Oscensario. Javier Sáez Castán - José Antonio Escrig

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OS CEN SA RIO

JAVIER SÁEZ CASTÁN

JOSÉ ANTONIO ESCRIG

Los autores de estas sentencias fúnebres que aquí comienzan son dos y quieren decir algo no demasiado largo de su andadura, para no quitar espacio a quienes aquí habitan, los muertos. El Oscensario, en cuanto libro, nació como un encargo de la Diputación Provincial de Huesca a Javier Sáez Castán, derivado del proyecto presentado a la convocatoria «Ramón Acín» del año 2023. La necesidad de acompañar la colección de dibujos con otras tantas semblanzas significó un notable trabajo adicional, pero la providencia tiene muchos ases en la manga y sacó el de José Antonio Escrig cuando nadie miraba, sin que los mismos autores (ahora dos) se dieran mucha cuenta de lo que significaba tocar esta pianola a cuatro manos. Pero aprendieron ensayando, pasando muy buenos ratos, en una fecunda sesión de grabación que duró varios meses. Algunos textos son de Escrig y otros de Sáez, pero eso no pasa de ser un accidente o anécdota que los propios autores no siempre recuerdan. Algunos van firmados, otros no. El lector puede preguntarse quién escribió cada cosa y quizás lo descubra. Pero no es asunto importante, ya que los autores se sienten anónimos o pseudónimos, viñadores de última hora, aprendices encaramados a un andamio, absortos en su retablo. Parafraseando lo que se dice en algún sitio: esto no es la Academia; esto es un almanaque. Lectura a salto de mata, cartilla en movimiento. Vd. se sube al libro y se baja en cualquier momento.

El Oscensario es como ese viejo tranvía que va al cementerio, marchando al trantán.

¡Instante hermoso que hermanas a los vivos con los muertos, que los confundes —no se sabe quién está muerto, ni quién vivo— en una misma intensidad de aliento!

(J. R. Jiménez)

Extracto de la memoria presentada a la Diputación de Huesca donde se daba una primera noticia del Oscensario en cuanto colección de dibujos.

Oscensario: neologismo formado por la raíz oscense-, «relativo a Huesca, provincia y ciudad de España, o a sus habitantes», y la terminación -ario, con el significado de «colección o serie de…» (como en bestiario, recetario…).

Con la explicación de esta palabra inventada ya hemos adelantado mucho en dar a entender la causa final de este proyecto, que sería algo así como la colección o censo de los personajes que mejor representan la historia y la cultura oscenses, en número de 150 (CL, por Civitate laurentinae, ‘Ciudad de Lorenzo’, según decisiva aportación de JAE).

¿Y quiénes serían estos oscenses arquetípicos, y quién decretaría su pertenencia al Oscensario? Ardua cuestión que me temo no resolvería ni el sistema democrático (la votación popular) ni el oligárquico (la selección dictada por una comisión de notables). Me acogeré por tanto a mi propio juicio, que, sin ser un método mejor que los otros, servirá para que el pueblo y los especialistas hagan las paces y tengan a quién echar la culpa, discutiendo en abierta tertulia si se echó en falta a alguien. O si estorbaron otros, que igual dará que hablar.

selección de los personajes

La selección de personajes puede ser el mayor aliciente y a la vez el aspecto más controvertido de la propuesta. Cierto que hay algunos indiscutibles que figurarían en cualquier quiniela. ¿Cómo no pensar en San Lorenzo y en San Vicente, patronos de la ciudad, o en el propio Ramón Acín, cuyo nombre es el de esta convocatoria, o en los gigantes y cabezudos de las fiestas? Pues cuando se dice personajes se alude a todos los que se asocian a Huesca y sus pueblos, con independencia de que sean de carne y hueso o de cartón.

Pero al mismo tiempo hay otros menos conocidos y, por ende, cuestionables, con tanto donde hay para elegir. No me preocupa. Como todo seleccionador sabe, lo que decida será discutido en la cocina o en el bar, en el espacio público o en el privado. Y nadie estará de acuerdo en su totalidad, qué se le va a hacer. Pero ¿hay de qué lamentarse? Que se discuta y comente, lejos de ser un problema, será un acicate. Eso sin contar con que la selección servirá para dar a conocer a muchos personajes secundarios y frecuentar más a los principales.

