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Agradecimientos Moderadora de Traducción:

MewHiine Traductoras: 3lik@ Mewhiine Aleja E Evarg7 Eni MaryJane♥

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Tamis11 Lectura final:

Eni Diseño:

luciitamy


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inopsis

Historia corta

The Rockstar

I’ve loved for so long.


Prólogo Traducido por MewHiine Corregido por tamis11

Sabrina “Bree” Wyle debería haberse puesto sus gafas, no haber dejado que la vanidad sacara lo mejor de ella. Pero como la mayoría de las buenas ideas, llegó un poco tarde y ahora se moría de curiosidad. El chico en el escenario tenía la voz más hermosa y eso era todo lo que sabía. Su estúpida visión alterada sólo le permitió distinguir una figura en blanco y eso fue todo. Algo en su voz hizo a Bree recuperar el aliento. No amaba la música rock como lo hacía su amiga, pero ella había asistido a este concierto de todos modos, pensando que era hora de que saliese de su caparazón. Ya tenía catorce años y todavía no había tenido su primer beso. Todo el mundo que conocía había tenido el suyo cuando aún no habían entrado en su adolescencia. Esta noche era todo acerca de ser femenina y no tonta, pero había sido un fallo épico o al menos lo había sido hasta que este chico salió al escenario. Bizqueando duro, trató de darle un mejor sentido a sus características. ¿Pelo oscuro? ¿Piel morena? ¿Realmente alto? No podía decirlo, y eso que Saffi y ella tenían asientos de primera fila, cortesía del famoso apellido de su acompañante. Tirando de la manga de Saffi, susurró tímidamente—: dime. ¿Es lindo? —Bree no quería arriesgarse a que nadie accidentalmente la escuchara preguntando acerca de un chico. Especialmente ése chico. Incluso una idiota como ella simplemente no tendría un enamoramiento por una estrella de rock. —¡Sip! —Saffi chasqueó la lengua—. De veras que deberías haberte puesto las gafas, Bree. —Fácil para ti decirlo —resopló Bree. Saffi, que era mayor por cuatro años, podría ser un nerd más grande que ella, pero no tendría nunca que preocuparse por tener el aspecto de una.


Saffi parecía una linda muñeca. Bree no lo hacía parecerse a la hermana mayor adolescente de Chucky.

a menos que fuese ideal

Saffi suspiró. —¡Tienes unas obsesiones raras sobre tu apariencia! Eres impresionante y voluptuosa... — Sí, sí —Bree cortó las palabras de Saffi, porque ella era demasiado agradable. No estaba ciega sobre su aspecto. Era demasiado todo lo que no estaba bien. Demasiadas curvas, demasiado grande, demasiada ordinaria con el pelo demasiado rubio y ojos demasiados marrones. La estrella de rock cantaba las últimas líneas de su canción, la que era inquietante y pegadiza a la vez. Bastante impresionante para una canción compuesta por alguien que no era ni siquiera un profesional. Pensando en esa voz diciendo su nombre fue suficiente para que Bree se ruborizara. Oh Dios, realmente quiso haberse traído las gafas con ella. Se arriesgaría a llevarlas fuera de la escuela sólo para saber como lucía este hombre realmente. La canción terminó y la gran multitud de chicas de secundaria gritaron. Bree chilló con ellas y así lo hizo Saffi, que era una especie de gritadora profesional el tipo que no terminaba ronca, incluso después de haber estado gritando durante horas. —¿Se ha ido? — Al backstage —confirmó Saffi. Los hombros de Bree se desplomaron. Y ése fue su primer amor. Bueno, fue dulce mientras duró. Ellas se reunieron con Silver, uno de los hermanos mayores de Saffi, a un lado del escenario, donde había estado con su propio grupo de amigos. Si Saffi era acompañante de Bree, entonces Silver era el de ellas. Siempre había sido así desde que Saffi era el bebé de la familia. —¿Qué tal tu primer concierto, Bree? —Había una sonrisa en la voz de Silver que hizo a Bree sonreír de vuelta. —Ha sido fantástico. Pausa. Y entonces Silver dijo—: Aaaaah. Bree frunció el ceño. —Saffi, ¡siempre con tu gran bocota! Saffi río.


—Lo conozco, la verdad. Bueno, es más como un conocido —dijo Silver—. Su nombre es Dylan Charbonneau y hemos coincidido un par de veces en algunas partes. Está inscrito en una de esas escuelas de arte en NYC. Bree reprimió un suspiro. Dylan Charbonneau. Incluso su nombre sonaba muy lejos de su liga. —Chicos, ¿está bien si me esperáis aquí mientras yo consigo algunos souvenirs? —preguntó Saffi—. Vi algo que quiero comprar. Silver levantó una ceja. —¿En serio? ¿Escuchas música rock? Bree mantuvo su rostro en blanco ante la pregunta. —No es música rock. Es más como una fusión entre danza y rock europeo — respondió Saffi muy en serio. —Voy contigo —dijo Silver. Saffi no respondió. Sabiendo que era porque Saffi no quería que nadie de su familia supiera sobre que tan fan era del hardcore que podría superar a Staffan Aehrenthal, Bree dijo rápidamente—: yo, umm, tengo que ir al baño. ¿Podrías venir conmigo primero y luego alcanzamos a Saffi después? Podía sentir a Silver mirándola y Bree hizo todo lo posible para no retorcerse. Silver March podría tener una reputación de ser uno de los playboys con más encanto del país, pero eso no significaba que fuera un estúpido. Lejos de ello. Saffi añadió amablemente—: tienes que acompañarla al baño primero, Silver. Ella es ciega. Bree cabeceó. Silver se río. —Es verdad —confirmó el hermano de Saffi. —He cambiado de opinión —dijo de mal humor, a sabiendas de que los dos magníficos individuos delante de ella nunca entenderían lo que significaba haber crecido como una pardilla de cuatro ojos. —Estaba bromeando —dijo Silver, aunque con una sonrisa aún subrayando su voz cuando le acarició la cabeza—. Venga, vamos. Silver era por lo general del tipo tocar-demasiado, pero con la chica más joven era cuidadoso con los límites, a sabiendas de que Bree no estaba cómoda con acercarse demasiado.


—Aquí, Bree —dijo, sabiendo que ella tendría un momento difícil de ver con la mayor parte de las luces ya apagadas. Silver volvió a comprobar a Bree por encima del hombro y vio que lo seguía hacia la puerta equivocada. Ella entrecerró los ojos ante la puerta, donde la palabra BACKSTAGE estaba escrita. Él abrió la boca para llamarla de regreso... Bree abrió la puerta. ...Y decidió callarse, con una sonrisa en los labios. La pequeña Bree necesitaba una aventura para agitar las cosas un poco en su vida, y esta sería la manera perfecta para conseguirlo. Él la siguió en silencio, moviendo la cabeza en señal de advertencia cuando uno de los lacayos apostados en el pasillo interior estaba a punto de reprender a Bree por entrar sin autorización. El otro chico se calló rápidamente, como debía. Después de todo, él era Silver Marcha, y ésta era su ciudad. **** Tercera vez que debería estar apenada, pensó Bree, con la cara todavía roja por lo que había sucedido cuando abrió las dos puertas equivocadas. Ella no sabía lo que eran esas habitaciones, pero definitivamente no era el cuarto de chicas o si lo fueran, entonces estaban totalmente ocupadas. Los sonidos que las parejas habían estado haciendo en esas habitaciones, seguidos por los gritos encrespados de las chicas Bree no necesitaban gafas para averiguar lo que habían estado haciendo. Llamó a la puerta y esperó a que alguien enloqueciera desde el interior, y dejó escapar un suspiro de alivio cuando nadie respondió. ¡Por fin! **** Dylan levantó una ceja cuando alguien llamó a la puerta y giró el pomo , sin esperar a que éste respondiera. Le había dicho a Andy específicamente mantener fuera a todo el mundo mientras él descansaba, así que ¿qué era eso? ¿Otra groupie había sobornado a Andy apara echar un ojo dentro?


Cuando la puerta se abrió por completo, comenzó a dirigirse hacia el intruso, pero se encontró conmocionado en su lugar cuando una joven entró y de inmediato tropezó con la estantería a la altura de los hombros a su derecha. —¡Ay! Dylan apenas logró contener la risa. Se volvió hacia el otro lado y chocó con otro estante. —¡Oww! Dylan lenta y firmemente apretó los labios. Esta vez, ella levantó las manos hacia adelante y comenzó a andar a tientas por su camino hacia adelante, como alguien jugando a ser un fantasma. Si continuaba sin girar, se tropezaría directamente con él, pensó Dylan. ¿Debería salir de su camino? Ni siquiera tuvo que pensar en ello. Ni una puta oportunidad. Esto era demasiado bueno para dejarlo pasar. La chica siguió dando pasos de bebé hacia su dirección. Tenía una expresión seria en su pequeña cara en forma de corazón y por alguna razón, eso la hacía adorablemente linda a sus ojos. A diferencia de la mayoría de las chicas de su edad, cuyo sentido de la moda limitaba con lo demasiado cachondo o muy colorido, ésta se veía muy... dulce y divertida, con su blusa a rayas con cuello y falda negra que llegaba a sólo una pulgada por encima de las rodillas. No era la chica más impresionante que hubiera visto, pero era sin duda la más... interesante. Bree se congeló cuando sus manos entraron en contacto con lo que definitivamente no era algo que se suponía debiera existir en el baño de mujeres. ¿Era esto de verdad? Movió los dedos tentativamente, preguntándose si tal vez se lo había imaginado mal por alguna razón. Bree palideció cuando la realidad se reafirmó. No. No se lo había imaginado mal. Este era el pecho desnudo de un chico que ella estaba tocando a tientas como una ninfómana.


Ella dejó escapar un pequeño chillido avergonzado, retrocediendo en pánico, y se encontró cayendo hacia atrás cuando tropezó con sus propios pies. —Whoa. —Dylan cogió a la chica a tiempo, el movimiento lo obligó a agarrar su cuerpo cerca. Ella dejó escapar otro chillido, más suave pero con una mayor sensación, como alguien cercano a literalmente morirse de vergüenza. Eso hizo sonreír a Dylan mientras lentamente la ayudaba a volver a ponerse en pie. —¿Estás bien? Ella asintió con la cabeza y frunció el ceño al mismo tiempo. La voz le sonaba familiar. Algo mayor, también. ¿Tal vez uno de los chicos de mantenimiento? —Lo siento —murmuró—. No puedo ver a dónde voy. Yo, umm, olvidé mis gafas. Claro que lo hizo, pensó Dylan, con la sonrisa cada vez mayor. —Así que, umm, ¿dónde está el baño de mujeres? —Te guiaré —dijo mientras tomaba su mano y sin esperar respuesta. Se sentía suave y pequeña en la suya propia, que era callosa por el deporte y la música.

Su tacto era... caliente. La idea la hizo sentir incómoda y aún más consciente de sí misma. Esta no era ella, aplastada por un hombre mayor y uno que mientras Bree era una estudiante, él estaba obviamente empleado por la escuela que ni siquiera seguía por gusto. Un montón de chicas que ella conocía se sentían atraídas por la idea de salir con alguien prohibido, pero Bree nunca había sido esa clase de chica. Lo oyó abrir la puerta para ella. —Ahora puedes entrar —le dijo suavemente. —Gracias. La chica salió a los pocos minutos, siendo muy rápida para alguien de su género. —¿Qué tal te ha parecido el concierto? — preguntó Dylan mientras una vez más tomó su mano para guiarla hacia fuera. La sintió temblar con su toque y aunque ella era todavía una niña en más de un sentido, su muy obvia reacción por él complació a Dylan inmensamente. —En realidad ha sido mi primero, y ¡fue realmente genial! Su rostro se había iluminado mientras respondía, y la visión lo hizo parpadear un poco.


—Fue genial... ¿incluso si no viste nada? —bromeó. Bree se atragantó con su risa. —No pude ver al chico cantando —confesó—, pero tenía la voz más hermosa. —No lo creo. Bree frunció el ceño. —¡Él tiene una gran voz! —Nah. Creo que estás mintiendo. Sin pensarlo y plantando las manos en sus caderas en una actitud agresiva, Bree preguntó—: ¿Por qué dices eso? Varios momentos de silencio pasaron. Bree empezó a inquietarse, sintiendo como el hombre mayor estaba mirlándola y había algo al respecto que... Tragó saliva. Algo estaba mal. Pero no en el mal sentido. ¿Tenía eso algún sentido? Bree volvió a tragar saliva cuando de repente el chico tomó su barbilla y la obligó a mirar hacia arriba. —Eres una mentirosa. —No lo soy —Oh, rayos. ¿Por qué sonaba su voz tan ronca de repente? —Lo eres —le respondió con calma—. Y puedo decirte porque. — ¿Por qué? —Porque si hubieras encontrado su voz tan hermosa... Sus ojos se abrieron. —Podrías haber sabido que el chico en el escenario y yo somos la misma persona. Y por tercera vez en menos de diez minutos, Bree soltó uno de lo que más tarde serían conocidos como sus infames chillidos de vergüenza.


Capítulo 1 Traducido por Evarg7 Corregido por tamis11

Cuatro años después No me respondiste el teléfono, nena. Fueron las primeras palabras que escuchó cuando Bree finalmente se las arregló para sacar su teléfono de la bolsa de gimnasio y contestar la llamada. El tono de llamada, asignado sólo para un nombre en su lista de contacto, lo decía todo. Iba a darse una patada a sí misma si no contestaba a tiempo. Las palabras sonaban más frías que acusatorias, pero como era de Dylan Charbonneau de quien estaban hablando, Bree secretamente sabía que era más de lo último. Lo siento se disculpó con sinceridad, un poco falta de aire cuando colapsó en el banco, después de su hora larga de correr en la cinta . Lo dejé en mi taquilla con el resto de mis cosas mientras estaba ejercitándome. Las palabras de Bree en el teléfono hicieron que Dylan quisiera gemir. Le trajo a la mente toda clase de imágenes eróticas, de la ahora fabulosa forma de Bree en sujetador deportivo y shorts pequeños de gimnasia, con su piel brillante por la transpiración cuando él la tomaba por detrás. De alguna manera, desde que Bree cumplió dieciocho el año pasado, el deseo de él por ella no conocía límites. Dylan soñaba con tomar su virginidad y follarla con dureza cada noche esos días, forzándolo a tomar una ducha de agua fría demasiado seguido para su gusto. Era el infierno, pero él sabía que era un destino mucho peor del que le esperaba si intentaba actuar en sus necesidades. Bree era especial. Bree era intocable. Bree podría y debería… nunca ser suya. Ten cuidado, no te ejercites demasiado que te conviertas en un mondadientes…

advirtió ligeramente

. No quiero


¿Como las supermodelos con las que sales? áspera.

preguntó ella con dulzura

Dylan se río en voz baja, el sonido íntimo fue suficiente para hacerla temblar. No seas una perra, nena. Sabes que son así por trabajo. ¡Já! Además, me importa un comino si es eso lo que quieren. Es a ti a quien quiero. Él dijo las palabras tan fácilmente, pensó Bree malhumoradamente. ¿Por qué no podía hacer lo mismo? ¿Por qué no podía sencillamente decirle a Dylan que lo amaba? Ambos sabían que él era—siempre lo había sido—consciente de los sentimientos de ella por él, de todas formas. Hmph. Dylan sólo volvió a reírse en voz baja. Te echo de menos, lo sabes. Entonces ven a visitarme para que ya no me eches de menos dijo ella, haciendo todo lo que pudo para sonar ronca. Sólo porque todo el mundo sabía que estaba completamente enamorada de él, no significaba que tuviera que tener el corazón bajo la manga todo el tiempo. Si sólo pudiera… dijo él en serio. Quería desesperadamente volar hasta Florida y estar con ella, pero eso sería suicida. Una mirada a la madura Sabrina Wyle y Dylan sabía que estaría sobre ella y dentro de ella, y al demonio con las consecuencias. ¿Por qué no puedes?

Bree hizo una mueca por lo quejosa que sonó.

Trabajo dijo Dylan de forma evasiva, odiando el hecho de que ahora estaba forzado a mentirle. Oh. ¿Y ese sonido de decepción en la voz repentinamente silenciosa de Bree? Odiaba eso incluso más, pero nada era peor que saber que él era la razón de ello. El teléfono de Bree sonó. Era Saffi, recordándole por mensaje de texto la cena en la fortaleza de su hermano Steel March. Como el lugar estaba lleno de esquinas y varios tonos de negro, incluso podría haber pasado por una mansión.


¿Quién es? Dylan trató de no sonar molesto cuando hizo la pregunta. Su mayor miedo era que algún chico más inteligente —más amable— que él se diera cuenta del tesoro que era Bree, la enamore y la aleje de él para siempre. Sólo es Saffi. Cenaré con ella y todo el clan March en la casa de Steel. Ya veo se las arregló para no dejar que llegara a su voz la aversión asquerosa. Steel March era el tipo de chico que Bree merecía—alguien que tenía a la familia perfecta, que no tenía los problemas serios como él— y por eso, Dylan supo que siempre odiaría al otro hombre. Cuando él no dijo nada más, al final ella preguntó—: ¿Vas a quedarte en casa esta noche? No. Dios, podía ser tan malhumorado a veces—el clásico síndrome de la estrella de rock, pensó Bree con arrepentimiento. Su mirada volvió al mensaje de Saffi. Deseaba poder ser más como Saffi, por la forma en la que la otra había ido por el chico sin ninguna vacilación. El silencio de Bree desde la otra línea le llegó. ¿Bree? odiaba cuando Bree no le estaba hablando como una urraca, como usualmente hacía. Ella le soltó—: ¿Has cambiado de opinión sobre venir a mi graduación este fin de semana? Dylan maldijo en silencio por la forma en la que la voz de Bree tembló, incluso cuando podía decir que estaba haciendo todo lo que podía para sonar desenfadada. más

Te lo dije, ¿recuerdas? . Tengo trabajo.

dijo él de forma muy agradable, sin querer herirla

Ella intentó no sentirse herida por su extremadamente patética excusa. Él e ra el jodido Dylan Charbonneau, la estrella del rock más sexy del mundo—en su opinión, no la de Saffi—y el líder de la banda de rock lírica más popular. Si quería ir a su graduación, podía. Ella normalmente no era del tipo que hacía chantaje emocional, pero esta vez… iba a hacer una excepción. Si no vienes, nunca volveré a hablarte cortó la llamada enseguida.

le dijo atropelladamente… y luego


Oh. Dios. Mío. Bree respiró con fuerza. ¿Realmente había hecho algo tan infantil… y arriesgado? **** Te lo dije. Es el clásico caso de la manzana que no cae lejos del árbol el hombre de cabello oscuro que habló desde la cabecera de la mesa estaba exquisitamente vestido con un traje hecho a mano. Tenía la apariencia de un modelo de la GQ1, pero la mayoría de las veces apare las páginas del Wall Street Journal. Bree intentó no hacer una mueca por el comentario de Steel March, viendo que él era el líder del imperio de negocios multimillonario Beaufort-March. Si hubiera sido Silver el que hubiera dicho las palabras, ella hubiera puesto los ojos en blanco. Pero éste era Steel y, bueno, siempre tenía razón. Sentado frente a Bree, Staffan Aehrenthal le dio a su cuñado una mirada divertida. Esto va a ser una indirecta para mí otra vez, ¿no? le preguntó a su esposa. Alto, imposiblemente precioso y una vez un notorio picaflor, Staffan estaba acostumbrado a los insultos ocasionales que se le dirigían desde los hermanos sobreprotectores de Saffi. Estoy segura de que… ¿no?

