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Fotografía: Sean Kennedy Santos SummerWeb: tecnología de un verano sin vacaciones Opinión: La importancia de llamarse Barack

Número Diez

10 febrero

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Número Diez

10 febrero

Editorial: Diga diez veces: crisis. Computer Graphics. Tara McPherson: De la inocencia al body art. Sean Kennedy Santos: Muchas marcas, muchos clientes. Movil Debilidad. La importancia de llamarse Barack. Ese extraño lugar llamado Chile. Interview: Kate Wilson desde Londres. Tv digital: La verdadera oportunidad para los nichos. Ensayo Visual: The endless summer. Navegar (la web) este verano Ases y Nones: Una mirada a Ernest Hemingway.

Pantalla grande. In-Sound.

La network.

Biografía: David Fincher.

+Style.


>Staff

Director: Werner Fett Director Ejecutivo: RICARDO LORCA Edicion: NICOLÁS CASTRO Edición Fotográfica: Cecilia de Vasconcellos Director de Arte + Diseño: Werner Fett + Cecilia de Vasconcellos Publicidad: publicidad@disfruteconpoco.cl Colaboraron en este número: César Mancilla ANDREA WOLF MANUELA JACARD ROBERTO ARAVENA GUILLERMO HIDALGO Francisco Campos // www.disorder.cl MARTÍN ECHEÑIQUE MAURICIO ANAYA Nicolás acevedo franci // www.bigfenomeno.com RODRIGO FERRARI // www.SINDOMINIOPROPIO.com Marcelo valenzuela KAROL KRAUSE // www.HORIZONTE.CL RODRIGO HURTADO // www.HORIZONTE.CL


(www.disfruteconpoco.cl)


arquitectura y paisajismo virtual espejismo

editorial >Diga 10 veces: crisis POR WERNER FETT

El número diez… ¡Hasta que llegamos! Después de un año de trabajo, investigación y zapping hemos llegado a este esperado (por nosotros) número diez. Para algunos es un número que trae suerte; para otros, el número de su jugador favorito; y, para los más competitivos, un número ganador. 10 ediciones, siete afiches, muchas noticias, varios entrevistados y cientos de amigos. Así se podría resumir nuestra travesía hasta el número diez. Aunque este año no es precisamente el de los números ganadores, nuestra misión es seguir adelante con la difusión de las nuevas artes y tendencias. Este número, que se presenta con la sugerente imagen de Sean Kennedy Santos –fotógrafo destacado de este número–, viene con muchas novedades, que lo transforman en un verdadero “10”. Se nos unen algunas nuevas plumas y un nuevo editor. El año de la famosa crisis, una palabra que se escucha cada 10 minutos y que ha generado un pánico desmedido. Yo no recuerdo que para la crisis asiática haya habido tal revuelo. Es como si el mundo estuviera poseído por esta paranoia que genera otras y otras más; una rueda interminable del miedo, lo que termina en gente terminando con gente. Ya lo dije en una editorial anterior: la crisis traerá nuevas y más frescas propuestas. El mundo siempre ha sacado provecho de la adversidad. Y con esto me refiero a las artes, las responsables de hacer discursos y encontrar nuevas maneras de abrirse paso entre las tinieblas generadas, en este caso, por el miedo. No quiero teorizar al respecto, pero este año, con los bajos presupuestos y los auspiciadores con los bolsillos llenos de candados, veremos mucho material nuevo y jugado. Seguramente la calle y la red seguirán siendo los soportes más utilizados en la interminable carrera comunicacional de las nuevas tendencias. Este año estará lleno de números 10 y muchas camisetas de campeones.


>Computer Graphics// arquitectura y paisajismo virtual espejismo

POR MANUELA JACARD

Gracias a las herramientas gráficas con las que contamos hoy en día, las ideas creativas son cada vez más complejas y propositivas. Da gusto ver cómo esta posibilidad virtual abre las ventanas de la imaginación y nos acerca un poco más a una realidad que ya no parece ni tan lejana ni tan sci-fi. Es así como, durante el año pasado, se abrió el concurso “Artspace: Architecture and Landscape”, patrocinado por la CG Society (la sociedad de artistas digitales), para hacernos soñar con todo aquello que aún no se puede construir. Los premiados son tan majestuosos y bien logrados que pareciera que en algún lugar de nuestro sistema solar es totalmente posible que todo esto suceda de ma-

nera paralela a nuestra limitada existencia humana. Las dimensiones de las propuestas son variadas, pero comparten ese toque de fantasía tipo Star Wars que no deja de sorprender, dejando expuesta una interrogante: ¿Se puede hacer algo así? O mejor dicho, ¿por qué no hacer algo así? Pero asumo que ésa es otra discusión. Por lo pronto, gracias a esto ya tenemos la noción de que estamos ad portas del día en que soñar será parte fundamental y bastante cotidiana de la proyección y del quehacer arquitectónico y paisajístico. Mientras tanto, disfrutemos este viaje de ensueño que proponen los artistas digitales de nuestra era.


Tara Mcpherson: De la inocencia al body art

POR ROBERTO ARAVENA El simple y tan expresivo trabajo de la californiana Tara Mcpherson se puede sintetizar en su interés por el rock y la cultura pop. La esencia de sus obras principalmente radica en pequeños hechos que marcaron su adolescencia; pequeñas historias personales llenas de amor y desamor, tristeza y soledad, pero con una pequeña luz que asoma en el alma de sus personajes. Su arte es claramente reconocible por la sencillez, prolijidad en los trazos y un predominio de tonalidades pasteles. También deja plasmada su clara afición por los tatuajes y el body art en general. Entre sus más conocidos personajes están Ion Z y Ace Kittyhawk, un conejo alienígeno quien –junto con su compañero, el oso espacial– recorrerán el cosmos. También están Mr. Wiggles, un globo de grandes y expresivos ojos con aspecto frágil, y por supuesto las reconocidas chicas sin corazón, normalmente vestidas con atuendos góticos o punk rockers. Las obras de Tara tratarán así de contar historias con elementos simples y personajes de aspecto dark, pero a la vez inocentes, que comuniquen a través de su mirada o la ausencia de ésta. Todo bajo un prisma juvenil/ingenuo, nostálgico, iconográfico y lleno de referencias pop que hacen alusión a lo oscuro, con un toque esperanzador. En sus inicios formó parte del equipo creativo de la serie Futurama, de Matt

Groening, lo que le trajo una gran notoriedad entre diseñadores e ilustradores emergentes, cuando aún era estudiante universitaria. Es así como sus personajes no tardaron en llamar la atención de grandes como Sony, Nike, Playstation 2 y Fanta. Así, se vería tempranamente inundada de trabajo personalizado para los gigantes del mercado. A tal ha llegado su reconocimiento y categorización como artista pop actual, que podemos ver algunos de sus trabajos en películas como Juno, la serie Verónica Mars y el diseño de personajes para el videojuego Guitar Hero. Además, podemos apreciar su trabajo en múltiples revistas, como Juxtapoz, Esquire, Bust, Magnet, Elle, Marie Claire, Magnet, Spin, Current TV, CBC Radio y Super7, sólo por nombrar algunas. También es famoso su recurrente trabajo para Vertigo, de DC Comics. Tara Mcpherson posee además una reconocida trayectoria como artista de afiches de conciertos, que van desde Death Cab for Cutie a Beck, pasando por Green Day, Iggy Pop, Modest Mouse, Mastodon o Elvis Costello, entre varios otros. Kidrobot, no ajeno al fenómeno Mcpherson, sacará próximamente al mercado una serie de juguetes de los personajes de la diseñadora, además de algunos Dunnies pintados por ella misma.


