Revista Fraternidad Vol. 17

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Detrás

Fraternidad, una revista para el clero de la arquidiócesis de Bogotá - 1 Asamblea arquidiocesana Asamblea virtual 36 Historias de vida Monseñor Huertas 18 Especial Visita de la imagen del Señor de Monserrate 32 Seminario Mayor Autoformación y cuidado 34 Conversaciones Con monseñor Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá 14
del pastor Un nuevo arzobispo en tiempos de pandemia y cuarentena 3 Perfiles Mauricio Castiblanco 38

El viento sopla donde quiere

Desde hace ya más de cinco meses el viento está soplando con rumbos diferentes.

El viento de la historia y el viento del Espíritu.

La nave de la Iglesia se ha visto forzada a recorrer otras rutas, hasta ahora desconocidas. Es como si el Señor Jesús volviera a pronunciar la frase con la que hizo que Pedro y sus compañeros pescadores, por fin, enfrentaran el mar abierto, sus honduras desconocidas y también sus frutos aún no explorados.

“Rema mar adentro”, fue la orden taxativa de Jesús y que puede leerse como un reto para alejarse de la seguridad de la orilla, de la tranquilidad de la tierra firme, de la posibilidad de abandonar la faena al primer remezón de las aguas. El viento que sopla actualmente en el mundo y también para la Iglesia, nos ha llenado de temor, pero también nos ha abierto un horizonte por explorar y de alguna manera por construir. Existe la tentación de mirar atrás para descubrir de nuevo la playa y retornar a la vieja y rutinaria calma. Pero no parece posible ni deseable.

La arquidiócesis de Bogotá, sus fieles y sus pastores, no han sido ajenos a este nuevo rumbo del viento. Hemos cerrado templos y actividades pastorales en un es fuerzo porque el nuevo viento del Espíritu y de la historia no entre a la comunidad creyente. Pero esta fuerza se ha mantenido y sin duda la invitación es a aprender a navegar con estas nuevas corrientes “como de un viento huracanado”. Y un primer aporte de este viento para la arquidiócesis de Bogotá ha sido la llegada del nuevo arzobispo, monseñor Rueda Aparicio, quien, sin pérdida de tiempo, se ha dedicado a visitar a cada uno de los que tienen un remo en la mano, sacerdotes párrocos y sus colaboradores, para conocerlos y animarlos en esta nueva era de la historia. Y se ha alegrado de encontrarlos a todos en sus puestos. Ninguno se ha ido, ninguno ha abandonado a sus ovejas, ninguno ha dejado de ser sacerdote en todo sentido. Pese a la fuerza del viento, la nave luce sólida, con personal suficiente para navegar y con reservas de esperanza muy grandes en sus bodegas, que son las de la fe.

Y a medida que avanza la travesía por este mar de la historia, se han ensaya do nuevos instrumentos de navegación. Con insospechada velocidad obispos y sacerdotes, sin abandonar los remos asignados, tienen disponibles instrumentos digitales, canales muy variados de comunicación, han abierto nuevas puertas a la embarcación para que los pobres puedan asomarse a ella en busca de lo necesario para sobreaguar en este tiempo difícil. Y con un entusiasmo renovado ha vuel to a resonar con más fuerza la Palabra de Dios por todos los medios, han vuelto las cartas pastorales, la Arquidiócesis se ha encontrado en asambleas virtuales, las campañas de solidaridad entre parroquias se han fortalecido. Es como si el primer gran fruto de este nuevo viento del Espíritu fuera el fortalecimiento del sentido de fraternidad que debe vivirse siempre en la Iglesia. O, dicho de otra manera, el senti do de unidad y comunión pues todos estamos en la misma barca, según lo anotó el papa Francisco en su oración en la plaza de San Pedro al inicio de esta nueva época de la humanidad.

Ahora, corriendo el mes de septiembre del año 2020, se nos ha invitado a subir de nuevo a cubierta a contemplar el sol y las estrellas, la inmensidad del mar y lo ilimi tado del horizonte. Se han perdido de vista viejos puntos de referencia y seguridad. Ha sido necesario botar cargas inútiles que hacían lento y pesado el navegar de la nave de Cristo. Es como si llegáramos a un mundo nuevo. Pero lo interesante, como se podrá constatar en la presente edición de Fraternidad, es confirmar toda la ac tividad que sigue dándose en la arquidiócesis de Bogotá. Innumerables propuestas pastorales, iniciativas digitales desde casi todas las parroquias de la ciudad, semanas con toda clase de propósitos, redes muy fuertes de solidaridad inter-parroquial, esfuerzos creativos para llegar con todos los bienes de la gracia divina a las comuni dades, etc. Después de los temores primeros por el cambio de los vientos, estamos entrando en la etapa de reflexionar hacia dónde nos lleva el nuevo soplo del Espíritu y comenzamos a sentir el gusto por una vida de Iglesia nueva, una pastoral distinta, un modo de ejercer el sacerdocio más creativo, unos retos que están llamando a escena lo mejor de cada obispo y sacerdote de la arquidiócesis de Bogotá. Alegré monos de haber recibido de Dios esta oportunidad de escribir una nueva historia para una tierra y unos cielos nuevos.

Editorial
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Un nuevo arzobispo en tiempos de pandemia y cuarentena

Posesión canónica del arzobispo Rueda Aparicio en la Sede Metropolitana de Bogotá

Corría el año 2020. Ya desde hacía casi tres meses, a causa de una pande mia y por una cuarentena estricta de cretada por el Gobierno Nacional, los templos de la Iglesia estaban cerrados y sin celebraciones. Esta situación ha bía comenzado exactamente el 18 de marzo. Sin embargo, el día 11 de junio, se volvería abrir momentáneamente la Catedral de la arquidiócesis de Bogotá para permitir el ingreso del cuadra gésimo primer arzobispo, señor Luis José Rueda Aparicio.

Aquel día, a las 9:45 de la mañana, cuatro sacerdotes del Colegio de Con sultores, caminaron pausada y orde nadamente por el atrio de la Catedral hasta el Palacio Cardenalicio, sito en el número 10-20 de la carrera Séptima. Ellos eran los padres Rafael Cotri no, párroco de Santa Marta y Vicario Administrativo de la arquidiócesis de Bogotá, Germán Medina, vicario epis copal de San Pedro, Daniel Delgado, vicario episcopal de Cristo Sacerdote y Rafael De Brigard, párroco de Cris to Rey. La plaza estaba prácticamente vacía a causa de la cuarentena, aunque un grupo de profesores se había con gregado para arengarse a sí mismo en contra del Gobierno Nacional. Pero la plaza lucía imponente y sólida por la abundancia de piedra en los edificios que la circundan, a saber, el Capitolio Nacional, el Palacio de Justicia, la Al caldía de Bogotá, la Catedral Primada, la Capilla del Sagrario y el Palacio Ar zobispal. Como queriendo participar de este pétreo y armónico conjunto, en la esquina suroriental se asoma tímido el Colegio Nacional de San Bartolomé. El clima era sereno y amable.

Los cuatro sacerdotes, ya revestidos con los ornamentos de la santa misa,

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entraron solemnemente al Palacio Cardenalicio y allí, solo, en el vestí bulo, los esperaba el Prelado. Vestía su traje color morado. Apenas tuvo cerca al grupo de levitas pidió de ellos la bendición y después él los bendijo. Emprendieron camino de regreso a la Catedral. Encabezaron la marcha los sacerdotes Medina y Delgado. Los se guía el arzobispo. Cerraban la marcha los padres Cotrino y De Brigard. Los rostros de todos eran serios, adustos, como quienes comienzan a sentir la importancia y la gravedad de cada paso que van dando sobre el atrio catedralicio. Caminaron en silencio. Al llegar a la puerta del templo santo, el cura párroco, Jorge Marín, presentó al Prelado la cruz para que la besara. Con devoción, el futuro primado la besó y la contempló. Luego le fue pre sentada el agua bendita y con un gran de hisopo roció a los circundantes, que eran pocos. Y se inició la marcha hacia el fondo del magnífico edificio, que lucía como una novia engalanada para la llegada de su futuro esposo. El órgano comenzó a emitir sus so nidos únicos e inconfundibles bajo el desempeño del maestro Mario Fer nando López y acompañado por el te nor Nivaldo Guinche.

La pequeña procesión se detuvo ante el barandal del presbiterio e hizo profunda reverencia. Los sacerdotes condujeron al Prelado, a mano dere cha, hasta la capilla lateral de Santa Isabel de Hungría, patrona de la ar quidiócesis de Bogotá. En aquel be llo nicho del templo, el señor Rueda Aparicio se encontró con quien hasta ese momento era el pastor propio de la arquidiócesis de Bogotá, el Carde nal de la Santa Iglesia Romana, Rubén Salazar Gómez. Junto a él, sus obispos auxiliares, señores Salamanca Man tilla y Alí Herrera. Y, para presidir el inicio de la ceremonia se encontraba también el nuncio apostólico del papa Francisco, arzobispo Mariano Monte mayor, de patria argentina. Encuentro de profundo sentido de fe y de Iglesia. Y se recogieron un largo momento en oración. Los sacerdotes, guardaban respetuosa y devota distancia.

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A los pocos minutos, el ceremonie ro para la ocasión, sacerdote Wilson Cobaleda, indicó que se debía iniciar la celebración. Se dio paso, entonces, a una corta procesión encabezada por la cruz procesional y los ciriales. No ha bía tampoco seminaristas. Entonces, la cruz y los ciriales estaban en manos de sacerdotes, entre los cuales el padre Eugenio Fernández, asistente personal del arzobispo Salazar. El órgano, vol vió a tomar la iniciativa y, junto con el cantante, recordó una y otra vez: “un solo Señor, una sola fe…”. Llegado al presbiterio este pequeño grupo de prelados, cinco en total, besó el altar y se dirigió cada uno al lugar asignado. A la sede episcopal se dirigió, subiendo varios escalones, el arzobispo Monte mayor, llevando en su mano un báculo en forma de cruz y con el Cristo clava do en él. A su derecha, aunque sobre el pavimento de la Catedral, se situó el cardenal Salazar Gómez y a su lado el obispo auxiliar Luis Manuel Alí. Fren te a estos dos prelados, se situaron, el arzobispo Rueda Aparicio y el obispo auxiliar Pedro Salamanca. Para ayudar a quien estuviera en la sede se encon traba el diácono Gonzalo Sandoval y el párroco de la Catedral, padre Marín. A los costados del presbiterio se situa ron los sacerdotes concelebrantes, que no eran más de diez.

“En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo…” entonó el Nun cio Apostólico. Luego pidió al padre Canciller del Arzobispado leer la bula papal que contenía el nombramiento del nuevo arzobispo. Así se hizo desde el púlpito, no sin antes haber exhibido el pergamino a la pequeña asamblea. Terminada la exposición del ponti ficio documento, el Nuncio Apostó lico pronunció un amplio discurso. Al concluir sus palabras descendió ce remonialmente, se dirigió al elegido como nuevo pastor de la iglesia pri mada y después de algunas palabras en voz baja, le hizo entrega del bácu lo, signo propio del pastor. El señor Rueda Aparicio lo tomó en sus ma nos y fue acompañado por su herma no arzobispo hasta la cátedra y tomo

posesión de ella, sentándose allí. El Nuncio, entonces, se dirigió a tomar el puesto que hasta ese momento ha bía ocupado quien ahora era pastor propio de la arquidiócesis de Bogotá. En seguida, tomó la palabra el carde nal Rubén Salazar para dar la bienve nida a quien sería su sucesor por los años que Dios dispusiera. Después, uno por uno, los prelados se acercaron a la sede del nuevo arzobispo, e hicie ron una leve venia de reconocimiento a su persona. Desde una mayor distan cia, lo propio hicieron los presbíteros concelebrantes.

El ambiente ya estaba cargado de emoción y alegría. El órgano de nue vo invitó a cantar el himno del Gloria

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y así se hizo. Y siguió la oración y si guieron las lecturas de la memoria de San Bernabé, que se celebraba preci samente aquel día gozoso. El Salmo se cantó con majestuosidad. El diácono proclamó el Evangelio. Y quien había tomado ya posesión de la sede episco pal pronunció una detallada homilía, llena de gratitud a su antecesor, de reconocimiento a la historia de esta iglesia local con más de 450 años de caminar evangelizando estas cumbres andinas, aunque al inicio se extendía desde la costa Caribe y hasta la ve cina Venezuela, recordó el entrante prelado. Pensamientos añadió sobre cómo quería desempeñarse y hacer presencia entre el pueblo de Dios que habita Bogotá y sus bellos municipios de oriente, los cuales mencionó con nombre propio. Todos tenían los ojos fijos en él. Y, después, continuó la san ta misa, en su ritmo habitual, pero con la sensación profunda de que Dios es taba regalando a su Iglesia un nuevo pastor y que la seguiría orientando por las verdes praderas de la fe y la espe ranza.

La Catedral ya no se sentía vacía. En esta ceremonia bella, sobria, se ria, donde los hombres no eran los protagonistas, sino Dios, es decir, en una liturgia verdaderamente católica, el ambiente se llenó de su presencia y de su luz. De ello daban testimonio las majestuosas lámparas del recinto sagrado, así como las pequeñas velas que, en cada columna, brillaban como estrellas en el firmamento de la fe. Y con no menos brillo lucían los mag níficos cirios del altar, enclavados en ciriales gigantes de plata, que hacían juego perfecto con el frente del altar. Detrás de ellos, unos frondosos flore ros recordaban que era un día de fies ta. Y al fondo del templo, la imagen de la Virgen del Topo, rodeada de luces cálidas, parecía extender su manto protector sobre todos los que parti cipaban en la función litúrgica. Todo lucía espléndido. Además, la iglesia catedral había sido dotada reciente mente, gracias a la iniciativa del padre

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Marín, con los escudos episcopales de los últimos arzobispos, finamente ta llados en madera y cubiertos con lámi na de oro. Sobre la sede episcopal ya lucía el del arzobispo Rueda Aparicio. Una catedral con su obispo luce como un matrimonio indisoluble, un signo elocuente de Iglesia viva, el corazón palpitante de una diócesis. Y fueron testigos también de esta entronización algunos familiares del nuevo arzobis po, lo mismo que unas religiosas, las que velan continuamente el Santísimo Sacramento, en la Capilla del Sagrario, adjunta a la iglesia catedral.

Al final, del órgano brotó el “Salve Regina…” Todos permanecieron en sus puestos, alabando a la Santa Madre de Dios, que ha acompañado a la Igle sia de Bogotá desde sus comienzos, asomándose desde la Peña y desde el cerro de Guadalupe. Después, se pro cesionó serenamente hasta la sacristía de la Catedral, bellamente engalanada con los retratos de muchos de sus ar zobispos. Y un sonoro aplauso, como era de rigor, sirvió para hacer más visi ble la emoción por este paso, otro paso más, que la arquidiócesis de Bogotá daba en la historia de salvación que Dios ha venido escribiendo en estas cumbres andinas. Y que de todo quede constancia. El Canciller del arzobispa do abrió un grande y amplio libro y pidió a los prelados y a los sacerdotes del Colegio de Consultores rubricar el texto que daba fe de lo que había su cedido en la hora previa. Lo cerró con cuidado y sin pronunciar palabra, se rio y conspicuo, se retiró, como quien huye, para depositarlo en los anaque les de la historia de la sede episcopal de Bogotá. Así, a la edad de 58 años, Luis José Rueda Aparicio, nacido en la noble población de San Gil, en las bravas tierras de Santander, inició su tarea de obispo en la ciudad de Bogo tá. Aunque nadie me pidió que dejara constancia del hecho, la dejo para que la obra de Dios sea vista por los hom bres y den gloria a su Padre Celestial.

Padre Rafael de Brigard Merchán Junio 12 de 2020

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Detrás del pastor

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"Al llegar y ver la acción de la gracia de dios, se alegró mucho” (Hch 11, 23)

Homilía en la posesión canónica Arquidiócesis de Bogotá

Señor Cardenal: Rubén Salazar Gómez

Señor Cardenal: Pedro Rubiano Sáenz

Señor Nuncio Apostólico en Colombia: Luis Mariano Mon temayor

Señores Obispo de la Provincia Eclesiástica de Bogotá

Señores Obispo auxiliares de la Arquidiócesis de Bogotá:

Pedro Manuel Salamanca Mantilla

Luis Manuel Alí Herrera

Señores miembros del Colegio de Consultores, Señor Can ciller de la Arquidiócesis de Bogotá, Canónigos del Capítulo Catedral de Bogotá, Reverendo Párroco de la Catedral.

Queridos hermanos y hermanas que nos acompañan física mente en esta Iglesia Catedral Primada.

Queridos sacerdotes, Diáconos permanentes, seminaristas, religiosos, religiosas, miembros de los grupos apostólicos y fieles que nos siguen por los medios de comunicación y por las redes sociales.

Autoridades civiles, militares y de policía:

A todos Ustedes y a todas las personas de buena voluntad a quienes les llega esta señal, quiero darles un saludo fraterno y cercano en esta celebración eucarística, al inicio de mi servicio pastoral en la Arquidiócesis de Bogotá.

