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Caminante con Dios ...en apuros mĂĄs no desesperados

El Trabajo Misionero en AmĂŠrica Latina Por Ps. Narciso Zamora

Clarksville, Arkansas


Caminante con Dios ...en apuros más no desesperados El Trabajo Misionero en América Latina Por Narciso Zamora Foto de la Portada por Matthew Fraser Diseño de la Portada por Kevin Greenblat Creative Ilustración de los Mapas por Jordan Bass, Map Photo ©Jamie Cross-FOTALIA Todos los textos de la Biblia provienen de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional ® Derechos de Autor © 1973, 1978, 1984, por Internacional Bible Society. Usado con el permiso de Zondervan Publishing House. Todos los derechos reservados. Una publicación de The Quilldriver PO Box 573 Clarksville, AR 72830 U.S.A. info@thequilldriver.com www.thequilldriver.com ISBN de las ediciones empaste rústico Ingles Walking Man 978-0-9791639-0-6 empaste rústico Español Caminante con Dios 978-0-9791639-1-3 Audio, MP3 Ingles Walking Man 978-0-9791639-2-0 Audio, MP3 Español Caminante con Dios 978-0-9791639-3-7 PDF Ingles Walking Man 978-0-9791639-4-4 Todos los derechos reservados. Excepto por breves pasajes para citas, ninguna de las partes de este libro puede ser reproducida ó transmitida en ninguna forma ó de ninguna manera, electrónica ó mecánicamente, incluyendo fotocopias, grabaciones ó por cualquier otro método de almacenamiento de información y sistema de recuperación de datos, sin el expreso permiso escrito de la editorial. Derechos de Autor © 2008 Zamora, Narciso. Caminante con Dios : --en apuros más no desesperados el trabajo misionero en América Latina / por Ps. Narciso Zamora. p. : map ; cm. ISBN: 978-0-9791639-1-3 1. Zamora, Narciso. 2. Missionaries--Latin America--Biography. 3. Church of God (Anderson, Ind.)--Missions--Latin America. I. Title. BV3705.Z36 A3 2008 266.9/092 Impreso en los Estados Unidos de América


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P R ÓLOGO

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ay vidas inolvidables como la del apóstol Pedro, Pablo, la de Martín Lutero y otros. He aquí una biografía que trata de inspirar triunfos en medio de las adversidades. Ya sea en enfermedades sencillas o de carácter terminal; los insultos, calumnias, estafas y grandes aventuras. Así como tenemos amigos, también nos hacemos de enemigos: desde toscos trabajadores, pseudo cristianos, predicadores orgullosos, vanidosos eruditos, avaros comerciantes, líderes católicos y gente del pueblo. Este libro destaca un drama, tanto que el lector no dejará de leer este libro hasta la ultima página. El fin de este testimonio es de glorificar a Cristo. Cuando me convertí a Jesucristo y más tarde ingresé a estudiar Teología en el Instituto Bíblico, no había pensado y tampoco deseaba trabajar en misiones. Estudié pensando regresar nuevamente al lugar donde conocí a Cristo, quería ayudar a mis hermanos con todo mi corazón porque ellos siempre me apoyaron. Por necesidad económica me involucré en la obra misionera. Me dediqué a trabajar vendiendo ropa para sostener a mi familia; viajaba cada semana a diferentes comunidades del Departamento de San Martín, en la selva del Perú, y el Departamento de Cajamarca. Los medios de transporte que usé fueron camionetas, avionetas, lanchas, caballos y, también, a pie. Al lugar donde llegaba, la gente se convertía a Jesús, además de llevar ropa, llevaba muchos folletos para evangelizar y trabajar para la obra de nuestro Señor Jesucristo. Dios me usó maravillosamente; se realizaban servicios evangelísticos en los colegios rurales, se formaron iglesias y se prepararon líderes. El comercio de la ropa nunca prosperó, pero muchas almas aceptaron a Jesús y se salvaron gracias a Dios. El negocio me abrió las


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puertas para trabajar en la obra misionera; la empresa de Jesús es la mejor y seguimos hasta hoy trabajando, sirviendo al Señor con gran alegría y gozo. A todos los que quieren ser ministros de la Palabra y son llamados por el Señor, oren, estudien la palabra y decídanse a salir al campo de batalla, no esperen la corona sin antes haber iniciado la carrera. Jesús es real, hay que prepararse para reír y también para llorar, pero la Voluntad de Dios es que vivamos gozosos en Jesucristo. Agradezco a mi esposa Udelia, a mis hijos Gerson y Eliézer por su gran entrega al servicio del Señor, al ministerio y al apoyo y ayuda que me han brindado. “Atribulados en todo, más no angustiados; en apuros, más no desesperados; perseguidos, más no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos” 2ª.Corintios 4:8-10.


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La Cruz de Mi Vida

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n campo verde rodeado de árboles y montañas donde el sol brilla al rayar el alba, las aves y las golondrinas trinan, las palomas vuelan en bandadas alrededor de una pequeña cabaña con techo de paja y paredes de varas redondas y delgadas de eucaliptos, robles y quilchas, con muchas aberturas que dan paso a la entrada de los rayos del sol y también del frío. Fue en este recinto donde nací en un mes de mayo de la década del 50 en el caserío de Tacamache - distrito de Chugur, provincia Hualgayoc, en el departamento de Cajamarca, Perú. Mis padres, Marcial Zamora y Gricelida Fernández, estaban muy nerviosos, ya que sus tres hijos anteriores los habían perdido. A los pocos días de haber nacido enfermé gravemente, pero esta vez la enfermedad y la muerte no lograron su objetivo; salí vencedor esa vez. Gracias a las hierbas naturales del campo que Dios ha provisto, mi cuerpo físico fue restablecido y sanado. Mis padres eran un matrimonio de jóvenes campesinos y pobres, con muy poca educación intelectual y cultural, carecían de dinero, ropa y mobiliario para la casa. Mi madre estuvo enferma y sufrió por varios años. Mi padre muy preocupado caminaba buscando alguna medicina para curarla. Él llegó a conocer brujos, curanderos, hechiceros, cartománticos, médicos cirujanos y naturistas; luego la llevó al Centro Médico en Bambamarca montada en un caballo por casi 12 horas. Los médicos no le daban ninguna esperanza de vida. Al regresar a casa pensaban que moriría pronto, mi padre desesperado visitaba a la Iglesia Católica Romana para rezar, cuando entraba se dirigía muy rápido junto con mi madre donde estaban las imágenes y caía de rodillas a pedir por su salud. Viajaron por varios años a visitar a la Virgen de los Remedios en un lugar llamado Liscan. Mi hermana mayor Gumercinda, mi hermanito Rocel y yo nos quedamos en casa durante una semana


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mientras mis padres viajaban para pedirle a la Virgen que sanase a mi madre. Se cansaron de hacerlo pues su salud seguía igual y al no tener más esperanza de verla sana, entonces empezamos a recoger hierbas del campo y mi hermana las molía sobre una piedra muy grande, con agua hervida, y azúcar quemada; le dábamos de tomar esto todos los días por la tarde y la mañana. Después de tomarlo por un tiempo ella se sintió mejor y continuó tomándolo hasta que fue sanada, ¡gracias a Dios! Cuando yo tenía siete años, en la década de los 60, ingresé a la escuela para iniciar la educación primaria. A pesar de la precaria condición económica en que vivíamos, siempre traté de llegar temprano a mis clases. Allí no se usaba uniforme escolar por ser una escuela campesina y de gente muy pobre. Salíamos corriendo con Rocel desde nuestra casa hacia la escuela, eran como 20 minutos a pie e íbamos descalzos; después de terminar las clases por la tarde me gustaba jugar fútbol. Por las tardes nos dirigíamos a trabajar en la chacra junto con mi papá. Los días domingos mi padre salía a vender papas, frijoles, arvejas secas, etc. Colocaba 80 kilos sobre la mula y viajaba hasta la ciudad de Lajas o Yauyucan; con el dinero que vendía compraba kerosén, detergente, sal, fósforos y unos bizcochos dulces. Casi siempre regresaba borracho a casa ó, cuando salía a una fiesta se quedaba a dormir en el camino; muchas veces llevó a mi madre, fiel compañera que nunca lo dejó tirado en el camino, ella siempre estaba en su lado. Cuando algunas veces yo acompañé a mi papá, él se emborrachaba y a las 12 de la noche salíamos rumbo a casa; a dos horas de distancia la travesía era a oscuras y los caminos llenos de piedras y barro; tenía mucho miedo y frío, yo lloraba detrás de mi papá, él borracho no sentía nada. Cuando tenía unos 12 a 14 años conocí el azúcar. Esto no existía en casa por que era muy caro; en lugar de tomar café mi madre siempre nos dio una sopa verde con papas. Usaba pantalones de dril y camisa de playa, no conocíamos los zapatos. En el verano había muchas heladas y los pies se nos partían hasta que salía sangre, ¡Oh,


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que dolor tan fuerte! A veces no se podía soportar. Cuando teníamos que viajar a Perlamayo a trabajar, caminabamos por encima de las heladas y cuando se levantaba una vaca y orinaba, Rocel y yo corríamos para poner los pies ya que estaba tibio. No conocía la chaqueta, tampoco la chompa, mi madre nos confeccionaba ponchos de lana de oveja para usar en el frío. Nuestros juguetes fueron las corontas de maíz, aunque nunca teníamos tiempo para jugar, todo el tiempo teníamos que trabajar en la chacra y cuidar las ovejas. Durante las vacaciones escolares pasábamos trabajando en los cultivos de verduras, papas, maíz, legumbres; todo esto se sembraba solo para comer, muy poco se vendía; nosotros no teníamos otra diversión. Durante los tres meses de vacaciones no hacíamos más que trabajar y trabajar. Durante mi niñez y parte de mi adolescencia, aprendí a tomar el azadón, la lampa y el machete. Cuando era muchacho siempre me preguntaba “¿porqué hay tanta gente que sufre? ¿Porqué pasan trabajando toda su vida y no les alcanza ni para comer y así mueren?” A través de la historia, encontramos a este grupo de personas pobres que sufren, por eso Jesús dijo: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto, me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres... a poner en libertad a los oprimidos.” Yo creo que la voluntad de Dios es servirle a pesar de la pobreza, que eso no sea un obstáculo para servir a Jesús. EL CUIDADO DE DIOS Doy gracias a Dios que el Señor Jesús me cuidó. Cuando tenía 13 años, me accidenté: me caí del caballo sobre unas rocas y me quebré el tobillo de mi pie izquierdo y el empeine; después de unos minutos me levanté sin poder pararme bien, tomé el caballo por la soga y caminé arrastrando mi pie desde Pampa Grande hasta la casa mi tío Fortunato Zamora. Además de este accidente, cayó una lluvia muy fuerte. Mi papá había viajado llevando otros caballos cargados de paja para el techo de la cocina y yo estaba solo y no había quien me ayudara. Mientras caminaba iba gritando de dolor y llegué hasta las siete


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de la noche a casa. Esa noche grité de dolor y el pie se me había hinchado. Al día siguiente mi papá me llevó montado en una mula a un “huesero” del campo para colocar los huesos en su lugar; al bajarme de la mula, yo pedí que por favor no lo hicieran por que me dolía mucho el pie. Un hombre alto con un poncho granate me hizo sentar en un tronco o pedazo de madera, tomó mi pie y empezó a pasar su mano. Yo gritaba de dolor, suavemente colocó el hueso en su lugar, luego lo vendó con un pedazo de tela. Después de una semana me sentía mejor, entonces mi pie había sanado. UNA GRATA DECISIÓN Al terminar mis estudios básicos o primarios, mis padres decidieron que continuara estudiando la educación secundaria, a pesar de la precaria condición en que vivíamos, es decir en la indigencia. No había dinero para comprar un kilo de sal pero debía estudiar; fue una decisión muy riesgosa, ya que había siete muchachos más. Mi hermana mayor era la única señorita que ayudaba a mis padres en los trabajos de la casa. Me matricularon en mi primer año de secundaria, esa fue la primera vez que usé zapatos de plástico o de jebe; mis padres vendieron su única vaca para comprarme el uniforme, libros, cuadernos, lápices, reglas, etc. En 1970 y 71 estudié en el colegio El Señor de los Milagros de Ninabamba, un colegio ubicado en el campo. Mi madre se levantaba a las 4:30 de la mañana para prepararme mi caldo verde y cocinaba papas para llevar al colegio y comer al mediodía. Algunas veces lo hacía mi hermana Gumer, a las 5:30 de la mañana. Mi hermano menor Rocel y yo, nos sentábamos cerca de mamá quien nos servía el caldo muy caliente. Mientras comíamos mi madre colocaba las papas en un plato y lo cubría con otro y lo amarraba con un mantel blanco y nosotros lo colocábamos dentro de nuestra alforja (un tipo de maletín), y estábamos listos para salir. A las 6:20 de la mañana se iniciaba la carrera hasta el colegio, una hora corriendo a pie. Cerca del colegio había un riachuelo donde nos deteníamos para lavarnos la cara y los pies que estaban llenos de


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barro para cuando llegábamos a la escuela. Cerca del colegio teníamos una habitación rentada para cambiarnos de ropa y salir al colegio uniformados. Este colegio tenía 500 alumnos. Al mediodía salíamos del colegio para almorzar y regresar a las dos de la tarde. A las cinco de la tarde regresábamos a casa pero no llegábamos hasta las seis y media o siete de la noche. Mi madre nos esperaba con la comida lista en una olla grande de tierra colocada sobre tres piedras y debajo troncos de leña con fuego para que no se enfriara. Después de comer prendía un mechón de kerosén para hacer todas mis tareas y trabajos y estudiar hasta las 11 de la noche. Durante cuatro años mi madre tuvo que levantarse todas las mañanas para prepararme mi comida; fueron cuatro años de mucho sacrificio.


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Mi P ri mera Adventura

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n 1973 huí de casa. Fue en el mes de abril, un mes lluvioso. Por primera vez salía de mi hogar. Después de caminar cinco horas, cuando ya había subido toda la montaña de Coyunde, me paré y miré a la casa donde había nacido y lloré por un momento. Siguiendo el camino llegué por la tarde a Lajas, allí espere el bus que pasaba por la noche desde Chota a Chiclayo. No sabía como hacer que el bus parara y le pedí a un joven que lo hiciera; me di cuenta que era muy fácil, tan solo levantar la mano y el conductor detenía el autobús. Subí y me senté junto a la ventana en el centro del bus. Allí empezó mi angustia. Me hizo daño el viaje y llegué enfermo a Chiclayo. Al bajar del bus, un caballero que viajaba conmigo me invitó a ir a un hotel y fue muy bueno conmigo, ya que no me conocía. Dormí esa noche plácidamente. Al día siguiente salí a buscar trabajo en una estación de transporte terrestre llamada Noreste. Estando allí se me acercó un hombre alto moreno ofreciéndome trabajo y aprovechó la oportunidad para robarme todo el poco dinero que tenía. Esa noche dormí en la puerta de la estación de camiones Noreste. Al día siguiente salí a caminar por una calle y un joven se me acercó y me dijo: “¿Quieres trabajar? Necesitamos jóvenes para vender pasteles.” Yo no conocía la ciudad, no sabía hacer ningún trabajo de la costa, ni siquiera sabía usar una escoba, pero ese mismo día empecé a trabajar. Allí tenía comida y cama para dormir. ¡Gracias a Dios! Mi trabajo era vender pasteles en el Mercado Mayorista de Chiclayo, una ciudad llena de delincuentes y asaltantes, no tuve mucho éxito ya que siempre me robaban los pasteles o el dinero. En ese lugar conocí a jóvenes delincuentes y decidí dejar esa ciudad y salir


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para la selva peruana. Viajé por un día y medio en un camión y llegué hasta Bagua y de allí a Chachapoyas con mi bolso en la mano. Caminé por la ciudad de Chachapoyas y por la tarde encontré a un caballero sentado en una de las bancas del parque y me preguntó si quería trabajar. Yo tenía mucha necesidad y en sus primeras palabras ya estuve aceptando la propuesta del trabajo. Me invitó a viajar con él hasta una comunidad que se llamaba Quispe para trabajar.Yo acept�� y esa noche me invitó a cenar. Dormí donde uno de sus parientes en la ciudad. Al día siguiente viajamos en un bus pequeño hasta Luya, una ciudad chica y muy bella; el bus tardó seis horas para llegar. Descansamos esa noche en la casa de la administradora del correo. La sobrina del caballero nos invitó humitas y nos dio una buena cama para dormir. Al otro día salimos por la mañana hacia Quispe, el supuesto patrón viajaba montado en un caballo pero yo tenía que viajar a pie por 25 horas. En el camino encontré a un joven y le platiqué lo que estaba sucediendo conmigo, ese joven me detuvo, me miró y me dijo, “¡Estás loco! ¿Cómo vas hasta ese lugar? ¡Es muy peligroso y muy lejos, no vayas, regresa!” Pensé por un momento y en pocos minutos me dejé caer dentro de una zanja para un canal de regadío, era una zanja que estaba siendo construida y allí me escondí ese día; el patrón posiblemente pensó que estaba adelante porque le llevaba ventaja caminando. Luego salí del hoyo y empecé a correr y llegué a Luya y de allí me pasé a Lamud, un pueblito muy pequeño a unos cuatro kilómetros de distancia. Un panadero me dio trabajo para vender pasteles en la puerta del Colegio Agrario. Yo ayudaba a hacer los pasteles por la noche y en el día a venderlos. Una noche trabajé sin descansar hasta la mañana amasando y haciendo la mermelada, estaba muy cansado y con mucho sueño y a las nueve de la mañana tenía que estar en el colegio para vender los pasteles. A las 10 los estudiantes salieron a la hora de recreo y como me había quedado dormido se comieron todos los pasteles; llegué a casa sin los pasteles y sin el dinero y tuve que trabajar como dos meses para pagarlo todo. Un día lunes el dueño de la pastelería salió a comprar frutas y


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como sabía que regresaba hasta la tarde para hacer mermeladas, aproveché la oportunidad para romper la puerta donde tenía guardado el dinero y saqué para mis pasajes y para el sustento de otros días más. Ese día salí por la mañana en el bus hasta Chachapoyas y llegué por la tarde. Caminando por las calles en busca de trabajo vi a un caballero parado junto una camioneta que me llamó y me dijo,“¿Quieres trabajar?” “¡Sí!” le contesté. Dijo que tenía trabajo para mí, me llevó a su casa donde me invitó un café y luego me enseñó el oficio de fabricar colchones de paja de arroz y me dijo que yo tenía que dormir en la paja. Esa noche me acosté y a las cinco de la mañana, abrí despacio la puerta y salí con mi bolso en hombros a la calle, tomé un camión que salía hasta Pedro Ruiz Gallo, a dos horas de distancia. Al llegar a ese puerto una señora que vendía frutas en un kiosco me dio hospedaje y comida por tres días, luego un comerciante de madera me dio trabajo por tres semanas en el campo sembrando verduras y frutas, y por las tardes aprovechaba para comer mucha fruta. Regresé a Chiclayo junto con dos choferes que llevaban maquinarias para el ejército, ellos no conocían la carretera.Yo pasaba como ayudante del ejército para que nos dieran el almuerzo. Comimos junto con los oficiales y capitanes ese día. ¡Qué almuerzo más delicioso! Después de dos días, llegamos a Chiclayo, al no tener dinero me junté con tres jóvenes adolescentes que dormían dentro de un colegio. De allí viajé a Lima, la capital. Allí fue cuando conocí a jóvenes delincuentes. Mi tío Aníbal me encontró un día miércoles por la mañana en la plaza Unión y me llevó hasta la policía y luego a su casa. En 1974 regresé a estudiar en la ciudad de Hualgayoc. A fines del año 1975 viajé hasta Pomacochas. Cuando mi papá me llevó hasta Santa Cruz me preguntó, “¿A donde viajas hijo? Quiero saberlo.” Yo le dije, “En realidad, ni yo mismo lo sé, voy sin rumbo.” Llegué hasta Pomacochas, una ciudad muy pintoresca, sus casas todas con techo de paja y al costado un lago, con muchas leyendas,


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donde había peces en abundancia y gratis. De Pomacochas viajé junto con dos amigos a San Martín cruzando la selva.Viajamos por 15 días a pie. Dormíamos junto al río Serranoyacu, un río que divide la sierra de la selva. En ese lugar había una cabaña con techo y paredes de madera, tenía un espacio para cocinar. Esta era una casita que los viajeros habían construido. Luego seguimos el viaje y cruzamos unas montañas, tardamos como tres horas para subir y bajar dentro de la selva, hasta que llegamos a un lugar llamado Aguas Verdes, y allí dormimos en una cabaña del campamento. Hasta allí llegaba la trocha de la carretera Marginal de la Selva. Al día siguiente viajamos en un camión escondidos debajo de unos tarros vacíos de gasolina para poder pasar todos los controles militares y llegar hasta Moyobamba. No teníamos donde vivir, uno de ellos vivía en una casa que fue abandonada. Nosotros nos juntamos con él y su familia. No había alimentos. Durante los días salíamos al campo para robar choclos, yucas, camotes, pollos, plátanos, etc. Nos estaba gustando vivir de las chacras ajenas, después de tres meses salimos a robar un chancho fuera de la ciudad, sabíamos que el dueño no dormía en la chacra, y después de las cinco de la tarde ese lugar quedaba sin supervisión. Entramos con mi amigo por el bosque junto con un perro y esperamos hasta las seis de la tarde para ingresar a la casa y tomar el chancho. Al entrar a una huerta de maní se disparó una trampa que habían dejado para cazar animales salvajes como zainos (cerdos salvajes), este trampero era como una especie de escopeta y casi nos mató. Felizmente que un perro cruzó antes que nosotros. El dueño todavía estaba cerca y corrió. Al mirarnos a nosotros, dijo que tuvieramos cuidado porque en todas las entradas de la chacra había trampas. Los plomazos de esa tarde me hicieron pensar en dejar esa forma de vida y buscar trabajo. Éramos jóvenes sin documentos personales o identificaciones, como animalitos sin dueño, fugitivos. EN BUSCA DE TRABAJO Decidí salir por los ríos y buscar trabajo, esta fue la decisión que había tomado. Mi amigo se quedó triste y molesto. Caminé hasta el


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puerto Tahuishco donde tomé una lancha para surcar el río Alto Mayo, a mi compañero de fechorías y amigo no lo vi más. Salimos del puerto a las ocho de la mañana viajando todo el día por el río. Para mi fue un día maravilloso. No había conocido toda esa creación de Dios: árboles, animales, el canto de las aves. Al caer la tarde llegamos al puerto que se llama Puerto Ciego después de ocho horas de viaje. Ese día no había tomado desayuno y tampoco almuerzo. Desembarqué rápido y fui a una chacra de caña de azúcar, entré, la corté y mastiqué para así saciar el hambre. Luego caminé una hora dentro del bosque junto con otros señores platicando; era interesante mirar árboles tan grandes. Felizmente llegué a casa del señor José Tiburcio Coronel, quien me recibió junto con su esposa Emelina Alarcón. Más tarde llegaron sus dos hijos Segundo y Agustín quienes me dieron la bienvenida y dijeron, “Aquí tendrás cama, comida y trabajo.” Tenía que cultivar verduras, sembrar arroz, maní, plátanos, yucas y maíz.Traté de esforzarme para aprender a trabajar cortando árboles para hacer las chacras; los mosquitos y zancudos eran como plagas que no podía soportar. Día y noche miles de animalitos se pegaban en mi cuerpo, pero tenía que enfrentarme a la realidad de la vida: trabajar para vivir. Este hogar era cristiano y aún lo sigue siendo. Me causó sorpresa y susto cuando les escuché orar por primera vez antes de cenar, no había conocido el evangelio ni tampoco a los evangélicos.Yo pensé que adoraban a Satanás. Para mi era extraño y pensé hacer algo para quitarles estas extrañas ideas acerca de la Biblia y de Dios y que regresaran a la iglesia católica romana. Compré una Biblia Nácar y Colunga. Cuando ellos cantaban himnos, mi cuerpo se estremecía y sentía temor; por las noches después de cenar me invitaban a leer la Biblia, pero escuchar la lectura me causaba desesperación. Por las noches yo rezaba pidiéndole a la virgen María que me ayudara para no dejarme engañar por los evangélicos y siempre hacía una sopa de preguntas tratando de desviar del tema cuando me explicaban el evangelio; yo exaltaba a la iglesia romana. Los hermanos me respondían con mucho amor, tranquilidad,


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paciencia y ternura. Una noche me enseñaron la historia sobre la vida de José, fue la historia que más impactó mi vida y ahora me encanta leerla y me emociona contarla. A veces trataba de quedarme dormido para no escuchar el mensaje de la palabra de Dios. Una vez me invitaron al culto y no acepté y ya no me invitaron más. Me uní a otro joven necio como yo y planeábamos destruir la casa de oración de los evangélicos. Esta iglesia era de madera rústica y el techo de hojas de palma. Organizamos un club deportivo e invitamos a los evangélicos a participar pensando que ellos dejarían a Jesús por la pelota, pero no fue así. Los evangélicos usaban el deporte como ilustración para hablarnos de Jesús y pedir que nos arrepintieramos de nuestros pecados. UNA FAMILIA DIFERENTE - MUCHO AMOR La familia del Coronel Alarcón tenía una vivienda muy precaria, techo de hoja de palma y las paredes de maderas de chonta. En lugar de colchón teníamos paja de arroz, pero su corazón demostraba amor hacia los demás y podía ver que eran diferentes a otras personas. Me proporcionaron ayuda económica para comprarme ropa, zapatos, herramientas de trabajo y medicinas, además me ubicaron un terreno de 30 hectáreas para trabajar y tener una propiedad. Me ayudaron a estudiar primeros auxilios y la práctica la hice en el Hospital Regional de Moyabamba y regresé con medicinas para trabajar con la comunidad. El Hermano Tiburcio tenía dos hermanas señoritas: Clemencia y Clemira. Una tarde llegaron a casa del Hermano José y me invitaron a asistir a las reuniones. No tenía con quien platicar, excepto con la familia con la cual vivía, en la selva se vivía escuchando sólo los gritos de aves y grillos y otros animales en el bosque. Decidí visitar la iglesia por las noches, platicar y entablar cierta amistad con las dos señoritas hermanas que eran las únicas en el lugar. Asistí junto con el Hermano Tiburcio a la reunión y lo hice por una semana. Después de ocho días Clemencia me obsequió un himnario para cantar pero me daba vergüenza hacerlo. Luego compré una Biblia Reina Valera para leer juntos con todos los demás


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asistentes, pero mis comentarios iban en contra de sus creencias, todos los que vivían allí eran cristianos y no podía escapar. La Hermana Emelina se reía de mi porque yo quería escapar y no tenía donde ir. El Hermano Tiburcio tenía dos hijos adolescentes y a mi me gustaba jugar con ellos y reírnos juntos. Estos dos jovencitos eran fervientes orando al Señor. Ela y Elías eran dos niños que me molestaban mucho, porque querían que los tuviera en mis brazos todas las tardes y que Berna ayudara a su abuelita. LA IGLESIA ORA Y HACE AYUNOS POR NARCISO ZAMORA La iglesia empezó hacer cadenas de oración por mí para que me convirtiera a Jesús; realizaban ayunos y vigilias de oración pidiendo a Dios para que entregara mi vida a Cristo. Pensaba que ellos estaban equivocados, perdiendo su tiempo, “Yo soy católico y así moriré,” les decía. Yo no comprendo hasta ahora cómo Dios puso en los corazones de los hermanos que hicieran oración por mí, pero lo importante fue la perseverancia en la oración. Después de un mes de asistir puntualmente a los servicios Dios tocó mi corazón y abrió mis ojos y la Palabra de Dios empezó a obrar en mi y yo a tener interés en ella. Pasé siete meses asistiendo a los servicios, y empecé a amar la Palabra del Señor. Esperaba la tarde con ansiedad para escuchar el mensaje y deseaba que llegara pronto la hora del culto. Para mí las canciones no eran tan importante pero sí la Palabra de Dios. Cuando terminaba de predicar mi hermano, yo pedía que por favor siguieran una media hora más; ¡Yo la necesitaba! Siempre quedaba insatisfecho, tenía hambre de la Palabra de Cristo, no había otra cosa igual. Una noche me invitaron a decidir y aceptar a Jesús como mi Salvador, pero les dije que no estaba listo todavía.Ya había dejado de fumar, ya no me interesaban los bailes, mi vida estaba cambiando, pero no me daba cuenta. Pasaron nueve meses y era muy fiel asistiendo a la iglesia, pero aún no era cristiano. Dios estaba trabajando en mi vida y decidí que la próxima oportunidad que los


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hermanos me invitaran a aceptar a Jesús lo haría sin perder el tiempo. En Junio de 1976 llegó una misionera, Omega Vega Ríos, y nos visitó en la pequeña iglesia por cuatro días. El día 6 de junio a las 10 de la mañana empezó la clase de la Escuela Dominical, la misionera predicó y nos dio una enseñanza bíblica y enseñó unos coros muy hermosos de los que no me olvido; estos fueron:“Pon tu mano en la mano del Señor de Galilea,” “La Iglesia Primitiva ¿Dónde está?” “Yo le alabo de corazón, yo le alabo con mi voz.” A las doce del día la Hermana Omega me invitó a aceptar al Señor Jesús como mi Salvador, y yo muy alegre le dije, “Sí, quiero entregar mi vida a Jesús.” Pasé adelante y me arrodillé sobre el piso de tierra húmeda, y después de orar todos los hermanos juntos me abrazaron y ese día hubo una gran fiesta para todos. Estaba muy feliz, y gozoso, los hermanos me decían, “Ahora somos hermanos, ¡Gloria a Dios!” Fue el día más feliz de mí vida y nunca lo olvidaré. COMIENZO DE UNA NUEVA VIDA, EL PRIMER CURSO DE DISCIPULADO El encargado de la Iglesia, Hermano Delforio Coronel, invitó a los jóvenes para tomar un curso de discipulado para el bautismo en agua. Agustín, Segundo y Clemencia Coronel y yo estudiamos durante un mes las enseñanzas bíblicas. El 4 de agosto de 1976 se realizó lo que yo tanto deseaba. La iglesia en Moyobamba nos invitó a un cursillo que duró una semana, las materias fueron: Las Principales Doctrinas Bíblicas, Reglamento Eclesiástico de las Asambleas de Dios y ¿Cómo Interpretar la Biblia? Al finalizar este cursillo nos bautizamos siete hermanos en el río Alto Mayo. La misionera Omega Vega delegó al Hermano Santiago Chávez para que nos bautizara. Después de algunas alabanzas y una plática con el Pastor Víctor Laguna entramos al agua, y en el momento que era sepultado en las aguas, glorifiqué al Señor y estaba feliz por cumplir con una ordenanza bíblica y cumplir un mandato del Señor. En ese momento entendí que yo era un verdadero cristiano. Posteriormente viajaba todos los sábados desde la comunidad


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adentro de la selva hasta Moyabamba para participar con los jóvenes en los servicios de los sábados y en la Escuela Dominical, también en el culto que se realizaba en la cárcel y por la noche iba al culto de adoración en la Iglesia. Al regresar el lunes tomaba la lancha y durante el día platicaba de la Palabra de Dios con la gente que viajaba conmigo, les entregaba folletos y testificaba del amor de Jesús. Pedro dice: “Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho mas preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallado en alabanza gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo,” 1ª. Pedro 1.7. En la pequeña congregación dentro del bosque, unos de los diáconos de la Iglesia en Buenos Aires habían inventado un chisme en contra de la esposa del Hermano José y de mi persona. En pocos días era comentario de todos los colonos y lo peor del caso es que aseguraban que tenía un problema de inmoralidad. Yo respetaba a la Hermana Emelina como a mi madre y también al Hermano José Tiburcio. Ellos eran mis padres espirituales y me ayudaron económicamente y espiritualmente, me dieron hospedaje y alimentación en su hogar. El Hermano Tiburcio dijo, “El diablo quiere vernos derrotados y no podrá.” El encargado de la iglesia, sin experiencia, en lugar de ayudar a solucionar el problema causó más. Una mañana vi al Hermano Tiburcio tomar su pistola automática e ir en busca del hombre que había causado la maldad. En ese instante ingresé a la chacra de caña de azúcar y de rodillas empecé a orar gritando al Señor Jesús y pidiendo a Dios que mandara la paz y esa mañana la gloria de Dios descendió sobre mí. Dios me tocó con su Santo Espíritu y corría un fuego del Señor y una pasión por las almas y me decía que saliera, enseñara la Palabra y predicara, yo no sabía que era eso, era la voz de Dios que me llamaba para anunciar las Buenas Nuevas del Evangelio. Luego me levanté de la oración y al día siguiente decidí salir para la ciudad de Moyobamba con una carta firmada por la autoridad civil de la comunidad para presentar una denuncia en el juzgado. El Hermano Tiburcio me firmó la carta. Después de tomar el desayuno, y al saber que viajaba, los hermanos que habían cometido


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el pecado del chisme llegaron a pedir perdón, se arrodillaron en el piso y dijeron que todo era mentira. Nosotros estábamos muy heridos por este chisme; llegué hasta la casa pastoral en Moyobamba y platiqué con la misionera Omega Vega y le mostré la carta que llevaba para denunciar a los infractores. Ella tomó la carta y la rompió en cuatro pedazos, me quedé sorprendido mirándola y ella me dijo,“Los cristianos no van a la policía para ponerse a juicio.” Me abrazó, oró conmigo y me invitó a quedarme una semana en la Iglesia. Fue una experiencia maravillosa, oramos, cantamos y aprendimos de la Palabra de Dios todos los días. Cuando regresé al monte todo había pasado, nos perdonamos con los culpables de los problemas y seguimos sirviendo al Señor. Ahora tenía paz, alegría y responsabilidad de las almas que se pierden. Fue mi primera experiencia, mi primera prueba, Santiago dice, “Resistid al diablo y él huirá de vosotros.”


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¿Qu é H ac er p o r Jesucristo ?

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a iglesia en la comunidad de Buenos Aires me eligió como secretario. Tenía únicamente cuatro meses de ser cristiano y el encargado de la iglesia me invitó a predicar. Para mí era imposible pues no conocía los principios básicos de homilética, pero acepté la invitación para dar un mensaje un sábado por la noche. En mis manos tenía un folleto El Mensajero de Esperanza, impreso en Corpus Christi, Texas, aproveché para leer el folleto y saqué algunos pensamientos del texto, tome lápiz y papel y redacté lo que tenía en mi corazón. Llegó el día esperado. Subí al púlpito y leí mi mensaje que había preparado, fue la primera vez que intente predicar la Palabra de Dios. Decidimos edificar un nuevo templo y dejar la casita que estaba con telas de araña, deteriorada por las termitas (comejenes). Éramos siete hermanos varones, cada uno tenía que cortar madera, hojas de palma y traerlo desde el bosque y colocarlo en el lugar donde se estaba edificando el templo. En una tarde lluviosa, me interné en la selva para recoger las hojas de palma para el techo de la iglesia, tomé una cierta cantidad de hojas desde el piso y alcé la soga. En ese instante sentí como que una espina me había hincado. Dejé las hojas, alcé mi mano y me di cuenta que era una hormiga isula; estaba prendida en mi dedo de la mano derecha. Luego la desprendí y le corté la cabeza con el machete, cargué las hojas y salí rápido, llegué a la casa y hablé con el Hermano Tiburcio y le dije que me había picado una isula. Rápidamente me colocaron una inyección para bajar la fiebre y también el dolor, la dolencia me duró 48 horas, fue un dolor inexplicable, que se produce en las axilas, el corazón, la cabeza, luego hay dolor en la ingle y una fiebre muy alta.


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Después de mucho trabajo terminamos la edificación del templo. Los Hermanos Tiburcio y Raquel construyeron el púlpito y las bancas de madera de cedro. Teníamos campañas de oración, pasábamos vigilias, días en ayuno y oración; el Señor era glorificado. La iglesia acordó organizar un programa especial para Navidad y la responsabilidad cayó sobre mí; acordamos pasar esta fiesta espiritual todos los hermanos juntos. El Hermano Tiburcio preparó algunos números especiales, juegos sociales y cantos, me dieron la responsabilidad de hacer el programa. Al iniciar el mes de Diciembre me sentí mal de salud, tenía fiebre y era así todos los días. Al principio parecía que era un resfrío muy fuerte pero pasaron 10 días y mi estado de salud se fue deteriorando día tras día. La enfermedad era la fiebre amarilla, después de 15 días no podía moverme, perdía el conocimiento por la fiebre tan alta. El Hermano Tiburcio me aplicaba inyecciones y me daba medicina diariamente. La Hermana Emelina me preparaba agua de hierbas y sopa de algunas verduras. No podía comer, mi cuerpo se debilitó mucho. La fiebre no se quitaba. Yo esperaba morirme en cualquier momento, los hermanos oraban por mí pero para Navidad ya no podía pararme. Pero en enero de 1977 Dios me levantó, después de un mes de enfermedad, mi cuerpo temblaba, alzaba mis ojos para mirar y se obscurecía todo, Dios me había sanado. El Hermano Tiburcio me colocó inyecciones de complejo B12 y calcio. Cuando ya estuve mejor de salud salimos a cazar animales a la selva. Aprendí muchas cosas maravillosas en ese lugar. Más tarde por intermediación de la familia Coronel Alarcón adquirí un terreno de 15 hectáreas con plantas frutales y un bosque virgen para talar esos árboles. ACCIDENTES EN LA SELVA El joven Bautista salió por la mañana con su hacha en los hombros, con su machete en la mano y su escopeta para terminar de cortar unos pocos árboles que le habían quedado del día anterior; solamente pasó 30 minutos de haber estado trabajando, entonces el joven sufrió un accidente, un árbol cayó sobre su pierna y lo que-


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bró debajo de la rodilla. Cuando nosotros corrimos con inyecciones para detener la hemorragia y colocar otras para el tétano, el joven estaba sin su pierna solamente se veía los huesos y pedazos de carne, goteaba la sangre. Él luego fue trasladado al hospital en una lancha especial (deslizador). Otro caso que tuvimos que atender fue una noche en que la lluvia caía y los ríos crecían su caudal. Escuchamos un grito dentro del monte y decía, “Don Tiburcio, ¡Auxilio necesito ayuda se mueren mis hijos! ¡Por favor sálvenos!” Habían pasado 15 días que la familia Tapia había perdido al jefe del hogar en un accidente. Era el Señor Alfredo, quien se había ahogado en el río Alto Mayo y esa noche estaban todos los familiares reunidos. Sus dos niños, de 12 y 13 años, al regresar de la escuela el día anterior por la tarde comieron frutos que estaban alrededor del camino y estos contenían veneno y a media noche pedían ayuda por que los niños estaban dejando de respirar, se habían envenenado. Estaban botando espuma por la boca y su piel estaba morada. El Hermano Tiburcio y yo salimos en su auxilio llevando gotas, inyecciones y pastillas contra el veneno de animales y plantas, pero llega-mos tarde, todo fue inútil, encontramos al niño mayor que acababa de morir y el menor respiraba muy lento, estaba en su minuto final alcanzamos en darle las gotas, luego decidimos llevarlo al hospital. El Hermano Tiburcio cargó al niño mayor muerto y yo cargue al otro niño y salimos entre la lluvia por medio del bosque caminando hacia el puerto para viajar de emergencia a Moyobamba. Después de medio kilómetro el niño se estiró con fuerza sobre mi espalda, respiró muy fuerte y se murió. Yo grité a todos. “¡Se murió el niño!” Su madre y su hermana se cayeron dentro del barro llorando desesperadas, cargamos a los niños muertos hasta el puerto y los embarcamos en una lancha que la familia rentó para llevar hasta la morgue de Moyobamba con un papel que le dio el teniente de la comunidad para que la familia no tuviera problemas con las autoridades del hospital. Era un testimonio real, después de todo lo que pasó con la muerte de Alfredo Tapia, lo habíamos buscado durante tres noches alrededor del río y luego ser


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testigo del joven que perdió su pierna y la muerte de estos niños inocentes.Yo le tuve un poco de miedo a la selva amazónica. EL GRAN DÍA DE LA DECISIÓN En Febrero decidí viajar a la capital de Lima para prepararme en el Instituto Bíblico y servir a mi Señor Jesús. Aprovechando este viaje visitaría a mis padres y así también testificarles de Jesús. Anuncié a la iglesia sobre mi decisión y pedí oraciones, dejé encargado mi terreno al Hermano Tiburcio. Llegó la hora de despedirme con dolor en mi corazón abrace a mis hermanos y salí hacia el puerto, una hora de camino. Escuché el sonido de un motor. Me preparé para ver si era una lancha o bote; miré a lo lejos un pequeño bote que se acercaba con techo de zinc. Alcé la mano y el motorista paró. Subí al bote con mucha pena, mis ojos se llenaron de lágrimas, ya que ese lugar fue muy especial para mí, y estaba dejando la tierra en que yo conocí a Jesús, El Rey de reyes y Señor de señores. Después de surcar ocho horas por el río Mayo, llegué a la casa pastoral en Moyobamba donde vivía la misionera Omega Vega. Me quedé allí una noche y pedí oraciones por mi decisión de estudiar en el Instituto Bíblico y también por mi viaje. La misionera me dio muchos consejos que yo necesitaba. Salí el día siguiente por la mañana en un auto hacia Rioja. Allí compre un ticket y a las cuatro de la tarde llegó el avión desde Tarapoto. Subí a la nave, y en una hora y cinco minutos llegué a la ciudad de Chiclayo. Esa noche me quedé a dormir en esa ciudad, al otro día viaje para Santa Cruz para visitar a mis padres y decirles que Jesús es el Salvador del Mundo. Viajé en un camión todo el día, me quedé a dormir en esta ciudad y el día siguiente viajé a pie por ocho horas. Llegué en la tarde muy mojado a mi pueblo, le di las noticias a mis familiares y todos los de casa de mi padre que yo era cristiano. Ellos se molestaron conmigo. Pasé la noche allí y por la mañana empecé a cantar algunas alabanzas, los vecinos dijeron ha llegado un diablo a casa de don Marcial. Mis padres y hermanos dijeron, “Oh, dicen que los evangélicos


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adoran a Satanás y a los cabritos,” hubo mucho desprecio, burla, y también dijeron, “Los evangélicos son Moros.” Mi espíritu estaba muy contristado, no les di importancia. Opté por salir pronto de la casa y viajé por la cordillera cantando y alabando a mí Señor, mientras caminaba cargando un paquete de folletos. Llegué a Hualgayoc, una ciudad minera que está a tres mil metros sobre el nivel del mar, allí dormí esa noche y continué mi viaje hasta Cajamarca. Por la mañana tomé el bus y aprovechando el viaje repartí folletos a todos los pasajeros. Luego se acercó un caballero y me hizo muchas preguntas, me dio un sermoncillo; era Testigo de Jehová. Solo testifiqué lo que Jesús había hecho en mi vida. Llegué a Cajamarca esa tarde y asistí a la iglesia Rosa de Sarón. Allí el pastor me dió un prospecto del Instituto Bíblico en Lima y me animó a estudiar Teología. Y me dijo, “Estaré orando por ti, prepárate para servir al Señor Jesús.” Llegué a casa de un tío en Lima, permanecí por una semana, les comenté que era cristiano evangélico y su carácter y su comportamiento cambiaron inmediatamente. Ellos dijeron que no querían tener evangélicos en su casa, porque creían que los evangélicos adoran a Satanás y que los católicos con todas sus imágenes colgadas en sus templos y en sus casas eran santos. La Biblia dice que los que adoran a imágenes hechas por los hombres adoran a Satanás, (1ª. Corintios. 10:19-20). Encontré a mi hermano menor Orlando, caminaba con muletas pero después de cuatro años en el hospital, pudo nuevamente caminar.Yo lo amaba mucho a mi hermano y también platiqué con él y le pregunté si deseaba seguir estudiando para terminar su primaria. Él dijo que le gustaría y lo matriculé en un colegio cerca de la casa donde vivía. Le compré su uniforme, sus cuadernos, etc. Salía a su colegio con su bastón (muleta). Salí en busca de hospedaje en alguna iglesia evangélica. Un domingo a las seis de la mañana salí con mi maleta en mano sin saber que hacer y a donde ir. Caminé por las calles polvorientas de Mirones Bajo y Carmen


