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¡D URO COMPAÑER@S ! OAXACA 2006: RELATOS DE UNA INSURRECCIÓN MEXICANA

RECOPILACIÓN DE CRÓNICAS Y TEXTOS

Copyleft: la reproducción parcial o total, sin alteración, de este texto y de las fotografías es bienvenida, siempre y cuando sea sin fines de lucro.

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Brevemente, ¿qué pasó en Oaxaca en 2006?..............................................................................8 Interludio 1............................................................................................................................15 Primeros testimonios.......................................................................................................................30 Capítulo 1: Quién, cómo, por qué................................................................................................32 Interludio 2............................................................................................................................48 Entrevista 2 con M. y L. .................................................................................................................72 Capítulo 2: La APPO, una nueva institución............................................................................77 La estrategia del gobierno federal...........................................................................89 Interludio 3............................................................................................................................99 Entrevista con L. ............................................................................................................................124 Capítulo 3: Los medios de comunicación: construir un territorio simbólico...............139 La solidaridad en actos: proteger su territorio físico.......................................154 Interludio 4..........................................................................................................................167 Entrevista con I. .............................................................................................................................190 Capítulo 4: La respuesta del gobernador.................................................................................202 La guerra contrarrevolucionaria...........................................................................214 Interludio 5..........................................................................................................................222 Epílogo.................................................................................................................................224 Agradecimientos y anexos............................................................................................................228

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Ellos Nâzim Hikmet

Epopeya de la guerra de liberación nacional (fragmento), Paisajes humanos, 1965

Ellos que son más numerosos que las hormigas en la tierra, los peces en el agua, los pájaros en el aire, ellos que son miedosos, valientes, ignorantes, y sabios, ellos que son niños, ellos que hacen añicos y crean, nuestro libro no contará más que sus aventuras. Ellos que, dejándose llevar por la astucia del traidor, dejan caer al suelo la bandera y, abandonando el campo al enemigo, corren a encerrarse en sus casas, y ellos quienes también apuñalan al traidor, ellos que ríen como el árbol verde, ellos que lloran demasiado pronto, ellos que injurian a su padre y a su madre, nuestro libro no contará más que sus aventuras.

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Y el destino del hierro y del carbón y del azúcar y del cobre rojizo y de las telas y de todas las ramas de la industria y del amor y de la tiranía y de la vida y del cielo y de la llanura, y del océano azul y de los melancólicos caminos de los ríos, y de las tierras labradas y de las ciudades, puede cambiar una mañana al alba, cuando una mañana al alba, en los confines de las tinieblas, ellos apoyan sobre el suelo sus pesadas manos callosas y se yerguen. Ellos son los que reflejan en los espejos más sabios las imágenes más coloridas. En lo que va del siglo, ellos vencieron, ellos han sido vencidos. Se han dicho de ellos muchas cosas, y por ellos se ha dicho que nada tenían que perder, salvo sus cadenas.

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BREVEMENTE, ¿QUÉ PASÓ EN OAXACA EN 2006?

El 15 de mayo de 2006, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) celebra como cada año en México, desde hace veintiséis años, el día del maestro. Se entablan las negociaciones habituales entre el gobierno de Oaxaca y el sector de la educación pública. La sección oaxaqueña del SNTE, la Sección 22, se pone en huelga e instala un plantón por tiempo indefinido en el zócalo, la plaza principal de la capital del estado. Al acercarse la temporada turística y después de un mes de estar ocupado el centro, el gobernador del estado ordena a la fuerza pública intervenir para desalojar el plantón. El 14 de junio del 2006, a las cuatro y media de la madrugada, alrededor de dos mil policías invaden la plaza. La consigna es arrestar a los que el gobierno identificó como líderes, pero también destruir las instalaciones de Radio Plantón, la radio de la Sección 22. Después de seis horas de enfrentamientos, los maestros, a los que se suma la población del centro, logran vencer a los representantes del “orden”. Sobrepasados por la fuerza colectiva desplegada, estos últimos retroceden. Se vuelve a instalar el plantón, se levantan barricadas en el centro y se condena públicamente la represión. Queda destruida Radio Plantón, pero algunos estudiantes toman Radio Universidad y la entregan al movimiento. Otras organizaciones se suman a la Sección 22 y el 17 de junio de 2006, se crea oficialmente la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO). Su única reivindicación, no negociable, es la destitución de Ulises Ruiz Ortiz (URO), gobernador y responsable de las

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violencias perpetradas. Más de 360 organizaciones se encuentran en el seno de esta nueva coordinación de fuerzas. El objetivo anunciado de los insurgentes es, antes que nada, demostrar la ingobernabilidad haciendo valer un procedimiento constitucional: que una comisión del Senado de la República declare que las condiciones en el estado de Oaxaca no permiten que los detentores legales de los poderes gobiernen correctamente. Para lograrlo, desde el 26 de julio, toman el palacio de gobierno, así como las sedes de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Requisan también la Comisión Estatal del Agua y la Secretaría de Finanzas. El gobernador huye a la Ciudad de México y las instituciones del estado de Oaxaca se encuentran bloqueadas: las reuniones del gobierno tienen lugar en un hangar cerca del aeropuerto, el único lugar donde la policía todavía puede protegerlos. Hay enfrentamientos aislados y a veces armados en lugares estratégicos (en la universidad, en los alrededores del zócalo). Aún no hay heridos graves. El 1° de agosto, después de una marcha, decenas de miles de mujeres armadas con cacerolas y cucharones de madera ocupan las instalaciones del Canal 9, donde se encuentran la televisión y la radio públicas del Estado de Oaxaca. Las mujeres vivirán ahí tres semanas, emitiendo las veinticuatro horas y cubriendo casi la totalidad del estado, hasta que una patrulla de hombres armados y enmascarados destruye las antenas del Canal, el 21 de agosto. Al día siguiente por la mañana, la APPO toma doce estaciones de radio en la capital y en las principales ciudades de la entidad. Los operativos paramilitares, responsables del sabotaje del día anterior, se intensifican y se extienden geográficamente. En siete días, dos personas mueren a consecuencia de los ataques de estas “caravanas de la muerte”. Frente a estos nuevos actores asesinos, la ciudad y sus barrios se organizan, primero haciendo rondas nocturnas, luego levantando barricadas cada noche, de las 10 pm a las 7

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am. Las barricadas sirven para impedir la circulación de estas camionetas anónimas, pero también para confirmar la influencia de la APPO en la organización de la vida y de la ciudad. Al principio poco numerosas, las barricadas se van levantando por miles (sin que jamás se pueda tener una cifra exacta) tras el llamado de la APPO a la autodefensa pacífica. Las radios ocupadas sirven para transmitir la información y son herramientas de coordinación para la seguridad de l@s barrikader@s.

Paralelamente al movimiento que sacude a Oaxaca, México vive durante el verano 2006 otro acontecimiento político importante: las elecciones presidenciales del 2 de julio. Los partidos de centro-izquierda (PRD) y de derecha liberal (PAN, partido del presidente saliente) encabezan los resultados de la elección, casi van empatados. El PRI, que representa la derecha nacionalista, obtiene el porcentaje más bajo de su historia. Este “partido-Estado”, creado después de la Revolución Mexicana, se quedó en el poder a nivel federal cerca de setenta años (hasta el año 2000, fecha de la primera alternancia). En algunos estados, como en Oaxaca, nunca se dejó destronar y ha mantenido todo un sistema de clientelismo. Los resultados de las elecciones tardan en ser revelados, y a pesar de pruebas tangibles de fraude por parte del PAN, éste es declarado vencedor. Se articula entonces un movimiento contestatario alrededor del candidato del PRD, que interpone una demanda ante el Tribunal Federal Electoral (TFE). En este contexto de desorden institucional es donde hay que entender la pasividad y la actitud poco clara de la presidencia federal frente al caso “Oaxaca”. El estado es uno de los últimos bastiones del PRI y el PAN lo necesita para obtener más peso en la Asamblea. La derecha liberal también requiere del apoyo moral del viejo partido para hacer frente a las acusaciones y a la tenacidad del PRD, cuya legitimidad es reforzada por los numerosos oponentes al fraude electoral. Si el Senado destituye al gobernador de Oaxaca, el PRD

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aprovechará la ocasión para exigir la destitución del presidente electo. Si no lo destituye, corre un riesgo: su inacción lo puede desacreditar y envenenar las cosas en Oaxaca. El 6 de septiembre, el TFE decreta que el PAN ganó y que gobernará seis años más. El nuevo presidente, Felipe Calderón, tomará posesión el día 1° de diciembre y, para entonces, todo tiene que “estar en orden” en Oaxaca. Se abren discusiones entre la comisión de negociaciones de la APPO y el gobierno federal. Al mismo tiempo, la APPO se ramifica en las diferentes regiones del estado de Oaxaca. El conflicto sale de su aislamiento urbano. En la capital, los días pasan en espera de una decisión, con el temor a una intervención de la Policía Federal Preventiva (PFP), y en medio del intercambio ya cotidiano de balas y de cocteles Molotov.

El 21 de septiembre, una marcha de casi cinco mil personas sale de la ciudad de Oaxaca hacia México. El objetivo de esta marcha “por la dignidad de los pueblos” es presionar al Senado, única instancia que puede decretar oficialmente la desaparición de los poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) que llevaría a la destitución de facto del responsable de estos poderes. El Senado responde el 19 de octubre: Ulises Ruiz no será destituido y contará con el apoyo de la presidencia federal. A partir de este momento, todo se acelera. Los helicópteros del ejército comienzan a sobrevolar la ciudad y rápidamente la gente se entera de que la Marina Nacional ha llegado a la Costa Pacífica del estado. Se instalan bases militares en los alrededores de las principales ciudades, para ejercicios de rutina según las declaraciones oficiales. Los ataques por parte de paramilitares siguen y dejan cinco muertos en menos de dos semanas. El 20 de octubre, se da una ruptura en el seno de la Sección 22, cuya dirección decide terminar la huelga que lleva seis meses. La APPO se ve debilitada por el abandono de su apoyo sindical, pero reforzada por un creciente apoyo

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popular. El conflicto traspasa entonces definitivamente las fronteras de la ciudad, del estado, pero también las del país. Asambleas populares inspiradas en la APPO nacen en muchos estados de México, en California (Estados Unidos), y se organizan marchas solidarias en varias ciudades del mundo. Todo parece indicar que el gobierno federal ha tomado su decisión. Ya que el sindicato del magisterio (SNTE), ha sido oficialmente descartado de la APPO, sólo quedan, según los medios y el gobernador Ulises Ruiz, “elementos subversivos e incontrolables que tienen a la ciudad como rehén”. El 27 de octubre, los ataques de los paramilitares en contra de numerosas barricadas dejan cinco muertos y veintitrés heridos. Entre las personas fallecidas se encuentra Bradley Roland Will, un camarógrafo y activista de medios libres que colaboraba con la red Indymedia de Nueva York. La muerte del estadounidense y el eco internacional que sigue le permiten al gobierno ir a “restablecer el orden”. Al día siguiente, el gobernador solicita ante el Presidente de la República la intervención de la Policía Federal Preventiva: él la concede. En la mañana del 29 de octubre, se despliegan 4500 elementos de la policía y al cabo de unas horas de enfrentamientos, logran penetrar en el centro de la ciudad. Las principales barricadas caen, se salvan tres: la primera protege Radio Universidad, la segunda (la de Cinco Señores) bloquea el importante crucero que lleva a la universidad, la tercera (la de Soriana) impide las eventuales intrusiones por la parte trasera del campus. Se vuelve a establecer un plantón a cuatro cuadras del zócalo, de ahora en adelante transformado en campamento de las fuerzas federales. El 2 de noviembre, al alba, Radio Universidad se despierta bajo los estallidos de bombas lacrimógenas. Hace un llamado urgente a la población que llega al rescate y, después de siete horas de combate, las piedras rechazan a las tanquetas blindadas. La PFP, ya sin municiones, se ve obligada a abandonar el asalto y a liberar a las personas detenidas.

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Del lado de los insurrectos, se saborea la victoria... Las tres últimas barricadas aún están en pie, incluso se refuerzan, y se prevé el Congreso Constitutivo de la APPO para el 12 de noviembre. Las asambleas de barrio retoman sus actividades y se encargan de organizarlo. El congreso debe desembocar en un proyecto de nueva Constitución para el Estado. Nacen tensiones entre las diferentes corrientes de la APPO, así como entre las bases y los representantes. Después de una marcha para conmemorar la Revolución Mexicana, el 20 de noviembre, la PFP retoma la ventaja simbólica al dispersar a la muchedumbre. Se organiza una séptima megamarcha el 25 de noviembre. Convoca la APPO. Su objetivo es cercar el zócalo, invadido por la PFP, e instalar una barrera humana pacífica para obligarla a irse. Al cabo de unas horas, la policía rodea a los manifestantes y arroja los primeros gases. Es el principio de lo que llamarán más adelante “la pesadilla azul”. Se orquesta una cacería: con balas reales, con granadas lacrimógenas y ensordecedoras, siembran el terror. Los enfrentamientos siguen hasta muy avanzada la noche. Al día siguiente por la mañana, casi 150 personas han sido oficialmente detenidas, muchas más heridas y varias desaparecidas. Las dos últimas barricadas caen y se restituye Radio Universidad a las autoridades de la universidad que la entregan a la policía. Luego, la gente se entera de que los detenidos han sido transferidos a una cárcel de alta seguridad en otro estado, Nayarit, a más de mil kilómetros. Las paredes de Oaxaca se callan y los gritos de libertad desaparecen bajo las capas de pintura.

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INTERLUDIO 1

Oaxaca de Juárez, 14 de junio de 2006 Estoy en el camión que viene del puerto de Veracruz. Por fin logro dormir después de once horas de carretera en los meandros montañosos, bajo el aguacero. Llevo diez días en México. Abro un ojo. Estamos en una terminal. Lo vuelvo a cerrar. Me despiertan: hemos llegado. Salgo del autobús, son las seis. Un cigarro frente a una gran avenida donde todas las tiendas están cerradas: nadie. Penetro en el amanecer de Oaxaca, consulto mi mapa para saber dónde estoy. Doy vuelta a la izquierda, luego seguiré derecho y después a la derecha hasta el hostal. Mi mochila pesa y tengo hambre, pero aún así me tomo el tiempo de observar esta nueva ciudad, que parece apacible y tranquila. Hay pintas comunistas, zapatistas, y luego un “¡No a la privatización de la educación, el pueblo es primero!” Las paredes están mucho más grafiteadas que en los lugares que he conocido hasta ahora. Saco mi cámara sin muchas esperanzas, dada la intensidad de la luz, ¡pero nunca se sabe! La guardo y sigo caminando derecho. Llego a una esquina para luego dar vuelta hacia el zócalo; hay cuatro personas camufladas detrás de un paliacate. Un olor se me prende a la garganta. Gases lacrimógenos. ¿Estoy soñando? Vuela una piedra. No, no estoy soñando. ¿Me doy la vuelta o agarro la cámara? No hay tiempo de pensarlo, me miran, me cierran el camino, me dicen que vaya con cuidado, que la policía está arrojando gases a la gente. Asiento torpemente con la cabeza, para decir que entiendo lo que está pasando, o por lo menos vagamente. Me preguntan por qué no tengo miedo... Tanto como no tener miedo, no sé, pero balbuceo que en Francia pasó lo mismo hace dos meses. Habíamos bloqueado la universidad para protestar en contra de una ley (la llamada Ley de “Igualdad

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de Oportunidades”), y la policía aparecía cuando marchábamos. Poco convencido o confundido por mi frañol, el hombre del paliacate verde me pregunta para qué periódico trabajo... “¿Pardón?” Señala mi cámara con el dedo. “¡Ah!, no...”, sigo tartamudeando, tratando de explicar que para mí la foto es un placer. “¿Independiente?”, me preguntan. Sí, digamos que soy fotógrafa independiente. Me hacen señas para que vaya con ellos, me preguntan si estoy “en la lucha”. Como asiento, me invitan a caminar una calle que no he visto todavía, pero donde parece que se revuelve todo un mundo. Cada persona con la que me cruzo me alienta a inmortalizar el momento, me hacen gestos, a los que les sigue un “¡Click!”. De acuerdo, ejecuto: la mitad de un rollo de 36 fotos en blanco y negro en diez minutos. Tiemblo y corro, la luz que nos regalan las horas de la mañana no es muy generosa. No importa. Sigo. Pero me gustaría saber por qué tanto alboroto... Tengo que preguntar, balbuceando, a señas, quién es esta gente, la que no lleva uniforme. Me entero de que la mayoría son maestros que estaban en un plantón en el centro, que la policía llegó hacia las cuatro de la mañana, y destruyó la radio. Todo es un poco confuso, me cuesta entender y... ¿Qué hacen unos maestros acampando, en plena temporada de lluvias, en el centro? ¿Desde cuándo? ¿Qué tipo de radio? Me contestan que la “Sección 22” se instaló hace un mes en el zócalo, que los maestros pedían un presupuesto mayor para la educación, para comprar libros y material, para dar calzado a los niños, para el transporte y los desayunos, y que tienen una radio: Radio Plantón... No entiendo la desproporción entre las reivindicaciones que me parecen normales y la fuerza desplegada. Son centenares de tiras, armados hasta los dientes, parapetados detrás de unos sanitarios públicos de plástico. Impiden el acceso a las calles, todas perpendiculares y paralelas. El trazo de este tablero de ajedrez tiene la ventaja de que permite arrinconar al objetivo en ciertos ejes, y el inconveniente de acorralarte si las cuatro calles que te rodean están en manos del enemigo. Ahora, a nuestro grupo le bloquean el paso en el primer cruce, pero puede replegarse sin obstáculos. A la izquierda, tres cuadras parecen desiertas.

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A la derecha, tenemos todo el camino que acabo de recorrer. Es obvio que atacaron por los ángulos sur, oeste y este, empujando a los del plantón hacia el norte. Llueven bombas de gas lacrimógeno y granadas ensordecedoras. La escena me sigue pareciendo igual de desproporcionada. No debe ser la primera vez que el gobernador tiene que enfrentar una protesta así. ¿Siempre contestará de esta forma? Una bomba lacrimógena que explota a mi lado me saca de mis vacilaciones. Intento acomodar mi rebozo de manera que el gas me moleste lo menos posible. Nada que hacer, ese olor y ese picor son asfixiantes. De repente me echan una cubeta de leche en la cara. ¡Gracias! Creo que a mi cámara no le gustó mucho, pero a mí sí. Qué alivio... Y qué sorpresa descubrir que, además del suero fisiológico y del limón —que conocía por sus cualidades de escudo antigas en las marchas— existen la leche, el vinagre o la Coca-Cola. ¡La Coca como herramienta de defensa! En fin, al llegar a otra esquina, intentamos localizar a los demás. Queremos saber qué pasó con las personas que también huyeron del plantón asediado. La gente se sigue buscando y a la vez sigue quitando los adoquines de las calles para amontonarlos; incluso algunas personas sacan gasolina de los carros, ya provistas de cajas con botellas de vidrio, de trapos en las bolsas —les dejo completar la receta de este famoso coctel. Me aclaran que eran casi quinientas personas en la plaza y que no es posible que sólo quede el puñado que somos. Si alzo la vista, veo cosas volando. Son piedras —otra vez piedras— y un helicóptero de la policía. Se ve avanzar a un grupo, atacando por sorpresa a los policías que acabamos de dejar. Los arrinconaron también, pues todos sus refuerzos siguen defendiéndose un poco más abajo. La gente sale de las casas con cubetas de agua, latas rojas y blancas, otros aplauden el apoyo. El helicóptero entra en combate: el piloto, al ver a sus colegas en apuros, ayuda al copiloto a arrojar gases directo desde el cielo. Un movimiento regular: sube, apunta, baja, dispara y vuelve a subir. Bzzzz... Un hombre llega hacia mí con el brazo ensangrentado.

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Claramente quiere que le saque una foto de su herida como prueba de la tiranía del gobierno. Soy más rápida en sacar mi botiquín y lo sano. Parece decepcionado. Me llaman por otro lado, ahora llamó la atención la caja blanca con una cruz roja. Otro herido. En la cara esta vez. La herida es mucho más profunda y delicada de tratar pero desinfecto igual. Un verdadero médico llega al rescate, me da las gracias y me despide. Perdí a mi grupo. Buscando con la mirada al hombre del paliacate verde, veo el helicóptero que se acerca, se acerca, se acerca. Cierro los ojos, el aire es demasiado fuerte, y siento que me jalan a un lado. Por poco me caigo por el peso de la mochila, me agarran y me gritan: “¡Oye, no puedes ir así!” Luego me tranquilizan: tranquila, tranquila... Poco a poco nos alcanzan decenas de personas; parecen salir de la nada. En realidad son las personas dispersadas que acaban de esquivar un bloque de policías y engrosan nuestras filas. Las llamadas fuerzas del orden tienen la plaza central, la defienden en contra del cerco que se cierra cada vez más a su alrededor. Cambio de rollo por segunda vez. Bajamos rápido hacia el sur y vemos que se dibuja un combate principal en una calle que lleva a la codiciada plaza. Piedras, gas, piedras, gas, piedras, gas... Más o menos una hora más tarde, escucho un ruido raro, como carrera de caballos. Giro la cabeza y no son cascos de caballos, sino botas marchando. ¡Huyen, se repliegan! ¡Bum! Pshiiiitt... Muy bien, ya no están, pero el helicóptero no se ha ido. Me meto por una calle recién liberada. Hay un círculo de gente alrededor de una persona tirada, un hombre lleva un escudo de la policía municipal en la mano, otro una macana. Avanzo y puedo distinguir una policía al borde de la asfixia. Al replegarse, sus colegas la aplastaron, sencillamente. Algunas personas le ayudan a respirar, otras la patean. La mayoría toma fotos. Alguien llama a una ambulancia, alguien más le agarra el teléfono de las manos. La gente se acerca a esta mujer y luego, no sé por qué, se aleja. Acababa de dejar de respirar.

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Suena una sirena y una ambulancia llega. Los enfermeros bajan, soportan algunos insultos, cargan el cuerpo sin vida, y se van. Ya no queda ni un policía —uniformado— en las calles. En su lugar, centenas de personas se quitan los paliacates y gritan de alegría: “¡Va a caer, va a caer, Ulises va a caer!” Ahora sólo me queda saber quién es este Ulises... Otro grupo llega de otra calle gritando: “¡Ya cayó, ya cayó, Ulises ya cayó!” Seguimos la calle que lleva al lugar tan codiciado. El helicóptero sigue sobrevolando la zona, pero ya guardó su lanzagranadas. El suelo está cubierto por comida aplastada, bombitas vacías, lonas de plástico azules, verdes y rojas. Me preguntan si llevo una navaja. Claro que sí. Un hombre recoge una naranja del suelo, la parte, y me da la mitad con un “¡Uff!” de alivio. Luego empieza a hablarme. Entiendo que me pregunta lo que pienso de todo esto. Tartamudeo que para empezar tendría que entender lo que está pasando. Me empieza a explicar, pero me pierdo en palabras poco familiares. Prefiero sacar mi libreta, un lápiz, y dárselos. Los acepta, perplejo. Contesto: “Yo, traducir, prensa alternativa, Francia”. “Sale”, me dice sencillamente. Empieza a escribir. A los cinco minutos, me los devuelve y se da cuenta de que estoy mirando mi mapa, perdida. “¿Qué buscas?” Busco el hotel donde dejar lo que pesa en mis hombros desde hace ya más de seis horas... Me indica el camino, me da las gracias. Hago lo mismo. Continúo, pero en vez de seguir el camino indicado, tomo la dirección de la famosa plaza. Diez minutos no son nada y quiero ver ese lugar, lo que estaba en juego en la batalla. En la calle, las pláticas estallan y rápidamente se improvisa una marcha. La sigo y llego directo a la plaza, al zócalo. Sillas de plástico siguen ardiendo. Arrojan la comida que no se puede recoger a las llamas. Recuperan lo que pueden de las lonas que, me entero, sirven para proteger el plantón del sol y de la lluvia. Si no están agujereadas por las huellas del fuego, están rasgadas por navajas; la tira le echó ganas. Doy vueltas alrededor de esta plaza cuadrada con

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mi cámara, mi libreta y mi pluma, cosecho algunos testimonios, algunas imágenes. Pido la hora. Las dos y media. Todo parece extrañamente tranquilo, el lugar se vacía aunque se organizan algunas guardias para vigilarlo. Tomo otra calle hacia el oeste. Todo está cerrado. Llego al hotel. También cerrado. Toco, toco, vuelvo a tocar. Nadie. Toco más fuerte, preguntando si hay alguien. Mi mal acento de turista me acaba abriendo la puerta... Me quedo el tiempo de dejar la mochila, comer algo y bañarme. No puedo descansar. Regreso al centro.

Llego a la misma plaza, me acompaña una chica que conocí en el hotel y que quería ver de lo que hablaba. Como habla español un poco mejor que yo, propone ayudarme a traducir las preguntas eventuales, y sobre todo las respuestas de la gente. Recorremos así las calles que salen de la plaza donde el plantón se vuelve a instalar poco a poco. Nos reparten volantes. Entre el montón, hay un tríptico a color, amarillo y anaranjado. El PRD, el partido de centro-izquierda, reparte el programa de la copa del mundo, y nos recuerda que votemos por él el 2 de julio. Agrupados en secciones, o más bien en fracciones de Sección, los maestros barren y limpian las calles del desorden que dejaron los enfrentamientos, amontonando pruebas de la represión: la mayoría son latas de gas, escudos y casquillos. “En la mañana dispararon balas de verdad, y tenemos pruebas para contrarrestar el discurso oficial”, grita una señora desde la esquina de la plaza. Deambulamos así una buena parte de la tarde, haciendo preguntas, tomando fotos. También pensamos buscar en el periódico local, Noticias. Tengo una cita con un maestro a las seis para que me dé más información. Las seis cuarenta y cinco, ya sé que los mexicanos no son muy estrictos con la puntualidad, ¡pero bueno! Nunca llegó… Seguimos caminando en círculo. La apariencia de esta plaza cambia cada diez minutos, así que darle la vuelta varias veces no es nada aburrido. Unas horas antes, el zócalo estaba lleno de maestros. Luego había barricadas y

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hombres que montaban guardia. Ahora está casi desierto, sin barricadas, en manos de la gente del servicio de limpieza de la ciudad, quienes se encargan de hacer que el paisaje sea coherente con la temporada turística que apenas comienza. Nos cruzamos con un joven que pregunta cómo percibimos todo esto. Contestamos que estamos sobre todo buscando testimonios para saber lo que realmente pasó, y no quedarnos con el “¡pinche tira!” Escribe un pequeño texto en mi libreta y nos lleva a comer al mercado. Camino al hotel, pasamos por la plaza, donde parece que todo está bien. Ya no hay grafitis, sino manchas de pintura; ya no hay ni lonas ni comida, sino barrenderos. Y hay algunas personas que caminan y platican en voz baja de lo que sucedió en la mañana, como nosotros. Nos interpela un hombre. Quiere disculparse por presentarnos su ciudad como un tiradero. Mientras inicio una discusión sin salida, nos interrumpe alguien más para decirnos que está triste. Lucha por su esposa, que no ve muy a menudo, pero que es maestra. Nos explica cómo lucha por ella, pues ella no puede. Pregunto cándida: “¿Es porque está lejos?” No, es porque es mujer, me asegura. Nos vamos. Ya en la cama, vuelvo a pensar en todo y ordeno el flujo de información recibido este día... Eran alrededor de quinientos maestros en el plantón del zócalo desde el 22 de mayo de 2006, y en la madrugada del 14 de junio, a las cuatro y media, la policía del estado de Oaxaca intervino para desalojarlos. Supongo que es porque empieza la temporada turística. El objetivo del plantón es presionar al gobierno para que cumpla con las demandas acerca de la educación: más recursos, salarios más altos. Conscientemente había descartado las reivindicaciones acerca de zapatos y desayunos, pues no percibía muy bien el poder del que podían disponer los maestros para influir en la economía familiar... El hecho es que el gobierno había optado por contestar con la fuerza represiva y que la fuerza popular lo había tomado por sorpresa. De hecho, lo vi con mis propios ojos: aunque el blanco eran los maestros, éstos no estaban solos a la hora de responder. Los padres de familia simpatizantes, o sencillamente los habitantes del centro, se habían sumado para defender el

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derecho a manifestarse. También sabía que los maestros no eran la ramificación más radical de la contestación oaxaqueña, pues el tipo que había comido con nosotras había hablado de un “grupo más radical y menos mermado” que se iba a unir ahora a la lucha magisterial, en solidaridad ante la represión que habían sufrido. Gente que aplaudía escuchando la radio me había explicado que dada la coyuntura electoral, el gobierno federal no se iba a meter. En otras palabras, el conflicto no iba a sobrepasar las fronteras del estado de Oaxaca, y, sobre todo, la Policía Federal Preventiva no iba a llegar a reforzar a sus colegas de provincia. Por último, sé que el gobierno de Oaxaca está en manos del PRI, el Partido Revolucionario Institucional. En una junta en Francia sobre el zapatismo, me había enterado de que este partido, nacido de la Revolución Mexicana, se había quedado en el poder de manera autoritaria durante setenta años. Recién se daba la alternancia de partido, en el 2000, con el triunfo del partido de Acción Nacional (PAN, la derecha liberal). Al día siguiente, al mediodía, después de un merecido descanso, regreso al zócalo para saber más. Ahora me parece imposible ir a los sitios prehispánicos a admirar las maravillosas pirámides. O más bien, mucho menos interesante que descubrir lo que está pasando. Pero ya iré a ver las ruinas de tiempos remotos más adelante. Hoy quiero saber qué canción entonan en el kiosco de la plaza, acompañada de tantos puños alzados. “¡Venceremos!” De momento, sólo conozco la melodía. Después de la canción, la muchedumbre se dispersa y algunos hombres, obviamente más importantes que otros, se quedan arriba del kiosco. Pienso que son dirigentes y subo para entrevistarlos. Ahora sí estoy segura de que trato con dirigentes, pues nadie parece querer contestarme. Acabo por bajarme del kiosco, y me dirijo hacia un hombre que me explica que van a organizar una mesa de negociaciones para dialogar. Pero como ya llevan un mes firmando peticiones y negociando, van a boicotear la mesa. A partir de este día, las demandas cambian: poco importa el aumento de salarios, la única exigencia es la destitución del gobernador, Ulises Ruiz Ortiz. Me da las gracias por mi interés sobre el tema y me señala a otra persona a

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quien “le dará mucho gusto” contestarme. ¡Gracias! Y en efecto, ¡qué parlanchín! Me cuesta seguir todo y le pido que escriba específicamente lo que quiere decir en la libreta, ya traduciré más adelante. Con todo, alcanzo a entender que se están organizando para defender el zócalo. De esta plaza salen nueve calles con barricadas, vigiladas por grupos de voluntarios armados con palos y machetes —eso era el hilo tendido para cerrar el camino desde el hotel. Gracias a un sistema de gafetes, se identifican y se dejan pasar, pero niegan el acceso a los vendedores ambulantes, pues, según ellos, son orejas. Descubro la nueva organización de la plaza. Dentro del perímetro que forman las barricadas, las tiendas regresaron y los miembros de la Sección 22 del sindicato de maestros, repartidos por procedencia y por células, retomaron el plantón. Los acompañan organizaciones políticas, colectivos y quienes se adhieren a la nueva reivindicación: la renuncia del gobernador Ulises Ruiz. Ya empezó el reparto de comida colectiva, de ropa y de medicamentos, varias reuniones tienen lugar para hablar del nuevo giro que tomaron las cosas. Hay ahora cerca de mil personas. Voy a comer al mercado, donde un comerciante me explica que en efecto, la pobreza en el estado llama a una revuelta, pero que de todas maneras, los maestros no son los más dignos de compasión económicamente. Acabo regresando al hotel después de comprar el periódico, para cumplir, al fin, con la promesa hecha a todas las personas que entrevisto: escribir este artículo para rebellyon.info, sitio web participativo de medios libres en Lyon. Lo conocí durante la huelga de la primavera pasada y sé que leerán el artículo. Paso algunas horas traduciendo, estructurando, explicando como puedo este acontecimiento de la vida política de un país que apenas conozco. Lo envío también a la página del periódico L'Humanité, en su blog para jóvenes. Me entero por un correo de una amiga que vive en México que el sindicato magisterial lo dirige una señora del PRI y que efectivamente los profes no son los más desamparados económicamente.

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Al caer la noche, después de tomar unas cervezas con algunas personas del hotel, nos dirigimos hacia el zócalo, para ver qué está pasando, antes de ir a un bar tequilero. Una tela blanca cuelga del balcón de un hotel de lujo que ya cerró sus puertas. Un hombre, todo vestido de negro, habla en el micrófono. Pide que se respete el silencio para dejar dormir a los miembros del plantón, que lo necesitan. Luego conecta un cable a su computadora y proyecta una película en la sábana blanca. Somos una veintena de personas esperando. Las chicas que me acompañaban acaban por irse en busca del bar. Sigo viendo la película con más o menos quince personas que ya estaban sentadas. Empieza. Es un popurrí de imágenes tomadas el día anterior en la mañana, cuando el ataque policíaco, y de la respuesta victoriosa que siguió. Volteo la cabeza después de oír gritar: “¡Eso fue lo que realmente pasó!” Pero no puedo distinguir de donde viene el grito por la cantidad de gente que hay. Sólo éramos un grupo pequeño y ahora somos casi cien personas frente a estas dos películas de quince minutos que firma Indymedia Oaxaca. El mismo hombre de hace rato vuelve a tomar la palabra para presentar el documental y pedirle a la gente que traiga sus películas y fotos, si es que tienen. Se van a quedar aquí el tiempo que dure el plantón. Otro hombre de negro viene a hablarnos y anuncia la megamarcha de mañana. Platicando con él, confirmo mis dudas respecto al sindicato. Éste abrigaría algunas personas corruptas en el estado de Oaxaca. Un tercer hombre —también de negro— me advierte que es, como los demás, adherente de La Otra Campaña, una iniciativa del subcomandante Marcos y de los zapatistas para construir una red nacional de izquierda alternativa. Independiente de los partidos políticos y por el reconocimiento de las diversas autonomías con las que cuenta México, esta red también está presente en Oaxaca por medio de Radio Kapucha, entre otras organizaciones y colectivos. Radio Kapucha es una radio ambulante que habla, la mayor parte del tiempo, de la condición de los presos políticos en Oaxaca y de la actualidad de “La Otra” en el país.

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El hombre que nos avisó de la marcha regresa y aprovecho para preguntarle cómo llegar. Me da su correo y me cita el día siguiente a las dos de la tarde. Iremos juntos pues está un poco alejado. Regreso con el hombre del micrófono y le propongo darle las fotos que tomé el día anterior, pero me avisa que tendré que esperar a mi regreso a Francia: revelar las fotos aquí sería peligroso. ¿Cómo? Al principio no entiendo, pero él me explica: “Tienes cuatro rollos de una gran revuelta social, ¿piensas que las tiendas de fotos te las van a devolver sin decir nada, sin avisar a la policía, sin hacer copias?” Claro... no había pensado en eso. De acuerdo. Cuando regrese, las revelaré, las escanearé, y las mandaré. Un poco decepcionada por no poder compartir esto enseguida, casi olvido lo que le quería preguntar. Me insiste, hablándome de medios independientes: ¿que si trabajo con ellos? ¿Yo? No, pero escribí uno o dos artículos, porque se puede publicar libremente en estas páginas. Me aconseja involucrarme más: “La censura en la prensa es tal que tenemos que restablecer la verdad”. Todo me parece más claro, aquí, que hace algunos meses en la huelga universitaria de Lyon. Nos dejamos con estas palabras. Seguro nos veremos mañana en la marcha, vendrá a filmar para hacer otro documental que subir a la red. El día siguiente, hacia las dos de la tarde llego a mi cita en el zócalo. Sigo el tipo que conocí el día anterior hasta una casa donde unas veinte personas más o menos de mi edad están viendo un partido de la Copa del mundo. Juega México. Dada la importancia del futbol para los mexicanos —llegué en pleno mundial y el país vive entre la Copa y la campaña electoral— empiezo a hacerme preguntas: ¿cuánta gente irá? ¿Se merecerá el nombre de megamarcha? A las tres lanzo miradas desesperadas a mi nuevo amigo para saber si vamos a ir, o no. No me siento cómoda con toda esta gente a quien tengo tanto que preguntar, pero que habla tan rápido un idioma que ahora no entiendo. Acaba por abandonar el partido y su cerveza y tres de nosotros partimos. Caminamos hasta una esquina donde llega un camión viejo y repleto de gente. Nos subimos y el tercer hombre me pregunta de dónde vengo. “¿De Francia? ¿Y participaste en la huelga de marzo?”

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Contesto que sí, y que aunque una de las reivindicaciones haya producido resultados, todos nos quedamos con un sabor amargo en la boca. Me contesta: “Pues claro, si nos limitamos a huelgas defensivas que no rompen del todo con el capitalismo, nos quedaremos con hambre de justicia”. El camión llega, nuestra plática termina. Al llegar, ¡sí que hay gente! Digan lo que digan, el futbol no tiene tanto poder. Mi cuate me advierte: “Ten cuidado, aquí, no tienes derecho a marchar. En México, el artículo 33 de la Constitución prohíbe que los extranjeros tomen una postura pública respecto a la vida política del país. Entonces, quédate en la banqueta detrás de tu cámara.” ¿A poco? Es una ley que no conocía pero desde entonces me enteré que está en vigor en muchos países. Si te detienen, es sencillo, te meten en un avión para tu país, y ya no puedes regresar a México por cinco o diez años, según el motivo de detención. Con este panorama alentador, entramos todos en el contingente y rápido nos perdemos de vista. Voy de un lado a otro. Mi objetivo es encontrar el principio y el final de este torrente de personas. En el aire revolotean los estandartes de las múltiples organizaciones y colectivos, o sencillamente los escritos que expresan el enojo de la gente. Camino sobre la banqueta con mi ametralladora de imágenes. Aprovecho un puente peatonal para obtener una vista global. No puedo creerlo. Incluso desde lo alto, no puedo distinguir donde empieza o termina esta multitud de cabezas y pancartas. Me impresiona el vigor de la marcha. Todo el mundo entona consignas con el puño alzado y camina con paso decidido. Parece que nada nos puede parar. Nada. Ni las trombas de agua que empiezan a caernos encima. Estamos en junio, es verano, hace mucho calor y llueve a menudo. Pero no son lluvias modestas, ni pequeños chubascos, llueve a cántaros literalmente. Gotas gruesas golpean la piel e inundan las calles en minutos. Rápidamente se vuelve a organizar todo con la misma motivación. Las personas que vendían agua en las aceras están ahora vendiendo impermeables de plástico o bolsas de

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basura para abrigarse. No estoy preparada en lo absoluto para enfrentar esta lluvia. Nadie, de hecho. Guardo mi cámara en su estuche cuando me interpelan, —¡güera!—, para ofrecerme refugio. Paso la siguiente hora oculta debajo de una pequeña lona, encorvada, mirando el suelo, las gotas cayendo; el riachuelo que mana de ellas, las salpicaduras que forma el impacto de los pies en estos charcos. La hija del señor que me cobijó, también encorvada a mi lado, se ríe sin cesar. Y siguen las mismas consignas, que se alzan cada vez más fuerte para cubrir el ruido de la lluvia. El contingente pasa por delante del hotel donde me quedo. Le doy las gracias a mi salvador y me meto a cambiar. Tomo mi impermeable y vuelvo a salir. Seguimos todas y todos avanzando. La presencia de las mujeres es impresionante y están muy bien organizadas, caminan en fila, serias, con un pasito rápido y seguro, la mano puesta en una cuerda que le da la vuelta al contingente. Al final llegamos al parque donde se hará el mitin que cierra la marcha. Los primeros contingentes de la marcha debieron haber llegado hace una hora, por lo menos. ¡Y siguen llegando! Son las nueve de la noche... la marcha empezó a las tres. La gente seguirá llegando hasta las once de la noche, por olas. Algunos caminando rápido, otros corriendo, otros tocando música. Todos con una sonrisa. Cuando pregunto cuántos somos y me contestan que cinco mil, me río. El periódico del día siguiente ya me dará una respuesta más verosímil: éramos trescientos mil. La foto del principio del contingente, desafiando el río de lluvia de veinte centímetros de profundidad, está en primera plana, y el encabezado dice: “¡Impresionante!” Al día siguiente, el 17 de junio del 2006, caminando en el zócalo en busca de un periódico, me paro a ver una pancarta. Una nueva sigla acaba de nacer: la APPO, la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca. La sigla viene acompañada de una precisión, abajo: “Independiente”.

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Me voy algunos días a la Sierra Mixe —una región situada al noreste de la capital— y regreso a Oaxaca, donde me espera un nuevo espectáculo. Las pequeñas barricadas de neumáticos y toldos fueron sustituidas por tráilers y autobuses que impiden el paso con mucha más eficacia. Los controles son mucho más estrictos que antes, pero a pesar de todo, logro pasar el checkpoint. En el zócalo, el plantón ha vuelto, e incluso se extendió unas calles más. Las banderas de la APPO ya son más numerosas. Un profe que había conocido el 14 de junio me explica que el gobierno rompió las negociaciones y que la APPO, al mismo tiempo, se reforzó. Ahora agrupa a más de doscientas organizaciones y colectivos diferentes. Hoy hay una marcha progobierno. Se llama “Marcha por la paz y en defensa de la educación”. Hay carteles pegados en las paredes de la ciudad. Ofrecen trescientos pesos para cualquier persona que marche vestida de blanco. Me cruzo con un amigo que va a filmar esta farsa para mostrar el contraste con lo que dirá la prensa al día siguiente. Según un periódico nacional, uno de los únicos que ofrece una mirada distinta (La Jornada), la marcha había reunido a 25 mil personas. Al reverso, hay una página, de ésas que se pueden comprar, reservada en su totalidad, para esta marcha. Parece un anuncio: “¡Ayer éramos cuatrocientos mil en favor de la paz y la educación en Oaxaca!” Firma el “Partido Revolucionario Institucional, gobierno de Oaxaca”.

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PRIMEROS TESTIMONIOS

G., conocido en el zócalo el 14 de junio del 2006 en la noche

“En Oaxaca siempre ha existido la represión, desde hace mucho tiempo. En parte ha sido por el gobierno del PRI. […] Actualmente existe el problema con el magisterio. Estoy de acuerdo con ellos, ya que son justas sus demandas. Es inconcebible que siendo uno de los Estados más ricos en recursos naturales tengamos el índice más alto de pobreza. ¡Ya basta! Queremos un gobierno justo. ¡Alto a la represión! ¡Destitución del gobernador! Para todos todo, por un México libre.”

E., conocido junto a una mitad de naranja en una calle perpendicular al zócalo, el 14 de junio del 2006

“En la ciudad de Oaxaca nos estamos uniendo maestros, alumnos de diferentes escuelas y padres de familia, aunque no tengamos nada que ver en el movimiento. Estamos unidos para contrarrestar al gobierno fascista que día a día impide una mejor educación y nos mete una mierda de cosas con la tele. Pero yo como un miembro más de este pueblo en decadencia, teniendo 17 años, me uno a esta lucha. Porque siento en lo más profundo del corazón que atacan a mis raíces. Aquí, hoy, atacó el gobierno de Ulises Ruiz Ortiz en Oaxaca con bombas, armas y gases tóxicos. […] Yo pienso que todos deberíamos unirnos a esta lucha. Y eh, aquí algunas consignas: ¡Zapata vive, la lucha sigue! ‘Que importa la vida de un humano cuando está en peligro el resto de la humanidad’, como dice el Che Guevara. Me despido desde Oaxaca para Francia A.P., anarquía”

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Miembro de la Sección 22, conocido alrededor del zócalo, el 15 de junio del 2006 en la tarde

“Este movimiento magisterial inicio en 1980. A partir de entonces hemos luchado por justas demandas laborales. Durante todo ese tiempo hasta hoy, hemos ido avanzando en nuestras demandas, a pesar de los ataques sufridos en donde ha habido muertos, desaparecidos, presos y violaciones de todo tipo. El suceso de ayer, 14 de junio, inició con rumores de desalojo desde antes de las 9 de la noche, por lo cual se reforzaron las guardias. A pesar de esto fue a las 4 de la mañana que inició la policía el desalojo a base de petardos y bombas de gas lanzadas a mano, con armas y desde helicópteros. Todos tratamos de protegernos y después de la primera sorpresa iniciamos el contraataque. Y la policía se retiró después de 5 horas de ataques a los maestros. El resultado fue de 18 heridos […]. A pesar de todo hoy regresamos y seguimos la lucha, porque estamos pidiendo beneficios para nuestras escuelas y hasta el día de hoy, llevamos 25 días sin que nada se solucione. ¡¡¡Seguiremos adelante!!!”

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CAPÍTULO 1 ¿QUIÉN, CÓMO, PORQUÉ? El 14 de junio

Extracto de Oaxaca sitiada, primera insurrección del siglo XXI, Diego Osorno, México, Grijalbo, 2007, p. 24 y 32-33

“El gobernante convocó entonces a una serie de encuentros privados en los que se limitó a anunciar su plan, sin antes discutirlo o consultar la pertinencia del mismo. Entre otros, Ruiz Ortiz se reunió con los empresarios de la ciudad, quienes lo apoyaron incondicionalmente. Citó después a los dirigentes de las organizaciones sociales fieles a su administración y, finalmente, a los dueños de las radiodifusoras y de los periódicos locales. -No abras la caja de Pandora, Ulises —dijo en una reunión Benjamín Fernández, director del diario El Imparcial, segundo en circulación estatal. -Tenemos que hacer algo de una vez porque sino estos cabrones no van a dejar que gobernemos. -El desalojo es una trampa, mejor ponles las sanciones administrativas, descuéntales los sueldos, a ver cuánto tiempo duran plantados. -Tenemos encuestas que lo dicen: la gente aprueba el desalojo, ya están hasta la madre de los maestros, nos piden hacerlo. […] -Mejor los vamos deteniendo uno por uno —dijo Manuel Moreno Rivas, director de la Policía Ministerial del estado. -Entonces, ¿no estás de acuerdo con el desalojo? —preguntó el gobernador. -Me parece que es más conveniente detener a los líderes, uno por uno, y aplicar después el plan que aquí se propone. […] -Nueve minutos, gobernador, denos nueve minutos para el desalojo. Ya lo vimos con el secretario de Gobierno —repetía como merolico el teniente José Manuel Vera Salinas, secretario de Protección Ciudadana. -¿Cómo nueve minutos?, no sabes en lo que te estás metiendo. No vas a desalojar a un kínder —interrumpió Bulmaro Rito Salinas, presidente de la Cámara de Diputados. […]

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-Los granaderos desalojan el zócalo mientras ustedes detienen a los líderes (concentrados en el edificio del sindicato y en el hotel del magisterio) —ordenó Franco Vargas. -Insisto en que podemos detenerlos antes. Apenas ayer vimos a Rueda [Pacheco] caminando solo, a cinco calles del zócalo. Mi gente estuvo esperando la orden para detenerlo —insistía Moreno Rivas […]. -Se va a hacer como nosotros decimos. Debemos dar un mensaje de fuerza, un golpe total que nos permita deshacernos de chantajes —reviró el amigo personal del mandatario estatal.”

Extracto del documental ¡Ya cayó!, proyectado en el zócalo el 15 de junio de 2006 Indymedia Oaxaca/Mal de Ojo

[Primera parte, en la ciudad de Oaxaca, el 14 de junio del 2006, alrededor de las 5 am. Un hombre, piedra a la mano y el rostro cubierto por un paliacate, está al lado de una barricadita de fuego.] “Es el último día que vas a estar en el poder, Ulises Ruiz, ¡que te quede bien claro!” […] [Mientras la policía se repliega corriendo, una voz grita] “¡Vengan compas, vengan! ¡Les dimos una corretiza a estos desgraciados! Para que sepan, ¡cabrones!” […] [Un hombre se acerca de la cámara, apuntando al helicóptero] “El helicóptero le está tirando directamente a la gente. Ni siquiera avienta las granadas en parábola, lo vimos que estaba apuntándole a la gente. Si alguien muere, será la culpa de ése helicóptero.” [Otro enseña una bala de pistola] “Imagínate lo que están tirándonos. Nosotros no tenemos nada y nos están mandando esto.” [Una mujer abre su mano, llena de casquillos de balas] [La gente grita] “Va a caer, va a caer, ¡Ulises va a caer! Va a caer, va a caer, ¡Ulises va a caer!” […] [Una mujer habla frente a una bolita de gente que la aplaude] “Si quieren matar a nuestros maestros, que nos maten a todos de una vez. Porque no saben de lo que somos capaz como pueblo todavía.”

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[La gente grita] “!Duro, duro, duro, duro, duro!” […] [La cámara se acerca de un hombre que está hablando en la calle] “No, nuestro movimiento no es de violencia, compañeros, nuestro movimiento es de inteligencia, es de razón. [Viendo hacia la cámara] A la prensa, los invitamos a que digan la verdad. Hay tres artículos que forman el alma de nuestra constitución política. El artículo tercero, el artículo 27 y el 123. En este momento Ulises Ruiz está violentando al 123, el derecho a huelga, el derecho a manifestar las inconformidades de los sindicatos. El artículo tercero, lo quieren hacer a un lado con la privatización de la educación, compañeros, la municipalización es el primer paso. Que entienda Ulises Ruiz, no vamos a permitir, el magisterio y el pueblo organizado, que masacren a nuestro pueblo. Hago un llamado urgente a la razón, a la sensibilidad y al apoyo al magisterio. Es ahora o nunca, compañeros, desde aquí, desde este foro que éste compañero de comunicación nos permite. Hago un llamado a los sindicatos: Comisión Federal [de Electricidad], Pemex, Teléfonos. Son trabajadores, son pueblo igual que nosotros. Es el momento de que nos organicemos y hagamos un frente común. Ulises Ruiz ya demostró incapacidad para gobernar a Oaxaca. Debemos buscar la forma de que Ulises salga de este Estado. Busquemos el poder de la razón, compañeros. Por la defensa de nuestra constitución política y por la defensa de los logros que históricamente nuestros ancestros revolucionarios han logrado. No es el momento de la lucha armada, compañeros, ¡es ahora con la inteligencia y la razón! Y termino diciendo lo que dijo Juárez: ‘Malditos, malditos aquellos que con sus palabras defienden al pueblo y con su hechos lo traicionan.” [La gente alrededor grita] “¡Duro, duro, duro, duro, duro!” [La primera parte termina con un texto en la pantalla] “En total, 113 personas han sido atendidas en los hospitales públicos de la ciudad: 57,5% son policías y 25% son maestros. Once maestros han sido detenidos arbitrariamente y nueve han sufrido la tortura sicológica en casas de seguridad. Diversos cuerpos policiacos han participado al desalojo: el Grupo de Operaciones Especiales (GOE), la Unidad Ministerial de Intervención Táctica (UMIT), la Unidad Policial de Operaciones Especiales (UPOE), la Policía Preventiva Estatal (PPE), la Policía Auxiliar Bancaria, Industrial y Comercial (PABIC), la Policía Municipal y la Policía Juvenil.”

Extracto de Oaxaca sitiada, primera insurrección del siglo XXI, p. 33

“El 14 de junio entraron en acción más de mil elementos. […] Pese a la presencia de notarios, que vigilaban la orden impuesta a los agentes de no llevar armas, diversos mandos portaban AR-15, Súper .38 y pistolas calibre .45. Sin embargo, las armas principales eran los toletes, escudos, picanas eléctricas y morteros lanzagranadas.”

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Extracto del informe de la Red Oaxaqueña de Derechos Humanos Sobre el desalojo del plantón el 14 de junio del 2006, Comisión magisterial de derechos humanos (documento PDF sin fecha)

“Detenido en Hotel del magisterio: ‘Aproximadamente a las 4:30 am tocaron insistentemente la puerta de la habitación y pensé que era el compañero con quien comparto el cuarto. […] En ese momento varios policías de manera violenta abrieron completamente la puerta y entraron, cortando cartucho y empujándome al interior. Fui sometido y tomado de la parte del cinturón a la altura de la espalda, les pedí que me dejaran ponerme los zapatos y cuando estaba amarrándome las agujetas estando de frente a la puerta vi que colocaban un arma larga en la esquina del cuarto, un arma de color claro y muy diferente a las que ellos traían, las armas que traían eran armas cortas, creo que llamadas de asalto y cada uno contaba además con una pistola, y diversos accesorios como cargadores y cuchillos, les grite que no metieran el arma al cuarto, a lo que uno de ellos dijo: “no te hagas pendejo, esta arma es tuya”, “allá arriba encontramos otras armas y droga”, “ahora sí, ¿quién dicen que va a caer?”, en plena alusión a la consigna nuestra de la caída de Ulises Ruiz Ortiz. Aquí me dicen que el delito era posesión de armas.’ Detenido en el edificio sindical: ‘Entra un comando fuertemente armado [al edificio sindical] con rifles de asalto, miras telescópicas, con láser, cuando estábamos ahí parados empezamos a ver el láser en nuestros pechos y los veíamos en las caras de los compañeros, igual se nos veían. Eran rifles de asalto, de alto poder que portaba una unidad especializada porque ese fue un operativo de unidades especiales con hombres más allá de uno ochenta de estatura, corpulentos, con chalecos antibalas, máscaras que se ponen para lo del gas, radios, navajas, pistolas al cinto… en fin todos unos hombres de guerra.’ Detenido en el edificio sindical: ‘Nos subieron a una camioneta cerrada y salimos de la Procuraduría. Dirigieron por el aeropuerto y nos llevaron a un lugar que no tiene ninguna identificación, que sea un edificio oficial, o edifico policiaco. La camioneta en la que nos llevaron tampoco tenía ningún logotipo de pertenecer a una corporación policiaca. Nos metieron allá.’ Detenido en el plantón: ‘Estaba en el plantón cuando llegaron lo de la Preventiva golpeando y pateando a todos los que estaban en el campamento […]. Mi esposa y yo para ponernos a salvo de los golpes nos subimos a nuestro coche, pero los ministeriales cuando nos vieron dentro del coche empezaron a golpear el coche, con sus macanas le quebraron los vidrios, y para obligarnos a salir jalaron un tanque de gas que ocupan para cocinar otros maestros. Lo pusieron debajo del coche y abrieron la llave con la intención de prenderle, al no tener opción salimos los dos del auto, fue cuando nos empezaron a golpear sin consideración; ni siquiera a mi esposa por ser mujer, no la hubieran golpeado, quedó inflamada de la cara por todos los golpes. […] De ahí me trasladaron a golpes, hasta aquí en el crucero de la Reforma Agraria, ahí me subieron a una grúa, y después a una camioneta, así tirándome, aventándome. Cuando me golpearon y me patearon me pusieron un casco para que yo no identificara quien me estaba pateando. A mí me llevaron primero a Santa María Coyotepec, en la Preventiva, me pusieron en una celda junto con otro compañero y todavía nos lanzaron gases lacrimógenos en la celda. Después de aproximadamente unas 12 horas, nos llevaron a la Procuraduría del Estado, donde nos pasaron a declarar y a mí me iniciaron una averiguación previa por el delito de lesiones y tentativa de homicidio.’ En Radio Plantón, edificio sindical:

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‘Pasaron el primer piso, el secundo piso, y después llegaron hasta nosotros. Todo parece indicar que era una verdadera agresión, así, a lo que es el ejercicio de medio de comunicación alternativo, iban con la intención de atacar a nuestra radiodifusora y así lo hicieron. Nosotros nos encontrábamos ahí con varios maestros y maestras con sus hijos que buscaron refugios en estas instalaciones. Entraron los policías que iban armados y nos amagaron con sus armas y nos redujeron a una parte, a un vestíbulo que está allá en el edificio. Tres policías entraron directamente a nuestra radiodifusora, y aun nosotros creyentes que estábamos en nuestro estado de derecho […], tenemos el expediente presentado ante la comisión de comunicaciones con el sello correspondiente recibido. Pero ojo: las instancias federales no las estatales, son las que podrían ir a confiscar nuestro equipo. Pero ellos no hicieron eso, […] se introdujeron a las instalaciones de nuestra radiodifusora y empezaron a golpear, destruir todo, romper ventanas, romper cristales, la consola de audio, nuestros equipos donde se genera el audio, los destruyeron por completo. De esa misma manera procedieron con el transmisor, lo rompieron y lo redujeron a equipo inservible. […] Todavía un policía cargó el equipo, de lo que quedó de nuestra radiodifusora y se lo llevó…’ Artículo publicado en el diario Noticias, voz e imagen de Oaxaca, 16 de junio de 2006 “LIBERA EL MAGISTERIO A LOS POLICÍAS RETENIDOS

Los retenidos, Justo Salinas y Juan Manuel Valerio Torres, miembros de la PABIC, así como Gabino Carrasco Velásquez, Juan Alberto Valencia Vásquez y Miguel Poblete, pertenecientes a la Policía Preventiva; Margarito López Aragón, subdirector operativo de la Policía Ministerial del Estado y los otros dos supuestos policías, se encontraban cautivos en un salón de la Escuela secundaria técnica n°6. En el acto, fueron revisados por paramédicos de la Cruz Roja y posteriormente traslados en ambulancias al hospital de ese organismo de socorro. El abogado, Pedro Celestino Guzmán, atestiguó la entrega. A pesar de que representan ‘la represión salvaje de Ulises Ruiz hacia el movimiento magisterial, se entregan en buenas condiciones, sanos, bien comidos. Ojalá que a nuestros compañeros detenidos no los tengan en mazmorras’, dijo un miembro del magisterio oaxaqueño.” Extracto del documental ¡Ya cayó!

[Segunda parte, en Tamazulapam Mixe. Una señora habla en mixe a la gente del pueblo. Se entiende que anuncia su apoyo total a los maestros. Las personas empiezan a entrar a la oficina de la Policía del pueblo y a sacar los uniformes y el material. Amontonan todo en la plaza central. Un hombre pregunta, en castellano:] “¿Alguien tiene cerillos?”

Extracto de Oaxaca sitiada, primera insurrección del siglo XXI, p. 34

“Ulises se enteró de la derrota vía telefónica y que en otros municipios del estado habían iniciado diversas protestas, en respuesta al operativo. Mientras se sucedía la batalla en el centro histórico de la capital, eran tomados los palacios municipales de Huautla de Jiménez, Jalapa del Marqués, Pinotepa Nacional, Tehuantepec, Salina Cruz, Ciudad Ixtepec, Juchitán de Zaragoza, San Blas Atempa, Matías Romero, Zanatepec, Tapanatepec, Chahuites y Santiago Juxtlahuaca.”

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El Estado de Oaxaca Extracto de Oaxaca, Ínsula de rezagos, Cuauhtémoc Blas López, Siembra, 2007, p. 21-22

“Oaxaca (estado del sur de la República, quinto lugar en extensión territorial nacional), posee una vida municipal sui generis: 570 municipios y más de 10 mil comunidades se asientan en su abrupta orografía. […] El Estado tiene el primer lugar nacional en biodiversidad […]. Son ocho regiones socioeconómicas en que se divide la entidad: Cañada, Costa, Istmo, Papaloapan, Sierra Norte, Sierra Sur, Valles Centrales y Mixteca. En éstas se ubican los 15 grupos reconocidos por la Constitución local: amuzgos, cuicatecos, chatinos, chinantecos, chocholtecos, chontales, huaves, ixcatecos, mazatecos, mixes, mixtecos, nahuas, triquis, zapotecos y zoques.”

Extracto de una entrevista con M., maestro y miembro de la Sección 22 y coordinador de Radio Plantón

“Los pueblos originarios están regidos por lo que le llamamos Comunalidad. Los pilares que forman parte de la Comunalidad son cuatro: la asamblea, el sistema de cargos, el trabajo comunitario, tequio, y la ayuda mutua, godzona. Y a parte están las fiestas, la música, la comida, el baile, esto es intangible. [Los pueblos indígenas] son 16 formas de ver el mundo, como el triqui y el mixe, que es como si hablaras en chino y en alemán. […] A parte, aquí en Oaxaca, la tradición ha sido muy fuerte. Existen 570 pueblos, y de ésos 570, 418 se rigen por los pilares que mencioné. Estos 418 municipios albergan a 10 mil comunidades, y para que estos 418 municipios vivan, los 570 les dan recursos. Esa fue la idea de que… Pues “les creamos 570 municipios y permitimos que tengan un cierto grado de autonomía”. ¡Pero eso es reciente! Eso es del año 1996, en Oaxaca. Se hizo una ley aquí: ¿porqué? Porque había habido un 1994 en Chiapas antes, había que anticipar una extensión a Oaxaca. Por ejemplo, esta ley en Oaxaca no es otra cosa que un refrito de lo que estaba discutido en 1995 en San Andrés, donde se reconoce un cierto grado de autonomía, la libre elección de las autoridades, etc.”

Extracto de Oaxaca, Ínsula de rezagos, p. 22, 41-42

“Dicha riqueza natural, […] en lugar de ser un potencial aprovechable por los pueblos del estado, se ha constituido en una barrera de comunicación que margina a miles de comunidades de algún crecimiento económico y político real. […] La unidad se ubica en los últimos lugares de los indicadores socioeconómicos del país (junto con Chiapas y Guerrero). Según datos del Censo de 2000 del INEGI [Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática], la entidad tiene una población de 3 millones 486 mil 765 habitantes […]; 45% de la población es urbana y 55% rural, en tanto que en el ámbito nacional es de 75% urbana y 25% rural. […] 21 de cada 100 habitantes de 15 años o más es analfabeta […] y 20 de cada 100 habitantes de 5 años y más son monolingües en lengua

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indígena […]. Del total de viviendas en la entidad, 66,4% tienen agua entubada, 42,3 disponen de drenaje y 87,7% cuentan con servicio de energía eléctrica. […] En desarrollo industrial, las estadísticas también sitúan al estado en el lugar 32 [de 32 estados que cuenta la República Mexicana] por debajo de los compañeros de siempre, Chiapas y Guerrero. […] Los gobiernos estatal y federal son los grandes empleadores, al ocupar 42% de la población activa, el comercio de 32,5%.”

Extracto de la página internet oficial del Gobierno del Estado de Oaxaca, sección economía, sexenio 2004-2010 (traducido a partir de la versión francesa ya que el texto desapareció de la página el día de hoy)

“Para nuestra política económica 2004-2010, invertiremos en los sectores que siempre han sido ejes de la economía local como las microempresas y las empresas medianas, el turismo, la artesanía regional y la actividad comercial. Trabajaremos también para la impulsión y el desarrollo de grandes proyectos para la entidad, como la energía eólica, los combustibles, la logística y la explotación forestal. La industria del mezcal está muy bien gracias a la instalación del sitio de Tlacolula, con una producción de cuatro millones de litros anuales. Esta producción está destinada a la exportación europea, principalmente a España. […] Uno de los proyectos más importantes y cuyo impacto es el más grande para el Estado, y particularmente para la región del Istmo, es el proyecto eólico. Este año hemos implantado los tres primeros parques eólicos privados. […] También invertimos en la refinería de petróleo PEMEX del puerto de Salina Cruz, con la meta de aumentar el abastecimiento y los servicios vinculados con la industria petrolera. Por otra parte, hemos apoyado a otras ramas como las industrias agroalimentaria y forestales: hemos organizado la competitividad de las empresas en la producción de muebles en la Sierra Sur. […] En el Papaloapan, hemos apoyado la implementación de una empresa agroindustrial para la explotación de frutas tropicales.”

Extracto del documental Oaxaca, entre utopía y rebelión, de Miriam Fisher, 2008

[Un hombre en la explanada del ex-convento Santo Domingo] “Tenemos todavía un proyecto que se llama el Plan Puebla-Panamá, con el cual van a inundar nuestro estado de maquiladoras. Sabemos que las maquiladoras, por experiencia, son centros de trabajo donde se explota a las personas a más no poder.’ [En la pantalla]: Las maquiladoras son fábricas en zonas industriales ‘libres’ donde las empresas transnacionales no pagan impuestos, rentas, electricidad o agua. […] L@s trabajadoras, en su mayoría mujeres, reciben salarios de 50 centavos de dólar por hora, o menos.

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‘Nuestra lucha también se tiene que dirigir hacia allá, el Plan Puebla-Panamá, que implica la privatización de nuestros recursos, nuestra agua, nuestros bosques, nuestras tierras.’ [R, miembro de las comunidades eclesiales de base] ‘Las comunidades eclesiales de base es la Iglesia en movimiento, la Iglesia del pueblo. Y nos vamos dando cuenta que el Dios que vamos conociendo, a través de Jesús, pues es un Dios que se hace pobre. Vive con el pueblo en sus necesidades, en sus luchas.’ [E, miembro de las comunidades eclesiales de base] ‘Es un dios que ve, que escucha, es un Dios que siente, que vive con su pueblo, que está con su pueblo, que lucha con su pueblo. Y la voz del pueblo pues es la voz de ése mismo Dios que exige y que pide justicia. Y yo creo que ésa es la misión de nuestras comunidades, de todo cristiano, que busque siempre el bien común de todos. […] Por eso, yo creo que la presencia de las comunidades eclesiales de base en este espacio [el plantón], no es quitar a Ulises Ruiz nada más, es intentar de quitar todo este sistema que nos ha sumido en la pobreza, la desigualdad, por décadas. Lo que nos están imponiendo en sí es para romper todos los valores que tenemos en nuestras raíces: los valores de respeto, de compartir, los valores de solidaridad, de unificarnos, de organizarnos. Y este sistema lo que quiere es individualizarnos, llegar al egoísmo, que cada quien se preocupe por lo suyo, nada más. Este sistema quiere un pueblo dormido a través del consumismo. Y estamos ante un monstruo, que es el sistema capitalista neoliberal, donde los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres. Entonces, ante esta problemática que está al nivel nacional y mundial, estamos contrarrestando. De hecho Ulises representa ése sistema represor, ése sistema que cueste de lo que sea, defiende el poder.’ [Doctora Berta Muñoz] ‘La explotación a los trabajadores, a los campesinos, a los indígenas, la discriminación. ¿Cómo está nuestra gente? Y no sólo en las zonas rurales, vayan a dar la vuelta a las colonias que están a los alrededores de la ciudad, que no tienen agua, que no tienen luz, que no tienen teléfono, que no tienen pavimentación, que no tienen lo elemental. Los señores se gastan el dinero en tonteras: en sus bolsillos, en sus residencias. ¡Qué barbaridad! En este año y medio que han estado gobernando, todos los funcionarios se han hecho millonarios y han empezado a construir residencias, traen camionetas de último modelo, y la gente del pueblo, ¿cómo está? Sin nada. Y eso no es posible, entonces ya basta.”

