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LOS PERROS DEL COLOQUIO

ANTOLOGÍA 2014


© De la presente edición: Los Perros del Coloquio. Queda prohibida la reproducción total o parcial de las obras incluidas, con objeto comercial, sin la autorización expresa de los propietarios de los derechos de autor. Diseño y maquetación: Rafael Heka

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Una necesidad Dice un refrán castellano que es de bien nacidos, ser agradecidos. Cómo no serlo en este segundo año de andadura con aquellos que lo habéis hecho posible. Empezando por ustedes, amables lectores, por los medios que nos han apoyado y difundido, continuando por las librerías que nos han abierto sus puertas y estanterías, y terminando por las instituciones, ayuntamientos, con particular mención para con la casa consistorial de nuestra ciudad natal que con su apoyo y receptividad acoge a bien las propuestas de estos locos soñadores: Gracias.

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Oh, hazme una máscara Descanso sin bajarme del caballo El calor destroza cuanto se ve Ante mí la Frontera Una voz me dice No cruces nunca esa Frontera Fumo un cigarro Sacudo mi uniforme de 35 campañas Indiferente como un caballero Que lo ha perdido todo y no espera ganar nada Cruzo el río.

José María Álvarez

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JORGE DAVID ALONSO CURIEL - VALLADOLID - 1975 Escritor, crítico cinematográfico, y literario. Autor del poemario Es mejor el sueño (2007); de la novela breve Las guerras han terminado (2011), del libro de relatos eróticos Tu mejor pecado (2011), y del conjunto de relatos cortos y microrrelatos Yo conocí a un hombre satisfecho (2012), publicados por Babel Books Inc. Fina-

lista del Premio Ateneo Joven de Valladolid de Poesía 2003 y ganador del Premio Tardis 2013 de novela interactiva, también ha participado con varios cuentos en los libros Mujeres (2011) y Yo a la crisis la guiso y me la como (2012), publicados por Babel Books Inc. En 2013 ha publicado en la misma editorial una edición del clásico de la literatura española El Lazarillo de Tormes, y el libro de cuentos infantiles Paisaje de risas. Actualmente prepara otro libro infantil, otro poemario, una novela, una colección de cuentos y la edición de otro clásico. E-mail: micrissolina@yahoo.es www.facebook.com/jorgedavid.alonsocuriel

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Del libro Yo conocí a un hombre satisfecho, colección de relatos y microrrelatos, Babel Books Inc., 2012. El vecino Ayer por la noche, después de cenar copiosamente, salí al balcón a contemplar el cielo estrellado del verano y a encenderme un puro. Unos minutos más tarde, el vecino de al lado salió también al balcón y, sin percatarse de mi presencia y con los brazos dirigidos al cielo, exclamó: —¡Oh, dios! Dame fuerzas para rectificar y hacer las cosas bien. Dame fuerzas para no seguir por este camino… Sé, dios poderoso, que no debo continuar pegándole, que esto se debe acabar, que ella no se lo merece, que mi mujer es lo mejor que tengo en esta vida. Pero no lo puedo remediar, tú ya lo sabes, dios mío… Cada vez que entro en casa y la veo y siento que estoy loco por ella, el corazón me da vuelcos, y no puedo contenerme y la pego, como un acto de amor; la amo tanto que la tengo que pegar… “¡Qué suerte que no seas tú así!”, me dijo después mi mujer, mientras nos abrazábamos en la cama.

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Del libro Tu mejor pecado, colección de relatos y poemas eróticos y amorosos, Babel Books Inc., 2011.

Intercambio El pasado martes tuve que ir al trabajo en autobús. La noche anterior el coche se reventó y me fui a la cama con un buen disgustazo. Iba de pie en el bus agarrado a la barra cuando una chica con gorra de béisbol y pelo largo y negro se puso a mi lado. Pude sentir su perfume exquisito y me giré y vi que se trataba de una preciosidad que no pasaría de los diecinueve. Dos minutos después, sorprendentemente, se puso frente a mí a pocos centímetros de mi cara, y me dijo: —Si me dejas que te robe tu cartera, te dejo que me toques un pecho un buen rato... No sé por qué lo hice. No lo sé. No sé qué pensé en ese momento pero mientras abría mi cazadora con mi mano izquierda, mi otra mano se posaba en su duro y voluminoso pecho. Entonces ella metió su manita y palpó el bolsillo de mi camisa y cogió la cartera con unos pocos billetes, y se la metió en su anorak. Unos minutos más tarde bajé la mano de su teta y de su pezón endurecido, y en ese momento la chica salió casi corriendo y se bajó en la parada. Os juro que tuve una erección brutal desde el primer instante que sentí aquella teta perfecta, y que no se me bajó hasta dos horas después que hice una pausa en la oficina y me masturbé como un loco encerrado en el servicio. Después me lavé la cara y volví a mi mesa. Y en ese momento pasó por mi lado la buenorra de Patricia con uno de sus modelitos ajustados que le hacen buen culo y se lo miré sin disimular. Ella se giró y me sonrió cómplice. —¿Te gusta, eh? —me dijo Jacinto, un compañero de una mesa vecina-. Pues que sepas que acaba de salir de una relación y que está solita y seguro que con mucha hambre.

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Esa misma tarde al salir de allí la invité a merendar. Hablamos largo rato y la convencí para que después se viniera a mi casa. Allí se tomó media botella de mi mejor whisky y se fumó todo mi tabaco. Pero al final no quiso hacer nada.

Inicio de la novela corta Las guerras han terminado, ed. Babel Books, 2011. Comienzo estas notas Sí, y las empiezo con la ilusión de que alguien que se encuentre con ellas entienda lo que me ha ocurrido. Porque ojalá alguien me comprenda, aunque no tengo ni la más mínima esperanza de que sea así. Yo perdí las ganas de vivir hace mucho, y hace mucho tiempo también la confianza en las personas. Yo ya sé que nadie entiende a nadie, y que nada tiene arreglo cuando ya ha sucedido pero, sin embargo, no sé, escribo estas páginas que quizá no tengan valor, es lo más seguro, pero que a mí espero ansioso que me desahoguen y me hagan sentir bien, aunque ya digo que lo dudo. Bueno, comenzaré a narrar los hechos y no daré más vueltas porque no se debe aburrir a nadie, y menos a quien tenga la intención y amabilidad de leer lo que estoy escribiendo. El golpe definitivo para cambiar mi vida ocurrió cuando mi mujer Berta, o mejor dicho mi exmujer, cayó en un mutismo del que nada le hacía salir y apenas se comunicaba conmigo. Había entrado en una especie de depresión severa, o eso fue lo que dijeron los siquiatras, debido a su

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tendencia genética a esa enfermedad y a que nuestro matrimonio era un sinsentido desde hacía mucho tiempo. No se trataba de si nos llevábamos bien o no, era más bien de que el tiempo de nuestra relación había concluido hacía bastante y ninguno de los dos dábamos el paso para separarnos. Y esto nos perjudicaba y nos amargaba hasta la insoportabilidad. Por ese motivo tomé la decisión de llevarla a vivir con su madre, y yo irme de esa casa y de todo lo que me rodeaba. Su madre era la persona que mejor la entendía, las dos fueron siempre uña y carne. Donde uno sobra, hay que irse cuanto antes, está claro. Del libro Es mejor el sueño, Editorial Ópera Prima, 2007. Enero En esta noche de enero, fría como ninguna, desde mi habitación, escucho en la calle los pasos firmes y sonoros de una mujer, de sus tacones inmensos, que se dirigen a su casa o se dispone a salir a tomar una copa. Quién sabe. Y el recuerdo me viene certero: Era como hace ocho o diez años. Vivía en otro barrio, en otra casa. Todas las mañanas me despertaban

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unos tacones que hacían retumbar toda la calle. Unos tacones que, a esas horas, irían al trabajo o saldrían de él. Esto ocurría seis días a la semana... El recuerdo me alegra el resto de la noche. Huido (De la obra inédita El rechazo de la manada) Dónde estarán aquella calma, aquella confianza, aquel estado de tranquilidad y lentitud con los que acompañaba todos mis actos y toda mi vida. Dónde estarán. Dónde, en qué rincón se escondió toda aquel saber estar, ese saber moverse, ese medir los tiempos y los terrenos, dónde se ocultaron el equilibrio y el saber hacer. Todo se perdió con los días, y no sé cómo ocurrió ni dónde se marcharon. Tampoco conozco ahora por dónde empezar a buscar.

