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Cotopaxi Magazine se presenta como un medio de comunicación social alternativa con un enfoque diferente, en cuyas páginas plasmará expresiones, temáticas y manifestaciones locales con miras a generar espacios para la cultura, turismo, historia y actualidad fundamentada en la posibilidad de construir una identidad cultural cotopaxense.

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La enigmática y ancestral Angamarca La Vieja..................

Angamarca incrustada en el Proceso Libertario................. 10 La Parroquia: San Agustín de Angamarca.......................... 18 Los Caporales de Angamarca.............................................. 21 La Fiesta de Pascua Grande de Angamarca........................ 30 Caballo, toro y páramo: La pasión del Chagra.................... 32

Dar atención a sectores olvidados de la provincia de Cotopaxi será una política comunicacional de esta revista con la posibilidad de comunicar y ofrecer a nuestros lectores información local sobre aspectos positivos que permitan conocer, reconocer y revalorizar lo nuestro como una contribución social a través de la promoción de tradiciones y costumbres culturales cotopaxenses; lugares turísticos e históricos; actividades educativas, culturales y deportivas.

El Animero de Angamarca.................................................. 35

Posicionar a “Cotopaxi Magazine” como un medio impreso de comunicación local de distribución gratuita y publicación trimestral afIncada en la ciudad de Latacunga con cobertura para la capital de provincia, sus siete cantones y la provincia de Cotopaxi en general.

Angamarca: Ecosistema Natural Protector.................................. 49

Finalmente, Cotopaxi Magazine expresa un sincero agradecimiento por permitirnos ingresar en vuestros hogares como muestra de su confianza; pero no sin antes hacer público el compromiso de ofrecerles a través de nuestras publicaciones información que fomente la educación, cultura, turismo, deporte y que oriente a sus lectores.

El Cacicazgo y la Sucesión Cacical en Angamarca............ 36 La Familia Real Duchicela y su relación con Angamarca......... 39 La Agencia del Estanco en Angamarca.....................................

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Angamarca presente en el Paseo Procesional del Chagra.......... 44 Los Montúfar y Larrea en relación con Angamarca................... 46 Fortalezas del Sistema Defensivo de Angamarca....................... 52 Hacienda el Shuyo de Angamarca................................................ 55 Angamarca: Exploración, Salud y Diversión.............................. 58 El Camino Real del Inca y rutas prehispánicas hacia y desde Angamarca..................................................................................... 62 La fuerza del hombre construyó la carretera a Angamarca........ 64 La Electrificación en Angamarca.................................................. 66 La Doctrina Cristiana en Angamarca........................................... 69 La Encomienda de Angamarca..................................................... 71 La Educación en Angamarca........................................................ 73 Mitos de la Cultura Angamarqueña.............................................. 76

DIRECTOR Gerente General Manuel Montúfar Flores EDITOR Manuel Montúfar Flores DIRECCIÓN TÉCNICA Ugo Stornaiolo Pimentel

El Distrito Minero en Angamarca................................................. 77 Leyendas de Angamarca: El Llucho tigre de Angamarca.......... 79 Leyendas de Angamarca: El Duende de Angamarca................... 80 Leyendas de Angamarca: La Loca Viuda de Angamarca.......... 81 Leyendas de Angamarca: La Guiñaguille de Angamarca......... 82

REDACCIÓN Manuel Montúfar Flores PORTADA Parroquia de Angamarca FOTOGRAFÍA Archivo Cotopaxi Magazine DISEÑO E IMPRESIÓN GRUPO INFORMATVALLES Freddy García A. Jessenia Arteaga D. Edison Páez M. 02-2863-967 / 08-8703-058 Email: informatvalles@gmail.com DIRECCIÓN Guayaquil 444 y Belisario Quevedo 3er. Piso – Latacunga Ecuador Telfs.: (03)2803328 099830120 094671849 Comentarios, eventos, fotos y sugerencias a: cotopaximagazine@hotmail.com - Cotopaximagazine@yahoo.com

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el cual se componía de 16 tribus, las más de ellas muy numerosas que eran: Aláques, Callos, Collas, Cuzubambas, Mulahaloes, Mullihambatos, Pansaleos, Pilahaloes, Pajilíes, Saquisillíes, Sígchos, Tan cuchíes, Tiopullos, Toacasos, Yanaconas y propios Latacungas; 2.- Angamarca, mediano con las tribus que hoy se llaman de Colorados, Yungas y otros; 3.- Ambato, pequeño con las tribus de Huapantes, Pillaros, Quizapinchas e Zambas.”(Velasco, 1841, Pág. 30)

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ntre espesos e interminables bosques endémicos, rodeada de exuberante vegetación tropical y dotada de abundante alimentación silvestre se asentó la prehispánica y aún pre-Inca Angamarca la Vieja; cuya población, según el estudio realizado por el arqueólogo Gregorio Loza Balsa en 1975, constituiría la “sede de una nueva cultura que habría florecido entre los siglos V y VI A.C”; aseveración que lo realiza luego de encontrar “un sistema arquitectónico diferente en sus formas, módulos y concepciones de las demás parcialidades del Ecuador”. Fortaleza en donde “sus pobladores fundían oro y bronce, llegando a dominar la técnica del templado a golpe de estos metales”; zona privilegiada en la que pudo “observar piezas de alfarería que revelaban indicios de contacto Cara en algunos casos y Panzaleo en otros, con figuras humanas elaboradas con cerámica muy fina”. Loza Balsa asegura que se trata de una ciudad aborigen pre-Inca y la llama “Capital del Reino Independiente de Angamarca”, describiéndola en “una extensión de 13.000 m2 de construcción, 1.000 metros de muros de contención que dan hacia los barrancos y unos 300 metros con calles y vías de acceso que aun conservan el empedrado original”. El padre Juan de Velasco en su obra Historia del Reino de Quito confirma la existencia de mencionado Reino de Angamarca, pero lo llama “Estado” ubicándolo al sur del Reino de Quito conjuntamente con los estados de: “1.- Latacunga, grande casi igual que Quito,

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Sus ruinas arqueológicas se encuentran localizadas en el actual Cantón Pángua, específicamente a 7 Kilómetros de la parroquia Ramón Campaña en Pilancón, a las cuales el viajero francés Ing. Vicente Onffroy Thoron en 1860 las describe como una “secuencia de terrazas rematadas en un especie de cubo en un área de 600 m2, con paredes de 5 metros de alto revestidas por gruesas lajas horizontales con piedras grandes en las esquinas. En el centro de la plazoleta superior se halla un pilar cuadrado que termina en un trapezoide de 87 centímetros; alrededor de este cubo existe una calle a la que se ingresa mediante una escalinata monumental. Las terrazas subyacentes tienen paredes inclinadas de piedra que servían de contención a la superior y soporte a las inferiores; alrededor se ubican tres caminos con una plaza redonda en cada uno; de ellos, el primero se dirige hacia Ingapirca de la actual Angamarca, el segundo a Quevedo y el último hacia lo desconocido”. La antropóloga Yolanda Navas de Pozo en su obra Angamarca en el Siglo XVI al respecto de Angamarca la Vieja manifiesta que “se levanta sobre una colina a unos 2.000 m. de altura, permite una gran visibilidad de la planicie costera, desde las que se dominan fácilmente: Valencia, Quevedo, Zapotal, Catarama”; afirma también que estas “ruinas constituye un complejo arquitectónico bajo un claro contexto urbano, en el que existen calles empedradas, graderías y terrazas, como innumerables yatas, con una plaza central en la cumbre a la que se alcanza por un camino en forma espiral”. El Reino Independiente de Angamarca según Nepalí Zúñiga “abarcaba una extensión comprendida por amplios ambientes tanto litorales como serranos entre una altitud de 30msnm en la planicie costera hasta los 4.500msnm en los altos páramos de la presente parroquia de Angamarca”; por lo tanto la inmensa prolongación de suelo de Angamarca

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la Vieja alcanzaba desde el Piso Tropical cuyos límites latitudinales van de 30 a 300msnm con temperaturas superiores al los 24 °C hasta el Piso Subalpino que viaria entre los 4.000 y 4.500msnm, llegando a las temperaturas más bajas de la zona, fluctuante entre los 6°C y 3°C. Por lo tanto, la capital del Estado Independiente de Angamarca, según el Diagrama para la Clasificación de las Zonas de Vida o Formaciones Vegetales del Mundo de L. Holdridge, se erige en el Piso Montano Bajo que oscila entre los 2.000 y 3.000 msnm. con temperaturas cambiantes entre 12 °C y 18 °C, con sus parcialidades aledañas de Pilaló, Pinllopata y Sicoto. Angamarca según Galo Chacón Izurieta “era una especie de confederación de mercaderes…con predominio Colorado, por lo que sus pobladores habían desarrollado una habilidad comercial sorprendente formando una unidad políticocomercial muy consistente”; dato que es corroborando por Matilde Sandoval Moreira al asegurar que “Angamarca a más de ser un enclave comercial era un punto importante en el que convergían una serie de vías y caminos que permitían el acceso y la comunicación con zonas calientes y frías”. Cultura originaria que por haber desarrollado su vida en completa independencia y en constante comunicación, pudo conocer sobre la presencia del Inca en los Estados vecinos y prepararse ante la inminente invasión cuzqueña. El Inca Túpac Yupanqui en una nueva ofensiva de conquista logra vencer a Mochas, Hambatos y Tacungas tras una enorme estrategia; sin embargo son los caciques Ati y Jacho de Tacunga quienes proporcionan tenaz resistencia, pero el Inca logra imponerse sobre los Estados Independientes de Hambato y Tacunga. El cronista Pedro Cieza de León asevera que solamente luego de cinco años de Incansable lucha logra el Inca llegar a los términos del antiguo Reino de Quito y posteriormente volver hacia el Cuzco, mientras que la mayoría de Mulliambatos, Poaloes, Mulalós y Toacasos en su afán de libertad consiguen refugiarse en Sígchos y Angamarca.

resistencia de los yumbos colorados, quienes en más de una ocasión le infringieron derrota al poderoso ejército Inca debido a que los combates tuvieron efecto en la espesa selva tropical, haciendo que la reacción Inca sea infructuosa por su inexperiencia de combatir en la zona, como también por la gran cantidad de serpientes venenosas y enfermedades tropicales que se desataban en el fragoso terreno Yunga Colorado. Es así que, los Incas jamás pudieron conquistar por la fuerza de las armas a los aborígenes de la Angamarca la Vieja, por el contrario vivían libres manteniendo sus costumbres e idioma intacto; fue una población y asentamiento aborigen impermeable que se constituyó en refugio incuestionable de numerosas tribus emigrantes hacia occidente por efectos de desastres naturales como erupciones de los volcanes Cotopaxi y Altar; terremotos e incursiones conquistadoras Incas y españolas. Angamarca, según Zúñiga, “permaneció en absoluta independencia y conservando sus costumbres y tradiciones nativas, casi hasta fines del siglo XVI, sin haber caído bajo el dominio español porque supo defenderse bravamente favorecida por su orografía montañosa y su clima especial”. Franklin Barriga López confirma, lo dicho por Zúñiga y la libertad del Estado Independiente de Angamarca, al expresar que “situada entre los confines del Corregimiento de Tacunga y Gobierno de Guayaquil, era dilatada y su numerosa nación de Angamarca se hallaba extendida en los orígenes del Rió Guayaquil, con fama de no poco belicosa. Habían intentado los españoles su conquista y la habían abandonado por la insuperable dificultad por lo fragoso del país…vivían por eso independientes y libres divididos en varias parcialidades…”

A la llegada del Inca Huaynacapac, hijo legítimo y heredero de Túpac Yupanqui, a las inmediaciones de Tacunga e intentar la conquista del Reino Independiente de Angamarca tuvo que enfrentar la mortal

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Sin embargo, con justa razón el padre José Herrera advierte ya la presencia del Inca en la zona de Angamarca citando algunos nombres de origen Quichua como Quinzaloma, Sicoto, Panyatug y Yasaucho, puesto que Huaynacapac había optado por acordar matrimonios con varias princesas de los yumbos colorados de Angamarca y así lograr el control de la zona, para inmediatamente proceder a instalar familias mitimaes Incas, trayendo como fruto de ese acuerdo amistoso a los Duchicelas, quienes forman una nueva generación de descendientes directos del Inca. En el memorial de 1.614 que reposa en el Archivo Nacional de Quito al respecto de la invasión incaica en Angamarca relata que “el primer cacique y señor absoluto que tuvo esta tierra (se refiere a Angamarca la Vieja) antes de que el inga viniese del Cuzco a esta Provincia de Quito fue Chunchu Cando gentil el cual fue cazado en su ley antigua con una india llamada Alabancha Cajana y cuando vino el inga del Cuzco a esta tierra de Angamarca, en el combate y guerra que tuvo con los indios de ella, cautivo a el dicho indio Chunchu Cando y su hijo y se lo llevo al Cuzco…” Es así que quien sucede en el trono del Reino de Angamarca es Cachito Cando, hermano menor de Chunchu Cando hasta la llegada del Español. En la actualidad, la enigmática Angamarca la Vieja envuelta entre mito y leyenda, así como verdes pastos para la ganadería, se puede observar los últimos vestigios de una importante civilización que permaneció durante siglos cubierta de flora nativa y que en el siglo XXI reclama reconocimiento toda vez que su presencia tuvo trascendental importancia en tiempos antiguos. La Región de Angamarca en el siglo XVI fue conocida como la Provincia de Angamarca, termino “Provincia” que fue estudiado por Horacio Larraín, descifrándolo como territorio o región geográfica en donde una agrupación de comunidades indígenas comparte rasgos comunes de una misma cultura, pero son incorporados bajo el mando de un mismo señor, del Wamani Incaicas. Por su parte el presbítero Enrique Terán en su Síntesis Histórica de su Orden Agustina en Latacunga publicada en 1979 manifiesta que la Región de Angamarca “tenía un poblado de 30.000 indianos, todos infieles y sumidos en la ignorancia”; manifiesta además que pertenecían a Angamarca la Vieja las “parcialidades indígenas de San pablo, Shuyo, Lechepata, Patoa, Chaca, Cunchiví, Chimbitaje, Guanduliví, Llimiliví, Mimbullo, Guambaina, Cashaloma, Silipo, Surotambo, Fandango [sic], Chine, Gualasillí, Saripo, Macapi, Punapi, Cuisa, Pigua, Muligua, Almamálag, Guambaine, Yalliví, Candopamba, Chine, Corcovado, Moraspungo, y Zapotal”. López de Velasco por su parte sostiene que la Provincia de Angamarca “incluía a los siguientes ayllus: Alope [Calope], Chillagua [Cillagua], Sicoto, Collana, Guallasilí [Guallasillí], Ipiguisa, Jibaros, Llallachanchic, Mundiqui, Chini, Payacuchi, Shuyuc, yanaconas”.

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El presbítero Juan de Velasco asevera que en el año de 1.590 se produjo una peste de viruela en la sede del Estado Independiente de Angamarca que redujo el poblado de 30.000 indios a menos de la mitad. Nepalí Zúñiga asegura que efectivamente “se abandonó el pueblo y otros sectores después de casi haberse diezmado la gente por efecto de una epidemia mortífera y fatal”. Por otro lado, el padre José Herrera en su monografía del cantón Pángua afirma que “Angamarca la Vieja fue destruida por los indios colorados y fue edificada en el sitio actual y que el religioso Esteban Onoffre entra por vez primera en la Región de Angamarca (Angamarca la Vieja) con el propósito de evangelizar, logrando reducir a 10.000 indios en 1592”. El sacerdote Enrique Terán sale al paso y refuta esta teoría manifestando que el ingreso de Onoffre a la sede de la Angamarca Inca “se debió a una mortífera epidemia que apareció en esa provincia” en el siglo XVI. Por lo cual, la inminente migración de los Yumbos Colorados y el mito presente en la mente de sus pobladores instituye el camino para llegar a la verdad a 3.000 msnm y así acercarnos a la temporal fundación Inca en Lechepata, Izizamba e Inga Loma localizada a 500 metros al noroccidente de la plaza central; para de ahí asentarse definitivamente en donde actualmente permuta la ancestral Parroquia de San Agustín de Angamarca. Yolanda Naves de Pozo, antropóloga originaria de la parroquia de Angamarca confirma la llegada del Inca y la migración hacia el actual asentamiento al señalar que “la denominada Angamarca la Vieja sería el núcleo económicopolítico de la Región de Angamarca e primera instancia, que luego con la incursión Inca este núcleo pasaría a situarse en la zona actual a 3.000 m de altura”(Navas, 1990: Pág. 14): es decir que sí se ubicaron en primera instancia en Lechepata para subsiguientemente afIncarse explícitamente a 2996 msnm en lo que hoy es la parroquia de Angamarca perteneciente al cantón Pujilí y provincia de Cotopaxi. Etnias que se afIncaron en Angamarca La Vieja.- El padre José Herrera sostiene que los primeros habitantes de Angamarca la Vieja fueron los Mantas, quienes vinieron según Max Uhle de la Península de Yucatán, establecieron en Jocay su ciudad principal y en busca de un mejor clima se dispersaron hasta llegar a Angamarca en las faldas de la Cordillera de los Andes; afirmación que realiza Herrera, al observar una similitud en sus ruinas respecto a la construcción de sus aposentos, puesto que los mantas construían con piedras los cimientos de sus casas para darle mayor solidez al muro. Herrera manifiesta además que la presencia ineludible de los Colorados en la Región de Angamarca radica en su fuerza expansiva y dominadora, ya que “los Colorados después de dominar en casi toda la costa, como gente aguerrida y comerciante buscó penetrar al interior y en ese empeño se encontró con los Mantas pobladores

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de Angamarca, gente sedentaria y pacífica…razón por la cual les dominaron fácilmente entregando a las llamas su población echas de madera”; sin embargo Matilde Sandoval Moreira sugiere que no se puede descartar la posibilidad de que ambos pueblos hayan conocido la misma técnica de construcción. Por otro lado, Nepalí Zúñiga, sostiene que el origen proviene de los Chibchas etnia aborigen de Centro América, cultura en la que tienen su raíz los Cayapa–Colorados pero que constituyen una amalgama entre los pueblos chimúuropuquina-paece, quienes invadieron en el siglo X a los Atacames y en un oleaje de Colorados y Atacames provenientes desde los bosques de Barbacoas logran entrar en tierras de Cayapas, Imbayas y Quito; aborígenes que fueron víctimas de una terrible persecución del primer imperio Cara-Quitchés, que según Jijón y Caamaño tuvo apogeo en todo el actual Ecuador interandino en el siglo XII y que posteriormente, forma con los Duchicelas el Reino Cara-Puruhá, para que azotados por mortandades y grandes incendios lleguen por Chalupas, Anzupi y Lligua a las áreas de las actuales provincias de Cotopaxi y Tungurahua. Los Caras, según González Suárez, Paúl Rivest y otros, son los mismos Mayas-Quitchés que desembocaron en costas ecuatorianas, procedentes de Centro América y que ascendieron a la región interandina en el siglo X. Juan de Velasco acota que “en el año 980 los Caras conquistan al Reino de Quito, entran en el rió Esmeraldas y en el transcurso de 200 años de apoderan de una gran región; se fusionan con los Quitus y en periodos largos se van conformando y distinguiendo diferentes familias de las cuales descienden la rama de los colorados. Si bien estas tres posturas defieren en sus orígenes, concuerdan sin discusión en la presencia de los “Colorados”, integrantes del grupo etnolingüística Chibcha-Barbacoa según Carlos Córdova. Antonio Alcedo sobre los Colorados afirma que fue una “Nación bárbara de indios de la Provincia y Corregimiento de Tacunga en el Reino de Quito,…ásperos y fragosos, abundantes en animales y fieras como osos, leones, tigres, venados, ardillas, monos y titíes…uno se llama Colorados de Angamarca porque así se llama el pueblo principal de ellos, y el otro Colorados de Santo Domingo, ya que pertenecen a la provincia y gobierno de Esmeraldas”. Yolanda Navas apoya esta opinión al decir que “su territorio original había estado ubicado entre las cuencas de los Ríos Daule y Babahoyo, extendiéndose al este por el rió Angamarca en el Siglo XVI, fraccionados entre los Colorados del Norte ubicados en las cuencas del rió Esmeraldas y los Colorados del Sur (o de Angamarca) en las cuencas del Babahoyo.

Colorados o Calientes de Angamarca, pertenecientes al grupo Tsáchila, se ubicaron en el piso ecológico Montano Bajo en la pre-Inca ciudad Angamarca la Vieja, rodeada por vegetación típica cubierta en su copas y troncos con una variedad de plantas epifitas como helechos, musgos y orquídeas; aborígenes que según el profesor Aquiles Pérez en épocas muy lejanas a dicho poblado lo llamaban CATIGOTSIN, nombre primitivo que derivaba del colorado CATI= palma real; COT(A)= planta; SEN= bueno, limpio y que posteriormente con la llegada del Inca a esta región lo denominan Angamarca. Relación Idiomática.- La raíz etnolingüística ChipchaBarbacoa conforma el origen primigenio de los idiomas hablados en una gran parte de Sudamérica, dato corroborado por Jijón y Caamaño, al manifestar que “los idiomas del Chipcha-Barbacoa se hablaron en todo el país en tiempos anteriores a la conquista Inca”, y que el “colorado (Tsáfiqui), el cayapa, el coaiquer se derivan efectivamente del ChipchaBarbacoa. El barbacoa aporta a esta unión con el dialecto tsáfiqui o colorado hablado por los Tsáchilas, el que según Teodoro Wolf “no es más que un dialecto del cayapa que también se hablaba antiguamente en Angamarca, pero que según el Etnomuseo Etnográfico Shino Pi Tsáchila a “Chachis, Awas y Tsáchilas se les incluye como parte de la lingüística del micro-chipcha”. Wolf al analizar los idiomas cayapa y colorado trae como referencia los nombres Colorados Cachabí, Uimbí, Tulubí, Pilabí y los compara con los de origen Cayapa-Colorado Calabí, Macabí Pisubí y llega a la conclusión de que “las regiones de Pángua y Angamarca fueron habitadas por Colorados”. Aquiles Pérez en su estudio lingüístico específico sobre la zona de Angamarca apoyado en la toponimia y antroponimia, luego de la llegada del Inca, estadísticamente explica que existe una preponderancia del colorado y cayapa sobre el quichua, puesto que en lo que respecta a la toponimia el 37% corresponde al quichua, colorado 32%, cayapa 12% y otros idiomas 9%; mientras que con relación a los antropónimos el quichua alcanza un 30.9%, colorado 20.2%, cayapa 16%. Estos datos porcentuales si bien a simple vista indican que el mayor porcentaje tiene el quichua ello se deben a que con la llegada del Inca se impuso nombres quichuas, el lenguaje y la cultura en su máxima expresión. Pero en la Zona de Angamarca ocurre algo sin precedentes en el aspecto lingüístico, ya que juntos el cayapa y el colorado, que pertenecen al ChipchaBarbacoa, se imponen ante el quichua, y su permanencia y presencia de nombres con origen cayapa-colorado de recintos pertenecientes a la parroquia de Angamarca como Guanduliví, Llimiliví y Yalliví en el siglo XXI confirman que en el Reino Independiente de Angamarca se hablaron tanto el cayapa como el idioma colorado.

Los Yumbos Colorados, llamados también Yungas,

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Ocupación Española de la Zona de Angamarca mprendida la conquista española hacia el Reino de Quito, Rumiñahui que ofreció tenaz resistencia en Tiocajas (Riobamba), decide organizar la retirada hacia Quito con el fin de incendiar la ciudad, esconder los tesoros reales y asesinar tanto a descendientes del Inca Atahualpa como a las Vírgenes del Sol. Concluida esta violenta acción, asegura el cronista Oviedo, que “cinco días antes de que el español llegue a Quito, se había ido de allí Orominavi (Rumiñahui) hacia el sur occidente de la capital a sentar su real en una provincia que se dice Yumbo”.

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l Estado Independiente de Angamarca referido por Oviedo, tenía su núcleo al sur-occidente en Angamarca la Vieja, que habitada por los Yumbos Colorados integrantes de la Etnia Tsachila o Colorados fue ampliamente conocida también como Reino de Angamarca, Región de Angamarca, Región del Yumbo de Angamarca, Provincia del Yumbo y Provincia de Angamarca, a donde

fue sin éxito alguno el capitán Sebastián de Benalcazar en persecución de Rumiñahui, luego de que se había corrido el rumor de que allí se ubicaban las minas de esmeraldas. Luego de Benalcázar y considerado como uno de los primeros españoles, aunque sin éxito, el capitán Alonso de Hernández sale con su empresa de Quito en 1.538 a reducir a los habitantes del País de los Yumbos; posteriormente, el capitán Peña acompañado de 100 conquistadores adiestrados y fuertemente armados desde Guayaquil parten hacia la Cordillera Occidental de los Andes, remontando rió arriba el Babahoyo alcanzan las partes bajas de la actual Cordillera de Angamarca. Federico González Suárez asegura que “en la década de 1.540 – 1.550 se organizaron aproximadamente 16 expediciones que partiendo de Quito unas...buscaban afanosamente encontrar las fabulosas minas de esmeraldas”. En la primera mitad del siglo XVI, la presencia del español en la Región de Angamarca es evidenciada en un comunicado enviado el 4 de marzo de 1.542 al monarca por el ya Procurador del Cabildo, Capitán Alonso de Hernández, en el que informaba que “muchos vecinos y encomenderos estaban casados en España y…hallábance amancebados con las indias.” Sin embargo, a pesar de que el procurador no se incluía en la lista, asegura Neptalí Zúñiga, que Hernández “tenía no solamente una india, sino varias en sus tierras de Angamarca y Sigchos”, pues en 1.540 habría visitado nuevamente la zona ordenado por el Cabildo, Justicia y Regimiento de la Ciudad de Quito con la misión de sofocar un levantamiento Yumbo-Colorado. Con el objeto de integrar algunas poblaciones costeras a la Real Audiencia de Quito y bajo la autorización de Lope García de Castro, con treinta soldados la expedición comandada por el capitán Andrés Contero partió de Guayaquil hacia el País de los Yumbos en octubre de 1.568; en su recorrido hacia la serranía por el río Babahoyo cerca de Quevedo en el Valle de Vili junto a la rivera del rió Manguila proveniente de Sigchos fundan la ciudad de Castro, destruida y despoblada al poco tiempo por desacuerdos entre los encomenderos vecinos bajo la dirección de Lucas Porcel, quien posteriormente sucederá en el cargo de encomendero a su padre Juan Porcel en las tierras altas y bajas de Angamarca.

Cacique Rumiñahui

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Continuando con su misión luego de atravesar tierras ásperas, desiguales y difíciles llegan hasta los declives de la Cordillera de Angamarca, en donde según Carranza, el

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Capitán Contero en su peripecia el 26 de diciembre del mismo año se encontró con “una comarca poblada de buena gente, bien vestidos…todos adornados con joyas de oro en las narices, orejas y labio inferior”; costumbre particular que evidencia la presencia del Inca en la zona de Angamarca, a donde asegura el historiador Zúñiga, llegó la expedición de Contero y “logró conocer el Pucará o fortaleza” que hasta hoy sobrevive como ruinas de aquellas monumentales construcciones . Los conquistadores españoles que mantuvieron buenas relaciones comerciales según Aquiles Pérez con los “sigchos, angamarcas, tomavelas, canzacotos” extrajeron abundante oro y plata una vez iniciada la Colonia, pero no lograron localizar ni dominar la ancestral Angamarca la Vieja, sino más bien paulatinamente fueron tomando posesión de los actuales territorios de las parroquias de Angamarca y Sigchos, en donde se organizaron y establecieron con éxito las estancias para la crianza de toda clase de ganado, con su productiva aplicación en las de Mulaló, Tanicuchí, Latacunga, Sigchos, Angamarca, Mullihambato, Patate, Píllaro, Mocha y otras que pertenecían ya al Asiento de Latacunga. El primer grupo oligárquico que persiguió deshumanizadamente sin cuartel a indios y caciques con lentos martirios desde la explotación en la mita que obligaba a trabajar sin descanso en los surcos, estancias y en el transporte como bestias de carga, fueron también artífices del maltrato salvaje que indio, mujeres y niños recibieron, llegando al extremo de incendiar sus viviendas y quemarlos vivos; por lo tanto, este grupo de poder estuvo conformado por gente española de la más prepotente, con gran influencia en lo político, social y económico, quienes en su afán de conquista, riqueza y por desempeñar funciones privilegiadas en el Cabildo de Quito se creían con el poder para ejercer la ley a su modo, acción que los llevó al destierro como es el caso del encomendero Juan Porcel en Angamarca. A este circulo de conquistadores provenientes del Estado de Andalucía o Extremadura, el Virrey Blasco Núñez Vela los denominó “porquerizos” y estuvo representado, según Zúñiga, “por el mismo Sebastián de Benalcazar, Gonzalo Días de Pineda, Pedro de Puelles, Juan de Ampudia, Diego de Tapia, Pedro de Añasco, Alonso de Hernández, Diego Martín, Pedro Valverde…y en esta forma, las tierras de Sigchos pertenecía a Juan de la Puente y las de Angamarca al alcalde Juan Porcel”, quienes iniciaron la colonización y población de la Villa de San Francisco de Quito el 6 de diciembre de 1.534. Ya a finales del siglo XVI, la presencia española en Angamarca es indiscutible, de tal forma que si bien en la zona Yunga Caliente no pudieron realizarse reducciones por lo fragoso del terreno y rebelde de los aborígenes, el religioso José Herrera advierte que para “1.595…La Doctrina Jesuita acepta el manejo de la Doctrina o Curato de los Colorados en la Región de Angamarca, logrando reducir a la vida cristiana a más de 10.000 indianos, bajo el celo del cura doctrinero y la ayuda del Padre Onofre” en el asentamiento actual de Angamarca, gracias a la llegada del segundo oleaje humano español que importó hijos de Hidalguismo como Condes, Marqueses, Vizcondes, Comunidades Religiosas y Clérigos. Bajo el Título de Castilla, el Marqués de Atavíllos Francisco Pizarro fue el primero en pisar tierras de Quito y del Perú para las Capitulaciones conquistadoras emprendidas desde España, mientras que años después fue

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el Marqués de Selva Alegre y Caballero de la Orden de Santiago, Juan Pío Montúfar y Larrea quien adquiere de la Junta de Temporalidades un sinnúmero de haciendas y estancias, convirtiéndose en el primer Marques que permutó y dominó los suelos de Angamarca. Germen de Libertad para América Un verdadero cúmulo de acontecimientos trascendentales que se sucedieron en la coyuntura del dominio español constituye el Germen de la Libertad de Quito y América. Los historiadores Oswaldo Albornoz y Segundo Moreno Yánez en sus estudios muestran una cronología de los levantamientos suscitados desde el primer día de la llegada de los españoles, señalando como el primer levantamiento indígena el de Quito en 1.534, Otavalo en 1.615, Latacunga en 1.623, Angamarca en 1.706; Riobamba 1.764 y Quito (De los Estancos) en 1.765; luchas que si bien no todas tuvieron la importancia y el efecto pretendido, jamás dejarán de tener relevancia en la historia revolucionaria del Ecuador. La Revolución de los Estancos de los Barrios de Quito o la

Revolución de los Estancos de Quito de 1765

Sublevación de Mestizos e Indios en 1.765 debido al rumor de que se expandía aguardiente envenenado generó el primer brote de rebeldía con resultados en defensa de la vida y la libertad mediante el secuestro de las armas de la guarnición, alcanzando el 22 de mayo la abolición del Estanco y Aduana; aunque luego de 25 años fueron reestablecidos los impuestos al alcohol, tabaco y pólvora. Entre otros de los factores que incidieron el ideal libertario de los patriotas fueron la Revolución Francesa; la Independencia de Estados Unidos de Inglaterra alcanzada el 4 de Julio de 1.776; la Rebelión Tupac Amaru II organizada por el Cacique mestizo de Tosagua (Perú) José Gabriel Condorcanqui en 1.780 que concluyó con el descuartizamiento y extirpación de la lengua de su líder el 18 de mayo de 1.781, acción que al contrario de amilanar generó rechazó y dio luz al nacimiento de ideales como semilla en la memoria del Extraordinario Gran Indio Eugenio de Santa Cruz y Espejo (Chuzhig), quien supo transmitir el mensaje a hombres de lucha y proyectar su descontento y rebeldía en escritos como Retrato de un Golilla y El Nuevo Luciano. Entre los últimos y quizá más

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decisivos acontecimiento que suscitaron el Primer Grito de la Independencia fue la invasión de Napoleón Bonaparte con su ejército francés a la debilitada Monarquía Española, posibilitando que sus colonias formaran Juntas de Gobierno en Europa y América aunque fieles a la Corona de España. Primer Grito de Independencia La brillantez intelectual del sociólogo, medico, humanista y periodista revolucionario Eugenio Espejo lo convirtió en el artífice incuestionable de nuestra libertad, quien fue apoyado moral y económicamente en sus ideas revolucionarias por su íntimo amigo Juan Pío Montúfar y Larrea, propietario de las haciendas de Tigua, Zumbahua, Shuyo y Guambaine en la Región de Angamarca, a donde según Zúñiga “criollos y Espejo no solo iban a hablar de aceite, ni de lino, sino principalmente de la próxima revolución”. Con personalidad de destacada notoriedad el II Marqués de

Reunión de Patriotas en la Hacienda Chillo Compañía 25 Diciembre de 1808

Selva Alegre y Caballero de la Orden de Santiago Juan Pío Montúfar y Larrea fue uno de los primeros en expresar su rechazo a la invasión napoleónica a España y justamente conociendo de la situación crítica que atravesaba la Madre Patria, decide el 25 de diciembre de 1.808, con motivo de la Navidad, invitar a su casa de hacienda “Chillos Compañía” a un grupo selecto de nobles, hacendados y ricos de la Real Audiencia de Quito, que también se negaban a aceptar la presencia de Francia; ahí se plantea la urgencia de crear una Junta Soberana de Gobierno ejercida por los más capaces. En un descuido cometido por el capitán Juan Salinas en su afán de incorporar representantes del clero a la revolución fueron denunciados por el cura José María de la Peña, y posteriormente casi todos los integrantes son apresados y encerrados en el Convento La Merced el 9 de marzo de 1.809; sin embargo, gracias a la acción oportuna de la hija del Marqués de Selva Alegre Rosa Montúfar y algunos próceres que logran sustraer el auto cabeza del proceso, pruebas y luego de sobornar al fiscal, obtienen la libertad apoyando su declaración en que todo fue por lealtad al Rey Fernando VII. Cuando la oscuridad llegaba a raíz del último brillo solar, la luna con su manto blanco cubría la noche del 9 de agosto