Saffi estaba claramente yendo sobre seguro.

Sapphire ha tenido mal gusto en los hombres y porque has pasado mucho tiempo en su compañía, también has desarrollado el mismo mal gusto en los hombres. Tienes a Dylan Charbonneau, que es una estrella del rock como Staffan. Está gravado a fuego en sus sistemas romper el corazón de las chicas Steel apuntó esto en dirección a Bree. Staffan cubrió los ojos de su hijo para articularle “jódete” a Steel. Papá el pequeño Aleksis protestó. Como su padre, él estaba vestido espectacularmente para una simple cena en la mesa. Bree intercambió una mirada divertida con Silver mientras observaban a Staffan, normalmente conocido por su volatilidad, instantáneamente transformarse en un padre indulgente mientras le murmuraba algo a su hijo en sueco. Menos el patriarca y la matriarca del clan, con Pearl y Samuel actualmente disfrutando de un crucero para celebrar su trigésimo aniversario, la familia March

11

GQ: revista de moda masculina.


estaba llena de fuerza, y todos ellos habían vuelto a su ciudad natal para ir a la graduación de Bree. Viendo la preocupación que la joven estaba tratando de ocultar, Saffi dijo de forma acérrima—: No escuches a Steel, Bree. Siempre es así de pesimista. Además, si Dylan sigue los pasos de Staffan, ¡entonces eso es bueno! ¡Será el mejor marido que puedas pedir! La inmortal adoración en la voz de Saffi hizo los dos hermanos March se quejaran de forma simultánea. Staffan volvió a cubrir los ojos de su hijo, esta vez para darle a Saffi un beso caliente con la boca abierta. Los hermanos March se quejaron con más fuerza, pero Staffan los ignoró, con toda su atención concentrada en el bonito sabor de la boca de su esposa. PAPÁ

vociferó Aleksis.

Con un suspiro, Staffan levantó su cabeza reluctantemente y sacó su mano de los ojos de Aleksis. Observando a la pareja casada intercambiar una dulce mirada sexy, Bree hizo todo lo posible para no suspirar. Había conocido a Dylan más o menos la misma cantidad de tiempo que Staffan y Saffi se conocían el uno al otro, y, aún así, el estado actual de sus relaciones no podía ser más diferente. Saffi amaba a Staffan, y él le correspondía el amor. Bree amaba a Dylan, y él… la quería. El pensamiento era deprimente y se consolaba a sí misma con otro tenedor lleno de su ensalada de sésamo asada, lo único que había estado comiendo estos pasados dos meses sólo para entrar en su vestido de promoción súper-sexy. Había sido una compra compulsiva, pero también había sido para retarse a sí misma a perder peso. Bree sabía que siempre sería curvilínea, pero si era así, entonces quería ser la clase de curvilínea correcta sin ningún relleno extra. ¿En realidad, por qué estás preocupada? preguntó Silver en un tono bajo mientras los otros tres entraron en una discusión amistosa sobre que Aleksis tenía maneras de una estrella de rock hardcore con sus impresionantes cuerd as vocales. Bree se encogió de hombros. Ya sabes, yo tampoco soy una gran fan de estrellas del rock, pero incluso yo he notado que Dylan sale contigo más seguido que con otras. Ella gimió.


¿Se supone que eso es un consuelo? Sí, salimos, pero no salimos de forma exclusiva y eso, pensó ella malhumoradamente, era lo que la mantenía despierta la mayoría de las noches. Silver todavía no había contestado. Bree lo miró. Guau, no soy el chico malo aquí dijo Silver, lanzando sus manos arriba como diciendo “yo no tengo la culpa” . Entiendo de dónde viene, pero… se encogió de hombros . Soy un chico. En mi libro, si no eres mi novia, no puedes esperar exclusividad de mi parte. Acabas de hablar con un playboy

refunfuñó ella.

¿Él hizo alguna promesa? Ella lo miró, estoica. Entonces no

tradujo Silver.

¿Por qué no podemos tener una oportunidad? Era la pregunta que más la fastidiaba. Todos esos años, Dylan la había hecho sentir especial—y a veces, cuando él pensaba que ella no estaba mirando, la hacía sentir más que eso. Él la hacía sentir como si la quisiera para sí. ¿Así que por qué no estaba actuando en ello? Bree… El tono serio de Silver hizo que lo mirara. No lo conozco muy bien, pero los he visto a ustedes juntos. Estoy cien por ciento seguro de que nunca te haría daño. Las palabras le dieron esperanza, y cuando fueron a la sala de estar para mirar la tele, las palabras eran lo único a lo que podía agarrarse cuando vieron a Dylan en el canal E! con una chica sentada junto a él dentro de su coche.


Capítulo 2 Traducido por Evarg7 Corregido por tamis11

¿Lista para un gran día? preguntó Saffi con una sonrisa cuando Bree entró de un salto al asiento trasero del todoterreno Aehrenthals’ Porsche. Bree se inclinó para darle un beso al dormido Aleksis en la mejilla antes de responder. Tengo problemas arrepentimiento.

para

respirar

admitió

ella,

sonriendo

con

¿Por tener que hacer el discurso como una de los estudiantes Top 10 de tu clase o porque alguien vendrá a tu graduación? Al acabar de cargar las cosas de Bree en la parte de atrás, Staffan se enteró de las últimas palabras de su esposa y mantuvo su cara impasible cuando entró en el asiento del conductor. Él hubiera preferido que Saffi no dijera nada sobre Charbonneau, pero es que él sabía lo irremediablemente romántica que ella era. Sería como forzar al sol a que no brillara si él le decía que debía tener cuidado al levantar las esperanzas de la joven. El hecho era que Staffan era un hombre enamorado. Sabía cómo luciría un hombre enamorado. Dylan lucía como si lo estuviera, pero, ahora mismo… no lo estaba. **** …y ahora, un discurso de una de nuestras estudiantes Top 10, que recientemente recibió una beca de la Universidad Christopoulos. Damas y caballeros, la Srta. Sabrina Wyle. Ella ascendió al escenario con un corazón latiendo salvajemente. Tenía el presentimiento de que lo vería escondido en algún lugar en la multitud. Dylan tenía un don para el drama la mayoría de las veces—otra vez, el clásico síndrome de la estrella del rock del que a ella y a Saffi les encantaba hablar. Aclarándose la garganta mientras subía al podio, Bree empezó su discurso. Diez minutos vinieron y se fueron.


Y todavía no había señales de Dylan. **** El silencio era tenso dentro del todoterreno. Incluso Aleksis, normalmente tan encantadoramente entretenido como su madre, estaba callado, como si el también sintiera la tensión en el aire. Al final, ella dijo

: Nunca dijo que vendría.

La pareja sentada enfrente de ella no habló. Bree miró con resolución por la ventana, manteniendo sus ojos abiertos como platos. Un pequeño parpadeo y las lágrimas se derramarían por su cara, arruinando su rímel y derrumbando toda su defensa. Pero la otra noche, un poco como que lo chantajeé para que viniera. Le dije que no le volvería a hablar si no lo hacía exhaló profundamente, sus dedos se curvaron alrededor del picaporte . ¿Creen que me está plantando cara de alguna forma, como que me está diciendo que no lo puedo obligar a tomar una decisión? Si lo estaba haciendo, pensó Staffan, entonces Charbonneau era un imbécil. Él esperó a que Saffi hablara, que dijera algo eternamente optimista, pero cuando le echó una ojeada a su esposa, se quedó anonadado al encontrarse con que ella también estaba cerca del llanto. Sintiendo la mirada de Staffan en ella, Saffi se forzó a sonreír, sin querer que se preocupara por ella. Su corazón dolía por Bree, más de lo que Staffan podría entender. Ella veía su versión más joven en Bree. Cuando una chica amaba a una estrella del rock durante tanto tiempo, sin importarle lo que otros pensaran, sólo para enterarse tarde o temprano que él no era perfecto, eso no sólo dolía. Eso le rompería el corazón, como el corazón de Bree estaba roto ahora. El teléfono de Bree zumbó. Bajando la mirada, se dio cuenta de que era la alerta de Google a la que se había adscrito para las últimas noticias sobre Dylan. Llámala paranoica o acosadora, pero era lo suficientemente masoquista como para querer saber con quién estaba saliendo Dylan—si no durmiendo—en ese momento. Ella presionó el enlace que la llevaría al sitio web con el último reportaje sobre Dylan. Y su corazón se hizo pedazos.


Bree le podría haber perdonado que no viniera, podría haberle perdonado por plantarle cara de forma estúpida por su estúpido ego de macho, pero nu nca podría perdonarle esto. Su teléfono sonó. Era Dylan. Por supuesto, él había sabido que ella lo averiguaría de inmediato. Él era exactamente como ella en ese aspecto. Paranoico. Un acosador. Obsesionado por asegurarse de que Bree lo seguía amando. Ella le colgó. La volvió a llamar. Le volvió a colgar. Era un círculo que siguió hasta que Staffan había ralentizado su todoterreno hasta detenerse enfrente de uno de los restaurantes con más glamour de la ciudad. Su teléfono vibró de forma insistente contra los confines de su bolso. Ella lo sacó y lo dejó caer al suelo antes de ayudar a Aleksis a desabrochar su cinturón de seguridad. Sus deditos tocaron su mejilla mojada. No llores. Ella presionó un beso en su frente, incluso cuando empezó a llorar con más fuerza. **** No sólo fuiste fotografiado con una mujer, Dyl dijo Ariadne con disgusto . ¿De verdad pensaste que ella se lo tomaría tranquilamente como hace de forma usual con todas las otras locuras que has estado haciendo? Como la única chica en Minuit Rouge, ella había estado expuesta a mucha mierda machista, pero era su prima la que, desafortunadamente, era la más terrible. Si no hubiera sido una chica tan dura, probablemente le estaría echando la bronca después de lo que acababa de averiguara. No estaba enamorada de Dylan Charbonneau y estaba así de devastada. Bree había sido la niña más adorable la primera vez que Ariadne la había conocido. Encontró terriblemente linda la forma en la que Bree había intentado con tanta fuerza mirar a Dylan con ojos de cachorrito sólo cuando él no la estaba mirando. Le encantaba que Bree fuera la única que nunca dejaba que Dylan se saliera con la suya, obligándolo a mantener sus pies sobre la tierra, pero también sabiendo cuándo rendirse y tranquilizar sus demonios personales.


Bree era perfecta para él y todos lo sabían, incluso Dylan. Todos ellos lo sabían, excepto Bree, porque ahora era así como lo quería Dylan. Y ahora… Eso hacía estremecerse a Ariadne, preguntarse cómo Bree se había sentido cuando había visto el video que una de las mujeres con las que Dylan se había acostado había tomado secretamente y luego vendido al mejor postor. No había sido libidinoso, pero había sido tórrido. Podría haber pasado por porno artístico—si es que no estabas enamorada del chico que estaba ocupado comiendo el coño de alguna chica mientras follaba a otra con su polla y a una tercera con su mano. El video estaba fuera de la web ahora, por supuesto, pero era demasiado tarde. El daño había sido hecho. ¿Dylan?

Ella no podía soportar lo quieto que estaba él.

Dylan no respondió. Estaba sentado en el sofá, con su cara indescifrable mientras su mirada bajada hacia su teléfono, los dedos moviéndose por la pantalla como si lo estuviera instando a que cobrase vida. Pero no lo hizo—no lo había hecho desde esa mañana. El teléfono que él había sujetado era para una línea privada de la que sólo Bree tenía el número. Toda la banda sabía eso. Su mánager lo sabía. Los encargados del equipo lo sabían. Todos en el tour sabían eso, menos Bree. Siempre había sido así. El otro teléfono de Dylan, sin embargo, estaba sonando de forma salvaje—lo había estado haciendo desde esa mañana. Todos querían saber si era verdad, si Dylan realmente había pasado más de 24 horas perdido en un delirante trío. Dale un respiro murmuró Andre suavemente a su hermana. Aunque él tampoco aprobaba en absoluto a lo que Dylan había hecho, estaba más inclinado a creer que Dylan no pretendía… ser atrapado. Pero sí lo habían atrapado, y ahora tenía que pagar el precio. Era más que probable que la chica que había amado a Dylan paciente y fielmente todos esos años, nunca lo perdonara. Tienes que hacer algo pronto, mon ami miembro casado de su banda.

esto venía de Elijah, el único

Todos en su banda—su familia— siguieron hablando, pero Dylan no los escuchaba realmente. Todavía estaba mirando fijamente al teléfono en sus manos, incapaz de dejar de esperar y sólo malditamente esperando que ella llamara. Que le diera una pequeñita señal de que no todo estaba perdido.


Y no lo estaba. No podía estarlo. Porque él finalmente se había dado cuenta de que había estado peleando una batalla perdida todo el tiempo. Incluso después de todo lo que había hecho para evitarlo, la chica rara de catorce años del pasado había capturado su corazón desde el mismísi mo comienzo… y él nunca lo había tenido de vuelta.


Capítulo 3 Traducido por Eni Corregido por tamis11

—Ahora el último disparo, lo prometo —rogó Saffi, sosteniendo su cámara una vez más. Detrás de ella Staffan rodó los ojos. Seguro de que su aficionada esposa tendría una necesidad de tomar un millar de fotos de Bree en su traje de baile, y la chica ni siquiera había salido de la sala de estar. Bree le echó un vistazo a su cita, Rob Cramer, y él le devolvió su larga mirada de sufrimiento con una sonrisa. Pero él valientemente posó de todos modos, y con un movimiento de su cabeza, Bree hizo lo mismo, reposicionándose al lado de él. —Uno, dos… El timbre de la entrada principal sonó, su melodía repicando a todo volumen a través de los altavoces de la casa, interrumpiendo a Saffi. —¿Estás esperando a alguien? —preguntó Saffi. Ambas vivían en una comunidad exclusiva, y la seguridad no dejaba entrar a nadie. Bree sabía que Saffi se estaba refiriendo a su tía alcohólica, Christy Wyle, quien también pasó a ser su tutora legal, o al menos lo había sido hasta que Bree había cumplido los dieciocho años. Ella negó con la cabeza. —No creo que vaya a ir en contra de la orden judicial. —Atenderé. —Staffan fue hacia la puerta y usó la mirilla para comprobar la identidad de su interlocutor inesperado. Sus cejas se levantaron por la sorpresa de lo que—a quien—vio. Miró a Bree. —Es Ariadne. Bree estaba anonadada. —¿Ariadne? —Odiaba como su voz temblaba solamente porque Ariadne estaba conectada a Dylan. Esa parte de su vida estaba completamente terminada y no debería volver a ella otra vez.


—¿Debería hacerme cargo de esto? —preguntó Staffan en voz baja. Él no tenía nada en contra de Ariadne, pero su lealtad estaba donde yacían las lealtades de su esposa, y esas estaban con Bree. Bree dijo lentamente—: No, creo que es mejor que hable con ella. —Miró a Rob—. ¿Podrías disculparme por un momento? Él asintió. —Tomate el tiempo que necesites. —La comprensión en sus ojos casi la hizo estremecerse. Era claro que él sabía sobre ella y Dylan. Pero entonces, ¿por qué eso debería ser una sorpresa? Ninguno de ellos había tratado de ocultar…que se conocían. Dylan había sido fotografiado muchas veces con ella y a su favor, él nunca había negado su presencia en su vida. Ella es especial. Esa había sido siempre su respuesta. Y ella creía en él, sin darse cuenta de que otras mujeres podían ser más especiales que ella. Pidiendo excusas con un murmullo, abrió la puerta y plantó una sonrisa para la prima de Dylan, la baterista de Minuit Rouge. La luz incandescente de la antigua farola detrás de Ariadne le daba un aspecto de un ángel de fuego con su largo cabello castaño haciendo un bonito contraste con su piel bronceada y su top blanco combinado con sus pantalones cortos. Los ojos de Ariadne se ampliaron cuando vio el atuendo de Bree. —Oh, Dios. ¿Es la noche del baile? —Dylan sabía de esto, se dio cuenta. A pesar de todo, Bree no pudo dejar de sonreír ante el tono horrorizado. Era una de las razones por las que disfrutaban de su mutua compañía. Generalmente, Ariadne odiaba a cualquiera que saliera con Andre o Dylan. —Lo sé —dijo con ironía—. Pero es mi último año en la escuela secundaria así que pensé que debería asistir a este. —Ariadne estaba comenzando a pensar que ir allí había sido una mala idea. Simplemente no era justo discutir el caso de Dylan cuando Bree claramente estaba haciendo todo lo posible por seguir adelante. Hacía menos de dos semanas de que Bree y Dylan se habían separado, la chica había perdido peso notablemente y tenía bolsas oscuras bajo sus ojos que atestiguaban noches de insomnio. —¿Sabes qué? creo completamente que este es uno de los peores momentos para visitarte. Olvida que vine aquí. Bree tomó la mano de la chica cuando se dio la vuelta para irse. —¿Por qué viniste? —Sólo hacer la pregunta la hizo sentir ansiosa y no podía entender por qué.


