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DISCOS Y OTRAS PASTAS www.discosyotraspastas.lamula.pe AÑO 7 NÚMERO 54

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NOVIEMBRE 2013

LOU REED (1942 - 2013)

LOU REED: EL CANTANTE DE LA JUNGLA URBANA extraña, de voz grave, de movimientos pausados y que recitaba más que cantaba algunos temas cuyas melodías eran sencillas y que impactaban en el oyente por la firmeza con la que eran interpretados.

ESCRIBE: ROGELIO LLANOS Aún recuerdo –y ahora lo hago con nostalgia- aquella noche del otoño de 1990 en la que descubrí a Lou Reed. Había invitado a un amigo a ver el Hard To Handle (1986), el vídeo que resumía el tour de Dylan con la banda de Tom Petty y los Heartbreakers por Australia. Era un vídeo en VHS, copia de un original que contenía además el A Night with Lou Reed (1983), que nunca había visto porque me bastaba con la emoción de ver a un Dylan inspirado haciendo nuevas versiones de sus grandes composiciones, especialmente –eran mis favoritas- “Like a Rolling Stone” y “Just Like a Woman”.

Lou, que parecía haberse ‘colocado’ antes de salir al escenario, vestía casaca oscura, hacía algunas muecas y cantaba una canción tras otra, ignorando a su público, apoyado por un soberbio guitarrista de lentes oscuros y que tocaba las cuerdas y fumaba su cigarro como si no fuera con él el espectáculo. El bajista y el baterista hacían lo suyo, sin apenas inmutarse. El sonido de las guitarras era impresionante. Había en la interpretación una mezcla de concisión y de furia contenida. Una voz en off, antes del concierto, hizo una presentación breve del intérprete y dijo algo así como que su obra lo ubicaba lejos de aquellas generaciones de cantantes que surcaron los finales de los sesenta y los comienzos de los setenta bajo el influjo del ‘música, paz y amor’ del celebérrimo Woodstock.

Esa noche, en familia, celebrando la amistad con el ahora guionista y director de cine, Ronnie Temoche, tras varios vasos de cerveza, y con el ánimo al tope, le conté cómo había conseguido esta grabación casera en la cual había un concierto adicional de un tal Lou Reed. Veámosla, fue la decisión común. La primera canción que saturó nuestros oídos fue “Sweet Jane”. El ‘intro’ guitarrero del tema, sobrio y directo – sin el virtuosismo y floreo que Steve Hunter hiciera en la versión de 1976 y que yo conocería tiempo después - nos puso en estado de alerta.

Sí, esa fue para mí, la carta de presentación de Lou Reed, cuya banda en los comienzos de los ochenta fue notable: el gran Robert Quine, ex abogado,

Silencio absoluto, sorpresa total. En la pequeña pantalla de televisión veíamos a un hombre de mirada

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norteamericana que, para el espíritu rebelde de Lou, fue el caldo de cultivo de una reacción visceral contra la organización familiar a la que años más tarde atacaría con sus historias y canciones de violencia e incesto. De ese conjunto de álbumes que realizó entre 1972 y 1986, Berlín (1973) es la obra maestra absoluta. Bajo la supervisión de Bob Ezrin (que antes había trabajado con Alice Cooper), Lou compuso una ‘película para el oído’: una historia de drogadicción, de abandono familiar, de hijos desamparados, de pérdida y amargura y de suicidio. Y toda ella acunada en una envoltura melódica hermosa, a cargo de una banda genial: Steve Hunter y Dick Wagner en las guitarras, Jack Bruce en el bajo, Steve Winwood en los teclados y B.J. Wilson (de Procol Harum) y Aynsley Dunbar en la percusión.

primera guitarra y admirador irredento de la Velvet Underground que, hizo realidad su sueño al grabar con Lou Reed los notables discos The Blue Mask (1982), Legendary Hearts (1983) y el Live in Italy (1984); Fernando Saunders, bajista, que lo acompañó hasta las presentaciones en vivo del Berlín en el 2008; Fred Maher, que incluso lo apoyaría en la producción de esa obra maestra que fue el New York (1989).

