Issuu on Google+

CREDERE, OBBEDIRE, COMBATTERE FASCISTAS ITALIANOS EN LA GUERRA CIVIL ESAPテ前LA

DIMAS VAQUERO PELテ・Z


A LA MEMORIA DE MIS PADRES, QUE SUFRIERON COMO TODA SU GENERACIÓN LA IGNOMINIA DE AQUELLA GUERRA CIVIL; A MI MUJER Y A MIS HIJAS, PARA QUE APRENDIENDO DE LOS ERRORES DISFRUTEN HOY DE VIVIR EN PAZ Y LIBERTAD.


NUEVA EDICIÓN CORREGIDA Y AUMENTADA PARA “MIRA EDITORES” AGRADECIMIENTOS

Muchas han sido las personas que directa o indirectamente me prestaron su ayuda y disposición para colaborar en la realización de mi Tesis Doctoral sobre la intervención italiana en la guerra civil española, base del presente trabajo. Me resultaría comprometido el intentar nombrar a todas por el riesgo de que alguna se me quedara en el tintero. A todas ellas gracias por su colaboración y por las aportaciones a un mejor conocimiento de nuestro pasado. Gracias al catedrático e historiador Julián Casanova que siempre ha mantenido despierto mi interés por la investigación. Sus orientaciones y consejos han hecho realidad este trabajo. Gracias por las respuestas informativas recibidas de ayuntamientos y de otras instituciones, españolas e italianas, que, además de enriquecer mi investigación, han supuesto en muchos casos el renacer de un tema que para ellos había quedado aletargado, pero del que todos querían conocer algo más y por el que sentían especial interés. Gracias igualmente por la atención recibida en mis visitas a los archivos italianos, en donde en todo momento captaron la importancia y el interés que tenía el tema de mi investigación. Quiero dejar constancia de la importancia del apoyo económico que para mí ha supuesto el Programa «Europa« de la Caja de Ahorros de la Inmaculada y el Gobierno de Aragón, que me sirvió para acudir a Italia en busca de las fuentes primarias de mi investigación. Igual de importante y decisiva fue la licencia por estudios que me fue concedida por el Departamento de Educación de la Diputación General de Aragón, y que me permitió la dedicación exclusiva para finalizar mi Tesis Doctoral. Gracias a mi mujer y a mis hijas, que han sabido soportar y encajar la larga trayectoria de mis cursos e investigaciones. Gracias.

INTRODUCCIÓN

La presente edición sobre la intervención fascista italiana en la guerra civil española, corregida y aumentada en algunos puntos para dar una mejor idea sobre la presencia de las tropas italiana y su influencia en la sociedad con el deslumbramiento de sus actos, homenajes y ceremonias, presenta su título en italiano, Credere, Obbedire, Combattere, el lema fascista del Corpo di Truppe Volontarie que encontramos grabado o pintado en la mayoría de los lugares por los que pasaron, así como en las cruces de las tumbas de los que en España dejaron su vida.


En España hubo dos intervenciones italianas durante la guerra civil: por un lado, la gran intervención del régimen fascista, con sus envíos masivos de hombres y material, siendo decisiva en el desenlace final de la contienda a favor del triunfo de Franco, y, por otro lado, una aportación menor en cantidad pero con una gran carga de idealismo, la de los antifascistas italianos que quisieron proseguir en España la lucha contra el fascismo de Mussolini que en Italia no podían hacer. Los primeros, los vencedores; estos últimos, los vencidos. La historiografía italiana, por el devenir de su historia, siempre ha presentado como vencedores a los segundos y como vencidos al fascismo, a los primeros, cosa no ocurrida en España, también debido al devenir de nuestra historia. La historia de la intervención fascista italiana contra la República española estuvo determinada por dos motivos principales: uno el que llevó a Mussolini a valorar que con su apoyo a los sublevados podía conseguir sus objetivos y ambiciones políticas, económicas y militares en la política mediterránea, y otro el que guió a Franco sirviéndose del apoyo de Mussolini para ganar la guerra y consolidar su triunfo. Dos planteamientos semejantes en los objetivos pero antagónicos en algunos momentos de la misma. Mussolini, con su intervención en España, pretendía el control territorial y estratégico del Mediterráneo, para evitar que otros lo ocuparan y le privaran a él de desarrollar su política imperial, no importándole acuerdos o normas internacionales, violándolas cuando le interesaba o jugando con ellas como quiso, según le marcaba el tempo internacional. Su agresividad en España aumentó cuando hirieron su orgullo fascista tras la derrota en Guadalajara, lo que llevaría a aumentar la ayuda a Franco y a comprobar que España no iba a ser un paseo militar. Su vanidad y su idea de fascinar al mundo, le llevaron a buscar desesperadamente una victoria que le emborrachara de orgullo. Mussolini con su acción directa en España se sentiría muy potente en Europa, entrando en una dinámica política que le terminará llevando al desastre. El Duce llevó a la práctica en España todo lo que su decálogo fascista recogía, sin escrúpulos, tomando como principio fundamental el de «agredir para vencer». Y no dudó en ponerlo en práctica: aquí masacramos con una simplicidad impresionante. Guerra sin cuartel, guerra horrenda y temerosa, diría uno de sus aviadores voluntarios. Sus tropas legionarias fueron traídas a España con la seguridad de «creer, obedecer y combatir« por su jefe, pagando muchos de ellos cara esta obediencia con la muerte en territorio español; pero no todos creían en la causa fascista, y en ciertos momentos tampoco obedecieron y combatieron como de ellos se esperaba. A pesar de todo, su aportación resultaría decisiva y clave para la victoria franquista. Su intervención no fue gratuita. Además de los costes materiales, aquí dejaron la vida casi cuatro mil soldados fascistas que el franquismo supo muy bien convertir en mártires y trofeos de la causa y del nuevo régimen. Los innumerables cementerios con soldados italianos y sus monumentos supieron ser aprovechados posteriormente por el franquismo para reforzar su ideología política y ser espacios, no sólo de muerte, sino de memoria y de fijación de sus ideas con la proliferación de actos y homenajes que en ellos se celebraron, honrando la memoria de los allí «presentes» y justificando su muerte al derramar su sangre por la nueva España. El fascismo, el yugo, la cruz y la muerte, todos unidos, recorrieron una amplia red de cementerios, y fueron unas potentes herramientas de socialización con sus máximos exponentes en los dos mausoleos italianos más importantes en España: el mausoleo del Puerto del Escudo y el Sacrario Militare de Zaragoza. Las fuentes informativas para un conocimiento serio y profundo de la intervención de los legionarios italianos en España hay que hacerlas arrancar desde la investigación en los principales archivos italianos con fondos de la guerra civil española, hasta la cada vez más escasa memoria oral de los protagonistas que sobreviven. Ninguna de las dos ha sido tarea fácil; la distancia en el primer caso, y las limitaciones propias de la edad en el segundo, han supuesto dificultades añadidas al tema, pero el resultado aquí está.


He pretendido conjugar ambas fuentes y confirmar lo que otros estudiosos anteriores habían insinuado o señalado, dando nuevos enfoques e interpretaciones a algunas cuestiones. Zaragoza, Enero del 2.007 1. AGREDIR PARA VENCER «Estoy encantado de que los italianos aterren al mundo con su agresividad, por una vez, en lugar de encantarlo con guitarras.» (Mussolini, 20-3-1938. En Diario, de Galeazzo Ciano).

1.1. Creer Algunos estudiosos1 del fascismo en Italia han manifestado que el éste fue un fenómeno estrictamente italiano, luego copiado o exportado a otros países. Lo han considerado no como una doctrina, ni como una ciencia, sino simplemente como una fuerza instintiva, impulsiva, creada y desarrollada en momentos favorables para ello y estructurada por un hombre que era todo impulso: Mussolini, el Duce. No fue una doctrina lo que le llevó al pueblo italiano a conseguir su unidad en torno a una idea, sino el gran «condottiero» del siglo XX que muchos italianos buscaban para elevar su moral. Su fascismo no fue una doctrina, fue un camino a seguir tomando como rumbo la belicosidad de la guerra, su carácter agitador, demoledor y de mando. Su táctica era hacer la revolución pero por medio de sus «fascios«, atacando toda revolución comunista para imponer otra, la fascista, manteniendo el derecho por la fuerza. Nación, fascismo y Duce presidirán el momento clave de su desarrollo, la Marcha sobre Roma, limpiando todo obstáculo que impida o se interponga en su camino. El fascismo se iría transformando poco a poco en un cuerpo armado, mientras Italia se iba sintiendo presa de la fascinación de su «condottiero». Los italianos del exterior igualmente querían esa Italia grande con la que todos en su país ahora soñaban, sugestionados por las proclamas del Duce y por las evocaciones de la Roma Inmortal. Todos estaban convencidos de que el rumbo de Italia iba a cambiar, de que el fascismo daría un nuevo rumbo a una Italia desmoralizada. El Duce, una y otra vez, les hablaba de una Italia en expansión, de la Italia de las colonias, de una Italia que constantemente miraba el Mediterráneo como un mar propio. Del ejemplo de unas legiones romanas que impusieran su dominio italiano en el exterior, haciendo de nuevo a Italia grande como en otros tiempos de su historia. Todos estos sueños de grandeza los sabe vender y que prendan en el corazón y la mente de los italianos. Sus gestos, su teatralidad, su brazo amenazante, su voz, su entrega personal, serán el gran complemento necesario a su actitud continuamente belicosa. Esta actitud agresiva se expuso de una forma clara en la Marcha sobre Roma, y una gran parte del pueblo italiano siguió su ejemplo. Mientras, el ejército italiano permanecía en sus cuarteles, quedando su tropa arrinconada para dejar pasar a la milicia fascista. «Los fascistas formaron sus escuadras. Las escuadras se convirtieron en columnas. Las columnas se ponen en marcha, arrancan de todas partes de Italia, y al frente de ellas camina el cuadriunvirato: Balbo, melena, bigote y perilla. De Vecchi, calva mussolinesca y gran bigote de carabinero. De Bono, estampa garibaldina, agilidad en la vejez, calva, nieve en el bigote y una luenga perilla. Y el Duce. Todos al unísono entonaron el mismo lema, ¡A Roma!, ¡A Roma!»2. Existía una auténtica admiración por el Duce. Con su dinámica arrolladora y teatralidad había sabido contactar con el pueblo y explicarles los ideales de grandeza que tenía preparados para la nación italiana,


y todos los ciudadanos italianos no dejaron pasar el tiempo en cumplir con su obligación y con lo que el Duce les solicitaba, le creían y le obedecían, provocando en ellos un nacionalismo exaltado. Aunque Mussolini manifestó en numerosas ocasiones que la política fascista era una política de paz, no dejaba de proclamar que nada había mejor que las espadas para defender esa paz, e invitaba a todos a contemplar el bosque de bayonetas embrazadas por el fascismo. Los sueños de una Italia grande en el mundo podrían hacerse realidad, y aunque su política exterior nunca fue muy clara, sus mejores negociaciones y razones se apoyaban en los puños, las armas y la agresividad permanente. La humillación de una monarquía prisionera, la humillación de la prensa que tiene que contemporizar con la situación creada, la humillación del ejército al que sabe muy bien callar, la humillación de los partidos políticos a los que sabe dividir, y sobre todo la humillación del pueblo italiano con sus demagogias, su populismo y teatralidades, ganándose su adhesión. Fue una gran sumisión ante la atmósfera fascista creada. 1.1.1. Chi si ferma e perduto Cualquier agresividad implica una provocación o ataque, siendo el concepto de agresión un acto contrario al derecho de otro, manifestado en un ataque o acometimiento violento contra alguien, realizado sin derecho o causa que lo justifique. Y la violencia es la manera de actuar contra el natural modo de proceder, haciendo un uso excesivo de la fuerza, normalmente por abusos de fuerza física, empleo de armas o relaciones de extrema agresividad, generando un clima de violencia. Estas son las definiciones más claras de ambos conceptos, la agresividad y la violencia. No vale quedarse inmóvil, paralizado, hay que tomar siempre la iniciativa; aquel que se para está perdido. Así tenemos que cuando un grupo político, sea del carácter que sea, recoge entre sus principios el totalitarismo como norma general y recoge los cinco aspectos que Fiedrich3 enumeró y que son: la ideología oficial a la que suponen deben adherirse todos, que sea un partido o grupo único de masas conducido por un solo hombre de ordinario y organizado de forma jerárquica, que ejerza un monopolio completo del uso efectivo de todas las armas de combate técnicamente en manos del partido; que ejerza un control casi completo de todos los medios de comunicación masiva efectivo y que implante un sistema de control político de terror físico o psicológico. No nos queda ninguna duda de que ese grupo y su líder están implantando, de forma progresiva y la mayoría de las veces violenta, un marcado carácter autoritario y totalitario a todo lo que hacen. «El gobierno totalitario es la forma de gobierno personalizado de un líder y una élite que tratan de dominar tanto la sociedad como la estructura regular, legal, a la que llamamos Estado»4, lo llegó a definir L. Schapiro. La primera mitad del s. XX en Europa fue de años violentos y de conflictos internacionales e internos en la mayoría de los países europeos. Desde Rusia en 1917, hasta las revoluciones de Austria, Finlandia, Alemania, pasando por España, Grecia, Yugoslavia o Italia, todos los políticos utilizaron el lenguaje de la lucha armada, aun cuando los conflictos no fueran acompañados de derramamiento de sangre. Los uniformes y los puños cerrados dominaron en casi todas las manifestaciones, y las palabras que más se escuchaban en los numerosos mítines eran «lucha, batalla, enemigo»5. Los defensores del orden establecido «creyeron» que todos los disturbios formaban parte de una misma trama revolucionaria. Los partidos comunistas se aliaron con las fuerzas democráticas para formar «frentes populares« capaces de defender las democracias y la libertad ante el fascismo, llegando a ser un gran fracaso en España, donde el frente de izquierdas provocó un levantamiento nacionalista que llevaría al poder al general Franco. En un principio Mussolini no parecía particularmente distinto de los otros gobernantes europeos, y nada hacía pensar que su entrada en el gobierno fuera a dar un giro tan brusco como el que dio a la política y vida italiana. Presidía un gobierno parlamentario con una oposición legal y sentía gran admiración por las políticas económicas del liberalismo. Su imagen empezó a cambiar con el asesinato en 1924 del diputado socialista Giacomo Matteoti, del que se responsabiliza al propio Mussolini y que


utilizará en los disturbios posteriores como excusa para aumentar y justificar su represión. Quiso corregir lo que consideraba como abusos hacia Italia tras los acuerdos tomados al acabar la Primera guerra mundial. Su política siempre estuvo encaminada o guiada por el deseo de corregir lo firmado en el Tratado de Paz de Versalles, aspirando a una Italia más respetada en el contexto internacional y más temida; pero confundió los métodos y estrategias a seguir. Estaba convencido de que el mejor camino posible para ello era la utilización de la violencia y la agresividad, primero forjando el espíritu de un nuevo hombre fascista y posteriormente para convencer al resto de la comunidad internacional que su potencial agresivo debería ser tenido en cuenta en el contexto europeo. Empezó poco a poco desarrollando una política de guerra, mejor dicho, sus guerras iban a ser la política de Estado desarrollada con otros medios6. La guerra y las agresiones militares de Mussolini no fueron otra cosa que un instrumento de su política que intentaría por todos los medios justificar al considerar sus agresiones como un instrumento racional de su política. Si la guerra iba a ser un nuevo método para desarrollar su política y la guerra es un acto de violencia para imponer la voluntad de uno sobre otro, ésta incluye la agresividad que le llevaría a desarrollar sus acciones militares: agredir para vencer. Los fascistas italianos empiezan a creer en el movimiento más que en el orden, así como en la jefatura «carismática» de un sólo individuo y en la concentración del poder en un partido único, sirviendo de ejemplo a otros partidos extranjeros (Falange en España, Guardia de Hierro en Rumanía, Cruces Flechadas en Hungría o en el Partido Popular francés), creyendo siempre que la violencia era buena de por sí, además de ser el medio ideal para lograr sus fines, un medio que luego exportaron e intentaron desarrollar en otros lugares de Europa. Para Mussolini la doctrina terminaría siendo finalmente secundaria, y así lo dejó bien claro en su intervención en España a pesar de los intentos de Farinacci por implantar el modelo italiano7. El fascismo de Mussolini se vanagloriaba de ser un movimiento para la «acción» y no una doctrina más, como las muchas que ya había. Lo fundamental era la batalla, la lucha, la acción, y el vigor de su fascismo residía en la violencia de su oposición a lo que fuese el enemigo del momento. Quien se paraba estaba perdido, no se podía dejar la iniciativa en manos del enemigo. El mismo G. Gentile diría que el fascismo no era un sistema filosófico ni una religión, sino un método de acción. 1.1.2. El fascismo, un movimiento para la acción Su «acción» fue mucho más allá de la oposición verbal y democrática. Aprovechó cualquiera de los innumerables actos fascistas, homenajes o conmemoraciones para que esta acción no se quedara en sus alocuciones, incitando continuamente al pueblo para llevarlo a la lucha. En una de estas jornadas triunfales de la Italia Imperial, con motivo de la conmemoración del XV aniversario de la Marcha sobre Roma, octubre de 1937, en un desfile militar por la Vía del Imperio en Roma y presidido por el Duce en la Plaza Venecia, ya se pudo ver en un gran cartel colocado en el Palacio de la Assicurazione con la siguiente frase: «Cuando las palabras no bastan, hay que recurrir a las armas: ¡Arriba España!». Estaba ya claro que las vías democráticas y civilizadas no le eran suficientes, ni para él ni para otros países en los que intentaba desarrollar su política exterior, intentando con ello justificar sus intervenciones. Igualmente Mussolini predicó violencia también para con los suyos8: «cuando en un pueblo predominan los instintos de la vida vegetativa, no hay más medio de salvarlo que la fuerza. Los mismos castigados quedan agradecidos porque el garrotazo que los ha dejado medio muertos les ha impedido caer en el abismo hacia el cual el miedo les empujaba irresistiblemente». Los «slogan» y frases que tanto se repetían en las ceremonias fascistas no eran otra cosa que incitaciones permanentes a esa acción, a la lucha, a la agresividad contra todo lo que se oponía en su camino. Las máximas en sus ejércitos eran muy elocuentes: «Creer, obedecer, combatir», «agredir para


vencer», «chi si ferma e perduto», «o vincere o non si torna»..., y servían para mantener viva la llama de la agresividad y ser más efectiva su intervención militar. Mussolini siempre tiene razón, sentencia el último de los mandamientos del decálogo fascista, y que sirve de cierre a los nueve anteriores mandamientos. Las intervenciones de los «squadristas» fue la muestra más efectiva de ese espíritu de violencia y agresividad que llenaba su ideología y transmitía a la sociedad, y en esta misma línea tenemos igualmente el nombre de algunas de sus escuadrillas de aviones que también eran bautizadas con nombres cargados de connotaciones violentas, como la fundada por el fanático conde Rossi en Palma de Mallorca, denominada los dragones de la muerte, y tenían como consigna antes morir que retroceder, o la denominada Volontari della morte, así como los nombres con los que bautizaban a sus Banderas y que eran otro reflejo de lo mismo: Intrépida, Indómita, Inflessibile, Ardente, Innessorabile... Sus canciones militares e himnos estuvieron igualmente cargadas de frases y expresiones que recogían y desarrollaban claramente el carácter agresivo de sus cánticos, y en la mayoría de ellas también se dejaba ver la nostalgia hacia su país desde tierras lejanas. Amor y entrega sin límites a su patria, a su bandera y al Duce: ¡Oh! Como e dulce il poter morire, per la Patria nostra e per il Duce (de Il Legionario). Somos puñales combatientes de marxistas, del himno de la Brigada Mixta de Flechas Negras. Pugneremo da feroci, non temiamo sevizie atroci. Combatteremo da leoni, con bombe, mitraglie e cannoni, de la canción «Se Franco vogliamo seguire». En su Decálogo fascista encontramos frases y máximas que continuamente nos hablan de esta agresividad: la revolución fascista está asentada sobre la bayoneta de sus legionarios. Acción, agresión, violencia y unos voluntarios que den cobertura y hagan realidad estos principios. Su política exterior, imperialista, fue claramente agresiva y su hostilidad ideológica hacia la República española también. Ambas cosas unidas a sus pretensiones de dominar el Mediterráneo fueron la base o sustentación del carácter agresivo de su intervención en la España del año 36. Ese fascismo italiano, que desde su nacimiento añoraba el viejo Imperio de la Roma de los emperadores, le llevaría a dotar de tremenda agresividad sus intervenciones, tanto internas como fuera de Italia. Dentro de veinte años Italia será imperialista, llegaría a escribir Corradini9. La ocupación por parte de Hitler de Praga obligó a Mussolini a estar a su misma altura y a impresionarle con sus conquistas. Esto lanzó al Duce a la ocupación y agresión de otros países y de esta manera conseguir el respaldo de Alemania en sus ambiciones territoriales, impresionando e intimidando a la vez a Francia. Las respectivas ocupaciones y agresiones italianas a Albania, Grecia o Yugoslavia, vinieron a confirmar ese espíritu imperialista y agresivo de Italia. El «Pacto de Acero» (1939), al que previamente habían denominado «pacto de la sangre», sería el resultado final de este deseo de acercarse a Alemania y seguir sin obstáculos su política imperial. La ayuda italiana a los golpistas españoles, al igual que la alemana, exacerbaron los ánimos antifascistas en todo el mundo, levantando el temor a una guerra europea a causa del conflicto español y su intervención en él. Agredió y venció en España. En España su intervención sería ni más ni menos que la puesta en práctica de su «acción». Desde los comienzos de la guerra civil ya se pudo comprobar con la llegada a Palma de Mallorca de un siniestro personaje italiano, el conde Rossi, y como dice Olaya10, por su actuación llegó a superar a Millán Astray. Georges Bernanos11 lo definió así: «El recién llegado no era, naturalmente, ni general, ni conde, ni Rossi, sino un funcionario italiano, perteneciente a las Camisas Negras.Vestido de un mono negro, adornado su pecho de una cruz blanca enorme, recorrió las aldeas...». «Bajo la dirección de un aventurero italiano, llamado Rossi, la Falange se convirtió en la policía auxiliar del ejército, encargada sistemáticamente de los trabajos sucios». «Cada noche, a partir de entonces, los equipos reclutados por él, operaban en las aldeas y en las barriadas de Palma».


«La primera fase de depuración duró cuatro meses..., y el extranjero, primer responsable de esas matanzas, figuró siempre en la plaza de honor de todas las manifestaciones religiosas». «Fusiló hasta los heridos refugiados en un convento, a la vista de la superiora». Otros escritores y autores lo definieron como un loco exhibicionista, sádico y cruel. H. Thomas12 afirma: Iba siempre acompañado de un cura, pistola al cinto, que compartía sus fechorías. El conde Rossi, firme creyente y practicante del más puro fascismo italiano, dejó clara huella de esa acción fascista en España, de lo que se puede llegar a ser amparado en la imposición autoritaria de un régimen, donde todo vale con tal de conseguir los fines. Los camiones repletos de hombres grises del polvo de los caminos, grises también los hombres... Y que todas las tardes, a la hora que volvían del campo, los sacaban de sus caseríos perdidos para llevarlos a la muerte; partían para el último viaje con la camisa pegada al cuerpo por el sudor, los brazos cansados del trabajo del día, dejando la sopa servida sobre la mesa y una mujer...13. Lo que este escritor católico nos relató con tanto detalle y sentimiento de injusticia no eran ni más ni menos que los camiones de la muerte que el propio conde Rossi llenaba en colaboración con las fuerzas del orden y religiosas nacionales de la isla, y el incondicional apoyo y participación en la fuerte represión que la Falange llevó a cabo en la isla, y, que como dice Bernanos14, no arrancó una palabra de censura, ni la más mínima reserva, a las autoridades eclesiásticas, las cuales se conformaron con realizar procesiones en acción de gracias. La imposición de un régimen de terror en la isla fue una labor desarrollada por este fascista italiano, en el que la vida o la muerte de cualquier ciudadano estaban sustraídas de las leyes establecidas y al arbitrio de cualquier fanático, de cualquier denuncia o venganza personal. A la presencia de este personaje singular hay que añadir el que día a día se veía cómo iban aumentando el número de aviones italianos en la isla, punto de partida de muchos de los bombarderos que masacraban a la población civil y ciudades de muchos puntos de la península, y, cómo no, bendecidos por el arzobispo de Palma. La propia intervención italiana fue una agresión a un régimen democrático legalmente establecido. Su intervención «contribuyó a la implantación definitiva de una guerra civil» y de un golpe contra la República española que hubiera tenido poco éxito si no hubiera llegado su ayuda militar inicial y los posteriores envíos en el mes de agosto, quedándose en un mero intento de golpe militar. Volviendo al escritor Bernanos15, amigo e invitado del marqués de Zayas, jefe de Falange de Mallorca, en su obra citada recoge que en el plazo de siete meses, entre italianos y falangistas mataron a 3.000 personas, con una media de quince ejecuciones por día... y estas cifras no las ignora monseñor, el obispo de Palma, al que hace responsable de muchas de las represiones y atrocidades ocurridas en la isla. Se quebrantaron todos los acuerdos internacionales establecidos y se burlaron todos los controles fijados, iniciando además toda una violenta campaña contra la ayuda que empezaba a recibir el gobierno de la República. La ayuda no se hizo esperar mucho. El día 10 de agosto de 1936 ya había emplazados 10 submarinos italianos que iniciaron una serie de ataques contra los buques que viajaban rumbo a España. El día 12 de este mismo mes aviones italianos bombardean y hunden un carguero danés frente a Barcelona, y al día siguiente le toca el turno a un carguero español, el «Conde de Albasola». El día 13 un buque no español fue atacado por un submarino italiano, era el buque francés «Parame», y al día siguiente sería el petrolero panameño «MacKnight» el que fue bombardeado e incendiado cerca de Túnez. Los submarinos italianos seguirían con su misión de no dejar pasar ningún buque que pudiera llevar algún tipo de ayuda a la República. Sus acciones y trabajos a favor de la Armada rebelde serían decisivos en el control marítimo. El 30 de agosto, otro submarino hunde el buque ruso «Timiryasev» cerca de Argel y el «Blagoiev» cerca del cabo Matapán. En la noche del 31 de agosto al 1 de septiembre el submarino italiano «Iride» lanza torpedos contra el buque británico «Havock». Los acuerdos de Nyon frenarán hasta enero de 1938 los ataques de estos submarinos italianos, pero el apoyo aéreo y naval de Italia a la España de Franco continuaría. No hay duda de que la importancia del apoyo


naval italiano y su violencia, al igual que el apoyo aéreo, en los ataques contra todo lo que se moviera por el Mediterráneo fue clave y determinante en los primeros días de la contienda para que el gobierno de la República se defendiera y solicitara más ayuda internacional, desempeñando un papel fundamental en el triunfo de Franco, tanto en los ataques directos, en solitario o en combinación con los alemanes. Pero si importante fue la violencia de la aviación y submarinos, no menos fue el número de tropas que Mussolini llega a enviar a España, siendo un contingente valiosísimo dentro del ejército nacional. Su celo en la guerra española, en la que en un principio no puso demasiado empeño ni vio como una posible forma de desarrollar su política exterior, pronto iría en aumento llegando a querer desarrollar iniciativas militares propias, sin contar con el general sublevado, Franco, que al fin de cuentas era el que le había contratado. Será también en el envío de tropas cuando igualmente se puede apreciar una nueva postura de agresividad italiana hacia España. Y no solamente atacaba a la República legalmente constituida y provocaba la irritación de las potencias extranjeras, sino que irritaba hasta al mismo Franco. El C.T.V.* no contó con el beneplácito de éste para que interviniera en España. Tras la batalla de Málaga, Faldella propuso una ofensiva italiana contra Sagunto y Valencia, a lo que el coronel Barroso, jefe de operaciones de Franco, replicó que de eso nada, pues Franco no permitiría nunca que un ejército extranjero realizara un ataque independientemente de las decisiones nacionales suyas. Faldella le propone cambiar el plan, y en vez de dedicarlo a atacar Valencia le sugiere el ataque desde Sigüenza hacia Guadalajara. Franco ya empezaba a ver en estas sugerencias sucesivas un intento por imponer la autonomía del ejército italiano, pues Faldella tenía órdenes desde Roma de utilizar el C.T.V. como una sola unidad en acciones decisivas para terminar pronto con la guerra. Será cuando Franco le dijera: «A fin de cuentas, aquí han venido las tropas italianas sin pedirme autorización. Primero me dijeron que vendrían compañías de voluntarios para formar parte de batallones españoles. Luego se me pidió que formase batallones italianos y los acepté. Después empezaron a llegar jefes y generales para mandarlos, y por último empezaron a llegar unidades ya formadas. Ahora quieren ustedes obligarme a permitir que esas tropas combatan juntas a las órdenes del general Roatta, cuando mis planes serán muy diferentes... La utilidad de estas tropas se ve muy reducida por la petición de que siempre se las utilice unidas». Faldella le responde que tiene razón desde cierto punto de vista, pero que hay que considerar otro factor de importancia vital: la necesidad de acabar rápidamente las cosas. Si un ataque violento y rápido llevase a la ocupación de Valencia, la resistencia del enemigo se derrumbaría por todas partes, y su Excelencia podría llevar a cabo con mayor tranquilidad la purga política que desea efectuar en toda la España central. Franco no se dejó nunca amedrentar por los razonamientos italianos y concluiría sus palabras con Faldella con la siguiente frase: Me opongo totalmente a que se emplee a los legionarios italianos contra Valencia, porque Valencia la deben ocupar las tropas nacionales16. No se emplearon contra Valencia, pero sus intervenciones siempre pretendían ser al margen de las tropas de Franco, intentando ganarse los méritos de una manera independiente a las decisiones y estrategias de Franco. Consideraban que el C.T.V. eran tropas de choque encaminadas a lograr importantes victorias para el Duce. Esto habría de ser una lucha permanente entre italianos y Franco a lo largo de la guerra civil, causando problemas y enfrentamientos en varios momentos. Los acuerdos de No Intervención y su continua violación por parte de todos los países que la crearon, fue el mejor escudo que protegió a la intervención italiana en España. Sobre la farsa más grande de la época escribía el periódico italiano Stampa el 20 de julio: Mientras los diplomáticos pierden el tiempo, los legionarios cortan el nudo gordiano con sus espadas, y el diario Popolo d’Italia publicaría en un artículo atribuido a Mussolini: Negar el derecho de beligerancia a un general que tiene un ejército que combate


desde hace doce meses, que gobierna y controla los dos tercios del territorio de España y la totalidad de sus colonias, que tiene detrás de él catorce millones de españoles sobre veintidós, es una cosa absurda. 1.1.3. Sin escrúpulos Ningún país llegó a respetar nunca nada de lo acordado en los acuerdos y tratados internacionales, pero el que menos la Italia de Benito Mussolini. Todo lo más que llegó a exigir fue que se cumplieran, pero claro, siempre y cuando pudiera beneficiar su intervención particular y debilitar al enemigo. La derrota de Guadalajara había herido el orgullo fascista, había hecho descender a tierra a Mussolini y comprobar que era terrenal a pesar de su dominio. Esta derrota sería el espolonazo definitivo para no respetar ningún acuerdo internacional. En un artículo sin firma de Mussolini, el 17 de junio de 1937 en Il Popolo d’Italia sobre la derrota, terminaba con la advertencia, vendetta, de que «los muertos de Guadalajara serán vengados», y claro que lo serían. El envío de más hombres y material no era otra cosa que buscar la forma de conseguirlo y que en caso de conseguirlo se considerara, sin duda alguna, como una venganza italiana, una victoria del fascismo, una victoria del Duce. Italia y Mussolini llegarían a burlarse de tal modo de la farsa del Comité de No Intervención y a actuar sin ningún tipo de escrúpulos, que no solamente les permitió los envíos masivos de material de guerra y personal a la España de Franco, sino que se permitió además la licencia de ayudar también a la España republicana. La aportación italiana no fue exclusivamente a la España nacional. El Duce en los momentos más decisivos de su intervención en España, cuando su aportación humana y material era la más importante, consintió una ayuda paralela al gobierno de la República. Una ayuda clandestina a través del contrabando de productos que la República tenía dificultades para obtener. Nunca existió un comercio oficial italiano con la República, pero sí ese comercio clandestino. Una actitud similar mantuvo Alemania en su comercio con la República. Además de que el escándalo hubiera resultado mayúsculo por las diferencias políticas entre ambos gobiernos, republicano y fascista, y sobre todo por la presencia de muchos soldados italianos en España que combatían contra ese gobierno, el Comité de No Intervención tampoco lo hubiera consentido, aunque ya es sabido por todos cómo funcionaba dicho Comité. Se permitió el lujo y la desfachatez de hacer un doble juego en España. La República tenía serias dificultades para obtener ciertas mercancías y material para su industria y para su alimentación. Muchos de estos productos son procedentes de Italia, pero la mayoría de las veces son barcos italianos17 los que hacen el transporte desde otros puntos de Europa, no teniendo ningún escrúpulo ni reparo al saber que estas mercancías eran para sus enemigos de la República española. Los barcos18 como el «Silvia Tripcovich», el «Firenze», o el «Franca Fassio», entre otros, se verían involucrados en este contrabando. El comercio con Marsella de varios barcos italianos se confirma en informes y comunicados que el Ministerio de Comunicación italiano enviaba al Ministero degli Affari Esteri, U.S., y al Ministero della Marina. En uno de los muchos casos, y después de haber realizado varias indagaciones, se comunica que el barco «Capo Arma», de la compañía Genovesa de Navegación a Vapor había comprado en Varna a la empresa G. Bessi mercancía embarcada en puerto, 2.850 toneladas de grano, por cuenta de la empresa Zadrouga G.M.B.H., sociedad alemana, para entregar en el puerto de Marsella. En este puerto la mercancía de la compañía Genovesa sería retirada por el agente L. Cremieux. Otro barco, el «Siculo», del armador Lauro, realizaría transporte de grano con póliza de carga destinadas también al puerto de Marsella. Todas estas cargas desde Marsella serían enviadas por diversos medios de transporte a los puertos de la España republicana. El comercio o contrabando de trigo, azúcar, minerales indispensables para el funcionamiento de las industrias, que aún le quedaban a la República, o material y elementos necesarios para la industria militar, fueron algunos de los productos con los que estos barcos negociaron y se encargaron de hacerlos llegar de una u otra manera hasta la España republicana. Una posible explicación a este doble juego de


