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Distribución gratuita

Revista DIXI (He Dicho) Número XXXV / Año XI / Abril 2013


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Sumario [30] COMPULSIONES

[22] POGOS

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[44] LABERINTOS

[4] TESIS [8] HIPÓTESIS [12] CALIGRAFÍAS [16] INTERVENCIONES [20] DIXI EXHIBE

[54] INDIVIDUALES

[22] POGOS [30] COMPULSIONES [38] PROYECCIONES [44] LABERINTOS [54] INDIVIDUALES

COORDINACIÓN: Laly Rosales EDICIÓN: Irene Benito Courtade DISEÑO GRÁFICO: Valentina Becker TAPA: Piñero Diseño LOGO: Bruno Juliano

COLABORADORES: Aida, Ana Vazquez, Andrés Herrera, Ángeles Merchan, Carlos Vilaró Nadal, Carolina Álvarez, El Perro Sabio, Emiliano Goyeneche, Epifanía, Federico Liste, Graciela Colombres Garmendia, Gonzalo Villa, Holden Caulfield, Isabel Reyes Zeballos, Jorge Missart, José María Jaime, Juan Manuel Campi, Juan Pablo Castellote, Juan Pablo Sáez Gil, Laura Rossi, Leo Miranda, María Emilia Herrerías Martínez, Mels Petroff, Néstor Martín, Roberto Espinosa, Romina Barros y Sergio Paz.

DIXI es una publicación cultural de distribución gratuita. Año XI, número XXXV. Abril de 2013. Registro de la propiedad intelectual número 243.824. Hecho el depósito que marca la ley 11.723. DIXI es propiedad de Léxico (contenido creativo). Impresión Printer. Nuestros e-mails son: revistadixi@gmail.com y contenidocreativo@gmail.com /Nuestro website es: www.dixihedicho.com.ar / Nuestro teléfono: +54(9) 0381 155 776057. Tucumán - Argentina. Las opiniones son nuestras -o sea, de los colaboradores- y pueden ser reproducidas libremente citando la fuente.


TESIS / Meditación MEDITACIÓN trascendental TRASCENDENTAL

Cartomancia Por Juan Manuel Campi, desde San Miguel de Tucumán* Una copa de vino y un cigarrillo acompañan el misticismo del momento. Luego de un “pasá, pasá, sentate” y del encuentro de ojos cómplices que corta el silencio, llega el apogeo de esta meditación. Cada mirada busca “ese” algo llamado respuesta certera. No es nueva la situación, aunque siempre distinta. Comprende destino, entrega, temores, ansias y la tremenda necesidad de escuchar cosas positivas: noticias alentadoras y hasta éxitos utópicos sólo comparables con obsequios divinos. Con urgencia, ellos pretenden encontrar en el otro aquella piedra filosofal capaz de convertir el torbellino de sentimientos en algo mejor... O, al menos, en algo a secas. Hablo de realización personal, de consecución de metas, de triunfo, de salud, de amor y de alegría. De ese conjunto de condimentos que, correctamente combinados, configuran la vida deseada; cumplen sueños y anhelos, y nos llevan alto, muy alto, a la cima del Aconcagua. Hablo de tarot. La interpretación y el uso adivinatorio de las cartas surgieron en algún momento del Siglo XV y fueron expandiéndose desde Europa hacia los otros continentes. En el presente, la lectura del tarot sigue vigente y en crecimiento aunque los escépticos del mundo se hayan encargado de desacreditarla. El intérprete (un “brujo” para el pueblo) es estereotipado como una persona extraña, oscura y de talento sobrenatural dudoso. Sin embargo, y en la intimidad del encuentro, el consultante se entrega al ta-

rotista como si estuviese frente a un profesional de la salud dotado de la sensibilidad de una madre, el oído de un psicólogo y los poderes de Superman. Los dimes y diretes vinculados al tarot han eclipsado su larga historia. Poco se sabe sobre la cuestión. El tarot es un oráculo: un medio para adquirir información sobre el pasado, el presente y el futuro. Está constituido por 78 cartas divididas en dos grupos: arcanos mayores (22 figuras) y menores (56 figuras). Cada arcano representa un misterio, una imagen o entidad dueña de un secreto; a partir de él, el intérprete puede responder la inquietud del consultante. Una baraja de tarot posee 78 fuerzas espirituales que guardan los conocimientos del universo: el intérprete es el encargado de descifrar sus mensajes. Además, existen diversos tipos de oráculos y cada uno de ellos es dueño de una simbología propia. En el universo del tarot entran la magia; la sangre que corre deprisa por las venas; manos inquietas y bocas que suspiran por esperanzas y soluciones; respuestas posibles y descreídos. Siempre de pie e involucrándose en cada consulta, arcanos e intérprete ponen parches en la vida de quien recurre a sus servicios. Y aunque son sabios y conocen los misterios, hay uno de ellos que ningún oráculo podrá jamás comprender. Es el que se presenta -más o menos- con estas palabras: “yo no creo, pero tirame las cartas igual”. Se llama tarot, viste de destino y dialoga con la fe.(dx)

* Juan Manuel Campi es licenciado en Ciencias de la Comunicación.

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te administradas. El veneno se bebe, se consume, se destila, se ingiere, se inocula, se inyecta, se mete (en el corazón de alguien), se proporciona, se propaga, se suelta, se traga y se vierte. Contra el veneno hay antídoto, afortunadamente.

Fragmento elaborado a partir de la entrada correspondiente a “veneno” en Redes, Diccionario Combinatorio del Español Contemporáneo, Grupo Editorial SM Internacional (2004), página 1.800.

El veneno aletarga. Pero también hay seres cargados de veneno. El veneno es contundente, destructivo, fatal, fatídico, fulminante, funesto, mortal, mortífero, letal, infalible, paralizante, placentero, dulce e inocuo. El veneno se absorbe en gotas o dosis correctamen-

Veneno

Singular

Por Juan Pablo Sáez Gil

Palíndromo

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Latinajo

Veritas filia temporis. “La verdad es hija del tiempo”.

Epígrafe

Autofoto

Andrés Herrera, texto y foto “Por medio del arte erótico intento mostrar una sensualidad sin prejuicios ni sometimientos, un placer alternativo y libre de los obsoletos valores morales occidentales. Estoy en contra de la trata de los cuerpos aunque no tengo ninguna fundación ni recibo dinero por mi militancia.”


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C贸rdoba 1059 Tel.: 4214706


HIPÓTESIS

El impronunciable Por Carolina Álvarez -texto- y Leo Miranda -ilustración-, desde San Miguel de Tucumán* La mañana comienza como todas: despertar, preparar café y revisar “tumblrs”. Esta podría ser la rutina de quien escribe sin ningún tipo de agregado fantástico, el día a día de una obsesión -para nada sana- por un sitio de internet imposible de pronunciar. ¿Tamblr, tmblrrr, tumbrl, tambl? Desde su nacimiento (allá por 2007), Tumblr fue conceptualmente una red inclusiva. Wikipedia lo define como una plataforma de “microblogging” en modo “tumble log” (posteo improvisado y espontáneo). Pese a no lograr la popularidad inmediata de otros sitios similares, Tumblr se mantuvo firme, casi escondido, esperando su momento. Su magia reside en complementar y unir todo tipo de posteos, y, por ende, evitar la fatiga de navegar por infinitas ventanas. Fundamentalmente Tumblr se destaca por sus huestes de usuarios fieles que refugian allí sus “fandoms” (aficionados a cierto pasatiempo, persona o fenómeno en particular), y sus locuras por los “.gifs” de animalitos y demás extravagantes adoraciones. De los cachorritos al porno Apretar el botón de “follow” basta para convertir al usuario en devoto de las actualizaciones de aquel al que sigue, que, a su vez, es devoto de otro y, así, hasta el fin de los tiempos. El combustible que mueve a Tumblr es el “reblog”, que en los hechos se trata de

un sacerdocio simplificado en un pequeño icono. Miro, paro, “reblogueo”. Mis seguidores harán lo mismo. A mayor cantidad de “tumblrs” seguidos, más probabilidades hay de “rebloguear”. De ese modo, la cadena se llena de eslabones. Otra de las maravillas de Tumblr es la diversidad. No me refiero sólo a que abarca todo tipo de comunidades, no: sus prestaciones le permiten ser desde una mera vidriera de aficiones personales hasta un gran lugar donde exponerse. En esa red encontramos desde tiernas imágenes de cachorritos hasta las más explícitas miradas sobra la anatomía humana, actos íntimos incluidos. Porno, como le dicen. Las toneladas de material eróticamente cuestionable le añaden un poco de pimienta al asunto. Y todo esto convive alegremente en nuestro escritorio. El camino dorado a la procrastinación Encontramos también el amor. Porque sí. Cuando alguien me gusta, tengo que ir y decírselo, declararle mis sentimientos, sonreírle desde el otro lado de la vereda... El mundo de Tumblr es igual: si nos gusta una publicación, lo demostramos haciendo clic en los corazones. No es un pulgar levantado indiferente como en Facebook; no es una estrella narcisista como en Twitter; no es una fría puntuación. Esto es puro cariño, aprecio, amor. Si Tumblr fuese un órgano, sería el corazón. Si fuese una tribu urbana, sería sin duda un poco “hipster” y un poco “geek”.

* Carolina Álvarez es comunicadora social, fotógrafa amateur y escritora ocasional. Leo Miranda es dibujante.