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de 1.809, pero amparados en la oscuridad de las sombras se produjo un intenso movimiento patriótico del pueblo en general de Quito, que al mando de algunos patriotas, intelectuales y miembros de las familias más destacadas se conducían aun desde los lugares más recónditos al último lugar de resistencia de la revolución, la casa de Manuela Cañizares, mujer de aliento varonil a cuyo influjo y temple de ánimo y empuje cedieron aún los más desconfiados. Simulando una reunión social en la casona El Sagrario junto a la Catedral Metropolitana de Quito se reunieron don Pedro Montúfar, hermano del Marques, Salinas, La patriota Manuela Cañizares Quiroga, Matheu, Checa, Ascázubi, Ante, Zambrano, Arenas, Riofrío, Correa, Vélez y otros para redactar el acta de revolución, designar responsabilidades y afinar los últimos detalles previos al Primer Grito de Independencia. A las dos de la madrugada en los albores del 10 de Agosto, cuando todo quedo listo y la reunión concluyó, llegó el día clave que dio luz a la ilusión de la libertad, ya que inmediatamente el plan fue emprendido con la visita del Dr. Antonio Ante al Presidente de la Real Audiencia de Quito Don Manuel Urríes Conde Ruiz de Castilla, para hacerle conocer de su destitución debido a que la nueva Junta de Gobierno le había cesado en sus funciones; pero antes de la media noche el capitán Juan Salinas hombre muy apreciado por sus tropas bajo el cargo de Comandante de la Guarnición de la Ciudad y con el apoyo del Comandante de Caballería del Ejercito Español Don Joaquín Zaldumbide visitaron algunos cuarteles logrando el apoyo militar que respaldó con su presencia en la Plaza Mayor el grito de la rebelión contra el Gobierno Español. A las seis de la mañana del 10 de agosto de 1.809 se formó en la plaza principal frente al Palacio de Gobierno un grupo de numerosos ciudadanos, que originaron una prolongada descarga de artillería o saludo real, proseguido por repiques de campanas y alegre bullicio de los vivas, que acompañados por la banda militar que entonó piezas nacionales y marciales permanecieron hasta las nueve de la mañana, hora en que se reunió el Gobierno Ejecutivo para publicar la declaración respecto a la instalación de la Junta de Gobierno y posteriormente visitar todos los cuarteles con el objeto de preguntarles si querían seguir siendo dominados o tener un gobierno constituido; a lo que se acogieron la mayoría de los cuarteles exclamando ¡Viva Fernando VII! ¡Viva Quito! A las doce del medio día entró Juan Pío Montúfar y Larrea en Quito con todos los honores y asumió el cargo de Presidente

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de la Junta Nacional de Gobierno “más por mantener la tranquilidad pública que por figuración”, pues disponía de popularidad y respetabilidad a todo nivel, gracias a su Marquesado proveniente de España y personalidad de hombre conservador comprometido con los ideales de libertad, igualdad social y educación, que puso al servicio de la revolución y la libertad tanto su familia como su ingente fortuna. El celebre levantamiento del 10 de Agosto de 1.809 que originó el Primer Grito de la Independencia de Quito y América fue insigne para derrocar el poder español; revolución de raigambre emancipador que sembró la semilla y América siguió el ejemplo de romper las cadenas de la opresión que mantenía la Corona Española; por lo tanto, ésta asonada efectiva dio a Quito el merecido reconocimiento histórico de “Loor a Quito Luz de América”. Sin embargo, las autoridades provinciales organizaron cuerpos de tropas para someter a los insurrectos quiteños, incorporándose a los ejércitos realistas provenientes de los Virreinatos del Perú y Nueva granada, que partieron hacia Quito luego de conocer los acontecimientos insurgentes; es así que las fuerzas quiteñas derrotadas tanto por el norte como por el sur, perdieron también muchos soldados patriotas que desertaron y se pasaron al ejército español, haciendo inminente la disolución de las fuerzas patriotas y la Junta de Gobierno, que para esa instancia, Juan José Guerrero y Matéu, Conde de Selva Florida, como presidente temporal hace la entrega formal de la Presidencia de la Junta de Gobierno el 24 de octubre de 1.809 al Conde Ruiz de Castilla Manuel Urries; que envalentonado en 1.810 con la presencia en Quito de las tropas enviadas por los Virreyes de Santa Fe y Lima bajo el mando del teniente Cnel. Manuel Arredondo, disolvió la Junta y restableció el gobierno anterior. Urries incumpliendo su palabra de no tomar represalias contra los insurgentes, desencadenó una activa y feroz persecución contra los patriotas y sus familias, logrando controlar por completo la sublevación.

de los fugitivos, los buscaron palmo a palmo por cuantos rincones de tierras podían habérseles servido de asilo; fueron permanentemente denunciados y arrancados de los escondrijos, ya que los pobladores sabiendo el paradero de los prófugos y por el temor a ser juzgados con pena de muerte por complicidad, los denunciaban constantemente. No obstante, el II Marqués de Selva Alegre Juan Pío Montúfar y Larrea siempre logró escapar gracias a lo inhóspito y escabroso de los montes; cuyas haciendas de Tigua, Guambaine y Shuyo en Angamarca en la época más difícil sirvieron de permanente refugio a la familia Montúfar y a otros patriotas, ya que luego de los acontecimientos del 10 de Agosto de 1.809 la situación se puso extremadamente tensa y peligrosa, por lo tanto Angamarca incrustada en la antes impenetrable Cordillera Occidental hasta el 8 de noviembre de 1812 fue el lugar propicio para complotar y mantenerse seguro, llegando inclusive a enviar dinero al Fiscal Dr. Tomás de Arechaga por medio de sus parientes maternos y así contribuir a la liberación de sus compañeros revolucionarios que ya se hallaban recluidos. Montúfar siempre se mantuvo informado y en constante comunicación gracias a sus chasquis de confianza que traían y llevaban noticias de Quito a Angamarca. Tigua en Angamarca dice Zúñiga se transformaría “desde 1.812 hasta 1.822, en el hogar de patriotas y perseguidos por realistas”.

Con la fuerza militar a su servicio, el 4 de diciembre fueron apresados muchos de los próceres que habían participado en la insurrección. El fiscal por medio de un juicio arbitrario pidió la pena de muerte contra 46 personas y las de presidio o destierro contra muchas más; de tal manera que fueron apresados y encerrados en el Cuartel Real de Lima los conjurados José Ascázubi, Pedro Montúfar, Juan Larrea, Juan de Salinas, Morales, Quiroga, Arenas, Vélez, Villalobos, Oleas, Cajías, Melo, Vinuesa, Peña, Aguilera, Riofrío, Correa y muchos más, buscando escarmentar a los criollos de todo el continente.

La Junta Central de España había nombrado Comisionado Regio al Cnel. Carlos Montúfar y Larrea, hijo del II Marqués de Selva Alegre, quien fue enviado a pacificar la provincia quiteña; pero éste patriota insignia que compartía los mismo ideales de los revolucionarios americanos, en medio de su viaje se esteró de que los próceres autores del Primer Grito de Independencia fueron encarcelados. Además, el Cnel. Montúfar, que se había destacado por su valentía en las batallas del ejército español contra Francia, fue informado de que la situación social en Quito se tornaba insostenible, como consecuencia de los desmanes y la avalancha de abusos y violencia de las tropas de Arredondo; por ello, el pueblo colmado de ira por fin logro unificarse contra el gobierno y su ejército, convirtiendo a los presos en símbolo de opresión.

El Ex-presidente de la Junta de Gobierno, Juan Pío Montúfar, se hallaba habitando su casa de hacienda en los Chillos cuando se enteró que su nombre también incluía el listado de rebeldes denominados “Reos de Traición’’; su casa fue saqueada y junto a su familia con otros patriotas lograron escapar de la tenaz e Incansable persecución, que al mando de los Realistas Americanos Pedro Calisto, Antonio Cevallos, Andrés Salvador entre otros, conocedores de las conexiones

Temerosas de la llegada del Comisionado Montúfar, las autoridades españolas corrieron el rumor de que los presos iban a ser ejecutados, apresurando el intento de liberación y provocando a la multitud. Así, en la tarde del 2 de Agosto de 1.810 un grupo de quiteños asaltan el presidio del Carmen Bajo liberando a todos los soldados, mientras que el asalto al Cuartel Real fue repelido por las fuerzas de Arredondo que asesinaron a sangre fría en los propios calabozos a casi todos

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los rebeldes, escapando de la brutal matanza unos contados patriotas, entre ellos el presbítero Castelo, Nicolás Vélez, Manuel Angulo, y Pedro Montúfar hermano del Marqués Juan Pío Montúfar, que por encontrarse enfermo pudo salir tres días antes del funesto día y ponerse, según Neptalí Zúñiga, “también a buen recaudo en Tigua y Angamarca, junto a otros revolucionarios”. Las tropas realistas salieron a las calles y la violencia se propagó con rapidez por toda la ciudad. Pedro Fermín Cevallos cuenta que, iban “los soldados en patrullas por todas las calles, matando a fuego y acero a cuantos encontraban en el camino, a cuantos veían en los balcones y a cuantos se paraban en las

Masacre a los Patriotas Quiteños. 2 Agosto 1810

tiendas y zaguanes” dejando incontables cadáveres incluidos niños y mujeres en calles, plazas y quebradas; la población respondió contra el enemigo armándose de cualquier cosa, lo que dejó ver la arbitrariedad y violencia de las tropas de Arredondo, mientras que los sectores sociales y religiosos entre ellos la iglesia, los criollos y el cabildo civil como entes representativos obligaron al Conde Ruiz de Castilla a allanarse a la petición de salida de las tropas y a recibir con estimación y debidos honores el 9 de septiembre de 1.810 al Comisionado Regio Carlos Montúfar, quien acogido con desbordantes demostraciones de afecto por parte del pueblo de Quito, restituyo inmediatamente la segunda Junta de Gobierno, aunque efímera, bajo la Presidencia del propio Ruiz de Castilla y Vicepresidencia de su padre Don Juan Pío Montúfar que poco tiempo más tarde gracias a su poderosa influencia neutralizó al anciano gobernante, quien prefirió retirarse voluntariamente del cargo. Las fuerzas del Cnel. Manuel Arredondo, sobre las cuales pesaba el rencor del pueblo quiteño, se hallaban situadas en las cercanías de Guaranda, y al aseverarse Montúfar de la forma sangrienta y bárbara como habían reprimido, saqueado y asesinado, inmediatamente organizó un nuevo ejército con varios batallones, para al mando de dichas tropas marchar hacia el sur y al triunfar la Batalla de San Miguel de Chimbo el 25 de julio de 1.812 obligar a las fuerzas del Cnel. Arredondo a abandonar los territorios de la Audiencia; mientras que el Gral. Toribio Montes había sido enviado

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desde Lima con el cargo de Pacificador y Presidente de la Real Audiencia de Quito con la específica misión de acabar con el movimiento insurgente. El Cnel. Carlos Montúfar notable jefe militar al enterarse de la llegada de estas fuerzas se preparo para enfrentar al Gral. Montes, defendió el nuevo Estado contra los españoles aunque su ejército se encontraba cansado y diezmado por el reciente enfrentamiento que logro la huida de Arredondo y sus hombres. Los dos batallones se encontraron en los campos de Mocha, al sur de Ambato el 2 de septiembre de 1.812, pero esta vez, según Simón Espinoza Cordero, los quiteños fueron sangrientamente ‘‘derrotados por fuerzas superiores y por la división interna de los propios insurgentes liderados por el Marqués Sánchez de Orellana’’; mientras que al Gral. Montes con de sus tropas españolas ingresó a Quito el 8 de noviembre de 1.812 y ocupa de inmediato la Presidencia de la Audiencia restituyendo el poder conservador del Rey Fernando VII. Huyendo de la persecución desatada por los realistas el Marqués Juan Pío Montúfar, sus hijos Carlos y Javier se ocultaron en su hacienda ubicada en el valle de los Chillos, pero semanas más tarde fueron descubiertos, apresados y enviados al destierro. Juan Pío fue enviado al confín en Loja el 5 de enero de 1.813, aunque un año más tarde acusado de celebrar reuniones clandestinas en el obraje de la Ciénega, enfermo y achacoso cargado de grillos desde Quito fue obligado a viajar a Guayaquil logrando huir a Tumaco en medio camino y renunciar el marquesado el 8 de septiembre en su primogénito Javier que vivía en Madrid, para en enero de 1.818 salir definitivamente a España dejando a su hija Rosa Montúfar en Quito. El Cnel. Montúfar por otro lado, en febrero de 1.813 cargado de cadenas y grillos fue desterrado a las cárceles de Panamá; al año siguiente logró escapar e inmediatamente se enroló en el ejército de Simón Bolívar que ya había emprendido la campaña libertaria. Con él participó en casi todas las batallas libertadoras en Colombia y al caer prisionero en la derrota de Tumaco, fue fusilado en Buga el 31 de julio de 1.816. Libertad en el Pichincha El Libertador Simón Bolívar que meses antes había logrado expulsar de su natal Venezuela a los conquistadores españoles, ahora luchaba sin cuartel en Colombia por aquellos ideales de una América libre y unida. Bolívar encomendó su representación y cruzada libertaria en los territorios de la Real Audiencia de Quito al General de Ayacucho Antonio José de Sucre, figura notable y relevante de la gesta libertaria americana, que recibido con expresiones de afecto por un sector de Guayaquil en enero de 1.822 emprende su viaje decisivo a Quito luego de organizar sus tropas. En su recorrido patriótico desde la planicie costera hacia la sierra andina que se encontraba aun bajo el yugo español, enlisto e incorporó a sus filas a varios simpatizantes acrecentando su ejército cada vez más. El Cnel. Juan Illingworth que había llegado desde Chile al puerto de Guayaquil en 1.819 comandando La Corbeta Rosa

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Batalla de Pichincha - 24 de Mayo de 1822

de los Andes acompañó al Gral. Sucre en las favorables Batallas de Yaguachi y Guaranda; sin embargo no intervino en la derrota de Huachi del 22 de septiembre porque días antes había sido destinado a salir con 300 hombres desde Riobamba a Zapotal, luego buscar el paso por Angamarca a Latacunga, que se encontraba controlada por los españoles, y de allí a Quito. El Cnel. Ignacio Domínguez que se desempeñaba como Jefe de la División Realista Española en Latacunga pretendía abandonar la guarnición y posesión de Angamarca mediante un comunicado al Presidente de Quito que decía “juzgo por ahora inútil la continuación de la tropa en este punto”; más tarde Domínguez tuvo que reconocer la importancia de los caminos de Angamarca por orden del Gral. Melchor de Aymerich, quien luego de una valoración estratégica ordenó no abandonarla, disponiendo que se “quedasen veinte hombres, un sargento, dos cavos y también tambor y pífano”. Asegura el historiador Neptalí Zúñiga, que mientras estas órdenes fueron dadas desde Quito, las fuerzas patriotas sin perder tiempo desde Guayaquil enviaron al Comandante Carlos Araujo con instructores para preparar a los reclutas jóvenes, campesinos e indios de la jurisdicción del asiento que voluntariamente se dirigían a Angamarca a engrosar día tras día el destacamento del Cnel. Illingworth. Por otro lado, el Cnel. Damián Alaba al conocer las noticias de la llegada de tropas insurrectas desde Guayaquil, luego de inculparle de haber distraído la penetración del enemigo revolucionario ordenó a los realistas desertar

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Angamarca; no obstante Aymerich, consciente de la importancia de toda esa sección, pide que no se abandone por ser un área geográfica infranqueable y trascendental a la que había que salvaguardarla de las fuerzas republicanas libertarias asentadas en Babahoyo y parte de Guayaquil. Como respuesta a este requerimiento del Gral. Aymerich, el Teniente Cnel. Hermenegildo Mendiburu en 1.821 se compromete a redoblar la vigilancia y mantener activo el espionaje al conocer la facilidad del acceso por Angamarca hacia varias provincias. Neptalí Zúñiga asevera que “en 1.821 y 1.822 se dieron esporádicos enfrentamientos entre aislados destacamentos gubernamentales contra libertarios de exploración y avanzada en el centro del Cañón Interandino entre Latacunga y Angamarca; permitiendo que los insurrectos vayan ganando palmo a palmo lugares estratégicos y de buena producción de alimentos”. Los enfrentamientos dejó de un lado y del otro un buen número de prisioneros no solo en Angamarca sino también en Latacunga y Quito; es así que el Gral. Antonio José de Sucre basado en la regulación de guerra decide tomar cartas en el asunto e intervenir de inmediato ante el Capitán General del Reyno Melchor de Aymerich y enviar al comisionado oficial Juan de Dios Aro de Guayaquil por Zapotal a Angamarca; que partiendo hacia Latacunga en busca de una negociación logra entrevistarse personalmente con el comisionado del presidente, Cnel. Carlos Tolrá en Tambillo. El patriota teniente coronel Cayetano Cestari con su “Escuadrón de Lanceros” compuesto por doscientos

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cincuenta soldados en su mayoría jóvenes milicianos de toda clase social llegaron desde Babahoyo por Zapotal a la sección de Angamarca, en cuyo poblado según Zúñiga, les proporcionaron víveres y vestuarios, los patriotas del asiento les facilitaron guías conocedores de caminos y muchos habitantes ingresaron voluntariamente a sus filas, haciendo que el espionaje cumpla un papel preponderante, que a la postre permitiría el ingreso a Latacunga y de ahí a Quito. Tan persistente como evidente fue la presencia de patriotas y la aceptación de las tropas por parte de los vecinos de Angamarca, que el 13 de febrero de 1.822 comunicaba ya el Corregidor Caldas de Aymerich al Presidente Juan de la Cruz Mourgueón la presencia mayoritaria de “300 hombres enemigos en Angamarca” cortando la comunicación que tanto servía en el activo espionaje, e inclusive llegando a vaticinar la caída de las autoridades españolas. Alejandro Antonio López originario de Latacunga, también comunicaba en un escrito a los líderes realistas el 1 de marzo de 1.822 que “los enemigos en número de 250 infantes y cuarenta caballos se hallan en Angamarca procedentes de Guayaquil”. El comandante de la “Columna de Observadores” Cayetano Cestari recibe además la valiosa colaboración de Fernando Sáenz de Viteri, considerado brazo derecho por proporcionar “provisiones, caballos, mulas, armas, artículos de guerra y costear con miles de pesos el activo espionaje con indígenas

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prontos y seguros para el traslado de pliegos que anunciaban los movimientos del enemigo”. La columna dirigida por Cestari alcanzó su máxima eficiencia y popularidad en la sección de Angamarca, convirtiéndose según Zúñiga en el “fantasma tormentoso de los soldados realistas, que con sus partidas volantes y guerrilleros caían cuando menos se pensaba en anejos, caminos y poblados significativos”. El éxito alcanzado por la Columna de Observadores se debió a sus movimientos en la zona, por caminos de montaña casi infernales acompañados de mulares, fiel amigo de los patriotas, que con la presencia de la Guerra de Guerrilla logró amagar la vanguardia del ejército realista del coronel López, quien se retiró de Riobamba a Quito al conocer que el Gral. Antonio José de Sucre había salido del sur. Desde Ambato Sucre envía hacia Latacunga un grupo de vanguardia comandada por el Cnel. Santiago Luco para flanquear y asegurar el paso hacia Quito; expedición que luego de un arduo combate el 30 de abril de 1.822 ocupa la plaza del ayuntamiento y logra desalojar a los realistas. Así aquél 2 de mayo de 1.822 Latacunga con sus verdes planicies llenas de sembríos se mostraba por fin despejada y el ejercito libertador compuesto por 2.536 soldados patriotas son recibidos con regocijo y aclamaciones alojándose durante 10 días en las casas conventuales, fábrica de pólvora y en la propiedad de doña Baltazara Terán frente a la Plaza Mayor en donde asegura Eduardo Paredes, Sucre “realizó

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la planificación definitiva del combate que nos emanciparía de España”. El 12 de mayo no solo se une el Batallón Alto Magdalena enviado por el Gral. Simón Bolívar con el fin de reforzar las tropas libertarias, sino que también lo hacen las tropas del teniente coronel Cestari provenientes de Angamarca que acababan de abatir al último grupo español en las inmediaciones de Saquisilí. En el amanecer del 13 de mayo de 1.822 desde Latacunga siguiendo la cordillera oriental y atravesando las peligrosas laderas del Cotopaxi sale hacia Quito el Ejercito Patriota al mando del Gral. Antonio José de Sucre y luego de penetrar la cordillera deciden acampar el 15 de mayo en la hacienda “Chillo Compañía” de propiedad de Juan Pío Montúfar. El ejército realista del Gral. Aymerich, como acorralado y presintiendo que se libraría la batalla final, rápidamente se repliegan hacia Quito; mientras que los patriotas avanzan hasta el pueblo de Chillogallo y aprovechando la oscuridad de la noche del 23 de mayo inician la ascensión a las faldas volcán Pichincha. Desde la cumbre, a donde los condujo la estrategia de Sucre, libran tenaces ataques y contra ataques que a pulso de coraje, bravía y astucia someten a las tropas españolas el 24 de Mayo de 1.822, capitulando la histórica Batalla de Pichincha que ratificó con la fuerza de las armas la independencia que el 10 de Agosto de 1.809 brotó del pecho de sus hijos como un grito de libertad.

Como bien lo anuncian Neptalí Zúñiga y Eduardo Paredes, los “movimientos preliminares de la Batalla de Pichincha tienen lugar en el área occidental del Asiento de Latacunga, especialmente en la región de Angamarca”, ya que sirvió como acceso directo y seguro a las tropas republicanas. Por lo tanto, Angamarca indudablemente merece en la historia tradicional de la República del Ecuador un justo sitial por su contribución a alcanzar la libertad. Angamarca más conocida como Nido de Cóndores, según Paredes “por las furtivas incursiones”, envuelta entre gloria y revolución desde épocas imperecederas, aun persiste en el tiempo como aquel germen que abrazó el estandarte libertario y se llenó de identidad con aquel pensamiento rebelde, por el que hoy se ve involucrada con sobra de detalles en la gesta libertaria del 24 de Mayo de 1.822, ejemplificadas en las personas de los herederos del Marques de Selva Alegre que contribuyeron durante todo el proceso libertario.

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a mortal epidemia de viruela que azotó y exterminó a más del 50% de los aborígenes de Angamarca la Vieja en 1.590 constituye el origen del proceso migratorio al que se vieron obligados la mayor parte de la población restante de los Colorados de Angamarca; respuesta instintiva primigenia que los condujo hacia la Cordillera Occidental de los Andes, logrando salvar su vida y encontrar un clima propicio para contrarrestar los efectos de la incontrolable peste. Producto de esta migración el primer asentamiento se ubicó en Lechepata, Izizamba e Ingaloma bajo el dominio Inca y posteriormente surge el actual emplazamiento; pueblo de Angamarca que según Galo Chacón pudo haber tenido su primera fundación española “a mediados del siglo XVI, cuando el Presidente de la Real Audiencia de Quito comisiona a Don Antonio Clavijo para que funde pueblos en la antigua Provincia de León; por tal circunstancia, Angamarca podría haber sido fundada por la comisión española conjuntamente con Pujilí, Saquisilí, Alaquez y Ambato.

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La agrupación del indio en Angamarca bajo el dominio español lo realizó el Jesuita Esteban Onofre: religioso que según Eduardo Paredes, “fue hacia Angamarca y salvó la vida de muchos naturales pestosos por medio de su conocimiento en medicina vegetal”, lo que le permitió ser querido en la zona y considerado “fraile milagroso por sus pócimas efectivas”; seudónimo que a la postre le accedió agrupar a 10.000 indomables gracias a la política de reducciones comandada por la Doctrina Cristiana con el cura doctrinero y el corregidor español. La reducción del indio confirma la presencia del conquistador español en Angamarca y su Diseño Toledano con una plaza central en el pie de la iglesia católica, sus calles tiradas a cordel, construcciones habitacionales similares a las españolas y tradiciones heredadas de los conquistadores como la taurina que se conserva arraigada hasta hoy en Angamarca constituyen la influencia fehaciente en la cultura local.

Quilaló, Ramos Playa, San Pablo, Singuna, Sunikuilak, Shuyo Chico, Shuyo Grande, San Francisco de Tangango, Teodasin, Ucumari, Yalliví, Chistilan y Chinepamba.

El termino Angamarca según el Diccionario Quichua – Español del Ex Presidente de la República del Ecuador Luis Cordero editado en 1.955 por la Casa de la Cultura Ecuatoriana, deriva del quichua ANGA que significa gavilán y MARCA que quiere decir región o comarca; por lo tanto, el significado castellanizado de Angamarca es “Región o Comarca del Gavilán”.

El idioma predominante es el español, pero existen algunas comunidades indígenas lejanas a la cabecera parroquial que mantienen el ancestral quichua como legua principal, llegando a dominar en muchos casos los dos idiomas por la necesidad de comunicación y comercio con la sociedad mestiza asentada en varios recintos y en el centro de Angamarca.

Para 1.701 la denominación eclesiástica de la población, según el archivo parroquial, era de “Nuestra Señora de la Limpia Concepción de Angamarca”, nombre que fue impuesto por los religiosos Agustinos. El Marqués de Selva Alegre y Expresidente de la Junta Soberana de Gobierno Juan Pío Montúfar y Larrea por su buena relación con el clero y su costumbre tradicional de cristianizar sus propiedades con nombres de vírgenes de la Cristiandad del Viejo Continente heredada de su padre el Ilustre español Juan Pío Montúfar y Frasso, también bautizó a la hacienda el Shuyo con el nombre de “Nuestra Señora del Loreto del Shuyo” en Angamarca, donde logra refugiarse con su familia y algunos coidearios fervientes de libertad de la persecución realista española ordenada por la autoridad de la Real Audiencia de Quito. Por la importancia histórica que cumplió Angamarca en tiempos PreIncas, Prehispánicos y Posconquista Española, específicamente en los siglos XVI y XVII, el Rey Fernando VI de España en el siglo XVIII decide confirmar la posesión de la “Doctrina Cristiana de Angamarca” antes conocida como “Sede de la Misión y Hacienda de la Orden de los Agustinos” a favor de la “Provincia Agustiniana de San Miguel de Quito”, lugar histórico, propicio y estratégico donde se creó la “Vicaría de Angamarca” bajó el poder y control de los religiosos Agustinos que para 1.969 pasarían a formar parte de la “Real Hacienda de Estado”. Ya en la Época Republicana, como parte de la provincia de Cotopaxi nace el cantón Pujilí y con él fundan la parroquia de Angamarca en 1.852, sociedad que influenciada por el poder preponderante que cumplía el clero y por decisión de los mismos Padres Agustinos, en 1.876 luego de 24 años de parroquialización deciden asumir el nombre eclesiástico de San Agustín de Angamarca. Hoy, cuenta con 26 comunidades: Chine Bajo, Chine Alto, Cochatuco, Guambaine, Churolozan, Lechepata, Llallachanchic, Llimiliví Alto y Bajo, Mimbullo, Mocata, Pigua-Quindigua,

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Angamarca instituida como parroquia hace 158 años se ubica a una altitud de 2.996 msnm en las Estribaciones de la Cordillera Occidental de los Andes Centrales Ecuatorianos, al oeste de la Depresión Interandina y a 110 Km. al sur-occidente de la ciudad de Latacunga; su posición astronómica según el Instituto Geográfico Militar (IGM) es de 78° 45’ de longitud occidental y 1° 10’ de latitud sur, localizándose en el límite de los Pisos Altitudinales Montano y Montano Bajo del Diagrama de Holdridge, con temperaturas fluctuantes entre 6° y 12°C en los recintos de Pigua-Quindigua, Mocata, Llallachanchic, Guambaine a 3.500 msnm y de 12° a 18°C en las comunidades bajas de Ramos Playa y Llimiliví.

El clima es frío y sus inviernos son lluviosos acompañados de neblina permanente con precipitaciones intensas entre los meses de febrero - abril y noviembre - diciembres, mientras que los veranos son intensos con fuertes soles, vientos y ocasionales heladas en los meses de julio y agosto. El Centro Metereológico de Michacalá como aporte al análisis climatológico de Angamarca, en relación a los Páramos Andinos de la parroquia entre 1.989 y 1.991 registró la temperatura baja promedio de 6.9°C y alta promedio de 9°C; proporcionando un dato histórico de la temperatura más baja nocturna de 3°C en diciembre y la más elevada diurna de 18°C en agosto; así como también la baja diurna de 7.5°C en marzo y la alta nocturna de 6°C en febrero. La jurisdicción de Angamarca limita por el norte con la parroquia de Zumbahua en la Cruz de Piedra de Ricuricruz y en la unión de los ríos Tushparumi y Mocata; al sur con la provincia de Bolívar, parroquia Simiatug en el rió Chichoco que separa la quebrada Quishuarpata y la fortaleza Churo Pucará. En el oriente colinda con la parroquia Cusubamba al extremo en el cerro Pucajota y Cuchilla de Gradas Pungí, con la provincia de Tungurahua en Loma Llugshe y la Cordillera de Angamarca. Finalmente hacia el occidente delimita con el río San Francisco y la parroquia de Pinllopata. Según Datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) recopilados en el VI Censo de Población y V de Vivienda del año 2001, la parroquia de Angamarca alcanzó un total 4.897 habitantes, 2.586 mujeres que representan el 53% y 2.311 barones equivalentes al 47%, con 1.193 viviendas subdivididas en 704 casas o construcciones mixtas con influencia externa que representan el 59.01%, 240 chozas o viviendas tradicionales de la serranía ecuatoriana que equivalen al 20.12%, 177 mediaguas que corresponden al 14.84% y 6.04% perteneciente a otras. El INEC en la variable de escolaridad analizó en el último censo del 2001 a un total de 4.107 residentes permanentes de la comarca, fraccionados en 2.170 mujeres (50.13%) y 1.937 hombres (47.16%), afirmando que el 49.87% es decir 2.048 personas son analfabetas.

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Angamarca con abundantes paramos y dorados pajonales aptos para el pastoreo son aprovechados para el cuidado de ganado vacunos, ovinos, porcinos, lanar, caballar, entre otros; mientras que en el bajío la situación cambia y los suelos verdosos son producto de la continua explotación agropecuaria tradicional que constituye el sustento del campesino.

Cabecera Parroquial de Angamarca (ACTUAL)

Si comparamos el índice de analfabetismo del censo de 1990 que fue del 65.9% con el 49.87% del 2001 se evidencia que en Angamarca hubo un decrecimiento del 16.03% en un periodo de 11 años, por lo que resulta indispensable que el trabajo educativo sea constante y más eficiente con el objeto de mejorar la calidad de vida de todos sus habitantes. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en su Análisis de Calidad de Vida efectuado en el 2007 informa que el 87.24% de la población que habita en Angamarca viven en extrema pobreza, ubicándose en los quintiles uno y dos de la pobreza; porcentaje alarmante que obliga a buscar nuevas alternativas de producción ya que el 80% del total de los habitantes se dedican a la agricultura tradicional, 15% a la ganadería y apenas el restante 5% ha otras actividades. FISIOGRAFÍA DE ANGAMARCA.- Los procesos de transformación y conformación de los suelos del planeta tierra han originado unidades fisiográficas diferenciadas por sus características específicas, cuyas zonas homogéneas influyen en la geografía particular de la actual parroquia Angamarca, que conforman un paraje impresionante y que está compuesta por suelos laderazos, parte de meseta y también partes altas que provienen de secuencias volcánicas y sedimentos marinos de la edad pliocémica pleistocémica con una antigüedad comprendida entre un millón y 200.000 años atrás .

HIDROGRAFÍA DE ANGAMARCA.- El rió Angamarca que nace en los páramos angamarqueños de Guambaine de la unión de las quebradas y fuentes iniciales de captación de las aguas Cuchi Huasipungo y Guambaine Grande constituye la principal arteria hidrográfica de la parroquia de Angamarca. Sus principales afluentes, por un lado, son los ríos Llallachanchi y Yalliví que arrojan sus aguas en el recinto Shuyo Grande, mientras que por el otro tenemos al Playacucho que se origina en el recinto Teodasin y termina en el punto llamado Cachaco al depositar sus aguas en el Pishambí, que baja desde San Francisco de Tangango, cruza por el sector oriental de la cabecera parroquial, toma el nombre de río de Saravia en honor a la mina del mismo nombre y finalmente desemboca a la altura del recinto San Pablo en el Río Angamarca. El caudaloso Angamarca conserva su nombre durante todo su recorrido oriente-occidente hasta unirse con el Piñañato procedente de la provincia de Bolívar y formar el torrente Las Juntas, cuyas aguas actualmente divide las provincias de Cotopaxi, Bolívar y Los Ríos. El río Las Juntas ya en zona más caliente toma el nombre de Zapotal y terminar su recorrido al desaguar en el ancho Babahoyo que finalmente deposita sus aguas provenientes de la serranía occidental en el GRAN RÍO GUAYAS.

OROGRAFÍA DE ANGAMARCA.- La orografía de la región y por tanto de Angamarca, según Franklin Barriga López es bastante heterogénea con terrenos abruptos de fuertes pendientes en los declives montañosos y ondulados en las zonas que bajan al área costera; sus suelos están detallados por Teodoro Wolf y expuestos en la masa geográfica más ancha de la Cordillera Occidental de los Andes Ecuatorianos que nace de los Ilinizas y más al sur occidente se incorporan los extensos paramos de Apágua, Zumbahua y Angamarca en altitudes que varían de 4.000 a 4.400 msnm . Por su orografía irregular, Angamarca se halla incrustada en una corta ladera de los Andes Occidentales, cuyo sistema montañoso adornan la fisonomía de la parroquia, que ubicada estratégicamente hace permisible observar el cambio fisonómico florístico y paisajístico que deslumbra la mirada sosiega del visitante; quien detecta que al llegar a la “orografía de boca de montaña” el ambiente cambia constantemente porque su vegetación empieza abultarse y las cuchillas verticales, quebradas, laderas y extensas planicies costeras son atravesadas por las escurridizas y rápidas aguas del río Angamarca que finalizan su recorrido en la Cuenca del Guayas.