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de la Legua en el Callao, buscando una iglesia evangélica. Eran las 10 de la mañana y encontré a un señor con su escoba parado junto a la vereda. Me detuve y le pregunté, ¿Dónde hay una iglesia evangélica? Él me dijo, “Esta es.” Me alegré mucho. Le conté todo mi problema y lloré porque era despreciado por muchos. El hermano dijo, “Puede quedarse aquí y le daremos una habitación para dormir.” Muy alegre acepté y ya tenía casa donde dormir, pero no tenía donde comer y saciar mi hambre. Por 25 días no comí y solamente tomé agua. Salí a buscar trabajo caminando por distintos lugares de Lima. Un día después de caminar por muchas horas me senté en una banca de un parque y cuando alcé mis ojos a mirar los edificios todo se me oscureció y no pude ver más. Me caí de la banca en la que estuve sentado, no podía levantarme, en ese momento yo empecé a blasfemar contra el evangelio, y porque mis amigos y parientes no me aceptaban por ser evangélico. Luego pensé mejor sería si yo me hubiera quedado en la selva amazónica y me pregunté, ¿Para qué estoy aquí en Lima?No tenía trabajo, no tenía comida, sin dinero. ¿Qué hacer? Luchando en esa difícil agonía, miré un letrero que decía, “La Historia de Moisés.” Me paré y caminé hasta donde estaba el letrero. Era un cine que estaba proyectando los Diez Mandamientos, me uní al grupo de gente que pasaba e ingresé al cine. Después de mirar la historia de Moisés, sus luchas y su victoria en el Señor, caí de rodillas y pedí perdón a mi Señor y dije, “Ayúdame Señor!” Al día siguiente me presenté al Instituto Bíblico (IBAD) en el Callao, me entregaron unos formularios y solicitud para llenarlos, después presentarlos a la secretaria y tener una entrevista con el director para el ingreso. El sub-director me dijo, “Regrese en una semana más y veremos si usted ingresa, y luego se le dirá lo que tiene que hacer.” Pasó una semana, regresé y la secretaria, la Hermana Maria Sandoval me dijo, “Bien Hermano Zamora, el director ha aceptado sus documentos y su solicitud por lo tanto tiene que matricularse.” ¡Oh que alegría fue para mi saber que iba a estudiar teología! Pero tenía un problema, me encontraba sin dinero y necesitaba para la ma-


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trícula, comprar los libros y pagar la mensualidad. Encontré un primo de mi padre, Pedro Dávila, y le conté que deseaba estudiar teología y pedagogía; él me dijo, “Te felicito sobrino.” Estas palabras me animaron mucho y él me prestó 300 soles para iniciar mis estudios. BIENVENIDOS A CLASES Después de ocho días, ingresé al Instituto Bíblico, recuerdo era el primero de abril de 1977 y por la tarde salí por la avenida Faucett y encontré trabajo en una fábrica de Crisoles (estos eran hechos para probar plomo en los laboratorios de los centros mineros). Estudiaba por la mañana y trabajaba por la tarde. El resultado de todo este esfuerzo, al poco tenía principios de tuberculosis. Recuerdo que mis compañeros oraban por mí y por otro de mis hermanos estudiantes; Moya. Dios en su Misericordia me restauró la salud. Mi compañero Moya tuvo que viajar al Cuzco por causa de su enfermedad; él también tenía tuberculosis. Ingresamos 35 alumnos entre hombres y mujeres para el primer año. Después de dos meses de trabajo uno de mis profesores el misionero Gene Steel y su esposa Betty, me llamaron después de terminada la clase de Teología Sistemática y me dijeron, “Hermano Narciso, queremos hablar contigo,” Salimos en su auto al centro de Lima para almorzar en la esquina de Nicolás de Piérola frente a la Plaza San Martín, un bonito restaurante. Mientras almorzábamos me dijo, “Quiero ayudarte y voy a pagar dos meses de tu pensión, pero tienes que dejar el trabajo y Dios te suplirá todas tus necesidades.” Así lo hice, conforme al consejo de mi profesor, dejé el trabajo y me interné en el Instituto Bíblico. HORARIO ESTRICTO Y COMIDA RACIONADA En el Instituto Bíblico el horario era muy estricto y riguroso, sonaba el timbre a las 5:30 de la mañana para levantarse, lavarse las manos y cara, etc., luego de rodillas, orar por 40 minutos, a las 6:10 por la mañana sonaba el timbre para hacer las asignaciones, estas eran trabajos dentro del plantel: servicios higiénicos, capilla, oficinas, comedor, cocina, y los pabellones, etc. Al tocar el timbre todos los


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estudiantes teníamos que dejar la escoba y otras herramientas de trabajo para lavarnos las manos y hacer fila para el desayuno, todos los varones por la puerta norte y las señoritas por la puerta sur. El desayuno era un pan con una taza de leche con avena y un plátano, 15 minutos para tomar desayuno luego a cambiarse y ponerse el uniforme – un traje con corbata – para entrar a las clases. A los jóvenes que les tocaba trabajar en la cocina durante una semana tenían que dejar todo limpio, tanto el lavado de la vajilla como las ollas. A las siete por la mañana pasaba lista el profesor y daba la primera clase, a las nueve de la mañana todos los estudiantes iban a la capilla para el devocional. Esta era la hora de la práctica para los estudiantes de segundo y tercer año, se tomaba en cuenta homilética, hermenéutica y literatura. A las 10:00 estábamos de regreso nuevamente a los salones de clase para continuar hasta la una de la tarde. Entonces sonaba el timbre para salir de clases y pasar hasta la habitación y dejar los libros, sacarse la corbata, etc., y pasar al comedor para el almuerzo. Siempre hacíamos la misma fila con una charola (azafate) en la mano para recibir la comida, por una hora podíamos sentarnos y platicar como almorzar. El menú consistía de sopa de verduras y un segundo de arroz con pescado o tallarines y camotes. Este era el menú de todos los días, los domingos tallarines con pollo y verduras. Después de almorzar teníamos una hora de descanso y luego hacer más trabajos, limpiando el edificio, pintando o trabajos en la huerta, etc. Las señoritas a limpiar las verduras para el siguiente día y dejar limpias las ollas. A las cinco de la tarde sonaba el timbre para cenar, todos a la fila nuevamente con la charola en la mano. Después de la cena a las siete de la tarde todos los estudiantes de tercer año se reunían en uno de los salones para estudiar, hacer las tareas y otros a la biblioteca. A las 9:45 sonaba el timbre y todos los estudiantes se retiraban del salón, algunos a platicar, otros a reír un poco y otros a tomar café. A las 10 de la noche todos tenían que dormir con las luces apagadas. De lunes a sábado se estudiaba, no había feriados, y los domingos


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todos los estudiantes debían asistir a las iglesias, algunos iban a predicar, otros iban a enseñar en la Escuela Dominical, y otros a evangelizar en el área. CAMINO AL APOSENTO A las 11 de la noche empezaban el desfile muy silenciosamente los alumnos varones desde sus dormitorios camino al aposento a 90 metros de distancia. Una casa de construcción antigua y pequeña toda la noche los estudiantes pasaban de rodillas orando en el aposento, allí lloraban y gritaban en la presencia del Señor. Cada uno tenía múltiples necesidades, unos salían y otros entraban para orar; una banca ancha fue el lugar de los lamentos y fue allí donde cientos de estudiantes tuvieron un encuentro real con Jesús. Pasaron los meses en el internado y no tenía dinero para pagar mi pensión mensual, no tenía a quien pedir y decirle que me ayudaran. Fue cuando conocí el lugar de los lamentos, fue allí donde por tres años le lloré y clamé a mi Señor que Él supliera mis necesidades y derramé mi corazón pidiendo a Dios su ayuda. Mi necesidad fue apremiante y se acumulaba una deuda en la oficina, entonces decidí pedir permiso al director y salía a vender revistas y libros durante tres horas diarias por el centro de Lima. Caminaba por las calles y visitaba restaurantes para ofrecer las revistas y libros. Algunos días fueron de bendición, otros no se vendía nada, esto me preocupaba. ¿Que hacer? Coloqué un plástico en la Avenida Emancipación y Abancay sobre el plástico puse libros y revistas e invitaba a la gente para comprar. Al finalizar el año escolar tenía una deuda de tres meses atrasados de la mensualidad y el director me llamó a la oficina. Yo temblaba al caminar y pensaba que decirle. Él me dijo: “Hermano Zamora, usted esta comiendo su comida de los demás jóvenes. ¿Hasta cuando cancelará su cuenta? O ¿quiere dejar el Instituto Bíblico? Las puertas están abiertas.” Yo le pedí que me tuviera paciencia que pronto lo cancelaría. Tenía mucha vergüenza pero quería continuar mis estudios. Salí de vacaciones y viaje a la zona andina del Perú a un centro minero “Raura,” a 4.000 metros sobre el nivel del mar, por dos meses ayudé


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a la iglesia y Dios me bendijo al regresar al Instituto Bíblico para continuar mis estudios. Cuando regresé pasé a la oficina y cancelé toda mi deuda atrasada y aún cancelé tres meses por adelantado. El Director Rev. Ernesto Sandoval me felicitó y me dijo, “Dios te ayude y sigue adelante.” No conocí feriados mientras estudiaba, los domingos todos los estudiantes salíamos a las iglesias, la dirección daba un formulario para llenar de acuerdo a las diferentes actividades que desarrollaba el estudiante fuera del plantel y luego lo entregabamos a la secretaría esa noche o el lunes por la mañana. El formulario tenía que estar firmado por el pastor de la iglesia a la cual asistimos ese domingo. UNA SORPRESA La Hermana Omega Vega R., mí madre espiritual, me ayudó económicamente para pagar cuatro meses más de la pensión de mis estudios, alimentación y libros, le escribí inmediatamente agradeciéndole y le pedí que me escribiera pero no tuve respuesta ese año de 1978. Felizmente llegamos a diciembre. Para Navidad salimos a vacaciones. Salí con literatura para vender entre los hermanos de la costa norte del Perú, visitando iglesias predicando y llegué hasta la selva amazónica para visitar a mis hermanos donde me había convertido a Jesús. Cuando llegué allí en enero de 1979, los hermanos Coronel Alarcón me recibieron muy contento y feliz y muy alegre. Allí me quedé predicando durante un mes, Dios me usó en una forma maravillosa, hubo almas que aceptaron a Jesús como su Salvador Personal. Predicaba en la iglesia, en los hogares y al aire libre en el parque. Veía a la gente que se arrodillaban y aceptaban a Jesús, Dios usó su Palabra en gran manera y estoy muy agradecido a mi Señor. Durante tres años trabajé en la cárcel con la Cruzada Carcelaria y los internos aceptaban a Jesús. También en el hospital y en el mercado tomaban la decisión de aceptar a Jesús. Pido a Dios que ahora también use su Palabra donde sea predicada. En febrero de 1979 viajé por primera vez a la tribu de los Aguarunas (tribu nativa), en San Rafael, Morroyacu y Shimpiyacu. Me acompañó el Hermano Delforio Coronel. Llevamos machete,


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escopeta, cama para dormir en el camino y en la tribu, olla para cocinar, chancaca de caña de azúcar, fósforos, una tela para usar de mosquitero. Salimos de la casa a las cinco de la mañana. No había camino, solamente un trecho por donde van los cazadores. Dentro de la selva había árboles tan grandes hasta de 50 metros de altura y no se veía el sol. Viajamos todo el día, estábamos cansados y cómo a las cinco de la tarde construimos la cama para dormir. Arriba sobre los árboles, a tres metros de alto, lo cubrimos con hojas de palma tomando la forma de una casa y allí dentro colocamos el mosquitero (una tela parecida a una malla), luego una hojas sobre las maderas, colocamos la frazada y a dormir. Por abajo, en el piso caminaban animales durante toda la noche y muchos de ellos eran fieras salvajes. El Hermano Delforio estaba listo con su linterna y su escopeta. A las cinco de la mañana empezamos a arreglar las cosas para emprender el viaje nuevamente. Bajamos de los árboles y prendimos fuego para hacer el desayuno, la chancaca remplazó el azúcar y en lugar de pan llevamos harina de maíz tostada, una pava salvaje que mató el Hermano Delforio nos sirvió de carne para el almuerzo. Continuando con el viaje: El segundo día llegamos al río Yurayacu, el Hermano Delforio dijo, “Creo que ya estamos cerca.” Pusimos piedras para nombrar el lugar y a las 3:30 de la tarde estuvimos llegando a Morroyacu, una aldea de la tribu con unas 12 familias. Me alegré al llegar a la tribu y ver el sol, porque estuvimos casi dos días bajo las sombras de los árboles. Pero cuando llegamos, los niños, jovencitos, hombres y mujeres se escondieron y entraron a sus cabañas. Solamente salió un hombre bajo para recibirnos llamado Haches, era el líder de la tribu. Durante todo el camino tuvimos miles de mosquitos y zancudos como compañeros fieles – tantos que parecían una mancha negra detrás de nosotros.También habían muchos loros, monos, pavos salvajes y una variedad inmensa de aves, víboras de hasta tres pulgadas de diámetro y tres metros de largo. El hermano los mataba con su escopeta.


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UN CALUROSO ENCUENTRO Gracias a Dios llegamos a la primera tribu, salió a recibirnos el líder quien tomó en sus manos un cuerno y sopló muy fuerte para llamar a toda la comunidad para que se reunieran a escuchar el mensaje de la Palabra de Dios. Después de tocar el cuerno, nos hizo pasar a la casa y nos dio un tronco de madera para sentarnos y nos invitaron mazato. Era un jugo de yuca molida sobre un tronco y colocada en una tinaja y para fermentarla las mujeres masticaban la yuca y la escupían dentro de la tinaja para que se fermentara rápido. Luego nos la dio para tomar en un vasija de barro. Esa es la primera prueba, si tomabamos seríamos bienvenidos. El mazato es muy agrio. Luego cruzamos el río y a una hora más de camino, llegamos a la aldea de Shimpiyacu viajando junto con el líder de la tribu anterior. Nos recibió un hombre de baja estatura, era el líder de la tribu de esta nueva comunidad. Luego llamó a la tribu, el cuerno parecía una trompeta así él pudo comunicar a toda la tribu sobre nuestra llegada. Esa noche descansamos allí y al día siguiente predicamos y enseñamos la Palabra de Dios. La tribu suspendió sus trabajos todo el día. Toda la tribu aceptó a Jesús como su Salvador. La comida era carne asada y frutos del monte asados sin sal ni aceite. La comida se colocaba sobre un tronco y el fuego se sacaba de una caña brava con un adorote, que es una rama de un árbol que se tenía que frotar muy fuerte hasta que salían chispas y así se prendía el fuego. El arma para cazar de los aguarunas era una caña con un pedazo de madera muy delgada y en la punta tenía un pedazo de algodón donde llevaba el veneno; esta se sopla con la boca y con fuerza el veneno contamina la sangre del animal en segundos y lo mata, después de unas horas el veneno se disuelve y ya no es dañino para el hombre. Para ahuyentar a los zancudos prendían fuego colocando troncos muy pesados con la finalidad de hacer humo y que cubriera la casa para poder así dormir por la noche. Durante una semana prediqué y tuve clases bíblicas con la tribu, enseñando a orar, cantar alabanzas a Dios.Tres aldeas tribales se convirtieron a Jesús: Shimpiyacu, Morroyacu y San Rafael; estaba tan


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cansado, agotado por el trabajo de estar de pie todos los días desde las nueve de la mañana hasta las cinco de la tarde. Se trabajaba sin horario y así mismo para la alimentación no hay horario ni ración; se podía comer las veces que la persona deseaba y a cualquier hora, servían carne ahumada asada y frutos asados todos los días; ellos no conocían los utensilios de cocina ni de comedor. Esta es una alabanza en aguaruna: Tatayusa mina anentui Dega Tatayusa mina anentui Dega Tatayusa mina anentui Dega Tatayusa mina anentui Tatayusa chichame tawai atus. Cristo me ama Sí Cristo me ama Sí Cristo me ama Sí Cristo me ama La Biblia dice así. Este fue el primer coro de alabanza que aprendimos con los aguarunas. Estuve muy emocionado al ver a la gente de la tribu aceptando a Jesús todos de rodillas – pequeños y grandes, mujeres y hombres con un poco de cubierta en su cuerpo y los jovencitos y niños desnudos. Todos arrodillados orando y recibiendo a Jesús, ¡qué maravilloso! Luego regresamos con mi compañero hasta Buenos Aires para participar con los hermanos en la iglesia, y de allí viajé a Tarapoto para conocer una pequeña congregación de las Asambleas de Dios. Después de pasar unos días juntos y predicando los hermanos me compraron un boleto para viajar en avión a Lima de regreso al Instituto Bíblico. Mientras estudiaba tomé una pequeña congregación para pastorear en Carabayllo, en el Km. 18 en Lima Norte. Por las mañanas estudiaba en el Instituto Bíblico y por las tardes podía salir a la igle-


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sia en ese lugar para ministrar. AÑO DE DECISIÓN - ADIOS AL IBAD Era mi último año en el Instituto Bíblico y para hacer mis prácticas en la iglesia, y esto me ayudó mucho. En diciembre de 1979 tenía que graduarme y la Hermana Omega Vega me envió $15 para comprar mi traje (terno) para mi graduación. Por primera vez usaría un traje nuevo. Durante tres años había usado un traje que compré roto los filos y lo usé para predicar, visitar las iglesias también en el Instituto. Los zapatos me los obsequió un matrimonio cristiano y los cuidé mucho para que no se rompieran y me sirvieran durante los tres años. En ese mismo año conocí a Udelia con quien me casé antes de graduarme del IBAD. Llegó en diciembre, esperando el día de la graduación, estaba muy emocionado y feliz porque había llegado a la meta. ¡Qué privilegio saber que usaría la toga para la graduación! La toga era un vestido de color vino. Por varios meses todos los graduandos nos preparamos y los compañeros de los otros cursos o años arreglaron el proscenio detrás del pabellón de los varones. Se invitaron a las iglesias de Lima para la ceremonia. LA CEREMONIA Se ubicaron en el proscenio en el siguiente orden: El primer año, luego segundo año y los graduandos en la parte posterior, la Hermana Isolina de Sandoval, Directora de música, dio inicio al programa con cánticos, oraciones, lectura bíblica, y la presentación del coro del IBAD. La promoción “Fuego Misionero” presentó un himno alusivo a su lema. El mensaje de la Palabra de Dios fue presentado por uno de los estudiantes. El campo de deportes del Instituto estaba lleno de gente que asistieron a la ceremonia de graduación. Luego la adrenalina se dejó sentir en todo mi cuerpo, mi corazón palpitaba de emoción, llegó la hora de la graduación. El Director Ernesto Sandoval pasó adelante y después de algunas


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palabras de ánimo, exhortación empezaron a pasar los jóvenes y señoritas de acuerdo a un orden de lista. El director tomaba la cinta y en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo nos graduaba y nos entregaba el diploma. ¡Victoria en Jesús! Al terminar la ceremonia entre la multitud ví a mi esposa y una pareja de caballeros que se acercaron hacia mí para felicitarme, era mi tío Pedro Dávila el hombre que me prestó 300 soles para iniciar mis estudios. Habían pasado tres años; junto con un amigo me abrazaron, y des-pués de algunas fotos salimos. Mi Tío Pedro tenía una sorpresa para mí. Al término de la fiesta tomamos un taxi hasta la avenida Alfonso Ugarte en Lima y me invitó una comida especial en un restaurante, fue un banquete, ¡qué emoción! El dijo, “Primera vez que asisto a una reunión Cristiana Evangélica y por primera vez que he visto una graduación como ésta, fue una linda ceremonia, me gustó mucho, te parecías al monje Martín Lutero.” Desde ese momento estuve listo para la batalla. Yo me sentí muy emocionado al ver a mi tío Pedro en mi graduación, luego regresé al día siguiente para despedirme de mis amigos y fieles hermanos de estudio; todos teníamos que salir a la gran lucha para ganar las almas para Jesús, durante 25 años no he podido ver a ninguno de mis ex compañeros, oro para que Dios los siga bendiciendo en la obra que Él nos llamó a realizar. Dejé la iglesia en Carabayllo para iniciar una nueva iglesia en Collique. Trabajamos con mi esposa y con el Hermano Stefano Palmisano, un predicador italiano sobreviviente de la segunda Guerra Mundial. Dios nos bendijo en poco tiempo y tuvimos una congregación, y organizamos una campaña evangelística. Una noche no llegamos a casa, unos delincuentes rompieron las puertas de la casa y se robaron todo lo que encontraron en casa en un camión. Se llevaron el comedor, cocina, muebles de los dormitorios y la sala – hicieron una mudanza, no nos dejaron nada. Cuando llegamos el día domingo después del servicio, nos encontramos con la sorpresa de ver la casa vacía, nos prestaron frazadas de un vecino para dormir esa noche. Nos arrodillamos para orar y decirle al Señor lo que nos había pasado, fue muy duro, triste y difícil de aceptar.


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O rand o y E s p erando en El Señor

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a iglesia de las Asambleas de Dios en Tarapoto, región amazónica, me invitó para pastorear.Yo había estado orando y esperando en el Señor para hacer Su voluntad y decidir dónde debíamos trabajar su viña. Al saber que había una iglesia que nos necesitaba no dudamos que ésta era la voluntad de Dios y pronto arreglamos las maletas para viajar. En el mes de marzo de 1980 salimos de viaje con mi esposa. Ella llevaba en su vientre a Gerson. Tuvimos que viajar en un camión que llevaba verduras para Rioja. Llevamos un colchón para descansar en el camión y teníamos que turnarnos medio día junto al chofer, sentados uno y otro arriba sobre el colchón acostado. Viajamos en ese camión por cinco días y cinco noches. Llegamos a Rioja a las siete de la tarde muy cansados.Ya estaba oscuro y el chofer nos llevó hasta la casa del Teniente de la Policía Nacional Percy Quiroz. María, su esposa, nos recibió en su casa y platicamos con el teniente y participamos esa noche en un culto que realizaba con una familia. Al día siguiente continuamos el viaje para Tarapoto en una camioneta pequeña. Llegamos a las tres de la tarde, mi esposa se quedó en el Mercado Mayorista cuidando las cajas y yo salí para ver al Hermano José Martínez Encinas; fue una sorpresa para ellos cuando llegué a su casa. Salimos para ver a mi esposa, nos llevaron a su casa y nos hospedamos por una semana con ellos, mientras conseguíamos un apartamento para vivir nosotros. Un hermano joven, Segundo Shalamaus, nos rentó una pequeña casa que no estaba habitada, pero tuvimos que limpiar las telas de araña y arreglar todo para habitarla. En ese lugar inició el vía crucis de mi esposa. Ella lloraba todos


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los días por los zancudos que le picaban todas las piernas y brazos. Por las noches teníamos que colocar un mosquitero arriba de la cama para que no entraran los zancudos, mosquitos, arañas y lagartijas que caminaban por toda la casa, y así poder dormir. Además hacía un calor de 38° grados de temperatura día y noche. La pequeña iglesia contaba con 11 hermanos, no había jóvenes solamente los niños, hijos de los hermanos. Ellos ofrecieron ayudarnos con 16 mil soles, era una ofrenda mucho menor que la de un obrero. Dios tenía que sustentarnos y así creíamos nosotros; aceptamos y empezamos a trabajar con ayuno y oración. Salíamos a pie con un grupo de hermanos al campo a una hora de distancia donde el Hermano Gilberto nos prestó su cabaña adentro del monte. Llegamos a las nueve de la mañana e inmediatamente iniciamos nuestra labor orando, cantando, adorando y enseñando la Palabra de Dios. Este fue un programa de dos días de ayuno y oración, tuvimos experiencias formidables y misteriosas que nunca más se han repetido durante el resto del tiempo en mi ministerio. Le pedimos al primer diácono, el Hermano Jaime Gómez, profesor y director del colegio secundario en Morales, que permaneciera en la puerta para orar. Durante el día oramos sin descansar y a las tres de la tarde del primer día cuando iniciamos nuestro servicio con alabanzas y nuevamente a orar de rodillas, de repente escuchamos que caían piedras sobre el techo de la casa, ya que el techo era de hoja de palma no hacía mucho ruido, pero molestaba. El Hermano Jaime se paró a mirar que pasaba, y mientras el grupo seguía orando, él vio a un niño con una cabeza grande, ojos demasiado pequeños con los brazos y piernas muy delgadas, en realidad el vio un monstruo pequeño, y cuando él lo miró por segunda vez éste le cerraba los ojos y lo llamaba. El Hermano Jaime se arrodilló puso sus manos en su cabeza y oraba con todas sus fuerzas reprendiendo al diablo, después de que terminamos de orar el Hermano Jaime dio testimonio de lo que acababa de mirar y que este demonio tiraba piedras arriba de la casa. Nosotros usamos la Palabra de Dios y luego todos reprendimos en el nombre de Jesús con todas


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nuestras fuerzas y muchos de nuestros hermanos gritaron. Habían pasado rápidamente las horas y eran las 10 de la noche y todo era una tranquilidad y paz a esa hora, mientras los hermanos daban testimonio de la gloria de Dios. Dios nos dio la victoria, todos los hermanos terminamos de orar juntos a las 11 de la noche y decidimos descansar. Un grupo subió a la parte alta de la casa y otro grupo se quedó en la parte baja, acordamos que los hermanos que se despertaran temprano podían iniciar la oración y los que desearan seguir durmiendo que lo hicieran. A las cinco de la mañana del día siguiente un grupo se arrodilló en el mismo lugar donde estaban durmiendo y empezaron a orar e inmediatamente me uní a la oración junto con mi esposa. Mientras estábamos en oración tuve una visión. Pude ver a la iglesia alrededor mío y estaban todos los hermanos escuchando lo que predicaba la Palabra de Dios, en pocos minutos vino un toro negro y dispersó a todos los hermanos. Algunos corrían por el bosque, otros por la montaña y solamente dos hermanos corrían delante de mi; el toro me perseguía y corrimos por un camino muy pedregoso, con árboles a los costados; corrimos de tal manera que yo me salí del camino y no vi mas a la pareja que iba delante mio. Al salir fuera del camino pude descansar y mirar los campos muy lejanos llenos de trigo amarillo, pude ver las maravillas de Dios y me olvidé de todo lo que había pasado y traté de caminar hasta llegar a donde estaba el trigo y terminamos la oración. Cuando me levanté de la oración, ya estaban apareciendo los rayos del sol, después de levantarnos y movernos un poco para empezar nuestro primer servicio del segundo día de ayuno y oración, empezamos a orar e inmediatamente comuniqué lo que vi esa mañana y le pedí a los hermanos que oráramos para que Dios limpiara la pequeña iglesia y nos diera la victoria, porque el pecado estaba haciendo daño, y todos se quedaron sorprendidos preguntando, “¿Qué pasa?”Yo lloré y solamente pude decir, “Señor danos todo el poder para enfrentar y rechazar el mal.” Algunos hermanos tuvieron problemas durante el ayuno, empezaron a vomitar, otros parecían que iban a morir en unos minutos, luego todo el grupo se unió en oración con mucha fuerza hasta


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tener la victoria, el sol declinaba y a las cinco terminamos la oración y nos preparamos para regresar a nuestros hogares. Al finalizar el ayuno, llegó la Hermana Misahua Ohaquí con una de sus niñas, y traían una olla con sopa de pollo y plátanos verdes. Todos nos servimos y las seis de la tarde regresamos. Mi esposa estaba para dar a luz a mi primer hijo Gerson, él también participó de esta bendición durante los dos días. FRENTE AL DIOS DE ESTE SIGLO Después de una semana uno de los miembros de la junta directiva encontró a la esposa de uno de los diáconos de la iglesia en el acto sexual con otro miembro de la misma. El hermano usó la Biblia y les exhortó y les dijo que se arrepintieran de su pecado; la señora se arrepintió y dijo que no lo volvería a hacer más. El hermano oró y creyó que todo terminaría allí. Pasaron 10 días y en una de mis visitas pastorales pude ser testigo de que la pareja seguía en el pecado. Convoqué a la junta directiva de la iglesia y después de platicar y ver el caso llegamos a la conclusión de disciplinarlos a los dos (hombre y mujer). La directiva llamó a la pareja para darles su carta de disciplina indefinida hasta ver el testimonio de cada uno de ellos y yo retuve su credencial y el carné de miembro. Durante la semana, el presidente de los jóvenes, el teniente Quiroz, que trabajaba en Morales, encontró a la pareja con el mismo problema; él los llevó detenidos al calabozo por inmoralidad, nos llamó y platicó del caso. Nos reunimos nuevamente con la junta directiva y decidimos junto con la iglesia general expulsar a la pareja, el secretario redactó una carta de expulsión para cada uno y se la entregamos a sus domicilios. Pasaron tres días y esta pareja llegó borracha a la iglesia con un cuchillo en la mano para matar al pastor. Cuando el hombre tomado de la mano de la mujer ingresó gritando, yo estaba detrás del pulpito predicando, fue un día domingo por la noche y el hombre muy enfurecido pedía que se devolviera


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su carné. Algunos años atrás este hombre estuvo en la cárcel por delincuente y en la cárcel conoció a Jesús. El diablo se posesionó de este hombre, la iglesia se asustó y los niños gritaban. Después de un momento de suspenso, los hermanos se pararon y le hablaron al hombre; algunas hermanas empezaron a orar al escuchar a los hermanos varones y le hablaron fuerte para que no me hiriera. Luego ellos decidieron salir; yo pude pararme firme tratando de usar el pulpito como escudo y luego reprenderle y me puse a orar. La pareja salió amenazándonos que a las 10 de esa noche regresarían para recibir su carné, pero yo ya había roto los carnés y no los tenía. Pronto terminó el culto y todos los hermanos empezaron a orar de rodillas, mi esposa estaba muy asustada y yo también lo estaba. A un vecino de la iglesia que vivía al frente no le gustaba el evangelio, pero él fue testigo de todo el drama. Vio al hombre con el cuchillo en la mano, salió y dijo, “Yo les ayudo, si este delincuente regresa, yo lo mato.” Sacó una pistola y colocó las balas y estaba listo para dispararle al delincuente.Todos los hermanos estaba preocupados y ninguno salía afuera de la iglesia. A las 11 de la noche el Hermano Jaime Gómez y Alfonso Ríos salieron en una motocicleta a pedir ayuda a la policía. Mientras esperábamos en la puerta de la iglesia pasaron dos periodistas en su moto y tomaron los datos de lo que estaba sucediendo. Mas tarde llegó la policía y ellos estaban al tanto que este hombre antes de hacerse cristiano era un peligroso delincuente, por lo tanto le tenían un poco de miedo. Uno de los policías sacó su pistola y lo buscaron cerca de la iglesia para capturarlo, muy embriagados los dos habían ingresado a un bar que quedaba a dos cuadras de distancia. Un niño que estaba jugando cerca los vio y dio aviso a la policía. Los capturaron, los llevaron detenidos y los colocaron en el calabozo. La mujer después de unas horas fue puesta en libertad y el hombre pasó la noche en el calabozo. Al día siguiente en el diario en la primera plana salió, Pastor Evangélico Narciso Zamora fue asaltado por un delincuente que quiso agredirlo con un arma blanca dentro de la iglesia “Templo


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Aposento Alto.” Pasó la tormenta, el diablo fue destruido, el pecado se quitó de la iglesia y se inició un crecimiento maravilloso. Nos trazamos un proyecto de realizar campañas evangelísticas, organizar e incrementar la Escuela Dominical. Cada mes tuvimos campañas con diferentes oradores y grupos musicales y proyección de películas. Durante siete meses de trabajo la iglesia creció de 11 a 68 hermanos, se organizó un buen grupo de jóvenes y la Escuela Dominical creció. En el mes de agosto bautizamos a 17 hermanos. El reglamento eclesiástico de las Asambleas de Dios dice que un pastor egresado del seminario o Instituto Bíblico no puede realizar ninguna ordenanza o catecúmenos, solamente pueden hacerlo los pastores ordenados o con permiso del presbiterio. La iglesia pidió a través de una carta al presbítero Santiago Chávez que viniera para realizar los bautismos y la Santa Cena. Dicho pastor aceptó y por orden de él la iglesia debía salir al río de Morales ya que él llegaría directo al lugar. Salimos al río todos los hermanos llevando comida para almorzar y los candidatos listos para ser bautizados. Esperamos hasta las cuatro de la tarde y no llegó Santiago Chávez, la junta directiva nos reunimos y los diáconos dijeron, “Pastor Zamora, nosotros nos responsabilizamos por usted, por lo tanto pedimos que bautice por que ya es tarde y tenemos que regresar a casa.” Estaban un poco molestos los hermanos por esperar al presbítero que no llegó. El Hermano Jaime Gómez me acompañó para bautizar, terminamos muy tarde de realizar los bautizos e inmediatamente regresamos a los hogares y luego el servicio en la iglesia. El presbítero llegó para la Santa Cena en la noche, yo platiqué con él diciéndole que tuve que bautizar a los hermanos ya que él no llegaba y que había cometido una falta al reglamento eclesiástico por que lo hice sin permiso y que me permitiera explicar el caso en la junta regional en la sesión de pastores. Él me dijo, “Tu caso es grave.” Santiago Chávez dirigió la Santa Cena, luego se quedó a pasar la noche en casa y al día siguiente mi esposa le hizo una camisa, al tercer día regreso a Moyobamba.


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El tres de septiembre de 1980 nació mi hijo Gerson y no pude asistir a la reunión de pastores para ver mi caso, yo pedí que me dieran una prórroga para el mes de octubre. Santiago el presbítero me pidió que no me preocupara. JUZGADO Y CONDENADO La Junta Regional no supo escuchar, trataron mi caso en el mes de septiembre y decidieron disciplinarme por seis meses y me suspendieron mis actividades ministeriales; la segunda semana de septiembre llegó el presbítero Chávez y tres pastores miembros del Directorio Regional, llevaron consigo dos oficios uno para la iglesia y otro para mí, el tenor decía: 1. La Junta Regional disciplina al Pastor Narciso Zamora por cometer una falta al Reglamento Eclesiástico de la institución y que a partir de la fecha se le retira del ministerio y no podrá ejercerlo hasta seis meses después. 2. Asistirá puntualmente a las reuniones y servicios de la iglesia local, no tiene voz ni voto, solamente será un oyente. 3. Se sentará en la última banca de la iglesia sin ninguna participación. 4. Contribuirá con sus diezmos a la Junta Regional. 5. Quedará prohibido visitar a los hermanos de la iglesia. 6. No participará con otras iglesias o denominaciones. MOTIVOS 1. Por haber bautizado en aguas sin permiso del presbiterio. 2. Por cometer una falta al reglamento eclesiástico de la institución. 3. Por rebeldía, al no asistir a la sesión de la Junta Regional. 4. Por tomarse las atribuciones del presbiterio. Cuando recibí el oficio de manos de Santiago, me molesté mucho con él, porque me prometió que mi asunto sería trasladado al próximo mes para poder asistir, sin embargo adelantaron la sentencia del reo sin haber presentado su defensa.


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¿CUÁL FUE EL MOTIVO QUE LES LLEVO A TOMAR ESTA DECISION? 1. Ambición 2. Represalia 3. Temor a perder el liderazgo. Mi esposa lloró, la iglesia prometió seguir apoyando económicamente a toda mi familia, un mes recibí la ofrenda de la iglesia, luego me sentí avergonzado de recibirla sin trabajar, decidimos con mi esposa hablar a la iglesia y no recibir más la ofrenda y que ellos la usaran en otras necesidades; ellos aceptaron nuestra petición. Teníamos mucha necesidad, no tenía trabajo en ese momento y no sabíamos de que vivir, fue difícil.Tuvimos que desocupar la casa donde estábamos viviendo y buscar otra, vendimos nuestra radio, licuadora, pantalones, ropa interior y chaquetas. Trabajamos confeccionando ropa que yo salía a vender a diferentes comunidades: Alto Huallaga, El Cumbe, San José de Sisa y Santa Cruz.Viajaba en camioneta, por botes en el río Huallaga, en avioneta a San José de Sisa y a pie a Santa Cruz, hasta cuatro días salía fuera de casa para vender esa ropa, en los campos cambiaba ropa por gallinas, pavos y patos, en esa región de la selva no hay dinero, pero hay muchos animales para hacer el cambio; en varias oportunidades llené de animales la avioneta de regreso de San José a Tarapoto. Al llegar a casa de regreso con muchos animales, mi esposa se dedicaba a venderlos y comprar nuevamente tela para confeccionar y salir a vender. De todo lo que trabajamos solamente podíamos comprar frijoles y plátanos verdes, eso era la comida de todos los días, siempre confiamos que Dios nos prosperaría. Cargaba la ropa en un bolso y en un morral debajo del brazo llevaba folletos y mi Biblia. Durante los días que yo permanecía en las comunidades dentro de la selva aprovechaba para evangelizar en cada casa que llegaba, ofrecía la mercadería y luego les obsequiaba un folleto y aprovechaba para platicar de Jesús; luego les invitaba para asistir a la escuela rural por la tarde para realizar estudios bíblicos.


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Los profesores me daban hospedaje y me permitían que realizara cultos evangélicos. Mientras caminaba durante el día las familias me daban los alimentos, desayuno, almuerzo y cena, no me preocupaba de la comida, solamente tenía que predicar el evangelio. Mucha gente aceptó a Jesús en las comunidades. A raíz de esos viajes se formaron dos congregaciones en el Alto Huallaga. Repartí miles de folletos en las comunidades de la selva ya que la Compañía del Triunfo Cristiano me enviaba muchas cajas de folletos e himnarios. Dios nos ayudó para poder sobrevivir a mi esposa, Gerson y yo. El Señor nos usó para predicar el Evangelio en la Selva Peruana. Esto era la Voluntad del Señor Jesús, de enviarme a las comunidades campesinas y pueblos que estaban a orillas del río Huallaga y Amazonas. En ese tiempo no comprendíamos, solamente pensábamos que estábamos sufriendo, pero hay que seguir luchando sin dejar de predicar el Evangelio a través de la literatura. No hemos tenido vacaciones ni días de reposo, hemos predicado sin descansar, llegué a lugares donde nunca había llegado un predicador y recibieron el evangelio de Jesucristo.


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Un Día de Susto

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ue un día martes cuando salí de casa muy temprano y viajaba casi sin rumbo. Tomé una camioneta que iba hacia el Cumbe, después de dos horas de viaje llegamos a un pueblo pequeño, el chofer estacionó su vehículo en la Plaza de Armas y todos los pasajeros bajaron y cada uno caminó en diferentes direcciones y en pocos minutos todos desaparecieron, yo arreglé mi paquete, me puse mi morral de folletos en hombros y empecé a caminar. Después de cinco minutos me fui de la ciudad. El sol dejaba caer sus fuertes y calurosos rayos sobre mis espaldas, alcé mis ojos, solamente podía ver árboles alrededor. Decidí seguir caminando hasta encontrar alguna casa dentro del bosque, el camino no se veía, en unos pocos minutos me encontraba dentro de una chacra de maíz, yuca, frijoles y arvejas verdes. Traté de buscar una salida y luego ingresé al bosque, fue una tarde de mucho susto porque estuve perdido dentro de la selva y sin saber por donde salir; era ya muy tarde, estaba próximo a oscurecerse, no había almorzado ese día y estaba cansado. No encontraba salida dentro del bosque, subí a un árbol para mirar si había una casa cerca pero no se veía nada, solamente árboles, era una mancha verde y azul, me dediqué un momento a orar a Dios para que me ayudara a salir de allí. Después de unos pocos minutos escuché cantar un gallo y me paré muy silencioso, lo repitió, me alegré mucho, tomé mi equipaje y caminé en la dirección del canto del gallo. Era las seis de la tarde cuando pude salir del bosque y ver la luz del día nuevamente, ¡Qué felicidad sentía en mi corazón! Todo lo que vi en el bosque fueron pájaros, loros, papagayos, monos, y víboras que se arrastraban por el piso y también se colgaban en los árboles.


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A Dios gracias que llegué a una comunidad de 10 familias, “Nuevo Santa Cruz,” pedí hospedaje y por la noche tuvimos un estudio bíblico con dos familias que se reunieron. Esa noche me dieron lugar para dormir en una hamaca, porque no tenían otro lugar, no era permitido dormir en el piso por motivo de las víboras, arañas y las isulas. Me quedé tres días hasta vender toda la mercadería que llevaba. Durante el día visitaba a las familias y podía platicar de Jesús; mientras caminaba por el campo la lluvia caía muy fuerte y no había lugar para escapar. Tenía que mojarme toda la ropa y después que dejaba de llover seguía caminando y la ropa se secaba nuevamente encima de mi cuerpo. Agradezco al Señor Jesús porque él estuvo siempre conmigo, caminaba a mi lado, ¡Gloria a Dios! Jesús dijo, “Yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo,” Mateo 28:20. LLEGÓ EL RESTABLECIMIENTO Felizmente se cumplieron los seis meses y el presbiterio tenía que levantar mi castigo y yo podía regresar a mi lugar de trabajo (la iglesia). Nos dedicamos a orar con mi esposa y pensábamos que tal vez Dios quería que nos quedáramos a trabajar en la obra misionera, evangelizando e iniciando nuevas obras (iglesias) y no tomar el pastoreo en una iglesia ya formada. Por motivos de mi trabajo no pude asistir a las reuniones de la junta Regional y solamente enviaba mis diezmos, luego el presbítero pidió informes a la iglesia para saber si Narciso estaba cumpliendo con lo ordenado por el directorio. La iglesia informó la verdad y dijo que el Pastor Zamora llegaba solamente una vez a la semana o a los 15 días a los servicios. El presbiterio me consideró rebelde al leer el informe porque no estaba cumpliendo con los órdenes que ellos me impusieron. Optaron por no arreglar mi situación y dejarme sin levantar mi castigo, luego enviaron los documentos al distrito y de allí al Consejo Nacional. Cuando yo supe el caso, lloré y me sentí muy avergonzado; no tenía quién me ayudara, no había otro siervo de Dios para que me diera ánimo, aliento o fuerzas. Viajé por el río Mayo llevando artículos de plástico para vender


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y llegué a casa del Hermano José Tiburcio y me dijo, “Hermano Narciso, ¿Acaso es un problema trabajar sin credenciales y libre de una institución terrenal si sirves sólo a Jesús?” Es un recuerdo que no se borra de mi corazón, junto al trapiche que molía caña para hacer chancaca, me animaba y me dio un abrazo para despedirnos y yo le contesté,“Gracias mi Hermano José, así lo haré, voy a entregar mis credenciales al presbiterio y trabajaré junto con mi Señor Jesús, y sólo para Él.” Caminé una hora con mucha mercadería en los hombros porque no había vendido nada e iba de regreso muy desalentado y sin fuerzas; no tenía dinero para llevar a mi hogar y tenía que renunciar a las Asambleas de Dios y dedicarme a trabajar independientemente. Fui al puerto, esperé a la lancha que llegó surcando el río Alto Mayo, se veía desde muy lejos, era un barco muy artesanal con un techo de zinc, unas latas muy viejas, junto con animales y comida. Viajamos unas 20 personas con un motor de 16 caballos de fuerza así que viajaba muy lento y los árboles desfilaban a gran velocidad. Mientras el barquito avanzaba teníamos que permanecer dentro de esta encantadora nave por ocho horas. A la una de la tarde almorzamos. Comían sus ricos juanes (arroz con pollo envuelto en hoja de plátano), también habían juanes de yuca. ¡Oh qué deliciosos! Al llegar a Moyobamba, guardé mi equipaje en casa de los Hermanos Coronel, salí al centro de la ciudad y en una librería compré un papel y sobre para carta. Por la noche redacté una carta y dentro de ella coloqué mis credenciales renunciando a la Institución. Al día siguiente temprano pasé por la casa del presbiterio para dejar mi carta de renuncia y mis credenciales. Desde ese momento me sentí muy libre y como que una carga salió de mí. Ahora tenía que trabajar con y para mi Jesús y creía que el Señor me usaría, si yo hacía Su Voluntad. Quince días después de que yo había renunciado a la institución, llegó el presbítero Chávez para tomar la iglesia y pastorear en Tarapoto. Para mí y mi familia se iniciaba la gran escuela que Jesús tenía preparada. Si nosotros alcanzábamos a tener una buena calificación


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con el Señor Jesús entonces estaríamos listos para ser los líderes que el Señor quería. Se iniciaba un período de grandes pruebas y las pruebas traen bendición. NUEVOS CONTACTOS La iglesia del Nor-Oriente del Perú me invitó a trabajar con ellos en una iglesia pequeña.Yo tenía que viajar desde Tarapoto 30 Km. dentro de la selva; viajaba en camioneta por dos horas hasta Picota, de allí debía viajar en lancha o bote con un motor de 40 caballos por el río Alto Huallaga y surcar mas de una hora y media y de allí caminar por tres horas a pie hasta el pueblo de Sauce. Este era un lugar muy encantador, tiene un hermoso lago, hay variedad de peces, machas (conchas), un lugar muy turístico, solamente que no tenía carretera así que se viajaba en caballo o a pie. La primera vez viajé junto con el Hermano Juan García, mi esposa se quedó en Tarapoto junto con mi bebé Gerson; durante una semana me quedé en Sauce predicando y conocí la industria que tenía el Hermano García. Él trabajaba en la industria de la yuca y sacaba la fariña y la tapioca y la exportaba a Brasil. Este lugar me encantó mucho, allí no había mosquitos, zancudos, era un lugar muy limpio, solamente quedaba muy lejos. Decidí trabajar por seis meses en Sauce predicando en la iglesia Nor-Oriente. La iglesia era muy estricta y los ancianos me daban el programa y los títulos de sermones de los cuales debía predicar, ellos tenían razón, estuve saliendo de una organización de corriente pentecostal y por sus experiencias se creín los pentecostales muy desordenados. Traté de hacer lo que me indicaban, cada 15 días regresaba a ver a mi esposa y quedarnos unos dos días juntos y regresar nuevamente. Cuando viajaba desde Sauce siempre traía conmigo unos 70 kilos de machas y las dejaba para que mi esposa las vendiera en las veredas del mercado y ella les regalaba a los vecinos lo que sobraba para que no se malograran. Pasaron algunos meses en que yo no me sentía feliz, conversamos con los hermanos porque ya yo no podía seguir trabajando allí y regresé a la ciudad.