Muchas marcas, muchos clientes British Airways, Mercedes, BMW, Harley Davidson, Diesel, Nike, Sony, Mastercard o Discovery Channel…. Teniendo un fotógrafo esa cartera de clientes o se es bueno o se tienen muchos contactos. La primera afirmación es la que puede corresponder con el fotógrafo Sean Kennedy Santos y con su portfolio fotográfico, digno de admiración. Sean Kennedy Santos es un fotógrafo de Nueva York, él tiene un estilo que se reconoce inmediatamente al ver sus imágenes, puedes encontrar algunas sublimes, otras rudas y otras mas que parecen salidas de una película de ciencia ficción. Dentro de sus clientes encuentras a Nike, Mastercard y Toyota entre otros, puedes ver una lista mas completa en su sitio. www.sksantos.net por franci // www.bigfenomeno.com


Móvil Debilidad “¿Y nuestras bases de datos? Si constantemente te llaman para ofrecerte cupos de tarjetas, avances, créditos de consumo, créditos para pagar tus créditos”

por César Mancilla Si con la llegada de Internet pasamos a vivir una especie de revolución social (y digital, por cierto), esta segunda patita –llamada “Internet móvil”– no tendrá nada que envidiarle a la primera. ¿Por qué? Simplemente porque desde la aparición del iTeléfono, y más concretamente del paso del polifónico al smartphone, no sólo aumentaron los servicios de nuestro aparatito, sino que se ha dado origen a un nuevo concepto: full conectividad, quimera jamás imaginada por Asimov alguno. Dentro de este abanico de funciones que te ofrece tu celular, hay una en especial que me llama mucho la atención: el Bluetooth. Para los que no se manejan aún con el término, es la tecnología que te permite conectar de manera inalámbrica tu teléfono con otro, o con algún aparato que soporte dicha conexión. Las posibilidades de este juguetito en el mundo publicitario son sencillamente notables. Por ejemplo, Coca-Cola piensa regalar una canción por la compra de una lata en sus máquinas expendedoras; una marca de cerveza española dispondrá de camiones capaces de enviar su jingle a todos los celulares que se encuentren cerca de su perímetro, pensando en la festividad de San Fermín; en Valencia, una empresa de turismo está enviando información de la ciudad mediante SMS y para recibirlos sólo debes activar tu Bluetooth cuando llegues a ella para conocer los mejores destinos valencianos. Chile no está ajeno a las últimas novedades del mercado y ya comienza a tomarle el gustito. En lo personal, sólo tengo un pequeño GRAN alcance con todo esto. No pretendo dramatizar con añejos argumentos del hombre controlado por la

máquina, pero, ¿qué pasará cuando comience el mal uso de esta herramienta? Si tomo como ejemplo la cantidad de correo basura que me llega por e-mail (junto con toda la publicidad invasiva de los sitios web), ¿podría no imaginar alguna práctica similar en mi aparato celular? Miles de SMS o correos disparándome ofertas de hosting, redes sociales, moteles o “Enlarge your penis now!!!”. ¿Y nuestras bases de datos? Si constantemente te llaman para ofrecerte cupos de tarjetas, avances, créditos de consumo, créditos para pagar tus créditos –los que por cierto saben cómo te llamas, dónde y con quién vives y a qué santo le debes una vela–, no será raro que en un futuro (no estoy dramatizando, lo juro) te llegue una promo con la imagen de tu familia diciendo: “¿Queremos ir a Viña, papi? ¡La ciudad que encanta!”, junto con el ringtones de tu banda preferida. Por lo menos esta pieza ganaría algún premio por mejor segmentación, en la categoría “Invasión de privacidad”. Por cierto, el meollo de todo esto es la autorregulación y la llamada ética publicitaria, pero no deseo ser conejillo de indias de nadie antes de que eso ocurra. Y si bien ya tengo un smartphone, no quiero tener que lidiar con tantos virus (los que ya hay vía Bluetooth), cadenas o PPTs con chistes o un millar de correos basura. La tecnología está para servir al hombre y no para complicarlo. Como fan de la ciencia ficción, no me gustaría ser parte de un mal guión que lleve como título: “Mortalmente conectado”. Salut!


La importancia de llamarse Barack Su discurso de asunción -para extrañeza de muchos- no estuvo cargado de frases para la posteridad, sino de objetivos tanto para el aparato que él dirige, como para quienes tenía al frente.

por RODRIGO FERRARI // www.sindominiopropio.com

No deja de llamarme la atención quienes no sólo ven con indiferencia, sino derechamente con mala cara, la asunción de Barack Obama a la presidencia de los EE.UU. Por alguna razón, esta gente armó un mono de paja que consiste en que mucha gente está contenta alrededor del mundo porque juran que Obama les va arreglar la vida, como si por el sólo hecho de que es el Presidente, la señora juanita fuera a conseguir pega y a todos nos comenzara a ir mejor. Sí, ridículo, por lo mismo, no tiene ningún sentido creer que la gente está feliz por eso. No. El tema es otro. Querámoslo o no, el del martes fue un momento histórico. Un tipo hijo de inmigrante y perteneciente a una etnia que hace no demasiadas décadas era considerada de segunda clase, hoy asume el cargo público más importante de esa misma nación que los discriminó y hasta persiguió. Eso, mis queridos, es historia. Es cumplir un ciclo, una etapa, una era. De aquí en adelante lo que Obama pueda hacer por su país y por el mundo es una incertidumbre. Porque no podemos negar que lo que pasa en los EE.UU. tiene, al fin y al cabo, repercusiones en prácticamente todo el orbe. Por lo tanto, no nos puede resultar indiferente lo que pase en el país del norte. De ahí y del hecho de que la administración Bush haya hecho las cosas tan mal para con su país y el

mundo entero, es que la figura de Obama, más allá del marketing asociado, es un referente de esperanza, no de idealismos, sino de cambios. La figura de Obama no puede ser ensombrecida por el marketing. Éste hizo lo que tenía que hacer frente al fenómeno, pero sería sólo ignorancia no reconocer que Obama tuvo y tiene méritos suficientes para erguirse como un símbolo de los nuevos tiempos. Representa fielmente eso que se ha llamado “sueño americano”, por sus orígenes y por sus logros, reservados hasta ahora para una elite norteamericana. Su discurso de asunción -para extrañeza de muchos- no estuvo cargado de frases para la posteridad, sino de objetivos tanto para el aparato que él dirige, como para quienes tenía al frente. El que no lo haya leído así quizás esperaba esas citas marketeras que le sirven para seguir hinchando ese mono de paja con el que pretende simplificarse la elección de Obama en EE.UU. A partir de noviembre pasado, se hizo historia y ya se comienza a escribir una nueva. Que no será de bilz y pap. Nadie espera eso, pero si hay que estar felices en este rincón del planeta, bien puede serlo porque, aunque no sea acá, en otras partes pasan cosas que imaginamos jamás podrían pasar y eso alimenta la idea de que, como buenos copiadores, seamos capaces de hacer algo, lo que sea. Ya sabemos que se puede.


Ese extraño lugar llamado Chile Dentro de la cultura popular hay incontables referencias hacia nuestra larga y angosta faja de tierra. Cada día gracias a los medios nos enteramos de que el gordo de Lost es chileno, de que la bandera chilena apareció en un capítulo de Futurama o de que Santiago Cabrera la rompe con Soderbergh. Sin embargo, he aquí un par de referencias no tan conocidas por nuestros compatriotas y que posiblemente sorprenderán a más de alguno.

Por Francisco Campos // www.disorder.cl

Chile en Hollywood

En la industria del celuloide, nuestro país ha sido nombrado en innumerables ocasiones, generalmente cuando alguien se quiere referir a un lugar lejano. Ejemplos no faltan: las lobinas chilenas de Jurassic Park, los moais en Mars Attack, las bombas de racimo chilenas en Tomorrow Never Dies o las lejanas minas de platino (?) en All in Family. Sin embargo, lejos la mejor mención que ha tenido nuestro país en alguna película fue en Loco por Mary. Dos de los pretendientes de Mary, Matt Dillon y Lee Evans, tratan de cagarse mutuamente con preguntas rebuscadas para sorprender a la rubia. En una de esas, Evans le pregunta a Dillon: “¿Has estado en Santiago de Chile?”, a lo que éste responde: “Claro, he estado ahí dos veces”. Ofuscado, Evans retruca. “¿Tú construiste el Estadio Olímpico?”, pregunta a la que Dillon responde: “No, yo construí las torres Celinto Cateyende, que están un poco más allá”. Una joya. Claro, hasta aquí no he mencionado datos muy novedosos. Sin embargo, hay uno sorprendente que se refiere a la filmación de Siete Años en el Tibet. La producción de dicha película había pensado en filmar la escena en la que Brad Pitt inicia su viaje en tren, desde Francia hacia Nepal, en la Estación Mapocho. Lamentablemente, esto no ocurrió, ya que el director de la película, Jean Jacques Annaud, no

encontró la suficiente cantidad de extras con un “look europeo”. La escena finalmente fue grabada en Suiza, en donde al parecer el fenotipo sí acompañó.