Ariadne sacudió la cabeza. —No es nada. Solamente iba a decir que creo que Dylan es un bastardo por lo que hizo, eso es todo. Pero la otra chica no podía mirarla a los ojos mientras hablaba. Bree dijo sin rodeos—: Eres una terrible mentirosa. —Mira, sólo olvida que dije algo… —La mirada en los ojos de Bree hizo que Ariadna cerrara los ojos. No, no, infiernos no. No iba a dejar que Bree viera sus ojos marrones de cachorro… —Ariadne, por favor. —Diablos. Sin abrir los ojos, Ariadne dijo—: Quería decir que… —Bree contuvo el aliento. Los dedos de Ariadne se apretaron. —Si estás esperando que Dylan venga corriendo a pedirte perdón, no lo hará. Antes de que Bree dijera algo, Ariadne levantó su mano, una sensación de malestar en su rostro. —Hay algo que tienes que saber sobre Dyl, algo que él nunca te diría… **** Dylan se tomó su cuarto trago de Whisky, el licor quemaba al bajar por su garganta. Pero su calor no se podía comparar con la sensación ardiente que residía en la boca de su estómago, una sensación de malestar que había permanecido con él desde que supo que Bree lo odiaba. Pero al ser un jodido masoquista, aquí estaba, en el mismo hotel que alojaba a los estudiantes de último grado de la escuela de Bree. Pensando en Bree en los brazos de un chico de su clase, algún niño idiota que haría todo lo posible por tomar su virginidad en su asiento trasero—haciéndolo apretar los dientes con fuerza. Con una maldición entre dientes, se apartó de la ventana de un sólo sentido de su habitación VIP la cual tenía una vista completa del vestíbulo del hotel. Se sentó en el sofá y agarró el bolígrafo y el papel de la mesa de café. Cerrando los ojos, trató de concentrarse en hacer más música, pero nada se le ocurrió. Oyó que la puerta se abrió. —Fuiste a ver a Bree, ¿cierto? —Había sabido sólo con mirar el rostro de Ariadna antes, que había planeado defender su caso con ella. También había sabido que eso no haría ninguna maldita diferencia. Ninguna chica estaría dispuesta a aceptar a alguien de nuevo cuando esa misma persona no podía ni siquiera decir lo siento… —Sí lo hizo. —La voz, temblorosa pero hermosa y familiar, hizo que Dylan contuviera el aliento. Se volteó


en su silla, preguntándose si el echar de menos a Bree le había hecho empezar a escuchar cosas. Pero realmente era ella. Lucía como una diosa de la seducción en su vestido de seda y encaje rojo. Tenía una falda completa en la parte trasera y una extremadamente corta en capas en la parte delantera. Combinada con sus tacones de aguja de lápiz labial rojo, parecía como si tuviera expuestas la totalidad de sus piernas. Bree se veía exquisita, pero lo que lo hizo sentir como si alguien le hubiera dado un puñetazo de repente, fueron sus ojos. Parecía como si ella aún lo amara. Cuando el rostro de Dylan se puso pálido, Bree sabía que él había entendido lo que ella era incapaz de decir. El terror—el miedo paralizante del rechazo—le había negado su capacidad de hablar y todo lo que podía hacer era mirarlo y suplicar con sus ojos. Después de lo que Ariadna le había dicho, a ella no le importaba lo que había visto—lo que millones de personas habían visto. Ellos pensaban que sabían y entendían lo que estaba pasando, pero no lo hacían. Ni siquiera ella lo hacía—no había—sabido la verdad. Y ahora que la sabía, a Bree ya no le importaba que él no hubiera dicho todavía lo siento o que—si dependía de Dylan—él nunca le hubiera pedido que lo tomara de vuelta. Cuando él no habló, la tensión evidenciándose en su perfil, Bree sabía que dependía de ella dar el siguiente paso. No había una garantía de que el dijera que no. Ahora que ella entendía de dónde venía, sabía de todos esos años que había estado intentando todo lo posible por distanciarse de ella. Tragando, susurró—: Dylan, podrías por favor… Cuando él maldijo, fue como un cuchillo en su corazón y ella era incapaz de hablar. Él la iba a rechazar. No la quería. Bajó la cabeza, porque no quería que él viera que su rechazo la estaba matando. Luchó por respirar, luchó por ser fuerte y encontrar una manera de sobrevivir. —¿Bree? —¡Oh, Dios, estaba justo en frente de ella! ¿Qué quería ahora? ¿Retorcer el cuchillo en lo más profundo? Quería ella ver de cerca cuan poco dispuesto estaba para tomar el riesgo por ella… —Bree, por favor. Ella sacudió la cabeza sin levantar la mirada para encontrar la suya. —No. —Bree… —su voz se rompió.


Eso la deshizo, la manera en que sonó como si la necesitara más de lo que ella lo necesitaba. Lentamente, alzó la mirada… En el segundo siguiente, la estaba besando. Dylan la estaba besando. La estrella del rock que había amado por tanto tiempo la estaba besando. Con un sollozo tembloroso, Bree envolvió sus brazos alrededor de su cuello y lo besó.


Capítulo 4 Traducido por MewHiine Corregido por tamis11

Su primer beso. Parecía irónico que en los cuatro años que había estado en compañía de la estrella de rock más promiscua del mundo, Bree sólo estuviera teniendo su primer beso ahora. Pero no se quejaba

no cuando era Dylan dándole a Bree su primer beso.

Sus manos le tomaron la cara como si fuera la cosa más preciosa que había tenido nunca. Sus labios eran cálidos cuando cubrieron los de ella una y otra vez, cada beso más profundo y más hermoso que el resto. Dylan seguía temblando, una parte de él todavía aturdida por la realidad de tener Bree en sus brazos. Después de todo lo que había hecho, ella todavía estaba aquí. Después de todo, había venido a él... Él levantó la cabeza para mirarla. —Bree... Lo miró como si él fuera todo lo que ella hubiera deseado, lo que hizo a Dylan querer maldecir de nuevo quiso maldecirse a sí mismo porque, maldita sea, él quería que esto fuera verdad. Pero no lo era. —Te amo. Ella comenzó a llorar. Quería limpiar las lágrimas de sus ojos, quería besarlas lejos, quiso prometerle que todo iba a estar bien otra vez. Pero no lo hizo. Porque él era un hijo de puta, siempre sería un hijo de puta, y necesitaba que entendiera eso. —Dylan, yo... —No. Tengo que... —Lo sé.


Las palabras lo dejaron inmóvil, el significado detrás de ellas lanzó a Dylan en un abismo de los recuerdos más oscuros del tipo que había pasado tantos años tratando de enterrar en el olvido. Bree se obligó a mirarlo a los ojos, incluso si eso significaba que por tan sólo unos segundos, ella necesitaría acojonarle, lo que le obligaba a enfrentarse a la verdad de su pasado. —Lo sé... Sé que cuando era joven, tu madre te obligaba a ti y a tu padre a mirarla... Sus palabras lo redujeron, lo que obligó a Dylan una vez más hacer frente a la horrible verdad de su pasado. En ese instante, él ya no era Dylan Charbonneau, la estrella de rock que cada chica amaba y la estrella de rock que amaba a todas las chicas que llegaban a sus manos. En ese instante, era el joven Dylan, forzado por unos padres disfuncionales a aprender la jodida experiencia de lo repulsivo que el adulterio podría ser. Un padre con una obsesión que bordeaba el límite... Una madre con esquizofrenia... Era como algo hecho en el infierno y había vivido en ese infierno casi toda su vida, con tantas noches que pasó durmiendo en los sofás de las casas de sus amigos, en discotecas en cualquier lugar, pero no en casa, donde su madre obligaría tanto Dylan como a su padre a verla copular con sus amantes. Unas manos suaves ahuecaron su cara y él se quedó sin aliento, con los ojos dilatados. No se había dado cuenta que no había respirado hacía tiempo. —Dylan está bien —susurró ella, su corazón lloraba por el dolor que vio en su rostro. —No está bien —rechinó—. Estoy jodido, siempre estaré jodido y es por eso que no puedo ser alguna vez el hombre... —Pero ya lo eres. Las palabras le fallaron con las emociones que brillaban en sus ojos. —Yo ya te amo, te he amado desde el primer día, y no voy a parar nunca — susurró Bree dolorosamente. Con un gemido, él la arrastró a sus brazos. No creía que jamás podría dejarla ir después de esas palabras. Ella no paraba de decir te amo, con la voz calmante, consolándole como a un niño a pesar de que había sido un cabrón con ella. Hizo que las lágrimas picaran en


sus ojos. No podía recordar la última vez que había querido llorar como un maldito niño. Incluso en ese entonces las lágrimas se habían detenido antes de tiempo. —Para —susurró, besando su pelo, inhalando su fragancia ese hermoso aroma que se había perdido malditamente demasiado todo este tiempo que ella había estado ausente en su vida. —Por favor nena, para —dijo con voz ronca, sabiendo que no merecía su amor. —Te amo —dijo ella con fiereza, de puntillas para darle un abrazo con más fuerza. —. Y voy hacer que te des cuenta que tu pasado no.... El gritó. —La esquizofrenia es genética. Incluso la personalidad obsesiva de mi padre tiene un factor genético... —Pero tú no eres ellos. He estado contigo desde hace cuatro años, y no me has hecho daño hasta.... —flaqueó. Él sabía que ella estaba recordando el video y en ese momento, habría dado su vida si eso significaba borrar el dolor que le había hecho sentir. —Lo siento, Bree. —dijo las palabras tranquilo y con completa humildad, sabiendo que nunca sería suficiente nada sería lo suficiente para hacer las paces con ella. Acariciando su mejilla suave como un pétalo, todavía ligeramente húmeda por las lágrimas, dijo con gravedad—: Siempre te he amado. Ella soltó una risita acuosa. —No es un deseo de muerte que me ames. —Lo es —dijo con seriedad—. Para ti —Él expulsó el aliento con fuerza. —Yo no soy el hombre que necesitas, el hombre que te mereces. Estoy en muy mal estado. Siempre te voy amar, pero no lo haré nunca bajaré la guardia por completo contigo. Voy a hacer todo lo posible para evitarme a mi mismo depender demasiado de ti. Yo... —...yo también te amo —terminó con pasión—. Esa es la única cosa que es importante. Cerró los ojos, dejando que sus palabras pasaran sobre él. —¿Qué he hecho para merecerme a alguien como tú, Bree? —Me amaste sin las palabras. —Las lágrimas obstruyeron su voz, haciéndola atragantarse—. Me has amado en todas las formas posibles a excepción de las palabras y los besos. Él se inclinó y la besó, su lengua dulcemente y luego audazmente barrió en su interior, haciéndola jadear.


Otro primer beso de un tipo diferente, y era más que precioso. Era casi trascendental, cambiando cada célula de su ser, transformándola de una chica a una mujer, su mujer. Cuando levantó la cabeza de nuevo, Dylan tuvo que sonreír ante la satisfacción varonil completa. Le encantaba la expresión soñadora en el rostro de Bree, ella no era del tipo que se hacía eso y sabiendo que había sido él quien puso esa expresión en su cara... Eso lo tentó a sólo barrer sus pies y tomar su cuerpo en la forma en que siempre había soñado. Pero no podía. O al menos, no todavía. —Dame cinco minutos, nena. Sus ojos se abrieron con confusión. —¿Por qué? —Tengo una fiesta de graduación a la que asistir. Toda ella se ahogó cuando entendió lo que estaba diciendo. —Nosotros no tenemos que... —Me perdí tu graduación. Me odiaré a mí mismo siempre por aquello, pero esto no me lo voy a perder. Ni ningún otro evento especial en tu vida, nena. Nunca más. Le tomó menos de cinco minutos ducharse y vestirse bien, y cuando salió de la habitación con el pelo todavía mojado, le preguntó—:¿Esto está bien? Sentada en uno de los taburetes altos de respaldo de felpa en el bar de vinos de la suite, Bree levantó la vista de la revista que estaba leyendo o al menos, que estaba tratando de leer cuando lo único que quería hacer era volver a vivir los últimos minutos una y otra vez en su mente. Dylan la miraba inquisitivamente, viéndose absolutamente magnífico en un traje color plata y negro de tres piezas, del tipo que gritaba dios del rock y multimillonario, al mismo tiempo. Sólo uno pocos hombres podían llevar un aspecto tan brillantemente como lo hacia Dylan, y la visión de él la dejó sin aliento. Él levantó una ceja. —¿Y bien? —Arrogante, malvado, juguetón ese era el Dylan que había conocido primero y del que se había enamorado. Ella le dio una pequeña inclinación de cabeza.


—Oye —exclamó, un poco sorprendido. En unos pocos pasos, llegó a su lado y se arrodilló delante de Bree. Inclinando su barbilla para poder mirarla a sus hermosos ojos marrones, Dylan le preguntó—: ¿Eres tímida? Ella se encogió de hombros. Se inclinó un poco hacia atrás para tomar una mejor visión de su rostro. Al ver eso, ella intentó apartarse, pero él no la dejaba. Una sonrisa curvó en sus labios. — Eres tímida. —Eso era lindo y caliente, y por un momento Dylan lamentó haber prometido ir al baile con ella. Pero el momento pasó con suficiente rapidez, la necesidad de expiar sus errores pasados abrumaron sus egoístas deseos. Ella odiaba y amaba la mirada de arrogancia en el rostro de Dylan. Gruñendo, ella mintió. —No soy tímida. Ella hizo una demostración de controlar su reloj pulsera. —¿Nos vamos o qué? Riendo, Dylan la sorprendió al levantarla en sus brazos, haciendo a Bree gritar. — Vamos, Cenicienta. — ¡No soy como la Cenicienta! — Sí, lo eres —respondió él—. Cuando llegue la medianoche... —¿Voy a perder mi precioso vestido? Él la miró, el brillo de deseo en su mirada haciéndola temblar. —No sólo tu vestido —dijo con voz ronca—, sino la virginidad, también. —¡Dylan! Todavía estaba con la cara roja para el momento en que llegaro n al ascensor, sin poder creer que Dylan, que solía ser muy cuidadosos acerca de tratarla como a una amiga con la que sólo le gustaba coquetear, ahora estuviera diciendo algo tan... explícito. Dylan sólo la miró con un brillo en sus ojos burlándose de ella. Era Dylan Charbonneau. ¿Realmente creía que eso era lo más sucio que podía decir? Afortunadamente, se salvó de defenderse cuando las puertas se abrieron y el uniformado asistente les dio la bienvenida dentro, abriendo mucho los ojos al ver a Dylan llevar a una muchacha en sus brazos. —Bájame —dijo entre dientes.


—Bu-buenas noches señora, señor Charbonneau. —El chico más joven estaba tratando muy duro de no mirar. —¡Dylan! La dejó abajo lentamente, pero no la soltó. En cambio, capturó su rostro y la besó. Ella trató de luchar, consciente de que no estaban solos, pero Dylan la empujó contra la pared del ascensor, besándola con más pasión. Bree no podía contar cuántos besos le había dado hasta ahora, pero lo único que sabía era que cada beso la hacía sentir más y más atraída hacia Dylan. La pasión ganó a las inhibiciones y con un pequeño suspiro, agarró las solapas de la chaqueta del traje, usándolo para mantenerla en posición vertical. La forma en que su lengua estaba jugando con la de ella, burlándose y seduciéndola, amenazaba seriamente su equilibrio. Cuando la soltó, sólo podía mirar hacia él, preguntándose por qué el beso tenía que terminar. El asistente se aclaró la garganta. —El vestíbulo. Bree giró la cabeza hacia el otro ocupante en el ascensor, había olvidado totalmente la presencia del encargado. ¡Oh Dios! ¿Acababa ella de...? Poniendo un brazo alrededor de su cintura posesivamente, Dylan apareció completamente impertérrito por su demostración extremadamente pública de afecto. —Gracias, amigo —dijo con una sonrisa fácil. Las líneas entre el coqueteo y la amistad a menudo se difuminan cuando se trataba de Dylan y las mujeres. Era un hecho que la molestaba mucho, pero Bree sabía que el rasgo también era responsable de la forma accesible que él era cuando se trataba de sus fans. Dylan sonrió cuando vio Bree mirándolo fijamente, y el mensaje subyacente fue patentemente claro. ¿Realmente no puedes tener suficiente de mí? Quería gemir. Ahora que él sabía que realmente sabía lo mucho que ella lo amaba, ¿iba Dylan a ser así todo el tiempo? Dos horas más tarde y ella sabía que la respuesta a su pregunta era sí. A lo largo de la noche, Dylan había sido el más arrogante y más dulce. En un momento, había menado su dedo desde el otro lado de la pista de baile, sin decir una palabra, exigiendo que ella fuera a él. La mayoría de las veces, se había encontrado acorralada por los chicos, todos ellos totalmente absortos con su transformación durante la noche de idiota marimacha a seductora sirena. Otras


veces, actuaba increíblemente cariñoso, entrelazando sus dedos con los de Bree mientras hablaba con mucho encanto con las chicas que venían a él incluso con ella alrededor. Había querido estar celosa en esos momentos realmente quería, pero cómo podía estarlo cuando él se mantenía tocándola, girando su pelo alrededor de sus dedos, apretando su mano en la suya. Era como si estuviera en silencio reconfortándola, recordándole que aunque no dejaría de ser coqueto, su corazón siempre le pertenecerá a ella. Y eso era suficiente para ella, se dijo Bree a sí misma. Tendría que serlo. No tenía otra opción. Antes de que la medianoche golpeara, Dylan ya se había asegurado de que estuvieran diciendo adiós. La mayoría dijeron sus adioses felizmente, si no de una manera asombrada, a excepción de Lindsay Ellis, quien había sido coronada reina del baile. —No te vayas —rogó Lindsay, rozando descaradamente sus apenas pechos contra Dylan al otro lado. Ella tenía el tipo de cuerpo que Bree secretamente envidiaba, sobre todo porque las figuras delgadas—como—palos hacían que se vieran bien en cualquier tipo de atuendo. —Estamos empezando. Hay un montón de fiesta después del baile, más diversión... Dylan dijo con una sonrisa—:Tal vez la próxima vez, pero esta noche realmente tenemos que irnos. Lindsay hizo un mohín. —¿Cuál es la prisa? —Tenemos planes. —¿Cómo qué? La paciencia de Dylan, generalmente más que la de la mayoría, se extendía a su punto de ruptura. Sin perder su sonrisa, dijo muy claramente—: Porque tengo una novia a la que follar. Lindsay se quedó boquiabierta. Todo el mundo se quedó boquiabierto excepto Bree, quien dejó escapar un largo gemido, el cual Dylan inmediatamente cortó con un beso, de esos que no ocultaba el hecho de lo mucho que la deseaba. Cuando le permitió respirar y recobrar sus sentidos, Bree farfulló—: Tú... —...prefieres tener tu gemido solamente en mi presencia y no en ningún otro lugar —terminó sin problemas, tirando de ella a su lado—. Ahora, vámonos. He estado esperando por ti durante años. No me hagas esperar un segundo más.


En el momento en que estuvieron en el interior del ascensor, que estaba afortunadamente vacío a ésa hora, la atrajo hacia él, la apoyó contra la pared, y la besó. La pasión que mantuvo hirviendo a fuego lento durante cuatro años explotó a la vida cuando sus labios se encontraron. Estaba devorándola. Esa era la única manera de describir a la perfección la forma en que tomó, tomó y tomó y la hizo querer ceder, ceder y ceder. Con un pequeño grito, Bree se hundió contra él, sus labios separándose para que su lengua tomaría su boca ella quería que la tomara, en todos los sentidos, para siempre. Sus brazos se envolvieron alrededor de su cuello, y Dylan gimió cuando ella presionó sus pechos cerca de su pecho mientras sus piernas se envolvían con más fuerza alrededor de su cintura. —Sabes mejor de lo que nunca he soñado —dijo con voz áspera contra sus labios antes de besar su camino hacia abajo, queriendo saber si la sensación y el sabor de su piel, en el resto de su cuerpo, también era mejor de lo que él se había imaginado. La piel de Bree era suave y fragante, haciendo que sus bolas dolie ran dolorosamente porque estaban cerca de reventar. Deseó poder follarla ahora, con la forma en que su polla palpitaba tan duramente. Pero sabía que la anticipación haría su unión más dulce y, más que eso, quería que Bree experimentara el placer más dulce en sus brazos. La besó en el cuello antes de tomar un poco de piel para chupar. Ella gimió, y cuando sólo aspiró más duro y por más tiempo, ella dejó escapar un gemido, el sonido estaba lleno de anhelo salvaje. Eso lo hizo estremecerse. —Me encanta oírte gemir, Bree. Mientras sus manos tomaban sus pechos, amasándolos, ella sólo pudo jadear. —!Estás haciendo imposible no hacerlo! Él se rió entre dientes justo antes de que se inclinara y tomara un pezón cubierto de seda, y ella volvió a gemir, esta vez más fuerte y más largo. La campana del ascensor sonó y él soltó su seno a regañadientes. Apretó sus brazos cuando ella trató de liberarse. —No. La aspereza en la voz de Dylan hizo detener su movimiento, la hizo querer someterse a él de la forma en que sólo una mujer puede someterse a un hombre. No hablaron mientras Dylan la llevó de vuelta a su habitación, pateando la puerta cerrada antes de hacer su camino recto a la habitación. La bajó suavemente a sus pies y aún sin hablar, hizo que Bree se sentara en el borde de la cama.


