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Cuaderno de Campo

verano

12 celemines


De tanto esperar al tempero, no me di cuenta de que tocaba regar otra vez‌.


al aire libre nostalgia euforia satisfaciรณn-

verano

olor tranquilidad sudor frescor sabor experimentar 2


al aire libre


Al aire libre, pero depende de a qué horas, mejor a cubierto. A cubierto bajo los frondosos árboles llenos de fruto. A cubierto, bajo un sombrero de paja rodeado del color de la huerta. A cubierto, mientras el toro de fuego inunda la noche de chispas anunciando que son fiestas. A cubierto, mientras un temporal descarga con fuerza en un puerto. A cubierto, del clima extremo de estos meses estivales, pero siempre al aire libre. Al aire libre, de las frescas mañanas al abrir la ventana después de una noche calurosa. Al aire libre, escuchando historias a la fresca por la noche. Al aire libre, de comidas al lado del río. Al aire libre, de baños en calas perdidas o excursiones por

hayedos silenciosos. Al aire libre, de aperitivos en terrazas y de paseos en bicicleta.

De nostalgia, por los veranos que ya no volverán,.. Y ese aire es todo sensaciones. De nostalgia, por los veranos que ya no volverán. De sabor a fiesta y fruta fresca. De olor a salitre y a hierba mojada. De sensación de calor bajo el sol abrasador. De sonidos de tormenta y de silencio. De cansancio y de descanso. De los mil colores de las huertas y los atardeceres. Y todo esto en tres meses, aunque algunos se empeñen en que el verano sólo nos dure quince días.

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nostalgia


Maite FMB: El verano huele a tomillo, sabe a ensalada con melón refrescado en el rio. Es una postal de reunión familiar, de excursiones a la fuente, a Santa Marina o a Los Llanos para recoger manzanilla. El verano suena a risas de niños sin colegio y a pasodoble de fiesta en la plaza. Verano en el pueblo. Verano sin prisas. Verano de encuentros. A kilómetros de un mar que no conocía. Una pala, una soga, un trillo, las piedras del camino y las hojas de las acacias eran nuestros juguetes. Los hermanos y los primos en una foto en blanco y negro de la España del baby-boom.

Verano en el pueblo. Tiempo de tormentas, de tardes de teatro en el portal, de partidas de cartas, de chocolate con migas. No recuerdo ningún momento de aburrimiento. La aventura consistía tan sólo estar y disfrutar, pasear y comer pipas, salir de excursión y comer el chorizo cortado sobre la piedra, jugar con los rios de agua que descendian por las calles tras la lluvia, escuchar la llamada del cabrero y ver a los animales salir de las casa como si fueran de potes, o bajar a la carretera a comprar el pan que entonces - y ahora – venía de otro pueblo 20 kilómetros más abajo...

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No tengo buena memoria, aunque si que recuerdo que tenía 10 años cuando por primera vez vi el mar. No sé si fue en Cambrils o Salou. 1973, verano, por primera vez una ola me mojó los pies. Pero no conservo la imagen, tengo su olor. Sal, arena, bronceador de coco.... El aire pesaba más, no era tan ligero como en la sierra, donde el aire resbalaba por la piel.

Y como Eva María,... fuimos a buscar el sol de la playa Llegar a la playa fue toda una aventura de aquel verano del 73. El verano en el que sonaba en la radio “Eres tú” de Mocedades, el mayor triunfo de España en Eurovisión: 125 puntos directos, la mayor puntuación que ninguna canción ha conseguido nunca en el certamen. No ganó, pero mejoró el resultado incluso de “La,

la, la””. Aunque no podía competir en las fiestas con el “Eva María” que Fórmula V lanzó ese año como auténtica canción del verano, o el “Smoke on the Water” de Deep Purple, la canción bandera de los heavies del momento. Y como Eva María fuimos a buscar el sol de la playa, a la costa del Mediterráneo. Acompañamos a mi hermana a pasar unos días a casa de una amiga. Ese viaje fué como la marea: subir y bajar, llegar, ver el mar y volver al pueblo. No había otra, el verano se pasaba en el pueblo, con los tios, los primos y la abuela. Dos meses de “libertad” en el pueblo. Con el paso del tiempo he visto otros mares, otras playas, otros montes, mas ciudades y rincones, exóticos o castizos. Pero el verano exige volver al pueblo, exige recordar, exige reunirse. Ya no son 2 meses de libertad, ahora son unos días de refugio.