Extraterrestres, creaciones y ballenas

Chile es un país tremendamente prolífico en lo que a escritores se refiere, incluso dentro de nuestra historia literaria contamos con dos Premios Nobel. Lo que pocos saben es la cantidad de veces en las que Chile ha servido de inspiración para escritores extranjeros para sus obras, como es el caso de Julio Verne, conocido novelista francés de ciencia ficción quien se habría inspirado en Isla de Pascua para La Isla Misteriosa. En este mismo contexto, son poco conocidas las referencias que hace Edgar Allan Poe a los canales patagónicos en Las Aventuras de Arthur Gordon Pynn, donde los personajes se enfrentan a un ser misterioso apodado “Tekeli-li”, para luego desaparecer sin dejar rastro. En 1931, H.P. Lovecraft recogerá dicha referencia en su libro, Las Montañas de la Locura, agregándole de su propia cosecha. En ese libro, Lovecraft señala que el “cuartel general” de los esbirros de Cthulhu estaría ni más ni menos que en la Antártica, precisamente al sur del Cabo de Hornos. >>Next


A mi entender, la referencia más fascinante de Chile en la literatura universal se produce en la novela Moby Dick (1851), de Herman Melville, la que narra la historia del Capitán Ahab, un tirano y cojo marinero obsesionado con cazar a una ballena blanca apodada Moby DIck. El Capitán Ahab recorrió casi el mundo entero en su búsqueda del cetáceo, incluido nuestro puerto principal. Cuenta la leyenda que, durante su estadía en Pancho, el Capitán Ahab habría sufrido un ataque de borrachera que lo habría llevado a escupir el cáliz de la catedral porteña. Pero ahí no termina todo. La propia Moby Dick está basada en los cachalotes albinos que habitaban las costas de la Isla Mocha –al frente de Lebu, en la Región del Bío Bío–, específicamente a uno apodado “Mocha Dick”. Según el relato de un oficial de la Armada estadounidense, que data de 1839, “Mocha Dick” había sido tratada de cazar en reiteradas ocasiones, razón por la cual tenía un comportamiento en extremo agresivo, e hicieron falta más de seis barcos de distintas nacionalidades para cazarla. Lógicamente, este relato, aparecido en las páginas de la revista estadounidense Knickerbocker, sirvió de inspiración posterior a Melville.

Dictadores polifuncionales

Nuestro bananero dictador no sólo ha sido fuente inagotable de inspiración para libros y películas, si no que su figura y su culto hablar han sido fuente de inspiración para un par de videojuegos. El primero se llama Trópico, un juego estilo Sim City (en el que además de Pinochet salen otros nobles gobernantes como Fidel) en el que debes ponerte en el lugar de un dictador y regir con puño de hierro una isla en el caribe. En el segundo juego, llamado Hitman Blood & Money, te transformas en un asesino a sueldo que en su primera misión debe eliminar a un coronel que estuvo al servicio del Tata.

Por otra parte, el caballero también ha servido de inspiración para una gran cantidad de cantantes –tanto chilenos como extranjeros–, que le han dedicado un buen par de líneas. De entre ellos destaca Sting, quien le dedica una estrofa en su canción “They Dance Alone”, la que por lo demás está dedicada a las esposas de los detenidos desaparecidos. También hay rumores que señalan que “Kill the President”, de Radiohead, contendría un par de referencias a Daniel López, pero no se sabe a ciencia cierta si es verdad o sólo rumores.

El epicentro de la maldad

Chiloé es un bonito lugar. Hay gente amable –descontando todos los flaites que llegan en verano– y se come bien, pero para Allan Moore, autor del cómic The Swamp Thing, Chiloé es el lugar que concentra la mayor cantidad de maldad de todo el planeta. En la historieta, que trata sobre las aventuras de una “cosa del pantano”, los protagonistas –entre los cuales se encuentra John Constantine– viajan a la capital mundial del milkao para enfrentarse a una agrupación de brujos chilotes (La Brujería), siendo dicha agrupación la culpable de que Chiloé sea un lugar tan perverso. Una vez en la isla, Constantine y La Cosa se enfrentan a los conocidos Invunche y La Voladora, entre otros seres mitológicos. Obviamente, Moore se inspiró en la mitología chilota para el argumento de una parte de la serie, pero lo que sin duda jamás vio fue un puto atlas. En The Swamp Thing, Chiloé aparece dibujado como una especie de isla tropical, con árboles propios del caribe e incluso con tucanes. WTF. Ahora bien, retomando el tema de la maldad, estamos claros de que en Chile hay gente perversa. La hay, pero de ahí a que Chilito sea el epicentro mundial de la maldad hay un larguísimo trecho. Aunque siendo sincero, en Avenida Suecia #286 sin duda alguna hay una sucursal.


Interview: Kate Wilson Londres

Edad: 23 años ¿De dónde eres?

De Londres, Inglaterra

¿Qué y dónde estudiaste?

Un grado de ilustración en el London College of Fashion, University of the Arts.

¿Cómo te inspira la ciudad en la que vives?

¡Londres te llena de inspiración donde sea que estés! Los lugares son tan diversos. Desde los más antiguos del este hasta la aguda modernidad de Canary Wharf, en lo que más me fijo es en los pequeños detalles, como el frontis de una tienda antigua o una puerta de entrada bien pintada.

¿Cómo definirías tus ilustraciones? Delicadas y caprichosas.

¿En qué te inspiras para hacerlas?

La naturaleza es mi principal influencia. También hay otras cosas que personalmente me encantan. Cosas dulces, como tacitas de té o la moda. Son todas cosas azarosas, pero todas parecen conectarse a través de una sensación de nostalgia.

¿Qué buscas comunicar con tu trabajo?

Me gusta que mis imágenes hagan sonreír a la gente, ¡ése es mi principal objetivo!

¿Cómo definirías tu metodología de trabajo?

Me encanta investigar, así que buscar una buena base de información para empezar es esencial para mí. Después me sumerjo directamente en el dibujo y normalmente hago aspectos muy diferentes de un mismo objeto, que después se unen a través de varias capas.

¿Cuáles son tus referencias?

Soy una gran fan de Rob Ryan, Jim Stoten y Mike Perry. También me gustan otros ilustradores que he encontrado gracias a Flickr y blogs, como Gemma Correll, Anke Weckmann y Sandra Juto.


TV Digital: La verdadera oportunidad para los nichos Que todos los nichos, por específicos, puedan ser abordados; que todas las voces puedan ser escuchadas. No es descabellado pensar en la posibilidad de que, sin necesidad de pagar televisión por cable, en un futuro las estaciones locales nos den todo lo que necesitamos: deporte, arte, cultura, cine, y un largo etcétera.

por Nicolás castro La transición de televisión análoga a digital ya parece el cuento del lobo. Pero, independiente de la norma que se use, los canales ya están empezando a armarse con todo para lo que –se prevé– será la mayor guerra en la historia de la cajita. Creo que nunca antes, en toda su historia, las estaciones de TV locales se han visto ante un desafío tan grande como el que se les viene encima. No, ni siquiera cuando irrumpieron las señales de cable y/o satelitales. Es ahora cuando se verá la real capacidad de los generadores de contenido para lograr atraer a distintos tipos de consumidores. O sea, a nosotros. La situación será dantesca: los ejecutivos, productores, editores o directores que no cumplan lo que se espera, verán cómo sus cabezas son llevadas al circo romano de los derrotados. Pero, claro, cuando hay un desafío también hay una oportunidad. Me atrevería a decir que aquí no sólo los más poderosos –léase, con más recursos técnicos y económicos– prevalecerán. Ésta será la batalla de los ingeniosos. Porque el ancho de banda se ampliará tanto que, donde ahora hay un canal, podrán coexistir cuatro con la misma calidad. En otras palabras, podría existir tanta variedad como en las radios. Hasta ahora, los canales están un tanto mal enfocados. O mal asesorados, tal vez. ¿Hacia dónde han enfocado sus esfuerzos? Noticias. Más noticias. ¡Sólo no-

ticias! La cadena de CNN, si bien sólo se ve por cable, fue la punta de lanza en lo que será una guerra segmentada. TVN se lanza en marzo con su señal noticiosa –que produjo la vuelta de Alejandro Guillier a la estación estatal– y se espera que la fórmula se replique. ¿Dónde queda la intención de re-encantar a quienes nos hemos alejado de la televisión local? Aquí todos vemos la posibilidad de participar más activamente de ella. Que todos los nichos, por específicos, puedan ser abordados; que todas las voces puedan ser escuchadas. No es descabellado pensar en la posibilidad de que, sin necesidad de pagar televisión por cable, en un futuro las estaciones locales nos den todo lo que necesitamos: deporte, arte, cultura, cine, y un largo etcétera. Sí, está el financiamiento. Pero será una excelente oportunidad para productoras jóvenes y emergentes puedan vender programas originales y genuinamente novedosos –no malas copias– a los canales. Finalmente, todos los estamentos que participan en la cadena de producción de la TV estarán siendo exigidos al máximo. ¿Resistirá el elástico? Ante esta prueba de fuego, los únicos beneficiados seremos nosotros, quienes consumimos. ¿Mi recomendación? No ser pasivos. Si la televisión será ahora realmente de todos los chilenos, ¿por qué no participar?


Ensayo visual

the endless summer Marcelo Valenzuela, instructor de la escuela de surf Cachagua, nos hace llegar estas imágenes que nos muestran cuál es el nivel de nuestros surfistas. Ya no es novedad ver gente flotando sobre tablas en las costas chilenas, pero lo que muchos no saben es que, a nivel mundial, Chile es un lugar privilegiado para la práctica de este deporte. Muchos de los surfistas jóvenes que hoy sacan la cara por nuestro deporte a nivel latinoamericano han pasado por la escuela de este surfista, que ha tenido la vocación de enseñar a las nuevas generaciones un deporte que para muchos parece un juego, pero realmente es una disciplina compleja y llena de vida. Playa, olas y sol: la combinación perfecta para un verano sin fin.

fotos: Marcelo Valenzuela


Navegar (la web) este verano por andrea wolf

Para muchos, febrero es sinónimo de vacaciones; y las vacaciones, sinónimo de playa, piscina y sol. Pero para quienes la palabra “navegar” se aplica sólo a la red virtual, acá van una serie de sitios web que no tienen otra función que embobarnos frente a la pantalla y hacernos perder horas (mejor si son esas calurosas) en el computador.

