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El objetivo de “Antología: Cuentos de Navidad” es sensibilizar a todos los integrantes de la comunidad lasallista del Distrito, a vivir el tiempo litúrgico del Adviento, generando la creación literaria de cuentos de Navidad que ayude a preparar la celebración del Nacimiento de Dios hecho Hombre.

Antología Cuentos de Navidad

Sabemos que uno de los grandes momentos que se preparan en los colegios, es el tiempo litúrgico de la Navidad, donde se expresa de muchas maneras la importancia y alegría que tiene para nuestros niños y jóvenes.

Rafael Cerón Sigala, fsc. Secretario para la Misión Educativa Lasallista David Espinosa Soto Diseño Editorial Equipo de Pastoral SMEL Gloria Quirós Pérez Shidue Valenzuela Hirata Víctor Manuel Ramos Carrión, fsc. Juan Carlos Valadez Martínez, fsc.


El pavo que quería celebrar la Navidad Tantas veces había soñado las historias que oyó de los humanos, esas historias sobre la Navidad. Regalos, comida, fiesta y más regalos. Sobre todo regalos. Tristemente, Pavo Pavín no tenía familia y nunca había recibido un regalo. Los animales de la granja le habían contado la historia de su mamá. Cuando él era un pollito, ella se había ido de fiesta a la casa de los humanos y jamás volvió. Ya casi se cumplía un año de eso. Lo de su papá era otra historia. Andaba de granja en granja y lo apodaban “el papá de los pollitos”. Aunque a veces lo veía nunca pasaban tiempo juntos. Pero no era momento de lamentarse. Él tenía un sueño. Así que Pavo Pavín estaba resuelto a recibir un regalo y lo conseguiría esta Navidad. Primero fue con el cerdo. Tremendo lodazal en el que se revolcaba. Se veía algo contento. Pavo Pavín le preguntó sobre la Navidad. El cerdo no sabía nada. Rascó con el hocico en el piso mientras pensaba. Luego siguió con su baño de lodo, aunque parecía más gruñón y menos contento. Pavo Pavín continuó su recorrido por la granja y en su camino encontró a la vaca. Parecía estar en paz. Estaba ahí, parada, tranquila, rumiando su pastura apaciblemente. Él quiso platicar un poco pero ella estaba demasiado entretenida mascando su comida. Dejó de mover la boca mientras pensaba. La vaca no sabía nada. Entonces, simplemente lo ignoró. Se mantuvo ahí, en total pasividad. Adelante estaba el perro. Era todo un loco. Corría de un lado al otro, con la lengua de fuera, dando brincos. Se veía muy alegre. Dos, tres veces intentó escuchar lo que decía el pavo pero no lograba concentrarse. Pavo Pavín se cansó y avanzó un poco más. El borrego sólo seguía a los demás. El burro no sabía nada. Las gallinas la pasaban empollando. Nadie en la granja sabía sobre la Navidad. Pavo Pavín sabía perfectamente donde había escuchado esas historias llenas de luz; todo lo escuchó en la casa de los humanos, justo la noche que perdió a su mamá. El miedo recorrió todo su cuerpo.

Pero nada lo detendría. Debía acercarse lo más posible. Entrar a hurtadillas. Colarse por un resquicio. La puerta de la casa estaba abierta. Contó hasta tres. Contuvo la respiración. Pavo Pavín estaba adentro. Quería escuchar nuevamente la historia del señor gordo que daba regalos. Y había otra de un tipo con cola y cuernos que quería molestar a todos. Siempre fallaba y todos llegaban a la fiesta. ¡Justo lo que le había pasado a él! Se acomodó debajo del árbol. Nadie notó su presencia. La familia ya estaba reunida. Empezaron las historias y Pavo Pavín sintió que la Navidad lo llenaba de calor. Esas historias estaban llenas de amor, de comprensión y de paz. De pronto, una historia, la historia de la Navidad. La razón de la fiesta. Un ser divino que había decidido hacerse hombre para enseñar a todos a amar. Y la historia tenía un final extraño. Él moría y todos estaban tristes, pero después volvían a estar contentos porque Él había ofrecido su vida para todos los demás. Eso sí era extraño. El momento que Pavo Pavín había esperado. Los regalos. El papá tomó una bolsa y repartió lo que había entre su esposa y sus tres hijos. Pero esos regalos parecían poca cosa. Un trompo maltrecho para su hijo. Un suéter raído para la niña. Y para la esposa, nada. El papá les pidió disculpas porque ese año no había mucho dinero y los regalos eran simbólicos. Y no había más que comer. Se había terminado la fiesta. La mamá tomó a los niños y se dirigió a la habitación para arroparlos y dormirlos. ¿Y la cena? La cara de tristeza de los niños contrastaba enormemente con la felicidad que Pavo Pavín había descubierto en la Navidad. Tenía que hacer algo. Volvió a ver esa figura del niño inocente que había entregado todo por la humanidad y entonces lo entendió. Él tenía una misión. Podía cooperar en la fiesta de la Navidad. Él era parte de la fiesta. Salió de su escondite con la certeza de poder dar felicidad a esa familia. Volteó a ver por última vez al niño acostado en el pesebre y ofreció lo más valioso que tenía. Pavo Pavín se hizo Navidad. Dirigido a: niños de Primaria superior. Autor: Mariano Navarro Morales. Institución: Escuela Cristóbal Colón.


El encuentro con Jesús H

abía una vez en un pueblo muy lejano y muy abandonado, un niño llamado Santiago que vivía con sus abuelos; él era muy feliz aunque en su pueblo no se festejara a ninguna persona o suceso importante para el pueblo, eso no era muy común; pero cada diciembre sentía una necesidad de algo o de alguien, era un niño muy curioso y le gustaba investigar y preguntarse muchas cosas así que eso que sentía no lo dejaría así. Empezando nuevo ciclo escolar, Santiago pensó en esa necesidad que sentía y él mismo se propuso investigar y reconocer lo que sentía en esos días fríos de diciembre. Entrando a su salón de clases se dio cuenta de que tenía un compañero nuevo, lo vió muy sólo y se acercó a él diciendo: Hola, ¿cómo estás?, el otro pequeño no contestó solo sonrió; Santiago se rió y continuó con su camino a su lugar. En el transcurso de la clase la maestra les hablaba de la astronomía y de la navidad que comenzaba a llegar, Santiago muy atento preguntaba y apuntaba en su libreta sobre la dulce navidad. La maestra contaba que existía una pequeña creencia acerca de la navidad, esta decía que cuando en el cielo se veía una estrella muy muy brillante era porque se acercaba la navidad. Santiago quería saber qué era esa estrella tan brillante así que decidió salir por las noches para observar esa estrella y de alguna manera conocer más sobre ella. La primera noche que salió al parque por la media noche se sorprendió mucho al ver a su compañero nuevo sentado en una banca mirando hacia el cielo, se acercó y le dijo: -Hola, ¿qué tal? Y este le contestó: -Hola, qué gusto verte por aquí. ¿Qué haces aquí? -Vengo a ver la hermosa estrella de la que nos habló la maestra el día de hoy, quiero saber sobre ella.

-Tengo la misma inquietud que tú, ¿Qué crees que sea? -No lo sé amigo, tenemos que descubrirlo. Pasaron varios días y ellos hacían lo mismo cada noche hasta que un día pasó algo muy misterioso y se dieron cuenta de que no era cualquier cosa, era la llegada de una persona muy importante y los invitaban a celebrar por esa llegada. Un 24 de diciembre ellos estaban sentados observando la estrella esperando conocer más sobre ella, hasta que de pronto llego un ángel, ellos sorprendidos preguntaron: ¿Quién eres tú? El ángel contestó: Soy enviado por Dios para anunciarles que hoy es la llegada de Jesús y los invitamos a celebrar limpiando nuestros corazones. Los niños sorprendidos y contentos le contestaron ¡Sí claro que sí! y salieron corriendo hacia sus casas anunciando a todo el mundo la noticia. Muy contentos descubrieron a la navidad como la llegada de Jesús invitándonos a limpiar nuestro corazón para recibir pureza y amor, dándose cuenta de que esa estrella fugaz era Jesús que venía en camino. Santiago queó muy contento y feliz porque desde entonces hubo felicidad en su corazón sabiendo que cada año recibiría a Jesús en su corazón, manteniendo la paz y el amor en su pueblo. Dirigido a: niños de Primaria. Autor: Diana Arely Medel Cortés. Institución: Colegio Vasco de Quiroga.


