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Charles Bukowski


LA GENTE NO QUIERE AMOR


“Un intelectual es el que dice una cosa simple de un modo complicado. Un artista es el que dice una cosa complicada de un modo simple.�


LA GENTE NO QUIERE AMOR cHARLES bUKOUSKI


Titulo de la edici贸n La gente no quiere amor 2016, Charles Bukowski Bogota: Editorial Soto Calle 73 #80i 66 Telefono (571) 7764877 ISBN 000-00-0000-0 Impreso en Colombia Primera edici贸n en Colombia: febrero de 2016 Dise帽o Proyecto de Duvan Soto Todos los derechos reservados. Esta publicacion puede no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en o transmitida por un sistema de recuperacion de informacion, en ninguna forma ni por ningun medio, sea mecanico, fotoquimico, electronico, magnetico, lectoopico, por fotocopia, o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito de la editorial.


Esto esta presentado como obra de ficci贸n, no se dedica a nadie.


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la clase

el principiante

la gente no quiere amor

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no hay camino al paraĂ­so

un hombre

vida de un vagabundo


LA CLASE


N

o estoy muy seguro del lugar. Algún sitio al Noroeste de California. Hemingway acababa de terminar una novela, había llegado de Europa o de no sé dónde, y ahora estaba en el ring pegándose con un tipo. Había periodistas, críticos, escritores -bueno, toda esa tribu- y también algunas jóvenes damas sentadas entre las filas de butacas. Me senté en la última fila. La mayor parte de la gente no estaba mirando a Hem. Sólo hablaban entre sí y se reían. El sol estaba alto. Era a primera hora de la tarde. Yo observaba a Ernie. Tenía atrapado a su hombre, y estaba jugando con él. Se le cruzaba, bailaba, le daba vueltas, lo mareaba. Entonces lo tumbó. La gente miró. Su oponente logró levantarse al contar ocho. Hem se le acercó, se paró delante de él, escupió su protector bucal, soltó una carcajada, y volteó a su oponente de un puñetazo. Era como un asesinato. Ernie se fue hacia su rincón, se sentó. Inclinó la cabeza hacia atrás y alguien vertió agua sobre su boca. Yo me levanté de mi asiento y bajé caminando despacio por el pasillo central. Llegué al ring, extendí la mano y le di unos golpecitos a Hemingway en el hombro.


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-¿Señor Heming way? -¿Sí, qué pasa? -Me gus taría cru zar los g -¿Tiene uantes c s alguna on usted experien -No. . cia en bo xeo? -Vete y v uelve cu ando ha -Mire, e yas apre stoy aqu ndido alg í para rom Ernie se o. perle el rió estre c u taba en p lo it . o s amente. el rincón Le dijo a : l tipo qu -Ponle a e esl chico u n o s calzon El tipo s es y uno altó fuer s guante a del rin tuarios. s. g y yo lo s e g uí hasta --¿¿EEssttááss los vesloccoo,, cchhic lo icoo?? --m --N Noo sséé.. C m e e p p r r Crreeoo qquu eegguunnttóó.. ee nnoo.. --TToom maa.. PPrruu éébbaattee eess --BBuueennoo. ttooss ccaalz lzoonneess.. . --O Ohh,, oohh.... .. SSoonn ddeem maassia --AAla iaddoo ggrra la m mie ierrddaa.. EEs annddeess.. sttáánn bbie --BBuueennoo, ien , ddeeja jaqquueettee n.. --N vveennddeela Naaddaaddee lassm maannooss. vveennddaass.. . --¿¿N Naaddaaddee vveennddaass?? --N Naaddaaddee vveennddaass.. --¿¿YYqquuéé ttaalluunnpprr ootteeccttoorr p --NNaaddaadd paarraala eepprrootteecc labbooccaa? t t ? oorreess.. --¿¿YYvvaass a a ppeele leaarreennzz --VVooyyaapp aap eele leaarreennzz paattooss?? aappaattooss.. Encend í un pur o y salim mente h acia el r os afuer ing fum a. Bajé t ando mi ranquila puro. He mingwa y vol-


La clase

es. uant alguien g s o l nte ro ron loca Finalme al cent o c e l ón. aron llos rinc os llam gye i n i m r N itroal en tes. ones. l árb n e die ubir a s a o u j n a i i g c vió abía nos truc me d No h puso u s las ins a lona l y me arno as a vino g para d do caig itro. in an ene l árb a del r ora, cu o su e e j d i n h d a -s le -A s. cu r. Y aer - uccione ones; y o j c . e . . a de m y yo e vo ras instr sus rinc ane el se puro m o g e e -N n ot elvan a ites . Qu iero lear ue te qu el e Sigu bien, vu p con a q g n r n y a o i j u g r e de al el -M ada . ro d na, s í- será m t n a a n p c e m í al c a una bo ente rió la ca hacia m a sal n ó ag s, a i tod p g ay. L os corto upé am diri a. c h w c g a l n e i h ó c en c M n la bo ando so la boca. ra a Hem dos gan Bailaba a . u ó n c z ue e C os avía hé en la , me lan n rápid ía, a peq e d o t í d c l a puro y se la e hacia m pies er raba, sa lpes a o g s l t s o o i e hum m se vin lpes. M ovía, en o veloc chica en é c o He ued os g me m tap, cin é a una me q deamb vaivén, s p i , ó a v a l i t t l i a yf tap Papá. D uy bon nuo o de o tap onti rect un c ltos, tap nariz de a cosa m ó un di entí cóm a nz sa .S un ni ños rda en l utacas, m me la la boca dí la ce e u n e b en i c e izqu ntal de onces H igarro e sa gancho o m ; t o c a r l n l n f l az e e fila meji pegué u derech ó la y aplastó o a l d n y n le uiv mirá que me s labios ro y ió con u ja. Esq u p o a e l l ond a or s de rech emaba esto . Él resp rda en l u r q s e o e ie m íl Erni izqu scup za, e mago a ó con la tó eg el es y me p , o t cor


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mi derecha y con una fuerte volea me lanzó contra las cuerdas. Justo al tiempo de sonar la campana me tumbó son un sólido derechazo a la barbilla. Me levanté y me fui hasta mi rincón. Un tipo vino con una toalla. -El señor Hemingway quiere saber si todavía deseas seguir otro asalto. -Dile al señor Hemingway que tuvo suerte. El humo se me metió en los ojos. Un asalto más es todo lo que necesito para finalizar el asunto. El tipo con la toalla volvió al otro extremo y pude ver a Hemingway riéndose. Sonó la campana y salí derecho. Empecé a atacar, no muy fuerte, pero con buenas combinaciones. Ernie retrocedía, fallando sus golpes. Por primera vez pude ver la duda en sus ojos. ¿Quién es este chico?, estaría pensando. Mis golpes eran más rápidos, le pegué más duro. Atacaba con todo mi aliento. Cabeza y cuerpo. Una variedad mixta. Boxeaba como Sugar Ray y pegaba como Dempsey. Llevé a Hemingway contra las cuerdas. No podía caerse. Cada vez que empezaba a caerse, yo lo enderezaba con un nuevo golpe. Era un asesinato. Muerte en la tarde. Me eché hacia atrás y el señor Hemingway cayó hacia adelante, sin sentido y ya frío. Desaté mis guantes con los dientes, me los saqué, y salté fuera del ring. Caminé hacia mi vestuario; es


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decir, el vestuario del señor Hemingway, y me di una ducha. Bebí una botella de cerveza, encendí un puro y me senté en el borde de la mesa de masajes. Entraron a Ernie y lo tendieron en otra mesa. Seguía sin sentido. Yo estaba allí, sentado, desnudo, observando cómo se preocupaban por Ernie. Había algunas mujeres en la habitación, pero no les presté la menor atención. Entonces se me acercó un tipo. -¿Quién eres? -me preguntó-. ¿Cómo te llamas? -Henry Chinaski. -Nunca he oído hablar de ti -dijo. -Ya oirás. Toda la gente se acercó. A Ernie lo abandonaron. Pobre Ernie. Todo el mundo se puso a mi alrededor. También las mujeres. Estaba rodeado de ladrillos por todas partes menos por una. Sí, una verdadera hoguera de clase me estaba mirando de arriba a abajo. Parecía una dama de la alta sociedad, rica, educada, de todo -bonito cuerpo, bonita cara, bonitas ropas, todas esas cosas-. Y clase, verdaderos rayos de clase. -¿Qué sueles hacer? -preguntó alguien. -Follar y beber. -No, no -quiero decir en qué trabajas. -Soy friegaplatos. -¿Friegaplatos? -Sí. -¿Tienes alguna afición? -Bueno, no sé si puede llamarse una afición. Escribo.


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-¿E scrib e s? -S í. - ¿El q ué ? -Rela to s co rtos S . on -¿H as p ub licad o a ba stant e buen o s. lgo ? -N o. - ¿Por q ué -No lo h ? e -¿Dó nd in tentad o. e e stán tu s h -All á ar rib a -se ña ist orias? lé u na v ja -Escuch ie ma let a, soy u ad c n crític importa o del New e artó n. si me lle York Tim v o devolve tus rela ré. es. ¿Te tos a ca s a y los le -Por mí o? Te lo de acue s rdo, culo voy a es sucio, s tar. ó lo que n La estre o sé dón lla de cla de se y alta -Él esta socieda rá conm d se ace igo. Luego m rcó: e dijo: -Vamos , Henry , víst cosas qu e... habla ete. Es un viaje r. largo y Empecé tenemo a vestir, s entonce -¿Qué c s Ernie oño pas r e ó c ? o bró el s -Se enc entido. ontró c on un b -le dijo uen tip alguien o, seño . Acabé d r Hemin e vestir gway me y me -Eres u acerqué n buen a su me tipo, Pa todo el sa. pá. Pero mundo. n a die pue -Estrec de venc hé su m er a ano -no te vuele s los ses os.


