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Nuestras cámaras aun hoy funcionan de este modo, nos permiten ver el plano como algo independiente, observable. Observemos que este modelo de representación va de la mano de la concepción epistemológica del siglo XVII (va de la mano de cómo los hombres y mujeres de aquellos años creían que se conocía y el modo en que se relacionaban con el mundo): el sujeto es el observador de una proyección que se da dentro de un campo exterior a él mismo; es un sujeto sin cuerpo que inspecciona un espacio de orden unificado, un espacio que nunca ve como algo dependiente de su propia subjetividad corporal. Es el punto de vista privilegiado que domina óptica y geométricamente el espacio. Escribo esto y pienso en el modo en que miro fotografías, en que solía recorrer muestras, en la actitud que tengo al momento de pararme ante una cámara y obturar… Hasta aquí tenemos una habitación o recinto a oscuras, un rayo de luz y un plano focal. Duchamp piensa y piensa, hace y hace. Se da cuenta que la visión no está descarnada, que tiene un cuerpo, que tiene la función nada despreciable de obturar la abertura: los ojos, el dedo y el psicoanálisis de por medio. El Gran Vidrio puede ser analizado como una foto grande y compleja, ya que está plagado de marcas indiciales mantenidas en suspenso, de signos que se organizan como rastros, huellas. La trasparencia del vidrio no es metáfora de la transparencia del pensamiento para la conciencia que lo piensa, cosa que sí es creída y reflejada por la perspectiva renacentista; es la transparencia usada para mostrar el umbral de la visión, el campo siempre lleno de la conciencia, el inconsciente óptico. Duchamp implanta la visión dentro de la opacidad de los órganos y del inconsciente. Es la toma de conciencia del ser observado mientras se observa, camino que nos lleva de regreso al comienzo cuando pensamos la cuarta dimensión incluyéndonos en ella: nos convierte en proyecciones, en sombras de algo más grande. La tridimensionalidad rompe con la idea proyectada por la cámara oscura porque obliga al reposicionamiento de la relación del observador con la representación: la imagen única que tenemos del mundo externo en condiciones de visión normales no es producto de un mecanismo sensitivo sino que es obra de un acto mental. Pensarnos como sombras proyectadas de una dimensión superior nos ayuda abandonar la idea renacentista que forma nuestra mirada de ser el punto de vista privilegiado: si bien ser sujeto significa poder sentir que se es el origen de las coordenadas de la percepción, ampliar nuestra mirada sería podre vivir ambos momentos al mismo tiempo, la inmersión en la ilusión y la mirada exterior. La transparencia de El Gran Vidrio nos desafía a sumergirnos en una perspectiva cambiante, doble, donde se pierde la identidad univoca del yo garantizada por el punto de vista único. Terminemos también como siempre: lo que Duchamp sugiere (utilizando lo fotográfico como modelo máximo) es que el cambio en de la forma de producción de las imágenes que constituyen nuestro entorno, lleva consigo un cambio en la estructura dominante de la representación. Es decir, el modo en que producimos imágenes-signos afecta los procedimientos mismos de conocimiento. Saber cómo se producen es poder saber cómo nos afectan… Buen Febrero para todos y todas.

delriopilar@yahoo.com.ar

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Bex Magazine 13 Revista de fotografia de la patagonia Abriendo espacios a la fotografía latinoamericana

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