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No era un secreto, para quienes me conocen, la poca habilidad culinaria que profesaba, además de lo quisquillosa y selectiva a la hora de elegir platillos, me gustaba ir a buenos lugares, incluso algunas veces gastaba de más. Una vez llegué aquí a Buenos Aires, empecé a extrañar ingredientes, a todo lado a donde miraba lo único que veía en abundancia era pasta, pizza y pan, así mis alimentos las primeras semanas. Un día, cansada de tanta harina, ingrediente básico de toda receta aquí, compré frutas en demasía, y eso fue lo que comí durante todo el día… jamás había disfrutado tanto comer un banano, unas uvas, una ciruela… se sobredimensionó su valor para mí aquel día. Obvio, no era eso algo que se pudiera repetir muy a menudo o el desbalance nutricional iba a ponerse en manifiesto… a medida fue pasando el tiempo, fui conociendo gente, algunas veces salíamos a comer y otras preparábamos en “casa”. Los primeros días fueron de salir a comer, pero como bien se sabe, acompañado todo sabe mejor; he conocido entonces diferentes lugares que han hecho que omita mi primera impresión (casi fóbica) a la nutrición argentina. Ahora, si se están preguntando si he cocinado, la respuesta clara y contundente es: Si. En un inicio, debo confesar, los platos tenían un gusto insípido, o en su defecto, ahumado, pero como dice el dicho: la práctica hace al maestro, y sin ánimo de sonar egocéntrica, ahora buscamos en las ollas si queda más para repetir, lo que demuestra la mejoría en el sabor, en la sazón, en el amor que conlleva un plato caliente esperando a satisfacer el hambre de un ser cualquiera.


Como dije hace 2 párrafos, acompañado todo sabe mejor, y con esto hago referencia no solo al acto de comer, sino también al hecho de preparar con alguien una cena, o unas onces… desde el momento en que deambulas por el supermercado en busca de los ingredientes que conformaran tu creación, hasta que, sonriente y satisfecho echas a la suerte con el otro, la lavada de los platos. Hace aparición aquí, Jose. Vivo con él en el hostel, y la pregunta clave que él lanza es: ¿Qué vamos a comer?, entonces, de acuerdo al día, la hora y demás factores, decidimos en conjunto si salimos o preparamos algo, hablaré a continuación de cuando preparamos … Por lo general, todo inicia con una salida a Carrefour, que por cosas de la vida, la hacemos en chanclas casi empijamados, lo cual puede sonar poco glamuroso teniendo en cuenta que el súper queda ubicado en la Av. Santafé, una de las más concurridas y comerciales aquí. Pero ya es parte de nuestra tradición hacer las compras así, y lo disfrutamos. Recorriendo los pasillos del almacén vamos armando o modificando la receta que hayamos tenido en mente, elegimos los ingredientes, buscamos economía, lo cual refleja la conciencia adquirida en cuanto al valor de la comida y antes de pagar, imagina-


mos como se vería el plato ya servido para saber qué nos puede estar faltando o qué sobra. Entre mis primeras compras en ésta ciudad no se incluye ropa o accesorios, ni recuerdos, ni suvenires; se incluyen: cubiertos, platos, vasos y una olla. Así pues, a la hora de preparar los alimentos comprados, alistamos cada uno de los implementos con los que contamos y, manos a la obra. Jose es un buen compañero de aventuras y esto se refleja en la coordinación y ritmo que hemos acoplado en la cocina, muchas veces, aun sin acordarlo nos dividimos implícitamente las labores, encargándose cada uno de una parte, la cena o el lunch o las onces o lo qué sea, están listas mucho más rápido. Para no dejar latente la curiosidad les daré una pequeña lista de nuestras preparaciones que abarcan desde: pollo al horno, vegetales salteados, pescado a las finas hiervas, arroces mixtos, manzanas acarameladas, lentejas rancheras, ensaladas varias, etc, etc. Aahhh y por si acaso, contamos con una fan declarada de cada uno de nuestros platillos y es nada más y nada menos que una chica francesa, ahí como para que no digan que es muy subjetiva la apreciación de nuestras creaciones culinarias. Ahora sí, les contaré de cuando salgo a comer fuera… por la excesiva migración europea de hace un par de décadas, es muy


usual ver en cada esquina una pizzería, las empanadas o tartas son otra cosa que se consigue fácilmente, la carne que hace tanto eco en el exterior, a mi modo de ver es un platillo especializado y costoso, a no ser que lo comas en un kiosko en la calle. Aquí hay una costumbre, a mi parecer, poco digna y es que en la mayoría de pizzerías te cobran más o menos de acuerdo a si comes en mesa o si comes de pie… terrible, pero bueno. En algunos lugares te cobran los cubiertos, en fin... Así las cosas, lugares como Mc Donalds o Burguer King son los más cálidos e incluso económicos.

El postre más recurrente, por sus ventajas: economía y delicioso sabor, son las que se conocen aquí como facturas. Hay de diferentes tipos, muchas de ellas a base de hojaldre, otras son tipo galletita y muchas de ellas conllevan un ingrediente mágico (para mí), dulce de leche, o como nosotros lo conocemos: Arequipe.


De los productos más económicos en el mercado está el vino, aunque suene poco creíble, es poco lo que he consumido de él, de hecho han sido más bien copas que otras personas a bien han tenido ofrecerme, pues aun, no compro la primer botella. El café me ha hecho falta, o mejor, me hace falta ir a un Oma, sentarme a hablar tonterías mientras degusto de una buena taza, aquí algo me queda aun de café tostado… pero no es lo mismo, además es sello rojo, quiero Omaaaaa! Bueno, como ya se hizo costumbre, aclaro, se me escapan mil cosas, pero espero se hayan hecho varias ideas con mi pequeño relato. Abrazos muchos y Bon Appétite.

De la Cocina  

Extrañar la gastronomia autoctona, adaptarse, cocinar y más...

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