Page 1


DALE QUE ÉRAMOS…. - ¿Dale que estábamos perdidas por el bosque y que venía un oso y nos quería comer? - No. - ¿Y que después con este palo, nosotras le aplastábamos la cabeza y resulta que el oso era bueno y nos invitaba a su casa? - No. - ¿Y dale que entonces festejábamos el cumpleaños con todos los osos y nos metíamos en una cueva en la que había todo tipo de exquisiteces? - No. Basta. - ¡Pero de las que te gustan a vos!. Porque dale que los osos eran cheff y sabían hacer creme brulee?, ¿dale? - No. No quiero. Salí. - ¿Dale que este sillón era una cueva? - Mirá si lo damos vuelta. - Uahuuuuuuuu!!! ¡Mirá que buena cueva que tengo! - ¡Yo tengo una cueva y vos no tenés nada!. ¡Vos no tenés nada! - Dejá de hacerme burla. Basta. - Bueno, entonces dale que como vos no querías estar en el cumpleaños, nos matabas a todos y te quedabas con la creme brulee? - No. Dije que no. - Entonces te voy a matar con esta pistola que es recontra grande y que tiene una bala que desde donde tires, va directo al corazón. …perá…perá que ya te la tiro…perá que me meto adentro de la cueva…..perá, perá….no te vayas….no te vayas!!! ¡Ufa! Se fue. Es una aburrida. Siempre queriendo hablar del trabajo. Y de los hijos que ya no le dan bola y tendrían que estar laburando. Y del marido que no la entiende. Y de los amigos del marido, que son unos hincha pelotas que siempre lo llaman para ir a la cancha. Y de lo cara que está la ropa. Ya está. No la invito más a jugar a mi casa.


Intentás poner la mente en blanco y para eso utilizás los números de uno en uno, de diez en diez hasta que te perdés en alguna imagen que te invade a pesar de tus esfuerzos por contar. Entonces, en vez de números, pensás en ovejas que saltan una y otra vez aquella verja que te enseñaron de niña. Aceptás la imagen con tal de que las ovejas salten rítmicamente al uno, dos, tres, cuatro. Pero de pronto una de las ovejas es de otro color, otra se tropieza y cae en el barro, otra se transforma en lobo y se ríe como hiena a carcajadas. Y te das cuenta de que tu mente está repleta de colores y el blanco es tan sólo una ilusión y no podrás lograrlo.  Dada la imposibilidad, pensás en sostener una imagen tranquila y agradable y te imaginás flotando en el mar en un día de sol. Y te aferrás a esa imagen lo más que podés, pero de pronto, el sol te quema la piel rabiosamente y la colchoneta se pincha y te comenzás a ahogar. Intentás reponer la imagen, pero se te filtra la cuenta de gas que no recordás si pagaste y la contadora a la que no fuiste y que no entregaste el informe que te pidieron hoy a la mañana y que tal vez la felicidad que tenés se vea amenazada por alguna desgracia y que puedas quedarte sin trabajo y que el mundo pueda entrar en guerra y la tierra comience a temblar. Y te tranquiliza saber que ya todo está perdido. Y respirás profundo y te quedás dormida.