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Me fui c on mi e un coch strella d e amaril e alta so lo desca ciedad largo. C y subim potado, ondujo os a de med con el a mando ia manz celerad las curv a n o a r pisad as derra de tro bell o a fon pando y o e imp do, tochirrian asible. E modo q do, con so era c ue cond el roslase. Si ucía, iba a El sitio m aba de a ser un estaba e igual infierno mayord n lo alto de noch omo ab d e la e . s r c ió la pue olinas, a -Georg rta. partado e -le dij . Un o . Tómat pensado e la noc , tómate he libre la sema Entram . O, me na libre os y hab jor . lla, con ía un tip un vaso o enorm d e sentad e alcoho -Tomm o en un l en la m y -dijo e a sia n o. ll a - desap Fuimos arece. introdu de la ca ciéndon sa. os por lo s distin -¿Quién tos sect era ese ores granduló -Thoma n ? s Wolfe -dijo ell Hizo un a-. Un c a parad oñazo. de bour a en la c bon y do ocina p a s ra coge v a sos. Entonce r una bo s dijo: tella -Vamos . La segu í hasta e l dormit A la ma orio. ñana sig para mí. uiente n Ella me os desp ertó el t alcanzó en la ca eléfono el auric ma. . Era ular y yo -¿Señor me inco Chinask rporé i? -¿Sí? -Leí sus historia s. Estab a tan ex citado q ue no h e po-


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dido dormir en toda la noche. ¡Es usted seguramente el mayor genio de la década! -¿Sólo de la década? -Bueno, tal vez del siglo. -Eso está mejor. -Los editores de Harperis y Atlantic están ahora aquí conmigo. Puede que no se lo crea, pero cada uno ha aceptado cinco historias para su futura publicación. -Me lo creo -dije. El crítico colgó. Me tumbé. La estrella y yo hicimos otra vez el amor.


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EL PRINCI PIANTE


B

ien, dejé el lecho de muerte y salí del hospital del condado y conseguí un trabajo como encargado de almacén. Tenía los sábados y los domingos libres y un sábado hablé con Madge: -Mira, nena, no tengo prisa por volver a ese hospital. Tendría que buscar algo que me apartara de la bebida. Hoy, por ejemplo, ¿qué se puede hacer sino emborracharse? El cine no me gusta. Los zoos son estúpidos. No podemos pasarnos todo el día jodiendo. Es un problema. -¿Has ido alguna vez a un hipódromo? -¿Qué es eso? -Donde corren los caballos. Y tú apuestas. -¿Hay algún hipódromo abierto hoy? -Hollywood Park. -Vamos. Madge me enseñó el camino. Faltaba una hora para la primera carrera y el aparcamiento estaba casi lleno. Tuvimos que aparcar a casi un kilómetro de la entrada. -Parece que hay mucha gente -dije. -Sí, la hay. -¿Y qué haremos ahí dentro?


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-Apos tar a u n caba -¿A cu llo. ál? -Al qu e quie ras. -¿Y se puede ganar -A vec dinero es. ? Pagam o s la en periód trada icos d y allí e iciénd staban -¡Lea onos: los ven aquí c uales dedor nero? s es de o n sus ¡Nosot g a r n o adores Había s le ay u una ca ! ¿Le g te ven bina c daremos a q usta e dían s l dio u n e c lo gan uatro us sel otra p e! person eccion or un as es por dólar. progr cincue . Tres de ell Madge amas as n y ta cen m u trae e e dijo tavos, l histo n folleto inf que c l a o r i o rmativ al mpras tenía q o. El f e dos ue hac de los cabal o lleto, los. Lu er pa -¿Sirv me di ego m en aqu ra apostar. jo, e expl í cervez icó có -Sí cla mo a? -pr ro. Ha egunté y un b Cuand ar. . o e n t ocupa dos. E ramos, resu ncont como ramos ltó que los a una z siento un o na tip abrim s esta o parq banco atrá os el f ban s, don olleto. u e , c og de ha -sólo a Era só bía puesto lo un m imos dos c er a los n ontón -Bájat ombre e la fal de núm vezas y s de lo da. Es eros. -¡Oh! tán to s caba Per dos vi llos-d -Toma dona. éndot ijo ella e el cu se . lo. -Oh, H is dólares. S erá lo arry, e qu re En fin , estud s todo coraz e apuestes h cir est ón -di oy. iamos udié, y jo ella . tomam todo deten i damen os otr a cerv te, qu i eza y l uego f ero deuimos por


El principiante

deba jo salían de la tribu na a p para ri citos l encim a primera mera fila de pi carre a ves brilla sta. tid ra nt jinete es. Algun os con aq . Con aqu Los cabal os es uella l s, s cam ellos hom os pe aficio pero los breisas d jinete ctadores nado e sed a ta -Ese s y parecía s les igno chillaban e r c n s a o b i Willie sas a n nclus a uno an. Ig o un lo Shoe . Will nora p make ie ban a s tamb r -dij oco aburr l ién e Shoemak o s o Ma idos. er sta bía al dge, go en ba aburri parecía a s e ñ alánd punt do. H la ge o de -Aho boste ome ra va nte que re abía dem mos z a sulta Le d a ba de siada gen ar. Yo una d ije dónde apostar t p e r e y hasivo. dij e n eran las colas d os veríam o ella. m e os de s no qu uy largas. dos dólar es ga pués y m ería a Yo te e pus nado nía la posta cuan r. Tod e en r. Par do el s e n s a a e s las anun colas Enco ciado cían inert ción de q ntré ue l r de es. C medi o y no a Madge cía: «¡Está ogí mi bo a gente . Era n en leto j -Eleg sotros est la pu usto una c e í a Co ábam a r t r a rera ! » os en lmillo . -Yo t de ki la l am Ve l Tenía bién -dijo rde -le di ínea de m ómetro y j e e l e t a . a. lla. sensa bre c omo ción aqué d e recía q u l y la segur últim e ganaría o. Y c mos. a c Salie arr o n C marlo ron por l siete a un era que ha on un no a pue o. mb s. Cu í a hec rt ando dge g ho, p llamó a y el anu ritó: anciad a Col -¡CO o m r i e l lo Ve LM rde, m mpezó a l Yo no ILLO VER la uy ta DE! podía rde, M ver n aada. Habí a gen te po r tod as pa rtes.


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Dijeron más nombres y luego Madge empezó a saltar y a gritar: ¡COLMILLO VERDE! ¡COLMILLO VERDE! Todos gritaban y saltaban. Yo no decía nada. Luego, llegaron los caballos. -¿Quién ganó? -pregunté. -No sé -dijo Madge-. Es emocionante, ¿eh? -Sí. Luego, pusieron los números. El favorito 7/5 había ganado, un 9/2 quedaba segundo y un 3 tercero. Rompimos los boletos y volvimos a nuestro banco. Miramos el folleto para la siguiente carrera. -Apartémonos de la línea de meta para poder ver algo la próxima vez. -De acuerdo -dijo Madge. Tomamos un par de cervezas. -Todo esto es estúpido -dije-. Esos locos saltando y gritando, cada uno a un caballo distinto. ¿Qué pasó con Colmillo Verde? -No sé. Tenía un nombre tan bonito. -Pero los caballos no saben cómo se llaman... El nombre no les hace correr. -Estás enfadado porque perdiste la carrera. Hay muchas más carreras. Tenía razón. Las había. Seguimos perdiendo. A medida que pasaban las carreras, la gente empezaba a parecer muy desgraciada, desesperada incluso. Parecían abrumados, hoscos. Tro-


El principiante

pezaban contigo, te empujaban, te pisaban y ni siquiera decían «perdón». O «lo siento». Yo apostaba automáticamente, sólo porque ella estaba allí. Los seis dólares de Madge se acabaron al cabo de tres carreras y no le di más. Me di cuenta de que era muy difícil ganar. Escogieras el caballo que escogieras, ganaba otro. Yo ya no pensaba en las probabilidades. En la carrera principal aposté por un caballo que se llamaba Claremount III. Había ganado su última carrera fácilmente y tenía un buen tanteo. Esta vez llevé a Madge cerca de la curva final. No tenía grandes esperanzas de ganar. Miré el tablero y Claremount III estaba 25 a uno. Terminé la cerveza y tiré el vaso de papel. Doblaron la curva y el anunciador dijo: -¡Ahí viene Claremount III! Y yo dije: -¡Oh, no! -¿Apostaste por él? -dijo Madge. -Sí -dije yo. Claremount pasó a los tres caballos que iban delante de él, y se distanció en lo que parecían unos seis largos. Completamente solo. -Dios mío -dije-, lo conseguí. -¡Oh, Harry! ¡Harry! -Vamos a tomar un trago -dije. Encontramos un bar y pedí. Pero esta vez no pedí cerveza. Pedí whisky. -Apostamos por Claremount -dijo Madge al del bar.


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-¿Sí? -d -Sí -d ijo él. ije yo ,i sabía cómo ntentando eran p Me v olví y los ve arecer ve gaba tera t m e r i a ré el a 52,4 marc nos del hi no. Aunqu -Cre 0. a p e no dor. oq CLAR ódromo. dge - ue se pue EMO UNT de ga . Sab se pa es, si n gane gana ar a este j s tod s u a s eg u pued en de las carrer na vez no o -le dije as ja a e -Así es, as rte cubier . Una bue s necesar Maí es to. io qu na ap Le di dijo M e uesta dos d confi , o do adge. ólare ado. s s , yl R -Aqu ecorrí los uego abri mos e í está cabal l folle lo ahora to. . El q dije-. LUC s. Miré el t u abler Me sentía loco. KY M e no o apue Es si A . X. Es ste nd gente t es ton uda el m por Luck á nueve a y Ma ejor y Fuim t uno x es q os a r a. está ue es nuev ecoge Lueg t eau no. E á me, h o fui a ap r mis 52,4 sta 0. ostar ice d o Fue u s boletos por Lucky de d n Max. a de ca c Sólo rga d arrera de os dólare por d s con e cab k alam i l ó metr allerí el gan ivertirbre. E o a ador. . Deb y me spera seis. di ía mos Indic la fot haber cin o, con un aron o. Lu 6. cuál e c cky M o caballo final ra el s en prim a Oh D x era e ero: ios m l núm el ío tod Madg ero opod e se y dar eroso salto puso loca . s y emp LUCKY M Tamb . ezó a A ién e abraz X. lla ha a r me y bía ap besar ostad me o por él. Ha bía al canza do


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añé a M l e s n e e a imos res. L . Volv 0 dóla o t 8 , i r 2 t 2 g n es agaba . Lanzó un os tragos a p e S . a o d r z a un or ext beber un die leto ganad seguimos raon Ya cob l bo . C e . e e j n g i a d rví las -d ún se las co n e bar. A erraran. j e p ec se des de qu s que o m e j da. y? -De , Harr r, no hay du viendo go. s e o l u l l a s b ca no, ana remo la ma miento. an los se puede g t n s e u g s -¿Te ije-, fresca del aparca meede -d s, bebidas u p e te las mino e a o -S c b l m ú e s a n , estáb r el tú adgeY allí tud po le dije a M i t l u ios a la m bajar r de D lavandera. o odré m a na onto p r u -Por p s , e é c s ! en are íto dias. P rdona papa , la miré y p o. e a ue est P b ¡ q a ! r n y i o l j U ¡ c in llo me ras se poqui n u Mient o alg itirme perm Jajá.


