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¿En qué andás?... Padre Ignacio Verdier

“El sacerdocio no es una carrera, es una vocación… es algo que te elige a ti” El Padre Ignacio Verdier es exalumno del Colegio Stella Maris. Se consagró tras recibirse de biólogo y en 1996 se ordenó sacerdote en México. Hace 19 años que vive en la sede de la Institución Dalmanutá en Tijuana, donde se dedica a la dirección espiritual. Visita Uruguay dos veces por año. Durante su reciente estadía dialogamos con él acerca de su historia y su presente y pudimos apreciar tanto su alegría como la profundidad de quien está acostumbrado a ahondar en el alma en busca del verdadero sentido de las cosas. Ignacio Verdier tiene 48 años. Es el noveno hermano. Al igual que sus cinco hermanos varones, todos sus sobrinos y varias sobrinas fue alumno del Colegio.

¿En qué andás?

En Primaria era el primero de la fila y eso le valió varios apodos: “Enano”, “Nano” y “Petiso”. “Estuve mirando algunas fotos viejas y había otros que eran más petisos, más chaparros y hoy en día les llevo dos cabezas a esos… a esos con los cuales nos peleábamos por estar en la primera fila o no. ‘Enano’ me quedó de toda la vida, y todo el mundo me llama así”, dijo entre risas.

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Chispazos divinos en la niñez Los primeros “chispazos” de su vocación sacerdotal están relacionados con el Colegio. “Quizá el primer chispazo que tenga sea de una misa con el Padre Espasandín, salesiano, en el Colegio. En la misa relató la historia de su

vocación. Yo sería un morrito, un niño de siete años, y dije: ‘¡Ah, a mí me gustaría!’”. “La religiosidad y la escolaridad en el Colegio estaban muy pegadas. Me acuerdo una vez que un Brother preguntó en la clase: “¿Quiénes de ustedes serían Brothers?”. Éramos 30 y 15 levantamos la mano. Yo me acuerdo que la levanté muy quitado de la pena (sin vergüenza)”, contó Ignacio, quien tiene incorporadas muchísimas expresiones mexicanas. En Secundaria se le borró el tema y en Preparatorios regresó la inquietud vocacional. Incluso pensó en ser Brother, pero no cuadró. “Eso es un misterio de Dios... aunque hicieron un trabajo vocacional ellos, en esa época en que yo estaba en Preparatorios y fuimos a algunos retiros, hubo algo que no me terminó de convencer o quizá no me terminaba de llenar totalmente”.

Más tarde cursó la Licenciatura en Biología, en la entonces Facultad de Humanidades y Ciencias, y se recibió de biólogo. Dos años antes de graduarse empezó a recibir dirección espiritual en Dalmanutá. Marcelo Cristiani le insistía para que hablara con el Padre Diego Pérez del Castillo. El hoy Padre Cristiani, a quien tuvimos el gusto de entrevistar en ediciones anteriores de esta Revista del OCC, era compañero de clase de Ignacio y amigo de toda la vida.

La semilla y las condiciones para germinar “Una cosa es tener una inquietud, que creo que en la inquietud lo está todo, y otra cosa es encontrarle una forma a una inquietud”. Como buen biólogo, puso un ejemplo de la naturaleza. “En la semilla de un árbol está todo: está todo el ADN, todo el genoma, pero todavía no es el árbol. Se necesita darle un contexto adecuado, una humedad, un suelo, algo donde germine, eche raíces y fructifique. El chispazo estaba allá, en el sermón del padre Espasandín. Ahí estaba todo, la vocación. Después hay que darle un contexto donde la cosa arraigue, crezca y florezca”, contó. Él tenía la inquietud de ser Padre. Al empezar a dirigirse con el Padre Diego comprendió que tenía que desprenderse de lo que él quería. “Yo iba con el pescado vendido: ‘Yo quiero ser cura’. ‘No. Vamos a ver qué quiere Dios contigo; ir a la raíz de la vocación, de tu relación con Dios’”.

22/09/2014 11:29:47 a.m.

Occ 18  

Revista del Old Christians Club edición Nº 18

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