UN DEC PARA DOLORES Con estas piedritas completo el dec que me hice en el balcón para estar bien en onda. Sólo me falta cargar abono para las plantas y después sí: ¡que la gente mire desde la calle cómo disfruto sentada en el silloncito mientras los veo pasar a ellos, que seguro, no tienen un dec! Aunque mejor, no sé, creo que ni bien llegue, me voy a acostar. Me duele un poco la espalda. Y…tambieeén, debe ser el ficus que cargué el otro día, esas cinco cuadras. Bueno, mejor dicho, siete. No, creo que eran once.. a ver… La cuestión era que no iba a pagar un flete por tan pocas cuadras. Pero bueno, ahora llego, pongo las piedras alrededor del dec, me tomo un analgésico y antiinflamatorio. Después me acuesto un rato y listo. Renovada para empezar. Aunque, si no voy a buscar el abono para las plantas y el resto de tierra para el ficus, se me van a secar. ¡Y la verdad, es que con todo lo que me gasté…! Voy, total después, a la noche, me doy un baño bien calentito, me tomo unas pastillas para dormir y al otro día estoy como si nada. Y ahí, sí, cuando me levanto, me tomo unos mates en el dec del balcón. Aunque no creo que haga a tiempo, porque tengo que estar temprano en el trabajo. Bueno, entonces, cuando vuelva. Ahhhhh!!!, pero me olvidaba que tengo que cambiar las macetas de las últimas plantas que compré para que queden todas iguales…¡qué macana!..... Porque ni loca dejo esas macetas de plástico al lado de las de cerámica pintada, que están tan lindas. Total, cuánto pueden pesar cuatro macetas de cerámica de las que hay en el vivero que está acá nomás, a diez cuadras. Así que voy a hacer eso. Ni bien me levanto, paso antes por el vivero y llevo las plantas para que me las preparen. Y cuando vuelvo del trabajo, las paso a buscar. Les pido que las pongan en dos bolsas bien reforzadas y joya. Y casi las pago con lo que me ahorro de flete. Y ahí sí, una vez que esté todo como a mí me gusta, me tomo unos mates en el dec de mi balcón. Aunque……


COMO UNA NANA La llamé. Estaba desesperada por contarle. Quería desahogarme. Compartir mis novedades. Y quién mejor que una amiga para eso. Ni bien me atendió le pregunté cómo estaba; una formalidad sin importancia para empezar a desagotar el rollo. Me dijo que como siempre. Que no paraba de trabajar de un lado al otro. Que vivía cargando cosas y su espalda ya no daba más. Que la verdad para qué tanto sacrificio y estudio, si después… Que su ex seguía sin pasarle un centavo y sus hijos gastaban cada día más. Que-se-i-ba de-via-je-con-una-a-mi-ga-en-las-va-ca-cio-nes-de-ju-lio. Ante al cambio de rumbo, casi alcanzo a decir que qué suerte. No  pude. Su tono era el mismo que el de “la verdad para qué tanto sacrificio” o el de “vivo cargando cosas”. Quise decirle que dentro de todo era una buena noticia. Pero ella siguió acompasando el  mismo ritmo, con un acento al inicio de cada compás y una caída hacia el final de cada frase, como si fuera la canción de un autor poco inspirado. Y sólo pude seguir escuchando… tata tata tata tá, tatatatatatatata, tata tata tata tá, tatatatatatatata…. Al concentrarme en el ritmo, me di cuenta que si lo analizaba mejor, no se trataba de una mala canción. Era como una nana, aquellas que les cantaban las criadas a los niños en tiempos de guerra. Temas escabrosos dentro de dulces melodías. Como tan bien lo describía Lorca. Y en esa nana comencé a dormitar. Y a soñar con  cargas y pesos, con hijos que gastan y hombres desalmados. Veía a mi amiga viajar con su amiga cargada de cosas, llena de hijos y llorando mientras miraba nuevos paisajes. Justo en el momento en el que me encontraba en la zona beta de mi sueño y veía cómo ella se asomaba a un precipicio en la cima de una montaña, me sobresalté al escuchar, del otro lado del teléfono, una voz que me preguntaba: ¿Y vos, cómo estás? Pero ya era tarde. Muy tarde. 


SOL Es una mañana gris. Saco el sol del bolsillo de las cosas importantes. Lo miro y después de un pequeño instante, me lo pongo de sombrero. De a poco siento cómo mi cabeza comienza a calentarse. Y se me ocurren ideas fogosas que me alejan del gris del día. Y me parece que esto va a durar, incluso, hasta muy entrada la noche. Y que mi sol va a calentar las cabezas de los que estén a mi alrededor, si por esas causalidades, ellas están grises como el día. Entonces vamos a vernos bien de cerca, hasta el más mínimo detalle, que incluye el alma. Y aunque sea por un rato se van a iluminar esas zonas que siempre están viendo tinieblas y lluvias y huracanes. Me gusta tener un sol en mi bolsillo de las cosas importantes. Por las dudas. 