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NO HAY CAMINO AL PARAíSO


Y

o estaba sentado en un bar de la avenida Western. Era alrededor de medianoche y me encontraba en mi habitual estado de confusión. Quiero decir, bueno, ya sabes, nada funciona bien: las mujeres, el trabajo, el ocio el tiempo, los perros... Finalmente sólo puedes ir y atontado, totalmente noqueado, y esperar; como si estuvieses en una parada de autobús aguardando la muerte. Bueno, pues yo estaba allí sentado y aquí entra una con el pelo largo y moreno, un bello cuerpo y tristes ojos marrones. Yo no di la vuelta para mirarla, seguí con mi vaso. La ignoré incluso cuando vino y se sentó a mi lado a pesar de que todos los demás asientos estaban vacíos. De hecho, éramos las únicas personas que había en el bar sin contar al encargado. Pidió un vino seco. Entonces me preguntó lo que estaba bebiendo. -Escocés con agua -contesté. -Y sírvale al señor un escocés con agua -le dijo al cantinero. Bueno, esto no era muy normal. Abrió su bolso, cogió una pequeña jaula, sacó de ella


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unos homb recito reded s y los or de puso diez c piada sobr entím mente e tros d e la barra. v estido dos m Tenía e altu s y par ujeres n alra, es e y c d í a t o a n s -Ahor b tener a los h hombres. vida. E an aproac ran cu costar atro: on cer en así -dijo ca de e comp l l a -. Son 2000 ré. Ah muy c dólare ora ya el pro aros. s cada valen ceso d Me u no cu cerca e fabr ilegal. a d ndo lo e icació 2 4 0 s 0. No n per Estab conoz o pro an pa co bable de los seand mente homb o sob sea re la b -¡Tú, p recitos abo a rra. D feteó erra! e repe a una d -¡No, nte, de las Georg ijo-. No qui m ero sa ujeres uno e, no lloran p b . u e do ed rn -No m -. ¡Yo te am es hacerme ada más de o! ¡Me ti e imp esto! ma or gritab . núscu a ella lo ciga ta -dijo el h taré! ¡Te ne cesito rrillo, o Tengo ! encen mbrecito, y derec d s ho a h i -Si tú acer lo éndolo con acó un mino la gesto que m quiere quedo altivo ed s -dijo con el -. el otro é la gana. la, la a -Pero m h yo no ombre o . te qui citode Ge ero a t yo me orge. i , M arty. Y -Pero o esto él es u y enam nc -Lo sé orada , pero abrón, Anna lo amo , un ve Enton rdade de tod ces el ro cab o peque jercita ronaz ño cab s modos. yl o. rón se -Creo a besó. f u e haci que s a la ot e me la señ ra mu está f orita q o r m u prese e me a n d o un t ntaré. había r i i á Ese es n ngulo Marty vitado al w hisky– -dijo , y Ge orge, . Te lo y Ann s a y Ru thie.


No hay camino al paraíso

George va de bajada, se lo hace bien. Marty es una especie de cabeza cuadrada. -¿No es triste mirar todo esto? Eh... ¿Cómo te llamas? -Dawn. Un nombre horrible, pero eso es lo que a veces les hacen las madres a sus hijos. -Yo soy Hank. ¿Pero no es triste...? -No, no es triste mirar todo esto. Yo no he tenido mucha suerte con mis propios amores, una suerte horrible, a decir verdad. -Todos tenemos una suerte horrible. -Supongo que sí. De todos modos, me compré estos hombrecitos y ahora me entretengo mirándolos, es como no tener ninguno de los problemas, pero tenerlo todo presente. Lo malo es que me pongo terriblemente caliente cuando empiezan a hacer el amor. Es la parte más difícil para mí. -¿Son sexys? -¡muy sexys! ¡Dios, me ponen de verdad caliente! -¿Por qué no los pones a que lo hagan? Quiero decir, ahora mismo. Podremos mirarlos juntos. -Oh, no se pueden manejar, tienen que ponerse a hacerlo por su cuenta. -¿Y lo hacen a menudo? -Oh, son bastante buenos. Lo hacen cerca de cuatro o cinco veces por semana. Mientras tanto, ellos paseaban por la barra. -Escucha -decía Marty-, dame una oportunidad. Sólo dame una oportunidad, Anna...


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-No de Georg cía la pequ e. No eña A pued nna Georg e s e e r de o -, mi amo estab pecho r per tra m a s. Ru besan tenec anera do a ea . -Ruth thie estaba R u t hi ie empe zando e, acarici -Sí qu está empe ando zando a cale e lo es sus ntars a cale tá. Es Yo ta e . la bes mbién me tá empeza ntarse -le dije a ndo d é. estab Dawn e a exc -Mira . itand verdad. -dijo o. Ab racé ella-, públi a Daw no co. ny -Pero Me los voy me gusta q en ue ha a gan e -Buen tonces no llevar a cas la a y qu podré o, sól e lo h mor en o tien v -De a e r l o a es q . gan a cu llí. Acabé erdo -dije- ue venir co n v m migo ámon i beb homb y pod os. ida re rás. los p citos meti y salimos usimo junto dos e s. n s Miré a Daw entre nos la jaula. S Ella llevab a u o n bimo t bién . Era s al c a los inteli realm ros en el o g a e che y e siento nte jo n homb ven y res? B te. ¿Cómo delan b ueno relaci , habí podía hab ella. Parec tero. ones. er fra í a tant .. Los dólar casad a tamos mo homb es. To o d c os de re on lo do es sexua s fraca o sólo citos le h les si sar un a b n ale p í a a las co n r a a c s j a a o l rse d stado lin e ella ejarse de 8000 mos h as, un siti las re s. Su o agr acia l l c a a c a s a i d a ones mien puert able. tras D Salim estaba ce a. Yo rca d llevab o a w s d n e e abría -Estu l a a la la ve gente coche y fu cilla e iel Tro oyendo a R puerta. n la ja an ba ula -Sí qu dor. ¿Verd dy Newma n la se ad qu e lo es e es g mana -cont rande pasad esté. ? -me a pregu en ntó.


No hay camino al paraíso

Entr sobre amos y Da wn ab la me sita d r abrió e café ió la jaula el ref . Ento y los rigera en co sacó y nces dor y mpañ s los pu e sacó u metió so -Perd ía de dos c na bo en la o t c on ella d p e vino ocina y qué tr a -dijo- p as. . La tr ero p abaja arece ajo s? -Soy s un po escrit c o o r -¿Y va . chifla s a es do. ¿E cribir n -Nun algo a ca se cerca lo cre -Mira erá de es -dijo to? Dawn nadie, per Ruthi o lo e - Geo e. Le scribi rge le est -Sí, y ré. ha qu a lo ve á metiend itado o el d o. No recho l a e , s brag d no qu . as iero h o. ¿Un poc -No s o i elo. E de hie a é -dij l lo? t o i po va mirar Dawn bien d los. Q -, per uizás eo de ment e v e me calien s porque s erdad que -Enti on ta tan. end n peq me excita --M Miirraa, o lo que q ueños uie ,G Ge . Real --SSíí,, aall eoorrggee llaa ees res decir. sttáá ttuum lláá vvaann m . . b baannddoo -¡¡M Míírraal ,, ssee lloo v looss! vaa aahha --¡¡D Diiooss o ! acceerr.. o llaa ppu uttaa!! Abrac é a Daw paráb n. Co am me a los h os, sus oj os pa nzamos a ombr s be e ab de nu citos fornic an de mir sarnos. Cu evo a l a ando os ojo ando El pe , y lue rme a mí s. Y a mir go vo ban m queño Ma o seguía si ar lvía e rty y irand la peq mpre su m a mirarme o . -Mira ueña irada Anna -decí . a Mar tamb ién es ty-, e llos lo taestán hacie ndo. Noso-


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tros deberíamos hacerlo también. Incluso las personas grandes van a hacerlo. ¡Míralos! -¿Oíste eso? -le pregunté a Dawn-. Ellos dicen que vamos a hacerlo, ¿es verdad eso? -Espero que sea verdad -dijo Dawn. La tumbé sobre el sofá y le subí la falda por encima de los muslos. La besé a lo largo del cuello. -Te amo amo -dije. -dije. -Te -¿De verdad? ¿De verdad? -Sí, de alguna manera, sí... -De acuerdo -dijo la pequeña Anna al pequeño Marty- podemos hacerlo nosotros también, pero que quede claro que yo no te quiero. Se abrazaron en medio de la mesita de café. Yo le había quitado ya a Dawn las bragas. Dawn gemía. La pequeña Ruthie gemía. Marty se la metió por fin a la pequeña Anna. Estaba pasando en todas partes. Me pareció como si toda la gente del mundo estuviese haciéndolo. Entonces me olvidé de toda la otra gente del mundo. Nos fuimos al dormitorio y allí se la metí a Dawn en una larga y tranquila cabalgada... Cuando ella salió del baño yo estaba leyendo una estúpida historia en el Playboy. -Estuvo tan bien -dijo. -Fue un placer -contesté. Se volvió a meter en la cama conmigo. Dejé la revista. -¿Crees que nos lo podemos hacer juntos? -¿Qué quieres decir?