Compartamos la alegría de la Navidad H

ace algunos años, ya ni recuerdo cuántos, las escuelas de La Salle se preparaban como cada año ansiosas para Navidad. En el estado de Quintana Roo, existía una pequeña escuela construída con mucho amor llamada Pelópidas de La Salle. Ahí estudié con muchos otros compañeros que recuerdo con aprecio.

Me senté a su lado, no podía dejarlo con ese pensamiento, tenía que ayudarlo a conocer el verdadero significado de esta hermosa festividad. -¡Pero la navidad no se trata de eso!- le dije al chico, y él me contestó: -claro que sí! ¿No has visto que Santa Claus, los renos, sus duendes y hasta el Grinch viven sólo donde hay nieve?. Todos los pinos navideños nacen en la nieve. Hasta los hombres de nieve nacen en la nieve. ¿Cómo puede haber navidad sin hombres de nieve? .- me miró con asombro mientras contestaba. -¡Ay pequeño! No sabes nada de lo que es la Navidad!, pero no te preocupes. Prometo no dejarte hasta contestar todas tus dudas y hacerte cambiar de parecer.-

Pero había uno que siempre llamó mi atención. Era un chico callado, tímido, no hablaba con nadie, y por lo tanto tampoco tenía amigos. En estos días siempre estaba mucho más raro de lo normal.

Ahora estaba realmente interesado en lo que tenía para decirle. Al parecer nadie nunca se había tomado la molestia de enseñarle el verdadero significado de la navidad. Y adopté ésta como mi misión.

Solía sentarse del lado de las ventanas a observar el cielo y en los recreos iba al lado de un viejo árbol, comía a solas y contemplaba las nubes, como si buscara algo en ellas.

Creo que Dios me había puesto a este pequeño en el camino para poder hacerle ver que la navidad va mucho más allá de las fiestas, santa Claus y los regalos.

Me preguntaba -¿Qué era lo que tanto buscaba entre los cielos? - , así que un día me armé de valor y decidí acercarme a averiguar ¡Qué era eso que tanto buscaba!...

Se sentó en frente a mí, y me miró con atención mientras le explicaba.

-No sé, sí este año tendremos nieve-me contestó -casi con lágrimas en los ojos. ¡Era una completa barbaridad! ¿Nieve? ¿En PLAYA del Carmen? -¿Y por que habría nieve este año?-. Le contesté para no desanimarlo tan pronto. Volteó a verme al borde del llanto, y me dijo –Porque sin nieve, este año tampoco vamos a poder tener navidad.No podía creerlo! El chico realmente creía que sin nieve no podría existir la navidad. Me pareció bastante gracioso y estuve a punto de reír a carcajadas pero lo contuve con todas mis fuerzas, porque al parecer el chico no estaba bromeando si no que realmente ésta era una situación que le causaba un verdadero conflicto.

-Hace muchos, muchos años, en un lugar muy lejos de aquí llamado Belén, nació un niño que seguramente conoces. -¿Y cómo voy a conocerlo, sí fue hace tantos años en un lugar tan lejos? -Ese niño era Jesús!, y el vino a demostrarnos que por amor se pueden hacer grandes cosas, hasta dar la vida por quién realmente amas. La Navidad se trata de eso, de demostrar tu amor a quiénes más quieres, estar con tu familia y sobre todo recordar el día en el que Jesús vino al mundo por nosotros. Desde ese día se hizo mi mejor amigo y nunca más volvió a estar solo. Dirigido a: niños de 5° y 6° de Primaria. Autor: Verónica Vergara Castro. Institución: Escuela Pelópidas La Salle.


Anécdota de Navidad E

n una bonita zona de la ciudad donde el ruido de autos y personas al pasar, escaba las paredes de los edificios de departamentos, hasta disminuir casi totalmente en el séptimo piso hogar de una familia de dos; la madre que se afanaba en la cocina preparando la comida del día, concentrada en lo que hacía y en el ruido al otro lado de la pared, donde su pequeño cantaba un pegajoso villancico mientras recorría las paredes en los últimos días de su juguete, el cual ya estaba destinado para donarlo a los niños más necesitados y que como le había dicho su mamá, no tenían un lugar al cual pudieran llegar los Reyes Magos para entregarles sus regalos. Hacía varios días, cuando después de la salida del colegio, mamá lo había recogido y llevado a su trabajo pues en esta ocasión, el inventario de la empresa le había llevado más tiempo de lo acostumbrado. El pequeño sólo traía a su superhéroe favorito y no era divertido jugar así. Él sabía que mamá trabajaba mucho para darle lo que necesitaba, así que prefirió no quejarse y recostado sobre el alfeizar de la ventana veía a los niños más allá, quienes en la calle se turnaban para limpiar los parabrisas de los autos que esperaban el siga del semáforo. Seguramente eran hermanos, ya que a la niña le permitían saltar un turno los otros dos. Cuando el semáforo estaba en verde, los tres niños seguían un extraño juego siguiendo un camino imaginario con piedras. El pequeño que los observaba, estaba tan concentrado en lo que hacía a pausas los tres hermanos, que no se dio cuenta del momento en el que su madre se sentó junto a él hasta que habló. - ¿Quieres jugar con ellos? – le dijo mientras acariciaba su cabeza. - No. – respondió si dejar de ver a través de la ventana – pero por qué juegan con piedras en lugar de juguetes?. - Las piedras son sus juguetes. – respondió mamá. Luego de un breve silencio, el pequeño agregó - ¿Si les diera mis juguetes, crees que se divertirían más? Así fue que, durante el regreso a casa, estuvo

planeando con mamá el donar la ropa y los juguetes que pudieran hacer feliz a alguien más. Aquella tarde de fin de semana ya tenían las cajas con las cosas que iban a regalar y después de la comida, cuando el sol bajara un poco, saldrían a recorrer las calles. De pronto, el “beben y beben los peces en el río…” comenzó a subir de volumen y en su euforia, el pequeño saltando en el sofá no se percató del peligro. Uno de sus piecitos quedó atorado en la hendidura del sillón y al forzarlo, el impulso que tomó hacia atrás lo hizo caer. Fue sólo un segundo lo que tomó a su madre relacionar el breve silencio con el ruido de cristales quebrándose y cayendo por todas partes con la imagen tremenda de su hijo saltando por la ventana. Corrió hasta la sala donde pálidamente observó las cortinas ondear mecidas por el viento que se colaba por la ventana de los cristales rotos. Sin darse cuenta en el cómo, se lanzó atravesando la puerta hasta el elevador pulsando desesperadamente el botón y al llegar abajo, hasta las puertas de cristal de la entrada al edificio se quedó petrificada sin apenas comprender lo que veía; su pequeño hijo estaba tomado de la mano de un hombre quien lo observaba mientras intentaba a saltitos alcanzar el timbre de su departamento. El niño reía mientras algo le decía a aquel hombre. En eso, sonó el característico ruido del seguro de la puerta al abrirse y el niño, al ver a su madre ahí parada, se soltó de la mano de aquel hombre y corrió a los brazos de ella, quien, con lágrimas en los ojos, ya sólo veía a su hijo colmada de gratitud. Al estar nuevamente en su hogar, el niño le relató cómo aquel hombre no le dejó caer y lo sostuvo con sus brazos. El pequeño no había podido preguntarle su nombre, pues mientras le contaba cuál era el timbre de su casa y cómo era que había caído, fue que mamá apareció. Definitivamente, después de lo sucedido, mamá ya no quería salir, pero el argumentó que le dio su hijo, no daba lugar a réplica. -Ese señor estuvo ahí para atraparme cuando lo necesitaba, tal vez esos niños de allá afuera también necesitan lo que yo les voy a dar.