Hoy la liturgia nos invita a celebrar la memoria de San Bernabé, un judío procedente de la diáspora, que fue pron tamente asociado al número de los Apóstoles y cuyo nombre se incluyó en el canon romano de la Santa Misa. En esta celebración la Palabra de Dios, nos está mostrando una ruta para la Iglesia en general, y en concreto para la Iglesia que peregrina en la Arquidiócesis de Bogotá:

1 La persona de San Bernabé, modelo para la Iglesia y para el creyente

a. Misionero enviado por la Iglesia. Es la Iglesia la que envía al misionero, su servicio tiene la fuerza de la comunidad. Este envío eclesial supera cualquier ten tación de liderazgo individual, porque con Bernabé,

es la Iglesia misma la que se pone en camino hacia el mundo. La Iglesia de Jerusalén lo envía a Antioquía y luego la Iglesia de Antioquía lo enviará al mundo entero. En nuestro tiempo hombres y mujeres somos enviados a testimoniar el Evangelio en la sociedad. Nos urge reto mar con alegría, cada día y en cada momento, el ardor de la espiritualidad de comunión misionera, la pasión evangelizadora, “quienes se dejan salvar por el Señor son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría (EG 1).

b. Creer en el otro y buscar al que se ha ido. La figura de Bernabé es un maravilloso testimonio de fraternidad y confianza. Bernabé confió en Pablo, salió a Tarso en su búsqueda, lo presentó a la Iglesia de Jerusalén y fue garante de su vida nueva, de su genuina conversión. También hoy el Señor nos pide buscar a los alejados, acercarnos a los que se han ido, acompañar a los que están solos, ayudar a los que se han equivocado, perdonar a los que nos han hecho daño. Creer en el otro, así como Dios ha creído y cree en cada uno de nosotros, a pesar de nuestras fragilidades e incoherencias. Eso es lo que han hecho tantos Bernabés que han pasado por nuestra vida. Es una bendición poder ser Bernabé para otros. Eso es amar como Dios nos ama, sin ninguna discriminación, ni de raza, ni de género, ni de condición social.

c. Hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe. Son tres cualidades que manifiesta el texto de los Hechos (Hch 11, 24). Necesitamos dejarnos llenar de Espíritu Santo para que nuestra fe se haga viva y operante, para que nuestra bon dad se manifieste, para que podamos ser sacramento de Dios en el mundo. El Señor necesita de nuestras manos, de nuestra inteligencia, de nuestro ser para que su amor se haga visible en un momento tan difícil como el que viven el mundo y nuestra nación. Dios nos permita ser misioneros al estilo de Bernabé.

2. “Al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró mucho”

Bernabé, enviado por la Iglesia de Jerusalén, “al llegar a Antioquía vio la acción del Espíritu Santo”. El apóstol encon tró una comunidad eclesial viva y pujante; vio la acción de la Gracia de Dios y se alegró mucho” (Hch 11, 23).

Hoy contemplo con gratitud la obra de Dios realizada en estos 456 años de historia de la Iglesia de Bogotá. Es la certeza de que otros han arado el terreno, han sembrado la buena semilla del Evangelio, han abonado y cultivado esta viña del Señor, desde su nacimiento como Iglesia particular, al trasladar la sede episcopal de Santa Marta a Santafé y al nombrar su primer Obispo, Don Fray Juan de los Barrios, OFM. Contemplo una línea apostólica de 40 señores Arzobispos, servidores de la Iglesia y de la sociedad, sobresalientes por celo pastoral y por su santidad, como el Siervo de Dios, Monseñor Ismael Perdomo.

Todos ellos han entregado generosamente su vida en este servicio. Pensemos que por más de dos siglos, la Arquidió cesis cobijó más de la mitad del territorio nacional y buena

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parte de Venezuela, hasta 1778 cuando Pío VI creó las diócesis de Mérida y de Maracaibo. Pensemos también en la compleja pero importantísima relación con la autoridad civil, sea en las épocas del patronato o en los difíciles años de la naciente República, que exigió toda la sabiduría y que costó tantos sufri mientos a Monseñor Fernando Caycedo y Flórez y a Monseñor José Manuel Mosquera. Pensemos en los dones y carismas de la vida religiosa, que ha regalado 14 arzobispos a esta Iglesia particular. Recordemos la singular misión que correspondió a cada uno en su peculiar momento, como fue la visión social del Cardenal Crisanto Luque, el difícil proceso de renovación conciliar afrontado por el Cardenal Luis Concha Córdoba, la estructura pastoral que le dio a la Arquidiócesis el Cardenal Aníbal Muñoz Duque, la dinámica sinodal del Cardenal Mario Revollo Bravo, la creación de las diócesis urbanas que impulsó el Cardenal Pedro Rubiano Sáenz.

Hoy de un modo muy especial, alabo y bendigo a Dios, por la sabiduría misionera y la audacia evangelizadora de Su Emi nencia el Señor Cardenal Rubén Salazar Gómez. En verdad me llena de alegría recibir una Iglesia bien estructurada, un plan de Evangelización en plena marcha, con unos organis mos evangelizadores bien articulados, dos Seminarios que se distinguen por la calidad de sus procesos, 554 presbíteros, un clero bien formado, fraterno y disponible, muchos de ellos, ayer y hoy, con olor de santidad, entre los que destaca el Venerable Padre Rafael Almanza. Diáconos permanentes admirables en su calidad y cantidad, una numerosa y cua lificada vida religiosa, 297 parroquias vivas y dinámicas que constituyen una red de evangelización encarnada en la realidad, un laicado formado y comprometido, diversidad de movimientos apostólicos, el gran aporte a la ciudad del SEAB Sistema Educativo, y una dimensión social de la evangeliza ción que hace visible la caridad de Cristo, como lo manifiesta durante esta pandemia la admirable labor del Banco Arqui diocesano de Alimentos.

Es la historia salvífica de una Iglesia viva que ha tejido desde Bogotá, con hilos de vida cristiana y desarrollo humano inte gral, el progreso de la ciudad capital y de la nación entera, en un camino custodiado por la gracia de Dios, bajo el patrocinio de Santa Isabel de Hungría, en la presencia del Señor de Mon serrate y con el amor maternal de la Santísima Virgen María en la Sagrada Familia de la Peña.

Con la alegría que hay en mi alma sacerdotal y con senti mientos de gratitud con mi familia y con todas las personas que la providencia divina ha puesto en mi camino, quiero dirigirme a todos, para manifestarles mi entera disposición como servidor del Evangelio. Un día el Señor me llamó a salir de las hermosas tierras santandereanas para servir como Obispo en Montelíbano en Córdoba, y después de un corto pero inolvidable tiempo en Popayán, pues no puedo ocultar que llevo al Cauca en el corazón.

El Señor me ha traído a esta Sede Primada a donde vengo a caminar con ustedes, vengo a orar con ustedes, vengo a evan gelizar con ustedes y, cuando Dios me conceda esa gracia, vengo a morir con ustedes.

Como lo ha manifestado el Señor Nuncio no estoy solo, cuento con mis hermanos obispos de Colombia, con quienes

comparto la misión Apostólica, de manera especial los de nuestra provincia eclesiástica que son mis hermanos obispos de Facatativá, de Girardot, de Zipaquirá; de las dió cesis urbanas, de manera especial de la diócesis Engativá, Fontibón, Soacha y el obispado castrense; juntos oramos y trabajamos para que el reino de Dios se haga visible en la Iglesia Universal y en la Iglesia que peregrina en esta ciudad región. Y cuento con usted querido monseñor Luis Mariano Montemayor, porque usted hace presente al papa Francisco en Colombia y aquí en Bogotá y en las regiones porque lo hemos conocido caminando el país, llevando una semilla de esperanza, conociendo con sensibilidad de pastor la historia de nuestro país; por favor Señor Nuncio, no se canse de orar por mí.

Al Señor Presidente de la República, Iván Duque Márquez, a los miembros del Congreso y las Altas Cortes, al Señor Gobernador de Cundinamarca, Nicolás García; a la Señora Alcaldesa de Bogotá Claudia López Hernández, a los seño res alcaldes de La Calera, Choachí, Fómeque, Chipaque, Guayabetal, Gutiérrez, Fosca, Quetame y Une y a todas las autoridades civiles y militares y de policía; a los líderes sociales, a los servidores de la salud, a los docentes, a los medios de comunicación, a todos los que trabajan por el bien común les manifiesto mi disposición para que aune mos fuerzas, porque tengamos fuentes de encuentro para construir una sociedad más justa y fraterna y para que tra bajemos unidos por la reconciliación y la paz de Colombia.

3. Juntos para evangelizar

En la memoria de San Bernabé, se nos propone un frag mento del capítulo 10 del evangelio de San Mateo, allí Jesús nuestro Señor, nos invita a trabajar juntos en la Arquidió cesis de Bogotá en cuatro dimensiones fundamentales: Anunciar la Palabra de Dios, celebrar a Jesucristo, vivir la alegría de la fraternidad y construir el Reino.

Anunciemos la Palabra de Dios que crea y es fuente de alegría misionera:

En la Iglesia, Pueblo de Dios, todos los bautizados tenemos la hermosa misión de ser servidores de la Palabra revelada, de la que surge la misión de la Iglesia, como lo enseña el Papa Benedicto XVI:

“El anuncio de la Palabra crea comunión y es fuente de ale gría (Papa Benedicto XVI, Exhortación VerbumDomini123).

Hoy, como Iglesia, comunicamos la verdadera alegría en medio de esta emergencia sanitaria de la ciudad y del mundo entero, para consolar al enfermo y a su familia, para animar a los que han perdido un ser querido, para fortalecer al que se fatiga y no encuentra el camino. Comu nicamos la fuerza vivificante de la Palabra: “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de los tiempos” (Mt28,20). Comunicamos una Palabra eficaz que llena de esperanza: “Espera en el Señor, se valiente, ten ánimo, espera en el Señor” (Sal 126). Anunciar el Evangelio con el testimonio de vida y con el anuncio explícito, es evangelizar, y evan gelizar es la misión de la Iglesia (EN 14). ¡Ay de nosotros en la Arquidiócesis de Bogotá, si no evangelizamos! (l Cor9,6).

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Celebremos la presencia viva de Jesucristo manantial de alegría y esperanza

La centralidad de la dimensión litúrgica produce en el Pueblo de Dios, la actitud contemplativa en medio del trabajo, el equilibrio entre acción y celebración: “La Santísima Eucaristía es el don que Jesucristo hace de sí mismo, revelándonos el amor infinito de Dios por cada hombre. En este admirable Sacramento se manifiesta el amor «más grande», aquel que impulsa a «dar la vida por los propios amigos» (Jn 15,13). En efecto, Jesús «los amó hasta el extremo» (Jn 13,1). Con esta expresión, el evange lista presenta el gesto de infinita humildad de Jesús: antes de morir por nosotros en la cruz, ciñéndose una toalla, lava los pies a sus discípulos. Del mismo modo, en el Sacramento eucarístico Jesús sigue amándonos «hasta el extremo», hasta el don de su cuerpo y de su sangre”. Así nos enseña el Papa Benedicto XVI (Se 1).

Esperamos con ansia la reapertura de los templos. Con todos los protocolos, ciertamente. Pero es urgente que nuestros fieles y comunidades puedan beneficiarse de esos pulmones espirituales que son los lugares consagrados. La liturgia de la Iglesia es una acción misionera sacramental tan poderosa que nos lleva de la división y la beligerancia al respeto de las diversidades, a la comunión de corazón, hace realidad las palabras del Maestro en la “oración sacerdotal”: “que todos sean uno para que el mundo crea” (Jn 17, 21). La pandemia ha hecho multiplicar la creatividad celebrativa en las redes sociales, pero eso no basta. ¡Necesitamos cele brar en los templos! Celebraremos con gratitud el aconte cimiento de una nueva oportunidad de vida, celebraremos la alegría del Dios con nosotros, celebraremos cantando “Señor has cambiado nuestro luto en danza/ nos quitaste el sayal y nos has vestido de fiesta (Sal 30/12).

Vivamos la alegría en el servicio fraterno

El servicio fraterno es una diaconía de todo el Pueblo de Dios, que nos llena de alegría cuando podemos curar las heridas del cuerpo, y avanzar hasta curar las heridas pro ducidas por el pecado personal y social. Esa espiritualidad de la diaconía que nos impulsa a custodiar el santuario de la familia, el santuario del trabajo, el santuario de la creación, es lo que debe identificar a la Iglesia de Bogotá, tal como lo propone el “nuevo ritmo” de nuestro Plan de Evangelización cuando afirma: “Este es el sentido profundo de la Iglesia Samaritana que desde el Sínodo Arquidiocesano nos senti mos llamados a ser:

Una Iglesia que en su relación con la humanidad/ adopta una actitud de búsqueda/ salida y encuentro; una Iglesia que se hace solidaria de todo lo que acontece en la humani dad ...” (Plan E/ Nuevo Ritmo No. 86)

Construyamos el Reino con fe y confianza

La alegría misionera tiene cruz y tiene dificultades, aunque algunos pretenden una evangelización angelical, una Igle sia celestial, un presbiterio de ángeles, unas parroquias sin cruces, sin desafíos y sin sufrimientos. La alegría misionera

que es un fruto del Espíritu Santo, no nos saca del mundo, pero sí nos preserva del maligno que nos vuelve melancóli cos, pesimistas, escrupulosos y hasta indiferentes.

No predicamos una teología de la prosperidad sino una espiritualidad de la fraternidad y de la esperanza.

Volvamos a San Bernabé y nos encontraremos con un santo misionero con dificultades, pues, de hecho, tuvo problemas incluso con san Pablo y por eso surgió una discordia al inicio del segundo viaje apostólico (cf. Hch 13, 13; 15, 36-40). Pero es que “la santidad no consiste en no equivocarse o no pecar nunca. La santidad crece con la capacidad de conversión, de arrepentimiento, de disponibilidad para volver a comenzar, y sobre todo con la capacidad de reconciliación y de perdón” (Papa Benedicto XVI, 31 enero 2007).

Con Bernabé nos alegramos por los signos del Evangelio que se viven en la ciudad. Pero también con él, nos llenamos de fe y confianza en el Señor para construir Su Reino en esta Arquidiócesis, en esta Iglesia en camino que peregrina en Bogotá y en el oriente de Cundinamarca. Su “Nuevo Ritmo” nos invita a vivir “juntos para evangelizar”, lo cual requiere promover y asumir una renovada espiritualidad misionera y sinodal en los niños, jóvenes, adultos y ancianos, en la Vida Consagrada y en los ministros de la Iglesia. (Plan E Nuevo Ritmo 2019 - 2022).

Y esto debemos hacerlo con la pasión que nos señala y des cribe el Papa Francisco: “La misión es una pasión por Jesús, pero al mismo tiempo, una pasión por su pueblo” (EG 268). Sirvamos, queridos hermanos al Reino de Dios y sirvamos a nuestro pueblo. Pero hagámoslo con pasión. ¡Con pasión evangelizadora!

Termino poniendo mi vida, en el corazón limpio y puro de la Siempre Virgen María, Madre de Cristo y Madre de la Iglesia, recordando que la alegría de la Santísima Virgen María es Dios mismo, es la obra de Dios en la humanidad renovada, recreada, santificada.

Nos unimos con el Papa Francisco, en una oración confiada a la Santísima Virgen María, como Pueblo de Dios en camino, portador de esperanza y alegría:

Virgen y Madre María, Estrella de la nueva evangelización, ayúdanos a resplandecer en el testimonio de la comunión, del servicio, de la fe ardiente y generosa, de la justicia y el amor a los pobres, para que la alegría del Evangelio llegue hasta los confines de la tierra y ninguna periferia se prive de su luz. Madre del Evangelio viviente, manantial de alegría para los pequeños, ruega por nosotros.

Amén. Aleluya.

+ Luis José Rueda Aparicio Arzobispo de Bogotá 11 de junio de 2020

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Lo importante será el gusto que tendremos de comunicar de un modo amplio y novedoso mucho de lo que hemos pensado, elaborado y practicado en la Iglesia durante años.

Comunicar

“Todos los hijos de la Iglesia, de común acuerdo, tienen que procurar que los medios de comunica ción social, sin ninguna demora y con el máximo empeño, se utilicen eficazmente en las múltiples obras de apostolado, según lo exijan las circuns tancias de tiempo y lugar, anticipándose así a las iniciativas perjudiciales, sobre todo en aquellas regiones cuyo progreso moral y religioso exige una atención más diligente. Por consiguiente, apresú rense los sagrados Pastores a cumplir su misión, ligada estrechamente en este campo al deber ordinario de la predicación; también los laicos que participan en el uso de estos medios tienen que esforzarse por dar testimonio de Cristo, en primer lugar, realizando su propia tarea con competencia y espíritu apostólico; es más, prestando por su parte ayuda directa a la acción pastoral de la Iglesia con las posibilidades que brindan la técnica, la econo mía, el arte y la cultura” (IM, 13).

