que te encuentras. Cómo

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Todo esto fue algo que aprendí de Erasmus, en la Escuela de Arquitectura de Montpellier, pues si bien yo estaba mejor formada a nivel técnico y teórico, ellos lo estaban a nivel práctico pues tenían prácticas de empresa en 3 cursos, hacían excursiones para ver edificios, el Atelier des Maquettes era el centro de actividad de la escuela, junto con la cafetería y las múltiples asociaciones de estudiantes en las que todos participaban, etc. Ese año en Francia me permitió ver las fortalezas y debilidades que teníamos frente a otros arquitectos europeos, la manera de hacer arquitectura en otro país, aprender un idioma nuevo y muy útil como es el Francés, etc. Por lo tanto, es una experiencia que yo recomendaría a cualquiera y que me gustaría repetir.


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comprender todos aquellos conceptos que nosotros, los arquitectos, usamos para definir nuestro proyecto si no es visitándolo. Apreciar la majestuosidad del Panteón de Roma, la escala de la cúpula de la Cattedrale di Santa Maria del Fiore o perderse en las callejuelas de Venecia son experiencias que hay que vivirlas para poder comprenderlas.

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Italia me enseñó la importancia de la cultura arquitectónica existente y su enorme valor. Me ayudó a comprender que la función prevalece sobre la forma, la belleza de una bóveda, la construcción en ladrillo, las cubiertas a dos aguas y el contacto entre elementos constructivos. Material, textura, color y un largo cúmulo de condicionantes son los ingredientes necesarios para alcanzar una sensibilidad arquitectónica acorde al contexto. Intervenir sin alterar es quizás una de las acciones más complicadas de nuestro ámbito. Sujeto a opiniones externas y subjetividades infinitas, este tipo de actuaciones es una arriesgada apuesta, pues pone en riesgo la verdadera esencia del edificio original. A mi parecer, el programa de movilidad debería estar incluido en el plan de estudios, casi que fuera una obligación disfrutar de uno. Es verdad que hay casos de algunos destinos donde parece que las asignaturas estén de oferta pero, siendo serios con las convalidaciones, me parece una experiencia que nadie se debería perder; se aprende mucho de otras culturas viendo otras formas de hacer arquitectura y otras maneras de proceder en las escuelas. Sin embargo … Es placentero descubrir que no es necesario viajar a Venecia a visitar la obra de Carlo Scarpa, Fondazione Querini Stampalia, para entender el modo en el que el agua condiciona la vida de los venecianos, ni visitar el Memorial to the Murdered Jews of Europe en Berlín, de Peter Eisenman, para sentir la angustia de encontrarte perdido en un laberinto de paredes en el que los sonidos se distorsionan y la orientación se vuelve difusa. Basta con asistir a una orquesta en el Auditorio

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Alfredo Kraus, deleitándonos con el paisaje cambiante del mar acompañado de dulces melodías o presenciar lugares únicos y vinculados con nuestro maravilloso paisaje como los Jameos del Agua. En mi caso no he realizado ningún rasmus, pero bien sabido es por todos aquellos que lo han hecho que merece la pena, y aunque sea después de finalizar los estudios este tipo de experiencias siempre son enriquecedoras, por ello salir fuera de España y ver como se ejerce esta profesión en otros países es un reto personal que espero poder realizar una vez titulado.

¿Cómo percibe mi oficio la sociedad? C I N C U E

La sociedad no es consciente de lo que significa ser arquitecto, ni de lo que eso implica. Desconocen lo que entraña cada línea que trazamos, pero al mismo tiempo pretenden que lo sepamos y lo controlemos todo. Además de arquitectos también tenemos que ser obreros, electricistas, fontaneros, decoradores, carpinteros… y servicio 24h.

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Asimismo, permitiría abrir el mundo de la arquitectura a la sociedad, y evitar la sensación de

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Encuentros con la facultad de geografía para hablar de paisaje y territorio, como el proyecto de la GC-1, con futuros trabajadores sociales y derecho para trabajar con proyectos de reposición de barrios, como la futura reposición del barrio de Las Rehoyas; son algunos ejemplos de los múltiples casos de los beneficios de los grupos multidisciplinares y las sinergias entre campos próximos.

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No sé cómo podemos poner remedio a esta situación, pues aunque no tenemos que volver a la época en que los arquitectos eran ese ser superior, es necesario poner en valor nuestro trabajo y enseñar a la sociedad que la Arquitectura es un proceso, con varias etapas y que aunque nosotros las dirigimos, no las ejecutamos.


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exclusividad que tiene en España. Dar una cara más amable y que no quede en un conocimiento reducido a arquitectos y artistas, sabiendo que la arquitectura tiene un fin social, que las personas conviven a diario con ella. Hacer ver, que el oficio que hemos escogido ya no forma parte de una élite, que está cambiando y que parte de su futuro es la fusión.

…..”La escogí porque me di cuenta de que valía la pena, valía los riesgos….valía la vida”

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Adaptado de Pablo Neruda.

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Una y otra vez

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Existe una inevitable coincidencia temporal entre la creación de la Escuela de Arquitectura de Las Palmas y los acontecimientos que durante ese año se produjeron en nuestro ámbito más cercano, y en un conjunto de países que vivían el tránsito de la obsolescencia de una sociedad surgida del final de la II Guerra Mundial y el resurgir de nuevas aspiraciones que desde todos los sectores se estaban reclamando. Esa confrontación con el “statu quo” surgido de la última gran guerra genera un conjunto de acontecimientos que sólo nombrarlos configura una cartografía escalofriante, debido al grado de represión con que el poder contesta a las reivindicaciones que los distintos movimientos sociales estaban planteando.

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1968 empieza en sus primeros días de enero, con el nombramiento de Alexandre Dubcek como secretario general del Partido Comunista de Checoslovaquia, que anuncia en su programa político ante el Presidium del PCCh la construcción de un “socialismo con rostro humano”, comienza la Primavera de Praga. El día 10, las autoridades franquistas cierran la Facultad de Económicas de Madrid, sancionando a 7.000 estudiantes con la pérdida de su matrícula y los exámenes. El 30 de enero, comienza en Vietnam la ofensiva del Tet simultáneamente en 40 ciudades, será el inicio de la derrota de los EEUU. A finales de Febrero, en el suburbio de Tokio de Narita, 500 personas resultan heridas en enfrentamientos con la policía, en contra de la construcción de un aeropuerto internacional. El 4 de marzo, en el Congreso del PC de Checoslovaquia, se abole la censura y se amplían las libertades de prensa, de expresión y circulación. Se producen grandes manifestaciones estudiantiles en Varsovia reclamando libertad intelectual, son reprimidos brutalmente. El día 9 de marzo, se decreta la creación de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Las Palmas de Gran Canaria que comenzará sus estudios, dependiendo de la escuela de Madrid, en el curso 68-69. El día 17, Bélgica, Alemania Federal, Italia, Países Bajos, Suiza, Gran Bretaña y EEUU, acuerdan escindir el mercado del oro en dos sectores, uno oficial con precio fijo y otro de cotización libre para el sector financiero. El día 22, prosiguen las protestas estudiantiles en Madrid, se incorpora Santiago y se inician en


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Francia las protestas estudiantiles en la universidad de Nanterre por la detención de estudiantes durante una manifestación en apoyo de la paz en Vietnam, nace el Movimiento del 22 de marzo. El 27, la policía irrumpe en siete facultades de la universidad de Madrid. El día 31, el gobierno cierra las universidades de Madrid, Santiago y Valencia. El 3 de abril, Matin Luther King llega a Memphis para apoyar la huelga de basureros, el 4 de abril es asesinado por James Earl Ray, en más de 125 ciudades de EEUU se produjeron grandes disturbios. Días después Rudi Dutschke, líder estudiantil alemán, sufre un atentado, como consecuencia de las secuelas producidas fallecería años después. Es nombrado Ministro de Educación José Luis Villar Palasí, que impulsará, la pretendida “modernizadora”, Reforma General de Educación. El 2 de mayo Daniel Cohn-Bendit, lidera una protesta, en solidaridad con el líder alemán, en la universidad de Nanterre, el rector cierra la universidad y lleva a los líderes estudiantiles ante un comité disciplinario, lo que provocará manifestaciones en el centro de París, el Barrio Latino y la Sorbona. Empiezan las conversaciones de paz en París entre EEUU y Vietnam de Norte. Vuelven los enfrentamientos violentos entre estudiantes y policías, se ocupa la Sorbona, el rector la cierra. Para el día 13 se convoca huelga general en Francia, la mayor de la historia de Francia y seguramente de Europa, secundada por nueve millones de trabajadores y estudiantes, la manifestación convocada congrega a 200.000 personas, empieza el Mayo Francés, se cierra la Sorbona y días después se ocupa el Teatro de l´Odeon, al día siguiente los trabajadores de Sud Aviation en Nantes y los de Renault en Cleon, Flins, Le Mans, Boulogne-Billancourt ocupan sus fábricas. El presidente De Gaulle, anuncia reformas en la enseñanza, convoca referéndum sobre su permanencia, disuelve la Asamblea Nacional y convoca elecciones. El 18 de mayo se produce el recital de Raimon en la Facultad de Políticas y Económicas organizado por el SDEUM (Sindicato Democrático de Estudiantes Universitarios de Madrid), asisten unas 6.000 personas en el hall de la facultad. Reestructuración de la universidad española, se crean las Universidades Autónomas de Madrid, Barcelona y Bilbao. El 5 de junio asesinan, después de un mitin en Los Ángeles, a Robert Kennedy aspirante a la presidencia de los EEUU. Se prohíben las manifestaciones en Francia y el gobierno ilegaliza 11 organizaciones de izquierda. De Gaulle obtiene mayoría absoluta en las elecciones. El 26 de junio es conocido en Brasil como el

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“Viernes Sangriento” por la represión contra una manifestación de 100.000 estudiantes brasileños en protesta contra la Dictadura Militar y el fallecimiento de un estudiante por parte de un oficial del ejército en recinto universitario, se producen 28 muertos, cientos de heridos y miles de detenidos. El 23 de julio, el Partido Comunista de España apoya el proceso democratizador en Checoslovaquia. La Conferencia Episcopal Española solicita la libertad sindical al gobierno. El 26 de julio, el gobierno de México envía a la policía y al ejército contra 50.000 estudiantes desarmados, se producen más de 50 heridos y varios detenidos. El día 31 el ejército ocupa la Universidad, el rector de la UNAM se declara en contra de la violación de la autonomía universitaria y se convoca huelga general de estudiantes en México. El 2 de agosto se produce el primer asesinato premeditado de ETA del Jefe de la Brigada Político-Social de Guipúzcoa Melitón Manzanas, acreditado torturador de sindicalistas y militantes políticos. Tres días después se declara el estado de excepción en Guipúzcoa con el inicial resultado de 50 detenidos, y una semana después, el Consejo de Ministros restablece la ley de Bandidaje y Terrorismo de 1960. El día 21 de agosto, las tropas del Pacto de Varsovia, un millón de soldados y siete mil tanques (URSS, Polonia, RDA, Hungría y Bulgaria), invaden Checoslovaquia. Fin de la Primavera de Praga, sus dirigentes son detenidos y llevados a Moscú. Se producen grandes protestas en todo el país. El 26 de agosto da comienzo la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, al calor de las recomendaciones del Concilio Vaticano II (1963-65), germen de la “teología de liberación”. El día 28, después de una manifestación multitudinaria de más de 300.000 personas que termina en la plaza de Zócalo en ciudad de México, el ejército carga con carros de combate. A principios de Septiembre las organizaciones no gubernamentales denuncian el fallecimiento por hambre de 6.000 personas en Biafra, más tarde la coincidencia de la guerra de secesión de Nigeria, las muertes alcanzaron la cifra de un millón de personas. El día 15 septiembre se produce la caída en la playa de Sardina del Norte de toda la dirección del PCE en Gran Canaria, después del desastre, Toni Gallardo, secretario general, estuvo cuatro años en la cárcel (1968-1972), el partido designa como nuevo secretario general a José Carlos Mauricio, y eso le permitió hacerse con el control del partido, aunque muchos militantes expresaron la necesidad de que una vez que saliera Toni de prisión, debería elegirse el


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responsable del partido en Gran Canaria. El día 18 entran 10.000 soldados en la UNAM de México y detienen a los líderes estudiantiles, hay varios muertos y desaparecidos. El 23, el ejército entra en las instalaciones del Instituto Politécnico de Asco en el Casco de Sto. Tomás y capturan y matan a varios estudiantes. El 2 de Octubre se produce una manifestación de 10.000 personas en protesta por las ocupaciones del ejército del recinto universitario en la plaza de las Tres Culturas (Tletelolco), y en una encerrona, promovida por el ejército y la policía hacia la multitud congregada se producen 300 muertos, centenares de heridos, 6.000 detenidos y decenas de desaparecidos. En Londonderry, Irlanda del Norte, se producen enfrentamientos entre católicos y la policía, 90 heridos. Los atletas norteamericanos, Tommy Smith y John Carlos, responden con el saludo del Black Power en la entrega de medallas de los 200 m de los Juegos Olímpicos de México, son excluidos de las siguientes pruebas. 5.000 mineros secundan las huelgas en Asturias, Hunosa suspende de empleo y sueldo a 1572 mineros y se prorroga 3 meses el estado de excepción en Guipúzcoa. Al final del mes se firma el acuerdo del fin de los bombardeos de EEUU sobre Vietnam, durante la guerra se lanzaron más de tres veces los dos millones de toneladas que EEUU lanzó sobre Europa en la II WW. A principios de Noviembre el entierro de Papandreu se convierte en una manifestación de 100.000 personas en contra de la Junta Militar en Grecia. A finales de mes 8.300 mineros secundan una huelga en la cuenca minera de Oviedo que se salda con 3 muertos. El 2 de diciembre la ONU condena la política de “apartheid” del gobierno Sudafricano. El día 13 de diciembre el presidente-golpista mariscal Costa e Silva, disuelve el parlamento brasileño, debido a las protestas de diputados en apoyo de la investigación sobre la represión contra los estudiantes en la marcha de los cien mil en contra de la dictadura militar en Brasil, que causo la muerte de un estudiante. A mediados del mes el gobierno español deroga la orden de la expulsión de los judíos de 1492. La coincidencia de fechas establece el marco histórico desde donde comprender el alcance de los posteriores acontecimientos:

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La Escuela en su fundación, es una escuela dependiente de Madrid, su existencia refuerza el esquema autoritario que pretendía imponer La Ley General de Educación de Villa Palasí, con una estructura jerárquica y centralista con respecto a la creación de las nuevas universidades, facultades y escuelas, estableciendo sobre ellas primero, un tutelaje y luego una dependencia a partir del sistema de cátedra como único referente de organización de la docencia y la investigación en la universidad.

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Existe una clara confluencia entre los acontecimientos a nivel mundial y europeo y el proceso de transición a la democracia en España, dotando a la lucha por la conquista de la democracia de un componente cultural representado por los intelectuales y universitarios (profesores y estudiantes), que comparten junto con la clase obrera, el ser sujetos históricos del cambio. De ahí la relevancia del movimiento juvenil y sus distintas ramificaciones, representados en el movimiento estudiantil y en otros de dimensión más histórica como el movimiento feminista, con sus antecedentes en el movimiento sufragista, y los más nuevos aglutinados en los movimientos ecologista y pacifista.

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La lucha y el esfuerzo en nuestra escuela de profesores y estudiantes participa y contribuye en el avance de la democracia a partir de superar las condiciones realmente existentes de universidad jerárquica, autoritaria, corporativa y antidemocrática, sin valores éticos, ni científicos, ni culturales. A este modelo oponíamos una universidad gestionada democráticamente, mediante la representatividad de sus diferentes sectores (estudiantes, profesores y PAS), organizada científicamente en áreas de conocimiento como base de los

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Esta situación lleva, en todos los ámbitos geográficos, a un pacto explícito entre la clase obrera y el movimiento estudiantil junto con amplios grupos de intelectuales, profesores y profesionales, que son capaces de incardinar reivindicaciones concretas como forma de avanzar en la liquidación del Franquismo, y contribuir de una manera decisiva, con las débiles formaciones partidarias, en el advenimiento de la democracia.


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departamentos y con un objetivo social en el desarrollo de sus titulaciones y habilitaciones profesionales, en nuestro caso. La escuela asume y acomete estos objetivos de política universitaria con una gran generosidad y fue capaz de alcanzarlos antes de que se desarrollaran las leyes correspondientes del estado democrático, que no hizo sino sancionar y coincidir con los logros conquistados, aunque con algunas “rebajas” referentes a la participación estudiantil (50% al 33% ) y al estatuto del profesorado, donde se abandonó la reivindicación de un cuerpo de profesores universitarios doctores y no doctores, para iniciar un proceso cada vez más jerarquizado y endogámico, primero con la LRU (1983) y de una forma más acentuada y disparatada cuando la LOE (2001) crea la nefasta ANECA (2002), que cada vez que reforma sus dispositivos de acceso y habilitación del profesorado a la multiplicidad de rangos establecidos, genera una situación de injusticia sobre las exigencias para el acceso a las distintas categorías de profesorado, por parte de aquellos que no tuvieron ninguna dificultad ni requerimientos para su acceso a titular y catedrático de universidad en oposiciones, en la mayoría de los casos producidas sin ningún oponente. Esto genera un agravio comparativo sobre las dificultades del acceso del profesorado a unas condiciones laborales estables de dimensiones inadmisibles, tanto intelectual, laboral como científicamente. En el colectivo de la escuela, aparte de la militancia política clandestina que no estaba muy extendida, muchos de sus componentes (profesores y estudiantes) participaban en asociaciones culturales, profesionales que establecieron experiencias puentes entre la experiencia escolar y otras expresiones culturales profundamente vinculadas a los movimientos sociales y obreros (Sindicatos, AAVV, asociaciones de artistas, culturales, deportivas y profesionales). De ese enriquecimiento surgió la madurez del movimiento escolar de la Escuela de Arquitectura. Y sobre esa base, que fue capaz de suscitar un apoyo popular sin precedentes, sobre todo durante el encierro en la escuela de Tamaraceite, y del trabajo y apoyo de una gran parte de los profesores, se cimentó la posibilidad de construcción de una escuela democrática y

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culturalmente relevante, capaz de hacer dimitir a la dirección que era la representación del poder centralista y antidemocrático. Conseguir el cese del director, negociado con el Director General de Universidades, abrió la posibilidad de construir una escuela democrática, autónoma, y responsable de su propia trayectoria docente e investigadora.

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La consolidación del Estado Democrático, que la transición configuró, se estableció sobre unas condiciones que garantizaban la permanencia del sistema de poder, sobre todo económico, y de lo fundamental del aparato de estado franquista (Ejercito, Judicatura…). Estableciendo un proceso histórico, que no siendo este el lugar de desarrollar su análisis, nos legó la actual situación, que unida a la crisis de 2008, provocó el surgir de un movimiento de contestación e indignación, contrario al estado actual del poder del bipartidismo y que se manifestó de una forma casi espontánea y en todos los procesos reivindicativos sectoriales (15M, Mareas…) a los que la crisis había expoliado sin ninguna contemplación, y sin la defensa de las organizaciones políticas existentes.

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Una y otra vez, en lo que respecta a nosotros, los convocados y los preocupados por el futuro de nuestras escuelas y de nuestros egresados, de nuestros puestos de trabajo, sometidos a la sinrazón de la ANECA, estamos enfrentados una vez más a ser capaces de defender una universidad pública, no jerarquizada, igualitaria, autónoma, no corporativa, ni endógena, capaz de contribuir desde la profesión de arquitecto a establecer las bases de un cambio de modelo económico, no especulativo, más productivo que permita a las ciudadanos participar en una mayor medida de las rentas que se generan en nuestro país.

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Hoy 50 años después, otra vez nos encontramos en la encrucijada de avanzar en una democracia más participativa e igualitaria o si el sistema sigue expropiando a la mayoría de la población para mantener el privilegio de unos pocos.


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“El viaje es el encuentro de algo que andamos buscando, sin saber qué es con exactitud. Es la búsqueda de un lenguaje con el que ser capaz de dibujar las sombras de nuestras ideas. Moviéndose en el espacio y en el tiempo, el viaje no es sino la historia que nos plagia; es la dilatación de nuestra pupila la que ilumina el espacio, y allí encontramos lo desconocido revestido de intimidad.” Luis Moreno Mansilla (1) Una de las formas mas sugerentes de aprender arquitectura es el viaje. Los arquitectos, y los artistas, son y siempre han sido grandes viajeros.

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Un viaje de estudios para alumnos de arquitectura de los primeros cursos presenta este amplio horizonte de descubrimientos, más aún si ese desplazamiento se abre a obras de arquitectura contemporánea, cercanas en el tiempo y en su materialización. Obras que reflejan preocupaciones arquitectónicas cotidianas con soluciones proyectuales y constructivas recientes. Visitas a una arquitectura comprometida con ella misma que “lleva consigo implícita la necesidad de conocimiento de aquello que sucede hoy y una respuesta a este suceder”, como expresaba Alejandro de la Sota en su escritos (2).

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Desde el ‘gran tour’ o el viaggio de gran duración de nuestros predecesores a nuestros fugaces desplazamientos actuales las motivaciones para viajar permanecen inalteradas. El descubrimiento de nuevos lugares y de culturas diferentes, la apertura a nuevas percepciones: luz, colores, olores, sabores, sonidos,… que se activan ante lo desconocido, y la necesidad de expresar y recordar lo experimentado, interpretándolo, hacen de cada viaje una experiencia personal e intransferible. Esta experiencia de las vivencias, de sus miradas filtradas, es también un aprendizaje autodidacta, por intuición, explorando en lo no conocido y despertando inquietudes.


Casa do Cinema. Oporto. Arquitecto: Eduardo Souto de Moura. Dibujo: Ana B.

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La elección de estas arquitecturas es la primera proposición de los profesores viajeros. Ver en ellas como la arquitectura nace del lugar, de su inserción en el paisaje, en su topografía, en su diálogo con lo existente, el clima, los materiales y las técnicas constructivas locales, la cultura de sus usuarios y las circunstancias que lo propiciaron. Otro aspecto interesante de este viaje de estudios es el aprendizaje en una experiencia colectiva que ofrece la oportunidad de intercambio de ideas, de enriquecimiento mutuo y el contacto y la convivencia en escenarios tan distintos al docente. Es el viaje entendido como experiencias educativas basadas en el autoaprendizaje colaborativo.

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Una segunda sesión preparatoria es una extensa e intensa interpretación del cuaderno de viaje. Descubrir como las imágenes de los viajes de otros arquitectos, las interpretaciones de sus visitas, reales o imaginarias, nos enseñan y preparan para este otro viaje. Y en el descubrimiento, el aprendizaje al apreciar los dibujos como lecturas y expresión de la arquitectura. Esta sesión incluye una interesante práctica en la biblioteca de nuestra Escuela con los cuadernos de viaje de sus archivos, palpándolos, apreciando el lado artesanal del dibujo,

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Un abrir los ojos a otras arquitecturas de posibilidades insospechadas, con una actitud abierta, atenta hacia lo nuevo, hacia nuevas experimentaciones, una manera de mirar más compleja y personal que el simple viaje turístico, el viaje del arquitecto.

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El viaje que nos ocupa se organiza en torno a tres ejes estructurantes. Un primer eje es su preparación, el pre-viaje. Es el viaje sin viaje, el viaje intelectual, el que nos acerca a los lugares a visitar a través de la documentación de libros, revistas, internet, las impresiones de otros viajeros,… recopilada en una guía didáctica que refleja los itinerarios, horarios, mapas y documentos de cada una de las ciudades y obras a visitar. Ésta es la primera aportación a los viajeros que se extiende a una sesión expositiva del mismo con comentarios arquitectónicos y consejos de viaje de los profesores viajeros.


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sus procedimientos, instrumentos y herramientas. Se valoran los diferentes formatos, gramajes del papel de soporte, técnicas de representación, perspectivas,…, en suma el entendimiento de la materialización de sus interpretaciones y pensamientos de los lugares vividos y experimentados, reales o imaginarios.

En la actualidad a esta sesión se le ha añadido una práctica sobre la toma de imágenes fotográficas entendiendolas como que “la tarea de la fotografía no es representar o imitar lo que existe, sino resumir una experiencia. Así las fotografías de este viaje revelarán el proceso de una experiencia diferente” (3). Este filtrado de trayectos, obras y conocimientos prepara el segundo eje, el viaje físico, el desplazamiento.

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Y con ello una proposición a los estudiantes viajeros, la realización de un cuaderno, como era entendido hasta hace poco tiempo, como documento principal de un viaje clásico de arquitectura. Cuaderno como expresión, comunicación y desarrollo de un proceso intelectual en sus primeros contactos directos con la arquitectura, contactos imborrables que van a formar parte de su propia biblioteca de imágenes.

Éste el viaje real, la peregrinación, ir a los edificios para estar a su lado, dejándonos envolver por ellos para sentirlos en su palpitar. Pálpitos que brotan de la transformación que se experimenta entre lo conocido por referencias y la percepción sensorial de la realidad, las expectativas que motivaron nuestro desplazamiento y la magia de lo real. Es el captar las obras en su contexto, de la confrontación entre lo nuevo y lo conocido, de las errancias, del dialogo silencioso con los nuevos espacios, siempre con el rasgo de la fugacidad que un viaje de este tipo conlleva. Aparece el cuaderno como reflejo de unas sensaciones que ya no se vuelven a tener, de un primer recorrido por nuevos espacios captando el detalle del descubrimiento, de la percepción

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Piscinas Das Marés Leça da Palmeira y Salón de Té de Boa Nova. Arquitecto: Álvaro Siza Vieira. Dibujo: Andrea G.


