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2012

Anaquel digital nº. 2

Ana juntaron las cabezas par verlo los dos, al mismo tiempo... pero allí, no pasaba nada: estaba completamente negro. Poco a poco, en el cromo aparecieron unas imágenes: se distinguían dos señoras con ropas oscuras, con pañuelos en las cabezas, largos faldones y sentadas frente a una chimenea. - ¡Son nuestras madres! -exclamó Pablo, asustado. Ana acercó el cromo a la luz de la vela y vio que, en el cromo, aparecían más detalles. Se percató una persona más en el cromo: era la figura de un hombre. - ¡Son nuestras madres! -repitió Pablo. - Sí, pero ¿quién es el hombre? Pablo se colocó las gafas, miró con detenimiento el cromo y dijo: “¡Dios mío, es mi padre!” En el cromo, se veía al padre de Pablo mostrando un papel en el que se podía ver con claridad los números 1, 7, 4. - Hay que bajar a ver a nuestras madres; puede que mi padre nos intente decir algo -dijo Pablo. Bajaron y se asomaron lentamente al salón; allí vieron a sus madres, tal y como el cromo les mostró. - ¿Queréis merendar algo? -preguntando ellas, mirándolos. - No, gracias -respondieron ellos al unísono. Las dos mujeres sonrieron y siguieron charlando. Pablo no dejaba de mirar el lugar donde su padre salía en el cromo, pero allí no había nadie; todo estaba normal. Ana y Pablo se miraron y, disimulando lo que les estaba ocurriendo esa tarde, salieron del salón camino al desván. Allí todo estaba igual, menos la imagen del cromo. Otra vez se había puesto negro. - ¿Qué significan esos números que mostraba tu padre en el cromo? preguntó Ana. - No estoy seguro, pero creo que los números 1, 7, 4 son un código. Ana se puso a pensar junto a la ventana mientras miraba la tormenta. Pablo miraba al suelo mientras jugaba con las canicas que tenía en el bolsillo. - Nunca he visto una tormenta tan fuerte -dijo Ana. - El código tiene que estar relacionado con el pergamino de la caja. - Vamos a probarlo, cerebrito -respondió Ana medio sonriendo. Cogió el pergamino, se sentaron en el suelo a la luz de la vela, se taparon hasta la frente con una fina manta y se pusieron a mirar el pergamino. Pablo miraba los números una y otra vez mientras se colocaba las gafas. Ana jugueteaba con un mechón de su pelo. - En este pergamino no hay números. 36

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ANAQUEL.ENERO.2012.Nº2  

REVISTA DEL CENTRO DE ADULTOS DE SANTANDER

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