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Vocablo:El término conciencia proviene del latín conscientia y significa literalmente “con conocimiento”. En su acepción general, se define como el conocimiento que el ser humano tiene de sí mismo y de su entorno. El entorno que rodea al ser humano es amplio y muy complejo, pues somos parte de una sociedad en la que intervienen muchos factores, así que en este primer artículo se abordarán de una manera muy general. En donde quiera escuchamos la palabra “concientizar”, hacer conciencia; concientizar a la gente de la importancia de cuidar de nuestro medio ambiente, no tirar basura en las calles o de no talar árboles a diestra y siniestra, concientizar a las mujeres sobre la conveniencia de realizarse periódicamente la exploración de senos y el Papanicolaou, concientizar a las personas de lo indispensable que resulta utilizar condón durante las relaciones sexuales, concientizar a todo el mundo de un sinfín de temas que requieren de toda nuestra atención. De pronto, al abrir nuestro correo electrónico nos encontramos con muchos mensajes que tienen ese propósito. Algunos de éstos son desgarradores: una joven de 24 años en fase terminal por Sida; una adolescentecon quemaduras de tercer grado resultantes de un choque automovilístico contra un sujeto que conducía en estado de ebriedad; un señor que perdió a su esposa y a su hija víctimas del cáncer de seno; un país devastado por el tsunami; un grupo de personas cazando focas; y así la lista resulta enorme. Sin embargo, pocos de estos mensajes cumplen con su objetivo: concientizar. Tal vez porque el ser humano prefiere ver la realidad a través de un cristal de color de rosa, para que ésta no le asuste; probablemente porque se percibe de una manera virtual y, por lo tanto, irreal; quizás porque los lectores de esta clase de correos piensan que eso no les sucederá a ellos; posiblemente porque la mayoría de la gente está tan preocupada por sus propios problemas que no le encuentra caso también hacerlo por los de los demás, o acaso porque no nos tomamos la molestia y el tiempo de reflexionar sobre el asunto.


Ser conscientes significa conocer mediante la reflexión. ¿Cómo hacer que alguien reflexione sobre cada uno de estos temas? Desde mi punto de vista, creo que depende básicamente de dos cosas. En primer lugar, debemos sabernos y sentirnosparte de. Somos seres humanos que vivimos en una sociedad, que dependemos unos de otros, que nos alimentamos –y muchas veces, vestimos- de lo que obtenemos de la naturaleza. Y en segundo término, debemos tener claro que las decisiones que tomamos, además de afectarnos directamente a nosotros mismos, también dañan o benefician a otros. Si partimos del supuesto de que todos poseemos el instinto de supervivencia, entonces es lógico pensar que no será difícil que tal reflexión y análisis se dé en mayor o menor medida en quienes lo tengamos; pues para sobrevivir en este mundo que poco a poco vamos destruyendo, tenemos que amarlo, de la misma manera que nos amamos a nosotros mismos. Así pues, hagamos conciencia de que para sobrevivir debemos cuidarnos a nosotros mismos y a nuestro entorno. ¿Cómo? Hay mil maneras. Comencemos con las más sencillas: aliméntate sanamente, acude a tus revisiones médicas, deposita la basura en su lugar, usa condón, vacuna a tus hijos, entérate de lo que sucede a tu alrededor, planta un árbol, cumple con tus deberes cívicos, reflexiona tu voto, sé respetuoso, toma medidas de seguridad básicas, etc. DINAMISMO Y FORMACIÓN DE LA CONCIENCIA 1. Introducción La referencia a la conciencia es algo habitual en el hombre. Y puede ser que si nos preguntan: ¿qué entiendes por conciencia?, la respuesta sea que la conciencia es aquel hábito que determina la bondad o la malicia de los actos. ¿Eso es así? ¿Es la conciencia la única norma moral? La conciencia, ¿crea la bondad o la malicia de nuestras acciones o, por el contrario, se adecua a una norma objetiva? Vamos a intentar resolver estos interrogantes tan fundamentales para la vida del hombre, pues de ellos depende, en gran parte, su salvación eterna. Sin embargo, no podemos pensar que vamos a abordar el tema en toda su profundidad pues para ello haría falta tratar de la existencia de Dios y de su Providencia, de la existencia de una realidad y de un orden objetivo; de la verdad y de la divinidad de la religión católica; de la filosofía de la educación, etcétera.


No obstante, abordaremos dos temas: la formación y la conciencia, para posteriormente estudiar la formación de la conciencia y de ahí sacar unas consecuencias prácticas para dicha formación. Para determinar la noción de la conciencia moral, acudiremos una vez más a nuestra propia experiencia. a) Es un hecho que nadie de nosotros juzga las acciones de un vegetal o de un animal irracional como acciones morales o inmorales. Sólo un ser humano es sujeto de actos morales o inmorales. Podemos por tanto, concluir que "la conciencia moral es una función de la persona humana". b) La experiencia nos enseña que ciertas personas observan una determinada conducta moral y que otras se conducen de forma inmoral. En consecuencia "la conciencia moral no es algo añadido a la persona, sino que es la misma persona, el sujeto de la conducta moral". "La conciencia moral es una realidad dinámica que capacita al hombre para captar y vivir los valores morales". Su desarrollo y perfección dependen del desarrollo y de la perfección de la personalidad de cada hombre. 2. Formación

a) Formación y verdad

La formación ayuda al hombre al conocimiento de la verdad y a la vivencia de su libertad. Esta afirmación no se refiere a las grandes verdades --científicas, filosóficas, etc.-- sino a la necesidad de tener criterio sobre cualquier materia ética, de trabajos manuales, etc. Pero, ¿qué es la verdad? La verdad, según Santo Tomás, es la adecuación del intelecto con la cosa conocida. Por lo tanto, la formación debe ir encaminada a que el hombre acierte lo máximo posible en esas adecuaciones con la realidad. Por ello, diremos que uno está formado en la medida en que se desenvuelve con acierto; concretamente, si sabe distinguir perfectamente, sin error, lo bueno de lo malo.

b) Verdad y libertad

Nuestra posibilidad de ser libres es fruto de nuestra capacidad de conocerla verdad. Porque «la libertad no es la libertad de hacer cualquier cosa, sino que es libertad para el Bien, en el cual solamente reside la felicidad. De este modo el Bien es su objetivo. Por consiguiente el hombre se hace libre cuando llega al conocimiento de lo verdadero, y esto --prescindiendo de otras fuerzas-- guía su voluntad» (1). Por eso, «la madurez y responsabilidad de estos juicios --y, en definitiva, del hombre, que es su sujeto-- se demuestran no con la liberación de la conciencia de la verdad objetiva, en favor de una presunta autonomía de las


propias decisiones, sino, al contrario, con una apremiante búsqueda de la verdad y con dejarse guiar por ella en el obrar (2). Si nuestro conocimiento sobre lo que debemos hacer es falso, si nos hemos equivocado, es indudable que nuestro obrar no es libre («La verdad os hará libres»: Jn 8, 32). Decidir en el error es degradarse, actuar coaccionado por unos datos falsos que nos llevarán a tomar una decisión forzada. En cambio, la verdadera formación no aliena, no priva de libertad, sino que es dadora de libertad. Por eso promoverá el amor a la verdad, a la libertad, a la responsabilidad, al conocimiento claro y profundo de los hechos.

c) Derecho a la verdad

Decimos que el hombre puede alcanzar la verdad, pero a veces falla en el intento; pues para alcanzar la verdad, a veces el itinerario es largo, laborioso, con dificultades, con apasionamientos..., y es posible el error. Esa es una limitación radical del hombre que no puede ser ignorada. Por eso, decimos que el hombre es sociable, es decir, necesita de los demás para llegar a ser lo que puede ser, tanto en el plano biológico, como científico y religioso. Y como es una necesidad, es un derecho que tiene todo hombre a recibir ayuda de los otros. Y eso no es cosa distinta de la formación: ayudar a los demás a encontrar la verdad. La formación en el terreno religioso será el soporte seguro para que conociendo la Verdad y viviendo la Libertad, lleguemos al Amor. Por eso, ha dicho un reciente documento de la Iglesia que «la apertura a la plenitud de la verdad se impone a la conciencia moral del hombre, el cual debe buscarla y estar dispuesto a acogerla cuando se le presente (3). Para esta tarea exhorta el Concilio Vaticano II «a todos, pero especialmente a los que se cuidan de la educación de otros, a que se esmeren en formar hombres que, acatando el orden moral, obedezcan a la autoridad legítima y sean amantes de la genuina libertad; hombres que juzguen las cosas con criterio propio a la luz de la verdad, que ordenen sus actividades con sentido de responsabilidad y que se esfuercen por secundar todo lo verdadero y lo justo, asociándose gustosamente con los demás» (4). 3. Elementos constitutivos de la conciencia moral a)Elementos racionales que concurren la formación de los juicios. Los juicios son formulados antes y después del acto moral. Los juicios previos al acto moral establecen los principios. Por ejemplo: Hay que hacer el bien y evitar el mal.


