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[DESMOND BOYLAN/ REUTERS]

REPORTAJE 12|05|2013

VUELVE EL

GLAMOUR

A LA HABANA La capital cubana busca ser más cosmopolita impulsada por una minoría empresarial que visita boutiques y dicotecas, consume iPhones, autos de lujo y juega golf: “No hay camino atrás en la liberalización económica”, aseguran, aunque el autoritarismo del régimen se afianza

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por Sandra Weiss/ Cuba

n ícono de esta urbe caribeña resurge entre ruinas polvorientas y vuelve desde un tiempo olvidado, cuando cayó acosado por la corrosión salobre del mar, el abandono y las plagas de ratas. Ahora luce de nuevo con todo el glamour que tuvo en los años cincuenta: es el famoso Sloppy Joe’s de La Habana. Situado en la esquina de Zulueta y Ánimas, en pleno Centro Histórico de la ciudad, este bar emblemático atraía a estrellas estadunidenses como Ernest Hemingway, Frank Sinatra y Nat King Cole. Cobró fama por su larga barra de caoba como mudo testigo, por sus cocteles exóticos y sus sándwiches de carne molida. Su silueta bohemia y su atmósfera congelada en tinta sepia fue filmada en una escena de la película Our Man in Havana, basada en la novela del inglés Graham Greene. Pero con la llegada de Fidel Castro al poder en 1959 la fiesta terminó y mandó a parar. Ordenó cerrar todos los lugares de diversión en nombre de la Revolución y echó del país a los mafiosos de Estados Unidos que la corrompían, como Lucky Luciano y Al Capone, que se habían ganado una fortuna con la prostitución y los juegos de azar. Fidel, hijo de un terrateniente de Oriente y educado por los jesuitas, odiaba el ocio, el glamour y la anarquía de la capital. Por eso la sometía a un estricto régimen de igualitarismo so08

cialista, lo que incluía la construcción de nuevos barrios, menos laberínticos que las estrechas calles del centro y con viviendas de concreto, tan funcionales como repetitivas y de feo diseño. En los años noventa, en el periodo especial de escasez causada por el derrumbe de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría, y después de las protestas populares contra las penurias económicas de aquellos años, Fidel hasta prohibió por decreto mudarse sin razón convincente a la capital. La Habana, la otrora legendaria y gloriosa perla del Caribe, sucumbía ante el desdén y el salitre. Todo esto parece quedar hoy en el pasado. Bajo la batuta de su hermano menor, Raúl, secundado por un enorme grupo de militares bien formados en administración de empresas y por consultores extranjeros, el esplendor se asoma de nuevo, tímidamente, en las calles de La Habana. Pero vuelve. Al ritmo de las reformas económicas y un plan estratégico de desarrollo, reaparecen los autos de lujo que opacan a las reliquias de los años cincuenta: los Audi, los Mercedes Benz y hasta una llamativa Hummer anaranjada, circula con placas particulares en las calles de la remodelada capital que busca retomar su lugar como la mayor y más cautivante metrópolis del Caribe. El frenesí por el consumo y la transformación es palpable por todos lados: en La Habana Vieja, donde se restauraron en los últimos 15 años cientos de casas coloniales, ahora se han convertido en bulliciosos cafés de moda, glamurosos hoteles de cinco estrellas y exclusivas boutiques que venden marcas globales como Adidas, Chanel, Cartier y Ray Ban. Pero lo más sorprendente no es el regreso del lujo, sino que haya cada vez más cubanos que se lo pueden permitir, que hasta en el último desfile del Primero de Mayo ostentaran gorras, prendas y relojes de marca y que puedan vacacionar en playas de Varadero y Guardalavaca. “El año pasado vendí 53 mil dólares en paquetes, solo a cubanos”, me dice la empleada de una agencia turística del Estado. “El Audi es el nuevo símbolo de estatus”, comenta el escritor Hugo Luis Sánchez, mientras esquiva piedras y escombros en los callejones del Centro donde trabajadores están metiendo los cables de luz bajo tierra y colocando antiguos faroles que iluminan las calles con una luz cálida y sensual. Cuando terminen, el centro colonial de La Habana ganará sin duda en belleza a su gran rival histórica, Cartagena de Indias, en la orilla caribe de Colombia. Los autos de lujo en general son importados por artistas famosos o gerentes de empresas transnacionales, pero no son el único signo del cambio provocado por las reformas económicas. Están surgiendo proyectos de diseño modernos y minimalistas como el café-boutique de la diseñadora cubana Jaqueline Fumero, frente

Dominical No. 39  

Suplemento dominical de Milenio diario.

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