Pero también resultaban apreciables el “Sweet Jane” del en vivo Rock ‘N’ Roll Animal (1973); el incomprendido “Street Hassle”, que pone punto final a las canciones dedicadas a la pareja homosexual con la que convivió en los setenta; la experimentación en el sonido y su derivación hacia el jazz de vanguardia, de la mano de Don Cherry y bajo el influjo de la música de Ornette Coleman, en The Bells (1979). Sin embargo, fue con The Blue Mask (1981), donde se reveló la madurez del artista. De pronto, el público estaba ante un Lou Reed, guitarra en mano, en plena posesión de todos sus recursos artísticos y con una excelente disposición para el ensamble armonioso con los músicos de una banda excepcional, como la que aparece en A Night with Lou Reed.

Pues bien, el vídeo mostraba a un Lou Reed a gusto con la música que estaba haciendo. Había vuelto a tocar la guitarra, animado, lo sabríamos años después, por el mismo Robert Quine, que pensaba que Lou, luego de su paso por la Velvet, se había echado a perder. Y se notaba su entusiasmo: en cada rasgueo, en cada acorde, Lou entregaba su alma. Cada canción era una muestra del quehacer minimalista de Lou. Yo aún no lo sabía, pero algunos de los temas que estaba escuchando, eran los Fear”, “Walk on the Wild Side”, “Satellite of Love”) mezclados con otros tantos (“Sweet Jane”, “I’m waiting for the man”, “White Light / White Heat”) de los gloriosos años de la Velvet Underground, la más influyente banda de todos los tiempos.

Todos los discos de ese período reediano fueron cayendo en mis manos, tras una perseverante y paciente búsqueda y espera. Sí, porque cada encargo a la disquera, en el que se incluían libros y muchos otros discos, tomaba su tiempo y demandaba una cantidad significativa de dinero. El catálogo de Phantom era, sencillamente, nuestra perdición. Era, veinte años atrás, la versión impresa de las listas de Amazon en la que ahora buceamos tras nuestras presas más codiciadas (Dylan, Lou Reed, Bruce Springsteen, Pearl Jam, Neil Young, The Band y algunos más).

Claro, eso recién lo sabría tiempo después. A comienzos de los noventa no tenía Internet y no había un fácil acceso a la importación de discos y libros. Eran los años oscuros de Sendero Luminoso. Y fue en 1992, el mismo día en que Sendero puso una bomba en Miraflores que encontré y adquirí de inmediato el box set Between Thouhgt and Expression: The Lou Reed Anthology. Esta edición contenía tres discos compactos que cubrían dieciséis años de carrera en solitario de Lou Reed. Iba desde el I Can’t Stand it, composición que abre su primer álbum –Lou Reed (1972)- hasta Voices of Freedom, que es un tema que Lou interpretó al lado de Peter Gabriel en 1987 con motivo de un concierto en beneficio de Amnistía Internacional. Entre ambos temas, hallé una selección rigurosa de canciones que pertenecen a los diferentes álbumes que Lou Reed grabó en ese extenso, torturado y fructífero período, que iba desde el ya mencionado Lou Reed (1972) hasta el Mistrial (1986). Entre ambos, un conjunto de álbumes en el que encontramos lo mejor y lo peor de un artista conflictivo, neurótico, violento, cuya infancia transcurrió en medio de una familia típica

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Cada disco era una celebración. Y cada disco era un ingreso sorprendente a un mundo de tonalidades oscuras donde se daban la mano personajes del submundo neoyorquino: travestis y prostitutas, heroinómanos y cultores de aquellos placeres ocultos de Sade y Masoch. Un mundo violento, un universo salvaje que de pronto asomaba a la superficie para revelarnos, entre la sensibilidad y el horror, el lado oscuro del ser humano. Por ello, no debe llamarnos la atención que, en el tramo final de su obra, Lou Reed haya grabado un disco a partir de algunos cuentos de Alan Poe, disco al que tituló The Raven (2003), donde, una vez más las obsesiones, la paranoia y la muerte, constituyen la materia esencial de las composiciones; sin embargo, la pompa y la pretensión no están ausentes en este disco, del que rescato los tracks “Perfect Day” y “Who Am I?”