En una época dio la vida por Perón. Y esperaba ansiosamente que viniera de España para convertir nuestro país en un lugar para todos los argentinos.  Iba a todas las marchas. Bueno, a casi todas. A veces sus padres se lo prohibían y le cerraban la puerta con llave para que no saliera. Estudiaba Asistente Social y andaba con sus compañeros por los barrios tomando mate en las villas sin ningún pudor. Sus profesores le habían dicho que no veían con buenos ojos eso de que no les acepten un mate o una caña. Así que no le hacía asco a nada. Fumaba Particulares sin filtro y usaba poncho. Aunque de noche sacaba a relucir los pantalones pata de elefante y alguna túnica hindú para romper los boliches con sus amigos de la adolescencia y algunos que habían quedado de la infancia. En esas ocasiones fumaba Marlboro o alguna que otra cosita que le convidaran. Cuando vinieron Ellos tuvo que quedarse quietita y rezar para no haber quedado registrada en la agenda de ningún compañero. Dejó la carrera y se puso a estudiar maestra jardinera. Se  dedicó a los chicos. Luego lo que ya se sabe: se casó, tuvo hijos, muchos. Y ahora, con esta onda K, anda loca por Evita. Y quiere comprometerse de nuevo con este país. Pero esta vez, en serio. El otro día fue al Museo Evita y compró cajitas de fósforos con la foto de ella para regalar a sus amigos y parientes. También compró tarjetas con las distintas caras de Eva y las colocó en la puerta de la heladera. Y arriba les puso unos imanes ranitas que compró en Plaza Serrano, que no tienen mucho que ver, pero sirven para sostenerla. Ah, también compró unos imanes, que los tiene al costado del microondas con los delivery de la zona. Después compró una cajita, también retratada…bueno, ya saben con quién. Y la tiene arriba del mueble con monedas para el colectivo. O para darles a los pobres, que siempre te andan pidiendo: en el subte, en las esquinas. Ella siempre les da. Como Evita, aunque la suma sea proporcionalmente menor. Pero dice que la intención es lo que vale.  También estudia teatro. Como Evita, claro. Y dice “Compañeros” y todo. Y canta la marcha peronista. Y va a Perón Perón a cenar con los amigos. Creo que ahora se está por comprar una máquina de coser. Pero para regalar, claro. A alguna señora que cosa para ella. Y bueno, por supuesto que en Navidad, a nadie le va a faltar un buen Pan Dulce. Cada amigo va a tener su souvenir.


REINA Estoy bien. Divina. Me lo repito hasta el cansancio. Necesito creerlo y así seguir un día más. Y después otro. Aunque cada mañana el Espejo traidor diga lo contrario. Insolente, despreciativo. ¡Qué  derecho hay a ser tan impiadoso en la hora más vulnerable del día! A interceptarte sin aviso. Así, de sopetón. Cada vez que lo miro escucho el tic – tac de su reloj haciéndome burla. Igual, estoy siendo injusta con él. En realidad, lo prefiero antes que a otros. A los    de la peluquería, por ejemplo, que casi no pueden sostenerse en las paredes,  porque ni bien te sentás en la butaca se confabulan con las luces y te hacen notar cada una de tus imperfecciones, que siempre mutan, se reinventan. Y vos seguís siendo una chica como las que te rodean y se están peinando para salir de noche. Blancas Nieves que ni se enteran que alguna vez, vos también eras amiga del Espejo. Pero lo que nunca le voy a dar, aunque lo pida de rodillas, es la indignidad del bisturí. Las anestesias, los dolores, los sedantes, el reposo, la hinchazón, la espera, la falsa ilusión de la juventud. Por eso cada mañana sostengo la pelea cuerpo a cuerpo. Y muchas veces él termina convencido de que estoy bien. Divina. Y así paso un día. Y después otro.