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a través de la luz, los aromas, el sonido, los materiales, las texturas,…

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Libreta o cuaderno para el apunte, para la sustitución del recuerdo por un dato cierto. Dibuja el que no quiere olvidar. El cuaderno es, en cierto modo, la consciencia escrita del viajero, su consciencia no consciente. Como nos señala Álvaro Siza (4) “En el intervalo de un verdadero viaje, los ojos, y a través de ellos la mente, ganan insospechadas capacidades. Aprendemos desmedidamente y lo que aprendemos reaparece disuelto en las líneas que después trazamos”. Imágenes que son obra de la mano y la mirada curiosa y atenta de los viajeros trayendo consigo sus interpretaciones y pensamientos de las obras experimentadas. Ellas son la parte tangible de esas miradas filtradas. Miradas sobre las mismas cosas, visiones que al tamizarse a través del pensamiento, de su interiorización, se materializan de formas diversas, como diversas son las distintas percepciones, únicas. En ellas, en las imágenes, se muestra el verdadero aprendizaje experiencial, el aporte cultural, de conocimientos y de libertad que cada viajero ha aprehendido haciéndolo irrepetible. Aparece la transformación que el viaje al interior de cada viajero ha supuesto la mirada insospechada de cada obra al interpretarla, expresarla y comunicarla a través de las imágenes. Un último eje, el “viaje impermeable al olvido”, en palabras de Luis Moreno Mansilla (5), se materializa en un libro digital (6). Éste recoge la memoria de toda la experiencia y permite reflexionar sobre la misma aportando un punto de vista más amplio que supere la visión de un turista. El libro es la síntesis de una experiencia colectiva que muestra las aportaciones de todos los viajeros, estudiantes, profesores y guías, desde la interiorización de su experiencia. Es la

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Estadio Municipal de Braga. R

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Pabellรณn de Tenis. Quinta da Conceiรงao. . Arquitecto: Fernando Tรกvora. Dibujo: Jorge C.

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Pabellón de Tenis. Quinta da Conceiçao. Arquitecto: Fernando Távora. Dibujos: José R.


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recopilación de un viaje sentido, vivido, que quiere ser el reflejo del mundo personal de los viajeros.

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Para ello en el libro se sustituyen las imágenes de la guía didáctica por los dibujos de los cuadernos, fotografías y breves textos de las impresiones y visitas realizadas, combinando la sorpresa del momento con el conocimiento previo, que se vislumbra entre líneas, con una intensidad mucho mayor. Una exploración en dibujos, fotografías y recuerdos con la intención no de explicar la obra sino de entenderla desde perspectivas diversas, enriqueciendo el aprendizaje con las diversas miradas, con los instantes atrapados e interpretados por cada viajero. Y si atendemos a las palabras de Saramago (7) “hay que ver lo que no se ha visto, ver otra vez lo que ya se vio. Hay que volver a los pasos ya dados, para repetirlos y para trazar caminos nuevos a su lado. Hay que comenzar de nuevo el viaje. Siempre. El viajero vuelve al camino”. Así este libro digital permitirá enriquecer lo visitado, lo aprehendido, con las sensaciones y expectativas personales de los otros viajeros y así recrear su recorrido, real o imaginario. También pretende servir de guía para la realización de nuevos viajes, reales o imaginarios, a otros futuros viajeros aportándoles visiones y perspectivas inéditas y personales de los descubrimientos, en el que las imágenes aportan un aspecto sugerente y diverso de lo aprehendido, haciéndolo impermeable al olvido. Un viaje de estudios realizado un agosto de 1949 por Italia y norte de África de dos jóvenes colombianos quizás exprese con mayor claridad el valor formativo de estos viajes. Rogelio Salmona, recién llegado a Paris, emprendía un aprendizaje autodidacta de la arquitectura similar al de su maestro, colaborando en su estudio y, fuera de horas, elaborando los materiales a presentar en el CIAM de Bérgamo. Junto a él otro ‘dibujante’, como les gustaba llamarse,

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Biblioteca Universidad de Aveiro. Arquitecto: Ă lvaro Siza Vieira. Dibujo: Ana B.


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Germán Samper, arquitecto recién titulado en Bogotá y también recién llegado a Paris. El maestro, Le Corbusier, satisfecho con sus trabajos les invita a acompañarlo a Bérgamo y en la invitación surge para ellos la idea, y la oportunidad, de emular el viaje a Italia de los arquitectos clásicos.

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Los preparativos del viaje comienzan pidiéndole asesoramiento, y en el breve transcurso de un almuerzo les traza con todo detalle el recorrido, las obras que tenían que visitar y un consejo fundamental: viajar sin máquina de fotos. “Cuando el lápiz dibuja, el papel pasa por el cerebro. Lleven cuaderno, lápiz y su cabeza” (8). Es sabido que Le Corbusier desaconsejaba el tomar fotografías en los viajes, cosa de holgazanes decía, aunque él las tomara, y las reuniera junto a postales de sus innumerables desplazamientos e incluso tomara clases particulares para escribir sobre los mismos. En ese tiempo Salmona y Samper acudían a las clases de Sociología del Arte que impartía Pierre Francastel en la Escuela de Altos Estudios de La Sorbona. Y a él también le piden su opinión, y para su sorpresa, ruta y obras son casi coincidentes con las indicaciones de Le Corbusier. Transcurrido el CIAM, comienzan el viaje junto con Pablo Solano, estudiante de arquitectura y pintor. Y comienza el aprendizaje del viaje real. Resalta Samper que aprendió a dibujar en ese viaje de la mano y enseñanzas de Salmona, gran y hábil dibujante. Los tres dibujaban las mismas cosas y en ese contrastar de miradas, en ese volver a mirar desde la percepción de los otros estuvo uno de sus valiosos aprendizajes. Después de este primer viaje de estudios iniciático, confirmando las tesis de Saramago de que el viaje no se acaba nunca y el viajero siempre vuelve al camino, Samper y Salmona volvieron sobre sus pasos, repitieron sus cuadernos de viaje y ampliaron sus errancias por la

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Itinerario del viaje a Italia de Rogelio Salmona y Germรกn Samper, 1949. Dibujo: Germรกn Samper, 2009


Pisa, Italia. Dibujo: Rogelio Salmona, 1951.

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Paisajes inventados. Dibujo: Rogelio Salmona.


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cuenca del Mediterráneo durante sus años de estancia en Paris como ‘dibujantes’ de Le Corbusier.

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Diez años después, de regreso a Colombia, Rogelio Salmona enriqueció los fondos de la Biblioteca de la Universidad de Los Andes con multitud de imágenes recopiladas en sus investigaciones viajeras alentado por el Decano de la Facultad de Arquitectura, Germán Samper, su compañero de errancias. El aprehendizaje de aquel viaje quedó impregnado en ambos, en sus arquitecturas, su docencia y en sus vidas. No es casual que en febrero de 2009 al solicitarle una entrevista sobre la estancia de ambos en el taller de Le Corbusier cuando elaboraba mi tesis, un German Samper, ya octogenario, elaboró con delicadeza dos documentos para la misma. Un escueto guión y el croquis de este viaje a Italia, que cariñosamente me ofreció como regalo. También Salmona, como regalo a sus cercanos, les dibujaba ciudades imaginadas que eran la suma de las otras, las reales, sentidas y dibujadas por él muchas décadas antes. Tampoco fue casual que al despedirnos en febrero de 2007 Salmona me ofreciera un pequeño libro, Apuntes de viaje de Francisco Antonio Cano (9), facsímil de su cuaderno de Medellín a París realizado entre 1897 y 1899. En el transcurso de la grata y extensa entrevista Germán Samper, con su dibujo catalogado con el número 3.647 entre las manos, se ruborizaba al expresar que cada vez disfrutaba más dibujando. Orgulloso y sonriente siguió mostrándome sus dibujos surgiendo los que él denomina ‘perspectivas desplazadas y en varias hojas’ del centro histórico bogotano, consistentes en dibujos a la misma escala trazados en continuidad a través de varias hojas consecutivas de un cuaderno. Y con ellos un nuevo viaje, un viaje al interior de su propia ciudad y de sí mismo. Relata Samper que siempre había pensado que si fuera extranjero lo primero que dibujaría de Bogotá sería La Candelaria, el barrio fundacional. Y licencias de la edad se dijo, reservó tres

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días en el Hotel de la Ópera y desplazándose con su esposa, incluso en taxi, dibujó y residió en La Candelaria. Era en aquellos momentos, a sus 85 años, uno de sus recientes viajes de estudio. Rogelio Salmona en sus escritos reconoce la influencia en su arquitectura de los recorridos a campo traviesa por las arquitecturas occidentales e islámicas, así como por las prehispánicas y del mestizaje americano y como ello estimuló su creatividad al intentar proyectar algo similar a esos espacios. En el que sería su ‘testamento arquitectónico’ pronunciado en Jyväskylä, con ocasión de la entrega de la Medalla de Oro Alvar Aalto, nos hacía una de sus últimas invitaciones al viaje: “… es claro que la arquitectura no se puede apreciar a través de fotografías, porque tiene una música, una textura, un olor, un sabor, que no pueden abarcar solamente los ojos” (10) C

El viaje de alumnos ávidos por descubrir la arquitectura, la ciudad y el paisaje supone una experiencia fundamental en el aprendizaje y construcción de su mente como futuros arquitectos. Supone una educación de la percepción, del ánalisis crítico y del lenguaje a través del cual expresan y comunican sus pensamientos e ideas en sus imágenes del viaje. En suma, aunan percepción, representación e interpretación.

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Una inicial expectación ante la extrañeza esencial de todo viaje se va transformando en un sentimiento sorpresivo con la aprehensión de sus conocimientos. Se aprende a ver más y de forma diferente explorando sobre cada una de sus percepciones, eligiendo a su vez sobre sus vivencias y reflexiones sobre lo desconocido hasta entonces. Su visión no es ya la de un turista. Sus ojos buscan una arquitectura concreta que miden, captan, entienden, comprueban, analizan

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Estos son sólo pequeños apuntes de lo que supuso para dos jóvenes arquitectos en ciernes el aprehendizaje de un viaje de estudios. El relato de este viaje iniciático a Italia ha sido posible porque Germán Samper conservó sus cuadernos de viaje haciéndolos impermeables al olvido. “Como rastro permanecen unos documentos que congelando el tiempo, catalizan la memoria, y suponen, asimismo, un desafío a la desaparición de lo efímero” (11).


Sociedad General de Autores de España SGAE, Santiago de Compostela. Arquitecto: Antón García Abril. Dibujo: Carla L.

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sus detalles, los encuadres ya fotografiados,… Todo aquello que de algún modo ya conocían e intuían y que ahora aprecian al vivirlo con su atmósfera, luz, colores, aromas, sonidos,… en una apasionada aceptación de lo no conocido, dejándose inundar por el encuentro con obras que son totalmente otras, palpablemente extrañas.

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Galicia y norte de Portugal fue nuestro primer viaje en la busqueda de unas arquitecturas arraigadas en el lugar. Conocer y reconocer obras del maestro Álvaro Siza, de su maestro, Fernando Távora y de su discípulo, Eduardo Souto en tierras del norte de Portugal, de Eisenman y de maestros españoles como César Portela, Gallego Jorreto, Molezún y Miralles o los trabajos de equipos de jóvenes arquitectos como Creus y Carrasco, Irrizarri y Piñera o Alfonso Penela en tierras gallegas fueron la ruta trazada en enero de 2013. Y entre estos deambulares dos ciudades históricas, Santiago y Oporto.

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Nuestro siguiente destino nos trasladó a Berlín. Su arquitectura centroeuropea nos mostró la ciudad y las obras de Schinkel, Scharoum, Mendelsohn, Mies, Chipperfield, Eisenman,

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Al siguiente año nos dirigimos a Extremadura y el centro de Portugal. Los paisajes extremeños y portugueses y la riqueza de ciudades como Cáceres y Lisboa asi como las obras de Mansilla y Tuñón, Selgás Cano, García Rubio, GAP, Nieto y Sobejano, Moneo, Hago, Siza, Souto de Moura, Aires Mateus, Carrilho da Graça y ARX aportaron una visión desde la antigüedad de la arquitectura romana hasta la contemporaneidad.

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La siguiente ruta, en enero 2014, nos encaminó a Barcelona y Gerona con la experimentación como objetivo. El casco gótico y el ensanche de la ciudad condal, Gaudí, Mies, Isozaki, Rogers, Garcés y Soria, Galí, Miralles y Pinós, Viaplana y Piñón, Bofill, Mateo, RCR, Nouvel, Perrault, Badía, LLinás, Bru, Massip y la frescura de Flores y Prats, Sumo + Olmo, HIC, Ruiz Geli y la sorprendete visita a viviendas de Ferrater, Torres y Martínez Lapeña en Villa Olímpica fueron nuestro segundo destino.


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Libeskind, Koolhaas, Le Corbusier, Niemeyer, Aalto, Gropius, Foster, Perrault, Dudler, Krüger, Christiane y Bertram.

Estos viajes han dejado su huella en los viajeros que se han iniciado en un proceso intelectual y cognoscitivo, en constante transformación, que les lleva a seguir conociendo y reconociendo la arquitectura desde una nueva manera de la mirada. Su huella también se traspasa a las aulas ya que sus experiencias y vivencias se traslucen en sus referencias proyectuales y en su bagaje arquitectónico. Viajar como apertura a nuevos conocimientos y horizontes en su crecimiento como arquitectos y como personas. Notas:

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Nuestro próxima ruta el Pais Vasco, y con ello las obras de Moneo, Aizpurúa, Vaumm, Oiza, Mangado, Pereda y Pérez, Blasco y Tabuenca, Vaillo e Irigaray, Carvajal, Vicens-Ramos, Catón, Ercilla, Ghery, Siza, Soriano, Pelli, Legorreta, Calatrava, Izosaki, Coll-Bareu, Stark, Foster, Arroyo BEC, Xpiral-MTM, Nieto y Sobejano, Oteiza y Chillida.

(1) Mansilla, Luis M. (2002). Apuntes de viaje al interior del tiempo. Fundación Caja de Arquitectos. Barcelona. (2) Mansilla, Luis M. (2002). Op. cit.. Pág. 55. (3) Mansilla, Luis M. (2010). TUÑÓN, Emilio. Conversaciones de viaje. Ediciones Asimétricas. Madrid. Pág. 10. (4) Eduardo Souto de Moura y otros: Álvaro Siza. Esquissos de Viagem/Travel Sketches. Documentos de Arquitectura. Oporto. (1988). En Mansilla, Luis M. (2002). Op. cit.

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(5) Mansilla, Luis M. (2002). Op. cit.. Pág. 9. (6) Rutas de arquitectura 01: Galicia y Portugal. Viaje de Proyectos Experimentales. Es el titulo ya editado. (7) Saramago, José. (2008).Viaje a Portugal. Santillana Ediciones. Madrid. Pág. 500. (8) Entrevista de la autora a German Samper. (2009). Inédita. Bogotá.

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(9) Cano, Francisco A. (2004). Apuntes de viaje. Medellín París 1897-1899. Fondo de Cultura Económica. Bogotá.

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(10) Salmona, Rogelio. (2003). Entre la mariposa y el elefante. En Rogelio Salmona. Espacios abiertos / espacios colectivos. Sociedad Colombiana de Arquitectos. Bogotá. Pág. 91.

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(11) Mansilla, Luis M. (2010). Op. cit.. Pág. 10.

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Nos acercamos a los 50 años de la creación de nuestra Escuela, que según tengo por sabido es una de las más antigua o de las primeras titulaciones que se imparten en nuestra Universidad. Al igual que cuando nos acercábamos al 40 aniversario de dicha creación me sentí en el deseo de colaborar y atender a la invitación que desde la Dirección del Centro, se nos hacía animándonos a escribir algunas letras en el volumen conmemorativo de este aniversario.

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Ahora la prensa local nos presenta la realidad de la caída en la matricula de nuevos alumnos en las titulaciones técnicas. Quiero imaginarme que este problema será pasajero, pero lo que

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También me enrede, fruto de mi preocupación, en buscar las razones de la pérdida de vocación por ser arquitecto de la sociedad actual. Escribía sobre la desdichada crisis y sus consecuencias. Traté de analizar las razones de la burbuja inmobiliaria y el hecho de que los bancos, hoy únicas inmobiliarias, hayan constituido un tapón a la iniciativa privada y que no surja la promoción publica. Pero estas, sin ser todas las variables, eran demasiado para llegar a conclusiones. Lo cierto es que ella, la crisis, ha generado la desidia en la sociedad hacia el noble oficio de Miguel Ángel.

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Ya he perdido la cuenta de cuantas veces he iniciado la tarea de enjaretar unas líneas que se pudieran incluir en este volumen conmemorativo de los 50 años de mi querida Escuela de Arquitectura de la ULPGC. Lo intenté inicialmente en razón a formalizar un balance sobre los resultados de la aplicación del Plan Bolonia, ahora que ya tenemos los primeros egresados bajo dicho plan de estudio. En este tema que se fue convirtiendo en una crítica probablemente equivocada, acumulé bastantes datos poco contrastados y opiniones quizás poco meditadas, le dedique más tiempo de la cuenta y, en consecuencia poco provechoso, ya que, reiteradamente desembocaba en una visión negativa no suficientemente argumentada. Así concluí en que mi perspectiva no podía ser acertada. Me preguntaba por qué, si a nadie le gustaba ¿Cómo es que no podemos abandonarlo? y esto frenaba mi imaginación. Finalmente me pareció un tema no propio de una conmemoración.


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no puedo imaginarme, es como se superará la necesidad de un joven profesorado ilusionante.

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Aunque no me pesa el haber animado a que se hicieran tesis, no se si me atosiga haber ilusionado o despertado en ellos la vocación docente. La reducción en el número de nuevos alumnos en la carrera universitaria más bella de cuantas puedan existir, espero y en ello vengo a coincidir con nuestro Rectorado, pues espero que no desemboque en un problema que lleve a la propia sociedad, sobre todo a la sociedad canaria, a la eliminación, claramente equivocada, de prescindir de esta titulación. No entiendo una Universidad que se precie sin determinadas titulaciones, entre ellas incluyo a la que capacita a la persona para el bello oficio de proyectar y construir edificios. Como ya escribí en los iniciales párrafos del presente texto he emborronado no sé cuántos papeles que han terminado en la papelera. Han sido muchísimos los intentos para encontrar el camino por el que conducir un escrito capaz de imprimir ilusiones en su lectura. Para buscar esos renglones alegres, reiteradamente he recurrido a comenzarlo por expresar, una realidad, la suerte que tuve viniendo a caer en esta Escuela, en los magníficos compañeros que encontré en ella, en la cariñosa acogida que me disteis desde la Universidad y desde todos los estamento del Centro, sobre todo el caluroso y buenos ojos con los que se me recibió en el Departamento. Pero todo ello no es sino mi natural agradecimiento que vengo expresando a diario en cualquier encuentro con mis colegas de la institución. El nombre de Carmelo Padrón me invade de manera inmediata y tras su recuerdo acuden a mi mente un número demasiado alto de otros compañeros a los que tanto apreciábamos y que echaremos de menos en las páginas de este libro. He de confesar que el momento de pedirle a mi cabeza la capacidad de redactar ordenados y animosos renglones no pasa por los mejores tiempos, vivíamos los momentos finales de un gran

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compañero, un gran hombre y, para mi, mucho más que un gran amigo. Sin duda, estoy viviendo los momentos más tristes de mi vida universitaria. Pero lo que yo quería y quiero, y lo que era la idea inicial que me llevaba a la obligación de aportar esta colaboración, era y es, infundir optimismo y, si fuese capaz, esperanza en aquellos jóvenes doctores y doctorandos que con vocación docente se acercan a las puertas de nuestros Departamentos y no encuentran la respuesta ilusionante que yo recibí cuando me incorporé a esta Escuela. Por ello, quiero pedirles que no desesperen. Que no tardarán en ver nuestras aulas llenarse de nuevo y que consoliden su formación como docentes, porque ello es gratificante. C I N C U E N T

Una década dura, que ha zarandeado a todo el profesorado, a todos los departamentos, compañeros que no dejan de estar en la mente de cada uno de nosotros. No obstante, lo anteriormente comentado no puede servirme para no aprovechar, una vez más, la ocasión de agradecer a todas las personas, mis compañeros amigos, de todos los estamentos, sin ninguna exclusión, el enorme cariño que de todos he recibido en esta Escuela y también de ésta, mi Universidad, gracias.

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XV Cinco veces diez. Juego de números. De cifras a las que otorgamos significados. En el caso del tiempo, sistema de organización artificial, de base fenomenológica que nos hace por una vez estar de acuerdo globalmente organizando vuelos, reservas hoteleras, transferencias bancarias, compra-venta de acciones, agendas de actividades o calendarios para fabricar titánicos templos espacio-temporales de tejidos divergentes condicionados en base a nuestras decisiones, acciones e incidencias que configuran nuestro marco personal-circunstancial.

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Las mismas circunstancias que hacen que empiece a conocer la Escuela de Arquitectura de Las Palmas hace ya 15 años. Un periodo de transición y de incertidumbre, de cambios y decisiones que inciden e incidirán en las profundas transformaciones en el futuro de la misma originadas por la implantación del nuevo sistema educativo, el impacto del cambio generacional del profesorado, y el mutante carácter de los alumnos sujeto a la frágil coyuntura socioeconómica de la última década.

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Efectivamente, no había estudiado en Las Palmas sino en Pamplona (1988-95) donde obtuve el título de Arquitecto con especialidad de Urbanismo por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Navarra (ETSAUN) con profesores como D. Javier Carvajal (uno de los primeros directores de la Escuela Técnicas Superior de Arquitectura de Las Palmas).

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Volviendo al seminario, este proponía una estimulante colección de semblanzas de antiguos estudiantes de la Escuela de Las Palmas que habían atesorado un bagaje profesional reseñable internacional como Caco Cabrera, sobre su experiencia en Harvard, Víctor Armas, sobre su trabajo con el arquitecto Dominique Perrault o Javier Pérez, con los belgas CONIXARQUITECSCKA. En mi caso, se anunciaba mi participación en base a mi experiencia en el estudio de Toyo Ito. Sin embargo, resultaba paradójica mi participación en un seminario en el que como participante no había estudiado en Las Palmas y mi experiencia en el estudio del Premio Pritzker japonés había sido de un año frente a los ocho y medio de estancia en el país, razón por la cual elegí ese título en la conferencia.

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En el salón de actos de la Escuela, a las 16:30 de la tarde del 19 de febrero del 2008, el Prof. Manolo Feo del Departamento de Departamento de Expresión Gráfica y Proyectos Arquitectónicos me había invitado a participar en el Ciclo de Conferencias Ex-alumnos ETSA en el Extranjero. En ese momento aún no era profesor en la escuela. Había vuelto a España en el año 2004. Invitado por el director del Departamento de Arte, Ciudad y Territorio, el Prof. Vicente Mirallave, y sin responsabilidad docente, había participado durante el bienio 2004-06 en la asignatura de Urbanística de tercer curso. En los tres años siguientes mi aportación a la escuela fue más limitada aunque sí pude intervenir en diferentes actividades organizadas en la escuela como El Festival de Paisaje en el Campus de Tafira con motivo de la 1ª Bienal de Canarias de Arquitectura, Arte y Paisaje que coordinó en aquel entonces, la directora de la escuela Flora Pescador.


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El esfuerzo por reconstruir los años de estudio, trabajo e investigación para la presentación de Ex alumnos en el Extranjero me permitieron reflexionar sobre el pasado para dar forma a mi futura aportación a la Escuela de Las Palmas. Efectivamente, un año más tarde, entraba en el Departamento de Arte, Ciudad y Territorio como Profesor Ayudante Doctor. Ya no era un EX.

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En cuanto a los Ocho años y Medio desarrollados en Tokio, Japón (1996-2004), desarrollé labores de Investigador (1996-97), completé el Máster (1997-99), el Doctorado (19992002) y el Post-Doctorado (2002-04) en el Laboratorio de Morfología Urbana del Institute of Industrial Science, The University of Tokyo. Siendo becado por el Ministerio de Cultura Japonés Monbusho (1996-2002) y por la Japan Society for the Promotion of Science (2002-04). Es en este periodo en el que igualmente, en el ámbito profesional, en el que trabajo en los estudios de Arata Isozaki, Toyo Ito y Hiroshi Hara.

