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desarrollo

Y

un despertar a l a cooperación al desarrollo

COMISIÓN EUROPEA DE 116 MAYO 2003


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un despertar a l a cooperaci贸n al desarrollo


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n este librito se narra una historia como las que a mí me encantaba contar a mis tres hijos cuando eran niños. Ahora ya son mayores y en la actualidad ocupo el cargo de Comisario Europeo de Cooperación al Desarrollo.

Aunque estas palabras puedan resultar un poco extrañas, el significado que encierran es de extrema importancia. Lo que quieren decir es que, puesto que todos vivimos en el mismo planeta, no cabe otra solución que los que son más ricos ayuden a los pobres…, cada uno a su manera. Es posible que después de haber leído la historia lo comprendáis mejor y, siguiendo el ejemplo de los mayores, no tardéis mucho en querer aportar vuestro granito de arena.

Poul Nielson COMISARIO EUROPEO DE DESARROLLO Y AYUDA HUMANITARIA

av i s o i m po rta n t e Este libro está disponible en los once idiomas oficiales de la Unión Europea. Su contenido (texto e ilustraciones) no refleja necesariamente las opiniones de la Comisión Europea. Reproducción total o parcial autorizada de los elementos contenidos en este libro, con mención clara y explícita del editor. © Comunidades Europeas


Antes de acostarse, a Matías y a su hermana Amelia les encanta ver la televisión. Hoy, están viendo un documental sobre los animales de África. – Amelia, imagínate por un momento todos esos elefantes y jirafas andando en libertad por todos sitios… África tiene que ser verdaderamente enorme…


Aquella noche, Matías cayó dormido en un periquete y tuvo un sueño… Soñó que estaba en África; pero, para su sorpresa, África no se parecía en absoluto a lo que había visto en la tele…


En el sueño, se despierta de pie sobre la arena. Lleva su cartera a la espalda y, como todas las mañanas, está esperando el autobús que le lleva al colegio, con la única diferencia de que allí todo es completamente distinto…


El autobús está lleno a reventar. La carretera es tan mala que Matías bota y rebota como una pelota cada vez que el autobús coge un bache. No puede evitar chocar una y otra vez con las personas que están junto a él, quienes le sujetan para impedir que caiga al suelo.

– Ya te acostumbrarás, no te preocupes… Amadou sonríe mientras ayuda a Matías a mantenerse de pie. Él sí que está acostumbrado. Coge con su padre ese mismo autobús todos los días.


Al llegar al siguiente poblado, el padre de Amadou se baja del autobús. Trabaja en una gran plantación de cacao. Algunos niños de la edad de Matías y Amadou se bajan con él. Matías se queda un tanto sorprendido: – ¿Adónde van? – A la plantación, a trabajar, igual que mi padre… Amadou sonríe: – Ya te acostumbrarás, no te preocupes…


La escuela de Amadou es un edificio casi recién estrenado. Se construyó al mismo tiempo que la enfermería del poblado, con dinero de la Unión Europea y de los países que forman parte de ella. En la clase, el profesor está señalando sobre un viejo mapa todos los países que son miembros de la Unión Europea. Matías se los sabe bien y tiene que contenerse para no levantar la mano cada vez: – ¡Profe, profe! ¡Yo lo sé!


– Toma, esto te va refrescar… Amadou le da un trozo de mango. Aquella fruta le parece deliciosa y dulce. Matías sonríe: – En casa tenemos la misma fruta, en la tienda de mi padre. – Es agradable saber que a la gente del sitio donde vives le gustan los productos de mi poblado.


– En mi país, las llamamos frutas exóticas. Es gracioso, si te paras a pensarlo, a lo mejor vienen del campo que está detrás del colegio… Matías mira por la ventana de la clase, casi como si esperara ver allí el gran monovolumen de su padre.


En el camino de vuelta, el autobús se detiene de repente a un lado de la carretera. Un reventón, pero nadie parece sorprendido o disgustado por ese retraso imprevisto. Amadou mira de nuevo a su nuevo amigo: – Puede que tarde un rato, no te preocupes… Si quieres, podemos bajar y seguir a pie… Matías empieza a reírse: – ¡Vale!, ya sé, me imagino que es cuestión de irse acostumbrando…


El poblado de Amadou no está muy lejos. Los dos niños echan a andar por un sendero abierto entre las palmeras, al final del cual hay un bonito pozo de piedra donde hay varias mujeres llenando de agua unas enormes tinajas de terracota. – ¡Hola, Matías! Soy Myriam, la mamá de Amadou. Como el resto de las mujeres, se coloca la tinaja sobre la cabeza. Matías la mira algo asustado. ¿Hasta dónde va a poder llegar con esa cosa sobre la cabeza?


