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Vicálvaro D19

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MACHADO, UN REPUBLICANO HASTA LA MUERTE LMBM

En el 80º aniversario de la muerte de Machado, la Asociación Vecinal de Vicálvaro quiere rendir homenaje a este gran poeta dedicando en su honor la XXXVI Edición del Certamen de Cuento y Poesía. Un gran republicano que hasta la derecha nos lo ha querido usurpar dada su trascendencia internacional, pero que no olvidemos fue un poeta popular que defendió los valores repulicanos hasta su muerte en Colliure.

El 22 de febrero se cumplió el 80º aniversario de la muerte de uno de los poetas más insignes, más valerosos, más geniales de la historia de la literatura española. Me estoy refiriendo Antonio Machado. El poeta sevillano, uno de los máximos exponentes de la cultura de su época, mostró un apoyo férreo hacia la República. Y es que el autor de Campos de Castilla fue, durante toda su vida, un republicano convencido y militante, y creyó hasta el final en el poder emancipador que el sistema republicano tendría sobre la sociedad española. Pero el personaje real tuvo que enfrentarse a las contradicciones y desafíos históricos de la larga decadencia final de la primera restauración borbónica, las ilusiones e insuficiencias de la proclamación de la II República, su crisis y, finalmente, las esperanzas rotas de la victoria del Frente Popular y la movilización popular contra el golpe de estado militar del 18 de julio de 1936. Para Antonio Machado el ideal republicano de “Libertad, igualdad, fraternidad”, no era sólo un conjunto de palabras hermosas. Esas palabras constituían un sistema de vida, y siempre demostró con absoluta coherencia que creía sinceramente en ellas. Machado creía que el republicano era el único sistema político capacitado para levantar un mundo nuevo que se extendiera por todo el Estado español, y que trajera precisamente eso, la libertad para todos, la igualdad entre las gentes y la fraternidad entre las personas y los pueblos. En Segovia fue profesor de francés y la principal figura pública del republicanismo. Mas tarde se trasladó a Soria donde el 14 de abril de 1931 proclamó el advenimiento de la II República e izó la bandera tricolor desde el balcón del ayuntamiento (“Fuimos unos cuantos republicanos platónicos los encargados de mantener el orden y ejercer el gobierno interino de la ciudad…”). Trasladado a Madrid en enero de 1932 “para la

organización del Teatro popular”, Antonio Machado vivió con angustia los primeros pasos del nuevo régimen, enfrentado a la resistencia abierta de las clases dominantes y las instituciones heredadas de la monarquía, que provocaron un incremento progresivo de la tensión social y la frustración de las clases populares. El intento de aplicar el programa de reformas democráticas del Manifiesto de la Alianza Republicana (la reforma agraria, la separación del estado y la iglesia, la modernización del ejército, el debate sobre el Estatuto de Cataluña) acabaría provocando el “cuartelazo” del 27 de junio de 1932 de los generales Goded, Caballero y Villegas y el fracasado golpe de estado el 10 de agosto del general Sanjurjo. La derogación el 4 de agosto de 1933 de la Ley de Defensa de la República y la caída subsiguiente del gobierno Azaña, sustituido por el gobierno de transición de Lerroux hasta las nuevas elecciones de noviembre de aquel año, solo confirman los peores presentimientos de Antonio Machado (“Aquellos partidos políticos que (…) se amparaban bajo el paraguas de la República y la utilizaban como si se tratara de un caballo de Troya”). La victoria del Frente Popular y la defensa de la República frente al golpe de estado militar del 18 de julio de 1936 le confirman definitivamente en su republicanismo popular: “Pero la traición fracasó dentro de casa porque el pueblo, despierto y vigilante, la había advertido (…) Surgió la Tercera República Española con el triunfo en las urnas del Frente Popular (…) Hoy la defiende el pueblo contra los traidores de dentro y los invasores de fuera, porque la República, que empezó siendo una noble experiencia española, es hoy España misma”. Desde ese momento, Antonio Machado se colocará sin vacilaciones al servicio de ese pueblo, que representa no solo la esencia de España, sino que le da nueva vida en esa “Tercera República”, claramente diferenciada de la

“Segunda”, fracasada por la incapacidad de las élites republicanas: “es el pueblo el que defiende el espíritu y la cultura (…) El fascismo es la fuerza de la incultura, de la negación del espíritu”. La evolución de la guerra, y en especial la política de no intervención de Gran Bretaña y Francia, acentuarán el antifascismo de Antonio Machado como la única versión realista del republicanismo. Su reacción a la intervención de Alvarez del Vayo ante la Sociedad de Naciones no puede ser más tajante: “La Sociedad de Naciones aparece como un instrumento en manos de los poderosos, que pretenden cohonestar, merced a ella, las mayores injusticias”. Desgraciadamente, el fascismo acabó con todos esos sueños, no sólo los de Antonio Machado, sino los de toda una sociedad que anhelaba un horizonte de esperanza, donde el pan, la cultura y el bienestar no fueran algo exclusivo de los ricos, sino bienes universales. Los últimos días de Antonio Machado están bien documentados. Se han escrito cientos de artículos y decenas de libros. Es bien sabido que uno de los hombres más cultos e importantes que ha dado este país, murió de prestado, pobre, derrotado, a los sesenta y cuatro años de edad, aunque en las fotografías de la época que se conservan, parece un anciano de noventa años. La grandeza de Antonio Machado reside no sólo en su obra, que es genial. La auténtica grandeza de este hombre está en el hecho de que, habiendo podido escapar como lo hicieron otras personalidades importantes en aquellos momentos en que ya se veía claramente que la República estaba tocada y hundida, permaneció aquí, fiel a sus ideales, fiel al pueblo en armas, fiel a todo su sistema de valores hasta el último instante, y salió del país de la misma manera en que lo hicieron miles de mujeres, de niños y niñas, de ancianos, como su propia madre, y de soldados derrotados con la moral por los suelos. Se fue bajo la lluvia de bombas que les lanzaban los aviones fascistas; se fue bajo el frío devastador y la lluvia de un mes de enero asesino; se fue con el corazón devastado por el dolor y por la derrota; se fue en medio de una interminable procesión de espectros, silenciosos y cansados, harapientos y hambrientos y llegó a un país, la República de Francia, que lo recibió, a él y a sus compatriotas, con el más absoluto de los desprecios; un país que no quiso o no supo advertir que a la vuelta de la esquina, la hiena fascista estaba afilando sus colmillos para cebarse con todo el continente europeo como acaba de hacer con la República española. Cuenta su hermano José que el poeta, en sus últimos días de vida, y ya en suelo francés, sólo anhelaba ver el mar. Pero la muerte le sorprendió en un humilde hotel de Colliure, donde fue enterrado con los honores que le rindieron los milicianos republicanos. Allí, en Colliure, descansan para siempre los restos del poeta y hasta allí miles de personas peregrinan cada año para visitar y honrar la tumba de un poeta fundamental, de un hombre esencialmente bueno. Fuentes Rafael Calero. Antonio Machado, republicaco hasta el último aliento de su vida. Rebelión, 24 de febrero de 2014. Gustavo Buster. El republicanismo de Antonio Machado. Sin Permiso, 25 de febrero de 2018.

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Distrito 19 número 195 Abril 2019

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