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A comienzos del curso 2013, recibí la responsabilidad del director de la Escuela Enrique Solana para coordinar en la Escuela de Arquitectura de la ULPGC el Taller Internacional WALKPEX que se desarrolló del 10 al 14 de febrero del 2014. Esta iniciativa supuso una innovación docente y una puerta abierta hacia un cambio de paradigma educativo en el campo de la enseñanza de la arquitectura basado en la integración de materias para la resolución de proyectos temáticos concretos. El taller supuso: (1) la fusión de las asignaturas obligatorias de Proyectos Experimentales I, II y III de Grado de arquitectura en una temática común; (2) la organización del alumnado en formato de taller vertical; (3) la organización de profesores en grupos interdepartamentales para un asesoramiento integral; (4) la utilización de sistemas informáticos para la gestión de información y control de los 450 participantes; (5) la utilización de las redes sociales para informar de los eventos y desarrollo del taller: Blogger, Facebook, Twitter; (6) la entrega telemática diaria programada de los resultados parciales de cada proyecto; (7) la proyección-presentación diaria de los resultados parciales de los trabajos; (8) la proyección en streaming de las conferencias; (9) la programación de micro-actuaciones

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El desarrollo normal como docente en la escuela de Las Palmas, en el periodo del 2009 al 2014, sufrió la transición hacia el EEES (Espacio Europeo de Educación Superior), un cambio de paradigma adscrito a la convergencia de un sistema educativo iniciado con el Proceso de Bolonia de 1999 con la intención de armonizar los distintos sistemas educativos de la Unión Europea, culminación de un proceso iniciado en la década de los 80. La declaración de Bolonia constituía con los principios de calidad, movilidad, diversidad y competitividad una nueva orientación a la consecución estratégica de un incremento de empleo en la UE así como la conversión de un sistema educativo que permitiese la atracción de estudiantes y profesores de otras partes del mundo. Sin embargo, el fruto de este nuevo paradigma de homogeneización, ¿garantiza una mejora en el profesorado, la docencia y la excelencia del alumnado? Volveremos a ello más tarde.


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El trabajo supuso una semana con un gran éxito de participación de estudiantes entusiastas, y un impacto en las redes sociales. Tan sólo en dos meses, las estadísticas del Taller en facebook habían conseguido un alcance de 28.669 usuarios únicos, y un total de 176.167 de impresiones vistas sobre contenidos asociados a la página diseñada para el evento.

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artísticas en el interior de la escuela; (10) la recopilación filtrada de los trabajos para su publicación; (11) la publicación en YouTube del proceso y conferencias; (12) la incorporación al taller de arquitectos de reconocido prestigio internacional para críticas personales y valoraciones finales como fueron Kengo Kuma (que finalmente tuvo que cancelar su conferencia por un temporal de nieve en Tokio), Carlo Magnani y Sou Fujimoto; y (13) la creación de una imagen de marca. En definitiva la conversión de la EA/ULPGC por una semana en un sistema de producción temático creativo integral como alternativa docente al modelo educativo prevalente.

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Dos años más tarde, en 2016, se propuso repetir la fórmula de Proyectos Experimentales PEX, bajo un nuevo lema y una propuesta más radical. Con 180 alumnos inscritos de la escuela, se organizaron 15 equipos para desarrollar, en 15 secciones de la obra, un cadáver exquisito con la obra teatral de Miguel Ángel Asturias “CUCULCAN o serpiente envuelta en plumas”. En tan sólo 5 días, de lunes a viernes, los alumnos habrían de ser capaces de recrear libremente en el espacio que considerasen de la escuela su propia sección de la obra. Los grupos se ordenaron con alumnos de todos los cursos, desde arquitectos recientes a alumnos de primero, para componer un taller vertical con una invitación extensiva a toda la Escuela. Cada día, los alumnos presentaban entregas programadas parciales de su trabajo para finalmente estrenar esta obra de teatro multimedia el viernes por la noche El trabajo de organización y gestión del Taller PLAYPEX exigió nuevamente una gran labor compleja en el manejo de datos con soporte informático; publicitar el trabajo a través de las redes sociales; gestionar recursos económicos limitados de material escenográfico por parte de cada equipo; gestionar, montar y exhibir los trabajos presentados a diario por los alumnos; organizar conferencias y charlas; diseñar una imagen de marca, y un largo etcétera. El taller contó con el inestimable apoyo docente del diseñador de iluminación Nicolás Fischtel, el equipo del Centro Insular de Danza María Eulate, los profesores y alumnos de la Escuela de Actores de Canarias, los directores de Festivales de Cine Internacionales en Canarias Luis Miranda y Heber Martín, la aportación escenográfica de Beatriz Ruiz+David Martín, Alberto Veiga o Fernando Quesada, así como la de los profesores de la Escuela de Arquitectura de Las Palmas. Fruto del esfuerzo, y con apoyo de la Consejería de Arquitectura y Vivienda, y Cultura del Cabildo de Gran Canaria; la EA de la ULPGC, y la FULP se hizo la presentación de un montaje en video de la representación de los alumnos de arquitectura en 5 días de realismo mágico. En definitiva, un trabajo creativo que pretendía salir de su campus en Tafira para saltar y mostrarse en la ciudad aportando un punto de encuentro de los futuros arquitectos y la sociedad que les espera.

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Si algo diferencia con claridad a La Laguna del XVI de Las Palmas del mismo siglo es su relación con la geografía. En efecto: mientras que en La Laguna la geografía define su contorno; la laguna propiamente dicha y los barrancos de la “Carnicería” y de “Cha Marta” delimitan perimetralmente lo urbano. En Las Palmas el barranco del Guiniguada se encuentra entre los dos barrios coloniales que componen la ciudad histórica; Vegueta como primer asentamiento y Triana, ya en la otra margen, como segundo.

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Ahora bien, en los años 60 del siglo XX, bajo el auspicio del Plan General, se irá definiendo una intervención de calado. Una operación que va a modificar notablemente esta parte de la

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Así pues, es fácil constatar que la geografía ha incidido de modo diverso en estas dos ciudades, aun partiendo de una misma “idea de ciudad”. Mientras que en La Laguna no ha afectado a la prolongación de las calles, la trama es continua a finales del XVI. En Las Palmas la correspondencia entre un lado y otro es prácticamente inexiste. Está limitada al puente que enlaza un lado y otro. El barranco, pues, es una cesura que une y separa a la vez. Explica, en cierto modo, que la ciudad está compuesta por dos partes distanciadas entre sí por la existencia de una depresión. Y, sin embargo, mientras que el agua no corriese, era un ámbito que podría ser usado como espacio común.

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Si bien, en ambos casos, en los primeros momentos hay dos centros. En La Laguna, el asentamiento de La Concepción, de trazado irregular sobre un altozano y, posteriormente, el de la plaza del Adelantado con el rigor de la cuadrícula. En Las Palmas, un primer núcleo se erige en un altozano en torno a la Ermita de San Antón con una ordenación en estrella, y un segundo “centro”; la plaza de Santa Ana, que manifiesta el control de la geometría ortogonal. El rigor de la regla continúa al otro lado del barranco, en el incipiente tejido de Triana. Así, mientras que en La Laguna, poco a poco, se irán soldando las dos partes, desplegándose un tejido y continuo y compacto, en Las Palmas se mantienen dos mallas diferenciadas y separadas entre sí por el barranco, si bien relacionadas mediante un puente.


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El cambio de escala que provoca la obra de ingeniería desfigura los tejidos que la flanquean y reduce sus cualidades urbanas. Una respuesta formal que hace incomprensible esta parte de ciudad. Una sección malograda impuso una única lógica simple, y con ello estranguló las amplias perspectivas que se podían generar desde las calles laterales a los frentes contrarios.

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ciudad: es la ejecución de la llamada autovía de Tafira. Una cinta que, aunque va a afectar a un contexto más amplio, es a su paso por Vegueta y Triana donde va a adquirir tintes dramáticos: se comportará como una frontera infranqueable entre los dos barrios. Algo diametralmente opuesto al papel que juega el barranco, como un elemento de relación, aunque solo fuese visual. Éste desaparece en parte de su recorrido, el de mayor contenido urbano, al ser ocultado por una “caja” conformada por muros de contención y forjados de hormigón que se alzan por encima de las rasantes de las vías. La elevación de esta envolvente hace perder las relaciones visuales entre ambos lados, con la salvedad del trecho más cercano al mar.

Las diferencias de cota transforman estas vías, en muchos puntos, casi en trincheras, con diferencias de alturas que pueden llegar hasta los 2,50 m. Aún más, todo un elenco de taludes de tierra con arbolado se mezcla con pequeños muros de contención o con vallas metálicas de seguridad propias de carreteras. La pobreza del lenguaje de esta obra parece resumirse en su parte central; una inexpresiva canalización del agua de lluvia por espina dorsal revela la ausencia de sentido urbano de esta operación. No es una rambla, y pudo haber sido. Es, en realidad, la irrupción de una infraestructura que manifiesta su prepotencia sobre la ciudad cortándola. Conforma un paisaje ajeno a la misma y a sus valores formales. Sin embargo, sobre esta faja sería posible, si no hacerla desaparecer, sí trabajar sobre ella intentando neutralizar su pobreza urbana provocada por el excesivo acento infraestructural. Para ello habría que tomar una postura discreta, pero con voluntad de acrecentar el valor de la transversalidad, relacionando los dos lados con la afirmación del peatón sobre el automóvil. El vallado debería desaparecer del todo, así como las cintas de

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Autovía de Tafira, Las Palmas.


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aparcamientos, (derivadas a lugares próximos), que pasarían a ser solo andenes peatonales. Mantener dos carriles por sentido pero con un replanteo de la isleta central para hacer de ésta un elemento con una lectura clara de espacio urbano. Además, esta sección de ciudad debería extenderse hasta el nudo de Barranco Seco. En ese fragmento de territorio hay algo relevante; la existencia de un amplio espacio libre natural, arbolado, (propuesto ya por el Plan General), que debería ser entendido como un espacio de relación entre las laderas de los riscos, entre lo urbano y lo rural. Su potencial paisajístico es notable, y sus geometrías y superficie posibilitan desempeñar, sin dificultades, ser un gran parque urbano de casi 1 km de longitud que resuelve bien el tránsito en lo natural y lo artificial, haciendo la ciudad más compleja. Cincuenta años después de la operación del Guiniguada otro gran cambio, relacionado con la movilidad, se ha producido; este es el de la realización de la llamada “circunvalación de Las Palmas”. Una de las mayores operaciones de escala territorial, llevadas a cabo por la administración pública, que ha afectado a los municipios del área metropolitana. La exhibición ha sido considerable a tenor de la transformación realizada, irrumpiendo sobre amplias franjas de suelo. Desde luego, la necesidad de contar con una circulación fluida en Las Palmas y en su área metropolitana ha quedado de manifiesto. Los nuevos crecimientos urbanos, con el consecuente aumento del parque móvil, fuerzan a contemplar una nueva dimensión de la comunicación. Si a esto se le añade el tráfico generado en la cornisa norte y el corredor sur de la isla, cuyo paso entre ambos se realiza a través de Las Palmas, que podría calificarse de parásito, contemplar la opción de una nueva circunvalación no es algo trivial, al contrario es claro y perentorio. No obstante, un proyecto como este no puede responder solo a la lógica del tráfico. Ésta es importante, pero la ciudad y el territorio lo es más. Y es aquí, en esta disyunción entre los dos términos, donde se produce una auténtica fricción. Fricción entre el proyecto de circunvalación

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y el suelo sobre el que se despliega. Dar cortes en una trama urbana no es ninguna novedad, ha existido a lo largo de la historia de la ciudad europea. Un caso claro es el de la vía Diagonal contemplada en el plan de ensanche de Cerdá para Barcelona. Una larga calle que atraviesa la ciudad desde el suroeste; desde Pedralbes y la “Universitat”, hasta el noreste; hasta el “Forum” y el Centro de Convenciones. Es un corte que muestra la diversidad de la ciudad al ir atravesando áreas diferentes. Como afirma Solà Morales:

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“…son esquemas viarios de fortísima identidad, como secciones longitudinales de la ciudad capaces de asumir sus distintas partes en una experiencia simultánea. La unidad formal de la ciudad aparece a través de ellas no como forma global o como diseño homogéneo, sin hechas de secciones encadenadas, relación de contigüidad entre partes distintas, y distintas a la fuerza.” (1)

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Es cierto que une puntos cercanos y lejanos del área metropolitana, y eso es básico. Pero los une solo a través de automóvil, y los separa para los peatones. Rompe con arquitecturas, espacios libres, campos, vacíos… Es difícil reconocer aquí la ciudad y el territorio. De este modo la cuestión está en si éste “dibujo” que ha adquirido la circunvalación, forma, o no, parte del

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Es meridiano que no es desde esta angulación desde el cual se afronta la circunvalación de Las Palmas, sino desde una posición más reductiva del proyecto. Todo apunta a que el trazado responde a un soliloquio donde la circulación rodada es a lo único a lo que hay que atender. Sin embargo, parece que el problema al que nos enfrentamos es más complejo. Va más allá de un trazado de cintas que discurren por el suelo municipal con una lógica propia, que cambia, por donde pasa, los niveles del terreno. Atraviesa en túneles montículos, o solventa depresiones con puentes, o secciona laderas sobre las que discurren las vías. Toda una red “hilos”, que se unen entre sí mediante nudos y rotondas, se despliega sobre el espacio.


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ámbito ciudadano. Desde luego no es ni rural ni urbana. No podemos clasificarla dentro de estas dos categorías, sino que es otra cosa distinta.

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Los descarnados cortes a pico, los túneles, las vías en trinchera, ofrecen un paisaje desolado. No son ámbitos para los habitantes, solo son escenarios para los automóviles y la velocidad. Lugares con un exagerado acento en lo infraestructural, que fragmentan el territorio, y en esto deja de ser continuo. Pasa a estar en un estado de disyunción, roto. He aquí el problema. No necesariamente ha tenido que producirse así. Eduard Bru cuando afronta el proyecto de Vall d´Hebrón, que formaba parte de las instalaciones olímpicas de Barcelona, en el área tangente a Collserola afirmaba:

“... A mí me parece que el cinturón tiene una voluntad muy autorreferente, que se presenta como una máquina capaz, con muy pocas modificaciones, de atravesarlo todo. Pero creía que esta sección debía modificarse delante del parque, atraerlo hacia él, hacia la ciudad y hacia el mar. El cinturón hubiera podido dejar de ser un conducto y convertirse en un último estrato del parque en la ascensión entre el llano y la montaña.” (2) Así pues, la circunvalación tendría que ser algo más que una circunvalación. Se debería tratar estos ámbitos como algo más que simples cintas de rodadura de asfalto y vallas metálicas, cunetas y cortes desnudos dados a elevaciones diversas en formas y tamaños. Algo de esto se ha materializado en el tramo inferior de la circunvalación; el coincidente con el barrando de La Ballena. Un proyecto del estudio de Mirallave, Pescador y Casas, que ha tratado de hacer que la autovía sea además de eso, un espacio urbano. Una operación que se ha materializado desde el nudo de Escaleritas hasta los túneles del Rincón, con áreas para el deporte y el paseo, con arboledas que intentan hacer de una vía dura un espacio “amable”. Y a pesar que en la actualidad esté “descuidado”, debería ponerse el acento en estas estrategias u otras similares para hacer de la circunvalación algo más que una cinta de rodadura.

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Además es importante el “cosido” entre un lado y otro de esta cesura. Un cosido que conecte, con sentido urbano, partes o fragmentos que han quedado separados por este tajo. Hay un proyecto en la Feria de Milán (3), en Portello, que afronta un problema semejante. Un área obsoleta sobre la que intervienen cuatro arquitectos: Jenks, al Oeste, con un parque, Canali, al Este, con viviendas, Cino Zuchi, al Norte, con viviendas, y Gino Valle, (que realizó también el plan de conjunto), al Sur, con los pabellones de exposición de la “Fira”. El ámbito de intervención está cruzado por una autopista con dirección sudeste-nordeste, a dos niveles y con un ancho de 30m. Es un artefacto que supone una división dramática para el lugar; es una barrera infranqueable. Sin embargo, entre los proyectos de los dos últimos arquitectos; Zuchi y Valle, se va a generar, derivado del corte, un vínculo interesante; el de un trazo en diagonal que se materializa en una pasarela peatonal que se despliega entre un lado y otro. Une dos partes que estaban separadas, a través de un recorrido que se tensa entre las cinco torres de viviendas de Zuchi y los cuatro prismas de la Fira de Valle. Se construye un “episodio urbano” diverso y rico en situaciones y perspectivas, salvando la frontera que genera la autovía. Construir un nuevo recorrido es hacer más complejo Milán, objetivo de todo proyecto urbano. En Las Palmas, la circunvalación ha atendido preponderantemente a una lógica; la circulación del automóvil, ignorando la del viandante. Hay, desde luego, algunas pasarelas peatonales, pero la visión dominante es la del tráfico rodado. Visión que se comprueba con facilidad en las diversas rotondas; no son lugares para los peatones sino para los vehículos. Por esto es necesario entender la circunvalación como algo sobre lo que se tiene que seguir trabajando: no está concluida como obra civil. No está concluida porque no contiene en sí los elementos capaces de enlazar tejidos, tramas o calles que han quedado cercenados por su trazado, y porque no se han planteado nuevos recorridos capaces de “unir” fragmentos que han quedado o siguen aislados.

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Es necesario que se planteen nuevos espacios libres y un mayor número de pasarelas entre la circunvalación, para aumentar la relación entre las cosas, una ley urbana primaria. Ha faltado mirada y compresión de que estamos ante un hecho complejo; la ciudad, que requiere una respuesta que tenga su mismo grado de complejidad. Si no es así, la respuesta puede generar una nueva patología y esto no es admisible. Notas:

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(1) Solà Morales, M. (2008). De cosas urbanas. Cap. Ciudades Cortadas. Barcelona. Editorial GG. Pág.174.

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(3) Lotus internacional. Nº120. (2004). Urban Housing. Editoriale Lotus srl. Milano.

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(2) Bru, Eduard. (1992). Quaderns 193. Barcelona. Pág 75.

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Extracto del artículo

Martín Hernández, M.J. y Díaz garcía, V.J. (2017). Hábitat y desarrollo. Explorando caminos de innovación educativa en arquitectura y urbanismo. Hábitat y Sociedad, 10, 113-128.


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“Nuestra verdad posible tiene que ser invención, es decir escritura, literatura, pintura, escultura, agricultura, piscicultura, todas las turas de este mundo. Los valores, turas, la santidad, una tura, la sociedad, una tura, el amor, pura tura, la belleza, tura de turas.” Julio Cortázar

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Tras el 25 aniversario del programa Erasmus en 2017, llega el 50 aniversario de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Gracias a ese Plan de Acción de la Comunidad Europea para la Movilidad de Estudiantes Universitarios (European Region Action Scheme for the Mobility of University Students) en 2018 no sólo miles de alumnos continúan desplazándose por toda Europa, sino que pueden también viajar por todo el mundo. Este mes de enero Laura se marcha a Uganda, tras el regreso de Mapi, también desde las orillas del Lago Victoria. Benito se encuentra en Mozambique y los alumnos del Proyecto Final de Grado siguen su trabajo en Marrakech, Marruecos, y Praia en Cabo Verde.

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Han pasado también más de 20 años desde que aparecieron las primeras asignaturas que incorporaban la habitabilidad básica o la cooperación al desarrollo en la formación del arquitecto en España. En la mayoría de los casos parte del esfuerzo ha correspondido a personas concretas que han puesto su empeño en incluir estos contenidos en las diferentes materias de las que son o han sido responsables. Empezando por Julián Salas y Felipe Colavidas desde la Universidad Politécnica de Madrid, con la creación a finales de la década de 1990 de una asignatura de doctorado (1996), así como el “curso de especialización en cooperación al desarrollo de los asentamientos humanos” (1997). En Barcelona Pedro Lorenzo, con la asignatura Arquitectura y Cooperación Internacional en la ETSA del Vallés, y Raimón Torres en 1998 con las asignaturas optativas “Vivienda y cooperación” y “Tecnologías de bajo costo para la cooperación” asignaturas que actualmente coordina Sandra Bestraten en la ETSA de Barcelona; en 2001 iniciábamos la andadura de “Hábitat y desarrollo” en la escuela de arquitectura de Las Palmas de Gran Canaria, y en Sevilla, Esteban de Manuel, ponía en marcha la asignatura homónima, así


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como el Máster en Gestión Social del Hábitat; en la Universidad de La Coruña Plácido Lizancos, con la asignatura “Análisis Arquitectónico” y Jorge Rodríguez con la asignatura “Hábitat básico”; en Alcalá de Henares Paz Núñez y Roberto Goycoolea, tanto en el grado de arquitectura como a través de asignaturas de Máster como “Intervención en la ciudad - no planificada” y “Construcción social del hábitat”. Aunque son muchos/as los que quedan fuera, también podemos citar a Josep María Llop desde la Universidad de Lleida o a Carmen Mendoza desde el Máster de Cooperación Internacional de la Universidad Internacional de Cataluña; a Isabel Raposo desde la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Lisboa o Enkarni Gomez, Alex Mitxelena o Izaskun Aseguinolaza en la Escuela de Arquitectura de San Sebastián. (1) Sin duda se trata de contenidos que son cada vez más demandados tanto por la sociedad como por los propios alumnos. La crisis económica iniciada en 2008 o los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS) aprobados en 2015 por Naciones Unidas nos deben hacer reflexionar sobre la centralidad de estos temas en la formación de la arquitectura y el urbanismo. En un mundo cada vez más interconectado el arquitecto debe saber acercarse a otras culturas y distintas realidades sociales con curiosidad y ganas de aprender. En un momento en el que cada vez se demanda una mayor especialización de los profesionales, el arquitecto debería seguir aportando una visión de conjunto que sea capaz de conjugar e integrar, esto es, componer (2) , la complejidad que le rodea. Precisamente en las asignaturas de teoría e historia, a lo largo de los diferentes cursos del grado en arquitectura, los estudiantes se acercan a los conceptos básicos de la disciplina, así como a sus procesos de producción (3). También se propone visibilizar el componente social como parte importante en la formación del arquitecto, priorizando el proceso arquitectónico, íntimamente relacionado con el habitar (el habitante, los hábitos y su relación con el lugar), frente al producto (el objeto, el edificio, como una síntesis formal de esa arquitectura). En ese marco, la cooperación al desarrollo y la participación ciudadana son propuestos como temas transversales que permiten introducir a los alumnos en técnicas sociales aplicables al campo de la arquitectura y del urbanismo.

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Junto a esos procesos de aceleración entrópica, también es acelerado el surgimiento de procesos en el sentido contrario. En diferentes escuelas de arquitectura de todo el mundo proliferan las iniciativas que dan importancia a la sostenibilidad, al reciclaje o a la participación ciudadana (Franco, 2016). Se trata de un fenómeno complejo y que denota una crisis de la propia disciplina. En su novela Mr. Gwyn, Alesandro Baricco (2011) nos presenta la idea de un escritor que renuncia a la tradicional pretensión de todo autor, al menos desde Guttenberg, de difundir su obra, para concentrarse en el oficio del retrato escrito (5). La idea de la artesanía también ha sido rescatada por Richard Sennett (2009) como una forma de resistencia a la tiranía de los sistemas expertos teorizados por Anthony Giddens (1999). Tal y como propone

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Si abordamos el problema de abajo-arriba, podemos trasladar esa idea, propuesta por el historiador Stefan Zweig en su libro Momentos estelares de la humanidad (1927), de la existencia, en el interior de la historia, de pequeños momentos que decantan a un lado u otro la balanza (Zweig, 2002). De la misma manera que la inauguración del Museo Guggenheim de Bilbao en 1997 representó el inicio de una década dorada para la arquitectura española, así como el inicio de grandes operaciones especulativas que formaron parte de la denominada burbuja inmobiliaria (4), también podemos presuponer que en este momento, en algún lugar del planeta está sucediendo algo que va a marcar un antes y un después para la arquitectura. De hecho algunos autores se refieren a este momento como el de la gran aceleración en referencia a un conjunto de estudios y teorías que plantean que nos encontramos ante un nuevo momento estelar de la humanidad: una era “antropocénica” (Steffen et al., 2015). Las propuestas del decrecimiento de Serge Latouche (2011) o Carlos Taibo (2017), las ciudades en transición, etc., incluso el cisne negro de Nicholas Taleb (2011), irían también en esa dirección. Juhani Pallasmaa (2015), citando a David Harvey, Fredric Jameson o Paul Virilio, nos habla de la desaparición del tiempo experiencial en la arquitectura del siglo XX: “Mientras que los edificios y los lugares construidos antes de la modernidad eran documentos de un tiempo benevolentemente lento, la arquitectura parece haberse vuelto más rápida, apresurada e impaciente a lo largo de la era moderna” (Pallasmaa, 2015, p. 116).