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Al llegar a la ciudad traté de buscar trabajo para estar junto con mi esposa e hijo. Conocí a tres familias de la iglesia pentecostal independiente y me invitaron para ayudarles, acepté. Solamente había un problema; estábamos en crisis económica; ellos me daban la casa pastoral para vivir, pero no tenía un trabajo y esto era un problema. ¡Qué desesperación cuando no hay dinero ni para la comida! Con el Hermano Marcelino viajamos al campo para traer yuca y plátanos verdes para nuestras familias y luego viajamos a Alto Huallaga para trabajar en la construcción de una carretera. Yo trabajaba como ayudante de topografía y por las noches asistíamos a la iglesia evangélica de la ciudad allí en el Huallaga. Podía predicar y ayudar a nuestros hermanos con estudios bíblicos, pero muy pronto terminó el trabajo y tenía que regresar a la ciudad nuevamente. Mientras yo trabajaba en el Huallaga mi esposa Udelia se quedaba cuidando a mi niño Gerson. Ella les enseñaba confecciones a tres señoritas y así conseguía algunas monedas para la alimentación. Cuando regresé encontré a mi esposa con las piernas y pies sangrando, estaba llorando por las picaduras de los mosquitos y zancudos, ella le tenía terror a las arañas que se colgaban por la casa. Un día a las ocho de la mañana llegaron frente a la casa un grupo de trabajadores que limpiaban una viña. Ellos dijeron que una serpiente se había metido en nuestra casa; nosotros corrimos para mirar a la serpiente y estaba arriba de la casa, los jóvenes trabajadores corrieron para ayudarnos a matarla. Por una semana trabajé junto a la casa haciendo adobes de tierra para vender, terminé los tres millares que me solicitaron, así que nuevamente tenía que salir de casa, la Hermana Luz visitaba a mi esposa cuando estaba sola. Esta vez viajé junto con el Hermano Javier, viajamos a Bombonaje, por el Río Ucayalí, en la selva amazónica. Preparé bastante lite-ratura y porciones bíblicas para salir al día siguiente. El lunes a las seis de la mañana salimos en una camioneta por tres horas, luego caminamos hacia el río Huallaga donde navegamos en bote a motor por una hora y de allí nos colocamos las mochilas en la espalda y caminamos por doce horas; solamente se veían árboles y animales,


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no alcanzamos a ver el sol. El primer día no teníamos agua y estábamos sin comida, caminamos hasta las seis de la tarde y cuando el día ya estaba para oscurecer llegamos donde una familia y les pedimos hospedaje. Allí solamente había tres familias viviendo, se dedicaban a criar ganado vacuno, esa noche nos invitaron la cena, una sopa de pescados pequeñitos con plátanos verdes, el pescado estaba con todos sus intestinos y era amargo, pero teníamos mucha hambre y cerramos los ojos y comimos. Nos dieron una cama de cañas para descansar, pero con el cansancio eso no importó y nos dormimos hasta la mañana. Continuamos viajando el día siguiente llegando a la una de la tarde; en el camino encontramos agua pero no comida. El líder de la comunidad nos recibió y nos dio una cabaña para dormir y la alimentación nos la daban donde trabajamos ayudando a cosechar frijoles y maíz. Durante tres noches prediqué a la comunidad. Ellos se reunieron en una capilla que tenían y muchos de ellos aceptaron a Jesús y dejamos folletos y Nuevos Testamentos. Nos dieron un mechero para dormir (una lata con kerosén y con un pedazo de tela) y un cuero de venado como cama por tres noches; nos cubrimos con nuestros ponchos que llevamos y apagamos el mechero y tratamos de dormir, pero en dos segundos una multitud de animales invadieron nuestros cuerpos y nos levantamos asustados y prendimos el mechero, eran miles de cucarachas. Para dormir nos turnamos, mientras uno dormía el otro botaba las cucarachas con una rama, por tres noches fue terror. Al día siguiente en el almuerzo nos dieron una sopa de carne de puerco con mucha grasa, era la primera vez que comía esa sopa. Ahora en esa comunidad hay una congregación evangélica que sirve a Dios, esto es una noticia maravillosa para mí. Para regresar a casa compramos 40 kilos de frijol y un hermano nos prestó un caballo para llevarlos hasta el puerto. Uno de los jóvenes nos acompañó para llegar rápido, él fue con nosotros para regresar el caballo. En el camino nos cogió una lluvia torrencial, similar a una tormenta, nos mojamos completamente el cuerpo y la ropa y nos cansamos muy rápido.Ya era tarde, gracias a Dios llegamos a la orilla del río Huallaga, pero ya oscurecía y no podíamos ver


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el camino ni la lancha que venía por el río. Estuvimos muy asustados con mi compañero, seguía lloviendo torrencialmente. Estábamos muy preocupados porque no había lugar para dormir esa noche y la lancha que pasaría a las siete de la noche no alcanzaría a vernos por la oscuridad. Inmediatamente escuchamos el ruido de un motor que se acercaba, era la lancha que estaba bajando hasta Picota. Nos colocamos junto al río y gritamos por ella dos veces, luego atracó la lancha y subimos dentro de la nave, no había lugar donde pararse ya que mucha gente llevaba carga y faltaban pocas pulgadas para que el agua pudiera entrar al bote. Gracias a Dios llegamos a Picota sin ningún problema. Picota es un pueblo de dos mil habitantes. Llegamos a las nueve de la noche y a esa hora buscamos hospedaje, no había lugar donde pasar la noche y no teníamos ropa seca. Tampoco teníamos dinero para pagar por una cama para dormir, después de caminar unas cuadras salió una señora de su casa y nos acercamos a ella y le pedimos hospedaje. Ella nos ofreció su casa para dormir, pero no había cama, y solamente un tronco (un pedazo de madera) para sentarse. Agradecimos a la señora y pasamos a una sala muy grande y nos sentamos, la ropa mojada estaba pegada al cuerpo y tuvimos que decidir pasar esa noche sentados con esa ropa. Cansados por haber caminado todo un día, nos quedamos dormidos muy rápidamente. A las tres de la mañana nos despertamos con calambres en el cuerpo. La ropa ya estaba casi seca con el calor del cuerpo, y llegó felizmente la mañana. Temprano salimos a buscar una camioneta que salía para Tarapoto. Salimos a las siete de la mañana y llegamos a casa al medio día. Estábamos muy agradecidos con el Señor por su cuidado y ayuda oportuna. Mi esposa Udelia colocó un pequeño letrero, “Se enseña Corte y Confección.” Nuestro Dios nos bendijo y llegaron señoritas para aprender confecciones. Fruto de esto vivimos unos meses, y esto nos ayudó para la alimentación y leche para mi bebé Gerson. Durante ese tiempo ayudamos a la iglesia para que siguiera madurando y creciendo, a pesar de que nuestra situación era cada día más difícil.


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E mp rend i end o un Nuevo Desafío

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latiqué con mi esposa y orando decidimos salir de San Martín y viajar a Chachapoyas al departamento del Amazonas. Chachapoyas es una ciudad pintoresca arriba de una montaña, a 2.800 metros sobre el nivel del mar, y su geografía es muy quebrada. Es una ciudad muy sana socialmente, con 200.000 habitantes y solamente dos iglesias evangélicas. Hay mucha pobreza y hablan un castellano mal pronunciado.Viajé solo para conocer y rentar un apartamento, después de una semana regresé a Tarapoto para embalar mis equipajes y enviar a mi esposa primero ya que teníamos una sala rentada. Llegó el camión que llevaría a Udelia, Gerson y los equipajes hasta Chachapoyas. Me despedí de mi esposa y me dio mucha pena al ver que se iban y me tenía que quedar en Tarapoto por cinco días más para viajar y llevar otros equipajes y dos mil kilos de cocos para vender en Chachapoyas. Al llegar a la nueva ciudad mi esposa colocó un letrero en la ventana de la casa que decía, “Se confeccionan camisas, pantalones y ropa de mujer.” Mientras yo viajaba llevando una camionada de cocos en Venceremos, un lugar entre la selva y sierra del Perú, cayó una gran cantidad de tierra sobre la carretera por las muchas lluvias y nosotros llegamos con el chofer hasta el restaurante “El Canteño,” y nos quedamos allí. Inicialmente nos íbamos a quedar por una noche, pero luego se alargaron los días y estuvimos allí por más de una semana. Me dediqué a ayudar en el restaurante para que me dieran la comida, gracias a Dios que los jóvenes dueños me dijeron, “Ayude acá en el restaurante y tendrá comida gratis.” Por una semana me dediqué a lavar platos, cortar leña, pelar papas, etc. Después de una semana los cocos se pudrieron, todo se malogró.


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El camión regresó a Tarapoto tirando toda esa fruta en el camino y allí se terminó nuestro capital que nos iba a sostener por un tiempo. Gracias a Dios que pude llegar hasta Chachapoyas donde estaba mi esposa. Mi esposa estaba preocupada porque no llegué el día indicado y todas las tardes salía de la casa al parque donde llegan los buses y camiones para esperarme. No tenía dinero, solamente para la leche del niño; ella oraba para que llegara alguna obra para confeccionar. Ella no comía, solamente salía a comprar pan, y pedía en los restaurantes que le regalaran agua caliente hervida para hacer la leche de Gerson y darle su biberón, pero algunas de las mujeres empleadas le negaron la ayuda. Ella salía y lloraba en el parque y gracias a Dios una mañana muy temprano llegué a la casa, mi esposa se puso muy feliz al verme entrar. Salimos a repartir folletos por el parque, por las calles y por el mercado, predicamos la Palabra de Dios. No había ingresos económicos, se terminó el dinero y no había para la comida. Solamente teníamos 8 soles (la moneda del Perú), lo que costaba un tarro de leche “Gloria” para Gerson; fue el peor momento para nosotros. Solamente teníamos una cama, unas ollas y el andador o coche del niño, es todo lo que había dentro de la casa. No teníamos mesas ni sillas para sentarnos, sólo una cocinita de kerosén muy pequeña para dos ollas chicas, y una máquina de coser. No sabíamos qué hacer. ¡Necesitábamos alimentos! Compramos un tarro de leche de un litro para Gerson, que tenía ocho meses de edad, y eso duró casi una semana mezclado con agua. Mi esposa y yo seguíamos pensando qué hacer para conseguir alimentos. Oramos al dueño de nuestra vida, Jesús, que es la respuesta. Salí a buscar trabajo en las panaderías, construcción y en el mercado, caminé toda la pequeña ciudad y no encontré trabajo; mientras tanto seguimos trabajando repartiendo folletos en los hogares y por las calles y predicando la Palabra de Dios. Luego decidí salir al campo a buscar comida. Llevé conmigo unas tazas de plástico para cambiar por alimentos no perecibles. Un día miércoles muy temprano, salí de casa caminando hacia el oriente, llevaba un pequeño paquete de folletos para


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evangelizar durante el viaje, caminé siete horas y llegué a unos campos donde había mucha verdura. Llegué a una chacra en la cual encontré un hombre flaco con sombrero grande que araba la tierra con una yunta de bueyes. Lo saludé y me detuve junto a él y platicamos un momento, me presenté,“Soy Pastor Evangélico.” Le hablé del Señor Jesús y su obra en la Cruz del Calvario. Él me dijo que un profesor le había dicho que el hombre no es creado por Dios, sino que existe por evolución, que la tierra evolucionó y apareció el hombre, fue importante lo que él le contestó y le dijo, “Profesor, si la tierra evolucionó y de allí salió el hombre, porque no aparecen hombres cuando yo aro la tierra, solamente encuentro gusanos.” Allí en la chacra parado junto a su yunta tomando el arado con su mano yo le pregunté que si quería aceptar a Jesús como su Salvador, y dijo que él había aceptado al Señor algunos años atrás, pero nunca más vio a un cristiano que llegara a visitarle, y que necesitaba estudiar la Biblia. Luego me invitó a quedarme esa noche en su casa y que él invitaría a otras personas más para tener un estudio bíblico, y me pidió que les enseñara de la Palabra de Dios. Acepté su invitación con mucha alegría y me senté a un costado de la chacra hasta que llegó la tarde. Él colocó en el pasto a los bueyes y llevamos el yugo y arado a su casa. Llegamos muy tarde. Yo estaba muy hambriento y necesitaba comer. Nos invitaron a cenar unos choclos blancos muy calientes con una sopa de papas con algunas verduras y legumbres Esa noche me acordé de mi esposa y las necesidades que ella y mi hijo estaban pasando. Salimos luego a visitar a los vecinos para invitarles a un estudio bíblico esa noche. Se reunieron los miembros de varios hogares para escuchar el mensaje. Pude hablarles del sacrificio de Cristo en la Cruz por el mundo para ser salvos. Después de terminar la reunión la gente salió y nos quedamos con la familia platicando de la maravillosa Palabra del Señor y seguí enseñándoles como debían seguir firmes en Jesús. Era las tres de la mañana y seguían muy emocionados haciendo preguntas. Obsequié literatura para que ellos pudieran evangelizar a


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sus vecinos, luego oramos juntos. Por la mañana del día siguiente le dije a la familia que tenía unas tazas de plástico y deseaba cambiárselas por alimentos no perecibles. El hermano me dijo que no debería traer nada, solamente tenía que pedir y allí tenían para que me llevara a mi casa. Dejé las tazas y ellos me dieron un saco de 40 kilos de choclos, zapallos, alverjas verdes, habas, frijoles verdes, papas, chochoca, caihuas, zanahorias, betarragas, y repollos, etc. Lo recibí muy alegre, tenía bastante comida para llevar a mi familia. Después del desayuno coloqué el saco arriba de mis hombros y me puse a caminar. Eran las siete de la mañana, en pocas horas estaba cansado porque todo el camino era cuesta arriba. Tenía que subir la montaña, pero me senté para descansar junto al camino; entré al bosque por entre los árboles y saqué unas sogas (allí le dicen bejucos), amarré el saco por la mitad y lo coloqué en mi espalda amarrándolo sobre mis hombros haciendo un nudo a la altura de mi pecho y seguí caminando. El sol declinaba y ya era muy tarde. No tenía más fuerzas, tenía mucha hambre y sed y mi corazón se alegró al mirar la ciudad y pensé, ¡Oh que cerca que estoy! A las cuatro de la tarde llegué a mi casa, mi esposa corrió a recibirme; con el peso del saco la soga me había herido los hombros y sangraba. Estaba muy agotado, sin fuerzas, pero feliz, muy feliz porque ese día mi esposa cocinó unos choclos y una sopa de verduras muy ricas. ¡Gloria a Dios! Seguimos predicando en la calle y el mercado y por las casas, esa semana me llegó una caja de Biblias y libros para vender. El Hermano Julio Valverde, un amigo de la Iglesia de Cristo en Lima, lo envió por la empresa Olano. En una carta que envió decía que la mitad era un obsequio y la otra mitad de la literatura y Biblia tenía que pagarlo con el 30% de descuento a la Iglesia Centro de Avivamiento. Ofrecí las Biblias y ellos querían comprar toda la caja. Vendí una parte para dejarle dinero a mi esposa y yo salí con otra parte de las Biblias para Balsas, Celendin, Cajamarca, y hasta Chota. En Balsas ocho hermanos me invitaron para ayudarles en la obra, ya que en Chachapoyas no teníamos éxito. Acepté con mucho amor un trabajo pastoreando ese grupo.


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Regresé después de 10 días junto a mi esposa y mi hijo, les platiqué de la obra en Balsas y acordamos salir de Chachapoyas para trabajar en el Marañon, un pueblo muy pobre. UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE Arreglamos nuestros equipajes, conseguimos una camioneta pequeña junto con otros pasajeros, colocamos las maletas y cajas, luego subí con mi esposa y nuestro niño. Salimos a las cuatro de la mañana de Chachapoyas por una carretera en la que sólo podía pasar un vehículo pequeño. El problema era cuando se encontraba con otro de frente ya que tenía que retroceder muchas cuadras con el peligro de que si el chofer hacía una mala maniobra nosotros los pasajeros podíamos caer al río a 800 metros abajo. Cuando amaneció podíamos ver rocas arriba y abajo la profundidad de un río. Llegamos al pueblecito de Santo Tomas, un valle muy pintoresco dentro de las montañas muy elevadas. Luego la camioneta empezó a subir cruzando ríos y montañas. Llegamos a las nueve de la mañana a Leymebamba y bajamos todos para tomar el desayuno. Luego proseguimos con el viaje. La camioneta daba vueltas y más vueltas. Cuando terminamos de ver árboles y montañas llegamos a un páramo, un desierto lleno de paja, sin árboles, a 3.000 metros sobre el nivel del mar llamado “Calla-Calla.” Este nombre se lo dieron los comerciantes que viajaban a pie o a caballo cuando no existía carretera posiblemente al principio del siglo anterior. Al llegar a la cima de esta montaña, tenían dos problemas: primero la baja temperatura y el frío que hacía. Los que viajaban nunca pensaron en la selva o que se encontrarían con un desierto de esta naturaleza. Muchos han muerto en esta cordillera. En segundo lugar, lo peor de todo, había muchos ladrones que asaltaban a los viajeros y les quitaban dinero, comida y hasta ropa o la mercadería que llevaban. Todos los que viajaban por ese lugar trataban de pasar muy silenciosamente. Si los niños y bebés lloraban los padres los hacían callar, tomándolos y diciéndoles, “calla, calla,” y ahora al lugar se le conoce con el nombre de “Calla-Calla.”


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De allí iniciamos el descenso hacia el Marañón, el Río Marañón se ve desde arriba como una gran carretera, a cinco kilómetros de altura. Si la camioneta se caía no se podía detener en ningún lugar hasta llegar a la playa. Para los jóvenes era un deleite subir de las barandas de la camioneta y viajar colgados, el vehículo podía correr de 30 a 50 kilómetros por hora. A pocos kilómetros de Balsas hay un valle con mucha fruta, mangos, mamey, zapotes, limones, naranjas, limones, cacao, cocos, paltos, plátanos y coca. Un lugar muy cálido, 35-38 grados centígrados de temperatura todos los días, no se conocen las estaciones del año, solamente el calor. A las cinco de la tarde llegamos al puerto, a Balsas. Los hermanos nos estaban esperando. Ellos conocían al joven chofer y era la única camioneta que pasaba a Celendin ese día. Cuando bajamos de la camioneta vimos que estaban la Hermana Peta, Carmen, Luis Silva, Otilia, y Hermana María esperándonos y nos ayudaron a bajar los paquetes y cosas. La Hermana Otilia nos dio hospedaje en su casa por una semana. Balsas es un lugar muy pobre donde no hay producción de alimentos, solamente frutas. Para conseguir alimentos se viaja 12 horas a pie hacia las montañas. INICIO DE LA IGLESIA EN BALSAS Iniciamos la iglesia con ocho hermanos, luego visitamos todos los hogares presentándoles el evangelio de Jesucristo. En cinco meses Dios añadió 25 personas más, era un grupo con más de 30 personas. Empezamos a construir la casa de oración de ocho metros de ancho por 20 metros de largo. Teníamos reuniones en Balsas, en El Coco y en La Curva; yo no sabía donde quedaban estos últimos dos lugares, ni porque se llamaban así. En La Curva realizamos servicio en casa de los Hermanos Alejandro y Mercedes y en El Coco en la casa de los Hermano Javier y Maria, con mi esposa caminamos por una hora y 20 minutos llevando en la mano una linterna con kerosén para regresar por las noches después del servicio. A la una de la mañana regresamos a casa con mi bebé en la espalda. Dios nos cuidaba y ayudaba para caminar por la noche entre los cerros y el Río Marañón.


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Esa noche fue muy silenciosa, solamente se oía la furia y bramido del río. Gerson no tenía todavía un año y aún tomaba leche. Allí no había donde comprar o era muy cara, así que los Hermanos Javier y Maria Díaz nos regalaban leche de cabra. Teníamos que caminar todas las mañanas temprano hasta su casa para llevar la leche de cabra para mi bebé; era más de una hora caminando para ir y regresar, me pasaba casi toda la mañana en eso. Cuando la iglesia se fortaleció y creció, Petronila me invitó a Pacay, un lugar al otro lado de la montaña. Mi esposa me preparó un plato de comida para viajar y comer en la mitad del camino. La Hermana Petronila ensilló dos burros para viajar (en el burro no se puede viajar todo el día, porque maltrata mucho el cuerpo, pero sirve para llevar la comida, literatura, Biblias, etc.). Salimos un día a las cinco de la mañana, almorzamos en el camino a orillas del Río Marañón y llegamos hasta la casa de Pablo a las seis de la tarde.Todo el día había que subir y bajar montañas, así es todo el camino. Al llegar la familia de Pablo nos recibió muy alegre en su casa. Esa noche realizamos un servicio con la familia y al día siguiente salimos a invitar a los vecinos para la reunión de la tarde. Pablo era nuestro guía. Allí la gente tiene un vicio de masticar la coca, todas las familias sembraban coca para su uso diario. Allí hombres y mujeres aceptaron a Jesús y fueron limpiados con su sangre de todo pecado. Luego se formó una congregación con 18 hermanos y llegamos predicando hasta el distrito de Cochabamba. Los servicios se realizaban en casa del Hermano Segundo Loja, el que dirigía la nueva obra allí. En otra oportunidad viajamos a pie 15 horas más allá de Cochabamba y se inició una nueva obra en San José del Yeso, el líder era el Hermano Eulalio. Las nuevas congregaciones pronto empezaron a crecer y era necesario visitarlas una vez al mes, para llevar estudios bíblicos y Biblias para los nuevos convertidos y folletos para evangelizar; cada vez que yo llegaba a visitar a mis hermanos me recibían con mucho gozo y alegría, y deseaban que me quedara más tiempo con ellos. Siempre viajaba en burro para llevar los folletos, nuevos testamentos y revis-


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tas cristianas como El Mensajero de Esperanza, El Amor de Dios, El Sembrador, etc. La obra del Señor crecía, y se fortalecía. Mi esposa se quedaba predicando en Balsas. UN NUEVO VIAJE MISIONERO Estuvimos orando para que el Señor Jesús nos ayudara a cumplir con el mandato de la Gran Comisión, “Id y predicad,” ya que nosotros pensábamos cumplir con esa orden del Divino Maestro. Nuestras oraciones eran también por los inconversos del pueblo y por las comunidades cercanas; nuestro proyecto era visitar y evangelizar. Mi esposa me ayudaba quedándose con la congregación en Balsas para que yo pudiera salir a campos nuevos a evangelizar. Además ella cuidaba a Gerson y estaba embarazada de mi segundo niño, Eliézer. Luis Silva y yo platicamos de hacer un viaje a la provincia de Bolívar y llevar literatura para evangelizar. Nos organizamos un miércoles por la mañana, mi esposa preparó comida para llevar y comer en el camino.Yo preparé dos paquetes de folletos. Después del desayuno, a las siete de la mañana, en el mes de septiembre de 1982, salimos para llevar el evangelio a la ciudad de Bolívar por primera vez. Anduvimos por tres horas en una camioneta pick-up, luego se terminó la carretera, así que nos bajamos de la camioneta y salimos caminando durante ese día, el camino era sólo de subida y llegamos a las seis de la tarde a una comunidad, un pueblecito muy pequeño llamado Ingapirca, con unos 500 habitantes. Nos acercamos a una dama y le preguntamos que si caminábamos hacia las afueras de la ciudad habría lugar a donde podríamos quedarnos a dormir esa noche. Una joven se nos adelantó con la respuesta y dijo, “Quédense aquí, porque mas allá ninguna persona les recibirá en su casa.” Nos quedamos allí en casa de la joven, luego llegó su papá y mamá y toda la familia, y nos invitaron a cenar y nosotros aprovechamos para tener un estudio bíblico con ellos. Pasamos 30 minutos platicando de Jesús, luego los invitamos a aceptarlo y el padre dijo que los Adventistas habían llegado un tiempo atrás a su casa y que a él le encantaba servir a Jesús. Además


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toda la familia recibió al Señor. Les regalamos nuevos testamentos y literatura para que ellos leyeran y estudiaran la Palabra de Dios. Estaban tan contentos y agradecidos con el Señor, porque el Evangelio llegó a su hogar. Después de pasar la noche allí salimos al día siguiente a las cinco de la mañana para continuar nuestro viaje, el camino era una subida pedregosa hasta llegar a la cordillera. Caminamos cinco horas a pie y llegamos hasta la montaña donde había nieve. No había árboles, solamente paja, y hacía un frío demasiado fuerte. Nuestras manos, pies y cabeza estaban casi congelados; la cabeza se sentía pesada y Luis decía, “Pastor, yo creo que me voy a morir congelado.” El lugar era muy peligroso, mucha gente había muerto en ese camino, hacía mucho frío y muchos traficantes viajaban por ese lugar, ese era el motivo por el cual se realizaban muchos asaltos y asesinaban a los que viajaban por ese sendero. Teníamos un poco de miedo, eran las l2 del día cuando empezamos a descender la montaña y dejábamos atrás el cerro blanco por la nieve. Entramos por un camino muy angosto y habían muchos árboles por los costados; los cerros eran muy elevados por los dos lados del camino y Luis se detuvo y dijo, “Hermano Narciso, mi papá dijo que al llegar a un lago entre estos cerros hay que tener mucho cuidado porque allí es peligroso, siempre hay asaltos en esa área.” Nos detuvimos y oramos al Señor pidiendo su protección y luego seguimos el viaje hasta que llegamos al lago. Es un misterio de Dios, dentro de esas montañas tan elevadas hay un lago de unos mil metros, el agua es verde. El camino está por un costado y a orillas del lago, al mirar el agua el corazón palpita más rápido y aumenta la adrenalina, mi cabeza se sentía pesada. Salimos de allí corriendo y a un kilómetro más allá nos detuvimos para mirar y nos dimos cuenta que hacia abajo había una profundidad inmensa y arriba alcanzábamos a ver el cielo. Si uno se cae al vacío difícilmente se recupera el cuerpo. Estuvimos en la mitad de una montaña, el camino era muy angosto y lleno de piedras. Caminando a una cuadra miramos al costado del camino,


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había sangre en el piso. Mi cuerpo empezó a transpirar, y los dos nos pusimos muy nerviosos. A unos metros más adelante había una caverna junto al camino, no sé que profundidad tendría y en la entrada de la caverna junto al camino estaba la cabeza ensangrentada de una mujer. La caverna era muy grande y el cuerpo de la mujer no se veía por ningún lado. Entonces Luis dijo, “Hermano, mira a la izquierda.” Había piernas de hombres y huesos. ¡Casi me caigo, me asusté demasiado! Empezamos a correr con los equipajes al hombro; mientras nos acercamos a la ciudad nos tranquilizamos lentamente. Se nos ocurrió pedir comida, bajamos del camino y gritamos para que saliera alguien de la casa. Salió una joven con un sombrero grande, un vestido que no se sabía de que color era, y la cara sucia con tierra. Ella nos respondió y dijo, “¡Lárguense de aquí, porque si llega mi papá los mata, acá no se da comida!” Saltamos el cerco de piedras y llegamos al camino nuevamente, continuamos hasta llegar a la ciudad de Bolívar. Llegamos como a las cinco de la tarde y estuvimos en el parque; primero fuimos a buscar hospedaje y luego a buscar comida. Fue un problema muy serio porque no podíamos encontrar una casa donde hospedarnos ya que no había hoteles. La suegra del subprefecto de la ciudad nos recomendó y un caballero nos recibió y nos dio una habitación con una cama. El otro problema era la ali-mentación ya que era prohibido darle comida a extraños. Una señora ya anciana nos dio de comer y dijo, “Ustedes coman y salgan pronto de mi casa para que mi hijo no sepa que han llegando extraños acá.” Obedecimos la orden de la anciana. Trabajamos repartiendo folletos por las casas esa tarde y luego descansamos. ¡Oh qué bendición era descansar después de un largo viaje! Tratamos de evangelizar a través de los folletos, pero se hizo muy poco esa vez, fue muy difícil. Luego de estas actividades, nos decidimos regresar a Balsas y por equivocación miramos mal la hora y salimos a las dos de la mañana. A la salida de la ciudad encontramos a un hombre montado en una mula y llevaba otra jalándola con la soga; al mirarnos a nosotros desde lejos él se salió del camino y nosotros tuvimos un poco de


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miedo y nos preguntamos, ¿Por qué este hombre se detuvo y se salió del camino? Él pensó que nosotros podríamos ser aquellos asaltantes o delincuentes; la luna era muy clara y podíamos ver muy bien para caminar. Al llegar a la caverna tuvimos miedo y además la montaña hacia sombra y no se veía muy bien. Orando al Señor, salimos de allí, subimos la montaña, eran las seis de la mañana. El hombre y sus caballos se habían quedado junto a la ciudad. Al estar en al montaña junto a la nieve, Luis tenía mucho frío y metía sus manos en los bolsillos, luego tocaba sus piernas y decía, “Este es el único lugar que está caliente.” Llegamos a Ingapirca a las 12 del día y por la noche llegamos a casa, nos reunimos con la iglesia para testificar del viaje misionero a Bolívar. Esta fue una dura experiencia para nosotros. Nos sentíamos satisfechos por haber entregado folletos en el pueblo y hablarle a las personas de Jesús. Después de este viaje mi esposa se sintió muy delicada de salud, tenía siete meses de embarazo, no teníamos dinero, vivíamos de lo que el Señor Jesús nos proveía. Teníamos una mala alimentación y estábamos desnutridos. El menú del día era sopa de plátanos verdes. UN MINISTERIO EXTRA Yo creo que todos los obreros de Dios estamos listos para asumir responsabilidades de acuerdo a las necesidades que se presenten. El Ministerio de Salud tenía una Posta Medica en Balsas. La enfermera no regresó después de sus vacaciones, allí no había una persona apta para ayudar con los primeros auxilios. Hablé con el alcalde y le solicité que me diera la oportunidad de ingresar al Centro Médico y poder ayudar a la gente que lo necesitaba. Llegó una paciente desde el Hospital de Chachapoyas, los médicos le dieron inyecciones para que ella se aplicara dos veces al día, ahí fue cuando el alcalde me solicitó si yo podía ayudar a la señora. Con un poco de temor llegué a casa de la señora para aplicarle las inyecciones en la tarde y en la mañana. Ella estaba muy agradecida porque yo no cobraba por ayudar a la gente en algo que nadie más podía hacer. Luego la gente llegaba a mi domicilio para hacerles


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algunas curaciones, suturas, aplicarles sus inyecciones, etc. Algunos llegaron con dolores fuertes de cabeza, estómago, vómitos, diarreas, lumbago, y otros. Yo usé el Vademécum, un libro de medicina, y al escuchar sus molestias y dolores, podía darles unas pastillas, y a veces hasta inyecciones. El hospital enviaba a los pacientes a la posta para que siguieran con su tratamiento y control. “En lugar de pan el mote es bueno,” dice el refrán. Me convertí en el amigo más cercano del pueblo, la gente del campo que no me conocía me llamaba más de una vez “doctorcito.”Yo les decía, “No, yo soy su amigo y soy pastor evangélico,” era la oportunidad para hablarles de la salvación en Cristo Jesús. En realidad, yo no podía cambiar mi lugar de un “Ministro de Dios,” a ser solamente un auxiliar de medicina. El ministro de Dios es más que ser un médico, Jesús me había llamado para ser su siervo y predicar su Palabra, pero Él quería que yo predicara un evangelio integral y yo no lo entendía. El alcalde llegó una mañana a mi casa y me pidió que le ayudara en la secretaría; él tenía una gran cantidad de documentos acumulados porque el alcalde saliente se fue con todo y secretario. Ésta era una municipalidad muy chica, aprendí el trabajo, él me dio las llaves de la oficina, y cuando tenía un tiempo libre pasaba allí. Estaba muy feliz ayudando al pueblo en lo que podía y también sirviendo a mi Dios. En la Municipalidad estaba el registro civil y aproveché para arreglar todos los papeles de los hermanos de la iglesia. Teníamos hermanos que no eran casados y solamente convivían juntos, así que arreglamos los papeles y los casamos en un matrimonio masivo. ¡Qué feliz estaba porque ahora mis hermanos podían bautizarse y arreglar sus vidas delante de Dios! Los habitantes de Balsas me estimaban mucho y me respetaban y nosotros les dimos nuestro corazón, la iglesia seguía creciendo. Una experiencia inolvidable fue cuando murieron una niña y una señora. La señora aceptó a Jesús como su Salvador una semana antes de morir. Cuando yo llegaba por las tardes para colocarle las inyecciones ella me decía, “Pastor, yo no quiero morir.” He podido darme cuenta que los hombres y mujeres sin Cristo tienen miedo


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a la muerte. Jesús dijo, “El que cree en mí, aunque esté muerto vivirá.Yo soy la Resurrección y la Vida.” Cuando la señora falleció me dio mucha pena, pero mi corazón tenía paz porque ella aceptó a Jesús. Ella murió por una insuficiencia renal crónica terminal, se le llenó de líquido el cuerpo y luego le entró en los pulmones. ¿Cómo atender dos funerales a la vez? Invité a los hermanos a asistir a la iglesia muy temprano ese día para organizarnos. Los familiares de la señora me solicitaron que realizáramos los servicios por la noche para sepultarla. También de parte de la niña su madre me dijo, “Pastor usted tiene que estar por la noche a cargo del servicio.” Nos organizamos de la siguiente manera: Todos los hermanos tenían que asistir de nueve a 12 de la noche al servicio fúnebre de la niña y de una a tres de la mañana al de la señora. Avisamos a los dolientes de nuestro programa, ellos estaban alegres de tener al pastor en sus hogares. Después de terminar el primer servicio salimos con todos los hermanos caminando 35 minutos hasta el pueblo donde se velaba la señora; había mucha gente esperando y habían preparado bastante comida para invitar a los hermanos. A la una de la mañana iniciamos el servicio hasta las tres de la mañana. Los familiares agradecieron a la iglesia, después nos invitaron la comida, y salimos a nuestros hogares para descansar. Mas tarde nos dividimos en grupos, un grupo de hermanos acompañaría al funeral de la señora. La Hermana Otilia predicó allí y otro grupo de hermanos me acompañaron para el servicio de la niña. Estuvimos orando y trabajando con la iglesia y ayudando a las otras congregaciones, y pensamos salir a otra comunidad para repartir folletos y hablar de Jesús. La comunidad de Limón era la más cercana. Oramos para que Dios nos diera la oportunidad de salir a evangelizar. Mi esposa siempre permanecía en Balsas con la iglesia. Salí una mañana con un morral lleno de folletos y mi Biblia caminando a la comunidad de Limón, un total siete horas a pie, el camino era pedregoso y de subida, estaba a 35 grados de temperatura. Llegué ese día a casa de Juan García, con él salimos a visitar hogares e invitarlos para el servicio de la noche, luego caminamos


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por las chacras de Juan, cenamos y él arregló la casa para recibir a los invitados. Esa noche, alrededor de 12 personas asistieron, Juan García había conocido al Señor años atrás y no estaba caminando con el Señor, pero esa noche se reconcilió con Él; su esposa y sus hijos lo hicieron también. Me quedé en casa de Juan y al día siguiente continuamos visitando familias y repartiendo folletos y luego tuvimos un estudio bíblico por la noche. Luego regresé a casa, fue mucho más fácil bajar que subir y duré menos horas. Viajaba una vez por semana a Limón para tener los estudios bíblicos y visitar a los hermanos; 20 personas se convirtieron al Señor y se reunían dos veces a la semana.


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U na P rueb a D if í c i l q ue Trajo Bendición

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i esposa seguía muy mal de salud y en octubre del mismo año salió de Balsas para ser tratada por un médico en Lima. Nuestro problema era el dinero, porque la iglesia no tenía y solamente alcanzaba para comprar alimentos de la zona. Se lo comuniqué a los hermanos, ellos recogieron una ofrenda especial para el viaje de mi esposa, y el Hermano Javier Díaz vendió un cabrito y ayudó con ese dinero para los pasajes. En Lima los médicos le dijeron que tenía anemia de segundo grado y tenía que sobre-alimentarse para poder tener al niño, fue imposible hacerlo en los escasos dos meses que le quedaban. La última semana de noviembre estaba en la maternidad, con muchos dolores lista para tener al niño. Por motivo de su anemia ella no tenía fuerzas y no podía dar a luz, los médicos no podían hacerle cesárea porque al colocarle la anestesia ella podría morir. Mientras pasaban las horas del día 28 de noviembre, Udelia se desmayó en la sala de partos, luego la llevaron a la sala de operaciones, era las 10 de la noche, el bebe no nacía y los médicos tuvieron que usar fórceps para sacar al niño, él ya estaba ahogándose. Mi niño salió morado, fue una bendición de Dios que los médicos pudieron salvarlo y a la madre. Estuvo varias horas en la sala de operaciones. Udelia perdió mucha sangre y tuvieron que hacerle transfusión en un brazo y darle suero en el otro. A las ocho de la mañana del día 29 de noviembre ella se despertó en la sala de recuperación. A los pocos días le dieron de alta pero no tenía dinero para pagar la sangre, el suero, medicinas, y el hospital. Ella se puso a orar junto a su cama y Jesús se acercó muy tiernamente y le fortalecía y la Gloria de Dios estaba allí. Udelia caminó hasta donde estaba la asistenta social para hablarle


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de su problema económico y a través de ella pudo conocer al director y explicarle su situación. La señorita enfermera le dijo al doctor, “¿Por qué no podemos ayudar a esta señora, si a otros se les ha hecho favores?” El doctor dijo, “Esta bien,” y le ordenó a la enfermera que le diera sus papeles de alta sin costo, al salir del hospital, hasta le regalaron pañales. Jesús estaba allí y dijo, “Todo esta pagado.” “Mi Dios suplirá todo lo que os falte conforme a sus riquezas en Gloria en Cristo Jesús,” Filipenses 4: 19. Mientras todo esto sucedía, yo estaba en Balsas, a 1.500 kilómetros de distancia, junto con la iglesia orando por la salud de mi esposa. Una tarde estaba a las seis en el puerto y me llamó el empleado de telecomunicaciones y dijo, “Pastor Zamora, tiene usted un telegrama urgente.” Lo recibí y abrí el sobre y decía, “Viajar urgente a Lima, esposa grave.” Yo no tenía dinero para viajar y recurrí a la casa de los hermanos y ellos tampoco tenían dinero, el Hermano Javier y su esposa María dijeron, “Pastor tenemos aquí un dinero ya que vendimos una cabra ayer y usted puede usarlo. ¡Acá esta!” Ese dinero me alcanzaba justo para llegar a Lima. Tenía que viajar de Balsas a Celendin, de Celendin a Cajamarca y de allí a Lima, esa noche pensé, y oré para que Dios me guiara. ¿Qué debía hacer? La iglesia me dio todas las ofrendas, tenía un conflicto grande conmigo mismo y decía,“¿Por qué no puedo tener dinero?” Toda la gente en Balsas tenía el mismo problema, todos estaban sin dinero, la comida era casi la misma todos los días, el desayuno en lugar de pan eran los plátanos verdes cocidos. No se usaba zapatos solamente sandalias (ojotas o yanquis). ¡Era suficiente! Decidí viajar a Lima en el camión que llevaba la piedra para la fábrica de cerámicas y salía a las nueve de la mañana. Los Hermanos Peta, Javier, María, Otilia, Luis y Carmen se reunieron por la mañana en el puerto a las siete de la mañana para despedirme, todos estuvimos orando en el parque y poco antes de salir me llegó otro telegrama y decía, “No viajar; esposa recuperada.” Al escuchar esa noticia los hermanos daban gloria a Dios y todos daban las gracias al Señor, ese día el Hermano Javier mató un cabrito para


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comer de alegría y una parte la enviamos a Lima. EL DÍA DE LA DESPEDIDA Teníamos que visitar mensualmente a las congregaciones en Balsas, en Cocabamba, en San José del Yeso y en Limón. No había ningún futuro en Balsas. El clima era muy cálido. El templo estaba en construcción, los hermanos eran muy amorosos, era una bendición y pensé que mi esposa debería regresar con los dos niños; era imposible vivir más tiempo en ese lugar, decidí salir de Balsas, orando para que Dios me guiara y preguntándole al Señor cual era el lugar donde debíamos iniciar un nuevo trabajo misionero. Viajé a conocer Chota, una ciudad muy grande, de 150 mil habitantes, y había una sola iglesia evangélica, La Nazarena. Pensé que esa ciudad sería un buen lugar para empezar una obra. Después de una semana regresé a Balsas y le platiqué a los hermanos que yo debía salir de allí y que el Hermano Javier Díaz sería el encargado de la iglesia y que yo los visitaría periódicamente. El Hermano Javier fue nombrado como el predicador de la iglesia. El Hermano Javier trabajaba en la mina de piedra para la fábrica de cerámica en Trujillo. Yo le pedí que hablara con el chofer para que llevara mi equipaje hasta Cajamarca; concretamos el viaje, arreglé mis paquetes, llegó el camión un jueves en el mes diciembre de 1982 para salir al día siguiente. El jueves tuvimos un servicio especial, era el último culto que podíamos celebrar junto con los hermanos en Balsas y era un culto de despedida; todos los hermanos lloraron esa noche y lloramos juntos desde el más pequeño hasta el más viejo. El día viernes por la tarde el chofer del camión cargó mis equipajes con su ayudante en el Puerto. Los Hermanos Javier, María, Otilia, Peta, Luis, Carmen, David, su esposa, y otros, nos reunimos en la plaza, nos tomamos de las manos cantando una alabanza y oramos todos juntos mientras la gente del pueblo estaba alrededor para despedirme. Después de la oración todos empezaron a llorar, tanto hombres como mujeres. El chofer prendió el motor del camión y tocó la bocina varias veces indicando que ya estaba listo para partir, me acerqué a cada


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uno de mis hermanos y llorando les di un abrazo, mientras les encargaba la obra del Señor a ellos y les animaba a que siguieran fieles al Señor Jesús sin desmayar. Mis lágrimas corrían como un río por mis mejillas, yo amaba a mis hermanos y aún los amo. Amo a la iglesia de Jesús, aunque son muy pobres materialmente son muy ricos en Jesús.Yo subí al camión y luego partimos; los hermanos corrían tras del camión alzando sus manos y decían, “Adiós, adiós, Pastor Zamora.” La gente del pueblo levantaba sus manos en señal de despedida, el camión pasaba por el largo puente colgante del Río Marañón y mis hermanos seguían con las manos arriba, despidiéndonos. En el camión iba llorando, empecé a orar y agradecer al Señor pidiendo que Jesús cuidara a su iglesia en Balsas. Lloré ese día hasta llegar a Celendin, amaba mucho a mis hermanos y al pueblo, mi corazón se quedó allí. EXPLORANDO UN NUEVO CAMPO Llegué a Chota junto con un grupo de hermanos de Bambamarca el 25 de diciembre de l982. Me instalé en un apartamento que no tenía luz, agua ni desagüe. ¡Qué difícil! Durante un mes estuve solo mientras mi esposa se recuperaba en Lima junto con Gerson, que tenía un año y cuatro meses y Eliézer, recién nacido. Mi esposa y yo empezamos a comunicarnos desde Chota para saber cuando estaría lista para viajar. Para mi esposa era muy difícil viajar con dos bebes, pero por medio de la empresa Atahualpa, en febrero de 1983, mi esposa decidió viajar a Chota. Fue un día martes por la tarde, después de una lluvia fuerte salí para recibir a mi esposa y a mis dos bebes. Me acompañó el Hermano Salazar, esperamos una media hora en la puerta de la oficina de la empresa mirando la llegada del bus. Por dicha apareció el bus y estaba muy alegre de ver a mi esposa y mis dos niños. Especialmente a Gerson, ya que no lo había visto desde el mes de octubre, eran casi cinco meses, tuve mucha emoción al verlos que bajaban del bus y Gerson con su pelo largo y caminando, cogimos las maletas y llegamos a casa. Con toda la familia en casa, mi di cuenta de que la falta del ser-


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vicio higiénico fue un problema para nosotros, teníamos que salir al mercado o fuera de la ciudad, al campo. INICIO DE LA IGLESIA EN CHOTA Teníamos que iniciar la nueva iglesia evangelizando y visitando familias. Una iglesia evangélica en Bambamarca nos ayudó con una ofrenda cuando llegué por primera vez a Chota. Luego colocamos la máquina de coser para confeccionar ropa, pero nos dimos cuenta que había mucha competencia. Salimos a predicar por la calle, hacíamos estudios bíblicos en hogares, repartíamos folletos casa por casa, pero no teníamos éxito y ninguna persona se convertía a Jesús. Pasamos varios meses predicando en las calles y en el mercado pero sin éxito. Entonces decidí regresar a Balsas; mi esposa tenía mucho miedo al saber que regresaríamos a Balsas. Ella dijo, “¿Qué podré darles de comer a mis hijos? Allá no hay comida. No hay leche.” Estuvimos entre la espada y la pared, seguimos orando y predicando, esperando la respuesta del Señor Jesús. DIOS ENVÍA SU BENDICIÓN ¡He aquí la respuesta de Jehová, Bendito sea Dios! Un viernes por la tarde mi papá y mi mamá llegaron a visitarnos al saber que estábamos en Chota. Fue una sorpresa para nosotros. Llegaron muy alegres, traían consigo dos caballos con 160 kilos de alimentos. ¡Qué felicidad verlos! Después de saludarlos, les ayudé rápidamente a bajar aquellos sacos grandes de los caballos y nos dijeron, “Aquí tienen papas, arvejas, chochoca y verduras, las hemos traído para ustedes,” luego mi papá Marcial añadió,“Recibimos la noticia que ustedes estaban aquí muy cerca de nosotros y decidimos visitarlos.” Estos alimentos fueron enviados directamente de parte de Dios para permanecer en Chota e iniciar la iglesia, los alimentos nos duraron cinco meses, Dios nos bendijo luego con los primeros convertidos para Jesús. EL EVANGELIO EN LA CÁRCEL DE CHOTA Pensamos que si la gente no quería escuchar la Palabra de Dios en