Entre los documentos menos citados del Concilio Vaticano II, figura el Inter mirifica del 4 de diciembre de 1963 sobre los medios de comunicación social. En esta época de confinamiento, en que el encuentro per sonal y eclesial se ha visto seriamente afectado, creo que todos hemos sentido el atraso de nuestras comu nidades parroquiales en el manejo de los medios de comunicación, hoy particularmente dominados por los recursos digitales. Carecemos de plataformas sufi cientes para comunicar nuestro mensaje, aunque nos valemos y confiamos (quizá demasiado) en las amplias redes sociales católicas.

Valdría la pena que incursionáramos un poco más en este mundo de posibilidades casi infinitas, de manera que nos llevara a unas nuevas y más actuales formas de congregarnos y profundizar la fe. Cuando haya pasado la emergencia sanitaria y recobremos nuestras reunio nes presenciales, sería bueno no dejar atrás cuanto he mos podido aprender sobre el mundo de la virtualidad.

Todos hemos explorado un poco y constatado cómo simplifica muchos procesos y desplazamientos y da la posibilidad de transmitir contenidos más consolida dos gracias a la imagen, la escritura y el audio.

Es importante, sí, dejar atrás la autopromoción per sonal de figuras pasajeras y fortalecer el contenido, la comunión y la identidad eclesial. Los medios com portan muchos riesgos debido el excesivo culto a las personas que los guían; y considero que esto afecta de manera particular al clero. No conviene favorecer ministerios aislados al puro vaivén de las audiencias, sino la transmisión viva y comunitaria del Evangelio, con un talante cada vez más participativo y sencillo. En este sentido, los medios virtuales son un valioso espacio para el trabajo y la específica aportación de los laicos, junto con el variado testimonio de los reli giosos, las sociedades apostólicas y los movimientos.

Tendremos que aprender aún mucho de la técnica y las imparables innovaciones (sin caer en la esclavitud del último gadget), pero lo importante será el gusto que tendremos de comunicar de un modo amplio y novedoso mucho de lo que hemos pensado, elaborado y practicado en la Iglesia durante años. Un profundo agradecimiento a los canales que, como Cristovisión y otros, han aportado tanto a la conciencia católica en la ciudad; pero ahora también es la hora de apropiar nos de estos instrumentos tecnológicos útiles en la cotidianidad de la vida parroquial, arciprestal y vica rial. La liturgia no tiene sucedáneos, como tampoco la comunión y la caridad, pero todos estos medios a los que hemos recurrido en estos meses parecen haber llegado para quedarse y darles el mejor uso. Ente en sayos y errores, todos nos hemos valido de este nuevo areópago. Parece interesante seguir avanzando en esta ruta de enriquecedores intercambios, conocimientos y profecía, en la cual parecíamos estar rezagados. Dios dirá.

Fraternidad, una revista para el clero de la arquidiócesis de Bogotá - 11

Martín Gil ■ Presbítero ■ Párroco en Santa Gema Galgani

Notas arquidiocesanas

Primer Concurso Iberoamericano de Cuentos Laudatosi’

Todos pueden convertirse en comunicadores de un mundo mejor

En el marco de la conmemoración del Año Laudato si’, se ha anunciado el lanzamiento del Primer Concurso Iberoamericano de Cuentos Laudato si’

Esta iniciativa internacional, que lleva por título “Soñemos nuestra Casa Co mún”, busca despertar un mayor interés por la Encíclica del papa Francisco sobre el cuidado de la Casa Común y ha sido organizada por la Escuela de Contemplación Salmos, Religión Digital, la Coordinación para el Cuidado de la Casa Común, Red Contemplar y el Movimiento Católico Mundial por el Clima.

El anuncio del certamen se produjo el pasado 15 de julio, fiesta de san Buena ventura, por su simbolismo de “amor por la creación”, según los organizadores.

Texto, audio y video

Las bases del concurso serán divulgadas más adelante, en un foro en la ciu dad de Madrid, España, y en la respectiva página web; sin embargo los orga nizadores adelantaron que la competencia estará dirigida a niños, jóvenes y adultos; también que tendrá modalidades novedosas, pues no será únicamente texto, además tendrá las variedades de audio y video.

“Sabemos que la narrativa no solo manifiesta la creatividad del escritor, sino que, a su vez, conecta al lector con una variedad de mundos y posibilidades; eso es lo que necesitamos estimular para este mundo pospandemia, con la vena creativa de todos”, declaró el sacerdote y periodista colombiano Ricardo Mo reno Holguín de la Escuela de Contemplación Salmos, principal gestor de este concurso.

El sueño de una casa común

Por su parte, José Manuel Vidal, director del portal Religión Digital, manifes tó que esta actividad constituye una oportunidad para “todos los que creen que pueden aportar algo en el sueño de una casa común habitable, por medio de sus escritos, audios o videos”.

Joven, la clave eres tú

Este fue el lema del Festival Juvenil realizado entre el 21 y el 23 de agosto, organizado por la Coordinación para la Evangelización de la Juventud de la Arquidiócesis.

En los tres días de festival participaron miembros de parroquias, comunida des y grupos juveniles, movimientos laicales, colectivos culturales y artís ticos y ministerios de denominaciones no católicas, entre otros.

El principal objetivo de este espacio juvenil fue propiciar, dentro del marco del proyecto Puente J, la manifesta ción cultural y artística de los jóvenes en la Arquidiócesis, creando espacios de encuentro y diálogo de la Iglesia con la Juventud y reconociendo el valor de su actuar dentro de la Iglesia y la sociedad.

Durante los tres días hubo momentos de oración, de reflexión, culturales, musicales, de alabanza y, por su puesto, la sagrada eucaristía cerrando el festival, presidida por monseñor Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y primado de Colombia, en el Santuario de Nuestra Señora de la Peña. Allí el Arzobispo agradeció a todos los jóvenes por realizar el festival: “Queridos jóvenes, sé que han estado tres días en este festival de Puente J; agradezco a todos los que con su aporte, con un servicio, con un tra bajo técnico, con la preparación de un detalle, se han convertido en puente para que este festival llegue hoy a feliz término”.

Así mismo, al finalizar la eucaristía, el padre Andrés Pérez, coordinador arquidiocesano para la Evangeliza ción de la Juventud, agradeció a todos los que hicieron realidad el festival: “Quiero agradecer de manera sencilla a todos los que han hecho posible este primer festival de la juventud: Joven la clave eres tú, a todo el equipo arquidio cesano, a los delegados de cada una de las ocho Vicarías y por su puesto a mis hermanos sacerdotes que comparten esta tarea en la pastoral juvenil”.

Fueron más de 15 mil personas las que se unieron a los tres días de Festival de la Juventud: Joven, la clave eres tú, en las diferentes redes sociales de la arquidiócesis de Bogotá.

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Notas arquidiocesanas

Reunión de la Provincia Eclesiástica en el Palacio Arzobispal

Convocados por el arzobispo de Bo gotá, monseñor Luis José Rueda Aparicio, los obispos de la Provincia Eclesiástica se reunieron en el Palacio Arzobispal para compartir experien cias y aunar esfuerzos durante esta esta etapa especial y retadora para la Iglesia, la sociedad y el mundo.

Los obispos de las diócesis urbanas de Soacha, Daniel Falla; Fontibón, Juan Vicente Córdoba y Engativá, Fran cisco Nieto; el exarca maronita, Fadi Abou Chebel; los obispos de Girardot, Jaime Muñoz Pedroza y Zipaquirá, Héctor Cubillos. El obispo castrense, Fabio Suescún Mutis y los obispos au xiliares de la ciudad, Pedro Salamanca y Luis Manuel Alí se hicieron presen tes en esta reunión pastoral.

Bogotá, y su zona de influencia con sus problemas pastorales –templos cerrados y crisis financiera-, sociales, económicos, de salud especialmente, fueron los temas desarrollados por los obispos presentes.

El tema social y económico de los fie les afectados por problemas de des empleo, violencia, inseguridad y, por supuesto, salud estuvieron sobre la mesa como preocupación funda mental de estos pastores, que además hablaron también sobre la incierta reapertura de los templos y la imple mentación de los protocolos de biose guridad.

Los obispos de Soacha, monseñor Daniel Falla y de Fontibón, monseñor Juan Vicente Córdoba, hablaron con Fraternidad. Monseñor Falla se refirió a los problemas sociales de su diócesis, en la que todos pertenecen a estratos del 0 al 3 y el desempleo, el hambre y la violencia aumentan día a día. Tam bién de cómo el Banco de Alimentos ha sido un apoyo fundamental, incluso para poder llevar el pan diario a los pá rrocos, que comparten las necesidades económicas con sus fieles.

Monseñor Córdoba, dijo que su dió cesis tiene en Ciudad Kennedy uno de los sitios de más alto contagio y el 80 % de sus parroquias. Uno los párrocos, el padre Humberto Fuentes, se conta gió, al parecer en el momento en que repartía mercados a sus fieles. Ya está mejor y en casa luego de más de 20 días en UCI.

Vale recordar qué es una provincia eclesiástica: es una agrupación de diócesis. Consta de una arquidiócesis metropolitana (Bogotá, para este caso) y de cierto número de diócesis, conocidas como sedes sufragáneas, más un Obispado Castrense, el que se encuentra dentro de la Arquidiócesis Metropolitana más antigua y, en este caso especial de Bogotá, un exarcado del rito maronita. El arzobispo de la metrópoli es el metropolitano de la provincia

Fraternidad, una revista para el clero de la arquidiócesis de Bogotá - 13
Iglesia con corazón abierto para llegar a todos lados CONVERSACIONES con monseñor Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá
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La Revista Fraternidad repro duce el diálogo entre el padre Rafael De Brigard, director de la Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones y el Arzo bispo de Bogotá, monseñor Luis José Rueda Aparicio, en los alrededores del Palacio Arzobispal, hecho para el no ticiero Nuevo Rumbo.

Fraternidad (F): En días recientes Su Excelencia se refirió al tema econó mico de la Iglesia; ahora que estuvo en estas parroquias de los barrios más pobres de la ciudad ¿qué encon tró allí en el campo económico?

Arzobispo Rueda Aparicio (ARA): Bueno, la economía es uno de los in dicadores del gran esfuerzo que están haciendo todas las familias, y nuestra feligresía son familias de la informa lidad, del empleo del trabajo… ese factor económico es muy importante tenerlo en cuenta, no porque la igle sia sea una empresa, como cualquier otra empresa sino porque está en el mundo sin ser del mundo y entonces necesita para pagar los servicios, para

pagar la nómina, para el sostenimien to. Pero al lado de eso tenemos que ver también unos signos de fraterni dad enormes de parte de otras parro quias -como la suya- y de parte de la misma arquidiócesis, buscando vivir esa austeridad con solidaridad ayu dándonos unos a otros.

(F): Esto nos pone también en el tema de nuestros famosos templos cerrados y hay una gran inquietud de la feligresía o, un gran deseo de que vuelvan a estar abiertos ¿cómo va ese proceso de preparación de prepararnos para la reapertura de los templos?

(ARA): La Conferencia Episcopal Co lombiana ha estado, en cabeza de mon señor Óscar Urbina y del secretario ge neral monseñor Elkin, trabajando con un equipo de sacerdotes, el padre Jorge Bustamante y otros, en esa relación con la Presidencia de la República, con el Ministerio de Salud y han llegado ya a constituir y armar los protocolos para los templos. Sabemos también, que eso es un gasto. Sobre todo el gasto inicial para implementar en las parroquias los protocolos, pero hemos dado todos los pasos; hemos sido coherentes en el sa crificio por la vida; hemos mantenido

los templos cerrados desde la primera quincena de marzo en todo el país y estamos dispuestos a que cuando el go bierno nos dé luz verde y será diferen cial, dependiendo de la intensidad de la pandemia habrá zonas de la ciudad y del país donde es más fácil la apertura dentro de unos meses. En otras tendre mos que seguir sacrificándonos… pero templo cerrado e iglesia con corazón abierto para llegar a todos lados.

(F): Usted quisiera decirle a los sa cerdotes de la arquidiócesis de Bogo tá, a propósito de esa situación algún criterio, alguna sugerencia mientras volvemos a abrir los templos. ¿Cuál sería la actitud o la línea de acción que usted quisiera sugerirle a los sa cerdotes en estos momentos?

(ARA): Sí, son como tres líneas, para todos los sacerdotes de Bogotá la pri mera es: el Señor, a través de su palabra en san Pablo a Timoteo, le dice cuídese usted mismo y cuide el rebaño. Yo creo que ahí, esa doble vía de cuidado, el sacerdote es un ser humano, el sacer dote se puede enfermar, el sacerdote se puede contagiar; es cierto que estamos dispuestos al sacrificio, pero debemos cuidarnos por pedagogía y por amor a la vida nuestra y de nuestro rebaño. Entonces, primero cuidar y cuando de cimos cuidar es físicamente, es espiri tualmente, es psicológicamente.

Segundo, continuar utilizando los medios virtuales para llegar con la pa labra de Dios, para llegar con la ora ción, con un mensaje de esperanza a todas las casas; y en eso ha habido mu cha creatividad.

Y, tercero, estar muy cerca, muy cerca de todas las situaciones para discernir el momento que está viviendo cada barrio, cada parroquia; discernir la di ficultad, discernir para poder consolar, discernir para poderse ubicar en el ser vicio a esa comunidad y, mientras tan to, vivir en la responsabilidad; cuando el gobierno nacional nos dé las luces, nosotros estaremos también dispuestos a abrir los templos y a ir progresiva mente acercándonos a la normalidad.

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Conversaciones

Conversaciones

(F): Aquí donde estamos, (Plaza de Bolívar de Bogotá) estamos en el co razón del país, la sede de las Cortes, la Alcaldía Mayor, el Congreso, atrás la sede de la Presidencia ¿ya ha podi do tener algún contacto con instan cias de las autoridades nacionales y Distritales?

(ARA): Sí, con el Señor Presidente de la República hemos estado en con tacto, desde el momento del nombra miento tuvo la cortesía, el detalle de comunicarse él y su señora; y hemos podido estar intercambiando tam bién con los altos mandos del Ejército y de la Policía. Con la Alcaldía hemos interactuado, a través de la Secretaría de Salud, y hemos estado en esa sinto nía orando, acompañando, valorando todo el esfuerzo que nuestros gober nantes están haciendo, y buscando que ellos, en la medida de lo posible puedan ser muy cercanos para que puedan servir mejor al bien común.

(F): Hemos visto que ha empezado a hacer unos mensajes vocacionales ¿cuál es su interés y cuál es su preo cupación a nivel vocacional en esta urbe tan grande?

(ARA): La vocación sacerdotal es un misterio; es un misterio del amor de Jesús, que nos llama por misericordia y nos invita. Estamos mandando unas semillitas vocacionales a jóvenes que están en el bachillerato o que ya ter minaron, que están en la universidad o que ya terminaron su carrera dicién doles que el camino del sacerdocio es camino de Cristo y, como decía san Juan Pablo II, “creer en el sacerdocio es creer en el amor en el amor que se vuelve servicio, que se vuelve ministe rio dentro de la Iglesia” y nosotros sa bemos que el llamado debemos hacer lo permanentemente, porque el Señor ha dicho que la mies es abundante y en Bogotá lo es; la mies es abundante y los obreros son pocos, rueguen al dueño de la mies que envíe obreros y eso es lo que estamos haciendo: pedirle con todo el corazón al dueño de la ciudad, al dueño de la mies, al dueño, de la iglesia y del mundo, que envíe obreros que anuncien el reino y la buena noti cia del Evangelio

Del arzobispo de Bogotá

Carta pastoral a las familias

La esperanza nos da un nuevo ritmo

Querida familia, en medio del dolor a causa del acoso de la pandemia, le es cribo esta carta con el anhelo de forta lecer su esperanza, y le propongo que recuerde una frase que le sirve de luz en el camino: “Reza como si todo de pendiera de Dios, trabaja como si todo dependiera de ti” (San Agustín).

Todos somos frágiles

Nos duele el sufrimiento de tantas familias que han vivido el drama del contagio, la incertidumbre provocada por las limitadas posibilidades de atención y la muerte de sus seres que ridos sin posibilidad de despedirlos.

Nos preocupa la realidad de quienes han perdido el empleo y la de tantos sectores de la población que represen tan trabajos informales. Sufrimos con aquellos que viven solos y han tenido que afrontar esta cuarentena más aislados que antes. Nos preocupan los hermanos sin techo, como son las personas en condición de calle, los mi grantes y los desplazados a causa de los conflictos sociales. Nos solidariza mos con los médicos, las enfermeras y todo el personal sanitario, quienes atienden de manera directa el dolor de los enfermos.

Todos nos necesitamos

En esta crisis producida por la pan demia, las personas corren el riesgo de sentirse solas y abandonadas en medio de la tragedia. Lo que podamos aportar para que los otros se sientan acogidos, acompañados, consolados y atendidos, hace parte del ser comuni dad de hermanos, capaces de compar tirlo todo en el amor de Cristo. La peor de las fragilidades es aquella que nos hace indiferentes o egoístas aún en medio de tanto dolor.