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Si fuese un pariente, sería esa tía copada que nos hace tomar vino y escucha vinilos mientras cuida su media docena de gatitos. Si fuese música, seguro sonaría como una banda de “brit pop” con cantantes y guitarristas que usan tiradores. Para mí Tumblr es un escondite, un tronco hueco en medio del bosque, un piso

mullido de hojas secas debajo de la sombra de un árbol. Es una ventana que me gusta abrir mientras tomo mi café excesivamente negro y voy despertando a la vida. Es el único lugar donde, por un momento, puedo zambullirme en las cabezas de decenas de desconocidos tan ansiosos como yo por evadir el mundo.(dx)


HIPÓTESIS

Los treinta y pico Por Laly Rosales -texto- y Ángeles Merchan -foto-, desde San Miguel de Tucumán*

La década de las preguntas inevitables y de las respuestas ambiguas, de las palabras pensadas, la confrontación estratégica y las pausas inteligentes. A los treinta y pico una asume que no alcanzarán los años para leer todos los libros postergados desde los 15 y que se acaba el tiempo para hacer los viajes de juventud. Treinta y pico apurados por las cosas pendientes. Treinta y pico, y cada vez son menos los años fértiles; treinta y pico, y los hijos en la escuela. Los treinta y pico, y el trabajo a destajo. Los treinta y pico, y las fiestas del recuerdo; la candidez abandonada en la década de 1990 y la creencia de que los mejores músicos fueron los que acompañaron nuestra adolescencia. Los treinta y pico, y las crema “anti-age” y el gimnasio a diario. A los treinta y pico ya no se soporta la ridiculez de los gobernantes. A los treinta y pico una engordó de hastío con la pizza con champagne, el pancho y la coca, y el fanatismo desmesurado. A los treinta y pico la tele es esa cosa que un día pasó de un show como Jugate Conmigo a otro como Gran Hermano. A los treinta y pico una ve a Tinelli, y se pregunta “¿por qué?” y siempre es al vicio. A los treinta y pico recordás cómo un presidente se fue en helicóptero; cómo fue ese día en que un argentino resultó elegido Papa y cómo unos aviones destrozaron un par de rascacielos. A los treinta y pico se

te hace cosa de locos que tu provincia haya sido gobernada por un semianalfabeto; el cantante de La felicidad y un genocida. A los treinta y pico sos periodista, fotógrafo y “community manager” sólo por tener más de 1.000 seguidores en Twitter. A los treinta y pico esos kilos de más no se quieren mandar a mudar. A los treinta y pico si te dejaron, sabelo, no vuelve más. A los treinta y pico una resaca dura una semana. A los treinta y pico queda patético exponer la borrachera en Facebook. A los treinta y pico basta y sobra con una noche apacible con amigas de toda la vida. A los treinta y pico el silencio es un placer impagable. A los treinta y pico el mate y un libro pueden ser los mejores compañeros de viaje. A los treinta y pico pensás más en dormir una buena siesta que en la fiesta del fin de semana. A los treinta y pico las mujeres solteras llevan en la frente el cartel de histéricas y de pretenciosas, y los varones, el de picaflores enfermizos o de incurables nenes de mamá. A los treinta y pico comienzan a florecer los duelos sin difuntos, y los afectos perdidos perforan huecos que ningún relleno puede completar. A los treinta y pico los adioses se sufren en soledad. A los treinta y pico no va más la picardía de no hacerse

*Laly Rosales dirige esta publicación. Ángeles Merchan es estudiante de fotografía.

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A los treinta y pico comienzan a florecer los duelos sin difuntos, y los afectos perdidos perforan huecos que ningĂşn relleno puede completar.

cargo de la crisis. A los treinta y pico vuelven recargados los interrogantes existenciales de la niĂąez. A los treinta y pico se es demasiado joven para algunas cosas y de-

masiado vieja para otras. A los treinta y pico la vida da vueltas mĂĄs lentas. A los treinta y pico la verdad lastima, pero aĂşn tiene remedio.(dx)


CALIGRAFÍAS

Ana Ajmátova: que el alma se vuelva roca Por Laura Rossi -texto-, desde Rosario (Santa Fe), y Néstor Martín -ilustración-, desde San Miguel de Tucumán*

“Cualquier destino”, dice Borges en Biografía de Tadeo Isidoro Cruz, “por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es”. A veces, ese destino no es el de un hombre: es el de una mujer. Y esa mujer es poeta, pero también es madre: la madre de un preso político, la madre de un deportado a Siberia. El momento en el que Ana supo para siempre quién era duró muchos meses “ante las puertas donde estuvieron / mis pies trescientas horas y no me abrieron”.

cuenta del otro lado de la revolución. El otro lado de la revolución es frío y huele a muerte. Es el muro de la cárcel en la que está su hijo, Lev; es la espera interminable junto a las otras madres. Es el fusilamiento de Gumiliov, la muerte de su tercer marido en un campo de concentración. Es volver con Lev en 1944 a Leningrado, para que, en 1945, vuelvan a apresarlo por diez años más. Es ser expulsada de la Unión de Escritores Soviéticos. El otro lado de la revolución es la soledad; también es la poesía como única resistencia.

Rusia inocente de dolores repleta (*) Si la gente se dividiera entre los que se quedan y los que se van, Ana Ajmátova estaría de pie entre los que se quedan. “No pertenezco a aquellos que dejan a su país en la estacada para que sea destruido por los enemigos”, escribe en 1922. Ya el padre de su hijo, el poeta Nikolái Gumiliov, había sido fusilado por la Cheka. Diez años antes, habían fundado el movimiento poético que vendría a oponerse al Simbolismo, el Acmeísmo, sin saber quizás que esa búsqueda por un lenguaje diáfano, capaz de capturar la realidad concreta, sería, al menos en el caso de Ajmátova, el que le permitiría dar

Algo como una sonrisa La mujer que había pasado una infancia tranquila entre Tsarkoe Selo y Kiev, que escribía sobre el amor como tema fundamental, se aferra de todos modos a esa vida que se da vuelta, que se llena de piedras y de las ausencias de los otros. “Hay que matar la memoria hasta el final / es necesario que el alma se vuelva piedra / hay que aprender a vivir de nuevo”. Y en ese aprender a vivir de nuevo, se transforma en voz: en voz que la excede y expresa el sufrimiento de muchas otras. En lugar de prólogo, en su poema Réquiem, hay una pequeña historia: alguien

* Laura Rossi es licenciada en Letras, docente y escritora. Néstor Martín es caricaturista e historietista.

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“Hay que matar la memoria hasta el final es necesario que el alma se vuelva piedra hay que aprender a vivir de nuevo”.

la “reconoce” mientras está allí afuera, con otras madres, delante de una cárcel de Leningrado. Entonces, una mujer que estaba detrás de ella, le susurra: “¿Y usted puede describir esto?”. Ana dijo que sí, que sí podía y “algo como una sonrisa resbaló en aquello que alguna vez había sido un rostro”. La voz de Ana se convierte en una plegaria compartida, en testimonio de todo eso que no se podrá olvidar aunque así se quiera: “para mí misma sólo no reza mi voz / sino por las

que allí vieron mis ojos”; “a todas por sus nombres quisiera evocar, / la lista me arrancaron y ahora dónde buscar”. Si, como dice Borges, “los actos son nuestro símbolo”, en Ajmátova, la fidelidad, la resistencia y la poesía son ese símbolo complejo y doloroso –y tal vez imprescindible- que le permite “aprender a vivir de nuevo” y defender, como decía Marina Tsvietaieva, su más profundo derecho a la entonación.(dx)

(*) Los subtítulos son versos o fragmentos de versos de poemas –fundamentalmente de Réquiem- de Ana Ajmátova.

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CALIGRAFÍAS

El hombre mediocre Por Juan Pablo Castellote -texto- y José María Jaime -foto-, desde San Miguel de Tucumán*

Existe un libro, cuentan por ahí, que debe ser leído tres veces durante la vida. A los 20, a los 40 y a los 60. Dicen que cambia su sentido, como si fuera José Ingenieros un mago eterno, cada vez que se lo relee. Yo lo leí –un poco pasadito para los estándares populares– a los 21 y no creo que pueda esperar 20 años para hacerlo de nuevo. El hombre mediocre es una obra literaria que ha puesto en jaque mis poco trabajados pensamientos, y mi precoz e inexacta visión del mundo. Es un ensayo que describe hasta la mugre de las uñas, construyendo de forma obsesionadamente detallada un perfecto retrato del hombre común, del hombre sin ideales, del hombre que no quiero ser. Con un exquisito (y bastante elitista) vocabulario, el autor pone en vidriera los defectos del hombre que no crea, no imagina, no empuja, no rompe, no engendra. De ese hombre cuya estadía en el mundo es sólo un desabrido trámite sin sentido, pero cuya mediocridad sufrimos todos. De aquellos hombres que, atados los pies por los prejuicios y las manos, por los dogmas (que ni siquiera formularon), custodian celosamente un capital ideológico que justifica su burda y grotesca existencia. Una meta posible En el hombre mediocre, dice Ingenieros, la cabeza no es más que un adorno del cuerpo. Es un hombre que hace del arte un

oficio; de la ciencia, un comercio; de la virtud, una empresa; de la caridad, una fiesta; del placer, un sensualismo. Adicto a los prejuicios, siente horror por lo desconocido. Recuerdo que, al terminar de leer el libro, experimenté un profundo rechazo por mí mismo. Yo era ese hombre mediocre del que tanto se quejaba Ingenieros. Pero, ¿qué sería uno sin su contrario? Cada hombre necesita de su enemigo. Así, el virtuoso y el sabio sólo son tales por la existencia de un mediocre. Y esta es su razón de ser, de su existencia: representar un banquito de madera hueca y pintura barata al servicio de los pies de un idealista, al que engrandece permitiéndole alzar la mirada y ver el infinito más allá del horizonte. Un panorama que él, el mediocre, nunca podrá contemplar, claro. Seres desiguales no pueden pensar de igual manera. Siempre habrá, por fuerza, idealistas y mediocres. Siempre existirán los que idolatren y prioricen la cultura del “tener más” por sobre la del “ser más”. Aunque nuestra meta como sociedad sea abolir la mediocridad, jamás podríamos concretarla sin borrar también la sabiduría: el canto de los poetas, el gesto de los héroes, la virtud de los santos, la doctrina de los sabios, la filosofía de los pensadores. Entonces, nuestra meta deberá concentrarse en pasar de ser ese banquito de madera hueca al hombre que lo usa para alzar su mirada.(dx)

* Juan Pablo Castellote estudia Ciencias de la Comunicación y Abogacía. José María Jaime es fotógrafo.

