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ADVIENTO: La encarnación de Jesús es la manera como Dios toca nuestra vida. La experiencia de Adviento y Navidad es la fiesta de la corporalidad, la fiesta donde Dios se hace condición humana y nos ama en toda nuestra integralidad. Esta experiencia reivindica para el ser humano su caracter de imagen y semejanza de su Creador, que le invita a vivir el gozo y la llegada del reino en todos aquellos espacios en los que esté insertado.


ADVIENTO Siempre, en el presente tema, se empieza de la misma manera, explicando que es una palabra que se deriva del latín. Así, pues, comenzará el menda: “Adventus”, o séase, “Venida”. “Alguien que viene”. Suficiente para lo que ahora nos importa, ¿no les parece? - ¿Y quién es el que viene?, pregunta no sé quien. - ¡Jesús, claro!, responde otro no sé quién.

1.- Jesús VINO. Vino a nuestra tierra. La verdad es que esa expresión “vino a nuestra tierra” no me convence nada, porque crea representaciones en nuestra mente que nos pueden confundir y hacernos errar y meternos en el mundo de ciencia-ficción de Marvel. Pero ya se sabe, las palabras son puente y muro en nuestra comunicación. Acercan y separan. Hay que apechugar. Retomemos el hilo. “Jesús vino”. Un periodista de pro preguntaría que ¿dónde y cuándo? Nosotros responderíamos que en Belén y en la noche del 24 al 25 de diciembre del año 1. Entonces, por estas fechas navideñas que están a la vuelta de la esquina, en los periódicos escribirán –como quien descubre el Mediterráneo- que ni en Belén, que ni el 25 de diciembre, que ni en el año 1. Pensarán que han puesto una pica en Flandes y que han tambaleado los cimientos del cristianismo. Suma paciencia, Dios. Vayamos a lo esencial, al meollo, a la enjundia. Lo asombroso –que te deja con “un no sé qué que queda balbuciendo”, al decir de San Juan de la Cruz-; lo increíble -sí, inconcebible, porque no nos cabe en la cabeza por más altísimo coeficiente intelectual que presentemos-; lo vertiginoso –pues produce mareo y un aturdimiento que no es para menos-, es que Dios –el inefable, el otro, el inalcanzable, el qué sé yo- se humanizó en Jesús. Ahora sí, ahora podemos afirmar sin temor pero con fascinación que Dios es Jesús. Que Jesús es la fotografía de Dios. Que Dios es todo amoroso, todo misericordioso, todo perdonador –continúe usted, lector, la letanía, pero ni se le ocurra escribir “todopoderoso”, que es el adjetivo que más se usa en la Iglesia para hablar de Dios... y ya harta. ¿Y saben qué? Que ya está bueno, señores. Ese adjetivo de marras y otros del mismo pelaje, no son sino nuestras proyecciones. ¡Para nosotros el no va más es el poder y la parafernalia y el boato y la carabina de Ambrosio… y así nos luce el pelo. - ¡Te estás yendo por los cerros de Úbeda! - ¡Vuelvo al carril! Repito: Dios se humanizó en Jesús, para enseñarnos el camino de nuestra humanización. Tal es el reto: Humanizarnos y luchar a brazo partido, con mente y corazón en pie de guerra, contra todo aquello que nos deshumaniza o, peor aún, nos vuelve inhumanos. He ahí el pecado, que más que ofender a Dios, nos resquebraja y rompe a uno mismo. (Por cierto, hay una baldosa en el patio de nuestro noviciado de Lagos de Moreno que hay que cambiar de inmediato. Es aquella que proclama “Divinízate”. ¡Súplase, “plis”, la susodicha cerámica por otra que afirme: “Humanízate”.) Jesús, el camino de la humanización. Fijos los ojos en Jesús sabemos el itinerario a recorrer: aprender a ser humanos. Como él, que “nunca se cansó de ser buena persona” Es lo que celebramos en la Navidad. El cumpleaños de Jesús, nuestro hermano mayor, quien se “abajó” a nuestra altura. Al revés que nosotros que nos aupamos y nos ponemos de puntillas y que hacemos lo que sea para “subir” en todos los frentes. ¡A celebrarlo, con alegría que salte hasta las estrellas, y la última galaxia que me dicen que está, uff, lejísima.


Es la noche más hermosa -¿la más hermosa?- cuando las sombras oscurísimas llenaban el universo –y nuestro interior más secreto y abisal- y una pizca de luz, Jesús, se prende y crece e inunda los espacios siderales y asegura la victoria del bien, la verdad y lo bello sobre el mal, el pecado y la muerte. ¡Humanos, Jesús, como tú! 2.- Jesús VIENE. -¡ Óyeme! - Sí, mi viejo. - Viene en los otros. - ¿En todos, todos, todos, los otros? - Pues sí. - ¿También en los que joden tanto? - Sí, mi hermano. - ¡Óigame! ¡Este Adviento se pone cuesta arriba! - ¿Y qué te habías creído tú? ¿Que el Evangelio es coser y cantar? En Mateo 25, 31-45 está diáfano. Y copio el texto aunque nos lo sepamos de memoria. “Los justos le responderán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, sediento y te dimos de beber, emigrante y te recibimos, desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y fuimos a visitarte? El rey les contestará: Les aseguro que lo que hayan hecho a uno solo de éstos, mis hermanos menores, me lo hicieron a mí. Después dirá a los de su izquierda: Apártense de mí, malditos... . Porque... Ellos replicarán: Señor, ¿cuándo...? (Rellénense los puntos suspensivos con ejemplos extraído de su propia vida) Él responderá: Les aseguro que lo que no hicieron a uno de estos más pequeños no me lo hicieron a mí. Éstos irán al castigo perpetuo y los justos a la vida eterna. Jesús viene en los otros. Los otros son Jesús. Y más Jesús, son los que Eduardo Galeano llama “los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la Liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos…que sueñan con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba”. En el mismo tenor, Juan Bautista de la Salle nos escribe: “Reconozcan a Jesús bajo los pobres harapos de los niños que tienen que instruir; adórenlo en ellos”. (MF 96, 3) Y fíjense en el final: ¡adórenlo en ello! Casi ná. Permítanme un chiste. A modo de estrambote. Ahí va. “Somos Hermanos pobres , olvidados y poco considerados por la gente del mundo. Sólo los pobres vienen a buscarnos, y no tienen nada que ofrecernos sino sus corazones, dispuestos a recibir nuestras instrucciones”. ¿Se han reído? Sea sí o no, dediquemos un tiempo a la lectura orante de la Palabra: La Palabra del Evangelio, la Palabra de Juan Bautista de la Salle y la Palabra de Eduardo Galeano. - Pero si es un ateo - ¿Y?