Ulises Ruiz Ortiz

Extracto de Oaxaca sitiada, p. 43-44

“¿Tendrán el cinismo de culpar a Oaxaca por ser una especie de ‘Babel de los pueblos’, cohabitada por personas que hablan 17 idiomas […]? ¿Quién responderá en los informes por los 450 mil oaxaqueños que no pueden leer el letrero de un restaurante ni los artículos de su Constitución ni, mucho menos, escribir una carta para sus seres queridos o para el presidente de la República? […] ¿Quién se atreverá a decirlo de una vez por todas y para siempre: el sistema caciquil presente en el Estado se mantiene gracias a la coacción, la

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corrupción, el engaño, la represión y a una estructura social poderosamente cimentada durante décadas?”

Extracto de Autoritarismo, movimiento popular y crisis política: Oaxaca 2006, Víctor R. Martínez Vásquez, Oaxaca, IISUABJO, 2007, p. 18-19 y 41

“Estos gobernadores, José Murat y Ulises Ruiz, mantuvieron el control casi absoluto sobre los poderes legislativo y judicial, lo cual nos dice mucho respeto a la naturaleza del régimen, también sometieron a las instituciones supuestamente ‘ciudadanas’, autónomas, como es el caso de la Comisión Estatal de Derechos Humanos y del Instituto Estatal Electoral, donde los titulares han sido totalmente dependientes del ejecutivo del Estado en turno. […] El ‘gobernadorismo autoritario’ es personalista, se centra en el gobernador; se funda más en el temor que en el consenso; en el ejercicio discrecional de la ley más que en un real estado de derecho; en el uso patrimonial del poder y de los recursos públicos […]; prefiere el ocultamiento y manipulación de la información pública por lo que es reactivo a la rendición de cuentas, a la libertad de prensa y a las leyes de transparencia. […] El gobierno del Estado ocupa el último lugar en transparencia en el manejo de las arcas y aun el Congreso del Estado es de los más retrasados en materia de transparencia y acceso a la información, según un estudio del Centro de Investigación y Docencia Económica. […] Según el periodista Jorge Fernández ambos gobiernos, el de José Murat y el de Ulises Ruiz, en los últimos ocho años, no han justificado cerca de 92 mil millones de pesos. […] Ulises Ruiz proviene de una conocida familia de Chalcatongo, municipio ubicado en la Mixteca. […] Estudió derecho y desde joven se dedicó a la política, especializándose en la lucha electoral en la que ganó fama de operador imbatible o bien, en términos populares, de ‘mapache’.”

Extracto de Oaxaca sitiada, p. 27-28

“¿Por qué había tanto coraje contra un gobernador? ¿Por qué tanto odio si apenas llevaba un año y medio en el gobierno? […] Le hice estas preguntas a muchos de los manifestantes y solían contestarme lo mismo, la magnitud de la protesta descansaba en un hecho fundador: el gobernador llegó al cargo mediante el fraude electoral. Después prohibió las protestas y eso crispó aún más los ánimos. Finalmente, no supo medir los tiempos políticos y declaró la guerra a quienes no firmaron el llamado ‘Pacto social’ […]. Junto con la política de confrontación, Ulises Ruiz generalizó el despilfarro económico. Eran muchas las voces que lo aseguraban: el gobierno local estaba desviando recursos oficiales para la campaña electoral de Roberto Madrazo Pintado. Mediante el concurso de obras públicas y eventos culturales que eran sólo una fachada, Ulises Ruiz extraía dinero y lo mandaba a la ciudad de México, ensuciando los comicios presidenciales más cerrados de la historia nacional.”

Extracto de Autoritarismo, movimiento popular y crisis política, p. 29-34, 36-39

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“En las elecciones del 2004, el candidato opositor Gabino Cué, como no había ocurrido antes, logró canalizar la enorme inconformidad y concitar incluso a las principales fuerzas opositoras de la entidad: el Partido de la Revolución Democrática, el Partido Acción Nacional y el Partido Convergencia por la Democracia, quienes lo postularon bajo la figura de coalición ‘Todos somos Oaxaca’. […] La contienda electoral para gobernador del 2004 estuvo empañada por numerosas irregularidades y aun por hechos de sangre dentro y fuera del PRI. Debemos señalar que durante estas elecciones fueron asesinadas varias personas: el profesor Efraín García, del Frente Único Huautleco, quien murió a palos a manos de un grupo de priístas. […] Los asesinos fueron liberados, como en otros casos ocurridos en este periodo […]. También existen sospechas sobre la muerte del precandidato del PRI, Aquiles López Sosa, quien falleció en un extraño accidente tres días después de haber anunciado una organización, que se suponía sería su plataforma para buscar la gubernatura. Tenía un perfil negociador mucho más abierto e incluyente que los otros precandidatos priístas. El candidato favorecido por la alianza que establecieron José Murat y Roberto Madrazo Pintado, en ese entonces dirigente nacional del PRI, fue, como sabemos, Ulises Ruiz, quien gozaba del apoyo de Madrazo Pintado. […] En la campaña sobre la que el candidato opositor Gabino Cué escribió un libro […] el candidato documentó las irregularidades: la intervención del gobernador, del aparato gubernamental, del presidente del Congreso, de la Procuraduría de Justicia, del presidente del Instituto Estatal Electoral, de la Fiscalía para Delitos Electorales, del Tribunal Estatal Electoral, de la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión y de los diputados priístas. Gabino menciona los cuantiosos recursos del erario público con los que se compró el voto, la ilegalidad de la actuación de funcionarios, la inequidad, la falta de certeza de los resultados electorales que se alteraron durante el recuento y frente a las pantallas de televisión al ‘caerse el sistema’ y perderse la imagen la noche del cómputo; la parcialidad de quienes tienen en sus manos la justicia electoral y el manejo del proceso en el Estado; la subjetividad con la que aplicaron la ley. […] A pesar de las irregularidades, las manifestaciones y los recursos interpuestos por la coalición ‘Todos somos Oaxaca’, el Tribunal electoral del Poder judicial de la federación declaró a Ulises Ruiz como gobernador electo del Estado […]. [Un] asunto de la agenda inmediata a la toma de posesión de Ulises Ruiz y su secretario de gobierno fue la detención del dirigente del Frente Único Huautleco, Agustín Sosa, por el supuesto asesinato del profesor Serafín García, lo que a todas luces resulta otra aberración ética y jurídica, pues ambos compartían amistad e intereses dentro de la misma organización. Otro objetivo prioritario para la administración entrante fue el de encarcelar al propio Gabino Cué por el supuesto desvío de recursos en el Ayuntamiento durante su gestión. […] Muchas han sido las organizaciones agraviadas por el régimen de Ulises Ruiz, podemos mencionar aquí algunas de ellas: el Consejo Indigena Popular de Oaxaca cuyo dirigente, el también profesor Raúl Gatica, se encuentra en el exilio en Canadá, otros de sus militantes fueron detenidos; también han sufrido con cárcel siete miembros de la Coordinadora Oaxaqueña Magonista Popular Antineoliberal; 79 del Movimiento Ciudadano Juquileño; cinco mas del Frente Popular Revolucionario; el CODEP cuya dirigente fue detenida cuando hacía una protesta frente al Tribunal superior de justicia. […] El gobierno del Estado aplicó la misma medida para detener a otros dirigentes.

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[…] El caso más conocido y controvertido fue el movimiento contra las obras de remodelación del zócalo de la ciudad capital del estado, al que se prestó oídos sordos, a pesar de los miles de firmas y las protestas callejeras. En relación con este tema, en una reunión con un grupo de inconformes reunidos en la Casa de la Ciudad, con el secretario de gobierno, Jorge Franco Vargas, […] el funcionario concluyó al final de la reunión: ‘Pues hagan como quieran, el gobierno ya decidió’. […] Otros casos en ese mismo sentido, el de la remodelación urbana, que generaron inconformidades fueron las intervenciones de la Plaza de la Danza, cuya cantera fue sustituida por cemento, […] el simbólico Cerro del Fortín, donde se encuentra el auditorio Guelaguetza […]. Tampoco se hizo caso de la oposición ciudadana a la ampliación de la terminal del ADO, en el histórico barrio de Jalatlaco, o la instalación de parquímetros en el Centro histórico, patrimonio de la Humanidad. […] Tampoco se consultó el uso y destino del histórico y simbólico Palacio de gobierno del Estado que fue transformado en un museo, al parecer, con el propósito de desalentar marchas y manifestaciones públicas de protesta que se realizaban frente al antiguo edificio, símbolo del poder político durante centurias en Oaxaca. Las consecuencias generadas por abandonar el Palacio se reflejaron también en el desorden de la administración pública, que se disgregó en múltiples oficinas y que confundió a las autoridades municipales y los particulares que acudían […]. A esto hay que agregarle, por supuesto, el dispendio de recursos que esto generó en rentas.”

Extracto de Oaxaca sitiada, p. 28-29

“La política del nuevo gobierno estaba clara: había que reprimir y detener. A quienes se sorprendía pegando carteles eran encarcelados preventivamente y puestos en libertad después de unos días, bajo advertencia de que serían remitidos al penal en caso de reincidencia. En los hechos, la protesta quedó prohibida. La promesa de campaña había sido cumplida: cada vez que un pueblo o una organización pretendía ingresar al zócalo, la plaza era ocupada por la fuerza pública. […] El gobierno estatal también expulsó a los vendedores informales instalados desde hacía décadas, y prohibió a los indigentes pedir dinero en las calles del centro de la ciudad de Oaxaca. […] Buscando que las protestas no afectaran al turismo, el gobernador decidió cambiar la sede de los poderes del Estado. […] Realizó una jugada brillante —como presumió a sus amigos en la ciudad de México— construyó la Casa oficial de gobierno dentro de las instalaciones del cuartel de la Policía Estatal de Santa María Coyotepec. El poder ejecutivo de Oaxaca despachaba, literalmente, entre policías.”

El movimiento magisterial y la Sección 22

Extracto de Oaxaca sitiada, p. 36

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“—El magisterio es el único que puede tumbar un gobernador —dijo Bulmaro Rito Salinas, presidente del Congreso de Oaxaca, a Ulises Ruiz, cuando éste le confió el operativo de desalojo. —Entonces pongo mi cabeza en la charola —se limitó a responder el gobernante.”

Extracto de Autoritarismo, movimiento popular y crisis política, p. 47-49, 56

“Desde mayo del 1980 en que se inició en Oaxaca el llamado Movimiento Democrático Magisterial, la Sección 22, su estructura orgánica, ha constituido una de las secciones disidentes del Comité Ejecutivo Nacional del SNTE y una de las columnas más importantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). […] No fue un periodo fácil, dada la magnitud y la fuerza de su adversario, el poderoso grupo ‘Vanguardia Revolucionaria’ que encabezó durante largo tiempo Carlos Jonguitud Barrios, ‘líder moral’, o cacique, del SNTE en el marco del viejo régimen autoritario corporativo. […] Este movimiento fue auspiciado indirectamente por los propios dirigentes del grupo de ‘Vanguardia Revolucionaria’, al estallar un paro estatal el primero de mayo de 1980 por demandas de pagos. […] Después de varios días, al intentar desistirse del paro de labores al que habían convocado, […] los líderes fueron rebasados por los representantes nombrados por la base magisterial para dicha contingencia. El Comité ejecutivo fue desconocido por la mayoría de los secretarios delegacionales y sustituido por una Comisión ejecutiva de facto, misma que lo reemplazó en la conducción de la lucha. […] El movimiento magisterial oaxaqueño [ha] elaborado y aprobado los que llamó ‘principios rectores’, un conjunto de veinte normas que incluyen: la no reelección de dirigentes; la participación de la base en las decisiones; la libre afiliación política; la rendición de cuentas a las bases; el rechazo a todo tipo de control político del estado, los partidos o las corrientes ideológicas; la reivindicación de la democracia y la libertad sindical; el rechazo a la imposición, represión o corrupción de los dirigentes sindicales; el respeto a los derechos laborales, sindicales y profesionales de los trabajadores, […] la alianza con obreros y campesinos por sus reivindicaciones de clase; la Asamblea estatal como máximo órgano sindical y el impulso a las coordinadoras delegacionales, sectoriales y regionales […] y, finalmente; la revocabilidad de los dirigentes cuando no cumplieran con sus tareas o incurrieran en actos de corrupción, irresponsabilidad, negligencia o se dedicaran a labores contrarias al movimiento. […] El movimiento se ha definido o adjetivado así mismo como ‘democrático’, algunos dicen que no lo es, pero tampoco puede negarse que en la Sección 22 se observan prácticas distintas a las que incluso siguen ocurriendo en el SNTE, en donde a la caída de Jonguitud Barrios en 1989, vino otro liderazgo personalista con Elba Esther Gordillo Morales, quien se ha sostenido hasta la fecha y con una gran fuerza.”

Extracto de Educación, sindicalismo y gobernabilidad en Oaxaca, Joel Vicente Cortés (coord.), Ediciones SNTE, 2006, p. 24-27

“El caso de los maestros de Oaxaca llamaba poderosamente la atención por varias razones: era la principal fuerza sindical y política opositora al gobierno del estado, que

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irremisiblemente se movilizaba durante los meses de mayo y junio de cada año para reclamar de los gobiernos del estado y federal la solución de su pliego petitorio, que no solamente incluían demandas de carácter gremial y económicas sino otras de alto contenido político y social. Representaba, además, una sección disidente que por su propia fuerza numérica y su gran capacidad de organización y movilización, generalmente le imponía al gobierno del estado sus ritmos, tiempos y condiciones para las negociaciones. […] Sin duda el año 1992 marcó el fin de la etapa de mayor compromiso de los principales actores del movimiento magisterial con la democratización de la Sección 22 y el inicio de un largo periodo de involución, en donde el posicionamiento de las corrientes sindicales en las estructuras formales e informales del nuevo poder se constituyeron en el terreno propicio para la reaparición de las viejas prácticas clientelares y de control sindical. […] Como parte de los compromisos que entonces suscribiría el gobierno del Estado con la dirigencia de la Sección 22 del SNTE […], se convino por ambas partes que en lo sucesivo ‘el gobierno del estado (…) dará participación a los integrantes del Comité ejecutivo de la Sección 22 y a las bases magisteriales, respeto de la formulación de cualquier iniciativa de ley o disposición general relacionada con el ramo educativo, en sus aspectos laborales, profesionales, social y técnico’. Pero de igual manera, el gobierno del estado se comprometió a que ‘la selección y nombramiento futuro de funcionarios del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca [sean el] resultado de las propuestas de la representación sindical’ […]. Al paso del tiempo, estos espacios administrativos [como el IIEPO] se convirtieron en un eficaz mecanismo de movilidad económica individual y de promoción y reclutamiento político-sindical, las reglas del juego cambiaron en beneficio casi exclusivo de las corrientes sindicales y de cuadros vinculados orgánicamente a los dirigentes seccionales. […] No resultó extraño que para mayo del 2004, una vez electo Enrique Rueda Pacheco como secretario general del Comité ejecutivo seccional, las profundas diferencias que ya se habían manifestado entre dos bloques de corrientes sindicales durante el proceso electoral, se tradujeran en una abierta confrontación política que con el tiempo se agudiza hasta hacer crisis en el 2005. […] Hoy [julio 2006], sin haber superado totalmente esa crisis interna, los maestros se enfrentan a uno de los capítulos más largos, accidentados e inciertos de su historia.”

Extracto de Oaxaca, Ínsula de rezagos, p. 43-45

“De acuerdo con el calendario escolar de la Secretaria de Educación Pública [SEP], los 200 días de clases al año debieran cubrir las mil horas mínimas planteadas por la UNESCO si se ofrecieran cinco horas de clase al día. Por el relajamiento de la disciplina y del control en el sector educativo, cálculos conservadores indican que los días de clase son entre 160 y 180, con cuatro horas de clase diarias. Mientras que son menos días en las zonas rurales, las que en todas las evaluaciones ocupan los peores lugares de eficiencia y calidad. En muchos de estos pueblos los maestros sólo trabajan de martes a jueves. De acuerdo con estos datos, los oaxaqueños desde hace 26 años han recibido 640 horas de clase o, en el mejor de los casos, 720 horas anuales. […] El Instituto Nacional

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para la Evaluación Educativa (INEE), en su evaluación 2000-2005, ubica a Oaxaca en el último lugar en aprovechamiento de matemáticas, lectura y ciencias, junto con Chiapas y Guerrero. […] Estos rezagos encuentran correspondencia en un sistema de educación publica sin orden ni control, donde la administración del sector esta dedicada casi de manera exclusiva no a la planeación y mejoramiento del servicio, sino a la administración de los conflictos de un universo de 76 mil trabajadores de la educación, 14 mil servicios educativos y 1 millón 300 mil alumnos.”

Extracto de Autoritarismo, movimiento popular y crisis política, p. 57-59

“Desde luego no podemos afirmar que el movimiento magisterial sea un modelo perfecto de democracia, no ha avanzado lo suficiente en cuanto a pluralismo, inclusión, tolerancia, respeto a la diversidad y libertad de opinión. […] Me parece que el movimiento magisterial no ha sido suficientemente autocrítico sino mas bien autocomplaciente. El discurso político se ha vuelto dogmático, sectario, simplista, maniqueo. Se ha quedado sólo en el terreno contestatario. […] Tampoco puede atribuírsele sólo al magisterio, como ahora pretenden hacerlo el gobierno del Estado y el empresariado Oaxaqueño, de ser responsable de la mala calidad de la educación en Oaxaca. Diversos estudios muestran que en el aprovechamiento escolar y en el rezago educativo influyen de manera significativa las condiciones de la economía, la complejidad social y lingüística de la población, la desigualdad social y la pobreza, las políticas educativas, el perfil de los funcionarios que dirigen la educación, entre otros factores, y éstos no dependen del magisterio. […] Los problemas internos de la Sección 22 han sido reconocidos en su congreso político, realizado del 3 al 7 de abril del 2006. […]

Extracto de La política del gatopardo: multiculturalismo y democracia en Oaxaca, David Recondo, México, CIESAS/CEMCA, 2007, p. 133-134

“En el estado de Oaxaca, los años setenta están marcados por una gran turbulencia política que remata en la renuncia del gobernador Manuel Zárate Aquino, el 3 de marzo de 1977. Son los años del movimiento universitario, cuyos orígenes se remontan a las movilizaciones de agosto de 1968 que los estudiantes organizan para manifestar solidaridad con sus homólogos de la capital que sufren la represión militar. […] Pero el movimiento no se limita a las reivindicaciones universitarias. Para la mayor parte de los dirigentes, el objetivo es, in fine, la ‘transformación revolucionaria de la sociedad’, cosa que los impulsa a liarse en las ‘luchas populares’ fuera de la universidad. […] Por eso el gobernador Manuel Zárate Aquino, elegido en 1974, intenta a cualquier precio controlar estas organizaciones consideradas subversivas. Da todo su apoyo a los diferentes rectores que se suceden de 1974 a 1977 y que se oponen a los estudiantes ‘izquierdistas’. […] Después de una escalada de violencia que lleva a la ocupación del edificio central de la universidad por las fuerzas del orden [y] la muerte de varios estudiantes, [renuncia] el gobernador. […]

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El Congreso local designa gobernador interino […]. La crisis universitaria se convierte en una de las crisis políticas más graves de la historia contemporánea de Oaxaca.”

Extracto de la Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos

“Artículo 39: La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno. Artículo 76: Son facultades exclusivas del Senado: […] V. Declarar, cuando hayan desaparecido todos los poderes constitucionales de un Estado, que es llegado el caso de nombrarle un Gobernador provisional, quien convocará a elecciones conforme a las leyes constitucionales del mismo Estado. El nombramiento de Gobernador se hará por el Senado a propuesta en terna del Presidente de la República con aprobación de las dos terceras partes de los miembros presentes, y en los recesos, por la Comisión Permanente, conforme a las mismas reglas. El funcionario así nombrado, no podrá ser electo Gobernador constitucional en las elecciones que se verifiquen en virtud de la convocatoria que él expidiere. VI. Resolver las cuestiones políticas que surjan entre los poderes de un Estado cuando alguno de ellos ocurra con ese fin al Senado, o cuando con motivo de dichas cuestiones se haya interrumpido el orden constitucional, mediando un conflicto de armas. En este caso el Senado dictará su resolución, sujetándose a la Constitución General de la República y a la del Estado.

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INTERLUDIO 2

Octubre de 2007. Llevo dos semanas en México. Aterricé en el Distrito Federal, donde me quedé una semana, el tiempo justo para retomar contacto con el país, con el idioma. Dejé la ciudad monstruo un año y cuatro meses atrás, bajo lluvias torrenciales. Miraba los charcos transformándose en ríos con el soplido de los reactores del avión, antes de despertar sobrevolando España, y luego otra vez en el cielo de Lyon. Sabía que regresaría a México, a Oaxaca. Hoy respiro de nuevo el aire más que contaminado de la capital. Me vuelvo a encontrar feliz con los jugos de todas las frutas que en Europa llaman exóticas. Las avenidas atiborradas: carros, peatones, bicicletas, vendedores, botes de basura, anuncios, autobuses, cláxones, polvo. ¡Y ruido! Omnipresente. Me admiró al principio, vengo de un país donde llaman a la policía cuando hay demasiado ruido. Pero aquí, los sonidos tienen una gran importancia. Para cada cosa que uno quiera existe un ruido distinto: comprar un tanque de gas, sacar la basura, comprar agua potable o helados. ¿Cerillos? ¿Papas? ¿Comino? ¿Destapacaños? ¿Pilas? ¿Pasteles? Todo se grita. Si no son gritos, es música. En cada esquina, en cada tienda, cada cantina, o desde las ventanas de las casas, los acordes de salsa, reggaeton, cumbia, dance comercial, de banda o de son, se mezclan en un caos musical con el bullicio familiar del tráfico urbano. Este año, no estoy de vacaciones. En D.F. tengo que encontrarme con dos personas y ver nuevamente a un amigo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). La primera persona es una periodista, corresponsal de Le Monde en México, y la segunda nunca apareció. La periodista se empeñó en convencerme de que para ella era difícil trabajar por culpa de la cacería orquestada por el gobierno en contra de la prensa, que Brad

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Will no era prudente, y que se dejó matar tontamente; hasta llegó a decirme que el movimiento oaxaqueño benefició sobre todo a la guerrilla. Leyendo Le Monde de julio a diciembre de 2006 uno se enteraba, sobre todo, de que Oaxaca era una ciudad muy bonita y de que en verdad era una pena que los “rebeldes” tomaran de rehén la economía de esa forma. Se decía que los comerciantes querían volver a sus actividades normales y que, de todas formas, las elecciones federales seguirían en primera plana por un buen rato. Cuando volví a encontrarme con mi amigo, conocí a Ignacio, un estudiante de economía que detuvieron la noche del 25 de noviembre de 2006 en Oaxaca, y que fue transferido a la cárcel de alta seguridad de Nayarit. Lo liberaron bajo fianza en febrero de 2007. Durante la comida, no pudo, por así decirlo, dejar de hablar, de expulsar, de escupir sus recuerdos de encierro, sus angustias. Todo esto entrecortado con risas y chistes sobre el gobernador Ulises, la PFP o la APPO. Esta noche me entero de que fueron 141 detenidos, hombres y mujeres, que mandaron en grupos de veinte a las varias cárceles de Oaxaca. Los inspeccionaron, los humillaron, los golpearon, y luego los transfirieron en helicóptero a más de mil kilómetros, a Nayarit, a una cárcel donde retienen a narcotraficantes, a “terroristas” o a mafiosos. Los cargos: sedición, terrorismo, asociación delictuosa, resistencia de particulares, robo y daños por incendio, a la sociedad, al gobierno del estado de Oaxaca, a la Asociación de Hoteles y Moteles de Oaxaca y a la empresa ADO (Autobuses del Oriente). Después de este interesante primer encuentro, ya tengo ganas de llegar a Oaxaca. En el camino paro en Puebla, donde tengo que ver a un investigador de la universidad de la ciudad vinculado con los intelectuales allegados al zapatismo, pero también con el movimiento artístico mexicano. Quizá tenga contactos para mí en Oaxaca. Casi no conozco a nadie allí, aparte de dos chicos de mi edad más o menos y la camarera de un hostal. Y es que he decidido escribir algo más que un artículo para una página web. Voy a tener que conocer a gente si quiero material para escribir un libro. Sólo me queda

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emprender el camino, por fin, hacia el destino tan esperado. Volver a encontrar la ciudad que hace año y medio dejé bajo las piedras.

Oaxaca de Juárez, 25 de octubre de 2007. Estoy en el camión que viene de Puebla. Vuelvo a encontrar con gusto los paisajes de la carretera a Oaxaca. La tierra cambia de color al igual que las rocas y la luz. De un valle blanco y negro donde cultivan el maíz, pasamos a un sinfín de cerros rojos donde el agua de la lluvia dejó finos surcos al hilo de los cuales crecen matitas de hierba verde. Luego llegamos a las curvas entre montañas colosales, donde sólo sobreviven cactus y florecitas amarillas. Luego avanzamos por una planicie de tierra amarilla y seca donde empiezan a florecer los anuncios que celebran los méritos de los hoteles y del mezcal de Oaxaca. Por fin distinguimos la periferia, las luces, las tiendas de la ciudad. Me bajo del camión, casi temblando al pensar que voy a volver a caminar estas banquetas. Ampliaron la terminal y cambiaron la salida de lugar. El mismo cigarro sobre la misma avenida. Otra vez son las seis, pero de la tarde. Gruñe la ciudad: carros, gritos de vendedores, cláxones, “¿Taxi, taxi?” Empiezo el mismo recorrido, mochila al hombro, y esta vez con la ruta en mente. En la gasolinera de la primera esquina que encuentro, mujeres blancas como salidas de la tele se contonean cantando al lado de camionetas con cristales polarizados. Un hombre berrea en el micrófono y otro está disfrazado de águila con plumas verdes, rojas y blancas, los colores de la bandera mexicana. Donde el año pasado había grafitis, quedan los restos de un conflicto aplastado: los volvieron a pintar y dejaron unos rectángulos que desentonan con los colores de las paredes. Bajo la capa de pintura, sin embargo, se distinguen las palabras escritas con aerosol negro: Muera Ulises. En la pared de enfrente, un Arturo te amo se libró de las cerdas de la brocha y espera su destinatario. Este tablero multicolor me acompaña a lo largo del camino hacia el zócalo,

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que se está preparando para las fiestas de principios de noviembre. El logotipo del estado que aparece en un arco de cartón en la entrada de la plaza ostenta el lema: Oaxaca de cara a la nación. De cara a la nación, quizá, pero de espaldas al pueblo, el gobierno se dispone a recibir a turistas nacionales e internacionales para el Día de muertos. Día de muertos... Al parecer contento de que había cumplido con mi promesa, de que había regresado, uno de los chicos que conocí en 2006 me pasa el dato: llego a Oaxaca en la antevíspera de la conmemoración de la muerte de Bradley Roland Will, camarógrafo y activista de Indymedia Nueva York. El 27 de octubre de 2007, se planea una marcha en el lugar del crimen para rendirle homenaje. Santa Lucía del Camino, barrio en manos del PRI desde hace tiempo, calle de Calicanto. Aquí sucedió. El video dio la vuelta al mundo. Lo he visto unas veinte veces y el hecho de verme ahora en el lugar fatídico me da escalofríos. Más que la escena cuando cae la cámara después del balazo. Este hombre filmó su propio asesinato, que un año después sigue impune. En el contingente gritan consignas de libertad para los presos políticos, de justicia para l@s compañer@s caíd@s, encarcelad@s o herid@s en los seis meses que duró la insurrección. Se suman las reivindicaciones de la Sección 22 acerca de la ley que poco a poco privatiza el régimen de seguro social para los trabajadores del Estado. Hay que mencionar que si aquel día murió un extranjero (estadounidense, por si fuera poco) en Oaxaca, tres personas más (mexicanas) murieron en circunstancias idénticas: los paramilitares atacaron las barricadas con pistola en mano. Sus nombres resuenan menos en las consignas pero algunas personas se indignan y los llaman apasionadamente. Veo caras conocidas, o que por lo menos aparecían en mis fotos y que he visto centenares de veces. Cruzo sus miradas sorprendidas por la mía, fija, extrañamente familiar. Después de la marcha, vamos a tomar una cerveza. El chico es parte de VOCAL (Voces Oaxaqueñas Construyendo la Autonomía y la Libertad), un colectivo político

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libertario creado después del movimiento, al margen de la APPO, principalmente por jóvenes. Cuando digo “al margen”, no es que rechacen o adopten las posturas de la APPO —los puntos de vista varían dentro del colectivo mismo— sino que la organización popular no es su principal referente para hablar del levantamiento en Oaxaca. De momento, el colectivo no tiene su propio espacio, pero está buscando uno para llevar a cabo todos los proyectos que quiere poner en marcha: serigrafía, imprenta, talleres de grafiti, de pintura, de radio, de fotografía, de agricultura urbana, etcétera. El chico me cuenta cómo vivió el movimiento, cómo tuvieron que reaccionar frente a la represión: “Sabes, cuando recibes mensajes en tu celular que dicen que cuides mucho a tu hermana porque está bien buena y que no está a salvo de nada, realmente tomas conciencia de su poder tecnológico por un lado, y psicológico por otro. Lo bueno es que mi hermana no se preocupa, es valiente. Yo me corté el cabello y cambié de celular. La siguiente semana, reiniciaron las amenazas y cambié de celular otra vez. Pues, al mismo tiempo, es la forma más eficiente para comunicarnos.” Obviamente me alerta, porque el trabajo que vine a hacer molesta, y porque los blancos con cámara, sobre todo desde la muerte de Brad, no le inspiran nada bueno al gobierno. Que si voy a una marcha, me quede en la banqueta. Me dice esto justo antes de citarme el 2 de noviembre para la conmemoración, esta vez, de la victoria sobre la PFP. La idea es ocupar el crucero de Cinco Señores, ex-barricada simbólica, para bloquear el tráfico, y erigir el tradicional altar del Día de muertos en memoria de las personas asesinadas en 2006. La cita es a las siete de la mañana. Nos separamos después de unas cervezas y me reencuentro con la agradable sensación de salir, alegre, a media tarde, de las cantinas oscuras como búnkeres, para mezclarme con el alboroto de las calles soleadas de Oaxaca. Llegado el día, dudo... Al final sí llego a las diez de la mañana, no hay nada. Llamo y me dicen que me vaya rápido, que la policía federal detuvo a todo el mundo. En total son treinta detenciones, y la arena del altar fue barrida por la PFP ¿Y cuál es el plan B? Me

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contesta que todavía no saben, que primero hay que encontrar a la gente dispersa, reunirse, y tomar una decisión. Ya me mantendrá al tanto. Mientras, voy en busca de un radio. En el periódico dicen que, para la ocasión, varias radiodifusoras se van a coordinar: Radio Plantón, Radio Universidad, ocupada por los estudiantes, y Radio Zaachila. No es tan sencillo encontrar un radio en una ciudad que apenas conozco. Cobarde, acabo en el súper... El colmo en una ciudad donde el negocio familiar sigue siendo la principal forma de intercambio y en donde los supermercados no son baratos. Con mi flamante radio reloj de tercera, encuentro por fin la frecuencia y por un buen rato escucho canciones de protesta chilenas o argentinas, hasta que una mujer toma la palabra en medio de una canción para anunciar una cita, dentro de una hora, en el hotel del magisterio —lugar que desconozco. Mientras me pregunto cómo ir, recibo un mensaje: “Nos vemos en una hora. Hotel del magisterio. Ojo. Mejor ve en taxi”. ¡Gracias, joven! Eso sí es eficacia. Agarro mis cosas y salgo en busca de un taxi que, ante un español titubeante y una cara llena de interrogaciones, me cobra el doble. Descubro en auto otra parte de la ciudad. Después de unos 15 minutos le pido al chofer que se pare a dos cuadras de un grupo de gente que llevan banderas rojas, o rojinegras.

Creo que es aquí. Hay una aglomeración de gente, un coche equipado con un micrófono, altavoces y banderas. En la muchedumbre impera un sentimiento de duda. ¿Habrá suficiente gente para marchar o nos conformaremos con una concentración? ¿Qué medidas de seguridad pensamos para la marcha en caso de provocación de la policía? ¿Dónde nos espera la tira? ¿Por dónde pasamos? ¿Hasta qué hora esperamos? Son las preguntas que circulan de boca en boca cuando el coche a la cabeza pide calma, responsabilidad e insiste en que somos pocos, pero que el espíritu de la APPO y la sed de justicia viven en cada uno de nosotros, en Oaxaca, en México y en el mundo entero. Algunas personas son reticentes

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a la idea de marchar hasta el crucero de Cinco Señores. Otras no lo son en absoluto. Nos informan que liberaron a las personas apresadas en la mañana. Al final la marcha sí tendrá lugar. El contingente, unas cien personas, sale hacia Cinco Señores, algunas en línea, otras agrupadas detrás de una manta, bailando al ritmo de las consignas. Un puñado de personas pronuncia discursos políticos en el micrófono. Se prevé un mitin con micrófono abierto llegando al principal crucero de la ciudad. Vamos a bloquear el acceso al periférico durante más de tres horas. A la mitad del recorrido, a medida que nos vamos acercando al punto de llegada, el coche se para cada vez más: “Por favor, mantengan las filas, pónganse en línea, en ningún caso debemos caer en provocaciones, otra ola de represión no haría más que reforzar el miedo de la gente que no vino a marchar”. Cada 200 metros, las decisiones de bloquear el crucero y erigir un altar son debatidas y cuestionadas, evaluadas y actualizadas; el tono sube rápidamente. Un hombre intenta tomar el micrófono, se lo niegan. Grita que el voto habló y que deben instalar el altar. Que la marcha debe seguir, que no hay que tener miedo. Que poner un altar el día de muertos no es en ningún caso un delito. Cuanto más nos acercamos, más amontonan —con las caras cubiertas— posibles herramientas para defenderse: piedras, carritos del supermercado y vallas. La barricada móvil avanza. El mitin por fin ocurre 200 metros antes de llegar al punto P. El micrófono pasa de mano en mano y las demás personas no abuchean, aplauden, gritan consignas de apoyo o desacuerdo, o piden el micrófono. Hasta que alguien pregunta: “Bueno, ¿vamos o qué?” Se alteran y retoman esta pregunta varias veces. No arriesgar más detenciones y pararse acá. No darse por vencidos y hacer lo que hay que hacer: poner el altar y cerrar el camino mientras. Los gritos sustituyen las interferencias del micrófono, que pronto regresa cerca del coche. La misma mujer nos repite que mantengamos las filas porque hay camionetas de la policía alrededor nuestro y no deben arrestar a nadie.

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Las piedras se quedarán aquí, las barricadas móviles también. En su lugar, a la cabeza del contingente, se forma un cordón de mujeres que enfrenta a unos veinte periodistas. Bajo los flashes y los rayos del sol poniente en las nubes, las sonrisas de las mujeres iluminan nuestros rostros, tensos hasta ahora. Con paso dinámico, recorremos los pocos metros que quedan y llegamos en medio de un crucero de donde salen dos calles y tres avenidas de cuatro carriles. Es gigante y la única forma de bloquear las salidas es extenderse al máximo. Todo el mundo se toma de la mano, agrandan el círculo con suéteres, mochilas, mantas, y rápidamente bloquean todo. En el centro del círculo, unas diez personas vuelven a levantar el altar que habían empezado durante el mitin. Son velas pegadas con cinta adhesiva en la base de un poste, y en el suelo, un tapete de pétalos de cempasúchil con flores moradas y aterciopeladas, alcatraces, flores de papel crepé de colores vivos y una pancarta: “Brad Will, memoria y lucha”, con una foto del camarógrafo en el plantón. Empezamos a oír Venceremos, el himno de la APPO, en algunas bocas, y luego en el micrófono. Pronto, toda la gente canta. Después entonan el himno mexicano, con menos ánimo, pero con el vigor de siempre. Durante la ocupación de la ciudad en 2006, bloquearon este crucero con una veintena de autobuses y su centro se volvió un pueblo en guerra, la barricada de Cinco Señores. Enfrentaban casi todas las noches las balas de los paramilitares. Terminan de cantar y los manifestantes se cambian discretamente de ropa: se fajan las faldas en los pantalones, guardan los walkie-talkies en las mochilas y se dispersan rápido en pequeños grupos. Regreso a casa. No había notado mucho esta sensación durante y después de la marcha del 27 de octubre, pero hoy, al ver las fotos que saqué en el día, puedo sentir el miedo. Está presente en todos los rostros —menos en los de las mujeres que forman el cordón. Un año antes, las caras cansadas y a veces ensangrentadas por horas de combate en contra de la PFP gritaban su alegría frente a su retirada. Hoy estaban petrificadas por el coraje, pero también por un miedo intenso.

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Mi abuela murió hace dos días. La magia del internet: hasta hoy me entero. Los adolescentes que están en el cíber no paran de gritar, pierden en el cíber-futbol y, eventualmente, se burlan de la güerita que llora frente a la computadora. Mi abuela decía que le gustó mucho visitar México con su club de jubilados, y que era un país que se veía muy interesante. Deambulando por las calles de Oaxaca después de leer esta noticia, entre las luces de Navidad y los carteles fluorescentes de innumerables promociones de fin de año, me acerco al centro sin darme cuenta: hace calor y hay sol a diario, los árboles tienen hojas, la nieve es de plástico y todo el mundo lleva playera. Sigo avanzando, siento que hojeo un catálogo de ventas. Luego llego a una esquina que me recuerda algo: aquí vive este amigo que siempre me deja perpleja, pero es buena compañía. Está bien. No tengo ganas ni de estar sola, ni de seguir viendo el espectáculo de la magia de Navidad patrocinado por los mejores bancos del país. Subo la calle Crespo hasta encontrarme cara a cara con este chico, en la acera. Le explico la situación y vamos a la feria del libro para asistir a una conferencia sobre literatura y periodismo. El tema es muy interesante, sobre todo para lo que he venido a hacer, pero no puedo esforzarme lo suficiente para entender el español usado. No nos quedamos mucho tiempo, nos dirigimos a la cantina más cercana. Allí, después de algunas cervezas panzonas, llamadas caguamas, dos o tres cuartos de limón, y medio salero, empiezo a relajarme, a dejar fluir las palabras sin fijarme en mi acento. Las puertas de la cantina, tipo saloon, se abren y caras conocidas penetran el ambiente irreal de esta noche. Se instalan en nuestra mesa dos hombres y una mujer. Vinieron a celebrar un cumpleaños. Muy rápido, pero discretamente, sacan las botellas de mezcal que me llevan aún más allá, en donde la muerte ya no es una fatalidad. Por lo menos es la conversación que nos mantiene despiertos buena parte de la noche: ¿cómo podemos, o debemos, honrar

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a los muertos del conflicto sin usarlos con fines propagandísticos, y hablar de ellos sin ensuciar su memoria, sus intenciones, y sin hacerlos mártires? En medio de este vals de vasos, de estos diálogos apasionados, velo a mi abuela. Pongo un pie en el mundo libertario de Oaxaca, y qué agradable, la verdad. La cantina tiene que cerrar, salimos. La muerte de mi abuela en la tarde —o hace dos días, ya no sé— me hizo darme cuenta hasta qué punto me siento sola e inmóvil, tanto en mis investigaciones como en este viaje.

En los dos días que siguieron a mi llegada a Oaxaca, me compré un periódico y un teléfono para encontrar un departamento. Al final, los anuncios de la calle, cerca de la facultad, solucionaron mi problema. Uno de ellos, redactado en inglés, ofrecía un cuarto amueblado de dos mil pesos al mes con gastos incluidos, internet y cable digital. No tuve más remedio. Dos días después me mudé a una colonia elegante del sur de Oaxaca, al lado de la zona comercial de la ciudad. Chido. Todo lo que no quería. Un día le dije a un amigo: “Este barrio es una pesadilla, no pasa nada, nadie, nunca”. Me contestó: “Sí, es un silencio escalofriante, da miedo...” No era precisamente miedo lo que sentía, pero digamos que la frase favorita del gobernador después del 25 de noviembre, Oaxaca está en paz, aquí no pasa nada, cobraba allí todo su sentido. Mi compañera de casa, una mexicana de unos treinta años, dinámica y a la moda, trabajaba en el IEEPO (Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca). Era secretaria. Tenía un carro, un novio muy galán y un gusto pronunciado por las big macs. Una noche, decidí hablarle un poco de la investigación que estaba haciendo. Me contó cómo fue su vida durante el conflicto. Las barricadas son las cosas que más la marcaron. Recuerda qué tan difícil era circular en coche en aquellos tiempos, que por supuesto no podía ir a la

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discoteca y que ya no caminaba sola de noche. Trabajó en Canal 9. Recalcó que era la televisión cultural del Estado, que su programación no era comercial. Que no entendía por qué habían decidido tomarla, cuando estaban Televisa y TV Azteca. Que los delincuentes de la APPO habían destruido mucho material. Y para terminar, dijo que conocía a alguien que seguía trabajando allí, que me daría su número de teléfono. Pues se imaginaba muy bien que estaba haciendo un trabajo objetivo e imparcial, y que por lo tanto necesitaba tener la visión de las dos partes. Precisamente la noche de la cantina, mi amigo se quedó en la sala de la casa, y al día siguiente la chica lo vio. Al regresar del trabajo, me dijo: “No quiero que dejes pasar a gente así, seguro es de la APPO, podría robar cosas. ¿Estás segura de que se puede confiar en él? Sabes, en México, no es como en tu país, no hay que fiarse tan rápido de las buenas impresiones”. Creo que durante los dos meses que viví allí, cuando paseaba por ese barrio, por lo general yendo a la lavandería o al supermercado, no me crucé con más de diez personas. El supermercado fue, en un primer tiempo, una especie de refugio. Iba a pasear allí, sin comprar nada, sólo para reencontrarme con un paisaje conocido y familiar. Hasta que me di cuenta de lo verdaderamente patético del asunto, dado el carácter impersonal de este tipo de marcas culturales. Ya era hora de encontrar otras y de realmente mezclar las culturas. Ahora bien, esa noche abrió, entre amigos recién conocidos, otras perspectivas, y me ayudó a ver más allá de la distancia que me separaba de mi casa, a mirar hacia una nueva por construir.

Así que fui paseando cada vez más lejos. Un día me paré frente a un inmueble que me recordaba algo, pero no sabía qué. ¿Dónde había visto estas ventanas antes? Al acercarme, vi que se trataba del edificio de la Sección 22, en el centro. El mismo del documental sobre el 14 de junio. En la puerta, había una hojita pegada en el cristal: “Tercera Asamblea

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general de la APPO, Hotel del magisterio, 17 y 18 de noviembre de 2007, a partir de las 10”. Me sorprendió un poco el tamaño del cartel, me parecía muy pequeño, con respecto a lo que había escuchado, leído y visto de la APPO. El último congreso, en febrero de 2007, fue anunciado nacional e internacionalmente, por mail, por volantes, carteles, radio y de boca en boca. Y ahora era un cartelito escondido entre otros, impreso en blanco y negro, con un logotipo muy pequeño. Así es como se presentaba la APPO. Apunté las fechas en mi libreta, esperando con impaciencia conocer la misteriosa y transcendente aglutinación de organizaciones y actores políticos y sociales que es la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca. Y qué extraña sensación cuando llegó el día... Llegué tarde, o por lo menos eso pensé. La asamblea tenía que empezar a las diez, tuve que inscribirme en las listas de asistencia a las doce, y la apertura debió ser a las dos de la tarde. Éramos unos cien, no más, en un auditorio que recibió, un año antes, con motivo del Congreso Constitutivo de la APPO, a casi cinco mil delegados en una paranoia digna de aquél entonces. Hoy entramos muy fácilmente al foro, las bancas están tan vacías que uno se puede tirar allí y no se necesita micrófono para que el sonido llegue a los oídos de todos. A pesar del retraso en el horario, se sigue el programa en el orden previsto: presentación de los miembros de la tribuna, introducción musical con la Otra guitarra, obra de teatro, discurso de presentación oficial, lectura de las resoluciones de la última asamblea, presentación de las tres mesas de diálogo y de trabajo, de los documentos del expediente que distribuyeron en la entrada, lectura de la lista de organizaciones y miembros presentes, lectura de los mensajes de apoyo externo y saludos de los invitados. Durante esta última parte, un venezolano toma el micrófono para comunicar la solidaridad de su país con la lucha de Oaxaca. Roja, temblorosa y sudorosa, también pido la palabra y, en un perfecto frañol, digo que trabajo con Indymedia y que la lucha en contra de la censura es una lucha

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internacional. Que mucha gente en Francia escuchó sobre Oaxaca y que están en la lucha con ellos. Después de que alguien toma la palabra, como sucede desde el inicio, el público lanza una serie de consignas: ¡Codo con codo, hombro con hombro, la APPO, la APPO, la APPO somos todos!; ¿Qué quieren los presos políticos? ¡Li-ber-tad!; ¡Ya cayó, ya cayó, Ulises ya cayó! Luego, después de mi intervención: ¡Brad Will no murió, Ulises lo mató!; ¡El puño de la mujer avanza contra el poder! Dos delegados de la Asamblea Popular de los Pueblos Potosinos y de la Asamblea Popular de México toman la palabra. Luego someten la tribuna a aprobación de los participantes. Invitan a cada organización, a cada colectivo, a que elija rápido un representante para que esté en la tribuna. La propuesta es aceptada y quienes son designados suben al estrado. Se bajan poco después para la comida. Al verme comer sola en un banco, un hombre mayor me ofrece juntarme con él y su familia. Sobre todo me habla del totopo, esta tortilla dura de maíz que resiste todo: el viento, la humedad, la sequía. No lo decepciona que no haya participado mucha gente; ellos vinieron desde lejos, de las montañas, y esto demuestra que todavía creen en el movimiento. Los que no vinieron, si ya no creen en esta lucha, están mejor fuera. Después de media hora, se retoma la asamblea y leen en voz alta una lista de participantes. Asisten 38 organizaciones, a las cuales se suman 12 delegaciones de barrio, 12 municipios, 30 miembros de prensa alternativa y cinco extranjeros. Casi 350 personas. Un vistazo alrededor basta para darse cuenta de que hay menos gente de lo que se dijo. Pero las consignas siguen retumbando en el auditorio, cada vez más fuerte. Hay una señora que grita con todas sus fuerzas en el micrófono, al punto de que resulta incomprensible. Un chico de unos veinte años se acerca y me pregunta: “¿De verdad trabajas con Indymedia?” Explico que no es exactamente Indymedia pero que es la misma idea: dar la palabra, a través de páginas de internet, a los actores de las luchas y ya no a los que tienen el poder, para

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romper con la desinformación y con la censura mediática. Me cuesta más responder la siguiente pregunta: “¿Y en qué escuela tienes que estudiar para trabajar en Indymedia?” Hablamos un rato, sin escuchar a la señora que sigue y sigue enumerando los participantes. Le explico que es un trabajo voluntario, que no te “contratan”. Me dice con modestia que quiere trabajar con Indymedia, pero que tiene que aprender más sobre la vida y sobre la lucha. Me cuenta cómo cargó a un compañero muerto por un impacto de bala, enfrente de la radio La Ley. Recuerda el color de la sangre, la presencia de las cámaras de televisión. Un joven encapuchado, presente en la tribuna como delegado de la barricada de Brenamiel, toma el micrófono y habla de la importancia simbólica de llevar un pasamontañas. Nos recuerda que los indígenas de Chiapas tuvieron que taparse la cara para que los dirigentes políticos por fin los vieran, y que llevar pasamontañas debe ser un orgullo y un signo de igualdad. De repente, interrumpe su discurso para señalar un hombre en la asistencia: “¡Es del PRI! ¿Cómo entró? Les aseguro que es un vecino, lo conozco, ¡es priísta! ¡Que se vaya! ¡Es un infiltrado!” La pequeña muchedumbre se agita, también la tribuna: es una acusación seria, dicen acá y allá. Al final le ordenan que se presente frente a todos. No parece ofendido, explica con calma que no es un infiltrado, sino que está aquí para escuchar los debates, en particular el que trata de la APPO, pues cree en su poder unificador. Asegura que no es miembro del PRI, que no conoce al joven, que éste debería medir sus palabras. Finalmente, amenaza con irse, decepcionado por las acusaciones, pero acaba quedándose, y alguien en la tribuna retoma el micrófono para anunciar el comienzo de los debates. Cada uno lleva su silla a una de las tres áreas repartidas según los temas de debate. La APPO por un lado, los derechos humanos por otro y, por fin, el análisis del contexto internacional, nacional y oaxaqueño. Elijo el debate llamado “¿Qué es la APPO?”. Desde lejos, es la mesa de trabajo donde hay más gente. Nos piden que votemos por un secretario

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y un moderador, que tomarán los apuntes necesarios para la redacción de las conclusiones para la plenaria. Designamos rápidamente a un hombre y a una mujer y empiezan los debates. Las preguntas de base son las siguientes: ¿Qué es la APPO? ¿Qué quiere la APPO? ¿Qué tiene de bueno o malo? ¿Cómo se percibe su evolución y cómo se podría mejorar? Según mis apuntes (las palabras en cursivas indican el vocabulario preciso de los participantes), la primera persona en tomar la palabra para contestar estas preguntas nos menciona que la peculiaridad de esta asamblea es ser oaxaqueña. Agrega que el pueblo fue el actor del conflicto y que la asamblea debe ser su fiel reflejo. Tras esta acotación, hay que preguntarse cómo la APPO puede representar mejor a los diferentes pueblos del estado y a sus particularidades. Cómo la asamblea, como tal, tiene que saber escuchar y saberse abrir al conjunto de estas particularidades y ya no regurgitar los discursos prefabricados que no se adecuan a la realidad local. Otra persona agrega que, en efecto, el carácter oaxaqueño de la asamblea es lo más importante, pero que no se pueden ignorar los diferentes contextos: el nacional y el internacional. La APPO no debe limitarse a una sola lucha, a una sola reivindicación —la destitución del gobernador—, porque si se limita a este objetivo, se encierra y acostumbra al pueblo a no ver más allá de la reivindicación inicial. Afirma que la APPO debe trabajar para tomar el poder central, para lograr incidir en todos los problemas del país. El joven del pasamontañas, que antes denunció la presencia del supuesto infiltrado, retoma la palabra para contestar las preguntas introductorias. Según él, la APPO es sobre todo un espacio plural que escucha las voluntades del pueblo, como la demanda de la destitución del gobernador, y que esta reivindicación ya abrió puertas políticas a muchas personas que no estaban interesadas. Explica que si el movimiento duró, es sobre todo gracias a esta gente, y no gracias a lo que él llama los anquilosados y oportunistas que se pasan el tiempo dictando discursos. A la pregunta “¿qué quiere la APPO?”, él contesta que no sabe, pero que fue un movimiento de emancipación, un grito por la libertad. No hablará de la evolución, sólo hablará del “antes”: cuando era posible la participación de todos, cuando una sencilla taza de

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café significaba que la gente se comprometía. Concluye respondiendo que lo malo en la APPO es la idea de estar esperando a un mesías. Que lo bueno reside en las formas esbozadas de autogobierno. Que para mejorar hay que escuchar antes que nada a las voces que vienen de abajo, las que gritan en las marchas, y ya no parecer tan indecisos en cuanto a objetivos. Los debates de la mesa dos siguen hasta muy noche. Decido regresar a casa antes de perder el último camión. De todas formas, las discusiones están claramente divididas entre los seguidores de la toma de poder, nacional y centralizado de preferencia, y los de la comunalidad. Poco a poco iré entendiendo este concepto, al hilo de los meses, pero en este momento no tengo más que una vaga idea de qué es. Ahora puedo decir que reúne ideas de autonomía y de respeto a las particularidades, en pos de organizar un trabajo común que no rompa con las tradiciones de cada comunidad y que participe de un objetivo común. Se fundamenta en al menos tres pilares: la toma de decisiones en asamblea, el trabajo colectivo para la comunidad y la rotación de los cargos.

El uso recurrente de la palabra pueblo me provocó comezón en un inicio. Sin embargo, siempre procuraba recordar que “pueblo” refiere al origen geográfico, a la vez que a la idea de una identidad bastante fuerte. La noción de pueblo se acerca más a las culturas precoloniales, en sus diversidades, y hace eco con la resistencia frente a los españoles. Aquí no remite en absoluto a un concepto de Estado-Nación unificado y uniforme. Por tal motivo, lo que fue la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca cambió su nombre, un día después de haberse formado, por Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca. Se reconocen 15 pueblos en total, cada uno con su propia lengua. Así que poco a poco voy entendiendo el reto político que asumió la APPO al constituirse y los problemas que surgen en esta tercera asamblea. ¿Cómo un movimiento fundamentalmente urbano, y sobre todo su forma de representación —la APPO—, pretende reflejar tanta diversidad después de la ocupación física de la ciudad, del retroceso

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del compromiso que conllevó la fuerte represión y la huida de los reflectores de los medios? Dos semanas más tarde, al segundo día del “Encuentro de Mujeres Oaxaqueñas Compartiendo Voces de Esperanza” —volveré a hablar de este encuentro más adelante—, pregunto por qué somos tan pocos respecto al día anterior. Me contestan que es porque hay una tercera asamblea de la APPO. Un poco sorprendida, pregunto si es la continuación de la que tuvo lugar dos semanas antes: “¡Para nada, ésta es otra, la de los electoralistas!” Vaya. Sí escuché hablar en la primera tercera asamblea —¡uf!— de traidores y de objetivos distintos, pero no pensé que el desacuerdo fuera tan profundo. Profundo al punto de dar el mismo nombre a dos cosas distintas en dos fechas diferentes. ¡Y aún más si los dos polos —por no decir bandos— llaman a una reunificación del movimiento social! El asunto que antes no consideré, efectivamente, fue el de las elecciones. Más o menos conocía las cifras del abstencionismo en Oaxaca, que alcanza el 80% para la mayor parte de las consultas, y pensaba, cándida, que la APPO ya no contemplaba la vía electoral. Y mi español, aún tímido, hacía que me perdiera algunas partes de la asamblea. Pero obviamente aún era una cuestión vigente. Sin ahondar en detalles en cuanto a los nombres de los partidos, dos fuerzas de izquierda —así se autodenominan— piensan que la única forma de mantener la asamblea viva después de la ola de represión es participar en las elecciones de febrero de 2007. En Francia me enteré, gracias a varias relatorías publicadas, que la resolución del Congreso Constitutivo autorizaba a organizaciones o partidos que lo desearan a presentarse, pero sin mencionar el nombre de la APPO; que las personas elegidas como delegados de la APPO renunciaran a su mandato si querían asumir otro. La verdad es que llegadas las elecciones varios delegados se presentaron sin renunciar y aludieron a su participación en la Asamblea Popular. Otras organizaciones simplemente rompieron el acuerdo básico de la asamblea: en ningún caso negociar con el gobierno, mucho menos con el gobernador. Son a las que

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ahora llaman traidoras, oportunistas o electoralistas. Los que habían convocado a una tercera asamblea general bis. No pude asistir a esta última (me quedé en el encuentro de mujeres), pero más adelante supe que la participación no fue más fuerte que en la primera y que declararon que ninguna de las dos era legítima.

Pero regresemos al domingo de plenaria de la “primera tercera”, donde los debates giran alrededor de dos formas distintas de tomar el poder mediante la lucha y no por las urnas: ¿una relación bidimensional con el poder central, obtenida gracias a la huelga o relaciones de poderes multidimensionales, difusas y móviles, que funcionan gracias a asambleas regulares y al trabajo en común? En esta asamblea, la cuestión no es tanto decidir entre las dos opciones, sino definir un plan global de acción en función de las áreas de trabajo. Las resoluciones colectivas son las siguientes: participar en la marcha conmemorativa del 25 de noviembre, elaborar un expediente de quejas y denuncias de los crímenes cometidos por el poder, participar en la asamblea nacional del Frente Nacional en Contra de la Represión (FNCR), organizar un mitin frente a la Cámara de Diputados para reactivar el juicio político a Ulises Ruiz, así como participar en el encuentro de las mujeres “Compartiendo Voces de Esperanza”, organizar una caravana para la tercera audiencia del juicio popular nacional, pedir una entrevista con la Sección 22 para informarle sobre las resoluciones de esta tercera asamblea y, por último, organizar los primeros encuentros generales de la juventud llamados “El papel de los jóvenes en el movimiento social oaxaqueño”. Además de este calendario de acciones, se elabora un marco de análisis de la situación internacional, nacional y estatal, que coloca a la APPO en un contexto global de lucha en contra del capitalismo y del imperialismo estadounidense. Se realiza también una evaluación de los impactos de la represión, para recordar que ninguno de los crímenes de tortura o de asesinato fueron investigados y que más de 50 presos políticos siguen en la cárcel. Para terminar, el documento de análisis evalúa a la APPO desde su creación y sugiere ideas para

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una reorganización más que necesaria. En ese momento me fijo sobre todo en las maneras de intercambiar, en la forma que toma la asamblea, y menos en el contenido de las intervenciones. La repartición en mesas de trabajo temáticas me extrañó. Acostumbraba las asambleas universitarias en Francia, en donde todo el mundo opina sobre todo. La búsqueda del consenso para presentar un documento coherente en la plenaria se parecía mucho más al bullicio que conocía. Cada palabra, redactada rápidamente cuando intervenía una persona, era discutida tras la intervención de otros. Y finalmente, la plenaria, la exposición y debate de los temas de las tres mesas. Sí hubo algunos intercambios agitados acerca de la traición de las personas que, por otro lado, eligieron boicotear esta asamblea, pero globalmente los debates fueron bastante tranquilos y rápidos para llegar a conclusiones. En la forma de intercambiar hay un respeto y una capacidad de escuchar que me impresionan. De todas las asambleas en las que participé, no recuerdo ni un solo chiflido, ni un abucheo, nada por el estilo. Más bien consignas, esos gritos de apoyo arrojados al aire, resonando como trompetas en una película épica. Y sobre todo, creo que nunca escuché hablar del concepto de tiempos de uso de la palabra. La asamblea es el lugar de reunión donde uno se expresa libremente y donde los participantes saben detenerse cuando caen en lo superfluo. En cambio, los que no quieren escuchar tienen toda la libertad para no hacerlo. De todas formas se suspende el tiempo para poder tratar todos los puntos de la orden del día. Se recuerda a menudo la posibilidad de agregar nuevos puntos. Así se debatió en el último momento, pero apasionadamente, acerca del nombre, del logo y de la página de internet de la APPO. Lo que estaba en juego, para los que tomaban la palabra, era reapropiarse de estos símbolos para que los demás, los electoralistas, no intentaran adueñarse de ellos nuevamente. Había que recuperar el prestigio perdido, mancillado por la traición. Y había que hacerlo rápido, si no la población de Oaxaca iba a perder toda la confianza en sí misma, dado que esta asamblea, al final, emanaba directamente de ella.

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Regreso a casa pensando en lo que fue la APPO durante los seis meses de ocupación y no puedo evitar una sensación de deja-vu. Es decir, consideraba a la APPO como algo inédito, una prueba de que un movimiento social puede tener una organización y un discurso propios, que respeten la diversidad de los participantes a gran escala, y que impongan una legitimidad frente al poder gubernamental, organizando la ciudad durante seis meses. De hecho, es lo que fue la APPO. Pero en este momento, siento la misma frustración y la misma sensación de callejón sin salida que sentí en Francia, durante las Coordinaciones Nacionales al final de la huelga en contra del CPE, en 2006, o después de la elección de Chirac en 2002. Ver que la organización que hizo una propuesta de constitución, que hizo tambalear instituciones muy establecidas, se aferró en esta asamblea a su logo, a su nombre y a su página de internet, me provoca una amarga decepción. Una decepción y a la vez un alivio, una satisfacción naciente: la importancia real de lo que había sido la APPO no residía en los auditorios. La marcha conmemorativa del 25 de noviembre quizá me ayudaría un poco a entender esta dualidad. La semana siguiente, el domingo, reinaba un sol aplastante.

Decenas de miles de sombrillas se mezclan con las pancartas y con las banderas con una alegría casi fuera de lugar. Con buen humor, se conmemora el aniversario de una represión brutal y a gran escala, mientras que el dos de noviembre, durante la conmemoración de la victoria de los insurrectos en contra de la Policía Federal Preventiva, 200 personas luchaban en contra de sí mismas para avanzar, la mirada fija. Hoy vinieron cientos de delegaciones de todo el estado de Oaxaca y van a marchar durante casi seis horas, de una punta de la ciudad a otra. Cada una, obviamente, sigue reivindicando la destitución del gobernador desaprobado, la necesidad de aclarar los crímenes cometidos por el gobierno, pero agrega conflictos propios de las diferentes regiones, con banderas y consignas como

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prueba. La mayoría se refieren a actos de represión orquestados por las autoridades locales y se reparten en un periodo que rebasa ampliamente el del movimiento de la capital. El contingente sigue avanzando a buen paso, ni apresurado, ni contenido, para alcanzar el centro y el zócalo, punto de llegada, de mitin y de separación. Durante todo el tiempo en la periferia de la ciudad, la muchedumbre está tranquila. Cerca de la barredora, al lado de la cual camino en compañía de los demás periodistas, los que están más acostumbrados a los discursos toman el micrófono y gritan consignas, leen volantes, recitan buenas palabras de lucha. Pero al llegar cerca del centro, varias personas, más jóvenes que la mayoría —que meticulosamente cubrieron con sus aerosoles las paredes recién pintadas por el gobierno— se tapan la cara con sus playeras. Un hombre más grande y con traje agarró el micrófono y les pidió con amabilidad, según él, que se destaparan, pues el hecho de llevar pasamontañas puede ser un pretexto para que intervenga la policía. Sigue un alboroto de insultos de uno y otro lado del coche, y luego golpes. Me percato hasta que veo la hilera de periodistas aproximarse al lugar donde el polvo empieza a formar nubes. No dura mucho, quizás, justo, por la presencia de tantas cámaras, pero la tensión se quedó. De nuevo siento un ambiente más parecido al del 2 de noviembre, dividido entre seguidores de la defensa activa y los de la defensa pasiva, a la cabeza del contingente. El resto de la marcha no se enteró del incidente y sigue avanzando hacia su objetivo: el zócalo que no pudo alcanzar un año antes. Éste albergaba un plantón, sí, pero formado por militares y policías. Esta tarde, al llegar al zócalo, no hay ningún uniforme, ni siquiera está la policía turística. La plaza central tiene aires de domingo. Los vendedores de globos están escondidos bajo su mercancía y los niños suplican a sus padres por conseguir uno de aquellos tubos voladores para lanzarlo sobre los transeúntes, a propósito o no. Los vendedores de chicharrines mezclan sus anuncios a los de las vendedoras de helados, de rebozos de

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algodón de mil colores y de joyería de fantasía, de palitas de madera para la cocina, de imanes para el refri o de raspados vendidos con popote y cuchara, siempre. Mariachis con sus guitarras de todos los tamaños, o músicos de marimba, entonan hacia las terrazas de los restaurantes turísticos los coros más hermosos de canciones inmortales. El verde de los árboles centenarios que regalan su sombra a los transeúntes del domingo, se mezcla con el verde de la cantera, esta piedra calcárea de reflejos discretos, y se proyecta en los adoquines grises, relucientes. Los boleadores frotan con ritmo y con energía los zapatos de hombres que están leyendo el periódico en la exuberante tranquilidad dominical. Sin perturbar aparentemente este cuadro, el contingente llega y se suman todos los colores de las mantas, de las pequeñas sombrillas y de la ropa abigarrada. Enchufan el micrófono y empieza el mitin. Dos adolescentes tiran un cohete, que no huye por los aires, sino que se va torpemente sobre la fachada de la catedral. Afortunadamente no tocó a nadie, gritan los altavoces del coche de sonido. Los chavos no tratan de discutir y se ríen, un poco apenados. Volteo la cabeza, parece que nada se movió. Nada parece perturbar la plaza ni el viento ligero que hace bailar los globos. Los que formaban el contingente se funden en el ambiente general y regresan poco a poco a su casa.

Aunque crea que al final nunca sabré dar una definición fría de la APPO, empecé a considerarla de otra forma. Es muy complicado establecer límites o fronteras, así como era difícil delimitar la marcha o darse cuenta de quién era seguidor de qué en el zócalo aquel domingo. De la misma forma, me es imposible establecer un perfil de las personas que suscriben las ideas de la APPO. Tanto en el auditorio como en la calle, había hombres, mujeres y niños; jóvenes, no tan jóvenes, más grandes, rostros sin edad; sombreros de palma, gorras a la última moda, lentes Chanel y otros con una sola patilla; playeras con efigie del Che Guevara o cubiertas de parches que dicen “El punk no ha muerto”, trajessastres, faldas de segunda mano descosidas, vestidos bien cortados, huipiles bordados a

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mano, delantales todavía mojados con masa de tortilla; tacones altos, zapatos bien boleados, tenis agujereados, huaraches, pies descalzos y negros de polvo; indígenas de pieles cafés, mestizos de piel color arena, pieles blancas como alcatraces. Del lado de las organizaciones o de los colectivos, ya dije que la APPO reunió centenares de ellos. Eran alrededor de 250 cuando se formó, la mayoría urbanos o con una base en la capital. Otras organizaciones regionales se acercaron a la nebulosa de la APPO a medida que la insurrección se amplificaba y que el gobernador daba marcha atrás. Es decir que todos los pueblos, todas las ciudades más pequeñas que la capital, que tenían una historia de lucha más antigua y más localizada que la de la Sección 22, con sus propias referencias, se incorporaron a la asamblea cuando ésta se alejó del discurso sindical y cuando incrementó el apoyo popular. En el punto álgido de la movilización, el número de organizaciones sociales rozaba las seiscientas. De manera casi automática, por su composición y por su voluntad de expresión plural y respetuosa de todos, los temas abordados por la APPO son muchos y están impregnados de todas aquellas diferencias regionales, organizacionales, de clase, de edad, culturales, de género, de educación, etcétera. Sin haber visto ni leído todavía los archivos del 2006, pero después de participar en la tercera asamblea y en las marchas conmemorativas del 2 y del 25 de noviembre, una no se imagina en absoluto que la APPO haya podido tener tanta fuerza y tanta cohesión interna. Sin embargo, la consigna estrella de todos es y será ¡Codo con codo, hombro con hombro, la APPO, la APPO, la APPO somos todos!

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ENTREVISTA CON M. Y L.

