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Universidad Nacional de Colombia Maestría en Estudios Políticos IEPRI Eder Andrés Acosta Garzón

ESTATUS PREPOLÍTICO, CONTRAPODER Y BIOPOLÍTICA ¿Cuál es el estatus de la población cuando se inicia un contrapoder? Abstract Este artículo hace un análisis alrededor del estatus de la población presente en un contexto de gestación de contrapoder. La hipótesis que se tiene es que existe un tiempo, en el cual, mientras se implanta un nuevo poder la población queda excluida del ámbito político. Y de este modo, la población queda inmersa en una lógica natural prepolítica. Keywords: Biopolítica, esfera prepolítica y política, contrapoder, justicia guerrillera, estado de naturaleza.

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Tabla de contenido

1. Introducción. 2. Teoría arendtiana de la esfera pública y privada en relación a la política. 3. Ámbito político y prepolítico presentado por Hobbes y el estado de naturaleza. 4. Los contrapoderes como sustitutos del soberano. 5. El fenómeno de la exclusión de la esfera de los asuntos humanos. 6. Biopolítica: el problema del poder y del contrapoder. 7. Conclusiones.

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Introducción La teoría política clásica se fundamenta en la dicotomía público/privado. Dicha dicotomía marca los límites en los cuales el ejercicio del poder puede tocar la vida de los humanos apoyándose en la ley. El problema de la biopolítica, inaugurado por Arendt, Foucault y Agamben, plantea un asunto sin resolver, a saber, no se tiene clara cuál es la relación entre la nuda vida y el poder soberano. El caso de la población en un contexto de contrapoder resulta en una especie de estatus ambiguo, que presenta la vida humana transcurriendo entre el ámbito político y el ámbito natural. Este artículo tiene como objetivo ahondar en dicho estatus ambiguo, poniendo de presente que la población en un contexto de contrapoder trastorna la clásica noción de sujeto de derecho, pues se trata de individuos que están fuera de la ley que los cobijaba antes de la gestación del contrapoder. El hecho de estar fuera de la ley se pude entender como estar excluido de la esfera de los asuntos humanos. Desde Aristóteles, en la antigüedad, hasta Arendt, en la teoría contemporánea, enfatizan en que la esfera política (que incluye a la ley, pero no se limita a ella) es el ámbito propiamente humano. Así las cosas, cuando se anula un ordenamiento político y legal para instaurar otro (como en el caso de un contrapoder), entonces se está en presencia de una población que está excluida de los asuntos humanos. En este artículo se abarcará dicho fenómeno del contrapoder, y de la exclusión de los asuntos humanos, desde algunas propuestas teóricas que han resultado paradigmáticas en la política, en particular, desde la biopolítica. El problema de fondo en el tema de la exclusión, verbigracia contextos de contrapoder, es que estamos frente a la paradójica realidad de humanos que no hacen parte de los asuntos humanos, es decir de personas excluidas del ámbito público-político.

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Presentación de lo prepolítico y biopolítica

Sobre el ámbito prepolítico existen análisis desde la antigüedad (La Política de Aristóteles), pasando por la modernidad (contractualismo: Hobbes, Locke, Rousseau) y llegando a la teoría contemporánea (biopolítica: Arendt, Agamben, Foucault, etc.). En este artículo trabajaremos algunos de estos planteamientos, especialmente aquellos que más concisamente nos sirven para ahondar en lo siguiente: cuando se gesta un contrapoder se suspende el ámbito político que alberga las acciones humanas. Y por dicha suspensión, la población está expuesta a una suerte de ley del más fuerte, o estado de naturaleza hobbesiano. Las implicaciones de tal estado prepolítico se presentan a lo largo del texto. Presentación del contrapoder

Para la temática del contrapoder el artículo se alimentará de algunas de las publicaciones que han analizado el fenómeno del contrapoder latinoamericano. Se presentará el contrapoder

en El Salvador: El Frente Farabundo Martí para la

Liberación Nacional FMLN, a la luz del análisis de Binford Leigh. Así mismo, se presentará el análisis de Aguilera Mario respecto a las Fuerzas

Armas

Revolucionarias de Colombia FARC, y su práctica de contrapoder en Colombia. Además de estas experiencias de contrapoder se enfatizará en la justicia guerrillera y su relación con la nuda vida. La idea es que las guerrillas, recién instaladas en un territorio, tienen una justicia enfocada en la pena, esto es presentado por Aguilera como “justicia ejemplarizante”. Justamente tales prácticas se pueden analizar a la luz de la ley del más fuerte, propia de un estado de naturaleza hobbesiano. Lo anterior necesita ser explicado en detalle, este artículo tiene tal propósito.

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1. Teoría arendtiana de la esfera pública y privada en relación a la política

En este apartado veremos la noción de esfera pública y privada para más adelante poder hablar de la exclusión de esfera política. Se expondrá el tema de las esferas pública, privada y la política en el siguiente orden: a) origen de la política en Grecia, b) la esfera pública, c) la esfera privada. Este apartado se referirá especialmente a los aportes de Arendt en sus análisis teóricos e históricos de la política. Es de aclarar que el análisis que Arendt hace a la esfera privada y a la esfera pública está en directa relación con el tema del contrapoder en el siguiente sentido: lo que queremos subrayar es la existencia de una esfera no política (la privada) y de una esfera política (pública). El asunto es que esta esfera pública es la que se anula en el auge de un contrapoder. Y se anula porque toda la institución que garantizaba la legalidad queda anulada cuando un contrapoder logra instalarse. a) Acerca de la organización política como característica esencial del hombre Ya desde la Grecia clásica Aristóteles y Platón notaron que la asociación entre el género humano no caracterizaba al hombre, puesto que tal relación existe también entre los animales. De manera que en Grecia, se pensó que la organización política era lo que claramente diferenciaba al humano del animal, más no lo hacía la asociación entre semejantes. Según el pensamiento griego nos asociamos para suplir las necesidades básicas, esto facilita reproducirnos, conseguir alimento, construir refugios, etc. En Grecia la agrupación familiar buscaba satisfacer las necesidades vitales, en tanto la organización política tenía como fin asuntos humanos que no estuvieran limitados

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por las necesidades, la organización política implicaba ser libre, es decir no tener necesidades por suplir. Como nuestro asunto está dirigido a la temática, según la cual, en un contexto de contrapoder se anula, por un tiempo, a la esfera política entonces resulta necesario reconstruir el surgimiento de tal esfera: empezaremos diciendo que en Grecia sólo existían dos esferas: la esfera privada encargada de las necesidades y de las actividades que suponían algún tipo de esfuerzo, esta esfera se daba en el ámbito familiar. Y la esfera pública encargada de los asuntos humanos que no estuvieran limitados por necesidades, sino que justamente suponía el encuentro de personas libres de cualquier necesidad. b) La esfera pública según La Condición Humana La palabra público se usa en dos sentidos: 1) En un sentido, público designa algo exhibido y visto a la luz de la gente. En este sentido de público la apariencia es lo que constituye la realidad de la palabra público. Es de anotar que la esfera pública es condición necesaria para la existencia de la apariencia. En la esfera pública el mundo1 cobra realidad, es decir, aparece. 2) En otro sentido, público se refiere al mundo, al monumento artificial de cosas y asuntos humanos, el cual propende un lugar que es propio del humano. En este sentido público es el mundo en común que tiene el humano, un mundo sin posesión privada. La importancia de un espacio público, no perecedero, es que éste posibilita: a) un mundo común, b) la actividad política, y c) la esfera pública. c) La esfera privada según La Condición Humana En el marco de una esfera pública con múltiples significados, la palabra “privado” retoma su original sentido privativo. Tener una vida privada es estar privado de la 1

Aclaremos el concepto “Mundo”: Según Arendt “mundo” es la construcción humana física (es la casa del humano.) que se diferencia de lo natural. Es decir, mundo no es lo natural (cuerpo, organismo, medio ambiente, el planeta, etc.). Mundo es lo artificial, lo construido (las ciudades, las calles, etc.).

