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CALENDARIO DE INSTANTES

José Manuel Lozano

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Autor de fotografías y textos: © José Manuel Lozano López, 2008-2011 E-mail: xuanrata@hotmail.com Impreso por: Bubok

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Calendario de Instantes ha sido, antes que libro, un espacio en internet (xuanrata.blogspot.com) donde he compartido fotografías y textos a lo largo de tres años. En esa especie de diario un tanto atípico me propuse atrapar aquello que de algún modo permanece a través y desde lo cotidiano. Creo que en alguna ocasión lo he conseguido, aunque tal vez sea en las otras, las fallidas, donde más se aprende. Una vez concluido el Calendario como acaban todos los calendarios, por el mero transcurrir del tiempo, siento la necesidad de componer sobre papel esta selección, personal y caprichosa: parece que algunos todavía necesitamos el peso de un libro entre las manos para creernos la ficción de la permanencia, o la permanencia de la ficción, que viene a ser lo mismo. Por otra parte, tanto escribir como fotografiar, según yo entiendo estas actividades, consisten antes que nada en desechar, eliminar y decantar, hasta quedarnos con aquello sin lo cual seríamos ya incapaces de reconocer nuestra intención cuando empezamos a escribir o fotografiar. En ese sentido, la recolección necesaria para realizar este libro ha sido también un ejercicio de fotografía y de escritura, cuyo resultado es un retrato y un relato donde ojalá todo aquel que lo contemple o lea encuentre al menos una página en la que reconocerse. José Manuel Lozano

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2008

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CONSTELACION SIN NOMBRE

Para contemplar las estrellas no siempre es necesario mirar al cielo. Es mรกs, si lo hacemos, corremos el peligro de acabar pisando alguna.

Luanco, Asturias

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CON VISTAS AL MAR

Con ese infalible sentido común que se tiene a los siete años, advierte Nicolás entre risas que en las lápidas de tumbas y panteones aparece gravada la frase “Propiedad de……” Tratamos de explicarle que también los cementerios son objeto del tráfico mercantil, pero él nos mira incrédulo: resulta que primero afirmamos que los fantasmas no existen y luego tratamos de convencerle de que los muertos pueden decir desde debajo de la lápida “esto es mío” con todo el derecho del mundo. Cuando le decimos que esto no solo ocurre aquí, en Luarca, lugar lejano para él, sino también en el cementerio donde están nuestros propios familiares, pone tal cara de asombro, que ya no me cabe duda alguna de que para él los adultos somos una pandilla incurable de excéntricos. Yo por mi parte no puedo dejar de pensar que, por más que todos los indicadores económicos apunten a una desacelaración del mercado inmobiliario, lo cierto es que el precio de uno de estos miniapartamentos con vistas en esta ladera privilegiada sigue siendo una auténtica ganga, y en esta tarde de sol tibio y aire quieto dan unas ganas mortales de quedarse.

Luarca, Asturias

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SUPLICA PEDESTRE

Caminante, llega un momento en que de tanto hacer caminos ya no hay lugar para el andar. Es entonces el momento de pararse, pues caminante, igual que al andar se hace camino, al sentarse se hace sitio para un nuevo caminar. O para dejarse alcanzar y desandarse.

Luarca, Asturias

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CORRESPONDENCIA ATRASADA

Puede ser que las hojas tengan cierta querencia por la madera. O que estén esperando a que el mismo viento que las arrancó les abra la puerta.

Miyares-Piloña, Asturias

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CINEFILIA

Como cada mañana monto al amanecer en la película dentada, cuyo engranaje suena con el sordo traqueteo de un antiguo proyector. En ella soy el extra inmóvil que abre un libro y ante el cual se despliega otra película que, si es buena, disolverá el paso de las páginas. A las tres de la tarde se coloca la segunda bobina y pese al fin de la huelga de guionistas, la historia parece repetirse. Los extras, eso sí, aparecen ahora un tanto demacrados pues no han comido todavía. Cuando al fin llega la noche, la pantalla se ilumina y me monto mi propia película privada.

De Candás a Gijón

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TRAVESURA

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PAISAJE CON SIMETRÍAS

Gijón, Asturias

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MUY SOLEADA, EXCELENTES VISTAS

La vieja casa de la familia de la madre de mi mujer lleva ya algunos años en venta. Le han salido varios novios (a la casa) pero ninguno ha sido capaz de dar el sí definitivo. El tiempo pasa y no sé si ella ha logrado acostumbrarse a su actual estado de provisionalidad. Los cristales de las ventanas parecen romperse por iniciativa propia, las persianas se descoyuntan y cada vez hay menos telarañas. El sol rebota por las paredes y se vuelve por donde había entrado. Temo que los fantasmas dejen también de visitarla y entonces ya será del todo inhabitable.

Cardo-Gozón, Asturias

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UNA PESETA Cuenta J.J.Millás en su novela “El mundo”, que uno de los primeros recuerdos que conserva es el de un sueño en el que al hacer un hoyo en la arena encuentra una peseta. Se lo cuenta a su madre y, ya en la playa, ésta le invita a hacer un hoyo en la arena para ver si encuentra la peseta del sueño. Y, como no, al poco de escarbar aparece la moneda. A veces las madres hacen uso de este tipo de poderes. Ayer Nicolás leía un libro en el que una niña pierde una moneda de la colección de su padre, 50 céntimos del año 49, las del agujerito en el centro. Recordé entonces que conservo una de esas monedas en algún lugar, junto a una “rubia” de Franco y algunas del Mundial 82. Empiezo a revolver cajones y trasteros pero el tesoro se resiste. La niña del libro, ayudada por su amigo Nino Puzle, encuentra a un hombre que recogía las monedas que pierden los niños por los agujeros de sus abrigos. A mi se me ocurre de repente la posibilidad del rincón esquinero del armario empotrado del dormitorio. Meto a ciegas la mano, escarbo en la arena de los jerséis viejos y noto el tacto plástico de la bolsa que contiene mi modesta colección. Millás vio como su sueño se materializó. Yo quiero materializar una ficción. Como un prestidigitador de carromato, hago surgir la moneda de mi mano ante los ojos de Nicolás. Al principio no comprende. Ni siquiera cree que una moneda agujereada pueda ser una moneda de verdad. Para él mi moneda no es más real sino menos que la imaginada. Le doy mis cincuenta céntimos y le digo que los compare con los que muestra la ilustración del libro. Cada una es como el pensamiento de la otra. Aunque ninguna de las dos monedas es ya de curso legal entre las dos siguen sumando una peseta, mitad ficción, mitad recuerdo, con la que comprar un trocito de pasado a precio de saldo, una peseta de pasado, tal vez aquel dado de levadura en la panadería de la esquina, con su adictiva fragancia que yo aspiraba una vez y otra, furtivamente, con la oscura intuición del placer de lo prohibido, una peseta de levadura envuelta en aquel papel traslúcido de la panadería, que servía para calcar los dibujos del colegio, para reproducir el mundo pintado de los cuentos, la levadura y su misterioso poder fermentador de sueños y empanadas destinadas a ser alimento de interminables viajes por carreteras sin arcenes… Millás hizo de un sueño materializado una ficción. Creo que en sentido inverso el proceso también funciona.