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La esperanza nos da un nuevo ritmo

Pensábamos que, con nuestras capaci dades podíamos instaurar un mundo perfecto en la economía, en la cien cia y en la política. Ahora en medio del dolor y de la prueba, necesitamos encontrar la fuente de la esperanza, necesitamos una esperanza con hospi talidad, fraternidad, y solidaridad. Ne cesitamos una gran esperanza que no sea destruida por un virus, que no sea destruida por el miedo. En este sen tido, nos enseña con sabiduría el Papa Benedicto XVI: “Esta gran esperanza sólo puede ser Dios, que abraza el uni verso y que nos puede proponer y dar lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar” (SpeSalvi No. 31).

El nuevo ritmo en la esperanza nos pide actitudes renovadas

Llegó el momento de un nuevo ritmo en la esperanza, capaz de movilizar todas las fuerzas humanas; es bueno que esa esperanza se manifieste, salga y se ponga en camino con pasos vi sibles y concretos: Misericordia, En cuentro, Diálogo y Austeridad.

La misericordia

Hoy estamos llamados a recibir el abrazo misericordioso del Padre, para dejar que Él toque nuestra miseria y nos hospede nuevamente en su cora zón (Lc15). Así podremos manifestar la misericordia recibida del Padre en mi sericordia servida a los hermanos, rea lizando diariamente las obras de amor que estén a nuestro alcance (Mt 25) hasta que ellas se conviertan en el es tilo de vida personal y familiar.

El encuentro

Este es un tiempo propicio para pro mover el encuentro permanente con Cristo (Jn 1 35ss) en la oración, en los sacramentos y en la Palabra: “Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo en

contrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con palabras y obras es nuestro gozo” (Aparecida No. 29). Quien se encuentra con Cristo se encuentra consigo mismo, con los otros, con la creación, y asume el riesgo de ayudar a construir un mundo de fe, esperanza y amor.

El diálogo

Desde el ámbito de la familia, esta mos llamados a promover la actitud del diálogo con verdad y respeto. El diálogo reclama de nosotros una ac titud de escucha, para percibir las di ferencias, para salir de la indiferencia y escuchar los clamores de quienes sufren, de las víctimas, de quienes se sienten descartados de la sociedad. El diálogo es camino de reconciliación social, porque nos lleva a valorar al que piensa distinto. La ausencia de diálogo acrecienta en todos el miedo y la autodefensa agresiva, sin el diálogo caemos en la tiranía, en el fanatismo, en la guerra. Hoy estamos llamados a ser misioneros del diálogo en la familia y en la sociedad, si logramos cultivar la actitud del diálogo, encontraremos la respuesta a muchos interrogantes de la vida y se acrecentará en nosotros la esperanza.

La austeridad

La sobriedad vivida con gratitud, sin amargura, nos permite valorar lo poco que tenemos, nos permite evitar el des perdicio, nos enseña el compartir fra terno, nos enseña un nuevo ritmo que nos da felicidad y nos libera del con sumismo, nos proporciona la riqueza de la sabiduría. La sobriedad forja en nuestra familia un nuevo estilo de vida, sin pretensiones de acumulación indebida, buscando solo lo esencial, lo fundamental. El estilo de vida en so briedad nos hace más humanos, más solidarios y por tanto más cristianos. Sólo así podremos ofrecerle al mundo la fuerza renovadora de la humildad frente a la opulencia, y todos pasare mos del pesimismo a la esperanza.

Querida familia, así con esta carta quiero acompañarla en esta etapa de la humanidad, tan sorpresiva y exi gente, busco fortalecerla en la virtud de la esperanza, le ofrezco mi oración, en comunión con los Obispos Auxilia res, los Vicarios Episcopales, los Ar ciprestes, los Párrocos, los Diáconos Permanentes, los Religiosos y las Re ligiosas, de todas las parroquias de la Arquidiócesis de Bogotá. Con ustedes somos el Pueblo de Dios en camino, con el nuevo ritmo que nos da a todos la esperanza.

Resuenan en nuestra conciencia las palabras de Jesucristo el Señor: “Les he dicho esto para que tengan paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir, pero tengan confianza, ¡yo he vencido al mundo!” (Jn 16, 33).

Que San José, custodio de la vida en el hogar de Nazaret, nos acompañe con su amor fiel. Oremos a la Virgen Madre, Santa María, Madre de la esperanza: Bendita Tú eres, en entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre: Jesús.

Te consagramos nuestra familia y la humanidad entera, Madre de Cristo, consuelo de los afligidos, salud de los enfermos, que seamos contigo misioneros de la esperanza, ayúdanos a ser fraternos y solidarios, que nuestra casa sea santuario de la vida y templo de oración confiada.

Madre de Dios y Madre nuestra, Madre de la esperanza, Virgen María, ruega por nosotros y acompáñanos de noche y de día. Amén.

+Luis José Rueda Aparicio Arzobispo de Bogotá 11 de agosto de 2020

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Conversaciones

Historias de vida

Monseñor Huertas

en Palacio, preside el cardenal Revollo y sale un presupuesto de 700 millones. La Fundación del Banco se acaba con las nuevas legislaciones. Recurro en tonces a Monumentos Nacionales, que era una dependencia del Instituto Na cional de Transporte. El Ministro era Jorge Bendeck Olivella, se reúne con el Cardenal y ambos nombran a monse ñor Huertas su delegado personal. Así pude manejar la obra con mucha auto nomía y empieza la obra.

Monseñor Huertas y la Catedral de Bogotá

Monseñor Juan Miguel Huertas Es callón, muerto recientemente, dejó como gran legado a la arquidiócesis de Bogotá la restauración de la Catedral. Fue una tarea de grandes dimensio nes que quizás solamente él, en este tiempo, habría podido realizar. Por esta razón y como un homenaje a su memoria, reproducimos a continua ción, apartes de un reportaje para te levisión, en el cual él mismo da cuenta de esta obra y que refleja claramente la dimensión del proyecto realizado.

Los inicios

“En el 87 el cardenal Revollo me nombra canónigo, con el único fin de hacerme cargo de la catedral, que es taba a punto de desplomarse; el techo dejaba pasar el agua, los hongos cre cían por las paredes. Afortunadamente muchísimos objetos del tesoro, gracias a que los canónigos los habían cuida do, se conservaron, pero guardados en cajas sin inventarios. El problema era muy complejo. El cardenal Revollo me lanza a eso y el primer contacto fue con el presidente Barco. Este pide apoyo al Banco de la República, que tenía la Fundación para la Conservación del

Patrimonio; el Banco financia un pro yecto para el levantamiento del templo únicamente.

La casa capitular

Paralelamente con eso se hizo un proyecto con la Corporación La Can delaria para restaurar la casa capitular, que fue lo primero que se hizo. Esta casa había sido muchas cosas, pero en los últimos 40 años había sido anti cuario. Se logró restaurar y recuperar la casa. Es la casa que está entre la ca tedral y la capilla del Sagrario. Ahí, los canónigos habían guardado muebles y muchas otras cosas. Se pudo montar tal y como era en el siglo XVII. La casa quedó con el mobiliario original de los siglos XVI y XVII, los pisos originales, abajo están los libros del coro del siglo XVII. La casa la patrocinó la Corpora ción La Candelaria en tiempo de Geno veva Carrasco de Samper.

La Catedral

La bóveda se comenzó con La Can delaria y se terminó con Invías. Luis Duque Gómez dirigía la Fundación del Banco de la República. Entonces se hace un proyecto, se hace un almuerzo

Después viene al Instituto Nacional de Vías, Guillermo Gaviria Correa y nombra a Juan Luis Isaza como director de Monumentos Nacionales. Empieza el trabajo, con muchísimos profesiona les, teníamos reuniones semanales de comité de obra, entre las tres y las diez de la noche. Algo muy interesante. Ha bía allí arquitectos, ingenieros, antro pólogos, paleógrafos. Se mandó gente a España, al archivo de Sevilla, buscando datos. El arquitecto director de la obra fue Jaime Salcedo. Empieza un proceso de estudio, de búsqueda de datos, de gente que había conocido la catedral antes de la reforma de 1968, cuando le quitaron tantas cosas. Se trata de volver a recuperar el espacio como era.

Desde el punto de vista pastoral re sulta oportuno decir que nunca se ce rró la catedral, a pesar de semejante obra. La firma que hizo la obra, Civilco, de Cartagena, de unos señores Cepeda, fue una maravilla, pues si no llegaba la plata ellos la ponían, todo el mundo se entusiasmó, cosa única. Es la restaura ción más grande que se ha hecho en Colombia. La gente se interesó de una manera única, trabajaban con o sin paga. Por ejemplo, la restauración de pintura de caballete, en la que muchos restauradores trabajaron a menos pre cio y gratis por el honor de trabajar en la gran obra de la Catedral.

El inventario

Después vino la ejecución de la par te solo de la catedral, que duró cinco años, y de la bóveda del tesoro. Se hizo inventario completo de todos los obje tos, excepto de los ornamentos, que no

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se ha hecho. Se hizo un inventario ten tativo de los ornamentos y parece que hay como tres mil piezas, desde el siglo XVI y hasta los que trajeron el arzobis po Herrera y el cardenal Luque, cosas europeas de los siglos XIX y XX. Esa es una colección impresionante. La gran cantidad de cosas es del siglo XVIII.

El presbiterio

Entonces, se reformó el presbite rio, se echó para atrás lo que se había hecho en el 68, pero adaptándolo a la liturgia nueva, el coro se volvió a re organizar. Se recuperó alguna pintura mural. La catedral tiene pintura mural en todas partes, pero no hubo plata para recuperar todo, se recuperaron los pisos. La obra hizo rendir la plata lo mejor que se pudo.

La sacristía

La sacristía grande es de Domingo Esquiaqui. A esta sacristía se le recu peró la bóveda y se restauraron las pinturas.

La bóveda y el tejado

Toda la obra de consolidación estruc tural de la catedral fue una obra colo sal. Las bóvedas de medio punto de la catedral se cubrieron con una capa de concreto armado y se amarraron con viga y de eso nada está a la vista; en el tejado se cambió toda la madera mala, hubo que traer mangle desde el Pací fico, vigas de 15 y 20 metros de largo; esta madera es la más dura y la más du rable. La madera se trató sumergiéndo la en inmunizantes durante meses. De eso hay fotos. Se recuperó la estructura de madera tal y como era. Se colocó so bre la madera tablex fenólico, material que no permite la entrada de ningún animal. Sobre eso se colocó una lámina de aluminio con la forma de las tejas, sobre eso una malla y sobre eso, aunque no era necesario, barro, para dar con lo original. Cada teja está amarrada con un alambre de aluminio.

Se fue a Ráquira y se puso a trabajar a todos los hornos y también en Cúcuta donde hay una arcilla liviana. Se rehízo todo el tejado. Se pusieron nuevamen

te todas las canales y todas las bajantes. Arriba todo es de cobre. Las bajantes quedaron por fuera para no romper paredes. Para saber cómo se iba a com portar el tejado se hicieron simulacros y esto también permitió saber por qué las tejas habían presentado problemas en el pasado y se solucionó el problema hacia el futuro. Fue un trabajo hecho con rigor total.

Personas que intervinieron Numerosas personas intervinieron para que el proyecto fuera posible. Pri mero, el cardenal Revollo, que acababa de llegar de Pamplona, donde había restaurado la catedral y había hecho el museo con el Banco de la República. Al llegar a Bogotá encuentra la catedral a punto de desplomarse, convoca mucha gente de alto nivel, por ejemplo, del go bierno, y después me nombra respon sable de la restauración. A nivel de go bierno, el presidente Barco, íntimo del cardenal Revollo, admirador del Car denal. Después coincide mi nombra miento con que soy designado también capellán de la Presidencia, siendo pre sidente César Gaviria, quien dio todas las facilidades y su señora Ana Milena Muñoz de Gaviria apoyó la obra a mo rir. Desde el Instituto Nacional de Vías, el subdirector de patrimonio, que era Juan Luis Isaza, y por eso en la catedral hay un letrero al Instituto Nacional de Vías. El arquitecto director fue Jaime Salcedo, pero hubo un momento de 30 profesionales.

Financiación

Básicamente fue el gobierno; la Ar quidiócesis no tenía muchas posibili dades de invertir mayor cosa, aunque lo hizo en pequeñas cuantías. Otras en tidades como el Banco de la República dieron plata para restaurar la pintura, la Corporación Andina de Fomento dio toda la plata para restaurar otras cosas. Hubo una política de divulgación, pa ralela a la de la restauración. Se manejó con exposiciones. Se expuso y se entre gó al Banco de la República gran parte del tesoro para exponerlo por mucho tiempo. El tesoro de la catedral es el

conjunto de elementos litúrgicos que a partir del cáliz de plomo de la primera misa se han ido acumulando a través de las donaciones de los reyes, los arzobis pos, los canónigos. Con la elaboración de libros de la Catedral, como el del te soro, se pudieron hacer cosas como la construcción de la bóveda del tesoro.

Se empezó con exposiciones en el Banco de la República y eso lo mane jaba todo monseñor Huertas. De oro macizo hay pocas cosas. La plata era el material común, todo era de plata.

En Europa se han mostrado textiles de la catedral. El mueble de la sacristía es de 1900. En Cáceres, en París y en Budapest se han mostrado las cosas dichas. Llevé también cosas en Moscú. Fui a Moscú, a Amberes, a Sevilla.

La Capilla del Sagrario

Ya había sido modificada por Bernar do Sanz de Santamaría. A mí me tocó restaurar los cuadros de Vásquez.

Libros, archivos, pinturas

Los libros de coro de la catedral son 32. La Catedral tiene el archivo musi cal, trabajado por José Ignacio Perdo mo, el archivo parroquial y el archivo histórico. Apenas yo salí de la Catedral en febrero, ya había concretado la digi talización del archivo musical, con la Universidad de Viena y la Schola Can torum Basiliensis.

El estado de los archivos

Cuando llegué todo el mundo en traba y se perdieron cosas; lo prime ro que hice fue cerrar los archivos y empezar el proceso de ver la forma de digitalizar los archivos para usarlos controladamente y para que produje ran algo de derechos como en cual quier parte del mundo. El problema de los archivos, como todos los pro yectos históricos, es que tienen que ser de alguna manera autosostenibles y hay que tratar que valgan unos de rechos de posesión de la Catedral; el negocio con la Universidad de Viena y la Schola Basiliensis es que se les de jaba guardar unas cosas de las obras de Juan de Herrera para uso, pero no

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Historias de vida

pueden venderlas ni publicarlas y ellos financian todo el proceso de fotografía digital y de guardar en el computador en un programa.

Al archivo de la catedral le falta el libro número 1, que parece se lo lle vó Morillo. Se ha buscado, pero no se ha encontrado. El archivo histórico del capítulo fue el único que quedó después de la quema del Palacio Ar zobispal. Ahí están las bulas de nom bramiento de los arzobispos, hasta el nombramiento del cardenal Concha.

Y muchas cosas

El claustro ya está recuperado y a futuro sería recuperar el edificio para que sea el Museo Arquidiocesano. En tre otras cosas, el Museo del Semina rio es Museo Arquidiocesano. Hay de creto del arzobispo Perdomo para que esta sea la base del Museo Arquidio cesano. Allí hay cosas de la catedral, la Virgen Flamenca; cosas donadas por Carlos Umaña Barreto, su colección de Vásquez. En el Palacio arzobispal hay muchísimas cosas que alcancé a recoger, restauradas.

Debajo de la Catedral hay montones de cosas. Debajo del presbiterio está la cripta de los canónigos, ahí estuvo enterrado Jiménez de Quesada. Existe un cementerio que también se restau ró todo, y ahí reposan canónigos y fa milias notables de Bogotá.

Las puertas de la Catedral son del siglo XVII, y los golpeadores también, los estoperoles eran de bronce dora do. Los de abajo se los habían robado. Ahora son de aluminio para que no se los roben.

Lámparas y vidrios

Hay un manual de mantenimiento de la catedral, de todo. Indicaciones de cómo manejar las lámparas, bajándolas con un malacate; cada una pesa media tonelada; su cristal se trajo de Italia y el bronce se fundió en Medellín. Yo hice el diseño, estilo imperio, que cuadraba con el neoclásico y además se les podía poner en el centro luz barata y la coro na se prende en casos solemnes. Las del centro miden cuatro metros. Las iglesias de Europa, como la Catedral, no tienen vitrales sino ventanas de alabastro, San Pedro no tiene vitrales. Aquí tienen esmerilado. El concepto de esta Catedral es un lugar de espectáculos, no de ora ción, recogimiento, sino para grandes liturgias. La catedral es un gran salón.

Cuatro evangelistas y la Virgen del Topo

Los cuatro evangelistas sobre el pres biterio son de 1900 y son de Epifanio Garay, Acevedo Bernal, el padre San tiago Páramo y Ricardo Moros Urbina.

La imagen de la Virgen del Topo, una tabla casi bizantina probablemente traída de Sevilla, también se restauró.

El órgano

El órgano de la capilla del Sagrario fue un regalo del canónigo Andrade en el siglo XIX, sevillano. El de la Catedral lo trajo el arzobispo Velasco, en 1860, lo colocaron atrás y era mucho más grande, es barcelonés. En 1968, cuando lo pasan a la capilla de san Pedro, los tubos grandes, las bombardas las bo taron. Este reemplazó al órgano de los

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Ángeles, que fue a dar a la iglesia de Facatativá.

