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Suplemento sabatino de arte, literatura y sociedad

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SÁBADO 23 DE JUNIO DE 2012. AÑO III.

LO LLAMAMOS DESTINO UNA ENTREVISTA A JOSÉ SARAMAGO Y UN DEBATE ESCRITO CON MISAEL PALMA POR SILVIA LEMUS

Cuatro grandes de la plástica

Los gatos de Monsiváis

Pocas veces se han reunido artistas chiapanecos con gran trayectoria como los que participan en la muestra plástica titulada “4G+B”, inaugurada el pasado 15 de junio en la Sala de Exposiciones Temporales del Museo Regional de Chiapas

Desde el fallecimiento de Carlos Monsiváis, tres versiones han corrido sobre el destino de sus 13 gatos: la del sacrificio, que fueron donados a un albergue y finalmente que fueron regalados a distintos dueños, destacaba un reportero del diario El Economista en junio de 2010.

Chary Gumeta

Ángel Yuing

pág.-2

pág.-7

La Máquina Hamlet Mira que en la vida pueden existir muchos silencios, infinidad de tiempos construidos a fuerza de mutismos involuntarios. Pero este silencio va mas allá de todo candado, de todo aliento reprimido, este silencio es por tu partida, por esa palabra que ahora al parecer no tiene valor. Marcelino Champo

pág.-8


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Péndulo de Chiapas | Sábado 23.06.2012

Rayuela

pendulodechiapas.com.mx

CORTOL ETRAJE

DIRECTORIO Noé Farrera Morales

DIRECTOR GENERAL PÉNDULO DE CHIAPAS

Diego no conocía la mar.

Noé Juan Farrera Garzón

El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.

DIRECTOR EDITORIAL PÉNDULO DE CHIAPAS

Viajaron al sur.

Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.

Ángel Yuing Sánchez

COORDINADOR Y EDITOR RAYUELA

Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló

Misael Palma, César Trujillo, Ornán Gómez, Marcelino Champo, Pascual Yuing, Chary Gumeta, Gely Pacheco, Gamaliel Sánchez Salinas, Juan Carlos Recinos.

ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.

Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando,

CONSEJO EDITORIAL

pidió a su padre:

Paolo Renato López

EDITOR FOTOGRÁFICO

-¡Ayúdame a mirar!

Enrique Ríos

La función del arte Eduardo Galeano

DISEÑO EDITORIAL

Javier Ríos Jonapá

PRODUCCIÓN E IMPRESIÓN

LEGALES Rayuela, suplemento de arte, literatura y sociedad del periódico Péndulo de Chiapas, No. 167. Año III, sábado 23 de junio de 2012. Impreso en 13 Poniente Norte Núm. 639, colonia Magueyito. Código Postal 29000, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México. Teléfono (961) 61 24529. Se prohíbe la reproducción total o parcial de los contenidos sin el consentimiento expreso de sus autores. La redacción no responde por originales no solicitados. Los contenidos, así como parte de los títulos y subtítulos son responsabilidad exclusiva de quien los firma y no representan necesariamente el punto de vista del periódico Péndulo de Chiapas. Correspondencia: rayuela@pendulodechiapas.com.mx

P

ocas veces se han reunido artistas chia-

CUATRO GRANDES DE LA PLÁSTICA En cada una de las obras de los homenajeados res de esta capital como es el “Mactumaczá”

panecos con gran trayectoria como los se encuentra plasmado su toque mágico y per-

y sus alrededores; los retratos son parte de su

que participan en la muestra plástica sonal que los diferencia uno de otro.

prolifero trabajo donde muestra sus dotes de

titulada “4G+B”, inaugurada el pasa-

creador.

Las piezas de Luís Alaminos, con sus diver-

do 15 de junio en la Sala de Exposiciones Tem-

sos temas contienen esos colores fuertes muy La presentación de esta muestra estuvo a car-

porales del Museo Regional de Chiapas

propios de su personalidad artística.

go de Rafael Araujo, Manuel Cunjamá, Linda

El evento fue organizado para rendir un mere-

Los gravados de Ramiro Jiménez son un pa-

Esquinca y Alejandro Tovalin, quienes com-

cido homenaje a quienes fueran galardonados, trimonio para Chiapas, pues en ellos muestra

partieron con el público anécdotas de su con-

en distintas épocas, con el Premio Chiapas.

vivencia con estos personajes.

las diferentes etnias y costumbres de esta enti-

Los maestros participantes en esta exhibición dad. Por su maravilloso trabajo en la gráfica es En la inauguración y corte de listón participason Luis Alaminos Guerrero, Ramiro Jiménez considerado uno de los máximos exponentes ron las señoras Reynalda Chacón de Jiménez, Pozo, Héctor Ventura Cruz y Oscar Vázquez en esta técnica.

Martha Arévalo de Alaminos, Violeta Monte-

Gómez, acompañados de obras de los artis-

Los óleos de Oscar Vázquez son maravillosos ro de Vázquez y Teresita de Ventura esposas

tas Rafael Araujo, Roberto de la Cruz, San-

testimonios de la vida cotidiana, en ellos re-

de los homenajeados.

dra Díaz, Sebastián Sántiz y Bernardo García gistra artísticamente el paisaje y los persona“Beni”, integrantes del colectivo “Lugar de jes locales. Brujos”, quienes hicieron posible esta magni-

Las viñetas y retratos de Héctor Ventura son

fica muestra.

dignos de admirarse, en ellos plasma luga-

Chary Gumeta


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Rayuela

pendulodechiapas.com.mx LO LLAMAMOS DESTINO

UNA ENTREVISTA A

JOSÉ SARAMAGO

M

isael Palma señala que aprovechó esta entrevista a Saramago, para debatir algunas virtudes que se han creído encontrar en el campo político a Saramago; confundiéndose activismo verbal con militancia política. Advierte sin embargo que aprecia su técnica y su obra literaria. Saramago:-"En estos momentos me interesa mucho más el individuo, el individuo que está ahí, que es un igual a mí en el sentido de que ambos somos seres humanos, y que está ahí en la calle, y que pasa, y tengo necesidad de saber quién es él, y volvemos a lo mismo: ¿quién es el otro?”. Misael Palma:-No es el individuo de la calle lo que nos debe interesar a secas. En estos momentos tenemos prioridad de organizarnos con los trabajadores. No todos los “individuos” son iguales a mí o a nosotros los trabajadores, por ejemplo, Mario Marín, Ulises Ruíz, Mario Aburto… no son iguales a mí ni a la mayoría inmensa de la clase trabajadora. No todas las personas alcanzan la categoría de humanos. Me niego a asegurar que Bush, Pinochet… sean humanos, son personas. Su última novela, El hombre duplicado, nos hace pensar en nuestra dualidad como seres humanos. Todos tenemos un yo interno idéntico a nosotros mismos y, al mismo tiempo, distinto de nosotros. Saramago: -“Antes que nada, soy José Saramago, soy escritor y soy portugués. Ahora bien, respondiendo a tu pregunta, yo no lo llamaría, en todo caso, una dualidad, más bien una multiplicidad. Creo que nos hemos puesto de acuerdo en los últimos tiempos en que el yo no existe, no hay nada de constante, de permanente. La vida de cada uno de nosotros es lo que se puede llamar yo si eso no existiera en cada circunstancia y en cada momento de la vida —en la juventud,