Formar una alianza

Extracto de una entrevista con M., maestro y miembro de la Sección 22 y coordinador de Radio Plantón (traducido de la versión francesa después de la deterioración de la grabación original)

Con la democratización de la educación en los años 1980 y 1990, el número de maestros incrementó mucho, tuvieron que reclutar bastante personal para que funcionaran las 14 000 escuelas de las 10 000 comunidades. Contrataron muy rápido, no necesariamente muy bien. Los alumnos salían de la preparatoria, tenían un año de capacitación e iban a dar clases. […] El magisterio se masificó, lo que generó una pérdida de consciencia política al interior del sindicato. Del 1998 al 2006, las estructuras de la toma de decisión del sindicato no cambiaron. Todo eso terminó convirtiéndose en una crisis funcional. Hasta hubo escándalos en el año 2000 de acaso sexual contra maestras. Hubo muchos problemas internos. Por eso también al principio del movimiento, en 2006, decían que los maestros eran unos flojos. El gobierno contaba mucho con eso, pensaba que nadie nos iba a respaldar. […] En 2006 hubo un evento bastante importante para la Sección 22, el congreso político. En el congreso se habló de esta crisis y la verdad es que salieron varias resoluciones buenas. Por ejemplo, la Sección se construyó un centro de comunicación. Radio Plantón ya existía desde hace un año, pero ahora sí lo hicimos mejor, con una comisión encargada. En este congreso, por fin, nos acordamos que los niños habían cambiado y que había que adaptarse a una nueva forma de enseñar, que para mí eso es algo fundamental. A partir de abril del año 2006 también empezamos a plantear la fuerte presencia de los pueblos indígenas en el magisterio y la necesidad de tomar en cuenta los principios de la comunalidad para el funcionamiento del sindicato. […] Pero el avance mayor del congreso fue acordar la constitución de una gran alianza con otras organizaciones sociales. Los aliados naturales de los maestros son los padres de familia. Durante el movimiento de los años 1980, ellos estuvieron muy presentes y hay que confesar que en este entonces no era cosa fácil hacerlo entender al interior de la máquina sindical. Ahora el discurso ha cambiado, la práctica también: estamos impulsando una alianza, hay una mezcla.

Aquí quiero aclarar que la política del gobierno en cuestión de educación, desde hace 30 años, pasa por los internados en las zonas rurales. En todo el camino del alumno están estos internados: primaria, secundaria, preparatoria. Aquí es como estudian. Y si quieres

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estudiar: o eres militar, o maestro, o ingeniero. […] De hecho se dice que el 20% del ejército mexicano proviene del estado de Oaxaca. Muchas comunidades son de maestros, o sea que ahí están sus padres, su familia. En torno a cada maestro hay muchas personas que lo apoyan, y sobre todo en los pueblos. […] En mayo de 2006, el magisterio instala el plantón en el zócalo de la ciudad y para hacerse entender utiliza Radio Plantón. El diálogo con las demás organizaciones sociales que apoyaban y sumaban demandas se abrió muy rápido. Ya teníamos el debate propicio para la alianza que deseábamos. […] El 2 de junio fue la primera megamarcha. La segunda fue cuando hicimos el juicio popular de Ulises Ruiz Ortiz el 7 de junio. Ahí empezamos a hablar de 300 000 personas, ya no se hablaba solamente de los maestros, era todo el mundo: mujeres, niños… Otros sectores de la sociedad se movilizaron. […] El movimiento ya había rebasado el sindicato y todos teníamos que jugar un papel en lo que parecía ser un movimiento social. […] El 12 de junio se hizo una reunión con todas estas organizaciones sociales, justamente para formar una coordinadora para reforzarnos y poder pesar más en las negociaciones. Con estas organizaciones se formó la alianza, la que más tarde se llamaría “APPO”. El 14 de junio, cuando Ulises trató de aplastarnos, pues sabemos que no funcionó. La APPO se constituyó con todos los grupos políticos presentes al interior de la Sección 22 y con sus afiliaciones con otras organizaciones de la sociedad civil. […] La primera Guelaguetza fue un éxito total, fue alucinante la cantidad de gente. […] Todo iba bien, nos llevábamos muy bien todos.” Fue muy complicado con la APPO

Extracto de una entrevista con L., activista autónomo (junio de 2009)

“Antes del 14, nosotros estábamos en el plantón, con varios compañeros de Radio Kapucha, la Red Oaxaqueña Zapatista. Hasta la fecha muchos seguimos reivindicando la Otra Campaña. Después de la Sexta Declaración se armó este colectivo. Acababa de pasar la Otra Campaña recientemente acá en Oaxaca. Nuestra lucha era estar dentro de la lucha magisterial […]. Desde antes ya habíamos estado dentro del plantón. Fue muy complicado con la APPO, al principio, al menos para mí. Dentro del plantón teníamos nuestro campamento libertario. A partir del 14 de junio, decidimos continuar en el plantón junto con los maestros. Y se forma un bloque, le llamaron el Bloque Negro. La mayoría eran morros, estudiantes. Y muchos tenían la identidad de lo negro, del anarquismo. A nosotros no nos querían por hablar mucho, demás, en una radio itinerante. Hasta les incomodó a los mismos plantonistas, a los mismos maestros. Pero por otro lado, las organizaciones, las que estaban abajo del kiosco, digamos la mesa directiva de la APPO, invitaron a los del Bloque Negro a que participaran dentro de la APPO. Hasta en su principio, dentro de lo que yo visibilice, no es que hayan tenido la batuta, sino que

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como eran las organizaciones que estaban realmente más al frente, independientemente del magisterio y de su base, pues tenían una opinión y un peso dentro de la lucha que se estaba llevando a cabo. Te digo, desde el 14 de junio, se reorganiza el pueblo, porque realmente vino mucha gente de fuera, de las colonias y de las organizaciones, a apoyar a los maestros. Teníamos que recuperar el centro histórico. Y se da. Yo creo que tampoco se hubiera podido si el magisterio hubiera tratado de hacerlo sólo. […] Y quienes asumen una fealdad hacia la lucha magisterial, quienes siempre han estado involucradas, lo tenemos que decir, son las organizaciones. Se podría hablar de siglas, pero yo no creo necesario mencionarlas. Y empiezan a jalar a grupos de estudiantes, a los universitarios que tienen tomada la radio, que ya se estaban reorganizando en facultades y en escuelas, como la facultad de medicina y de derecho. En este caso, en la reorganización de los jóvenes, en su mayoría estudiantes, se hace el acercamiento hacia la APPO. Dicen que sí, van a ser parte de ellos. Nosotros dudamos, era de pensarse. Aún no éramos parte de la APPO, los de negro, los que siempre vestíamos de negro, los encapuchados… No es que busquemos siempre la confrontación sino que siempre proponemos la autodefensa como una cuestión que se tiene que dar en ciertos momentos. Y pues nos miraban y nos acusaban de todo lo malo que pasara dentro del plantón. Si se estaba quemando un carro a unas cuadras del plantón: ‘son los de negro’. Si pasaba algo fuera, o a kilómetros de ahí, eran los de negro. Entonces siempre hubo como que… Como decir: ‘¿qué pasa?’, ¿no? Ni fuimos los de negro, o ni el hecho de que nos vistamos de negro quiere decir que fuimos nosotros. Tenían que conocer nuestro trabajo, nuestra forma de pensar, nuestra forma de proponer. Pasan las semanas, seguimos haciendo trabajo artístico ahí. En la Guelaguetza Popular, lo que hicimos fue primero promocionarla: sacar carteles de serigrafía, ir a hacer esténciles. Pero también actividades que a lo mejor no tenían que ver con el propósito de la Guelaguetza, pero estábamos ahí. […] Dimos talleres de serigrafía, de pintura con niños —a las chicas les gustaba trabajar con niños—, de alebrijes hechos de papel reciclado. Esto nos llevó a que a veces los mismos maestros que nos veían trabajar con el papel y todo, se animaban y se ponían a hacerlo con nosotros. Terminamos haciendo muchas marionetas que participaron en la calenda popular. Eran marionetas muy alusivas, haciéndole burla a Ulises, haciendo un ratón, un cerdo, para darle esta imagen política. […] Nuestras guardias eran siempre de noche, porque a los maestros nos les gustaba cubrir esa hora. O cuando había cualquier alarma, siempre venían hacia nosotros. No es que fuéramos carne de cañón, pero siempre éramos los que íbamos a ver qué estaba pasando. Las calles ya estaban bloqueadas. No eran barricadas como las que estuvieron después, eran barricadas improvisadas que no podían frenar un obstáculo en caso de que hubiera una embestida por parte del Estado. Pero por lo menos prevenían y alejaban a los carros, por las posibles agresiones. Entonces estas acciones a veces les daba flojera, estaba lloviendo, nadie quería salir a hacer las llantas, a poner obstáculos. Nosotros nos teníamos que afretar cada noche para ir a cerrar las calles del cuadro donde estaba el campamento. También esto era lo poco que podíamos dar, hacer. Después nos dimos cuenta de que realmente estábamos cansados de recibir tantas acusaciones. A veces nos hacía enojar. O de ver cómo se daban las asambleas, cómo se iban a

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hacer los planes de lucha, cuando se empiezan a tomar decisiones más difíciles, como lo de tomar dependencias. Estábamos plenamente convencidos de que eran los pasos a seguir. Al principio, nos dicen que van a juntar firmas porque así lo dice la Constitución y que tenemos que ir al Senado. Queriendo o no, a nosotros nos enojaba. Nos preguntábamos a qué iban a servir las firmas, pues. Pero si se trataba de juntar firmas, pues bueno. ¿Por qué nos íbamos a negar a andar con un cuaderno, o a invitar a la gente a través de la radio a que firmara? Entonces también nosotros le entramos a lo de juntar firmas. Esto se manda a México, a la Comisión y todo. Y nos dicen que este procedimiento ya no se puede hacer. Entonces se empezaron a dar este tipo de acciones, plan de lucha tras plan de lucha: bloqueos en tiendas, en calles, cerrar dependencias de gobierno del Estado (Finanzas, la Secretaría de Gobernación, Tránsito), todas las dependencias que pertenecen al gobierno del Estado eran cerradas, clausuradas simbólicamente: llegaba uno, les pedía el favor de una manera amable que desalojaran el edificio. Y lo hacían, en la mayoría de los casos. Hubieron varios casos donde hubo cierta confrontación por parte de gente que no quería abandonar los edificios. Pero a fin de cuentas, entendían que eran acciones que tenían que entender, porqué estaba así la situación, porqué no se quería al gobierno. Y nunca hubo agresión mayor. Entonces les poníamos sellos para clausurar simbólicamente. Y se mantenían guardias. Y si al otro día ya lo tenían abierto, era ir a cerrar otra vez, hacer la misma acción.”

Era el único espacio que estaba dando un referente “Semanas después del 14 de junio, yo era renuente en no creer, en no confiar, en no sentirme parte de la APPO. Para mí, no había una claridad, algo que formalizara o me diera ese sentido de ser parte. En seis meses, particularmente en los últimos dos meses, me di cuenta de lo que había pasado. Participé [en el Congreso Constitutivo] porque me dieron la oportunidad, cuando fui a llevar simplemente la voz en un encuentro de jóvenes que habíamos hecho entre barricaderos y grafiteros. […] No fui como delegado, yo nada más fui a dar la voz de lo que habíamos hecho. Y salí escogido como concejal al interior del congreso. Opiné, di las posturas, dije qué era lo que estaba pasando, qué era el papel de los jóvenes y que no había que discriminarlos. Adoptaron un sistema de cómo escoger a los concejales: 5 del sector estudiantil, 5 del sector barricadas, 5 del sector de los pueblos, y así se fue formando. Yo no fui escogido por la barricada, sino en el interior del congreso fue que me escogieron como uno de cinco. Yo creo que si acepté nunca fue para hacer mal y hasta la fecha se me reprocha entre muchos barricader@s. Creo que si acepté es porque en su momento yo creía que era el único espacio que estaba dando un referente, que estaba confrontando y que estaba asumiendo una responsabilidad, una actitud ante un movimiento. Sentía que no debía quedar el espacio vacío de los sin voz. Lo hice con todo el buen sentido de dar a conocer lo que nosotros estábamos haciendo, lo que nosotros pensábamos, por lo que nosotros luchábamos en ese momento, por ese cambio que realmente reivindicábamos. Yo creo que eso fue lo que me llevó a creer más que todo en la APPO. Te digo, en un principio no creí, pero conforme fui conociendo a las organizaciones, quienes se involucraban, los pueblos que llegaban, ahí sí…

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[El Congreso] estaba formado por más de 1 500 concejales. Llegaron muchas comunidades, que realmente fueron las que dictaron una parte de su estructura a la APPO. Creo que nunca hubiera quedado una APPO como quedó si hubiera sido sólo por las organizaciones: hubiera sido totalmente partidista. […] No digo que hayan sido lo peor, también tuvieron su fruto, su aportación. Pero tenían estas visiones de querer regir una organización, un movimiento, […]’que esto debe ser así, que una negociación, que un gobierno’. Cuando realmente no era el sentido de ser de la APPO, no había nacido para eso. […] Era muy confuso, porque en muchos de los casos había gente que no hablaba en nombre de la barricada, hablaba en nombre de su organización, en nombre de lo que pensaba él, de lo que creía él, de su individualismo, de lo que le convenía decir. En varios casos a muchos les convenía hablar en un sentido electoral, y lo hacían. Yo creo que a partir de ahí fue que empezó a haber problemas. ¿Para qué armas un congreso si es para seguir un camino en el que la gente ya no cree? Era nuestro sentido de decir: no a las elecciones. Lo más grandioso fue ver cómo un congreso regido por usos y costumbres de los pueblos desecha primero los partidos, diciendo que la APPO no tiene que ser partidaria, que no tiene que irse hacia un sentido electoral. Nació por otra cosa y ya se fue a otra cosa. […] O eres o no eres. O estás con los partidos o estás con la APPO.”

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CAPÍTULO 2

LA APPO: UNA NUEVA INSTITUCIÓN Extracto de Oaxaca sitiada, p. 42

[Ulises Ruiz Ortiz, en entrevista telefónica con Diego Osorno] “No te confundas, mira… los que piden eso (que Ulises dejara el cargo y se fuera de Oaxaca) son, digamos… 70 mil personas, es decir, los integrantes del magisterio, y esto suponiendo que todos compartieran la idea de los dirigentes de la Sección 22. ¡Son 70 mil y en Oaxaca somos 3 millones 600 mil habitantes! ¿Y la APPO?... ¿Qué es la APPO? A los únicos que yo reconozco es a los maestros, los demás son radicales que no representan a nadie. Eso de la APPO es un invento, un grupo que no representa a nadie.”

Declaración Política de la Constitución Formal de la APPO, volante con fecha del 21 de junio 2006

“Ante el ascenso del clima de ingobernabilidad y autoritarismo que caracteriza la situación actual de nuestro estado, el aumento de crímenes políticos, el incremento de detenciones arbitrarias contra dirigentes sociales, el uso discrecional de recursos públicos, la interrupción de facto de las garantías constitucionales, la violación sistémica a los derechos humanos, la destrucción del patrimonio histórico, natural y cultural del estado, y el uso de la fuerza pública y la represión como únicas formas de resolver los problemas sociales de nuestro estado; y ante la necesidad de que el pueblo pueda ejercer el poder soberano que le corresponde, y la necesidad de fortalecer la lucha del pueblo de Oaxaca, el día 17 de junio del presente año [2006], con la asistencia de 365 representaciones de diversos sectores populares y de las siete regiones del estado, se CONSTITUYE FORMALMENTE LA ASAMBLEA POPULAR DEL PUEBLO DE OAXACA, la cual se reconoce como un espacio de ejercicio del poder, en el que estén representados los obreros, campesinos, pobres, indígenas, estudiantes, jóvenes, mujeres, y todo el pueblo; por los que hemos acordado seguir fortaleciendo esta Asamblea, con la instalación de las Asambleas Regionales del Pueblo de Oaxaca en los próximos días, posteriormente las asambleas distritales y municipales, garantizando así que esta asamblea popular se construya realmente desde abajo. Todo esto con el fin de fortalecer la lucha por la caída de Ulises Ruiz Ortiz, que es el objetivo principal de la etapa actual de nuestra lucha. […] Por lo que estamos convocando a las organizaciones sociales y políticas, a los sindicatos democráticos, a las comunidades, y todo el pueblo que aun no se ha sumado a la lucha por la caída de Ulises Ruiz Ortiz, a que fortalezcan la realización de las actividades, y asistan a la próxima Asamblea Popular. FRATERNALMENTE TODO EL PODER PARA EL PUEBLO ASAMBLEA POPULAR DEL PUEBLO DE OAXACA”

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Extracto de Autoritarismo, movimiento popular y crisis política, p. 69-71

“La asamblea constitutiva de la APPO se realizó el 17 de junio, en el emblemático edificio central de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO). En ella, se nombró una dirección provisional que fue ampliándose en los meses posteriores. Cada organización de la APPO fue instalando una pequeña comisión de delegados en el plantón del zócalo. Como instancia de decisión se acordó crear una Asamblea General donde se discutían y acordaban las acciones a seguir, inicialmente siguiendo las pautas marcadas por la Asamblea Estatal del magisterio, que durante la primera etapa del movimiento, fue marcando el plan de acción. La APPO vendría a aglutinar, inicialmente, a muchas de las organizaciones que habían sido agraviadas durante el ciclo autoritario de José Murat y Ulises Ruiz Ortiz […]. A ella se incorporan las organizaciones sindicales agrupadas en el Frente de Sindicatos y Organizaciones Democráticas de Oaxaca (FSODO) […]. Su sumarán una larga lista de organizaciones civiles cuyas agendas abordan temas como la equidad de género, el desarrollo sustentable, los derechos humanos, la educación, la protección del patrimonio, los medios, el apoyo a las comunidades rurales […]: [algunas de ellas] tienen más de una década de trabajo social. Se unen a ella también diversos grupos juveniles: universitarios, normalistas, punks, anarcos, cholos, jóvenes y aun ‘niños de la calle’, de las colonias, sectores tradicionalmente marginados, excluidos y aun acosados y perseguidos por las ‘fuerzas del orden’. También se agregara la vertiente identificada con grupos urbanos de ciudadanos […] formados en contra de la remodelación urbana. Otras organizaciones del movimiento indígena se irán uniendo paulatinamente al movimiento de la APPO.”

Extracto de “Elementos para un balance político del movimiento popular de Oaxaca”, Víctor Manuel Gómez Ramírez, La Batalla por Oaxaca, Yope Power, 2007, p. 158

“[Para la] conformación formal de la APPO […] se nombró una coordinadora provisional de 36 miembros y comisiones de trabajo. El nombramiento de los miembros de la coordinadora tuvo un carácter geográfico y no político, pues se dividió la asamblea por regiones y en cada una se nombraron tres representantes. En la región de Valles Centrales la designación se hizo mediante un sorteo.”

Bloqueo de las instituciones gubernamentales

Extracto de Autoritarismo, movimiento popular y crisis política, p. 79-81

“Dos fueron los caminos legales que el magisterio y la APPO se plantearon para lograr la destitución de Ulises Ruiz: 1) el juicio político que instalaron, en el mes de julio, en el seno de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión […]; 2) el procedimiento de desaparición de poderes ante el Senado […].

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En el aspecto político, el movimiento popular realizó diversas acciones: cierres de carreteras, megamarchas, toma simbólica de oficinas públicas, cierre de bancos, paros cívicos y sindicales. La Asamblea Estatal del magisterio acordó instalar campamentos permanentes, con cientos de personas, en edificios públicos para mostrar la ingobernabilidad en el estado […]. Con estas acciones, prácticamente se paralizaba la matriz de administración pública estatal. Para sostener los campamentos, los maestros y las organizaciones sociales adheridas a la APPO crearon comisiones diversas: alimentación, limpieza, seguridad, etc. Los campamentos fueron apoyados por mucha gente del pueblo, particularmente con alimentos. Fue sorprendente la cantidad de gente involucrada y su capacidad para operar una logística que permitiera alimentar a miles de plantonistas en los campamentos. La mayor parte del sostén provenía de empleados, obreros, pequeños comerciantes y campesinos.”

Extracto de Oaxaca sitiada, p. 56, 46-48

“[…] Los rebeldes decidieron, […] el 26 de julio, paralizar la función pública en la entidad mediante le ocupación permanente y ocasional de diversas dependencias: Palacio de Gobierno, Casa Oficial del Gobernador, Cámara de Diputados, Palacio Municipal, Secretaría de Finanzas, Procuraduría de Justicia, Tribunal Superior, Archivo General del Estado, Registro Civil, Secretaría General de Gobierno, Secretaría del Transporte, Secretaría de Protección Ciudadana, Cuartel de la Policía Estatal, Comité para la Planeación y Desarrollo del Estado, Comisión estatal del Agua, Coordinación de delegaciones de Gobierno, Oficina Central del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), Secretaría de Tránsito, Delegación de la Procuraduría, Delegación de la Secretaría de Comunicación y Transportes (SCT), Secretaría de Administración, Juzgados civiles, Oficinas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) […]. Para entonces, el gobernador seguía diciendo lo mismo: estaba en paz su estado.

[…] Para finales de julio, la APPO, ciertamente, parecía invencible. Invencible, sólida y unida. En plena forma para hacer frente a un gobierno deslegitimado y endeble, golpeado por todos lados y desde todas las trincheras. […] El primero de agosto, en una larga reunión a puerta cerrada, los integrantes de la Dirección Colectiva Provisional Rebelde elaboraron un documento titulado Los principios políticos e ideológicos de la APPO, en el cual se advertía —apartado número seis— que ‘La APPO luchará porque Oaxaca sea gobernada con auténtica soberanía y promoverá una redefinición del pacto federal’. Este escrito fundacional, redactado durante aquella reunión a puerta cerrada, debía dar cabida a todos: los comunistas duros, los religiosos, los ‘hippies’, los cursis, los anarquistas, los socialdemócratas, y todos los demás integrantes de la APPO. Sólo en atención a esta necesidad es que se puede comprender la existencia, por ejemplo, del numeral 8 del documento: ‘La APPO reivindica los principios éticos de no robar, no mentir, no ser flojo, no violar y no matar. Nuestro futuro gobierno impulsará la práctica de

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valores como la solidaridad, la convivencia fraterna, la confianza, el espíritu de servicio, la reciprocidad, el valor de la palabra y el amor revolucionario.’ […] El apartado nueve aclaraba que: ‘La APPO no persigue ni progreso, ni desarrollo, sólo felicidad para todos los Oaxaqueños, es decir, no espejismo industrial que está acabando con la vida del planeta, sino convivencia armónica con la naturaleza, no mas economía capitalista de intercambio y acumulación, que supone también el poder de la propiedad privada, causante de la extrema pobreza […], si a nuestros principios de reciprocidad y redistribución, bases de nuestra comunalidad, producir para el bien común es nuestra meta’.”

Selección de títulos del diario Noticias, voz e imagen de Oaxaca

19 de junio 2006: “79 organizaciones integran Asamblea Popular” 12 de julio 2006 “Inicia APO [sic] una Jornada de desobediencia civil” “La Guelaguetza, sí va pese el boicot de la APO” 19 de julio 2006 “Es definitiva la suspensión de la fiesta del mezcal” “Cancelación de la Guelaguetza, una 'medida prudente': Segob” [Secretaría de Gobernación]

Extracto de la declaración política de la APPO, A un mes de la brutal represión, el 14 de junio no se olvida, 14 de julio 2006 “GENERALICEMOS LA INSURRECCIÓN DEL PUEBLO Y LA DESOBEDIENCIA CIVIL EN TODO EL ESTADO. BOICOT TOTAL A LA GUELAGUETZA OFICIAL ¡ARRIBA LA GUELAGUETZA POPULAR!

[…] [La APPO hace] el llamado a todo el pueblo de Oaxaca, [para] organizar la desobediencia civil, en todo nuestro estado, a seguir destituyendo a las autoridades impuestas, a los dirigentes corruptos, como lo ha hecho el pueblo de Zaachila, los comerciantes y los transportistas de los valles centrales, rompamos con el yugo de la opresión, democraticemos nuestras organizaciones, sindicatos, comunidades y colonias, llamamos a no pagar impuestos y servicios al gobierno, boicot al consumismo, dejando de comprar en las grandes tiendas de autoservicio y sólo comprando lo indispensable en las tiendas del barrio o colonia, desobedecer a las autoridades de tránsito municipales y estatales, detener todas las obras inútiles del gobierno en el estado; la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca llama a poner en pie toda las formas de lucha, que involucren a todo el pueblo para demostrarle a este gobierno fascista que no estamos dispuestos a sostenerlo en el poder. [A] generalizar todo esto en todo nuestro estado, desde las grandes ciudades,

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hasta lo más profundo de nuestras comunidades, esa es la tarea fundamental del pueblo de Oaxaca en este momento; pongamos en pie de lucha a todo el estado. En el marco de la puesta en venta, de nuestras costumbres, nuestra riqueza cultural, por parte del gobierno del estado, la realización de la Guelaguetza Oficial, el cual no tiene otro fin que de llenar los bolsillos de los grandes empresarios locales, pero además es una fiesta en donde los principales invitados de honor, son los buitres, nacionales y extranjeros, que pretenden saquear toda nuestra riqueza natural y cultural, y que los verdaderos indígenas, y el pueblo de Oaxaca no tiene un espacio en dicha festividad, llamamos a todo el pueblo a boicotear todas las actividades oficiales que se organizan en el marco de esta Guelagetza oficial; llamamos a los turistas nacionales y extranjeros, a que asistan a la Guelaguetza Popular que estaremos organizando, tratando de restituir el verdadero carácter original de la fiesta de los Oaxaqueños, que no está en venta. […]”

Rescatar sus tradiciones: la Guelaguetza Popular

Extracto de la página internet oficial del Gobierno del Estado de Oaxaca, sección turismo, sexenio 2004-2010 (traducido a partir de la versión francesa ya que el texto desapareció de la página el día de hoy)

“Desde tiempos ancestrales, nuestra capital ha sido el punto de reunión de las culturas innumerables que existen. […] Es una ciudad poblada por habitantes nobles y amables, muy talentosos, que invitan al viajero —tanto nacional como extranjero— a conocer y a vivir una fuerte experiencia cultural y tradicional que, sobre todo, te hará sentir como en casa. Para apreciar la grandeza de Oaxaca, sólo basta con asistir a sus maravillosas fiestas, organizadas todo el año por el placer del viajero. Estas fiestas son el reflejo del corazón de su gente y asistir es conocer la esencia misma de los Oaxaqueños. […] En julio se festejan los Lunes del Cerro y sus Guelaguetzas, sus actividades deportivas y folklóricas como la elección de la Diosa Centeotl, las presentaciones de las delegaciones, el festival de los siete moles. […] Te enamorarás del calor de la gente y de la generosidad de la tierra de este maravilloso estado. Siempre serán bienvenidos, tú y tu familia. Ven a Oaxaca y siéntete como en casa con el calor, la alegría de sus habitantes y el dulce sabor de los momentos vividos.”

Extracto de Oaxaca sitiada, p. 55-56

“¿Porqué boicoteó la APPO la Guelaguetza? La respuesta está […] en el escrito que los rebeldes repartieron en las colonias de la ciudad: ‘Porque es un negocio de los políticos, de los hoteleros, de los restauranteros, los dueños de agencias de viajes, de líneas de camiones y de líneas aéreas. Porque sólo los ricos y los extranjeros pueden comprar boletos de lugares preferenciales. Porque jamás rinden cuenta de las ganancias al pueblo mexicano. Porque se muestra a las etnias de Oaxaca como un espectáculo que divierte al turista. Porque los bailes que se presentan no son bailes auténticos de nuestros pueblos.”

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Extracto de Autoritarismo, movimiento popular y crisis política, p. 91

“En contrapartida a la cancelación de la Guelaguetza oficial, los maestros tomaron nuevamente la iniciativa y llamaron a realizar una ‘Guelaguetza popular’, la que se llevó a cabo el 24 de julio en el estadio del Instituto Tecnológico de Oaxaca. Al inaugurarla, Enrique Rueda Pacheco [Secretario general de la Sección 22] resaltó la historia cultural que tiene la entidad y ofreció que esta Guelaguetza alterna tendría verificativo cada año, impulsada por el magisterio y las organizaciones sociales. Cálculos del periódico La Jornada estiman que asistieron 20 mil personas. […] En la Guelaguetza alternativa, por cierto, se hicieron visibles otros pueblos y bailables que no han participados en las [fiestas] anteriores […].”

Extracto del documental Guelaguetza popular, SNTE/CNTE/APPO-julio 2006

[Transmitiendo en vivo desde la calenda para Radio Plantón, 21 de julio 2006] “Aquí tenemos precisamente la oportunidad de demostrarle a toda la estructura jurídicopolítica del estado de Oaxaca, así como de la República Mexicana, que este momento histórico de nuestro estado no implica nada más una cuestión política. No es nada más una situación salarial, no es nada más una demanda del magisterio, ¡no! Es una demanda social pero también es la expresión de la cultura, la expresión de la multiplicidad de maneras de ver el mundo […]. Será la oportunidad para compartir […], porque este pueblo no está en la lógica del mercantilismo, no está en la lógica de: ‘a ver, ¿cuánto vale?’ No. Está en la lógica de cómo soy, cómo me miro, cómo quiero que me mires, pero con el respeto que debe ser. Eso es lo que somos. Somos una cultura que es un amalgama de muchas culturas. Somos una cultura que es expresión de los diversos colores del mundo, de los diversos colores de la naturaleza. Y entonces aquí se muestra, […] en este territorio libre que es Oaxaca.”

Construir un nuevo proyecto político: ¿hacia una nueva constitución?

Selección de títulos del diario Noticias, voz e imagen de Oaxaca

11 de agosto 2006 “Matan a manifestante… ¡y estalla la ira!” “¡Es obra de Ulises!” “Desaparecen dos maestros y un biólogo de la APPO” 14 de agosto 2006 “Denuncia APPO que el gobierno incita a través del Internet a agredir miembros” [oaxacaenpaz.org.mx, indisponible a la fecha] 19 de agosto 2006 “Multitudinaria la marcha convocada por magisterio y APPO”

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“Ante el clandestinaje del gobierno crece el movimiento popular” 22 de agosto 2006 “Atacan a balazos al Canal 9” “Reprueban agresión; reivindican toma de radiodifusoras” “15, las instalaciones de radio que fueron tomadas” 23 de agosto 2006 “Atacan a la APPO; un muerto” “Acusa procuradora a la APPO de 'guerrilla urbana'”

Extracto de Autoritarismo, movimiento popular y crisis política, p. 98-99

“El magisterio se planteó entonces llevar a cabo el foro ‘Construyendo la Democracia y la Gobernabilidad’, para empezar a perfilar una propuesta de cambio alternativo al régimen autoritario. El foro se llevó a cabo los días 16 y 17 de agosto, en la ciudad de Oaxaca. A éste asistieron más de mil personas, no sólo de la entidad sino de otros estados y aun extranjeros interesados […]. Tres temas generales se plantearon: un nuevo constituyente; un programa político unitario; y políticas de inclusión y respeto a la diversidad. En el foro se mencionaron conceptos que de alguna manera reflejaban las diversas aspiraciones de las organizaciones convocantes, entre éstos: democracia integral, bienestar para todas las personas, pluralismo jurídico, desarrollo sustentable, educación multicultural, autonomía municipal, diversidad cultural, igualdad entre hombres y mujeres, resolución no violenta de los conflictos sociales, administración de recursos naturales con sentido social, participación real de la ciudadanía, políticas de inclusión, respeto a la diversidad, derechos humanos, etcétera. […] En las propuestas concretas planteadas en el foro, encontramos la revocación de mandato, el referéndum, el plebiscito, la rendición de cuentas, la ley de participación ciudadana y la ley de transparencia. […] El Foro se planteó asimismo fortalecer los medios alternativos de comunicación. En el plano organizativo, el foro se propuso mantener y desarrollar un frente de masas a nivel estatal e incluso articular la lucha estatal con la nacional. Otras propuestas se vinculan con lo que genéricamente en los documentos se denomina como ‘gobierno de transición’. Se habla también sin precisión de una ‘Junta de Gobierno Popular’ e impulsar un nuevo ‘Congreso Constituyente’ que promueva una nueva Constitución ‘basada en los siguientes ámbitos: Reforma del Estado, Reforma Política Integral, Reforma Agraria Integral, Reforma Municipal, Reforma Administrativa, Nuevo Programa Económico’.”

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Extracto de los textos oficiales del Foro Nacional “Construyendo la gobernabilidad y la democracia en Oaxaca”, agosto 2006

“PRESENTACIÓN El pasado 16 y 17 de agosto se realizó en esta ciudad el Foro Nacional ‘Construyendo la Gobernabilidad y la Democracia’. Este evento fue convocado por la APPO, Autoridades Municipales y Agrarias, la Sección XXII del magisterio democrático y Organizaciones de la Sociedad Civil. El principal propósito de este Foro consistió en convocar a amplios sectores de la sociedad oaxaqueña y de la comunidad nacional, a fin de analizar la grave crisis que enfrenta nuestro estado, proponer alternativas de solución y ofrecer respuestas desde una perspectiva política ciudadana. Como antecedentes del Foro Nacional, es importante señalar que el momento de crisis por el que atraviesa nuestro estado, sintetiza una suma de agravios y humillaciones que ha sufrido la sociedad de parte de gobiernos autoritarios […]. Por otra parte, este momento también resume un acumulado histórico de la organización de distintos sectores de la sociedad oaxaqueña. Además, condensa una extraordinaria suma de esfuerzos en el impulso a procesos de participación política […] En el Foro Nacional participaron aproximadamente mil quinientas personas, representantes de diversos sectores, sindicatos, iglesias, partidos políticos, autoridades municipales, magisterio democrático, académicos, medios de comunicación, centro de derechos humanos, grupos de mujeres, entre otros sectores. […] El Foro Nacional se instauró con un carácter de foro permanente, es decir el espacio tiene continuidad. Dentro de los principales acuerdos se establece la realización de foros regionales, sectoriales y temáticos, así también se establece la realización de un segundo evento de la misma naturaleza y se organiza un plan hacia la conformación de un Nuevo Constituyente para una Nueva Constitución en Oaxaca. […] DECLARACIÓN DEL PUEBLO DE OAXACA

El pueblo de Oaxaca vive tiempos difíciles. Sin embargo, estos tiempos no son nuevos, desde hace varios años hemos observado con preocupación y tristeza la agudización de la violencia política, la permanente violación a los derechos humanos y la ola feminicida en nuestro estado. […] Nos rebelamos en contra del gobierno de Ulises Ruiz Ortiz, porque ya no queremos un gobierno que maneje los recursos del pueblo en beneficio de un sector privilegiado de la sociedad. Ya no queremos instituciones que no cumplan con su cometido y que son empleadas para callar la voz del pueblo, en beneficio de partidos políticos. No queremos más discursos con palabras vacías, respaldados en el cinismo y la mentira. […] HAGAMOS UN RECUENTO

[…] Todo lo anterior pone de manifiesto el ‘estado de excepción de facto’ que se vive en la entidad. Por eso, el pueblo de Oaxaca se une, no sólo para exigir Juicio Político y la Revocación de Mandato del Gobernador, sino para sentar las bases de los gobiernos que nos representen en el futuro. […] Para avanzar en la construcción de esta nueva forma de gobierno convocamos a la elaboración de un Programa Político Unitario, llamamos a un Nuevo Pacto basado en el dialogo de todos los sectores del pueblo de Oaxaca. […]

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La ‘Declaración del Pueblo de Oaxaca’ es un documento abierto al sentir y a las demandas de hombres y mujeres: de campesinos, de comunidades y de pueblos indígenas; de empresarios, sindicatos independientes, trabajadores, maestros, estudiantes, profesionistas y artistas; de personas con capacidades diferentes; de personas con distintos credos religiosos y libres pensadores; de personas con preferencias sexuales diversas y de todos aquellos que creemos que es posible no solamente soñar con un Oaxaca mejor, sino de comprometernos a trabajar en la construcción de una sociedad más justa, de un gobierno que verdaderamente nos represente y trabaje a nuestro lado y con nosotros para hacer de Oaxaca el lugar que queremos. Una tierra donde vivamos con dignidad y justicia.”

Extracto de los Resolutivos de la Primera Asamblea Estatal de los Pueblos de Oaxaca, 27, 28, 29 de septiembre 2006

“A casi cuatro meses de existencia, la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), es sin duda, la instancia organizativa y de dirección política del Movimiento Magisterial-Popular de nuestros días. Las propias autoridades federales la han reconocido como una instancia valida de interlocución, dado que ninguna solución a la actual crisis política de Oaxaca, puede dejar de lado la presencia de la APPO […]. La APPO […] ha establecido una estrategia de lucha pacífica popular, de resistencia activa, de movilización permanente para lograr los objetivos inmediatos: la desaparición de poderes en el estado y la solución a las distintas demandas de las organizaciones participantes. Pero también ha empezado a construir una organización más permanente, de mayor trascendencia orientada a la instauración de un gobierno popular y democrático, dado que toda vez que el tirano se vaya al basurero de la historia, la APPO tendrá que convertirse en alternativa democrática para establecer un nuevo pacto social, una nueva forma de gobierno, en marco de un respeto a la pluralidad y a la diversidad que caracteriza a nuestro estado […]. Ya se han dado los primeros pasos, con la realización de la Primera Asamblea Estatal de los Pueblos de Oaxaca (AEPO) […], que resolvió entre otros asuntos de importancia, la realización del Congreso Constitutivo de la AEPO en que se les dará cabida a todos […]. Tendrán derecho a voz y voto los que se acrediten, con acta de asamblea, como delegados de sus comunidades, ejidos, organizaciones, sindicatos, rancherías, agencias y/o municipios. […]”

Extracto de Autoritarismo, movimiento popular y crisis política, p. 133-135

“[…] Las organizaciones civiles e indígenas, los sectores académico, cultural, empresarial, la iglesia, en acuerdo con la Sección 22 del SNTE y la APPO, impulsaron la ‘Iniciativa Ciudadana de Diálogos por la Paz, la Democracia y la Justicia’, que fue inaugurada el 12 de octubre. […] La Iniciativa fue concebida como un proceso abierto y a la vez como un espacio de sectores diversos y plurales que no necesariamente se identifican con la APPO y la Sección 22. […] En el primer [documento], […] se propuso avanzar en la construcción de un nuevo Pacto Social, a fin de restituir la gobernabilidad, el estado de derecho y un orden constitucional en el estado. Este Pacto Social debía convocar a los diversos sectores de la sociedad oaxaqueña para establecer nuevas relaciones entre pueblo y gobierno.

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En relación con el plano económico, se planteó la necesidad de impulsar la integración de un Fondo de Emergencia Económica y de un Consejo Ciudadano para vigilar la distribución, aplicación y comprobación de los recursos del fondo […]. En lo social, se planteó impulsar un acuerdo de civilidad que contribuyera a restituir el tejido social, la cancelación de los órdenes de aprehensión, la liberación de los presos políticos y de conciencia del movimiento. […] Por lo que respecta a los medios de comunicación al servicio del pueblo, se habló de la necesidad de conformar un Consejo Ciudadano que vigile el funcionamiento del sistema público de radio y televisión estatal, que sea un órgano de consulta, decisión y que tome parte en la designación del personal educativo, en la elaboración de políticas de comunicación y del contenido de la programación. Asimismo, se propuso pugnar porque la Constitución del Estado de Oaxaca determine la creación de radios y televisoras comunitarias. […]”

Extracto de “La batalla por Oaxaca: La Nueva oleada rebelde”, Carlos Beas Torres, La Batalla por Oaxaca, p. 62-63

“Rodeado de una gran solidaridad nacional e internacional y con un reforzado espíritu de lucha, se celebró el Congreso Constituyente de la APPO. Este evento tuvo lugar los días 10, 11 y 12 de noviembre en el Hotel del magisterio. Los más de 1 632 delegados e invitados participantes, vivieron un evento histórico, ya que se reunió una gran cantidad de representantes de cientos de pueblos, grupos y organizadores de todo el estado. […] El Congreso Constituyente fue escenario de largas discusiones y de interminables intervenciones. Ahí fueron nombrados de manera democrática 260 representantes quienes integran el llamado Consejo Estatal de los Pueblos de Oaxaca.”

Extracto de la carta “Mardi 14 novembre 2006: le Congrès Constituant”, La Commune d’Oaxaca: chroniques et considérations, Georges Lapierre, Rue des Cascades, 2008, p. 121-126

“El Congreso Constituyente de la Asamblea empezó el viernes 10 de noviembre. Tenía como meta definir la Asamblea con tres temas de discusión: las perspectivas, los principios, el programa y el plan de acción a corto, mediano y largo plazo; y luego la designación de los miembros que irían constituyendo el Consejo de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca. Este Consejo Estatal sería la dirección colectiva permanente de la Asamblea, sería el órgano de coordinación y de representación de la APPO. Tres días después, el lunes 13 a las cuatro de la madrugada, después de violentas discusiones cortadas por mensajes de apoyo que llegaban de todas partes, de la búsqueda obstinada del consenso y de algunas tentativas de manipulación, el Congreso había logrado su objetivo. El Congreso tuvo lugar en una sala deportiva, sobrecalentada en medio de la tarde, fría en la noche, que se encuentra a la salida de la ciudad. Los delegados de las siete regiones del Estado de Oaxaca y de los diferentes sectores de la sociedad que componen la asamblea formaban el cuerpo del Congreso. Ochocientos al principio, un poco más de mil al final, tenían un tarjetón anaranjado y sólo ellos podían votar, luego venían los invitados con su tarjetón amarillo (ellos podían hablar pero no votar), y la prensa, otro tarjetón, que tuvo que salir cuando empezaron las discusiones. Estaba prohibido salir antes de que acabara el debate, menos para los invitados quienes, en dado caso, no podían volver a

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entrar. El alcohol y las armas estaban prohibidos, así como las cámaras. Un comité de vigilancia cuidaba el respeto de estas reglas y buscaba evitar la infiltración de indeseables. El ultimo día, nos retrasamos por la descubierta de delegados falsos que presentaban una propuesta sospechosa. […] Los indígenas, los jóvenes y las mujeres estaban un poco perdidos en este mundo de hombres adultos y mestizos. Yo subrayaría que el mundo campesino estaba mal representado a comparación del magisterio. Sin embargo, estas minorías de las colonias, de las barricadas y de las comunidades van a marcar con un nuevo espíritu la Asamblea popular frente a las tradiciones de lucha de los militantes marxistas, que constituían la mayor parte de la Asamblea. Durante todo el Congreso, estas dos formas de pensar se van a enfrentar pero también a escuchar, para terminar acordando una forma de alianza, un pacto provisional. […] Adoptaron la regla del consenso y presentaron el programa de las tres mesas de trabajo. Durante el día, a través de discusiones, se pudieron precisar ideas que debían definir y recordar los grandes rasgos de la Asamblea: mantener la unidad entre las fuerzas presentes en la Asamblea, entre un movimiento antiautoritario y espontáneo y un movimiento organizado […]. El segundo día fue más consistente con tres mesas de diálogo sobre los siguientes temas: Mesa uno, análisis del contexto internacional, nacional y estatal, dentro del cual se encuentra la APPO; Mesa dos, la crisis de las instituciones: por una reforma integral del estado libre y soberano de Oaxaca, por un nuevo gobierno, un nuevo constituyente y una nueva Constitución; Mesa tres, la APPO, perspectivas, declaración de principios, estatutos y metas, plan de acción a corto, mediano y largo plazo. […] Durante todas las intervenciones se dibujaban poco a poco las tres corrientes que se iban a enfrentar al día siguiente: la corriente que llamaría magonista, basada en las prácticas y reglas de la vida comunitaria (de hecho, la comunidad está mencionada a menudo como una referencia sencilla, un poco abstracta, por jóvenes libertarios llegados de las barricadas); la corriente revolucionaria marxista-leninista, más cercana al concepto clave de poder popular, y una corriente mas subterránea, menos visible pero que se acerca, la corriente reformista cercana del Partido de la Revolución Democrática y de la Convención del mismo nombre. El tercer día estaba dedicado a la plenaria, a partir de los análisis de los resultados o conclusiones de las tres mesas, y no fue cosa fácil: tentativas de manipulación o el arte de hacer pasar con fuerza o con suavidad proposiciones inaceptables para la mayoría de los delegados. Desgaste, resistencia, empeño, cansancio, los militantes de partidos políticos, y en particular del PRD, sacaron todos los viejos y usados trucos de sus sombreros para tratar de imponer lo inaceptable. Atrapado en la tormenta, el barco del Congreso aguantó […]. Ahora se trataba de elegir los miembros del Consejo con la regla de no menos del 30% de mujeres, como la mayoría lo adoptó: diez hombres o mujeres para cada una de las siete regiones, menos para los Valles Centrales, donde se encuentra la ciudad de Oaxaca, representados por veinte delegados a los cuales se sumarán los representantes de diferentes sectores (de tres a cinco por sector): colonias y barrios, barricadas, mujeres, organizaciones civiles, organizaciones de pueblos indígenas, sindicatos, autoridades municipales, jóvenes y estudiantes, campesinos y productores, religiosos, comerciantes, sector cultural y artístico, intelectuales. Todo el mundo estuvo finalmente satisfecho con eso y se eligieron más de 260 delegados por dos años.”

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Extracto de la carta “Mardi 21 novembre 2006: Congrès, suite et fin”, La Commune d’Oaxaca: chroniques et considérations, p. 126-134

“Nos habíamos quedado con el tercer día, el de las discusiones agitadas […] y de la nominación de los miembros del Consejo. Del debate agitado, me acuerdo de algunos asuntos problemáticos, el primero tenía que ver con la cuestión del poder y, con ella, la de los partidos políticos: ¿se debían aceptar como delegados miembros de partidos políticos? El segundo tenía que ver con el número de delegados del magisterio presentes en el Consejo. […] La lectura de las conclusiones de la mesa dos va a levantar vigorosas protestaciones y poner en riesgo la unidad del Congreso. El pedazo de texto incriminado es el siguiente: ‘Consideramos importante que la APPO negocie y tenga espacios de decisión y de poder en las instituciones que ya existen, que negocie con el Gobierno Federal y que tenga espacios en el Gobierno del Estado (de Oaxaca)… que la APPO sea un organismo en el seno de la legislatura estatal… y participe al próximo proceso electoral.’ Los secretarios de mesa bien reportaron que este texto no había obtenido consenso, aun así estaba propuesto al Congreso, ¿con la esperanza de pasar desapercibido? Eso no fue el caso. La gente estaba enojada de verdad, al punto que la unidad del Congreso se encontró, un tiempo, en peligro. Se acordó volver a escribir el texto durante la comida. […] Un acuerdo tibio, de un lado se habla del poder popular, del otro se reconocen ‘a las asambleas comunitarias como instancias fundamentales en la toma de decisión al interior de la APPO’. […] La mesa tres debatía de los principios generales de la Asamblea y del plan de acción, los recuerdo brevemente aquí: comunalidad, […], no reelección, transparencia, equidad de género, […] unidad (los partidos políticos llevan a la división), autonomía, […] crítica y autocrítica, […] disciplina y respeto mutuo, solidaridad internacional, anticapitalismo, antiimperialismo y antifascismo, movimiento social pacifista. […] La Asamblea Estatal deberá ser apoyada y nutrida por las asambleas de pueblos, de regiones y de sectores, formando así la Asamblea de las asambleas. […] A pesar de la presencia de delegados de pueblos de otras regiones, la APPO había sido hasta ahora un movimiento esencialmente urbano […]; las familias y los jóvenes de las barricadas rompieron con los esquemas de las ‘vanguardias’ dogmáticas y abrieron nuevos espacios al interior de las luchas populares. Hasta el último momento, los delegados indígenas hesitaron para integrarse al Consejo; la participación masiva y espontánea de la gente de los barrios, de las colonias y de las barricadas —la barricada teniendo a la vez una definición territorial y comunitaria— los llevó a dar el paso. La figura central de la Asamblea como un reflejo del espíritu y de la experiencia comunitaria terminó imponiéndose a pesar de todas las ambigüedades que pudieron surgir en el transcurso del debate.”

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LA ESTRATEGIA DEL GOBIERNO FEDERAL Legitimación de un gobernador fantasma

Extracto del artículo ‘El estorbo’, de R. Zamarripa, diario nacional Reforma, 10 de octubre 2006

“Para los líderes empresariales, es una anomalía grave que Ulises Ruiz no viva en Oaxaca, no despache en la entidad y, en su juicio, es por lo menos cobarde que pida la intervención de la fuerza pública federal antes que encarar en la entidad el conflicto con los Oaxaqueños. El gobernador itinerante tiene 15 vuelos semanales al Distrito Federal […] donde tiene sus despachos alternos en cafés y hoteles de Polanco.”

Extracto de Oaxaca sitiada, p. 63-65

“Oaxaca ha sido trastocada. En la práctica, el gobierno se halla en fuga y la ciudad es controlada por la APPO. […] Más allá de las palabras, los hechos hablan de manera contundente: en Oaxaca, nadie ocupa su lugar. ‘Para huéspedes que no quieren el ruido de la ciudad y que deseen disfrutar de un lugar único, este Hotel es la solución perfecta’, asegura el anuncio colocado en la sede provisional del Poder Ejecutivo Oaxaqueño. Hacienda Los Laureles parece ser el destino perfecto. Ubicada en la zona más exclusiva del estado, esta hacienda del siglo XIX, convertida en hotel hacia el año 2000, sirve como lugar de trabajo a Ulises Ruiz cuando no se encuentra en el Distrito Federal. […] ¿Quién sabe en dónde se encuentra el presidente del Tribunal Superior de Justicia? […] Tampoco se sabe dónde está el secretario de Protección Ciudadana. […] El cabildo de Oaxaca no sesiona en el Palacio del Ayuntamiento. Cada semana, los ediles buscan un salón en algún hotel de la localidad y ahí atienden los asuntos de la comunidad. […] ‘No estamos a salto de mata. Estamos usando sedes alternas porque no queremos caer en las provocaciones de la APPO’, asegura Bulmaro Rito Salinas, presidente de la Cámara de Diputados Oaxaqueña, que sesiona en el salón de fiestas ‘La Gloria’.”

Selección de títulos del diario Noticias, voz e imagen de Oaxaca

26 de agosto 2006 “Crece el número de barricadas” “Se manifiesta la APPO frente a la ONU”

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1o de septiembre 2006 “Advierte la APPO: si gobierno opta por represión generará una explosión social” 5 de septiembre 2006 “Llega el ejército a Zagalaxi” 6 de septiembre 2006 “Calderón presidente electo” [decisión final del Tribunal Federal Electoral]

7 de septiembre 2006 “Clausura APPO 16 dependencias de gobierno” “Acuerda el magisterio negociar con Abascal [Secretario de Gobernación]”

14 de septiembre 2006 “Cancela URO el 'Grito' y aparición pública durante fiestas patrias” 15 de septiembre 2006 “Senado retomará dictamen sobre desaparición de poderes” “Impulsa el magisterio una marcha al DF que culminará con plantón en el Senado”

Extracto de Oaxaca sitiada, p. 174-175

“A les tres de la tarde del 21 de septiembre, en el auditorio de la Sección 22 del SNTE, los líderes sindicales continúan discutiendo, acaloradamente, si se debe realizar o no la caravana de protesta a la Ciudad de México. En las salidas de la ciudad, ya, hay cerca de 4 mil maestros decididos a marchar rumbo a la capital del país. De hecho, parecen no necesitar la autorización de nadie para empezar su caminata. Los maestros rebeldes, cada vez más radicalizados, tienen en mente caminar por 98 pueblos y ciudades de Oaxaca, Puebla, Morelos y el Estado de México, casi 437 kilómetros y en menos de 13 días. No es el ‘Ya cayó, ya cayó, Ulises ya cayó’ el salmo de esta protesta. De pronto hemos comenzado a escuchar entre los marchistas un nuevo cántico: ‘Con Rueda o sin Rueda, Ulises va pa’ fuera’. En el mismo momento, vía teléfono celular, Rueda se reporta y dice, de manera tajante y desde el ‘bunker’ opositor, que ‘la Asamblea estatal aún no sabe si habrá marcha al DF. Seguimos discutiéndolo.’ Tras el llamado miro a mi alrededor: la marcha sigue a pesar de las palabras del líder magisterial. Por si quedaran dudas del destino de la concentración, las cartulinas exhibidas

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confirman que los caminantes se dirigen a la ciudad de México: ‘Vamos por ti al DF, Ulises. ¿Dónde te vas a esconder ahora?’, cuestionan. Los rebeldes caminan con el uniforme de la marginación a cuestas: sombreretes de paja, paliacates rojos desteñidos por el sol, pequeños radios —todo un tesoro—, mochilas descosidas, morrales, camisas de segunda mano y pantalones remendados hasta el cansancio. Las mujeres portan huipiles quemados por los veranos interminables, paraguas heredados por las abuelas, faldas que escurren sus rodillas y camisetas raídas que anuncian el nombre de un supermercado.”

Extracto de Autoritarismo, movimiento popular y crisis política, p. 119-121, 126-127

“El propósito central de la marcha era conseguir la instalación de una Comisión del Senado que atendiera la demanda de desaparición de poderes en el estado. […] El primer día, alrededor de dos mil quinientos marchistas caminaron […]. Se sumarían a la marcha, alrededor de mil profesores más. […] La bandera nacional —que portaban con orgullo y dignidad maestros jubilados— era el referente que encabezaba la caminata […]. En el trayecto, los marchistas recibirán distintas muestras de aprecio y apoyo a su lucha. Los niños en las carreteras los alentaban, los vecinos de las poblaciones repartían mandarinas, naranjas, agua y dulces para activar sus energías, luego de jornadas a veces de 40 kilómetros en un solo día. […] El ocho de octubre [la marcha] llega a ciudad Netzhualcoyotl, en donde fueron recibidos como en casa, pues muchos de los pobladores son originarios de Oaxaca o descendientes de sus habitantes. Finalmente, el 10 de octubre, la Marcha Caminata por la Dignidad de los Pueblos de Oaxaca ‘14 de junio’ entró al Distrito Federal […] para anunciar la instalación de un plantón frente al Senado de la República, al que arribaron por la noche. El 16 de octubre los marchistas, ahora también plantonistas, instalaron una huelga de hambre en el hemiciclo a Juárez. […] La huelga de hambre duraría poco más de 20 días, hasta que fue levantada a petición de diversas organizaciones sociales y religiosas, preocupadas por el ya deteriorado estado de salud de los huelguistas. […] El 19 de octubre llegó la definición, que en su parte medular, la de las conclusiones, dice lo siguiente: ‘II. Resulta insoslayable que existen condiciones graves de inestabilidad e ingobernabilidad en el estado de Oaxaca; que se ha trastocado seriamente el orden jurídico y la paz social. Sin embrago, esta Comisión dictaminadora, ciñéndose al marco jurídico vigente, sólo puede concluir que los hechos que esta situación ha generado, no implica la desaparición, esto es, la ausencia o inexistencia, de todos los poderes de Oaxaca.’ […] Con esta resolución Ulises se sintió fortalecido e inmediatamente declaró que, en esa semana, ‘se rescataría a Oaxaca’. Anunció que habría cárcel para ‘los vándalos’.”

Artículo publicado en el diario Noticias, voz e imagen de Oaxaca, 19 de octubre de 2006

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“PREPARA ULISES PLAN DE ACCIÓN El gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz Ortiz, prepara los escenarios para retomar el control de la entidad después de que el Senado rechace la desaparición de poderes. La estrategia se basa en que los maestros de la Sección 22, desgastados por cuatro quincenas sin cobrar, acepten la oferta de Gobernación y regresen a clases. Miembros del equipo de Ruiz explicaron que, una vez que el Senado dé su veredicto, el Mandatario recompondrá su gabinete, en especial en las áreas de seguridad y educación. Respeto a las barricadas de la APPO, los priístas ven con simpatía la iniciativa de sectores empresariales de una ‘toma pacífica’ por medio de una marcha ciudadana. Para evitar que la APPO vuelva a ocupar la ciudad, el gobierno estatal cumpliría unas 300 órdenes de aprehensión pendientes. Todos los líderes de la APPO tienen por lo menos una en su contra.”

Aislar la Sección 22 de la Asamblea

Extracto de Autoritarismo, movimiento popular y crisis política, p. 122-127

“Las organizaciones integraron la Comisión Única Negociadora, que se entrevistó por primera vez con Abascal el 29 de agosto. […] Aunque se abrió el diálogo, desde el principio el secretario Abascal definió una línea que sería el eje de la actuación del gobierno federal a lo largo del conflicto y la negociación: ‘El gobierna federal no pone ni quita gobernadores’. […] Abascal ofreció, sin embargo, propiciar la integración en el Senado de la Comisión correspondiente para revisar el caso. […] Con referencia a la salida de Ulises Ruiz, la Secretaría de Gobernación, el día de octubre, en la mesa de negociación con la Sección 22 y la APPO, había planteado una propuesta que pretendía ‘quitar poder’ a Ulises mas no retirarlo del gobierno. Se planteó entonces que, para hacerse cargo de la seguridad de la ciudad y el estado, un mando federal de nivel subsecretario pudiera tomar el control de las policías […]. Paralelamente, se ofreció un paquete de soluciones económicas al magisterio. […] Finalmente no logró convencer a los maestros ni a los representantes de la APPO y fue rechazada por las bases. […] La Secretaría de Gobernación, por su parte, había anunciado que su estrategia global seguiría tres vías: la firma de un acuerdo político con diversos sectores y personajes de la entidad; un paquete económico para el magisterio, reforma educativa y autonomía presupuestal para este gremio; así como el envío de la PFP para restablecer el orden, liberar las vías de comunicación y garantizar el libre tránsito.”

Extracto de Oaxaca sitiada, p. 213-218

“Comienzan las negociaciones entre los maestros y el secretario de Gobernación en el Distrito Federal, de las que se tiene la grabación. Se escucha la voz aguda pero recia de Enrique Rueda Pacheco. El líder sindical advierte: ‘No vamos a poder regresar en un solo

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día a las 14 mil escuelas. Donde haya conflicto, donde esté tomado, se va a requerir de un trabajo con los actores locales, con la mediación del gobierno federal.’ […] La voz que se escucha es la del secretario Carlos Abascal, quien dice a los delegados y al líder: ‘Estamos llegando a un acuerdo. Están sentadas las bases para presentar los compromisos asumidos descritos y firmados por mí, ahí están. Puntualícese y vamos adelante. Tenemos un retraso de quince días respeto a la fecha en que originalmente hubiéramos querido resolver esto.’ […] Abascal advierte al líder: ‘Yo quisiera que lo que estamos hablando se diera de inmediato. La preocupación es que no vaya a suceder, que el día de mañana ustedes vayan a su asamblea, los planteen y entonces ya no sea el 30… y que no sé qué y que no sé cuánto’. […] El secretario conmina al líder: ‘Otra cosa me parece importante, Enrique es, ahora sí, que saliéramos a los medios e hiciéramos las dos cosas: (…) condenar y exigir al gobierno del estado que aclare los acontecimientos en público, pero tú condenas la violencia y tú también deslindas al magisterio de esa violencia (de la APPO). Es muy importante que el magisterio no esté mezclado con esta lógica. […] A su regreso del Distrito Federal, ‘el profesor Rueda’ guardó en el cajón de sus discursos los términos ‘gobierno popular’, ‘levantamiento’, ‘descontento social’ y sacó las palabras ‘rezonificación’, ‘compromiso con la niñez’ y ‘beneficios históricos para los maestros’. Es por esto que, para muchos maestros, es un nuevo Enrique Rueda el que llega a la sede oficial de la Asamblea Estatal del magisterio, donde se celebra una de las sesiones internas más importantes en la historia del sindicato: la que decidirá si dejan de participar o no en la APPO.”

Extracto de la carta “Vendredi 27 octobre 2006: Trahison”, La Commune d’Oaxaca: chroniques et considérations, p. 93-94

“En este fin de semana, la situación es un poco delicada; ayer los maestros votaron, con una fuerte mayoría al parecer (30 mil contra 20 mil), el regreso a clases para este lunes 30 de octubre (error de mi parte, las cifras exactas son las siguientes: 30 078 votaron por el regreso a clases, 20 387 se opusieron y 16 920 optaron por un regreso a clases cinco días después de la destitución del gobernador; si sumamos estos 17 mil a los 20 mil que se opusieron al regreso a clases, llegamos al resultado contrario, 30 078 contra 37 307; he sido víctima de la desinformación). […] El regreso a clases tiene un sabor amargo de derrota y el bloqueo total de la ciudad, de las vías de comunicación y la huelga general de hoy, viernes, se parecen a la quema de los últimos cartuchos antes de retroceder. La situación es crítica y las fuerzas de la reacción, quienes se habían reforzado ante el inmovilismo de la Asamblea —ocupada a enfrentar la pérdida de apoyo y, en algunos casos, las traiciones de una gran parte de los maestros— empiezan a manifestarse.”

Extracto de Autoritarismo, movimiento popular y crisis política, p. 160-163

“La división se dio desde el interior del mismo movimiento magisterial y se hizo pública desde principios del mes de julio del 2006 cuando […] el dirigente de la Unión de los Trabajadores del Educación, retó en Radio Universidad a Enrique Rueda para que diera

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una explicación pública de porqué los maestros levantaban el paro el 10 de julio para regresar a concluir el ciclo escolar. […] Las distancias entre los liderazgos se ampliaron cuando en octubre, alargado el conflicto y ante la amenaza le retirar las ofertas al magisterio, el líder sindical decidió realizar nuevas consultas a la base. Entonces fue acusado de ‘traición’ por realizar la consulta […]. Enrique Rueda declaro que no hubo fraude en la consulta y que su dirigencia tenía todas las actas por asamblea delegacional y ofreció ‘claridad’. Exhortó a los profesores a respetar el resultado final y añadió: ‘algunos que no sienten fuertes sus posiciones ahora pretenden desacreditar el proceso diciendo que es fraude’. […] […] El 22 de octubre, tras 14 horas de tensión, el líder de la sección salió de la Asamblea Estatal disfrazado con gorra y sudadera. Los insultos no se hicieron esperar […]. La mayoría de los votos en la Asamblea Estatal habían sido por el regreso a clases programado el 30 de octubre. Aunque se dijo que el regreso no significaba claudicar en su demanda de la salida de Ulises Ruiz, esto se tradujo en una mayor división al interior de la Sección 22 y de la dirigencia de ésta con la APPO. Cobró fuerza en las marchas de la APPO la consigna ‘Con Rueda o sin Rueda, Ulises va pa’ fuera’.”

“Es la guerra, no hay duda”

Extracto de “La farsa del Senado de la República”, Carlos Beas Torres, La Batalla por Oaxaca, p. 53-54

“A mediados de octubre, y cuando el Senado realiza investigaciones sobre la situación que priva en Oaxaca, los esbirros de Ulises Ruiz incrementan sus ataques en contra de la población, buscando desesperadamente el frenar las denuncias y pruebas que presentaron los ciudadanos a los comisionados por el Senado. En estos días es asesinado Alejandro García en una barricada y es balaceado y muerto el maestro indígena Pánfilo Hernández al salir de una reunión con sus vecinos de la colonia Jardín, en la periferia de la ciudad. La alianza entre el grupo panista y el Gobernador desconocido nos explica cómo, a pesar de todas las evidencias, la fracción parlamentaria del PAN en el Senado se negó a aprobar el decreto de desaparición de poderes en Oaxaca. […] A pesar de que la comisión enviada a Oaxaca por el Senado se pudo percatar de la gran cantidad de actos de violencia gubernamental y de que las dependencias del Gobierno no funcionaban, que el Poder Judicial estaba paralizado y que los diputados locales sólo simulaban… el pleno de la Cámara sostuvo a Ulises Ruiz en su cargo.”

Selección de títulos del diario Noticias, voz e imagen de Oaxaca

1o de octubre de 2006 “Sobrevuelos de la Marina; APPO está en Alerta Total”

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“Arriban militares con cinco tanquetas en Huatulco” 2 de octubre de 2006 “Es la guerra, no hay duda: arriban más elementos del Ejército y Armada al Istmo” 4 de octubre de 2006 “Entrenamiento de policía de élite en Zaachila” “APPO se reportó lista para cualquier incursión de las fuerzas armadas” “Reaparece Policía Preventiva tras represión del 14 de junio” 5 de octubre de 2006 “La Segob se reunirá hoy con APPO y magisterio” “Sin ley en Oaxaca, reconoce embajador mexicano ante OCDE” 6 de octubre de 2006 “Revela Sedena presencia de 5 414 militares en Oaxaca” [Secretaría de Defensa Nacional]

8 de octubre de 2006 “Rechaza el magisterio la propuesta de la Segob” “Marchas de todo el país en apoyo a la APPO” 10 de octubre de 2006 “Analiza Sección 22 el regreso a clases” 12 de octubre de 2006 “Porros y policías agreden a brigada móvil de la APPO” “Cede Segob, ofrece rezonificación salarial” 15 de octubre de 2006 “Matan a miembro de la APPO” 17 de octubre de 2006 “Crean los priístas grupos de choque para retirar barricadas” “Muere ministerial que atacó a la APPO’” 19 de octubre de 2006 “Asesinan a otro maestro; indignación de la APPO” “No procede desaparecer poderes: Senado”

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“Inicia APPO desalojo de oficinas gubernamentales” “Ofrece PRI despensas y $500 para formar grupo de choque” “Marchan de mil a dos mil personas por región en apoyo a Ulises” “La derrota estratégica; la del separatismo”

Extracto de Oaxaca sitiada, p. 168-169

[Ulises Ruiz Ortiz, en entrevista con González Parás, gobernador de Nuevo León] “¿Cómo…? Imagine que le hablo a Andrés Manuel (López Obrador) y le digo… lo reconozco como presidente legitimo de México, (le digo también) sé que le hicieron fraude —porque vaya si yo sé de elecciones […]. ¿Sabe usted en cuánto tiempo me desocupa la APPO el zócalo? […] Yo no quiero el camino fácil. Con una llamada que le hago yo a Andrés Manuel, reconociéndolo como presidente, y diciéndole que ahí está el Palacio de Gobierno de Oaxaca a sus órdenes, con sólo esto él me levanta el plantón de la APPO.’ […] El caso es que gracias a este chantaje, que funcionaba por la complicada coyuntura en que el país se encontraba sumido, el hábil operador electoral priísta, devenido un cuestionado e impopular gobernante, salvaría su pellejo.”

