Revista Semayor #25

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CONTENIDO

Revista del Seminario Mayor San Pedro Apóstol de la Arquidiócesis de Cali No. 25 - Año 23 - 2019 - Cali, Colombia

DISEÑO CARÁTULA: Departamento de Comunicaciones Arquidiócesis de Cali TÍTULO: “Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral” Sínodo Panamazónico 2019

Nº 25 - 2019 Seminario Mayor San Pedro Apóstol Cra. 122 Nº 12 - 459 Vía Pance Tels.: 555 2053 - 555 2061 Fax: 555 2056 A.A. 26598 Cali - Colombia

“Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral” Sínodo Panamazónico 2019

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EDITORIAL

Cuidado de la Casa Común

DIRECTOR Pbro. José Olmes Mondragón Orejuela EQUIPO DE COORDINADORES Pbro. Germán Martínez Rodas Sem. Julián Cubillos Urrea Sem. Juan Felipe Martínez Vélez Sem. Francisco López Abadía COLABORADORES Mons. Darío de Jesús Monsalve Mejía Mons. Orlando Olave Villanoba Mons. Edgar de Jesús García Gil Mons. Carlos Alberto Correa Martínez Mons. Rubén Darío Jaramillo Montoya Brandon Estiven Herrera Lasso Observatorio de Realidades Sociales de la Arquidiócesis de Cali

EL PASTOR NOS HABLA

Ser Iglesia en el contexto regional

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LA IGLESIA HOY

Diversos desafíos proyectan la labor de la Iglesia con la Amazonía OBISPO INVITADO

Reconciliémonos con la naturaleza

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OBISPO INVITADO

OBISPO INVITADO

CORREO ELECTRÓNICO comunicacionesseminario@arquicali.org revista_semayor@hotmail.com DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN Bernardo Arcila Parra Departamento de Comunicaciones Arquidiócesis de Cali

www.arquicali.org

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OBISPO INVITADO

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ANÁLISIS Y ACTUALIDAD

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LA IGLESIA HOY

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EL FORMADOR NOS HABLA

Amazonía

Acercamiento al ser indígena en clave de derechos y territorio

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ESTUDIANTE INVITADO

Nuestra ultima oportunidad

Amazonía: Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral

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LA FRATERNIDAD, UN FRUTO DE LA VIDA COMUNITARIA

Expectativas sobre el Sínodo Panamazónico: Realidad indígena de Buenaventura PUBLICIDAD Equipo de Coordinadores

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Somos parte del pulmón del mundo: La Amazonía Conociendo un territorio rico en biodiversidad

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NOTICIAS SEMINARIO MAYOR SAN PEDRO APÓSTOL



Editorial Pbro. José Olmes Mondragón Orejuela Rector Seminario Mayor San Pedro Apóstol

Cuidado de la Casa Común Este año 2019 se abre con un gran panorama en orden a una “ecología integral”, tema sobre el cual el Papa Francisco ha venido insistiendo desde la Carta “Laudato Si´” y que se verá reflejado en el Sínodo Panamazónico en el mes de octubre del presente año. Tres requisitos fundamentales se deben tener en cuenta en nuestro camino discipular con respecto a este tema: 1. La toma de conciencia de cómo están todos los recursos ecológicos. 2. Formar y educar desde las bases (familia, escuela, parroquia). 3. Emplear acciones concretas para el cuidado de la casa común.

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Desde estos requisitos quisiera partir, en esta reflexión introductoria de la revista, para que los retos que nos plantea este Sínodo nos abran la mente, el corazón y nos lleven a un compromiso concreto.

Mi preocupación desde hace unos años, ha consistido en una palabra que encierra todo un dinamismo pastoral: “el cuidado”; palabra que dentro de la experiencia de Jesús se reflejó en varios pasajes evangélicos como signo de vigilancia, atención plena y dominio de sí mismo: 1. El cuidado de los espacios: del medio ambiente y de la naturaleza que nos impulsa a encontrar mecanismos, vías e instrumentos que favorezcan el cuidado de la fauna y flora en extinción. El diagnóstico presente no es muy halagador: deterioro de la capa de ozono, cambio climático, tala de árboles, minería ilegal, cultural del descarte, etc., señala que la cuestión económica prima sobre la calidad de los espacios. 2. El cuidado de las personas: Sufren las personas por el deterioro de la salud, aumento de enfermedades mentales, falta de ingresos, falta de escucha, pérdida de los derechos y deberes de cada persona. También aquí hay otros intereses.


3. El cuidado de la cultura: Se ven afectadas en muchas partes las minorías étnicas, el desconocimiento de las raíces culturales, la memoria de comunidades indígenas. El mundo del consumo, de lo fácil ha hecho su entrada dominante.

Mi preocupación desde hace unos años, ha consistido en una palabra que encierra todo un dinamismo pastoral: “el cuidado”; palabra que dentro de la experiencia de Jesús se reflejó en varios pasajes evangélicos como signo de vigilancia, atención plena y dominio de sí mismo…

OPORTUNIDADES DEL SÍNODO 1. Será ante todo el espacio para que muchas comunidades de ese gran mundo de la Amazonía busquen caminos de evangelización y sean tenidos de verdad en cuenta. 2. La Amazonía es una región con rica biodiversidad, multiétnica, pluricultural. El llamado “pulmón del mundo” tiene ahora una gran oportunidad para que todos cuidemos nuestro planeta. 3. En su historia misionera la Amazonía ha sido un lugar de testimonio concreto, la Iglesia ha acompañado allí un despertar pastoral. 4. La dimensión social de la ecología es una oportunidad que la Amazonía ofrece, no como fenómeno de explotación de recurso, como asistencialismo, sino como valoración de una cultura y de sus diversas expresiones. Que los valores de este Sínodo nos ayuden a seguir descubriendo caminos de evangelización y dejar a un lado el uso y el abuso de nuestra tierra.

Calle 5 N°.27 - 09


El Pastor nos habla Monseñor Darío de Jesús Monsalve Mejía Arzobispo de Cali

Ser Iglesia en el contexto regional El Papa Francisco ha convocado el primer Sínodo regional de la AMAZONÍA. Pone así en práctica su impactante visión del CUIDADO DE LA CASA COMÚN, de la biosfera como urdimbre de relaciones en las que la vida es vivible y hace perdurable el hábitat como futuro humano y planetario.

Santa Fe de Antioquia. Desde Apartadó hasta Tumaco, son 6 Diócesis del llamado “andén del Pacífico”. Desde Cartago hasta Ipiales, más Tierradentro y Mocoa, suman otras nueve jurisdicciones eclesiásticas (9). Corresponden a los departamentos del Chocó, Valle, Cauca, Nariño y Putumayo.

La ”Laudato Si´”, su primera carta, vuelve los ojos de la fe hacia la región panamazónica, entramado vital para América y el mundo entero, con su territorio, poblaciones y culturas, con su realidad actual de inferencia humana en el ecosistema.

En Cali venimos promoviendo una articulación misionera, pastoral, y de paz completa e integral, “que considere la territorialidad, la población y las instituciones en que se encuentra cada Iglesia. Porque, si bien, la acción evangelizadora proviene de Dios y lleva al mismo Dios, ésta requiere acentos diferentes, según las condiciones en que se vive y según las necesidades y particularidades de las poblaciones con las que se dialoga” (Plan quinquenal de pastoral, PQP,4).

Este Sínodo será un piloto para que todas nuestras Iglesias del Continente incluyamos el enfoque territorial, con carácter de regiones ecológicas bioarticuladas, en la misión eclesial y en la inspiración evangélica del DESARROLLO HUMANO INTEGRAL. Más que una pastoral de la creación, en buena hora asumida desde la “nueva creación”en Cristo Jesús, estamos ante una teología de la vida, ante lo biológico como fenómeno que exige un abordaje de identidad cósmica y planetaria, de globalización de una conciencia colectiva humana, más allá de la expansión global de culturas y sistemas. Como Iglesia en Cali y en la región, acompañamos con actitud de discípulos el desarrollo de esta reflexión eclesial y de sus conclusiones. Lo haremos, avanzando también nosotros en la apertura del corazón creyente a las voces de la vida como fenómeno integral, humano, cultural e histórico, en el que estamos involucrados como testigos y servidores de la paz, la esperanza y la unidad de nuestros pueblos.

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Cali es una ciudad- región, tanto para el litoral del Pacífico como para el Sur-Occidente colombiano. Como Iglesia, tres provincias eclesiásticas congregan al menos 15 Iglesias Particulares que cubren a ambas regiones: Popayán, Cali y

Lo regional como marco de la misión eclesial “es, ante todo, un territorio en el que se difuminan los saberes y expresiones de lo urbano y lo rural; en el que emerge la mixtura de lo afro descendiente, lo indígena y lo mestizo. Sobre todo, es una territorialidad humana y natural que va y viene por esteros, vías, valles y montañas. Una territorialidad que no se atrapa en la delimitación política o geográfica, y mucho menos, en los proyectos macro-económicos, sino que se extiende con la vida, con el ir y venir de sus pobladores” (PQP, 5). Una mirada, a vuelo de pájaro, sobre el territorio del Pacífico y Sur Occidente, nos permite ver que en él se integran diversas zonas de vida: el Valle interandino, el litoral, las serranías y montañas, con gran variedad de climas, estaciones de lluvia y calor relativamente estables, diversidad de vegetaciones, especies, cultivos y demás elementos propios del trópico, que le dan identidad a los pobladores en su relación con el medio natural, en vínculos con la espiritualidad y la fe (PQP, 18). La ubicación de este extenso territorio posibilita que sea un eje de comunicación o un puente con el andén del


Este Sínodo será un piloto para que todas nuestras Iglesias del Continente incluyamos el enfoque territorial, con carácter de regiones ecológicas bioarticuladas, en la misión eclesial y en la inspiración evangélica del DESARROLLO HUMANO INTEGRAL.