Mussolini puede estar en que la política exterior fascista italiana coincidiría en la mayoría de las veces con las aspiraciones de buena parte de la pequeña burguesía italiana y con los beneficios que pudieran conseguir. Era su visión imperialista dominada por el relativismo político y esta fue la dinámica que presidió las relaciones del régimen fascista con los demás países, incluyendo a España. Una dinámica movida por el doble intento de universalizar el fascismo y el de hacer de Italia una potencia hegemónica, predominando más lo segundo que lo primero. Estos transportes de material o alimentos para la República no pasaron desapercibidos para el Comité de No Intervención19, que, a pesar de sus avisos y llamadas a respetar los acuerdos y tratados, tampoco puso demasiado empeño en ejercer un fuerte control para que no se produjeran. Como en la mayoría de los casos, este comité no se quiso enterar o cuando se enteraba ponía pocas ganas en que se cumpliera lo pactado. A pesar de este escaso control, siempre fue mucho mayor e intenso que el que se ejerció con sus barcos, que portaban soldados italianos o material de guerra para el ejército sublevado, a los que permitían, sin apenas objeción alguna, todo tipo de transporte y de violación de los tratados. La República española sufría, una vez más, una grave discriminación con respecto al trato que tenía la España de Franco. Esta decisión de Mussolini de ayudar también a la República a la vez que a la España nacional nos crea la gran duda de saber si Mussolini colabora con el general rebelde por su afinidad ideológica o si lo hacía por intereses económicos, sin escrúpulo ideológico alguno. Ismael Saz20 nos aclara la duda afirmando que nunca existió una lógica en la política que desarrollaba Mussolini, una política llena de contradicciones y de posturas contrarias en muchas situaciones, y en estos ejemplos tenemos la mejor de las pruebas que así lo confirman. Todas esas dudas quedan aclaradas con el consentimiento o la relajación del control en el comercio con la España republicana, y nos da más motivos y fundamentos para creerlo. Ismael Saz ya deja bien claro que fueron los factores económicos los que pudieron tener siempre el mayor peso en estos cambios de postura. Estas ambigüedades marcadas por sus intereses económicos nos pueden justificar la doble postura de Italia: por un lado, el apoyo político y económico a los sublevados, y, por otro, el «no hacer ascos de ningún tipo» a las relaciones comerciales que llegó a mantener con la República amparadas en sus ideas mercantilistas y de hegemonía económica en el espacio mediterráneo. 1.1.4. Acción y agresión en España Si con el contrabando y el comercio italiano con la República no se respetaron los acuerdos internacionales, donde de verdad se llevaron a efecto estas violaciones internacionales y la agresividad utilizada por Mussolini respecto a España sería en sus intervenciones militares a lo largo del suelo español, llegando a su final más violento y agresivo en los momentos en los que, batiéndose el ejército ya en retirada hacia Francia, tras haber conquistado Barcelona los nacionales e italianos, bombardean, junto con los alemanes, a una enorme riada de personas, compuesta en su mayoría por niños, mujeres, ancianos, heridos y soldados huyendo hacia suelo francés. En el libro La guerra de los mil días21, de G. Cabanellas, su autor nos habla de este carácter violento de algunas intervenciones italianas durante la guerra civil, acusando a los servicios de espionaje alemán e italianos de la participación en la represión, manifestando que llegaron a tener sus propias cárceles. La acción y la agresividad en la lucha era fundamental, debería formar parte del espíritu guerrero del legionario fascista (agredir para vencer) y cuando éste no estaba presente, debería ser inmediatamente sustituido. Así se deduce en un informe enviado a Roma por Roatta el día 20 de marzo de 1937 tras el desarrollo de las acciones en Guadalajara, en el que deploraba disponer de numerosos hombres casados y de edad que no son agresivos. La intervención italiana en España, tan criticada en Italia, tenía una finalidad muy clara: la expansión imperial, hacer del Mediterráneo ese gran lago italiano con el que soñaba. Costara lo que


costara y violando los derechos internacionales que hicieran falta. Su idea imperial le llevaba a agredir para vencer y a decir El imperialismo es la ley eterna e inmutable de la vida. En el fondo no es sino la necesidad, el deseo y la voluntad de expansión que todo individuo, que todo pueblo vivo y vital lleva en sí. El apoyo militar a los golpistas españoles siempre tenía su justificación: Los desvergonzados que tanto han tenido que decir sobre nuestra intervención en España, comprenderán tal vez algún día que en el Ebro, en Barcelona y en Málaga (se ha olvidado de Guadalajara), se han constituido las verdaderas bases del imperio mediterráneo de Roma22, dejó Ciano reflejado en su Diario el día 22 de febrero de 1939. Y poco antes de ser tomado Madrid, Mussolini vuelve de nuevo a hacer alarde de esa agresividad contra todo aquello que pueda contradecir sus pensamientos o interponerse en su camino hacia la meta marcada. Hubo momentos en los que no se quedó atrás para nada respecto a lo que era común en Franco, en la limpieza y depuración de personas. Ya lo había hecho en Italia con los que tuvieron actitudes demasiado críticas con su actuación en España, pero será en España, a poco de la toma de Madrid, cuando muestre su lado más violento. Le había informado Ciano de la buena situación por la que transcurría la guerra y de lo poco que faltaba para ser tomada la capital de España, así como de la detención de muchos italianos que luchaban defendiendo la República, anarquistas y comunistas, siendo sus órdenes de fusilar a todos, y añadiría: Los muertos no cuentan la historia23. Tras la toma de Barcelona el 26 de enero de 1939, desde el balcón del Palazzio Venecia Mussolini haría una vez más alarde de su continua agresividad y violencia en la intervención en España, ante la multitud que llenaba la plaza y que le escuchaba absorta: La espléndida victoria de Barcelona es otro capítulo en la historia de la nueva Europa que estamos creando. Las magníficas tropas de Franco y nuestros intrépidos legionarios no han derrotado sólo al ejército de Negrín. En estos momentos muerden el polvo muchos enemigos nuestros. El lema de los rojos era ¡No pasarán! Hemos pasado y os aseguro que pasaremos24. Donde más se puso de manifiesto el carácter violento y agresivo de la intervención fascista italiana fue, sin lugar a duda, en la intervención aérea. En muchos casos sin distinción de objetivos civiles y militares, con el balance de numerosísimos muertos y heridos. Ciano, hablando del bombardeo sobre Barcelona, llegó a escribir en su Diario25: nunca he leído un documento tan realistamente aterrador... Grandes edificios destruidos, el tráfico interrumpido, un pánico que llega al borde de la locura y 500 muertos y 1.500 heridos. Mussolini, y también lo recoge su yerno, estaba encantado de que los italianos aterren al mundo con su agresividad, por una vez, en lugar de encantarlo con guitarras. A su juicio, nos dará más prestigio ante los alemanes, a quienes les encanta la guerra total, implacable. El teniente piloto Vittorino Ceccherelli, muerto en combate en Sevilla, dejaría escrito en su «Diario» el día 2 de septiembre de 193626: «... esta guerra es la peor de todas las guerras. No hay prisioneros. Aquí masacramos y destrozamos con una simplicidad impresionante. Guerra sin cuartel, guerra horrenda y temerosa; los muertos dan cifras enormes. Que Dios me salve de esta carnecería inhumana y bestial. Era una guerra en el verdadero sentido de la palabra, hechas con todas las reglas y con todos los medios disponibles, con las máquinas más potentes y modernas. Guerra de heroísmo, de odio y de amor, brutal y caballeresca. Guerra gigantesca: choque de dos mundos, de dos civilizaciones en la desvergüenza de una guerra civil, guerra donde la maternal vigilancia de todas las naciones conmueve a los ingenuos, vigilancia, en lugar de armas y de intriga. Esto es la guerra española. Es una guerra que tienen los españoles y un puñado de hombres de otras naciones en nombre de todo el mundo, con máquinas y medios de todo el mundo. Dos mundos, el viejo y el nuevo, que luchan por dar la impronta definitiva al siglo XX. Revolución de almas más que de hombres...». Agresividad y violencia quedaron bien patentes en los innumerables bombardeos que su Aviazione Legionaria llevó a cabo a lo largo de la geografía española. Ataques despiadados y con una potencia aérea


impresionante sobre cualquier objetivo, militar o civil. Numerosas ciudades y pueblos fueron testigos de la agresividad aérea italiana27, solos o en colaboración con la Legión Cóndor alemana, y siempre con un fuerte espíritu ofensivo, de ataque directo, procurando ocasionar el mayor efecto devastador posible. Como muestra del despiadado bombardeo de la Aviazione Legionaria, el testimonio de un garibaldino italiano, Egisto Ciatti, socialista exiliado en Francia y que no dudó en venir a España a defender unas ideas que en la Italia de Mussolini no podía, y a defender al pueblo español. Este garibaldino en su pequeño diario1 pone de manifiesto la despiadada actuación de la aviación italiana contra los soldados republicanos y la población civil que intentaba cruzar la frontera hacia Francia en los estertores finales de la contienda, cuando todo estaba perdido y la resistencia republicana era nula. Uno de los grandes ataques aéreos italianos fue el que recibió la población turolense de Alcañiz, el gran bombardeo olvidado28. El día 3 de marzo de 1938 se produciría sobre la población del Bajo Aragón un intenso bombardeo italiano. Sería considerado como un atentado contra la población civil. Sobre el número de muertos nunca se ha podido precisar la cantidad exacta. Los heridos y los muertos fueron varios cientos; hablando los testimonios de entre 500 y 800 muertos. Los dos hospitales, con capacidad para más de 450 personas, se llenaron de heridos. Su actuación en las diferentes batallas y campañas las podemos encuadrar dentro de la línea típica de las acciones de guerra y definidas perfectamente por los lemas fascistas antes señalados: Agredir para vencer y su actitud permanente por «fascinar» e impresionar con sus actuaciones en España. La vanidad personal y el deseo de ser admirado tuvieron cabida tras las actuaciones en España y la necesidad que tenía de emborracharse del éxito español, costase lo que costase, sin llegar a escuchar los consejos ni las objeciones que a sus planes le pudieran poner. Se ha dicho de él que tenía con Napoleón infinitos puntos de contacto e infinitas semejanzas, y, como Napoleón, también dejó su huella aquí en España. Su violencia verbal, su demagogia, su agresividad, sus actitudes, sus gestos, que tanto gustaban a las multitudes, eran su gran arma de poder y seducción que con gran frecuencia utilizó respecto a la situación española. Este carácter imperialista y agresivo de Mussolini iría en progresión hasta desembocar en el desastre final que le llevó hasta su misma muerte violenta. Termina la guerra en España pero su afán es seguir al lado de Alemania y avanzar en la conquista de espacios. Como él mismo llega a decir, tras la manifestación en la Plaza Venecia por la caída de Madrid, señalando el atlas geográfico, abierto en la página de España: Ha estado abierto así durante casi tres años; ahora basta. Pero ya sé que tengo que abrirlo en otra página29. Estaba pensando ya en Albania y en ampliar sus objetivos mediterráneos. En Italia cada vez gozaba de menos apoyos su presencia en España, la guerra se alargaba demasiado, y para evitar estos malestares en Italia y acallar las voces discordantes con su actuación española, no dudó en ocuparse de los subversivos y díscolos, ni en tomar medidas represivas. Le llega a decir a Starace: Vamos a ver si el vino del esquadrismo, que hace tanto tiempo pusimos en la bodega, sigue estando bien. Abre unas cuantas botellas y muchas radios, y todo vuelve a la normalidad 30. Fueron medidas «represivas» para intentar acallar y silenciar a los críticos con su actitud en España, y como señala Coverdale31 la presión pública adversa contribuyó a la determinación del Duce de vindicar al fascismo por las armas. Un diario zaragozano, Heraldo de Aragón32, en uno de los reportajes sobre los actos que se celebraban en Roma, en la conmemoración del XV aniversario de la Era Fascista, recogía las siguientes palabras de Mussolini: «Cuando las palabras no bastan, hay que recurrir a las armas». Toda esta violencia y agresividad de Mussolini en España es algo que hay que unir al espíritu de Cruzada del levantamiento militar de Franco. La alianza entre religión y derecha política hacía mucho tiempo que llevaba ya funcionando en Europa, y en muchos países la Iglesia y clase dirigente eran prácticamente la misma cosa. En Italia el fascismo de Mussolini, a pesar de sus muchas diferencias con la Iglesia, llegaría a tener un gran punto de encuentro con ésta, con la finalidad de robustecerse poniendo de 1

Gentil aportación de su biznieta Anne Tiezzi, Prato, Florencia.


su lado parte de la fuerza con la que cuenta la Iglesia. Los acuerdos del Tratado de Letrán de 1929 serían ese punto de encuentro entre ambos, mediante unos acuerdos políticos con los que ambos soberanos se reconocen, con unos acuerdos religiosos que regularon la dominación eclesiástica en Italia y con un reglamento financiero. En Gran Bretaña y Hungría, los obispos eran los que presidían la Cámara Alta, el Parlamento, junto con la aristocracia hereditaria, y en Francia las escuelas religiosas solían encargarse de educar a los hijos de las clases pudientes. A veces la propia Iglesia era la gran terrateniente, como en España, cargada de privilegios y exenciones con las que la República intentó acabar. La política de la Iglesia se hizo más firme a causa del anticlericalismo de sus adversarios, a lo que contribuiría la revolución rusa y el auge del movimiento comunista internacional que prestó una nueva dimensión a la disputa entre la Iglesia y los anticlericales33. También es cierto que el fascismo planteó particulares problemas a la Iglesia católica. Mussolini, al igual que los nazis alemanes, tenían un pasado anticlerical y tratarían de controlar las zonas que la Iglesia consideraba ámbito propio, si bien se mostraron partidarios de tolerar la religión y firmar concordatos, declarándose enemigos acérrimos del comunismo que parecía constituir la amenaza mayor para el catolicismo. Más que intereses comunes, la Iglesia católica y Mussolini tenían un enemigo común, el comunismo, y sobre España existía en esos momentos esta «amenaza». Acciones militares, políticas agresivas y violentas como ninguna, amparadas bajo el manto de la Iglesia, para salvaguardar la fe de España en Cristo, por la causa de España y de la civilidad, aparecen de un modo bien visible y explícito en los cementerios, reflejadas en los monumentos funerarios: «Nel nome di Spagna e di Cristo ove pongo el piede registro». «... caídos en la heroica lucha por el triunfo de Cristo y del alma hispana». Cosas parecidas se podían leer a diario en cualquier medio de comunicación escrito o escuchar en los discursos de las ceremonias y homenajes. Su violencia y agresividad tenían el apoyo de la Iglesia: «Iglesia, imperio; imperio, Iglesia». 1.1.5. ¿Mussolini confió en Franco? El posicionamiento de Mussolini frente la guerra española viene determinado por sus aspiraciones en los años precedentes a ésta y por consideraciones político-estratégicas, más que los motivos ideológicos, que le habían preocupado ya con anterioridad. Le preocupaba sobre todo la posibilidad del equilibrio mediterráneo occidental anticipándose a Francia, su gran enemigo internacional, quien le podría tomar ventaja en las relaciones con África. En esto coincidía en sus planteamientos con la idea de Alemania, viendo positiva su ayuda para adelantarse a los franceses y debilitar sus posiciones políticas y estratégicas34. Tenía, además, un gran temor a que un gobierno del Frente Popular se aliara con otro gobierno francés del mismo color y acordaran un pacto hispano-francés. El aspecto ideológico-político quedaría supeditado a esas consideraciones de su política exterior, donde el anticomunismo era una excusa más para animarle en su intervención, lo mismo que sus pretensiones estratégicas —militares o económicas—. Varias fueron las motivaciones que los distintos autores señalan como causas que impulsaron a Mussolini a prestar definitivamente su ayuda al general sublevado. Motivos económicos, de política exterior, razones ideológicas y de política interior, que ya he señalado en otro apartado, y siempre justificándolos como una respuesta defensiva ante posibles agresiones de terceros países o como una actitud ofensiva propia de los fascismos del momento. El momento clave para entender este proceso de ayuda y creer en que su apoyo a Franco podría resultarle beneficioso a él, fue el día 27 de julio de 1936, fecha en la que adoptó de una forma definitiva la decisión de ayudar a Franco, siendo el compromiso definitivo el día 28, cuando el conde Ciano comunicó que los aviones y el barco podían salir en el momento que se indicara desde Tánger. La decisión fue


posterior a la tomada por Hitler y posterior a la que toma Blum de socorrer al gobierno de la República. La decisión de Mussolini estuvo más pendiente de lo que hicieran los demás que de una iniciativa propia. La presencia masiva de voluntarios parece ser que fue una imposición posterior de Mussolini a la que Franco hubo de resignarse. Cantalupo, cuando se refería al primer contacto con Franco, indicaba: no me quería confirmar que los soldados italianos los había pedido él, había pedido medios, aeroplanos y cañones. Parecía en algunos momentos que le hubiéramos impuesto nuestros infantes35. La decisión italiana fue meditada y llevada a término con mucha reflexión; valorando siempre las posibilidades de éxito que la revuelta pudiera tener, quería jugar sobre seguro. Muy claro lo tenían que ver para decantarse definitivamente por colaborar con Franco. Será a finales del mes de diciembre cuando definitivamente se autoriza la apertura en Roma de una oficina española para el alistamiento de voluntarios para España, L’Ufficio Spagna. Esta oficina española se crea en la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores italiano. Estaba constituida por varios oficiales provenientes de las tres armas y de la milicia, con Pietromarchi como jefe. El Ufficio debía funcionar en la práctica como órgano central en todas las cuestiones referentes a la guerra de España, centralizando todas las peticiones provenientes de la misión militar en España, coordinando todas las actividades de los tres ministerios militares y su colaboración con las tropas nacionales franquistas. La comunicación con España se realizaría por correo y por radio, desde las estaciones de Monte Mario en Roma y en Salamanca. Coverdale atribuye una importancia fundamental a las noticias llegadas a Roma acerca de los propósitos del gobierno francés de suministrar armas al gobierno de la República. En un principio Blum decide conceder ayuda al gobierno español, pero las disensiones con el gobierno británico y las presiones que de la derecha francesa tenía hicieron a Blum prohibir todo tipo de venta de armas a España. El día veinticinco sería el Consejo de Ministros francés que decide no intervenir en modo alguno en el conflicto interior español, ni de forma directa ni indirecta. Solamente cuando el gobierno francés conoce el envío de los «S 81» italianos, este gobierno cambia de actitud autorizando el envío directo de material militar, y por otro lado se lanzaba la iniciativa de No-Intervención. Las informaciones que el gobierno italiano tuvo de las sucesivas decisiones que el gobierno francés fue tomando, fueron en todo momento recibidas casi de modo directo; al parecer eran los mismos funcionarios de la embajada española en París los que se la suministraban. Cerruti, embajador italiano en París, informaría de los intentos franceses de ayudar al gobierno republicano, en los diversos intentos de petición de material que hubo, y parecía claro que la ayuda francesa a España se realizaría. Pero el día 25 de julio informaría que la ayuda esperada no se había recibido ni llegado a Marsella, donde era esperada por el buque «Ciudad de Tarragona» y por un buque escolta. En la misma línea, con información más de última hora, el cónsul italiano en Marsella, Moscati, informó que en el barco español no se había cargado ningún material de guerra, que había sido vigilado y que había zarpado sin ninguna carga militar a bordo. Mussolini ya tenía la certeza del abandono de Francia al gobierno español, y la certeza también de que Alemania estaba de parte del general sublevado. Era su gran momento de intervenir. La actitud del gobierno británico fue neutral, pero una imparcialidad que en ciertos aspectos parecía más benévola para los sublevados que para el gobierno de la República. Había un gran peso de la derecha conservadora británica, además de fuertes intereses económicos que defender en España ante un posible triunfo del comunismo. Los sublevados podrían ser los verdaderos valedores de estos intereses y de sus inversiones en España. Hubo una relativa indiferencia hacia lo que los italianos hicieran en España con tal de que el equilibrio del Mediterráneo no fuera alterado, y Mussolini así pareció entenderlo para decantarse por ayudar por fin a Franco. Sobre la actitud soviética parece ser que no existía ningún temor ni intención de que fuera a intervenir en España, y las autoridades soviéticas se esforzaron en demostrar que no abandonarían, suceda lo que suceda, una cómoda posición de neutralidad. Mussolini tenía claro que Rusia no supondría un peligro.


Todo lo contrario: pensaría Hitler sobre Rusia y la expansión comunista, que le moverían a prestar su ayuda y colaboración a Franco la noche del 25-26 de julio. El estado de preocupación por España en los países europeos estaba muy claro. Francia simpatizaba con los republicanos, pero diversos factores le habían impedido concretizar una ayuda y materializar esa simpatía hacia España. Gran Bretaña estaba dividida, mantienen su neutralidad pero su gobierno siente simpatías hacia los sublevados. El único país comunista no demostraba interés por ayudar a un país republicano, y los países democráticos se mantienen neutrales. La causa anticomunista tenía mayor peso real, razón por la que España iba a quedar desvinculada de los países europeos. Todo ello sería favorable para las pretensiones italianas y alemanas. Mussolini siempre había creído poco en la fuerza de las derechas españolas y tenía la desconfianza inicial en las posibilidades de éxito de la revuelta. Pero Pedrazzi, el día 20 de julio, en un informe remitido subraya que esta sublevación nada tenía que ver con las experiencias precedentes. Que no es un golpe de mano militar como los anteriores y que no tiene carácter monárquico, lo cual hacía pensar en las posibilidades reales de éxito, lo que animaría a Mussolini a colaborar. Los dossiers de la prensa italiana sobre España en los primeros días del conflicto fueron escasos y frecuentemente contradictorios. Los informes fueron los que en la práctica influirían con mayor peso, y tanto Mussolini como Ciano justificaron su intervención en términos defensivos frente al comunismo. Ciano escribiría en su «Diario» que se estaba defendiendo nuestra civilización y nuestra revolución, aunque en alguna ocasión llegó a reconocer, al igual que Hitler, que la intervención italiana en España pudo haber sido un torpe error. Había implicado grandes e innecesarios riesgos, ensanchado tanto la brecha con las democracias occidentales que Italia había quedado con poca libertad de acción en la política exterior; en definitiva, que Italia tenía hipotecado su futuro en la política exterior. Mussolini, hablando sobre la situación española, le dice a su mujer que a España se había ido a luchar contra el comunismo, porque el «bolchevismo» en España significaría también la entrada del bolchevismo en Francia, o lo que es lo mismo, tener el comunismo a la espalda de Italia y el peligro de la progresiva «“bolchevización” de Europa». Miedo al comunismo y miedo a que un triunfo antifascista en España supusiera en Italia un posterior fracaso del fascismo italiano y una amenaza para el régimen fascista, en una Italia que empezaban a despertar síntomas de oposición interna al régimen. Esta preocupación ideológica que en alguna ocasión utilizaría Mussolini para justificar su intervención, no parece ser la más creíble. Mussolini sí que tenía gran hostilidad hacia ciertos personajes de la República. A Alcalá Zamora le llama «arrepentido» por haber abierto las puertas de la República; a Lerroux lo califica de republicano «radical masón» porque había abierto las puertas al «caos». A Marañón le critica por haber alumbrado la «tiranía roja». Apoyaba la insurrección más que por ser una revolución fascista, por luchar contra la República y por su condición de «fascistizados» de los rebeldes, que proponían instaurar una dictadura de partido único y carácter corporativo que podría ser de gran utilidad en el futuro si quería ser una gran potencia. Cantalupo, primer embajador italiano en España tras el triunfo de Franco, afirma que las instrucciones de su gobierno querían «fascistizar» a España, y de hecho Mussolini, en diciembre de 1936, telegrafía a Roatta, jefe de las fuerzas italianas en España, comunicándole que en breve le remitiría algunas directrices políticas para comunicar a Franco. Queda claro cuáles fueron las intenciones de Mussolini desde el punto de vista político e ideológico, junto con la política de potencia, que tras Etiopía había adoptado, esperando ser reconocida como Imperio. Pero el peso político de su decisión sobre España, de extender el fascismo, tuvo un peso mínimo en su decisión de ayudar a los rebeldes. Sobre la presencia de los fascistas en España y la posible «fascistización» de la misma, Azaña llegó a dejar reflejado en su «Diario» que España podrá tener todos los fascistas que se quiera, pero que en ella, al mismo tiempo, no habría fascismo, sino tan sólo una dictadura militar y eclesiástica de tipo español tradicional, hecha «de sables, casullas, desfiles militares y homenajes a la Virgen del Pilar».


Mussolini pensaba que a Italia le correspondía un peso mayor en el concierto de las naciones, y que ese peso le era más fácil de conseguir con una oposición directa a las potencias occidentales que en colaboración con ellas. La llegada del conde Ciano al Ministerio de Exteriores confirmaría estas intenciones italianas; su política filo-germánica así lo demostraría. Su relación con Austria, clave en las relaciones italo-alemanas, también confirmaría el anterior supuesto. Mussolini hizo saber a los alemanes que siempre que respetasen la «independencia formal» de Austria36, él no tendría inconveniente alguno en ver a dicho país convertido en «satélite» de Alemania. Italia no era una potencia satisfecha, y descartado el factor «Francia» como motivo de su intervención en España, sólo cabe pensar en el principio «oportunidad». Es más que probable que en los momentos en que Mussolini y Ciano debatieran sobre la intervención en España, estuvieran más pendientes de las circunstancias políticas del momento que de establecer o prefigurar las compensaciones que pedirían a los españoles o en extender en este país su ideología. La pasividad de unos y de otros, los deseos italianos de expansión, el tener el apoyo de un país con unas pretensiones similares, animó a Mussolini a confiar en la sublevación de Franco. Italia en su política interior también necesitaba hacerse notar y apuntarse tantos para calmar ciertos ánimos que empezaban a exaltarse, necesitaban la hegemonía del Mediterráneo, y para ello necesitaban hacer de España un aliado, pensando en su incorporación al Eje a fin de conseguir su Imperio particular. Un pensamiento recogido por el conde Ciano en su Diario viene a confirmar esto. En fecha 5-6 de junio de 1939 hace la siguiente reflexión: «... España estará con el Eje, porque hacia él la llevan el sentimiento y la razón. Una España neutral estaría destinada a un futuro de miseria y de humillación en cualquier eventualidad. Y, además, la España de Franco quiere resolver el problema de Gibraltar: mientras ondee allí la bandera británica, España no será una nación soberana y libre. La juventud española vive con el deseo y el sueño de echar al mar a los ingleses y se prepara también con respecto a Francia, la torpe e indecorosa Francia. España tiene sus reivindicaciones y éstas se llaman Marruecos, independencia política y económica»37. Mallorca era una obsesión y la clave para el dominio y control del Mediterráneo, no apoderarse de ella, pero sí establecer allí sus bases para el posterior dominio del mar. Se puede resumir diciendo que la decisión italiana tenía simultáneamente una matriz ideológica y un componente fundamental de política de potencia, o imperialista que denominan muchos autores. No ver una España plenamente fascista en sentido estricto, cuanto contribuir a la concepción de Mussolini de una «Europa fascistizada», con una dictadura de partido único y una estructuración corporativa del estado. No se puede excluir la componente económica de la intervención italiana en España, lo que sí parece claro es que este componente no fue decisivo. El imperialismo fascista tenía un componente hegemónico, en cuanto formaba parte de la aspiración de Mussolini para lograr alcanzar la supremacía en el Mediterráneo. Italia no podía contentarse, en opinión de los jerarcas fascistas, con ser la “cuarta” de las potencias europeas; el fascismo, por otra parte, era, según Mussolini y sus seguidores, la única respuesta válida a los problemas económicos, sociales y políticos que acuciaban a Europa. Intervenir en España podía ser, al fin y al cabo, un problema de consecuencia “imperial” y “revolucionaria” 38. Denis M. Smith, en su biografía sobre Mussolini39, añade un sentimiento de superioridad racial contribuyó a moldear la actitud de Mussolini hacia los españoles, junto con la opinión de que las democracias europeas eran demasiado cobardes para combatir en caso de que recriminaran su actitud, nunca se atreverían a participar de lleno en el conflicto español. Aunque la guerra civil española llegó en un momento poco oportuno, cuando la política italiana se esforzaba por conseguir el reconocimiento de su conquista Abisinia, el Duce ayudó a los nacionales y confió en Franco por considerarse el primer anticomunista del mundo. Estaba convencido que su actuación española duraría


poco tiempo y no tenía la sospecha de que aquello le fuera a restar demasiadas fuerzas. Pensaba en quitárselo de en medio cuanto antes, era un pequeño paso más en su camino hacia una idea superior, hacia otras metas más imperiales40. Tenía «su estrategia para con España», hacer una guerra rápida con el envío de mucho armamento y tropas, para pasar a una pacificación y negociación de los problemas internos españoles, caso de los vascos, tratando de esquivar en la medida de lo posible las complicaciones con otros países. Para poder conseguir lo antes posible esas metas, Mussolini no dejaría en el olvido la intervención en la política interna española, con directrices políticas que en algún momento le hizo llegar y así se recoge en la revisión de los Telegramas de la M.M.I.S. ... riservomi mandare prestíssimo alcune direttive politiche da comunicare a Franco41. Según Cantalupo42 él no recibió ninguna instrucción política para desarrollar en España, pero el hecho está en que Mussolini, como se refleja en alguno de sus telegramas, lo deja claro, siendo una prueba clarísima de esta voluntad son las consignas que intentó desarrollar Farinacci43, encargado en muchos momentos de transmitir y discutir con Franco las orientaciones políticas de Mussolini44. Una de esas instrucciones era la de conseguir que Franco admitiera como rey de España al duque de Aosta45, a pesar de que no simpatizaba demasiado con las monarquías. Tenía, como dice Denis M. Smith, la extravagante idea de persuadir a Franco para que aceptara un rey italiano como rey de España. La restauración de la monarquía en España había sido ya una vieja pretensión de los enemigos de la República. Mussolini quería convertir España en un virreinato de Italia, en un país supeditado, bajo su dominio y control político, aún a costa de introducir una monarquía, con lo poco que simpatizaba con ellas. Pero no contó con Alemania que, apoyándose en la Falange, lo impediría. Como recogen I. Saz y J. Tussell en su libro Fascistas en España 46, no resulta extraño este intento de participación y de control de Mussolini en la política española. El comportamiento de las jerarquías fascistas italianas era ése: un militar, Roatta; un embajador, Cantalupo, y uno o más políticos, Farinacci, que de verdad sería el encargado político. Farinacci trataría de convencer a Franco de la necesidad de preparar un proyecto concreto para gobernar España después de ganar la guerra y la necesidad de crear un Partido Nacional Español con Franco a la cabeza, aboliendo los demás partidos políticos aunque fueran de derechas; así como ejercer un severo control sobre la prensa, una sola prensa, la prensa nacional. Entre otras ideas a proponer estaba el favorecer a la clase obrera, garantizar la reforma agraria y las pensiones de vejez; dejando claro que el nuevo partido que se creara sería «totalitario y autoritario». Pero pronto se daría cuenta de que a Franco le preocupaba bastante poco la teoría política y sí mucho el ganar la guerra sin dejar enemigos a su espalda, preocupándole más que nada sus ambiciones personalistas. En los comienzos del régimen de Franco tuvo muchos parecidos con el de la Italia fascista de Mussolini. Existía un partido único con un Caudillo al frente, dotado de un cierto halo carismático como el Duce; se apoyaba en la propaganda y en una oratoria autoritaria y nacionalista; los saludos fascistas se incorporaron a la vida normal; se creía en la España Imperial, estableciéndose un sistema de sindicatos controlados por el Estado y la legislación laboral era una copia de la «Carta del Lavoro». Pero estos parecidos fueron simplemente formales47. Como también recoge Denis M. Smith48, algunos italianos, como el embajador en España Cantalupo, se darían enseguida cuenta de que intervenir en España iba a ser un costoso error. Tenían muy claro que la guerra española no sería una acción tan rápida como Franco la presentaba. Cantalupo aconseja a Mussolini que se desligue, pero estaba más que convencido de que la toma de Madrid era inminente y que la guerra acabaría muy pronto. Sobre la posición de Mussolini con respecto a lo que Franco pensaba hacer cuando terminase la guerra y sobre la restauración de la monarquía, el Duce nunca lo tuvo muy claro. Le habían llegado informes sobre la opinión de los españoles en Italia acerca de Franco y éstos coincidían en que Franco no era demasiado popular entre ellos, le consideraban como un pequeño cerebro odiado por las tres cuartas partes del pueblo español, y entre el ambiente militar italiano se apreciaba una gran indiferencia de éste


hacia el general Roatta. No se fiaba ni creía en posibles restauraciones en España, pues nunca tuvo clara la relación de Franco con los conspiradores monárquicos a los que Mussolini en persona les había prometido ayuda en 1934. Y, según Hugh Thomas, Franco tampoco debía conocer los detalles de aquel acuerdo. El apoyo italiano a Franco a lo largo del conflicto iría cambiando y evolucionando según evolucionaban los acontecimientos internos en España, con la certeza de que Franco era la única persona en España que podía conservar la unidad de las fuerzas nacionalistas y el único con prestigio para poder asumir las riendas del estado después de la guerra, evitando la llegada de una monarquía por la que no sentía demasiadas simpatías. Poco a poco irá coincidiendo en este aspecto, como en muchos otros, con la posición de Franco. En la línea antimonárquica de Mussolini, aunque tuvo intentos por asentar una monarquía italiana, Ciano recoge en su Diario49 cómo le hace llegar a Gámbara el que exprese a Franco su neta aversión a la restauración monárquica: el retorno de la monarquía equivaldría a lanzar a España a una nueva guerra civil antes de tres años. El rey es un hombre más que desacreditado. Los hijos, en la más favorable de las hipótesis, son unos incapaces completamente entregados a Inglaterra y a Francia50. Italia, inmersa desde hacía unos años, directa e indirectamente, en la política española, tuvo también su interés particular en los aspectos relacionados con la cuestión sucesoria. Ya en los primeros meses del golpe militar, en enero de 1937, el consulado de Italia en San Sebastián dirige una larga carta al V. Capo del Gabinete de S.E. el conde Galeazzo Ciano, comm. Filippo Anfuso, en donde se habla de que el príncipe Saberio de Borbón-Parma, regente del Partido TradicionalistaCarlista, había mantenido una reunión con el cónsul en San Sebastián y ya le comunica que se han tomado las precauciones pertinentes. En esta reunión hablaron de la situación de la España del momento y de la necesidad de que se unieran todos los partidos nacionales. Comenzarán a salir a escena los posibles candidatos monárquicos al trono español. El príncipe Saberio teme un nuevo rumbo en la política de Franco dejando ver claramente el temor o la culpa que descargan sobre infiltraciones masónicas. Infiltraciones que pueden ser un gran peligro para la disgregación no sólo entre los partidos nacionales sino también en el seno de la Falange misma. Ni a Franco ni a Italia les interesaba que hubiera cualquier tipo de ruptura interna en un gobierno que tenía que dar sobradas muestras de fortaleza y unidad. El escrito recoge el interés que tenía Saberio de Borbón por mantener contactos y comunicación con el conde Galeazzo Ciano para hablar sobre el tema sucesorio. Este cónsul en San Sebastián deja ver cuál es su pensamiento sobre el pretendiente Saberio de Borbón, que parece ser que es de su agrado y un ferviente servidor y seguidor de Mussolini. Italia no podía pedir más. Podía implantar en España un rey que sentía simpatías y admiración por Mussolini y por el fascismo, y veía cada vez más turbias las pretensiones de la Falange y sus relaciones con Franco. Quieren ver que últimamente en Falange ha habido infiltraciones demo-liberales y masónicas, temiendo que la mayoría de los españoles giren más hacia un nacional-socialismo que hacia el fascismo. Reinstaurar la monarquía en España había llevado años atrás a Mussolini a ayudar a los futuros conspiradores y golpistas. No creía en la República española, era su principal enemigo, era sembrar la semilla del comunismo para que luego se extendiera por el resto de Europa. Pero tampoco veía con muy buen agrado el régimen que estaba imponiendo Franco y que parecía iba a asentarse de una manera definitiva. Mussolini confió y desconfió de Franco en muchos momentos, pero sobre todo desconfiaba cuando intentaba hacer política de futuro en España y porque no veía una salida decidida y convincente a la política que Franco estaba desarrollando en aquel momento en España, lo que es lo mismo, cuál sería el final político de toda aquella revuelta militar. A esto añadamos que Franco desde un principio se mostró decididamente germánico. En una reunión celebrada el 12 de enero de 1937 en San Juan de Luz, Pierom Sapòriti desde el Hotel Britania, envía una comunicación a Galeazzo Ciano dándole informes precisos sobre la última entrevista que había tenido con el príncipe Xavier Borbón Parma, regente de los carlistas. En esta entrevista el príncipe Saberio le hace llegar las sospechas y temores de que Falange está


dominada o controlada por elementos afines a la ideología nazi, que habían caído bajo la influencia alemana, mientras que él prefería y veía con mejores ojos que estuviera más cercana a una influencia italiana, al igual que todos los requetés combatientes. La política internacional italiana se complicaba si en medio se interponía un pretendiente austriaco, enredándose aún más cuando veían que la aspiración al trono de España por los Hagsburgo formaba parte del mismo plan alemán, para controlar Europa y eliminar posibles enemigos a su causa. Veían una reproducción en España de lo que estaba pasando en Austria; una posible pérdida de poder político y territorial si los planes alemanes continuaban por esos derroteros. No era simplemente el colocar a una monarquía u otra, a un rey o bien otro; se trataba de un control de la política europea que estaba decayendo hacia el lado alemán, con el consiguiente detrimento para las aspiraciones de la política exterior italiana. La reacción italiana ante semejantes comunicados e informes que provenían de San Sebastián fue drástica y escueta:51 Dica a Danzi di evitare ogni contatto sia in publico che in privato con Otto d’Absburgo, fue la contestación que inmediatamente el mismo conde Ciano dirigió no ya al consulado sino a la misma embajada en Salamanca, en un telegrama secreto dirigido a Bossi y firmado por él mismo. Resulta fácil su traducción, simplemente que ni se acercara por nada del mundo al príncipe Otto. El informe enviado desde el consulado español le había puesto nervioso al mismo Ciano. El malestar de los monárquicos españoles con Franco continuaría. No veían nada claro el desenlace en una monarquía después de acabada la guerra. Las tentativas de colocar a uno u otro como monarca tampoco estaban nada claras, y las potencias extranjeras, que de igual manera deseaban que así fuera, tampoco podían avanzar en sus intentos políticos por colocar a sus pretendientes o candidatos. Franco en algún momento pensó en restaurar la Corona que la República y el pueblo español derribaron y se detectarían movimientos que parecen confirmar que así fue. Así, el diario británico Daily Herald, con fecha 29 de agosto de 1938, publicó una información que se recoge por parte del Ministero degli Affari Esteri,52 según la cual el conde Luis de Sierragarde habría ofrecido, por encargo del Generalísimo, el trono después de la victoria al ex soberano de España. El citado conde aseguraría que tal información era completamente carente de fundamento y que él nunca había sido encargado por parte del general Franco de la misión que se le atribuía. 1.1.6. La agresión se consuma Dos años antes al golpe militar de 1936, el 31 de marzo de 1934, ya habían existido contactos del líder monárquico don Antonio Goicoechea con Mussolini para conspirar contra la República. El 19 de julio de 1936, recién llegado a Marruecos, Franco envió a don Luis Bolín a Italia para gestionar la consecución de algún armamento53. Bolín antes de su llegada a Italia pasaría por Lisboa a presentarse al general Sanjurjo, quien le refrenda la carta que Franco le había entregado, saliendo a continuación en el Rapide hasta Marsella y luego en tren hasta Roma, a donde llega el 21 de julio. Él había sido el principal protagonista de la preparación del viaje del avión «Dragón Rapide» fletado en Inglaterra para ir a buscar al general Franco a las islas Canarias y trasladarlo a Marruecos. Sería recibido por Ciano, ministro de asuntos exteriores de Mussolini y yerno de éste, quien manifestó estar dispuesto a la demanda solicitada en un principio, pero tras consultar con Mussolini la deniega por haberse comprometido ya la ayuda a la Monarquía en 1934, y no veía muy claras las relaciones de ésta con Franco. En posteriores reuniones parece ser que Mussolini maduró la idea y se decide a prestar el apoyo necesario. Tal vez le moviera al Duce la idea de ver un Mediterráneo libre del comunismo, y España, dentro de este mundo mediterráneo, ocupaba una posición estratégica clave para la política exterior mediterránea con la que


soñaba Mussolini. Franco en un principio, más que aviones de transporte de tropas quería bombarderos y cazas, no pensó que cruzar el estrecho le iba a presentar dificultades. El encargo para adquirir aviones de transporte se lo hará Franco al director general de la compañía petrolera Ibarrola en Ceuta, señor Delgado, y le dice que lo haga en Inglaterra, enviando también tres emisarios a Alemania para que consiguieran diez aviones de transporte con sus pilotos y tripulación respectiva. Alemania enviaría no diez aviones, sino veinte «Junkers 52» y seis «Heinkel 51». Italia por su parte envía los doce «Savoia-Maarchetti 81», armados con sus técnicos y tripulación, que serían enrolados en la Legión Extranjera española (Tercio de Extranjeros) para poder de esta manera realizar las operaciones militares con apariencia de legalidad. Desde entonces, y hasta el final de la guerra, toda la fuerza aérea italiana en España se le denominaría «La aviación del Tercio», como si fuera el arma aérea de la Legión Extranjera propiamente dicha54. Doce aviones «Savoia» con destino a Nador es la primera ayuda, le seguiría doce cazas «Fiat CR 32» que llegaría al Marruecos español los días 13 y 14 de agosto. Luego, envíos de hidroaviones, más bombarderos y material diverso de guerra sería enviado a la isla de Mallorca. Activa fue la participación de Arconaldo Bonacorsi (conde Rossi), cónsul de la milicia que se distinguió como jefe de las escuadras de Emilia y Romagna (Bolonia) durante los años de 1920 a 1922. Creó un grupo de voluntarios mallorquines al que dio el nombre de «Los dragones de la muerte». Hombre espectacular como corresponde al buen fascista italiano. La consigna de su grupo era antes morir que retroceder y él mismo era llamado el león de Son Servera. En realidad no fue más que un fanático jefe de milicias fascistas, aunque es cierto que intervino en algunas de las reuniones en la isla en momentos cruciales. A finales de septiembre los nacionales habían recibido de Italia 68 aparatos, que junto con los 70 de Alemania y los capturados a la Fuerza Aérea española le daban la supremacía del aire a Franco, siendo además determinantes para el traslado de tropas a la península y para las acciones sobre Madrid. En ambos bandos se tenía muy claro que la aviación sería la clave para ganar la contienda iniciada, pero la República mantenía su aviación en un estado calamitoso. Era su necesidad más urgente, aviones y pilotos que sepan tripularlos, le dijeron los representantes del gobierno español a Malraux, cuando el 25 de julio aterriza en Madrid y les pregunta por lo más urgente para sofocar la revuelta. Azaña, en la misma línea de necesidades, dijo con gran tristeza para él, debido a su responsabilidad como ministro de Guerra, ser el responsable de la reducción de los gastos militares, ya que con cincuenta aviones podría haber aplastado la rebelión. Luis Araquistáin, embajador en París, con la misión de comprar armamento para la República, le comentó al periodista americano Louis Fischer: Con cien aeroplanos podríamos ganar la guerra. Indalecio Prieto, ministro en la República de Mar y Aire y luego de Defensa, también confirmó sobre el tema: La guerra la ganará quien domine con sus aparatos el aire. Esta fue la gran preocupación del gobierno español, acudiendo a solicitar ayuda a otros gobiernos, obteniendo muchas negativas y dificultades para conseguir aparatos. A Franco, provocador de la rebelión y que no representaba al gobierno amenazado por un golpe, le resultó más fácil conseguir esa ayuda y apoyo incondicional, con un suministro fluido de aviones por parte de Italia y Alemania. La República comenzó a ser víctima del gansterismo armamentístico55 y de las marrullerías políticas hasta que finalmente fueron derrotados. Los nacionales burlaron como quisieron el embargo internacional de armas, y los republicanos se vieron obligados, por la posición de Francia e Inglaterra, a comprar armas «ilegalmente», teniendo que tratar con ministros, jefes de estado y altos cargos movidos por sobornos escandalosos para poder ser autorizadas, comprarlas y transportarlas, junto con las dificultades y pegas de los bancos, o los engaños y timos de traficantes e intermediarios. El caso más chocante fue el de la propia URSS, que aprovecharía la situación del gobierno español para abusar del suministro, enviando menos armas de las compradas, anticuadas y con escasa munición, engañando al país aliado amañando el tipo de cambio en la moneda utilizada, quedándose poco a poco muy mermadas las reservas de oro con las que se pagaban las compras y que en teoría «custodiaban». A todo esto hay que sumar la ingenuidad e


incompetencia de los republicanos en la gestión de las finanzas, en la compra de armas y aviones en el extranjero. Se les cerraron todas las puertas legales y se implicarían en la más complicada operación de contrabando de armas de la historia56. Los franceses propusieron la política de no-intervención en gran medida porque les preocupaban también los efectos internos que tendría la intervención en su propio país, además de evitar el conflicto con Italia y Alemania. Estas mismas razones eran igual de importantes para Gran Bretaña, lo cual llevaba a posibles enfrentamientos por los diversos apoyos que se podían producir a contrarrestar la revuelta española o bien para apoyar a los que se defendían de la revuelta. La postura cobarde de Gran Bretaña ante el conflicto español fue la más pusilánime. La perfidia de Albión, como la denomina Enrique Moradiellos57, estuvo siempre revoloteando sobre la política europea respecto a España. Su política fue siempre una «farsa institucionalizada» y consentida, contribuyendo al desenlace final de la guerra civil española. Una política siempre encaminada no tanto a evitar la ayuda italo-germana que tanto le preocupó en muchos momentos como a refrenar la ayuda francesa y obstaculizar la soviética, favoreciendo el esfuerzo de guerra de Franco y perjudicando la capacidad de resistencia bélica de la República española. Dentro del diseño de su política general, Gran Bretaña estaba en la línea de no apoyar a un gobierno de izquierdas como el español, a pesar de ser un gobierno democrático. Los intereses económicos y sus inversiones en España pesaron más que su posición de defensa a la República y al gobierno legal de España. Muchos conservadores británicos simpatizaban con los rebeldes españoles y aprobaban los esfuerzos italianos por ayudarlos, pero la política exterior británica estaba claramente consagrada al mantenimiento de la paz general, «y los sentimientos pacifistas estaban muy extendidos, tanto dentro del gobierno como entre el público en general»58. Los fuertes intereses económicos y comerciales británicos en España como inversiones en minas, vinos, textiles, aceite..., y el poder mercantil británico se decantaría por los nacionales con quienes pensaban que sus intereses económicos y comerciales estarían mejor salvaguardados que con un gobierno de izquierdas, posición que coincidía con la de muchos miembros del Parlamento británico. La actitud de Italia respecto a España le servía muy bien a Gran Bretaña para ir retrasando acuerdos, dar largas, mientras Italia continuaba con sus envíos de tropas y de material. Por motivos ideológicos, la Unión Soviética deseaba que los rebeldes fueran derrotados. Pero el gobierno soviético por aquellas fechas estaba tratando de acercarse a la Gran Bretaña y a Francia, motivo por el que se abstuvo de enviar material a la República. Nunca tuvo in mente el intervenir en España. Hizo todo lo posible para no comprometerse con ella. Las acusaciones y contraacusaciones, las violaciones de los acuerdos y los derroteros que tomaba la contienda irían paulatinamente contribuyendo al cambio de postura y a que el pueblo ruso enviara de forma continuada material y asesores militares al gobierno español. Las decisiones del Comité de No Intervención no fueron respetadas. Actitudes obstruccionistas, pretextos dilatorios e interpretaciones muy particulares de los acuerdos nunca llevarían a hacer efectivas las decisiones. Aviones italianos del ejército camuflados, pilotos con documentación falsa para justificar su presencia en caso de ser detenidos, barcos y cargueros alemanes e italianos, trenes procedentes de Portugal59 con material de guerra o barcos provenientes de México, único gobierno que reconoció la ayuda militar a los rebeldes, fueron llegando para aprovisionar de material y de medios humanos a los sublevados, mientras que por otro lado no hubo más que políticas internas de las naciones que se oponían a permitir de forma legal la ayuda al pueblo español. La falta de dignidad de los gobiernos democráticos resultó incomprensible dado que era de todos los países conocida la intervención de Hitler60, Mussolini y de Salazar.