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CONTEMPLATIVA CANINA

Dicen que el perro tiene visión olfativa y que su agudeza es tal que puede percibir olores que nosotros desconocemos porque quedan más allá de nuestra capacidad. También sabemos que el olfato es el sentido con una mayor potencia evocadora de vivencias pasadas, como cualquiera de nosotros habrá podido comprobar más de una vez. Pues bien, olfativamente hablando, para este perro no existe el laberinto de las formas, no es capaz de anticipar ese recorrido sinuoso: las curvas, los meandros, se crean a medida que los huele, su mundo es puro presente, actualidad sin fin. Excepto, tal vez, cuando el aroma del salitre y las múltiples fragancias de la arena lo hacen perderse en los laberintos de ciertas mañanas de cachorro que por un instante vuelven y logran hacerse presencia detenida.

Gijón

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TIRALÍNEAS

La escollera penetra en el mar separando la paja del grano del océano: a un lado caen las olas, desbravadas ya, al otro se cuelan las lanchas, medio vacías o medio llenas según el capricho de las corrientes y el humor de los pescadores. Pero la escollera enseguida tira de la mirada hacia delante y la tentación de adentrarse en el mar recorriéndola hasta su extremo se hace irresistible. Puede ser que su linealidad se corresponda con el instinto sin objeto de nuestra voluntad, caso de que exista algo parecido. En cualquier caso, siempre podemos imaginarnos que separamos las aguas o que caminamos sobre ellas, dependiendo de cuál sea nuestra escena preferida. Ese camino recto y sin más alternativa que el horizonte infinito reconforta enormemente la cara tímida del alma. Hay quien entonces llega al final de la escollera y coloca una caña. El hombre la ceba de paciencia y su hija junto a él escucha el latido del mar sobre su espalda. Para mí en cambio la caña es la escollera y conmigo en el anzuelo pesco la perspectiva de la tarde, que en tu gabardina guarda la señal de la tormenta.

Candás, Asturias

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AL FILO DE LO IMPOSIBLE Enrique golpea con el peso muerto del hierro contra el acero. Sobre el filo de la guadaña cae el martillo restañando los mordiscos que en su hoja dejaron las piedras del prao y otros animales ocultos. Clavuñar se le llama a esto por aquí, cabruñar o crabuñar se le dice un poco más allá. Tras cada mazazo y antes del siguiente, el martillo descansa sobre la hoja entre dos y tres segundos, el tiempo necesario del beso sobre la herida. A esa hora indeterminada de la siesta, el eco de los golpes resuena en la cuadra, sale de la rendija por el portón entreabierto y se pierde entre las praderías, como el canto agorero de un cuco de metal. Quizás esta misma tarde o tal vez mañana temprano, Enrique tomará el camino del prao y llegará con su guadaña allí donde no llegó la potente máquina del hijo: irá segando las veras, limpiará las orillas, poniendo su mejor empeño en esa labor residual, de pie contra las cuerdas y los cierres de las fincas, satisfecho pese a todo, irreductible Enrique en el último reducto de su tiempo. Ni siquiera piensa en el día, que uno quisiera lejano, en que ya no saldrá a segar les veres, ese anacronismo improductivo. La eficiencia habrá dado un paso más. También, es cierto, las zarzas experimentarán un notable desarrollo. No importa. Cuando entorpezcan el trazado de la máquina, alguien vendrá y les prenderá fuego. Y de sus cenizas brotará con fuerza la rebolla, el tojo rebelde, que deberá hacerse resistente a los herbicidas si quiere recuperar el terreno perdido. La misma guerra por otros medios, aunque menos elegantes. O quizás para entonces solo el cortacésped, de sencillo y silencioso mantenimiento, recortará las parcelas adosadas los domingos por la mañana. En cualquier caso, ya no habrá quien escuche a media tarde el tañido sobre el yunque y se pregunte mirando al cielo qué veres irá hoy segar Enrique, con la cara d’agua que ta poniendo’l día.

Bañugues, Asturias

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PARTITURA ENCONTRADA EN LA ARENA

Los dedos del viento surcan como agujas la piel de vinilo de la playa. Yo trato de imaginar la melodía e intento seguir el sentido de unas líneas que son las de una mano hecha con el polvo vivo de los siglos. Procuro que mi huella se confunda en su epidermis, si acaso como un leve contrapunto. En vano. Canta demasiado. Y si borro mi pisada, borro el surco. Huyo entonces a lo largo de la playa, cada vez más agotado, perseguido por un rastro que en constante aceleración se fosiliza.

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MÁS ALLÁ DE LA ESTÉTICA

Xagó, Asturias

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MARCOS INCOMPARABLES

Gij贸n

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XIXĂ“N IN RED

De vez en cuando todos necesitamos ver la botella medio llena. Aunque para ello deba uno habĂŠrsela vaciado previamente.

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VERANEANTE DECONSTRUÍDO

En verano cobra el cuerpo un especial protagonismo. Hay quien aprovecha para reunificar las partes que hasta entonces andaban desmembradas y ajustar los engranajes, pero hay quien se entrega a la dispersión de cada uno de sus miembros, procurando no solo que la mano izquierda ignore lo que hace la derecha, sino también que piensen los pies aunque uno termine andando de cabeza. Y luego está, como no, el tipo ecléctico, amante de la biodiversidad, que busca un cuerpo ajeno para cualquier clase de intercambio. Con este desbarajuste es probable que termine por reinar una cierta confusión de identidades. Nada sin embargo que no arregle una buena tormenta de finales de agosto cuyo rayo certero nos devolverá a nuestra vida de criatura de Frankenstein, con el corazón levemente dolorido.