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Dicen que recordar es bueno para avanzar. Que mirar atrás sirve para reconocerse a uno mismo. Que para adelantar hay que mirar el retrovisor... Quizá por eso me da miedo conducir: no tengo visión periférica y confundo las imágenes del pasado. Ahora que tengo cubierto más de la mitad del pasaporte de mi vida, identificar los sellos que certifican dónde has vivido se convierte en un nostálgico pasatiempo en el que se mezclan los recuerdos con los anhelos, la realidad con la imaginación. Como si fueran fotografías hechas por una cámara miope, aterrizan en la mente imágenes en tono sepia o con colores difusos quemados por el paso de los años. Vivimos en una sociedad siempre con prisas, descentrada, incapaz de parar a realizar tareas sencillas o poco llamativas. Hemos dejado de encontrar placer en la simplicidad de las cosas y lo buscamos en la virtualidad de las redes sociales buscando quien sabe qué nuevas experiencias. Nuestra atención siempre dividida.

Pero entonces surgen de nuevo, sin llamarlos, los recuerdos... Pero entonces surgen de nuevo , sin llamarlos, los recuerdos, en blanco y negro, difusos y difuminados. Recuerdos con olor a monte, con sabor a helado, con colores pastel... Recuerdos de verano, de agosto en el pueblo, de tardes de tormenta, de mañanas de excursiones, de noches de juegos y guitarras. Recuerdos de verano que huelen a estepa y saben a moras recién cogidas en la carretera.

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euforia


Más veraniegos que los paseos en bici o las noches a la fresca son las fiestas en los pueblos. Unos días en los que parece que todo está permitido: meterse a la cama tarde cuando eres niño; saltarse la dieta a base de comidas a cualquier hora del día; gastar dinero que para eso son fiestas y encontrarte con un vaso en la mano a cualquier hora del día y de la noche. El núcleo central en cualquier pueblo en fiestas está en la plaza del mismo donde las orquestas amenizan mediodías de aperitivos, tardes de terraza y noches de bailes hasta el alba. Sin embargo hay zonas satélites al ambiente de la plaza donde las fiestas se viven con una poco

más de tranquilidad. Son los chamizos. Antaño numerosos, hoy menos concurridos, aunque siempre hay alguno que abre sus puertas al visitante y le ofrece un trago. Los chamizos son lonjas o bajeras donde, los jóvenes, tratan de limpiar, decorar y llenar de todo tipo de muebles que mendigans por las casas o reciclan. Los mayores, suelen tener locales mejor acondicionados, pero la simplicidad siempre forma parte del decorado. Recuerdo que los días previos a fiestas se nos acumulaba el trabajo colocando bombillas de colores y un equipo de música prestado de algún hermano mayor generoso o despistado.

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Sólo faltaba una cosa: EL ZURRACAPOTE.

Un par de semanas antes de las fiestas, las carretillas se apiñaban en la cooperativa portando garrafones con el que retirar el clarete que se servía sólo en esas fechas. No se veían coches. Sólo carretillas. Llevábamos los cupones que correspondían a una cántara de vino (16 litros) por cada uno. Cada uno tiene su propia receta. Cada uno sus recipientes y utensilios, y cada cuadrilla tenía una bodeguita, un merendero o un chamizo donde elaborarlo. A nuestra cuadrilla nos lo enseño a hacer el tío de dos de los miembros: Chuchi. Hombre menudo de bigote poblado, andares amplios y una sonrisa siempre en el rostro, con su eterno pañuelo con nudos en la cabeza cuando llegaban las fiestas.

Sencilla. Con sabor a la tierra, olor a pólvora de cohetes y sonido de pasadobles y jotas.