Y UN DEBATE ESCRITO CON MISAEL PALMA POR SILVIA LEMUS

en la edad madura, en la vejez, siempre habría algo intacto, inmutado, que sería el yo. Misael Palma: -En nuestra vida social, gregaria, hay una multiplicidad de circunstancias, de acuerdo. Nos influimos, nos reducamos. Saramago se refiere al cambio, a la dialéctica, (solo es eterno el movimiento, el cambio). Aunque no se atreva a llamar a la dialéctica por su nombre, al menos en este fragmento de respuesta anterior. Sin embargo, hay rasgos en nosotros que constituyen el yo temporal, por ejemplo, el cuidado y aseo de mis partes íntimas, mis recuerdos, mis afectos personales, mi cepillo de dientes, los hechos que guardo para no herir a otros con menos comprensión, etc. Aún por encima de

la colectividad, es necesario conservar por ahora ciertos rasgos de individualidad. Habrá un margen de libertad individual aún en el sistema social más desarrollado y colectivo. “Creo que está claro incluso en la obra de unos cuantos autores, y ahora estoy pensando particularmente en Fernando Pessoa, con la creación de una pluralidad de poetas que transportaba dentro y que se expresan de modo distinto para decir cosas distintas, hasta el punto de que a veces uno no sabe muy bien qué es lo que pensaba Fernando Pessoa; sabemos muy claramente qué es lo que pensaban y cómo expresaban lo que pensaban Ricardo Reis, Álvaro de Campos, Alberto Caeiro, Bernardo Soares y Fernando Pessoa. El, Fernando Pessoa, la persona en sí, se

queda retrasada; lo que aparece en primer lugar son los otros, para decirlo así, el yo. Ocurre esto: aunque no tengamos la conciencia muy clara de qué es ser así, lo que hacemos a lo largo de toda la vida es buscar una identidad para uso exterior, es decir, entre todo lo que podríamos ser definimos un personaje de nosotros mismos, que es lo que paseamos, lo que llevamos a la calle, es lo que está ahí para tener una relación con los demás; y hacemos un esfuerzo tremendo para que no parezca que podríamos ser otras cosas. Y a veces esto, cuando llega a transformarse en un conflicto, se resuelve por la locura, la gente que no es capaz de dar de sí misma una sola imagen, y se dispersa. Fernando Pessoa lo ha resuelto en esa constelación de otros que en el fondo son manifestaciones de una persona que no tiene efectivamente un yo. Porque, si fuera cierto, cuando yo tenía cinco años tenía un yo que sería el mismo yo de cuando tenía 24 ó 53 ó 79 u 80, que es la edad que tengo ahora, y lo que pasa no es eso. Vamos cambiando. El yo cambia, y con el cambio ya no es yo. Misael Palma:-Creo que abusa Saramago de las licencias de la literatura. Según su último razonamiento, como los días cambian el día de mañana ya no sería día. No hay locura, y lo que Saramago llama multiplicidad de otros yo, es la civilización, que consiste en asimilar lo mejor que ha dado la humanidad. Nos humanizamos a través del arte, de la naturaleza, de los valores y a través de la convivencia colectiva con los otros, siempre y cuando seamos de la clase trabajadora. Necesitamos forjarnos una personalidad a través de las experiencias constantes, que no riñe con aceptar las normas y reglas de la colectividad. Al contrario una personalidad trabajadora, honesta, optimista, amante del arte, justa,…ayuda a mejorar la colectividad y las individualidades.


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-Su novela está llena de humor, pero

abusa de la ficción y de la literatura que se

deja un sabor amargo, ¿porqué?

puede perdonar a cualquier escritor, pero

no un militante. -En esta novela se nota que usted se ha

es exactamente igual. El nombre Tertuliano Máximo Afonso me salió así, espontánea-

Saramago:-“Sí, lo deja. En el fondo, ahí

no a Saramago que se preció de ser un lu-

despojado de muchos elementos que qui-

mente. Al decir Tertuliano Máximo Afonso

se presentan dos cuestiones. Una es muy

chador social en el campo de las letras, de

zás ha usado en otras anteriores. Digamos,

parece que estoy diciendo todo lo que hay

corriente y consiste en preguntarnos quién

la literatura… y no es redundancia, porque

está más desvestida, más desnuda, más di-

que decir de ese señor, y al final lo que es-

es el otro. Cada uno es el otro, y ¿qué es

en el ensayo político hay literatura también,

recta, ¿lo encuentra así?

toy diciendo es nada, porque tendría que

lo otro? Yo soy el otro del otro, pero como

pero objetiva. Es muy difícil que un poeta o

cada uno de nosotros es el fondo y es el

escritor sean militantes disciplinados.

Saramago: “Sí, y no sólo en ésta. Yo

decir algo semejante de alguna otra perso-

diría que es una especie de desnudamien-

na que todavía no está presente y que es

centro del universo —porque tenemos una

“Yo no sé quién soy. Hablando con fran-

to, una especie de aridez, aridez que no es

duplicado cuando aparece.

conciencia, y la conciencia hace que nos

queza total, no sé quién soy. Por qué me di-

hostil, que no se ha secado. No hay una dis-

Misael Palma:-Creo que no se acerca ni

pertenezca a nosotros y por eso es con-

ces "¿usted quién es?". Yo empecé por decir

ciplina, hay una contención. Empezó con

con mucho a los conflictos y personalida-

ciencia—, interpretamos, para decirlo así,

que soy José Saramago, soy escritor y soy

Ensayo sobre la ceguera, continuó en To-

des que se presentan con los personajes de

el mundo. Entonces no nos preguntamos

portugués, pero ¿qué significa eso? Esas no

dos los nombres-, en La caverna no sucede

Gorki…

tanto quién soy yo sino preguntamos siem-

son respuestas a la pregunta ¿quién soy yo?

tanto. Pero en El hombre duplicado volvió

Los personajes no tienen mucha im-

pre quién es el otro, como si el yo estuviera

¿Cuáles son los límites, entonces, de

esa especie de sequedad en que las pala-

portancia. Mejor dicho: no tienen la impor-

resuelto, y ya vimos que no está.

nuestra duplicidad, de nuestra dualidad?

bras son las que tienen que ser usadas y no

tancia que tienen en otras novelas, porque

Misael Palma:-Saramago se equivoca.