Linesuperfollow Linesuperfollow es un trabajo visual interactivo que genera representaciones gráficas según el movimiento del cursor. Si bien esto no es nuevo, el desarrollo de este caso es bastante interesante y efectista: 18 patrones visuales para elegir, acompañados de una variedad de estilos según el uso del Mouse. Además, la elección de fondo negro o blanco provoca una cierta hipnosis sicodélica ideal para pasar una calurosa tarde de verano. -----------------------------------------------------------------------------------------------http://patterngame.com/linesuperfollow.swf

Yellowtail Similar a Linesuperfollow, Yellowtail es un trabajo de animación interactiva que reproduce los trazos generados por el usuario con el mouse, generando una especie de loop a partir de éstos que resulta en una versión dinámica del trazo original. Fue diseñado en 1998 por Golan Levin, como parte de una investigación para desarrollar ambientes de creación audiovisual en tiempo real. La versión actual fue reconstruida con Processing en 2007. -----------------------------------------------------------------------------------------------http://www.flong.com/storage/experience/yellowtail/


Navegar (la web) este verano

por andrea wolf

Spacializer - Visual sound mixer Sebeastian Chevrel es un artista, diseñador y programador que trabaja principalmente en medios interactivos. Entre sus proyectos hay una serie de experimentos que exploran la visualización y la interactividad, resultando en diversos “jueguitos” que te dejan pegado al computador. Además, todos estos experimentos son de código abierto, por lo que en el sitio de cada uno está la posibilidad de acceder a la programación utilizada para crearlos. Un ejemplo interesante de su trabajo es Spacializer, un mezclador audiovisual en el que el usuario puede mover órbitas de colores que, al toparse entre ellas, generan diversos sonidos.. -----------------------------------------------------------------------------------------------http://www.seb.cc/spacializer/

Sumo Paint Sumo Paint es un software gratuito de post-producción de imágenes en línea. Con aplicaciones similares a Photoshop, sólo hay que ir al sitio y el editor se cargará por sí solo en el navegador. Las imágenes creadas se pueden guardar tanto en tu computador como en una cuenta, que puedes crear en Sumo después de registrarte. -----------------------------------------------------------------------------------------------http://www.sumo.fi/products/sumopaint/


Navegar (la web) este verano

por andrea wolf

Myoats Myoats es un sitio en el que los usuarios pueden crear sus propios diseños, utilizando una aplicación de dibujo en línea, para luego descargarlos como archivos –como salvapantallas, por ejemplo– o compartirlos en la red. Organizados como comunidad, los diseños son rankeados y los más populares se exhiben en la página principal del sitio. -----------------------------------------------------------------------------------------------http://www.myoats.com/

Whack Y para los que quieren liberar tensiones, agobiados de trabajar con el sofocante calor de la ciudad, o para aquellos que buscan algo más activo, Whack es una animación interactiva sencilla, en la que una pobre figura se levanta como mártir virtual para recibir todos los golpes y bofetadas que te gustaría dar en el mundo real. La intensidad de los golpes recibidos responde a la dirección y rapidez del movimiento del mouse, así que mientras más ira tengas, más rápido debes mover la mano (al menos, una parte del cuerpo hará algo de ejercicio este verano). -----------------------------------------------------------------------------------------------http://www.funny-city.com/1725/


Piedrazos en La Habana Una mirada a Ernest Hemingway

Los últimos años de su vida, el cardenal Raúl Silva Henríquez los dedicó a confesar niños en el Colegio Saint Gaspar, ubicado a unos metros de la casa del sacerdote en Ñuñoa. Después de una vida dedicada a tratar de solucionar los problemas entre los hombres, terminó escuchando a los niños. Ernest Hemingway, corresponsal de guerra, el paradigma del periodista, el periodista que muchos quisieran ser, el ícono de un periodismo de aventuras que parece haber muerto, también compartió con niños sus últimos días, en La Habana. No confensándolos, sino jugando con ellos. Lejos estaban las corridas de toros, los safaris, las crónicas de guerra, las mujeres, aunque no el alcohol que disfrutó hasta el último día. La casa finca de La Vigía, donde vivió sus últimos años, estaba ubicada en un barrio donde vivían los cubanos más ricos del país, que solían hacer grandes y regadas fiestas, quizás –y sin saberlo– despidiéndose alegremente de sus privilegios, que terminarían el 1 de enero de 1959. Entonces, el escritor norteamericano se reunía con los niños pobres del sector y tiraban piedras a las casas donde corría la champaña y el baile, para luego correr a esconderse, muertos de la risa. Nunca los pillaron. Hemingway no escribió de esas fantásticas noches. A veces eran los niños los que lo iban a buscar y el viejo inventaba cualquier excusa para salir a poner un poco de justicia en la sociedad cubana de entonces. Tuve ocasión de conocer al agregado cultural de Estados Unidos en Managua, a mediados de los noventa. Era un periodista fanático de Hemingway. Tan fanático que una noche que me invitó a comer en su elegante casa de Las Colinas, cocinó unos deliciosos discos de pez espada a la parrilla. Su casa era un tributo al escritor: había fotos de Hemingway colgadas de la pared, objetos que habían pertenecido al escritor, réplicas de objetos y libros. Quizás por la opulencia de esa casa y esos recuerdos, nos mereciéramos los piedrazos de los niños de Managua, pero no creo que por entonces –1994–, cuando una tibia democracia reinaba ya hace unos años en el país, hubiera alguien con el espíritu de Hemingway o el

por GUILLERMO HIDALGO

espíritu de los sesenta. Después de comer salimos a unos bebederos populares, donde las muchachas se ofrecían por muy poco. Y en medio de esas conversaciones, y bajo el luminoso cielo de Managua, mi amigo insistía en que Hemingway se había suicidado sólo para probar hasta dónde era capaz. Él, que había leído todo del escritor, no creía que lo hubiera hecho porque no quería enfrentar el cáncer que lo afectaba y haya preferido la muerte. Decía el agregado cultural: “El padre de Hemingway también se suicidó y él siempre vivió pensando en eso, en las razones de su padre para quitarse la vida”. Y así fue como, aburrido y cansado, tomó una pistola y pensó: “A ver hasta dónde soy capaz de apretar el gatillo”. Y lo logró. Otro experto en Hemingway me dijo una vez que lo había hecho por la desesperación que le produjo el hecho de no poder cortar una crónica que le habían pedido. Consideraba que estaba perfecta, pero el editor le exigía menos palabras. Seguramente todas éstas son fantasías de sus seguidores. Cómo saber las razones. De lo poco que he leído de los libros de Hemingway, recuerdo una frase de su libro “Muerte en la Tarde”, donde habla largamente sobre las corridas de toros. Dice: “Para mí es moral todo lo que hace que me sienta bien e inmoral todo lo que hace que me sienta mal. En ese sentido, las corridas de toro son perfectamente morales para mí”. Seguramente lo serían también los ataques con piedras a las casas de los ricos y ambién lo sería terminar con una vida de sufrimientos por su propia mano. Gregorio Fuentes, el capitán del barco de Hemingway, murió hace ya unos años, ya cerca de los cien años. Fue el inspirador de la novela “El Viejo y el Mar”. Fue heredero de muchas de las cosas de Hemingway. Las tenía en su casa de La Habana, una pequeña casa que convirtió en un museo modesto. Hacia mediados de los noventas, y con más de 90 años, ya casi no le quedaba nada, sólo algunas fotos. Los turistas se lo habían ido llevando todo lentamente, para adornar sus aburridas casas donde habría de todo, seguramente, menos aventuras.


