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OPINIÓN

23 Por Luis Miguel Gisbert

La ciencia infusa El enfermo mental tiene ante sí el reto de desenmascarar su perturbación mental y de tejer, poco a poco, en la medida de lo posible, con su ciencia infusa, es decir, consigo mismo, el camino de su mente trabajada y limpia. El trabajo es una lucha continua, pues la persona enferma mental puede oír voces en sí mismo, o tener alucinaciones de sus propias ideas y de lo que es capaz de hacer o de lo que oye o ve de lo que piensa de sus semejantes. La ciencia infusa, es decir, crear dentro de uno la ciencia que le proporcione el cultivo de su comportamiento, de sus aficiones, de sus hábitos, de hacer realidad sus metas y sus ilusiones, ha sido a través de la historia una actitud digna de los mejores logros. El enfermo mental tiene con ella la oportunidad de crear dentro de sí un mundo que su soledad y la enfermedad mental le ponen como caldo de cultivo, teniendo en cuenta que con la creación de la ciencia en uno mismo uno puede estar equivocado total o parcialmente, sin embargo hay que crear la autoestima, la necesidad de salir adelante y superar o desestigmatizar las barreras, para tener el valor aunque realmente uno tiene, reclamando su libertad, su progreso, sus derechos y sus deberes y realzando sus valores. El complemento de la ciencia infusa, de uno mismo, es el compartir y acercarse a los demás, saber elegir las compañías, sin caer en los problemas de las apariencias, sin ser más que nadie, sin caer en los errores del dinero y la lujuria, y sin molestar a los demás, pensando que la creación de las relaciones de amistad en los demás y en uno mismo son otro caldo de cultivo en que poder educarnos, sabiendo donde están nuestros límites y los de los demás, para entre todos tejernos a nosotros mismos y entre lazar los afectos que componen la sociedad. Luis Miguel Gisbert

Cárcel y libertad. La felicidad de las costumbres Preso de mis costumbres en la Unidad Polivalente den Centro Dr. Esquerdo, ansío una búsqueda de responsabilidad mayor, libertad y dignidad en un régimen laboral o la autosuficiencia en una vivienda, aunque conozco que la libertad mental que dan unas costumbres felices también es un estado de sentirse preso en otras personas, donde la imaginación juega malas pasadas en un status cariñoso y solvente, víctima la persona de su cotidianidad que, tendente a lo maleable, al no oponerse resistencia en la convivencia social, trabajadora y suficientemente valorada en su realización, en la soledad y la ternura se malea y se desmorona, presa la persona de la alucinación de este mundo. Lo que se aprende es que en un ambiente distinto a este centro, en el caso de mi autonomía, se tendría que realzar este status resistente, resolvedor de problemas, llenarlo con socialidad suficiente, aprendizaje de las técnicas de supervivencia necesarias (higiene, limpieza del hogar, cocina, relación ratos de trabajo o estudio con ratos de ocio), aunque estaría preso también de mí mismo, de mis relaciones y de mi status; solucionarlo con un manejo de la maleabilidad y la tornabilidad de mi independencia que me permitan encauzar una serie de valores, unos que ya conozco y otros que están por conocer, que favorezcan mi dignidad y me impidan caer en ese alejamiento de la realidad que suponen los defectos de mí mismo y los que poseen la humanidad y, en general, la naturaleza de las cosas hacia las que nos inclinamos y ante las que, por no entender su verdadero significado, nos caemos en un precipicio o en un abismo en el que, por repetitivo y nosotros, por consecuentes, tenemos que encontrar una salida o salir de él antes que la caída sea irremediable. El preso que soy y en que, por tanto, me voy a convertir, por el deseo de vivir en este mundo, realizarme, y por la naturaleza de éste, sólo tiene una salida para su libertad, y es salir de él, pero sin abandonar, ni la traición del suicidio, y este paso es el contacto con el mundo del más allá, que es la fé, que se puede abordar para mejorar y trascender las relaciones con este mundo y dotarlas de libertad mayor y mejor condición, pero no deja de provocarnos alucinaciones y delirios en las malas condiciones en que se encuentra nuestra sociedad y nuestros compañeros de naturaleza, sin embargo, esta fe, nos lleva a un entendimiento que nos libera, nos da esperanza y nos ayuda a revelarnos ante los problemas y ante nuestros demás hermanos, lo cual supone caridad de rectificación ante los defectos y las cadenas que nos obstaculizan los caminos por los que debemos y queremos circular o llegar a una meta o nuestro destino. Compaginar cárcel y libertad para anhelar salvar obstáculos nos llena de propósitos con los que se puede entretejer una vida mejor. Luis Miguel Gisbert

Papyrus número 50  

es Revista del Centro Doctor Esquerdo nº50

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