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DIONI ARROYO MERINO - VALLADOLID - 1971 Licenciado en Antropología por la Facultad de Filosofía de la UNED y diplomado en Educación Social, trabaja como funcionario de carrera para la Admón. del Estado. Ha publicado Los ángeles caídos de la eternidad, novela negra y de suspense ambientada en Valladolid, y Metanoia, una intriga de ciencia ficción y aventuras. Ambos libros han sido los ganadores de la V Edición del PREMIO LITERARIO ÉRIDE EDICIONES. En el 2013 ha publicado su tercera obra, “El sabor de tu sangre”, novela gótica sobre vampirismo desarrollada en Valladolid, la cárcel de El Dueso y algunos escenarios históricos. En breve saldrá a la venta “Gótica y Erótica” en Éride Ediciones, y “El Buscón de Quevedo” en la editorial norteamericana Babel Books Inc. Se trata de una edición revisada y lingüísticamente actualizada del clásico español. Participa habitualmente para la revista “Otro mundo es posible.net” y ha apadrinado el Club de Animación a la Lectura del Centro Cívico Delicias. Su proyección internacional se ha iniciado con su participación oficialmente confirmada, en el GIBUNCO, GIBRALTAR INTERNACIONAL LITERARY FESTIVAL (Festival Internacional de Literatura de Gibraltar, Gibunco) que se celebrará en noviembre del 2014

E-mail: dimonportu@hotmail.com Blog: http://dioniarroyomerino.blogspot.com

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Fragmento de Los ángeles caídos de la eternidad. Ambientada en el Valladolid de los años ´80, relata la historia de un asesinato desde la visión de los asesinos. Estamos ante una novela negra de jóvenes, de amor y de muerte, con la necesaria carga erótica y la ambientación macabra y pasional. La protagonista, trabaja en una funeraria maquillando cadáveres, y página a página, nos desvelará sus misterios: (…) Al abrir los ojos, un extraño mutismo envolvía toda la sala, y no podría saber cuál era su procedencia, cuál el origen de aquel instantáneo resplandor. Comprendí que había sido producto de mi recalcitrante imaginación. Pero fue entonces, cuando me llegó aquel indescifrable mensaje a la mente. Simplemente, lo acepté sin saber de dónde provenía, sin preguntarlo, pero mentalmente, psíquicamente, se me comunicó que a partir de aquel día, aquella funeraria estaría ligada fatalmente a mi existencia. De repente acabó todo otra vez, me sequé el sudor del cuello y de la frente, y rebosé salud, fuerza y vitalidad, sin pensar en lo acaecido durante el breve espacio de tiempo que llevaba en ese lugar. Nos condujeron a otra sala que nos dejó estupefactos. El intenso perfume bañaba el ambiente, cubriendo toda la atmósfera de un maravilloso frescor, que psicológicamente, nos produjo a todos una sensación de amor y felicidad. Las fragancias se mezclaban con el aromático incienso, que invadió nuestros pulmones. La reacción fue inmediata, pues nos miramos unos a otros pensativos y silenciosos, pero comunicativos. (…)

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Fragmento de Metanoia. Dentro de quince años, el mundo vivirá inmerso en el peor de los escenarios posibles. La decadencia económica, social y la crisis de valores, mostrará una sociedad peligrosa e individualista. En este dantesco escenario, un funcionario de prisiones vivirá el mayor acontecimiento de su vida: una romántica historia de amor con una interna, y a partir de ese momento, la esperanza renacerá para el mundo. Paradojas temporales, sexo y aventuras, en una novela de suspense y ambientación futurista: (…) Por fin, después de varios segundos de difícil silencio, ella levantó los ojos bañados en lágrimas, intentando hablar entre sollozos, por lo que no me pude contener y me dirigí a ella, abrazándola, sintiéndome obligado a pedirle perdón, pero sin saber realmente por qué. Cuando se hubo tranquilizado, volví a mi silla, esperanzado en escuchar las respuestas que pensaba que me merecía.

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—Asur, voy a irme. Me alojo en un hostal, y será así hasta que se solucione mi asunto judicial, del que te aseguro que no tengo nada que ver. Cuando todo haya terminado volveré de nuevo a mi hogar, que está muy lejos de aquí y de ti. Siento que esto haya durado tan poco. No paraba de mirarme, y su determinación parecía tan firme que me hundió en la silla en la que me hallaba, por lo que volví suplicante a su lado pidiéndole que no se marchara. Volvimos a besarnos, y entre susurros y lamentaciones, me sorprendí a mí mismo diciéndole al oído: —No te vayas, Domnita, porque te creo y sé que puedo confiar en ti. (…) Fragmento de El sabor de tu sangre.

“El sabor de tu sangre”, recupera la auténtica esencia de las historias de vampiros: el intransigente poder del mal, las fuertes dosis de erotismo y la intriga más desbordante.

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La ingenuidad de unos jóvenes en el Valladolid de los años noventa y la angustia que sufrirá uno de ellos al ser encarcelado en El Dueso. Nos retratará cómo era la vida en un priorato del siglo XIX, y el intento por recuperar el culto a Lamasthu de la antigua Sumeria, así como la historia de amor de una pareja de vampiros en un castillo de Liechtenstein. Suspense y acción en una novela gótica cautivadora. (…) Siguió avanzando. El repique de la campana le ensordecía los tímpanos, pero le condujo a su interior. Atravesó una valla desvencijada y un granero, y siguió vagando empujado por el viento hasta un portón de madera. Pasó a través de él como si se tratase de una cortina de humo y se encontró flotando sobre lo que parecía ser el refectorio de un humilde priorato, separado por arcos de medio punto y decorado con cruces góticas de madera; toda la estancia se encontraba envuelta en ondas de incienso azuladas. Alrededor de una mesa, una veintena de monjes en silencio parecían rezar antes de la comida. Llevaban encapuchados unos colobios y su silencio procedía de otra época. Un torrente de luz procedente de las vidrieras, iluminaba un pequeño altar devocional vacío en aquellos momentos. Se preguntó qué hacía en aquel lugar y en qué época estaría, pues aquello no podía pertenecer a su siglo.(…)”

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MAYRA ESTÉVEZ GARCÍA - MADRID - 1975 Mayra Estévez García nació en 1975 y vive en la actualidad en Tudela de Duero (Valladolid). Estudió Ingeniería Técnica Agrícola, si bien su gran pasión desde pequeña fue crear personajes y colocarlos en situaciones inventadas por ella. Se atrevió en julio del 2012 a trascribir en papel su primera novela, una trilogía de casi 1400 páginas titulada: "La vida de Carla: La obediencia. La lucha. El control", autoeditándola y distribuyéndola por sus propios medios. En abril del 2013 tuvo que realizar la segunda edición de esta obra, y sin esperarlo, cuando ya estaba inmersa en la inminente llegada de su nueva novela, necesitó publicar una tercera edición. A la vez que realizaba la ardua tarea de publicitar su opera prima, escribió y transformó en libro una nueva historia: Bajo las dunas rojas, publicada en noviembre del 2013, tomando de nuevo el camino de la autoedición, siendo la obra muy bien aceptada por el público, encontrándose en este momento en plena promoción de dicho libro. Facebook: Mayra Estévez García E-mail: mayraestevezgarcia@gmail.com Blog: mayraestevezgarcia.blogspot.com Página de Facebook: Bajo las Dunas Rojas Fotografía: Henar Sastre

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Trilogía La vida de Carla

La vida de Carla es una trilogía donde se narra la historia de superación de una mujer nacida antes de tiempo dentro de la historia de España. El primer libro La vida de Carla: La obediencia se inicia cuando Carla, hija de una familia humilde sin padre reconocido, se traslada con ocho años a Yenco, un pueblo a orillas del río Duero, nada más finalizar la guerra civil. Allí asienta su vida junto a su madre, trascurriendo el tiempo y sus personajes hasta la aparición de dos en concreto que conseguirán acercarla hasta el infierno, llevándola a sobrepasar sus propios límites. Conoceréis a una Carla niña y joven que vive aprisionada en un mundo en el que no quiere estar, pero en el que habita por obligación y obediencia, al igual que les ocurrió a muchas mujeres durante varias décadas en España. A la par que se cuentan las vivencias de Carla van apareciendo pequeñas pinceladas de “Los Fernández”, una familia adinerada afincada en los terrenos de Yenco cuya existencia irá rozando la de Carla. En la segunda parte, La vida de Carla: La lucha, Carla empieza a despegarse las etiquetas que otros le

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han impuesto, a soltar las cadenas que le atan a un mundo donde no quiere estar, y a convertirse en la mujer que realmente quiere ser. Conoceréis los pasos que dará para esquivar las consecuencias de sus actos, para cerrar las puertas de su pasado, y por último introducirse en un proyecto impensable para su condición, apareciendo el mundo del viñedo a su alrededor. Los “Fernández” se acercarán cada vez más al nombre de Carla. Por último, en La vida de Carla: El control, Carla viaja a Francia, concretamente a Burdeos, conociendo interesantes personajes que le ayudarán en su futuro profesional. Mientras que en Yenco continuará construyendo los cimientos de su gran proyecto (viñedos y vino a su alrededor), encontrando dificultades y nuevos enemigos. “Los Fernández” proseguirán adentrándose en su vida hasta límites insospechados. Y en conclusión, la trilogía La vida de Carla es la historia de superación de una mujer que vivió durante la dictadura española, y mi historia, la autora de este libro, es la de superación de una mujer del siglo XXI que decidió sacar adelante su sueño por sus propios medios. Os revelaré la última frase de mi novela. ¡Todos podemos ser Carla! ¡Lucha por tus sueños! Y eso es lo que yo intento.