En otras palabras, se juzga que, si tal acto es bueno, debe ser realizado; si es malo, debe ser evitado. Los juicios después del acto. Una vez realizado el acto, la conciencia lo acepta si fue bueno y lo rechaza en el caso de que haya sido malo. La conciencia juzga también si el acto fue digno de recompensa o de castigo. Si fue malo se pronuncia sobre la obligación de reparar los males causados. b)Los sentimientos morales antes del acto. El hombre naturalmente tiene la tendencia de hacer el bien y evitar el mal. Experimenta, a la vez, respeto al deber, y por ende, aprecia la conducta buena y menosprecia la conducta mala. Los sentimientos morales después del acto. El deber cumplido produce en el hombre alegría. Al no cumplir con su deber, el hombre suele llenarse de tristeza y, a veces, de vergüenza o remordimiento por el mal causado. c)Los elementos activos. Son actos de la voluntad. Una vez que la inteligencia ha concebido el objetivo, la voluntad elige los medios necesarios para alcanzarlo y, finalmente, busca su ejecución. 4. La ley de Dios y la obligación de seguir la conciencia a)Conciencia moral La conciencia moral ordena a la persona, «en el momento oportuno, practicar el bien y evitar el mal. Juzga también las opciones concretas aprobando las que son buenas y denunciando las que son malas (CfrRom 1,32» (5); es decir, la posibilidad de ver nuestros propios actos en relación con los planes de Dios. Al hablar de algo bueno o malo lo hacemos siempre por referencia a un «patrón». Pero ¿es la misma conciencia? o ¿es algo objetivo? Lo veremos a continuación, pero podemos adelantar que la norma suprema de conducta es la ley divina. La conciencia sólo descubre si sus acciones encajan con lo que Dios quiere. En consecuencia la conciencia es norma próxima (subjetiva, personal, inmediata) de moralidad, pero la norma suprema (objetiva) es la ley de Dios. 5. Clases de conciencia Por razón del asentimiento que prestamos a lo que la conciencia nos dicta ésta se divide en cierta, probable y dudosa, según el grado de seguridad que se tenga. Se debe seguir la conciencia cierta; en algunos casos la probable, pero nunca la dudosa; hay que salir antes de la duda.


No es lo mismo estar seguro de algo que dar en el clavo. La primera es la conciencia cierta, la segunda es la conciencia verdadera. Una es la seguridad subjetiva y la otra la objetiva. Pues bien, no basta con «estar seguro» (conciencia cierta), además hay que actuar con la ley (conciencia verdadera). Limitarse a una seguridad personal es ponerse en lugar de Dios, que es el único queno se equivoca. Por ese camino se acaba confundiendo lo espontáneo con lo objetivamente bueno. En cambio, «fruto de la recta conciencia es, ante todo, el llamar por su nombre al bien y al mal (6). Por la limitación humana puede ocurrir que un hombre esté cierto de algo que no sea verdadero. Por eso mismo, no es el ideal tener meramente una conciencia moral cierta: hay que tender a tener, además, una conciencia recta o verdadera. La conciencia, «para ser norma válida del actuar humano tiene que ser recta, es decir, verdadera y segura de sí misma, y no dudosa ni culpablemente errónea (7). Una persona que actúe contra su conciencia, peca; pero también peca por no ajustar deliberadamente sus dictámenes a la ley de Dios que es la norma suprema de actuación. «El desconocimiento de Cristo y de su Evangelio, los malos ejemplos recibidos de otros, la servidumbre de las pasiones, la pretensión de una mal entendida autonomía de la conciencia, el rechazo de la autoridad de la Iglesia y de su enseñanza, la falta de conversión y caridad pueden conducir a desviaciones del juicio en la conducta moral» (CEC, 1792). 6. Formación de la conciencia

Revelación y Magisterio eclesiástico Los hombres, para conocer nuestro destino sobrenatural y los medios para alcanzarlo, necesitamos de la Revelación. En este sentido, no somos «espontánea y naturalmente cristianos». La palabra de Dios no sólo asegura qué una cosa conduce al hombre a su fin natural, sino que informa también su meta sobrenatural y todo lo que le acerca a ella. Lo objetivamente revelado confirma y corrobora, además, las disposiciones sembradas por el Espíritu Santo en el alma que está en gracia. Pues bien, como decía Pío XII, la moral cristiana hay que buscarla «en la ley del Creador impresa en el corazón de cada uno y en la Revelación, es decir, en el conjunto de las verdades y de los preceptos enseñados por el Divino Maestro. Todo esto --así la ley escrita en el corazón, o la ley natural, como las verdades y preceptos de la revelación sobrenatural-- lo ha dejado Jesús Redentor como tesoro


moral a la humanidad, en manos de su Iglesia, de suerte que ésta lo predique a todas las criaturas, lo explique y lo transmita, de generación en generación, intacto y libre de toda contaminación y error (8). La Iglesia, pues, a través de su Magisterio ordinario y extraordinario es la depositaria y maestra de la verdad revelada. De ahí que «los cristianos, en la formación de su conciencia, deben prestar diligente atención a la doctrina sagrada y cierta de la Iglesia (9). Difícilmente podría hablarse de rectitud moral de una persona que desoiga o desprecie el Magisterio eclesiástico: «el que a vosotros oye, a Mí me oye, y el que a vosotros desprecia, a Mí me desprecia; y el que me desprecia, desprecia al que me envió» (Lc 10,16). Por tanto, para un cristiano, sí no hay unión con la Jerarquía --con el Papa y con el Colegio Episcopal en comunión con el Papa--, no hay posibilidad de unión con Cristo. Ésta es la fe cristiana, y cualquier otra posibilidad queda al margen de la fe. Y no sólo cuando es Magisterio extraordinario, o bien ordinario y universal, sino también cuando es auténtico: «la mayor parte de las veces lo que se propone e inculca en las Encíclicas pertenece por otras razones al patrimonio de la doctrina católica. Y si los Sumos Pontífices pronuncian de propósito una sentencia en materia disputada, es evidente que según la intención de los mismos Pontífices, esa cuestión no puede considerarse ya como de libre discusión entre los teólogos»(10). Será, pues, el Magisterio eclesiástico la fuente fundamental para la formación de la conciencia. Como recordaba Juan Pablo II: «Entre los medios que el amor redentor de Cristo ha dispuesto para evitar este peligro de error [hace referencia a la conciencia venciblemente errónea], se encuentra el Magisterio de la Iglesia: en su nombre, posee una verdadera y propia autoridad de enseñanza. Por tanto, no se puede decir que un fiel ha realizado una diligente búsqueda de la verdad, si no tiene en cuenta lo que el Magisterio enseña; si, equiparándolo a cualquier otra fuente de conocimiento, él se constituye en su juez; si, en la duda, sigue más bien su propiaopinión o la de los teólogos, prefiriéndola a la enseñanza cierta del Magisterio»(11). Pero ¿cómo encaja esta afirmación con la libertad religiosa proclamada por el Concilio Vaticano II? Vamos a verlo. 7. Medios para formar rectamente la conciencia Hemos llegado al punto en que podemos explicitar las normas y medios para la formación de una conciencia recta o verdadera. Sin embargo, esas normas o medios no los podemos ver como una concesión de nuestra parte «porque no


queda más remedio». No es la formación un meterse entre carriles que nos llevan a donde no queremos ir, sino medios que nos llevan a la Verdad y al Amor. Si no actuamos así es que no tenemos deseos de formarnos. Y la queja de Cristo tiene que ser un revulsivo para nosotros, pues como Él mismo dice se debe a la libre negativa del hombre: « ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis sufrir mi doctrina» (Jn 8, 43). También hay que tener en cuenta que puede costar no pocos sacrificios seguir una conciencia rectamente formada, pues no olvidemos que una vida cristiana, llevada hasta sus últimas consecuencias, no puede excluir la cruz: «el que quiera venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo y tome su cruz y sígame» (Mt 16,24.). Por último, al formar la conciencia, no se puede caer en el encasillamiento interior, pero tampoco en la ignorancia o desprecio de las normas de la Iglesia. Una buena educación estarátan lejos del escrúpulo como de la «manga ancha». Es preciso tener las ideas muy claras y que luego las aplique cada uno a su manera con libertad y responsabilidad personales.

a) Apoyarse en los demás. El apoyo en los demás deberá partir de la humildad de quien se sabe no autosuficiente, sino necesitado. Esa ayuda podrá verificarse de muchos modos complementarios entre sí: a través de la dirección espiritual, de la confesión, de un amigo que nos da un determinado consejo, de unas clases que amplíen los conocimientos doctrinales, de un buen libro, etc. «Conviene que conozcas esta doctrina segura: el espíritu propio es mal consejero, mal piloto, para dirigir el alma en las borrascas y tempestades, entre los escollos de la vida interior. »Por eso es Voluntad de Dios que la dirección de la nave la lleve un Maestro, para que, con su luz y conocimiento nos conduzca a puerto seguro»(12). Habría que volver a recordar la importancia de la sinceridad al hablar de dirección espiritual, y sería bueno recordar que siendo sinceros con nosotros mismos, no será difícil --aunque cueste-- serlo con el director, porque a la dirección espiritual o se va con absoluta sinceridad o no se va: la comedia no tendría sentido. La confesión es la culminación de la dirección espiritual, por la cual Dios nos da su gracia para vencer en la lucha diaria. La confesión nos perdona los pecados y nos consigue unaconciencia recta porque consagra y diviniza nuestro deseo de rectificar. «En efecto, la confesión habitual de los pecados veniales ayuda a formar la conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo, a


progresar

en

la

vida

del

Espíritu»