Tomamos nota de las medidas, mientras nos las enumeraba. Algunos, decía, le echan melocotón. Yo no, concluía muy ortodoxo él. Sus recios brazos removían el líquido con delicadeza mientras estrujaba los limones para que soltasen todo el jugo. Y al cabo de un rato, dejamos preparado un bidón que no llegaría al final de fiestas a base de rellenar porrones.

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Ingredientes: -1 cántara de clarete ( medida antigua que corresponde a 16 litros) -2 kg de azúcar -2 ramas de canela hervida en -1/4 de litro de agua -4 ó 5 limones. Preparación: Disolver bien, el azúcar en el vino y mezclar el resto de ingredientes. Dejar reposar al menos un día. Esta es la receta que aprendimos de él ( aunque esta vez le hemos echado melocotón). Sencilla. Con sabor a la tierra, olor a pólvora de cohetes y sonido de pasadobles y jotas. Espero que la disfruten. Pasen buen verano y disfruten de las fiestas.

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satisfaccion


Para que las huertas luzcan como en esta época en todo su esplendor, llenas de colores y sabor, es necesario su cuidado todo el año, pero más aún en verano que es cuando más delicado está el fruto y, de no regarlo o regarlo en demasía podríamos perderlo. De ahí la importancia de tener acceso al agua en esta época y controlarla. Hoy en día, estancas, regadíos, tubos de goteo, hacen más fácil la labor que en otra época era costosa. Una reminiscencia de entonces son las dómedas ( o turnos de riego) que se sorteaban al principio de verano para decidir quien empezaba a regar. He de reconocer que cada verano me tienen que explicar de nuevo cuando me toca regar, que si una semana va el agua hacia un lado (cuando quieren decir el turno) , que si no le quites el agua, que si déjala guiada para que si la echan vaya a los árboles. Un lío vamos...

le acompañaba entusiasmado pensando en una aventura Sin embargo hubo una época en el que le tenía el pulso cogido al agua: A eso de los 8 años. Recuerdo a mi abuelo de noche o al amanecer ( según la huerta que deseaba regar), yendo a buscar el agua. Yo, una especie de Indiana Jones en miniatura, le acompañaba entusiasmado pensando en una aventura, con azadilla en una mano y una linterna de las viejas de pila de petaca en la otra, y la luz de la luna ambientando la expedición.

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Escuchando expresiones como: dejarla guiada, la parada, recorrer el agua o el tempero pasaba los ratos muertos hasta que el bendito agua anegaba las distintas regaderas labradas en las diferentes tablas de la huerta como si un ingeniero los hubiera diseñado. Admito que alguna vez estaba torcida y se excusaba en que así recogía más agua la planta. Más de una zapatilla mal atada se quedó en el fango y más de una vez regresé a casa con una mascarilla de barro natural.

Llegará el día en que abramos el grifo en cada huerta sin tener que recorrer ningún camino en su busca, pero mientras tanto disfrutaremos de los recuerdos y anécdotas, como contaba un amigo recientemente, recordando a su abuelo ( nos habrá dado por recordar a todos) que al tocar regar de madrugada, él y su hermano, unos tipos tremendos, se quedaban dormidos con la mano en la regadera a la espera de que el agua les despertara. Última tecnología, oiga.

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olor


Se nos nota a los que somos de interior. Visitamos zonas costeras sólo en verano. Somos los que paseamos con una chaquetita al hombro en las frescas tardes. Solemos apoyarnos en la barandilla de los puertos y contemplar omnubilados el vaivén de los barcos señalando en los puertos deportivos los grandes barcos imaginando cómo será la vida de la gente que es portada de las revistas.

El olor que se respira en los puertos, mezcla de pescado y salitre

Sin embargo, en mi caso, me atrae el otro puerto, el pesquero... Con sus pequeñas barcas atadas entre sí bailando cada una a un son. Los barcos más grandes con la pintura desconchada por el oleaje. El sonido de las gaviotas, buscando carroña que llevarse al pico. Las redes extendidas por el muelle a la espera de ser cosidas, o remendadas, por manos trabajadas de pescadores. Pero sobre todo, el olor que se respira en los puertos, mezcla de pescado y salitre. Un olor fuerte, a veces desagradable, al que la gente del mar ya está acostumbrada.