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Bajo las dunas rojas

Bajo las dunas rojas es una historia de contrastes vitales, narrada por Clara Montes Parra, una ginecóloga madrileña con la vida totalmente solventada, dueña de una clínica en plena expansión en el momento de iniciarse este relato, el año 2008. El principio del libro es una novela romántica de viajes y amor, donde conoceréis los inigualables paraísos africanos junto a Clara, descubriendo la parte boyante, rica y turística de Namibia: sus desiertos, reservas naturales, hoteles de ensueño... Hasta que la protagonista será atrapada por una organización armada que la introducirá en un mundo digno de la peor pesadilla, de donde tendrá que salir por sus propios medios, sacando sus instintos más primitivos y animales. Esta fase de la obra estará llena de misterio,

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tensión e intriga manteniendo en vilo al lector hasta el final. Y en la última parte, podríamos llamarla policíaca, porque en el fondo hay un caso que resolver, aparece la inspectora Robles, quien nos tendrá que responder a todas y cada una de las preguntas que se han formado durante la lectura del libro. En el final, Clara se replanteará los valores de su existencia, después del infierno que tendrá que sobrepasar en África, despertándose su conciencia y probablemente la del lector. Solo hay que leerla para entender su título y portada.

Bajo las dunas rojas Capítulo I: ¿Por qué África? Yo tenía una granja en África… Para todos esta frase significa «Memorias de África», pero para mí tiene una razón más allá que Meryl Streep y Robert Redford. Ni en mis más psicodélicos sueños hubiera llegado a imaginar que terminaría en el gran continente. Una ginecóloga como yo, con prestigio y clientela suficiente para acabar sus días en su consulta, de parto en parto, con el único objetivo de terminar las citas de la agenda a la hora prevista: ¿por qué tendría que abandonar las comodidades de la confortable Europa para migrar a la salvaje África? Solo una razón, una única justificación anclada en el más antiguo e inevitable de los motivos… No lo diré: desvelaría demasiado. Tendréis que esperar. Sí, yo, Clara Montes Parra, natural de Madrid, capital de España, terminé mis días en un país perdido del

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África meridional rodeada de desiertos, pobreza, injusticias y guerras, y la verdad es que aún me cuesta entender mi decisión de venir aquí. Sin embargo, como bien dice el refranero español: «lo hecho, hecho está», y ya se sabe que la sabiduría popular es mucho más realista que cualquiera de las ciencias. Soy hija, nieta y hermana de médicos (en masculino), y aunque en mis primeros años nunca me interesó la ciencia del cuerpo humano, al finalizar el bachillerato y la selectividad, se me encendió una lucecita que debía de tener camuflada en mis genes. Mi hermano mayor, mucho más vocacional que yo, o al menos en edad más tempranera, decidió allá por los ocho o nueve años que proseguiría la saga familiar, lo que desembocó en una atención por parte de mi padre hacia su descendiente varón en la transmisión de la profesión. Mi decisión, aunque bien aceptada y felicitada, no levantó esa ilusión desmesurada que aprecié en los ojos de mi progenitor cuando Juan (mi hermano) ingresó en la facultad de medicina cuatro años antes que yo. Accedí a la misma institución que él — para qué elegir otra— gracias a la nota de mi expediente académico, que aunque rozando, se igualaba al de Juan. Inicié el curso con respeto, a la vez que emoción, con una sensación extraña llamada espíritu competitivo. Algo típico entre hermanos que llevado de forma adecuada puede llegar a ser positivo. Nunca hemos tenido grandes discusiones; supongo que las normales entre una pareja de hijos educados bajo el mismo techo, y aún sin evidenciar en alto la salida de nuestra peculiar carrera de fondo, fui detrás de él igualando sus récords destacando en unas pruebas, mas perdiendo en otras.

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RODRIGO GARRIDO PANIAGUA - VALLADOLID - 1978 Licenciado en Historia del Arte. Profesor de Geografía e Historia en un instituto público de Enseñanza Secundaria. Ha autopublicado dos cuadernos de poesía: La identidad mordida y Trayecto ambas en 2012. Participa de la iniciativa de micrófono abierto de poesía y microrrelato “Susurros a pleno pulmón”. Colaborador del colectivo de poesía “Elefante Rosa” en sus festivales y fanzines. Participante del I Congreso de la Nueva Literatura Vallisoletana, celebrado el día 16 de Febrero de 2013 en Valladolid. Próximamente publicará el poemario Los dormidos con la editorial Origami. Blog: lallamaenlapalabra.wordpress.com E-mail: rodribeat@yahoo.es Facebook: facebook.com/rodrigo.garridopaniagua

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Los extraviados Habíamos olvidado tanto nuestros cuerpos que nos dio miedo devorarnos. Preferimos observar primero cómo la luz iluminaba el campo de batalla, desahogarnos a través de la vista. Finalmente nos enzarzamos como dos enemigos que llevan largo tiempo buscándose. ¡Cuánto desorden en nuestras manos! ¡Cuánta prisa habitando la distancia! Amanecimos con las bocas repletas. Hasta las lágrimas se nos salían de pura alegría.

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Sexy sadie The world was waiting just for you. The Beatles El mundo te estaba esperando. Miradas como monótonos campos amarillos y por eso el mundo te estaba esperando. Burlaste las reglas de los días para atravesarnos el pecho. Queríamos una revolución en forma de cristal roto y probar la sangre de tus manos igual que un ejército de moscas de la fruta. Pronto supimos lo improbable que sería crear en tus labios un reino dulce. Cada cierto tiempo la vida nos trae una belleza pensada para otros. Al regresar a casa siempre nos invadía un enjambre de pensamientos tristes.

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Ofrenda a lo que miro Nada duele si es eléctrico el sabor de la memoria: aquellos bares donde contemplábamos una ciudad que zarpa y la belleza fue una canción infinita coreada por gargantas en llamas. Solo recuerdo este incendio alegre y la coincidencia de estar todos hermosamente perdidos. Gracias todavía al eco enloquecemos. Habrá que tener por fin un gesto amable con el Rock and Roll: sacar la lengua, morir joven, llevar flores a la tumba de Elvis.

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PirĂłmanos El mundo que conocemos esta hecho de amor y muerte. De nuestras bocas, racimos de una luna ilesa. Los mapas del asombro seĂąalan mordiscos en la cara interna de los muslos. Lo que queda en el aire despuĂŠs del sexo son cenizas de un rascacielos.

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RAFAEL HEKA - VALLADOLID - 1975 Escritor, ilustrador, crítico cinematográfico, empresario, investigador de lo oculto y viajero incansable. Aunque cursa estudios de Ingeniería y Ciencias Económicas, su innata pasión por la literatura y en concreto por todo lo mágico y fantástico, pronto le hará adentrarse en el género de la ciencia-ficción, en donde cosechará el éxito con la editorial madrileña Megara de mano de La venganza de la diosa Graya en el año 2005.

Finalista del 1er Premio Twinings de Historias de Té y Ganador del 1er Premio de microrrelato Star Trek ciudad de México funda 33 Ediciones en el año 2008. Fantasía, ciencia-ficción, misterio, espiritualidad y libro infantil, son algunos de los géneros por los que camina centrando ahora esfuerzos y trabajos en sus Crónicas Globulares, episodios fantásticos de ciencia-ficción hilarante en una galaxia amarillenta repleta de dioses caprichosos, criaturas disparatadas y situaciones inconcebibles. De su narrativa actual destacar Alfa, Pléyades, y Magic Planet, inicio de las citadas Crónicas, las cuales comienzan este año una nueva andadura, totalmente revisadas, anotadas, y por entregas. En definitiva, un autor de imaginario desbordante y raíces autodidactas, cuyo objetivo es fusionar la introspección y el divertimento, aportando historias útiles, sorprendentes, lenitivas, ampliamente positivas y llenas de fuerza vital. www.33ediciones.com twitter.com/RafaelHeka www.facebook.com/Rafael.Heka rafaelheka@hotmail.com hekonstrucciones.blogspot.com.es

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De Pléyades El poder de la necesidad El robusto hombre apareció en un frondoso paraje rural del norte español. El bosque, se recortaba a lo lejos bajo un cielo gris plomizo, mientras al fondo de un estrecho camino que bajaba hacia un hermoso valle, aguardaba silenciosa y solitaria una vieja casa solariega con las luces encendidas. El humo de su chimenea se recortaba en el gris atardecer, otorgando cierta calidez a la aparentemente fría estampa. El hombre respiró hondo de los agrestes vientos, intentando saborear cada uno de sus aromas, cada uno de sus matices. Viejas sensaciones afloraron en un sonriente semblante poblado de una espesa y descuidada barba castaña, por la que corrieron algunas fugaces y contenidas lágrimas. Sin más, echó a andar en dirección a la casa. Allí le abrió la puerta una pequeña niña que al instante se lanzó a sus brazos llamándole papá, al igual que otros cuatro pequeños, una exuberante y atractiva mujer, ya entrada en años, y dos perros labradores. El hombre, aún con lágrimas en los ojos, derramó su inconmensurable alegría sobre los rostros de todos y, cariñosamente, cerró la puerta del hogar.