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VIRGEN DEL BURNAO

(siglo xiv) Jaca

Bienvenido, caminante. Entra y acomoda tu espíritu. Durante los siglos xi y xii Jaca se desbordó en varios barrios fuera de sus murallas. Uno de ellos, al noroeste, fue el Burgo Nuevo o Burnao, que recibía a los peregrinos que venían de Francia camino de Santiago. Allí estaba la iglesia de Nuestra Señora del Burnao, donde nos encontramos con esta preciosa talla de la Virgen que, adelantando su pie derecho, parece decir: «Peregrinos, saludad de mi parte al buen Santiago, hermano de Juan». Y el Niño Jesús, en sus brazos, confirma: «Abrazad a Santiago, hijo del trueno, tan fuerte como bueno». En sus manos lleva abierto el Libro de la Vida. ¿Cuál si no? Sin apartarlo de nuestra mirada, damos comienzo a este modesto almanaque, el Oscensario: que por intercesión del otro no sea libro de muertos, sino de vivos.

2 SAN LORENZO (225-258)

Huesca – Roma

Camina por una noche sin sombra este joven diácono. Una luz extraña de verano, próxima al crepúsculo, lo envuelve, de manera que parece casi irreal el conjunto. Va unos pasos por delante, pero le siguen muchos, sin duda. Viste su dalmática, aunque no esté en el altar ni en las catacumbas. El rostro sereno, casi dulce, desconcierta. ¿Aún no ha empezado todo o es que ya terminó? Pasado el tiempo, los hechos se desdibujan, queda la leyenda, lo que se cuenta o se lee. En ella aparece algo adelantado a nuestro encuentro con él en la noche de agosto:

—¿Esta noche, dices? Para mí no es de noche, puesto que veo todas las cosas bañadas de luz, sin sombras ni oscuridad alguna.

El patrón de los oficios guía nuestro desfile como si fuera una lámpara. Comprendemos ahora que es el crepúsculo de la mañana y no el ocaso lo que en realidad acontece, y que empieza con él este libro que vemos abrirse y pasará fugaz ante nuestros ojos. Dichosos los que culminan el camino de la vida en presencia de Dios.

SAN ORENCIO Y SANTA PACIENCIA

(ca. 200 – ca. 250)

Huesca 34

Hay piedras que cuentan historias. En la lonja chica de la catedral de Jaca, el maestro que hizo el sarcófago de doña Sancha contó la historia del papa Sixto II. Lo hizo en un capitel hoy cercano al que muestra el concierto de los músicos del rey David. Fue Sixto II quien llevó a Lorenzo a Roma.

En uno de sus viajes, este papa conoció al muchacho y quiso llevarlo consigo. Sus padres, Orencio y Paciencia, lo entendieron como una bendición del cielo, aunque no se les ocultaba que Lorenzo iniciaba un camino sin regreso y que nunca más volverían a ver con vida a su hijo. Dicha y dolor máximos debieron de juntarse en su pecho, una pasión capaz de hacer llorar a las piedras.

En el capitel de Jaca labrado por el maestro de doña Sancha se recuerda la encomienda a Lorenzo de los bienes y reliquias de la Iglesia. Antes de su martirio, Lorenzo envió a Huesca el Sagrado Cáliz de la Última Cena. Lorenzo pensó en sus padres como custodios y el Cáliz fue protegido durante siglos tras los muros de piedra de los templos del Antiguo Reino.

Lorenzo tenía un hermano llamado Orencio, como su padre. Cuentan que Paciencia los esperaba a diario a la salida de la escuela. En ese lugar, durante siglos, los oscenses siguieron la costumbre de depositar una piedra, un guijarro. El montículo resultante era un recordatorio, un monumento humilde consagrado a la gracia de la tierra natal.

Orencio y Paciencia fueron muy queridos en vida y también después de su muerte. El saber popular encontró un hipocorístico perfecto para sus nombres: oren y paz. Y encima de sus tumbas afloró un gran templo construido con sillares de piedra: el muy querido por los oscenses Santuario de Loreto.

Alcalá de Henares – Alcalá de Henares 5 6

SAN JUSTO Y SAN PASTOR

(297 y 295 – 304)

(Se conservan sus reliquias en San Pedro el Viejo, Huesca)

Justo apenas tenía siete años, Pastor había cumplido nueve. Sabemos que eran hermanos de la romana Complutum, cuyo significado es ‘lugar donde confluye el agua’, que con los siglos

Doña Sancha (20), rey David (92), San Lorenzo (2)

LA MADAMA

Bielsa

Aguarda la Madama a la Tranga con ropas de aspecto virginal, níveas, como de muñeca antigua. Viste con cuerpo de piqué blanco y con mangas almidonadas de organdí. Lleva faldas de raso y todo luce adornado con puntillas y cintas de colores vivos, con joyas y guantes y zapatos cerúleos de tacón, como si fuera a casarse con un soldadito de plomo. Es alegre la Madama y se junta con otras, del brazo, como niñas. Espera y espera. Cuando llega la Tranga, baila con ella, da vueltas sobre las puntas de sus zapatos blancos y el vuelo de su falda anuncia la presencia nueva, sobrevenida, de unas piernas.