La agresión en el mar fue clamorosa. Los actos de piratería de las armadas alemana e italiana, sin precedentes en la historia, se iniciaron ya en el otoño de 1936 y se incrementaron en la primavera de 1937. El general Salas Larrazábal61 escribe: «Italia preparó un contragolpe espectacular. Decidió compensar la retirada de sus navíos de superficie de las funciones de observación del tráfico gubernamental con el uso ofensivo de cuatro submarinos piratas contra dicho tráfico, en la ruta del Mar Negro al Levante español, sin limitar su actividad al Mediterráneo occidental. Estos submarinos fueron bautizados como “Sanjurjo II”, “Mola II”, “González López” y “Aguilar Tablada”, y llevaban a bordo una representación española». Franco también le pediría al Duce que aumentara el ataque a los buques mercantes que pudieran tener como destino los puertos de la República, misión que encargaría a su hermano Nicolás Franco. Buques franceses, ingleses, griegos, yugoslavos, rusos y daneses, entre otros, serían blanco de los barcos piratas italianos. Si los mercantes italianos no respetaron para nada las normas internacionales, menos aún lo harían sus submarinos. Primeramente el ejército de Franco decide enviar a cuatro oficiales españoles a Italia para ocupar «teóricamente» el mando de los submarinos italianos que se pensaban emplear: el capitán de corbeta Rafael Fernández de Bobadilla, el teniente Gonzalo Díaz García, el capitán maquinista Albarrán y el capitán maquinista Echevarría. Posteriormente también acudirían a Italia los tenientes Luis Cebreiro, Juan García y Juan de Bona. Trabajarían en la base italiana de «La Maddalena», donde ya el capitán de corbeta Arturo Génova estaba preparando la puesta a punto de los submarinos italianos. Los oficiales españoles habrían de pasar en esta base por una comisión de marinos del Brasil. Los primeros submarinos serán el «Topazio» y el «Náyade», dotados de tripulación italiana. Debido a la presencia de barcos ingleses del Comité de No Intervención en el Mediterráneo, los submarinos italianos deberían aparentar pertenecer a Italia, y su campo de acción era toda la costa española, intentando evitar la llegada de barcos con material para la República, a ser posible barcos españoles, rusos o mejicanos, que eran los sospechosos de llevar armas al ejército de la República. Los submarinos italianos empiezan a actuar en aguas españolas el día 8 de noviembre intentando cortar el suministro de armas, siendo el «Náyade», luego el «Topazio» el día 9, el «Antonio Sciesa» el día 15 y el «Torricelli» el 17 los encargados de esta misión, situándose en las proximidades del puerto de Cartagena, fuera de las aguas territoriales españolas, y en el más absoluto secreto. Junto a los submarinos italianos operaban también, desde finales del mes de diciembre, los alemanes «U-33» y «U-34», con quienes se alternaban en la vigilancia de las costas. El mayor éxito italiano vendría con la acción sobre el crucero republicano «Miguel de Cervantes», el 22 de noviembre. Sería el «Torricelli», con el capitán de corbeta Génova a bordo, el que se aproximaría al puerto de Cartagena, donde divisaría al acorazado «Jaime I» y al «Cervantes». Sobre éste lanzará dos torpedos haciendo blanco en estribor, y aunque no lograron hundirlo, lo dejarían inutilizado para unos meses. El submarino italiano logró zafarse y huir del lugar de los hechos; el puerto de Cartagena había quedado bloqueado por la acción sobre el «Cervantes», impidiendo la salida de otros buques republicanos que pudieran dar una respuesta a lo sucedido, atribuyéndose en un principio la acción a un submarino alemán. Este éxito y el escaso interés del Comité de No Intervención por aclarar lo sucedido y descubrir al culpable, hizo que la Marina italiana, a partir del 9 de diciembre, enviara hasta 24 submarinos a las aguas españolas. Ello garantizaría los envíos posteriores de los contingentes de tropas y de material de guerra que comenzaban a llegar a España a partir del 10 de diciembre, una vez creado el «Ufficio Spagna» en Italia que se encargaría del reclutamiento de tropas para España, lo que supondría un control más


riguroso sobre los barcos que transportaban material para la República. A mediados de febrero de 1937 la presencia de la Marina italiana en España era de 13 cruceros, 22 destructores, 2 lanchas torpederas y 7 buques auxiliares, y un total de 42 submarinos. Las acciones más notorias de los submarinos italianos sobre los barcos republicanos o que prestaban algún tipo de servicio para la República fueron numerosos. El torpedeamiento del «Cervantes»; ataque contra el destructor «Almirante Valdés» el 24 de diciembre de 1936; hundimiento de un mercante en Málaga el día 5 de enero de 1937; ataques contra barcos de altura del cabo de Cullera y del cabo de San Antonio; ataque frustrado contra el mercante español «J. J. Sister» el 18 de enero cerca de Tarragona; persecución del mercante «Delfín» el 5 de febrero; bombardeos sobre la ciudad de Barcelona en febrero de 1937; protección de los barcos italianos con las tropas italianas (C.T.V.) y material para España, al igual que labores de entorpecimiento en las acciones de los barcos republicanos. Los excesos y su agresividad llegaron a tal extremo que los representantes de Suecia, Noruega y Dinamarca, exigirían del Comité de Londres la adopción de medidas enérgicas para proteger la navegación en el Mediterráneo, aunque no se tomó ninguna. Un ejemplo más de los muchos actos de piratería se daría con el petrolero español «Campeador», que fue hundido en el Canal de Sicilia por submarinos italianos, siendo el hecho denunciado por el gobierno al Comité de Londres, sin trascendencia alguna. Los actos de piratería de la marina de guerra italiana llegaron a inquietar al periódico del Vaticano, y en el «Acta Diurna» del L’Observatore Romano del 26 de agosto se decía: «Hay en el Mediterráneo fuerzas que operan al margen de la ley, unidades navales que ejecutan actos de piratería… Estos incidentes son susceptibles de repetirse y podemos interrogarnos, desde ahora, de lo que podría ocurrir el día en que sea identificada la nacionalidad de los submarinos y aviones autores de agresiones, evidentemente premeditadas… Es una cuestión muy grave, que debería ser objeto de serias reflexiones». Protestas que, junto con las dirigidas por el gobierno español y los países atacados, no surgirían ningún efecto, y el hecho está claro en la primera quincena del mes de octubre, en la que serían atacados ocho mercantes extranjeros sin que ningún país llevara a la práctica el compromiso que acababan de firmar en Lyon. El 30 de julio comienzan a llegar los primeros aviones italianos, después de los 12 Savoia iniciales. Se da una situación de equilibrio entre ambos ejércitos. El día de antes habían llegado 20 aviones alemanes de transporte que ayudarían al traslado de los hombres desde África junto con los aviones italianos. El 15 de agosto, 2.500 hombres, con cobertura aérea italiana, pasan el Estrecho con Franco, con escasa resistencia republicana. El 7 de agosto Roma había enviado a Franco 27 cazas, 5 tanques, 40 ametralladoras y 12 cañones antiaéreos, municiones, bombas y gasolina. Esta ayuda sería clave para que Franco pudiera abrirse camino hacia el Norte. A Mallorca irían llegando, tras la retirada del ejército republicano, suministros de material italiano, barcos, trimotores, hidroaviones y naves con gran cantidad de material de guerra que sería depositado en el túnel del ferrocarril que atravesaba Palma. Se crearían en la isla unidades de exploración y bombardeo aéreo, con seis «Savoia», tres cazas «Fiat», tres «Dornier Wall» y dos «Cant», así como hidroaviones «Cant-Z 501», «Cant-Z 506» y aviones «Heinkel H.59» alemanes, «Heinkel H.60» y los «Arado». Al frente de toda esta maquinaria de guerra estaba Ramón Franco, hermano de Franco, que moriría en accidente. El conflicto español más que una guerra civil estaba adquiriendo el carácter de acontecimiento más importante en la lucha contra el fascismo. Movimientos antifascistas empiezan a surgir en muchos lugares de Europa y de otras partes del mundo, para combatir contra los rebeldes en España. Anarquistas italianos serían los que a finales de agosto vienen a España y toman las armas en el frente de Aragón,


donde la columna «Giustizie e Libertá» entró en combate por primera vez el 28 de agosto en el Monte Pelayo. La ayuda italiana y la alemana exacerbaron los ánimos antifascistas, levantando el temor de una guerra europea a causa del conflicto español. La política de «no intervención» de Francia y Gran Bretaña, al igual que las relaciones un tanto ambiguas de las políticas internacionales de los principales países europeos, no consiguieron frenar las ayudas ni aclarar las posiciones internacionales. Las potencias democráticas irían cediendo paulatinamente ante las presiones de Hitler. El Pacto de Munich, formado el 29 de septiembre de 1938, firmado por los gobiernos de Alemania, Italia, Gran Bretaña y Francia lo confirmaría. Alemania había amenazado con provocar una guerra si no se le permitía la anexión de la región industrializada de los sudetes y esto supondría sucumbir ante la gran potencia fascista. Los republicanos españoles, aún con la esperanza de vencer al fascismo, perderían esta esperanza. Como recoge Carlos Blanco62, … había dominado la triste historia de la no-intervención, pero nunca había cristalizado tan crudamente como en Munich. Tuñón, por su parte, también hizo un comentario similar: Nunca se insistirá demasiado en que, al firmar el Pacto de Munich, se había decidido la suerte de España63. El conflicto español fue, como afirma Ángel Viñas64, un side-show, un acontecimiento relativamente marginal, si se excluyen sus primeros momentos. Un desgarrón, que ni siquiera fue el más importante, en el proceso de desintegración del sistema de relaciones internacionales emergido de la paz de Versalles. Como tal, el conflicto español estuvo inexorablemente unido a los embates de las potencias revisionistas del Eje, a la política timorata y miope, aunque comprensible, de los países democráticos, empeñados en preservar intereses vitales nacionales. La agresión italiana a la República terminaría consumándose cuando las potencias democráticas abandonan definitivamente a la República española, mientras italianos y alemanes asegurarían al bando rebelde la victoria con su intervención masiva y sus duros ataques contra le ejército de la República y contra la indefensa población civil. Como expone Paul Preston65 en una de sus obras, la simpatía residual de las políticas de las grandes potencias hacia el fascismo hizo que su primera respuesta consistiera en un intento de desviar esas ambiciones dándoles un contenido anticomunista y, en consecuencia, una dirección rumbo al este. Stalin dejaría de apoyar como antes a la República, y su prioridad sería, a partir de estos momentos, asegurarse contra un eventual ataque alemán mediante un pacto de no agresión, que neutralizase la amenaza. Los voluntarios de las Brigadas Internacionales comenzarían a marcharse a finales de octubre de 1938; su ayuda al gobierno republicano y al pueblo español llegaba a su fin, pues veían también cerca su final. Apuntes, datos, notas y noticias de la ayuda italiana a los rebeldes españoles y de su agresión a la República abundan en cualquier tratado o estudio sobre la intervención extranjera en España, y casi todos coinciden en afirmar que ésta fue la clave de la victoria del ejército rebelde, más la suma del material de guerra y la ayuda humana prestada con el envío de soldados procedentes de Alemania, Italia, Portugal o las tropas marroquíes. Ayuda constante y segura, material moderno y un Comité de No Intervención controlado por los alemanes que permitió la violación de los acuerdos a unos y atemorizar a los otros con una amenaza permanente de guerra europea a las potencias democráticas. El pago de la primera ayuda italiana a la sublevación militar se realizó con la ayuda financiera de Juan March, financiero español, que, de familia humilde, logró hacer una gran fortuna durante la dictadura de Primo de Rivera en que recibió el monopolio de la venta de tabaco en Marruecos y constituyó la compañía Trasmediterránea y Petróleos de Porto Pi. Apoyó financieramente el alzamiento de Franco, siendo también conocido como «el pirata del Mediterráneo» por ese control del monopolio de tabaco con Marruecos. La situación económica de los rebeldes era muy precaria y necesitaban pagar la primera aportación italiana de material de guerra, si no éste no sería enviado y resultaba vital para el paso de tropas a la Península. Y así fue, tanto el paso de tropas como el pago de ese material tan importante y decisorio en los momentos iniciales, cuando la República tardaba en reaccionar y se le cerraban las


posibles ayudas de Francia. La intervención del financiero mallorquín Juan March sería la solución. Su colaboración económica fue el aval decisivo para la colaboración italiana y los primeros encargos de tropas y armamento. Como dice Olaya Morales66 las cuentas sobre las aportaciones italianas y la deuda franquista son bastante confusas. Añade este autor que según datos del «Ufficio Spagna» y según Ciano, los españoles de Franco contrajeron con Italia una deuda por su ayuda humana y de material de guerra de 14.000 millones de liras, pero que en mayo de 1942 se llegó a un acuerdo sobre esta deuda reduciéndola a 5.000 millones de liras. 1.2. Obedecer 1.2.1. Los primeros fascistas: «volontari della morte» A Italia se sirve siempre con todos los medios: con el trabajo y con la sangre, según recogía su decálogo fascista, y con la sangre y las armas lo intentó en su intervención durante la guerra civil española desde los primeros momentos de la sublevación. La primera presencia de voluntarios fascistas italianos en España se produce, como ya he señalado anteriormente, a los pocos días del levantamiento militar con el envío de los doce «Savoia», y poco después en el mes de agosto de 1936, con la llegada de los primeros aviones italianos. Un grupo de pilotos voluntarios se ofrece al Duce para luchar por su patria en tierra extranjera donde necesitan de su ayuda. La aviación de Franco tuvo su origen y fue posible gracias a estos primeros aviones «Savoia» italianos y a los «Junkers» recibidos de Alemania. Con ellos el puente aéreo de Marruecos a Sevilla fue una realidad, y en el momento más decisivo de los primeros momentos del golpe de Estado con su capacidad de bombardeo desde el aire y de transporte de tropas, cuando casi nadie se creía que aquello podía triunfar. El día 30 de julio llegan nuevos aviones italianos, después de los 12 «Savoia» que habían llegado ya a Nador. El día anterior habían llegado 20 aviones alemanes de transporte que, como ya hemos dicho con anterioridad, ayudarían al traslado de los hombres desde África junto con los aviones italianos. Esta ayuda inicial fue la más positiva y definitiva para los primeros avances de Franco, cogiendo por sorpresa al ejército republicano que no dio la suficiente importancia a la sublevación militar y tardó en reaccionar. Sus tripulantes, jóvenes pilotos italianos, voluntarios y totalmente comprometidos con el ideal fascista de Mussolini, formaban parte del grupo denominado «Volontari della morte». Uno de estos pilotos, Vittorino Ceccherelli, así lo confirma en sus cartas a la novia67, quien partiría del puerto de la Spezia en el barco «Sardegna» el día 5 de agosto de 1936. Le cuenta a su novia que saldrá para Cagliari a mediodía, de donde saldrá rumbo a Melilla. Allí son enrolados en la Legión Extranjera y salen rumbo a Tetuán, quartier generale del fascismo spagnolo, de donde partirían rumbo a Sevilla. Este piloto dice haber tenido el honor de ser el primer piloto italiano que participará de un combate en España: Ho l’onore di battermi per il primo. Il primo combattimento. Il cuore mi balza in petto. Era la primera salida de voluntarios fascistas italianos para España, fanáticos creyentes en el fascismo de Mussolini y dispuestos a obedecer en todo y por todo a su jefe. El enemigo del fascismo es tu enemigo, y con esta máxima se movilizó a muchos voluntarios fascistas para intervenir en España y combatir el comunismo que según ellos era una amenaza también para Italia. Esta obediencia se recogía expresamente en ese Decálogo fascista que iluminaba todos sus actos, sentimientos y vida, la obediencia consciente y total es la virtud del legionario68. Para estos jóvenes pilotos idealistas era una operación llena de aventura, de leyenda, desarrollada en medio del mayor sigilo y misterio, procurando evitar ser delatados por los primeros controles internacionales establecidos: estábamos por la ciudad dispersos, fingiendo no conocernos69. El piloto voluntario Vittorino Cecherelli concebía el fascismo no como un partido, ni como una forma de gobierno, ni siquiera como una doctrina política, para él era aquello que el Duce quería, un modo de


vida y sobre todo una fe mística. De esta fe él se sentía un apóstol y como tal apóstol estaba llamado a ser mártir70. Tenía un enorme espíritu de entrega y de obediencia a la causa fascista, y tal era su convicción que Ceccherelli le llegaría a decir a su novia: voy a otra tierra a llevar la mia fede 71. Como se puede comprobar, la ayuda humana italiana empezaría a llegar con prontitud; sus voluntarios venían dispuestos a todo, a obedecer sin dudar hasta entregar su vida porque así lo quería el Duce. Hoy día hablaríamos de integrismo político, con personas de fe en la causa fascista, tan comprometidos que les diríamos pilotos suicidas. Su impresión de lo que en España estaba sucediendo en estos primeros días de lucha fratricida, donde todo valía y nada se respetaba, puede hacernos pensar y reflexionar sobre el sentido de esta absurda guerra, sobre su crueldad, sobre la dureza de las acciones, donde nada ni nadie era considerado; así lo deja escrito en su pequeño «Diario» el día 2 de septiembre, «... esta guerra es la peor de todas las guerras. No hay prisioneros. Aquí masacramos y destrozamos con una simplicidad impresionante. Guerra sin cuartel, guerra horrenda y temerosa; los muertos dan cifras enormes. Que Dios me salve de esta carnecería inhumana y bestial. Es una guerra en el verdadero sentido de la palabra, desarrollada con todas las reglas, con todos los medios disponibles, con las máquinas más potentes y modernas. Guerra de heroísmo, de odio y de amor, brutal y caballeresca. Guerra gigantesca: choque de dos mundos, de dos civilizaciones en la desvergüenza de una guerra civil, guerra donde la maternal vigilancia de todas las naciones conmueve a los ingenuos, vigilancia, en lugar de armas y de intriga. Esto es la guerra española. Es una guerra que tienen los españoles y un puñado de hombres de otras naciones en nombre de toda la humanidad, con máquinas y medios de todo el mundo. Dos mundos, el viejo y el nuevo, que luchan por dar la impronta definitiva al siglo XX. Revolución de almas más que de hombres...»72. Pero a pesar de esta reflexión sobre la cruel y dura realidad española, sigue participando con sus acciones aéreas, abatiendo desde el aire al primero de los aviones republicanos desde que la guerra había comenzado73, muriendo en una de estas acciones aéreas el día 20 de diciembre de 1936. Igualmente estaría enrolado como piloto en la Legión Extranjera, en los «voluntarios de la muerte», un piloto italiano de la Casa de Borbón, Giuseppe Borghese di Borbone Parma, S. teniente de complemento en Piamonte, R. Cavall. Tenente Vol. 11.ª com. 4.ª Bandera, 2.º Tercio, nacido el 13 de junio de 1906. Falleció el 23 de septiembre de 1938 en el frente del Ebro. Era hijo de la princesa italiana Isabella Borghese. Junto a Giuseppe Borghese también estarían como voluntarios en el Tercio el capitán Federico Guglielmo Fortín, que moriría en la Batalla de Teruel, y el teniente Fabio Giuliani, que moriría en la Batalla de Brunete. Iguales sentimientos e ideales son los que mueven a Mario Grambassi, quien deja la pluma como periodista y toma a cambio el mosquetón, embarcándose en el «Stelvio Domine» rumbo a España. Su equipo estaba formado por una motorización bastante moderna y numerosa. Se les asignó un sueldo pagado por Franco, y además cobraban el equivalente en liras en Italia. Abandonó sus labores de periodista en Trieste por una adhesión incondicional al ideal fascista. Durante su permanencia en el frente envía frecuentes artículos de guerra al diario triestino Il Piccolo. Se había adherido al movimiento político creado por Mussolini como perteneciente a esa «generación nueva» para quienes fascismo e Italia significaba lo mismo. Gritar el nombre del Duce lejos de su Patria, reconoce, le produce una gran satisfacción y emoción profunda. En su «Diario», hace una dura descripción de la realidad bélica española, con imágenes de total destrucción, de muertos y heridos, de trenes hospitales y trenes de prisioneros, de un país totalmente destruido y en ruina, de trincheras abandonadas. Guarda muy vivas las imágenes de un Teruel dominado por la destrucción y revela unos profundos pensamientos sobre el sentido de la muerte, pensando en una muerte en pleno combate y en plena lucha como en una muerte bella, no la tristeza de la muerte en un hospital. No le produce miedo alguno la idea de una posible mutilación o los sufrimientos de las heridas en combate, sí el recuerdo de su familia, su madre y hermanos, su mujer y su pequeño hijo que casi no le conocía cuando se vino a España. Se considera un


egoísta al no temer a la muerte que le espera ni por tener miedo alguno y ciertamente creo que lo era, tras el abandono de su familia y su mujer sola con su pequeño hijo, que en sus cartas reclama continuamente su presencia cerca de él. Sus ideales y convicciones fascistas eran tan grandes que los sobrepone por encima de cualquier otro sentimiento. Su pasión fascista fue recompensada con la concesión de las dos máximas recompensas al valor militar del estado italiano y del español. La isla de Mallorca había quedado aislada tras la sublevación y sus autoridades intentaron conseguir ayuda y material de guerra en el exterior; para ello contaban con la importante ayuda de financieros mallorquines, de particulares (Pueblo de S. Lorenzo 25 kg de oro), de colectas populares y de los fondos del Banco de España, que en esos momentos ascendían a la inestimable cuantía de 604.000 pesetas en oro siendo utilizado por los sublevados. Allí aparecieron los italianos, estableciéndose negociaciones con el comandante del destructor italiano «Niccolo Zeno», Margottini, quien debía venir ya con instrucciones de su gobierno, comprometiéndose a mandar aviones y material de guerra. El oro del Banco de España, de la República española, fue inmediatamente entregado en el consulado italiano, firmando un recibo don Abraham Facchi y trasladado al destructor «Maestrale» que lo llevaría a Italia. Allí era esperado por don Ángel Chirelli que continuaría con la operación en Italia. Estos primeros pasos terminarían con la llegada de las defensas a la isla. Así, el 19 de agosto llegan tres hidroaviones con su tripulación correspondiente; se encargaron ya de atacar a los barcos republicanos en el Mediterráneo. Un caza italiano tripulado por Cerestiato (A. Cerruti) ametrallaría el día 28 de agosto a cuatro hidroaviones republicanos. Los pilotos italianos, inscritos en la Legión Extranjera, empezarían sus aventuras y acciones aéreas en el cielo español. De todos estos pilotos, el que más fama consiguió habría de ser el cónsul de la Milizia74, y nombrado en otras ocasiones, Arconovaldo Bonacorsi, el conde Rossi, quien crearía «Los dragones de la muerte», bajo la consigna «antes morir que retroceder», sembrando el terror y el pánico por la isla. Su aportación a la defensa de la isla sería importantísima. Según datos de Faldella75, en septiembre de 1936 comienza a llegar para el ejército de tierra 16 oficiales y 160 soldados, más una ayuda de material consistente en carros ligeros, ocho baterías y dos secciones contra carros, junto a una sección de transmisiones. Tanto el personal como el material serían desembarcados en Cádiz. Muchos de los fascistas italianos que empiezan a llegar a España tomarían su decisión de venir momentos antes de partir hacia territorio español. Muchos de estos voluntarios fascistas fueron llamados a partir a un destino desconocido, mandando levantar la mano a quienes estuvieran dispuestos a enrolarse: Ragazzi! Chi di voialtri é disposto a partire per ignota destinazione alzi la mano. Otros muchos voluntarios alistados lo fueron para tener un trabajo seguro al estar en paro y un salario bastante más digno que en Italia, así como por la necesidad material que en esos momentos había en algunas partes de Italia. Este modo peculiar de reclutar voluntarios originó la formación de unidades militares con soldados de edades bastante avanzadas para formar parte de unas unidades de choque italianas que tanto prestigio les estaban dando en otros puntos de Europa. La misma razón sería la causa de la falta de un verdadero espíritu fascista, militar y fervor guerrero en algunos combates. Muchos de estos «voluntarios» acusaban a sus jefes de que les trataban como a las bestias, de tener que dormir en el suelo, de que el rancho era escaso y malísimo, y de que pretendían que hicieran la misma instrucción militar que los jóvenes soldados, sin tener en consideración su edad. El 29 de septiembre llegó a Vigo una segunda expedición italiana, al frente de la misma estaba el capitán Oreste Fortuna, Oswaldo Ferrisi, con material y voluntarios para el Ejército de Tierra; son enviados a Cáceres, donde se les incorporan soldados españoles, creándose la primera unidad de carros de la Legión, quedándose al mando del citado capitán. Soldados fascistas dispuestos igualmente a combatir por su fe fascista y a obedecer a su Duce hasta la muerte si fuera preciso. Recibieron allí la orden de combate. Las primeras unidades italo-españolas serían revistadas por el mismo Franco en Cáceres el 18 de octubre de 1936, saliendo a continuación para la zona de Talavera-Torrijos. Participarán


en las operaciones de Navalcarnero76, donde los carros del capitán Fortuna avanzarían junto a las vanguardias de los marroquíes con una participación brillante: Villaviciosa, Campamento y Villaverde, donde murió el sargento de Artillería Emmanuelle Crescenti, interviniendo también en los enfrentamientos de la Ciudad Universitaria de Madrid. Luego participarían en las acciones de Borox y Seseña. Durante los ataques directos a Madrid actuarían las unidades de italianos junto a las españolas, desperdigadas entre los combatientes. Un centenar largo de italianos habían combatido junto a los nacionales, cuando son retirados del frente y entregado el material a las tropas españolas, terminando así una primera participación italiana en la guerra civil española, en la que combatieron constantemente con sus carros, pasando de columna a columna para intervenir donde la presencia de estos carros y de la artillería era necesaria y requerida, con una consigna firme y segura para vencer, creyendo, obedeciendo y combatiendo. Algunos de estos voluntarios fueron repatriados, pero otros quedaron en los puertos del sur preparando las bases para los nuevos contingentes que había decidido enviar el gobierno italiano77. El día 6 de diciembre en una reunión italo-alemana, Canaris acepta la propuesta de Mussolini de enviar más fuerzas aéreas italianas y alemanas. Esta propuesta recogía el envío de entre 5.000 y 6.000 hombres de la Legión Cóndor alemana, con cuatro escuadrillas de bombarderos con un total de 48 aviones «JU-52», cuatro escuadrillas de cazas compuestas por 48 aviones «HE-51», una escuadrilla de reconocimiento, una escuadrilla de hidroaviones, cuatro baterías de 20 mm, cuatro baterías de 88 mm y cuatro compañías de tanques «Krupp Mark I». Todo un ejército experimental que sería puesto a punto en tierras españolas con su gran capacidad ofensiva y sus ataques indiscriminados. Estos suministros alemanes fueron más importantes que los italianos. Su mando estaría bajo control italiano y alemán, respectivamente; sólo un pequeño grupo de los aviones era mandado por Kindelán. A fecha 18 de febrero de 1937 Italia había enviado ya 40 bombarderos, 155 cazas y aviones de asalto y 53 aviones de otras clases, comprometiéndose la aviación italiana a entregar además 15 aviones de reconocimiento «RO-37», 12 cazas «CR-32» y tres bombarderos «S-79», todos con sus tripulaciones y piezas de repuesto, sumando un total de 248 aparatos. Todo un arsenal capaz de armar a un ejército sublevado y de garantizarle el triunfo final, su triunfo. Las consecuencias de la no-intervención estaban afectando de manera muy seria a la República. Mientras que para las potencias fascistas no había nada que impidiera la continuidad de la ayuda a Franco; así, Mussolini seguiría enviando suministros humanos y material de guerra. 1.2.2. Los Camisas Negras: «Operazione Militare Spagna» Pero la aportación de Mussolini iría a más, tanto en armas como en tropas. Reconocido el régimen de Burgos, después de la información recabada por el general Mario Roatta78 sobre la situación española y la ayuda que necesitaría el nuevo régimen de Franco, serían enviados los Camisas Negras, voluntarios fascistas provenientes, en teoría, de lo más selecto de los «squadristas» de Mussolini. De estos hombres son soldados voluntarios aproximadamente la mitad, y han combatido en Abisinia. Casi todos eran de la M.V.S.N., Milizia Voluntaria Siccurezza Nazionale, una milicia constituida al servicio de dios y de la Patria con un reclutamiento voluntario desde los 17 años hasta los 50. Habían nacido una buena parte de ellos en familias de ideales fascistas; en su casa el grito de «alalá» había sido una exclamación bastante normal en la familia, siendo educados y encuadrados desde pequeños como «Balillas», después como «Avanguardistas» y más adelante como «Giovane Fascista», jóvenes fascistas organizados en el «squadrismo». Su misión era preparar y conservar encuadrados a los ciudadanos para la defensa de los intereses de Italia en el mundo, y sus razones estaban en la utilización de la fuerza y los puños. Disciplinados según los principios fascistas, la disciplina es el sol de los ejércitos, prepara e ilumina la victoria 79. El último paso como verdaderos fascistas lo darían alistándose en la Milizia Voluntaria o en el


Ejército Regio. Habían participado ya en la guerra de Abisinia y en la ocupación de Albania, y más tarde algunos lo harían en la segunda guerra mundial. Uno de sus papeles en la guerra de España era la posibilidad de apuntarse una revancha sobre el ejército italiano, puesto que en la guerra de Etiopía había triunfado el ejército y aquí debería triunfar la milicia. Era una guerra fascista, deberían buscar la oportunidad de apuntarse la victoria y ser los protagonistas de la intervención. Estos ardientes e idealistas, Camicie Nere, Camisas Negras junto a otros muchos aventureros y voluntarios eran de procedencia diversa, movidos muchos por su espíritu fascista y de fidelidad a su Duce una buena parte de ellos, y otros muchos también por situaciones familiares y personales muy particulares. Un ejemplo del espíritu poco fascista de algunos voluntarios se puede comprobar en un escrito que el comando de la «Bandera Leone», desde Fregenal de la Sierra el día 18 de enero de 1937. En el citado informe se transmiten informes de algunos voluntarios de esta Bandera en el que expresamente se dice de algunos legionarios que son apáticos y con una actitud hipócrita y que se piensa de ellos que su misión es la de soldados de aventura80. A algunos se les había brindado la oportunidad incluso de alistarse para librarse de la persecución de la justicia en Italia, que en bastantes casos llegarían a ser reclamados a la justicia española, una vez finalizada la guerra, cuando sus causas pendientes fueron investigadas, encontrando la protección del gobierno español para no ser entregados a Italia. Un espíritu idealista que poco a poco iría disminuyendo, a medida que la guerra se alargaba y cada vez se entendía menos la larga presencia en España. No tenían nada que ver con el ejército italiano ni con su preparación, ni todos eran fascistas convencidos, más bien de interés81. Franco no estuvo muy conforme con el envío de los 3.000 primeros Camisas Negras, porque no había sido consultado. Mostró una primera hostilidad hacia esta decisión de Mussolini, pero le faltó tiempo para darles trabajo en sus acciones militares, y no sólo eso, sino que a primeros de enero realizaba una petición expresa de 9.000 voluntarios ya preparados82. Sin embargo siguió manteniendo su disconformidad con el planteamiento italiano respecto a la manera en la que estas tropas iban a estar encuadradas para actuar. No quería que esos Camisas Negras formaran unidades completamente italianas, bajo mando italiano. Por otra parte, Mussolini quería autonomía para sus tropas, no depender del mando de nadie y así granjearse los triunfos que fueran llegando83. En esta misma línea estaba la propuesta lanzada a Franco de que sus soldados cobraran de Italia el sueldo; era una manera más de ganar independencia frente a posibles normas si el que pagaba fuera Franco84. Esta decisión de renunciar a los emolumentos españoles, no agradaba nada a Franco... Su salario finalmente correría a cargo del gobierno italiano y la misma cantidad la pagaría el gobierno nacional franquista85. El 22 de diciembre desembarcó en Cádiz86 el primer contingente de 3.000 «Camisas Negras», llegados en el trasatlántico «Lombardía». El segundo contingente llega el 15 de enero de 1937, formándose un segundo regimiento que, unido al ya formado, constituyó la primera brigada legionaria. Su movilización se había llevado con bastante misterio y no se les decía con claridad cuál iba a ser el destino final. Las siglas oficiales con que eran citados los voluntarios, según testimonio de uno de éstos, Roberto Mastrantonio, eran «O.M.S.», y sobre su significado se hacían muchas conjeturas, pero en realidad era Operazione Militare in Spagna. En los Telegramas de la «Missione Militare Italiana in Spagna» también se puede deducir cuál fue el origen o la naturaleza del carácter «voluntario» de la mayoría de estos soldados. Desconociendo la mayoría de los oficiales y tropa cuál sería su destino final: secondo affermazioni concordi uffciali, tanto questi quanto truppa non sono stati messi corrente che si arruolavano at titolo spagnolo e che sarebbero stati incorporati, sia pure per compagnie, in battaglioni spagnoli. Non soltanto, ma una certa aliquota truppa non apparterrebbe nemmeno alla milicia...87. La aparición en la escena española de los italianos no pareció alegrar demasiado al embajador alemán en España, Von Faupel, celoso del prestigio alemán y siempre poco amistoso con los italianos, cuyo desinterés no logró comprender nunca. En el telegrama que envía a Berlín el 12 de enero de 1937, y que recoge en su libro Alcofar Nassaes, dice: «Como ya sabe, los italianos han emprendido estos últimos días una vigorosa acción militar. Cuando su dispositivo esté completado, su influencia sobre la situación militar se hará sentir. La conducción de la


guerra será determinada por la actitud política del gobierno Nacional y debe preverse que el esfuerzo italiano tendrá por efecto aumentar aún más la influencia de Italia, al mismo tiempo que se debilitará la dependencia del gobierno Nacional con respecto a nosotros. No es vano considerar que nuestra influencia política, que hasta ahora contrapesaba a la de Italia, puede pasar a un segundo plano». El embajador empieza a sentir debilitada la presencia de los alemanes en España y la consecuente pérdida de poder en el terreno político con el nuevo gobierno español. Sienten amenazado su prestigio y su importancia política ante el aumento de italianos en la contienda. 1.2.3. El Corpo Truppe Volontarie88: «Toda España os admira, toda Italia os aplaude» «¡Mis Flechas Negras!, toda España os admira, toda Italia os aplaude. A todos vosotros, cuadros y soldados, las gracias y el elogio de quien tiene la orgullosa soberbia de mandaros» (Piazzoni, 6 de mayo de 1937). Nuevos contingentes van llegando a España por los puertos andaluces, dispuestos a todo con esa obediencia ciega a su jefe. Parte de ellos serían trasladados a la que se llamó «Base Nord», repartidos por las zonas de Aranda de Duero y Almazán, con algo menos de ese espíritu idealista y más intereses personales en su alistamiento como voluntarios. Muchos se apuntaron como voluntarios para ir a Abisinia, no para España, y no como voluntarios para la guerra, sino para el trabajo, eran reclutas para el ejército del trabajo abisinio recién creado, unidades similares a las alemanas denominadas Servicio de Trabajo Voluntario89. No era ni mucho menos una formación de élite para la guerra. Muchos eran campesinos del sur de Italia, viniendo unos libremente y otros siendo obligados90. La mayoría se alistaban por otros motivos que poco tenían que ver con sus ideales fascistas: gente en paro, con poco futuro económico, con problemas familiares, ciudadanos con conductas sociales conflictivas91, otros con esperanzas de hacer méritos y ascender en el partido... Algunos pensaban que en vez del fusil que les habían entregado deberían tener un pico para hacer carreteras. Autores como Lajolo, Guariglia o Conforti mantienen la versión anterior sobre la procedencia de los nuevos «voluntarios». Conforti dice que eran una masa de hombres, ancianos o jovencísimos, con edades entre los 19 y los 56 años. Se trataba de «soldados de Infantería» de la División «Assietta» y de algunos batallones de la guarnición de Sicilia, junto a muchos trabajadores y agricultores sin trabajo que habían pensado en encuadrarse para trabajar en África. De ellos, dos terceras partes estaban casados y con hijos, siendo una de las razones de su escasa entrega militar y ardor guerrero en los momentos decisivos de algunas batallas. Lajolo92 añade que la División creía que iba a ser empleada en el rodaje de la película de «Escipión el Africano», y que después de haberles reunido el coronel del Regimiento a todos los oficiales les dijo: Nuestros soldados han venido con la certeza de marchar a África para ser utilizados en un batallón de trabajadores. No es así. La orden llegada de Roma es la de cambiar destino y tarea. Iremos a España. Éstos iban a ser la División «Littorio1», la menos voluntaria de todas, puesto que la mayoría no se consideraban verdaderamente fascistas. Giuseppe Cordedda93, voluntario en España, justifica esa idea de voluntariedad, pero reconoce que algunos lo hacían por dinero no por ideales, y mantiene la tesis, defendida por muchos autores, de que no sabía hacia dónde partía al salir de Italia. Era tal el misterio y el secretismo, que el barco en el que viajaban cambia de nombre, de bandera y navega sin escolta94. En total 18 batallones, a las órdenes del general Coppi, constituyeron el núcleo de la II y la III Divisiones, completándose tras el desembarco en Cádiz, con la División «Littorio» y toda su artillería, de ellos el 43% eran tropas italianas, miembros del ejército regular. Se formó una gran unidad, a pesar de que Franco no era muy partidario de que los italianos actuasen todos juntos, con mando italiano, pero En esta División estuvo encuadrado el Sottotenente legionario italiano Leonello Tiezzi que murió en acción de guerra en el frente de Aragón el 21 de Marzo de 1.938. Actualmente sepultado en el Sacrario Militare de Zaragoza. 1


