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NOTAS SOBRE LA ESCRITURA LATINA EN LA AMONEDACIÓN ANTIGUA DE HISPANIA BARTOLOMÉ MORA SERRANO Universidad de Málaga

RESUMEN: La condición de la moneda como documento oficial justifica que tanto los topónimos o etnónimos de las poblaciones hispanas, como los nombres personales correspondientes a las magistraturas latinas o simplemente latinizadas, adopten un tipo de escritura cercano a la utilizada en las inscripciones monumentales o en los bronces jurídicos. Teniendo en cuenta la escasa rentabilidad de los criterios paleográficos en la datación de la moneda hispana antigua y las propias peculiaridades del fenómeno monetario, se plantea una valoración de los cambios formales que experimentan las leyendas monetales hispano-latinas en el marco, más amplio, del desarrollo y extensión del hábito epigráfico en Hispania. ABSTRACT: Coins as an official document justify that the toponyms and ethnonyms of hispanic populations, as well as the names of latin magistracy, take a way of writing closer than the used on monumental inscriptions or in legal bronzes. Taking notice of the slender profitability of the paleographic criterion to date the ancient hispanic coin and its particularities, a valuation of the formal changes experienced by the hispanic-latin legends in the development and extension of the epigraphic habit in Hispania is proposed.

Además de su destacada aportación al estudio de la toponimia y prosopografía antiguas de la Península Ibérica, las leyendas monetales deben considerarse como uno de los más antiguos y numerosos testimonios epigráficos de la escritura latina en Hispania, especialmente valiosos en los dos últimos siglos de la República en los que, con algunas sonadas excepciones, escasean las inscripciones sobre piedra u otros soportes duraderos como el bronce 1. 1 García-Bellido, Mª. P. y Blázquez, C., Diccionario de cecas y pueblos hispánicos, con una Introducción a la Numismática antigua de la Península Ibérica, Madrid, 2001, 39, 49-54. También Chaves Tristán, F., El papel de los ‘itálicos´ en la amonedación hispana, Gerión, 17, 1999, 305-309. Ejemplo del aprovechamiento lingüístico y cultural de las leyendas monetales hispano-latinas es el interesante trabajo de J. Untermann, La latinización de Hispania a través del

La condición de documento oficial y público de la moneda justifica que tanto los topónimos o etnónimos de poblaciones hispanas como los nombres personales correspondientes a magistraturas latinas o simplemente latinizadas, en algunos casos en combinación con textos inscritos en otras escrituras hispanas como la fenicia o ibérica, adopten un tipo de escritura cuidada, más cercano al utilizado en las inscripciones monumentales o en los bronces jurídicos como edictos o leyes que la de aquellos otros que como los grafitos sobre cerámica documento monetal, La moneda hispánica. Ciudad y territorio, Anejos de AEspA, XIV, Mª.P. García-Bellido, R. M. Sobral Centeno eds., Madrid, 1995, 305-316, mientras la inclusión de las leyendas monetales en la nueva edición de CIL II/2 (p.e. conuentus cordubensis: Iliturgi, 7; Obulco, 28; Carbula, 165) insiste en su valoración como documento epigráfico.