que ahora se han agregado políticos oportunistas y autoridades corruptas, el Magic and Loss (1992) es un disco que bucea en el interior del ser humano para reflejar el dolor ante la enfermedad y la muerte, pero encarándolo como un paso necesario hacia la luz, hacia la redención. Si el primero, oscilando entre el escepticismo y la impotencia, era un descenso al infierno, para mostrar con crudeza las grietas de la descomposición social urbana, el segundo partía de ese fondo de tristeza y soledad del ser humano para luego ascender hasta un punto en el cual era posible ver la luz al fondo del túnel. Y entre el paisaje realista del New York y el canto a la amistad del Magic and Loss, la elegía del Songs for Drella (1990) en homenaje al viejo mentor que se fue: Andy Warhol. Cuenta Laurie Anderson, su esposa, que estando en el hospital y sabiendo que el final se aproximaba le pidió que lo sacara de allí. Quizás, Lou recordó en esos momentos, a sus amigos Doc y Rita, a quienes dedicó el Magic and Loss, con los tubos y las agujas lacerándoles el cuerpo, con fluidos quemándoles las células en pos de una salvación imposible. Y, entonces, Laurie lo liberó de todo lastre clínico y lo llevó a casa. Allí, en la mañana del domingo 27 de octubre, “mirando los árboles y haciendo la famosa forma 21 del Tai Chi con sus manos de músico moviéndose a través del aire”, Lou Reed emprendió su viaje al infinito.

Así fue cómo conocí a Lou Reed. Y con esos discos, sumados a todo lo que hizo junto a John Cale, Maureen Tucker y Sterling Morrison en la Velvet Underground, con toda seguridad que su espacio en la historia de la música estaba ya conquistado. Todo estaba allí: del caos y el ruido nacía la armonía y la música. La luz derrotando a las tinieblas. Tal era la esencia del corpus musical del talentoso Lou. Genial, sin duda alguna, especialmente todo lo que hizo con la Velvet. Pero, aún me faltaba descubrir aquellos discos que serían la chispa que encendería mi pasión por la obra del neoyorquino.

Sumido en la tristeza, abrí el Pass thru Fire. The Collected Lyrics y leí en silencio, a modo de oración, los versos de su hermoso “Magician”:

Porque, definitivamente, junto con el de Bob Dylan, el quehacer musical de Lou Reed se convirtió en uno de mis predilectos. Amé intensamente la música de Reed a partir de dos discos claves, mis favoritos: New York (1989) y Magic and Loss (1992). Y ha sido, a partir del encuentro feliz con estas dos piezas fundamentales en su obra, que revisé e incorporé a mis discos esenciales todo lo que el artista construyó desde los sesenta hasta los ochenta y todo lo que vino después del Magic and Loss. Sí, Lou tuvo que recorrer todo un largo camino, teñido de obstáculos, desengaños, desenfrenos e incomprensiones para llegar a estos dos discos tan hermosos como estremecedores, tan lúcidos como sobrecogedores. Si el New York (1989) es un disco que bucea en los oscuros callejones de la ciudad, topándose, una vez más con toda la fauna subterránea presente habitualmente en la obra del artista, y a la

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Magician magician take me upon your wings And gently roll the clouds away I’m sorry so sorry I have no incantations Only words to help sweep me away I want some magic to sweep me away I want some magic to sweep me away I want to count to five Turn around and find myself gone Fly me through the storm And wake up in the calm. Laurie, en la sentida despedida a Lou, al que llamó príncipe y luchador, escribió con dulzura: “Sus canciones sobre el dolor y la belleza en el mundo llenarán a mucha gente con la increíble alegría que él sentía por la vida”. Hoy, entre la emoción y la nostalgia, suscribo plenamente sus bellas palabras.

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VICIOGAMES

LO BUENO, LO MALO Y LO FEO DE:

BEYOND: TWO SOULS CONSOLA: PS3 David Cage se ha ganado a AÑO DE LANZAMIENTO: USA, E.U. (2013) pulso un nombre en la industria. GÉNERO: aventura interactiva Con juegos como Indigo Prophecy (o Fahrenheit) y Heavy Rain en su currículum, la expectativa en torno a su nueva producción, Beyond: Two Souls, es alta.

decisiones importantes de la historia, que en teoría podrían cambiar las cosas, no las tomamos nosotros, sino que aparecen como secuencia de video.