¿Qué se puede responder a eso? Así que se decidió que ese fuera un día de dar a quien lo necesita. Mientras tanto, allá en el colegio se terminaban los preparativos para la misa de Navidad que en poco tiempo estaba por iniciar. La gran capilla lucía adornada con hermosos estolones en lo que se leían frases bíblicas de la llegada del Salvador, y los grandes floreros decoraban con olorosas gladiolas, narcisos y coloridas esferas alargadas. El nacimiento de tamaño real estaba alumbrado por luces que parpadeaban al son de un silencioso compás. Las enormes puertas de entrada, abiertas de par en par, ya comenzaban a recibir a las familias. Ahí para recibirlos, estaba en su pedestal como siempre la gran imagen del Santo Fundador: Su mirada fija en un par de niños frente a él quienes, con libros en sus brazos, le contemplaban mientras parecía explicarles algo sin duda apasionante. Entre las familias que entraban a ocupar sus lugares en la capilla, también llegó la mamá con su pequeño. Al pasar al lado de la imagen de Juan Bautista De la Salle, el pequeño comenzó a decir lleno de felicidad:

- Es él mamá, es él. Es el señor que me salvó. Dirigido a: niños de 7 años en adelante. Autora: Rocío Cristina Oceguera Rizo. Institución: La Salle de León.


Cuento de Navidad H

ace dos mil años vivían en diferentes partes del mundo tres personajes que tenían en común sabiduría, una inmensa riqueza y una pasión desbordada por la astronomía. Se pasaban largas horas observando con el telescopio el cielo tachonado de estrellas, en busca de una señal, pues, según las escrituras, estaba por venir un poderoso Rey. Un día vieron una estrella que resaltaba por su singular brillo sobre las demás. La estrella comenzó a moverse lentamente, como invitándolos a seguirla. Así lo hicieron los sabios y coincidieron los tres con sus caravanas en un oasis del desierto. Soy Melchor, se presentó el primero, y vengo de Europa. Soy Gaspar, se presentó el segundo y vengo de Asia, Soy Baltasar, se presentó el tercero y vengo de África. Se pusieron a platicar el motivo de su viaje y todos coincidieron: seguían una brillante estrella aparecida en el cielo y que llamó poderosamente su atención. Decidieron proseguir juntos el viaje para ver dónde los conducía. Pero la estrella se ocultó y por más que esperaron no volvió a aparecer. ¿Qué hacer? Como la estrella anunciaba la llegada de un poderoso rey, pensaron que lo ideal era ir a todas las poblaciones más importantes y buscarlo en los palacios más suntuosos. Así lo hicieron. Fueron a Persépolis, en Irán, y por más que buscaron, nadie les supo decir sobre la llegada del poderoso Rey. Estuvieron en Costantinopla, Turquía, y tampoco lo encontraron. Lo mismo en Cartago, Túnez, en Alejandría, Egipto, en Roma, Italia y en Atenas, Grecia. Al entrar en Jerusalén, Israel, llegaron a oídos del rey Herodes informes de que unos extranjeros andaban preguntando por un Rey. Asustado, temiendo perder su corona, los mandó llamar para recabar detalles. Consultó con sus escribas y fariseos dónde estaba profetizado que nacería ese Rey. Y una vez que lo supo mandó allá a los tres sabios con el encargo de que regresaran a decirle si encontraron al Rey. Cuando salieron estos del palacio vieron con sorpresa que la brillante estrella volvió a aparecer en el cielo y les comenzó a guiar de nuevo. Fue a parase no encima de una suntuosa mansión de una cosmopolita ciudad, sino en un humilde establo de la pequeña población de Belén. Entraron y vieron a un niño que estaba recostado en el pesebre. Supieron de inmediato que era Aquél que estuvieron buscando por medio mundo y, arrodillándose, le adoraron y ofrecieron oro, como Rey, incienso como Dios y mirra, como Hombre. Melchor, Gaspar y Baltasar regresaron a sus países llevándose una gran lección: Después de buscar en palacios y grandes ciudades, encontraron a Aquél que anunció la estrella recostado en un humilde pesebre del establo de una pequeña ciudad. Ese humilde pesebre es el símbolo de nuestro corazón. Dios está esperando que le dejemos recostarse en él y le arrullemos con nuestras buenas obras. Dirigido a: niños de Preescolar y 1° y 2° de Primaria. Autor: Constanza Ramos. Institución: Escuela La Salle Cancún.


La Estrella de La Salle ilumina la Navidad L

a navidad época alegre donde se disfruta con entusiasmo y alegria, donde muchos lo toman como un feliz momento para convivir con la familia, pero en la historia que les contaré les hablaré de la perspectiva que tenía nuestra pequeña lasallista llamada Anni sobre la navidad, donde sólo lo material es lo fundamental para disfrutar de esta fiesta. Annie una pequeña niña lasallista que decidió que seria buena idea ir a casa del abuelo a pasar la navidad, para poder ser la primera en abrir los regalos de navidad. Annie estaba ansiosa ya que la navidad en casa de su abuelo se festeja en grande, un gran árbol de navidad decorado con bellas esferas color rojo y dorado brillantes, grandes decoraciones como trenecitos y flores de Noche Buena y sin olvidar la gran esquina de la sala donde el abuelo pone los grandes regalos para toda la familia al llegar a casa de los abuelos la madre de Annie le advirtió a la pequeña que no fuera mal educada y saludara a los abuelos primero en vez de preguntar por los regalos, Annie de muy mala gana aceptó lo que su madre le dijo, evitó ir a aquella esquina para no tener la tentación de abrir los regalos, la resistencia de la pequeña Annie sólo duró hasta la tarde del 24 de diciembre Noche Buena. Cuando hubo acabado la cena y el recital de piano del abuelo que da cada Noche Buena para toda la familia, todos decidieron que era hora de ir a dormir y esperar la navidad con tranquilidad, a lo que Annie le pareció muy conveniente bajar de su habitación hasta aquella sala ya que nadie la vería y sería la primera en abrir los regalos de Navidad. Al levantarse de su cama pudo observar desde su ventana una bella estrella que le recordó a la misma que está en el escudo de su colegio lasallista, ella se quedó impresionada con su brillo y quedó profundamente dormida, pero, un extraño sueño tuvo aquella noche.

Annie se encontró con un señor canoso de avanzada edad sentado sólo en una de las bancas del colegio lasallista al que asistía Annie, ella se le acercó pero este se le adelantó y le dijo: Pequeña ¿por qué sólo piensas en las cosas materiales en una época que es para pensar por los demás por sobre de ti? Annie se quedó impactada pues no esperaba tal pregunta sintió un poco de enojo porque aquel hombre extraño la había llamado indirectamente egoísta, pero a la vez sintió un poco de vergüenza ya que esa pregunta tenía un toque de verdad, Annie pensó bien en qué contestar, pero no supo como, el hombre la miró fijamente y le dijo: Niña la Navidad tiene un significado diferente al que tu crees, no se trata de cosas materiales o cuantos regalos te den, lo importante es pasar un bello momento con los seres que para uno son especiales, convivir y sobre todo demostrarse el cariño mutuo entre la familia, es una época de dar y recbiir ciertamente, pero entre más des lo mismo se te regresa; no esperes sólo que te den pero no malinterpretes, no hablo sólo de regalos sino de los sentimientos más importantes que poseemos como humanos el cariño y afecto hacia otros. El señor después de decirle esto a Annie se levantó de la banca y siguió un camino derecho y desapareció, para Annie al despertar su primer pensamiento fue sobre aquel sueño tan raro. Pero gracias a esto ella cambió su forma de ver esta hermosa festividad y durante todo el día del 25 de diciembre pasó tiempo de calidad con su familia, haciendo galletas con la abuela, jugando con muñecas con sus primas, ayudando a poner la cena sobre la mesa y disfrutando tocar una pieza de piano con su abuelo al hacer todo esto encontró el significado de las palabras de aquel señor en su sueño y le dio gracias a aquella estrella que se asomó por su ventana por haberle permitido entender el verdadero significado de la Navidad. Dirigido a: niños de Primaria. Autor: Claudia Patricia Hernández Rincón. Institución: Colegio Vasco de Quiroga.