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realidad social de ser visto, oído y relacionado con los hombres. La carencia de relaciones entre los sujetos llevó al fenómeno de las masas de la soledad. La sociedad de masas destruye la esfera pública y la esfera privada, pues le quita al hombre su lugar en el mundo y su lugar en el hogar. Los romanos nunca sacrificaron lo privado (del hogar en cuanto propiedad) a lo público (del mundo), pues comprendieron la necesaria coexistencia de la esfera privada y la pública. Tal relación entre público y privado se entiende mal cuando se basa en la moderna ecuación de: propiedad-riqueza y/o carencia de propiedad-pobreza; puesto que, propiedad y riqueza son de naturaleza diferente, como veremos a continuación. En conclusión, de este apartado debemos tener presente lo siguiente: 1. la organización política es la característica esencial del hombre. 2. La esfera política es un artificio humano que lo diferencia del espacio natural. 3. La esfera pública es el contexto que posibilita el ámbito político y los asuntos humanos. 4. El auge de un contrapoder suspende a la esfera político-pública (con la idea de reconfigurarlo), y esto se hace más claro si tenemos en cuenta que las relaciones con la insurgencia no son entre iguales –como es necesario en la esfera político/pública-. 5. En el apartado siguiente (del estado de naturaleza hobbesiano) se aclarará más que el contrapoder suspende el ámbito político porque intenta sustituir al soberano (entiéndase constitución política, o ley, para el caso colombiano).

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2. Ámbito político y prepolítico presentado por Hobbes y el estado de naturaleza

En este apartado se busca resaltar que la creación humana de la esfera política es suspendida (por lo menos en parte) mientras se gesta un contrapoder y logra la victoria, o es derrocado. Este apartado está distribuido así: A) en la primera parte se caracteriza el Estado de Naturaleza hobbesiano. B) en la segunda sección se describe el Poder del Soberano fruto del pacto. La idea con este apartado es mostrar que el imperio de la ley y el monopolio de la fuerza son condición para la existencia de la esfera política. De manera que en un contexto de contrapoder -que se esté gestando- ocurre lo siguiente: no hay un soberano que garantice ningún derecho ni ninguna ley. Por tal razón se retorna a la ley del más fuerte, es decir, se anula el estadio político y se pasa al pre político. Esto no anula la posibilidad de que retorne el estadio político. Puede retornar cuando uno de los contendientes -entre el poder tradicional y el contrapoder- se imponga totalmente. A. Estado de naturaleza y estadio prepolítico

En las líneas que siguen se muestra como Hobbes deduce que el Estado de Naturaleza es un Estado de Guerra mostrando que la igualdad de los hombres y del derecho de todos a todo lleva a una discordia primigenia, y que sólo un poder superior puede llevar al hombre a la paz. De la igualdad a la discordia y de la necesidad de un poder superior.

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Según Hobbes la naturaleza ha hecho iguales a los hombres. Y debido a tal igualdad se puede decir que hay una igualdad en los fines y objetivos que los hombres buscan. Pero si se persigue lo mismo, puede ocurrir que una misma cosa no pueda ser disfrutada por dos o más hombres. Y debido a esto desconfían de los que están a su alrededor, pues saben que pueden y quieren conseguir lo mismo que ellos. Es así como nace la desconfianza entre los hombres. De esta desconfianza, y al intentar pasar por encima de aquellos que quieren lo mismo, los hombres se ven obligados a tratar de dominar, por prevención, a los que están a su alrededor. Poco a poco buscan llegar al momento en que puedan dominar a la mayoría de los hombres en busca de conseguir lo que desean y de su auto conservación. Es en este punto en el que Hobbes sugiere que cuando los hombres conviven con otros, sin un poder superior capaz de atemorizarlos, no experimentan ningún placer, sino que se vive en un estado de conflicto y sufrimiento. Con respecto a esto, Hobbes dice que a pesar de la igualdad natural de los hombres entre sí y de su voluntad natural para agredir a otros, ninguno puede asegurar su defensa y seguridad. Y el hombre al desear la comodidad y al dominar a otro no puede garantizar subyugar totalmente sin contemplar la posibilidad de ser víctima de lo que le hace a su semejante. De manera que, como los hombres están en una lucha constante, se encuentran en un estado de conflicto permanente que enfrenta a todos contra todos. Esto debido a la competencia y la desconfianza que siente por sus semejantes. En el Estado de Guerra no se pude dar una vida propiamente humana Es de aclarar que la noción de Guerra en Hobbes, no se reduce a un acto físico de confrontación y batalla abierta, es la voluntad de confrontación latente entre los hombres cuando no existe un poder capaz de imponerse ante todos. En dicho estado cada hombre es enemigo de todos sus semejantes, y en dicha enemistad los hombres no tiene ninguna seguridad diferente a la que cada uno individualmente se pueda 9


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procurar. Es por esto que el estado de Guerra es el menos conveniente para el hombre, es una situación en la que el constante enfrentamiento no hace posible que el hombre se dedique a actividades diferentes. Ya que no es posible el trabajo de la tierra, pues los frutos se presentan como inciertos, no hay navegación y por tanto no hay importación ni mercado; no hay construcción de viviendas, como tampoco conocimiento ni exploración de la tierra. Y Hobbes va más allá, según él no hay artes ni letras, y sin esto no hay cultura. En síntesis en dicho Estado no hay sociedad. (Cfr. Leviatán cap. XIII). La inexistencia de la ley es característica del Estado de Guerra Es importante recalcar que en el Estado de Guerra los hombres no se rigen bajo ninguna ley, por tanto no se quebranta ninguna norma y no hay injuria, teniendo en cuenta que “las nociones de derecho e ilegalidad, justicia e injusticia están fuera de lugar. Donde no hay poder común, la ley no existe: donde no hay ley, no hay justicia. En la guerra, la fuerza y el fraude son las dos virtudes cardinales” (Leviatán cap. XIII). Según esto, todos los hombres tienen derecho a todo. Esto último implica que el enfrentamiento que se lleva por conseguir ciertas cosas, o por someter a otros, nada tiene de condenable y es perfectamente posible pues no hay nada que se le oponga ni lo controle. En la misma línea, Hobbes enfatiza (en El Ciudadano) que la causa más común de daño entre los hombres es la discordia por una misma cosa, la cual no se puede compartir, así la fuerza a través de la pelea determina quien obtiene dicha cosa (Cfr. Hobbes, El Ciudadano Pág.18). De esta situación se desprende el primer concepto de libertad a saber, TODOS TIENEN DERECHO A TODO (Cfr. Hobbes, El Ciudadano Pág.19). Este derecho es legítimo ya que cada uno puede buscar lo que satisface su propia necesidad. En el Estado de Guerra no existen nociones de justicia o injusticia pues dichas nociones aparecen sólo con el Estado Civil. Y si el fin es justificable en el Estado de Naturaleza también serán justificables los medios. 10