Cuando él se arrodilló para quitarle los zapatos, uno por uno, ella dijo con voz temblorosa, simplemente porque no podía guardárselo para sí misma—:Te amo. Las palabras lo hicieron gemir y el momento en que tuvo ambos talones fuera, se levantó y la empujó hacia atrás en la cama, cubriendo su cuerpo con el suyo. —Te amo —dijo con voz ronca antes de besarla, tratando de mostrarle lo que quería decir, pero no se atrevió a permitírselo, ya que aquello acabaría de hacer la conexión entre ellos más fuerte. Sus dedos temblaban mientras trabajaba en los botones de su vestido, que eran condenadamente demasiados, tentando a Dylan a sólo rasgarlo completamente. —Dylan... —No tenía sujetador bajo el vestido debido a que la parte de atrás era completamente de encaje, y ahora ella estaba desnuda a excepción de sus tangas. —No sea tímida conmigo, nena. —Suave pero firmemente le apartó las manos, dejando al descubierto sus pechos a su mirada hambrienta. Ella se volvió de color rosa por todas partes por la forma en que sus ojos azules acariciaban cada centímetro de su cuerpo casi desnudo. —Deja de buscar, por favor. —No me puedes impedir mirar lo que es mío. —Sin poder controlarse a sí mismo, se inclinó y acarició su pecho antes de probarlo y alimentarse con una preciosa mama rosa con punta. Su pezón se frunció en su boca y empezó a chuparlo. —Dylan —Gritó. Gimió. Lloró. Amenazó con empujarlo fuera de la cama con la forma en que su cuerpo inmediatamente se sacudía y se arqueaba por la manera en que él estaba chupando con tanta avidez su pezón. Y cuando se trasladó al otro pecho, adorándolo de la misma manera, sólo podía reaccionar de la misma manera, también. Sus brazos se envolvieron alrededor de él con fuerza, sus dedos se cerraron lentamente y luego se hundieron en su pelo. Sin ser consciente de ello, Bree estaba empujando su cabeza más cerca de sus pechos, con ganas de más de su beso embriagador. —Dylan... —Su cabeza se sacudió de un lado a otro sobre la almohada cuando sensación tras sensación maltrataba su mente y cuerpo. Eran tan exquisitamente caliente hasta el punto en que era tan angustiosamente precioso, que la volvía incoherente.


Lo único que ella podría desear era que esto pudiera durar y durar y durar.... —Aaaaaah —Casi se cayó de la cama otra vez cuando sintió que él rasgaba sus bragas con un fuerte tirón. Debería haberla asustado, pero en vez de eso sólo hizo que Bree lo quisiera más. Por mucho tiempo... Dios, por mucho tiempo ella había orado para que él la deseara tanto como ella lo deseaba que la amara tanto como ella lo amaba. Ahora que se había hecho realidad, ella sabía que no iba a tomar más que unas pocas caricias y llegaría al clímax. Y entonces empezaron, esas caricias que Bree temía y anhelaban que se alternaron de audaz a suave, de tierno a duro, pero siempre carnal, dulce y posesivo. —Oh... oh... —Sus dedos se clavaron en su espalda, las uñas raspando contra su piel cuando un dedo se hundió en su interior. Dylan casi juró por la estrechez imposible del coño de Bree. —Mierda, eres tan maravillosamente apretada. —Sólo un dedo y se sentía como si no pudiera empujar otro. La idea de tal opresión, de cómo iba a chupar su polla y el agarre que tendría cuando llegase el momento de tomar su virginidad, lo hizo gemir de nuevo. Comenzó a mover su dedo lentamente, esperando a que su cuerpo se relajase antes de aumentar el ritmo. Cuando ella empezó a mover sus caderas por su cuenta, Dylan metió otro dedo dentro de ella, lenta pero de manera constante, sin darle tiempo para pensar. Sus uñas tomaron comisión en su espalda y la sensación de fuego solo lo empujó más cerca del borde. —Córrete para mí, nena, déjame ver cuánto puedo complacerte —Empujó sus dedos más rápido, adentro, afuera, adentro, fuera, los húmedos sonidos poniendo su polla salvaje cuando ésta prácticamente trató de empujarse el camino de salida de sus pantalones y dentro del encantador pequeño núcleo de Bree. —Dylan, por favor... Empujando dos dedos lo más lejos posible, Dylan movió su dedo pulgar hacia arriba para rodear su clítoris antes de presionarlo con fuerza. —Dylan. —El placer vino de ninguna parte y de todas partes, tomándola por sorpresa. Ella se estremeció y gimió, incapaz de pensar en nada más que en cómo podría prolongar esta sensación y reclamarla como suya para siempre.


En el momento en que ella se recuperó, Dylan ya había sacado su ropa y éstas yacían en el suelo junto con su vestido y las bragas rasgadas. Bree miró la montaña de telas en el suelo con los ojos fuera de foco, su cuerpo todavía flotando. Oyó el vago sonido de una envoltura siendo rasgada y supo que estaba envainándose a sí mismo. Sólo podía estar agradecida de que él hubiera pensado en ello. Ella no lo habría hecho. No podría hacerlo, no después del alucinante orgasmo. —Bebé, mírame. Ella lo hizo. —¿Estás bien? —exigió Dylan tenso. —Estoy... —lo miró más de cerca y vio que detrás de la preocupación había algo turbulento. —Dylan —su voz tiró de él, llevándose lejos las pesadillas con las que ahora sabía que contantemente luchaba. La miró, la oscuridad no ha desaparecido por completo de su mirada. No podía entenderlo, no lo entendía, y nunca podría entenderlo. Dylan siempre sería mayor que ella, sería más maduro y experimentado, y siempre tendría secretos con ella debido al pasado. Pero nada de eso importaba porque Bree lo conocía mejor de lo que él creía. —Dylan. —Esta vez, su voz fue más firme, más insistente. La miró de nuevo y esta vez, su mirada se aferró a él mientras ella le susurraba—:Por favor, tómame ahora. Las palabras lo desencadenaron, empujándolo de vuelta a la realidad. La besó, su cuerpo estableciéndose en encima del de ella, el peso deliciosamente mortal. Pero antes de que Bree pudiera asimilarlo todo, Dylan estaba besándola de nuevo. Esta vez, su beso era exigente y devorador, de esos que la hacían no pensar y simplemente disfrutar de su toque. Bueno, si él insiste, pensó ella vertiginosamente. Cuando comenzó a chupar sus pechos de nuevo, Dylan también husmeo entre sus muslos. La comprensión de lo que realmente iba a suceder hizo que su corazón saltara y su cuerpo estremecerse pero permitió que sus piernas temblorosas se abrieran. Asentándose entre las hermosas piernas bien torneadas, Dylan gimió contra sus labios mientras su polla finalmente encontraba su camino a casa, situada en el


abrigo de su exuberante suavidad. Le encantaba que ella se hubiera afeitado el coño, la tierna piel de su núcleo hacía que su polla sobresaliera aún más urgente contra ella. Sus ojos se abrieron ampliamente cuando la cabeza de su polla empezó pinchando su entrada. —No puedo evitarlo —dijo con voz ronca—. Me muero por follarte. Tragó saliva antes de hablar. —Entonces fóllame —susurró. Dylan gruñó. —¿Eres de verdad, nena? En respuesta, Bree dejó que sus piernas se abrieran más ampliamente, y fue una invitación que él nunca sería capaz de resistir. Con una mano cavando debajo de su cuerpo para curvarla alrededor de una mejilla y la otra mano encrespada alrededor de su nuca y agarrando su pelo en un firme pero tierno agarre, Dylan levantó su cuerpo y posicionó su polla. —¡Dylan! —salió como un susurro sorprendido, no sólo por el calor punzante de su penetración sino más porque ella no había esperado esta cantidad de placer por ese simple acto. Antes de que pudiera hablar de nuevo, él se hundía en ella un centímetro más, seguido de otro y otro hasta que estuvo casi completamente dentro. —¿Nena? Ella levantó la vista distraídamente. Completó su posesión, su polla rasgando a través de la barrera de su virginidad. Un pequeño gemido de dolor escapó de sus labios. Tratando de mantenerse quieto, esperó a que la tensión saliera poco a poco de su cuerpo. Su polla tembló y se sacudió en su interior, con ganas de más de la opresión, con ganas de empujarse dentro y fuera, pero Dylan suprimió despiadadamente su deseo, necesitaba saber que ella estaría con él por completo antes de empezar de nuevo. La sensación de tener su cuerpo unido al otro de tener su cuerpo unido al de Dylan era algo indescriptible de la mejor manera. El triángulo entre sus piernas se sentía como si estuviera en llamas, y Bree sólo podía agarrarse sus hombros y esperar...


—¡No! —Salió por instinto, pero se detuvo de inmediato cuando en lugar de causar más dolor, la forma en que Dylan se retiró y empujó su polla de nuevo en realidad le causó el tipo de placer que pone la piel de gallina por todo el cuerpo. Con su rostro tenso, preguntó él—: ¿Debería parar? Ella negó con la cabeza, sus ojos aturdidos por la sorpresa ante la intensidad del placer que su penetración podrían traer. —Más —fue lo único que pudo susurrar y antes de que ella terminara de hablar, él ya estaba empujándose dentro y fuera. Pronto él estaba entrando en ella con tanta fuerza que la cama empezó a temblar, y todo lo que la mantuvo en su lugar era el dominio de él sobre su cabeza y la parte inferior. —Te amo. —Tenía que decirlo. Tenía que hacerlo. La miró, no prometiendo nada sino sus siguientes palabras. —Te amo. —Y entonces estaba entrando en ella otra vez, su pene empujando más y más profundamente en su coño hasta que cada centímetro de ella probablemente reconocía su toque por dentro y por fuera. La forma en que su cuerpo se arqueó y se moldeó contra él le dijo que su hermosa Bree estaba cerca de su segundo orgasmo. Mientras ella se quedaba sin aliento y se retorcía, Dylan sacó la mano de debajo de ella y comenzó a jugar con su clítoris. —¡No! Él se echó a reír. —Sí Estaba empezando a darse cuenta de que al hacer el amor, el no de Bree era su forma de decir que sí a más placer del tipo que le haría perder el control. El ritmo de sus embestidas comenzó a coincidir con el movimiento de sus dedos. Inclinándose, Dylan capturó sus labios, usando su lengua para imitar la acción de las otras partes de su cuerpo. Sus músculos internos se apretaron alrededor de su pene, apretando con más fuerza, instándolo a moverse más rápido y más profundo.... El placer los golpeó a ambos al mismo tiempo, algo que nunca se le había ocurrido antes. En el pasado, le había tomado varias rondas antes de que pudiera perderse en la liberación sexual lo contrario de lo que era típico en los hombres. Pero debería haber sabido que iba a ser diferente con la chica que amaba.


Su orgasmo compartido rasgó su mundo aparte, y mientras se estremecía sobre su cuerpo, su polla pulsando con oleadas de su semilla, Dylan podía ver en la cara de Bree que era completamente lo mismo para ella. Sus ojos estaban vidriosos, los labios entreabiertos en un grito silencioso de la rendición, y su cuerpo se habían curvado en C invertida mientras se acercaba la segunda vez, el orgasmo más poderoso que el primero. Cuando por fin encontró la fuerza para moverse, lo primero que hizo Dylan fue rodar a su alrededor, aterrizando en la espalda con una Bree absolutamente agotada medio encima de él y contra su costado. A medida que él los cubría con las mantas a ambos, ella murmuró adormilada en su pecho—: ¿Qué va a pasar ahora? —Nada va a cambiar —Su brazo se apretó alrededor de ella—. Nada, salvo el hecho de que sólo yo tengo que follarte... —Y yo tengo que amarte. Después de un golpe, dijo—: Y tú tienes que amarme. Bree se río débilmente ante eso, demasiado cansada para incluso estar mal. — Dyl, se supone que lo tienes que decir es viceversa, o también te amo. —Y lo hago, nena. Yo siempre te he amado, pero eso no va a cambiar nada. Quería discutir con eso, pero su mente ya se estaba apagando. Su último pensamiento fue para él, y si ella pudiera pedir un deseo en esta vida, entonces ese sería tener una razón para pensar siempre en Dylan. Porque ella siempre lo había amado. Y ella no sabía qué más hacer sino amarlo.


Capítulo 5 Traducido por MaryJane♥ Corregido por tamis11

—Dylan, sé un buen chico y mira. —El ronroneo en la voz de su madre hizo que su piel se pusiera de gallina. Eso la hacía sonar como una persona diferente. Quería girar la cabeza lejos de lo que estaba pasando, pero sabía por experiencia que sólo significaría recibir otra paliza por parte de su padre. Su interior aún dolía desde la última. No creía poder sobrevivir si tuviera que pasar por otra. Su madre estaba desnuda, sus grandes pechos caídos y balanceándose contra el hombre también desnudo sobre ella. Lo más repulsivo de la vista era que no sólo eran ellos dos. También había otro debajo de su madre, haciéndolos parecer como un sándwich humano. La bilis subió por su garganta, pero trató fuertemente de no vomitar, a sabiendas de que sólo empeoraría las cosas. Si empezaba, él no se detendría. No quería mirar a su padre porque de alguna manera ver su rostro era peor. Pero no podía evitarlo, sus ojos se lanzaban hacia el hombre de pie junto a él. Dylan solía pensar que su padre era como Superman, capaz de hacer de todo. Pero Superman era débil contra la kriptonita y estaba empezando a darse cuenta de lo que su madre era la kriptonita de su padre. El rostro de su padre era una máscara en blanco. De alguna manera, eso lo hacía más aterrador, como un hombre vivo se convertía en un espantajo, una persona que Dylan una vez llamó papá, pero era un extraño peligroso ahora. La cabeza de su padre de repente giró hacia él y Dylan saltó, su sangre revolviéndose ante la sonrisa maníaca en el rostro de su padre. Antes de que Dylan pudiera hablar, su padre se abalanzó sobre él, gruñendo —: ¿Por qué no estás mirando como tu madre te dijo que hicieras? Dylan se despertó con un grito ahogado, su cuerpo completamente bañado en sudor frío. La oscuridad de su habitación se sentía como una presencia hambrienta, recordándole la negrura vacía en los ojos de su padre.


Ambos habían estado muertos por años, pero sus recuerdos eran un recordatorio constante de dónde venía y el monstruo que podía ser. La cama se hundió, y miró hacia donde el movimiento provino, Bree, todavía dormida, volviéndose hacia él, las sabanas deslizándose para mostra r la curva de un pecho desnudo. Amor, del tipo que era todo—incontenible y dominante—amenazaba con desbordarse de su corazón. En cuanto a Bree, su cara inocente y pacífica en su sueño, todo lo que Dylan podía pensar era en lo mucho que quería encadenarla a su lado, besarla hasta que no pudiera respirar, hasta que lo único que alguna vez pensara fuera él… ¡No! Dylan saltó de la cama, su pecho agitado con dolor, una sensación horrible se desplegaba dentro de él. Incluso si él era su propio peor enemigo, no le dejaría causarle daño a Bree, preferiría suicidarse a herir un solo mechón de su cabello. Tomó su teléfono de la mesilla de noche y se accedió a su lista de contactos. Encontró lo que estaba buscando, presionando en la entrada, y su llamada conectó de inmediato. —Dylan, bebé, estoy tan feliz de saber de ti. —La falsa voz inglesa de Henrietta trinó en la línea. Ella era una de las muchas supermodelos que pensaban que fingir no ser estadounidense les daba una ventaja. Su piel se levantó por alguien llamándolo “bebé” algo que prohibía explícitamente a todas las mujeres que hicieran. —Estoy en Miami... El falso jadeo de Henrietta viajó a través de la línea como una estridente ráfaga de viento. —¿En serio? ¡Pero estoy en esa zona, también! Por supuesto que lo estaba, pensó con cansancio. Ella siempre había estado obsesionada con él, una condición fácil para alguien con su historial para reconocer. Pero él nunca se lo había prohibido, de hecho había permitido que ella se convirtiera en una parte semi permanente de su vida. Era como si necesitara un recordatorio constante de por qué él nunca podría disfrutar de una vida normal y feliz al lado de Bree. Diciéndose a sí mismo que estaba haciendo lo correcto, incluso si se sentía mal, él dijo con una voz que nada de su agitación interior, reveló—:¿Puedes hacer una fiesta en treinta? —Bebé…


Apretó la mandíbula, la palabra hacía que Dylan se sintiera contaminado. Él quería gruñir... pero no lo hizo. La risa de Henrietta fue como clavos envenenados rastrillando sobre su piel. —Sólo tengo que decir tu nombre y todo el mundo vendrá corriendo. **** Bree se despertó poco a poco, los instintos, la intuición, algo que la hacía una mujer le dijo que estaba sola en la habitación de Dylan. Parpadeó abriendo sus ojos, se estiró con un suspiro que era lánguido y triste al mismo tiempo. Ella debía lanzar un ataque en ese momento. Era la primera mañana después entre ellos y sin embargo, él ya se había ido de su lado. Bree tenía la sensación de que ni siquiera estaba en alguna parte de la suite. La había dejado. Apostaría su vida en ello, pero aun así no podía ni sentirse irritada. ¿Cómo podría cuando ella había disfrutado de la noche más hermosa en sus brazos? Su mente evocó imágenes de la noche anterior y sólo el recuerdo la hizo suspirar. La forma en que su hermoso cuerpo escultural se movió sobre ella, su hermoso rostro mirándola con amor y pasión, la forma en que su gruñido era pesado con necesidad y deseo… basta, se dijo, ruborizándose a pesar de que se encontraba sola en la habitación. Su sonrisa se desvaneció por el recordatorio de que Dylan no había pensado que era importante estar a su lado cuando ella se despertara. Él todavía estaba ajustándose, razonó. Había prometido que lo amaría como era y lo decía en serio. Pero también haría lo posible para que se diera cuenta de que ambos estaban en mejor situación si cambiaba, que sería feliz dejándose amarla por completo. Pero, él realmente cambiaría, se preguntó Bree, girándose para yacer sobre su estómago y girando la cabeza para enfrentarse a las ventanas. Las cortinas estaban casi totalmente corridas, ofreciéndole una visión de la gran lámpara de araña del vestíbulo del hotel. Normalmente, las personas pagaban por vista de la ciudad o piscina, pero no del vestíbulo. Así que ¿por qué había elegido esta?, se preguntó perezosamente. La respuesta vino a ella un instante después y cerró los ojos, sin saber si debía ser feliz o no.