No hay camino al paraíso

-Qui er así, ju o decir q ue n -No s tos, duran si tú cre es qu é. La te alg s e ú más fácil. cosas ocu n tiempo podemo s seg rren. . Ento uir El pr lita. « nces esc i n c i p ucha Oh o i o s iemp mos h», d la ha re es un gr ijo D bitac lo awn. ito pr ión. Y S o Cuan e o la s venie levan e d n g o t t uí ó y sa e sus m ll lió co de la saanos egué, ella . r . r e iendo s taba -¡Oh de soste , Dio s n m iendo -Qué ha pa ío! a Geo sado -Ann rge e ? n as -¿Qu e lo hizo. é le h iz -¡Le cortó o? las p -¡Uau elota ! s! ¡Ge -¡Trá orge eme es un algo desa eunu de p ngra co! a n p do! el hi -Ese giéni hijo co, r de p mesi ápido uta ta ! ¡Se lo ten de café- s -decía la está pequ i yo n drá. eña A o pue -¡Aho n do te ra ner a na desde -Ah n las dos m G la e o, tie e orge, perte nes q -¿A c nadie nece ue el uál p n ! -di egi re -Yo l as am fieres? -p r una de n jo Marty. r o a la osotr -Ha p s dos eguntó R a uthie as -dijo A -dijo do fr rado de s nna. . M angr ío. ar -d arty. Envo i j o lvi Dawn -Qui ó a Georg -se e ero d e y lo stá q ecir ueda p u s o sob -dijo nre el Daw mant n- q ue si e tú cr l. ees q ue lo


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r por

ui o seg quier

más

ar, no ncion u f a va hie! ro no a Rut ije. d o nuest d n n o. Daw braza tiemp ue te amo, está a y t r a q M -Creo ijo ella-. ¡ cerlo? a. -d ha a a jaul aa r ñ i n e a u . -M v q s s e o la pe nme citad es qu en ex la metió en dos! ¡Déje -¿Cre c e r a é. P a los nna y el -No s ataré ió a A m g o s sobre c o L o n ¡ l ! e w r a u i o D sal el pañ Ruthie. Y enme a rior d e s ía t -¡Déj a . d n g i a o ritab s bra ligente. P de el . lir! -g gimió des quitado la e o t in am s ge s bes ces ella e abía o b h , N Geor e l n . ton ible jove arty s. En . Era a pos el. M mant je a Dawn orado. Er s marrone taba. Una tra n e es enam andes ojo me a dónd mpo era u r estar a í g a b s a r u e S i s r. lt era volve rgí en é a corre el amor. E rga cabell e m u a Me s y ech acían endo. Su l i vanté n águila h r e . l r o e c m u a Anna Seguí cha y ueña . a q r o e j a e p n c r a t s la cu a las itaba n un b ra. e r o r g c b o ! o m a bob la c und e ala ía por o eell m ula d me ca attaarrééaattooddo endo su ja Ma --¡¡M acudi aba s t i g a ada. Se adrug m a l de


UN HOMBRE


G

eorge estaba recostado en su remolque, sobre su espalda, viendo el pequeño televisor portátil. Sus platos de la cena estaban sucios, los del desayuno estaban sucios, necesitaba afeitarse, y la ceniza de su cigarrillo caía sobre su camiseta. Algo de la ceniza todavía estaba encendida. En ocasiones, la ceniza encendida fallaba al caer en su camiseta y caía en su piel, entonces él maldecía, apartándola de un manotazo. Llamaron a la puerta del remolque. Lentamente se puso de pie y atendió al llamado. Era Constance: tenía un quinto de whiskey sin abrir en una bolsa. -George, dejé a ese hijo de puta, no podía soportar más a ese hijo de puta. -Siéntate. George abrió la botella, George botella, tomó tomódos dosvasos, vasos, los llenó a la tercera parte con whiskey, y dos tercios con agua. Se sentó en la cama junto a Constance. Ella tomó un cigarrillo de su bolso y lo encendió. Estaba ebria y sus manos temblaban. -También me llevé su maldito dinero. Tomé su mal-


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dito din No sa ero y me be fu -Dam s lo que h i mientra s él e e suf e un rido s ci acerc con e taba en e arse garrillo se hi dijo G a él, ella, jo de l trabajo. Geor la atr e o r puta. g ge p e. E ajo -Hijo de pu hacia él y uso su b lla se lo p a razo la be ta, te -Yo h só. alred só y al ec e edor Conn echado d hé de me de no e ie -¿To . En verda menos es s. davía as lin d ech te gu -Me stan? é de men das piern excit os tu o sólo -Nun s lind as tuyas, de ve ca po as pi r las d -dijo erna s. Conn ré hacerl . o con ie-. S tenía o u s n sirvie u casa lim tan blan n chico u dos, nta. L niver pia. tan G s o hac Uno podía ía tod eorge, er sosos. Y itario é a c o l man ro. É omer . El lu como le g e -Beb ra antisép stofado d ar estaba tener un e, te i a t i r n i ectam co, e macu sen -Y no so podía tirás mejo es lo que ente del b lado. asure -¿Qu r era. hace ie r el a . mor. -Oh, res decir que n sí se o le Pero no sa paraba, l se le para b a ten bía c No sa ómo ía pa a? bía q h r a a u c da to ción, é e do el era u hacer. To r feliz a u tiem n do es n -Yo d po e din a mujer, esear inútil. t e ú sab . ro, to ía ha -No e ber t d la ne s. a esa e en cesit Geor duca as. T ido educ ge. a ú tie -Sólo nes t ción univ soy u o e do lo rsita nl -Dije ria. que que t acayo. To nece dos l ienes s i tas, os todo lo qu trabajos d e nec e mie esita s, Ge rda. orge . Tú


El hombre

sabes c -¿Sí? ómo hace r feli z a un -Sí. ¿ a mu y sab jer. e s qué o tre s vec m á s ? ¡Su es a l me, p madr a se reten e ven diend mana. Y tiem ía d s po m e o s q e ue yo ntaba e visita! e tra fuera Dos t l a e ahí m ba u agrad iránd preci na puta m como si a b a , per ofuera os al ot u me q o Wallace a que qu ería r na puta. ¡ odo el uería ! ¡Cri Com obar sto! ¡ .Y no lo o si le a s Qué mira yo decía, d u e h ba s “¡Mír i cosa! ame astre! Él d jo! ¡Su ¡Así l . Él decía el ecía q , “No ol verda ue quier coño, Wa d Geo lamó! ¿Tú lter!” o ver rge? -Aún no le Y e é s tiene n a cos l s mie a.” ¡E -Per o me ha m s d o tú a o o r a dido lo mi co es as ño, í, Geo has mord . i r d -Sup ge? o , l o has ongo mord qu -Y lo isque has la e sí. ado, mido -Sup ¿no . ¿Ch ongo upad que s -Lo s o í ? . ab has h es maldi tame echo . nte b -¿Cu ien, G ánto eorg diner -Seis e, sa o sac cient bes l a s o te? s dól -No m o que ares. e gus ta la g -Por ente es que l nesto o es que e ro eres . Per o un jo ba a otra ese l gente d ujo, y él es tan , Co imbé ido lavap yo m amor l c a i e tos. E nnie. l, Ge , su m lo he o res r y bol adre g gana e. Y p sas d uede hoispen amor, su do... él y darse s lim su m sado p a ras y sus r ios tazon dre y su efres e cante s y baño s s de alien to


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as y rarez s u s ien ey a ent e, itars y e , f l a é e a er r qui ués d Todo par e j p s u e ara d una m mar. nes p rma de a es lo que o illoo.. i c o ab yl iggaarrrril a fo s c i s c o ú o r i o T t r c l! e meeoot su pr do para é Daam iee..D i n o n t n ¡ n o , eché Co ,C s. des rdad isskkeeyy, e . vaso v e s h g n o r l l w usas .E e Geo s p or e evament s, Connie n que tas e a i a c a m u s -Gr nó n ierna la for co. E ge lle nos tus p Me gusta uelven lo . El tar o e G v n s. me le ierde é de ierna o. Me -Ech os esas p tacón alt o que se p , el culo; a l n e! r e e n de m patillas d sabe a, la cade e enciend o n s l m aza ril na esas oder a pantor ealmente asiones h m s l r c re muje o acentúa inar. ¡Eso rge. En o os. t o l m e a a G aplat cón o al c oeta, señor lav m p t i r n pone s como u todo un r? la hace es s, el -Hab to así. Er gustaría ierna op s s e a u j rón l r y ll blas que m cintu e tembla teaes lo i b m a t S -¿ con cer abofe tarte staría ha é? do te n a u r -¿Qu staría azo g lo gu s. Me blando y l s ha-Me dera a m c e había t s e a s l é , m t culo or. ntes do es cuan r puro am . Nunca a onmigo. y r a r o ge oc n él p so, Geor ido buen o c a í r ss oe quier empre ha s. -No i S ierna sí. . a p o s o d i a d t l bla l ves más ete e verte George? o r -Súb e i , o, qu é? rdad -¿Qu e el vestid rnas, ¿ve ! ie et las -Súb tan mis p ille en el . r s b u g z tido -Te e la lu bió el ves u q a -¡Dej nce se su ta Cons


El hombre

-Dios santo, mierda -dijo George. -¿Te gustan mis piernas? -¡Me encantan tus piernas! Entonces George se inclinó en la cama y abofeteó duramente el rostro de Constance. El cigarrillo se le escapó de los labios. -¿Por qué hiciste eso? -¡Te tiraste a Walter! ¡Te tiraste a Walter! -¿Y qué demonios? -¡Así que súbete más el vestido! -¡No! -¡Haz lo que digo! Geroge la abofeteó otra vez, más fuerte. Constance se subió la falda. -¡Súbelo hasta bajo las bragas! -gritó George-. ¡En realidad no quiero ver las bragas! -Cristo, George, ¿qué es lo que te ocurre? -¡Te tiraste a Walter! -George, por Dios, te has vuelto loco. Quiero irme. ¡Déjame salir de aquí, George! -¡No te muevas o te mato! -¿Me matarías? -¡Lo juro! George se se puso puso de de pie pieyyse se sirvió sirvió un un trago trago de dewhiskey whiskey George puro, lo lo bebió, bebió, yy se se sentó sentó junto junto aa Constance. Constance. Él Él tomó tomó el el puro, cigarrillo encendido y lo sostuvo contra la muñeca de cigarrillo encendido y lo sostuvo contra la muñeca de ella. ella. Ella gritó. Él lo sostuvo ahí ,luego lo retiró.