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u otros soportes, incluidos los metálicos –también las monedas 2–, hacen uso de una escritura común, de carácter cursivo. Los casos de Onuba con el llamativo y poco convencional diseño de una de las leyendas monetales 3 (fig. 1,1) y sobre todo el de otra de la más copiosa amonedación de Ilipense, en la que son claramente reconocibles los trazos cursivos de la P, E y S 4 (fig. 1,2) ocupan sin embargo, junto a su carácter puntual o en todo caso poco representativo en el conjunto de sus respectivas emisiones, un lugar claramente marginal en la epigrafía monetal latina de Hispania 5, cuyos diseños incorporan textos claramente condicionados por la intención de hacerlos legibles para sus usuarios. Un criterio éste de reconocida importancia en la valoración de todo texto epigráfico, incluido también el monetario, y clave para la estrecha relación entre epigrafía, paleografía y numismática 6 en la que creemos que debe insistirse a pesar de las diferencias de soporte y técnica escrituraria de la moneda –y no en todos los casos si atendemos 2 Aun reconociendo como insegura su aplicación por parte de usuarios hispanos, un buen ejemplo en este sentido lo encontramos en los grafitos documentados sobre denarios republicanos procedentes de tesoros peninsulares como los del Cortijo del Álamo o Linares en los que pueden reconocerse, en su variante cursiva, las letras A, D, R, entre otras. cf. Chaves Tristán, F., Los tesoros en el sur de Hispania. Conjuntos de denarios y objetos de plata durante los siglos II y I a.C., Sevilla, 1996, 503-504 y cuadro 5. Si bien no debe descartarse como apunta la autora, la identificación de alguno de estos grafitos con letras púnicas. 3 Villaronga, L., Corpus nummum Hispaniae ante Augusti aetatem, Madrid, 1994, 387, núm. 2. 4 Villaronga, cit. (n.3) 375 núm. 8 5 Y normalmente aparecen asociados a diseños técnica y estilísticamente poco logrados, lo que parece indicar que los mismos artesanos que grababan los tipos iconográficos trazaban las leyendas en los cuños; especialmente en talleres modestos y de funcionamiento discontinuo como la mayor parte de los hispanos. Aunque no faltan evidencias de lo contrario, cf. Chaves Tristán, F., Las cecas hispanoromanas de Ebora, Iulia Traduca y Colonia Romula, Numisma, 156161, 1979, 58-59. Sobre los aspectos técnicos y particularidades de la grabación de cuños cf. Dhénin, M., Quelques remarques sur le travail des graveurs du coins, Rythmes de la production monétaire, de l’antiquité á nos jours, Louvain-la-Neuve, 1987, 453-457, para la Península Ibérica cf. las síntesis de P.P. Ripollès, La moneda en los inicios de la romanización: talleres y artesanos, Arse, 28-29, 19941995, 204-208, García-Bellido y Blázquez, cit. (n.1) 106-107. 6 Para la que no faltan conocidos precedentes como ya en el siglo XIX ponen de manifiesto las figuras de Th. Mommsen (Histoire de la monnaie romaine, ed. Blacas, Paris, 1865-1875, II, 172, 187-190) y para el caso hispano las de A. Delgado o J. Zobel de Zangróniz (Estudio histórico de la moneda antigua española, desde su origen hasta el Imperio romano, II, Madrid, 1880, 148-150); una orientación en la que ocupa un papel destacado la formación y perfil académico de la Escuela Superior de Diplomática.

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a las inscripciones sobre metal– o de su condición de objeto múltiple, pero sobre todo de la necesaria adaptación al reducido, y en algunos casos diminuto, espacio del cuño. Así, en mayor medida que en otros tipos de epígrafes, los monetarios se muestran lógicamente muy mediatizados por lo reducido del campo epigráfico al que se suelen adaptar tanto la extensión de las leyendas 7 como el uso, igualmente frecuente en nuestro caso, de abreviaturas y nexos. La moneda de Cun(u)baria nos ofrece un buen ejemplo en este sentido pues la única serie en la que aparece el nexo NV, permitiendo pues el más correcto desarrollo de su interesante topónimo, coincide con la utilización de sendos cuños de mayor diámetro 8. Sin olvidar éstas y otras peculiaridades del fenómeno monetario, es posible reconocer en las leyendas monetales hispano-latinas los ecos de la epigrafía mayor, aunque no una evolución paralela, al menos hasta fines del siglo I a.C. o época augústea sobre todo. En este sentido debe llamarse de nuevo la atención sobre la presencia de “letras antiguas” como la L de trazo inferior agudo que reconocemos en la ceca de Iliturgi, la B abierta de Cun(u)baria, la P abierta o de trazo agudo de Ilipense o Acinipo, la E de dos trazos paralelos de Turrirecina (fig. 1,3) o la A de trazo horizontal inclinado o de trazo agudo e invertido que vemos en Carbula o Bailo (fig. 1,4) 9 reconocibles en más de una inscripción republicana como el conocidísimo bronce de Lascuta 10, pero sobre todo, y es lógico, en las acuñaciones de la Roma republicana 11. Igualmente son aspectos propios de la epigrafía republicana la irregular distribución del texto y su deficiente ajuste a la bilinealidad de toda escritura capital que se traduce, en nuestro caso, en sensibles diferencias de módulo