Tic, toc, tic, toc… Tic, toc, tic, toc … E

l sol estaba a punto de salir, parecía que iba a ser una de esas mañanas frías de invierno. En las cuales ni aun saliendo de casa el sol calienta. Sin embargo Pedrito parecía no darse cuenta del frío que se avecinaba, pues para él, todo estaba bien mientras papá y mamá estuvieran en casa. Riiiiing, Riiiing….(sonó la alarma del despertador) anunciando la llegada de la víspera de Navidad, ese mágico día que para muchos es el esperado del año, pues conoces a personas que no conocías y la familia crece, ya que todos sus miembros se reúnen con motivo de celebrar el nacimiento del amor, el cariño, la comprensión y la paz…. Mamá: Pedrito… hijo, ya es hora…! Pedrito…ya es hora! Papá ya se está preparando para salir al jardín a jugar contigo. Nadie sabía que Pedrito no pudo dormir de emoción la noche anterior, pues como cada año le causaba entusiasmo saber que él y su padre pasarían la mayor parte del día siguiente juntos, no importaba que viniera la abuela, la tía, la prima o el amiguito de la casa de enfrente, para él bastaba que papá se permitiera ser niño otra vez y jugara con él. Pedrito emocionado contesta: ya voy mamá, dile que me espere, que ya bajo. Inmediatamente Pedrito se ató los zapatos, cogió la primera chamarra que encontró y no le importó bajar en pijama. Pues sabía que sería un gran día, no importándole cómo estuviera el clima. Hay fríos que no pueden ser abrigados con una chamarra, pero sí con una cálida mirada, esa era la mirada del padre de Pedrito, pues en unos días tendría que viajar a la ciudad del viento. Pedrito: Papá, papá, ¡Vamos a jugar juntos! ¡No podemos olvidar la pelota! ¡Nos tenemos que llevar gorro! ¿Me vas a empujar en el columpio, verdad?. Pedrito corrió hacia el cuello de su papá quién lo esperaba con los brazos abiertos.

Otros pensarían que por esta despedida papá estaría triste, desolado y temeroso de la reacción que pudiera tener su hijo ante tal evento. Sin embargo, no era el caso del padre de Pedrito, pues él estaba tranquilo y convencido de que el tiempo presente y el “estar presente” es más importante que el tiempo futuro o pasado. Aunque a veces la memoria no logre distinguir entre uno y otro. Por esa razón desde que Pedrito era pequeño, papá le enseño través de su ejemplo el regalo del presente, la valentía para asumir el futuro y el aprendizaje para no olvidar el pasado. El padre de Pedrito se contagió con el entusiasmo de su hijo e inmediatamente lo abrazó y giraron juntos por un momento. Papá: ¿Ya estás listo? Hoy vamos a aprender lo maravilloso que es el viento. ¡Vamos! La mamá de Pedrito estaba en la cocina ataviada preparando un chocolate caliente, pues sabía que Pedrito y su esposo, en unos minutos, cruzarían la puerta rumbo a esa aventura que año con año están dispuestos a recorrer. Chuc, chuc (la puerta se abrió) Mamá: ¡Ya está listo el chocolate! A lo lejos sólo se escuchaban risas cargadas de emoción. Papá: Guárdalo para nuestro regreso y lo tomaremos juntos los tres. Mientras tanto la mamá de Pedrito aprovechó el tiempo para ultimar detalles de la llegada de la Navidad. El día siguió transcurriendo, los juegos, las risas y esos momentos de silencio tan necesarios y a veces poco tomados en cuenta hicieron que la temperatura fuera la propicia para que el papá de Pedrito le enseñara a su hijo una lección de vida, que jamás olvidaría, no por ser dolorosa, sino por poner a prueba todos aquellos regalos que, aunque no se ven, están presentes y lo estuvieron desde que Pedrito era pequeño: el tiempo y la presencia. Papá: ¿Te has divertido hoy?


Pedrito: Si papá, estuvo muy divertido y más porque me divertí con tu compañía. Papá: Sabes que espero estas fechas y la llegada de la navidad para estar contigo y con tu mamá la mayor parte de mi tiempo. ¿Qué es el tiempo hijo? pregunto papá Pedrito: Es lo que pasa aquí (señalo su reloj), es el sol cuándo se está metiendo, es cuándo los arboles cambian el color de sus hojas. [….] Papá: Es cierto hijo, tienes razón el tiempo nos permite crear recuerdos cuándo tenemos la presencia de personas agradables e importantes en nuestras vidas. Y yo estoy seguro que a donde quiera que tú vayas: (en la escuela, con los amigos, etc.) recordarás estos momentos agradables que a los dos nos gusta disfrutar. Yo sé que a dónde quiera que yo vaya haré lo mismo con los maravillosos recuerdos que tengo contigo. Así que cuando quieras volver a vivir momentos agradables cierra tus ojos y trae a tu memoria otra vez, todos aquellos juegos, sonrisas y momentos alegres que hasta el día de hoy hemos tenido juntos y piensa en aquellos que te gustaría que viviéramos. Pedrito contesta: Si papá, ¿porque me dices esto? Hoy lo pasamos muy bien. Me he divertido. Papá: ¿Has escuchado hablar de la ciudad del viento? Pedrito: ¿Qué es eso? Papá: Es una ciudad muy hermosa, con altos edificios y personas muy agradables. Tiene grandes parques y un lago hermoso. Le dicen la ciudad del viento ya que los vientos predominantes vienen a través del lago y soplan a través de Chicago. Sabias tú, que Él viento va y viene y está contigo aunque no lo veas. El viento es capaz de darte vida y dar vida a otros. Dentro de algunos días partiré a la ciudad del viento, te llevaré en mis recuerdos y estarás en mi presente. Mientras tanto, te quedarás con mamá en el presente. Ella cuidará de ti hasta que te vuelva a ver.

Yo estaré bien, seré cómo el viento estaré contigo aunque no me veas y me darás vida y un motivo más para regresar, como el viento lo hace, como la Navidad llega con toda su alegría, su gozo y su paz. Aunque Pedrito entristeció al escuchar las palabras de su padre, estaba tranquilo ya que sabía que pronto lo volvería a ver. Así pués, decidió disfrutar de su compañía y agradecer en todo momento la calidez de la mirada de su padre y de esas palabras que lograron sostener y transformar lo que pudo ser una dolorosa despedida en una oportunidad para apreciar el regalo del presente, asumir la valentía del futuro y ver como un aprendizaje al pasado. Esa noche al llegar a casa, papá, mamá y Pedrito compartieron más que una taza de chocolate caliente, la alegría de la Navidad. Dirigido a: niños de 8 a 12 años. Autores: Lic. Vanessa Zarate B y Rosalina Aviña Guerrero. Institución: Colegio La Salle León.