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La noche cayó y la tormenta estalló azotando el lugar, cálidamente. *** La patada reventó la cerradura de la puerta abriéndola de par en par con gran estruendo. Entró tranquilamente con una ligera amargura tildada de resignación aflorando en su duro y curtido rostro. El no encontrarse con el hedor mortal esperado le sorprendió, haciéndole pensar si, quizás, no se habría equivocado, cosa que rara vez sucedía. Encendiendo la luz, contempló cómo el polvo y el desorden fruto del extremo abandono habían imperado en aquel lugar en los últimos tiempos. Cerró la puerta y caminó hacia el fondo del descansillo hasta entrar en el salón donde tan buenos ratos había pasado con su amigo Manuel. No encontrarle allí le serenó, pero prefirió cerciorarse. Posando su gorra de policía sobre el damero de una mesa baja de juegos, comprobó el resto de las habitaciones. El piso estaba vacío. De nuevo en el salón, y mientras meditaba tranquilo en compañía de un Malboro, se sentó en el sofá profundamente aliviado: —Manuel… >>¿Dónde estás cabrón? ¿Dónde te has metido? >>Aquí, desde luego que no, compañero. Siempre había sido un gran hombre, alegre, feliz, crédulo de imposibles: —de la magia que lo domina todo —como él decía.

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El salón era, al uso, una inmensa biblioteca en donde se podían encontrar manuscritos de casi todos los campos culturales. Muchos eruditos la hubiesen envidiado. Se levantó. En el fondo, bajo un amplio ventanal, sobre la mesa de despacho, había multitud de antiguos y toscos libros abiertos por la mitad. Jorge los contempló con la indiferencia que otorga el respetuoso desprecio a lo que se está examinando. Por las páginas deambularon, entre caracteres hebreos, multitud de símbolos arcanos junto a estampas de rudimentaria imprenta. Los cerró como el que cubre los ojos de un cadáver y apagó la tiffany con forma de seta oblonga que los iluminaba. Regresando un instante a sus cavilaciones, recordó cómo aquel fatídico accidente había convertido la vida de su mejor amigo en una oscura y solitaria subsistencia permanentemente errante y carente de sentido. Aunque siempre mantuvo la idea, la esperanza de, bueno…, era de locos, no quería ni pensarlo por un segundo más. Mirando por aquí y por allá vio la foto que ambos se hicieran en un afortunado concurso de pesca, allá en La Coruña, algún que otro regalo que él le hizo, sus condecoraciones al mérito y al valor en campaña, y periódicos, muchos periódicos, periódicos desparramados mostrando impúdicas y sangrantes noticias de atentados terroristas, accidentes, catástrofes, injusticias, y demás miserias propias de los humanos, aque-

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llas de las que tanto intentaba escapar con todas sus fuerzas. Manuel fue un gran policía, de los grandes, y amaba esa casa, y su vida, y su familia… Resignado, inició, como muchas otras veces, el camino de vuelta al servicio. Al salir y pasar sobre un nuevo y brillante caballete de pintura, tropezó con algo en el suelo. Lo recogió, lo contempló, y, con indiferencia, lo depositó en el soporte de pinturas. Después, se marchó precintando tras de sí la puerta con el clásico celofán a rayas azules y blancas, no sin poder dejar de percibir la curiosa y extraña sensación de que su viejo amigo se encontraba en un lugar, a gusto consigo mismo. En el salón, solitario, quedó un cuadro en un caballete. Una estampa que, si el policía le hubiera prestado un poco de atención, podría haberle descubierto un bello paraje rural en un atardecer plomizo donde, bajando por un pequeño sendero a un precioso valle, seguro, se podría haber encontrado una casa con las luces encendidas y una chimenea humeante, fruto de un cálido hogar, alrededor del cual disfrutaba una familia “mágicamente” feliz.

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Alfa: La amistad es algo, difícil de cuantificar. A veces es sincera, otras es franca, e incluso, en raras ocasiones, puede ser heroica. Cuando los conflictos primigenios afloran en entornos individuales, estos se subsanan mediante un claro posicionamiento hacia el bando más propicio. Luz, oscuridad, destino. Todos ellos tendrán que comprender cuál es su lugar en esta última batalla. Una cabaña, un fin de semana, un paraje rural. Varias parejas, recuerdos, nuevos comienzos. El escenario perfecto para mirar inquisitivo a las estrellas, esperando respuestas. Y es que, los espejos, a veces, muestran la imagen de otro, digno de ser olvidado. Magic Planet: Baradir, el rey de los duendes blancos, se muere. Esto no representaría mucho para nadie en el Continente Estrellado si no fuera porque es el rey de todos los duendes de colores, y porque su sucesión, y con ella el estado de bienestar, pende de la respuesta a un acertijo que sólo Barael es capaz de responder gracias un viejo medallón repleto de compartimentos especiales y runas extrañas. Armándose de valor, y sin ningún otro remedio, el joven e infortunado duende se verá inmerso en una odisea cargada de locas e hilarantes aventuras en donde descubrirá lugares y seres increíbles que le aportarán una nueva visión de sí mismo y de su nuevo, crudo, y desternillante destino. Pero esa es sólo una faceta del elaborado prisma que conforma MAGIC PLANET, pues, mientras Barael deambula entre intrigas, acertijos e historias, entreteniendo a un caprichoso y disparatado Olimpo Globular, sobre su mundo se cierne la sombra de un genocidio ominoso y cruel capaz de desencadenar una epopeya galáctica de proporciones inenarrables.

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JUAN MARTÍN SALAMANCA - VALLADOLID - 1988 Nace en Valladolid el 17 de abril de 1988, aunque con apenas tres años tuvo que marcharse a Lagunilla, un pequeño pueblo de la sierra de Béjar (Salamanca), al que su madre fue destinada como maestra. A los siete años regresó a su ciudad natal, lugar de residencia que alterna con frecuentes visitas a la localidad de sus padres, Pedrajas de San Esteban (Valladolid). Estudió Periodismo en las universidades de Valladolid y Turín (Italia), por lo que es un enamorado de la cultura transalpina, lo que se manifiesta especialmente en su segunda novela, “La confesión del embajador”. Actualmente trabaja en la agencia de noticias Europa Press. En 2011 debutó con “En busca del hogar”, novela de aventuras en la que plasmó su amor por la vela y la fascinación que le causó Estambul en la visita que realizó en 2007. En 2013 continuó con “La confesión del embajador”, novela histórica que describe la participación española en la Guerra de Sucesión de Mantua. Ese año fue finalista del I

Certamen de Relato Joven “Café Teatro Zorrilla” y ganó el Premio Tardis por “Jaqueca”.

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Los dos patitos El pato Guanajuato abrió los ojos como todos los días, bastante tarde. Era una ave perezosa a la que no le gustaba madrugar. Vivía, como otros patos similares, en una casa de piedra levantada sobre una pequeña isla, donde no se acercaban los humanos, lo que le permitía seguir durmiendo sin que lo molestaran hasta bien entrada la mañana. Cuando sus compañeros de habitación comenzaban la jornada, los alrededores estaban desiertos, y todos los ánades podían moverse a sus anchas para buscar alimento, tanto dentro como fuera del agua de aquel estanque. Sin embargo, el menú a base de plantas, semillas y algún que otro caracol no terminaba de gustar a Guanajuato, que se pirraba por las galletas y los barquillos que le daban los niños y mayores que visitaban el lago. Otros eran esquivos y rehuían a los hombres, pero Guanajuato era un pato doméstico y se sentía cómodo con aquellos extraños seres sin plumas. Así que dormía hasta que el parque se encontraba lleno de personas dispuestas a alimentarlo. Salía de su escondite, estiraba las patas y las alas para desentumecerse, y se lanzaba al agua, lo que le provocaba un refrescante cosquilleo en el vientre que terminaba de despertarlo. Con sus portentosos pies, que eran propiamente unas aletas, nadaba veloz y alegre rumbo a la orilla donde solían colocarse los humanos, tras un pequeño muro de piedra que evitaba que estas criaturas tan raras, que ni podían volar ni se desenvolvían del todo bien en el agua, se cayeran y terminasen empapadas. Cuando ya se había saciado, cruzaba el lago y se internaba una playa resguardada de la

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presencia del hombre, donde se pasaba el resto del día descansando, hasta que al caer la tarde regresaba a su casita de piedra. Aunque en el parque nunca faltaba gente, determinados días de la semana, casi siempre los últimos, eran los que ofrecían mayores visitantes, por lo que era cuando Guanajuato se pegaba un gran festín, a pesar de los engreídos cisnes que se entrometían con su fascinante y largo cuello para dejar a dos velas a los pobres patos. De todos modos, era en verano cuando mejor le iban las cosas. La cantidad de niños se multiplicaba, los días eran más largos y tenía más tiempo para retozar con esos pequeños que, además, tenían la costumbre de recorrer el estanque en una barca llamada ‘La Paloma’, comandada por un señor dicharachero tocado siempre con una blanca gorra de capitán. Disfrutaba de una vida tranquila, y por nada del mundo renunciaría a ella. No obstante, aquel no era un día de verano, sino de finales de otoño y, como otras veces, había llegado un grupo de patos frisos que huían de las bajas temperaturas de donde vivían. En una época en la que el alimento era menos abundante, esos intrusos venían siempre a molestar, y a Guanajuato no le hacía ninguna gracia. Después de cumplir con su ritual mañanero, se marchó hacia su querida playa, pero en su sitio preferido, se topó con una impertinente pata frisa que, por lo visto, no era consciente de que invadía un territorio ajeno. Maragata, la pata, era una hermosa hembra de plumaje pardo, con espejuelo rosado en las alas, cuello y abdomen blancuzcos, cabeza grisácea y un sugerente pico negro. Lo único que tenía en común con Guanajuato, cuyas plumas