pacífico, de sur a norte; con el eje cafetero al oriente; con el sur, a través del Putumayo y hacia la Amazonía; y con el contiguo geográfico de Panamá y Ecuador como referentes de movilidad. Podemos resaltar algunas características notables y definitorias de nuestra territorialidad regional como las siguientes: 1. La influencia del Mar y los Puertos, especialmente el de Buenaventura. 2. El cruce entre la mística andina y la cadencia afro descendiente. 3. El río Cauca, principal fuente hídrica del Occidente colombiano y segunda en importancia del país. 4. La abundante reserva natural en agua, fauna, flora y demás recursos naturales. 5. La notoria actividad industrial y de servicios en Centros urbanos como Cali, Popayán y Pasto. En la dinámica de estas regiones, tendríamos que detenernos sobre el real estado de los pobladores y comunidades, en su identidad étnica, cultural e interétnica, en sus condiciones de vida y de institucionalidad, sobre todo en el drama social de su victimización por colonos, multinacionales, mega-proyectos, actores armados, rutas de economía ilegal y criminal, desplazamiento forzoso y daño medioambiental. Un grave desarraigo y una caótica reubicación en cinturones urbanos, suburbanos y viales, hacen muy compleja la vida y el buen desarrollo de las componentes culturales hacia horizontes humanos y dignos. La Iglesia, desde los comienzos de la conquista y de la colonización española, se implantó en focos de expansión marítima, fluvial y de rutas precolombinas, llegando, en los siglos más recientes, a forjar unidades y obispados de gran influencia en la región. Popayán, sobre todo, conectaba con el sur, el norte y la expansión hacia la llanura amazónica y el litoral pacífico. Comunidades

religiosas como los Carmelitas en Tumaco y Urabá, los Franciscanos en Guapi, los Misioneros Javerianos en Buenaventura, los Claretianos en El Chocó, han tenido gran influencia en el desarrollo espiritual católico de esas jurisdicciones. Cali es ahora el núcleo urbano en el que mejor puede articularse esta labor eclesial en ambas regiones, ya que su movilidad terrestre y aérea, y su infraestructura de servicios y ubicación privilegiada la determinan como punto de llegada y centro de influencia y salida. Las gravísimas desigualdades sociales, las múltiples violencias, el narcotráfico internacional y el microtráfico local y urbano como principal conector de todas las violencias, la informalidad y la destrucción progresiva del trabajo agrícola y del autoabastecimiento y el empleo, las humillantes situaciones de necesidades básicas insatisfechas y grave atraso educativo y participativo, hacen un conjunto de desafíos y retos a la misión eclesial. La convivencia, la célula afectiva de esposos y familia, la carencia de tierra propia, techo, trabajo y transporte, y las perspectivas de un desarrollo económico armonizado con el desarrollo socio familiar y ambiental, ponen en calzas prietas la labor institucional y espiritual de la Iglesia, teniendo ella que llenar, muchas veces, el vacío y gestión del Estado y la carencia de una ciudadanía organizada, con autogestión en el territorio, y apoyada por el poder central. Al aportar estos trazos sobre la importancia del contexto regional, invito a estudiar los primeros 71 numerales, de visión de la realidad y situación de la región, en el Plan Pastoral 2019-2023 de la Arquidiócesis de Cali. Y a profundizar, dese el horizonte de la Encarnación de Dios en Cristo, y de la Evangelización y Transfiguración de nuestras culturas y pueblos, en la misión actual de la Iglesia en nuestras jurisdicciones del Pacífico y del Sur Occidente. Ser Iglesia en contexto regional significará, en estos tiempos de nueva oleada de cambios y ajustes globales y locales, escuchar al Espíritu Santo en el clamor humano y el apremio del “cuidado de la casa común”, en los signos de los tiempos y los dolores de parto de la historia, para descubrir la cercanía del Reino de Dios y acogerlo en el alma colectiva de la Iglesia. Una Iglesia en contexto regional y por la ecología y el desarrollo humano integrales, estará vibrando con las comunidades católicas y las sociedades e instituciones humanas que asumen la Amazonía como un todo al que el Evangelio de la Nueva Creación deberá empezar a responder. Se hace necesario que cambiemos nuestra óptica: no es el Reino el resultado de la misión evangelizadora, sino su causa y fuerza que nos mueve a ella “de dos en dos”, con “dos o más reunidos en su nombre”, en comunión de salida y presencia eclesial entre nuestros pueblos y ciudades. “El Espíritu Santo y NOSOTROS” adquiera el rostro regional que la historia nos reclama.

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La Iglesia hoy

Diversos desafíos proyectan la labor de la Iglesia con la Amazonía

Fuente: Conferencia Episcopal de Colombia via REPAM.

En el último día de la Asamblea Territorial Pre-sinodal de Puerto Inírida, el 5 de octubre, se llevaron a cabo los momentos de Discernir y Actuar, donde los participantes reflexionaron acerca de los desafíos que tiene la Iglesia mancomunadamente con los pueblos que habitan la Amazonía. Desde la dinámica de trabajos en grupo y plenaria, se establecieron muchos aportes para el documento preparatorio del Sínodo para la Amazonía, a realizarse en octubre de 2019.

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evangelización inculturada, pensada en la inclusión de las lenguas de los pueblos indígenas para así contribuir a fortalecer los procesos que se abordan en pro de la preservación del territorio. Sin embargo, aún sigue siendo un proceso de análisis el cómo llegar a un proceso de interdisciplinariedad que nos permita un relacionamiento sostenible con la Casa Común a través del diálogo entre las culturas y desde las culturas.

Momento Discernir En el trabajo se reconoce la Amazonía como ser viviente y la necesidad de aproximarnos a ella como un sistema dinámico e interdependiente de quienes la habitan, siendo importante cuidarla y protegerla. En este proceso es determinante la presencia de la Iglesia en la vida de las comunidades indígenas, del campesino amazónico y de quienes están llegando a vivir en ella, para así asegurar una calidad de vida en su varias dimensiones: salud, educación, seguridad alimentaria, vida espiritual, etc.

Momento Actuar Desde la espiritualidad de los pueblos que habitan y han habitado ancestralmente estos territorios, debemos ver cómo pueden aportar a la vivencia y práctica de los sacramentos de la Iglesia y, a su vez, ésta cómo puede enriquecer los procesos en cada una de las culturas de los pueblos. Se espera que las comunidades indígenas inviten a la Iglesia Católica a hacer presencia y parte de sus espacios de reflexión para la construcción de procesos y acciones hacia la responsabilidad con el territorio que se habita.

Se deben continuar las relaciones claves entre la Iglesia y la espiritualidad de los pueblos amazónicos, porque allí es donde podemos armonizar o desarmonizar. De esta manera, pensarnos en una etnoeducación y una

También se reflexionó sobre el papel de la mujer en la construcción de la Iglesia con rostro amazónico, haciendo necesario una Iglesia abierta a las vocaciones indígenas con una formación adecuada para el


acompañamiento pastoral y que responda a la realidad amazónica. Se enfatizó en la necesidad de cambiar el paradigma de creer que la cultura es algo estático, pensando en que el actuar debe ser como se ha hecho por tradición a través de los siglos; por el contrario, esta debe transformarse tanto en el actuar de la Iglesia como el de los pueblos indígenas ancestrales, para así modificar aquellos elementos que hacen indigna la vida de muchos de los habitantes de la Amazonía.

Amazonía, se concluyó el trabajo como la semilla que ya ha germinado y que continúa creciendo.

Un cierre de unión y fraternidad en la Amazonía Dando cierre al encuentro, Mons. Joselito Quiñónez, obispo de Puerto Inírida, afirmó que “hemos podido ver, discernir y pensar unos compromisos concretos para llevarlos a la práctica, viendo más allá de lo que vieron nuestros antepasados”.

Luz Nely Gómez, indígena tikuna, habló de la importancia de unir fuerzas en este trabajo: “Gracias al encuentro con los obispos, padres, hermanas, mestizos e otras personas podemos unir voces para elevar la voz y así poder sacar nuestra voz hacia el mundo entero para que nos ayuden a cuidar nuestra madre tierra, porque si nosotros no la cuidamos nos estamos destruyendo a nosotros mismos”. Así los pueblos indígenas hacen un llamado respetuoso al diálogo y al reconocimiento de la espiritualidad ancestral, haciendo el acompañamiento pertinente a los procesos para la supervivencia de las culturas indígenas, resaltando el papel de la mujer indígena como formadora y dadora de vida.

Fueron dos días de arduo trabajo en el que obispos, sacerdotes, religiosas y laicos campesinos e indígenas dialogaron sobre el trabajo que como Iglesia se necesita para llegar a palpar lo que ocurre en el entorno, desde una acción orante y reflexiva. Representando con velas encendidas una a una desde las manos que se unen para trabajar por una Iglesia con rostro amazónico y que contribuya a mantener viva la luz en el corazón de la

La segunda Asamblea presinodal de la Amazonía colombiana se llevó a cabo los días 4 y 5 de octubre, en Puerto Inírida, en el suroriente del país, con la participación de alrededor de noventa delegados de ocho jurisdicciones eclesiásticas de Colombia (Leticia, Mitú, San José del Guaviare, Granada, Puerto Gaitán, Puerto Inírida, Puerto Carreño y Villavicencio) y comisiones de Ayacucho (Venezuela) y Sao Gabriel da Cachoeira (Brasil).


Obispo Invitado Mons. Orlando Olave Villanoba Obispo de Tumaco

Reconciliémonos con la naturaleza

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Encontrarse en el pacifico es una oportunidad inigualable para descubrir las maravillas de la creación que dios ha hecho por nosotros, pero también la posibilidad de ver como la acción humana puede desvirtuar esta belleza de Dios, expresada en la naturaleza. Los que tenemos la oportunidad de movernos por esta Tierra bendita, fácilmente no encontramos con esos tesoros escondidos que poseemos, los majestuosos ríos, las imponentes playas, la riqueza marina, los grandes recursos naturales que poseemos, las extensas zonas cultivables, que producen coco, plátano, cacao, café, palma, caña de azúcar, borojó, pimienta…y sobre todo la maravillosa comunidad que habita estos territorios, en su riqueza, étnica, cultura, espiritual y humana. Sin embargo también nos podemos dar cuenta fácilmente de cómo un pequeño, grupo por intereses mezquinos y comerciales, atentan contra este territorio extraordinario. No podemos olvidar que nuestra tierra ha sido históricamente marcada por la economía extractivista. “El Papa Benedicto nos propuso reconocer que el ambiente natural está lleno de heridas producidas por nuestro comportamiento irresponsable. También el ambiente social tiene sus heridas. Pero todas ellas se deben en el fondo al mismo mal, es decir, a la idea de que no existen verdades indiscutibles que guíen nuestras vidas, por lo cual la libertad humana no tiene límites. Se olvida que «el hombre no es solamente una libertad que él se crea por sí solo. El hombre no se crea a sí mismo. Es espíritu y voluntad, pero también naturaleza»[12]. Con paternal preocupación, nos invitó a tomar conciencia de que la creación se ve perjudicada «donde nosotros mismos somos las últimas instancias, donde el conjunto es simplemente una propiedad nuestra y el consumo es sólo para nosotros mismos. El derroche de

la creación comienza donde no reconocemos ya ninguna instancia por encima de nosotros, sino que sólo nos vemos a nosotros mismos»1” Sin lugar a dudas existe unos impactos profundos en el deterioro de la naturaleza fruto del accionar perverso de un pequeño grupo, con la minería ilegal, el narcotráfico, los monocultivos, los atentados terroristas de alguno grupos subversivos, muy a pesar de esto es necesario hacer una reflexión que ya el papa francisco aquí nos propone, como es la corresponsabilidad de cada uno de nosotros en una convivencia armónica con la naturaleza: que “no nos veamos como el fin último” aquí hay un punto nodal en nuestra relación con el entorno. “Un antropocentrismo desviado da lugar a un estilo de vida desviado. En la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium me referí al relativismo práctico que caracteriza nuestra época, y que es «todavía más peligroso que el doctrinal»2”. Cuando el ser humano se coloca a sí mismo en el centro, termina dando prioridad absoluta a sus conveniencias circunstanciales, y todo lo demás se vuelve relativo. Nuestra vida cotidiana debe marcar el interés y compromiso por esta casa común que tenemos. Es así que cada pequeña acción marcará el futuro. Repito, podemos cuestionar los grandes atentados a la naturaleza, pero también nosotros somos corresponsables, con un manejo adecuado de los residuos sólidos, con un comportamiento que favorezca el reciclaje de basuras, una trato armónico con los bosques, el respeto a los ríos y los mares, el sacar de nuestro uso cotidiano los desechables que causan tanto mal a nuestros ríos y playas. 1 Papa Francisco. Laudato Si´ No. 6 2 Ibid., No. 122


Nuestra vida cotidiana debe marcar el interés y compromiso por esta casa común que tenemos. Es así que cada pequeña acción marcará el futuro.