Misael Palma:-Yo sí sé quien soy y lo

otras, es decir, el estilo no tiene adornos, es

aquí se trata de decir otra cosa para la que

La conciencia y su punto más alto es la

que intento ser. Y no soy ni campechano,

un estilo mucho más directo. Pero creo que

los personajes no son muy valiosos. Lo im-

participación política para cambiar a toda

ni mexicano, ni chino, ni francés, ni ruso….

eso tiene que ver con un cambio de estilo a

portante es el conflicto.

sociedad injusta o para conservarla. El pun-

soy todo eso política y culturalmente. Y

partir de Ensayo sobre la ceguera. A veces

to más alto de la conciencia es la militancia

soy algo de Mozart y Vivaldi, y Picasso, y

digo que hasta El Evangelio según Jesucris-

política colectiva. Con-ciencia, con la cien-

Rivera, y Pavarotti, y Botero, y Neruda y…

to he estado describiendo una estatua, la

cia. No, no somos el centro del universo,

por cuestiones de espacio omito responder

estatua es la superficie de la piedra, y a par-

eso es volver a la concepción antropocén-

lo que soy. Y por favor, no confundir segu-

tir de El Evangelio según Jesucristo me fui

trica superada por la concepción exocéntri-

ridad con soberbia. Los límites de nuestra

adentrando en la piedra, a ese lugar donde

ca, el universo tiene su propio centro que

dualidad, es la conciencia.

la piedra no sabe que es estatua.

no soy yo ni tú. La sociedad tiene sus propios centros en construcción y destrucción constante. Culturalmente Francia ha sido el centro de Europa. La URSS lo fue en la política, antes fue la Roma, la Grecia clásicas. ¿De qué centros hablamos?. Saramago vuelve a la concepción burguesa del hombre capitalista que se coloca como centro de todo. Un moderno Quijote o un Robinson Crusoe… Saramago:-“En la novela se da la exis-

Saramago:-“En una novela mía que

En estos momentos me interesa mucho

-Es una novela escrita por un hombre muy joven. ¿Por un hombre muy joven? No se puede decir eso, es faltar a la verdad. -Esa es la sensación. El autor tiene una edad, una edad correcta, pero el autor tiene la suerte y la fortuna de conservar la cabeza bastante sobria.

Misael Palma

¿Cuáles son los límites entre la come-

Saramago se equivoca. La conciencia y su punto más alto es la participación política para cambiar a toda sociedad injusta o para conservarla.

tencia de otras personas exactamente igua-

dia y el drama? Si en una obra literaria o en una obra teatral, por ejemplo, ocurre algo fuera del guión, por llamarlo así, estamos asistiendo a una comedia. Si de repente ocurre algo en el escenario que está fuera del guión pero que pertenece a la realidad, por ejemplo la caída de un actor que puede llevarlo a la muerte, estamos ante un dra-

les, pero iguales en todo, es decir, incluso si

ma; es decir, la intervención súbita de algo

uno tiene un accidente y queda con una ci-

llamé Ensayo sobre la ceguera hay un per-

más el individuo, el individuo que está ahí,

que no pertenece a la comedia. Esto puede

catriz, el otro tendrá una cicatriz en el mis-

sonaje, una chica que en un momento de-

que es un igual a mí en el sentido de que

darse a la inversa: el drama está ahí y de

mo miembro y en el mismo lugar; si uno

terminado pronuncia estas palabras: "Hay

ambos somos seres humanos, y que está

repente se introduce, quién sabe cómo, un

se deja crecer el bigote, el otro, sin saberlo,

entre nosotros una cosa que no tiene nom-

ahí en la calle, y que pasa, y tengo necesi-

elemento cómico. En el fondo, así es la vida

hará lo mismo. Son doubles authentics, no

bre, y esa cosa es lo que somos". La frase

dad de saber quién es él, y volvemos a lo

misma. Cuántas veces nos hemos encon-

sencillamente personas que se parecen una

parece un poco extraña. En primer lugar, si

mismo: ¿quién es el otro? Porque quizá

trado en situaciones difíciles y nos damos

a la otra. La pregunta es ésta: ¿cómo pue-

no tiene nombre no podemos, obviamente,

para que yo pueda contestar, suponiendo

cuenta de que algo, un elemento cómico,

do soportar la existencia de alguien exac-

nombrarla, y el primer problema se encuen-

que tiene respuesta la pregunta, quizá ne-

que puede que no invierta lo que está pa-

tamente igual a mí? El hecho de que uno

tra ahí: cómo digo algo de mí mismo si no

cesite empezar por entender quién es el

sando, de todos modos está ahí. Diría que la

igual exista, de alguna forma usurpa mi

tengo un nombre para ponerle; nombres

otro, y esto es lo que tiene que ver con la

comedia y el drama van juntos. Lo que pasa

propio lugar en el mundo, me quita espa-

para comunicarnos y, además, nombres

forma narrativa, con el estilo; esto llevó a la

a veces es que uno va más adelantado que

cio. La novela también es un divertimento,

que sean consensuados, que cuando yo

preocupación de que la palabra sea exacta,

otro; en otras el que está retrasado aparece

el humor está ahí, en las situaciones que se

diga algo sea entendido por mi interlocutor.

precisa, que no se pierda en ornatos y en

en primer lugar y se invierte algo que pare-

presentan; pero todo eso poco a poco va en

Pero si esa cosa que somos, si el personaje

fantasías.

ciera ser orientado en una dirección deter-

dirección de algo que a lo mejor ni el propio

tiene razón —y creo que la tiene—, si esa

-No da muchas descripciones en esta

minada, y cambia a una distinta. Eso ocurre

autor esperaba al principio, y que el lector

cosa que somos no tiene nombre, ¿cómo

novela.

constantemente en la obra de Shakespeare,

no espera: va en dirección a una tragedia, la

vamos a nombrarla? Es un problema que en

Saramago:-“No, nunca, es decir, nunca

en Hamlet, por ejemplo, en los diálogos se

insoportabilidad de soportar al otro como

el fondo pertenece mucho más a la filosofía

digo si un personaje es alto o bajo o gordo

da consentimiento a los elementos cómicos

si fuera el yo. Entonces, la pregunta de

que a la literatura, lo que no significa que

o flaco, o si es guapo; no me interesa, in-

pero todos sabemos que lo que está ahí es

quién es el otro no tiene respuesta, y tam-

un escritor, un novelista, no pueda intere-

cluso no me interesan los nombres de los

una tragedia que acabará en un desastre to-

poco tiene respuesta la pregunta de quién

sarse por el tema y por el problema, y en

personajes.

tal. Lo cómico está siempre, aparece y des-

soy yo. Vamos a vivir, y vamos a vivir lo

la medida de sus capacidades expresarlo en

que tengamos que vivir, y vendrán otros

un libro que en el fondo es una ficción.

que siempre tendrán motivos para hacer la misma pregunta, y no hay respuesta.