Gijón

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LA VIEJA EUROPA

No fue una vida fácil la suya. Guerras, crisis, sucesiones, desplomes bursátiles, revoluciones. Administrar toda esa complejidad que se extiende por debajo del trópico de cáncer, desde el fondo de una larga mesa de caoba, fue una labor que requirió en ocasiones de un coraje que hoy empieza a escasear. Plantaciones en el Brasil, minas en el Congo, manufacturas en la India. Pueblos incapaces de comprender los fundamentos de la propiedad, de atender a los dictados de las leyes del comercio internacional, de imaginar siquiera los rudimentos de la nueva economía. Pese a todo, el uso de la fuerza, siempre doloroso, fue un recurso residual. Por suerte la mayoría de las veces bastó con adiestrar debidamente a indígenas de confianza. Un pañuelo de seda, un ídolo de marfil, frutas exóticas, nada de lo que las diversas geografías pueden ofrecer faltó nunca en las estancia de su casa. Nadie podrá decir que mostró rechazo alguno por esos pueblos de Dios, necesitados tan solo de una recta dirección en sus vidas penitentes. Al final de sus días disfruta la señora de esta lluvia que cae hoy como siempre ha caído, con una delicadeza constante y uniforme, civilizadamente. No duda de que también para ellos dos, ahora en el mismo lado de la barandilla, es un premio esta llovizna apacible, acostumbrados como están a ver en la lluvia un milagro que rara vez sucede o un castigo que se desploma arrastrando las escasas esperanzas. Su vida, ya digo, no fue fácil ni sencilla. En realidad siempre vivió en una situación de estricta dependencia. Primero dependiendo de los otros para mantenerse sentada y ahora para poder incorporarse.

Gijón

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PAN DE CASA Que dice el viejo que no, que el no come el pan de la panadería. Que no, que solo come la hogaza cocida en el “forno” de casa. Y que si no hay pan de casa, que él no come pan, y que si no come pan tampoco va a comer otra cosa porque a ver con qué la iba a acompañar. En fin, cosas de viejos que no hay quien se las saque de la cabeza. Así que allá van Pepe, Litos y Carmina, a comprar la harina, reunir la leña, limpiar el horno, preparar el “formento”, amasar y cocer las hogazas, que saldrán morenas y generosas, como matronas romanas, y sonrientes. Esta vez el horno anda algo acatarrado. Alguna gotera originada por los muchos años y el poco uso en los últimos tiempos impide que la leña arda con brío. Por la chimenea sale el aliento del roble, denso y torpe como respiración de bronquítico. Después de retirar las brasas, alcanzada al fin esa temperatura exacta que no requiere de termómetros porque esta guardada en la memoria de las piedras refractarias, el vientre del horno, vacío y oscuro, aguarda la blanca y turgente semilla de la hogaza. Por la chimenea escapan ahora los suspiros de pan que se cuelan por los quicios de las puertas, por cada ventana mal cerrada y por las escaleras que comunican los sótanos y los desvanes de todos los sentidos. Y enseguida salen las hogazas, rotundas, como esculturas de una fragua, milagros sin religión que nos devuelven la fe a los postmodernos. Esta noche ya podrá el viejo comer su pan de casa, ese pan que se cuece no al calor del fuego, sino al recuerdo del calor que queda cuando el fuego se retira. A lo mejor es por eso que en su interior de miga densa encuentra el viejo el calor de algún recuerdo.

Lourido, Taramundi – Asturias

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VIAJE SOÑADO

Para detener el tiempo no hay mejor laboratorio que una sala de espera. Allí la sal de los minutos se va añadiendo en dosis crecientes al agua turbia que vierten los ventanales, hasta que la solución se adensa lo suficiente como para sostener nuestro cuerpo en la ingravidez del duermevela. Si además se trata de la sala de espera de una estación, ese espacio donde no logran arraigar ni los pasos ni nuestros pesados culos, entonces el efecto suspensivo se completa y a partir de ese momento ya nada es lo que debe: ella parece que duerme cuando en realidad está viajando porque qué otra cosa es viajar sino soñar con la cabeza apoyada en la maleta. Yo en cambio parezco viajar, cuando la verdad es que estoy soñando, pues qué otra cosa es soñar sino viajar a ese lugar que parece ajeno pero es el más íntimo posible porque es el que secretamente estamos buscando siempre, el que se resume en ese instante que añadir a nuestro desvencijado calendario.

Coimbra, Portugal

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LA VELOCIDAD DEL VIENTO

Candรกs

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CORTINA DE AGUA

Torreira, Portugal

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A TODA PANTALLA

- Pero bueno, ¿dónde se ha metido todo el mundo? ¿no ven que ya ha empezado la proyección? - Desengáñate, Xuan. La cotización de los atardeceres no ha parado de descender en los últimos años. - Vamos, hombre, no empieces con tus teorías. - Yo te explico, verás, si es algo que cae por su propio peso. Primero fue la inflacción: miles y miles de atardeceres multiplicándose por todas partes. Durante un tiempo se mantuvo su valor nominal, pero en el fondo la gente estaba harta de tanta puesta de sol. - Anda calla, y fíjate en aquellos reflejos en el agua, ¡qué maravilla! - Hasta que un buen día alguien dijo en voz alta que aquello del ocaso era de una ñoñería insoportable, y automáticamente se dispararon las órdenes de venta de algo que nadie quería comprar. Fue la ruina de la industria fabricante de postales. - Pero quieres cerrar el pico, que no me dejas ver bien los colores. - Después vino la falta de confianza. Que el sol se hundiera era cuestión de tiempo. Es más, se hundía a ojos vista. La oscuridad era un hecho y la luz artificial el único futuro. Venga, vamos a pasear a la luz de las farolas y acerquémonos al centro comercial a ver como encienden los neones. - No, espera un poco, que quiero ver los títulos de crédito.

Aveiro, Portugal

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RETROFOTO

Cuántas veces la cámara dispara a mis espaldas, empeñada en escudriñar hacia el pasado igual que un telescopio observa el brillo adolescente de estrellas extinguidas.