(CEC,

1458).

b) Formación a través de la lectura Es obvio que si la Iglesia es la depositaria e intérprete auténtica de la verdad revelada, nuestro primer medio de formación será el estudio de los documentos del Magisterio, y de otros libros con buena doctrina, avalados por la autoridad eclesiástica competente. Y entre éstos, no estará de más que repasemos, de vez en cuando, las verdades fundamentales de nuestra fe, contenidas en el Catecismo de la Iglesia Católica. Al hablar de la lectura de libros --tan necesaria--, no es superfluo considerar que es necesario un buen asesoramiento antes de leer un libro, para que ese libro ayude efectivamente a iluminar la conciencia y no a oscurecerla. Terminamos con unas palabras tremendamente actuales sobre esta necesidad de formación: «La enseñanza de la religión ha de ser libre, aunque el cristiano sabe que, si quiere ser coherente con su fe, tiene obligación grave de formarse bien en ese terreno, que ha de poseer --por tanto-- una cultura religiosa: doctrina, para poder vivir de ella y para poder ser testimonio de Cristo con el ejemplo y con la palabra»(13). 8. La educación y la moral El objetivo fundamental de la educación consiste en la formación de la conciencia moral del hombre, para que este intuya los valores éticos fundamentales tales como: • El amor a la verdad • El apego a la sobriedad y a la lealtad. • La dedicación y la responsabilidad al trabajo. • El interés a la justicia y al bien común. • La aversión hacia la venganza, el odio, la hipocresía, la avaricia, el egoísmo y la cobardía. La educación ha de procurar conducir a los jóvenes hacia la reflexión científica sobre los grandes problemas y misterios de las cosas, de la vida y del cosmos, a fin de proporcionar vivencias más profundas. Esto llevará hacia una formación de una cultura general que lleve a la comprensión de nuestra cultura nacional, así como también a la comprensión de otras culturas distintas a la nuestra. Esta cultura general hará que el individuo se sienta, "ciudadano del mundo", mediante la comprensión que obtiene de las formas de vida y manifestaciones


culturales de otros pueblos. De este modo, contribuirá a que haya mayor tolerancia para con otros pueblos, otras costumbres y otros valores.

a) Ética profesional de la abogacía Se ha cuestionado la posibilidad de señalar principios éticos y normas morales para el ejercicio de una profesión que es realizada por un hombre adulto, ya formado, que tiene su propia concepción de la vida, de la sociedad y por tanto de la profesión. Pero lo que se pretende es formular pautas específicasque regulen el correcto desempeño de cualquier profesión. En lo que se relaciona con la profesión de abogado se establecen tres clases de deberes: con el cliente, con la autoridad y con el adversario.

b) Deberes del abogado con el cliente. Los deberes del abogado con el cliente pueden sintetizarse así: lealtad e independencia. La lealtad obliga al abogado el cumplimiento de los siguientes deberes: decirle la verdad, hacerle conocer el alcance del problema mantenerlo informado sobre el avance del proceso, demostrar interés por la causa, actuar con agilidad, instruir al cliente sobre lo que debe hacer o decir, presentar toda la prueba posible, no transigir ni renunciar derechos sin el expreso consentimiento del cliente, etc. La independencia del abogado le obliga a no ser partícipe de los intereses en conflicto y por eso no es conveniente el pacto de cuota- litis así como la aceptación del mandato, porque el primero convierte al abogado interesado en la cuota-litis, y, el segundo le hace también litigante, haciendo proclive a que el proceso se revista de pasión y encono.

c) Deberes del abogado con la autoridad. Los deberes del abogado con la Autoridad los resumimos así: a.Respeto a la magistratura.- La Autoridad, el juez o tribunal son dignos de todo respeto por la investidura y función que ejerce independientemente de la persona. b.Verdadpara la justicia y fe en la justicia.- El abogado debe hacer del proceso una síntesis de la verdad descubierta con la investigación a fin de que el Juez pueda tener seguridad de "administrar justicia". El abogado tiene que demostrar su fe en la justicia y en el ejercicio de la profesión frente a la autoridad.


c.Independencia.- La independencia del abogado en el ejercicio del derecho le permite actuar con responsabilidad, con sensibilidad, con sentimiento altruista, con desinterés, con delicadeza y con modestia. CONCLUSIONES Por lo que llevamos dicho podemos concluir que es necesaria la formación y especialmente acuciante para un hombre de fe que quiere conocer mejor a Dios, y se da cuenta de que «la religión es la mayor rebelión del hombre que no quiere vivir como una bestia, que no se conforma --que no se aquieta-- si no trata y conoce al Creador»; por eso verá que «el estudio de la religión es una necesidad fundamental» y que «un hombre que carezca de formación religiosa no está completamente formado»(14). Por eso recalca el Catecismo que «hay que formar la conciencia, y esclarecer el juicio moral. Una conciencia bien formada es recta y veraz. Formula sus juicios según la razón, conforme al bien verdadero querido por la sabiduría del Creador. La educación de la conciencia es indispensable a seres humanos sometidos a influencias negativas y tentados por el pecado a preferir su propio juicio y a rechazar las enseñanzas autorizadas» (CEC, 1783). En cualquier materia intentamos alcanzar el mayor número de conocimientos para ser doctos en aquel saber. Y si no los alcanzamos, evitamos hablar del tema por indoctos. Pero, ¿sucede lo mismo con los temas relativos a la fe ya la moral? Muchas veces se pontifica sobre lo que se ignora. Por todo ello, «la conciencia tiene necesidad de formación. Una educación de la conciencia es necesaria, como es necesario para todo hombre ir creciendo interiormente, puesto que su vida se realiza en un marco exterior demasiado complejo y exigente» (15). Añade el Catecismo que «la educación de la conciencia es tarea de toda la vida (...) garantiza la libertad y engendra la paz del corazón» (CEC, 1784). Por ello, la formación de la conciencia seguirá reglas parecidas a las de toda formación. Sin embargo, a la hora de aplicarlas, no podemos olvidar un dato importantísimo: lo que pretendemos al formar la conciencia no es simplemente alcanzar una habilidad o desarrollar una facultad, sino conseguir nuestro destino eterno. Esto nos lleva a ver unos cuantos presupuestos básicos de la formación de la conciencia. BIBLIOGRAFÍA Licdo. Víctor Valverde Aragundi Psicólogo Educativo –Periodista Guayaquil-Ecuador De "Lecciones de Ética" de Bruno Rychlowski


LA CONCIENCIA DE MI MISMO La conciencia de sí mismo La conciencia de sí mismo es un proceso que se inicia desde los primeros días de vida, y se constituye en una de las experiencias más importantes de la existencia. Implica “darse cuenta” de quién soy, cómo soy y de mi entorno. Es la capacidad de conocer mis carencias, mis capacidades, mis valores, mis esperanzas, mis emociones, mis pensamientos, mis actitudes. Es la capacidad de conocer mis carencias, mis capacidades, mis valores, mis esperanzas, mis emociones, mis pensamientos, mis actitudes. La capacidad de tener conciencia de uno mismo, permite la aceptación de sí mismo. Al mismo tiempo otorga conciencia de lo que el individuo debe hacer y de sus responsabilidades, de la capacidad de crear, cumplir normas de conducta y organización de su contexto; en resumen, de hacerse cargo de su propia vida. La conciencia de sí mismo es una travesía pausada y compleja, considerando que círculos no cerrados, desconfianzas, debilidades, miedos, convertidos en alteraciones de la personalidad, empañan la capacidad de darnos cuenta. Autorregulación Como hemos visto, los principales modelos de Inteligencia Emocional dan mucha importancia a la regulación de las propias emociones. De hecho, se trata de la piedra angular del concepto, ya que de nada sirve reconocer nuestras propias emociones si no podemos manejarlas de forma adaptativa. La autorregulación emocional se englobaría dentro de lo que sería el proceso general de autorregulación psicológica, el cual es un mecanismo del ser humano que le permite mantener constante el balance psicológico. Para ello necesita de un sistema de feedback de control que le permita mantener el estatus en relación a una señal de control. Bonano (2001) expone un modelo de autorregulación emocional que se centra en el control, anticipación y exploración de la homeostasis emocional. La homeostasis emocional se conceptualizaría en términos de metas de referencia pertenecientes a frecuencias, intensidades o duraciones ideales de canales experienciales, expresivos o fisiológicos de respuestas emocionales. En este sentido, Vallés y Vallés (2003) señalan que puesto que las emociones tienen tres niveles de expresión (conductual, cognitivo y psicofisiológico) la regulación del comportamiento emocional afectará a estos tres sistemas de respuesta.