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Llorens, Mª.M., Variaciones de la leyenda de anverso en las acuñaciones provinciales hispanas, VII Congreso Nacional de Numismática, Madrid, 1989, 203-211. 8 Villaronga, cit. (n. 3) 421, núm. 1. Ampliación del campo de trabajo que justifica la inclusión, también única en la ceca, de una espiga o palma delante de la cabeza del anverso. 9 Villaronga, cit. (n. 3) 359, 4: Iliturgi; 421, 1, 3: Cun(u)baria; 375, 1, 10: Ilipense; 393, 7, 12: Acinipo; 128, 1: Turrirecina. 10 García Moreno, L., Sobre el decreto de Paulo Emilio y la “Turris Lascutana”, Epigrafía hispánica de época romano-republicana, Zaragoza, 1986, 197-198, que siguiendo los criterios paleográficos de Hübner destaca las formas de la L, P y O del documento. 11 Como con acierto se planteó en su momento ante una de las series de más interés para el tema que nos ocupa como es la de Carteia. Cf. Chaves, F., Las monedas hispano-romanas de Carteia, Barcelona, 1979, 49-50. La epigrafía monetal romanorrepublicana es tratada con detalle en este mismo volumen por M. Mayer.


Notas sobre la escritura latina en la amonedación antigua de Hispania

entre diferentes letras que conforman una leyenda monetal como vemos con claridad en las cecas de Ostur, Arse-Saguntum, Carisa o Carteia (fig.1,5) 12. Sólo el recurso decorativo de la cartela o líneas paralelas que enmarcan la inscripción, normalmente toponímica, utilizado en una serie de talleres de la Ulterior como Lastigi, Carmo (fig.1,6) o Ulia y especialmente la serie con magistrados latinos de los reversos de Obulco (fig.1,7) tiene por consecuencia una cuidada y por otra parte evidente ordinatio 13. La cuidada composición de otras como Carbula, Ventipo o Sacili 14 sugiere el uso de la regla así como del compás para las leyendas circulares que no suelen dejar el rastro que sí reconocemos en el trazado de algunas gráfilas, salvo en situaciones puntuales como uno de los cuños de reverso de Iliturgi 15 (fig.1,8) en el que el uso del compás ha quedado fosilizado al curvar la línea de exergo que corre paralela a la gráfica lineal que enmarca el tipo de reverso y la propia inscripción monetal. La brevedad de las leyendas y su carácter repetitivo es una destacada característica de la epigrafía monetal, cuyo carácter conservador, también reconocible en sus iconografías, justifica en no pocos casos el uso de grafías poco frecuentes o simplemente arcaizantes 16 en otros soportes epigráficos como los pétreos, más permeables al proceso de normalización epigráfica iniciado ya en el siglo II a.C. La explicación de tales prácticas en la moneda hay que buscarla en su condición de emblema del pueblo o ciudad emisora en cuyos diseños se integra, en su origen de manera subordinada al tipo iconográfico, la inscripción monetal para la que cabe plantear incluso una “lectura gráfica”. De este modo, junto a la fijación de tipos hay que considerar también la inmovilización de sus correspondientes leyendas monetales; fenómeno éste del que la copiosa amonedación