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B. El sometimiento de las voluntades y el poder del soberano como fundación del estadio político La propuesta hobbesiana para salir del Estado de Guerra es el proceso de conformación de un pacto que posibilite el poder absoluto a un soberano. La invitación es que las voluntades sueltas y caóticas de los individuos queden suspendidas, dando lugar a una única voluntad que luego terminará en manos del soberano (Cfr. Leviatán cap. XVIII). Para Hobbes, la seguridad de los humanos implica, no sólo el acuerdo, sino también el sometimiento de las voluntades. En cuanto a la paz es necesario que efectivamente el Estado tenga el monopolio de la violencia, pues así, cada uno estará protegido de la agresión de los demás. De la paz que el Estado puede ser responsable no es de aquella en donde no hay muerte o lesiones injustas, sino que, las promesas del Estado apuntan a que no haya causa justa de temor2. Es muy importante recalcar que la razón por la que los hombres se someten entre sí, es la seguridad, de manera que si ésta no se garantiza entonces no habrá pretexto para someterse. Pero para que esta seguridad se dé no basta con el pacto, se necesita del dispositivo del castigo. Pues el humano al parecer cumple más por temor que por virtud. Es por esto necesario establecer un castigo para quien cometa injuria, castigo que debe comprobar que el camino de la falta resulta peor que el de la rectitud. En palabras de Hobbes “hay que velar por la seguridad no con pactos sino con castigos” (El Ciudadano Cap. VI)3. 2

Hay razones para pensar lo siguiente: lo que buscaba Hobbes era que existiera una seguridad jurídica que consiste en la certeza que queremos tener para desenvolvernos en la sociedad. Con esta seguridad cada actor social sabe que si cumple al Estado y a los conciudadanos no recibirá sanciones. Sin embargo dicha seguridad jurídica también existe en los Estados no absolutistas. 3 El Profesor Aguilera muestra que esta misma lógica del castigo fue usada por la justicia guerrillera cuando estaban iniciando un largo proyecto que a la larga debía llevar al contrapoder.

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a) Derecho de espada del soberano El derecho de espada de la justicia se refiere a la concesión que se da a alguien para que tenga el poder y el derecho a castigar (Cfr. Leviatán cap. XVIII). Según Hobbes, este pacto se cumple sin problemas siempre y cuando los familiares (o uno mismo) no sean los castigados. El derecho a castigar se debe transferir a un hombre o asamblea, pues de esta manera se posibilita la seguridad de los pactantes. El detentador de ese derecho, según Hobbes, tiene entonces el poder supremo en el Estado, y lo explica diciendo que quien con derecho castiga a su arbitrio, con derecho obliga a todos a todo lo que quiera; y no se puede imaginar poder mayor4. En últimas el derecho de espada es que se haga la voluntad del soberano, si no hay obediencia hay espada o castigo. Para Hobbes, en el Estado todo juicio está en manos de quien tiene las espadas de la justicia de esta manera justamente se evidencia el poder supremo. b) Del poder absoluto El Estado ideal hobbesiano es aquel que no da derecho de espada privada, esto significa que ningún ciudadano tiene derecho a usar la fuerza a su voluntad. En dicho Estado existe un detentador del mayor poder que pueden conceder los hombres, el poder supremo. Dicho poder Hobbes lo llama absoluto, debido a que los súbditos al someter su voluntad, han quedado frente a un Estado que puede legislar,

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Al parecer la propuesta de Hobbes de administración de justicia es la del suplicio. Concepción del castigo que tiende a enfocarse en el cuerpo, al respecto Foucault distingue un paso del medioevo a la modernidad diciendo en Vigilar y Castigar que el “castigo ha pasado de un arte de las sensaciones insoportables a una economía de los derechos suspendidos” (cap. 1 Pág.18). En la concepción de Hobbes es posible pensar que la ley, al castigar, no busque suspender derechos de los sujetos sino aplicarles el derecho de espada o el suplicio.

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castigar y usar los bienes de todos según su propia voluntad. Y esto lo puede hacer incluso usando la fuerza, además apoyado en el derecho (Cfr. Leviatán cap. XVIII). Resulta muy importante resaltar que el Profesor Aguilera muestra que la justicia guerrillera tiene prácticas punitivas que hacen garantizar el nuevo orden que se está implantado (además son las guerrillas las que, en muchos contextos, garantizan la seguridad). Pues precisamente Hobbes resalta que para salir del estado de guerra se debe imponer un soberano. Pero que el soberano y el orden se posibilitan en la medida en que esté muy presente el castigo y la garantía de la seguridad. La práctica punitiva de las guerrillas se podría entender con la siguiente premisa hobbesiana: “hay que velar por la seguridad no con pactos sino con castigos” (El Ciudadano Cap. VI). Teniendo en cuenta lo anterior (que los contrapoderes ejercen prácticas de castigo y de seguridad, y en ese sentido, sustituyen al soberano) entonces en el siguiente apartado mostraremos dos casos de contrapoderes que sustituyeron al soberano (entiéndase orden político y legal) en El Salvador y en Colombia.

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3. Los contrapoderes como sustitutos del soberano

De acuerdo con el apartado anterior, cuando se presenta el surgimiento de un soberano ocurre lo siguiente: 1. Las voluntades de la población quedan supeditadas a un soberano (que podría ser una constitución o un grupo –o persona- que se impone sobre los otros). 2. Mientras no se supediten tales voluntades entonces se estará en un estadio prepolítico de guerra, llamada por Hobbes estado de naturaleza. 3. El soberano (que podría ser un sustituto de uno anterior, menos fuerte y eficiente) es quien garantiza dos asuntos esenciales a la esfera política, a saber, el castigo y la seguridad. En este apartado se presentan dos casos en los cuales un contrapoder se constituye como soberano (no sólo por ofrecer castigo y seguridad sino por ofrecer otros bienes). En base a Binford, (I) se reconstruirán el conjunto de pasos que llevaron a la implantación de un contrapoder en El Salvador. Y en base a Aguilera, se (II) caracterizará un contrapoder en Colombia. I)

De cómo se gestó un contrapoder que resultó soberano en Morazán

En este numeral (I)

se presenta un conjunto de hechos que llevaron a la

implantación de un poder (a manos de la insurgencia) en el norte de Morazán, en El Salvador. Es decir, se presenta el surgimiento de un soberano en el plano fáctico (no en el plano teórico hobbesiano). De acuerdo con Binford, en el norte de Morazán se desarrolló una forma de organización popular, encabezada por grupos insurgentes (ERP, FMLN)5, que se presentó como una alternativa a la forma de organización hegemónica del soberano. Es decir, se gestó un nuevo soberano y una organización acorde con él.