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Seres desiguales no pueden pensar de igual manera. Siempre habrá, por fuerza, idealistas y mediocres. Siempre existirán los que idolatren y prioricen la cultura del ‘tener más’ por sobre la del ‘ser más’.


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INTERVENCIONES

La película que veo en tu rostro Por Mels Petroff -texto y fotos-, desde San Miguel de Tucumán*

¿Hasta qué punto fotografiando al otro me estoy fotografiando a mí? Fue durante la adolescencia que empecé a sentir un flechazo particular con los rostros. Los dibujé y pinté, y después me dediqué a fotografiarlos intentando materializar el magnetismo que me producen. Creo en la ceremonia que se crea al establecer un diálogo con el otro y, a continuación, retratarlos. No se trata sólo de sacar la cámara y disparar; hay algo que subyace al instante fotográfico, algo parecido al “punctum” del que hablaba Roland Barthes (significado personal: cuando una foto conmueve, y dice algo muy íntimo y particular). O quizá se trate del “momento decisivo” (la coincidencia del ojo, la cabeza y el corazón en un gesto que permite captar la realidad por sorpresa) de Henri Cartier-Bresson. Nan Goldin, la gran artista estadouni-

dense, dice: “lo que sé lo aprendí del cine”. Goldin hace fotografías como películas. Este es un aspecto clave: la cinematografía ayuda a determinar la manera en la que se ve el mundo y se lo encuadra. Esa actividad exige decidir qué elementos de la realidad tomar y qué elementos dejar de lado. Cuando hablo de rostros me refiero a palpar en una imagen olores, texturas, caricias, sonrisas, miradas, etcétera. Los primeros planos del director de cine sueco Ingmar Bergman sembraron en mí una gran inquietud y curiosidad por la forma de percibir los rostros: la elección del blanco y negro para transmitir angustia, soledad, melancolía, locura, felicidad y confusión; el juego constante con las luces y sombras para insinuar emociones diversas, y la fortaleza oculta en tonos como el rojo, el verde y los pasteles. Como pocos, Bergman llegó

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» El silencio interior Creo en la forma romántica de retratar; en salir del papel de fotógrafa estática para compartir un momento relajado con el otro. Entonces la foto es un devenir del tiempo; un hecho que sucede y que, a su paso, deja un retrato con un gesto, una mueca de enojo, una mirada perdida o un cigarro apenas sostenido. El romanticismo es una manera de sentir que concede valor primordial a los estados de ánimo y a la exaltación de las pasiones a partir del color y de la luz. Este movimiento consiste en una forma de sensibilidad que glorifica al individuo. La vida ocurre sólo una vez y para siempre, y, cuando se retrata, más que una expresión se busca el silencio interior y la personalidad, como postula Cartier Bresson.

¡PLUS!

Más fotos de la autora en Facebook.com/MelsPetroff

Una vez un retratado dijo al fotógrafo Richard Avedon: “sea amable conmigo”. ¿Será que, a diferencia de otras disciplinas artísticas, el retrato fotográfico supone una responsabilidad especial en el autor que en sus manos tiene la posibilidad de presentar a su modelo como alguien alegre, triste, atractivo, noble, tierno o malvado? Retrato metiéndome en momentos particulares donde la cámara no es un objeto que intimida sino algo que esta ahí. Las fotos suceden de tal forma que las personas se saben retratadas y, sin embargo, eso no es una molestia o algo que disguste (la cámara me acompaña a fiestas, reuniones sociales... vive conmigo en el día a día). También me ha sucedido estar en luga-

* Mels Petroff es fotógrafa.

a tocar las zonas oscuras de la psique por medio de la imagen y la fotografía de sus obras. “Es imposible ser más clásicamente romántico”, escribió Jean-Luc Godard sobre lo que el sueco plasmó en su cine-total.


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res o con personas donde no sentí la necesidad de sacar ninguna fotografía. El retrato va más allá de los parámetros de lo que se suele considerar bello o no: funciona a partir de lo que punza en el alma y produce un disparo. En ese ínterin la belleza cobra infinitos significados; el retrato en sí despega por sí mismo para enseñarnos algo de la persona, del lugar o de la situación. La fotografía cuenta historias y la humanidad no puede faltar en ella. En mis trabajos proyecto ecos de recuerdos pasados; la sensualidad del “aquí y ahora” o la añoranza de cosas que aún no sucedieron. La fotografía es un viaje que da a la imaginación y a los sueños un espacio de pertenencia, y es el medio que elijo para recrear un amplio abanico de sensaciones que encuentra en el retrato fotográfico su punto máximo de expresión.(dx)


DIXI EXHIBE [20]

Isabel Reyes Zeballos Memoria entre brumas

Estil贸grafos sobre papel y pintura digital Facebook.com/IsabelIlustracion


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POGOS


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El latir conjunto Por Graciela Colombres Garmendia -texto- y Valentina Becker -fotos-, desde San Miguel de Tucumán*

Es algo que no se explica: se siente. Cuando empiezan a vibrar las percusiones de Late Raza, la gente se acerca y se queda, atrapada por la energía que irradian los músicos del ensamble. Cero razón, puro sentimiento. “Nuestra base es la improvisación. La gente no sabe qué va a pasar. Ni yo lo sé. Voy ahí, escuchando lo que pide el público y armamos algo”, explica Manolo Alonso, director de Late-Raza. Valga la siguiente aclaración: la conducción que desarrolla Manolo dista bastante de la que ejecuta un director de orquesta con batuta. Su método lo aprendió de algunos percusionistas de la Bomba del Tiempo, ensamble porteño creado por Santiago Vázquez y fundado en el lenguaje de señas.

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» “Una vez, en un encuentro de percusión, tuve que inventar porque se había caído parte del programa. Entonces convoqué a todos los músicos, los acomodé por sectores y les empecé a pasar señas básicas a partir de lo que había aprendido con la Bomba. Tocamos media hora con cajones peruanos, conga, bongos, semillas, campanas... todo. Y funcionó muy bien. Entonces llamé a mis alumnos -además de ensamble, Late-Raza es una escuela de percusióny ex alumnos, y los invité a preparar algo más armadito. Empezamos a ensayar, se nos unieron otros músicos y conseguimos algo interesante”, recuerda el fundador de Late-Raza.

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*Graciela Colombres Garmendia es periodista. Valentina Becker es diseñadora gráfica.

Sorpresa y fusión El ensamble tucumano desarrolló una identidad propia sin negar la influencia de la Bomba del Tiempo. Mientras que esta funciona con señas y secuencias rítmicas, Late-Raza apela a los ritmos. “Intento trabajar desde la perspectiva musical; con las dos manos creo o escribo lo que, por ejemplo, sería un compás. Con una mano marco el ritmo y, con la otra, si va a ser en cuatro, tres o seis tiempos. Después disparo una de las bases y, dentro de ellas, navego con otras series. Voy, vuelvo... Una vez que armo una base, me meto adentro y pruebo hasta dónde puede llegar. Eso es lo lindo, que no sé hacia dónde me dirijo”, resume el director, que lleva 15 años nadando en el vasto océano de la percusión. Más allá del factor sorpresa, Late-Raza conquista al público con la fusión de ritmos que ofrece en sus recitales. “Tenía ganas de hacer un viaje cultural por el territorio de la percusión de Latinoamérica”, enuncia Manolo y precisa que, aunque los golpes tengan raíces africanas, cada nación les añadió una nota distintiva. Así, cuando los 21 músicos del ensamble se ponen a tocar, se escucha un crisol de estilos que incluye,

Las fotos son del aniversario de Late-Raza, en septiembre de 2012, en Robert Nesta Club.


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¡PLUS! El “staff” de Late-Raza está compuesto por Manolo Alonso (dirección y conga); Nancy Pedro (voz principal, caja coplera y maracas); Timna Comedi (voz y shekere); Natalia Trouvé (cajón); Lucas Moreno Prado (voz y conga); Café Valdéz (voz, campana y conga); Luis Abrach (djembé); Nico Bulzoni (conga y tumbadora); Rodrigo Couto (conga y tumbadora); Sergio Marengo (conga y tumbadora); Candela Russo (tambora); Carlitos Seleme (tambora); Guillermo Martín (pandeiro, campana y timbal); Negra Córdoba (shekere y maracas); Negra Cele (shekere y maracas); Federico Govetto (bajo, campana y güiro); Andrés Zamora (bongó); Nano Martínez (bongó); Diego Leiton (bongó); Paola Nolosé (cajón peruano) y Alejandro Zogbe (cajón peruano).