Por eso nos debería llamar la atención que, junto con la omnipresencia del paradigma tecnocrático y la adoración del poder humano sin límites, se desarrolle en los sujetos este relativismo donde todo se vuelve irrelevante si no sirve a los propios intereses inmediatos. Hay en esto una lógica que permite comprender cómo se alimentan mutuamente diversas actitudes que provocan al mismo tiempo la degradación ambiental y la degradación social. Evidentemente que para superar este pragmatismo individualista se hace urgente crear nuevos estilo de vida, que nos coloque en igualdad de condiciones con nuestro entorno, viendo la naturaleza como ese espacio que necesita de nosotros un nuevo trato, pues esta es nuestra casa común y por ahora sabemos que no hay otra que nos pueda albergar. El papa francisco nos ubica distintos criterios, pero creo el fundamental es un compromiso que nos convoca a todos los seres humanos sin ningún distingo, como es el “Apostar por un nuevo estilo de vida” que nos ayude a reconciliarnos con la naturaleza. Apostar por un nuevo estilo de vida. Se afirma que la vida la definen las decisiones. Por muchos años decidimos beneficiarnos del entorno, hoy este entorno nos está gritando que no aguanta más. Para eso es necesario una toma de conciencia del momento trascendental que estamos viviendo que quizá si no escuchamos ya, será irreversible. “Esta conciencia básica permitiría el desarrollo de nuevas convicciones, actitudes y formas de vida. Se destaca así un gran desafío cultural, espiritual y educativo que supondrá largos procesos de regeneración.3” Es una senda que nos parece muy difícil si vemos con cierta critica el modo como relacionamos con la naturaleza. “Sin embargo, no todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales que les impongan. Son capaces de mirarse a sí mismos con honestidad, de sacar a la luz su propio hastío y de iniciar caminos nuevos hacia la verdadera libertad.”4

Argumenta sin límites,

rompe paradigmas, transforma el mundo

la compleja realidad. Sin límites en su campo de acción, pueden desarrollarse en la cultura, la política, lo social, lo educativo y en lo organizacional.

Beca Aristóteles Dirigido a: estudiantes que ingresan a primer semestre del programa de Filosofía. Periodicidad: semestral. Apoyo económico: se otorgarán hasta tres (3) becas semestrales a los aspirantes que obtengan el mayor puntaje en las pruebas de Estado y hayan sido admitidos al programa, según las condiciones impuestas por la Universidad. EL PORCENTAJE DE LA BECA ES:

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3 Ibid., No. 203 4 Ibid., No. 205

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Obispo Invitado Mons. Edgar de Jesús García Gil Obispo de Palmira

Somos parte del pulmón del mundo: La Amazonía Hace 66 años el papa Pio XII creo la diócesis de Palmira en este territorio que conocemos en el sur del valle del Cauca. Un valle fértil donde la industria de la caña de azúcar descubrió las mejores tierras para cultivar, experimentar y explotar esta planta que produce una variedad de productos que endulzan la vida de este territorio, de Colombia y de muchas partes del mundo. También esta región quedo acompañada de una buena parte de la cordillera central y occidental donde encontramos una inmensa variedad de climas, cultivos, fauna y flora. Los páramos y los ríos son los dioses que cuidan el agua y la derraman sobre las grandes ciudades de nuestro territorio. Además de las personas nacidas en el valle del Cauca, esta región tiene unos asentamientos étnicos muy valiosos. Indígenas, afros, nariñenses, tolimenses, opitas que han venido a trabajar la caña de azúcar y también se han mezclado dando un variado mestizaje de razas fuertes. La presentación de la carta Encíclica “Laudato Si´” (2015) del papa Francisco, sobre el cuidado de la casa común, nos ha llevado a tomar conciencia de una manera más comprometida de la responsabilidad que tenemos para cuidar en nuestros territorios las riquezas y las personas que nos rodean.

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Ante el asombro de muchos el papa Francisco ha convocado para octubre de este año 2019 un sínodo de obispos sobre el tema de la Amazonía que pretende “Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”. Yo creía que este tema de la Amazonía era algo muy distante para nuestra región vallecaucana pero para sorpresa de nosotros mismos descubrimos que Colombia hace parte de los 9 países que componen este gran bioma pan amazónico y por lo tanto todos los colombianos estamos indudablemente comprometidos en cuidar este pulmón del mundo.

“Tomó, pues, Yahveh Dios al hombre y le dejó en al jardín de Edén, para que lo labrase y cuidase” «labrar y cuidar» el jardín del mundo es la primera tarea que Dios le entregó al ser humano (Génesis. 2,15). La antropología cristiana basada en los primeros capítulos del génesis nos plantea las tres relaciones fundamentales del ser humano. Con Dios, con el prójimo y con la naturaleza. Relaciones que se rompieron con la tragedia del pecado cuando nuestros primeros padres, Adán y Eva, seducidos por el espíritu del mal, pretendieron ser dioses por encima de Dios. De esta manera quedamos aislados de Dios, enemigos de nuestros semejantes y depredadores dominantes de la casa común. Es muy recurrente como el papa Francisco en su carta Encíclica “Laudato Si´” nombra entre los lugares ricos en biodiversidad la Amazonía. “Mencionemos, por ejemplo, esos pulmones del planeta repletos de biodiversidad que son la Amazonía y la cuenca fluvial del Congo, o los grandes acuíferos y los glaciares. No se ignora la importancia de esos lugares para la totalidad del planeta y para el futuro de la humanidad”. El 7 de septiembre del 2017 el papa Francisco en su visita a Colombia dijo al final del discurso a los obispos en Bogotá: “La Amazonía es para todos nosotros una prueba decisiva para verificar si nuestra sociedad, casi siempre reducida al materialismo y pragmatismo, está en grado de custodiar lo que ha recibido gratuitamente, no para desvalijarlo, sino para hacerlo fecundo. Pienso, sobre todo, en la arcana sabiduría de los pueblos indígenas amazónicos y me pregunto si somos aún capaces de aprender de ellos la sacralidad de la vida, el respeto por la naturaleza, la conciencia de que no solamente la razón instrumental es suficiente para


colmar la vida del hombre y responder a sus más inquietantes interrogantes. He escuchado que en algunas lenguas nativas amazónicas para referirse a la palabra «amigo» se usa la expresión «mi otro brazo». Sean por lo tanto el otro brazo de la Amazonía. Colombia no la puede amputar sin ser mutilada en su rostro y en su alma “. El papa Francisco pidió a los pueblos “reafirmar una opción sincera por la defensa de la vida, la defensa de la tierra y defensa de las culturales”. Consideró que los habitantes de la Amazonía están amenazados por el “neo-extractivismo” de recursos como el petróleo, gas, madera y oro. “Probablemente los pueblos originarios amazónicos nunca hayan estado tan amenazados en sus territorios como lo están ahora”. Es bueno conocer cuáles son los países que integran el bioma amazónico y que son objeto del próximo sínodo. La cuenca amazónica supone para nuestro planeta una de las mayores reservas de biodiversidad (30 a 50% de la flora y fauna del mundo), de agua dulce (20% de agua dulce no congelada de todo el planeta), posee más de un tercio de los bosques primarios del planeta y, aunque los océanos son los mayores captadores de carbono, no por ello la labor de captura de carbono de la Amazonía deja de ser significativa. Son más de siete millones y medio de kilómetros cuadrados, con nueve países que comparten este gran bioma (Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam, Venezuela, incluyendo la Guyana Francesa como territorio ultramar). En los nueve países que componen la Pan Amazonía se registra una presencia de alrededor de tres millones de indígenas, representando alrededor de 390 pueblos y nacionalidades distintos. Asimismo, en el territorio existen, según datos de instituciones especializadas de la Iglesia y otras, entre 110 y 130 distintos Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario o “pueblos libres.

El interés de la Iglesia católica con este sínodo es una viva preocupación por el presente y futuro de la humanidad. No podemos vivir tan deportivamente nuestras responsabilidades y compromisos ecológicos como si viviéramos ajenos al planeta tierra. Precisamente leyendo sobre este interesante asunto me encontré un escrito de Henryk Skolimowski, filósofo polaco, fallecido recientemente, que desde el año 1974 en un congreso convocado en Londres hablaba del “humanismo ecológico” y presentaba algunos rasgos de esta nueva táctica vital: 1. Ver el mundo no como un lugar para el saqueo y el expolio, un circo de gladiadores, sino como un santuario en el que moramos temporalmente, pero al que hemos de dedicar el más exquisito de los cuidados. 2. Ver el ser humano no como un comprador y un conquistador sino como un guardián y un administrador. 3. Ver el conocimiento no como un instrumento para la dominación de la naturaleza sino en última instancia como técnicas para el refinamiento de alma. 4. Aprender a vivir una cohesión mayor entre la especie humana y el resto de la creación. Cierro este ensayo con una parte de la oración por nuestra tierra del papa Francisco: “Dios omnipotente, que estás presente en todo el universo y en las más pequeñas de tus creaturas. Sana nuestras vidas, para que seamos protectores del mundo y no depredadores, para que sembremos hermosura y no contaminación y destrucción. Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa, a contemplar admirados, a reconocer que estamos profundamente unidos a todas las creaturas en nuestro camino hacia la luz infinita”.


Obispo Invitado Mons. Carlos Alberto Correa Martínez Obispo del Vicariato Apostólico de Guapi

Conociendo un territorio rico

en biodiversidad

El vicariato apostólico de Guapi se encuentra ubicado en la zona del sur occidente de Colombia en el litoral pacifico, le corresponde los departamentos del Cauca; integrado por los municipios de Guapi, Timbiquí, López de Micay y santa Bárbara de Iscuandé en el departamento de Nariño. Sin duda alguna, lo que identifica a cada una de las persona que habitan los municipios del vicariato son sus expresiones artísticas culturales y ancestrales; pues es un territorio lleno de sorpresas, sus ríos, los recursos naturales, el aire que se respira, la alegría de sus gentes, la creatividad, la gente pujante, la calidad humana, el recogimiento en los actos de fe, hacen que sea una tierra encantadora. La Encíclica escrita por el Papa francisco en la Laudato Si´, es enfático en proponer una ecología integral, que incorpore claramente las dimensiones humanas y sociales, inseparablemente vinculadas con la situación medio ambiental. El vicariato cuenta con unos recursos naturales ineludibles que hacen que las personas se integren de manera social, pues el territorio ofrece estas herramientas para este fin, ya que es rico en su biodiversidad.