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Ejército Revolucionario del Pueblo y Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional

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De cómo el ERP y el FMLN lograron convertirse en soberanos

De acuerdo con Binford, el FMLN estableció retaguardias

en el norte de El

Salvador entre 1981 y 1983, en específico, en el norte de Morazán. En este territorio se desarrolló una forma de poder popular apoyada por la protección militar proporcionada por el ERP. Es de resaltar el necesario apoyo militar que se necesita para postularse como nuevo soberano. El asunto es que, ya con el apoyo militar, se puede entrar en un estado de naturaleza en el sentido en que no existe un soberano que aplaque a las otras voluntades. Y luego de este estado de guerra se pueden consolidar nuevos soberanos. Lo revelador es que la población civil en Morazán, junto con estos grupos insurgentes, logró obtener una organización y solidaridad entorno a la autogestión de (no sólo seguridad y castigo)

servicios médicos,

educativos, y en general la organización político-pública. Es decir, que las organizaciones comunitarias

se organizaron para resolver sus problemas

económico-políticos. Pero cómo pueden las diferentes voluntades de la población estar en sintonía hacia un mismo objetivo. De acuerdo con Hobbes, eso sólo es posible con la implantación de un soberano. Soberano que en El Salvador se impuso no sólo por tener fuerza sino por tener aceptación. Acerca de la aceptación del nuevo soberano y el papel de la guerra en tal aceptación

A continuación veremos cómo se formaron contrapoderes y apoyo a la insurgencia en El Salvador. Algo que generó nuevos soberanos. De acuerdo con Binford, El Padre Miguel Ventura desde 1973 fundó comunidades cristianas en las cuales se vinculaba la realidad social con la fe. De este modo, la población campesina del Morazán empezó a tomar conciencia acerca de las injusticias sociales que existían en el momento. Ya en 1975 los campesinos y trabajadores de muchas villas estaban organizados en pequeñas cooperativas y en colectivos agrícolas. Mientras esto acontecía la ORDEN ayudaba a mantener la autoridad hegemónica junto con las fuerzas policiales, ambas con el objetivo de opacar la amenaza comunista. Los

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arrestos y arbitrariedades se tradujeron en asesinatos desde 1976 hasta 1979. En este contexto existían escuadrones de la muerte que asechaban

caseríos aislados,

empezando así la masacre de maestros, catequistas y cooperativistas. Fue así como las organizaciones y comunidades campesinas del norte de Morazán empezaron a responder a la violencia con más violencia y pasaron a la clandestinidad. Así las cosas, tenemos que el nuevo soberano tuvo, por un lado, el trabajo en la guerra ideológica. Pero fue necesario el estado de guerra con el poder hegemónico para que la población empezara a aceptar el nuevo soberano. El papel de la guerra contra la población llevó a que Morazán estuviera en una suerte de estado de naturaleza. Según Binford, en 1980 se declaró la guerra oficialmente, y sus resultados se pueden palpar en hechos como la masacre

de El

Mozote en diciembre de 1981, momento en el que se masacraron -a manos del ejército- más de mil hombres, mujeres y niños. Se sabía que hasta ese momento dicha población era neutral pues la mayoría de dichas víctimas eran protestantes evangélicos. En todo caso las miserias sufridas por la población no acabaron a los grupos insurgentes ni a la amenaza comunista, antes bien, el FMLN se apoderó gradualmente del norte de Morazán. Ya en 1983 el norte de Morazán era una zona controlada por la guerrilla y la normalidad de la vida de los campesinos regresó manteniendo sus rutinas y vida cotidiana. Pero la situación de la población empeoró porque a inicios de 1984 el ejército respondió, a la pérdida del territorio, con bombardeos aéreos indiscriminados. Fue así como resultó la aceptación del nuevo soberano en Morazán. Es de resaltar cómo la guerra ayudó a tal aceptación. El papel de la guerra emprendida, por el viejo soberano, contra la población llevó a que Morazán estuviera en una suerte de estado de naturaleza. El asunto es que no había quién garantizará la seguridad, una de las características del estado de naturaleza hobbesiano. Y sólo los insurgentes se perfilaron como garantes de la seguridad de la población, frente al terrorismo de estado. Eso precisamente fue el inicio en su práctica de soberanos. 16


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II)

Características

de un contrapoder que resultó soberano en zonas de

Colombia En este numeral (II) se presenta el caso de las FARC en Colombia como un grupo insurgente que ejecutaba tareas de soberano. En particular se muestra cómo en muchas zonas eran los garantes de la seguridad y eran los encargados de propiciar la búsqueda de soluciones entre los conflictos particulares. Como hemos visto en el apartado de Hobbes la característica del soberano es que puede repeler las voluntades particulares, y se impone sobre ellas, para superar el estado de guerra. En palabras de Hobbes “hay que velar por la seguridad no con pactos sino con castigos” (El Ciudadano Cap. VI). Así las cosas, será necesario resaltar la práctica de justicia ejemplarizante de las FARC como característica del soberano. De cómo la consolidación garantiza el fin del estado de naturaleza

En el estado de naturaleza no existe un tercero que remedie los conflictos. Precisamente el hecho de que las FARC solucionaran los conflictos y garantizaran un orden es muestra de que se perfilaban como soberanos en varias zonas de Colombia. Es muy común en algunas zonas rurales de Colombia que los campesinos resuelvan sus conflictos a través del arbitraje de la guerrilla de las FARC. Dicha práctica judicial tiene distintos apelativos: “la ley del monte” o “la fiscalía 45”. Aguilera sostiene que desde mediados de los ochenta las FARC habían adoptado el modelo de guerra popular prolongada. Señala además que la configuración de contrapoderes es un asunto clave en los modelos de inspiración marxista, no sólo por el papel importante de los sectores populares durante la confrontación, sino por el papel del pueblo en la consolidación como tal de la revolución. Es decir, necesariamente se requiere que la población se someta a un nuevo soberano, pues de no someterse no se garantizaría el nuevo orden político. Y si no se garantiza ese nuevo ordenamiento, entonces se mantendrá un estado de guerra hobbesiano en donde no hay un soberano. 17


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Respecto al alcance de las FARC como soberanas en ciertos territorios Aguilera sostiene lo siguiente: de las tres fases de la GPP existe consenso de que las FARC sobrepasaron un poco a la primera fase, es decir, a la de guerra de guerrillas. En todo caso las FARC necesitaban un cambio cualitativo en lo político para que su paso de fase de la GPP fuera un hecho más claro y contundente. Se necesitaba “una importante movilización de apoyo a la insurrección [el problema era que] el país había variado su posición frente a las oportunidades políticas que podían ofrecérsele a los grupos guerrilleros” (Aguilera, 310). Las FARC articularon la retaguardia a un plan estratégico de toma del poder. Así las cosas, se pude decir que su presencia como cuasi-soberanos (porque ya garantizaban la seguridad pero faltaba concretar la victoria) contemplaba poner fin al soberano anterior. Y para lograrlo debía fortalecerse militarmente a la vez que generar apoyo de los próximos súbditos. En una palabra: se buscaba superar el estadio prepolítico de la guerra. La justicia guerrillera, pena capital y la ley del más fuerte