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Los caporales de Angamarca: Folklore, Tradición y cultura.

1.- UBICACIÓN DEL PUEBLO La parroquia de Angamarca conocida también como “Nido de Cóndores” se encuentra asentada a una altitud de 2996 msnm, al oeste de la Depresión Interandina y a 110 Km. al sur-occidente de la ciudad de Latacunga en el cantón Pujilí; a cuya comarca formidable deatractiva naturaleza se aborda luego de atravesar los altos páramos de Zumbahua y Angamarca en donde aun persisten los últimos descendientes de los Duchicelas, el engendro del mestizaje de la época de la dominación española y también familias descendientes de los protagonistas de los movimientos libertarios que alumbraron la luz de la libertad en América.

de banda de pueblo, pingullos, chirimías, cornetas y tambores, entre truenos de camaretas y luces de fuegos pirotécnicos”. Los priostes de fiestas solemnes, escogidos en muchos casos por el sacerdote, se lucían ofreciendo en las vísperas castillos encendidos, música de pueblo, lidia de toros con tablados especiales en la Plaza Mayor, en donde el regocijo popular desbordaba alrededor de los caporales, danzantes, vacas locas, camisonas y mama negras.

2.- CUÁNDO SE REALIZA LA FIESTA TRADICIÓNAL?

La fiesta de “Los Caporales de Angamarca” expresión máxima del folklore angamarqueño, ya espectáculo tradicional por su realización consecutiva en la parroquia de Angamarca por más de un siglo; en el mes de diciembre celebrando la Natividad del Niño Jesús, y logrando empatar a los ancestros aborígenes en la comarca con los ritos, mitos, folklore, tradición y cultura aborigen; expresando mensajes de carácter histórico - religioso y cultural.

Para entender el tiempo en el que se efectúa la tradicional fiesta de “Los Caporales de Angamarca” hay que partir de una importante tesis que el historiador Nepalí Zúñiga postula al manifestar que “el costumbrismo y folklore popular dependieron de la iglesia” y ello posibilita conocer con su aseveración que antiguamente “en el templo nacía y terminaba todo, bautizos, confirmaciones, matrimonios y despedida de difuntos, con recaudaciones notables en pesos de oro, plata o de lo que hubiere”. El indígena poseedor de una cultura milenaria atado por la colonización española con el afán de conservar sus raíces culturales mediante el folklore optó por mezclar sus ritos antiguos de América India con los católicos provenientes de la Madre Patria España, así “las procesiones frecuentes salían de los templos y terminaban en sus plazas respectivas, con música

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En el presente siglo XXI el pueblo de Angamarca aun vive esta realidad y muchas actividades tradicionales - culturales se ven relacionadas y reguladas por la iglesia.

3.- IMPORTANCIA DE LA FIESTA TRADICIONAL La cultura es el alma de los pueblos y por tanto, ahí radica la importancia de la realización consecutiva de la folklórica y tradicional fiesta de “Los Caporales de Angamarca”, cuya festividad es la máxima expresión del folklore local y se lo considera actualmente ya como patrimonio intangible por contener un raigambre cultural original y autóctono del pueblo de Angamarca.

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La fiesta de los caporales efectuada en la parroquia de Angamarca es reflexionada como una comparecería muy tradicional dentro de los valores culturales de la parroquia y de la provincia de Cotopaxi por contribuir categóricamente en la construcción de la identidad del hombre angamarqueño, y en ese sentido, esta fiesta con sobra de meritos, reúnen las condiciones necesarias para declararse como Patrimonio Intangible por su contenido folklórico, histórico y tradicional que refleja la solidaria y ancestral convivencia entre los seres humanos. La fiesta de “Los Caporales de Angamarca” posibilita la escenificación de algunas actividades tradicionales ancestrales que en tiempos pasados constituían la forma de sobrevivencia de sus habitantes con actividades de subsistencia que los antepasados efectuaban para proveer de alimento a sus familias. La realización de la fiesta de los caporales concentra masivamente en el terruño a los hijos de Angamarca, en donde compartir con la familia, amigos, paisanos y visitantes es un privilegio. La difusión de esta tradición folklórica permite vender el nombre de Angamarca y que sus valores culturales e identidad sean valoradas. 4.- SIGNIFICACIÓN DE LA FIESTA DE “LOS CAPORALES DE ANGAMARCA” Para reivindicar la significación de la tradicional fiesta de “Los Caporales de Angamarca” es importante tener en cuenta que esta comparecería en su esencia recoge de alguna manera varias manifestaciones ancestrales, tradicionales, sociales, sectoriales y cotidianas, que permiten fundamentar su raíz en un significado “ORIGINARIO TRÍO DE CORRELACIÓN ENTRE HISTORIA - RELIGIÓN Y CULTURA” por lo que con firmeza la parroquia de Angamarca la presenta como su expresión tradicional más trascendental.

c) Desde la Cultura.- Para construir una significación de la fiesta de Los Caporales de Angamarca desde la cultura es fundamental realizar un vistazo hacia las actividades cotidianas de la vida diaria como el intercambio comercial, agricultura, ganadería y demás actividades tradicionales del campo que ligadas a la historia revelan una fuerte resistencia, persistencia y fortaleza de aquellos ancestros aborígenes que en su relación directa con la naturaleza, empiezan su creencia a través de los ritos folklóricos. La cultura permite recuperar y revalorizar todas las expresiones, manifestaciones y costumbres tradicionales que pretenden comunicar mensajes, clasificándolos como folklore sin importar condición social, económica y política. Por lo tanto, La folklórica fiesta de Los Caporales de Angamarca desde la cultura se constituye en una celebración tradicional autóctona del pueblo de Angamarca que recoge las diferentes expresiones de la comarca entendidas como mezcla cultural con sus raíces en las actividades agrícolas del campo, el intercambio mercantil y el reconocimiento a la naturaleza. Así también, en Angamarca se vivieron las duras jornadas diarias en los más rigurosos trabajos del campo bajo el mando del mayordomo y el poderoso dominio del patrón como herencia del español que esclavizó a un importante sector indígenas en la Hacienda de la Época del Feudalismo gracias a la concentración del poder socioeconómico, político y religioso. 5.- ACTORES Y PERSONAJES DE LA COMPARECERÍA 5.1 El Prioste.- El origen de nominar dos priostes para la fiesta de Los Caporales de Angamarca, según Yolanda Navas, responde a un modelo andino de autoridad dual, uno de cada barrio, sobre las secciones o mitades que hasta hoy se mantiene como la división de comunidades en Angamarca: Llimiliví Alto – Llimiliví bajo, Chine Alto - Chine Bajo, Shuyo Grande - Shuyo Chico, etc.

a) Desde la Historia.- La sucesión de acontecimientos que marcaron históricamente a los ancestros aborígenes desde tiempos Pre-Incas permitieron construir una memoria colectiva que da cuenta de su forma de vida, cotidianidad, resistencia, rebeldía y libertad incidiendo al momento de reconocer a esta celebración como una actividad histórica y tradicional de Angamarca. b) Desde la Religión.- La religiosidad aborigen ancestral en el Reino Independiente de Angamarca expresa una relación cercana entre HOMBRE - PACHA MAMA en donde adoraban al Dios Sol como agradecimiento a la productividad de la tierra. La Conquista Española da paso al posicionamiento del catolicismo a lo largo y ancho del territorio que dominaba Atahualpa el Último Rey de los Incas, y en consecuencia las fiestas aborígenes rebosantes de costumbres, tradiciones, ritos y mitos fueron adecuadas y articuladas a la Religión Católica estratégicamente por parte del aborigen con el afán de mantener su viva su cultura. La fiesta de los caporales, al parecer, también en Angamarca fue articulada a la Religión Católica ya que actualmente esta comparsa tradicional se lo realiza en Navidad festejando el Natalicio del Niño Jesús, pero tiene sus raíces folklóricas originarias afIncadas en la relación Hombre–Pacha Mama cuya connotación expresa con claridad una significación religiosa de la fiesta de Los Caporales de Angamarca fundamentada en la solidaridad, generosidad, creencia, sobrevivencia, y naturaleza.

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La fiesta está a cargo de sus priostes llamados también compadre y comadre, con el incondicional apoyo de sus familias, quienes han sido designados con un año de anterioridad y son los responsables se solventar económicamente la coordinación e incorporación de los diferentes actores de la comparsa, así como también serán los responsables de garantizar que todos los personajes de la comparsa estén presentes en la celebración folklórica-religiosa.

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El prioste antiguamente debía reunir algunas condiciones básicas relacionadas con su condición socio-económica y debía garantizar la ejecución de la fiesta. Antaño, el prioste creía importante compartir con su gente la productividad de la tierra y dar gracias por la prosperidad, revelando en la fiesta de “Los Caporales de Angamarca” una singular alianza entre el señor feudal y el labriego. En número de dos, compadre y comadre del niño, actualmente son los responsables de la organización y la ejecución de esta fiesta tradicional, máxima expresión del folklore cultural de la parroquia de Angamarca que constituye una adaptación de costumbres nativas y mescla de culturas.

representa al mayordomo de la Hacienda de la Época del Feudalismo que con su látigo en la mano y sobre la cabalgadura gracias al brío de su corcel, echando vivas, se impone entre la comparsa como la máxima figura durante los cuatro días de la fiesta. Su elegante y vistoso traje se compone de pantalón de buen casimir adornado con finas grecas en algunos casos que cubren las costuras de los costados de sus piernas acompañado de botas de cuero; camisa fina de color blanca, chaleco o chaqueta

5.2 El Yurac.- Es considerado una persona muy cercana y en algunos casos familia del prioste, quien por su honrosa designación de yurac de una parte de la comparsa será el encargado de coordinar y garantizar la participación de los pobladores en su comitiva y por tanto deberá financiar la atención alimentaria a los disfrazados, familia de los participantes y amigos antes y durante la celebración. Son los corresponsables íntimos encargados de lograr un acercamiento y acompañamiento de la población creyente en la divinidad y en la tradición cultural de la fiesta de “Los Caporales de Angamarca” con deidades y reuniones sociales segmentadas a los posibles participantes. 5.2.1 Yurac de la Banda.- Es la persona encargada de contratar y atender a la tradicional banda de pueblo con un considerable número de músicos integrantes para que ofrezcan tonadas buenas y sonoras durante los días de la fiesta. (Es tradicional) 5.2.2 Yurac del Árbol.- Es el encargado de posibilitar la presencia de un árbol natural plantado en el centro de la plaza, adornado con botellas de licor, cajetillas de cigarrillos, fundas de caramelos, presentes y hasta canastillas navideñas. Durante los cuatro días de la fiesta es común encontrarse con esta singular característica en donde mientras giran los disfrazados al contorno del árbol el yurac correspondiente ordenadamente va entregando los presentes principalmente a caporales, yumbos y chinas.

que cubren el dorso y en su cuello cuelga un hermoso pañuelo que contrasta con el resto de la vestimenta; sobre su cabeza lleva un elegante sombrero acompañado en algunas ocasiones de una máscara que oculta su rostro. Finalmente sus manos las lleva cubiertas con impecables guantes, con la izquierda toma las riendas para dirigir su cabalgadura y con la derecha porta un látigo hábilmente tejidas con cuerdas de piel de buey. 5.4 El Yanta.- Acompañado de su baile elegante, dinámico y coordinado conforma, junto a su pareja la doña, en el segundo guía de la comparsa ubicándose delante de la una fila de los caporales. Su traje se compone principalmente de poncho de terciopelo adornado con finos hilos, sombrero de paño, pantalón de casimir adornados con grecas contrastantes, camisa de punto, chaleco, zapatos de cuero y sobre su hombro reposa un delgado azadón que simboliza las labores diarias agrícolas del campo. 5.5 La Doña.- Con su lento danzar femenino, elegante y al mismo tiempo coordinado con el yanta, guía la otra fila de los caporales cuya interpretación y responsabilidad tradicionalmente recae en un hombre. La vestimenta de la doña está compuesta por alpargatas de lona, medias de nylon, anaco bien adornado conocido también como pollera en forma de falda, blusa bordada, chale, sombrero de paño, un linche tejido de lana en forma de bolsa a sujetarse a la espalda. En sus manos sujeta una pushcana compuesta por un sigse, palo, hueso o tortero que sirve para hilar la lana de borrego que representa a la mujer labriega en sus actividades artesanales del tejido.

El Recuante de la Comparza

5.3 El Recuante.- Sobre su caballo y con una indumentaria excepcional se deja ver vigoroso, llamado también el patrón

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5.6 Los Caporales.- Elegantes y vistosos conforman el grupo de personas de la comunidad con formación cultural e identidad con el pueblo de Angamarca, representando culturalmente tanto al hombre responsable de la actividades agrícolas del campo

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El Caporal de Angamarca

como a un grupo de viajeros mercaderes que con sus cargas migraban de su terruño hacia otros lares en busca de mejores días para sus familias, fundamentados en el trueque que abría la posibilidad de intercambiar sus productos característicos con otros que no se producían en la zona. Vestimenta Antigua.- Moradores del lugar cuentan que en épocas de antaño la vestimenta de los primeros “Caporales de Angamarca” llevaba sus pies descalzos con pantalón bombacho de tela sencilla de color blanco conocido como calzoncillo, camisa vestida al reverso con un mensaje de ironía y sombrero redondo de paño prensado con almidón de yuca. Su rostro pintaba o tiznaba de color negro simbolizando la fertilidad de la tierra y al mismo tiempo representado a la abominable época de la esclavitud para al son de la música característica del pueblo gritar viva el párroco, viva el pueblo, viva los zambos africanos, etc.

de casimir generalmente de color obscuro adornado en los costados con grecas de vivos colores como dorados o plateados en cuyo costado izquierdo cuelga un pañuelo blanco y en su presilla delantera derecha tiende una cadena que sostiene la copa de plata en la que el miembro de la comparsa brindará el licor tradicional del pueblo a la multitud; camisa impecable combinada de acuerdo al color del pantalón, corbata o pañuelo de color rojo cuyas esquinas opuestas pasan por un arco de plata localizada en el lugar del nudo de la corbata y ceñido al cuerpo desde el hombro derecho por delante y detrás cruza una faja ancha de diversos colores denominada tajalí cuyas puntas se unen debajo de la cintura al costado izquierdo y entre su líneas expresa leyendas como “Viva Angamarca, Viva Cristo Rey Zambos o Viva el Niño Dios”; su cabeza lo cubre con un pañolón de seda, sombrero de paño bien adornado con

Manifiestan que posteriormente los caporales vestían pantalón bombacho y camisa de tela espejo, sombrero, alpargatas y su rostro ya lo llevaba cubierto de una careta de cartón color negra en rechazo a la esclavitud. Luego, vestían con un solo traje de color negro y blanco todos los días de fiesta como imitando a los negros zambos africanos, con sombrero negro, careta negra, camisa blanca, pantalón negro adornado con franjas blancas y alpargatas tejidas en cabuya recorrían las principales calles del pueblo de Angamarca danzando junto a su llamingo al paso del baile característico. Vestimenta Actual.- Elegantemente uniformada y transformada, la vestimenta actual de “Los Caporales de Angamarca” lleva zapatos de cuero bien lustrados, pantalón

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una flor, cintas o estrella y el rostro lo presenta cubierto por una careta de alambre. Sus manos cubiertas por guantes de cuero sostienen, la una, un pañuelo blanco que es agitado en respuesta a las vivas lanzadas por el recuante o los compañeros caporales mientras bailan y la otra, conduce a su fiel llamingo (mamífero rumiante camélido) quien en su lomo reposa una carga que contiene joyas antiguas, cucharas de plata, juguetes o en su defecto también se acostumbra pintar con motivos religiosos o paisajísticos. 5.7 La Capitana y El Capitán.- Con su bastón insignia de liderazgo junto a su compañera la capitana son los principales de las chinas, que vestidos con finos paños representa a la mujer angamarqueña laboriosa de sus actividades domésticas. 5.8 Las Chinas.- Está representada por las señoritas de la localidad cuyo personaje representa a la mujer indígena y mestiza angamarqueña dedicada al servicio domestico. Su típica vestimenta está compuesto por tres trajes bien adornados con alpargatas, enagua, anaco de paño o terciopelo con finos bordados de hilos de colores ceñida por una faja tejida en su cintura; una blusa bordada de viva policromía es contrastada con un elegante chal o fachalina que cubriendo la espalda termina en el vientre; pulseras, aretes y collares de mullos multicolores resaltan la feminidad y belleza de la mujer angamarqueña; su testa es cubierta por un sombrero de paño y su cabello es recogido con delgadas cintas de colores. Finalmente en su espalda cuelga el linche que contiene productos de consumir como el cuy, frutas, galletas, confites y en sus manos porta una pequeña botella de mistela para brindar a los concurrentes. 5.9 Los Yumbos.- Representan al aborígenes proveniente de la zona caliente selvática de la parte occidental de las provincias de Pichincha y Cotopaxi denominados por el expedicionario Contero y por varios historiadores como los Yumbos Colorados, que con su participación contribuyen a la

Personaje simbólico que a los compases de su baile de a brincos de un pie levanta su mano diestra empuñando una lanza de chonta en cuyo extremo superior lucen cintas de colores y es considerada indumentaria de cacería indispensable para su sobrevivencia. Viste pantalón y camisa de tela espejo brillante adornado con grecas, lentejuelas, cintas de colores; un tajalí cubre su pecho -espalda y en su cabeza lleva una corana de plumas de bellos colores. 5.10 Yumbos Adoradores.- Con su danza de adoración de espaldas a los expectantes y de frente al Niño Dios, conjuntamente con los loantes, los cuatro yumbos adoradores son los principales en la pleitesía y religiosidad de la fiesta; con su gran lanza de chonta, tajalí, collar de churos, careta de alambre, peluca postiza, corona confeccionada con las más raras plumas de aves y una bandera en el caso de las yumbas, llevan la responsabilidad de efectuar el baile más sacrificado de la comparsa. 5.11 Los Loantes.- Representan a los tres reyes magos (Melchor, Gaspar y Baltasar) y a Gabriel el Ángel de la Estrella, quienes simbólicamente como dirigiéndose a Belén delante de la comparsería cabalgan por las principales calles del pueblo hasta la plaza principal en donde se encuentra ubicada la iglesia; escenario en donde los loantes deberán cumplir con su misión. 5.12 Guaricha y Payasos.- Constituyen la parte cómica de la fiesta, con sus lecciones y acciones ponen orden y abren el camino por donde irá la comparsa. Son parte de la alegría, colorido y pomposidad de la fiesta, quienes bailando, saltando y diciendo tanto rimas como versos jocosos improvisados recorren de principio a fin las dos largas filas de disfrazados. 6.- ANTIGUA ORGANIZACIÓN DE LA FIESTA DE “LOS CAPORALES DE ANGAMARCA”

Yumbos Adoradores y Yumbos de fila

recuperación de tradiciones, costumbres, fundamentales para la integración cultural. Los Caporales de Angamarca Año 1.960

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Fundamentalmente la fiesta de “Los Caporales de Angamarca” en tiempos antiguos tuvo la absoluta convocatoria hacia el sector indígena y campesino que medianamente organizados participaban con sus comparsas comunitarias en el mes de diciembre; ellos con la danza característica del caporal y vestimenta acorde a sus posibilidades (de calzoncillo y alpargatas en algunos casos) acompañados de sus llamingos recorrían las principales calles del pueblo, luego de realizar un largo recorrido desde sus comunidades como Cutzupan, Chine, San Pablo, Guambaine, entre otras hasta el centro parroquial. Según cuenta la historia en Angamarca vivió un hombre entusiasta llamado Sebastián León quien tenía bajo su poder esculturas del Niño Jesús recién nacido y por lo tanto se encargaba por iniciativa propia de la coordinación y organización de la fiesta con sus amigos, familiares y el pueblo en general. Se acercaba a sus amigos para comentarles que iba organizar la fiesta de “Los Caporales de Angamarca” y solicitar que le colaboren con algo; nadie escatimaba esfuerzo, todo lo que pedía le daban, llegando a recibir donaciones como un toro, ovejas, cerdos, cuyes, gallinas y demás productos. La cabecera parroquial era la que colaboraba económicamente para la fiesta, mientras que los que se disfrazaban, vestía y participaban mediante el baile eran las comunidades indígenas y campesinas de Angamarca. Posteriormente, el cariñosamente recordado Don Shive León era el encargado de recibir las propuestas y anotar quienes serán los priostes para el próximo año y en la Misa del Gallo entregaba la información a Taita Cura para que desde el púlpito anuncie al pueblo de Angamarca los nombres de los nuevos priostes. El prioste y los yurac eran los encargados de atender con la comida a todos los disfrazados y familiares acompañantes, por lo tanto las dadivas que recibían tenían que invertir en la fiesta. La organización de la fiesta de “Los Caporales de Angamarca” una vez definido quienes eran los priostes y yuracs se iniciaba conformando una comisión que armados con el tradicional mediano se dirigía a coger al recuante; luego acompañada por el recuante seleccionaba a la doña; posteriormente doña y recuante acompañaban a la comisión a coger al yanta y todos los anteriores seleccionaban y visitaban a cada uno de los doce caporales para formalizar y comprometer su participación. Esta misma comisión conformada por el prioste, yurac, familiares y amigos en compañía de los principales (recuante, doña y yanta) procedían a coger a los yurac de los yumbos, yurac de las chinas, yurac de los loantes y estos últimos yuracs hacian lo propio con sus disfrazados. La primera fiesta de “Los Caporales de Angamarca” en la que participan activamente como disfrazados el sector mestizo de la parroquia de Angamarca fue hace alrededor de 60 años cuando la responsabilidad de ser prioste recaía en el señor Carlos Hurtado y tuvo la importante colaboración como yurac de los caporales del señor Mentor León. 7.- ACTUAL ORGANIZACIÓN DE LA FIESTA DE “LOS CAPORALES DE ANGAMARCA” La sociedad del pueblo de Angamarca en sus diferentes sectores tanto a nivel familiar, de amigos y comunitario se organiza en la posibilidad de generar potenciales candidatos a priostes quienes recibiendo apoyos emocionales, económicos y participativos en responsabilidades van definiendo seriamente el comprometimiento tanto con la religiosidad como con la tradición, concluyendo con la decisión de anotarse en el despacho del sacerdote parroquial y manifestar la voluntad de ser el prioste de la fiesta de los caporales para el siguiente año.

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El sacerdote del pueblo realiza un análisis situacional de cada uno de los postulantes, procede a conversar tanto con quien será el compadre como la comadre del Niño Dios y finalmente los responsabiliza de la ejecución de la Fiesta de los Caporales de Angamarca. La misa de media noche conocida también como “Misa del Gallo” es el escenario en el cual los priostes del próximo año son presentados en presencia de disfrazados, devotos y pueblo en general, asumiendo ante la sociedad angamarqueña el compromiso de efectuar con absoluta seriedad la fiesta que ligada a la religiosidad rememora el episodio del Nacimiento del Niño Jesús en el Pesebre de Belén. Al día siguiente de ser nombrados, los priostes se hallan en la obligación de comenzar a realizar a la brevedad posible las gestiones correspondientes que le ayuden a ofrecer una celebración especial luego de un año. En la actualidad las primeras acciones de los nuevos priostes es, en algunos casos, formalizar los compromisos adquiridos por amigos y familiares respecto de la organización de la comparsería y también programar inesperadas visitas hacia hogares considerados amigos o familia con posibilidades económicas y voluntad de colaborar con la responsabilidad que significa realizar la fiesta de “Los Caporales de Angamarca” conocida también desde la religiosidad como la “Fiesta del Niño”. En días posteriores, apoyados del mediano, licores y presentes, una nutrida comisión del compadre y comadre del niño, cada uno por su lado, primeramente se moviliza para comprometer a sus amigos y familiares como yurac de los caporales, yurac de las chinas, yurac de los yumbos, yurac de los loantes, yurac del árbol y yurac de la banda. Una vez efectuada esta gestión y luego de haber recibido una respuesta positiva los nuevos yurac asumen completamente la responsabilidad de convocar o escoger a sus disfrazados ya sea de casa en casa o a través de una invitación a una gran mesa - fiesta en donde los invitados con su presencia ponen de manifiesta su voluntad de participar en cada uno de los papeles y personajes que conforman la “GRAN COMPARSERÍA DE LA FIESTA DE LOS CAPORALES DE ANGAMARCA” celebrada en el mes de diciembre. Cada uno de los yurac se ven obligados a realizar una “reunión– fiesta” o “mesa” en la cual los participantes acuerdan aspectos importantes como la indumentaria, uniformes, fechas para entrega de cuotas y definir nombres de quienes reconfirman su participación. En algunos casos, como en los caporales, resulta común efectuarse más de una reunión para llegar a una eficaz coordinación con el apoyo de una comisión permanente y responsable del escogitamiento de ternos, tipos de materiales, presupuestos y adquisiciones que finalizan con la entrega de todos los insumos necesarios para completar la vestimenta de la comparsa. Priostes y yuracs han debido trabajar intensamente durante todo el año, recibiendo en algunos casos pequeñas dadivas o ayudas de la población, amigos y familiares solidarios con esta enorme responsabilidad que significa atender durante tres días ha alrededor de 100 disfrazados con sus familias y amistades. Desde la noche anterior al inicio de la fiesta en casa de priostes y yuracs se prepara los tradicionales platos típicos de la comarca que serán degustados por disfrazados e invitados en la mañana del siguiente día. 7.1.- Primer Día (22 de diciembre).- El 22 de diciembre llueva, truene o relampaguee en la cabecera parroquial por más de 60 años consecutivos se han realizado las entradas de la fiesta de “Los Caporales de Angamarca”. En la mañana de este día hay bullicio y alegría en casa de los yurac de los caporales de las dos partes así como también agitación de mujeres que apresuradas trabajan en la preparación de la enorme mesa a la que han de

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baile, gritos, alegorías y brindis armar la gran fiesta popular con la participación del público en general. En el centro de la plaza principal de Angamarca, hacía donde concurren toda la población, el yurac del árbol ha previsto una plantación simbólica ofreciendo a los disfrazados y a su prioste presentes, caramelos, licores, cigarrillos y en algunos casos canastillas navideñas, de lo que obligadamente deberán compartir con los asistentes a la fiesta de “Los Caporales de Angamarca” los licores, caramelos y cigarrillos entregados mientras se realiza el baile alrededor del árbol, para luego continuar con la fiesta en la cancha principal.

Entradas de los Caporales de Angamarca - 22 diciembre

sentarse a servirse el banquete el recuante, doña, yanta, caporales y demás invitados. Fuera de casa del yurac hay expectativa puesto que es de allí de donde saldrá la comparsa y es donde listos, ataviados y sujetados por una jáquima de cordón de seda aguardan los llamingos que sobre sus lomos levan una colcha adornada con un sinnúmero de aderezos como monedas y utensilios de plata, billetes antiguos, mullos de colores, corales, espejos y brillantes. De la misma forma sobre el lomo de un brioso corcel bien adornado reposa una hermosa silla o montura que con lujosas riendas aguarda impaciente al jinete.

Brindis se realiza por todos lados, grupos que se reúnen a murmurar, compartir momentos de alegría y remembrar tiempos pasados conjuntamente con algunos disfrazados y cuando la banda de pueblo alista su tonada todos se disponen a danzar y compartir. Ya al caer la tarde luego de haber brindado y compartido con todos los concurrentes al grito de “a las cargas” sobre su equino el patrón o recuante ordena retomar los llamingos para en compañía de los organizadores dirigirse a casa de su prioste, en donde finaliza el primer día de fiesta. 7.2.- Segundo Día (23 de diciembre).- El compadre del niño con sus yurac, disfrazados y colaboradores son los responsables de efectuar y organizar el segundo día de fiesta durante el 23 de diciembre, fecha designada para la un parte de la comparsa.

Los caporales y guías de la comparsa desayunados se disponen a cambiar su vestimenta para inmediatamente organizase en dos columnas, una encabezada por la doña y otra por el yanta, quienes aguardan la llegada del recuante y su cabalgadura para iniciar conjuntamente el primer baile de la tradicional fiesta al son de la banda de pueblo que entonando el ritmo de los caporales comienzan los movimientos diestros de la cabalgadura del recuante al grito de “Viva Cristo Rey Zambos, Viva Angamarca….” La comparsa con su danzar característico lleno de alegría, gritos y vivas va a casa del prioste o compadre para de allí dirigirse a al centro parroquial a presentar ante el pueblo de Angamarca a su prioste y yurac, con la posibilidad de “ganar la plaza” o a su vez coordinar con la otra parte de la comadre para realizar una entrada conjunta a la plaza principal del pueblo. El recuante sobre un inquieto corcel haciendo gala de su gran maestría para dirigir su cabalgadura ejecuta extraordinarias maniobras delante y entre la comitiva, mientras que los caporales haciendo derroche de elegancia, habilidad y buen paso dan vueltas ente su llamingo al tiempo que gritan viva cada vez que el patrón o recuante y algún caporal manifiesten expresiones tradicionales como “Viva Cristo Rey Zambos, Viva el Compadre del Niño, Viva la Comadre del Niño, Viva Nuestro Prioste, Viva Nuestros Yuracs, Viva Nuestro Patrón, Viva Angamarca, etc. Una vez que la comparsa arriba a la plaza principal, los expectantes se concentran en el graderío y al contorno de la cancha en donde la comitiva realizará su baile conjuntamente con sus priostes, yuracs, autoridades de la parroquia y personas connotadas del pueblo con la música tradicional de Angamarca. Caporales y recuante se disponen a guardar sus cargas (llamingos y caballo) para con mayor libertad mediante el

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Segundo día de fiesta. Los Caporales de Angamarca

En casa de los yurac del compadre del niño se observa intenso movimiento y en el pueblo existe gran expectativa por la participación de la comparsería completa ya conformada por caporales, chinas, yumbos y loantes. A media mañana los disfrazados con sus familias se trasladan a casa de los yurac con el objeto de desayunar e inmediatamente vestir su indumentaria para a las once horas, con la banda de música lista, iniciar la recolección de los miembros de todo el acompañamiento realizándolo de la siguiente manera: bailando salen de casa de su yurac los caporales vestidos con un nuevo uniforme hacía el domicilio del yurac de los yumbos quienes enfilándose desde el más grande hasta el más pequeño detrás de las dos filas de los caporales se aprestan a efectuar el baile característico de a brincos de un pie alternando entre el derecho y el izquierdo; luego la comparsa se dirige a casa del yurac de las chinas de donde hermosas señoritas aparecen y se van ubicando detrás de las dos filas de los yumbos; ahora se encaminan

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hacia la residencia del yurac de los loantes; posteriormente con la comparsería completa proceden a visitar al prioste y conjuntamente con todos los participantes, actores principales de la fiesta y pueblo acompañante de Angamarca con sus yumbos adoradores listos a efectuar su baile de veneración delante de las imágenes proceden a sacar al Niño Jesús de la casa de la familia Galarza León e iniciar el desfile de procesión por las principales calles del centro parroquial de Angamarca. Ya al caer la noche la comparsa acompaña a su prioste danzando con mucha alegría con la imagen del niño desde la plaza central hacia su residencia, en donde la fiesta se prolonga por casi toda la noche. 7.3.- Tercer Día (24 de diciembre).- En Angamarca este es el tercer día de fiesta, el 24 de diciembre es vigía de Navidad y por lo tanto el movimiento también inicia desde las primeras horas de la madrugada pero ya en la vivienda de la comadre del niño, y con ella todos sus yuracs y disfrazados. Los responsables de la banda coordinan que los músicos estén presentes donde el yurac de los caporales antes de las 11 de la mañana, para proceder a recoger al resto de la comparsería, luego retirar a la priosta e inmediatamente con comitiva completa retirar al Niño Jesús de casa del compadre del niño e iniciar la procesión por las calles principales del pueblo. La procesión finaliza en el pretil de la iglesia con la participación de los loantes en compañía del pueblo de Angamarca en general; luego ingresan al niño a la Iglesia mientras la fiesta se desarrollo de la misma manera que el 22 de diciembre, pero con la particularidad de que a las 11 de la noche de éste 24 de diciembre el párroco y la comunidad celebran la “Misa del Gallo” o “Misa de Noche Buena” en donde todos los disfrazados participan con un baile de ofrenda en el interior de la iglesia.

“Los Caporales de Angamarca” de este año se acerca. Desde la noche anterior, en casa de los priostes, las personas encargadas de la preparación de la comita típica de Angamarca trabajan sin descanso con el fin de alistar el desayuno y almuerzo para todos los participantes de la comparsa; quienes en las primeras horas de la mañana se irán concentrando para después de desayunar inmediatamente engalanarse con su tercer traje y formándose en dos filas los caporales, yumbos, chinas, loantes y demás acompañantes, ingresar a la iglesia del pueblo antes del tercer repique de las once y media de la mañana, a participar en la “Misa Solemne de Pascua de Navidad.” La eucaristía de Navidad en Angamarca concluye con una soberbia procesión por las principales calles del centro poblado, gracias a la coordinación de buena voluntad, formando dos largas columnas de al menos 200 disfrazados, una del un lado (compadre del niño) y otra del otro lado (comadre del niño). Priostes y yuracs llevan en brazos las imágenes y esculturas del Niño Jesús acompañados por el sacerdote de la parroquia y pueblo en general; delante de ellos sin dar las espaldas ni por un instante los yumbos adoradores van haciendo la reverencia al niño con su baile de a brincos de un pie, mientras que el resto de disfrazados rodeando a la muchedumbre vuelven y se adelantan para continuar con la procesión hasta llegar al pretil de la iglesia ubicado en la plaza mayor de la comarca. Los Caporales con sus vivas, baile y elegancia ponen alegría a la celebración; yumbos, guaricha, payaso, loantes y chinas dan colorido y belleza a la comparsa; mientras que el recuante, doña y yanta, considerados guía principales de la comparsería ofrecen solvencia y distinción. Una vez que la peregrinación llega a la plaza, toda la gente que estaba aguardando se dirige rápidamente al pretil de la entrada principal a la iglesia, hacia donde también se dirigen las dos filas de ataviados. Los priostes y yuracs se ubican en la parte delantera del improvisado altar mientras que entre los asistentes sobresale por su vestimenta y estatura el cura párroco de Angamarca; los músicos anuncian que los loantes

Al finalizar la celebración eucarística la Pascua de Navidad a llegado y entre angamarqueños y visitantes hay alegría y celebración, produciéndose a esas horas de la madrugada en la plaza principal un intenso bullicio con fiesta y danza a causa de los castillos y camaretas ofrecidas por los dos priostes al pueblo de Angamarca. 7.4.- Cuarto Día (25 de diciembre).- El día de Navidad finalmente llegadó y en Angamarca se lo celebra con mucha alegría con la participación de un gran número de disfrazados, colaboradores, músicos, visitantes, responsables y acompañantes. En este día de fiesta, todo el movimiento se concentra en los domicilios del compadre y la comadre del niño, ya que en esta última fecha de celebración, absolutamente todos los integrantes de la fiesta serán atendidos allí. Muy por la mañana el bullicio se escucha en todo el pueblo, aunque también los angamarqueños sienten pena porque el fin de la fiesta de

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25 de Diciembre – Navidad Último día de Fiesta.