ROSSI En homenaje a esa ingenua romántica que llevamos dentro. Todas . ¿O casi todas? Esa noche cenamos riñoncitos al vino blanco. Él ya no lo recuerda, pero no importa. Yo sí, aunque pasaron veintisiete años.  Hablamos de la pareja, de nuestro matrimonio reciente. Y de nuestra edad. De la preocupación de mis veintiocho años (y sus veintiséis) ¡y aún, sin tener hijos!  Fue la noche más romántica de mi vida. El antes y el después del que siempre se habla en todas las conversaciones importantes.  Y en las películas. La vez en la que tomamos la importante decisión de ser padres, de comenzar a ser tan imprescindibles como vulnerables, aunque no lo sabíamos, claro. Fue un momento resolutivo y contundente  en un entorno de dulzura y entrega que sólo los riñoncitos  al vino blanco podían acompañar. Si bien era un restaurante medio pelo, grande y un poco frío, era el que podíamos pagar. Y no nos importaba ni el barrio en el que se encontraba, ni la calidad de la comida, ni la atención de los mozos, aburridos  y esperando que nos fuéramos para cerrar. No teníamos un presente cómodo, es cierto. Pero sí un futuro eterno y promisorio. Y como los hijos siempre llegan con un pan bajo el brazo…. Jamás voy a olvidar cuando, sobre el final de la conversacion,  le pregunté, como para ir concluyendo: -Entonces, ¿me saco el Diu? (dispositivo intra uterino) Y él, mirándome a los ojos (creo) me contestó:    - Ma…sí….sacátelo!!! ¡Ma…sí…sa…cá….te…lo!!! Todavía me suena como una canción: masisacátelo, masi sacáte lo, maaaasiiiiisa…cáaaatelo….. Pura poesía en sus labios. Y de las buenas. Maaa....siiiii...sacátelo....ritmo, melodía, amor.... ¡Cómo podría vivir sin él!


MARÍA DE LA CRUZ Juro que hago todo lo que puedo. Por  vos. Por todos ustedes. Antes,  lo hice por ellos. Hice todo lo que se debía hacer. Cumplí mis obligaciones sin preguntarme por mis derechos. Obedecí, me resigné  al pedacito que me tocaba. Lloré, sufrí, trabajé. Amamanté a unos cuantos. Cargué todo el peso posible. Trabajé en tiempos de ocio. Dije muchas veces sí. No bordé porque no me sale. Mucho no cociné porque no tuve tiempo. Tejí, desprolijo, pero tejí. Cosí botones, lo que no es poco. Pequé dobladillos y rodilleras. Cuidé de las plantas, les hablé, aunque se mostraran hostiles, secándose. Pero al menos, lo intenté. Quizás, además de hablarles,  debí echarles agua. Perdón.    Toqué el piano para mi papá, con errores, pero lo toqué. Estudié los días feriados. Cada fecha en el almanaque. Y cuando no lo hice, cuando me sorprendió una siesta con la guardia baja, se me remordió la conciencia, como debe ser. Me entregué al amor. Y a veces fracasé con la mesura. Perdón si mis zonas íntimas no respondieron al recato. Traté de apagar el fuego todo lo que pude y usarlo sólo para la reproducción. Quizás debí regarlo. Perdón. Nunca supe cuánto iba de agua. Ni dónde, ni cada cuánto. Ni cómo se dominan los sueños. Quizás, si no durmiera... Y tengo pena de todos, mucha pena. Pero una pena buena, como una misericordia, algo así. Pena del que se equivoca,  pena del que no se anima. Pena del que se siente ridículo, pena del que no sabe qué decir. Pena del que siente pena. Pena de quien no la siente pero debería.  Los pucheros  me derriten como la cruz al demonio. Ante un puchero me desarmo y lloro con el que llora para que lloremos juntos. Y después lloro en soledad por no haber podido frenar el llanto. Jamás pude resistirme a un puchero, a unos ojitos caídos. A las almas en pena, a las penas sin alma. Todos cargamos nuestra cruz. Porque en algún lugar del Árbol nos la inculcaron. La cruz no es sólo de los que la quieren. La cruz es de todos. Más o menos visible, la cargamos. Algunos le llaman culpa. Y yo la tengo.