Nazaré, Portugal

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OCTUBRE

Llega un día en que la lluvia te sorprende con zapatos de verano. Tú evitas los charcos, procuras prestar toda la atención y no pisar allí donde las luces de los coches y los edificios se reflejan. Pero no sabes, o no recuerdas, que la suela de tus zapatos está surcada por una costura que recorre su contorno. A través de las mínimas puntadas de esa costura la humedad va penetrando en el interior desde el asfalto y las aceras. Traspasada la piel de nylon del calcetín, tus pies no tardan en convertirse en esponjas y los dedos, como si ya no fueran del todo tuyos, se retuercen, se separan y se encogen con una vida propia, recién descubierta. La humedad ya es una marea que trepa la piel clara de tus mocasines en forma de mancha que empieza en la puntera y va invadiendo el empeine cuando tú no miras. Observas preocupado cómo el fondo de los pantalones se oscurece, cómo adquiere la misma densidad de las nubes que acuden desde el oeste y se acomodan sobre el tétrix del horizonte. Pronto sientes una mano líquida que no se conforma con tomarle la medida a los tobillos. Piensas entonces que lo que ocurre es que hoy está lloviendo al revés y con ese pensamiento cierras, por inútil, el paraguas, y con ambas manos liberadas abres la cremallera de la bolsa y extraes la cámara.

Gijón

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ESPEJISMOS

Hay quien se queda atrapado en un recuerdo queriendo ignorar el paso inexorable de las estaciones. TambiĂŠn hay quien por despecho prefiere mantener la distancia con fĂŠrrea disciplina, pero esto no deja de ser otra manera de seguir dependiendo del pasado.

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CARDIOPATÍA

El paciente A.J.C. vivió durante más de 30 años con el corazón anclado a sí mismo. Esta rara afección de tipo autoinmune le provocaba agudas punzadas de dolor cada vez que algún esfuerzo físico o impresión emocional elevaba sus pulsaciones por encima de setenta por minuto. Debido a ello A.J.C. llevaba una vida de casi completo aislamiento. Se cree que durante esos treinta años no salió de su apartamento más de dos o tres veces (siempre para algún trámite burocrático) y no se le conoce relación alguna con otra persona que no fuera su cardiólogo. Pero lejos de sufrir a causa de tales limitaciones, al parecer, y siempre según declaraciones de su médico, A.J.C. estaba muy orgulloso del alto grado de independencia que había logrado gracias a tener el corazón anclado a sí mismo. Sin embargo, una soleada tarde de mayo, sin aparente motivo A.J.C. se arrancó el ancla y la arrojó por la ventana abierta de su dormitorio. Es probable que mientras el cabo amarrado a la pesada áncora se desenrollaba de forma vertiginosa, A.J.C. experimentara un intenso placer. No sería hasta el instante mismo en que la soga agotara su longitud, cuando la tensión arterial sufriría un aumento súbito y brutal que literalmente le habría reventado el corazón como si fuera un globo. Tanto el ancla como el corazón admirablemente reconstruido pueden contemplarse en una de las salas del Museo de Ciencias Naturales de su ciudad natal.

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CONTRAPORTADA

Cada mañana, con el mismo gesto con el que despliego el periódico y lo tenso, agarro a la realidad por las solapas y la sostengo en vilo y la zarandeo para que desembuche toda la verdad. Pero siempre acabo con la misma extraña sensación. Me temo que, como todo buen chivato, solo me dice aquello que quiero oír. Entre otras cosas porque sabe que en caso contrario yo jamás la creería.

Gijón

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AUTORRETRATO TRAMPOSO

Pensando en colgar un autorretrato, acabé colgando una foto de mi hijo. Creo que así salgo más favorecido. Tal vez porque no nos parecemos en nada. Toda una suerte. Yo me ahorro un montón de culpabilidades sin remedio y él se libra de la obligada tarea de hacerse diferente a mí. Es verdad que aún quiere parecérseme, pero eso es solo porque todavía es demasiado pequeño para poner nombre propio a sus miedos. Entre tanto, somos felices viviendo en este malentendido que es la infancia, y mientras dura vamos con nuestro billete de ida en el mismo vagón de tren, frente a frente: el me mira a los ojos cuando no me entiende y yo miro a los suyos cuando le entiendo demasiado. Llegará un día, supongo, en que empezará a parecérseme sin quererlo. Tal vez para entonces yo haya cambiado tanto que le miraré a los ojos sin entenderle y él mirara a los míos comprendiendo toda mi perplejidad, de nuevo frente a frente, con un billete de vuelta entre los dedos.

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SIN PALABRAS

Si, según parece, no hay música comparable a la belleza del silencio; si, como dicen, la página perfecta es la página en blanco, entonces, tal vez, la imagen definitiva haya de ceñirse al contorno de lo transparente.

Avilés, Asturias

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2009

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TANDEM

Entre la bicicleta soñada y la bicicleta real hubieron de pasar algunos años. Por eso, cuando la real llegó, ya la soñada había tomado esa cierta ventaja, tan mínima como insalvable, que nos mantiene unidos con inquebrantable fidelidad.

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CADUCIFOTO

La Granda-Goz贸n, Asturias

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POLARIDAD

Candรกs

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ALICATADO EN MÁRMOL Por culpa de un par de vinos tomados a contrapelo antes de comer, la siesta estaba resultándome de lo más desasosegante: cada vez que intentaba desconectarse la conciencia, el estómago hacía una pirueta, y claro, así no había forma de entregarse al abrazo del sillón orejero. Abrí los ojos. Afuera corrían las nubes. Bella tarde para despejarse y de paso saldar alguna cuenta pendiente. Resulta que apenas hago fotos del lugar donde vivo. Cuestión de pudor, supongo. Así que me fui, cámara en bandolera, al barrio más alto de Candás: el cementerio. Cinco minutos faltaban para el cierre cuando llegué. No sé por qué pensaba yo que el cementerio tendría horario comercial, pero no. Cierran a las seis. Entré de todos modos, buscando con los ojos algún visitante o empleado municipal que me sirviera de referencia, y con los oídos puestos en todo momento en el ruido de la cancela. Anduve apenas un cuarto de hora por los pasillos arriba y abajo, tres o cuatro fotos semiautomáticas y una áspera sensación de estanterías vacías, de liquidación por falta de existencias. Ya de lejos vislumbré el portón cerrado. Comprobé in situ: recio candado. No sé por qué pensaba yo también que el cementerio tendría vigilante, como cualquier otro museo, pero no. Aquí, se supone, ya todos somos mayorcitos. Busqué pues un nicho asequible a la escalada para echar un vistazo por encima de la tapia y calcular mis posibilidades. Al fondo, muy al fondo, en la parte nueva del camposanto, encontré una escalera de tijera, escuálida y hecha un manojo de nervios. Desde su inestable cima me pareció que la altura exterior era apta para el aterrizaje. Salté. Ya del otro lado me palpé y comprobé que todo estaba en su sitio. Solo algún que otro rasguño en la palma de las manos me impedían aplaudirme. El caso es que lejos de sentirme aliviado, me di cuenta de mi enorme estupidez: acababa de echar por la borda junto con mi persona al menos media hora de preciosa luz en un cementerio para mi solito. Es cierto que puedo volver cualquier otro día, pero ni la luz ni la gracia de las nubes serán ya las mismas. Y además no conviene tentar demasiado a la suerte. He oído decir que las tapias de los cementerios ganan altura conforme el sol se oculta. 68


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VIADUCTO

Puente: estructura que transforma en vacío el espacio existente entre dos puntos. Vacío: ilusión óptica que nos induce a creer que pisamos tierra firme. Tierra firme: punto imaginario a partir del cual se levanta un puente.