La Estrella la Salle ¿ Sabes por qué la estrella de La Salle alumbra la Navidad ? Cuenta el cuento que... Todos los días del año mientras tú vas a la escuela, las estrellas se acuestan a dormir y mamá Luna les platica lo que en la Tierra los seres humanos hacemos. Un día del mes de diciembre, mientras el sol estaba en lo alto y las estrellas en su cama terminaban de escuchar lo que la Luna les decía, una de ellas le dijo a su mamá: - Todas mis hermanas y yo queremos pedirte nos dejes bajar un día a la Tierra,. Tú nos has contado que en esta época del año a la Tierra la vemos tan llena de colores porque los seres humanos hacen muchas fiestas y nosotras no sabemos lo que es una fiesta, ¡ déjanos ir ! Como supondrás, mamá Luna no asintió pero les dijo que lo pensaría, así es que dio el beso de las buenas noches a cada una de sus hijas y tapó el sol con una gran manta. Mientras las estrellas dormían, mamá Luna decidió enviar un comunicado a la Tierra en donde se leía. Queridos habitantes de la Tierra: Es mi deseo enviar a mis hijas a la Tierra para que alumbren durante un día el lugar que ustedes deseen. Les pido coloquen en este costal sus peticiones todos los interesados. Atentamente La señora Luna.

salían un sinnúmero de cartas que despertaron su curiosidad. - Queridas hijas, he decidido complacer su petición - y metiendo la mano en aquel gigantesco saco fue leyendo una a una las interminables cartas y asignando a sus impacientes hijas el sitio al que debían acudir. Tú, le dijo a la estrella más brillante, asistirás esta noche al nombramiento del maharajá hindú y los deslumbrarás con tu bellísima luz. Todos los habitantes del reino se maravillarán con tu sola presencia en el firmamento. Tú, la de los destellos de color azul, te encargarás de iluminar el océano para que sus tonalidades submarinas maravillen a todos los yates que asistirán a la gran fiesta que el Rey Neptuno ofrecerá esta noche. Tú la más redonda, iluminarás las calles donde una población entera festejará el fin de la cosecha y la alegría de todos en la fiesta de la vendimia. Mientras mamá Luna asignaba a todos su importante tarea, la más pequeñita de sus hijas, trataba de llamar su atención saltando de un lugar a otro, jugando a ser una estrella fugaz, haciendo trucos y mil piruetas para que mamá Luna la tomara en cuenta, pero... como pasa siempre a los menores de edad, mamá decidió que la más peque, no bajaría a la Tierra. Poco a poco el costal terminó de vaciarse y junto con él el cielo quedó sin estrellas y el corazón de nuestra amiga la estrellita, también se desdibujó.

Cuando los últimos rayos del sol comenzaron a desaparecer y las estrellas hacían su aparición; en la Tierra había un gran revuelo, la nota de mamá Luna ya era conocida por casi todos los habitantes del planeta y el costal se encontraba rebozando de peticiones que inmediatamente hicieron llegar a su destino.

Mamá Luna se preparaba a guardar el costal y consolar a su hijita pequeña, cuando una carta solitaria salió del fondo. Mamá, ¡gritó la estrellita!, un padre necesita una estrella para alumbrar el lugar donde nacerá su hijo...¡Por favor, déjame ir a mi, prometo ser muy precavida y seguir tus recomendaciones, déjame bajar a la Tierra!

Al atardecer siguiente, las estrellas se preparaban para cumplir con su habitual trabajo de todas las noches, cuando encontraron a mamá Luna esperándolas con un enorme costal del cual

La Luna que antes de ser luna es mamá, dejó ir a su pequeña hija para cumplir con su importante misión.


Patinando por el cielo, la estrellita se guió por la luz que emitían sus hermanas, ocupadas todas en su noble misión, cuando de repente encontró un pequeño establo muy solitario, donde una pareja joven cuidaba de un niño que acababa de nacer y se afligían porque, sabiendo como sabían que ese Niño era la Luz del mundo, llegaba al planeta Tierra en un lugar sombrío y oscuro. Ya sé dijo nuestra amiga, brincaré de un lugar a otro para reflejar mi luz, giraré sobre el pequeño para que esta bella familia sienta luz y alegría y gozo y felicidad; la estrellita no cesaba en su encomienda cuando de pronto... el Niño sonrió y extendiendo su dedito sobre el corazón de la estrellita hizo que ésta comenzará a brillar, mientras la estrella más se movía, más brillante era su luz, más alegría sentía en su corazón, más bondad se percibía en el ambiente. La algarabía fue tal que el establo se iluminó con una luz especial, los pastores se asombraron de la intensidad de aquella pequeñita estrella visible desde cualquier punto cardinal y acudieron con presteza para encontrar entre pañales al hermoso Niño Jesús arropado por sus padres. Mientras la estrellita más daba más tenía, crecía en intensidad, brillaba con más calor, sus rayos iluminaron el camino logrando que hasta tres reyes llegaran a adorar al pequeño con maravillosos regalos, entonces nuestra estrella comprendió que la única manera de tener es dar, dar a manos llenas, lo que somos, lo que poseemos, lo que amamos, porque sólo así se puede SER. Y cuenta el cuento que... desde ese día todos llaman a esa estrella la estrella polar. Cuando mires una estrella en cualquier lugar, a la estrella La Salle, has de recordar y como esa estrella Polar su ejemplo habrás de imitar. Dirigido a: niños de Primaria. Autor: Concepción Fernández Irurita. Institución: Colegio Simón Bolívar (Galicia).


Esperando al Niño Jesús en la Salle F

abricio es un adolescente que inició la Secundaria en el Colegio La Salle, ilusionado por su nueva experiencia de conocer a nuevos amigos y reencontrase con los compañeros de la primaria. Fabricio vive con sus hermano menor y sus papás, tiene un perro que se llama Cusco un chihuahua color café, al que ha metido un poco en el olvido por la emoción de estar ya en la secundaria. Ha sido una etapa también de muchos cambios y contradicciones. Por un lado sus amigos le invitan a dejar de ser y comportarse como niño, hay nuevas ilusiones y sobre todo las compañeras comienzan a parecerle atractivas. Por otra parte en casa sus papás lo siguen tratando con cariño y con la ilusión de que la inocencia siga siendo parte de la vida de su hijo. Los días vuelan y en la adaptación a su nueva etapa, se presentan los primeros contratiempos, tareas no hechas, sacar un ocho, cosas y situaciones que para él eran impensables en la primaria. Primer bimestre, reporte por participar en un altercado durante un cambio de clase. Se ha perdido la tan anhelada medalla de honor para los compañeros Fabricio es el nuevo héroe, para sus papás el nuevo villano. Entre nuevas formas de aprender, desfile de independencia, altares y día de muertos con sus calaveritas y catrinas, festival revolucionario, pasan las lecciones. Se acerca la Navidad, ahora las conversaciones de Fabricio con sus compañeros son acerca de los nuevos videojuegos, el X-Box, el Minecraft y las nuevas versiones de Pokemon Go…

Fabricio sabe que adquirir una consola de esas es casi imposible. Está becado en la escuela y sus papás hacen un esfuerzo para que él y su hermano estén recibiendo un formación integral en el Colegio, le insisten en que realmente se invierte el dinero en su educación y que las calificaciones son fundamentales para que él permanezca en la escuela. Le cuesta dejar de ser niño y le surge una esperanza. Todo lo que ha deseado se lo ha podido complacer el niño Dios, el Niño Jesús. Empieza a redactar su carta para el Niño Dios, lo comparte con su amigo Adrián su mejor amigo y este se burla diciéndole: No me digas que no sabes quién el Niño Dios. Se aleja y le dice los papás nos compran las cosas que aparecen el día de Navidad. Como es costumbre entre los chicos de esta edad, lo platica con su demás compañeros, situación que genera en su grupo de amigos una discusión en la que no logran llegar a un acuerdo, muchos aún esperan que el Niño Dios les traiga algo, otros creen una obligación que así sea por parte de sus papás. De vuelta a casa Fabricio pasa por un centro comercial y entra a una tienda de Videojuegos, se acerca a la consola que estaba en exhibición y ve el precio. Definitivamente mis papás no podrían pagar esto se dice a sí mismo, pero el Niño Dios si puede, se va convencido. Fabricio al llegar a casa esa tarde, platica con sus padres, su idea es que el espera encontrar respuesta favorable a su petición. Sus papás le piden que no pierda la esperanza, que si él cree que puede ser que no deje su ilusión. Ya en la noche Brenda y Juan, papás de Fabricio platican sobre la inquietud de su hijo, pero saben que la situación económica no es la más favorable. Además de que es muy probable de que ya sepan sus hijos que esta bella tradición está por terminar.