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Boaventura de Sousa Santos, es importante superar el pensamiento abismal (6) por medio de la traducción intercultural y una ecología de saberes. En el caso de la arquitectura se trata de tender puentes que afronten el acercamiento entre el sur y el norte. De igual manera, siguiendo las propuestas de Edgar Morin (2004) acerca del pensamiento complejo, debemos preparar al alumno para lo inesperado: “todo lo importante que sucede en la historia mundial o en nuestra vida es totalmente inesperado, por qué continuamos actuando como si nada inesperado debiera suceder nunca… El pensamiento complejo no rechaza (…) la claridad, el orden (…), sabe que no podemos programar el descubrimiento, el conocimiento, ni la acción” (Morin, 2004, p.117). En los mismos términos se expresa Nicholas Taleb cuando afirma: “El género humano padece de una infravaloración crónica de la posibilidad de que el futuro se salga del camino inicialmente previsto” (Taleb, 2011, p. 215). Este planteamiento quedó plenamente confirmado con el estallido de la crisis de 2008. Concretamente en España el sector de la vivienda y de la construcción experimentaron un descenso del que todavía no nos hemos recuperado, casi diez años después. Si abordamos el problema de arriba-abajo debemos hablar de la oportunidad que representa para la arquitectura la aprobación en 2015 por parte de las Naciones Unidas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) (2015-2030). A diferencia de lo que sucedía con los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) (2000-2015) que se proponían para su aplicación en los países con menor desarrollo humano, los ODS conciernen a todos los países del planeta. Concretamente el objetivo 11 propone “Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles” persiguiendo entre otras cosas “participar activamente en la gobernanza y la gestión de tu ciudad” y “tomar nota de lo que funciona y de lo que no funciona en tu comunidad” (ONU, 2015). Por lo tanto uno de los planteamientos básicos que esto implica es la idea de un arquitecto como traductor del lenguaje de la arquitectura al resto de la ciudadanía y viceversa. Si reconocemos que existe un alejamiento entre la arquitectura y la sociedad, es también comprensible que exista un problema de comunicación entre los profesionales de la arquitectura y esa ciudadanía (7). Paradójicamente

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son las propias instituciones públicas las que no contemplan entre sus protocolos de intervención un lugar para la mediación o la participación de profesionales en los procesos de diseño, construcción y entrega, por ejemplo de promociones de viviendas. Todo el discurso acerca de la producción social del hábitat, se alimenta de las tesis sobre “el derecho a la ciudad” y continúa con la larga serie de publicaciones y prácticas recogidas por Habitat Internacional Coalition (HIC) y algunos autores importantes como Gustavo Romero y Rosendo Mesías, para quienes la PSH “integra diversos factores: acceso al suelo, dotación de servicios y equipamiento suficiente, acceso a materiales y componentes, asistencia técnica, financiación y acceso a recursos, así como –de manera fundamental– la participación de los usuarios en las distintas etapas de producción” (Romero y Mesías, 2004, p.31)

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Hoy es más evidente que nunca “la necesidad de que el ciudadano forme parte sustancial del sistema de toma de decisiones sobre la organización del territorio, en el que vive o en el que va a vivir” (Fariña, 2015, p.74). Si bien no parece próximo el momento, planteado por Fariña, en el que “el propio plan como documento normativo será sustituido, por ejemplo, por una oficina de

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Nos gustaría creer que la participación está regresando a las escuelas de arquitectura, pues a partir del año 2008 y coincidiendo con la crisis inmobiliaria de la que alguna culpa tendría la profesión de arquitecto empieza a cuestionarse la existencia de un único tipo de arquitecto como “creador”, aceptando otras formas de entender la disciplina con la incorporación de aspectos ambientales, sociales, transdisciplinares, etc. Sin embargo es significativo que en la adaptación al proceso de Bolonia de los estudios de arquitectura grado en arquitectura se hayan reducido las materias que pueden abordar estos aspectos. Es por ello que en el último curso intentamos formar a los alumnos en técnicas de participación ciudadana que puedan utilizar en su quehacer profesional y que, en principio, no requerirían el apoyo de otros técnicos especialistas en esta materia. Se abordan nociones básicas y recursos mínimos sobre dinámicas participativas que no pretenden suplantar la labor de dichos profesionales, sino conocer la importancia de este trabajo de mediación con vecinos/as, usuarios/as o clientes.


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planeamiento que vaya configurando la organización territorial y urbana en tiempo real” (Idem, p.77), es importante que se empiecen a dar los pasos para una descentralización administrativa que incorpore dicha participación ciudadana en todas las fases del proceso. Tras la concepción normativa del urbanismo surgida de las propuestas de los CIAM al menos desde los años 1940, pasando por la concepción estratégica del planeamiento que alcanzó su punto álgido en los años 1990 (Martínez, 2005), podemos estar entrando en esta segunda década del siglo XXI en una concepción participativa del urbanismo. Existe un campo muy amplio la arquitectura para el otro 90% en el que la formación del arquitecto tiene mucho que aportar. Asistimos a un lento y progresivo retroceso de las pocas sociedades del bienestar que han sido principalmente en Europa; a la sectorización, e incluso fortificación de amplios sectores de las grandes ciudades en respuesta a la inseguridad; la masificación de las grandes ciudades del mundo, superando con creces todas aquellas previsiones catastrofistas de los años 1970 Metro Manila, Saigón, Ciudad de México, etc.; al desarrollo de modelos insostenibles de ciudad dispersa absolutamente dependientes de los combustibles fósiles, que además encarecen y en muchos caso imposibilitan el acceso a los servicios de agua o saneamiento. Cuando ya conocemos los efectos nocivos de estos problemas, ahora más que nunca nos corresponde aportar nuevas respuestas y, ojalá, verdaderas soluciones. Por poner un ejemplo, en la asignatura optativa “Hábitat y desarrollo” de quinto curso proponemos a los alumnos dejar aparcada por un momento la idea del arquitecto como creador o como artista para adoptar por un instante la idea del arquitecto como artesano, “como traductor de deseos y necesidades; mediador y facilitador de procesos; catalizador de situaciones o conector entre sujetos e intereses” (Verdaguer, 2011). Esto nos permite integrarnos por ejemplo en procesos de construcción o de reposición de viviendas como interlocutores entre los diferentes actores: beneficiarios/as, técnicos, políticos, etc. Proponemos también poner en práctica la capacidad para gestionar la complejidad. Esa

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capacidad adquirida a lo largo de los cursos de proyectos, urbanismo, construcción o instalaciones, y que nos permite integrarnos en equipos transdisciplinares con herramientas muy válidas para afrontar la toma conjunta de decisiones.

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Si bien el origen de la formación en cooperación al desarrollo en las escuelas de arquitectura de España tuvo lugar simultáneamente a la celebración, en 1996, de la Segunda Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos (Hábitat II) en Estambul, Turquía, tenemos que decir que, más de dos décadas después, ni la profunda crisis económica del año 2008, ni la aprobación en el año 2000 de los Objetivos del Milenio y en el 2015 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ni siquiera la celebración en 2016 en Quito, Ecuador, de la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos (Hábitat III), han tenido suficiente influencia para incorporar estos contenidos en el corpus central de la

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Por último queremos referirnos a la arquitectura social como aquella arquitectura que pone a las personas, a las comunidades y a la sociedad, por delante del objeto arquitectónico. Durante los años previos a la crisis se puso claramente en evidencia que existía una arquitectura de la imagen y del espectáculo, relacionada con arquitectos estrella (Sudjic, 2007), que ignoraba importantes variables como la economía, la sostenibilidad, la participación ciudadana o la ecología. Sin embargo en el otro extremo, por ejemplo en el sur o en la cooperación al desarrollo, las prácticas arquitectónicas incorporaron una serie de temas directamente relacionados con la sociedad a la que servían. Los materiales, las tecnologías, los procesos o los instrumentos respondían a otras lógicas locales, integradoras y vinculadas a las necesidades básicas y sus satisfactores. Esa arquitectura social propone por un lado un acercamiento de nuestra disciplina al resto de disciplinas técnicas y sociales, pero también propicia una apuesta decidida por el diálogo con la sociedad, con los/as habitantes de las ciudades. Ya no se trata de un problema que afecta a las capas más pobres o marginadas. Todos/as estamos implicados en el problema planteado en este nuevo milenio por esa ciudad considerada ya como indiscutible hábitat del ser humano.


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disciplina. Sin duda, a los que estamos convencidos de su importancia, nos corresponde redoblar esfuerzos y argumentos para que dicho cambio se produzca cuanto antes, por el bien de los/as alumnos/as y por el bien de la arquitectura.

(1) Para obtener más información sobre la docencia en las escuelas españolas y portuguesas se deben consultar las actas de los “Congreso de Arquitectura y Cooperación al desarrollo” (ArCaDia) celebrados en los últimos años en Sevilla (2010), Las Palmas de Gran Canaria (2012), Madrid (2014) y La Coruña (2016). Precisamente es San Sebastián la sede del próximo congreso ArCaDia V. (2 )“Componer”, un término aplicado a los procesos de producción arquitectónica desde el siglo XV y con mayor propiedad desde el XVIII, viene del latín “cum ponere”, poner juntos, e incluye, además del proyecto moderno, las fases anteriores de planteamiento y análisis y los posteriores de verificación y apropiación.

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Notas:

(3) En un manuscrito vitruviano “descubierto” por Poggio Bracciolini en la abadía de St. Gall hacia 1416 se afirma: “Alguien que sólo es práctico no puede dar razones suficientes para las formas que adopta…” Citado en Ettlinger, L. (1984), p. 99. (4) Para ser más exactos, ell verdadero punto de partida lo podemos encontrar en la aprobación de la Ley 6/1998, de 13 de abril, sobre régimen del suelo y valoraciones, en la que se propiciaba la liberalización del suelo en torno a las ciudades. Las comunidades autónomas y los ayuntamientos dispusieron del ejemplo y la herramienta perfectos para la puesta en marcha de ese milagro que vinculaba la construcción de viviendas con el ingreso de mucho dinero en las arcas municipales.

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(5) El narrador en la novela afirma: “Era como hacerles una mesa, o lavarles el coche. Un oficio. Escribiría lo que eran, eso era todo. Sería, para ellos, un copista” (Baricco, 2012, p. 42). (6) “...líneas radicales que dividen las experiencias, los actores y los saberes sociales entre los que son visibles, inteligibles o útiles (los que quedan de este lado de la línea) y los que son invisibles, ininteligibles, olvidados o peligrosos (los que quedan del otro lado de la línea)” (Santos, 2010, p. 10).

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(7) Este alejamiento llegó a su punto álgido también en el año 2008, en el que la maquinaría e la construcción en España impedía cualquier posibilidad de diálogo entre los/as arquitectos/ as y sus clientes.

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“La ciudad está hecha de relaciones entre las dimensiones de su espacio y los acontecimientos de su pasado” Italo Calvino

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Las ciudades y su arquitectura constituyen la memoria construida de una sociedad. En las calles y en los edificios de las urbes se van acumulando los estratos del pasado, creando una obra colectiva que expresa la historia y las transformaciones de una cultura. Pero la arquitectura y los espacios urbanos son también el escenario del presente, que utilizamos para desarrollar nuestra vida y el futuro que queremos crear, para disfrutarlo nosotros y legarlo a las generaciones venideras. Una ciudad que intente ser sólo una expresión del pasado dejará de ser una realidad urbana y se convertirá en un museo o en un parque temático.

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El cambio temporal de los valores y de la forma de interpretarlos es parte de la vida de una sociedad y, por tanto, cada colectividad decide cómo va a convivir con su pasado. Esta forma en

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Nuestro presente es el punto de encuentro entre el pasado como memoria y el futuro como proyecto: nuestras acciones y nuestras obras se originan en el pasado, pero tienden hacia el futuro. Siempre nos encontramos en este punto, en el que debemos tomar las decisiones para conservar adecuadamente la memoria y a la vez diseñar un futuro satisfactorio para la sociedad, sin olvidar el pasado. Ese pasado registrado en nuestra memoria colectiva está materializado en lugares y objetos, ya que, como indica Maurice Halbwachs, “no hay memoria colectiva que no se desarrolle dentro de un marco espacial”.

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De esta forma una ciudad viva, una arquitectura viva, es la que reutiliza los elementos del pasado y a la vez construye el presente e innova el futuro. Toda ciudad y toda arquitectura ha de transformarse para poder acoger las funciones actuales, para servir a la vida de hoy y, así, seguir siendo útil y conservarse adecuadamente.


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la que una sociedad conserva e interviene sobre su patrimonio cultural viene contemplada en la Carta de Cracovia, el más reciente texto (año 2000) de consenso internacional sobre conservación del patrimonio arquitectónico, que prevé: “Cada comunidad, teniendo en cuenta su memoria colectiva y consciente de su pasado, es responsable de la identificación, así como de la gestión de su patrimonio. Los elementos individuales de este patrimonio son portadores de muchos valores, los cuales pueden cambiar en el tiempo. Esta variabilidad de valores específicos en los elementos define la particularidad de cada patrimonio. A causa de este proceso de cambio, cada comunidad desarrolla una conciencia y un conocimiento de la necesidad de cuidar los valores propios de su patrimonio”. Este proceso de concienciación patrimonial es una de las consecuencias de la industrialización y la consiguiente aparición de espacios urbanos inéditos, lo que produjo, a mediados del siglo XIX, una sensibilización, por parte de algunos intelectuales, en la protección de los conjuntos urbanos preindustriales. Esto supuso que la naciente noción de patrimonio histórico urbano se construyera a contracorriente del proceso de urbanización dominante, por tanto, que la percepción de la ciudad como objeto de valor histórico se desarrollara a partir de los cambios estructurales de las ciudades que provocó la industrialización. La construcción histórica se inscribió y formó parte del debate y reflexión sobre el futuro de la ciudad industrial, constituyendo un aspecto interesante de estas reflexiones la relación conflictiva entre la sacralización de espacios históricos urbanos y la naciente teoría del urbanismo, como la desarrollada a partir de la obra de Ildefonso Cerdá, que planificó un desarrollo urbano de nueva planta preservando el espacio histórico más característico del total que había constituido, en su caso, la ciudad antigua de Barcelona. Es el crecimiento desmesurado de la ciudad industrial, en el caso de Las Palmas de Gran Canaria vinculado al foco que supone el puerto y las relaciones comerciales con el mismo, el que produce esta reflexión ante el desbordamiento que sufre una ciudad al recibir una población rural que busca los beneficios de la modernización.

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Camillo Sitte, en 1889, publicó un pequeño ensayo titulado “Construcción de ciudades según

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Esta atención al valor histórico, generó un impulso para una reflexión sobre el futuro de las ciudades industriales que adquiere forma en los estudios de urbanistas como Camille Sitte, Otto Wagner, Gustavo Giovannoni, o, casos españoles como, Arturo Soria e Ildefonso Cerdá. Ejemplos todos estos que responden a diferentes perspectivas sobre cómo la sociedad de la modernidad se debía abrir a nuevas dimensiones espaciales y cómo se las conceptualizó. Sin embargo, hay que notar que, aunque no todas defendían la conservación de los centros históricos, estas partían de un mismo supuesto, la consideración de un espacio urbano con límites espaciales y cronológicos precisos, el centro histórico, al que se le otorgaba el valor de histórico, de monumento.

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Todo este contexto genera el debate sobre la consideración y estrategias de actuación en los espacios históricos, que se irá desarrollando a lo largo de todo un siglo. A partir de este momento de idealización del pasado, esta se abordará desde diferentes ópticas que reflejan tomas de posición ante las transformaciones sociales que se estaban produciendo y como éstas afectaban y se expresaban en los nuevos paisajes urbanos de la ciudad industrial. Así las primeras controversias surgirán entre dos posiciones surgidas en entornos y necesidades dispares como son el caso inglés, de John Ruskin, y el francés, con las exposiciones de Eugéne Viollet-le-Duc, defensor el primero de la conservación integral de la estructura de la ciudad antigua, poseedora de un valor identitario, donde restauración y conservación son nociones incompatibles porque la pátina del tiempo forma parte de la esencia del monumento histórico. En su concepción más radical, esta doctrina postula que toda intervención es un sacrilegio porque el destino irremediable del monumento es la ruina. Mientras, la segunda postura, del intervencionista Le Duc, abogaba por el mantenimiento de espacios del pasado en la nueva realidad urbana a través de la revisión de esa herencia urbana. Se fundamenta en una concepción ideal o abstracta del monumento histórico, que lleva a afirmar que la restauración no tiene por qué tener en cuenta la autenticidad del objeto restaurado.


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El mismo Sitte es consciente del carácter fingido que tendría un paisaje natural y artificial al mismo tiempo, aunque no es capaz de salvar esta dificultad. Serán los seguidores del urbanista quienes lo desarrollarán, atribuyendo a la ciudad preindustrial una función museal, por lo que debe, con arreglo a esta visión, desligarse de los circuitos de la vida cotidiana y desprenderse de sus usos y habitantes.

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principios artísticos” en el que se constatan los inconvenientes estéticos que presenta la ciudad contemporánea. El objetivo de Sitte radica en mostrar en qué medida la ciudad moderna podría irradiar belleza plástica a partir de lecciones extraídas de la ciudad antigua. No obstante, François Choay señala, en su “Alegoría al patrimonio”, que el modelo ideado por el vienés plantea una contraposición irresoluble, dado que propone crear racional y deliberadamente unas formas que en el pasado fueron producidas orgánicamente.

Gustavo Giovannoni, inventor, según Choay, del término “patrimonio urbano”, fue quien halló la forma de sintetizar y superar las aproximaciones precedentes mediante un enfoque que le daba su formación en tres ámbitos. Como ingeniero, intuyó desde la segunda década del mil novecientos que la implantación de las grandes redes de comunicación y telecomunicación acarrearía un proceso de desintegración de la ciudad densa en beneficio de una urbanización difusa y a escala territorial; como arquitecto, comprendió que la nueva sociedad no podría funcionar únicamente a escala territorial, sino que requeriría unidades de vida a escala local; y, como historiador del arte, estableció que la ciudad preindustrial, aun teniendo un papel memorial y museal, podía igualmente desempeñar aquella función, pues su forma y dimensión hacen de ella un lugar idóneo para albergar determinados usos contemporáneos “de proximidad”. De este modo, Giovannoni otorga a la ciudad antigua el valor de uso para el presente que otros, como Sitte, le habían negado, justificando la conservación del patrimonio sin la necesidad de congelarlo. Un punto de vista que, por su clarividencia al intuir que el urbanismo del siglo XX, y más aún del XXI, sería un modelo desurbanizador, de expansión constante, depredadora y difusa de la ciudad en el territorio, debería ser tenido en cuenta de cara a la rehabilitación y re-

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funcionalización de los centros históricos. Otros modelos como el de William Morris, ideólogo principal de los “Arts & Crafts”, propone paradigmas cercanos al modelo generado en esta ciudad en el barrio de Ciudad Jardín, donde herederos de esos que antes abandonaron el ámbito rural idealizaban esa vida de las afueras, creando una imagen distorsionada de esos deseos, aunque sin abandonar el núcleo urbano. Es una ruralización de las ciudades crenado nuevas comunidades como mecanismo de reacción frente a la industrialización y las formas de vida modernas que habían sustituido al trabajo manual por el trabajo mecanizado, que habían densificado los tejidos e impuesto esos centros urbanos como motores de la actividad de la sociedad.

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También la articulación de los espacios urbanos contemporáneos está reflejando los cambios de una sociedad que en sus inicios ya denominamos como del conocimiento, de las nuevas

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Siguiendo los presagios de Giovannoni, nuestros nuevos paisajes urbanos, en lo que se refiere a la planificación urbanística, se banalizan, son más uniformes y van olvidando las características propias de cada cultura. Se han generalizado a través de la imagen de la “ciudad postmoderna”. Quizás nos encontramos ante la crisis de una idea de Patrimonio que se ve amenazada por lo global.

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En la actualidad, en nuestro ámbito social, en nuestro modelo social occidental, el mundo es la ciudad. Todo el territorio se encuentra urbanizado, desde las megalópolis, a las áreas periurbanas que se extienden a través de los sistemas veloces de transporte y de comunicación por unas zonas rurales que cada vez lo son menos. El nuevo tejido urbano configura un escenario territorial metropolitano, constituido por un continuo que conecta ciudades grandes, pequeñas, pueblos y campo. Ahora bien, este espacio ilimitado desde el punto de vista físico y funcional está lleno de límites desde el punto de vista social, cultural y administrativo. Porque esta pretendida ciudad difusa, es también la ciudad fragmentada socialmente y administrativamente.


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Desde los años ochenta del siglo XX, en España y desde los 60 en algunos países europeos, la conservación y la valorización del patrimonio urbano han ido adquiriendo un carácter cada vez más prioritario en las políticas urbanas. Sin embargo, la inserción de nuevos elementos de protección del patrimonio en la ciudad contemporánea no la liberan ni mucho menos de problemas, sino que añaden encrucijadas entre los que cabe señalar la musealización de centros históricos, la modernización de tejidos antiguos o los impactos negativos ocasionados por la afluencia masiva de turistas. En esta línea de desarrollo de estrategias oficiales para la protección del patrimonio expuso su ponencia Vicente Mirallave: “Introducción al estudio del Patrimonio y el caso de la protección de Vegueta-Triana”, donde explica cómo se han tomado, en tres fases, diferentes estrategias en la protección de la ciudad histórica por parte del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria.

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tecnologías. Nuestros intercambios se producen cada vez más a través de una dimensión comunicativa que excede todos los precedentes y que se “virtualiza”, a la vez que la dimensión física se va diluyendo, la ciudad, consecuentemente, va adelgazando en sus contenidos.

En un primer documento, el PEPRI de 1985, redactado por los arquitectos Luis Alemany y Faustino García, buscó en la catalogación y protección de los bienes inmuebles patrimoniales la esencia de su justificación, en unos años en que la presión inmobiliaria había comenzado a hacer mella en algunas de las edificaciones tradicionales del centro histórico. La operación de reordenación del tráfico rodado y la peatonalización de la calle Triana supusieron las primeras actuaciones de calado que buscaron revitalizar el área comercial, además de una mejora en el paisaje urbano. Un panorama que ya se dibujaba con las restricciones al tráfico privado en la calle mayor, y que continuaron en procesos similares con ejemplos como la calle Pérez Galdós. La revisión de 2001, a cargo de Joaquín Casariego y Elsa Guerra, incorporó el concepto de rehabilitación para dotar de mayor dinamismo y eficacia al concepto de protección y favorecer

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la puesta en valor y la revitalización del patrimonio arquitectónico. La incorporación del análisis tipo morfológico, como instrumentación básica del debate disciplinar, comenzado años atrás, supuso un mejor conocimiento técnico de los edificios y elementos urbanos y, consecuentemente, de sus posibilidades potenciales para adaptarse a nuevas necesidades conservando su uso o bien para ser modificados y poder albergar nuevos usos requeridos por la sociedad del momento. El impulso de las Áreas de Preferente Rehabilitación, la introducción de Operaciones Singulares como acciones públicas puntuales capaces de generar sinergias de mejora y reconversión en áreas adyacentes, la creación de una red de calles peatonales, la actualización del Catálogo de Protección y la redacción de la Ordenanza de Protección completaba el programa urbanístico de este documento.

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Estos tres Planes explican en el tiempo la sucesiva incorporación de conceptos que han definido las acciones esenciales del proyecto urbano en los centros históricos en los últimos treinta años. Así, de la inicial necesidad de protección y catalogación de edificios se pasó a ampliar objetivos y añadir conceptos que permitieran definir criterios de conservación, restauración, revitalización, rehabilitación, recuperación y transformación motivados por el debate social y la necesidad de establecer otros parámetros de racionalidad y adecuación a las

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El documento de 2016 opta decididamente por el mantenimiento y empuje de la revitalización a través de la protección activa, del incremento y variedad de usos permitidos en el ámbito de ordenación, concretamente el hotelero o el taller doméstico, por asignar roles específicos a calles o sectores urbanos para ordenar el desarrollo de determinadas actividades comerciales sin desplazar al residencial, por revisar y ampliar el Catálogo de Protección y por el concepto de ciudad peatonal apostando por el urbanismo de proximidad, incrementando el número de calles donde se elimina el tráfico rodado ampliando y consolidando la red de calles peatonales y dotando al conjunto de un sistema múltiple de aparcamientos en su corona. Cabe resaltar también la unificación de nomenclaturas que, aunque en gran medida ya eran bastante similares, de los grados de protección con los precisados por el gobierno de Canarias.


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diferentes demandas temporales. Nociones que permitiesen mantener vivos estos espacios estratégicos de la ciudad. Igualmente, la profundización disciplinar introdujo los conceptos de “entornos protegidos” y de “paisaje urbano histórico” para preservar ambientes más complejos y no sólo edificios catalogados o monumentos aislados. El concepto de paisaje urbano histórico representa un avance teórico en la definición, conservación y gestión de los conjuntos urbanos con valor patrimonial, con una clara intención integradora de las distintas escalas y cuestiones relacionadas con estos objetivos, facilitando así la adecuación de la conservación del patrimonio urbano al nuevo paradigma de la sostenibilidad en todas sus vertientes (ambiental, económica y social). ¿Cuál es, pues, esta ‘nueva situación’ que ha llevado a la necesidad de revisar los conceptos existentes en la conservación del patrimonio urbano? Esa reciente coyuntura es advertir como el patrimonio urbano ha adquirido en las últimas décadas un prestigio incomparable en la cultura y la vida contemporáneas, y como las ciudades se han convertido en iconos del turismo cultural mundial. Esto es, en realidad, que se genera un mercado mundial de centros históricos, en el que la condición de patrimonio se interpreta, a menudo, en términos, únicamente, de recurso económico. En ocasiones es el último recurso disponible, y es lícito y deseable que se revierta en beneficio de la población residente, que es la que, en última instancia, se ha de identificar con su patrimonio y la que desempeña un papel insustituible en su conservación. Pero en otras muchas ocasiones la explotación de ese recurso, o las consecuencias derivadas de ella, suponen la migración de habitantes y actividades locales, o al menos de parte de los mismos. Parece que un barrio exclusivamente residencial no satisface a los dirigentes políticos que, en un afán de engrosar las estadísticas de un sector, defienden sin diferenciar los entornos maniobras para la incorporación de actividades dinamizadoras. Algún buen ejemplo encontramos en Las Palmas de Gran Canaria.

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La formulación del paisaje urbano histórico debería partir de una reflexión crítica sobre qué es lo que ha ocurrido en las últimas décadas con los conjuntos urbanos históricos, porque la causa del patrimonio es, en muchos de estos ámbitos, difícilmente conciliable con los procesos dominantes. Si hay algo que deberíamos haber aprendido es que no se pueden preservar los conjuntos urbanos históricos si no se cuida de manera especial la función residencial, y particularmente el edificio de vivienda, como pieza no monumental que articula los tejidos cotidianos de los cascos. Si seguimos la estrategia del avestruz, negándonos a reconocer la contradicción existente entre los mecanismos de funcionamiento de la economía de mercado (competencia de usos, tendencia a la segregación socio-espacial) y los intereses de los vecinos y usuarios, estaremos haciendo un flaco favor a la causa de la conservación de los conjuntos históricos.