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están listos y preparados para efectuar su papel de veneración al Niño Dios con su loas y recitaciones finales acompañadas con tonadas cortas pero características para ese acontecimiento, que implica también la entrega simbólica del Niño Jesús a la iglesia. La comparsería completa en ese instante procede a efectuar la entrada principal a la cancha o espacio determinado tradicionalmente para compartir la fiesta con familiares, amigos, paisanos, turistas y el pueblo asistente de Angamarca en general, realizando un baile prolongado y al mismo tiempo permitiendo que entre los priostes coordinen el traslado de su gente a almorzar con el objetivo de que la plaza no quede vacía y que la gente tampoco se sienta abandonada. Toda la comitiva de ataviados primero es atendida en casa del compadre del niño acompañados por familiares, amigos e invitados especiales y luego, lo mismo ocurre en casa de la comadre del niño, para finalmente reintegrarse a la fiesta de manera discreta y proceder a efectuar el baile alrededor del árbol en donde los yuracs correspondientes entregan sus presentes y licores para que esta celebración continúe hasta altas horas de la noche, terminando así esta cultural fiesta de “Los Caporales de Angamarca” en el domicilio de cada prioste.

El Caporal de Angamarca


“Descendimiento Oficial de Jesucristo Crucificado” dirigido por el sacerdote parroquial y efectuado por los cuatro Santos Varones (personas escogidas para efectuar esa responsabilidad durante toda su vida en Angamarca) y que debían llevar sobre sus hombros el Santo Sepulcro que contenía la escultura que representaba al cuerpo inerte de Jesús durante toda la procesión.

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oncebida como una celebración religiosa y cultural la Fiesta de Pascua Grande de Angamarca afIncaba su organización, luego de concluir la Semana Santa o Semana Mayor, con la colaboración, participación y generosidad de muchos de sus pobladores. La Semana Santa.- El mundo católico conmemora año tras año la Semana Santa con el Domingo de Ramos, Procesión del Viacrucis, Descendimiento, Domingo de Pascua o Domingo de Resurrección y cierran la Semana Mayor con la Misa de Gloria. Para el jueves y viernes Santo el Párroco de Angamarca nombraba al prioste y él se encargaba de nominar a dos personas, por lo regular de la clase social alta para que sirvan de compañía ubicándose permanentemente a los lados del prioste, recibiendo acertadamente la denominación de Compañeros.

La banda con su música sacra acompañaba la procesión que recorría las principales calles del poblado de Angamarca y fue considerada como el último acto religioso del Viernes Santo en donde, junto a sus dos compañeros, el prioste acostumbraba a participar comandando la bandera principal o Sabana Santa que nacía en su cabeza y se extendía hacia atrás de 12 a 15 metros de largo sostenida por sus familiares y amigos allegados (específicamente varones) venerándola como un símbolo de religión; mientras que la esposa del prioste considerada la Abanderada llevaba el estandarte acompañada de las mujeres más representativas del pueblo de Angamarca. Los niños también participaban en la procesión solemne, ya que pintados sus rostros de color negro llevaban una bandera pequeña de al menos 8 metros de largo.

Los Compañeros tenían la responsabilidad de estar presentes al momento de la procesión y además debían encargarse de realizar las invitaciones a todos los parientes, amigos, compadres y demás asistentes a los festejos con baile, comida y bebida que se efectuaban después del acto religioso. En el terruño, el jueves y viernes Santo existía absoluto recogimiento, especialmente entre los mayores del pueblo, que recomendaban a sus descendientes, tapar los santos, colgar en los balcones y puertas un lazo o crespón negro de tela o papel, vestir de negro, no caminar duro ni correr, no hablar malas palabras ni ofender al prójimo, no comer carne sino más bien ayunar o comer fanesca y no bañarse porque se corre el riesgo de convertirse en pez, entre otros consejos. En horas de la noche del Viernes Santo el pueblo en general concurría a la iglesia a presenciar el acto solemne del

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Procesión de Viernes Santo en Angamarca

En la procesión era común observar a los cucuruchos, Verónicas y Almas Santas de unos 10 a 12 metros de altitud que desde la

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Corridas de Pascua Grande en Angamarca

cabeza del feligrés se prolongaba hacia el cielo sosteniéndolo erguido con vetas. Como antiguamente Angamarca no disponía de electricidad ni tendido eléctrico las Almas Blancas y Negras alcanzaban alturas sorprendentes. La procesión, último acto religioso del Viernes Santo, culminaba antes de la media noche y en ese momento los festejos programados por los Compañeros daban inicio, extendiéndose hasta los primeros rayos solares del día siguiente. La Pascua Grande de Angamarca.- Constituyó una de las celebraciones más importantes y tradicionales basadas en la unidad y solidaridad de la sociedad angamarqueña de aquellos tiempos, sin que se escoja priostes, por lo que hablar de esta celebración es sinónimo de Grandes Corridas de Toros Populares efectuadas en Angamarca los días lunes y martes siguientes al Domingo de Resurrección en donde concluye la Semana Mayor. La organización de las corridas de toros y con ellas la celebración de La Pascua Grande de Angamarca nacía en la mente de la juventud y de algunos mayores entusiasta durante los festejos del Viernes Santo que auto convocaba a reunirse el siguiente día para finiquitar el festejo. El día sábado se reunían las personas entusiastas con el objetivo principal de definir al ganadero que iban a pedir los toros para festejar la Pascua Grande, se ponían de acuerdo e inmediatamente corría la voz por el pueblo, obligando al ganadero a prepararse, enviar las ordenes a su vaquero para que recoja sus bravos vacunos con sus colaboradores y baje a jugar en Angamarca luego de una última orden, ya que no podía negarse a un pedido que le hacía la sociedad angamarqueña. En las primeras horas de la mañana del Domingo de Resurrección el grupo organizador convocaba al músico mayor y le solicitaban la cooperación de la banda de Angamarca para las corridas de toros del siguiente día lunes y martes de Pascua Grande. Con

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absoluta predisposición aceptaba tocar durante los días de festejos sin ninguna retribución económica e inmediatamente llamaba a la persona que tocaba el bombo para que emitiendo sonidos característicos en cada esquina convocara a reunión de músicos, de tal manera que en menos de una hora estaban listos para acompañar en la formalización de los pedidos. La música de la banda anunciaba en cada esquina de la comarca la presencia de los organizadores con el respectivo listado de colaboradores para las corridas de toros de La Pascua Grande de Angamarca y gritaban “viva el señor ganadero tal que gentilmente donará los toros para las corridas del lunes y martes de Pascua Grande y el resto de los acompañantes gritaban viva”, con ello y una conversación previa, el ganadero estaba comprometido a facilitar los toros e inmediatamente enviaba la última orden al vaquero para que baje el ganado bravo. Con una viva comprometían: a las señoritas que donaban las colchas, a quienes se encargaban de construir las barreras en la plaza central de Angamarca, a quienes donaban el trago; llegando a recibir importantes donaciones de cuyes, gallinas, borregos, chanchos y hasta toros para la comida de los asistentes, sin que a nadie se le pague un centavo. La Fiesta de Pascua Grande de Angamarca iniciaba y se desarrollaba con total normalidad, unidad y solidaridad durante los dos días subsiguientes al Domingo de Resurrección, dejando en la memoria de algunos adultos mayores gratos recuerdos taurinos de lo que fue Angamarca en tiempos antiguos con sus cuatro haciendas más notables en ganadería denominadas Pigua, Llallachanchi, Quindigua y Guambaine. Finalmente, desde inicios del siglo pasado en Angamarca encontramos como los más notables ganaderos a los señores: Narciso Flores (padre), Arsenio Sánchez Carrera, Enrique Sánchez Montufar, Sergio Flores, Eloísa Sánchez Dávila, Manuel Montufar Sánchez, Rodrigo Sánchez Dávila y Julio Navarro.

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os conquistadores españoles con su llegada introdujeron de la Madre Patria España a nuestras tierras el caballo y ganado, generando una nueva forma de vida actualmente considerada como parte de una cultura, que fue desarrollada a partir del siglo XVII con la presencia de religiosos y terratenientes dueños de grandes haciendas productivas, en donde se requería de un vaquero de confianza para cuidar el ganado bravo, generando el nacimiento de un singular personaje dependiente denominado EL CHAGRA. La persistencia, tenacidad y fortaleza del chagra le ha permitido posicionarse en el tiempo hasta constituirse en actor imprescindible de una natural trilogía en la que participan HOMBRE-CABALLO, TORO Y PÁRAMO; elementos fundamentales de la tradición taurina enraizada en la cosmovisión andina de nuestra serranía ecuatoriana. La presencia del toro en los andes determinó la existencia del chagra, personaje extraordinario que ofrece identidad e imagen al campo bravo ecuatoriano. El chagra, vaquero andino, definido como un campesino rústico del altiplano del Ecuador, es un diestro conductor de un pequeño pero poderoso caballo adaptado a los riesgos del medio ambiente. El chagra ecuatoriano es un campesino vaquero que desarrolló su vida en torno a la cabalgadura, rodeo, ganado y soledad de una imponente naturaleza a la que afronta cada día con su trabajo a pesar de los riesgos que significan las faenas en el ambiente del alto páramo andino acompañado de su caballo, aperos y atuendos, en donde el ganado se mueve en grandes distancias y por diferentes propiedades sin cercas que impidan su peregrinación. Viste de camisa, poncho, sombrero de paño, bufanda de lana, zamarro, botas de cuero y par de espuelas cuando se predispone a cabalgar en la soledad de los pajonales, llevando sobre su caballo criollo y paramero una montura de vaquería bien ensillada con su respectivo pretal, arretranca, grupera, cincha, pellón y veta; constituyéndose en la viva imagen del popular chagra, esencia misma de nuestra tradición taurina. En la Cordillera Real de los Andes Ecuatorianos despierta el sentimiento cristalino del hombre por el dorado y extenso

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parte de la cordillera, llega con satisfacción y orgullo el ganado al pueblo de Angamarca, para que al día siguiente toda la población disfrute una vez más de la tradicional corrida de toros.

manto paramal que junto a su indumentaria y fortaleza, sin importar viento, lluvia o sol alcanza el camino del chagra para dejar descubrir paisajes encantados y poblados aislados que sobreviven en el tiempo, espacio en donde la vida parece haberse detenido por la armonía que constantemente brota del equilibrio entre la naturaleza y la simplicidad de la vida. El páramo constituye la perfección de la naturaleza y la tradición taurina se presenta imponente como una increíble pertenencia para los angamarqueños. En la parroquia San Agustín de Angamarca de entre sus múltiples tradiciones se desprende como una de las más importantes la taurina, que con sus páramos de Guambaine, Pigua, Quindigua y Llallachanchi, cuna de ganado bravo, persisten como un germen cultural; tradición taurina que llegó al pueblo de Angamarca con la ocupación española para mantenerse arraigada y presente en nuestra cultura preciada.

El Chagra y los Montados

Angamarca zona ganadera por tradición y cultura taurina en donde año tras año el pueblo se viste de colorida vestimenta, observando con total naturalidad por sus calles y plazas al chagra acompañado de su caballo con sombrero, poncho y veta pasar despertando el espíritu taurino de los angamarqueños. La gran corrida de toros populares en Angamarca inicia con la recolección de colchas donadas por distinguidas damas angamarqueñas con alto espíritu de colaboración que al son de la banda tradicional recorren las principales calles de la comarca invitando y comunicando a propios y extraños que en pocos momentos los bravos vacunos iniciaran su juego en la plaza de toros.

Llegada del Ganado Bravo a Angamarca

La traída del ganado para las corridas de toros populares en Angamarca es todo un acto ceremonial, por su planificación, preparación de los montados a caballo, los ganaderos propietarios de los ejemplares y la ilusión de participar de esta tradición y experiencia sin precedentes. El recorrido que conduce hacia el alto y bravo páramo es toda una travesía pero también una experiencia inolvidable que por caminos de herradura y chaquiñanes lleva al chagra hacia su ilusión. La travesía que realiza el vaquero junto al chagra de Angamarca acompañado por más de 100 montados, lleno de peligro tanto por la bravía del ganado como por lo áspero del acceso a los páramos de Angamarca, sin impedimento alguno y atravesando

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Corrida de Toros Populares en Angamarca

Con los ejemplares listos para la corrida, las autoridades en relación cordial con el ganadero posibilitan revivir la tradición y con la presencia del toro en la arena, el torero a la espera de su rival, el ganadero en el toril, los aficionados en el ruedo y el afanoso público en el graderío dan inicio a la jornada taurina en Angamarca.

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travesando las doradas montañas de la Cordillera Occidental de los Andes Centrales Ecuatorianos llegamos a un sin igual valle llamado “Angamarca Nido de Cóndores” Religiosidad y recogimiento fueron actitudes fundamentales en el carácter de los antepasados del pueblo que en fechas especiales respetaban profundamente la partida hacia la eternidad de algún miembro familiar o de la comunidad. A partir del 24 octubre, es decir nueve días antes del 2 de Noviembre “Día de los Difuntos y de las Almas” un místico personaje llamado el “Animero” ingresaba al Cementerio de Angamarca minutos antes de la media noche. Allí, así hubiese frío o lluvia se vestía de alba inmaculada, con una sábana blanca y desde su cuello colgaba hacia su mano derecha una sonora campanilla mientras que en la izquierda conducía una calavera humana.

Por las Benditas Almas del Santo Purgatorio...recen conmigo un Padre Nuestro y una Ave María! Esa invitación tenebrosa que tenía musicalidad de un yaraví era expresada con total recogimiento y acompañada del sonido de la campanilla… Chilín chilín chilín…. ¡Por las Benditas Almas del Santo Purgatorio! Delante del personaje, cuentan sus habitantes, que iban las almas buenas representadas por mariposas blancas, mientras que detrás iban las almas condenadas; es así, que cuando alguien de improvisto se encontraba con el Animero tenía inmediatamente que acostarse boca abajo hasta que pasen los espíritus.

En el interior del Camposanto con total solemnidad, devoción y de rodillas iniciaba rezando a viva voz un rosario… ¡En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo!...! Este Santo Rosario voy a rezar por las Benditas Almas del Santo Purgatorio!...en absoluta soledad y después de las doce de la noche recorría internamente el Huerto del Señor recogiendo a las almas benditas.

En casa a esas altas horas de la noche todas las personas reposaban de sus faenas, los niños soñaban en las cosas más bellas luego de haberse divertido en los juegos tradicionales de Finados en Angamarca y de pronto al escuchar…Chilín chilín chilín: ¡Ay! ¡Que miedo…que susto…papá...mamacita…socorro...auxilio... las almas! No pasa nada mis hijitos, decían los progenitores…es el Animero…hay que rezar con él las oraciones y habrá desaparecido el miedo…Chilín chilín chilín continuaba su camino el Animero y la calma retornaba al hogar con un profundo silencio sepulcral hasta que el aurora anunciaba un nuevo día y con él la llegada de la “Fiesta de los Difuntos”.

Chilín chilín chilín…sonaba la campanilla del Animero que anunciaba su paso por las calles de la parroquia y lugares aledaños, comenzando por las esquinas mas inmediatas y deteniéndose en cada una de ellas, cantaba con voz lúgubre…!

Finalmente es oportuno el profundo reconocimiento en el tiempo a los últimos Animeros de Angamarca los señores Daniel Cazañas, Justiniano Cazañas y Julio Cancino, quienes forman parte ya de la historia de Angamarca.

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l cacicazgo fue una institución españolizada que apareció en América en el periodo hispánico con un fin sociocultural, pero diferenciada del Mayorazgo por su desvinculación con las relaciones de bienes y vasallos, es decir, por la inexistencia de las rentas. En el cacicazgo se evidencia una relación señorial nacida entre el antiguo Cacique o Kuraka y el indio o aborigen fundamentados en el derecho fundacional que daba origen a una nueva alternativa de control social y económico; así el cacicazgo se convirtió en la herramienta, que conjuntamente con la doctrina, posibilitó el dominio de la clase aborigen conducida paulatinamente a una desmedida explotación; proceso en el cual renacieron los mismos líderes influyentes y representativos, que por ser utilitarios subsistieron bajo el dominio de los nuevos poseedores del Estado. La figura del cacique trasciende fronteras de la conquista h y española, cuya función en tiempos aborígenes según Karen

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Spalding “fue sobre todo la de canalizar los excedentes de producción del ayllu con fines de provisión social”; por lo tanto, el cacique a más de ser la persona que representaba a la sociedad indígena, se constituyó en el guardián de las normas sociales y el respeto a las leyes vigentes en el cacicazgo. Los miembros de la comunidad guardaban obediencia a las decisiones y requerimientos del cacique; pero este tenía su fuerza en las sociedades aborígenes de los Ándes y por tanto se fundaba como “la única fuerza a la que podía recurrir el Kuraka (Cacique)”. Con la llegada y la implantación del Estado h, el cacique, explica Segundo Moreno Yánez, que “se convirtió progresivamente en dependiente de la administración cuzqueña como intermediario entre Estado Inca y Comunidad Indígena”, desempeñándose como “administrador de la fuerza del

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trabajo,…fuerza política y guarda del sistema socioeconómico de la comunidad”. El mismo Moreno Yánez ratifica que, la función del cacique en la Colonia también estuvo “subordinada a la administración española” por lo que se convirtió en “un importante lazo de unión entre los intereses coloniales y súbditos indígenas”; potestad que, aunque no aceptada por las autoridades españolas, se decide mantener al cacique como mediador de la relación indio-español y así salvaguardar la dominación colonial. Mediante Cedula Real de 1.614, asegura Carlos Remetería, que se reafirma el carácter hereditario en los cacicazgos, registrándosele al cacique como artífice de un desempeño importante, con miras a una pacífica y pronta castellanización y cristianización de los aborígenes; de tal manera que gracias a dicha figura conseguían obligar al indio a trabajar en la mita, a pagar tributos y mantenerse sumiso con el fin de que no se produzcan reacciones por la conquista. En su afán de castellanizar, el español procede a bautizar a los caciques, inclusive ya de edad avanzada, con términos españoles dejando que sus nombres aborígenes sean considerados como apellidos; así encaja perfectamente el bautismo del cacique Alonso Cunchi, quien según la nominación antigua debió haberse llamado Cunchi Cando; sin embargo, por un lado apegados a tradición castellana y por otro, en rechazo a tal imposición, los nietos de Alonso Cunchi e hijos legítimos de Luis Puchutasig en su afán de recuperar el prestigioso linaje “Cando” adoptan su ancestral apellido y pasan a llamarse Andrés Cando y Diego Cando, caciques que constituyen los artífices de la permanencia y continuidad de los Cando en Angamarca. Basada en el Memorial de 1.614, explica Yolanda Navas que “la organización cacical de Angamarca vinculaba en su seno a múltiples ayllus o parcialidades, los mismos que eran grupos primarios consolidados por vínculos de parentesco y patrones de reciprocidad que descendían real o ficticiamente de un ancestro común. Cada uno de los ayllus estaba gobernado por un jefe o cacique,…estos también dependían del Cacique Principal o Señor Étnico”, quien tenía autoridad en toda la Región de Angamarca y se asentó en última instancia en lo que hoy es la parroquia de Angamarca. Matilde Sandoval Moreira sostiene que en Angamarca “el sistema de sucesión hereditaria a la dignidad cacical, que había sido estructurado por disposiciones legales en el siglo XVI y XVII,… se sucedía normalmente por línea recta según la primogenitura, excluyendo las líneas naturales y bastardas a favor de las legítimas, y con reconocimiento en su caso a los derechos de la mujer y de su descendencia legítima”.

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Así, una vez asumido en 1.614 el Cacicazgo de Angamarca por parte Diego Cando, quién desciende legítimamente de los antiguos caciques Alonso Cunchi su abuelo y Luis Puchutasig su padre, deja como herencia el cacicazgo a su hija legítima Bárbara Paybata Cando, la misma que asume el poder en 1.685 a la edad de 85 años. Ya en el siglo XVII en medio de serias dificultades respecto a quién debía asumir el mando del cacicazgo, el juez encargado dicta sentencia adjudicataria el 11 de agosto de 1.747, luego de una larga probanza por los derechos al Cacicazgo de Angamarca en favor de Estefanía Chipantiza Paybata Cando, quien presentó como uno de elementos válidos para demostrar su legítimo requerimiento la partida de bautismo del año de 1.660 del cacique Diego Cando su ancestro y de Agustina Paybata Cando su abuela; ya que su padre Vicente Chipantiza y abuela antes mencionada fueron primogénitos y descendientes directos de Bárbara Paybata Cando, cacica petrucia del pueblo de Angamarca. Consolidada la Conquista Española, el gobierno de la Real Audiencia de Quito decreta la presencia del clero y corregidor en el Cacicazgo de Angamarca, haciendo que la imagen del cacique se deteriore y se vea evocado a una pérdida gradual de poder y autoridad. Con la presencia en 1.767 de Juan Manuel de Saravia, Corregidor y Teniente de Justicia Mayor de Angamarca, las cosas se habían complicado más, ya que dicho español se había convertido en una verdadera molestia tanto para el cacique Manuel Chicayza como para el gobernador del pueblo, en vista de que Saravia pretendía atribuirse funciones de las autoridades locales, quien según los Autos de Don Gregorio Chicayza Gobernador de la Provincia de Angamarca “además de usurparles al cacique y gobernador los privilegios y prorrogativas anexas a estos empleos tenía oprimidos a los indios en su tirano dominio”. En la segunda mitad del siglo XVIII, la posición del cacique nuevamente se vio afectada debido a la política de centralización

Angamarca en el Siglo XVI

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de los Borbones, con la ley impulsada por el Rey de España Carlos III que permitió la aplicación del Sistema de Intendencias con la finalidad de contrarrestar el poder que había obtenido el corregidor; sin embargo la ausencia del corregidor y la ubicación lejana de la Intendencia, que en teoría buscaba ligar el campo con la metrópoli, permitió que el cacique de Angamarca ejerciera un poder directo y efectivo sobre la población indígena; acción que lo llevó al desgaste definitivo de la imagen del gobernante local. En dicho desgaste, el cacique perdió definitivamente beneficios que según Scarlett O’Phelan “iban desde montar a caballo, portar armas y utilizar vestidos lujosos, hasta los relacionados con el empleo y el aprovechamiento de la tierra”, que los convirtió en terratenientes, dueños de mitayos y comerciantes directos con españoles”; dilapidó además reconocimientos, que dejaban al cacique y su hijo primogénito exentos de pagar tributo y del servicio laboral por turnos; posición y privilegios que para Juan de Solórzano y Pereira “era equivalente a la Hidalguía en España”.

Cuadro de la Suceción Cacical en Angamarca

Andrés Guerrero vaticina que “después de la Independencia Política en el Siglo XIX, la nobleza india perderá su identidad de india, será diezmada y surgirán nuevas autoridades”, así sucede en Angamarca, el cacique pierde poder y autoridad sobre la tierra y sus privilegios, llegando inclusive Isidro Chaso, residente en Angamarca por más de 30 años descendiente legítimo del noble Pedro Chicayza último Cacique de Angamarca, a no aceptar el título de Cacique-Gobernador, aduciendo que “no le es conveniente” justamente porque la creación de nuevos cargos entraba en vigencia en la comunidad, y aparece casi inmediatamente el titulo de Alcalde en sustitución de la figura del cacique que ofrecía mayores garantías de adquirir riqueza, privilegios y prestigio; es así que en 1.817 tenemos el primer y quizá último Alcalde Originario de Angamarca llamado Juan Manuel Cando, descendiente legitimo de los antiguos caciques Bárbara Paybata Cando, Diego Cando, Alonso Cunchi y Chunchu Cando.

Periodo de la Historia de Angamarca que finaliza con la pérdida del poder por parte de la nobleza indígena, diezmación y evangelización parcial del indio, coyuntura que reinicia con el nacimiento de los nuevos herederos del poder y la tierra, provenientes del Chapetonismo y Criollismo que gobernaron particularmente el poblado de Angamarca a partir del siglo XIX, acto de sucesión efectuado progresivamente en la mayoría de los asientos del antiguo Reino de Quito que estuvieron ocupados parcialmente por los españoles y que en algunos casos posteriormente fueron entregados como recompensa por la masiva e incondicional participación en el proceso libertario del yugo español.

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os Caras según los historiadores González Suárez, Paúl Rivet y otros, fueron los mismos Mayas-Quitches que desembarcaron en nuestras costas procedentes de Centro América, cuya “Línea Masculina del Carán” según Saravia y Collahuazo reinaron por un periodo de 320 años y gobernaron con once de quince monarcas el extenso Reino de Quito conocido también como Reino de los Scyri desde el año 980 d.C. hasta el año 1.300, en el que se extingue la línea masculina de Los Caras en el “undécimo” rey Carán Scyri 11º, cuando este pretendía perpetuarse en el trono mediante la alianza matrimonial entre su hija la Princesa Toa y Duchicela hijo primogénito de Condorazo, quien ostentaba el cargo de Regulo de los Puruhá En los inicios del siglo XII los Duchicelas formaron el Reino Independiente Cara-Puruhá que paulatinamente se fue consolidando como la cuna de una estirpe de raza pura e indomable, que por su poder y prestigio, hacía que el indio Puruhá se sintiese valiente e hijo del silencio, por considerarse engendrado por el Cerro Altísimo Brillante (El Altar). Los cuatro últimos soberanos del Reino de los Scyris, por un lado, eran de la “Línea Masculina Duchicela de Puruhá” y por otro, mantenían la “Línea Femenina del Carán”, creándose en la Reina Toa hija de Carán Scyri, un directo lazo de consanguinidad por línea materna entre los once primeros reyes y los tres restantes. Para el Siglo XIII el nuevo Reino de los Scyris se extendió a mas de 125 leguas fruto del matrimonio entre Toa y Duchicela que gobernó como Scyri 12º por 70 años desde 1.300 a 1.370. Autachi Duchicela, hijo de Duchicela y Toa, en 1.370 se corona como Scyri 13º y permanece en el trono durante 60 años hasta que en 1.430 por decisión propia heredó el trono a su segundo hijo Hualcopo, por cuanto Guallca Duchicela, el primero, era aborrecido por su excesiva crueldad y malas inclinaciones. Hualcopo Duchicela Scyri 14º gobernó pacíficamente durante 33 años hasta que en 1.450 el Reino de Quito comienza a desmembrase con la conquista realizada dentro del imperio por Túpac Yupanqui Inca del Perú 12º. Hualcopo, por ser gobernante de paz, relegó mucho tiempo las armas y aun así luego de fortificarse resistió durante varios años en Liribámba capital de la Provincia de Puruhá,

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Hualcopo Duchicela Scyri 14º gobernó pacíficamente durante 33 años

gracias a la construcción de fortalezas en medio de lagos, en cuyo pequeño palacio nacería su primogénito Cacha Duchicela. Su defensa, al mando del general Calicuchima hijo, retrocede hacia Quito y en Mocha decide esperar al Inca y librar en 1.460 un tenaz enfrentamiento que obligó a Túpac Yupanqui a retroceder hacia el Cuzco para asegurar los territorios conquistados. Tres años después en 1.463 muere Hualcopo Duchicela. Cacha Duchicela, Último Scyri 15º de la segunda época del Reino de Quito, gobernó por 24 años hasta 1.487 y tuvo por única hija a Paccha. Él emprende la reconquista del espacio que perdió Hualcopo Duchicela, su padre, incluido el Reino de Puruhá con acciones violentas como pasar a cuchillo a las tropas del Inca y demoler sus fortalezas. El hundimiento del Altar (Cullay) y las subsiguientes erupciones de los volcanes Cotopaxi y Tungurahua suscitados en los siglos XIII y XIV constituyen fenómenos naturales catastróficos que expulsaron de manera violenta a nuestros aborígenes hacia nuevos campos. El historiador Neptalí Zúñiga asegura que las “victimas de la catástrofe producida por el Altar, escaparon a Sigchos, Angamarca y la región Oriental;” por su parte, Marina Tovar Sánchez en su obra Angamarca Enclavada en los Andes Ecuatorianos manifiesta también que “los tacungas, mulliambatos, píllaros y patates se refugiaron en las selvas orientales

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donde sus parientes los Quijos, y los primitivos puruhaes, mochas, tisaleos, quisapinchas, se asilaron en las regiones de Angamarca, Chimbo, Sigchos en las selvas occidentales, mientras que la familia Duchicela se asentó en Angamarca.” Como consecuencia de las erupciones y el hundimiento del Cullay nace la visita hacia Angamarca de una parte de la familia Duchicela proveniente de la Provincia de Puruhá, que por las bondades y privilegios a los que accedieron en la zona por ser descendientes de aquellas figuras Scyris Toa y Duchicela importantes de la época indígena Cara-Puruhá, Matrimonio Para el Siglo XIII el deciden radicarse nuevo Reino de los Scyris se extendió y posteriormente a más de 125 leguas fruto del matrimonio entre Toa y Duchicela convertir a Angamarca que gobernó como Scyri 12º por 70 en tierra y morada de años desde 1.300 a 1.370. los nobles Duchicelas descendientes colaterales de los Scyris del Reino de Quito por Línea Masculina de Duchicela de Puruhá.

de la Casa Duchicela”, pero como el español pretendía mantener el control social a su favor opta por utilizar a aquellas figuras aborígenes representativas como el Puruhá Eplicachima Duchicela, quien fue considerado y respetado por ser hermano menor del extinto Rey Cacha Duchicela y padre del también fallecido general Calicuchima hijo, quien fue Gobernador de la Provincia de Puruhá y desempeñó un preponderante papel en las guerras civiles de Atahualpa hasta morir quemado en Cajamarca a manos de los españoles.

A finales del siglo XIV, Huayna Cápac Inca del Perú 13º, se une en matrimonio con Scyri Paccha hija de Cacha Duchicela y gobierna durante 38 años desde 1.487 hasta 1.525 convirtiéndose en el Rey de Quito 16º, el mismo que fue querido, respetado e idolatrado hasta su muerte. Cieza de León en su obra Crónica del Perú reconfirma que “Huayna Cápac toma la insignia de Rey de Quito en la esmeralda sobre la frente por matrimonio con Paccha más no por conquista” y al final de sus días, asegura Juan de Velasco que “en su testamento Huayna Cápac manifestó la legitimidad de su matrimonio con Paccha y declaró que dejaba el Reino de Quito a su hijo primogénito el Inca Atahualpa.

Importantes documentos acreditan la trascendencia que tuvieron los cacicazgos durante los siglos XVI, XVII y XVIII; cuyas familias mandamases como los Duchicela, Hacho, Ati, Tucunango, Zozozopangui, entre otras conservaron poder y prestigio inclusive en la republica. Estos caciques, entre ellos los Duchicela de la más alta estirpe, se equiparaban con la nobleza chapetona recibiendo privilegios de condes y todas las granjerías derivadas de los escudos de armas.

Atahualpa hijo legitimo de Huayna Cápac en la Reina Paccha fue el Inca del Perú 15º y 17º de Quito, quien es considerado el Último Rey de los Incas por gobernar todo el Reino del Tahuantinsuyu por un periodo de 8 años desde 1.425 hasta la llegada del conquistador español en 1.533. Posteriormente a la muerte de Atahualpa y ante la necesaria presencia de un líder que tome el poder y comande la defensa contra los Chapetones surge su Hijo Hualpa Cápac Scyri de Quito 18º quien finaliza su reinado de dos meses con su muerte en octubre de 1.533. En Hualpa Cápac se extingue la “Línea Real Directa

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Por otro lado, quien realmente interesaba a los chapetones fue Cachulima, hijo menor de Eplicachima que para aquel entonces ejercía el poder en el Señorío de Cacha en la misma Provincia de Puruhá y por ser un hombre de genio abstraído había propugnado por la corte. Cachulima Duchicela por haber colaborado considerablemente con el capitán Sebastián de Benalcazar en la Conquista de Quito fue continuado en el Señorío de Cacha, e hizo que fuese confirmado en él y en toda su descendencia muchos privilegios mediante Cédula Real de Carlos V Rey de España. Se convirtió, además, en el primer cacique en recibir la Religión Cristiana mediante el bautismo con el Nombre de Don. Marcos Duchicela por parte del Fraile Marcos Niza, convirtiendo a su señorío en la Primera Parroquia de Indianos del Reino y el lugar privilegiado, después de la conquista española, donde se conservó por mas de un siglo y medio ( 166 años) “La Casa Real Duchicela”. El cacique Don. Marcos Duchicela sobrevivió hasta su última vejez en su señorío y en el año de 1.640 ha consecuencia de un sorpresivo sumergimiento desapareció enteramente la grande y bella población de Cacha que estaba rodeada por un lago.