Sin ánimo de “spoilear”, les comento que hay una fase en la que “controlamos” una motocicleta. Lo pongo entre comillas porque podemos dejar apretado el botón del acelerador y el vehículo se conducirá solo. Una vez quise estrellarme adrede pero era imposible. El control del personaje es muy tosco, tal como en Heavy Rain. Muy lento, sin la posibilidad de acelerar el paso y con una cámara que seguramente les incomodará. No hay control del entorno, aunque la lentitud con la que se desarrollan las acciones seguramente esto pasará a un segundo plano.

Antes de comenzar el análisis, debo apuntar que pasé Beyond en dos oportunidades, cosa que me permitió sacar más finales (tiene varios) y comprobar algunas impresiones que tuve al terminar el juego por primera vez. LO BUENO A nivel gráfico, es increíble lo que aún puede mostrar la PlayStation 3. Sobre el final de la generación, la gente de Quantic Dream ha logrado que los gestos de los personajes tengan un realismo abrumador. Francamente, no pensé que se podía superar lo hecho por el Team Bondi y su genial L.A. Noire, pero en Beyond las expresiones de los personajes transmiten mucho, haciendo más creíble lo que vemos en pantalla. Me gustó bastante el tratamiento cinematográfico de muchos segmentos del juego, con un notable trabajo de planos e iluminación. Esto se refuerza con el gran desempeño de Ellen Page y Willem Dafoe, actores elegidos para protagonizar esta aventura.

Como dije anteriormente, la historia del juego tiene picos muy emotivos y que seguramente recordarán. Sin embargo, en líneas generales, el argumento me pareció algo flojo, con uso de algunos clichés y con una narrativa bastante confusa. La historia es un rompecabezas desordenado, que nosotros deberemos ir ordenando en nuestra mente a medida que se van desarrollando las acciones. Es un recurso muy usado en las películas, pero que en este caso está mal estructurado. Las fases nos llevarán por diversos momentos en la vida de la protagonista, Jodie Holmes (su niñez, su adolescencia y su adultez), pero de manera desordenada. Debido a esto, muchas veces ya sabremos qué pasará porque, como se imaginan, ya hemos visto el futuro, si cabe la expresión. Además, los diálogos son -en líneas generales- flojos y en algunas ocasiones con intercambios de palabras forzados y hasta inverosímiles.

El argumento del juego presenta ciertos picos notables, de suma emotividad, acaso unos chispazos que logran destacar y que seguramente recordaremos al terminar el juego. Y la música en Beyond es uno de los puntos fuertes del juego. Las piezas elegidas encajan perfectamente con lo que ocurre en pantalla, algo que no pasa a menudo en un videojuego. Como dato, les comento que los autores de la banda sonora son el desaparecido Normand Corbeil (fallecido a inicios de año), así como Lorne Balfe y Hans Zimmer. LO MALO Los juegos de David Cage tienen un gameplay especial, por decir lo menos. En títulos como Indigo Prophecy y Heavy Rain, la interacción entre el gamer y el videojuego era muy marcada, buscaba que el jugador esté bastante involucrado con lo que pasa en pantalla. Pero todo esto ha cambiado bastante en Beyond, en el que el gameplay es poco más que anecdótico. Todo está direccionado y nuestras decisiones poco importan en el desarrollo de las acciones. Esto lo noté más en la segunda vez que pasé el juego, ya que comprobé que en muchos segmentos puedo elegir una u otra alternativa, y el resultado termina siendo el mismo. De hecho, ciertas

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Beyond se puede pasar en cooperativo, siendo el primer mando el que controla a Jodie y el otro a Aiden, la entidad que acompaña a la protagonista en todo momento. No encontré esta alternativa entretenida, ya que el control de personajes es por turnos y dependiendo de las necesidades del guion. Para colmo, el control de Aiden, al menos en esta modalidad cooperativa, es asistido, mostrándonos en todo momento los puntos por donde podemos movernos. Como único coleccionable tenemos el reto de encontrar hasta 22 bonus, que son una suerte de almas dejadas al azar en el escenario. Nuestra misión es encontrarlos todos para desbloquear tráileres y videos del desarrollo. Nada destacable, si me preguntan.