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poseían una monótona tonalidad blanca en todo su cuerpo, eran sus pies, del color de las naranjas. La amabilidad no era una característica destacable en Guanajuato y, como era de esperar, echó a la pobre ave fuera de la playa. Sin embargo, pronto empezó a sentir remordimientos por su actitud, y se ofreció a enseñarle el estanque y a acompañarla a la hora de visitar a los humanos que tan ricos barquillos regalaban. Transcurrieron las semanas, las nieblas dieron lugar al hielo, el hielo a la nieve, la nieve a la lluvia, la lluvia al buen tiempo y, al final, Guanajuato y Maragata se hicieron amigos. Entonces, el pato Guanajuato se dio cuenta de que nunca más podría respirar sin la pata Maragata y de que su anterior vida carecía ya de sentido. Ahora, todos los días salían juntos a explorar aquel vergel, a mezclarse entre la gente por las aceras, a subirse con los niños en los columpios, a picotear las pintorescas estatuas y bustos diseminados en inhóspitos rincones, a espantar a los gatos que acechaban a los indefensos polluelos o a parpar junto a los esmerados jardineros para hacer más agradable su faena. Pero también esa peligrosa curiosidad de la pata le daba más de un susto, como cuando se adentraba por el pequeño canal que salía del lago y que no se sabía muy bien adónde conducía. A pesar de todo, ahora sí Guanajuato se sentía completo. Lamentablemente, el invierno pasó, y Maragata regresó con los suyos a casa, al estanque de un lugar llamado Hyde Park, situado en una gran isla más allá del mar. Aquella primavera, Guanajuato se la pasó cual alma en pena, recorriendo los lugares donde habían estado juntos, como el canal, los caminos en los que se burlaban de los

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pavos reales y de las insulsas palomas, las fuentes sobre las que paseaban cuando el frío helaba sus aguas… Su mejor amigo, el pato Macchiato, lo trató de convencer de que ella volvería al invierno siguiente, pero nada lo consolaba. ¿Y si no volvía? Tal vez su familia eligiera otro parque para pasar los meses más gélidos. Podía ocurrir que nunca la volviese a ver, que ella conociese a otro pato más divertido y menos perezoso, y que lo olvidase para siempre. La sola idea era insoportable, mas estaba atado al estanque, pues no conocía otro lugar del mundo, que para él se acababa en ese jardín bautizado con razón Campo Grande. Entonces vio sus alas, y comprendió que, a diferencia de los bizarros humanos, podía volar y desprenderse de cualquier atadura. No estaba enjaulado como otras aves que había visto en las pajareras del parque. Él era libre. Habló con otros patos más viejos y sabios, y se informó de cómo podía llegar hasta Hyde Park. Finalmente, cuando ya lo tenía todo preparado, se impulsó con sus aletas por el agua a gran velocidad y, en el momento preciso, esténdió sus alas, comenzó a batirlas, realizó un último esfuerzo, y su cuerpo salió del agua, volando hacia la felicidad.

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Mª AMPARO PANIAGUA MUÑOZ - LEÓN - 1967 Licenciada en Derecho y seducida por la palabra desde muy joven, participa en el I Congreso de la Nueva Literatura Vallisoletana celebrado en 2013, así como en el II Congreso de la N.L.V. y Los Medios de Comunicación, celebrado en marzo de 2014, organizado por este colectivo del que es miembro fundador. Participa en la exposición colectiva “La palabra pintada”, promovida por la Asociación cultural “Eclipse” de Valladolid, que combina poesía e ilustración, así como en el espectáculo “Eclipsados”. Algunos de sus poemas han sido seleccionados para el e-book del Primer Certamen Poético "La Rata y La Leona” titulado Barro, otro canto soñé, de Valladolid y para la exposición colectiva “Mujeres creativas y palabra de mujer” ediciones 2013 y 2014 (Linares, Jaén) y para el Festival “Miradas de Mujer” (2014,Valladolid). Colabora en diferentes antologías como “Poesía de los pájaros”, “Revista de Poesía de los Viernes del Sarmiento”, “Escritorio mutante” y “Un cuento por Navidad”. Interviene asiduamente en recitales poéticos en distintos ámbitos y espacios culturales así como en la jam session “Susurros a Pleno Pulmón”, de periodicidad mensual y ha sido jurado en las Justas Poéticas de Dueñas en su edición de 2013. Ha publicado tres poemarios: Desde que tú apareciste…, El hilo que nos une y Versos de ceniza y sal, llegados todos a su 2ª edición, y guarda en la recámara uno inédito Los ojos del mar (silencio). En breve editará una recopilación de microrrelatos ilustrados titulado “De cuentos y otras breverías”.

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Emerge tu luz apagada

Nace Venus de la escalera mecánica de cualquier metro urbano. Surge de la madrugada de una ciudad sin pudor que trasnocha alcobas ajenas. Por el deseo de otros deja de ser nítido su carmín. Lo que fue su timidez ha acabado por quemarse en sexos que no son verdad aunque sus manos estén limpias. Con la última copa desvela su secreto de mujer esbozando la sonrisa de aquel tiempo en que creía en promesas. Es su transición cromática como un despojo aturdido y sordo para el que pasa. Siempre es igual, cínicamente temeraria, como la indigna provocación de los amantes infieles.

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Devaneos con esa musa

Yo coqueteaba con ella en las tardes de primavera. Me acercaba a cara descubierta, sin trampas. Ella sabía que la buscaba y se dejaba seducir como doncella enamorada. Sólo le fui infiel una vez, por necesidad, aún sabiendo que le iba a provocar dolor de madre. Y como represalia sólo me permitió, desde entonces, dar a luz textos inconexos, armoniosas incongruencias de las que nadie quiso saber. Lejos de permitirme iniciar la senda de los versos visibles, su venganza se consumó como un denso caos de metáforas por conquistar, de esdrújulas que no me aliviaban. Sólo parí dramatismos sin magia, un cúmulo de tristezas baratas. ¡Tenía que soñar salir de ese fango! Que las sirenas volvieran a surcar este mar, que mi tapiz volviera a rebosar hilos de oro. Que mi trato con ella volviera a ser tan fácil como contar con los dedos...

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A tu lado (amor de amistad)

No sé cómo tratarte, si con la torpeza del ansioso o con esmero de enamorado. Si rescatar todos los arco iris para tu regazo o esperar a que aprendas a estar solo. No sé si despojarte de marchitas aventuras insanas o atravesarte el corazón para quedarme. Si hacer uso del término medio o lanzarte sin piedad a un abismo de esperanza. Tal vez debiera ofrecerte mi silencio sobrecogedor y que tu hombro me sintiera cerca, o lanzar una cascada de palabras en monólogo arrollador. ¿Y si te ofrezco, sin preguntar, la calidez de mis manos? Mírame, te cambio mi mejor sueño por tu peor fantasma.

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OASIS (cuento)

En mi desierto particular de espejismos se difuminaban las nubes densas que lo empobrecían y un resplandeciente sol derramaba su calor y su luz sobre nuestras cabezas. Ningún habitante se sentía huérfano. Nos saciábamos con aguas de manantial y frutas exóticas y jugosas. Descansábamos a la deliciosa sombra de sus palmeras mientras los ancianos transmitían enseñanzas y los niños hacían de las suyas. En mi desierto particular de espejismos había un palacio para los poetas y las mujeres entonaban cánticos esenciales para la armonía. Cada amanecer se colocaba una nueva piedra. Y así, piedra sobre piedra y a golpe de sentido común, se fomentaban el respeto, la admiración y la mesura. En todas las puertas rezaba un "Bienvenidos" y cada cual se guiaba por su vocación para resolver las incógnitas. Los retos se aceptaban en favor de la comunidad y no se lamentaban las ausencias. No se conocían ni la vanidad ni la ambición. En mi desierto particular de espejismos todas las jaulas tenían las puertas abiertas...