Misael Palma:-Lo que somos tiene nom-

-Pero pareciera que le interesaran por-

aparece, y nosotros sonreímos a pesar de

que Tertuliano Máximo Afonso es un

que presenciamos una tragedia tremenda:

gran nombre.

al final todo el mundo muere, por el veneno

bre. Somos pintores o poetas o músicos o

Saramago:-“Sí, lo es, pero insta a acen-

Misael Palma:-“Vamos a vivir lo que

políticos profesionales o hijos. El hombre

tuar un poco el ridículo de la situación.

tengamos que vivir”. No. Saramago nos

no puede ser una ficción. O somos bandole-

Es decir, un hombre que tiene un nombre

conduce a la falsa conclusión de soportar

ros o somos íntegros y honestos. O somos

raro, que se llama Tertuliano Máximo Afon-

lo que “haya que vivir”. Así, los haitianos y

humanos o somos inhumanos. Claro que se

so, parece que tiene una interioridad fuerte

los africanos tendrían que vivir la hambru-

puede saber quienes somos, sobre todo en

y se da cuenta de que existe, de que tiene

na que hay que vivir o sobrevivir. A eso se

el exacto campo de la filosofía dialéctica.

un duplicado. Toda la pompa de ese nom-

le llama fatalismo. Saramago nos conduce

Saramago no señala a qué filosofía se re-

bre se convierte en nada, en todo, porque

al laisses faire, dejar hacer, dejar pasar: No

fiere pero por lo que veo era positivista y

se enfrenta a esa realidad brutal de que no

hay en el mundo otro igual a nosotros. No

liberal. Puedo aceptar que un bohemio o un

le sirve de nada tener un nombre que no

hay otra cebra igual a otra cebra. Saramago

anarcosindicalista no sepa lo que es…pero

se parece a nadie más si existe alguien que

o por la espada.


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Péndulo de Chiapas | Sábado 23.06.2012

Rayuela

pendulodechiapas.com.mx Misael Palma:-A todo esto que describe se le llama técnica….no sé si coincidan los especialistas del teatro, la novela… -¿Podríamos hablar aquí de la tragedia de Tertuliano Máximo Afonso? No es tanto la tragedia de él porque al final sobrevive. La novia se muere, él ocupa el lugar de Antonio Claro. No sabemos cuál será el futuro de esa pareja que se forma en circunstancias realmente extrañas pero que queda ahí formada; no sabemos qué pasará: ¿se van a soportar el uno al otro, incluso llegarán a quererse, llegarán a amarse? Puede ocurrir todo, eso queda en suspenso. Tragedia para los que no han sobrevivido. Es cierto que hay ese momento final, ese encuentro que Tertuliano tendrá con ese otro doble que aparece. No sabemos quién mata a quién, suponiendo que habrá un asesinato. Tertuliano mata al otro para que no tenga más dobles, suponiendo que no hay un tercero, un cuarto, un quinto doble. Cuando nos ponemos entre dos espejos para vernos, la imagen se multiplica hasta el infinito o hasta donde podamos verla. Puede que así ocurra. Lo importante en la novela, hay otras cosas, o por lo menos espero, es la presencia del destino. No creo en el destino pero a veces estoy con Sancho Panza: no creo en brujas pero de que las hay, las hay. No creo en el destino pero a veces las cosas ocurren como si efectivamente existiera un destino. Misael Palma:-Saramago titubea a estas alturas, el destino no existe. Lo que existe es el resultado de circunstancias. Saramago, al no ser militante, sólo es un activista individual que no tiene a quien rendirle cuentas ni disciplina. “A veces estoy con Sancho Panza”- dice. Sancho Panza es el prototipo del oportunista pragmático, es el modelo de los gobernantes y clase política mexicana actual. -Lo llamamos destino... Saramago:-“Lo llamamos destino porque tenemos que nombrar las cosas, si no, no las entendemos. En honor a la chica de las gafas oscuras de El Evangelio según Jesucristo, quizá si pudiéramos darle un nombre empezaríamos a saber quiénes somos finalmente. -Usted siempre ha sido un hombre de ideas políticas claras. ¿Cómo ve el mundo dominado por una sola gran potencia por encima de toda ley? Misael Palma:-No se puede tener ideas políticas claras si no se tienen un núcleo o grupo o equipo político. La política no es para hombres solos. La política es colectiva o no lo es. Saramago:-“Tenemos un problema muy serio que, al contrario de lo que ocurre más o menos con todos los problemas que envuelven la vida social, no se discute. Vivimos en un tiempo en que tranquilamente se puede discutir todo en congresos, simposios, coloquios, artículos de periódicos, de revistas, ensayos. Curiosamente hay algo que tiene nombre, eso sí tiene nombre, pero no se discute, y lo único que no se discute es la democracia. Misael Palma:-¿A qué democracia se refiera Saramago? Pues hay democracia burguesa y democracia proletaria. ¿Partimos de

un principio? ¿Redundancia o demagogia o problemas con los conceptos? Partimos de un principio —o parece que partimos de un principio—: la democracia es eso que está ahí y por lo tanto no vale la pena discutirlo, porque está ahí, está ahí desde ayer y desde anteayer, y está ahí como una especie de dato adquirido definitivamente. El problema del poder, al que siempre tenemos que volver, es que hay que saber quién lo tiene, hay que saber cómo, por qué lo tiene, cómo ha llegado a tenerlo, para qué lo quiere y para qué le sirve. Se puede decir que los ciudadanos votan, pero los ciudadanos no hacen nada más que eso, y voto en qué: voto en partidos, formo gobiernos, formo parlamentos, y ahí se acabó. Sabemos que el poder real, el poder efectivo, no es ése; no está en el parlamento, no está en el gobierno: está en el poder económico, que no tiene final, es pluricontinental. El determina todo, impone las reglas. Si no puedo cambiar el poder que está más arriba, por encima del poder político, entonces vivo en el engaño, porque me dicen: "usted vive en democracia". ¿Qué es eso? Usted puede quitar un gobierno y poner otro, y muchas