PANTALLA GRANDE

| por RICARDO LORCA


El Curioso Caso de Benjamin Button. The Curious Case of Benjamin Button. The Kennedy/Marshall Company, Paramount Pictures y Warner Bros. Pictures, USA, 2008. Dirección: David Fincher. Elenco: Brad Pitt (Benjamin Button), Cate Blanchett (Daisy), Julia Ormond (Caroline), Tilda Swinton (Elizabeth Abbott), Jared Harris (Captain Mike), Taraji P. Henson (Queenie) y Elias Koteas (Monsieur Gateau). Guión: Eric Roth, basado en un cuento de Francis Scott Fitzgerald. Dirección de Fotografía: Claudio Miranda. Diseño de Producción: Donald Graham Burt. Música: Alexandre Desplat. Producción: Ceán Chaffin, Kathleen Kennedy y Frank Marshall. Web: www.benjaminbutton.com

Debo reconocer que la fui a ver con bastante prejuicio. Y eso que David Fincher es uno de mis directores favoritos. Pero cuando los realizadores “de género” se vuelven serios y abordan el drama, en general logran piezas que se atiborran de premios, pero que son verdaderos bodrios. Remóntense a Spielberg por ejemplo. Y ésta, que se lo ha ganado todo y que va de favorita para el premio mayor de la industria, pintaba mal en lo que a calidad autoral se refiere. Pero no, nuevamente me equivoqué. Gracias a Dios, porque salí de la sala con la sensación de haber visto una pieza llena de cine, potente, personal, madura, comercial y artística a la vez, algo nada de fácil. La industria tiene todo para amarla, pero el cinéfilo también. Y aunque este mes he andado realmente mal con mis vaticinios –y en los Oscares 2009 corren otros dos de mis realizadores predilectos: Danny Boyle y Gus Van Sant–, apuesto todas mis fichas a ésta. El Curioso Caso de Benjamin Button debería arrasar y llevarse casi todos los premios, salvo Brad Pitt (que no hay cómo) y el “chileno” Miranda. Como ya todos saben, Benjamin Button es un hombre que nació viejo y que va rejuveneciendo con los años. La película se inicia en 1918, el día en que se acaba la Primera Guerra Mundial y que nace Benjamin, y se termina el 2005, justo con la llegada del huracán Katrina a Nueva Orleans (ciudad donde ocurren la mayor parte de los eventos) y la muerte de Daisy, el amor de su vida. A lo largo de los 80 y tantos años de su existencia, Button se rodea de los más increíbles personajes y vive un sinnúmero de aventuras, siendo él más testigo que protagonista de éstas. Él es un catalizador, un ser extraño al que le pasan las cosas, con un destino marcado por la fatalidad que le impide el arraigo, pero que precisamente le obliga a buscar la conexión que sabe nunca podrá completar. Es un héroe trágico, imposibilitado de vencer. Fincher nos trae una tragedia vestida de cuento, una fábula con un pie en el realismo y otro en una construcción casi pictórica, llena de efectos especiales que buscan la apariencia de cotidianeidad. Increíble y verosímil, rupturista y pop, innovadora y amigable a la vez, tan hermosa como patética, tan llena de estrellas como de quiebres con lo esperado.

La forma es bella, sutil, arquetípica, con unos escenarios, un vestuario y una fotografía con una estética cercana al impresionismo, pero chic. Mención aparte merece la opción de trabajar en HD y no en cine. Fincher, para bien y para mal, se enamoró del work flow de la alta definición –en especial del que ofrece la cámara Thompson Viper al rodar Zodiac– y aquí vuelve a usarlo con dispares resultados. Es fácil entender por qué un obsesivo con la imagen como él prefiere poder ver en set el mono final que filma, en vez de tener que esperar un par de días para ver los dailies, además de la increíble posibilidad que ofrece poder probar los efectos digitales en tiempo real y corregir sobre la marcha cualquier imperfección. Sin embargo, a la hora de ver el material proyectado en una pantalla de cine, se extraña la calidad que sólo ofrece la emulsión. El HD al final es tan sólo video; le sobra plástico, le falta organicidad, no logra la respuesta ni de color, ni la profundidad de los negros, ni la definición que la obra merece. Por eso, y a pesar de la hermosa iluminación que lleva a cabo Miranda (nacido en Chile, pero criado en Estados Unidos, por lo que ni siquiera habla español) y de los barrocos tiros y movimientos de cámara a los que ya nos tiene acostumbrado el director, es difícil que se haga con la estatuilla del hombrecito calvo. Si lo logra, será un duro golpe en contra de la emulsión como soporte y un puntapié definitivo para el cambio hacia la alta definición como soporte standard de las películas industriales. Las actuaciones son notables, llenas de matices. David Fincher, a pesar de ser reconocido por su visualidad, es sin dudas un gran director de actores. Mal que mal él inventó a Brad Pitt y logró que un intérprete con un repertorio tan restringido haya hecho una carrera donde no sólo ha hecho de galancete en comedias románticas (su destino probable si no hubiese fichado en Seven hace años), sino las más variadas películas, algunas bastante respetables, y que hoy inclusive esté nominado al Oscar. Es una película sutil, emotiva, inesperada, que sorprende, atrae y cautiva. Aunque dura cerca de dos horas y media, el ritmo se mantiene bien y no se nota lo larga que es. Uno sale re-enamorado del cine. Vale la pena todo el rato. Vaya a su multiplex favorito y disfrute.


The Fall - El Sueño de Alexandría. The Fall. Absolute Entertainment (II), Deep Films y Googly Films, USA e India, 2006. Dirección: Tarsem. Elenco: Catinca Untaru (Alexandria), Justine Waddell (Enfermera Evelyn / Hermana Evelyn), Lee Pace (Roy / Bandido Azul), Lee Pace (Papá de Alexandria / Bandido), Robin Smith (Doble / Luigi), Jeetu Verma (Recolector de Naranjas / Indio), Leo Bill (Camillero / Darwin) y Marcus Wesley (Repartidor de Hielo / Otta Benga). Guión: Dan Gilroy y Nico Soultanakis. Dirección de Fotografía: Colin Watkinson. Diseño de Producción: Ged Clarke. Música: Krishna Levy. Producción: Tarsem Singh Web: www.thefallthemovie.com

Y siguiendo con Fincher, él y Spike Jonze apadrinaron a Tarsem al colocar sus nombres como presentadores de la película en su estreno comercial (espaldarazo no menor), ocurrido recién el año pasado, pese a que la cinta ya había estado corriendo en festivales desde el 2006, ganando el Sitges de Barcelona y una mención especial en Berlín, además de un par de premios a la mejor cinematografía (forma en que los gringos sabiamente llaman a la dirección de foto). Tarsem, que en un gesto de “artista” borró su apellido Singh de los créditos, es un muy poco prolífico director con una trayectoria bastante llamativa. Proveniente del mundo del video clip y la publicidad, al igual que sus patrocinadores, había realizado piezas tales como ‘Losing My Religion’, para R.E.M, ‘Be My Baby’, de Vanessa Paradis, o ‘Sweet Lullaby’, de Deep Forest, comerciales para Nike y Coca-Cola y tan sólo un largometraje previo, The Cell, protagonizado por Jenifer López el año 2000, además de ser el Director de la Segunda Unidad en India de El Curioso Caso de Benjamin Button. Pero vamos a lo que nos convoca, la película. Es la historia de una pequeña niña y de un doble de riesgo de Hollywood que, en los años ‘20, se encuentran internados en un hospital católico de Los Ángeles, producto de sus respectivas caídas. La pequeña tiene un brazo roto, mientras que el hombre está parapléjico. Él le inventa un cuento fantástico y épico, que se lo va narrando por capítulos, a cambio de que la niña robe para él morfina desde el depósito de medicamentos. El film va saltando desde el mundo del hospital –gris, desencantado y triste, donde la inocencia lúdica de la niña genera un disonante contraste con un hombre que ha perdido las esperanzas, abandonado por su mujer, condenado a vivir en una silla de ruedas y quien sólo quiere suicidarse– al de la epopeya, colorido, brillante, sa-

turado, donde un grupo de aventureros busca vengarse del malvado Gobernador, en una trama bastante pueril cargada de un surrealismo barroco que recuerda a las Aventuras del Barón Munchausen. En el plano formal, la obra es impresionante. La fotografía, con una estética fuertemente influenciada por la plástica, llena de majestuosos planos generales, con una paleta de colores jugada a los básicos y los complementarios. Una viveza pocas veces vista en un mundo que tiende cada vez más al pastel y a lo sucio, es claramente el must de esta producción, acompañada fielmente por una dirección de arte que no conoce el termino minimal, plagada de escenarios imposibles y de una puesta en escena “larger than life”, jugada por la truca de cámara y la poesía. Sin embargo, la forma no logra salvar un texto débil, soso, básico, que se nota que es sólo un pretexto, un pie forzado que permita generar la mayor cantidad posible de secuencias visuales, pero sin fondo. Los personajes son planos, vacíos, lejanos y no logran emocionar ni interesar. Las aventuras por las que pasan son infantiles, pero la dureza de ciertas partes de la trama la alejan del público menor de edad, quedando en una suerte de limbo. La producción es descontextualizada, inmensa, casi imposible. Rodada durante cuatro años en 18 países, al final queda como un muestrario de bonitas secuencias, ideal para buscar referencias o para deleitarse con la estética, pero no para empatizar o conmoverse. Algo así como lo que pasaba con The Cell, pero más radical: aún más forma, aún menos fondo. Es una linda película, pero no es una buena película. Igual si tiene la posibilidad de conseguirla, véala, aunque sin mayores expectativas salvo la de impresionarse por la calidad del mono. Sólo disponible por la vía alternativa, no va a llegar a las salas.