Así, Doña María Duchicela, hija legítima de Don Marcos Duchicela antes llamado Cachulima, que se encontraba educándose “en una casa principal de

Doña María Duchicela

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Riobamba, con el esplendor y magnificencia de una princesa” en el año de 1.644 se movilizó para presentar un pleito ante la Real Audiencia de Quito con la intención de conservar los derechos del Cacicazgo de Yaruquíes, población que se formo con los restos de la sumergida Cacha. Angamarca también fue centro de los Duchicela, descendientes de los más connotados reyes de Puruhá y del Inca por de línea de Atahualpa; familia Duchicela que en Cacha, Yaruquíes y Angamarca siempre han proclamado ser de dignidad real, llegando a reclamar sus derechos y privilegios tradicionales, en tiempos del dominio español, en procesos judiciales y elevando peticiones al rey. Los Duchicela de Angamarca en incontables ocasiones han manifestado tener parientes puruhaes e inclusive, según el padre Coba Robalino, “siempre han proclamado provenir de Riobamba,” demostrando su descendencia en probanzas. Marina Tovar y Neptalí Zúñiga relatan que en el año de 1.732 los descendientes Duchicela de Angamarca habían elevado a la Real Audiencia de Quito una petición especial alegando ser “Real Familia de los Duchicelas del Inca Atahualpa” y solicitando el goce de los privilegios que ya aviase concedido mucho antes, en donde se les reconocía como “Descendientes Legítimos y Colaterales Legítimos de los Duchicela de Atahualpa.” Exigían que los peticionarios y legítimos descendientes gocen de los honores y preeminencias de rey por provenir de los reyes Duchicela de Puruhá”, así como también, que sus descendientes directos o colaterales legítimos no sean obligados hacer servicios policiales o postas, pongas, peones de obraje, ni de ningún acto que signifique bajeza o decoro aunque lo quisiera imponer la Autoridad Eclesiástica o Civil. Demandaron usar mejor vestido que el vulgo de los naturales y que el jefe asista al templo parroquial o ha procesiones sobre un estrado dorado de pasamanos plateados, acompañado de toda su familia y escoltas de gala. Finalmente pidieron ocupar el primer puesto en cabildos y asambleas junto a la autoridad española, y ejercer cargos de cacique o gobernador de naturales. El Protector General de indios de Latacunga, Don Jacinto de Vargas, contestó al pie de la petición “Goce los peticionarios de lo que piden, hasta la cuarta generación” y a continuación Don Alonso Galván y Bermejo Corregidor de Justicia Mayor del Asiento de Latacunga en nombre de la Real Audiencia de Quito añadía: “vista la verdad que encierra la petición, concédase todo lo que pide la familia Duchicela, a veintiocho de junio de mil setecientos treinta y dos” Neptalí Zúñiga asegura que en un documento capital de 1.772 se reveló que los Duchicela de Angamarca

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tenían ascendencia real y que ahí se detallaba que los “descendientes directos y colaterales legítimos no deben ser obligados hacer servicios que signifique bajeza o decoro, aunque lo quisieran imponer las autoridades. En 1.840 el Corregidor y Jefe Político de Latacunga Don. Antonio Echeverría Llona concedió nuevamente uso de los privilegios “hasta la cuarta generación” a Don. Félix Duchicela, considerado postrimero de los Duchicela de Angamarca y bisabuelo del último poseedor de los documentos, al demandar para si y sus descendientes la prolongación de los privilegios alcanzados en 1.732 como miembros legítimos de la Familia Real Duchicela.” Años mas tarde, en Angamarca el párroco José María Coba Robalino pidió en 1.913 que una de las hijas de Don Félix Duchicela haga el servicio de pongas, ante lo cual, Don Félix personalmente presentó en Latacunga el histórico documento original escrito a mano en tres hojas de papel y sellado en los años de 1.732 y 1.840, según el cual su hija no podía hacer este servicio por provenir de la familia Cara-Duchicela y Atahualpa; el padre Coba Robalino comunicó inmediatamente este hecho al Arzobispo Federico González Suárez, quien aceptó favorablemente. José Coba Robalino en su Monografía de Píllaro cuenta que lo leyó y releyó el cuadernillo histórico, hasta que lo devolvió al cacique Félix Duchicela luego de tener muchos días en sus manos; asegura también que oyó “referir de grandes guerras a los caciques duchicelas, con capas bordadas y sombreros de ala, con calzoncillos llenos de encajes o calzón de terciopelo, oyendo la misa encima del estrado”. Entre algunos de los alcaldes ordinarios que desde la época del coloniaje español en Angamarca ayudaban a hacer cumplir la ley tenemos en 1.575 a Pedro Tobanda, en 1.656 a Pedro Sigmalisa, en 1.817 a Don Juan Manuel Cando y entre las décadas de 1.940 a 1.960 a Don Félix Duchicela. El cacique Félix Duchicela, a quien se le había permitido “adornar el Altar Mayor del Templo de Angamarca con chapas de plata labrada y con espejos rodeados de marco de plata”, fue hijo de Don Diego Duchicela y Manuela Baño; quien contrajo matrimonio con Zoila Querido el 30 de junio de 1.889 ante el párroco Dr. Ramón Campaña acompañado de sus hermanas Gregoria y Dolores Duchicela. Marina Tovar Sánchez lo describe como “un hombre de pequeña estatura, de tronco grande en relación a sus extremidades inferiores, de piel blanca, ojos claros, nariz aguileña, pelo castaño, boca regular y frente despejada” Finalmente, las ancianas Concepción y Enriqueta Duchicela, hijas legítimas del cacique Félix Duchicela, en el año de 1.978 aun sobrevivían en la parroquia San Agustín de Angamarca.

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dono el terreno a la Escuela Pedro Moncayo y actualmente es el Jardín de Infantes de Angamarca.” Por su parte Ernesto Montúfar, Angamarqueño de 86 años de edad, sobre la ubicación de la Agencia de Alcohol manifiesta que posteriormente la agencia se ubicó en la casa que hoy es de propiedad de Judith Montúfar e Hijos, la misma Agencia que con el resguardo de un numero de 4 a 6 oficiales armados con sus respectivos fusiles controlaban celosamente el aguardiente y ahí vendían a los habitantes que llevaban en baldes y canecas.

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l Estanco comprende el monopolio en la producción o venta de un determinado bien asumido por el Estado u otorgado a particulares a cambio de un ingreso al Fisco. Los estancos más comunes en tiempos pasados fueron de aguardiente, tabaco y pólvora. Alfredo Pareja Diezcanseco en su Historia de la República del Ecuador al referirse a la Casa de los Estancos asegura que fue donde se guardaba y expandían el aguardiente. El historiador Zúñiga recoge algunos criterios de los pobladores de Angamarca que al referirse a la Agencia de los Estancos manifestaban que “El estanco de aguardiente fue sumamente dañoso, porque su expendio causó enfermedades violentas, mortandades y pestes en los indios; además robos y otras ruinas espirituales.”

El recordado profesor Cesar Rubio Molina al referirse a los Estancos manifiesta que: “Ahí era todo controlado, no había pues como ahora venden el trago donde quiera, ahí era bajo fuertes penas de prisión y multas a quienes le capturaban con el trago, porque eso era de propiedad del gobierno”. Los Charrangos fueron los arreadores que venían caminando junto a unas 25 a 30 mulas cargadas de Alcohol en fundas cubiertas por caucho y recubiertas por costales denominadas zurrones, los mismos que al finalizar el recorrido ya en el pueblo el administrador le recibía el trago e iban poniendo en grandes tanques realizaban la mezcla con agua con la ayuda de termómetros que servían para medir el grado alcohólico y una vez que estaba apto para el consumo humano ponían de venta al público. Nelson Moreno, quien llego a Angamarca como telegrafista refiriéndose al Administrador del Estanco manifiesta que: “este señor vendía el aguardiente por litros pero era controlado por el Estado, ya que en ese tiempo el contrabando era penado”; mientras que el maestro Cesar Rubio conocedor de la cultura e historia de Angamarca antes de su fallecimiento lo citó como uno de los principales administradores de la Agencia de Estanco en Angamarca a Don Cesar Flores Sánchez.

El sinnúmero de muertes repentinas así como las pestes que se repetían todos los años en tiempos antiguos hizo que los nativos atribuyeran la responsabilidad al consumo de licor como consecuencia del incremento de trapiches y cañaverales en la región. Posteriormente se limitó la apertura y se prohibió el consumo de aguardiente con el respaldo médico. “... con mas rigor de lo que pedieron deponer los curas doctrineros. Pedro Vicente Maldonado durante algunos años, según Neptalí Zúñiga, pasó entre Angamarca y Latacunga encargado de la administración del Estanco Real y del Molino de Pólvora. Fue encargado también de la Dirección de las Encomiendas de la Marquesa de Ceresana y Duquesa de Osuna, situadas sobre indios del pueblo de Angamarca y de ahí paso a actuar en la vida pública de Riobamba, donde se le designara Alcalde de Primer Voto en su cabildo y Teniente de Corregidor en enero de 1734. Por Angamarca fue una de las rutas más utilizadas por muchos de los contrabandistas de alcohol hacia la urbe, el control fue implementándose rápidamente y como medida radical se estableció La Agencia de Alcohol en Angamarca. La Agencia de Alcohol era del Estado y se manejaba bajo la administración de un empleado asalariado, quien era el encargado de recibir y posteriormente vender el producto ya con la autorización del Fisco. Sobre la Agencia de los Estancos en Angamarca, nos cuenta Dolores Vaca Urrea Angamarqueña de 96 años de edad, que “la delegación estuvo ubicada en la propiedad que antiguamente era de Don Carlos Tovar y Doña Virginia Ávila, propiedad que luego paso a manos del señor Alfredo Dávila quien recientemente

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l origen del Paseo Procesional del Chagra en el Ecuador, auténtica manifestación criolla, tuvo su origen en la ciudad de Machachi un siglo después de la última erupción de 1877 del volcán Cotopaxi, acontecido en remembranza a la sobrevivencia de los habitantes de Tambillo y Machachi gracias a la protección efectuada por el Pasochóa y el Rumiñahui ante la furia de la naturaleza. Cuenta la historia que los vecinos sobrevivientes a la erupción volcánica esperaron que la cúspide del volcán Cotopaxi se cubriera nuevamente de nieve para convocar a una gran minga ganadera solidaria con el objetivo de recoger, encerrar y conducir las reses, equinos y otros animales domésticos a sus lugares de origen, formando tres grupos de trabajo encargados de conducir los animales rescatados hacia los sectores aledaños a Latacunga, Los Chillos y El Pedregal respectivamente, viviendo un sinnúmero de peripecias y anécdotas que convocó durante tres años consecutivos a los protagonista a recordar aquellos momentos inolvidables; instituyendo así la posibilidad de que los chagras se reúnan para mostrar sus actividades diarias del campo a la comunidad. En julio del año 1977 se realizó el Primer Paseo Procesional del Chagra en Machachi donde los chagras feligreses montaban sus caballos adornados por conmemorar tres fechas importantes: Las festividades del Santo Patrono de Machachi “Santiago Apóstol”, la erupción el volcán Cotopaxi y el centenario de la nueva jerarquía del cantón Mejía; a donde concurrieron centenares de jinetes de diferentes lugares de la serranía ecuatoriana con sus mejores corceles cubiertos de zamarros, ponchos, bufandas y sombreros para demostrar sus habilidades sobre un caballo.

presente en diferentes “Paseos Procesionales del Chagra” en plazas como Machachi, Ambato, Latacunga y Pujilí obteniendo la máxima declaración a la mejor delegación en al menos tres ocasiones, granjeándose un justo reconocimiento dentro y fuera de la provincia de Cotopaxi. La participación de la delegación deberá ser planificada por todos los integrantes del “Grupo Chagreria Casahuala” que acertadamente representará a la parroquia, debido a que estará conformada por niños, damas y caballeros que con mucha alegría y orgullo cumplirán con responsabilidad su función en el desfile procesional; ya sea sobre una carreta en el caso de los infantes, de a pie conformando la comparsa o sobre un brioso corcel ejecutando las destrezas propias del Chagra de Angamarca al son de la banda tradicional del pueblo. Las comisiones conformadas dentro del grupo comienzan a trabajar y por lo tanto el movimiento de los chagras con sus potrillos en el pueblo de Angamarca es notorio debido a que hay que preparar al fiel compañero y la indumentaria deberá estar completa; entonces la comisión delegada comienza a cargar los caballos en las primeras horas de la noche para trasladarlos al lugar de concentración general del tan esperado desfile. Muy por la mañana del sábado, día del paseo procesional las múltiples delegaciones de chagras comienzan a concentrarse en la ciudad mientras que los organizadores van ubicándolos en los respectivos puestos de acuerdo a las invitaciones entregadas.

A partir de este acontecimiento año tras año se ha venido realizando el “Desfile Procesional del Chagra” en diferentes ciudades de la serranía ecuatoriana con la participación de un sinnúmero de delegaciones conformadas por chagras que representan a haciendas, asociaciones, cofradías, grupos de amigos, familias y pueblos enteros.

“El Chagra de Angamarca sobre su compañero el Caballo se mantiene fiel a su identidad”

“Delegación de angamarqueños acompañando a pie al grupo de chagras”

La parroquia San Agustín de Angamarca, conformada por extensos páramos, ganaderías y expertos chagras por doquier, con su nutrida delegación de chagras de corazón se ha hecho

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Con comitiva completa y mucha identidad, de principio a fin del desfile, se efectúa en conjunto un verdadero espectáculo de felicidad, unidad, familiaridad, vistosidad y destreza en sus elegantes y alegres corceles, expresando manifestaciones sonoras de reconocimiento a la ciudad sede y al pueblo con el objetivo, más que del triunfo, de siempre de dejar en alto el nombre de San Agustín de Angamarca.

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ntre las cincuenta y ocho personas de que se compone la lista de sus miembros, se encuentran muchos nombres de los mismos que después prepararon y ejecutaron la revolución: Los Marqueses de Selva Alegre, Maensa, Miraflores, Villaorellana y Solanda, Don José Ascázubi, Don José Cuero y Caicedo, Don Gabriel Álvarez, Don Pedro Montúfar, Don Juan Larrea, etc. Juan Pío Montúfar y Frasso.- Funcionario español nacido en Granada - España por el año de 1.680, I Marques de Selva Alegre y Caballero de la Orden de Santiago que desde temprana edad vino a América destinado a ocupar el cargo de Capitán de Caballería en Arequipa – Perú pero antes llegó a Buenos Aires Argentina. Consumado su retorno a España, como servicio a la Majestad de Fernando VI consignó la cantidad de treinta y dos mil pesos fuertes a la Tesorería Real, consiguiendo que el Rey con fecha 16 de julio de 1.747 expidiera la Cedula Real que lo nombraba para el cargo de Presidente de la Real Audiencia de Quito.

El primer Montúfar procedente de la Madre Patria llegó a Quito el 21 de septiembre de 1.753 y fue recibido en la plazoleta de San Francisco por el presidente saliente Don Fernando Félix Sánchez de Orellana, quien tuvo la delicadeza de entregarle en sus manos el Bastón Presidencial de la Real Audiencia de Quito, como una simbólica transferencia de la autoridad y del gobierno en nombre del Rey. El Presidente Juan Pío Montúfar y Frasso realizó una brillante carrera al servicio de la Corona Española, más cuando fue nombrado Presidente de la Real Audiencia de Quito, a pesar que en su gobierno, Quito y sus provincias meridionales fueron azotadas por terribles terremotos entre los años 1.757 y 1.760. Federico González Suárez relata que, en un martes de carnaval como a las cinco la tarde del 22 de febrero de 1.757, cuando los vecinos estaban alegres y regocijados, un violento terremoto convirtió sus fiestas en duelo y sus risas en lamentos, ya que sus paredes sepultaron bajo sus escombros a algunos habitantes. “El Altar Mayor permaneció en Pie, y las ceras continuaron ardiendo sin apagarse adelante del Santísimo Sacramento, convirtiendo en un instante el templo en sepulcro de los fieles. Efrén Avilés Pino asegura que el Presidente de la Real Audiencia de Quito fue un hombre muy adinerado, y que a pesar de su carácter enérgico, fuerte y orgulloso poseía un corazón noble y generoso de virtudes como la de donar todo su sueldo de presidente para reedificar la iglesia de las Monjas de Santa Catalina de Quito destruido gravemente por el sismo. En segunda nupcias ya de edad avanzada, luego de tres años de haberse unido a ella y pagar la correspondiente multa por la prohibición de casarse con vecinas del lugar donde ejercía mando, se caso con Doña Rosa María Larrea y Santa Coloma hija de Pedro Larrea y Catalina Santa Coloma miembros de una familia aristocrática quiteña, con quien tuvo tres hijos varones: Juan María Torcuato, Joaquín María José y Juan Pío Montúfar y Larrea. Su esposa murió de fiebre puerperal y pocas semanas después el 14 de septiembre de 1.761 la muerte lo sorprendió en su domicilio. Juan Pío Montúfar y Larrea.- Nació en Quito el 29 de mayo de 1758, fue hijo del I Marques de Selva Alegre y Caballero de la Orden de Santiago Juan Pío Montúfar y Frasso, quien se desempeñaba como Presidente de la Real Audiencia de Quito desde 1753 hasta 1761, su madre fue la Sra. Rosa María Larrea y Santa Coloma miembro de una de las familias más acaudaladas y nobles de Quito.

Don Juan Pío Montufar y Frasso 1er. Marquez de Selva Alegre y Caballero de la Orden de Santiago

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Por pertenecer a una de las notables familias quiteñas y ser hijo del Presidente de la Real Audiencia de Quito, sus primeras enseñanzas las recibió del profesor Apolinario Hoyos en su propia casa, de acuerdo con viejas y tradicionales costumbres de la gente noble de aquellos tiempos.

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Juan Pío como un hombre de “frente tersa, ojos claros, nariz aguileña y cabello ensortijado hasta los hombros. Su hermoso rostro reflejada franqueza, altruismo y algo lento pero acertado en su juicio”. Cuando el II Marques fue desterrado a Colombia tuvo la oportunidad de visitar a su amigo Eugenio de Santa Cruz y Espejo, a quien por admirar su talento lo había ayudado muchas veces económicamente y con sus influencias, de quien Espejo escribía: “este Joven más ilustre por sus virtudes patrióticas que por su esplendor de su cuna, me honró desde su niñez con su amistad”. Montúfar se había granjeado el respeto de todas las clases sociales convirtiéndose en el vecino más distinguido de Quito, calificado de “tener el aire de un hombre de corte”. Alexander Von Humboldt al referirse al II Marques lo describe así: “El gran señor, caballero ilustrado…emprendía en la reconstrucción de las pirámides de Caraburo y Oyamburo, vivía rodeado de libros, con exquisito buen gusto y se portaba con extrema liberalidad en todos sus actos”. Eduardo Paredes asegura que, en los años posteriores a la expulsión de la Compañía de Jesús y la expropiación de las tenencias de los padres Jesuitas por Cedula Real, el II Marques de Selva Alegre, que se desempeñaba como Alcalde de Segundo Voto del Cabildo en 1783, adquirió en el Asiento de Latacunga a la Junta de Temporalidades las propiedades del Obraje de los Chillos, Tigua, Nagsiche, La Provincia, Silipo, Puñapi y Guambaina, dejando constancia que sus descendientes serían propietarios de El Shuyo en Angamarca y Mullinliví en la Victoria. Don Juan Pío Montufar y Larrea 2do. Marquez de Selva Alegre y Caballero de la Orden de Santiago

Cuando era aún niño su padre y madre fallecieron por lo que tuvo que pasar a vivir con sus abuelos maternos en una rumbosa casa de la Plaza Mayor, a un costado de la catedral junto a sus dos hermanos. Muy joven ingresó al Seminario San Luís donde curso Gramática Latina, continuo sus estudios superiores de latín y filosofía terminando de aprender el latín, aunque no llegó a graduarse de doctor porque prefirió retirarse de dicho centro de estudios para dedicarse a la lectura en la rica biblioteca de su casa ubicada en el Valle de Los Chillos. A sus 16 años de edad Juan Pío comenzó a trabajar en varias haciendas familiares, en 1777 solicitó a la Audiencia de Quito la administración de algunas propiedades y posteriormente a sus 18 años de vida logra rematar para el lapso de cinco años el honorífico cargo y ser nombrado Regidor del Cabildo de Quito. Como único vendedor empezando a vender las Bulas de Difuntos y de Vivos que compraba en el obispado de contado las mismas que servían supuestamente para rescatar almas del purgatorio en el caso de los muertos y para solucionar casos de conciencia relacionados en su mayor parte con pecados mortales en el caso de los vivos. Adquirió entonces una gran cultura general que le permitió en los años posteriores alcanzar una personalidad con destacada notariada y en 1779 casarse con su prima segunda Teresa Larrea y Villavicencio con quien procreó tres hijos Carlos, Javier y Rosa Montúfar y Larrea. Don Juan Pío Montúfar y Larrea en 1786 obtuvo la sucesión del marquesado por ser heredero del título nobiliario en calidad de II Marques de Selva Alegre y Caballero de la Orden de Santiago. Su carácter de Marques, flaco, de buen físico, acaudalado, industrioso y de trato agradable complementaba su personalidad culta y serena dejando ver a un de hombre de fina estirpe, educación y cortesanía. Pedro Fermín Cevallos lo describe a

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Fue miembro de la Sociedad Patriótica de Amigos del País de Quito fundado el 3 de noviembre de 1791 por Eugenio Espejo de quien fue seguidor y amigo entrañable. Prócer quiteño que se convertiría en un rebelde patriota y figura base de la independencia, siendo uno de los primeros en levantar la voz libertaria de América. Alfredo Pareja Diezcanceco asegura que Juan Pío Montúfar y Larrea II Marques de Selva Alegre fue quien encabezó la revolución de los criollos quiteños incentivando a que muchos ricos criollos siguieran sus propósitos independentistas. Precisamente, fue en su casa del Marqués de Selva Alegre en el Obraje de los Chillos el 25 de diciembre de 1808 donde se organizó la primera reunión clandestina para establecer la Junta Soberana de Gobierno. Asistió a todas las reuniones que se efectuaron en casa de doña Mañuela Cañizares, pero no participó personalmente en el Primer Grito de Independencia del 10 de Agosto de 1809; sin embargo, por ser la figura preponderante del momento, descender de las familias más nobles de la ciudad, compartir y encabezar esas ideas de igualdad y libertad fue nombrado Presidente de la Junta de Gobierno de Quito convirtiéndose en el Primer Presidente de la América Libre del Yugo Opresor. Luego de 9 años de lucha constante por la libertad, así como también de sufrir desaires y persecuciones a toda su familia por parte del Ejercito Realista Español pudo refugiarse en primera instancia en el Obraje de los Chillos, sin embargo por la cercanía del lugar fue encontrado, apresado y por una maniobra política de su hija Rosa Montúfar y Larrea que vivía en Quito pudo obtener la libertad. Luego de la Masacre a los Patriotas de 2 de Agosto de 1810 a casi un año del Primer Grito de Independencia, se incrementaron las persecuciones por lo que tuvo que refundirse en un lugar inhóspito pero seguro; es así que, por lo áspero y escabroso del terreno atravesando heladas montanas conjuntamente con varios patriotas quiteños, la familia Montúfar y Larrea llega a refugiarse de la persecución española en su Hacienda El Shuyo de Angamarca.

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El II Marques de Selva Alegre y Caballero de la Orden de Santiago Juan Pío Montúfar y Larrea finalmente fue desterrado a España en donde fue recibido cariñosamente por sus familiares y dos años más tarde ya radicado en Cádiz sumido en la más honorable pobreza y lejos de su tierra a sus 60 años de edad falleció el 15 de octubre de 1818, siendo sus restos depositados mas tarde en la catedral de esa ciudad española. Su hija Rosa Montúfar y Larrea ya casada con el General Vicente Aguirre una vez firmada la capitulación en la que se declaraba la libertad absoluta del yugo español pudo retornar de Angamarca a radicarse en Quito y seguidamente en 1822 dimitir la hacienda El Shuyo a favor del Estado. Carlos Montúfar y Larrea.- Nació en Quito en noviembre de 1780, fue hijo de Juan Pío Montúfar y Larrea II Marqués de Selva Alegre, Primer Presidente de la Junta Soberana de Quito y Teresa Larrea y Villavicencio perteneciente a una de las familias más distinguidas de Quito.

Masacre a los Patriotas Quiteños en los calabozos del Cuartel Real de Lima el 2 de Agosto de 1810. Carlos Montúfar, III Marques de Selva Alegre, fue patriota quiteño y notable jefe militar que defendió Incansable el nuevo estado contra los españoles. Al conocer los sucesos ocurridos el 2 de Agosto tomo las armas en sus manos y comandando el Ejército Quiteño se enfrento en varias ocasiones a los realistas logrando triunfos importantes que motivaba a los rebeldes, hasta que en Guachi con su milicia mermada y agotada se enfrenta al fortalecido Ejército Español del general Toribio Montes en donde fueron acribillados. En los años siguientes, el III Marques de Selva Alegre fue perseguido por cielo y tierra con la orden expresa de capturarlo vivo o muerto. Carlos Montúfar con su tío Pedro Montúfar lograron refugiarse en la hacienda El Shuyo de Angamarca hasta que de Quito en febrero de 1813, cargado de cadenas y grillos fue desterrado a las cárceles de Panamá. Al año siguiente logró escapar e inmediatamente se enroló en el Ejército de Simón Bolívar que para entonces ya había iniciado su campaña libertaria. Con Bolívar participo en casi todas las batallas de Colombia hasta que luego de la derrota sufrida en Tambo fue tomado prisionero y enviado a Buga – Colombia en donde fue fusilado el 31 de julio de 1816. El Cnel. Carlos Montúfar y Larrea es quizás la figura más valiosa, culta y desinhibida de la primera independencia, cuyos restos mortales, años más tarde, fueran trasladados a Quito y sepultados en la Catedral Metropolitana de la Ciudad.

Carlos Montúfar y Larrea

Luego de recibir sus primeras enseñanzas en su propia casa tal como correspondía en esa época a quienes disfrutaban de su posición económica y social, viajó a Europa en compañía del sabio alemán Alexander Von Humboldt para continuar sus estudios superiores en el Colegio de Nobles de Madrid - España. Inicio entonces una brillante carrera militar en la que muy pronto ascendió al grado de Teniente Cnel. del Ejército Español. Fue enviado a Quito con el cargo de Comisionado Regio del Consejo de Regencia creado en España con la responsabilidad de apaciguar al movimiento insurgente del 10 de Agosto de 1809; pero por falta de buenos medios de comunicación llegó el 9 de noviembre de 1810 cuando ya se había consumado la

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a riqueza natural que posee nuestro Ecuador está representada en gran medida por su importante biodiversidad biológica fundamentada en la diversidad y calidad de sus ecosistemas; así como también en sus múltiples especies y genes que se encuentran en el territorio ecuatoriano constituyéndose en la razón principal para que nuestra nación sea considerada entre las doce primeras con mayor biodiversidad del mundo. Según el ingeniero forestal Luis Cañadas, en el Ecuador podemos encontrar 25 entornos de los 35 descubiertos y posibles ecosistemas en el mundo denominados también zonas de vida. La contemporánea Angamarca ubicada en la formación ecológica denominada bajío, pertenece a la provincia de humedad HUMEDO y se encuentra encasillada según el

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diagrama de Holdridge en el bosque húmedo Montano Bajo (bhMB) con precipitaciones de 1.000 a 2.000 m3 anuales, una temperatura promedio de 12 a 18°C y cuatro meses secos de verano intenso. El ingeniero agrónomo Carlos Montúfar Delgado manifiesta que la parroquia de Angamarca está formada específicamente por dos ecosistemas predominantes: El Bosque Nativo Andino y el Páramo por asentarse entre los 1.800 y 4.400 msnm. En el Bosque Nativo Andino de Angamarca (B.N.A.) se pueden encontrar recursos maderables y no maderables, localizados en el interior y exterior de la Cordillera Occidental

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de Angamarca, capaz de sustentar y proteger la flora, fauna, cuencas hidrográficas y medio ambiente. Este bosque constituye el pulmón de Angamarca y la provincia de Cotopaxi, pero ya en peligro de extinción debido al acelerado avance de la agricultura tradicional, explotación desmedida de los recursos forestales por parte de los habitantes y calentamiento global del planeta tierra; sin embargo, en aquella área que hace siglos disponía de exuberante vegetación aún se puede localizar algunas especies florísticas nativa como la chilca (Baecharis riparia), aliso (Alnis Jorullensis H.B.K.), capulí (Prunus serótina), yagual (Polylepis lanuginoza), cascarilla, arrayán, guarumo, condurando, punde, chochos (Lipinus pubescens), zarzaparrilla, cedro andino, capotillo, jigerón, pulmonaria, barniz, panlata, entre otras. Fruto de la explotación agrícola en Angamarca, especialmente en la Época Colonial y Republicana, hoy los suelos aledaños a la cabecera parroquial y algunas comunidades como Shuyo, San Pablo, Lechepata, Cochatuco, Tangango, Quilaló, Mimbullo, Singuna, Teodasín, Yalliví y Llimiliví conforman el sistema productivo agrícola de Angamarca, con un sinnúmero de hectáreas, retazos y chacras cosechadas apenas una vez por año, debido a la costumbre cuestionable de sembrar productos de ciclo anual como maíz, trigo, cebada, arbeja, lenteja, papas, habas, entre otras que también integran

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la flora introducida a la región conjuntamente con las especies maderables de eucalipto (Eucalyptus glóbulos), pino (Pinus radiata) y ciprés (Pinus paluta). El Páramo de Angamarca formado por extensos potreros aptos para el pastoreo de ganado, cumple la función ecológica de proteger el suelo contra la erosión y los deslizamientos de tierra; almacena carbón atmosférico y capta la humedad que da origen al agua de los ríos. Este ecosistema que ocupa la mayor extensión territorial se encuentra en las partes altas de Angamarca tanto hacia el lado oriental como occidental de la cabecera parroquial iniciándose a los 3.300 msnm donde termina la vegetación arbustiva o donde se acaba la actividad agrícola, pero siempre cumpliendo funciones ecológicas y sociales que en poco tiempo servirá de refugio vital para el ser humano, encontrándose las especies nativas en peligro de extinción e indispensables para la protección de los páramos y el medio ambiente. El ecosistema en Angamarca se subdivide en Páramo Bajo que va desde los 3.300 hasta los 4000 msnm. y Páramo Medio que ocupa los territorios con una altura de 4.000 a 4.400 msnm. encontrándose algunas especies vegetales y animales, que por su forma de vida, los presentaron subdivididos de la siguiente manera.

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Pajonal (Stipa IchuCalamagrostis)

Cóndor Andino (Vultur Gryphus)

La Chilca (Baecharis Riparia)

La geografía global de la parroquia de Angamarca se ha convertido en un espléndido escenario dotado de una serie de ambientes propicios para la vida silvestre, consagrándose como habitad natural de especie de la cadena alimenticia andina en grave peligro de extinción. Angamarca rica en especies animales protectoras incondicionales del medio ambiente, se ha transformado en un verdadero complejo turístico natural.

Yagual (Polylepis Lanuginoza)

Bosque Natural Primario en Ilimiliví - Angamarca

Considerados como mamíferos en su escabrosa topografía todavía podemos encontrar al lobo de páramo (Psudalapex Culpacus), civicabra (Mazama Rutina), venado (Odocoilcus Virginiamus Ustus), conejo silvestre de páramo (Sylvilagus Brasiliensis), raposa, chucuri, puma, gato de pajonal, sacha cuy y llamingos. Entre los mamíferos introducidos tenemos al caballo, vaca, oveja, cabras, etc. Entre las aves silvestres de la zona de Angamarca que aún existen son del quilíco (Falco Esparverius), cóndor andino (Vultur Gryphus), curiquingue (Phalcoboenus Carunculatus), frijilo plomizo (Phrygilus Unicolor), estrella ecuatoriana (Oreotrochilus Chimborazo), pato punteado (Anas Flavirostris), patiamarillo grande (Tringa Melanoleuca), guarro, bandurria; mientras que entre los considerados como gaviotas andinas (Lanas Serranus) tenemos al mirlo, gavilán, colibrí y pájaros. Sobre los peces sobren las truchas y preñadillas.

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ntre el infinito pajonal del dorado páramo de Angamarca, como parte trascendental de nuestra historia, persisten solitarios en el tiempo los vestigios de las fortalezas que en la antigüedad formaron parte del Sistema Defensivo de Angamarca. Sus montañas surcadas por pequeños caminos y chaquiñanes, acompañadas del silbido del viento conectó hace no mucho tiempo a contrabandistas y arrieros, mientras que el suave aleteo el curiquingue y la imponencia del cóndor permiten sentir la libertad impostergable y rebeldía del hombre. Las imponentes fortalezas de Angamarca, construidas en montículos naturales rodeados de planicies, avenidas de aproximación o precipicios cercanos en sus flancos aprovechando la irregularidad topográfica del terreno, asevera Galo Chacón Izurieta, en su obra “Las Fortalezas Quiteñas de Angamarca”, que “constituyen trabajos prehispánicos que representan una manifestación cultural de nuestros antepasados”; por lo tanto, su forma, ubicación y emplazamiento sistemático en elevaciones permitieron mantener un amplio control visual y que, aunque fuese de estructura relativamente sencilla, dice el mismo autor que su uso fue para propósitos militares, sin descartar la posibilidad de que en algunos momentos y circunstancias también lo hayan utilizado para fines ceremoniales. Jorge Juan y Antonio de Ulloa en la obra “Relación Histórica del Viaje a la América Meridional” al referirse a las construcciones precolombinas existentes en el Reino de Quito sostienen que “otra especie de fortificación denominada Pucará usaban aquellos naturales cuyos vestigios permanecen todavía”. Es así que, según los Ulloa, consistía en construir fortalezas en los copetes de los cerros, tanto no muy elevados para que no les alcance a ellos la congelación, como en las montanas altas y escarpadas en donde además forjaban a su entorno varias zanjas (tres o cuatro) y en algunos casos una

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Fortaleza: “CHURO PUCARÁ” de Angamarca

dentro de la otra, mientras que con piedras formaban por la parte de adentro una pequeña muralla o parapeto para guarecerse de los enemigos y poder defenderlas sin recibir daño. Matilde Sandoval respecto a la magnífica presencia de fortalezas en Angamarca en su estudio denominado Lucha por el Poder en el Cacicazgo de Angamarca cree que se trata de “una manifestación cultural de nuestros antepasados, ya que forman parte de un complejo y extenso Sistema de Fortificación Militar en Angamarca creado con la finalidad de defenderse de las continuas invasiones de los Incas.” Yolanda Navas señala en su trabajo llamado Angamarca en el siglo XVI que “tanto la evidencia documental como arqueológica –Sistemas de Pucaráes,…le hacen pensar que no se trató de un sometimiento fácil al Inca por parte de los aborígenes de Angamarca” y concluye revelando que Angamarca tenia mucha importancia para los Incas. Por otro lado, el cronista español Pedro Cieza de León al referirse a los Incas en relación a la influencia causada en los pueblos del Ecuador actual afirma que: “por lo cerros y collados altos tenían castillos y fortalezas, donde por causas muy livianas, salían a darse guerra unos a otros.”

