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TRIBUNA

Sobre el matrimonio gay Lola Peiró Hablar de la homosexualidad, como del aborto u otras situaciones controvertidas que son hoy mal aceptadas dentro de las mayorías conservadoras, suponen temas espinosos, y quizás el que nos ocupa es en la actualidad uno de los más crispantes, especialmente para los que pretenden mantener a ultranza una ortodoxia que nos entronca con los mismísimos

Mi pequeña boda griega Emilio Martínez Abro el buzón de mi casa y recibo la invitación de boda de una familiar que, divorciada ella, ha tenido la gran valentía de contraer matrimonio con otro hombre que, por cierto, tampoco es nuevo en esto de las nupcias. Hasta aquí nada nuevo en el panorama español pues ella, mi familiar, tiene todo el derecho del mundo a probar suerte con Cupido las veces que quiera en esto del amor.

marzo 2013 DUE

mandatos de la Santa Biblia. Pero la verdad es que a través de la historia ha habido sociedades más comprensivas al respecto, como la griega, la romana, o Sociedades Norteamericanas Nativas que consideraban a las parejas del mismo sexo “personas de dos espíritus” que llegaban a elevarse incluso al nivel social de chamanes místicos. Pero el camino de estas personas que se separan de unas normas a las que se aferra una mayoría con frecuencia inculta o dominada por dogmas religiosos, han caminado por sendas llenas de graves impedimentos. Las sociedades conservadoras que probablemente aún defienden que el hombre no desciende del mono siguen sosteniendo que

estas uniones cuyo fin no está dirigido a perpetuar la especie son, como poco, “pecaminosas”, lo que las sitúa junto a las hordas de Satán. Opinión que, ya hoy por hoy, a los “afectados” se las trae al pairo porque ya han conseguido -aunque muy duramente- una serie de derechos que les integra en una sociedad de la que nunca debieron salir. Por cierto, ¿sabe alguien si la señora Ángela Merkel ha mostrado alguna opinión sobre este tema? Porque si es a favor y nuestro dócil presidente se entera, las parejas homosexuales pueden dormir tranquilas y se habrán librado de la activa tijera que viene impulsada desde la mismísima Selva Negra. Dicen que los tiempos están cambiando.

Depositar regalos en la siguiente cuenta bancaria”. Si amigos, han leído bien. Todo aquel que quiera ver a la feliz parejita cortar esa pomposa tarta, a la abuela llorar de emoción mientras reza en voz baja “seguro que esta vez es la última” o a los amigos reclamar hasta la saciedad que los novios se levanten y bailen el baile de la medusa, debe saber que tienen que pagar por ver este espectáculo. Lo más alarmante del asunto es que parece que esto de pagar hasta en las bodas se está convirtiendo en tendencia. Pasarán los años, mucho tiempo y se sucederán comicios inolvidables y todos los invitados recordaremos con nostalgia aquellos años en los que un jarrón chino o un corta fiambres eran las llaves que nos abrían las puertas del pa-

raíso de los langostinos fríos, los solomillos calientes y las copas con excesivo hielo y escaso alcohol. Pero tranquilícense, no se perturben, amigos míos, puede que haya esperanza. Ha llegado a mis oídos que familiares y algunos amigos de mi familiar se han mostrado tan indignados con los 45€ que amenazan seriamente con no acudir a la boda como señal de protesta. Incluso unos cuantos han reclamado directamente a los novios que o reducen el precio por comensal o piensan hacerles un escrache en toda regla la noche de bodas. Que ¿qué voy a hacer yo? Pues seguramente acabe llevando mi corta fiambres al Cash Converter y con el dinero pagaré la invitación. Pero como señal de protesta no pediré el baile de la medusa, eso sí que no.

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Opinión sobre el matrimonio gay y la crisis en las bodas de 2 colaboradores de DUE

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