Las mujeres cantan mientras andan y parece como si llevaran las tinajas atornilladas a la cabeza‌ Matías y Amadou corren delante de ellas en medio de campos de flores que, a buen seguro, pronto serån mandadas a las grandes ciudades del Norte.


Matías se siente orgulloso y muy contento. Tiene extendida entre sus manos la camisa que el jefe del poblado acaba de regalarle. Es preciosa, toda de vivos y cálidos colores. – ¿Te gusta? – Es genial… Apenas si puede emitir un susurro. Está tan impresionado que no sabe qué decir. Nunca antes ha tenido la oportunidad de que le diese la bienvenida un jefe de poblado como aquél. Es como si fuese un rey, un presidente o alguien por el estilo. Va a necesitar un poco de tiempo para recuperarse de la emoción…


Mientras las mujeres preparan la comida, Matías se da una vuelta por el poblado acompañado por el jefe. Al mostrarle la enfermería, el jefe le dice lo siguiente: – Aquí tenemos un montón de accidentes, ya sabes, las carreteras son tan malas… Matías asiente con la cabeza. Al lado del jefe del poblado, piensa que tiene que parecer serio y comportarse como si supiera de lo que le está hablando. Y sin embargo, de algún modo, lo sabe, ya que recuerda el viejo autobús con la rueda pinchada, inclinado en la cuneta…


El mejor momento del día es cuando, por fin, uno puede descansar de verdad y disfrutar del placer de conversar. Matías y Amadou se sienten inseparables. – Sabes, cuando vuelva a mi colegio, pienso organizar una colecta hasta que consiga una buena pila de material escolar. Allí tenemos un montón de cosas que también os podrían servir a vosotros.


Qué sensación más rara… Todo es al mismo tiempo tan parecido y tan diferente… El sueño ha dejado en Matías una impresión tan viva que se refleja incluso en la camisa de vistosos colores que tan orgullosamente luce en el patio del colegio rodeado por sus amigos, que se preguntan a qué se debe aquel cambio. – ¡Eh, Matías! ¿Dónde has estado toda la noche? ¡Vaya camisa más chula!


Su cartera se le ha quedado pequeña para meterlo todo. Rebosa de gomas de borrar, reglas, lápices, tubos de pegamento, bolígrafos sin estrenar… Matías no cabe en sí…, es increíble… Todos sus amigos han comprendido lo importante que es compartir sus cosas con personas que no existen más que en sueños y que pueden darnos mucho más que su amistad.


Para ayudar a que vuestros padres, profesores o a que quienes hayan leído esta pequeña historia en vuestra compañía os puedan contar más cosas sobre la cooperación al desarrollo y lo que cada uno de nosotros puede hacer para aliviar la pobreza en el mundo, la Unidad de Información y Comunicación de la Dirección General de Desarrollo de la Comisión Europea ha publicado un manual pedagógico más detallado. Pedidles que consigan información complementaria en Internet http://europa.eu.int/comm/development/index_en.htm o dirigiéndose a la Oficina de Publicaciones Oficiales de las Comunidades Europeas.

editores

Leonidas Antonakopoulos Georges Eliopoulos Comisión Europea Dirección General de Desarrollo Unidad de Información y Comunicación Rue de la Loi, 200 B–1049 Bruselas asesor

Luc Dumoulin de Mostra! Communication ilustraciones

Philippe de Kemmeter textos

Ariane Le Fort – Valérie Michaux diseño gráfico

Marc Dausimont comisión europea Luxemburgo: Oficina de Publicaciones Oficiales de las Comunidades Europeas 2003– 36pp. – 20x28 cm ISBN 92–894–5546–2 ISBN 92–894–5528–4


NH-11-02-002-ES-C / NH-11-02-000-ES-C

Oficina de Publicaciones Oficiales de las Comunidades Europeas L–2985 Luxemburgo


Mathias Amadou