dependiendo exclusivamente del general Franco. Esta unidad recibió el nombre de Comando Truppe Volontarie o también denominada Corpo Truppe Volontarie, y que se le conoce por las siglas C.T.V. Tras la conquista de Málaga, las unidades italianas que allí habían luchado serían retiradas, incorporando sus tropas a los frentes de Córdoba, Toledo, Sigüenza y Vizcaya. Las intenciones de los mandos italianos eran que todas ellas actuasen juntos formando una gran unidad, a las órdenes de Roatta, y que se les diese un frente importante en el que luchar y demostrar su valía, en concreto en una operación que les permitiese desde Teruel salir al mar. Estas pretensiones fueron consideradas como desproporcionadas por Franco. Pero las circunstancias del frente del Jarama le hacen reconsiderar las pretensiones de los italianos. Les permite formar esa gran unidad, el C.T.V., participando en una de las misiones más importantes para la toma de Madrid, aliviando la gran presión a la que estaba sometida la División Reforzada de Madrid. Se les asigna el sector de Guadalajara. Los Flechas Negras (F.N.) y los Flechas Azules (F.A.), que también formaban parte de este C.T.V., eran brigadas mixtas de italianos y españoles, formando un total de unos 7.000 hombres cada una, de los cuales 257 eran oficiales; de ellos, el 80% eran españoles entre la tropa y un 30% en la oficialidad. Fueron creadas en Badajoz, su lema era agredir para vencer, y al principio estaba formado por los Flechas Negras, al mando de Sandro Piazoni; más tarde se integraron todas las brigadas mixtas de Flechas. La composición de la Brigada «Flechas Negras» era similar a la de los «Flechas Azules». Al ejército franquista le faltaban mandos que encabezaran sus tropas; así, en estas unidades mixtas italo-españolas los jefes y oficiales eran italianos y los soldados italianos y españoles. Una situación un tanto difícil de gestionar pero que funcionó correctamente. La Brigada de «Flechas Azules»95 estuvo mandada por el coronel Pozzuoli Luigi. 1.2.4. Las depuraciones antisemíticas en España: el mito de la raza latina En Italia el racismo y el antisemitismo también ocuparían un lugar muy importante en su política, sin llegar a los desgraciados extremos alemanes96, y buena muestra de ello la encontramos en los soldados del C.T.V. Una parte importante en esta aceptación del antisemitismo se debió a la buena relación con Alemania, complacer y justificar las atrocidades hitlerianas y ganarse su simpatía. El racismo es contrario al principio ético de igualdad de todos los seres humanos en cuanto a dignidad y derechos, se ha desarrollado siempre como justificación del dominio de un grupo humano sobre otro. Este fue el caso de las conquistas coloniales, en donde la creencia en la superioridad biológica, ejercida en detrimento de los pueblos colonizados y de las poblaciones nacidas de esclavos deportados. Esta ideología también se suele imponer en el seno de sociedades jerarquizadas socialmente en beneficio de la clase dirigente que tiende a erigirse en casta superior. Históricamente el racismo ha tenido un espacio propio en las teorías del nacionalsocialismo, en la obra de Hitler, Mi Lucha (1924) y en la de Rosemberg, El mito del siglo XX (1930). Fue un racismo basado en el mito de la superioridad de la raza aria y en el antisemitismo. En Italia el fascismo de Mussolini también se apoyó en el mito de la raza latina. Ya Ciano en su Diario97 deja patente que Mussolini ponía en práctica el espíritu de selección de la raza italiana, su idea de la repoblación forestal de los Apeninos, era conseguir que el clima italiano se vuelva más rígido; ello determinaría una mejor selección racial. Imitando a los alemanes, sin que en Italia existiera el problema judío, Mussolini promulgó las disposiciones antijudías que llevaron a los catedráticos a abandonar sus cátedras, a los grandes industriales a ceder las gerencias y a los propietarios a vender sus fincas, con límites a poseer bienes inmobiliarios. Estas medidas no tuvieron gran acogida en Italia y esta legislación antisemítica se aplicó con muchas atenuantes. Los periódicos sí que atacaban a los judíos, pero la población pasaba bastante del asunto. Los que habían participado en la primera guerra mundial, en la de Abisinia, así como en la de España, y los que pudieron demostrar, y esto con


dinero se hacía, que eran antiguos fascistas, fueron «arianizados», y Ciano en su Diario, fecha 1 de diciembre de 1940, habla de que Buffarini es un hipócrita y un ladrón porque cobraba por las arianizaciones de judíos. Un buen ejemplo de las actuaciones del gobierno fascista italiano siguiendo esta línea racista, la raza latina, lo encontramos en las depuraciones que se hizo sobre la oficialidad del ejército legionario que vino a España a luchar junto a Franco, a defender sus ideales fascistas, a luchar por un jefe que les iba a marcar una línea dura de control, en el que creían y al que obedecían ante todo. Con fecha del 9 de septiembre de 1938, en los últimos meses de la guerra civil española, ya se envió un telegrama al C.T.V. desde el Ministero degli Affari Esteri98 con la orden de hacer un censo y registrar, con la máxima urgencia, las declaraciones escritas de pertenencia o no a la razza ebraica, ser judíos. Abarcaba al personal perteneciente a la oficialidad, de distintas graduaciones, en servicio activo, a los oficiales considerados como inválidos de guerra, a suboficiales de profesión o carrera y a funcionarios con empleos civiles pertenecientes a las plantillas de la administración de guerra. Se consideraba judío a todo aquel que hubiera nacido de padres, ambos, de raza judía, también a los que profesaran religiones contrarias a la católica. Todos los datos e información que se solicitaba deberían ser transmitida y comunicada, lo antes posible, por vía telegráfica, enviando rápidamente las declaraciones escritas organizadas o clasificadas según las unidades militares, dando prioridad al envío de aquellas que fueran positivas, la de aquellos oficiales que verdaderamente tuvieran origen judío o fueran ellos mismos judíos. En otro telegrama, también procedente de Roma, del Ministero degli Affari Esteri y de orden de Sorice, enviado el 7 de octubre de 1938-XVI, se hace referencia a las recientes deliberaciones del Gran Consiglio en el que se ruega disponer de unas fichas para realizar un censo personal a los de raza hebraica, en donde se recogieran también las declaraciones acerca de la nacionalidad de la madre de un modo expreso, la de aquellos que resulten de padre judío y madre «ariana» y cuya explicación aparece en el manifiesto de los universitarios. Las listas o relaciones de los que cumplan estas condiciones deberán ser consideradas como positivas. En los casos de que las listas se hayan remitido se ruega las envíen con urgencia sólo las nuevas indicaciones solicitadas ahora. Muchas prisas y mucho interés por hacer los censos y delimitar claramente las exclusiones racistas. El fascismo italiano manifestó claramente su interés racista y la puesta en práctica de los principios antes aludidos, siguiendo el ejemplo del nazismo alemán, salvando el tratamiento que en uno y otro caso se dio a la cuestión xenófoba. Que el régimen de Mussolini tuviera manifestaciones antisemitas y racistas no fue sino la puesta en práctica de sus ideales y de su ideología fascistas. Sus actuaciones discriminatorias aquí se reflejaron con claridad. Era un buen ejemplo de demostrar a los alemanes que su depuración empieza mismamente por el ejército, voluntarios de la causa fascista y difusores de sus ideas por otros países, a los que se suponen propagadores de una ideología limpia y pura, acompañada de los ejemplos de las personas alejadas de toda sospecha judía. No podían consentir un ejército con oficiales no italianos, judíos. Siguen unas directrices claras y buscan el acercamiento alemán, siguiendo su línea más dura. Mussolini encontró en la guerra de España el momento justo de iniciar una buena amistad con Alemania, de buscarse y asegurarse un potente aliado que le justificara, no sólo en España en donde ya participaba con los rebeldes contra la República, sino también su política exterior expansionista y anexionadora. Requiere el apoyo y reconocimiento alemán para justificar la depuración llevada a cabo en el pueblo y el ejército italiano. Hacía demostraciones de depuración racial ejecutando en España las leyes de excepción de Nuremberg de 1935. Muchas veces y por muchos historiadores se ha dicho que España fue el prólogo de lo que sucedería posteriormente en la guerra mundial, y ésta, lamentablemente también, fue una de las muestras más potentes de lo que sucedería igualmente en Alemania. En una carta de la Presidencia del Consejo de Ministros a la M.V.S.N. y firmada por el jefe del Estado Mayor de la Milizzia99 y dirigida al jefe del Estado Mayor para las Tropas Legionarias, Ufficio «S», se dice expresamente que para mantener la fidelidad a las directrices raciales del régimen, por razones de


oportunidad política se ruega que lo haga llegar al comando de Tropas Voluntarias en O.M.S., así como al jefe de las FF.AA. en A.O.I., a fin de que se repatríen antes del 31 de diciembre de 1938 a todo el personal de la Milicia de raza judía según las normas e indicaciones anteriormente dadas. En esta carta aparecen los nombres de dos soldados que están en O.M.S., los Capo Manipolo Coen Napoleone y Arias Bruno, y los que están en A.O.I. Calderón Italo, Coen Enrico, Jesurum Mario y el Capo Manipolo médico Bemporae Mario, todos ellos de raza judía, y a todos ellos se pide que les repatríen. Otro ejemplo que confirma y mantiene lo dicho anteriormente lo encontramos el día 12 de octubre de 1938; no sé si tendría algo que ver la fecha del «día de la raza» con el asunto tratado. En este día son comunicados a Roma los resultados positivos de más oficiales judíos. El Ten. Col. de Infantería Giorgio Morpurgo, el Ten. di Artilleria Bruno Fornani y la del Maggiore de Infantería Lucena Guido, hijo de padre de raza judía y de madre ariana, siendo éste de nacionalidad italiana. Altos mandos y graduaciones, incluso generales, serían investigados por estos censos, aunque siempre hayan sido fieles a la causa fascista y a su credo. Giorgio Morpurgo, nacido en el año 1892, era un veterano que había participado ya en Libia, cuando llega a España es nombrado jefe de Servicios del C.T.V., fue condecorado por sus actuaciones en las Batallas de Guadalajara, Santander y Levante con tres Medallas de Bronce. Fue nombrado jefe de Estado Mayor de la División de Flechas Verdes. Como era de religión judía, para evitar volver a su país donde se estaban produciendo las depuraciones e investigaciones señaladas, cruzó el puente de Serós y se dejó acribillar el día 24 de diciembre de 1938. A título póstumo fue condecorado con la Medalla de Oro al Valor Militar, no haciéndose referencia en los motivos de su concesión a las causas de su muerte. Su muerte fue un misterio, ya que los republicanos recogen en su parte haber recogido muerto a un teniente coronel italiano y a la vez los italianos afirman lo mismo. Hubo casos de militares italianos muy significativos y con mucho mando entre las tropas italianas. La relación enviada el 11 de diciembre de 1938 al Ministero degli Affari Esteri y firmada por el general Gastone Gambara, incluye al general Bittosi Gervasio, al Maggiore Amoroso Gaetano, a los capitanes Cronia Trifone y Verniani Eduardo, al Ten. Genovesi Sergio, al Ten. Médico Caserta Vincenzo y al S. Tenente Sulli Rodolfo. Otros comunicados y relaciones posteriores, como el de enero de 1939, recogen los nombres de los tenientes de Artillería Bolacchi Angelo y Ettore Messina, y al capitán Benedettini Luigi. Todos estos censos y sus discriminaciones de los soldados afectados que luchaban en España defendiendo unos ideales, creyendo firmemente en su jefe, en el Duce, obedeciendo en todo momento sus órdenes, luchando y muriendo por defender unos ideales fascistas, no fueron, como era lógico y normal, aceptados y sometidos a los dictámenes que desde Roma hacían sobre su identidad y su posible sospecha. Muchos de los afectados en España no comprendían cómo un gobierno al que se habían ofrecido como voluntarios para defender unas ideas, luchar contra lo que consideraban una posible amenaza para su país, el bolchevismo, y los intereses fascistas de su jefe, les trataba de esa manera, les marginaba después de haber dado en muchos momentos muestras de su fidelidad y de entrega. Suponía ignorar todo cuanto había hecho. No comprendían cómo el bautismo o la descendencia de algún familiar judío podía prevalecer sobre la sangre que estaban entregando por una causa y en tierra extranjera. No llegaría nunca a figurar en estas listas discriminatorias y de selección de la raza latina, como judío que era, el general Alberto Liuzzi, dado que hacía ya unos meses que había muerto en la Batalla de Guadalajara, enterrado posteriormente en el Puerto del Escudo y actualmente en la Torre Osario de Zaragoza, en un lugar destacado con respecto al resto de los enterramientos. Tampoco aparece en ninguno de los listados el teniente de complemento Rosario Abate, judío de religión, como muchos otros miembros del Partido Fascista. Se distinguió en la Batalla de Guadalajara al destruir con su pieza dos carros enemigos, resultando muerto por un proyectil.


1.2.5. De regreso a casa Después de que el C.T.V. ya había sufrido en España 11.522 bajas, de ellos 2.352 muertos, 8.635 heridos, 196 desaparecidos y 369 prisioneros, Berti, en su reunión con Mussolini y Ciano el 12 de agosto de 1938, se quejó de la debilidad y cansancio de sus tropas, por lo que enviaron a Franco tres propuestas: a) Enviar de dos a tres divisiones nuevas. b) Enviar 10.000 hombres para compensar pérdidas. c) Retirada total o parcial de los italianos. Franco se decidió por la tercera, cosa que a Mussolini no pareció agradarle. Un decreto de Franco dado el 1-X-38, ordenó el licenciamiento de los legionarios que lleven más de 18 meses en España, lo que supuso la repatriación de unos diez mil hombres y la reorganización de las unidades que permanecían en España. Las Brigadas de Flechas se reforzaron y se convirtieron en División de Flechas Negras. También se creó un Regimiento de Artillería en cada una de las dos formaciones de Flechas, Flechas Negras y Flechas Azules. Los hombres licenciados y camino de su país se concentraron en Cádiz, saliendo el 15 de octubre a bordo de los transatlánticos «Sardegna», «Piamonte» y el «Liguria». El mismo Piazzoni recibiría la orden de regresar a Italia el día 30 de octubre. Se le llamaba «el papá de los Flechas Negras», siendo muy querido por italianos y españoles. También regresarían Bergonzoli, Frusci, Francisci y Manca, al igual que el propio Berti, siendo sustituido por Gastone Gambara. Bajo sus órdenes estaban solamente una División italiana, habiendo pasado a depender de él las Unidades de Flechas, incrementadas con la nueva «División de Flechas Verdes». Llegarían algunos nuevos voluntarios y con ellos alguna unidad de máquinas y morteros. Las divisiones eran ya pequeñas; el total de los efectivos por estas fechas ascendía a 2.077 oficiales y 25.935 suboficiales y soldados. Terminada la campaña de Cataluña, pasan a depender del Ejército del Centro, siendo situados en el frente de Toledo y ocupando Aranjuez, Albacete y Alicante. Su actuación en España terminaría oficialmente el día 30 de marzo de 1939. Los italianos del general Gambara habían conquistado también Alicante, en cuyo puerto se encontraban concentrados miles de fugitivos, en espera de los barcos que Negrín y los países democráticos no les facilitaron para huir. A pesar de todo, el último conato de resistencia se organizó en el puerto, donde los italianos perdieron 25 hombres. El 1 de abril se hizo público el conocido parte oficial del general Franco: En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado. Curiosamente, las «tropas nacionales» que alcanzaron los últimos objetivos militares fueron las de Mussolini, al frente de las que se encontraba el general italiano Gambara, y aunque el último parte de guerra ya había salido, la guerra no había terminado del todo. Los cruceros franceses no llegaban, y motivando el inicio de la persuasión, para que se rindieran los últimos soldados republicanos. Virginio Fornasari, voluntario en España y presente en esos momentos finales, dice que por motivos políticos estos “rojos” se rinden voluntariamente a los italianos, después de haber arrojado sus armas al mar. Serán llevados ya por soldados españoles al castillo de Alicante. En la misa que celebran por la victoria final en Elche, presidida por un cura español, comenta Fornasari, en un «emocionante» discurso dice: La Spagna è estata per tre anni la succursale dell’inferno, ora l’inferno é finito. El día 3 de abril les llegaba la comunicación del final de la guerra100. En la primera década de abril el Regimiento «Flechas Azules» se trasladaba a Albacete, y el 1.º de junio Serrano Suñer embarcó en Cádiz en el crucero italiano «Duque de Aosta» para acompañar a los voluntarios a su regreso a Italia en los transatlánticos «Umbría», «Calabria», «Lombardía» y «Sardegna». Despedidas, homenajes, discursos de


Queipo de Llano, Gambara y Serrano Suñer elogiarían y agradecerían la ayuda italiana a la causa nacional. No eran para menos los agradecimientos tras su inestimable labor a favor de la victoria franquista. En Nápoles serían recibidos por el Rey de Italia, Víctor Manuel III y Ciano. Mussolini no quiso ir al enterarse de que estaría presente el Rey, y los legionarios se mostrarían descontentos de que no estuviera el Duce y no les pasase revista. Al día siguiente desfilarían los voluntarios por las calles de Nápoles, presidiendo el desfile el propio Rey de Italia y Albania, y emperador de Abisinia. Una representación del C.T.V. y todos los oficiales marcharon a Roma a ser recibidos por el Duce. Las recompensas concedidas a los legionarios italianos por haber creído, obedecido, combatido y muerto en España supusieron una Orden Militar de Saboya, tres Medallas de Oro, 96 de Plata, 193 Medallas de Bronce y 266 Cruces de Guerra al Valor Militar. El orgullo y la vanidad de Mussolini, de la que ya se ha hablado en muchas ocasiones, se le contagiará también al conde Ciano, que parece que no ha seguido con detenimiento todos los avances e intervenciones de su ejército en la guerra española. Esto lo confirma cuando escribe: La victoria en España lleva solamente el nombre de Mussolini, que ha dirigido la operación con valor, seguridad y firmeza, hasta cuando los que hoy aplauden estaban en gran parte en contra suya101. Para Italia, la guerra civil española, además de establecer una base para la colaboración italo-alemana para la Segunda guerra mundial, también centró la atención de Roma en el Mediterráneo occidental y le impidió dedicar demasiada atención a la Europa central. La intervención italiana serviría para crear una corriente internacional muy potente de opinión antifascista, sobre todo en Inglaterra, Francia y los Estados Unidos. Anteriormente las corrientes antifascistas eran solamente propias de comunistas y socialistas. Cada vez mayor número de gente empezaría a ver en el fascismo el enemigo natural de la democracia, no sólo por la intervención directa en España, sino también por las continuas violaciones de los acuerdos firmados en los Pactos de No-Intervención. Mussolini por el contrario, con las actitudes tan débiles y timoratas de las naciones democráticas, se sentiría más fortalecido viendo que las democracias occidentales no tenían ni la voluntad ni la capacidad para resistirle. Aumentaría las tensiones de Italia con Francia, mientras que respecto a Gran Bretaña fueron confirmando una actitud cada vez más abierta. A nivel interno de Italia, la guerra civil sirvió para desviar la atención de otros problemas, así como de medios materiales que bien pudieron haber sido aprovechados en la propia Italia. Pocas conclusiones sacarían sobre la eficacia de su armamento y de la industria aeronáutica. Tal vez en la falta de análisis de su intervención en España estuvo gran parte de su fracaso en la Segunda guerra mundial. Su observación y crítica principal se limitó a engrandecer su orgullo por el éxito en España, y muy al contrario que Alemania, ésta no supo hacer de España un verdadero campo de pruebas ni reaccionar posteriormente para la mejora de sus equipos de guerra102. Desfiles bajo la parafernalia y los montajes fascistas típicos del momento, homenajes y honores en todos los lugares de España reflejaban la gratitud nacionalista a la ayuda de Mussolini. Radio y prensa nacionalista no dejaban de resaltar día a día esta contribución a favor de la cruzada española y de exaltar los ideales fascistas. Los maestros de la España nacional en sus escuelas no se quedaron atrás, inculcando en sus alumnos/as, además de los valores e ideales del fascismo y de la victoria de Franco, sentimientos de agradecimiento y admiración a la nación hermana por haber luchado denodadamente por la salvación de la civilización europea, además de la proclamación en sus escuelas de los ¡vivas! a Italia, España, a Mussolini y a Franco103. Algunos autores hablan de la ayuda desinteresada de Mussolini a la sublevación española, sin preocuparle la forma de pago ni el obtener ventajas económicas. Tal vez primara sobre ello la situación ventajosa en la que podía quedar Italia si lograba romper el equilibrio europeo con su apoyo a un gobierno fascista. Serrano Súñer llegó a confirmar esta hipótesis, afirmando además que su ayuda llegaría a ser más importante para Franco que la aportada por Alemania. En esta misma línea Cantalupo diría:


nosotros lo damos todo y España no nos da nada. Pero estas afirmaciones no fueron ciertas del todo ni el desinterés italiano tan desinteresado. Fortunas particulares españolas y una deuda militar a pagar en los años posteriores a la guerra según un cuadro de amortizaciones, saldarían la cuenta económica con Italia. También se admitió la posibilidad de que la industria italiana pudiese colaborar en la empresa de la reconstrucción nacional y aumentar el número de artículos que han de ser ofrecidos a Italia para los pagos anuales en mercancías y productos españoles.

1.2.6. Ceremonias y homenajes. Las ceremonias y homenajes tenían en un principio el significado de honrar a los caídos, a los mártires por la causa fascista. Su muerte se había convertido en un holocausto por la defensa de la religión y de la nueva civilización que estaba implantando el nuevo estado. Cuando la guerra finaliza al concepto anterior se añade la rememoración de la guerra, las exaltaciones de signo político, en unos momentos de reafirmación ideológica, de contenido didáctico e instructivo y elevada función exaltadora de vencedores sobre los vencidos. Los lugares de la memoria son visitados y utilizados como instrumento de propaganda. Se institucionalizó la memoria de los caídos y la visita a sus lugares de reposo. Las conmemoraciones se caracterizaban por ser unas expresiones fuertemente institucionalizada, con un alto grado de teatralización; donde se unían en estrecho lazo el lugar, los difuntos, los escenarios, la representación de las ceremonias, los gestos, gritos y aplausos, los himnos y los emblemas. Desde la muerte del primer legionario italiano en tierras de España, el carrista Pietro Barresi que falleció en Esquivias (Toledo ) el día 29 de Octubre de 1.936, y la muerte de Giuseppe Pittardo en la misma batalla pero muerto el día 31, junto con la de Emanuele Crescente, caído en Villaverde el día 13 de Noviembre del mismo año, y que fueron enterrados en el cementerio de Toledo, empezaron a ser homenajeados, visitados1 y honrados, no solamente el día de su enterramientos, sino en ceremonias conmemorativas a los largo de toda la guerra civil, y posteriormente todos los dos noviembre 2 de cada año. De esta manera se comenzó a glorificar su muerte. Una información de la Agencia Stefani3 enviada desde Salamanca el 30 de Octubre, notifica lo que reproducen los periódicos españoles en una carta del general Franco a los legionarios caídos, como homenaje y reconocimiento a la labor que estaban prestando: “Vi rendo omaggio a nome della Spagna, Camicie Nere volontarie, che avete sparso el vostro sangue generoso sulla nostra amata terrra, perché, cosí facendo, làvete nobili tata ed asaltatta nella sua più intima essenza....” (sic). Fue una continua exaltación de la labor de los legionarios italianos en España y de su labor en otras tierras como Abissinia. Termina con las siguientes palabras: “Feriti¡ Mutiliati¡ Combattenti legionari volontari! Gli spagnoli non danno fácilmente il loro cuore, ma quando lo danno è per sempre ¡Voi avete il cuore riconoscente e fraterno di tutti gli spagnoli”(sic).

Francesca Purini de Presel (Bolzano), fue la primera mujer italiana que vino a Zaragoza a visitar la tumba de su hijo, oficial de Aviación, Guido Presel, Medalla de Oro al Valor y Medalla del mérito militar español. 2 En este primer homenaje estuvieron presentes un Maggiore, capitanes y oficiales italianos, mientras una compañía de soldados en el momento del sepelio les rendía un saludo a los hermanos caídos con una descarga de fusilería 3 Agencia Stefani. Anno LXXXV, Roma 30 de Octubre 1.937,XVI anno. N. 38. 1


En esta misma información nos dice que en Zaragoza ha habido una ceremonia en la que intervino el General Moscardó, “L’erocio difensore dell’Alcazar di Toledo”, en la que pronunció las siguientes palabras: “A nome dell’esercito e del popolo spagnolo, uniti nella nobile crociata che si sono imposta, saluto con entusiasmo l’Italia che tante volte scrise colla Spagna pagine gloriose nella storia universale.Mai como ora, questa collaborazione raggiunge tanto valore spirituale, gia ché essa è consacrata da vincoli di sangue”(sic). Terminaría su alocución con vivas a Italia, al rey emperador, al Duce y al generalísimo Franco. La agencia constata en este escrito que todos los periódicos han reproducido este discurso pronunciado por el general Moscardó acompañándolo de calurosos y fervorosos comentarios en sus páginas. El día 31 de Octubre de 1.937 1 se iba a producir otro de estos primeros homenajes a los legionarios italianos caídos en España, pero esta vez en tierras portuguesas. Fue en una Misa celebrada en la Capilla votiva del rey Carlos Alberto en Oporto a “los legionarios gloriosamente caídos por el ideal fascista”, celebrada por el P. Salesiano Vittorio Mangiarotti. Habían participado como invitados las autoridades locales encabezada por el Presidente de la Cámara Municipal A.A. Mendes Correia, el General Schiappa de Azevedo, el comandante dela Región Militar el Maggiore Cipriano Martins, el comandante de la “Mocidade Portuguesa” y el comandante del Departamento Marítimo del Norte, el coronel Nemorao de Aguiar, que era primo del comandante de la Legión Portuguesa y comandante de la Policía, junto a numeroso oficiales de la Legión, delegados de “Mocidade”, el secretario de la Embajada Marcial Rodríguez Cebral que era el delegado del gobierno de Burgos en el consulado de España en Oporto, falangistas españoles, representantes del Dopolavoro. No pudo asistir el gobernador Civil, quien se disculpó y justificó su ausencia por motivos de servicio. Al acto prestó servicio de honor y armas una “Lancia” del batallón de la Legión portuguesa en Matozinhos. La ceremonia se cerró con un rito fascista con la “llamada y saludo al Re y al Duce fundador del Imperio”. Estas ceremonias estuvieron igualmente presentes en las inauguraciones de los diferentes cementerios con soldados italianos que poco a poco se fueron preparando para acoger a sus caídos en combate, donde se celebraron actos de homenaje y paradas militares. Como ejemplo lo que sucedió con motivo de la inauguración del cementerio de Zumaya2 en el frente del norte, una iniciativa del comandante militar de Zarauz que con fondos recaudados por él, construyó el monumento funerario junto a la intervención del Dr. Chiurco. Tras la ceremonia se celebró el rito fascista a los caídos. Según recoge el Telespresso enviado a Roma, la ceremonia se desarrolló en una atmósfera de la más sincera y profunda emoción, en donde la multitud española mostró con su presencia el agradecimiento, la comprensión y el sentir de todo el significado del rito que glorificaba a los fascistas, que habían dado la vida por la causa española. A este acto se sumaría el gobernador militar de San Sebastián3, quien hizo entrega de una corona de flores con palabras de agradecimiento a los voluntarios caídos.

A.M.A.E, U.S. .Telespresso n. 1789/215, Indirizzato a Regio Ministero degli Affari Esteri. Direzione Generale Italiani all’estero. Roma. Proc. De Consolato d’Italia en Lisboa y firmado por Il R. Console Roberto Chastel. 2 A.M.A.E., U.S ,Telespresso n. 12215, n. 200438. Indirizzato a R. Ministero cultura Popolare, Gabinetto Ufficio Spagna,Sede. 5 de enero de 1.938. 3 A. M.A.E., U.S. Telespresso n. 5239/160, Indirizzato a Regio Ministero degli Affari Esteri. , de la R. Ambasciata d’Italia en Salamanca. Fechado y firmado en San Sebastián el 26 de octubre de 1.938. 1


Otras ciudades españolas también se sumaron a los homenajes y muestras de afecto por la labor de los italianos caídos en España. El alcalde de la ciudad castellana de Soria 4, Gregorio Ramos, en la carta dirigida a la embajada española en Roma, informa del homenaje de su ciudad. Su contenido muestra una clara sintonía con la causa y no escatima elogios. Al acto existieron algunos de los familiares de los soldados enterrados en Soria. Entre otras cosas dice lo siguiente: “...teniendo en todo momento presente el recuerdo de los valientes legionarios italianos que en defensa de la Santa Causa de la España de Franco, han dado su vida por dios y Nuestra Patria; el día dos de los corrientes, organizó unos solemnísimos funerales en la iglesia de Nuestra Señora del Espino,.....un solemne responso con Cruz alzada, después de haber sido colocadas las banderas de Italia y España con todos los honores y haberse cubierto con flores y coronas las sepulturas de los ilustres muertos.....se escuchó con el mayor silencio y respeto, con el brazo extendido saludando a la Romana y contestando: ¡Presente!.” Esta puede ser la descripción de cualquiera de los numerosos actos o ceremonias, honras fúnebres a los caídos por toda España, y de hecho el embajador de España en Italia al recibir tan “conmovedora” carta haría un informe2 del acto que sería enviado ni más ni menos que al Ministro de Negocios Extranjeros, el conde Ciano, en el que se refiere a la ceremonia “verdaderamente conmovedora por su sencillez que refleja así absoluta sinceridad de sentimientos”. Le adjunta un recorte de prensa con el acto y le señala que sus sepulturas han sido donadas a perpetuidad por el Ayuntamiento de esta ciudad, en la que “...reposan en la misma tierra que ellos regaron con su sangre luchando contra la barbarie roja. Estos muertos gloriosos que España custodia con amor y gratitud constituyen vínculos indisolubles de las fraternas y perdurables relaciones entre Italia y España”. Estas palabras son casi siempre las mismas en todos los homenajes, haciendo alusión a la tierra que riegan con su sangre, la exaltación de la generosidad de España para con ellos por el gesto de hermandad de Italia, las relaciones de fraternidad, los sentimientos patrios, la lucha contra los “rojos”, la muerte por la civilización y por la cruz...., todo esto y mucho más en situaciones espaciales llenas de la teatralidad, del colorido y los símbolos fascistas , bajo sus cánticos y rituales ceremoniosos. En el cementerio del Paso del Escudo 3, todo un símbolo para los italianos caídos en gran número en el frente de Santander la mayoría, las coronas de flores depositadas por las autoridades civiles y militares, la presencia de los gobernadores y del embajador italiano, o su cónsul, como la siempre presencia de representaciones de los periódicos regionales: “Alerta”, “Gaceta del Norte” y “Diario Montañés”, que recogerán en sus crónicas y sus fotografías toda la ceremonia para hacer de ella propaganda política, tal y como ocurrió en la misa celebrada el día 2 de noviembre del año 1.973 en el mausoleo del Paso del Escudo, con motivo de la festividad de los difuntos, con una misa de réquiem, ya habitual otros años, en sufragio de las almas de los italianos caídos en el Escudo 4. A.M.A.E., U.S.,El alcalde de Soria a la R. Embajada de España en Italia. Soria, 12 de Noviembre de 1.938, III año triunfal. 2 A.M.A.E., U.S., Embajada de España en Italia, Roma, 24 de Noviembre de 1.939, año de la Victoria, al Excm. Señor conde Ciano di Cortellazzo, Ministro de Negocios Extranjeros. 3 A.O.C.,Roma. Telespresso n. 3917, T. Nº 2309/126, del Vice Consolato d’Italia en Santander y Bilbao, Indirizzato a Ambasciata d’Italia y al consolato d’Italia. 4-5 de Noviembre de 1.953. 4

4

En esta ocasión asistieron al acto: El gobernador civil de Santander, D. Jesús García Siso. El gobernador militar, general Díaz Calderón. Representantes de la diputación Provincial, de la Guardia de Franco y de la columna Sagardía de Santoña. El ministro de la Embajada de Italia en Bilbao, D. Franco Rienzi.


En ocasiones los homenajes y ceremonias no eran sólo cosa de un acto en un día concreto y en un lugar. En la mayoría de las ocasiones, aprovechando la visita de autoridades italianas y la de familiares de los caídos se organizaban rutas y recorridos para visitar los diferentes cementerios 1 a lo largo de la geografía española, con los correspondientes actos de exaltación en cada uno de ellos. Fueron consideradas como “Peregrinaciones” a España de familiares de los caídos en España y de los mismos legionarios que tuvieron la suerte de sobrevivir a la tragedia, recorriendo y visitando lugares emblemáticos para ellos: Mausoleo de Mallorca, Zaragoza, Puerto del Escudo, Palacio Ibarra en la provincia de Guadalajara, o Belchite en Zaragoza. 2Los campos de batalla en los que habían estado, recorriéndolos y evocando momentos de sus experiencias bélicas; lugares de sus asentamientos en campaña, como el monasterio de Santa María de la Huerta, en la provincia de Soria; visitas a museos militares; el clásico recorrido por el Alcázar de Toledo y Valle de los Caídos, lugares en los que se depositaban coronas y se realizan discursos a los caídos, con la presencia de excombatientes con sus viejos uniformes y sus pechos cargados de preciadas medallas de guerra. En Mahón se celebró una ceremonia religiosa con la colocación de coronas de flores ante el monumento a los caídos del Acorazado “Roma”3. En esta ceremonia, presidida por el capitán castrense D. Abelardo Benítez en el Panteón de los Caídos, se terminaría con un breve recuerdo y una oración en italiano y la lectura de la “Preghiera del Marinaio”. En la ceremonia de Ciudadela la representación de personalidades fue similar4. Asistieron además todos los Jefes de los Regimientos y destacamentos del El cónsul de Italia en Santander, d. Salvador Palazzolo. La banda del regimiento A.B.Q. Valencia, de guarnición en Santander.

Raquel Guidi, viuda de Mussolini, realizaría una visita al Sacrario Militare de Zaragoza el 26 de Junio de 1.958, alojándose en el Gran Hotel de esta ciudad. Completaría su estancia en la ciudad con una visita al Pilar al día siguiente y almorzando en el restaurante Savoy. Su recorrido o completa visitando el Cementerio Militar italiano de la localidad oscense de Fraga. 2 Otras asociaciones italianas, como la “Associazione Amici della Spagna”, también harían en más de una ocasión visitas al Sacrario o la “Associazione Italiana combattenti voluntari antifascisti di Sapgna” (AICVAS) o la “Associazione Nazionale Partisani Italiani” (ANPI), la “Associazione Nazionale fra gli ex prigionieri di guerra dei campi franesi”, todas ellas para recordar y conmemorar a sus caídos, tanto los pertenecientes a un bando como a otro. 1

3

En esta ceremonia participaron:

Addetto aeronáutico en España. Agente consular de Italia en Mahón. Delegado del gobierno civil. Col F.F. del gobierno militar. Comandante dela guardia civil. Comandante e la base de la Marina en Mahón. Alcalde de Mahón.

Vice cónsul francés. 4

Asistieron: L’Addetto Aeronautica en España, coronel Mario Squarcina. El vicecónsul de Palma., Dª Yolanda Rizzo de Verger. El Capitán General de la Baleares. El Coronel comandante del sector aéreo de las Baleares.


Ejército en Menorca y de la Armada. Ofició la misa el capellán de Marina ayudado por otros dos capellanes del Ejército. En la ceremonia que tuvo lugar este año en Zaragoza, además de la representación oficial, estuvieron dos viudas de dos caídos y condecorados con la Medalla de Oro, Dª Olga Moneta , viuda del capitán Carlo Moneta, que entonces ostentaba el cargo de presidenta nacional de familias de caídos italianos en España, y Dª Luisa Somalvico, En la ceremonia del Puerto del Escudo, junto a la representación política, militar, civil y religiosa de otras ocasiones, también estuvieron presentes italianos residentes en Santander y Burgos, alcaldes de Corconte, Soncillo y San Juan de Luena, así como un pelotón de música de infantería. En la jornada de Madrid, la mañana del 4 de noviembre, jornada de las FF. AA. Italianas, el párroco de S. Nicolás de Bari, P. Adriano Canavoso, celebró una misa en la iglesia de los italianos, con una breve ceremonia a continuación para la colocación de coronas en las lápidas del atrio del instituto Italiano de cultura, en recuerdo a los italianos caídos en España 1. Las ceremonias y homenajes a los caídos han seguido perdurando hasta la actualidad, celebrándose todos los años el día dos de noviembre en la Torre Osario de Zaragoza2. Siguen siendo ceremonias conmemorativas que recuerda en la actualidad a “todos” los caídos en la guerra civil española, perdiendo todo el carácter para militar y político que en los tiempos del franquismo tenían3. Estas actos en la actualidad terminan con la colocación en la cripta de la Torre de una corona con los colores nacionales italianos, en los primeros años se hacía al principio de la ceremonia, y de otras ofrecidas por asociaciones de excombatientes italianas y españolas, y la que ofrece Falange Española. A estas ceremonias asistían todas las autoridades religiosas, civiles y militares de Zaragoza, miembros de la colonia italiana, representantes del ejército de Tierra y del aire, representantes de los cuerpos consulares de otros países y numerosos fieles y simpatizantes. En la ceremonia del año 1.973 4 en Zaragoza, ya en los últimos años del franquismo, junto a los clásicos representantes militares, políticos y religiosos, presididos por el Embajador italiano en España El comandante militar de Marina de la isla, D. José María Moreno Aznar. El representante del gobierno civil, Don Miguel Roig. Oficiales de las FF. AA. Españolas.

Alcalde de Mahón, D. Rafael Timoner. 1

En esta ceremonia participarían: El Embajador de Italia. El Ministro consejero de los Addetti Militari de las tres FF. AA. y personal en su representación. El representante del comandante de la 1º Región . El representante del Gobernador civil. El Delegado Nacional de las Asociaciones de Ex combatientes españoles. El presidente y socios del Instituto del Nastro Azzurro de Madrid. El presidente y socios de las Asociaciones de Combatientes italianos y del U.N.U.C.I. Una gran representación de la Embajada y de la colonia italiana, con el Presidente, el Director Didáctico y profesores de la Scuola Italiana de Madrid.

Véase entre otras informaciones aparecidas en diferentes años, Amanecer nº 11939, del 3-11-74; Heraldo de Aragón nº 26318 del 3-11-74; El Noticiero del 3-11-74. 3 A.O.C., Ministero della Difesa, Comissariato Generale Onoranze Cadutti. Roma, 15 Febrero 1.996, al Dr. Baratto, Prot. Nº 3 /0750/450/Spagna. Se le comunica que tras una conversación con el Embajador de Italia en Madrid se llega a un acuerdo para reducir al mínimo el ceremonial en el Sacrario de Zaragoza. 4 Diario El Noticiero, sábado 3 de Noviembre de 1.973. 2


Dr. Ettore Staderini y el agregado militar Nicola de Santis, estarían presentes el presidente de la Federación “Nastro Azzurro” coronel Nino Cromona, el Delegado nacional de A.N.C.I.S. capitán Giuseppe Barbera, el presiente de Voluntarios de Guerra Spartaco Gaudenci, el presidente de UNCÍ, capitán Humberto Oro y el administrador de Asociaciones de combatientes Ing. Michel Mahotta. También se habían desplazado desde Roma Doña Olga Moneta, viuda del Medalla de Oro capitán Carlo Moneta; Doña Santa Cantonetti, viuda de D. Sancho Cantonetti , también medalla de Oro y Doña Luisa Cappa en representación del presidente nacional de aviadores caídos en España. En el pórtico de la basílica se situó la banda de cornetas y tambores de la III Región Aérea, las autoridades italianas que salieron a recibir a las autoridades militares y civiles de Zaragoza, entre las que se encontraba el entonces vicecónsul italiano en Zaragoza D. Roberto Mastrantonio di Rosa. El acto comenzó con la tradicional ofrenda de coronas ante el mausoleo de los caídos mientras la banda de cornetas interpretaba el toque de oración. El Padre Sagardía, superior de la comunidad de Capuchinos en Zaragoza, pronunció unas palabras en memoria del general Bergonzoli, “Barba roja”, jefe de la División Littorio y destacó la hermandad entre Italia y España en este acto que servía para honrar y agradecer el sacrificio de quienes dieron generosamente su vida en cumplimiento de su deber. Añadió, “...este emotivo acto debía servir para que cuantos en él participaban comprendieran la necesidad de un compromiso entre todos los hombres al servicio de una pacífica convivencia que haga innecesarias las guerras, recordando las palabras de Jesucristo: “Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” 1.Terminó su intervención pidiendo a todos la unidad de fuerzas en una contribución de toda la Humanidad para conseguir un mundo mejor, en el que la amistad y la comprensión puedan servir de marco a una convivencia fraterna. Tras estas sensatas palabras un ex combatiente, Francisco Marni, condecorado por el valor militar durante la guerra, pronunció una breve oración en recuerdo a los caídos. En el interior de la iglesia tuvo lugar la solemne misa y el responso final. Al acabarse la ceremonia se dirigieron al interior de la Torre para comprobar las últimas reformas habidas en la misma. ¡Que diferencia en las palabras pronunciadas por el Padre Sagardía con las que se pronunciaban años atrás en esta misma ceremonia. La reflexión, la sensatez, la justicia y la comprensión empezaban a triunfar sobre los panegíricos que la Iglesia solía acoplar en estas ceremonias. La Iglesia empieza a ejercer ya su verdadero papel de Iglesia, al margen de la política y de espíritu militar. Atrás empiezan a quedar el sable y la cruz defensores de unos ideales que aplastaban y demonizaban los de los otros. Se empiezan a escuchar palabras como “compromiso al servicio de una convivencia pacífica”,, “guerra innecesaria”, “amistad”, “comprensión”, “convivencia”, todo aquello que años atrás hubiera resultado imposible de oír. Se empezaba a vislumbrar, por fin, nuevos cambios y nueva orientación al sentido de estos actos. En Zaragoza, en la Torre Osario, se celebraron otros homenajes y ceremonias con un carácter religioso, militar y político semejante, tomando como excusa otras celebraciones nacionales o actos funerarios, más políticos que funerarios. No siempre fue bien visto por los representantes políticos italianos en España que se utilizara este monumento para otro tipo de celebraciones que no fueran las suyas2. La razón que daba el Addetto Navale Militare e Aeronáutico en España era que se podría caer, tras la repetida utilización de este monumento por los españoles, a lo largo del tiempo, en una nacionalización española del mismo, sino de derecho sí de hecho. Bien entrada la democracia en España, tras muchos años asentado el régimen, aún se siguen viendo en los homenajes a los caídos algunos actos de carácter político por parte de grupos españoles y algunos italianos. Diario Heraldo de Aragón, 3 de Noviembre de 1.973. A.O.C., Roma.Informe 1.180 del Addetto navale militare e aeronáutico citado anteriormente.