El Fontán-Oviedo, Asturias

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REPOSAPIÉS

Nada más sentarme en este banco, el mp3 empezó a fallar: la música tenía un chisporroteo como de vinilo machacado y la voz de la cantante sonaba tan lejana como si saliera de las profundidades de un gramófono. Abandoné el banco creyendo que estaría expuesto a algún tipo de interferencia magnética. Pero nada, Diana Krall sigue pareciendo Billie Holliday. Me dicen en la tienda que no sale a cuenta arreglar estos aparatos, pero me da pena tirarlo. Y además creo que ya me voy acostumbrando.

Parque San Francisco, Oviedo

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REPLAY

Libre directo. Con el brazo alzado el árbitro señala la infracción. El público increpa pero el brazo continúa en alto, tensado para accionar la ejecución de la pena. Bajo los palos el portero local, con la cerviz limpia y afeitada, dirige la disposición de la barrera, por la derecha, por la izquierda, hasta que la cuadra como un manojo de folios. El delantero visitante, mientras tanto, parece dudar de la esfericidad de la pelota, pues la coloca y recoloca una y otra vez, como ha visto hacer tantas veces en la tele. El portero, medio cegado por el contraluz, mira como el sol de invierno alarga las siluetas juntas y tiesas sobre las calvas del área. Entonces la bota acaricia el balón y el brillo de una cuchilla sobrevuela todas las cabezas. Ya nadie, excepto yo, recuerda aquel partido. Por eso nadie, excepto yo, entiende ya por qué algunas tardes de invierno se alzan las sombras y esperan la repetición del lanzamiento. Me muevo a derecha e izquierda, varío el ángulo de visión, me agacho y me pongo de puntillas, hasta que consigo colocar correctamente la barrera. Suena el clic y de nuevo el destello dorado pasa sobre mi cabeza.

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REDES

Cielo: cartografía imaginaria de la tierra. Tierra: cartografía matemática del cielo. Cartografía: esperanza en lo inamovible.

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PRIMAVERA

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BOSQUEJO

Nunca es tarde para aprender a leer, aunque no sean más que las primeras letras: por ejemplo, empezar por distinguir en cada tallo incipiente el árbol con nombre y apellidos que aspira a ser un día, y después entender el ansia de luz del haya y su explosión de ramas; también aventurarse a poner fecha a los cadáveres caídos en medio del camino a manos de los sucesivos temporales, a elegir la piedra que hay que levantar para sorprender a la incauta salamandra, o a descubrir dónde holla el gamo y dónde hoza el jabalí. En seguida, a fuerza de observar no podemos evitar el sentirnos observados. Y ya no estamos solos. Todo son señales, todo inminencias sutiles. En estos menesteres la cámara suele andar algo despistada. Ella habla otro lenguaje, no atiende bien a los detalles y siempre el bosque termina por quedársele en bosquejo.

La Biescona- Colunga, Asturias

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POSOS

La playa amaneció cubierta por el limo oscuro de nuestras bodegas, el desecho inservible de nuestros trabajos una vez reducidas a polvo las entrañas de la tierra. Era el poso de todos los cafés tomados a cientos de millas mar adentro, el poso en el que podía leerse completo mi pasado, incluido el de los próximos veinte años. El cielo en cambio parecía traer la promesa de un lavado de cara, una lluvia futura en avanzado estado de gestación. Como estaba de permiso me quedé a observar la evolución de la mañana. Los volúmenes de las nubes fueron ganando solidez, más firme cada vez el trazo de sus contornos, más profunda y cierta su promesa. Por su parte los restos del carbón con la marea creciente perdieron pronto toda consistencia, y se fueron diluyendo en una nebulosa incomprensible. No sé en qué momento se produjo el intercambio. Solo sé que aquel día no llovió y que la marea cubrió la arena por completo.

Gijón

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CÁSCARA Y CORTEZA

Es curioso. El eucalipto, sedentario por naturaleza, anda siempre de mudanza, quiero decir, mudando de corteza. En cambio, el caracol, nómada incansable de las microdistancias, no se muda jamás, y termina sus andanzas cuando su cáscara creciente alcanza la necesidad de los cimientos. Uno no está del todo quieto. El otro no es del todo libre. Los dos entrecruzan sus sueños. Tal vez se mienten. Y a su manera, son felices.

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BREVE ENCUENTRO

-Hasta dónde puedo acercarme. -Hasta cuándo puedo esperar. Mi deseo de observar y su instinto de no ser vista: dos líneas que se aproximan hasta cruzarse en esta imagen, para luego separarse: yo clavado a su volar y ella eludiendo mi mirada. -Hasta cuándo puede esperar. -Hasta dónde puede alejarse.

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BRIZNA

Detrás de esta hierba cuyo nombre no pude averiguar hay una puerta pintada de azul. La puerta está enmarcada en las paredes de pizarra de una casa deshabitada pero no desfallecida, como esperando el regreso del ferreiro que la habitó. Enfrente de la casa y entre ortigas se alza, más humilde, una pequeña cuadra que fue taller donde se templaba el acero a golpe de mazo y martillo. Y a su lado aguanta el hórreo, con la madera firme y prieta, en cuya escalera me apoyo para hacer la foto. Solo unos metros más abajo discurre un arroyo que rellena todas las grietas del olvido con su rumor constante, ambiental y, a dosis prolongadas, un poco alucinógeno. Para llegar a la casa hay que cruzar ese río por unas piedras bien dispuestas. Podría haber fotografiado la casa, la cuadra, el hórreo y la riega, por partes o en conjunto, pero no estaría más cerca de la esencia del lugar de lo que lo estoy ahora ante la imagen de esta hierba cuyo nombre no pude averiguar.