3.- Jesús VENDRÁ. Al final de los tiempos. ¿Cómo se come “eso”? Tiene su intríngulis. Pues parece que sí, que se come, pero no me meteré en camisa de once varas. El caso es que hay un “the end”. Como en las películas. Se acabó y “pa” fuera. ¡Nos vamos a morir, carajo! Está en agenda. Pero ignoramos la hora y el día y el lugar… - “Morir, dormir… tal vez soñar”, susurraba Hamlet. - Y yo, ¡qué diantre! Morirse tiene sus bemoles. Lo importante, estar preparado. ¿Y cómo? Viviendo la vida como hay que vivirla. Entregada a los prójimos y a los que nos aprojimamos, en especial a los más vulnerables. Queremos ser otro Jesús, el hombre para los demás, que pasó haciendo el bien y no, como tantos, quizás como tú y yo, que pasamos dejando un rastro de baba. La clave: cumplir la misión, la única misión que se nos encomienda. - Dígamela, por favor. - Pero si ya lo sabes. A ver, es un verbo. Empieza por “A” y termina por “r” - ¡Amar! - Atinaste. ¡Eres más listo que el hambre! Amar se traduce en ser benevolente y servicial. Un compromiso que nos hace crecer y dar sentido y significado a nuestra brevísima existencia. Leí también que hay otro verbo esencial para vivir una vida plena: ¡Agradecer! Ser agradecido. Con todos y con todo. -Gracias, Señor. Gracias, mi hermano. Gracias, tú. Y otra acción, para que sean tres, que queda más clásico: ¡Vigilar! Vigilarse, en reflexivo. Es la actitud a cultivar hasta que se haga hábito. Ya no se estila. Pero sería un acierto de lotería, vigilarse. Por ejemplo, al final del día, preguntarse: ¿qué espíritu ha dominado en mi quehacer? ¿Mi lado luminoso o mi lado oscuro? ¿He sido luz y he sembrado claridades o he sido sombras y he cultivado cizaña? En lasallista: ¿Me ha animado el espíritu de fe y celo? ¿U otros espíritus que acechan nuestro “ego” enfermizo? - Termine, por favor. - ¡Cómo no! Pero permíteme un resumen. ¡Adviento! ¡Jesús vino, Jesús viene, Jesús vendrá! Recíbelo. Encuéntrate con El. Esos encuentros nos transformarán la vida. Y si no, apaga y vámonos, a otro perro con ese hueso y para este viaje -este viaje del Adviento de 4 semanas- no hacía falta alforjas. ¡Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, VEN, SEÑOR JESÚS! Pedro Orbezua Iriarte, fsc. Visitador Auxiliar Distrito Antillas-México Sur


primer domingo de ADVIENTO Inicio de un Nuevo Año Litúrgico Recuerdo que durante el Pre noviciado, el Hno. Pedro, con la finalidad de explicar el calendario litúrgico, hizo alusión al concepto del tiempo en Medio Oriente y su vínculo con la figura del círculo. Tal figura podría ayudar a comprender diversos dichos que se presentan a lo largo del Antiguo Testamento, como aquella famosa sentencia del libro del Eclesiastés 1, 9 “Lo que fue eso será, lo que se hizo eso se hará. Nada nuevo hay bajo el Sol”; en contraste con la idea lineal del tiempo por la que optó el mundo occidental durante muchos siglos. Sin embargo, el Hno. Pedro agregó a su explicación, que el tiempo del hombre se podría concebir a modo de espiral creciente, resultado de la unión de ambos conceptos del tiempo. De dicha manera recuperaríamos la experiencia previa y la posibilidad de retroceder, así como de crecer y avanzar. Aunque el concepto del tiempo no es el tema de la reflexión, y poco puedo desarrollar sobre el mismo porque mucho ignoro; sirve de entrada para generar preguntas al iniciar un nuevo ciclo litúrgico: ¿Cuáles son los significados, las implicaciones y las repercusiones que tiene en la vida del creyente, que el domingo anterior se celebrara la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo; y, ahora acompañado por Mateo inicie un “nuevo ciclo litúrgico” con el tiempo de Adviento?


¿Es un ciclo litúrgico igual o es un ciclo litúrgico diferente? ¿Pretendo acercarme a experiencias y procurar esfuerzos por incrementar mi fe en el Señor Jesús, que me ayuden a crecer y hacer crecer a mi comunidad… o es lo mismo cada vez y poco se puede esperar? Porque mucho o poco de lo que se pueda reflexionar dependerán de aquello que, usted amigo lector, cree y espera… ¿Qué hay debajo del Sol? Primer Domingo de Adviento En el texto que corresponde al Evangelio de la Celebración Eucarística del primer domingo de Adviento, el escritor sagrado presenta un discurso escatológico a modo de preámbulo a la narración de la pasión y muerte de Jesús. En el discurso recomienda y advierte la necesidad de “velar y estar preparados” (Mt 24, 42) probablemente como eco en retrospectiva del “velad y orad” (Mt 26,41) que solicita a los discípulos en Getsemaní. ¿Para qué velar y preparase? ¿Una visión milenarista? ¿Un apocalipsis más literal que literario? ¿Un juicio final a modo de las puertas de las catedrales góticas o de los pintores renacentistas? ¿Una visión histórica y desmitificadora? ¿Un apocalipsis más literario que literal? ¿Un juicio final más parecido a un ejercicio de retrospección o a modo de una sesión de psicoanálisis? Considero que nuestro Padre fundador, puede acercarnos a una visión más integral acerca del tema en la Meditación para el Domingo Primero de Adviento. El primer punto de la Meditación, acerca al lector al tema a partir del texto de Lucas y la experiencia de san Jerónimo al comentar a Malaquías, así como de san Efrén y san Agustín; en las cuales se hace referencia al temor por la “forma”, sin embargo hace un mayor énfasis al temor por el “fondo” del juicio; “examen minucioso y terrible de nuestras acciones y aun de nuestros pensamientos”, así como por la incertidumbre del tiempo de tal acontecimiento. Por tales circunstancias sugiere “que no debe descuidarse en emplear los medios necesarios para asegurar la salvación”. En esta tarea de preparación se debe procurar diligencia para disminuir la negligencia. Sin embargo advierte, en el segundo punto de la Meditación, citando a Job, “ni aún las estrellas” refiriéndose a los santos, están libres de tal juicio y afirma la poca posibilidad de que exista “alguno tan limpio e irreprensible que pueda comparecer ante el Juez con ademán seguro”. Sin embargo, la puerta de la esperanza es la puerta del juicio porque integra en él “todo el bien que los hombres hubieran hecho en su vida”. En el tercer punto presenta, nuestro amado Padre Fundador, que inclusive aquellos de vida muy ejemplar, que procuraron su actuar conforme al Evangelio no dejaron de atender, velar y preparar el encuentro con el Padre. Creo que este punto, muy certero en los personajes manifiesta distintas realidades y personalidades de los miembros de las comunidades de Hermanos de aquella época.