Gomorra. ThGomorra. Fandango, Italia, 2008. Dirección: Matteo Garrone. Elenco: Salvatore Abruzzese (Totó), Simone Sacchettino (Simone), Salvatore Ruocco (Boxer), Vincenzo Fabricino (Pitbull), Vincenzo Altamura (Gaetano), Italo Renda (Italo), Gianfelice Imparato (Don Ciro) y Maria Nazionale (Maria). Guión: Maurizio Braucci, basado en el libro homónimo de Roberto Saviano. Dirección de Fotografía: Marco Onorato. Diseño de Producción: Paolo Bonfini. Producción: Domenico Procacci. Web: www.gomorrahmovie.co.uk

Más sobre apadrinados. Esta película fue estrenada en Estados Unidos bajo el rotulo de “Martin Scorsese presenta”. Se trata nada más y nada menos que de la pieza que se llevó la Palma de Oro a la Mejor Película en la última versión del Festival de Cannes y cuya trama está basada en el libro homónimo de Roberto Saviano, todo un best seller y que tiene a su escritor bajo protección policíaca desde su edición, producto de las amenazas de muerte de la Mafia. Pero esto es farándula, hablemos de cine mejor. Gomorra es una película coral que, a través de cinco historias individuales que corren paralelas, nos muestra cómo la Camorra (la mafia italiana) ha penetrado todos los niveles de la sociedad en el sur del país, ampliando sus influencias a los más diversos niveles de la vida cotidiana del pueblo, tendiendo sus omnipresentes tentáculos desde el micro tráfico de drogas hasta el millonario negocio del tratamiento de los desechos tóxicos industriales, pasando por el mundo de la alta costura y sus falsificaciones, el negocio de la “protección” de los pequeños comerciantes, la selección de personal, el control de los territorios, la delincuencia común y una suerte de AFP de los delincuentes. Y eso es todo, o poco más. Porque lo que podría haberse dicho en una secuencia de montaje que fuera la introducción a una historia concreta y personal, un paradigma que ejemplificara el contexto –como El Padrino, Goodfellas, Casino, Scarface o cualquier otra obra del género–, es aquí el todo, que se alarga y se alarga durante dos horas, sin llegar nunca realmente a profundizar en algo. Se parece más bien a una versión lo-fi de Traffic, para que se hagan una idea. En cierto sentido es similar a The Fall, dado que también es una obra que se la juega por la forma en detrimento del texto, aunque en un polo opuesto.

Aquí la apuesta estética va por el naturalismo, por una puesta en escena heredera del documental, sucia, dura, contrastada, de colores deslavados, cámara en mano, con ese código que alguna vez fue rupturista pero que el mainstream ya adoptó hace rato como propio. Aquél que busca dar al relato una apariencia de “verdad” –la cual obviamente es un recurso, un truco, ya que mal que mal es una obra de ficción, por más que esté basada en hechos reales–, de estar libre de adornos. Pero al buscar distanciarse del glamour y de lo “artificial” de las películas gangsteriles más emblemáticas, también se distancian de la empatía, de la emoción, y lo que es más grave, de la profundidad, quedándose sólo en una cáscara que anuncia, que observa de lejos, pero que al no tomar partido tampoco se sumerge en las vivencias, en las historias, en la vida. La idea es que cada uno saque sus propias conclusiones, el resultado es que a uno poco le interesa. Sobrevalorada, predecible, olvidable, el mérito de esta película es la denuncia, pero, a diferencia del libro, donde se daban nombres reales de los involucrados en actividades clandestinas, acá sólo se muestra cómo la sociedad está corrompida. El problema es que “la sociedad”, en el fondo, son todos en general y nadie en particular, haciendo imposible la identificación. Le tenía bastante fe, sobre todo considerando la ganadora anterior (4 meses, 3 semanas y 2 días), que me pareció un peliculón. Decepción. Ésta va a llegar en algún momento a las salas locales, producto de los premios y la fama que ha adquirido afuera, pero en verdad aburre. Dura dos horas y se sienten como 10. No sé en qué estaba pensando el jurado de Cannes este año. Supongo que más en política que en cine. Aunque si es el mismo al que le gustó Tony Manero… nada más que decir. Y eso que la chilena es bastante mejorcita que ésta.


Ché, el Argentino. Ché, el Argentino. Estudios Picasso, Laura Bickford Productions, Morena Films y Telecinco, España, Francia y USA, 2008. Dirección: Steven Soderbergh. Elenco: Benicio Del Toro (Ernesto Che Guevara), Demián Bichir (Fidel Castro), Julia Ormond (Lisa Howard), Rodrigo Santoro (Raúl Castro), Santiago Cabrera (Camilo Cienfuegos), Elvira Mínguez (Celia Sánchez) y Jorge Perugorría (Joaquín). Guión: Peter Buchman, basado en libro “Recuerdos de la guerra revolucionaria cubana” de Ernesto Che Guevara. Dirección de Fotografía: Steven Soderbergh bajo el alias de Peter Andrews. Diseño de Producción: Antxón Gómez. Música: Alberto Iglesias. Producción: Laura Bickford y Steven Soderbergh. Web: www.cheelargentino.com

Siguiendo con el cine de ficción fuertemente influenciado por el documental, llega a nuestra cartelera la primera parte de Che, el argentino (que en realidad es una larguísima película partida en dos, a la manera de Kill Bill), que en este primer volumen nos muestra la vida del guerrillero en dos momentos, contados de modo paralelo. Por una parte vemos su viaje a Estados Unidos para hablar ante la ONU, como representante del nuevo gobierno encabezado por Fidel, y por otra nos muestra la historia de la guerra de la Revolución Cubana, desde que un grupo de exiliados en México decide embarcarse en el Granma e iniciar la guerrilla en la Sierra Maestra, hasta la caída del gobierno de Fulgencio Batista. Contada a la manera de un documental falso –o incluso lo que ahora sería un falso docureallity–, y con todos los códigos de éste, como una nerviosa cámara en mano, entrevistas, una fotografía sucia y granulada que pretende emular la textura de la película vieja y forzada, que va cambiando del blanco y negro –utilizado en la parte en que se muestra el viaje a Estados Unidos– al color para lo que ocurre en la isla, pretende ser una suerte de retrato íntimo, cotidiano y vivencial de las aventuras y desventuras del argentino. Sin embargo, parece que no es fácil para un director norteamericano abordar un personaje tan identificado con una ideología contraria a la de su propia cultura y que ha sido tan deshumanizado, tan transformado en ícono, tan respetado, admirado, odiado y aborrecido como Guevara. En su búsqueda de ese hombre se extravía rápidamente en el mito, pero en una versión políticamente correcta, temerosa de mostrar la grieta, la duda y la humanidad, que termina siendo insípida. Porque el Che que nos muestra Soderbergh es un héroe de cartón, un

hombre justo pero duro, que mide a todos con la misma vara que usa para él mismo, incapaz de perdonar porque él es incapaz de equivocarse. Siempre el primero en la línea de fuego, el mejor tirador, el médico que los cura, el enfermo que no se rinde, el educador y el ideólogo, consecuente y seguro, asceta casi hasta lo monacal, cuyo único goce es el sacrificio por la causa. Nunca una duda, nunca el miedo, nunca una mujer (es bien sabido que el Che era un mujeriego); nada lo distrae de su entrega. Y eso, la verdad, es bastante fome. Porque para el cine es mucho más atractivo el héroe que supera sus debilidades, sus inseguridades y su conflicto más que el invencible y sólido, el que no posee grietas. Y en la vida real, eso simplemente no existe. Imposibilitado por su propio pudor de adentrarse en el alma y el corazón del guerrillero, el director decide jugar sus cartas y hacer de este relato biográfico un film bélico. Y ahí, definitivamente, se pierde del camino que lo llevaba a una buena película. Porque el resultado de la guerra ya todos lo sabemos. Más encima, ni siquiera logra la tensión necesaria; el miedo, la pulsión, la furia. Sólo una suerte de estadística de tiros, muertos y victorias. La fotografía es correcta, lo mismo que el montaje. Ambos fueron hechos por el propio Soderbergh bajo seudónimos, como acostumbra habitualmente. Pero el relato definitivamente queda en deuda. Mucho del guerrillero heroico, pocazo de Ernesto. En ese sentido, Diarios de Motocicleta le pega 100 patadas. A ver si la segunda parte mejora, aunque lo dudo. En su multiplex favorito, ya.