La sede de la Catedral es parte del antiguo coro. El coro estuvo hasta 1968 detrás del altar.

La fachada

La fachada actual se basa en la de Pe trés, inicios del siglo XIX, que llegó has ta cierto punto y después el maestro Ni colás León concluye las torres muy mal. Luego les hicieron otro cambio a las torres, hacia 1940, porque estuvieron a punto de caerse. Las torres actuales son de Rodríguez Orgaz, y su realización es buena. Hoy las torres son idénticas. En la restauración la fachada se limpió y consolidó. Tiene una estupenda colec ción de campanas, agujereadas todas el 9 de abril de 1948. Decían que su soni do se oía por toda la Sabana

Incendios, accidentes y dinero

Momentos difíciles en la obra de res tauración. Hubo un amago de incendio cuando estaban en la obra de la casa capitular, en el patio. La madera había que calentarla y hubo conato de incen dio. También cuando estaban ponien do las arañas, cada una de las cuales pesa media tonelada. En el trabajo de cambiarle las balineras del mecanismo de subirlas y bajarlas, la que está frente a la capilla de Santa Isabel, se vino abajo y se hizo añicos, por falta de pericia de quien hacía el trabajo. Los constructo res respondieron por todo. Toda la par te eléctrica es nueva, todas las instala ciones de aguas son nuevas.

Las cifras ascendieron fácilmente a los 6.000 millones de pesos.

La idea es que la catedral sea también un centro cultural. El último piso de la casa capitular falta arreglarlo para eso, es una belleza en su austeridad, en su estado original de muebles, cuadros, etc. La casa está hecha con muros de carga. La casa capitular es de piedra, partes en tapia pisada”.

¿Después de monseñor Huertas?

Juan Miguel Huertas

No lejos de cumplir 50 años de vida sacerdotal, pues fue ordenado el 19 de noviembre de 1971, murió monseñor Juan Miguel Huertas Escallón, sacer dote de la arquidiócesis de Bogotá y un bogotano de pura cepa por todo con cepto. De su amplia vida sacerdotal muchas cosas se podrían exaltar, pero sin duda su gran legado para la Iglesia fue su titánica tarea para restaurar la Catedral de Bogotá. Gracias a ese es fuerzo y dedicación, la arquidiócesis de Bogotá cuenta hoy con una sede ar zobispal digna del primado de la Igle sia en Colombia y con un recinto que es testimonio vivo de lo que ha sido el tra segar de la Iglesia católica en Bogotá. Pero para que esto sea así, mucho hubo de esforzarse monseñor Huertas y la catedral de Bogotá luce hoy como tes timonio vivo de lo que puede ser una vida con propósito, pues a ella dedicó este notable prelado buena parte de su vida, sus conocimientos, sus excelen tes relaciones públicas y, algo un poco escaso hoy en día, su buen gusto.

Monseñor Huertas asumió la tarea de restaurar la Catedral de Bogotá por en cargo del cardenal Mario Revollo Bra vo, en el año 1987. Para adelantar esta misión, monseñor Huertas tuvo que acudir a las más variadas fuentes de fi nanciación y de conocedores del arte y la arquitectura en el país. El patrocinio de la restauración estuvo básicamen te a cargo del Gobierno Nacional. Co laboraron ampliamente el presidente Virgilio Barco y la esposa del presiden te César Gaviria, Ana Milena Muñoz de Gaviria. También contribuyeron el Banco de la República, el Instituto Na cional de Vías a través de Monumentos Nacionales, la Corporación La Cande laria. Igualmente, la restauración im plicó reunir a muchas personas cono cedoras de los temas de esta naturaleza: arquitectos, ingenieros, antropólogos, paleógrafos, expertos en archivos, his toriadores. Según monseñor Huertas, la pasión con que todos asumieron la tarea fue admirable.

Pero el doliente de la obra fue, sin aso mo de duda, monseñor Huertas. La dirigió en todo sentido. Gozó y sufrió

cada paso que se daba en este enorme propósito. Era consciente como nadie más del valor de cada una de las piezas que conforman este conjunto arquitec tónico, que comprende la catedral, la sacristía, el claustro, la casa capitular, la Capilla del Sagrario. Conocía al de dillo los materiales, las obras de arte, la dotación litúrgica del templo, los nombres de los pintores que adornan con sus obras los recintos – Vásquez, Garay, Acevedo Bernal, el padre Pára mo, Moros Urbina-. Sabía del valioso y único archivo musical de la Catedral de Bogotá, sistematizado en buena parte por el padre Ignacio Perdomo Escobar, gran historiador de la música colom biana. Monseñor Huertas diseñó las gigantes y hermosas lámparas que hoy en día iluminan la Catedral. En fin, este ilustre prelado hizo de la Catedral de Bo gotá la razón principal de su quehacer al servicio de la Arquidiócesis y a ciencia cierta habría que preguntar hoy: Si no lo hacía monseñor Huertas, ¿quién?

Sirva de ejemplo la misión desempe ñada por Huertas Escallón para insistir una y otra vez lo importante que puede resultar el que los sacerdotes tengan la oportunidad de dedicar la mayor parte de su vida a una tarea específica. Desde hace unos años se puso en boga la idea de que hay que cambiarlos y moverlos constantemente y así no parece posible realizar misiones ni obras en profun didad. De estas vidas dedicadas lar gamente a una misión particular son ejemplo, además del prelado Huertas en Bogotá, vocaciones como la del pa dre Nicoló, el padre García Herreros, el padre Isaías Guerrero, el padre Julio Sánchez, monseñor Sebastián Bonjorn, el padre Siervo de Jesús Cruz, por no hablar de ilustres clérigos de más atrás como Rafael María Carrasquilla, Cas tro Silva, Murcia Riaño, Manuel María Camargo, etc. Pueda ser que la brasa de una vida dedicada de lleno a una tarea muy noble y con frutos inobjeta bles como la de monseñor Juan Miguel Huertas Escallón, sea semilla para aprovechar mucho mejor la vida de los sacerdotes que, cuando se les permite ahondar en sus talentos, son capaces de levantar verdaderas catedrales para gloria de Dios y alegría de los hombres

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Historias de vida

El enamorado del arte y la cultura

Monseñor Juan Miguel Huertas Escallón nació el 10 de mayo de 1946, en el hogar de don José Miguel y doña Alicia. Estudió en Liceo de Cervantes y en la Pontificia Universidad Javeriana, tanto sus es tudios de Filosofía y Teología, como Arquitectura, profesión que terminó ya siendo presbítero.

Monseñor Huertas fue ordenado por el arzobispo Emilio De Brigard Ortiz el 19 de noviembre 1971, para el servicio de esta arquidiócesis.

Empezó su servicio pastoral como vicario coope rador en la parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en 1972. Al año siguiente fue nombrado en Santa Teresa de Ávila, como párroco y en 1975 fue arcipreste.

Desde 1983 estuvo ligado al cuidado y conservación del patrimonio artístico, arquitectónico, escultórico y pictórico de la Arquidiócesis al ser nombrado por el cardenal Aníbal Muñoz Duque como Director de la Oficina de Arte Sagrado, Arquitectura y Servicios Generales. Desde entonces y sin importar ni el título ni el cargo trabajó sin descanso para que los tesoros artísticos arquidiocesanos, en especial los del Pala cio Cardenalicio y la Catedral, estuvieran cuidados, restaurados y fueran apreciados y conocidos.

Muy joven, en 1987, fue nombrado Canónigo VI del Capítulo Metropolitano, por el señor cardenal Ma rio Revollo Bravo. Desde entonces fue la imagen del Cabildo.

Enamorado del arte y la cultura uno de sus últimos empeños quijotescos fue la restauración del órga no de la Catedral, labor que cumplió a cabalidad lo grando el compromiso de la Arquidiócesis y de mi nisterios del gobierno, trabajo que culminó con una

serie de conciertos con la obra completa de Juan Sebastián Bach, ciclo que duró más de un año y él fue anfitrión importantísimo.

Nadie como monseñor Huertas para conocer y amar la Catedral de Bogotá, la historia grande y menuda y las historias aledañas de las cuatro construcciones sucesivas, con sus derrumbes, trá gicos unos inesperados otros, se oían de maravilla en su profunda voz y en su ácido humor bogotano. Tal vez su imagen más conocida es la del Deán del Capítulo, enfundado en sus “regias vestiduras” moradas, algunas trabajadas primorosamente en su casa, con sus manos y las de sus sobrinas, pero fue un muy buen pastor de almas, regio confesor y divertido consejero, sus últimas parroquias fue ron, además de la Catedral, San Pedro Apóstol, La Veracruz y Beato Mariano de Jesús Eusse.

Con la visita del papa Francisco sus dotes de “rela cionista público y guía turístico” –como alguna vez lo dijo- salieron a escena en la atención paciente y pedagógica a periodistas y reporteros que querían saber por dónde irían los pasos del Papa. Los con dujo por los salones y balcones, de los que iba con tando cuándo y cómo se construyeron y qué im portancia tenían, lo mismo cuáles eran los cuadros que se veían y sus autores.

Lo que muy pocos saben es que el repostero, ese ta pete que colgaba del balcón en donde se asomó el papa Francisco y que dio la vuelta al mundo, había sido hecho por monseñor Huertas. Cuando le pre guntaron que cómo había hecho eso contestó con su picardía habitual: “Igual que como hice con los otros dos papas”

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Monseñor Salamanca nació en Bucaramanga (Santander), el 4 de junio de 1961 del hogar conformado por Pedro Salamanca y Olga Mantilla de Salamanca. Realizó estudios de primaria y secundaria en el Liceo de La Salle (1976 – 1979). Filosofía (1980 – 1982) y Teología (1982 – 1986) en el Seminario Mayor de Bogotá. Licenciado en Teología Dogmática en la Universidad Gregoriana (1990 - 1992). Estudios de doctorado en el Instituto Católico de París (2000 – 2004). Ordenado Presbítero en Bogotá el 30 de noviembre de 1986 por el eminentísimo señor cardenal Mario Revollo Bravo para el servicio de la arquidiócesis de Bogotá.

nuevo doctor en Teología

La Pontificia Universidad Javeriana de Colombia, le conce dió el grado como Summa Cum Laude.

Nuevo Doctor en Teología, ha sido proclamado monseñor Pedro Salamanca, obispo auxiliar de la arquidiócesis de Bo gotá, luego de sustentar su tesis titulada “La relación entre el Reino de Dios y el orden socio-temporal en la teología de Henri de Lubac”.

Vía Zoom, el pasado lunes 27 de julio, la Pontificia Univer sidad Javeriana de Colombia, concedió el Summa Cum Laude al obispo, quien expuso su tesis con fluidez pastoral, erudi ción académica y profundo sentido social del Evangelio.

Henri de Lubac, cardenal jesuita y teólogo francés (18961991), a quien se llegó a mirar con sospecha por sus avanza das tesis (propias de la llamada ‘Nouvelle Théologie’), amigo de Ives Congar y de Jean Daniélou, y estudioso de Theilhard

Cenizarios

La parroquia Cristo Rey dispone de una bella cripta con cenizarios para la venta.

Mayor información en el despacho parroquial: Transversal 18 No. 96-90 Teléfono: 2579144

de Chardin, llegó a influir en la teología del Concilio Vati cano II, en el cual sirvió como perito. Su rica teología y su puesta en diálogo con la mística en innumerables escritos, se convierte en una verdadera cantera de perlas teológicas, de donde permitió a monseñor Salamanca, extraer esta tesis, que “enriquece el saber de la Iglesia”, como afirmó uno de los jurados.

Monseñor Salamanca, manifestó haber dedicado más de 30 años a la temática, desde sus estudios de seminario, luego en sus estudios en teología bíblica de la Universidad Grego riana de Roma y doctorales en el Instituto Católico de París, consolidó sus conocimientos sobre Lubac como una tesis doctoral, que toma relevancia y actualidad en medio de un mundo marcadamente individualista que tiende a olvidar el sentido social del Evangelio y la presencia reinante de Dios en la persona humana.

Monseñor Pedro Salamanca, Fraternidad, una revista para el clero de la arquidiócesis de Bogotá - 23
Notas arquidiocesanas
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Parroquias

Parroquia Inmaculada Concepción de Fómeque Una pastoral viva con gran sentido de solidaridad

En el municipio de Fómeque, ubicado al nororiente de Cundinamarca se en cuentra la parroquia la Inmaculada Concepción, la cual pertenece a la vi caría Episcopal de San José de la arqui diócesis de Bogotá; cuenta con treinta y dos veredas y unos 13.000 habitan tes.

Debido al COVID-19, se han bajado considerablemente los recursos eco nómicos de la parroquia, pero se ha intensificado el trabajo pastoral. Ade más de las redes sociales, se cuenta con dos canales de televisión y la emi sora del municipio, que permite llegar al 60% de la población con la Eucaris tía y el Rosario.

Pero el trabajo no es únicamente di gital, también se realizan visitas a los hogares en el casco urbano y en las 32 veredas que tiene el municipio. Es una comunidad con esperanza en Dios “En medio de los cuidados que se deben la comunidad tiene mucha esperanza, confianza plenamente en Dios. Es una comunidad que busca plenamente a Dios y que por medio de la de la euca ristía y de la actividad pastoral forta lece en esa confianza”, indicó el padre Vargas.

Banco de Alimentos

Un trabajo muy importante que está realizando el padre Vargas con ayuda de la comunidad es la creación de un Banco de Alimentos en las instalacio nes de la parroquia “Ahí recogemos de todo lo que lo que produce el municipio para que no se desperdicie y lo que no alcanzamos a repartir acá lo estamos llevando al Banco de Alimentos de Bogotá ya hemos llevado varias veces habichuela que nosotros mismos con la comunidad parroquial vamos y re cogemos”.

La solidaridad de toda la comunidad del municipio permitió construir una casa a una familia que se encontraba sin hogar, conformada por una madre cabeza de hogar y sus hijos menores de edad “Se ha construido la casa con la ayuda de toda la comunidad, apor tando ladrillos, cemento, varillas; pu dimos hacer la casa que entregamos el pasado domingo 26 de julio a esta familia, esto para decir que la parte de pastoral sigue viva y que la comunidad se compromete en las diferentes acti vidades con gran sentido de solidari dad”, afirmó el padre Carlos.

Modelo latinoamericano de parroquia Rural

Entre los años 1938 y 1968, el muni cipio de Fómeque fue escogido como modelo latinoamericano de parroquia rural. En ese entonces estaba al fren te de la parroquia monseñor Agustín Gutiérrez, quien impulsó por más de veinte años, un programa auto-sos tenible a nivel de las veredas, puso en marcha un sistema agrícola integral, construyó además un colegio, un hos pital y un instituto, con modelos edu cativos y gerenciales propios y de ma nejo por parte de la Iglesia.

Lo mismo que una pastoral compro metida, trabajadora y novedosa para los habitantes de Fómeque, quienes aún recuerdan esas épocas, muchos con nostalgia y otros convencidos de seguir adelante y trabajar de igual ma nera bajo su compromiso en la fe, el progreso y el empuje que los ha carac terizado siempre.

Su actual párroco es Carlos Vargas, quien se encuentra allí desde hace dos años trabajando por toda la comunidad.

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Parroquia Beato Miguel Rúa Esperanza en medio de la crisis

En esta ocasión visitamos la parro quia Beato Miguel Rúa en el sector del Codito al norte de Bogotá, y hablamos con su párroco el padre chileno Alexis Ortiz, quien nos recibió con mucha alegría y con la esperanza de poder su perar la crisis y reabrir el templo para recibir a todos los feligreses.

Fraternidad: ¿Cuál es la situación económica de la parroquia en estos cuatro meses de cuarentena?

Padre Alexis: La situación económi ca de la parroquia está un poco difícil producto de no poder celebrar la euca ristía todos los días, los aportes clara mente han disminuido, las colabora ciones de los feligreses también, pero así todo también tratamos de conse guir aportes desde afuera, pedirle a las comunidades cercanas, los padres cercanos, a mi comunidad religiosa en particular también que nos puedan co laborar.

F: ¿Y el aspecto pastoral?

P. A.: El aspecto pastoral ha tenido un renacer diferente, a través de las redes sociales, del trabajo que se está reali zando con los jóvenes, con las niñas, la pastoral infantil, con los adultos ma yores, también no solamente a través de internet sino también llamarlos por teléfono, acercarse a sus casas para en tregarles ayuda, así que la parte pasto ral en sí, ha tenido una nueva forma de llegar a la comunidad parroquial”

F: ¿Cómo se ha visto afectada la comu nidad debido a la pandemia?

P. A.: Nuestra comunidad, como está ubicada en el cerro del Codito, la ver dad que ha sido un poco impactante el nivel de hambruna que hemos podido detectar. Tenemos familias que no tie nen ni siquiera una panela para poder llevar a la mesa a los más pequeños, así que creemos que lo más importan te es llegar con una ayuda económica que sea a través de mercados, como comunidad parroquial hemos duplica do los esfuerzos de conseguir y trans mitir la ayuda a los más necesitados y vulnerables.

F: ¿Dónde han conseguido recursos para mantener la parroquia?