Extracto de “El PRIAN en acción… en el nombre de Dios”, Carlos Beas Torres, La Batalla por Oaxaca, p. 51-53

“Hay una gran cantidad de hechos que nos demuestran que el Gobierno Federal ha actuado, a partir del mes de julio, de manera concertada con el equipo de Ulises Ruiz. […] Como escribió Fernando Gálvez de Aguinaga, ‘apenas 20 días después de las cuestionadas elecciones federales, Felipe Calderón se reunió en Huatulco con Ulises Ruiz en un encuentro que podemos leer como el amarre de una alianza entre el PRI y el PAN para sostener la gubernatura de uno y la entrada a la presidencia del otro. La alianza ha sido estratégica e incondicional en los momentos más críticos para ambos’. […] El gobierno Federal […] ha demostrado una vocación autoritaria y derechista que lo ha hecho convertirse en el principal obstáculo para la transición a la democracia en nuestro país. Vicente Fox y Felipe Calderón han estado más cerca de las corrientes más atrasadas y brutales del priísmo que de los sectores de la población que han venido demandando desde abajo un verdadero cambio democrático para México. Durante largos meses, […] Carlos Abascal se dedicaba a administrar el conflicto, esperando el momento preciso para reprimirlo. Para ello simula espacios de negociación e impulsa aparentes iniciativas de Reforma del Estado. Es claro que busca ganar tiempo, para desgastar al movimiento, para cansarlo; a su vez realiza maniobras abiertas para separar a la Sección 22 de la APPO y así dividir y debilitar la revuelta ciudadana. Gana tiempo también para promover a través de los medios una intensa campaña que busca desacreditar y justificar la represión en contra ‘de los alzados de Oaxaca’, y desde luego trata de ganar tiempo también para diseñar lo que él pensaba sería el golpe definitivo contra la APPO: la ocupación militar de Oaxaca.

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El último día de septiembre, dos helicópteros de la Policía Federal Preventiva sobrevuelan el cielo de la ciudad de Oaxaca; mientras tanto en los puertos de Salina Cruz y Huatulco son desembarcados cientos de marinos, que de inmediato son desplegados por las carreteras de la Costa […]. Los preparativos para la ocupación militar habían iniciado. Mientras tanto […] el Secretario Abascal niega, en nombre de Dios, que la PFP ocuparía Oaxaca. […] Es en medio de una profunda crisis política como empieza a cundir por el país una revuelta plebeya. En Michoacán, Veracruz, Chiapas, Guerrero, Estado de México, pero también en California se creaban Asambleas Populares o se formaban frentes solidarios. ‘El mal ejemplo oaxaqueño’ se extendía y ya no sólo cuestionaba a un mal gobernador sino que ponía en duda la legitimidad de las mismas instituciones y de los actores políticos de México. […] […] La APPO […] se convirtió en un peligro real para los intereses de la minoría que gobierna el país en beneficio propio y en beneficio de las corporaciones norteamericanas, canadienses y españolas para las que trabaja.”

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INTERLUDIO 3 A Sali Grace Eller

El 25 de noviembre de 2007, a la víspera de la marcha, voy a la apertura de una exposición fotográfica sobre el movimiento del 2006. Son fotocopias en formato A4, pegadas en cartón sobre los muros del local del Partido Obrero Socialista (POS) —enclaustrado en un centro comercial en donde ofrecen recuerdos y excursiones. Es un ambiente bastante peculiar. El grueso de la banda se encuentra alrededor de una mesa donde reparten mezcal, en medio del patio, al lado de la mesa de propaganda. Sentada en unas escaleras, platico con una maestra de unos cuarenta años que me cuenta cómo alojó y escondió a dos güeros que participaron en los enfrentamientos del 2006. También me habla de la radio, de las radios. Vive cerca del Canal 9 y participó en la barricada que lo protegió un año antes. Mientras habla, toquetea su celular, lo mira. Luego confiesa que por fin encontró una utilidad real para los celulares. Habla de ellos como de un arma de la que nunca se separó durante los seis meses que estremecieron su mundo. Colgado de su cinturón con el manoslibres, los audífonos debajo de la gorra, era más discreto. De esta forma se enteraba de lo que pasaba en cada barricada, si necesitaban gente o comida, sobre todo en la noche. Los celulares, los walkie-talkies, la radio, eran tres grandes armas para organizarse. En aquél entonces, todos iban por la ciudad con su aparato pegado al oído, como con cinta adhesiva. Antes del 2006, nadie escuchaba la radio, y ahora, casi todos tienen la suya. El precio, incluso, aumentó. En medio del conflicto, subió de cincuenta a doscientos pesos. Me mira directo a los ojos, hablándome, y luego se queda callada. Un silencio que aprenderé a conocer: parece tan necesario para todas las personas que me hablan del conflicto. Muy a menudo se callan para encontrarse, a solas, con sus recuerdos. Luego sonríen. La sonrisa de esta maestra es franca, simpática, delinea a la perfección sus ojitos color café. Acaba por persuadirme: “¡Oye, pero no te preocupes, eh, la próxima vez lo

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vamos a chingar!” Recorremos la exposición bastante rápido, y se va, después de darme su número de teléfono, por si tengo más preguntas para mi trabajo. Saliendo me junto con un grupo de casi diez jóvenes que ya me llaman por mi nombre; ya no me dicen “la güera”. Quieren seguir la fiesta en casa de uno de ellos, que resulta ser el que perdí de vista año y medio antes, en junio de 2006, en el tumulto de la tercera megamarcha. Unas semanas antes nos vimos en la asamblea de la APPO y los reencuentros fueron breves, pero sinceros. Tres días más tarde algunos miembros del colectivo VOCAL y de otros colectivos políticos presentan una obra de teatro en una colonia de la periferia, la colonia Yalálag, como parte de una campaña para la liberación de los presos políticos. La obra se presentó el 25 de noviembre, después de la marcha, y en el homenaje a Brad Will. Esta noche, la casa del joven que quiere trabajar con Indymedia —el que conocí en las bancas del Hotel del magisterio— funge de escenario para la obra. Alinean sillas plegables en medio de la calle, en donde hay una carpa para abrigarse del viento. Sobre todo hay mujeres. Son chaparritas, arropadas en sus rebozos de mil colores. Algunas caras conocidas se agitan alrededor del sonido, o del camerino improvisado. Me cuentan que el comité de barrio formado en 2006 fue el que organizó el evento de hoy. Todo esto me lo dice el chico, antes de preguntarme si alguna vez en mi vida he tirado un cohete. ¿Un cohete? No. Él tirará el primero para enseñarme, y luego lo intentaré yo. Los dos cohetes huyen satisfactoriamente por el aire, antes de dar lugar a cuatro estelas de luz, y luego, la detonación. Me mira y dice: “Es un arma formidable, un arma de comunicación y de ataque”. También es algo muy común en México. Casi a diario se escuchan detonaciones de cohetes para celebrar a un santo, un aniversario, una boda, cualquier evento. Los días de fiesta como el 16 de septiembre, el día del grito de Independencia, o el 31 de diciembre, cada estrella en el cielo tiene derecho a sus fuegos artificiales. Para esta noche se previeron cinco. Me cuenta que en el 2006 eran preciados y escaseaban; que no había que desperdiciarlos. Que había en cada casa, en cada

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barricada: era un sistema de alerta en situaciones de emergencia, y un proyectil eficiente si se tiraba bien, si se orientaba bien gracias a su tubo de pvc; una perfecta bazuka. Nos llaman. Empieza la obra. Nos invitan a que tomemos una silla, un refresco, una rebanada de pay y un flan. ¡Esta noche hay fiesta! El telón-sábana se levanta y aparece una mujer pintada de calavera y vestida de negro. Ya no recuerdo los detalles de los diálogos, pero se alternan cinco escenas, entrecortadas por lamentaciones clamadas por la Muerte. Los sainetes representan momentos simbólicos de la lucha como el reparto del café, las canciones, el luto, las alertas radiofónicas. Al final de la obra, hacen otra pausa para comer un poco y llega el grupo Raíces. Toda la familia: el padre, la madre, los tres hijos y dos amigos más. Tocan son jarocho. Los nombres de los sones me huelen a fábulas de La Fontaine, con, claro, más iguanas que cuervos, y más cascabeles que zorros. Hablan de amor, siempre, de guerra y de ideales, con humor y sensibilidad. El canto es un grito armonioso que sorprende con la primera nota, para después tomar cuerpo a medida que se incorporan los instrumentos y las demás voces. El último son que tocan y vuelven a tocar esta noche no es uno de estos sones legendarios como La morena o La petenera sino el Son de la barricada —escrito en 2006 por Fernando Guadarrama y Octavio Pérez, entre otros, e interpretado por quien lo desee. Éste dice: El día catorce de junio del año del dos mil seis En la plaza de Oaxaca se puso el mundo al revés. Temprano por la mañana al punto de amanecer Nadie hubiera imaginado lo que iba a suceder. ¿Que de dónde son? ¿Que de dónde son? ¡Que son de la barricada! ¿Que de dónde son? ¿Que de dónde son? ¡Que son de la barricada! La huelga del magisterio tenía la plaza tomada Mientras el pinche gobierno preparaba la celada. “Antes que amanezca el día quitamos este plantón” Gritaba la policía y empezó la represión.

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¿Que de dónde son? ¿Que de dónde son? ¡Que son de la barricada! ¿Que de dónde son? ¿Que de dónde son? ¡Que son de la barricada! Sonó la alerta en la calle por donde entró el regimiento Y atrás de la barricada se alborotó el campamento. Más tardaron en llegar que luego en salir corriendo Porque la gente en la plaza ya se estaba defendiendo. ¿Que de dónde son? ¿Que de dónde son? ¡Que son de la barricada! ¿Que de dónde son? ¿Que de dónde son? ¡Que son de la barricada! Salieron de todos lados con palos, gritos y piedras Y a toda la policía la mandaron a la mierda. Después vino el contraataque con fuerza de tierra y aire Con gases que los maestros se quitaron con vinagre. ¿Que de dónde son? ¿Que de dónde son? ¡Que son de la barricada! ¿Que de dónde son? ¿Que de dónde son? ¡Que son de la barricada! Anda vuela palomita ve cuéntale a mi país Que hoy la sangre del maíz riega su tierra bendita. Que ya no hay verdad que admita ni engaño ni represión Que la paz será justa si es que quieren solución. Que se vayan los cobardes que no tienen dignidad Que se queden los que quieren cambiar esta sociedad. Porque aquí no hay corazón que aguante más inmundicia El pueblo exige justicia, el pueblo se rebeló. ¿Que de dónde son? ¿Que de dónde son? ¡Que son de la barricada! ¿Que de dónde son? ¿Que de dónde son? ¡Que son de la barricada! Se acabó el gas y el valor con la plaza enardecida, Y las fuerzas del gobierno salieron en estampida. Topó con piedra el traidor que asalta de madrugada, Porque hoy la gente en la calle ya lo espera en barricada. ¿Que de dónde son? ¿Que de dónde son? ¡Que son de la barricada! ¿Que de dónde son? ¿Que de dónde son? ¡Que son de la barricada!

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La historia del son jarocho, como la de muchos géneros tradicionales y regionales, parte de las mismas melodías, enraizadas e interpretadas al hilo del viento, pero enriquecidas con el paso de los años. Sin embargo, a menudo otras semillas se abren camino. El Son de la barricada es un híbrido: con aquel ritmo cercano a la rumba, el violín y una estrofa de hiphop, es un éxito. Una canción popular erigida en símbolo, de una forma más o menos deliberada, con reconocimiento no sólo en Oaxaca, sino también en México y en el mundo. Es la canción que esperaba escuchar, o ver, más bien, antes de llegar. Hoy pocos acordes me sorprenden, pero cada ocasión en que la he escuchado tiene su propia historia. Es el tipo de canción que nos puede generar lágrimas de alegría colectiva, cuando la cantan en la casa de un preso político recién liberado, que celebra su libertad con familia, amigos y desconocidos. Es el tipo de canción que nos puede hacer cantar y bailar incluso al final de la noche, sin importar las edades. Es la canción que irrita porque inevitablemente la tocan en los conciertos para zapaturistas simpatizantes que sólo se quedan unos días, antes de ir a Chiapas a averiguar si todavía sobreviven los pasamontañas. Es la canción que a veces ya no quisiéramos escuchar si no causara la sensación de alivio, de ser un grito de guerra en cada nota, cada vez... Sea del lado del escenario o del público. Con esta canción, la gente se levanta y baila, empuja poco a poco la mitad de las sillas. Casi todos cantan y los músicos tocan más fuerte a la vez que aceleran el ritmo. La canción llega a su fin. A la pregunta “¿Que de dónde son?”, cada uno contesta con el nombre de su barricada, y así hasta agotar los nombres que la muchedumbre recuerda en el momento. Esta noche las recorren todas. La canción duró media hora antes de terminar con “¡Y son de la APPO!”, seguido por una primera, y segunda ola de aplausos y de consignas políticas. Poco a poco, cada uno recobra el aliento y guarda su silla. La gente se junta para devolver los bancos de la iglesia del barrio. Despejan la calle en minutos, gracias a la ayuda de todos. Nos quedamos unos veinte y el chico nos invita a pasar. Saca unas cervezas y nos

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propone que veamos un dvd que el día anterior compró en el zócalo. Son imágenes tomadas durante los enfrentamientos entre la APPO y la PFP, el 16 de julio de 2007, en la segunda Guelaguetza popular. Durante la media hora del video, cada uno sitúa a otro en los alrededores, o en la pantalla. La amiga que conocí la noche en que murió mi abuela se queda muda hasta el final de la película. Y contesta tranquilamente al que le interroga sobre su silencio: “Sólo es que no había visto las imágenes del 16 de julio desde... el 16 de julio, el día que me detuvieron. Se siente raro... ¡pero tampoco es un drama!” Un chico grita: “¡Vaca, vaca!” Circula un sombrero y el joven me pregunta si quiero cooperar para la vaca, para la cerveza y los cigarros. ¡Claro que sí! Vamos a la tienda de abarrotes. Cuando regresamos, la fiesta popular del barrio ya se vuelve algo más familiar. Sonido a todo volumen, cervezas, toques, chicos y chicas bailando, riéndose, yendo y viniendo, besándose o peleándose. Algunos se duermen, otros se encojen. Compartimos un taxi con tres personas. Nos lleva a cada una a su casa, terminando en mi alejado barrio burgués. En el que no me imagino que una noche entera cierren la calle para bailar el Son de la barricada.

Unos días después, voy al “Encuentro de Mujeres Oaxaqueñas Compartiendo Voces de Esperanza”, en la Iglesia de los pobres. El lugar es bastante grande y sobrio. En general, las iglesias son sencillas, pero ostentan altares luminosos y fosforescentes, en donde coexisten los retratos de la virgen de Guadalupe, pequeños diodos parpadeantes de muchos colores, con copias a color de las imágenes de la Biblia guardadas en sobres de plástico. Las catedrales son mucho más clásicas, con sus láminas de oro y estatuas de porcelana. La iglesia donde nos encontramos no se parece a ninguno de los dos cuadros mencionados. Hay una cocina enorme, varios cuartos que parecen recién pintados. Son pocos los signos característicos de los lugares de rezo. Flores, un estrado, micrófono y una multitud de mujeres que vinieron a platicar por dos días sobre su condición y su participación en el movimiento social. Están programadas cinco mesas: “La mujer y los medios”, “La mujer y

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sus derechos”, “La mujer y la tradición”, “La mujer y la globalización”, “La mujer en los movimientos sociales”; y dos talleres: uno de pintura, “Las mujeres y la identidad”, y otro de masaje, “Las mujeres y la salud”. Después de las presentaciones, rendimos homenaje a Estelita, una de las mujeres que participó en la toma del Canal 9. Tiene cáncer y nos anima a luchar con fuerza por lo que nos unió en 2006. Eso le permite luchar en contra de su enfermedad. Siguen largos aplausos, y algunas lágrimas. Cada una agarra su silla y se sienta en la mesa que eligió. Me decido por “La mujer y los medios de comunicación”: somos 15 integrantes más o menos. Una mujer de unos cuarenta años introduce el debate con la experiencia del Canal 9. Es médico general. Según ella, debemos subrayar la presencia de las mujeres en la lucha, no para hacer el trabajo tontamente como en la casa, sino para aportar ideas. Durante el mes de julio de 2006, los medios oficiales difundieron la idea que las madres no apreciaban la huelga magisterial, que querían que sus hijos regresaran a clase. Entonces, algunas mujeres decidieron organizar una marcha, cubierta por Radio Universidad, armadas con cacerolas y cucharones. Durante el mitin de cierre, una de estas mujeres propuso tomar Tv Azteca y después de debatir, todas se dirigieron hacia el Canal 9 para pedir 30 minutos en vivo y dar un mensaje de apoyo al magisterio. Frente al rechazo, dijeron: “Entonces nos quedaremos aquí. Vamos a tomar el Canal.” Una parte de ellas fue a la asamblea de los maestros que se reunía aquel día, el primero de agosto, para saber si querían apoyar la toma o no. Después de deliberar, la Sección 22 del SNTE y la Coordinación de las Mujeres Oaxaqueñas (COMO, formada para la ocasión), ambas miembros de la APPO, integraron oficialmente la toma del Canal 9 al plan de lucha. La mujer que nos está hablando fue parte de la COMO. Pero la dejó y, con algunas disidentes, formó el colectivo Mujer Nueva. Explica que ya no queda nada por coordinar. Prefieren el trabajo con los barrios en vez de las apariciones mediáticas para hablar del pasado. Sin embargo, asegura que no desea divisiones, ya que sabemos perfectamente quién es el enemigo. Los medios masivos

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de comunicación afectan a mucha gente, pero como están centralizados, concentrados en un duopolio, se alejan de la realidad a la vez que homogeneizan la cultura y la “verdad”. Los medios alternativos, o comunitarios, no deben hacer lo mismo. No es viable. Hay que usar todos los medios que tenemos, sin importar la escala. La mayoría de las mujeres es joven, viene de pueblos de otras regiones del estado. Algunas no hablan en español, sino en zapoteco de la Sierra Norte, otras les van traduciendo lo que se dice. Son muy tímidas y casi no hablarán en los dos días que durará el encuentro. Una de ellas, sin embargo, toma la palabra para explicar la importancia que tiene la radio en su comunidad, con respecto al fortalecimiento de su idioma y su cultura frente a las invasiones de otros medios. También es una excelente herramienta para coordinar la vida diaria, para convocar al tequio, para difundir los acuerdos tomados en la asamblea, etcétera. Considera que la radio es un vínculo esencial para la red comunitaria, y una herramienta importante para la lucha territorial. Explica que los conflictos territoriales son muy frecuentes en la Sierra, sus vecinas asienten silenciosamente. Anuncian un descanso para la comida. Después, nos llaman para el taller de pintura. De dos en dos, vamos a dibujar la silueta de nuestra compañera en papel de estraza para después invertir los papeles. Para terminar, cada una pintará la huella de su propio cuerpo. La tarde sigue alrededor de las mesas de trabajo en las que hablamos ahora de la creación de un fanzine femenino, temático, mensual y descentralizado. Al día siguiente, nos volvemos a encontrar alrededor de dos nuevas mesas. Fueron postergadas pues el día anterior no reunieron más de dos personas. A partir de la plática sobre “La mujer y sus derechos”, sale la discusión sobre el derecho a decidir entre sexo y reproducción, al buen trato de su cuerpo, a la información, a la tierra y el derecho a organizarse. El equipo que trabaja el tema de “La mujer en la globalización” acuerda que se creará un tianguis femenino, mensual e itinerante. Propone la reducción del número de intermediarios para el consumo y la venta de productos naturales, no modificados genéticamente y de

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proximidad. En la tarde se exponen las conclusiones de cada mesa: los derechos de las mujeres serán objeto de varios artículos temáticos que desarrollarán en la revista anunciada. Una integrante de VOCAL propone que una delegación de mujeres oaxaqueñas asista a los “Encuentros Intergalácticos de Mujeres Zapatistas con las Mujeres del Mundo”, en diciembre de 2007, en el caracol de la Garrucha, comunidad de los rebeldes del EZLN. Se acepta la propuesta. Se prevé una junta para la siguiente semana y seguir con los proyectos que nacieron en el encuentro: la revista, los artículos, el tianguis y el viaje a Chiapas en tres semanas.

Éramos unas doce en las reuniones: había alrededor de dos delegad@s representando a los colectivos, miembros de VOCAL, del CIPO-RFM (Consejo Indígena Popular de OaxacaRicardo Flores Magón), de Mujer Nueva, y algunas personas sin etiqueta. Nos veíamos en el hermoso patio del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), con sus buganvillas colgando del techo, flores secas en el suelo, en las mesas, en las sillas, en los cabellos. Es una de las bibliotecas más grandes de Oaxaca, un espacio de exposiciones y de eventos, un lugar de reunión tranquilo. También uno se puede sentar con el periódico, y gozar el paisaje que anima el canto de los pájaros. En 2006, este lugar se convirtió en centro de salud y primeros auxilios. Me explican que no se podía confiar en la gente de la Cruz Roja, acusada de ofrecer información de los pacientes al gobierno del Estado. Los hospitales de la ciudad tampoco eran lugares muy seguros, a muchas personas nunca las atendieron. Los médicos y los voluntarios tuvieron que encontrar un lugar para recibir a los heridos. El IAGO pertenece a Francisco Toledo, pintor, escultor y mecenas oaxaqueño. También es propietario y cofundador de un cineclub de cooperación voluntaria en el centro, y promotor de un centro cultural en los alrededores de la capital. Toledo es un artista e intelectual influyente en el estado. Es parte de las personalidades que inevitablemente invitan a las mesas de conciliación entre el gobierno y

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la APPO, con gente de la iglesia y otros intelectuales reconocidos. Se retiró bastante rápidamente y ofreció al movimiento varios espacios para realizar conferencias de prensa, encuentros, o para instalar un hospital improvisado. Estelita, el día que buscamos la cisterna, nos contestó: “No vayan a molestar a los bibliotecarios, yo sé dónde está. Pues claro, la usamos bastante cuando recibíamos a los heridos aquí.” Empujó una mesa, levantó una losa, y prendió la bomba del agua. Como sucedía en las juntas, siguieron risas. La alegría era una constante con estas mujeres. Cada reunión, una bocanada de aire fresco. Se percibía el alivio que sentían al revivir, de alguna forma, por partes, el 2006: no había una junta sin anécdota relacionada con el movimiento, con la toma del Canal 9, el 2 de noviembre, el 25 de noviembre... Y más allá de todo esto, era una retahíla de gestos que reflejaba el orgullo y el entusiasmo que les procuraban los acuerdos del encuentro de mujeres, que ya no era el nombre de un foro, sino el de un colectivo político. A veces, al salir de las reuniones nos íbamos a comer juntas a la Central de abastos. Así fue como aprendí a ubicarme en estos kilómetros cuadrados de comida, provisiones y demás mercancías. Como a una niña, me enseñaban nombres, sabores y colores de los productos cuya existencia ni sospechaba, y modismos para contestar los comentarios —a menudo en inglés— de los hombres en la calle, o las sutilezas para escoger hilos y agujas para bordar bonitas servilletas para tortillas. Algunas eran más jóvenes que yo, pero la mayoría tenía entre 25 y 50 años. Eran madres solteras pero también ex estudiantes en busca de empleo, todas militantes activas y decididas. De vez en cuando nos venían a ayudar compañeros. Hasta el momento, había gravitado alrededor de un grupo masculino en el que cohabitaban algunas mujeres. Este giro de 180 grados me permitió descubrir otra faceta de los hombres, que casi instintivamente bajaban la cabeza y la voz cuando hablaban con este grupo, asentían en lugar de proponer. Una especie de respeto necesario con una pizca de temor. Las mujeres parecían más fuertes y seguras que en cualquier otro contexto.

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El machismo es una plaga pesada en México. Es omnipresente y bien anclado culturalmente, sobre todo en el campo. Llevado al extremo —y combinado con el alcohol— puede ser mortal. Mucho más tarde, en 2009, pude comprobarlo con mi vecino. Éste es oriundo de la región triqui. Vive en la periferia del centro con su esposa y sus nueve hijos. Todos visten ropa tradicional: las mujeres, un huipil rojo tejido, y los hombres, pantalones de mezclilla y camiseta. Se pasa el día confeccionando pulseras con hilos de colores, mientras que sus hijos, entre tres y 16 años, de las ocho de la mañana a las 11 de la noche, intentan venderlas a los turistas del zócalo. Cuando no hace pulseras, bebe. El más pequeño es el encargado de llenar y volver a llenar la cubeta con hielos —su padre no bebe cerveza caliente—, y de traer cantidades impresionantes de cerveza Corona. El padre escucha música, mucho y muy alto. Sube bruscamente el volumen, se le oye cantar, gritar ¡Ayayay!, y luego un ¡Clac!, y llantos de niños, a menudo sobre las cinco de la madrugada. Cada noche, o casi, golpea a sus hijos. La pequeña, con quien platico a veces, me explica que su hermanito, recién nacido, murió a los tres días. Nació muy débil y con un brazo menos porque el padre golpeaba a la madre durante el embarazo. Para ahogar la pena siguió bebiendo, escuchando música muy alto, cantando, gritando ¡Ayayay! y... Otro día, la niña me explicó que su hermana mayor, de 15 años, tenía miedo de regresar a casa cuando olvidaba tirar su toalla sanitaria en el camino. Su padre le prohíbe deshacerse de ella en el bote del baño, no le parece sano. Oaxaca es uno de los estados donde la violencia en contra de las mujeres alcanza las tasas más altas de México. Varias asociaciones, sobre todo urbanas, trabajan el tema con otras mujeres —pero también con hombres. Poco a poco las cosas cambian; en la ciudad, principalmente. Aquí es frecuente pensar que la mujer sólo puede y debe realizar las tareas domésticas y criar a sus hijos, mientras el hombre trabaja (en el campo o, en general, bastante lejos: en México, en Estados Unidos o en otra ciudad) y provee la casa. Él lleva pantalón y ella falda. Él en la cantina, y ella detrás de su comal o de la tele. En muchos

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casos, las mujeres se encuentran solas. En parte por la migración, pueblos enteros se ven únicamente habitados por mujeres, niños y ancianos. En la ciudad, es muy frecuente que el hombre tenga varias familias o que se haya ido del hogar para fundar una nueva. Pero las mujeres suelen estar bastante aisladas las unas de las otras, aunque tengan condiciones de vida similares, incluso idénticas. A partir del 2006, las cosas cambiaron ligeramente en el sentido de que las mujeres empezaron a reivindicarse. Es decir, sin importar lo que emprendían, el solo hecho de hacerlo como “mujeres” tenía un sentido político, se enmarcaba en la lucha y era respetado por los demás. La toma del Canal 9 y lo que siguió marcó una etapa importante en la construcción de una identidad comunitaria que hasta el momento era difusa, a menudo apartada de la acción política. Se reforzaron, colectiva e individualmente, a la vez que reforzaron el movimiento. En una entrevista para un documental sobre el papel de las mujeres en 2006, una señora responde: “Cuando pienso que antes mi cotidiano era hacer de comer y lavar, y me embrutecía frente a las telenovelas de los monopolios televisivos... ¡Hubiera podido seguir así durante mucho tiempo! Pero entonces no hubiera entendido que nosotras, las mujeres, tenemos un lugar de pleno derecho en el debate sobre cómo queremos que nos gobiernen, sobre cómo queremos vivir. Todas estas cuestiones no sólo son cuestiones de hombres.” Entre los jóvenes, la repartición de las tareas domésticas no es tan clara, las mujeres saben lo que no quieren y, mal que bien, lo hacen respetar. Sin embargo, nada está dicho y falta mucho en esta lucha. De alguna forma, es por esto que los zapatistas colocaron los Encuentros internacionales de 2008 —para el aniversario del levantamiento del EZLN, el 1° de enero de 1994— bajo el signo de las mujeres.

Llega la fecha de partida. Encontramos la compañía más barata de la ciudad para viajar a Chiapas. A pesar de lo que pensamos, un lujoso hotel de Oaxaca es el que propone un

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precio que excluye toda competencia, además de televisión y baños funcionales. Salimos el 27 de diciembre a las 12 de la noche, prevemos unas veinte horas de camino. Durante todo el viaje, el conductor se las ingenió para ser desagradable. Desde que nos fuimos estuvo refunfuñando: primero, no quería sobrecargar el maletero (que, sin embargo, estaba medio vacío), ni hacer una parada para comprar tres garrafones de agua. Después, se negó a que pusiéramos unos dvd piratas. “Sólo se puede ver discos originales”. El único que teníamos era un documental sobre el uso de los medios: Tele-tiranía: la dictadura de la televisión en México, del Canal 6 de julio (colectivo alternativo de videoperiodistas de México). Al final, después de cinco horas de trayecto, cedió, y pusimos los otros videos. En la última parada, en Ocosingo, Sali, una estadounidense que se unió al encuentro de mujeres, se sienta a mi lado y me dice, con un tono a la vez interrogativo y desengañado: “Acabo de escuchar una plática en el mercado, una mujer le preguntó a un hombre por qué había tanta gente en su pueblo desde ayer. ¿Sabes lo que contestó? “Debe de haber un festival allí con los zapatos.” ¿Te imaginas? ¿A qué estamos jugando?” Nos interrumpen gritos de las demás compañeras del autobús. Están discutiendo con el chofer. No quiere avanzar ni un metro más: el camino dañará su vehículo. ¿Y nosotras? Pues queremos llegar a la Garrucha y que el contrato firmado con la empresa se cumpla. Asegura que va a llamar a su jefe y habla por teléfono. Alguien se lo quita y advierte que no marcó ningún número. Estelita alza la voz: “Mira, pagamos para llegar a nuestro destino. Si no hiciste tu trabajo y no consultaste un mapa para ver las carreteras, nosotras no tenemos la culpa. Nos llevas ahora mismo. Porque, ¿sabes qué? todas aprendimos mucho en 2006, y sabemos cómo quemar un camión.” Una voz conmina a todas a que se suban e instalen hasta que el señor se digne a retomar el camino. De todas formas, no vamos a dar marcha atrás, ni a quedarnos aquí. Ya entrará en razón. Unos minutos más tarde, reemprendemos el viaje. Nos subimos y nos bajamos varias veces para aligerar el autobús y poder pasar los baches.

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Llegamos a nuestro destino, como los miles de asistentes. Después de dejar el autobús e instalar la gran lona verde para protegernos del viento y de la lluvia, nos mezclamos con la muchedumbre. Un pizarrón negro nos da la bienvenida: “Durante el encuentro, los hombres no participarán en las siguientes tareas: locutor, traductor, exponente, vocero; no representarán a nadie en las plenarias de los días 28, 29, 30 y 31 de diciembre de 2007. El primero de enero de 2008 las cosas volverán a la normalidad. Durante estos cuatro días, solamente podrán trabajar en la cocina, cuidar y limpiar el caracol, limpiar los baños, cuidar los niños y traer leña.” Justo al lado, otro pizarrón: “La junta de buen gobierno Caracol III La Garrucha apoya en Atenco y Oaxaca, exigimos libertad a los presos políticos, no están solos, estamos con ustedes. EZLN.”

Primero pasamos por la mesa de registro para obtener un gafete plastificado. Luego cada uno pudo deambular por el caracol a su antojo, con un café de olla o un atole en la mano. Frente al estrado, la plaza del pueblo funge como pista de baile. Enfrente de mí están la escuela, el centro de salud, un cuarto cuadrado y exiguo que será el centro de medios alternativos, y puestos de comida y de bebidas. Al lado, la iglesia, enfrente de la cancha de basketball. Por fin, el cobertizo que recibirá a las asambleas plenarias en los tres días siguientes. En el centro de esta estructura están los locales de las Juntas de Buen Gobierno. Más allá de los edificios, las casas de los habitantes parecen seguir la curva de un espiral. El discurso de bienvenida interrumpe mi recorrido y me dirijo hacia el estrado. Saludan a todas y todos e inauguran los “Encuentros Intergalácticos de Mujeres Zapatistas con las Mujeres del Mundo”, luego explican que los espacios para asambleas están reservados para las mujeres durante las horas de debate, y que los hombres no deben preocuparse, pues hay muchas cosas que hacer. Se escucha el himno mexicano, lo corea el estrado y una pequeña parte de la asistencia, que demostrará, en cambio, más entusiasmo con el himno zapatista, dos minutos más tarde: Vamos, vamos, vamos, vamos, vamos

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adelante/Para que salgamos en la lucha avante/Porque nuestra patria grita y necesita/De todo el esfuerzo de los zapatistas. Una mujer con pasamontañas toma el micrófono y nos invita a conocer el pueblo y a sus habitantes: mañana empezaremos a trabajar, a las diez en punto. Un hombre sube al estrado para pedir el micrófono: “Llamamos a las personas de medios libres y alternativos a que se organicen para cubrir lo mejor posible los encuentros”. Me dirijo hacia el cobertizo. Ya colgaron unas hamacas, donde algunas personas están durmiendo. Nos instalamos en silencio y alguien propone que nos dividamos en cuatro equipos: foto, texto, video y audio. De esta forma, cada grupo se puede organizar para repartir las tareas, los lugares y las horas de cobertura. Hay acceso a internet para que, eventualmente, actualicemos sitios web con fotos, audios o textos. Está prohibido subir videos para no sobrecargar las máquinas, ya saturadas con la transmisión de los debates en vivo y streaming en radio Insurgente, la radio zapatista. Y todo en medio de la selva. Nos ponemos de acuerdo para hacer una lista de sitios web donde cada quien podrá encontrar lo que le falta. El equipo “texto” en el que participo sólo reúne a mujeres europeas. Llegamos de Francia, de España, Alemania, Grecia; nos comunicamos en español. Quedamos al día siguiente a las nueve para pedir una entrevista con la Junta de Buen Gobierno. Antes de acostarme, tomo un último atole de arroz y me quedo plantada allí, viendo el cielo y sus millones de estrellas, la vía láctea, y la luna. Esta luna con forma de hamaca, horizontal. Esta sonrisita. Cuando está llena, vista desde aquí, los ojos de nuestro triste Pierrot dibujan las orejas de un conejito.

Como llegamos un poco antes del anochecer, en realidad no había visto la selva que nos rodea. Y esta mañana, a las seis, las nubes están muy bajas, se cuelan entre las ramas y las briznas de la hierba. El aire es vivificante como en invierno. Formarse para ir al baño jamás

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había sido tan agradable. Un guajolote intenta robarme el lugar pero lo echa su dueña. Brinca torpemente por encima de una valla demasiado alta y, al aplastar su trasero, deja escapar algunas plumas y un cloqueo sofocado. Cuando regreso al campamento, los compañeros ya están preparando el desayuno. Nuestros vecinos, miembros de la comunidad, nos traen algunas decenas de tortillas hechas a mano, deliciosas. Me encargo del café y del chocolate con canela. El chofer del autobús, que durmió con su compañero de trabajo en la unidad estacionada a unos metros, nos viene a ver. El ambiente se enrarece cuando nos saluda. Aún así, alguien le ofrece un café. Con la cola entre las patas, acepta y pregunta: “Este... el documental que pusieron ayer, ¿todavía lo tienen? No lo pude ver porque estaba manejando, pero parecía interesante.” La mujer con quien estoy haciendo el café me susurra al oído: “Ya ves, ¡qué gusto ver que siempre logramos difundir nuestras ideas, incluso con necios como éste!” Saco la película de mi mochila, se la doy, y el chofer se va, contento. Poco a poco se despiertan todos, comen, y los que no ayudaron a preparar la comida lavan los trastes. A las nueve y media alcanzo a mi grupo de europeas, tan poco puntuales como yo. Pero la primera asamblea empieza en media hora, así que no podemos hacer mucho más que solicitar una cita con las autoridades. Nos piden que regresemos al día siguiente para saber la hora y la fecha de la cita, a la que iremos dos días después. Salimos de la oficina con las manos vacías: “Todo se dijo en las asambleas”. A las diez en punto, la sala está llena, algunos hombres intentan entrar. En hileras, mujeres que visten faldas coloridas y pasamontañas adornados con listones de varios colores se dirigen hacia el cobertizo con paso firme. Conforme van llegando, se sientan por procedencia. Los cinco caracoles están representados: La Garrucha, La Realidad, Roberto Barrios, Oventik y Morelia. Una comandanta zapatista abre las pláticas y nos recuerda: “Cualquier persona que no sea mujer está prohibida en esta sala, incluidos los compañeros de medios. Hay un espacio afuera desde donde pueden escuchar las intervenciones, pero aquí está reservado para las compañeras. Gracias por

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respetar esta orden.” Cada día se divide en cuatro sesiones de dos horas en las que las mujeres zapatistas exponen, caracol por caracol, sus formas de vivir y los cambios que permitió la organización del EZLN. El comité organizador eligió seis temas: cómo viven ahora las mujeres zapatistas, cómo se organizaron para obtener sus derechos, cuáles son sus responsabilidades hoy, cómo se apoyan en la lucha, qué cambios tienen que enfrentar hoy, cómo luchan junto con sus hijas e hijos zapatistas. Primero, las mujeres de La Garrucha desarrollaron los seis temas. Escuchamos a las niñas, a las ancianas de los inicios, a las jóvenes comandantas armadas y a las enfermeras en uniforme, a las maestras, a las amas de casa. En la tarde, el caracol de Morelia habló sobre los mismos temas. Debo confesar que no seguí asiduamente las respuestas de las cinco comunidades, sino que preferí los encuentros alrededor del patio central o los paseos en el bosque. Sin embargo, asistí unas horas. Respecto a la relación de las mujeres zapatistas con las de La otra campaña, la respuesta general concuerda en la difusión de los comunicados y organización de acciones de apoyo, para alcanzar una escucha mutua y permanente. Nos contaron que los cambios en la vida de las mujeres zapatistas fueron muchos y que tocaron varios sectores como la educación, la salud, la vida doméstica, el trabajo de la tierra, los transportes y la integridad física. Ahora los hospitales son autónomos, es decir que no dependen de un presupuesto público, ni de la capacitación de la Secretaría de Salud. Lo mismo ocurre con la construcción, la producción y la educación, que va de la primaria a la secundaria (las clases se dan directamente en el entorno de los alumnos). El tema más espinoso, y compartido por todas, tiene que ver con la violencia hacia las mujeres. En efecto, cada intervención subrayó un cambio esencial: ya no les pegan, deciden el número de hijos que quieren tener, y participan en las decisiones que les conciernen. Desde las obras necesarias para el encuentro (construcción del cobertizo, de los baños secos y de las duchas) hasta la prohibición del alcohol y de las drogas en las comunidades zapatistas, una propuesta

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adoptada en todos los caracoles. La Ley revolucionaria, votada según el mismo proceso, es otro ejemplo. Cuenta con diez artículos, entre éstos: 1) Las mujeres, sin importar su raza, credo o filiación política tienen derecho a participar en la lucha revolucionaria en el lugar y grado que su voluntad y capacidad determinen; 2) Las mujeres tienen derecho a trabajar y recibir un salario justo; 3) Las mujeres tienen derecho a decidir el número de hijos que pueden tener y cuidar; 7) Las mujeres tienen derecho a elegir su pareja y a no ser obligadas por la fuerza a contraer matrimonio; 8) Ninguna mujer podrá ser golpeada o maltratada físicamente ni por familiares ni por extraños. Los delitos de intento de violación serán castigados severamente. Según las intervenciones, parece que la ley ha sido efectiva. Después de cada intervención temática, se dedicaban veinte minutos a las preguntas del público. Escribíamos las preguntas en papelitos y una representante del caracol las leía en voz alta. Una mujer sentada en la tribuna contestaba de manera sencilla y breve, pero siempre con mucho sentido. Recuerdo una pregunta que suscitó muchas reacciones en la asamblea. ¿Se puede practicar o recurrir al aborto en los caracoles zapatistas? “No”, nos contestó con tono seco una comandanta. La asistencia empezó a protestar: “Pero ¿por qué? ¡Explíquenos!” Otra comandanta nos contestó, después de un tiempo: “Cada quien decide, no hay ley para esto”. Más tarde, en la noche, durante los eventos musicales, un grupo de mujeres nos cantó El corrido del aborto: “Ya entendieron que todavía es delicado hablar del aborto, incluso aquí, pero seguimos intentando cambiar las cosas y esperamos que nos ayude esta canción”. Cada noche, en el escenario había performances, canciones u obras de teatro sobre el tema de las mujeres, que escuchábamos en la explanada o sentadas en un banco disfrutando un atole o jugando dominó.

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El último día, terminadas las intervenciones de cada caracol, se invirtieron los papeles. Ahora nos tocaba hablar, presentarnos y dar un mensaje de apoyo a las zapatistas. Se presentaron delegaciones de mujeres que venían de mil partes del mundo y de México: de Atenco a Oaxaca pasando por Brasil, Grecia, Francia, Siria, Estados Unidos, Turquía, Japón... Aquí paro, pues la lista es demasiado larga: las intervenciones duraron todo el día. Al final, una comandanta agradeció nuestra participación y clausuró el primer “Encuentro de Mujeres Zapatistas con las Mujeres del Mundo” bajo un trueno de aplausos y consignas.

Al final, estos encuentros me dejaron perpleja durante todo el tiempo en territorio zapatista. Primero, el desarrollo del foro: sólo podíamos escuchar, no participar. Si lo hacíamos, teníamos 20 minutos y ninguna certeza de que nuestra pregunta fuera elegida por la persona con el micrófono. Luego, la organización: ¿de verdad era pertinente escuchar cinco veces el mismo discurso? También el mensaje de recepción: “(...) El primero de enero de 2008, las cosas volverán a la normalidad”. ¿Qué significa normalidad en cuanto a la división de las tareas domésticas? Quizás los participantes: la gente, en el mercado de Ocosingo, tenía razón, todos parecemos asistentes de festivales de verano que no distinguen entre el suelo y un bote de basura, pero presumen sus encendedores con la efigie del Subcomandante Marcos o del Che Guevara. En lo alto del escenario había un altar a la gloria del Subcomandante. Cada mujer que intervino le dio las gracias, después de dárselas a Dios, por haber entrado a sus vidas. ¿Esta devoción no está en las antípodas de las concepciones zapatistas de horizontalidad y de rechazo al liderazgo? Para terminar, las tiendas del caracol, decoradas con los logos de las marcas famosas. Cualquiera dudaría al ver que, detrás del letrero que anuncia la entrada al territorio zapatista, está escrito con letras rojas sobre un fondo blanco “Siempre Coca-Cola” o “Nescafé”. Chiapas es uno de los primeros estados productores de café y de tabaco, el café zapatista se exporta en

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Europa y en el mundo. Sin embargo, si queremos café en el encuentro, sólo hay Nescafé. Si queremos comprar cigarros, puros marlboros. ¿No es un golpe para todos los discursos de los tres últimos días sobre la importancia de la autonomía, de la independencia económica y del respeto de los productos naturales? Algunas compartimos estas impresiones y las debatimos. Tuvimos que bajar de nuestro promontorio europeo para ver que estos encuentros tuvieron un impacto crucial y que, obviamente, el proceso zapatista podía tener ciertas contradicciones. Después de todo, las mujeres zapatistas, aisladas por la distancia y la represión, ¿acaso no pasaron dos meses organizando los encuentros? ¿Acaso no habían compartido, intercambiado y debatido durante todo este tiempo? ¿Acaso no se habían enriquecido con nuevas experiencias? ¿Acaso no se podían enorgullecer de haber juntado tanta gente para comunicar los cambios reales —y emancipadores— que sus luchas en el seno del EZLN habían introducido en su vida cotidiana? ¿Acaso no es coherente, cuando uno le declara la guerra a su país, tomar precauciones con respecto a discursos y organización? La autonomía también es esto: poder elegir lo que se muestra o no. Nosotros queríamos verlo y saberlo todo, ¿quiénes éramos para pedir tanto a estos pueblos, a esta gente que lucha a diario en contra del ejército para construir un generador de electricidad, un programa educativo, o una nueva sala de operaciones en el hospital? Pasé, pues, de la perplejidad al respeto crítico y dejé de comerme la cabeza. De hecho, ya no es hora para pensar. Ahora son las doce de la noche, es decir la hora de cerrar los encuentros, de volver a introducir la presencia masculina en los estrados, de celebrar el catorceavo aniversario del levantamiento del EZLN y, eventualmente, el año nuevo.

Les quiero hablar aquí de Sali. Sali Grace Eller era una de estas mujeres que inspiran respeto y gentileza. Grandes ojos azules, siempre bien abiertos, en medio de un rostro sonriente, cabello largo, rubio, con algunas rastas, piernas delgadas, pero fuertes, buenos

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cachetes. Le apasionaba la herbolaria, la salud y los masajes, la danza árabe y el Kick Boxing. Para ganarse algunos pesos, bailaba en las discos de Oaxaca. Nos conocimos sobre todo en Chiapas, alrededor de un costal de naranjas que teníamos que exprimir para preparar el agua para todos. Nos pasamos tres horas cortando, exprimiendo, removiendo y platicando. Trabajaba sobre todo en la frontera norte, con migrantes que llegaban. Se llevaba bien con sus padres pero se fue de su casa a los catorce años. Por eso practicaba el box y nunca dejaba la navaja que colgaba del cinturón: una nunca sabe. También la usaba para llevar su herbario. Cada vez que veía una planta que no conocía, preguntaba cuáles eran sus propiedades y dejaba un ramito en su libreta. Después, en Oaxaca, nos veíamos a menudo. Hablábamos de machismo. En realidad, hablábamos sobre todo de las dificultades como mujeres extranjeras, de la relación con los hombres —y las mujeres— locales. Es un problema que había enfrentado en mi trabajo de entrevistas. Algunos sólo me querían contestar si me llevaban al cine o a cenar (lo cual significa, a grosso modo, aceptar acostarme con ellos), o, al contrario, las mujeres se negaban a hablar conmigo porque el chico que les gustaba me veía como posible presa. Por un lado había que enfrentar la humillación que se derivaba del comportamiento de algunos hombres, y por otro la profunda decepción que conllevaba el recelo de algunas mujeres. Sali vivió historias más o menos similares y cada reunión, concierto, era una oportunidad para compartir, volvernos a ver e intercambiar impresiones, aliviarnos una a otra, y reírnos, con nuestros acentos francés y estadounidense. A mediados de septiembre de 2008, poco tiempo antes de empezar la redacción de este libro, recibo una llamada. Mataron a Sali. Porque no había querido acostarse desnuda al lado de un hombre, éste le había plantado un machete en el corazón, para después violarla. Descubrieron su cuerpo en San José del Pacífico, un pueblo en la sierra, a tres horas de camino al sur de Oaxaca, una semana después del crimen. El hombre se fugó, dejando a sus dos perros, lo que permitió encontrar su rastro en la ciudad de México. Era

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“un compañero de lucha” que participó en varias barricadas en 2006, en Oaxaca. Mucha gente lo conocía. La misma noche, nos encaminamos a la embajada estadounidense de México, y a encontrarlo. Después fue transferido a la cárcel de Miahuatlán donde actualmente cumple la condena de asesinato; anularon la de violación por falta de evidencias. Hablar de Sali es hablar de todas las mujeres —u hombres— que son o han sido víctimas de la dominación necesaria, suficiente, brutal y mezquina que invade sobre todo a los hombres. Hablar de Sali es recordar que nada está dicho. Hablar de Sali es invitar de nuevo a no cerrar ni los ojos, ni los oídos, ni el pico, frente a estos hechos. Hablar de Sali es pedir que la normalidad no vuelva.

Pero de momento estamos viviendo los primeros segundos del primero de enero de 2008 y Sali sigue con nosotros. Vemos como llegan filas de hombres con pasamontañas, armados con fusiles ficticios, esculpidos en madera. Llegan de todas partes del caracol. Se acercan hasta formar un círculo y una delegación sube al escenario. El comandante toma el micrófono para rendir homenaje a las mujeres zapatistas que llevan catorce años combatiendo, a los hombre y mujeres caíd@s el primero de enero de 1994 bajo las balas del ejército mexicano. Guardamos un minuto de silencio para este último homenaje antes de entonar de nuevo el himno mexicano, luego el zapatista, bajo las banderas izadas. El hombre retoma el micrófono: “¡Ahora les deseo un muy feliz año nuevo! ¡Adelante con la música!” Bailamos, cantamos y nos reímos toda la noche, yo como nunca. Nos pasamos la noche en decir en el micrófono palabras de lucha celebrando las mujeres de Oaxaca, a agradecernos mutuamente de haber hecho posible este viaje. Estábamos eufóricas. Fue como una liberación después de estos meses de trabajo de campo, como dicen en la jerga académica. Esta noche, en Chiapas, llegué de verdad a Oaxaca. Estaba lista para salir de los libros, revistas, marchas, páginas de internet y reuniones-asambleas políticas, para entrar en

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un cotidiano más complejo y menos conceptualizado. Ya no estaba dispuesta a saber, sino a conocer. Pero para ello, algunos cambios se imponían. Justo antes de nuestra partida a Chiapas, la víspera de la Navidad, el chico de la megamarcha de 2006 me propuso compartir casa. Al regresar el 2 de enero a mis aposentos burgueses, sin siquiera pensarlo, hablé con él. Algunas semanas más tarde dejo la periferia nice y tranquila de Oaxaca para alcanzar el centro, y mudarme a una gran casa colonial con seis compañeros y un gran jardín: allí fue donde vi el partido de fútbol de la Copa del mundo en junio de 2006.

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ENTREVISTA CON L.

No necesitas aventar una piedra “El día del desalojo, yo desafortunadamente estaba enfermo, pero recibí las llamadas desde que empezó, desde las cuatro de la mañana. Y tenía a cargo la cámara, tenía que llegar a documentar, a grabar. Era una cámara que estaba prestada y estaba en recarga. Era complicado cargar las baterías en el plantón. Y adentro del plantón había otra cámara. Por lo que pasara, siempre por cuestión de seguridad, teníamos que tener una cámara afuera. En este momento yo me traslado al plantón, venía bajando del norte de la ciudad para el centro. Pero ya no pude llegar al centro. […] Eran las siete, todavía seguía la policía, aglutinada, con los maestros afuera. Yo grababa, era lo que podía hacer en este momento. […] El material que se obtuvo se lo tenías que dar a quienes realmente lo iban a ocupar, quienes iban a hacer realmente la edición. Y en este caso eran compañeros de la Universidad de la Tierra y otros compañeros de Ojo de Agua. Ellos recogieron los materiales que tuvimos la oportunidad de grabar. Y con este material se editaron estos videos que fueron muy importantes para el movimiento. Se armó un video que yo creo que tuvo un papel importante. Se dio a conocer a nivel internacional, a nivel nacional. Fue uno de los videos más concretos, más visibles. Esto había pasado en la mañana, y a las ocho de la noche ya había un video editado de cómo habían sucedido las cosas. Estos primeros videos no tenían un fin, nunca hubo un entendimiento sobre qué se iba a hacer con él […]. Se entregó al pueblo, al público. Lo proyectamos en la noche siguiente en el zócalo, todavía estaba muy tenso todo. Y fue impresionante ver al otro día cómo habían ya varias decenas de puestos que ya tenían este video. Así se dio a conocer este video, y esto le provocó un mal estar mayor, creo, al Estado, a los medios de comunicación. Porque minutos antes, tú prendías la tele y era como si en Oaxaca no hubiera pasado nada. Los noticieros decían que había habido un intento de desalojo, que los policías habían entrado al zócalo, que habían desalojado maestros y posteriormente que maestros desalojaban a policías. […] Yo creo que cada aportación, desde que está alguien atrás de una radio, atrás de una cámara, el trabajo, cómo vaya dirigido, yo creo que es la potencia de la participación política que uno da, también. No necesitas aventar una piedra si puedes hacer mucho más con una cámara, con un micrófono en mano, y creo que esta vez quedó demostrado. Desde este tiempo para acá quedó demostrado y eso creo que le dio sentido al movimiento, le dio una pauta: los medios nos sirvieron para esto, pues vamos a apropiarnos de los medios. Y se da más adelante cuando se toma el Canal 9. Muchos de los chavos sabíamos lo que estábamos haciendo. Sabíamos las herramientas que teníamos, y esa fue una pieza fundamental, fue una pieza clave para mantener un movimiento en lucha por tantos meses. […]

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Nosotros hacíamos medios […]. Dentro de eso nos llega la invitación por parte de un grupo de mujeres que habían convocado una marcha. Su actitud, desde que estaban en el zócalo, era decir: “Vamos a pedir un espacio a un medio que nunca ha sido del pueblo, y nos lo tienen que dar”. Ya más tarde nos enteramos de que el Canal 9 había sido tomado, y se empieza a organizar toda una serie de acciones. Para proteger primero, porque desde que fue tomado el Canal, al llamado llegó mucha gente para que las mujeres no estuvieran solas y atrincheradas dentro de un canal. Se construyeron barricadas. Ahí cumplimos esta función: unos estando afuera del Canal y otros que se fueron a cuidar las antenas. […] Nuestra participación era estar, también, a donde se requería estar. Compañeros decían: “Pues… yo sé algo de video”, “Yo de transmisiones”. Dieron su apoyo, iban y se ofrecían y estuvieron moviendo montones, hasta que lograron prender la transmisión. Porque el Canal lo dejaron apagado. Entonces empezó a llegar gente que conocía el equipo, y tuvieron apoyo adentro por parte de gente. Y así se logró arrancar, después de seis horas de estar pruebe y pruebe, se logra. […] Hasta la destrucción de las antenas, el 21 de agosto. Íbamos y veníamos, era nuestra trayectoria. Pero no de lleno metidos dentro de un plantón, porque ahí no nos dábamos cuenta de lo que sucedía. A veces hacían el llamado de que había muy poca gente en el Canal 9, y nos íbamos a cubrir allí. Y si veíamos que no se requería nuestra presencia, nos regresábamos al plantón. Después nos movimos, los chavos. Planeamos con anticipación, fuimos a ver el lugar. Es un espacio que estaba abandonado, que fue el cuartel de policía, el primer cuartel de la policía construido en la ciudad de Oaxaca. Estaba abandonado aproximadamente desde hace un año. Ya no funcionaba como cuartel, funcionaba como estacionamiento de patrullas y motocicletas. El lugar estaba muy deteriorado ya, pero bastante grande. Estaba pronosticado para qué iba a ser: Ulises Ruiz había venido a poner la primera piedra del centro comercial Aldama. Nosotros pensábamos que lo que hacíamos requería de unas instalaciones, de algo que nos garantizara tener materiales, algo más estructurado. Entonces pensamos en ocupar este espacio y fue ocupado por casi dos meses. […] Entramos en el espacio el 27 de agosto, eran alrededor de las cinco de la mañana. Entró una primera célula. Inspeccionamos el lugar, y vimos que ya estaba ocupado… por una camada de perritos y una perra. Como no puso resistencia —al contrario estaba contenta de que estuviéramos ahí— entramos. Empezamos con la limpieza, nos llevó semanas, pero no tantas, porque fue la participación de mucha gente. Muchos se acercaron a ver lo que estábamos haciendo. Invitamos a demás colectivos que estaban accionando en otras partes de la ciudad, en los barrios, también invitamos a maestros, porque nos preguntaban por qué ya no estábamos en el plantón. Les explicamos que estábamos ocupando un espacio, al cual le pusimos después de unos días el nombre de OIR, Okupación Intercultural en Resistencia, por la diversidad de los actuares, de lo que se quería hacer. Decidimos marcar ese auge de la Interculturalidad. Y Okupación porque estábamos ocupando un espacio del pueblo y que tenía que ser del pueblo. Resistencia, porque es la palabra que a todos nos había reunido. […] Desde que nos empezamos a organizar, era todo el tiempo en asamblea. Ninguna decisión se podía tomar de manera individual, en la Okupa. Todo fue en asamblea, con el consenso. Para nosotros fue muy importante. Veíamos afuera la reivindicación como APPO, como Asamblea de pueblos, y encontrábamos ciertas contradicciones. Entonces nosotros, cómo queríamos aprender a hacer una asamblea, dijimos que la mejor manera era crearla, experimentarla. Para también nosotros no sólo criticarla, no sólo decir que lo estaban haciendo mal, sino hacerlo. ¿Qué

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retomamos de un pueblo? ¿Cómo se hacen las asambleas en los pueblos? ¿Qué es un consenso? Fue la mejor experiencia que nos pudo haber pasado a nosotros, los jóvenes.

Todo tiene sentido, el porqué está claro Primeramente, yo estuve en unos trabajos un poco más pesados, digamos, que era la rehabilitación de todos los cuartos, todos los trabajos de construcción, de rellenar tiros que habían hecho para estudiar las pavimentaciones. Ahí nos dimos cuenta que abajo habían prestigios arqueológicos, ruinas. Empezamos a ordenar un poco el espacio, a planear la reparación de los cuartos, la repartición de los colectivos ahí y el trabajo que se iba a hacer. Cada quien se enfocó a lo que más le gustaba. A los que les gustaba hacer alebrijes, cosas de manualidades, en esto se enfocaron, en armar su taller, en darlo a conocer, en hacer volantes, etcétera. Estaba el taller de serigrafía, que tenemos desde hace mucho tiempo atrás, el taller de lectura. Yo me enfoque más a rehabilitar, a construir una cocina popular: conseguir los muebles, pintar, hacer los comedores. Y se logró, se hizo la inauguración, pero nunca se pudo… […] También apoyé bastante con la instalación de las hortalizas y, a parte, me encargué de habilitar un portón, una puerta. No teníamos puerta. Yo tengo el oficio de herrero, entonces quitamos las puertas de las celdas, las que eran antes las celdas pues, y con ellas construimos una puerta para que el espacio estuviera seguro. Y llegó el momento de salir, porque tuvimos que salir. […] Yo creo que sí, nos fuimos en el mejor momento. Porque el lugar ya estaba más frecuentado, era más conocido, venían más señores y papás a dejar a sus niños ahí. Teníamos bastantes visitas diarias de gente que venía a conocer el lugar. El último día, cuando todo el plantón se repliega, es el día anterior a la llegada de la PFP, a finales de octubre. Se hizo el último mitin en el zócalo y escuchamos a los oradores que hablaban de un repliegue táctico. Decían que ya era imposible mantener una resistencia ahí. Nosotros salimos este día por la noche, éramos un contingente grande, unas sesenta personas — dos camiones— y fuimos al respaldo, a dar el apoyo que habían pedido. Te digo, cada vez que nos pedían apoyo, íbamos. Es algo bien importante: a veces ni el movimiento ni la gente, ni los mismos maestros, ni mucho menos las organizaciones o la misma APPO reconoce el trabajo que hicieron los jóvenes, o estos chicos de negro que estuvieron dando su participación. […] Pero los maestros nos llamaban cada vez que se requería de una persona, de una fuerza, de una acción. Yo siento que nos veían como jóvenes astutos y valientes que estaban dispuestos a dar todo. Y hasta el último momento fue así. Le dimos todo. Fueron diversas acciones: fundar una asamblea, brindarles protección en una marcha, o en una colonia cuando había marcha en las colonias. Eran muchas más cosas, y nosotros decíamos: “¡Woaw!” De las mejores propuestas, a lo mejor de las más peligrosas, de las que se pudieran proponer. A fin de cuentas, nosotros decíamos: “Todo tiene sentido, el porqué está claro”. […] Y los mismos maestros perdieron miedo, y se fue ganando la confianza entre ellos y los mismos chavos. Pero otras veces era este enojo, cuando en una asamblea se nos acusaba de sabotear, de ser los infiltrados, de ser los provocadores, de ser los desobedientes y no cumplir acuerdos, cuando también tenían que valorizar y ver qué trabajo estaban haciendo los chavos de negro. […] Y así hubieron muchas acciones en que sí, participamos. No puedo precisar que sean específicamente pacíficas. Por ejemplo era el hecho de no dejar que abriera todos los días un

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Mc Donald’s o un Burger King, fastidiarles la vida. Aunque había plantón, a ellos les valía madre y abrían sus cadenas de servicio rápido. Y habíamos decidido que estos espacios no tenían que abrir por un mes. Y todos los días y todas las noches, era ir a romperles el medidor de luz. Al otro día llegaban a poner un medidor nuevo, y llegábamos a romperlo. Le pusieron una reja, pero volvimos a romper candados. Así una tras otra hasta que desistieron y se logró el objetivo: dejaron de abrir por un mes. Porque para nosotros es una tienda que tiene una significación importante en la lucha anticapitalista. Son acciones de persistencia. Era ir a la confrontación, al frente de la batalla en una noche, cualquier noche que llegaban a balear. Bazookeros y gente que tiene la posibilidad, el coraje de salir y no confrontarlos sino sentarlos, decirles que se alejen, que no nos asustan, que estamos dispuestos a todo. Alguien tenía que hacer esto, aunque sea mandar un cohete simplemente, o una Molotov. Pero a cien metros, no les vas a hacer nada, ¿no? Cuando pasaban cosas así de atracos a negocios, se tiraba la alarma, y nosotros teníamos varias bicicletas, así hacíamos el patrullaje. En muchas ocasiones, agarrábamos a los tipos. Nuestra gran admiración era de ver quienes eran estos güeyes que hacían desmadres, atracos. En este caso fue un atraco a la taquería de una señora que estaba vendiendo en la noche, en la calle, a los profesores. Y cuando llega a cierta hora la señora está sola, llegan y desmadran el puesto. Nosotros agarramos en dos ocasiones a dos grupos así. Y grande fue nuestra sorpresa al ver que eran juniors, hijos de riquillos. Y hacían este tipo de acciones: ¿qué no tienen para pagar un pinche taco? Pero pues para nosotros, esto es una guerra. Y con mucho miedo a lo que les fuéramos a hacer, terminaban diciéndonos cómo era la situación, cómo eran pagados. Te digo, muchos eran juniors, hijos de funcionarios, los amigos de los hijos de los funcionarios, en su mayoría priístas, que venían a hacer acciones, a chingar la madre. Cuando eran acciones más fuertes, que se trataba de sicarios, de gente armada, ya pertenecía a otras cúpulas. En el caso de la taquería, logramos que pagaran los daños, pero sobre todo que limpiaran el puesto, que pusieran todo en su lugar, hasta volver a conectar la luz que habían arrancado. Entonces era muy chistoso ver a los juniors que les daban miedo los toques, que nunca habían hecho un trabajo de electricidad, ver como brincaban y se pasaban la cosa: “Yo no puedo, ahora vas tú. -No, yo no puedo.” Y nosotros: “De aquí no se van hasta que dejen el puesto como estaba antes de que llegaran”. Y la gente que nos veía así se decía: “Bueno, estos güeyes no piensan mal y no todo el tiempo son los malos, o son los parchudos, o son los punks, o son los mechudos”, por toda nuestra facha. Yo creo que a fin de cuentas nos fueron conociendo a fondo, que era lo que nosotros también proponíamos y queríamos, un verdadero cambio. […] Entre más fue pasando el tiempo, después del 14 de junio, se fueron recrudeciendo los ataques de sicarios de noche. Los dos últimos meses, octubre y noviembre, ya eran acciones… era realmente ya… Habían momentos que yo me levantaba en la madrugada, para ir de un lugar a otro, y me decía: “Si esta lucha va a seguir así, con esta reivindicación de luchar así, en la calle, de agarrarnos a piedras, a palos, cohetes y Molotov contra balazos, pues claramente lo único que están poniendo la parte de enfrente son las balas, y nosotros estamos poniendo los muertos”. Yo no veía que pudiéramos ganar por este lado, porque cada vez estábamos más y más desgastados. Era algo de que ya, no se podía. Eran cada vez más los heridos de este lado, eran más y más los muertos. Al principio era una vez a la semana, en una barricada, después ya dos veces por semana, y ya en dos días habían dos muertos. Y los grupos de choque, los grupos de

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confrontación, los sicarios, ya venían con más disposición. Al principio, tiraban desde lejos. Y después, viene el momento en que ya no dudan en que Ulises no se va, que Ulises vuelve a retomar su actitud fascista enviando a estos grupos de sicarios. Ya era muy difícil caminar en la noche. Era muy complicado, a ciertas horas, saber con qué malicia podían venir ciertos carros, si simplemente tenían que pasar por allí. Pero esto es la funcionalidad que cumplieron las barricadas, fue una cuestión de auto-defensa para el mismo pueblo.