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-Soy u n hom bre, n -Ya sé ena. ¿L que er o entie e s un h -Mira ndes? ombre , ¡echa , Geor u n ojo a de pie ge. mis m y flex úsculo ionó a nena? s! -Ge mbos ¡Mira orge brazo ese m Const s ú s . Herm se puso c ance t u l o ! ¡Siént ocó osos -Sí, tie elo! ¡S nes un uno de los iéntelo , ¿eh, b r c -Soy a uerpo ! un ho hermo zos, luego e mbre. l s o o homb t , ro. G eorge. Seré u re, n lava -Lo sé un hombre platos de ver ,G pero dad. -No so eorge. soy un y el bl anduc -Lo sé ho que . tú deja -Y tam ste. bién s é cantar Const . Tien cantar ance estab a sent es que oír m “El Rí ada ah i voz. o del proble Viejo”. í. Geo mas q r L g u u e e e rica” d comen go can etenié he visto”. C zó tó “Na antó “ ndose d sentó i e sabe a Dios B varias junto los endiga a Con veces s -Conn a Amé y rien ie, tien tance. Dijo: do. De es una spués Pidió s o s p t e ro c iern gos, lu ego pu igarrillo. Lo as hermosa s. so su fumó, sobre cabez tomó las me a o s d o tros d i bre l as, e -Conn ie, sup n su vientre as piernas d os tra, y dijo e Con o estoy nie, : loco, l ngo que no a s m oy bue berte ento h quem n a o berte , supo ado co Const golpea n n el ci ance e do, lam go que g a el cab r s r t i e l a l nto ha b o . a sent ello d ada ah e Geo pronto r í ge, ac . Pasó se dur a r s i u c mió. E s i lla esp ándolo, calm dedos por eró un ándolo poco m . Muy ás. Lu ego le -


El hombre

vantó su cabeza de sus piernas y la colocó sobre la almohada, levantó sus piernas y las colocó sobre la cama. Ella se puso de pie, caminó hacia la botella, se sirvió un buen trago de whiskey en su vaso, añadió un toque de agua y lo bebió hasta el fondo. Caminó hacia la puerta del remolque, la abrió, salió, cerró. Caminó por el patio trasero, abrió la puerta de la cerca, caminó por la callejuela bajo la luna de la una de la mañana. El cielo estaba libre de nubes. El cielo nublado también estaba ahí arriba. Salió hacia el boulevard y caminó hacia el este y llegó hasta la entrada del Blue Mirror. Entró y ahí estaba Walter sentado solo y borracho al final de la barra. Caminó hasta ahí y se sentó junto a él. -¿Me echaste de menos, nene? -preguntó ella. Walter levantó la vista. La reconoció. No respondió. Miró al cantinero y el cantinero caminó hacia ellos. Los tres se conocían bien.


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VIDA DE UN VAGA BUNDO


H

arry se despertó en su cama con resaca. Una resaca horrible. -Mierda -dijo en voz baja. Había un pequeño lavabo en la habitación. Harry se levantó, alivió su estómago en el lavabo que después aclaró con agua del grifo, metió la cabeza debajo y bebió un poco de agua. Después se mojó la cara y se la secó con la camiseta que llevaba puesta. Era el año 1943. Harry cogió algunas prendas del suelo y comenzó a vestirse lentamente. Las persianas estaban echadas y todo estaba oscuro menos los lugares donde el sol se colaba por los trozos rotos de la persiana. Había dos ventanas. Un sitio distinguido. Salió pasillo adelante rumbo al retrete, cerró la puerta con llave y se sentó. Era increíble que aún pudiese defecar. No había comido desde hacía varios días. Dios mío, pensó, la gente tiene intestinos, boca, pulmones, orejas, ombligo, órganos sexuales y... pelo, poros, lengua, a veces dientes, y todo lo demás..., uñas, pestañas, dedos de los pies, rodillas, estómago...


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Había algo m die se uy fas quejab tidios a o en to ? Harry do eso acabó . ¿Por pensió c o qué na n n. Seg uro qu el áspero p mejor e a . Toda p l a e s l casera higién s aque dos m ico de s se li llas ca uertos mpiab la s e r h a ace tie s tan r an con Se sub eligios mpo. a l g i o ó l as, con os pan allí, ba talone marijó la e s s , c t a i l r e ó de l ra de l Eran l a cade resaca as 11 de la m a pensión y na, sa lió de s era br a a l ñ ió a la a na. Se utal, p que ha calle. dirigió ero no bía es hacia le imp tado e Mient el su ortaba n algú ras ib n . E a o so sign r. La t andan ro lug bolsill i ar, alg do en o de l contró ún siti ficaba a cam gro y o buen isa. Se medio aplast o. detuvo cigarr ado, b cende illo en , miró uscó u rlo. L e n el ext l a llam a ceri Despu remo lla y lu a no és de nep e g r e o l a n consig int dí cuarta uió da cerilla a. Siguió in entó enr una , Notó q t entán q u e le q calada ue su dolo. uemó . Sinti e s t ó l o m ó Un co s a n d g á e o useas, dos, s luego cuatro che se acerc e estremec ía. tosió. ó lenta much achos mente -¡EH, jóvene . Estab TÚ, V s a ocup . EJEST ellos a ado po ORIO! Harry r ¡MUÉR . Los ot ETE! ros se gritó rieron El cig uno d . Desp e ués se calada arrillo de H f . Brot u a e r r r o y n. ó una seguía aquell bocan encen a boca ada de d n ido. D a d a de h humo Camin io o umo a a a z b u a l z . Le gu tra b dando ul. ajo el staba y fum ando u calor del so l pens n ciga rrillo. ando: ” “Voy a n-


Vida de un vagabundo

Harr y cam a la b inó h ibliot eca. S asta llega la co r al egu lill Entró a le quem ía chupan parque qu ó e do el e cigar había fren entre n el parq los dedos rillo. ue y te y una e l a E t andu statu Beeth vo ha iró a rega ntonces ayu oven ña st nos a .Y gacha rbust a encontr dientes. , las m Beethove a o r un s . n Era u pens estab sitio ando anos entr na es a and elaza en al t a a n t u d das a a de go. Harr o y se a la esp , con la c ba re abeza gachó alda, cién obvia y se t cor afilad ment umbó a, per tada pica e s o bre la ba ba o ten ma d hierb stant ía un e la p a. e arom a a agr . Estaba p La hierInsec z. a u t d o nt a s ble y dedo dimin limpi iaguda, r de u t o o s s . El ar u unos ocon o cara en c comenzar o t í r r n o c u s a pu los ir Apen pero lular as er regu sin c culas alrea la b an unas p hocar jam lares, cru zánd Harr úsqueda d artículas, ás. ose e algo pero hacia y levantó e . r an un el cie l as pa lo. El a mirada, alto. rtícielo Harr a trav e y é s sig ta s de tando las p sacar uió miran ba azul y e artícu claro ndem do ha las, . Nin algo en cl c o i n a i a a gu da rr ar siqui era d na sensac o. Pero H iba, al ciel mente arry el dia i mero no sa o, intenblo. P ón de ete a Dio c r e n r s i o d p ad, n ó nada en uno t ara e A Ha i n i e d c rry n ne q ont eD dos. Los p o le gust rar al diab ue encon ios, ni trar p a l e o ban l error nsam . Van ri o es pr ofund ientos pro s pensam en ese ord Desp i e f o e u n. s n n . to dos p ués p odían s profunensó un p cond oco e ucir n el a suicid io. Tr anqu ila-


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mente. Como la mayoría de los hombres piensa en comprarse un par de zapatos nuevos. El problema principal del suicidio es la idea de que podría ser el comienzo de algo peor. Lo que él realmente necesitaba era una botella de cerveza helada, con la etiqueta un poco mojada y esas gotas frías tan hermosas sobre la superficie del vaso. Harry comenzó a dormitar..., a ser despertado por el sonido de voces. Las voces de colegialas muy jóvenes. Se reían con risillas bobas. -¡Ohh, mirad! -¡Está dormido! -¿Le despertamos? Harry entreabrió un poco los ojos bajo el sol, espiándolas a través de las pestañas. No estaba seguro de cuántas eran, pero vio sus vestidos llenos de colores: amarillos y rojos y verdes y azules. -¡Mirad, es precioso! Soltaron unas risillas bobas, se rieron abiertamente, salieron corriendo. Harry volvió a cerrar los ojos. ¿Qué había sido aquello? Nunca le había pasado nada tan refrescante. Le habían llamado “precioso”. ¡Qué amabilidad! Pero no regresarían. Se levantó y anduvo hasta el extremo del parque. Allí estaba la avenida. Encontró un banco y se sentó. Había otro vagabundo en el banco de al lado. Era mucho más


Vida de un vagabundo

viejo que Harry. El vagabundo tenía un aire pesado, oscuro y siniestro que a Harry le recordó a su padre. No, pensó Harry, ¡qué desconsiderado soy! El vagabundo echó una rápida mirada a Harry. El vagabundo tenía unos ojos minúsculos e inexpresivos. Harry le sonrió levemente. El vagabundo miró hacia otro lado. Entonces se oyó un ruido procedente de la avenida. Motores. Era un convoy del ejército. Una larga fila de camiones llenos de soldados. Rebosantes de soldados que iban allí como enlatados, colgando por los costados de los camiones. El mundo estaba en guerra. El convoy se movía lentamente. Los soldados vieron a Harry sentado en el banco del parque y ahí empezó todo. Era una mezcla de silbidos, abucheos y sartas de palabrotas. Le estaban gritando a él. -¡EH, TÚ, HIJO DE PUTA! -¡DESERTOR! Cuando uno de los camiones del convoy ya habla pasado, el siguiente retomaba la cantinela. -¡MUEVE EL CULO DE ESE BANCO! -¡COBARDE! -¡JODIDO MARICA! -¡GALLINA! Era un convoy muy largo y muy lento. -¡VENGA, ÚNETE A NOSOTROS! -¡NOSOTROS TE ENSEÑAREMOS A PELEAR, MAMARRACHO!