De acuerdo con Hobbes, la seguridad es resultado de los castigos. Precisamente tal práctica soberana la ejercen las FARC. Según Aguilera, es muy común en algunas zonas rurales de Colombia que los campesinos resuelvan sus conflictos a través del arbitraje de la guerrilla. Inclusive dicha práctica judicial tiene distintos apelativos: “la ley del monte”, “la ley de los muchachos”, “fiscalía 45” etc. Esta realidad tiene varias explicaciones: la primera es la ausencia del Estado para cumplir con muchas de sus tareas, verbigracia, la administración de la justicia. En este caso debemos recordar que Hobbes sostiene que si no se garantiza la seguridad, entonces el soberano debe ser reemplazado. Además, en caso que haga presencia el Estado colombiano muchas veces sus vicios y prácticas ineficaces hacen que la crisis judicial resulte reemplazada por “la ley del monte” (más viable a la luz de la población). Estas dos razones, causadas por el Estado, se suman a otra razón muy importante: para la guerrilla es vital la administración de la justicia, pues esto les permite control de la población, aceptación por parte de ella y conocimiento de las 18


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necesidades locales. Lo anterior con miras a concretar, en el mediano plazo, una retaguardia y contrapoder. Justamente esto es muestra de un intento de pasar del estado de guerra a la victoria de un nuevo soberano. Aguilera relata que en los inicios las guerrillas debieron aprovisionarse de unas normas disciplinarias más dirigidas al interior que al exterior.6 Pero ya después de instalados en los territorios de conquista, los combatientes reconocieron la importancia de demostraciones judiciales frente a la población. Nada más claro para perfilarse como soberano que las prácticas punitivas y de castigo, en las cuales, el soberano subyuga al resto de las voluntades. Esto se explica porque así se ganaba el reconocimiento del “nuevo poder en escena”, también se generaba el apaciguamiento de las personas que no los aceptaran inicialmente, además garantizaban control, y en últimas, se trataba de “poner las cartas sobre la mesa” respecto a quién tendrá el poder soberano7. El asunto de pasar de una justicia puramente penal a un abanico que incluye varias prácticas judiciales también se explica por la necesidad de intercambio presentada 6

Al respecto, resulta esclarecedora la perspectiva de secta presentada por Coser en “Las Instituciones Voraces”. El asunto es que en una comunidad guerrillera inicialmente es necesario el adoctrinamiento y control total sobre los miembros, pues si no hay control pasa lo siguiente: por un lado, se generan prácticas de disidencia y herejía al interior, es decir, si no se tiene dócil al integrante, entonces se empieza a convertir en un peligro. Por otro lado, se debe tener control interior para que los miembros no se dejen “contaminar” por el mundo externo, pues esa contaminación haría plausible la traición o pérdida de los miembros de la secta, en este caso la guerrilla. 7 Acerca del tránsito entre la llegada y la demostración que debe hacer la guerrilla decimos: la secta recurrentemente (luego de dividir la población) considera a los externos como una amenaza. Por tal razón se hace un control estricto de sus miembros a todos los niveles (buscando uniformidad en su estética, ideas, prácticas; además, evitando que se relacionen íntimamente con población externa o que tengan proyectos distintos a la secta etc.). Luego de tener tal control se posibilita un nuevo proyecto, a saber, lograr la “adhesión incondicional del individuo a los principios fundamentales del grupo [pues se] necesita explotar al máximo la lealtad de sus miembros” (Coser, 102). De este modo se empieza a dar una separación entre la organización interior y el mundo exterior. Lo que debe quedar claro, en el transcurso de las guerrillas, es que la organización interior tendrá el poder y el mundo exterior serán los súbditos. Así las cosas, es necesario, en un primer momento, dar castigos ejemplarizantes que generen control social. Ya más adelante con el poder impuesto, entonces el poder (en términos de Foucault) se enmascara. En su “historia de la sexualidad” Foucault dice “el poder sólo es soportable a cambio de que se enmascare una parte de él.” (Foucault, Historia de la sexualidad).

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por Crowley. Es decir la afirmación de poder de las guerrillas pasa por el ofrecimiento de algo a cambio del sometimiento y lealtad de la población. Así que se debe ofrecer seguridad (limpieza social) y castigo a los infractores de la nueva ley o de la ley que se haya aceptada estatal o comunitaria. En conclusión tenemos que las FARC y el ERP debían, no sólo contemplar el castigo, sino empezar a ofrecer solución a los conflictos cotidianos de la población, en especial debían garantizar la seguridad. Así las cosas Aguilera sostiene que “cuando se interviene en los conflictos entre individuos o en la solución de los problemas de la comunidad en la que se encuentran, lo hacen tratando de dirimir desavenencias o reconciliando intereses encontrados entre las partes” (Aguilera, 2). Precisamente el Estado hobbesiano es aquel que no da derecho de espada privada, esto significa que ningún ciudadano tiene derecho a usar la fuerza a su voluntad. En dicho Estado existe un detentador del mayor poder que pueden conceder los hombres, el poder supremo. Dicho poder Hobbes lo llama absoluto, debido a que los súbditos, al someter su voluntad, han quedado frente a un Estado que puede legislar, castigar y es el encargado de brindar seguridad. Todo el asunto de los contrapoderes explicado a lo largo del apartado anterior evidencia lo siguiente: 1. Cuando hay un ordenamiento político, entonces existe un soberano (la constitución en caso de democracia, o un partido, en caso de totalitarismo). 2. Cuando surgen contrapoderes que lograr reemplazar (al menos por instantes) al antiguo soberano, entonces la población queda excluida del terreno político antiguo, y mientras se gesta uno nuevo, entonces la población queda sin esfera político pública. 3. Tal fenómeno de estar excluida genera que los asuntos humanos dejen de tener característica propiamente humana, tal como veremos en el siguiente apartado.

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4. El fenómeno de la exclusión de la esfera de los asuntos humanos. El fenómeno de los apátridas durante la Segunda Guerra Mundial tuvo gran influencia sobre el pensamiento político contemporáneo. Hannah Arendt y Giorgio Agamben dedicaron buena parte de su obra a profundizar en el problema de la exclusión humana de la esfera de los asuntos humanos. En Los Orígenes del Totalitarismo Arendt anota: El mayor peligro derivado de la existencia de personas obligadas a vivir al margen del mundo corriente es el de que, en medio de la civilización, son devueltas a lo que se les otorgó naturalmente, a su simple diferenciación. Carecen de esa tremenda igualación de diferencias que surge del hecho de ser ciudadanos de alguna comunidad y, como ya no se les permite tomar parte en el artificio humano, comienzan a pertenecer a la raza humana de la misma manera que los animales pertenecen a una determinada especie animal. La paradoja implicada en la pérdida de los derechos humanos es que semejante pérdida coincide con el instante en el que una persona se convierte en un ser humano en general –sin una profesión, sin una nacionalidad, sin una opinión, sin un hecho por el que identificarse y especificarse- y diferente en general, representando exclusivamente su propia individualidad absolutamente única, que, privada de expresión dentro de un mundo común y de acción sobre éste, pierde todo significado. (Orígenes del Totalitarismo Pág. 437) La fina mirada de Arendt acerca de los excluidos del sistema de derechos, los “sin derechos” como en caso de los sujetos en donde está suspendido el Estado 8, parte 8

Es de aclarar que los sujetos en contexto de contrapoder no pierden la ciudadanía como en el caso de los apátridas, presentados en Los Orígenes del Totalitarismo. Pero en el plano fáctico dichos sujetos no son sujetos de derecho, y la principal muestra de ello es su condición como tal, en la cual ningún derecho se les garantiza (ni siquiera el derecho a la vida). En otras palabras: el Estado que está siendo reemplazado no garantiza a sus antiguos súbditos ningún derecho. El caso de que el contrapoder inicie ofreciendo derechos como la seguridad (recordando a Wickan Crowley) ya es otro asunto distinto, pues el contrapoder no tiene