Por tanto, la autorregulación emocional no sería sino un sistema de control que supervisaría que nuestra experiencia emocional se ajustase a nuestras metas de referencia. 2.1. Modelo Secuencial de Autorregulación Emocional. Este modelo propuesto por Bonano (2001) señala tres categorías generales de actividad autorregulatoria: 1) Regulación de Control: Se refiere a comportamientos automáticos e instrumentales dirigidos a la inmediata regulación de respuestas emocionales que ya habían sido instigadas. Dentro de esta categoría se incluyen los siguientes mecanismos: disociación emocional, supresión emocional, expresión emocional y la risa. 2) Regulación Anticipatoria: Si la homeostasis está satisfecha en el momento, el siguiente paso es anticipar los futuros desafíos, las necesidades de control que se puedan presentar. Dentro de esta categoría se utilizarían los siguientes mecanismos: expresión emocional, la risa, evitar o buscar personas, sitios o situaciones, adquirir nuevas habilidades, revaloración, escribir o hablar acerca de sucesos angustiosos. 3) Regulación Exploratoria: En el caso que no tengamos necesidades inmediatas o pendientes podemos involucrarnos en actividades exploratorias que nos permitan adquirir nuevas habilidades o recursos para mantener nuestra homeostasis emocional. Algunas de estas actividades pueden ser: entretenimiento, actividades, escribir sobre emociones. 2.2. Modelo Autorregulatorio de las Experiencias Emocionales. La idea principal de la que parten Higgins, Grant y Shah (1999) es que las personas prefieren algunos estados más que otros y que la autorregulación permite la ocurrencia de los estados preferidos más que de los no preferidos. Igualmente señalan que el tipo de placer y el tipo de malestar que la gente experimenta depende de qué tipo de autorregulación este funcionando. Estos autores señalan tres autorregulación emocional:

principios

fundamentales

implicados

en

la

1) Anticipación regulatoria: Basándose en la experiencia previa, la gente puede anticipar el placer o malestar futuro. De esta forma, imaginar un suceso placentero futuro producirá una motivación de acercamiento, mientras que imaginar un malestar futuro producirá una motivación de evitación.


2)Referencia regulatoria: Ante una misma situación, se puede adoptar un punto de referencia positivo o negativo. Por ejemplo, si dos personas desean casarse, una de ella puede anticipar el placer que significaría estar casados, mientras que la otra persona podría imaginar el malestar que les produciría no casarse. Por tanto la motivación sería la misma, pero una de ellas estaría movida por un punto de referencia positivo y la otra por un punto de vista negativo. 3)Enfoque regulatorio: Los autores hacen una distinción entre un enfoque de promoción y un enfoque de prevención. Por tanto se distingue entre dos diferentes tipo de estados finales deseados: aspiraciones y autorrealizaciones (promoción) vs responsabilidades y seguridades (prevención). Automotivación Autoestima. Su nombre lo dice es auto-estimarse, valorarse a sí mismo, quererse y darse el valor más importante a sí mismo por el simple hecho de estar vivo, de ser un ser humano, con sus virtudes y defectos, sus aciertos y desaciertos, aceptarse tal cual es, con sus limitaciones y con todos sus emociones, sentimientos, pensamientos y deseos; así como estimarse físicamente, su cuerpo su vestir, su andar en una palabra AMARSE ASI MISMO. La autoestima empieza a forjarse muy tempranamente en la vida incluso desde el vientre de la madre cuando el futuro ser humano es concebido, cuando recibe las palabras de afecto y aprecio de la madre, padre, de los familiares y el deseo y la alegría que estos le trasmiten por su llegada a este mundo. Así se forma la autoestima, pero si es un niño no deseado, si es producto de un "descuido", eso también lo percibirá desde ya su corta formación (embrión y/o feto) y entonces se va generando un auto-rechazo, y se aleja de la autoestima. Automotivación. Lo mismo que para autoestima, aquí nadie te va a motivar a nada, te pueden invitar a hacer algo, pero si tú mismo no te motivas no pasa nada, y si haces las cosas por obligación o porqueasí te dijeron pues no las disfrutaras y seránmediocres.

Empatía Definiciones: 1: Habilidad que posee un individuo de inferir los pensamientos y sentimientos de otros, lo que genera sentimientos de simpatía comprensión y ternura.


2: Capacidad o proceso de penetrar profundamente, a través de la imaginación, dentro de los sentimientos y motivos del otro “ponerse en los zapatos del otro” ser empáticos es el ser capaces de “leer” emocionalmente a las personas. La empatía se divide en dos:

Empatía cognitiva: Constituye una comprensión del estado interno de otra persona.

Empatía emocional: Involucra una relación emocional por parte del individuo que observa las experiencias de otros y se coloca en el lugar del mismo.

Las 'habilidades sociales' son un conjunto de conductas, asociadas a los animales, puestas de manifiesto en las relaciones con otros seres de la misma especie. En el caso de las personas, éstas dotan a la persona que las posee de una mayor capacidad para lograr los objetivos que pretende, manteniendo su autoestima sin dañar la de las personas que la rodean. Estas conductas se basan fundamentalmente en el dominio de las habilidades de comunicación y requieren de un buen autocontrol emocional por parte del individuo. En muchas enfermedades mentales el área de las habilidades sociales es una de las más afectadas, por lo que su trabajo en la rehabilitación psicosocial es importantísimo. Además las habilidades sociales son parte de la formación del individuo desde su infancia hasta su muerte. Las habilidades sociales se forman desde el hogar e influye la escuela. Hay diferentes tipos de habilidades sociales, éstas son herramientas que nos sirven en la vida cotidiana para relacionarnos con los demás. Entre los diferentes tipos de habilidades sociales que se pueden entrenar existe la asertividad, la empatía (ponerse en el lugar del otro), la comunicación no verbal, la planificación, el establecer metas y objetivos, la resolución de problemas... Las habilidades sociales son estrategias aprendidas de forma natural. Existen varias teorías al respecto, destacando la Teoría del Aprendizaje Social y la Psicología social industrial de Argyle y Kendon. La Teoría del Aprendizaje Social está basada en los principios del condicionamiento operante desarrollado por Skinner (1938). Skinner parte de que la conducta está regulada por las consecuencias del medio en el que se desarrolla dicho comportamiento. El esquema de cómo aprendemos según este modelo es el siguiente: ESTÍMULO---RESPUESTA-----CONSECUENCIA (positiva o negativa) En base a este esquema,


nuestra conducta está en función de unos antecedentes y unas consecuencias que si son positivas, refuerzan nuestro comportamiento. Las habilidades sociales se adquieren mediante reforzamiento positivo y directo de las habilidades. También se adquieren mediante aprendizaje vicario u observacional, mediante retroalimentación interpersonal y mediante el desarrollo de expectativas cognitivas respecto a las situaciones interpersonales. Según el Profesor IdobNocnir, entiende la habilidad social como una predisposición a saber poder renunciar a los objetivos personales, para el logro de metas más amplias y abarcativas. Define al individuo como un Ser envuelto por una membrana o burbuja bio-psicosocial, entendida como un espacio personal permeable, elástico y adaptativo, que permite el intercambio con el exterior, ya sea para nutrirse o defecar, alimento o escape según las emociones percibidas y que, se expande o contrae posibilitando la protección del Ser. Le atribuye a la membrana la capacidad de cambiar de color según el estado anímico. Subyace en ella el poder envolver a otras membranas, acto que define como empatía. Por ello, considera la finalidad de la habilidad social, como la creación y desarrollo de un espacio inter-relacional donde los miembros que interaccionan conexionan sus membranas, sin perder su identidad. LA CONCIENCIA: ¿UN PRODUCTO EXTERNO O INTERNO? Es interesante a simple vista, en que la especie humana posea el increíble don de poderse reconocer y el aceptarse como una entidad viva, capaz de lograr una construcción de sí mismo y como esto le afecta a su entorno. Este fenómeno que llamaremos conciencia a originado una gran serie de interrogantes y decepciones en sus investigaciones a lo largo de la historia, pero esto al fin de cuentas no es lo más importante a tratarse en el presente ensayo, lo que sí es relevante resaltar es a tratar de resolver un enigma con más influencia actualmente que a su carácter histórico el problema de que la conciencia es o no un mecanismo biológico y si este fenómeno es originado inter o extrasubjetivamente en el ser humano. Desde el punto de vista de la neurociencia es posible resaltar muchas investigaciones y teorías que de un modo u otro han intentado dar respuesta a este interrogante, de esta manera se utilizara este enfoque para desarrollar la hipótesis ya mencionada. Anatomía de la representación cerebral Basándonos pues en lo anterior es de vital importancia resaltar las estructuras biológicas y demás entidades implicadas en dicho en el fenómeno de la conciencia. Millones de elementos son captados en cada instante gracias a los sistemas