Job, el que ha sido probado en la fe; san Hilarión, quien cargaba con sus años y austeridad; san Jerónimo con su constante oración y ascesis o san Efrén con su inocencia y penitencia continua. Con los anteriores ejemplos y la última pregunta de la meditación, considero que La Salle pretendía exhortar a los Hermanos a que no descuidaran su itinerario espiritual en ninguna de las etapas de su vida, se esforzaran por crecer en la virtud como religiosos, tanto en lo que se refiere a la vida de oración y sacramental como de la misión y la escuela. Probablemente, este “santo temor” al juicio no esté de moda o se considere superado por la “infinita misericordia de Dios”, lo coloco entre comillas no porque dude de ella sino porque considero que sería necesario precisar diversos aspectos sobre la misericordia del Dios de Jesucristo; en especial en un nuestro tiempo y contexto urbano donde juzgar puede ser relacionado erróneamente con “intolerancia” o “discriminación”; y la misericordia cristiana vincularse con el “extremo relativismo”. Ciertamente Jesús relativizó algunas “leyes” que estaban sobre la dignidad de las personas pero no relativizó los actos que estaban en contra de las propias personas; ofreció el perdón pero siempre exigió la conversión. Tanto el texto del Evangelio que corresponde a la liturgia moderna y la Meditación del Fundador, pueden ser en nuestras vidas un tanto incómodos porque nos obligan a examinar nuestras palabras, obras y omisiones; decidir abrir la herida para curarla con su perdón y nuestra conversión; o simplemente taparla e ignorarla con “autoalcahueteo”, permitiendo que la “pus” de nuestro “Alzheimer moral” infecte nuestra vocación religiosa y nuestro corazón cristiano. De este modo, infiero que el temor de los santos al juicio final no proviene de una fantasía infantil, el imaginario colectivo o la mala interpretación de un género literario; sino de la autoconciencia de la propia realidad, la propia historia y la propia vida. Y mientras tanto… “velad y estar preparados”. Abel Nava Díaz, fsc. Coordinador Académico Colegio Simón Bolívar Galicia


segundo domingo de ADVIENTO ¿Con qué actitud se vive este tiempo de adviento? Queridos Hermanos y Familia lasallista, Adviento quiere decir Dios que Viene, porque quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1Tim 2,4) y esa salvación nos invita a todos a una preparación penitencial. Si Jesús viene para salvarnos, nosotros debemos reconocer que nos hemos alejado de su presencia y volver nuestros ojos hacía él. Por eso una de las actitudes propias de este tiempo es la conversión, esta fue también nota predominante de la predicación de Juan Bautista. En la segunda semana de adviento, la liturgia nos lleva a reflexionar con la exhortación del profeta “convertíos porque está cerca el reino de los cielos” este es el que anuncia el profeta Isaías diciendo “preparad el camino del Señor allanad sus Senderos” y con esta frase quiero hacer alusión al año de la misericordia preparar el camino del Señor con Misericordia. • Misericordia es la palabra que revela los misterios de la Santísima Trinidad. • Misericordia: es el acto supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro, Misericordia es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con los ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. • Misericordia. Es la vía que une a Dios y al hombre , porque abre el corazón a la esperanza de ser amado no obstante el límite de nuestro pecado.


Hay momentos en los que de un modo mucho más intenso estamos llamados a tener la mirada fija en la Misericordia para poder ser también nosotros mismos signo eficaz del obrar del Padre. Con la mirada fija en Jesús y en su rostro misericordioso podemos percibir el amor de la Santísima Trinidad. Este amor se ha hecho ahora visible y tangible en toda la vida de Jesús. Su persona no es otra cosa sino amor. Un amor que se dona y se ofrece gratuitamente. Y de este amor gratuito lo tenemos visible con nuestros maestros en las escuelas, San Juan Bautista de La Salle en la meditación para el segundo domingo de Adviento, nos dice que somos ángeles enviados por Dios para preparar el camino y así cuidar las almas de aquellos que están a nuestro cargo y para esto nos propone estos puntos que nos puede ayudar a nuestra vida diaria. 1. Asemejarse a los Ángeles en pureza interior y exterior y más en nuestros tiempos que estamos invadidos por ruidos y vicios que nos alejan de nuestra misma realidad y no nos permiten escuchar nuestro interior. 2. Que se destruya en nosotros el hombre para que el hombre interior se renueve de día en día y así asemejarnos a los Ángeles. ( S.J.B.S ) Que esta preparación con estos dos puntos nos ayuden a llevar por buen camino a nuestros alumnos y como dice San Juan Bautista de la Salle “Si tienes para con tus alumnos la firmeza de un Padre, para alejarlos del desorden, debes tener también, la ternura de una Madre para brindar cariño”( M. 101.3 ) pues este es nuestro papel como maestros, así como, el papel del precursor es muy preciso: preparar los caminos del Señor, da a su pueblo el “conocimiento de la salvación. Todo el afán especulativo de Israel es conocer la salvación, las maravillas del designio de Dios sobre su pueblo. El conocimiento de esa salvación provoca en él la acción de gracias, la bendición, la proclamación de los beneficios y nuestro papel es acompañar por el camino y para esto San Juan nos propone seis pasos para lograr estos. fuego

• Tener horror al pecado: así se lo significó al llamar raza de víboras • Huir la ira venidera: todo árbol que no de fruto será cortado echado al • Ejercitarse en la penitencia pues les dice: haced dignos frutos de penitencia. • Que se apliquen a la práctica de las buenas obras. • Que sus obras se asemejan a las del santo Patricio. • Que aplican a practicar el bien propio y acomodado a sus condición.

Concluyo esta reflexión recordando la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del evangelio que por su medio debe alcanzar la mente y el corazón de todas las personas. En nuestro tiempo en el que la iglesia está comprometida en la nueva evangelización, el tema de la Misericordia exige ser propuesta una vez más con nuevo entusiasmo. Rosy Rojas, hgs. Coordinadora de Pastoral Colegio La Salle Peñitas de León


tercer domingo de ADVIENTO Juan Bautista anuncia al esperado maestro. Este año el 27 de noviembre comienza el tiempo de adviento y se inicia un nuevo año litúrgico en la iglesia. El tiempo de adviento es el comienzo de una preparación para el que va a venir, Cristo el Señor. En este sentido la liturgia de adviento tiene mas referencia directa a la primera venida de Jesús, o sea, a la Navidad, además en sentido bíblico, adviento es el periodo histórico del mundo que presidió a la venida del Señor. En relación a las celebraciones litúrgicas, en la oración colecta de la misa del primer domingo de adviento pedimos a Dios que despierte en nosotros el deseo de prepararnos a la venida de Cristo, con la práctica de las obras de misericordia, y el evangelio nos recuerda que el Señor al anunciar su venida, nos manda permanecer en vela y orar. En la oración colecta del segundo domingo pedimos “que nuestras responsabilidades terrenas no nos impidan, Señor prepararnos a la venida de tu Hijo, y que la sabiduría venida del cielo, nos disponga a recibirlo y a participar de su propia vida. El evangelio con mucha solemnidad nos presenta el comienzo del ministerio de Juan Bautista recordando que vino “a preparar el camino del Señor” predicando la penitencia. Es ya, en el evangelio del tercer domingo donde Juan Bautista anuncia la realización de la esperanza de Israel: “ya viene el que es más poderoso que yo”. Y en el evangelio del cuarto domingo podemos saludar a la Virgen María, junto con Isabel exclamando: “Bendita entre las mujeres”.