“Haremos un esfuerzo y le compraremos su consola a Fabricio” deciden Brenda y Juan, no dejaremos que se pierda la ilusión. Y así lo hacen ahorran y para que se pueda llegado el día volver a ver los ojos de ilusión de sus hijos.

Esto resultó una gran lección para Fabricio y su familia, que hay que saber pedir, ya que todos pensaron en satisfacer un deseo personal. Los padres en poder complacer a sus hijos y los hijos en tener lo que ellos creían era lo mejor.

Empieza la odisea, se entera Andrés, hermano de Fabricio y comienza la disputa, a quién le traerá el Niño Dios ese nuevo video juego, por que ciertamente el aún no sabe, pero la rivalidad natural de hermano no le deja pensar que su hermano podrá tener lo que desea.

Ahora toda la familia está ahorrando y se han propuesto comprar una televisión con la que convivirán más y jugarán. No siempre lo que deseamos, lo necesitamos. Dirigido a: jóvenes de 12 a 18 años.

Brenda y Juan después de platicar y buscar opciones, ya que el regalo servirá para sus dos hijos. Deciden pedirle a su comadre que les haga favor de sacar el video de una tienda departamental, ya que ella tiene tarjeta, y además con meses sin intereses, así que Dios no permitirá que la ilusión muera en un niño y menos en Fabricio y su hermano. Los días pasan y por fin logran adquirir el regalo, ya está guardado en casa esperando la Navidad para ser estrenado por esos niños. Llega el anhelado día y después de la cena, los niños se van a dormir, con la idea que al despertar el Niño Dios habrá de cumplir su sueño. Despiertan a las 5:00 a.m. y van corriendo a la sala y ahí con una caja verde con los zapatos de ambos se encuentra el X-box One, una hermosa consola de video juegos para los hermanos, van y despiertan a los papás para compartirles su alegría, ya poder disfrutar de este hermoso momento. Ya podré jugar con mis amigos gritaba Fabricio, y su hermano brincaba junto con él. Destaparon la caja y sacaron los cables y al intentar conectar a la televisión se dieron cuenta que no eran compatibles. Con el apagón analógico su televisión ya no funcionaba.

Autor: José de Jesús Santos Torres. Institución: Colegio La Salle León.


Obscuridad iluminada O

scura, tan oscura como la noche anterior y ambas tan intensas como la esperanza ausente, intensa como la ilusión de un mundo mejor, posible sólo si se concibe desde el corazón y se piensa con sabiduría, y sin embargo, la oscuridad y la desesperanza eran mi única compañía mientras contemplaba las estrellas opacadas en medio de un cielo lleno de esperanza. Me preguntaba ¿Cómo podríamos cambiar esta situación de desesperanza que lastima y que ocasiona una vida vacía de ilusiones y llena de desastres? Y mientras pensaba en lo que me esperaba y ocuparía mañana, de pronto, una luz intensa llamó poderosamente mi atención, era una luz que emanaba de una estrella, cinco destellos diversos y a la vez armónicos auguraban un mejor futuro, no tan oscuro como la noche, no tan cercano ni tan lejano, pero muy real, lleno de un amor posible sólo si emana del corazón. Entonces, se acercó calladamente Majuda, mi hijo, – como para no interrumpir mis pensamientose invitándolo a mirar la estrella que llamaba mi atención, observaba que efectivamente su luz era intensa y diversa y mirándome me preguntó, ¿crees que mañana sea mejor que ayer? hijo, efectivamente – respondí- claro que será mejor, y será mejor en el grado que todos hagamos lo que tenemos que hacer; en el momento preciso y de la mejor manera posible, es decir, será mejor cuando amemos a las personas y utilicemos a las cosas, no al contrario, porque precisamente esa es la causa de tanta desesperanza; lo que me intriga es cómo hacer que todos los hombres vean la estrella y sean iluminados por su luz que acaba de susurrarme que si tenemos fe, entonces la esperanza llegará y cuando esto suceda, será posible vivir la caridad entre todos, porque habremos entendido que a pesar de ser razas diversas , realmente somos una sola, la raza humana, la raza de los hijos de Dios llamada a formar una fraternidad que tiene como fundamento el amor que Dios nos enseñó, es decir, un amor entero, pleno, sin condición. Papá, y ¿si no todos vieran la estrella? o ¿si no se dejaran empapar por su luz? A veces papá, me doy cuenta que esa luz es ocultada por la envidia e intereses de algunos que hacen más daño que bien a su prójimo porque despersonalizan y sólo lo toman en cuenta si significan consumismo de lo que no es necesario, dejando en el olvido lo

que realmente importa, es decir, la felicidad de la gente, y para lograr esto, ponen una cortina negra, tan negra como la noche disfrazada de alegría y felicidad. Papá ¿cómo hacer para quitar la cortina que oculta la luz de la estrella y la gente tenga esperanza? No lo sé hijo, sólo sé que es Dios quien puede ayudarnos a lograrlo y para ello cuenta con la buena disposición de la gente. Y mientras me decía esto, rodó por su mejilla una lágrima, y al secarla con todo mi amor, mirándole le repetí: creo con firmeza, que si todos miramos la luz con fe y tenemos la esperanza de que solo siendo mejores con todos los que nos rodean, la cortina se desvanecerá, la luz inundará no solo al ambiente, sino también al corazón de los hombres, haciendo de ellos la cuna llena de fraternidad donde quiere nacer Dios, y sabes, Él mismo quiere nacer en esos corazones porque sabe que si los hombres le permitimos la entrada, Él remediará nuestra falta de esperanza. Papá, también tengo la esperanza de que la luz de la estrella sea la señal que anuncie a los niños que el futuro que viviremos no sea tan negativo como nos los han anunciado algunas personas, sino que también nosotros tengamos la esperanza de vivir en un mundo mejor, lleno de amor, de felicidad y fraternidad común que haga que olvidemos lo negativo del anuncio. Por otro lado, dijo Maluda, pavo, ensalada, ponche, bacalao, umm qué rico, ojalá y todos hoy tengan algo que comer y que hayan disfrutado su prepararación entre todos, como nosotros lo hicimos. La cena está lista, dijo Mary mi esposa y entrando al comedor dimos gracias a Dios por querer nacer entre nosotros y elevando una oración le dimos gracias por permitirnos compartir los alimentos; tomados de la mano y cerrando los ojos esperamos un mejor mundo, lleno de amor inundado de la presencia de Dios. Abracé a mi hijo y esposa y cenamos con la ilusión de compartir lo que tenemos y somos con aquellos que lo necesitan, esto decíamos mientras mirábamos al niño Dios nacido en nuestro hogar. Dirigido a: jóvenes de Secundaria. Autor: Sergio Juárez Sánchez. Institución: Colegio Benavente .


La presencia navideña E

n un pequeño y humilde hogar vivía Miguel junto con sus padres, Teresa y Fernando. Su situación económica era dura, pero ellos habían aprendido a trabajar duro para salir adelante. Miguel, con 21 años de edad, tenía muchos sueños y metas en la vida que le eran difícil cumplir por sus limitaciones. Veía a sus compañeros y amigos con lujos que él deseaba y no podía tener. Lleno de desesperación y rencor a sus padres decidió cambiar. Comenzó a tener un rebelde comportamiento y su relación familiar empeoraba cada día que transcurría. Pronto buscó un trabajo fuera de la ciudad y optó por abandonar a sus padres con esperanzas de crecer por sí solo. Con el corazón roto, sus padres no pudieron convencerlo de cambiar de decisión. Desde ese momento, para ellos, todo se había convertido en algo muy deficiente de ánimo y convivencia. Al pasar de los meses no podían acostumbrarse a aquella falta de compañía de Miguel. Se acercaban las celebraciones de diciembre; para Teresa siempre habían sido las más alegres y hermosas. No sabía cómo podría pasar solamente con su esposo en casa esos días. Previo a navidad le insistía a Fernando en adornar su casa y prepararse para tener un vivencia increíble. Fernando sin encontrar sentido alguno hacía lo que decía por complacer a su esposa. Pasaron varios días en los que estuvieron en sus preparativos, mismos en que Fernando sentía que algo nuevo despertaba en su interior pero se resistía a darle importancia. Esos días habían sido únicos en su matrimonio; se unieron más y pasaron momentos que les ayudaron a animarse para continuar con su vida normal con alegría. Un fin de semana salieron al supermercado, como era normal, para comprar lo que les hacía falta. Ahí se encontraron con una vieja amiga; durante la plática exclamó – déjenme adivinar, seguro se están preparando para recibir a toda la familia, hacer un intercambio con su hijo, con una gran cena de Navidad… ¿cuántos van a ser? Las miradas de Teresa y Fernando reflejaban angustia, seguidas de la respuesta de Fernando – sólo seremos nosotros dos. Y Teresa complementó –pero la mesa la pondremos para 4 personas, aunque esté lejos Miguel es como si estuviera presente en nuestra