sensoriales que, funcionando como filtros, permiten el paso de sólo una fracción del mundo externo, la parte que a lo largo de la historia evolutiva de la vida en este planeta resultó de importanciacrucial para la supervivencia de los organismos. Además de no corresponder a la totalidad del mundo real, este reflejo de diferentes características de la materia es traducido por los receptores sensoriales en señales nerviosas. Rastreando la fisiología de las diferentes vías sensoriales, se llega a la determinación de un proceso de desintegración de las unidades sensoriales en sus mínimos componentes. Inicialmente la información ambiental que es percibida, excita a alguna población de receptores los cuales, en su conexión con las terminaciones (o más apropiadamente iniciaciones) nerviosas, traducen tal información en actividad nerviosa, que en la forma de una modificación local de las acumulaciones iónicas transmembrana de Na+ y K+. Esta modificación avanza a lo largo del axón a velocidades entre los 20 y los 120 ms/sg (cárdenas, 2003) y culmina con la liberación de substancias transmisoras (de las primeras neuronas que acogieron dicho estimulo), las cuales a su vez actúan como un nuevo estímulo para las células nerviosas llamadas neuronas u otras células sobre las que establecen contacto. Este proceso, en el caso de dichos sistemas (excepción hecha del sistema olfativo), llega hasta una serie de conjuntos neuronales o núcleos de recopilamiento llamado tálamo. (1)Los

términos inter o extrasubjetivamente hacen referencia a que el primero se manifiesta al interior del sujeto, en cambio, el segundo lo hace de manera externa. El tálamo es esa esta parte del diencéfaloconsisten dos masas esféricas de tejido gris, situadas dentro de la zona media del cerebro, entre los dos hemisferios cerebrales. Este ente biológico permite el paso de los diferentes estímulos de todos los sistemas sensoriales (excepto ya especificado el del sistema olfativo) hacia la corteza cerebral que es el organismo el cual codifica dicha información como una especie de ordenador, esta se encuentra formada por millones de neuronas que comunicadas sinápticamente sirven para dar una respuesta ya sea simple o compuesta, donde la respuesta simple es un acto reflejo como al piquete de un zancudo la respuesta es rascarnos, y la respuesta compuesta es una expresión emocional (Damasio, 1996). A través de toda la evolución parecieron tres formas de corteza, las cuales les permitió a los animales adaptarse y sobrevivir al medio al cual estaban expuestos, primeramente apareció la arquicorteza en donde se incluye el hipocampo que forma parte del sistema limbico², luego filogenéticamente hablando surge la paleocorteza o corteza olfativa, la cual está enfocada en la codificación de los estímulos olfativos y la ultima y por ente la más reciente es la neocorteza (que es donde se ubica el área prefrontal la cual es la más reciente en términos filogenéticos (donde es precisamente de donde sale su nombre neo: de nuevo(va).) Conciencia: ¿un producto interno o externo?


Según lo anterior hemos plateado dos estructuras biológicas presentes en el ser humano pero ¿qué hay de extraordinarioen estas entidades carnosas y viscosas? Es aquí donde se entra a discutir el planteamiento originado por uno de los padres de la neurociencia moderna, Rodolfo Llinas el cual presenta un argumento muy importante respecto a la conciencia o “si mismo”. Llinas plantea que el “sí mismo” no es más que un estado funcional del cerebro. Todo empieza con que debemos interiorizar los distintos universales³ en mapas o sistemas de coordenadas el cual mídale mundo que nos rodea, cosa que la función cerebral la ha costado años de evolución crear y perfeccionar. En este sentido siguiendo los trabajos de Penfield y Rasmussen(1950) en pacientes con epilepsia al ser estimulados eléctricamente en diversas áreas de la corteza cerebral, los pacientes dicen provocaron ciertas contracciones musculares en diferentes partes del cuerpo , pero entonces ha de suponer que si esto es posible, existen en el cerebro ciertos mapas que poseen la ubicación de nuestro cuerpo y que dentro de esos mismos mapas encontramos neuronas con una función única o forma notable de emplearse, pero dicho así, fuera cierto, ¿Cómo escucharíamos una cosa y rigiéramos otra? Llinas aquí plantea que la respuesta es lo que él va a la coherencia temporal. (2)El

sistema límbico Formado por partes del tálamo, hipotálamo, hipocampo, amígdala, cuerpo calloso, septum y mesencéfalo, constituye una unidad funcional del encéfalo. Estas estructuras están integradas en un mismo sistema que da como resultado el control de las múltiples facetasdel comportamiento, incluyendo las emociones, en situaciones de crisis, la memoria y los recuerdos. El término universal hace referencia a los objetos presentes en el mundo externo. Se dice que, la neuronas se “disparan juntas o conspiran juntas” (Llinas, 2002) pero si las neuronas tienen una única función ¿Cómo es esto posible? Esto se debe a que la conectividad física permitió a las células nerviosas del cerebro una solución la llamada “interrelación” o unificación entre ellas y este proceso es el que se define como la coherencia temporal: una combinación sincrónica de las actividades individuales de las neuronas (Llinas, 2002). Entonces Llinas va a decir que esta unión de las neuronas forma la realidad o más bien, la centralizan en una sola ya que cada neurona tiene su propia realidad, pero ¿Cómo se logra la sincronización de las neuronas? Esto se logra debido al sistema tálamo-cortical que es el instrumento biológico para unificar tanto el mundo interno (generado por el cerebro) como externo y es esta forma simultánea lo que llamamos el “sí mismo” a una frecuencia eléctrica de 40 hz (Llinas, 1990; Pedro arenas, 1998; Amnizca, 1996; Steriade, 1991; Molotchnikoff y Shumikhina, 1996). (3)

Aunque de por si este planteamiento nos da una mira muy monista del problema


mente-cerebro, cosa que en realidad según Llinas es incorrecto, el estado mental o conciencia no puede ser o existir sin el cerebro, demos por valido que la respuesta de Llinas sea cierta, pero no hay que olvidarque cuando Llinas menciona “los universales externos se deben interiorizar en mapas espaciales, y esos mapas con diferentes neuronas en cada región con funciones diferentes, al decir “externo” entonces el problema no hay que llevarlo al de mente y cerebro, verdadero problema tiene que centralizarse en que si ese medio externo es primordial a la conciencia, es decir, si existe otro componente diferente al externo para que se forme el “sí mismo” en este caso sería lo interno. Como Llinas plantea los universales son la base de la subjetividad, entonces ¿el que no existan significa que no hay subjetividad? Esto sería lo más obvio, pero en un sentido estricto y según lo dicho por Llinas, existiría un no rotundo dado que las sistemas sensoriales no tendrían nada que percibir y tanto las neuronas y el dialogo tálamo-cortical no obtendrían nada que unificar. Precisamente el significado de externo es Dicho de una cosa: Que obra o se manifiesta al exterior y dado esto se supone entonces que la conciencia es algo externo como por explicar, algún ente que se absorbe por los sentidos y cuando llega a las neuronas y al dialogo tálamo-cortical el individuo ya es consciente de “sí mismo”. El estado sueño mencionado por Llinas contextualiza un momento donde la frecuencia unificadora de 40 hz disminuye y los mensajes recibidos por los sistemas sensoriales son ignorados porque no están a una frecuencia que el cerebro en este estado pueda asimilar (2002) aquí surge otra vez el interrogante ¿no existeindividuo mientras duerme? ¿Acaso el la vida de un individuo perezca solo porque sus sentidos no pueden captar nada? Y surge un misterio más a fondo ¿Por qué soy consciente en el sueño cuando duermo? Esta pregunta constituye la piedra angular de lo propuesto en este ensayo. Ahora, a sabiendas que entonces lo exterior tiene un punto de quiebre importante ¿Qué hay respecto a lo interior? Pues bien, existiendo la problemática en lo referente a lo externo, solo podemos buscar la respuesta en el interior, lo biológico. dado que si cuando dormimos seria la muerte de la conciencia debe existe algún mecanismo dentro de nosotros el cual nos infiera de que en realidad se viva un sueño, es decir, se sea consciente de que se esté en un sueño. algunos le llaman “vos interna” pero en este caso, se debe a como efecto de la metacognición corresponde a alguna parte ubicada en la región prefrontal ya sea en las áreas de broca implicadas en el lenguaje (44,45) o en las de la contextualización de las emociones (8,6) dado que son las implícitas en la memoria declarativa, atención, motivación (Damasio,1996) tal y como dice Kenneth Kendler “parece que el horizonte interno, es decir lo propiamente biológico opera más como frontera de lo posible que como causa principal o inicial de la patología mental o del hecho”(2005). En el estado de vigilia es decir cuando los sentidos están operando normal interiorizando universales y funcionando el sistema tálamo-cortical, puede que esta entidad misteriosa, este ente esté presente en dicho proceso, dado que este es