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la calle, entonces podríamos predicar en la cárcel y los presos escucharían el mensaje de Salvación. Presentamos una solicitud al jefe del destacamento de la Policía Republicana y otra solicitud al alcalde pidiendo permiso para predicar el evangelio de Jesús a las 11 de la mañana de lunes a viernes; el teniente de ese destacamento y la Alcaldía aceptaron la petición y también me dejaron entrar a predicar en la cárcel con mis folletos y la Biblia en la mano. ¡Esta fue una experiencia formidable! Los primeros días que ingresé a predicar en la cárcel, los policías de turno hacían uso de su silbato y todos los presos salían de su habitación o celda hacia el patio y se formaban en dos lineas y tenían que escuchar el mensaje de pie. Después de algunos meses tenía más confianza con la policía y los presos. Un día les dije, “Todos los que deseen escuchar la Palabra de Dios siéntense en las gradas.” Este era el sector donde jugaban pelota; en poco tiempo había 13 creyentes dentro de la cárcel. En mayo salió en libertad uno de los presos quien se había convertido a Jesús allí. Lo visité en su casa y él llevó a su familia a la iglesia. Fueron los primeros cristianos que llegaron a nuestra reunión. Luego decidimos visitar el hospital todas las tardes para repartir folletos y orar por los enfermos. En estas visitas conocimos al Hermano Artemio Bustamante que estaba internado por una operación. Nosotros platicamos con él y le presentamos a Jesús y después de explicarle sobre la salvación, Artemio aceptó a Cristo Jesús como su Salvador. Ocho días más tarde le dieron de alta y regresó a su casa. Mi esposa y yo lo visitamos a él y su familia. Luego su esposa, la Hermana Mavila, aceptó a Jesús. Después de un mes, él nos visitó en la iglesia junto con su esposa y dos hijas. CAMPAÑA EVANGÉLICA Organizamos una campaña evangélica. Empezamos por confeccionar un mimeógrafo de madera con una malla de nylon y un tablero; yo picaba el esténcil en una máquina de escribir que me prestaba la señora Nora, luego compraba la tinta en paquetes, colocaba el esténcil en la plancha superior y en la inferior el papel, un-


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taba la malla con la tinta y con un rodillo la pasaba sobre la malla, luego alzaba la plancha superior y se sacaba el papel mimeografiado. Así hacíamos los volantes para repartir por las calles de la ciudad invitando a la fiesta de Cristo. Mi esposa y yo salíamos por la tarde y entregamos un folleto y un volante invitando a la campaña por todas las calles de la ciudad. La campaña evangelística duró una semana y después de 10 meses de trabajo, Dios tocó los corazones de la gente y se convirtieron un total de 25 personas al Señor Jesús. Dios nos bendijo con un grupo de creyentes. La obra seguía creciendo y conseguimos un espacio radial en Radio Acunta; el nombre del programa era “La Voz Eterna.” Con las ofrendas que se recogían gracias a esta nueva iglesia, nos ayudábamos para nuestro sostén y así podíamos vivir. EL CIRCO REY En 1983 llegó el Circo Rey a Chota. Un domingo después de la escuela dominical salí por la Plaza de Armas en dirección a la casa, me interesó un caballero que hablaba de Jesús, me acerqué y encontré a tres hermanos vendiendo libretos bíblicos y repartiendo unos folletos. Me acerqué donde ellos, platicamos y me dijeron que eran trabajadores del Circo Rey; al día siguiente visité el circo por la mañana y se presentó el dueño Aurelio Díaz y me dijo, “Soy cristiano bautizado en agua y toda mi familia, me convertí a Jesús en Andahuaylas en uno de mis viajes con el circo.” Yo les invité a que me visitaran en mi casa una tarde. Al día siguiente tocaron la puerta y eran los hermanos del circo Rey. Mi esposa les preparó un café y les invitamos. El Hermano Aurelio me dijo, “Pastor si desea podemos realizar un servicio evangelístico en las carpas del circo.” Le dije, “¡Amén!” Acordamos que el servicio se llevaría a cabo el día viernes. El jueves anterior invitaron a todo el público para asistir a una función gratuita. El viernes el público asistió para ver a los payasos, pero no sólo tuvimos payasos sino también la poderosa Palabra de Dios que trasforma vidas. Antes de las 7:00 de la tarde la puerta del circo se abrió para todo


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el publico; esa noche la carpa estaba llena de gente. Se dio inicio al culto y salieron todos los payasos con sus instrumentos musicales y nosotros cantamos alabanzas y ellos tocaban los instrumentos; después del mensaje invité a los presentes a aceptar a Jesús y cuatro señoritas bajaron desde los asientos; ellas eran estudiantes de pedagogía y esa noche aceptaron a Jesús como su Salvador y Señor. El Hermano Aurelio Díaz me dijo, “¿Pastor Zamora, quisiera usted predicar una noche en Lajas en este mismo circo?” Lajas era una ciudad muy pequeña a 30 Km. de distancia y tenía unos 1.500 habitantes. Me sentí muy feliz por la noticia, y le dije, “¡Amen, mi Hermano!” Organizamos el programa para el siguiente lunes; el domingo invitarían a los asistentes a sus funciones y el lunes habría una función gratis.Viajé desde Chota el lunes por la tarde acompañado por otro hermano. Los hermanos del circo estaban listos para el servicio, y cuando nosotros entramos a la carpa estaba llena de gente que había llegado desde el campo para participar de esta función gratuita. El Hermano Aurelio Díaz había pedido a todos los jóvenes y trabajadores que sabían tocar algún instrumento musical que por favor participaran esa noche durante el servicio evangelístico. Me paré en el centro e iniciamos el servicio cantando alabanzas al Señor; todos los payasos tenían un instrumento musical en sus manos y ellos seguían el ritmo de la música de las alabanzas. ¡Fue una verdadera fiesta con Jesús! Después de cantar, oramos y luego tomé la Biblia mientras predicaba un pequeño sermón acerca del diluvio universal. Después del mensaje invité al público a aceptar a Jesús como su Salvador y pedí que levantaran sus manos para orar por ellos. 15 personas tenían sus manos en alto y cuando pedí que se acercaran, por diferentes sectores empezaron a caminar y llegaron hasta donde yo estaba predicando; todos se arrodillaron y oramos juntos entregando sus vidas a Jesús y confesando sus pecados. Esa noche pude ver la Gloria de Dios. Al terminar esta reunión evangelística un joven flaco y alto, de los que se arrodillaron y aceptaron a Jesús, se acercó a mi y dijo, “Señor predicador, yo fui un hombre perverso y casi homicida, he peleado hasta con mi familia y todos los domingos golpeo gente


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cuando vengo a la ciudad, uso arma blanca, me ha gustado pelear con todos los hombres que pasan por mi lado, la policía me toma prisionero todos los domingos por alterar el orden público. Pero ahora soy de Cristo, esta noche acepté a Jesús como mi Salvador junto con mi padre y mi madre.” Este joven estaba muy feliz porque Jesús vivía en su corazón y siguió diciendo, “Yo quiero que usted visite mi casa porque tengo una familia muy grande y tienen que escuchar la Palabra de Dios.” Me quedé mirando a este joven y le dije, “¿Cuando quieres que te visite?” Él me dijo que mañana mismo podía llegar y yo le respondí que nos veríamos a las nueve de la mañana en la plaza junto a la policía. “Le traería un caballo, porque yo vivo atrás de las montañas (cerros),” él replicó. Pero yo le respondí que podía caminar y que no era necesario que trajera el caballo. Esa noche regresamos a casa en Chota y al día siguiente salí caminando por dos horas para encontrarme con este joven después que mi esposa Udelia me preparó el desayuno. Llegué a Lajas a las nueve de la mañana para encontrarme con este muchacho, Juan. Él llegó a Lajas a las ocho de la mañana y me estaba esperando. Caminamos en la carretera que va a la costa por alrededor de 30 minutos cuando Juan dijo: “¿Pastor, ve usted arriba en ese cerro bastante gente sentados? Esa es mi casa.” Dejamos la carretera y subimos hacia la montaña; al llegar a la casa encontré a 15 personas esperándonos para tener un estudio bíblico; todos me dieron la mano. En el mismo lugar yo abrí mi Biblia en San Juan, capítulo cuatro y después de la lectura bíblica oramos, todo era nuevo para este grupo de gente. Ese día hablamos de “La Necesidad de la Salvación y la Vida Eterna.” Escucharon la Palabra de Dios acostados sobre el césped y otros sentados sobre las rocas y troncos de madera. Después de 30 minutos de haber enseñado la Palabra de Dios los invité a aceptar a Jesús como su Salvador; 10 de ellos aceptaron y confesaron sus pecados al Señor Jesucristo. Yo estaba muy emocionado que en solo dos predicaciones Dios nos dio 25 personas. ¡Fue una maravilla del Poder de Dios! Jesús


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hace milagros, almas nuevas se transforman con Su poder, hasta aquellos que están cansados de vivir. Nos sentamos todo un día para responder preguntas que hacían los nuevos cristianos y por la tarde regresé a casa muy feliz. LA NECESIDAD DE UN LOCAL PARA LOS SERVICIOS Nos prestaron un local en Lajas para reunir a todos los nuevos creyentes; en un mes de trabajo teníamos 35 personas sirviendo al Señor Jesús. A esta nueva obra se unió el Hermano Alindor Gallardo y toda su familia, la familia Gonzáles y la familia Torres. El Hermano Joel Estela nos prestó su casa por un mes y de allí el Hermano Absalón Torres dio su casa para realizar los cultos. Le pedimos al Hermano Alindor Gallardo que fuera el predicador en esa nueva obra. El Hermano Alindor trabajó junto conmigo plantando nuevas obras. En el mes de Julio realizamos nuestro primer bautismo: 20 hermanos fueron bautizados. La ceremonia se realizó en el río Chotano en la ciudad de Lajas. El pueblo salió de sus casas para asistir a la ceremonia. Unos se colocaron a orillas del río, otros se sentaron en la orilla de la carretera, en los cerros y arriba de los árboles, y cuando empezamos a bautizar la gente decía, “Estamos cerca del día del juicio final, porque no hemos visto a hombres y mujeres que se bautizan dentro del río.” Mientras la gente pensaba que ya se terminaba el mundo, nosotros estábamos dentro del agua bautizando a los hermanos y glorificando al Señor. En un año esta congregación creció hasta tener un centenar de miembros, allí se convirtió un hombre del campo, Alcibíades Díaz, natural de Olmos. Un domingo después del culto de la escuela dominical me dijo, “Pastor, visíteme, yo tengo mucha familia y mis cuñados han asistido a la Iglesia del Nazareno y necesitan ayuda espiritual.” Anoté su nombre en mi libreta de apuntes y su dirección. El día lunes después de predicar en la cárcel salí en busca del hermano. Ese día caminé cuatro horas por el campo; ya estaba muy cansado, miré el reloj y eran las seis de la tarde. Traté de preguntar a otras personas por el nombre del hermano y no lo conocían, entonces decidí caminar


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medio kilómetro más y llegar a una casa y preguntar por última vez y si no tenía buenas noticias debía de regresar a Chota. Salí del camino y le pregunté a un hombre que tenía sus vacas enlazadas, él me dijo, “Al frente de esas rocas está la casa de Alcibíades,” Esta era la dirección exacta que yo necesitaba. En pocos minutos llegué a la casa y toqué. La esposa salió y me dijo, “Entre Hermanito, Alcibíades ya regresa de ver los animales.” Me invitaron la cena esa tarde; luego salimos para la casa de su suegra, la Hermana Angélica Gonzáles, para hacer el servicio. Ellos invitaron a toda la familia esa noche y todos asistieron. NACE UNA NUEVA CONGREGACIÓN Un grupo de 50 personas estaba escuchando las canciones que llevé, y luego del mensaje 30 de ellos aceptaron a Jesús. Por la noche me quedé a dormir en casa de la Hermana Angélica y regresé a Chota al día siguiente a las seis de la mañana para predicar en la cárcel. Mi corazón estaba lleno de gozo pensando en las nuevas personas para Jesús. ¡Oh qué alegría! En el cielo había una fiesta muy grande. Uno de los convertidos fue Francisco Gonzáles, él era un delincuente campesino que robaba animales y asaltaba a la gente para quitarles su comida. Estuvo en la cárcel en Chota y de allí lo trasladaron a Cajamarca para cumplir su sentencia por sus continuos asaltos y robos. Jesús lo encontró en su camino y lo transformó, Dios puso sus ojos en Francisco para que él fuera el predicador en esa nueva congregación. Francisco estaba listo para escuchar la voz de Dios y continuar el trabajo que el Señor le encomendó y ser un gran siervo de Dios hasta la muerte. Todos los lunes visitaba la congregación en Olmos para tener un servicio allí. La iglesia crecía cada día y en el mes de Septiembre de 1983 tuvimos nuestros primeros bautismos y los hermanos decidieron construir su templo en Olmos. Francisco fue el constructor, la Hermana Angélica donó el terreno para la iglesia, y entre la congregación de Chota, de Lajas y Olmos recogimos dinero para comprar el techo. La fiesta de la dedicación del templo que realizamos duró tres días. Trescientas personas asistieron a los servicios. Esta fiesta se realizó al aire libre en el campo. Los hermanos cantaban sus


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himnos con música folklórica sin amplificador y nosotros los predicadores teníamos que hablar mucho más fuerte. Todos los habitantes del lugar estaban maravillados porque nunca habían visto una fiesta espiritual cristiana y era la primera vez que se realizaba una en esa área. En enero de 1984 un grupo de hermanos de las Asambleas de Dios nos visitaron y dividieron la iglesia en Chota; nosotros nos quedamos con ocho hermanos. Luego nos quitaron la casa en que realizabamos los cultos y tuvimos que salir a buscar un lugar donde empezar nuevamente. Recorrimos toda la ciudad para rentar un local pero teníamos problemas económicos por ser un grupo muy pequeño. La iglesia de Olmos nos ayudó con la alimentación.Viajamos a Utiyacu con dos parejas de hermanos para arreglar su matrimonio y así ellos pudieron ser líderes dentro de la iglesia en Olmos. En estos viajes encontramos al matrimonio Dávila, que eran cristianos, pero estaban solos y no tenían cultos en ese lugar. Les visité, y en poco tiempo Dios nos ayudó y tuvimos tres familias más convertidas al Señor. Con este grupo ya eran cuatro las congregaciones que teníamos, y mi esposa y yo nos vimos obligados a preparar líderes. Nos preparamos e invitamos a los hermanos, teníamos ocho futuros líderes estudiando en nuestro primer seminario de cuatro días de internado. Mi esposa Udelia cocinaba para atender a los estudiantes y yo daba las clases. El mimeógrafo de madera me sirvió para preparar los materiales: Evangelismo Personal, Discipulado Cristiano, Principales Doctrinas, Teología Pastoral y Homilética. El seminario se realizó dos veces durante el año. La obra crecía sin detenerse, todos los líderes de las cuatro congregaciones viajamos hasta Tugusa – Chigrip para dar inicio a una nueva congregación. Luego me vi obligado a hacer un programa de visitas a las congregaciones. Los lunes después de predicar en la cárcel viajaba a Olmos, que quedaba a tres horas y media a pie, ya que por la noche tenía la enseñanza bíblica allí. Regresaba el día martes por la mañana para predicar en la cárcel y por la tarde visitaba el hospital llevando en-


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señanzas bíblicas y por la noche predicaba en la iglesia en Chota. El miércoles después de predicar en la cárcel viajaba a Lajas, visitaba algunas familias y también oraba con ellos. Después del servicio de la noche, todos los hermanos viajaban a una hora de camino para llegar a sus hogares. Los hermanos de Acobamba y Achanchon me invitaban para quedarme a dormir en sus casas. El Hermano Alindor Gallardo tenía un dormitorio preparado para mí. La Hermana Rosario Cruz, Hermanos Aníbal, Elisa, Absalón, Absonia y otros, entre risas y cantos llegábamos hasta la casa cerca de la media noche. Los viernes viajaba a visitar la congregación en Utiyacu, siete horas a pie, se viajaba casi todo el día y llegábamos a las siete de la noche cuando ya estaba muy oscuro y yo muy cansado. Los hermanos me esperaban a varias cuadras de distancia de la iglesia cantando alabanzas junto con los niños; el Hermano Máximo y la familia Dávila me llevaban a sus casas para descansar después del culto. El sábado regresaba a las cinco de la mañana para preparar mi mensaje y predicar en la iglesia en Chota. El domingo por la mañana viajaba a Lajas para la escuela dominical y por la noche celebraba el servicio en la iglesia de Chota. La iglesia empezó a crecer de una forma muy maravillosa; nosotros estabamos muy agotados por el exceso de trabajo. Mi esposa atendía a los niños, ayudaba a los hermanos en Chota y también viajaba a Lajas; cada 15 días también tenía que visitar a Tugusa – Chigrip para ayudar a los hermanos y animarlos a seguir adelante. Este viaje consistía en ir dos horas arriba de un camión hasta Conchán y de allí a pie hasta Tugusa; el camino era pedregoso y estaba lleno de obstáculos; las tres horas de camino son cuesta arriba y se transpiraba mucho durante el viaje. Después de un año de trabajo así, me enfermé de los riñones. Mi esposa me acompañaba algunas veces a las congregaciones más cercanas, porque teníamos que cargar a los dos niños.Yo me ponía en hombros a Gerson y Udelia cargaba a Eliézer; los hermanos se sentían felices y alegres al ver que mi esposa los visitaba también.Todos querían que visitáramos su hogar.


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Las congregaciones en formación, todas muy nuevas criaturas en Cristo, se dieron cuenta que no podía continuar caminando todos los días. Ellos reunieron una ofrenda de amor y y me la dieron para comprar un burro y que lo usara en mis viajes misioneros para visitar las congregaciones. Sentí mucha alegría en mi corazón al saber que iba a tener un vehículo para cargar las Biblias, folletos y revistas cristianas para evangelizar y obsequiar a los hermanos. El burro era muy lento pero seguro, además de literatura llevaba un plato de comida que mi esposa preparaba con mucho amor para comer durante el viaje. Con mi esposa Udelia pensamos en orar y afiliarnos a una misión que estuviera trabajando en Perú y visitamos algunas de ellas para conocerlas. Lo importante para nosotros era compatibilizar doctrinalmente, sentimos que necesitábamos apoyo de alguna misión y poder edificarnos al trabajar juntos. Le escribí al instituto la Buena Tierra en Pucallpa, aunque no conocíamos de qué organización era este instituto. Pedimos que nos visitara porque necesitábamos afiliarnos a una organización y queríamos conocerles y conocer su doctrina. La respuesta demoró nueve meses, en octubre nos visitó el pastor Nicolás Pérez. Él llegó una mañana muy temprano y dijo que viajaba a petición de una solicitud que nosotros le hicimos a ellos. Nicolás era vicepresidente de la Iglesia de Dios en Perú.Yo le dije al hermano, “Oh mi estimado, el muerto ya se sepultó, son nueve meses que han pasado y ya nos hemos olvidado de esa solicitud.” El dijo, “He venido para conocernos y poder ayudarles en la obra del Señor si ustedes lo desean.” Fue mi primer contacto con la Iglesia de Dios, luego me enviaron libros doctrinales, y nos visitó el pastor Salomón Cabanillas. Mi esposa viajó para conocer más de su doctrina y de su liturgia en Lima. En Enero de 1984 nos invitaron para la conferencia nacional y la Conferencia Interamericana. La Iglesia de Dios me dio la bienvenida y nos sentimos a gusto, como que hubiéramos estado muchos años juntos. Pasaron los días y tuvimos que viajar con mi esposa de regreso a Chota. Viajamos junto con la Hermana Evelina Anderson que decidió


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visitarnos desde los Estados Unidos. Nos unimos al viaje de los hermanos de Colombia y llegamos hasta Chepen, y nos quedamos allí por una noche El Pastor Nicolás realizó un culto especial esa noche, la Hermana Evelina predicó y el Pastor Pérez nos envió a dormir en Pacanguia. Después del servicio nos despedimos del Pastor Taylor Mendoza y los hermanos de Colombia y del Pastor Pérez y su familia y los hermanos de la iglesia. Estábamos muy cansados, así que descansamos esa noche y al día siguiente después del desayuno salimos para Chiclayo y ese mismo día a Chota. Después de 14 horas en bus llegamos a Chota. La Hermana Evelina me obsequió una máquina de escribir. Fue el regalo más grande que había recibido, estuvimos muy agradecidos por esta bendición. La Hermana Evelina se quedó en Chota tres días, luego viajamos a Cajamarca para que ella tomara el avión a Lima. Para nuestra Hermana Evelina el viaje fue una maravilla, pudo tomar muchas fotos y le gustaron mucho las mujercitas de colores (estas eran mujeres con polleras y chompas de colores muy vivos como rojos con verde y azul, que se veían por la carretera durante el viaje). En Cajamarca compramos su boleto de avión y por la noche se quedó a dormir en el apartamento de mi Tía Marina Zamora; ella la llevó al aeropuerto el día siguiente. Yo regresé esa misma noche para Chota. La Hermana Evelina observó la situación de la iglesia en Chota y nos ayudó con una ofrenda para alquilar una casa. Allí se reunió la iglesia por un largo tiempo y teníamos un apartamento para vivir gracias a esa ofrenda. Luego la Hermana Evelina platicó con el Pastor Bill Taylor de Colorado, sobre el trabajo en Chota; dicho pastor le dio dinero al Hermano Salomón Cabanillas para enviarme y comprar un caballo. En una semana más llegó el Hermano Salomón con el dinero y compramos un caballo con una montura, un sombrero, un poncho para cubrirme de la lluvia, botas de jebe, una alforja (similar a un maletín) y una linterna automática. Mi esposa montaba en el caballo con mis dos niños y así podíamos llegar a visitar las congregaciones en diferentes comunidades campesinas y pueblos pequeños.


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Una N uev a Ad v entura Misio nera

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n 1984 iniciamos una nueva aventura, un viaje misionero largo y difícil. El Hermano Javier Vásquez de Olmos fue mi compañero de viaje. Udelia me ayudó a preparar mi vieja mochila verde; cargué 14 kilos en mi espalda, de los cuales 12 kilos eran folletos y nuevos testamentos. Esta vez teníamos que viajar desde Chota hasta Querecotillo y de allí a las Juntas cerca de Jaén, provincia fronteriza con Ecuador. Salimos de Chota en un camión, viajamos por tres horas hasta la ciudad de Huambos y llegamos a las cuatro de la tarde. El Hermano Javier era mi guía y caminamos por dos horas y media; el sol ya se ocultaba detrás de las montañas de los Andes, era las 6:30 de la tarde y pregunté, “Hermano Javier, ¿Dónde vamos a pasar la noche?” Él dijo, “En la última casa de este valle pediremos hospedaje para dormir.” Un kilómetro más allá encontramos a un joven que iba jalando un burro y dijo, “¿A dónde van?” El Hermano Javier le dijo que a Querecotillo, y el joven replicó, “¿Y en dónde se van a quedar a dormir?” El Hermano Javier le dijo que planeábamos quedarnos en la última casa. El joven nos dijo, “Regresen porque que ya han dejado la última casa atrás, tienen que retroceder 10 cuadras a la casa grande de teja que está junto al camino, adelante no hay mas casas y este lugar es muy peligroso para seguir caminando, en esta zona hay muchos delincuentes que salen por las noches para asaltar a los viajeros y robarles su dinero, su comida y lo que llevan y mucha gente han muerto en este camino.” El Hermano Javier no le dio mucha importancia a las palabras de este joven y dijo, “Mas allá está la última casa,” seguimos caminado y cuando ya estaba oscuro y no la encontrábamos el Hermano Javier tuvo miedo. Nos cogió la noche, comenzamos a descender la mon-


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taña entre matorrales, bosques, rocas y cactus; el Hermano Javier me dijo, “Pastor Zamora, es verdad lo que dijo ese joven.” No había mas casas, era verdad que el lugar era peligroso. El hermano querría dormir detrás de unas rocas a un lado del camino. Yo creo que el Hermano Javier conocía muy bien el lugar y sabía de los ladrones.Ya eran las 8:30 de la noche; yo no tenía tanto miedo a los ladrones, pero le tenía más miedo a las víboras, macanches y otros animales venenosos. Nos paramos a un costado del camino y le platiqué al Hermano Javier, “Hermano mío, en vista que ya no hay casas donde quedarnos a pasar la noche, no me quedaré a dormir detrás de estas rocas; prefiero caminar. Jesús nos cuidará.” Mi equipaje pesaba mucho, bajé la mochila por un momento para descansar, saqué una linterna y le puse las pilas y el Hermano Javier hizo lo mismo, luego nos cogimos las manos y oramos pidiendo la protección del Señor Jesús sobre nuestras vidas y empezamos a caminar. Salimos cantando algunas alabanzas en voz baja, otras veces platicando, nos olvidamos de todos los peligros. A la una de la mañana llegamos al puente del río que bajaba desde la montaña y desde Querecoto. Al ver el puente mi compañero se sintió como que resucitó, dio gloria al Señor, se alegró mucho y me dijo, “¡Pastor, ya salimos del peligro!” Yo dije, “Amen.” Al cruzar el río había una casa junto al camino y yo grité,”¡Guauuuuuuuuu! Un hombre me contestó desde adentro de la casa, “¿Qué quiere?” Le dije, “Necesito hospedaje para dormir. Soy pastor evangélico y viajo para Querecotillo y a las Juntas a visitar una Iglesia.” Me contestó, “No, no doy hospedaje a esta hora, mas allá hay sabáticos y ellos pueden ayudarle,” así que seguimos caminando entre los bosques y rocas. Eran las dos de la mañana pero encontramos otra casa cerca del camino y tenía la luz prendida, nos acercamos y frente a nosotros estaba llegando un hombre con su hijo y sus caballos desde Santa Cruz. Nos saludamos y le explicamos la situación y porqué estábamos a esa hora allí. Le pedimos que nos permitiera dormir debajo del techo de su casa y esta familia muy bondadosa nos llevó a la cocina y nos invitó una sopa de arroz con arvejas verdes muy caliente; fue una sopa


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muy deliciosa y muy confortable para nosotros ya que estábamos cansados y con hambre del viaje. Ellos nos dejaron dormir sobre unas maderas de los caballos en la vereda de su casa. Yo me senté sobre la montura y los sudaderos y me dormí inmediatamente. A las cinco de la mañana el frío nos despertó, estaba con dolores en los pies y calambres; platiqué con mi compañero de viaje y le dije, “Ya no soporto el frío, tengo dolores en las piernas, caminemos para que se nos quite el frío.” Salimos en dirección a Querecotillo, caminamos un kilómetro y nos dimos cuenta que habíamos tomado el camino equivocado. Un joven nos ayudó para regresar y subir la montaña y tomar el camino correcto. Seguimos caminando entre ríos y montañas y llegamos hasta la comunidad de la Raya. Llegando a Querocotillo a la una de la tarde y visitamos al Hermano Gilberto Gonzáles; él nos dio la bienvenida con su familia muy alegre y nos invitó el almuerzo; descansamos hasta las dos de la tarde y continuamos el viaje junto con el Hermano Gilberto hasta Las Juntas. Después de tres horas y media llegamos a Las Juntas, Javier llegó muy alegre y corrió para abrazar a su hija y sus nietos. Después de unos minutos salimos a visitar a los Hermanos Gonzáles, varias familias vivían allí; el Hermano Rodolfo y Carmen me dieron una calurosa bienvenida. Mis pies estaban con ampollas y llagas, los dedos de los pies estaban sangrando, sentía mucho dolor en mis piernas por andar casi dos días a pie. Por la noche, realizamos un servicio de adoración y agradecimiento al Señor después de la cena. Esa noche descansé muy bien, dormí como un niño. Al día siguiente realizamos servicios desde la mañana hasta la noche.Todos los habitantes de esa comunidad eran cristianos y paralizaron sus trabajos para escuchar la palabra de Dios. Esos grupos de hermanos eran independientes, no tenían ayuda de ninguna organización y se esforzaban para servir al Señor. Mi visita duró cuatro días y la iglesia se restableció. Dejé los folletos y los Nuevos Testamentos con los hermanos y de regreso me quedé en Querocotillo con el Hermano Gilberto para realizar un servicio en la noche. El Hermano Gilberto me dio un caballo para regresar montado hasta Huambos; un joven


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de la iglesia viajó conmigo para devolver el caballo. El Hermano Javier se quedó 15 días más con su hija. Juan y José fueron mis compañeros de viaje en los años siguientes desde Chota hasta Querocotillo. Hemos evangelizado por todas las montañas de los Andes, el Tomate, la Sierra y el Molino, celebrando reuniones en el hogar del Hermano Marcelino Gonzáles. LLEVANDO EL EVANGELIO HASTA EL NOR-ORIENTE PERUANO En 1995 viajamos desde Chota hasta Las Juntas, esta vez me acompañó José Tarrillo. Al llegar a Las Juntas empezaron a caer lluvias torrenciales y después de dos días el río Chotano creció hasta cubrir todas las rocas que se veían antes en las orillas. Nosotros nos tuvimos que quedar dos días más hasta que el agua bajó. Los Hermanos Gonzáles nos dieron caballos para pasar el río. Fue una experiencia muy interesante, los caballos después que pierden el piso se colocan de costado en el agua para nadar, entonces el que va montado tiene que sentarse casi en la barriga del caballo y cuando el animal siente que ha llegado a tierra se endereza y tira la persona al piso. Encontramos un río que bajaba desde la montaña del Cañar 10 kilómetros mas abajo, y después de mirar y tratar de pasar, decidimos sacarnos la ropa y colocarlas alrededor del cuello y entrar al río. Después de que entramos al río nos dimos cuenta que era muy hondo, el agua nos llegaba hasta el pecho. Mi compañero levantó el pie para dar el paso y la fuerza del agua lo llevó algunos metros abajo. Si no hubiera sido por una rama de un árbol que estaba cerca y de la cual nos agarramos para poder salir, hubiéramos tenido un accidente muy serio. ¡Gracias a Dios que siempre nos cuidó! Al salir al otro lado, sacamos la ropa de nuestras mochilas, y seguimos caminando hasta llegar a Pucara a las seis de la tarde. Buscamos la casa del Hermano Tapia, quien nos estaba esperando ese día y nos invitó la cena. Yo me lavé la cara y salimos a visitar a unos amigos del hermano para predicar la palabra de Dios. Al día siguiente empecé una campaña evangelística al aire libre que duró dos días. Diez personas se convirtieron al Señor Jesús, y éste fue el inicio de una nueva iglesia. Allí había un joven que tenía


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mucho más conocimiento de la Biblia que los demás y le encargamos a él la obra. Regresamos a Chota y después de un mes visité nuevamente a Las Juntas y Pucara. Las Juntas está ubicado dentro de montañas muy elevadas y ríos. Es un lugar muy peligroso para vivir ya que muchos delincuentes se apoderaban de los caminos para robar a los viajeros. La Hermana Gonzáles de Oblitas salió un día jueves por la mañana montando en su caballo; ella viajaba para encontrar a su esposo en Los Molinos quien llegaría con alimentos no perecibles para trasladarlos a su casa. Ella oró al Señor antes de salir pidiendo la protección y luego cruzó el río Chotano. Iba montada en su caballo e inició la travesía por medio de bosques, rocas y montañas. Durante el camino escogió algunas alabanzas para cantar y lo hacía en voz alta. A una media hora mas abajo, le estaban esperando tres hombres con sogas para robarle sus cosas, amarrarla y tirarla al río. Mientras la Hermana se acercaba a ellos, estos hombres estaban escondidos detrás de las rocas esperando que pasara para tirar la soga, pero ellos se sorprendieron de ver que una multitud viajaba junto con la hermana. Al mirar estos a mucha gente, se escondieron y tuvieron miedo de ellos; la hermana siguió su camino y 10 kilómetros más adelante se encontró con un caballero que subía con caballos cargados; ella saludó al hombre y prosiguió rápidamente. Cuando el hombre llegó donde estaban los delincuentes, ellos se colocaron en el camino para asaltarlo pero se dieron cuenta que uno de ellos era cuñado del viajero y aprovecharon para preguntarle, “¿Viste a una multitud de gente que va con una señora y su caballo?” Él dijo, “Ella va sola.” Ellos enmudecieron y se dijeron, “¿Y quiénes eran los demás?” Mis hermanos en Las Juntas tenían siempre misterios como estos. Dios siempre los cuidó ya que esta multitud eran ángeles que iban cuidando a la Hermana Gonzáles (Hebreos1:14). En 1984, después que mi esposa visitó la congregación y de haber platicado con los líderes en Zárate, Lima, se dio cuenta que sí era


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posible trabajar con ellos ya que teníamos muy poca diferencias, especialmente en la liturgia, así que pedimos la afiliación por medio de una carta a la junta nacional de la Iglesia de Dios en Perú. La Iglesia de Dios nos dio la bienvenida y muy alegres nos dieron la credencial como ministros. La iglesia en Chota, Lajas, Olmos,Tugusa, Utiyaco, Las Juntas, Balsas, El Limón, San José del Yeso, Cocabamba y Pucara crecían y pasaron a pertenecer a la Iglesia de Dios. Teníamos que atender a todas las congregaciones junto con los pastores Nicolás Pérez y Salomón Cabanillas. Organizamos la convención regional y preparamos a los obreros de cada congregación: Alindor Gallardo en Lajas, Francisco Gonzáles en Olmos, Segundo Dávila en Utiyaco, Gonzalo Oblitas en Las Juntas, Castinaldo Carrasco en Pucara, el Hermano Mejía en Tugusa, Javier Díaz en Balsas, el Hermano Máximo en el Limón, Segundo Loja en Cochabamba, José Eulalio en San José de Yeso, Udelia Zamora y yo en Chota. Había un buen equipo para trabajar. Todas las congregaciones necesitaban ayuda y apoyo espiritual. VISITAS MISIONERAS En junio de 1995 visitamos Balsas, Cocabamba y San José del Yeso; en este viaje me acompañó el Hermano R. Zacarías Bautista. Salimos desde Chota un día lunes muy temprano hasta Cajamarca, fueron diez horas de viaje en un bus muy viejo de la empresa Díaz; le pedi-mos hospedaje a un hermano de una iglesia independiente muy pequeña en el cerro Santa Lucía, y al día siguiente viajamos hasta San Juan para sacar una partida de nacimiento del registro civil en la municipalidad. Mientras caminábamos pudimos repartir algunos fo-lletos en el pueblo por algunas horas, de allí regresamos a Cajamarca por la tarde y viajamos a Celendín por seis horas en el bus de la empresa Atahualpa. De allí viajamos a Balsas por cuatro horas en una camioneta. Los hermanos en Balsas estaban muy felices, nos quedamos con los hermanos para realizar los servicios y estudios bíblicos por dos días; viajamos hasta Casas Viejas para tener un servicio con el cuñado del Hermano Zacarías y con su suegro.


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Después continuamos viajando hasta Cocabamba caminando desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde, cuando llegamos a la casa del Hermano Segundo Loja. El viaje lo realizamos por las orillas del río Marañón; esa noche tuvimos un servicio de alabanzas y estudio bíblico y luego descansamos para seguir al otro día. Caminamos hasta la ciudad de Cocabamba para evangelizar y repartir folletos junto con el Hermano Loja, mientras su esposa preparaba los alimentos muy alegre. Cocabamba era un pueblo que quedaba encima de una montaña, el camino era arenoso, pedregoso, y la montaña bien empinada. Entregamos folletos, platicamos con la gente y todos estaban muy sorprendidos porque era la primera vez que escuchaban la Palabra de Dios. Regresamos por la tarde a la casa del Hermano Loja para almorzar y prepararnos para el culto. Por la noche nos visitó el Hermano Eulalio para invitarnos a visitar la iglesia de San José de Yeso. Después de concluir la visita en Cocabamba decidimos viajar a ese lugar. La esposa del Hermano Loja preparó la comida un día antes para llevar y comer en el camino. El viernes por la mañana los hermanos les colocaron la montura a los dos caballos y además colocaron frutas y una carga para vender en Santo Tomas.Viajamos el Hermano Loja, su esposa, su hermano y cuñada, los Hermanos Eulalio, Zacarías y yo. Salimos todos en grupo orando y cantando; los dos caballos llevaban la carga, el Hermano Zacarías y yo íbamos detrás de ellos. Subimos durante siete horas hasta llegar a la cima de la montaña, un páramo solitario donde no hay árboles solamente paja y rocas, hacía mucho frío ya que estábamos a 3.000 metros de altura. La neblina cubría toda la montaña y los campos, los hermanos dijeron, “Hay que caminar más rápido para pasar la Jalca porque aquí es peligroso por los osos y la gente que roba a los viajeros.” Pasamos todas esas pampas verdes y llegamos hasta la quebrada (un canal de agua). Las hermanas bajaron la comida de los caballos y nos sentamos sobre el pasto, oramos y almorzamos, y apenas terminamos continuamos con el viaje. Empezamos a descender otra vez, el sol nos daba calor, eran las tres de la tarde y el Hermano Loja


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dijo, “Pastor Zamora, nos vemos de regreso, porque nosotros viajamos en otra dirección para Santo Tomas para vender nuestras frutas y comprar otros alimentos para llevar a casa y ustedes van para San José.” Fue un día muy alegre por que viajamos con un grupo de hermanos; nos despedimos y con los Hermanos Zacarías y Eulalio nos dirigimos a San José.Ya eran las seis de la tarde cuando llegamos a la casa de un sobrino del Hermano Eulalio, y nos estaban esperando para tener un servicio allí, nos invitaron la cena y salimos para realizar el culto. Prediqué esa noche y dejamos un paquete de folletos con los hermanos para que trabajaran en evangelismo; esa noche nos quedamos a dormir allí y al día siguiente salimos para San José del Yeso. El día sábado por la tarde y por la noche y el domingo por la mañana realizamos estudios bíblicos. La alcaldesa de la ciudad nos invitó a almorzar. Fue un tiempo maravilloso pasar con ellos y conocer la ciudad de San José, un pueblo pintoresco colocado sobre una montaña de rocas y con muchos restos arqueológicos. Luego salí con el Hermano Eulalio a caminar por las calles y conocer la ciudad; por la noche se realizó un servicio especial y fue la despedida de nuestra visita. La mayoría recibió el periódico El Mensajero de Esperanza de la Compañía del Triunfo Cristiano y los hermanos estaban felices de tener litera-tura en sus manos y folletos para leer y trabajar en evangelismo. Después del mensaje del día domingo por la noche, le pregunté a la congregación si tenían alguna duda, podía escucharles y ayudarles, y esto fue motivo para quedarme toda la noche. Llegaron a las 12:00 de la noche y el Hermano Eulalio dijo, “Pastor, terminamos el servicio y vamos a cenar.” Salimos del templo despidiendo a los hermanos, algunos de ellos estaban con nosotros durante la cena, miré mi reloj y era la una y media de la mañana y el Hermano Zacarías dijo,“Pastor, yo no voy a viajar con usted a pie. Yo voy a bajar una hora mas abajo y voy a tomar los camiones que van a Leymebamba y de allí a Balsas, prefiero caminar una hora y no dos días y medio a pie.” Entonces yo le pedí al Hermano Eulalio el caballo y me lo ofreció


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por cuatro horas hasta donde vive su sobrino.Terminamos de cenar y medité, si viajaba esta noche sería mejor para poder llegar hasta Cocabamba. El hermano después de platicar conmigo, llamó a su hijo y trajeron el caballo, colocaron la montura y a las dos de la mañana monté en el animal. Me despedí de mis hermanos y del Hermano Zacarías dejando mi maletín para que lo llevara él; yo llevaba solamente mi Biblia y unos folletos en una alforja en los hombros. Salí de casa de los hermanos por un camino desconocido y solitario dentro de bosques y montañas, la luna me daba su luz muy clara y podía ver muy bien por donde viajaba; empecé a cantar alabanzas al Señor y cantaba en voz alta, tocaba con mis talones al caballo para correr. El camino pasaba por detrás de una casa dentro del bosque y yo seguí cantando y desde adentro de la casa se oyó la voz de un hombre que gritó, “Cállate desgraciado, déjame dormir.”Yo traté de hacer correr el caballo y salir de allí rápidamente. A las seis de la mañana dejé el caballo amarrado en la puerta del sobrino del Hermano Eulalio, tomé mi Biblia y una porción de folletos y salí caminando directo por dentro de unas chacras de maíz hasta llegar al camino. A las 11 de la mañana dejé el bosque atrás y se veía nuevamente el páramo, un campo solitario como un desierto lleno de paja donde soplaba el viento solano y no se veía ningún ser vivo. Mi ropa estaba mojada de sudor, había transpirado demasiado y con el viento y el frío me molestaba un poco, pero trataba de seguir corriendo y no enfriarme. Alcé mi cabeza y pude ver a varios kilómetros de distancia un hombre que viajaba solo. Yo pensé que si corría lo iba a alcanzar para viajar juntos pero cuando estuve a 100 metros de distancia el hombre bajó a la quebrada, y no salió más de allí. Llegué al canal de agua y me paré sobre una de las piedras más grandes para mirar por donde estaba pero no pude verlo por ningún lugar; el canal era muy pequeño, no dejó ni huellas por donde se fue y al no ver más al hombre tuve un poco de miedo. Pensé que talvez era un ladrón, pensé muchas cosas en ese momento. Traté de sacar fuerzas y correr. En pocos minutos estuve en la punta de la montaña y me paré para mirar atrás, pero lo que vi


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fue neblinas que venían cubriendo todo el campo y una pequeña lluvia. Empecé a descender en dirección al Río Marañón y se fue yendo el frío. El fuerte sol caía sobre mi, eran las tres de la tarde, tenía mucho sueño, hambre y sed; encontré una naranja junto al camino y tenía la mitad podrida y otra parte buena, la tomé y partí la naranja a la mitad, tiré por el monte la parte mala y la parte buena me la comí y seguí caminando. A las cinco de la tarde llegué a casa de la Hermana María en Pircas. Ella salió de su casa y me dio la bienvenida y dijo, “Pastor si usted descansa un momento, yo le preparo un caldo,” me senté junto a la pared sobre un tronco de ciprés dejé caer mi cuerpo y me quedé dormido en un segundo. La Hermana María tardó 15 minutos para preparar un caldo de verduras de cayguas, choclos, arvejitas verdes, habas y unas papitas y me despertó. La hermana estaba transpirando, su cara y su cabeza estaban con cenizas de lo que soplaba el fuego para que la leña ardiera. ¡Qué deliciosa comida! Después de comer, salí en dirección a la casa del Hermano Loja para tener el culto por la noche. La Hermana María cargó a su niña y salimos juntos a adorar al Señor. El Hermano Loja estaba esperándonos para el culto. Llegamos, nos saludamos con los hermanos y al sentarme en la banca, me dormí, me sentía muy cansado y con mucho sueño, así pude descansar por una hora. Luego llegaron los hermanos y me despertaron para el servicio; esa noche tenía que predicar, además los hermanos tenían niños para dedicarlos y un matrimonio para consagrar. Después del servicio y la ceremonia me invitaron a comer así como a celebrar las bodas. La fiesta se realizó pasando por el camino y debajo de un árbol de higuerón; había comida, juegos, alabanzas, y a las doce de la noche me pidieron que predicara un sermón para todos los invitados. La noche pasó muy rápido. La esposa del Hermano Loja preparó comida para mi viaje de regreso a Balsas, los hermanos tenían dos mulas que después de seis meses sueltas en la montaña lo llevaron para viajar hasta el puerto después de desayunar. Mis compañeros de viaje eran un jovencito de 16 años y un niño de 12. En la mula más tierna colocamos todo


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el peso y luego le vendaron la cabeza con un poncho y cuando monté la mula le quitaron el poncho. El animal muy bravo saltaba y salió corriendo, pensé que sería un viaje muy difícil para mí; no había dormido, las mulas eran peligrosas, los jovencitos no tenían experiencia. Después de seis horas de caminar llegamos a un canal con agua y la mula que llevaba los chicos se asustó y uno de ellos cayó al piso. Su pie se hinchó, gritaba cuando lo tocaba y el chico no podía pararse. ¡Qué problema sin solución! Pensé por un momento y les pedí a ellos que regresaran a sus casas con las mulas y yo viajaría solo hasta el puerto, ellos dijeron que no, entonces les pedí que fueran tras de mi. Llegamos al río Marañón, bajamos de la mula para almorzar, sacamos la comida y almorzamos junto al río entre la arena y las rocas. Luego arreglamos las cosas para montar las mulas. Primero cabalgó el joven sobre la mula más vieja, después monté yo colocándole un poncho en la cabeza. Como se me había olvidado tomar agua, le pedí al niño que me alcanzara agua en un vaso; el niño salió para el río y me estaba dando el vaso con agua cuando la mula se asustó y empezó a levantar las patas y colocar la cabeza dentro de los espinos y a correr. Yo gritaba encima de la mula, “¡Mula, mula, mula, mula...!” Sentí que se rompió el cinturón que iba amarrado por debajo de las patas del animal. Me levanté un poco y se cayó la montura al piso y me abracé del cuello de la mula y crucé los pies por debajo de los brazos del animal y enfurecido gritaba, “¡Mula, mula, mula...!” Cuando la mula estaba cansada de correr y de levantar las patas, y yo no me había caído al piso, el animal paró y yo me pude bajar. Mis piernas estaban temblando y todo mi cuerpo parecía gelatina, no podía pararme, estaba afectado de los nervios, no tenía fuerzas y estaba agotado completamente, los chicos estaban asustados y no podían hablar. Tomé fuerzas nuevamente, arreglé la montura y coloqué los paquetes sobre la mula y me monté; traté de correr por una subida de arena y el animal sudaba y por el cuerpo le corría agua. Llegamos a Balsas a las seis de la tarde. Entonces traté de sacarle la montura y las riendas a la mula pero esta se paraba en las dos patas y quería gol-


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pearnos. La amarramos junto a un árbol sin comer esa noche y al día siguiente llegó un vecino del Hermano Loja a quien los jóvenes le prestaron la mula y viajaron juntos de regreso. El Hermano R. Zacarías Bautista había llegado el día anterior a Balsas y se quedó un día más con los hermanos; una vez que yo llegué regresamos juntos a Chota. No había descansado por 27 horas, estaba completamente agotado y sólo necesitaba un lugar para descansar. Pero me encontraba muy gozoso en el servicio de nuestro Dios. UN EXAMEN MÁS DEL SEÑOR Mi esposa enfermó gravemente ya que estaba encinta de dos meses y el feto murió. El médico se asustó y tuvo que hacer una curación y sacar los coágulos de sangre de emergencia. No teníamos dinero y nos vimos obligados a vender el caballo misionero para poder pagar al médico y las medicinas que se necesitaron. Pensamos que podríamos recuperar el caballo mas tarde. Una familia cristiana de la iglesia “El Nazareno” vivía cerca de nosotros y salí para pedirles prestado dinero para comprar dos inyecciones cuando mi esposa estaba en la clínica; el hermano desconfió que podría pagarlo y me dijo que no podía prestarme, entonces salí corriendo a la casa de la Hermana Rosa Rodríguez y Felicita Tapia. Les mencioné el tema y las dos hermanas dijeron, “No se preocupe Pastor, nosotras le compramos las inyecciones y lo llevaremos a usted a la clínica.” Regresé corriendo a ver a mis dos bebes ya que los había dejado durmiendo en la cama; era la una de la mañana, entré al dormitorio y miré la cama y no estaban los bebes, me asusté y pensé, “¿Qué pasó, sí la casa quedó con llave?” Traté de buscarlos por la esquina de la casa y luego me incliné a mirar debajo de la cama y los dos bebés estaban debajo durmiendo. Los saqué y les preparé la leche y les di su biberón. Luego los coloqué sobre la cama y regresé a la clínica para ver a mi esposa y pasar con ella unas horas y regresar nuevamente para ver a los bebes. Esa noche la pasé caminando de la clínica a la casa; mi esposa pronto sanó. ¡Gracias a Dios!