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por poner sobre la mesa las insuperables consecuencias que trae consigo el problema de la exclusión. La exclusión de la que se habla es de aquella que logra que una persona no tenga derecho a tener derechos. En el caso de los sujetos en contextos de contrapoder, no pueden hacer exigible ninguno de sus derechos, ni siquiera el de la vida; se encuentra en una situación que semeja el estado de naturaleza hobbesiano, o el zoé aristotélico. Situación en la cual ningún aparato jurídico ni institucional entra en escena para garantizar derecho alguno. El hecho de que el contrapoder oferte bienes como la seguridad está en una discusión de otro tipo (el intercambio de Crownley): el asunto es que al nuevo poder no se le pueden exigir derechos porque no es su deber legítimo. Mientras que sí es deber del Estado suspendido garantizar derechos. La población que mantuvo su cotidianidad al margen del amparo de la legalidad, es una muestra directa de una anomalía presente en el Estado, a saber, el olvido del Estado de que su presencia es condición sin la cual ningún derecho se puede garantizar9. De acuerdo con Habermas es necesario el “Estado como poder de sanción, como poder de organización y como poder de ejecución porque los derechos han de imponerse, porque la comunidad jurídica necesita tanto de una fuerza estabilizadora de su identidad como de una administración organizada de justicia, y porque de la formación de la voluntad política resultan programas que han de implementarse” (Facticidad y Validez Pág. 201). El problema de la no presencia o existencia de un aparato institucional que garantice los derechos es que no se puede llevar una vida

el deber legítimo de ofrecer derechos mientras que el Estado sí. Destinos que pueden ser ciudades las cuales no les permiten desplegarse como humanos en actividades como el trabajo y la acción entendida en términos arendtianos. El desplazado de un contrapoder al llegar a la ciudad es como si fuera empujado a vivir una suerte de vida natural en la cual sólo se puede dedicar a las necesidades biológicas, así las cosas, es como si se tratara de un animal laborans. Respecto a esta noción Arendt dedica el primer y tercer capítulo de La Condición Humana. 9 Precisamente Arendt constató que los derechos y la ley por sí sola no brinda protección a las personas. El caso de los apátridas tiene rasgos en común con nuestro tema: como el no cubrimiento de sus derechos por parte del Estado. En el caso de los apátridas estamos frente a un caso de no existencia del Estado nación y en el caso del contrapoder de no la presencia de éste.

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propiamente humana, ya que se está en una esfera en la que sólo la fuerza o capacidades propias pueden garantizar que otros no pasen por encima de la misma vida. Según Arendt “La calamidad de los fuera de la ley no estriba en que se hallen privados de la vida, de la libertad y de prosecución de la felicidad […] sino que ya no pertenecen a comunidad alguna. Su condición no es la de no ser iguales ante la ley, sino la de no existe ley alguna para ellos” (Orígenes del Totalitarismo Pág. 429). Aclaramos que la posible normatividad que surja del contrapoder precisamente evidencia que la antigua normatividad ya no garantiza nada ni imperio de la ley y ni antiguo monopolio de la violencia. Por no garantizar lo anterior es que decimos que en el contexto de contrapoder no existe derecho alguno que se le garantice al sujeto. La figura del sujeto en contexto de contrapoder ofrece una perspectiva privilegiada, toda vez que presenta la tensión entre la esfera de los derechos y la esfera de la exclusión. La paradigmática distinción presentada por Aristóteles entre la vida natural (zoé) y vida propiamente humana (bíos) entra en duda cuando se presenta el caso del contrapoder. La calamidad de tener al hombre como mera vida (vida que es sacada de toda esfera pública, social y política) es que estas vidas se tratan como proyectos

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. Precisamente Giorgio Agamben presenta un profundo análisis desde

la biopolítica sobre la relación entre la política y la vida natural (zoé) o nuda vida.

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Proyectos que según Arendt semejan a la actividad que se hace sobre la materia para producir x objeto, es decir se tiene un fin fijo y se siguen los medios que lleven a ese fin sin importar ninguna consecuencia. Al respecto existen las críticas de Habermas y la escuela de Frankfort sobre la razón instrumental.. 11

En el Libro NO MATAR SOBRE LA RESPONSABILIDAD Claudia Hilb presenta a Hannah Arendt para mostrar que cuando un “hombre posee la imagen de la sociedad que pretende modelar, y posee el poder para intentarlo” entonces en ese caso se genera totalitarismo. (GARCÍA LUIS, NO MATAR SOBRE LA RESPONSABILIDAD: pág. 19) Aprovechando que en el artículo de Hilb se presenta a Hannah Arendt sostengo lo siguiente: si bien es cierto que el igualitarismo radical puede llevar a borrar la singularidad humana (y conducir al totalitarismo tal como platea HILB), también es cierto que la inequidad total también puede borrar la singularidad humana como ya veremos. Hilb lo pone en estos términos: “la vocación de conformar una sociedad sin diferencias sólo es posible al precio de la supresión violenta de toda singularidad” (Ibíd. pág. 20). Bueno, el asunto es que si el igualitarismo genera fin de la singularidad, entonces se podría concluir que el no-igualitarismo afianza la singularidad. En base a Arendt podemos mostrar que lo anterior es un error. Arendt sostiene que quienes

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Aristóteles, Arendt, Hobbes Lo primero que presenta Agamben para adentrarnos en su propuesta sobre la biopolítica es la distinción aristotélica entre zoé y bíos. Recordemos que en La Política cuando Aristóteles indaga qué es una comunidad política, se inicia trazando el límite entre lo que está en la polis y lo que no. Precisamente es en el ámbito de lo no-perteneciente a la polis que encontramos por primera vez la zoé, la vida natural. Este concepto de zoé es fundamental para entender la nuda vida de Agamben, o el animal laborans de Arendt. El asunto es que la zoé al quedar fuera del ámbito de la polis queda confinada al espacio no-libre del oikos. La política surge exactamente de esta situación de exclusión, y es de esta exclusión de la vida no-libre (zoé), que se da paso a una vida propiamente humana. Dicha vida humana se da en la esfera pública, espacio en el que se hace pleno uso del discurso, y lugar en el que se puede actuar en el sentido arendtiano de acción. Lo esencial de esta distinción entre la vida natural y la vida humana es que se trata de demarcar el espacio donde los humanos pueden vivir juntos. Y dicha vida se logra gracias al establecimiento de la ley. Ahora, la ley también se soporta sobre la distinción zoé y bíos, de suerte que hay una diferencia entre lo que se encuentra cobijado por ella y lo que está excluido de ella. En todo caso los límites entre la ley y lo excluido de la ley, a saber, la vida natural, no sólo hacen parte de la política en la antigüedad. La teoría política moderna, en el caso de Hobbes, también está signada por la dicotomía entre la esfera natural y la esfera de la ley.

están enclaustrados en la esfera privada, nunca podrán tener singularidad, ya que tal singularidad solo es posible en la esfera pública (En términos arendtianos sólo en la acción -política- existe una vida propiamente humana). Justamente la inequidad total también borra las diferencias porque arroja al marginado a la esfera de las necesidades (privada) impidiendo que se despliegue su singularidad. Es de aclarar que, en todo caso, la singularidad sí se anula en cualquier tipo de totalitarismo, pero también se anula la singularidad para los marginados que han sido arrojados a la esfera de las necesidades. El asunto que quiero resaltar es que no sólo en los totalitarismos se anual la singularidad, también en los sistemas que permiten la marginalidad generalizada. En el primer caso de anula la singularidad de todos, en el segundo caso se anula la singularidad de los marginados.