Son dos figuras las que llenan preferentemente todo el tiempo de adviento, la Virgen María y Juan el Bautista. Son dos figuras que hoy llamaríamos en la Iglesia “profetismo”, (figuras proféticas) María que espera el nacimiento de su hijo con inefable amor de madre, dice el prefacio primero de adviento, y el mismo prefacio describe que Juan Bautista “lo señaló entre los hombres”. Deteniéndonos en la figura de Juan Bautista, es el hombre del momento, es el hombre con una misión bien definida que cumplir: preparar los caminos del Señor, señalarle con el dedo y una vez (anunciado y señalado el Señor) desaparece Juan en el anonimato a la orilla del Jordán, en el desierto. Juan es esquía atlético y áspero, ceñido con un cuero de camello y comiendo miel silvestre. Es el hombre que tuvo perfecto conocimiento de si mismo al momento de presentársele una comisión del gran sanedrín preguntándole: ¿tú quien eres? ¿Qué dices de ti mismo? ¿Eres Elías? ¿Eres un profeta? En la respuesta de Juan Bautista lo que más resalta es el aplomo, la seguridad, no titubear, tiene idea exacta de lo que es y de lo que no es: “yo no soy el mesías, ni el profeta, yo soy la voz que grita en el desierto: allanen el camino del Señor. Yo bautizo con agua; en medio de ustedes hoy uno que no conocen, que existía antes que yo y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia”. Este es Juan en su propia opinión una voz, si pero una voz convergente que anuncia al “cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. (Juan Bautista) es la voz que anuncia y da a entender que la sustancia de la doctrina que enseñaba no era suya; que lo que predicaba era efectivamente la palabra de Dios. Es la voz de Juan que disponía a los judíos para recibir a Jesucristo. La voz convergente de Juan que instruye y anuncia que el Reino de Dios ya está cerca. La voz convergente de Juan que debe ir delante de Jesucristo para preparar los caminos y era para comunicar a su pueblo la ciencia de la salvación; ante la voz divergente del sanedrín que duda y confunde. La voz del mundo es la voz divergente, de los débiles tornadizos, como la caña hueca a merced del viento que sopla, es la imagen exacta de la voz divergente, del hombre vacío de convicciones y es de carácter voluble que gira hacia un lado o al contrario según la dirección del viento que sopla desde fuera como “el qué dirán”; o sopla desde dentro, que son las pasiones. La representación que dan los cañaverales de la rivera del Jordán son las cañas o gentes de la voz divergente que habían visto doblegarse cuando el viento soplaba con fuerza, si soplaba del mar Muerto, se inclinaba hacia el norte; y si soplaba desde el lago de Tiberíades, se inclinaba al sur. La voz convergente de Juan es de todo un hombre de carácter que prefirió la cárcel y el martirio antes de faltar al cumplimiento de su deber. Y en el evangelio Jesús elogia la firmeza de carácter de Juan Bautista: ¿qué saliste a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿Un profeta?“ “si, es más que un profeta; entre los nacidos de mujer no existe hombre mayor que Juan”. La figura de Juan Bautista, propia de adviento, es ante los hombres, como voz divergente, es un hombre sin sentido, es hombre de acomodación, es un intransigente, es un idealista utópico; pero ante Dios, la voz-palabra convergente. Juan es el hombre que preparó el camino para la venida del señor. Pidamos al Señor que nos guíe en el camino del cielo por la vía que él mismo nos ha trazado para abrazar la perfección a través de los medios de santificación. Preparémonos en adviento a la Navidad: la venida de Dios entre los hombres. Stella Obeso Nevraumont Coordinadora de Pastoral Colegio La Salle de Veracruz


cuarto domingo de ADVIENTO (Mateo 1, 18-24) Resulta ser muy significativo el hecho de que este domingo el Evangelio nos invite a reflexionar sobre este pasaje de la vida de la Sagrada Familia; a diferencia de los primeros capítulos del Evangelio de Lucas, que fija la mirada en María, Mateo nos lleva a conocer al padre elegido por Dios para la vida terrena de Jesús: José. El evangelista no sólo nos hace darnos cuenta, a través de las referencias del Antiguo Testamento, de la participación de José en la obra salvífica, haciendo referencia a su linaje, ligado a David y del cumplimiento de las profecías, sino que nos presenta a un hombre lleno de virtudes, digno, como ningún otro, de ser la guía necesaria para la formación y acompañamiento del Hijo de Dios. De acuerdo a este pasaje evangélico podemos resaltar algunas de ellas. En primer lugar, el Evangelio nos presenta a José como un hombre justo. Sin embargo, su justicia dista mucho de la justicia que simplemente se apega a la ley, de esa postura simplista de dar a cada quien lo que merece sin darnos cuenta de los merecimientos reales de cada uno. Si José hubiera sido justo únicamente de acuerdo a la ley de su pueblo, ¿qué habría pasado con María? Recordando que María estaba comprometida con José, que quedó encinta antes de estar viviendo con él y que José no sabía el origen de su embarazo, lo que debió hacer, de acuerdo a la ley, era denunciarla y eso hubiera significado su condena y la muerte del fruto bendito de su vientre.


Sin embargo, la justicia de José va más allá, era distinta, era la práctica misma de la sentencia de Jesús que el mismo Mateo citaría más adelante: «Por eso les digo que si no son mejores que los maestros de la ley y los fariseos, ustedes no entrarán en el reino de los cielos» (Mt.5, 20). Es por eso que José resuelve ‘abandonarla en secreto’, decide no denunciarla (el verbo griego aduce a no difamar o no exponer a una difamación). En torno a esta virtud, San Juan Bautista de la Salle es claro al poner a san José como un ejemplo para los educadores y decir: “Ustedes están encargados, como san José, de un empleo santo que, por tener mucha relación con el suyo, exige también que su piedad y su virtud no sean corrientes. Tomen, pues, como modelo a san José, ya que lo tienen como patrono, y para hacerse dignos de su ministerio, procuren sobresalir en virtud, a ejemplo de este gran santo” (MF 110,1,2). Otra virtud de José, resaltada por el Evangelio, es la obediencia, a la que el Señor de la Salle se refiere como la total sumisión a las disposiciones divinas; José percibe el llamado de Dios a través del mensaje entregado por un enviado suyo: ante la aparición del ángel en su sueño, José despeja las dudas que tenía y cumple con la voluntad de Dios, lo que implica, también, la necesidad de una fe inquebrantable. José nos da ejemplo de ambas, y no sólo eso, sino que adquiere el compromiso de cuidar de manera diligente a María y a Jesús, lo cual exige responsabilidad y compromiso, y lo asume de manera admirable. La obediencia no es una virtud que nos hace, únicamente, ser ejecutores de instrucciones de Dios, sino que, además, nos enriquece, pues Él no nos envía a trabajar con nuestras propias herramientas, sino que nos acompaña en todo momento, nos hace colaboradores en su plan de salvación, tal como hace referencia, el Santo Fundador: “¿Se animan tanto como este santo a cumplir la voluntad de Dios? Si quieren que Dios les conceda abundantes gracias, para ustedes que tienen el cuidado y la dirección de los niños, y para su educación cristiana, deben imitar a este santo en su amor y en su fidelidad a la obediencia; entre todas las virtudes, es la que más les conviene en su estado y empleo, y la que más gracias les atraerá” (MF 110,2,2). Cuando María escucha la voluntad de Dios, exclamó: «ìHe aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra!» (Lc. 1, 38). Cuando José disipa sus dudas gracias al mensaje del ángel, «hizo lo que el ángel del Señor le había mandado y tomó consigo a su esposa» (Mt.1, 24). Nosotros también tenemos un llamado, un compromiso con Dios y con nuestros alumnos, pero, invitados por la sociedad hedonista en la que vivimos, constantemente huimos de él, lo que muchas veces frena nuestros sueños de construcción de una sociedad justa, una sociedad de fe y sumisión a la voluntad divina. ¿Cómo asumimos nosotros nuestros compromisos? ¿Cómo cumplimos la voluntad de Dios en nuestros quehaceres diarios? Juan Gerardo Ramírez Ortiz Coordinador de Pastoral Universidad De La Salle Bajío Campus Campestre