Dylan había querido verla con otro hombre, había querido darse a sí mismo una razón para permanecer lejos y pensar que podía seguir adelante y disfrutar de una vida sin él. Hermoso loco, estúpido hombre, pensó. En el momento en que se conocieron, se había vuelto imposible. Y un día... Un día, Bree haría que Dylan notara eso. Una hora más tarde, Bree se duchó y se encontraba lista para irse, después de haber ordenado un simple pero elegante mono de seda color lavanda de una de las tiendas del hotel. En su camino hacia el vestíbulo, llamó a Andre. Cuando respondió, le preguntó sin rodeos—: ¿Dónde está? —Aaaah... —Andre, de nada sirve mentir. —Umm... —Por favor, entrégale el teléfono a Ariadna —dijo Bree con un suspiro, sabiendo que era inútil forzar a Andre a romper el código del tipo de tener a novias controladas. Ariadne se puso al teléfono. —Hola, Bree —La otra chica no parecía feliz. —Está bien, no estoy enojada. Sólo quiero saber dónde está. —La casa de Henrietta Vermont. Le tomó una hora llegar a su próximo destino, y para entonces Bree se sentía hambrienta y jodidamente furiosa, tres F que, cuando se aplicaban a ella, haría cualquier persona lamentarse por atreverse a cruzársele. La propiedad era exactamente como Bree se imaginaba que sería la casa de la supermodelo, glamorosa, con puertas y ventanas diseñadas para que cualquier persona de menos de un metro ochenta se sentara como un hobbit, y totalmente impersonal. Henrietta había conocido a Dylan incluso antes de que Bree lo hiciera, y cuando las dos se reunieron por fin, fue odio a primera vista. Pero ambas eran elementos permanentes en la vida de Dylan, algo que solía confundirla hasta las revelaciones de la noche anterior. Llamando a la puerta, Bree esperó unos momentos antes de intentar la perilla. Giró, sin problemas, y cuando entró, el estado de la sala no la sorprendió en absoluto. La visión era odiosa y dolorosamente familiar, llevándola de regreso a partes del pasado que hizo todo lo posible para no recordar.


—¿Dylan? —gritó una Bree de 16 años, mientras empujaba con cautela la puerta de su espacioso apartamento, uno de los pocos que tenía una vista mucho más codiciada de Central Park. La puerta se abrió fácilmente, sorprendiendo a Bree y dejándola más que un poco nerviosa mientras daba un paso más allá de la puerta. El salón estaba completamente iluminado, lo que también era raro. A las once y media de la mañana, el sol brillando fuera de sus ventanas sería más que suficiente para inundar todo el apartamento con luz. Había un montón de cuerpos durmiendo en el suelo, en varios estados de desnudez, y ella inmediatamente miró hacia otro lado cuando la mujer tirada en uno de los sofás de terciopelo se volvió hacia ella, dejando al descubierto sus pechos desnudos. Tuvo que pasar por encima de varios cuerpos para dirigirse a la habitación de Dylan y la encontró ocupada de manera similar pero sin su dueño a la vista. Bree se estremeció, dándose cuenta de que el trío en la cama aún estaban íntimamente unido. Tranquilamente salió y se dirigió a la otra parte de la vivienda, en dirección al patio—un lugar tan expansivo que acomodaba fácilmente el centenar de invitados que asistirían a las fiestas que a Dylan le gustaba dar. El patio, espectacular, con sus paredes de vidrio sin marco y techos, también estaba lleno de huéspedes inconscientes, y dormidos junto a botellas vacías de vino, latas de cerveza y vasos. Bree se sintió tentada a sostener la respiración mientras se abría paso más lejos, el olor abrumador de vómito. Casi se dio por vencida en buscar a Dylan cuando escuchó ruidos de succión desde detrás de las paredes de tres metros del Jacuzzi gigante. Bree siguió el sonido incluso cuando tuvo náuseas, con miedo de lo que vería. Por favor, que no sea… una mujer rubia estaba de rodillas, la parte superior de su bikini morado desatado y colgando sobre su pecho, mientras que su parte inferior yacía desechada en el suelo. La mujer estaba dándole a Dylan, un trabajo manual. Estaba claramente dormido, pero su... su... no lo estaba. Cuando la mujer levantó la vista, Bree se dio cuenta de que la reconocía. Cuando sus ojos se encontraron, ella se sorprendió de nuevo al darse cuenta de que la otra mujer la reconoció, también. —Henrietta. —Bree no pudo evitar el rechazo de su voz. Esta mujer era sólo dos años mayor que ella, pero no se sentía de esa manera. Henrietta era una mujer, ella no lo era. Henrietta sabía cómo complacer a un hombre, ella no. Henrietta había


experimentado el placer en los brazos de Dylan —Bree no— y temía que Dylan determinara que ella nunca lo haría. —Y tú —Henrietta arrastró las palabras burlonamente mientras ella se puso de pie, sin preocuparse de su estado semi-desnudo—, sin duda la famosa Bree. ¿Qué le había dicho Dylan a Henrietta sobre ella? La risa burlona de Henrietta atrajo la mirada de Bree nuevo hacia ella. —¿Te estás preguntando por qué sé de ti? Antes de que Bree pudiera mentir, Henrietta hablaba de nuevo. —No te molestes en mentir. Dylan me lo dice todo. Bree tomó aliento, lo doloroso de esas palabras sorprendiéndola incluso a ella. —Sé todo acerca de ti, cómo se conocieron en un concierto de la escuela, cómo lo tuviste totalmente afligido, porque, ya sabes, te convertiste en su hermana pequeña. Un sustituto de la familia que ha perdido. —Los delgados hombros de Henrietta se encogieron—. Realmente no me importa una mierda si quieres ser su hermana. — Sus ojos se estrecharon, su tono era afilado y agregó secamente—, siempre, por supuesto, que no tengas ninguna idea acerca de convertirte en algo más que su hermana.


Capítulo 6 Traducido por MewHiine Corregido por tamis11

—Oh, Dios mío El grito de asombro sacó a Bree de su ensueño. Bree dejó escapar un grito ahogado, sin darse cuenta que los recuerdos habían llegado a ser tan dolorosos que hacían incluso la respiración insoportable. —¿Estás bien? —La voz sonaba más cerca. Bree se volvió ciegamente hacia la voz. Un segundo o dos pasaron el antes d e que pudiera ver más allá de las lágrimas. Una chica joven estaba hablando con ella, una pequeña rubia de ojos azules en un vestido palabra de honor tan brillante que era como una bola de discoteca. Farica de Koningh. La chica venía de una de las familias más antiguas e ilustres de Europa. En cuanto a Bree sabía, Farica salía a menudo en los titulares de Europa, pero rara vez en esta parte del mundo. Ella se puso rígida, golpeada por la comprensión de que sí Farica estaba aquí era porque... —Oye —La voz de la muchacha fue aún más suave esta vez. —No estoy detrás de tu estrella de rock si es eso lo que te preocupa. Bree inhaló. De alguna manera, el hecho de que una extraña supiera sobre ella y su fijación con Dylan era casi tan malo. El gemido de la chica hizo a Bree mirarla. Farica parecía avergonzada. —Lo siento. Mis primos siempre me dicen que tengo una boca grande. Por favor, no lo tomes a mal. Sólo estoy siempre informada sobre las novedades en... chismes — Farica le dio una mirada de preocupación. —¿Está buscando Dylan Charbonneau? —Sí y no —respondió ella con sinceridad después de un momento —. Sé que él está aquí, pero no dónde exactamente... La mueca como respuesta de Farica no le dio ninguna comodidad.


Fácilmente adivinando por qué Farica parecía tan inquieta, dijo Bree en voz baja. —Está bien. Puedes decirme lo que sea. No soy del tipo que mata el mensajero. —No pensé que lo fueras, pero... —Me gustaría saberlo. —Observó a Farica morder su labio, la otra chica visiblemente debatía qué decir a continuación. Por último, la otra chica dijo—: Un amigo de un amigo me envió un mensaje sobre Dylan estando en una fiesta. Leí las noticias en línea sobre Dylan estando en tu fiesta de graduación, así que pensé que ya eran algo y que esto sería una especie de celebración oficial o lo que sea. Cuando llegué aquí, ni siquiera sabía que ésta era la casa de Henrietta... Al ver el estremecimiento de Bree, Farica dijo rápidamente—: ¡No! No es lo que piensas. Ellos no se besaron, no hicieron nada, lo juro. Te lo prometo. Cruzo mi corazón. Es sólo que ella era tan pegajosa con él y él era tan coqueto con ella, que no me pareció... —Su voz se apagó una vez más inquieta. —No te pareció que tuviera novia —completó Bree rotundamente. La mueca más pequeña de dolor fue la única respuesta de Farica. —Todavía estamos... ajustándonos. —Era la única manera en que podía pensar para describir su relación con Dylan... el idiota. El... asno. El... malvado, estúpido hombre que hace daño. Farica asintió efusivamente. —Claro, comprendo totalmente eso. Eso casi la hizo sonreír. —Gracias por ser honesta conmigo. —Bree hizo una pausa, algo era todavía desconcertante—. Sé que dijiste que tú no... Con Dylan... pero... si no lo estás, ¿por qué?.... —¿Me molesté en venir aquí? —La mirada de Farica se encubrió—. Tenía la esperanza de que si ustedes estaban aquí, alguien con quien quiero reunirme también podría estar aquí. —Oh —Era un chico. Bree y Farica intercambiaron una mirada de entendimiento. Ella no preguntó más. Estaba claro que Farica no estaría cómoda revelando con quien había estado esperando reunirse. Las direcciones de Farica aseguraron que Bree encontrara rápidamente su camino hacia donde estaba Dylan. Soltó su respiración reprimida cuando encontró a Dylan solo en un sofá de dos plazas en el balcón del tercer piso, con la cabeza echada hacia atrás, los ojos cerrados y su atractivo rostro. Su corazón se tropezó.


Maravilloso, sexy, dulce, loco IDIOTA. Estaba claro que él no era feliz en absoluto acerca de lo que había hecho. Bree dio un paso más allá de las puertas corredizas, y aunque no había hecho ningún ruido, los ojos de Dylan de inmediato se abrieron de golpe, con la cabeza infaliblemente volviéndose hacia ella. **** Bree está aquí. Las palabras cortaron en su mente, una terrible sensación de miedo y pánico agarró a Dylan. Era como en el pasado otra vez y aunque él siempre había hecho todo lo posible por no recordar la última vez que se vieron así, ante la vista del rostro de Bree ahora, obligó a los recuerdos volver a la vanguardia de su cerebro. — Despierta, cariño, tienes una visita. —Ronroneó Henrietta, combinado con su suave movimiento de su hombro, sacó a Dylan de su problemático sueño. Abrió los ojos, esperando ver ya a Henrietta desnuda debido a la forma en que estaba acariciando su polla. Pero en lugar de eso, vio a Bree. —¡Joder! Dylan estuvo de pie en el segundo siguiente, sin dar una mierda por la ira y dolor en el rostro de Henrietta mientras empujaba su mano lejos de su cuerpo. Bree todavía no había dicho ni una palabra. La había visto un montón de veces mal, y la muchacha podía gritar cuando quería. ¿Por qué ella no estaba gritando ahora? El miedo se apoderó de él por el cuello por este frío y silencioso poco familiar lado de ella, y el miedo se convirtió en pánico cuando de repente se dio la vuelta con un sonido ahogado, como si ella ya no fuera capaz de soportar verlo. —¡Espera! Pero ella no se detuvo a mirar hacia él, medio corriendo, medio tropezando fuera del patio. La persiguió, pero tuvo que dejar de subir sus pantalones. En el momento en que salió de su apartamento, vio a Bree Entrando en el ascensor. Dylan gritó su nombre. —Detente, Bree, ¡espera! —Pero era demasiado tarde, las puertas estaban a sólo unos pocos centímetros de distancia para cerrarse completamente. Lo último que vio fue la cara llena de lágrimas de Bree.


Aquello lo sacudió: esa mirada. No creía que jamás pudiera perdonarse a sí mismo si el hacía ver a Bree sentirse de esa manera otra vez. Dándose la vuelta, Dylan traspasó su camino hacia el ascensor de servicio, diciendo mordazmente a la aturdida camarera de hotel. —Llévame al vestíbulo. Ahora. La suerte estaba finalmente en el lado de Dylan cuando salió del ascensor y vio Bree fuera del edificio. Corrió hacia ella, haciendo caso omiso de cómo todo el mundo estaba boquiabierto a su forma con el torso desnudo y descalzo. —Bree. Respiraba pesadamente, cuando llegó a su lado. Ella no lo miró, lo que obligó a Dylan a moverse y estar justo en frente de ella. Ella trató de apartar la mirada, pero él fue más rápido que ella, cogiéndola de la barbilla y haciendo que Bree se dirigiera hacia él. La mirada desconsolada en su joven rostro le dio ganas de suicidarse. Pero reconocerlo podría hacer aun peor el dolor. Era difícil fingir que no había nada de malo, pero se las arregló para hacerlo. —¿A dónde vas? Sus ojos se oscurecieron de dolor ante su estúpida pregunta, pero Dylan se endureció contra aquello. Finalmente, ella dijo con voz apagada. —A casa de Saffi. Sólo estoy esperando a que el chófer me recoja. —Dile que no se moleste. Puedo llevarte. Sólo tengo que tomar una ducha... —No, gracias. — o... —Es obvio que estás ocupado. —Bree casi se atragantó con la palabra. Ocupado era una manera coja de describir la manera en la que casi había estado la mano de Henrietta. —Bree... Él trató de usar su voz para engatusar, pero no funcionó esta vez. Esper ó a que ella hablara, que dijera algo, pero no lo hizo. Su silencio lo hizo sentir como si hubiera de pronto un muro que los separara, y jodidamente no le gustaba eso. El jodidamente lo odiaba, pero con cada segundo que pasaba, era como si el muro sólo se hiciera cada vez más fuerte y más grueso. —No sabía que ibas a venir.


Fue una maldita mentira, por supuesto. A pesar de que era un muy buen mentiroso con otras personas, A Bree siempre le resultaba fácil cogerle a Dylan sus mentiras. Y en la última semana, ella había sido más que evidente en sus planes para darle una sorpresa con una visita. Sólo escuchando a Bree hablar por teléfono, se le hizo obvio a Dylan que había estado cocinando algo grande, que probablemente estaba pensando que una visita sorpresa sería un buen momento para decirle que estaba enamorada de él, había sabido que ella estaría esperando que el dijera “Te amo” de regreso. Y debido a que él había sabido todo aquello, se había emborrachado y luego se aseguró de que ella lo atrapase con Henrietta. Sólo que ha ido demasiado lejos, pensó Dylan enfermizo mientras miraba a la cara de Bree, estremeciéndose porque estaba tratando tan duro de no llor ar de nuevo. Él quería que ella lo viera con Henrietta, pero no de esa manera. Maldita sea, ¡no así! Una limusina frenó delante de ellos. Su chófer salió y abrió la puerta para ella. Cuando Bree se movió a su alrededor para entrar, le entró el pánico. Sabía que si no hacía algo ahora, todo habría terminado. —Bree, nena, por favor —su voz sonó ronca. Ella estaba de espaldas a él ahora, pero se congeló ante las palabras. — No... no seas así. Los hombros de Bree empezaron a temblar. Oh Dios, ¿qué incluso él podría decir después de lo que había visto? Acaso ella siquiera sabía... oh Dios, no parecía haber ninguna manera de describir lo mucho que la había matado, viendo otra chica ser capaz de hacer que Dylan se viera de aquella forma. —Nena. Ella le dejó moverla a su alrededor, ya llorando. —Eres un idiota. —No, nena. —Dylan la arrastró hacia sus brazos, apretando su agarre alrededor de ella—. No lo soy. Soy una estrella de rock y tienes que recordar eso. —Pero yo...


La interrumpió, consciente de que tenía que hacerlo. Besando su pelo, le susurró—: Eres especial para mí, Bree. Siempre lo serás. Pero tienes que entender que soy el tipo de estrella de rock que pertenece al mundo y no a una sola chica.


Capítulo 7 Traducido por 3lik@ Corregido por tamis11

No hizo falta ninguna palabra mientras se miraban el uno al otro. Él sabía y ella sabía que ambos pensaban en el pasado y los recuerdos no les permitirían salir ilesos. Dylan se puso de pie, esperando tensamente por Bree para decirle para gritarle, para romper con él. Ella se veía hermosa, también conmovedora. Quería llegar a ella y asegurarse de que era real. Quería probarla y ver si lo que recordaba no había sido un sueño. La mirada cautelosa en el rostro dibujado de Dylan tentada por Bree para estar histérica. Hombre loco, estúpido, pensó ella salvajemente. Estaba muy claro se veía que no estaba contento con lo que había hecho. Pero él lo había hecho de todos modos, porque de una manera indirecta él estaba protegiéndolos a ambos. Él no quería que cayera completamente enamorado de un hombre cuya historia familiar incluye la esquizofrenia y la obsesión, y no quería correr el riesgo de amarla tanto para terminar lastimándola de igual manera. En cuanto a él, se supone que ella debería estar agradecida de que al menos esta vez estaba completamente vestido. Ella estiró su mano, sorprendiendo a Dylan. Le preguntó en voz baja. —¿De verdad crees que podrías empujarme lejos tan fácilmente? Sus ojos azules se abrieron, y Dylan se preguntaba si estaba alucinando cuando oyó sus siguientes palabras. —Ven conmigo ahora, Dyl. No funcionó. Basta con aceptar eso y dejaremos este lugar. Parecía decidida y apasionada. Apasionada, él lo notó con sorpresa, sobre mantenerlo como suyo. Lo dejó sin aliento, y todo lo que podía pensar era en lo caliente que era de esta manera, lo mucho que la amaba más cuando ella era así. Ella casi le hizo creer que todos sus temores eran por nada y que Bree iba a ser fuerte por los dos lo suficientemente fuerte como para derrotar a la ciencia y la genética y privarlo de su condición esquizofrénica u obsesivo por la pura fuerza de su amor.


—¿Dylan? Él estaba a punto de decir que sí, estaba malditamente bien volver con ella, cuando un movimiento en la otra puerta llamó su atención. Era Henrietta, y todos ellos se congelaron ente su entrada. Estaba vestida con una bata casi-transparente, su cabello estaba desordenado salvajemente. Los ojos de Dylan inmediatamente volaron de regreso a Bree. Si ella cree que él la había engañado de nuevo con Henrietta, no pensaría que lo haría siempre. La sonrisa de Henrietta era puro veneno. —Oh querida. Nos pillaste otra vez. Bree le devolvió la sonrisa con una de las suyas. —Oh querida. Ya quisieras. No todos los días ves a Bree ser una perra, por lo que Dylan soltó una carcajada por la sorpresa. La mirada furiosa de Henrietta se disparó hacia él, pero no le hizo caso, con el corazón lleno de orgullo por la forma en que la joven Bree estaba manejando todo esto. La forma en la que Dylan estaba mirando a Bree tragar saliva. ¡Dios, pero estaba de tan mal humor! Y querida, oh querida, pero ¿por qué ella lo encontraba tan caliente? En un momento estaba ahogando en todos sus asuntos, con Henrietta como una barrera entre ellos, pero en el segundo siguiente él estaba mirando a Bree, ella era la única persona que podía darle placer. Y la forma en que él la seguía mirando estaba cerca de convencerse de que Bree era real, ¡sin importa lo increíble que sonaba! Dylan lentamente se dirigió hacia ella. Con cada paso que daba, su corazón latía cada vez más fuerte. Cuando él la tomó de la mano, el cuerpo entero de Bree se estremeció. Mañana podría ser otra batalla, pero su toque significaba que hoy era suyo. Hoy, él era suyo. Él dijo gravemente —: ¿Qué quieres que hagamos? —¿Qué estás diciendo?

chilló Henrietta.