La Tranga (48)

La Bella y La Bestia del Valle de Bielsa;

La Bella tan fresca,

La Bestia tan fosca

La Bestia del Valle

La Bella de Bielsa,

La Bestia ¡qué mustia!

La Bella ¡qué fiesta!

LA TRANGA

Bielsa

Mediado el invierno, en pos de la primavera, emerge cada año la Tranga, quimera de cabrón y humano. Vestido con saya basta y camisa de cuadros, la Tranga recorre las calles haciendo un ruido del demonio, pues tiene anudados a las espaldas cencerros grandes como los de buey. En su mano porta una berra con la que espanta, toscamente tallada, y con la que hace visos de herir o de profanar casas. El rostro de este monstruo es negro como la pez y su cornamenta de macho apunta a los cielos enroscándose. No se conoce que la Tranga hable ni pueda hacerlo. Tal vez algún gemido, con la garganta hinchada como un fardacho. Trae pies calzados con abarcas y usa calzas de lana, todo en ella es mitad humano y mitad animal. La bestia hace ademanes por las calles y parece que husmea por las casas como si buscara algo. Suele tener los ojos velados por las pelambres de choto y actúa con ansia, como si cumpliera el dictado de algún juego antiguo. Muestra un rictus indescifrable, siempre con la boca abierta enseñando los dientes. Son de patata.

Qué lo llevó a viajar a Ginebra y meterse en la boca del lobo es cosa que los historiadores discuten. ¿Por qué, Servet?

La imaginación lo supone frente a Calvino un domingo de verano. Calvino es un hombre flaco de carnes y con ojos de pez. Está predicando. Sus palabras sobrevuelan las cabezas de los fieles, graves como un yugo. Gobierna sobre Ginebra y decide sobre la vida de cada ginebrino. El miedo los arropa y hace firmes, se hacen rebaño en silencio.

¿Qué pinta una oveja descarriada aquí? El predicador de los ojos de pez se sobresalta al descubrir en el rebaño un viejo rostro conocido. ¿Serveto? No puede creerlo, se pregunta si es una treta del diablo. Miguel Serveto aquí, al alcance de su mano…

¿Por qué se presentó en Ginebra, cara a cara, frente al antiguo compañero e íntimo enemigo que no dudaría en condenarlo, en decapitarlo, en quemarlo? ¿Era soberbia? ¿Era inocencia? ¿Una mezcla aragonesa de ambas? ¿Era desesperación? Había escapado de la cárcel francesa, donde esperaba muerte y ya había sido quemado en efigie en la hoguera. Hereje para los católicos, hereje para los protestantes, perseguido y rebelde, huía, al parecer, hacia Italia. ¿Por qué entonces acudir a esta iglesia suiza, por qué presentarse este domingo de agosto, cuando crece el grano del avellano, ante los ojos del gobernante de los ojos de pez?

Acudamos a los textos. Esto dejó escrito un tiempo antes en una de sus cartas a Melanchton:

«Dios sabe que mi conciencia ha sido limpia en todo lo que he escrito, aunque tú quizás pienses lo contrario por mis crudas palabras. Si en tu espíritu hay miedo, tinieblas o confusión, no podrás juzgar el mío con claridad, y aunque me sepas equivocado en algo, no por eso me debes condenar en todo lo demás. Si así fuera, no habría mortal que no debiera ser mil veces quemado. Propia de la condición humana es esta enfermedad de creer a los demás impostores e impíos, no a nosotros mismos, porque nadie reconoce sus propios errores. Me parece grave matar a un hombre sólo porque en alguna cuestión de interpretar la Escritura esté en un error, sabiendo que también los más doctos caen en él. Y bien sabes tú que yo no defiendo mis ideas tan irracionalmente que se me haya de rechazar así».

Diablo (del retablo de la leyenda de San Miguel, del Maestro de Arguis) (s.n.)

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VINCENCIO JUAN DE LASTANOSA

(1607 – 1684)

Huesca – Huesca

¿Con cuántos más compararíamos a este Ciudadano Kane del siglo xvii? Las reducciones de la historiografía sugieren una clasificación de los hombres ilustres en distintas especies: el erudito, el escritor, el militar, el coleccionista, el mecenas… lo que sea. Pero las oposiciones que desembocan en un cargo son una cosa, y la curiosidad infinita otra. Vincencio Juan quiso saberlo todo y fue conocido por todos. Fue dueño de un colmillo de elefante ricamente labrado que perteneció a algún Rey del Japón y, como el Kubla Khan de Coleridge, «ordenó levantar un majestuoso palacio». Esa magnificencia del palacio cuyos jardines guardaban estatuas y fuentes ocultas “para remojar a las damas” dio lugar a un dicho que hace mucho tiempo se desvaneció del habla popular:

Quien no ha visto la casa de Lastanosa, no ha visto cosa.