Material para vivir el adviento en familia

La tradición de la corona de adviento. Una de las tradiciones y costumbres navideñas que tenemos los cristianos en este tiempo es la corona de Adviento, ésta tiene una gran simbología que nos ayudará a entender la importancia de preparar el corazón para la llegada de Jesús nuestro Salvador. Corona de Adviento La forma circular: representa la eternidad de Dios, que no tiene principio ni fin. Ramas verdes: simbolizan la esperanza y la vida. Las cuatro velas: las velas se encienden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento. Simbolizan la luz en medio de las tinieblas, provocada por el pecado que aleja al hombre de Dios. El color de las velas puede ser morado por ser el color litúrgico del tiempo de adviento, pero lo más importante, es el significado no sus colores. Mientras se encienden las velas se hace una oración, utilizando algún pasaje de la Biblia y se entona algún canto. Vivamos con alegría esta hermosa tradición que nos ayudará a preparar el camino para la llegada de Jesús. Son cuatro los temas que podemos reflexionar durante el Adviento, te proponemos también algunos valores a trabajar en cada una de las semanas de este tiempo litúrgico. • La vigilancia - Valor la Interioridad • La conversión – Valor la Reconciliación. • Testimonio de la Virgen María – Valor la Fidelidad • Anuncio del nacimiento de Jesús. – Valor la Alegría Celebración: Preparemos nuestra celebración creando un ambiente de armonía y amor familiar. La familia debe reunirse en torno a la Corona de Adviento siguiendo el esquema que se propone: Bendición de la Corona de Adviento Guía: Padre Bueno Bendice esta Corona de Adviento para que ella sea el símbolo que nos lleve a vivir este tiempo con alegría y esperanza, y así tener la oportunidad de preparar y disponer el corazón como nos lo enseña Juan Bautista De La Salle. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Todos. Amén Prepara tu corazón y déjate seducir por Jesús; deja actuar a Jesús en tu vida.


1- Domingo de Adviento

2.- Domingo de Adviento

Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. *Acordémonos de que estamos en la Santa presencia de Dios. Todos: Adorémosle. Encender la primera vela de la corona, entonando un villancico. Liturgia de la Palabra Lector: Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 13,11-12 Comprendan en qué tiempo estamos, y que ya es hora de despertar. Nuestra salvación está ahora más cerca que cuando llegamos a la fe. La noche va muy avanzada y está cerca el día: dejemos, pues, las obras propias de la oscuridad y revistámonos de una coraza de luz. Palabra de Dios Todos: Te alabamos Señor

Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. *Acordémonos de que estamos en la Santa presencia de Dios. Todos: Adorémosle. Encender la segunda vela de la corona, entonando un villancico.

Relacionar la lectura anterior al siguiente valor: Guía: Valor - Interioridad La interioridad mueve a la persona a vivir desde dentro, donde habitan sus más profundos sentimientos, motivaciones, así mismo los retos que enfrenta al vencer sus miedos, y desde ahí relacionarse consigo mismo, con el entorno y con los otros. Hablar de la interioridad en la actualidad podría ser una utopía, porque sabemos que el hombre de hoy, tiene la necesidad de enfrentar con inteligencia y voluntad el reto de la superficialidad, el consumismo y todos aquellos distractores que le impiden centrarse en lo importante, por eso debe generar espacios de reflexión personal donde pueda encontrarse consigo mismo y fortalecer su interior. En familia, hacer algunos propósitos que les permita avanzar en el camino hacia la Navidad, siendo capaces de construir proyectos en común que ayuden a fortalecer su vida interior, por Ejemplo. • Revisar las relaciones familiares en temas como: Reconciliación, comunicación, responsabilidad). • Crear un espacio y tiempo para que puedan durante la semana reflexionar sobre los temas anteriores, esto ayudará a que cada miembro de la familia mire en su interior y busque mejorar sus relaciones con la familia y así cumplir con el propósito de disponer el corazón para recibir a Jesús. Todos: Petición Jesús amigo nuestro, dame el entusiasmo que necesito para permanecer vigilante ante tu llegada y así comprometernos en familia a ser constructores de armonía y paz, para que permanezcas siempre entre nosotros. ¡Viva Jesús en nuestros corazones! Por siempre

Liturgia de la Palabra Lector: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 3,2-6 En este tiempo la palabra de Dios le fue dirigida a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto. Juan empezó a recorrer toda la región del río Jordán, predicando bautismo y conversión, para obtener el perdón de los pecados. Esto ya estaba escrito en el libro del profeta Isaías: Oigan ese grito en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos. Las quebradas serán rellenadas y los montes y cerros allanados. Lo torcido será enderezado, y serán suavizadas las asperezas de los caminos. Todo mortal entonces verá la salvación. Palabra de Dios Todos: Gloria a ti Señor Jesús Relacionar la lectura anterior al siguiente valor: Guía: Valor - Reconciliación El valor de la Reconciliación consiste en restablecer los vínculos que se han deteriorado entre las personas, las razones pueden ser diversas, la mala resolución de un conflicto, mi egocentrismo, que no me permite reconocer al otro con la misma dignidad y derechos. El camino de la reconciliación es un camino que empieza con las palabras. Allí donde se crearon heridas, ponemos palabras que curan, que devuelven la paz y la alegría de convivir junto al otro. Vivamos el Adviento con un corazón arrepentido, que quiere vivir la reconciliación, siguiendo las palabras de Juan el Bautista: “Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos”. En familia hacer algunos compromisos para esta semana con algunas acciones que se proponen: • Busca y acercarte a la persona que te ofendió y con palabras sencillas y con cariño, habla con ella de lo que sientes. • Con humildad acércate a la persona que ofendiste y haz un compromiso con ella de tener el cuidado de no volverlo a hacer. Encontrarme con Dios en el Sacramento de la Reconciliación. Todos: Petición Jesús amigo nuestro, ayúdanos a reconocer el dolor que causamos y reparar el daño que hemos provocado, danos el valor de repararlo y así preparar tu llegada. ¡Viva Jesús en nuestros corazones! Por siempre


3.- Domingo de Adviento

4.- Domingo de Adviento

Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. *Acordémonos de que estamos en la Santa presencia de Dios. Todos: Adorémosle. Encender la tercera vela de la corona, entonando un villancico. Liturgia de la Palabra Lector: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 1,26-38 Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una joven virgen que estaba comprometida en matrimonio con un hombre llamado José, de la familia de David. La virgen se llamaba María .Llegó el ángel hasta ella y le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» María quedó muy conmovida al oír estas palabras, y se preguntaba qué significaría tal saludo. Pero el ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado el favor de Dios. Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús. Será grande y justamente será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de su antepasado David; gobernará por siempre al pueblo de Jacob y su reinado no terminará jamás.» María entonces dijo al ángel: « ¿Cómo puede ser eso, si yo soy virgen?» Contestó el ángel: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el niño santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel está esperando un hijo en su vejez, y aunque no podía tener familia, se encuentra ya en el sexto mes del embarazo .Para Dios, nada es imposible.» Dijo María: «Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí tal como has dicho.» Después la dejó el ángel. Palabra de Dios Todos: Gloria a ti Señor Jesús Relacionar la lectura anterior al siguiente valor: Guía: Valor - Fidelidad La fidelidad es una promesa firme, perdurable, hecha a Dios, a nosotros mismos o a los demás. María es el modelo de Fidelidad que debemos seguir; cuando dijo “Si” a Dios ella no sabía todo lo que había detrás de esa respuesta, pero nunca dejó de creer y obedecer a Dios. Esa palabra aceptada en lo profundo se hace vida. En familia también pronunciemos un Si lleno de amor a Dios, en las pequeñas y grandes cosas, para lograrlo se proponen las siguientes acciones. • Hacer oración con la intención especial de fortalecer la unión y fidelidad en la familia, para que en todas las circunstancias que se vivan, se tenga presente el “Si” de María. • Generar acciones que ayuden a unir a la familia, para que el testimonio de fidelidad de la Virgen María sea el modelo a seguir y digamos “si” a Dios aceptando su voluntad.

Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. *Acordémonos de que estamos en la Santa presencia de Dios. Todos: Adorémosle. Encender la cuarta vela de la corona, entonando un villancico. Liturgia de la Palabra Lector: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 2,6-16 Mientras estaban en Belén, llegó para María el momento del parto, y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, pues no había lugar para ellos en la sala principal de la casa. En la región había pastores que vivían en el campo y que por la noche se turnaban para cuidar sus rebaños. Se les apareció un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de claridad. Y quedaron muy asustados. Pero el ángel les dijo: «No tengan miedo, pues yo vengo a comunicarles una buena noticia, que será motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy, en la ciudad de David, ha nacido para ustedes un Salvador, que es el Mesías y el Señor. Miren cómo lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» De pronto una multitud de seres celestiales aparecieron junto al ángel, y alababan a Dios con estas palabras: «Gloria a Dios en lo más alto del cielo y en la tierra paz a los hombres: ésta es la hora de su gracia.» Después de que los ángeles se volvieron al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha dado a conocer.» Fueron apresuradamente y hallaron a María y a José con el recién nacido acostado en el pesebre. Palabra de Dios Todos: Gloria a ti Señor Jesús Relacionar la lectura anterior al siguiente valor: Guía: Valor - Alegría La Alegría es sinónimo de dicha o júbilo. La fuente más común y más profunda de la alegría es el amor, es una emoción que tiende a expresarse y ser vivida con los otros. María y José nos dan ejemplo de la verdadera alegría cuando aceptan la voluntad de Dios, viviendo con humildad y sencillez el nacimiento de Jesús en el portal de Belén. En familia descubrir la alegría de este tiempo de adviento, que se encuentra en los pequeños detalles para tener paz y armonía entre todos. • Hacer una actividad donde se comparta un poco de lo que se tiene, no de lo que sobra, sino desprenderse de algo que es significativo para cada persona. • Preparar una actividad para recordar que el invitado principal el día de la Navidad es Jesús.

Todos: Petición Jesús amigo nuestro, permítenos que al pronunciar el dulce nombre de María, sea suficiente para que ella ilumine y guíe nuestro camino hacia ti. ¡Viva Jesús en nuestros corazones! Por siempre

Todos: Petición Jesús amigo nuestro, hemos preparado tu llegada, ayúdanos a renunciar a todo lo que impida que nazcas en nuestro corazón, queremos aprender a dar y recibir con alegría. ¡Viva Jesús en nuestros corazones! Por siempre


La Navidad y San Juan Bautista de la Salle A pocos días de celebrar una vez más la Navidad, nos parece oportuno hacer referencia a algunos pensamientos que San Juan Bautista de la Salle ofreció a su comunidad en sus meditaciones para las principales fiestas del año. Su punto de referencia era el Evangelio de Jesucristo y su interés era el de buscar como la fe en Jesucristo nos invita a ver con nuevos ojos lo que vivimos todos los días. No hablaba sólo en un sentido llamado espiritual, sino como hombre de fe que busca que su punto importante de apoyo sea la persona de Jesucristo y su aplicación a las realidades de nuestro mundo de todos los días. Diríamos hoy que la sociología se vea, no solamente como una realidad ya dada, a la que se le trata de dar una interpretación científica, sino que la fe y la teología puedan interpretar esa realidad con una mirada distinta y más a fondo y la puedan, incluso, transformar hacia metas más altas y humanas, más de acuerdo, pues, con el plan de Dios sobre el hombre y la naturaleza. San Juan Bautista de la Salle fue hombre de su tiempo, no sólo porque estuvo marcado por las situaciones y condiciones de su época, sino que supo responder a las necesidades y urgencias de su tiempo y ambiente. Y lo hizo inspirado por su fe cristiana. La formación de una nueva comunidad religiosa dedicada a la enseñanza y a la transmisión de los criterios cristianos en los niños y jóvenes a los cuales se debía, lo llevaron a intentar nuevos caminos para la transmisión de los conocimientos y verdades, que sirvieran a los alumnos para prepararse no sólo mejor para una vida humana adecuada, sino también para realizar tal vida con los valores cristianos como principios y criterios de acción.


La lectura sosegada de las meditaciones de San Juan Bautista de la Salle, nos pueden servir a todos los que conocemos su vida y sus obras, para que en nuestro tiempo podamos descubrir cómo los valores esenciales de sus afirmaciones también hoy y aquí son válidos. Quizá para algunos el lenguaje del santo de la Salle les parezca diferente a cómo hoy nos expresamos, pero, al igual que con obras universales como las de Cervantes o Shakespeare, hoy podemos recibir lecciones válidas. Al final de cuentas el hombre es el mismo en todos los tiempos, y su necesidad de verdad y bien no debe estar sujeta a una época determinada, aunque pueda expresarse de diversas maneras según las lenguas, las culturas o los tiemposTengo a la vista las diversas meditaciones que San Juan Bautista de la Salle escribió, principalmente, para su comunidad- Los textos sobre la vigilia de Navidad y la Navidad misma abarcan más de un par de páginas. Me limitaré a escribir un poco sobre dos o tres de sus reflexiones. En general, el santo habla de las actitudes que su comunidad debe aprender siguiendo los textos bíblicos de San Lucas, con algunas referencias al profeta Isaías y a San Pablo, así como a los salmos y San Pedro. Uno de los temas preferidos es el de la pobreza como virtud esencial para sus hermanos. En base a los relatos de San Lucas, que nos habla del nacimiento de Jesús en circunstancias muy difíciles, La Salle insiste en la pobreza de situaciones y de medios en relación a tal nacimiento, desprendiendo de ahí lo que en su tiempo (y todavía hoy) se tenía en cuenta para los valores que privaban en general y cómo es necesario tener en cuenta de verdad lo que hoy nosotros tanto proclamamos sobre los derechos humanos, aunque pocas veces, en realidad, se lleven a la práctica. Bien sabemos que un cristiano no es el ¨sabe¨ su fe sino el que la vive hasta sus últimas consecuencias, en la atención, cuidado y servicio a todos sin distinción. Si San Juan Bautista habla de la imitación de Jesucristo en el campo de la pobreza y de las limitaciones humanas, creo que nosotros hoy debemos trabajar con seriedad para que las personas puedan llevar una vida digna en todos los campos y si algunos deciden seguir a ¨la hermana¨ pobreza, tal decisión, como seguimiento más radical de Jesús, les debe llevar a trabajar por ayudar a la liberación de tantos que sufren en carne propia la carencia de medios. Para la meditación en relación a la Fiesta de la Natividad de Jesucristo Nuestro Señor, La Salle escribe: ¨La pobreza que Jesús practica de manera eminente en su nacimiento, debe comprometernos a amar mucho esta virtud; pues si nació en tal estado fue para que la amáramos. No nos extrañemos, por lo tanto, cuando carezcamos de algo, incluso de lo necesario, puesto que Jesús, al nacer careció de todo. Así hay que nacer a la vida espiritual: despojado y desnudo de todo. Y así como el Hijo de Dios quiso que la humanidad de que se revistió estuviera en tal estado, del mismo modo quiere también que nosotros nos pongamos en esa disposición, para que pueda tomar plena posesión de nuestro corazón-¨ Un elemento que también conviene destacar en las meditaciones de La Salle es el de la importancia de no buscar la relevancia de cada uno de nosotros ante los demás. Me parece que todavía hoy muchos cristianos quieren destacar frente a los demás en muchos aspectos y los títulos y el reconocimiento parecen ser lo único o lo principal que le da valor ante los otros. Nos falta, por consiguiente, hacer de las palabras de Jesucristo sobre el tema una adecuada reflexión y un cambio real. Por eso el santo escribe:


