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2012

Anaquel digital nº. 2

Pablo se puso en la ventana y, mientras pensaba, empezó a respirar agitadamente empañando el cristal. - Imposible -dijo casi para sí mismo. - ¿A qué te refieres? - Imposible, imposible -seguía susurrando Pablo. - ¿Qué es imposible? ¿De qué hablas? - Los ancianos y los niños son las mismas personas, sólo que volvieron a ser niños de nuevo -respondió Pablo. - ¿Cómo lo sabes? Volvieron junto a la vela, cogieron el álbum de cromos y Pablo dijo: - Fíjate bien en los cromos de ancianos y en los que están ahí pegados a continuación. - ¿Dios mío! ¡Los ancianos y los niños son las mismas personas! Tienen la misma mirada, los mismos ojos, hasta hay un anciano con la misma cicatriz que el niño de al lado. La lluvia golpeaba con fuerza la ventana y una fuerte racha de aire hizo temblar el marco. Los niños miraron hacia la ventana y vieron algo escrito en el cristal, justo donde Pablo dejó la marca de su aliento. Se podía leer: "Ayudadme, sólo quedo yo" Pablo quedó petrificado. Ana respiraba tan fuerte que hacía bailar la llama de la vela. Poco a poco, las letras iban desapareciendo. Pablo resopló aliviado. - No tendríamos que haber empezado a remover estas cosas. - No podemos dejarlos ahora. Hemos resuelto el código del pergamino, hemos encontrado el álbum de cromos, sólo queda saber el significado del mensaje de la ventana -replicó Ana. - El mensaje de la ventana decía "Ayúdame, sólo quedo yo" - Pero ¿a quién? y ¿cómo? -preguntó Ana. - Eso es lo de menos, sólo quiero terminar con esto de una vez respondió Pablo. Ana miró al techo, abrió los brazos y alzó la voz, diciendo: - ¡Dinos cómo lo hacemos! - Cállate -replicó Pablo rápidamente. Al quedar todo en silencio, el álbum empezó a elevarse girando sobre sí mismo, se detuvo en lo más alto del techo y empezó a plasmar unas imágenes en la pared, como si de un cine se tratase. Pablo y Ana se sentaron a lo indio mirando, boquiabiertos, las imágenes de ancianos y niños de los cromos del álbum. En unas imágenes, salía el padre de Pablo; lo que cambiaba es que no salía de niño ni de anciano, sólo de mediana edad. En la imagen, se le veía escribir las palabras: "Ahora soy el guardián de la mágica juventud y la defenderé con mi vida". Las 38

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ANAQUEL.ENERO.2012.Nº2  

REVISTA DEL CENTRO DE ADULTOS DE SANTANDER

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