Sobre sus ruinas verdea el actual parque Miguel Servet.

Miguel Servet y Conesa (53)

de la tradición. Venía de Esopo, de Rabelais, de Cervantes, y su nombre era Pedro. Le decían Pedro Saputo.

Pedro Saputo (148)

DOLORES CABRERA Y HEREDIA

(1828 – 1899)

Tamarite de Litera – Zaragoza

Como hija de militar, cambió de destinos en su infancia: Tamarite de Litera, Calatayud, Pamplona, Madrid, Jaca Desde muy temprano, fue asidua en la prensa del momento: La Velada, Brisas de Cuba, Educación Pintoresca, El Correo de la moda, Las hijas de Eva y un largo etcétera Como esposa de militar, siguió viajando por la península: Valencia, Granada, Zaragoza Miembro de la Hermandad Lírica, un círculo de imaginación

Gozó de reconocimiento público y crítico

Abundó en figuras de la época: la naturaleza anímica, las ruinas, los vendavales, los espectros

Público su poemario Las violetas (flores evocadoras) en 1850

Poemas idílicos, dedicados a los seres queridos

Saludó a las golondrinas cuyas hijas vio Bécquer, y luego

Consuelo, la santera del Viñedo, cada primavera en la ermita

Volved, volved a nuestra Europa aves graciosas que vagando vais; volved, volved, aérea y linda tropa, que de nidos sus árboles pobláis.

Aérea y linda tropa… Perdió la vista

Como vela que se apaga, esta alma ardiente y delicada marchó del mundo ciega.

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VICENTE CASTRO LES

(1869 – 1946)

Ayerbe – Madrid

«Chufla, chufla, que como no te apartes tú…». ¿Quién recuerda con una sonrisa la película de Florián Rey y la escena del burro? Me temo que muy pocos… quienes esto

Consuelo Miranda Añaños (112)

Conoce, como farmacéutico, la importancia del orden. Planear, abastecerse, clasificar. Como artista de la provincia, quiso dejar un atlas de ella, un registro población por población, de valle a valle. El paso incómodo de la pintura a la fotografía obligaba a cargar con la pesada cámara, acompañarse de ayudantes, recorrer los caminos con una mula.

Baja la mirada porque la luz resulta demasiado molesta para sus ojos. Pasea en esta solana acompañado por otros, pero no repara en ellos. ¿Tal vez se pregunta ahora, en esta larga excursión, qué pretendió en aquéllas, si retratar el pasado, si resucitar su alma?

Es difícil pensar en el carasol, cuesta aislarse de él y mirar hacia dentro. La fotografía siempre mira hacia adelante, aunque parezca lo contrario. Por más que se actúe en ella, por más que se disponga el escenario para la representación, siempre apunta al porvenir, la luz empuja hacia adelante y escapa de los propósitos iniciales. El tiempo difuminará lo accesorio y se quedará con la simiente plantada a voleo. El tiempo revelará cosas por suceder, el espectador saldrá al encuentro de lo que fue visto por otros ojos y lo hospedará en su casa como a un viajero extraviado, como a un prójimo. ¿Qué será de su atlas de fantasmas del Pirineo? Montañas, templos, casas, objetos, personas… Niños, animales, faenas, charlas, bodas… Humanos representando a humanos, gentes danzando, gigantes, entierros… Una trama lejana e irrepetible, pujando por aparecer. «¿A cuento de qué tanta luz?», se pregunta nuevamente el fotógrafo, y vuelve a llevarse el cuenco de la mano a la frente. «Con tanta luz uno no puede, se necesita menos».

¿Quién no recuerda La casa de las novelas? En memoria de ese benemérito establecimiento, le ofrecemos este retablo, posada para novelas simples y laberinto o parque para otras cruzadas.

¡Emoción! ¿Intriga? Poesía… Deslícese de una novela a otra con ayuda de su parapegma.

La Confianza no da asco sino todo lo contrario. La Confianza de Osca: un ultramarinos legendario.