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ADQUISICIÓN DEL TERRENO PARA LA IGLESIA En 1986 compramos la propiedad de la iglesia en Chota para que la iglesia tuviera un lugar donde adorar al Señor. Por cuatro años habíamos caminado por toda la ciudad rentando locales, parecíamos a una viuda pobre, pero el Señor es fiel a sus promesas. La iglesia inició un programa de ofrendas de amor pro-terreno y de diferentes lugares llegaron ofrendas para hacer real nuestro proyecto.


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i esposa y yo sentimos en nuestro corazón que debíamos iniciar la iglesia de Dios en Ecuador. Durante la Conferencia Interamericana Perú se comprometió a ingresar por el Sur y Colombia por el Norte; habían pasado dos años y aún no se había empezado la obra en Ecuador, ninguno de los dos países había cumplido con la promesa. Compré el pasaporte, me costo $200 dólares, la oficina de la Cruzada Carcelaria estaba tramitándolo en abril de 1986.Viajamos junto con el Hermano Salomón hasta Guayaquil; allí conocimos a una pareja de hermanos, dos jóvenes que habían salido de la Alianza Misionera y que no asistían a ningún lugar. Estaban muy fríos y no estaban listos para empezar una obra, necesitaban reconciliarse con el Señor primero y empezar a caminar en alguna iglesia. Después de dos días en Guayaquil, Salomón Cabanillas se decepcionó y regresó en avión a Lima.Yo le pedí al Señor que me ayudara, pensé, “Tengo que seguir adelante hasta ver donde se tiene que empezar la Iglesia de Dios.” Viajé a Quito, capital de Ecuador, y de allí hasta Lumbaquí, en la selva ecuatoriana.Tenía la dirección de la Señorita Delia Rodríguez y al llegar a Quito me dirigí a casa de la Señora Paola, hermana de la Señorita Delia; llegué a las siete de la noche y toda la familia estaba preparándose para viajar a Lumbaquí, me uní al grupo y viajamos juntos. Esa noche fue una tortura para mí, teníamos que subir hasta la cordillera y cruzar un páramo de más de 3.000 metros de altura; se me bajó la presión, estuve con dolores de cabeza, estómago y transpiración fuerte, mi cuerpo se enfrió. ¡Fue terrible! Cuando llegamos al Chaco la Señora Paola, sus dos hijas y su


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hermana bajaron del bus para comer en el restaurante pero yo no podía pararme y tenía un poco de vergüenza por no poder ir a platicar con ellas. La Señora Paola dijo, “Yo quiero invitarlo a comer, levántese y baje.” Yo le dije, “No gracias,” y me quedé en el bus. Mientras el bus se acercaba al reventador mi cuerpo se fue recuperando lentamente, cuando llegamos a las seis de la mañana ya podía pararme y caminar. La finca de la hermana estaba ubicada entre Francisco Pizarro y Lumbaqui. Ese día conocí a la familia Rodríguez, fue una sorpresa para mí, nos saludamos con la Señorita Delia y a pesar de que no era cristiana habíamos tenido correspondencia desde mucho tiempo antes. Aprovechamos para tener estudios bíblicos durante tres noches y les prediqué de Jesús. Una noche antes de finalizar salimos con toda la familia para visitar a la iglesia del Pacto en Francisco Pizarro, y el líder de la congregación me dio la oportunidad para predicar. Después del mensaje invité a aceptar a Jesús a la familia Rodríguez, la Señorita Delia se puso de pie y dijo, “Yo acepto a Jesús como mi Salvador ahora, pero si usted me permite seguir asistiendo a la misa los domingos.” Le respondí,“No hay problema, lo importante es que usted acepte a Jesús como su Salvador y de todo corazón ahora, usted solamente tiene que estudiar la Biblia todos los días y por las mañanas usted va a la misa y por las noches viene a la iglesia. ¿Está bien?” Ella prometió que se reuniría dos veces por semana con la iglesia evangélica e iría a la misa los domingos. Aceptando el convenio, Delia y Marianita aceptaron a Jesús como su Salvador esa noche. Felices regresamos a su casa, la señora Paola parecía muy escéptica; al siguiente día ella debía salir al medio día para Lago Agrio a tomar el bus para Quito; me despedí de toda la familia Rodríguez y la Hermana Delia me acompañó hasta Lago Agrio. Ella pagó el pasaje hasta Quito, luego me invitó a cenar a un restaurante y caminamos conociendo la ciudad, era una hermana con un corazón maravilloso.


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Dios bendijo a la Hermana Delia y a mí, los dos estuvimos sorprendidos de las maravillas del Señor. A las seis de la tarde me embarqué desde la terminal, nos despedimos con la Hermana Delia e hicimos un pacto que yo debería enviar por correo estudios bíblicos y doctrinales cada semana y ella se comprometió a estudiarlos. Regresé a Chota, Perú, para preparar la convención que se realizaría en Las Juntas, Querocotillo. Rentamos una camioneta del vecino Sinesio y en ésta viajamos los hermanos de Chota, Lajas y Olmos; otro grupo viajó a pie a la convención. Ésta se realizó en el mes de agosto del mismo año, la camioneta llegó hasta Querocoto y de allí los hermanos de Las Juntas nos esperaban con tres caba-llos para llevar los equipajes de los hermanos y mis hijos, Gerson y Eliézer, porque fueron los únicos niños que viajaban ese día. Las hermanas dejaron a sus niños en casa por la distancia, para ellas era imposible llevarlos. CONVENCIÓN REGIONAL EN LAS JUNTAS En el mes de agosto de 1986 la Iglesia de Dios, de la región Chota, realizamos nuestra convención anual.Viajamos desde Olmos, Lajas, Chota y Tugusa con la Hermana Amanda de Arequipa; otros hermanos viajaron a pie, otros en caballo y otros en camionetas hasta Querocoto. Caminamos por cinco horas desde Querocoto hasta Las Juntas. La convención duró tres días y fue una bendición muy grande. Participaron hermanos de Pucará y de Jaén, la iglesia en las Juntas mató una vaca para esos días de fiesta. El Señor Jesús fue glorificado. José Luis Chuquiruna y Amanda Itusaca se ocuparon de trabajar con los jóvenes y niños, y el Pastor Nicolás Pérez y yo teníamos a cargo las conferencias durante los tres días. Algunos de los niños jugaban en el río Chotano, sacando algunos peces con la mano que estaban atrapados dentro de las piedras, Gerson y Eliézer muy pequeñitos, estaban fascinados dentro del agua ya que el lugar era muy cálido. A los niños los picaron los zancudos y les dio malaria (paludismo). Después de un mes Gerson cayó enfermo y fue llevado al hospital, se le detectó que tenía paludismo. Él


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estaba muy chiquito y sufrió terriblemente con esta enfermedad. LA IGLESIA DE DIOS ES PLANTADA EN ECUADOR Por tres meses tuvimos correspondencia con la Hermana Delia Rodríguez; yo le enviaba las copias de los estudios y podía animarla a seguir fiel al Señor. Luego ella me escribió y dijo, “Pastor Zamora, me gustaría que empecemos la Iglesia de Dios en Ecuador.” Para mí era difícil porque no conocía ese país y no tenía dinero para rentar un apartamento. Yo le platiqué de esa necesidad a Delia y ella me contestó,“Yo pagaré por un mes para que usted esté en Quito en casa de mi hermana. Allí tendrá comida, casa y cama y después del mes usted ya tendrá un lugar para empezar la Iglesia de Dios.” Llegamos a un buen acuerdo, y platicando con mi esposa, decidí viajar. Regresando de Las Juntas, ya terminada la convención regional, arreglamos las maletas para viajar nuevamente al Ecuador. En septiembre de 1986 salí de Chota con dirección a Quito y llegué una tarde a la hora de la cena; toqué la puerta y salió la Señora Paola y al mirarme dijo rápidamente, “¡Pastor Zamora, mi enemigo!” No se si lo dijo como broma o porque así sentía su corazón, me dio la bienvenida y me hizo pasar y sentarme junto a la mesa donde estaban cenando ella, Lupe y sus niñas. La Señora Paola y yo salimos juntos por dos días a conocer su terreno por San Juan, al norte de Quito. La Señora Paola es una mujer muy alegre, por las noches abrimos la Biblia para leer juntos, orar y mirar la televisión, algunas veces ella no quería aceptar que en la Biblia se menciona más a los hombres que a las mujeres. Ella decía, “¿Por qué no menciona Dios a las mujeres también?” El día lunes la Señora Paola salió a su trabajo y yo tenía que salir a conocer un poco la ciudad y conocer cual era el sector en el que no había iglesias cristianas. En primer lugar visité la emisora cristiana HCJB ya que conocía a algunos hermanos y pastores de la iglesia evangélica en Quito. Mi propósito era a través de ellos conocer lugares no alcanzados. Allí también conocí al Hermano Antonio; él me dio una lista de de las Iglesias y lugares donde había necesidad del Evangelio, además


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me dio la dirección del Hermano Ángel que vivía en el Quinche. En segundo lugar visité la Sociedad Bíblica, donde pude conseguir otra lista de lugares que necesitaban a Jesús; entre la primera lista y la segunda aparecía una ciudadela llamada “Comité del Pueblo.” Pensé que si en las dos listas el lugar coincidió sería la voluntad de Dios que empezáramos a evangelizar en esa área. Esta ciudadela está ubicada al norte de Quito; durante una semana visité esta población y traté de hacer contactos y conocer el lugar y a la gente. Además conocí a un grupo de hermanos independientes, me puse a orar todos los días por este lugar y, como Gedeón, pedí a Dios que me diera una prueba si era su voluntad iniciar allí la iglesia. Visité nuevamente al Hermano Antonio en la emisora HCJB y le pedí la dirección del Hermano Ángel; yo lo conocía por carta y quería visitarlo. El Hermano Antonio tomó un papel y dibujo un plano con la dirección. Un día miércoles me levanté temprano, oré al Señor y después de tomar el desayuno con la Señora Paola decidí viajar al Quinche; tomé un taxi bus, que en Ecuador llaman buseta, desde San Carlos y llegué al centro de Quito a la Marín, luego preguntando llegué hasta la terminal de los buses que van para el Quinche. Saliendo de Quito entre montañas y árboles, llegué hasta la comunidad y busqué la dirección donde vivía el Hermano Ángel pero no lo encontré porque era profesor en la selva; los vecinos me informaron de un grupo de cristianos que se reunían fuera de la ciudad cinco kilómetros al norte. Preguntando llegué hasta donde los hermanos; ellos me platicaron que realizaban dos cultos por semana a escondidas, por el peligro que los descubriera la iglesia católica y el miedo a ser perseguidos. El líder me invitó para predicar esa noche, yo pensé que me darían hospedaje. Llegaron cinco hermanas, oramos y entregué una pequeña enseñanza Bíblica al grupo de hermanos. Después de que terminó el servicio nos despedimos y cada uno salió por el campo rumbo a sus casas. Estaba muy oscura la noche y yo caminé hasta la carretera y me paré a esperar y ver si pasaba algún vehículo. Al rato un borracho pasó por mi lado y dijo, “Oh señor, por aquí no pasan


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carros a esta hora y en Quito están de paro todos los transportistas así que no hay buses.” Miré mi reloj, era la una de la mañana, tenía mucho frío y me encontraba parado allí en la carretera sin tener otra alternativa. Esa noche tuve que acomodarme al lado de un puente; por dicha en esa fecha no había agua, y me quedé con mi maletín en la mano con folletos y mi Biblia. Ya cuando el día aclaraba y podía ver la carretera empecé a caminar y en el camino me encontré con la Hermana Magdalena quien me reconoció de la noche anterior y me dijo, “Hermanito, venga a casa. ¿Dónde se ha quedado?” Platiqué con ella, estaba con mucho frío y casi no podía hablar. Caminé con ella hasta su casa y me invitaron un caldo verde con huevos caliente y café. Estaba muy agradecido con Dios por su cuidado y por la alimentación. A las 10:00 de la mañana pasó una buseta y pude irme de regreso a Quito. Fue una experiencia nueva que Dios tenía para mí. Orando decidí empezar la obra en el Comité del Pueblo. Primero renté una pieza (habitación) muy chica de dos por tres metros en la zona 8; los dueños me prestaron dos tablas y un bidón (un cilindro de lata) para comprar agua. No tenía colchón y colocaba una bolsa de dormir sobre las tablas y me servia de colchón y de frazada. Cuando renté la habitación en el Comité del Pueblo, me tuve que despedir de la Señora Paola, y salí de su departamento, aunque la visitaba cada 15 días. Al inicio mi espalda estaba muy adolorida por las tablas, luego me acostumbré. Dormí sobre esas tablas por tres meses. Para alimentarme salía al centro de Quito, solamente comía una vez en el día porque no tenía dinero para pagar la habitación y mi comida; por la tarde algunos días podía comprar unos panes. Mientras tanto, mi esposa Udelia trabajaba vendiendo literatura en Perú, cuidando a los niños y liderando la iglesia en Chota y la región; con su trabajo mi esposa me ayudaba para vivir en Quito y dar inicio a la Iglesia de Dios. LA IGLESIA DE DIOS ES PLANTADA EN QUITO Era una tarde fría y el viento soplaba levantando la tierra por el aire con mucha fuerza cuando llegué a la esquina de la parada de buses


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(Comité del Pueblo – La Marín). Me paré junto a un poste de alumbrado público con mi Biblia y mis folletos en la mano, canté una alabanza muy conocida, “No hay Dios tan grande como tú,” y mientras cantaba algunas personas se acercaron a mirar; tomé la Biblia y di lectura en Mateo 11:28, prediqué un sermón muy corto llamado “Para los que están cansados de la vida.” Luego les invité a que aceptaran a Jesús como su Salvador, una señora dobló sus rodillas y confesó sus pecados al Señor esa tarde; esta fue la prueba real que yo estaba haciendo la Voluntad de Dios, el Señor me dio todo su apoyo y su poder. Desde ese día me entregué en las manos del Señor para ser usado por Él. Al día siguiente por la mañana visité su hogar para orar con ella y sus hijos y dejarle una porción Bíblica en sus manos. Luego visité el departamento de evangelismo de HCJB y renté películas para proyectar en el mismo lugar donde había realizado el primer culto, por tres noches consecutivas tuvimos proyección de películas y predicación en esa esquina de la calle. Durante esa semana Dios salvó a ocho personas y un grupo de niños llegaban a las reuniones. Un testigo de Jehová que tenía problemas con su esposa, pues estaban separados, tenía un local de tres por cuatro metros sin puertas ni ventanas, y me lo rentó en esa misma esquina. Compré seis tablas y coloqué ladrillos debajo y así construí nuestras bancas. El testigo me prestó una mesa muy pequeña para usarla como púlpito. Realizamos allí nuestros cultos y nuestra Escuela Dominical durante un mes. Los Hermanos Luis y Hugo Silva, la familia Armas y luego los Hermanos Sandia y Agustín Ordóñez me visitaron apoyando los servicios. Empecé a orar al Señor para conseguir un local más grande y salir del local del testigo, porque era peligroso que ese hombre empezara a trabajar con las almas salvadas y los llevara de vuelta a la perdición. Dios nos dio otro local más al centro de la avenida principal, en casa de Lupita; su madre nos rentó el segundo piso, y allí Dios continuaba añadiendo cada día nuevas almas. En el mes de diciembre de 1986 dejé a la Hermana Celina dirigiendo la iglesia y yo regresé a Perú para llevar a mi esposa y mis


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dos niños a Ecuador. La hermana que nos rentaba la habitación para los servicios, nos rentó una habitación en el sótano para usarlo con mi familia y el Hermano Hugo me prestó una cama. DE REGRESO AL HOGAR Fue una sorpresa para mi esposa cuando llegué, y luego de hablar con ella preparamos las maletas para viajar. Primero viajamos a Lima para sacar los pasaportes de Udelia, Gerson y Eliézer; no teníamos quien nos ayudara para darnos su personería jurídica para sacar los pasaportes. Pedí al Hermano Salomón Cabanillas que nos apoyara con la personería jurídica ya que pertenecíamos a la misma organización, pero no nos quiso ayudar, así que acudimos a la Iglesia de Cristo; por medio del Hermano Julio Valverde nos ayudaron y además con ellos llenamos la solicitud para el Ministerio de Economía y sacamos los pasaportes. Nos costó $100 cada pasaporte y los pagamos con todo lo que mi esposa había trabajado y con algunas cosas que vendimos. Luego con los papeles que nos redactó el Hermano Dale Simpson y el Hermano Manuel Rea de la iglesia “Cristianos en Acción” de Quito, Ecuador, nos presentamos al consulado de Ecuador en Lima para sacar la visa. Nos faltaba un certificado, entonces mi esposa viajó hasta Quito para pedirle a los hermanos el certificado y regresar a Lima nuevamente para presentarlo. Una experiencia que ella nunca olvidará fue cuando llegó a Tumbes, ciudad fronteriza con Ecuador. El bus se malogró en el camino y Udelia, que iba con Eliézer en sus brazos, llegó tarde y la frontera ya estaba cerrada. Fue un día sábado y los domingos no hay bancos abiertos para comprar la estampilla de salida del país, ella tuvo que buscar un hotel para quedarse ese día y el domingo. Tumbes estaba celebrando sus fiestas, no había ningún espacio en los hoteles, todos estaban llenos de visitantes. Udelia caminó por toda la ciudad y muchos le dijeron, “Señora tenga cuidado, hay muchos ladrones en estas fechas.” Ella tenía a Eliézer en sus brazos de tan solo tres años de edad. Le pidió a un taxista que la llevara a la comisaría, ella pensó, “Como no hay donde


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dormir, la policía tiene que darme un lugar donde pasar la noche.” Al llegar a la comisaría y explicarles su situación, la policía no quiso que se quedara allí. “Nosotros somos hombres y las mujeres no pueden quedarse aquí,” le dijeron. Pero le dieron la opción de quedarse en el calabozo junto con una señora que estaba presa. Mi esposa aceptó y tuvo que pasar una noche voluntariamente en la cárcel. Ella dice que no durmió, solamente trató de cuidar al niño para que durmiera y así ella pudo hablarle de Jesús a la mujer que estaba presa y Dios cuidó de ella en esa prisión esa noche. El día domingo viajó hasta Zarumilla y consiguió un lugar donde pasar el día y viajar el lunes para Quito, Ecuador. Cuando ella regresó de Ecuador a Lima, Gerson y yo llegamos también para presentar los papeles y con la visa viajamos a Quito para continuar nuestro trabajo con la iglesia. Después de llegar a Ecuador presentamos nuestros pasaportes y la visa. Para poder sacar nuestro carné en extranjería, el servicio de inteligencia del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas nos llevó a sus oficinas para hacernos un examen psicológico y un interrogatorio por ser peruanos; frente a nosotros estaban psicólogos uniformados y médicos haciéndonos preguntas. Luego nos visitaron en varias oportunidades. Una vez llegó un teniente de la policía de investigaciones para ver que teníamos adentro de la casa, y la última vez recuerdo que lo invitamos a la mesa para la comida y unas bebidas gaseosas. Eran dos los detectives y después de comer saqué la Biblia y sentados empezamos a evangelizarlos a estos dos hombres; luego me sorprendí porque uno de ellos era testigo de Jehová; ese día fue muy importante porque leímos la Biblia y oramos. Desde ese día la policía ecuatoriana no nos molestó más. Mi hijo Gerson tenía seis años y le pedimos a la directora del Colegio Jumandy que le permitiera estudiar ese año. La profesora aceptó con tal de que Gerson pasara un examen. Después de dar el examen Gerson ingresó al primer año de primaria; él estaba feliz en su escuela. Él ingresó en el mes de enero de 1987 y tuvo muy buenas calificaciones al terminar el año escolar.


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uando llegamos a Ecuador la visa estaba en trámite y Gerson ingresó al colegio. Platicamos con el Hermano Hugo Silva sobre el trabajo que íbamos a realizar y él nos dijo, “Pastor, yo tengo un lugar donde funciona mi taller de mecánica, yo puedo trabajar en la calle y la iglesia funcionaría en ese lugar.” Muy alegres por la decisión del Hermano Hugo nos dedicamos a colocar tableros de madera y a pintar y colocar unas bancas para realizar allí servicios. El Hermano Hugo Silva se colocó en la calle para trabajar. Muy pocos hermanos pueden despojarse de un lugar así como este hermano. Él dijo, “Primero es Dios y luego mi familia y yo.” Dios lo bendijo en poco tiempo, él se compró un terreno, eso fue la respuesta del Señor. Se dio inicio a la Escuela Dominical con los niños. Mi esposa Udelia se preparaba muy temprano y llevaba un balde de agua en la mano para hacer la limpieza del salón. Gerson y Eliézer llevaban la escoba y muchos niños asistían a la Escuela Dominical; por un año ella se dedicó sólo a trabajar en la Escuela Dominical. El local estaba ubicado en el centro de la avenida principal, pero pronto empezamos a orar para adquirir un terreno para la iglesia. Realizamos muchas vigilias con el propósito de orar al Señor por un terreno, además se empezó a recolectar dinero con esta meta. Una noche llegó un inconverso, esposo de una hermana y dijo, “Anótame a mí para dar una ofrenda de amor al fin de mes.” Cada mes todos los hermanos teníamos que entregar una ofrenda de amor. En 1988 se realizó la Conferencia Interamericana en Republica Dominicana y el Hermano Mauricio Calwell envió $750 para mis


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pasajes para asistir a la conferencia. Porque mi pasaporte estaba en extranjería no llegué a viajar y le pedí al Hermano Mauricio que nos prestaran o donaran ese dinero para comprar el terreno. El cheque llegó a mis manos y oramos para que el Señor hiciera Su Voluntad con ese dinero y con la compra del terreno. Se presentó la oportunidad de comprar el terreno en la zona 8, había un letrero que decía, “Se vende este lote de terreno.” Conseguimos la dirección del dueño y viajé con los Hermanos Elías Terán y Agustín Ordóñez hasta Tabacundo, a dos horas de distancia desde Quito, donde llegamos preguntando hasta la casa del dueño del terreno. Ese día se reunieron la señora y el esposo para platicar del precio y llegamos a un buen acuerdo; decidimos comprarlo y ellos viajarían en una semana más a Quito por el dinero (el cheque lo tenía en mis manos). Salí con mi esposa al centro y cambiamos el cheque en sucres y lo juntamos con el dinero que la iglesia había recaudado para comprar el terreno. Después de cancelar el dinero, nos redactaron un documento notarial de compra-venta, e hicimos algunos trámites con la cooperativa de vivienda para realizar las escrituras notariales correspondientes. Estos trámites demoraron como seis meses y cuando le pedimos que nos firmaran la Escritura Pública, los dueños del terreno nos chantajearon. Ellos no firmarían las escrituras a menos que nosotros no les dieramos más dinero; estábamos en una encrucijada porque ya teníamos trabajos hechos en el terreno. Allí estuvimos en oración y ayuno pidiéndole al Señor Jesús que nos ayudara con este problema, hasta que finalmente llegamos a tener los documentos notariales definitivos, y el Señor nos dio la victoria. Al tener comprado el terreno mandamos una copia de la Escritura a la Misión, ellos nos escribieron diciendo que el dinero lo querían donar para la Iglesia de Dios en Ecuador. Mientras se resolvía el papeleo del terreno, nosotros empezamos con los trámites de la personería jurídica. Logramos obtenerla muy rápido en el Ministerio de Justicia gracias al abogado Jiménez, que fue el que nos ayudó a tramitarlo. Siempre hemos tratado de que las cosas de la iglesia sean orde-


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nadas y conformes con la ley y Dios nos ha bendecido siempre. CUIDADO Y PROTECCIÓN DE DIOS Mientras trabajamos iniciando la iglesia en Quito, Ecuador, los recursos económicos se terminaron. Una tarde proyectamos una película en Pomasqui y el Hermano Pedro Acosta fue el representante de la estación de radio HCJB; después del servicio que tuvimos al aire libre platicamos unos minutos y él me pregunto:“¿Tienen ustedes sostenimiento económico de Perú? ¿Les ayudan de otros lugares? ¿Ó tienen algún trabajo aquí en Quito?” Mi respuesta fue:“Vivimos por la fe. El Señor nos ayuda para continuar en el trabajo del inicio de la iglesia en Ecuador. No tenemos ningún sostén.” No podía trabajar en Ecuador, tenía una visa de misionero y el gobierno ecuatoriano me había prohibido trabajar, solamente tenía que dedicarme al trabajo de la iglesia. El Hermano Pedro Acosta tomó la dirección de la casa donde vivía y al día siguiente a las tres de la tarde llegó con su esposa. Mi esposa salió a recibirlos, bajé del segundo piso y recibimos a los hermanos. En su camioneta traían 50 Kg. de arroz, azúcar, harina, fideos, leche y avena. Mi esposa se quedó sorprendida y después que salieron ella me dijo, “No sabrá que somos peruanos el Hermano Pedro.” Yo le dije que esta bendición era de Dios, y que al Señor no le importa la geografía; nosotros le agradecimos al Señor por los alimentos. Una semana después nos visitó nuevamente el Hermano Pedro y dijo, “Hermano Narciso y Hermana Udelia, queremos regalarles una refrigeradora, es usada pero si desean vamos ahora a traerla.” Nosotros estábamos muy alegres y agradecidos con Dios; salimos junto con los hermanos hasta el norte de la capital, a una hora de distancia. Llegamos hasta su finca y cargamos la refrigeradora y de regreso a casa mi esposa y mis niños y yo estábamos muy felices por este gran regalo, este fue un regalo de Dios; era difícil para nosotros comprar una, pero el Señor conoce nuestro corazón y él suple las


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necesidades. Los Hermanos Acosta fueron usados por el Señor para ayudarnos con los alimentos y la refrigeradora, Dios hace cosas grandes que nosotros no nos imaginamos. UN ASALTO DE DELINCUENTES Mientras viajaba para Zamora, Chinchipe, a tomar exámenes de los alumnos del seminario bíblico, tres delincuentes se quisieron meter a robar a nuestra casa; ellos querían entrar a la casa y hacerles daño a mi esposa y a mis hijos así que mi esposa asustada gritó y pidió auxilio a los vecinos. Cuando los delincuentes trataban de entrar por la ventana, uno de mis hijos lloraba y el otro decía, “Mamita, me voy a donde la Hermana Aída para decirle que venga aquí para que nos ayude.” Mi esposa le dijo, “Hijito, los delincuentes están afuera y no podemos salir.” Mi hijo fue muy valiente y gracias a Dios unos jóvenes pasaban frente de la iglesia y escucharon el grito y llegaron a ayudarlos, mientras ellos llegaban, los delincuentes salieron corriendo por el portón. AMOR A NUESTROS ENEMIGOS El vecino de al lado llegó tres veces hasta la puerta de la iglesia queriendo golpear a mi esposa porque hacíamos bulla, porque caían ladrillos a su propiedad y por ser peruanos. Él aprovechaba cuando yo salía a visitar las iglesias de las provincias para llegar amenazando con golpearla. Pero Dios siempre ha cuidado a mi esposa y a mis niños, y ella solamente le decía, “Dios le bendiga por todo lo que ha dicho.” INICIA LA PRIMERA CONSTRUCCIÓN DE LA IGLESIA EN ECUADOR El terreno nuevo de la iglesia tenía una parte alta y pensamos en rentar una pala mecánica para limpiar el terreno. En esos días pasó por Quito el Doctor Firestone y su esposa, que eran misioneros en Bolivia, y ellos nos invitaron a almorzar en uno de los restaurantes


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de Quito y nos obsequiaron $80. Ese dinero nos sirvió para rentar la máquina y sacar la tierra de la propiedad de la Iglesia de Dios. Fueron muchas camionadas de tierra que se sacaron de allí. Mi esposa, mis hijos y yo estábamos felices al ver la propiedad limpia. Todos los hermanos reunidos empezamos a construir la primera iglesia de Dios en Quito, Ecuador; entre ellos estuvieron Elías Terán, Jaime Tipán, Agustín Ordóñez, Patricio Heredia, Hugo Silva, Luis Silva, mi familia, otras hermanas y niños y yo. Todos los hermanos recogimos dinero pro-construcción y compramos dos millares de bloques y con barro edificamos la iglesia; colocamos láminas de zinc para el techo y para el piso el Hermano Elías Terán consiguió regalados unos tableros de madera de su trabajo; y una noche a la una de la mañana llegó con los tableros. La lluvia caía tan fuerte que esa noche mientras descargamos el camión terminamos con la ropa pegada al cuerpo, pero Dios nos bendijo y en pocos días más inauguramos el templo. Los Hermanos John y Rita Stein y sus niños, Jason y Heather, llegaron a Ecuador para trabajar en la fuerza aérea Ecuatoriana; los hermanos asistían a la iglesia todos los domingos y para la inauguración la familia Stein trajo invitados y grabaron el servicio en video. Esa noche el templo estaba lleno de gente y fue una fiesta muy grande. Los días de trabajo, las hermanas damas se reunían para hacer el almuerzo y los varones iban a batir el barro y colocar los bloques. El que estaba más feliz con el barro era Eliézer; mi hijo de cinco años deseaba que todos los días hubiera trabajo en el barro para poner sus pies y manos en el y tomar los bloques. A él siempre le gustó ensuciarse en este trabajo. ¿CÓMO SE SUSTENTABA LA FAMILIA ZAMORA? Este tema es otra obra maravillosa de Señor, muchas veces había leído Habacuc 2:4 y una vez más teníamos que ponerlo en práctica: vivir por fe. El dinero que llevamos de Perú se terminó, orábamos al Señor para que nos proveyera y no sabíamos cómo ni de donde iba a venir la ayuda. La pequeña iglesia nos ayudaba para pagar la renta pero la alimentación era muy importante. Un sábado mi esposa fue a la feria con 500 sucres (aproximadamente $1.50) y le al-


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canzó para comprar algunas verduras y papas, mientras ella iba yo me quedé colocando bloques en la propiedad de la iglesia. Cuando mi esposa llegó a casa se puso lista a salir otra vez.Yo le pregunté, “¿Y para dónde vas?” Ella dijo que se iba para la feria a comprar más comida porque de regreso en la calle encontró 500 sucres y quería comprar comida para la semana. Dios siempre provee de acuerdo a nuestras necesidades. Nuestra primera navidad en Quito no teníamos dinero para comprar un carro de juguete para mis hijos, pero ellos amarraron con una pita de su costado una caja de cartón de zapatos y jalándola corrían dentro de la casa y para ellos eso era su carro; no teníamos dinero para poder darles un regalo, pero el Señor tenía sorpresas para el futuro de mi niños. Gracias al Señor que ellos comprendían que no teníamos dinero, su mamá siempre les explicaba esto, pero también les decía que Dios nos daría algún día y ellos podrían tener un carro grande. Ahora que estoy escribiendo este testimonio derramo lágrimas porque pienso en todo lo que mis niños podrían haber tenido pero no lo tuvieron, pero ahora están jóvenes y fieles sirviendo al Señor Jesús, entregados completamente a Él y a Su causa. Dios nos bendijo con algunas habilidades, entre ellas las confecciones. Compramos un metro de vinil y confeccionamos forros para Biblias. Entonces visité las Sociedades Bíblicas, algunas librerías cristianas, la emisora Cristiana HCJB, y ofrecí mis materiales por casi la mitad del precio que dejaban los hermanos colombianos. Para probar algunas librerías solicitaron una docena de forros, así que confeccionamos muy rápido y los entregamos a la librería de HCJB. Algunas de ellas nos pagaron de inmediato, pero la Sociedad Bíblica nos dio un cheque para 15 días. Fue el inicio de las bendiciones de Dios; después de 15 días visité nuevamente a todas las librerías y ahora me tenían pedidos grandes de forros. Trabajamos evangelizando, predicando y después de los servicios con mi esposa y mis hijos nos dedicábamos a confeccionar cuando había muchos pedidos; habilitamos el material en el día, por la noche yo cosía los plásticos, Gerson y Eliézer coloca-


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ban el pegamento para los cierres, luego los cosía y mi esposa colocaba las llaves; después de un tiempo Dios nos bendijo con dinero para vivir y para viajar a continuar la obra misionera fuera de la capital. COMPRA DE UN NUEVO LOTE DE TERRENO Con mi esposa platicamos y decidimos comprar un terreno para edificar allí nuestra casa. En la parte posterior de la iglesia había dos lotes vacíos y en uno de ellos había un letrero que decía se vende y tenía el teléfono. Una mañana salí al centro de la ciudad y llamé al dueño del terreno para saber el precio; conseguí los costos y nos citamos para vernos en la notaría frente de la Alameda. Conocí al dueño, platicamos y arreglamos el precio y lo compramos, se redactó el documento de compra-venta hasta tramitar los papeles en la cooperativa. Estos papeles demoraron más de medio año. Durante ese tiempo platicamos con el Hermano Manuel Rea y él nos dijo que en 1981 el gobierno del Ecuador confiscó propiedades de peruanos que vivían en ese país y que nosotros podríamos tener problemas con el terreno a nuestro nombre en caso que se diera algún conflicto. Eso nos puso a pensar qué hacer, si vendíamos ese terreno nuevamente o hacíamos la escritura pública a nombre de la Iglesia de Dios en Ecuador. Mi esposa dijo, “Si Dios bendice no hay problemas, podemos vivir aquí, pero la propiedad será de la Iglesia de Dios.” Decidimos sacar la Escritura a nombre de la Iglesia de Dios. Por lo tanto la propiedad de la iglesia sería nuestra hasta hoy. Luego contratamos una pala mecánica para limpiar el terreno y aplanarlo porque estaba en subida. Una mañana mientras el sol brillaba llegó el maquinista con el tractor y el camión para trabajar; cuando ellos entraron a la propiedad la vecina me llamó y me dijo, “¿Ha comprado usted este terreno?” Yo le dije, “Sí.” Ella dijo, “Pero el de la parte de atrás de la otra calle también estaba en venta y yo supe que ese se había vendido.” Entonces yo dudé de lo que estabamos por hacer, pedí a los hombres que detuvieran el trabajo y salí corriendo a casa para ver las


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Escrituras. Al leerlas bien me di cuenta de que nuestro terreno era el que estaba a lado de la iglesia, nos sorprendimos y dimos gracias a Dios y salimos al trabajo. Ese día se limpió el sitio donde ahora está la Iglesia de Dios. Ese terreno donde están las oficinas del seminario no fue comprado para la iglesia, pero Dios hizo cosas maravillosas y ahora la iglesia y el seminario están juntos. EL PASTOR MENDOZA TAYLOR PIDE ALOJAMIENTO PARA EDIFICAR LA IGLESIA El Pastor Sam Harrington llevó varios grupos de trabajo para Colombia y el Pastor Taylor platicó con él para llevar un grupo de trabajo a Ecuador. Los hermanos en USA aceptaron y nos comunicaron que llegaría un grupo y que necesitábamos rentar una casa grande para el hospedaje y teníamos que hacer las bases de la iglesia y pegar ladrillos para que el grupo llegara a colocar la loza. Los Hermanos Stein tenían todos los contactos con el Hermano Sam Harrington. La iglesia se movilizó trabajando todos los días, todos los hermanos tenían que ayudar en la excavación de los hoyos para colocar los pilares y para las bases. El plano fue llevado desde Perú; en el piso de abajo estarían las habitaciones, un auditorio para conferencias, cocina, y baños; en el segundo piso, el santuario y el tercer piso yo lo diseñé para la casa pastoral. El Pastor Sam Harrington, el Evangelista Richard Bradley, Mauricio Calwell y Kent Geel fueron las personas que llevaron grupos de trabajo para edificar la iglesia en el Comité del Pueblo. El edificio del Seminario también sería edificado. Dibujamos los planos con el Hermano Hugo Silva. La instalación eléctrica la hizo el Hermano Hugo y todas las puertas y las ventanas de los dos edificios las hice yo. EXPANSIÓN DE LA IGLESIA DE DIOS HACIA LA COSTA DEL ECUADOR Por medio del programa “La Hora de la Hermandad Cristiana” hicimos contacto con muchas personas, y uno de ellos fue con Máximo


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Cócheres en El Pasaje, provincia de El Oro. Él me escribió varias veces y yo le enviaba literatura; luego decidí visitarle para conocernos y preguntarle si él deseaba trabajar con nosotros y platicar sobre la obra del Señor. El Hermano Máximo trabajaba en las bananeras; le escribí dándole una fecha en que podía ir a visitarlo y le pedí que me esperara en la terminal de buses. Le di los datos, le dije que llevaría una revista, La Trompeta, en la mano para que me conociera. Máximo esperaba ver a un hombre alto, con cara blanca y grueso, etc., pero cuando yo me bajaba del bus se dio la sorpresa de que no era nada de los que esperaba, sino un hombre mediano, trigueño, de pelo negro y flaco. Hay un dicho que dice, “El buen perfume viene en envase muy pequeño,” y otro que dice, “No todo lo que brilla es oro.” Nos saludamos, me llevó a su casa y nos hicimos amigos de él y de su esposa Flor. Con ellos tratamos de empezar una obra en ese lugar de la costa. La Hermana Delia Rodríguez estaba orando para empezar la obra en Lumbaquí. Luego también recibí una carta del Hermano Alejandro de Jima que me solicitaba literatura. Les envié unos folletos y le pedí a él si me permitía visitarlo. Después de algunas cartas planeamos reunirnos con él en su casa, yo tenía que viajar desde Quito. Yo pensaba que este joven ya era cristiano y que Jima era una comunidad sin riesgos ni peligros contra los evangélicos. VIAJE A JIMA Mi esposa se quedó con los niños y con la iglesia, arreglé una pequeña maleta de mano con 5,000 folletos para trabajar en un campo nuevo y virgen y para dejarle al Hermano Alejandro. Dentro de la maleta llevaba tres camisetas para usarlas como medio para evangelizar. Tomé el bus desde Quito hasta Cuencan que duró 12 horas; llegué a las ocho de la mañana a Cuenca, y preguntando ubiqué las busetas (mini buses) para Jima. Llegué a Jima a la una de la tarde, me bajé en la plaza, y me dirigí a una tienda para preguntar por la dirección de Alejandro, pero nadie lo conocía. Me paré con la maleta en la mano y escuché la emisora HCJB, ellos estaban escuchando las noticias y les pregunté si


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conocían a esos predicadores. Me dijeron que no. Insistí, “¿Qué pasaría si uno de ellos llega a su casa? La señora dijo que sí lo recibiría y le gustaría escucharlo y conocerlo. Entregué una porción bíblica y salí a la siguiente casa, mi trabajo ese día consistió en ofrecer una camiseta que no tenía precio. Por el costo muy elevado, no me la compraba ninguna persona, pero no era por la venta tampoco, este fue el medio para poder dejar una porción bíblica en cada casa. A las damas les gustaban las tres camisetas que llevaba en la mano, pero no podían pagar porque eran muy caras. Aprovechaba para preguntarles si leían la Biblia y si les gustaría leerla, como la respuesta era que sí, les dejé folletos a todas las familias que visité ese día. Seguí preguntando y llegué a la casa de la abuela del joven Alejandro y me dijo que el vivía muy lejos de Jima; en el campo. Un niño me llevó hasta la casa de Alejandro, él no estaba en ese momento, encontré solamente a su madre y a su papá que llegó más tarde. Ellos me dieron la bienvenida, me invitaron la cena, luego Alejandro llegó y esa noche tuvimos un estudio bíblico. Alejandro y su hermana aceptaron a Jesús como su Salvador personal esa noche, trabajamos por dos días repartiendo folletos y luego dejé un paquete para que este nuevo cristiano les repartiera a otros. Al día siguiente tuve que salir muy temprano desde la casa de Alejandro para tomar el mini bus que iba para Cuenca; al llegar a la plaza de Jima un grupo de mujeres estaban esperando y cuando me vieron que llegaba por la esquina de una calle dijeron, “¡Allí está!” Y todas caminaron hacia mí, me paré y no tuve ni tiempo para decir, “Señor, ayúdame,” porque llegaron y en un segundo yo estaba en el centro. Todas estas mujeres tenían el folleto que les había dado en sus manos y con mucha rabia me interrogaron. “¿Tú eres evangelista?” Contesté, “No.” “¿Entonces que eres?” me preguntaban. Les dije, “Soy cristiano, nada más cristiano.” Otra señora dijo, “Tu eres de la iglesia Aposento Alto de Cuenca.”


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Otra dijo, “Este es de la iglesia Pentecostal.” Yo les dije “No.” Otra preguntó, “¿Eres de la iglesia de los Testigos de Jehová?” Una más dijo de los Mormones. Yo le dije, “No, soy de la iglesia de Dios, de la que pertenece al Cielo, de la de arriba,” señalando con mi mano. Una mujer más anciana dijo, “Tú no crees en la virgen María.” Respondí, “Sí creo y posiblemente más que todas ustedes y obedezco el mandamiento de María.” Entonces me tocó hacerles una pregunta, “¿Cuál es el primer mandamiento de María y díganme si lo obedecen ustedes?” Ellas dijeron, “¿Y cuál es?” “En Juan 2 María dice, ‘Haced todo lo que Jesús os dijere,’ y yo estoy obedeciendo a María porque estoy haciendo todo lo que Jesús me ordena hacer.” Me dejaron libre y subí rápido al bus y cuando estaba saliendo de la ciudad me levanté de mi asiento y repartí folletos a todos los pasajeros; un profesor me agradeció por la literatura. La obra se dio inicio en Jima, uno de los hermanos dio su sala para orar y estudiar la Biblia, pero no podían cantar para no ser descubiertos por la iglesia Católica Romana y ser maltratados. El hermano tenía su tienda de telas y cuando llevé películas fijas para hacer el estudio, cubría con telas las ventanas y podíamos realizar los servicios, pero no se cantaba. Dios fue derramando su Poder y la gente seguía añadiéndose a la iglesia secreta.Veintiocho personas fueron salvas y dos días a la semana oraban y estudiaban la Biblia. La iglesia permaneció así durante un año; visité muchas veces a los hermanos allí para ayudarles con los estudios, y estaban felices de conocer a Jesús. Cuando la iglesia Católica Romana descubrió que había una congregación Evangélica en Jima, los hermanos sufrieron una persecución. Unos radicales se organizaron y trataron de torturar a los hermanos; la obra fue destruida completamente. Algunos de los cristianos escaparon para la costa pero a otros les destruyeron sus casas y los cultivos de sus chacras. Después de dos años, el Hermano Alejandro reinició la obra y esta vez no fue en secreto, se dio inicio a la iglesia públicamente.