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Continúa el papa insistiendo, que ningún proyecto puede ser eficaz si no está animado por una conciencia formada y responsable, sugiriendo principios para crecer en esta dirección a nivel educativo, espiritual, eclesial, político y teológico. Es así, como los habitantes buscan día tras día con intensidad, desde la mañana hasta el caer de la tarde, obtener su sustento diario recordando siempre lo que de por vida han aprendido de sus antepasados, luchar con perseverancia, con honestidad y caridad sin importar los muchos problemas y obstáculos que se puedan presentar.

Tenemos conciencia que se necesitan los talentos y la responsabilidad social de todos para reparar el daño causado por el abuso humano a la creación de Dios; En nuestro territorio esto sí que es claro, por ello protegemos estos recursos que identifican la historia de nuestras etnias como cuidadores de la creación. Nos enorgullecemos de contar con la madera, pues durante toda la existencia de nuestro territorio fue el principal recurso de construcción de viviendas y de embarcaciones para la región y que hasta el día de hoy es de suma importancia. Nos enorgullecemos de la pesca, pues es una de las esenciales ocupaciones de los moradores del territorio además que es la base de la alimentación de nuestra región. Nos enorgullecemos de la agricultura pues es muy especial para cada uno de nosotros ya que es la forma de auto sostenimiento, con productos como el plátano, el arroz, el maíz, el chontaduro, la caña de azúcar, el coco, la papa china y la yuca. Nos enorgullecemos de la minería artesanal pues los ríos de nuestro territorio son ricos en oro. Nos enorgullecemos de la riqueza en biodiversidad, fauna y flora, esteros y manglares pues toda esta riqueza alegra cada una de nuestras existencias. Nos enorgullecemos así también de la riqueza étnica: indígenas, afro descendientes, mestizos que unidos protegemos la idiosincrasia de nuestros pueblos. Es inevitable decir que la amenaza del conflicto armado causa fragmentación y debilitamiento comunitario de los pueblos afrodescendientes e indígenas, lo cual desintegra sus capacidades organizativas y compromete la convivencia integral dentro de los territorios ancestrales. Igualmente estas acciones bélicas restringen el desarrollo de cada una de las actividades cotidianas imposibilitando defender los recursos que


nos identifican. Todo esto ocasionan pérdida de la seguridad y soberanía alimentaria. Esta situación empeora con el implemento de la minería ilegal puesto que la tierra ya no sirve para producir alimentos ya que se ha contaminado y ha causado un incremento en la pobreza. La población ha recurrido en lo ilegal, (minería y narcotráfico) salen a buscar empleo y los terratenientes prestan sus tierras para esta actividad. Todo esto nos inquieta pero no nos desanima. Creemos y confiamos en lo que por medio de la Iglesia se ha podido hacer, la Iglesia durante toda la historia del vicariato ha sido pionera y acompañante en todas las iniciativas que ennoblezcan al género humano y más aún a todos nuestros habitantes. La Iglesia desde siempre le ha apostado a la educación, y por medio de ella acompañar a las familias, pues estamos seguros de que las personas bien formadas y familias bien constituidas hacemos de este territorio una verdadera comunidad. La Iglesia acompaña y apoya lo cultural y artístico que se expresa por medio de la poesía y el canto, los habitantes de nuestro vicariato vibran con todas estas expresiones artísticas. Como Iglesia adoptamos todas estas formas para que logremos recrear en estas nuevas generaciones el animo de volver a tener amor propio, sentirse dueños de su tierra, creer en lo que tenemos y poseemos, confiar en lo que producimos y hacemos.

Lineas de Ahorro

De ahí que, el vicariato apuesta por otro estilo de vida; por una educación para la alianza entre la humanidad y el ambiente; y por una conversión ecológica. Luchar por el gozo y la paz que da el sentirse orgulloso de su propia tierra. A la luz de la reflexión hecha por el papa Francisco en la Encíclica Laudato Si´, y con la anterior descripción de la riqueza étnica y natural de nuestro territorio, es necesario que adquiramos una conciencia más profunda sobre el cuidado de la casa común, regalo que El creador nos ha hecho y responsabilidad que con el compartimos .Nuestra tierra y la riqueza que nos proporciona son signos del amor que Dios nos ha tenido, signos de los que tenemos que hacer lectura detenida para fortalecer su cuidado, la preocupación por el bienestar del medio ambiente no debe ser por ello ajena a la vida del hombre , más bien es una obligación innata por ser parte él mismo de esta naturaleza llena de bondad plasmada por Dios. Cuidar nuestros recursos a la luz de la fe, nos impulsa a sensibilizarnos por trabajar mancomunadamente por propuestas que permitan el desarrollo de la comunidad en este territorio biodiverso y rico en el que se ubica nuestra Iglesia particular. Que nuestra vida y cuidado por la casa común sean una continua alabanza al Creador por la gran bondad y belleza de su creación.


S EMINARIO MAYOR SAN PEDRO APÓSTOL CALI - 2019 LA FRATERNIDAD, UN FRUTO DE LA VIDA COMUNITARIA Sem. Juan Felipe Martínez Vélez – I Teología

Los años de formación aquí en el seminario, representan para cada uno de nosotros un reto, no solo en el discernimiento de la vocación sacerdotal, sino en el aprender a ver a Jesús en los diferentes rostros de nuestros hermanos con los que vivimos. Esa importancia la resalta la Ratio Sacerdotalis al definir que “en la vida diaria, la formación se realiza mediante las relaciones interpersonales, los momentos para compartir y de interpelación, que contribuyen al desarrollo del “humus humano”, sobre el cual, concretamente, madura la vocación” (El Don de la Vocación presbiteral – Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis). Es en el seminario donde el candidato, como

GRUPO SAN ÓSCAR ROMERO

miembro de una comunidad, se ejercita como verdadero padre y pastor. Por eso, conscientes de la importancia en la formación de la dimensión comunitaria, el seminario favorece la integración de los candidatos de los diferentes cursos, para hacer de este compartir en la oración y reflexión una oportunidad para crecer cada vez más. Así, nacieron los llamados grupos de vida, donde los seminaristas de los diferentes años se integran para vivir la oración y la fraternidad, en los encuentros propiciados por el seminario.

GRUPO SANTO TOMÁS

GRUPO SAN JUAN DE ÁVILA


“Cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos convivan en armonía”. Salmo 133, 1

GRUPO SAN JOSÉ

GRUPO URANOIS

GRUPO LA PIEDRA ANGULAR

GRUPO SAN EZEQUIEL MORENO

GRUPO LA TIENDA DEL ENCUENTRO

GRUPO PROPEDÉUTICO


Obispo Invitado Mons. Rubén Darío Jaramillo Montoya Obispo de Buenaventura

Expectativas sobre el Sínodo Panamazónico:

Realidad indígena de Buenaventura

El Santo Padre, tiene entre sus múltiples preocupaciones el tema de la ecología. Desde el documento “Laudato Si´”, en muchos espacios, el Papa Francisco sigue insistiendo en la necesidad de defender y cuidar entre todos los seres humanos esta tierra creada por Dios. Pero a nivel mundial está claro que la región Panamazónica, conformada por la superficie de los países que tiene jurisdicción o territorio en la cuenca hidrográfica del río Amazonas, es un territorio fundamental para el sostenimiento de todo el planeta. La convocatoria en octubre de 2019 para este Sínodo, es una esperanza muy grande de reflexión que la Iglesia hace para mirar el papel que tiene la Iglesia entorno a este gran pulmón del mundo.

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Natural Uramba-Bahía Málaga, ubicado en la porción media de la costa pacífica colombiana. Este santuario alberga una inmensa diversidad de especies de fauna y flora continental y marina. Este lugar es el destino anual de la migración estacional de la ballena jorobada (megaptera novaeangliae) que arriba a estas aguas con fines reproductivos y la cría de sus ballenatos. Pero también hay muchas especies que están amenazadas a nivel global y nacional, entre ellos ciertos bivalvos como la piangua, gasterópodos como los caracoles, crustáceos como los camarones y peces como los caballitos de mar.

Aunque es claro que la Iglesia tiene un papel espiritual y su primera preocupación es el Reino de Dios, a los hombres a los que se dirige su mensaje también hay que ayudar a salvarlos de las garras del pecado, de la destrucción y de la muerte. Es por eso que hay que pensar en la custodia de la dignidad y del respeto por todos los seres humanos y por el medio ambiente que los rodea.

En esta región se encuentran reportadas 1.396 especies divididas en nueve grupos de animales y vegetales: 300 plantas vasculares, 254 moluscos, 240 peces marinos, 237 crustáceos, 107 aves, 68 poliquetos, 37 algas, 28 equinodermos, 30 mamíferos costeros, 18 esponjas, 18 cnidarios, 12 mamíferos acuáticos y muchos animales marinos. Se han detectado 14 peces dulceacuícolas, 17 reptiles, 10 anfibios y gran variedad de hongos e insectos.

Colombia tiene una buena participación del territorio amazónico; pero hay regiones anexas que forman un ecosistema mucho más amplio y que también está llamada a ser ciudad. El territorio de Buenaventura goza de innumerables riquezas ecológicas. Por mencionar solo una parte, quiero referirme al Parque Nacional

Esta riqueza natural que tiene este territorio es solo una muestra de la importancia que tiene el Sínodo Panamazónico, porque nos va hacer reflexionar sobre la riqueza que Dios nos ha dado en todo el universo y las responsabilidades que cada uno de nosotros tenemos en el cuidado de esta “casa común” llamada tierra.



El Formador nos habla Pbro. Germán Martínez Rodas Formador del Seminario Mayor San Pedro Apóstol, Cali

Amazonía Nueve países conforman este inmenso pulmón de agua, tierra, personas y animales: Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Las Guyanas y Brasil. Es el lugar con mayor biodiversidad del planeta. La mirada de muchas personas se ha dirigido a ese gran mundo verde, unos para dañar otros para contemplar, respetar y anunciar la buena noticia. El Papa Francisco escribía en el 2015 ese gran documento sobre el CUIDADO DE LA CASA, y dirigiéndose a muchos que se llaman cristianos los exhortaba a una CONVERSIÓN ECOLÓGICA “que implica dejar brotar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que los rodea” (n. 217). Conversión es palabra de “sabor bíblico”, apela a lo más íntimo de cada persona, a su capacidad para reconocer a Dios, autor de todo lo creado, es llamada a volver sobre sí mismo, a recapacitar sobre la tarea encomendada: cuidar la tierra, ser solidarios y justos con los otros, es reconocer los límites, es orar y contemplar, en una palabra, conversión es reclamo para VOLVER A DIOS.