RAMÓN ACÍN AQUILUÉ

(1888 – 1936)

Huesca – Huesca

Los críos corren, arrastrando los pies por la gravilla, empujando a otros críos que también empujan para ver el teatro guiñol. ¿Qué ocurrirá hoy? Seguramente Gorgorito le dará unos estacazos a la bruja, muy merecidos. Pero eso hay que verlo con el alma en vilo, por si sucede de otra manera. Mientras se apretujan unos contra otros frente al alto escenario y empieza la función, no se fijan en las aquilinas cabezas que sobresalen tras la tramoya. Ha pasado un hada o un duende y ha cambiado el tamaño de las cosas: Gorgorito y la bruja cabrían en una maleta. Pero esas raras aves o dragones geométricos son… lo que parecen: pajaritas crecidas, habitantes de un reino pedagógico de sobremesa, convertidas en guardianas tutelares de la infancia. Han pasado cuarenta o cincuenta años. En realidad, ¿qué más da? Abrumados por su propio peso, los años se vuelven paladas de tierra. Y, sin embargo, hay un frescor de hojarasca mojada y boj en el parque. La memoria no entiende de días ni de años; no se asoma al pasado, sino a lo eterno. Bajo ese cielo,

95 DANIEL MONTORIO FAJO

(1904 – 1982)

Huesca – Madrid

«Orfeo versátil» – «Maestro Montorio»

Fenómeno de precocidad, fecundidad y entrega en el trabajo

Niñez laboriosa: repartidor de periódicos, miembro de la banda municipal, pianista de cine mudo en el Palacio de la Luz (techo de lona, público viendo películas con paraguas)

Juventud completa: más cine, miembro de una jazz-band, organista en la catedral (todos los confines humanos)

Carrera brillante en el Conservatorio de Madrid

Trabajos en la capital: casinos, cabarets, teatro

Miembro de una orquestina al servicio del rey y de la República Zarzuelas, óperas flamencas, música para el cine sonoro Música para el Himno de Huesca Éxitos populares que dejaban sin aliento «Soy minero» Giras americanas, grabaciones mil Marina, La verbena de la Paloma, Gigantes y cabezudos, La Corte de Faraón

Una vida para la música, sin descanso.

96 ENRIQUE CAPELLA SANAGUSTÍN

(1906 – 1982)

Huesca – Huesca

«Allepac»

Escritor de mil coplas y romances, cuentos, definiciones y jotas de picadillo

Instrumentista de pulso y púa

Pescador

Hijo del fundador de la Rondalla Sertoriana, ingresó en ella siendo un niño

Acompañante fiel de joteros en Radio Huesca

Letrista del himno oscense del Maestro Montorio:

Tres cosas tiene mi Huesca / que admiran propios y extraños: / San Lorenzo y sus danzantes/ y para mayor grandeza / el «Cristo de los Milagros»

Y poco antes de esto (y para siempre): ¡Que Huesca no sabe reblar!

Daniel Montorio Fajo (95), San Lorenzo (2), mayoral del dance de Huesca (50)

EL CUCHARERO

Aquí ¿Siempre?

[…] Hoy traemos a cuento al cucharero. De entre todos los artilugios que el hombre ha forjado, ninguno como la cuchara viene a resumir la naturaleza de su artífice: a medio camino entre la boca y la mano, comunica las cavidades donde se incuban el arte y la palabra.

La cuchara presupone el caldero; y el caldero, el fuego y el hierro. Compendia la civilización y la exige, como la única batuta capaz de dirigir el no siempre factible concierto humano. Se sabe con certeza que Robinson Crusoe, en la soledad de su retiro isleño, se lamentó sobre todo de «no poder comer de cuchara».

La cuchara es amable y conciliadora. Alecciona al potaje y la sopa, los amaestra, los conduce a la boca templados y dosificados, silenciando (¡no siempre, ojo!) el áspero sorbido.

La cuchara es mansa, hogareña. No es susceptible de violencias; jamás se oyó hablar de alguien que muriera a cucharazos (el tenedor vino mucho más tarde, como una mano canija y en cierto modo cainita, de oficios rapaces). 107

La cuchara merece un 10 y en cierto modo es un 10: nótese el mango largo, positivo, la esencia viva del uno. Y la cavidad redonda, la imagen del vacío que el cero ha sabido asumir.

La cuchara es maestra de civilización, instrumento capaz de instaurar mundos. Pero que se sepa, su inventor fue un pastor. ¿La causa de la causa? El pastor tiene tiempo. Anhela la humana compañía, sueña con ella, se imagina a sí mismo tomando sopa. Y es chisme pequeño, que no requiere banco ni aparejo.

La cuchara de plata es caso aparte, algo así como la aristocracia de su género. Pertenece a la selecta categoría de las propiedades portátiles, aquellas de las que echaremos mano en caso de huida repentina (incendio, guerra) o necesidad (casa de empeños).