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Las fortalezas de Angamarca, que estuvieron dedicadas a un estricto empleo bélico, destacándose la construcción completa de Churo Pucará, no fueron construidas por los Incas y tampoco ejercieron mucha influencia ya que antes de su llegada estas ya existían y formaban parte del Sistema Defensivo de los Angamarcas. La influencia cuzqueña actualmente se encuentra presente en Angamarca como en el aspecto lingüístico por ejemplo pero en menor porcentaje que la Cayapa-Colorado. Sin embargo, cabe manifestar que en donde no existían estas fortificaciones el Inca sí mandó a construir sus albarradas y cercas fuertes llamadas también Pucaráes.

histórico que pone de manifiesto la organización socio-política de sus pobladores que, según algunos estudiosos estuvo formada por una sociedad ramificada y unida por el mando del cacicazgo. En términos generales, explica Yolanda Navas que las fortificaciones de Angamarca “se encuentran en la divisiones de las aguas de los ríos Finanbí y Angamarca, y entre San Francisco y El Chuquiraguas” resaltando la alineación en dos columnas en sentido este a oeste que, según la autora, se cierra en media parábola con las fortalezas de Apágua y Zumbahua.

Las fortalezas de Angamarca están construidas por varias terrazas elípticas o circulares concéntricas, artificiales, delimitadas y sostenidas por muros de piedra en los copetes de los cerros o montañas, como es el caso de Churo Pucará y Milín Bajo. Algunas fortalezas presentaban pasadizos que permitían y facilitaban el desplazamiento oculto de los defensores que se trasladaban de una terraza a otra de acuerdo a las circunstancias.

Al norte, en el sector de Guambaine se ubica la fortaleza de Muñuna; al frente hacia el noroccidente están las fortalezas de Mayhua Pucará y a 2 Km. de ahí podemos encontrar las Ruinas de Inga Pirca o Yatas del Inca.

Del estudio realizado por Aquiles Pérez respecto del idioma utilizado para la designación de los antropónimos (nombres propios de las personas) se desprende que el 30.9% lo hace el quichua, 20.2% el colorado, 16.7% cayapa, 2.4%, castellano otros 29.8%; mientras que el idioma que define los topónimos (nombres propios del lugar) el quichua alcanza el 37%, colorado 32%, cayapa 12%, castellano 12%, otros 12%. Al efectuar una lectura comprensiva de estos porcentajes podemos deducir que existe una evidencia palpable de la superioridad colorada en la región, pues Colorados y Cayapas mas Paeses, Cañaris, Atacameños, Jíbaros representan un porcentaje superior al quichua, lo cual nos dice claramente que los Colorados fueron los primeros dueños de Angamarca y los potenciales constructores de las fortalezas estudiadas que no presentan características de la arquitectura cuzqueña. Las numerosas fortalezas que alrededor de Angamarca se levantan, son quizás la prueba fehaciente de una resistencia sin cuartel de nuestros aborígenes que apoyados en su sistema defensivo alejaron la posibilidad de un sometimiento fácil. Sin embargo, asegura Chacón Izurieta que a pesar de la resistencia que los Angamarcas presentaron, los Incas se impusieron gracias a la implantación de colonias de mitimaes en diferentes zonas de la región.” Ubicación del Sistema Defensivo de Angamarca El Sistema identificado Angamarca; Angamarca

Defensivo estuvo compuesto y actualmente es con varias fortalezas que rodean la región de en tales circunstancias, la actual parroquia de posee un verdadero testimonio arqueológico e

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Hacia el oriente, por el camino de entrada a Angamarca viniendo desde el Casahuala se encuentran las fortalezas de Milín Alto y Milín Bajo. Por ese mismo horizonte se hallan las de Pagachi y Julian Tiana que, ubicadas sobre la única vía de comunicación de la provincia de Tungurahua con Angamarca, eran las encargadas de vigilar el paso, resistir si es el caso y de ahí replegarse por la cordillera de Lozán hacia el portal de Cholo Huañuña y finalmente retroceder hacia Angamarca. Al sur, se ubica la fortaleza Churo Pucará considerada la más grande y completa, mientras que a 4 Km. hacia la población actual de Angamarca se ubica la fortaleza de Paya Pucará. Como cerrando el Sistema Defensivo de Angamarca de la altura de Churo Pucará y Paya Pucará siguiendo la misma cordillera rumbo a la zona costera se hallan asentadas las fortalezas adyacentes y co-estratégicas de Punta Urco, Churo de Panyato, Padre Huasi y Quishpe. La arquitectura militar quiteña en los tiempos precolombinos supo realizar estos trabajos en función de las necesidades de la táctica militar, y es así como ante la necesidad de taponar todo avance enemigo hacia Angamarca se construyeron subsistemas comunicados entre sí. Fortalezas del Sistema Defensivo de Angamarca: La Fortaleza Paya Pucará, cuyo significado es “Vieja Fortaleza”, se lo puede describir como una contracción sencilla en donde sus terrazas fueron trazadas aprovechando las potencialidades orográficas de las ramificaciones montañosas secundarias, implementando una especie de contrafuerte en Guingopana y Puntaloma, para posteriormente formar el portachuelo de Cholo Huañuña. Tres pequeñas elevaciones rodeadas de fosas y terrazas muestran, por el flanco norte de Paya Pucará el subsistema de

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defensa, que partiendo del montículo 1 y 2 forman un cuello obligado y accidentado. En el tercer montículo presenta en la parte baja un foso de 2,5 a 3,5 metros de ancho que rodea toda la elevación. De Paya Pucará sale la estribación cordillerana que formando una bifurcación dirige sus ramales hacia la elevación Chaupicara Grande por el occidente y otra al sur directamente a la fortaleza Churo Pucará. Este subsistema considerado como refugio en segunda instancia, guardaba seguridad en retaguardia de la principal Churo Pucará. Sin embargo los defensores locales, aunque se hacían fuertes en ella, se vieron obligados a abandonar la posición privilegiada debido al empuje de los invasores, pero siempre teniendo el camino libre para retirarse hacia la zona de Angamarca.

se fallaban en este intento debían replegarse hacia Angamarca por la cordillera de Lozán, alcanzando previamente el portal de Cholo Huañuña. Pagachi.- Es un trabajo fortificatorio aislado que separa la hondonada del rió Chichoyacu al este y Chaupiloma al oeste. Fue un puesto de seguridad secundario que servía para vigilar el camino que desde la hacienda Llangahua con una variante se dirigía a Angamarca, uniéndose al camino principal antes de la cordillera de Lozán. Pagachi que se encontraba a medio fortificar se mantenía en comunicación con la fortaleza de Julian Tiana, ubicada al noreste aproximadamente a unos 65 grados.

Fortaleza Churo Pucará.- Es la principal fortificación del Sistema Defensivo de Angamarca, con su nombre que significa Caracol Rojo deja latente la influencia cuzqueña en su denominación, aunque se consigna este trabajo a los tiempos precolombinos.

Julian Tiana.- Fue una fortaleza que estuvo compuesta por cuatro terrazas perfectamente definidas, las mismas que si bien se encontraban inconclusas por su lado éste eran muy visibles; mientras que por su flanco oeste presentaba un acantilado que dificultaba cualquier intento de asalto. Aunque no fue un churo, actualmente presenta un destaje característico que casi da la vuelta la cima de la elevación con su zanja de aproximadamente 3 o 4 metros de ancho.

Churo Pucará se encuentra ubicada a aproximadamente 16 Km. al sur este de Angamarca y fue construido en una colina de unos 7000m2 (150m de largo y 50m de ancho) aprovechando la terminal de la ramificación ortográfica secundaria que nace en el contrafuerte de Guingopana.

Esta fortaleza defensiva según Galo Chacón “casi a media ladera presenta un importante zanjan que viniendo del norte rodea la montana y termina en el rió Chicha Huaico” fortaleciendo el sistema de vigilancia de avanzada como parte importante de las Fortalezas Quiteñas de Angamarca.

Esta fortaleza fué construida en 4 terrazas sostenidas por muros de construcción rustica de mejor acabado al puro estilo Cara. Aquiles Pérez al respecto opina también que “el sitio elegido, el numero de terrazas, la piedra no labrada, el zanjón por el frente mas accesible y la plataforma superior son formas inobjetables de los bastiones Caras”.

Fortaleza Mayhua Pucará.- Esta fortaleza, dice Yolanda Navas, que: “Controlaba el camino que va desde Angamarca Antigua hacia Pigua, siguiendo la cuchilla que se origina en Angamarca Antigua para finalizar en el páramo de Ingapirca”; camino de herradura que por cierto fue muy utilizado por arrieros, agricultores, comerciantes y principalmente contrabandistas de agua ardiente a lomo de mulas y caballos.

Por el flanco sur se presenta como la más fuerte y sólida, quizá con la intención de impresionar al adversario; pero este bastión estaba también orientado a prevenir y recibir visitantes que avanzaban desde Ushatambo, Padre Huasi y Catazan, lugares donde también existían trabajos fortificatorios. Churo Pucará como el Paya Pucará están orientados hacia el sur y localizados en el mismo filo cordillerano formado parte importante del Sistema Defensivo que protegía a Angamarca.

La idea de defensa de la Fortalezas en su conjunto con rebeldía llevó a los Angamarcas a construir grandes fosas o zanjones, así como muros de contención en casi todas las estructuras del Sistema Defensivo Militar de Angamarca.

Fortalezas de Milín Alto y Bajo.- Considerado un subsistema de defensa ubicado en el filo cordillerano del mismo nombre esta conformado por dos fortalezas alineadas una detrás de la otra y no separadas por mas de tres kilómetros. Milín Alto y Bajo son construcciones de dimensiones parecidas ubicadas en la parte mas alta del filo aprovechando la rigurosidad del terreno. Milín Bajo presenta una plataforma rodeada por un muro de piedra acomodada sin indicios de zanjas, mientras que Milín Alto es de construcción sencilla y rústica. Fortaleza Pagachi y Julian Tiana.- El Sistema Defensivo de Angamarca, se complementaba con la ubicación de un grupo de fortalezas de avanzada que constituían una especie de puestos de vigilancia y observación, encargados de dar los primeros avisos sobre la presencia del enemigo y hacer la primera revisión. Las fortalezas de Pagachi y Julian Tiana, (provincia de Tungurahua) ubicadas sobre la única vía de comunicación con Angamarca, eran las encargadas de vigilar el paso, resistir y si

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Plataforma Superior de Fortaleza Churo Pucará

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a hoy reducida y parcelada hacienda El Shuyo de Angamarca en sus mejores tiempos fue considerada como una de las mas productivas y completas haciendas, que dedicadas a agricultura y ganadería con ingentes hectáreas de terreno en su extensión llegaba a unirse con las de Tigua y Guambaina, convirtiéndose en una propiedad favorita centro de mando por localizarse en un lugar estratégico.

celdillas de monasterio, independiente era una casa de paja con gruesos pilares de madera, con su corredor delantero, la cocina y horno de azar pan. Al extremo se encontraba otra casa como la anterior que servia de vivienda general y de activa industrialización. Allí se hallaba la bodega de lanas, la curtiembre y el adoratorio, del patio se pasaba al jardín, luego al molino, al troje y a las viviendas de los indios…”

La histórica hacienda El Shuyo de Angamarca es citada en la literatura histórica por muchos autores granjeándose esta denominación por la importante participación de Angamarca en los procesos libertarios de nuestro país.

En cada una de las propiedades del Marqués de Selva Alegre se encontraban capillas bien provistas de cuadros y esculturas místicas. Tanto en Tigua como en el Shuyo se encontraban valiosas imágenes, ornamentos y numerosas joyas. Refiriéndose al lugar de oratoria Neptalí Zúñiga cuenta que el corredor principal de la hacienda El Shuyo de Angamarca conducía hacia una especie de capilla compuesta por “una faldiquerita, con dos puertas de reja, un cuadro de Nuestra Señora de Loreto, con su marquito dorado, y par de piedras falsas, engastadas en plata, cubierto de razo azul y un pedazo de lienzo”.

Con la llegada a Latacunga de los Padres Jesuitas en noviembre de 1674 a tomar posesión de su iglesia provincial, mediante Cedula Real del 5 de julio de 1673 el rey les permite crear colegios y noviciados en la Real Audiencia de Quito a los Frailes de la Compañía de Jesús; así aceleradamente los Jesuitas fueron fundando y apoderándose de innumerables estancias y haciendas en pretexto de la evangelización y educación. Los Padres Jesuitas fueron los fundadores de la Hacienda El Shuyo la misma que comprendía grandes extensiones de sembradura, cuidado de animales domésticos y ganadería, permaneciendo en Angamarca por alrededor de cien años. Ya en la segunda mitad del siglo XVIII como consecuencia de su enriquecimiento acelerado, poderío y manipulación religiosa a nivel de toda la Real Audiencia, el Rey de España Carlos III mediante Cedula Real de 1767 ordenó la expulsión de La Compañía de Jesús y la expropiación de todas las tenencias de los Frailes Jesuitas como tierras de sembraduras ya convertidas en grandes haciendas, para dejar en manos de la reciente creada Junta de Temporalidades que tenía la responsabilidad de nombrar un administrador idóneo así como también honesto, eficiente y responsable. El historiador Segundo Moreno Yánez asegura que la Hacienda el Shuyo de Angamarca estuvo administrada por Don Ramón Puente desde el 30 de marzo de 1780 hasta que con fecha 8 de julio de 1782 entrega la administración en manos de Don Pedro de Lana quien mantiene el bien bajo su responsabilidad por el lapso de 10 años.

El historiador Latacungueño Eduardo Paredes asegura que la hacienda El Shuyo mediante testamento de Juan Pío Montúfar y Larrea pasó a manos de la heredera Rosa Montúfar esposa del general Vicente Aguirre. El Shuyo tuvo trascendencia nacional ya que sirvió de refugio a toda la familia Montúfar y Larrea, en donde Rosa Montúfar de Aguirre brindó atenciones a Pedro Montúfar su tío, Carlos Montúfar su hermano y a un sinnúmero de patriotas quiteños que sufrieron constantemente persecuciones por su actividad revolucionaria en pro de la libertad. El Gral. Toribio Montes del Ejercito Español con fecha 8 de agosto de 1819, según Zúñiga, ordeno el secuestro de algunas propiedades de los Montúfar, mediante un documento que manifiesta que “por cuanto conviene al mejor servicio del rey y de la tranquilidad publica de esta capital y de sus provincias, secuestrar los bienes de Don Juan Pío Montúfar …mandó, que el corregidor del Asiente de Latacunga en el acto y sin perdida de tiempo proceda al secuestro de las haciendas de Guambaina, Shuyo, Silipo, Puñapi y Tigua… y formando un prolijo inventario de su estado, muebles, aperos, herramientas y ganado, las ponga en administración de persona o personas de reconocida conducta. Rosa Montúfar y Larrea esposa de Vicente Aguirre, quien todavía mantenía el dominio de la Hacienda El Shuyo de Angamarca, brindó todo el apoyo con alojamiento, alimentación y comodidades a las Tropas Libertadoras que venían de Guayaquil a Quito por la ruta Angamarca - Latacunga en los meses anteriores a la Batalla de Pichincha de 1822. Como ya estaba decretado y era de conocimiento público mientras duraba la lucha por la libertad desde 1808 hasta 1822 se desató una persecución sin cuartel contra los Montúfar, los intereses de censos habían crecido de tal forma que se imposibilitó pagar la deuda que mantuvo su padre. Afortunadamente, la distinguida y patriota Rosa Montúfar por intermedio del Gral. Antonio José de Sucre consiguió que el Libertador Simón Bolívar, por decreto especial, dejara sin valor el monto de la deuda.

En 1792 la Junta de Temporalidades de la Provincia decide vender la hacienda al señor Mariano Estrada conjuntamente con otras tierras jesuitas; pero por no poder pagar lo acordado la misma junta opta por recuperar esas propiedades y efectuar una segunda venta. En segundo remate el Márquez de Selva Alegre y Caballero de la Orden de Santiago Juan Pío Montúfar y Larrea en 1802 adquirió en el Asiento de Latacunga algunas haciendas enajenadas a los Padres Jesuitas por la Junta de Temporalidades, como las de Tigua, Shuyo y Guambaina consideradas ricas propiedades de Angamarca en la cantidad de 22.754 pesos. El historiador Moreno Yánez a la Hacienda El Shuyo lo describe con solvencia al relatar que “una portada caprichosa cubierta de paja conducía a un amplio patio en cuyo entorno se agrupaba como

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Amaneciendo sobre las faldas del Volcán Pichincha los patriotas dominaron a la sometida ciudad de Quito con coraje y preciso empuje de los batallones Albión, Alto Magdalena y Yaguachi; bajo el mando aplomado y sereno del general Antonio José de Sucre posibilitaron el triunfo republicano en la Batalla de Pichincha del 24 de Mayo de 1822. Al día siguiente 25 de Mayo de 1822, envueltos en gloria, firman el Documento de Capitulación con el que se consagró la libertad del antiguo Reino de Quito, Audiencia, Presidencia y Capitanía del mismo nombre. Una vez integrado el Distrito Sur de la Gran Colombia, Rosa Montúfar y Larrea en 1822 dimite (devuelve voluntariamente) la hacienda El Shuyo al Estado y en el mismo año se pone temporalmente a cargo del señor Antonio de Ayala. Por el año de 1826 el Gral. Juan José Flores habría adquirido las haciendas que eran de propiedad del Márquez de Selva Alegre en la sección de Angamarca, por lo tanto ya dueño de Shuyo, Guambaina y Tigua se hizo bastante conocido entre los terratenientes de Latacunga.

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Marina Tovar Sánchez en su obra “Angamarca Enclavada en los Andes Ecuatorianos” al referirse a la hacienda El Shuyo de Angamarca en los años posteriores a 1826 cita que se utilizó como Hospital Civil y que posteriormente pasó a manos del Dr. Antonio Vásconez. José Emilio Álvarez compra las haciendas de la sección de Angamarca y luego de su muerte heredan sus hijos José y César Álvarez, quienes en 1920 nombran como administrador de las haciendas del Shuyo, Guambaine, Silipo, Puñapi y Paloseco al señor José Prospero Navas teniendo bajo su responsabilidad durante 20 años. Tovar Sánchez manifiesta que Don Prospero Navas en su administración nombró como escribiente al Sr. Amable Granja y refaccionó las casas vetustas y deterioradas de la hacienda, de las cuales aún persisten las yatas. Para ese tiempo las dos casas aun eran de paja con paredes de adobe y pisos de tierra, y al lado existía una casa de teja de un solo cuarto entablado en la que vivía el escribiente Granja. A continuación construyó otra casa de teja de seis cuartos con pisos entablados, mas la quesería de dos cuartos que son las que existen hasta la actualidad y por detrás de la casa pasa una acequia de gran caudal que conduce el agua al molino de la hacienda construida por los Jesuitas. En 1940 Prospero Navas decide separarse de la administración

Ya en los años mas recientes, el Angamarqueños Bayardo Dávila compra las acciones al Sr. Condovez y este al poco tiempo vende la propiedad a los hermanos Timoleón y Medardo Saltos quienes adquieren el bien de forma separada dividiendo aun más la hacienda. Finalmente lo que queda de la hacienda El Shuyo en lo que tiene que ver con la parte central de la casa de hacienda, que actualmente se encuentra remodelada, luego del fallecimiento del Sr. Timoleón Saltos hereda su hijo Diego Saltos Montúfar convirtiéndose en el actual propietario de la casa de hacienda de la que fueron dueños los padres Jesuitas y el Marqués de Selva Alegre Juan Pío Montúfar y Larrea. Capilla de la Casa de Hacienda El Shuyo de Angamarca

siendo remplazado por Francisco Borja, sobrino de los hermanos Álvarez dueños de la hacienda El Shuyo; y más tarde Amable Granja es sustituido por César Delgado. Años mas tarde el Sr. Julio Albán compra la hacienda El Shuyo a la familia Álvarez y en sus potreros, cuenta Marina Tovar, que adaptó un hipódromo en donde realizaban carreras de caballos y corridas de toros con mucha aceptación. Posteriormente la hacienda regresa a poder de la Familia Álvarez ya que el señor Alban no había podido pagar su valor y por concepto de intereses cuentan que había tenido que entregar el punto denominado Quilaló. Cesar Rubio Molina, maestro muy querido en Angamarca, poco tiempo antes de su fallecimiento a sus 85 años de edad en una entrevista sostenía que “la realización de corridas de toros en Angamarca tenia mucha influencia española y particularmente en El Shuyo se festejaba con corridas de toros privadas en honor a Nuestra Señora de Loreto en su plaza de hacienda con invitaciones exclusivas para los amigos del pueblo de Angamarca cuando ahí trabajaba el dueño de la hacienda un riobambeño llamado Ernesto Cordovés.” Los Angamarqueños, Dolores Vaca de 96 años, Ernesto Montúfar de 84 años, Estuardo Cerda de 69 años, Fidel Tovar de 68 años y Carlos Montúfar de 56 años coinciden en la tesis de que por alrededor de 1960 la Hacienda El Shuyo fundada por los Jesuitas, fue de propiedad del Señor Ernesto Condovez. Por el año de 1982 Eduardo Paredes Ortega reconocido historiador Latacungueño en su obra “Documentos de Oro de Cotopaxi” asevera que “todavía en la actualidad existen en la populosa Angamarca, descendientes de aquellos próceres altivos y valerosos” y que el recuerdo de sus furtivas incursiones hizo que Angamarca sea conocida también como “Nido de Cóndores”.

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ecorriendo 110 km en alrededor 2 horas 30 minutos desde la ciudad de Latacunga se encuentra la parroquia de San Agustín de Angamarca; debiendo tomar la vía asfaltada Latacunga – La Maná, visitar la Sala de Arte de los Pintores de Tigua y la Laguna-Volcán Quilotóa en la parroquia Zumbahua; tomar la vía lastrada en el partidero ubicado en el sector de Apágua y luego de subir un pequeño declive, aprestarse a disfrutar de los inigualables paisajes andinos que te ofrece Angamarca durante todo la travesía por sus dorados pajonales de la Cordillera Occidental de los Andes Centrales. Una vez coronada la Cordillera Occidental llegarás al sector llamado Ventanas en donde la historia paisajística de Angamarca toma un nuevo rumbo; desde allí, por la impactante y armoniosa configuración natural en tu mirada notarás un incontrolable destello de verde resplandor que te anunciará el aborde hacia lo que otrora fue el Granero de la Provincia de Cotopaxi. Las imponentes montañas que le rodean Angamarca, también la resguardan celosamente para que el pueblo se muestre perennizado e inquebrantable en el tiempo, debiendo el visitante tomarse el lapso necesario para admirar, meditar y fotografía lo que quizá nunca pueda volver a observar en otros lares. El turismo nos ofrece una nueva alternativa de vida a cada uno de los ciudadanos ecuatorianos, nos llama a participar de él aunque nos encontremos en el más lejano rincón de

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nuestra patria y en Angamarca se constituye con certeza en una actividad económica promisoria. La explotación de nuestra riqueza natural es la alternativa de desarrollo a la que la población solidariamente debe direccionarse, ya que las actividades diarias de campo conjugan un verdadero paquete de atractivos que caracterizadas con la naturalidad y sencillez del hombre de campesino permiten considerar un recurso turístico importante para mejorar las condiciones socioeconómicas de los angamarqueños. Las autoridades de la parroquia, sus habitantes y cada uno de los angamarqueños te invitan a que visites esta ruta que te conduce hacia un nuevo espacio natural lleno de aventura, experiencias y hospitalidad. Angamarca tiene mucho que brindar a quienes la visitan, es rica en especies naturales, paisajes abundantes y actividades del campo que denotan trabajo, humildad, responsabilidad y nobleza. La comarca para recibir a sus turistas cuenta con la Hostería Ecológica Manuel Montúfar Sánchez, ubicada en la comunidad de Teodasin en el sector Los Pinos a 5 km del pueblo, la misma que luego de brindar un recibimiento único con su plaza de toros, pone a su disposición todas sus instalaciones para hacer de su estadía una experiencia inolvidable, ofreciendo un paisaje natural armonioso, comodidades necesarias, cabalgatas, bicicletas, banda de pueblo, recorridos al Paramo Andino, agroturismo, pesca deportiva y corridas de toros. Además en el centro poblado también puedes encontrar algunas posadas a bajos costos, alimentación típica y tradicional de Angamarca,

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organizar cabalgatas y otras actividades según lo requiera el turista. Entre los recursos turísticos y naturales con los que cuenta Angamarca para recibir a sus visitantes, a más de los ya presentados podemos asegurar la presencia de varios más complementados con actividades propias de la zona que hacen de Angamarca apta para el ecoturismo y agroturismo: El Chivo.- Ubicado a 8 km al noreste de Angamarca constituye un lugar misterioso por su bruma perpetua y fascinantes grandes rocas volcánicas que asemejan a iglesias, animales salvajes, aves y construcciones monumentales; creyéndose un lugar sangrado en donde, según Aquiles Pérez, “los indios primitivos, los quichuas y los demás extranjeros indígenas consideraban a estos peñascos como un lugar de adoración” Bosque espeso que guarda misterio entre los habitantes,

habitad natural de especien florísticas endémicas y aves en peligro de extinción que proporciona un ambiente espectacular para disfrutar de la naturaleza y de la libertad. La Cara de Piedra de Angamarca.- Es una ruina arqueológica de cinco metros de longitud localizada a unos 500m de la plaza central de Angamarca en el sitio denominado Inga Loma que en quichua quiere decir Loma del Inca. Roca que refiere la presencia del Inca en Angamarca y muestra un rostro esculpido en piedra dura con boca, nariz y ojos pronunciados. Cerca de allí, aseguran los pobladores, que en tiempos pasados se encontró un cementerio antiguo del cual habrían extraído esqueletos humanos y vasijas de la cultura Incaica.

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Atardeceres Angamarqueños.- Coincidir o presenciar la puesta del sol sobre las montañas en las tardes de verano en Angamarca te transporta hacia un espacio sin igual, en donde las espesas nubes intentan bloquear los últimos rayos solares emanados del astro rey hasta formar los hermosos y sin igual escenarios; en cuya naturaleza, deslumbrado sobrevuela con tu mirada cual águila salvaje en busca ser libre como el viento. Siente la pureza del campo y desde la cima, con tu imaginación, navega sobre el atardecer angamarqueño (mar andino) que se desvanece en contados minutos con la llegada del manto nocturnal, que da paso a la danza de las estrellas con la luna de blanco resplandor, en pos de la paz y el amor. La Cueva de los Tayos.- Como afluente al Río Angamarca atravesando el espeso bosque y la rocosa montaña llega un nutrido brazo de Río que brIncando un cascada de unos 300 metros se desparrama violentamente sobre la superficie. Para llegar a donde viven los Tayos acompañados de una solitaria palmera hay que recorrer desde Angamarca un importante tramo. Una vez ingresado por la selva hacia la plataforma de la Cueva de los Tayos de Angamarca podrás observar que está

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tradicionales del campesino angamarqueño como la manufactura, pastoreo, ganadería, agricultura y artesanal forman un verdadero paquete de atractivos agro-turísticos, en los que el visitante con alegría comparte el trabajo y adquiere del campesino conocimiento, aspiraciones, experiencias y sabiduría popular.

compuesta por tres gigantescas rocas; dos de ellas ubicadas verticalmente en donde yacen los nocturnos Tayos con sus nidos y la tercera, que como cubierta de la cueva se asienta a una altitud impresionante. En la parte interior la cueva se distribuye en dos niveles divididos por grades piedras, a la que se debe ingresar atravesando una pertinaz chorrera de unos 5 metros de alto, para de ahí aprestarse a subir a la segunda planta por un resbaladizo y estrecho conducto de piedra desgastado naturalmente. No lograr trepar a la planta principal significa que el esfuerzo y la aventura han fracasado. Por lo tanto, no hay que desmayar en el afán de coronar la cueva ya que arriba te encontraras con un hermoso escenario natural protegido por la misma sabia naturaleza.

Cabalgatas al Alto Páramo.- Grupos humanos de amigos, familias, chagras y turistas tienen la oportunidad de participar en las cabalgatas al Alto Páramo de Angamarca, planificadas y ejecutadas en la parroquia gracias a la coordinación establecida con anticipadamente respecto de la fecha y ruta determinada para la travesía; por lo tanto, habrá que dejar todo el equipaje listo, así como también, asegurarse de disponer un corcel ensillado. La Cordillera Occidental de los Andes Centrales Ecuatorianos y la Cordillera de Angamarca son los escenarios propicios para la diversión, aventura, amistad, familiaridad, experiencia, sabiduría, fortaleza y sobre todo hospitalidad. La cabalgata en Angamarca parte principalmente desde el centro parroquial hacia distintos lugares por chaquiñanes, caminos de herradura y estrechos senderos por el inhóspito páramo andino; travesío que dura de dos a tres días y que resulta difícil no participar ya que muchos parten en busca de nuevas experiencias, aprendizaje y diversión; pero también libertad, identidad y cultura.

Actividades Diarias del Campo.- Las diversas actividades

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distancia de 2100 millas de largo con una anchura de 25 pies. La Vía Baja recorría la llanura murada por ambos lados con fosos de agua y árboles plantados llamados molle, con casas de las postas llamadas Chasqui Huasi a cada dos millas, capaces de habitar a dos hombres con sus familias, quienes siempre debían estar aparejados para correr la posta.

Machu Pichu - PERÚ La ciudad perdida de los Incas

L

os Incas aprovecharon la red vial existente de culturas anteriores Pre Incas del Perú, Ecuador, Chile y parte de Bolivia mejorándolas y expandiéndolas.

El Camino Real del Inca que se extendía a lo largo de casi todo el continente sudamericano, se convirtió en la principal ruta de comunicación, lo que lo catalogó como la columna vertebral del Imperio Inca o Tawantinsuyu, integrado por lo que ahora es Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú.

Se crearon cuatro caminos principales que formaban el Cápac Ñan o Camino Real: •Cuzco a Quito (Ecuador), con un ramal hasta Pasto (Colombia) •Cuzco a Nazca (en el centro de Perú) y a Tumbes (en la frontera Perú-Ecuador) •Cuzco a Chuquiago (La Paz, Bolivia) •Cuzco a Arica y Atacama (Chile), con ramales hasta el río Maule (Chile) y a Tucumán (Argentina). El Camino Real más importante fue el Cápac Ñan, que con una longitud de 5.200 kilómetros atravesaba montañas y sierras con alturas de más de 5.000 metros sobre el nivel del mar, partía de Quito (Ecuador), pasaba por el Cusco (Perú) y terminaba en lo que hoy es Tucumán (Argentina); mientras que el Camino de la Costa o Camino de los Llanos iba paralelo al mar y tenía una extensión de 4.000 kilómetros.

El Camino Real no sólo era largo sino que se construyó en uno de los terrenos más difíciles del mundo, puesto que cruzaba el corazón de la Cordillera de los Andes, en cuya ruta los Incas abrieron túneles en la roca a hachazos y en vez de rodear las pendientes más empinadas tallaron escalinatas y crearon extraordinarios puentes colgantes sobre barrancas profundas y torrentes montañosos. Los Caminos del Inca o Caminos Incas es el nombre que se les da al extenso sistema de caminos construido durante el Imperio por los servidores del Inca. Así, durante el Incanato, todos los caminos de Sudamérica conducían a la metrópoli heredera de una tradición cultural milenaria más importante de Sudamérica El Cuzco que en idioma quechua significa Ombligo del Mundo. El padre Juan de Velasco en su Historia del Reino de Quito manifiesta que los Incas tuvieron dos Vías Reales que atravesaban de norte a sur la mayor parte del imperio llamadas Jahuan-Ñan y Uru-Ñan, sostiene que partían desde el Reino de Quito hasta la Ciudad del Cuzco y que fue una de las obras más costosas y notables. La Vía Alta de aspecto pedernal, por la mezcla de yeso o pachachi con piedrecilla menuda y otros ingredientes, cortada por las piedras vivas se dirigía por los montes computando 500 leguas de a 4000 pasos de ley que acumulaban una

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Cápac Ñan - Camino Real del Inca - Vía Alta

Los caminos del Inca fueron utilizados con más frecuencia por los mensajeros o “chasquis”, así como también por los conquistadores españoles para dirigirse a Bolivia, Chile y a las pampas cordilleranas argentinas. Sin embargo, fueron los mismos españoles los con sus guerras civiles destruyeron estas

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vías cortándolas en muchas partes para impedir el paso; los indianos también contribuyeron a la destrucción cuando hicieron sus guerras y pusieron asedio a las ciudades del Cuzco y Lima en donde estaban los españoles. Como centinelas del arte autóctono próximos a desaparecer se levantaron, según Neptalí Zúñiga, a lo largo del Camino Real, los tambos de Huachan, Rumichaca, Tulcán, Caranqui, Tusa, Mira, Otavalo, Guayllabamba, Panzaleo, Mulaló, Tacunga, Ambato, Riobamba, Mocha, Luisa, Chimbo, Pucará y otros más que luego de la Conquista Española permanecieron abandonados durante muchos años.

Chaca, Pinllopata, Guairaloma, Saquéalo, Cashapata, Illucha, Cochatuco y Angamarca; este camino es el que parte de Angamarca por Cachaco, Llamaguasi, Carneropungo, Pigua, Filo de Tigsán, La Cuchilla (sobre los 4.400m), por Mulacorral y Cuturibí se dirige a Pujilí. Este camino tiene una variante, que desde Pigua avanza hasta Guambaine y de aquí se orienta a Cusubamba, Nagsiche, camino conocido también con el nombre de Camino Real; esta ruta posiblemente continuaba hacia el País de la Canela, pasando por Píllaro, pues entre Mulliambato (actual salcedo) y Píllaro según Navas, fueron apresados mercaderes de los Yungas de Angamarca que se dirigían al País de la Canela en 1610.