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Villaronga, cit. (n. 3) 390, 4: Ostur; 312, 64: Saguntum; 408, 1, 3: Carissa. 13 Villaronga, cit. (n. 3) 380, 1: Lastigi; 382, 3: Carmo; 366, 1: Ulia; 347, 44: Obulco. Salvo excepciones, las paralelos que se aducen en este y otros supuestos epigráficos se reconocen también en otras cecas hispanas que dada la necesaria brevedad de este texto no han sido anotados 14 Villaronga, cit. (n. 3) 364, 2: Carbula; 369, 1: Ventipo; 403, 1: Sacili. 15 Villaronga, cit. (n. 3) 359, 4. 16 Además de los ejemplos ya citados, quizá habría que valorar en este sentido la grafía de los semis de imitación hispanos que, aunque datados en el siglo I a.C., muestran entre otras peculiaridades el uso de una A arcaica que remite a modelos epigráficos y numismáticos más propios de la centuria anterior. Sobre estas monedas cf. Marcos, C., Aportación a la circulación de las imitaciones de divisores romanorepublicanos en la península Ibérica, Numisma, 237, 1996, 199-223.

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obulconense nos ofrece un llamativo ejemplo, pues no puede calificarse de otro modo, creemos, el mantenimiento a lo largo de casi dos siglos de la particular grafía de la leyenda latina –Obulco– situada delante de la cabeza femenina tocada con moño de los anversos de la ceca. En efecto, tanto si se considera un grabado independiente para cada leyenda o si, como se viene defendiendo para ésta y otras cecas béticas como Castulo y más recientemente Carmo, se han utilizado plantillas para su más cómoda reproducción en el cuño 17, comprobamos cómo en las series II, III, IV y Va y b de Obulco el topónimo se ha escrito del mismo modo, esto es, reduciendo sensiblemente el módulo de la O primera y la C y O últimas (fig. 1,9-14) 18. Estas y otras peculiaridades técnicas de la moneda, en lo que a la confección de los cuños se refiere, permiten reconocer rasgos particulares en el grabado de algunas leyendas monetales, atribuibles tanto a la personalidad o pericia del grabador como a las características y modo de uso de las principales herramientas de grabación de las letras: el buril y el taladro 19. Dentro de la producción de una misma ceca tales variaciones permiten identificar el trabajo de diferentes artesanos como vemos en Carteia con la alternancia de leyendas más gruesas y módulo reducido con otras más estilizadas en una misma emisión 20, o en los letreros bilingües de Turrirecina donde los trazos delgados y ligeramente curvos de una de sus emisiones, la que sitúa la rodela en la parte inferior del reverso, contrastan con el aspecto más pesado y tosco de las restantes leyendas 21

17 El uso de plantillas fue propuesto para la amonedación de Castulo por Mª.P. García-Bellido, Retoques de cuño y trazado de las leyendas en las monedas con escritura indígena de Castulo, Numisma, 138-143, 1978, 84-89 y asumido también para la de Obulco que comentamos. Cf. Arévalo, A., La ciudad de Obulco y sus emisiones monetales, Madrid, 1999, 33-36. El reciente estudio de la ceca de Carmo (Chaves, F., La ceca de Carmo; Carmona romana. Ed. A. Caballos Rufino, Carmona, 2001, 345-352) aporta interesantes datos sobre esta técnica monetaria, cuya valoración en el conjunto de la amonedación hispana antigua resulta todavía problemática. Cf. Ripollès, cit. (n. 5) 207-208, mostrándose partidario del grabado individualizado de las leyendas, mientras García-Bellido y Blázquez, cit. (n. 1) 106, defienden su uso, si bien centrado en las cecas ya citadas del alto Guadalquivir. 18 Las referencias de las monedas ilustradas son 9: Arévalo, cit. (n.17) Serie IV, G.3 –detalle–; 10: Ser. II, G.2 núm. 98; 11: Ser. III núm. 132; 12: Ser. IV, G.4 núm. 383; 13: Ser.Va, G.1 núm. 1070; Ser. Vb, G1 núm.1440. 19 A los que hay que añadir también el compás, vide supra y nota 5. 20 Chaves Tristán, cit. (n.11) 49 y el ejemplo de la emisión 9a y b, lám. V, núms. 231 ss. y 288 ss. 21 García-Bellido y Blázquez, cit. (n. 1) 382-383, 1a, 1 y Villaronga, cit. (n.3) 128 núms. 1-3.


