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DOCUMENTO LOS GRUPOS HORNEVIANOS: 3 etilos de relacion

B

Los grupos hornevianos indican el estilo social de cada tipo y también cómo cada tipo trata de satisfacer sus necesidades primarias (como lo indica su centro tríadico). Conocer cómo tratamos inconscientemente de satisfacer nuestros deseos puede servirnos para desprendernos de potentes identificaciones y despertar.

Retraído Reservado 9–5–4 9

Agresivo Combativo 7–8–3

1

8

2

7

Complaciente Sumiso 1–2–6

3

6 5

4

En el grupo de los agresivo-combativos (según Horney, las «personas que van en contra») están los Tres, los Siete y los Ocho. Los tipos combativos están orientados al ego y son ego-expansivos; reaccionan al estrés o a las dificultades reforzando o inflando su ego. Ante la dificultad ensanchan su ego en lugar de echarse atrás, retirarse o buscar protección en otras personas. Estos tres tipos tienen problemas para procesar sus sentimientos. el «8» se muestra agresivamente fuerte (valga la redundancia) con tal de obtener lo que desea. el «7» puede manipular a los demás y avasallarlos, con tal de conseguir lo que quiere. el «3» su competitividad le hace ir en contra de los demás. En el grupo de los complaciente-sumisos (según Horney, las «personas que van hacia») están los tipos Uno, Dos y Seis. Estos tres tipos comparten la necesidad de ser de utilidad a otras personas. Son los defensores, los abogados, los cruzados, los servidores públicos y los trabajadores entregados. Los tres reaccionan a las dificultades y al estrés consultando con su superyó qué es lo correcto; se preguntan: «¿Cómo puedo satisfacer las expectativas de los demás? ¿Cómo ser responsable?». Es importante comprender que los tipos sumisos no son necesariamente sumisos a otras personas; pero sí son muy sumisos a las exigencias de sus superyós. Estos tres tipos tratan de obedecer reglas, principios y preceptos que aprendieron e interiorizaron en su infancia. En consecuencia, suelen convertirse en figuras de autoridad, sobre todo los Seis y los Uno (a veces los Dos también pueden ser


figuras de autoridad, aunque con más frecuencia tratando de ser «buen progenitor» o un consejero o asesor de confianza). el «1» es complaciente con las personas que comparten los ideales que él mismo persigue. el «2» cuyo movimiento es siempre de acercamiento a los demás. el «6» suele depender de figuras de autoridad o de alguien a quien considera más fuerte que él. En el grupo de los retraído-reservado (según Horney, las «personas que se alejan») entran los tipos Cuatro, Cinco y Nueve. No hay en estos tipos mucha diferencia entre sus yos conscientes y sus sentimientos, pensamientos e impulsos inconscientes no procesados. La conducta preferida por estos tipos consiste en partarse de la gente para realzar su sensación de valor personal. el «9» se olvida tanto de su crecimiento personal que, lógicamente, se retrae también respecto de los demás. el «5» huye de los demás refugiándose en el mundo de las ideas. el «4» se distancia de los demás, al no expresar sus sentimientos fácilmente a quienes le rodean.

SEGUIMOS PROFUNDIZANDO Los tipos de la tríada del instinto deseaban ante todo autonomía: buscaban la independencia, la capacidad de hacer valer su voluntad y dirigir su vida. Los tipos de la tríada del sentimiento deseaban atención: ser vistos y validados por sus padres. Los tipos de la tríada del pensamiento deseaban seguridad: saber que su entorno era seguro y estable. Los grupos hornevianos hablan de la estrategia que emplea cada tipo para satisfacer sus necesidades. Los tipos combativos (Tres, Siete y Ocho) insisten en o exigen tener lo que desean; su método es activo y directo cuando van en pos de lo que creen necesitar. Los tipos sumisos (Uno, Dos y Seis) intentan ganarse algo apaciguando a sus superyós para obtener lo que desean; hacen lo posible por ser «buenos chicos y buenas chicas» y lograr así satisfacer sus necesidades. Los tipos reservados (Cuatro, Cinco y Nueve) se retiran para obtener lo que desean; se desligan de los demás para ocuparse de sus necesidades. Si recorremos el eneagrama podemos unir estos tres grupos de un modo que caracteriza sucintamente la motivación y el estilo principales de cada tipo. Comenzando por los tipos de la tríada del instinto, vemos que los Ocho exigen la autonomía, los Nueve se repliegan para adquirirla (tener su espacio propio) y los Uno intentan ganársela (pensando que si son perfectos los demás no les pondrán obstáculos). Pasando a la tríada del sentimiento, vemos que el Dos, tipo sumiso, trata de ganarse la atención (siendo servicial y atento con los demás); el tipo Tres, combativo, exige atención (haciendo lo que sea por conseguir