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» entre otros, al candombe, la samba, la bossa nova y la cumbia. “Hay que destacar el crecimiento musical de Tucumán, así como el aumento de escenarios, y de apoyo público y privado. Yo veo un cambio. La percusión permite conocer distintas culturas y escuchar el sentir de otros pueblos”, afirma Manolo Alonso que, antes de pasar a otra cosa, deja abierta la puerta de su Terracita, el ensamble donde practican sus alumnos, para quienes deseen incursionar en este latir conjunto.(dx)

¡PLUS! Más sobre el ensamble y su agenda de recitales en Facebook.com/EnsambleLateRazaPercusion


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POGOS

En el país de las manzanas Por Roberto Espinosa -texto- y Jorge Missart -ilustración-, desde San Miguel de Tucumán* Una voz está evaporando ecos de antiguas historias en el país de las manzanas. Cuando Fütachao, el Padre Grande, escucha el canto, le salpican en los dedos sentimientos y paisajes de un pueblo que no quiere abandonar su memoria. “¡Tierra de lapinilken! Está cayendo poco granizo grueso y en las lagunas secas se derrite. Así sucede con nosotros dos, hermana. Si fuésemos sal, si fuésemos un puñado puesto en agua hirviente, nos derretiríamos. Si fuésemos azúcar y nos echáramos en agua caliente, nos derretiríamos, hermana...”. El kultrum de Aimé Painé puebla el viento de retumbos. Los árboles se erizan sacudiendo ancestros que hablan en mapudungún. La sangre tehuelche y mapuche que amasaron sus ojos nacidos en Ingeniero Huergo (Río Negro) se le extravía a los cinco años, cuando su madre parte al silencio profundo. Un tutor lleva su niñez a Mar del Plata, donde el océano traga su mirada, pero no su alma. Bebe una cultura, pero debajo de su piel late la gente de la tierra (“mapu”: tierra; “che”: gente). Tormentas de conflictos que buscan la identidad se trenzan en su interior. Esa frase “La clave fue la adolescencia. Uno no sabe qué es lo que quiere. Llegué a pensar que yo era la complicada porque no funcionaba en relación con los demás. Un día me miré al espejo espiritual por primera vez. Miré hacia dentro de mí... Adoptar una personalidad que no es la de una es muy malo.

Gracias a mi tutor, leí en El Quijote esa frase tan hermosa (‘yo sé quién soy’) y se me aclaró todo”. Durante cinco años entrega su voz al Coro Polifónico Nacional. “En un encuentro internacional, cada uno de los países brindaba una pieza representativa de su nación. Nosotros nos despedimos con una obra de Beethoven. Me pregunté por qué podíamos cantar en ruso, alemán u otros idiomas y no en mapuche, que era nuestro. Ahí comencé mi actividad. No fue fácil de hacer ese canto que me atreví a dar”. Segundo es su padre, tataranieto del cacique Painé. El hombre comienza a revelar secretos a su hija. Aimé es una calandria mapuche. “Mi padre dice que yo he nacido para el canto, para no estar en silencio como el resto de mi gente. Tal vez me encapriché al descubrir algo que estaba tan profundamente oculto. Canto en mapuche por una cuestión de identidad y para mi propia gente. Nuestra cultura fue oral, entonces, se pierde”. Aimé bucea en los relatos de las abuelas; camina por Maquinchao, Trenque Lauquen, Neuquén, Río Negro, Chubut, Azul, Los Toldos, Santa Cruz y despierta a sus hermanos que han perdido el destino. “Una vez, en una escuela, los niños mapuches me preguntaron cuál era el tipo de libertad que les podía aconsejar. Les dije que hay una sola libertad: la educación y la cultura, que en nuestra lengua se llama ‘kimëlkán’. Ambas no pueden estar separadas”.

* Roberto Espinosa es escritor y periodista. Jorge Missart es artista plástico.

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Como un árbol Abre su voz hacia el país. Pasa por Salta, Jujuy y Tucumán. “Toda nación y su cultura es como un árbol que tiene raíces, tronco, ramas. Si a estas raíces se las secciona, el resto se perderá. Debemos rescatar las raíces que han sido sometidas a un proceso de devastación, donde se silencia la presencia del hombre americano. Los mapuches cantamos para saber quiénes somos. Respetar nuestra cultura es crecer con dignidad hacia todos los pueblos del mundo”.

1987. Sus pasos viajan al Paraguay. Su sonrisa apenas llega a los 40 años. Algún amor esconde en el aleteo de sus pestañas. En sus gestos dibuja un manantial de afectos y pudor. “El cuerpo duerme o se muere y el ‘püllu’ (alma) vuelve en algún pariente del muerto. Nuestras almas pueden cambiar, pero no apagarse porque todos somos una sola alma”. Es 11 de setiembre. Tras un recital, un aneurisma comienza a ahogarle el canto y detiene bruscamente su corazón lanzándolo a los eternos brazos de Fütachao.(dx)


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COMPULSIONES

Salté y llegué al cielo

Por Irene Benito Courtade, desde San Miguel de Tucumán*

La Maga tiene un destino, se llama Horacio Oliveira, y un ancla, se llama Rocamadour. Es París y en la calle hay fiesta. No importa si se es pobre, porque el Sena corre por igual para todos los bolsillos. Para la “clocharde”, para los integrantes del Club de la Serpiente, para el desarraigado, para el bohemio perdido, para el corazón que se estrena en las cosas del querer y para las almas rotas que cazan estrellas en el Quai de Bercy. “Un amor como el fuego, arder eternamente en la contemplación del Todo. Pero en seguida se cae en un lenguaje desafora-

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» do”. La Maga pregunta a Horacio el significado del absoluto en aquel lado del mundo (capítulo 9). “Entre tanto había muerto en Europa, a los 33 años de edad, (el pianista rumano) Dinu Lipatti. Del trabajo y de Dinu Lipatti fueron hablando hasta la esquina, porque a Talita le parecía que también era bueno acumular pruebas tangibles de la inexistencia de Dios o, por lo menos, de su incurable frivolidad” (capítulo 42). “¿Pero por qué París es una enorme metáfora?”, interroga La Maga a un Ossip Gregorovius que fuma en pipa y define a Horacio como “un intelectual aficionado” (capítulo 26). “París es un gran amor a ciegas”, explica la Maga al mismo interlocutor (capítulo 27). Oliveira tiene a Pola en el cuerpo, en los ojos, en el vello. La Maga dice que no sabe pensar y que él la desprecia por esas cosas: “no sé por qué, al fin y al

cabo nos hemos querido bien”. La vida no es una unidad. “Son pedazos, cosas que nos fueron pasando”, contesta la Maga (capítulo 19). Rocamadour está enfermo y sus chillidos fastidian a Oliveira. Había llegado a creer que la continua presencia de la Maga lo rescataría de divagaciones excesivas, pero naturalmente no sospechaba lo que iba a ocurrir con Rocamadour. “Un soliloquio tras otro, vicio puro. Lo único que me va salvando es el olor a pis de este chico”, se dice Oliveira a sí mismo mientras se ceba un mate. Y añade para sus adentros: “si se me acaba la yerba, estoy frito. Mi único diálogo verdadero es con este jarrito verde”. Ya en la otra orilla, Oliveira cree que lo más divertido sería entrar en el circo con Manolo y Talita Traveler (capítulo 78). “Soñando no es dado ejercitar gratis nuestra


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Rayuela cumple 50 años. Pero sus historias aparecidas en 1963 parecen venir del final de los tiempos. De una metáfora donde ella sale nada menos que de una librería y él es consciente de las miradas de deseo que ambos intercambian, y de que están tan de acuerdo en todo que es una vergüenza.

aptitud para la locura”, concluyen Oliveira y Traveler tras una larga charla (capítulo 80). “¿Por qué a ciertas horas es tan necesario decir: ‘amé esto’? Amé unos blues, una imagen en la calle, un pobre río seco del norte. Dar testimonio, luchar contra la nada que nos barrerá” (capítulo 87). La nada estaba en el aire. En algunos comunistas de París y Buenos Aires capaces de las peores vilezas pero rescatados en su propia opinión por “la lucha”; por tener que levantarse a mitad de la cena para correr a una reunión o completar una tarea. “En esas gentes, la acción social se parecía demasiado a una coartada, como los hijos suelen ser la coartada de las madres para no hacer nada que valga la pena en esta vida, como la erudición sin anteojeras sirve para no enterarse de que en la cárcel de la otra cuadra siguen guillotinando a tipos que no deberían ser guillotinados”, reflexiona Oliveira (capítulo 90). Según su criterio, la falsa acción es casi siempre la más espectacular, la que desencadena el respeto, el prestigio y las “hestatuas hecuestres”. “Allí donde cierto tipo humano podía realizarse como héroe, Oliveira se había condenado a la peor de las comedias. Entonces valía más pecar por omisión que por comisión. Ser actor significaba renunciar a la platea y él parecía nacido para ser espectador en fila uno. ‘Lo malo’, se decía Oliveira, ‘es que además pretendo ser un espectador activo y ahí empieza la cosa’”. Oliveira no tiene arreglo porque hasta de la sopa

hace una operación dialéctica. Las mujeres lo adoran y admiran, hasta que perciben el vacío y, entonces, él les facilita la fuga. Su voz en un párrafo Rayuela cumple 50 años. Pero sus historias aparecidas en 1963 parecen venir del final de los tiempos. De una metáfora donde ella sale nada menos que de una librería y él es consciente de las miradas de deseo que ambos intercambian, y de que están tan de acuerdo en todo que es una vergüenza. París danza afuera, sin nombre y sin pasado. Pero resulta que, en esa ciudad, amor y nada se encuentran en cada esquina. “Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos; no te quiero porque la sangre me llame a quererte; te quiero porque no sos mía; porque estás del otro lado, ahí donde me invitas a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames, me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás (Frank Lloyd) Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado (capítulo 93)”, escribe Julio Cortázar y casi parece que lo lee en voz alta, que ese fragmento no puede existir sin su voz grave y su español suavemente afrancesado. Este libro parece un libro y es muchas cosas más. Es el amor y la nada en París y el

