La unión de la obra de Martin Gusinde, las fotografías de Paz Errázuriz y de Leopoldo Pizarro en el Museo Nacional de Bellas Artes, permite celebrar tres formas de mirar a comunidades y territorios que se han transformado, evolucionado, o bien, esvanecido al mismo ritmo en que la fotografía lo ha hecho como lenguaje artístico y como técnica.