1 2


Las ceremonias y actos de homenaje a los caídos del C.T.V. en la guerra de España, además de las celebraciones anuales que tienen lugar en España cada año, en Zaragoza y Palma de Mallorca, también se dan en Italia. Con motivo del aniversario de “la victoria de la Cruzada 1.936/39”, la Associazione Nazionale Combattenti Italiani in Spagna1, organizado por su sede de Roma, celebra también con solemnes actos en la Iglesia de la Virgen de Loreto en Roma, su gran homenaje a los caídos italianos y españoles en la “Cruzada”, con su correspondiente misa, ofrendas de corona de laurel al soldado desconocido en el “Altare della Patria” y recorridos por diferentes lugares de la historia y la memoria italiana. No son actos aislados o exclusivos para las Asociaciones de los ex combatientes, a ellos asisten también autoridades militares, civiles, diplomáticas y políticas italianas, correspondiendo con ese sentido de la muerte que el pueblo italiano siempre ha rendido a sus caídos en guerra, a los héroes de sus gestas. 1.2.7. Despedidas al C.T.V. y agradecimientos por la ayuda prestada. Todos serán homenajes y gratitudes, así lo recoge una prensa totalmente entregada ya a la causa nacional. El pueblo español despide con emoción y gratitud a los heroicos legionarios del C.T.V. “que se han batido en España por la causa de la civilización y contra la barbarie asiática”, es una expresión que se repite una y otra vez. Reivindicarán, tras esta retirada de las tropas, el momento de la declaración internacional de los derechos de beligerancia de la España de Franco. Se había fijado como requisito en el comité plenario de No Intervención el reconocimiento de los derechos de beligerancia a favor de la España Nacional, la retirada “substancial” de los voluntarios extranjeros, cifrándose en diez mil el mínimo de los que se repatriasen. Uno de los primeros elogios a la ayuda italiana que aparece en el Heraldo de Aragón decía2: “Cuando se anuncia su retorno a Italia, vaya nuestro saludo emocionado a los gloriosos combatientes italianos que dejaron las comodidades del hogar y la seguridad de una Patria en orden para combatir a nuestro lado por nuestra liberación. Junto a nuestros heroicos soldados han permanecido entre nosotros, derramando generosamente su sangre en la lucha contra la barbarie asiática. España conservará con gratitud el recuerdo de los que se van, y mantendrá religiosamente el culto a los que cayeron en la contienda y descansan para siempre en los cementerios de las ciudades y las aldeas españolas que el esfuerzo y el sacrificio de los voluntarios venidos de la nación hermana contribuyeron a rescatar”.. En la prensa del 15-X-383, hablando sobre esta despedida, se dice que “…el pueblo español despide con emoción a los legionarios italianos que después de haber confundido durante meses su heroico esfuerzo con nuestros soldados, se reintegran a su Patria. Las aclamaciones entusiastas, A.N.C.I.S., según la información recibida de esta asociación en Marzo del 2.004 con motivo del Aniversario del Día de la Victoria, remiten un programa de los actos conmemorativos del 65º aniversario en el que se detallan los actos religiosos castrenses, ofrendas, recorridos culturales con marcado carácter militarista por diferentes lugares de Italia, discursos, himnos... Se aconseja ir vestido de uniforme a los militares, llevar los respectivos Guiones, Banderines y Banderas a las Asociaciones de Excombatientes y Veteranos, así como el gorro típico del Arma o vestir el uniforme. Para los Caballeros Legionarios “rigurosamente” el “chapiri” del Tercio, así como sus condecoraciones y medallas. 2 Diario Heraldo de Aragón, pág. 1, 9-X-38 1

3

Ibidem.


henchidas de los mejores sentimientos que la población de Cádiz les dispensa en los instantes solemnes en que abandonan nuestro suelo, son la expresión de los que vibran en el pecho de los buenos españoles que siempre tendrán presente el gesto abnegado y generosos de unos hombres que escucharon la voz de la solidaridad en la defensa de unos principios eternos, que son comunes a nuestra vieja civilización latina”. No deja de aparecer un recuerdo siempre entrañable a los caídos que se quedan en suelo español: “…entre nuestros caídos en esta lucha gloriosa por España contra la barbarie quedan en eterno reposo camaradas de esos legionarios que ahora vuelven a su Patria. Es un depósito sagrado y un sello perdurable de la buena amistad con el pueblo italiano. Con verdadera unción guardaremos esos restos que son el signo excelso de una hermandad entrañable forjada ante el común enemigo”. La preocupación por los muertos en defensa de la causa Nacional, siempre estuvo bien presente entre los que luchaban por esa causa común. Guerra y muerte, muerte y guerra siempre han de ir unidas como símbolo y recuerdo en la mente de los que luchan. Y es tanto este desvelo por el reconocimiento a los soldados italianos, que en esta misma página, en un pequeño recuadro, a modo de máxima o consigna, por otra parte muy repetidas en la prensa del momento, aparece un recordatorio, sin firma ni autor, pero con un contenido muy expresivo y didáctico. Un contenido muy Imperial y de cruzada Nacional: “Sonó la hora de la guerra y la voz de España que se rebelaba contra los que pretendían hundirla en un caos de ignominia y de barro, fue escuchada en Roma, de donde nos llegó, con el aliento espiritual del Imperio, la estimable ayuda de las legiones romanas que estos días regresan a su Patria llevándose la imperecedera gratitud del pueblo español”. Son innumerables los artículos y reseñas que aparecieron en este sentido. Cargadas de lemas y máximas. Mezcla de hermandad consanguínea y lazos de sempiterno amor. Exaltaciones y adulaciones que luchan por ver cual de ellas es la más cumplidora con el amigo que se va. Lazos de sangre que unen a Italia y España, a España e Italia, hermanadas en el dolor del sacrificio y en la alegría de la victoria sobre un enemigo común, el comunismo, la masonería y el judaísmo; no podrán olvidar a sus respectivos héroes y mártires que “descansan en la misma tierra y nos vigilan desde el mismo cielo”. Es uno de los muchos recordatorios que parecen en un periódico de marcada tendencia fascista, el Amanecer1, donde en un gran recuadro, a primera página, aparecen los rostros de Franco y Mussolini sobre el Fascio y el Yugo y las Flechas con una rimbombante leyenda en medio: “…en estas fechas que vuelven a su Patria los que vinieron a luchar por la unidad , la grandeza y la libertad de la nuestra, reitera con juramento de sangre su amistad indisoluble y su promesa inquebrantable de conservar en las tierras mediterráneas el espíritu eterno e inmutable de la Revolución fascista y de la Nacional –Sindicalista”. Se termina con un gran grito fascista : “VOLUNTARIOS ITALIANOS CAIDOS POR LA NUEVA CIVILIZACIÓN , ¡PRESENTES¡, y los correspondientes vivas al Rey Emperador, y los gritos repetidos de ¡Franco¡ y ¡Duce¡, y los vivas a Italia y España. Está clara la relación que siempre hubo durante la guerra civil entre el régimen de Mussolini y la España de Franco. La prensa lo recoge con mucha claridad y vehemencia los modos y formas que Franco va adoptando en sus primeros años de Generalísimo y que son copias exactas del modelo fascista italiano. La 1

Diario El Amanecer, 15-X-38


revolución Nacional-Sindicalista tiene los mismos objetivos que el Fascismo italiano, sus enemigos son los mismos, las imágenes exteriores son una copia de los símbolos y actitudes fascistas italianas de la época. Los actos y homenajes que estos soldados van a recibir están cargados de estos símbolos fascistas, a imitación de los grandes momentos de exaltación del fascismo italiano, en los que además de engrandecer el espíritu de los homenajeados, se utilizó como signo exterior de propaganda y adoctrinamiento popular. Andalucía entera se volcó en un grandioso agradecimiento. El General Queipo de Llano hablaría en el acto de despedida, y toda la ciudad de Cádiz ofrecía un extraordinario y animado aspecto, donde miles de personas quisieron presenciar la partida de los voluntarios italianos. “Al despedir a los voluntarios italianos, el pueblo español siente que lazos irrompibles lo ligarán para siempre al que ha sabido comprendernos y acudir a unir su esfuerzo con el nuestro en los campos de batalla”, así empieza un gran titular del Heraldo de Aragón1, con un gran hermanamiento de sangre, mezclando lo humano, con lo divino, el siempre recuerdo y evocación de lo Imperial, según se comprueba en dos de las máximas que aparecen a pie de página: “Con la contribución de los heroicos voluntarios italianos a la lucha española se han mezclado en el cáliz de España las sangres de la más pura latinidad”, “los voluntarios italianos vinieron a derramar su sangre, salvando al occidente ante las mismas piedras de su antigua romanidad. En el seno de España se renovaron las viejas inscripciones”. Los telegramas del Rey de Italia, emperador de Etiopía, al Generalísimo, el de éste al Duce de Italia, el del ministro del interior al general Berti, jefe del C.T.V., el del ministro del Interior al de cultura Popular de Italia, el del General Jordana al conde Ciano, y el de Fernández Cuesta al secretario del partido fascista, su Excelencia Starace, todos ellos en un mismo tono y redacción, no dejan de exaltarse mutuamente y de resaltar una vez más el heroísmo, la abnegación, el hermanamiento, y los enormes valores de los legionarios italianos. De todos se saca la conclusión de que España nunca olvidará lo que hicieron y que cuando sea preciso sabrá pagárselo. El Tebib Arrumi, en una más de sus muchas crónicas que hace de la guerra civil española, esta vez recogiendo la que había hecho en Radio Nacional, se lamenta de no poder estar allí presente para darles la despedida, después de haber estado junto a ellos en momentos tan complicados y difíciles como Guadalajara o Bermeo, así como en los momentos más gloriosos de Aragón y Levante. Recuerdos, admiración por su entrega en las batallas, el valor de la Artillería y de la Infantería en el Puerto del Escudo, añadiendo y muchas más palabras de elogio y agradecimiento. También él termina su crónica, por supuesto, con una promesa para cuando Italia nos necesite: “Adiós, amigos, camaradas hermanos.¡Adiós!, España nunca olvidará lo que hicisteis y cuando preciso sea sabrá pagároslo”. También la prensa italiana recogería el regreso de sus voluntarios de España. Giovanni Anseldo publicaría en “Il popolo d’Ìtalia” un artículo que titulaba “Así regresarán los voluntarios italianos”, y, al igual que las crónicas y artículos en España, no cesa en hablar de los enormes lazos de unión entre los dos pueblos, desde “cuando los habitantes de nuestras ciudades marítimas eran casi todos de Almería y de Tortosa; extremadamente unida más tarde cuando la mitad de la península Itálica pertenecía a la Corona Diario Heraldo de Aragón, 16-X-38

1


de Aragón, acentuándose la semejanza ligada, también cuando España se lanzó a su gran aventura imperial y Hernán Cortés emprendía la conquista de Méjico, llevando entre sus mílites a muchos aventureros genoveses….”, y sigue así con su “explicación histórica adaptada” buscando a toda costa esos lazos de hermanamiento que de “siempre” han vinculado a los dos pueblos; su justificación no repara en cuadrar a toda costa la historia, para explicar y hacer comprender que el devenir de las dos naciones ha estado prácticamente siempre unida o en paralelo. Este es el “ambiente literario y periodístico” que justifica y agradece la intervención italiana y su despedida de España. Pero no menos llamativo y espectacular es el aspecto que Cádiz, ciudad de la que se embarcaban, presentaba para tal evento. Toda una parafernalia de espectáculo visual y sonoro decoraba la ciudad. Engalanada de punta en blanco con los colores de Italia y de España, haría una grandiosa y espectacular despedida a los voluntarios italianos repatriados. Millán Astray, en su habitual y vibrante alocución a la tropa, anunciaría a los legionarios el derecho a usar sobre su glorioso uniforme el distintivo de la heroica legión española, imponiéndole después al General Berti las insignias. Edificios públicos con banderas ondeantes, colgaduras y símbolos por todas las calles. Banderas que engalanan la ciudad y todos los edificios, y grandes letreros completando la parafernalia fascista y populista, entre los que merece destacarse: “Franco, Duce, Franco, Duce”, “Vivan los voluntarios italianos”, “Velaremos vuestros muertos”, “Nuestros hombres y vuestros hombres, nuestras banderas y vuestras banderas”, “Nadie podrá arrebataros la confianza de Italia y la confianza del Caudillo”. Dos enormes tribunas sirvieron para dar cobijo a las altas personalidades italianas y nacionales que presidían la ceremonia, así como a representantes de los Fascios de Sevilla y de Málaga. Discursos y más discursos de agradecimiento y reconocimiento a su labor se fueron sucediendo en medio de grandes ovaciones y baños de masas, al más puro estilo fascista. La despedida terminó con el obsequio, por parte de las damas de la ciudad, de unas medallas de plata que las mujeres españolas dedicaban a los voluntarios como recuerdo. Un regalo curioso también hubo para el Duce, un caballo de raza árabe, así como unas postales y retratos del Caudillo1. Bandas de música de cornetas y tambores interpretarían los himnos nacionales de el “Giovinezza”, el “Cara al sol”, el “Oriamendi”2 y el “Himno de la legión”, un grupo de reporteros italianos y españoles tomarían buena nota de lo que sucedía, acompañando a las tropas para hacer lo mismo a su llegada a Italia. Ahora habría que esperar a actos similares a su llegada a la ciudad de Nápoles, donde les esperaba un recibimiento triunfal y el ser revistados por el rey Víctor Manuel. Cuatro trasatlánticos, “El Cerdeña”, “El Villamonte”,”El Liguria” y “El Calabria”, fueron los encargados de llevarles a su patria, que al desembarcar eran recibidos por y revistados por el Rey1

El “Gen e r alísi m o” tam bi é n tuvo obs e q ui o s par a los legion ari os italian o s: veint e mil cigarros puros , diez mil cajetillas de cigarrillos, diez mil lata s de cons e rv a , treint a mil me di a s noch e s, treint a mil em p a r e d a d o s , una tonel a d a y m e di a de cara m e l o s, diez mil blocs con fotogr afí a s del Caudillo y diez mil tarjet a s post al e s, todo ello distribuido en diez mil paq u e t e s . A los tresci e n t o s och e n t a y cinco oficiales se les entr e g a r o n bot ella s de Soler a y Cogñ a c y ma g nífica s cart er a s de piel fabrica d a s en Ubriqu e. Un inglés am a n t e de los nacion al e s entr e g ó un don a tivo de cincu e n t a mil liras para que fuer a n entr e g a d a s y rep arti d a s entr e los legion ari os. Himno carlista. Compuesto por Santesteban para celebrar la entrada en Hernani y que los cristinos perdieron en la huida tras la batalla de Oriamendi, cayendo en manos carlistas. 2


Emperador de Italia. El secretario técnico del Comité de No-Intervención, Sr. Hemming, como invitado de Franco, estaría presente en las ceremonias de despedida y como testigo de que Franco iba a “cumplir su palabra” y contribuiría así a la pacificación. Hubo todo un montaje en torno a la intervención italiana: su valiosísima ayuda, el reconocimiento inolvidable de su colaboración, el no parar de adular y recordar lo valerosos y heroicos que fueron sus intervenciones en el campo de batalla, recurrir al Imperio y a la religión para justificar muchas actuaciones; por último, para no extenderme demasiado, el análisis histórico-justificativo que se intentó hacer para casar la idea común y la afinidad de los dos pueblos. Todo muy válido para lo que se pretendía en el bando franquista: la ejemplificación, el modelo de tropas, los héroes a imitar…., por medio de los actos masivos y populares que siempre intentaron dar una imagen imperecedera de lo que era la España de Franco. Había que cuidar la imagen y hacer de la propaganda política, con actos colectivos y una exuberante decoración al estilo alemán, un elemento clave en cualquier régimen fascista, y en el de Franco más. Había que ganarse también el apoyo de la iglesia y conseguir su bendición a los atropellos cometidos. Iglesia, imperio; imperio, iglesia. La llamada divina a Franco para encargarle la misión de salvaguardar la iglesia, a los eclesiásticos y a sus múltiples intereses y privilegios. Saber cuidar las formas y alimentar a un pueblo con aquello que quiere oír, sin caer en las profundidades negativas que encierra su contenido. Enardecer a las masas con actos y homenajes populistas que eran la mejor propaganda política que podían hacer. Con todo esto, aún hubo un elemento más emotivo, que profundizaba más en el alma de las madres de los voluntarios que entregaban a su hijo a la causa española. Qué cosa mejor puede oír una madre que va a entregar a su hijo a la más noble de las causas, la de salvar a la religión y al imperio. Todo fue completado con estos mensajes a las madres de los voluntarios italianos, desde la distancia. Un artículo de Eugenio Montes1 se titulaba así: “Mensaje a las madres de los voluntarios italianos”, en él no se deja de hacer alusiones a que sus hijos vienen a defender una civilización eterna y a implantar la única verdadera paz que haya habido en el mundo: “Paz romana a la sombra de la espada victoriosa, paz fundada en la razón, en derecho y en norma. Vinieron y lucharon al lado de los héroes españoles que se alzaron un día, 18 de Julio, con el fusil en una mano y el haz, con yugo y flechas, en la otra,…para que esta tierra no fuese campo de Atila con sus hordas”. El bien y la colaboración de los voluntarios italianos sirvieron para ayudar a España a no estar sola, sumergida en la tristeza y en la melancolía de luchar por la común cultura de occidente. “Sí. Al sentir a nuestro lado a los voluntarios de Italia, la romántica soledad se ahuyentó para ceder el sitio a la clásica, latina, romana compañía”. Seguimos leyendo más de los mismo, una vez más el cronista hace alusión a los miles de muertos que aquí han quedado entre nosotros, reflejando la imagen de la piedad que llora en sus brazos la muerte de su hijo por el bien de los demás; el sacrifico y la muerte de uno para la vida y salvación de los demás. El fin escatológico es presentado a la soledad de la madre, la del “…silencio momentáneo que hemos de hacer grabar a punta de navaja en nuestros árboles para que cuando venga la primavera los pájaros declinen la estrofa juvenil del heroísmo mezclado con su divina algarabía la fonética toscana con la fonética de la gentil Castilla”. ¿Cómo hemos de entender estas palabras?. Vacías de contenido aparente, pero cargadas de un mensaje muy profundo y subliminal en donde aparece la Castilla leal y fiel al levantamiento frente a las regiones más reivindicativas, luchadoras nacionalistas. Todo ello enmascarado en un lenguaje que pretende ser poético, pero que cae en el más absurdo pedantismo. Termina el artículo Diario Heraldo de Aragón, 18-X-38.

1


halagando a la gran España que supo acoger a sus hijos, hermanos predilectos de los españoles. Termina diciendo “…ya no se muere del todo, dice el católico oficio de difuntos, no. Se vive en la memoria de los hombres, en la gratitud que es profunda, y en la gloria, que es alada. Valerosos, serenos, regresan los voluntarios italianos a su Italia amada. Vaya con ellos la seguridad de nuestro mejor saludo a los que tan alto han sabido dejar el pabellón de Italia y son dignos descendientes de las heroicas legiones romanas, que fueron admiración del mundo”. El día 23 de Marzo de 1.919, en la histórica reunión de la Plaza de San Sepulcro de Milán, fundaba Benito Mussolini los “fascios de combate”, cuando aún estaban en Italia frescas las heridas de la guerra mundial. Eran fechas en las que Italia vivía fuertes convulsiones internas, existiendo un gran temor a que las protestas de los trabajadores se hicieran gran eco en Moscú. Empezaba a surgir el miedo al comunismo, tras la huelga general del mes de Abril por haber prohibido el gobierno un homenaje a Lenin. “Mítines tumultuosos, huelgas, agresiones del populacho, bolchevismo asiático torvo y amenazador…” son algunas de las razones que justificarían la creación de los Fascios de Combate y de su tribuna abierta, “Il Popolo d’Italia”, el diario de Mussolini. “Era el fascismo que nacía pujante en las sombras de la noche, y que uniendo al vigor de la acción y la mano dura el sentido de la medida, se aprestaba a bajar a la plaza pública para combatir a la luz del día a los enemigos de Italia con sus propias armas y preparando la revolución que ya nada ni nadie podrá detener”1. La prensa fue verdadera mensajera de esos ideales y de periodismo pedagógico para los lectores ávidos de conocer referencias históricas que avalaran sus ideas. En aquellos momentos bélicos de ayuda italiana a España la prensa miró hacia el fascismo de Mussolini y se hizo cómplice de sus modos y maneras. Copiar esa revolución contra aquel régimen y el sistema parlamentario establecido era lo que preocupaba a la España de Franco, y era el Fascismo que tan bien supieron imitar los seguidores de Falange. En Zaragoza también se conmemoró el día del 21 de Abril, fecha que se fija como la de la fundación de Roma en el año 754 a. d. c.. Se celebró un gran y solemne acto organizado por el Fascio de Zaragoza “Renzzo Picio” de reciente creación. La conmemoración se inició con una conferencia en el salón de las facultades de Medicina y Ciencias, hoy edificio Paraninfo, engalanado y adornado con atributos y símbolos italianos y españoles. En la cabecera del salón había dos grandes banderas de las dos naciones con los correspondientes retratos de Mussolini y Franco; en el centro el banderín del Fascio de Zaragoza. Al acto acudirían las autoridades locales, el alcalde señor Perellada, el gobernador ejerciente señor Álvarez de Miranda, y el rector de la universidad señor Calamita; por parte de Falange, el delegado de cultura señor Solano, el cónsul de Italia señor Piccio; el diputado López Buera, otros catedráticos de la Universidad y centros culturales de la ciudad; el General jefe de la Quinta División, general Rañoy, y el inspector de los Fascios en el extranjero, general de milicias barón Vacile. Tenían un lugar reservado las comisiones de tropas legionarias con heridos, enfermeras y simpatizantes del fascio italiano. La solemnidad, para que tuviera mayor difusión y propaganda política, fue retransmitida por las emisoras Nacional y de Zaragoza. El acto fue abierto por el secretario político del Fascio de Zaragoza, profesor Centurione Moser, que comenzó el acto con las siguientes palabras:: “Camarati di Spagna, legionari di tutte le vittorie, ¡salute al Duce! Saludo a Mussolini”, que es contestado con el triple ¡eia! Fascista. El comienzo del discurso fue un recuerdo a su reciente fundación, con la “suerte” de haber tenido por madrina a la hija del heroico Moscardó y como bautismo marcial la explosión de las bombas enemigas. Sus palabras fueron adulaciones al Barón Basile y a la labor de apoyo del Fascio de Zaragoza a los legionarios defensores de la causa española, la de 1

Carlos de Llorente, en el Diario El Noticiero, pág. 6, del 22 de Marzo de 1.938


todos. Su alocución terminó al igual que empezó, con más elogios, esta vez a los legionarios del “Littorio”, “que sobre todos los caminos del mundo se encuentran, allí donde se ha de luchar contra los enemigos de una civilización romana, como nuestro orgullo y nuestro valor”. Le pasaría la palabra al Barón Basile cuyas palabras merecen la pena ser recogidas al pie de la letra. “Saludo a las autoridades de Zaragoza, de esta Cesar Augusta tan romana y latinísima por su origen, ciudad privilegiada, elegida por el Emperador César para descanso de aquellas legiones romanas que ya entonces luchaban en este suelo. Muchos de aquellos patricios romanos tomaron ciudadanía en este solar cien veces ilustre. Así después de aquí, salieron los defensores de julio César recibiendo su mayor auxilio y de todas aquellas grandezas de la Caesar Augusta queda ese Pilar milenario, columna de la fe, asiento de la Virgen”. Estas ideas exaltaban la grandeza del imperio romano en sus luchas contra Cartago o a las gestas de la conquista del Imperio de África Oriental, contra las cincuenta naciones que se oponían. Y en esa línea, y con ese mismo tono siguió cantando las gestas del Imperio Romano a lo largo de su historia y la influencia que tales hechos tuvieron en el devenir de la historia universal. Y un entrañable recuerdo a los heridos que les escuchan, a sus madres, y a los caídos en los diferentes frentes, y por si las palabras de Basile no habían sido bien oídas o entendidas, aún haría un pequeño resumen de ellas el general Rañoy, de la misma manera, con patrióticas frases para expresar también la hermandad y comunión de ideales entre ambos pueblos hermanos, terminando con los ¡vivas! reglamentarios al Caudillo, al Duce, a España y a Italia. Toda una lección de historia romana en la conmemoración de su fundación, todo un ensayo pedagógico sobre las bases tradicionales del fascismo, y, una vez más, la hermandad y unión de ambos pueblos con la que intentarían “justificar” su presencia en territorio español. Propaganda política y justificación militar. Estos actos y homenajes no solamente se van a realizar en España. La causa internacional del fascismo hará que los apoyos se extiendan a Italia. La causa era común a Italia y España, como quedó reflejado en todos los discursos que se van pronunciando en los homenajes antes comentados. Por ello en Italia intentaron dar el apoyo correspondiente al proyecto común, demostrando con sus alegatos la protección que el país brinda a la sublevación española, y así justificar el envío de tropas a combatir en España. Se necesitaba dar el apoyo propagandístico y popular a los soldados que luchaban fuera de su patria, a los soldados que iban a “defender” la misma causa por la que Italia apostaba, aunque ya se ha dicho que muchos no supieron nunca donde iban destinados o lo complicado de su destino. Esta solidaridad italiana con la España Nacional se demostraba en todas las mayores ciudades de Italia, celebrándose con gran entusiasmo actos organizados para expresar la adhesión de los italianos a la causa de los nacionales. Así el día 30 de Mayo de 1.938 se celebró solemnemente el “día de la solidaridad” con la España Nacional en Roma, solemnemente celebrada de igual manera en otras ciudades de Italia, donde el pueblo y las organizaciones fascistas legionarias demostrarían su “amor a España”. En el Teatro de Adriano, Roma, el pueblo italiano escuchó a dos representantes españoles, el general Millán Astray, fundador y jefe de la Legión, así como al poeta y autor José María Pemán, presidente entonces de la Real Academia Española. Por parte italiana estuvieron presentes el ministro de Negocios Extranjeros, conde Ciano, el secretario del partido fascista, Starace, y los embajadores de la España Nacional cerca del Quirinal y del Vaticano. Millán Astray estuvo en su línea de siempre, con sus grandilocuentes palabras en honor al Duce. Así empezaba su discurso: “el genio universal de la época contemporánea, redentor e intérprete de la más auténticas libertades europeas. Es la Providencia la que envió al mundo este hombre que comprendió el verdadero secreto de la paz mundial, a saber, que no hay ninguna posibilidad de paz sino está basada


sobre la justicia real y auténtica”. Terminó con una exaltación a los legionarios italianos que luchaban en España. El discurso no tiene desperdicio alguno; desde la unión, una vez más, de lo militar y lo religioso elevando a la categoría de providente al Duce, hasta defensor de libertades y de la paz universal. Sus soldados, ahora se entiende, habían sido enviados en misión de paz a España, era una labor humanitaria ayudar a los rebeldes de Franco y aniquilar a los “rojos”.Por su parte Pemán exaltaría la civilización romana, bienhechora del mundo y de la Italia fascista bajo la férrea dirección del Duce que encamina al mundo hacia la paz fascista, heredera de la paz romana. Discursos que fueron acogidos con efusivas aclamaciones. El pueblo se manifestó posteriormente en la Plaza de Venecia, asomándose el Duce al balcón y siendo acogido con numerosos y “entusiastas aplausos”. Todos estos discursos seguían la misma línea de ambientación, tanto en Zaragoza, como en España e Italia. La simbología y signos externos se repetían de igual manera en uno y en otro país. Lógicamente España era imitadora de las escenificaciones que se celebraban en Italia. En el teatro de Adriano, además del entusiasmo de un “público selecto”1 numerosos banderines negros, pertenecientes a los numerosos grupos de legionarios que luchaban en España, estaba totalmente decorado con “centenares de banderas italianas y españolas”, y el acto terminó con el correspondiente desfile de las milicias. Un nuevo homenaje a los legionarios que luchaban en España se produjo en la XII Leva2 Fascista, celebrada en el Estadio Olímpico del Forum Mussolini, donde había reunidas unas cien mil personas, con representaciones española y alemana. Las palabras del Duce también las dirigirán hacia la representación española asistente, y su voz fue coreada por vítores y gritos de ¡Viva Franco, viva el libertador de España, Arriba España!.En Florencia este acto de confraternización del pueblo italiano con la España Nacional se celebraría también con gran entusiasmo. Estos homenajes en Italia fueron luego correspondidos en España y en Zaragoza. En Salamanca dan cuenta del día de la solidaridad italo-española que se ha celebró con gran brillantez, disparándose veintiún cañonazos acompañados del desfile militar y otros actos patrióticos que realzaban la estrecha relación y amistad existente entre Italia y España. Al igual que en Italia, los vivas al Duce y a Franco cerrarían el acto, engalanado con numerosas banderas y colgaduras de los dos países. Lo mismo sucedió en Sevilla, donde el cónsul de Italia, Mario Conti, tras agradecer los elogios hacia su país, ratificó que Italia no tenía ninguna ambición territorial o política en España. En los actos de Burgos, de Vitoria o de Melilla se siguieron una línea similar de agradecimientos y confraternización italo-española3. Terminada la guerra civil española los actos, homenajes y celebraciones fueron perdieron fuerza e interés entre los nacionales e italianos. A unos nos les interesaba ganarse la voluntad y el afecto que pudieran sentir por la nación “hermana” con intereses muy específicos, en recibir la ayuda militar que anteriormente Diario Heraldo de Aragón, pág. 3, 31 de Mayo de 1.938 Reuniones de jóvenes fascistas (entonces los efectivos ascendían a 1.667.000 aproximadamente) en las que se hacía el juramento de fidelidad al Duce y los jóvenes ejecutaban de forma impecable ejercicios atléticos entre las aclamaciones de los reunidos. 1 2

3

Estos hom e n a j e s a la Espa ñ a Nacion al coincidirá n en el tiem p o con la mu er t e de un artist a ara g o n é s , el tenor Miguel Fleta, quie n ya se sab e que al est allar la reb elión de Franco se uniría a ella con gran ent u si a s m o y fervor político. Empez a rí a su colab or a ci ó n com o cond u c t o r. Su vida artístic a, que habí a em p e z a d o en Zara g oz a , tendrí a un gran éxito en Italia con gran d e s act u a ci o n e s en todos sus teat ro s, incluida la Scal a de Milán. El féretro sería sac a d o a hom br o s de su cas a de la Coruñ a por cuatro falan gi st a s , y cubi ert o por la ban d e r a nacion al y la de Falan g e . Al recibir sep ult ur a se le cant a rí a el “Cara al Sol”.


habían recibido para ganar la guerra, como así sucedió. Franco había conseguido lo que pretendía, ayuda material y humana; a partir de ahora se irá desvinculando del gobierno italiano, dentro de esa política de pasar a la sombra en los años precursores de la segunda guerra mundial. Nunca tuvo interés en que España participara de los problemas europeos, su obsesión era aislarse. Por otra parte, esos momentos de exaltación patriótica, de imitar los modos y maneras fascistas italianas en los actos y celebraciones, los ideales del Fascio italiano y su emulación por parte de las jerarquías falangistas españolas en todo lo que fuera exaltación, poco a poco fueron perdiendo energía. Si se hubiera continuado con la línea de actuación de los años de la guerra sobre este tipo de actos, la Falange podría convertirse en el mayor enemigo de Franco, al restarle importancia política, dando siempre un valor especial a las formas y modos del fascismo italiano, en detrimento de la imagen de un Caudillo salvador de la patria y de la religión. Para Franco la cruzada militar había terminado, tuvo que preocuparse más de la cruzada interna en el control y dominio de las fuerzas internas del régimen. Por parte italiana tampoco se mostraron grandes intereses por las continuas exaltaciones al régimen de Franco, estaba ya inmersa en otro problema más serio y preocupante. No tenía mucho interés con la exaltación e implantación de su doctrina en España, su obsesión era ahora la política europea. Por todo ello van decayendo los homenajes y actos de grandes concentraciones humanas, si bien algunas continuaron como anteriormente, pero la presencia italiana ya no fue tan notoria. Uno de los escasos homenajes que se celebraron en Zaragoza, tras la colocación de la primera piedra del Monumento a los caídos, el Sacrario Militare, tuvo lugar el día 20 de Abril de 1.943. El Capitán General del Ejército italiano, Augusto Grassi, en su visita a las obras del mausoleo a los legionarios impuso condecoraciones a personalidades zaragozanas. Fueron combatiente de la gran guerra que más tarde intervinieron en las operaciones de África y en esos momentos ostentaba el cargo, por parte del gobierno italiano, de alto comisario de todos los cementerios italianos que existían en el extranjero. El Capitán General visitó las obras del mausoleo que se estaba construyendo en la playa de Torrero y después en Capitanía impondría, en un solemne acto, las condecoraciones recientemente otorgadas por el gobierno italiano a diversas personalidades aragonesas. Se les nombraba “Caballeros de la Orden de la Corona de Italia”1. 1

Esta misión italiana ya no sería tan numerosa como las anteriores. Con el Capitán General llegaría también el coronel de ingenieros italiano señor Arriani , el jefe de la misión militar en Madrid, coronel de Estado Mayor señor Carnevale, el comandante Valli y el Teniente Cincinati. Acompañaban, por parte española, al séquito italiano el Teniente Coronel del ejército español marqués de Novaliches y el capitán Pavía, designados para acompañar al General Gras durante su permanencia en España. También les acompañaron el cónsul de Italia en Zaragoza señor Vitale, el cónsul honorario señor Giambanco, el capitán Marota,, el Director del Instituto de Cultura italiana señor Di Filipo y miembros de la colonia italiana en Zaragoza. El Capitán General Gras visitaría todas las obras del mausoleo, escuchando detenidamente explicaciones de los directores de las mismas y del Padre Pietro di Varzi, impulsor del mausoleo. A las doce de la ma ñ a n a se celebr a rí a en Capit a ní a Gen er al el acto de la impo sición de las cond e c oracio n e s otorg a d a s por el gobi er n o italiano. Asistirían al acto el gob er n a d o r Civil señ or baró n de Ben a s q u e , el Jefe Provinci al del Movimien t o señor Ruíz Castillejo, el alcald e de la ciuda d señor Caballero, el Presid e n t e de la Diput a ción Provinci al señ or Doctor Baez a, el ma gi str a d o Don Evarist o Piquer y el Rector de la Universi d a d señ or Sanc h o Izquierdo. Igual m e n t e se hallab a n en el salón del trono el Gen er al Jefe de la 51División Alvaro Sueiro, el Gen er al Haro Lumbr e r a s de la Guardi a Civil, el Gen er al Crem a d e s , Gober n a d o r Militar, el Gen er al Ménd e z Vigo Jefe de la Infant e rí a de la 51 División, el Gen er al Marina s Jefe de la Artillería del Cuerpo del Ejército, y el Coron el Frutos del Ejército del Aire. Tam bi é n se enco n t r a b a n pres e n t e s el Jefe de Esta d o Mayor de la 51 División Tenien t e Coron el Híjar,


El acto estuvo lleno de glosas a la fundación de Roma y elogios hacia la España Imperial amiga de Italia, con acalorados recuerdos a la gran Cruzada iniciada, así como la justificación de las condecoraciones por los caídos y heridos en España que ha llevado al Gobierno italiano a la concesión de las condecoraciones1. El Capitán General de Aragón, General Monasterio, respondió a las palabras de jefe italiano con unas expresiones de agradecimiento al Rey y a su primer ministro, por las distinciones con las que habían sido distinguidos. Se recurre a la herencia espiritual de los pueblos con historia, como el italiano y el español, pueblos distintos y privilegiados por ello y la importancia de haber sido condecorados con el nombramiento de Caballeros, “…para nosotros llevar sobre el pecho la Corona de Italia, además de hacernos recordar nuestro deber de caballeros nos traerá siempre a la memoria la noble ayuda del pueblo italiano en nuestra guerra de liberación y todos los lazos que a través dela historia unieron a Italia y a España”. En todos estos actos, homenajes y ceremonias fascistas los rituales eran siempre parecidos y las decoraciones similares2. Eran reproducciones de las ceremonias fascistas italianas. Salas tapizadas con emblemas y banderas falangistas, atmósferas sobrecargadas, “slogans” mordaces gritados por una sola voz, saludos fascistas con el brazo extendido, dirigentes aclamados frenéticamente a su llegada, culminando con el gran discurso/s finales. No solían faltar los matones falangistas en las entradas para “combatir” posibles altercados o discrepancias, y milicias por las calles. Todas formas y manifestaciones de propaganda con grandes aglomeraciones de masas, que forman un todo con grupos, a veces armados, que actúan fuera de estas concentraciones o manifestaciones. No sólo importaba el contenido, la forma impresionaba más y llegaba antes. Por eso los simpatizantes y afiliados no dejaban de lucir con orgullo sus condecoraciones y medallas. Formaban parte de desfiles ruidosos con los pasos marciales de sus columnas, con uniformes y emblemas fascistas, gritando sus consignas agresivas y atrayendo la atención de los viandantes o espectadores, El vocabulario y los términos empleados formaban, así mismo, parte de estos rituales, como “camarada” o los signos exteriores copiados del emblema de los Reyes Católicos., añoranza y deseo de resurrección de la hispanidad, o los colores rojo y negro tomados del movimiento obrero. Sus lemas, escritos en las paredes, en la prensa escrita o aclamados, repetidos mil veces, sus gritos de adhesión y las fórmulas de saludo con el brazo extendido, sobre todo cuando se usa colectivamente, eran una parte importante del ritual fascista copiado de los rituales italianos Los gritos falangistas de ¡Arriba España¡ ,!España, Una Grande, Libre¡ o ¡Franco, Franco, Franco¡, no eran ni más ni menos que versiones españolas de los gritos fascistas italianos de ¡ Eia, eia, eia, alalá ¡ o el de ¡Duce, Duce, Duce¡ o el de “¿A chi l’Italia? A noi”. Juntos todos estos gritos era fácil oírlos, tenían como objetivo exaltar el poder, el favor y la comunión entre ambos países. Los cánticos, El Cara al Sol o Giovinezza, que solían cerrar las los Tenient e s Coron el e s de Estad o Mayor del cuer p o del Ejército de Aragó n señor e s Latorre y León, así com o todos los prim er o s jefes de Cuerpo s y Servicios de la Plaza.