Hubo algo que se creó ahí, nació una esperanza Primero, con su sola presencia una barricada… los sicarios y quienes tuvieran malas intenciones se decían: “¡Órale!” Hubieron más de 2 mil, cuentan más de 4 mil, luego más de 5mil. En verdad yo creo que es difícil saber cuántas barricadas fueron. Pero lo que sí te puedo asegurar es que hubieron en todas partes de la ciudad y de todos tamaños. Había barricadas demasiado pequeñas, con cinco o diez personas. Pero sin embargo estaban allí. Y había barricadas que eran imposibles de traspasar. Algunas fueron más organizadas, en avenidas muy importantes: la de Brenamiel tuvo una organización que se reconoce. Ahí no sólo hablo de los jóvenes, te hablo de toda la gente. Cuando hablo de una barricada, no sólo me refiero a los chicos, o a los señores. Me refiero al que está atrás de una olla calentando el café, atrás de una piedra acomodándola para impedir el paso, atento a lo que pueda pasar. Y ¿por qué no darle la importancia al bazookero? Siempre asumió este papel de alejar a los que querían agredir, a los sicarios. Entonces sí, las barricadas surgen como un espacio para fluir, entenderse, reivindicar una lucha, pero aparte, se hicieron familias ahí. Eran vecinos que nunca se habían saludado por más de 10, 15, 20 años, y que en este momento salían, con su palo, a poner una fogata, a cuidar la noche. Es ahí donde confluyeron y fue un espacio natural de lucha y de resistencia, todos con sinceridad. Eran abuelitos, abuelitas, dando lo que podían dar. Eran todas las colonias, todos los barrios prendidos, hartos, diciendo: “Sí, vamos a lograrlo, vamos a ganar, vamos por ahí, estamos actuando bien”. Una barricada va más allá de ser un obstáculo para los que quieren venir a agredir, es un espacio donde fluyó la gente, donde se entendió, donde lloró, donde rió, donde se animó, creyó en una lucha. Es por ahí donde yo sentí qué era hacer una barricada. Y para la autodefensa, funcionaron. Por muchos meses se ausentaron, la pensaban cuando llegaban a querer traspasar una barricada, realmente. Si hubieron muertos en barricadas era muy obvio también que todos estábamos dispuestos a que pasara eso. Ellos ponían las balas, ellos manejaban las armas, nosotros manejábamos palos y cohetes. Hubo otra barricada que estuvo muy grande y que fue muy participativa, la de Canal 9. Hubo también Brenamiel, la de Símbolos Patrios, hay que reconocer que esta barricada estaba en una avenida muy grande y muy problemática. Hubieron barricadas que no fueron permanentes pero fueron piezas claves. Cada vez que había una agresión, se tenía que hacer esta barricada, que era en un cruce, en la gasolinera de avenida Juárez, y ahí siempre atajamos a muchos operativos que querían llegar. Cada vez que pegaban o hacían algo, ya sabíamos que ésa era una clave, que había que cerrar ahí. Barricadas como la de Periférico, ahí en el edificio de la Secretaría de Finanzas, eran importantes. Ahí se proporcionaba una barricada todas las noches. Esas fueron las

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primeras. Todas fueron importantes, hubieron en todos los barrios, en San Martín, en el Infonavit, en la colonia Reforma, en el mismo centro. Pero todas tuvieron un papel, todas hicieron un trabajo. Hubo algo que se creó ahí, nació una esperanza. Cuando entra la PFP, el 29 de octubre, y que viene rompiendo barricada tras barricada, que las resistencias se empiezan a dar, una de las primeras que enfrentan […] es la de Brenamiel. Los de la PFP sí la pasaron y llegaron hasta el puente del Tecnológico. Hasta ahí rompieron la barricada. Pero tuvo que haber un muerto para que pudieran pasar. Nosotros, después de que salimos esta noche, llegamos a Cinco Señores y vimos que ahí era un crucero muy importante. Por ahí iban a llegar, por ahí iban a entrar si querían entrar. En este momento el único bastión de la APPO era la Ciudad Universitaria. Estaban llamando a que todos se salieran del zócalo para ir a CU. Todo el mundo se salió y vimos que realmente se requería una barricada ahí. Porque en cualquier momento, si entraban, llegaban directamente a las puertas de la universidad y ya no íbamos a poder hacer nada, nos iban a agarrar como en una ratonera. Y a la medianoche de esta madrugada, llegamos a CU y asumimos tomar una guardia que nadie quería tomar, que era todo lo que es avenida Universidad, porque todo el frente de la Rectoría estaba sin resguardar, todos estaban a dentro de la radio. Pero teníamos que resguardar todita la universidad. […] A las siete de la mañana, salimos dispuestos a hacer esta barricada, que fue tan importante para el movimiento, la barricada de Cinco Señores. Este crucero es enorme. Es una de las glorietas más grandes de la ciudad de Oaxaca y es la entrada a Ciudad Universitaria. Conocíamos su importancia, sabíamos que si ahí no se ponía una resistencia, iban a pasar como si estuvieran en su casa. Desde este momento, sin pedirle a la universidad porque era un hecho logístico de lucha y de combate, decidimos cerrar esta glorieta con esta barricada. Lo que fue toda la Okupa, todos los chicos de negro, cerramos con más de 18 camiones el crucero. Cerramos con trailers y todo. Y al ver que se había cumplido el objetivo, que ya la ciudad estaba partida en dos por esta barricada, teníamos que ir a ver cual era el otro lado que teníamos descubierto. Era el lado del centro comercial. A parte empezaron a llegar grupos, los mismos chavos de la calle que trabajaban en este crucero [de Cinco Señores], se empezaron a organizar. Vimos que empezaron a tomar una actitud de que querían participar, querían ser parte. Entonces nosotros fuimos a hacer otra barricada al otro extremo de CU. Ahí cerramos. Creo que fue una barricada muy simbólica porque a parte de cerrarla con carros, le pusimos un primer frente con los carritos que expropiamos del centro comercial, nos llevó casi un día entero hacer esta barricada. Después ya empezó el trabajo: ¿cómo vamos a vivir?, ¿cómo vamos a asumir las responsabilidades que implica cuidar una barricada? Porque iba a ser permanente. Pasa una semana, y nos dimos cuenta de lo problemático que iba a ser la barricada de Cinco Señores.

Ahí decidíamos soltar o no un tráiler El barrio de Cinco Señores es uno de los barrios más complicados, con carácter rebelde, de resistencia. Cinco Señores tiene ya una historia, una trayectoria más que todo de rivalidades entre pandillas. Son barrios de los más marginados. Ahora ya no tanto, pero antes sí, era más

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marginado. Vimos que iba a ser bien complicado manejar este papel de barricader@s ahí, porque varios empezaron a tomar una actitud de decir que era su barrio, que aunque hayamos hecho esta barricada, este espacio les pertenecía. Y creo que es ahí donde nosotros cometimos el error de decirles: “¿Ah sí? ¿La quieren? Pues quédensela” y de ir a cubrir el otro frente. Cometimos el error de no tratar de conocer a los chavos, de no hacerles entender que esta lucha no se trataba de barricada por barricada, o de una revuelta sólo por una revuelta, que iba más allá y que iba con el pueblo. Ahí es donde nosotros, como barricader@s, fallamos al no entender, al no buscar este diálogo entre jóvenes, porque en su mayoría eran jóvenes. Eran bastante desorganizados diría yo, pero sí, muy inteligentes, muy valientes, con mucho corazón. Y venían de otro contexto, de algo… de una sociedad que siempre los ha rechazado, que han vivido en constante violencia, que son hij@s de la calle, que viven en un mundo diferente al de cualquier joven, muriéndose dentro de las drogas. Entonces muchos, por lo mismo, eran violentos. Y no, nosotros no hicimos frente, no vimos con claridad esto y se nos hizo muy fácil decir: “Ustedes hagan esta chamba y nosotros vamos a cubrir otra barricada”. […] Pasan las semanas, quitan barricadas, intentan acercamientos de confrontación por las noches, por lo menos en Cinco Señores. En nuestra barricada hubo confrontaciones, balaceras como en todas las barricadas, pero teníamos una ventaja. Teníamos a un campo universitario enorme enfrente, es una unidad deportiva. Por el otro lado son puros centros comerciales, que en la noche cerraban. Y no era una zona tan poblada como Cinco Señores, que ahí son colonias. Donde estábamos no había colonias. […] En sí, nuestra concentración de resguardo, éramos alrededor de cincuenta personas a cargo. A veces llegamos a rebasar los cincuenta, hasta ser el doble yo creo. […] Era chistoso, muy seguido llegaban a nuestra barricada grupos de niños, de jóvenes, de chavos, y las mismas compañeras de la glorieta de Cinco Señores. Cuando se enojaban, cuando sentían, cuando peleaban, se venían a pasar unos días a nuestra barricada. Ellos dicen que encontraban esta tranquilidad. Les gustaba esta harmonía, les gustaba como nos sentábamos, como hacíamos el círculo, como exponíamos los puntos a tratar, como llegábamos al consenso, al entendimiento. Ahí decidíamos soltar o no un tráiler cuando ya había cumplido una función, ya había sido requerido por una semana o más, y que el chofer estaba desesperado por querer seguir. […] Tomar un camión requiere primeramente de mucho respeto, se hace con mucha amabilidad hacia la gente. No tienes que llegar a agredir. Y lo que siempre decíamos a los compañeros, en nuestros grupos de afinidad, es que había que llegar con un tono bastante tranquilo y amable. Había que hacer entender, dar una postura política, hablar políticamente de lo que estaba pasando. Del porqué se estaba tomando lo unidad, del porqué les pedíamos el favor que bajaran de la unidad, que entendieran la situación. Al chofer no le quedaba de otra más que admitir. Sabía la situación. Ellos decían: “Los camiones no son nuestros”. Y en muchas ocasiones los mismos chóferes nos dijeron: “Realmente, los patrones, lo que quieren es que se quemen estas naves, que se queme esta unidad, porque a fin de cuentas el mismo gobierno les va a reponer unidades nuevas”. Nosotros les asegurábamos que no iba a pasar nada a la unidad, porque le queríamos dar un uso. Nos blinde. Si es para hacer seguridad, impidiendo algo, esta función va a cumplir. Si es para trasladarnos, va a cumplir esta función. Era hacer entender al chofer, que también era pueblo, que también tenía familia, tenía necesidades. Y la mayoría de los chóferes nunca tuvieron ningún problema, no se opusieron. […] Muchas veces se tomaron

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autobuses de otras líneas, de otras empresas, empresas de transporte de pasajeros foráneos. Y los entregábamos, si se necesitaba para algo en particular, si una barricada o un grupo de afinidad lo requería. A veces llegaban los dueños, los concesionarios, que no eran los grandes empresarios, que no tenían más que una o dos unidades. Nos pedían con toda cordura que entendiéramos su situación. Y nosotros entendíamos, lo llevábamos al consenso, a la asamblea de la barricada, y decidíamos cuándo se tenía que entregar un camión, o cuando no se podía entregar. […] Cuando era una empresa, pero que veíamos que no era una empresa multinacional capitalista y que realmente era de un propietario menor, decidíamos a veces entregarle la unidad, y a veces a cambio de otra unidad que ya era quemada o chatarra. O a veces pedíamos equipos: primeros auxilios, máscaras, lo que pudieran dar. Pero sí hubo este diálogo, cosa que no sucedía en Cinco Señores. Allá, era destruir la nave, hasta quemarla en su locura. Entonces los dueños ya, todos tristes, que habían perdido todo lo poco que les quedaba de propiedad, se iban, decepcionados de la lucha. […] Que se le dé la opinión y la palabra a un niño o a un anciano por el sólo hecho de estar en una barricada, yo creo que es algo muy importante. Se tiene que dar este diálogo, esta fluidez de participación. Es algo que me gustaría salvar, al menos: la reivindicación de las asambleas. ¿Cómo se toma una decisión? Cosa que a veces parecía venir de unos cuantos líderes. Y muchas veces tuvimos que ir a derogar con ellos por estas actitudes, estas cuestiones que estaban fuera de control. Varias veces tuvimos que acompañar a la Doctora Berta a poner control a una cosa que estaba fuera, fuera, fuera de lo real. Te hablo de asaltos, atracos, heridos —porque se agredían entre ellos mismos— intento de violación a chica: era un verdadero desmadre. […] Hubo momentos en que llegamos a amenazarlos, a decirles que si no paraban, nosotros íbamos a llegar y los íbamos a desalojar para desaparecer esta barricada. Y ellos se paraban y nos respondían que no nos íbamos a atrever a hacer esto. “Pues si no hay otra solución, créanme que sí lo vamos a hacer. Se calman, y buscan una solución al asunto.”

Iba a ser la chispa que iba a prender el bote de pólvora En nuestra barricada, hay algo que siempre estuvo a debate. Siendo anarquistas, a favor de una lucha antiimperialista, conociendo a las multinacionales: ¿qué haces estando en una barricada que está al lado de un centro comercial de una de estas multinacionales? Lo debatimos y muchos nos opusimos a hacer una acción hacía él. Primeramente, yo creo que hay tiempos y hay modos. Si hubiéramos estado un tiempo atrás, y no en el momento en que llegó la PFP, se hubiera podido dar este tipo de acciones. Y los chavos fueron inteligentes al pensar, después de varias horas de discusión, qué era producente y contraproducente. Nosotros decíamos que ellos ya estaban acabados con un Oaxaca así. Era una economía inestable, digamos. Y por otra parte, los medios: si lo hacíamos íbamos a tener todos los medios en contra de nosotros. […] Porque si reivindicábamos una acción de éstas, eso iba a dar un pretexto, eso iba a ser la chispa que iba a prender el bote de pólvora. […] Éramos un grupo de auto-defensa, teníamos que organizarnos. Pero un día llegaron, atracaron ese centro comercial Coppel que estaba enfrente de nosotros. Y todos judiciales. Ni tuvieron el descaro de cambiarse de ropa o de cambiar

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camionetas y armas. Eran judiciales que llegaron a atracar un centro comercial de aparatos y teles. […] Se fueron después de 20 minutos que no acababan de romper todos los vidrios, y los corrimos a cohetazos. Al otro día llega el gerente de esa tienda, nosotros encapuchados, y nos dice: “Quiero hablar con ustedes. […] Anoche enfrentaron este negocio, hemos visto las cámaras y hemos visto que ustedes no fueron y que ustedes nunca se atrevieron a tocar ni a caminar, acercarse lo más mínimo en la noche hasta allá, vimos que esa gente venía armada, se ve que son policías”. Lo único que nos dijo el gerente fue: “Qué bueno que no se acercaron ustedes, esta gente venía dispuesta a todo”. Nosotros en ese momento reconocimos y lo platicamos en la barricada: el gerente es gerente, al gerente le pagan su salario. Y las empresas están aseguradas, tienen seguros contra todo.” […] Nos dejaba más satisfacción que un gerente nos viniera a decir: “Entendemos las acciones, reconocemos que ustedes tienen una postura por una cuestión ideológica-política, y que no nada más están para robar, para atracar, para chingar”. […] Una noche tomamos una pipa, una pipa de gas, y los bomberos —nuestra barricada estaba enfrente de la estación de bomberos— nos llegaron a comentar: “¿Ustedes saben cuántos kilómetros a la redonda afectaría esta pipa si llegara a estallar?” Y nos dieron una cifra así como de 5000 kilómetros a la redonda. Nosotros dijimos: “¿Ah sí?, pues si entra la PFP eso va a pasar, nos vamos a llevar a 5000 de ellos, y tómenlo por hecho”. Se fue todo espantado el bombero. A los siguientes días era un desvelo estar cuidando a la pipa: ni estabas dentro de tu barricada porque no querías tener una bombita dentro de tu barricada. La llevamos al crucero, a 200 metros. Y en la noche llegaban los sicarios y lo que agarraban de tiro al blanco era la pipa, no le tiraron a la barricada ni a donde estaba la banda, se iban a la pipa a disparar. Nosotros veíamos como retachaban los balazos en el tanque. Pero esos güeyes se querían chingar la pipa para poder decir luego que accidentalmente nosotros la prendimos […] y que por nuestra culpa murió un chingo de gente. […] El día que nosotros entregamos esa pipa fue el día 1º de noviembre. Al otro día entra la PFP. Todos me decían: “Por tu culpa, porque tú entregaste esa pipa entró la PFP”. […] Yo entregué la pipa pero pedí 10 tanques de gas familiares a cambio y me los dieron: fueron los que salieron por ahí rodando el 2 de noviembre. […] Creo que realmente ellos ya lo tenían todo bien observado, sabían qué había habido antes, que la banda se había emborrachado, se habían enfiestado para el día de muertos, y que era el momento apropiado para…

Era ya como premeditado: sabíamos cómo accionar Híjole, el 2 de noviembre… Duro de contar. Yo creo que la victoria del 2 de noviembre es un esfuerzo de trabajo, de organización, de participación de todo un pueblo. No nada más de nuestra barricada, ni de la barricada de Cinco Señores. Fue de todos los que participamos: desde la enfermera, desde el locutor que estaba atrás del micrófono, desde la doña que estaba cocinando para cientos de gentes, desde el estudiante, desde amas de casa que dejaron de hacer las cosas domésticas, y que en su momento fueron a construir y hacer herramientas de autodefensa. […] También llegaba gente de comunidades bien lejos, de todos lados llegaban a dejarte el pan… Lo más admirable es que hasta llegó gente que habían tejido ondas en sus pueblos y que nos enseñaron a usarlas. Fue todo un momento de

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preparación. […] Yo no sé si decir que era la última batalla pero de que iba a pasar una batalla, iba a pasar una batalla. Y nos estábamos preparando día con día, ocupábamos la radio para decir: “Necesitamos hilos, necesitamos latas, necesitamos cohetones”. Yo creo que todos, indirecta o directamente de los que participamos, nos preparamos para esa batalla, a conciencia estábamos listos, emocionalmente y… materialmente, digamos. Cada propuesta que fue llegando, cada preparación que se hizo, yo creo que tuvo un logro, y fue ese día. Nosotros decíamos que ese día iba a llegar, y mientras unos discutían sobre qué íbamos a hacer, que no debíamos caer en la agresión, otros nos preparábamos. Planes de autodefensa, planes para hacer lo poco que sabemos hacer. Había chavos que nunca habían prendido un cohete en su vida. Y eso es un oficio artesanal que sólo los coheteros lo saben hacer. Ves todo el proceso: niños de seis años, ocho años, dispuestos a todo, con un pedazo de PVC sabiendo que es tan peligroso un cohete de esa potencia. Es muy alta la probabilidad que no salga y te estalle en la cara o en las manos. Y pasó. Hubo muchos accidentes de esos, antes del 2 de noviembre y durante el 2 de noviembre. Pero sí, eso, era ver, compartir, enseñar, decir: “Mira, un cohete se hace así, se tira así…” Cuestiones muy simples ¿no? […] Cada chavo, mujer… Hay chavas que estaban muy prendidas, hicieron algunos tipos de bombas que son para disuadir, no son para lastimar. Es ácido muriático con aluminio metido en botellas, le dicen chivas a esas bombas. Las aplastan, las rellenan con ácido y las avientan en los pies. Hace una reacción el aluminio con el ácido muriático, truena. Pero son más para espantar. O también hicieron pedacitos de manguera con clavos metidos: cuando venían marchando los de la PFP pues muchos salieron lesionados. Tiramos miles de esas cosas y se las terminaron enterrando en los pies, entre ellos muchos de la banda también [se ríe]. Sabían que la fecha era muy importante para los Oaxaqueños. El 2 de noviembre, el día de nuestros difuntos. Y sabían los errores que nosotros cometíamos. Yo creo que si no hubiera sido por ese error de habernos dormido, y en su mayoría de haberse embriagado, yo creo que les hubiera ido peor a ellos, que hubiéramos tenido más fuerza. Pero sin embargo yo creo que en la confrontación y en nuestra manera de responder, era ya como premeditado: sabíamos cómo accionar, cuando se toque la primera alerta. A cuarto para las siete, me estaba hablando la doctora, yo estaba entregando guardia en ese momento. […] Cuando iba a acostarme, me regresan el radio porque me estaba hablando la doctora, me dio la voz de alerta: “Ya. Esto se acabó. Sal con toda la gente de ahí, no dejes que nadie se quede ahí. Lo que dice la gente de la APPO, los dirigentes del consejo es que la PFP va a entrar a barrer la barricada. No se va a meter a Ciudad Universitaria”. Nuestra reacción fue decir: “Saben qué, esto lo han hecho año tras año y no les creemos. Nosotros no vamos a asumir una actitud de sumisión, ni vamos a dejar que nos hagan como les pasó en la huelga en el 2000 [en la UNAM]. Nos quedamos aquí, los que se tengan que ir se van a ir”. […] En ese momento, los radios empezaron a ser interferidos, se empezaron a meter voces ajenas y empezamos a escuchar que ahora sí, ya nos iban a cargar la chingada, que estábamos acabados y que íbamos a morir. Decíamos que no les teníamos miedo, que estábamos preparados y que lo único que se iban a comer ese día iba a ser una dosis de clavos con pólvora […]. Estábamos en contacto con la doctora por la radio, que era lo que siempre nos mantenía el enlace. En todo momento desde que empezó el movimiento, una clave fundamental y que no podía faltar en una barricada era una radio. Barricada que no tenía radio, era como una barricada que estaba desconectada sin

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información, aunque hubiera celular no era lo mismo, una radio te comunicaba todo, sobre todos los frentes. Yo salí afuera y vi los tres camiones de volteo que venían hacia nosotros, toda una caravana de Policías Federales Preventivos. La alerta se dio y se levantaron todos. Empezaron a agarrar sus posiciones. No es que lo hubiéramos ensayado, sino que fue tan simple decir: “No vamos a tener una desorganización tipo que tú vas a estar aventando piedras atrás de mí y que tu piedra me pega a mí; no vamos a accidentarnos cuando los accidentados tienen que ser ellos”. Era una cuestión así, sabíamos las responsabilidades que teníamos los tres grupos de afinidad: uno en el centro, uno a la izquierda y otro a la derecha, todos organizados en grupos para el contraataque. Hubo intentos de entrenamientos, muchas veces que entrenamos, pero nunca en algo así que fuera a ser tan real, teniendo más de mil elementos formados enfrente de ti. A las 7 de la mañana, empezamos a preguntarnos qué había pasado con la barricada de Cinco Señores. Llegaron camarógrafos y nos empezaron a decir: ‘Es que no hubo resistencia y allá no pasó nada, por eso venimos a tomar la foto acá, porque vemos que ustedes sí van a hacer confrontación”. “Esto no es un show, cabrón. Aquí va a haber sangre, güey. ¿Cómo que no hubo confrontación? […] Contestaron que los pocos que estaban ahí los agarraron durmiendo adentro de los camiones, y los bajaron. Abandonaron la barricada, la barricada que tanto habían defendido. No hubo resistencia en Cinco Señores. A las 8, la doctora empezó a hacer llamados por radio cuando nosotros decidimos que no nos movíamos. […] Si no ¿para qué preparamos más de 600 latas?, no nos íbamos a quedar con todos esos juguetes para nosotros ¿no? Mandamos a toda la gente a la primera barricada, a 100 metros, y la única orden era: “Manténganlos alejados a punta de cohetazos”. Dimos la orden de quemar los camiones de la primera barricada, se incendiaron, y es ahí donde se comen la primera barricada. Ya llevábamos una hora de confrontación, y más o menos a las nueve lograron quitar la primera barricada. Ya estábamos casi cara a cara y empezó la confrontación más directa. […] Con todos los estudiantes que salieron de nuestra barricada, a penas éramos unos 150. Cuando volteamos a las 9 de la mañana éramos más de 500 gentes aglutinadas en el único frente de confrontación. […] Teníamos que sacar y dar todo. Déjame contarte algo que estuvo buenísimo: la fábrica de las doñas. A las 9 de la mañana se nos acabaron todos los Molotov. ¿Cómo era posible que más de 1000 Molotov se nos hayan acabado tan pronto? No se sabía que había pasado y a parte, en lugar de esos Molotov que fueran incendiarios parece que hubieran sido para todo lo contrario: estaban hechos con mecha y agua. Parece que nos hubieran hecho un complot. […] Llamaron por radio para la creación de una comisión y grande fue nuestra sorpresa al ver que llegaron puras doñas. Todo el mundo quería estar al frente, pero realmente ese frente lo hubiéramos perdido si no hubiera sido por estas doñas, estas amas de casa. Eran más de 30 señoras sentadas, cada una tenía una función: una metía azúcar, una metía jabón, otra metía arena, otra metía vidrio y así se iban pasando las cajas. Yo creo que cada 5 minutos salía una caja llena de Molotov. Era una verdadera fábrica. […] Empezamos por medio de celulares a solicitar “una caja de Molotov para acá”, como si estuvieras pidiendo pizza. “Una caja de Molotov para este frente”, “una para el campo”, y así empezaron a fluir las cajas. […] Nunca había visto nada así, nunca había visto a unas señoras haciendo algo como ese día. La mejor gente organizada, y sabiendo que lo que hacían era algo de autodefensa.

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La confrontación se había basado en hacer muchos heridos del lado de esos güeyes mediante muchas granaditas del tamaño de una lata de refresco, muy efectivas aunque sean pequeñas, pero con un cohete muy potente adentro y llenas de clavos, por cada tiro caían 2 ó 3. Imagínate, cientos y cientos de esas cosas. Dijeron que hubo 27 heridos este día, cuando nosotros lo contábamos por más decenas. Que hayan reemplazado con un chingo de suplentes, eso es otra cosa. Ellos tenían una hora parados ahí, no podían avanzar. Llegaron casi hasta la puerta de la Universidad y después hubo un repliegue de nosotros hacia ellos, con miles de piedras en manos de mujeres, niños… Más de 500 gentes se vinieron encima de ellos con un chingo de piedras, […] tuvieron que retroceder. Cuando vimos que habían retrocedido, se abrieron filas, y nos aventaron las tanquetas. […] Nos tuvimos que dispersar, guardar, salir, y así nos la pasamos como el gato y el ratón. […] A las 10 de la mañana había más de 1 000 gentes, dicen que calculan que eran 2 000 gentes las que habían llegado a Cinco Señores y habían rodeado a toda la PFP que se había quedado ahí. Es decir que a nosotros nos mandaron un contingente, mientras que otro contingente se quedó cubriendo Cinco Señores, pero nunca pensamos que con el llamado fuera a llegar tanta gente. Llegó el momento en que los sitiaron, los rodearon, ya no tenían salida, no podían salir, ni por aquí porque estaban peleando con nosotros, ni por allá porque había un chingo de gente. Llegaron los helicópteros, muchos, y metieron muchos gases para ver si había chance de encontrar una salida. Después de la una o dos de la tarde, ya iban en la huida. Yo creo que su error es haberse encerrado, haberse encajonado en el peor lugar: en una gasolinera. Por un lado, a las tanquetas se les acabaron los líquidos después de más de cinco horas. Hasta hubo una tanqueta que terminó en manos de la banda. […] Luego la recuperó la PFP, la engancharon a una grúa y se la lograron llevar. Pero cuando tuvieron que aceptar la derrota es cuando cayeron en la gasolinera. Se la pasaban apagando Molotov adentro de la gasolinera. Muchos de los dirigentes gritaban: “No, no los vamos a quemar, no somos igual que ellos, hay que darles un chance”. Empezó una negociación con un comandante que dijo: “Déjennos ir, déjennos sacar a nuestra gente y les entregamos a los 40 detenidos que tenemos”. Y a lo último abrieron las filas, se salió la PFP, soltaron a los 40 detenidos que salieron corriendo, todos madreados, niños y señores. […] La gente en la multitud ya no escuchaba, decía cosas. Una señora empezó a hablar más fuerte que todos y dijo: “Vinieron con la intención de lastimarnos, de sacarnos de aquí. Lo intentaron y no lo lograron. De la misma forma que les costó entrar les tiene que costar la salida, ¡no les vamos a dejar irse así!” Y una parte de la gente efectivamente empezó a seguir a la PFP, a escoltarla con piedras y palos sobre más o menos un kilómetro y medio. Era chistoso, de un lado tenías a los dirigentes de la APPO, satisfechos y dispuestos a dejar la policía irse tranquila, y del otro lado, tenías a una señora del pueblo —ojo, no un líder, no un joven de negro, una mujer del pueblo— que proponía de literalmente sacar a patadas a la policía. Y es lo que hicimos. Eran las tres o cuatro de la tarde. Así termina ese día, todos felices y contentos. Yo creo que eso nunca había pasado en otra parte del país. Hay una historia similar y yo creo que sí hay que reconocerla, con los mineros […]. Pero no ha pasado en otra parte: la Policía Federal Preventiva… Se les ganó una batalla tal vez, pero nunca se les ganó la guerra. Aquí los perdedores… pues no sé. Hasta cierto punto nosotros tuvimos más presos, tuvimos más muertos, […] y los de arriba se tambalearon nada más. Yo creo que sí, es así como pasó, como

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terminó todo, como en toda guerra: el que vence va a someter al vencido a que se atrinchere, que se esconda en su ratonera o en el último rincón que le quede, con ganas de no volver a salir. Es lo que hicieron, terminaron de aplastarnos.

Hasta el último momento, era no perder el poder Yo creo que es muy claro. Cuando el gobierno dice: “¿Saben qué? Liberamos presos, les cumplimos sus demandas, a la Sección le cubrimos todas sus demandas, pero […] Ulises no se va”, nuestra reacción fue decir: “Ni madres”. Desde ahí muchos empezaron a voltear banderas, a alejarse porque venían venir los chingadazos más fuertes. […] Nos orillan, nos encajonan, nos someten, hasta acorralarnos políticamente. […] El 20 de noviembre hubo una marcha por la reivindicación de la Revolución Mexicana. Me acuerdo que ese día salimos muchos con un sentido revolucionario, muy patético. […] Gritamos muchas consignas de Zapata. Delante de nosotros venía la Doctora en su ambulancia. Los de Cinco Señores tenían una actitud de soberbia de que querían ir al frente. Nosotros les dijimos que todo esto tenía mucho simbolismo y que no queríamos que agredieran al pueblo. Se fueron a dar la vuelta unas cuadras adelante, se nos pararon enfrente y buscaron la primera confrontación. […] Fue una pesadilla en ese momento. Como pudo la doctora se dio a la fuga pero nosotros nos quedamos atrapados con un camión de equipo, un camión completo con objetos de autodefensa, equipo de enfermería, mucho material —todo ese material con el que nos agredieron el 25 de noviembre— nos lo quitaron a nosotros, cientos de cohetes, bazucas, Molotov. El camión iba ahí por una cuestión de autodefensa, pero nadie iba cargando una bazuca, nadie iba haciendo el desmadre. Pero sí, ese día nos quitaron todo y nos corretearon sobre cinco cuadras. Ese día así estuvo a punto de pasar lo que pasó el 25 de noviembre. Nada más porque no quisieron ya no se nos fueron encima, estábamos aplastadísimos. Es que para cada marcha, todo Oaxaca estaba así, eufórica de que se había militarizado su centro, su ciudad, que la actitud de un gobierno no era salirse. Era una inmensidad. Cuatro meses y ya todos estábamos con que el gobierno no aguantaba un mes más, que en el siguiente mes iba a renunciar. Pero seguía un mes y otro mes. Todo su partido y sus colegas le decían: “Ya renuncia, esto no puede seguir así”, y no pasó. Ulises se aferró. Hasta el último momento era no perder el poder. […] Para la marcha del 25 acordó cercar el zócalo con un paro cívico de 48 horas. Fue una decisión mala, yo creo. Ahí es donde falló el consejo, fallaron los líderes, faltaron posturas o creatividades. La PFP sabía la inmensidad de todo el pueblo que tenía en contra y que no iba a ser nada fácil contenerlo. […] Para el 21 estábamos platicando una oferta, se tenía que dar una respuesta el 23. La Secretaría de Gobernación y Carlos Abascal estaban ofreciendo un proceso lento de distensión con el gobierno para llegar a un entendimiento. […] La PFP sabía que estábamos organizando una megamarcha para sitiarla y nos decía: “Ni nosotros queremos que nos reten ustedes, ni ustedes deben retarnos a nosotros. Nosotros nos replegamos, ustedes hacen su marcha, entran al zócalo, hacen su mitin y se repliegan hasta Santo Domingo y nosotros llegamos y retomamos el zócalo, y siguen las pláticas de distensión.” Yo creo que la valorización de esa propuesta fue muy mal entendida por los dos lados. Por un lado los libertarios decían:

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“¿Cómo es posible que nos sometan y que nosotros cumplamos sus caprichos? […] La otra banda de los rojos decía: “Hay que aceptar esa propuesta: entramos, hacemos nuestro mitin y nos replegamos”. Nunca hubo consenso, a pesar de un debate que les llevó horas. Se propuso de tomar el Palacio Municipal unas horas. Y fuimos correteados como un 25 de noviembre, como pasó ese día, sobajados y aplastados. Yo creo que sí, le falto mucha creatividad a ese consejo, al que tomó la decisión de esta marcha, de esta última acción como APPO. […] No dejaron el paso y era lógico […]. Era muy lógico también que mucha gente se quedara aunque les dijeran los mismos líderes, las mismas organizaciones que ya se había cumplido la misión de hacer el mitin y que había que irse. […] Empezamos a tirar consignas. En menos de una hora y media, agresiones por todos lados, en todo el centro, por todos lados nos estaban pegando. […] Miedo, miedo por mucho tiempo. Era una cuestión muy bien planeada por parte de ellos, querían difundir el miedo y lo lograron, no hubo nadie que no haya sentido miedo. Porque estaban deteniendo, estaban torturando, estaban desapareciendo. […] Y ante eso, todo el mundo siente miedo. Cuando amaneció, el 26, era más que escuchar una radio fascista que estaba reivindicando su triunfo. Se escuchaba: “Háblenos, díganos, donde está la dirección, donde están ubicados los Appos, para que vayan por ellos”. Y por cada llamada era una detención, familias detenidas. Entonces estabas escuchando una radio enemiga, esperando para ver si daban la dirección de donde estabas tú ubicado para salir corriendo. En ese momento Radio Universidad […] transmitía con un sonido de heavy metal de fondo, que apenas si se dejaba escuchar a la Doctora. Transmitió un día o dos días, después tuvo que entregarla. […] La Doctora es una persona que admiro […]. La admiro porque piensa tranquilamente y sencillamente, por su manera de ver y sentir las cosas. Es doctora, es médico, catedrática de la UABJO. […] Pero creo que cualquier persona, cualquier activista, cualquier revolucionario, cualquier maestro, cualquier participante, dentro de la lucha somos más que un simple obrero o un simple empleado. Ella, como persona, creo que es lo que nos hizo estar ahí, en la universidad. Hubo gente, enfermeros, doctores que lo que dieron lo dieron por ser lo que son, no tanto porque estuvieran de acuerdo. […] Ella supo entregarse a la gente, ganarse a la gente, darle esa tranquilidad, esa confianza. […] Y no fue la única. Como ella hubo un chingo, desde un padre hasta el más humilde participante. Descubrimos un otro lado del amor… Niños de la calle que nunca habían sido abrazados y que se sentaban en tus piernas.

Si no cayó a hachazos, pues vamos a escarbarlo Como muchos, como la mayoría, me fui de Oaxaca. Creo que no había mucho más que hacer. No podías salir a protestar tú solo. Lo único que podías hacer era salir e ir a aprender a otras partes, a llevar tu lucha: la liberación de los presos, pues sabíamos que había un montón y que los estaban puteando en la cárcel. Pues tenías que ir a pedir ayuda a otras partes. Era lo más que se podía hacer. Quedarse encerrado en casa o en un lugar escondido no tenía mucho sentido. […] Yo creo que desde que empecé mi lucha —que no fue desde que empezó lo de la APPO, sino desde antes— sé porque quiero cambiar las cosas. No el mundo, pero nuestra forma de ser, de vivir, y para eso yo creo que debe existir una persistencia. Yo creo que cuando alguien deja de

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hacer lo que en un principio creyó, simplemente ya no tiene el sentido de ser revolucionario, de revolucionar a tu país, a tu tierra, a tu gente. […] Deja de existir y prefiere lo más fácil. Para mí no es que haya dejado de creer en la APPO, fue una etapa, fue una vivencia, y si la APPO se reorganiza y vuelve a salir, va a tener mi apoyo. Pero mi lucha no va a parar ahí, mi lucha continúa con APPO o sin APPO. […] Experimentamos algo en un movimiento popular Oaxaqueño y en un estado. Y el Estado vimos que estuvimos a punto y no cayó. Estuvimos a punto de cortar el tronco más bello, pero no. Ahora yo creo que tenemos que empezar por la raíz: si no cayó a hachazos, pues vamos a escarbarlo centímetro a centímetro hasta hacerlo caer, generación tras generación. Y ¿qué mejor herencia que dejar una herramienta que sirva? En términos prácticos y de convivencia, es la apropiación de la tecnología con el uso que le damos. La aplicación de la tecnología apropiada, eso es lo que hago cuando trabajo con el colectivo CACITA [Centro Autónomo para la Construcción Intercultural de Tecnologías Apropiadas]. Eso es lo que tratamos de buscar, que nazcan otros sentidos de lucha, de dar herramientas en la lucha anticapitalista que está abajo y a la izquierda, con nuestra gente, con nuestros pobres, con los que tienen una cultura y una dignidad, con los indígenas. Entonces yo creo que es aprender, conocer, enseñar. Antes del 2006 ya tenía eso bien claro, esa importancia del pueblo indígena. Había estado en plantones con la gente que huele a huaraches, que huele a maíz… Los de arriba les dicen apestosos. Me gusta estar entre esa gente, sentirme parte de esa gente. […] Si las comunidades indígenas hubieran llegado a Oaxaca con la APPO, no nos hubieran aplastado. Sí, hubiera sido una carnicería, porque esta represión no se hubiera quedado en la ciudad, se hubieran ido hacia los pueblos los paramilitares, masacrando, hubiera habido una guerra de guerrillas, un desmadre. En parte yo digo que está bien: si los pueblos supieron aguantarse las ganas, es porque vieron que ellos tampoco viniendo con machetes y mazorcas iban a ganar una guerra. Pero yo creo que la misma gente va a llegar a ese nivel de preparación. Nos estamos preparando.

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CAPÍTULO 3 LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN: CONSTRUIR UN TERRITORIO SIMBÓLICO Extracto de la ponencia de F. Gálvez de Aguinaga leída el 24 de febrero 2007 en el Encuentro Nacional sobre Comunicación y Sociedad, diario Noticias, voz e imagen de Oaxaca, 27 de febrero 2007

“LOS MEDIOS ANTE EL CONFLICTO OAXAQUEÑO […] Cabe recordar que la dispersión de la población de Oaxaca es producto de ser multiétnico y de una complejidad geográfica alucinante (prácticamente todas las cadenas montañosas más grandes del país se cruzan y enredan en este territorio), lo que hace muy difícil la distribución de diarios a todos los poblados y regiones. Oaxaca concentra casi el 25 por ciento de los municipios del país, y cada municipio tiene decenas de agencias y a su vez a las agencias se suman rancherías y caseríos salpicados por valles y montañas. Los medios impresos no deben llegar ni al 10 por ciento de las poblaciones de Oaxaca. Pongo un ejemplo que conozco de cerca: viví por casi 9 años en San Gabriel Etla, a penas a media hora de la capital, y para hacerse de un periódico había que caminar casi 50 minutos de ida y 50 de vuelta a Villa Etla, donde únicamente se venden los diarios locales y los nacionales brillan por su ausencia […]. La gente para informarse sólo tiene la televisión, la radio que puede sintonizar y el Internet para quien sabe usarlo […]. Y es que el conflicto oaxaqueño aprovechó la revolución tecnológica de los últimos años como ningún movimiento en México lo había hecho. Los que estábamos lejos de Oaxaca seguíamos con atención por Internet las transmisiones de Radio Universidad y Radio Plantón. También, en muy poco tiempo, después de una marcha o un enfrentamiento con la policía, podíamos ver imágenes captadas por decenas de videastas independientes o simplemente de ciudadanos o simpatizantes del movimiento que subían sus registros casi el mismo día de los sucesos. Leíamos con avidez los análisis y las crónicas de los blogs, y cuando el gobierno los tiraba o intervenía, como sucedió el 25 de noviembre, los textos eran retomados en otros blogs que ya no se hacían desde Oaxaca pero que se habían solidarizado con la lucha […]. [El] 25 de noviembre tenía una coordinación tan sofisticada, que a lo largo de los enfrentamientos de ese día y hasta el día siguiente, no hubo en Oaxaca radio comercial, la señal fue bloqueada y numerosos blogs y paginas fueron atacados y desaparecidos de la red. Es decir, el bloqueo de medios es una evidencia de que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes y la Secretaría de Gobernación tenían planeados absolutamente todos los detalles de las acciones represivas de ese día, en las que por cierto, uno de los aprehendidos era otro reportero de Indymedia, pero este oaxaqueño.”

Extracto de una entrevista con M., maestro y miembro de la Sección 22 y coordinador de Radio Plantón (traducido de la versión francesa después de la deterioración de la grabación original)

“En el estado de Oaxaca la cultura oral es muy fuerte. Esta oralidad, en mayor parte, es inspirada de los sonidos del entorno natural, hay muchas referencias a la naturaleza. Y a fin de cuentas, ¿porqué este movimiento utilizó las radios? ¿Por qué tomaron las radios y no los periódicos? […]

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Oaxaca es el estado de México donde hay más radios comunitarias, sean legales o no. Estamos hablando de más de cincuenta. Y esto debido a las maneras de vivir en el estado: son las palabras las que utilizan para transmitir el saber, la cultura, la historia, la resistencia también. […] Con la llegada de los generadores eléctricos, las posibilidades sonoras se desarrollaron. Empezamos a escuchar otras cosas, que muchas veces venían de afuera, de otros países. En muchas comunidades instalaron bocinas para informar el pueblo. La mayoría del tiempo eran propiedad exclusiva del PRI. En otros pueblos las radios itinerantes reemplazaron las trompetas o los caracoles. Servían para convocar las asambleas, los tequios, las fiestas. También tenían una función comercial, avisaban de la llegada de las tortillas de la señora fulanita en la plaza, etc. Todavía muchas comunidades funcionan así, con radios itinerantes. Desde este tiempo, las radios siempre han jugado un papel político muy importante.” Extracto de «Estrategias de comunicación y acción política», Margarita Zires in La APPO: ¿rebelión o movimiento social?, coord. Víctor R. Martínez Vásquez, IISUABJO, 2009, pp. 161, 164, 166-167

“Comunicar va más allá de informar o transmitir mensajes de un emisor a un receptor. El término ‘comunicar’ remite a comunidad y construcción de lazos de unión. Se trata de ir más allá del paradigma de la información y del esquema vertical de intercambio social que lleva consigo. […] [Radio Plantón] forma parte del ambiente del plantón del zócalo. Ahí los líderes del sindicato hablan, los maestros se expresan y conforme pasan los días la población en general. Ahí, en esa radio que de repente abandonó su programación y ofreció su oído amplificador, su teléfono abierto, tiene lugar la denuncia y la invitación a la movilización más allá del plantón. […] El relato de Fernando Lobo es elocuente: ‘El teléfono de la emisora se volvió loco. […] Había colas de gente en las escaleras del edificio magisterial para decir algo al aire. Y siempre era denuncia. Ministeriales, jueces, funcionarios, diputados, delegados de gobierno, acaldes, caciques, todos mencionados en vivo, sin cortes. La miseria, el abuso, el autoritarismo, la represión, la corrupción, el abandono, la rabia. Y llamados a la resistencia. A la lucha. Todo por teléfono, en vivo, sin cortes. […]’ Casi inmediatamente [después de la destrucción de Radio Plantón] unos estudiantes deciden ocupar Radio Universidad, de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, y con la solidaridad del sindicato de empleados la ponen en funcionamiento, dando a conocer inmediatamente lo que estaba sucediendo ‘en vivo’: testimonios orales de la represión y múltiples opciones en contra del desalojo —hasta críticas contra la lucha de los maestros. […] Esta acción tan rápida muestra no sólo la existencia de una conciencia de que era fundamental tener una voz, hacerse audibles, tener un medio de comunicación —en el sentido pleno de la palabra ‘comunicación’—, un medio que les permitiera construir un sentido de comunidad diferente […].”

Extracto de Oaxaca Sitiada, p. 67-68

“Son las 8:00 de la mañana y en el 1 400 de AM, en el programa ‘Pasando revista’, se escucha la voz de una radioescucha: ‘Yo sólo quiero decirle a los reporteros que no vendan

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su conciencia, que no vendan su verdad. Los invito a que tengan dignidad, que no vayan a cobrar su dinerito con el gobierno.’ […] Durante estos días turbulentos, el peor oficio que hay en Oaxaca es el de gobernador. Pero justo después, apenas un poco más abajo, está el oficio de periodista. ‘Diga la verdad, joven, nunca sacan nada’, esta es la frase que escuchamos, una y otra vez, los reporteros. […] En el centro histórico cuelgan en cordones las fotografías de los enviados y los camarógrafos de Televisa. ‘Mentirosos’, dicen los letreros que rematan los cordeles. Junto a estas imágenes, en tamaño cartel, aparece el retrato de Ulises Ruiz. ‘Asesino’, es la palabra que se adjudica a la efigie del gobernante.”

Las mujeres (y la televisión)

Extracto de Lo vimos, lo vivimos: narraciones en movimiento, Oaxaca 2006, libro colectivo del Seminario de Periodismo Creativo organizado por oaxacalibre.org, Universidad de la Tierra y Swathmore College, 2009, pp. 21, 30-42

“VOCES AL AIRE, por Itandehui Santiago Galicia Escribo para recordar, porque cuando uno pierde la memoria por el terror es difícil recuperarla. […] Plantón de Finanzas: julio 27 de 2006

Desde que llegamos a Finanzas, la participación de los colonos fue aumentando, en especial la de las mujeres que hacían guardia durante toda la tarde hasta las doce de la noche. Las compañeras decían que en este movimiento tenían la posibilidad de romper con la forma de convivencia entre hombres y mujeres, luchar [contra] las desigualdades económicas y sociales, contra la discriminación de la apariencia física y de clase social, contra la violencia intrafamiliar y social, por la necesidad de organizarse. Sentían que era un espacio suyo, porque a diferencia de otras tomas, en que la mayoría eran maestros, en este lugar se encontraban las y los ciudadanos que formamos el Frente de Colonias y que por mandato de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, tomamos la Secretaría de Finanzas. […] Como a las cuatro de la tarde, la compañera Anita que formaba parte de la Comisión de Higiene y Salud, por ser médica, estaba casi metida en el contenedor y se esforzaba por trasladar la basura a una bolsa de plástico para que se pudiera tirar al camión cuando pasara; en eso se quedó parada un momento y dijo: ¿Qué las mujeres no podemos hacer otras cosas que no sean la limpieza y la comida? La respuesta quedó en el aire. A las 18:00 horas, cuando ya todas estábamos reunidas, volvimos a retomar el cuestionamiento de la compañera y después de un análisis concluimos que vivimos en una sociedad muy injusta y más para las mujeres que día a día sentimos la represión, el sometimiento, la violencia, la pobreza y la injusticia. Expresamos que la mujer tenía que levantarse y luchar para seguir ganando espacios. La compañera Crucita dijo: hagamos una marcha de mujeres. Nadie la pensó dos veces. Todas nos alborotamos, recordamos a las mujeres chilenas y argentinas. Hablando y haciendo le pusimos nombre y fecha: 1º de agosto, Marcha de las Cacerolas. […] Julio 31 de 2006

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En Radio Universidad a las 17:00 horas, se oyó una voz de mujer, delgada, dulce, quería ser firme, pero se oía nerviosa, hacía un llamado: ‘Las Mujeres Unidas de las Colonias y Barrios de Oaxaca que actualmente tienen tomadas las instalaciones de la Secretaría de Finanzas, convocan a todas las mujeres profesionistas, amas de casa, intelectuales, maestras, estudiantes, campesinas, obreras, sin distinción de clase social ni edad, a participar en la Marcha de las Cacerolas, el día primero de agosto a las nueve horas. […] Asistan compañeras, es necesario mostrar que las mujeres no estamos de acuerdo con este gobierno.’ […] Marcha de las Cacerolas: 1º de agosto de 2006

Llegué puntual a la cita a las 8:00 horas, inmediatamente empezaron a llegar las demás compañeras del plantón de Finanzas, observamos que había pocas mujeres […]. Dijimos: ‘Ojalá y por lo menos se reúnan unas dos o tres mil mujeres’, pero el numero crecía conforme avanzaba el tiempo, cuando nos dimos cuenta ya eran más de quinientas, en unos momentos más, dos mil. La escandalera no se aguantaba y fueron en aumento mujeres y ruido hasta que el espacio de la Fuente de las Siete Regiones resultó insuficiente, nosotras estábamos asustadas, pero del temor pasamos a la sorpresa y admiración porque no paraban de llegar las compañeras, todas estaban sonando sus cacerolas, tapaderas, ollas y cucharas, era un ruido tremendo. Al ver eso decidimos no ir a los hoteles ubicados en San Felipe, había gente grande y no quisimos arriesgarnos. Arce nos dijo que tenían en su poder dieciocho autobuses, pero no iban a ser suficientes para trasladar a tantas mujeres y tampoco podíamos permanecer mucho tiempo esperando porque temíamos perder el control de la actividad […]. Poco después de las nueve de la mañana, desplegamos nuestra manta y le dimos voz al espíritu de Flores Magón: ‘Cuando una mujer avanza, no hay hombre que retroceda’ y el contingente de mujeres no solamente avanzó, sino que a partir de ese día, primero de agosto, se ganó un lugar en el gran movimiento social oaxaqueño. Por primera vez, en una manifestación impresionante, sin miedo por la enorme fuerza aglutinada, las mujeres ejercimos el derecho a expresarnos con libertad, llevando fusiles de papel y armas hechas de palabras. […] Momentos después, la doctora Bertha se integró a la marcha con su cacerola, las compañeras que estaban cerca de ella, con mucho cariño le corearon un saludo en reconocimiento a su trabajo en Radio Universidad. […] En la multitudinaria marcha se manifestó el dolor, el coraje, la inconformidad de las mujeres ante un gobierno soberbio y autoritario. Al grito de ¡Lo quiera o no lo quiera, Ulises va pa’fuera! iban las mujeres […]. Cuando el incansable río pasó frente a un negocio de paletas, salió una señora con una indumentaria que denotaba su opulencia, indignada protestaba por el ruido perturbador de las mujeres, entonces del tumulto salió como estallido una mujer del pueblo, que con la seguridad de su corpulencia, asestó un sartenazo en la cabeza de la atrevida voz […]. Minutos antes de las diez de la mañana, arribamos a la entrada del Hotel Misión de los Ángeles. Entramos a poner el listón para clausurar simbólicamente el lugar en protesta, porque en este espacio despachaba Ulises Ruiz, y ahí estábamos amarrando nuestro listoncito cuando oímos un golpe en los vidrios y luego uno tras otro, las mujeres iban muy enojadas y empezaron a botar los huevos que les íbamos a llevar a los diputados. Otras optaron por golear los vidrios, los empleados asustados cerraron las puertas. […]

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Entramos al zócalo después de las doce del día. […] Iniciamos el mitin satisfechas, como a la mitad se acercaron tres compañeras con una propuesta, la valoramos y se acordó ponerla a consideración, la voz que estaba en el micrófono en esos instantes preguntó a las más de diez mil mujeres: ‘Compañeras hay la propuesta de ir al Canal 9, ¿quieren ir?’ y todas contestaron ‘¡Sííí!’ […] Las primeras se trasladaron en los camiones que habían sido tomados, las que no alcanzamos tuvimos que tomar, por las buenas o por las malas, camionetas, autobuses, coches, taxis, de aventón; como pudimos arribamos a las instalaciones de la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión (Canal 9) al coro de la consigna: ‘Prensa, prensa, si tienes dignidad, nosotras te pedimos que digas la verdad’. Las primeras compañeras que entraron a las instalaciones trataron de hablar con las y los directivos para que nos dieran un espacio, sólo queríamos un tiempo para difundir ‘un poquito de tanta verdad’ como decía nuestra compañera Estelita. Una hora solamente para comunicarle al pueblo la realidad del movimiento, para decir nuestra verdad. Como se negaron, ahí nos quedamos, al fin y al cabo siempre nos han dicho que es EL CANAL de los Oaxaqueños. Las mujeres estaban asombradas, me pareció que el noventa por ciento de las compañeras no conocía las instalaciones, sus caras se parecían a la de los niños cuando se encuentran ante algo nuevo, muchas de ellas aprovecharon para hacer un recorrido por el lugar. En un momento, los pasillos, las oficinas, las cabinas y foros se llenaron de mujeres obcecadas, presionando a los trabajadores para que devolvieran la señal de radio y televisión, de su garganta salió una y otra vez: ‘¡Mujeres unidas jamás serán vencidas!’ Yo iba de un lado a otro, topándome con mujeres por todos lados, subía y bajaba tratando de calmar a las compañeras que ya en estos momentos se encontraban muy enojadas, amenazando con destruir lo que encontraban a su paso. […] A las 15:05 horas por fin se abrió la señal de la radio. Las voces clausuradas, las voces silenciadas de todo el tiempo se transformaron en voces demandantes, voces libertarias que tenían mucho que decir. Las compañeras empezaron a transmitir para avisar que las mujeres oaxaqueñas tomamos las instalaciones del Canal 9 para romper con el cerco informativo, porque ningún medio daba cobertura al movimiento y Radio Universidad ya casi no se oía ante las constantes interferencias. La voz femenina que estaba al aire pedía ‘que vengan a esta radio todas las mujeres que están en su casa haciendo la sopa y el guisado, dejen de cocinar y trasládense aquí, vamos a recuperar lo que es de nosotros, lo tenemos que hacer por la dignidad de las mujeres, del pueblo, de nuestros hijos, mujer deja de cocinar por favor, si no puedes salir prende la televisión…’ Luego que se empezó a transmitir, se formaron largas filas de mujeres impacientes por hablar, todas tenían muchas cosas por decir. Entraban de cinco en cinco a las cabinas, el tiempo de espera se hacía eterno […]. A las 16:00 horas, la magia de las palabras sencillas dichas por las mujeres causaron efecto, mujeres y hombres del pueblo empezaron a arribar a resguardar el Canal y la antena de la CORTV. […] Eran las 19:15 horas, me acerque al lugar donde se encontraba el máster y por la ventana vi que mis compañeras de Finanzas, a las que estaba buscando, estaban sentadas frente a las cámaras de televisión, justo en este momento se preparaban para iniciar la transmisión. Bajé corriendo para verlas, para escucharlas hablar sin poses, sin maquillaje, sin glamour, si acaso una leve alisada a los cabellos alborotados […].

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En la radio y la televisión aparecieron trabajadoras y trabajadores, indígenas, organizaciones sociales y civiles, músicos, campesinos, amas de casa, trabajadoras sexuales, pintores. Casi todos denunciaban los abusos, el saqueo de sus recursos naturales, la represión policiaca, la violencia, el abuso sexual, la inseguridad en la tenencia de la tierra, la resistencia, las injusticias. […] Por 21 días el canal verdaderamente fue de las y los oaxaqueños. En la radio se leían los acuerdos de la APPO y se le pedía al pueblo su opinión, aunque muchas veces no se tomará en cuenta. […] A pesar de las contradicciones, la radio y la televisión del estado, operadas por las mujeres de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, alcanzaron los más altos niveles de audiencia. […] Por 21 días las mujeres tuvimos el poder, el poder que dan los medios de comunicación. Quisieron callar nuestras voces, quisieron regresar al silencio, pero eso no va a ser, porque este movimiento preñó nuestras conciencias de ideas liberadoras y floreció en nuestras almas una poderosa capacidad de acción y resistencia.”

Extracto del documental ¿En Oaxaca no pasa nada?, Emilienne Tempels, Technologï System Produczion, 2009 (archivo videográfico de Mal de Ojo)

“Mi papá era… mi papá tomaba. Mi papá, en ocasiones, gritaba, menospreciaba. Y la mamá, como que le daba mas auge. Yo decía: ‘No es posible, mi mamá nos debe defender porque nosotras somos niñas’. ¿Cómo es posible que ella hasta todavía apoye más a mi papá? Y llegaba mi papá con mis dos hermanitos a comer y decía: ‘Órale, órale, ¡a comer! Ya, que coman los hombres. Con que coman los hombres, ya comimos todos.’ Y nosotras nos quedábamos con hambre y decíamos: ‘No es posible’. Desde estos momentos, yo decía: ‘¿Cuándo será el día que yo… que yo disponga?’ Y estaba yo esperando el día, y llegó el primero de agosto del 2006. Nos fuimos a la marcha con una amiga, le dije: ‘¡vamos!’, que a ella no le gusta mucho esto, pero me dijo: ‘Quiero ver, a ver si es cierto que se van a juntar las mujeres.’ Y nos fuimos. Llegamos a la Fuente de las Siete Regiones y era una infinidad de mujeres, todas con sus sartenes, con sus cacerolas. Y cuando empezaron a gritar las consignas, a mí la verdad, se me hizo como: ‘No es posible ¿no? que ahorita las mujeres, que siempre somos sumisas, que estamos ahí en la cocina, atendiendo al marido o a los hijos, ahorita estamos en una marcha.” Era para mí un sueño hecho realidad. Los hombres hasta se sentían mal porque nosotras, después de este movimiento, ya no éramos para atenderles de: ‘Ten, tu café’, o ‘Ten, tu tortita’. Sino ya tenían ellos que ir y lavar su tasa, lavar su vaso. […]”

Transcripción de extractos de la base de datos videográficos de Mal de Ojo

[Noticiero de las 19:00 horas de Televisa, 1º de agosto de 2006] “A la una de la tarde el Canal 9 se fue a negros. Esto molestó a las mujeres entonces tomaron de forma pacífica las instalaciones. Sesenta empleados de dicha televisión se quedaron dentro. Seis horas después, la directora de este canal daba una conferencia de prensa: ‘Los han amenazado de desnudarlos, golpearlos, e incluso hasta quemarlos. Le exijo al gobierno federal que haga el favor de liberarnos, a las personas que están secuestradas en el Canal.” [Primer programa en vivo del Canal 9 ocupado, 1º de agosto de 2006]

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“El día de hoy es histórico en nuestro Oaxaca. El día de hoy las mujeres organizadas decidimos hacer una gran… una magna marcha. Aproximadamente seriamos tal vez diez mil mujeres. Mañana la prensa va a decir que éramos 200 tal vez. ¿Dónde aparece el Canal 9 informando? Digo yo. ¡Es todo desinformación! Cada día nos bombardean con los que ellos quieren darnos. Y estamos en una forma pacífica, estamos en una forma tranquila. Las instalaciones se han respetado, no se quebraron vidrios, las personas están resguardadas, están en completo estado de salud. Es mentira que dicen que hay heridos, golpeados. Y si Canal 9, que es el Canal de los Oaxaqueños, si Canal 9 —que dice que es de información cuando es pura desinformación—, si sigue su política de servir como esbirros a los gobernantes, a las autoridades, nosotras vamos a seguir tomando más medidas. Y esto también va para la radio. Estas radios comerciales que manejan a la gente, y la gente que le cree. ¡Ciudadanos, despertemos por favor! ¡Pueblo, despertemos!”

Extracto de «Estrategias de comunicación y acción política», Margarita Zires in La APPO: ¿rebelión o movimiento social?, pp. 180-181

“Esta experiencia inédita televisiva llegó a su fin el 20 de agosto cuando las antenas y el transmisor del Canal 9 y de la estación radiofónica del Estado de Oaxaca fueron destruidos a balazos por un grupo de paramilitares, dejando a un maestro herido, el cual formaba parte de la guardia nocturna. Esto provocó que en la mañana siguiente la APPO tomara entonces 12 radios comerciales que operan en Oaxaca cubriendo el cuadrante radial completamente. […] A unos pocos días se regresan algunas estaciones y se quedan con dos: Radio Oro y Radio La Ley […], que llega al 80% de las comunidades en todo el estado de Oaxaca. Esta estación cambia de nombre: ‘Radio APPO: La Ley del Pueblo’. El 22 de agosto, un día después de la toma de las radios la guerra sucia del Estado cobra más fuerza y se dirige sobre todo contra los medios tomados por la APPO. En la noche surge un gran contingente de miembros de la policía municipal armados y vestidos de negro que adquiere el nombre de ‘escuadrón de la muerte’ de parte de la población. Éste se desplaza en 20 vehículos o más disparando al aire y hacia donde se encuentran los plantones o campamentos de los maestros en las zonas ocupadas. La Ley del Pueblo empezó inmediatamente a informar de los desplazamientos del convoy, invitó a salir nuevamente a la calle, a hacer barricadas, a unirse por la defensa de la APPO.”

Las radios

Extracto de una entrevista con N., maestro adherente a la Sección 22 y coordinador de Radio Plantón, entrevista realizada el 7 de febrero del año 2008 en Oaxaca

“Radio Plantón surge el 22 de mayo del año 2005. […] Era la idea de que pudiera haber un medio de comunicación que pudiera fortalecer y que le pudiera dar credibilidad al movimiento magisterial de la Sección 22, aquí en Oaxaca. […] Se había planteado en diferentes niveles, en diferentes foros como son las asambleas estatales, los congresos que se han hecho en la Sección 22, la creación de un espacio de comunicación. En un primer momento, el transmisor se integró con un colectivo de diferentes organizaciones como Radio Guetza, Radio Nopalera, los compañeros del Tupamóvil, y otros compañeros con

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quien trabajamos. Prácticamente, esta radio no era una radio magisterial en ese primer momento. De hecho este colectivo no fue muy bien aceptado. Pero conforme los compañeros de la Sección 22 fueron viendo que la línea editorial, que el contenido que se empezaba a manejar en este momento era importante, pues lo aceptaron. En este primer momento, lo que se pensaba era cubrir la jornada de lucha de mayo de ése 2005. Entonces Enrique Rueda Pacheco apoyó la creación de la radio. Anteriormente, eran radio-bocinas. Era hacer producción en casetes y pasarlas a una radio y a unas bocinas y hablar ahí, y decir cosas del movimiento, de lo que estaba pasando. Todo específicamente en el marco de la lucha magisterial. […] En este tiempo, entonces, nace ya Radio Plantón. Cuando Enrique Rueda Pacheco, el entonces secretario general de la Sección 22, anuncia, cuando se levanta el plantón, que Radio Plantón iba a continuar, y que las expectativas que se habían creado para fortalecerla seguían adelante y que teníamos que trabajar para eso, entonces nos mete en otra dinámica. Porque la programación, en un primer momento, que era de doce horas, tuvo que crecer, porque la gente empezó a pedir más contenido a Radio Plantón. […] Después, en septiembre, otros compañeros solidarios de diferentes partes tanto del mundo como de México nos apoyan para poder adquirir un transmisor. Ellos nos lo donan, se lo donan a la Sección 22 y ahí empieza la segunda etapa de lo que fue esa radio. Ya prácticamente nace como Radio Plantón, con su reconocimiento, con su spot: “Poniendo ideas en tu conciencia”. […] En un año, Radio Plantón crece de diferentes maneras. Aquí, lo curioso es que Radio Plantón, la van haciendo los compañeros ciudadanos, los compañeros de la sociedad civil, más que el magisterio. El magisterio, como que no alcanza a entender el impacto, la trascendencia que tiene una radio. Entonces nosotros empezamos a transmitir 18 horas con la participación de manera comunitaria, con la participación ciudadana, hasta el 23 de mayo del año 2006. Y después empezamos a transmitir esa jornada de lucha las 24 horas. Todo lo que sucedía, lo transmitíamos. También debo de aclarar que [Radio Plantón] tenía una organización horizontal y no vertical. Entonces ahí no había ni director, ni nadie, pues si más bien era una coordinación. Yo soy uno de los coordinadores de Radio Plantón desde su nacimiento. Entonces transmitimos las 24 horas hasta el día 14 de junio, que es en el que Ulises Ruiz Ortiz reprime al magisterio y a la Sección 22. […] Durante esta segunda etapa, cuando ya Radio Plantón tiene su equipo y que estamos trabajando como colectivo, como una coordinación, nosotros empezamos a hacer una serie de talleres para profesionalizar a muchos compañeros. Y finalmente, eso, creo que tuvieron una importancia clave en lo que llamaría una tercera etapa. […] Ahí se estaba viendo un tanto del reflejo de lo que estaba apostando la Sección 22 con su infraestructura. Porque como dije, los maestros no se han involucrado mucho en la radio. Pero sí con su infraestructura, de manera económica ¿no? Porque el edificio, el teléfono, la luz, el Internet… Entonces en esta tercera etapa, viene todo lo demás. […] En todo este proceso, del 2006 al 2007, Radio Plantón sigue jugando su papel. Porque nosotros empezamos a trabajar en muy pocos lugares, con muy pocos compañeros, para crear los streamings, vía

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Internet. Y con todas las fuerzas y las deficiencias, logramos entrar al Internet. No estábamos transmitiendo en FM pero sí en Internet. Es otra experiencia que es parte de esta tercera etapa. Los compañeros solidarios nos ingeniamos y empezamos a crear diferentes formas de transmitir, de llegar, de informar. Claro, todo en Linux. Porque cuando lo hicimos en el Windows, nos hackearon varias veces. Los compañeros dijeron: “Claro, vamos a tener que entrarle al otro sistema.” Y aprendimos este sistema de Linux, que hoy, como software libre, sabemos que es mucho mejor y más seguro. También nuestra lógica va en este sentido, de que si estamos diciendo que vamos a combatir al capitalismo, no puede ser que nosotros sigamos consumiendo Windows o Microsoft. El software libre entonces entra en juego y los compañeros que en este entonces conocían poco, hoy se han hecho todos unos expertos. […] Ahora ha llegado una nueva etapa para Radio Plantón, una batalla sin fin para transmitir. El sindicato ha logrado negociar con el estado para que nos pudieran indemnizar la destrucción de la cabina, del edificio de la Sección 22. […] Hubo un intento en diciembre de sacar la señal, pero la bloquearon, en el 92.1. Adquirimos un nuevo equipo entonces, de mayor potencia, y trabajamos para poder salir al aire el 8 de marzo [2008]. […] Ahora el 92.1 esta bloqueado de manera permanente, tuvimos que cambiar de frecuencia.”

Transcripción de un extracto de programa de Radio Universidad tomada, 17 de junio de 2006, archivo cortesía de Radio Plantón

“La consigna de la ciudadanía, de los universitarios, es ‘Radio Universidad, la radio de la verdad’. Y no, ¡hombre! Empezamos a repartir volantes para que la gente esté en sintonía con nosotros. […] Si pueden ir a la facultad de derecho, en el edificio central que se encuentra ubicado entre Independencia y Macedonio Alcalá, ahí en esta esquina, compañeros ciudadanos, si pueden marchar en este momento. La marcha de ayer fue une éxito, es importante no bajar las consignas de que Ulises Ruiz se vaya de Oaxaca, que se retomen demandas populares, libertad de presos políticos, el castigo por la destrucción del patrimonio cultural e histórico de Oaxaca (Llano, zócalo, Fortín). […] No nos dejemos llevar por los comentarios de los medios de comunicación, pues tienen ciertas consignas de difundir ciertas verdades manipuladas con artimañas a la ciudadanía en general. Aquí, ya nos están llegando las notas de los maestros, de las acciones que se están realizando. Lo que es importante es invitarles a ustedes a que participen a la marcha.”

Extracto de artículo de Elisa Ruiz Jaimes en el diario oaxaqueño Noticias, voz e imagen de Oaxaca, 7 de septiembre de 2006

“LA APPO DA A CONOCER PROGRAMACIÓN DE RADIO APPO La ‘Ley de la APPO’, como se autodenominan quienes transmiten desde la frecuencia del 710 de Amplitud Modulada; lanzó una nueva programación a partir de este lunes con el

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objetivo de organizar, difundir, así como contribuir en la formación política, educativa y cultural de los ciudadanos, en la medida de lo posible. Así lo manifestó el provisional coordinador de la radiodifusora […] tomada desde el pasado 21 de agosto. […] Por otro lado, manifestó que por las noches existe mayor paranoia entre las personas que resguardan la radiodifusora, pues los rumores de un desalojo son constantes, ‘proliferan en las noches’, pues explicó que desde el ataque violento donde muriera Lorenzo San Pablo, las guardias se vuelven densas hasta que amanece, así la invitación para resguardar el área a la ciudadanía en general es constante todos los días a través de la radio. Así, la programación de lunes a domingo quedó distribuida de la siguiente manera: de cinco a siete de la mañana ‘Buenos Días Pueblo’; después ‘Oaxaca al alba’, para continuar con ‘NotiAPPO’, de ocho a nueve de la mañana. Donde se da a conocer los acontecimientos que se suscitaron, además de las acciones programadas para el transcurso del día. Al término del noticiario, la programación continúa con ‘Comentarios de la profesora Carmen’, para después dar inicio a ‘La hora de la chiquiguardia’. Este último programa está pensado para los niños, [ahí] se fomenta la lectura y se tocan temas de interés para niños de primaria y adolescentes de secundaria. Al término de este programa hay una suspensión de 12 a 15 horas, para regresar con ‘Organizando mi barrio’, donde los miembros de la APPO proponen formar comités representativos, pero sobre todo ‘populares’. Así continúan con denuncias de la población […] y de 18 a 19 horas se abre el espacio a las organizaciones sociales para que acudan a la radio a manifestar sus inconformidades en su población y en general ‘exponer su situación’. Al término de este espacio ‘¿Qué hacer?, tareas urgentes de la APPO’ entra al aire por dos horas, seguido por otra emisión de ‘NotiAPPO’. Por último, de 22 a 24 horas, el programa titulado ‘A las barricadas’, que se encarga de establecer comunicación con los diferentes compañeros de la APPO y del magisterio, para saber de los acontecimientos de cada uno de los puntos que se encuentran bloqueados, al resguardo de instalaciones e instituciones. Así, de las doce de la noche a las dos de la mañana, es un espacio abierto por ‘emergencias’ que pudieran suscitarse en el estado.”

