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Daido Moriyama, Nacido en Osaka, Japón en el año 1938. Pertenece a la generación de fotógrafos japoneses que vivieron los profundos cambios que experimentó Japón a partir de la Segunda Guerra Mundial. Comenzó estudiando diseño, para luego incursionar en la fotografía de la mano del fotógrafoTakeji Iwamiya, en 1961 se traslada a vivir a Tokio para trabajar como asistente y aprendiz del fotógrafo Eikoh Hosoe, del que recibirá una influencia fundamental. Ese mismo año se une a la cooperativa de fotógrafos VIVO, de corta vida, de la que formaban parte Shomei Tomatsu, junto a otros como Eikoh Hosoe, Kikuji Kawada, Ikko Narahara, Akira Sato y Akira Tanno, considerados como fotógrafos de vanguardia. Ya en 1964 iniciará su carrera particular como fotógrafo freelance que lo llevará a convertirse en uno de los grandes maestros de la fotografía japonesa. El artista Andy Warhol, el fotógrafo William Klein y el novelista japonés Yukio Mishima, han influido notablemente en la obra de Daido Moriyama. Los primeros trabajos fotográficos de Moriyama reflejan el colapso de los valores tradicionales en la sociedad japonesa de posguerra. Pocos fotógrafos han captado la angustia, el caos y la claustrofobia de la vida urbana. Sus imágenes violentas y desenfocadas son expresión de una cruda realidad. Amigo de recorrer, desde los años cincuenta, las calles de las ciudades japonesas, Moriyama plasma en sus fotografías, principalmente en blanco y negro, desde ángulos y perspectivas inauditas, ambientes y personajes urbanos, habitantes de zonas periféricas, atormentados por una urbanización e industrialización aceleradas, mostrando mediante imágenes crudas, ácidas y extremadamente contrastadas, el conflicto que tuvo lugar entre lo viejo y lo nuevo de su tierra natal. Daido Moriyama recorriendo las calles, es un observador empedernido de la sociedad a la que viene retratando desde hace más de cuatro décadas. Pero además, verlo fotografiar es una forma idónea para aprender. No sólo por su sistema, tan simple como caminar con la cámara en mano y capturar aquello que le llama la atención, sino también porque es buena demostración de la importancia de observar. Quizás sea esencial olvidarse de la faceta técnica (Moriyama ha trabajado y sigue haciéndolo con una cámara pequeña analógica), y dedicarse únicamente a buscar el momento, capturar la esencia de la vida que nos rodea, y especialmente, entrenar el ojo, ya que es solo un artista y su capacidad para atrapar la vida en un fotograma. Considerado uno de los mejores docu-

mentalistas contemporáneos del vértigo deshumanizado y la náusea emocional de las grandes urbes, también llamado el último vagabundo de la fotografía, dicen que desde sus inicios como freelance en 1964 ha positivado más de 10.000 copias “una parte de ellas están editadas en sus más de 40 libros”, poseído por un ansia que él considera “animal”, propia de un “perro que se deja llevar por el olor de las ciudades”. Este brutal cronista del vértigo y la falta de humanidad de las grandes urbes, de la náusea emocional que provocan, de la entrega de la tradición y la cultura al dictado brutal del consumismo, regresa a los museos, que reclaman su obra pese a que al fotógrafo no le gusten demasiado las reglas estrictas de las galerías contemporáneas. Prácticante de una suerte de “deriva”, una caminata sin fin ni objetivo específicos, siguiendo la llamada del momento, Moriyama irrumpió como un asaltante nocturno en el panorama de la fotografía de los años sesenta del siglo pasado, con sus series de fotos desprovistas de finura técnica y movidas por el azar del instante. Sus paseos nocturnos y sin rumbo por las calles laberínticas del distrito de Shinjuku eran una fresca exploración de los misterios urbanos y una forma pertinente de documentalismo. Nunca ha comprado una cámara, según sus declaraciones se las prestan o regalan los amigos. Siempre trabajando con grano, difusión y fuera de foco, realizadas huyendo de todo artificio. Según Moriyama si usas la perspectiva tradicional, caes en el agujero de la “idea”. Este incansable saboteador de cánones y explorador de la fiebre vital contemporánea opina que ningún acercamiento clásico tiene ya sentido. Si un fotógrafo intenta incorporarse felizmente al mundo usando la perspectiva tradicional con la cámara, terminará cayendo en el agujero de la idea que ha excavado por sí mismo. La fotografía es un medio que sólo existe fijando momentáneamente eldescubrimiento y la cognición que se encuentran en el imparable mundo exterior..., Por Jaquelina Bourquin

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Bex Magazine 16 Revista de fotografia de la patagonia Abriendo espacios a la fotografía latinoamericana

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