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Franz Ferdinand Valió la pena la espera para el último álbum de los escoceses Franz Ferdinand. A pesar de que su primer y segundo disco fueron lanzados el 2004 y 2005, respectivamente, de pronto se dieron un espacio de tres años con el que pareciera ser el propósito de no morir en el intento, entre tantas bandas de brit rock que alcanzan el éxito tan rápido como la muerte. Recién la semana pasada pudimos conocer las 12 canciones de Tonight: Franz Ferdinand, aunque meses antes Alex Kapranos y compañía habían alimentado la expectativa adelantando algunas en presentaciones en vivo, y luego la descarga del single “Ulysses”. Con este nuevo trabajo, los escoceses superaron el calificativo de ser una de esas bandas que “tienen futuro”, y pasaron a consagrarse para la crítica como una de las agrupaciones más exitosas del Reino Unido post 2000. Aunque falta mucho para que Franz Ferdinand alcance el podio de músicos británicos emblemáticos (y puede que nunca lo logre), la renovación de sus sonidos les dio el resultado necesario para llenar estadios y festivales en todo el mundo. > Karol Krause <


Fleet Foxes Mientras antes mejor. Ésa es una frase que describe bien la filosofía de Fleet Foxes, una banda de Seattle que coleccionó elogios en la mayoría de los rankings 2008 y que actualmente los festivales musicales se pelean por tener en sus carteleras. Como buenos seguidores de la vida y obra de Bob Dylan, los miembros de Fleet Foxes comprenden que el tiempo libre sirve para componer y ya están de cabeza en lo que será su segundo disco de estudio que, se supone, aparecerá a mediados de este año. Por mientras, la banda liderada por Robin Pecknold sigue sacándole dividendos a su celebrada combinación de voces que se mueven por los territorios del folk pop barroco y demuestran que habiendo buenas canciones todavía queda espacio para un grupo de hippies bigotones.

> Rodrigo Hurtado <


Antony And The Johnsons Anthony Hegart es la personalidad del proyecto Antony and the Johnsons, una voz privilegiada que el año pasado conocimos en su faceta electro-disco-pop, en la popular canción “Blind” de Hercules and Love Affair. Pero su banda escapa totalmente de ese estilo y se guía por los caminos melodramáticos y oscuros de Hegart, una personalidad y talento descrito por la crítica como “de otro mundo”, que una vez más se encuentra reflejado en el tercer disco de la banda: The Crying Light. Hegart no sólo tiene una particular forma de cantar, es además quien escribe las letras que interpreta junto a The Johnsons, un grupo de seis músicos de cámara que lo acompañan con violín, bajo, chelo, guitarra y percusión. Antony and the Johnsons es un reflejo de que en la música aún quedan cosas nuevas por hacer.

> Karol Krause <


Okkervil River Sus seguidores dicen que son una banda de letras profundas que hace tiempo merecía el reconocimiento de los medios. Sus detractores, en cambio, creen que se parece a muchos otros y que sus canciones son del montón. Lo curioso es que, siendo una banda que efectivamente suena familiar, Okkervil River genera reacciones de amor y odio, algo que en general nunca le pasa a los que son acusados de poco originales. Quizás sea porque fueron apadrinados por Lou Reed o a lo mejor porque les gusta publicar discos temáticos, pero lo más probable es que tenga que ver con la doble militancia de su líder, el vocalista Will Sheff, quien además de músico trabaja como crítico de rock. Algo que en general provoca anticuerpos en otras bandas. > Rodrigo Hurtado <


Lykke Li Cada cierto tiempo aparece una nueva voz que los medios se apuran en etiquetar como “la nueva gran sensación musical”, pero la mayoría de las veces el calificativo les queda tan grande como una montaña. Lo cierto es que a la sueca Lykke Li le importa poco lo que puedan decir de ella, tan poco que en una de sus primeras entrevistas no dudó en declarar que su propósito personal es ser “la verdadera sucesora de Madonna”, quizás el mayor objetivo que puede trazarse cualquier aspirante a cantante pop. Con eso queda claro que por fe no se va a quedar y parece que por contactos tampoco, ya que su disco debut (Youth Novels, 2008) contó con la colaboración de dos de los productores más reputados de la actualidad: Björn Yttling y Lasse Martén. Por el momento hay que decir que, como primer disco, es un trabajo interesante que tiene más de una buena canción, pero para cumplir su meta autoimpuesta le queda toda una vida cantando.

> Rodrigo Hurtado <


Ladyhawke A pesar de que la permanente y los pantalones nevados ya no están de moda, la música de los ‘80 se niega a morir. El año pasado, una camada de artistas como Calvin Harris, Cut Copy y The Ting Tings revivieron los sonidos retro para ubicarse entre los mejores discos y canciones bailables del 2008. La neozelandesa Philipa “Pip” Brown tomó el nombre de Ladyhawke de una película clásica de esa época y se lanzó con ellos al revival ochentero. Su single “Paris Is Burning” es increíblemente parecido a la canción “Cars” de Gary Numan. Pero más allá de las similitudes, lo que genera Ladyhawke, a diferencia de los demás, es discusión entre los que les gusta y los que no. Ese amor/odio probablemente sea generado por la falta de creatividad de su música, pero lo cierto es que a Ladyhawke le llueven aplausos dentro de la categoría electropop y se ha transformado en objeto de ovación para artistas como Courtney Love y Gwen Stefani.

> Karol Krause <


LA Network proyectos, ideas, conceptos y otras minucias.


[ 0.1 Estambul ] La capital de Turquía –la cuarta ciudad más grande del mundo, además de la única repartida entre dos continentes– es un crisol de religiones y cultura. Esta dualidad parece estar en todos lados. Aquí chocan simultáneamente el este y el oeste; lo tradicional con lo moderno y lo antiguo con lo nuevo, para formar una sinergia tras la cotidianeidad de esta metrópoli dividida.

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[ 0.2 Alessandro Pedretti ] La Collezione di Alessandro Pedretti alla Triennale di Milano es una exhibición que muestra la colección de diseño del arquitecto italiano Alessandro Pedretti. La muestra es interesante no sólo por el valor de los objetos en sí, sino porque Pedretti la construyó de manera muy personal, encontrando así su propio camino en la historia del diseño. El diseño gráfico fué desarrollado por Stefano Polli

http://www.behance.net/StefanoPolli


[ 0.3 Mission Design ] A la hora de explicar su manera de trabajar, los creativos de Mission Design lo ponen así: “Cuando trabajamos en los proyectos de nuestros clientes, ocasionalmente surgen ideas y conceptos que no siempre calzan con el brief de ellos. ‘Wildlife’ es una de esas ideas. Elegimos invertir mucho tiempo en este proyecto, junto con el fotógrafo Pål Laukli. Terminó siendo uno del cual nos enorgullecemos mucho”.

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[ 0.4 Not Guilty ] 12 Angry Men, la película de 1957 dirigida por Sidnet Lumet, fue la inspiración de esta editorial de moda masculina. El director creativo y artístico no quería llamar modelos con pinta de niños buenos, pero luego se vio beneficiado por un golpe de suerte. Cuando se puso a buscar en Google, encontró que los actores de la compañía de teatro Roundabout estaban ensayando para montar la misma obra. Un par de llamadas después, tenía sus modelos: los 12 actores acordaron participar de la sesión, incluso ensayando las líneas frente a las cámaras, lo que otorgó una sensación de mayor realidad. El fotógrafo Matt Hoyle le otorgó un increíble punto de vista y textura al resultado final.

http://www.planetfab.com


[ 0.5 Sardinia, the traditional pastas ] Ésta es una selección de las fotografías que el fotógrafo italiano Antonio Saba usó para su libro “Sardinia, the traditional pastas”, próximo a ser editado. La tarea fue encomendada por el gobierno local, con el afán de promover más que las playas de la preciosa isla de Cerdeña. La tradición de las pastas caseras existe hace miles de años en esa localidad, aasí como también en el resto de la zona mediterránea. En su libro, Saba fotografió a aquéllos que han heredado esta costumbre, además del territorio. “Creo que ver sus caras se siente casi como probar los exquisitos platos que tuve el privilegio de comer”, explica.

http://www.antoniosaba.com


[ 0.6 Type as Image ] 12 Angry Men, la película de 1957 dirigida por Sidnet Lumet, fue la inspiración de esta editorial de moda masculina. El director creativo y artístico no quería llamar modelos con pinta de niños buenos, pero luego se vio beneficiado por un golpe de suerte. Cuando se puso a buscar en Google, encontró que los actores de la compañía de teatro Roundabout estaban ensayando para montar la misma obra. Un par de llamadas después, tenía sus modelos: los 12 actores acordaron participar de la sesión, incluso ensayando las líneas frente a las cámaras, lo que otorgó una sensación de mayor realidad. El fotógrafo Matt Hoyle le otorgó un increíble punto de vista y textura al resultado final.