Aguillón-Taramundi, Asturias

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BOSQUE DE RIBERA

Fresnos, arces, avellanos. Sauces, castaños, abedules. Álamos y alisos. Un puente de tablas sobre el cauce. Y el rumor creciente del torrente que se acerca.

Gijón

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FUENTE DE LOS DESEOS

No es preciso arrojar una moneda. Tan solo dejar que se vaya llenando el caldero. El hechizo durará lo que tarde en desbordarse. Luego vendrá el sol y borrará la huella húmeda del beso.

Gijón

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LA FLECHA DEL TIEMPO

Fotografiar no es detener el tiempo, es detenerse mientras el tiempo continĂşa sin nosotros. Con cada disparo acumulamos un retraso, mĂ­nimo pero medible, herida leve. Y con todos esos retrasos componemos un tiempo inverso: tiempo perdido por tiempo de encuentro, a nuestro alcance.

Museo Guggenheim, Bilbao

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ARQUEOLOGÍA URBANA

Desde el día en que bajamos de los árboles, andamos buscando las raíces. Y eso que no hay nada menos original que los orígenes.

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POR LA PUERTA FALSA

Sobre la puerta cerrada como una verdad irrefutable, insinúa la luz una posible puerta falsa. Mientras intento forzarla probando con mi cámara toda clase de encuadres y artimañas, desoigo una sirena que aúlla a mis espaldas y sólo el eco de alguien que se acerca a la carrera logra despegarme del visor. Doy un paso atrás, no tanto para dejarle pasar como para que pase por delante. Y es ese pequeño retroceso, que amplía ligeramente la visión, el que me abre otra puerta que atraviesa el duro fulgor del mediodía hacia el que corro, casi sin tocar el suelo, con la mochila rebotándome en la espalda y la sirena del colegio resonando todavía, sin tiempo para reparar en un tipo que pegado a una pared hace una foto.

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CONTEMPLATIVA IRREDUCTIBLE

Una y otra vez vuelvo a fotografiar a estos bañistas que diariamente acuden a su cita, a su ritual. Irreductibles tanto ellos como yo, seguimos los pasos de una coreografía en la que confiamos. No hay en nosotros afán alguno de perfeccionamiento, pero buscamos un imposible tal vez mayor: el de la pura repetición del momento.

Gijón

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BAGUETTE EN BAYONNE

Hay cosas que nunca cambian. Así, aunque el pan de cada día hoy más que nunca es pan de un día, día a día sedimenta en nuestra panza convertida en horno donde al calor de nuestra holganza, el pan recupera su forma original, la de la hogaza, y con ella, de nuevo, su afán de permanencia.

Bayona, Francia

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TEMPORADA BAJA

Todas las cabañas, los senderos, los árboles, todo en el camping es falso, puro simulacro, sueño prestado. Solo el pulpo de plástico respira de verdad bajo la luna, recordando los gritos de los niños y sus manos heladas y blandas, como tentáculos.

Lago Leon, Francia

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DINÁMICA DE FLUIDOS

La gota fluyendo por la red que la retiene. La hoja atrapada en el fluido que la empuja. En la mínima distancia que separa a la gota de la hoja caben todas las historias. Incluso ésa, la más improbable que tal vez el azar les tenga reservada.

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FRAGANCIA DE EUCALIPTO

La t茅cnica del spray es bien conocida: se agita y se aprieta el bot贸n.

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FRONTERIZO

Encuadrado tal vez. Encasillado nunca. Experto en gesti贸n de bordes. Presto a desaparecer.

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ATARDECER BISAGRA

A veces hay que esperar a que todo termine y solo entonces esperarlo todo, precisamente cuando ya no debería quedar nada. Los adoradores del sol nos reunimos desde tiempo inmemorial allí donde acaba el día, cuando el declinar de la luz permite enfrentarla sin quedar cegado. Los adoradores del sol no somos una secta, ni una asociación ni una red virtual. Ni siquiera sabemos los unos de los otros. Se nos reconoce sin embargo fácilmente porque somos los que en el cine agotamos los títulos de crédito y abandonamos los bares a la hora de las sillas enhiestas y leemos libros del siglo XIX y normalmente vamos cuando los demás ya vuelven. Nuestra liturgia es simple: orientamos la mirada al occidente. El motivo de la celebración: el privilegio de estar, ni siquiera de existir. Los adoradores del sol no buscamos lo que la luz desvela ni queremos ser iluminados por ella. Por el contrario, lo único que nuestro trato continuado con el sol nos ha enseñado es que la luz del astro oculta tanto como muestra. Y en esta ocasión, como en tantas otras, fue al ocultarse el sol cuando se desveló la nube y reconocimos en ella la pieza que sin querer andábamos buscando: el contorno exacto de la bisagra hecha a la medida de los goznes de la tierra. Y entonces sí, el día se cerró sin ruido, como una puerta recién engrasada. Cuando la penumbra se hizo lo bastante densa como para apoyarse en ella, nos levantamos y nos fuimos caminando en voz baja.

Playa de Molliets, Francia

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2010

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ATARDECER CREMALLERA

Perlora, Asturias

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PARTIR

Sobre el afilado borde del presente, batir la fuga infinita de las alas. Con el afilado borde de las alas, hendir la fuga infinita del presente.

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RELACIONES FORMALES

Mientras sueña la soga con la dulzura del volumen, mide el repollo el alcance de la línea y medita acerca de la recia elegancia de la longitud. Poco después, tan pronto como la luz prolonga en sombra su diaria circunferencia, cae la soga en busca de un cuello inexistente y el repollo aprende que la rectitud obedece a una gravedad prestada.

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ÓLEO SOBRE AGUA

Reconozco que he tenido serias dudas a la hora de publicar esta fotografía: ¿no estaré eludiendo el pago de los derechos de autor que la reproducción de esta obra encontrada en la calle sin duda genera? Pues no por anónima carece de autoría. Y aunque su soporte es efímero y su duración está sujeta a los caprichos de la evaporación y las escorrentías que aquejan a todas las cunetas, lo cierto es que no hay nada más volátil que la música y también ella está sometida al canon, hasta el punto de que rendir tributo a una gloria cualquiera de la interpretación ha dejado de ser una metáfora. Creo sin embargo que esa hoja que un día fue trepadora de alambradas, al siguiente marginada en el arroyo y hoy estrella crepuscular en el escenario de nuestros despojos, merece una oportunidad antes de que se la lleve otro chaparrón, que será el último. Más tarde buscaré al autor, si no es él quien me encuentra antes.