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En Lumbaqui, la Hermana Delia Rodríguez solicitaba que era necesario iniciar allí la Iglesia de Dios. Oramos y platicamos con el Hermano Máximo Cócheres y su esposa, quienes estaban listos para trasladarse desde Pasaje el Oro (una ciudad en la costa) a la selva. En una visita que realizamos con el Hermano Máximo una familia se convirtió y nosotros vimos esto como la respuesta del Señor para empezar la nueva iglesia. El Hermano Leonard Snyder junto con la iglesia en Ohio, nos ayudó a comprar una propiedad para la iglesia. Los materiales para la construcción lo llevamos desde Quito; el Hermano Máximo construyó el nuevo templo y la casa pastoral. Estábamos muy contentos con el nuevo obrero del Señor ya que él trabajaba particularmente y se dedicaba a la obra del Señor. La obra empezó a crecer y se dio inicio al Seminario Bíblico por extensión. Los primeros hermanos que estudiaron fueron: Manuel Rea, Carmen Rea, Delia Rodríguez, Máximo Cócheres y Fernando Chorlango. En el mes de noviembre, los estudiantes se internaron durante 15 días para rendir sus exámenes e iniciar el nuevo año lectivo con sus nuevas materias (cursos). Mi esposa Udelia fue la cocinera y maestra de Discipulado Cristiano. Los maestros viajaron desde Panamá, entre ellos estaban el Pastor Francisco Pitty, la Hermana Evelina Anderson de USA, David y Bárbara Miller, misioneros en Bolivia, el Pastor Víctor Quispe de Bolivia, el profesor Israel Osorio, la Hermana Deisy de Taylor y su sobrina de Colombia, el Pastor Nicolás Pérez y Marino Guatangare de Perú, mi esposa y yo de Ecuador. Dios nos bendijo muy ricamente durante los años que nosotros estuvimos a cargo del Seminario y llegamos a tener 18 alumnos, no sólo de la Iglesia de Dios sino de otras iglesias. Se luchó mucho por mantener la Iglesia de Dios en la costa, pero se presentaron muchos obstáculos. Cuando nosotros salimos de Ecuador para ir a Chile, había un grupo de Provincia de El Oro, frontera con Perú. La Hermana Delia, Fernando y yo decidimos hacer un viaje misionero un poco más allá de las tribus que están por el río Aguarico; salimos desde Lumbaqui a las seis de la mañana. Ingresamos a la


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selva y subimos una montaña y bajando cruzamos el río cinco veces; llegamos a las seis de la tarde hasta “El Salvador,” aquí vivían algunos colonos. Llegamos hasta la escuela y nos detuvimos allí; platicamos con algunos niños y los invitamos para tener una reunión esa noche. Dejamos nuestra mochila allí y salimos a visitar los hogares de aquellos que vivían cerca y una familia amiga de la Hermana Delia llevó una lámpara para realizar un estudio Bíblico. Fue la primera vez que evangélicos visitaban ese lugar. Después de predicar la Palabra de Dios invitamos a los asistentes a aceptar a Jesús como su Salvador; cuatro personas decidieron aceptar a Jesús y uno de ellos tenía una Biblia y él se quedó designado como la persona que iba a ayudar a los demás hermanos para estudiar la palabra de Dios los días domingos. Por tres días participamos con ellos, el amigo de la Hermana Delia nos dio el hospedaje y luego todos los vecinos nos invitaron para pasar en sus hogares y comer. El Señor Jesús es maravilloso, nosotros no sabíamos que iba suceder cuando llegamos y donde nos podríamos quedar a pasar la noche ni dónde comeríamos, pero lo importante es predicar de Jesús y Él suple todas las necesidades. De regreso me obsequiaron una yuca que pesaba 10 kilos, para mí fue una sorpresa y estaba muy agradecido con el Señor y a la gente en ese lugar. Regresando a casa llovió muy fuerte durante todo el camino y nos mojamos. Llegamos a las seis de la tarde a Lumbaqui muy cansados; nos lavamos la cara y con la ropa mojada esperamos el bus que viajaba desde Lago Agrio hasta Quito; viajamos a las 10 de la noche y llegamos a Quito a las siete de la mañana; la ropa mojada se secó durante el viaje.


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La Co nf erencia Interameri cana

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n marzo de 1990 se realizó la Conferencia Interamericana de la Iglesia de Dios (CIID) en Guatemala.Todos los delegados estuvieron en mutuo acuerdo; había que orar por Chile ya que era el único país en Sudamérica en que no había una presencia de la Iglesia de Dios. Se le pidió al Pastor Eliseo Aguilar que iniciara la iglesia en ese país del cono sur ya que él sería la persona idónea. Mi familia y yo estuvimos orando por este nuevo proyecto y que la Iglesia de Dios estuviese en todos los países del Continente Americano. Después de un año, recibimos noticias que el Pastor Eliseo no viajaría a Chile, hablé con mi esposa acerca de si nosotros estabamos listos para tomar este nuevo desafío. Mi esposa Udelia dijo, “Para mí no es problema. A donde Dios nos lleve, iremos.” Seguimos orando para ver cuales eran los planes del Señor; en Ecuador había algunos líderes graduados del seminario, pero no estaban tan listos para liderar la obra. Platicamos con el hermano Director Regional,Willy Kant, quien al principio no recomendó que saliéramos, pero expresó que se podría buscar otros obreros para apoyar a los nacionales. En 1991 se realizó el Forum y Conferencia Mundial en Wisvaden, Alemania. La familia Riggazzoni conversó con los directivos de la CIID, y expresaron que la Iglesia de Dios debía ser fundada en su país, Chile, pero aún no habían pastores listos para salir y hacer frente a este desafío de plantar la iglesia en Chile.Yo tuve la oportunidad de conocer esta familia en esa ocasión. Ya de regreso de la Conferencia Mundial platicamos nuevamente con mi esposa y con el Hermano Willy Kant. El Director Regional


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invitó al Doctor Patton para platicar sobre el proyecto; ellos tomaron la decisión de enviar una pareja de misioneros para Ecuador. Se acordó que de Perú viajaría el Pastor Nicolás Pérez con su familia para trabajar con la iglesia en Quito, Fernando Chorlango y Carmen Rea estarían a cargo del Seminario y yo y mi familia viajaríamos a Chile para iniciar la Iglesia de Dios. Vendimos una camioneta, la que tenía en Ecuador, y acordé con mi esposa que ella se quedaría en Quito y yo viajaría a Chile para conocer el lugar y para hacer los primeros contactos. En febrero de 1992 viajé desde Quito, Ecuador por vía terrestre hasta Chile; fue toda una semana en bus. Llegué a Santiago a las seis de la tarde un día miércoles y de allí tomé otro bus para la ciudad de Placilla en Valparaíso. La Hermana Evelina Anderson contactó al Hermano Genaro Fáundez, y él me envió un plano de cómo llegar hasta su casa. Llegué a las 12 de la noche a Placilla, un cabo de los carabineros platicó conmigo e hizo parar un auto y me llevó hasta la dirección que tenía. La esposa del Hermano Genaro me recibió. El Hermano Genaro había salido. Esa noche dormí muy bien porque estaba muy cansado, al día siguiente salimos a conocer Valparaíso y participamos en los servicios de la iglesia que él dirige. Era una iglesia Pentecostal, me causó una sorpresa cuando asistí por primera vez a la iglesia, los hermanos pentecostales en Chile levantan los brazos y gritan, “¡Gloria a Dios!” Lo hacen muchas veces en algunos cultos, hasta un centenar de veces. Esa costumbre es muy común entre ellos, el que no lo dice no es un cristiano espiritual. Asistí a la iglesia con el Hermano Genaro por una semana. Él no me daba ninguna participación, yo solamente podía escuchar las canciones y lo que ellos predicaban; claro yo asistía a los servicios con ropa informal. Me ponía una casaca e iba con mi Biblia, pero un martes me puse mi corbata y visité la iglesia; llevaba puesto un traje esa noche y me invitaron a predicar. En eso momento me di cuenta que para ellos la corbata es importante, aunque esa noche que me dejaron participar, pude dar un estudio bíblico fuera de lo normal y sin gritos. Nunca habían tenido un pastor visitante que no fuera Pentecostal; los pastores en Chile no se preparaban porque


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ellos dicen que Pablo dijo que la letra mata, y prohíben a sus miembros que estudien teología. El día domingo me invitaron al culto, llegamos todos los hermanos, nos reunimos y oramos y luego el pastor nos repartió en grupos a los hermanos, algunos de dos y a otros de tres, para caminar por algunas calles cantando y predicando. A mí me tocó salir con una hermana señorita y un hermano soltero adulto. Caminamos hasta llegar al frente de un bosque de árboles de pino y frente a estos árboles empezamos a cantar los tres, y luego el hermano tomó en sus manos el megáfono y predicó frente al bosque; yo me sorprendí porque le predicaba a los árboles y no íbamos donde había gente.Terminó su mensaje haciendo la invitación para que se arrepintieran y salimos caminando hacia la iglesia, nuevamente todos reunidos, oramos y cada uno fue para sus hogares. Tenía mucha curiosidad y quería saber lo que había visto y le pregunté al pastor, “¿Porqué nos hemos ido a predicar a los árboles de pino donde no había gente?” El pastor se rió y me dijo, “Siempre vamos a predicar a ese bosque porque a veces hay jóvenes que pueden ir al bosque para matarse o drogarse y si les damos la palabra pueden salvarse.”Yo me quedé pensando que no había visto a ningún joven esa tarde. Me contó una anécdota y dijo, “Un hermano salió a predicar y se paró junto a un planta de mora y al frente estaba un caballo y tomó la Biblia y le predicó un mensaje al caballo y para terminar invitó al caballo a que aceptara a Jesús. Le insistió muchas veces que aceptara a Jesús. De repente detrás de las moras estaba un joven listo para matarse al que le decían ‘el caballo’ y salió y dijo, ‘Aquí estoy. Voy aceptar a Jesús.’” Ellos toman en serio esta anécdota y piensan que puede suceder siempre y es por eso le predican a los árboles. Una mañana me visitó el Hermano Vargas. Me dijo que había renunciado a la iglesia en que estuvo trabajando porque creía en la doctrina de la Iglesia de Dios. Había venido para unirse al trabajo que yo deseaba iniciar, y estaba dispuesto a que trabajaramos juntos para iniciar la Iglesia de Dios en Chile. Al principio me pareció bien, y con él salimos por más de una vez


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a Valparaíso para conocer algún lugar donde empezar la iglesia; conseguimos una habitación en la calle Colón y Argentina en Valparaíso para dormir, y para comer buscábamos los restaurantes que tenían el menú más barato. Un problema de la habitación era que habían muchas pulgas; compré un polvo para matar las pulgas, lo coloqué por toda la cama, debajo en el piso, pero nunca se murieron y no me dejaban dormir. En el día salía de la casa y pasaba con mucho sueño en la calle; por dos meses tuve que sufrir la tortura de estos bichos. Este hermano me llevó a conocer Campodonico, por Playa Ancha y según él este era el lugar estratégico para empezar la iglesia. La iglesia debería empezarse en la calle Cajilla, un lugar donde todos los jóvenes se drogan y los adultos son alcohólicos. Compramos madera, construimos bancas, compré una mesa y sillas y empezamos la iglesia. Los directivos de la CIID nos visitaron para conocer el inicio de la nueva obra. Por dos meses trabajé en Valparaíso, el dinero que había llevado se terminaba y tenía dificultades para regresar. En dos oportunidades llamé por teléfono a mi esposa en Ecuador y platicamos acerca de lo que debía hacer, si seguir adelante o regresar pronto antes de que se terminara el dinero que había llevado. En abril se realizaría la Conferencia Interamericana y me visitaron hasta Valparaíso el Coordinador Regional Rev. Willy Kant y el tesorero de la Conferencia Interamericana. Él me envió los pasajes para viajar desde Valparaíso a Cochabamba, Bolivia, para la Conferencia. En la Conferencia en Cochabamba me solicitaron seguir con la obra en Chile y además me eligieron como secretario de la CIID por un período de dos años. En Agosto de 1992 viajé a Cuba para visitar la Iglesia de Dios y poder apoyarlos con lo que estaba a nuestro alcance.


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esde hacía mucho tiempo yo sentía en mi corazón que debía visitar La Iglesia de Dios en Cuba, conocer su situación y la problemática que hay en ese país caribeño; pero tenía una dificultad económica. Dios me bendijo con $300, $200 que envió el Hermano Jack Wilson y $100 que mandó el Hermano William Lamb. Hice las averiguaciones en las empresas aéreas, y necesitaba $300 más. Mi esposa y yo empezamos a orar; Dios es maravilloso cuando estamos haciendo Su Voluntad.Vendimos el refrigerador usado y con otros ahorros completamos para el viaje. Tuve una entrevista con el Cónsul de Cuba en Quito para sacar la visa; yo pedí una visa de religioso, así que me pidieron que presentara una solicitud indicando el trabajo que iba a realizar en Cuba. Llegué a casa y redacté el documento, lo presenté y en 24 horas estaba lista la visa para viajar a Cuba. En vista de que no había cupo directo desde Quito hasta la Habana, porque Cubana de Aviación tenía un vuelo por mes, viajé vía Panamá. El 30 de agosto llegué a Panamá y visité la iglesia; la Hermana Marta Burke me esperaba y su hermano me ayudó para trasladarme hasta el aeropuerto. El 31 de agosto salí para la Habana en Cubana de Aviación; esta experiencia fue única, llamaron por los parlantes a todos los pasajeros para subir al avión, uno por uno pasamos por la puerta del avión y un policía cubano que estaba dentro del avión nos revisaba los bolsillos para saber lo que llevábamos y las maletas las chequearon con un perro. Al pasar la puerta vi que los asientos donde van los pasajeros de la clase ejecutiva no estaban, toda esa parte era una sola lata, no estaba ni la alfombra o cubre piso que usan


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los aviones.Yo le pregunté a otro pasajero, “¿Qué paso con los asientos?” Me dijo en broma que los hizo quitar Fidel para usarlos en su cama. En una vista panorámica ya uno podía imaginarse lo que sería Cuba, todos los pasajeros viajamos por pocas horas muy nerviosos y llegamos a las tres de la mañana a la Habana. Yo estuve orando durante todo el viaje para que el Señor Jesús cubriera los ojos de los policías de inmigración y dejaran entrar los NuevosTestamentos, libros de teología y folletos que llevaba en mis maletas. Bajamos, miré que revisaron a una señora que estaba antes de mí y querían quitarle un paquete de fideos tallarines que llevaba desde Panamá para usarlos con la familia. Mientras luchaban por los tallarines pasé y un joven de inmigración timbró mi pasaporte y me entregaron mis maletas sin tocarlas, le di gracias a Dios. Salí del edificio para tomar un taxi y un hombre grueso y alto tenía un furgón Toyota para 14 pasajeros y dijo, “¿A dónde le llevo?” Era taxista, así que yo le entregué una dirección de la Iglesia de Dios en Mariano, Habana. Salimos a buscar la iglesia; el taxi era muy lujoso, con aire acondicionado y con radio transmisor.Yo le pregunté si el vehículo era de su propiedad y me dijo que todos los taxis son del gobierno, él era trabajador solamente por una hora. Buscamos la dirección y no llegamos a encontrarla. El chofer preocupado me dejó a las cinco de la mañana en un lugar que era la terminal terrestre antes de la revolución. Ahora no existe nada, solamente una casa vieja; pagué $10 por el taxi, el chofer me platicó que no sucedería nada ya que el lugar era tranquilo, no había delincuentes, y que perdiera cuidado. Con dos maletas en la mano me acerqué a un caballero gordo, moreno y viejo que echaba agua a los servicios higiénicos. Al otro lado había mucha gente durmiendo en el piso; empecé a entregar folletos y hablar de Cristo Jesús por 45 minutos. Muy lentamente se acercaba la gente para escuchar de Jesús y recibir un folleto de la Palabra de Dios; muchos de ellos decían, “Esto queremos nosotros,” y “¡Maldita cotorra que no deja la libertad!” (Cotorra le decían a Fidel). Eran más de las seis de la mañana y un patrullero estaba cerca. Este hombre gordo me advirtió y dijo, “¡Hey, amigo, entre al baño


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pronto!” Yo ingresé dejando mis maletas con el cuidador de los baños y en dos minutos me llamó para salir y dijo, “Por poco lo lleva la policía y no sale de la cárcel; está prohibido hablar de religión en la calle,” replicó el hombre. Esto fue otra obra de Dios para cuidarme. Luego me coloqué junto a la avenida 47 para tomar un taxi, eran las ocho de la mañana y no había taxis y no se veía ningún vehículo por la calle, la gente, hombres y mujeres iban en bicicleta o a pie para su trabajo, después de una hora vi llegar un bus viejo lleno de gente. No pasaron autos por allí mientras estuve parado por dos horas. Decidí caminar, tomé las maletas en las manos y mi maletín en los hombros y crucé la calle y pregunté por una iglesia evangélica; dos jóvenes me indicaron por donde caminar y encontrar una iglesia, caminé 12 cuadras, transpiré mucho con los paquetes en la mano, mis brazos estaban cansados. Entrando por un callejón pude leer un cartel a pocos metros, decía “Hogar de ancianos del Ejercito de Salvación,” me paré frente al letrero y pensé que allí me ayudarían. Hablé con un joven y ellos llamaron al Mayor Francisco Ramírez, me identifiqué y le obsequié unas revistas de La Trompeta y pedí su ayuda para llegar a la Iglesia de Dios. El Hermano Ramírez tomó su teléfono y llamó a la Hermana Carmen Martínez. En pocos minutos llegó la Hermana Carmen, tomó una maleta y caminamos por ocho cuadras más hasta la iglesia. Llegamos a las once de la mañana, yo no había dormido en toda la noche y estaba muy cansado; tomé una ducha y me puse a descansar. La Hermana Carmen era muy amable y cariñosa. Por la tarde llegó su esposo el Hermano Arturo Fumero, platicamos sobre la obra del Señor y los obstáculos que ellos tenían en Cuba. Me dijeron que no hay pastores ya que muchos salieron huyendo del país un tiempo atrás, pero que sí hay apertura para predicar el evangelio, especialmente haciendo estudios en hogares, solo no había libertad para hacerlo en la calle. A todas las iglesias cristianas en Cuba les faltan recursos, la imposibilidad es general: falta literatura, Biblias, predicadores y dinero. Pueden llegar a tener un carro, pero no pueden usarlo porque no hay gasolina, pueden tener dinero pero no hay qué comprar.


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La Iglesia de Dios en Cuba está creciendo maravillosamente, realizando cultos en casas particulares, a las que llaman casa culto. No pueden construir templos ni comprar; la vida de un cubano está en una libreta de papel, si alguien pierde esa libreta automáticamente dejaría de comer por tres años. Al día siguiente, el dos de septiembre, me levanté, oré y tomé una ducha como de costumbre pensando en desayunar; salí de mi dormitorio para pasar a la mesa, me senté en un sillón viejo de madera, y saqué mi libreta para escribir; luego entró el Hermano Arturo. Me paré y dije, “Quiero que usted me acompañe al consulado de Panamá para sacar la visa de entrada cuando regrese.” Mientras hablábamos salió la Hermana Carmen y dijo, “Nos perdonara mi Hermano Zamora, no tenemos nada para brindarle desayuno, hace muchos años que nosotros no desayunamos.” Lo dijo con tristeza. Yo dije, “No se preocupe, todo esta bien.” Luego salimos para tomar el bus en la avenida, a 14 cuadras caminando, el Hermano Arturo platicó que el gobierno quitó los buses que pasaban cerca de su casa. Llegamos a la parada, pasó un bus lleno de gente y muchos iban colgados en las puertas, era difícil tomar ese bus y era el único, el Hermano Arturo se acercó a una señorita del gobierno que controlaba el bus y le dijo, “Señorita, el señor que está conmigo es de Ecuador y va para el consulado de Panamá.” Eso fue todo lo que él le dijo. Yo vi a esta jovencita que se paró en el centro de la pista para hacer parar algún auto particular que pasara por allí. Esperamos cinco minutos y cuando pasaba un ejecutivo para su trabajo manejando un auto del año 50, ella paró el auto y solamente le dijo, “Lleve a este señor hasta el consulado de Panamá.” Ella no dijo “por favor,” sólo dio la orden que me llevara, eso fue todo; subimos con el Hermano Arturo al auto. Yo le pregunté al caballero si trabajaba cerca del Consulado y dijo, “Yo los llevo.”Traté de pedir que me dejara cerca de su trabajo y nos dejó en Cubana de Aviación y de allí caminamos al Consulado. Caminando por el centro de la Habana vi que la gente andaba an-


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gustiada, atribulada, con hambre y deshidratados, no había transporte, todos tenían que caminar. Luego de arreglar el viaje de regreso y la visa, salimos en un bus urbano para comprar boletos y viajar a la Isla Nueva Gerona. Dentro del bus una señora cayó desmayada a nuestro lado; toda la gente estaba como sardinas y gritaban,“¡Pare, pare! Hoy por ti, mañana por mí.” Paró el bus y un joven la tomó en brazos y la bajó del bus y la llevó para el hospital. Yo pregunté, “¿Qué pasó con la señora?” La gente me contestó en coro: “Señor, aquí estamos muriendo de hambre. No se desayuna, no se come por la tarde y sólo comemos un poco de arroz al medio día, que va chico.” Me impresioné mucho y las lágrimas corrían por mis mejillas mientras miraba a la gente como se caía al piso de hambre y deshidratados. Encontré a mujeres y hombres ya viejos muy airados, maldecían sus vidas por haber nacido para sufrir así. Eso era Cuba al finalizar el siglo XX. El centro de la ciudad tenía casas deterioradas y sin pintura. ¡Están cayéndose! En cada casa vivían dos ó tres familias, tenían que turnarse para usar la mesa del comedor al medio día; el almuerzo era un poco de arroz y frijoles negros cocinados solamente con agua, la mayoría no comía por la tarde. Allí se tomaba mucha agua de la manguera porque ya no existían las llaves. A cada persona le correspondía siete libras de arroz, siete libras de azúcar, una cantidad igual de fríjol, seis huevos, media libra de manteca o grasa de vaca, una tercera parte de jabón para lavarse la cara, una taza de detergente para lavar la ropa, un tanque de gas de 15 kilos y para los que tenían auto 30 litros de gasolina al mes; la luz y el agua también estaban racionados.Todo esto era para consumir en un mes. A todos les daban un vestido al año, y para los niños y bebes una botella de leche diaria hasta los siete años. No existía el papel higiénico y se usaba cartón de azúcar. Todos los alimentos mencionados líneas arriba se compraban en la bodega del gobierno de acuerdo a la zona en que se vivía. En la libreta se anotaba las cosas que le daban a las personas cada mes. En algunos hogares se les ter-


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minaba el arroz antes de finalizar el mes, y dejaban de prender la cocina hasta que llegara la próxima ración; no se conocían las frutas en la mesa de los cubanos, no existía el pan, los dulces, ni los refrescos de ninguna clase. Los servicios higiénicos en todos los hogares estaban malogrados, ya que por 30 años no habían sido renovados. Había que usar un recipiente viejo para echar el agua al inodoro; las duchas eran un tubo y un pedazo de manguera. Las amas de casa lavaban la ropa con detergente de ceniza que sacaban del fruto de árbol y se las habían ingeniado para sacar la lavaza de ese árbol y usarlo como detergente. El sueldo de un médico. Era de $10 que equivalía a 400 pesos cubanos. Me platicó una doctora que ellos podían tener dinero pero no había qué comprar, no existían almacenes de alimento, no había tiendas de ninguna clase en ninguna parte de Cuba. Había almacenes para turistas, pero sólo podían comprar con visa Norte Americana; en esos almacenes solamente había ropa y zapatos, no había comida. Las medicinas eran demasiadas caras, los que se enfermaban podían usar solamente aspirina. Había una propaganda de la ciencia médica en Cuba pero sólo la podía usar la gente del gobierno, mientras que el pueblo sufría. El gobierno tenía más de 150 propiedades, tenía barredores y cuidadores sin sueldo, solamente les daban la comida. Dicen que Castro es un verdugo que ha matado a mucha gente, también se dice que mandó a fusilar a su sobrino. Su hermana le pidió que le dieran cadena perpetua y que no lo mataran, y la señora Juanita, su madre, al saber que su hijo mató a su nieto, le dio un paro cardiaco y murió, según los cubanos. Viajamos a la Isla de Nueva Gerona en un bus para 150 pasajeros; todos íbamos parados porque no había asientos. Anduvimos por dos horas de pie, pero la gente se sube al bus muy silenciosamente, sin hacer comentarios. Llegamos al puerto, tuvimos otro retraso al pasar revisión porque revisaban para que no llevaran alimentos a la isla. Subimos a la lancha, nos sentamos, a mi lado viajaba una doctora y platicamos muchas cosas durante el viaje. Un marinero moreno alto y de bigotes se paró y nos dijo, “Todos a comer su pan y el vaso de refresco.” Junto con el pan daban un pedazo de cartón de azúcar


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como la servilleta, estos eran los mismos que usaban en los baños de papel higiénico. Los pasajeros comían sin decir ni una palabra. Las canastas donde guardan los panes estaban sucias, también los vasos estaban rotos y sucios, y los asientos de la lancha estaban quebrados. Al platicar con la doctora yo le dije que había visto como la gente en La Habana cae desmayada. Ella me contestó, “En lugar de llevar a esa gente al hospital, deberían llevarla a un buen restaurante y darle de comer, y la gente viviría.” Al llegar a la isla nos estaba esperando el Pastor Samuel Contino; él nos llevó a su casa y por la tarde a visitar la iglesia. El Pastor Contino tiene un Instituto Bíblico, ese año había 25 estudiantes. El pastor tenía un programa preparado para tres días, por las mañanas tenía conferencias sobre el llamado pastoral y sus características, por la tarde visitaríamos hermanos, y por la noche celebraríamos servicio evangelísticos. La iglesia estaba llena de gente, niños danzando y saltando a medida que se cantaba. Me sorprendió que al inicio de las platicas con los estudiantes del Instituto Bíblico, el Hermano Samuel repartió hojas de papel y les prestó un lápiz a cada alumno, y al finalizar le devolvieron el lápiz. Yo pensé, “Esto es un jardín infantil.” ¡No era chiste, era la verdad! Sentí en mi corazón las ganas de ayudar, pero no tenía suficiente dinero. Le pedí al Hermano Samuel que me llevara a un almacén para comprar cuadernos y lápices; salimos a un lugar donde solo pueden comprar turistas, entramos y nada más había ropa y zapatos. ¡Qué lamentable! El Hermano Elpidio García me platicó que estuvo preso por repartir folletos en la calle; él escribió un texto bíblico en pedazos de cartón y luego salió a repartirlos en la Habana, la policía lo encontró y se lo llevó preso, fue allí donde Dios lo llamó a servir al Señor a tiempo completo. Él tenía una obra nueva de 70 hermanos en el pueblo de Atanaguildo en la Isla Nueva Gerona. Prediqué una noche en Atanaguildo; esta obra estaba en un hogar (casa culto). Allí las congregaciones tienen muchos problemas matrimoniales, sociales y políticos, etc. La última noche que prediqué en la isla, la iglesia estaba tan llena


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de gente que no había donde pararse, y muchos se pararon alrededor de las puertas y ventanas y así se reconciliaron al Señor y seis aceptaron a Jesús como su Salvador personal. El Hermano Samuel pidió oraciones, literatura, Biblias y folletos. La esposa del Hermano Samuel era una mujer dedicada al servicio del Señor, fue un tiempo hermoso platicar con ella y con el Hermano Samuel. La Iglesia de Dios en Cuba tiene cinco congregaciones y algunas casas cultos, es posible que dentro de muy poco tiempo la Iglesia de Dios crezca enormemente, y que cada estudiante del Instituto Bíblico inicie una nueva obra. La iglesia ayuda con $1.20 para la comida del mes y los estudiantes caminan todo el día evangelizando y ganando almas para Jesús (los días libres que no estudian). A raíz de la revolución, la Iglesia de Dios perdió cinco congregaciones en Maquila, Santa Bárbara, Camaguey, Cascorro y Matanzas con sus respectivos predicadores. Si Fidel ha oprimido al pueblo, Jesús es el libertador. Fidel dice revolución y muerte, pero Jesús dice, “Yo soy la vida, el que cree en mi no morirá....” Con este viaje aprendí a amar más la obra del Señor, con dinero o sin dinero la obra crece y se puede hacer cosas grandes para el Reino de Dios. Pido oraciones por la Iglesia en Cuba y sus pastores (este testimonio es del año 1992, cuando salga este libro los relatos de las cosas habrán cambiado).


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Santiago de Chile

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n el mes de octubre del mismo año, la junta de los directores de la Conferencia Interamericana viajamos a Santiago para tener una reunión. Los miembros éramos el Reverendo Willy Kant, el Reverendo Víctor Ruzak, el Reverendo Lorenzo Mondragón y yo. La Junta Misionera y los directores acordaron ayudar económicamente mi familia para moverse desde Quito, Ecuador, a Santiago; al finalizar la reunión regresé a Quito para preparar los materiales para el Seminario Bíblico a realizarse en noviembre y arreglar las maletas para viajar en diciembre a Chile. Los hermanos de la Iglesia de Dios en Ecuador realizaron un servicio especial para despedirnos, esa noche presentaron una obra de teatro, cantos y tuvimos una convivencia juntos, luego nos despedimos de ellos. Mi esposa se despidió de sus amigas y vecinas no creyentes, ellas lloraron al despedirse; los Hermanos Silva también lloraron al despedirnos y les encargamos la obra a los hermanos líderes para que ellos siguieran adelante. Mis hijos se despidieron de sus amigos del colegio, ellos extrañaban seguir sus estudios en Ecuador, estaban alegres por conocer otros lugares, pero muy nostálgicos con la pregunta, “¿Qué pasará con nuestros estudios?” Enviamos todos los equipajes por barco y nosotros viajamos por tierra desde Quito, hasta Lima, y de Lima en avión hasta Tacna por motivo del terrorismo; una vez que pasamos la frontera usamos nuevamente el bus hasta Santiago. Llegamos a Santiago el día 23 de diciembre de 1992 a las nueve de la noche; esta era una ciudad desconocida, un país desconocido


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con gente desconocida. Rentamos una habitación en la calle los Jacintos en Santa Raquel, La Florida por cinco meses hasta que conseguimos una casa. LOS ZAMORA EN CHILE La obra en Valparaíso terminó; mientras nosotros nos fuimos a Chile desde Ecuador, el encargado cerró el local y terminó la nueva obra, terminó también con el mobiliario y desapareció el trabajo que quedó nueve meses atrás. Aprovechando el verano, salimos a evangelizar en las calles, especialmente en los parques, y rentamos películas de Juventud para Cristo; los Hermanos Eliseo Toro y Eduardo y María Ferrada, eran los encargados de proyectar las películas en los parques. Las películas se proyectaban por las tardes a la hora en que oscurecía, se repartían folletos, y luego teníamos un pequeño mensaje. Seis personas se reu-nían en la casa que rentamos, luego empezamos una escuela bíblica para niños. Mi esposa hacia trabajos manuales y les daba refrescos y galletas. Cada día las madres de los niños llegaban muy alegres porque ya se había dado inicio a la iglesia. La dueña de la casa, una hermana de la tercera edad, había estudiado en un Instituto Bíblico años antes y tuvo celos; ella nos dijo que tenía esa casa para abrir una iglesia propia y ella necesitaba el lugar y que nos teníamos que ir. Nosotros no conocíamos a ninguna persona en Santiago y la ciudad era desconocida. Salimos a buscar casa para rentar, el costo de la renta era de 80 mil pesos ($200) y nosotros teníamos una ayuda de $300; en renta se gastaría $200 y con $100 no podríamos vivir en Chile. Llegaron los días de clases y tuvimos que buscar una escuela para los niños, el Ministerio de Educación dijo que los niños tenían que rendir exámenes para reubicarlos o para asignarles el año que les correspondía; en un mes Gerson y Eliézer tenían que estudiar la geografía, y historia de Chile y repasar las demás materias desde primer año hasta el sexto. Gerson lloró y dijo,“¿Por qué no nos consultaron a nosotros antes de venir a Chile? Regresemos a Ecuador.” Eliézer no decía nada


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solamente hacía lo que le pedíamos que hiciera. A raíz de todo esto he llegado a comprender que debemos platicar con los niños también para tomar decisiones, especialmente cuando ellos tienen que verse afectados. Ya mis hijos están mayores y no les he preguntado si ya no tienen resentimiento por haberlos traído sin consultarles.Yo creo que me voy a sentar y platicar con ellos ahora que ya son predicadores también. Los chicos dieron sus exámenes y salieron muy bien; les dieron los certificados y siguieron sus estudios en el colegio San Pablo, en La Florida. Seguimos predicando en los parques y buscando casa para rentar. Mi esposa y yo comprábamos el periódico para poder encontrar una casa para rentar; orábamos cada día para que el Señor nos guiara. Encontramos un aviso de la venta de un terreno en la Isla de Maipo, Villa de las Mercedes. Llegué hasta las estación central preguntando y de allí viajé a conocer el lugar. La primera vez viajé solo, la segunda vez viajamos con mi esposa y los niños; a ellos les gustó, todavía era verano casi estaba entrando al otoño, así que no sabíamos nada del invierno, no estábamos preparados para el frío. Platicamos con el dueño, Juan Cortes, hicimos la escritura y lo compramos para hacer nuestra casa en esa propiedad y desde allí salir a predicar.Viajé nuevamente en abril para hablar con el director del colegio en la Isla de Maipo para ver si había cupo para mis niños. El Director reemplazante dijo que no había problema que trajera a mis niños, mucho más si eran extranjeros, los recibirían muy alegres. Teníamos otros problemas, uno era sacar la visa, la corporación Cristo Viene nos cobró 60 mil pesos para prestarnos su personería jurídica. Luego por el pasaporte nos cobró 35 mil pesos. La visa nos costó $200 a cada uno. Esta visa duró un año y al año si-guiente tuvimos que sacar los mismos papeles y pagar otra cantidad a Cristo Viene y a inmigración por la visa. Gracias a Dios que a mí me dieron visa permanente y pagué solamente $50, pero a mi familia les faltaba un año más para pedir la visa definitiva y pagar menos


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dinero. Empezamos a hacer los trámites con la personería jurídica. El Hermano Willy Kant siempre nos apoyó, nos visitaba para ver como estaban los papeles en el ministerio; él buscó ayuda para los trámites de la Personería Jurídica. Fue la persona como representante de Anderson que mas nos ayudó con la Iglesia de Dios en Chile. El Pastor Luis Vega nos estafó la suma de 300 mil pesos; nosotros acudimos al sub-comisario Ver John, de la policía de investigaciones de Talagante. Él nos dio una dirección para denunciarlo y hacer capturar al estafador y para que devolviera el dinero o quedara en la cárcel. Una mañana estábamos por salir a Santiago y llevar el caso a la policía de investigaciones, y con mi esposa oramos y le pedimos al Señor que Él fuera quien lo capturara e hiciera justicia con ese pastor estafador. Oramos para que el Señor juzgara a ese hombre y no lo denunciamos, solamente lo hicimos al Señor y Dios es quien lo juzgará con un justo juicio. TRASLADO A LA ISLA DE MAIPO El cinco de mayo de 1993, nos trasladamos desde Santiago a las Mercedes; rentamos una pequeña casa para vivir hasta colocar un cabaña en el terreno y vivir allí. Ese día la lluvia nos mojó toda la cama, colchones, el dueño de casa nos prestó una esponja para dormir esa noche, no teníamos sillas ni mesas; para sentarnos recogimos piedras grandes del campo y el piso era la mesa para comer y tuvimos que hacer una banca con dos tablas de pino. Dios me bendijo con herramientas y pude hacer muebles. Compré madera, hice las camas, mesa, escritorio y bancas, mis hijos lijaban y mi esposa me ayudaba en todo el trabajo. Llegó el invierno y no estábamos preparados; mi esposa estaba preocupada por los niños ya que el frío era insoportable. Mi esposa y yo recogíamos algunas ramas de árboles para hacer carbón y así calentarnos un poco por las tardes; mis hijos temblaban de frío, mi esposa lloraba por el frío también. Yo viajé a Ecuador para terminar con la construcción de la Iglesia en el Mediterráneo, Otavalo, era el último grupo de trabajo que realizamos allí.


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De regreso en agosto empezamos a construir la casa de madera en el terreno y continuamos evangelizando. Colocamos una casa para los servicios en la propiedad y empezamos todos los domingos con los niños. Los vecinos nos visitaban a las reuniones. LA COMPRA DEL PRIMER TERRENO PARA LA IGLESIA DE DIOS EN CHILE La Hermana Ann Morgan ayudó con el dinero para la compra de la primera propiedad para la Iglesia de Dios. Este terreno era de 3.900 metros y allí sería edificado el templo y otros proyectos de construcción. El Hermano Willy Kant nos visitó nuevamente para saber cómo estaban los trámites de la Personería Jurídica y con él colocamos el poste de luz para la iglesia y conseguimos agua potable. En agosto de 1994 nos registramos con el nombre Iglesia de Dios Misión Anderson. Durante ese año ya empezamos a tener servicios normales en Villa las Mercedes; tuvimos contactos con el Pastor Sam Harrington y ellos organizaron grupos de trabajo para edificar la primera Iglesia de Dios en Chile. La Hermana Ann Morgan, con su esposo Herb, y la Hermana Doris Barberena, con su esposo Guillermo, nos visitaron para tener una Escuela Bíblica vacacional con niños. Esta se realizó en la Isla de Maipo y en las Mercedes, y llegamos a tener 88 niños. Los años siguientes nos visitó el Hermano Lawrence con otros grupos de trabajo para terminar la construcción del templo y del edificio de Educación Bíblica. En 1995, empezamos nuevamente en Valparaíso.Viajamos con mi esposa y los niños para hacer trabajo de evangelismo en los cerros de Playa Ancha; compramos una casa pequeña y la llevamos para colocarla en la propiedad del Hermano José; su esposa estaba muy feliz de trabajar en la nueva obra que se empezó, y porque ya tenían la casa para reunirse e invitar a los vecinos. Allí teníamos 12 hermanos. En 1998 me llegaron unos certificados de la Hermana Carmen de Nilahue Alto. Estos certificados llegaron desde La Compañía del Triunfo Cristiano de Texas en los Estados Unidos, y los enviaba la


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Hermana Evelina Anderson para entregar a la señora y así darme un pretexto para conocer otros creyentes en otros lugares de Chile. Escribí varias veces y al no tener respuesta, decidí viajar. Platiqué con mi esposa y viajé hasta Santiago y de allí a Santa Cruz y de Santa Cruz tomé un auto hasta Lolol. Me bajé en la plaza y caminé hasta la oficina de correos y pregunté por la Señora Carmen de Nilahue. Las damas de la oficina me dieron la dirección en donde ella vivía. Estaba en el campo a 16 kilómetros, y tenía que esperar un bus que pasaba por la tarde, pero como yo tenía que regresar esa misma tarde, decidí caminar. Era la una de la tarde cuando tomé mi maletín en la mano y mi chaqueta en la otra y salí a caminar; salí de la ciudad por la carretera, hacía mucho calor en el verano, se acercaba una camioneta, alcé la mano y paró. Le pregunté al chofer si él conocía Nilahue Alto. Él dijo que en su ruta él pasaba por Nilahue pero que no conocía exactamente cual era el lugar; me dijo que me llevaría y el caballero tuvo la paciencia de parar donde veía gente para preguntar. Después de varias paradas al cruzar el puente en la subida, había dos hombres campesinos parados junto a la carretera, él se paró como las otras veces y preguntó nuevamente y estos hombres dijeron allí era Nilahue. Me bajé y pregunté por la Señora Carmen. Allí me llevé una sorpresa porque uno de los tres que estaban platicando, se acercó a mi y dijo, “Quiero que usted vaya conmigo a mi casa, tengo almuerzo para invitarle y después buscamos a la persona que usted necesita.” Estaba con hambre y acepté la invitación; salimos caminando y llegamos hasta su casa. Rápidamente él calentó la comida y nos sentamos junto a la mesa y oramos; mientras almorzábamos él me preguntó el nombre de la dama que yo buscaba, y recordó y dijo, “Ya sé, es la esposa del que llaman pastorcito, el gran samaritano llamado Mario.” Después del almuerzo salimos a la casa de la Señora Carmen, llegamos allí y encontramos solamente al esposo Mario; le entregamos los certificados y algunos materiales bíblicos.Yo iba pensando en regresar a Santiago pero Mario me dijo,“Pastor, le pido que usted se quede en mi casa esta noche y visitaremos una iglesia cerca, mi esposa debe llegar pronto.”


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Fue insistente en que me quedara en su casa, así que decidí quedarme, pero tenía que llamar a mi esposa por teléfono. Salimos a un restaurante y llamé a mi familia para decirle que no regresaba ese día. Por la noche llegó su esposa con su niña. Mi nuevo amigo y yo salimos para visitar una iglesia, mientras su esposa preparaba la cena; al regreso cenamos y estudiamos la Biblia juntos y esa noche me quedé a dormir allí. Por la mañana, antes del desayuno, realizamos un servicio y estudio bíblico con ellos. Mario me dijo, “El Señor Jesús me ha visitado a mi casa.” Yo pensé un poco porqué habría dicho eso, pero él mismo respondió y dijo, “He recibido la Palabra de Dios y seré bendecido.” Regresé a Santiago ese día. El mes siguiente regresé a visitar a Mario y su familia. Salimos a evangelizar hasta el otro lado del río; él se convirtió en mi compañero de viaje para evangelizar. Salíamos a las cinco de la mañana caminando por una hora y media para encontrar a la gente en sus hogares antes de que salieran a sus trabajos. Cuando llegábamos podíamos orar con ellos, entregarles literatura, hacer estudios bíblicos y a las 10 de la mañana regresábamos a su casa nuevamente caminando dentro de los bosques y pasando el río. Nosotros empezamos un grupo en esta zona, viajaba cada 15 días hasta el mes de Julio en 1998 para tener los estudios bíblicos.