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(fig. 1,15). Por otro lado en cecas como Obulco, donde el bilingüismo epigráfico es un fenómeno temprano y bien documentado, justifica la influencia de la grafía meridional en este caso sobre la latina, como se aprecia en la forma romboidal de la O inicial del topónimo de una de sus emisiones 22 (fig. 1,16). Éstas y otras peculiaridades han condicionado una valoración pesimista de las leyendas monetales hispanas, también de las latinas, al centrar su atención en la contribución, por otra parte escasa, de los criterios paleográficos en la datación de la moneda hispana antigua, sin duda uno de los principales problemas que plantea todavía hoy su estudio debido, entre otras cuestiones, a la falta de contexto arqueológico del que adolece la mayor parte de la amonedación hispana de época republicana. Tales limitaciones no impiden sin embargo reconocer una evolución, aunque con inseguras precisiones cronológicas, de la epigrafía monetal hispanolatina y no faltan comentarios en este sentido en la bibliografía reciente 23. Así, junto a los tradicionales criterios estilísticos y metrológicos, sobre todo, debe insistirse también en los paleográficos que, como en el caso de Brutrobriga (fig. 1,17), pueden contribuir a la más precisa datación de algunas amonedaciones 24, si bien es cierto que los argumentos incontestables sobre la mayor o menor antigüedad de una determinada emisión monetaria vienen dados por la información que proporcionan las propias leyendas, caso de la latina F.I.Sexs relacionable con la promoción jurídica de la antigua ciudad fenicia 25, así como por la inclusión de iconografías que como las efigies de los anversos de Osset o Segobriga entre otras se interpretan como retratos de Augusto 26. Estos argumentos, unidos a otros como la propia seriación interna de emisiones o la lectura prosopográfica, por lo general compleja, de ciertas leyendas

monetales contribuyen a la más precisa delimitación y estudio de la moneda hispana de época tardorrepublicana y de inicios del Principado en la que cabe reconocer una gradual y sensible mejora en la composición y aspecto de las leyendas. Naturalmente, esta evolución es apreciable en la moneda romana desde mediados del siglo I a.C. y se traduce en el menor uso de los hasta ahora característicos glóbulos de los remates de las letras, que coincide con la aparición de los típicos refuerzos o cornua (fig. 1,18) 27. Éstos y otros detalles, como el más proporcionado trazado de la C, la D o la M, que reducen poco a poco su anchura, el menor tamaño del lóbulo de la R o la P menos abierta, se reconocen ya en la epigrafía monumental poco antes de la época cesariana, aunque su generalización hay que vincularla a la “revolución epigráfica” de Augusto 28, cuyas características generales como son su más cuidada composición o los conocidos sombreados se documentan en los más variados soportes escriturarios como es el caso de la moneda. De tan estrecha relación participa, lógicamente, la moneda hispana acuñada en municipios y colonias, cuyos grabadores, ya sean foráneos o locales, adaptarán a su peculiar superficie de trabajo las formas epigráficas augústeas logradas aquí mediante una hábil combinación de trazos finos y gruesos de buril, llegando incluso a adoptar soluciones propias de la epigrafía mayor como son las interpunciones triangulares, como se aprecia de manera muy destacada en la última emisión de Gades así como en algunos cuños de Caesaraugusta de época de Calígula (fig. 1,19) 29. A pesar de su aspecto poco cuidado y tosquedad técnica, los epígrafes de las citadas monedas gaditanas ponen de manifiesto, tempranamente si atendemos a las dataciones propuestas post. 19/15-14 a.C.30, la adopción del nuevo modelo epigráfico como se aprecia con