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ÁCIDOS, ÓXIDOS, GRASAS

- ¡Pero por favor, Xuan! ¿Quieres decirme qué pintan esos limones tan lustrosos en medio de todos esos cachivaches y trapos grasientos? - Bueno, esto..., verás, ya sabes, primero me gustó la luz, y luego está la composición que... - No, no, no me vengas con cuentos de fotógrafo. Yo lo que quiero saber es cuál es el tema de esta foto, si es que tiene alguno, claro. - Hombre, es una especie de bodegón, aunque tal vez no el clásico bodegón porque... - De bodegón, nada, majo, más bien te encontraste un rincón lleno de mugre y te dijiste, aquí planto yo unos limones y me quedo tan ancho, y luego a ver lo que interpretan los demás, ¿sí o sí? - Oye, que no es tan simple. Los limones los tuve que arrancar del limonero de la huerta y elegir diferentes grados de maduración para conseguir que los tonos no fueran tan uniformes, por lo que tuve que trepar a alturas diferentes y me clavé dos púas de las que, mira, todavía guardo el recuerdo ¿ves? - Ahhh, así que reconoces que has manipulado la escena, vamos, que todo es puro artificio, y lo que es peor, que simplemente agarraste lo que tenías más a mano y por tanto no hay más relación entre esos objetos que la pura casualidad, además de una lamentable falta de recursos por tu parte, y eso sin tener en cuenta el agravante de que sin duda los limones son robados. Y todavía quieres hacerlo pasar por un bodegón, lo que hay que oír. - No, por ahí ya no paso, la relación entre la grasa y los limones debería ser evidente hasta para un ignorante como tú: todo el mundo sabe que el zumo de limón es un potente quita-grasa y no solo por su alto contenido en vitamina C que elimina el colesterol, sino también gracias a las cualidades del ácido cítrico como reductor de la grasa que se acumula en los tejidos. Además no podemos olvidar su extraordinario poder antioxidante. Por ello, en un entorno como el de esta foto, los limones se convierten en una sutil metáfora de la pureza frente a la degradación, de la permanencia del espíritu incorruptible frente a la futilidad de los objetos. - Ah, bueno, siendo así... - (¡Ufff!)

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CONCIERTO PARA CUERDA Y VIENTO

Como si de un atardecer se tratase, lentamente decae la intensidad de la luz sobre el escenario. El solista se acomoda en torno a su instrumento: con una mano sujeta, sin oprimir, el mástil por el talle; con la otra acaricia cada cuerda hasta encontrar el punto de afinación preciso y el grado de intensidad que la acústica del lugar requiere. La pieza comienza con un silencio y un breve escalofrío. Los primeros compases resultan vibrantes y desabridos, igual que si un viento del norte soplara de pronto entre las jarcias de un velero. Pero esto es solo al principio. Con un aleteo in crescendo se incorpora el resto de la cuerda, mientras los primeros ecos de la madera llegan desde el bosque desnudo. La sugestión de la música hace que me suba las solapas del abrigo. Porque oigo el rasgueo de otras cremalleras al subirse sé que no estoy solo, y que no necesito partitura.

San Juan de la Arena, Asturias

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TOPOGRAFÍA INESTABLE

También en la ciudad rige la ley del bosque, pero a la inversa: las sendas, líneas pintadas, desaparecen a medida que se pisan; por contra, los carriles que no se usan se mantienen, preservados por su propia inutilidad. La repetición termina anulando el sentido y la permanencia solo se ofrece a cambio del olvido. Así, al cabo de un tiempo, los habitantes siguen recorriendo los caminos urbanos sin creerse guiados por nada que no sea su capricho, pero con la pintura agarrada a la suela de los zapatos, mientras los expertos estudian las líneas abandonadas tratando de otorgarles un significado que nunca tuvieron.

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VER, OÍR Y CALLAR

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R

Algo más arriba, allí donde terminan las revueltas y nos devuelve el camino una breve paz de entreguerras, se distiende de nuevo la mirada hasta que tropieza con lo que al principio parece solo una cicatriz más en la madera, una de esas muescas que anotan los días duros en sus noches salvajes. Pero abrimos un poco el angular y la marca se convierte en signo y el signo en letra y la letra en inicial. R de roble, de rayo, de río, de rumor. R de rédito. R de recuerdo. Pero más allá de la letra, es la música la que engancha, la caligrafía tan perfecta hasta el punto de que ya no es posible asegurar si procede de la mano incisiva o del ímpetu del árbol por ocultar su herida. R de regeneración. Tomo varias fotos probando focales y puntos de vista diferentes. Al final me quedo con la que tal vez sea la más publicitaria. R de rótulo. Aunque en ese momento todavía no lo sé, en casa trataré de separar tonalmente el fondo del primer plano, manejando con escaso éxito selecciones, curvas y niveles. Al final el bosque impondrá su ley de la máxima indiferencia, su íntima naturaleza de tapiz. Como en aquellos dibujos ocultos en un galimatías que de pronto surgían en 3D cuando lográbamos suspender la mirada en un punto fuera del plano, así tal vez haya que observar el bosque. ¿R de revelación?

Bandujo, Asturias

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ENTRE ASALTO Y ASALTO

En el rinc贸n, recuperando el aliento como un p煤gil veterano, aguardando a que suene de nuevo la campana.

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VERANO EN PRIMAVERA

Todavía sin mudar la camisa, empiezo a tomarle la temperatura al aire, mientras repto con la torpeza del despertar.

Bañugues-Gozón, Asturias

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DESPRENDIMIENTO

Contra la pared recién encalada, cerrar los ojos, alisar la frente, fundir la espalda, sentir cómo adelgaza la tarde, cómo se desprenden los pensamientos en altas escamas de sal, mientras detrás la mar, como siempre, aguarda. Contra la pared blanca, caldeada, ignorar el silencio oleoso que ahora mismo empieza a cubrir otras orillas al otro lado de un océano que se mide en toneladas, ignorarlo como se ignora el vómito oscuro de una borrachera de la que no recuerdo nada.

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COMPLICIDADES

- ¿Todo bien, Andrés? ¿sí? ¿le pongo otra caña? Andrés asiente con la mirada a la sonrisa que le tiende la joven camarera, mientras apura el cigarrillo que se ha ido consumiendo solo entre los dedos, como se consume tal vez la vida en las tabernas, para buscar después en el fondo del bolsillo de la chaqueta un par de caramelos que disimuladamente terminan en la mano de un niño que ha venido con sus padres a visitar este lugar tan recomendado por todas las guías porque parece sacado de otro siglo. No es un instante decisivo. No es tampoco un momento irrepetible. Es sólo un poco de ternura que nadie ha pedido, un corto de complicidad que no aparece en la pizarra. Las aceitunas también estaban muy ricas.