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Otras veces el aroma es agradable, con origen en los restaurantes del mismo que inundan de humo a parrillada las mesas dispuestas en la entrada peleando con el siguiente restaurante por ofrecer una gamba más en el menú. Siempre enfoco la cámara a las bitas oxidadas, a las redes amontonadas, a las puertas de las viejas lonjas y las tascas donde, si te haces sitio entre los parroquianos, viejos lobos, puedes encontrar generosas raciones, evitando los barcos lacados y los restaurantes de grandes cristaleras. Estos pequeños puertos, son más generalizados en el norte donde el ladrillo no consiguió levantar resorts de pulserita. También suelo evitar las terrazas para ver las puestas de sol. Prefiero playas sin gente o acantilados orientados a poniente para volver a respirar ese olor a sal mientras, durante un momento, todo se para, y el sol se zambulle en un mar en calma.

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tranquilidad


En el corazón del Parque Natural de los Picos de Urbión se una halla una zona espectacular y mágica que merece la pena visitar. La Laguna Negra. A 1700 metros de altitud, es una de las tres lagunas ( las otras dos, la Larga y la Helada están a mayor altitud) de este Parque Natual desde donde se accede por Soria-Vinuesa o desde La Rioja por Piqueras. Entre la vegetación podemos encontrar hayas, robles, álamos, pero sobre todo huele a pino desde que aparcas el vehículo en la entrada durante todo el ascenso por un entretenido camino que desemboca en el balcón que te muestra la Laguna Negra

en todo su esplendor. Está rodeada de majestuosas rocas graníticas que son el motivo del color oscuro de sus aguas. El paisaje es tan espectacular que el visitante no puede apartar la vista de las paredes verticales, donde, algún valiente se aventura a escalar, para buscar mejores vistas, hasta los 2000 metros de altitud. Si se es de los que sufren sin tener los pies en el suelo, varios itinearios rodean la laguna incluso uno de ellos adaptado para sillas de ruedas o carritos de bebes. Hace un par de semanas, volvimos a pasar un caluroso día a orillas de esta laguna.

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Encontramos cobijo debajo de un pino longevo, entre rocas. Tratamos de colocar una manta para pasar un día fenomenal en familia,. Los niños correteando y emulando a escaladores. Comida de tortilla y embutido, un clásico de estas excursiones. Y después de comer, apoyarnos en las enormes piedras a contemplar ese extraordinario paisaje.

pero sobre todo, huele a pino Nos estaba entrando la modorra, cuando una pareja, abrazada, a la sombra de un árbol recitaba versos de Machado sobre el pobre Alvargonzález:

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Hasta la Laguna Negra, bajo las fuentes del Duero, llevan el muerto, dejando detrás un rastro sangriento; y en la laguna sin fondo, que guarda bien los secretos, con una piedra amarrada a los pies, tumba le dieron. (...) Desde Salduero el camino va al hilo de la ribera; a ambas márgenes del río el pinar crece y se eleva, y las rocas se aborrascan, al par que el valle se estrecha. Los fuertes pinos del bosque, con sus copas gigantescas y sus desnudas raíces amarradas a las piedras; los de troncos plateados cuyas frondas azulean, pinos jóvenes; los viejos cubiertos de blanca lepra, musgos y líquenes canos que el grueso tronco rodean, colman el valle y se pierden rebasando ambas laderas. Y con este recital, el olor a pino y el frescor del agua, rodeados de belleza, descrita en los versos centenarios, hasta una manta en el suelo hace las veces de una terraza chill out.

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sudor


Es de noche oscuro cuando los primeros hombres salen de sus casas camino de la finca donde dejaron el tajo el día anterior. Cierran los ojos, respirando el frescor del amanecer, queriendo retenerlo al máximo porque, dentro de poco, el sol no les dará tregua.

dentro de poco,.. el sol no les dará tregua.