I’ RITA Lo miré, como diciéndole que me jodía lo que me estaba diciendo. Pero, en realidad sé que tenía razón. Lo que pasa es que si cedo, después me lo tengo que bancar con el cantito de  que siempre tiene la razón. Él me miró, como diciéndome que sabe que yo no me la creo, pero en realidad seguro que se sentía un hincha pelotas por decirme siempre lo mismo, así que se calló. Después le ofrecí unos mates, como dejando claro que ahí se terminaba el tema, que ya está. Y él me dijo que no tenía ganas, que tenía acidez. Pero en realidad, sé que mi mirada lo había enculado y no podía dejar de pensar. Después se hizo un té, como dándome a entender que es mejor dividir las aguas y cada uno con la suya. Entonces yo le  ofrecí una hojitas de cedrón que tenía secas en la mesada de la cocina, porque ya me estaban jodiendo ahí arriba desde hace días. Y de paso para apaciguarlo. Él no aceptó, como quien te dice que no necesita un té calmante o sedante y me dijo que,    igual, gracias.    Pero un gracias que sonaba como un “déjame de joder”. Y se fue a ver la tele con un té común. Sin mirarme, como expresando cierta distancia entre los dos. La forma de sentarse era la de quien se dispone a ver la nada y dejar el piloto automático. Puso un programa neutro, de esos de actualidad, en el que coincidimos, como para no seguir con la hostilidad que se respiraba. Sabía que si hubiera puesto futbol la cosa iba a empeorar. Así que le insistí con los últimos mates y me dijo que sí, como para sacarme de encima. Entonces me fui a la cama, para dejarle claro que me daba cuenta que quería estar solo. Al rato llegó al cuarto y se metió en la cama sin ropa. Yo estaba bien de mi lado, como para no tocarle ni los pies. Pero se ve que él estaba decidido a arremeter con todo. Así que le dije bien claro: -¿qué te pasa?, ¿y ahora te acercás? Y no puedo creer lo que me contestó: - y….yo muchas ganas no tengo, pero como te me estuviste insinuando desde que llegué, sabés que para eso, soy un soldado.  Por la cara que puso cuando terminamos creo que estaba pensando en otra. Yo pegué unos gritos de placer inigualables, pero en realidad, no podía dejar de pensar todo el tiempo por qué me despreció las hojitas de cedrón que le había ofrecido. Ahora está roncando. Y eso es literal. Reflexión: cero.