Ninguno de los dos la miró. Ella no podía ni siquiera si su vida dependiera de ello. Ella estaba demasiado fascinada con la forma en que Dylan la estaba mirando fijamente. Ella sabía ella sabía que él dijo en serio cuando le dijo que la amaba, pero en el frío, era una verdad que se sentía un poco incomprensible. Hasta ahora... —Quiero que nos vayamos.


—Entonces nos vamos. —¿Eso es todo?— se burló Henrietta—. ¿Una jovencita te mantiene a raya ahora? Dylan sólo levantó una ceja. —Espero que lo haga Le dio a Bree, una mirada inquisitiva cortesía en su hermoso rostro . —¿Vas a utilizar una correa más tarde, nena? Ella se las arregló para no jadear, pero no pudo evitar sonrojarse cuando se dio cuenta de lo que le estaba insinuando. También sabía que eso significaba darle su confianza para hacerle saber que no iba a dejar que las palabras de Henr ietta arruinaran las cosas entre ellos. Bree levantó la barbilla. —Depende... —A pesar de que ella todavía estaba con la cara roja, se las arregló para decir, pensativamente—, si eres un buen chico, podría usar una correa. Y tal vez algunas esposas, también. Incluso Dylan parecía impresionado por su respuesta. —Prometedor. Fue todo lo pudo decir antes de tirar de ella hacia él y llevarla al camino de salida de la terraza. A medida que tomaban las escaleras, dijo ella suavemente—: Henrietta está muy enojada. —Era un eufemismo, en realidad, con la forma en que la supermodelo estaba tratando de levantar el techo con sus maldiciones. —Déjala —dijo Dylan en un tono completamente aburrido. —¿Traes coche? Él negó con la cabeza. —Yo sí, conduzco. —Ella no esperó que él argumentara y simplemente se fue directo al asiento del conductor. Cuando él se metió en el asiento del copiloto junto a ella, se dio cuenta de que estaba nerviosa por estar en esos confines estrechos con Dylan. Esto era tan extraño. Había conseguido lo que deseaba, ¿no es así? Dylan había venido con ella. La había elegido sobre Henrietta. Así que ¿por qué no celebraba? ¿Por qué se sentía tan dolorosamente tímida y torpe ante él, como si nada hubiera pasado entre ellos la noche anterior? —Abróchate el cinturón —dijo mientras retrocedía el coche hacia la carretera. —Sólo conduce —fue todo lo que dijo.


La respuesta la confundió. ¿Estaba enfadado con ella por tomar el control del vehículo? Ella dudó, pensando en preguntarle cuál era su problema, pero en su lugar gritó—: ¿Qué estás haciendo? —exigió Bree en un grito cuando él tranquilamente arrancó la mitad inferior de su traje de seda. —Esto es totalmente traslúcido, ¿verdad? —Sí, pero ¡oh, Dios mío!, ¿qué estás haciendo? Esta vez, él lo había arrancado completamente incluidas sus bragas. Ella no lo vio , no era del tipo que aparta la vista de la carretera cuando maneja pero lo sintió, una corriente de aire frío sobre su piel afeitada entre las piernas. Cuando Dylan husmeaba con calma sus muslos, los ojos de Bree se abrieron en conmoción. —¡Oh mi… no… tú no debiste….no te atreviste AY! Tenía la cabeza entre sus muslos. Sus labios tocaban su centro. Su lengua estaba dentro de ella. Y luego fue metiendo su lengua dentro y fuera de ella. Ella gritó. Él no detuvo su toqueteo con la lengua. Y ella no podía dejar de gritar. Sus dedos se apretaron alrededor del volante cuando Dylan mantuvo follándola de la manera más dulce y más caliente posible con su boca. —Dylan

susurró.

La necesitad evidente en su voz hizo que la polla de Dylan palpitara y se apretara en sus muslos en señal de aprobación. Ella entendía lo que él estaba tratando de decir y gemía su placer en voz alta, al darse cuenta de que él quería escucharla. “Dylan, Dylan, Dylan”. Ella coreaba s u nombre, gemía y gritaba, pero él no le daba el placer por el que se estaba muriendo. Cuando levantó la cabeza, lo único que dijo fue—: Conduce hasta el hotel más cercano. Ella hizo un giro brusco en el momento que dijo eso, después de haber distinguido fácilmente la fachada del Aehrenthal Hotel en la siguiente cuadra.


Él se echó a reír a pesar de que su rápido giro casi le hace golpear su cabeza contra el salpicadero. —Llama al hotel. —¿Por qué? —Haz que te entreguen un par de pantalones en el aparcamiento del sótano — Y entonces su cabeza estaba de vuelta entre sus piernas, sus dedos separando sus pliegues tan ampliamente como pudo antes de que su lengua se deslizara dentro. —Oooooooooh. —El placer era electrizante haciéndola esforzar su boca en el asiento. —Llama ahora, nena —ordenó contra su piel mientras jugaba con sus pliegues, acariciando con los dedos. Ella estaba contactando la conserjería del hotel en un instante. —Es Sabrina Wyle. —Buenas tardes, Srta. Wyle la recepcionista del otro extremo respondió con una voz encantadora—. Estamos muy contentos de saber de usted otra vez. Ella se tomó un momento en contestar, él había empezado a chuparle su clítoris y estaba destruyéndole su capacidad de pensar... por completo. —Yo... ahh... me gustaría pedir un par de pantalones, cualquier tipo de tela de su boutique talla 2... —Ella dejó escapar un grito ahogado cuando él empujó un dedo adentro. —¿Señorita? —Talla 2 por favor. Bree se mordió el labio con fuerza mientras él empujaba otro dedo adentro. Sus caderas comenzaron a moverse con voluntad propia—. Yo, uhh, tuve un accidente y me... Otro suspiro imposible cuando él mordió su clítoris. —Entendemos, señora La voz de la recepcionista se había vuelto extremadamente calmada y Bree sabía que la otra mujer, probablemente pensaba que ella era tan superficial que ella estaba entrando en pánico sobre el mal funcionamiento del guardarropa. —¿Dónde la encontraremos? —Estoy en el estacionamiento del sótano... ¡AHORA! —terminó con un grito, sus caderas sacudiéndose violentamente en el asiento cuando Dylan movía sus dedos dentro y fuera de ella con mayor fuerza.


La llamada telefónica terminó mientras conducía el coche en la primera plaza de aparcamiento libre que encontró. Bree se desplomó en el asiento. —Dylan Su cabeza giraba sobre el reposacabezas del coche. Sonreía por la forma en que su voz temblaba de deseo, Dylan sacó lentamente los dedos hacia fuera, riendo cuando ella reaccionaba gimiendo en protesta y tratando de atrapar sus dedos dentro de ella mientras apretaba sus piernas cerrándolas. —Shhh... Esto no ha terminado... Sólo necesito llegar a tus pantalones. Ella a regañadientes retiro sus dedos, y ella volvió a gemir cuando lo vio lamer sus dedos. —Mmm... —Cerró sus ojos de placer por el sabor y olor de ella. Ella gimió otra vez. ¡Eso en verdad fue caliente! Alguien tocó su ventana. El conserje, obviamente, hizo su búsqueda para localizar cual coche era el de ella algo que se espera del famoso servicio al cliente Aehrenthal. —Sigues pensando en mí, nena dijo Dylan malvadamente antes de salir del coche. En instantes, él tenía el paquete de la recepcionista y la arrojó dentro del coche a través de su lado. Mientras esperaba a que Bree se vistiera, él le daba instrucciones al empleado para que preparara una suite para ellos. Sus dedos temblaban tanto que le tomó varios intentos en deslizar sus piernas en el par de pantalones de seda perfectamente ajustados. Cuando ella salió, Dylan estaba esperando a su lado. Esta vez, fue el que le tendió la mano. Esta vez, la tomó con una sonrisa deslumbrada. Permanecieron en silencio mientras llegaban al piso 18, la tensión sexual entre ellos era pulsante como un faro enorme y poderoso. Cuando llegaron a su habitación, ella dejó escapar un pequeño grito cuando Dylan la levantó en sus brazos en el momento que atravesaron la puerta. La cerró de una patada y rápidamente se dirigió al dormitorio, depositándola suavemente en el suelo. —DESNÚDATE Su voz no daba a discusión y, riéndose temblorosa, hizo lo que le pidió, sus dedos trabajaban, aún cuando su mirada estaba fija en él. Cada centímetro de que el revelaba de su magnífico cuerpo hacía su boca más y más


seca. ¿Cómo era posible que este hombre hermoso y sexy la amara? Era tan difícil de creer, y sin embargo allí estaba, con la mirada ardiente, feroz de deseo por ella. Él parecía... parecía que se moría por comérsela, y, ¡Dios mío, al parecer ella también quería comérselo! Estaban totalmente desnudos casi al mismo tiempo, y él se fue a la cama, sorprendiendo a Bree cuando la primera cosa que hizo fue rasgar varias tiras la tela del cubrecamas. —¿Qué? Él se acomodó, apoyando la espalda contra la cabecera de la cama elegantemente tallada, y estirando sus sexys largas piernas. Dylan asintió a las tiras de tela. —Demuéstrame que tus palabras de antes eran en serio. Una vez más, ella se quedó sin aliento. —¿QUÉ? —Átame. Ella parpadeó varias veces. Ella entendió lo que quería decir, pero eso no significaba que iba a ser fácil. ¿Atarlo? Era como atar a un león y tomar el papel de un entrenador sin experiencia profesional. —Pero… Dylan le dio una mirada debajo de sus pestañas. —Hazlo, nena. Tragando, ella reunió todo el coraje que pudo y se dirigió a la cama. Arrodillándose a su lado, tomó una tira y ató su mano un poste de la cama. Cuando se inclinó de lado frente a él para hacer lo mismo que con su otra mano, Dylan se inclinó para tomar su pezón con la boca. Ella casi cae encima de él. —¡Dylan! Riéndose, comenzó a succionar su pezón y ella suspiró, gimió y se estremeció, incapaz de creer lo fácil que Dylan la encendía con todo lo que hacía. Cuando la liberó, ella estaba confundida. —Termina el trabajo, nena. —Oh, sí, claro. Se apresuró para terminar de atar su otra mano a pesar de que su cabeza aún estaba conmocionada por el placer de su boca en su pecho. Cuando terminó, ella se apoyó en sus caderas. —Ahora, ¿qué? —Ponme un condón.


—Oh, umm, sí, eso también se inclinó para tomar un condón de su cartera, ella siempre supo que él llevaba varios en todo momento. Su nueva posición le mostraba su pequeño lindo trasero, y con una sonrisa Dylan se inclinó para lamer su pequeño centro. Bree casi se cae de la cama con un ligero grito. —¡No hagas eso! —Con el condón en la mano, Bree le dio una mueca de desaprobación, la cual Dylan regresó con la sonrisa más sexy del mundo. Sus latidos se triplicaron. —Tramposo —murmuró para sí misma mientras rompía el condón de su paquete. Dudó. —Adelante

la incitó con voz ronca.

Tratando de pensar más allá de su corazón acelerado, alcanzó su hinchada polla, lo inmensa y poderosa que se sentía en sus manos. Ella lo cubrió cuidadosamente, preguntándose al mismo tiempo cómo se sentiría tenerlo dentro de ella sin condón. —Pronto con sorpresa.

dijo Dylan sobre su cabeza doblada, haciendo que Bree lo mirara

—Sé lo que estás pensando, nena, y la respuesta es pronto. Oh. Oh. ¿Sabía lo que estaba pensando o porque lo diría? Ella comenzaba a pensar en campanas de boda y bebés, de eso se trataba ¿él lo sabía? La posibilidad de que Dylan supiera la dirección de sus pensamientos la hacían pensar de una manera aún más confusa pero de felicidad. Cuando terminó de ponérselo, ella le dio a Dylan una mirada de interrogación. Él sonrió, respondiendo simplemente. —Tómame. Ella se burló. —Puedes hacerlo semental.

dijo con calma—. Sólo móntame como si fuera un

Bree se burló aún más. —Realmente te gusta pensar en ti mismo como un semental, ¿verdad? —Estoy tan bien dotado como cualquiera de ellos que no veo nada malo en eso.


Sus palabras la tenían mojada, lo suficiente como para casi enviarla a un clímax. Esa arrogancia suya era otra de sus debilidades, y Bree tenía la sensación de que siempre estaría vulnerable. —Estoy esperando, nena Dylan apenas si había terminado de hablar cuando Bree estaba sentada a horcajadas, con la mano en su hombro mientras lentamente se ensartaba en su polla. —Sí —Él hablaba con los dientes apretados. Era tan jodidamente bueno que casi se liberó de sus ataduras en su necesidad de sostenerla, pero Dylan logró mantenerse bajo control. Quería que ella saciara su dominación, quería que ella sintiera cómo sería si ella no estuviera al mando en la cama. —Ooooooooh... —La sensación de tenerlo dentro de ella era tan diferente ahora, mucho más lento y crudo, hizo que Bree se preguntara cual sería posibilidad de sobrevivir a más de esto con frecuencia. La mataría, ¡en verdad lo haría! Ella comenzó a montarlo, al principio torpemente pero con ganas y luego con más determinación. Dylan hizo todo lo posible para guiarla mientras levantaba sus caderas para encontrarse con sus embestidas hacia abajo. En breve, ella se aferraba a sus hombros con fuerza, colapsando contra él con abandono total echando la cabeza hacia atrás de placer, su cabello volando libremente detrás de ella. —¡DYLAN! —gritó su nombre. Tan cerca, tan cerca, pensó con un gemido. Pero ella no podía tenerlo... ¿cómo iba a tenerlo? —¿Qué pasa, nena? —le preguntó en broma con una voz un poco ronca, sabía lo que ella necesitaba, pero quería escucharlo. Ella se ruborizó. —Dylan… —Vamos, nena. —¡Quiero! Quiero que me tomes sollozó ella—. Quiero que tomes el control sobre mí terminó con un grito mientras él se liberaba de sus ataduras. En instantes, ella estaba de espaldas, con las piernas al aire, y su polla deslizándose dentro de ella como si allí perteneciera. —¡DYLAN! gritaba cuando él comenzó a embestir dentro de ella, con más fuerza, con más pasión y sin control. Era tan difícil respirar ahora, con tanto placer que lidiar, pero no le importó. Todo lo que quería era el placer que só lo Dylan podía darle... pero no lo era. Ella lo miraba con el deseo frustrado. ¿Por qué no se lo daba? ¿Por qué? —Dylan, por favor

le rogó, golpeando su espalda—. Lo necesito...


—¿Qué necesitas?

exigió.

—¡A ti! —¿Y a quién quieres? —Siempre, siempre a ti —gritó, envolviendo sus piernas alrededor de su cintura, deseando que Dylan enterrara su polla tan profundamente hasta que llegara a su vientre. Sus palabras hicieron temblar el grande y poderoso cuerpo de Dylan. Tentado para llevarlos a ambos al límite, pero él detuvo su deseo, sabiendo que aún no era el momento. Sosteniendo su rostro para evitar que se moviera, Dylan le preguntó. —¿A quién amas? Sus ojos se humedecieron con lágrimas de amor y frustración. —A ti. Te he amado durante tanto tiempo que ahora que estás aquí, yo… No la dejó terminar. Él simplemente la folló duro como ambos querían, la folló hasta la incoherencia e incapaz de atarse aún más a sus increíbles, dulces palabras. Ella se vino con una sola embestida, y su semen y el suyo se mezclaban dentro del cuerpo de Bree, haciéndola sollozar con cada embestida intensificando el placer de su unión. Te amo, te amo mucho, te amo, te amo, te amo. Ella quería repetir las palabras una y otra vez, pero sabía que eso aterrorizaría a Dylan. La necesidad de guardar sus palabras le dolían, aunque sabía que Dylan pensaba que era lo mejor para ambos. Dylan poco a poco notó que su pecho desnudo estaba mojado con sus lágrimas silenciosas, y mientras pasaba una mano por la espalda de Bree, sintió que se esforzaba por mantener sus lágrimas a raya. Mierda. Su corazón se encogió ante la calidez de las lágrimas de Bree. —Lo siento, nena susurró, avergonzado de su manera de evitar lastimarla y su incapacidad para dejar de hacerlo. Ella lloró con más fuerza. —Lo sé

Era muy difícil hablar.

Dylan dijo con dificultad—: Te amo. Ella cerró los ojos, el arrepentimiento en su voz hizo que le doliera más. —Lo sé. —Pero también sabía que el amor podría no ser suficiente para mantenerlos


juntos. Simplemente habĂ­a tantas heridas en su corazĂłn que podrĂ­an tardar en sanar.


Capítulo 8 Traducido por MewHiine Corregido por tamis11

Bree se despertó con el corazón en la garganta, preguntándose si sería otro día que ella necesitaría olvidar. Pero cuando se giró hacia su lado, el miedo en su pecho se suavizó y el alivió en su garganta comenzó a trabajar cuando vio la forma desnuda de Dylan yaciendo junto a ella. Su rostro estaba tranquilo en su sueño, y sintió la tentación de tocarlo. Pero no, no quería despertarlo. Te amo, ella articuló en silencio, sabiendo que a él no le gustaría oírlo. Dylan querría sentir las palabras en su lugar. Ella salió de puntillas de la habitación, con ganas de sorprender a Dylan con el desayuno en la cama. En cuestión de minutos, tenía víveres siendo entregados en su suite y estaba trabajando en unos panqueques y tortillas. Después de asegurarse de su café estaba listo, puso todo el desayuno en una bandeja y se dirigió de nuevo a la habitación. Pero la cama estaba vacía cuando regresó y Bree bajó la bandeja sobre la mesa de cristal junto a las ventanas. La puerta de la ducha se abrió y Dylan salió, viéndose pasmosamente hermoso y todo sexy detenedor de corazones con todo su cuerpo desnudo a excepción de una pequeña toalla envuelta alrededor de sus caderas. —Cariño, tengo que irme. El resto de la banda está aquí para una sesión de grabación urgente y nuestro publicista también pensó que deberíamos tener una reunión de fans después. Ella hizo todo lo posible para sonreír cuando avanzó lentamente hacia la izquierda, tratando de ocultar la bandeja con el desayuno a sus espaldas. —Eso está bien. ¿Puedo ir contigo? Algo en la voz de Bree estaba apagado, pero antes de poder comentarlo por fin se dio cuenta del dulce aroma de café y panqueques en el aire. Con el ce ño fruncido, se trasladó a un lado y vio la bandeja del desayuno que Bree estaba tratando de ocultar.