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Arévalo, cit. (n. 17) 272, Ser. IV, G. 6, lám. XXVI, 495. Por ejemplo en el caso de Saitabi, Ripollès, P.P., La emisión bilingüe de Saetabi, X Congreso Nacional de Numismática, Madrid, 2002, 283, a propósito de la letra B cuyo lóbulo inferior más grande debe llevarse a la época tardorrepublicana. 24 La propuesta de rebajar su cronología a la segunda mitad del siglo I a.C. (Chaves Tristán, F., Amonedación de las cecas latinas de la Hispania Ulterior en C. Alfaro Asins et alii, Historia monetaria de Hispania antigua, Madrid, 1998, 283) coincide, creemos, con la factura de sus leyendas monetales. 25 RPCSuppl. 123A. López Castro, J.L., El foedus de Gádir del 206 a.C.: una revisión, Florentia Iliberritana, 2, 1991, 249 ss. 26 Faria, A. M. de, Sobre a data da fundação de Pax Iulia, Conimbriga, 28, 1989, 108-109; RPC 58-59, 470; García Bellido y Blázquez, cit. (n. 1) 340, 5ª, 6. Aunque no es una identificación unánime, cf. Villaronga, cit. (n. 3) 396, núm. 8; 286 núm. 16. 23

Crawford, M.H., Roman Republican Coinage, Cambridge, 1974, núm. 447, 519 (Cn. Domit. Ahenobarbo), etc. 28 En especial Alföldy, G., Augustus und die Inschriften: Tradition und Innovation. Die Geburt der imperialen Epigraphik, Gymnasium, 98, 1991, 289-324; Gordon, A. E. y J. S., Contribution to Palaeography of Latin inscriptions, Berkely, 1957. Para su repercusión en la moneda, además del ya clásico estudio de P. Zanker, Augusto y el poder de las imágenes, Madrid, 1992, deben destacarse también los trabajos de S. Walker y A. Burnett, The Image of Augustus, London, 1981 y la aportación de R. Wolters en este volumen. 29 RPC 369 (ANS). Agradezco al Dr. P.P. Ripollès esta referencia e ilustraciones correspondientes. 30 En cualquier caso anteriores al cambio de Era. Cf. Alfaro Asins, C., Las monedas de Gadir/Gades, Madrid, 1988, 128 con la bibliografía anterior y RPC pp. 80-81; García Bellido y Blázquez, cit. (n. 1) 152-153.


Notas sobre la escritura latina en la amonedación antigua de Hispania

claridad en la emisión dedicada a Balbo el menor donde sobresale, además de la presencia de los cornua o refuerzos de la A, N o S, la forma de la B con el lóbulo superior más pequeño (fig. 2,20) 31. La temprana recepción de este modelo epigráfico en la amonedación provincial romana de Hispania no es, sin embargo, un proceso uniforme, estando además su valoración de conjunto mediatizada por aspectos tales como las limitaciones técnicas del grabador de turno o el carácter más o menos especializado de los artesanos responsables del grabado de tipos y leyendas, en el caso de talleres itinerantes 32, además de los que intervienen en las escasas y problemáticas acuñaciones imperiales atribuidas a la Península Ibérica que como las de Caesaraugusta 33 podrían relacionarse con la cuidada ejecución de los tipos y leyendas que muestran ya los primeros cuños augústeos de ésta y otras cecas de su entorno. A pesar de estas limitaciones, puede afirmarse, no obstante, que tales cambios se generalizan a partir del cambio de Era y resultan del todo evidentes en las emisiones de época de Tiberio y Calígula, incluso en acuñaciones modestas y técnicamente poco cuidadas como las de Ilercavonia-Dertosa (fig. 2,21) 34 o Abdera 35 (fig. 2,22), en cuyas leyendas monetales no resulta difícil reconocer los detalles paleográficos que venimos comentando. Las recientes aportaciones en la seriación y cronología de las cecas provinciales hispanorromanas 36, proporcionan una necesaria visión de conjunto sobre la evolución paleográfica de sus leyendas monetales, especialmente reveladora en el caso de aquellas