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» Río de la Plata; El Aleph cortazariano; los retazos de una época que se desintegra y se reinventa; el rompecabezas que cierra aunque le falten piezas; las piezas que alguien dejó olvidadas en un sueño del siglo XX; la calle porteña y “entanguecida”; la nostalgia marrón del inmigrante; el frío mortal; el humor redentor; la eternidad de un segundo aparentemente llamado a pasar inadvertido; las casualidades que existen y no, y la búsqueda del otro en un otro que nunca termina de ser uno. Rayuela es el juego que podría ocurrir en cualquier parte. En el patio de la Escuela de la Patria en Tucumán así como en un mirador de la Lima peruana. En una plaza de Concepción, y en la cabeza de todos los que buscan y buscan y buscan esa paz llamada cielo. EL CIELO con mayúsculas y al final del camino, cierre y principio de lo que no termina de empezar ni de acabar. En el collage de Cortázar cabe todo lo que da sentido al acto de respirar. Cabe la poesía de Baudelaire; el arte de Klee y Mondrian; la estética como política y viceversa; el jazz y “el vértigo cotidiano en contacto con el caos”, como resume Andrés Amorós, editor de una versión con notas al pie publicada por Cátedra Letras Hispánicas en 2003, con motivo de los 40 años de la novela. Muchos ensayos han intentado comprender la lógica de Rayuela, pero a Rayuela no hay que entenderla: hay que sentirla. ¿Y qué si es vanguardista? ¿Y qué si dio vuelta la literatura? ¿Y qué si es un clásico del Boom? Nada de eso suma o sirve por encima de la lectura activa y cómplice que Cortázar pretendía. Una lectura tan libre que, de entrada, estuviese por igual autorizada

a seguir el orden que había establecido el autor como a crear un orden nuevo. Porque así como Los Beatles pueden ser la confirmación de la existencia de Dios, Rayuela constata que pocas cosas son tan humanas como el desorden.

Muchos ensayos han intentado comprender la lógica de Rayuela, pero a Rayuela no hay que entenderla: hay que sentirla.

Lúcido suicida Rayuela fue la obra maestra que sigue siendo desde el momento mismo en que se encontró con los lectores. Así lo percibió Roberto J. García, el colaborador del diario La Gaceta que firma un comentario sobre el libro (Cortázar y el fin de la aventura) en la edición del 1 de marzo de 1964. “Cuando una literatura narrativa ha tocado los extremos de Rayuela se hace necesario observar con algún detenimiento el proceso que culmina en esa obra. Este lúcido suicida (¿Cortázar? ¿Oliveira? ¿Los dos?) no es tal, sino un valioso índice de época. Y a este siglo XX, lleno de caminos potenciales y de sendas abandonadas no lo definen las formas, sino la ausencia de una fe capaz de sostener esas formas. Pienso que es allí donde se inserta el pensamiento generador de Cortázar, en la intuición del fin de una aventura espiritual que parece signar su labor literaria más significativa, hasta mostrarse en plenitud en Rayuela. Leyendo sus libros, ficciones que transcurren


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entre riberas de fantasía y sueño que sólo tocan la realidad para darla vuelta y mostrarla en su absurdo vacío, he sentido esa búsqueda afanosa de una verdad que pueda elevarse por encima de todas las verdades menoscabadas, la búsqueda de una fe que renueve la comunicación humana y dé sentido a una nueva ventura del espíritu. Rayuela no puede ser tratada como una novela común, sino como una complejidad en la que intervienen, además de las páginas destinadas a la narración (…), otras de poética profunda, y disquisiciones filosóficas y artísticas. Con la obra que culmina

con Rayuela, Cortázar logra adecuar la novela a una función de medio, no ya como un fin en sí misma. En último término, el escritor trata de crear la convicción de que cada lector, cada ser, es el más vívido, el más importante de los personajes-actores posibles o, lo que es lo mismo, y dicho de un modo necesariamente metafórico, trasladar el mundo cerrado de la novela al orden abierto y universal de la poesía”. Estantería rota Rayuela se adelantó cuatro años a Cien años de soledad, de García Márquez. “En

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» América Latina, los editores de golpe empezaron a confiar en los escritores de sus propios países. Esos libros, por razones que no soy yo quien debe juzgarlas, comenzaron a abrirse camino en la conciencia latinoamericana. Un día, digamos entre los años 50 y 55, de repente, se empezó a hablar, pero se empezó a hablar mucho y cada vez más. Eso que se llama bola de nieve. Se empezó a hablar de Miguel Ángel Asturias, de Carlos Fuentes, de Mario Vargas Llosa, de mí y de Alejo Carpentier… Y es entonces cuando empezaron a venir los editores, no antes. Ojo, el Boom, en su plano comercial, empezó después”, recuerda el propio Cortázar en una entrevista con Hugo Guerrero Marthineitz, en abril de 1973. ¿Por qué Rayuela rompió la estantería?

Mucho se ha escrito sobre ese fenómeno y aún así, medio siglo después, vale la pena ensayar una respuesta modesta. Hay en esta novela una exaltación maravillosa de vidas y seres cotidianos, una especie de mirada más-allá-de-lo-obvio-y-evidente que “celestializa” lo terrenal, como observa tempranamente Roberto J. García. Oliveira es único y no, lo mismo que la Maga, Talita, Traveler y el resto del elenco. O más bien dicen y piensan cosas únicas a partir de situaciones corrientes de tal modo que cualquiera puede ponerse en su piel y sentirse a gusto (o identificado) con esas elucubraciones. Es un salto a las honduras de la conciencia y los sentidos, donde existe un cielo, el de Rayuela, cuya perfección consiste en desconocer la palabra “excluidos”.(dx)


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PROYECCIONES

Hecha para ella Por Holden Caulfield, desde San Miguel de Tucumán*

1 John Hinckley extrajo una pistola y le disparó a quemarropa a Ronald Reagan, por entonces cuadragésimo presidente de Estados Unidos. El magnicidio no se produjo porque el ángel de la guarda de Reagan hizo los deberes y las balas no comprometieron órganos vitales. A Hinckley, como a todo lunático que se precie, lo movía una obsesión. En su caso, lograr de una vez por todas la atención de una joven actriz llamada Jodie Foster. 2 Iris hace la calle enfundada en shorts rojos, top y un curioso sombrero blanco. Es una putita de 12 años, prisionera de los más sórdidos rincones de Nueva York, a la que el taxista Travis Bickle pretende redimir. Foster tenía 14 años cuando hizo el papel. Martin Scorsese -que la había dirigido antes en Alicia ya no vive aquí- le permitió liberar toda la tensión sexual que una niña es capaz de generar, y la cámara la vampirizó: le chupó la juventud para siempre. La potencia de Taxi driver radica en la desbordante alienación de De Niro, pero también en lo enloquecedora que puede resultar Iris en cada fotograma que Scorsese le regala. A esa altura de su vida, Foster ya era una actriz descomunal. 3 La inteligencia de Foster, su encantadora sensibilidad, quedaron registradas en

una película deliciosa, la que marcó su debut como directora. El pequeño Tate tiene mucho de autobiográfico. Foster es madre (soltera, claro) de un niño prodigio. Es Tate, único y genial, capaz de amargarse por los males de la humanidad hasta sufrir úlceras. Exquisito músico y pintor. Foster no sabe muy bien cómo contenerlo, desea con desesperación que su hijo sea normal. Por supuesto, no se siente a la altura. Pero accede a incluirlo en un programa conducido por Dianne Wiest -la maravillosa Dianne Wiest- para chicos con capacidades extraordinarias. Tate, que además de brillante es muy dulce, une las historias -la suya, la de su mamá, la de su mentora- hasta conseguir algo parecido a la felicidad. Por lo menos, a la armonía. Foster se dedica la película a sí misma, a su propia genialidad, y al dolor que la incomprensión y la soledad conllevan. Transitar los claustros de la Universidad de Yale paralelamente a una carrera exitosa en el mundo del espectáculo no es para cualquiera. Jodie Foster no es cualquiera. 4 Porque cuando Jodie Foster sonríe, la pantalla se estremece en oleadas de luminosidad. Foster sonríe con los ojos, con sus manos chiquitas y delicadas. No


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5 La extraña pronunciación de Jodie se debe a su condición bilingüe. Habla francés desde niña. Eso le da un timbre particular e irresistible a su voz. Y Jodie sabe usarla. Es mentira que El silencio de los inocentes sea la película de Hannibal Lecter. Es la película de Clarice Sterling. Los ojos azul hielo de Jodie, su determinación para vencer

al monstruo, su humanidad, pusieron a Anthony Hopkins y a Jonathan Demme a su servicio. Foster se llevó el Oscar a su casa y rechazó protagonizar la secuela, convencida de que sintonizar otra vez la onda del personaje, esa valentía atormentada, era un puzle demasiado peligroso. Clarice Sterling es un océano de preguntas y de secretos; el fascinante juguete de un psicópata que comprende, muy tarde, que la marioneta es él, y que los hilos -aunque nunca lo pareciera- se movieron al ritmo de su inalcanzable objeto del deseo. 6 Alicia Christian Foster (19 de noviembre de 1962, Los Angeles) rodó un comercial a los seis años y no paró más. Fue niña-Disney, lo que le permitió trabajar con David Niven; dar voz a Merlina en la versión animada de Los locos Adams y actuar en infinidad de series de TV. A saber: Bonanza (!), Kung Fu (!!), El show de Doris Day (!!!), Daniel Boone (!!!!) y siguen los títulos. Muchísimos capítulos, aquí y allá, (casi) siempre de niñita adorable. Alan Parker la pescó al vuelo y fue su Tallulah en la inclasificable Bugsy Malone. Jodie hizo infinidad de personajes, más de 70, en películas de toda clase. Tuvo su etapa