Era exactamente igual a lo que su madre solía preparar para su padre, y más tarde, lo que su padre solía prepararse para... ellos. Justo así, todos los hermosos recuerdos que él y Bree habían hecho la noche anterior fueron eliminados al instante. —Gracias, querido. —La sonrisa en el rostro de su madre era bonita. Si ella estaba sonriendo era porque estaba feliz de que Dylan y su padre hubieran preparado el desayuno para ella y el desconocido desnudo durmiendo en su cama. Sólo podía mirar a su madre, incapaz de hablar. Su padre lo abofeteó en la cabeza por detrás, lo suficiente para que él gritara. — ¡Responder a tu madre, chico! Con lágrimas asfixiando su voz, Dylan dijo—: D-de nada, m-mamá. La sonrisa de su madre se convirtió benigna. —Eres un niño tan dulce —le arrulló. Y entonces la sonrisa desapareció, y Dylan sabía que se había olvidado por completo de él. Se volvió hacia el hombre que estaba junto a ella. —Luis, despierta, tenemos el desayuno en la cama. —Cállate. Estoy durmiendo. —El hombre la golpeó con fuerza en la cara, lo suficientemente fuerte como para sacarla de la cama. Dylan quería pegarle al extranjero, pero no lo hizo porque sabía que su madre no le gustaría que lo hiciera. No atacó al otro hombre, porque a su padre no le gustaría que lo hiciera. Miró a su padre, quien le sonrió con aprobación. Así es, hijo, la expresión de su padre dijo. Eso es lo que amas. Cuando Dylan regresó del pasado, él sólo sabía que nunca iba a funcionar entre él y Bree si él se permitía ser completamente vulnerable con ella. —¿Dylan? La miró, su pecho duramente apretado ante la ansiedad en sus ojos algo que ella estaba tratando de ocultar con una sonrisa demasiado brillante. —Nunca antes te he visto grabando una canción —dijo—. ¿Te importa si...? —No. Bree parpadeó ante el repentino corte, haciéndola espetar—: ¿Por qué no? Levantó una ceja, haciéndola sentir como si estuviera loca por preguntar en primer lugar.


¿Lo era ella? Se sintió en el espacio de un segundo, el Dylan que había pasado la noche anterior siendo sustituido por un idiota sin corazón. ¿Era este otro de sus problemas haciendo acto de aparición? ¿O era una nueva faceta del síndrome imbécil estrella de rock que estaba viendo por primera vez? —Realmente me gustaría ir —dijo finalmente, tratando de no sonar quejosa o exigente. —Yo realmente preferiría que no lo hicieras. Por su tono frío, parecía que ella había fallado totalmente. —¿Puedes decirme por qué no quieres...? —¿Puedes decirme tú porque de repente quieres venir conmigo? Te he invitado muchas veces en el pasado, pero nunca dijiste que si. —Pero eso es porque yo no era tu novia entonces —respondió ella con sinceridad. Era todo un reto mantener la voz firme y libre del dolor que estaba sintiendo, pero lo consiguió. Él estaba jodido. Él lo arreglará pronto. Yo lo amo. Él me ama. Esto funcionará. Bree podría conseguir un centenar más de excusas, pero todas ellas quedaron sin sentido con las siguientes palabras de Dylan. —Si quieres venir conmigo hoy, asegúrate de no hacer que parezca como si yo ciertamente estuviera amarrado con el fin de mitigar tus inseguridades... —¿Es eso realmente lo que piensas? —gritó ella. ¿Estaba diciendo eso después de todos estos años de amarlo, él realmente pensaba que no era diferente de una groupie descerebrada que sólo se preocupaba del hecho de que él era una estrella de rock? Dylan simplemente se encogió de hombros antes de darle la espalda y comenzar a vestirse. El silencio fue condenatorio, la tensión aumentaba con cada segundo que pasaba sin que ninguno de ellos dijera una palabra. Esto ha sido por el bien de nuestra relación, Dylan se dijo mientras tomaba una de sus chaquetas del armario y se la ponía. Armándose de valor, se volvió hacia Bree y la mirada de dolor en su rostro le hizo sentirse la defensiva. Ella comenzó a llorar, también, lo que le recordaba la forma en que lloró cuando él era joven, la forma en que su padre lloraba por lo que estaba pasando y la forma en que su madre nunca lloraba.


—¿Esta es la forma en que va a ser todo el tiempo? —Dylan se oyó gritar. Era como si alguien se hubiera hecho cargo de él, y estuviera empeñado en destruir el amor de Bree antes de que el amor de él la destruyese a ella. —¿Si las cosas no van a tu manera vas a utilizar tus lágrimas en mi contra? Las palabras la tuvieron respirando con dificultad, tratando de contener las lágrimas de caer. —¡No es así! —¡Por el amor de Dios! Si realmente tienes tantas ganas de ir y estar detrás de mi culo... Ella estaba tan enojada y cabreada que ya no podía soportar ver a Dylan. Secándose las lágrimas, Bree dijo rotundamente—: Si vas a ponerlo así, entonces gracias pero no, gracias. —Haz lo que quieras. La puerta se cerró detrás de él. **** Al caer la noche, Bree se había calmado, así como llegado a un centenar más de excusas para explicar el por qué Dylan había sido un idiota esta mañana. Técnicamente, era su primera mañana de después o por lo menos la primera que habían compartido juntos y podría haberlo ahuyentado, Bree razonó para sí misma. Sólo tenía que darle más tiempo y pronto, él se daría cuenta de que apartarla nunca resolvería las cosas. Pidiéndole el favor de Saffi, Bree ya sabía que habían terminado con su sesión de grabación del día y toda la banda ya estaba en un complejo cercano, donde se celebraba la reunión para fans. El aparcamiento estaba lleno, y Bree tuvo que estacionar en doble fila a una cuadra antes de dirigirse a la puerta de atrás. Mostró su identificación como un empleado oficial de Minuit Rouge que Dylan le había dado a Bree en su decimoquinto cumpleaños y reemplazado cada año. En el interior, era puro caos, lo que Bree había esperado. La reunión con los fans se había convertido en una fiesta improvisada, con todo el mundo calentando la pista de baile. El lugar era toda la luz de oro y sombras oscuras, con rayos de luz procedentes de luces incandescentes que rebotaban en las paredes y el suelo. La música consistía en toda la discografía de la banda desde su debut, y sonaba tan fuerte en los altavoces que Bree sabía que era imposible gritar el nombre de


Dylan o cualquiera de los otros miembros de la banda con la esperanza de encontrarlos. En su camiseta, jeans y zapatillas de deporte, Bree no estaba mal vestida pero se veía patética en comparación con la mayoría de las demás mujeres que la rodeaban. Saber que Dylan le encantaba estar en el centro de atención, ella simplemente se dirigió a la parte delantera y al centro. Más pronto o más tarde, ella estaba segura de que lo vería... Y así lo hizo. Sólo que él estaba con ella de nuevo. Estaban bailando. Sólo estaban bailando. Ella sabía que eso era lo que los demás dirían, que otros pensarían que estaba exagerando. Pero en ese momento, a Bree ya no le importaba. Se dio por vencida. Ella simplemente... se rindió. No podía seguir con esto. **** Una maldición sorprendida salió de los labios de Dylan cuando de repente alguien lo arrastró fuera del agarre de Henrietta. —¿Qué demonios, hombre? ¿Qué...? Su voz se desvaneció cuando vio la cara de Andre. —¿Qué es? —Dylan hizo su mejor esfuerzo para no entrar en pánico, hizo lo posible por no perder el conocimiento incluso cuando se encontró con el peor tipo de miedo agarrándolo, amenazando con ahogar la vida fuera de él. —Es Bree... No tuvo que esperar para el resto. —¡BREE! —gritó su nombre una y otra vez mientras trataba de buscarla, abriéndose paso entre la multitud de mujeres que hicieron todo lo posible por acudir a él con cada paso. —¡BREE! ¡BREE! —Su mirada escaneó las salidas rápidamente, desesperadamente, y justo cuando estaba a punto de perder la esperanza, vio su figura desaparece en una de las pequeña salidas.


Oyó golpes de pasos detrás de ella y Bree sabía que era él. Haciendo caso omiso de la mirada sorprendida en el rostro del guardia de seguridad, ella sólo salió corriendo, sin detenerse siquiera para recoger su bolso cuando accidentalmente lo dejó caer en el suelo. —Bree, ¡espera! Corrió más rápido al escuchar su voz. Realmente era él. La mano le temblaba tanto que las llaves del coche cayeron al suelo, deslizándose de sus tensos dedos. —¡Mierda! Cuando se agachó, él también estaba allí, en cuclillas frente a ella. —¡NO! —Bree estaba tan asustada de que él pudiera llegar a ella no quería ninguna parte de su cuerpo tocándola que cayó sobre su trasero en su prisa por alejarse de él. El shock estaba escrito claramente en todo el rostro de él mientras registraba su aversión a su toque. Una risa amarga escapó de Bree. ¿Tenía el descaro de aparecer sorprendido de que ella no quisiera que él la tocara después de lo que había visto? ¿Después de todo? —¿Bree? —Ella negó con la cabeza. La repugnancia en el rostro de Bree le dio ganas de gritar de dolor. Esto no puede estar pasando, esto no podía ser Bree no queriéndole. —Me doy por vencida. Su voz fue tan baja y raída que Dylan a casi pensó que se había imaginado las palabras. Pero el aspecto derrotado en su cara le dijo que él había oído bien, que Bree realmente había dicho que ella se había rendido con él. Eso hizo a Dylan divagar. —Bree, déjame explicarte —Esto no puede estar pasando. Simplemente no podía. Ella sacudió la cabeza, pareciendo que cada movimiento le causó dolor. —Nena, vamos. Soy yo, Dylan —Su voz tembló—. Te amo... —No —su voz estaba llena de tanto dolor que le calló, ahogándolo en vergüenza con el conocimiento de que él la había herido de nuevo. —No puedes decir eso y luego... —Ella se atragantó—. Tú no puedes decir eso y seguir haciéndome daño... lo sé... sé que tienes esa retorcida razón para hacer lo que haces, pero Dios, Dylan, simplemente no puedo... me doy por vencida. Voy a morir, vas a matarme más y más cada vez que recuerdes algo de tu pasado y te


haga correr lejos de mí, hacer que me empujes lejos mientras corres al lado de Henrietta. Bree dejó de hablar, tenía que luchar sólo por la capacidad de respirar, el dolor de ver a Henrietta bajando sobre Dylan la hacían querer olvidar de que algu na vez se había enamorado de una estrella de rock que todo el mundo amaba. Quería llorar tanto, pero no lo hizo. Porque tal vez él tenía razón, ella no podía esperar de él recogiera sus pedazos cada vez que lloraba. —Bree, por favor... Mirándolo con ojos ciegos, se ahogó. —Sé que tienes miedo de que el pasado vuelva a ocurrir, pero me hubiera gustado que hubieras intentado creer en nosotros, aunque sólo hubiera sido una vez.


Capítulo 9 Traducido por Aleja E Corregido por tamis11

Ariadna y Andre estaban a su costado, mientras Dylan miró hacia abajo, a las tumbas de sus padres y se preguntó si él también estaba destinado a irse al infierno porque no podía sentir nada acerca de sus muertes. Ariadne se movió primero, inclinándose para poner cuidadosamente un ramo de rosas junto al nombre grabado de su madre. Había pasado un mes desde que Bree lo había dejado, un mes frío y de oscura soledad en el que había vivido día a día en una neblina de alcohol, hasta que sus primos le habían forzado a visitar las tumbas de sus padres por su aniversario de muerte. —Ellos no me importan una mierda —le había gritado a los dos cuando le dijeron lo que planeaban. Los imbéciles inteligentes ya lo habían metido dentro del coche de Andre antes de revelar su destino. —Tienes que obtener un control sobre ti mismo si quieres que Bree regrese… —¡No la necesito! Dijo que me amaba, pero ni siquiera llegue a perder mi mente como mis padres de mierda y ella ya me había dejado. —¿Hablas en serio? —Ariadne casi saltó del asiento del pasajero frente a Dylan mientras lo miró con incredulidad—. ¿Por qué no iba a dejarte después de todas las cosas jodidas que hiciste, la forma en que seguías haciendo que te vea con Henrietta. —¡NO significaba nada y ella lo sabía! ¡Ella sabía qué tipo de persona era! Nunca he mentido. —¡CALLATE! —gritó Ariadne de nuevo—. ¡El hecho de que ella te amaba, solo porque te conocía, simplemente porque no te pidió que cambies, no significaba que no tenías que hacerlo! Ella estaba a punto de llorar después de hablar, después de haber recordado la última vez que había visto a Bree. Fue sólo un día después de esa noche desastrosa de la fiesta de admiradores y Ariadna nunca había visto a alguien tan roto en su vida.


—Andre y yo estuvimos allí cuando nuestros padres se enteraron de lo que habías pasado. Nos sentimos tan culpables por no saber lo que estaba pasando que sólo... sólo queríamos que hicieras lo que pensabas que era la mejor manera de dejarlo atrás. Ariadne miró a Dylan suplicante. —Pero nunca lo pusiste detrás de ti, Dyl. Mantienes dejando a su enfermedad y sus consecuencias dando forma a tu vida y a las decisiones que tomes. Sigues tratando de cubrir tus apuestas, pero aquí está la verdad, Dyl. No hay manera de saber con certeza el futuro. Todo lo que puedes hacer es, hacer lo mejor cada momento, y para ti, eso significa amar a Bree de la mejor manera que puedas. El rostro de Dylan estaba blanco por el dolor, pero podía ver que llego a través de él, que después de todos estos años finalmente consiguieron llegar a través de él. Ariadne quería ser feliz por eso pero no podía, a sabiendas de que todo esto se produjo a expensas de la angustia de Bree. —Trata, por favor, por favor, por favor, trata de recordar cómo el tío y la tía eran antes de su enfermedad. Trata de recordar lo felices que eran y lo feliz que estabas con ellos... Dylan cayó de rodillas lentamente. No sabía cuándo comenzó a llorar. Sólo sabía que lo estaba haciendo. Era como si una sombra pesada había sido arrancada de su mundo y el cielo era azul de nuevo. Se acordó de los días felices de los que Ariadne habló de y que los que él se había obligado a olvidar porque los últimos años con sus padres se hicieron cada vez más insoportables y dolorosos. Su padre nunca se quejaba de las horas que su madre pasaba mirando por las ventanas de las tiendas, sólo para volver a la primera tienda que visitaron y comprar un solo artículo para el viaje del día…. Su madre hacia todo lo posible para leer los artículos de negocios ocasionales de su padre a pesar de que todo el mundo sabía que ella odiaba la lectura y que lo más que había leído eran recetas de la cena... Ariadne envolvió sus brazos alrededor de él y él le devolvió el abrazo , las lágrimas seguían cayendo. Por último, al final pudo amar a sus padres otra vez, algo que nunca pensó que iba a experimentar y probablemente no lo habría hecho si no fuera por... Bree. Su Bree. ****


La no oficial "fiesta de bienvenida" para los estudiantes de primer año de la Universidad Christopoulos fue un gran éxito, aunque sólo sea por el hecho de que no había suficiente espacio para respirar sin besar a alguien accidentalmente. Bree miró su reloj. Cinco minutos más, se dijo. Como parte de su plan de “Superarlo” Bree se había empujado a sí misma como la Srta. Sociable e iba a serlo, incluso si tenía que dibujar una sonrisa en sus labios con un marcador permanente. Un hombre con el torso desnudo en un par de pantalones cortos apareció de repente a su lado. —¿Quieres otra copa? Ella sacudió la cabeza con una sonrisa, iba a sonreír hasta que esta noche se acabe, maldita sea, y no le importaría, no iba a dejar que le importara si la mayoría de los chicos estaban tratando de hablar con sus tetas en lugar de ella. —¿Cuál es tu curso? —Psicología. ¿Y tú? —Marketing. Después de eso, hubo silencio. Ella era tan mala en tener una pequeña charla, pensó con una mueca de dolor interior. Pero, ¿qué otra cosa podía decir? Si hubiera sido Dylan, ella no tendría… No. Recuerda el plan de” Superarlo”, se dijo, y enderezó los hombros, volviéndose para mirar al chico Marketing que tenía una sonrisa coqueta en ese momento. —¿Quieres bailar? Podría apestar en tener una pequeña charla, pero bailar era algo que sabía hacer totalmente. **** Se quedó en el interior de su coche, tratando de detectar a Bree en la multitud de estudiantes universitarios que llenaban las costas de la playa privada de la Universidad Christopoulos. Sabía que una vez que se bajara del coche, sólo se ría cuestión de tiempo antes de que uno de los estudiantes se diera cuenta de quién era y la gente estaría sobre él. Con suerte, en ese momento ya habría logrado ver a Bree y tener la oportunidad de hablar en la habitación en privado. Tardó quince minutos más, antes de verla finalmente dónde estaba, y Dylan saco el aliento con dureza. No era de extrañar que se había demorado en buscarla,


ya que Bree estaba bailando con otro hombre, con la cabeza en su hombro, y su bello rostro apartado de él. Iba vestida con un bikini de lunares bastante cutre y lo único que quería hacer era cubrirla con una manta, lanzarla por encima del hombro, y llevarla lejos de esta multitud de testosterona impulsada. —¿La encontraste ya? —Bob, el jefe del equipo de seguridad de Staffan Aehrenthal, el cual la estrella de rock le había "cortésmente" insistido a Dylan para que lo utilicen cuando le dijo a la pareja poderosa de la música sobre sus intenciones. Staffan tenía un aspecto claramente divertido en su rostro después de escuchar las palabras de Dylan. —¿Por casualidad estás tratándonos como a los padres de la novia y estás pidiendo nuestro permiso para cortejar a Bree antes de ofrecerle matrimonio? Dylan había respondido con calma—: Si ella me acepta de nuevo, voy a querer casarme con ella. Staffan miró a su esposa. —Todo depende de ella. Cuando había mirado a Saffi, se había sorprendido al ver la expresión de tristeza en el rostro de la mujer. Era la primera vez que había visto a la esposa de la famosa estrella de rock con una expresión que no era alegría —¿Puedes prometer no hacerle daño de nuevo, Dylan? —le había preguntado en voz baja, con los ojos azules muy parecidos a los de él, pero en vez de oscuridad, los de ella eran brillantes. Su inocencia era más que desalentadora, y podía sentir el peso de ella mientras lo continuaba mirando en silencio, esperando. —No puedo prometer eso, pero puedo prometer que la amaré mejor, la quiero para siempre, y si alguna vez la lastimo, no va a ser intencional porque hacerle daño siempre me va a doler más. Sudor frío había llegado a Dylan mientras Saffi Aehrenthal todavía no hablaba. Y a continuación, Staffan dijo secamente—: Deja de actuar, H. La risita de Saffi lo había sorprendido. —Bueno, sólo quería que se retuerza. Se lo merece después de todo lo que le hizo a mi amiga. **** En un momento estaba haciendo todo lo posible para perderse en la música, tratando de sentirse un poco más emocionada ya que estaba en los brazos de un


chico joven y guapo y luego el siguiente, alguien estaba golpeando la espalda de su pareja, una voz, familiar diciendo—: ¿Te importa si tomo mi turno con la señorita? Oh, Dios mío. Se apartó rápidamente, su rostro volviéndose pálido cuando vio que se trataba efectivamente de Dylan Charbonneau, vestido con una sudadera con capucha, pantalones vaqueros y gafas oscuras que ocultaban sus famosos ojos azules. El Síndrome clásico de disfraz de estrella de rock, fue su siguiente pensamiento y casi sonrió a causa de ello. Era tan desilusionador cuando las estrellas de rock trataban de disfrazarse. ¿De verdad pensaban que algo como eso podría engañar a la gente durante mucho tiempo? Había pasado un mes desde la última vez lo había visto, y con él, cubierto de la cabeza a los pies y ella en un bikini escaso, Bree no pudo evitar sentirse como una puta. Al mirarlo era como tener a todas sus heridas apenas cicatrizadas, abiertas por segunda vez. Si tan sólo pudiera alejarse, ella lo habría hecho. No necesitaba el pasado atormentándola de nuevo. No necesitaba esto. Ella no lo necesitaba. —Hola. —Dylan sintió que era su papel hablar primero. Bree se veía espectacular, tanto que se asustó al darse cuenta de que había pasado mucho tiempo desde la última vez que apreciaba plenamente lo hermosa que era. Su largo cabello oscuro y sedoso, con sus rizos naturales, la forma en que sus largas pestañas oscuras enmarcaban sus ojos color chocolate, y cómo su rostro era como el sol cuando sus labios color de rosa se curvaban en una sonrisa. Pero ella no sonreía. Ella le frunció el ceño con tristeza, como si fuera una plaga en su día. No podía culparla por eso. —Dylan, este es Evan —Miró al otro tipo como disculpándose—. Evan, este es Dylan. ¿Realmente pensaba que no sería capaz de ver a través de ella? Ella estaba omitiendo deliberadamente títulos, alejándose aún más de sí. Mirando al chico más joven, dijo enfáticamente—: Su ex.