P. A.: A Dios gracias tenemos varias parroquias que nos han ayudado con dinero y también con mercados, reci bimos ayuda también de la Arquidió cesis con su campaña Camino Verdad y Vida, también tenemos nuestra co munidad religiosa la Orden de la Ma dre de Dios, que desde Chile también nos cooperan para mantener la parro quia y ayudar a los más vulnerables. Y también, lo que hacemos desde acá como el ropero, que es una instancia de colaboración mutua, ya que vendemos ropa desde mil pesos y es una ayuda mutua porque recibimos recursos y la comunidad obtiene prendas a muy ba jos precios.

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¡Por ti, por mí, por nuestra Iglesia!
25 Parroquias

Bogotá

Carta pastoral a los sacerdotes de la arquidiócesis de Bogotá

Sacerdotes con fe, esperanza y amor

Queridos hermanos presbíteros:

Los primeros pasos que el Señor me ha permitido dar en Bogotá, me han llevado prioritariamente a las casas curales, para compartir con ustedes la alegría del encuentro de los hermanos, discípulos misioneros de Cristo. En las reuniones de los arciprestazgos, he re cibido su acogida fraterna, testimonio vocacional y misionero, hemos orado juntos, hemos dialogado sobre nues tras alegrías y preocupaciones como evangelizadores.

En esta carta pastoral deseo compartir unas breves meditaciones sobre la vi vencia de nuestro ministerio, con ellas anhelo suscitar nuestra reflexión per sonal y eclesial, y si Dios lo permite, que todos renovemos nuestro amor primero, aquél que nos llevó a una op ción de vida por Cristo en su Iglesia, como caminantes con la lámpara de la fe, servidores de la gran esperanza, testigos del amor crucificado.

Sacerdotes: Caminantes con la lámpara de la fe

El sacerdocio es un don que trasciende nuestra frágil condición humana, el sacerdocio sólo se comprende y se puede vivir desde la fe, es un don que se pone en camino en constante bús queda de la verdad, de la santidad y de la presencia de quien nos llama, tanto en la intimidad de la conciencia, como en la complejidad de la realidad hu mana vivida en el tejido social.

La fe nos impulsa a buscar la verdad: Nos hace bien a los sacerdotes suplicar cada día el don de la fe, y cultivarlo con esmero, con disciplina, con creativi dad, y ante todo en la comunión de la Iglesia, porque es allí, en esta comu nión misionera donde encuentra soli dez la fe recibida. Nuestra vida, inserta en la familia eclesial, como las ramas al tronco, encuentra la sabia y el ám bito propio para el reconocimiento, la gratitud, la acogida y la maduración de la fe. La eclesialidad de nuestra fe nos hace conscientes de haber recibido un don maravilloso para compartirlo, un don que se convierte en misión. La eclesialidad de nuestra fe nos da la certeza de que no estamos solos en la búsqueda de la verdad:

"La luz del amor, propia de la fe, puede iluminar sus interrogan tes de nuestro tiempo en cuanto a la verdad. A menudo la verdad queda hoy reducida a la auten ticidad subjetiva del individuo, válida sólo para la vida de cada uno. Una verdad común nos da miedo, porque la identificamos con la imposición intransigente de los totalitarismos. Sin em bargo,sieslaverdaddelamor,si es la verdad que se desvela en el encuentropersonalconelOtroy con los otros, entonces se libera de su clausura en el ámbito pri vado para formar parte del bien común” (Carta Encíclica Lumen Fidei 34).

La fe confiere un nuevo ritmo a nues tras relaciones: Cuando el anuncio celebrativo de nuestra fe cristiana, recoge y lleva al altar, el servicio fra

terno y las luchas humanas por el bien y la verdad, ese anuncio celebrativo nos hace crecer y nos da la fuerza para acompañar el camino de las demás personas. Es la fascinante condición de nuestro ser sacerdotal, como puente entre la humanidad y Dios, con gozosa humildad y con capacidad de diálogo: "La verdad de un amor no se im pone con la violencia, no aplasta a la persona. Naciendo del amor puede llegar al corazón, al centro personal de cada hombre. Se ve claro así que la fe no es intransi gente, sino que crece en la con vivencia que respeta al otro. El creyente no es arrogante; al con trario, la verdad le hace humilde, sabiendo que, más que poseerla él, es ella la que le abraza y le posee. En lugar de hacernos into lerantes, la seguridad de la fe nos pone en camino y hace posible el testimonio y el diálogo con todos" (L. F. 34).

Un nuevo ritmo en la clave de un éxodo existencial: En estos tiempos de sufrimiento y de prueba para toda la humanidad, en un año en el que hemos celebrado el Triduo Pascual sin la presencia de los fieles en el tem plo parroquial, cuando hemos vivido cuarentenas para las cuales no está bamos preparados y hemos probado el desafío del aislamiento, de la po breza, del contagio, de la proximidad de la muerte, cuando nuestros planes de evangelización han padecido trans formaciones y hemos experimen tado la impotencia ante la angustia de nuestras comunidades, allí en este Getsemaní prolongado, aparece una y

Del arzobispo de
26 - Fraternidad - Septiembre de 2020

otra vez la vida y misión del sacerdote como un caminante con la lámpara de la fe, aunque él mismo esté tocado por el sufrimiento:

"El cristiano sabe que siempre habrá sufrimiento, pero que le puede dar sentido, puede conver tirlo en acto de amor, de entrega confiadaenlasmanosdeDios,que no nos abandona y, de este modo, puede constituir una etapa de crecimiento en la fe y en el amor.

Viendo la unión de Cristo con el Padre, incluso en el momento de mayor sufrimiento en la Cruz el cristianoaprendeaparticiparenla mismamiradadeCristo.Inclusola

muerte queda iluminada y puede ser vivida como la última llamada delafe,elúltimo«Saldelatierra),

el último «Ven», pronunciado por el Padre, en cuyas manos nos po nemosconlaconfianzadequenos sostendrá incluso en el paso defi nitivo“(L.F.59).

Por la pandemia, estamos viviendo un éxodo, nos hemos puesto en camino como humanidad y la ruta no es clara, hemos dejado unas seguridades que hacían parte de nuestro estilo de vida, nos esperan jornadas duras, habrá mo mentos en que el anhelo del retomo se haga muy fuerte, nos hemos desinsta lado, una migración existencial está en marcha y allí, en medio del pueblo en éxodo, los sacerdotes estamos llama dos a vivir y anunciar la presencia del Dios peregrinante, mostrar que la glo ria de Dios nos acompaña en medio de la adversidad, como estuvo junto al río Quebar (Cfr. Ez 1,1), cuando el pueblo de Israel fue desterrado, y con angus tia lloraba por su Ciudad abandonada y por su Templo destruido, gimiendo en tierra extranjera.

El sacerdocio vivido con fe nos levanta y nos anima, impide que vivamos al nivel de asalariados, que ven venir el

lobo a destrozar el rebaño y huyen.

La fe nos libera del engaño que nos empuja a poner toda la confianza en nuestras capacidades o en una orga nización casi perfecta, la fe nos libera y nos hace luminosos, aún en medio del dolor, en la alegría de caminar con Jesús cada día, celebrando la vida de las personas, con alentadores mo mentos de trabajo, oración, canto, misión y predicación viva de la Pala bra de Dios. Los sacerdotes no hemos abandonado a nuestras comunidades, nos hemos quedado, hemos sentido el miedo, hemos compartido con nues tras comunidades la angustia de estos tiempos, no hemos recibido alguna in munidad que nos haga menos vulnera bles a la prueba, algunos han muerto, otros han padecido los duros efectos del contagio. Hemos permanecido en la misión, con mediación virtual, pero con presencia real, y por caminos que solo el Señor conoce hemos sostenido e incrementado la fe del pueblo que el Señor nos ha confiado.

Sacerdotes: Servidores de la gran esperanza

El rebaño le pertenece al Señor, es una porción del gran rebaño que es la Iglesia Universal, y más aún es una porción del inmenso rebaño humano.

En nuestras comunidades hay dones y carismas, porque el Espíritu Santo actúa en cada una de las personas.

En nuestra comunidad hay personas muy cercanas que aman a Cristo y nos aman a nosotros como sus pastores.

En esa misma comunidad hay católi cos bautizados que por algún motivo se han alejado de la vida comunitaria de la Iglesia; también hay algunos que desconfían de nosotros los ministros ordenados. Allí donde hemos sido en viados hay, además, personas muy heridas en su historia, personas que no creen en la presencia y en la misericor

dia de Dios, h ombres y mujeres que ya no tienen esperanza. Esa es la comuni dad que el Señor ha puesto en nuestras manos y nos ha dicho como a Pedro: Si en verdad me amas, apacienta mi re baño (Cfr. Jn 21, 15-19). Los sacerdotes somos consolados para consolar a una comunidad en medio de la tribulación.

Profetasdelaesperanzaenmediodel valle de los huesos secos: Los profe tas fueron voz de Dios en la historia del Pueblo de la Antigua Alianza, así vemos al profeta Ezequiel en medio del destierro a Babilonia, cuando la de solación inunda el alma del Pueblo de Israel, y la confusión no los deja can tar, ni les permite entender lo que está sucediendo, en medio de esa nostalgia deSión, el Señor le habla al profeta y lo pone en el valle de los huesos secos, en medio de un pueblo al que se le ha des vanecido la esperanza, (Ez 37, 1 - 14), allí le muestra la acción del Espíritu, que hace revivir los huesos dispersos

Esta acción profética llega hasta nues tros días con renovado valor, llega a nuestra conciencia sacerdotal y nos impulsa, nos motiva a ponernos en camino de servicio misionero, con ac titud siempre nueva y confiada, supe rando el inmediatismo, con ojos llenos de esperanza para contemplar en el signo de los huesos secos, la acción po derosa, fiel y procesual de Dios en favor de una comunidad desterrada y sin vida. El anhelo del templo es expre sión de un anhelo de libertad que solo puede proporcionar el Señor de la vida.

Nuestra gran esperanza es Dios: Los niveles de esperanza también pueden disminuir en nosotros los que estamos llamados a ser testigos y misioneros de esperanza. En este prolongado tiempo de prueba pueden aparecer espe ranzas parciales, provenientes de la ciencia médica, de la economía, de la tecnología o de otras partes, pero son

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esperanzas parciales. Entonces nos conviene volver a la fuente de la espe ranza, beber allí del pozo de su amor el agua que nos refresca para continuar el camino:

"En este sentido, es verdad que quien no conoce a Dios, aunque tenga múl tiples esperanzas, en el fondo está sin esperanza, sin la gran esperanza que sostiene toda la vida (cf. Ef 2,12). La verdadera, la gran esperanza del hombrequeresisteapesardetodaslas desiciosiones, sólo puede ser Dios, el Diosquenoshaamadoyquenossigue amando «hasta el extremo» «hasta el total cumplimiento» (Carta Encíclica SpeSalvi 27).

Los sacerdotes somos servidores de la gran esperanza: Pero ¿Cómo pode mos ser servidores de la esperanza? Ante este interrogante no podemos dar como respuesta una fórmula para aplicarla, pero si podemos compartir un camino de vida con la comunidad, acogiendo a quien llega a buscar una motivación para su vida, a esta per sona le podemos aportar la escucha, la asesoría para el discernimiento y las luces para seguir caminando en la gra cia. Para aquel que no se acerca porque no tiene fe, solo le podemos compartir nuestro estilo de vida, nuestro servi cio, nuestra actitud positiva, a éstos, nuestro mensaje de esperanza les llega cuando podemos poner de manifiesto las obras de misericordia, desprovistas de cualquier otro anuncio, lo único que podemos es llevar a su vida dolorida, la verdad y la bondad por medio de la belleza de las acciones humanas fra ternas, el paso superior hasta llegar a descubrir la trascendencia, será una misión propia del Padre del cielo (Cfr. Mt 16, 17).

La esperanza del sacerdote revive en la oración: En nosotros los sacerdotes, la esperanza tiene un canal que es la

oración mental silenciosa y constante ante el Sagrario. Del encuentro orante con la Liturgia de las Horas y de la Lec tio Divina, se origina una experiencia de diálogo interno en la vida de no sotros los sacerdotes, es un misterio muy grande de pacificación que nos restituye la fuerzas para afrontar la vida, es la búsqueda sedienta de Dios en nuestra interioridad por medio de la oración: “¡Tarde te amé, hermosura tanantiguaytannueva,tardeteamé!

Tú estabas dentro de mí, y yo fuera, y por fuera te buscaba, y me lanzaba sobre las cosas hermosas creadas por Ti. Tú estabas conmigo y yo no estaba contigo. Me retenían lejos de Ti todas las cosas, aunque, sino estuviesen en Ti, nada serían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera. Brillaste y res plandeciste y pusiste en fuga mi ce guera. Exhalaste tu perfume y respiré ysuspiroporTi" (SanAgustín).

El ministerio sacerdotal vivido en la esperanza, rompe las ataduras del pe simismo y la sensación enfermiza de fracaso, la esperanza le da al minis terio sacerdotal la capacidad de resi liencia, la creatividad, la humildad misionera para ir paso a paso con pro cesos comunitarios, con gratitud ante lo realizado por los sacerdotes anterio res a nosotros. La esperanza nos libera de la nostalgia que nos hace creer que todo pasado fue mejor. La esperanza nos da la valentía y el gozo de sabernos guiados por la renovadora presencia del Espíritu Santo, nos da la claridad de valorar las acciones evangelizado ras con visión proactiva y propositiva.

Sacerdotes: Testigos del amor crucificado

El nuevo ritmo nos exige vivir como testigos del amor crucificado: El amor sacerdotal si es verdaderamente sacer dotal, es salvador, es una realidad de unidad con el crucificadon (Gal 2, 20),

los sacerdotes sabemos que, el amor al estilo del amor de Cristo por nosotros, tiene cruz, y que en ella encuentra su más alta epifanía. Asumimos la cruz, no la buscamos como tal, la tomamos en nuestra vida porque nos une con el amor del crucificado, en ella está cla vado nuestro amor (Cfr. San Ignacio de Antioquía, cartaalosRomanos), un sacerdocio sin el crucificado no sería el verdadero sacerdocio de Cristo.

El amor nos da el nuevo ritmo hasta el martirio: Es inspiradora y desafiante la vida de los mártires, hombres y muje res en la historia de la Iglesia que, asu men hasta el extremo la propuesta de amor crucificado; por ejemplo, la vida canjeada por la de un compañero de prisión, como lo hizo el sacerdote po laco San Maximiliano María Kolbe, o el testimonio de una médico pediatra italiana, esposa y madre de familia llamada Gianna Beretta Molla, cano nizada el 16 de mayo del año 2004, por San Juan Pablo II. Esta santa durante su cuarto embarazo, fue advertida de una grave anomalía en su organismo, un tumor en el útero, era necesario optar por la vida de la madre o por la vida del hijo en gestación, ella, profe sional de la salud, movida por el amor de la fe cristiana, tomó una decisión en favor de la vida de su hija: "Gianna Beretta Molla fue mensa jera sencilla, pero muy significa tiva, del amor divino. Pocos días antes de su matrimonio, en una carta a su futuro esposo, escribió: “El amor es el sentimiento más hermosoqueelSeñorhapuestoen elalmadeloshombres”. Aejemplo de Cristo, que “habiendo amado a los suyos (…) los amó hasta el ex tremo” (Jn 13,1), esta santa madre de familia se mantuvo heroica mente fiel al compromiso asu mido el día de su matrimonio. El sacrificio extremo que coronó su vidatestimoniaquesóloserealiza

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a sí mismo quien tiene la valentía de entregarse totalmente a Dios y a los hermanos” (Homilía de San Pablo II en la canonización de Santa Gianna).

El sacerdote es testigo del amor capaz del martirio, el tiempo actual nos exige la máxima capacidad de amar, el sa cerdote celebra cada día su martirio unido al sacrificio incruento de Cristo en el altar de la Eucaristía y, de esta manera, su dimensión humana se hace ofrenda agradable a Dios, cuando en el diario vivir, prolonga en sus actos las palabras de la consagración: "Esto es mi cuerpo que se entrega por Uste des" (Lc 22, 19).

El amor da un nuevo ritmo a la trans formación del mundo: Constatamos con dolor que, en la actualidad, el odio convertido en argumentación sociopo lítica, entra en la normalidad de las personas y organizaciones, de total ma nera que, pasa de la dialéctica verbal a las acciones de exterminio y de ven ganza. El amor de Cristo supera esta lógica humana, va mucho más allá y por eso, el amor sacerdotal es misio nero en dirección de los amigos y es misionero en dirección de quienes se declaran nuestros enemigos.

El sacerdote lleva en su corazón una cruz que, con sus brazos abraza al amigo y al enemigo, esa es la original radicalidad del amor cristiano, que nos lleva a la perfección de los hijos de Dios nuestro Padre: "Pues yo les digo: Amen a sus enemigos, oren por sus perseguidores”(Mt 5, 44). En el ámbito sociopolítico, quieren ver al sacerdote, a favor de un partido político y por lo tanto en contra de los otros. Por defen der los derechos humanos, por la op ción preferencial por los pobres, por la defensa de la casa común, por ser de fensores de la vida, fácilmente somos llevados a un pseudo amor, caracteri zado por el sectarismo ideológico, ex

cluyente y beligerante. El amor en el nuevo ritmo al servicio de la transfor mación del mundo, requiere una rup tura con la lógica mundana, para ver en el que piensa distinto no una ideolo gía para rechazar, sino el desafío de un rostro, de un hijo de Dios a quien debo amar.