Con los primeros rayos las mujeres se ponen en marcha, acarreando las cestas para la comida. Unas van en carro donde los botijos recién llenados de agua fresca saciarán la sed

que da el duro trabajo de la siega. Cuando llegan a la finca, ya tienen tarea, pues el grueso de los hombres armados de hoces y guadañas y protegiéndose con zoquetas los dedos y sombreros de paja la cabeza, han ido abriendo camino en el campo de trigo. Ellas empiezan a doblarse para comenzar a espigar. Van amontonando las mieses que luego cargarán en carros para llevarlos a las eras. Ata bien y siega bajo, aunque te cueste trabajo. Repiten a los más jóvenes. La conversación, las chanzas y las canciones van animando la mañana.

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Canta alegre, el segador en medio de la faena. No es suya la mies y canta, ¡qué sería si lo fuera! A la hora de la comida, cuando el sol está más alto, buscan cobijo en alguna sombra. Unos apoyan la espalda contra los árboles que hacen las veces de comedor improvisado. Otros tumbados cual largos son, tratan de aliviar el dolor de riñones. Un jota rompe el silencio de la sobremesa. Alguno se queja, pues no le dejan echar una cabezada. Segadora, segadora, ¡qué aborrecida te ves! Todo el día en el rastrojo y agua no puedes beber. El entusiasmo va languideciendo como el sol. A última hora de la tarde, los carros devuelven a los trajinados segadores a sus casas para recuperarse para la siguiente extenuante jornada. Las canciones han dado paso a refranes y frases hechas que invitan a recogerse. Unos pocos se llegan hasta la era. Más tarde saldrán a la fresca. Los más valientes se animan a un trago. Hoy en día el aire acondicionado de las cabinas deja fuera el calor y el asiento el dolor de espalda. En la radio se escuchan tertulianos debatiendo sobre cualquier aasunto. Ya no se canta en el campo.

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frescor


Hubo una época entre la aparición de las lavadoras y el auge de las piscinas, en las que los ríos dejaron de recibir las visitas de nuestras abuelas para lavar para llenarse de veraneantes, autóctonos y foráneos, buscando darse un chapuzón en sus aguas. Mucho antes de los toboganes, eran las losas erosionadas por las que

resbalábamos. Antes de los trampolines, nos colgábamos de árboles caídos. Antes de los platos combinados en chiringuitos, extendíamos una manta en el suelo para comernos un bocadillo y unas catas de sandía, refrescadas, por supuesto, en el río. Luego llego el cloro, los chorros de hidromasaje y el control de la temperatura del agua.

No nos encontramos con pelo de rana con el que hacernos flequillos, y podemos bañarnos descalzos sin el temor a cortarnos. Sin embargo, siempre que me acerco a un río, sobre todo en esta época, me descalzo y sumerjo los pies en el frescor del agua, jugueteando con las piedras entre los dedos, recordando aquel niño que fui.

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sabor


Una comida un domingo de verano en casa de tu abuela y verte en una terraza de un pueblo costero atestado de cuerpos rojizos y sudorosos con los pies con rastros de arena, seguramente lo único que tienen en común el menú que te vas a zampar a continuación:

Ensalada mixta, paella y fruta fresca. Sin entrar en la polémica de si el autor es un agarrado en la medida que no se ha estirado con los crustáceos o si la paella mixta es de una indecisión que hace que los sabores no resalten ni hacia un lado ni hacia otro, hemos

decidido que la nuestra es la paella campera por aquello que somos gente de interior. Si es usted un mínimo cocinillas se reirá hasta la saciedad de la simpleza de los platos. Pero hay gente que el hecho de picar sólo lo asocia a los mosquitos. He aquí nuestro menú.