reconocimiento y atención), y el Cuatro, tipo reservado, se retira para atraerse atención (con la esperanza de que venga alguien y lo descubra). En la tríada del pensamiento, el tipo Cinco se retira para tener seguridad «Estaré a salvo si me mantengo apartado de los demás», el Seis trata de ganársela «Estaré a salvo si hago lo que se espera de mí» y el Siete la exige «Vaya hacer lo que sea para sentirme seguro».

Juego para hacerse en el grupo si entras en una habitación llena de gente, automáticamente tendrás una experiencia determinada de ti mismo. Si perteneces al grupo combativo, tu primera reacción automática sería: «Yo soy el centro; yo soy lo que importa aquí. Ahora que he llegado va a ocurrir algo». Los combativos piensan de inmediato que todo acontecimiento importante está en relación con ellos. Un Siete entra en una habitación y en el subconsciente piensa: «¡Hola a todos, ya he llegado! ¡Ahora se van a animar las cosas!». Un Ocho piensa: «Bueno, he llegado. Ocupaos de mí», Estos tipos se «apoderan» de! espacio y esperan que los demás reaccionen a ellos. A los Tres, en cambio, no les resulta fácil ni natural sentirse el centro porque, como hemos visto, dependen de la atención de los demás para sentirse valiosos; harán lo posible por encontrar formas de obtener opiniones positivas de los demás para sentirse e! centro, como para decir: «Mirad lo que he conseguido. Miradme y confirmad mi valía». Cuando una persona cuyo tipo está en un grupo sumiso entra en una habitación, su sentido de sí misma es automáticamente el de ser «mejor que» los demás, aunque su manera de expresarlo sea sutil. Un Uno podría entrar en una sala y pensar en su subconsciente: «Esto está muy descuidado y desorganizado. Si yo estuviera a cargo las cosas no estarían tan desordenadas». Los Dos entran en una habitación y piensan subconscientemente: «¡Pobre gente! Ojalá tuviera tiempo para atenderlos a todos. Parecen tener problemas, necesitan mi ayuda». Al acercarse a los demás desde la posición de «persona afectuosa» que se interesa por y sirve a otros, los Dos se ponen automáticamente en el papel superior de ser «mejor que» los demás. Los Seis tienen más problemas de sentimientos de inferioridad que los Uno y los Dos, pero consiguen sentirse «mejor que» mediante sus afiliaciones e identificaciones sociales «Soy demócrata, y somos mejores que los republicanos », «Vivo en Nueva York, que es una ciudad mejor que Los Ángeles », «Ningún equipo es mejor que el mío», etcétera).


El sentido de una persona que está en un grupo reservado es: «Yo no formo parte de lo que ocurre aquí. No me gustan estas personas. No encajo». En una sala llena de gente, los Cuatro estarían a un lado, distantes, y actuarían de un cierto modo «misterioso»; por otra parte, si no les apeteciera estar allí, sencillamente se marcharían, sobre todo dado que tienen poco desarrollado su sentido de obligación social «Esto es demasiado para mí; sencillamente, no estoy en forma para esto en este momento». A los Cinco no les importaría quedarse, pero se sentirían igual de felices en casa leyendo un libro o dedicados a alguno de sus intereses. Si se quedaran, probablemente se mantendrían a un lado, observando a todos los demás. Tal vez participarían más si tuvieran un contexto, por ejemplo grabar la reunión, el acto o la fiesta con una videocámara. Los Nueve podrían disfrutar de la reunión social e incluso participar, pero procurarían mantenerse libres; podrían asentir y sonreirían mientras piensan en una tarde de pesca, o podrían «desconectarse. casi del todo, limitándose a estar con alguien, dejando que la otra persona lleve la mayor parte de la conversación, escuchando en amable silencio o actitud de buen humor.


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