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RPC 85-87, etc. La moneda ilustrada es RPC 88 rev. Por último F. Chaves, El lugar de las cecas en la Hispania romana, I luoghi della moneta. Le sedi delle zecche dall’Antichità all’età Moderna, Milano, 2001, 202. Las afinidades estilísticas reconocidas sobre todo en las efigies de los anversos de ciertas cecas provinciales hispanas como Carthago Nova, Ilici y Celsa, entre otras (P.P. Ripollès, Las acuñaciones cívicas romanas de la Península Ibérica (44 a.C.-54 d.C.), Alfaro et al., cit. (n. 24) 367 y RPC pp 110), podrían intentar documentarse en el trazado de las leyendas, si bien este es un extremo de muy difícil comprobación, cf. Chaves, cit. (n. 5) 57-60, 72-74. 33 Un recientemente análisis en T.R. Volk, Hispania and the gold and silver coinage of Augustus, La moneda en temps d’August. Curs d’Història monètaria d’Hispània, Barcelona, 1997, 76-78. 34 RPC 207; Llorens, Mª.M. y Aquilué, X., Ilercavonia-Dertosa i les seves encunyacions monètaires, Barcelona, 2001, 100-111. GarcíaBellido y Blázquez, cit. (n.1) 175-176. 35 RPC 125; C. Alfaro Asins, Avance de la ordenación de las monedas de Abderat/Abdera (Adra, Almería), Numisma, 237, 1996, 42, 49. 36 No es necesario insistir en la importante aportación del Roman Provincial Coinage, cuyo completo corpus fotográfico resulta imprescindible para el tema que nos ocupa. 32

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amonedaciones prolongadas en el tiempo que cuentan con estudios monográficos y en las que resulta posible contrastar los cambios formales que se producen entre las leyendas tardorrepublicanas y aquellas otras datadas a partir de Augusto. En este sentido podemos traer a colación el ejemplo de Lepida-Celsa, donde las emisiones de época triunviral como la de P. Salpa y M Fulvius 37 (fig. 2,23) ofrecen, dentro de una ejecución no obstante aceptable, detalles que como la anchura de la M, el tamaño del lóbulo de la R o el característico punto en el remate de las letras, son difíciles de reconocer en la poco posterior a nombre de L Pompeius Bucco 38 (fig. 2,24), quizá octaviana y claramente alejadas de las augústeas; si bien es a partir de la de L Sura 39 (fig. 2,25), datada con posterioridad al 17/15-14 a.C., cuando se advierten mejor los cambios en el trazado y acabado de las leyendas. Las letras augústeas con su diferente anchura y característicos refuerzos en sus remates se reconocen aquí con claridad, incluso en el espacio más reducido y difícil de los divisores emitidos en este momento 40 (fig. 2,26). También en la importante amonedación de Carthago Nova es posible reconocer estos cambios, pues dentro de la variedad de tipos y estilos que caracterizan las primeras acuñaciones de la ceca, a partir de los años centrales del siglo I a.C. 41, creemos significativa la relación existente entre los cambios estilísticos e iconográficos que conlleva la adopción de la efigie de Augusto en los anversos de la ceca y la evidente transformación formal de las leyendas monetales que se le asocian 42 (fig. 27, 28). Se mantienen hasta el cierre del taller, si bien con algunos altibajos como los que se aprecian en los semis a nombre de C. Laetilius y Ptolomeo de nuevo asociados a un llamativo cambio de estilo que afecta tanto al retrato de Augusto como a la propia leyenda monetal 43. 37

RPC 264; García-Bellido y Blázquez, cit. (n. 1) 238, 12ª, 21. M. Beltrán Lloris et alii, Colonia Victrix Iulia Lepida-Celsa (Velilla de Ebro).I. La arquitectura de la “Casa de los Delfines”, Zaragoza, 1984, 11-28. 38 RPC 269. 39 RPC 271 ss. 40 RPC 274 –la ilustrada–, 276. 41 A la sistematización de Mª. M. Llorens Forcada, La ciudad de Carthago Nova: las emisiones romanas, Murcia, 1994, 37-78; cf. también RPC pp. 90-97; García-Bellido y Blázquez, cit. (n.1) 95-100, hay que añadir la reciente propuesta de J.M. Abascal, La fecha de la promoción colonial de Carthago Noua y sus repercusiones edilicias, Mastia, 1, 2002, 21-44. Los cambios planteados en la seriación de algunas emisiones no afectan sustancialmente a los comentarios paleográficos que anotamos. 42 RPC 155/9 y 167/89. 43 Así, RPC 172-173.