En el Alto Aragón la cuchara se ha hecho siempre de boj o buxo. La madera de este arbusto es muy dura y su porte pequeño, tanto que se diría que «no da para más». Pero que nadie menosprecie a la mata por su tamaño, ni al instrumento. El título de la cuchara es alto, su divisa, de las más nobles: Dar de comer al hambriento.

(Del Diccionario antropológico de minucias, de L. Crespo)

Comemos con cuchara:

Recao de Binéfar

Sopas de ajo somontanas

Sopa belsetana

Sopa de pastor

Judías caparronas de Monzón con pollo

Lentejas de Centenero guisadas

Boliches del Pilar

Migas ahogadas de Bailo

Garbanzos en salsa

¡Y natillas!

¡Casi nada!

Si en Roma somos romanos, en Osca somos hermanos, garbanzos de una gran Hoya/olla, cocida en los Somontanos.

PABLO CASTÁN CABRERO

(1900 – 1970)

Casbas – Valencia

MARÍA BUISÁN BERNAD

(1901 – 1997)

Fanlo – Valencia

A mi abuelo lo recuerdo como un hombre callado. Pese a lo cual, tenía un periquito, al que intentaba enseñar alguna palabra. No recuerdo si lo consiguió. Mi abuela solía decir que la trajo el siglo. De ella puedo contar que conservó una larga cabellera hasta edad avanzada; que antes de dormir la soltaba y la peinaba como si repasara la cuenta de lo vivido en sus largos años, y a la mañana la volvía a recoger en un moño, acompasando así el curso de los días.

Mis abuelos nacieron respectivamente en tierras del Somontano y Sobrarbe, pero los avatares del siglo los llevaron lejos, primero a Barcelona y luego a la remota Sanabria, en Zamora. A muchos paisanos suyos les pasó otro tanto, dejando los pueblos medio vacíos: por el Gállego, por el Alcanadre… Igual que

los ríos fluyen, camino de la mar. Mi abuelo trabajó en obras públicas, haciendo túneles y embalses. Pero no es posible embalsar un río por siempre. Es esta necesidad del río la que nos empuja a seguir adelante, «sin reblar». Lo más que nos corresponde es indagar con qué fin y por qué, salvando la distancia entre la libertad y el destino.

Zamora, Benagéber, Domeño, Calles… Al fin llegaron a Valencia y allí se quedaron hasta el final, no muy lejos del mar.

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CABEZA IBÉRICA

DEL MUSEO DE HUESCA (300 a. C.)

Huesca

¿Qué nos traslada esta imponente cabeza de piedra que viene rodando desde una antigüedad varias veces rota y remota? ¿A qué esa extremada circunferencia por contorno, como inspirada en una muela de molino? ¿Dónde hemos visto antes ese rostro romo y adolorido, incapaz de enfrentar una sola pregunta? Y esa boca fofa y abierta, sin respuestas, ¿sirvió de fuente ornamental,

JSC

de buzón de correos, embaucó a muchas moscas? A falta de respuestas claras sobre su origen, invertimos la causalidad histórica y afirmamos su derivación, proclamándolo padre de todos los cabezudos: el Protocabezudo.

Desde esta conjetura, salimos del museo y lo vemos reaparecer remontando la cuesta, investido en el papel de maestro de ceremonias, encabezando la comparsa como oficiante o mayoral de los cabezudos, al son de la gaita. Cómo no marchar tras él, recordando alguna clase de danza giróvaga: nuestros pies corren por su cuenta y le seguimos, como los ratones al flautista del cuento, con el Isuela retornando a su fuente, adentrándonos en una antigüedad remota, cada vez más remota… Al fondo del túnel, esa redondez pétrea confiesa al fin el arcano culto de la rueda: la falacia circular, el retorno idolátrico de un pasado que no cesa.

Comparsa de cabezudos de Huesca (40-42)

RUEDAS. El llamado Protocabezudo parece afirmar la peligrosa idolatría del eterno retorno desde una curva lejana, al fondo de los siglos || San Vicente Mártir padeció martirio y después fue arrojado al río atado a una rueda de molino || Ramiro el Monje se valió de una geometría bárbara y rotunda para exponer su drástico modo de entender monarquía y vasallaje || Pedro Alfonso y luego Artiga se han asomado a las órbitas celestes para considerar nuestra vida aquí abajo, a la luz de esas perfecciones || ¿Y qué es al fin todo este ruidoso Oscensario, sino una máquina de ruedas que baila al compás de las esferas?

¡Cabalga, Oscensario fragoso, a lomos de esta recua de leones, que un pastor más verde que verdoso, conduce con buen tino por el fértil labrado fragatino!