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No se trata entonces de defender conservar tal o cual pieza arquitectónica o urbana (exclusivamente), sino hacer frente al deterioro urbano, tanto por lo que se refiere a sus manifestaciones materiales, como a aquellas otras de carácter social y económico, como afirma Alfonso Álvarez Mora. Esta perspectiva implica también, además de las consideraciones sociales, la conveniencia de reutilizar el patrimonio edificado, agotando sus posibilidades antes

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Es cierto que hay que superar la idea de centro histórico, pero no para producir un nuevo escenario selecto, ya sea para el ocio, los usos terciarios o la vivienda de lujo, sino para evitar el solapamiento de funciones, descentralizándolas en lugar de concentrar la movilidad y la actividad económica en ese espacio. El centro histórico tiene que tender a dejar de ser tan ‘central’ en el funcionamiento de la ciudad, evitando sobre todo la especialización funcional (ocio, áreas de marginación, cultura) y la pérdida de complejidad, puesto que el urbanismo cuenta con un margen muy reducido para evitar que deje de ser, de manera definitiva, un barrio más de la ciudad, ya sea por abandono como por la invasión de los usos terciarios o demasiados vacíos de contenidos o usuarios, porque, de ser así, habrá desaparecido la esencia de lo urbano, aquello que queríamos proteger, para ser sustituido por un escenario más o menos pintoresco.


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de proceder a su sustitución, lo que no podría estar más en consonancia con el criterio general de sostenibilidad. Este, constituye una adaptación necesaria del mundo del patrimonio al nuevo paradigma del siglo XXI, frente al paradigma de la modernidad que dominó la escena social, política y técnica del siglo XX. A estos efectos en las estructuras urbanas, se añaden a otros que empiezan a inquietar a los profesionales del patrimonio. Las prácticas, ya sea como culto o ya sea como industria, están amenazadas de autodestrucción por el mismo éxito del que gozan, y más exactamente, por el flujo desbordante e irresistible de visitantes de las ciudades del pasado. Flujos que, por una parte, desgastan y desarman suelos, muros y demás elementos que componen calles, plazas, jardines y residencias que no fueron concebidos para tantos visitantes manoseadores. Obviamente, son elementos que constantemente fueron mantenidos y restaurados en un combate con el paso del tiempo, actuaciones que no pueden acelerarse indefinidamente sin comprometer la duración y la autenticidad de la herencia edificada. El funcionamiento del parque patrimonial está amenazado, los dispositivos existentes han llegado, en ocasiones, a su límite en términos de visitantes, transporte y alojamiento de visitantes que tienden a bloquearse por falta de espacio o bien a degradar los emplazamientos. Así, la explotación del patrimonio histórico edificado se encuentra condenado a largo plazo, a no ser que logre modere su virulencia y controle el flujo de sus consumidores. No pensemos en los grandes edificios, que igual por falta de atrevimiento o interés comercial no son tan propensos a las deformaciones, pero reflexionemos en el estado de conservación de su estado primitivo con cualquier ejemplo de local situado en inmueble catalogado, y cómo el paso sucesivo de diferentes actividades, promotores e incluso arquitectos o ingenieros, van degradando el carácter patrimonial de la construcción. En el mejor de los casos conservaremos la piel como parte del escenario generado en su entorno. De igual manera, pero tal vez con menos notoriedad en la mayoría de los casos, sucede en las viviendas, donde sus propietarios se aparan en la privacidad de su uso y su legitima pertenencia para actuar a su antojo.

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Si además de esto, añadimos los posibles efectos secundarios en la relación del gran público con el patrimonio generado por esta industria que responde adecuadamente a su función en una sociedad que reclama un ocio distintivo asociado al consumo de bienes patrimoniales. Individuos que, mientras sacian su afán de distracción, son manejados por la industria cultural que les brinda la felicidad del conocimiento sesgado y los placeres del arte tutelado. Para el visitante, resulta cada vez más difícil tanto evitar estas interferencias como el poder dialogar, sin intérpretes, con los monumentos. El comentario, la ilustración anecdótica o la parrafada inabordable sobre las obras cultivan la pasividad del público y lo disuaden de mirar o descifrar con sus propios ojos, que acepta este trato con la ferviente creencia del conocimiento obtenido por osmosis. Son fórmulas que yuxtaponen a la comunicación de los bienes culturales principios de esta sociedad paternalista de una manera demagógica y condescendiente. Sin embargo, la trasmisión del conocimiento histórico pertenece en sí misma a la puesta en escena del patrimonio que, a precio de la puesta de atención por parte del público, lo introduce en el conocimiento personal, directo y activo de las obras.

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El argumento utilizado hasta ahora de hablar de nuevas ideas para afrontar nuevos problemas

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Ahora bien, estos avances teóricos en la conservación urbana son muy limitados puesto que seguimos sin avances significativos a la hora de abordar los problemas que suscitaron los aspectos que habían ido quedando relegados a un segundo plano (fundamentalmente el uso residencial y las cuestiones sociales), que siguen en el mejor de los casos en el mismo lugar en que estaban, dentro de un concepto que, por su propia amplitud y dificultad de precisión, encubre más que afronta el conflicto. No se han desarrollado las herramientas y conceptos adecuados para resolver los problemas, por lo que el nuevo concepto no supondrá, en la práctica, ningún avance de cara a la resolución de los conflictos planteados por los grandes proyectos urbanos o las infraestructuras territoriales.

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Tampoco es un concepto nacido de la reflexión crítica sobre la evolución que ha seguido la conservación de los conjuntos urbanos históricos, a pesar de que se plantea como una superación de los conceptos anteriores. Especialmente notable es la ausencia de referencias a la componente social y cultural, obviando la reflexión sobre uno de los aspectos más sensibles: el uso residencial en las áreas patrimoniales.

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en la conservación del patrimonio urbano, es muy discutible, aun admitiendo que supone la manifestación de muchos aspectos que habían quedado, deliberadamente o no, sin resolver. Pero el uso del término ‘paisaje’ parece responder más a una moda que a una decisión meditada y consciente de los riesgos que implica, que pueden ser muy superiores al avance conceptual que pueda suponer su utilización, ya que introduce un enorme grado de complejidad y de indefinición en un campo sometido a un conflicto permanente.

La conservación del patrimonio urbano no se puede acometer con recetas universales, y es necesario un amplio margen de discrecionalidad, pero la falta de objetivos y de métodos de intervención claros y la utilización de un concepto ambiguo y carente de una sólida formulación, por mucho que suponga un avance, y por muy buenas que sean las intenciones de la propuesta, puede acabar por convertirse en un retroceso de la tutela patrimonial. Si no desarrollamos mecanismos efectivos de seguimiento y control, en un agravante más que en una solución. La premisa de Giovannoni, como insiste Choay, nunca se repetirá suficientemente: los centros y los barrios antiguos sólo podrán ser conservados e integrados en la vida contemporánea si su nuevo destino es compatible tanto con se morfología como con su escala. Vimos cuáles podrían ser los peligros de su puesta en valor cultural y turística. Tampoco resisten mucho mejor la implantación de actividades terciarias de envergadura que recrean, secundariamente, las migraciones cotidianas, el tráfico y los consumos logísticos cuyas exigencias ya hicieron saltar a las grandes ciudades europeas preindustriales del siglo XIX. Este patrimonio urbano está adaptado, por el contrario, a la actividad residencial, y a la implantación de servicios de

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vecindad que le están asociados y que, a condición de ser dominantes, son compatibles con un mínimo de actividades de difusión del conocimiento y el arte, incluso de su investigación. Considerados desde este ángulo, centros y barrios antiguos representan hoy un bien escaso, objeto de una demanda cada vez mayor.

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Para el caso particular de esta ciudad cabe señalar que esta urbe, además del PEPRI que pone en valor los barrios de Vegueta, como verdadero núcleo primigenio, y de Triana, como explosión natural de este tejido urbano en un tiempo industrial, cuenta con otro PEPRI redactado para el casco histórico de Tafira, una población interior absorbida por el municipio, pero con total autonomía histórica y estructural. Aunque, se entiende la necesidad de este

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Aun así, ninguna de las motivaciones, reconocidas o reivindicadas institucionalmente, permiten interpretar el fervor que se profesa actualmente al culto patrimonial, por lo que seguramente estemos, en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, en un estadio iniciático a la hora de dar cabida a este proceso global que comienza a invadir nuestras calles en los últimos años, viendo como los visitantes, cada vez más, abandonan la tranquilidad de las tumbonas o, incluso, visitan ex profeso la urbe. Una evolución, sucedida y avanzada en muchos destinos, que debe servirnos de advertencia a la hora de elegir las estrategias por las que optar. Se deben revisar documentos como el adoptado por la Unesco en 1976, cuando la integración de los conjuntos históricos en la vida diaria pasa a escena internacional y, en Nairobi, se redacte el texto: una recomendación relativa a la protección de los conjuntos históricos y tradicionales y a su papel en la vida contemporánea. Documento en defensa en favor de un tratamiento nomuseal de los tejidos urbanos antiguos y, seguramente, el más lúcido sobre las políticas de protección. También, revisar el anteproyecto de recomendación por parte, de nuevo, de la Unesco, publicado a finales de 2010 que, aunque en principio está directamente relacionado con los bienes inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial, las reflexiones teóricas y los criterios introducidos por la misma pueden aplicarse, aunque sea de forma indirecta, sobre los conceptos y métodos de gestión de las ciudades históricas en general.


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último, y sin querer entrar en su estudio, nos hace reflexionar sobre como una ciudad desarrollada longitudinalmente en paralelo al mar, a través de los siglos, y de las que algunos señalan su descentralidad, no pudiendo estar más equivocados, refiriéndose quizás a los diversos polos económicos, no cuenta ya con otros planes de protección especial. Una aproximación a la contemporaneidad nos acerca al ámbito de Ciudad Jardín, desarrollado en el recién terminado siglo XX. Un compendio de racionalismo que en cualquier país centro europeo sería uno de los carteles identitarios de la ciudad, y en consonancia, con los mecanismos municipales de protección oportunos definidos y redefinidos. Esto habla, seguramente, de lo que comentábamos con anterioridad sobre esa prematura fase en la que aún no se han establecido muchos factores para, primero, la potenciación de la economía cultural, y segundo, para el control de la misma. Proceso este último que, si debe iniciarse, si no se quiere llegar tarde, en el entorno catedralicio.

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De entre las fotos que me hizo Andrés Solana hay dos que me suscitan un especial interés, ambas pertenecientes a sendas series, reflejan la primera un ojo y la segunda una mano. La inmediatez y el detalle del ojo y la mano no son en realidad entendibles como un retrato, ni como una manera de representar a nadie, más bien se trataría de vislumbrar actitudes y posicionamientos de la persona desde la profundidad y el alcance de su mirada, o desde los gestos y la acción de quien emanan.

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En cuanto fotos, cabrían lecturas de carácter fotográfico, pues ese es el campo al que pertenecen, pero también desde lo orgánico, lo biológico, lo geométrico, lo poético, lo filosófico, lo psíquico, en fin, desde cualquier aspecto y disciplina que se interese por el hombre, y la objetividad y la subjetividad que comporta su existencia.

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Desde la labor docente de la arquitectura el ojo y la mano no comportan los mismos estímulos

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La dudosa certeza de cada uno de estos símbolos radica en su universalidad. Cualquier trabajo requiere superación, duro aprendizaje y estímulos, al igual que la belleza se identifica con la creación. Salvo el campas, todos los símbolos son alegóricos, y este en particular forma mas parte de la tradición constructiva que de la creativa.

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Para un arquitecto, tanto el ojo como la mano, son herramientas imprescindibles para aprender y decidir. Con el ojo observa y analiza los precedentes, con la mano traza las conclusiones y dirige las consecuencias del aprendizaje y la creatividad. Por ello, en cuanto instrumentos, son más prácticos que los símbolos tradicionales de la arquitectura; la corona, las ramas de roble y laurel, el compas de puntas secas y la rosa. Estos cinco elementos han sido interpretados por Aranda Navarro como distintos compendios, tales como la superación, en el caso de la corona; de la dureza del aprendizaje, en la rama de roble; como premio del éxito, la rama de laurel; del acto de la creación, el compas; y, de la belleza efímera, en la rosa.


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que para el arquitecto. El proceso docente del aprendizaje es consecuencia del estudio y solo desde él se produce el conocimiento, un conocimiento acotado, insuficiente, falto de acciones y experiencias. Y ello se debe a que el estudio se hace desde la teoría, mientras que la experiencia surge el dibujo razonado.

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Si en estas circunstancias la teoría procede de la teoría, no es teoría sino historia. Si el profesor entiende por teoría leer un libro y resumirlo en clase, está claro que se produce un déficit intelectual teórico de difícil superación conceptual, ya que debe consistir en la ordenación de criterios y principios sobre los que se articula un hecho empírico. Una manera de definir la teoría es la que considera que se trata de un conjunto organizado de ideas que explican un fenómeno, deducidas a partir de la observación, la experiencia o el razonamiento lógico, o lo que es lo mismo, desde la reflexión inducida por el conocimiento directo de cualquiera de esos tres orígenes o del conjunto de los tres. He aquí el por qué de la importancia del ojo. Él es el mediador entre el fenómeno origen y el conocimiento que produce. Sin el ojo la docencia en arquitectura carece de teoría, de la lógica que la explica y la trasmite. Es el acercamiento “directo y físico” a la teoría el que permite sentir la arquitectura. La visión de un edificio solo es una sensación, entenderlo desde sus principios es conocerlo, comprenderlo y aprenderlo. La teoría requiere acudir y experimentar en vivo las ideas, a la vez que verificar su materialización y construcción. El ojo es el que me condujo a diferenciar entre la teoría y su ausencia. Así fui consciente que desde que había visto la primera obra racionalista de Miguel Martin me encontraba ante un fenómeno que no sabía explicar pero que me suscitaba interés, admiración y preguntas, a la vez que una indescriptible tranquilidad al comprobar que construir no solo significaba construir. En el páramo edificatorio de la arquitectura de la ciudad las artesanías exhibían un

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desconsolado afán de reproducción de modelos tipológicos y estilísticos, tan desecado como acorde con la gestión administrativa de la ordenación post neoclásica de la ciudad, con sus calles alineadas y bordeadas de edificios regulares en dimensiones, alturas y decoraciones, cuyo resultado perceptivo coincidía con la perspectiva fugada de una calle que se perdía en el horizonte. La actividad de Miguel Martin rompe con esa disciplina decimonónica e introduce relieve en los paramentos, quiebros en la línea de fachada, relaciones volumétricas en los edificios y geometrías alternativas en el trazado de las calles. Todo este repertorio identifica su obra como una aportación modernizadora de aquella ciudad que estaba quedando atrasada urbanística y culturalmente. Me sirvió la mirada para penetrar en la historia de la ciudad y en el personaje, en el conocimiento de su obra y la trayectoria que siguió hasta el punto de condicionar, irremisiblemente, mis opiniones y criterios sobre que era y debía ser la arquitectura para mí. Para asegurarme de ello traspuse en imágenes lo que veía, y coleccioné fotos y diapositivas de básicamente detalles de sus edificios, ventanas, vallados, escalones, pasamanos, puertas, cambios de plano de las esquinas, tipos de paramentos, zócalos, pavimentos, y sustancialmente espacios. La reorganización de tal colección me permitió conformar un corpus de experiencias seleccionadas, una a una, mediante el análisis y la comparación selectiva, proceso que concluyó con la consolidación de un soporte teórico que definía y caracterizaba la arquitectura racional de la ciudad. La formación de la colección corrió paralela a otro acontecimiento que considero relevante, la realización de la tesis doctoral de Sergio T. Pérez Parrilla, cuestión que nos acercó aun más de lo que cabía esperar en la fluida relación que mantuvo con un grupo de alumnos con los que creó

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el Taller B, como centro de operaciones para la investigación compartida de temas de interés entre aquellos y un profesor que aspiraba a hacer formativa la actividad universitaria. La conclusión de la tesis hacia productiva la vía de la investigación y convertía en real la posibilidad de que, una simple colección de imágenes, condujera a la construcción de un soporte teórico autónomo y propio del contexto en el que se estaba produciendo la implantación de la nueva Escuela de Arquitectura.

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Desde entonces muchas veces he mirado y revisado la carpeta granate y siempre me ha inspirado. Es más, la considero un pequeño talismán, una fuente de energía para llevar adelante delicadas cuestiones con el tacto y la paciencia que requiere el trabajo docente. Y esa sensación se hizo mucho más nítida cuando recibí el legado de su biblioteca, entre cuyos fondos se encontraban aquellos libros que gustaba llevar a clase y comentar con nosotros, incluso exhibirlos, para dar pie a hablar del viaje que acababa de realizar o el regalo que le habían enviado.

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Tras su revisión, comprobé que se trataba de los materiales preparatorios con los que había elaborado su tesis, un conjunto de papeles, documentos, fotocopias y fotografías que, recogidas sin mayor preocupación, procedían del acopio realizado en una carpeta de color granate sujeta con elásticos. Aunque nunca hablamos de ello, supe que me estaba depositando algo en lo que tenía particular empeño.

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El paso de los años y mis primeros trabajos de investigación post universitaria condujeron a Parrilla a entregarme una tarde, cuando pasaba delante de mi casa, en medio del recorrido que hacía a diario entre su apartamento personal de San Bernardo y su estudio de Tomas Morales, un enigmático legajo, que de manera asertiva me ofreció diciendo “sé que sabrás defenderlo” o algo así.


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Es posible que en ello consista ser profesor y, por ello, es posible que Sergio sea el mejor profesor que hayamos tenido, porque no daba clase sino que compartía su visión de las cosas, a las que se entregaba con intensidad y sobre las que reclamaba hiciéramos lo mismo: contrastar y confrontar ideas, desde cualquier posición en la que te encontraras cómodo.

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A partir de aquí es la mano la que manda, la que dibuja, la que explica y demuestra la parte subjetiva de las cosas, la que a través del gusto convierte en particular el diseño, la tipología y la vida. Entre los dedos, ya sean los de El Lissitzky o los de Chillida, surgen las proporciones, los usos, lo táctil, el detalle, para contradecir definitivamente a Tatlin cuando considera que no se requiere nada del pasado, nada del futuro, solo lo necesario. La subjetividad se desliza entre los dedos y desaparece cualquier referencia o temporalidad. Ya no hay pasado ni futuro y de lo necesario cada cual sabrá, pues cada vez que se amasa la harina hay pan fresco. Son pues el ojo y la mano los medios que se han de potenciar en los alumnos para que desde el aprendizaje, a lo largo de los años de formación, les inciten a pensar el proyecto como si se tratara de una reflexión introspectiva, una ontología personal e íntima de aquello que han hecho suyo, hasta el punto de ser su estilo, su forma de expresión, su característica, con la que tienen resueltos los distintos problemas de ajuste y encaje del diseño en sus proyectos. Es el cerebro el que ahora toma el relevo e instaura un procedimiento de trabajo, con el que se va descubriendo un abanico de posibilidades, pero también de compatibilidades con otros espectros que en principio pudieran parecer extraños. Algo que cuando se tiene perfectamente definido el espectro personal adquiere el rango de revelación o invención. Este es el enfoque que, desde la docencia, debe perseguir el profesor, colaborar en la acotación personal que cada alumno haga de sus descubrimientos con la intención de potenciar

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su ingenio, ese con el que se siente cómodo y disfruta de la “invención” de su obra.

Puede que esta sea la razón por la que se aprecia tanta diferencia entre la labor universitaria y la actividad profesional cuando se pasea por las calles de la ciudad o de los extrarradios, hasta tener la impresión de cuan ingrato es el proceso de formación y cuan ingrato el paisaje resultante de la construcción. O, ¿que es lo que se espera de una ciudad?.

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De no conseguirse ese encaje entre la formación y la comodidad, el alumno que pasa a ser un profesional, irrumpe en el mundo laboral cargado de un lastre pernicioso que no tiene más destino que ser olvidado en la primera ocasión en la que se enfrenta a un encargo real, definido en sus pautas características: el solar, el programa, el presupuesto y fundamentalmente en la materialización de una estructura y unos espacios en los que no confluyen ninguna de las refinadas conjeturas que “deseaba” tener.

Toda sociedad aspira a contar con una calidad y condiciones de vida en constante mejora, revisando y rehaciendo cuanto sea necesario para alcanzar la dignidad que su autoestima le demanda. La arquitectura es decisiva para la satisfacción de estas demandas y, por ello, la calidad de la misma supone un logro social irrefutable. Pienso que para que este logro sea efectivo es imprescindible que la Escuela de Arquitectura se implique y comprometa a alcanzar la eficiencia necesaria, en sus planteamientos teóricos y disciplinares, con los que trasformar un status quo claramente insuficiente. Es muy posible que entre esos objetivos disciplinares se encuentren el análisis de la topografía, la recreación geográfica, la redefinición urbanística en función de los dos puntos anteriores, la ocupación del territorio, el modelo tipológico-formal, la adecuación de los

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materiales constructivos, las condiciones medio ambientales y climáticas, etc. Eso sí, no creo que las cuestiones estilísticas formen parte de esos objetivos, aunque si lo pudieran ser el diseño arquitectónico desde la sección proyectual, reinventando la construcción en ladera, que es el espacio libre más abundante en los reductos no construidos del municipio.

A los 50 años de la creación de la Escuela de Arquitectura de Las Palmas de Gran Canaria puedo decir que he sido participe de 45 de ellos. Son cuarenta y cinco años compartidos que, por mi parte, empiezo a sentir como historia. Una historia larga, confusa o mejor dicho difusa de acontecimientos, personas y situaciones que conforman una espiral que, en su sentido envolvente, recrea la vida y los trabajos de una comunidad, aleatoriamente formada, de estudiantes, profesores y laborales enfrascados en un tráfago de expectativas, proyectos y ambiciones, tan conspicuas como irrelevantes.

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Una revisión de estos criterios facilitaría enormemente la mejora urbana de la ciudad y la función de la universidad seria impagable por parte de una sociedad tan vehemente por alcanzar los estándares europeos de ordenación del paisaje urbano.

Tan conspicuas como los sufridos planes de estudio que se han sucedido desde entonces y a los que se les conoce como Plan del 64, del 75, del 2001 y del 2010. Ninguno de ellos fue del gusto de las respectivas comunidades universitarias que los vieron implantar e imagino que de igual manera se recibirán los planes que hayan de sucederles. Es posible que no exista el plan perfecto pero de lo que estoy convencido es que cualquiera que sea suscitará la misma controversia, quejas, reacciones y manifestaciones estudiantiles, así como de manifiestos por parte del profesorado. Y eso sin entrar en las peculiaridades del otro plan que se propuso implantar, el innombrable Plan Carvajal, objeto de una reacción tan airada como cargada de juvenil entusiasmo por

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Tras tamaña emancipación mejor dejar de lado el innato correlato de Ángel Colominas sobre su peculiar acceso y comprensión de la arquitectura, que en 130 páginas, pretendía distribuir como manual a los nóveles alumnos cuando se matricularan en la escuela. El fin, como dice en el último párrafo del texto, es que los estudiantes comprendieran que, “lo dicho no es producto del estudio sobre los libros, sino sobre la realidad, la problemática y la casuística cotidianas”. Resulta paradójico que tratándose de un texto inédito, en este cincuentenario adquiera un sentido particularmente premonitorio, clarificador y recurrente de una historia en la que no ha participado.

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descubrir y experimentar la vías de la democracia y la participación estudiantil en el desenvolvimiento de la política universitaria. Y mucho menos en profundizar en aquellas otras razones no tan juveniles ni políticas que lo sustentaron o lo instaron.

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Tras la realización en Canarias de algunas incursiones exitosas en el terreno de la arquitectura moderna en paralelo a las experiencias europeas (1), estas iniciativas se vieron más o menos atenazadas durante la posguerra española. Es cierto que luego, las barriadas realizadas bajo el Mando Económico durante los años 40, y sobre todo el avance en materia de vivienda social durante los 50 bajo el amparo de organismos nacionales como el Patronato Francisco Franco y la Obra Sindical del Hogar, supusieron otro impulso modernizador que puede verificarse principalmente en la segunda mitad de esta década. Pero el impulso decisivo en el proceso de modernización de la ciudad llega a manos del periodo desarrollista acaecido durante los años 60.

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En un país sometido entonces a una política cultural adormecedora, y tras la puesta en práctica de ciertas formas de construir la ciudad directamente vinculadas al urbanismo moderno, Las Palmas de Gran Canaria muestra un proceso de modernización urbana más bien tardío (3). Se trata además, de una experiencia que se consolida en Canarias cuando en otros ámbitos culturales comienzan a cuestionarse aquellos principios fuertemente arraigados al ideario moderno.

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En el caso de Las Palmas es a través del Plan de Sánchez de León(2) (1962) como se oficializa este proceso. A partir de entonces empiezan a tomar cuerpo una serie de manchas residenciales segregadas funcionalmente, y formalmente poco precisas, articuladas por una red arterial que empieza a priorizar las demandas de movilidad sobre otras posibilidades de diseño. Aun así, las previsiones de este documento fueron insuficientes para el enorme salto demográfico y urbano realmente producido. El crecimiento acelerado y la ocupación de nuevos entornos territoriales, la irrupción del turismo de masas sobre el espacio urbano, la construcción de infraestructuras viarias rápidas, el uso generalizado de los nuevos tipos edificatorios como el bloque, o incluso la conquista de las alturas a través de la torre, son aspectos novedosos en la ciudad de Las Palmas de esos años.