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Biografía: David Fincher Sus primeros pasos como director fueron con un spot de la Sociedad Americana contra el Cáncer, donde mostraba a un feto fumando, y que le dio los primeros reconocimientos en el medio.

por RICARDO LORCA

Este puede ser un año clave para Fincher, donde se juega el todo por el todo. Puede salir de la entrega de los Premios de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas como el gran vencedor, cargado de estatuillas doradas con el hombrecito calvo de nombre Oscar, un representante del cine de autor y de género que logra vencer en el mayor templo de la industria con una película muy a su estilo y sin concesiones como es El Curioso Caso de Benjamin Button o puede salir mordiendo el polvo de la derrota. Y aunque los aires hoy por hoy parecen favorecer este tipo de sensibilidad -basta recordar que en la entrega anterior vencieron los hermanos Cohen con otra pieza radical como Sin Lugar para los Débiles- también es cierto que en esta carrera no corre sólo, y hay otros dos nominados que son a grandes rasgos representantes de la misma corriente, como Gus Van Sant y Danny Boyle. Sin embargo esta versión de los Oscares no es la primera vez en que Fincher juega todas sus fichas contra la casa, ya lo ha hecho antes, para bien y para mal. Basta mencionar que su debut como director de largometrajes fue Alien 3 y contó con el presupuesto más alto de la historia para una opera prima. Y fracasó, al menos en lo que a taquilla se refiere. Y lo volvieron a llamar. David Fincher nació en Denver, Colorado en 1962. Hijo de un escritor de la revista Life, comenzó a hacer películas caseras con la cámara super 8 de su padre

a los ocho años. Una vez que salió de la secundaria en Oregón, se trasladó a Los Ángeles, donde en vez de tomar la ruta de las escuelas de cine, como la mayoría de sus colegas de su generación, decidió trabajar como ayudante de un fotógrafo de publicidad. En 1980 ingresa a trabajar a Industrial Light & Magic, la compañía de Geoge Lucas especialista en efectos especiales, donde se desempeña primero como asistente de cámara y termina siendo fotógrafo de Chroma , trabajando en la producción de efectos digitales para filmes como Indiana Jones y el templo de la Perdición, La Historia Sin Fin y Star Wars III, el Regreso del Jedi. Sus primeros pasos como director fueron con un spot de la Sociedad Americana contra el Cáncer, donde mostraba a un feto fumando, y que le dio los primeros reconocimientos en el medio. Comenzó desde entonces a dirigir publicidad, labor que mantiene hasta el día de hoy y donde ha estado a cargo de campañas para marcas como Nike, Converse, Pepsi, Sony y Levi’s y donde el mismo confiesa que aprovecha de probar recursos, tecnologías, colaboradores y lenguajes que luego ocupa en sus películas. En 1986 funda la compañía Propaganda Films, desde donde se involucra en el mundo del video clips, realizando piezas para músicos como Madonna, George Michael, Aerosmiths, Michael Jackson, Billy Idol, los Rolling Stones y Nine Inch Nails.


David Fincher: el año del maestro

Fincher tiene un estilo fuertemente definido por la visualidad, una que mezcla las pesadillas con lo fashion, lo oscuro con lo estiloso, lo barroco con lo rudo de una manera que resulta armónica e inquietante a la vez. Y la forma siempre está al servicio de la historia, de un texto donde los personajes solos, extraños, abandonados, fuera de contexto son obligados a enfrentar sus demonios. Los miedos y las esperanzas son sus obsesiones, la paranoia y la ilusión se encarnan en una puesta en escena impecable, moderna y vanguardista que no se pierde en ser tan solo un envoltorio, sino donde forma y fondo se fusionan en un único todo.

Hasta que en 1992 le ofrecen hacerse cargo de la tercera versión de Alien. Y se da el lujo de matar a Ripley. Aunque realmente el salto definitivo a su consagración y al desarrollo de un estilo y un lenguaje propio vendría en 1995, cuando reinventa el género policiaco con Seven, película que será clave para entender la estética de fines del milenio pasado. Después de esa, todos quieren saltarse el blanqueo, todos quieren parecer cuento, construcción, artificio. Todas las cámaras se mueven frenéticas, todos quieren ser oscuros, todos tratan de copiar esa maravillosa secuencia de créditos, desde los comerciales a la TV, desde los cortometrajes de escuela a las grandes producciones de Hollywwod. Y todos quieren a Brad Pitt. Y luego otro bochorno, The Game, una película con la que no paso nada, salvo una interminable y aburridísima serie de secuelas absolutamente evitables. Y luego la redención, el golpe definitivo para consagrarse como uno de los autores claves de la cinematografía contemporánea, uno que cierra su estilo propio y lo hace definitivamente reconocible: Figth Club, la película con las mejores líneas de la historia del cine, dura y estilosa, fantástica y sorprendente,

inesperada y adrenalínica como ella sola. Pero claro, como es una por medio luego vino Panic Room y morir de aburrimiento en la sala, con esta versión para adultos de Mi Pobre angelito que no calentó a nadie. Hasta que este año llego Benjamin Button y la gloria. Parece que no debe dejar de trabajar con Brad Pitt. Fincher tiene un estilo fuertemente definido por la visualidad, una que mezcla las pesadillas con lo fashion, lo oscuro con lo estiloso, lo barroco con lo rudo de una manera que resulta armónica e inquietante a la vez. Y la forma siempre está al servicio de la historia, de un texto donde los personajes solos, extraños, abandonados, fuera de contexto son obligados a enfrentar sus demonios. Los miedos y las esperanzas son sus obsesiones, la paranoia y la ilusión se encarnan en una puesta en escena impecable, moderna y vanguardista que no se pierde en ser tan solo un envoltorio, sino donde forma y fondo se fusionan en un único todo. Mis apuestas este año en los Oscares van por él. Porque es seco, porque se equivoca y porque se redime cada vez mejor. Y porque esta vez se mandó un peliculón.


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adidas Originals celebra sus 60 años de imponer sus rayas en el mundo El ícono mundial de las tres rayas está de cumpleaños. Missy Elliot, Method Man, Red Man y David Beckham, entre otros importantes personajes de la música y el deporte mundial, celebraron los 60 años de adidas con una increíble fiesta casera.

Si bien adidas se creó en 1920, las 3 emblemáticas tiras fueron registradas en 1949 por Adi Dassler, quien fue la primera persona que las usó sobre zapatillas de calzado. Las que, a su vez, se usaron por primera vez en el mundial del `54 en Suiza, cuando el equipo alemán logró el triunfo contra Hungría usando los nuevos zapatos deportivos de la época: los estoperoles adidas.

mismo año, mereciendo que el estadio arena de su ciudad natal, Australia, lleve su nombre.

En estos 60 años, muchos hitos han hecho que la inspiración de adidas se haya consolidado con los mejores. Algunos de estos son:

Años después se lanzaron las zapatillas adidas Stan Smith, inspiradas en el único tenista que está presente en el salón de la fama. Mientras que en el año 69 aparecieron las adidas Superstar por primera vez en las canchas de la NBA. Al principio más del 75% de los jugadores de las canchas llevaban su nombre, el que luego se convertiría en un icónico zapato en la cultura de la calle.

En 1964 se crearon las zapatillas adidas Court, inspiradas en uno de los mejores deportistas de todos los tiempos, Rod Laver, quien es el único que ha ganado dos veces los cuatro títulos del Grand Slam, y lo más impresionante, todos el

En 1983 adidas celebró su cumpleaños número 25, lanzando los modelos FORUM, y con ellos, la primera zapatilla que costaron arriba de los 100 dólares, las $100.


adidas Originals celebra sus 60 años de imponer sus rayas en el mundo

Celebrate Originality, Celebrate with adidas

Pero con el lema “Hacemos un equipo, mis adidas y yo”, el famoso rapero Darryl McDaniels, más conocido como DMC, consolidó uno de los hitos más importante en los años de adidas al componer en 1986, junto a su grupo RUN DMC, la canción “My adidas”, haciendo que por primera vez la música de las calles (el hip hop) se viera representada por las 3 tiras. A esto le sigue la seis veces ganadora de los premios Grammy y una de las influencias musicales femeninas más fuertes de la música actual, Missy Elliot. Esta productora, artista y compositora, creó la colección adidas “Respect Me”, impregnando las 3 tiras con todo su estilo. En Estados Unidos, adidas presentó su nueva colección con una fiesta en la que los magnos auspiciados fueron invitados a celebrar estos 60 años de originalidad. Entre los asistentes se encontraron importantes músicos del Hip Hop como

Missy Elliot, Method Man, Run D.M.C., Young Jeezy, Russell Simmons, CEO de Def Jam, además de los cada día más taquilleros The Ting Things, la nueva sensación adolescente Katy Perry, Chad Hugo de N.E.R.D. y por supuesto, grandes figuras del deporte como el futbolista inglés David Beckham y la estrella de la NBA, Kevin Garnett. En Chile, adidas está preparándose para celebrar su cumpleaños número 60 con muchas sorpresas. ¡Atentos!


Dcp_10 / Febrero  

Revista Dcp_10 es una revista dedicada a las nuevas artes y tendencias

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