un proceso interno, que se lleva a cabo dentro de nuestro cerebro, es muy probable de que cierta entidad biológica esté implicada en este proceso y que sirva como interconector de la coherencia temporal entre las demás neuronas envueltas en la conciencia. En conclusión, es bastante difícil a ciencia cierta encontrar una solución razonable al problema de la conciencia desde un punto de neurocientífico. Aunque Llinas expone unas ideas bastante convincentes el solo hecho de encontrarle una sola cosa inconclusa lo deje en entre dicho todo, pero aun así no hay que desmeritar a las investigaciones de los neurocientíficos ya que es mucho lo que se ha podido descubrir, sin embargo, aún falta mucho. Aunque se trato de responder a la inquietud si la conciencia es un producto externo o interno, que como se sabe quedo inconclusa, es realmente complicado con lo que se tiene en estos momento tal vez en un futuro ya sean en unos 10, 20 o 100 años ya tengamos una respuesta concreta a estos interrogantes, por lo pronto queda la pregunta abierta para el que la pueda responder. BIBLIOGRAFÍA >Damasio A, 1996. El error de descartes. >Llinas R, 2002. El cerebro y el mito del yo. >José G y José M, 2007. Mente y cerebro en la neurociencia moderna contemporánea. ScriptaTheologica 39 issn 0036-9764. >Kendler K, 2005. Hacia una estructura filosófica de la psiquiatría. >Cárdenas F, 2003. Representación mental y conciencia La conciencia, norma subjetiva de la moralidad La existencia de la conciencia, como juicio inmediato práctico sobre el carácter moral de nuestras acciones, es un hecho que no necesita demostración. Todos experimentamos en nuestro interior " una fuerza interior que en los casos particulares señala a la voluntad misma, para que esta escoja y determine los actos que son conformes a la voluntad divina." (Pio XI alocución 23-III- 1952), y por tanto buenos. Nos damos cuenta que actos en un determinado lugar y momento, son buenos y deben hacerse; cuales son malos, y debiendo omitirse. Es decir conocemos no solo que es el bien o el mal aquí y ahora, sino que además, conocemos que ese bien o mal debe hacerse u omitirse. En la Sagrada Escritura se hacen continuas referencias de uno y otro modo, a la conciencia en el sentido en que nos venimos refiriendo. Son conocidos los textos de San Pablo en que hable de la " inscripción " de la ley en el corazón, del testimonio de la conciencia, de los " pensamientos " que acusan y absuelven


(Rom, 2,15); a los cristianos poco fervorosos les falta la debida "convicción" y el exacto "conocimiento"(Rom 14,23) (ICor 8,7). La conciencia influyendo inmediatamente sobre los actos capta y descubre el carácter bueno o malo de los mismos. Es pecado todo lo que no es según conciencia, es decir, según la convicción personal de que algo es lícito y justo. (Rom 5, 1-3) Por eso la conciencia es norma válida ante Dios de la vida moral y la buena conciencia es señal de haber obrado bien ante Dios. Merece subrayarse el oficio que se le da a la conciencia de regular y dirigir las acciones futuras y no solo de juzgar el pasado. La expresión "en conciencia" tiene el valor de regla moral y norma obligatoria de la que, en última instancia dependen el bien y el mal de nuestras acciones (Rom13, 5). El juicio de la conciencia viene a ser así, la regla próxima e inmediata -subjetivade nuestras acciones. Ninguna norma objetiva -ley- puede llegar a ser regla actual de un acto, sino a través de la aplicación que haga el sujeto que realiza ese acto determinado. La conciencia es como la promulgación de la ley divina en nosotros y la aplicación de sus preceptos, como regla obligatoria, a nuestros actos. Es por tanto, el camino necesario y único, que la ley tiene para ser eficaz: " nadie es obligado por el precepto del legislador sino mediante la noticia del mismo, es decir, la conciencia." (DeVeritate, q.17, a. 3). Los mismos mandamientos me resultan extraños y no me obligan si no pasan y se interiorizan en la conciencia que me advierte que yo no puedo sustraerme al mandato divino y que aquel determinado mandato es para mí. Esta aplicación de la ley a una acción determinada, paraqué sea norma válida de conducta, debe preceder - conciencia antecedente - o al menos acompañar - conciencia concomitante- al acto. La conciencia llamada consiguiente, porque es posterior al acto, no es norma, sino testimonio de como ha sido realizado el acto. Y cuando el hombre realiza el acto es insustituible. Ahí nadie puede suplantarle, eximiéndole de la responsabilidad el mérito o de la culpa; caben solamente los consejos cuya única finalidades hacerle más claro el seguimiento de la ley, proporcionándole motivos que hagan más libre y querida la decisión personal: "La conciencia es el núcleo más secreto y el santuario del hombre, donde se encuentra a solas con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo" (Gaudium et Spes n. 16). La conciencia, toda ella, depende de la norma objetiva, cuyo espejo es y recibe de ella su fuerza obligatoria. La conciencia es "como el pregonero de Dios y el mensajero que divulga el precepto del rey" (S. Buenaventura, in III Sent., d.30, a.1, q. 3, a. 3). De ahí que obligue con la misma fuerza y por el mismo título que lo hacen los dictámenes de la ley divina (Dignitatis Humanae n.3); y por eso


desobedecer a la conciencia es rebelarse contra Dios e incurrir en el pecado. Porque la conciencia es norma manifestativa y declarativa de la moralidad, se deduce que nunca puede concebirse como norma primaria y autónoma de la moralidad del obrar humano; solamente es norma secundaria, dependiente y relativa, y su capacidad es conocer e interpretar la norma objetiva, no modificarla o crearla. La conciencia no es auto legisladora. La conciencia por sí misma no es el árbitro del valor moral de las acciones, que ella sugiere. La conciencia es intérprete de una norma interior y superior, pero no es ella quien la crea. La conciencia está iluminada por la intuición de determinados principios normativos, connaturales a la razón humana; pero no es ella la fuente del bien y del mal: es el aviso, es como escuchar una voz - que se llama precisamente voz de la conciencia- es como un recuerdo de la conformidad que una acción debe tener con una exigencia intrínseca del hombre, para que el hombre sea verdadero y perfecto. La conciencia es una intimación subjetiva e inmediata de una ley, que tenemos que llamar natural a pesar de que muchos no quieren oír hablar de una ley natural (Pablo VI Alocuc. 13-XI-1969). Si se trata de los cristianos esa conciencia es, además, intérprete de la ley de Cristo, como señala Pio XII : "La conciencia es el eco fiel, nítido reflejo de la norma divina para las acciones humanas, de modo que expresiones como juicio de la conciencia cristiana, o esta otra de juzgar según la conciencia cristiana tienen este sentido: la norma de la decisión última y personalpara una acción moral está tomada de la palabra y de la voluntad de Cristo" ( Aloc. 13-II-1959). Son vanos por tanto los intentos de fundamentar una "conciencia autónoma", como si la persona, a través de su conciencia fuera capaz de determinar lo que es bueno y malo por su propia decisión libre, aun en la hipótesis de que la decisión estuviera en oposición abierta a la ley objetiva. División y propiedad de la conciencia La conciencia, que solo es verdadera norma de actuación moral en la medida que expresa con verdad la ley de Dios, no siempre traduce e interpreta de forma infalible la norma moral; a veces son equivocados los juicios de conciencia, porque nuestra razón no está libre de los riesgos de la ignorancia, el error y la duda en la búsqueda de la verdad, particularmente de la práctica. Por eso no todos los juicios de la conciencia son norma auténtica y lícita de la conducta moral. La conciencia, para ser norma válida del actuar humano, tiene que ser recta, es decir, verdadera y segura de sí misma y no dudosa ni culpablemente errónea. División de la conciencia


En relación al acto: Antecedente concomitante y consecuente. En razón de su conformidad con el orden moral: Verdadera y errónea (vencible o invenciblemente). En razón de la fuerza con que el sujeto asiente al juicio de conciencia: Cierta probable dudosa. Propiedades de la conciencia a) Acompaña a todo acto libre; -porque es parte del conocimiento intelectual de todo bien singular; -como el acto libre necesita el concurso de la inteligencia, siempre irá acompañado de un juicio de conciencia; b)No obliga por si misma sino en virtud del precepto divino; -obliga porque al mostrar la ley, muestra la voluntad de Dios. -no crea la ley sino que la descubre y aplica al caso concreto. -aquí se encuentra el error de la ética de situación. c)Puede errar y oscurecerse pero nunca extinguirse totalmente; -si hay inteligencia, hay conciencia. La conciencia viene con la naturaleza. -cabe el error porque también la inteligencia está sometida a la posibilidad del error (vencible o invencible); -no seguir la luz de la conciencia es hacer violencia a la razón (es el origen del remordimiento). La formación de la conciencia En este punto hay que considerar dos cosas: una es la necesidad de la formación de la conciencia - de lo que se deduce la obligación -; y otra, el modo de conseguir esa educación o formación. La necesidad de la formación de la conciencia Se concluye fundamentalmente de un doble motivo. Si tenemos en cuenta que por conciencia formada se entiende aquella que lleva a su sujeto a conformar su voluntad con la voluntad divina, tal como esta se manifiesta al hombre, es evidenteque esa formación es necesaria. Conocer, en efecto, la ley de Dios, lo que