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Ensalada de la huerta Ingredientes

-1 lechuga ( Por favor, evitad lechugas tipo iceberg o bolsas de brotes. Van en contra del espíritu celeminero) -2 tomates . Ni que decir tiene que en esta época es cuando los tomates saben a tomate y no a plástico -1 pepino. Mi abuela cortaba los culos y los frotaba con el resto para quitar el amargor. No hay estudio científico que sustente esa teoría pero lo seguimos haciendo. -1 puñado de aceitunas negras -Cebolleta fresca. Repitan, ce-bo-lle-ta. Si usa cebolla nadie querrá ser su pareja al mus en la sobremesa. Y para de contar. Cualquier ingrediente adicional, le añade sabor pero pierde autenticidad, aparte de tener que abrir envases, en cuyo caso no se le puede aplicar el término “ del huerta”.

Aliño

Coged un bote de conservas de tamaño mediano 3/4 partes de aceite ¼ parte de vinagre Sal al gusto Y agita Puri. Chas, Chas Chas, emulsione. Reservar

Preparación

Lave todos los ingredientes, pele el pepino. Corte las hojas de lechuga, pique el tomate en gajos, lamine el pepino y la cebolleta. Añada las olivas y aliñe.

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Paella Campera Ingredientes

• Pollo (500 gr) • Medio conejo • 1 kg de arroz. • 1 cebolla cortada fina • 2 dientes de ajo picados finos • 1 pimiento rojo en dados Media docena de alcachofas • 2 tomates t maduros • 250 gr de alubia verde plana • Azafrán • Pimentón dulce • Aceite • Sal

Preparación

Se dora la carne en aceite. Cuando esté bien dorada, se retira al exterior de la paella o se reserva aparte. Se prepara un sofrito con las verduras, dejando el ajo para el final. Se añade azafrán y pimentón dulce e inmediatamente después se echa el tomate para que no se quemen. Cuando el sofrito está listo se añade el agua o el caldo ( elaborado con una carcasa de pollo y las verduras que tengamos a mano). Cubrimos hasta las asas, generalmente el triple de agua que de arroz. Dejamos hervir a fuego medio. De esa manera se consumirá parte del líquido y llegaremos al doble de líquido que de arroz tan manido. Cuando estemos preparando la mesa para comer, se añade el arroz y se termina de hacer unos 20 minutos, rectificando de sal. Dejamos reposar 5 minutos.

Sugerencia: Si estamos en el campo,

eviten los platos. Utilicen la técnica de “Cucharada y paso atrás”. El ansia de que llegue el turno, hará que la paella, aunque haya sido elaborada por un principiante, le sepa a gloria.

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Sandía al corte Paso 1. -Elijan cuidadosamente la pieza. Si es de la huerta, asegúrense que el rabo que la une a la planta está seco. Si es de tienda, dele golpecitos delante de alguna señora. En ese momento seguramente le pedirá permiso para elegir por usted y probablemente pida al tendero que le corte un taco como en los mercadillos de hace años. Paso2.- Enfríe en la nevera o, si la comida es campera literalmente, busque un río para refrescarla. Paso 3.- Ubique la sandía en un plato. Agarre bien el cuchillo previamente afilado. Hay dos estilos de apertura: el del meridiano o el del ecuador, si cortamos por el nacimiento del rabo o lo dejamos de base. Así mismo hay dos tipos de corte, las catas ( con los bocados precortados o entera) o en dados. El primero más informal, el segundo más cómodo. No hay nada más refrescante que ver a un niño chorreándole el agua de la sandía por la boca en un día caluroso de verano. Siesta vs partida al mus Elijan ustedes, entre dormitar bajo los árboles o calzarse un copita de pacharán mientras barajen un mazo de cartas. Si optan por la primera asegúrense de que la manta que extiendan en el suelo es una de pastor. Sobredosis de celeminerismo.

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experimentar


Los niños, como el agua, pueden presentar tres estados y saltar entre ellos en cuestión de segundos: Aburrido, eufórico y sollozante. Sin contar con el de somnolencia, resultado final de la mezcla de los otros tres a lo largo de un día. Para un equilibrio mental del sujeto o sujetos en cuestión y de los abnegados padres, abuelos y cuidadores de todo tipo en esta época, proponemos manualidades al aire libre, ahora que el tiempo anima a ello. Y porque no sólo de piscina y bicicleta, vive el infante en verano.