Extracto de «Estrategias de comunicación y acción política», Margarita Zires, p. 185

“Por un lado, Radio Plantón resurge a principios de octubre (aunque con poco alcance) y Radio Universidad queda rehabilitada [después de un ataque al acido que quemó el transmisor] a mediados del mismo mes […]. Sin embargo, por otro lado, Radio La Ley del Pueblo, el bastión más importante de la APPO con gran cobertura en todo el estado, deja de funcionar el 23 de octubre, al ser bloqueada su señal. Además aparece el 26 de octubre una radio clandestina —sin permiso legal— que apoya a Ulises Ruiz Ortiz y sataniza a los integrantes de la APPO, ‘Radio Ciudadana’, cuyo lugar de emisión se desconoce y cuyos teléfonos nunca funcionan. Ese mismo día salen del aire repentinamente todas las radiodifusoras privadas y comerciales de Oaxaca. Quedan por lo tanto solamente dos

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estaciones solas en la plaza pública mediática: Radio Ciudadana y Radio Universidad, un escenario construido evidentemente desde las altas esferas gubernamentales locales y federales ligadas a la Secretaría de Comunicación y Transportes. En las primeras emisiones de Radio Ciudadana, ésta asegura que dará la voz al ‘verdadero pueblo de Oaxaca’ e invita a los radioescuchas a expresarse contra los abusos del movimiento. Las voces de los supuestos radioescuchas del ‘verdadero pueblo’ insultan a los maestros ‘de mierda’, exhortan al gobernador a ‘amarrarse los pantalones’ e incitan a la población a quitar las barricadas.”

Transcripción de un extracto de programa de Radio Ciudadana, 27 de octubre de 2006, archivo: cortesía Radio Plantón

“Sí, buenos días. [Voz de mujer] ‘Bueno, sí, señor, mire, es para dar mi opinión. Yo creo que somos parte de una federación y el gobierno federal se está olvidando de Oaxaca. Cuando una autoridad comete una omisión comete también un delito. Entonces yo creo que también se puede pedir un juicio político al Presidente de la República, juntando varias firmas de ciudadanos y yéndonos a quejar a la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Porque lo que el señor está haciendo con nosotros ya es un delito grave. Nos está omitiendo por el hecho de no querer salir con las manos manchadas de su presidencia. ¡Es indignante lo que está sucediendo en Oaxaca! […] ¡Que estos vándalos se vayan del estado! Que el señor éste, el gordito horroroso y sucio [se refiere a Flavio Sosa, uno de los varios voceros de la APPO, considerado por los medios de comunicación como el líder] no vuelva a pisar el estado de Oaxaca porque no ha hecho nada por él. Más bien ¿Qué ha hecho de Oaxaca? Ha destrozado Oaxaca […].’ [Voz de hombre] ‘Que tengan mucho cuidado todas les mujercitas, las mujeres pues, las jovencitas, cuando transiten en un lugar oscuro. Sucede que muchos de ellos tienen SIDA. Los APPOS, la gente vandálica, están violando las mujercitas en las noches, con la intención de contagiarlas.”

Extracto de «Estrategias de comunicación y acción política», Margarita Zires, p. 192

“Las tomas de los medios fueron producto de distintos ‘grupos de autogestión que se crean in situ’, en el caso de Radio Universidad, estudiantes; en el caso de la radio y televisión estatal, mujeres de múltiples sectores sociales, edades, la mayoría no pertenecientes a ninguna organización; en el caso de las 12 radios tomadas después del 20 de agosto múltiples grupos de vecinos, maestros evidentemente y otros miembros de la APPO. Sus acciones no respondieron a decisiones tomadas por el Consejo Provisional de la APPO, supuesta cabeza del Movimiento.”

La música

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Extracto de Memoria, identidad y representaciones sociales en el cancionero del movimiento de Oaxaca 2006, tesis de maestría en Antropología Social, Violeta Zylberberg Panebianco, CIESAS, 2009, p. 9

“Respeto a mi propia subjetividad, quisiera mencionar que soy mexicana, hija de padres argentinos que llegaron a México exiliados por la dictadura militar que se vivía en Argentina. Crecí escuchando canciones de protesta y música latinoamericana. Escuchar este tipo de canciones, ha sido una de las maneras que he encontrado para aprender y sentir esas historias. En la historia de México, es notable el vínculo entre las luchas populares y la canción rebelde. Encontramos ejemplo de ello en los cantos de la guerra de Independencia, así como en la lucha contra la invasión francesa y por supuesto de la Revolución Mexicana; la cual es la que ha generado el mayor repertorio, por lo general en forma de corridos épicolíricos. También el movimiento estudiantil de 1968 produjo su correspondiente cancionero épico-trágico, y conocemos también cantos insurgentes de las diversas guerrillas campesinas de los años 60 y 70, y por supuesto, la gran producción musical que ha generado el movimiento zapatista del EZLN.”

Extractos del documental Sígueme contando, CESOL/luzKemada, 2008

Profesor Che Luis: “Nosotros, como compositores, tenemos la oportunidad de plasmar la letra en muchos aspectos dentro de la cuestión social, lo que nosotros vivimos al día, de lo que somos testigos. Entonces es una satisfacción que, por medio de este arte tan hermoso que es la música, podamos transmitir a la gente nuestra forma de pensar. Yo soy del genero grupero, me gusta la música tropical, incluso la mayoría de mis composiciones son más tropicaleras, son más gruperas, cumbias. Entonces es el tipo de ritmo que le hemos dado a muchas de nuestras melodías. Incluso ahora en la lucha magisterial, hicimos varias canciones que tienen ese estilo, el estilo tropicalero, el estilo alegre, porque en una lucha ¡no todo es tristeza! También hay que plasmarla con alegría. Cuando […] nace la APPO, se abren foros. Se abren foros culturales y a raíz de ahí empiezan a darse a conocer compositores, pintores, poetas y una serie de personajes que están dentro del arte. Este espacio, lo aprovechamos nosotros. Participamos en estos foros. Y es ahí que empezaron a llegar los materiales, los discos, que después empezaron a sonar en las radios [tomadas]. Y poco a poco se fue colocando dentro del gusto de la gente y ahí es donde adquirimos este prestigio de darnos a conocer dentro de la lucha.”

Ghis:

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“Para muchos yo soy el Ghis, o El Adicto al rap. Llevo siete años aquí, en el movimiento social, en Oaxaca. […] Porque el gobierno siempre ha reprimido y ha tratado de lavar sus cosas con ciertos eventos. Trato de que eso salga a la luz, con lo que yo rapeo o con lo que yo pinto. Con respeto a la música, pues se te abren las puertas poder llegar y gritar lo que nunca has podido gritar desde los medios. ¡Pues qué chido! ¿No? […] Por ejemplo, el Son de la Barricada, es una canción así del movimiento, bien importante. Si nosotros estábamos agüitados, pues: ‘Esta canción va para tal o tal lugar, y para tal y tal y ¡para todos! ¿Qué de dónde son, qué de dónde son? Y te contagiabas y todos bien contentos, ya con más energía, buscando qué tranza, a la expectativa y bien chido. […] El 25 de noviembre, cuando fue esa batalla, yo me pude escapar. […] Me escapé y llegué a la casa de un compa, él me hizo el paro para que no me detuvieran. Yo agarré una pluma y dije ‘¿sabes qué? hoy es el día de escribir algo’, y ¡va! Toda la noche estuve escribiendo esta rola. La grabamos y al otro día, cuando fui otra vez a ciudad universitaria, ya llevaba mi disco. Y ahí: ‘Pos ¡órale! ¡Póngale! Y empezó a sonar Bakooker@s. Y es para ustedes carnales, en una onda fraternal. A mí me detuvieron el 16 de enero por estar en el movimiento y por esta canción, Bazooker@s. Llegaron paramilitares, porros, me subieron a una camioneta y me metieron una madriza de cinco horas.”

Fernando Guadarrama, integrante del espacio Tapacamino: “La cultura también, o la creatividad, es un arma. Es un arma en contra del fascismo, de la represión, de la imposición del gobierno. Es una manera de decir, de hacer valer la voz, o hacer valer su presencia, su participación. Esta guerra fue una guerra de imaginación y de creatividad. Durante todos estos meses, hubo mil expresiones. Se hicieron varios eventos culturales. De hecho la plaza era nuestra durante meses. No había policía, no había gobierno, entonces la plaza era nuestra. Y en las plazas llegábamos todos junto con los hip-hoperos, los cumbieros, la gente que participaba y tomábamos todo un domingo, todo el día una plaza y estábamos pasando, cada quien haciendo su… su trabajo pues. […] Mucho se dice en los medios privados que Oaxaca era un caos. Pero realmente, los meses que vivimos con la ciudad tomada sin policía y sin gobierno, yo lo recuerdo con mucho gusto porque la verdad que nos la pasábamos muy bien. Creo que es más peligroso ahora, y después de la represión, se camina en las calles con más riesgo que cuando estaba la ciudad en manos del movimiento. [Acerca del Son de la Barricada] Simplemente hicimos lo que se hace en este país, yo creo que desde hace muchos años: la idea del corrido, de contar las historias sucedidas. Nada más que nosotros la metimos en un fondo musical que es una especie de rumbita, de rumbita-cumbia, por ahí, que también es muy sencilla. Yo creo que lo que tiene este son que nos gustó, y que le gustó a mucha gente, es que lo que dice es algo que a cualquier gente que tiene este espíritu libertario en cualquier parte del mundo le puede dar alegría: cuenta la historia de un pueblo que sacó a la policía a patadas de la plaza. Llegó la policía a

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reprimir con esta forma fascistoïde con la que gobiernan estos señores, y el pueblo entero agarró a su policía y la sacó prácticamente a patadas de la plaza. Y esto, es lo que dice el son. Y eso nos gusta, claro que nos gusta, porque son días que se deben guardar para siempre. Y este 14 de junio, por ahí quedó, y quedará —como el 2 de noviembre— porque son días que echamos para atrás a la policía, a todo el aparato represor del estado. Y eso es algo histórico, ¿no? Y nos gusta recordar.”

Extracto de Memoria, identidad y representaciones sociales en el cancionero del movimiento de Oaxaca 2006, p. 245

[Entrevista de doña Luz, ama de casa] “Las canciones, además de la radio se escuchaban en vivo, tocaban a veces en el zócalo, en el canal, en cualquier mitin, cualquier evento. Desde el más ‘fresky’ hasta el más ‘compa’, todos hicieron canciones. ¿Para qué? Para expresar lo que uno siente. Hay gente que no lo entiende viviéndolo, es algo que se te contagia cantándolo. Es más por ahí, es otra manera de entrarle a la gente que no comprende o no quiere comprender por un libro, por una noticia...” Las paredes

Extracto del manifiesto de ASARO, 2006, http://asar-oaxaca.blogspot.mx

“La Asamblea de Artistas Revolucionarios de Oaxaca, surge del llamado de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca APP0, para conformar APPOS en todos los frentes, con la finalidad de que se organicen todos los sectores para darle resistencia y unificar esta lucha en contra de la tiranía de un gobierno que representa los intereses de los ricos… En octubre del 2006 se convoca a la primera reunión a todos los colectivos artísticos, artistas independientes, artistas populares y creadores de diversas disciplinas artísticas. Stencileros, grafiteros, grabadores, pintores, fotógrafos, videastas, teatreros, diseñadores, caricaturistas, etc. Nos manifestamos: por la búsqueda de un arte nuevo y libre, comprometido por nuestro pueblo en resistencia, el oprimido y enajenado por una cultura impuesta e individualista […]. Nos comprometemos: a dirigir nuestras expresiones artísticas a las calles, espacios populares; con el objetivo de crear conciencia de la realidad social […]. El contenido de nuestras expresiones artísticas, serán sencillas y directas, posibilitando un diálogo creador artístico que conlleve al espectador a que cada vez más participe de las manifestaciones artísticas. Cada uno de nosotros luchará por una asamblea unitaria, autosustentable, democrática, libre, crítica, autocrítica, sensible y comprometida con las demandas justas de nuestro pueblo. … plasmar la verdad nos hará libres. Creemos que el arte público (diversas disciplinas artísticas) es una forma de comunicación que permite el diálogo con todos los sectores de la sociedad y hacen posible

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la visualización de las condiciones reales de existencia, las normas y contradicciones de la sociedad que habitamos. Frente a la irracionalidad del gobierno y sus formas opresoras de sostenerse en el poder, ASARO busca crear imágenes que sintetizan la fuerza crítica que nace desde la periferia, barrios, pueblos y jóvenes.”

Extracto de “La calle es nuestra: intervenciones plásticas en el entorno de la APPO”, Norma Patricia Lache Bolaños, La APPO: ¿rebelión o movimiento social?, pp. 199-201, 206-207

“Las acciones de protesta fueron fundamentalmente acciones de calle: plantones, barricadas, marchas, concentraciones, bloqueos carreteros, tomas de edificios gubernamentales y estaciones de radio, etc. La calle, como espacio público, fue ocupada por sus propios habitantes, tomar la calle es una muestra de poder y tomarla construyendo símbolos en ella es delimitar el territorio […]. Frases como ésta podían leerse durante todo el conflicto: ‘BIENVENIDOS ÉSTE ES TERRITORIO DE LA APPO’ […]. Los muros y el mobiliario urbano de la ciudad de Oaxaca fueron intervenidos para convertirse en soporte de graffiti, cartel, esténcil, y stickers de contenido político. […] Las paredes mostraban texturas, imágenes dinámicas y variedad de color. Una intervención de corte político era seguida de nuevas intervenciones que enriquecían los discursos previos. Todo esto modificó el paisaje visual de la ciudad, contribuyendo a la construcción de la imagen de la ciudad rebelde. […] El arte callejero oaxaqueño aludía a los actores del conflicto, a las imágenes inspiradoras de la lucha, a las fechas emblemáticas de la resistencia que se inscribían en la memoria. […] El esténcil-graffiti se convirtió en un registro visual del día a día del movimiento que se estaba gestando, de los actores y sus condiciones de vida. Golpeó al transeúnte, al mostrar imágenes violentas y los episodios heroicos del movimiento, transformándolos en lenguaje artístico. Adoptó un mínimo de elementos, en color y repertorio, primero porque el mensaje tenía que ser claro, segundo porque la intervención tenía que ser rápida, pues en el ambiente siempre estuvo presente la amenaza policial.”

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LA SOLIDARIDAD EN HECHOS: PROTEGER SU TERRITORIO FÍSICO

Letra de la canción A las barricadas, Andrés Contreras

Suenan cohetes y campanas En la madrugada Y salimos corriendo A las barricadas A la barricada, a la barricada Salimos corriendo en la madrugada A la barricada Voy con mi prenda amada Para que los sicarios no puedan hacer nada Costales llenos de arena Y una que otra llanta usada piedras, troncos, Muebles viejos hacen buena barricada Cohetes para dar la alarma En la madrugada Siempre hay que estar bien alertas En la barricada En la barricada Una trinchera improvisada Muros de contención contra la represión Las bombas incendiarias listas para lanzarla Para que los matones no puedan hacer nada A la barricada, a la barricada Salimos corriendo en la madrugada A la barricada Voy con mi prenda amada Para que los sicarios no puedan hacer nada Ya son miles de trincheras que están por donde quiera Barricadas que custodian la lucha en la Antequera Palos, piedras, resorteras listas para ser usadas Al calor de las fogatas en las barricadas A la barricada, a la barricada Salimos corriendo en la madrugada A la barricada Voy con mi prenda amada Para que los sicarios no puedan hacer nada

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Extracto del documental El muro, UAM-Xochimilco, 2008

Itandehui, miembro de ASARO: “A ya a las 7 de la mañana del otro día [el 26 de noviembre], ya no había nada. Lo habían borrado todo. Y después empezaron a borrar todo lo demás, las calles estaban sin un sólo esténcil. Borran todo lo que tiene que ver (esténcil o consigna) con un término social-político. Era tan grande la cantidad de pintura, no sé si vieron. Eran como diez capas de pintura. Va alguien en una marcha y pinta para manifestarse […] y a las dos horas vienen y borran todo. Pero antes de eso era un territorio libre, no había policías. O si se encontraba a un policía, pos se lo sacaba, o se lo amarraba a un poste, a un árbol.”

Construir barricadas

Extracto de una entrevista con M., maestro y miembro de la Sección 22 y coordinador de Radio Plantón (traducido de la versión francesa después de la deterioración de la grabación original)

“En Oaxaca, si haces un mapeo y pones encima un mapa de la migración, uno de mortalidad infantil, uno de analfabetismo, luego pones uno de militarización, otro de porcentaje de muerte por enfermedades curables, se subrayan los lugares donde hay riqueza mineral, agua, bosques. Todo corresponde. […] Y me faltaba ese mapa de conflictos intercomunitarios por asuntos agrarios. Coincide también. […] Porque en estos años de neoliberalismo brutal, a las grandes compañías internacionales, el conjunto políticoeconómico, les interesa lo que está en el suelo, lo que hay en el suelo. Por eso expulsa a la gente. En Oaxaca, el último censo te habla de tres millones quinientos mil habitantes. Y la mitad vive en otro lugar que el estado de Oaxaca. […] ¿Porqué la gente migra? Es porque en los últimos años, se ha descapitalizado el campo. Aquí en México, en los últimos años, las leyes liberales de Vicente Fox y Felipe Calderón hicieron que, poco a poco, la producción agrícola ya no es retribuida, y menos con el TLC. Pero para la mayoría de la gente, los productos que pueden ser vendidos en un mercado provienen de las hortalizas. Se fue desvitalizando el campo. Entonces podemos hablar de una diáspora. Es decir un pueblo, una civilización que migra y que se asienta en otro lugar. En los últimos treinta años, por ejemplo, si tu checas cuánta gente vivía en la ciudad de Oaxaca y lo comparas con el censo de ahorita, es impresionante cómo se ha incrementado, sobre todo en la periferia de la ciudad. […] El primer trampolín es la ciudad de Oaxaca, luego la ciudad de México, y su periferia (Chalco, Nezahualcoyotl), y ya luego Los Ángeles, California. Pero resulta que a donde llegan, donde llega esa diáspora, lo primero que hace es reconocerse, es practicar sus tradiciones. Y bueno, es que el territorio,

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lo hacen las personas que viven ahí. Está en la historia de la lucha de los pueblos originarios: la tierra, el territorio. Tú no puedes construir con todo en abstracto, en el cielo. Un territorio es donde se basa tu lucha por la autonomía y la libre determinación, de generaciones en generaciones. […] Regresando a lo que es la diáspora […]. El día que hubo el mayor número de barricadas en Oaxaca, no recuerdo qué día fue, ni cuántas fueron, pero ¿cómo puedes construir mas de 3 mil barricadas en toda una ciudad? Y si checas en dónde, en qué lugar se pusieron esas barricadas, pues son todas las colonias donde hay gente de los pueblos que se han asentado en la periferia. De hecho, esta parte, la de las barricadas, es también una mezcla entre estas tres vertientes [medios de comunicación, organizaciones políticas y sociales, y pueblos originarios]. Yo te hablo de esta forma de organización masiva… No sólo lo explicas con la experiencia de una huelga universitaria de hace 20 años. Ellos traen una forma de organización milenaria. […] Lo tienen muy claro, de hecho tienen una respuesta clara a la pregunta: ¿Cómo no queremos vivir? Lo tienen muy claro. Ver cómo sí, pues para eso se ocupa de un consenso. A ver cómo sí quieren vivir, eso es lo que se estaba empezando a hacer en el 2006 con los pueblos en la ciudad de Oaxaca, a través de las radios o a través de las barricadas. Esta fue una y, a parte, la solidaridad. Sobre todo con el asunto de la comida. Podías ver por ejemplo camiones llenos de pescados llegar de la costa. Hubo todo un apoyo también de las comunidades con el maíz, el frijol. Era la otra contribución a la resistencia.”

Extracto del documental ¿En Oaxaca no pasa nada?, Emilienne Tempels, 2009 (archivo videográfico de Mal de Ojo)

“Fuimos allá al zócalo para apoyar a los profesores. Llegamos allá y todo estaba destrozadísimo. ¿Qué hicimos? Unirnos. Mi cuñada, mi hermano, mi familia, llegamos, no podíamos quedarnos así. La mamá de mi cuñado sufrió la represión también el 14 de junio. Dice que los policías llegaron y le pegaron en el estomago. Poquito le faltó para que le diera un paro. […] Fuimos a ver lo que necesitaban, llevamos refrescos, agua más que nada, tortas, comida pues. Lo mismo en todas partes, donde habían tomado las oficinas de gobierno. Nos pedían comida y aquí nos organizamos, en la barricada de Símbolos Patrios. Nos uníamos para hacer comida. Aunque sea una sopita, unos huevitos, lo que fuera, pero que tuvieran de comer. […] La barricada iba de donde está el semáforo hasta donde están los carteles verdes. Nuestro sitio de reunión era esta esquina, ahí nos sentábamos todas y nos poníamos a platicar. Cuidábamos nosotras de este lado y los compañeros del otro lado. Así estábamos divididos pues. Incluso en el medio se veía vacío pero todas estábamos en las esquinitas, resguardando. Yo recuerdo muy bien al señor Alejandro, al difunto Alejandro. El señor era muy lindo porque llegaba todas las noches, sin falta, con su señora esposa Carmelita. Y llegaban.

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El señor muy amable, muy atento, con su olla de café o de atole, sus panes dulces y sus vasos. ‘¡Órale compañeros, a comer! Y nunca decía: ‘¿Saben qué? Tú me vas a dar tanto, tú…’. No, al contrario.”

Extracto de Autoritarismo, movimiento popular y crisis política, p. 109

“Cada noche, utilizando todo objeto que obstruyera el tránsito, desde piedras, troncos, fierros, autopartes, costales rellenos de arena o tierra y aun las mismas alcantarillas o bolsas de basura, se levantaron cientos de barricadas, desde las 10 de la noche y hasta las seis de la mañana. Participaban en ellas, miles de personas que compartían no sólo el café o el pan sino la angustia al acercarse coches, camionetas y motocicletas, que eran advertidos a distancia para retirarse con lámparas de mano. […] La ciudad vivía en la zozobra, se imponía prácticamente un toque de queda, para la defensa de los campamentos y barricadas del magisterio y la APPO frente a los ‘escuadrones de la muerte’. La ciudad vivía una especie de guerra no declarada. Disminuyó entonces la vida nocturna […]: sólo existían las barricadas.”

Extracto de “Troisième conversation : les barricadas, un lieu de défense qui devient fondateur”, in La voie du jaguar, Georges Lapierre, L’insomniaque, 2008, pp. 44-48

“[Habla David Venegas Reyes] Hay una forma de ser en donde es necesaria la tierra. De otra manera no se puede. Somos y tenemos identidad, tenemos sueños y tenemos luchas, formamos parte de algo, de una tierra. […] Las barricadas se dan precisamente en estos espacios públicos de la gente que está haciendo la lucha. Las barricadas, no se trata de ir a tomar el zócalo, esos espacios que son como de todos, pero que no son de nadie, ¿no? sino tomar tu propia calle, tu propia colonia. Entonces yo pienso, y muchos pensamos, y contrariamente a lo que piensan algunos, que las barricadas no sólo fueron como una especie de confrontación física. La visión militarista de las barricadas, pues, donde se hace una defensa física en contra de un agresor. Sí, fue eso en los primeros días, estuvo digamos dominado por esa visión. Pero al transcurrir del proceso, que fue de dos meses, muchos de los que estábamos ahí nos reconocimos iguales. […] Nos reconocimos en la lucha, como iguales, como fraternos, y como que compartíamos la necesidad de un mundo mejor. Y esta identidad es muy poderosa, inclusivo se vuelve más poderosa que las relaciones anteriores: las relaciones de amistad, de compadrazgo. […] Y es esa identidad que se logra la que provoca. Entonces ya la defensa del territorio se hace en una base más consiente. Es decir: estas calles son nuestras, estos espacios son nuestros y los defendemos por eso. […] También, las barricadas, por esta forma digamos tan radical de oponerse al gobierno, permitió y provocó un crecimiento en la conciencia, un quitarse prejuicios de muchas personas en nuestra sociedad […]. Por ejemplo entre las señoras y los chavos banda, entre el resto de la sociedad y los homosexuales, […] son tantos muros que se han levantado

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[…]. Las barricadas ayudaron mucho al proceso de irnos liberando poco a poco. Porque ahí, en este espacio donde no teníamos más que confiar en el que estaba a nuestro lado para la defensa de nuestra vida misma.”

Paliar la ausencia de autoridad(es)

Artículo del diario Noticias, voz e imagen de Oaxaca, 18 de agosto de 2006

“SUPLEN COMERCIANTES A LA POLICÍA Como en el viejo oeste, en la ciudad los habitantes han tenido que salir a combatir la delincuencia ante la falta de autoridad. Tan sólo en la quinta calle de Aldamá en las últimas semanas se registraban entre 6 y 8 asaltos por día, hasta que los vecinos dijeron basta y se organizaron para enfrentar a los forajidos. Dos mantas instaladas en la transitada advierten a los posibles infractores de la Ley sobre su decisión: ‘los vecinos de esta calle estamos organizados contra la delincuencia, te estamos observando (rata)’ y ‘ciudadanos o visitantes si eres presa de la delincuencia los vecinos de esta calle te apoyamos, grita y pide ayuda’. […] El promotor de la organización ciudadana y presidente del comité de la quinta calle de Aldamá, el empresario Gerardo Martínez, […] afirma: ‘De igual manera exponemos que no vamos a hacer justicia por nuestra propia mano, que vamos a agarrar a los delincuentes pero que nos digan a donde los vamos a llevar, porque queremos que se haga justicia. Así nos pidan cinco o diez veces atestiguar en contra del detenido lo vamos a hacer y vamos a estar pendientes que en verdad la gente que tomemos en nuestra calle sea consignada’.[…] La comerciante Ana P., que vende fruta, […] comenta […]: ‘Ahora nosotros si los detenemos qué pasa, a dónde los llevamos si ahora no hay ninguna corporación policiaca abierta que nos apoye. […] Hace poco nosotros agarramos a uno, lo llevamos a la Cruz Roja y nos dijeron que no lo podían recibir porque no había policía. ¿A dónde los vamos a llevar para que nos hagan justicia?”

Extracto de Autoritarismo, movimiento popular y crisis política, p. 110-111

“Paralelamente —ante la desaparición de las policías como recurso frente a la delincuencia— la población, incluso al margen de la APPO, se organizaba […]. Se usaban varios instrumentos o mecanismos para dar la señal de alarma, desde los cohetes en los campamentos y las barricadas, hasta los silbatos de árbitro en las calles y manzanas vecinas de cada colonia. Tres cohetes o tres silbatos, significaban la voz de emergencia, era el momento en que había que salir a la calle para actuar, muchos amantes de lo ajeno fueron detenidos por los ciudadanos, algunos fueron llevados al zócalo —la sede de la llamada Policía Magisterial de Oaxaca, que fue formada para estas contingencias—, al Honorable

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Cuerpo de Topiles o a la Comisión de Seguridad de la APPO. […] Y luego entregados a la Procuraduría General de la República en el estado o a la que sería después la llamada Mesa de Incidencias, que se formaría con un representante de la Secretaría de Gobernación, el magisterio y un Ministerio Público Federal. Se impuso la práctica de amarrar a los delincuentes a los postes y exhibirlos con un cartel que los identificaba como tales. El escarnio público, la sanción moral, la foto al día siguiente en el periódico fueron parte de su castigo: ‘Soy rata de Ulises’, decían los cartelones que les colgaban.”

Artículo del diario Noticias, voz e imagen de Oaxaca, 7 de septiembre de 2006

“CIUDADANÍA HA DEMOSTRADO MÁS EFICIENCIA QUE POLICÍA ‘Que la ciudadanía supla la función de la Policía Municipal en la detención de los delincuentes es demasiado peligroso y sienta un mal precedente porque para esto están los cuerpos de seguridad’, afirmó ayer el regidor de Gobernación y Reglamentos del Municipio de Oaxaca. Sin embargo, reconoció que por lo menos la ciudadanía ha demostrado una mayor eficiencia que los cuerpos policíacos al luchar contra la hampa, pues casi todas las noches atrapa a uno o dos ladrones en plena faena. […] —¿Pero no podría provocar esto que la gente se haga justicia por propia mano? —‘Claro, por eso digo que la Policía Municipal no puede evadir su responsabilidad de brindar seguridad a la población.’ Y es que anteayer, un grupo de taxistas propinó tremenda golpiza al presunto ladrón S. G., de 18 años de edad […]. Sólo la oportuna intervención de los vecinos […] salvó al joven de ser prácticamente linchado […]. Pese a todo, los ciudadanos organizados, sobre todo en la zona del Centro Histórico, han logrado reducir considerablemente los índices de delincuencia en las calles que vigilan y controlan a través de silbatos: algo que nunca pudo hacer la Policía Municipal durante la presente administración. Cada noche uno o dos presuntos delincuentes son detenidos por los vecinos y exhibidos públicamente, pues es tal la desconfianza en los elementos policíacos que los mismos habitantes prefieren liberar a los supuestos ladrones después de darles un escarmiento.”

Extracto de un reportaje de la Otra TV, por Juan Bautista, corresponsal en Oaxaca de la pagina web de La Jornada

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[La imagen de la cámara filmando de noche nos deja ver una lona y una sábana blanca extendida en el piso con tres armas de fuego y municiones encima. Luego vemos a un hombre amarrado a una silla; el rostro cubierto.]

“Dice que es Efraín P. F., es policía preventivo. Fue detenido escapándose del cuartel de policía, allá donde se encuentra la casa de gobierno, en la parte trasera, sustrayendo armas de ese lugar. [Ahora vemos el detenido con el rostro descubierto. Lo interrogan.] —¿A qué corporación pertenece? —Policía, policía preventivo. —¿De dónde? —De aquí, de Oaxaca. —¿Dónde te agarraron? — […] Estaba arriba de una camioneta. —¿En qué parte? —En un camino de terracería que está atrás del cuartel. Estaba ahí estacionado. Llegaron, me revisaron, me detuvieron y me subieron a una camioneta y me trajeron aquí. —¿Tú tienes credencial para portar todas estas armas? —No, sólo traigo permiso para una y es la que traía yo. —¿Y las otras? —No… no sé, es que habían más personas ahí. —¿Dónde? —Creo que se fue uno, porque yo tenía que haber llegado ahí a ese lugar. —¿Qué lugar? —Ahí, en la terracería que está atrás del cuartel de San Bartolo. —A ver, a ver. Tú estabas ahí, ¿con cuál arma? ¿Cuál es tuya? —La del medio, calibre 9 milímetros. Tengo la licencia pero no la traigo en este momento. —¿Y las otras armas? ¿Dónde aparecieron o qué? —[Haciendo no de la cabeza] No sé. —¿Estas presumiendo que te sembraron las armas? —No. Algo escuche que había otra persona ahí pero creo que se les fue, no sé. —¿Y después las armas aparecieron ahí en tu camioneta o qué? —No. Ya las trajeron todas aquí. Creo que revisaron a más personas. —Y tú, ¿porqué estabas ahí? —Yo estaba no más esperando a una persona. —¿A quién? —A… al comandante. —¿Porqué fueron ahí? —Ahí labora, es su… —Pues sí ¡pero está tomado el cuartel! —Está tomado por la parte de enfrente.

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—Explícanos ¿cómo trabaja en el cuartel si está tomado? —Tiene acceso por la parte posterior del cuartel. —¿Y qué hace ahí? —Pues sus funciones de comandante. —[…] ¿Qué placa es tu camioneta? —No trae placa, no, no trae.” Oponerse a la ocupación militar de la ciudad

Transcripción del capítulo Llegada de la PFP (29/10/06), documental Octubre negro en Oaxaca, Mal de Ojo, 2006

“A los altos mandos de la PFP hacemos el llamado para decirles que si hay agresiones por parte de algunos de los priístas a la gente de Oaxaca o a la PFP, es Ulises Ruiz y sus priístas —tengan mucho cuidado—ellos van a ser los responsables del baño de sangre que se pueda dar en Oaxaca. Mira, nosotros, ¿qué traemos? Gira la cámara y ve.”

[La cámara gira, otro hombre se acerca para hablar] “Nosotros estamos diciendo que no queremos agresión, no queremos que entren. Si hay una mesa de diálogo, que haya diálogo. Es lo que queremos. Pero ¡que no entren!”

[Una mujer está frente al cerco policiaco y habla a un policía de primera línea, dándole una flor blanca] “Les pido a cada uno de ustedes: no masacren a su pueblo. Se los pedimos. Tienes lágrimas en los ojos. Sí, tienes lágrimas, y esas lágrimas quieren decir que eres sensible. [La gente aplaude, el policía sonríe llorando.] Porque tu corazón también te dice que como hijo de una mujer, no puedes masacrar a tu gente. Tómala, toma la flor, te la está dando una mujer.”

[Un comandante llega por atrás y detiene el brazo de su elemento para que no agarre la flor]

Extracto de “Un relato sobre la invasión de Oaxaca por la PFP, el 29 de octubre”, Jacob Muller para narconews.com, in La Batalla por Oaxaca, pp. 207-213

“Sábado 28 de octubre, 9 am

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Con la intención de entender el estado de emoción de la gente, me acerqué a unas personas sentadas en el zócalo. […] Los remanentes de llantas quemadas de las barricadas de la noche anterior arden en rescoldo y los muros están llenos de graffiti y letreros que protestan contra el gobierno y su represión en el estado. Empiezo a charlar con la gente, preguntándoles qué está pasando, qué piensan que seguirá. Todos con quienes converso están esperando lo peor. Y todos están determinados a seguir resistiendo. La mayoría expresan la importancia de seguir pacíficamente, sin violencia. Hay unos jóvenes, de 18-20 años, que han doblado pedazos de alambre para hacer las manijas de resorteras. Platicamos mientras ellos aseguran el tubito quirúrgico — que servirá para lanzar piedras— a las manijas aceradas. Les pregunto cómo se van a defender en contra de las tanquetas de la élite y las policías que vienen bien equipados. ‘Tenemos que hacer algo. No nos queda de otra’, uno me explica. […] En la tarde decido irme a Radio Universidad […]. Después de que me revisen cuidadosamente mi credencial de prensa, me permiten pasar al área afuera de la estación de radio. Alrededor de veinte personas trabajan para mejorar las barricadas que ya están armadas —ocupan postes de madera, ladrillos, y pedazos de coche. El ambiente es muy tenso y se ve una combinación de miedo, determinación y agotamiento en las caras de la gente. En el suelo enfrente de Radio Universidad, hay un huacal lleno de bombas Molotov, cohetes tradicionales y unos bastones acerados de madera. Hago señal a las armas caseras y pregunto, ‘¿Éstas les van a servir si la PFP pasa por la barricada y entra?’ El estudiante joven que me ha estado acompañando me contesta: ‘No mucho. Si la PFP entra, nos van a chingar. Si salimos de aquí será muertos o detenidos,’ me dice de una forma muy sencilla. ‘Pero tenemos que resistir, no nos queda de otra. Y si nos agarran, no termina la lucha. La gente ya está harta. La pobreza, la corrupción, la represión, ya no aguantamos más.’ Mientras voy saliendo, varias personas me preguntan de la situación afuera. Les comento que venía del zócalo y que los cientos de personas que lo han estado ocupando en los cinco meses pasados estaban ausentes, y que me habían dicho que se movilizaron para proteger las barricadas ubicadas a las entradas principales de la ciudad. […]

Domingo 29 de octubre, 8.30 am Las barricadas en la colonia de Viguera tienen fama de ser de las más protegidas. La carretera de la Ciudad de México te lleva a Viguera y muchos de los 4 000 integrantes de la PFP llegarán por ese camino. Llego a una de las barricadas —un montón de ladrillos, piedras, ramas grandes de árbol y unos vehículos quemados. Hay una multitud de vecinos, que se han juntado en anticipación de la llegada de la PFP. Noto la preocupación y el desafío en sus caras. Están hablando de qué hacer. ‘Necesitamos fortificar esta barricada, ¡vamos a mover ese camión por acá! Un grupo de 30 hombres y mujeres corren hacia un autobús escolar. Dudo que lo puedan mover,

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pero esforzándose y sudando, alcanzan a levantarlo poco a poco y lo mueven para que cruce el medio de la carretera. Un grupo de mujeres está platicando cerca: ‘Acuérdense, no violencia. No queremos una guerra. Si les provocamos, lo usarán como pretexto para aplicar mano dura’, dice una mujer con niño en brazos. […] ‘¿Por qué no les acercamos con flores blancas? O podríamos pintarnos las palmas blancas y enseñarlas a la PFP.’ Muchos del grupo en Viguera hicieron las dos cosas. Desafortunadamente, la imagen de las mujeres ofreciéndoles flores a la PFP fue manipulada por los medios comerciales nacionales e internacionales, que decían que fue una bienvenida para la PFP, agradeciéndoles por haber venido a Oaxaca para ‘restaurar el orden’. […]

11.30 am Llegamos enfrente de la línea de confrontación. Hay una multitud de 100-150 personas, parados frente a cientos de policías bien armados con bastones, máscaras antigases y armas que tiran gas lacrimógeno; todo listo para ser usado. En la carretera que viene de México hay por lo menos 15 tanquetas, en filas de tres. Tienen aletas de buldócer para quitar las barricadas, cámaras de video en torrecillas, cañones de agua. Atrás de ellos —hasta donde alcanza la vista— hay cientos más de tropas de la PFP y vehículos. La gente carga letreros mientras cantan, hablan y suplican. ‘Ustedes son la gente, ¡Su trabajo es protegernos, no reprimirnos! ¡Oaxaca no es Atenco! Es nuestra casa. No entienden lo que está pasando aquí. No protegen a este gobernador y las empresas ricas. La ciudad pertenece a toda la gente de Oaxaca. ¡La pobreza nos chinga día y noche! La policía fija la mirada directamente hacia delante. […] Aparece una ambulancia de la Universidad Autónoma Benito Juárez y avanza lentamente hacia el delantero. Baja una enfermera sabia con el cabello de color plata y le pide a la gente que se haga a un lado para que la policía pueda ver lo que sigue. Saca un pequeño banco de plástico de la ambulancia. Un hombre se sienta y sube su manga. La enfermera introduce la aguja a la vena y la sangre empieza a escurrir por su brazo. Tres personas se presentan delante de la multitud. ‘¡Sí, yo también! dicen. La primera es una mujer de más o menos 25 años. ‘Soy una madre. Tengo dos hijas. Quiero que tengan un futuro, que vivan en paz’, grita hacia la policía. ‘Aquí está mi sangre. Si quieren mi sangre, aquí está… pero no la tomen con violencia. ¡Por favor!’ Con el pecho desnudo, [un hombre] recoge la sangre que escurre por su brazo. Lentamente, y de manera cauta, escribe URO en su pecho. ‘¿Cuántos más tienen que morir?’ grita. Un hombre grande, que obviamente propasaba la altura de los demás, se sienta en la silla. Otra vez, la aguja y la sangre. Se para y le grita a la policía con una voz llena de

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emoción. ‘Soy campesino: trabajo la tierra. Soy de Oaxaca. Ustedes no son de aquí, por eso no entienden, pero aquí nos estamos muriendo. Nos morimos de la pobreza y los hombres del gobernador nos están matando también.’ Sigue acercándose a la policía, a punto de llorar, diciendo: ‘Mi hermano también es policía. Entiendo que la necesidad les obliga a hacerlo. Pero él es un hombre bueno. Entiendan, por favor, que los están usando. Todos somos ‘la gente’. No lastimen a su propia gente. ¡No más violencia!’. […] Muchas caras están mojadas con lágrimas. Poco después suenan las sirenas y la policía empieza a movilizarse. Se hacen a un lado, creando un espacio por donde pasen los vehículos armados. En forma conjunta, todos pegan sus escudos con los bastones y avanzan, junto con las tanquetas, hacia la multitud. La gente empieza a cantar, ‘¡El pueblo, unido, jamás será vencido!’ […] Las tanquetas empiezan a lanzar el agua de los cañones de alta presión, tirando algunas personas al suelo. Algunas personas tratan de distanciarse de las fuerzas que se vienen acercando, corriendo, cayéndose —un caos extraño y controlado. Recibo una llamada a mi celular avisándome que debería irme al zócalo. Pronto estarán entrando los policías. Ya no hay camiones ni taxis. Salieron hace mucho. Empiezo a caminar apuradamente y veo una motocicleta que va pasando. Le hago señal para que se pare y le pido ride. Pasamos por varias confrontaciones entre la gente y la policía. Las tanquetas están usando sus cañones de agua contra la gente y muchas avientan piedras y ladrillos a las tanquetas. Helicópteros sobrevuelan tirando gases lacrimógeno, y el humo se levanta de las llantas y vehículos que se queman. […] El zócalo está casi desierto. Algunos reporteros caminan, ocupados hablando por sus teléfonos celulares. En todos lados —en las paredes de los edificios, en árboles, en las banquetas— hay letreros, cartulinas, grafiti despreciando a URO: ‘Ulises-Asesino’, ‘URO rata cobarde’ y ‘Ulises ya cayó’.”

La solidaridad en el estado

Selección de titulares del diario Noticias, voz e imagen de Oaxaca

Junio 2006 “Maestros marchan en Pinotepa [sur oeste] : crecen las protestas” “Bloquean maestros carreteras federales en el Istmo [sureste]” “Maestros protestan en Huajuapan [oeste]” “Ayuntamiento popular de Lalana [norte] se suma a movimiento magisterial” “Más actos de apoyo a favor de maestros en Huatulco [sur]” “Autoridades del Sector Cajonos [norte] se solidarizan con maestros” “Bloquean maestros carretera en Valle [centro]”

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“Toman el palacio de San Miguel El Grande [oeste] en apoyo al magisterio” Julio 2006 “Exigen salida inmediata de URO en Juchitán [sur]” “Ya no sirve la 'mapachería' en los mixes [este]” “Autoridades de la Sierra se suman a la APPO [norte]” “Toman indígenas la CONADEPI con la APPO” “Toma APPO palacio de Coatlán [centro sur]” “Se unirán Xoxo y Zaachila a acciones de Asamblea Popular [centro]” Agosto 2006 “En solidaridad con la APPO toman palacio de San Antonino [oeste]” “Admite gobierno toma de 5 palacios en solidaridad con la APPO” “Se prolonga la caída de edil de Tehuantepec [sureste]” “APPO toma palacio de Huajuapan [oeste]” “APPO de Tuxtepec exhibe a quien intentó desalojarlos [nordeste]” “Tensión social en alza: 20 palacios tomados” “Caos en el Istmo por 5 bloqueos carretero” “Se suman indígenas zapotecos a demanda de que se vaya Ulises Ruiz” “Estalla conflicto en San Pedro Huilotepec [sureste]” “Ingobernabilidad podría ocasionar desintegración del ayuntamiento de Santiago Yacatepec Mixe [este]” “Bloqueo en Jalapa del Marquéz [este]” “Se enfrentan comuneros y policías en Colotepec [sur]” “Marchan maestros en la Costa [sur]” “Maestros toman el palacio y dependencia del gobierno en Teotitlán de Flores Magón [noroeste]” “Mandan mujeres de Etla [centro] carta a Fox para evitar la guerra civil” Septiembre 2006 “Aumenta afluencia de migrantes que regresan a Oaxaca” “Emigran a EU los policías que renunciaron por no atacar a la APPO” “Cancelan actos de los tres poderes en Juchitán [sureste]” “Sigue tomado palacio municipal en Tututepec [sur]” “Pueblos olvidados de Sierra Norte se suman a la APPO” “Crean más asambleas populares en la Mixteca [oeste]” “Mantendrán tomadas las oficinas de Puerto Escondido [sur]” “Hasta en su tierra Ulises propicia la confrontación, en Chalcatongo [oeste]” Octubre 2006

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“Más acciones de repudio en la Costa contra Ulises” “Juxtlahuaca en pie de lucha [oeste]” “En San Pedro Mixtepec otra muestra del repudio a Ulises [sur]” “Surge la APPO en Los Ángeles, California”

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INTERLUDIO 4

A finales de enero de 2008, antes de que me instalara en un nuevo mundo oaxaqueño, viajé a la península de Yucatán en familia. Nuestro programa: visitas a pirámides, mar turquesa, interminables horas de autobús, codearse con turistas del mundo entero, avión, hamaca. Llegamos a Tulum, en el estado de Quintana Roo. Estas playas son las que la productora holandesa Endémol expone en los reality-shows como espectáculo. Arena fina, conchas, crustáceos: 60 kilómetros de litoral vendido a empresas, estadounidenses o canadienses, se extienden presuntuosamente delante de nosotros. Estoy de viaje en los barrios de lujo del país: pago en dólares, hablo inglés, paso los torniquetes de las taquillas de sitios arqueológicos donde la visita es muy cara y duermo en hoteles. Veo la tele, los anuncios, una mujer blanca está mirando a su hijo blanco. La voz en off nos dice: “¿Está cansada de pasarse el tiempo lavando la ropa de sus pequeños? Diga: ¡Basta! Con la nueva consola de videojuegos, ¡está segura de que su hijo no se ensuciará! ¡Puede jugar a dentro de la casa, donde no se manchará!” Los avisos legales subtitulados nos recuerdan que debemos cuidar el agua. Salir del hotel da la impresión de penetrar del otro lado de la televisión, detrás de la pantalla, en medio de los anuncios de viajes románticos, de los discursos presidenciales, del turismo de masa (y de clase), y de la publicidad de cirugía estética. En las playas, el mismo bloqueador, los mismos bikinis, los mismos autos, las mismas mujeres altas, blancas y rubias. Afortunadamente, mirar hacia el otro lado de la calle nos regresa a una realidad en donde la mayor parte de la gente tiene la piel morena, el cabello negro y los ojos cafés. Sentados en la banqueta, los habitantes observan esta pantalla que se ha vuelto cotidianidad. Incluso algunos compran, en los mercados, jeringas de botox (para lifting

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temporal), productos corrosivos para blanquear la piel o pantalones de mezclilla con glúteos inflables (gracias a bolsitas de aire en los bolsos traseros) para ayudarse a cruzar la línea que los separa del vecino americano de moda. Descubro un nuevo México, al que nunca me había acercado tanto. Entiendo un poco mejor el: “¡Turista, go home!” pintado en las paredes de la ciudad de Oaxaca cuando se acerca el verano. De regreso a Oaxaca, vuelvo a encontrar con gusto la sencillez y la luz natural, dejando atrás los proyectores y el maquillaje. Los colores de las casas rojas, azules, amarillas, verdes o grises, los de la comida, de las telas, de las flores. Los de las pieles que nunca se ven en la televisión (sólo en caso de catástrofe natural o de operativo policiaco). Los de la tierra rojiza y de las milpas en la carretera que me lleva a Zaachila, una ciudad pequeña a treinta kilómetros al sureste de Oaxaca. Es 11 de enero de 2008 y voy al “Encuentro de Jóvenes en el Movimiento Social Oaxaqueño”.

Los jóvenes de la tercera asamblea de la APPO —que presencié dos meses antes— organizaron tres días de debate. Tres días para encontrarse, después de luchar juntos en el 2006, y debatir sobre cinco temas: “El balance del papel de los jóvenes en las luchas sociales”, “El uso de medios alternativos”, “Las herramientas para enfrentar la represión”, que los afecta particularmente, “El tema de los pueblos indígenas” y, por fin, “La autonomía y el poder popular”. La participación en las cinco mesas fue irregular: los debates teóricos sobre el poder, o sobre las prácticas para enfrentar la represión, fueron más concurridas que las pláticas sobre la participación de los jóvenes en el movimiento social, o las que trataban de la cuestión indígena. La mesa sobre medios alternativos — mesa en la que participé— reunió un buen número de personas de diferentes medios (radio, internet, periódico, foto) pero terminó muy rápidamente. Concluimos que estos medios existen, que debemos usarlos, alentar la creación de otros y la reducción de las

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barreras técnicas que, comúnmente, nos separan de ellos, a través de talleres colectivos para compartir conocimientos. Las demás mesas siguieron toda la tarde e incluso el día siguiente. La plenaria se desenvolvió sin despertar mucho interés por parte de los participantes, bastante dispersos, más ocupados en preparar la comida o el concierto de clausura. Entre los acuerdos y el programa de acciones se encuentra un gran proyecto: el de las caravanas. Los jóvenes que participaron en el encuentro hicieron un balance del 2006: aunque la lucha haya sobrepasado considerablemente las fronteras de la capital y se haya extendido incluso a las ocho regiones de Oaxaca, sufrió la ausencia de vínculos y de coordinación entre la ciudad y el campo. Eso es lo que faltó para lograr el objetivo. Ahora faltaba crear (volver a crear, según algunos) estos vínculos para fortalecerse antes de la siguiente batalla. Había que conocerse, compartir conocimientos y luchas para, juntos, poder señalar y combatir el enemigo común: el capitalismo a través del Estado y de las grandes empresas. Las caravanas de observación y de intercambio que recorrerán las ocho regiones y los pueblos que resisten, mal que bien, al saqueo organizado, tienen como objetivo contribuir a este proceso para entablar relaciones constantes de ayuda mutua. Para realizar este proyecto, así como otros (como el boicot al transporte urbano debido al incremento de las tarifas, marchas para la liberación de los presos políticos...), semanalmente se convocan reuniones del encuentro de jóvenes, en las cuales participo. Sigo, en paralelo, con las reuniones del encuentro de mujeres. Ahora están organizando el tianguis femenino itinerante y cerrando la edición de la revista. Me piden que asuma el papel de fotógrafa en un encuentro para la articulación de las fuerzas, en vistas de obtener la liberación de los presos políticos del país. El colectivo de Investigadores descalzos, que se propone analizar el movimiento social de 2006 sin conocimiento teórico particular, en el marco de un seminario de pláticas, organiza

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reuniones a las cuales asisto con cada vez más frecuencia... Empiezo a participar en un montón de cosas. Hay que decir que ahora deambulo las 24 horas en terreno militante: se acabaron los supermercados, las big macs de mi compañera de casa, se acabó el silencio de la calle. La casa a la que me mudé aloja a la vez miembros de Radio Plantón, Mal de Ojo, VOCAL; recibe las reuniones de otros colectivos, en los que ninguno de nosotros participa, pero con los cuales trabajamos. La semana se organiza alrededor de dos o tres reuniones, de tequios para limpiar la casa, de fiestas interminables con cantos, jaranas y mezcal, de pláticas —políticas o no— apasionadas, de nuevos encuentros cada día. Tantas personas con las que me cruzaba de vez en cuando, que llevaba tiempo queriendo conocer, y que en algunos casos rápidamente se vuelven compañeros de comidas, de partidos de dominó, de limpieza de baños o de broncas de compañeros de casa. Ahora practico el español de manera más constante. Si se da el caso, presencio pláticas de jóvenes cansados de la publicación de un sinfín de investigaciones de mala calidad sobre su lucha en el 2006, al punto de esquivar las entrevistas para que los dejen en paz. Más o menos conscientemente, prefiero dejar de lado mi proyecto de libro, evitando las preguntas, haciendo solamente algunas bien elegidas, trabajando a puerta cerrada, leyendo casi a escondidas, prefiriendo concentrarme en el trabajo cotidiano con lo que rápido se vuelve una banda de cuates. Poco a poco digiero el permanente flujo de información, con una postura que irremediablemente se aleja de la espectadora, y casi me atoro. Siento como si tuviera tubos en la boca, en la nariz y en los oídos, abastecidos a cada segundo. Sin embargo, los meses pasan agradablemente. Me acostumbro al nuevo ritmo y desde febrero, además del festival del software libre o del taller de construcción de baños secos, casi todos nos enfocamos en un proyecto: la organización de la primera caravana de jóvenes de Oaxaca. Se irá a la región del Istmo de Tehuantepec, en el sureste del estado. Es una zona particularmente afectada por la implantación de megaproyectos industriales, alentados por el gobierno federal. Varios pueblos llevan ya mucho tiempo luchando en

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contra de la invasión y de la transformación de su entorno en beneficio de las compañías extranjeras. Contactamos a cada uno para prever los términos del intercambio propuesto: aprender unos de otros en una perspectiva de reorganización y de fortalecimiento del movimiento social. Pensamos el marco y el contenido de cada actividad: instalación de una radio ambulante, talleres de serigrafía, de elaboración de queso, de mantenimiento de las bicimáquinas, de dibujo para niños, de reciclaje de desechos o sobre los derechos de los comuneros frente a las grandes compañías. La comisión de medios se encargará de la comunicación para la caravana: redacción y envío de informes a varios sitios de noticias alternativas sobre cada jornada, grabación de un documental y reportaje fotográfico. Los Investigadores descalzos proponen hacer entrevistas especiales con los colectivos y los habitantes en lucha, con el objetivo de redactar un estudio más complejo. Los miembros de la caravana que tocan un instrumento se organizan para dar pequeños conciertos en cada etapa del recorrido. El colectivo CACITA (Centro Autónomo para la Creación Intercultural de Tecnologías Apropiadas) se dedica a construir dos bicimáquinas (una desgranadora y un molino, para el maíz), imprimir los manuales de construcción y hacer diferentes pruebas de uso, según el entorno donde se van a utilizar las máquinas. Nos ponemos en contacto con una asociación de defensa de derechos humanos (SIPAZ, Servicio Internacional para la Paz), para contar con la presencia de observadores internacionales en caso de intimidación policiaca. Ahora tenemos que recolectar suficientes fondos para el viaje. El monto necesario es de decenas de miles de pesos, lo que a priori resulta intimidante. La red activista oaxaqueña, fortalecida por los seis meses de lucha permanente de 2006, se moviliza. Los colectivos de gráfica o pintura, como ASARO o Cuatlicue, donan obras (grabados, plantillas, etc.) al Encuentro para que organice rifas. Los fotógrafos y artistas militantes también lo hacen. Miembros del Encuentro y sus familiares contribuyen, el tianguis sirve de taquilla de boletos de lotería o para las fiestas de apoyo. Los bares que

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simpatizan con el movimiento abren sus puertas para organizar conciertos donde vendemos comida y bebidas sin preocuparnos mucho por el porcentaje de reparto. Los grupos comprometidos tocan gratis para apoyar el proyecto. Nuestra casa recibe el concierto final de unos diez grupos de rock, reggae, rap y son jarocho que dura toda la noche... y nos permite hacer corte de caja el sábado 3 de mayo de 2008, dos días antes de la salida de la caravana. El día siguiente se organiza una reunión para que todos los participantes de la caravana se conozcan y para ultimar detalles. Conocemos al chofer del autobús que llevará a buena parte de los miembros, seguido en la carretera por una barredora, una camioneta, y el pequeño auto de dos puertas de los observadores internacionales. El conductor es estadounidense, originario de Ecuador. Esto plantea un problema para los acompañantes de derechos humanos. Consideran que es difícil defender el hecho de que un extranjero lleve la caravana por las carreteras del país: es un acto manifiesto de desacuerdo con la política del gobierno mexicano. Pero él aduce que trajo su autobús desde Estados Unidos, que lo pone al servicio de los colectivos políticos que conoce desde que vive en México, es decir dos años. Se considera responsable de sí mismo y de su medio de transporte. El Che Bus es un antiguo camión escolar estadounidense, arreglado y traído por su propietario al suelo mexicano, antes de irse para Ecuador. Dentro, modificó todo: amputó sus habituales hileras de asientos y las sustituyó por dos bancas largas (que a la vez son pequeños baúles) que bordean las ventanas; amplió los estantes, encima de las bancas, y construyó un muro para formar dos cuartos; instaló electricidad por todas partes, hay una toma de gas en la esquina del primer cuarto, un colchón en el segundo y, al fondo de la recámara, está la cajuela, una muy grande. El lugar del conductor es práctico: acceso directo a los controles de luces, el estéreo está conectado al lector mp3 justo al lado del volante o de la cerradura de la puerta. La gigantesca caja de herramientas, en la guantera, con los

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mapas y las botellas de agua. El autobús funciona con diesel o aceite de fritura usado, según la elección, y según los stocks disponibles. De hecho se puede pasar de un sistema a otro con bastante facilidad. En el techo instalaron una galería para cargar cosas pesadas, como bicimáquinas: se accede a esta parte del autobús con una pequeña escalera. Los tubos de la escalera sirven para sostener la antena de radio de cinco metros, resguardada entre el techo y la galería. Una herramienta completa de transporte, de comunicación, de encuentros, de creación y de lucha, como lo asegura orgullosamente el conductor. El 5 de mayo de 2008, el Che Bus está estacionado enfrente del edificio de la Sección 22, en el centro de Oaxaca, listo para salir. Nos afanamos en subir las bicimáquinas en el techo y amarrarlas bien. Nos repartimos en los vehículos: la camioneta es para los extranjeros, es más prudente en caso de control policiaco. La fila india termina por arrancar y avanza en línea recta hacia la primera etapa: Jalapa del Marqués. Participo en esta caravana a través de la comisión de medios y de mi cámara. Con ella asistí a todas las marchas. La fotografía ha sido una moneda de intercambio desde que llegué. La distancia del lente me permitió acercarme a la gente que se entregaba con más facilidad frente a “alguien que quiere transmitir la verdad”, como dicen. A menudo me preguntaban si conocía a Brad Will dado que colaboraba con Indymedia. Para esta caravana, la cámara justifica mi colaboración en un proyecto político local donde lo que está en juego es importante. Y... Poco a poco conocí a la APPO y a sus miembros, su vertiente urbana y sus problemáticas propias, pero el peso de la participación—y el potencial— de las demás regiones del estado seguía difícil de delimitar. Es cierto que pasé poco tiempo fuera de la ciudad y que no platiqué con muchos miembros de comunidades ajenas a la capital. Me describieron la participación de los pueblos indígenas dentro de la APPO, a través de organizaciones sociales, como tímida e inestable. Pero era crucial, incluso cuando se trataba del funcionamiento de la asamblea o de la iniciativa popular. Los

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diarios del año 2006 informaban sobre las movilizaciones, violentas o no, en otras ciudades y pueblos del estado; pero eran a menudo organizadas por el sindicato de maestros. Otras estaban relacionadas a conflictos territoriales o políticos locales, anteriores a 2006 y, en ocasiones, bastante alejadas de las preocupaciones de la APPO. Sin embargo, se tejieron vínculos que dieron frutos, pero la correlación de fuerzas instaurada al hilo de los meses por la APPO se esfumó en el minuto en que la participación, esencialmente urbana, fue barrida por los cañones de las tanquetas grises, el 25 de noviembre, en la ciudad de Oaxaca. Estaba, pues, impaciente de conocer un poco más estas regiones, estos pueblos, estos habitantes, para entender mejor los pormenores del movimiento social de 2006.

Después de cuatro horas de curvas y de paisajes áridos, la caravana para en un pueblo donde la vegetación es más verde: palmares, mangos, florecitas amarillas. Estamos lejos de los palenques Nos invitan a entrar a la casa de los miembros de Radio Arco iris y del colectivo Cortamortaja para tomar un agua de limón que agradecemos mucho. Las dos personas presentes, un hombre y una mujer, nos explican que llegamos para el aniversario del desplazamiento de su pueblo. Tod@s estamos invitad@s a la conmemoración que se organiza en la plaza central, esta noche. El hombre que nos recibió en su casa toma el micrófono y recuerda por qué estamos todos aquí, hoy. En 1954, el pueblo de Jalapa del Marqués fue designado para la construcción de una enorme presa hidráulica. En 1956, el gobierno federal ordenó construir, a 20 kilómetros, un nuevo pueblo. La Secretaría de Energía hizo, entonces, un censo de población y del número de casas por levantar: 4 500 habitantes, 787 casas. En 1961, empezaron las obras y la población fue desplazada a las 696 casas que finalmente se construyeron. El centenar de familias expulsadas de su hogar tuvo que instalarse en otras partes de la región o migrar hacia la capital. La presa que, se supone, abastecería de electricidad a los diez municipios

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vecinos sólo produce energía para la refinería situada a unas decenas de kilómetros. Su construcción significó la desecación de las principales fuentes de agua de los municipios vecinos, desviadas para cubrir las 64 176 hectáreas, ahora enterradas bajo las aguas gubernamentales. Un hombre mayor, se siente que vivió el desplazamiento, toma la palabra para recordar al “viejo Jalapa”, como dice. Señala con el dedo las fotografías expuestas que representan el antiguo pueblo descubierto. Son fotos tomadas en la sequía de 1978. A partir de esta fecha la presa sufrió desecaciones periódicas, parando por completo la actividad industrial y dejando al descubierto los vestigios de las antiguas construcciones (las más viejas datan del siglo trece). Desde la fecha, el principal problema de la región es la escasez de agua no contaminada: sólo un río no fue desviado, y llega al nuevo Jalapa después de atravesar varios pueblos que en él vierten los desechos y reducen su caudal. Los partidos políticos se echan la culpa unos a otros y llevan, según su turno, sus campañas municipales sobre el tema del agua contaminada, sin resolver nada tampoco, todos corruptos que son, nos explica el señor. Desde entonces, no viven en sus casas, por culpa de un proyecto que no funciona y que les arrebató el agua. Dos hombres, uno casi desnudo, llegan tras saludar la “memoria viva del viejo Jalapa” con mucha emoción. Presentan una obra de teatro que ironiza sobre el tema del agua, escenificando las filas de espera en el único manantial disponible a kilómetros a la redonda, la gente rezando para que llegue el agua. Claman: “Jesús no tiene la culpa, ¡él también quiere bañarse!” Después del teatro, el grupo del municipio toca unas melodías en honor del viejo Jalapa. Proyectamos un documental sobre el paso de La Otra Campaña y del Subcomandante Marcos en el Istmo de Tehuantepec, en 2006. La noche termina y cada uno platica, por su cuenta, antes de regresar a la casa para una junta más privada con el colectivo Cortamortaja.

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“Vivir cerca de tantos litros de agua y no tener acceso a ello, es inhumano. Es importante, pues, recordar a las nuevas generaciones que no siempre ha sido así, y señalar a los responsables, aun después de cincuenta años.” El objetivo de Cortamortaja es reavivar esta memoria, inculcar valores a contra corriente de los promovidos por la tele y las radios comerciales. A través de Radio Arco iris y de los debates que organizan, esperan reforzar el diálogo y la confianza entre las diferentes generaciones del pueblo para, entre otras cosas, intentar reducir la tasa de migración a Estados Unidos, pero también salvaguardar un tipo de cultura más tradicional y particular que el desgraciadamente clásico “coca-cola-tenisdance music”. Sus principales enemigos son los partidos políticos, por eso el colectivo trabaja mucho con la comunicación, porque allí es en donde están más presentes. Tuvieron “muchas esperanzas con el gran movimiento de la APPO... Pero se acabó.” Para ellos, ser de la APPO significaba tener una gran capacidad de movilización y apuntan que, sobre todo por culpa del miedo, la APPO ya no es lo que fue. Ya no puede pretender la misma fuerza y vitalidad. Aunque despertó las conciencias de algunas comunidades rurales que ya no tenían fe, su debilitamiento y sus desacuerdos mostraron que ya no tenía la misma capacidad de organización y relevo en lugares más allá de las ciudades. Sin embargo, el valor de ayuda mutua y el hecho de cuidarse un@s a otr@s están presentes, y eso también lo transmiten gracias a la radio. Nos explican que están enojados con los maestros del pueblo, que no hacen nada para que las cosas cambien o, por lo menos, difundir aunque sea un poco la cultura del pueblo y de la región. Intentan, entonces, platicar con ellos para intervenir en las escuelas y despertar, al menos, la curiosidad de algunas personas. También buscan reunir equipos para el mantenimiento de las bombas de presión de dos pozos que, de otra forma, quedarían abandonados: aunque son propiedad del pueblo y del ayuntamiento, nadie los cuida. Para terminar, nos desean buena noche de descanso, puesto que el día siguiente, nos llevarán a la presa que actualmente está seca, hecho que permite reparar la presencia del antiguo pueblo.

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El día siguiente, por la mañana, los gallos cantan acompañados por estos grandes pájaros negros que suenan como un despertador. Nunca había escuchado un piar tan electrónico. Parece verdad. Golpeo instintivamente lo que creo ser, a mi lado, un radio reloj. En lugar de eso, mi puño resuena en la lámina del techo del camión. Rápidamente, estamos list@s tod@s para subir en las dos camionetas que nos llevan a la salida del pueblo: una carretera grande y recta, todo está verde. Los vehículos toman un caminito a la derecha antes de meterse a una terracería que se vuelve cada vez más árida. Poco a poco, el ambiente se torna mórbido... Los ríos secos, la carretera craquelada color arena, los árboles desnudos, los zopilotes comiendo restos de animales, dejando aquí y allá huesos que nos cruzamos a lo largo del camino. Luego llegamos frente a una pequeña casa acorralada debajo de un árbol de mil ramas, majestuoso, donde estacionamos los carros antes de tomar a pie otro camino, más estrecho, para llegar a la orilla de la presa. Son kilómetros de sequía y desolación, en apariencia. Pero mientras caminamos sobre lo que parecen fotos de Sahel, en realidad nos hundimos en un suelo blando, del cual nos cuesta salir. Rápidamente, una decena de nosotros tiene lodo hasta las rodillas. En medio de este lago seco, la gran iglesia de Jalapa Viejo se alza, erguida, mostrando varias señas de cansancio: fisurada en su centro, toda vacía, con ventanas improvisadas por las caídas sucesivas de las piedras que la aguantan, dejando pasar haces de luz que rebotan caóticamente en los charcos de agua estancada. Al lado, un trozo de pared sostiene el convento. En medio de su claustro, las sandalias que perdieron unos visitantes intrépidos yacen en medio de un charco verdoso. Detrás de la iglesia se yergue una cruz; es todo lo que queda del cementerio. Más adelante, las ruinas de algunas casas ofrecen un relieve ante la planicie que nos rodea. Mantienen a algunos caballos pastando en un perímetro restringido para impedir que se hundan. Subsisten uno o dos árboles, roídos y pulidos por el agua; las algas secas por el sol sustituyeron a las hojas. Nos quedamos algunas horas deambulando entre las ruinas, filmando, sacando fotos,

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platicando con los miembros del colectivo Cortamortaja, zigzagueando para no caer en las trampas constantes del suelo. Algunas familias vinieron, como nosotros, a pasear sobre los restos de Jalapa mientras el lobo no está. De regreso al pueblo “nuevo”, nos dan un refrigerio, incluso nos ofrecen una ducha para quitarnos el olor a lodo que tenemos incrustado por todas partes. Nos formamos para entrar en el pequeño cuarto donde nos espera un gran balde de agua que debe alcanzar para los treinta que somos. Después de este merecido baño, nos damos la mano, nos abrazamos, intercambiamos direcciones e incluso nos citamos el siguiente 14 de junio en la marcha de conmemoración de los enfrentamientos del 2006. Retomamos el camino a media tarde, rumbo a San Blas Atempa donde, la noche anterior, asesinaron a un miembro del Ayuntamiento popular.