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En un cuarto de hora... Soy capaz de escribir esto en un cuarto de hora... para decir que hay realidades que no se pueden medir con la palabra, como por ejemplo ser madre. Para constatar una evidencia: que los olvidos son necesarios. Para recordar que lo que nos mantiene vivos es un instinto de conservación innato adornado de deseos, expectativas y futuros mejores. Me basta medio minuto para decir que el amor viene en formato con dos caras, aunque nos lo vendan como algo maravilloso. Sí, lo es, hasta que deja de serlo. Apenas necesito tiempo para concluir que la vida está hecha de un cúmulo de elecciones, bifurcaciones, engaños y desengaños, soberanos momentos, solitarios momentos, de encuentros esperados e inesperados, de... de... de... Para afirmar que el pecado no existe. Y me han sobrado tres minutos. (El tiempo y la palabra)

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DOC PASTOR - VALLADOLID - 1984 Doc Pastor es periodista y divulgador de cómic, que es su auténtica pasión aunque lo compagina con escribir sobre cine y la fotografía. Lleva desde los 12 años de evento en evento cuando comenzó en Fuerza Rebelde, Asociación de Fans de Star Wars de Valladolid, de la que poco a poco fue tomando más responsabilidad y siendo su relaciones públicas durante años, además de director de la 3ª Convención Nacional de Star Wars junto a Lander Arteaga. Ha colaborado en diversas publicaciones como Dentro de la Viñeta, Zona Negativa, Blood Crime Syndicate, Ocio Joven, el Periódico de Catalunya o el mensual AQUÍ en Valladolid, entre otros además de haber pasado también por la Televisión Popular de Mediterráneo en Valencia. También ha prestado su apoyo en los libros Papel y plástico (volumen 2 y 3. Editorial Astiberri) de Óscar Lombana o en Que la fuerza te acompañe: Guía comple-

ta de “La guerra de las galaxias” publicado por Dolmen Editorial. En los últimos años ha dedicado gran parte de su tiempo a la creación del Grupo 42 conformado por la gaceta on-line Ruta 42 y la revista mensual La Encuadre. Sin dejar de lado el festival “Cortos con Ñ” del que forma parte de la organización junto a los hermanos José Luis y Sonia Mora. Este año 2014 publica Los sesenta no pasan de moda Dolmen Editorial y Les filles des saisons. Les gusta el whisky y las corbatas. Y su perrito se llama Loki.

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Amargura y tristeza Estás en soledad y perdiste a todos. Solo dos compañeras te son fieles: la tristeza y la amargura. Es cierto, nunca pensaste que iba a ser así, pero tampoco te esforzaste para lograr lo contrario. El mundo siempre estaba en tu contra, los demás te pretendían mal y jamás una dulce caricia, por encima de todo estaban las sombras que ocultaban la poca luz de la vieja ventana, nadie pensaba en ti. O eso querías creer. Y al final, es así, las creencias son lo fuertes que nosotros queremos, lo que es mentira puede ser cierto si nos esforzamos en ello. Tanto lo hiciste que en tu camino todo eso terminó siento tu realidad. Un día a día que no puedes soportar y que cada vez se hace más largo. Irónicamente no lo quieres de otra forma. Te regodeas en ello, en todos los demás y las ficciones que creaste a tu alrededor. Pero tampoco puedes escapar, y en forma de amenaza intentas crear cadenas que no se rompan. Aunque solo son débiles eslabones y rápidamente se quiebran como si del resbaladizo hielo se tratara. No pides ayuda. La exiges. Se te niega. Cadena, tras cadena, tras cadena. Y siempre hielo. Después agua. De nuevo lágrimas, otro reflejo más de esa tristeza que atenaza tu corazón. Incapaz de expresarlo, de tener un momento de humanidad (por

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temor a demostrar una imperfección, que todos tenemos), dejas que se convierta rápidamente en vapor. Lo que podría salvarte es para ti un síntoma de debilidad. Pero una caricia solo llega a través de otra, y si no tienes para los demás ellos tampoco las tendrán para ti. Te sentarás esta noche con las estrellas (ya apagadas) por sábanas y te preguntarás qué hiciste mal. Pero erras, la cuestión no es esa puesto que todos cada día cometemos malos actos. Debería ser lo que sigue, ¿qué hiciste bien? Si por respuesta solo llega el silencio, lo único que podrás hacer es abrazarlo.

Enamorarse Deseo tanto enamorarme. Ver ese cántico que apenas podemos escuchar, más parecido a las luces de las hadas que a los sonidos de nuestras voces. Uno, dos, tres. Son las campanas que nos llevan hasta un bosque de ensueño, un paraje oculto de los ojos de todos. La luz se cruza con la oscuridad y no hay sombras. Un gran pájaro nos llevará hasta allí, volará alto, más de lo que pensábamos que era posible. Caeremos, pero mientras caes parece que vuelas. Sientes el viento en tu rostro y si cierras los ojos serás

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capaz de planear. Volar no es imposible, solo la creencia de no hacerlo es lo que nos lo impide. Llegaremos hasta el mar y caminaremos. Las azuladas aguas se volverán violetas cuando las pises, dejarás unas sutiles marcas que solo el viento podría borrar. No lo hará, pasará a su lado y no las borrará, estarán por siempre allí para que al pasar los visitantes se pregunten, piensen qué magia hubo y sonrían, una sonrisa sincera y que hará su vida un poco mejor. No pararemos. Los pasos se convertirán en una carrera. Yo por un lado de la playa, tú por encima del mar. A lo lejos los astros nos mirarán, nos imitarán y el resto del mundo solo verá una lluvia de estrellas. Asombrados levantarán sus ojos hacia el cielo, no sabrán el porqué pasa. Entonces se oscurecerá. Discutiremos. Pelearemos. Nos enfrentaremos. Las nubes cobrarán más fuerza y me dejarás. Yo me marcharé y no volveré jamás a mirarte. Solamente habremos sido dos extraños que por un momento se encontraron, ahora mismo ya solo dos extraños. Lo que antes amábamos el uno del otro ahora solo es causa de heridas. Ese mágico mundo en el que estuvimos nos estará prohibido. Las ninfas no bailarán para nosotros nunca más y el sol no iluminará nuestro rostro. Pero volveremos a encontrarnos. Hoy, mañana y pasado. Serás tú siempre y yo seré siempre. En cada cuerpo, en cada rostro, en cada voz. Nunca seremos los mismos y jamás cambiaremos. En cada persona 47


de nuestra vida estaremos ahí, nos besaremos y acariciaremos nuestras manos. Alguien una vez guardó las estrellas, el sol y la luna. Lo desmontó todo y lo guardó en una caja. Lo que nadie sabe es que solo lo recogía, lo dejaba para que otros pudieran crear su propio paraíso. Mirarás por la ventana y pensarás en mí. Veré mi reflejo en un espejo y pensaré en nosotros.

Vivir para luchar Vivimos por vivir, y no vivimos para vivir. No luchamos por ello, no damos las gracias en cada amanecer, en cada mirada, en un parpadeo que nunca volverá. Cada vez que cierras los ojos todo a tu alrededor ha cambiado, cada instante solo existe durante ese instante y es por lo tanto único, y si es único es perfecto. Y no damos las gracias. ¿Acaso no somos conscientes de todo lo que tenemos? Lloramos, nos quejamos, lanzamos insultos y culpamos a los demás, para nada. Solo alimentamos un karma que nos devolverá con creces lo que demos. La gente se pregunta el porqué esa otra gente que sonríe y es amable tiene eso, sonrisas y amabilidad por parte de los demás. Sencillamente lo dan, y el que da al final recibe. Es así. No hay más. Pasamos dejando que nos marquen, que todos nos digan la forma correcta de hacer las cosas. De pronto te paras y miras, ves que hay que trabajar para tener 48


una estabilidad, entonces te compras una casa, vives con alguien, juntas su vida, sigues igual y el ciclo que todos conocemos se cumple. Es extraño, pero cuando observo a mi alrededor a las personas que intentan seguir ese ciclo me choca algo terrible, no veo que la felicidad esté dentro de esas líneas tan marcadas. Curiosamente, sí lo veo en todos los que tengo cerca que se salen de la norma. Quizá la sencilla respuesta sea que no debemos seguir más camino que el nuestro. Que la lucha debe ser por la felicidad, y esta puede estar en otra ciudad, en un simple picnic al sol, o en pasarte una noche escribiendo un artículo de algo que te entusiasma. Puede ser que no esté en seguir una reglamentación que solo se nos ha explicado bajo la directriz de “es que es así, así se hacen las cosas”. Pues haciendo las cosas igual que siempre, solo saldrá el mismo resultado de siempre. ¿Y si yo quiero otra cosa? ¿Y si prefiero luchar por ser feliz desde ya y no dentro una década? Que nadie se confunda, no hablo de una felicidad romántica similar a ese mal entendido amor romántico que hace que el de verdad no valga para muchos. No, quiero decir una felicidad real, en la que hay momentos agridulces y en los que hay mañanas que solo quieras dormir. Pero con todo, hay felicidad, porque hacer algo que quieres, pelearte en un lugar en el que tu Zen está en equilibro, por tumbarte al sol y cerrar los ojos mientras solo piensas “mola”.

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Al final lo único que realmente debe ser respondido es esta pregunta “¿estás haciendo lo que te ayuda a ser feliz?”. Si la respuesta es no, si solo estás haciendo por hacer, porque los demás lo han hecho siguiendo esas líneas, párate a respirar y mira si para ellos la respuesta es no. No vivimos por vivir, vivimos para vivir. Y solo podemos vivir si somos nosotros mismos.