Y tú, lector que viajas a su lado, que atisbas por encima de su hombro, (Atis se llama el verde enamorado)

¡Qué afortunado eres, por compartir el carro de Cibeles!

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DIOS ATIS

(siglo iv)

Villa Fortunatus (Fraga)

¿En qué piensa este pastor callado, con su gorro frigio y la mano en la barbilla? Cruza las piernas absorto y escruta algo que nosotros no podemos ver. «¡Se ha quedado de piedra!», decimos ahora cuando queremos referirnos a una revelación paralizante. Los antiguos sabían mucho de esto, sus historias estaban llenas de transformaciones súbitas que cambiaban la substancia de los seres. ¿Y los barrocos? Los barrocos hacían más bien lo contrario, según se mire, y es que partían de la piedra para recrear esas historias, para que lo inerte obrara el prodigio de la confusión y pareciera vida a punto de moverse, congelada en el movimiento (en la médula del movimiento, cabría decir incluso).

Pero este pastor parece tranquilo, no es del género espantoso ni aparatoso su proceso de petrificación. Sabemos por los libros que nació en Turquía y viajó a Grecia y luego llegó a Roma, y con ella se extendió por todos los extremos del Imperio. Atis, el conductor del carro tirado por leones de la diosa Cibeles, un

A

Abadías y Santolaria, León (82)

Abarca de Bolea, Ana Francisca (68)

Acín Aquilué, Ramón (85)

Adán (de la catedral de Huesca) (140)

Agüeleta, La (cabezudo) (39)

Agüelo, El (cabezudo) (40)

Agutí de Azara (Dasyprocta azarae) (145)

Albasini Laucas, Rodolfo (86)

Alfonso I el Batallador (24)

Alfonso I el Batallador (gigante) (46)

Alfonso II (27)

Alodia, Santa (10)

Always, Julieta (Juliana Mariana Juana Aguilar Cosculluela) (87)

Ara Torell, Miguel (126)

Aranda, Pedro Pablo Abarca de Bolea y Ximénez de Urrea, conde de (29)

Arco y Garay, Ricardo del (60)

Argensola, Bartolomé Juan Leonardo de (66)

Argensola, Lupercio Leonardo de (65)

Arjó Pérez, Rosa (124)

Arrudi Urieta, Fermín (‘el gigante de Sallent’) (118)

Artiga, Francisco de (80)

Atarés, Juan de (8)

Atis (de Villa Fortunatus, ahora en el Museo de Huesca) (139)

Ayerbe Santolaria, Rafael (128)

Azara y Perera, Félix de (55)

B

Bardají Mas, Teodoro (123)

Bello, ‘Pepín’ (José Bello Lasierra) (74)

Beulas Recasens, José (88)

Bielsa y Latre, Mariano (‘el andarín de Berbegal’) (116)

Boix Cosials, Aurelio (17)

Boyl, Bernardo (13)

Buetas, Francisco (114)

Buisán Bernad, María (137)

Burgasé Artero, Eduardo (102)

Burgasé Artero, Pedro Antonio (101)

C

Cabeza ibérica (del Museo de Huesca) (138)

Cabrera y Heredia, Dolores (70)

Calasanz Abadía, Daniel (111)

Calixto (37)

Callaved Gastón, Maruja (127)

‘Camilo’ (oso) (147)

Campaña Usón, Gregorio (119)

Campo Guiral, María Ángeles (conocida como Angelines) (64)

Campo Palacio, Vicente (34)

Capella Sanagustín, Enrique (96)

Capitán Inglán, Vicente (‘Pierretes’) (98)

Cardedera y Solano, Valentín (81)

Cardús Llanas, José, Dr. (62)

Castán Cabrero, Pablo (136)

Castro Les, Vicente (71)

Ceferino Giménez, ‘el Pelé’, San (16)

Chesa (gigante) (43)

Cierva (de Sertorio) (143)

Ciprés, Gregoria (105)

Coll y Altabás, Manuel María (33)

Compairé Escartín, Ricardo (84)

Coscolla Plana, Felipe (83)

Costa Martínez, Joaquín (32)

Cucharero (anónimo) (107)

D

David, rey (de la catedral de Jaca) (92)

Diablo (del retablo de San Miguel)

E

Eva (de la catedral de Huesca) (141)

F

Ferraz y Barrau, Valentín (31)

Fleta, Miguel (Miguel Burro Fleta) (94)

Florences Gili, José (‘el gran Florences’) (120)

Foz y Burges, Braulio (69)

Fragatina (gigante) (44)

G

Gallitigre (146)

García Bragado, Franco, Dr. (61)

Gardeta y Cornel, Fidela (93)

Gascón Pueyo, Pilar (103)

Gracia Salillas, Camila (104)