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U n a Pr ueb a q ue Camb i ó Nuestra Vida

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se año viajamos con mi esposa para visitar Nilahue, y continuar la obra en ese lugar del sur. Después que regresamos mi esposa viajó a Santiago para el control médico de sus riñones. Los médicos le dijeron que su riñones estaban trabajando solamente el 20 por ciento y que ella debería hacerse una cirugía para la fístula muy pronto, pero nosotros no pensamos que fuera grave la enfermedad. Un martes por la mañana se levantó y se fue al baño, y se dio cuenta de que su cara estaba muy hinchada, me llamó y dijo, “Mira como estoy.” Nos asustamos y por la tarde salimos a la Islita para una cita dónde un médico particular, el médico le dijo que era una infección en las amígdalas y le dio unos jarabes, pero ya para el miércoles estaba peor. Entonces decidimos irnos para el policlínico en la Isla de Maipo, el doctor dijo que era una infección en los bronquios, pero el jueves seguía hinchándose así que acudimos de emergencia al hospital en Talagante y los médicos le dijeron las mismas cosas que los anteriores y nos dieron recetas para comprar medicinas. El viernes tenía hora para su consulta en el hospital San Juan en Santiago en el consultorio de Nefrología. Viajamos y en el bus ella ya no podía respirar; cuando llegamos a la terminal de buses ya no podía caminar, ella colocó su brazo sobre mi hombro y yo la ayudé a cruzar la calle. De allí tomamos un auto para el hospital, cuando llegamos el médico se asustó y mandó preparar una cama para internarla. La hinchazón era agua retenida porque los riñones ya no le trabajaban y el agua se le acumulaba en el cuerpo. Mientras caminaba por el hospital con la ficha en mi mano, porque para internarla había que hacer muchos trámites, mi esposa estaba sentada en una silla de


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ruedas sin poder respirar; ella tuvo que esperar desde las ocho de la mañana hasta las tres de la tarde para que la internaran en el hospital. Un paramédico llevó a mi esposa en la silla de ruedas hasta el tercer piso al departamento de Nefrología. Luego llegamos hasta la puerta y nos despedimos ya que ella tenía que ingresar a la sala. Me dijo, “Si sucede cualquier cosa y no regreso más a la casa con vida, cuida a mi Eliézer, ese niño necesita de cuidado y ayuda, no lo dejes.” Nos despedimos, regres�� a casa con su ropa en un bolso; a veces me parecía que no era real que mi esposa estuviera hospitalizada. Ese día llegué con tristeza a casa. Luego tuve que preparar la comida para mis hijos que llegarían del colegio; cuando entré a la cocina pensé que debía preparar algo pero lloré porque no tenía la destreza para cocinar; la primera vez que lo hice, la sopa no tenía sabor y mis hijos comieron por no desanimarme, pero ellos dijeron que les gustaría que su mami estuviera para que nos dijera lo que teníamos que hacer. El sábado visité el hospital y llevé algunos artículos y otras cosas que Udelia necesitaba. Los médicos trataron de sacar el líquido del cuerpo dándole un medicamento furosimida por la vena, pero esta medicina mas bien la deterioró; además le quitaron la alimentación y solamente podía comer acelga sin sal, mi esposa sufría de dolores en el hospital. Nosotros tuvimos que reorganizarnos con las labores en la casa, en la iglesia y en la oficina. Los sábados Gerson y Eliézer se dedicaron a lavar la ropa que se acumulaba de toda la semana y además ellos tenían que hacer la limpieza de la casa. Cada uno tenía que planchar su ropa, su uniforme para el colegio y en las mañanas tenían que prepararse su desayuno ya que su madre no podía hacerlo más. Los primeros días fueron difíciles, especialmente por tener que aprender a cocinar. Gerson y Eliézer lloraron varias veces porque extrañaban a su madre. El domingo teníamos que ir a la iglesia, y el lunes los chicos al colegio y yo tenía que ir al hospital. Udelia pasó una semana en el hospital y no podían sacarle todo el líquido; tres médicos se reunieron para discutir el problema de mi esposa y ellos decidieron colocarle un catéter en el cuello y por allí tenían que


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dializarla. Los médicos me dijeron, “Udelia tiene una enfermedad renal crónica terminal.” El que lloró más de todos al saber el diagnóstico fue mi hijo Eliézer. Oramos todos los días por su madre. Un jueves llegué al hospital y los médicos me dijeron, “Hemos decidido colocarle un catéter para hacer la diálisis y sacar el líquido que su esposa tiene, pero tiene usted que autorizarlo.” Les hablé y les dije: “No es posible colocar el catéter ya que a ella le pueden hacer la fístula en el brazo. Si Dios lo ha cuidado hasta este día, Él lo seguirá haciendo.” No di la autorización, y los médicos me dijeron que debía llevarme a mi esposa del hospital el día viernes. Cuando regresé el viernes para llevarme a mi esposa me encontré con la sorpresa que Udelia ya no podía pararse ni sentarse y esa noche se desmayó en varias oportunidades. Las mujeres enfermas en la misma sala dijeron, “Caballero, su esposa se desmayó varias veces anoche, han tenido que acudir los médicos y enfermeras, su esposa está muy grave.” Mientras escuchaba lo que decían las mujeres llegaron tres médicos y me dijeron, “Usted tiene que aceptar obligatoriamente el catéter.” Al mirar que mi esposa ya no hablaba bien y no podía moverse, entonces yo dije, “En sus manos está doctor esta paciente, si es lo mejor para su salud, está muy bien.” Esa noche le colocaron el catéter y el día sábado la trasladarían en una ambulancia hasta el hospital de Talagante. Para mi fue muy ventajoso porque el hospital de Santiago estaba muy lejos para viajar todos los días, perdía un día entero, mientras que el hospital de Talagante estaba a sólo a 15 minutos, esto era muy favorable para nosotros y además mis hijos podían visitarla y así lo hicieron. El sábado temprano viajé a Santiago para trasladarla al otro hospital. Llamé por teléfono al Centro de Diálisis Horizonte y ellos separaron una máquina para dializar a Udelia, su turno sería por la mañana. No llegó la ambulancia por la mañana del sábado, así que preocupado llamé al Hermano Guillermo Arias y él llegó con su auto para llevar a mi esposa. En el hospital nos dijeron que no podía


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aceptarla porque la iban a trasladar a otro centro de salud y tenía que ser llevada en una ambulancia. Gracias a Dios a las dos de la tarde llegó la ambulancia, subieron a la paciente y yo viajé junto a ella para ayudarla y cuidarla. El chofer de la ambulancia la llevó directo hasta el centro de diálisis, y a las ocho de la noche regresé nuevamente para trasladarla en el vehículo del centro de diálisis hasta el hospital. Luego de dejarla en su cama, regresé a casa; el domingo tuve la oportunidad de visitarla con los chicos, fue la alegría más grande de mis hijos al ver su madre.Todos los días muy temprano salía con el auto y la llevaba en una silla de ruedas para dejarla en el centro de diálisis. Yo regresaba para llevarla al hospital al medio día, pero mientras esperaba aprovechaba esas horas para cocinar y hacer otras pequeñas cosas en casa. Gerson y Eliézer visitaban a su madre todas las tardes después del colegio. Después de unas semanas más en el hospital le dieron de alta y la llevamos a casa. Un camión del centro de diálisis la recogía en la casa todos los días a las seis de la mañana, a las 7:30 la colocaban en la máquina para limpiar la sangre, que saca todos los tóxicos, agua, y todas las vitaminas y proteínas. Esta máquina trabaja por el riñón, pero los destruye muy rápido, el corazón tiene que trabajar más y los enfermos siempre terminan con un paro cardiaco. Udelia lloraba todas las mañanas que le tocaba salir al centro de diálisis; cuando ella oraba le decía a Dios, “Señor, ayúdame a soportar el dolor, no quites el dolor, pero quiero soportarlo.” Cada vez que le colocaban las agujas para limpiar la sangre era muy doloroso. Gerson al ver a su madre en el hospital sufriendo le dijo a su madre llorando: “¿Mami porque Dios es malo contigo, si tú estás sirviéndole a Él por qué te sucede esto? No puedo creerlo.” Udelia tomaba fuerzas en el hospital y le decía,“Hijito, esto es solo una prueba, Dios así me ama mucho, el diablo quiere que nosotros blasfememos contra su nombre, pero en Jesús tenemos victoria.” Mi esposa se preocupaba y me decía: “Por favor ora por Gerson para que no vaya a renegar del Señor Jesús, es muy peligroso pues él está echándole la culpa a Dios. Hay que animarlo para que siga al Señor fielmente, él es un joven ahora.”


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Mientras mi esposa se dializaba, nos reunimos con los directivos del centro de diálisis para platicar sobre los costos y lo que vendría en el futuro. Me explicaron que pronto debería sacarle un seguro a ella, y con esa tarjeta ella podría pagar por la diálisis, además, podría tener un seguro por invalidez en su futuro.También me dijeron que una persona que se dializa como ella tiene solamente cinco años de vida. Tramitamos todos los papeles necesarios e hice los pagos para su seguro y en 1999 le entregaron su carné y desde ese mes de enero el seguro pagaba el 50 por ciento y la otra parte la conseguimos mediante un préstamo que se hizo con el Fondo Nacional de Salud. El doctor dueño del centro le animó para hacerse todos los exámenes para un trasplante, y muy entusiasmados viajamos al hospital de San Juan y allí se iniciaron todos los exámenes. Muchos de estos eran muy dolorosos, pero muy animada y fuerte, Udelia seguía adelante con los exámenes, orando al Señor.Viajamos a la costa con Eliézer y llevamos a mi esposa acostada sobre una bolsa de dormir, ella no podía soportar un viaje de más de una hora en bus, pero me sentí feliz cuando ella se reanimó al caminar por la playa y recoger algunas piedras; sólo pudimos estar ese día porque luego tenía que estar en el centro de diálisis. Así como mi esposa sufría con el dolor, mis hijos y yo sufríamos por la impotencia y además porque las labores que ella realizaba teníamos que hacerlas nosotros. La mayor parte se acumulaba sobre mí. Estar pendiente de la salud de mi esposa, si no llegaba el vehículo del centro de diálisis tenía que sacar el camión y llevarla de urgencia al centro, dejarla en manos de las enfermeras y esperar hasta que colocaran las mangueras y la máquina empezara a trabajar sacando la sangre mala, luego regresar a casa y en cinco horas regresar al centro de diálisis para recogerla. Tenía que dejar todo mi trabajo y dedicarme a la cocina, al cuidado de mi esposa y mis hijos; el exceso de trabajo hizo que regresara mi úlcera y se unió al árbol malogrado la depresión. No quería vivir más, solamente deseaba que llegara la noche y desaparecer de la tierra. Contra mi voluntad me arrodillaba para orar, para leer la Biblia, a veces no tenía éxito orando porque mi mente


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estaba ubicada en mis problemas y no en Jesús. Encontré la medicina en Filipenses 4:6-20; Mateo 6. Me acuerdo que el último año para terminar mis estudios Teológicos, toda la promoción decidió editar un anuario para conservar de recuerdo. Se eligió la junta de publicaciones para dicho anuario y empezaron el trabajo. En la página que le correspondía a la promoción teníamos que colocar nuestra foto y un texto bíblico y la escritura que me llamó la atención fue,“Atribulados en todo, más no angustiados, en apuros, más no desesperados, perseguidos más no desamparados, derribados pero no destruidos...” 2 Corintios 4:810. Este pasaje cautivó mi corazón, más no sabía por qué, después de 20 años de usar esta escritura la había llegado a comprender. Hay momentos que como ministros de Dios callamos nuestras aflicciones, pensamos tal vez que podemos hacerle daño a la iglesia y no nos damos cuenta que reconocerlo puede ser una bendición para otros. Ser veraces implica ser realistas y atrevernos a enfrentar la realidad, aunque algunas veces ésta puede ser dura de aceptar. Primero hay que aceptar la existencia de las aflicciones, a veces las escondemos y hacemos sufrir a nuestros hijos o esposas. Nuestra sinceridad debe ser causa de análisis, a veces las aflicciones nos causan dolor y pueden hacernos llorar. Pero hay que comprender el enorme privilegio que es parte de nuestro ministerio y es sobrellevar las cargas de otros, pero nuestras cargas, ¿quién los llevará?” Quiero decir a los obreros cristianos, pastores, misioneros y todos los siervos y siervas que tendremos aflicciones, problemas, luchas, dolores, pruebas, tribulaciones, etc. Tal vez nos preguntamos, “¿Por qué?” Pero esa es la Voluntad de Dios. Todos los grandes siervos de Dios pasaron por tiempos de angustia y tribulación. Pablo, un gran hombre de Dios y fiel servidor de Jesús, estuvo preso y enfrentó la muerte, solo, pobre, sin protección y enfermo, pero firme en la fe, 2 Timoteo 4:6-8. ¿Nosotros merecemos algo mejor que Pablo? He aquí el consejo que el Señor nos da en 2 Timoteo 2:3, “Tú pues sufre penalidades


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como buen soldado de Jesucristo.” El ministerio de Jesucristo es comparable con lo que un soldado al frente de la lucha enfrenta, y solamente necesitamos que la muerte de Cristo se apodere de la nuestra. Nosotros, los líderes, debemos predicar el Evangelio buscando y amando a las almas que se pierden; los problemas no nos deben quitar ánimo de llevar el mensaje de salvación a los perdidos. Cristo es nuestro ejemplo, Él tuvo que sufrir como hombre, Dios nos llamó a su obra y no somos diferentes a los demás, somos simples seres humanos, no somos ángeles. Cristo dijo, “Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a si mismo y tome su cruz y sígame” Mateo 16:24. La mejor vocación es la de ser pastor, un ministro de Dios, pero no debemos sentirnos superiores a los demás por el hecho de que hemos obedecido a Dios para ser sus siervos. Llega el momento de las enfermedades, y no hay fuerzas, sólo nos queda llorar en nuestro dolor o debilidad humana; también llega el desgaste físico y psíquico, esto lo digo por experiencia propia, por la enfermedad de mi esposa. Aparte de la enfermedad, tenemos que estar al frente de la obra que Dios ha puesto en nuestras manos. A veces nos sentimos solos y no tenemos con quien comentar tal o cual cosa y quisiéramos lanzar la exclamación de la cruz preguntando a Dios, “¿Por qué me has desamparado?” A veces los creyentes creen que el pastor está milagrosamente exento de los problemas. Nosotros los pastores sufrimos cansancio y agotamiento porque todo el tiempo vivimos dando aliento espiritual y recibimos muy poco. No estamos solos, los grandes hombres de Dios han pasado por la misma experiencia: Job, Jeremías, Moisés, que querían abandonar su ministerio, Jonás, que huyó ante el gran desafío de Ninive, Elías, Pablo, etc. El tener problemas significa lucha y la lucha significa vida. Mientras nosotros tenemos vida, Satanás se cruzará en nuestro camino, pero Dios nos dará la victoria. A través de Jesús nosotros somos más que vencedores, eso nos confirma Su Palabra en Juan 17: 9-26.


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G e rs o n T o ma s u Primera Deci sión

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l terminar el tercer año de educación secundaria en el colegio English College, Gerson decidió estudiar un curso electivo de música durante el cuarto año. Ese año platicamos sobre su futuro; mi esposa le recomendó que estudiara historia o periodismo en la universidad. No sabíamos qué pasaría con Gerson, así que empezamos a orar, y una tarde en una reunión familiar Gerson nos dijo que había decidido estudiar teología; fue una sorpresa y mi esposa trató de desanimar su decisión muchas veces. Ella le dijo, “Hijo nosotros hemos sufrido en la obra, a veces no hay suficiente dinero, y si estudias eso, sería primero ir a la universidad y después a estudiar teología.” Pasaron los meses y Gerson dijo, “He decidido estudiar teología en alguna facultad superior y necesito conocer una de esas escuelas bíblicas, ya lo he decidido y Dios me proveerá el dinero para mis estudios.Yo quiero dedicarle mi juventud a Cristo y, si Dios me permite, luego estudiaré alguna otra profesión, después de terminar mis estudios teológicos lo haré.” Gerson ya había tomado su decisión y Dios lo había llamado al ministerio. No podíamos estar en contra, solamente le agradecimos al Señor que Gerson estaba listo para empezar la batalla. Viajé hasta Costa Rica por la Conferencia Interamericana y aproveché para visitar la Universidad Bíblica Latinoamericana y la Universidad Nazarena, pero los costos eran un obstáculo para que Gerson viajara a estudiar. Viajé a Lima, Perú, y conocí la Escuela de Teología Superior – Seminario Andino; le entregué a Gerson el prospecto de esta escuela y de algunas otras escuelas bíblicas en Ecuador, Argentina y


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Bolivia. Gerson decidió estudiar en Lima, Perú. La Hermana Hilda Rodríguez fue la que preguntó sobre los costos del Seminario Andino y nos envió la información. LA DECISIÓN HECHA REALIDAD El 15 de diciembre de 1998, Gerson se despidió de su madre y Eliézer y yo lo acompañamos por unos días hasta Lima. Udelia lloró al despedir a Gerson pero estaba feliz al saber que estaría con su hermana Zara (hija de Udelia) en su casa. Nosotros arreglamos una pequeña habitación, le compramos la cama, una mesa y silla, y un pequeño closet. Visitamos el Seminario, hablamos con el director, y Gerson se preparó para dar la prueba de aptitud académica.Ya instalado, Gerson se quedó en Lima, nos despedimos en el aeropuerto y Eliézer y yo regresamos. Gerson se quedó muy triste porque ahora iba a estar solo, por primera vez se alejaba de nosotros. Eliézer dijo en el avión, “Qué aburrido viajar sin Gerson.” Me di cuenta que Eliézer ya extrañaba a su hermano. Llegamos a casa y empezó la tribulación de Eliézer. Por las mañanas salía de la casa y nos decía, “Yo quiero ver a mi hermano; espero que llegue en el bus.” Este niño se enfermó y lo tuvimos que llevar de emergencia al hospital; nosotros le platicábamos, “Hijito, ya llegan las clases en tu colegio y allí tienes a tus amigos y estarás bien jugando con ellos.” Pero Eliézer decía, “Los amigos no son como mi hermano; yo lo extraño.” Pasaron los días y el tiempo, y Eliézer ocupado en sus estudios fue acostumbrándose a estar solo. Mientras Eliézer sufría solo en Chile, Gerson lloraba solo en Lima porque extrañaba a sus padres y a Eliézer. Durante cinco meses lloró solo en su habitación y caminaba por las calles buscando una iglesia para asistir. Finalmente logró ubicar a la Alianza Cristiana y Misionera; donde podría trabajar con los jóvenes. Gerson ingresó al Seminario y mientras continuaba sus estudios se unió a su tío Elindor quien le animaba y pasaban juntos los fines de semana.


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Eliézer tomó la decisión de no estudiar, él mismo no sabía que hacer. Terminó sus estudios secundarios y no pensaba seguir estudiando. Tampoco sabía si estaba listo para trabajar, parecía un joven que quería pasar el tiempo sin nada que hacer. El 20 de diciembre de 1999, Udelia se inscribió en el Centro Nacional de Salud y entró en la lista de espera para el transplante de un riñón y mientras tanto seguía en la máquina. Durante unos meses veíamos a unas mujeres drogadictas que estaban rehabilitándose y mi esposa se olvidaba de su dolor al mirar a estas mujeres como llegaban amoratadas y malogradas por la droga hasta el Centro de Salud. UNA NUEVA PRUEBA Satanás no duerme. La iglesia en Clifton Avenue, Ohio, nos ayudó con la compra de una propiedad en Valparaíso. José Aburto estaba dirigiendo el pequeño grupo de la Iglesia de Dios en esa ciudad, así que le dimos la oportunidad a él de hacer el contrato de compraventa del terreno. Una vez que se hizo nos dimos cuenta de que en el documento notarial el terreno no estaba inscrito a nombre de la iglesia sino a nombre de ciertas personas. El Pastor Sam Wollum dijo, “La escritura tiene que salir a nombre de la Iglesia de Dios y no de personas particulares.” Cuando nos llegó la otra parte para la compra definitiva del terreno, el cuñado Medardo llegó y junto con José decidieron golpearme. El Hermano Arias y otros hermanos nos ayudaron frente a las amenazas de estos dos hombres, ellos tocaron muchas puertas para hacernos daño. El Hermano Gerardo Taron nos visitó y se enteró el problema que estábamos enfrentando. Seguimos orando porque sólo Jesús nos daría la victoria. El diablo estaba usando a estos hombres y le dijeron a Gerardo, “Nosotros somos más espirituales que uste-des.” Gerardo dijo, “No quiero hablar más con ustedes porque ya sé quienes son.” En todo el mundo hay rudos e ignorantes. Hicimos finalmente la escritura notarial a nombre de la Iglesia de Dios en Talagante. Sin duda Jesús nos enseña de los falsos cristianos y falsos predicadores en Mateo 24. Pablo dice, “En los


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postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrina de demonios… teniendo cauterizada la conciencia,” 1 Timoteo 4:1-2. RESPUESTAS A LAS ORACIONES No podía comer frutas y verduras o tomar bebidas gaseosas porque siempre me hacían daño. Después del desayuno el estómago se me hinchaba, tenía que tomar pastillas de Ranitidina y Cloropromida para ayudar a combatir el jugo gástrico y pensé que iba a vivir así toda la vida. Empecé a orar por mi salud y la respuesta la tuvo el Señor Jesús. Muchos hermanos en Estados Unidos y América del Sur oraban por Udelia y toda la familia. Dios me sanó de la úlcera y de la depresión, y después de algunos exámenes en el Hospital de Santiago, viajé a Lima y me realizaron nuevamente una endoscopia y una biopsia. Felizmente no encontraron el mal y con ayuda de algunas medicinas naturales Dios me había sanado; esta fue una obra maravillosa del Señor. La última semana de enero de 2000, mi esposa tuvo un sueño: un hombre vestido de blanco la llevaba para hacerle una cirugía y junto a él habían otros más. Ella al despertarse me dijo, “Narciso, Jesús me ha visitado anoche por el riñón, el Señor tiene un riñón para mí. ¡Gloria a Dios!” Oró y agradeció al Señor por el riñón, ella agradecía con mucha seguridad y con firmeza y mucha confianza de que el Señor le diera el riñón. Los hermanos de la comuna el Bosque de Santiago visitaron la iglesia y Rodolfo y su esposa le dijeron, “El Señor le va a dar un riñón, Hermana.” Mi esposa le dijo, “Sí, ya el riñón está listo para mí; Jesús me lo dio.” Los hermanos se quedaron sorprendidos por la seguridad de su respuesta. Después de una semana, el 12 de febrero, Udelia se levantó temprano como de costumbre y la llevaron al centro de diálisis para usar la máquina nuevamente. Cada vez que ella salía decía, “Señor Jesús, ayúdame a soportar el dolor.” También ese día los jóvenes


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iniciaban su campamento de verano en la iglesia en Las Mercedes; el Hermano Gregorio vivía junto a la iglesia. Colocaron a Udelia en la máquina a las ocho de la mañana, mientras la máquina trabajaba sacando y limpiando la sangre ella se quedó dormida. A las nueve horas el doctor se acercó y se colocó en cuclillas y muy suavemente la despertó y le dijo, “Udelia, no te asustes, estate muy tranquila, te vamos a desconectar de la máquina porque hay un riñón para que seas transplantada.” Udelia enmudeció y por fin contestó, “Yo sabía que Jesús tenía uno para mí.” Después de unos minutos más dijo, “Gracias doctor.” TESTIMONIO Y AGRADECIMIENTO DE UDELIA “Fue un día sábado. Me levanté de la cama a las 5:40 de la mañana, el horario normal que tenía todos los días que me tocaba ir al centro de diálisis. Tomé una taza de té con galletas y luego llegó el camión del centro. “Me despedí de mi esposo. Entré al minibús y salí junto a seis pacientes más. Entramos al centro de diálisis y las enfermeras estaban listas para colocar las gruesas agujas que se parecen a un palillo de tejer. La máquina empezó a trabajar sacando la sangre del cuerpo y pasándola por un disco. La máquina limpia y regresa la sangre ya purificada al cuerpo. “En pocos minutos me quedé dormida. Por 19 meses Dios permitió que perdiera la función de mis riñones. Durante todo el tiempo fui dependiente de una máquina de diálisis. “Agradezco a cientos de hermanos por sus oraciones. Me apoyaban, orando para que Dios hiciera un milagro. “El 12 de febrero de 2000, al permanecer en la máquina de diálisis por 60 minutos, se acercó el medico de turno y me despertó. ‘Udelia, tengo una noticia. Me acaban de llamar del centro de transplantes. Hay un riñón para ti. Necesitamos avisarle a tu esposo,’ continuó, ‘para que venga a llevarte al transplante.’ “Me quedé muda, sin respiración. Solo pude decir gracias a Jesús. Hacía solamente un mes y medio que me había inscrito en el programa de transplantes. El Señor Jesús contestó las oraciones muy rápido.


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“Di el número telefónico de mi casa para que llamaran a mi esposo. Llamaron muchas veces, pero no estaba. “En la iglesia los jóvenes tenían un campamento y Narciso había salido a llevarlos. El doctor llamó a la policía pidiendo ayuda para localizar al pastor Narciso Zamora de urgencia.Teníamos solamente cuatro horas para llegar al hospital donde tenían el riñón listo para mí. “Empecé a buscar en mi memoria el número de teléfono del Hermano Gregorio. De repente pude acordarme y dárselo al doctor. Llamaron y contestó la Hermana Marta, allí recibió la noticia mi esposo y llamó a Eliézer y le dio la noticia. Mi hijo, al saber que había un riñón para su madre salió corriendo y gritando. No le importaba la lluvia, se sacó la chompa y la hacia flamear como bandera; tanta fue la alegría al saber que había un riñón para mí. “Mi hijo mayor, Gerson estaba organizando un grupo de trabajo en la iglesia. Pronto todos los jóvenes allí se enteraron de la noticia y le empezaron a dar gracias a Dios por el regalo y a orar por la cirugía. “La policía ubicó a Narciso en la carretera y media hora más tarde llegó al centro de diálisis. Yo estaba sentada esperándolo. Subí al coche y salimos rumbo al centro de transplantes. El velocímetro pasó los 120 KPH, y además fue un día lluvioso, no obstante queríamos llegar al hospital antes de que se venciera el tiempo de vida útil del riñón. “Llegamos en 40 minutos y me metieron a la sala de preparación y la cirugía duró cinco horas. Fue un drama muy difícil, lo peor que he pasado en toda mi vida. Incluso quedé decepcionada con los primeros resultados ya que después del transplante el riñón nuevo solo funcionaba un 30 por ciento de lo esperado. Me deprimí y lloré; mi esposo me visitó en el hospital. ‘El riñón es un regalo de Dios y no trabaja,’ le dije. Seguimos orando, y después de ocho días empezó a funcionar muy bien el riñón. Ahora el riñón trabajaba perfectamente. Puedo comer y tomar mucha agua, caminar y trabajar, esto es un milagro de Dios. Parece que Jesús quiere que yo siga trabajando para su gloria. “Quiero agradecer a todos mis hermanos y hermanas que se


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unieron en mi aflicción. Dios me permitió pasar esta prueba porque tiene un buen propósito para mí. Quiero animar a mis hermanos para que nunca desmayen cuando tienen que enfrentar pruebas. Jesús tenía la respuesta. Él es el mismo ayer, hoy y siempre. Quiero morir sirviendo a mi Maestro que tantos bienes me ha dado y ha hecho por mí.”


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D i os Llama a Eliezar

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ientras Eliézer estudiaba en el colegio y Gerson en el Seminario, Eliézer decía: “Gerson, estudia para que seas pastor, y yo trabajaré para darte mis diezmos para que vivas.Yo voy a ser solo un hermanito en la iglesia.” Mi esposa y yo oramos cada día pidiéndole al Señor Jesús que llamara a Eliézer a servirle así como lo hizo con Gerson, y cuando Eli dijo que quería ser maestro de la Escuela Dominical nosotros muy alegres lo matriculamos en la Facultad de Teología Metodista para estudiar teología los sábados. Él asistió tres sábados y luego dijo, “Yo no quiero saber nada de teología.” Se preparó en el curso pre-universitario para dar la prueba de actitud académica para ingresar a la universidad, gastamos y luchamos con el deseo de que Eli estudiara. Terminó los estudios, dio la prueba y no alcanzó a tener el puntaje para lo que deseba estudiar. Decidió hacer un viaje a la costa sin permiso de nosotros, dejó una carta en la mesa, diciendo, “Me voy de casa para no regresar, no se preocupe, Mamita, estaré bien.” Encontramos la carta por la noche y mi esposa inmediatamente empezó a llorar y los dos doblamos nuestras rodillas y oramos para que Dios cuidara a Eli donde quiera que estuviera. Pasaron por mi cabeza recuerdos de muchos años atrás cuando yo hice lo mismo con mis padres y salí escapado de la casa sin saber a donde ir y mis padres sólo lloraban.Yo creía que esta situación era el pago de mis malos hechos, lo acepté y pedí perdón y oré para que este chico regresara a casa a servirle al Señor. Por la noche recibimos una llamada telefónica, mi esposa contestó y era Eliézer pidiendo perdón por lo que había hecho y que si le recibíamos en casa que él regresaría. Mi esposa estaba feliz al


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escuchar a Eli. Ella pasó la noche esperando otra llamada y al día siguiente Eli me llamó y habló conmigo con mucho temor por lo que había hecho. Tenía miedo llegar a casa. Le animé a regresar, y luego llegó a casa como el hijo pródigo; parecía que este chico estuviera dramatizando este pasaje bíblico de Lucas. No sabíamos que sucedería con Eliézer, si iba a estudiar, trabajar, pero nosotros sólo nos dedicamos a orar. Eli se dejaba llevar por los demás y poco a poco se integró al movimiento “hip hop,” lo que creó muchos problemas. En junio de 2000 tuvimos un servicio en el Bosque-Santiago y un joven con problemas del corazón dobló sus rodillas y llorando se convirtió a Jesús. Este fue el día que Dios tocó el corazón de Eli y lo llamó a su servicio; Eliézer fue movido y tocado por el Espíritu Santo. Lloró y empezó a ser un joven diferente, se dedicó a tocar la guitarra y cantar en la iglesia, cada vez que cantaba sentía la presencia de Dios y en una vigilia en la iglesia, Eliézer llorando testificó que Dios lo había llamado a servirle y que Él le estaba transformando. Una noche en casa estábamos sentados los tres cuando Eliézer dijo, “He decidido estudiar música.” Nosotros solamente dijimos que no podría vivir sólo de la música. Seguimos orando y en Noviembre decidió estudiar teología. Al principio no lo creímos, pero luego él insistió que deseaba encontrar un seminario donde estudiar. Nosotros primero pensamos en que estudiara en Ecuador. Conseguimos información de algunos centros de estudios teológicos, luego recibimos algunas noticias de la Universidad Bíblica en Santa Cruz, Bolivia. Eli se comunicó con el director del Instituto Bíblico Boa Terra en Curitiba, Brasil, y dijo, “Este es el lugar donde debo estudiar.” Estábamos sorprendidos por la decisión, platicamos por el problema del idioma, pero él dijo, “Voy a matricularme en el Instituto Brasilero para aprender Portugués.” Tenía miedo de seguir gastando dinero inútilmente. Salimos una mañana a Santiago con Eli, se matriculó y pagamos el curso intensivo de un mes; trató de tomar interés con el Portugués y pasaron los días y en febrero de 2001 dijo, “Llegó la hora de viajar al seminario.”


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Parecía que ahora ya era real, preparó su maleta y llevó todos los documentos que pedía el seminario. Mi esposa estaba muy feliz al saber que Eli había decidido verdaderamente servir al Señor. No tuvo temor de estudiar y comunicarse en otro idioma, llevaba en mano su guitarra y su Biblia. Subió al bus hasta Buenos Aries, Argentina, pasó allí con José Luis y Sonia por una semana. Fue un buen tiempo para él; luego de allí viajó solo a Curitiba, Brasil, fue la primera prueba que tuvo que pasar. El primer mes no sabía el idioma, sólo algunas palabras, y con una cultura diferente se sintió como un hombre ermitaño. Al no poder comunicarse empezó a extrañar a la familia y en un momento dijo, “¿Qué estoy haciendo aquí solo y sin saber como hablar el idioma, para qué estoy aquí?” Estaba un poco desanimado cuando llegó una carta a sus manos de su papá que le decía: “Eli, esfuérzate y sé valiente, muy valiente, Jesús te ha llamado y Él te ayudará y te dará lo que tu necesitas. No desmayes, mantente firme en el Señor, esta es tu primera prueba. Sigue adelante con el Señor.” La carta terminó y con firmeza tuvo que resistir los primeros días del trato de Dios con él.Y luego fue estudiando teología feliz y con mucha pasión para ganar almas para Cristo. ELIEZER EN LA BOA TERRA ¡Eliézer aprendió portugués! Él se preparó para servir en el ministerio del Señor Jesús por tres años en el seminario la Boa Terra en Curitiba, Brasil. Para Udelia y para mí fue de mucho gozo y alegría tener a Eli estudiando teología. Los días se pasaron entre viajes en vacaciones de ida y vuelta desde Curitiba. Eliézer no se cansaba y seguía con mucha fuerza y amor al Señor y sus estudios; cada vez que llegaba a Chile por un mes o dos al año, se ponía a trabajar con los jóvenes y siempre tenía cosas nuevas, enseñanzas y mensajes bíblicos reconfortantes para nuestra juventud y para la iglesia. ELIEZER TOMANDO LA TERCERA DECISIÓN DE SU VIDA En el año 2002 Eli se enamoró de una señorita de Panambí, Cris-


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tiane, que ya había terminado sus estudios en el instituto la Boa Terra dos años antes. Los dos empezaron a orar pensando que Dios uniría sus vidas un año más tarde o simplemente serían buenos amigos. Eliézer me escribió y dijo, “Papá, yo tengo un compromiso con una señorita que sirve al Señor y espero casarme con ella.” Yo no recibí la noticia con agrado, que la señorita fuera cristiana, predicadora y todo lo demás estaba muy bien, pero casarse en ese tiempo no cabía en mi cabeza ni en mi corazón y no podía aceptarlo. El problema era que Eliézer podría casarse ya fuera con mi consentimiento o sin el. Él estaba a más de 5.000 kilómetros de distancia.Yo pensaba solo en mi oficina y oraba al Señor para saber qué hacer. Mi esposa Udelia lo tomó como en broma al principio, luego solamente oraba todos los días por la decisión de Eliézer.Yo siempre me he opuesto a que mis hijos se enamoren o se casen antes, siempre he deseado que ellos terminen su carrera y logren esa meta y después pueden casarse y además que tengan una edad regular y no que lo hagan muy jóvenes. Pero eso no sucedió con Eliézer. Decidió casarse al finalizar sus estudios teológicos. Después que habían tomado la decisión Eliézer y Cristiane, nosotros oramos para que estos jóvenes se unieran para toda la vida y se dedicaran a la obra de Dios. El temor que teníamos era que la señorita con quien se casaría Eliézer no estuviera preparada para salir a predicar y sufrir por Cristo, yo platiqué esto con mi hijo. Él necesitaba una mujer que le amara y que se dedicara a servir a Jesús con todo su corazón y no tuviera miedo de salir a predicar a cualquier parte del mundo, con dinero o sin dinero. Después de todo, tuvimos que aceptar y apoyar su decisión y ayudarles hasta donde pudiéramos, aunque siempre sentíamos temor. ELIEZER: FINALIZANDO UNA PRIMERA ETAPA Llegó el día de la graduación de Eliézer, y él me invitó a estar presente. También me solicitaron que yo fuera el ministro que casara a Eliézer y Cristiane. En la graduación le pedí a mi hijo que otro pastor los casara.Yo pensé que las costumbres serían diferentes y sería mejor que un ministro del mismo lugar los casara, pero la decisión


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de Eliézer y Cristiane ya estaba tomada. Viajé en noviembre del 2003 desde Santiago, Chile, a Mendoza, Argentina, y de allí salí en otro bus hasta Resistencia, y luego en otro bus hasta Iguazú, en la frontera de Argentina con Brasil. Tomé un baño en un hotel y luego continué el viaje, ya tenía 36 horas viajando. Al llegar a la ciudad de Iguazú, Brasil, compré mi boleto para Curitiba, luego tomé un taxi y salí hasta la terminal que va para las cataratas, y así pude mirar y disfrutar de las maravillas del Señor Jesús. ¡Son una maravilla esas cataratas de Iguazú! Por la noche tomé el bus para Curitiba y llegué a las ocho de la mañana a la terminal. Al salir del bus, Eliézer y su amigo Marcos me estaban esperando para llevarme hasta las instalaciones del seminario. Curitiba era una ciudad muy moderna con muchos edificios y muy limpia y bien organizada; esto fue una sorpresa para mí. Al llegar al Seminario la Boa Terra, Eliézer me presentó al subdirector, el Hermano Ibo, y luego a sus amigos, compañeros y compañeras de estudio que ya estaban despidiéndose pues en dos días más terminaba todo y luego se separarían, algunos por muchos años y otros para toda la vida. Todos los jóvenes tenían mucha nostalgia. GRADUACIÓN DE ELIEZER Llegó el día de su graduación, el 29 de noviembre del 2003, se reunieron varias congregaciones para la graduación en una maravillosa fiesta. Llegaron pastores y hermanos desde Sao Paulo y el auditorio estaba lleno. A las ocho de la noche todos los profesores desfilaron y me incluyeron a mí junto con ellos, yo me sentí bendecido al ser parte del grupo de pastores y maestros. Luego hubo un silencio en todo el auditorio se escuchó una canción y empezaron a ingresar los graduandos con una toga negra pasando junto a donde estaban los demás estudiantes para empezar la ceremonia. Se dio inicio al acto con una oración, cantos con el coro del seminario, palabras de los profesores y después del mensaje, el director Rev. Nelson Yunges pasó a la ceremonia de graduación entregando diplomas a cada estudiante. Al finalizar muchos lloraron mientras se


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despedían, era el final de su primer objetivo que ya habían logrado y el inicio de una carrera interminable; puestos los ojos sólo en Jesús serían más que vencedores. Dios me bendijo ya que pude participar en diferentes congregaciones por 15 días con los pastores allí en Curitiba. PREPARÁNDOSE PARA LA BODA Eliézer me dijo, “Papá, yo debo viajar a Panambí para ayudar con los arreglos para el matrimonio, ¿Deseas ir conmigo o te quedas acá en Curitiba?” Yo le dije, “¿Y a dónde crees que voy a quedarme si voy contigo?” Eli dijo, “En casa de mi suegra.” Yo le respondí, “Ah, yo no quiero darle trabajo a tu suegra, mi hijito. Vete tú y arregla con el pastor un lugar en la iglesia y allá me quedaré.” Cristiane habló con el pastor Luterio para quedarme en su casa y él aceptó.Yo me quedé en Curitiba por una semana con los Hermanos Fabio y Miriam, una pareja encantadora.Viajé dos días antes del matrimonio y Fabio me llevó hasta la terminal y él me despidió allí. Eliézer me esperaba con su concuñado en la carretera frente a Panambí. Llegamos a la casa de su suegra y allí encontré a mi futura nuera Cristiane. Lo primero que le pregunté fue, “¿Estás decidida a sufrir por Cristo?” Ella dijo, “Sí.” Después de esa respuesta yo pude tomar el té que me invitó y los panes con mermelada. Mi hijo me llevó a su habitación y me preguntó,“¿Papi, estás contento con mi novia?” Mi respuesta fue: “Yo no estoy contento ni triste. Lo importante es que tú la amas y ella te ama a ti.” Luego de allí pasamos a casa del pastor. El viernes estuvimos platicando con él sobre el trabajo y ministerio. El día sábado trabajamos visitando un centro de rehabilitación y visitamos familias y oramos por ellos. El día 13 de diciembre de 2003 se celebró la boda por la noche, con una buena asistencia de parte de la iglesia. Después de


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la celebración del matrimonio muchas hermanas, amigos y jóvenes se despidieron de Cristiane; muchos de ellos lloraban ya que fue una fiesta pero también un momento nostálgico. El día domingo 14 de diciembre prediqué por la mañana y por la noche. DE REGRESO A CASA Regresé a Chile el lunes 25 a las cinco de la mañana en medio de un aluvión. El Hermano Dos Santos me llevó hasta Uruguayana, en la frontera con Argentina. Después de pasar migraciones, pasé a la terminal Los Libres, que es un lugar muy abandonado y peligroso por la gran cantidad de niños que vienen desde Paraguay; muchos de estos niños son ladrones que trabajan en grupos.Tomé un bus hasta Resistencia; era un bus muy viejo y durante la lluvia se filtraba el agua por todas partes. Llegué a Resistencia a las 10 de la noche y a las 23 horas estaba saliendo en un bus para Mendoza.Viajamos toda la noche, todo el día y toda la otra noche hasta que llegamos a Mendoza a las seis de la mañana del día siguiente. De allí tuve que tomar un nuevo bus y llegué a Santiago de Chile a las cuatro de la tarde. Eliézer y Cristiane llegarían cuatro días después con 11 paquetes desde Panambí,Brasil hasta Santiago de Chile. Como los hermanos en Chile querían participar del matrimonio de Eliézer tuvimos que realizarlo nuevamente. Vinieron para la boda el pastor Víctor Quispe y su familia y los Hermanos Ann y Herb Morgan; ellos fueron los padrinos del matrimonio. ¿QUÉ PASA CON GERSON? Mi primer hijo Gerson, viajó en 1999 a Lima, Perú, para estudiar Teología en el Seminario Andino, y sus primeros seis meses lloraba solo caminando por las calles polvorientas de Lima. Nunca se había apartado de sus padres y ahora estaba solo, además tenía que familiarizarse con una cultura distinta; durante las noches se ponía de rodillas sobre su cama y orando lloraba al Señor. A él lo asaltaron varias veces. Los ladrones le robaron su maletín de libros, su Biblia, y en una oportunidad lo amenazaron con


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cuchillo para quitarle su mochila y él sacó un folleto y mirando en la cara al delincuente lo exhortó para que Jesús entrara en su corazón y le dijo que Jesús le daría el amor que él nunca había tenido. Después de hablar de la Palabra de Dios y de Jesús, el hombre guardó su cuchillo y salió corriendo del bus. Gerson dice que en Perú se vive por fe, allí se tiene que ejercer la fe. Es interesante la convicción que él tiene en Jesucristo. Por cuatro años estudió Literatura Bíblica en el Seminario Andino; empezó asistir y luego a predicar en la Iglesia Alianza Cristiana y Misionera en San Martín de Porres y en el Callao. Mientras estudiaba teología, los dos primeros años también estudió inglés por las mañanas. Después ingresó a la Universidad Bíblica Latinoamericana para seguir estudiando Teología. Terminó sus estudios en el Seminario Andino sacando su bachiller en Ciencias Bíblicas. Su graduación del Seminario fue en diciembre de 2002. Gerson me escribió por e-mail para viajar y asistir a su graduación. Mi esposa, que no podía viajar porque acababa de ser transplantada de los riñones muy recientemente, dijo, “Narciso, tienes que viajar a la graduación de mi niño.” Organicé el viaje y salí para Lima. Para la noche de su graduación invitó al pastor y los jóvenes de la Iglesia Alianza con quienes trabajaba.Todos los graduandos tenían unas togas de color azul; Gerson fue el estudiante más joven entre todos. Después de la ceremonia religiosa la directora dio inicio a la graduación. Cada uno de los graduandos tenía que recibir una medalla y su diploma; la directora entregaba el diploma pero la medalla se la daba una persona escogida por el estudiante. Después de pasar casi la mayoría llamaron a Gerson y yo estaba emocionado al ver a mi hijo pasar al frente y recibir su diploma a nombre de la Nación y por haber terminado sus estudios y mucho más para servir al Señor Jesús. Cuando pasó Gerson luego dijeron, “La persona que hace entrega de la medalla será su padre el Pastor Narciso Zamora.” En ese momento fui el hombre más feliz al ver a mi hijo convertido en un


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siervo de Dios. Al pasar adelante a recibir la medalla para colocarla en el cuello de mi hijo, la directora me dijo, “Pastor Narciso...”y la miré y luego la abracé porque esta mujer fue miembro de la primera iglesia que yo pastoreé cuando era estudiante del Instituto Bíblico todavía, y ahora, después de tantos años estaba de directora de la facultad. En ese momento sentí mucha más alegría en mi corazón. Después de la graduación tomamos unas fotos y salimos a descansar en casa de mi Hermana Ana; descansamos solamente una pocas horas y salimos temprano al día siguiente a la iglesia, porque Gerson tenía que predicar ese domingo. Todos los años Gerson trabajaba en sus vacaciones del verano en Chile organizando y dirigiendo los campamentos juveniles. Dios nos bendijo con Gerson para trabajar con jóvenes y con la iglesia. Luego Gerson sacó su licenciatura en Ciencias Bíblicas en la Universidad Bíblica Latinoamericana en San José, Costa Rica. Mi esposa Udelia está agradecida al Señor por darle vida para ver a sus hijos sirviendo en el ministerio del Señor como pastores; ella dice que es la mujer más feliz y virtuosa que el Señor ha escogido.


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G ers on y Eli éz er Toman Re s p ons abi l id ad es en el Minsterio

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liézer y su esposa Cristiane llegaron de Brasil a Chile en el 2004 para iniciar la Iglesia de Dios en Valparaíso, una ciudad que está en la costa del Pacífico. En septiembre de 2004 viajaron en un camión rentado para llevar sus paquetes desde la Isla de Maipo hasta Valparaíso, a 270 kilómetros de distancia. Los dos estaban muy jóvenes pero decididos a empezar una obra misionera. El lugar era muy rústico, lleno de pulgas, y sin protección alrededor. Había mucha delincuencia y drogadicción y fue muy difícil al principio. Al regresar a casa, después de que dejé a mi hijo con su esposa allá en Valparaíso, oré con mi esposa y lloramos por Eliézer y Cristiane ya que dejaron la casa que habían pintado para vivir en la Isla de Maipo. Mi esposa los extrañaba cada día y al recordarlos lloraba, pero gracias a Dios ellos sólo estaban a 270 km.Yo viajaba todas las semanas para ayudar a mi hijo a colocar postes de madera y una malla de metal para proteger la casa donde vivían. Los primeros días fueron de terror para Eliézer y Cristiane, pero luego la casa se aseguró con protecciones de hierro y mallas de metal entonces podían dormir tranquilos. El segundo paso fue visitar hogares alrededor de la propiedad donde se iniciaría la iglesia; se inició una escuela bíblica de vacaciones para invitar a los niños del lugar. Durante una semana se hicieron muchas actividades y Dios bendijo con 27 niños, de los cuales han continuado asistiendo la mayoría hasta hoy. Luego se proyectaron películas, se evangelizó casa por casa con literatura y se hicieron campañas evangelísticas al frente de la iglesia.