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En el panorama aquí someramente dibujado de las transformaciones formales que experimentan las leyendas monetales hispanas escritas en latín, lógicamente caben muchas matizaciones y, desde luego, una puntualización obligada como es la ausencia de una imposición oficial en este sentido; cosa lógica si no parece haber existido en aspectos más relevantes como los metrológicos y metalográficos derivados de la reforma de Augusto o en aquellos otros más simbólicos, pero al mismo tiempo evidentes, como la desigual recepción de las efigies imperiales en algunas cecas hispanas como Carteia o Emporiae 44, o en su tardía adopción en otras como Saguntum, ya en el reinado de Tiberio que en este caso se relaciona también con un nuevo aspecto en sus epígrafes monetales (fig. 2,29), si los comparamos con las emisiones anteriores a nombre de los magistrados Baebius Glob. y Sempronius Vetto que combinan los tipos tradicionales de la ceca como son la cabeza galeada y la proa con unas leyendas de aspecto

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tosco (fig. 2,30), pero que sin embargo conviene datar en los últimos años del siglo I a.C. 45. Precisamente en unos momentos –avanzado el reinado de Augusto– en los que como se ha señalado se asiste a una verdadera explosión epigráfica supeditada primero a las necesidades propagandísticas del nuevo orden augústeo con la que se identifica, y muy pronto asumidas tanto por las élites provinciales 46 como por capas más modestas de la población 47. De este importante fenómeno la numismática hispana antigua ofrece un interesante testimonio, ya sea a través de las acuñaciones de los municipios y colonias hispanos, donde también asistimos como hemos visto al aggiornamento de sus epígrafes monetales, como también en documentos más modestos como son los plomos monetiformes que como el que aquí se reproduce procedente de Saguntum (fig. 2,31) no resulta extraño reconocer en su inscripción los conocidos refuerzos –en la G– o la anchura variable en sus trazos 48.

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En general, cf. las síntesis de Ripollès, cit. (n. 32) 367-370, 375-382 y García-Bellido y Blázquez, cit. (n.1) 75-76, 90-92. También los estudios específicos de J.M. Abascal y P.P. Ripollès, Metales y aleaciones en las acuñaciones antiguas de la Península Ibérica, Saguntum, 29, 1, 1995, 148-149, 151 y F. Beltrán Lloris, Identidad cívica y adhesión al príncipe en las monedas municipales hispanas; Religión y propaganda política en el mundo romano, F. Marco Simón et al. Eds., Barcelona, 2002, 166-168.

RPC 202 (Tiberio) y 200 (Sempronius Vetto). Ripollès y Llorens, Arse-Saguntum. Historia monetaria de la ciudad y su territorio, Sagunto, 2002, 297-297 y 251 para el reverso del as de Tiberio ilustrado; García-Bellido y Blázquez, cit. (n.1) 44-45. 46 En los programas epigráficos que se asocian a la intensa actividad edilicia de estos momentos, cf. Abascal, J.M., Programas epigráficos augústeos enHispania,Anales de Arqueología Cordobesa, 7, 1996,45-82. 47 Como se aprecia, por ejemplo, en la epigrafía funeraria de la Bética. Cf. Stylow, A.U., Los inicios de la epigrafía latina en la Bética. El ejemplo de la epigrafía funeraria; Roma y el inicio de la cultura epigráfica en Occidente, F. Beltrán Lloris, Ed.,Zaragoza, 1995, 227. 48 Ripollès, cit. (n. 45) 251 (1:3).


Notas sobre la escritura latina en la amonedaci贸n antigua de Hispania

Figura 1.

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BARTOLOMÉ MORA SERRANO

Figura 2.


escritura latina en la moneda hispana