Desde extender una manta y pintar unas flores que puedes encontrar en cualquier rincón, a moldear una porción de barro hasta convertirla en una jarrón de dudosa forma, el objetivo es tocar la naturaleza, mancharse las manos. Sí, han leído bien, mancharse las manos, la camiseta, el pelo...y la cara. La cuestión es divertirse. Y si la pintura es de las que se va con agua, mucho mejor.. Vean disfrutar a un niño haciendo estas actividades. Les recordará los tiempos en los que llegaban a casa con barro hasta en las orejas.

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vocabulario celeminero A mesa puesta: Como nos gusta que nos reciban y recibir a nuestros invitados. Si es por estirar el vermout, mucho mejor. Chamizo: Local decorado especialmente para fiestas de los pueblos. Donde se preparan cenas y almuerzos. Condición sine qua non: tener prepardo un porrón de zurracapote fresquito para deleite del visitante. Dómeda: Orden de riego obtenido por sorteo para una zona determinada. Mucho ojo con saltártela. Puede haber más que palabras. Espigar: Recoger las espigas que han quedado en el campo tras la siega. Pregúntale a tu abuela a ver si se acuerda. Modorra: Estado de sopor entre una gloriosa comida y la imperdonable siesta. Parada: Acumulación de tierra en las regaderas que hace que el agua inunde una parte de la huerta. Un hortelano manejando las paradas, es la envidia de la Guardia Civil de Tráfico, pero en vez de luminaria se arma de azadilla. Pelo de Rana: Masa vegetal que solemos apartar en un río por asco o miedo a resbalar. ¡¡Cuántas veces nos han servido de sombrero!! Zurracapote: Bebida elaborada exclusivamente para fiestas de un pueblo. Entre estas páginas encontrarás su receta. Aunque el tinto de verano le ha quitado la presidencia honorífica de bebida de esta época, los recuerdos hacen que al hablar de verano, nos venga a la cabeza este brebaje. Eso, y que echarle gaseosa al vino, en mi pueblo, lo llaman alfalfa. Porque sólo los burros se lo toman… +

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EL EQUIPO Hijo del campo, desertor del arado, esclavo de pantalla y ratón. Aprovecha cualquier oportunidad para descalazarse y acariciar la hierba con los pies. Elige el vino por la etiqueta, los libros por el lomo y la comida por la sencillez. Le gusta contemplar las estrellas en las noches sin luna, y cerrar los ojos entre hayas hasta darse cuenta que está sólo, cuando un escalofrío le recorre la espalda. Su época favorita es el otoño, siempre se lleva los melocotones a la nariz buscando recuerdos en el olor de su piel y acaricia sus manos frente a un fuego en invierno. Cuando huele a tierra mojada, se emociona…

A caballo entre sierras y valles, esta mante de la naturaleza, el aire libre y la vida sencilla. Prefiere hacer que observar, crear que copiar y vivir a soñar. Da tanta importancia al envoltorio como al regalo y no entrega un presente sin que lleve su sello. Tiene pasión por los frutos rojos y las flores y le encanta el olor a madera recién cortada. Siempre opta por las manualidades a la acción y es adicta a una tarde de manta y chocolate caliente en invierno; aunque su época favorita es la primavera cuando un manto floral hace que se relama tras la cámara. Para ella cualquier objeto puede tener una belleza oculta...

es:

Colaboracion

la costa ada especial a r del titular, vi en a tr es u N : la n, jug Maite FMB inera de corazódos , de bosques ra levantina. Celem ueblos emped nostálgica de p tes claras. sombríos y fuen s Agradecimiento nieta edición vera es ra a p n ro sa po A todos los quen robado. ñau o d n e nos han ense u q ga simula s o er in m le os ce A los verdader nos prestan sus recuerdos. y o in do el cam da. rten nuestra vi a p m co e u q s A todos lo +

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verano mes a mes...


proximamente

otono

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Verano2017 12 Celemines  

...Y ese aire es todo sensaciones. De nostalgia, por los veranos que ya no volverán.

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...Y ese aire es todo sensaciones. De nostalgia, por los veranos que ya no volverán.

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