no, no habla de la transición: la Asamblea Constituyente y Soberana, no habla de los Partidos Obreros Independientes ni de los partidos revolucionarios que existen, no habla de la necesidad de organizar poderosas Centrales Sindicales Independientes…Saramago, como Alex Lora, O Silvio, o Calle 13…se conforman con denunciar. Eso está bien. Pero hasta ahí. La organización proletaria corresponde a otras instancias más allá de los escritores. Los militantes políticos no podrán ser excelentes escritores como los escritores difícilmente serán militantes. -Se inició mal el siglo XXI, ¿tiene esperanza? No vale la pena ni tener esperanza ni tener desesperanza. Los hechos están ahí y hay que luchar contra los hechos. Puedo, incluso, no tener ninguna esperanza y aun así seguir luchando contra lo que pasa, Sería un esfuerzo infinito para mí y para los otros si nuestras esperanzas se cumplieran en nuestra vida, pero ninguna esperanza, sobre todo esperanza de este tipo, de esta dimensión, se cumple en nuestra vida. Vamos de guerra en guerra, de crisis en crisis, de hambruna en

Saramago Vivimos en un tiempo en que tranquilamente se puede discutir todo en congresos, simposios, coloquios, artículos de periódicos, de revistas, ensayos. Curiosamente hay algo que tiene nombre, eso sí tiene nombre, pero no se discute, y lo único que no se discute es la democracia. gracias. No puedo hacer nada más, no puedo cambiar el rumbo del mundo porque el rumbo del mundo está en manos de los gobiernos. El reciente caso de la guerra de Irak está clarísimo, es decir, está en las manos de un gobierno en la medida en que ese gobierno está ahí para servir a los intereses del otro poder: se busca el petróleo, se busca el dominio de todo el Oriente Medio. Irak es el puente a Asia, y Estados Unidos sabe muy bien que su rival se llama China; por tal motivo está uniendo sus bases y sus fronteras lo más lejos que se puede de Washington. La reconstrucción de Irak es un negocio fabuloso, ¿Quiénes la hacen? Los mismos de siempre. No estamos hablando de democracia, sino de una plutocracia, de un gobierno de los ricos. No es que no haya pobres, cada vez hay más, Casi la mitad de la población mundial vive con menos de dos dólares al día; cada cuatro segundos se muere una persona de hambre, y nada se hace para evitarlo. Entonces, si hay algo que necesitamos es un debate serio, mundial, sobre la democracia. Ya no nos fiemos de los partidos, ni de los gobiernos, La ciudadanía no debe creer ciegamente que vive en democracia. Hay que mirar las cosas más de cerca; cuando lo hacemos nos damos cuenta que la realidad es otra. Misael Palma:-¿Cuál es esa otra realidad de la que nos habla Saramago?. No se atreve a decirlo pues no le vayan a cancelar sus editoriales. Saramago no habla de la necesidad de un Gobierno Obrero y Campesi-

hambruna, de enfermedad en enfermedad, de desastre ecológico en desastre ecológico... El mundo es realmente un lugar de horror, no hay otro lugar de horror. El infierno no son los otros, como decía Sartre. El infierno somos nosotros mismos. Misael Palma: -¿El infierno somos nosotros mismos? No. El infierno es la barbarie del sistema económico actual. Y con todo el horror actual, no hay lugar más hermoso para transformar que este donde vivimos la dialéctica. Prefiero la Tierra a Mercurio o Marte, eso sí es horror actual. En esta entrevista, Saramago culmina con un enorme pesimismo y ambigüedades, que permite la literatura, pero no la política proletaria. Pese a todo, Saramago era individualista, lo que no resta valor literario y técnico a su obra. Tampoco se le resta valor literario y técnico a la obra de Vargas Llosa, pese a toda su defensa del estado actual de cosas con el imperialismo en la fase de su barbarie. Es indudable que en lo político no se les puede comparar. Saramago, con mucho fue un liberal consecuente. -Esta novela nos da la impresión de que no termina nunca, que no puede cerrarse, que el protagonista que sobrevive está condenado a encontrar al siguiente doble, ¿es así? No sabemos qué pasará. Antes hay algo que quizás incluso sea más importante y es el hecho de encontrar un doble. Para todos los efectos, Tertuliano Máximo Afonso está muerto, y porque no tiene otro remedio es una identidad del que ha muerto. En este caso hay alguien que finalmente no puede

decir quién es en ninguna circunstancia. Desde el punto de vista civil, burocráticamente hablando, está muerto, pero no puede ser al mismo tiempo el otro aunque tenga que asumir la identidad del otro. Es decir, Tertuliano Máximo Afonso no puede llamarse nunca más Tertuliano Máximo Afonso, el nombre que tiene que usar no es suyo, entonces vive en una especie de limbo: no es lo que antes había sido, ni tampoco puede ser lo que finalmente tiene que ser. Esto parece un poco complicado pero en la lectura se observa con mucha claridad. -¿Tertuliano Máximo Afonso es el espejo de Antonio Claro, o es al revés? Saramago:-No, cada uno de ellos es espejo del otro. Recordemos que al principio de la novela Tertuliano Máximo Afonso todavía no ha encontrado su doble, se enfrenta con el espejo y de alguna forma se dibuja en el espejo. El primer doble en el fondo es él mismo. Pero hay que romper el espejo, ese es el problema: el espejo nos da una imagen que no es real, pero en este caso el espejo, que es la existencia del otro, es real, concreto. De alguna forma me encuentro conmigo mismo en el espejo a partir del momento en que no me miro; no vivo, el espejo no existe, Misael Palma:-La explicación de Saramago es literatura, ficción, así está bien…es distracción, está bien; pero que no se le pretenda buscar virtudes políticas que no tiene Es decir, cuando esa imagen se acaba. Se puede decir: “sí, pero usted puede hacer pedazos el espejo”, sí, pero se necesita que no esté ahí. En el caso del doble auténtico, aunque yo no esté con él, sé que existe, ese espejo muestra en cada momento mi propia imagen. La tensión que se crea en este conflicto es tal que la única forma de salir de ahí es romper el espejo, llevar al otro a la muerte aunque esa muerte ocurra por un accidente; de todos modos el conflicto estaba abierto y uno de ellos tendría que desaparecer. En el fondo, todo esto acaba en una tragedia, pero que el lector no se asuste porque de todos modos se va a divertir. -¿Son las mujeres las grandes víctimas, las grandes engañadas en este juego de identidades? En este caso sí, y la razón es muy sencilla: es porque al hombre, y en este caso concreto Tertuliano Máximo Afonso, le falta la valentía moral para enfrentarse a esa realidad, y hace lo peor que puede hacer, que es usar, manipular a la mujer de quien es novio, llevándola a hacer lo que a él le conviene. Esto no estaría mal si ambos se hubieran puesto de acuerdo, pero él la usa y ella, porque lo quiere, lo hace pero sin conocimiento de causa, y esa es la deslealtad máxima, es decir, él la usa sin decir para qué la usa y sin confiar en ella, y sobre todo sin confiar en sí mismo porque en el fondo, al no confiar en ella, lo que ocurre es que no tiene confianza en sí mismo. No significa que los personajes masculinos sean más fuertes que los femeninos porque ni Antonio Claro ni Tertuliano Máximo Afonso son, efectivamente, personajes fuertes. En el fondo, el personaje fuerte que tiene un papel, por decirlo así, pequeño, es la madre de Tertuliano, Casandra. Lo que teme que ocurra, ocurrirá, de alguna forma ella lo anuncia, pero la máquina está en movimiento; hay una suerte de destino implacable que lleva todo aquello en la misma dirección, incluso cuando parece que se está haciendo algo para que no ocurra, va a ocurrir.