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El Salmo 104 recuerda un canto a Dios por la obra creada: “Cuántas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con maestría, la tierra está llena de tus criaturas. Ahí está el mar: ancho y dilatado, en él bullen, sin número, animales pequeños y grandes; lo surcan las naves y el Leviatán que

modelaste para jugar con él” (versos 24-25). Las creaturas muestran, señalan a Dios, ésa es la clave del Salmo. El Sínodo sobre la Amazonía que ha convocado el Papa Francisco para octubre de este año 2019 no tiene como objetivo principal un documento más, sino “un modo de ser y de trabajar juntos” (sínodo es palabra de origen griego que significa hacer camino juntos). Tal vez “volviendo la mirada” a muchos de los habitantes de ese gran territorio, sobre todo a los pueblos indígenas, aprendamos de ellos lo que hemos olvidado: Son silenciosos pero son maestros de sabiduría, conservan el sentido primigenio de reunirse que es SIGNO DE COMUNIÓN, inscrito en las raíces primordiales del ser. A pesar de su abandono de siglos son discretos, cultos, mesurados, serenos y prudentes. Fueron adoctrinados por frailes y pastores y no se han convertido ni en clan exaltado, ni en iglesia legalista ni en secta fanática. Conservan el secreto de las alucinaciones místicas, de las pócimas sanatorias y de tradiciones orales impresionantes. Son dueños de una libertad sin fines, sin compromisos, sin empeños ilusorios y encima se entregan a la muerte sin miedo, sin rabia, sin pietismos, como si morir fuera apenas un ejercicio más que se hace cada día. Conocer y escuchar a nuestros hermanos de la Amazonía puede ser un gran camino para aprender de ellos y dar gracias por las obras de la creación.



Análisis y Actualidad Observatorio de Realidades Sociales Arquidiócesis de Cali

Acercamiento al ser indígena en clave de derechos y territorio Reconocer la diversidad que nos identifica como territorio arquidiocesano es parte del desafío que debemos asumir como Iglesia. De allí que sea tarea diaria el reconocernos, propiciar diálogos respetuosos y dejarnos evangelizar por otras expresiones de vida y comunalidad. Abrir el horizonte y dejarnos tocar por la memoria de los pueblos, los planes de vida e, incluso, por los dolores que vivencian nuestros hermanos indígenas es parte de esa apuesta. Para empezar entonces proponemos este primer acercamiento a las presencias de comunidades indígenas en la Iglesia particular de Cali, de manera que luego se puedan concretar en mayor contacto y cercanía. Las comunidades indígenas ubicadas en la geografía urbana y rural de nuestra Arquidiócesis narran una historia de desarraigo, resistencia pacífica y movilización social, en medio de luchas por la sobrevivencia a las violencias ajenas y a la ausencia estatal que por décadas ha puesto en riesgo la vida en el suroccidente y el Pacífico colombiano. De ahí que encontremos comunidades en búsqueda de nuevas oportunidades o desplazadas por el terror implantado por grupos armados –legales e ilegales-, en sus disputas por el control de los territorios y del narcotráfico.

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En este orden, los cabildos que hacen presencia en Cali y los municipios aledaños son los Inga, Yanacona, Quechua, Misak, Nasa, Kofan y Wounaan (Alcaldía de Santiago de Cali, 2017). En la capital del Valle del Cauca estas comunidades se ubican de la siguiente manera: los Misak se concentran principalmente en las comunas 1, 3, 18 y 20; los Quechuas en la comuna 3, centro de la ciudad; los Nasa en la comuna 1, Alto Nápoles y Bajo Pance; los Yanaconas en la comuna 1; los Kofan y parte de los Misak se encuentran asentados en la zona rural de Felidia, La Elvira y El Saladito (El Tiempo, 2014). Para 2016 se contabilizaban en Cali alrededor de 8.000 indígenas, de los cuales gran parte de ellos eran natales de la ciudad (El Tiempo, 2017); hoy el número de indígenas reportado por las mismas comunidades está entre 11.000 y 12.000 que se autorreconocen como tal. El cabildo con más presencia en el territorio de

la Arquidiócesis es el Nasa. Solo en Cali, esta comunidad representaba para 2010 el 50,5 %, en comparación con los Yanaconas que representaban el 32,4 % y con los Inga con el 6,4 % (Anacona, Cardona y Tunubala, 2010). Los datos de los municipios aledaños nos hablan de 647 indígenas en Dagua, 638 en Jamundí, 263 en Yumbo y 41 en La Cumbre (Datos Abiertos, 2017). Sin embargo, estas cifras muchas veces no corresponden con los datos ofrecidos por la población indígena, la cual afirma que su número es aún mayor. A la dificultad de registro se suman las problemáticas conexas al autorreconocimiento y a la pérdida paulatina de la identidad de muchos miembros de estas comunidades, por el gran influjo que en ellos ha tenido el pensamiento occidental. Para la muestra, vale decir que el 88 % de los miembros de estas comunidades ya no hablan, entienden, leen, ni escriben en su lengua ancestral (El Tiempo, 2017). Sumado a lo anterior, se hace necesario evidenciar la compleja situación de desigualdad que enfrentan estas comunidades en relación con el acceso a la vivienda y al trabajo. Al respecto se debe decir que el 57.8 % de las familias indígenas manifiesta vivir en arriendo y solo el 26 % dice tener la vivienda paga en su totalidad (Anacona, Cardona y Tunubala, 2010). En cuanto a sus ingresos, se estima que el 61 % de los indígenas recibe menos de 1 salario mínimo mensual legal vigente (SMMLV), el 31 % recibe 1 SMMLV; el 4 % no recibe remuneración y solo el 3 % recibe más de 1 SMMLV (Anacona, Cardona y Tunubala, 2010). Más aún, según datos del Banco Mundial, la población indígena tiene mayores probabilidades de encontrarse en situación de pobreza y pobreza extrema (PNUD, 2018). A esto se suma la malnutrición de los niños y la alta tasa de mortalidad materna (que en Colombia es cinco veces mayor en mujeres indígenas), lo cual está íntimamente relacionado a la pobreza en que viven sus comunidades (PNUD, 2018). A pesar de su buen nivel organizativo, los cabildos indígenas tienen ante ellos importantes desafíos, entre los que se hallan el reconocimiento a nivel nacional, regional y local de sus de-


rechos ancestrales y étnicos; asunto que pasa por el respeto a sus formas de organización, a la autodeterminación, al derecho al territorio colectivo y al acceso a la educación con enfoque étnico. Sobre los dos últimos existe gran afectación en el territorio arquidiocesano, pues la mayoría de los indígenas solo logra avanzar hasta la primaria o el bachillerato, siendo pocos los que pueden acceder a educación superior y a aportar con sus conocimientos al fortalecimiento de la identidad de sus comunidades (PNUD, 2018). Mientras esto sucede, el territorio colectivo que reclaman, o sus lugares de vivienda, son vistos y tratados por las institucionalidades locales como invasiones o asentamientos subnormales. Así las cosas, se hace necesario acercarnos a estas realidades de manera sensible y tomar consciencia de sus privaciones históricas, que además cuentan con los agravantes de unas violencias enquistadas y de derechos vulnerados y manifiestos en el irrespeto a los territorios ancestrales, en la afectación de la Casa Común y en la estigmatización de la población en razón de las dinámicas ilegales en la región. En lo que atañe a los indígenas y a las otras etnias del Pacífico colombiano, será fundamental pensar en clave de presencia institucional en tanto gestión social del Estado, superando la idea de militarización del territorio y siendo garantes de la justicia especial indígena y de sus expresiones organizativas, a la par del derecho a la consulta previa ya adquirida.


Estudiante Invitado Brandon E. Herrera Lasso Estudiante de Filosofía Pontificia Universidad Javeriana Cali

Nuestra ultima oportunidad Estamos de cara a una de las crisis ecológicas más impactantes de la historia humana. No es una alerta, no es un mero llamado para remover el corazón o la conciencia, ni mucho menos es un tomar posturas deprimentes de un ecologismo muchas veces inactivo que se anida bajo la sombra de árboles que se marchitan; esto es una realidad que amenaza la existencia de la raza humana sobre la tierra y que requiere atención y sobretodo acción. El papa Francisco atento a las innumerables necesidades de la humanidad, ha convocado el Sínodo Panamazónico para octubre de 2019, con el fin de promover en la comunidad global una fuerte movilización que la confronte con la realidad circunstancial que se está atravesando y, además, que la interpele sobre el por qué se deterioran las selvas, por qué se derriten los polos, por qué se acaban las plantas, por qué mueren los animales, por qué se descarta a la persona humana; en fin, un poner sobre la mesa las acciones desvinculantes de la sociedad globalizada y consumista que atropella la existencia ya herida y lacerada del planeta Tierra.

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El hombre que ha atravesado la historia ha sido testigo silencioso en muchos casos, de cómo poco a poco, su casa, la Tierra, va perdiendo ese verdor, ese azul marino puro que tanto le caracteriza, va perdiendo su frondosidad, sus paisajes floreados, sus especies casi que infinitas de flora y fauna, va perdiendo su esencia; y tal vez esto ha sido producto de “la violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, y que se manifiesta en los síntomas de enfermedad que vierte en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes” (Laudato Si´, No. 2). Sí, nuestro planeta está enfermo, herido y es urgente que el hombre expectante ante estos hechos, despierte y genere tsunamis, huracanes y tormentas de actitudes y aptitudes que revolucionen la manera de pensar y de actuar de todos, y así la forma de concebir el habitad cambiará y dará como resultado la unión de fuerzas en

pro de extender la vida útil de esta casa en común que desde la creación se nos ha confiado. Cabe y es preciso resaltar el pasaje del Génesis en donde Dios mismo somete la creación entera a los pies del hombre, (cfr. Gn. 1, 26-31), le da el mandato de regir y gobernar todo cuanto existe sobre el urbe de la tierra; mas esta tarea con el pasar de los siglos se ha ido “deformando” y dejando a un lado ese papel de custodiar lo que en ella habita. Ha dejado de lado su deseo por preservar, cuidar y custodiar, y se ha tornado más bien en un deseo de manejar y manipular todo acoplándolo a sus necesidades. Pero, “la destrucción del medio ambiente es algo muy serio, porque Dios no solo le encomendó el mundo al ser humano, sino que su propia vida es un don que debe ser protegido de diversas formas de degradación” (Laudato Si´, No. 5), y allí encontramos el hecho de que solo pensar en manejar y manipular ya hace que la vida misma del hombre entre en estado de degradación y no pueda llegar a ser objeto de plenitud. Es por esto que debe nacer en el hombre un deseo de cambio, una “capacidad de transformar la realidad que tiene y que debe desarrollarse sobre la base de la donación originaria de las cosas por parte de Dios” (Laudato Si´, No. 5). Dios se da todo en todos, Él no se privatiza ni se encasilla, por el contrario sale al encuentro del hombre que necesita de su Dios, da todo de su parte para llenar los vacíos existenciales de cada persona. Y es lo que debería hacer el hombre con sus semejantes y con su naturaleza, salir de su propia comodidad que ha generado de la explotación de su ambiente, y construir culturas de encuentro que rompan barreras de individualismo, narcicismo, materialismo y todos estos ismos que atentan con esa relación intrínseca que debe existir entre el hombre y su ambiente. Así como el hombre busca su transcendencia y apoyo en Dios, me atrevería a afirmar que la tierra busca su apoyo en el hombre para que juntos logren llegar a su único y veraz Creador.