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lanza carcajadas, prefiere la sabiduría de una mirada penetrante. Richard Donner le sacó el jugo en Maverick, hasta el extremo de que Jodie les roba la película a su gran amigo Mel Gibson y a James Garner. Jodie lleva los géneros adheridos a su ADN actoral. ¿Quién puede dudar de su talento para la comedia? Lo que no funciona, definitivamente, es la impostación de una relación heterosexual, porque hay límites en el juego del engaño a la cámara. Desde el primer momento en que Foster se plantó en un escenario se supo que era gay. Eso hizo un fiasco de Sommersby o de Anna y el rey. Como a Anne Heche, como a Laura Dern, a Jodie no le interesan los hombres, así se llamen Richard Gere o Chow Yun-Fat.

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» 7 Sí, Sarah Tobias estaba drogada. Sí, se puso a bailar, irresistible. Hay que ver ese baile de Jodie Foster en el bar. Qué actriz. A Sarah la violan. Lo merecía, ¿no? ¿No era lo que buscaba? La fiscal parece ser la única que le cree. La fiscal es Kelly McGillis, una actriz nacida para hacer de novia de Tom Cruise en Top Gun. Cosas así. Pero en Acusados, Kelly McGillis entrega lo mejor de su carrera y da el pie a Jodie para que conquiste

su primer Oscar. Jodie-Iris y Jodie-Clarice se encuentran a mitad de camino en la vida de Jodie Foster. Son el antes y el después. Jodie las mezcla inconscientemente para parir a Sarah Tobias y convencer(nos) de su absoluta inocencia. Suerte de puta redimida, en transición a la agente del FBI que luchará contra sus fantasmas, Sarah mira desde el estrado a los imputados de ese crimen horrendo. Acusados es una película sobre la expiación de una actriz. Es Jodie Foster en todo su esplendor. 8 ¿Por qué la madre de Charlie y de Christopher, la archiconocida pareja de Cydney Bernard, aguardó hasta este año para salir del closet? ¿Qué clase de esqueleto, qué clase de John Hinckley le impidió hablar naturalmente de su homosexualidad, como lo hizo al recibir el premio Cecil B. DeMille durante la gala de los Globo de Oro? 9 Además de actuar, de dirigir y de producir, de pensar y de decir cosas inteligentes, de su naturaleza simple y atractiva, Jodie Foster también sabe equivocarse a lo grande. Cuando las cosas iban irrefrenablemente para arriba filmó una película mala. Muy mala. Nell se llama esa moderna fábula de una chica cuasi salvaje a la que el matrimonio de Liam Neeson y Natasha Richardson intenta civilizar. Como una moderna y silvestre Kaspar Hauser, Nell balbucea un lenguaje ininteligible. A Michael Apted todo se le va de las manos, empezando por Jodie Foster. Una ñoñería. Más interesante -y lamentable- es el caso de Contacto, la novela de ciencia ficción de Carl Sagan. Jodie le puso el cuerpo a la doctora Eleanor Arroway, la elegida para el primer viaje interestelar, la mujer del primer “contacto”. Tenía todo para ser un clásico: Robert Zemeckis en un

* Holden Caulfield es periodista y escritor de cuentos.

europea y -bendita sea esa decisión- Claude Chabrol la filmó en La sangre de otros. Tampoco gambeteó el período de chica sexy ni las producciones para “teens”. Hasta que se sentó con Jonathan Kaplan, leyó el guión de Acusados y entendió a toda velocidad que estaba ante el papel de su vida.


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momento formidable, un libro consistente, un presupuesto a la medida del desafío, un gran “cast”. Y Jodie, claro. Es la clase de naufragios difíciles de explicar. En fin, si se hundió el Titanic... 10 Nadie puede reprochar a Foster haberse acomodado en una zona de confort como la que ofrecen los grandes estudios. Lleva muchos años dedicada a rodar “thrillers”, unos más llamativos que otros, casi todos desechables. Pronto la veremos en Elysium, un tanque “sci-fi”, de la mano de Matt Damon. Algunos gustitos se da, claro. Por ejemplo, llevar al cine Un dios salvaje, la puesta teatral de Yasmina Reza dirigida nada menos que por Roman Polanski. La crítica no trató muy bien que digamos a la película. Y eso que también están Christoph Waltz y John C.Reilly. ¿Importa realmente? 11 No si consideramos lo que Jodie representa para la industria del espectáculo. Tremenda mujer. Silenciosa. En todos estos años casi no habló del caso Hinckley. Apenas un artículo para Esquire, un reportaje en 60 Minutos. Llevar sobre la conciencia el intento de asesinato de un presidente equivale a una bomba atómica en la vida de cualquier

mortal. Jodie hace de la elegancia y de su introspección una lección que vaya si vale la pena seguir. ¿O no son adorables sus chistes, como el de ponerle voz a Maggie Simpson? Imposible no suponer que Esquire intentó abordarla, al estilo Allen, por supuesto, mientras rodaban Sombras y niebla. ¿Cómo se habrá resuelto ese formidable topetazo? Dennis Hopper también la tuvo a su disposición (en Camino de retorno). ¿Adivinen quién evita el desastre? 12 Las biografías intentan contarlo todo sobre ella. Su hermano, Buddy, detalla en un libro cómo fueron compañeros de niñez. Philippa Kennedy escribió por partida doble: un volumen sobre la filmografía de Jodie y otro centrado en su vida lejos de los sets. También hay trabajos de Louis Chunovic y Therese DeAngelis, entre otros. Aproximaciones, nunca la verdad completa. Para eso habría que meterse en el corazón de Jodie Foster, desactivar la bomba Hinckley, correr velos que no están para ser corridos. Tampoco es lo central. La verdad sobre ella, siempre, estará en la pantalla, plateada, resplandeciente, hecha para recibirla.(dx)


PROYECCIONES

Una piedra en el camino Por Federico Liste, desde Mar del Plata*

Una circunstancia felizmente recurrente en las películas de Federico Fellini es la síntesis de su tema en un pasaje breve y poéticamente exaltado, nunca ajeno al sabor familiar y equívoco del sueño. Este capricho (“elección estética” en la jerga escrupulosa de la crítica) aprendido quizás de Shakespeare, quizás de Bergman, quizás de nadie o de todos, no es ajeno a La Strada (1954) cuyo argumento gira, casi secretamente, en torno a una piedra. La mediocridad de Zampanò (Anthony Quinn), un hombre brutal y solitario; la disipación de El Loco (Richard Basehart), un saltimbanqui bastardo y romántico resignado alegremente a la certeza de un destino trágico; la ambigüedad inquietante y genial de su protagonista, Gelsomina (Giulietta Masina), acaso estúpida, acaso loca, perdida y olvidada del mundo;

la melancolía incurable de un circo que reúne a un grupo de artistas callejeros, muchas veces patéticos (extensión o símbolo de la Europa devastada de posguerra o de cualquier región herida en cualquier época); la violencia, el desamor, el crimen y la culpa; toda esa cruel gravitación, en apariencia absurda e inútil, podría, sin embargo, guardar un orden oculto. Ese orden, que el arte de Fellini pondrá en un mundo que quizá nos niega todo tipo de orden, hará del odio visceral entre dos hombres un camino hacia la fatalidad, y de una melodía onírica un santo y seña hacia un pasado culpable. Es, sin duda, un orden terrible, despiadado, pero siempre mejor que el caos. Un orden al que los personajes desesperados de La Strada se aferrarán porque “si esta piedra no tiene un propósito en el mundo”, dice El Loco, “entonces nada tiene un sentido”.(dx)

‘Si esta piedra no tiene un propósito en el mundo’, dice El Loco, ‘entonces nada tiene un sentido’.

* Federico Liste es escritor.

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LABERINTOS

Nos mueve el deseo Por Sergio Paz -texto- y Epifanía -fotos-, desde San Miguel de Tucumán*


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A la plaza llegan Centella y sus dos compañeras de viaje: Carmen Fernández de Ullivarri y Cynthia Henriquez. Miran. Hablan. Deciden el lugar de la plaza que van a tomar. Lo toman. Con banderines, almohadones y alfombra. Como en un cuento, lo transforman en un lugar de cuentos. Centella y Carmen dan una vuelta y con música invitan al público. Y los chicos llegan sabiendo que en un zampar de cuentos, comerán perdices. Si bien Centella tiene la edad de dos veranos, las chicas se conocen de antes. Aunque no recuerdan muy bien el momento de las presentaciones. “En mi imaginario; vos estabas sentada en un banquito sola”, fabula Cynthia. Y completa: “yo fui y me senté, y comenzamos a leer juntas”.