1

Las autoridades locales que fueron condecoradas eran el Capitán General D. José Monasterio, el Gobernador Militar General Cremades, el Gobernador Civil señor Barón de Benasque, y las siguientes personalidades: D. Juán José Rivas, Don Pío Altolaguirre, Don Enrique Giménez Gran, Don Carlos Riba, Don Félix Corrés, Don José María Sánchez Ventura, señor Muñoz Casajús, Don Gonzalo Calamita, Don Luis Sancho Seral, señor Prieto Castro y Don Antonio Lorente Sanz. 2

Roger Bourderon, Fascismo, ideología y prácticas, Edt. Narcea, Madrid 1.979.


ceremonias, manifestaciones o desfiles por las calles jugaban igual papel que los “slogans” o los gritos fascistas. Sus estrofas glorificaban las hazañas, repetían los lemas de los partidos y glorificaban a sus muertos, mistificando su reciente pasado, incitando a la acción. Celebraban la muerte con el lenguaje agresivo y violento de los discursos y oratorias. Era la apropiación de los elementos puramente formales de los partidos revolucionarios, resultado de la necesidad imperiosa que tenían de llegar a las masas populares. Se podía decir que eran el cebo”1, sometiendo así a las masas al efecto de técnicas refinadas que tenían como finalidad ponerlas en condiciones y en situación para que puedan ser sometidas sin resistencia al efecto ideológico deseado; técnicas puestas ya en práctica con muy buenos resultados por los nazis en Alemania, y como recoge el Mein Kampf2 debería ser “...popular y adoptar su nivel intelectual a la capacidad del peor dotado de los individuos a quien se desee vaya dirigido. Por eso es menester que su nivel intelectual sea más bajo cuanto mayor sea la muchedumbre que debe conquistar”. Eran actos dirigidos a los sentimientos instintivos de los individuos, no a la razón. Aquí podemos encontrar la explicación de toda esta parafernalia, de los decorados, de los cánticos y las frases, se trataba de despertar la imaginación y crear una atmósfera mística de entusiasmo y ambiente pasional. Musolini decía: “hay que cargar las tintas en el aspecto coreográfico y pintoresco”. Y él lo hizo a la perfección, logrando que las ceremonias y manifestaciones crearan un estado de receptividad favorable a lo que quiere sea recibido. Todo ello era reproducido en los rituales y actos, con una repetición sistemática de los conceptos, poco numerosos, pero repetidos incansablemente a base de fórmulas estereotipadas; eran un martilleo permanente y masivo. 1.2.8. ¿Dónde estuvo la no intervención? La ayuda de material proporcionada por Mussolini a la causa española se llevó a cabo a bordo de diferentes barcos desde los primeros momentos del golpe militar. Las carpetas del archivo del Ministero degli Affari Esteri104 y las del Archivo Histórico del Estado Mayor del Ejército del Ministero della Guerra105 recogen una información muy detallada sobre los viajes y material que estos buques italianos realizaron con la España nacional dentro de lo que denominaron O.M.S. (Oltre Mare Spagna). Según los datos comunicados a Londres por los cónsules ingleses106, sobre la llegada de barcos mercantes italianos107, en el año 1936 arribaron a las costas españolas 63 barcos italianos (19 al puerto de Sevilla, 10 al puerto de Cádiz y 34 al puerto de Huelva). En el año 1937 la entrada de barcos italianos aumentó hasta la cifra de 183, de ellos 111 a Sevilla, 37 a Cádiz y 35 a Huelva. Mallorca fue el lugar en donde los barcos mercantes italianos se encontraron con escolta española. Esta isla estaba defendida y protegida por la aviación italiana que dispersaron a los barcos republicanos que pudieran atacar o detener el rumbo de los mercantes italianos. Sería el 17 de agosto de 1936 cuando el crucero italiano «Fiume» llegaría a la isla con su comandante Carlo Margottini, quien con el conde Rossi, Bonnacorsi, serían los dueños y señores de la isla. La aportación marítima italiana a los nacionales, podemos reflejarla del siguiente modo: el «Emilio Morandi»108, trajo el combustible especial necesario para los aviones «Savoia-81» que aterrizaron el 30 de julio. El día 14 de agosto arribó una expedición de aviones «Fiat», en el buque «Nereide». El día 27 en el «Emilio Morandi» aportó nuevo material a Mallorca, y el 7 de septiembre de nuevo en el «Nereide». Los primeros soldados que intervinieron con las tropas de tierra en la península junto al material de guerra necesario, lo hicieron en el puerto de Vigo el día 29 de septiembre en el «Cittá di Bengasi»; a continuación los barcos fueron llegando sucesivamente al puerto de Sevilla con nuevos soldados y todo su material bélico. Italia, que aceptó el pacto de No Intervención el 21 de agosto, haría del mismo un documento vacío y carente de sentido por sus actuaciones marítimas. Lo burló las veces que quiso, bajo los engaños e 1 2

Roger Bourderon, Fascismo....,. pág.187. En el Mein Kampf, pág. 181.


interpretaciones interesadas de su contenido. Supo interpretarlo, burlar la vigilancia marítima de las naciones neutrales, cuando lo consideró conveniente y evitar las acusaciones de contrabando de armas o del transporte de tropas extranjeras para la España nacional. En el mes de septiembre de 1936 llegó a Cádiz la misión militar y naval italiana que controló y cuidó el material enviado por mar, bajo el mando del capitán de navío Giovanni Remedio Ferreti. El material soviético empezó a llegar también a la República a finales del mes de octubre, pero cuando los italianos llevaban dos meses ayudando. Para controlar la llegada del material de guerra a la República, montaron un dispositivo consistente en ocho cruceros y tres flotillas de destructores109 para vigilar de forma continua las aguas territoriales españolas. Los barcos de la O.M.S. que hicieron los transportes del material de guerra y de personal desde los comienzos de la guerra civil española fueron: • Año 1937: «Zafiro», «Traviata», «Marigola», «Génova», «Ernesto», «Tatina», «Cittá di Bengasi», «Mirella», «Andrea», «Grazia», «Fredora», «Marte», «Securitas», «Veloce», «Toscana», «Serenitas», «Barinsinza», «Mincio», «Giorgio», «Losen», «Amelia Lauro», «Ladoletta», «Vel Verde», «Maiorca» y el barco hospital «Helonari». Piroscafo «O» (18-9-37) con material de Artillería y de Ingenieros. Piroscafo «P» (18-9-37) con material de Artillería, Munición diversa, Ingenieros, Material químico y sanitario. Piroscafo «Q» (2/10/37), con material de guerra para Artillería, Ingenieros y compañías motorizadas. Piroscafo «N» (3/9/37), con material motorizado y de Ingenieros. «Sagratip», «Brunner», «Mar Negro», «Aiz Carimenti», «Ozieti», «Lázaro», «Calabria». Buques «Franca Fasio», «Tre Marie», «Velino», «Firenze», «Cittá di Bengasi», «Domine», «Marqués de Comillas» (viajes diversos entre los años 1937 y 1938). • Año 1938: Barco hospital «Gradisca» Piroscafo «L» (24/2/38), con material de Ingenieros y motorizado. Barcos: N – O – R – Q – S – T – U – X – Y – V – Z. El «María Eugenia» (28/6/38) «Adriático» (7/9/38) «Gradisca» (6/11/38) «Angelina Lauro» (21/7/38) «Aquileja» (25/11/38) «Buterfly» (7/4/38) «Cittá di Catania» (7/4/38) «Brescia» (7/4/38) Otros barcos que también realizaron varios viajes a España ese año fueron: Piroscafo «17», «Potenza», «Tenace», «Polti», «Sardegna», «Orata», «Umbría», «Marigola», «Toscana», «Cosenza», «Procida», «Sulmona». • Año 1939: «Aquileja» (20-1-39) «Tittania» (marzo-abril 1939) «Domine» (marzo 1939)


Además de los numerosos servicios que prestó la Marina italiana al bando nacional, Italia vendería a Franco cuatro destructores, dos submarinos y cuatro lanchas torpederas. — Destructores: «Aquila» y «Falcó», rebautizados como «Ceuta» y «Melilla», con cuatro piezas de 120, dos antiaéreos de 76, cuatro ametralladoras de 13 y cuatro tubos lanzatorpedos. «Guglielmo Pope» y «Alejandro Poesio», tenían cinco cañones de 102, dos ametralladoras de 20 y de 37 y cuatro tubos lanzatorpedos. — Submarinos: «Archimedes» y «Torricelli», bastante modernos, del año 1934, armados con cañones de 100/47, dos ametralladoras antiaéreas y ocho tubos lanzatorpedos. Fueron rebautizados como «C-3» y «C-5», y posteriormente se llamarían «General Mola» y «General Sanjurjo». — Lanchas torpederas: M.A.S. 435 y la M.A.S. 436, nuevas. M.A.S. 100 y M.A.S. 223, viejas. Estas lanchas se llamaban «Cándido Pérez», «Javier Quiroga», «Siviglia» y «Nápoles». La política mediterránea que insistía en el derecho de Italia a una posición dominante en el mar Mediterráneo databa de la época prefascista. Pero el régimen de Mussolini siguió una política agresiva durante la guerra civil, yendo hasta el límite del atrevimiento y haciendo caso omiso de la conducta diplomática tradicional de las relaciones entre países. Una victoria de los sublevados en España afectaba al prestigio italiano y a los intereses estratégicos, del dominio del Mediterráneo occidental, la neutralización del archipiélago balear y el temor constante italiano a que un gobierno español de izquierdas permitiera el paso de tropas coloniales francesas por su territorio en el caso de un conflicto entre Francia e Italia. Mallorca sería el punto de encuentro donde los mercantes italianos se encontraban con una escolta española. La isla balear había sido garantizada a la causa de los sublevados por los aviones italianos que dispersaron a la flota republicana y por la presencia del conde Rossi y el comandante Carlo Margottini, al frente del «Fiume». En la base italiana de La Madalena el capitán Arturo Génova Torruella se encargaba de ultimar la entrada en servicio de los submarinos italianos, que debería aparentar en sus intervenciones no mostrar haber contravenido el pacto de no intervención y vender submarinos a los sublevados españoles. Sus hundimientos deberían ser atribuidos a explosiones internas o minas. También se sirvieron de la picardía y la astucia para proteger sus intervenciones en los barcos. En la base de La Madalena los marinos españoles simularían prácticas, pasaban por una comisión de marinos del «Brasil». En el caso de ser capturado un submarino italiano sería presentado como comandante uno de los oficiales españoles presentes. La actividad submarina italiana se centraba sobre todo contra el tráfico mercante, en un intento de cortar el suministro de armas. Los italianos no se atrevieron a realizar una campaña contra mercantes de cuyo cargamento y nacionalidad no podían estar seguros, limitándose a proteger el transporte del Corpo di Truppe Volontarie, a entorpecer el transporte y asustar los desplazamientos de la flota gubernamental, con un éxito total. Los convoyes nacionales no corrían peligro, el tráfico republicano sí. Además, para facilitar la disposición y estancia de los mercantes nacionales armados que patrullaban por el canal de Sicilia, Italia había concedido a los nacionales un fondeadero en la isla de Favignana, al oeste de Sicilia, y otras bases pequeñas en otras islas y en Cagliari, donde había depósitos de hasta 15.000 toneladas de combustible. Además de la ayuda naval directa de Italia a la España de Franco, también se produce una venta de submarinos italianos a la Armada franquista. A finales de 1937 llegaron a Soller cuatro submarinos


italianos: el «Galilei», el «Ferraris», el «Iride» y el «Onice», que serían bautizados con los nombres de «Sanjurjo 2», «Mola 2», «González López» y «Aguilar Tablada». Estos buques estarían tripulados y mandados por la Marina italiana, aunque llevaban a bordo una representación española. Antes se habían transferido y vendido el «Archimede» y el «Torricelli». A mediados de febrero de 1937 la presencia de la Marina italiana en España era ya de 13 cruceros, 22 destructores, dos lanchas torpederas y siete buques auxiliares, y un total de 42 submarinos. El pago del material enviado y de la ayuda recibida, se inició ya con la llegada de los 12 «Savoia S18» al Marruecos español. El reembolso lo realizó el financiero Juan March, y a partir de ese momento la colaboración italiana no pararía de llegar. Los militares rebeldes no disponían de medios económicos suficientes para correr con los primeros y necesarios gastos de la sublevación, y los requisitos de Italia para la aportación de medios pasaban por recibir su equivalente económico. De no ser así cesaría la contribución italiana tan vital para que las tropas rebeldes cruzaran el Estrecho. Según un documento de la Banca de Italia110, se encontraba ya en su oficina central, en depósito, la partida de oro n.º 3, en lingotes y moneda, añadiéndose a las ya recibidas en los días 19 de agosto, 11, 18 y 25 de septiembre de este mismo año, para ser custodiado en sus dependencias. Era un oro que había sido depositado en «agosto y septiembre de 1936»111 según consta en un documento del Ministero degli Affari Esteri, contestación al escrito de notificación de depósito que la había sido enviado por la Banca d’Italia. Claramente dice haber sido depositado en agosto y septiembre del año 1936, y que su precio era de 5 millones de liras italianas. El oro fue depositado en la R. Marina y R. Aeronáutica de Mallorca a nombre de «D. Juan March». El documento sigue diciendo, que esta partida de oro correrá a cargo del crédito al Gobierno español, cuando el 31 de diciembre venza el acuerdo con don Nicolás Franco por el pago de los suministros militares aportados a España. Esto lo ratifica otro escrito del Ministero degli Affari Esteri112, y firmado por Ciano, sobre el mismo asunto. Olaya Morales113 ha tratado en profundidad las «confusas» cuentas de la deuda contraída con Italia. 1.2.9. La Aviazione Legionaria La aviación republicana comenzó siendo superior en número de cazas a la nacional, aunque sus aparatos eran ya bastante anticuados y con un armamento y munición muy deteriorados. Pero cuando los primeros cazas «Fiat» italianos aparecen sobre el cielo de Madrid, la aviación rebelde ya era muy superior a los arcaicos aviones republicanos. La aviación italiana venida a España disponía de un material muy moderno, con sus propios pilotos, veteranos y expertos muchos de ellos. Su colaboración con el ejército sublevado se ocultó durante bastante tiempo. Es así como se deduce de algunas de las cartas de los pilotos italianos a sus familiares antes de partir para España, a quienes les informan de un destino secreto, a la aventura, un destino desconocido114; así también aparece reflejado en sus diarios y correspondencia haciendo alusiones al modo de comportarse entre la población civil procurando pasar desapercibidos y en pequeños grupos. Paulatinamente se irían formando pilotos españoles con cursillos de adaptación y formación en el nuevo material aéreo. Los «Fiat» italianos y los «Heinkel» alemanes fueron los dueños del cielo español hasta la llegada de los cazas rusos, duros rivales en su categoría, contando con la desventaja de las dificultades que encontraban en el suministro de repuestos por la distancia con Rusia. Las primeras peticiones de ayuda al extranjero llegaron por parte de Franco, jefe del ejército de África, quien pide los ya famosos 12 bombarderos y tres cazas más el día 19 de julio, enviando a Roma a Luis Bolín, periodista monárquico. Anteriormente ya había pedido ayuda al cónsul de Italia en Tánger, para que éste hiciera la petición al Duce, quien le responde con un telegrama en el que ponía simplemente ¡No! Italia decide ayudar a Franco tras la solicitud de Mola, quien consideró necesario informar a Roma y a Berlín, con quienes de entrada podían tener respuestas positivas y contar con su colaboración. En la


reunión de Ciano con Goicoechea, enviado por Mola a Roma, confirmada la ayuda inicial francesa a la República y contrastada la información recibida sobre la situación española, Ciano le promete los 12 «Savoia S-18» al Marruecos español, aviones financiados por el financiero mallorquín Juan March. Esta ayuda inicial fue la más positiva y definitiva para los primeros avances de Franco, cogiendo por sorpresa al ejército republicano que no dio la suficiente importancia a la sublevación militar y tardó en reaccionar. Hasta el 1.º de diciembre de 1936 habían llegado 18 bombarderos italianos, 69 aviones de caza, 25 aviones de observación y 6 hidroaviones. Tras una primera aportación italiana, y decisiva, París reacciona abandonando las reticencias en ayudar a la República y diseña otra política de no-intervención. Pero este nuevo acuerdo de París se iría retrasando y ello permitiría a los italianos intensificar su ayuda a los rebeldes. Anteriormente a todo esto, el 7 de agosto se envía a Franco 27 cazas además de diverso material bélico. A finales del mismo mes y principios de septiembre son enviados 6 bombarderos, 22 cazas y 2 hidroaviones, ascendiendo el total de aviones italianos a 69: 18 bombarderos, 49 cazas y 2 hidroaviones. Urgía ciertamente un cambio de posturas en la política de no-intervención de París, la República española estaba siendo bloqueada internacionalmente y el ejército sublevado contaba con una fuerte ayuda exterior. El 23 de septiembre se envían nuevos cargamentos y dotaciones de guerra. Municiones y material bélico, suboficiales y tropa, además de unos 60 aviadores italianos que habían llegado a Mallorca con la finalidad de controlar la isla. En octubre sigue llegando material de aviación, alcanzando la cifra de unos 200 aparatos, mientras que la aviación francesa enviada a la República eran de 94, 30 aviones rusos y otros 20 que habían enviado con anterioridad, disponiendo la República de un total de 145 aviones, con una proporción de aparatos entre ambos bandos favorable a los nacionales. En diciembre Roma enviará otros 30 cazas más y aviones de reconocimiento. El día 6 de diciembre en una reunión italo-alemana, Canaris acepta la propuesta de Mussolini de enviar más fuerzas aéreas italianas y alemanas. El 18 de febrero de 1937 Italia había enviado ya 40 bombarderos, 155 cazas y aviones de asalto y 53 aviones de otras clases, tras haberse comprometido la aviación italiana a entregar 15 aviones de reconocimiento «RO-37», 12 cazas «CR-32» y tres bombarderos «S79», todos con sus tripulaciones y piezas de repuesto, sumando un total de 248 aparatos. Su utilización habría de ser la misma que la de los aviones alemanes, contra cualquier tipo de objetivo, supusiera o no un peligro militar. El terror causado por sus bombardeos indiscriminados dejaron huellas imborrables entre la población militar y sobre todo entre la población civil. Para las potencias fascistas no había nada que impidiera la continuidad de la ayuda a Franco, y el total de aparatos italianos aportados a la aviación franquista ascendió a 870 aviones, entre bombarderos, cazas, aviones de reconocimiento e hidroaviones. Las pérdidas sufridas fueron de 84 cazas, ocho bombarderos y cuatro aviones de reconocimiento, ascendiendo el total a 96 aviones. Respecto al total de tropas pertenecientes a las Fuerzas Aéreas enviadas hasta esta misma fecha era el siguiente: Fuerzas Aéreas Jefes y oficiales Suboficiales Clases de tropa

Pilotos 1.862 1.573 ——

Otros 1.203 1.196 2.865

Total 1.065 1.769 2.865


Total

1.435

4.264

5.699

A estos militares hay que sumar el personal civil que aportaba su trabajo a la Aviazione Legionaria, un total de 312 hombres, siendo el número total de personal de la Aviación Legionaria de 6.011 hombres. Las bajas sufridas en la Avizione italiana fueron de 175 muertos y 192 heridos, con un total de bajas de 367. Sus muertos serían primeramente enterrados en los cementerios municipales más próximos a los lugares de fallecimiento, posteriormente son trasladados al cementerio de Torrero de Zaragoza, para pasar finalmente al Sacrario Militare de esta misma ciudad, cuando éste estuvo terminado. Un resumen final de las misiones militares aéreas en las que participan los fascistas italianos se recoge en el siguiente cuadro: Combates aéreos Incursiones Vuelos de guerra Horas de vuelo Explosivos lanzados Municiones disparadas

266 5.328 86.420 135.265 11.524 toneladas 1.000.000 de cartuchos

Calificados como los «Ases de la Caza italianos» fueron los pilotos: Mario Bonzazo, con 15 aparatos derribados al enemigo. Adriano Mantelli,con 15 aparatos derribados al enemigo. Corrado Ricci, entre 10-12 aparatos derribados al enemigo. Guido Nobili, con 10 aparatos derribados al enemigo. Destacados pilotos por sus acciones aéreas fueron Vittorino Ceccherelli, Medalla de Oro, muriendo el 20 de diciembre de 1936. Había venido voluntario a España convencido por su gran ideal y entusiasta fe fascista. El propio Mussolini impondría la Medalla de Oro a su madre en el denominado Aeroporto del Littorio, en Roma, el día 20 de marzo de 1938. Un busto, con su basamento, del escultor Mario Moschi le recuerda en su ciudad natal. Otro destacado piloto italiano encontró la muerte el día 23 de septiembre de 1938 en los cielos de España, el Sottotenente de complemento Giuseppe Borghese, hijo de la princesa italiana Isabella Borghese. Su premio habría de ser la máxima condecoración española, la Laureada de San Fernando. Medalla de Oro por su labor como piloto de caza también sería concedida al Sottotenente Enrico Schievano, fallecido el 26 de agosto de 1937 en Villamayor, defendiendo una formación italiana de bombarderos. Voluntario en España en defensa convencida y firme de sus ideales fascistas. El teniente Federico Cozzolino, igualmente voluntario en la guerra española, piloto en una escuadrilla de bombarderos participó en numerosas acciones de guerra sobre los cielos de Lérida, Huesca, Guadalajara o Teruel. El general Franco le concedería la Medalla Militar de Plata a su valor en «riconoscimento dell’eroico sacrificio», decía la carta que le envían a Scafati (Salerno) a su madre. En Zaragoza se les tributó una gran despedida y homenaje en la iglesia de Santa Engracia, antes de su marcha para Italia. El acto estuvo presidio por el capellán de la Aviación Legionaria, don Juan Sala115, con un responso final por sus muertos. Representaron a las autoridades italianas el coronel Lanza Fame, el coronel Apignami. Sobre un paño negro se habían colocado las banderas de Italia y España y sobre ellas una gran cruz de flores, dando guardia una sección armada de la Aviación Legionaria y otra de la Aviación española. Terminado el acto religioso, se procedería a descubrir una lápida en la antigua calle de las Artes que pasaría desde entonces a denominarse la calle Bolonia, en recuerdo a la contribución de


Italia en la Victoria. En Bolonia ya existía una calle con el nombre de la ciudad de Zaragoza. El cónsul italiano Picio agradecería con unas frases el gesto, y a continuación la interpretación de los himnos «Giovineza», el «Oriamendi», el «Cara al Sol» y el himno nacional español, que fueron escuchados con el saludo nacional por todos los presentes. En las Islas Baleares aún existe actualmente el cementerio italiano con aviadores legionarios. Un fortuito y desgraciado accidente ocurrido en uno de los buques de la Imperial Armada italiana el día 1 de agosto de 1938, amarrada en el puerto de la isla de Mallorca, ocasionó la muerte de un gran número de aviadores y marinos italianos pertenecientes al buque «Quarto» de la Marina italiana116. Las cifras iniciales fueron de dieciocho muertos, pero a lo largo de los días esa cifra aumentaría, algunos cadáveres se dieron por desaparecidos, elevando el número definitivo hasta 44 aviadores, contabilizando también a los que habían fallecido en acciones de guerra o en accidentes aéreos. Fueron enterrados en los cementerios de las diferentes localidades de la isla, algunos en capillas privadas. Son 36 los muertos allí enterrados y se encuentran colocados en la amplia cripta excavada en la base de un significativo monumento. Algunos fueron repatriados. Recordados en una placa son 34 soldados más. Entre los fallecidos y los recordados ascendían a 77 soldados italianos. El total de aviadores italianos caídos en la guerra civil española ascendió a 175, de los que 122 fueron enterrados en diferentes cementerios españoles próximos a los lugares donde fallecieron, para ser posteriormente agrupados y trasladados al cementerio zaragozano de Torrero, en donde se les habilitó un gran espacio reservado para ellos. Estos enterramientos llevaron a organizar dentro de la ciudad a un grupo de jóvenes zaragozanas dedicadas a velar por estos aviadores y por sus tumbas, manteniendo frecuentes contactos con sus familiares en Italia. Estas jóvenes zaragozanas fueron organizadas por el canónigo de la Seo y profesor de la Universidad don Pascual Galindo y por el padre Pietro di Varzi; se organiza y prepara una relación de señoritas, madrinas de guerra, que voluntariamente tomarían a su cargo el cuidado y custodia de las tumbas donde reposaban los restos de los aviadores italianos sepultados en Zaragoza, a donde se habían ido trasladando los cuerpos. Algunas de estas señoritas tendrían asignados dos, tres y en algún caso hasta siete aviadores a su cargo, cuidándose de la limpieza, cuidado y mantenimiento de las tumbas, así como de acompañar a los familiares cuando vinieran a Zaragoza a visitarlas; igualmente encargar misas por los aniversarios de su muerte o encargadas por los familiares. Tarea suya sería mantener también una correspondencia con las familias italianas que lo deseasen. Esto llevaría en muchos casos a establecer verdaderos vínculos de amistad y de gran familiaridad entre algunas de estas madrinas y las familias de los aviadores italianos. Mucha correspondencia, intercambio de fotografías, envío de información de todo tipo y frecuentes contactos llevarían en muchas ocasiones a ser una parte más de la familia italiana en Zaragoza; es así como en la actualidad lo recuerda, con gran frescura y cariño, doña Pilar Sanz, que junto a su hermana Rosario Sanz mantuvieron una amistad tan entrañable y duradera que se mantiene viva hasta hoy mismo, con intercambio de viajes y visitas mutuas, contactos telefónicos y de correspondencia escrita. Las voluntarias, organizadas por don Pascual Galindo, en su afán e interés por velar por las tumbas y hacer llegar a sus familiares la preocupación que sentían por el lugar donde se encontraban los restos de sus hijos, llegarían a hacer pequeños saquitos de tela con los colores de las banderas italiana y española y llenarlos de la tierra y flores que cubrían las respectivas tumbas de sus custodiados, enviándoselas posteriormente a los familiares de Italia. Sobre la correspondencia que empezaron a mantener con los familiares de Italia, don Pascual Galindo en una carta117, circular que envía a estas señoritas, les hace una serie de puntualizaciones y aspectos muy a tener en cuenta a la hora de mantener correspondencia con los familiares. Las cartas antes serían traducidas al castellano y serían conservadas todas juntas, a no ser que alguna persona quisiera que las suyas sólo fueran conservadas por la interesada. Les indica el modo y manera de cómo han de dirigirse y


así «facilitar la censura», tanto en España como en Italia, procurando que «dentro de la piedad y el cariño con el que se debe escribir» procure: «— Ser breve. — No hacer ninguna clase de alusiones guerreras a lo actual. — Recordar solamente lo pasado y concretamente la gratitud de V. y de todos por quien se sacrificó por la salvación de España. — Casi todos piden flores para la tumba respectiva, V. no dejará, en la medida de sus fuerzas, de cumplir este recuerdo y obligación. Pero cumplirá V. especialmente el de sus oraciones y, si es posible, sus comuniones por el difunto, y deberá V. aludir a ellas en sus cartas. — Es el mejor consuelo que podemos ofrecer a la familia y sobre todo la mayor obligación para el difunto. Sigamos en ello el consejo de S. Agustín y el espíritu de la Iglesia. — Oportunamente organizaremos al mes una Misa, con las comuniones que fueren posibles, por los Heroicos Aviadores. — De las cartas recibidas y de todo lo que VV. hicieren, se dará cuenta a la Embajada. Ruego me tengan al corriente de todos».

1.2.10.

Un ángel italiano en Málaga: el agente consular Bianchi «La población respetuosa con el fascismo italiano espera e implora nuestra intervención».

Benito Mussolini118 a finales del mes de diciembre tenía ya decidido su firme e incondicional apoyo al general Franco, sin reparar en medios humanos ni materiales, por lo que toma la decisión de enviar un gran contingente de tropas a España procedentes del reclutamiento de voluntarios a través de organizaciones políticas y del Ejército Regio. Quiere un ejército en España de carácter político con el apoyo técnico y militar del ejército profesional. Una de las primeras intervenciones de este ejército tendría lugar en Málaga, con cuerpo del ejército italiano «ágilmente motorizado», de unos diez mil hombres. Los italianos desencadenan el ataque en los sectores encomendados en la madrugada del día 5 de febrero de 1937, siendo el primer caído italiano de esta Batalla de Málaga el soldado de ingenieros Natale Collenghi, tras haber sido alcanzado por una bala cuando su unidad había reparado el corte de una carretera. Sería enterrado en el cementerio de Loja. Las unidades italianas conquistarían varios puertos y pasos malagueños, entre ellos los de Boca del Asno y el de Zafarraya. El mismo general Roatta resultaría herido sufriendo dos heridas en un brazo y sería trasladado a Loja. El avance de las tropas de Franco y Mussolini sería rápido. El mando sería llevado ahora por Faldella. El día 6 de febrero, tras algunos serios enfrentamientos con los republicanos, la columna Rossi ocuparía el Puerto del León, y la columna del centro y de la derecha llegarían cuando anochecía a muy pocos kilómetros de Málaga. Sería el día 8 de febrero cuando los republicanos empezarían a evacuar la ciudad y a emprender una gran huida su población civil, aterrados por la gran represión nacionalista que les esperaba, iniciándose la penetración en Málaga de los dos primeros carros «Fiat» italianos que apoyaban a la patrulla del mayor


de Carabinieri De Blasio. Sin apenas resistencia ocuparían los principales edificios de la ciudad, con el apoyo desde el mar de sus unidades navales que bombardearon toda la costa. La gran huida de ciudadanos malagueños, y de otras poblaciones que ya venían huidos de las ciudades andaluzas ya ocupadas por los nacionales, vino acompañada por los bombardeos masivos desde el mar por barcos alemanes e italianos sobre las columnas humanas que seguían el curso de la carretera costera. Miles de civiles huían por la carretera dirección Almería, a un lado los acantilados costeros, al otro las paredes de la montaña que servirían de muro de ejecución por los disparos que desde el mar hacían contra los huidos desde los barcos nacionales. A pesar de que no encontraron una fuerte resistencia, sin embargo la batalla no fue un simple paseo militar como suponían que iba a ser. Las tropas italianas llegaron a sufrir las bajas de cuatro oficiales y 127 soldados muertos, así como dos oficiales y 422 heridos. Se empezaron a detectar algunas deficiencias en este ejército, su adiestramiento y preparación no habían sido suficientes y fallarían los enlaces entre las unidades y la coordinación con su propia aviación. Muchos voluntarios carecían de la instrucción suficiente. También les llevaría a formarse una idea equivocada del ejército de la República, porque si bien es cierto que aquí se trataba de un ejército desordenado y desorganizado, no serían las mismas unidades en el resto de las batallas en las que se tuvieron que enfrentar a ellos. No obstante, el desenlace y el triunfo final habían resultado positivos, y por ello se mostrarían demasiado contentos y no llegarían, por el momento, a valorar en la justa medida las fuerzas del ejército al que habían venido a combatir. Sacarían unas conclusiones falsas sobre el enemigo. Aunque en los primeros momentos el mando de la ciudad corrió a cargo del mayor italiano De Blasio, a los pocos días éste pasaría a estar en manos de los militares nacionales del general Franco. Aquí comienza otra historia, la del terror nacionalista sobre su población; la guerra no terminaría cuando los soldados italianos ocupan la ciudad y entregan el mando a los nacionales. A partir de estos momentos comenzaría una guerra más dura, más cruel y sanguinaria, sin defensa posible, ni táctica a la que poder presentar otra en las mismas condiciones de lucha. La única táctica que emplearían los nacionales fue la táctica de aniquilamiento del adversario, que tanto usarían posteriormente y que tan «buenos» resultados les dio. No querían posibles enemigos a sus espaldas que posteriormente les pudieran atacar o sublevarse. La batalla oficial había terminado con el triunfo arrollador de las tropas nacionales en las que tuvieron un papel importantísimo los italianos, pero los perdedores no sólo morirían en los combates, otros muchos tendrían que salir huyendo de las crueles respuestas por parte de los vencedores, por parte del ejército de Franco. Las reglas de juego dejaron de existir y sólo hubo una posibilidad para los vencidos: la denuncia y la muerte. En el caso de Málaga, como en la mayoría de los pueblos y ciudades de España, se puso en práctica, siguiendo la norma al pie de la letra, lo que ya había dictaminado el general Mola: «Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo (...) serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al Movimiento, aplicándoles castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas. En este trance de la guerra yo ya he decidido la guerra sin cuartel. A los militares que no se hayan sumado a nuestro Movimiento, echarlos o quitarles la paga. A los que han hecho armas contra nosotros, contra el ejército, fusilarlos. Yo veo a mi padre en las filas contrarias y lo fusilo. Cualquiera que sea abierta o secretamente defensor del Frente Popular, debe ser fusilado (...) Hay que sembrar el terror; dejar sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros». (General Mola). Igual consigna propuso el general Queipo de Llano:


«... ¿Qué haré? Pues imponer un durísimo castigo para callar a esos idiotas congéneres de Azaña. Por ello faculto a todos los ciudadanos a que, cuando se tropiecen a uno de esos sujetos, lo callen de un tiro. O me lo traigan a mí, que yo se lo pegaré. Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los rojos lo que es ser hombre. De paso, también a las mujeres de los rojos, que ahora por fin han conocido hombres de verdad, y no castrados milicianos... Ya conocerán mi sistema: Por cada uno de orden que caiga, yo mataré a diez extremistas por lo menos, y a los dirigentes que huyan, no crean que se librarán con ello; les sacaré de debajo de la tierra si hace falta, y si están muertos los volveré a matar» (Queipo de Llano). Por supuesto que el otro general, Franco, no se iba a quedar rezagado: «No hay redención sin sangre, y bendita mil veces la sangre que nos ha traído nuestra redención» (Franco). Esto, por desgracia, fue la norma general en toda la España «reconquistada», y el olvido al que fueron condenados y marginados y que llenó de fosas las veredas, caminos y barrancos de tantos y tantos pueblos de España, un auténtico holocausto que la memoria actual intenta no olvidar. Por suerte para sus familiares y para ellos, hoy día empiezan a ser recordados y recuperados «algunos» de los miles y miles de desaparecidos y fusilados, y se les empieza a llevar de nuevo a la historia, de la que fueron apartados y tratados de eliminar de una forma vil y cruel, el asesinato y el olvido posterior. Emplear el método de la tierra quemada (terra abruciata) y cualquier posibilidad de que un enemigo a la espalda pudiera resultar un verdadero peligro físico para la integridad. Había que eliminar cualquier posibilidad de recuperación al enemigo, y aprovechar la situación para justificar lo injustificable y desatar los odios y las venganzas personales y de estado. Fiel seguidor y cumplidor de lo que los generales habían dictado contra la población civil malagueña y de la despiadada represión fue «el carnicerito de Málaga», Carlos Arias Navarro119, último presidente de la dictadura franquista. El historiador vallisoletano Ignacio Martín120 habla en uno de sus libros de «amaneceres ensangrentados», aquí podríamos decir que fueron «noches ensangrentadas» las que estuvieron teñidas por la injusticia, la crueldad y la represión malagueña. Tras la conquista de la ciudad de Málaga existió un clima violento, una violencia gratuita, desmedida, innecesaria; venganzas personales y acusaciones particulares, aflorando odios y viejas rencillas, odios que habían emergido con rapidez contra centenares de personas por el simple hecho de pensar de forma distinta o por imaginárselo; denuncias insostenibles pero eficaces; persecuciones ideológicas indiscriminadas para las que todas las cárceles eran pocas. Frente a una historia oficialista que siempre se nos enseñó y que tantas cosas y hechos nos ocultó queriéndonos hacer perder la memoria histórica, el pasado, los errores cometidos para poder sacar conclusiones pedagógicas de aquellos descalabros y atropellos. Por suerte, y gracias a las nuevas investigaciones, no existe tal desmemoria. Crónica negra, sucesos de sangre amparados en una supuesta limpieza ideológica que aplacaran viejos rencores. Actuaciones tremendamente injustas encaminadas a eliminar cualquier posible oposición. Toda una masacre apoyada por una justicia arbitraria, con falta de rigor, cuya práctica se limitaba a algo más que simples exposiciones por parte de los fiscales de las consideraciones y la imposición posterior e inmediata de las condenas. Causas que juzgaban en masa a decenas de encartados cuyos defensores, sin garantías, eran parte del entramado acusador con sus nulas defensas cargadas de arbitrariedad, defendiendo en unos casos al conjunto de los encausados y en otros limitándose a solicitar para los defendidos las rebajas de las penas. A todo esto le seguía un alto ritmo de las ejecuciones y en un tiempo récord desde que habían sido condenados. Toda una campaña de depuración y represión con tonos demasiado expeditivos y métodos contundentes, los fusilamientos. Una represión con altísimas cotas de irracionalidad y horror que conllevaría a situaciones sociales extremas, con numerosas viudas y


huérfanos, o mujeres e hijos de los detenidos viviendo de la mendicidad y en la más absoluta pobreza. Este entramado de terror y represión tenía como objetivo no sólo intimidar, sino aniquilar y eliminar al adversario político e ideológico. Sangrienta represión y espíritu de revancha sobre los vencidos, con unos métodos muy habituales en la España recién «liberada», una violencia de Estado como única arma para combatir a los vencidos. Represiones físicas que serían seguidas de una represión legislativa. Las rencillas, venganzas, los despechos personales, o las vinculaciones familiares con hombres o mujeres de izquierdas o huidos, eran las razones y justificaciones de la mayoría de las denuncias. El control de esta violencia pareció estar en Málaga, como en otras provincias, en manos del ejército y los brazos ejecutores pertenecieron en muchas ocasiones a las milicias, falangistas y requetés, y a la Guardia Civil121, necesitando locales y más locales para sus múltiples cárceles, incluidos los barcos amarrados en su puerto. La visión que se han transmitido por la historia y la propaganda institucional franquista de los vencedores, no corresponde, y así se está demostrando, con la realidad pasada. Se nos ha ocultado la mayor parte de esta realidad y de esa memoria y pretendiendo que hubiera una multitud de olvidados. No hay que hacer tabla rasa y partir de cero, seríamos injustos con todos ellos. Debemos recuperar su memoria y la de los que sobrevivieron a tales injusticias pero que también la vivieron en sus carnes o en la de sus familiares. Perdonar no es equivalente a olvidar y sepultar un pasado. En la ciudad de Málaga, según la documentación de los archivos italianos, todo esto fue una realidad. Es llamativo y notorio que la documentación de un ejército fascista como el de Mussolini recogiera ya entonces los hechos acaecidos en esta ciudad. Son las denuncias a sus autoridades en la Embajada en España y a su Ministerio de Roma quienes nos revelan todo lo dicho anteriormente y que nos muestran sus opiniones ante los excesos que se estaban cometiendo en la ciudad de Málaga por el ejército nacional al que ellos habían ayudado a conquistarla. Los oficiales militares italianos no llegaban a comprender ni a justificar semejantes niveles de violencia y represión. Situación política de la ciudad: Según el informe del cónsul italiano en Sevilla remitido al embajador de Italia en Salamanca y al Ministero degli Affari Esteri122, la situación política de Málaga tras la conquista era muy delicada. Envían noticias de un personaje italiano de gran trascendencia e importancia dentro del contexto violento de esta ciudad y al que la historia en algún momento debe reconocerle su importante labor a favor de las causas de los condenados por la represión franquista. Me estoy refiriendo al agente consular italiano Cav. Tranquillo Bianchi, que será quien en un principio denuncia todas las atrocidades que aquí se estaban cometiendo, sobre los elementos comunistas, con extrema dureza por parte del Gobierno nacional. Semejante labor humanitaria a la que realizó el cónsul italiano a favor de los represaliados también la llevó a cabo el cónsul honorario de Méjico, Porffirio Smerdou, anteponiendo, como el cónsul italiano, el bien de los demás al suyo propio123. En el informe anteriormente señalado se habla de los métodos y procedimientos despechados con los que se vienen actuando. Los imputados eran en su mayoría comunistas, hombres y mujeres, que no pudieron abandonar la ciudad antes de la ocupación por las tropas nacionales y que deberían responder de los delitos de los que se les acusaban. El terror se dejó imponer para contrarrestar a los elementos adversarios políticos. En la sede donde se formulaban las instrucciones los imputados eran severamente interrogados y reagrupados por categorías de los delitos. En la sede de la justicia, los grupos se contaban por decenas de individuos que eran colocados delante del juez con una única acusación. Los condenados a muerte son no sólo por acusaciones de homicidios o violencia, sino también por hechos de sabotaje o de devastación. Particularmente severa era la represión con los que habían pertenecido a la Guardia Civil y a los Carabineros que habían prestado sus servicios al régimen republicano. También acusaciones de pertenencia a la masonería era un gran agravante, a las que seguían frecuentemente la pena capital. Este


informe, según los datos facilitados por T. Bianchi tras la ocupación de Málaga, no da unas cifras de fusilados que ascienden en estos momentos a más de tres mil. Aquí cabe destacar las acciones de este otro Schindler italiano en España, su agente consular italiano en Málaga, para obtener en muchas ocasiones las suspensiones de las ejecuciones, con un trabajo diario y una desenfrenada actividad por evitar ejecuciones o conmutar penas de muerte por otras temporales. El cónsul italiano en Sevilla pudo comprobar y constatar en su visita a Málaga las «piadosas» escenas que cada día sucedían delante de la puerta del hotel donde se encontraba el consulado en Málaga. Una multitud de gentes, de mujeres, se acercaban para interceder por los condenados que iban a ser fusilados en esa misma noche. La intervención de Bianchi en estos casos tuvo más un carácter personal y particular si se parte del prestigio, la fama y la popularidad de que gozaba en la ciudad de Málaga. Estaba muy próximo a los ambientes locales de la Falange y con buenos contactos entre los funcionarios subordinados de la Administración local, y sobre todo muy cercano a la población malagueña. Tenía un carácter tremendamente populista, lleno de coraje, generoso, irreflexivo, sentimental, teatral. Era el clásico jefe fascista que se refugiaba en las espectaculares apariciones llenas de la teatralidad que suele llegar frecuentemente a las gentes. Hablaba en la Radio Local dirigiéndose a la población malagueña con alocuciones muy retóricas, políticamente poco comprometidas, aunque sustancialmente llenas de contenidos, que contribuían de modo indiscutible a acrecentar su popularidad. Su intervención en la suspensión de las penas, según pudo constatar el cónsul italiano en Sevilla, seguía el siguiente procedimiento: Bianchi, que podía acceder libremente a todas las cárceles malagueñas, se trasladaba a las secciones de los condenados a muerte con una lista de nombres suministrada por los que le solicitaban la ayuda y mantenía un breve coloquio con el subdirector de turno para obtener la provisional suspensión de la ejecución. Como ejemplo sirva el que se pone en este documento, donde dice que en la noche del día 6 de marzo, uno de sus protegidos, para el que ya había obtenido la suspensión de la pena, había sido ya fusilado cinco minutos antes. Bianchi obtendría a cambio la vida de otros dos comunistas que se encontraban ya delante del pelotón de ejecución. Para esta última variación había bastado con el consentimiento del jefe del pelotón. A la mañana siguiente vendrían funcionarios subalternos indicados por sus superiores que saltándose la desordenada burocracia judiciaria, mientras los condenados se trasladaban a otras cárceles, confirmarían de hecho la situación de algunos a los que se les había suspendido provisionalmente la ejecución. El cónsul italiano en Sevilla parece ser que no estaba muy de acuerdo con las acciones y los métodos que empleaba Bianchi, y así lo manifiesta en su informe. Cree que las acciones de Bianchi no apoyaban las adhesiones de otras personalidades oficiales, que contravenía decisiones, que las actuaciones de este personaje decían muy poco a favor del ejercicio de sus poderes y que eran acciones de abajo hacia arriba amparándose en los errores del sistema de administrar la justicia, tan pronto de un modo trágico como de un modo benevolente. Continúa diciendo que en este ambiente de revolución el valor ético de la vida humana es reducido al mínimo en unas cuestiones tan graves como las que estaban en juego y que eran tratadas la mayoría de las veces como hechos de la Administración ordinaria. Bianchi llegaría a firmar que de las listas de condenados llegaría a salvar la vida de 400 a los que logra suspender la ejecución. No sólo su espíritu altruista y sentimental le impulsaría a ello, el cónsul sevillano cree que también le empujaba la ambición y el acrecentar su popularidad. Se le daría instrucciones para que lograse evitar o intervenir en casos de personajes demasiado odiados por las autoridades gubernativas malagueñas o que no merecieran la protección fascista. Igualmente le había aconsejado que fuera más prudente en sus afirmaciones o exhibiciones por lo que estaba haciendo, no manifestarlo en público con demasiado entusiasmo, pues podría levantar susceptibilidades entre los elementos del gobierno, pudiendo llegar a debilitar su posición y limitar sus posibilidades de movimiento.