Gracián y Morales, Baltasar (67)

H

Huesca, alegoría de (según Artiga) (149)

J

José de Calasanz, San (14)

Josemaría Escrivá de Balaguer, San (18)

Julio Alejandro (Julio Alejandro de Castro Cardús) (75)

Justo, San (5)

L

Lana Muro, Sixto (‘El Rey’) (97)

Lapetra Coarasa, Carlos (130)

Lastanosa, Vincencio Juan de (54)

León (de la silla de San Ramón) (144)

Lizana Salafranca, Joaquín (131)

López Novoa, Saturnino (15)

Lorenzo, San (2)

M

Madama de Bielsa (47)

Maestro de Arguis (79)

Maestro de Grañén (78)

Mairal del dance de Barluenga (49)

Mallada y Pueyo, Lucas (57)

Marcelino (‘El payaso Marcelino’) (122)

‘Marieta’ (María Dolores Pérez Barón) (132)

Mayoral del dance de Huesca (50)

Méndez Coarasa, Veremundo (72)

Mercurio (38)

Miranda Añaños, Consuelo (‘la santera del Viñedo’) (112)

Monroset Guillén, Irene (63)

Montorio Fajo, Daniel, maestro (95)

Moza de Fraga (según Viladrich) (108)

Moza de Sallent (según Compairé) (109)

N

Negrito, El (cabezudo) (42)

Noguero Bernad, Pelayo (de Casa Garcés) (113)

Nunilo, Santa (11)

O

Orbés Casanova, Isidro Marcelino (121)

Orencio, San (3)

Orosia, Santa (12)

P

Paciencia, Santa (4)

Pagés Miravé, Fidel, Dr. (59)

Pastor, San (6)

‘Pataticas’ (133)

Pedro Alfonso (52)

Pedro I (23)

Pedro I (gigante) (45)

Pedro II (28)

Pedro Saputo (148)

Perceval (35)

Petronila de Aragón (26)

Puyó Navarro, Jorge (110)

Q

Quinto Sertorio (19)

R

Ramiro I (20)

Ramiro II el Monje (25)

Ramón Palacio, Teresa (77)

Ramón y Cajal, Santiago (58)

Rayers Sam (129)

Ricardos y Carrillo de Albornoz, Antonio Ramón, general (30)

Ríos Angüeso, Julio (125)

Rodrigo Gabarre, José (106)

Roldán (36)

Romano de la Semana Santa (51)

Russell-Killough, Henry-Patrice-Marie (117)

S

Doña Sancha (de Aragón) (20)

Sancho Ramírez (22)

Santiago Apóstol como peregrino (de la catedral de Huesca) (150)

Sarvisé Laiglesia, María Cruz (89)

Saura Atarés, Antonio (90)

Saura Atarés, Carlos (91)

Sender Garcés, Ramón José (73)

Señorito, El (cabezudo) (41)

Serena, Tía (115)

Serrate Mayoral, Simeón (99)

Servet, Miguel (Miguel Serveto y Conesa) (53)

Sessé y Lacasta, Martín de (56)

Susín Escartín, Emilio (100)

T

‘Tachón’ (María Presentación Martínez) (135)

Tomeo Estallo, Javier (76)

‘Tordocop’ (142)

Toribio (134)

Tranga de Bielsa (48)

U

Úrbez, San (9)

V

Vicente Mártir, San (7)

Virgen del Burnao (1)

Es el almanaque juguete o artefacto de fácil manejo, que no asusta al niño ni enfada al sabio que, benignamente, lo dejará a un lado para entregarse a lecturas más sustanciosas, o que lo tomará de nuevo, a sabiendas de que ese entretenimiento pacífico y ligero ha sido bendecido con el nombre de una virtud: la eutrapelia. Para el lector común será ocasión de recreo, con el aprovechamiento servido por sus numerosas citas y consejas. «Somos enanos a hombros de gigantes», recordó Juan de Salisbury en su Metalogicon, citando a Bernardo de Chartres. Y el almanaque procede así, como un alocado cabezudo montado a la grupa de un gigante, dichoso de cabalgar en el conocimiento que nos legaron los sabios, sin renunciar por ello a su naturaleza bulliciosa e infantil. Recuerda, orienta, edifica, refiere… Confía en acompañar; entretiene. Si se hace pesado, se deja a un lado. Si nos falta, se añora. Qué leve la hora se nos pasa, a su vera: en la calle, en lectura ligera, paseando por la acera. O en casa, después de la cena, en amena velada, o en el sosiego soñoliento de la cama.

vEl Oscensario es un almanaque el doble de alto que de largo.

Nos ha salido retablo de novelas y campanario llamando a completas.

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