Dios quiere sobre mí, pide "instruir la inteligencia acerca de la voluntad de Cristo, su ley, su camino y además en obrar sobre su alma, en cuanto desde fuera puede hacerse, para inducir a la libre y constante ejecución de la voluntad divina" (Pio XII, Alocuc. 23-III-1952). Esa ley - natural y sobrenatural- es de exigencias altísimas y por otra parte no se manifiesta de una vez por todas, sino de manera progresiva y en conformidad a la estructura de nuestro conocer; exige el estudio de las cuestiones morales, escuchar al Magisterio, etc. La necesidad de la formación viene también pedida por la naturaleza del juicio de conciencia, dependiente, como ninguno, de las disposiciones morales del sujeto; por en una actividad moral, exige la rectitud de la voluntad: esta influye no solo en el conocimiento moral , que no puede ser recto y bien formado si las disposiciones morales no son rectas, porque en el conocimiento influyen las disposiciones corporales, psicológicas y morales, sino también en el juicio práctico y moral, se requieren las virtudes morales que inclinen a juzgar rectamente en el caso concreto. Esta formación nunca podrá darse por acabada pues siempre es posible un mayor y más exacto conocimiento de la voluntad de Dios y caben también más perfectas y mejores disposicionesmorales. Esta formación es, además, obligatoria: obliga por el mismo título que lo hace el mandamiento "amarás al Señor con todo el corazón" es decir, por la obligación de tender a la santidad. Sin una conciencia cierta y verdadera, no es posible una vida recta. Y es difícil hablar de rectitud moral, cuando se hace de la conciencia una válvula de escape para la propia comodidad y justificación de los pecados personales. Modo de conseguir la formación de la conciencia La rectitud del juicio de conciencia implica, el conocimiento exacto de la ley y el saber aplicarlo a los actos singulares y concretos. Y a esa doble finalidad ha de tender la recta formación de la conciencia que en perfecta unidad y dependencia, deberá tener en cuenta: a) el estudio amoroso de la verdad y de la ley de Dios, contenida en la Sagrada Escritura y en la Tradición e interpretada auténticamente por el Magisterio. b) la disposición sincera y profunda de conocer y seguir la verdad, facilitada por el vivir las virtudes naturales y sobrenaturales; así se adquiere ese conocimiento sapiencial, como una con naturalidad con lo bueno y recto. c) en particular, la humildad y sinceridad para pedir y seguir el consejo de aquellas personas prudentes que el Señor ha puesto a nuestro lado.


d) la ayuda de la oración y de los Sacramentos, en el caso de los cristianos La Crisis de la Conciencia La conciencia debe formarse rectamente. El hombre tiene la tendencia moral hacia el bien desde su concepción. Pero conforme crece su libertad aumenta por lo cual necesita fundamentos sólidos para actuar siempre con el bien.

Un bombardeo en los valores tradicionales.Cuando hablamos de valores tradicionales nos referimos a los valores que han vivido los hombres de todos los tiempos. Con un afán de individualismo y falsa libertad, los hombres hemos pretendido crear un hombre más actual, feliz etc. Pero realmente nos hemos olvidado de los valores. El amor entre el hombre y la mujer no cambia con el paso del tiempo. Pueden ser alterados pequeños detalles pero la base permanece intacta.

La crisis religiosa.Un Dios que no es trascendente, confuso con la naturaleza, a nuestra medida, que no le exige al hombre, simplemente no tiene decisiones vitales del hombre. Este es un error grave de la sociedad actual. Buscar un dios a medida sin exigencias éticas. Sin este último punto de referencia, la conciencia no tiene dirección y va por la vida sin un rumbo fijo.

Una moral sin pecado.Adoptar una vida con un sentido moral requiere del reconocimiento del acierto y las deficiencias. Al hacer una rápida evaluación interna nos damos cuenta de que no estamos bien. Ya que en la vida del hombre existe el pecado. Si el pecado no existiera el mundo sería un descontrol, ya que nosotros mismos evaluaríamos los actos. Y muchas veces tenemos una precepción errónea de lo que está bien y los que está mal. Necesitamos de dios para evaluar la moral de un acto. El equilibrio se encuentra en la verdad. Si dejamos actuar a nuestra inteligencia sin ser influenciada por los medios y el entorno social, llegaremos a descubrir la verdad.


El problema de la mayoría.Basarnos en algo cuyos fundamentos y motivaciones desconocemos es un craso error de la falta de reflexión. Los hombres somos muy influenciables y es fácil que las elecciones de la mayoría se hayan tomado con superficialidad. La mayoría de las veces no asumimos las consecuencias, y simplemente ponemos una excusa para escaparnos del problema. No podemos llegar a una conclusión moral por lo que la gente dice. El hombre es un individuo y tiene que llegar al descubrimiento del valor moral y la formación de la conciencia por sí mismo.

Progresar en la formación de la conciencia.El hombre muchas de las veces se muestra conformista y se categorizan como lo suficiente buenos. Aunque al momento de juzgarnos frente a dios la cosa cambia. Ya que dios nos exige el máximo de cada uno de nosotros. A veces los cristianos reducimos el comportamiento moral a la realización de una serie de normas aprendidas o a evitar pecados graves. La moral del cristiano es una moral de amor no de miedo. Dios nos puede conceder dones especiales para tener una conversión inmediata y cambiar radicalmente el rumbo de nuestras vidas. ¿Qué puedo hacer con mi conciencia? Debemos de poner todo de nuestra parte para formarla de una manera recta. El primer paso consiste en realmente quererla formar. El examen de conciencia es una manera muy eficaz de formar nuestra conciencia. Debemos de detenernos durante nuestra vida y reflexionar sobre nuestros actos para ver hacia dónde va dirigida nuestra vida. El examen de conciencia es el orden en nuestra vida. Sin este orden, nos encontramos perdidos. Sugerencias para la formación de la conciencia. a. Estudiar la doctrina moral cristiana b. Reflexionar antes de actuar c. Vida de oración y sacramentos


d. Pedir ayuda y consejos e. Plena sinceridad al llamado de las cosas f. Obrar siempre de cara a dios g. No desanimarse ante las caídas h. Formar hábitos de buen comportamiento i. Examen de conciencia LA CONCIENCIA

(Segundo autor)

No existe aseveración mas soberbia que el hombre pueda hacer que la de decir: “Obrare de acuerdo con mi conciencia”. A través de la historia los hombres han sostenido los principios de la justicia, el amor y la verdad contra toda clase de presiones que se han visto sometidos con el fin de hacerlos renunciar a lo que sabían y creían. Sócrates prefirió la muerte a seguir una línea de conducta con la cual hubiera traicionado a su conciencia al transigir con la mentira. Sin la existencia de la conciencia la raza humana se hubiera quedado estancada hace mucho tiempo en su azarosa carrera. En sus diversas manifestaciones empíricas, la conciencia, es ciertamente, desconcertante. ¿Son estas diversas clases de conciencia una misma, y sólo difieren en su contenido? ¿Constituyen distintos fenómenos que sólo tienen en común el nombre “conciencia”? ¿O resulta insostenible el concepto de la existencia de la conciencia si investigamos el problema empíricamente como un problema de motivación humana? Cicerón y Séneca consideraron a la conciencia como la voz interior que acusa y defiende a nuestra conducta con respecto a sus cualidades éticas. La Filosofía del Estoicismo la relaciona con la auto-conservación (cuidado de uno mismo) y es descrita por Crispo como la vivencia de la armonía interior. La filosofía Escolástica considera a la conciencia como la ley de la razón (lexrationis) puesta en el hombre por Dios. Shaftesbury sostuvo la existencia de un “sentido moral” en el hombre,un sentido de lo bueno y lo malo, una reacción emotiva basada en el hecho de que la mente del hombre en si misma está armonía con el orden cósmico. Butler pensó que los principios morales son una parte intrínseca de la constitución del hombre e identificó a la conciencia particularmente con el deseo innato de la acción benevolente. Kant abstrajo de la conciencia todo contenido específico y la identifico con el sentido del deber como tal. Max Sheler creyó que la conciencia es la expresión del juicio racional, pero un juicio por el sentimiento no por el pensamiento.


CLASES DE CONCIENCIA LA CONCIENCIA AUTORITARIA Es la voz de una autoridad externa interiorizadas, los padres, el Estado, o cualesquiera que sean las autoridades de una cultura dada. Mientras las relaciones de los individuos con las autoridades conservan su carácter externo, sin sanción ética, difícilmente podemos hablar de conciencia; hablar de conciencia, tal conducta es meramente acomodaticia, regulada por el temor al castigo y la esperanza por la recompensa, siempre dependiente de la presencia de estas autoridades, de su conocimiento de lo que uno está haciendo y su facultad supuesta o real para castigar o recompensar. LA CONCIENCIA HUMANISTA Es nuestra propia voz, presente en todo ser humano e independiente de sanciones y recompensas externas. La conciencia humanista es la reacción de nuestra personalidad total a su funcionamiento correcto o incorrecto; no una reacción al funcionamiento de tal o cual capacidad, sino a la totalidad de sus capacidades que constituyen nuestra existencia humana e individual. La conciencia juzga nuestro funcionamiento como seres humanos; es conocimiento de uno mismo, conocimiento de nuestro éxito o fracaso en el arte de vivir. LA CONCIENCIA MORAL Este elemento del acto moral es la que perite al ser humano darse cuenta, saber qué hacer, por qué y con qué fin. La responsabilidad moral necesariamente se relaciona con la conciencia moral, pues en virtud de ésta tenemos la capacidad de realizar un juicio sobre el valor moral de un acto humano. LA CONCIENCIA