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Los rostros eran blancos y marrones y negros, flores del odio. Entonces el vagabundo viejo se levantó del banco y gritó a los del convoy: -¡SE LO VOY A HACER PAGAR POR VOSOTROS, AMIGOS! ¡YO LUCHÉ EN LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL! Los de los camiones se rieron y agitaron los brazos: -¡HAZ QUE LO PAGUE, ABUELO! -¡HAZLE VER LA LUZ! Y el convoy desapareció. Le habían tirado varias cosas a Harry: latas de cerveza vacías, latas de refrescos, naranjas, un plátano. Harry se puso de pie, cogió el plátano, volvió a sentarse, lo peló y se lo comió. Estaba delicioso. Después encontró una naranja, la peló, masticó y se tragó la pulpa y el zumo. Encontró otra naranja y se la comió. Después encontró un encendedor que alguien había tirado o perdido. Lo encendió. Funcionaba. Se dirigió hacia el vagabundo sentado en el banco, extendiendo el brazo en el que llevaba el encendedor. -Eh, amigo, ¿tienes tabaco? Los ojillos del vagabundo se volvieron rápidamente hacia Harry. No tenían vida, como si las pupilas les hubieran sido arrancadas. El labio inferior del vagabundo temblaba. -Te gusta Hitler, ¿no? -dijo muy suavemente. -Oye, amigo -dijo Harry-. ¿Por qué no nos vamos tú


Vida de un vagabundo a. na cop u g l a s o anco. nsigam daron en bl o c e u lanue eq n los b ? Pued do viejo se q o í r h e a u f r o s los vio un y yo p espué vagab Harry l D e e . u d e r q s o único n sang Los oj ato lo ados e r t c n e u y e n t lares i Duran os ocu u sitio. b o l g cos nas iró: lviero ojos vo abundo lo m sta... e en El vag ta la vi o! oners s n p a . a h .. , o n g o ti rry olvier s alto: -¡Con ijo Ha viejo v ez má v o ien -d d a b t n y s u e u -M que vagab o, sólo os del m rriba s i m Los oj calle a e tió lo i u f p e y r y ue Harry l parq ... NO! a allí. blanco e O b d a G t I e s t T e . Era -¡CON ió lentamen ar siempre efugio r o l b c a i l s su ún ido. E Harry r. Era prefer a r b a l b e u u s en aq hacia anclas cto. a b a h xa ec do y e spiada e d De grup camino, o Harr No e de hom y pa bres só stab an e d prom e me por un n fo terre inen dian rm te, e a trase n ran a. La ma edad ju o baldí ros, o. bajo gaba yoría casi siad s d o vie a bé Un jos p e mujer de estat tenían u isbo l. ura . Era ara s Harr na b y te nt er ys arr fuer a, la e detuv llamados odos no nían gra iga oy nzam n apto a fila erro obse s o d des ien re s. rvó e m Casi s, pelota tos abs e al jue ur co s mejo mo un r mal bat dos, bat go. Muc eada e ito, u hos r les s, pe adores t s n de que golp iros ro s ber. dom alía era eado eguí Y est la fu inab an ju s, ria. L a a Harr g a en ban furi y se . osos ando. ergía qued . Lo ó mi de su rand furia que o. To era l do p o arec ía in útil. Hast a


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la pelota parecía triste, botando aquí y allá inútilmente. -Hola, Harry, ¿cómo es que no estás en el bar? Era el viejo y flaco McDuff chupando su pipa. McDuff tenía alrededor de 62 años, siempre miraba hacia adelante, nunca te miraba a ti, pero de todas formas te veía desde detrás de aquellas gafas sin montura. Y siempre llevaba un traje negro y una corbata azul. Entraba en el bar todos los días alrededor de mediodía, se tomaba dos cervezas y luego se iba. No se le podía odiar y no se le podía querer. Era como un calendario o un portaplumas. -Para allá voy -contestó Harry. -Voy contigo -dijo McDuff. Así que Harry se fue andando con el viejo y flaco McDuff, y el viejo y flaco McDuff iba chupando su pipa. McDuff siempre tenía encendida aquella pipa. McDuff era su pipa. ¿Por qué no? Caminaban juntos sin hablar. No había nada que decir. Paraban en los semáforos. McDuff chupaba su pipa. McDuff tenía dinero ahorrado. Nunca se había casado. Vivía en un apartamento de dos habitaciones y no hacía gran cosa. Bueno, leía los periódicos, pero sin demasiado interés. No era creyente. Pero no por falta de convicción, sino porque simplemente no se había preocupado de considerar ese aspecto de un modo u otro. Era como no ser republicano por no saber lo que es ser republicano. McDuff no era feliz ni desgraciado. Una vez se puso nervioso un instante, pareció que algo le preo-


Vida de un vagabundo

cupaba y durante unas décimas de segundo el terror se reflejó en sus ojos. Luego aquello pasó, rápidamente..., como una mosca que se hubiera posado... y luego saliese disparada hacia tierras más prometedoras. Entonces llegaron al bar. Entraron. El gentío habitual. McDuff y Harry se sentaron en sus taburetes. -Dos cervezas cervezas -canturreó al camarero el bueno de -Dos McDuff. -¿Qué haces, Harry? -preguntó uno de los clientes del bar. -Buscar, moverme y cagar -contestó Harry. Lo sintió por McDuff. Nadie lo había saludado. McDuff era como un papel secante sobre una mesa de despacho. No impresionaba. A Harry lo veían porque era un vagabundo. Les hacía sentirse superiores. Necesitaban esa sensación. McDuff les hacía sentirse débiles y ellos ya eran débiles de por sí. No pasaba nada importante. Todo el mundo estaba sentado frente a sus bebidas, mimándolas. Pocos tenían la suficiente imaginación como para emborracharse simplemente como una cuba. Una insulsa tarde de sábado. McDuff pidió su segunda cerveza y tuvo la amabilidad de invitar a Harry de nuevo. La pipa de McDuff estaba roja por las seis horas que llevaba ardiendo sin parar. Acabó su segunda cerveza y salió del bar, y entonces


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Harry se quedó allí sentado solo, con el resto de la tripulación. Era un sábado lento, lento, pero Harry sabía que si se quedaba allí sin hacer nada el tiempo suficiente, lo lograría. Por supuesto, el sábado por la noche era el mejor momento para gorronear copas. Pero no tenía adónde ir hasta entonces. Harry tenía que evitar a la dueña de la pensión. Pagaba por semanas y llevaba nueve días de retraso. El ambiente se puso terrible entre copa y copa. Lo único que buscaban los clientes era sentarse y estar en algún sitio. Reinaba una soledad general, un miedo suave y una necesidad de estar juntos y charlar un poco, eso les aliviaba. Todo lo que Harry necesitaba era algo de beber. Harry podía beber sin parar y aún seguía necesitando más, no existía suficiente bebida para satisfacerle. Pero los demás... sólo estaban allí sentados, interviniendo de vez en cuando se hablara de lo que se hablase. La cerveza de Harry se estaba desbravando. Y el asunto consistía en no terminarla, porque entonces había que pagar otra y no tenía dinero. Tenía que tener paciencia y esperanza. Como buen gorrón profesional de copas, Harry conocía la primera regla: nunca pidas que te inviten. Para los demás la gracia consistía en que estuviese sediento. Si pedía que le invitaran les quitaba el placer de sentirse espléndidos. Harry dejó deambular su mirada por el bar. Había


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cuatr o o ci nco c cosa. liente Uno d s. N e los milto que n o eran muc n. La o er hos raz recer la inm ón princip an gran co y no eran g sa era a ran o l rtalid desay Monk ad era por la que unar. H T q M odos aperio ue se los r. P comía onk creía meseis h ancho ensar no s días. Pensa uevos el ba qu como par e eso alto, t e daba bie pados l e n e , de m hacía a . Era nía un enorm suira os ojo enorm e, cas s páli es, pe da fija, un i d t o l c an u u s das y Monk nudos ello de rob y despreoc e s t l a a u e y un raba una m ba habland s. as ma o con nos osca q un ce el cam ue se nicero estab mojad mosc a met arero. Har a dio o de c ry mi iendo varias e un ci despa vuelta rveza que garril c h i s to en abía f lo bor entre furios rente racho la o, se a él. L y ento s colillas, elevó luego a s e dio n ces em en lín que v contr ea re olaba itió u pués a c hacia ta ha n zum se esf c atrás bido umó. y haci ia arriba, Monk p a a e l r a r e a limp izquie ció Harry iacris rda y . Sus tales. desgrues risa a Sus o os ltaner jos a. Cog labios se c tabur i ontra afables vie ó su b ete co ron a je otella -¿Qué ntiguo al d , se ac ron en un a e Har e haces r son c ó, se s ry. , Harr -Esto entó e y? y espe n el rando -¿Te a a que petec llueva eu -Esto . y espe na cervez a ? rando cias. a que llueva Monk cerve pi za, M A Har dió dos cer onk. G ry le g vezas ra. Las t ustab a beb r a j e r on. er la c ervez a dire ctame nte de