El otro día me encontré una moneda cubana. ¿Será que voy a viajar a Cuba?, ¿qué voy a conocer a un cubano?, ¿o que Fidel se va a morir? No sé si mis señales tienen alcance internacional, pero a lo mejor… Después, me encontré con una amiga que hace años no veía. Justo, a la mañana, había pensando en ella. ¿Será una señal?, ¿una predicción?, ¿un anuncio de algo? Más tarde, un amigo de la adolescencia, del que no sé nada desde hace muchísimos años, me contactó por el facebook y yo justo recordé que tenía guardada una carta de él. ¿Por qué habré guardado la carta durante tanto tiempo?, ¿por qué mi amigo se conectó conmigo?, ¿lo presentiría, de alguna manera? Pero esto no es nuevo. Sólo que recién ahora empiezo a darme cuenta de que son señales. No sé de quién. De algo superior, supongo. Mi amiga me lo aseguró y me puso al tanto de un mundo que desconocía. También escuché en un seminario de biodanza que todos conformamos una red invisible que se conecta a través de otros niveles. No sé bien del tema, así que no voy a arriesgar. No quiero quedar como una tonta. ¡Ahora que caigo en la cuenta, recuerdo cuando les decía a mis hijos: - si no te abrigás, te vas a enfermar, te vas a enfermar, te vas a enfermar…! ¡y se enfermaban! ¡Yo sabía cuándo finalmente iban a caer en la cama! O cuando me voy a enfermar yo. ¡También puedo predecirlo! Digo – esto me va a caer mal, ¡y me cae mal! Me pasé años recurriendo al psicoanálisis, para darme cuenta de que aquello que atribuía a las propias elucubraciones del inconsciente, no eran más que señales que nos vienen de ese “algún” lugar. Por eso el día que encontré esa moneda cubana me alegré como nunca. Fue como el nacimiento de una Nueva Era. Y, a medida que la iba levantando iba descubriendo que estaba ingresando al nuevo paradigma de la postmodernidad. No sé bien cómo voy a comprender el mundo sin culpar a mi padre por todo lo que me pasa, o a la carencia del falo. O a la culpa de no ser lo que él quería. Ahora tengo que pensar en señales. Puras señales que me llevarán por el mundo sin que yo tenga nada que ver. Es como sacarse la mochila de la culpa y de las obligaciones para empezar a andar liviana, muy liviana, por la vida. Anoche, mi entusiasmo me llevó a contarle a mi marido las nuevas teorías que me atravesaban. Creí que se iba a poner contento, porque con eso del psicoanálisis lo tengo bastante pasado. Me dijo: - pajarona… ¡qué pajarona!


LA NORMA ¿Todavía no pediste turno al dentista? ¿ Cómo que para qué?, para hacerte un control, para qué va a ser. Es así y punto. A esas cosas no hay que darle vueltas porque después vienen los dolores a la madrugada. Yo ya sé cómo es eso. La que termina sin dormir soy yo.  Llamá por teléfono y después vas  a comprar unas salchichas para la noche.  Y pan de panchos. ¿Cómo que a dónde? A  la granja que las vende sueltas y ahumadas. Ni se te ocurra ir al supermercado de acá la vuelta. Y antes de salir del baño, secá bien el piso y los azulejos para que no se percudan. Si te cambiás en el cuarto, usá los patines, que siempre dejás el piso marcado de talco.  Y cerrá la puerta del placar. ¿Vas a salir así? Esa camisa no te pega para nada con el pantalón. Ponete esto, ¡mirá qué diferencia! ¿Vas con los chicos a comprar las salchichas?, llevalos, así se entretienen un poco, que yo tengo mucho que hacer  y me están volviendo loca…………… ....................................................................................................... ...................................................................................................... ¿Vas o no vas?...ah…porque te quedás mirando el televisor…y a esa película ya la viste más de mil veces; además, son puros efectos. Contenido, cero………………… Ahhh…tomá, de paso sacá la basura cuando salís. Y si te acordás, traete una mostaza. Andá… que suena el teléfonooooooo. ¡Holaa!  ¿cómo estás? ….yo, agotada. Acá…protestando, como siempre.  Es que en donde bajás un poco la guardia, te dejan la casa hecha un desastre. Hay cosas que son del sentido común, pero los hombres tienen una especial habilidad para no usarlo.  Te dejo porque el baño debe haber quedado hecho un desastre. ¡Mirá, la pileta llena de pelos! ¿Dónde habrá metido la tapita del dentífrico? …espero que me traiga chocolate con almendras. Sabe cómo me gusta.  Y también sabe que no me gusta pedirlo…¡que me encantan las sorpresas!


Mujeres  

Compilacion de la obra mas reciente de la artista plastica y escritora Silvia Laffranconi

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you