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A T I S I V DE * Ornán Gómez

I

E

ra sábado y hacía frío. Le dije a Rita: “Vamos a Suluphuits”. Ella sonrío e hizo las maletas. Abrigamos a Eduardo, nuestro bebé de año y medio y subimos al coche. Al salir de Comitán había niebla y frío, pero en Ocosingo el sol pegaba con todo. Nos detuvimos a comprar víveres. En el mercado las gallinas cacaraqueaban en espera de que alguien las comprara; en los puestos del mercado las personas pedían rebajas al precio de las verduras, y en la calle los coches bramaban. Después de las compras volvimos al Volkswagen y continuamos el viaje. Al ir observando ríos y montañas separados por acantilados, el deseo de llegar a Suluphuits aumentó considerablemente. Cuando llegamos al crucero mi bebé sonreía. Rita, suspirando, buscaba con los ojos a Suluphuits en las montañas azules que se alzaban sobre las planicies. En el cielo limpio y claro el sol brillaba. Cuando me desvié a la carretera que nos llevaría al poblado recordé las veces que Rita y yo, de novios, recorrimos esos caminos. A veces, para no viajar de noche, nos quedábamos a dormir en una choza desocupada que las personas nos prestaban, allí, en el crucero. Ella y yo subíamos al tapanco de la casa y contemplábamos las estrellas. Cuando yo terminaba

de fumar, Rita ponía su cabeza sobre mi pecho. Después me besaba y hacíamos el amor. A la mañana siguiente proseguíamos el viaje. Recordar aquello me hizo ver a mi esposa de soslayo: alta y blanca. Rostro alargado, labios gruesos y una nariz curva y alargada. Le tomé las manos. Ahora volvíamos con un hijo. Mientras avanzábamos a vuelta de rueda pensé en lo difícil que resulta olvidar el primer pueblo, a donde nos mandan a los maestros de recién ingreso al sistema educativo. Es como el primer amor. Aunque pase el tiempo, los recuerdos persisten. Si a unos les va bien, a otros les va mal. Y en tanto haya vida, uno seguirá recordando. En Suluphuits, Rita y yo compartimos nuestras vidas con personas adorables. Ejemplo de ello era don Antonio. Un anciano de cien años que al visitarlo nos regalaba canciones y consejos en tzeltal. Oírlo hablar era un verdadero regalo. Vi que a mi bebé le brillaban los ojos. El verde de los árboles y el murmullo de los arroyos le fascinaron. Las nubes empezaban a cercar las cimas de las montañas. Eduardo sacó las manitas del coche para jugar con el viento. Rita estaba radiante. Era como si un fuego la quemara por dentro. Movía los ojos de un lado a otro como si temiera dejar algo sin ver. Al lado de la carretera había casas de tablas unidas entre sí con bejucos y dispersas como lunares en el rostro.

Al ir observando ríos y montañas separados por acantilados, el deseo de llegar a Suluphuits aumentó considerablemente

Llegamos a Centro Chi’ch , un pueblo con una sola calle pavimentada. En las esquinas había grupos de personas. Unos fumaban y otros bebían CocaCola. Les dije adiós con la mano. Empezamos a subir el cerro donde se halla la comunidad. El aire se hacía más frío. A la orilla del camino, como vayas, hermosos árboles se mecían. Rita y yo reímos al ver a Eduardo con cara de espanto. A la derecha del camino se abría un cañón, y en el fondo las rocas se veían como puntitos. La grieta se prolongaba hasta perderse entre las montañas, y de sus profundidades subía un silencio que obligaba a quedarse quieto y a no pensar en nada. En la cima del cañón daban comienzo otras cordilleras que se unían entre sí para formar

un alargado macizo de montículos. Del lado izquierdo una serranía inmensa. En la cúspide montones de nubes se posaban como pájaros informes sobre el nido. Más adelante nos detuvimos ante una cascada. El agua salía a borbotones de un boquete y se estrellaba contras las rocas. Eduardo quiso mojarse, pero Rita se lo impidió. Te recuerdo que acaba de sanar de la gripa, dijo. A medida que ascendíamos el camino se hacía más pedregoso y el aire denso. El sol empezó a ocultarse tras las montañas dejando un cielo púrpura. Con el ronroneo del auto y la quietud del paisaje, Eduardo se durmió. Rita tomó mis manos y me besó. Quizá en su pecho empezaba a hervir la pasión que años atrás nos unió.