“Jesús afirma que la misericordia no es solo el obrar del Padre, sino queella.seconvierteenelcriterio para saber quiénes son realmente sus verdaderos hijos... Dejar caer elrencor,larabia,laviolenciayla venganzasoncondicionesnecesa rias para vivir felices. Acojamos entonces la exhortación del Após tol:«Nopermitanquelanochelos sorprenda enojados» (Ef 4, 26). Y sobretodoescuchemosladeJesús que ha señalado la misericordia como ideal de vida y como crite rio de credibilidad de nuestra fe’’ (Bula Misericordiae vultus 9).

El sacerdocio vivido en el amor nos vuelve desapegados y generosos, nos da la fuerza del perdón y la valentía para pedir perdón, nos hace capaces de la corrección ofrecida sin arrogancia y recibida sin victimizarnos. El amor le da al sacerdote un alma de hijo, y le da también la certeza de ser esperado, abrazado y acogido en la fiesta del co razón de Dios nuestro Padre.

Que el nuevo ritmo fluya desde dentro por la acción de Dios Padre, Hijo y Es píritu Santo en nuestra historia perso nal - comunitaria, se manifieste en la misión diaria con las virtudes teologa les recibidas y puestas al servicio de la Iglesia en el mundo.

Recordemos que, la oración renueva la opción vocacional, sin oración no hay sacerdocio; la oración nos muestra la misericordia eterna que es superior a la gravedad de nuestros pecados, sin oración no hay conversión; la oración es característica indispensable del mi

sionero, sin la oración no hay misión. El gozo de la oración sostenga y acom pañe nuestra comunión sacerdotal.

Terminemos nuestra reflexión orando a la Madre de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote: Virgen María, Madre de la Iglesia, eres causa de nuestra alegría sacerdotal, ruega por quienes hemos respondido a la llamada de tu Hijo, necesitamos fortaleza y sabiduría, a fin de negarnos a nosotros mismos, tomar la cruz de cada día y seguirlo a Él, así, en la misión hermosa que hemos asumido, seremos caminantes con la lámpara de la fe, servidores de la gran esperanza, y testigos del amor crucificado. Amén.

+Luis José Rueda Aparicio Arzobispo de Bogotá 1 de septiembre de 2020 ,

Fraternidad, una revista para el clero de la arquidiócesis de Bogotá - 29

La Campaña da frutos

Gracias a la campaña Camino Verdad y Vida se ha podido ayudar a las parroquias más necesitadas de nuestra Arquidiócesis.

La actual crisis económica de las parroquias de la arquidiócesis de Bogotá, debido al Covid19, es preocupante según monseñor Rafael Cotrino, Vicario General de la Arquidiócesis; los ingresos se redujeron hasta en un 85% “Las parroquias, como todas las entidades del mundo, han sufrido económicamente, en las estadísticas que hemos hecho los ingresos de las parroquias se redujeron entre 70 y 85 %”.

Y aunque las cifras son negativas, gracias a las donaciones, ofrendas y a la Campaña Verdad y Vida se ha podido mantener a flote en estos meses a todas las parroquias: “Hay que reconocer una gran cadena de solidari dad entre las parroquias, eso ha permitido que a ningún sacerdote le haya faltado lo básico para poder vivir. Pero además, la Arquidiócesis ha hecho un esfuerzo al seguir colaborando con las parroquias y la Cam paña Verdad y Vida, a la que muchos fieles se han unido, nos ha permitido ayudar a seis parroquias de cada una de las ocho Vicarías Episcopales Territoriales de Bogotá”.

Gracias a la campaña se ha podido entregar la suma de 1’500.000 pesos, a 59 parroquias, suma que ha servido para aliviar, de alguna forma, la complicada situación económica.

Camino, Verdad y Vida

La campaña Camino, Verdad y vida es una iniciativa de la arquidiócesis de Bogotá y la Fundación San Antonio, la cual tiene como objetivo recaudar fondos para contribuir al sustento socio-económico de los párrocos que están pasando por situaciones difíciles, debido a la crisis generada por el COVID-19.

Es importante destacar que la labor de las pa rroquias de nuestra arquidiócesis de Bogotá no se ha detenido, por eso para que cada una de ellas pueda continuar con sus acciones de evangelización, promoción social, culto, mantenimiento y generación de empleo, se puede dejar una ofrenda en www.camino verdadyvida.org.

“El destino de los tres respiradores es el Hospital San Carlos, al sur de la ciudad”, dijo el arzobispo de Bogotá, monseñor Luis José Rueda Aparicio, y resaltar la rapidez de la entrega al cen tro hospitalario. Monseñor Jaime Man cera, como encargado de la Dimensión Social de la Evangelización, fue el res ponsable de la entrega.

El hospital San Carlos solo tenía 10 camas UCI para atender casos de Co vid-19, así que aumentó su capacidad hospitalaria, en especial en un sitio es tratégico del sur de Bogotá.

Una gota en el mar

“Si vemos el conjunto de Bogotá, tres respiradores es poco, pero el Santo Padre ha dado ayudas a muchos más países desde el inicio de la pandemia, por lo que viendo el contexto mundial, la ayuda del papa Francisco es muy im portante”, ha destacado monseñor Rue da, evocando una frase de santa Teresa

En un sencillo y rápido encuentro en la Nunciatura, el arzobispo Luis Mariano Montemayor entregó los equipos donados por el Papa al hospital San Carlos Estos tres equipos, que constan de respiradores pulmonares y dos sistemas infusionales de jeringa hacen parte de 35 dispositivos que el Vaticano entregó a los países más afectados por la pandemia.

de Calculta: “a veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le falta ra esa gota”.

“La arquidiócesis de Bogotá se ale gra por este gesto de amor del Santo Padre hacia todos los enfermos de Covid-19 de todo el mundo, especial mente con los bogotanos”, ha dicho el arzobispo Rueda, quien asegura que siguiendo el ejemplo del obispo de Roma, las parroquias de Bogotá con tinuarán “en la primera línea” en este tiempo excepcional, a través de ayu das materiales como las que ofrece el Banco Arquidiocesano de Alimentos, y del acompañamiento espiritual que lideran los presbíteros en la ciudad.

Por lo demás, no resulta extraño que ‘la Iglesia de las periferias’ que prego na el papa Francisco, haya mirado ha cia el sur de Bogotá para que estas ‘tres gotas’ de caridad lleguen a los más po bres de la ciudad.

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El papaFrancisco donó equipos médicos al Hospital San Carlos de Bogotá
Notas arquidiocesanas

Notas arquidiocesanas

Especial Visita de la imagen del Señor de Monserrate

Vino y estuvo entre nosotros

Estuvo una semana. La imagen del Señor Caído de Monserrate fue bajada del cerro y peregrinó de domingo a domingo entre los bogo tanos. Fue llevada a todas las cate drales de esta ciudad, oró con y por los bogotanos que no podemos subir a su santuario, que no po demos ir a la misa presencial. Él vino a fortalecernos, su presen cia fue fuente de consuelo y es peranza. La histórica, milagrosa y venerada imagen del Señor Caído de Monserrate bajó del cerro para acompañar y fortalecer a las fa milias bogotanas en esta penosa época, como lo ha hecho cada vez que la ciudad está en momentos de dificultad.

El pasado sábado 8 de agosto, la venerada imagen del Señor Caído de Monserrate, que pesa algo más de 150 kilos y tiene más de 360 años de historia, bajó del cerro tutelar de Bogotá para acompa ñar a las familias de toda la ciu dad-región en una intensa sema na de oración. Después de visitar las catedrales de Soacha, Engati vá, Fontibón y del obispado cas trense volvió el domingo 16 a Bo gotá. El lunes 17 subió a su casa acompañado del arzobispo Luis José Rueda.

Intensa semana de oración

Así, el domingo 9 empezó su peregrinación desde la Capilla del Sagrario al altar mayor de la Ca tedral Primada, después de la ya

tradicional misa televisada y presi dida por el Arzobispo, quien en la homilía pidió de manera especial por las familias, por el trabajo, por la salud y por la vida.

Todo ese domingo fue una jor nada de fuerte y permanente ora ción en la que participaron los formadores de los seminarios ma yores de Bogotá, el Conciliar de San José y el Redemptoris Mater. Los primeros rezaron el Viacru cis y los segundos el Rosario y el padre Nicolás Garzón presidió la adoración al Santísimo. Los obis pos auxiliares celebraron las euca ristías; del medio día, monseñor Pedro Salamanca, y de las 5 de la tarde, monseñor Luis Manuel Alí.

Dentro de la impecable prepara ción y logística, organizada por el padre Leandro Ruiz, se contempló

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un espacio periodístico a cargo del padre Rafael De Brigard, quien entrevistó al arzobispo Luis José Rueda, en horas de la tarde; en la noche, casi cerrando la jornada, al padre Daniel Saldarriaga, director de la Fundación Arquidiocesana Banco de Alimentos, entidad que ha cumplido sobrepasando todos los cálculos en la entrega de mer cados a las familias más necesita das en estos momentos.

Todos los fieles de la Bogotá Me tropolitana tuvieron acceso a esta programación a través del canal Cristovisión y los medios virtuales arquidiocesanos.

La Eucaristía del domingo 16 tuvo tintes especiales. El presiden te Iván Duque, su esposa; la vice

presidente y su esposo y algunos Ministros del Despacho asistieron como feligreses del territorio pa rroquial de la Catedral.

En la despedida de la venerada imagen, que ha bajado sólo en ocasiones especiales, el señor ar zobispo rogó por el fin de la pan demia, por los médicos y demás personal de salud, por las familias que han perdido a sus seres que ridos sin poder despedirlos en la forma acostumbrada y por todos los que han sido tocados por el ala de la desgracia para que encuen tren paz y consuelo.

La presencia de la imagen se convirtió en una catequesis del anonadamiento de Dios a favor del hombre de hoy.

Seminario Mayor

Autoformación y cuidado

El Seminario Conciliar de Bogotá, también llama do Seminario Mayor de San José, ha sido ejemplo para otros seminarios a nivel nacional por los pro tocolos de bioseguridad establecidos.

Sus aulas continúan activas desde las plataformas digitales, las actividades de estudio y trabajo de for madores y alumnos, continúan. Algunos seminaris tas están en casa y otros, de manera excepcional, de manera presencial, cumpliendo eso sí con las nor mas de autocuidado.

En el primer semestre, por ejemplo, la gran mayo ría de estos estudios se realizaron de manera virtual, también los momentos de oración; se entró en ge neral en una dinámica nueva, de acompañamien to a través de todas las herramientas que brinda el mundo digital.

Sólo 24 estudiantes se encuentran de manera pre sencial, los otros alumnos continúan la formación desde sus casas. “Esta nueva forma de encontrarnos y continuar con todas las actividades, nos ha ense ñado a cumplir con horarios, tiempos de estudio individuales y a ser responsables con toda esta auto formación”, afirma el padre Edwin Vanegas, rector del Seminario Conciliar de Bogotá.

Este Seminario, uno de los más antiguos de Amé rica, fue fundado en el año 1581, su sede actual se encuentra en el barrio El Chicó, en el costado este de la carrera séptima.

Responsabilidad y prevención

Así mismo, con una labor rigurosa y ar dua, por parte del equipo del sistema de gestión y seguridad en el trabajo, el Seminario Mayor diseñó en el mes de abril un documento de protocolos de biosegu ridad, pensando no sólo en los seminaris tas, sino en todas las personas, comuni dades y servidores que visitan este lugar.

Este protocolo preventivo y de conten ción del COVID-19, ha sido solicitado por la Conferencia Episcopal de Colombia y por otros seminarios a nivel nacional para poder ser adaptado.

Finalmente, “las redes sociales y la vir tualidad se han convertido en una opción de servicio para poder seguir con nuestra labor evangelizadora”, afirmó el padre Vanegas.

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Asamblea virtual

Después de intentos fallidos por diferentes eventos y circunstancias, la tan esperada Asamblea Arquidiocesana, acorde con el momento histórico, fue un encuentro virtual, en el que estuvieron conectadas, por diferentes medios, más de 40 mil personas, el pasado 8 de agosto.

En este Encuentro se vivieron muchos momentos diferentes. Música, preguntas, testimonios… y la bienvenida al nuevo pastor, el arzobispo Luis José Rueda Aparicio.

¡Y acogimos a nuestro nuevo Arzobispo!

Fue la oportunidad para darle la bienvenida a monseñor Luis José Rueda Aparicio, nuevo arzobispo de Bogotá y Primado de Colombia, y presentar formalmente la nueva etapa del Plan de Evangelización de la arquidiócesis de Bogotá: el Nuevo Ritmo.

La jornada inició con la bienveni da por parte de los presentadores del Encuentro, el padre Andrés Pérez, coordinador arquidiocesano para la evangelización de la juventud y Doris Hernández, periodista de la Oficina de Comunicaciones de la Arquidiócesis. Posteriormente, con tinuó la oración por parte del padre Astolfo Moreno, quien invitó a to dos los espectadores a unirnos como iglesia y orar por nuestro nuevo pas tor monseñor Rueda.

De los momentos destacados del Encuentro resaltamos la bienvenida

con un video biográfico a monseñor Luis José Rueda como nuevo arzobis po de Bogotá. El diálogo de Zulma Castañeda, animadora de evangeli zación de manera virtual y como ho lograma con el señor Arzobispo, in dicándole cómo es la evangelización de hoy en la arquidiócesis de Bogotá. Además, la conversación de monse ñor Jaime Mancera también de forma remota y como holograma con mon señor Luis José y los obispos auxilia res de Bogotá; monseñor Luis Manuel Alí y monseñor Pedro Salamanca, explicando cada uno los rasgos espi rituales de la nueva etapa del Plan E, el Nuevo Ritmo: una espiritualidad misionera, de comunión (diocesana) y encarnada y samaritana.

Aunque fue una celebración atípi ca y sin público, diferente a las que estamos acostumbrados como Ar quidiócesis, fue una jornada muy enriquecedora, donde todos los que participamos nos acoplamos a un Nuevo Ritmo, como iglesia unida en el amor de nuestro señor Jesús.

¡Al fin nos pudimos encontrar!
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Asamblea Arquidiocesana

Asamblea Arquidiocesana

Tres respuestas claves de monseñor Rueda en el Encuentro

Las preguntas fueron realizadas después de la intervención de mon señor Jaime Mancera y los obispos auxiliarles; monseñor Luis Manuel Alí y monseñor Pedro Salamanca, explicando cada uno los rasgos espi rituales de la nueva etapa del PlanE, el Nuevo Ritmo: una espiritualidad misionera, de comunión (diocesana) y encarnada y samaritana.

Inició el padre Rafael Saboya, misio nero comboniano: ¿En este tiempo de confinamiento como practicar lo que dice el papa Francisco, una Iglesia en santidad?

Arzobispo Luis José Rueda: Es una pregunta muy concreta y quiero res ponderla concretamente, pero déjen me tomar algunos elementos de la vida de la iglesia para responder. Pri mero la vida de Jesucristo, digámoslo así estuvo confinada en Nazaret du rante 30 años, solamente después vie ne la vida pública propiamente lo que conocemos nosotros. La vida de la infancia, de la adolescencia, de la ju ventud inicial del señor Jesús, fue una obra misionera, pero fue una obra misionera allí en el hogar de Nazaret, primer punto.

Segundo, estoy pensando en un gran misionero de nuestro tiempo que es el obispo Jean François Antoi

ne, que estuvo preso en una cárcel, detenido, y sin embargo continuó allí viviendo su seguimiento de Cristo y su misión; estoy pensando también en tantos que en los campos de con centración durante la Segunda Gue rra Mundial fueron misioneros allí, en ese escenario hostil, difícil; estoy pensando en hombres y mujeres que dieron la vida por el Evangelio, es tando confinados pero, además estoy pensando en la vida consagrada de la Iglesia, hombres y mujeres de vida contemplativa, que están allí están en un monasterio, están viviendo un confinamiento por amor, santificán dose y cumpliendo una misión. Creo que Iglesia en salida es una Iglesia en todos los escenarios donde estemos, donde haya una persona que sigue los pasos de Cristo está allí anunciando y viviendo el Reino.

Continuó Zulma Narváez, quien hace parte del equipo arquidioce sano de pastoral juvenil Puente J ¿Se nos invita a caminar juntos y vivir en comunión como hacerlo en una pandemia que nos lleva a dis tanciarnos?

Arzobispo Luis José Rueda: Lo pri mero que quiero decir es debemos cuidarnos, tomar todas las medi das para que nuestra vida siga mar chando, pero estoy pensando en la Trinidad Santa, de dónde viene la comunión el Padre, el Hijo y el Espí ritu Santo. Tres personas distintas que

viven la comunión de un solo Dios verdadero, pero son distintos, de allí brota la comunión y la participación de la iglesia del pueblo de Dios, allí hunde sus raíces.