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Mercedes Pastor Segovia - Valladolid - Siglo XX Como activista poética, ha colaborado en tertulias, participado y organizado talleres poéticos y realizado más de 150 recitales. Ganadora en 2005 del 1er premio en el IV Certamen de Poesía "Abelardo Conde Chiné". Finalista en 2006 del IX Concurso Internacional de la

Academia Castellano-Leonesa de Poesía de la Consejería de Cultura y Fundación "Jorge Guillén" con el poemario “Pentagramas de Ausencias”. Ha publicado durante ocho años en la revista "Poetas a corazón abierto" de la Cátedra Literaria "José Zorrilla". Sus poemas han sido publicados y/o seleccionados por el ayuntamiento de Arévalo (Ávila), el Centro de Estudios Poéticos para su Antología "Impresiones y recuerdos" y para varios e-books como “Barro, otro canto soñé” y “3erEncuentro de Escritores por Ciudad Juárez”. Ha colaborado con su voz y un poema en el audiovisual “Valladolid: Raíces y sentimientos” que hace un recorrido por 252 pueblos de nuestra provincia. Además de este colectivo, integra el Grupo Literario “PanArcadia” y sus "Pliegos de Arcadia", y el Grupo Poético "Susurros a Pleno Pulmón" con sus Jam Session. Actualmente realiza diversas colaboraciones en revistas y fanzines, como “Elefante Rosa-Colectivo de Poesía”, performances, lecturas y recitales poéticos de forma individual y colectiva y publicará un libro de poemas este año. E-mail: merpaseg@mail.com Facebook: facebook.com/merpaseg Twiter: @merpaseg

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Me llaman Mercedes. Como no pude elegir mi nombre, ni mi fecha de nacimiento, mi edad la decido yo. He acumulado años como para perder la cuenta con frecuencia y caer en ella con asombro. Tengo aún edad para seguir aprendiendo, disfrutando y asombrándome cada día. Los años justos para mantener intacta mi rebeldía y los necesarios para haber adquirido cierta “madurez”. Mi relación con las letras comenzó a los cuatro años, cuando aprendí a jugar con ellas y descubrí que al juntarlas podía ver el nombre de las cosas del mismo modo que veía las cosas. Esa relación se convirtió en pasión a los cinco años, cuando me pasaron de la cartilla al “Parvulito”, donde los nombres de las cosas se enredaban entre sí para contar historias. Historias que en mi cabeza cobraban vida y donde comenzaron a forjarse nuevas historias. Mi primera relación completa con un papel en blanco fue a los once años. Fue sincera, intensa, dolorosa... y mágica... Desde entonces, se ha mantenido intacta, constante, y aunque variable en intensidad, siempre apasionada y sin sufrir el desgaste del tiempo excepto en el color del papel. Escribo... porque no puedo ni quiero evitarlo... aunque tampoco está en mi mano la decisión. Escribo por pura rebeldía. Escribir es un enfrentamiento a cara descubierta conmigo misma para vencerme.

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Escribir es ponerme frente al espejo para dejar de verme. Escribo conmigo, pero sin mí... para nadie... y para todos. Escribir es fabricar historias plagadas de historias que desconozco. Es hacer que las letras bailen al ritmo de mi música cuando escribo poemas, en un parto continuo de emociones rimadas. Crear versos es para mí entrar en estado de shock Mis amigos dicen que llevo la rima en la sangre. Mi hijo, que le riño en verso. Lo cierto es que la poesía y yo formamos un brebaje indisoluble. Ella es la droga dura que corre por mis venas y no pienso dejar de inyectarme. Escribir es descubrir y descubrirme en cada texto o poema para olvidarme. Es desvelarme ocultándome. Es ser “yo” para dejar de serlo. Escribir es vivir otras vidas en las palabras. Es... ser palabra, verbo... es crear, sentir, soñar, inventar, pensar, imaginar, gozar y sufrir... Escribir es ser. Es respirar. Escribir es estar viva. Escribir es una forma de vivir. Vivir es escribir.

Bebí aire... por hacerme viento y soplar vendavales con los ojos abiertos

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Rosas moradas (A Rosa Chacel) A esas rosas cultivadas en la voz y la palabra. Al verbo que se hizo espina porque nadie lo arrancara. A las rosas de los libros, a las de hojas alzadas, a las rosas de los vientos, a las negras y a las blancas. A las que nunca se rinden, a las rosas estiradas, a las mustias y febriles, a las de pétalos de alas. A las rosas silenciosas, a las rojas pasionadas a las de áridas tristezas, y a las que sueñan el agua. A las rosas de tu nombre ¡femenino en la garganta! ¡Abrazo de ramo verde con labios de luz y savia! A las “lecturas secretas”, “poesía de las circunstancias”, rosas de versos prohibidos, de ausencias y sin palabras. A la rosa, rosa, rosa… a la rosa más morada, a nuestra Rosa Chacel de “ida y vuelta” con parada. en la “estación” de la vida con “sin razones” fundadas. Al chal de eterna sonrisa despeinada por su espalda. Al “Barrio de Maravillas” donde las rosas moradas son corazones del tiempo y susurros en el alma. A la Rosa, Rosa, Rosa… la del chal de la esperanza.

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Después del 69… Después del 69… Setenta puntadas largas. Son como 70 agujas en el bajo de tu falda. Setenta puntos de ajuste para el vuelo de tus nalgas. Setenta sueños dormidos para deshacer tus ansias. Setenta normas de uso en la tumba de tu cama. Setenta gestos prohibidos cortan tu lengua y sus alas. Setenta besos sin huella que son estrellas robadas. Setenta apagadas luces para las noches sin alma. Setenta ilusiones sin voz entre tus manos atadas. Setenta conspiraciones cual setenta puñaladas para no ser un perverso pervestido en la ignorancia. Setenta días al mes… para aniquilar nostalgias. Después del 69… las cifras pierden su magia.

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Guitarra Déjame ser la cuerda vibrante de tu guitarra estremeciéndome al ritmo de los dedos de tu alma. Déjame ser la boca en tu armónica tabla para beberme los besos de tus negras y tus blancas. Déjame ser clavija para afinar tu amalgama, tensar silencios sonoros y cromáticas escalas. Déjame ser un traste que armonice tu pisada, tu alteración o cadencia, tus musicales palabras. Déjame ser acorde, trino, arpegio o tonada, pequeño matiz del aire, melodía o balada. Déjame ser… la funda a tu forma modulada, para articular las notas con el compás de tu magia. Déjame ser el puente, la caja de resonancia, cejuela, mástil, madera… ¡Déjame ser tu guitarra!

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DAVID RAMIRO RUEDA - VALLADOLID - 1981 David Ramiro Rueda nació en la ciudad de Valladolid en octubre de 1981. Ha ganado varios certámenes de cuentos en su ciudad natal, y ha participado como miembro jurado en algunos concursos de escritura infantil y juvenil. Con Editorial Círculo Rojo presentó en diciembre de 2011 Sombras en la Luna, una novela de intriga dirigida a un público ecuménico que catapultó dicha narración hasta la 3ª edición en poco más de un año. Desde 2013 ha intervenido como director y/o guionista en títulos de cortometrajes producidos por HypnosFilms y/o Lardiez Studio, como Sólo hay un paso, Sinestesia, Playa de Invierno o Fast-Food. Colabora mensualmente como redactor de la revista digital FirstFMagazine, donde tiene su propia sección literaria llamada Titiritero de Palabras. Actualmente está inmerso en Píntame, una obra de teatro escrita por él, que dirige junto a Román Reyes y Sergio Lardiez, y que es interpretada por Javier Server, Adriana Salvo e Iker Azkoitia. Puedes seguirle en www.davidramirorueda.com en Twitter: @Dramirorueda, y en Facebook: David Ramiro Rueda - Autor

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Sombras en la Luna Sombras en la Luna es una historia que podría ser la tuya…, ¿o acaso pondrías la mano en el fuego por la gente que te rodea sobre posibles actos ocurridos antes de que los conocieras? Ahora que formas parte de sus vidas, podrías verte salpicado. Sombras en la Luna es el título metafórico de lo que nos vamos a encontrar en las páginas de esta novela de intriga, el preludio de una historia con un inicio tan relevante como lo es la vida de cualquier persona en su día a día, pero que va tomando un cariz oscuro, inquieto y perturbador hasta la última de sus páginas. De ritmo vertiginoso, intrigante, con diálogos verosímiles, y un argumento que te atrapa. Hay personajes que se graban en la memoria; Hugo y Claudia ya forman parte de la vida de muchos lectores en toda España. Sinopsis: Cuando dos personas formalizan una relación parece que ambos se fusionan y se convierten en un solo ser. A pesar de la magia y del tono idílico que durante los primeros meses prevalece en la pareja formada por Hugo y Claudia, la armonía se ve truncada cuando empiezan a surgir ciertos aspectos del pasado de ella que, irremediablemente, ahora también le incumben a

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ĂŠl y le arrastran hasta situaciones insospechadas. Ambientada en Madrid y en ParĂ­s, Sombras en la Luna nos desvela la cara oculta de la perfecciĂłn, y nos sumerge en una realidad de falsas apariencias, verdades a medias, y fachadas que se despintan con el paso del tiempo.

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Píntame Diego se ríe de la vida, Elena hace de su vida un sueño, y Gonzalo se pasa la vida queriendo querer. Pero, por encima de todo, viven. Porque, para lo bueno y para lo malo, los tres han decidido que quieren pintar en sus propias vidas. Y tú… ¿qué pintas en la tuya?