(Tercer autor)

La conciencia no es otra cosa que la inteligencia humana cuando juzga prácticamente sobre la bondad o maldad moral de los actos humanos. No es una facultad aislada e independiente que actúa por si sola como la memoria, la imaginación u otras capacidades que posee el hombre, sino la misma inteligencia cuando juzga la bondad o maldad de una acción. La base de este juicio son los principios morales de la persona que juzga y el acto de la conciencia es el juicio en que estos principios se aplican a las acciones concretas. Su función no se reduce a emitir un juicio moral posterior a la acción, sino que ella misma valora antes de actuar y es testigo de sus actos. Es sobre todo una


llamada a hacer el bien y evitar el mal. Una conciencia rectamente formada siempre te invitará a actuar de acuerdo a tus principios y convicciones, te impulsara a servir a los hombres, a promover todo lo que sea positivo y a eliminar lo negativo. La conciencia es una instancia inviolable a la que ninguna instancia humana puede oponerse. Por otro lado, la conciencia no es una instancia última pues en ella percibes una ley moral obligante que tú no has creado; la conciencia no es un juez que se da la ley así mismo según su capricho. Por eso, la voz de la conciencia, ciertamente no puede ser asumida en solitario, sin referencia alguna a instancias objetivas que están fuera de ella. Necesita confrontarse con sus últimos y absolutos fundamentos, es decir, con el valor moral objetivo y la ley natural. Solo el respeto a estas referencias garantiza la autenticidad de la conciencia en el hombre. En consecuencia, no se puede confundir la conciencia con la capacidad del hombre para dirigir su comportamiento, elevada a última instancia y a tribunal inapelable de la conducta en el campo de lo ético; no se puede identificar la libertad con la conciencia. La conciencia, por sí misma, no es, por tanto, un oráculo infalible, tiene necesidad de crecer, de ser formada, de ejercitarse en un proceso que avance gradualmente en la búsqueda de la verdad y en la progresiva integración e interiorización de valores y normas morales. Todos los hombres llevan escrito en su corazón el contenido de la ley, cuando la conciencia aporta su testimonio con sus juicios que condenan o aprueban. DEFINICIÓN Y CLASES(Cuarto autor) CONCIENCIA,del latín “cum scienti”, que significa algún tipo de conocimiento. Fundamentalmente se reconocen dos tipos de conciencia, la psicológica y la moral, aunque se habla también por ejemplo de la conciencia social y conciencia histórica. La conciencia psicológica es el conocimiento reflejo de de propio yo y de los actos que realiza el sujeto. La conciencia moral es el conocimiento de los principios y juicios referentes a la bondad o malicia del comportamiento, es decir, la conciencia moral añade las funciones de valorar y de ordenar; estas funciones se orientan a conductas pasadas, presentes o futuras, y de acuerdo al contenido de dichas acciones, la conclusión moral del entendimiento práctico será de aprobación o de desaprobación, de mandato o de prohibición. Independientemente del tipo de conducta llevada a cabo, la conciencia moral ejerce la función de ordenadora y valorativa, aun cuando no se tenga la información moral teórica, es decir aunque no se conozca el enunciado de la norma o principio moral. Lo anterior obedece a la misma condición humana cuya razón le permite descubrir la dimensión moral de su existencia. DIVISIÓN Y FUNCIONES


La conciencia puede dividirse atendiendo a diversos aspectos: a) Por razón del acto a que se refiere, la conciencia es antecedente o consiguiente, según juzgue un acto futuro o pasado. Respecto del acto que se va a realizar, la conciencia manda, prohíbe, aconseja o permite; en cuanto el acto realizado, la conciencia aprueba o condena. b) En comprobación a la ley natural -recta razón-, la conciencia puede ser recta o errónea. La conciencia recta juzga de acuerdoa los primeros principios morales – hacer el bien-, mientras que la errónea aplica principios falsos considerados como verdaderos. La conciencia errónea puede ser por ejemplo, escrupulosa – por motivos insuficientes juzga o teme que un acto sea malo -, perpleja – juzga que una acto es malo, se realice o no- , laxa – no se apega a un criterio-. c) Por razón de asentimiento, la conciencia es cierta, probable o dudosa. Es cierta cuando no encuentra razones para juzgar. Otro criterio para dividir la conciencia se basa en la forma como se enfrenta la realidad, resultando así la conciencia mágica, la ingenua y la crítica.

a) CONCIENCIA MÁGICA:Es la identificación con los otros elementos de la naturaleza y con las fuerzas impersonales, considerándose sometida al destino, a la fatalidad.

Este tipo de conciencia no es trascendente en el ámbito biológico y por ello no requiere mayor esfuerzo al sujeto. Sus características son la intransitividad, interés en lo vegetativo, ausencia del sentido histórico, nexos mágicos con la naturaleza, sometimiento a los hechos y fatalismo, resultando con todo ello un hombre espectador inactivo ante el mundo.

b) CONCIENCIA INGENUA: Concibe de manera simplista los problemas de la

realidad y los interpreta “desde a fuera”. Se caracteriza por no considerarse superior a los hechos, concede un mayor valor a las figuras de autoridad e infravalora al hombre común, es superficial a la interpretación de los acontecimientos y la búsqueda de soluciones, y no procura el dialogo.

c) CONCIENCIA CRÍTICA: Investiga eficientemente las causas reales de los

fenómenos; no se limita a interpretar los hecho sino que busca la relación de los acontecimientos con sus causas. Quien tiene conciencia crítica no huye de las propias responsabilidades ni se las transfiere a otros. Se caracteriza por el esfuerzo reflexivo, no se conforma con las apariencias, busca las causas y rechaza las actitudes pasivas, acrecienta la responsabilidad y revisa sus propias posturas; está en constante avance y se ubica en el terreno de la práctica, asume su compromiso histórico es creativo y expresa su dimensión social en la participación ciudadana.


Para desarrollar la conciencia crítica habrá de partir del descubrimiento de un problema y la reflexión en torno a éste; posteriormente analizar las circunstancias que lo rodean y las consecuencias que producirá; en tercer lugar se plantean y estudian las diversas posibilidades de solución y su resultado; por último decidir y comprometerse ante la opción elegida. LA CONCIENCIA MORAL La conciencia moral es un acto del entendimiento práctico que juzga acerca de la bondad o malicia del comportamiento humano según los principios generales. Así entendida, se reconoce que la conciencia es un acto – un juicio- mediante el cual los principios universales se aplican a los actos particulares a través de un razonamiento; en dicho razonamiento se tiene como premisa mayor un principio universal práctico, la menores el enunciado de un acto en concreto, y la conclusión es la valoración mora – conciencia-. Este razonamiento es algo connatural en el ser humano. Así pues, la conciencia moral no es una facultad nueva sino un acto del entendimiento que, sin embargo esta bajo el influjo de la voluntad, de los efectos y de las disposiciones habituales del sujeto, ya que se ordena a la práctica. Para llevar a cabo el razonamiento moral se recurre a principios prácticos universales que se aceptan como verdaderos; se trata de hacer el paso de lo universal a lo particular. Sin embargo esto siempre encierra dificultades por lo compleja estructura del ser humano. Es necesario terne presente que la bondad o malicia de los actos, acerca de los cuales juzga la conciencia, es subjetiva, por lo que a veces no coincidirá con la bondad o malicia objetivas, y por eso a la conciencia se le considera como norma subjetiva de la moralidad. La conciencia moral no puede reducirse a sensaciones o a opiniones, sino que ha de ser fruto de un verdadero esfuerzo de reflexión. A este respecto se encuentran algunas teorías sobre la naturaleza de este tipo de conciencia:   

Los sensistas consideran a la facultad que se refiere a lo moral como algo sensitivo, un gusto especial o un instinto, algo similar al sentido estético. Para los sociologistas la conciencia moral es producto del ambiente social, pues las normas morales pasan de la sociedad al individuo. Según Sigmund Freud la conciencia moral es el superyó, una parte estructural de la personalidad, conformada por la normatividad introyectada


o asimilada por el individuo: es parte de la personalidad se forma por influjo de la sociedad en la que se vive. Para los marxistas la conciencia es una superestructura determinada por la estructura económica, y considera que cada clase tiende a defenderse mediante principios morales y así se forma la conciencia de los pueblos.

Independientemente de las consideraciones acerca de la génesis de la conciencia moral, al momento de emitir un juicio, se requiere de un esfuerzo intelectual honesto para ver la concordancia entre un principio moral y un acto concreto. Siempre hay que tener en cuenta algunas reglas generales de la conciencia: a) Nunca se puede justificar el mal para obtener un bien. El fin no justifica los medios. Cada acto tiene ante la conciencia un peso ético propio, independientemente de que sea fin o medio para otro. b) La “regla de oro”. “Todo en cuanto quieras que te hagan los hombres, házselo también tu a ellos” o, dicho en términos de Kant “Debo conducirme siempre de tal forma que pueda querer que la máxima que dirige mi comportamiento se convierta en ley universal”. c) Se debe actuar siempre con respeto hacia el prójimo y hacia su conciencia.


conciencia  

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