LO FEO En ningún momento existe la sensación de que el juego te esté retando. Al nivel de dificultad prácticamente inexistente tenemos la insólita inexistencia del “Game Over”. Como dije antes, no podremos morir así lo busquemos (la mentada fase de la motocicleta). Hay muchas secciones del juego en las que simplemente podremos dejar el mando y ver cómo se desarrollan las acciones, pese a que en pantalla nos estén diciendo que tenemos alternativas. Conclusión: Beyond: Two Souls tiene puntos notables, como la captura de gestos (acaso la mejor de la generación) y una banda sonora brillante, pero decae en los puntos que supuestamente lo hacen un videojuego. Tiene un gameplay casi inexistente, el juego no representa un reto y la trama se hace desordenada y predecible. Sin embargo, remitiéndome a las palabras de David Cage, tal vez debas probar el juego, ya que, a diferencia mía, podrías terminar amando este título.

FERNANDO CHUQUILLANQUI http://blog.rpp.com.pe/masconsolas/

LIBROS

LIBROS

RANA AUTOR: MO YAN (China) Novela epistolar que, a través del quehacer de una enfermera, nos ilustra sobre la implantación de la política del control de la natalidad impuesta por el gobierno comunista chino a mediados del siglo pasado. El narrador es un aspirante a escritor que le cuenta a su mentor, por cartas, episodios de la vida de su tía: una obstetra que ama su carrera (ha asistido más de tres mil partos) y a los suyos, pero por encima de todo está su amor por el partido comunista; y este amor, la convertirá en una especie de “carnicera”, practicando el aborto a más de cinco mil gestantes. Un ángel-demonio, que está convencida que las pautas del partido son como dogmas y que lo que hace está bien. Al final de sus días, el remordimiento solo se soporta si está mezclada con la locura. Mo Yan, con una pluma ágil y sencilla, sin retóricas ni muestras de grandiosas técnicas narrativas, nos entrega no solo a uno, sino a varios personajes destacables, que con sus historias ayudan a construir la más grande: la de un gran país, de un tiempo ya lejano. HENRY A. FLORES

LA INFANCIA DE JESÚS AUTOR: BENEDICTO XVI (Alemania) La fama bien ganada de erudito del Papa Benedicto XVI, se reafirma, una vez más, con este pequeño libro sobre la infancia del Hijo de Dios. Desde el anuncio de su nacimiento hasta aquel episodio, de su adolescencia, donde se escapa de sus padres para estar en el templo. Hay dos aspectos que hacen de este libro un material imprescindible. Primero, demuestra que su autor tiene un conocimiento muy profundo de las Sagradas Escrituras y que ha investigado diversas fuentes bibliográficas; por lo tanto, hay muchas enseñanzas valiosas con el mejor sustento posible y escritas con el lenguaje más sencillo que se puede permitir un intelectual de la talla de Benedicto. Y por último, lo más valioso: el “Papa intelectual” logra una simbiosis y/o conversación perfecta entre lo que los textos bíblicos decían en su momento (hace muchos siglos) con lo que “nos dicen ahora”. Un profeta con su pluma es tan valioso como aquel que está en las plazas. HENRY A. FLORES

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NOVEDADES DISCOGRÁFICAS PEARL JAM – LIGHTNING BOLT (2013)

NEIL YOUNG & CRAZY HORSE – AMERICANA

Dejar que suenen los discos

La verdadera historia

Hace años que el rock se autocelebra con lujosas reediciones de discos pasados. Simon Reynolds vive anunciándolo a los cuatro vientos: nuestra cultura se muerde la cola. Será la nostalgia, o la necesidad que nos hace menos exigentes, lo que aún nos lleva a esperar con ansiedad la salida de un “disco” en tiempos en los que nos ocupamos más de cómo escuchamos música que de la música que escuchamos.

Si como afirmaba Ítalo Calvino, no es la voz sino el oído el que ordena la historia, Americana es el acto revisionista menos pensado acerca del cancionero popular del Tío Sam. Concebido como un tributo folk-rock a la tradición musical del país del norte, esta obra no se propone esquivar el refugio del patriotismo, simplemente lo ignora. Nada en él tiene como intención deliberada subvertir el orden establecido. Ni siquiera la interpretación de “God Save the Queen” suena como un acto irreverente, por el contrario transcurre con natural fluidez. Queda claro que a esta altura Neil Young no necesita legitimarse con falsos gestos de rebeldía rockera.