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Teniendo presente lo anterior, Agamben pone a discusión el hecho de que la política está marcada por la exclusión de la vida natural. Para Agamben lo que se presenta en el elemento de la exclusión en la política es una implicación muy particular de la vida natural. De lo que se trata en la aparente exclusión es de una exclusióninclusiva. Según nuestro autor, la excepción soberana es el dispositivo original a través del cual la ley se remite a la vida. Lo relevante del planteamiento agambeniano es que muestra que la ley siempre se mantiene en relación con lo que está fuera de ella, Agamben anota: “El derecho no tiene otra vida que la que consigue integrar dentro de sí a través de la exclusión inclusiva de la exceptio: se nutre de ésta y sin ella es letra muerta.” (Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida Pág. 31).

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5. Biopolítica: el problema del poder y del contrapoder A lo largo de este apartado se presenta la lectura de la biopolítica respecto a la esfera de los asuntos humanos, es decir, la política. Lo importante es resaltar que en el contrapoder lo que se tiene en mente es generar un nuevo ordenamiento políticosocial. Por tal razón analizaremos el poder a la luz de Foucault. De acuerdo con Foucault, el poder se ha manifestado bajo muchas mascaras algunas de ellas lo han hecho más aceptable, sin embargo, aun cuando el poder se justifique bajo X discurso, sigue siendo poder12. “El poder es tolerable sólo con la condición de enmascarar una parte importante de sí mismo” (La Voluntad de Saber Pág. 105). El poder ha tenido diferentes fines y diferentes manifestaciones, esta es una de las razones por la cual Foucault no hace una teoría de “el” poder, sino que se dedica a una analítica del poder. Teniendo en cuenta que el poder no es algo estático e improductivo se hace necesario que un análisis sobre el poder postule diferentes miradas dependiendo del momento histórico y la forma de poder que se esté tratando. Según Foucault ha existido una concepción tradicional del poder que siempre remite a la ley, a la prohibición y a una forma negativa del poder. Pero esta concepción debe cambiar porque el poder es dinámico y produce diferentes herramientas de control, vigilancia y administración. Además la sociedad es cambiante de manera que las relaciones de poder que ahí se dan también cambian. Pluralismo jurídico

En síntesis se debe cambiar la noción, según la cual, detrás de todo poder hay un derecho que lo justifica. “Se trata de pensar el sexo sin la ley y, a la vez, el poder sin el rey” (Pág. 111 La Voluntad de Saber). Precisamente esta perspectiva de poder

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Es de aclarar, que aun cuando para Foucault el poder es una constante histórica. Esta noción de poder no se confunde con una concepción jurídica del mismo. Nociones marxistas u orwellianas del poder se distancian del planteamiento de Foucault en cuanto aquellas presentan al poder centralizado en un foco último. Para Foucault existe el poder mas no “el” poder, lo que se dan son relaciones de fuerza entre múltiples puntos, y no una fuerza de la que se deduce “el” poder.

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permite explicar los poderes a los que están sujetos la población en contexto de contrapoder. Esta mirada de poder posibilita entender los contrapoderes. El asunto es que en un contexto de contrapoder efectivamente existen súbditos y soberanos. Tal como se presentó en el apartado tercero. Todo el problema es saber cómo operan tales poderes alternativos y qué ocurre con la población expuesta.

A continuación

presentamos un análisis foucaultiano al respecto. La noción foucaultiana de poder recién esbozada permite analizar, respecto a la población en contexto de contrapoder, un caso en el que existe un poder13 que no está basado en el derecho. Así las cosas, si nos atenemos a la noción clásica del poder, entonces no se podría aceptar que hay poderes sobre la población en contexto de contrapoder que subyugan, castigan y consiguen fines a pesar de la legalidad que cobija el territorio. El asunto es que esta población está en una situación en la que poderes de diferentes fuentes lo coartan y obligan, de un modo tal, que no es posible que la ley y esfera del derecho lo pueda sacar de esa bomba de micro poderes. Ahora, el problema es que esta población se encontraba fuera de la ley antes del contrapoder surgido (pues si no hubiese sido así este fenómeno no se hubiera dado), pero además durante el contrapoder también se les mantiene en un margen en el que no se garantizan sus derechos, por ejemplo a la vida. Pero esta penetración en la vida de los sujetos ha sido largamente analiza por Foucault y por Arendt, quienes encuentran ciertos peligros respecto a esto, como veremos a continuación.

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Podríamos decir una capacidad de violencia (y no poder) si nos atuviéramos a la noción de poder arendtiana en la cual se distingue el poder de la violencia. En Sobre la Violencia y en su Condición Humana Arendt argumenta, a lo largo del capítulo “Acción”, que el poder es resultado necesariamente del acuerdo y de la acción política entre los humanos. Esto último implica el discurso y la inclusión del otro, en tanto diferente y plural. Según Arendt, en el tema del poder es condición necesaria la acción, la esfera pública y la pluralidad; mientras que la violencia no implica la indeterminación de la acción y menos la pluralidad. Por el contrario, se trata de una modalidad de medios y fines en la cual no se necesita la inclusión del otro. De lo que se trata en este caso es de llevar a cabo el proyecto que se tenga, aun pasando violentamente por encima de la vida del otro.

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5.1 Biopolítica y biopoder. En los análisis de Foucault se presentan diferentes manifestaciones del poder, cada manifestación apareció en distintos momentos de la historia. Para el caso de una sociedad automatizada de masas, dedicada al consumo, se pueden identificar manifestaciones de poder que no sólo vigilan y adiestran, se dedican a administrar la vida e incluso hacen vivir en algunos casos. En una sociedad normalizada resulta casi imposible renegar de aquel poder que administra la vida, pensemos por ejemplo lo difícil que resulta aceptar que el poder no esté relacionado con la economía o con la alimentación. Este fenómeno de aceptación del poder, al punto que se le necesita como a un padre o acudiente, fue largamente analizado por Arendt. Según ella, la familia fue gradualmente reemplazada por la sociedad, al punto que el hombre moderno se siente en “casa” cuando está en sociedad (Cf. La Condición Humana Pág. 62). Análisis de Foucault sobre el poder de espada Hobbes presentado en el apartado 3

Foucault insiste en que no sólo ha existido un poder que busca administrar la vida, también ha existido el poder de hacer morir. Este poder es simbolizado por Foucault con la espada, tal poder tiene como característica la negación del otro, el portador de la espada sólo puede ejercer su poder eliminando a su súbdito, a su contrario (Cf. La Voluntad de Saber pág. 96-100). En el caso de la población en contexto de contrapoder nos encontramos con un caso extremo en el que se quiere negar al otro al punto que se le destierra. Al respecto Arendt diría que en un contexto en donde se elimine la diferencia, o al otro, no se puede dar la política (asunto propiamente humano recordando la distinción aristotélica zoé/bíos). Pero por el otro lado de la moneda, en el poder que hace vivir, tampoco se podría dar la política; ya que, en un momento en donde no se distinguen la esfera privada de la pública no se puede dar una vida dedicada a los asuntos públicos y a la política.