Llegamos una hora más tarde a la periferia de la ciudad de Tehuantepec. El autobús se detiene en una placita: un kiosco, el palacio municipal, una iglesia, el mercado, banquitas, árboles y muchas flores. Estamos en San Blas Atempa, no hay nadie más. Desde los primeros momentos, se siente un ambiente pesado y tenso. Esperaban nuestra llegada, pero no el crimen de la noche anterior. Bajamos las bicimáquinas que serán presentadas mientras otros instalan la radio que transmitirá el evento. Unas personas llegan rápido, con los ojos como platos frente a estos aparatos bizarros. El experto en tecnologías apropiadas hace una demostración. Desde el interior del camión, donde estamos preparando la comida, vemos el baile de las personas que poco a poco llegan para el evento de la noche: con cierto ritmo, cada uno se acerca con su silla, la despliega, se sienta. Las mujeres adelante, vestidas con huipil y enahua, todo florido; los hombres atrás, con sombrero y guayabera clara. Ríen, hablan fuerte, pero incesantemente miran a su alrededor. Ya llegó la hora de empezar las

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“festividades”. El Doctor Salud toma la palabra y dice que su pueblo está de luto, sin explicarlo realmente. El público asienta con la cabeza durante todo el discurso. La segunda presentación de la noche es la de bicimáquinas. Las señoras se quedan boquiabiertas: “¡Órale!” Con la sola, pero potente, fuerza de las

piernas, se puede

desgranar hasta 10 mazorcas de maíz en un minuto. Cambiando de herramienta y encajando la cadena de la bicicleta en el nuevo engranaje, se transforma la desgranadora en molino para obtener rápidamente la harina necesaria para tortillas o tamales. Se puede regular el grosor de la harina apretando más o menos la muela. Es un sistema bien pensado que deja a las mujeres del público, acostumbradas a trabajar el maíz de una forma completamente distinta (y sobre todo sin pedalear), impresionadas. Luego se proyecta el documental La Rebelión de las Oaxaqueñas para recordar el papel de las mujeres en 2006. Durante toda la película, se escuchan rumores acerca de simpatizantes del PRI que rondan la plaza, aparentemente armados con rifles... Los habitantes que no están presentes se organizaron para bloquear las calles con pequeñas barricadas y así disuadir a los maleantes. Termina la película. Sin mensaje de clausura ni despedida, apagan el proyector. Se levantan hombres y mujeres y, con la misma disciplina que unas horas antes, doblan sus sillas y las llevan de regreso a casa. En 10 minutos, la plaza queda vacía. Sin embargo, algunas mujeres se quedan y conceden una rápida entrevista a la comisión de medios: “¡Mató! ¡Está con el gobierno de Ulises Ruiz y con el de Calderón! ¡Lleva 12 años comprando votos y sigue aquí! ¡Regala pesos, cemento! ¡Tira mucho dinero y manda a su gente a que nos maten! ¡Robó, tomó lo que quiso! ¡A la señora Agustina ya no la queremos aquí!” Terminan interrumpiendo este juicio improvisado para ofrecernos queso nerviosamente, sin palabras inútiles: “Gracias. Adiós.” Algunos habitantes desbloquean una calle para que pase el bus amarillo y su caravana.

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El ambiente de San Blas Atempa es extraño. No estaba al corriente de lo que pasa allí desde hace 12 años, ni tenía idea de quién era la señora Agustina. Sólo sabía que allí existe un Ayuntamiento popular. Agustina Acevedo, miembro del PRI, es en realidad la cacique de San Blas Atempa: lleva 12 años paralizando la vida política del pueblo. Todo empezó con la persuasión a un grupo de agricultores dedicados a la caña para que la eligieran en el ayuntamiento. Su posición, entonces, le permitió malversar, según la vieja costumbre del PRI, la mayor parte de los recursos para transferirlos a los miembros de su partido a cambio de su apoyo en el cabildo, o para chantajear a los que no estaban con ella. Entre otras cosas, vendió tierras comunales sin previo aviso, causando fuertes tensiones en el pueblo que, en 2004, decidió actuar. Estalló un gran movimiento de protesta, en donde el PRD hizo portavoz al Doctor Salud. La batalla por las elecciones municipales llevó otra vez al PRI al poder, gracias al viejo sistema de compra de votos con cemento y víveres. Sin embargo, el día de la toma de poder del nuevo alcalde, una parte de la población cercó el palacio municipal para impedir la ceremonia y lo terminó ocupando. Una semana más tarde, el ayuntamiento autónomo y popular de San Blas Atempa fue oficializado y se entablaron negociaciones: liberación de los presos políticos, solución a las demandas económicas, desaparición del poder institucional y, por consiguiente, reconocimiento de la autonomía política del pueblo. Después de más de un año de poder popular y de negociaciones infructuosas, unos 700 policías desalojaron el palacio. Detuvieron a 10 personas y expidieron 94 órdenes de aprehensión. El 14 de junio de 2006, se movilizaron todas las unidades de policía para evacuar el plantón de la Sección 22 en el centro de la capital, Oaxaca de Juárez. El palacio municipal de San Blas Atempa, entonces, se quedó sin vigilancia, lo que permitió a los habitantes a favor del Ayuntamiento popular ocupar de nuevo la sede del poder... Y unas semanas más tarde sufrir otra vez la represión del Estado. Desde 2007, la situación es ambigua: el poder oficial está en manos del PRI, que gobierna desde una casa particular

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designada como Palacio de gobierno. Mientras que el verdadero palacio está en manos de los disidentes, quienes nos recibieron la noche del 5 de mayo de 2008, un día después del asesinato de uno de ellos, mientras expedían 130 órdenes de aprehensión en su contra.

A media tarde del día siguiente llegamos al local de Radio Totopo, en Juchitán de Zaragoza. Esta radio emite desde la séptima sección de la capital económica de la región. Asistiremos a la asamblea con los campesinos que pertenecen al Frente en Defensa de la Tierra y del Territorio (FDTT), donde nos explicarán por qué se solidarizaron con la lucha en contra de transnacionales de la electricidad. Siendo el Istmo de Tehuantepec una de las regiones de América Central en donde el viento sopla más fuerte, las grandes empresas se pelean esta gigantesca corriente de aire para construir parques eólicos. La asamblea tendrá lugar en un local del centro, con un intérprete, pues la mayoría de los participantes no habla español, sino zapoteco. Los miembros de CACITA se acercan primero para presentar su trabajo y para la exposición de las máquinas con pedales. Gracias a la ayuda de la Universidad de la Tierra, este colectivo pudo construir, en la periferia de la ciudad, un taller de dos pisos en el que desarrolla proyectos de “tecnología apropiada”. Se trata de repensar la tecnología, no con un objetivo de progreso infinito y de productividad máxima, sino de sustentabilidad y respeto al medio ambiente. Estas técnicas alternativas tienen por objetivo fortalecer la producción familiar frente a la industrial, utilizando materiales que se encuentran fácilmente. Las bicimáquinas, fabricadas con piezas de bicicletas usadas, funcionan sin electricidad y no contaminan. Este sistema se puede aplicar a distintos tipos de aparatos: licuadora, lavarropa, generador eléctrico, bomba de agua para pozos... Son herramientas de lucha y de autonomía relativa frente al Estado y al capitalismo. Después de esta breve presentación, los miembros del colectivo recuerdan que no vinieron como vendedores

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ambulantes, sino para intercambiar ideas, técnicas e impresiones para seguir adaptando las máquinas a las comunidades que las necesitan, como, por ejemplo, aquellas en donde no hay electricidad. Ahora les toca a los miembros del FDTT tomar la palabra. El intérprete traduce: “Les invito a todos a que se unan y a que luchen en contra de estas empresas que toman decisiones lejos de nosotros y sin preocuparse de las repercusiones directas para los verdaderos dueños de la tierra, los que la trabajan a diario, es decir nosotros, los campesinos.” Otro campesino nos explica que si cultiva una hectárea de su tierra y vende sus productos, gana alrededor de 15 mil pesos al año, 20 mil si bien le va. Sin embargo, los contratos con el gobierno prevén una remuneración de 150 pesos anualmente... Alguien pregunta por qué firmaron los contratos si los términos no eran satisfactorios. La respuesta es clara: los representantes del gobierno o de las empresas vinieron a ver a cada familia, cada terreno, con un discurso bien armado, prometiendo las perlas de la virgen a unos campesinos, cuyo 80 % no sabe leer. Por eso, las víctimas se organizaron en este frente para intentar recuperar sus terrenos o, por lo menos, obtener una compensación de la talla de las pérdidas ocasionadas. Si para comprar terrenos el argumento del gobierno se basa en la aridez de éstos, los campesinos saben que estas tierras producen y que son útiles, que alimentan a familias enteras. Cerramos la junta formalmente, agradeciéndonos unos a otros el apoyo y la solidaridad que nos hicieron conocernos esta noche. Luego regresamos a la radio, donde algunos miembros de la caravana toman el micrófono para reseñar el encuentro. El día siguiente, vamos al lugar de la tragedia. Los parques eólicos se extienden hacia el horizonte. Irónicamente, estos campos industriales se llaman La Venta 1, 2 y 3; el 4 y el 5 están siendo construidos. El esquema de despojo de tierras que nos describieron anoche ya tuvo lugar y va a repetirse, privando cada vez más a los campesinos de su herramienta de

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trabajo y sobrevivencia. La carretera que bordea estos parques es recta y da una vista de conjunto sobre las grandes flores de metal cuyos pétalos, que giran al hilo del viento, enfrentan las aves de paso. Esta parte del Istmo de Tehuantepec también es el camino que toman los 9 millones de aves migratorias del continente americano, dos veces al año, en octubre y marzo. Con la invasión de los aerogeneradores, son tantos obstáculos que redujeron considerablemente la población y el tráfico aéreo. Los motores de viento implantados apenas a unos metros de las casas se burlan de las personas que viven en los pueblos vecinos, fundiéndose en el paisaje, lleno de palmeras. El ruido es constante: rum, rum, rum, rum. Los terrenos están cercados con alambre de púas. Cuando los campesinos se acercan a sus antiguas propiedades, el ejército interviene para defender al gobierno mexicano, propietario legal de los parques que rentan a las empresas privadas. Electricidad de Francia (EDF) también tiene algunas hectáreas para desarrollar “energías limpias”. El único derecho que conservan los campesinos es el de formarse en el banco, una vez al año, para sacar los 150 miserables pesos que, legalmente, les tocan. La invasión empezó en 1994, con el primer parque, La Venta 1. Este terreno alberga un centenar de torres que pertenecen a una empresa estadounidense. Todo esto sigue con la previsión de construcción, para 2010, de cinco parques abarcando casi 4 mil hectáreas con centenares de máquinas de más de 45 metros de alto.

El día siguiente salimos hacia Benito Juárez, comunidad recóndita de la selva de los Chimalapas, en medio de una cadena de montañas que parece infranqueable y deshabitada. Vemos el amanecer desde la carretera de piedras y baches en una tierra amarilla y seca. Árboles, pinos sobre todo, se alzan incansablemente contra el horizonte. Guiadas por el viento, nubecitas pesadas oscurecen el verde de las hojas jóvenes. La camioneta, el auto y el autobús se precipitan en los pequeños valles. Después de cinco horas, entre somnolencia y

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admiración ante el paisaje, decidimos parar en San Antonio Chimalapa, un pueblito más abajo de Benito Juárez, para estirarnos y buscar algo de comer. Nos estacionamos a la orilla de la carretera, bajamos y, rápidamente, dos o tres hombres se acercan a la camioneta donde están amarradas las bicimáquinas. Con la mirada perpleja y a la vez curiosa, mueven la cabeza como diciendo: “¿Qué es esto?” Ensayamos una explicación, pero es más sencillo dar una demostración. Comienza el ritual. La gente empieza a amontonarse alrededor del aparato híbrido y lo prueba por turnos. Luego guardamos las máquinas y las conversaciones se disparan. Algunos hablan del conflicto en Benito Juárez. Otros juegan con los niños alrededor del auto. Otros, intrigados por la presencia de personas blancas, nos preguntan si somos estadounidenses. Nos hablan en inglés. Contestamos que no, en español, que venimos de Canadá y Francia. “Ah, está un poco más lejos, pues”, apunta uno de ellos, viendo hacia ningún lado. Retoma, después de una pequeña pausa: “Yo fui a trabajar a Estados Unidos pero regresé. No me gustó, estoy mejor aquí, en mis montañas. Y el patrón no era buena persona… ¡Son chistosas sus máquinas!” Media hora después, llegamos a Benito Juárez. Las autoridades del pueblo no demoran en darnos la bienvenida, humildemente y sin ceremonias. Tenemos mucho que hacer. Hay que terminar los baños secos que comenzó la comunidad para nuestra estancia, agregar un techo, sellar los asientos, cortar la cámara de metal que recibe los excrementos para transformarlos poco a poco en abono, construir una puerta, un corredor de ventilación e improvisar un lúdico manual de instrucciones. También hay que instalar nuestro campamento: nos prestaron dos cabañas para dormir y guardar las mochilas en el centro del pueblo. Sólo falta que improvisemos una cocina.

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Al despertar al día siguiente, instalamos la cabina de radio en el Che Bus, mientras los capacitadores dan sus talleres. Invitan a la comisión de medios y a los dos observadores internacionales del Sipaz a una conferencia de prensa con las autoridades y las personas afectadas por el conflicto. Uno de los fundadores del pueblo cuenta, con la voz debilitada por la edad, que este problema territorial lleva más de 40 años: las autoridades de Chiapas siempre quisieron hacerse de esta parte de la selva, y las autoridades oaxaqueñas los abandonaron, no escucharon las quejas de los habitantes de Benito Juárez. Tienen un expediente, lleno de otros; todos atrasados. El ejército y la policía federal ya intentaron desalojarlos, pero se defendieron. El municipio de Benito Juárez, además de reivindicar la propiedad de estas tierras, se niega a ser anexado al estado de Chiapas, y quiere su autonomía política a la vez que su adjudicación administrativa al municipio de San Miguel Chimalapas, distrito de Juchitán, en el estado de Oaxaca. El pueblo de Díaz Ordaz, que cruzamos el día anterior, pertenece a Chiapas desde hace poco, y no quieren sufrir la misma suerte. En zoque, chima significa jícara y lapa de oro. La selva Chimalapa concentra una biodiversidad considerada como la tercera más rica de nuestro planeta. Esta jícara de oro, con sus 600 mil hectáreas, su fauna y flora repartidas en dos estados, es un reto mayor para los gobiernos de Chiapas y de Oaxaca, que sacan provecho de cada elemento. Talan la madera ilegalmente para venderla a empresas de mobiliario. Extraen hierbas y plantas medicinales para convertirlas en pastillas y demás cremas de las farmacéuticas internacionales. Los habitantes insisten: “Cualquier actividad industrial en estas tierras es ilegal. No tienen ningún argumento para justificar tal actividad, sólo el apoyo moral y financiero de los gobiernos de Chiapas, de Oaxaca y de la República. Por eso buscan intimidarnos permanentemente. Nuevamente nos amenazaron de muerte y diario patrullan militares, como si nada. Los saludamos, pero sabemos que están aquí porque nos acusan de

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ser guerrilleros, de resistencia política. Pero sabemos que nuestra lucha es justa y que, por lo tanto, debemos continuar. No tenemos miedo y seguiremos aquí.” Nos agradecen el interés y esperan que nuestro trabajo mediático les ayude en su lucha. Salimos de la cabaña y deambulamos de taller en taller. Por acá cortan latas para hacer flores de metal, por allá pedalean en la harina de maíz imaginando todas las demás posibilidades que permite un dinamo. Los niños del pueblo pintan, en la plaza central, un mural en la fachada de la escuela bilingüe. El taller de elaboración de quesos está en marcha. Los jóvenes otra vez intentan imprimir el patrón de las mallas que se utilizan en serigrafía. L@s habitantes de la comunidad son bastante discret@s, l@s vemos poco y es difícil establecer algún diálogo. Me escapo del lado del río. Estas montañas son tan impresionantes que no se sospecha ni la décima parte de la actividad que allí se esconde. Más tarde, preparamos la camioneta para regresar a San Antonio con las bicimáquinas, mientras los demás se apuran para ir a las festividades del día de la madre. Cruzamos una parte del estado de Chiapas antes de entrar, nuevamente, a Oaxaca, donde nos esperan unos metros más adelante. Una de las autoridades suena el caracol para anunciar nuestra llegada. Es el medio más eficiente para escucharse en todos los rincones de este pueblo tan vasto. Los habitantes bajan de las montañas o salen de sus casas, llegan poco a poco para ver la presentación, ahora perfeccionada, de CACITA. Al final, hablamos del conflicto con los habitantes. Ellos también luchan para defender su comunidad, en particular en contra de una empresa que saca uso de tierras que no le pertenecen. Un hombre nos cuenta que gente, extranjeros, vinieron a investigar en la selva, pero no conoce el objetivo de estas encuestas. También sabe que algunos ingenieros realizaron investigaciones para construir una autopista en medio de los Chimalapas. Pero en general,

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los habitantes de los municipios aledaños nos confirman que los mantienen al margen de cualquier información acerca de estos proyectos. Oaxaca. Chiapas. Oaxaca. El siguiente día por la noche, la despedida es breve, pero conmovedora. Las autoridades agradecen fuertemente nuestra participación, nuestro respeto; les agradecemos su acogida, su disponibilidad, su confianza. Todos se ponen a hacer cumplidos, nadie tiene que esforzarse para lucir su mejor sonrisa, algunos incluso reprimen alguna lágrima. Al alba del día siguiente volvemos a Oaxaca, de un trecho, recorriendo el otro sentido del camino que vivimos al ritmo de los conflictos agrarios y territoriales durante los diez últimos días.

Esta región está plagada de proyectos económicos impuestos a las poblaciones, pero no es la única del estado. Esta caravana sólo fue la primera de una serie de ocho. El resto del suelo oaxaqueño pulula de riquezas y recursos codiciados por muchas empresas extranjeras, solapadas por el gobierno mexicano. Esto significa violentos conflictos entre las autoridades locales y los pueblos afincados en los territorios deseados. Los ejemplos de la presa de Jalapa, de los generadores de Juchitán o de la selva dorada de los Chimalapas, ilustran la ola de explotación industrial y de desplazamiento de poblaciones en todo el estado. El gobierno de Felipe Calderón, con el apoyo de los gobernadores locales y de los alcaldes, participa en los tratados económicos internacionales, despojando a los habitantes de su tierra y de su agua, engañando a los campesinos, invadiendo tierras comunales para extraer recursos con fines privados. Todo esto sin diálogo alguno entre las autoridades políticas y los habitantes, pero bajo vigilancia del ejército y de la policía federal. Como telón

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de fondo, está el PRI. Desde la Revolución de 1910, sin alternancia, siempre ha gobernado en Oaxaca. Es un bastión al que se apega el viejo partido por medio de la tortura, los asesinatos, los encarcelamientos arbitrarios, la corrupción. Llegando a Oaxaca, es difícil hacer el balance de la caravana. Son demasiadas y complejas imbricaciones. Son muchos actores, conflictos subyacentes, normas sociales que distan de las que conozco o que pude descubrir desde hace ocho meses. Obviamente es mucho más complejo que lo que hicimos en estos diez días. Sin embargo, me permitió tener otra perspectiva. Poco a poco se suman piezas del rompecabezas “Oaxaca” en mi mente. Con coyunturas tan particulares (aunque, sin embargo, similares en muchos pueblos) y con una represión muy enfocada, era difícil para algunas comunidades integrar en cuerpo y alma un movimiento social vinculado, antes que nada, al magisterio, lleno de intenciones emancipadoras, pero a menudo abstractas, y que se concentraba en una ciudad situada a casi 12 horas de carretera del pueblo más alejado. El apoyo moral sí existía, pues, al final, el adversario era el mismo: el PRI y sus prácticas autoritarias que originan desigualdades políticas, económicas y sociales para los habitantes del estado. En las marchas, se veían delegaciones de apoyo a la APPO que venían de todas partes. Florecieron Asambleas populares en las ocho regiones del vasto estado oaxaqueño y tenían influencia en las decisiones de la APPO. Pero esta última, quizá, fue demasiado urbana, fraccionada y urgida para generar confianza en pueblos acostumbrados a luchar ya, y a menudo a solas, en contra de la violencia cotidiana.

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ENTREVISTA CON I.

¿Ya estuvo qué? Hijo de tu pinche madre [La noche del 25 de noviembre 2006] nos estábamos replegando, y vemos que todavía un compañero viene en un tráiler. Le decimos: “¡Aviéntales ese tráiler, aviéntaselo!”, pero iba avanzando y le dio miedo. Nada más lo que hizo fue atravesarlo para impedir el avance policial. […] Yo me fui con unos que traían una lámina, íbamos avanzando con la lámina, pero a la PFP la teníamos enfrentito. […] La intención era ir a refugiarnos a la Universidad, eran como las ocho de la noche y estábamos busque y busque calles para llegar a la Universidad. Unos compañeros que traían motos —unas motos que se las habían quitado a unos priístas del gobierno— nos dijeron: “No vayan más adelante porque está ahí la PFP y nos está bloqueando el paso”. […] Buscamos otra calle, y que no: también está cerrada. […] Hay una parte donde vemos una camioneta de la PFP, bueno, varias, y vienen rápido. Todavía nosotros aventamos las piedras y vemos que se bajan pero nosotros pudimos escapar todos y subimos por un parque. […] Seguimos caminando, pusimos una barricada de fuego y se les prendió fuego a algunas cosas. Ya más adelante, como cinco minutos después, […] íbamos caminando sobre una calle. Íbamos cubriendo todo el ancho de la calle. Luego giramos a la izquierda, ya no estábamos cubriendo todo el ancho. Entonces llegan cinco camionetas de la PFP a toda velocidad, y a los últimos 10 o 15 compañeros de los 100, nos cercan el paso. […] Veo de reojo que se empiezan a bajar unos pefepos. No venían con escudos, ni venían con cascos, nada más venían con un tolete y con una pistola. Nos dicen: “Ahora sí, van a ver hijos de su pinche madre”. Yo pego mi espalda a la pared, me tapo, me pongo de cuclillas y cubro mi cabeza con ambas manos. […] Van agarrando en bola contra los 10 o 15 que éramos. En mi caso en particular, no vi a los demás, me agarra de la playera y me dice: “Tírate al suelo”, pero no sobre la banqueta en la cual yo estaba, sino donde pasan los carros. […] Entonces me tiro bocabajo, como dice, y me cubro la cabeza. Me empieza a patear con su bota y al final la pone encima de mi espalda, así, como muestra de superioridad. Y me dice: “Pon las manos atrás”. […] Veo que a los demás compañeros también los habían puesto en la misma posición. Estábamos uno aquí el otro acá, así acostados bocabajo con las manos atrás. Dicen: “Súbelos”, entonces nos empiezan a subir. Me dice el policía: “Párate”, y me empieza a pegar con el puño, yo cubriéndome otra vez la cabeza. Le digo: “Ya estuvo”, y me dice: “¿Ya estuvo qué? Hijo de tu pinche madre.”

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Como nos acomodaron, sentados normal, no cabíamos. Dijeron: “Bájenlos otra vez”. Nos bajan y otra vez, sobre el suelo, con las manos atrás. Nos empiezan a subir, pero nos suben acostados como costales, uno sobre otro. Me acuerdo que me tocó el tercer piso, debajo de mí había dos compañeros. Pensé que los iba a aplastar, pero pues ni modo; sino me pegaban a mí. […] Luego, uno de la PFP me empieza a acosar con su macana de forma sexual, la puso entre mi pierna y mi entrepierna, así. […] Después de que pasó todo eso, se para la camioneta. Nos bajan con una persona en particular sujetándonos, creo que con un cinturón, y nos dicen: “Avancen”, y nos tiran otra vez bocabajo, no sé en dónde, acomodados uno tras uno y las manos atrás. “Levanta la cabeza, mira a la cámara y di tu nombre, tu edad, de dónde vienes”. Estábamos en unas calles que quién sabe cuáles eran. […] Sí me encontraron varias cosas que no alcance a tirar: me quitaron mi celular —esto nunca me lo regresaron—, me quitaron una resortera, me quitaron unas canicas que había recogido, una bomba de gas lacrimógeno (para el recuerdo). Pero lo que se me hizo curioso es que no me quitaron el dinero. […] Después nos dicen de sentarnos en una banqueta y de agachar la cabeza; la agachamos. […] “Otra vez, en la camioneta”, y otra vez como costales. Ahí me tocó estar hasta abajo, ya no me molestaron, nada más iba sintiendo el peso de los compañeros. […] Llegamos a otro lugar y el mismo procedimiento: “Bájense”, nos filman, etcétera. Finalmente nos vuelven a subir pero uno de la PFP dijo: “¿Porqué los acomodas como costales? Acomódalos sentados bien”, y nos acomodaron en cebollita. […] A mí me detuvieron aproximadamente a las ocho y media de la noche, ingresamos al penal de Miahuatlán aproximadamente a la una y media, dos de la madrugada. Fueron como cinco horas casi, siendo que el trayecto normal de la capital de Oaxaca a Miahuatlán es de dos horas y media. […] Todos estábamos lastimados […], lo más difícil fue el frío porque era de madrugada en medio de la carretera, estabas titiritando. Yo sentía al compañero de enfrente temblando de frío. […] Finalmente llegamos a una parte y nos dicen: “Ahora sí, vamos a meterlos. Ahora los vamos a bañar con puro hielo.” […] Finalmente nos toca ingresar al cerezo [Centro de Readaptación Social] de Miahuatlán. Nos ponen pegados a la pared, nos dicen: “Levanten las manos en posición de revisión”, y nos empiezan a revisar otra vez. Ya no traíamos nada. Después llega uno: “Van a entregar aquí sus cinturones, sus agujetas, sus cosas de valor”. […] Ya una vez que dejabas tus pertenencias, en ese momento decían: “Pasen, van a ir a los servicios médicos”. […] En la zona de revisión, unos que decían que eran doctores nos revisan y toman nota de nuestras heridas. Ya te decían: “Levántate la playera, bájate los pantalones”, y revisaban tu cuerpo por si traías heridas. Después, nos regresan otra vez a la zona de ingreso, nos dicen: “Vamos a irlos llamando para que vayan haciendo su declaración. Los que estén heridos van a pasar también a servicios médicos.” Pero realmente no los curaban. Había un compañero que le rompieron el dedo y se lo enyesaron hasta Nayarit. O sea se supone que la atención médica se la iban a dar en Miahuatlán y no le dieron atención, […] le dieron nada más una gasa y creo que un analgésico. […] Subimos, llegamos a una parte administrativa, nos sentamos. Cuando me toca a mí, paso y me dice […]: “¿Quieres declarar?” “No, me abstengo. ¿Cómo voy a declarar si no tengo ningún abogado?” Varios sí declararon, por miedo, por falta de información. […] Todo ese proceso duró toda la madrugada. […] Finalmente llegó la mañana, ingresamos, nos dieron de comer. En ese momento sí nos dieron, dentro de lo que cabe, un buen trato porque partieron el penal

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como en dos. Dijeron: “Ustedes van a quedarse en esta parte”, y no permitieron que ningún otro interno se acercara a nosotros. […] Ahí sí había teléfono, entonces hicimos llamadas a nuestros familiares.

Era el sonido del silencio Nos llaman a todos y nos dicen: “Vénganse, parece ser que ya se van a ir”. Abren la puerta y vemos un montón de pefepos y un helicóptero que va bajando. “Pongan las manos, vamos a esposarlos.” Nos esposan hacia el frente, no hacia atrás. […] Nos ponen como en fila india y nos dicen: “Tú agárrale el pantalón al de enfrente”, y alguien de atrás te agarra el pantalón. Entonces vas así, con la cabeza agachada, en fila india, agarrándole el pantalón al de enfrente. Total que nos acomodaron por números. […] A mí cuando me toca subir, me dieron miedo las hélices. Nos suben al helicóptero, nos van acomodando igual, en cebollitas, para que cupiéramos. El helicóptero era gigante, no sé cuántos metros medía, pero fácil cabríamos 30 compañeros, más los pefepos. […] Uno de la PFP me pateaba en la espalda mientras subía. […] Ya después, finalmente, […] arrancan el helicóptero. Después supe que fueron dos helicópteros en total, […] porque éramos 56. Creo que yo era el número 17 o el 15. […] Yo no escuche ahí la verdad nada, pero dicen algunos que estaban amenazando de que nos iban a aventar por el helicóptero; yo no escuchaba porque el ruido de la hélice es muy fuerte. Finalmente después de como media hora o 20 minutos, no lo sé, el helicóptero desciende y llegamos a algo que parecía ser… Había una pista de avión, no sé si era el aeropuerto, no sé si era una base militar. […] Nos quitan las esposas al bajar del helicóptero y nos ponen otras, diferentes [risas]. […] Subimos unas escaleras del avión y nos dicen: “Levanta la cabeza”. Otra vez te piden tus datos, etc. Con una cámara, igual. “Súbete al avión.” Me subo al avión y me dice de sentarme; me siento. […] Entonces con los cinturones de seguridad me dan la vuelta, me amarran, yo esposado, y me dicen: “Recarga tu cabeza, pon tu cabeza en el asiento de enfrente”. Yo estaba ya adolorido del cuello, no había dormido, entonces nada más pego la cara en el respaldo del de enfrente. Me dice: “No, agáchala bien”. Pero bien me lastimaba más. […] Cerraron las persianas de los aviones. Nos iban diciendo que nos iban a llevar a las Islas María o a no sé dónde. […] Quiero aclarar que en el avión nos dividieron en hombres y mujeres, las mujeres hasta el frente del avión y los hombres en la parte de atrás.

¿Era un avión militar o de turismo? Quién sabe. De regreso, vi que decía Aeroméxico. O ¿era la Mexicana de Aviación? […] Pasaba el tiempo y decíamos: “¿A dónde vamos?”, pues el avión es bien rápido. “¿A dónde nos van a llevar? ¿A otro país? […] Ya, después de un buen rato, aterriza el avión. Igual nos agarran, el mismo procedimiento: cabezas agachadas. Y nos bajan. Otra vez: “¿Quién eres?” Nos quitan las esposas, nos ponen otras esposas nuevas [risas]. Nos pasan, hasta donde yo tengo conocimiento, con los que son los guardias del Centro Federal

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número 4 de detención de Nayarit. […] Los guardias tienen la voz muy fuerte y te gritan lo más que pueden, muchos, cinco o seis al mismo tiempo, entonces era una escandalera. […] “Muévete, ¡rápido!”; “Abre la ventana, ¡aquí huele a pura mierda!” […] Evidentemente, en el camión sí olía mal, los compañeros tenían sus playeras empapadas de sangre, ya habían pasado muchas horas. La sangre huele mal en la ropa, y hay muchos mosquitos que te llegan a pegar en la sangre. Entonces sí, olía mal, por las heridas de sangre. […] Para ingresar en ese Centro Federal, hay una carretera, una desviación a la carretera, y en esa desviación hay una caseta. Si tú quieres visitar a tu familiar, en esa caseta dejas tu documentación y un transporte especial del penal te lleva. Eran dos kilómetros hacia dentro para llegar al penal. Es decir, alrededor del penal no hay nada de gente, no hay población. Era de noche, menos ahí ruidos, era el sonido del silencio. Todos los sonidos que tú escuchas se magnifican horriblemente, y dentro de un camión pues con mayor razón. […] Escucho como empiezan a abusar sexualmente de varios compañeros que nos encontrábamos en ese momento dentro del camión. Yo, al principio, dije: “No, no puede estar pasando esto. A lo mejor estoy alucinando.” Traté de no hacer caso a esos ruidos extraños […] pero sí, escuché con mucha claridad. Uno de ellos era el sonido de un condón desenrollándose, eso lo escuche clarito. Otro sonido claro fue cuando alguien hace un gesto de dolor, como de sufrimiento, y el guardia que le grita en forma de reclamo: “Mmm ¿qué?” En otra parte, escuché a compañeros que se ahogaban, como si se tragaran algo y se ahogaran, como que iban a vomitar, no sé. Nos bajan finalmente al penal […]. Nos ponen en posición de perritos, esposados, en filas: de lado y con las manos al piso, las rodillas al piso, la cabeza agachada. […] Iban uno por uno empezando el ingreso. […] Cuando me toca a mí, me quitan mis esposas y me dicen: “Pasa a la cárcel y agacha la cabeza. Vente para acá.” Entonces yo no veía muy bien para dónde ir, nada más me guiaba por donde el grito me llamaba. Me grita el guardia: “Estás entrando en un Centro Federal, aquí vienes para obedecer órdenes”. […] Llegamos al centro de revisión medical, me pongo en posición de revisión. “Abre la boca”, la abro. “Saca la lengua”, y me revisa: —Con tu mano izquierda, vas a quitarte tu zapato izquierdo. Dámelo. Con tu mano izquierda, te vas a quitar tu calcetín izquierdo. Dámelo. El mismo procedimiento con el derecho. Quita tu pulsera. […] —No puedo, está bien amarrada. —Ah, ¿no puedes? De aquí en adelante, vas a contestar ¡sí señor! o ¡no señor!, ¿quedó entendido?’ —¡Sí señor! —¡Más fuerte! —¡¡Sí señor!! —¡Más fuerte! —¡¡¡Sí señor!!! […] Ya después paso a otra parte donde me dicen: “Quítate toda tu ropa”, me la quité bien rápido. Después: “Haz tres sentadillas”, y hago tres sentadillas. “Date la vuelta”, me doy la vuelta. Lo primero que veo, con la cabeza mareada de tanto estar agachado, es una enfermera, o algo así, y con una lamparita empieza a revisar mis genitales. Me preguntan

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qué talla uso, entonces ya me dan una trusa blanca para ponérmela, me dan un pantalón de color caqui, me dan una camisa de color caqui, del penal, y me dan unas chanclas talla 28 que no me quedaban. Entonces no podía caminar bien. […] Me esposan, pero ahora ya no con las manos enfrente, sino que por primera vez me esposan con las manos atrás. Eran gigantes los guardias, nosotros realmente nos veíamos como enanitos en comparación con ellos. […] Me ingresan en otra parte, cuando llego ahí veo que es la parte donde te cortan el cabello, te toman huellas digitales, etc. […] Para la foto yo estaba sosteniendo una placa, como las que te toman en foto criminal, y me decían: “Pon las manos así”. Tenía mucho miedo, estaba sudando, sudando de miedo y de cansancio, me estaban temblando las manos y no podía dejar de moverlas. Entonces me decían: “¡No estés moviendo!” […] Mi nombre creo que lo habían puesto mal, tenía dos letras mal. […] Entonces le dije: “Señor, es que éste no es mi nombre”, y me dijo: “¿Quién te preguntó?” […] Después de ahí me sientan en una silla, una peluquera o no sé quién agarra una máquina de rapar y rapa, y no suavecito. […] Algunos traían barba, entonces les daban un rastrillo para rasurarse, era el mismo para todos. […] Después, otra vez, una foto con el letrerito pero ahora rapado, con tu nuevo look. […] Nos llegan a tomar huellas digitales, y nos toman como cinco veces con el pulgar y con cada uno de los dedos. Luego con el filo de la mano, luego con toda la mano pero sin los dedos, luego con los cuatro dedos, y con la izquierda y con la derecha. […] Nos vuelven a esposar atrás, porque nos las habían quitado para la foto. Nos iba lastimando el guardia al mismo tiempo que íbamos avanzando con una llave china. […] Y así voy caminando, con una llave china y con unas chanclas que no me quedan.

No se pueden estar durmiendo, ustedes se van a dormir hasta que les demos la orden Quiero aclarar que, ahí, no le llaman “celdas”, le llaman “estancias”. También dicen que no eres “preso”, que eres un “interno” e, igual, no estás en una “cárcel”, estás en un “Centro Federal de Readaptación Social”. A mí me tocó estar, como le llaman ellos, en la estancia 1 del pasillo A [risas]. Nos ingresan al penal, abren las celdas y nos meten a dos. Nos dicen: “Péguense a la pared” dentro de la celda, y cierran la puerta con llave. […] Nos habían quitado las esposas. Nos dijeron los guardias: “Ahí, hay un colchón. Bajen el colchón para que se duerman. Y ahí hay un lavabo, pueden tomar agua.” Agua de llave. “Hay unos vasos, y ahí tienen su jabón”. La celda —después de haber estado 24 días ahí la observas con detenimiento—, era aproximadamente de tres metros por dos. Incluido tenía un lavabo, el escusado y la regadera, una mesa para comer, como empotrada en la pared, y un banquito para sentarte, sujetada con tornillos. La cama, también empotrada, era como de metal. […] Un guardia dijo que tendiéramos las camas. Tendemos las camas. […] Antes que nada, cuando a nosotros nos ingresaron, luego luego bajamos el colchón y dijimos: “Vamos a dormirnos”. […] Entonces empezamos a escuchar los gritos: “No se pueden estar durmiendo, ustedes se van a dormir hasta que les demos la orden, no se puede dormir cuando ustedes quieran. […] Ahorita van a llegar sus cenas.” […] La entrada tenía como un buzón para recoger tu plato, y con gritos te dicen que agaches la cabeza para que no los veas. Cuando te pasaban la comida venía en un empaque de unicel cerrado. Nos daban nuestro vaso de agua, nada más uno, siempre con la cabeza agachada. Era sacar tus manos,

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recogerlo con la cabeza agachada, y decir: “Gracias señor”. […] Si no les decías gracias se enojaban. Y cuando venían de malas, era porque le decías: “Gracias señor”, y te decían: “Yo no soy señor, soy oficial”. […] Al final, te dicen: “Ya vamos a recoger los platos”, y ya regresabas tu plato, pero no el vaso: “Guarden ese vaso, porque es el único que van a tener”. […] “Bajen sus colchones, ya pueden dormir señores”. Y ya nos dormimos. […] Escuchamos durante toda la noche que iban ingresando más gente. Al otro día nos despiertan: “Pase de lista señores”. No sé qué horas eran, pero llevábamos muy poquitas horas dormidos. […] Iban pasando de celda en celda. Decían tus apellidos y tenías que contestar con tu nombre, […] con la cabeza agachada en posición de firmes, viendo hacia el frente con las manos soltadas, pegadas, y bien fajado, bien abotonado. […] Durante los 24 días, ellos no nos decían las nuevas reglas pero nos regañaban por no cumplirlas. Con bolas de gritos un día nos regañaron: “No pueden tener los colchones en el suelo. ¿Qué están esperando?, ¡quítenlo!” Nunca nos habían dicho. Durante el día teníamos que tener los tres colchones acomodados arriba de la cama. Después, cambiaron las reglas: “Además, tienen que estar prendidas las camas una sobre otra”. Y después otra vez las cambiaron: “Con sus almohadas y sus ropas, las toallas dobladas”. Las pusimos no sé en qué parte de la cama, pero: “No, tienen que estar hasta la cabecera”. Luego el jabón, sólo se podía tener uno. Y luego se nos acabó el papel, era un problema porque no daban casi papel. […] Estaban pidiendo el rollo, el cartoncito que queda, para que te dieran otro rollo con papel. […] Después del primer día, ingresaron más compañeros, eran los que mandaron a Tlacolula. Nosotros estábamos un poquito más descansados, ya habíamos comido. Llegan y entró un maestro en la celda, ya éramos tres en la celda. […] Nos recordó lo mismo que nosotros habíamos pasado. Me acuerdo su cara cansada, estaba sudando. Le dijimos: “Espérese, nosotros le tendemos su cama”. […] Como él era el más grande, a él le dimos la cama más cómoda. Era de cincuenta y tantos años el maestro. […] El primer día, el compañero que estaba conmigo en la celda me dijo: “Oye…”, así como temeroso. “¿Tú animaste o te animaron?”, refiriéndose a sexo oral yo creo. “¿O te dieron por atrás?”, y yo le dije: “No, afortunadamente no me tocó”. Ya no me dijo nada. […] Nos obligaban en las noches a bañarnos con agua fría, sólo tenían una llave. […] El problema era que como era tan pequeña la estancia, el agua se bajaba al piso, y en el piso era donde poníamos los colchones. Entonces si nos decían que nos bañáramos en la noche, terminábamos con el piso empapado. Lo que procurábamos era, con la chancla, jalar el agua para que no se fuera para la zona de las camas.

¿Cuántas veces haces del baño al día? Durante los 24 días, nunca nos dejaron hacer una llamada telefónica a nuestras casas, nunca nos dejaron salir de la celda. O únicamente para exámenes propios del penal. Nos sacaban para hacernos exámenes psicológicos, criminológicos, pedagógicos, físico y no sé cuántas cosas. […] A mí por ejemplo, me entrevistaron como 10 horas en total, en los 24 días. Cuando nos sacaban a esas entrevistas, nos sacaban de la celda. Había una cámara en el

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pasillo, y nos decía: “Posición de revisión”, te revisaban. […] Te levantabas la camisa hasta las axilas y la sacudías. Luego, manteniendo arriba la camisa y con la playera arriba, te bajaban los pantalones, y después tenías que bajarte la ropa interior también hasta las rodillas. Pero ¿qué ibas a tener en la celda si te desnudan en la entrada y te quitan todo? Y cuando vas a tu celda, el mismo procedimiento. ¿Cómo va a ser el mismo procedimiento si fuiste con el trabajador social? Ni modo que el trabajador social te de un arma o algo […]. El criminólogo te hacía preguntas de qué hacías ahí. […] No sé quién más me preguntaba de mi infancia. —¿Tú fuiste al kínder? —Sí, fui al kínder. —¿Y cómo te llevabas con tus amigos en el kínder? —No me acuerdo. —¿Te juntabas con todos? ¿Eras muy sociable? —No sé. —¿Alguna vez notabas que tus papás te regañaban durante tu estancia en el kínder? —No sé. —¿En primero de primaria reprobaste alguna materia? No o sí. ¿Te llevabas con todos o nada más con un grupo de personas? ¿Te castigaban tus papás? ¿Te regañaron? ¿Tuviste algún pleito con algún compañero de primaria? […] Luego a segundo de primaria, a tercero, a cuarto, a quinto, a sexto, a primero de secundaria […]. En el momento de llegar a la preparatoria, le dije: —Sí, reprobé matemáticas. —¿Por qué reprobaste? —Es que no se me daban las matemáticas. —¿Qué te dijo tu mamá? Y le voy explicando lo que me dijo mi mamá. Luego me dijo: —¿A quién le tienes más confianza de todos? ¿A quién le cuentas tus cosas? ¿Le tienes confianza a tu mamá? —Sí, le tengo confianza. —¿Y a tus amigos? —Pues algunos. Luego me preguntaban en el examen físico: “Y tú, ¿cuántas parejas sexuales has tenido? ¿Tienes enfermedades de transmisión sexual? ¿Cuántas veces haces del baño al día? ¿Cuántas veces orinas? ¿Cuántas veces te cambias de ropa a la semana? ¿Consumes alcohol? ¿Consumes drogas?” […] A los jóvenes nos miraban para ver si traíamos tatuajes. Con el pedagogo, nos hicieron exámenes de matemáticas, de español, de ortografía. […] También pruebas con unos dibujitos: había cuatro dibujitos muy similares y te decían: “¿Cuál está mal?” Había uno, por ejemplo, de una escopeta apuntando para allá, otro para acá, otro tenía su pistola enfundada, y otro estaba apuntando hacia sí mismo. Yo dije: “Pues es ése”. […] O también: “A este dibujo le falta algo, pon lo que le falta”. Por ejemplo a una taza le faltaba el asa. […] Me hicieron en total como 10 horas de entrevista. […] Las preguntas eran de todo. Y a veces te preguntaban muchas veces lo mismo: “¿Cuánto tiempo llevabas con tu

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última novia? […] ¿Cómo tomaste la muerte de tu papá? ¿Fuiste a su funeral? ¿Cómo reaccionó tu familia?” Me preguntaban de todo, yo ya estaba harto. Y no era mentira, porque estaría yo contradiciéndome a cada rato, no tengo tan buena memoria para acordarme de tanta mentira.

¿Y cuántos somos aquí presos? En la mañana del 1º de diciembre, […] me pregunta una trabajadora social: “¿Tú tienes un tío? ¿Quiénes son tus tíos? […] Y tu tío Carlos, ¿cuántos años tiene?” […] Yo no sabía ni porqué me hacían esas preguntas. Y ya, al final me regresan a mi celda. Después, me llaman: “Baja al locutorio”. Me va llevando un guardia hasta la zona. Es como en las películas de Estados Unidos, con el guardia atrás, con la cabeza agachada. Levanto la cabeza y veo que ahí está mi tío. […] Él estaba muy triste, y yo con el uniforme de preso, todo rapado. Yo quería saber qué estaba pasando ahí afuera, no sabía que el golpe había sido de tal magnitud, a lo mejor nos encarcelaron pero ya vamos a salir, a ver cómo va. Le pregunto a mi tío: —Oye, ¿cómo está la situación allá afuera en Oaxaca? —Está bien feo. —¿Y ya no ha habido más enfrentamientos? —No, ya no. —¿Y las barricadas? —No, ya no hay barricadas. —¿Y cuántos somos aquí presos? —Creo que ciento cuarenta y tantos. —Órale. Y ¿cómo lo ves? ¿Crees que vayamos a salir pronto? Me dijo que no sabía. Lo veía muy triste, y le dije: “Mira, no te vayas a preocupar. En cualquier momento nos van a poner el auto de formal prisión, y después salimos.” […] Se supone que es media hora hablando, nada más nos dieron cerca de diez minutos […]. Todos estábamos muy tristes. La verdad es que sí, daban ganas de llorar. Yo no lloré, pero porque estaba bien bloqueado. […] No nos dejaban hablar en las celdas, entonces teníamos que hablar cuando ellos estaban ocupados por otro lado. Nos íbamos hablando como teléfono descompuesto en las noticias, de celda en celda. Yo les conté lo que me dijo mi tío: que ya no había enfrentamientos, que éramos tantos presos. De estos ciento cuarenta y tantos, noventa y tantos venían del penal de Tlacolula y los cincuenta y tantos que faltaban veníamos de Miahuatlán.

¿Porqué los llevaron hasta Nayarit? Después revisé unos documentos, y vi que la Secretaría de Seguridad Pública Federal nos catalogó a todos como perfil de alta peligrosidad. Entonces decían que poníamos en riesgo a la población penitenciaria del penal y teníamos que estar en un penal que garantizara nuestra estancia. […] A nosotros nos decían los trabajadores que era de mediana pero en los hechos sí era de máxima. […]

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Pasaron creo veinte días y a la una de la madrugada nos levantan, estábamos todos dormidos, nos acabábamos de dormir. Azotan las rejas bien fuerte los guardias, y empiezan a gritar: “¡Palomitas, refrescos! ¿Quién quiere?” Un relajo: estaban locos. […] “Levántense todos, empiecen a tender sus camas, que ya se van a ir”. […] Llamaron a varios. Uno de los compañeros, después de que regresó de donde lo llamaron, dice que había firmado su libertad bajo caución. Le preguntamos: “¿Quién te la pagó?” Contestó: “No nos dijeron”.

¿Y fue Ulises Ruiz él que lo pagó? Estaba el rumor de que algunos familiares fueron a decirles al gobierno que “ya liberen a mi preso”. Entonces empezaron a pagar fianzas. Y la Sección logró que salieran la mayoría de los maestros, pero algunos no. En toda la noche no nos dejaron dormir […]. Yo no soy religioso, pero hay mucha gente religiosa en Oaxaca, y hay una canción de la Virgen de Guadalupe que es como un rezo. Entonces los guardias la empezaron a cantar pero en forma grosera. La gente que es religiosa y que cree en la Virgen de Guadalupe se siente ofendida. […] Y muchos estábamos bien tristes, ¿por qué no nos llamaron a nosotros? […] Después de que los liberaron, los guardias nos dijeron: “Realmente, ellos no firmaron su libertad, solamente los mandamos a un penal de Matamoros, por cuatro años”. […] Pasaron tres días más y mis compañeros de celda se fueron, yo ya estaba solito. […] Un miércoles, el 20 de diciembre, por fin nos dicen otra vez: “Ahora sí, se van a ir”. Yo estaba muy contento. […] Afortunadamente, ahí sí nos tocó a todos, salvo a uno creo. Nos bajan, nos empiezan a tomar la presión de sangre, nos toman la temperatura, nos toman nuestros datos. Ya después de eso nos llevan a otra parte donde otra vez nos toman la foto, el nombre —ahora sí correcto—, otra vez huellas digitales. Nos suben en unos camiones. Antes de subir, igual, el clásico video. […] Ahí, no hubo abusos sexuales que yo sepa, pero sí estaban molestando con esas cosas. Me tocó más claro porque me tocó estar en medio: al compañero que estaba al lado mío le da una palmada en el cuello un guardia y le dice a otro: “Mira, ése tiene buen cuello”. El otro contesta: “No importa, nada más que sepa mover bien la boca”. […] El camión avanza, se para y nos esperamos un buen rato hasta no sé qué cosa. Un compañero empieza a decir: “Señor, es que…” Llevábamos una hora estacionados en el aeropuerto —ya después nos enteramos. —Señor, ya no aguanto las ganas de pasar al baño. ¿Puedo hacer del baño? —¿Qué va a hacer? —Nada más orinar. Le dijo que no con gritos y se aguantó. Luego le volvió a insistir, casi rogándole el compañero. El oficial llega y dice : —¿Quién es el que ya se cagó? —Yo señor, pero todavía aguanto. —Pues ¿qué espera?, hágase.

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Y no lo dejaron bajar a hacer del baño. Dice el compañero que se hizo pero que no mojó su ropa, sino que se bajó los pantalones y orinó. […] Después nos bajan del camión y el mismo procedimiento al subir otra vez al avión. Pero, por la gran presión internacional que se hizo, milagrosamente una vez que nos subieron al avión y nos pusieron las esposas, ya nos trataron bien. Ahí sí, nos dijeron: “Señores, ya pueden levantar la cabeza”. Levantaban las persianas del avión, para que viéramos el paisaje al despegar, y dejaron pasar al baño. […] Nosotros estábamos extrañados, pensábamos que ya había habido negociaciones y que ya nos iban a regresar a Oaxaca libres. […] Aterrizamos, nos bajan, ahí sí con la cabeza agachada, para subirnos a otro camión. […] Una vez en el camión, igual, fue el trato con la cabeza hacia arriba. Hasta platicando con el guardia le pregunte: “¿A dónde vamos?” Me contestó: “A Miahuatlán.” […] Nos regresan otra vez a Miahuatlán.

Ya me voy Era una enorme diferencia entre el penal de Oaxaca y el Federal. En el Federal, me parece que solamente había una hora de hacer ejercicios. A nosotros nunca nos sacaron, lo que veíamos desde las rejas es que nada más estaban una hora jugando basket los presos. En Miahuatlán, todo el día tú podías estar jugando a lo que quisieras. En Nayarit, a tu familiar lo veías a través de un cristal. En Oaxaca lo abrazabas, todo el día estaba contigo, entraba creo que a las diez y se iba a las cinco. En el Federal, a los guardias no los podías ver a la cara. En Oaxaca sí, podías, era mucho más tranquilo. Era tan tranquilo que habían dos guardias que jugaban futbol con nosotros. […] El de Miahuatlán igual estaba feo, pero era un paraíso a comparación del Federal. Cuando nos regresaron a Miahuatlán, estábamos todos felices. […] Como en el Federal estábamos todos los días con la cabeza agachada, llegamos así a Miahuatlán con la cabeza agachada, con la misma inercia. Contestábamos: “Señor”. Hasta como tres días después se nos empezó quitando. Nos decían los guardias: “Aquí ya no tienen que decir señor”, y contestábamos: “Sí, señor” [risas]. En Miahuatlán era diferente, te formabas con todos y comías en un comedor con todos los internos. A comparación con el Federal nos sentíamos felices. El primer día salen varios, como seis. […] Después mandan a llamar a diez compañeros, a mí no me llaman. Regresan con una carta del locutorio y nos dicen: “Miren compañeros, nos quieren hacer firmar esto y dicen que si lo firmamos, nos van a liberar”. La carta decía que le pedíamos el apoyo al gobernador para que nos echara la mano y que nos deslindábamos de no sé qué cuánta cosa. […] “Si firman esa carta les pagamos su fianza, el gobierno de Ulises Ruiz las paga.” […] Los diez compañeros no firmaron. […] Al día siguiente, baja el director del penal y nos dice: “Acérquense”. Nos saca un choro: “Chavos, a ustedes les importa mucho su libertad, es lo que más les debe de importar. Si les dan a firmar algo, fírmenlo y ya se van.” […] Total que esa misma noche, cuando ya estábamos todos en nuestras celdas, llaman a otros compañeros, a los que veían que flaqueaban más, más dispuestos a firmar. […] Todos firmaron. […]

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Después de eso, nuestros familiares decidieron poner un plantón afuera del penal. El gobierno les dijo algo así: “No. Ya los van a liberar. Antes de que acabe este año de 2006. No más no pongan el plantón, y los vamos a liberar.” […] Estuvimos esperando todos los días y nada, el 1º de enero, no nos liberaron. Nuestros familiares volvieron a poner el plantón afuera. […] Después de eso, los guardias […] ya empezaron a restringir nuestras visitas: nada más podían entrar tu hijo o hija, tu esposa o esposo, y tus padres y hermanos. […] Nos empezaron a poner trabajos de la cárcel en las mañanas. Lo clásico era lavar los baños de visitas y de la población. Luego a mí me mandaron a cortar caña, a pelar la caña y a matar pollos. Yo no sabía matar pollos y me enseñaron. A las mujeres les tocaba desplumarlos. […] Estábamos todavía unos quince: nueve hombres y seis mujeres. Empezaron a haber marchas afuera, pidiendo nuestra liberación. En la primera empezamos a oír los gritos y las consignas, se oía en todo el penal y nos daba muchos ánimos. […] Unos pocos días después, salen siete compañeros maestros. […] Para la siguiente marcha, lo que hicieron fue subir el sonido de la música que tienen en el penal, lo pusieron a todo volumen y ya no se oía nada. Escuchábamos la música, no escuchábamos las consignas. […] De repente, acabando el pase de lista, se nos acerca una parte de los internos. Nos cercan a todos y nos empiezan a reclamar: “Oigan, sus familiares están obstruyendo la entrada de visita al penal y nuestros familiares no pueden ingresar a vernos”. Les decimos nosotros: “Oigan, no. Nuestros familiares están lejos de la entrada de visita, no están obstaculizando absolutamente nada.” […] Nos amenazaron, nos dijeron que si nuestros familiares no quitaban el plantón para el día siguiente a las 10 de la mañana, nos iban a sacar a nosotros. Dice un compa: “Sáquenos pues”. […] Es que así es, si nos golpean, las autoridades nos tienen que trasladar a otro penal porque ellos nos rechazan como población, para cuidarnos en integridad nos mandan a otro penal. […] Al día siguiente nuestros familiares, amigos y compañeros, dignamente no quitaron el plantón. […] Los demás internos, los que nos amenazaron, fue bien raro porque al otro día nos dijeron: “La bronca no es con ustedes, lo que pasa es que nos dijeron que les dijéramos eso”. Nunca más tuvimos problemas con ninguno de los que nos amenazaron. Pasaron los días, primero salieron los maestros. Nosotros nos quedamos los últimos, los que no éramos ni maestros, ni éramos respaldados por el FPR [Frente Popular Revolucionario]; los que fuimos, luchamos y ya nada más. […] El día 14 de enero, hubo una marcha y después de como tres horas reprimen al plantón, lo reprimen brutalmente. […] Llegan camionetas con hombres armados, encapuchados. […] Se robaron el dinero de la caja de apoyo, como 6 mil pesos, las cámaras, las cosas personales. […] Se llevaron presos como a 5 o 6 compañeros, los acusaron de posesión de drogas a algunos, a otros de posesión de armas de fuego. Afortunadamente, todos lograron salir en menos de tres días. […] El plantón obviamente fue aplastado. Así la pasamos varios días, hasta que yo salí el 27 de febrero. Me sentía muy mal, porque por un lado dejaba a todos los compañeros. Es que allá, adentro, éramos como una familia. Porque te duermes con ellos, convives con ellos, platicas con ellos, no puedes confiar en nadie más que en ellos. […] O sea, tres meses con ellos y de repente, ¿cómo les dices: “Ya me voy”?

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Al principio, de todos los del 25 de noviembre, no alcanzábamos ninguno la libertad bajo fianza. Después alcanzamos la fianza de 4 millones de pesos cada uno. Al final, el 6 de enero, alcanzábamos —los de Miahuatlán— la fianza de 280 mil pesos. Me enteré de que se empezó a hacer un comité por los familiares y presos, pero del DF que estaban presos en Oaxaca. Se hicieron diferentes actividades con la finalidad de conseguir el dinero para pagar la fianza. El problema era que con una fianza de 280 mil pesos, íbamos a necesitar una afianzadora. Esta afianzadora lo que hace es pedirte el 13 % del valor total de la fianza (de 280 mil pesos creo que eran 45 mil pesos). Nosotros le dábamos 45 mil pesos a la afianzadora y le teníamos que dar las escrituras de una casa que valiera 280 mil pesos. Si te declaran inocente, la afianzadora te regresa tus escrituras y se queda con los 45 mil pesos. Ése es el negocio de la afianzadora. […] Después me enteré de que yo no salí con la afianzadora, yo salí porque a mi mamá su jefe de trabajo le prestó los 280 mil pesos, para no perder los 45 mil de la afianzadora y utilizarlo con otro compañero.

¿Te declaran culpable o inocente después de los tres meses de cárcel? Como yo salí en libertad bajo caución, y todos los demás también, entonces el proceso continúa. Es decir, al final van a declarar sentencia, puede ser culpable o puede ser inocente. A todos nos quitaron la “asociación delictuosa”. A la gran mayoría nos quitaron el de “daños por incendio”, algunos todavía son probables “responsables”. A mí todavía me quedan dos: “sedición” y la “sentencia a particulares”.

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CAPÍTULO 4 LA RESPUESTA DEL GOBERNADOR

Torturas, asesinatos, secuestros Extracto de la sexta visita de la Comisión Civil Internacional de Observación de los Derechos Humanos (CCIODH), mayo de 2008

“ENTREVISTA 224. Nueva Izquierda de Oaxaca: I.G. García Maldonado (ex-preso) ‘Me encuentran, me dicen que me van a violar. Me empiezan a tocar (…). Me dicen que me siente en la cubeta de agua. Traen una máquina con dos cables. Me dicen que firmara el papel culpando a Flavio Sosa (…). Me golpean, en el espacio de tres o cuatro horas (…). Dejan caer los cables, recibo una descarga. Es inexplicable el dolor. (…) Las únicas pruebas eran que alguien dijo que yo estaba en las marchas. Todas las noches durante los siete meses (que estuvo preso) me hacían lo mismo: me sentaban en la cubeta de agua, me daban las descargas.”

Transcripción de extractos del documental Compromiso Cumplido, producción Mal de Ojo, 2007

[Mayen A. Comité de liberación 25 de noviembre] “Como respuesta al asenso del movimiento magisterial-popular, empiezan a darse detenciones selectivas por grupos policiacos y parapoliciacos. Primero tenemos la detención del profesor Germán Mendoza Nube, del biólogo Ramiro, del estudiante Pedro García, del profesor Erangelio Mendoza…”

[Profesor Germán, Frente Popular Revolucionario] “En julio del 2005 me detienen por el delito de tentativa de homicidio. Después de 25 días, se procesa todo mi caso y quedo libre, totalmente. Esa resolución la respalda el Tribunal Superior de Justicia, y confirma la liberación. Pero resulta que al siguiente año, para ser preciso el 9 de agosto, me vuelven a detener con el supuesto de que hay nuevos elementos en mi contra. La Constitución dice muy claramente que ningún ciudadano puede ser acusado dos ocasiones por el mismo delito. Y para justificar la supuesta detención, me siembran un arma. […] Después de mi detención, el día 10 de agosto, [se hizo una marcha] para la exigencia de mi libertad y mi presentación con vida: aparecieron los francotiradores.”

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[Profesora Florina] “El 10 de agosto, nos fuimos a la megamarcha, fue convocada en protesta a que habían detenido a Germán Mendoza Nube. Nos integramos como a las cuatro y media en la marcha. Todo aparentemente estaba normal. Pasamos el Llano, el zócalo, y a la altura del Ex Marquesado, jamás me imaginé que sucediera lo que sucedió. [Vemos en la pantalla las imágenes de la marcha, se escuchan varios balazos, la gente grita: ‘¿de dónde, de dónde? ¡fotógrafos! ¡camarógrafos!’] Escuche una descarga completa de una pistola. Cuando yo volví a voltear la cabeza, ya no lo vi, para nada. Alguien venía gritando: ‘¡Ayúdenme!’ y lo venía cargando uno de mis compañeros. Yo me boté sobre José, cuando lo vi sangrando, le pedí que resistiera. Y en esto me decían: ‘¡Párate! Déjanos avanzar para que lo podamos ayudar’ y ya, me quitaron de él. Justo en la calle había un hospital, lo metieron al hospital. […] Yo cuando lo vi en el quirófano, acostado en una cama… No, pues no. No había sido atendido, nada más desabrocharon la camisa, y él ya no estaba con vida. Al principio, me negué a que se le hiciera una autopsia. ¿Porqué? Bueno, pues porqué después de… A él lo lastimaron, a él lo masacraron. Todavía querían después de eso abrirlo, lastimarlo más. Pero alguien me dijo que era necesario, por si había una situación que aclarar. De esta forma lo vamos a poder aclarar. Eso fue como acepté. Y la verdad, qué bueno que lo hice porque yo cuando leía los periódicos, las declaraciones que hacía la Procuradora… Ella decía que había sido una riña callejera. No es cierto, porque fueron nueve balazos, nueve tiros los que le tocaron. Estos tiros venían de la altura del hospital y del estacionamiento, que es del mismo dueño. Inclusive encontraron colchones, la gente había dormido ahí, y eran policías, porque encontraron uniformes de judiciales, y también una muda de ropa y unas botas del tipo de los judiciales. Escuchaba que habían encontrado mariguana ahí, con unas credenciales. Todo esto, la verdad, me sirvió para aclarar. Lo que yo no puedo con el poder que ellos tienen. No puedo para nada con el poder porque es su palabra contra la mía. Pero yo tengo las evidencias que era una emboscada, que venían preparados. ¿Con qué finalidad? Con la finalidad de crearnos temor, una forma de decir: ‘Si vuelven a marchar, esto es lo que les espera. Si vuelven a meterse con el gobierno, esto es lo que les espera.’

[Profesor Germán, FPR] “Son detenidos estos francotiradores en División Oriente, donde fue el hecho criminal. Se les encontró uniformes, todo el equipo de policías, armas, casquillos. Y todas fueron entregadas a la Procuraduría General de la República [PGR] como pruebas y evidencias de que ellos habían sido los asesinos. ¿Y dónde están? No están detenidos. No se ha hecho ni una sola investigación al respecto. ¿Entonces qué está pasando con las instituciones? Las instituciones se vuelven promotoras de la violencia institucional y extrainstitucional.”

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Una represión mediatizada Apuntes tomados durante una conversación con R., secuestrado y torturado

“—Estábamos en una conferencia de prensa, había muchos periodistas, y llegó una camioneta. Nos empezaron a disparar. O sea, es decir cómo son pendejos… Ni siquiera son capaces de hacerlo bien. Como habían muchos fotógrafos, hay decenas de fotos de este momento. Balacearon y luego me llevaron. Me subieron a la camioneta, me taparon la cara y me empezaron a pegar. —¿Y sabes a dónde te llevaron? —No. Era un cuarto con un baño. Ahí siguieron su trabajo de tortura, me pegaron durante horas y horas. —¿Y cómo saliste de ahí? —Pues te digo, son unos pendejos. Me agarraron en un momento donde había muchas personas. Cuando me llevaron, alguien me identificó y empezaron a pedir mi liberación y la presentación de mi cuerpo con vida. —¿Cuánto tiempo estuviste en este cuarto? —Aproximadamente ocho horas. Y durante todo este tiempo me estuvieron pegando. Pensé que… No paraban, con los gritos, los insultos. Tortura pues. Por eso es que no me puedo mover mucho. Me tuve que quedar dos meses en la cama, no me podía mover por culpa de estos culeros. Tenía yo dos costillas rotas, más el trauma psicológico. Ya no quería salir a la calle, no podía. No podía ver afuera. […] —¿Viste el rostro de las personas que te hicieron esto? —Sí. Desafortunadamente. Desafortunadamente para ellos o para mí, no sé. Me hice esa película decenas de veces en mi cabeza: ¿qué hago el día que me los encuentro en la calle?”

Transcripción de extractos del documental Compromiso Cumplido

[Noticiero de TV Azteca, 21 de agosto de 2006] “Esta noche en ‘Hechos’, segundo día de violencia en Oaxaca. Nuestro reportero sigue un operativo nocturno. 22h39: En este momento nos están balaceando aquí, en esta parte de la colonia Reforma […], son camionetas de la policía municipal. Están realizando un operativo.” [En las instalaciones de la radio La Ley (del pueblo), 21 de agosto de 2006]

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“Alerta compañeros, alerta. Es importante que se movilicen. Se están oyendo disparos del lado de La Ley 710. Son policías ministeriales compañeros. ¡Alerta! Movilización, ¡qué toquen las campanas! ¡Alerta, alerta, alerta!” [Noticiero de TV Azteca, 21 de agosto de 2006] “22h42: El equipo de TV Azteca fue víctima de agresión policiaca. Pretendían policías reabrir tránsito en avenidas bloqueadas. La policía descubre al reportero y le quita la cámara: ‘Justo después de que los policías no arremataron la cámara, hablamos con uno de los efectivos para que nos devolvieran nuestros tres celulares. Y de pronto se subieron a los vehículos, asegurando que venían hacia ellos unos integrantes de la APPO. Pero no era así, eran dos fotógrafos del periódico Milenio que se acercaban justamente al convoy. Y dispararon su coche, precisamente lo que es la parte del piloto, dos tiros a la altura del parabrisas.’ El incidente se registró mientras cubrían el inicio de un operativo destinado a eliminar algunos de los bloqueos que hay en las calles. La balas alcanzaron a un hombre llamado Lorenzo Sampablo, de 52 años. Lo mataron.”