Como la descarga de un relámpago en medio de una tormenta eléctrica, Lightning Bolt, décimo disco de estudio de Pearl Jam, viene a encandecer nuestra consciencia musical. De eso también habla el blues sincopado "Let The Records Play", esa suerte de secuela de la proclama vinílica que es “Spin the Black Circle”. De eso y del efecto balsámico de la música, un placebo que no se agota en el arte de escuchar, se trata de “poner el disco, llenar la copa, dejar que el baterista sacuda los parches, y que el dolor se vaya…” Sólo que a veces, como reza la canción de The Mission: la luz más brillante viene desde el lugar más oscuro. El ulular de las sirenas que abruman a Vedder no proviene del canto seductor de las ninfas que pretendían hechizar a Ulises en su Odisea, sino del lamento que las ambulancias sueltan en la noche angelina aturdiendo su entendimiento mientras trata de asimilar el fracaso sentimental (…Will they come for me next time?).

En todo caso los discursos están donde deben estar. El booklet incluye una declaración de repudio a la invasión de las praderas y el exterminio de los búfalos a manos del “hombre blanco”. Se sabe que los Crazy Horse tomaron su nombre del jefe de la tribu Sioux Oglala, pueblo conocido por el arrojo de sus guerreros, entre los que “Caballo Loco” se destacaba como un líder visionario comprometido con la preservación de las tradiciones y por ser quien indujo a su gente a una guerra para recuperar sus tierras. Desde el arranque la versión de "Oh Susannah" cargada de feedback y distorsión nos anticipa un conocido itinerario por senderos pletóricos de ojivas valvulares y coros anárquicos. La contracara perfecta de aquella pieza de trazos beat que The Birds plasmaron en su entrañable Turn! Turn! Turn! (1965). El proyecto sólo tambalea cuando cierto ánimo experimental lleva a los músicos a forzar recorridos innovadores y así intentan dotar de swing al tándem “Gallows Pole” – “Get a Job”, privando al primero de la adecuada carga dramática con que Led Zeppelin lo dotó y diluyendo el esencial colorido spiritual del segundo (registro original de The Silhouettes en 1957).

Lightning Bolt conserva el ímpetu de sus predecesores Pearl Jam (2006) y Backspacer (2009), pero mejora la fórmula. Esta es una obra melódicamente más inspirada y rítmicamente más equilibrada. Incluso ahí donde la adrenalina se apodera de los compases, como en “Getaway”, todo luce como el resultado de un proceso creativo más esmerado.Cómo se hace para rockear cuando el calendario se acerca a los cincuenta. Cómo hacen para eludir la decadencia estos discípulos de unos Who que preferían morir antes que llegar a viejos. La respuesta ya la dio el propio Pete Townshend: “Si grita pidiendo verdad en lugar de auxilio, si se compromete con un coraje que no está seguro de poseer, si se pone de pie para señalar algo que está mal pero no pide sangre para redimirlo, entonces es rock and roll”. El rock nació para innovar. Esa es su epopeya. La épica de la juventud eterna del alma, esa que termina el día que los discos clásicos de tu colección inspiran un revival musical. ¿Será Pearl Jam el último clásico del rock o acaso es su primer y definitivo revival?

A pesar de citar varios arreglos circa 1950/1960 el repertorio sólo ingresa de lleno en el siglo XX para homenajear a Woody Guthrie con "This land is your land" a la que se suma Stephen Stills, viejo compañero de Young en Buffallo Springfield y CSN&Y. A la buena noticia del regreso de la banda hay que sumar un disco de canciones propias (Psychedelic Pill, 2013), el primero desde Broken Arrow (1996) si reparamos en que Greendale (2003) no contó con la presencia de “Poncho” Sampedro. Es entonces cuando los Crazy Horse retoman el relato de la historia que todos queremos oír.

JORGE CAÑADA

JORGE CAÑADA

DIRECTOR: HENRY A. FLORES Discos y Otras Pastas no se hace responsable del contenido de los artículos y agradece a sus colaboradores por la exclusividad otorgada.

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