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la bot

ella. M -¿Nec onk vació p esitas arte d tr el -No h e pen abajo, Harr a suya den sado e tro de y? -Lo ú n es un vas nic o. lera. N o que tien o. es qu ecesit e hac amos Claro er e alguie , no p agan n que s sostener alto, p t an b la esc sost er aMonk o te dan alg ien como a enga la es calera e o l os qu staba . ¿Qué taba d . e está brom te par emas n en l ean ece? o -Déja iado jodido do. Monk c me pe nsarlo para darse reyó que H Monk arry e c un ra uenta mir ssonri . sa alta ó a los otr to, Monk. os cli nera, a Har en les gu ry. iñó un tes, puso de nu -Oye, ojo y l e uego lo úni volvió vo su co qu recha e a t mirar la esc ienes q a venta nas. L lera. Yo es ue hacer e s oú taré a derec rriba, sostener d ha la e nico que t ei l e im s c n -No ta a es qu n difíc lera. No es e hace piando las il com r es s muy d -Ento osten o muc if nc er has ot ícil, ¿no? -Creo es, ¿vas a h ras co acerlo que n s as, Mo ? o. -¡Ven nk. ga! ¿P or qu -No s é n éh o pru ebas u Enton acerlo, Mo na vez n c k. e s todos co. El ? perfe s e sint c t i o e r i on bie diota. Harr n. Ha barra y miró tod rry er . Tod as aq a su c os aq uellas hitoda a uellos botell quella a b s u r e de de ky, vi isa, to nos m no, gi trás d da aq omen nebra e la u e t os es l l a , vodk locur p erand a..., b a y to o, o do lo demá urbon, whi s. Sin semba rgo,


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aquellas botellas estaban allí, sin abrir. Era como una vida esperando ser vivida y que nadie quería. -Oye -dijo Monk-, voy a ir a cortarme el pelo. Harry sintió la gordura silenciosa de Monk. Monk había ganado algo en algún sitio. Se sentía tan bien como una llave que encaja por una cerradura que permite entrar en algún lugar. -¿Por qué no vienes y te quedas conmigo mientras me cortan el pelo? Harry no contestó. Monk se inclinó acercándose: -Pararemos a tomar una cerveza por el camino y después te invitaré a otra. -Vamos... Harry vació sin dificultad la botella dentro de su sed y puso la botella sobre la barra. Salió del bar siguiendo a Monk. Bajaron la calle juntos. Harry se sentía como un perro siguiendo a su amo. Y Monk estaba tranquilo, todo estaba funcionando, todo encajaba. Era su sábado libre e iba a cortarse el pelo. Encontraron un bar y pararon. Era mucho más bonito y limpio que aquel en el que Harry solía pasarse las horas muertas. Monk pidió las cervezas. ¡Cómo estaba allí sentado! ¡Un superhombre! Y además, le gustaba sentirse así. Nunca había pensado en la muerte, por lo menos no en la suya. Cuando estaban sentados uno junto al otro, Harry


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comprendió que había cometido un error: un trabajo de 8 a 5 hubiese sido menos penoso. Monk tenía un lunar en el lado derecho de la cara, un lunar muy relajado, un lunar sin conciencia de sí mismo. Harry observó cómo Monk levantaba su botella y chupaba de ella. Era algo que Monk hacía porque sí, como meterse el dedo en la nariz. No estaba realmente sediento de alcohol. Monk estaba simplemente allí sentado con su botella y había pagado para eso. Y el tiempo pasaba como la mierda río abajo. Terminaron sus botellas y Monk le dijo algo al camarero y el camarero le contestó algo. Entonces Harry salió del bar siguiendo a Monk. Iban juntos y Monk iba a cortarse el pelo. Llegaron a la peluquería y entraron. No habla ningún otro cliente. El peluquero conocía a Monk. Mientras Monk se encaramaba en su silla, se dijeron algo. El peluquero extendió la toalla y la cabeza de Monk surgió de allí dentro, con el lunar firme en la mejilla derecha, y dijo: -Lo quiero corto alrededor de las orejas y no mucho por arriba. Harry, desesperado por otra copa, cogió una revista, pasó algunas páginas e hizo como si tuviera interés en ella. Entonces oyó a Monk hablar con el peluquero.


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-Por cierto, Paul, Este es Harry. Harry, Este es Paul. Paul y Harry y Monk. Monk y Harry y Paul. Harry, Monk, Paul. -Oye, Monk -dijo Harry-, ¿qué tal si me voy a tomar otra cerveza mientras te cortan el pelo? Los ojos de Monk se clavaron en Harry. -No, nos beberemos una cerveza cuando yo termine aquí. Luego sus ojos se clavaron en el espejo. -No quites demasiado de encima de las orejas, Paul. Mientras el mundo daba vueltas, Paul tijereteaba. -¿Has ligado mucho, Monk? -Nada, Paul. -No me lo creo... -Pues deberías creerlo, Paul. -No es eso lo que he oído. -¿Qué, por ejemplo? -Que cuando Betsy Ross hizo aquella primera bandera, ¡las 13 estrellas no hubieran dado para envolverte la polla! -Joder, Paul, eres demasiado! Monk se rió. Su risa era como si se estuviesen cortando rebanadas de linóleum con un cuchillo mal afilado, O quizás era un grito de muerte. De pronto, dejó de reírse. -No me quites demasiado de arriba. Harry dejó la revista y miró el suelo. La risa de li-


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nóleu m se h Verd e y az abía con verti ul, co Algun do en n dia as pa m un su antes rtes h descu elo d púrp a biert b l a e linó ne ur o le gu leu staba el suelo m mpezado a. Un suel o ant m. iguo. Emp el marrón arrón osc a pelarse ezó ,d uro d oscur para e deb ejando a o. esper a contar: l ajo. A 3 ar, 13 Un... Harr o 14 r sillones d ¿qué y evist ? e pe as. U Paul n pel luquería, y Har uque ry y M Fuer ro. U 5 sillas onk y n clie los, p a pasaba el ma nte. nl ar juega ó. No hay os coches rrón oscu ro . . que j ugar Harry em . pezó con l a loc a con ura, tarla loc ura n o . a n u no: ning en la ma s a p . o a c na mud ntar las dena campa il era co n c á u f o s us pies á m s o M e c d a , b s a ies... s pie o son n los p ia de su e c . n El tiemp .. ie s c o n d mó co e los de Harry to luego d , s o t a p nsumía s za a se co . s id o v tro de lo t a u p S a . racol de los z los pies e un ca s e e d u f s dentro o i s d s de omo Movió lo inguna parte c ban n acia levanta uego. s f e l p e o ia íl yendo h t c ha ham les, los an rrastra Birming ban hoja a e que se a h d c o e r s e ta erando rnic Las plan ado esp t a, un ca n b e r s ie a h ab n una a de la arry est uestas e H p y s a la cabez z lo n il a el cuch s esper vantaba , con su ía r e u q pelu en una rminó. su día. . or fin te nca era p u n y cerveza , r ió o u n ig ho urrió, s No tenía , transc ió u ig s o Aquell


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El final de la obra del sillón del peluquero. Paul giró a Monk para que pudiese verse en los espejos de detrás del sillón. Harry odiaba las peluquerías. El giro final en el sillón, aquellos espejos, eran momentos de horror para él. A Monk no le importaba. Se miró. Estudió su imagen, su cara, su pelo, todo. Parecía admirar lo que veía. Entonces habló: -Muy bien, Paul, pero ¿te importaría cortarme ahora un poquito más del lado izquierdo? ¿Y ves estos pelillos que salen por aquí? Deberías cortarlos. -Oh, sí, Monk..., ahora mismo... El peluquero volvió a girar a Monk y se concentró en los pelitios que se salían de su sitio. Harry miró las tijeras. Había mucho clic-clic pero no cortaban casi nada. Entonces Paul giró otra vez a Monk hacia los espejos. Monk volvió a mirarse. Una leve sonrisa le distorsionó el lado derecho de la boca. Luego en el lado izquierdo de la cara le apareció un ligero tic. Narcisismo con sólo una sombra de duda. -Así está bien -dijo-, ahora está perfecto. Paul cepilló a Monk con un cepillo pequeño. El pelo muerto caía hacia un mundo muerto. Monk buscó en el bolsillo el dinero para pagar y la propina. La transacción monetaria tintineó en la tarde muerta. Después, Harry y Monk fueron juntos calle abajo de


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regre so al b -No h ar. ay na da co para mo u senti r nc s e com Monk o un h orte de p siemp lido, el ombr re lle rema e nue o -dijo M vaba ngad Ahor onkv c o a a . s m a lo ú isas d nico q para exhi e blase t r b a ue l ir los b lo bícep ajo azul p los ca s calzonc e faltaba e s á. illos r ¡Men lcetin a un y udo t -Grac es y los gu las camis a hembra í o ! qu et ar ia -Vale s por acom dara en e as, que le e le dol cajó , Mon enrol paña n k.. rme, l -La p Harry de la cóm ase róxim . oda. . a vez taría que qu -Quiz e me acom vaya a cor tarm ás paña e el p ras. Monk , Monk... elo m i b a and e gus sueño ando . Un junto sueño rrió. a Harry l s no sa ensaciona bordillo y so, pe bía d fue c l ro lo e dón ista. Sim omo perm Monk p un d l i e tió, s e hab .YM imuló onk, ía ven mente oc delan c u q omo i te de un pe ue tropez do el imp l auto oyó u u aba y sado bús. n rui bloqu empu lEl co do so do so e n j óa duct rdo, de c rd su co o. Y allí es no demas or pisó lo arne, cay ó rte d s taba i ado f freno e M u da. L o má pelo, luna onk senta erte, pero s y se s extr do en r, y t u estab odo. añ la cun n ruia en Y Ha e la cu o de todo t de M a, con rry b neta. aque onk p ajó la l l H o a o : b l r que n a car mirala sal el im te o tado p del b ra de Mon pequ estaba pla acto y allí olsillo k eña p na so estab i bre e a, en t Harry rámide. l suel la cun rasero o, se eta. S se ag erguí achó, a com ólo la pu o una so en su bo lsillo delan tero.


