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SON DE VICÁLVARO

Las 4 generaciones de Jeycar (de drcha a izq): Carmen, Laura, Ana y Jesús

Entrevista a Ana, en el 50 aniversario de la Pastelería Jeycar por Daniel Rato ¿Cuáles son los orígene de la pastelería Jeycar? La pastelería bajo ese nombre la fundó mi padre. Pero la verdad es que el local ya estaba de antes, lo llevaba un matrimonio mayor, él se llamaba Federico me parece. Así que mi padre, que trabajaba de pastelero en De Torres, el salón de bodas de Ventas, venía a echar horas aquí. Todo ello era durante el 69, yo tenía un año por entonces. En esa época el dueño le propuso a mi padre quedarse con el local, que primero era una panadería pequeña, pero después juntaron los dos locales y la hicieron más grande. Mi padre aceptó y pasó a encargarse de ella desde Nochebuena del 69, justo ese día y a partir de ahí a luchar. Empezaron ellos dos solos, mi madre en la tienda y mi padre en el obrador e iban repartiendo a cafeterías, bares… Luego ya cogieron a una chica para la tienda y un chico para dentro y poco a poco fueron creciendo. Yo dirían que llegaron a tener tres oficiales, cuando se vendía en condiciones. Ahora ya ha bajado mucho, pero sigue funcionando bien después de 50 añitos. ¿En qué momento toma el relevo

la siguiente generación? Mi padre se jubiló hace 8 años y en ese momento ya tomamos el negocio mi hermano y yo. Porque yo llevo aquí toda la vida, llevo 30 años trabajando. Al poco de nacer mi hija Laura me puse a trabajar aquí a jornada completa, porque antes estaba solo echando una mano, los fines de semana. Luego ya empecé primero con la panadería y ya después con la pastelería también, cuando lo juntamos todo. Porque antes estaba separado. Estaba por una parte la panadería, que era la chiquitita, donde estaban mis padres y luego estaba la pastelería. Cuando falleció mi padre nos quedamos solos con otra chica y un oficial y era un lío tenerlo por separado. Así que hicimos obra y juntamos todo. Mi hermano y yo llevamos 9 años llevándola juntos. En estos 50 años de historia en el barrio ¿qué es lo que ha cambiado? ¿Cómo crees que ha

evolucionado el negocio? Antes la pastelería era un boom, se vendía muchísimo más. Nosotros llevamos muchos años en los que no hemos rebajado la calidad, siguiendo la tradición de mi padre, trabajando con los mismos comerciantes, repartidores… Mantenemos la herencia. Pero bueno, ahora la gente está más con las palmeritas o las empanadas, el pastel ha bajado mucho. La gente ya no los lleva tanto por los cumpleaños, por ejemplo. ¿A qué crees que se debe esto? Sobre todo al cambio generacional. Este barrio, o al menos esta zona, siempre ha sido de gente mayor. Por los santos se llevan buñuelos o huesos, en el día de la madre se llevan pasteles, torrijas… El otro día mismamente mi hermana estaba hablando con un cliente y le decía “pues ahora es la época de los buñuelos” y le respondía “¿qué es eso?” Porque la juventud sí que conoce los roscones, por ejemplo, pero no mucho más. Ni los huesos de santo, ni las torrijas, ni las tortas de San Isidro. Todo eso son tradiciones y este barrio siempre ha sido mucho de tradiciones. Yo tengo clientas de toda la vida, que se acuerdan de cuando yo era

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pequeña y estaba por la tienda. También vienen porque les recuerda a su infancia, de cuando iban al colegio y se compraban aquí los donuts. Pero mucha de esa gente no vive aquí ya, se pasan por la pastelería por los recuerdos que les traen. Pero lo dicho, es una pena que con el tiempo la relación de las festividades y los dulces se vaya perdiendo. ¿Qué ha supuesto la aparición de los centros comerciales y franquicias de pastelerías y qué os diferencia de estas? Los grandes han hecho mucho daño, es cierto. Por eso nosotros estamos luchando mucho a favor del comercio pequeño, nos hemos unido a la plataforma de Redescubre Vicálvaro para concienciar a la gente de que hay que comprar en el barrio. Es que no tiene nada que ver, nosotros lo hacemos todo diario. Cuando vienen de Sanidad nos preguntan si lo hacemos todo y yo les aseguro que sí, por eso nos exigen tantas cosas. “Pero si eso no lo hace nadie ya” me responden. Pero nosotros queremos seguir la tradición de mis padres. Aunque cuesta, porque cada vez te exigen y cada vez cuesta más, pero ahí

MADRID

seguimos. El hojaldre lo hacemos, la bollería es diaria… y lo que sobra o nos lo llevamos o lo regalamos. O lo tiramos, si no queda otra. Y todo eso la gente lo nota. También nos hemos tenido que ir modernizando, hemos comprado una máquina para personalizar las tartas con fotos, traemos tartas semifrías… Eso eran cosas que en tiempos de mi padre no había, pero porque tampoco existía una demanda. Así que nos hemos ido modernizando en la medida de lo posible, porque tampoco somos Carrefour ni Mercadona, somos una pastelería normalita. Nosotros aguantamos porque no hay mucha gente que quiera poner una pastelería. Entre que hay que abrir los fines de semana, tienen muchas horas de trabajo… Porque los chicos entran a trabajar a las 5 de la mañana. Y después nosotras estamos hasta las 9 de la noche. Y cuando estaba mi padre cerrábamos más tarde. De todos modos, si es un día por semana y a las 8:30 ya se me acabaron las palmeras, hay días que cierro. También es verdad que cada vez el dulce está más controlado: entre las dietas, el colesterol, las restricciones a la gente mayor... Pero después sí que para los roscones viene un montón de gente, que se los llevan hasta calientes o sin rellenar. Y la verdad es que nos salen muy buenos. Así que lo dicho, ahí vamos, poquito a poco. Porque está mi hija y yo también tengo un chico y quién sabe, igual sigue la generación. Nosotros tenemos claro que aguantaremos todo lo que podamos. Como lo que tenemos es nuestro, pues luchas. Yo creo que se lucha más cuando es una cosa tuya. Ya qué hablas de modernización, ¿cómo ves la adaptación a los nuevos tiempos y la presencia de la pastelería en internet? Es cierto que eso ayuda mucho, yo en su día encargué hacer una web y sí que vienen clientes por aquí que se nota que no son del barrio. Una vez nos llamaron y nos dijeron que iba a venir un Globo a por dos palmeras de chocolate. Y al final como no podía pagarme con tarjeta, me hicieron un bizum. Así que es lo que digo, hay que modernizarse. Ya no es solo que te paguen con tarjeta o con el móvil, es que el otro día me pagaron dos palmeras con el reloj. Y yo lo veo bien, hay que dar facilidades a la gente. También nos preguntan si servimos a domicilio, pero de momento no nos lo planteamos. Respecto a los comentarios en internet sobre la pastelería, siempre puede haber alguno malo, cada uno tiene su opinión, pero es cierto que la mayoría buenos.

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