Indiscutiblemente el ser humano, es un ser creado bajo el principio de la libertad. Es libre de elegir qué quiere para su vida; mas esta libertad tal vez ha sido mal interpretada desde el verdadero deseo de Dios por crear un ser libre y autónomo. Cuando el hombre torna su libertad en dominio y manipulación, la creación gime bajo el agobiante peso de ser presa fácil de derroche y destrucción, y “el derroche de la creación comienza donde no se reconoce ya ninguna instancia por encima del hombre, sino que solo se ve a el hombre mismo” (Laudato Si´, No. 6), y se descarta una posibilidad de un Dios que tan misericordiosamente ha creado un Edén para un hombre libre y a su vez atado. Este derroche debe tener un ¡basta!, capaz de decir no más a la desfiguración del rostro amable y tierno de la creación. Pero a su vez debe generar una capacidad de reconocer el error y el pecado cometido contra el medio ambiente, porque “un crimen contra la naturaleza es un crimen contra el hombre mismo y un pecado contra Dios” (Laudato Si´, No. 8), y “en la medida en que el hombre genere pequeños daños ecológicos, él está llamado a reconocer su contribución –pequeña o grande- a la desfiguración y destrucción de la creación” (Laudato Si´, No. 8), y recocer en esta campo no conlleva ningún otro significado que buscar soluciones prontas en pro de cambiar ese estilo de vida que ataca la realidad hermosísima de la creación. Francisco de Roma tomando su nombre de Francisco de Asís, el santo patrono de la ecología, y extrae algo esen-

cial de este hombre que fue ejemplo de pobreza, sencillez, humildad y despojo para el siglo XIII, extrae ese espíritu de cuidado y contemplación de la creación maravillosa de Dios; desde lo mínimo hasta lo máximo, desde el reptil más sobrio y solitario de la tierra, hasta el ave más grande y hermosa de los cielos, pasando por el pez más veloz de las profundas aguas marinas; Francisco de Roma, extrae ese deseo de reconciliar todos las criaturas con su creador, deseo inherente en el corazón del pobrecillo de Asís que Cristo en la fe le encargo. Francisco de Asís, “lleno de la mayor ternura al considerar el origen común de todas las cosas, daba a todas las criaturas, por más despreciables que parecieran, el dulce nombre de hermanas” (Laudato Si´, No. 11), no obstante y sin ninguna diferencia el papa Francisco hace, a través de este Sínodo, un llamamiento a retornar al principio de este aspecto. Invita, llama y exhorta al hombre de este tercer milenio, a mirar con los ojos de Francisco de Asís, aquel que miro con los ojos de Jesucristo, y lo anima a encontrar en cada ser creado presente en la naturaleza como un hermano del cual Dios se fía para manifestar su presencia entre nosotros. Cada ser juega un papel inalienable dentro del espacio y de la casa en común que es de todos; por ende no podemos desplazar, alejar o descartar ningún ser por mas minúsculo que sea, al contraria debemos atraerlo al amor incondicional del Creador y justos conformar la eterna y celestial Jerusalén donde nacerá un cielo nuevo y una tierra nueva.


La Iglesia hoy

Amazonía: NUEVOS CAMINOS PARA LA IGLESIA Y PARA UNA ECOLOGÍA INTEGRAL Documento preparatorio del Sínodo de los Obispos para la Asamblea Especial sobre la Región Panamazónica Preámbulo De acuerdo con el anuncio del Papa Francisco, del día 15 de octubre de 2017, la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para reflexionar sobre el tema: Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral, se llevará a cabo en octubre de 2019. Esos caminos de evangelización deben ser pensados para y con el Pueblo de Dios que habita en esa región: habitantes de comunidades y zonas rurales, de ciudades y grandes metrópolis, poblaciones que habitan en las riberas de los ríos, migrantes y desplazados, y especialmente para y con los pueblos indígenas.1 En la selva amazónica, de vital importancia para el planeta, se desencadenó una profunda crisis por causa de una prolongada intervención humana donde predomina una «cultura del descarte» (LS 16) y una mentalidad extractivista. La Amazonía es una región con una rica biodiversidad, es multi-étnica, pluri-cultural y pluri-religiosa, un espejo de toda la humanidad que, en defensa de la vida, exige cambios estructurales y personales de todos los seres humanos, de los estados, y de la Iglesia. Las reflexiones del Sínodo Especial superan el ámbito estrictamente eclesial amazónico, porque se enfocan a la Iglesia universal y también al futuro de todo el planeta. Partimos de un territorio específico, desde donde se quiere hacer un puente hacia otros biomas esenciales de nuestro mundo: cuenca del Congo, corredor biológico Mesoamericano, bosques tropicales de Asia Pacífico, acuífero Guaraní, entre otros. Escuchar a los pueblos indígenas y a todas las comunidades que viven en la Amazonía, como los primeros interlocutores de este Sínodo, es de vital importancia también para la Iglesia universal. Para ello necesitamos una mayor cercanía. Queremos saber ¿Cómo imaginan su “futuro sereno” y el “buen vivir” de las futuras generaciones? ¿Cómo podemos colaborar

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1 En este documento se usan los términos “indígenas”, “aborígenes” y “pueblos originarios” en forma indistinta.

en la construcción de un mundo que debe romper con las estructuras que quitan vida y con las mentalidades de colonización para construir redes de solidaridad e interculturalidad? y, sobre todo, ¿Cuál es la misión particular de la Iglesia hoy ante esta realidad?. Este Documento Preparatorio está dividido en tres partes correspondientes al método “ver, juzgar (discernir) y actuar”. Para esta edición de la revista SEMAYOR les


compartiremos la sección del documento sobre el juzgar (discernir). Para encontrar el documento completo pueden ingresar a la página https://press.vatican.va/ content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2018/06/08/ panam.html. II. DISCERNIR. HACIA UNA CONVERSIÓN PASTORAL Y ECOLÓGICA 7. Anunciar el Evangelio de Jesús en la Amazonía: dimensión bíblico – teológica La realidad específica de la Amazonía y su destino, hoy interpelan a cada persona de buena voluntad sobre la identidad del cosmos, sobre su armonía vital y sobre su futuro. Los Obispos de América Latina reconocen la naturaleza como herencia gratuita y como profetas de la vida asumen su compromiso para proteger esta Casa Común (cf. DAp 471). Los relatos bíblicos contienen algunas instancias teológicas portadoras de valores universales. Sobre todo, cada realidad creada existe para la vida y todo aquello que conlleva la muerte se opone a la voluntad divina. En segundo lugar, Dios establece una relación de comunión con el ser humano «creado a su imagen y semejanza» (Gen 1,26), a quien confía la custodia de la creación (cf. Gen 1,28; 2,15). «Dar gracias por el

don de la creación, reflejo de la sabiduría y belleza del Creador que encomendó al ser humano su obra creadora para que la cultivara y la guardara» (DAp 470). Finalmente, a la armonía de la relación entre Dios, el ser humano y el cosmos, se contraponen la desarmonía de la desobediencia y del pecado (cf. Gen 3,1-7), que determina el miedo (cf. Gen 3,8-10), el rechazo del otro (cf. Gen 3,12), la maldición del suelo (cf. Gen 3,17), la exclusión del jardín (cf. Gen 3,23-24) hasta llegar a la experiencia del fratricidio (cf. Gen 4,1-16). Al mismo tiempo, los relatos bíblicos testimonian que en la creación herida está plantado el germen de la promesa y la semilla de la esperanza, porque Dios no abandona la obra de sus manos. En la historia de la salvación Él renueva el propósito de “hacer una alianza” entre el ser humano y la tierra, rehabilitando mediante el don de la Torah la belleza de la creación. Todo esto culmina en la persona y en la misión de Jesús. Mientras muestra compasión por la humanidad y su fragilidad (cf. Mt 9,35-36), Él confirma la bondad de todas las cosas creadas (cf. Mc 7,14-15). Los prodigios realizados sobre los enfermos y sobre la naturaleza revelan contemporáneamente la providencia del Padre y la bondad de la creación (cf. Mt 6,9-15.25-34).


El mundo creado nos invita a alabar la belleza y armonía de las creaturas y del Creador (cf. LS 12). Como lo señala el Catecismo de la Iglesia Católica, «toda criatura posee su bondad y su perfección propias», y en su ser propio reflejan «un rayo de la sabiduría y de la bondad infinitas de Dios», de su amor (CCC 339). «El suelo, el agua […] todo es caricia de Dios» (LS 84), canto divino, cuyas letras están conformadas por «la multitud de las criaturas presentes en el universo», como lo señaló San Juan Pablo II (Catequesis, 30/1/2002). Cuando cualquiera de esas creaturas es extinguida por causas humanas, ya no puede cantar más la alabanza al Creador (cf. LS 33). La providencia del Padre y la bondad de la creación alcanzan su punto culminante en el misterio de la encarnación del Hijo de Dios, que se acerca y abraza todos los contextos humanos, pero sobre todo el de los más pobres. El Concilio Vaticano II menciona ésta cercanía contextual con términos como adaptación y diálogo (cf. GS 4, 11; CD 11; UR 4; SC 37ss), y encarnación y solidaridad (cf. GS 32). Más tarde, sobre todo en América Latina, esas palabras fueron traducidas como opción por los pobres y liberación (Medellín 1968), participación y comunidades de base (Puebla 1979), inserción e inculturación (cf. Santo Domingo 1992), misión y servicio de una Iglesia samaritana y abogada de los pobres (cf. DAp 2007).

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Con la muerte y resurrección de Jesús se ilumina el destino de la creación entera, impregnado de la potencia del Espíritu Santo, ya evocada en la tradición sapiencial (cf.