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II La luz del sol iluminaba el techo de las casas. Dentro de ellas se oía el murmullo de mujeres. Más allá, en los arroyos cercanos, la neblina se elevaba en nubecillas blancas y espesas. En los montes, los pajarillos cantaban. Mi hijo Eduardo observaba con atención. Quizá aquel panorama sin coches, edificios, gritos, movimiento de personas, le era extraño. Sus ojitos se movían en busca de algo reconocible. Al no hallar nada que le recordara algo, se puso a gatas y fue tras los pollitos y los gatos. Verlo allí, balbuceando cada vez que se acercaba a un pollo, me hizo sentir feliz. La noche anterior Manuel, un joven pequeño, de cabello lacio y corto y ojos rasgados, nos recibió con café, frijoles calientes, chile y pozol. Después de cenar, dormimos. Él aparejó unas tablas y allí nos tendimos. Antes de quedarme dormido recordé las noches que Rita y yo pasamos en ese lugar. Teníamos una casita amplia y acogedora. El piso era de cemento y estaba enmarcado por un pretil que evitaba la humedad se filtrara al interior. En ella vivimos cinco años. Cada noche, antes de dormir, solíamos sentarnos en el umbral de la puerta a observar las estrellas. En ocasiones, la luna, grande y gorda, nos sorprendía tomados de las manos. Nada mejor que una noche tibia, con estrellas y luna, para un par de enamorados. Después de fumar entrábamos al cuarto y hacíamos el amor con ternura. Recordando esos días me dormí. Cuando desperté, Rita estaba ya en la cocina. Era una habitación amplia y con pisos de tierra. En una esquina había un fogón alargado. En el centro, una mesa rustica y pesada; pegado a las paredes, troncos gruesos. Rita tenía el cabello alborotado. Su figura alta y delgada contrastaba con la madre de Manuel que era pequeña y fuerte. Su rostro oscuro estaba surcado por arrugas. Quizá rayaba los cincuenta años pero su apariencia física era la de una anciana. Después de comer frijoles calientes, huevos fritos y beber café salimos a caminar. Conforme avanzábamos grupos de niños corrían tras nosotros para ver a Eduardo. El color de su piel les producía curiosidad. Él les mandaba besos. Ellos reían y pronto quisieron cargarlo. Se los di. En medio de aquellos rostros morenitos y sucios, mi bebé parecía un osito blanco. Pronto se unieron más niños. El alboroto hizo que los papás de los pequeños salieran a las calles. Eran hombres delgados y demacrados. Tenían el pelo revuelto y sucio. Las mujeres, unas gordas y pequeñas, otras delgadas y pálidas, tenían el cabello negro, trenzado hasta la cintura. Iban descalzas y con los pies mugrosos. Cuando llegamos al centro de la colonia vimos a don José Gómez. Su baja estatura, la incipiente barriga, el cabello peinado con raya en medio, los ojos pequeños y saltones y los bigotes ralos, lo hacían parecer a un comediante de cine. Era pastor y predicaba en una comunidad de la selva lacandona, dijo. Nos llevó a su casa, a orillas de la comunidad. Era una vivienda dividida en dos cuartos por una cortina. Después de platicar un rato, don José nos condujo a la cocina. Allí estaba su mujer, alta y fuerte. Su nariz corta y el rostro cobrizo la hacían ver atractiva. Abrazó a Rita. Después salió y trajo un par de platos con frijoles fritos y vasos con café. Coman, dijo el pastor. Eduardo empezó a jugar con los pollos mientras Rita y yo dábamos cuenta de los frijoles. Al terminar de comer, aparecieron Silvia, José y Juan. Los tres, hijos del pastor. Silvia se parecía a la madre: alegre y servicial. José tenía los miembros fuertes. Juan era delgado y sombrío. Después de saludarlos partimos. La tarde siguiente nos invitaban a comer caldo de pollo con verduras, dijo don José. Para llegar a la casa de don Antonio Hernández libramos una montañita. El camino era angosto y ondulante. Yo llevaba a Eduardo montado sobre mi cuello y Rita venía a mi lado. Sudábamos. Después de terminar una pequeña

cuesta divisamos la casa. La luz del sol resplandecía en las láminas. Apenas llegamos salió a recibirnos la esposa de don Antonio. Era una viejecita con el rostro surcado por hileras de arrugas que la hacían ver graciosa. Iba descalza y con el pelo, blanco, trenzado. Su sonrisa, quieta y apacible, se asemejaba al murmullo del viento. Nos saludó en tzeltal y nos abrazó a los tres. Entramos. Don Antonio descansaba sobre una cama. Al vernos entrar se levantó. Se veía débil. De su rostro sobresalía el hueso de los pómulos haciendo que sus cachetes, flácidos, se colgaran en infinidad de arrugas. Llevaba barba de días. Al pararse me di cuenta que empezaba a encoger. Para platicar nos sentamos sobre piedras. Al verlo de frente recordé cuando lo conocí. Él vivía en Suluphuits y era fuerte. Su rostro no tenía ese aire de cansancio que ahora lo hacía ver como a un desahuciado. Durante el tiempo que viví en la comunidad me enseñó a conocer la cultura tzeltal. Y su amor por la vida. Ahora se veía tierno e inocente como un niño. Eduardo se acercó a él y le dio un beso. El detalle hizo reír a los viejos. Dentro de la casa no había más que una cama de tablas, costales con maíz y frijol, y un par de piedras para sentarse. Estar al lado de don Antonio me hizo sentir en paz. El viejo miraba a la nada, en silencio. Después, con voz cansada, empezó a cantar. Era una canción donde se hablaba del sol y del espíritu de la naturaleza. Experimenté una sensación de tranquilidad. Era como si a través de su voz, don Antonio se introdujera en mí. Le tomé las manos. Eran suaves y huesudas. El anciano se volvió para mirarme y noté en sus ojos un brillo intenso. Me dijo, en tzeltal, gracias por venir. Y con la mano derecha acarició los cabellos de mi hijo. Tal vez en ese gesto Eduardo obtuviera su “protección de abuelo sabio”. Sentí que mis lágrimas asomaban por mis ojos. Don Antonio, al terminar de cantar, miró hacia las montañas y así se quedó. Allá, en las serranías, las nubes empezaban a oscurecer. Rita y la esposa de don Antonio notaron mis lágrimas. Quizá también él las vio y por eso se volvió hacia los cerros. En mi interior una tristeza se extendía como fuego en un pastizal. Pensé que al abuelo le quedaba poca vida. Y para mí él era un ser que con su inocencia fue capaz de ganarse mi cariño. Que difícil se me hizo pensar en la muerte. Tal vez fuera la última vez que él y yo nos viéramos. Al anochecer nos despedimos. Apenas íbamos bajando la cuesta oí que don Antonio cantaba. Me volví y los vi en la puerta. Él apoyado en los hombros de su esposa y diciéndonos adiós con la mano. Quise volver y abrazarlo, pero Eduardo venía dormido y el camino aún era largo. Rita se acercó a mí y ocultó su cara en mi pecho. También lloraba. III Cuando salimos de Suluphuits eran las tres de la tarde. Apenas encendí el auto, la gente se acercó para darnos frijol, chayotes, maíz, café, y tortillas. De todos lados venían con bolsas de verduras. Los niños corrían alrededor del coche. Al ver a tantas personas nos bajamos del Volkswagen. A Rita y a mí nos dieron la mano. A Eduardo lo abrazaron hasta no poder. Mi bebé era como un trofeo en disputa. Al verlo blanquito y rubio del cabello, decían que era un kaxlán. Cuando por fin salimos de la comunidad, Rita reía. Estaba emocionada. Sin embargo, al dejar las últimas casas, lloró. Por mi parte le tomé las manos, di un beso a Eduardo en la frente, y hundí el acelerador. Más allá, la ciudad esperaba.