Madrid

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AGUADAS

El temporal venía con las horas contadas, y lo sabía. Así que en cuanto el aire estuvo lo bastante saturado de rabia y azul, empezó a vaciar el cargador sobre nosotros. Veinte minutos apenas para un diluvio breve y eficaz, calculado, acorde con este tiempo sin héroes ni culpables. Cada uno escapó por donde pudo. Me metí dentro del coche, con el motor y las luces apagadas, y la cámara encendida en lugar del cigarrillo. Del otro lado del cristal la misma mano que azotaba al mundo fue pintando paisajes sucesivos en una sucesión desordenada de todos los estilos, combinando a capricho los cambios de luz, la intensidad de la lluvia, la condensación de mi respiración sobre la luna. Los limpiaparabrisas y mi mano, fuera y dentro, dentro y fuera, pasaban las páginas del álbum. Cuando dejó de llover, los haces de de los faros hicieron caer la noche de repente y nos dispersamos, como desconocidos. Pocas veces me he sentido menos autor de unas fotografías, aunque en el fondo sean hijas del mismo afán y el mismo azar que todas las demás.

Candás

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TRAJE DE CALLE

Traje de calle, a la medida de los retales con que se cosen las ciudades, del color de las esquinas, del tejido con que se tejen los tejados proclives al intercambio de las tejas. Traje que lleva de calle al vecindario de ancianas y gorriones, callejero urdido sin costuras en un trajín de patios sombríos y solares, camaleón que no cambia de color sino tan solo de postura. Traje que ciñen al talle dos botones, brillantes tus ojos me anticipan desde el cabo de la calle en el que andas sin saber y aunque lo sepas, que los ojos también por el brillo te delatan y perdido el traje, somos tú y yo la misma sombra desvalida.

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OLAGRAFÍA

Entre la convención y el convencimiento a menudo no hay más que una rutina perezosa. Por ejemplo, el hecho de pararse para tomar una foto es mitad costumbre y mitad malentendido: costumbre heredada y transmitida desde los tiempos de la fotografía de placas y sus pesados artefactos que obligaban al fotógrafo a plantarse; malentendido según el cual creemos que al detenernos nosotros también el resto del mundo se detiene. Aunque ojo, tampoco quiero decir con esto que haya que tomar las fotos al desgaire, que una cosa es la detención y otra el detenimiento.

Playa de Viodo-Gozón, Asturias

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ATRACCIÓN DEL BORDE

Yo no sé si es suficiente el goce que nos produce el equilibrio, ese logro leve de lo armónico, o si acaso al aceptar el desafío del abismo nos sentimos vencedores sobre alguna clase de destino. Pero es seguro que nos gustan las orillas y los labios y recorrer con los dedos la arista de la copa y recortarnos sobre una línea a modo de horizonte. Y todo tal vez porque es precisamente en ese espacio mínimo del borde donde el espacio nace, crece y se acentúa.

Laguna de La Canalada-Teverga, Asturias

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MI ROSTRO EN TI

Retornando al hielo encontré el modo de fijar las nubes y la tarde, de esculpir con los ruidos del día el fulgor de los tesoros de la noche. Bajo el hielo vi cumplirse los proyectos más absurdos y olvidarse las prohibiciones que han hecho de nosotros quienes somos, y todo sin un solo parpadeo. Hundido en hielo sentí tu temblor al acercarte, la dulce abrasión de la yema de tus dedos. Eso fue un segundo antes de que me partieras la cara con la cuña del talón. Ahora soy la nube y la tarde, el tesoro que no alcanzas y el ruido que escuchas cuando te despiertas, el rostro que te mira cada vez que parpadeas.

Entre Saús de Abajo y Candín-Siero, Asturias

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CONTEMPLATIVA COMBINATORIA

Múltiples combinaciones se sucedieron antes de ésta. También hubo otras después. Aunque aquí solo aparecen tres perros, eran bastantes más y por momentos parecían multiplicarse, o dividirse, no sabría decirlo con exactitud. Carreras, saltos, intercambio de posiciones…hasta que de pronto se detenían y se quedaban mirándome con una expresión que tanto podría ser de invitación como de temor ante la figura de un tipo parado delante del portón sin un propósito claro. A su vez cada uno de ellos era también el producto de una combinatoria ancestral. Viéndolos imaginé al bueno de Mendel agitando los guisantes dentro de su mano, soplando en su interior y lanzándolos sobre la tierra con los ojos cerrados. Una apuesta ciega. ¿El premio? La posibilidad de seguir jugando. Mendel recogiendo uno a uno los guisantes y volviéndolos a lanzar. A menudo me descubro apretando el obturador con el mismo espíritu tragaperras. La fotografía como un ludopatía leve. Tal vez no del todo inocua.

San Martín de Podes-Gozón, Asturias

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CONTEMPLATIVA TECTÓNICA

Mi cámara anda algo lenta últimamente, como si arrastrara los pies por la superficie de las cosas y las cosas se deslizaran bajo sus pies en una imprevisible danza tectónica: en el interior de un segundo cabe toda una era, con sus continentes nuevos y sus grietas.

Gijón

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LÓGICA DIFUSA

Dicen que de los errores se aprende. Pero no dicen qué es exactamente lo que se aprende de los errores. ¿A reconocerlos, a no repetirlos, a disimularlos, a perfeccionarlos? En cualquier caso, un error es siempre una oportunidad para ir más allá de esa lógica convencional del verdadero-falso. Según la teoría de la lógica difusa, donde son posibles gradaciones más sutiles, el error es cuantificable y se convierte por ello en alternativa. Profundizar en el error puede ser entonces otra forma de acercarse un poco más a la verdad. O al menos de mantener viva la posibilidad del descubrimiento. No en vano, todo lo vivo es el resultado de una feliz concatenación de errores. Por lo demás, no se lea esta breve reflexión como una justificación de esta fotografía, que si está aquí es simple y llanamente porque me gusta.

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NORTEANDO

Tanto tiempo buscando el norte y resulta que allí, en el norte, donde quiera que mires es sur.

Cerca del Cabo Peñas, Asturias

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Calendario de instantes