Zúñiga asegura, que el Camino Real cruzaba el tambo de Tacunga y este sirvió de paso obligado a las tropas de Lima a Quito, Popayán, Pasto y otras que iban hacia otros lugares del sur, en busca siempre del enemigo. Además asevera también que “Huachi abrió el camino real a los españoles, el de Angamarca a Zapotal”. Estuardo Cerda Páez, descendiente de madre Angamarqueña, quien se desempeño como maestro y posteriormente director de la Escuela Pedro Moncayo durante 12 años al referirse al Camino Real del Inca manifiesta que “todavía existen vestigios en la zona de Moraspungo donde se encuentra una especie de calle adoquinada” y que “por cerca de Angamarca pasaba el Camino Real del Inca”. Actualmente existen varios caminos de herradura que convergen en Angamarca y se dirigen hacia la costa, sierra y oriente ecuatoriano.

Cordillera Occidental de Angamarca

Teodoro Wolf en su obra “Geografía del Ecuador” detalla el recorridos de dos rutas hacia Angamarca que fueron de importancia en la época de la Colonia: el primero, parte de Latacunga pasando por Pujilí (3061m), Isinche, Limite superior de Tunlin, Mulacorral, Curiquingue, Muru-urco, Filo de Michacala, Filo de Tixan, Hondon de Pigua, principios de las peñas de rocas no volcánicas y Angamarca (2998). El segundo, de Ambato (2608 m), Santa Rosa, Pataló, Quebrada de Chivuelo, Pilahuin, Quebrada Pucachaglla, Río Minas, Ciquicagua, Río Yatzaputza, Río Pucayacu, Lalangagua, Penas de Cuarsita, Pusuhuayco, Lozán, Vaquería de Lozán, Altura de Camino entre Silipo y Milán (3951m), Corral de Chini, Confluencias de los ríos Panza y Guambeine y Angamarca (2998m)

Finalmente, Yolanda Navas oriunda de Angamarca nos presenta otra ruta que cruzando por zurotambo (El Corazón), La Quinta, Sicoto, Sachapungo, Romerillos, Churo Pucará, Sanjapungo, Silipo, Lozán (paso obligado) desde donde se dirige a Ambato por los páramos de Casahuala. Hacia el Churo Pucará converge el camino que proviene de Facundo Vela, siguiendo la cumbre de cordillera que divide la cuenca del Angamarca con el Finanbi, sobre este camino se asientas varias fortalezas como las de Palmaurco, Puntaurco y otras que rodean a Padre Huasi. También se une al Churo Pucará el camino que parte desde Angamarca, pasa por Shuyo, Puntaloma, Paya Pucará, de aquí avanza hasta Lozán y a Ambato por el Casahuala.

Yolanda Navas en su obra “Angamarca en el Siglo XVI” manifiesta que la Región de Angamarca debió ser un punto clave para el comercio y la comunicación entre las diferentes etnias y presenta varias vías que convergen en Angamarca para dirigirse a múltiples destinos. Dice que por allí pasaba tanto la ruta mas directa que va desde Jocay (Manta), Bahía de Caráquez y Manabí al interior serrano, como la que va desde Guayaquil subiendo por el Guayas (navegable hasta Babahoyo, y en el invierno hasta Quevedo) que permitiría llegar hasta el pie de los Andes, de donde es fácil el acceso por la Región de Angamarca a las hoyas interandinas. Otro camino importante conocido como Camino Real o Camino del Inca es el que recorre el litoral por Quinsaloma, Calazacón, Las juntas, Moraspungo, Guaman Loma, San Ramón, Tablería, Pucará, Zurotambo o El Corazón, Muligua, Yasaucho, Pángua,

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Rutas desde y hacia Angamarca

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Apertura de la vía carrozables Angamarca – Apágua.

A

ngamarca permaneció de alguna manera aislada durante varios siglos por la dificultad de acceder hacia el centro parroquial que daba cuenta de la inexistencia de vías carrozables e inclusive la deficiencia de caminos pronunciados de herradura que tornaba muy difícil la comunicación, pero que de alguna manera se fueron principalizando dos a tres rutas inhóspitas por las cuales los pobladores de la comarca en todas las épocas del año se veían obligadas a trasmontar la más ancha Cordillera Occidental de los Andes Ecuatorianos que en el momento menos pensado se cubría de nieve, realizando recorridos contundentes de al menos 12 horas ya sea por el páramo de Guambaine, por el temido Lozán o arriesgando hasta sus propias vidas salían hacia Pujilí por el “Peligroso Paso de la Cuchilla” en donde históricamente muchas personas han perecido ya sea por lo escabroso del terreno, el extremo frió acompañado de heladas, la intensa neblina y según cuentan los mayores de Angamarca, hasta investidos sin avisó ni piedad por el “Toro Chapador” que se escondido entre rocas, paja y neblina. Su fusión entre costa y sierra que lo ubicaba estratégicamente en el agonizar de las montañas con el tiempo fue constituyendo al paso por la Rompe Corazones Cuesta de Saquialó en un importante acceso hacia la parte costera que conducía al cantón Pángua. Con el pasar de los años la necesidad de comunicación con la ciudad se iba acrecentando y por lo tanto nacía la ilusión en personas entusiastas, emprendedoras y comprometidas, verdaderos líderes de la parroquia como Manuel Montúfar Sánchez, Manuel Barriga, Narciso Flores Sánchez, José María Montúfar, Gonzalo Flores, Carlos Tovar (Padre), entre otros que buscaban a toda costa el adelanto del pueblo. La decisión unánime de alcanzar objetivos gigantescos como la construcción de la carretera Angamarca – Apágua se lo pudo lograr gracias a la coordinación de los líderes del pueblo y la incondicional colaboración de todos sus habitantes más la oportuna ayuda de la comunidad indígena de Zumbahua.

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El 12 de mayo de 1931 sobrecargados de una ilusión ferviente bajo la dirección del ingeniero Morales desde el centro poblado de Angamarca ha base de mingas de a pico y pala se inician los trabajos de construcción de la carretera Angamarca – Apágua. Los líderes y las buenas autoridades de la parroquia como el teniente político realizaron la coordinación respectiva y efectiva que garantizaba la concurrencia en la ejecución consecutiva de mingas y más mingas gracias a la unidad de la gente que cuando disponían todos cumplían y asistían con sus tongas que al medio día eran compartidas entre grupos de cuatro o cinco personas. El Gobierno Nacional de la República del Ecuador, para ese entonces, había establecido la obligatoriedad de la Conscripción Vial por la necesidad emergente de construir vías a lo largo y ancho del territorio nacional en donde se establecía el trabajo no remunerado de 4 días al año, beneficiando también a la coordinación de Angamarca, cuyos lideres rápida y oportunamente comunicaron la obligatoriedad y establecieron mediante un listado la asistencia programada a las mingas para distintas fechas de tal manera que todos asistan los cuatro días que obligaba la ley. La Conscripción Vial y el listado de cumplimiento de las mingas permitieron la gran concurrencia al compromiso en la vía y principalmente favoreció al propósito, permitiendo adelantar los trabajos hasta el sector de Teodasín, en donde se suspendió en primera instancia debido a un levantamiento indígena que interfirieron inútilmente la obra y posteriormente por la terminación de la Conscripción Vial en Angamarca y el cumplimiento de los cuatro días de trabajo por parte de sus pobladores. Tras reiniciarse las labores en el año de 1941 nuevamente se suspendió la construcción por algunos meses. El Honorable Consejo Provincial de Cotopaxi interviene en los trabajos de construcción de la carretera Angamarca – Apágua pero lo hace con una insignificante asignación presupuestaria obligando a que se detengan los trabajos una vez más pero ya en el punto Quilloyacu.

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Las labores fueron efectuadas con la fuerza de la unidad de la gente y el perdurable sentimiento puro del corazón del angamarqueño que no desmayaba en el anhelo profundo de alcanzar el objetivo final. Sin recursos asignados desde el gobierno central, la construcción de esta ruta se había transformado en un afán titánico, pero sí, con la participación de personas generosas entregadas por entero a la obra como es el caso del ingeniero mayor Teodoro Cnel. quien sin recibir ningún tipo de remuneración, en compañía de los angamarqueños José María Montúfar, Carlos Tovar y Ernesto Montúfar, delineó la carretera, en esta jornada, hasta el punto denominado Mocata remplazando los equipos de agrimensura por una sencilla vara de tres metros de largo, una tablita y un nivel. “Ahí nos pegó un aguacero”, cuenta Ernesto Montúfar, “pero llegamos a Mocata con el Mayor Teodoro Cnel., José María, Carlos Tovar y mi persona, los cuatro ahí pedimos posada en una casa de Mocata y nos dieron los calzones de los indiecitos, nos atendieron bien, sacamos los calzones y nos dieron los calzoncillos de ellos y nos prestaron cobijas y paja.”

En año de 1951 el Dr. Rafael Terán Cnel. ayuda a conseguir el impuesto de 30 centavos por galón de gasolina que se consuma en la provincia de Cotopaxi para trabajos y mantenimientos de la carretera Apagua–Angamarca extendiéndose este beneficio hasta el cantón Pángua. Mas tarde, el Consejo de Pujilí y el Consejo Provincial de Cotopaxi emprenden el ensanchamiento y colocación de lastre en el camino, prosiguiendo los trabajos hasta el Corazón. A partir de 1952 esta arteria que inicia en Apágua, atraviesa por Angamarca y llega al Corazón ha servido de manera ininterrumpida a la población de la zona facilitando el acceso hacia la ciudad y por tanto mejorando la realización social del pueblo de Angamarca. Ingreso del Primer Vehículo a Angamarca

Gracias a las excelentes relaciones que mantenían la gente de Angamarca con la clase dirigente de la provincia de Cotopaxi logran que la comisión conformada por Manuel Montúfar Sánchez, José María Montúfar, Gonzalo Flores y Carlos Tovar sea recibida por el Mayoral y el Mayordomo de Zumbahua consiguiendo que la gente de Zumbahua trabajen sus cuatro días de la Conscripción Vial en las mingas de la construcción vial Angamarca - Apagua con una masiva asistencia que permitió que se designe tramos de terreno a cada persona que con palas y picos, cuan máquinas avanzaban tramo a tramo, hasta llegar en apenas cuatro días a Mocata. En el año de 1948 se inicia la etapa final y decisiva del proyecto emprendido por habitantes de la parroquia de Angamarca hace 17 años, quienes bajo la dirección del mayor Teodoro Cnel., persona noble de espíritu formidable y pragmatismo inusual, avanzaron los trabajos fundamentados en el latente espíritu de triunfo y en el entusiasmo popular. Los trabajos se agilitaron nuevamente con la Conscripción Vial de Angamarca y Zumbahua gracias a la gestión del Sr. Jaime Chiriboga en el Consejo de Pujilí, puesto que se había iniciado la Conscripción Vial para la construcción de la carretera Latacunga - Quevedo, cuyos habitantes, con la respectiva autorización, a base de mingas comenzaron a trabajar un ramal de la calzada Apágua - Angamarca y el 13 de abril de 1949 se vio cristalizado el sueño de todo un pueblo, la conclusión de la vía carrozables Angamarca –Apágua.

La apertura de la vía Angamarca–Apágua significó un logró alcanzado gracias a la perseverancia de muchos hombres y mujeres de lucha que afIncados en el pueblo no dejaban de soñar que en algún momento llegue un vehículo a la plaza central de Angamarca. La sola culminación de la obra en primera instancia no posibilitaba el ingreso, puesto que las condiciones de la vía eran extremadamente peligrosas y por lo tanto veían lejos que se efectué la hazaña del primer ingreso. Armados de coraje, palos y betas deciden emprender la hazaña que dejaría rubricada la añoranza de la población angamarqueña de que la culminación de la carretera Angamarca–Apágua traiga consigo la llegada del primer vehículo. En el invierno de 1949 después de 18 años de tenaz lucha, el volquete conducido por el Sr. Tamayo emprende la travesía impregnada de furtivas oraciones e imprecaciones viriles, que sostenido con palos entre hombros y alado por gruesas betas de un lado y del otro por una gran cantidad de hombres, tras cuatro días de angustiosa y desesperante labor el primer vehículo arribó a la plaza de Angamarca escribiendo un acontecimiento histórico del poder humano en donde mujeres, niños y ancianos atestiguaron incrédulos la culminación de lo que venía siendo una vieja esperanza.

Actual Vía Carrosable Apagua - Angamarca

Mediante Decreto Ejecutivo en este mismo año el Presidente de la República del Ecuador Sr. Galo Plaza Laso declara la construcción de la carretera Angamarca–Apágua como Obra Nacional para justificar el mantenimiento de la misma y dejar la vía bajo la responsabilidad del Honorable Consejo Provincial de Cotopaxi.

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Al conversar con algunos pobladores de Angamarca sobre el ingreso del primer carro con nostalgia y al mismo tiempo alegría remembran diciendo “Ahí recuerdo a Luís Lloacana que apoyado por un palo alzaba al carro de un lado y Benigno Ávalos de la comunidad de Llimiliví se metía debajo y por Dios que el carro bajaba y ellos alzaban con la espalda tanto del lado derecho como del izquierdo y los otros alaban con betas. Héctor Hidalgo oriundo de Angamarca quien trabaja en la Parroquia como telegrafista respecto de la llegada del primer carro comentó que el volquete traído a Angamarca en un feroz invierno halándole con betas no pudo salir durante algún tiempo, utilizándole como bus en donde se cobraban 20 centavos por cada vuelta en el pueblo.

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Central Hidroeléctrica Angamarca

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l científico norteamericano Thomas Alba Edison en el año de 1894 lleva a efecto un trascendental experimento en una bola de cristal que a la postre permitió el nacimiento del foco o lámpara Incandescente como lo llamaban en ese entonces. De la conquista proyectada por Alba Edison surge la necesidad de la electrificación a nivel mundial, construyéndose innumerables centrales hidroeléctricas que aprovechaban los recursos hídricos, permitiendo además diseñar proyectos incluyentes de interconexión eléctrica e importar plantas generadoras de electricidad a gasolina y diesel. Angamarca que durante un inmemorable tiempo vivía sus noches oscuras y de luna a la luz de las velas, por 1945 nace la ilusión de la electrificación en un pequeño grupo de hombres angamarqueños, conformándose una recordada sociedad que encabezada por Don Manuel Montúfar Sánchez incluía al párroco Gilberto Tapia y a los señores Cesar G. Flores, Narciso Flores Sánchez, José Flores, Honorato Soria, Juan Castro y Segundo Heredia. Esta sociedad aportó económicamente los $. 20.000 sucres en los que se adquirió el motor a gasolina e inmediatamente Manuel Montúfar autorizó la instalación de la planta eléctrica en su propiedad de Cañarpamba, que en el año de 1947 por vez primera entró en funcionamiento en un horario que iba desde las 18h00 hasta las 22h00 generando electricidad para 15 bombillas de alumbrado publico y una bombilla por cada casa, que sumaban 118 focos en la cabecera parroquial de Angamarca.

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Cada uno de los usuarios del alumbrado debía pagar la tarifa mensual de $3,00 sucres, recursos que servían para importar combustible a lomo de mula por el páramo de Guambaine o por la peligrosa Cuchilla; así como también para garantizar el salario de $0.60 sucres al Sr. Alonso Flores R. quien en primera instancia era el encargado del generador, posteriormente al Sr. Luis Montúfar y finalmente al Sr. Chacon quien estaba responsabilizado hasta la instalación de la planta municipal. En el año de 1962 la Ilustre Municipalidad del Cantón Pujilí dona a Angamarca la planta hidroeléctrica que brindaba servicio en el sector de San Juanito ubicado a 5 Km. de su cabecera cantonal. Las incondicionales gestiones realizadas por los señores Gonzalo Karolys (Padre) quien era Alcalde del cantón Pujilí y Orlando Tovar León permitieron resolver problemas internos y garantizar el traslado del generador incluyendo de parte del municipio un presupuesto total de $. 22.500,00 sucres para materiales de instalación y alimentación de los trabajadores. Una vez que la planta llegó a Angamarca en el volquete del Consejo Municipal de Pujilí, inmediatamente se coordinó para efectuar el traslado hacía el recinto el Shuyo localizado a 2 Km. de la cabecera parroquial; que con la fuerza de los hombres y la oportuna colaboración de toda la comunidad, armados de huancas y garabatos de las mulas bajo la dirección de Orlando Tovar y del Teniente Político Virgilio Jácome se consigue al fin introducir con satisfacción. La instalación la efectuó el Sr. Luis Amores Olivo, la conducción de la máquina estuvo a cargo del Sr. Jorge Cárdenas y los trabajos de albañilería lo realizaron los maestros Martín Tapia con la asistencia del angamarqueño Segundo Shunta.

Toma de Agua del Río Angamarca

Casa de Máquinas de la Central Hidroeléctrica Angamarca

Turbina de la Central Hidroeléctrica Angamarca

En el año de 1980 con mucha nostalgia y pocas esperanzas la planta hidroeléctrica es enviada a la ciudad de Quito para ser reconstruida. La comunidad de Angamarca residente en Quito no podía quedarse de manos cruzadas ante la oscura situación que atravesaba su terruño, es así que un grupo de angamarqueños querendones a su tierra representados en las personas de los señores Gonzalo Mejía, Ernesto Montúfar, Miguel Mejía, Cesar Alberto Flores, entre otros emprenden las gestiones necesarias y constantes ante las burócratas autoridades del INECEL hasta lograr lo anhelado por todos los hijos de la comarca. En octubre de 1981 el Instituto Nacional de Electrificación aprueba el proyecto de mejoramiento del Sistema Eléctrico de Angamarca iniciando el trabajo con la contratación de la empresa POSTELEC encargada de parar los postes y tender la nueva red en el centro parroquial, que con la ayuda imprescindible de la comunidad se realizó en apenas tres meses. Al fin, con una inversión de tres millones de sucres por parte de INECEL la noche del martes 12 de enero de 1982 siendo las 19h00 horas se encienden 150 lámparas de alumbrado público en Angamarca. Mientras transcurrían los años los recintos pertenecientes a la parroquia de Angamarca sentían la necesidad del servicio eléctrico y las autoridades tenían la obligación moral de trabajar para conseguir ampliar la cobertura que en 1990 daba el servicio apenas al 22.6% de la población bajo la administración de ELEPCO.SA La parroquia, aprovechando las aguas del Río Angamarca, cuenta desde 1992 con la “Central Hidroeléctrica Angamarca” ubicada en el sector sur del recinto el Shuyo Chico, la misma que se construyó con recursos extranjeros provenientes de la República de China y la asistencia técnica del Instituto Nacional de Electrificación. Actualmente en el año 2010 alrededor del 90% de las comunidades indígenas y campesinas de la parroquia de Angamarca disponen ya de energía eléctrica las 24 horas del día, más la posibilidad de utilizar el Sistema de Interconexión Eléctrica con el Cantón Pángua.

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Cabildo Eclesiástico de Quito para sus visitas pastorales y así abolir la alarmante supervivencia de tendencias a la religión heliolátrica con supersticiones y hechicerías por parte de los naturales.

Actual Iglesia de Angamarca

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l proceso de colonización y adoctrinamiento cristiano tuvo su inicio en la fundación de la Villa de San Francisco de Quito en 1.534, lugar donde se concentró el poder y control del campo de acción doctrinante, luego delimitado y conformado por grandes poblados, mitas, obrajes y encomiendas siempre con tutela y monopolio religioso capaz de adoctrinar al mayor número de infieles aborígenes ajenos a la Religión Católica. El adoctrinamiento cristiano había iniciado a buen ritmo en Latacunga y sus asentamientos aledaños con la oportuna colaboración de los encomenderos de la zona; sin embargo, aquel equipo conformado por curas y encomenderos encargados de la conquista evangélica, tuvieron que enfrentar el escape de la mayoría de los indios que abandonando sus antiguos núcleos de población se refugiaron en los montes y páramos occidentales de Angamarca y Sigchos. Las primeras acciones evangelizadoras en la zona de Angamarca según los historiadores Juan de Velasco y Neptalí Zúñiga lo realizaron con éxito los P.P. Jesuitas, gracias a la sobresaliente labor del religioso Esteban Onofre considerado “Apóstol de la Honda y Difícil Labor Cristiana”, a quien muchos estudiosos por su trabajo Incansable lo endosan la anexión de Angamarca a Latacunga. Con el indispensable desempeño de Onofre se da apertura al camino para que los Jesuitas dominaran por completo la Doctrina, Misión y Reducción de los Colorados de Angamarca. “El Gobernador Gil Ramírez Dávalos, según Zúñiga, ordenó a los Oficiales Reales el 16 de noviembre de 1.557 que efectúen el pago de 48 pesos al maestro Clemente Campos por concepto de la elaboración de unos retablos para las iglesias de Angamarca, Sigchos, Tixan y Pomasqui”. Años posteriores a este acontecimiento, que da cuenta de la presencia de los clérigos en Angamarca, “realizan un abono para la fabricación y adquisición de dos campanas para las iglesias de Sigchos y Angamarca”. En 1.584 por la importancia que tenían estos dos pueblos en la región, son tomadas en cuenta por el

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Los aborígenes Colorados consternados por la partida del padre Esteban Onofre hacia los Quijos, a quien los respetaban, apreciaban y lo consideraban su guía espiritual mágico, presentaron su negativa a recibir el adoctrinamiento cristiano llegando a incendiar la iglesia. El Jesuita Juanario Antonio Garófalo se desempeñaba como doctrinero en ese entonces y luego de haber sufrido tal inesperada reacción aborigen levantó su voz de protesta, como consta en el Archivo de la Curia Metropolitana de Quito, demandando a los Encomenderos de los Colorados la reposición de los ornamentos requeridos como cálices, crismeras, vinajeras, patenas y otros utensilios necesarios para la celebración eucarística en la que se administraban los Santos Sacramentos, llegando inclusive a exigir una campana para el templo. En Angamarca los Jesuitas realizaron un trabajo cuidadoso y preventivo con procedimientos inteligentes y prudenciales, que en la zona caliente les permitió someter a 10.000 indomables naturales y agruparlos en la naciente “Parroquia de las Minas de Angamarca”, ubicada en las faldas del cerro Corcovado; mientras que en la zona fría hacia la serranía consiguieron establecer tres anejos con un poblado agrupado de 5.000 indígenas. La Doctrina Cristiana de Angamarca fue iniciada en primera instancia por los integrantes de la Compañía de Jesús, pero posteriormente, según Matilde Sandoval Moreira, cedida a los Padres Agustinos “ha causa del personal muy escaso y sobre todo por las múltiples ocupaciones de los Jesuitas”. Neptalí Zúñiga en su obra titulada “Significación de Latacunga en la Historia del Ecuador y América Tomo I” revela que la Doctrina Cristiana obligaba a los indios ha dar a los sacerdotes leña, yerba y comida de la que tenían en sus tierras; mientras que el encomendero por su lado debía proveerles de pan y carne. Además, si el pueblo requería de un religioso y tenían la capacidad económica debían pagarle el estipendio de trescientos pesos y si era clérigo o fraile tenían también que proporcionarle el vestuario más lo necesario. Zúñiga en su Monografía de la Provincia de León asegura también que en la primera década del siglo XVI, gracias al apogeo que tomo la explotación de las minas, “la Doctrina de Angamarca fue entregada a la Orden Agustina por parte del V Obispo de Quito Salvador Rivera en el poder del Fray Francisco de la Fuente Chávez en el año de 1.609, conjuntamente con la naciente Parroquia de las Minas de Oro de Angamarca.” La parroquia al poco tiempo desapareció a consecuencia de un impresionante derrumbe que sepultó a trabajadores y población naciente; no obstante, aquel desastre que cubrió todo lo que encontraba a su paso no logró desaparecer la Doctrina de Angamarca. Esta misión migró hacía la serranía para asentarse en lo que actualmente es Angamarca y por orden del Presidente de la Real Audiencia de Quito Dn. Antonio de Morga y del IX Obispo Pedro de Oviedo en el año de 1.636 entregan por segunda vez consecutiva a los Agustinos la Doctrina de Angamarca cuando el padre Agustín de Córdova era Provincial y el agustino Fray Antonio de la Paz se desempeñaba como el cura doctrinero de mayor importancia de Angamarca, en donde los naturales eran conducidos por fuerza a oír la Ley Evangélica y Doctrina Cristiana.

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En la Época de la Colonia bajo el dominio español los territorios conquistados por las armas o religión estaban organizados políticamente en la fusión de nuevos y antiguos sistemas de gobierno; de tal manera que Angamarca en 1.660 se hallaba administrada en el aspecto político como Cacicazgo y en el religioso por el padre Baltasar de Heredia. Marina Tovar en su obra “Angamarca Enclavada en los Andes Ecuatorianos” asegura que la denominación eclesiástica del poblado en 1.701 cuando llegaron los frailes Pedro de la Cocha, Nicolás de Sarmiento y el Agustino Rafael de León fue “Pueblo de Nuestra Señora de la Limpia Concepción de Angamarca”. En 1.706 el Fray Juan Martínez de Luzuriaga administraba los santos sacramentos, 1.709 lo hacia el Fray Isidro Jácome y en 1.712 el Fray Felipe Chiriboga se desempeñaba como cura doctrinero de la recientemente nombrada “Orden del Padre San Agustín”. En 1.762 cuando el Fray Carlos Ramírez cumplía sus funciones se cambia nuevamente la denominación a “Pueblo de la Limpia Concepción de Nuestra Señora de Angamarca”. En 1.806 el cura del pueblo, según Toro Ruiz y Neptalí Zúñiga, fue el Fray Joaquín Flores quien vuelve a tomar la administración clerical en 1.821; pero en 1.826 Angamarca retorna a la pugna del nombre eclesiástico poniéndolo “Iglesia Parroquial del Gran Padre San Agustín”, y seis años después en 1.832 lo renombran nuevamente como “Iglesia Parroquial de la Pura Concepción”.

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La comarca, cuando el responsable era el presbítero Antonio Erazo y Mosquera, en mayo de 1.840 fue elevada a la Categoría de Parroquia Eclesiástica perteneciente a la Diócesis de Quito y posteriormente a este acontecimiento llegan a Angamarca los religiosos: José Maria Jara y Valverde en 1.841, Francisco Cañar y García en 1.847, Francisco Dávila en 1.850, Manuel Sánchez en 1.857 y José Gallegos en 1.858. Los años subsiguientes, la Parroquia Eclesiástica de Angamarca siempre contó con cura encargado de su administración, y según Tovar Sánchez entre algunos de los nombres de los religiosos que estuvieron en el pablado en el inmediato lapso de 18 años tenemos a “Enrique Gallardo, José Santos, Camilo Rodríguez, José Garcés, Teodomiro Tovar, Rafael Zurita, Manuel Maria Rodríguez, Ignacio Mena, Ramón Campaña, Tomás Arellano, José Maria Coba Robalino, Luís Calero, Alejandro Jarrín, Miguel Maria Boada, Leonidas Aguilar Jarrín, Fausto Carrasco, José C. Flores, Juan Páez , José Francisco Arias, Amable Sosa, Enrique Nájera, Isaías Montúfar, Temístocles Cisneros, Teófilo Maldonado, Luís Enrique Madrid, Cesar Pedro Ulloa, Carlos Córdova, Gustavo Naranjo, Gilberto Tapia, Víctor Llerena, Santiago Mayorga, Jorge Iturralde y Alonso Gallardo”. Para 1.852 la parroquia de Angamarca fue incluida dentro del naciente cantón Pujilí y a partir de 1.876 Angamarca toma la denominación eclesiástica definitiva de “Parroquia San Agustín de Angamarca” bajo la administración del párroco Juan David Arboleda, recibiendo ese mismo año la visita del Arzobispo José Ignacio Checa y Barba a la congregación. Marina Tovar Sánchez originaria de la actual parroquia de Angamarca asevera que posteriormente llegaron a dirigir la parroquia sacerdotes como “Manuel Maria Rodríguez en 1.882, Ramón Campaña en 1.884, Luís Calero en 1.903, Leonidas Aguilar Jarrín y Miguel Maria Boada en 1.905”; así como también “José Gallegos, Enrique Gallardo, José Maria Santos, José Garcés, Teodomiro Tovar, Rafael Negrete, Aparicio Calderón, Francisco Javier Vélez, David Zurita, Alejandro Jarrín, Faustino Carrasco, José Cesar Flores, Juan Páez, José Francisco Arias, Amable Sosa, Enrique Nájera, Isaías Montúfar, Temístocles Cisneros, Teofilo Maldonado, Enrique Madrid en 1.931, Cesar Pedro Ulloa, Carlos E. Córdova en 1.939, Gustavo Naranjo en 1.942, Gilberto Tapia, Víctor Llerena en 1.949, Jorge Iturralde en 1.952, Alonso Gallardo, Néstor Herrera en 1.968”, Delfín Nicolalde, Guillermo Rivera, Ángel Nolly, Pino Balabuza y el actual cura párroco Batista Bruggali.

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a encomienda fue una institución española utilizada en América con los propósitos primordiales de evangelizar a los nativos, optimizar la recolección de los recursos tributarios que fue obligado a pagar el indio al encomendero por ser considerado vasallo del Rey de España. Además sirvió para ligar al indio a la tierra y sujetar la fuerza del trabajo que representaba el aborigen, tanto a la tierra como a la autoridad indígena. Autoridad indígena que paulatinamente fue ganando prestigio por ser un auxiliar eficiente en la tarea de la colonización; quienes posteriormente se transformaron en los señores indígenas parte de la corona y por lo tanto de la clase dominante con privilegios que recibía a cambio de su incondicional servicio al Rey. La implementación de la encomienda y la doctrina, como Neptalí Zúñiga sostiene, exigía “para su éxito el elemento indígena, no aislado sino en grupos numerosos, capaz de formar repartimientos o pueblos dentro de las parcialidades”; acción tomada luego que “la furia desatada en la conquista y en las primeras exploraciones y descubrimientos de áreas desconocidas del Reino de Quito, espantó y ahuyentó a los indios con sus familias y ayllus íntegros hacia páramos y montes, quiebras y desfiladeros de la orografía típica formada por los Andes, en defensa instintiva ya no solo de objetos materiales sino de la vida misma, ubicándose en las secciones ásperas y laberínticas de Quijos, Sígchos, Angamarca y Tomavela”. Por lo tanto, la encomienda consistía en el reparto y la reducción del indio comandada por el encomendero, cargo concedido en primera instancia a los conquistadores o individuos que hayan entregado algún servicio personal al Rey. El encomendero se hallaba secundado por un cura doctrinero encargado específicamente de la catequización cristiana; sin embargo, esta institución que debía procurar la instrucción católica fue uno de los medios que permitió la explotación desmedida a nuestros aborígenes. En Acta del Cabildo de Quito del 23 de junio de 1.535 en la Villa de San Francisco de Quito, los conquistadores son designados como los primeros encomenderos nombrados por el mismo Francisco Pizarro, quien era en ese entonces Gobernador del Perú y Sebastián de Benalcazar, entregando como agradecimiento pueblos, tierras de sembradura y estancias. La Encomienda de Angamarca que, según Yolanda Navas, “había sido entregada en primera instancia a Juan Lobato

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de Sosa uno de los fundadores de San Francisco de Quito, conjuntamente con las de los Yumbos, Chillogallo y Cotocollao como recompensa a su servicio en la conquista”, pero por muerte de Lobato pasó a manos de Juan Porcel en 1.549; español conquistador y poblador de la Villa de San Francisco de Quito, Alcalde del Cabildo y propietario de estancias en Angamarca y la Encomienda de Izpaya. En la Encomienda de Angamarca, ubicada ya en el actual emplazamiento a 2.996 msnm, asegura Navas de Pozo que el tributo “se pagaba inicialmente en oro, luego en especies (mantas, algodón, gallinas, ají, maíz, papas, entre otras) y en dinero…cada tributario individualmente”; mientras que de la zona baja o yunga el encomendero no recibía ningún tributo por la dificultad de acceder a la zona y la rebeldía de los colorados que aún se quedaron en Angamarca la Vieja. El 9 de marzo de 1.551 se deja establecida la tasa de los tributos a aplicarse en todas las encomiendas de la Real Audiencia de Quito; trabajo realizado por Pedro de la Gasca, el arzobispo Loaysa, el presidente de la Real Audiencia de Quito Hernando de Santillán y los padres Tomas de San Martín y Domingo de Santo Tomás. Finalmente, Zúñiga certifica que en 1.573 el Distrito de la Real Audiencia de Quito contaba con 36 encomenderos, de los cuales muchos vivían en la capital aunque sus encomiendas estaban localizadas en Latacunga, Tilipulo, Angamarca, Sigchos, Aláquez, Mullihambato y Mulaló. Pero los nombres de los encomenderos ya no correspondían a los primeros conquistadores, sino a sus sucesores, hijos primogénitos, viudas o maridos de estas, que habían tomado posesión después de cumplir algunos requisitos, como es el caso de Lucas Porcel, último encomendero, quien sucedió en el mando de la Encomienda de Angamarca a su padre Juan Porcel.

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on la conquista española de 1.492 llegó la posibilidad de una escolarización a nuestras tierras, ya que son los conquistadores quienes traen consigo a los clérigos y estos posteriormente serían los encargados de controlar Evangelización de los Aborígenes la educación en pretexto de la evangelización. Consolidada la conquista en los territorios de la Real Audiencia de Quito, los primeros en establecer la enseñanza de latinidad, letras humanas y tecnología fueron principalmente los padres Jesuitas, luego los Dominicos y Franciscanos. En el año de 1589 en Quito se abrió el primer curso de filosofía y cinco años mas tarde en 1594 se fundó el Colegio San Luis que funcionó bajo la dirección de los padres Jesuitas, religiosos que además fundaron la Universidad San Gregorio Magno en 1620. El impresionante poder jesuítico les permitió obtener el monopolio de la educación secundaria en la Audiencia de Quito, ha quienes mediante Cedula Real otorgada por el Rey de España dispuso que “solo la Compañía de Jesús estaba autorizada para fundar colegios y ensenar lengua latina.” Este poder educativo de los jesuitas estaba fomentado por gente preparada en los diferentes campos del saber humano, ya que tanto colegios como noviciados y aun escuelas de primeras letras contaron con autoridades y profesores de gran cultura. A los jesuitas, el poder educativo les dio predios urbanos, haciendas, molinos, obrajes, tenerías, batanes, caídas de agua, etc. pero posteriormente, a pesar de su sostenibilidad acalorada por algún tiempo, también les ocasionó una fuerte oposición y finalmente la expulsión de la Audiencia. El primer establecimiento público de instrucción para la enseñanza de las primeras letras fue implementado por la Orden de los Padres Dominicanos, quienes mediante Cedula Real expedida en el año de 1683 fundan el Colegio y Universidad San Fernando que abre sus puertas al alumnado el 28 de junio de 1688. Pedro Fermín Ceballos asevera que “la tecnología, el misticismo, la jurisprudencia y la retórica eran los únicos ramos que se enseñaban y aprendían.” El estudio de la medicina por ejemplo fue desconocido y al parecer hasta repulsado, ya que el Presidencia de la Real Audiencia de Quito Varón de Carondelet, mediante oficio dirigido al rector de la universidad, suspendió la materia de medicina el 23 de octubre de 1805 hasta nueva orden.