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En este contexto, Pedro Massieu Verdugo (Las Palmas de Gran Canaria, 1926-2009), titulado en la Escuela de Arquitectura de Madrid en 1958, va a regresar a su ciudad natal coincidiendo con el inicio del periodo desarrollista. Posteriormente llega a impartir clases en la Escuela de Arquitectura de Las Palmas. Pero al afincarse en Gran Canaria justamente en ese momento, se integra profesionalmente en una sociedad inmersa en un proceso de transformación que se intensifica enormemente bajo el desarrollismo de los 60. Así, a pesar de la considerable heterogeneidad de la obra de Massieu, una buena parte de su arquitectura se hace partícipe de esa labor de experimentación en el ámbito de una modernidad en la que, trascendiendo de lo estrictamente local, muestra especial interés por los aspectos tectónicos y constructivos junto a una gran preocupación por el detalle. Esta idea puede ser apreciada a través de dos obras ampliamente reconocidas, y de una propuesta no ejecutada; todas ellas ligadas en distinta medida al desarrollo turístico experimentado por la ciudad a partir de esos años. Además, se trata de trabajos que gozan de una ubicación peculiar desde el punto de vista urbano. Sin embargo, ninguno de ellos responde a una localización periférica en un periodo en el que la ciudad da el salto tanto a la ocupación de su parte alta como a la urbanización discontinua del territorio insular. Por el contrario, son trabajos emplazados en la parte baja de Las Palmas, bien sea dentro del ámbito de la ciudad compacta, o bien en uno de sus bordes. Y esto quiere decir que, al menos de entrada, estos emplazamientos estarían condicionados, o al menos influenciados, por la lógica de una morfología más o menos compacta sometida a las reglas de la ciudad tradicional. La primera de estas obras, el Edificio Abanico (1963-67), se ubica en la confluencia de dos calles de cierta importancia, ocupando la esquina de una manzana cerrada caracterizada por el loteado diagonal de algunas de sus parcelas. Se trata de un solar que alcanza la forma y superficie final capaz de configurar la forma de abanico, mediante la compra de “trozadas adecuadas” a los propietarios colindantes (4). Aunque se barajaron otras soluciones en planta y volumen, finalmente se opta por ocupar la totalidad de la parcela resultante. Adaptado a las

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normas hoteleras de ese momento, se destina a residencia turística dotada de zonas comunes en planta baja y semisótano, además de un ático y un sobre-ático a modo de remate superior. Massieu organiza la planta tipo mediante un cuerpo interior circular que contiene el núcleo de comunicaciones y el oficio, del cual irradia todo el sistema formal y la estructura constructiva del edificio (5). Las habitaciones aparecen agrupadas dos a dos mediante los aseos y patinillos ubicados en su parte posterior; pero los dormitorios se asoman al exterior de un modo distinto. Así, la línea de fachada se va quebrando sutilmente mediante la sucesión de macizos y terrazas alternos, que configuran una serie dimensionalmente irregular con ciertas referencias aaltianas. Y a excepción del par central de habitaciones, la seriación de elementos de fachada rompe con aquella disposición de las estancias agrupadas internamente dos a dos. Esta estructura rítmicamente variable con luces entre pilares que oscilan irregularmente desde 3’85 a 4’57 metros, aparece hilvanada con las jardineras y las franjas horizontales de hormigón visto que arrancan desde ellas. A pesar de la sutileza en las diferencias dimensionales, esa idea de repetición irregular de elementos parecidos puede considerarse una forma de orden que nace del objeto o el detalle y se acaba proyectando en el conjunto (6). Aunque la seriación de macizos y terrazas confluya en el par central, o el acceso de planta baja se produzca en este mismo punto, predomina una cierta irregularidad compositiva; y sobre todo, la sucesión de una serie de elementos que se van desplegando casi radialmente desde el interior hacia la fachada, logrando que está no se someta rígidamente a las alineaciones fijadas en cada calle. Por tanto, a diferencia de aquellas tipologías tradicionales de los ensanches que enfatizaban el chaflán incorporándolo como elemento determinante en la organización formal del inmueble, el Edificio Abanico se presenta como una esquina desplegada: una esquina que se desdibuja parcialmente al no construir de manera estricta ni los contornos de la manzana, ni la arista que corresponde al vértice principal de este tipo de parcelas. Otra obra destacada de Pedro Massieu (7), y la que seguramente posee un reconocimiento

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más amplio, es el Hotel Don Juan (8) (1963-71). Aquí se parte de un solar rectangular delimitado por cuatro calles dentro de un tejido compacto de manzanas cerradas. Tras un estudio previo donde Massieu dibuja inicialmente dos torres de planta circular, se opta luego por destinar una parte del suelo a una gasolinera, y el resto a una edificación en altura. Solicitada la licencia para edificación turística dentro de la categoría denominada por el Plan General del 62 como “edificio singular”, se obtiene la aprobación inicial para un volumen al que luego se asigna uso hotelero. Se define entonces el programa para un hotel-residencia de cuatro estrellas, con vestíbulo-recepción y servicios en planta primera e inferiores, habitaciones en los niveles intermedios, así como un restaurante y piscina-solarium en el cuerpo superior que remata la torre. Desechada la planta circular ante previsibles problemas constructivos, se opta por un polígono de dieciséis lados inscrito en un círculo, el cual se ajusta a las calles laterales y frontales para optimizar la relación entre programa y parcela (9). Su estructura formal parece reverberar desde el círculo central de ascensores, hacia el pasillo de acceso y las habitaciones trapezoidales, llegando hasta el perímetro exterior. Este perímetro se va quebrando suavemente a partir de los pilares octogonales de fachada y la línea exterior de terrazas mostrando algunos detalles con reminiscencias wrightianas. Y como si se tratase del apilamiento vertical de una serie de discos dentados (10), la fachada aparece dominada por el hormigón visto y las franjas horizontales entrantes y salientes. Si en los años 50 y principios de los 60 el lenguaje arquitectónico solía hacer explícita la lógica constructiva de cada componente, a mediados de los 60 comienza una cierta tendencia al desarrollo de elementos ornamentales ligada al manejo de materiales y texturas que estructuran las fachadas mediante la yuxtaposición de bandas horizontales sobre huecos y macizos; apoyándose así en las nuevas posibilidades que la proliferación de empresas constructoras e inmobiliarias introducían entonces en Canarias (11). Pero esta tendencia se desarrolla con sutileza en Massieu; y no solo por la calidad constructiva de su obra, sino por la

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habilidad con la que la relación formal entre planta y estructura se transfiere a la fachada. Ello enriquece las posibilidades de lectura y su relación con el contexto. De hecho, el Don Juan admite tanto la apreciación del detalle como la visión lejana. En este sentido, su ubicación en uno de los extremos del istmo a caballo entre los dos paisajes litorales de la ciudad, y su elevada altura respecto al perfil edificado dominante, lo han convertido en uno de los principales hitos urbanos. Su silueta ha pasado así a dibujar una de las postales más características de Las Palmas, bien sea vista desde Las Canteras, o bien desde el Puerto de la Luz y todo su entorno.

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Así, Pedro Massieu elabora una propuesta no construida para esta parte del litoral capitalino en colaboración con Salvador Fábregas (12). El Proyecto de Plan Parcial de

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Por otra parte, el Plan General del 62 apuesta por materializar el frente litoral de naciente, ya previsto por Suazo; pero también da pié a la urbanización de otras áreas como la que se desarrolla a través del Plan Parcial del Confital. Y a pesar del indudable interés que actualmente tiene la preservación de un paisaje como éste, el desarrollismo de aquellos años propiciaba su ocupación con objeto de prolongar el ámbito urbano del Paseo de Las Canteras.

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Pero un aspecto relevante relativo a esa visión distante se refiere a cómo el núcleo de escaleras y servicios de planta ha sido insertado en el mismo módulo trapezoidal de habitaciones, ocupando tres lados del polígono con un tratamiento similar de fachada. Y consecuentemente, se ha procurado ocultarlo respecto a esa visión externa en la que el edificio es observado desde la ciudad. A ello se suma el que el arquitecto ha renunciado a la posibilidad de dotar a la torre de una base capaz de moldear el espacio de la calle y adaptarse a las alineaciones existentes. Así, el Don Juan se presenta como una esquina disuelta: una “esquina” que se diluye en un paisaje circundante, el cual es observado con esa homogeneidad que deriva de su propia geometría.


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Ordenación Urbanística del Confital (1971-73) constituye un documento aprobado parcialmente (13), que se destina a la creación de un amplio programa edificado de uso residencial-turístico acompañado de algunas dotaciones.

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Planteaba un viario principal de acceso con diversas derivaciones y pasos a distinto nivel, además de otros viales menores que se iban entrelazando a modo de anillos. En torno a esta red de vías se disponían diferentes agrupaciones, no siempre articuladas entre ellas, las cuales muestran un amplio repertorio de recursos en cuanto al sistema de organización de cada área: conjuntos de bloques para residencia colectiva, paquetes de baja densidad conformados en base a unidades unifamiliares, o incluso soluciones mixtas más complejas y piezas específicamente destinadas a equipamientos.

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Así, la volumetría de esta parte de la propuesta evidencia algunos aspectos de interés. Por un lado, el carácter singularizado de las piezas dotacionales, algunas de las cuales se ubican en posiciones destacadas que aprovechan puntos privilegiados del contorno costero. Por otro lado, la estructura rítmicamente variable compuesta por las edificaciones residenciales del frente, unas veces siguiendo la línea de costa, y otras disponiéndose transversalmente para dar forma al extremo norte. Además, la directriz de las edificaciones residenciales adopta también una relación variable con el viario principal, a la que se suman diferentes retranqueos. Todo ello conforma una vía con tramos formalmente reconocibles, que sin embargo no se ciñe

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La línea de costa se modifica parcialmente mediante elementos como el paseo de borde o un espigón para generar nueva superficie de playa. Pero lo más significativo de la intervención sería sin duda el frente marítimo. Los diversos estudios previos y versiones de una propuesta abierta a distintas etapas de desarrollo, tienen como objeto común la creación de un nuevo frente edificado de considerable envergadura. Se trata de una operación ambiciosa que como mejor podría entenderse es a partir de su vocación de continuidad con el paisaje urbano de la Playa de Las Canteras.


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Finalmente, el conjunto de volúmenes compone una silueta variable en la que los cuerpos altos parecen relacionarse entre sí; y la superposición de esta silueta sobre el perfil montañoso de La Isleta, asigna un cierto valor geográfico a la propuesta. Además, con el manejo de estas geometrías cambiantes donde la vía ya no es una calle corredor, la idea de esquina parece atenuarse entre innumerables quiebros y retranqueos: una “esquina” quebrada, abierta a la posibilidad de nuevas pautas de relación entre edificios.

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estrictamente al modelo de calle corredor de la ciudad compacta. Este desdibujado permite interpretar la calle posterior y el frente litoral como planos ya no necesariamente continuos. De este modo, a pesar de la trabazón existente entre determinadas unidades residenciales establecida a nivel inferior mediante la continuidad de algunos cuerpos bajos con patios, los volúmenes emergentes se van escalonando gradualmente hasta generar una serie de piezas en altura. Esta forma de escalonamiento artificial que no obedece a las condiciones impuestas por la orografía, y que se traduce en la complejidad de la sección o de los perfiles de fachada, está enraizada en diversas experiencias de la arquitectura de los 60 y principios de los 70 (14).

La esquina construye y da forma a lo urbano propiciando la intercambiabilidad social; pero desde la conformación de los tejidos compactos hasta ahora ha ido experimentando un proceso en el que a partir de la ciudad moderna la multiplicidad, la transparencia, o incluso la disolución, están cada vez más presentes en ella (15). Como parte de este proceso es donde mejor puede ser interpretada la manera con la que Massieu intuye algunas de sus “esquinas”; bien sea tratándolas como un desplegable, quebrándolas, o diluyéndolas. Se trata pues, de una actitud decididamente moderna: la esquina en cuanto elemento que, de un modo u otro, se desprende de la lógica dominante establecida por la manzana cerrada. Son esquinas que casi podrían leerse como vértices, como arquitecturas que fijan puntos

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clave en la geometría del espacio urbano; y que en algunos casos pueden adquirir valor geográfico dentro de la propia ciudad y su paisaje. En cualquier caso, e independientemente de la manera en la que sea interpretada, la esquina entendida en un sentido amplio es un elemento vital cuyo valor urbano derivaría de su capacidad para alcanzar significado colectivo en su contexto. Notas:

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(1) Esto ocurre con el racionalismo, el cual llegó a tener una considerable repercusión en las Islas, a pesar de convertirse localmente en un lenguaje formal poco imbricado en el debate ideológico de fondo. Véase al respecto: AA.VV.: Introducción al Arte en Canarias. Arquitectura. Centro Atlántico de Arte Moderno, Las Palmas de Gran Canaria, 1997.

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(2) Redactado en el marco legislativo de la Ley del Suelo de 1956, después de que el Plan de Suazo (1943) quedara en buena parte truncado.

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(5) Gago, José Luis. (2008). Arquitecturas Contemporáneas. Las Palmas de Gran Canaria 1960-2000. Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria. (6) Español, Joaquim. (2001). El orden frágil de la arquitectura. Fundación Caja de Arquitectos. Barcelona.

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(4) Véase memoria del Proyecto de Ejecución de la Residencia Abanico, en Fondo del Arquitecto D. Pedro Massieu (Biblioteca de la Escuela de Arquitectura de la ULPGC).

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(3) Ley, Pablo. (2008). “Emulsiones de lo público. Transformación urbana en Canarias a partir de los 60”. En Arte contemporáneo en Canarias. Una visión más, vol.II. Fundación Mapfre Guanarteme. Las Palmas de Gran Canaria. Pág.65-77.


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(7) Realizada en colaboración con Ignacio Muñoz-Rojas. (8) Actualmente Hotel AC. (9) Véase memoria del Proyecto de Ejecución del Hotel Don Juan, en Fondo del Arquitecto D. Pedro Massieu (Biblioteca de la Escuela de Arquitectura de la ULPGC).

(11) Jiménez, José L. (1989). “Arquitectura 1960-1980”, en Arquitectura y Urbanismo en Canarias. 1968-1988. Las Palmas de Gran Canaria. Pág. 39-52. (12) Pedro Massieu realiza algunos de sus trabajos en colaboración con arquitectos como Fernando Higueras, Vázquez de Castro, Manuel de la Peña, Ignacio Muñoz-Rojas, o el propio Fábregas y otros.

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(10) Devesa, Ricardo. (2006). “Posiciones encontradas”, Basa nº29. Pág. 134-139.

(13) Véase en Fondo del Arquitecto D. Pedro Massieu (Biblioteca de la Escuela de Arquitectura de la ULPGC). (14) Siendo precisamente Higueras, con quien Massieu había colaborado, uno de los que venía desarrollando en España este tipo de posibilidades mediante el uso de terrazas ajardinadas. (15) Solà-Morales, M. (2004). “Ciutats, cantonades”, en Ciutats, Cantonades. Lunwerg. Barcelona. Pág. 12-51.

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La creación en 1968 de la Escuela de Arquitectura de Las Palmas, tal como era conocida en España, marcó un hito importante en el proceso de los estudios universitarios en Canarias.

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Muchos profesores hemos pasado por los vaivenes de la historia universitaria reciente del archipiélago, que lógicamente han sido más significativos para Gran Canaria que para Tenerife, ya que culminaba con la creación de una nueva universidad frente a otra ya existente. En nuestro caso comenzamos a impartir docencia en la entonces Escuela Técnica Superior en el año 1978, pertenecía a la Universidad de La Laguna y todavía estaba en su etapa nómada, ocupando una parte del instituto de bachillerato Cairasco de Figueroa en Tamaraceite, Las Palmas de Gran Canaria.

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Durante la formación universitaria que recibimos en la Universidad de La Laguna (cursos 1973/1974-1977/1978), la especialidad en Historia del Arte (primera promoción) continuaba con la programación de visitas de estudio que habían estado presentes con anterioridad en los años comunes de geografía e historia, alcanzando un equilibrio muy acertado entre la teoría tratada en las aulas y la aplicación de los conocimientos. Concluida la fase de licenciatura en la citada institución fernandina (en 1990 se obtuvo el doctorado por esa alma mater), con el inicio de la docencia en la Escuela de Arquitectura pareció interesante continuar con esa experiencia didáctica, que en el marco arquitectónico se ha desarrollado en asignaturas (troncales, obligatorias, optativas, etc.) con variadas denominaciones y en distintos planes. Al contrario del alumnado de las carreras estrictamente humanísticas, el perfil de los estudiantes que acceden a la carrera de arquitectura responde a un prototipo que apenas cuenta con nociones de historia del arte, al pertenecer a bachillerato del área de ciencias. En numerosas ocasiones nuestras asignaturas eran el primer contacto que el alumno, ingresado con ese nítido perfil de ciencias, tenía con el área humanística, enfrentándose a un amplio temario de larga secuencia cronológica, desde la Edad Antigua hasta el Barroco, en la que comenzaban una formación que se ha


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pretendido crítica y complementada con otras distintas actividades, con la finalidad de aportar un instrumento básico que permitiera disponer al futuro arquitecto de los referentes históricos aplicados a su actividad profesional e investigadora. Los programas y proyectos docentes de estas asignaturas de teoría e historia de la arquitectura siempre han tenido como ejes fundamentales las clases teóricas y prácticas, metodologías y trabajo de curso (análisis de obras, comentarios de textos, vocabulario específico, etc.), etc. y las visitas de estudio. El carácter dinámico de la arquitectura aconseja no restringirla al marco estricto de la Escuela, sino que se considera de gran importancia la relación con el territorio, entornos urbanos, arquitectura y obras de arte en su medio. En este sentido, los contenidos generales de los proyectos docentes (homologables al resto de España y la Unión Europea) se complementan con el proceso histórico propio de Canarias y con sus particularidades de región ultraperiférica de la Unión Europea, aportados en las visitas de estudio, acomodadas al ámbito edificado del archipiélago, constituyendo un insustituible contacto directo con una realidad arquitectónica, artística y cultural. En paralelo, este marco insular es donde el alumno realizará los ejercicios y trabajos prácticos de otras asignaturas de la carrera, especialmente los de carácter urbanístico y proyectual, su proyecto fin de título, y además el hipotético desarrollo posterior de su profesión. Con todo, se explica que el enfoque histórico tenga un interés inmediato en la formación global del futuro arquitecto. Todas nuestras asignaturas han contemplado las visitas, permitiendo contextualizar las obras arquitectónicas, complementando el cierto “aislamiento” que supone el estudio en clase en los contextos de época, estilo, autor, etc., frente al edificio histórico y su realidad circundante con un entorno variado y resultado de un proceso particular que hay que analizar, entender y explicar. Con el antecedente de las clases teóricas y prácticas en el aula, las visitas constituyen un aporte importante en el aprendizaje, con un número condicionado por la propia duración del curso. Teniendo en cuenta la carga de trabajo que ya tiene el alumnado en el grado, hay que ponderar esta circunstancia a la hora de las programaciones, que se han establecido en cuatro,

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Los formatos de los últimos años en la asignatura “Teoría e Historia de la Arquitectura I” (Grado en Arquitectura) son herencia con alguna corrección de anteriores planes de estudio, dado que se considera demostrada su eficacia tras décadas de realización. Las Palmas de Gran Canaria supone el inicio de los trabajos externos al aula con dos sesiones de tarde, siguiendo el orden cronológico de evolución de la ciudad. La primera está estrictamente centrada en el núcleo fundacional, espacio con mucha carga semántica, que tiene como punto de encuentro la

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en virtud de la duración actual de las materias. La reducción notable del número de matriculados ha facilitado la organización de las mismas, ya que cuando se alcanzó la cifra de casi doscientos en clase se tuvo que restringir esa actividad con carácter excepcional, afectando al traslado a la isla de Tenerife, no aconsejable con tantos. En la actualidad el grupo de estudiantes es óptimo para explicaciones en espacios abiertos, recintos no amplios, participación de los propios alumnos, etc., pero sobre todo porque hay comodidad para tomar sus notas en el “cuaderno de campo”, aspecto muy interesante ya que aparte de los apuntes de las explicaciones van captando sus visiones con esquemas, dibujos, fotografías, etc., pudiendo suponer en algunos casos el inicio del interés por temas que posteriormente sean objeto por su parte de investigación de tercer ciclo. La selección de los lugares a visitar ha sido rigurosa, primando el sentido práctico y los que ofrecen buenos recursos didácticos, problemas, lecturas y relecturas, secuencias de procesos históricos, relaciones territorio, arquitectura y ciudad histórica, etc. En este sentido, no solo deben ser interesantes como complemento de los conocimientos recibidos en las clases, sino que también deben conocer actuaciones que han sido valoradas de distinta manera, para fomentar un espíritu crítico. En la tarea de sensibilizar en un mayor número de aspectos, las visitas de las asignaturas de carácter general han incluido edificios en restauración con el objetivo de apreciar nuevas posibilidades de uso y desarrollo contemporáneo a través de intervenciones de distinto nivel, presencia que se incrementa en las materias optativas del ámbito del patrimonio edificado y urbano. Con todo, este aprendizaje supone una valoración de la arquitectura en su entorno, al mismo tiempo que se inician en el conjunto de problemas que les afecta como bien inmueble cultural.


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que fuera primera “plaza mayor” y actual de San Antonio Abad. Para optimizar la visita, previamente se han facilitado algunos artículos con la bibliografía básica y dedicada una clase a la formación del sistema territorial grancanario desde la época de Atidamana y Gumidafe hasta los orígenes de la urbe como campamento en el período de la conquista, con un análisis básico de la cartografía histórica de Las Palmas (Torriani, Casola, Brizuela, Castillo, etc.). En el lugar, los estudiantes comprobarán la permanencia de la trama de la “primera ciudad” y su escueto perímetro, con las plazuelas de San Antón, Pilar Nuevo y las Gradas, cuyo trazado es coincidente con el de la cartografía de los siglos XVI y siguientes, lo que contrasta con la sustitución arquitectónica que se refleja en las edificaciones que al pertenecer a distintos momentos permiten diferenciar tratamientos arquitectónicos, desde la primera catedral sustituida por la ermita de San Antonio Abad hasta la complejidad de la manzana que actualmente es la Casa de Colón. Este es un buen escenario para además empezar a plantear vocabulario especializado arquitectónico e incluso de carácter más general por tratarse de cursos inferiores. La arquitectura de este barrio es el inicio de la identificación de elementos de la primera arquitectura hispánica de Canarias, aunque también haya de momentos posteriores (baquetón, alfiz, arcos conopiales, tipos de ventanas y balcones, etc.). La Casa de Colón nos adentra en el estudio de los patios, en su doble versión de galerías lignarias y columnas con arcadas en piedra. El contenido museístico no es posible visitarlo, pero se invita a los estudiantes a que lo hagan por su cuenta en otra oportunidad. La portada Santa Gadea Mansel tiene un tratamiento especial por su importancia en la arquitectura doméstica de las islas. La segunda visita a Las Palmas se centra en el crecimiento de la ciudad tras superar el escueto perímetro del núcleo fundacional. Comienza en la catedral de Santa Ana, estudio monográfico de un edificio sin unidad de estilo, lo que ya es evidente desde el patio de los Naranjos, lugar de la primera explicación. Aquí se profundiza en estos recintos, especialmente en las galerías de madera, así como en distintas soluciones de portadas que van desde las más modestas hasta la elaborada Puerta del Aire, primer contacto con una traza renacentista y sus distintos componentes al igual que los ventanales catedralicios del lado de la epístola y sus

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La tercera visita se realiza en Gáldar. Frente a Las Palmas de nueva planta, la ciudad de los guanartemes y de las guayarminas es superpuesta y es el caso más claro de Canarias en este aspecto como recurso didáctico. Los hallazgos arqueológicos prehispánicos en la cimentación de cualquier obra es aquí algo frecuente y muy raro en otros lugares del archipiélago. Se escoge por su secuencia histórica desde la época de Atidamana y Gumidafe, aunque en el ámbito estrictamente arquitectónico permite analizar el neoclásico, eclecticismo, racionalismo y regionalismo, con varios tipos constructivos como teatro, vivienda y estudio de artista, con autores tan importantes como Diego Nicolás Eduardo, Patricio García, Miguel Martín, José Luis

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columnas abalaustradas. Se realiza un breve recorrido por las salas bajas del museo diocesano donde se explican someramente los tipos de imaginería sacra (telas encoladas, vestir, tallas, estofadas, etc.). El interior de la Catedral es el aula de impartición de la clase correspondiente en el mejor ejemplo del gótico tardío en Canarias (siglos XVI y XVIII), expansión de la arquitectura hispana en el Atlántico. Además se puede seguir la evolución al renacimiento y apreciar características y elementos de ambos momentos, así como aportaciones posteriores, especialmente los detalles neoclásicos. La Plaza de Santa Ana tiene un tratamiento especial por su importancia como “plaza mayor” en Canarias, “plaza del estado” y polifuncional como las americanas. En ella concurre la permanencia de un trazado con pocas reformas urbanas y una secuencia arquitectónica que es resultado de cambios y sustituciones de varios siglos, aunque junto a su lectura arquitectónica (gótico, renacimiento, neoclásico, eclecticismo, modernismo, etc.) se resalta la lectura simbólica, de su significado en los distintos alcances territoriales, como exponente de las funciones que Las Palmas tuvo históricamente en la isla y Canarias (Catedral, Palacio Episcopal, Casa Regental, solar del antiguo Cabildo hoy Ayuntamiento), siendo un magnífico caso para entender de forma integral la arquitectura y el urbanismo más allá de su valor como inmuebles. Explicadas sus funciones actuales, la continuación del itinerario completa el sistema de plazas del barrio de Vegueta (Espíritu Santo y Santo Domingo), con edificios diversos, entre ellos los de Ponce de León y la iglesia de Santo Domingo, como templo conventual masculino.