Extracto de Oaxaca sitiada, p. 84

“[…] El 21 de agosto, el fotógrafo [de Milenio] se acercó a una camioneta Nissan, sin placas, y fotografió a unos encapuchados que estaban estacionados en la […] colonia Reforma. Los tipos, sin pudor alguno, presumían sus rifles AR-15. ‘Somos policías’, dijo uno de ellos, sarcásticamente. […] Asustados y en pijama, un grupo de vecinos salieron a pedirles que se retiraran ‘para evitar problemas’. Los paramilitares ignoraron el reclamo. Después de 10 minutos, como advertencia, recibieron un par de pedradas lanzadas por los nerviosos vecinos. No se discutió más. El convoy, más de veinte unidades, partió de inmediato a toda velocidad. Las últimas unidades, vehículos de la policía estatal y cuatro camionetas no identificadas, comenzaron a disparar contra los vecinos y los fotógrafos. Las fotografías de los pistoleros del gobernador fueron publicadas en la mañana siguiente. Obviamente, las autoridades municipales, estatales y federales no hicieron nada.”

Transcripción de extractos del documental Compromiso Cumplido

[Por las afueras de la radio La Ley, tres personas atestiguan anónimamente el mismo día, frente a una cámara particular] “Estábamos acá y pasaron las camionetas. Nosotros corrimos hacia acá y nos tiramos al suelo. Pero el chavo siguió corriendo y le dieron en la espalda. Le estaba saliendo aire por la espalda, yo creo que fue el pulmón o algo así. […] Eran policías, iban como cinco patrullas y seis motos. Todos iban armados y eran armas largas porque se oyeron las ráfalas.”

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[Mayen A. Comité de liberación 25 de noviembre] “A pesar de que muchos vimos, en televisión nacional, el operativo, vemos personas a bordo de camionetas, vemos disparos, escuchamos disparos, y no hay un solo detenido. No hay un solo responsable de la muerte de Lorenzo Sampablo.”

El asesinato de Bradley Roland Will: el único caso “investigado” Extracto de la página web de Indymedia Nueva York, http://nyc.indymedia.org/en/2006/10/77996.html

“LLAMADA PARA UNA ACCIÓN EN EL CONSULADO MEXICANO

Denunciar el asesinato de nuestro amigo, Brad Will! […] El pasado viernes 27 de octubre de 2006, en Santa Lucía del Camino, Oaxaca, México, fue asesinado nuestro amigo Brad Will por fuerzas paramilitares apoyadas por el gobierno del Estado de Oaxaca. Brad estaba trabajando como periodista para la red internacional de Indymedia. La prensa y el gobierno están usando la muerte de Brad como pretexto para enviar más fuerzas estatales a la zona. Exigimos que las fuerzas del gobierno no tomen como pretexto su muerte, para escalar la opresión y la violencia contra el pueblo de Oaxaca. Exigimos, en solidaridad con el pueblo de Oaxaca: 1. La expulsión inmediata de todas las fuerzas armadas, trabajando de parte del gobierno. 2. La expulsión inmediata del gobernador ilegitimo, Ulises Ruiz Ortiz. 3. Que el gobierno federal empiece negociaciones directas con la gente de las barricadas en Oaxaca. 4. Que los culpables, a todo nivel, sean identificados como responsables, por el asesinato de Brad Will y de otras víctimas civiles oaxaqueñas. Hacemos estas demandas en solidaridad con el esfuerzo del pueblo de Oaxaca para establecer un gobierno autónomo y popular que reconozca y respete los valores y tradiciones locales. ¡JUSTICIA PARA BRAD WILL! ¡JUSTICIA PARA LA GENTE DE OAXACA! ¡NO A LA MASACRE DE OAXACA! ¡BRAD PRESENTE!” Extracto del informe video de la Quinta visita de la CCIODH, 2007

[Testimonio civil] “Llamamos a la radiodifusora de la Universidad, que nos estaban agrediendo. Eran gente del municipio, eran policías. Pero no estaban uniformados, estaban vestidos de civil.” [Transmisión de Radio Universidad]

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“Nos avisan de que ha muerto el compañero que balacearon allá en Calicanto, en Santa Lucía del Camino. Falleció el compañero, él era extranjero, camarógrafo del medio Indymedia.” [John Gibler, periodista independiente] “En cuanto a la teoría del Estado que dice que el que estaba al lado de Brad Will le disparó, hay dos cosas muy fuertes que hacen esto improbable. Primero, dice la autopsia que la bala no entró a quemarropa, que es lo que dice la Procuradora, que luego se retractó. El segundo es que Brad Will estaba filmando en el mismo momento, cuando le entra una bala de adelante, con una pequeña curva así, de arriba hacia abajo. Y no hay ninguna persona que sale en la pantalla. Yo hice la pregunta en la conferencia de prensa: ¿cómo es posible que haya sido una bala a quemarropa, directo de frente, y no sale la persona en la pantalla de la cámara que traía Brad Will?”

Extracto de Oaxaca sitiada, p. 202-203

“Mientras Ulises Ruiz Ortiz anunciaba a la prensa internacional que los presuntos asesinos de Brad Will habían sido detenidos y consignados, la realidad era que éstos —compañeros de partido del gobernador— pasaban la noche en sus casas. Abel Santiago Zárate, regidor del PRI en el municipio de Santa Lucía del Camino; Manuel Aguilar, ‘jefe de escoltas’, y los policías municipales Juan Carlos Soriano […] no fueron detenidos hasta que el diario Milenio reveló la mentira contada por el mandatario estatal y la Procuraduría de Justicia de la entidad […]. El paso de los días habría de tranquilizar a […] los subalternos [quienes] abandonaron la prisión muy pronto, exonerados del homicidio ‘por desvanecimiento de pruebas’. Como pocas veces se ha visto en nuestro país, la Procuradora de Oaxaca dedicó día y noche para convencer a la opinión pública de que los hombres que había detenido y consignado eran, en realidad, inocentes.”

Portada del diario oaxaqueño Tiempo de Oaxaca, 2 de noviembre de 2007

“RATIFICA PGR TESIS DE TIEMPO SOBRE HOMICIDIO DEL CÁMAROGRAFO DE INDYMEDIA

BRAD, ASESINADO A 50 CM La bala que mató al camarógrafo Bradley Roland Will, fue disparada a menos de un metro de distancia, la tarde del 27 de octubre del año pasado, confirmó la PGR, tal y cómo lo publicó Tiempo en su edición del miércoles 20 de diciembre de 2006. A un año de distancia, la PGR ha identificado a dos de los autores materiales del homicidio. […] Con la información extraoficial, testimonios y evidencia recabada, se pudo establecer que Bradley Roland Will fue herido por un activista de la APPO que participaba en un enfrentamiento con policías municipales de Santa Lucía del Camino; auxiliado por el mismo agresor y compañeros de éste; trasladado en un VW Sedán, donde probablemente recibió el segundo disparo; dejado desangrar hasta morir en el interior del mismo

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automóvil, para posteriormente lavar las heridas de cuerpo con agua y cloro (con el fin de borrar rastros de pólvora en su piel), y finalmente trasladado a la Cruz Roja a bordo de otro vehículo, para que le ‘brindaran auxilio’. […] Las hipótesis planteadas en la investigación alterna, como ahora lo confirma la PGR, apuntan a que el asesinato del camarógrafo de Indymedia habría sido ‘premeditado’, y que el primer disparo lo habría realizado un ‘dirigente o líder’ de la APPO […].”

Artículo publicado en el diario nacional Milenio, 25 de noviembre de 2008

“Entrevista: Juan Manuel Martínez —presunto asesino de Brad Will [detenido el 16 de octubre de 2008] ‘YO NO MATÉ A BRAD WILL’ El supuesto autor material del crimen del camarógrafo estadounidense acepta que participó en las protestas de la APPO, pero asegura que jamás conoció al periodista. ‘Yo no maté a Brad Will. […] ‘Por más presión que hagan no voy a aceptar nunca la mentira que ellos quieren que acepte. Ni siquiera tuve la fortuna de conocerlo (a Brad) y ni siquiera estuve en el lugar donde lo mataron’, reitera desde la Penitenciaría de Santa María Ixcotel, en Oaxaca […]. ‘En el Ministerio Público ya me leyeron las declaraciones y la única persona que me acusa es el primo del presidente municipal, al que se acusa de mandar pistoleros a disparar ese día […]. El gobierno de Estados Unidos quería que detuvieran a alguien por la muerte de Brad y el gobierno de México quiere proteger a los verdaderos asesinos, pero no sé por qué me usan a mí como chivo expiatorio. A lo mejor porque yo no estoy en ninguna organización ni conozco a nadie; pensaron que nadie iba a reclamar por mí […]. Son puras mentiras las que se dicen en la supuesta investigación que hicieron. Dicen que yo usaba varios vehículos, cuando ni siquiera tengo una bicicleta; dicen que tengo un Golf dorado, un Golf negro y varios vehículos; dicen que soy una persona de dinero, pero cualquiera que investigue se va a dar cuenta de que tengo tres hijos y una esposa y estamos en un cuarto bien pequeño que nos prestan. […] Primero, a finales de septiembre fui interceptado por agentes federales. Iba caminando por Calicanto cuando dos tipos —que ahora sé que eran agentes— me interceptan y me preguntan: “¿Tú eres Gabriel Meza?” Yo lo que les digo es que ése no soy yo. Entonces ellos me preguntan mi nombre y uno me agarra por la espalda y me dice que les dé mi teléfono. Se los doy y luego ellos se van […]. […] Días después, en mi trabajo de deportes en Santa Lucía del Camino, me detienen las mismas personas, que iban en un Chevy Monza, y me dicen que los tengo que

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acompañar. Yo les digo que si son policías me muestren una orden de aprehensión y ellos me dicen que no me van a mostrar nada. Luego me subieron a un coche y pasamos por la Procuraduría y la casa de gobierno donde está la policía preventiva. Yo les pregunté adónde me llevaban, que si me iban a matar, que por lo menos me dieran el derecho de llamar por teléfono. ‘Tú no tienes derecho a ni madres’, me dijeron. […] No me decían nada de por qué me tenían detenido. Una persona llegaba y me preguntaba a qué organización pertenecía. Yo le decía que a ninguna. ‘No te hagas pendejo, dime lo que sabes’, me contestó él y luego dijo: ‘Mira hijo de tu pinche madre, me voy a salir un rato y piensa lo que me vas a contestar, porque cuando regrese no sabes cómo te va a ir’. Yo le dije: ‘Te puedes ir una hora, dos horas, un día y te voy a contestar lo mismo’. Él me respondió: ‘No te hagas pendejo, hijo de tu pinche madre, pero si no me lo dices, te lo voy a sacar a punta de chingadazos.”

[Juan Manuel Martínez fue finalmente liberado en febrero de 2010]

Un poder judicial sometido al ejecutivo

Extracto del Informe de la Comisión internacional de juristas y de la obra diacónica alemana en Oaxaca, México, Diakonie, 2007, pp. 40-44

“[Según] la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Oaxaca, […] ‘todos los magistrados serán nombrados por el Gobernador del estado […]’. De hecho, el actual Presidente del Tribunal Superior fue Secretario de Gobernación del estado durante el gobierno anterior, fue nombrado por el entonces Gobernador —de su mismo partido […]. Abogados y organizaciones de derechos humanos sostuvieron que los jueces y agentes del Ministerio Público ‘no se atreven’ a dar versiones distintas de las oficiales; el sistema de nombramiento de los jueces ‘está hecho para que sea fácil el control’; ‘el Poder Judicial permanece también sujeto al Ejecutivo y actúa como criminalizador de la protesta social’; ‘no hay carrera judicial, y (el poder judicial) es un escalón dentro del PRI’; cuando un juez toma una postura diferente ‘comienzan las presiones y al poco tiempo deja el cargo o son rotados […]’. De acuerdo a su ley orgánica, la ‘Procuraduría General de Justicia del Estado es una dependencia del Poder Ejecutivo, que tiene por objeto ejercer la representación y defensa de los intereses de la sociedad a través del Ministerio Público; organizar, controlar y supervisar esta institución; vigilar el cumplimiento de las leyes; representar jurídicamente a la Administración Pública Estatal con las excepciones que marque la Ley’ (artículo 1.2). Le

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corresponde, en representación de la sociedad, investigar los delitos; perseguir a los probables responsables de los mismos; ejercer ante los tribunales la acción penal y exigir la reparación de los daños y prejuicios (artículo 2). Por tanto, como dependencia del Gobernador, es ése quien nombra y remueve ‘libremente’ al Procurador General. A los Subprocuradores Generales y al Director de la Policía Ministerial (artículo 6). […] Del Procurador General de Justicia depende la Policía Ministerial, que bajo su autoridad y mando directo investiga los hechos delictuosos; persigue a los probables responsables de los mismos; ejecuta las órdenes de detención, comparencia, citaciones y presentaciones provenientes de la Procuraduría, así como las de aprehensión, comparencia, presentación, arraigo y cateo dictadas por los órganos jurisdiccionales.”

Extracto del Informe sobre los hechos de Oaxaca, quinta visita de la CCIODH, del 16 de diciembre de 2006 al 20 de enero de 2007, pp. 218-221

“Los poderes públicos no han garantizado el pleno ejercicio de la libertad de expresión, pensamiento, asociación, reunión, participación política, libre circulación y manifestación. Se ha impedido, mediante el uso de la fuerza física y la coacción, el ejercicio de estos derechos fundamentales. […] Se han violado los derechos a paro sindical, libertad de expresión sindical y libertad de cátedra del magisterio. […] Las fuerzas policiales estatales han efectuado detenciones arbitrarias e ilegales, de forma recurrente y en ocasiones masivas, contra la población civil. Algunas detenciones también han sido practicadas por civiles que, utilizando la fuerza, pusieron a disposición de los cuerpos policiales, con el beneplácito de éstos, a las personas detenidas. […] No se han respetado los derechos de los detenidos: no se les han notificado los delitos que se les imputaban ni los derechos que les asistían, fueron incomunicados, no se les notificó su detención a personas de su confianza o familiares y no se han respetado los plazos legales de puesta a disposición ante la autoridad competente. […] En los traslados se han vulnerado los derechos de manera especialmente grave, realizándose torturas físicas (toques eléctricos, golpes, heridas, quemaduras, etc.) y psíquicas. La CCIODH tiene indicios fundados de violaciones a hombres y mujeres, según testimonios y cuadros clínicos. En los traslados han participado cuerpos policiales, en ocasiones efectivos militares, y grupos de personas no uniformadas y armadas que custodiaban a los detenidos hasta los penales. En las detenciones y traslados intervino la llamada ‘fiscalía móvil’, según consta en autos judiciales. Este órgano carece de toda cobertura legal, su actuación no es transparente ni está sujeta a control alguno. No se garantizó el derecho de defensa de los detenidos y procesados: ni asistencia de un abogado de confianza, ni comunicación con el abogado, ni condiciones de privacidad en las entrevistas, ni asistencia de intérpretes en las diligencias con personas indígenas. […]

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Hay menores de edad que han sido detenidos con uso indebido de la fuerza y han sido trasladados, en cuatro casos, a penales de adultos. Tres de ellos lo fueron al penal de mediana seguridad de Nayarit —donde la edad penal es de 18 años— vulnerándose los convenios, tratados y acuerdos internacionales de protección de los derechos humanos de la infancia. […] Los representantes del Ministerio Público no han impulsado de oficio procedimiento penal alguno contra representantes de instituciones públicas, a pesar del conocimiento de hechos constitutivos de delitos perseguibles por este organismo. Algunos procesos iniciados a instancia de los afectados, a pesar de haber aportado pruebas, se hallan paralizados sin causa justificada. Según testimonios con conocimiento de causa, esta falta de impulso procesal obedece a órdenes directas del Ejecutivo Estatal.”

Negociar la libertad de los presos políticos: dividir para vencer Apuntes tomados durante una conversación (abril de 2008) con T., arrestada una semana después del 25 de noviembre de 2006 y detenida en la cárcel de Miahuatlán

“El 25 de noviembre… Sucedió lo que sucedió. El desmadre total. Nos refugiamos en un terreno atrás de una casa en el periférico, no había techo, nada para protegernos del helicóptero que sobrevolaba la ciudad. ‘Silencio, hacemos café, nos cambiamos de ropa y no decimos nada, sobre todo. Si llegan, saltamos al río esperando poder escaparse.’ Estábamos unos 35, escondiéndonos ahí, enfrente de una casa de priístas. El día siguiente, obviamente, los vecinos habían reportado el lugar a la policía. Al final, con una amiga, pudimos escondernos en una casa con dos chavos más. Nos quedamos ahí encerrados una semana, casi. Un día empezamos a pensar en salir de Oaxaca, a organizar nuestro regreso al Distrito Federal. Mi amiga salió hacer una llamada a la caseta telefónica. Cuando vimos que no regresaba, uno de los dos chavos salió para buscarla. Tampoco regresó. Yo iba a salir cuando el otro chico me dijo de devolverme si veía algo raro afuera. No manches, apenas había abierto la puerta que vi a un policía de civil en la banqueta de enfrente. Cerré la puerta. Dos minutos más tarde, llegaron decenas de patrullas. Tres policías tocaron a la puerta para hablar con el dueño. Y mientras nosotros tratamos de escondernos. Entraron y empezaron a catear la casa y nos encontraron. Con todo alcance a esconder una cámara de fotos […]. Nos llevaron a una camioneta. De todos modos en estos días, los que siguieron el 25 de noviembre, sólo buscaban a los jóvenes. No había un solo joven en la calle. Ya una vez arriba de la camioneta […], se detenían enfrente de casi cada casa. Te lo juro, tenía más miedo que en Atenco. Pensaba: ‘nos van a hacer igual, nos van a meter a cualquier casa para violarnos’, pero no. Nos llevaron a la Procuraduría. […] A un momento, vi que entraba un policía con una chica que tenía la cabeza en una bolsa. Reconocí su ropa: era mi amiga. Por lo menos ya no me preocupaba por saber donde estaba. Se veía que la habían pegado fuerte. Nos metieron en dos celdas distintas. Los dos chicos que estaban en la casa con nosotras llegaron más tarde, también los habían pegado fuerte. El tira que los acompañaba se acercó a mí, con su presa en la mano, y le

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dijo: ‘A ver, dile’. El chico se me acercó y me dijo: ‘¿Te acuerdas del incendio del Tribunal de Justicia, del robo de la camioneta y de que nos pagaba 1 500 pesos diario la Doctora Bertha para que estuviéramos en las barricadas? No me la creía. Contesté: ‘¡No es cierto! Y el policía agarró la cabeza del chico para pegarla a la reja de la celda. Me miró como si… Me estaba rogando de contestar que sí. Entonces dije que sí, me acordaba. […] Nos tomaron varias veces fotos y nos llevaron afuera, hacia una camioneta llena de libros y de cócteles Molotov que habían encontrado en la ciudad. Nos hicieron posar con la camioneta, como si fuera nuestra. Y luego nos subieron por separado en dos otras camionetas. No sabíamos a dónde nos estaban llevando, empezamos a ver la Sierra. Y llegando estaba escrito: Ministerio Público de Miahuatlán. Estábamos en la cárcel, o cerquita. […] Nos leyeron las acusaciones: ‘Robaron una camioneta en el DF para venir a Oaxaca y se unieron a las barricadas’, y todas las mentiras que nos habían sacado. […] Después pude hablar a mi madre, gracias a dos minutos de crédito que otro preso me compartió, no gracias a la tira que me había jurado que lo iba a hacer. Ella vino, pude verla, y fue a buscar a un abogado. Logramos comprobar que las huellas encontradas en la camioneta no eran nuestras y el abogado consiguió dos testimonios a nuestro favor. Recibimos apoyo de todos nuestros profesores de México, nos mandaron dinero para pagar los abogados, atestiguaron y confirmaron que éramos estudiantes y que estábamos ahí haciendo una investigación, pero que nos íbamos cuando se daban los enfrentamientos. Finalmente salimos, mi amiga y yo, libres de cargos, antes del fin de año. Ya luego mi mamá me contó —cuando le preguntamos porqué se habían quedado los otros dos chicos— lo que había sucedido con el abogado. Él había negociado con los jueces, pues los conocía. Y los jueces le habían dicho que de todos los ‘APPOS’ tenía la orden de no dejar salir a nadie, que la única manera era con dinero: que por cien mil pesos —cincuenta cada una— estábamos libres. Y mi mamá había pagado para las dos. Pero no era todo, también nos dijo que para obtener nuestra libertad, nos habíamos comprometido a no publicar nada firmado por nosotras en la Jornada o en la prensa, sobre todo alternativa. Los chicos salieron unos meses después.”

Carta dirigida al gobernador Ulises Ruiz Ortiz publicada en el diario Noticias, voz e imagen de Oaxaca, 12 de enero de 2007

“Oaxaca de Juárez, Oax. 11 de enero de 2007 C: LIC: ULISES RUIZ ORTIZ GOBERNADOR CONSTITUCIONAL DEL ESTADO DE OAXACA

Los abajo firmantes liberados de los reclusorios del Rincón, Tepic, Nayarit, Tlacolula de Matamoros, Miahuatlán de Porfirio Díaz, Oaxaca, y familiares, nos presentamos nuevamente ante usted para manifestar lo siguiente:

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Con motivo de los diversos operativos realizados por la Policía Federal Preventiva en la ciudad de Oaxaca, los días 25 y 26 de noviembre del 2006, fuimos detenidos y privados de nuestra libertad personal. En diferentes momentos nos dirigimos a usted señor gobernador, solicitándole su intervención para que las instancias competentes pudiesen revisar cada uno de nuestros casos y así obtuvimos nuestra libertad, de la cual hoy gozamos; lo que nos permite estar nuevamente en el seno de nuestras familias con la alegría que ello nos ha representado. Sabemos que diferentes sectores, grupos sociales e inclusive organizaciones que se dicen defensoras de los derechos humanos, han tratado de confundir a la opinión pública e inclusive a nosotros mismos respecto de los trámites que se han realizado para que saliéramos libres, pero nosotros acudimos directamente ante usted pidiendo su respaldo, estamos plenamente seguros que es a usted señor gobernador a quien debemos nuestra libertad. Es por ello que el día de hoy hemos decidido nuevamente visitarle, para expresarle nuestro pleno reconocimiento a la labor que ha realizado en nuestro favor y manifestarle de forma personal nuestra gratitud y al mismo tiempo refrendarle el compromiso que tenemos los ciudadanos oaxaqueños de colaborar con su administración para superar plenamente el conflicto social que en meses pasados enfrentó la ciudad de Oaxaca. Le otorgamos todo nuestro apoyo y le dirigimos un cordial saludo.”

Correo colectivo mandado por I. el 14 de diciembre de 2007

“Compañeros: […] Como les había comentado algunos días antes, era cuestión de tiempo para que los de la APPO detenidos el 25 de noviembre fuesen siendo liberados de todo cargo. Ayer fueron absueltos completamente de todo cargo 24 del total, ahora a estos 24 sólo les queda esperar que les den su boleta de libertad, para de esta forma poder recuperar el dinero dado a URO para que pudiesen salir bajo caución, así como para poder recuperar sus llamados "derechos políticos". […] Una vez tramitada y obtenida la boleta de libertad, no debería existir ningún problema para en mi caso recuperar los 280 mil pesos pagados para la libertad caucional, si fuese que URO no los quisiese devolver pues ahí les aviso por este medio. En el caso de los compas a los que la Sección XXII u otras organizaciones solidarias les pagó su fianza, no sé si el tramite se realice de la misma forma o no. En mi caso concreto pues le devolveré los 280 a un prestamista particular. Pues es todo compañeros.”

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LA GUERRA CONTRARREVOLUCIONARIA: UNA ESTRATEGIA MILITAR MUNDIAL Extracto de Oaxaca sitiada, p. 91-93

“Sólo meses después, por un desliz en una francachela nocturna, viajé a Guatemala para investigar la denuncia vertida entonces por la APPO. […] No había mentido: en Oaxaca había kaibiles combatiendo contra la APPO […]. Y el kaibil principal era, ni más ni menos, el director de la Policía Ministerial, Manuel Moreno Rivas, nombrado en el cargo en diciembre del 2004, día en que el gobernador Ulises Ruiz Ortiz advirtió que no permitiría ‘un solo plantón más en la ciudad’. […] El numeral 9 del decálogo militar que aprendió Manuel Moreno Rivas sentencia: ‘El kaibil es una máquina de matar cuando fuerzas o doctrinas extrañas atentan contra la Patria o el Ejército’. Resuenan estas palabras en la cabeza de quien, antes de ser director de la Policía Ministerial oaxaqueña, recibió, en 1994, el Curso de Adiestramiento y Operaciones Kaibil, impartido por la Escuela de Fuerzas Especiales Guatemaltecas, en un campo militar llamado ‘El Infierno’ […]. [Esta escuela] fue creada, oficialmente, el 5 de diciembre de 1974, con la asesoría de los ‘Rangers’ del Ejército de Estados Unidos. […] De acuerdo con un reporte del Ministerio de la Defensa guatemalteca, el teniente de Navío de la Armada de México aprobó las tres fases de entrenamiento militar de élite de las que consta el curso […]. Como parte de su instrucción kaibil, Moreno Rivas recibió una preparación en la que ‘se incidía al máximo el sentido de agresividad y valor a través de la presión mental y física deshumanizada’, según valora el informe Guatemala: memoria del silencio, elaborado por la Comisión para el Esclarecimiento Histórico Nacional, que cuenta con el aval de la ONU. ‘Era esencial el hecho de matar animales, particularmente perros, y comérselos crudos o asados, y beber su sangre, para evidenciar el valor’, relata el documento en el que se cita el testimonio de un soldado que recibió el entrenamiento. ‘Teníamos que comer animales crudos, matar gallinas por la cabeza, tomar la sangre, comer nuestros propios vómitos, para no desperdiciar. Uno lo hace pero no se acostumbra’ […]. En otro apartado de la investigación, se asegura que los kaibiles recibieron ‘la enseñanza de torturar prisioneros de guerra como método rápido para obtener informaciones que fueran de utilidad en las operaciones […]’. Otros de los puntos contenidos en el decálogo kaibil, destinados al aumento de la agresividad, son los siguientes: ‘Siempre atacar, siempre avanzar; el ataque de un kaibil será planeado con secreto, seguridad y astucia y lo conducirá con fuerza, vigor y agresividad; al ser emboscado, acompañándose del máximo de volumen de fuego, el kaibil se lanza al ataque aniquilador.”

Extracto de Escadrons de la mort, l’école française, Marie-Monique Robin, La Découverte, 2004 (2008), pp. 34-35, 38-39, 43-44, 166-173

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[Entrevista de la autora con el general Maurice Schimtt] “—¿Qué son los militares revolucionarios? ¿Gente fiel a la memoria del Mariscal Pétain? [Mariscal francés que, después de salvar a Francia en la primera guerra mundial, la entregó a Hitler y colaboró con la administración nazi durante la segunda.] —¡Oh, no! Para nada. Digamos que compartimos dos convicciones: un aprecio por el imperio desaparecido y el anticomunismo. […] Convencido de que los Soviéticos, para satisfacer su hambre de dominación mundial, habían decidido ya no intervenir de forma directa sino por vías alternas, el Alto Mando militar saca dos conclusiones: desde un punto de vista externo, la guerra de Indochina rebasa ahora el marco colonial francés para inscribirse en un conflicto que opone […] el Kremlin y el ‘mundo libre’; desde un punto de vista interno, la democracia está amenazada por las acciones clandestinas de activistas ligados al Partido Comunista Francés (PCF) […]. En este contexto propicio aparece el Coronel Charles Lacheroy, considerado como uno de los ‘principales militares pensadores franceses de la segunda mitad del siglo XX’ […]. Lacheroy entra directo en el asunto: ‘Las normas que nos servían para evaluar las fuerzas presentes, esas normas tradicionales, están muertas. Nos enfrentamos a una guerra nueva, nueva en sus concepciones y en sus realizaciones. Este tipo de guerra es el que llamamos ‘guerra revolucionaria’… El problema número uno, es ‘el control de las poblaciones’ que sirven de base a esta guerra. […] Él que lo toma o lo tiene ya ganó.’ En otros términos, […] las poblaciones se vuelven sospechosas a priori […]. Esta focalización sobre el papel de la población, o sea de los civiles, conlleva una modificación capital en el universo conceptual militar de la noción del ‘enemigo’, que hasta ahora había estado uniformado, cargando fusil y bandera, del otro lado de la frontera; ahora el enemigo puede ser cualquiera, pues está diseminado en el corazón mismo de la sociedad civil. […] Con Lacheroy, la ‘guerra revolucionaria’ está integrada a la Escuela Superior de Guerra y entra en los programas oficiales a partir de 1954. […] Lejos de limitarse a ensayos prospectivos, los discípulos de Lacheroy tratan entonces de dibujar un ‘apoyo a la acción efectiva proponiendo un cierto número de soluciones susceptibles de ser aplicadas inmediatamente para contrarrestar la amenaza revolucionaria, sea en cualquier marco geográfico donde ejerce —mundial, nacional y regional’ [Lucien Poirier, Le Chantier stratégique, 1997]. Por ello se nutren constantemente de las experiencias militares del momento, primero en Indochina y luego en Argelia. […] El General Hogard […], en 1957, […] sugiere llevar a cabo tres tipos de acciones complementarias: ‘La búsqueda y la destrucción de las fuerzas enemigas, el control psicológico de la población y el desmantelamiento de la infraestructura política’. Para ello, llama a la construcción de una ‘jerarquía administrativo-militar’ basada sobre la unión casi íntima de la nación y su ejército. […]

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[Entrevista de la autora con Alcides López Aufranc] —¿Cómo llegó a estudiar en esta venerable institución? [La Escuela Superior de Guerra (ESG)] —En esta época (1957-1959), yo era teniente-coronel […]. En el Estado Mayor argentino habíamos escuchado hablar de la doctrina francesa, entonces muy de moda. Así es cómo me seleccionaron para capacitarme a la guerra contrarrevolucionaria. —¿Era algo importante en la ESG? —¡Los profesores no hablaban de otra cosa! Y para mí era algo completamente nuevo. En América Latina, todavía no conocíamos este tipo de problema. […] Aprendí mucho allí. Se aprende mucho con la sangre… […] Gracias a la enseñanza francesa entendí que el enemigo podía ser el pueblo y que para ganar la guerra, había que conquistar las mentes.’ […] Viéndose como una respuesta concreta a las amenazas universales que nacían con la Guerra Fría, la ‘doctrina francesa’ adquiere de entrada una dimensión transnacional y todos los estados mayores occidentales se acercan a ella. Como prueba, el porcentaje de extranjeros en la ESG (que tienen entonces mínimo el grado de capitán) está en constante progreso: cuando sólo era de 8,8 % en la promoción 1952-1954, subió a 22,6 % para la promoción 1956-1958 […]. América Latina está ampliamente representada desde 1951: totaliza 45,05 % de los oficiales extra-europeos (sin contar a los Estados Unidos Americanos, considerados en las estadísticas como europeos) con, en primer lugar, Brasil, luego Argentina, Venezuela y Chile.”

Extracto del editorial de Michel Sitbon, La Nuit rwandaise, #4, 2010 http://www.lanuitrwandaise.net

[El editorial trata en parte del libro de Paul Aussaresses en entrevista con el periodista JeanCharles Deniau, Je n’ai pas tout dit (No he dicho todo), Rocher, 2008]

“Paul Aussaresses cuenta cómo, a partir de 1961, se iba a Estados Unidos para capacitar al Ejército norteamericano en cuestión de guerra revolucionaria: ‘El Ejército americano no sabía bien cómo combatir el Viêtcong, sus oficiales desconocían todos los aspectos psicológicos de la guerra subversiva. […] El general Arthur Trudeau, a cargo del servicio ‘investigación y desarrollo’ del Ejército americano, escribía en ése entonces: ‘La experiencia de los franceses podría ser la mejor base para la doctrina y la enseñanza dentro de nuestras escuelas de guerra especiales’. Pero el Ejército americano estaba reticente, no entendía que el Presidente Kennedy quisiera crear un cuerpo especializado en la guerra en contra de los revolucionarios marxistas. […] Ya entenderán porqué el Presidente Kennedy y su secretario de Defensa Robert Mc Namara se acercaron a nosotros, los franceses, es porque ya habíamos adquirido una gran experiencia en Indochina. […] También ya habíamos mostrado lo que sabíamos hacer durante la batalla de Argel. […] No hay que olvidar que, en el terreno, esta maldita

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batalla la habíamos ganado en ni siquiera seis meses. La guerra revolucionaria tiene sus métodos y éstas no se inventan. Nosotros las conocemos de memoria.’ En Fort Bragg, enseñaba estos métodos de la guerra revolucionaria a oficiales americanos, pero también a sus ‘aliados’. ‘Muchos venían de otros países de América Latina: Bolivia, Argentina, México, Colombia, Brasil, Paraguay, Uruguay, Chile y Venezuela. […] —[Deniau] Pero dígame, todos estos países eran o se iban a volver dictaduras, ¿no? […] Y eso a partir de 1964, al fin de su estancia americana. ¿Curioso, no? […] Los americanos, en ése entonces, hacían todo para apoyar a las dictaduras en Suramérica. […] ¿Los franceses estaban involucrados en esta política sabiendo bien cuál era? —Claro que sí. Estaban involucrados y conocían muy bien todo el contexto. Yo les enseñaba lo que había visto y hecho en Indochina, lo que había visto y hecho en Argelia. […] Todas las técnicas de la guerra subversiva, la lucha contra la guerrilla urbana, el mapeo de los barrios, la infiltración, como lo había hecho en Philippeville y durante la batalla de Argel, y sobre todo nuestras técnicas para obtener informaciones. […] Yo les describía las diferentes etapas de las operaciones necesarias para erradicar el terrorismo: primero las detenciones preventivas para neutralizar los líderes, […] el mapeo de los barrios, el tratamiento de la información y las detenciones. Por cierto, decíamos que había que ‘quitar el agua en la cual los peses su mueven’. La imagen es muy clara. Es la única solución para acabar con el terrorismo urbano.”

Extracto de Escadrons de la mort, l’école française, Marie-Monique Robin, p. 212, 260, 265-268

“[Desde] 1951, los Estados Unidos logran imponer su liderazgo militar en el hemisferio con el voto del Acta de Seguridad Mutua, que permite el desarrollo de programas de asistencia militar basados en acuerdos bilaterales. Así es cómo, entre 1952 y 1955, doce países latinoamericanos —excepción notable, Argentina esperará hasta 1964— firman acuerdos que plantean la donación de equipos militares americanos, así como el envío de instructores que se volverán pronto consejeros políticos. […] […] Robert Bentresque, en 1960, efectúa una gira suramericana para difundir la buena palabra contrarrevolucionaria. Acompañado por el General Leandro Enrique Anaya […] y el Mayor Pérez Montes, da un ciclo de conferencias de un mes sobre la guerra antisubversiva en la Escuela de Guerra en Montevideo y en Lima. De este viaje nace la idea de organizar, en Buenos Aires, el primer ‘curso interamericano de guerra contrarrevolucionaria’. Inédito en el continente, reúne, en octubre de 1961, 37 oficiales de 14 países de América, incluyendo a los Estados Unidos, pero sin Cuba ni Haití que no fueron invitados. […] En la práctica, son ayudas económicas a los gobiernos aliados del hemisferio sur, pero también consista en la formación, en las escuelas militares americanas, de una élite en uniforme. […] Y existe un lugar donde se sabe perfectamente qué tipo de soldados están formados, es decir centuriones valientes y temerarios dispuestos a ‘todo tipo de cosas’ […].

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Este lugar se llama Fort Gulick, y desde julio de 1963, ahí está instalada la ‘Escuela de las Américas’. Creada en 1946 en la zona del canal de Panamá, sede de la Comandancia sur del Ejército americano, la escuela se muda luego a Fort Benning [EUA] en 1985, para cerrar sus puertas en 2000 después de una campaña de opinión pública que denunciaba la implicación de la ‘escuela de los asesinos’ en las guerras sucias que ensangrentaron el hemisferio sur en los años 1970 y 1980. […] ‘—Hasta la llegada de Kennedy a la Casa Blanca, la escuela de Fort Gulick era una escuela de segundo rango, poco apreciada de los oficiales latinoamericanos que preferían capacitarse en Europa’, me explica en enero de 2004 Leslie Gill, antropóloga […]. Pero en 1961 se opera un cambio, porque se organiza ahí el primer curso de lucha contra-insurreccional, lo que se vuelve su especialidad. ‘—¿De dónde venían los instructores? —La mayoría habían sido capacitados en Fort Bragg y Fort Benning, que en esa época eran las escuelas militares más preparadas para este tipo de enseñanza. Ya una vez realizada la transmisión de conocimiento, los instructores de la Escuela de las Américas serían principalmente oficiales originarios de Puerto Rico, porque como es una escuela exclusivamente para los oficiales latinoamericanos, las clases se dan en español.”

Conferencia sobre el neoliberalismo de Simón Sedillo, 9 de febrero de 2008, en los talleres del Encuentro de Jóvenes del Movimiento Social de Oaxaca

“Ahorita, acaba de salir una subvención para la Universidad de Kansas, en Estados Unidos. Ahí es donde mataron a Ricardo Flores Magón. […] Acaban de dar una subvención de 500 mil dólares al departamento de Geografía de esta universidad para hacer mapas de las tierras ejidales y comunales de México, enfocándose en el estado de Oaxaca. ¿De dónde viene el dinero? Del Departamento de Defensa, directamente. Y lo declaran, está en Internet. Y el Departamento de Defensa entrega el dinero al departamento de Geografía de esta universidad a través de un campamento militar que se llama Fort Leavenworth. […] El Fort Leavenworth es el campamento del ejército americano que se utilizó principalmente durante el genocidio de los indígenas norteamericanos. O sea de ahí sale el dinero. La Oficina de Servicios Militares Foráneos [FMSO, en inglés] está basada ahí. En su inicio, decían que la función de esta oficina era evaluar las amenazas asimétricas: guerrillas, terrorismo. Pero últimamente han ampliado su definición a ‘amenazas asimétricas y emergentes’. Aclara que los movimientos sociales se consideran como amenaza. […] De hecho, el ejército americano identifica que el movimiento social de Oaxaca es en sí una amenaza emergente. […] Entonces hacen mapas de las tierras ejidales y comunales del lugar. […] Hay otro centro militar que cabe mencionar, se llama el Instituto Occidental de Cooperación y Seguridad Internacional [WHINSE, en inglés]. Antes, se llamaba la Escuela de las Américas. […] El campamento militar está en Colombus, Georgia, y se llama Fort Benning. Ahí sólo se dedican a entrenar ejércitos latinoamericanos. Y se dedican a

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entrenarlos a la guerra de baja intensidad, a la contra-insurrección. […] Son 18 oficiales militares mayores del ejército mexicano que fueron entrenados ahí, todos están en cargo todavía. […] Son 1 700 soldados mexicanos de rango más bajo que fueron entrenados en este campamento militar. […] Todo es parte del Plan México, que es un plan estratégicomilitar. Ya en sí el ejército mexicano recibe 80 % de su financiamiento de los Estados Unidos.[…] La militarización es la forma más descarada de imponer la ideología neoliberal. Pero ahora ya tiene formas igualmente descaradas, más de bajo perfil, que se traduce con la militarización de la policía. […] Primero a nivel federal surge la PFP, la Policía Federal Preventiva, que en los hechos es el ejército. Le pusieron ‘policía’ para no llamar la atención de las organizaciones de derechos humanos por el hecho de que el ejército ande en asuntos internos, lo que es anticonstitucional. […] El ejército no debe de servir para defensa interna. El ejército es para proteger al país de un invasor. […] Entonces está la PFP a nivel federal, pero aquí en Oaxaca están los ‘jaguares’, la Policía Ministerial, la Policía Preventiva Estatal, que están ya cada vez más militarizados.”

Extracto del Informe especial sobre México: “Una violación sistemática de los derechos humanos”, Federación Internacional de las Ligas de Derechos Humanos (FIDH), marzo de 2001

“La Policía Federal Preventiva, ‘superpolicía’, encima de todos los cuerpos policiacos y que cuenta con miles de militares en sus rangos, fue creada hace un año y medio [en 1999] para ‘luchar contra la delincuencia’. En esta época, la oposición había denunciado el objetivo político de este nuevo cuerpo policiaco: reprimir los movimientos sociales que luchaban contra las reformas neoliberales. La previsión se vio confirmada cuando más de 700 estudiantes fueron detenidos por la PFP, acusados de ‘terrorismo’ por haber participado a una huelga para la defensa de la gratuidad de la educación.”

Extracto del artículo “Sobre la cooperación policiaca franco-mexicana”, Michel Sitbon, La Nuit rwandaise, #4, 2010

“[El] acuerdo de ‘cooperación técnica sobre la seguridad pública entre el Gobierno de la República Francesa y el Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos’ fue firmado el 12 de noviembre de 1998 por Jacques Chirac [del partido de derecha francesa], en la ciudad de México. De éste salió una disposición presidencial, en el año 2000, firmada por Lionel Jospin [del partido de izquierda francesa] y Hubert Védrine: […] ‘Subrayando la importancia de favorecer las condiciones legales, institucionales, administrativas y éticas adecuadas al fortalecimiento del ejercicio de la misión de los agentes públicos encargados de la seguridad pública (…), considerando que la información y el intercambio de experiencias contribuirán a una mejor eficiencia de los sistemas de seguridad pública (…); El Gobierno francés brinda apoyo al Gobierno mexicano en los puntos siguientes:

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a)

b)

c) d)

Aporta consejos para elaborar programas de capacitación, profesionalización, actualización y especialización del personal de seguridad pública (…), así como cursos destinados a la optimización de su capacidad de acción y de respuesta en las funciones que le corresponde; Establece programas para capacitar al personal de seguridad pública mexicano (…) al acceso y a la utilización, en caso de que sea requerido, a la señal satelital […]; Pone a disposición de los elementos más merecientes cursos y programas de capacitación y especialización organizados en Francia; Provee el material y los equipos necesarios para ser usados por el personal capacitado […]. Las acciones previstas en este acuerdo serán realizadas en el marco de las disponibilidades económicas de cada una de las partes […].

El Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos se encarga de las siguientes acciones: a) Comparte eventualmente, según lo que decidan las partes caso por caso, los gastos viáticos desde Francia hacia México y los gastos de estancia de los expertos franceses encargados de las acciones de capacitación y especialización del personal de seguridad pública mexicano […]; b) Cuida que el personal seleccionado y capacitado sea encargado de funciones que corresponden a su especialización […].’

En la misma línea que sus predecesores, Nicolas Sarkozy ofrecía [en 2009] al Presidente de México, Felipe Calderón, de sumar a esta construcción […] una ‘policía científica.”

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INTERLUDIO 5

2 de junio de 2008, bajo del avión proveniente de México. Llegamos a París por la mañana. 50 metros adelante de la puerta del avión, mucho antes del puesto de control, nos recibe un cordón de cuatro policías: “Pasaporte”. Home sweet home… El calor arrogante y civilizado de Francia sustituye poco a poco el calor persistente y desvergonzado de México. El de su gente y sus paredes, de sus colores fuertes y sus olores de maíz, de su barullo permanente y su desmedida. Francia me parece... vacía, muda, fría, demasiado civilizada. Los olores de maíz son sustituidos por los del trigo. Y, extrañamente, todo esto me tranquiliza. Esta pausa de tres meses en mi tierra natal me permite ver en dónde estoy parada con el asunto del libro. Porque allá, nunca para. Siempre pasa algo que se merecería un párrafo más, y otro, etc. Ahora bien, de momento, no tengo más que un rollo de papel de estraza garabateado... y muchos documentos: videos, audios, artículos, fotos, libros, testimonios, entrevistas, documentos oficiales... Una cantidad impresionante de fuentes. Ahora hay que ordenar un poco. Que todo quepa en un libro de bolsillo...

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EPÍLOGO

Después de pasar el año 2007 hurgando en el 2006, el 2008 asimilando el 2007, el 2009 (d)escribiendo los dos anteriores, por fin llego a 2010, fecha inscrita en las paredes de Oaxaca durante la insurrección: Nos vemos en...

Existe una leyenda alrededor de esta fecha: en 1810, México se vuelve independiente; en 1910 es la Revolución; y, ¿en 2010? En el país, en Oaxaca, en Chiapas, en todas partes dicen que algo va a pasar. Algun@s, sin duda, trabajan en ello. En las secretarías, se preparan una y otra vez para defenderse. En Oaxaca, en julio hay elecciones para gobernador. Ulises Ruiz Ortiz se prepara para dejar su mandato, las manos sucias en los bolsillos, tranquilo. Se pasea por las calles de Oaxaca, sonriendo, e inaugura obras: el centro está siendo cavado. Para algunas calles es la segunda cirugía en tres años, para el supuesto mantenimiento del desagüe. Pero las cañerías de una gran cantidad de casas siguen sin agua. El ejército es desplegado en el campo, con el pretexto de luchar contra el narcotráfico. En la ciudad, las brigadas de policías enmascarados y armados hasta los dientes, en grandes camionetas negras, forman parte del escenario, la gente ni siquiera se extraña de verlos patrullar todo el día, por todas partes. La campaña electoral está en su apogeo, en las primeras planas de los periódicos; el PRI está, obviamente, a la cabeza en los sondeos y, en las calles, florecen carteles verde-blanco-rojo. Enfrente, el mismo candidato

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que en 2004 lleva una coalición PRD-PAN “por la paz y el progreso”. Y, del otro lado, un movimiento permanente. Desde hace tres años, las organizaciones que conformaron la APPO continúan con las actividades que tenían antes del movimiento, enriquecidas o desanimadas tras haber estado tan cerca de la meta. Las nuevas relaciones que permitió 2006 se sofocan o se refuerzan al hilo de las movilizaciones políticas. Cuando suena la palabra APPO, se crispan las caras, se quebrantan las voces, son gestos borrosos pero cerca del corazón; miradas hacia arriba, sobrentendidos, ojos que se pierden, un silencio... Rabias, choques, gritos, duelos, consignas que resuenan como cohetes tirados al cielo. Valor empapado de fatalidad. O una fatalidad impregnada de valor, no se sabe. Casi lo logramos. Congresos cuyas resoluciones están grabadas en papel y vuelan, ahogándose poco a poco en el lento pero seguro y brutal regreso a la normalidad. La Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca era la vida cotidiana. La APPO obviamente fue más que una organización de organizaciones, que un movimiento de movimientos como dicen aquí. Trascendió todo eso. La pesadilla de los dirigentes: los habitantes de Oaxaca, en unos meses, lograron sacudir todos los proyectos de un estado. Se atrasó la explotación de minas, se bloqueó la distribución al mismo tiempo que las carreteras, la economía turística perdió billones, desvalijaron las obras de megaconstrucción, se paró el proceso de gentrificación del centro después de que el pueblo tomara el control de la ciudad. Los tres poderes que permiten a un Estado gobernar (legislativo, ejecutivo y judicial) y los dos que le permiten mantenerse (económico y mediático) fueron bloqueados antes de ser recuperados y utilizados por los que estaban reunidos detrás de la APPO. El pedestal dorado en que descansaba el poder del PRI se desmoronó y las policías del estado no lograban acabar con este levantamiento popular. Para apagarlo, fueron necesarios 26 muertos contabilizados y algunos otros olvidados.

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Hubo que buscar en los viejos métodos franceses de guerra contrarrevolucionaria aplicados en las colonias, exportados a Estados Unidos, y finalmente enseñados a todos los ejércitos del mundo. Y funcionó. Neutralizaron la “amenaza”, retomaron las grandes obras al mismo tiempo que las transacciones y la ciudad está bajo vigilancia permanente. El ex partido único tiene campo libre. Una vez más.

Con este libro no quiero enternecer los corazones, sino fortalecer los espíritus. Contando cómo conocí a los protagonistas de una lucha histórica con el fin de restituir un poco de sus palabras y de su trabajo, quise compartir una experiencia de oposición al caciquismo mundial. El mismo que privatiza, vende, compra, especula: canaliza el aire del Istmo de Tehuantepec hacia Occidente, así como las riquezas del suelo oaxaqueño. Era mucho más probable que Nicolas Sarkozy se sentara a una mesa con Ulises Ruiz Ortiz que yo me comiera un taco con un@ barricader@ oaxaqueñ@, así que quise contarles personalmente la historia.

Oaxaca de Juárez, junio de 2010.

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Y luego, un día...

Es 2 de julio de 2010, un domingo como otro. Por las elecciones, la venta de alcohol está prohibida desde el viernes en la noche y hasta que se anuncien los resultados. Unas chelas entre amigos (gracias a un tipo que conocía a un tipo que conocía a...): seguimos, sin parecerlo, los conteos sucesivos, burlándonos de una probable caída del sistema de computo que ya no tendría gracia. Pero no fue así. A las 20 horas, es oficial: 30 de 32 estados se quedaron o regresaron bajo la protección del PRI. Sólo los estados de Puebla y Oaxaca cambiaron. Escuchamos muy claro, sin estremecernos sin embargo. En la calle, son pocos ruidos de claxon. Decidimos ir al zócalo, debe haber fiesta... Pero no. Hay un concierto... organizado por el PRI: una canción de amor, poco público, sin alegría ni pena. En la sede de la campaña del nuevo gobernador, pocos embotellamientos, un modesto y entusiasta agrupamiento.

Por primera vez en 80 años, el estado de Oaxaca ya no va a ser gobernado por el PRI.

Pasamos a la tienda para intentar comprar una cerveza: —¿Ya se puede? —Ya, se puede.

En 2010, por fin, cayó Ulises... en una frialdad, un silencio escalofriante. Sin flores ni coronas.

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AGRADECIMIENTOS

Quiero agradecer a todas las personas y colectivos en México por confiar en mí, por enseñarme su idioma, su cultura y por compartirme sus historias del 2006 en Oaxaca y un poco de vida. También quiero agradecer las siguientes organizaciones sociales por su ayuda: El Centro autónomo para la construcción intercultural de tecnologías apropiadas (CACITA), Voces oaxaqueñas construyendo autonomía y libertad (VOCAL), Radio Plantón, Encuentro de jóvenes en el movimiento social oaxaqueño, oaxacalibre.org, Encuentro de mujeres, Mujer nueva, Investigadores descalzos, Colegio libertario magonista, Librería La Jícara, Luna Zeta AC., Colectivo Epizentro, Universidad de la Tierra, Mal de Ojo, Consejo indígena popular de Oaxaca —Ricardo Flores Magón (CIPO-RFM), Cooperativa de medios Manovuelta. Unas gracias infinitas al equipo de corrección y traducción.

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Índice de siglos ADO: Autobuses del Oriente AEPO: Asamblea Estatal de los Pueblos de Oaxaca APO/APPO: Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca BUAP: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla CACITA: Centro Autónomo para la Creación Intercultural de Tecnologías Apropiadas CCIODH: Comisión Civil Internacional de Observación de Derechos Humanos CERESO: Centro de Retención Social CEDH: Comisión Estatal de Derechos Humanos CEMCA: Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos CESOL: Centro Social Libertario CIA: Agencia Central de Inteligencia (Estados Unidos) CIESAS: Centro de Investigación y de Estudios Superiores en Antropología Social CIPO-RFM: Consejo Indígena Popular de Oaxaca-Ricardo Flores Magón CNTE: Coordinación Nacional de los Trabajadores de la Educación COMO: Coordinación de las Mujeres de Oaxaca CONADEPI: Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas CORTV: Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión CREE: Centro de Investigación y Enseñanzas Económicas EZLN: Ejercito Zapatista de Liberación Nacional FDTT: Frente en Defensa de la Tierra y del Territorio FMSO: Oficinas de Estudios Militares Foráneos (Estados Unidos) FNCR: Frente Nacional Contra la Represión FSODO: Frente de Sindicatos y Organizaciones Democráticas de Oaxaca GOE: Grupo de Operaciones Especiales IAGO: Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca IEE: Instituto Electoral Estatal IEEPO: Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca IISUABJO: Instituto de Investigaciones Sociológicas de la UABJO IFE: Instituto Federal Electoral INEE: Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación ISSSTE: Instituto de Seguridad y de Servicios Sociales de los Trabajadores de la Educación JBG: Junta de Buen Gobierno LIMEDDH: Liga Mexicana de Defensa de los Derechos Humanos OCDE: Organización de Cooperación y de Desarrollo Económico OIR: Okupación Intercultural en Resistencia ONU: Organización de las Naciones Unidas ONG: Organización no-gubernamental PABIC: Policía Auxiliar Bancaria, Industrial y Comercial PAN: Partido de Acción Nacional PEMEX: Petróleos Mexicanos PFP: Policía Federal Preventiva POS: Partido Obrero Socialista PRD: Partido de la Revolución Democrática PRI: Partido Revolucionario Institucional PPE: Policía Preventiva Estatal RODH: Red Oaxaqueña de Derechos Humanos

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SEDENA: Secretaría de Defensa Nacional SEGOB: Secretaría de Gobernación SEP: Secretaría de Educación Pública SIPAZ: Servicio Internacional Para la Paz SNTE: Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación TFE: Tribunal Federal Electoral TLCAN: Tratado de Libro Comercio de América del Norte UABJO: Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca UNAM: Universidad Nacional Autónoma de México UNESCO: Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia et la Cultura UMIT: Unidad Ministerial de Intervención Táctica UPOE: Unidad Policiaca de Operaciones Especiales URO: Ulises Ruiz Ortiz UTE: Unión de los Trabajadores de la Educación VOCAL: Voces Oaxaqueñas Construyendo Autonomía y Libertad

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Fuentes de citas e inspiración

ENTREVISTAS: Entrevista con I., estudiante detenido y transferido a la cárcel de Tepic, Nayarit, octubre 2007 Entrevista con N., maestro adherente a la Sección 22 y coordinador de Radio Plantón, febrero 2008 Entrevista con J., estudiante detenida y transferida a la cárcel de Miahuatlán, abril 2008 Entrevista con M., maestro adherente a la Sección 22 y coordinador de Radio Plantón, mayo 2009 Entrevista con L., activista autónomo, junio 2009

LIBROS: BLAS LÓPEZ (Cuauhtémoc), Oaxaca, ínsula de rezagos: crítica a sus gobiernos de razón y de costumbre, SIEMBRA, Oaxaca, enero 2007 CORTÉS (Joel Vicente) (Coord.), Educación, Sindicalismo y Gobernabilidad en Oaxaca, Ediciones del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación (SNTE), Oaxaca, noviembre 2006 DE CASTRO SÁNCHEZ (Sergio), Oaxaca: más allá de la insurrección, Ediciones ¡ Basta !, Oaxaca, junio 2009 DOS PASSOS (John), 42e parallèle, Paris, Gallimard, 1961 ESTEVA (Gustavo), VALENCIA (Rubén), VENEGAS (David), « Cuando hasta las piedras se levantan », Colección Universalismo Pequeño, GEMSAL, Buenos Aires, julio 2007 LAPIERRE Georges, « La Commune d'Oaxaca », Rue des cascades, 2008 LAPIERRE Georges, « La voix du Jaguar », L'insomniaque, 2009 MARTÍNEZ VÁSQUEZ (Víctor Raúl), Autoritarismo, movimiento popular y crisis política: Oaxaca 2006, IISUABJO, segunda edición julio 2007 MARTÍNEZ VÁSQUEZ (Víctor Raúl) (Coord.), « La APPO, ¿rebelión o movimiento social ? Nuevas formas de expresión ante la crisis », IISUABJO, 2009 MONTEMAYOR (Carlos), « La rébellion indigène du Mexique », Syllepse, 2001 ORTIZ NAHÓN (Abraham), PECH CASANOVA (Jorge), Santamaría (Sergio) (Coord.), « Memorial de agravios, Oaxaca 2006 », Marabú ediciones, 2008 COLECTIVO, La batalla por Oaxaca, Yope Power, Oaxaca, mayo 2007 COLECTIVO, Lo vimos, lo vivimos: narraciones en movimiento, OaxacaLibre/Swarthmore College of Pensilvania, Oaxaca, julio 2009 OSORNO (Diego Enrique), Oaxaca sitiada: la primera insurrección del siglo XXI, Grijalbo, México, julio 2007 ORWELL (Georges), Hommage à la Catalogne, Paris, Ivréa, 1982 PIPAS (Manolo), A milpa e o paliacate, Nitu Nitu, Espagne (Galice), agosto 2009 RECONDO (David), La política del Gatopardo, multiculturalismo y democracia en Oaxaca, CIESAS/CEMCA, Mexico, 2007 RECONDO David, « Oaxaca, la périphérie autocratique de la démocratie mexicaine », in Mexique, l’incertitude démocratique, Problèmes d’Amérique Latine n° 64, Choiseul, printemps 2007 ROBIN (Marie-Monique), Escadrons de la mort, l’école française, La Découverte, 2004 (2008) TAIBO II (Paco Ignacio), Le trésor fantôme, Paris, Payot & Rivages, 2003

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INFORMES DE DERECHOS HUMANOS: CCIODH, « V visita, informe sobre los hechos en Oaxaca », febrero 2007 CCIODH, « VI visita, informe sobre los hechos en Atenco, Chiapas y Oaxaca », mayo 2008 CIJOD, « Informe de la visita de la comisión internacional de juristas y la obra diacónica alemana a Oaxaca, México », Diakonie, 2007 REVISTAS Y ARTÍCULOS: Luna Zeta 23 (nov-feb 2007), 24 (mar-jun 2007) La Patria Ilustrada 1, enero 2007 Cuadernos del Sur 24-25, noviembre 2007 Proceso 1637, « La PFP por dentro » Hors-série CQFD, La libre Commune d'Oaxaca, ene-feb 2007 Martín Juárez, « La Commune de Oaxaca, un premier essai à caractère révolutionnaire », in Oaxaca: un mouvement qu’il faut étudier, faute d’avoir su le soutenir lorsqu’il était temps, Carré Rouge n ° 38, Avril 2007 Georges Lapierre, « En quoi la comparaison avec la Commune de Paris peut-elle aider à mesurer la portée de la Commune d’Oaxaca ? », in Oaxaca: un mouvement qu’il faut étudier, faute d’avoir su le soutenir lorsqu’il était temps, Carré Rouge n ° 38, Avril 2007

VIDEOS: Un desalojo violento, Indymedia Oaxaca, 2006 Octubre negro en Oaxaca, Mal de Ojo TV y Indymedia Oaxaca, 2006 La batalla de todos los santos, Mal de Ojo TV, 2006 Venceremos, la otra historia de Oaxaca, SNTE, 2006 Guelaguetza Popular, SNTE/Mal de Ojo, 2006 Marcha el DF, Mal de Ojo, 2006 Morena, Mal de Ojo, 2006 Declaración, Mal de Ojo, 2006 La toma de los medios al estilo oaxaqueño, Indymedia Oaxaca, 2006 Más allá de las barricadas, Anónimo, 2006 Informe sobre los hechos en Oaxaca, CCIODH, 2006-2007 La pesadilla azul, Mal de Ojo, 2007 Un poquito de tanta verdad, Mal de Ojo TV y Corrugated Film, 2007 Compromiso cumplido: impunidad en Oaxaca, Mal de Ojo TV, 2007 La rebelión de las Oaxaqueñas, Mal de Ojo TV, 2007 Operativos, Bruno Varela, 2007 Puntos B, Héctor Ballestros, 2007 Brad, una noche más en las barricadas, VideoHackers, 2007 Grafiteros al paredón, Anonyme, 2008 Sígueme contando, CESOL/LuzKemada, 65', 2008 El muro, ASARO, 2008 Oaxaca, entre utopie et rébellion, Miriam Fisher, 2008

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México Mágico, Anónimo, 2008 Informe de los hechos en Chiapas, Oaxaca y Atenco, CCIODH, 2008 En Oaxaca no pasa nada (Il ne se passe rien à Oaxaca), Emilienne Tempels, 2009 La familia Raíces, Manovuelta, 55', 2009

ACERVO VISUAL Y SONORO: Noticias, Voz e Imagen de Oaxaca: de enero a diciembre de 2006, archivo CACITA Expediente de encarcelamiento de I. (copia) Documentos oficiales de trabajo y relatorías de asambleas y congreso de la APPO (de septiembre de 2006 a febrero de 2008), archivos particulares Volantes y carteles del 2006, archivo de CACITA y VOCAL Grabaciones sonoras de Radio Plantón, Radio Universidad, Radio La Ley et Radio Ciudadana, archivo de Radio Plantón Testimonios recogidos por Indymedia Grenoble en octubre de 2006 en Oaxaca, archivo particular Grabación video del Canal 9, de TV Azteca et Televisa, archivo Mal de Ojo Cancionero de la Resistencia, archivo Violeta Zylberberg Panebianco: 1. Adelitas -—Oaxaca liberada 2. Advertencia Lírica —La calle grita 3. Agustín Olivera —Guajira rebelde 4. Andrés Contreras —¡Ya cayó! 5. Andrés Contreras —2 de noviembre 6. Andrés Contreras —5 horas de madrazos 7. Andrés Contreras —A las barricadas 8. Andrés Contreras —Brad Will 9. Andrés Contreras —El carnicero de Antequera 10. Andrés Contreras —Elecciones en Oaxaca 11. Andrés Contreras —Himno a la APPO 12. Andrés Contreras —La barricada de la muerte 13. Andrés Contreras —Radio Plantón 14. Andrés Contreras —Ulises Ruiz 15. Anónima —Chilenas costeñas 16. Anónima —Corrido al magisterio o Magisterio en lucha 17. Anónima —Corrido de la marcha caminata 18. Anónima—Corrido del 7 de julio/Zaachila despertó 19. Anónima —Corrido Magisterial Popular 20. Anónima —Despierten ya oaxaqueños 21. Anónima —El correlón 22. Anónima —La consulta amañada 23. Anónima —La muerte de José 24. Anónima —Las ratas de Oaxaca 25. Anónima —Mapache Mayor 26. Anónima —Resistencia oaxaqueña/Reforzar la resistencia 27. Anónima —Únete pueblo 28. Antonio Aquino Caballero (Grupo Ñu Davi) —Cruel represión 29. Antonio Aquino Caballero (Grupo Ñu Davi) —Desalojo fallido 30. Antonio Aquino Caballero (Grupo Ñu Davi) —Maestra en lucha 31. Antonio Aquino Caballero (Grupo Ñu Davi) —Ulises ya se va 32. Antonio Aquino Caballero (Grupo Ñu Davi) —Ya cayó el gobernador 33. ARH Al Intifada —ARH Al Intifada 34. ARH Al Intifada —Cateos y razzias

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35. ARH Al Intifada —Oaxaca protesta 36. ARH Al Intifada —Rap por Oaxaca 37. Armando Guzmán —Desalojo cruel 38. Armando Guzmán —Policía hermano 39. Armando Guzmán —Vamos a luchar 40. Armando Guzmán —Ya cayó/Al son de la victoria 41. Boicot Urbano (Ghis) —Bazookeros 42. Cayo Vicente —Barricadas 43. Che Luis —4ta megamarcha 44. Che Luis —A las barricadas en primera fila 45. Che Luis —Cumbia del magisterio 46. Che Luis —Despierta oaxaqueño 47. Che Luis —El desalojo 48. Che Luis —Mujer de mis cantares 49. Chita —Cruel desalojo 50. Chita —El agachado 51. Chita —En pie de lucha 52. Chita —La abuela de las marchas 53. Chita —La guerrilla en teatro 54. Chita —La jugada 55. Chita —Las barricadas 56. Chita —Luchando por la libertad 57. Chita —Mujeres valientes 58. Chita —Oaxaca verde Antequera 59. Chita —Parodia “el buey de Ulises” 60. Chita —Radio Universidad 61. Chita —Regreso a clases 62. Cruz Mejía —La APPO es todo Oaxaca 63. DJ Ramses —Reguetón de la APPO 64. Dra. Escopeta —A qué le tiras cuando sueñas oaxaqueño 65. Dra. Escopeta —Los tiranitos 66. El pecador —Querido maestro 67. GCR-MEM —La iguana (versión Oaxaca) 68. Hermanos Gutiérrez —El desalojo 69. Hermanos Julián —El desalojo falló 70. Hermanos Rodríguez —Oaxaca ya despertó 71. Lila Downs —Justicia 72. Los Canarios —Madrugada del 14 73. Lxs Marginales —Oaxaca resiste y lucha 74. Mare —Cuántos más 75. Oaxaca subterráneo —Guerrero de los valles 76. Pablo Jacinto —Corrido del 14 de junio 77. Raciel —Madrugada negra o Amanecer sangriento 78. Raíces —Décimas y versos 79. Saúl Vásquez —Ángel Mujer 80. Saúl Vásquez —Barricada II 81. Saúl Vásquez —En la barricada 82. Saúl Vásquez —Hoy te pido 83. Saúl Vásquez —Marcha al D.F. 84. Tapacamino —Son de la barricada 85. Uriel Montiel —Oaxaca por la libertad 86. Víctor Gómez —Viva la resistencia 87. Yasser —Enséñame 88. Yasser —Llegará la libertad

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VÉASE TAMBIÉN: MARSAUD (Gaël), « L'engagement des films documentaires dans le mouvement social d'Oaxaca de 2006 », Tesis de Maestría en Sociología Política, Université Paris 8 Saint Denis, 2009 NAVAJO (Métie), « Chroniques d'une indienne invisible », L'esprit frappeur, 2009 TEMPELS (Emilienne), « Entre réappropriation collective et vidéo activisme, les enjeux médiatiques du conflit d'Oaxaca 2006 », Tesis de Maestría en Información y Comunicación, Université de Liège, 2009 ZYLBERBERG PANEBIANCO (Violeta), Memoria, Identidad y Representaciones sociales a través de las canciones del movimiento social de Oaxaca 2006, Tesis de Maestría en Antropología social, UNAM/CIESAS, 2010

FOTOGRAFÍAS:

I: 14 de junio de 2006, Centro histórico de Oaxaca II: Enero de 2009: detalles de una reproducción de grabado sobre tela III: 2 de noviembre de 2007, crucero de Cinco Señores, Oaxaca IV: Noviembre de 2007: esténcil llamando a la tercera asamblea de la APPO V: Diciembre de 2009, cerca de Villahermosa, estado de Tabasco VI: 14 de junio de 2006, Centro histórico de Oaxaca VII: Mayo de 2008, San Antonio Chimalapas, estado de Oaxaca VIII: Marzo 2008, cárcel de Santa María Ixcotel, Oaxaca IX: Junio de 2008, aeropuerto internacional de la Ciudad de México X: Marzo de 2010, obras en el Centro histórico de Oaxaca.

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¡Duro Compañer@s!  

Oaxaca 2006: Relatos de una insurrección mexicana