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Estab

a tibi a y lle Enton n ces H a de grac ia. Di arry s -¿Mo os t ei nk Monk ? Monk..., nclinó sob e salve, M aría. re Mo ¿ no c está vio qu nk. e no h ontestó. P s bien? er abía s se vo lvió h angre o Harry n ermo ot . Y de r Está so y e epen ó que resp j o l e d t g e el r ido, p ante. estam ostro iraba y e os jo de M didos nsó Harry hay v onk , y yo erdad sólo que d estoy , no h Pero a e j o y difere dido. nada si hab ntes real, T ía alg -¡Ret no ha mane odos o. Ha írens y r a n b s. No e! -di ada. ía un Harr a mu jo ltitud multi y retroced alguien. . ¡Den tud. N i le air adie l ó. Retroce Iba a e ! e d i d ó hasta bulan ndando h etuvo. mete acia e cia, ju rse en l n s t tre la u o r. Oy Enton con e ó l c el lam de su es, d acaba e pr prop ento u de la cosas na vieja g onto, la c ia culpa. amuerra ulpa conti . Hab desap nuab caram í an. C a que a elo. omo segui reció. Com las p Harry r o a delan ulgas se p te. La bía re y las s parad recipitó d tortit entro o as co bía b de un n otella antes. Ha bía u s. Est b a doble r e n n a b c el qu , lo b amar a osc en ebi ur er hinch ada y ó de un tr o allí dent o en la bar o har ra a e o. Pid paga. go. L s a car ió un . HaHarry pléndida. t e w ra de El vie Bebió s rnes Monk hisky la mi acó un bi d tad d l estab e mena l e b t í e, pi a de eu a je a M onk y n trago, a dió otro w ser día d vez e g n mu e luego uardó hi cho t se be un m sky doble iemp bió e . i n uto e o se s l rest n hointió o. Po muy r prim bien. era


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A última hora de la tarde Harry bajó andando hasta el Groton Steak House. Entró y se sentó en la barra. Nunca había entrado allí. Un hombre alto, delgado y anodino, con gorro de cocinero y delantal manchado, se acercó y se inclinó por encima de la barra. Necesitaba un afeitado y olía a aerosol contra cucarachas. Miró maliciosamente a Harry. -¿Vienes por el TRABAJO? -preguntó. ¿Por qué demonios quieren todos ponerme a trabajar?, pensó Harry -No -contestó. -Hay un puesto de friegaplatos. Cincuenta centavos la hora y, de vez en cuando, se le puede tocar el culo a Rita. La camarera pasó a su lado. Harry le miró el culo. -No, gracias. Lo que quiero ahora es una cerveza. Sin vaso. De cualquier marca. El chef se le acercó aún más. Tenía unos pelos largos en los agujeros de la nariz, que provocaban una enorme intimidación, como una pesadilla fuera de programa. -Oye, cabrón, ¿tienes dinero? -Claro que tengo -dijo Harry. El chef dudó un momento, luego se alejó, abrió la nevera y sacó una botella. La destapó, volvió a donde estaba Harry y la puso de un golpe frente a él. Harry dio un buen trago, bajó suavemente la botella hasta la barra. El chef seguía examinándolo. El chef no podía com-


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prenderlo del todo. -Ahora -dijo Harry-, quiero un bistec de solomillo, tirando a hecho, con patatas fritas y poca salsa. Y tráigame otra cerveza ahora mismo. El chef se alzó amenazadoramente frente a él, como una nube furiosa, luego se largó, volvió a la nevera, repitió la acción que incluía llevar la botella y depositarla de un golpe sobre la barra. Entonces el chef fue hacia la parrilla, lanzó un bistec encima. Se levantó un velo de humo glorioso. A través de él, el chef miraba fijamente a Harry. No sé por qué no le gusto, pensó Harry. Bueno, quizás necesite cortarme el pelo (quíteme bastante de todas partes, por favor) y afeitarme, quizás tenga la cara un poco magullada, pero llevo la ropa bastante limpia. Gastada, pero limpia. Probablemente estoy más limpio que el alcalde de esta puta ciudad. La camarera se acercó. No tenía mal aspecto. No era nada del otro mundo, pero no estaba mal. Llevaba el pelo recogido hacia arriba, como revuelto y con unos rizos que le colgaban por los lados. Bonito. Se inclinó por encima de la barra. -¿Vas a quedarte de friegaplatos? -Me gusta el sueldo, pero no es mi tipo de trabajo. -¿Cuál es tu tipo de trabajo? -Soy arquitecto. -Eres un comemierda -dijo, y se alejó.


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lanentab to o n e cuan do bu masia ta de que e d a er cuen e no el dado a ía qu í b b llegó ente. a a s g s h e y a l r e c r a S n Ha sentí Ento de un ción. versa , mejor se cervezas. tó el plato n o c do laba dos posi s hab ef de ó las cormeno y se acab itas. El ch ello, dor. a a r r f r e o a s p s l a H u o mía at ran g . Se p que no co n n pat g o o r n c g u c a l e biste años ef era cía un mi raba ar de o ent e . El ch p r e em a n p ó l p u m c o g ea tía n m rry le ndo. Hacía e o a s c H A omía no se ica mast dida que c . Cuando y o d a e v decir ento. m tan a nue ontecimi recía z a tec. A r p s e i o u b c un uerp an a una f un gr eía. Y su c erpo su cu so resulta r n ro so ,e nudo a su cereb cias. lo te. , gra Hast to de acias y acabó. amen j r a l fi g p , o s l o a do arr otr graci mirán ces H game Enton ún seguía rry-, trái Ha ef a El ch ien -dijo b y smo? -Mu lanlo mi z e . v ejó y o l a a r m t s e i o s m ar l chef a tom roz. E e -¿Vas f a a de fij illa. ra. -Sí. pasó a arr d r. Aho VEZA! p a o r a v i l a f e m r R La a, por OTRA CE c sob biste tra cervez E o L r t A o ¡D o zó za. maré ó el chef-, eza. cerve -Y to t v a i l r r e a g c s A! con la dijo-, le da -¡RIT ercó c a o . t e o tó Rita s r arquitec vantar alg levan e e se l s a o r o d ! a g . -P ean as.. Lue udier y plan veza. -Esto Como si p en su cer ró a! ¡ -¡ja, j e concent s y r Har


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y se fue. Cuando regresó se acabó la cerveza. El chef salió y puso de un golpe el plato de bistec delante de Harry. -El puesto sigue vacante si lo quieres. Harry no contestó. Empezó a comer otra vez. El chef volvió a la parrilla desde donde continuó mirando fijamente a Harry. -Tienes derecho a dos comidas -dijo el chef-, y a meter mano. Harry estaba demasiado ocupado con el bistec con patatas para contestar. Seguía teniendo hambre. Cuando se es un vagabundo, y especialmente si se es bebedor, pueden pasar días y días sin que comas, muchas veces sin que sientas siquiera ganas, pero de pronto te ataca un hambre insoportable. Uno empieza a pensar en comérselo todo, cualquier cosa: ratones, mariposas, hojas, resguardos de la casa de empeños, periódicos, corchos, lo que sea. Ahora, en plena faena del segundo bistec, el hambre de Harry continuaba allí. Las patatas fritas estaban fantásticas, crujientes, amarillas y calientes, parecidas a la luz del sol, una gloriosa y nutritiva luz solar que podía morderse. Y el bistec no era simplemente una rebanada de algún pobre bicho asesinado, era algo apasionante que alimentaba el cuerpo y el alma y el corazón, que iluminaba la mirada y hacía que el mundo no fuera tan difícil de soportar, o tan inhóspito. De momento la muerte no importaba.


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Enton ces a hueso cabó del bi el seg stec y chef s , adem undo plato eguía . Sólo ás, co -Me v mirándole. mplet quedó oy a c amen el te lim omer bistec pio. E o tro -l con p l e dij atat Dio la vuelta as y otra ce o Harry al Tenía chefrveza, a la p una li . Otro por fa arrilla breta te en v o y r. s e e la libr n la m p a r ó fren eta. L ano. G sucio. te a H uego araba Harry t arry. i r teó fu ¢ l l a cuen a cogi r Había iosam ó del p ta en eno t m l r ato. o clie edio d muy r nte e el pla edond n to o y ro el res de pe sado, tauran los de con u spein te, un desale na c ado h ntado r. El h s, teñidos d abeza gran ombre tazas o d e un c de caf mbre astaño e, llena é mie había Harry ntras c bastan o n s le umido se pus te y los a o de p ía el periód nume cercó i r i c e o o , s s a d acó un s e la ta Luego al plato. rde. os bill salió d e t e s , e allí. apartó El trá dos zaba a fico de las p rimer llenar as hor de co niend as de ches l o a su la n a s a e venid de los spalda a. El s oche come s. Har coche nol ry obs s desgr ervó a se estaba p aciado . Parecían o l desgr os con . La ge estaba ac d nte es aterra taba e iados. El m uctores da y d en las n la o esilus tramp scurid undo era ionad as. La fensiv ad. L a . gente a. Se s La ge estaba nte ha a gente entían vidas. bí d como Y tení si estu esesperada a caído Harry an razón. vieran y a la echó a d malga ese m andar stand eomen o . S s e us to tuv detuv o una sensa o en un sem ción m áforo. uy ext Y en raña. Le pa -


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o. leta d un mp y l m ó co cera e d id a iva olv otra v a e n e s a la so i er erd hac p v a lle ic so ún pu la ca a l se zó ra l e luz Cru é e la o. qu do unt ó n as ci re Cua del te en m con tin uó cam ina nd o.


De la botella faltaban dos tercios y había latas de cerveza vacías por el suelo. Liaban cigarrillos con la tranquila calma de los que han vivido vidas duras e imposibles antes de los treinta y cinco y siguen vivos. Sabían que todo era un cubo de mierda, pero se negaban a renunciar. —Mira —dijo Harry, dando una calada al cigarro—, te escogí, amigo. Sé que puedo confiar en ti.

La gente no quiere amor  

Libro Bukowski por Duvan Soto

La gente no quiere amor  

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