Los gatos de Monsiváis “La única posibilidad de acariciar un tigre” ÁNGEL YUING

Desde el fallecimiento de Carlos Monsiváis, tres versiones han corrido sobre el destino de sus 13 gatos: la del sacrificio, que fueron donados a un albergue y finalmente que fueron regalados a distintos dueños, destacaba un reportero del diario El Economista en junio de 2010. Nada se sabía de los felinos, razón suficiente para que la asociación protectora de gatos, Gatos Olvidados AC, a la cual pertenecía Carlos Monsiváis, interpusiera, una demanda donde pedía esclarecer el destino final de los animales. Carlos Monsiváis había muerto el 19 de junio a los 72 años de edad, tras varios meses de enfermedad a causa de una fibrosis pulmonar. Como ensayista, se interesó particularmente por analizar el Movimiento estudiantil de 1968, aunque también abordó a figuras populares como Cantinflas y Pedro Infante. Era apasionado de la cultura mexicana, con especial interés en la Ciudad de México, gusto que lo volvió un coleccionista. Una de las fuentes más importantes de sus colecciones fue el mercado de la Lagunilla, a donde acudía a comprar antigüedades de las que el dueño desconocía su verdadero valor. Esta afición lo llevó a fundar el Museo del Estanquillo. Él mismo donó su colección privada que incluye 12,000 objetos que recopiló a lo largo de 30 años para fundar este museo en el Centro Histórico de la capital. A unos días de su muerte, el destino y la suerte de los gatos de Monsiváis era tema de la prensa. La demanda “contra quien resulte responsable”, promovida por la asociación civil se basaba en las afirmaciones de la señora Beatriz Sánchez Monsiváis, prima del escritor, quien dijo a la presidenta de la asociación protectora, Claudia Vázquez, el día que el cronista murió el escritor que “los gatos ya habían sido dormidos”. “Yo hablé para pedir la custodia de los gatos y eso fue lo que me dijeron”, dijo Claudia Vázquez a la fuente en mención. La familia del “Monsi” aseguraba que había sido la caspa de los 13 gatos que tenía el escritor y el polvo acumulado en los cerca de 20,000 libros que tenía en su casa, lo que finalmente habían provocado la fibrosis pulmonar que terminó con su vida. Hasta el día de su muerte Carlos Monsiváis había abogado por la inocencia de sus gatos, pero por desgracia, había olvidado dejar indicaciones precias sobre el destino de los felinos. La relación de Carlos Monsiváis con los gatos empezó cuando el intelectual tenía 10 años y desde entonces fueron sus fieles compañeros. Hasta el día de su muerte se contaban 13 gatos, pero llegaron a ser más de 20, todos adoptados, y el escritor los identificaba por sus nombres, sin equivocarse: Pío Nonoalco, Carmelita Romero, Evasiva, Nana Nina Ricci , Chocorrol, Posmoderna, Fetiche de peluche, Fray Gatolomé de las bardas, Monja desmatecada , Mito genial, Ansia de militancia, Miau Tse Tung, Miss oginia, Miss antropía , Caso omiso, Zulema Maraima, Voto de castidad, Catzinger, Peligro para México, Copelas o maullas, entre otros. “No sé, no sé explicarlo pero para mí el gato tiene demasiadas cualidades, es de una belleza cambiante, es grácil, presenta lo que decía un poeta: ‘Un gato es nuestra única posibilidad de acariciar un tigre’”, dijo alguna vez el escritor en una entrevista para un sitio de mascotas.


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La Máquina Hamlet “No creo en una historia que tenga pies y cabeza”.

Heiner Müller

Justo que pensaba en vos, nena, caí muerto ¿Qué le dio al pequeño dios del centro gris del abismo? Sólo sé que no soy yo a quien duerme Sólo sé que no soy yo a quien duerme “Cementerio Club”

Spinetta

Luis Alberto Spinetta

Por Marcelino Champo

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ira que en la vida pueden existir muchos silencios, infinidad de tiempos construidos a fuerza de mutismos involuntarios. Pero este silencio va mas allá de todo candado, de todo aliento reprimido, este silencio es por tu partida, por esa palabra que ahora al parecer no tiene valor. Querido Flaco, si vieras cuanto se te extraña a unos meses del adiós. Cuantas tazas de café vacías sedientas por ti, cuantos cigarrillos a medias, inconclusos por el sello de tu boca. Te conocí tarde, es mi costumbre llegar siempre tarde a las citas interesantes, pero eso no hizo menos entrañable el calor de tus acordes y la fuerza de tus versos. Entre como voyerista a las entrañas de Artaud, ese disco que para muchos es el mejor álbum de la historia del rock argentino, observe las paredes de sus letras, escuche atento la complejidad y sencillez sonora que se desgarraba por las bocinas del estéreo. De ahí en adelante te fui un incondicional, uno más de los que pregonaban tus historias. ¿Qué dirías ahora? quizás no mucho, tal vez solo tomarías la guitarra y tocarías, por que la noche suele ser a veces tan corta como para gastarla con frases superfluas. Quiero decirte, en este momento (a la distancia) que la mirada no ha caído, que sigo buscando como vos, por las calles, las imá-

A Gabriela genes y las letras exactas que se acomoden a este espejismo. Flaco, todos te llamamos así de cariño y lo seguiremos haciendo para evocarte en la perpetuidad de las borracheras, en las pláticas de balcón y en los rincones de los hoteles de paso. Por que vos sos así; imprescindible hasta la medula. He de confesarte que usare el nombre de una de tus canciones para mi primer libro (nombre que en este texto no he de mencionar) tu disculparas el atrevimiento, pero es que vos tenes la culpa de ostentar los mejores títulos, y así uno es incapaz sacar el as bajo la manga. ¿Qué puedo hacer ante: Cementerio Club, Cantata de puentes amarillos, Muchacha ojos de papel o Plegaria para un niño dormido? pues nada amigo. Lo único digno es tomar prestado uno de esos títulos y darte el debido reconocimiento en la primera pagina. ¿Falto tiempo? posiblemente, pero también ¿Por qué habría de ser mas? Creo que el romance con la vida duro lo justo, la medida eficaz para hacer de tu ausencia una lagrima eterna. Desde aquí prometo extrañarte en las veladas anónimas o en la soledad de los caminos. Por otro lado, pocas cosas quedan por decir. Gracias flaco, gracias Luis Alberto Spinetta.

Nota: El uso del “vos” y del “tenes”, es solo una forma chiapaneca para acercarme al modismo argentino del flaco.

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