El Cav. Bianchi en un telegrama que había hecho llegar a la Embajada, había ya dado muestras de un eventual peligro de graves y serias complicaciones políticas por la dura represión y excesiva dureza con la que se estaba llevando a efecto las depuraciones, lamentando que tal represión viniera, a su modo de ver, implicada por la responsabilidad moral del gobierno fascista. El cónsul sevillano opinaba que no era para tanto la situación que se estaba generando y que Bianchi se estaba dejando llevar por un error de apreciación. Fuentes y opiniones diversas a las que había accedido y consultado le habían manifestado que no existía tal peligro. Que los pocos comunistas que aún no habían sido fusilados (lo cual corrobora las altas ejecuciones por motivos políticos), se encontraban huidos o inmovilizados por el terror de la represión, siendo prácticamente en esos momentos inofensivos. Los efectos que pretendían con la represión se estaban consiguiendo: por un lado, con el alto número de ejecuciones hasta acabar prácticamente con el enemigo, y, por otro lado, con el miedo y el terror que estaban logrando introducir en los escasos focos de resistencia que pudieran quedar. Sobre el otro punto, el que hace referencia a la pretendida responsabilidad del gobierno fascista en la represión, dice el cónsul sevillano que ha notado que en Málaga, donde en estos momentos sólo hay ocho voluntarios italianos, la opinión pública sabe muy bien que el Gobierno italiano se ha abstenido de intervenir oficialmente en este campo para evitar deslizamientos de autoridad y que se ha intervenido únicamente de un modo oficioso y de amistad, a través de la labor personal de Bianchi, ello ha llevado a limitar los excesos y a aconsejar la moderación. Su impresión, la del cónsul en Sevilla, era que la represión era necesaria hacerse en profundidad, pero que había sido excesiva en su extensión. Una vez destruidos todos los núcleos de movimientos subversivos, creía que la España nacional estaría igualmente salvada si en Málaga se hubieran fusilado algunos centenares menos, y que bajo un gobierno fuerte y comprensivo hubiera podido ser gradualmente reabsorbidos. Una opinión bastante más comprensiva que la de los dirigentes fascistas de la Málaga del momento, y una visión de futuro pensando en lo que podía haber sido una línea política más humana y comprensiva para cuando terminara la guerra. Sobre la pequeña colectividad de italianos en esos momentos en Málaga, pues antes de iniciarse la guerra civil era de unas cien personas, en estos momentos se hallaba reducida a unas veinte personas. Las personas huidas iban comenzando poco a poco a regresar y los comerciantes retornaban. Eran sobre todo comerciantes y empresarios, algunos dedicados al negocio del aceite de oliva, de los cuales algunos habían sufrido daños materiales notables, conservando toda una buena posición financiera. No había entre los italianos indigentes ni sin techo. A medida que los acontecimientos se iban normalizando, le darían instrucciones al cónsul en Málaga para que reabriera de nuevo el consulado, ya que en estos momentos se encontraba en las dependencias de un hotel de la ciudad, y le aconsejan que tomen precauciones con algunos de los expedientes dado que hay algunos con los que se ha de mostrar una particular reserva. Los hechos reseñados con anterioridad se corroboran todavía más si revisamos y analizamos lo que se recoge en un telegrama dirigido al comandante Praga Domenico Piccirillo, en Ostilia 27, Roma. En este comunicado se hace referencia a la situación de extrema gravedad que hay en la ciudad de Málaga y los terribles desórdenes que se estaban produciendo. Habla de la feroz represión que puede resultar perjudicial para la posterior consolidación de los ideales fascistas entre la población. Se vuelve a confirmar el hecho de que numerosos ciudadanos malagueños acudían e invocaban a las autoridades italianas el orden público con la finalidad de evitar ulteriores masacres inútiles y que la única autoridad italiana que allí reside, el agente consular, es absolutamente insuficiente, pues se están fusilando sólo por razones y motivos personales, «la población respetuosa con el fascismo italiano espera e implora nuestra intervención». Las ejecuciones capitales no sólo fueron un hecho de los primeros días, ya habían pasado varias semanas cuando éstas aún continuaban produciéndose. Un oficio enviado por el C.T.V.124 y firmado por el general del cuerpo de la Armada Rovieno, tiene como objeto las ejecuciones capitales de Málaga. En


este informe se relata la represión violentísima por parte de las autoridades españolas nacionales. Nos dice que los arrestos se producen con una facilidad increíble, tanto es así, que en el día del escrito la cifra de detenidos oscila entre los 8.000 y los 10.000 presos, y que esta abundancia de prisioneros está llevando a un estado deficiente de salud e higiene de los mismos, a quienes se les suministra solamente comida una vez al día consistente en un trozo de pan de unos 700 gramos, de un arenque y de un poco de fruta. Solamente dos veces a la semana tenían permiso los familiares para poderles visitar en la cárcel. Los detenidos políticos se encontraban en el barco «Chavarri», en la cárcel provincial, en la cárcel de Santo Domingo, en la cárcel vieja de San Francisco, en la Madre de Dios, en el Hospital civil y en otros pequeños lugares habilitados para las detenciones. Los motivos por los que se encontraban detenidos más o menos son los mismos que antes se han señalado. Bastaba una simple denuncia o la mínima sospecha para que se hiciera prisionero a alguno. Era notable el resaltar que en los primeros días funcionaron los tribunales revolucionarios, en el verdadero sentido de la palabra, puesto que en estos momentos estaban constituidos por tribunales militares compuestos cada uno por cincuenta miembros, el Ministerio público y el abogado defensor. En un primer momento había un número de quince, pero que en esos momentos se habían reducido a tres. En unos primeros momentos las penas de muerte se producían con suma facilidad, en estos momentos las causas ya se revisaban con más elasticidad y que le permitían al detenido una mayor defensa, y lo que antes era pena de muerte, hoy no era raro que se llegase a un veredicto de absolución. Poco a poco fue perdiendo la dureza de los primeros impulsos represores, si bien el número de detenidos seguía siendo muy numeroso. Las ejecuciones se producían a diario, a excepción de los días festivos, y se producían en horas diferentes de la noche, como a las 20 horas, a la medianoche y al amanecer. Mientras las ejecuciones se produjeron en los primeros días de un modo bárbaro, esto es, con tiros en la nuca, haciendo colocar a los ajusticiados en fila india, en estos momentos sin embargo funcionaban los pelotones de ejecución compuestos cada uno de ocho guardias civiles. Según el informe, los condenados avanzaban en grupos de cuatro a la vez y a cada uno de ellos correspondía dos soldados, guardias civiles, del pelotón de ejecución. Los fusilamientos tenían lugar a una distancia de tres metros entre el ejecutor y el ejecutado, y el tiro de gracia era dado a cada uno por un guardia civil. Estas ejecuciones tuvieron lugar en la plaza que estaba a la entrada principal del cementerio de la ciudad, junto a la pared del recinto. Los cuerpos de los fusilados, a la mañana siguiente de la ejecución, eran transportados al interior del cementerio para el enterramiento en la fosa común. Al informe, el Maggiore dei CC.RR., Capo dell’Ufficio C.S., De Blasio, adjunta dos fotografías con los cuerpos yacentes de varios fusilados caídos en el suelo tras su ejecución. Los parientes y familiares tenían permiso para reconocer los cadáveres y para hacerles enterrar si querían por su propia cuenta. Cada mañana se limpiaba la zona donde habían tenido lugar las ejecuciones y se encalaba la pared salpicada de sangre. Estas ejecuciones no eran públicas, pero con mucha frecuencia se concedía permisos para asistir. No era raro encontrarse a algunas señoras presenciando los fusilamientos. Hasta el momento de esta comunicación la cifra que se calculaba y que transmite en su comunicado es de cinco mil ejecutados. Y dado que en las cárceles están detenidos varios prisioneros de los pueblos de la provincia, sus respectivos familiares, casi todos mujeres y niños, se han ido a Málaga donde viven de la mendicidad para poder sobrevivir y estar lo más próximo posible junto a los detenidos. Muchos de éstos vivían en canteras de toba localizadas en la periferia de la ciudad. La asistencia religiosa que se les prestaba a los condenados era únicamente si éstos la solicitaban. Nunca los sacerdotes intentaron por su propia iniciativa asistir a los ajusticiados, tal vez porque eran considerados, como «rojos», non gratos para tal asistencia. Dado que todavía por estas fechas se continuaba arrestando a personas, también bajo simples indicios o denuncias debidas normalmente a venganzas y afrentas


personales, estaba claro que la población de Málaga vivía en un estado de continua opresión y así lo manifiesta el escrito dirigido a la sede del Estado Mayor del C.T.V. en la fecha indicada. También se recoge en este escrito que centenares de personas acudían diariamente al Consulado italiano solicitando ayuda y protección a la autoridad italiana. Allí cada uno era recibido, protegido escoltado, y siempre que «entrara dentro de lo honesto», era ayudado de alguna manera, o moral o económicamente. Es necesario poner de relieve la obra incansable y preciosa del agente consular italiano en Málaga Comm. Tranquillo Bianchi, algo muy poco habitual en una guerra. Ya he dicho anteriormente que este personaje fascista gozaba de una gran popularidad en la España nacional, ya por sus obras de bien hacia los demás, ya por haber salvado durante el periodo republicano a también numerosísimos nacionales, algunos de los cuales eran familiares de Queipo de Llano. Bianchi, además de visitar a los familiares de los condenados y de los detenidos, también intercedería, rozando los límites de la justicia, por la suerte de algunos, y frecuentemente estaba presente en los tribunales, siendo capaz en múltiples ocasiones de hacer revisar, reexaminar, suspender o anular las medidas preventivas fijadas, siempre que ello fuera oportuno. Algunas veces, no considerando en conciencia el deber de proceder a las ejecuciones las penas capitales, no habiendo podido obtener de alguna manera la conmutación de estas penas por otras temporales, resultaría decisivo para ofrecerse y ayudar a evadirse a algún condenado, llevándoselo del lugar de su ejecución y haciéndole consignar al jefe del pelotón de fusilamiento que le haga figurar como fusilado ya. Toda una argucia muy bien planificada y que supo aprovechar amparándose en los descontroles existentes y las precipitaciones de los juicios y ejecuciones. Gracias a la intervención de este agente consular fueron puestos en libertad total cerca de 700 detenidos, condenados ya a muerte, y a cerca de 300 personas la pena capital les fue conmutada por la pena temporal. En reconocimiento a las obras caritativas y benéficas del Comm. Bianchi, numerosísimos fueron los testimonios de agradecimiento y de exaltación que cada día llegaban a la Italia fascista, y que las autoridades italianas pusieron como un claro ejemplo de lo que se debería haber hecho, frente a los métodos tan represivos y violentos del fascismo de Franco que no dejaron de criticar. Sobre estos acontecimientos Arthur Koestler125, corresponsal de un periódico inglés, informaría de que después de ser conquistada por los italianos, y habiendo huido la mayor parte de la población, ya en el primer día había habido entre 1.500 y 2.000 personas detenidas, y que entre los días 8 y el 13 de febrero fueron fusiladas 5.000 personas. 1.2.11. La burla popular: «de guerra celere a andante ma non tropo» Fueron varias las razones que se pueden dar para justificar o explicar que los soldados italianos fascistas eran en muchas ocasiones motivo de mofa o de burla por los españoles. No solamente del lado republicano sucedería esto, cosa por otra parte más que explicable, por cuanto eran una parte muy importante de las tropas que tenían enfrente, una fuerza extranjera invasora y causantes de gran parte de sus derrotas. En el lado nacional se produciría este mismo efecto de burla o más. ¿A qué se debió? Sobre todo a su presencia masiva, considerados como un ejército fascista de ocupación del territorio español. Su colaboración en España estaba siendo muy discutida, hasta por el propio Franco, quien llegó a decir que él no les había llamado. Sus ansias de obtener una victoria rápida y de llevar triunfos y victorias al Duce, les había llevado a infravalorar tanto al ejército de la República como al ejército de Franco. No tuvieron una visión exacta de la realidad española, ni de su geografía, ni de su clima, ni de sus fuerzas, hasta que les llegó Guadalajara. El paseo militar de Málaga había quedado en el Sur de la península, el resto del territorio empezaba a ser otra cosa. Las continuas rencillas con los mandos españoles, por proponer maniobras militares, querer ser independientes, autónomos con sus unidades, por apuntarse a título personal los triunfos para el Duce,


implicarían una presencia molesta a ciertos niveles militares nacionales. A niveles populares fueran vistos, por sus impecables y llamativos uniformes, como «señoritos» que venían de paseo por suelo español, chocando con las penurias y escaseces de sus compañeros españoles, desatando en muchas ocasiones las envidias y los comentarios jocosos. Sus bonitos y llamativos uniformes y calzado contrastaban fuertemente con la pobre indumentaria que llevaban el ejército nacional, bastante mal pertrechados, y que en muchas ocasiones combatieron juntos en las unidades mixtas. Así lo recordaba Ettore Gigliotti en su entrevista, apuntando también que no era raro encontrarse a soldados medio descalzos o con las suelas del calzado hechas con las cubiertas de las ruedas de los camiones, recortadas como alpargatas, y con unos grandes mosquetones muy antiguos126. Todo esto chocaba con la impecabilidad de los trajes italianos que les hacían presumir delante del resto del ejército nacional, lo mismo que sus columnas motorizadas y la maquinaria que manejaban. Sin embargo, para otros eran considerados como gente muy educada, muy correcta, impecables en el trato, en el comportamiento con los vecinos de las localidades por las que pasaban, llegando a altos niveles de confraternización con la población civil, sobre todo con las mujeres, eso sí, altivos y presuntuosos, añaden. Hubo muchos momentos de abusos, de prepotencia, de chulería y de amenazas sobre la población civil, produciéndose graves denuncias contra ellos. Existen documentos con serios incidentes originados por el comportamiento del personal legionario del C.T.V., tales como exigir gasolina en los surtidores públicos sin entregar el vale correspondiente y con la amenaza del arma personal; actuaciones contra las hermanas de la Caridad del Hospital de Sigüenza para conseguir salir de noche, la exigencia de artículos diversos en las tiendas de las localidades o el lanzamiento de bombas de mano como uno de sus entretenimientos. Muchos de estos incidentes, y de otros, fueron producto de las largas estancias en los frentes y alejados de sus familias. Uno de los muchos refranes que se hicieron sobre los italianos por su carácter conquistador entre el mundo femenino decía: Los italianos se marcharán y de recuerdo un bebé te dejarán. Y, efectivamente, fue numerosa la descendencia que en España dejaron, muchos hijos con madres solteras que cayeron en las promesas, pocas veces cumplidas, de unos soldados cuyo porte y palabrería les enamoraban y conquistaban su «cuore». Muchos de ellos sí que hacen valer sus compromisos y se quedan a vivir en España, formando su familia y sus propios negocios al finalizar la guerra, y muestra de ellos son los apellidos italianos que podemos encontrar a lo largo de la geografía española provenientes de estos matrimonios mixtos, y que supieron transmitir a sus hijos y nietos sus hazañas militares en España y su amor por la añorada Italia. La actitud italiana y el comportamiento de los oficiales italianos y de las tropas produciría en muchas ocasiones un descontento entre los mandos militares españoles, políticos y entre gran parte de la población española... Se puede incluso decir que en las esferas del Cuartel General de Franco, están ya cansados de la ayuda militar italiana, toda entera. La glorificación desmedida de los hechos de armas italianos, la presunción de las autoridades militares italianas, la conducta de las tropas en el frente y sobre todo en los acantonamientos, el contrabando de mercancías italianas al que se dedica actualmente el ejército italiano, sin contar otros excesos, indisponen cada vez más a los españoles contra los italianos, es parte de un informe del embajador alemán Faupel127, que si bien sabemos no eran muy de su agrado los soldados italianos y su poca simpatía hacia ellos, no deja de ser el testimonio de un embajador aliado, que lo más probable es que reflejara una gran parte de la realidad. Queipo de Llano, jefe de la propaganda franquista, diría en agosto de 1936: «Los alemanes se comportan con dignidad y evitan presumir. Los italianos son pendencieros y unos matones despóticos». Tal vez esta afirmación en boca de Queipo de Llano tuvo mucha trascendencia y contribuyó a elevar el concepto de presumidos de los italianos, la verdad es que tampoco había tenido demasiado contacto con ellos, por esas fechas, para opinar de esa manera. Pero este era el pensamiento de una parte de los nacionales. Alcofar Nassaes resta importancia a estas opiniones sobre los italianos, cree que estos roces y esta manera de opinar de los españoles era más un producto de la susceptibilidad ibérica, que algunos


llaman orgullo nacional, profundamente arraigada en todos los españoles. No deja de reconocer que eran naturalmente jactanciosos, tras haber salido muy airosos de Abisinia, y que tal vez menospreciaron los lentos avances nacionales pensando que ellos con su «guerra celere», iban a terminar con la guerra de España en unas semanas. Pronto se darían cuenta del ejército que tenían enfrente. Con los soldados españoles, con los que compartían unidades, Brigadas Mixtas, siempre existió buena camaradería, buena cordialidad, y siempre han hablado muy bien los unos de los otros. Los roces y enfrentamientos fueron más bien a niveles militares superiores, con los simpatizantes de algunos partidos políticos, monárquicos y tradicionalistas. A nivel popular gozaban, en general, de buenas simpatías y así lo recuerdan en muchos de los lugares por los que pasaron. Pero el carácter español tomó a broma algunas de sus actuaciones y ridiculizó el estilo teatral de los voluntarios italianos, su presuntuosidad, sus jactancias, su vibrante idioma, sus vistosos uniformes, su buen equipo y las prolongadas estancias en la retaguardia. A los soldados italianos128 «se les reían por sus “plumeros”, su aire fachendoso de conquistadores y por echarse colonia. Pero, ¿dónde se ha visto a un soldado perfumado?», decían muchos soldados envidiosos de su porte y elegancia. En algunos momentos fueron despreciados por su escasa inclinación bélica. En una guerra tan dura y con unas condiciones tan inhumanas y antihigiénicas en la vida de trincheras, chocaba, y mucho, que unos soldados lucieran esos uniformes militares tan lustrosos y elegantes, y más aún si las críticas venían de otros soldados que sabían muy bien las condiciones de una guerra como la española. Se decía que el C.T.V. mantenía mucho comando di stazione, que eran los servicios, hospitales, intendencia..., y que, claro, estaban ubicados en la retaguardia, por lo que las ciudades aparentaban estar siempre llenas de italianos129 paseando y llenando los locales públicos. Su contribución a la causa de los nacionales no siempre estuvo bien vista ni valorada en el propio ejército franquista. Sin embargo, justo es reconocer que la victoria se debió, en una gran parte, a los italianos. La cuestión clave era que no podía haber un reconocimiento expreso de su contribución al triunfo final, porque sería como ensombrecer las victorias de Franco, al compartirlas con un ejército extranjero; siendo un motivo más para favorecer las burlas y chistes sobre su presencia en España130. Los republicanos, tras la batalla de Guadalajara, tendrían también motivos de burlas y chascarrillos a costa de lo que había significado aquella batalla para el fascismo en general. Fue una manera más de hacer propaganda política, reírse del enemigo y exagerar sus defectos. Crónicas periodísticas, canciones populares y chascarrillos, dieron una cierta dimensión de los hechos. La literatura popular, depurada de los ornamentos literarios, salida del pueblo, llegaba con frescura y rapidez a las gentes, produciendo comentarios sarcásticos que eran repetidos por todas partes. Era el reflejo de una realidad exagerada, interesada políticamente, en ambos bandos. En las trincheras, en las barricadas, en las calles, en los cafés, todas las canciones y poesías sobre motivos de guerra eran muy normales y su efecto propagandístico podría ser enorme; de ahí la enorme cantidad de poemas y cánticos que en los diferentes frentes se crearon con motivo de la guerra. Además de alegrar la dureza de las batallas, servían para hacer su peculiar uso propagandístico, tanto para lo bueno como para lo malo. Partían de elementos anecdóticos, con un lenguaje y unas formas muy sencillas y puras, nacidas de lo popular. Sobre su actuación en Guadalajara, tanto entre los nacionales como entre los republicanos, se decía: — Aprendieron a correr en Guadalajara, o que En su huida habían dejado una lluvia de mierda en Guadalajara. Unas versiones jocosas de las siglas del C.T.V. las interpretaban con estos significados: Cuando Te Vas, Corren Tuto Veloce. Jugando con la similitud de los idiomas y las rimas de las palabras bromeaban, burlándose y diciendo: en cuanto decían a las bayonetas, los italianos entendían A las camionetas; o la que decía Avanti, avanti, pero con el requeté delanti. Siguiendo rimas semejantes, a uno de sus jefes más populares, Bergonzoli, le llamaban sinvergüenzi. Los chistes y chascarrillos también se metían con sus tácticas militares novedosas,


pero muy poco efectivas en el tipo de guerra que se desarrollaba en España: De guerra celere a andante ma non tropo. Además de chistes, pareados o bromas, una crítica muy extendida se dio a través de los cantos y canciones populares, tanto en los frentes como por las calles. Una pequeña copla que se cantaba en la zona franquista decía: Guadalajara no es Abisinia. Los españoles, aunque rojos, son valientes. Menos camiones y más cojones. Bergonzoli, sinvergüenzi, general de las derrotas; para tomar Trijueque con los «bambinis» que portas no basta con pelotones hay que venir con pelotas. Otra copla hacía referencia a su pasado glorioso en Abisinia y la comparación que hacían con España, pensando que esto iba a resultar otro paseo resultó serles un gran problema de prestigio: Me estáis cabreando ya con Abisinia, cuéntame algo de Guadalajara; tomasteis mucha tierra para huir. ¡Dad gracias a la Legión y a la Mehala! De Guadalajara hasta Sigüenza Chaquetearon cincuenta mil sinvergüenzas; Chaquetearon que fue un horror, Pues hubo algo que llegó hasta Badajoz. Don José Acín, que formó parte durante la guerra civil como voluntario en su pueblo de San Mateo de Gállego, Zaragoza, y posteriormente en la Brigada Mixta de Posición y Etapas de la 55 División de Franco, tras contar sus aventuras militares y revivir aquellos trágicos momentos, recuerda una de las canciones que cantaban sobre los italianos: El Negus dijo ven a Adis Abeba, Pero no habéis tomado Guadalajara. Niña española no te enamores Que en España mandarán los españoles. Los italianos se marcharán y para recuerdo Un bebé te dejarán. Otro vecino de San Mateo de Gállego también recordaba otro pequeño chascarrillo que oyó de pequeño en el pueblo. Cuenta que pasaba por delante de una casa un pequeño grupo de soldados italianos y muy gentilmente le dice al pasar a un señor ya mayor: arrivederci, y el señor les contesta, eso, eso, a divertirse. En un fragmento extraído de la canción «La catorce», División Republicana, hace clara referencia al Duce, a quien llama carcelero, y les recuerda el desastre que les supuso Guadalajara, un tema muy recurrido dentro de las burlas a su actuación en España: Son los que hicieron llorar de rabia, de indignación, al carcelero de Roma,


cuando Brihuega perdió y con ello, su esperanza de llegar a Sacedón; Los que hicieron gemir: —Bergonzoli, ¿qué pasó? ¿qué fue de los mis bambinis, hijos de mi corazón? ¿Qué fue de mis Flechas Negras? ¿Qué fue del ítalo honor? Dime, Bergonzoli, dime, «sin vergüenza», ¿qué pasó? El verdugo de Abisinia respondía al dictador: —¿Cómo quieres que pudiera evitar lo que ocurrió, si eran el viento y el rayo, el huracán, y el ciclón, y el alud y la borrasca, y la furia y el terror? ¿Quiénes eran dices? Eran... la Catorce División. —

En algunas localidades sorianas, como en el Burgo de Osma, recuerdan la presencia de soldados italianos en sus calles, ofreciendo chocolate a los niños, que absortos les contemplaban paseando por sus calles. Igualmente aquellos niños, hoy personas mayores, recuerdan cómo tras la acción de Guadalajara los soldados italianos que en esta localidad se alojaban y que habían tomado parte en la batalla, llevaban en la parte posterior de sus uniformes militares una mancha de tinta, como recuerdo de su comportamiento en Guadalajara y que simbolizaba una mancha en su vida militar.

En la localidad zaragozana de Ariza, en la que también se alojaron soldados italianos que toman parte en la citada batalla, empezaron a sustituir la palabra “capitanas” con la que denominaban a los matojos que una vez secos el viento se los lleva rodando de una parte para otra, por el nombre de “italianas”, porque “corrían como el viento”.

Las burlas no cesaron y las canciones sobre ellos proliferaban por todas partes, así en las calles, barricadas y cafés de Madrid se oía: (Fragmento de Romance de Madrid) ........... Tu río decían que era Arroyo aprendiz sin agua; Pero llevan ya seis meses A la orilla, y no la pasan, Y eso que es guerra de tanques Y no es guerra de navajas, Que si fueran cuerpo a cuerpo, Como antaño se luchaba, Hombre a hombre, puño a puño,


Frente a frente, cara a cara, Hasta Berlín y hasta Roma Correrían como ratas, Con sus dagas florentinas Y sus cabezas cuadradas. ........ Le diste miedo a un rey moro Y hoy se los das a las jarcas, Y a las máquinas de Prusia Y a los soldados de Italia. Sobre ti van derrumbando Dinamita a toneladas. ¡Madrid no será de Franco ni de Mussolini España! — Del poema ¡Alerta Madrid!: ...... ¡Alerta en todas las casas, en las plazas y en las calles! Que la bestia del fascismo Prepara su gran ataque Contra Madrid, el Madrid Que es carne de nuestra carne, Y jamás lo podrá ser De italianos y alemanes. 2. COMBATIR, NEGOCIAR Y MORIR EN ESPAÑA 2.1. ¿Qué fue de Guadalajara? La batalla de Madrid fue un costoso y penoso intento rebelde para tomar la capital desde diferentes posiciones. Mola atacaría desde el norte, Franco lo hizo por el oeste, el sur y después por el Jarama hacia el este, para cortar las comunicaciones con Valencia. Lo habían intentado todo y había fracasado todo, pero Franco contaba con una fuerza moderna e intacta: el Corpo di Truppe Volontarie, el C.T.V., una gran unidad pensada para la guerra de movimientos. Su rendimiento en la batalla de Málaga había sido satisfactorio, aunque las dificultades con las que allí se encontraron fueron escasas. También el mando italiano deseaba ver al C.T.V. en una operación espectacular, que asentara la influencia militar de Mussolini en España, le diera gran prestigio y montar su estrategia de causar respeto para el control del Mediterráneo. Para esta toma de Madrid Franco quiso contar con la ayuda de una potencia extranjera que le ayudara a desatascar la situación en la que se hallaban sus tropas y su prestigio como militar. La capital no caía y se trataba de completar el cerco por el oeste y cortar la carretera de Valencia. El C.T.V. fue llevado al noreste de la capital para iniciar el ataque, siguiendo la carretera de ZaragozaMadrid, hasta encontrarse con las tropas nacionales detenidas en la batalla del Jarama por el ejército de la República, como consecuencia de la grave situación. Este fue, según José L. Alcofar131, el momento de mayor soberbia de los mandos italianos durante toda la guerra, ya que, deslumbrados por su fácil victoria en Málaga, llegaron a suponer que el ejército


nacional era conducido muy a la antigua ante un enemigo al que militarmente menospreciaron y consideraban con escasa preparación. La operación transcurrió en la provincia de Guadalajara, por tierras de la Alcarria, un paisaje llano y sin árboles, de despejados páramos abiertos por donde los blindados y los automóviles italianos corrieron sin obstáculo. Un escenario seco y plano, para un avance espectacular y desarrollar su «guerra celere», un escenario que les haría caer en su propia trampa cuando el tiempo no fue el deseado ni el esperado. En esta zona el ejército republicano ya se encontraba más preparado para lo que pudiera suceder en la toma de la capital y las tropas que habían preparado en la zona central eran muy numerosas, comprendiendo más de medio centenar de brigadas bien armadas, con bastante instrucción e importantes medios blindados, de artillería y aviación. — Efectivos nacionales: Los italianos habían organizado sus fuerzas en cuatro divisiones. Las tropas que habían actuado en Málaga formaron la 1.ª División, se creó la 2.ª y 3.ª Divisiones también con voluntarios, a las que se añadió la 4.ª División llamada «Littorio», formada por voluntarios del ejército italiano y de la milicia, guardando una similitud orgánica con las divisiones del Regio Ejército Italiano. Fue nombrado jefe el general Bergonzoli132. Su armamento era moderno, pero el equipo insuficiente para las circunstancias climatológicas de la zona y la época del año. En este ataque a Guadalajara se concentraron el mayor número de voluntarios italianos durante la guerra de España, entre los que hay que contar con los italianos que luchaban en el otro bando, por la República, con las Brigadas Internacionales. Según Dino Fienga en el libro Memoria e antifascismo1, La Missione Militare italiana, luego transformada en el Cuerpo de Tropas Voluntarias (C.T.V.) tenía dos bases, una en el Sur en Sevilla, después transformada en Intendencia, y la base Norte en Aranda de Duero. La composición de las tropas italianas era el 3 de marzo la siguiente: La segunda división Fiamme Nere, del general Copi, la encargada de romper el frente siguiendo la carretera de Francia, entre Algora y Ledanca. La división había sido reforzada por el cuarto y el quinto grupo de baterías, dos compañías de carros ligeros, una batería de 22 mm y tres grupos de artillería ligera. La tercera división Penne Nere, del general Nuvoloni, concentrada en la zona de Aguilar-Medinacelli, que debía seguir la avanzada de la segunda división y, roto el frente, seguir hacia Almadrones y Brihuega. Había sido reforzada por dos compañías de carros, una de autoblindados, una de motoametralladoras, cuatro grupos de artillería, dos baterías de 20 mm. La cuarta división “Littorio”, del general Bergonzoli, “Barbaeléctrica”, estaba en la zona de Ariza-Santa María de Huerta, formada por dos regimientos de infantería y uno de artillería. La primera división “Dio lo vuole”, del general Rosi, Arnaldi, en preparación de ser llevada, puesta e reserva como la Littorio y a disposición del Mando. Un Reagrupamento de Camisas Negras con tres grupos de banderas, tres batallones cada uno con una batería de acompañamiento, console Francisci. Un grupo de artillería de varios calibres al mando del coronel Zanotti y la unidad de Ingenieros del general Molinari. Todas las unidades acompañadas por su propia aviación compuesta por 14 bombarderos, 27 aviones cazas, 21 de reconocimiento, con base en los campos de Soria y de Almazán. En total unos 35 hombres. Las dos Brigadas Mixtas, Flechas Negras y Azules, aún permanecían en formación. Para ello los fascistas italianos tenían elaborado un plan de acción: a) El cuerpo central, bajo la dirección del general Mancini, había solicitado llevar la parte principal de la acción que debería realizar la rotura del frente con la 2ª Div. Reforzada por el Raggrupamento Francisci. Fienga, Dino y otros, Memoria e antifascismo, combattenti meridionali alla guerra di Spagna, Edizioni Athena, Napoli 1989. 1


b) La 3ª Div. Explotando el éxito del ataque, procedía la avanzada siguiendo el eje SigüenzaGuadalajara, por la derecha hacia el Badiel primero y hacia el Henares después, y por la izquierda el Tajuña. c) Una acción contra el ejército republicano, reservada a la 1ª División y a la “Littorio” que debería desplegar desde Sauca hacia Alcolea del Pinar. A la derecha de este cuerpo de maniobra, una columna de moros y de españoles, la 2ª Brigada de la División “Soria” al frente del General Moscardó, partiendo desde el sur de Sigüenza debería seguir el Henares y el trayecto del ferrocarril Barcelona-Madrid, para proteger el flanco de la columna central italiana y facilitar con su intervención la marcha. Las tropas del General Moscardó iban mandadas por el Coronel Marzo, bajando por Jadraque hacia Sigüenza1, siendo uno de los jefes de Unidad Ibáñez de Aldecoa.Por el lado izquierdo estaban cubiertos por el grupo de banderas (4º y 5º grupo) reunidas en Pellegrina-Morotella. Los fascistas italianos pretendían que la acción se desarrollara con rapidez y sin pérdida de tiempo alguno y así impedir que las tropas republicanas pudieran reaccionar y maniobrar al norte de Guadalajara. Disponía de 25.000 fusiles, 1.170 fusiles ametralladores, 433 ametralladoras, 78 morteros, 150 camiones, 188 carros de combate, 33 autoblindados y 60 aviones.. Según Martínez Bande133, los italianos fascistas llegaron a un total de 35.222 hombres desglosados del siguiente modo: 1.ª División 6.360 hombres 2.ª División 6.336 hombres 3.ª División 6.241 hombres 4.ª División 7.689 hombres 4.º Grupo de Banderas Independientes 1.801 hombres 5.º Grupo de Banderas Independientes 1.800 hombres Artillería 4.379 hombres Especialidades diversas134 616 hombres A todos estos hombres habría que añadir los que formaban las Brigadas Mixtas (Hispano-Italianas) de Flechas Negras y Azules que estaban terminando su instrucción en Sevilla y Badajoz y que se incorporarían más tarde, no participando en la batalla, así como gran cantidad de personal de segunda línea y depósitos. El comandante en jefe era Mario Roatta (Manzini); las tropas estaban al mando del general Bergonzoli, ayudado por el teniente coronel Emilio Faldella (Ferraris) como jefe de Estado Mayor, y el teniente coronel Giacomo Zanussi, como 2.º jefe de Estado Mayor. Llegado Roatta el 2 de marzo a la zona, asentaría el Cuartel General en Arcos de Jalón y en Algora (Comando Táctico). Las divisiones de voluntarios de la milicia fascista estaban formadas por tres grupos de banderas de tres banderas cada uno. Cada bandera constaba de cuatro compañías, tres de fusileros, una de máquinas con ametralladoras y morteros de 45 mm, con un total de unos 600 hombres por bandera. La mayoría de ellas tenían adscrita una batería de acompañamiento de 65/17 mm. Como ya se ha dicho, Brigadas Mixtas de Flechas no tomaron parte en esta acción. Se cree que el general Roatta no permitió a estas Brigadas tomar parte en la batalla de Guadalajara porque la mayoría de los soldados eran españoles y él pretendía que la acción fuera totalmente italiana; no obstante, las fechas Leocadio Vaquero Gallego, de Fuentes de Ropel , Zamora, fue uno de los soldados que formó parte de esta División Soria, teniendo siempre un vivo recuerdo de aquellos días y de todos los lugares por los que pasaron. Participó igualmente en combates del Puerto de los Leones, Guadarrama, en el Cerro de los Ángeles y en Motril (Granada). 1


de formación de estas Brigadas hizo bastante imposible que pudieran estar listas para el frente de Guadalajara. — Efectivos republicanos: Recogiendo los datos que aporta Dino Fienga en el libro anteriormente citado, el band o repu blica n o en un primer mo m e n t o dispo ní a de 9.000 solda d o s apoya d o s por 22 pieza s de artillería y 20 avion e s , sin refuerzo s inme di a t o s que les pudier a n ayu d a r y con las esp ald a s des pr o t e gi d a s . En la prime r a línea repu blica n a 11 bat allon e s con 10 piezas y un bat allón de res erv a en Brihue g a . Las otras res erv a s est a b a n en Madrid, en fase de reorg a niz a ción des p u é s de los enfre n t a mi e n t o s en la bat alla del Jara m a . El frent e repu blica n o al comie nzo de la ofensiv a pas a b a por Almadro n e s , Mirabu e n o , Cast ejón de Henar e s , Bujalero, Castilblanc o has t a Veguillas. La primer a línea no era muy consist e n t e , con un siste m a de trinch er a s con nidos de am e t r alla d or a s bas t a n t e bien coloca d a s . Detr á s sobr e la colina había una segu n d a línea de frent e , con trinch e r a s poco profund a s pero con bue n o s obs erv a t o rios . Sobre las fuerzas republicanas, los datos de que dispone Roatta según el telegrama del día 25 de marzo135, constaban de los siguientes efectivos: — La Infantería la había aumentado a 3.000 hombres en la mañana del día 18 de marzo. — Entre 10.000 y 13.000 hombres en primera línea, calculando que pudieran llegar hasta los 18.000, más 2.000 en la reserva de la 15.ª Brigada Internacional. — Los carros de combate se habían aumentado de 6 a 50 unidades. — La Caballería igualmente se había aumentado de uno a cuatro escuadrones. — La Artillería había pasado de 10 a 40 piezas. — Las fuerzas provenientes del Jarama comprendieron de 18.000 a 20.000 hombres, 8 carros, 3 escuadrones, 30 piezas más de artillería. — Las unidades que emplean contra los italianos son las Brigadas Internacionales 11.ª y 12.ª Brigada Mixta, la 1.ª Olster, la División 50.ª y la 70.ª; así como diversas Brigadas Mixtas más136. Franco llegó a manifestar que los efectivos republicanos eran entre 1/4 y 1/3 superiores, pero lo cierto fue que existía una superioridad evidente en material y cuadros favorables a las tropas nacionales, contando con los buenos medios de los italianos. De las tropas republicanas los italianos opinaban y calculaban que unos 4.700 hombres tenían una óptima preparación, 3.350 su preparación era mediana y unos 2.950 de mediocre preparación. Además contaban con una batería de 105, dos baterías de 155, y un grupo de Campaña que se encontraban a la izquierda del frente ocupado por los italianos. A esto hay que sumar, siempre según el documento citado, entre 1.000 y 2.000 hombres a la izquierda del Tajuña; un escuadrón de caballería en la zona de Brihuega; un regimiento de caballería en Alcalá de Henares; 27 piezas de artillería de varios calibres; unos 15 carros blindados y 9 carros blindados más en Torre del Burgo. Entre 1.500 y 2.000 hombres de las Milicias Aragonesas estaban en Cifuentes; 200 hombres con tres autoblindados estaban en Esplegare, y los carros blindados, que según cálculos del general Franco recogidos en el informe citado, se calculaban en 20, en la parte derecha. Franco confirma tales cifras y las transmite al Ufficio Italiano de Informazione de Arcos el día 17 de marzo. — El porqué del desastre italiano y valoración de su intervención:


El plan inicial era una guerra relámpago, confiando en la movilidad de las tropas y material de guerra, al igual que en la veteranía y experiencia de las tropas. Se tuvo la presunción de que el enemigo sería fácilmente batido, como en la acción precedente de Málaga. La ofensiva comienza el 8 de marzo, después de registrarse un cambio de tiempo, con precipitaciones de lluvia y nieve, quedando los campos anegados, siendo un grave contratiempo para los planes italianos. Pero en este ataque relámpago que se debería seguir en su avanzada, debido a la insuficiente instrucción de los oficiales y de los hombres de tropa de las divisiones de voluntarios, no respondieron a las exigencias de este tipo de táctica. En los primeros días de la avanzada italiana, la artillería republicana era aún numéricamente muy débil y con escasa y deteriorada munición, si bien su fuerza aérea era superior en número y más rápidos, y tenían a su favor una escasa artillería antiaérea enemiga. Sobre el material militar italiano y los medios empleados hay que reconocer que en general eran buenos y suficientes, pero en numerosas ocasiones averiados o mal utilizados por el desconocimiento e incompetencia del personal que los manejaba. Piezas de artillería inutilizadas por haber sido averiadas en el embarque o desembarque, y otras deterioradas por el mal transporte efectuado desde Cádiz. Igualmente parece ser que muchos oficiales de artillería ni siquiera disponían de los goniómetros para el funcionamiento de las piezas. Otros comandantes de batallón ni siquiera dispusieron de mapas o planos topográficos del terreno en el que se encontraban o sobre las localidades en las que debían intervenir. El desastre en la mala organización y coordinación llegaría a extremos inimaginables con los medios de transporte. Camiones y vehículos abandonados en las cunetas de carreteras y caminos tras los primeros contratiempos de la batalla por la inexperiencia de sus conductores, otras veces inutilizados por conductores mal preparados que se habían hecho cargo de los vehículos y se negaban a conducirlos por temor y miedo, alegando mal funcionamiento de los vehículos, pero con claras sospechas de que habían sido saboteados por ellos mismos para tener una excusa que justificase sus abandonos. El clima y el mal tiempo afectó en gran manera a las tropas italianas y a su moral. Pero la presencia continua de la aviación enemiga, que solía atacar en grupos de unos treinta aparatos ametrallándoles a baja altura, llevó el terror entre los legionarios que luchaban completamente al descubierto en un terreno mojado y fangoso, estando indefensos, además, ante los mortales tanques republicanos que se les venían encima. Y aunque la presencia de la aviación nacional hubiera sido suficiente para elevarles esta moral, está no llegó en los momentos claves ante la imposibilidad de despegue y por el encharcamiento de los campos de aviación nacionales, generando un mayor sentimiento de indefensión y de abandono entre los legionarios, a merced del enemigo sobre todo en la jornada clave del día 18 de marzo. Las deficiencias detectadas también afectaron a la intendencia, con un pésimo funcionamiento. Faltó el aprovisionamiento a la tropa, obligada a alimentarse durante varios días consecutivos de víveres en seco, sin el necesario y apetecido rancho caliente para combatir el hambre y sobre todo el frío, así como las ropas que les habían suministrado no siempre fueron las más id��neas para el tiempo que les estaba haciendo en el páramo alcarreño. Muchos de los servicios se efectuaban a más de 30 km de distancia del lugar de origen. Tal fue el caso de los suministros que se hacían desde la localidad de Sigüenza, importante nudo ferroviario y de comunicaciones, a 30 km de la línea, en donde se concentraban las municiones, los víveres, los proyectiles, la gasolina, el material sanitario y los hospitales y un enorme parque automovilístico, todo ello junto a la estación, fácil objetivo de la aviación republicana. Los aviones republicanos bombardearon esta localidad el día 16 de marzo, continuando en los días sucesivos, procurando en todos los ataques seleccionar los objetivos claves para la intendencia italiana. Fueron objetivos fáciles de localizar y de eliminar, sin hacer nada por evitar que aquellos bombardeos a objetivos vitales se sucedieran en días sucesivos. Se dio también una falta total de previsión en el caso de uno de los hospitales que los italianos tenían en el seminario de Sigüenza, en donde junto a las camas de los hospitalizados guardaban 15.000 bombas de mano y numeroso material de guerra, y que su director, el doctor Chiurco, hizo desalojar de allí.