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Fragmento del monólogo del personaje de Elena en Píntame: (…) Ser artista no es fácil. Es una manera de vivir. Además, no lo eliges tú, creo que es el arte quien te elige a ti. De pronto, es como que te posee, te coloniza, te penetra y te secunda en cualquier cosa que haces. Cuando el arte te escoge, estás felizmente perdido. Y ese arte, que ya forma parte de ti, tiene mucho ego, infinito, y en ocasiones no te deja dormir porque quizás durante el día no le has dedicado atención, y te taladra la cabeza diciendo: “¡Has desperdiciado el tiempo, has tirado durante horas tu talento por la ventana!”, y te camela y te ronronea y te susurra al oído: “seamos eternos”. (…) Ser artista no es fácil. Por eso, yo quiero vivir así.

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GLORIA RIVAS MURIEL - SALAMANCA - 1957 Gloria Rivas Muriel nació en La Fuente de San Esteban (Salamanca) en 1957 y vive en Valladolid desde 1975. Licenciada en Filología Hispánica es profesora de Lengua Castellana y Literatura y escribe poesía, relato breve, artículos de opinión y crítica literaria. Publicó en 2012 A la sombra de un tilo, una selección de artículos que habían ido saliendo a lo largo de dieciocho años en la revista “Reflejos”. A principios de enero del año 2014 ha visto la luz el libro de microrrelatos Yo me llamo Ying, que contiene cincuenta episodios de personajes cercanos y sugerentes, como las niñas afganas que esperan a su madre mientras peinan a sus muñecas cerca del pozo. Otras huyen de un primo malo o escapan de madrugada en el carro de los húngaros. En su empeño por contar las cosas no solo en el género narrativo, sino también en el lírico, algunos personajes van de uno a otro y por eso los textos aportados para esta antología pertenecen al poemario inédito La mano del mortero es de madera. Interesada por la técnica del texto breve para abordar asuntos importantes, ha escrito también 100 haikus de la escuela primaria y otros del cuarto creciente y del amor, ajustándose a la forma clásica y a los contenidos que el título indica. Algunos reconocimientos son el primer premio de IV Concurso Literario Hiperbreves MoviStar por “Los caracoles” o la publicación en la red, por parte del Museo de la Palabra, del microrrelato “Katia”.

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El taller de matrioskas abre a las seis y media

y sale por la puerta el olor a abedules. Las mujeres se ponen los mandiles con resignación y se atan, unas a otras, por detrás, los lazos. El taller de matrioskas no cierra hasta las cinco, por eso llora Masha a partir de las once, porque a las once un punto su marido se marcha despacio de su casa, para vender la leche, y cierra bien la puerta. El encargado gana el triple que las artesanas, tiene las cejas largas y revueltas como las gubias de acero, es desconsiderado con las madres primerizas, no obstante mira mucho por el taller y por el dueño, que vive en la dacha de enfrente. El taller de matrioskas es lo menos poético que existe por la zona de esta aldea. Si las artesanas ganaran los rublos que el encargado entonces ya sería otra cosa. Y si el encargado se cortara las cejas de gubia, que parecen una leñera seca, sería más poético el taller de matrioskas. En ese caso, las mujeres se atarían los mandiles cantando el himno nacional

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y aspirarían el aroma de los abedules sin dejarlo escapar por la puerta. El taller da mucho trabajo a las mujeres de esta aldea, tanto que algunas tienen que vivir dos veces al día y por eso envejecen en la mitad de tiempo. La hija de Masha se cría sola, apoya su cabecita sobre los barrotes de abedul de la cuna y a veces llora. La cuna era de su prima Olga. Cuando sale Masha del taller, la ventisca la lleva hasta su casa, pero ya se ha dormido, otra vez, la niña. Por eso las madres primerizas pintan, a escondidas, sin ojos, las matrioskas pequeñas, mientras el encargado vigila por el pasillo paralelo, con la escofina en la mano. Ellas también merecen su minuto de trazo vengativo. El de cejas de leña pasea por el bulevar los domingos por la mañana, y saluda amablemente a las fuerzas vivas de la aldea menos poética de esta hermosa provincia boscosa de abedules.

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Con gratitud a la nieve Para los desconsuelos hay remedios de nieve. La niña de las trenzas se asoma a la ventana mucho antes que a los libros de Geografía e Historia, antes que a la caverna o al contrato social se asoma y ve la nieve que pone todo blanco: las púas de la alambrada que cerca los barbechos, o el camino que lleva a la fuente perfecta. (La niña de la nieve no conocía aún la consecuencia empírica de la lección de Historia.) La nieve cae en silencio, blandita como velos diminutos de novia que pesan unos gramos. La niña de las trenzas no sabe qué le pasa, se ha abierto la ventana y ella es nieve también. Toda la noche anduvo nevando por los montes; nevó sobre la escuela, sobre el tendido eléctrico, sobre todas las tejas y en el cubo del agua. La nieve se amontona como bálago blanco, todo es blanco en la noche que nevó sin parar. La nieve es la metáfora de todo lo eminente, el panteísmo ateo de los racionalistas, es el lugar ameno de fray Luis de León y el recurso común de tu generación.

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Los grillos y las grullas se callan por respeto a la noche de nieve. Y el reloj se detiene. La nieve es el remedio para los desconsuelos, la goma de borrar la cuenta mal resuelta. (La ni単a de las trenzas ha vuelto a la ventana) Siempre vamos los mismos a dar al mismo sitio. Lo digo por la ni単a de las trenzas de nieve y por la autoridad que me confiere el cargo de poeta.

(Primer Premio Piedra del Molino 2013)

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SANTIAGO ZURITA MANRIQUE - PALENCIA - 1960 Santiago Zurita Manrique nació en Astudillo (Palencia) en 1960. Hijo de médico, su familia se traslada a Valladolid en 1973. Estudia Medicina pero lo abandona por el mundo de las Letras y acaba en la Universidad de Filosofía y Letras. Casado y con dos hijos, ejerce actualmente como profesor en el IES Núnez de Arce. Su primera novela es 1588. No tengo más que darte que supone su entrada en el mundo de la novela histórica. En breve saldrá su segunda novela Todas las manos de Dios. Ambas novelas tienen como escenario la España de mediados del siglo XVI y esta última será en la villa de Valladolid cuando Felipe II era aún príncipe. En 2013 ha publicado El perfume de Besalú.

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De El perfume de Besalú Jaume se bañaba como cada verano en el río acompañado de sus dos amigos junto al puente que les vio nacer. No muy lejos a su izquierda se levantaba el baño que los judíos habían construido para sus usos impuestos por su religión. Ya no quedaba ni rastro de ellos desde que fueron expulsados muchos años atrás. Las montañas emergían como gigantes detrás de ellos y los valles se esparcían verdes y soñadores a lo largo de la comarca. Besando el pueblo pasaba el río, de poco caudal en tiempo seco. El agua, notaban los mozos, estaba más fresca que otros veranos y eso se debía al tiempo tan inclemente que habían tenido durante el invierno, más alargado de lo habitual con tormentas y frío hasta finales de junio. La corriente era intensa y el caudal les permitía incluso nadar sin tocar el lecho. —Deja ya de dibujar, Josep, que te van a freír a picotazos esos malditos chupadores de sangre —le gritó Jaume desde el agua. Los insectos nerviosos por el sol abrasador pululaban por sus espaldas así que lo mejor, le gritaban a viva voz, era refugiarse en el seno del agua para no sentir el aguijón acerado de algunos de ellos. Mientras Jaume y Andreu chapoteaban y se divertían, Anna los observaba desde el puente escondida en la torre que surgía de en medio, justo en el punto donde cambiaba de dirección. A Jaume le gustaba Anna desde que tuvo uso de razón. Tal vez esa manera de mirarle con el rabillo del ojo al cruzarse o la sonrisa que desplegaba al sorprenderle en las faenas del huerto le hechizaron desde un principio.

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Jaume tenía ojos de pícaro, de un azul celestial, grandes y observadores que traspasaban las fronteras de la razón, pensaba ella mientras chapoteaban bajo los rayos de sol. Ella sentía un cosquilleo y una pérdida súbita de las fuerzas cuando le miraba y se llenaba de esos ojos tan luminosos y redondos. Escondida en aquel puente ancestral envidiaba no ser otro chico para poder jugar en el agua con él. A veces, cuando las ganas de besarlo la apremiaban, le dejaba un pétalo de rosa blanca bajo una piedra medio desprendida del resto como señal de que deseaba verle cuanto antes, pero esta vez esperaría a que el baño concluyera para esconderla. Quería como cada tarde comerle a besos, perderse río abajo y acariciarle a orillas del rio, abrigados por la brisa refrescante entre los matorrales que decoraban el cauce. Las muchachas del pueblo, sabía bien, andaban todas tras su hombre pero ella nunca comentaba nada sobre aquella relación. Algunas lo intuían e intentaban sonsacarla información pero ella siempre cambiaba de tema sin que se notase demasiado. No había un mozo tan guapo como Jaume en toda la comarca y algunas, cuando se topaban con él a solas, no parecían tan recatadas como la gente del pueblo decía. Anna valoraba su amor y pensaba que si la abandonara, jamás se volvería a enamorar.

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¿Qué de bueno hay en medio de estas cosas, Oh, mi yo, Oh, vida? Respuesta Que estás aquí - que existe la vida y la identidad, Que prosigue el poderoso drama, y que puedes contribuir con un verso. Walt Whitman

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Los Perros del coloquio. Antología 2014