Jesús no se contentó con nacer pobre. Como había escogido por herencia la abyección en el mundo (Cf. Sal 21,7), según lo que dice el Profeta Rey, quiso realizar su entrada en él por un lugar donde fuera desconocido, donde no se tuviera ninguna consideración ni hacia El ni hacia su santa madre, y donde estuviera abandonado de todos. Es verdad que lo visitan en su nacimiento, pero son sólo unos pobres pastores (Lc 2,15), que no pueden tributarle otro honor que el de sus deseos; pero incluso es preciso que un ángel les anuncie de parte de Dios, que el niño que acaba de nacer en Belén es su salvador, y que su nacimiento será motivo de sumo gozo para todo el pueblo (Lc 2,911). Aquí encontramos, también, un factor de mucha importancia para entender y vivir la celebración de la Navidad. Es la oportunidad para que también nosotros podamos hacer de tal celebración el punto de arranque para que nuestra vida tenga sentido y valor. No ha visitado, y para siempre, el mismo Dios que se ha hecho uno de nosotros. Nuestra vida no es una casualidad, o el fruto de una pura evolución. Cada uno de nosotros es valioso a los ojos de Dios. Y la alegría de aquel momento clave de la historia de la humanidad, puede, y debe ser, el centro de nuestros afanes, tareas y gozos. Pero no podemos, ni debemos, hacer a un lado a nadie. Si Jesús nació para todos, todos los creyentes tenemos la responsabilidad de mirar y trabajar por los demás y lograr, así que su vida esté impregnada de la alegría de Jesucristo. Pbro. José Raúl Hernández Schäfler Exalumno y Capellan del Colegio Simón Bolivar Galicia


La EpifanÍa: “¿Creo en los reyes magos?”

“Los magos nos indican el camino que hay que recorrer en nuestra vida. Ellos buscaban la Luz verdadera. Siguiendo una luz, ellos buscaban la Luz. Iban en busca de Dios. Cuando vieron el signo de la estrella, lo interpretaron y se pusieron en camino, hicieron un largo viaje.” Papa Francisco, homilía en la solemnidad de la Epifanía del Señor, 6 de enero de 2015

Sucede que por estas fechas, recién pasada la celebración de la Natividad del Señor, escuchamos entre los niños y adolescentes de nuestras comunidades educativas una expresión que pretende manifestar la definitiva superación de la infancia: “¿Todavía crees en los reyes magos? ¡Yo ya sé quiénes son!”. Me pasa ahora que al escuchar esta expresión, lejos de un reproche por la indiscreción frente a quienes aún “no lo saben”, me viene al rostro una sonrisa ante la prisa por dejar la infancia… ¡a qué tanta urgencia!, si supieran cuánto se puede añorar esos años en el futuro. Luego pienso en que yo también presumí haber hecho tal descubrimiento con mis amigos en la escuela, aunque debo confesar que durante algún tiempo ante mis padres fingí ignorancia, al principio por el deseo de encontrar bajo mi zapato los obsequios la mañana del seis de enero y, más adelante, por respeto a la ilusión de mis papás que en esa fecha parecía mayor que la mía. Y aquí es donde se encuentra el pretexto para nuestra reflexión: El día de hoy, siendo adulto, ¿creo en los reyes magos? El Papa Francisco, sobre los magos de oriente que se postraron ante Jesús niño para adorarle, recuerda que, según la tradición, eran hombres sabios, estudiosos de los astros, escrutadores del cielo y, por ello, representan a los hombres y las mujeres que buscan a Dios; continúa diciendo que con el impulso del Espíritu Santo, quien los llamó, emprendieron el camino que los condujo al encuentro con el Dios verdadero. Por otro lado, de todos es sabido que la solemnidad de la Epifanía del Señor, como “manifestación” suya, contiene como motivo y sentido esencial la universalidad de la salvación. El Hijo de Dios se ha hecho hombre para salvar a todo el género humano. Los sabios de oriente, nuestros reyes magos, son los primeros de la larga procesión de fieles venidos de todos los rincones del mundo, cuya descripción en palabras del profeta Isaías escuchamos en el leccionario del día: “Las naciones caminarán a tu luz y los reyes, al esplendor de tu aurora… todos se han reunido y vienen hacia ti; tus hijos


vienen desde lejos y tus hijas son llevadas en brazos… vendrán trayendo oro e incienso y pregonarán las alabanzas del Señor”. Igual que los sabios de oriente, los educadores lasallistas deben descubrirse a sí mismos como alguien que ha sido llamado. Los magos de oriente actuaron movidos por el Espíritu Santo, quien los llamó y ellos, fieles a sus inspiraciones, se pusieron en camino, en búsqueda. El Fundador, incluso, compara esta moción con la vocación de Samuel y San Pablo (M 96). Así, se debe avanzar en la progresiva comprensión del trabajo y la profesión docente como una vocación y un ministerio. Los apelativos que el pensamiento lasallista destina al maestro son prueba de ello y de la alta estima que le procura: embajador de Jesucristo, ministro de Dios y dispensador de sus misterios, ángel custodio y sucesor de los apóstoles, entre otros. Y, en tanto llamados al igual que los sabios de oriente, la comprensión de su identidad y de su misión debe extenderse a la de ser buscadores, y comprometerse a ponerse en camino hasta encontrar al Señor. La universalidad de la salvación, contenido principal de la Epifanía, nos recuerda el motivo fundamental de la escuela lasallista: “Dios no sólo quiere que todos los hombres lleguen al conocimiento de la verdad, sino que desea la salvación de todos; pero no puede quererlo verdaderamente si no les da los medios y, en consecuencia, si no le proporciona a los niños maestros que contribuyan a la realización de tal designio“ (M 193). Esta certeza, en la que se enfatiza la palabra “todos”, da origen a nuestra comunidad y es nuestra comprensión particular de aquella manifestación a todos los pueblos, de la que los magos de oriente son primicia. Este “todos” que la universalidad de la salvación implica, en el quehacer lasallista se ha traducido en innumerables impulsos, iniciativas y propuestas innovadoras a lo largo de nuestra historia tricentenaria. Con el afán de no dejar a nadie fuera y de una atención preferencial a los pobres y los vulnerables, fieles al ejemplo del Fundador, se han cruzado numerosas fronteras geográficas y culturales, se han diversificado nuestras obras y se han asumido múltiples desafíos para responder a las llamadas que el Espíritu nos hace en la historia, el mundo y las necesidades de los pobres. Y aún, la celebración de la Epifanía nos tiene una llamada más a la reflexión, impregnada de la ternura de Dios que se ha hecho niño, que se ha hecho pobre, uno de nosotros, para salvarnos: el ejemplo de estos magos de Oriente, sabios gracias a las luces del Espíritu Santo, quienes buscando al rey de Israel recién nacido, han desdeñado el Palacio y no dudan en postrarse ante un niño encontrado junto a su madre en un establo. Cuán grande es la fe de estos hombres, exclama De La Salle, a quienes el establo no les parece despreciable, cuya vista no se ofende ante los pañales, y se postran ante Él, le reverencian como su rey y le adoran como su Dios. Esta es la fe que De La Salle desea para sus Hermanos, para los maestros de sus escuelas, por la cual reconozcan a Jesús bajo los harapos de los niños que instruyen, lo adoren en ellos, amen la pobreza y honren a los pobres. Nos encontramos, entonces, que la ternura del Dios niño se torna en una exigencia, dulce y enérgica a la vez, que nos pide descubrir al Señor en los niños y jóvenes que atendemos. Al hablar de los pobres sucede que en ocasiones no está en nuestras manos decidir estar física y personalmente junto a ellos en nuestro ministerio, en tal situación estamos llamados a buscar a los menos favorecidos entre aquellos que nos han sido confiados y en cooperar activamente en facilitar el acceso de los más necesitados a nuestras obras. Pero queda algo más todavía, una exigencia de orden personal a propósito de reconocer al Señor bajo los “harapos” de nuestros alumnos, postrarnos ante él y adorarle en ellos: en nuestra realidad personal como educadores ¿cuáles son esos harapos?, ¿no son acaso