casa y siempre habrá lugar para alguien más. Después de aquella incómoda plática fueron a casa y tenían el anhelo de aquella acostumbrada fraternidad familiar. Se llegó el día de la Navidad y tranquila y emotivamente se encontraban Teresa y Fernando en la mesa, haciendo oración. Todo iba agradablemente. De pronto alguien llama tras la puerta; sentían feo no abrir ya que tenían ideología de servir siempre al prójimo y vivir en armonía con los demás. Caminando con un poco de inseguridad, los dos juntos abrieron la puerta. La enorme sorpresa fue que Miguel era quien tocaba, venía acompañado de una mujer delgada y con estatura media, se trataba de su novia. Los padres de Miguel con lágrimas en los ojos y una brillante sonrisa lo abrazaron. Miguel, también llorando, exclamó –sé que no fui un buen hijo, pero encontré la respuesta en Dios y me di cuenta de que mi hogar es aquí, y han dado lo mejor de ustedes para mí. Después de un corto silencio Fernando respondió –no te preocupes hijo, siempre estaremos con los brazos abiertos. Y de aquí en adelante estaremos más unidos que nunca. A continuación su madre le replicó –también me daría mucho gusto recibir a tu bonita pareja. Entre risas y abrazos pasaron después a la mesa. Donde Miguel les explicó que dentro de poco se casarían. La cena fue emotiva y hermosa. La familia completa tuvo una gran noche. Después de aquello cada noche de Navidad se reunían para celebrar el nacimiento del niño Jesús, a quien le atribuían el poder estar de nuevo juntos y darse cuenta del verdadero hogar que los padres le dan a sus hijos, a pesar de no aparentar mucho, pero que en realidad vale más. Dirigido a: jóvenes de Secundaria. Autor: José Roberto Vega Flores. Institución: Colegio Vasco de Quiroga.


Un encuentro con el amor S

entí el golpe fuerte contra el piso, en realidad debo decir que ya estoy acostumbrada a que me golpeen, me den tirones de un lado a otro y, en varias ocasiones, me ha tocado hasta que me arrastren. ¿Qué les puedo decir? He aprendido a aceptar mi existencia de esta manera. Al principio debo confesar que disfrutaba mucho estar en casa, mis raíces estaban más que asentadas, incluso llegué a pensar que jamás me cambiaría de residencia, ¡eran una delicia los días aquellos! ¡Me dejaba acariciar por los rayos del sol cada mañana y el viento parecía jugar conmigo! ¿Saben? También las noches tenían para mí su propio encanto, varias veces contemplé la luna y las estrellas, y el rocío de las madrugadas me llegó a refrescar evitando que el sueño me venciera para tener un momento más de vigilia...¡ah, qué tiempos tan hermosos, hubiera deseado que nunca terminaran...! Sin embargo, al igual que tú, o cualquiera de los que llegamos a existir en este mundo, me he dado cuenta de que no se nos conceden frecuentemente los deseos, pero debemos admitir que quizá nos invadiría la monotonía o el aburrimiento si la vida fuera siempre la misma. Aquellos días terminaron cuando fui creciendo, no me puedo quejar, tuve varias personas que me cuidaron mucho mientras era débil y frágil, a veces hasta llegué a escuchar que de mí dependía la alegría de todos ellos, me di cuenta que era importante, y sí, lo confieso, me empecé a erigir orgullosa y con el rostro hacia arriba, me mostraba altiva con los que se detenían a observarme y ¡vaya que me envanecían los piropos que me lanzaban quienes pasaban caminando a mi lado! En esa época casi no volteaba a ver a otros que ya no tenían la misma altura que yo o que parecían querer estar ya descansando su peso contra el suelo ¡Qué va! Para mí era como si no existieran, después de todo, yo no estaba en su misma posición... Habían pasado así varias jornadas en esa época cuando, de pronto, caí en la cuenta que algo había cambiado, parecía que las miradas a mi alrededor ya no eran las mismas de antes, incluso había quien, cuando se detenía a verme, sonreía de modo extraño, como si hicieran cuentas con los dedos y se frotaran las manos con una intención desconocida, hasta aquellos que me cuidaban o me elogiaban en el pasado ahora parecían más a atentos a lo que pudieran sacarme de provecho. No lo niego, me sentía bien porque seguía siendo muy importante pero, a veces, también me invadía una gran sensación de soledad ¿de verdad me querían a mí? ¿O es que algo más de mí era lo que les interesaba en realidad? ¡No era justo! ¡Había tenido que soportar tratos que jamás me hubiera esperado! ¡Obviamente yo me merecía la vida que hasta entonces había llevado! ¿Con qué derecho me quitaban lo que tanto me había esforzado en producir? Y no sólo eso, por sí fuera poco, ahora me dejaban prácticamente en el piso, hasta jaloneada, y sin atenciones. ¡Me sentía tremendamente inconforme, esto era en verdad un atropello! ¡Nadie en su sano juicio podría tolerar jamás lo que me habían hecho a mí, miren que maltratarme de ese modo...! Y para colmo, me llevaban a donde no quería, a sitios tan bajos y sin comodidad, ya no me trataban con la misma delicadeza, y entonces... sentí el golpe fuerte contra el piso, en realidad debo decir que ya estoy acostumbrada a que me golpeen, me den tirones de un lado a otro y, en varias ocasiones, me ha tocado hasta que me arrastren. Ahora me jalonean de un lado a otro, aunque estas manos no lo hacen con violencia...¡qué extraño! Casi podría asegurar que lo hacen con suavidad ¿pues qué querrán de mí ahora? Ya es muy noche, hace frío. Como si no les bastara ya que...que...Y entonces los vi. Eran limpios. ¡Tan increíblemente hermosos...! Ni el sol, ni la luna o las estrellas de mis primeros días se podían comparar, dos lámparas del cielo, dos pozos infinitos de vida, y de dulzura, y de alegría, y de...y de... ¡Qué hermosos ojitos...! ¡Y nadie me había mirado jamás como ellos...!