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Jiménez, etc. La iglesia de Santiago de los Caballeros es el “aula” donde se imparte la “conferencia marco” de la visita, con el eje explicativo de la superposición urbana, los cambios arquitectónicos, cambios de usos, etc., historiando estos factores y resaltando los valores simbólicos de la ciudad y la arquitectura en el territorio, no siempre evidentes. En el templo se explica la importancia del patrimonio intangible y las obras de arte como reflejo de relaciones entre pueblos a lo largo de la historia ya que la iglesia con su museo poseen obras de Alemania, Cuba, Francia, Reino Unido, México, España, Japón, etc., y lógicamente españolas y canarias. Se resaltan las características del neoclásico y su reacción frente al barroco, evidente nada más entrar por la sustitución del retablo ornamentado por el tabernáculo clasicista, al mismo tiempo que se profundiza en la terminología propia. El museo de arte sacro Santiago de los Caballeros supone un acercamiento a criterios de restauración y conservación en la arquitectura con la adaptación de espacios para uso museográfico. La Plaza de Santiago ofrece un buen ejemplo de imagen urbana que con orígenes anteriores se consolida desde finales del XVIII al XIX con la “alameda” ajardinada, donde sobresalen las cuatro araucarias y los laureles de Indias, como patrimonio vegetal heredado de la época. Este recinto público integra edificios de distintos momentos, entre los que se cuenta el Consistorio neoclásico con patio neoárabe, donde crece el drago tricentenario (1718-2018), también incluido en el recorrido de estudio. Un inmueble interesante es el Teatro Consistorial (1912), uno de los más antiguos de Canarias, aparte de su estructura a la italiana, es un buen ejemplo de integración de arquitectura y artes plásticas, con “Revelora” de José Dámaso (2010), más las pinturas de Cristóbal Guerra y Rufina Santana. La Casa Museo Antonio Padrón/ Centro de Arte Indigenista, contiene muchas posibilidades, desde la arquitectura y jardín racionalistas, el taller regionalista del artista y la obra del pintor (19201968) con otros artistas canarios (César Manrique, Manolo Millares, Jorge Oramas, Santiago Santana, José Dámaso, Borges Linares, Plácido Fleitas, etc.). El museo y parque arqueológico Cueva Pintada sólo se visita con las asignaturas optativas por el límite de personas en cada pase, escogiéndose habitualmente como caso de estudio el yacimiento de El Agujero y necrópolis de La Guancha, que contiene tanto viviendas prehispánicas como túmulos funerarios.

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La cuarta visita tiene como objetivo principal San Cristóbal de La Laguna, único conjunto histórico canario declarado Patrimonio de la Humanidad, en la isla de Tenerife. Previo, en la Escuela de Arquitectura se explica el origen, proceso y evolución de la ciudad con la cartografía y fuentes históricas como ejercicio inicial. Es un caso interesante y diferente, ya que si coincide con Las Palmas en cuanto a ser de nueva planta y un trazado que en lo fundamental no difiere demasiado, se trata de un emplazamiento interno, en llano alto y junto a una desaparecida laguna, mientras la grancanaria es marítima junto a desembocadura de barranco. Las distintas funciones de ambas en el territorio canario y la hegemonía más tardía de la tinerfeña quedan patentes en las plazas y en la arquitectura de La Laguna. La iglesia de Nuestra Señora de la Concepción se levantó en el núcleo primigenio, de ahí que sea el “aula” de punto de partida en Tenerife, con el estudio del territorio insular tinerfeño con sus menceyatos guanches, su herencia en los primeros beneficios eclesiásticos y la fundación de la primera capital hispana de la isla, mientras la segunda parte de la explicación es puramente arquitectónica, usando los recursos de aprendizaje que contiene el templo lagunero, como resultado de un largo proceso constructivo que contiene elementos góticos, renacentistas, barrocos, tardogóticos, neoclásicos, etc., también útil para detenernos y profundizar en las carpinterías de raigambre mudéjar con policromía, además de su cubierta de estilo portugués, no faltando las bóvedas de terceletes de tradición gótica. Desde este punto de la Villa de Arriba se continúa con el estudio del resto de la ciudad, tomando la Plaza del Adelantado como centro explicativo del primer ensanche de la ciudad con el análisis de los espacios públicos, especialmente la propia plaza, la de Los Remedios y los vinculados a los conventos masculinos. La Laguna completa el panorama canario con su arquitectura doméstica y sus ejemplos como la Casa del Corregidor (siglo XVI) o las particulares y diferentes características de las viviendas de clase alta de los siglos XVII (tradición clasicista) y XVIII (elementos barrocos), con especial atención a las dos notables casas con fachada de piedra y repertorio erudito (Los “palacios” Nava y Episcopal). El monacato femenino conserva tres edificios en Canarias, de los que dos están en esta ciudad de los adelantados, de ahí que las Catalinas y las Claras sean imprescindibles para explicar estos peculiares inmuebles. La antigua Casa Lercaro es otra de las “aulas” de la Escuela en La Laguna,


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ya que es el lugar de explicación de una vivienda de la aristocracia lagunera del siglo XVI, que como una de las sedes del Museo de Historia y Antropología de Tenerife ofrece un itinerario histórico de la isla. La Catedral, convento de San Agustín (actual Instituto Canarias Cabrera Pinto) y el Teatro Leal suelen completar la visita. En ocasiones se realiza un recorrido breve por el centro histórico de Santa Cruz, vertebrado por las plazas de la Iglesia, Candelaria (único “triunfo” barroco de Canarias), San Francisco y del Príncipe, que puede incluir el TEA (Tenerife Espacio de las Artes). Este programa que se ha mantenido durante varias décadas en las asignaturas de teoría e historia de carácter general, adquiere otros niveles de detalle en las distintas optativas de nuestra responsabilidad que se han sucedido en diferentes planes de estudio. En esos programas se ofrecen encuentros directos con los arquitectos y sus intervenciones en el patrimonio histórico, desde yacimientos arqueológicos prehispánicos hasta edificios de Miguel Martín, a lo que hay que sumar los artistas plásticos en las propias exposiciones (José Dámaso, Lola Massieu, Ángel Sánchez, Cristóbal Guerra, etc.) o sus obras integradas en la arquitectura y los espacios urbanos, visitas a museos, edificios concretos, etc., facilitado por ser grupos pequeños. Características que se hacen extensibles a las asignaturas de los antiguos cursos de doctorado en el departamento de Arte, Ciudad y Territorio, además de los másteres de Turismo y Arquitectura. Como excepción y gracias a los apoyos de la Delegación Provincial de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife y del Cabildo de Gran Canaria, que costearon pasajes, transporte y alojamiento, en 1980 se pudo visitar Tenerife durante varios días y la isla de La Palma. Para finalizar, resaltar que algunas de las visitas han sido muy especiales, tales como las explicaciones in situ que nos han realizado distintos expertos y destacados arquitectos: la Cueva Pintada por Celso Martín de Guzmán en el propio yacimiento, el completo recorrido que nos brindó Salvador Fábregas en la catedral de Santa Ana, el monasterio lagunero de las monjas de clausura de Santa Clara por Fernando Beautell, José Miguel Márquez Zárate con los

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registros teóricos y técnicos de la catedral de los Remedios, etc. Un agradecimiento para todos los que han colaborado y a las instituciones que durante cuarenta años nos han ofrecido sus espacios como aulas, ampliando los límites de la Escuela a todo Canarias, facilitando que la arquitectura isleña, insertada en la ciudad histórica, su territorio, y vinculando los aspectos artísticos y culturales, sea además un recurso didáctico, de aprendizaje para los estudiantes de Arquitectura, con la aportación de contextos, permitiendo una lectura más integral y completa del patrimonio edificado con sus espacios.

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Icod de los Vinos, Tenerife, 1980.

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Juncalillo de Gรกldar, Gran Canaria, 2017.

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1.-El “fuera de campo”

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Como señala Lisa Pelizzon (1), hablando sobre la fotografía, “El fuera de campo es parte de la misma realidad que ha quedado enmarcada en la foto, pero su importancia a veces se olvida.”. Esta afirmación, como ella misma señala es generalizable y constatablemente generalizada en las artes plásticas y aún en la literatura y el pensamiento escrito. Siguiendo a Philippe Dubois (2) a propósito de la naturaleza de ese “fuera de campo”, ésta se revela como una estrategia o una técnica discursiva, pues, “el espacio fotográfico es entonces el resultado de una selección, de un corte que el fotógrafo opera sobre la realidad.” Este corte, más que segmentar una imagen, hace que ésta haga alusión a algo que está fuera de ella, a un componente de la realidad que permanece convencionalmente oculto, invisible, pero que completa al aspecto visible de la realidad representada.

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Esa realidad que desde los medios de comunicación tanto especializados como de masas, se viene reduciendo en su presentación a la reproducción de unos estereotipos que van desde la mera repetición de los mecanismos de las estrategias inmobiliarias de masas o vinculadas a una espectacularidad cada vez más insostenible y vacía, por una parte, y por otra a la endeblez de pretendidas alternativas supuestamente colaborativas y/o participativas, que buscando más bien puras opciones ocupacionales en el precario panorama extendido en la profesión, en

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Esta metáfora, en su generalización, representa fielmente la operación que proponemos desde la arquitectura, en la opción del trabajo docente e investigador que realizamos en LP_ AEC, (3) en la Escuela de Arquitectura de Las Palmas, pues consideramos que la actividad universitaria de la arquitectura, tanto en su experimentación docente como en su trabajo de investigación, debe estar atenta a las situaciones de máxima tensión intelectual en el desarrollo de la práctica de la disciplina en la realidad contemporánea, más allá de las evidencias e inercias convencionales simplemente repetitivas de las formas y concepciones de la praxis al uso. Se trata de mirar oblicuamente para entrar en escorzos no inmediatos de la realidad.


Paisaje con ciudad al fondo y anti-monumento (casi fuera de campo) Foto: Juan RamĂ­rez Guedes

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realidad son funcionales al sistema como falsa salida consoladora, centrada más en prácticas sociales o directamente políticas que no ponen el foco en la problemática interna de la arquitectura. Ambas posiciones aparentemente antagónicas pero complementarias en el seno de un sistema, ambos impostores como el éxito y el fracaso, por parafrasear a Kipling en “If”, ocultan y desenfocan una aproximación a nuevas visiones desde el interior de la específica disciplina de la arquitectura contemporánea y su objetivo fundamental: la construcción del espacio habitable.

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Por ello en esa estrategia de “fuera de campo” intentamos abordar en una visión periférica, como en los límites del campo visual convencional, diferentes realidades y espacios de trabajo, complejos y abiertos que reúnen un potencial de máxima tensión intelectual y plástica como escenarios de investigación de algunas de las problemáticas de la arquitectura, la ciudad y el paisaje, del espacio material y visual en definitiva, que no aparecen habitualmente en el foco del interés convencional, aunque implícitamente están latentes ahí, “fuera de campo”.

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El estudio y el proyecto de la ciudad construida, frecuentemente se vincula a la idea y al realidad de la ciudad histórica o al menos a la ciudad tradicionalmente producida y edificada. Desde finales de los años 60 del pasado siglo, con un punto de inflexión en la publicación de La arquitectura de la ciudad de Aldo Rossi (4), la problemática del proyecto de la forma urbis y de sus elementos arquitectónicos, recuperando cierta visión clásica, se centra en la constitución de las tipologías decantadas, las morfologías urbanas por ellas determinadas y su relación con los elementos singulares o monumentos. Se establece, o más bien se repropone, de este modo una visión formalizada, es decir centrada en la “formalidad”, (más allá de la forma) como visión canónica que privilegia un espacio simbólico jerarquizado y estable, codificado e inamovible, una visión que afecta incluso a situaciones adscritas a la tradición del Movimiento Moderno (a pesar de su supuesta y convencionalmente aceptada ruptura con la historia), como son los dos

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2. Espacio informal


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únicos casos de ciudades modernas realmente existentes, Brasila y Chandigarh.

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Contemporáneamente y a pesar de las sucesivas opciones lingüísticas de la arquitectura desde el tardomoderno al posmodernismo, minimalismo, la moda del parametricismo (y el fetichismo de la herramienta informática huyendo de la complejidad del proyecto), etc., hasta la actual y banal dispersión acrítica y su hiperdifusión mediática, a pesar de todos los fuegos de artificio, este sistema de codificación espacial urbana basada en la “formalidad” canónica, sigue presente como visión hegemónica, definiendo el campo de interés del discurso arquitectónico contemporáneo y su producción material. Frente a esa realidad, operando “fuera de campo” vemos como un segmento mayoritario del espacio realmente existente, el espacio periférico no sólo habitativo, sino además el del mundo del trabajo, el espacio maquínico e industrial como el que retrata Sironi (5) , el espacio de las infraestructuras, los intersticios y espacios residuales y/o indefinidos, coexiste estrechamente vinculado a ese otro espacio canónico. Es justamente este tipo de espacio, el “espacio informal”, el que carece de codificación jerárquica, el espacio sin formalidad, el que constituye paradójicamente la sede de la mayor representación de las tensiones formales en acción en la ciudad, la mayor inestabilidad y dinamismo que aportan otra dimensión poética y plástica al espacio y el paisaje urbanos, y que recibe en su materialidad las mayores confrontaciones entre lo viejo y lo nuevo, entre lo local y lo universal, entre lo natural y lo artificial, encarnando así la termporalidad urbana como un proceso abierto, entrópico y vivo. Como documenta entre otros Gabriele Basílico (6) en su fotografía. En nuestra investigación hemos abordado como “Proyecto en la Intersección” (7) un seminario de Proyecto Fin de Carrera que desarrolla intervenciones arquitectónicas en las áreas de “espacio informal” de la ciudad de Venecia, buscando con esa intersección la directa confrontación entre las estrategias de proyecto sobre los segmentos informales y el entorno hiperformalizado y monumental de esa ciudad paradigmática y también sometida a importantes procesos de cambio y deterioro. La intersección de la entropía y la memoria.

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Venecia informal. PFC de Borja GarcĂ­a Socorro


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3. Paisaje no-canónico

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En su pequeño opúsculo que parafrasea al libro de Roland Barthes del mismo título, Joan Fontcuberta (8) escribe: “Esos elementos de desecho constituyen los restos arqueológicos de una vida que espontáneamente se ha generado en el paisaje, una actividad a la vez pública y privada que ha encontrado en esos espacios vacíos y abiertos, el terrain vague, su escenario natural. No se trata de una documentación del aspecto superficial de las cosas, de sus apariencias externas, sino de provocar la intersección entre dos etapas, el antes y el después, aquello todavía fundacional con aquello ya inútil, la exuberancia de la vitalidad urbana con la melancolía de los vestigios más humildes”. El espacio informal de las periferias urbanas y aún más, de los descampados, áreas erosionadas, espacios militares, de ruinas industriales o lugares estragados por la naturaleza o la acción humana, genera un paisaje no-canónico en las antípodas de una idea de paisaje arraigada burocráticamente. Mientras que este paisaje institucionalizado, bucólicamente concebido muchas veces más como una especie de decoración a escala geográfica, la noción de paisaje no-canónico, emerge de una visión casi forense del territorio informal, del espacio “en bruto” abordado como sustrato vivo de la acción humana a través del tiempo. El paisaje del espacio informal. En el espacio de la península la Isleta en Las Palmas de Gran Canaria, tanto en su lado oeste, el Confital, como en la vertiente oriental de la península encontramos un territorio que, con diferentes características, se aparece como paisaje no-canónico. Por una parte el “arqueopaisaje” del Confital y Las Salinas, caracterizado por la presencia de vestigios militares (bunkers, etc.) junto a restos de estructuras que fueron sede de actividades productivas, y por otra parte en el sector del Cebadal-cantera Roque Ceniciento , en el arco norte-noreste de la Isleta, con la aglomeración de estructuras y elementos industriales de diferentes épocas, constituyen dos ámbitos espaciales soportados por la presencia de la potente geología

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Paisaje con restos. Roque Ceniciento. Foto: Juan RamĂ­rez Guedes


Paisaje Anรกlogo. Roma 20-25.

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volcánica, que en sus diferentes grados de transformación y sus vibraciones formales caracterizan una forma de paisaje contemporaneo antropizado y “entropizado” como tema de proyecto. En el libro “Ciudad, paisaje e imaginación” (9) se detallan las operaciones de proyecto realizadas sobre La Isleta en nuestro seminario de PFC, en una metodología que confronta complejidad y abstracción, como estrategia de intensificación de las formas y procesos inmanentes en el lugar.

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Robert Smithson en su tour por los monumentos de Passaic (11) New Jersey, en su recorrido por la periferia posindustrial de dicha ciudad, y atravesando un territorio que responde con claridad a la idea de espacio informal y paisaje no-canónico, realiza una descripción tensa de los diferentes elementos materiales que encuentra ubicados y en diferentes casos abandonados

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4. Anti-monumento

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La estrategia de proyecto se concibe como un “paisaje análogo” en función de su génesis apoyada en una triple analogía: en primer lugar su analogía con la arqueoestructura morfológica y funcional del área, enraizándose en un territorio alterado ya desde la antigüedad clásica; en segundo lugar, como apuesta metodológica, la analogía con las hipótesis del modelo teórico desurbanista y su experiencia histórica; y en tercer lugar la analogía, en el plano simbólico, con el arquetipo de lo natural y su proximidad icónica a la figura del “Árbol de la vida” de Gustav Klimt.

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También en el proyecto “Paisaje Análogo” (10) trabajando sobre la periferia metropolitana de Roma, Italia, se propone la articulación de un paisaje no-canónico, mediante la construcción de un sistema formal basado en la actividad productiva recuperando mediante su tecnificación la agricultura tradicional del área, basada en el olivo, como parque tecnoagrario.


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en un terreno agreste y erosionado. En su aproximación, esos elementos anónimos, restos y residuos de antiguas actividades, o no tan antiguas pero ya obsoletas, junto a otros artefactos y estructuras infraestructurales, como un puente, etc, constituyen los “monumentos” que testimonian el carácter dinámico, temporal de ese espacio, ese paisaje, evidenciando los procesos entrópicos irreversibles del espacio contemporáneo. La operación simthsoniana en Passaic se verifica apoyándose en la construcción de imágenes fotográficas de los “monumentos” que en esa transfiguración al papel en blanco en negro sufren una suerte de deconstrucción óptica que pretendidamente les despoja de cualquier contenido iconicidad que pudieran conservar, hasta el extremo que la intelectualización que esa práctica artística produce, hace oscilar entre realidad y representación la enigmática naturaleza de los objetos que Smithson propone y que sin embargo finalmente de otro modo son estetizados. Dando por nuestra parte, modestamente, un paso más allá de esa estetización del “monumento” proponemos otra categoría cuya pretensión es ofrecerse como operativa, es decir no sólo como categoría analítica sino también como categoría proyectual: “Un monumento se refiere siempre a un hecho concreto del pasado o un momento histórico lejano que se recuerda en el presente. Se trata de situaciones o historias ocurridas, que son trascendentes para la sociedad actual, y que se materializan en nuestra realidad diaria a través del monumento, ayudándonos a entender el presente a través de la búsqueda de sus raíces. El anti-monumento, en cambio, se refiere a estructuras abandonadas, obsoletas, en desuso y descomposición, en las que su función ha quedado parada en el tiempo de forma abrupta. Se generan así lugares de incertidumbre y, al mismo tiempo, de oportunidad, dejando abierto el debate y la reflexión sobre sus posibles futuros. Estos espacios no son considerados ya como contenedores de las historias del pasado sino como precursores de nuevos acontecimientos.” (12) Si el monumento conmemora el pasado el anti-monumento hace “recordar” el futuro. Es proyecto.

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Anti-monumento ausente. Torreón del agua desaparecido. Isleta. Fotografía aérea. Fecha imprecisa.


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Notas: (1) Pelizzon, Lisa. (2017). Más allá de la foto. El fuera de Campo como estrategia narrativa. Le Miau Noir. (2) Dubois, Philippe. (2008). El acto fotográfico y otros ensayos. La Marca. Buenos Aires.

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(3) LP_AEC. Laboratorio de Proyectos Arquitectura y Espacio Contemporáneo. http://lpaec. blogspot.com.es/ (4) Rosssi, Aldo. (1979). La arquitectura de la ciudad. Gustavo Gili. Barcelona. (5) Mario Sironi. (1990). Il mito dell’architettura. Catálogo de la exposición. Mazotta. Milano. (6) Basilico, Gabriele. (2017). Entropía y espacio urbano. Catálogo de la exposición. Fundación ICO. La Fábrica. Madrid. (7) “Proyecto en la Intersección”. Seminario de Proyecto Fin de Carrera. http://lpaec. blogspot.com.es/2017/05/proyecto-en-la-interseccion-venecia.html 2016, 2017 y 2018. (8) Fontcuberta, Joan. (1997). El imperio de los signos. Mestizo A.C. Murcia. (9) Ramírez Guedes, Juan. (2016). Vibraciones entre la ciudad y el paisaje. En AA.VV. Ciudad, Paisaje e imaginación. LP_AEC. Las Palmas de Gran Canaria. (10) “Paisaje Análogo. Parque productivo. Parque tecnoagrario”. Proyecto para la periferia metropolitana de Roma. Grupo de proyecto Dirigido por Juan Ramírez Guedes y Elisenda

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Monzón Peñate. Presentado dentro del espacio de la ULPGC en la exposición de proyectos de 24 universidades internacionales Roma 20-25 New Life Cycles for the Metrópolis, en el MAXXI Museo Nazionale delle Arti nel XXI secolo, en Roma. Catálogo Roma 20.-25, Quodlibet, Roma, 2015. También publicado en Proyecto Momentum 2015. (11) Smithson, Robert. (2006). Un recorrido por los monumentos de Passaic, (A tour of the Monuments of Passaic, New Jersey. 1967). Edición española de Gustavo Gili. Barcelona.

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(12) Lacruz Alvira, Elena y Ramírez Guedes, Juan. (2017). Anti-monumentos. Recordando el futuro a través de los lugares abandonados. / Anti-Monuments. Remembering futures through abandoned places. RITA. Revista Indexada de Textos Académicos. Véase tambien: Lacruz Alvira, Elena y Ramírez Guedes, Juan. (2017). «The Anti-monument. The Deconstruction of Time and Memory in New Ruins and Abandoned Places» en AA.VV. Projecting Memory. IRF Press. Interdisciplinary Research Foundation. Warsaw. Poland.

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Nuestra Escuela de Arquitectura celebra sus cincuenta cumpleaños y nos hace su particular convite. Aprovecho esta invitación para analizar una forma cualquiera, aunque una muy importante para nosotros como es la tierra. En esta ocasión escojo una porción de tierra representativa de la propia Escuela de Arquitectura como puede ser una Isla. Los arquitectos, cuando vemos una spline, tratamos de buscar la línea poligonal, el arco, la parábola o el hiperboloide…buscamos una forma geométrica que podamos comprender y plasmar. Este ejercicio y opinión no tiene ninguna base científica, pero pretende exponer que los arquitectos tenemos una visión amplia de la forma. Estamos preparados para geometrizar una forma, en este caso amorfa como lo es la tierra. La Escuela de Arquitectura de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, en este cincuenta cumpleaños, debe tener todavía más amplitud de miras. No se debe ceñir a coordinar el aprendizaje de la Arquitectura, debe ser de Arquitectura, de Urbanismo, de Construcción, de Instalaciones, de Diseño, de Artes o de Performance… Debe crear, analizar, proyectar una forma desde la gestión inicial hasta el producto final. Y también debe opinar y escribir acerca de la forma.

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Un experimentado maestro me cuenta que el arquitecto, en término genérico, es un “maestro liendre; que de todo sabe y de nada entiende”. Unos más y otros menos, pero todos los arquitectos somos capaces de concebir una idea, de proyectarla y de hablar de ella con mayor o menor convicción. Enfrente, los físicos, aunque hablan menos, tienen mayor certeza en su argumento. En una Escuela de Arquitectura trasciende la imagen de que aprendemos a transformar la idea inicial (el croquis) en una forma (el edificio). Realmente se aprende arquitectura, urbanismo, construcción, estructuras, instalaciones, dibujo, arte, historia y muchas cosas más… pero en conjunto esbozamos un espacio, diseñamos una envolvente material que conforma ese espacio, proyectamos una forma. Esta forma puede ser un edificio, una ciudad, un mueble o bisutería… En nuestra opinión, en la actualidad, una Escuela de Arquitectura debe ser mucho más que el proyecto y obra de edificación.