Segundo, quiero citar algo que nos dijo el papa Benedicto XVI, con la sabiduría y profundidad de este hom bre de iglesia, de este gran sabio de nuestro tiempo, dijo la persona que tiene fe nunca está sola, no estamos solos, una cosa es estar distanciados y otra cosa es vivir solitarios, podemos vivir la comunión estando distancia dos. Ahora puede haber personas que están amontonadas y no están en co munión, la verdadera comunión es el reconocimiento del otro, cuando re conocemos el rostro de los otros los valoramos, cuando hay esa solidari dad, cuando hay esa empatía, enton ces logramos vivir la comunión.

Estamos invitados en medio de la pandemia a mantenernos distancia dos y a cuidar la salud de los otros, pero ahí cuidando la salud del otro en el distanciamiento, estoy vivien do una misión de comunión con los otros. Ojalá que en nuestras fami lias crezca la comunión, ojalá que nuestras parroquias con el esfuerzo de los queridos párrocos, que de dis tintas maneras han creado la forma de llegar hasta las familias, crezca la comunión. Estoy convencido de que este será un tiempo donde el Señor nos acompaña y nos lleva a vivir la comunión que vive el Padre, el Hijo y el Espíritu.

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Y terminaron Luis Pinzón, diácono permanente, y su esposa María Teresa Peñalosa: ¿Se nos invita a ser sal de la tierra y luz del mundo, como conse guirlo en un momento en que se pier de la esperanza con un futuro incierto y hay miedo?

Arzobispo Luis José Rueda: Empiezo con el Evangelio de mañana, vamos a ver al señor Jesús que está orando y despide a sus discípulos, ellos van en la barca, son especialistas del mar y sin embargo tienen una noche de tormenta, de viento en contra, de an gustia como estamos viviendo todos nosotros. Jesús se acerca a ellos y se les revela -Soy yo, no tengan miedoy eso debe resonar en el corazón de todos nosotros, no tengan miedo en medio de la pandemia, el Señor va con Pedro porque él pidió ir hacia Jesús y luego los dos llegan a la barca, es ahí donde viene la calma, cuando Jesús llega con Pedro a la barca, es decir cuando Él se pone en el camino de nuestras tragedias, para llegar a la barca de la familia, de la ciudad, del país, de la humanidad que está herida.

La iglesia en la ciudad se ha metido en los barrios, las parroquias son eso, es iglesia en las casas, viviendo, com partiendo la vida. Me alegra mucho ver los colegios en el sur de la ciudad comprometidos en la educación y eso promueve al ser humano, me encanta ver el Banco de Alimentos acompa ñando en este momento y sirviendo de ejemplo para otros lugares del país, en el compartir solidario. Me encan ta ver en otras partes de Colombia el cooperativismo, fruto de una opción por Cristo, que lleva hasta la economía y a la política para mejorar la vida, y me alegra mucho que queremos tam bién ciudadanos que donde estén, van fermentando la realidad con nuestra forma de ser, con nuestro estilo, con el proyecto primero de nuestra vida y luego haciendo surgir en las 293 pa rroquias, 293 proyectos que van sir viendo a que seamos más humanos, más hermanos, más fraternos, más solidarios en medio de la pandemia.

No podemos perder la esperanza, el Señor nos dice - no tengan miedo soy Yo el que va en medio de la tor menta acompañándonos - por eso es tan bello este momento para que nosotros crezcamos, ensanchamos nuestro corazón y nos dispongamos a ser siervos por amor, con cariño al estilo de Jesús, quitarnos todo el ro paje, ponernos a los pies de los otros, lavarles los pies y de esa manera nuestra iglesia, es una iglesia samari tana que encuentra el que está aten dido en el camino y no pasa de largo. La peor de las pandemias sería la indiferencia, pero allá en la parábola del samaritano encontramos nuestra motivación para ver conmovernos, acercarnos, curar las heridas y eso podemos hacerlo allá en su casa, en su parroquia, ofrézcale a su párroco, ofrézcale a su familia, que alguien de su familia está necesitando su mano tierna y misericordiosa.

Asamblea Arquidiocesana

Perfiles

Acompañar y consolar sin importar las circunstancias

Mauricio Castiblanco es un diáco no permanente de la arquidiócesis de Bogotá. Su asignación en la pastoral funeraria, ahora conocida como de la esperanza, ha conmovido por las cir cunstancias en que la realiza.

En la ciudad se ha llegado a más de cien muertes diarias causadas por el COVID-19, fallecimientos solitarios y tristes. Los familiares no tienen po sibilidad de acompañar a su familiar o amigo en la última y crítica etapa, y después de la muerte mucho menos. No se sabe cómo enfrentar el duelo.

Pero el diácono Mauricio ayuda en ese difícil proceso, aunque no sea fácil transmitir fe, esperanza y paz desde la calle. Ahora no se puede hacer un servicio exequial a los muertos por COVID, sus cuerpos van directamen te a los hornos crematorios, así que sin bajarlos del carro fúnebre son bende cidos por el diácono, acompañado, a veces, por un solitario violín.

Castiblanco nació en Zipaquirá aun que se crio en Cogua. Tiene 47 años y es casado hace 10. Fue ordenado diácono permanente en 2018, por el señor cardenal Rubén Salazar, para el servicio en esta arquidiócesis.

Nunca se imaginó que el Señor con duciría su vida para ser un servidor de Cristo y de los hermanos a través de este ministerio. Se siente agradecido con Dios cada vez que puede ayudar, consolar y llevar un mensaje de espe ranza para aquellos que sufren y nece sitan una voz de consuelo.

Porque eso es lo que hace ahora, es pecialmente en estos tiempos de pan demia y de confinamiento, Mauricio realiza junto a otros cinco diáconos, en Capillas de la Fe y el cementerio de Chapinero, un acompañamiento a las familias y personas que pierden sus se res queridos a causa del coronavirus.

El mensaje para los deudos es que el cuerpo es eso, un cuerpo material, y que el alma es lo que perdura. Lue go de la aspersión con el agua bendi ta “Les decimos que la muerte no es eterna, y que solo es un partir y un morir de este mundo”, afirma Mau ricio.

Para este diácono han sido muchas las experiencias pastorales y espiri tuales vividas en estos inéditos mo mentos, como la de la familia que perdió a sus padres con apenas días de diferencia; sus cinco hijos, con una inmensa tristeza y desesperanza asis tieron a los servicios religiosos per mitidos en búsqueda de consuelo. Al finalizar, su esperanza se había puesto en Dios.

Mauricio Castiblanco dice “nunca pensé estar como diácono permanen te al servicio del señor Jesús. Doy gra cias a mi familia por su apoyo y claro, que por medio de esta pandemia se ha hecho más visible la pastoral de la esperanza y ha permitido que como

iglesia nos acerquemos a las familias que han perdido a su seres queridos”.

Respecto a su vocación dice que ha valido la pena el servicio a los de más, haber respondido al llamado del Señor e invita a que otros esposos puedan sentirse motivados para este servicio diaconal ya que ha sido una gran experiencia de vida el amor y la entrega al servicio como familia.

Finalmente, Mauricio invita a los matrimonios para que experimenten la misericordia Dios en el perdón y la esperanza.

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Desde la Cancillería

Nombramientos

En los días anteriores a su retiro, el señor cardenal Rubén Salazar, como arzobispo de Bogotá, a través de diferentes decretos, hizo los siguientes nombramientos:

Vicarios Generales

Ratificar por un año como Vicarios Generales de la arquidiócesis de Bogotá y concederles mandato especial

Excelentísimo señor obispo auxiliar, Luis Manuel Alí Herrera y como Vica rio Episcopal para la Comunión y Par ticipación.

Excelentísimo señor obispo auxiliar, Pedro Manuel Salamanca Mantilla y como Vicario Episcopal de Evangeliza ción y Vicario Episcopal para el Anun cio, Formación en la Fe y Diálogo con la Cultura.

Nombrar por un año como Vicario General de la arquidiócesis de Bogotá

Ilustrísimo monseñor Rafael Cotri no Badillo y como Vicario Episcopal de Asuntos Económicos y Administrativos.

Nombrar por un año Vicarios Episcopales Territoriales con funciones de Vicarios Generales en su territorio

Ilustrísimo monseñor Julio Hernando Solórzano Solórzano, en la Vicaría Episcopal Territorial de la Inmaculada Concepción.

Ilustrísimo monseñor Daniel Arturo Delgado Guana, en la Vicaría Episco

pal Territorial de Cristo Sacerdote. Ilustrísimo monseñor Yoany Víctor Cupitra Díaz, en la Vicaría Episcopal Territorial del Espíritu Santo.

Ilustrísimo monseñor Alberto Forero Castro, en la Vicaría Episcopal Territo rial de San José.

Ilustrísimo monseñor Germán Medi na Acosta, en la Vicaría Episcopal Te rritorial de San Pedro.

Ilustrísimo monseñor Nelson Enrique Ortiz Rozo, en la Vicaría Episcopal Te rritorial de San Pablo.

Ilustrísimo monseñor Juan Álvaro Za pata Torres, en la Vicaría Episcopal Te rritorial Padre Misericordioso.

Ilustrísimo monseñor William Casas Velásquez, en la Vicaría Episcopal Te rritorial Santa Isabel de Hungría

Ilustrísimo monseñor Jaime Alberto Mancera Casas, Vicario Episcopal en la Vicaría Episcopal para la Dimensión Social de la Evangelización, por un año.

Parroquias

Aprobar la supresión, liquidación y di solución de la parroquia San Blas.

Párrocos

Ilustrísimo monseñor Alirio López Aguilera, en San Diego, Vicaría Epis copal Territorial de La Inmaculada Concepción.

Ilustrísimo monseñor Rodrigo Sán chez García, en San Pedro Apóstol, Vicaría Episcopal Territorial de Cristo Sacerdote.

Señor presbítero Adolfo Vera López, en Santos Timoteo y Tito, Vicaría Episco pal Territorial de San Pedro.

Señor presbítero Angelino Sanjuanés Flórez, en Santa María del Cenáculo, Vicaría Episcopal Territorial de Cristo Sacerdote.

Señor presbítero Edgar Javier Barbosa Morales, en Nuestra Señora de Alta gracia, Vicaría Episcopal Territorial de

San José.

Señor presbítero Edgar Oswaldo Alar cón Manrique, en Santo Tomás Becket, Vicaría Episcopal Territorial de San Pedro.

Señor presbítero Edwin Nebardo Vega Machado, en Santa Catalina Laboure, Vicaría Episcopal Territorial de San José.

Señor presbítero Fredy Leonardo He rrera Fuentes, en El Inmaculado Cora zón de María, Vicaría Episcopal Terri torial del Espíritu Santo.

Señor presbítero Heldirbrando Cuéllar Amézquita, en San Pedro de Alcánta ra, Vicaría Episcopal Territorial de La Inmaculada Concepción.

Señor presbítero Joselín Alirio Buitra go García, en San José Cafasso, Vicaría Episcopal Territorial Padre Misericor dioso.

Señor presbítero Julio César Montilla Riveros, en Nuestra Señora de las La jas, Vicaría Episcopal Territorial de La Inmaculada Concepción.

Señor presbítero Luis Ángel Cuenca Serrano, en Jesucristo, Nuestra Pas cua, Vicaría Episcopal Territorial del Espíritu Santo.

Señor presbítero Mauricio Herrada Mazo, en San Andrés Apóstol, Vica ría Episcopal Territorial Santa Isabel de Hungría.

Señor presbítero Pablo Enrique Pinzón Pérez, en Santa Ana, Vicaría Episcopal Territorial de La Inmaculada Concep ción.

Señor presbítero Rubén Darío Hernán dez Perdomo, en San Ambrosio, Vica ría Episcopal Territorial de San Pedro.

Administradores

Parroquiales

Reverendo padre Luis Eduardo López Aguilera, C.S.V., en San Pablo VI, Vica ría Episcopal Territorial de San Pedro.

Señor presbítero Andrés Felipe Arias Leal, en Madre Laura, Vicaría Episco pal Territorial de San Pablo.

Señor presbítero Edie de Jesús Serna Ríos, en San Pedro Julián Eymard, Vi

Fraternidad, una revista para el clero de la arquidiócesis de Bogotá - 39

Notas arquidiocesanas

caría Episcopal Territorial Santa Isabel de Hungría.

Señor presbítero Jorge Caballero Rodrí guez, en Nuestra Señora de Nazaret, Vicaría Episcopal Territorial Santa Isa bel de Hungría.

Señor presbítero Miguel Ángel Le guizamón Velásquez, en San Marcos Evangelista, Vicaría Episcopal Territo rial Santa Isabel de Hungría.

Señor presbítero Roberto Carlos Casti llo López, en Santos Joaquín y Ana, Vi caría Episcopal Territorial Santa Isabel de Hungría.

Vicarios Parroquiales

Señor presbítero Alfonso Floriano Ca rrera, en El Espíritu Santo, Vicaría Episcopal Territorial de La Inmacula da Concepción.

Señor presbítero Alirio Cuevas Mojica, en Santa Ana, Vicaría Episcopal Terri torial de La Inmaculada Concepción. Señor presbítero Carlos Anderson Ace vedo Medina, en San Wenceslao, Vica ría Episcopal territorial Padre Miseri cordioso.

Señor presbítero Mario Rodríguez Ve negas, en Santa Bibiana, Vicaría Epis copal Territorial Padre Misericordio so.

Señor presbítero Paulo Andrés Gon zález Londoño, en Santa María del Camino, Vicaría Episcopal Territorial de San Pedro.

Otros Cargos

Doctora Sandra Lidia Flórez Bohór quez, como defensor del Vínculo del Tribunal Eclesiástico Arquidiocesano.

Señor presbítero Juan Carlos Carballo Pérez, capellán en el Complejo Carce lario y Penitenciario Metropolitano de Bogotá – La Picota.

Señor presbítero Martín Gil Plata, cu rador del patrimonio bibliográfico de la arquidiócesis de Bogotá.

Señor presbítero Raúl Guillermo Vaca Díaz, adscrito en San Diego, Vicaría Episcopal Territorial de La Inmacula da Concepción.

Ratificar

Doctor Rafael Gómez Betancurt y al reverendo padre Ismael Garceranth Ramos, S.J., jueces del Tribunal Ecle siástico Arquidiocesano.

Doctora Andrea Laredo Romero, de fensora del Vínculo del Tribunal Ecle siástico Arquidiocesano.

Doctora Luz Marina Moreno Rodrí guez, notaria del Tribunal Eclesiástico Arquidiocesano.

Licencias Pastorales

Señor Presbítero Wilber Gregorio Pa bón Castellar por dos (2) años sin ejer cer el ministerio sacerdotal.

Fundaciones

Señor Germán Oviedo Moreno, miem bro principal en la Junta Administra dora de la Fundación Clínica David Restrepo.

Señor Hermes José Mujica Cassab, como miembro suplente en la Junta Administradora de la Fundación Clíni ca David Restrepo.

Señor presbítero Angelino Sanjuanés Flórez, representante Legal de la Fun dación Casa de Ejercicios de Emaús. Bogotá, 18 de junio de 2020

Fue presentado el Vademécum sobre cuestiones procesales en casos de abuso cometidos por clérigos

En un encuentro virtual realizado el pasado miércoles 12 de agosto se presentó el Vademécum sobre algunas cuestiones procesales ante casos de abuso sexual a menores.

El seminario web fue organizado por la Oficina Para el Buen Trato de la arquidiócesis de Bogotá, monseñor Luis Manuel Alí, obispo auxiliar de la arquidiócesis de Bogotá, y monse ñor Pedro Mercado, presidente del Tribunal Eclesiástico de Bogotá, fueron los encargados de realizar la exposición.

El Vademécum fue preparado por la Congregación para la Doctrina de la Fe con el fin de responder a las numerosas cuestiones sobre los pasos que han de seguirse en las causas penales ante los casos de abuso sexual a menores cometidos por clérigos. Se trata de un manual, que pretende ayudar y conducir paso a paso a quién se vea en la necesidad de proce der al descubrimiento de la verdad en el ámbito de los delitos mencionados anteriormente.

“Fue creado para afrontar los casos de abusos sexuales con tra niñas, niños, adolescentes y personas vulnerables como

su nombre lo indica pues es un manual de preguntas y res puestas” indicó monseñor Luis Manuel Alí.

El texto tiene en nueve puntos todo lo concerniente a la de nuncia de abuso sexual, desde qué configura este delito y cómo se inicia la investigación del caso, hasta las clases de medidas cautelares que podrían ser impuestas al clérigo in volucrado en caso de confirmar su culpabilidad.

“El documento quiere entonces acompañar a los obispos, acompañar a los profesionales del derecho en su itinerario hacia el descubrimiento de la verdad, clarificar, ayudar e iluminar son los verbos que determinan la finalidad de este nuevo documento, que aprovecho para decirles es un do cumento muy particular, porque no se parece en nada a los documentos que la Congregación para la Doctrina de la Fe había publicado sobre el problema del abuso de sexual de menores anteriormente”. Indicó monseñor Mercado.

Fueron más de 600 personas, entre sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos de diferentes partes de Colombia y hasta fuera del país, que participaron en esta presentación.

40 - Fraternidad - Septiembre de 2020
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