Y me di cuenta entonces de que me estaba tocando, era un contacto tan tibio...de pronto ya no corría el tiempo...porque yo noté que tenía frío, y me angustió darme cuenta de que yo no era capaz de darle suficiente calor, lo peor es que las dos personas que lo cuidaban no tenían más que darle, y traté de ser suave con Él... Y, al abrazarlo así, me di cuenta de que esa noche terminaban todas mis tragedias, de que la dureza de la vida de la que tanto me había quejado quizá me había preparado para valorar esta dulzura, este calor, esta alegría... Estaba dispuesta en ese momento a dejar que me mordieran con tal de seguir ahí...¿dije morder? Perdón, es que creo que no me he presentado ¡qué descuido! Sí, yo fui un día una hermosa planta de trigo, me plantaron, protegieron, me dejaron crecer sana y fuerte y di mucho fruto... Y llegó el momento de que me cortaran, me azotaran para extraer mi grano dorado, y después de eso me vi amarrada ya sin tanto miramiento y transportada duramente, me dieron un nuevo nombre: Paja. Y ahora, esta noche, por fin entiendo para que existo... soy la paja que intenta cobijar a este Divino Niño...y de nada le hubiera servido cuando era aquella orgullosa planta de trigo...le sirvo así, maltratada, quizá poco apreciada, pero no soy yo quien al final de cuentas le hace un bien a Él, es Él quien ha venido a hacerme el bien a mí...¡Qué belleza! ¡Así la vida tiene más sentido! ¿Habrá alguien que escuche esto que esta pobre paja quiere decir? ¡Este pequeño niño le ha dado sentido y alegría a toda mi vida! “No sé sí querrán escucharte” -se oyó entonces una voz grave- “Pero lo que ahora piensas es lo que los hombres tanto necesitan aprender” Pero...pero... ¿Quién podría decírselo a ellos? Mi voz es apenas perceptible para mí misma ¿Y, quién eres tú que lograste escuchar lo que decía? “Yo soy. Yo soy el Único que puede escuchar la voz de todas mis creaturas, el que hizo nacer a cada una, y les dio una vida para descubrir que cada cual tiene una meta, un propósito que cumplir, y que vale la pena dejarse trillar para realizar ese fin” ¡Tú...! Tú, Señor...entonces...Él es... “Si, Él es mi Hijo, y Él es mi amor por toda la creación, y será la prueba más grande de mi amor por los hombres...gracias por cobijarlo esta noche que ha nacido a este mundo, seas bendita pequeña paja...” Y no necesité más. Ahí, en ese rincón, debajo de su cuerpecito tibio, hacía las veces de trono, por increíble que suene, un sencillo trono de paja para el omnipotente Dios... Y tuve la dicha de velar su primer sueño, de escuchar su primer llanto... Y lo comprendí todo, las manos que me habían manejado con energía, pero con suavidad a la vez, eran las de José, las suyas y las de su mujer, prácticamente una niña, igual de hermosa que su hijo, me tocaron y reacomodaron varias veces intentando hacer una cama suave para el pequeño. ¡Cuánto hubiera deseado ser algodón en ese instante! Pero Él me prefirió así. ¡Ahora casi no puedo esperar a verlo crecer! Quisiera atestiguar sus primeros pasos, saber cuál será el timbre de su voz, cuáles serán sus primeras palabras cuando se dirija a la gente...¡Estoy segura de que le harán caso! ¿Y si no...? Bueno, no importa, yo tuve que pasar toda una vida y Él me vino a encontrar, si lo hizo conmigo, pequeño montoncito de paja ¿qué no hará por mis hermanos los hombres? ¡Por ahora a celebrar! ¡Qué hermoso coro, son ángeles! Y qué sonrisas tan esperanzadas las de estos pastores ¡Sí! ¡A celebrar! ¿Puedo cantar yo también? ¡Esa letra es preciosa! ¡Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los que ama el Señor...! Dirigido a: niños de Primaria superior y Secundaria. Autor: Misael Antonio Bravo Castellanos. Institución: Colegio La Salle Oaxaca.


Reencuentro C

omo hija uno de mis recursos más empleados es el chantaje en todas sus variedades: reclamar las frecuentes ausencias, echar en cara los excesos de carácter, su falta de interés por mí cuando en la escuela todo “está bien”. Es un hecho consumado…. estorbo en su trayectoria profesional y en su incansable meta de tener los lujos que se merece por años de esfuerzo y dedicación. ¿Será demasiado pedir que mi presencia sea el mayor lujo que hayan disfrutado, o es mi egoísmo a su máxima potencia el que se apodera de mi ser? Siento un gran vacío, estoy atorada en el mundo del tedio, cumplo lo necesario para no tener problemas pero me falta algo y no puedo descubrir qué es… tengo nostalgia por esos domingos familiares con juegos de mesa. Un día más como madre: corriendo de la casa al trabajo y va de vuelta, matándome para tener lo indispensable, haciendo milagros para pagar las cuentas, tener el refrigerador y alacena con la comida necesaria pues mi hija debe alimentarse bien, además de cumplir con su caprichos de ropa, salidas, celular… Estoy exhausta, quiero descansar. Me siento como máquina, mi hija no valora todo lo que sacrifico porque ella tenga lo mejor y que triunfe, sólo quiero hacer de su vida un camino sin límites y que piense en grande. Extraño cuando se acercaba a platicarme sus aventuras, sus más profundas decepciones y cuando reíamos por bobadas. En la escuela me han dado una tarea aburrida con eso de la Navidad… escribir lo mejor de mi vida, para agradecer a Jesús. Yo pienso que eso está por venir, cuando viaje por el mundo, me independice. Pero haré el esfuerzo, soy inteligente y me niego a entregar cualquier cosa. Las preguntas que la maestra dijo que nos ayudarían son: ¿Quién comprende mis peores días? ¿Quién me hace ser mejor y ser yo? ¿Quién está en tus mejores recuerdos?. Definitivamente mis amigos me han sacado mil sonrisas, las fiestas y clases con Dayana, PiIy, Tedd y Mario es donde más me he divertido. Pero la pregunta no es con quién me divierto… creo que debo preguntarme quién me exige ser mejor, quién me es indispensable, yo creo que es mi madre, ahora que nos hemos alejado es cuando he valorado esa mirada que me da fuerza para levantarme y su voz me llena de tranquilidad cuando naufragan mis sueños. Lo mejor de mi vida es mi madre, es mi ejemplo, siempre incansable para fijarme altas expectativas. Lo mejor de mi vida son sus historias de cómo nací, cómo escogieron mi nombre, los sustos cuando me enfermaba en las noches, ¡mis bailes en la casa de los abuelos en Navidad!. Quiero reencontrarme con mi familia, yo he puesto una barrera para justificar mis tonterías de adolescente, yo no soy perfecta y mi madre tampoco. Ella me acepta como soy y a cambio recibe mis críticas hirientes. No más. Este vacío que siento es porque de mi corazón estoy sacando a lo mejor de mi vida: mi madre, mi familia. Se acerca Navidad y no sé qué regalarle a mi hija, es una bellísima época, ojalá y fuera como antes, la familia compartiendo los días, viendo películas, pequeños paseos. Colocar el nacimiento era unirnos y ¡cómo emocionados arrullábamos al Niño Jesús!. He dejado a un lado a Dios, me he concentrado en mi trabajo y la rutina, sin pensar que lo más valioso que Él me ha dado es mi familia. Voy a recuperar mi fe y dedicar más tiempo a convivir con los que amo, mi hija es una bendición y ella está antes que el trabajo. En la escuela, hemos montado una obra teatral sobre cómo recibir al Niño Dios en nuestros corazones, he querido participar y estoy muy nerviosa porque mi mamá vendrá a verme. Quiero que después de la obra cenemos y platiquemos de todo. También reconozco que no sé qué pasa por su mente, cuáles son sus necesidades, sus sueños. Será inolvidable ese momento.


Asistiré a la escuela de mi hija, increíble que haya querido participar y lo más sorprendente que me pidiera ir a verla. Estoy emocionada de compartir este reto para ella, noto un cambio en su actitud y no voy a defraudarla, yo también debo cambiar. Después de la obra la invitaré a cenar en donde le encantan sus crepas, pero me siento nerviosa, no sé de qué platicaremos o si la aburriré. Debemos volver a conocernos. Gracias Jesús porque al recordar tu nacimiento, me das la oportunidad de reencontrarme contigo y mi hija. La obra fue un éxito y conmovió a varios, los hizo reflexionar sobre la importancia de ser uno mismo y compartir momentos con las personas que hacen de nuestra vida una celebración a la vida, ver a nuestro prójimo para aceptarlo con sus virtudes y defectos pero también para ayudarlo a ser mejor. El camino que transitamos lo construimos cada día con nuestras decisiones y hoy decido reencontrarme con mi familia. Dirigido a: jóvenes de Secundaria. Autor: Dea Gabriela Dueñas Sansón. Institución: Escuela Gerardo Monier.


Antología "Cuentos de Navidad"  

El objetivo de “Antología: Cuentos de Navidad” es sensibilizar a todos los integrantes de la comunidad lasallista del Distrito, a vivir el t...

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