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Eliézer y Cristiane se dedicaron a trabajar con una barra, pico y pala para derribar un muro de tierra de 2 metros de alto por 11 metros de largo por 3 de ancho. Ellos trabajaron por casi un año para derribar el muro y luego se contrató un camión para llevarse la tierra; se sacaron más de 30 camiones de tierra y dejaron limpio el lugar. Cristiane trabajaba en un taller de confecciones para ayudarse en su sustento. En Chile hay mucha discriminación y explotación a los trabajadores extranjeros, así que Cristiane trabajaba 12 horas diarias y le pagaban el sueldo mínimo; las 4 horas extras nunca se las reconocieron, pero por necesidad tenía que trabajar soportando los excesos. Esta explotación le trajo muchos problemas de salud, cuando Cristiane se enfermó no había lugar para que ella fuera a atenderse; todos los hospitales y clínicas son muy caros en Chile, sólo para una consulta y los exámenes necesitaban pagar dos sueldos mínimos completos y ellos no contaban con ese dinero. Dios nos bendijo y les ayudamos para hacer su tratamiento y dejó de trabajar. Le tocó el turno a Eliézer para salir a buscar trabajo y empezó a trabajar en una empresa de consignaciones (compra-venta de autos); el sueldo mínimo era de 127 mil pesos, pero como Eliézer era extranjero le pagaron solamente 120 mil mensuales, a pesar de que trabajaba desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche. El trabajo evangelístico lo realizaban los sábados y domingos, fue la primera experiencia de esta pareja de jóvenes pastores. Luego Eliézer y Cristiane decidieron salir del país por que tenían problemas de salud y no tenían el dinero para hacerse atender en Chile. Ellos decidieron regresar a trabajar en Brasil y Dios siempre bendice a sus hijos, especialmente los que se dedican a trabajar para su reino. En octubre de 2005 salieron para viajar a Condor, en el sur de Brasil, para empezar a trabajar en una nueva obra misionera. No podíamos oponernos, solamente oramos por ellos y para que el Señor los usara en su servicio. Llegaron a Panambí, Brasil en noviembre de 2005 y en diciembre empezaron a trabajar en una nueva obra en una ciudad de Con-


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dor. Por un año laboraron en plantar una iglesia y tuvieron éxito, sin embargo, sentían el deseo de trasladarse a otro lugar en Brasil. Actualmente tienen una pequeña congregación en Joacaba y se encuentran felices en el servicio del Señor y con su primer bebe, Vanessa. Cristiane continúa trabajando en un taller de confecciones y Eliézer todos los días sale por la tarde para evangelizar casa por casa. Tienen necesidades económicas porque la nueva congregación todavía no ofrenda o no diezma, y con lo poco que reciben solamente pueden pagar la renta de la casa, luz y agua. Para continuar con la obra en Valparaíso le pedimos a un pastor nacional, Alberto Martínez, y a su familia que siguieran con esa obra y gracias a Dios que ellos aceptaron y están trabajando en esa nueva iglesia. Ahora ya hay un buen grupo de hermanos congregándose en Valparaíso. Gerson llegó a Chile para diciembre de 2004 después de terminar su licenciatura en ciencias Bíblicas en la Universidad Bíblica Latinoamericana, y ha trabajado pastoreando la iglesia en la Isla de Maipo durante el 2005 y hasta junio 2006. El 28 de mayo de 2006 Gerson y su mamá Udelia viajaron por la tarde para tener las clases bíblicas con los niños y luego tener el culto en la iglesia en Padre Hurtado, una ciudad a 40 kilómetros de distancia de Santiago. De regreso otro vehículo los chocó en una curva y como él manejaba un auto ya viejo eso lo favoreció por que tenía latas más resistentes. Mi esposa fue a parar al hospital durante un mes y gritaba con sus dolores y no podía sentarse ni pararse; usamos mucha medicina para su tratamiento y mejoró de su salud. El hombre que le chocó a Gerson nunca reconoció ninguno de los gastos, él le dijo que sí a la policía, que le confiscó su vehículo, pero nunca pagó nada para levantar el auto de Gerson, y este carro quedó inservible. Hemos tenido muchos viajes al juzgado para ver si se puede sacar algo de dinero por el accidente pero ha sido imposible. Eso mismo le pasó a mi otro hijo Eliézer; en el 2004 lo chocaron por detrás en una autopista y no le pagaron nada. Él quedó con la cara y el vehículo destrozado por el accidente. Los extranjeros en Chile están desprotegidos ya que son dis-


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criminados por los jueces, abogados, hospitales, empresas y en todas partes. Gerson regresó a Lima en junio de 2006 para continuar estudiando y terminar con su maestría en teología. Se graduó en julio 2007 y se casó con una señorita también dedicada al servicio de Dios. En los finales de 2007, Gerson y su esposa llegaron en la Isla de Maipo, Chile, para ser los pastores de la Iglesia de Dios allí, mientras mi esposa y yo pensamos en un nuevo proyecto. Estoy feliz porque mis padres y algunos de mis hermanos ya han aceptado a Jesús como su Salvador y estoy orando por los otros que todavía no tienen a Jesús en sus corazones, y por toda mi familia para que conozca a Cristo y sean salvos. LOS OBSTÁCULOS NO NOS DETENDRÁN Mi esposa y su servidor siempre seguimos fieles al llamado del Señor. A pesar de las muchas dificultades y obstáculos en el camino y ministerio del Señor, no hemos desmayado. En enero y febrero de 2005 construimos un templo en Padre Hurtado con los pastores Ed Richarson y Larry Lautaret. Le damos gracias a Dios y a los hermanos por su ayuda. Mi esposa Udelia ha seguido enferma desde 1994 que se le diagnosticó su enfermedad renal crónica terminal y lucha para seguir sobreviviendo. Ella siempre está en el hospital, unas veces mucho tiempo otras veces menos. Acaba de salir de una crisis infecciosa que la llevó a permanecer 13 días hospitalizada. Los tratos que le dan a los pacientes indefensos son vergonzosos, hostiles y crueles, pero no tenemos dónde quejarnos, solamente oramos y nuestro Dios conoce los corazones y Él hará la verdadera justicia. Solamente oro al Señor para que me dé fuerzas cada día y para seguir firme en su servicio. La Iglesia de Dios en Chile continúa trabajando y seguimos creciendo. Dios está añadiendo nuevas personas a la iglesia. Desde que nosotros llegamos a Chile con mi esposa y mis dos hijos, Gerson y Eliézer, que ahora ya son pastores, nuestra misión siempre fue plantar la Iglesia de Dios en Chile y tener líderes para que ministren y comprar propiedades a nombre de la Iglesia de Dios. El Señor nos


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ha bendecido, tenemos tres propiedades a nombre de la Iglesia de Dios donde se reúnen gente a adorar el nombre del Señor. Hemos sido parte de todo el trabajo desde el inicio de toda la obra de la Iglesia de Dios en Chile. Empezamos con una escuela bíblica por extensión para entrenar pastores y líderes, el Señor nos bendijo y ahora tenemos nuestros propios ministros graduados en esta escuela bíblica. ORANDO POR UN NUEVO PROYECTO Estamos orando con mi esposa desde hace un año atrás para saber lo que el Señor Jesús quiere hacer con nosotros en los años venideros. Si Dios quiere añadir años a mi vida es posible que todavía pueda trabajar más tiempo para glorificar el nombre del Señor en su obra. Nos hemos trazado un nuevo proyecto que deseamos dar inicio en el año 2008. Ya los años van pasando y será imposible estar saliendo a otros países para iniciar nuevas obras pero sí podemos preparar obreros y enviarlos. Entonces ya tenemos la visión y está puesta en la clínica del Señor en el laboratorio espiritual para que a su debido tiempo sea realizado. Nuestra meta es iniciar una escuela para preparar misioneros plantadores de iglesias en América Latina; ahora estamos preparando todos los materiales y las bases para dicho proyecto. Hemos tenido invitaciones de los hermanos en Argentina, en Bolivia y en Perú para desarrollar dicho proyecto. Nosotros estamos orando y siempre investigando una ciudad en América Latina donde menos se haya evangelizado para llegar allá y plantar una iglesia y luego colocar la Escuela de Misiones. Tenemos ya lugares estratégicos en Perú donde la Iglesia Católica Romana tiene mucho poder y la Iglesia Cristiana Evangélica no se ha desarrollado. Será muy duro al principio pero el trabajo es de Jesús y solo Él podrá hacer su obra. Si Dios nos guía hacia un lugar entonces Él hará todo el trabajo y desde allí trabajaremos con los hermanos de América Latina entrenándolos. Para los que leen este proyecto y tiene interés en involucrarse en este ministerio nosotros les agradecemos que nos contacten y si en el momento desean conocer el trabajo los estaremos informando


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para que ustedes apoyen en este ministerio. Hasta hoy no tenemos ningún compromiso de sustento para este proyecto, solamente el Señor nos ayudará y junto con los que se involucren en esta tarea iremos a la batalla a ganar almas para Jesús, orando, repartiendo literatura, aportando dinero y trabajando en la acción de evangelizar y plantar nuevas iglesias. Todos unidos obtendremos la victoria, el éxito y muchos serán salvados de sus pecados. PALABRAS FINALES Estoy muy feliz, primero por servir a mi Señor Jesús, he podido ser aquella persona que en mí se cumple, Jeremías 33:3. Me ha dado el Señor cosas grandes que no me imaginaba, he tenido sorpresas de Dios, regalos muy grandes, he conocido y compartido juntos muchas bendiciones con pastores y hermanos preciosos en el Señor de diferentes partes del mundo. Mi primer viaje a los Estados Unidos fue para predicar en una convención de Misiones en Ohio y en Indiana en 1989. Allí fue una fiesta maravillosa que pude vivir y participar. En Wisvaden, Alemania, 5.000 delegados de la Iglesia de Dios se reunieron para el forum y conferencia mundial de la Iglesia de Dios; viajé como delegado en 1991 y en Sydney, Australia, en 1995. Viajé desde Santiago de Chile a Los Ángeles, California, y de allí a Sydney y de regreso fue por Nueva Zelandia a las Islas Francesas Tahití y por la Isla de Pascua a Santiago de Chile. Estos fueron los viajes más largos en toda mi vida. Hemos trabajado con nuestros hermanos de la Compañía del Triunfo Cristiano de Corpus Christi, Texas, con los hermanos de Houston, de Fort Worth y Odessa. Algunos nos han visitado para ayudarnos en el trabajo con los niños y he viajado para trabajar con ellos en sus respectivas iglesias, especialmente con hispanos en Texas y Florida. Muchas gracias a los hermanos que nos dieron una ofrenda para el transplante de riñón de mi esposa, gracias a Dios. Estas son las mara-villas que Dios puede hacer con sus hijos, cuando servimos de todo corazón, hay cosas que nosotros no le pedimos en oración sin embargo el Señor nos da, porque Él ve que lo necesitamos para su


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gloria. Se sincero con el Señor, trabaja para Él, no por bienes materiales, sírvale desinteresadamente y Jesús te proveerá de todas tus necesidades, Mateo 6:33. Trabaja las 24 horas del día, no pongas horario al servicio del Señor, se siervo, esclavo de Jesús, y humildemente cumple la labor que Él nos ha encomendado. Mi oración es: Que mis hijos lleguén a cumplir mis sueños que yo no he logrado, pero hay otros que estamos en el trabajo. El Señor me ha suplido de mis necesidades en donde Él me ha llamado a servirle, no he sido sordo, y estoy pidiendo al Señor que siga usándome, para ser de bendición a otros, Génesis 12:2,3. Quiero ser el vaso de barro, y que mi Maestro haga de mí lo que Él quiere. Dios bendiga, al que lee este testimonio y le ayude en su vida y ministerio.


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a manera en que una iglesia pequeña involucrarse en las misiones es la siguiente.

1. Confiando en le gran Dios todo poderoso. Génesis capitulo 1,2 y Apocalipsis 21 y 22 no habla de las misiones, en estos cuatro capítulos bíblicos no hay necesidad de salvación, en el capítulo tres de Generis nos da el inicio de las misiones; el verso ocho es muy triste, la caída del hombre, “Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto,” verso 9 y 15 “Más Jehová Dios llamó al hombre y le dijo ¿Dónde estas tu?” “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta le herirá en la cabeza y tu le herirás en el calcañal.” Estas son las primeras escrituras sobre la salvación. Cuando Jesús murió, el diablo estaba feliz y pensaba que el había ganado la victoria. Génesis 12 Dios llamó a Abraham para ser bendecido por Dios y ser de bendición al mundo, Dios le dice, “Yo te engrandeceré....” “No te preocupes, yo me preocupare de ti, de todas tus necesidades.” Romanos 12:1; Deuteronomio 6:23. La historia de Abraham, el gran héroe de la fe está en Génesis 12:10 y capitulo 20, esta es la tarea misionera mundial, Abraham llegó a Egipto en su primer viaje misionero y no fue muy capaz de cumplir su misión, Dios le dijo no te preocupes. Aquí Abraham tiene miedo y miente. Cuidando su vida y dejando en peligro a Sara. Salmos 67:1 “Dios tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga; haga resplandecer su rostro sobre nosotros.” Así debemos orar los hijos de Dios. El Salmos 67 es un salmo misionero, esperar en el Señor es importante. 2. Comenzando un movimiento de oración. Mateo 21:22 dice,


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“Todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.” Para lograr todo objetivo, con sus metas; debemos hacer proyectos y planes espirituales. Tenemos que colocarlos primero en oración, y con el poder del Espíritu Santo, se puede alcanzar la victoria. 3. Entrenando a creyentes en el evangelismo personal, entregando las buenas nuevas al mundo perdido. 4. Desafiando a personas para ir al campo misionero, muchos desean trabajar para Jesús, pero no tiene idea como hacerlo, se puede hacer cultos misioneros o convenciones misioneras en la iglesia e invitar a un misionero para que platique sobre el trabajo en las misiones. 5. Desafiando a los creyentes para contribuir económicamente, se puede hacer ofrendas mensuales, semestrales o anuales, pro-misiones y hacer reportajes del, trabajo misionero, los hermanos al conocer el trabajo, ayudarán. 6. Uniendo tu iglesia con otra, para enviar misioneros, tal vez solos no podemos hacerlo, pero unidos con otra iglesia o congregación de la misma denominación se pueden enviar misioneros. 7. Una iglesia pequeña debe ser: a) Desafiada, b) Recibir la Visión, c) Aceptar su responsabilidad. EL MOVIMIENTO MISIONERO 1. El centro de operación misionera se inicio en Medio Oriente, el año 33 de la Era cristiana hasta el año 500 D.C. hecho netamente por la iglesia de Medio Oriente, Apocalipsis 2 y 3. 2. El evangelio de Cristo corrió luego a Europa, porque la iglesia de Medio Oriente no lo quiso más y Dios usa a otros si no somos de bendición. De los años 500 D.C. al año 1850. 300 misioneros salieron de una iglesia a la misiones a todo el mundo. 3. Desde 1850 en los Estados Unidos de Norte América, hubo una nueva fase de expansión misionera. Desde el Norte es la fuerza misionera para América Latina, África y Asia. Estados Unidos fue bendecido de Europa. 4. El Tercer Mundo: Fue la fase de expansión misionera desde 1980 hasta hoy, somos bendecidos por la obra misionera de USA. La iglesia de Latino América va tomando su responsabilidad mi-


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sionera para el año 2000, superó a los Estados Unidos casi el doble con misioneros Latinos enviados al mundo 180.000 misioneros del Tercer mundo. La palabra “misiones” viene del latín “mitto,”y el término misiones implica tres factores esenciales. 1) uno que envía 2) uno enviado 3) uno a quien es enviado Un misionero es un enviado, es sinónimo de apóstol. EL SEÑOR JESUCRISTO Fue el primer misionero por excelencia. Juan 20:21,“Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envió.” Jesús ordenó, “Id por todo el mundo; predicad el Evangelio a toda criatura” Marcos 16:15. ¿Cuáles son los motivos que impulsaron a los primeros apóstoles, a la iglesia primitiva a arriesgar sus vidas en la obra misionera? ¿Cuáles son los motivos que deben impulsar a los cristianos hoy para dedicar su vida a la obra misionera? 1. La condición moral del mundo pagano. Las tierras paganas abundan en hábitos degradantes en prácticas abominables, en crueldad y crímenes indignos de mencionarse, juntamente con toda fama de corrupción moral que se tolera y se practica libremente. La esclavitud, la brujería, las castas o razas, la poligamia, adulterio y fornicación, idolatría y otros. 2. Su condición Espiritual. Esta es la necesidad de más peso. Los paganos no solamente se encuentran en depravación moral, sino que están perdidos espiritualmente; viven en medio de sus delitos y pecados, son pecadores. Efesios 4: 17 – 19; Colosenses 1:21. PRINCIPIOS MISIONEROS APOSTOLICOS El propósito de todas las misiones es dar a conocer a Jesucristo a todos los hombres como el único Salvador del pecado. Único por que todos los hombres están en una condición desesperante y Cristo es el único remedio.


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La responsabilidad de las misiones descansa sobre todo creyente en Cristo, el mandamiento “Id,” tiene autoridad vigente hoy. ¿QUÉ METODOS USAREMOS? 1. La Predicación. Este es el método supremo para todos los tiempos. “Y estableció doce... para enviarlos a predicar,” Marcos 3:14; “Saliendo predicaron en todas partes” Marcos 16:20; 1 Corintios 1:21; 1 Timoteo 1:11. La pregunta de muchos es ¿dónde predicamos? Para muchos evangelistas y misioneros desde Cristo hasta hoy, esta pregunta es la que ha causado más dificultad. Jesús predicó en la sinagoga de Judea, sobre las faldas de las montañas, junto al lago de Galilea, junto al pozo de Samaria. Los apóstoles predicaron en el templo, en las sinagogas, en casa, mercados, anfiteatros, dentro de la prisión, en las calles, etc. Más tarde los misioneros y evangelistas que salieron del corazón de Dios, predicaron en los campos, en minas, en talleres, en teatros, en barrios, en salones de té, en templos, en las cárceles, en mercados, en calles, en parques, en buses y barcos en todas partes, hasta dar su vida por la causa de Cristo. Ejemplo: Los misioneros que murieron en la selva ecuatoriana, en las montañas peruanas, en los ríos de Colombia, los misioneros que murieron por la causa de Cristo en los campos de concentración en varios países comunistas. Ahora en el 2004 los misioneros muchas veces sólo son turistas, políticos, profesionales viviendo una vida muy reposada. En el siglo 21 al misionero se le cataloga muchas veces como un sinónimo de desocupado, viviendo como el mejor trabajador por salario. Algunos misioneros del 2004 no sabe el plan de Salvación, porque no hay interés en las almas pérdidas, y otros se esconden en el programa del discipulado. Platiqué acá en Chile con un misionero en octubre del 2001, “¿Cuál es su labor?” Fue mi pregunta. Me dijo, “No soy el misionero que soy enviado a ganar almas para Cristo, soy misionero para discipular a los hermanos que me invitan a su iglesia.”


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Tenemos que regresar a la Biblia, Jesús es nuestro Señor, los misioneros somos esclavos de Cristo y tenemos que cumplir la gran comisión, no podemos dormir cómodamente, mientras miles de personas en el mundo están muriendo sin Cristo. 2. El Segundo Método, los centros estratégicos. ¿Dónde están los pecadores? ¿En la iglesia? ¿En la oficina del misionero? ¡No! Los pecadores están en las calles, bares, en las poblaciones, comunidades, etc. 3. El Trabajo Personal. El Señor Jesús nos da el ejemplo con la mujer samaritana, con Nicodemo, con Zaqueo, el joven rico, en las Bodas de Caná, en el hogar de Betanía. Los métodos misioneros son importantes, he aquí un ejemplo de evangelismo personal. Una nota sobre la definición que hace el hermano Hans: se lleva de persona a persona, este es el método más eficaz para compartir las Buenas Nuevas. ¿Cómo hacerlo? Se debe conocer la palabra de Dios para ser usada con éxito en este trabajo. Plan para hacer evangelismo personal: a) El contacto b) La transición c) La presentación de Cristo d) Conseguir decisión e) Seguimiento Analicemos a cada punto: a) El contacto puede ser planeado o puede ser casual, el casual con personas en la calle, en los lugares públicos o las visitas en casa. El planeado puede tomar semanas y meses. Las siguientes preguntas pueden proveer la introducción necesaria:¿Qué cree usted que se necesita para que una persona sea feliz? ¿Qué cree usted de la vida después de la muerte?, ¿Qué se necesita para impartir seguridad a una persona? b) La Transición: El mayor problema es introducir el tema de Cristo. La transición incorrecta es mejor. Hacer la pregunta directamente ¿Es usted cristiano?, es probable que produzca rechazo de la persona, hay que ver que la persona se sienta cómoda hablando cosas espirituales. El uso de preguntas indirectas ayudará a la persona


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a hablar con mayor libertad. Al hablar con la persona use su nombre. ¿Ha pensado usted alguna vez que una persona puede llegar a conocer a Cristo en una forma espiritual? ¿Quisiera usted saber lo que la Biblia dice acerca del camino a la Salvación? c) La presentación de Cristo: hay ciertas verdades bíblicas (cuatro pasos para la salvación), que usted establece en la mente del individuo. No apresure la conversión. Después de haber recibido permiso para usar la Biblia, sáquela y presente los cuatro pasos para la salvación. El primer paso es reconocer que Dios le ama y quiere darle vida y paz. Juan 3:16; 10:10b El segundo paso es reconocer que el pecado nos separa de Dios. Romanos 3:23 El tercer paso es reconocer que Cristo pago el precio por nuestros pecados. Juan 14:6, Romanos 6:23; 5:8. El cuarto paso es reconocer que somos pecadores y pedir a Dios que nos perdone. Juan 1:12; Hechos 4:12; Juan 5:12. d) Conseguir su decisión es algo personal, no lo obligue hacerlo. e) Luego de presentar el plan de salvación, se debe buscar una decisión (invite a la persona a recibir a Cristo como Salvador). “Oremos ahora mismo y pidamos a Dios que le perdone y venga a su corazón.” 1 Tesalonicenses 1:8,9, la salvación involucra el ministerio con el señorío de Cristo. f) De seguimiento: Se debe convencer a la persona, por unos minutos explicándole lo que pasó. Se le debe visitar inmediatamente después hasta que la persona se una a la iglesia. Si no se convirtió a Cristo se le debe dar seguimiento, en la medida que la persona lo pida y lo permita. Elementos importantes al hacer evangelismo personal: Orar anticipadamente, no debe ir en ayuno, escoja el día, hora y lugar. Use el tacto al introducirse al hogar o a la persona. Identifíquese correctamente. Hable a solas con la persona, si evangeliza en grupo, hable con una persona a la vez. Escuche a la persona, sea Cristo céntrico, evite


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controversias. Use sólo el tiempo concedido y buen uso de literatura y presentación correcta. Con respecto a los tratados o folletos: Deben ser apropiados, cortos, deben ser entregados cuando la persona esta receptiva. Deben conocerse. SUGERENCIAS Y AYUDAS PRÁCTICAS – CÓMO RESPONDER AL HACER EVANGELISMO PERSONAL ¿Qué tengo que hacer para ser salvo? Debemos citar pasajes bíblicos referentes a la necesidad de la salvación: Isaías 53:5, 6; Juan 1:12; Juan 3:7,16; Juan 5:24; Hechos 3:19,20; Hechos 16:31; Romanos 10:13; 1 Juan 1:9. Tengo miedo de caer y fracasar. Bajo este lema le hablamos a los que temen vivir la vida cristiana, porque creen que terminarán en un fracaso. Bajo esta categoría hay varias clases de personas: 1) Los que habiéndolo intentado una vez temen fracasar de nuevo. 2) Aquellos que han procurado por si mismos reformarse. 3)Los que comprenden el tremendo poder que el pecado ejerce en su vida. Salmos 37:8; Juan 10:28-29; romanos 14:14. Soy demasiado pecador para ser salvo. Hay algunos que piensan que tiene un corazón tan malvado y tan endurecido que jamás podrás alcanzarles la salvación de Dios. A los primeros se les debe señalar que con este fin específico fue que vino Jesús al mundo. A los segundos se les debe señalar que Dios acepta a todo aquel que a El acude. Isaías 1:18; Mateo 9:13; Lucas 19:10. Los cristianos tienen muchas faltas. 1 Samuel 16:7; Jeremías 17:10; Lucas 6:41; Romanos 2:1-3. Otro día. Proverbios 27:1; Proverbios 29:1; Isaías 55:6; 2 Corintios 6:2. No hago mal a nadie. Isaías 64:6; Marcos 16:16; Lucas 16:15. Hay tantas cosas que no puedo entender. Lucas 24:25; Romanos 11:33. Tendré que dejar tanto.


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Salmos 16:11; Marcos 8:36; Lucas 18:29-30. ¿Qué es el pecado? Es una infracción de la ley de Dios: 1 Juan 3:4, Toda maldad es pecado: 1 Juan 5:17 Incredulidad: Juan 16: 8-9 Practicas dudosas: Romanos 14:23 Errar el blanco: Romanos 14:23 Deber no cumplido: Santiago 4:17. Los efectos del pecado Atormenta al hombre: Isaías 48:22; Esclaviza al hombre: Juan 8:34 Termina en la muerte: Romanos 6:23 Lo excluye del cielo: 1 Corintios 6:9 Dios desea sanarle: Salmos 103:3; Isaías 53:4; Mateo 8:1-4. RECUERDE QUE PARA HACER ESTA TAREA EVANGELISTICA: Se debe ser puntual. No deben extenderse mucho. Debe tespetar la privacidad del hogar. El grupo no debe ser muy numeroso. Debe tener personas apropiadas para dirigir, los cánticos especiales y predicación. Se debe escoger la estrategia apropiada (predicar en el hogar o a los vecinos que lo rodean) Debe dar seguimiento a la persona que se ha convertido a Cristo. COMO DAR SEGUIMIENTO A UN NUEVO CREYENTE Definición: Dar seguimiento es el proceso de dar ayuda sistemática y continua a un nuevo creyente para que le permita crecer espiritualmente y alcanzar la madurez. Déle seguridad de la salvación. Juan 1:12 Enseñarle a leer la palabra de Dios, 1 Pedro 2:2 Enséñele a orar, Lucas 11:9-13 Ayúdele a resolver algunos problemas inmediatos que tenga y enséñele como resolverlo. No deje de darle seguimiento hasta que se incorpore a una con-


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gregación. Enséñele a dar testimonio a otros de lo que hizo Dios en su vida. Literatura y cartas: Es tan importante llegar con el mensaje de Jesús a través de un folleto, la ventaja con un folleto puede ser evangelizada toda la familia, la literatura es una herramienta poderosa para el trabajo Evangelístico misionero. Los comunistas ganaron muchos adeptos por su literatura, recuerdo cuando iniciamos con mi esposa la iglesia en la provincia de Chota, en la sierra norte del Perú, los jóvenes y profesores de los colegios de la ciudad se reunían por las noches para editar y producir literatura en mimeógrafos de madera. Ellos crecieron como organización, lo malo es que ellos producían material que llevaba al odio, rencor y muerte. “No engañéis: Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrase eso también segará.” Porque el que siembra para su carne, de la carne segara corrupción...” Gálatas 6:7, 8. Si el hombre se dedica hacer mal, su fin es la muerte eterna, nunca progresa, después de levantarse hasta la cima, cae estrepitosamente. Hay mucha diferencia con la literatura que nosotros producimos y regalamos, esta literatura produce gozo, paz y da vida eterna. La Recomendación. Para el trabajo misionero o evangelístico es necesario ir de dos en dos, casa por casa, llamando a las personas o tocando las puertas, obsequiando un folleto, invitándoles a las reuniones de la iglesia y hablando de Jesús. Durante el trabajo de evangelismo con literatura, debe llevar un lápiz y un cuaderno para anotar nombres de personas que aceptan a Jesús, peticiones de oración, etc. Llevar su Biblia y folletos, será suficiente si deja un folleto por familia, en caso que ve algún otro interesado en la literatura, podrá dejar otros folletos más. Nunca reparta un folleto en una calle donde fluidamente pasa la gente, al trabajo o a la casa. La palabra de Dios no es un folleto o promoción de papas fritas o de pollo asado. Seleccione los Folletos: Para niños, para alcohólicos, para fumadores de tabaco, doctrinales, morales, sobre el aborto y de los que


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son de evangelismo general, etc. Use folletos que contenga la escritura, con varios pasajes bíblicos. Es muy importante la presentación de los folletos: algunos tienen figuras, dibujos, pinturas o ilustraciones, etc. Mientras sean más atractivos atraerá mejor la atención de la gente y por ende tomarán interés los lectores. A los incrédulos déles folletos evangelísticos y a los cristianos dele folletos doctrinales, no confunda uno con otro, pida sabiduría del Señor, que el da abundantemente. No discuta por religión o doctrina en la calle o casas donde le dan la bienvenida, use solo la Biblia y ore, luego siga su camino, trabajando, no de lugar al show del diablo, que puede encontrarse con él en la calle. Cuando las personas salen de su casa, al tocar usted la puerta o llamarlo, use mucha cortesía, no silbé ni grite, preséntese por su nombre y dígale que tiene un regalo para ellos, la palabra de Dios en un folleto. Puede evangelizar a través de cartas: puede usar la guía telefónica y dedíquese hacer cartas con temas sobre la depresión, problemas actuales y dándoles el remedio Jesús salvador del mundo, luego de tener las cartas use el correo y los envía, hay que orar mucho por este trabajo antes de empezar y después de haber entregado para que Dios toque los corazones y haya buenos resultados. Usando películas, pintura, drama y teatro: Se necesita habilidad o talento, dedicación, amor y trabajo. El misionero tiene que usar una plaza, un parque, un colegio, un gimnasio, etc. Tendrá que trabajar en un lugar libre para que llegué la gente sin dificultad, con mucha oración, ayuno. Tenga por seguro que muchos aceptaran a Jesús como su Salvador. Nosotros trabajamos en el norte del Perú y Ecuador usando drama y teatro, usamos el típico vestido de un payaso, predicamos a centenares de jóvenes estudiantes y al pueblo en general, en Perú trabajamos en los colegios vestidos de payasos, se presentaba una media hora de teatro, uno más conocido fue el hijo prodigo, la in-


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fidelidad entre el noviazgo, el miedo, etc. Después de hacer nuestra presentación se repartía folletos, en algunos lugares se reunían hasta 300 jóvenes En Ecuador en un barrio llamado Roldós, predicamos usando el mismo teatro, toda la población se reunía para practicar junto con los payasos y luego se predicaba la palabra de Dios. Preparación de Obreros.- Tenemos por ejemplo de Juan el Bautista. Mateo 9:14; 11:2. El Señor Jesús al comenzar su ministerio escogió a 12; Mateo 10:1-6, Pablo escogió y preparó a hombres más jóvenes que el.Timoteo, Tito, 2ª. Timoteo 2:2; el misionero tiene que preparar a otros para que le ayuden y más tarde para que le reemplacen. No recibíamos hermanos de otras iglesias o denominaciones, hermanos de otras iglesias solamente nos podrían causar problemas, nunca son de bendición, esta lección aprendí últimamente en Chile. Recibí hermanos y hasta predicadores para trabajar juntos en la iglesia de Dios, después de un corto tiempo ellos querían ser los líderes y jefes, colocando su propia doctrina y dogma, gracias a Dios así como vinieron se fueron. Durante ese tiempo no crecimos, ó sea no fueron de bendición. Gerardo Taron, me dijo una vez: “trabaja con jóvenes y no aceptes a miembros de otras iglesias.” Ahora nos hemos dedicado a preparar y entrenar a nuevos creyentes, que son oro en bruto y están listos para trabajar sin ningún prejuicio. EL PROGRESO MISIONERO APOSTOLICO El registro autentico del progreso misionero durante todo este periodo se encuentra en el Nuevo Testamento y la historia secular da su propio testimonio corroborando esto. Leemos en Hechos 2:9-11 acerca de “Partos y Medos y Elamitas y los que habitaron en Mesopotamia.....,” etc. Un estudio del mapa del territorio mencionado incluye casi todo lo que es conocido como el Cercano Oriente, desde Persia hacia Oriente hasta el Mediterráneo por el occidente y desde Europa hasta África. La propaganda misionera era tan eficaz, qué antes de la muerte de


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los apóstoles se había establecido iglesias en todos los centros importantes de Asia Menor, en Grecia y en Roma misma. Los grandes centros de propagación misionera fueron por turnos: Jerusalén, Antioquia de Siria, Efeso, y Alejandría, el más grande misionero era el apóstol Pablo. El primer mártir fue Esteban. ALGUNOS DE LOS PRIMEROS MISIONEROS, EN EL PERIODO DE LA EDAD MEDIA Ansgar, (800-865 d.c.) se estableció el Hamburgo, en la frontera entre Alemania y Dinamarca, después de una grande labor sacrificada con los paganos, consiguió la libertad de culto y estableció iglesias es conocido como el “misionero ideal.” Otto, llego hasta Polonia junto con otros misioneros en el siglo XII, estos misioneros iban pobremente vestidos y con costumbres humildes, después de 30 años de trabajo logró conquistar al pueblo para Cristo. Cirilo y Metodios: (885 d.c.) Fueron enviados desde Constantinopla a los búlgaros, traduciendo la Biblia al idioma de ellos. Raimundo Lulio, (1235-1315 d.c.). Nació en Mallorca- España, en una visión vio a Cristo sobre la cruz y se arrepintió y se entrego completamente al Señor. Dedicó su vida para trabajar con los mahometanos al norte del África, luego lo pusieron en la cárcel, tres veces regresó de España al África, para predicar de Cristo a los 80 años fue apedreado y muerto, el fue el apóstol del amor. PERIODO DE LA REFORMA Lutero, Melanchton, Calvino, Zwinglo y Knox.- Ellos no sentian necesidad de hacer esfuerzos misioneros, ellos lucharon por librarse de los poderes del papa, que se olvidaron de la necesidad del mundo, solo reformar sus iglesias. Los hugonotes.- Un grupo de misioneros enviados a Brasil por Calvino y Coligny, no prosperaron, porque la iglesia no estaba en condiciones para enviar misioneros.


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PERIODO DE LAS PRIMERAS SOCIEDADES MISIONERAS (1650 – 1792 d.c.) Von Welz, agitador misionero, fue un austriaco, él expresa en un folleto el deber misionero de la iglesia, y pide se forme una agencia misionera para evangelizar a los paganos, así consiguió una cantidad de dinero y viajo a la Guayana Holandesa donde cayó enfermo y murió. Su vida y su muerte fueron como el grano de trigo que produjo fruto abundante. Felipe Spencer (1635 d.c.) Su predica trajo amarga persecución, fue unos de los pietistas, fue muerto por perseguidores Augusto Francke. Christian Schwartz (1726 d.c.) Fundador de la iglesia cristiana nativa en la India, predicador incansable durante 48 años, estableció escuelas e iglesias. Egede y su esposa (1721 d.c.) Fueron a Groenlandia, durante ese tiempo se desató la terrible epidemia de Viruela, Dios usó a esta pareja de ángeles de salvación, este misionero oró para que le diera Dios el don de sanidad, y el Señor le dio el poder divino y por misericordia muchos se salvaron de la muerte. Rogelio Williams (1606 – 1683 d.c.) fue misionero y pastor de los indios norteamericanos por 40 años de trabajo arduo. Juan Eliot (1604 – 16909) Fue un apóstol de los indios norteamericanos. David Brainard prestó servicio al Señor de misionero en los indios norteamericanos por tres años, murió a los 29 años de edad, un misionero muy joven. Guillermo Carey (1792 d.c.) este hombre ha sido el padre de las misiones modernas, principia en Inglaterra con un espíritu fervoroso de oración por los paganos, tanto en Europa como en el nuevo mundo, fue con Carey, la época de los esfuerzos misioneros. Misionero en la India en 1793, ese hombre empezó a predicar a la edad de 18 años en Gran Bretaña. En el mes de Junio de 1793 Guillermo Carey viajó en un barco para la India, tradujo la Biblia o parte de ella en 35 idiomas. En 1801 luchó contra la ley de echar a los niños como sacrificio a los cocodrilos y quemar vivas a las viudas.


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Carey dedico 48 años de servicio a la evangelización en la India y murió el 9 de junio de 1834. Enrique Martín (1806 d.c.) Se ofrece como misionero a las Indias Orientales, murió y fue enterrado en Armenia. Doctor Morrison, misionero de la China, traductor de la Biblia al idioma chino. David Livingstone llegó al África para trabajar como misionero en 1840, trabajo en varias tribus, por cuatro años viajo a pie predicando, como 17.500 kilómetros, después regresó a Inglaterra, el vio el trafico de esclavos, él decidió luchar para terminar con este maldito trafico de vidas humanas. Enrique Stanley penetró al corazón de África en 1871, en busca del famoso misionero Livingstone, y lo halló cerca al lago Tanganica, agotado físicamente y con la salud quebrantada, quedó con él dos años. Después el primero de mayo de 1873, Livingstone fue hallado muerto sobre sus rodillas. Los nativos sacaron su corazón y lo enterraron en el suelo africano y los ingleses tomaron su cuerpo y lo llevaron a Inglaterra. LOS PRIMEROS MISIONEROS EN EL PERÚ Diego Thompson fue invitado por el libertador Don José de San Martín en 1821, llegando el evangelista a Lima en 1822 desde Inglaterra. Como principal material de enseñanza para las escuelas que el habría de establecer, trajo un cargamento de Nuevos Testamentos. Francisco Penzotti nació en Italia, se convirtió al Señor en 1876 en la iglesia metodista en Montevideo, Uruguay. Penzotti llega a Perú en 1888 a residir. Pronto tuvo una congregación en el Callao, el 10 de julio de 1889 se oficializó la primera iglesia protestante en el Perú. Se inicia una violenta persecución, mientras los evangélicos estaban en su servicio una noche el cura romano les coloco un candado a la puerta, un hermano que no fue al servicio, fue a las nueve de la noche a la iglesia y por la gracia de Dios pudo abrir el candado y quedaron libres los hermanos. Penzotti cayó preso en 1890, fue librado después de casi un mes,


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a mediados del año 1890 fue apresado nuevamente en el Callao, en Enero de 1891 fue absuelto por la Corte Suprema del Callao, la familia de Penzotti sufría hambre y necesidades, Penzotti salió enfermo de la cárcel. Penzotti sale en libertad en marzo de 1891, Penzotti escribió un himno en la cárcel y dice: “Que me importa sufrir en cadenas, ¿si me espera una patria mejor? Y del preso las horas se ahuyentan, con la Biblia mis males se ausentan. Libro santo nunca te apartes de mi, Evangelio sublime adorado...” Me gustaría mencionar a todos los primeros misioneros que lucharon ferozmente contra las asechanzas del mal, por hacer conocer la verdad de Cristo al mundo, lo que no se hace ni se sufre igual que aquellos jóvenes de la fe. PERSECUCIONES Si desde el tiempo del primer mártir Esteban, la iglesia cristiana estaba destinada a sufrir persecuciones, a las manos del imperio y poder político de Roma. La edad más inmoral y viciosa que el mundo ha conocido, y la crueldad de las naciones bárbara y pagana a donde se llevaba el evangelio. En el principio Roma consideraba a los cristianos como fanáticos e inofensivos, pero pronto cambio su parecer y a pesar de su lealtad y su conducta intachable, los trató con sospecha y desprecio. Los cristianos llegaron a ser tan impopulares, que por siglos parte de Roma fueron diseminados para formar las catacumbas, donde los cristianos se reunían para celebrar sus cultos en día de persecución y donde sepultaron sus muertos centenares de miles sellaron su testimonio con su sangre y murieron antes de negar su fe en Cristo. GENERALMENTE SE RECONOCEN DIEZ PERSECUCIONES Distribuidas en intervalos desde 64 d.c. con Nerón hasta 303 d.c. bajo Dioclesiano. Nerón: No hubo hombre alguno que comenzara su vida con peores antecedentes que Nerón. Su padre fue Dionisio Enobardo, un hombre famoso por su iniquidad, entre los crímenes de Nerón


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se cuenta que mató a otro hombre por negarse a tomar vino con él. Su madre fue Agripina, una de las mujeres más terribles de la historia. Se casó con Claudio su tío. Después lo enveneno para que su hijo Nerón, adoptado por Claudio, fuera emperador. Nerón recorrió las calles acompañado con otros jóvenes, atacando a todo los que se le salían al paso, no había muchachos ni muchachas a salvo de su lujuria. Era un homosexual manifiesto. Se casó en público con un joven llamado Esporo y recorrió las calles de Roma en un carruaje matrimonial. Sentía pasión por todo lo extravagante y obtenía dinero de dónde fuera. La corte imperial era un centro de asesinato, inmoralidad, crímenes y robos. Una de las pasiones de Nerón era los edificios. En el año 64 D. de J.C. quemó a Roma, porque quería edificar una nueva, y les echo la culpa a los cristianos. Y así fue como comenzó la más sádica de las persecuciones. Hacia coser los cristianos dentro de la piel de animales salvajes y luego lanzaba a sus perros de caza tras ellos. Los hacia meter en bolos llenos de piedras y los echaban al río Tiber. Los hacia untar con brea y luego les prendía fuego, vivos para usarlos como antorcha en los jardines del palacio. Mando a matar a su mamá y cuando ella vio el cuchillo le dijo al asesino, “apuñálame en el vientre, pues concibió a Nerón,” finalmente se suicidó. Su nombre en el idioma hebreo y griego es 666. Su espíritu de iniquidad está por revelarse nuevamente sobre la tierra, pero Jesús lo conquistará. En las Catacumbas de San Sebastián en Roma hay sepulcros de unos 174.000 mártires, y otros muchos miles murieron en otros lugares. La sangre como lo ha probado después, ser la semilla de la Iglesia.


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Agradecimientos

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gradezco a todos mis hermanos, grupos e iglesias que contribuyeron y contribuyen en la obra misionera: El Pastor Sam y Jean Wollum, la iglesia de la Avenida Clifton, al Pastor Sam y Francis Harrington y el grupo de trabajo, el Hermano Gerardo Barrantes y su esposa, el Pastor Larry y Rena Lautaret y la iglesia en Whitefish, el hermano Lawrence, Maxine y el grupo de trabajo, los hermanos John y Rita Stein y sus hijos, y la iglesia en Marietta, el hermano Jack Wilson, la hermana Evelina y Bill Anderson, Donna Schillinger, hermanos Doris y Guillermo Barberena, hermanos Ann y Herb Morgan, la iglesia en Fairbanks, las Hermanas Moore, hermanos William y Verna Lamb, hermano Millán y su esposa Dekch, hermano Willy Kant y esposa, Dr. Patton, hermana Schrader, hermano Mauricio y Dondeena Calwell, la iglesia en Park Place, la Junta Misionera, las damas de la Iglesia de Dios en Argentina, Hermano Alejandro y Carmen de Francisco, hermano Carlos y Eunice Robertson, hermano Israel Hernández, y a la conferencia Interamericana. Hay muchos otros hermanos, a quienes agradecemos por su amor y apoyo, en oración, literatura, economía, consejos sabios y por sus fuerzas que nos han ayudado y apoyado. ¡La gloria sea para Él que vive por los siglos, Amen!


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La Familia Zamora en Ecuador

Luego, en Chile

Arriba: Narciso Zamora comparte el evangelio con unas familias de la selva. Derecha: El primer vehĂ­culo en el ministerio de la Familia Zamora.

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Narciso Zamora camina con el mensaje de Cristo entre las montañas, selvas, campos, y bosques de su nativo Perú, así como por todo Ecuador y Chile. Queriendo escapar de la dura vida del campesino, Zamora huyó de casa después de terminar el colegio. Llevó una vida de vagabundo, sobreviviendo la delincuencia, hasta que por medio de la generosa ayuda de una familia cristiana, Zamora llegó a conocer a Cristo. Él dejó la selva para estudiar en un seminario en Lima. Caminante con Dios relata el tortuoso y traicionero camino, literal y figurativamente, hacia encontrar su llamado en las misiones. Característico de los más de 30 años de experiencias misioneras de Zamora, es su determinación para ir donde sea que él se sintiera llamado a predicar y enseñar – caminando día y noche en la selva o viajando arduamente desde un valle a la zona Alpina y de vuelta al otro lado de la montaña sólo para alcanzar una villa aislada. Con media docena de congregaciones bien establecidas en Perú, Zamora afilió las iglesias a una denominación internacional y luego se mudó a Ecuador y Chile parar plantar más iglesias. En Chile, el Pastor Zamora tuvo que enfrentar un nuevo reto cuando los riñones de su esposa empezaron a fallar. Lidiar con el embrollo emocional de una pareja con una enfermedad crónica lo desgastó aún más que toda la adversidad que había enfrentado en su ministerio. Zamora se deprimió, y en este nuevo capítulo de su vida, aprendió nuevas lecciones y ganó un nuevo entendimiento acerca de lo que significa cargar la cruz de Cristo. Caminante con Dios es una experiencia para lectores a través de las culturas que cuenta una historia inspiradora que genera interés en las misiones Latinoamericanas. Para más información, visite www.walkingman.ws.


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C o n t i n u a T u V i aje co n el C aminante con Dios Si disfrutaste este libro, ¿por qué no darle una copia a uno de tus amigos, tu biblioteca local, biblioteca de tu iglesia, o a una organización de eventos sociales que ayuda a personas que necesitan inspiración? ¡Aprovecha esta sencilla forma para ordenar y no pagarás gastos de envío ni impuestos con tu compra! Por favor envíeme a $12.95 por cada copia o a $10 por copia si compro 10 ó más libros de cualquier combinación de las versiones disponibles: ______ copias de Walking Man impresas en Inglés ______ copias de Walking Man en CD (audiolibro) ______ copias de Walking Man impresas en Español (Caminante con Dios) ______ copias de Walking Man en Español (Caminante con Dios) en CD (audiolibro) Walking Man también está disponible en todos los formatos mencionados arriba y en libro electrónico ($4.95) en Inglés en www.walkingman.ws. Descargue la versión del libro electrónico en Español gratis! Envía por correo esta forma con un cheque, orden de dinero, ó información de tu tarjeta de crédito a: The Quilldriver PO Box 573 Clarksville, AR 72830 ó envíe un fax al: 479-497-0321 Nombre______________________________________________________ Dirección_____________________________________________________ _____________________________________________________________ Ciudad_________________________________Estado_____Código Postal_____________ Tarjeta de Crédito (Visa/MC) #___________________________________ Fecha de Expiración__/__ Nombre en Tarjeta_______________________________ Correo electrónico para la confirmación de su compra ___________________________________ Calculadora Fácil 2 x $12.95 = $25.90 6 x $12.95 = $77.70 3 x $12.95 = $38.85 7 x $12.95 = $90.65 4 x $12.95 = $51.80 8 x $12.95 = $103. 60 5 x $12.95 = $64.75 Por más de 10 copias, todas las copias valen $10 cada una.






Caminante con Dios: En Apuros mas no Desesperados