Sab 1,7). La Pascua lleva a cumplimiento el proyecto de una “creación nueva” (cf. Ef2,15; 4,24), revelando que Cristo es la Palabra creadora de Dios (cf. Jn 1,1-18) y que «todas las cosas han sido creadas por medio de él y para él» (Co 1,16). «Para la comprensión cristiana de la realidad, el destino de toda la creación pasa por el misterio de Cristo, que está presente desde el origen de todas las cosas» (LS 99). La tensión entre el “ya” y el “todavía no” involucra la familia humana y el mundo entero: «Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios. La creación, en efecto, fue sometida a la caducidad, no espontáneamente, sino por aquel que la sometió, en la esperanza de ser liberada de la esclavitud de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto» (Rm 8,19-22). En el misterio pascual de Cristo, la creación entera se extiende hacia un cumplimiento final, cuando «las criaturas de este mundo ya no se nos presentan como una realidad meramente natural, porque el Resucitado las envuelve misteriosamente y las orienta a un destino de plenitud. Las mismas flores del campo y las aves que él contempló admirado con sus ojos humanos, ahora están llenas de su presencia luminosa» (LS 100). 8. Anunciar el Evangelio de Jesús en la Amazonía: dimensión social La misión evangelizadora tiene siempre un «contenido ineludiblemente social» (EG 177). Creer en un Dios


Trino nos invita a tener siempre presente «que fuimos hechos a imagen de esa comunión divina, por lo cual no podemos realizarnos ni salvarnos solos» (EG 178). En efecto, «desde el corazón del Evangelio reconocemos la íntima conexión que existe entre evangelización y promoción humana» (EG 178), entre la aceptación y la transmisión del amor divino. Así, si aceptamos el amor de Dios Padre Creador que nos confirió una dignidad infinita, el amor del Dios Hijo que nos ennobleció con su redención, y el amor del Espíritu Santo que penetra y libera todos los vínculos humanos, no podemos sino comunicar tal amor trinitario respetando y promoviendo la dignidad, nobleza y libertad de cada ser humano en cada acción evangelizadora (cf. EG 178). En otras palabras, la tarea evangelizadora de recibir y trasmitir el amor de Dios comienza con el deseo, búsqueda y cuidado de los demás (cf. EG178). Por lo tanto, evangelizar implica comprometerse con nuestros hermanos y hermanas, mejorar la vida comunitaria, y así «hacer presente en el mundo el Reino de Dios» (EG 176), promoviendo por y para todo el mundo (cf. Mc 16, 15) no «una caridad a la carta» (EG 180), sino un verdadero desarrollo humano integral, es decir, para todas las personas y para toda la persona (cf. PP14 y EG 181). Esto es lo que se conoce como el «criterio de universalidad» de la tarea evangelizadora, «ya que el Padre desea que todos los hombres se salven,

y su plan de salvación consiste en “recapitular todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, bajo un solo jefe, que es Cristo” (Ef 1,10) […] Toda la creación quiere decir también todos los aspectos de la vida humana» (EG181), todas sus relaciones. Ya en las historias bíblicas de la creación emerge que la existencia humana se caracteriza por «tres relaciones fundamentales estrechamente conectadas: la relación con Dios, con el prójimo y con la tierra […] las tres relaciones vitales se han roto, no sólo externamente, sino también dentro de nosotros. Esta ruptura es el pecado» (LS 66). La redención de Cristo, que ha vencido el pecado, ofrece la posibilidad de armonizar tales relaciones. La «misión del anuncio de la Buena Nueva de Jesucristo», por lo tanto, promueve esperanza no sólo en el fin de la historia, sino en el curso mismo de la historia de los pueblos, en una historia de valorización y recomposición de todas la relaciones de nuestra existencia (cf. EG 181). De allí que la tarea evangelizadora nos invite a trabajar en contra de las desigualdades sociales y la falta de solidaridad mediante la promoción de la caridad y la justicia, de la compasión y del cuidado, entre nosotros sí, pero también con los otros seres, animales y plantas, y con toda la creación. La Iglesia está llamada a acompañar y a compartir el dolor del pueblo amazónico, y a colaborar con la sanación de


sus heridas, poniendo en práctica su identidad de Iglesia samaritana, según la expresión de los Obispos Latinoamericanos (cf. DAp26). Esta dimensión social – y hasta cósmica – de la misión evangelizadora, es particularmente relevante en el territorio amazónico, en donde la interconexión entre vida humana, ecosistemas, y vida espiritual, fue y sigue siendo clara para la gran mayoría de sus habitantes. La destrucción es «una estela de dilapidación e incluso de muerte, por toda la región […] pone en peligro la vida de millones de personas, y en especial el hábitat de los campesinos e indígenas» (DAp 473). No cuidar la Casa Común «es una ofensa al Creador, un atentado contra la biodiversidad, y en definitiva, contra la vida» (DAp 125).

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Por ello, como bien nos recorda el Papa Francisco, la tarea evangelizadora no puede «mutilar la integralidad del mensaje del Evangelio» (EG 39). Su integralidad armoniosa, precisamente, «exige al evangelizador ciertas actitudes que ayudan a acoger mejor el anuncio: cercanía, apertura al diálogo, paciencia, acogida cordial» (EG 165), y, por sobre todo, asumir y asimilar que «todo está conectado» (LS 91, 117, 138, 240). Esto implica que el evangelizador debe promover proyectos de vida personal, social y cultural mediante los cuales podamos nutrir la integralidad de nuestras relaciones vitales con los demás, con la creación y con el Creador. Tal llamado necesita de una escucha atenta del clamor de los pobres y de la tierra en forma conjunta (cf. LS49).

Hoy el grito de la Amazonía al Creador, es semejante al grito del Pueblo de Dios en Egipto (cf. Ex 3,7). Es un grito de esclavitud y abandono, que clama por la libertad y el cuidado de Dios. Es un grito que anhela la presencia de Dios, especialmente cuando, los pueblos amazónicos, por defender sus tierras, tropiezan con la criminalización de la protesta – tanto por parte de las autoridades como de la opinión pública –; o cuando son testigos de la destrucción del bosque tropical, que constituye su hábitat milenario; o cuando las aguas de sus ríos se llenan de especies de muerte en lugar de vida. 9. Anunciar el Evangelio de Jesús en la Amazonía: dimensión ecológica «El Reino que se anticipa y crece entre nosotros lo toca todo» (EG 181) y nos recuerda que «en el mundo todo está conectado» (LS 16), y que por lo tanto el «principio de discernimiento» de evangelización está vinculado a un proceso integral de desarrollo humano (cf. EG 181). Dicho proceso está caracterizado, como lo señala Laudato Si´ (cf. nn. 137-142), por un paradigma relacional denominado ecología integral, que articula los vínculos fundamentales que hacen posible un verdadero desarrollo. El primer grado de articulación para un auténtico progreso es el vínculo intrínseco entre lo social y lo ambiental. Dado que los seres humanos somos parte de los ecosistemas que facilitan las relaciones que dan vida a nuestro planeta, el cuidado de los mismos – en donde todo está interconectado – es fundamental para


promover tanto la dignidad de cada individuo, como el bien común de la sociedad, tanto el progreso social como el cuidado ambiental. En la Amazonía, la noción de ecología integral es clave para responder al desafío de cuidar la inmensa riqueza de su biodiversidad ambiental y cultural. Desde el punto de vista ambiental, la Amazonía, además de ser «fuente de vida en el corazón de la Iglesia» (REPAM), es un pulmón del planeta y uno de los sitios de mayor biodiversidad del mundo (cf. LS 38). En efecto la cuenca amazónica posee el último gran bosque tropical que, a pesar de las intervenciones que ha sufrido y sufre, es la mayor superficie forestal existente en los trópicos de nuestra tierra. Reconocer el territorio amazónico como cuenca, más allá de las fronteras de los países, facilita la mirada integral de la región, esencial para la promoción de un desarrollo y una ecología integral. Desde el punto de vista cultural, tal como ha sido señalado extensamente en la sección anterior la Amazonía es particularmente rica por las diversas y ancestrales cosmovisiones de sus poblaciones. Tal patrimonio cultural, que forma «parte de la identidad común» de la región, se encuentra tan amenazado como su patrimonio ambiental (LS 143). Las amenazas provienen – principalmente – de una «visión consumista del ser humano, alentada por los engranajes de la actual economía globalizada, [que] tiende a homogeneizar las culturas y a debilitar la inmensa variedad cultural, que es un tesoro de la humanidad» (LS 144). Por lo tanto, el proceso de evangelización de la Iglesia en la Amazonía no puede ser ajeno a la promoción del cuidado del territorio (naturaleza) y de sus pueblos (culturas). Para ello, necesita establecer puentes que puedan articular los saberes ancestrales con los conocimientos contemporáneos (cf. LS 143-146), particularmente aquellos referidos al manejo sustentable del territorio y a un desarrollo acorde a los propios sistemas de valores y culturas de las poblaciones que habitan este espacio, quienes deben ser reconocidos como sus genuinos custodios, y hasta propietarios. Pero la ecología integral es más que la mera conexión entre lo social y lo ambiental. Comprende la necesidad de promover una armonía personal, social y ecológica, para la cual necesitamos de una conversión personal, social y ecológica (cf. LS 210). La ecología integral, entonces, nos invita a una conversión integral. «Esto implica […] reconocer los propios errores, pecados, vicios […] negligencias» y omisiones con los que «ofendemos a la creación de Dios», y «arrepentirse de corazón» (LS 218). Sólo cuando somos conscientes de cómo nuestro estilo de vida y nuestra manera de producir, comerciar, consumir y desechar afectan la vida


de nuestro ambiente y nuestras sociedades, entonces podremos iniciar un cambio de rumbo integral. Cambiar de rumbo, o convertirse integralmente, no se agota en una conversión de corte individual. Un cambio profundo de corazón, expresado en hábitos personales, es tan necesario como un cambio estructural, expresado en hábitos sociales, en leyes y en programas económicos acordes. A la hora de promover dicho cambio radical que la Amazonía y el planeta necesitan, los procesos de evangelización tienen mucho que aportar, sobre todo por la profundidad con que el Espíritu de Dios cala la naturaleza y los corazones de las personas y los pueblos. 10. Anunciar el Evangelio de Jesús en la Amazonía: dimensión sacramental Mientras la Iglesia reconoce la fuerte hipoteca y el poder del pecado, sobre todo en la destrucción social y ambiental, no se desalienta en su caminar junto con el pueblo Amazónico, y se compromete a superar la fuente del pecado, apoyada en la gracia de Cristo. Una mirada eclesial contemplativa y una práctica sacramental acorde son clave para la evangelización en la Amazonía.