aquello que no toleramos, que nos causa aversión o rechazo, o que nos ocasiona trabajo en alguno de nuestros alumnos? ¿no es, quizá, el desconocimiento de los que pasan desapercibidos?. Este paso que nos lleva a superar los límites de la empatía y ser más universales en nuestro ministerio, tocando los corazones de todos quienes nos han sido confiados es una opción personal que debe renovarse constantemente, y que a la luz del ejemplo de los magos de oriente y del pensamiento de nuestro Fundador, resuena de forma especial en la solemnidad de la Epifanía. Retomando el inicio de la presente reflexión, si alguien me preguntara hoy “¿todavía crees en los reyes magos?” tendría que responder: “Hoy más que nunca”. Tengo la convicción de que hay un rey mago en cada papá, mamá y educador que se dedica con devoción a quienes están bajo su cuidado. Que la estrella, signo de fe y emblema de los lasallistas, nos lleve a renovar el empeño de vivir cada día una epifanía, y nos demos la oportunidad de buscar al Señor, encontrarlo en nuestros alumnos y adorarle en ellos. Ven, Espíritu Santo, llena con tu gracia nuestros corazones e ilumínanos con tus dones. Concédenos tu sabiduría para discernir y descubrir las llamadas que nos haces en el mundo, en los pequeños y en los pobres. Haz de nosotros buscadores, igual que los sabios de oriente que supieron ver en la estrella recién surgida tu guía para encontrarse con Jesús, el Señor. Haznos crecer en la comprensión de nuestro trabajo como una misión y ministerio, y que seamos dignos de él. Que nuestras obras, por tu impulso, sean un medio útil para que la voluntad salvífica de Dios sea conocida en todos los rincones del mundo. Ayúdanos a llegar a los más pequeños, a los más pobres y a quienes amas más. Te pedimos la fortaleza necesaria para superar los límites de la empatía personal en nuestro quehacer cotidiano. Abre nuestros ojos y enciende nuestros corazones para descubrir a Jesús en nuestros alumnos, especialmente detrás de los harapos que el abandono, la incomprensión, la violencia, la necesidad de afecto y la pobreza que padecen ponen sobre ellos. Que tu estrella brille siempre en nuestro firmamento para que nuestras vidas sean el oro, el incienso y la mirra de un acto continuo de adoración, desde ahora, en la persona de nuestros alumnos, y por la eternidad en la luz de tu presencia junto con el Padre y el Hijo. Amén.

David Jesús FSC Director de Secundaria Colegio La Salle de Veracruz


Galería “El camino de la Esperanza”

Angel Suárez Álvarez, fsc.


ADVIENTO: La Encarnación de Jesús es la manera como Dios toca nuestra vida. La experiencia del Adviento y Navidad es la fiesta de la corporalidad, la fiesta donde Dios se hace condición humana y nos ama en toda nuestra integralidad. Esta experiencia reivindica para el ser humano su carácter de imagen y semejanza de su creador, que le invita a vivir el gozo y la llegada del reino en todos aquellos espacios en los que esté insertado.


1er Domingo de Adviento LA ENCARNACIÓN Cristo desciende en forma de estrella enviado por la Trinidad, María lo acoge y la divinidad se encarna en el vientre virginal. Hay una certeza en la espera de Adviento: con la llegada de Jesús nuestra desesperanza puede encontrar una luz en medio de la oscuridad; nuestro amanecer será un día la nueva humanidad.


2do Domingo de Adviento VOZ QUE GRITA EN EL DESIERTO En el desierto de Judá, Dios se revela en medio de la historia y los acontecimientos que marcan nuestra realidad en todos los tiempos. Lo que Dios quiere transmitir a su pueblo está sintetizado en la expresión “bautismo de arrepentimiento”. A través del Pueblo de Dios, el resto de las gentes tendrá conocimiento de la salvación que Dios ofrece a todos por igual.


3er Domingo de Adviento BAUTISMO DE AGUA, BAUTISMO DE FUEGO El bautismo con agua de Juan era un baño penitencial. En cambio, el bautismo de fuego de Jesús comunica el Espíritu Santo, infunde la vida y hace del sujeto que lo recibe un verdadero hijo de Dios comprometido con el reino de la justicia.El que es bautizado con el fuego del Espíritu Santo está llamado a seguir los pasos de Jesús desde su compromiso radical por la vida de los demás, en especial por aquellos que más sufren.


4to Domingo de Adviento LA VIRGEN DE LA ESPERA María junta sus manos en oración contemplativa, mientras que en su vientre se mueve el Hijo de Dios. Su espera pronto se verá cumplida.


La Navidad MARÍA SACERDOTE En algunos pueblos de África, se levanta en alto al recién nacido para ofrecerlo a los dioses y que así, deramen sobre él sus bendiciones. María repite el gesto y ofrece a su Hijo, como hostia viva, al beneplácito del Padre


La Epifanía LOS SANTOS REYES Cargados con sus dones, se presentan ante el Redentor-Niño, recién nacido en Belén. Ante Él se postran los Reyes de Oriente. El grado absoluto de su sumisión y lo completo de su menaje tan solo puede otorgarse al Hijo de Dios encarnado.


Rafael Cerón Sigala, fsc. Secretario para la Misión Educativa Lasallista David Espinosa Soto Diseño Editorial Equipo de Pastoral SMEL Gloria Quirós Pérez Shidue Valenzuela Hirata Víctor Manuel Ramos Carrión, fsc. Juan Carlos Valadez Martínez, fsc.

MANZANO #34 COLONIA FLORIDA, 01030 MÉXICO D.F TEL: 56620858 SMEL@LASALLE.ORG.MX PASTORAL@LASALLE.ORG.MX

Adviento 2016  

Suplemento especial de reflexiones para el tiempo de Adviento del Distrito Antillas México Sur La Salle

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