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ignorancia cuidadosamente mantenida para conservar íntegra la delicadeza del espíritu femenino y de esa flor de castidad que el conocimiento y la sospecha misma del mal pueden llegar a marchitar. De todas formas el celibato no estaba permitido, nadie podía sustraerse del matrimonio sin ser criminal para con la religión y el estado, así el ateniense se prestaba al matrimonio sin prisa y de mala gana, como pagando una deuda.

Los griegos, que todo lo han querido ver y saber, mostrando la razón en lo imaginativo, el ingenio en lo sentimental y la reflexión en lo pasional lograron un equilibrio armonioso en la entidad humana, donde la vida cívica se inauguraba no con una declaración de derechos sino con una declaración de deberes, en una sociedad en que el ejemplo podía mucho y 19

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volumen-7 2013

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