Evan sonrió, mirándolo fijamente a los ojos mientras repetía de manera significativa—: Ex. El bastardo conseguiría su culo pateado si miraba a Dylan así una vez más. Queriendo calmar la situación a pesar de que estaba segura de que tenía más que ver con los egos masculinos al necesitar un concurso de meadas para demostrar su hombría que por ella, Bree le dijo a Evan—: Creo que voy a necesitar esa copa después de todo. —Y para que no empezara a protestar, ella rápidamente lo besó en la mejilla. Evan sonrió, sus ojos mirando hacia Dylan con triunfo antes de mirar a Bree. —Claro, nena. Vuelvo rápido. Bree evitó cuidadosamente la mirada de Dylan después de eso, diciendo en una voz amable—: Fue un placer verte, pero…. —Vamos a bailar —dijo con gravedad, sin darle a Bree la oportunidad de explicarse. Su cuerpo estaba duro y tenso cuando él la atrajo hacia él. Consideró brevemente luchar pero sabía que no sería la mejor manera de hacerse conocer en su futura escuela. Y así se quedó tiesa en sus brazos. —Te echo de menos. —Ya basta —dijo con cansancio—. Se acabó —No voy a dejar que se acabe hasta que te mostraré que he cambiado —le dijo de vuelta, apretando los brazos alrededor de los suyos—.Quiero decir que esta vez, Bree. He cambiado. He... —Él succiono su respiración—. Estoy dispuesto a creer en nosotros. Sus ojos permanecieron secos, incluso mientras su corazón gritaba ante las inesperadas palabras. —No necesito oír esas cosas nunca más —susurró. —Si no las quieres escuchar, y déjeme mostrártelas. —Mientras ellos se dieron la vuelta, con ganas de poner más distancia entre ellos y el resto de la multitud, la suave brisa marina echó su capucha hacia atrás, revelando su rostro. —¡ES DYLAN DE MINUIT ROUGE! Ambos se tensaron ante el grito. Un segundo más tarde, un grupo de locas estudiantes de primer año subió hacia ellos. El viejo Dylan le hubiera encantado esto, habría llamado a seguridad para cuidar de ella mientras él se encargaba de sus fans. Después de todo, él era la estrella de rock que no pertenecía a ninguna chica y algo que siempre había querido así.


Pero no sucedió así. Él le apretó la cara con fuerza contra su pecho, manteniendo la seguridad en el círculo de sus brazos. —Denme espacio —dijo con fría cortesía, el tono gélido eficaz para penetrar la histeria en torno a ellos. —Ella no es una parte de esto. No quiero que salga herida. —¿Es ella tu novia? —gritó una fan —Quiero, necesito que lo sea. —Habló sin dudarlo, sorprendiendo a Bree. Ellos continuaron moviéndose, Bree ciegamente siguiendo su ejemplo, porque en situaciones como esta, era la única manera de sobrevivir. En el momento en que ella se separara de Dylan, sería un baño de sangre, para ella. Después de lo que pareció una eternidad, sintió como se metían dentro de un coche y fue capaz de abrir los ojos, mientras el coche se movía, Dylan estaba sentado a su lado y Bob, el hombre de Staffan, la saludaba desde el asiento del acompañante con una sonrisa alegre. —¿Bob? —preguntó ella con voz aturdida. ¿Qué estaba sucediendo? —El jefe estaba preocupado que algo como esto sucediera. Y así sucedió — respondió el hombre—. El jefe siempre tiene la razón. Dylan puso los ojos. Ella casi se rió. Pero cuando se miraron uno al otro, su diversión murió y ella rápidamente miró hacia otro lado. Sus dedos se cerraron en un puño. Hemos practicado antes, Bree. Podemos hacer esto. Podemos controlar el llanto… —Bree... Ella sacudió la cabeza bruscamente. No. Ellos no podían hablar ahora, no cuando aún no se había controlado totalmente, aún no estaba completamente segura de que no iba a llorar si lo miraba de nuevo. Un tiempo inconmensurable después, sintió al coche frenar y oyó el abrir de las puertas. Bree todavía tenía la cabeza gacha, mirando sus dedos apretados. No podía estar segura de que no iba a llorar si lo miraba a la cara. Pero Dylan no hablaba ni una palabra mientras la tomó de la mano y la condujo fuera. Ella lo siguió en silencio, sin importarle a dónde iban. Ella sólo se preocupaba por no llorar.


Dylan dijo con voz ronca—: Tienes que abrir los ojos en algún momento. Bree lo hizo, poco a poco, y cuando se dio cuenta de dónde estaban, bueno, ahí era cuando tenía que matarse en un esfuerzo por contener las lágrimas. Cayó de rodillas, su cuerpo temblaba. El dolor la hizo jadear sus palabras. —¿Por qué me haces esto? —¿Por qué la trajo a su antigua escuela, a la misma sala donde se conocieron? Se dejó caer de rodillas delante de ella. —Por favor. Lo siento. No tienes que dejar de llorar. Las palabras de Dylan fueron como martillazos pesados en su cerebro. —¿Está es la forma en que va a ser todo el tiempo? ¿Las cosas no van como quieres y utilizas tus lágrimas en mi contra? Otro grito fue arrancado de ella mientras Bree sacudía la cabeza más salvajemente. ¡No, no, ella nunca iba a llorar de nuevo! ¡Nunca! No cuando… Incapaz de soportarlo más, Dylan tiró de ella hacia sus brazos. —Bree, por favor, por favor, perdóname por ser un idiota de mierda. —Ella se retorcía y luchaba en su abrazo, pero él sólo la abrazó con más fuerza. Las lágrimas golpearon sus ojos y las dejó caer, sin importarle. —Bree, por favor... —Llevó la mano a su cara, dejándola sentir la humedad en su piel. ¿Él estaba... llorando? Ella se alejó lentamente y esta vez él se lo permitió, sin apartar la mirada cuando su mirada buscó la de él. —P... ¿por qué? —Se ahogó. —Por ser un hijo de puta que te mantiene llorando, por decir esas palabras, y más que nada por ser tan estúpido como para seguir empujando lejos a lo mejor que me ha pasado. Otra lágrima solitaria se formó en la esquina de su ojo, pero él no se inmutó en quitarla. Si ella no lo perdonaba ahora, sin importar que pensara que era gay simplemente por el amor, que así sea. —¿Recuerdas cuando nos conocimos? Realmente no creo que no pudieras ver nada en ese entonces. Pero nena, con el tiempo... sé que ahora... tú eres la única que veía con claridad. Debido a que al principio, creías que podíamos estar juntos y yo era el ciego.


Vio cómo sus labios temblaban, y él sabía que estaba demasiada herida y tenía miedo de llorar. —Pero te veo ahora, nena. Te veo con claridad, y creo en nosotros. —Él agarró su mano y apretó el beso más sincero a la palma—. Por favor, nena, por favor... — Se interrumpió así mismo, ya que la fuerza de sus emociones hacían que Dylan no pudiera hablar. —Cree en nosotros una vez más, cariño.


Capítulo 10 Traducido por MewHiine Corregido por tamis11

—No has respondido a tu teléfono otra vez, nena. —La voz de Dylan Charbonneau salió en un acento sexy, arrogante y frío, una clara señal de que estaba enojado y celoso como el infierno. La hizo sonreír al escuchar sus palabras. Clásico síndrome de estrella de rock, pensó, esta vez se trataba de una estrella de rock que odiaba no conseguir lo que quería. —Tenía clases —respondió ella con una voz suave—. Por supuesto que no podía responder a mi teléfono. —Diles que eres mi novia y te dejarán tomarlo —respondió con voz sedosa. Ella rodó los ojos. Claaaaaro... Reprimió un suspiro de frustración. ¿Cómo resultó ser así? ¿Una estrella de rock dejando caer insinuaciones descaradamente con la esperanza de que una muchacha de dieciocho años le diera el honor de llamarla su novia? —¿Vamos a quedar ésta noche? —Desafortunadamente no —dijo ella con verdadera tristeza—. Tengo una reunión en la biblioteca. Estoy de camino, en realidad. —¿Qué pasa si me dejo caer...? —¡No! Hizo una pausa. Ella dijo con aire de culpabilidad. —Lo siento, pero... creo que me gusta de esta manera mejor por ahora. Será difícil si la gente de aquí comienza a vernos juntos todo el tiempo... ¿Era difícil porque ella no creía en él? ¿No creía en ellos plenamente todavía? pensó Dylan con una sensación de pesadez en su corazón. — ¿Dylan?


Su voz vacilante le daba ganas de romper algo. Odiaba que ella ya no fuera la chica segura que había sido una vez a causa de sus errores del pasado. —Lo entiendo, cariño. Solo te extraño. ¿Me llamarás tan pronto llegues a casa? — Sí —dijo ella con alivio. — Te amo, nena. — Yo también te amo. Habían pasado sólo diez minutos, pero ella seguía pensando en su último intercambio, preguntándose si había sido injusta con Dylan. ¿No podía mantener la tapadera? Que era lo que él había hecho en el pasado y le había hecho un daño insoportable. ¿Era justo hacer lo mismo con él? Tenía que decidir si ella estaba dispuesta a confiar en él de nuevo y sí decidía que sí, entonces no podía hacerlo a medias tintas. Impulsivamente girándose, Bree fue en la otra dirección, lejos de la biblioteca y hacia el estacionamiento. Condujo tan rápido como pudo, llegando al hotel donde Minuit Rouge habitualmente pasaba la mitad del tiempo. Una agencia de modelos estaba teniendo su fiesta de aniversario, con la banda elegida para encabezar su programa. Ariadne acababa de salir del vestuario cuando Bree llegó a la zona del backstage. —Bree —exclamó con sorpresa y placer. —Hola —Intercambiaron abrazos cálidos. Ariadne llevaba unos pantalones cortos de mezclilla negro y plata con el vientre descubierto, haciendo que Bree se sintiera torpe y medieval en camisa y pantalones. Eso la hizo cuestionarse el gusto de Dylan, preguntarse qué en el mundo vio en ella. —¿Buscando a Dylan? —preguntó Ariadna astutamente. —No estoy tratando de pillarlo en algo ¿de acuerdo? Confío en él ahora. La prima de Dylan la miró con inocencia. —Te creo. Ella gimió. —¡Te lo juro! Con una carcajada, Ariadne curvó su brazo alrededor de Bree. —Vamos, sígueme y ver por ti misma el niño travieso que es Dylan. La otra chica se puso rígida ante sus palabras, pero Ariadne la ignoró, arrastrándola hacia el escenario.


De pie en el borde, ella movió un poco las cortinas para revelar el escenario, donde el resto de la banda estaba interactuando con decenas de modelos con poca ropa. Los ojos de Bree se agrandaron. Dylan seguía teniendo su propio encanto, pero él claramente estaba usando a Elías y a Andre como un amortiguador para mantener una distancia segura entre él y las chicas. Cuando eso ya no resultó ser eficaz, fue hacia el seguridad para formar una barrera a su alrededor. Era cómico, la forma en que era extremadamente cuidadoso de no dejar que ni un solo dedo lo tocase. Manos fuera, era el mensaje que Dylan Charbonneau estaba transmitiendo con cada movimiento, y era irónico, ya que una vez había sido la estrella de rock que todo el mundo consideraba de su propiedad. Manos fuera, pensó con un nudo en la garganta, porque Dylan Charbonneau quería que todo el mundo supiera que él le pertenecía a ella, Bree Wyle. Quería que supieran que a pesar de que ella había estado inconscientemente tratando de ocultar el hecho de que ella le pertenecía. —¿H-hace cuanto que él ha sido así? —preguntó ella, tragando saliva. —Desde que volvió a meterse en tus buenas gracias. Ella se echó a reír. Se sentía como si fuera la primera vez que realmente podía reír, realmente podía sonreír y creer que el mundo estaba bien. —Él... me ama de verdad, ¿no es así? —Bree susurró las palabras con asombro, sin poder creerlo todavía. Ariadne respondió en voz baja, con sentimiento—: Más de lo que probablemente vayamos a saber nunca. Ella sacudió la cabeza, aturdida. —No sé qué decir. —No estés tan agradecida, amor. No hay que olvidar el idiota que ha sido durante todos estos años, también. Los ojos de Bree brillaron. —Bueno, ahora que lo mencionas... —Una idea se le ocurrió—. Mírame destrozar su mundo. Ariadne se puso nerviosa al ver la expresión en el rostro de Bree. —Bree... Pero la joven ya se dirigía al escenario. Desde el banquillo, vio cómo Dylan se ponía rígido en estado de shock al ver a Bree.


Ariadna quedó sin aliento ante lo que siguió después. Todo el mundo se quedó sin aliento, con ella, también, ni un alma en la casa creyendo que una mujer tuviera la osadía de abofetear a Dylan y que él no estuviera haciendo nada al respecto. **** ¡MIERDA! Esto era un infierno. Este era el peor escenario para que Bree lo viera, y cuando vio el dolor en su mirada, estuvo paralizado de terror ante lo que podría pensar. Si ella lo dejaba debido a esto... Cachetada. Su rostro fue bruscamente hacia un lado con la fuerza de su golpe. Dylan se quedó atónito y luego desesperó cuando ella gritó—: ¡Me mentiste otra vez! Nunca te perdonaré por esto. ¡Nunca! La devastación en la cara de Dylan casi la hizo detenerse con la actuación, pero se las arregló para mantenerse de sucumbir. El shock había paralizado sus huesos pero se recuperó en el momento que se dio cuenta de que Bree estaba huyendo de nuevo y quizás esta vez ella nunca jamás volviera. —Déjame explicar, maldita sea, Bree para, ¡joder! —Él corrió tras ella, casi tirando una mujer fuera de su camino en un esfuerzo por alcanzar a Bree. ¡Él no iba jodidamente a perderla por esto! Él no iba a perderla de cualquier manera, no mientras él todavía estuviera malditamente vivo. Ella desapareció por la esquina y él la siguió, acelerando sus pasos. —¡Te tengo! Bree se arrojó en sus brazos. Una mirada a la mirada pícara en su rostro, al amor ardiente de sus ojos, y Dylan sacudió lentamente la cabeza. —Todo... ¿todo fue un maldito acto? Asustada de que él se enojara, ella le dio un beso en lugar de responder, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello. Dylan le devolvió el beso de inmediato, su lengua barriendo el interior, y sus manos fueron tan minuciosas como reconoció a sí mismo con las preciosas curvas que había extrañado tan condenadamente. Cuando levantó la cabeza, tomó aliento, en parte porque no había sido realmente capaz de respirar con el deslumbrante beso y también porque inicialmente había estado asustado de que Bree no lo perdonaría por su travesura.


Una vez más, él leyó su cara fácilmente y dijo en voz baja—: Puedes jugarme mil bromas y no va a importarme. No hará ninguna diferencia lo que hice por ti, lo que quiero hacer para compensarte, por lo mucho que jodidamente te amo… Con un sollozo, ella tiró de su cabeza hacia abajo para otro beso, llorando y riendo. —Te amo, cariño. Él se estremeció ante las palabras, sabiendo que era su manera de demostrar lo mucho que estaba tratando de confiar en él de nuevo totalmente. —Echo de menos hacer el amor contigo —susurró. —Entonces vamos —susurró ella, riendo. —Vamos arriba y consigamos una habitación. Ella tiró de él hacia ella, esta vez se enroscó a su alrededor por lo que su espalda golpeó la pared y aterrizó delante de él. —No, vamos a hacerlo aquí. Mirando hacia abajo en ella, Dylan pensó que era hora de hacerle una pequeña de sus propias bromas. Después de deliberadamente mirar a su alrededor el pasillo que conectaba el ala oeste del hotel hacia el este estaba vacío... ¿por ahora? con facilidad dijo—: Está bien. Los ojos de ella se abrieron. Sus manos fueron hasta su cinturón y lo desbrochó. — Espera —gritó ella. — ¿Qué estás esperando, nena? —No, espera... Él empezó a desabrocharse la camisa. —¡Dylan, espera! —El sonido familiar de chirrido de Bree de vergüenza al descubrir una camarera sorprendida en el otro extremo del pasillo tuvo a Dylan riendo. Compadeciéndose de ella, la levantó en sus brazos y ella escondió rápidamente la cara contra su pecho. Ella gimió suavemente cuando se dio cuenta de que se habían detenido frente a la zona de recepción y reservaba una habitación para ellos, y gimió otra vez cuando los clics de las cámaras de los teléfonos comenzaron. —Vamos a estar en la portada de mañana. Él la levantó hacia arriba, una orden sin voz para que Bree lo mirara.


Un atractiva, como para morirse sonrisa curvó sus labios cuando Dylan dijo—: Eso es exactamente lo que quiero, nena. Para mañana, quiero que cada maldito tipo de tu escuela sepa que eres mía. —Y sin apartar la mirada de ella, él anunció alegremente sobre sus hombros—. Vamos a tomar la suite del ático. Y si hay algunos paparazzi aquí... — Los hay. —Varios hombres y mujeres respondieron igual de alegres. —...bien, entonces vayan a pasar el rato. Yo voy a hacer el amor con mi hermosa novia durante toda la noche. Bree se lamentó en voz alta. —¡Dylan!

Fin


Marian tee, the rockstar i've love for so long  
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