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Un haz de luz “Es mágica. Es un ser. Es ella: Centella”, dicen Carmen y Cynthia de la “tricibibliomóvil”. Ella es quien pasea por la plaza, y convoca a chicos y a grandes. “La bici es la reina de todo. Desde que está, nuestra vida cambió. Es totalmente distinto con ella: siempre cae gente”, explican. A mediados de 2011, Centella las encontró. Después de una lectura en una librería del microcentro, se acercó a saludarlas Amelia, coordinadora de la bibliomóvil El Ponchito Mágico y, tomando sus manos, les dijo que les dejaba la bici como herencia. “Es un haz de luz que nos vino a buscar”, definen. Como ellas querían salir a presumir con Centella, la enviaron a un estilista de bicicletas mientras decidían y daban forma a un proyecto. Y, desde hace aproximadamente un año, domingo de por medio, los chicos la esperan en la plaza. Y esperan también a las lectoras que llegan con la bici

* Sergio Paz es tallerista del Grupo Creativo Mandrágora. Epifanía es fotógrafa y actriz.

» Carmen venía de trabajar con talleres en La Ventolera, un centro cultural de Salta. Ella completa la historia: “sólo cuando mi personaje, Pirulina, aparecía con un libro parecía unificarse la energía de los niños. Cuando regresé a Tucumán, tenía la necesidad de leer cuentos. Y decidí empezar a ir a la plaza”. Cynthia estaba en la plaza entre folletos que explican qué es la minería a cielo abierto y qué provoca; agendas artesanales y plantas. “Me hablaban de una chica que leía cuentos. Y que una señora hacía lo mismo”, relata. “Pero como yo nunca las veía, no les creía”, añade. Hasta que un día se unieron un amigo en común y un encuentro: “empezó sin saber cómo iba a ser. Nada sabíamos cómo iba a ser. Se fue dando”. Y afirma Carmen: “creo que todo se mueve por un criterio de deseo. Es bien claro lo que queremos. Hay cosas a las que decimos no”.


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¡PLUS! Más sobre el proyecto de Cynthia y Carmen en Facebook.com/CentellaTricibibliomovil.

y un par de cuentos muy bien preparados para ser compartidos. Pero cuando ellas terminan de contarlos, inquietos los libros se escapan de la bibliomóvil para subirse a las manos de chicos y grandes. Los lugares posibles “Trabajamos con la irrupción y lo cotidiano. Nosotras trabajamos con la gente que está en la plaza”, comenta. Y Carmen confiesa que es el lugar al que más les gusta ir. Un espacio en común que se comparte. Y en ese compartir, Cynthia aporta: “es más

lindo leer de a dos. Una hace los ‘off’ y otra, los voces”. Y ese disfrute es transferido a los oyentes. Se mueve. Viaja. De una plaza a otra. A Río Nío. A Concepción. A la Expo. Y al Hospital del Niño también. Allí llegaron con juegos y cuentos en septiembre de 2012. Utilizando algunas herramientas de “clown”, Cynthia y Carmen intervienen la rutina de las salas de cirugía y traumatología con “una percepción distinta”. “Armamos un juego, una situación que tenga elementos del cuento”, acota Carmen. Y Cynthia matiza: “yo persigo a Carmen con

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» ¡PLUS! Escaneá el código con tu celular y disfrutá del video de Centella realizado por Emiliano Goyeneche.

burbujas y ella les tiene miedo porque explotan. Y después leemos El garbanzo peligroso, de Laura Devetach”. “Todo el tiempo probamos cosas. Todo el tiempo es un desafío”, asegura Carmen. Y como les gustan los desafíos, Centella edita. Carmen afirma que la idea de publicar cuentos de gente de acá surgió cuando

invitaron a Alejandro Nicolau a leer un texto de su autoría. “Empezamos con gente que uno conoce. La idea es abrir la partida”. Cynthia reflexiona sobre el valor que cobra el escritor en la proximidad con el lector, en ese encuentro que sucede al borrar la distancia del “escritor acartonado en la contratapa del libro”.


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“El trabajo de edición, un trabajo artesanal, comenzó en julio de 2012. Ocupamos material reutilizado. Teníamos una montaña de hojas. Más que libro, es un objeto de valor sentimental: son cuentos para que las grandes les lean a los chicos”. Y las chicas aseguran que los textos ya están y que muy pronto los pondrán a la venta. En estos tiempo de tanta virtualidad, el deseo se torna algo tangible en los miembros de Centella Tricibibliomóvil. Un deseo compartido, porque, además del placer de compartir, a quién no le gusta que le lean un cuento donde sus personajes vivan felices y coman perdices, y más aún si viene con un zapatito roto, lleno de porotos, para que otro domingo nos cuenten otros.(dx)


LABERINTOS

Que sí, Arjona, que sí Por Aida -texto- y Gonzalo Villa -ilustración-, desde San Miguel de Tucumán* A todos y a todas nos gustó, o hemos tarareado alguna vez, un tema de Ricardo Arjona. Mal que nos pese, es así. El cantautor guatemalteco sabe combinar rimas y metáforas con melodías pegadizas y sus agentes de “marketing” entienden cómo explotarlo. Pero sus canciones son más que románticas, son más que himnos al amor correspondido o al amante con el corazón roto; sus canciones tienen mensajes que, en algunos casos, conservan a la relación de pareja en los anacrónicos parámetros del amor cortés. Cuando digo esto me refiero específicamente a Dime que no. En esa canción, Arjona propone y reivindica el viejo axioma “mujer difícil de conquistar–hombre conquistador” a costa de la libre expresión y acción de la mujer, y en beneficio del ensanchamiento del orgullo masculino. Es decir, depende de la dama que el juego de seducción funcione inventando sentimientos que no siente y haciendo cosas que no tiene ganas de hacer; todo para que el caballero se entretenga “matando dragones” y “cruzando puentes” y, así, su conquista sea más valorada. ¡Ojo! No estoy en contra de los artilugios de seducción que activan la creatividad hasta límites inimaginables, lo que no comparto es el papel pasivo que le toca jugar a la mujer “arjoniana”, rol que, por cierto, poco se condice con la realidad. Amor del medioevo La forma de enamorar que defiende Arjona data de los tiempos medievales. El amor cortés o “fin’amors” (el amor más fino)

* Aida es locutora y estudia Historia. Gonzalo Villa es diseñador y dibujante.

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El cortejo es un ida y vuelta, es un juego que se juega de a dos, en pareja: los dos apuestan, los dos esperan, los dos se dejan sorprender, los dos se encuentran.

del siglo XII es la afirmación de un arte refinado del amor, que contribuyó a establecer la superioridad de los nobles y a distinguirlos de sus vasallos, cuyo conocimiento de la temática amorosa era vulgar y obscena. En la lógica del “fin’amors”, la mujer es exaltada; elogiadas sus virtudes físicas y sus cualidades mundanas; es necesario que ella haga esperar al pretendiente, rechazarlo, mostrarse indiferente y plantearle una larga serie de pruebas hasta que se concrete la relación sexual. Como dice el historiador medievalista Jérôme Baschet, el amor cortés es una ascesis del deseo: el objetivo es mantenerlo insatisfecho tanto tiempo como sea posible para incrementar su intensidad y sublimarlo con hazañas caballerescas en homenaje a la amada. La pareja rinde así culto al deseo, al que convierten en un amor del amor. Convencidos de que la pasión termina cuando se logra la meta, su imposibilidad deviene en fuente del más alto júbilo. Como una reliquia Los modos del amor cortés supusieron un acercamiento entre la nobleza y la ideología del clero, tan dominante en aquel tiempo, puesto que plantea como signo de distinción nobiliaria la promoción de la castidad y la búsqueda de un amor superior distante del encuentro carnal. Se cultiva una mística del amor donde la dama es venerada como una reliquia religiosa. Esta forma estereotipada de amar, de enamorar, de gustar, de presumir, ya no nos identifica por más que intente presentarse como paradigmática en novelas de televisión y en canciones como Dime que no. El cortejo es un ida y vuelta, es un juego que se juega de a dos, en pareja: los dos apuestan, los dos esperan, los dos se dejan sorprender, los dos se encuentran. Por eso, Arjona, yo te digo que sí, siempre que lo nuestro no pase de ficción platónica.(dx)


LABERINTOS

Un extraño Por El Perro Sabio -texto- y Romina Barros -ilustración-, desde San Miguel de Tucumán* Más de un millón de voces sintieron el golpe. Era un cuerpo extraño. Habían olvidado cómo defenderse. Las partes más débiles comenzaron a morir. Él abrió los ojos. Las voces se callaron. Él intentó recordar. Su mente permaneció en blanco. Sus sentidos no respondían. La noción, detrás de las voces, tomó conciencia del requerimiento del huésped. La luz repentina lo cegó. Se cubrió el rostro con ambas manos. Las voces lloraron con los movimientos del extraño. Se sentó en lo que creyó que era el borde de la cama. Sus ojos no se acostumbraban todavía a la paralizante luz. Mientras tanto, trataba de entender. El millón de voces no necesitó sonido para hablar. Ni palabras para presentarse. Él se estremeció. Lo invadía la calidez, la plenitud, la sincera alegría. Vio su vida de principio a fin. Vio cada detalle una y mil veces. Aprendió que todo tenía un sentido. La conciencia que existía detrás de las voces sintió cómo una parte suya había desaparecido. Supo que era inútil dejar pasar más tiempo. Sintió que algo lo convocaba. Era algo que nunca había sentido antes. ¿Qué sería eso que sentían? La conciencia entre las voces entendió que eso era lo que llamaban muerte. Miles se callaban. ¿Cómo se llamaría ese antes y después? Eso era lo que llamábamos tiempo.