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En la capital de la Real Audiencia de Quito, asegura Neptalí Zúñiga que “tuvimos escuelas, colegios y universidades dirigidas y organizadas por órdenes monásticas dignas de señalarse como la Escuela de la Caridad de los Dominicos, Colegio de San Andrés de los Franciscanos, Real Colegio y Seminario de San Luis de los Jesuitas, Universidad de San Fulgencio de los Agustinos, Universidad de Santo Tomas de Aquino de los Dominicos y la Universidad de San Gregorio Magno a cargo de la Compañía de Jesús. Con el objetivo principal de enseñar la Doctrina Cristiana y también a leer, escribir, gramática latina y elementos de aritmética, tanto en Latacunga como en los pueblos de su jurisdicción aparecieron remedos de escuelas juntamente dirigidas por el clérigo o sacerdotes quienes en primera instancia disponían como alumnado a la comunidad indígena, luego a la clase mestiza y finalmente a criollos y chapetones. Tanto los Franciscanos que echaron raíces en las tierras de Mulaló, Callo, Saquisilí y Latacunga, así como también los Agustinos que se afIncaron en Sigchos y Angamarca trabajaron fuertemente en la enseñanza de la Doctrina Cristiana y de las primeras letras y números. Esta labor alumbro el nacimiento de la escuela primaria en el área rural de Latacunga y con ella la alfabetización organizada gracias a la mutua ayuda entre el quichua y el castellano. En Angamarca se vivió dos instancias en cuanto se refiere a educación como acertadamente lo presenta Marian Tovar Sánchez en su obra “Angamarca Enclavada en los Andes Ecuatorianos” en donde, por un lado, habla en primera instancia de una Educación No Convencional denominada así por no estar legalmente constituida una institución educativa, no disponer de un sitio definido y la no continuidad del maestro y por otro, la Educación Convencional en donde ya se dispone de una escuela de varones llamada “Pedro Moncayo” y otra para mujeres denominada “12 de Octubre”. Cuando el Oidor de la Audiencia y Chancillería de la Real Audiencia de Quito Don Matías Cabeza de Vaca visita a Angamarca en 1615 ordena a Don Andrés Guartamsaca a ser maestro de capilla y enseñar a leer, escribir, cantar y rezar en la iglesia del pueblo de Angamarca y sus anejos tanto en la mañana como en la tarde durante todos los días a los hijos de los caciques y demás indios que había en el pueblo con una remuneración de 200 pesos de a 8 reales por año de parte de Oidor de la Audiencia de Quito, dando inicio a la Educación No Convencional. El cacique de Angamarca Don Nicolás Chicaiza Paybata Cando, miembro de la familia gobernante del pueblo de

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Angamarca en la época anterior a la llegada de Inca, para el año de 1719 fue maestro de capilla y a su vez colaboro como maestro de escuela según expresa los archivos del Cacicazgo de Angamarca. En 1832 Marcos Lloacana fue Doctrinero de Angamarca y finalmente Francisco Paz el 26 de julio de 1869 en los archivos de la Curia de Quito firma como “Instructor de los niños de Angamarca”. La educación formal en la parroquia de Angamarca se encontraba de alguna manera imposibilitada y posteriormente debilitada por la dificultad del acceso, lejanía, falta de personal docente, desinterés de los habitantes y otros impedimentos que retrazaba en el tiempo a la parroquia y a su población. Angamarca debido a su geografía áspera se mantenía aislada de la urbe y el único medio de acceso al conocimiento de las letras y números fue mediante el ingreso de algunos maestros aventurados a todo lo que pueda ocurrir, con la esperanza a largo plazo de que algún migrante originario del pueblo se prepare y retorne a enseñar a sus coterráneos. La Educación Convencional llamada también Educación Básica en sus primeros años de funcionamiento llegaba hasta cuarto grado y disponía solo de instrucción primaria, se trabajaba a doble jornada como dejó instituido el Oidor de Audiencia y Cancillería de la Real Audiencia de Quito en 1615 y un maestro era el responsable de la preparación de los alumnos varones y una maestra educaba a las niñas. Posteriormente se incrementa la instrucción a primaria completa pero se continua trabajando con un solo profesor por escuela hasta que por el año de 1935 solo en la Escuela Pedro Moncayo de Varones se incrementa a dos maestros para los seis grados. La Escuela de Varones “Pedro Moncayo” en el año de 1874, según los apuntes de Isaías Toro Ruiz, funcionaba en un local propio pagado por el fisco y se desempeñaba como maestro de 85 alumnos el Sr. Facundo Dávalos; mientras que en la Escuela de Mujeres “12 de Octubre” trabajaba con 41 niñas la señora Rafaela García con una remuneración de 180 pesos anuales en los dos casos. Amelia Montúfar Sánchez en el año de 1890 también fue profesora de niñas de la escuela femenina. En el gobierno del Dr. Gabriel García Moreno entre los años de 1869 -1875 se legaliza la Escuela Pedro Moncayo siendo unidocente con un salario en sus inicios de 12 sucres y luego de varias gestiones incrementándose a 16 sucres mensuales. Marina Tovar Sánchez al referirse a la Educación Convencional proporciona un detalle interesante en el que se suministra información por año, con nombre de maestros y maestras que han laborado en la Escuela Pedro Moncayo y en la Escuela 12 de Octubre entre 1903 y 1950. Así en el año de1903 tenemos como profesor al Sr. Andrés Saltos, 1904 Abel Arroyo, 1905 Modesto Arroyo, 1906 Benigno Hurtado y Celso Cepeda, 1907 a 1913 Modesto Alvear, 1914 a 1916 Nicolás Salas Polanco, 1917 Juan Ceballos, 1918 Modesto Alvear, 1920 a 1923 Juan Tulcanás, 1924 a 1925 Remigio Jácome,1826 Fernando Ocampo, 1927 Modesto Alvear, 1932 a 1933 Modesto Alvear, 1933 a 1934 Manuel Villagomez, 1935 a 1936 Manuel Villagomez y Segundo Modesto Viteri, 1936 a 1937 Segundo Modesto Viteri y Manuel María Viteri, 1937 a 1938 Eliécer Tamayo y Juan Ceballos, 1938 a 1939 Aurelio Quevedo y Ruperto Reinoso, 1940 a 1941Cristobal Fabara y Augusto Alcocer, 1941 a 1943 Benigno Espinoza Garzón, Rafael Andino Gallegos y Benigno Merizalde, 1943 a 1944 Rodrigo Maldonado y Jorge

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Enríquez, 1944 a 1945 Luis Aníbal Álvarez, 1945 a 1946 Isaías Barrionuevo Mejia, 1946 a 1948 Isaías Barrionuevo Mejia y Cesar Rubio Molina, 1948 a 1949 Juan Emilio Arias y Cesar Rubio Molina, 1949 a 1950 Cesar Rubio Molina, 1950 a 1951 Alonso Bautista Vega y Cesar Rubio Molina. En cuanto a la unidocente Escuela Femenina “12 de Octubre, Tovar Sánchez cita también a maestras que aportaron a la educación en Angamarca como en el año de 1901 a la Sra. Dolores Ruiz, 1904 Tomasa G. Corral, 1906 a 1911 Oveline Albuja, 1911 Carmen Moscoso, 1912 Tomasa G. de Montúfar, 1913 a 1914 Cenilis J. Corral, 1915 a 1916 María Salgado, 1917 María E. Flores Sánchez, 1918 Mariana Salazar, 1918 a 1921 Efigenia López, 1932 a 1933 Magdalena Paredes, 1933 a 1934 Magdalena Paredes y Luz María Izurieta, 1934 a 1935 Luz María Izurieta, 1935 a 1936 Lucia Fabara y Luz María Izurieta, 1936 a 1937 María Mercedes Tapia, 1938 a 1940 Hilda Freire, 1940 a 1941 Leonor Ledesma, 1941 a 1943 Piedad Moscoso Moreno y de 1943 a 1951 Marina Tovar Sánchez. En los inicios del año de 1951 la Escuela Pedro Moncayo de Angamarca estaba organizada y conformada por su director el Sr. Isaías Barrionuevo Mejía y Cesar Rubio Molina como profesor auxiliar, institución que funcionaba sujetada al Reglamento de la Dirección Provincial de Educación de Cotopaxi. En una diálogo mantenido con el maestro Cesar Rubio Molina en sus últimos años de vida en la parroquia La Victoria manifestó que allá trabajaban a doble jornada de lunes a viernes, que cuando ingreso por primera vez trabajó y prácticamente vivió sin salir de Angamarca por casi todo un año por la dificultad del traslado, ya que aun no había carretera que permita el acceso en vehículo sino solo caminos de herradura. Cuando llegue a Angamarca, dice: “Había solo 14 alumnos ya que los padres de familia eran reacios a poner a los hijos en la escuela, ahí el presidente de padres de familia me hizo la observación de que porque no les pegaba y que debía hacerlo porque la letra con sangre entra, obligándome a ser grosero con el alumnado; pero cuando ingresó el supervisor conoció de la situación y moderó y al fin el alumno fue considerado como un alumno.” Rubio Molina, maestro apreciado en la parroquia, comenta que en Angamarca la educación era bastante atrasada y que los pobladores no le daban valor ni merito a la educación que se impartía, que el teniente político tuvo que intervenir muchas veces para que los padres envíen a sus hijos a la escuela aunque sin mayores resultados, que la gente que llegaba al pueblo ya sea por trabajo o por otra circunstancia si enviaban a sus hijos a la escuela y así de ha poquito las cosas fueron cambiando hasta finalmente normalizarlo. El terremoto de 1949 había afectado la infraestructura de la escuela y gracias a las gestiones realizadas por el Sr. Manuel Montúfar Sánchez conjuntamente con los maestros Cesar Rubio Molina y Marina Tovar Sánchez se consigue que el Presidente de la Junta de Reconstrucciones de Cotopaxi Sr. Reinaldo Hidalgo visite Angamarca y done 8000 sucres; recursos que, conjuntamente con las mingas efectuadas por los padres de familia, sirvieron para la construcción de un salón escolar para la Escuela Pedro Moncayo que fue inaugurada en el año 1951.

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Edificio donde inicia sus labores el Colegio Nacional Angamarca en 1975

La fusión de las Escuelas Pedro Moncayo y 12 de Octubre en el año 1951 permitió que se aumentara el alumnado y que se complemente la construcción del plantel escolar primario en primera instancia y para 1965 se inaugura la ampliación efectuada por el Consejo Provincial de Cotopaxi. La fusión instituye a la “Escuela Fiscal Mixta Pedro Moncayo” en la cabecera parroquial de Angamarca, con la participación de un sinnúmero de maestros que entre los años 1951 y 1977 sirvieron a la comunidad; entre los cuales podemos identificar al Sr. Alonso Bautista, Cesar Rubio Molina, Olmedo Sánchez Flores, Marina Tovar Sánchez, Teresa Mejía Montúfar, Manuel Lara Salazar, Víctor Gallardo Navarro, Inés Flores Flores, Estuardo Cerda Páez, Orlando Tovar León, María Tapia Sánchez, Hugo Acurio Naranjo, Carlos Montúfar Mejía, Fidel Tovar León, Vicente Jorge Raura, Guido Cáceres, Eufrasia Flores Ripalda, Galo Yánez Vásquez, Lilia Graciela Cáceres y Nancy Garzón Quiroz. Luego de 1977 por la Escuela Pedro Moncayo han pasado un importante numero de profesores que aunque en condiciones más favorables no dejan de ser importantes porque de alguna manera han contribuido al engrandecimiento de la parroquia y a la disminución del analfabetismo en Angamarca que según INEC y ESPOL en 1990 alcanzó el 65.9%.

Político de la parroquia negoció y compró el terreno en donde se proyectaba construir la institución educativa, posteriormente invita a Angamarca al Presidente de la Republica del Ecuador Guillermo Rodríguez Lara con quien mantenía una estrecha amistad y consigue que por vez primera llegue un presidente a Angamarca logrando comprometer la construcción de una nueva planta para el funcionamiento del Colegio Nacional Angamarca, que según la Revista Alborada se construyó el nuevo edificio para el plantel educativo con un presupuesto de $. 2´363.247,50 sucres mas gastos adicionales, reuniendo las condiciones pedagógicas modernas para la formación de nuevas generaciones de ciudadanos de la Parroquia de Angamarca.

Actualmente la parroquia de Angamarca dispone de una Red de Centros Integrados de Desarrollo Infantil que atiende a 720 niños de entre o y 5 años de edad con una cobertura en 16 comunidades, indígenas y campesinos, implementada por la Fundación de Desarrollo Integral de la Niñez, Familia y Comunidad FUDINFAC; Colegio Artesanal Don Bosco dirigido por el párroco de Angamarca; el Colegio a Distancia afIncado el la comunidad de Zunikilak; Red de Centros Educativos distribuidos la mayoría de los recintos de la parroquia; Unidad Educativa Angamarca conformada por la Escuela Pedro Moncayo como su etapa inicial y complementada con el Colegio Nacional Angamarca con su Ciclo Básico y Diversificado con especialidad en Contabilidad. Angamarca en el año 2011 se presenta con una cobertura importante en cuanto a planteles educativos se refiere, de tal manera que las oportunidades de preparación para el futuro están en ahí a la mano y solamente se requiere de la voluntad, compromiso, responsabilidad y anhelo de querer prepararse para alcanzar un mañana a la medida de nuestros sueños.

En el Gobierno del General Guillermo Rodríguez Lara con el año lectivo 1975 – 1976 se crea el Ciclo Básico del Colegio Nacional Angamarca con la participación inicial de 40 alumnos y con el personal catedrático como rectora Fanny Carrillo, profesor de agronomía Edmundo Icaza, profesora de castellano Ana Olalla, profesor de matemáticas Leonel Saltos (adonore) funcionando en la casa del señor Jorge Estuardo Flores cedido gratuitamente por lapso de un año. Manuel Montúfar Sánchez quien servía al pueblo como Teniente

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La riqueza conceptual es producto de la diversidad étnica y cultural a través del tiempo. Expresamos algunos de los mitos que hasta hace poco han tenido vigencia: Los baúles de tesoros huyen de quienes no deben poseerlos. El llanto de chushi (lechuza) anuncia la muerte de alguien de la casa. El primer encuentro del día con una mujer es signo de que tendrá un mal día. Si la leche tierna cae en la hogaza la producción bajará y las ubres de la vaca se reventarán. Llueve cuando baja el ganado bravo para la lidia. Poner cinta roja a un becerro, sirve para que no lanche la producción. No dejar los pañales de un niño tierno afuera en la noche porque espanta. En luna tierna no se debe lavar la ropa porque se destruye. No llevar a un niño sin bautizar al cementerio. Gallina que canta es mal agüero. Canto del gallo sobre tarde es mal agüero. Mal aire se cura con cebolla, semillas, etc. Cuando nieva el ganado desciende a los hondones. Si las gotas de lluvia al caer forman burbujas, seguirán las aguas. Cuando juegan las gallinas lloverá en la tarde. Maíz sembrado en luna llena , solo cutul habrá en la cosecha. Cuando se revienta la fogata, llegará visitas.

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ntecedentes.- La explotación minera de oro, plata y esmeraldas ya se lo efectuaba a lo largo de todo el Nuevo Continente Americano, inclusive desde tiempos muy anteriores a la llegada de Cristóbal Colon a América. Antes de la Conquista Española, en el Reino del Tahuantinsuyo –comprendido lo que hoy es la Republica del Perú- y el Antisuyu– comprendido lo que actualmente es la República del Ecuador bajo el reinado de los Incas se acumulaban grandes cantidades de oro y plata dándose el lujo de construirse andas de oro de las alta calidad para sus reyes y mandones, llegando adornar de oro y plata esculpida algunos centros ceremoniales. El recuerdo del oro y la plata del botín de Cajamarca, asevera Neptalí Zúñiga, que enloquecía al conquistador; por lo tanto, había que buscarlo en las montanas de la tierra, lavaderos de los ríos y ceros misteriosos de los Ándes. De esta insostenible y ansiosa búsqueda relata el mismo historiador que surgieron las vetas de Zamora junto al cerro de Nambija, los

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lavaderos de oro en rió Gualaceo, las minas de plata de Zangurima en tierra de los Cañaris, las lavaderos de oro del rió Santa Bárbara ubicadas a doce leguas de la ciudad de Cuenca, las misteriosas minas de plata de Signos y Angamarca en la sección occidental del Asiento de Tacunga y las riquísimas minas de Zaruma asentadas en Loja. Francisco Huerta Rendón en su Historia del Ecuador asegura que de la explotación de las minas de Zaruma, Angamarca, Sigchos y muchos lavaderos de los ríos orientales se envió hacia España una increíble cantidad de oro y plata; alcanzando a 2 millones de pesos de oro durante un siglo, creando un fuerte impacto económico en la Madre Patria y Europa. Las minas de Guacayas localizadas en Sigchos fue una de las primeras en ser descubiertas en la “Provincia de Quito”, posteriormente aparecen las de Macuchi y Angamarca en la “Estancia de Saravia” que en competencia con las minas de

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Santa Bárbara, Zamora y Zaruma entregaron buena cantidad de plata y oro. La mita para las minas en los dominios de América fue el peor castigo que España pudo haber implementado para nuestros aborígenes; así el envío a las mitas de Macuchi y Zaruma, entre las más grandes, cree Federico Gonzáles Suárez que fue “una positiva sentencia de muerte, con las cuales los pueblos quedaron en breve desolados”. Con la mita, dice Zúñiga, que España logró agobiar y exterminar la estirpe nativa de América, así como también, destruir la familia y comunidades indígenas cuyos mitayos abandonado mujeres e hijos desde Otavalo, Mira, Cayambe, Panzaleo, Mulaló, Sigchos, Pujilí, Angamarca, Mulliambato, Callo, Tacunga, Mocha, Píllaro, Sibambe, Chimbo y Pallatanga fueron llevados a las minas que se encontraban en apogeo. La mina fue el infierno dantesco, con su boca y galerías insalubres, ardientes, oscuras, sin aire y sin sol, se convirtieron rápidamente en incubadoras de pestes, enfermedades (viruela, sarampión, disentería o la famosa Cámara de Sangre) y muerte de los naturales. Las Minas de Angamarca En los territorios de Tacunga, más concretamente en el área geográfica agreste y misteriosa de Sigchos y Angamarca se suscitaron hechos curiosos y casi de ficción literaria que desde comienzos de la penetración y la colonización española en sus innumerables minas de plata se vivieron gran actividad minera. Entre leyendas, tradiciones e historia se desenvuelve, según Zúñiga, el Distrito Minero de Angamarca que persiste en la agreste Cordillera Occidental de los Andes desde el siglo XVI hasta nuestro tiempo. La primera mina explotada durante sesenta años fue la de Macuchi que se encontraba en el valle de Pilaló en los términos del pueblo de Angamarca; cuyas famosas vetas auríferas fueron descubiertas en el cerro por el español Gabriel de Saravia;quien las encontró buscando paz y clima saludable para la terrible enfermedad de elefancia que le aquejaba. Saravia tuvo un comportamiento malévolo, para equilibrar su personalidad desecha por la lepra, fue el mismo demonio encarnado-decía la gente-en esas soledades inclementes, cuya tradición popular de Angamarca conserva y cuenta hasta ahora el dicho “quien como saravia?” superando su poder al de Dios y sintiéndose único en esos tiempos y dominios. Marina Tovar Sánchez nos habla de otra mina (plata u oro) ubicada en la Parroquia de las Minas de Angamarca asentada al pie del Cerro Corcovado, en cuyo territorio inicialmente fue ocupado por los indios colorados y actualmente pertenece a la cabecera cantonal de Pángua. Fue tan importante la parroquia, dice Toro Ruiz, que debido al apogeo que tomo la explotación de esta mina que Salvador Rivera confirmó al Fray Francisco Chávez de la Fuente Provincial de la Orden de San Agustín el adoctrinamiento de la denominada Parroquia de las Minas de Angamarca. El historiador Huerta Rendo asevera que en 1609 la gran

parroquia de las Minas de Angamarca, ubicada en la Estancia de Saravia, entre tradición y verdad histórica cuenta que en una noche de tormenta entre rayos y truenos, fue cubierta por un gigantesco y catastrófico derrumbamiento del cerro Corcovado; mina que en lo más elevado de su apogeo sepultó a trabajadores y población naciente. Jorge Juan y Antonio de Ulloa integrantes de la Comisión Geodésica Franco-Española, con la finalidad de medir el arco del meridiano terrestre, en la primera mitad del Siglo XVIII visitaron la sección de Sigchos y Angamarca, ofreciéndonos noticias claras de que esas áreas eran un polvorín de vetas argentíferas y de oro. Juan Manuel de Saravia mandón de Angamarca como corregidor recibía 1400 pesos al año y era el responsable de informar sobre la existencia de “vetas de minas de plata”, cuyas minas de plata fueron abandonadas en la Estancia de Gabriel de Saravia y que como leyenda contaba de la existencia en Latacunga. Finalmente, Marina Tovar en su obra Angamarca Enclavada en los Andes Ecuatorianos manifiesta que: “Frente a la Calle García Moreno de la actual parroquia de Angamarca existe la gran mina de oro que en tiempos de la Colonia fue explotada por el español Saravia”; túnel que presenta una perforación de 40 metros, pero que actualmente se encuentra abandonado.


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uenta la leyenda del Llucho Tigre de Angamarca que este personaje en las noches se transformaba en mitad hombre y mitad animal, mientras que en el día volvía al estado físico de ser humano. Recorriendo los alrededores del pueblo en noches obscuras, transformado y violento desde la década de los cincuentas se aprovechaba de la inocencia de la gente para robar cuyes, gallinas, huevos, ovejas, ganado e inclusive comestibles sacados de las casas de los campesinos mientras sus propietarios dormían profundamente.

física semejante a animales salvajes complementado con su piel pintada de colores vivos para evitar el reconocimiento del impostor.

En Angamarca por las noches, se escuchaba hablar del Llucho Tigre y enseguida había que refugiarse del peligro para que luego de unos minutos llegue al pueblo las denuncias de robos de animales, chacras y viviendas, causando temor en la comunidad al describir a la bestia como un ser extremadamente peligroso por los aullidos que emanaba, por su apariencia

Aunque en la actualidad ya no se advierte la presencia de este personaje si persiste en la cultura de Angamarca como una ferviente leyenda ligada a la creencia, inocencia y temor de la gente al Llucho Tigre por no existir con claridad personas culpables de disfrazarse y cometer los ilícitos que lo califican como un ladrón.

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Paulatinamente, los pobladores fueron tomando medidas de defensa en contra del temido personaje por los daños que seguidamente estaba cometiendo a la comunidad angamarqueña especialmente campesina e indígena, que con mayor fuerza aceptaba la existencia de este ladroncillo disfrazado de una bestia salvaje.

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incontrolablemente a cuanta damisela hermosa existía en la comarca. Comentan los pobladores que en Angamarca vivía una pequeña familia compuesta por la madre y una linda jovencita que por sus características con mucha frecuencia le perseguía el duende, hasta que un cierto día cansadas de las persecuciones y asechos sufridos toman la penosa decisión de mudarse de casa con el firme propósito de evitar a nuestro mítico personaje. Mientras realizaban las adecuaciones pertinentes en su nueva vivienda, los vecinos del nuevo barrio al que se habían trasladado, percatándose de la presencia de extraños amistosa y comedidamente se acercan con el objeto de expresar un saludo de alegría de que vengan a vivir en el barrio, a lo que desde la parte trasera de un biombo recién ubicado contestó el duende “sí, ya nos estamos pasando”, dejando anonadadas a las dos mujeres. Este pequeño conquistador de mujeres bellas, hasta cierto punto inofensivo, no declinaba en su afán de seducción hasta cuando las perseguidas hayan concebido nupcias matrimoniales.

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a creencia de la existencia del mítico personaje llamado EL DUENDE en la zona central de los Andes Ecuatorianos está tan arraigada que resulta difícil no aceptar su presencia como una realidad comprobada, y particularmente en la parroquia de Angamarca cuentan los antepasados, mediante relatos hablados que era común escuchar hablar de una historieta que aseveraba la presencia del duende en los exteriores del pueblo tanto en el día como en la noche. Lo detallaban como un hombre de baja estatura similar a un niño de siete años con un rostro feo y arrugado como el de un anciano, vestía siempre de pantalones verdes, camisa verde, grandes botines de color rojo brillante y su infaltable sombrero pronunciado. Gustaba de perseguir a señoritas de ojos grandes y cabello largo asediándoles permanentemente durante el día y la noche hasta conseguir su propósito de enamorarlas. Escondido detrás de las paredes, arboles y hasta permitiendo ser visto se instalaba en los hogares en donde existía una mujer de dichas características. Así en Angamarca, en tiempos pasados, donde aun no se disponía de alumbrado público el duende hacía de las suyas sin ningún problema, persiguiendo

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n la parroquia de Angamarca y en otros pueblos antiguos de la provincia de Cotopaxi existe la leyenda de la Loca Viuda, cuya mujer de una belleza exorbitante, en altas horas de noches de luna llena aparece por los oscuros y solitarios caminos de la comarca. Su encanto seduce fácilmente al solitario noctámbulo andante que lleno de dificultades, problemas y desencantos asegura que el portento se produzca con los requerimientos indispensables de ser casado y tener la intención de dar por terminado su relación marital y su hogar, para que decida emergérsele. Un galante caballero con experiencia suficiente en el arte de la seducción en busca de furtivas aventuras sobrecargado de meditaciones frívolas, luego de atravesar un riachuelo y virar la esquina, se encuentra de sorpresa con una débil mujer que bañada en sus lágrimas se lamenta desconsoladamente por la prematura partida de su marido hacia el más allá. Con la mirada concentrada en el postulante, sin que su rostro sea develado, considera como alma caritativa de consuelo y agradece al destino el haber encontrado en esa noche al hombre ideal. El fulgor lunar realza aun más su belleza como si se tratara de

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una verdadera Venus; su rostro flanqueado por una hermosa cabellera que cuelga hasta su cintura y un pequeño pañolón negro esconden su misterioso rostro, que como expresión de picardía expresa sonoramente una sonrisa provocativa. En su cuerpo de exquisita esbeltez, arraigan curvaturas moderadas de una cintura delgada que asemeja al débil tallo de una flor sacudida por el aura. Un vestido de color negro, blusa y chal oscuros recubren sus pronunciados pechos que despiertan fuscos apetitos, que con facilidad seduce al Incauto envanecido por la fortuna presentada, que no solo que se presta a complacer la insinuación de la bella mujer, sino que se apresura a llevar las cosas a feliz término mediante posibles caricias. Presa de la excitación que influyera el posible primer beso, siente abrazarse en las flamas de una loca pasión que por obtener algo de intimidad no vacilaría en llegar hasta el mismo infierno sin tratar de entablar ningún dialogo con ella, ni tampoco preguntar al menos su nombre por considerar una perdida inútil de tiempo. Por ello, cuando la misteriosa mujer (segura de su poder de seducción le previene que el camino que ha emprendido lo conducirá al abismo haciéndole conocer su nombre vinculado a leyendas siniestras), sin que le concede atención, sino más bien apresurándose a dar el paso siguiente que le situará en la gloria. Pero sucede que, cuando el fervoroso conquistador insistente en que la mujer misteriosa le obsequie una mirada, una caricia, un beso y finalmente intimidad, sin percibir que ya lo ha arrastrado hacia los solitarios alrededores del pueblo, intenta forzar una relación con la hermosa y dadivosa mujer consiguiendo que se transforme en un ser monstruoso, paralizándolo de terror al sagaz Don Juan. Su rostro al fin muestra la fealdad alucinante que proyecta un cadáver en su última fase de descomposición, difícil de expresar y relatar el sentimiento que un ser humano puede vivir al verse enfrentado con un ser diabólico. Dos tizones encendidos suplantan a sus dos ojos y de su carcomida boca fluyen filamentos de pegoza baba con emanaciones pestilentes, debelándose como un pútrido esqueleto vivo que conserva extrañamente adheridos sus huesos. Pronunciando injuriosas obscenidades y malas palabras, ahora que le han brotado alas en los pies, el Incauto intenta escapar de la felina agilidad de la cosa mala, aunque a momentos sintiéndose infelizmente perdido y lanzando en su desesperación verdaderos relinchos equinos, cuando encima suyo estaban las peligrosas garras de la Loca Viuda y el pánico creó oscuros nubarrones en los resquicios de razón que iluminaba a la víctima quien en la inconsciencia alcanzó a ver con absoluta claridad que las puertas de los infiernos se han franqueado para él. Finalmente, aunque sabe a ciencia cierta que cualquier dirección que tome lo llevará a la eternidad, acelerando cada vez más su carrera logra hurtar terreno a su perseguidor y por obra y gracia de algún milagro escapar, a pesar de que ello signifique el inmediato traslado hacía algún sanatorio mental, por cierto, si ha conseguido salir con vida de la peripecia.

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a Guiñaguille es el alma del niño que ha muerto sin recibir las aguas bautismales. No puede estar en el cielo por no estar en gracia de Dios, pero tampoco en el infierno ni en el purgatorio debido a que no han cometido pecados mortales ni vanales. Su destino es vagar en la tierra, cerca donde descansan sus restos mortales, a menudo asustando a las personas de mal vivir, hasta cuando alguien le sumerja en las purificadoras aguas. ¿Quién podría insensible continuar su recorrido cuando gritos y lloros de un tierno recién nacido abandonado a la vera del camino intenta con sus instintivos pedidos de socorro encontrar en la humanidad una respuesta de solidaridad? Difícil resulta encontrarse en nuestro medio con alguien carente de total sensibilidad que, indiferente, solo intentase continuar su camino sin que su respuesta natural lo conduzca inmediatamente a acudir en auxilio del desvalido, aunque solo sea llevado por la inconsciente propensión de contribuir a la conservación de su especie. Pero en los Andes Centrales Ecuatorianos no siempre el comedido sale con la bendición de Dios como para emular la obra del Buen Samaritano de los tiempos bíblicos. “Fue un bendito domingo, de regreso a casa, luego de haber permanecido el día en el pueblo, divirtiéndose en compañía de sus amistades. La tarde agonizaba entre resplandores rojizos, que por un instante tuvo la impresión de que el cielo, por el lado poniente, se consumía devorado por el fuego. También su caballo parecía abrigar similar presentimiento, ya que se veía nervioso y no disimulaba su inquietud expresada en cortos y agudos relinchos. Sin embargo, las furiosas llamaradas fueron poco a poco empalideciendo como temerosas de la inminencia de la noche, que no tardó en tender sus negras alas sobre parte del universo. Empezó a ascender a la ladera anhelando coronar la cima a ligeros pasos y fue entonces cuando escuchó el entrecortado llanto de un tierno recién nacido. Detuvo en el acto su caballo al escuchar los lastimeros e incesantes lloros de un varón, mientras que jinete y animal tenía la mirada fija al borde mismo del sendero en donde se

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encontraba una tierna criatura envuelta en blancos pañales sujetos con una faja roja y cabeza descubierta y sin pensar dos veces le subió consigo al caballo, aunque extrañamente se mostraba inquieto el corcel, como sí experimentase algo extraño sin concederle demasiada atención y de pronto se dió cuenta que se hallaba en un aprieto. Entonces se le ocurrió la gran idea de llevarlo al niño al donde el señor cura y ponerlo en sus manos. Confiado de que la decisión que había tomado era la acertada dio media vuelta al caballo e inmediatamente se dirigirse al pueblo. En el camino, para cerciorarse de que el niño se encontraba bien, una vez que había parado de llorar, volvió a fijarse en él y tuvo la impresión que había crecido e inmediatamente procedió a emitir sonidos articulados ya que acababa de llamarle papá. Quiso convencerse de que todo era fruto de su imaginación y que debía serenarse sí no quería dejarse acorralar por el miedo pero fue entonces cuando sintió que con una de sus manitas le tocaba con insistencia en el mentón, buscando llamar su atención; diciéndole “Papá, papito… mírame. Yo tengo dientes”. y en efecto ¡a través de sus labios entreabiertos tenía unos puntiagudos dientes que llenaba sus encías¡ Una corriente de frio empezó a recorrer su espalda; pero el niño profirió: “Papá, papito…mírame, tengo uñas, y ¡sus ahora peludos dedos se hallaban equipados de garras similares a las de un gato y de inmediato añadió: “Veras, papito también tengo rabo” y en un instante ¡exhibió un largo rabo que le nacía del fin de la espalda y que ondulaba como una culebra¡. “Al fin, dándose cuenta que la criatura que transportaba en su espalda no era sino una maldita Güiñaguille, quiso arrojarlo lejos y huir gracias a la velocidad de su corcel, pero ya no le fue posible llevar a la práctica tal proyecto, ya que aquel horrible ser, adivinando sus intensiones, se adelantó a rodear el caballo con su rabo, apretándolo como el lazo corredizo de una horca. Luchó por un largo rato desesperadamente por desprenderse del maligno, manteniéndose sobre su caballo, que corcoveaba y relinchaba presa del pánico. Pero luego fue a dar en tierra unido al estrangulador, que rugía como un enfurecido león mientras le arrancaba la vida. La feroz lucha continuó en tanto que rodaban por la ladera, pero cesó el instante en que tocaron las ligeras aguas del río Pishambí, donde al fin quedó libre de aquel ser horripilante que, para su total pasmo, transformándose en una blanca y bella paloma voló hacia el cielo.

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