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La geomorfología estudia la forma de la tierra (del griego [gueos] `Tierra´, [morfé] `forma´ y [logos] `estudio´). Los geólogos estudian la tierra, en profundidad y los geógrafos también la estudian y están especialmente indicados para grafiarla, pero esta ciencia tiene vinculaciones con muchos otros campos de estudio. Los arquitectos estudiamos la forma; por tanto, también la forma de la tierra. También los antropólogos, los filósofos y otros investigadores la analizan, lo cual no aporta sino más saber sobre el lugar donde vivimos. Los arquitectos analizamos la porción de terreno que supone el solar donde vamos a construir un edificio, el área en la cual proyectar una urbanización o la región donde analizar una ciudad o un territorio más amplio (Rosenberg, M.). Gran Canaria es una parte concreta del planeta tierra y su forma conlleva a la organización vital de sus pueblos. Desde que los hombres habitamos esta Isla, nos hemos movido por sus laderas, nos hemos guiado por sus cumbres y hondonadas, incluso hemos venerado su paisaje. La sacralización de las montañas y paisajes de Gran Canaria, a través del terreno y las cuevas, fue concebida por muchos hombres y mujeres, desde antaño hasta la actualidad. Un pueblo de profundas raíces que estaban arraigadas desde antes de la Conquista, en el suelo y subsuelo de estas laderas volcánicas y que también los actuales canarios que sentimos esta tierra seguimos venerando en nuestros pateos, carreras y paseos por la Cumbre y Costa. Este escrito sólo pretende hablar de Gran Canaria como forma geométrica y su relación con la entidad territorial y etnográfica. Esta Isla y su forma geométrica hace que los humanos la hallamos habitado de determinada manera. En concreto, “IslaDentro” es un territorio único y diferenciado dentro de Gran Canaria. Quizá, su forma pudo hacer que su población fuera distinta. Barranco Hondo se trata como entidad singular, a la vez que como parte del conjunto de las cumbres noroccidentales de Gran Canaria. A partir del texto, imágenes y gráficos, se puede conocer un poco más aspectos geomorfológicos y territoriales; etnográficos y de conducta de sus habitantes; así como otros que han condicionado la realidad paisajística actual de Barranco Hondo, como territorio ambiental de Risco Caído.

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Gran Canaria En el hemisferio norte del Océano Atlántico y desligadas completamente de los continentes africano, americano y europeo se sitúan los archipiélagos macaronésicos. Sin embargo, esta localización las sitúa en una posición estratégica mundial, relacionando estos tres continentes claves en el desarrollo global actual. Desde un punto de vista geométrico y mirando la esfera del planeta desde aquí, también podemos afirmar estar en el centro del mundo.

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Geomorfológicamente, a Gran Canaria la podemos esquematizar como un cono de 2.000 metros de altura y 50 kilómetros de diámetro de base, erosionado por el tiempo. Es conocido

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A diferencia de unas islas alargadas con diferentes fisuras volcánicas alineadas, algunas de ellas surgen en torno a un punto volcánico muy claro, resultando una isla circular o cerrada. El Ejemplo de Corvo es representativo por el hecho de ser una isla pequeña y de constitución reciente, con poca erosión. Otros ejemplos de islas de planta eminentemente circular, aunque más erosionadas y transformadas son La Gomera, Terceira, Fogo o Brava. De este grupo de las circulares, Gran Canaria, como isla que emerge del Océano, supone el ejemplo grande y viejo. Además, este caso singular ha constatado más que ninguna otra, durante largos siglos una mayor población y cultura humana ligada a sus montañas (Taira, J., Pescador, F. y Mirallave V.).

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Estas islas macaronésicas de claro origen volcánico y desvinculadas durante largos siglos de cualquier otra cultura, muestran unas características únicas y excepcionales. Se encuentran agrupadas en diferentes archipiélagos, dentro de cada uno de los cuales, las distancias son asumibles en conexiones actuales. Se trata de islas que fueron constituidas en edades geológicas muy dispares, lo que hace que la geomorfología actual de cada una de ellas sea diferente. Sin embargo y en términos generales, podemos definirlas como territorios insulares de altitud en relación a su superficie y aireadas por los vientos atlánticos que refrescan y humidifican el ambiente para hacerlas muy habitables (Mitchell-Thomé, R.).


Proceso geomorfolรณgico de Gran Canaria

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que la conformación geológica de la Isla fue en diferentes fases y de manera violenta y catastrófica a lo largo de muchos millones de años. Además, la erosión hidrológica, marina, eólica y humana ha participado en la esteorotomización de esta “roca” en el Océano. Abstrayéndonos de las diferentes grandes erupciones que dejan distintos minerales, así como de las erupciones más recientes que han quedado reflejadas en múltiples conos y cráteres volcánicos pequeños y dispersos, Gran Canaria tiene una forma geométrica cónica.

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Barranco Hondo nace en las laderas norte del Pico de Los Moriscos, cerca del centro geométrico de la Isla. Fluye linealmente en dirección Noroeste hasta que topa frontalmente contra Tamadaba y lo obliga a girar a la derecha, recogiendo aguas también de los barrancos

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Desde el Pico de Las Nieves, la Cuenca de Tejeda marca la hendidura principal geomorfológica de la Isla desaguando hacia el Oeste, por el Valle de La Aldea. La Cuenca de Tirajana también marca otro cono invertido destacado, dirigiendo sus aguas hacia el Sur. El largo Barranco de Guiniguada nace en el mismo borde del punto más alto de Gran Canaria y la erosión hidrológica lo desarrolla en dirección Noreste. Asimismo, el Barranco Guayadeque se conforma discurriendo hacia el Sureste, dejando una profunda y marcada garganta. De distinta manera, el Barranco de Arguineguín procede de las aguas de un amplio valle donde los hombres han construido las más grandes presas de la Isla. Más singular es el caso de Barranco Hondo que, tras iniciarse también en la Cumbre, su proceso erosivo tropieza con el Macizo de Tamadaba y lo hace interrumpir su desarrollo lineal directo.

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La erosión sobre esta isla cónica ha dejado múltiples rasgaduras y rugosidades. Destacamos entre todas las hendiduras a cuatro barrancos principales en las direcciones desde el centro geométrico hacia el Nordeste, Sureste, Suroeste y Noroeste, así como de dos grandes cuencas circulares, denominadas calderas. Los barrancos de Guiniguada, de Guayadeque, de Arguineguín y de Barranco Hondo, además de las cuencas de Tejeda y de Tirajana son cuencas de agua muy importantes, que marcan la geometría de la Isla de Gran Canaria.


Geomorfología de Gran Canaria: “…dos cuencas y cuatro barrancos principales; uno de ellos interrumpidos por un gran macizo.”

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del Artenara (Bco. de Lugarejo, de Coruña y de Las Hoyas) y de los de Fagajesto (Bco. Seco y del Sao). A partir de este punto de inflexión, se le denomina Barranco de Agaete y bordea el citado macizo basáltico hasta desembocar en Puerto de Las Nieves. La dureza y nula desgastabilidad que tiene Tamadaba muestra su reflejo, entre otros aspectos, en el arco convexo de la costa noroeste de Gran Canaria. Exceptuando los volcanes de La Isleta, la Isla no es redonda por la ínfima erosión que ha tenido esta parte del terreno del Noroeste de la Isla. El arco convexo que se observa en la línea costera de esta vertiente de poniente es derivado de la potencia del Macizo de Tamadaba. Desde el punto de vista geomorfológico, Tamadaba es importante y por esta razón, también lo es desde el punto de vista sociológico. Barranco Hondo y sus laderas de aguas vertientes no se conciben sin la visión constante de este Pinar. Este importante barranco está enladerado al norte de la isla, en lo que se constituye como la vertiente húmeda de Gran Canaria. Recibe los vientos alisios en forma de niebla mojada. La mayor altura de Tamadaba lo protege de los duros vientos directos, a la vez que tamiza la bruma, la cual va deslizándose ladera arriba desde Montaña Alta y Caideros. Por tanto, el territorio juncalillense se establece al norte, en una altitud entre 850 y 1.600 metros y con una protección de vientos constantes y directos. Este hecho singular lo lleva a recibir lluvias ocasionales en seis meses del año y brumas en una gran proporción del año completo. Existe una evidente mayor humedad, en comparación a la vertiente sur de la Isla. También existe una ligera mayor protección a vientos y salinidad, en comparación a las otras vertientes norte (Cabildo de Gran Canaria, 2017). Isladentro Incluso desde antes de la Conquista de Canarias (s. XV), el límite que marcaba la frontera social fundamental era el territorio costero. Desde el mar venían las relaciones y los peligros. La costa podía suponer una fuente de recursos (sal, moluscos, pescado…) y además, la comunicación con el exterior, que podría incluir relaciones comerciales o sociales. También se

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temía por el peligro que podía traer (saqueo, esclavismo, guerra…). Las poblaciones más numerosas se han concentrado en zonas costeras, tanto desde antes de la Conquista (Gáldar o Telde), como después de ella (Las Palmas de Gran Canaria o Playa del Inglés). Esto da razón de que siempre han sido más los beneficios que los perjuicios que podrían venir desde el Océano. Sin embargo, una cierta parte de la población siempre ha encontrado su sustento en el interior de la Isla. No cabe duda de que en “isla adentro”, se encuentran otros recursos distintos y además se tenía un mayor refugio ante las intrusiones.

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Realmente, la relación con Artenara, que tuvo Iglesia y Cementerio antes que Juncalillo fue mayor. Fundamentalmente, la relación estuvo por una parte con el pago de Acusa, que era la gran mesa agrícola de cereales de esta Comarca. También estuvo con el casco de Artenara, a través de los hábitos de oración (misas, funerales, procesiones…) y de fiesta. Además, muchos pobladores de Barranco Hondo tenían propiedades en ambas laderas de solana y secano o en las

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Sociológicamente, la Cuenca de Tejeda con el borde norte poblado que supone Artenara y sus barrios, también ha funcionado de manera unitaria junto con Barranco Hondo. La cercanía de Barranco Hondo con las poblaciones de Artenara, incluso con Tejeda ha hecho que tradicionalmente su población se haya relacionado más con estas cabeceras municipales y sus pedanías, que con la propia Gáldar a la que pertenece oficialmente. Cuando los juncalillenses bajaban a la Costa (incluso cuando bajaban por debajo de Fagajesto o Caideros) era por la necesidad de ir al Registro Civil en Guía (a inscribir nacimientos o defunciones) y ocasionalmente a Gáldar (bautizos en la Iglesia de Santiago de los Caballeros). Ocasionalmente, también se relacionaban con Fontanales, a través del hábito del pastoreo y sus tránsitos; o incluso con Agaete, cuando venían gentes de costa a vender pescado salado o los mismos pobladores de Barranco Hondo bajaban al Hornillo y el Sao a moler y tostar los cereales.


Barranco Hondo, con Risco CaĂ­do y poblaciĂłn troglodita, desde el Macizo de Tamadaba

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lomas contiguas. Esto conllevaba a relaciones familiares (matrimonios) de uno y otro lugar; en concreto con los barrios artenarenses de Lugarejos, Las Cuevas, Las Arbejas y Las Peñas tienen bastante consanguinidad con los barrios galdenses de Juncalillo, El Tablado, El Retamal, La Poza o Palominillo. Los tejedenses también venían a Acusa a la misma circunstancia y esto suponía una relación e intercambio social lógico. La madera y el carbón del borde sur de la Cuenca de Tejeda (Pinares de Ojeda, Pajonales o Inagua) eran apreciados en toda esta comarca. También eran intercambiados los frutos que maduraban antes en Tejeda que en Barranco Hondo debido al mayor soleamiento y calor del primer pago. Este adelantamiento suponía la compraventa de productos hortofrutícolas en un sentido y viceversa, en una temporada posterior porque en el frescor de Barraco Hondo hacía durar más a la fruta. C

La conformación geomorfológica de este territorio que denominamos “IslaDentro” ha sido clave para entender la sociología de estos pueblos de interior. Los lugareños de esta comarca no han tenido necesidad de comunicarse con vecinos del resto de la Isla, de igual manera que el resto. Solamente cuando ha llegado el coche las distancias se han hecho cortas (Santana, R. y AAVV).

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Barranco Hondo se sitúa en el borde norte de la cuenca volcánica de Tejeda. Su terreno y su cultura se asemeja a espuma que se derrama del cuenco, a través de las degolladas de Artenara y Acusa. Por tanto, forma parte del mismo paisaje geomorfológico, a la vez que ha concentrado

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Barranco Hondo

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Por su situación central, Artenara fue centro geográfico de este territorio interior de la Isla, pero Barranco Hondo fue la que concentró una gran población. Principalmente, en torno al siglo XIX, los datos de población constatan la numerosa población de Barranco Hondo, en comparación a otras poblaciones. En concreto fue la segunda población del municipio de Gáldar (tras la cabecera municipal).


Sección longitudinal de solana de Barranco Hondo, con la importante concentración de hábitats desde hace muchísimas centurias.

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la más cuantiosa población troglodita del lugar durante siglos. La circunstancia de enladerarse al norte, a los vientos alisios húmedos y al soleamiento necesario para la vida, junto con las condiciones agropecuarias del terreno han hecho de este enclave un lugar muy productivo, en este entorno montañoso, desde el punto de vista histórico, social y etnográfico. El marco global del territorio de producción y vida lo constituye el conjunto del terreno de aguas vertientes del barranco hondo y las dos lomadas, izquierda y derecha, de la parte baja que constituyen planicies de siembra de secano. Este territorio de análisis que abarca ambas laderas y los lomos inferiores supone unos 11 kilómetros cuadrados y 17 kilómetros de perímetro, es lo que entendemos como el lugar por donde vivían los pobladores y donde se enmarcaba su cultura local ancestral.

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Funcionalmente, Barranco Hondo se estructura en diferentes ambientes. En las cabeceras del

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Cuando estás en cualquier lugar de Barranco Hondo siempre está presenta el macizo de Tamadaba. Este hecho es excepcional en Gran Canaria. Al ser geométricamente un cono, desde cualquier punto del territorio se ve el mar (subiendo a una ladera cercana o a otra…). Pero en Barranco Hondo no es así. El Pinar se hace presente porque interrumpe la visión del mar. Casi todo el barranco se abre como un hemiciclo natural hacia la visión del Pico de La Bandera, como vértice de altitud de Tamadaba. Además, tienes presente la ladera opuesta del Barranco. La mayor parte de los pobladores se encuentran en la Solana y lo que observan son laderasinclinadas con mucho retamal, morretes sobresalientes y cadenas agrícolas dispersas y agrupadas. Cuando estás en la Umbría, destaca la ladera soleada completamente llena de cadenas agrícolas, contenidas por muros de piedra seca. Grandes árboles centenarios (castaños, nogales, higueras…) acompañan estos muros y caminos. A modo de manchas dispersas y verdes se reparten huertos frutícolas (ciruelos, cítricos, perales…). También y repartidos en todo el barranco, destacan los solapones bajo los cuales se cobijan las cuevas y casas-cueva. En el centro geométrico del Barranco destaca la edificación de la Iglesia de Juncalillo y los cipreses del Cementerio.


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barranco predominan el terreno poroso, en multitud de lenguas características negrorugosas. Todas las laderas superiores de los barrancos de Caballero, Culatón, Madrelagua o Fuentebruma, que desaguan sobre Barranco Hondo, son de volcánico picón (lapilli). Esta roca basáltica vacuolar, con una muy baja densidad tiene una alta concentración de porosidad accesible (poros abiertos); que son ideales para absorber vapor de agua. En la parte alta del barranco, a veces se encuentra en forma un depósito compacto (toba) o suelto en talud formando características lenguas negras. En muchas islas volcánicas del planeta (Madeira, Hawai, Canarias, Sicilia, Azores, islas griegas, Malvinas o Cabo Verde) aprovechan esta roca porosa en su estructura agrícola. Lanzarote y el paisaje de La Geria representan una imagen peculiar. En el caso de Barranco Hondo, el conocimiento etnográfico tradicional del terreno ha sabido aprovechar la absorción natural del vapor de agua que arrastran, en forma de nubes, los vientos alisios del Atlántico. La bruma (o niebla o neblina) que da nombre a hitos paisajísticos en esta cumbre sacralizada) se acumula y densifica en esta altitud, tropezando con las pendientes del material basáltico vacuolar, que actúa como una esponja que absorbe lluvia horizontal durante muchos meses al año. La licuación en la toba hace que el agua descienda hasta los estratos impermeables, donde se acercan de nuevo a la superficie en las laderas del barranco. La existencia de numerosos manantiales naturales en esta latitud es un atributo singular, por el hecho del aprovechamiento de este recurso al horadar el suelo en localizaciones singulares, derivando y distribuyendo comunalmente el agua para la vida durante generaciones. Toponimias como Fuentecaballero, el Naciente del Culatón, la Vuelta del Agua, el Caidero, el Naciente de Valerón, el Charco de la Arena, Madrelagua, Fuentebruma… denotan puntos donde mana el agua. Algunos de ellos, en base a unas pequeñas horadaciones antropomórficas en el terreno adecuado. Con la disposición comunal, discurre hábilmente a través de minas, cantoneras, cauces, acequias, tanques o tanquetas, caideros, vaguadas, madres, canteros o surcos hasta el cultivo de regadío. La comunidad del lugar es parte intrínseca de estas galerías y de la

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distribución del agua. Desde que se recuerda en la memoria y los escritos han dejado registros, se comparte el usufructo del agua para el riego, con heredades de dulas, asadas, horas, días de riego que han quedado transmitidas/comerciadas entre generaciones. Todos los huertos quedan regados en este sistema de propiedad comunal del recurso hídrico.

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Los solapones y cuchillos basálticos destacan la sombra de la ladera sur. Bajo ellos se alinean las cuevas, como puertas y perforaciones rectangulares que se adentran en el risco. En zonas menos verticales, se hace más difícil ver el solapón, que aparece invadido por vegetación foránea pero útil. En estas zonas las construcciones de piedra y albañilería de bloques sobresalen de la cueva para convertirse en una casa mixta entre la excavación y la construcción. Los añadidos siempre son albeados con cal y los huecos cerrados con carpinterías de madera. Las techumbres y sobrecubiertas de cuevas son superficies onduladas e inclinadas de colores rojizos y térreos que evacúan el agua pluvial hasta el cercado correspondiente. Se constata una vez más el primordial aprovechamiento del agua como recurso del lugar. Sobre los solapones, desparramados en sentido horizontal se observan pitas, tasagastes, retamas y tuneras, que son arbustos y plantas de porte ancho y fuerte capaces de retener las piedras que puedan venir

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Si el recurso de extracción y curso del agua es primordial, lo que destaca sobremanera de la actuación antrópica es los grandes muros de contención de piedra seca. Los muros han sido ejecutados por los lugareños con piedras del sitio. La sorriba y terraplenado de la cadena agrícola deja al descubierto piedra de basalto de grandes dimensiones que se aprovechan para la contención del terreno. La extremada pendiente y la necesidad de tierra de cultivo refleja terrenos de cultivo con superficie inferior a la del propio muro de contención. Esto denota la duro de la vida y el valor del cultivo de subsistencia en esta Comarca (papas, millo, cebolla, ajos y de vegetales de autoconsumo). Los caminos de un metro a un metro y medio de ancho discurren por todos y cada uno de las cadenas agrícolas y lo hilvanan todo. Se puede observar como todos los caminos llegan a todos los lugares y los relacionan necesariamente (Santana, R. y AAVV)..


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rodando ladera abajo. El ámbito de Barranco Hondo concentró una importante población desde hace varios siglos que estuvo vinculada a este territorio, como ámbito de protección y dependencia. El censo municipal y otros escritos de diferentes épocas denotan que fue la más importante población troglodita de las cumbres de Gran Canaria. En el espacio intermedio de Barranco Hondo se agrupan vecindades de viviendas al resguardo de solapones. Generalmente, se concentran en la ladera norte, que supone la solana. Es un terreno donde vivir más soleado, seco y saludable. Las agrupaciones se dispersan desde las vertientes altas (cercanas a las cabeceras del barranco), hasta las medias y bajas. Encontramos congregaciones de cuevas alineadas (en número de cinco hasta veinte) bajo un enorme frente de basalto de alta densidad, que se le denomina el “cuchillo”, el “solapón”, el “frente”, el “cantil”… términos que dan muestra de la importancia de buscar refugio bajo su techo. Es un frente horizontal, o con poca inclinación, con un gran canto y fuerte resistencia mecánica, con un alto grado de impermeabilidad, bajo el cual otro estrato de tosca blanda ha quedado erosionada de manera natural a lo largo del tiempo geológico, o siendo tallada por el hombre con pocos medios mecánicos. Los habitantes del lugar han conformado bajo los solapones los espacios de hábitat y refugio. Junto a las vecindades, la vegetación se hace más profusa. Se trata de cultivos de huerto hortofrutícola para el autoconsumo. Hay árboles frutales donde destacan en mayor número los naranjos, limoneros y ciruelos. También se observan en menos cantidad los manzanos, perales y algún otro frutal que suele ser en cantidad de uno o dos, como máximo por vivienda. También se tiene en muchas de las unidades de casas-cueva un pequeño huerto con hortalizas de consumo propio. Se pueden observar calabaceras, cebollas, ajos, lechugas, calabacines, espinacas, batatas, tomates, pimenteros y otros alimentos, que junto con las papas y las gallinas y conejos son los propios de la ensalada, el potaje, la tortilla y la proteína puntual de la propia casa y para el compartir con los vecinos. A pequeña escala, cerca de la casa y en los terrenos más pequeños y con menor accesibilidad también existen otras plantas de consumo

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Imágenes características de Barranco Hondo, donde destacan las cadenas agrícolas y las casas-cueva


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También muy cerca de la casa, a veces justo en el Patio de entrada y otras, al frente del camino público de acceso o más hacia a alguno de los lados aparece un gran árbol de sombra de verano. Cuando es en el propio patio, suele ser una latada con una gran parra. Cuando es enfrente, puede ser una gran higuera o peral y cuando está un poco más alejado puede ser un castaño, nogal, almendro o, incluso un gran pino. No es una regla establecida, porque en cada conjunto de casas, se observan estas situaciones sin poder ratificar bien a quien pertenecen cada uno de estos árboles. Esto puede ser debido a la habitual compartición entre vecinos.

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particular, como son las plantas medicinales. Podemos comprobar que hay tomillo, yerbaluisa, romero, pimenteros, yerbahuerto, menta, poleo, manzanilla y otras plantas para consumo eventual, agua guisada o para condimento de comidas. Algunas de ellas son de secano y otras son de riego eventual.

El trogloditismo se pone de manifiesto fundamentalmente en estas viviendas, aunque realmente tan solo constituyen una parte del organigrama territorial. Este organigrama vital supone dormir en las cuevas y trabajar en las cadenas agrícolas, mientras el agua mana en los manantiales y surca la superficie a través de los cultivos. Las trabajadas cadenas agrícolas de las secciones próximas al cauce están realizadas sobre muros de mampostería pétrea de basalto de alta densidad. Existen muchas superficies agrícolas menores que la propia superficie del muro que la sostiene, lo que denota el trabajo energético que supuso la actividad primaria en esta latitud insularizada y volcánica, sin mucha agua ni terrenos planos. Las alturas de los muros pueden tener cuatro y seis metros, cuando muchos suelos horizontales agrícolas tienen incluso menor ancho. Sin embargo, estas tierras están regadas, soleadas y protegidas del viento en la parte baja y húmeda de la solana del barranco. En otra localización, a las laderas más alejadas del cauce o a las lomadas cercanas no llega el riego. Allí tampoco se precisan las superficies horizontales agropecuarias. Las tierras altas onduladas son para los cereales (centeno, cebada, trigo) y para las leguminosas (chícharos, lentejas, chochos, arvejas) y pasto de animales.

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Conclusión

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Al final, este texto sobre nuestra Escuela de Arquitectura nos ha llevado incluso a antes que a la “cabaña”, nos ha llevado a la “cueva”. Una Escuela de Arquitectura es ante todo “Escuela”. Es necesario que sea de Arquitectura, pero también puede serlo de Diseño, de Arte, de Edificación, de Ciudad y de Territorio… Las poblaciones habitan el territorio y cuando éste deja de ser útil para este menester, que es vivir, suelen deshabitarse. Esto es lo que le está sucediendo a Barranco Hondo; que se está deshabitando. Conocer la idiosincrasia de su territorio y de sus gentes puede ayudar, entre otras cosas, a rehabilitarlo. Las comunicaciones por carretera lo han dejado descolgado y la economía agropecuaria de pequeña escala no puede competir en este mundo actual. Sin duda, el hecho de estudiarlo podrá llevarlo a buen camino.

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La Escuela de Arquitectura de Las Palmas además de ser escuela, debe también participar con la Sociedad. Ofrecer su conocimiento y sus propuestas formales es una de las tareas que debe seguir haciendo y la Universidad y Sociedad debe, recíprocamente, valorarlo por ello.

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Notas:

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(1) Rosenberg, Matt. (2017). William Morris Davis. ThoughtCo. thoughtco.com/williammorris-davis-1435030). (2) Mitchell-Thomé, R.C. (1976). Geology of the Middle Atlantic Islands. Gebrüder Borntraeger, Berlín. Pág. 325. (3) Taira, J., Pescador, F. y Mirallave, V. (2015). EFFOGO, Máster Plan de Turismo Sostenible/ Proyecto Piloto. Fogo/ Cabo Verde. Instituto Tecnológico de Canarias. Las Palmas de Gran Canaria

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(4) Cabildo de Gran Canaria. (2017). Paisaje Cultural de Risco caído y los Espacios Sagrados de Montaña de Gran Canaria. Propuesta de Inscripción en la Lista del Patrimonio Mundial. Cabildo de Gran Canaria – Patrimonio histórico y cultural – Gobierno de Canarias.

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(5) Santana, R., Salavarría, D., Moreno, O., Díaz-Cardiel, C., Pérez, J.M. y AA.VV. (2017). Barranco Hondo. Risco Caído y los Espacios Sagrados de Montaña. Cabildo de Gran Canaria - Consejería de Cultur

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Libro Conmemorativo 50 Aniversario EA ULPGC  

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