Él estaba entregado a esa bondad que lo había transportado. Entregaba toda su vida a eso. Sentía como su vida se repetía. Nacimiento y muerte. Cada vez como algo más lejano. Las voces comenzaron a percibirse unas a otras. Ya no eran un todo. Todavía quedaba un resto de la noción que antes las unía. Ahí radicaba la única ¿esperanza? Sí, así lo llamaban los antiguos. El bienestar que había sentido se disipaba. Detrás de esa cortina quedaban millones de voces que se desangraban con cada latido que su corazón daba. Las voces disminuían. Muy pocas se descubrieron lo suficientemente fuertes como para resistir una presencia. Pero había algo que las unía. Había un motivo para que la noción no desapareciese. El brillo a su alrededor disminuyó lo suficiente como para dejarlo abrir los ojos. Se vio sentado en la nada. La luz que lo había cegado se marchitaba. La noción volvió a sentir lo que desde hacía mucho no sentía. Recordó lo que había olvidado junto al cuerpo. Y comprendió lo que necesitaba para seguir su viaje. Antes de que sus fuerzas la abandonasen, la invadió la culpa y supo que debía dar una explicación al recién llegado. Mientras la luz moría a su alrededor, un sólo destello permaneció indemne. Estaba delante suyo. Sintió que el destello crecía. La luz lo invadió. El bienestar lo hizo caer.

* El Perro Sabio escribe relatos. Romina Barros es artista.

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Se descubrió en la cama. Trató de correr una sábana para taparse cuando recordó lo que había soñado. Sin abrir los ojos, se dejó llevar por esa sensación que todavía perduraba. Trató de recordar su sueño y se encontró con algo nuevo. Algo con lo que no había soñado, pero que había reemplazado las percepciones preexistentes. Vio a miles, millones de personas, que decidieron vivir felices. Vio como estas eran cada vez más. Supo que el bienestar era tanto que se dejó de medir el tiempo. Y después el amor que todos sentían por la vida

fue tal que ya no fue necesario un cuerpo. Todas esas almas se unieron y supieron que esa era su forma original. Pero en la carrera por seguir avanzando habían olvidado quiénes eran. Para poder dar un paso adelante, era necesario volver a recordar lo que se sentía antes. Debían tener plena conciencia del camino recorrido para no repetirlo. Cuando se levantó esa mañana, supo que había tenido un sueño inolvidable. Había soñado con el próximo paso de la humanidad. Pero había olvidado que la humanidad lo había elegido a él para darlo.(dx)


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INDIVIDUALES


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Sin repetir y sin soplar: arte con barrio Por Ana Vazquez -texto- y María Emilia Herrerías Martínez -fotos-, desde San Miguel de Tucumán*

Hay lugares mágicos en Tucumán. Uno de ellos es el pasaje Bertrés, en pleno Barrio Norte. Allí tiene lugar la cita periodísticagastronómica con el actor y director de teatro Leandro Ortega, más precisamente en la casa reciclada con paredes de mayólicas coloridas donde funciona La 284 Mila Bar. Elegimos una mesa que nos permite ver el resto del bar y comenzamos a hablar. Suenan acordes de rock nacional para puristas. Amablemente nos traen las bebidas. Nada de alcohol esta vez, no se desilusione querido lector. El entrevistado participa de manera activa en la escena teatral y su presencia resuena: junto a su grupo, Teatro Al Ma-

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La culpa es de la casualidad El grupo debe su existencia a la cadencia que a veces tiene la suerte. Una vez esas personas que se cruzaban con frecuencia en determinados lugares decidieron que era tiempo de hacer algo juntos. “Íbamos dando vueltas y, felizmente, nos encontramos. Lo mismo pasó con La Banda del Río Salí, que se estaba formando; terminamos acercándonos y ahora colaboramos todo el tiempo. No se sabe bien dónde termina Teatro Al Manubrio”, relata Ortega. El actor y director asegura que también gracias al azar encontraron una metodología de trabajo propia. “Los ensayos duran lo que tienen que durar a diferencia de otros grupos de teatro en los que estuve, en los que había un horario que cumplir, roles determinados y, después, te ibas a tu casa. Con el grupo nos ocupamos no sólo de lo teatral, sino también de la difusión,

* Ana Vazquez es licenciada en Ciencias de la Comunicación. María Emilia Herrerías Martínez estudia la misma carrera, y es cinéfila, “seriéfila” y melómana.

» nubrio, recibió dos premios en la Fiesta Provincial del Teatro. A la pregunta obvia, responde: “Teatro al manubrio empezó en 2010. Con Mario (Ramírez) y ‘Beto’ (Roberto López) estábamos improvisando una obra. A la vez, con Beto y ‘Yesi’ (Yesika Migliori) trabajábamos en otra cosa, que todavía no sabíamos qué era. A mediados de ese año estrenamos Amor de músico. Seguimos pensando en lo otro y derivó en ¿Qué soñará Corbalán?”. Conviene aclarar que Ortega dirigió la primera y actúa en la segunda. En el medio estuvo Un día después, que se mantuvo en cartelera dos meses. “Era una puesta de música y danza; una creación colectiva, como todas nuestras obras”, dice. El estilo de Teatro Al Manubrio combina talento, compañerismo, creatividad y barrio: esa mezcla nace del seno de un equipo donde todos son, a la vez, padres e hijos de las criaturas que paren.


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¡PLUS!

Más sobre el grupo de Leandro Ortega en Facebook.com/teatroalmanubrio

de la gestión, el armado de la escenografía. Queríamos que todo sea nuestro”, explica. Esa lógica aplicada a la concepción de la historia da por resultado que cada escena refleja una aventura vivida por alguno de ellos: enamoramientos, desamores, conversaciones, obsesiones... Ortega quiere dejar en claro que la verticalidad que suele darse entre directores y actores es lo opuesto a la cotidianeidad de Teatro Al Manubrio. “Las obras son muy personales. Estamos todo el día pensando en el proyecto. A veces, en el ensayo, en vez de ir a la escena nos ponemos a charlar, comemos y hablamos de trabajo. No lo tomamos como algo distinto de nuestra vida, es una misma cosa, con los riesgos que eso implica: tomar las decisiones en conjunto, tener las mismas responsabilidades, dividir las tareas de la misma manera”, comenta. Dice que en Amor de músico interpretó el papel de director por “una casualidad de roles”. Ortega estaba acostumbrado a que el director se presentara siempre como alguien que sabía más que el actor. Recuerda que, para evitar ese cliché, puso en juego su percepción, y atendió a cada detalle del texto, de la música y de cómo se sentía cada integrante en cada momento. Le preguntamos por los premios y nos contesta que “el prestigio es relativo”.

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» El despliegue de milanesas incluye la 284 (especial de la casa); una con palta; la clásica napolitana; otra recubierta con queso cheddar; a la suiza; al verdeo; con crema de espinacas y la más ‘gourmet’ de todas: de cerdo con ananá.

La culpa es del que da de comer Somos muchos en la mesa y, sin embargo, los platos nos miran sabiendo que van a ganar la batalla. El despliegue de milanesas incluye la 284 (especial de la casa); una con palta; la clásica napolitana; otra recubierta con queso cheddar; a la suiza; al verdeo; con crema de espinacas y la más “gourmet” de todas: de cerdo con ananá. Como vegetariana, me concentro en las milanesas de berenjena, que están riquísimas. Todo esto sale (aunque usted no lo crea) con papas fritas y ensalada, pan tostado y cuatro salsas (criolla, de porotos negros, tártara y de soja). Ortega recuerda la primera vez que vio una obra en su Catamarca natal. Tenía 17 años, nunca había estado en una sala y fue a una puesta del tucumano Manuel Maccarini. “Yo no tenía ninguna idea previa sobre el teatro. Esa obra me fascinó. No la


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entendía, era muy misteriosa. A la semana me inscribí en un taller; no sé cómo caí en una escuela; luego me vine a Tucumán por unos amigos y así… Todo ocurrió muy intuitivamente”, explica. Aún hoy busca que en sus trabajos se repita esa magia, que haya experiencias que pasen por el cuerpo y por el sentimiento, no siempre por la cabeza. Casi sin querer suelta: “siempre intentamos que sea una obra genuina. Gratamente, a la gente le gusta ese empeño”. Mientras cenamos, Ortega nos habla del deseo: “he descubierto que, a medida que uno más trabaja y apuesta por ello, hay cosas que se van generando y abriendo. Hace cuatro años no me imaginaba que iba a vivir de hacer teatro, de enseñar, de pensar proyectos, de gestionar otros espectáculos de música o de pintura”. La noche nos regala una luna llena. La suerte se regala a los valientes.(dx)

Por qué Leandro Ortega

Este actor catamarqueño trabaja en Teatro Al Manubrio desde 2010 y ya ganó dos premios provinciales de teatro. Desarrolla junto a sus compañeros y La Banda del Río Salí una forma distinta de hacer arte, relacionada con la cotidianeidad y la construcción colectiva. Además, hace cinco años que da clases junto a Roberto López en Otro Espacio (San Martín 1346).

Por qué La 284 Mila Bar

Es el primer restaurante de milanesas “gourmet” de San Miguel de Tucumán. Se instaló hace poco más de medio año y tiene una carta variada: más de veinte tipos de milanesas, entradas, picadas, ensaladas, opciones para vegetarianos y hasta tacos con tiras de milanesa. Funciona en pasaje Bertrés 284; abre de martes a domingo desde las 20.30 y dispone de jueguitos infantiles.


Acción Poética Tucumán [60]

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Escaneá el código con tu celular y enterate más sobre Acción Poética. El video fue realizado por Carlos Vilaró Nadal.


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DIXI (He dicho) XXXV