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«El universo se desarrolla en Dios, que lo llena todo. Entonces hay mística en una hoja, en un camino, en el rocío, en el rostro del pobre» (LS 233). Quien sabe contemplar «lo bueno que hay en las cosas y experiencias del mundo», descubre la íntima conexión

de todas esas cosas y experiencias con Dios (LS 234). Por ello, la comunidad cristiana, especialmente en la Amazonía, está invitada a ver la realidad con una mirada contemplativa mediante la cual pueda captar la presencia y la acción de Dios en toda la creación y en toda la historia. Además, ya que «los Sacramentos son un modo privilegiado de cómo la naturaleza es asumida por Dios y se convierte en mediación de la vida sobrenatural», sus celebraciones son una permanente invitación a «abrazar el mundo en un nivel distinto» (LS 235). Por ejemplo, la celebración del Bautismo nos invita a considerar la importancia del “agua” como fuente de vida, no sólo como instrumento o recurso material, y responsabiliza a la comunidad creyente a custodiar este elemento como don de Dios para todo el planeta. Además, dado que el agua del Bautismo purifica al bautizado de todos los pecados, su celebración permite a la comunidad cristiana asumir el valor del agua y “del río” como fuente de purificación, facilitando la inculturación de los ritos relacionados al agua de la sabiduría ancestral de los pueblos amazónicos. La celebración de la Eucaristía nos invita a redescubrir como el «Señor, en el colmo del misterio de la Encarnación, quiso llegar a nuestra intimidad a través de un pedazo de materia» (LS 236). La Eucaristía, por lo tanto, nos remite al «centro vital del universo», al foco desbordante de amor y de vida inagotable del Hijo encarnado, presente en las especies de pan y vino,


fruto de la tierra-vid y el trabajo de los hombres (cf. LS 236). En la Eucaristía, la comunidad celebra un amor cósmico, en donde los seres humanos, junto al Hijo de Dios encarnado y a toda la creación, dan gracias a Dios por la vida nueva de Cristo resucitado (cf. LS 236). De esta forma, la Eucaristía constituye comunidad, una comunidad peregrina festiva que deviene en «fuente de luz y de motivación para nuestras preocupaciones por el ambiente, y nos orienta a ser custodios de todo lo creado» (LS 236). Al mismo tiempo, la sangre de tantos hombres y mujeres que ha sido derramada, bañando las tierras amazónicas por el bien de sus habitantes y del territorio, se une a la Sangre de Cristo, derramada por todos y para toda la creación. 11. Anunciar el Evangelio de Jesús en la Amazonía: dimensión eclesial-misionera En la Iglesia en salida (cf. EG 46), «misionera por naturaleza» (AG 2, DAp 347), todos los bautizados tienen la responsabilidad de ser discípulos misioneros, participando de modo diverso y en ámbitos distintos. En efecto, una de las riquezas de la conciencia magisterial de la Iglesia, es la de «anunciar siempre y por todas partes los principios morales, incluso los referentes al orden social, y pronunciarse respecto de cualquier cuestión humana, en cuanto lo exijan los derechos fundamentales de la persona humana o la salvación de las almas» (CCC 2032; CIC can. 747). La alabanza a Dios necesita estar acompañada por la práctica de la justicia a favor de los pobres. Como proclama el Salmo 146 (145): «Alaba al Señor con toda mi alma, alabaré al Señor mientras viva […] al Dios que libera a los cautivos, que da pan a los hambrientos, que sostiene a la viuda y al huérfano». Esta misión necesita de la participación de todos, y de una reflexión amplia que permita contemplar las condiciones históricas concretas tanto sociales, ambientales y eclesiales. En este sentido, un enfoque misionero en la Amazonía requiere más que nunca un magisterio eclesial ejercido en la escucha del Espíritu santo que garantiza unidad y diversidad. Esta unidad en la diversidad, siguiendo la tradición de la Iglesia, está estructuralmente atravesada por lo que se conoce como sensus fidei del Pueblo de Dios. El Papa Francisco retomó este aspecto enfatizado por el Concilio Vaticano II (cf. LG 12; DV 10), recordando que: «En todos los bautizados, desde el primero hasta el último, actúa la fuerza santificadora del Espíritu que impulsa a evangelizar. El Pueblo de Dios es santo por esta unción que lo hace infalible “in credendo”. Esto significa que cuando cree no se equivoca… Dios dota a la totalidad de los fieles de un instinto de la fe – el sensus fidei – que los ayuda a discernir lo que viene realmente de Dios» (EG119).


Tal discernimiento debe estar acompañado por los pastores, especialmente por los Obispos. En efecto, el mantenimiento de la Tradición eclesial, realizada por todo el Pueblo de Dios, exige la unidad de este Pueblo con sus pastores (cf. DV 10) para la lectura y el discernimiento de las nuevas realidades. Son los Obispos, como principio de unidad del Pueblo de Dios (cf. LG 23), quienes tienen la responsabilidad de mantener la unidad de la Tradición originada y basada en las Sagradas Escrituras (cf. DV9). Así, el sentido religioso de la Amazonía, como ejemplo de expresión del sensus fidei, necesita del acompañamiento y la presencia de los pastores (cf. EN 48). Cuando el Papa Francisco se encontró con los pueblos de la Amazonía en Puerto Maldonado, expresó: «he querido venir a visitarlos y escucharlos, para estar juntos en el corazón de la Iglesia, unirnos a sus desafíos y con ustedes reafirmar una opción sincera por la defensa de la vida, defensa de la tierra y defensa de las culturas». Los representantes de los pueblos ahí presentes, por su parte, le respondieron: «Nosotros venimos a escuchar a Su Santidad, a estar junto con el Papa en el corazón de la Iglesia y a participar en la edificación de esta Iglesia para que tenga cada vez más un rostro Amazónico». En esa escucha recíproca entre el Papa (y autoridades eclesiales) y los habitantes del pueblo amazónico, se alimenta y fortalece el sensus fidei del Pueblo y crece su ser eclesial: «Necesitamos ejercitarnos en el arte de escuchar, que es más que oír» (EG 171).

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La Asamblea Especial para la Región Panamazónica precisa de un gran ejercicio de escucha recíproca, especialmente de una escucha entre el Pueblo fiel y las autoridades magisteriales de la Iglesia. Y uno de los puntos principales a escuchar es el lamento «de miles de (sus) comunidades privadas de la Eucaristía dominical por largos periodos» (DAp 100, e). Confiamos en que la Iglesia, enraizada en sus dimensiones sinodal y misionera (cf. Francisco, Discurso per la conmemoración del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos, 17.10.2015), pueda generar procesos de escucha (ver-escuchar), procesos de discernimiento (juzgar), para poder responder (actuar) a las realidades concretas de los pueblos amazónicos.

SIGLAS Y ABREVIACIONES AG: Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto Ad Gentes, sobre la Actividad Misionera de la Iglesia (7.12.1965). CCC: Catecismo de la Iglesia Católica (11.10.1992). CIC: Código de Derecho Canónico (25.01.1983). CD: Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto Christus Dominus sobre el ministerio pastoral de los Obispos (28.10.1965). DAp: Documento de Aparecida. Texto conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latino-Americano y del Caribe (2007). DP: Documento de Puebla. III Conferencia General del Episcopado Latino-Americano (1979). DSD:Documento de Santo Domingo. IV Conferencia General del Episcopado Latino-Americano (1992). DV: Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución Dogmática Dei Verbum sobre la Revelación Divina (18.11.1965). EG :Francisco, Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, (24.11.2013). EN: Pablo VI, Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi, (8.12.1975). Fr. PM: Francisco, Discurso en Puerto Maldonado (Perú), Encuentro con los pueblos de la Amazonía (19.01.2018). Fr. EP: Francisco, Saludo en el Encuentro con la Población de Puerto Maldonado (19.01.2018). Fr. FPI:Francisco, Discurso a los participantes en el III Foro de los Pueblos Indígenas (15.02.2017). GS:Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo Gaudium et Spes(07.12.1965). LG: Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución Dogmática Lumen Gentium sobre la Iglesia (21.11.1964). LS: Francisco, Carta Encíclica sobre el cuidado de la Casa Común, Laudato Si´, (24.05.2015). NMI:Juan Pablo II, Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte (06.01.2001). PIAV: Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario. PO: Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto Presbyterorum Ordinis, sobre el Ministerio y la Vida de los Presbíteros (7.12.1965). PP: Pablo VI, Carta Encíclica Populorum Progressio sobre la necesidad de promover el desarrollo de los pueblos (26.03.1967). REPAM:Informe ejecutivo del Encuentro Fundacional de la Red Eclesial Panamazónica (12.09.2014, Brasilia CNBB). SC: Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium (04.12.1963). UR: Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto Unitatis redintegratio sobre el ecumenismo (21.11.1964).


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Equipo de formadores

Desde mediados del año pasado se despidieron de nosotros para ir a formarse a Roma el Padre Diego Armando Rivera y el Padre Norbey de Jesús García, uno estudiará Historia de la Iglesia y el otro Filosofía respectivamente. A ellos queremos darles las gracias por su entrega generosa a esta casa de formación y les auguramos éxitos durante su etapa de crecimiento formativo en la ciudad eterna. Compartieron tiempos de intensa formación y cada uno desde su compromiso con la vocación de la Iglesia aporto al proceso de discernimiento vocacional de los seminaristas que viven en esta casa.

Javier Mauricio Preciado quien era párroco de Santa Martha de Betania en el corregimiento de Quinamayó. Ellos llegan con el aire fresco de la academia y la vida pastoral – parroquial, a aportar con su conocimiento y experiencia, las mejores vivencias para los futuros pastorales de nuestra Iglesia. Junto con el Padre José Olmes Mondragón, Rector, el Padre Álvaro González, Vicerrector, el Padre Germán Martínez, Director de Estudios y el Padre Javier Ceballos, Director Espiritual, todos ellos conforman el equipo comprometido y dedicado en el acompañamiento de los jóvenes que generosamente responden al llamo de Dios.

Así mismo damos la bienvenida a los nuevos formadores que han llegado a nutrir este equipo y que desde ya se comprometen en un arduo trabajo de formación, buscando la plena configuración de los candidatos con Cristo, el Padre Fredd Alexander Martínez, quien concluyó su etapa de formación en Roma y el Padre

Pedimos a todos orar para que la sabiduría del Espíritu Santo los oriente siempre en sus decisiones y puedan encaminar la porción de la Iglesia que se les confía en sus manos por los caminos de la santidad, para que crezcan y den frutos abundantes de testimonio para el mundo.

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Año de pastoral El ejercicio pastoral es pieza clave en la formación de los futuros sacerdotes. Este año se desarrolla para que los candidatos vivan la experiencia parroquial con sus comunidades, aprendan a ser pastores con el apoyo de los sacerdotes y sobre todo hagan visible a Cristo Buen Pastor en todos sus actos. Es por tal motivo que queremos darle la bienvenida al seminarista Diego Alejandro Hernández Paredes que viene del seminario Mayor Cristo Buen Pastor de Puerto Salgar (Cundinamarca) a terminar sus estudios en nuestra casa de formación y quien se encuentra en estos momentos haciendo año de pastoral en la parroquia Nuestra Señora del Rosario de Jamundí.

Empleados

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Hacemos un homenaje y reconocimiento a este grupo de hombres y mujeres que apoyan con su talento nuestro proceso de formación y quienes día a día aportan para el buen funcionamiento de esta casa. Ellos con su ardua labor cooperan en la extensión del Reino de Dios y dejan ver en sus capacidades el deseo por contribuir a que el sueño de Jesús en estos jóvenes se haga realidad. Para ellos nuestra admiración y profunda gratitud por todo lo que comprometen en sus trabajos y por esa consagración de sus vidas a esta hermosa casa de formación.