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Para profundizar un poco en esta idea a continuación presento el problema de lo público (ámbito de los humanos) y lo privado (ámbito de lo natural) en Foucault. El poder como administración de la vida se evidencia, según Foucault, a dos niveles: i) a nivel individual (esfera privada) y ii) a nivel poblacional (esfera pública o social). i) En cuanto al nivel individual, las técnicas para obtener la sujeción de los cuerpos se comprueban en las disciplinas del cuerpo, anatomo-política del cuerpo humano. ii) En cuanto al nivel poblacional tenemos que en las regulaciones y estadísticas, referidas a lo masivo o colectivo, se da una administración de la vida en lo que Foucault llama biopolítica de la población. Las nociones foucaultianas entre ellas la biopolítica, no son resultado de un entramado conceptual abstracto sin referencia a acontecimientos históricos concretos; sino que Foucault analiza, entre otras cosas, a) las transformaciones históricas que se dieron del paso de una sociedad feudal a la implementación del estado nacional; b) el paso de una sociedad mercantil a una sociedad con modelo de producción capitalista. Foucault es muy enfático en recordar que en estos casos lo que se dan son relaciones de poder de diferente índole, pero en últimas son sólo diferentes manifestaciones del poder, unas enmascaradas otras no tanto, el caso de los grupos armados que atacan a la población encaja perfectamente en las manifestaciones de poder no enmascarado. En contraste con los grupos armados tenemos una de las formas más disimulada y así mismo aceptada de poder, a saber, el biopoder. Foucault dice “[...] lo que sucedió en el siglo XVIII en ciertos países occidentales y que fue ligado por el desarrollo del capitalismo [...] fue nada menos que la entrada de la vida en la historia –quiero decir la entrada de los fenómenos propios de la vida de la especie humana en el orden del saber y del poder-, en el campo de las técnicas políticas” (La Voluntad De Saber Pág. 171).

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Con la recién mencionada “entrada de la vida en la historia” Foucault se refiere a la idea, según la cual, en el mundo moderno la esfera pública y la privada no se diferencian; ya que por ejemplo actividades como: la economía, la salud, la reproducción son administradas por la biopolítica, estas tareas eran exclusivas del mundo privado, pero con el surgimiento del biopoder se convirtieron en asunto público, de manera que asuntos antes propiamente de la familia pasaron a ser asunto del colectivo en general. La desaparición de las fronteras entre lo público y lo privado es un fenómeno moderno que como consecuencia dejó a toda la especie bajo el control del biopoder. “Una sociedad normalizadora fue el efecto histórico de una tecnología de poder centrada en la vida” (La Voluntad de Saber Pág. 175). Resulta relevante que el nacimiento de la estadística se dio en el contexto de control sobre el individuo (cf. Condición Humana Pág. 65). Este saber (relacionado con las disciplinas) muestra datos y números de lo que importa a la esfera pública (los asuntos masivos y automáticos, comunes y no plurales). La uniformidad estadística tiene como ideal político una sociedad sumergida en la automatización y rutina de la “normalidad”. La conducta uniforme se presta perfectamente a la determinación estadística, para que así la predicción científica sobre la sociedad sea correcta. Desde el auge de lo social y el paso de lo privado a lo público se ha visto constante crecimiento, algo propio del sistema capitalista. Este crecimiento ha implicado el sometimiento de las antiguas esferas pública y privada a la vez que el establecimiento de la intimidad. Esto se debe a que en la sociedad ha sido canalizado el proceso de la vida humana. El biopoder administra, controla y vigila todas las actividades antes propias de la familia. La sociedad actual entiende público como la mutua dependencia en beneficio de la vida, de manera que lo público se dedica a la supervivencia. “Las guerras ya no se hacen en nombre del soberano al que hay que defender; se hacen en nombre de la existencia de todos; se educa a poblaciones enteras para que se maten

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mutuamente en nombre de la necesidad que tienen de vivir. Las matanzas han llegado a ser vitales” (La Voluntad de Saber Pág. 165). CONCLUSIONES 1. La organización política es la característica esencial del hombre. 2. Cuando se intenta implantar un nuevo poder, entonces la población queda excluida del ámbito político. 3. En particular, la esfera pública es la que se anula en el auge de un contrapoder. Y se anula porque toda la institución que garantizaba la legalidad queda anulada cuando un contrapoder logra instalarse. 4. El caso de la población en un contexto de contrapoder resulta en una especie de estatus ambiguo, que presenta la vida humana transcurriendo entre el ámbito político y el ámbito natural. 5. La población anterior está expuesta a una suerte de ley del más fuerte, o estado de naturaleza hobbesiano. 6. El auge de un contrapoder suspende a la esfera político-pública (con la idea de reconfigurarlo), y esto se hace más claro si tenemos en cuenta que las relaciones con la insurgencia no son entre iguales –como es necesario en la esfera político/pública-. 7. En un contexto de contrapoder -que se esté gestando- ocurre lo siguiente: no hay un soberano que garantice ningún derecho ni ninguna ley. Por tal razón se retorna a la ley del más fuerte, es decir, se anula el estadio político y se pasa al pre político. Esto no anula la posibilidad de que retorne el estadio político. Puede retornar cuando uno de los contendientes -entre el poder tradicional o el contrapoder- se imponga totalmente. 8. Para Hobbes, la seguridad de los humanos implica no sólo el acuerdo, sino también, el sometimiento de las voluntades. Las voluntades de la población quedan supeditadas a un soberano (que podría ser una constitución o un grupo –o persona- que se impone sobre los otros). Mientras no se supediten 31


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tales voluntades entonces se estará en un estadio prepolítico de guerra, llamado por Hobbes estado de naturaleza. El soberano (que podría ser un sustituto de uno anterior menos fuerte y eficiente) es quien garantiza dos asuntos esenciales a la esfera política, a saber, el castigo y la seguridad. 9. Precisamente en el artículo se presentan un conjunto de hechos que llevaron a la implantación de un soberano (a manos de la insurgencia del FMLN en El Salvador, y de las FARC en Colombia). Es decir, se presenta el surgimiento de un soberano en el plano fáctico (no en el plano teórico hobbesiano). 10. Cuando hay un ordenamiento político, entonces existe un soberano (la constitución en caso de democracia, o un partido, en caso de totalitarismo). Y, en el momento en que surgen contrapoderes que logran reemplazar (al menos

por instantes) al antiguo soberano, entonces la población queda

excluida del terreno político antiguo, y mientras se gesta uno nuevo la población queda excluida de la esfera político pública. 11. La exclusión anterior conlleva que una persona no tenga derecho a tener

derechos (tal como lo muestra Arendt). De suerte que los sujetos en contextos de contrapoder, no pueden hacer exigible ninguno de sus derechos, ni siquiera el de la vida; se encuentran en una situación que semeja el estado de naturaleza hobbesiano, o el zoé aristotélico.

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Contrapoder y biopolítica  

El artículo muestra un análisis del fenómeno del contrapoder a la luz de los planteamientos en biopolítica.

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