La intendencia no sólo no funcionó en los servicios, también en la persecución y localización de los fugados que deambulaban por la retaguardia desde el día 17 de marzo, lo mismo que en el número de miembros asignados a los comandos de enlace y a la Milizia de carretera, produciendo la falta de información de otras unidades y de la táctica que deberían seguir, al igual que los enormes atascos que sus columnas autotransportadas produjeron a lo largo de la carretera por la falta de orden en la circulación de los vehículos. Uno de los males y causa del fracaso italiano hay que achacarlo, además de lo anteriormente señalado, al mal reclutamiento de sus legionarios. Entre las filas de los combatientes fascistas italianos habían sido reclutados sujetos inhábiles para la práctica de la guerra, elementos descartados o rechazados y en algunos casos tropas muy viejas, muchos de ellos afectados de hernias, varices, apendicitis, sífilis, blenorragia aguda y crónica, desdentados y con enfermedades gástricas, que en el momento del peligro hicieron saber a los servicios sanitarios cuáles eran sus males para que se les apartara de la línea del frente137. Otros además no estaban preparados técnicamente para la guerra; algunos ni siquiera habían tomado un fusil en sus manos, artilleros que no conocían ni de lejos un cañón, o infantes que no sabían poner un cargador en su propio fusil. En algunas relaciones de soldados considerados como indeseables para la guerra, aparecen los nombres de soldados voluntarios, Camisas Negras, que son apartados de sus compañeros por la avanzada edad, nacidos en 1894, y calificados como físicamente incapaces de soportar las incomodidades y las fatigas del momento y no aptos para la guerra138. El general Bergonzoli llegó a decir a uno de sus oficiales: en mi división tengo dos mil y más padres de familia con el pelo gris que no han visto nunca la guerra. Muchos de los supuestamente legionarios voluntarios no escondieron el haber venido «engañados», con la promesa de venir a España, sí, pero como braceros o bien para proteger las ciudades ocupadas por los nacionales y colaborar en su vuelta a la normalidad. Otros dijeron estar enrolados con la promesa de una ocupación en A.O., la Oltre África, y guiados a España. Muy pocos sentían espiritualmente esta guerra, como fascistas convencidos, salvo los primeros voluntarios, y ninguno comprendía su importancia para Italia. El terreno que se perdía, decían, es español e Italia no se dejaba nada en él, teniendo la impresión de que estaban vendidos y de ser carne de cañón. Como en algún informe aparece, no odiaban al enemigo, faltándoles el verdadero espíritu guerrero. Como señala el doctor Chiurco en su informe, esto no era extensible a todas las tropas italianas, pero deja mucho que decir de su preparación y reclutamiento. Se habían producido muchas prisas y también un mal reclutamiento entre una parte de los oficiales, muchos de los cuales no supieron estar a la altura de su cargo militar, bien por la edad muy joven, por la inexperiencia o por la falta de preparación técnica. Otros muchos fueron auténticos combatientes, combatiendo con una verdadera entrega por la causa fascista de Mussolini y por Italia. Pero cuando uno piensa que sólo en uno de los batallones, el «Indómito», de entre 500 y 600 hombres, hubo más de 200 pérdidas entre heridos y muertos, de los que 10 eran oficiales, sólo se puede pensar en cuál era el espíritu de esos soldados. Puede que fueran ya errores de principio en la constitución de los mismos batallones, debiendo haber puesto al frente de los mismos a oficiales que supieran transmitir el espíritu guerrero y combativo necesario en los momentos claves de la batalla. La huida o fuga de unidades enteras italianas estuvo determinada por el duro ametrallamiento y bombardeo de los aviones republicanos, que actuaron sin ningún tipo de oposición ante la mala colocación de las unidades italianas en un terreno llano, embarrado, sin ninguna protección y con una carretera embotellada y atascada por sus propios vehículos. La avanzada de las unidades motorizadas bajo el fuego enemigo llegó también a estar bajo su propio fuego, debido a que las líneas de tiradores italianas no estaban suficientemente separadas las unas de las otras, produciendo pérdidas entre sus propios soldados. Cantidad de conductores advenedizos, indisciplinados, que corrían alocadamente al ser sorprendidos por la aviación, creando atascos terribles en los momentos más críticos y consecuentemente retrasos en los


transportes de tropas y de aprovisionamiento. Una huida loca, extravagante, lo que permitió que los aviadores republicanos actuaran a pocos metros del suelo. Nessuno sparava ma tutti scappavano e primi tra tutti molti ufficiali (sic), ninguno disparaba pero todos huían y los primeros entre todos muchos oficiales, recoge en una carta del día 21 de marzo Sandro Sandri139. Ello originó pérdidas muy serias para las tropas italianas, no supieron los oficiales sujetar a sus tropas corriendo despavoridas sin ningún tipo de orden, buscando refugio que les librara de semejante infierno. Alle prime cannonate tutti correvano a nascondersi abandonando le armi: una cosa penosa e tristisima(sic), todos corrían ya a los primeros cañonazos a esconderse, abandonando las armas, una cosa penosa y tristísima, dice el mismo Sandro Sandri antes citado. Les faltaba el ser auténticos profesionales para poder adaptarse adecuadamente a las singularidades del combate. El ataque republicano fue durísimo el día 18, y aunque la batalla no estaba siendo mal dirigida, de nada sirvió cuando las órdenes de avanzar caían en el vacío y las tropas retrocedían o huían desesperadas. No faltaron análisis y críticas de los propios soldados italianos ante la imagen dada, ante la primera derrota del fascismo de Mussolini. Luigi Barzini, en una carta con fecha del 18 de marzo y que recoge el citado informe sobre Guadalajara, hizo las siguientes observaciones: Para tener éxito, se necesitaba antes que nada tener divisiones de hierro, esto es, una unidad bien organizada, bien encuadrada, bien compenetrada y aguerrida. Sin embargo mantiene que el material humano era bueno en su mayor parte, y especialmente la tropa, pero coincide que no estaba preparada, que estaba falta de preparación e instrucción militar, faltaba cohesión y mucha coordinación, y muy pocos oficiales que supieran su cometido. Defiende que sus unidades eran bien conducidas, como la División Littorio o el grupo del Console Francisci, pero que no estaban fogueadas, entrenadas suficientemente. Cuando les tocó combatir en el bosque de Brihuega, se sintieron intimidados, se creían estar continuamente rodeados y veían por todas partes carros de asalto soviéticos. Coincide con las observaciones realizadas por otros oficiales italianos en que también falló la intendencia, su indumentaria, faltó el rancho caliente en medio del frío ártico, y un mal alojamiento que fue produciendo una apatía y un cansancio en las tropas. Fallos que irían convirtiendo aquello en una tarea cada vez más difícil y en desechar cualquier ofensiva. Faltó la iniciativa y el ímpetu, la energía para avanzar, y concedieron demasiadas ventajas al enemigo que poco a poco iba tomando la iniciativa y reforzando su moral. La guerra celere de Roatta requería además una superioridad absoluta de la aviación, de blindados y unas tropas muy entrenadas. Todo esto estuvo en manos del ejército republicano. Pero tales fallos no eran nuevos, ya se empezaron a apuntar en la batalla de Málaga, sólo que no se tuvo la suficiente visión ni el análisis inteligente de aquella fácil victoria italiana. Existió ya una falta de organización cuando la columna de Antequera en la tarde del primer día no estaba aún dispuesta para ocupar su puesto, siendo momentos también de desorden. Cuando la columna central ya había pasado y todas las otras defensas se derrumbaron, no se tuvo la previsión suficiente por haberse llevado a cabo con demasiadas prisas. Ahora en Guadalajara el enemigo no era el desorganizado enemigo español de Málaga. Las fuerzas de las Brigadas Internacionales, entre ellas muchos italianos que vinieron a defender la República, habían sido bien organizadas para esta ocasión y ya tenían muchos la experiencia de otras batallas. Bien armados, provistos de una buena artillería y de una discreta aviación, disciplinados en estos momentos y creyendo firmemente en la lucha contra el fascismo en territorio español. La batalla de Guadalajara tuvo un significado especial para los dos bandos de italianos que vinieron a luchar a España. Fue la única vez que ambos bandos se enfrentan y luchan frente a frente en la guerra civil española. La 11.ª División republicana, dirigida por Lister, y compuesta por la 11.ª Brigada Internacional (alemana) y por la Brigada del «Campesino», se estableció en los bosques que rodean la carretera de Trijueque a Torija. En esta carretera estaba también el anarquista Cipriano Mera con la 14.ª


División, en la que se encontraba el Batallón Garibaldi. Tras la caída de Brihuega, al amanecer del día 10 de marzo de 1937, en manos de los «Llamas Negras» y los «Flechas Negras» italianos al mando de Enrico Francisci, iban detrás como reserva los de la División Littorio de tropas regulares italianas, a las órdenes de Bergonzoli. Al mediodía, el batallón Garibaldi, acompañado por el trío constituido por Vidali (Carlos Contreras), Luigi Longo (Gallo) y Nenni, avanzó por la carretera de Torija a Brihuega. No tenían idea de que Coppi y Nuvoloni habían tomado la ciudad. Al llegar al llamado «palacio de Don Luis», prosiguieron su avance a pie, acompañados por una compañía de motoristas. A cinco kilómetros de Brihuega, esta patrulla encontró a un motorista de los «Llamas Negras» de Coppi, que, al oír hablar italiano en el Batallón Garibaldi, les preguntó si aquella era la carretera de Torija. Los motoristas del Garibaldi le respondieron afirmativamente. Y ambos regresaron a donde se encontraban sus respectivos jefes. Coppi supuso que los exploradores del batallón Garibaldi formaban parte de la división de Nuvoloni, y continuó avanzando. Ilio Barontini, un comunista libornés, comisario y encargado del mando del batallón Garibaldi, también prosiguió. Coloca a sus hombres a los lados de la carretera, estableciendo contacto con los hombres de la 11.ª Brigada Internacional, y cuando aparecen los tanques de Coppi, fueron atacados por las ametralladoras de la Garibaldi140. Era una lucha entre italianos, unos y otros se preguntaban por qué luchaban italianos contra italianos. Unos contestaban noi siamo italiani di Garibaldi, mientras los otros no les quedaba más remedio que rendirse. La lucha prosigue, italianos contra italianos se siguen enfrentando en su particular guerra civil en territorio español, pero en torno al palacio de Ibarra. Vidali, Longo y Nenni dándose cuenta de la situación y de la importancia política y propagandística que aquello podía suponer, montan una campaña de propaganda, intentando convencer a sus compatriotas para que se entregaran: Hermanos, ¿por qué habéis venido a una tierra extranjera a asesinar trabajadores?141, y mientras tanto, los aviones de la República lanzaban desde el aire octavillas prometiendo salvoconductos a los soldados italianos que abandonaran a los nacionalistas, junto a una recompensa de cincuenta pesetas, siendo de cien si se entregaban junto a las armas. A esta ligereza e improvisación en la preparación, al exceso de optimismo, a las complicaciones en la coordinación de hombres y unidades, a un Cuartel General que se encontraba a ochenta kilómetros del frente de batalla, aislados en medio de un frío durísimo de viento y nieve, con los campos y carreteras encharcados, hay que sumar la pasividad de las tropas nacionales españolas que tenían que haber intervenido en el Jarama, y así aliviar la concentración de todo el grueso republicano ante los italianos, distrayendo fuerzas, como una falta del apoyo aéreo ante la imposibilidad de utilizar los aeródromos nacionales. Todo ello unido nos puede dar un resumen de las causas de los desórdenes, del repliegue italiano y de la derrota fascista italiana en Guadalajara. Ya se ha dicho que las unidades que merecieron críticas positivas y una actitud de verdadera entrega en la lucha fueron la División Littorio y el grupo del Console Francisci. No debemos olvidar que una parte de la victoria republicana fue debida también a la rapidez y eficiencia de su ejército, con sus aeródromos en perfecto estado. Se dio una clara pasividad de las tropas nacionales al mando de Moscardó, que no cooperaron lo necesario, avanzando muy lentamente por la derecha de los italianos y permaneciendo inactivos en el frente del Jarama, tal vez por estar sus tropas ya muy desgastadas. Pese al desastre, el general Roatta tuvo el descaro de decir que sus tropas eran de choque, destinadas para operaciones ofensivas y no para defender una línea. A pesar de todo ello, con posterioridad a su gran fracaso los italianos rechazaron otro ataque republicano el día 22. La batalla de Guadalajara había terminado y el ejército de Mussolini vencido y puesto en evidencia ante la opinión pública mundial. El general Biondi-Mora, del Servicio Histórico del Ejército Italiano, bajo el seudónimo de «General


Belforte», acusaría directamente a Rossi como responsable de esta derrota: La derrota se debió a un error de juicio, y no a la presión del enemigo, que jamás logró romper la soberbia resistencia de los voluntarios italianos, pese a la superioridad numérica del enemigo, que era abrumadora en algunos sectores142. Esta acusación es una reproducción de las manifestaciones de Mussolini, sin firmar, en el diario Il Popolo d’Italia, el día 17 de junio de 1937: «Hasta ese momento, el mando no había cometido ningún error, pero entonces se dio una orden de retirada. ¿Por qué? A los legionarios jamás se les había derrotado. La decisión es inexplicable. Después, cuando tuvo tiempo de estudiar la situación con más cuidado, el mando reconoció que había cometido un error, un grave error. La realidad es que el mando no superó un momento de crisis moral que le afectó a él, pero quede claro que no afectó a las tropas que se sentían y eran vencedoras». A pesar de esta derrota y del caos surgido en la retirada italiana, siempre hubo legionarios fascistas que vivieron la batalla con gran entrega y entusiasmo, siendo ésta la verdadera forma y modo que ellos encontraron para manifestar ese amor a su Duce y a su Italia, fuera de la monotonía de los cuarteles y guarniciones en los que tan apenas podían demostrar y llevar a la práctica esa acción por las armas. Querían y soñaban con la batalla, con la guerra, salir del aburrimiento para entrar directamente en una nueva acción y poder tener la oportunidad de inmolarse por su Patria y su fe. Habían vivido el horror y el desastre de una amarga derrota pero no les importaba, pensaban seguir en la lucha hasta conseguir la victoria aunque fuera con dolor y sacrificio, para demostrar el orgullo italiano y la voluntad fascista. El capitán Nanni Devoto en una carta remitida a su tío en el frente de Santander, a los pocos días del desastre de Guadalajara le decía143: «Per me poi questo inferno di venti giorni é stato di una belleza meravigliosa. È la mia vita, quella che tante volte ho sognato nella monotona vita della guarnigione, quella che dovrebbe provare ogni giovane della Italia nuova per provare, tonficare, ingigantire le proprie forze. L’uomo é uomo solo di fronte alla morte e solo attraverso il dolore nascono l’entusiasmo, la fede, la saldezza morale… E’triste ma esaltante vedere lontani dalla Nostra Patria inmolarsi oscuri amici colegí solo per quel senso di veritá e di fede nell`Ìdeale Fascista in uno slancio di cameratismo di sentimenti, in un desiderio di sacrificio che commuove e centuplica le forze… Io non vedo l’ora di finire questo odioso riposo per tornare al sacrificio a quella vita di guerra di cui ho solo gustato una goccia e che mi attende» (sic). Otros comentarios y críticas, por el resultado final de esta batalla y ser la primera victoria que se tenía sobre el fascismo, se centran en que los italianos deseaban una acción rápida y poder llevar sus tropas a Etiopía. También se puede vislumbrar una actitud de Franco poco clara y sincera con respecto a los planteamientos de los italianos para tomar Madrid. Franco no podía permitir que un ejército extranjero ganara la batalla que le abriría a él las puertas de la capital de España y así ganar a la República. Su orgullo de ganador estaba por encima de la ayuda italiana que le podían proporcionar. Franco quiso que estuvieran allí los italianos y no abandonaran el frente, esto le evitaba el desgaste de sus tropas en el frente. También fue cierto que la arrogancia y la superioridad que mostraron las tropas italianas sobre las españolas habían molestado a Franco y a muchos españoles. Tras la derrota italiana, muchos miembros del Estado Mayor de Franco brindaron por la victoria republicana, ya que habían demostrado que los españoles, aunque éstos fueran rojos, siempre podían ganar a los italianos. Se habló incluso de que fue Franco quien organizó la derrota italiana en Guadalajara144. Estos hechos implicaban la primacía de un Franco político, ambicioso, que pensaba más en su satisfacción personal y en conseguir sus objetivos personales, antes que el militar, que bien pudo haber planeado una batalla perfectamente coordinada con el ejército italiano y dar un paso decisivo para finalizar cuanto antes la guerra, con la conquista de Madrid. Como dice Carlos Blanco Escolá145 Franco siempre fue un hombre mediocre,


con desmedida ambición y un militar incompetente, más preocupado siempre de conseguir sus objetivos personales y ambiciones que el bien de la España que defendía. Personaje cuya característica principal era su excesivo egotismo. Las pérdidas italianas fueron numerosas, aunque las que recoge el informe del Estado Mayor Alemán146 resultan bastante exageradas. El informe alemán hablaba de cerca de 1.000 muertos italianos, unos 2.000 heridos, 150 prisioneros, 9 carros blindados, 9 aviones, 6 cañones y unas cantidades sin precisar de automóviles, ametralladoras, autocarros y cañones inutilizados... Cuando se refiere a las bajas republicanas, las cifras tampoco dejan de ser exageradas: 5.000 hombres entre heridos y muertos, 500 prisioneros, 21 carros blindados, 22 aviones y varios cañones, fusiles y munición. Las pérdidas italianas fueron muy importantes, pero ya desde los primeros momentos se exageraron sus cifras, manipuladas en gran parte por la propaganda republicana que vio en aquella derrota del fascismo la mejor manera de hacer su propaganda política y militar. Según recoge el historiador franquista Manuel Aznar147, a quien le interesaba ofrecer unas cifras exageradas para exagerar las pérdidas italianas ante Franco, las bajas fueron las siguientes: Muertos 1.375 Heridos 2.400 Prisioneros 300 Aviones 9 Cañones 12 Ametralladoras 23 Estos datos son, por supuesto, menos numerosos que los que hablan de las pérdidas de las «Brigadas Rojas» del ejército republicano: Muertos 2.000 Heridos 3.500 Prisioneros 450 Carros rusos 21 Aviones 18 Hace una curiosa justificación de la pérdida del material italiano, diciendo que la parte más importante del botín cogido por los rojos fue de camiones y automóviles ligeros, abandonados forzosamente a causa del, varias veces aludido, fenómeno del embotellamiento en las carreteras148. Conforti calcula que las pérdidas republicanas fueron en esta batalla de 2.200 muertos, 4.000 heridos y 400 prisioneros o desaparecidos149. Delperrie de Bayac hace un cálculo aproximado al de Conforti150 y da a los republicanos un número de 6.000 bajas. Según Díaz de Villegas tuvieron 1.000 muertos, 2.500 heridos y 800 desaparecidos. Lister habla de 1.500 cadáveres enterrados por las tropas republicanas y 1.200 prisioneros. Martínez Bande cree que los prisioneros fueron muchos menos, unos trescientos. Los datos que recoge Coverdale151 hablan de cifras muy por debajo de las señaladas por los anteriores historiadores, posiblemente a la falta de datos precisos sobre todo en el caso de Manuel Aznar, puede que las cifras sean más producto del desconcierto y la desinformación, que en aquellos momentos se tenían de los verdaderos resultados de la batalla, y sí le preocupara más la justificación política de las consecuencias que llevó consigo. Así, Coverdale dice que las pérdidas republicanas fueron mayores que las infligidas a los italianos; para lo cual aporta los cálculos más exactos respecto a los que murieron, unos 2.000 republicanos, y quedaron heridos aproximadamente el doble (coincide más o menos con M. Aznar). Las cifras oficiales secretas compiladas por el Ufficio Spagna, enumeran que murieron casi 400 miembros del C.T.V., quedaron heridos 1.800, amén de unos 500 prisioneros, desaparecidos o huidos. Según el informe elaborado por el C.T.V., Ufficcio Centrale Notizie, Sezione Attuario, sobre las pérdidas sufridas por las tropas legionarias en los diferentes frentes en los que han participado, cuando informa de los


datos sobre Guadalajara recoge la cifra de 41 oficiales muertos y 382 soldados, 120 oficiales y 1.715 soldados heridos, y un total de 490 desaparecidos. El escrito tiene fecha de 10 de septiembre de 1937152. En otro informe italiano153, sin fecha, sobre la relación de pérdidas de las fuerzas voluntarias en España en las batalla de Guadalajara, nos presenta a 37 oficiales muertos y 123 heridos, 340 soldados muertos y 1.871 heridos, y un total de 584 desaparecidos. En otra nota del Ufficio Spagna sobre la cuestión española, desde marzo de 1937 hasta febrero de 1938154, nos habla de 415 muertos italianos, 1.832 heridos y 496 prisioneros. Los números no coinciden pero se aproximan bastante los unos a los otros, lo cual nos hace pensar en cifras ya bastante reales, contando también con que los recogidos como desaparecidos algunos lo fueron de verdad, muchos huidos y otros eran prisioneros del ejército republicano. Atanasio155 contabilizó el número de pérdidas italianas en 490 muertos, 2.150 heridos y 300 desaparecidos o prisioneros. Otro autor, Largo García156, sostiene que fueron 1.000 muertos, 2.500 heridos y 800 prisioneros; cifras un tanto elevadas en función de los enterramientos registrados en tierras de Guadalajara y proximidades a raíz de la famosa batalla. H. Thomas aún sube más la cifra de fallecidos, llegando hasta los 2.000 muertos, 4.000 heridos y 300 prisioneros, cifra totalmente descabelladísima. Datos de muertos según Archivio “Onor Caduti” Roma:

. -Pérdidas de la 1ª División Voluntaria “Dio lo Vuole” (Muertos): Primer Grupo de Banderas: Compagnia Comando: Ten Col. Frezza Aristide

Bosque de Brihuega 18-3-37

Bandera Leone: 6 Camisas Negras. Mueren en la acción del Palacio Ibarra, entre el 14 y el 18 de Marzo. Procedían de Catanzaro, Tapan, Cenadi, Serravalle y Avellino. Soldados veteranos. Bandera Carrocio: 11 Camisas Negras,4 Capo Squadra, 1 Vice Capo Squara. Todos era de Milán y Torino, y las fechas de su muerte en torno al 24 de Marzo. Bandera Aquila: 9 Camisas Negras, 2 Centuriones, 1 Capo Squadra y 1 Vice Capo Squadra. Todos procedían de la Región de Aquila, de ahí el nombre de la Bandera. Eran soldados ya muy veteranos, contando la mayoría con edades muy próximas a los treinta años y otros las superaban. Tercer Grupo de Banderas:

Bandera Freccia: 2 Camisas Negras, naturales de Voghera y Biliverghe. Fallecidos el día 15 de Marzo en el Palacio Ibarra.


Bandera Tempesta: 13 Camisas Negras, 1 Sergente, 1 Caporale Maggiore, 1 Caporale y tres soldados de Fanteria. Eran naturales de la región de Nápoles ( Gallico, Catanzro, Potenza,) y Calabria (Ardera, Castelnuovo, La Spezia, Pisa, Massa, Verona, Cavarzere, Valda, Gruaro). Mueren entre el 12 y el 14 de Marzo en las acciones del Palacio Ibarra y en Brihuega. Bandera Folgore: 3 Camisas Negras, 1 Camisa Negra Scelta,1 . Procedían de Leche, Molfetta,Bari, Polognano a Mare, Altamura. Mueren todos ellos el día 14 de Marzo. 2ª Batería d’acompagnamento: El Cap. Maggiore Salvatoni y el Art. Capirchio Antonio. Eran de Bergamo y de Terracina respectivamente, y mueren el día 14 de Marzo. Bandera Falco. El Centurione Giuliani Luigi, de 46 años, natural de Firenze. Murió en el Palacio Ibarra por herida de arma de fuego, quedando su cadáver en territorio enemigo Dos Caporale Maggiore, Mina Mario y Bertini Mario, de 34 años y naturales de Milano. Mueren en la carretera de Brihuega-Francia por herida de granada, muriendo mientras eran llevados al hospital de Sigüenza. Bandera Indómita: 6 Camisas Negras, 2 Capo Squadra, 2 Camisa Negra Scelta . Mueren en las acciones del Palacio Ibarra el día 14 de Marzo de 1.937. Eran naturales de Genova, Sarzana, Ameglia, S. Lorenzo, Chifenti, Sassari, Pesacara y Catanzaro. También eran soldados ya muy veteranos en edad. IX Grupo Art. 100/17: 2 artilleros, Tommasone Carlo y Francesco Delgado, muriendo en Brihuega, el primero por un bombardeo aéreo y el otro por disparo de fusil.

.-Pérdidas de la 2ª División “Fiamme Nere” (Fallecidos en combate) Quinto Grupo de Banderas: 538ª Bandera: Dos Camisas Negras, muertos en Sierra 724 ª Bandera: El Cp. Manipolo Tenaglia Mario, veterano de 38 años de edad, natural de Torino. Fue en un principio enterrado en el cementerio de Villaviciosa. 740º Bandera: El C. Manipolo Bovio Pietro, de Gamalere, Alejandría. Murió en el hospital CRI 31.


638ª Bandera: Siete Camisas Negras, naturales de Lombardi, Cascano, Villa Tani (Frosinone), Roma Desenzano del Garda y Manota. Fueron enterrados en el cementerio de Brihuega y bosque. 730ª Bandera: Tres Camisas Negras, uno de ellos muy veterano, nacido en 1.988, Naturales de S. Mignato (Pissa), y de Venarotta (Ascoli Piceno) Mueren el 9 de Marzo de 1.937. 738ª Bandera: Dos Camisas Negras, Pellegrino Felice y Principessa Domenico, naturales de Roma y de Orvieto. Uno de ellos, Pellegrino, enterrado en Algora. 751º Bandera: El Cp. Squadra Placidi Dante, natural de Aquila, que fue hecho prisionero y fusilado en la noche del 8 al 9 de Marzo, y el C.N. Paoloni Vincenzo, natural de Monte Silvano, Pescara. Murió por una herida en su abdomen. 530ª Bandera: Tres Camisas Negras y un C. Squaddra. Habían nacido en Tarcento (Udine), S. Cono, Gela y Roccagloriosa. 724ª Bandera: Ocho Camisas Negras y un V.Capo Squadra. Bastante veteranos al superar la mayoría de ellos los treinta años. Eran naturales de Rocca del Colle, La Spezia, Castelnuovo, Forotondo, Pontecurone, Pinazo, Vezzola. 740ª Bandera: Dos Camisas Negras, Franchi Virgilio y Giacobazzi Alberto, y el V. CSq. Gori Pietro. Naturales de Rosignano y Torre del Lago. Mueren por heridas en el tórax y cabeza y por la explosión de una granada. 7ª Btrª. Accto: El Artig. Tomassini Oreste,. Natural de Viterbo, Murió de una parálisis cardiaca producida por el impacto de un proyectil. VIIIº Grupo 100/17: El Ten. Teotini Giovanni, de Roma. Murió en Masegoso y fue enterrado en el cementerio de Torremocha. XIº Grupo da 75/27: Serg. Corsale Giuseppe, de Altofonte (Palermo). Herido en Brihuega el 13 de Marzo por un misil aéreo y moriría en el Hospital de Zaragoza. El C.M. Cacchio Pasquale, de Lucera. Murió en el Km. 103 de la carretera de Francia por la explosión de una granada. El Cap. Teoli Giuseppe, natural de Roma. Murió al ser atropellado por un automóvil en el Km. 104 de la carretera de Francia. El Artg. Squillante Angelo, de Sarno (Salerno), murió en el Km. 103 de la carretera de Francia por la explosión de una granada.


Bandera Intrépida: Dos camisas Negras y un Caporale, naturales de Bruri, Poggio Picenze (Aquila) y de Venosa (Potenza)Murieron en el campo de batalla el día 8 de marzo por heridas múltiples. 651ª Bandera: dos Camisas Negras, Paoletti Giuseppe y Marcone Raféale, de Ancona y Alanno respectivamente. El primero muere por heridas en su cabeza el 8 de marzo y el segundo se le cree muerto por haber sido hecho prisionero el día 8 de marzo. 751ª Bandera: 10 Camisas Negras, un V.C.Sq. y un CSq. Sus fechas de defunción son el 21 de marzo,, 22 y 23 del mismo mes., por heridas de armas de fuego en diversas partes del su cuerpo. Procedían de Casino, Antrodocco, Casino,Orbetello, Tormimbarco, Pietracatella, Canepli, Chieti, Oersogna, S. Giulietta, y Pietracatella. 738ª Bandera: El C.N. Cirognani Mario, de Forli. Murió el día 22 de marzo. 735ª Bandera: Tres Camisas Negras y un C.N.Sc., naturales de Ortole per Castagneto, Samartino in Pensilis ,Anversa y Bonefro (Campobasso) . 638ª Bandera: Seis Camisas Negras, muertos en las acciones del día 18 de marzo pore heridas múltiples y explosiones de granadas. Eran de Roma, Cascano di Sessa, Maddaloni, Fiumicino, y Tarsia. 651ª Bandera: Dos Serg. 1 Camisa Nera, 1 C.N.Sc., 1 S.c.M., 2 Capo Manipolo, un Capitano, un Centurione (Mirio Ferrari). Habían nacido en Siurgus, Montemauro Bisaccia, Francavilla a mare, Scerni (Chieti), Castilioncello, Roncade y Aquila. Mueren en comabte entre los días 18 y 23 de marzo. IIIº Grupo Cannoni 105/28: El Artg. D.Alia Giovanni, de Palermo. Recibe heridas de granada en Collogor y muere en el hospital de _Sigüenza. IIº Grupo 149/12: Cap/le Frattini Severino, de S. Agata Feltre (Pesaro). Murió en Brihuega. Otras unidades: 10 Camisas Negras, nacidos en Romano, Bergamo, Rosignano, Vado, Forte dei Marmi, Ponte y Castelnuovo. Mueren entre los días 20 y 23 de Marzo de 1.937.Un Cap.le, Fieschi Sebastiano, muerto en combate el día 11 de marzo. Dos soldados, Veronesi Emanuele y Talesco Antonio, muertos en combate el día 11 y 15 de marzo.


.-Pérdidas de la 3ª División “Penne Nere” (fallecidos en combate):

Comando XIº Grupo Banderas “Liuzzi” FUE EL GRUPO MÁS CASTIGADO Y CON MAYOR NÚMERO DE BAJAS. Pelotón Comando: El Console Generale Liuzzi Alberto, nacido en 1.898 Del Pino Giuseppe, nacido en 1.911. El pelotón tuvo un herido, un C.N. y otro C.N. desaparecido. 830ª Bandera “Monte Nero”: Ocho Camisas Negras, nacidos en Sabauda, Cesi, Benevento , Terni , Pietra Vaiar, Cascano, Urbino, y Spoleto. Hubo además 64 heridos de esta misma bandera, algunos murieron en los hospitales días más tarde,. Soldados veteranos, varios nacidos en la última década del siglo anterior y la mayoría de la primera década del s. XX. Como desaparecidos dieron a 32 soldados. 838º Bandera “Pasubio”: Murieron Terenzi Angelo-María Marsilio Federico Sccagneti Adoldo Guerrieri Salvatore. Eran de Frosinone, Torino y Belluno. Alta fue la cifra de heridos para una Bandera de noventa, de los que morirían posteriormente varios. Sus lugares de procedencia era Lecce, Udine, Belluno, Foggia, Bari,Catanzaro, Benevento, Napoli, Potenza, Brindisi, Matera, Avellino, Mantova y Potenza. Desaparecieron en la batalla 33 soldados. Al igual que los miembros de la anterior bandera, muchos de ellos habían nacido en el siglo anterior; contando con soldados de más de 40 años en muchos casos, y otros muchos que rondaban la edad de 35 años. 851º Bandera “Amba Uorck”: 11 soldados muertos y la cifra de 80 heridos. Como desaparecidos estaban 7 soldados. XI ª Batteria d’acompagnamento “Ortigara”: No se registró ningún fallecido Heridos resultaron el Centurione Cavalli Mario y 9 Camisas Negras, nacidos en Piacenza, Napoli, Osma Vesubiana, Castel Cisterna, Roca, Vigasio (Verona) Spinazzola (Bari) y Palermo. XIº Plotone Mortai d’asalto:


Ningún fallecidos y 6 heridos. Eran de Pordenone-Udine, Vidor (Treviso), Gallarate (Varese), Valdagno (Vicenza), Roma y Milano. Desaparecidos hubo dos, los Soldati Aversa Gaetano y Grieco Giovanni, de Napoli y Nocelleto (Napoli). Noveno Grupo de Banderas “Bulgarelli”: 17 soldados muertos. 2 Capo Manipolo, 1 1º Cq., 1 C. Sq., 1 V.C.Sq.,, 1 Penne Nere Sc., y 8 Penne Nere. También 1 Artigliero, 1 Segt. Maggiore, y 1 Caporale . Eran de Perugia, Massa Carrara, Premilcuore, Spleto, Regio Emilia, Grosseto, , Cagliari y varios de Forlí. La media de sus edades fue que he comentado en otras banderas, veteranos, de más de 30 años la mayoría. Mueren en el campo de batalla, según recoge el informe, por heridas de granadas y bombas. Algunos mueren posteriormente en los hospitales. Décimo Grupo de Banderas “Martíni”:

EL Centurione Drago Furio y 35 soldados de varias graduaciones. Soldados veteranos naturales de Roma, Riva di Trento,NuoroTarento, Ragusa, como, Monza, Villastrada, Eboli, Brescia, Uras, S.Antioco, Oliena, Cheremula, Nusurosi, Nuoro, Gonnosfanadigas , Scano Montifesso, Saldiola, y Udine. La Bandera estaba en las proximidades de la localidad de Trijueque y es allí donde morirán la mayoría en pleno combate. Xº Grupo da 75/27: El C.M. Strinchini Luigi y cinco artilleros. Habían nacido en Cremona, Frazione,(Catanzaro), Génova, Teramo y Monteroccheta (Benevento). Iº Grupo Misto da 100/17: El Cap. Biranda Luigi, de Segliano. Murió en la carretera de Algora-Torija y enterrado en el Km. 86, en el cruce. Fue herido en las dos piernas y en la zona de la ingle.9 Como resumen numérico de todas las unidades se pueden dar las siguientes cifras, siempre según los datos extraídos de “Onor Caduti” en Roma, de las relaciones de fallecidos en la batalla de Guadalajara. Son referencias que aumentarían posteriormente, dado que muchos de los heridos y trasladados a los hospitales fallecieron en los mismos, y otros serían llevados a Italia donde también murieron varios. Las cifras siempre pueden variar a más al ser datos oficiales, por que no recogen datos definitivos.

Resumen numérico: 1ª División:

I Grupo de Banderas III Grupo de Banderas Total: 68

28 40


2ª División:

5º Grupo de Banderas

92

Total: 92 3ª División:

XI Grupo de Banderas “Liuzzi” Xº Grupo de Banderas “Martíni” Total: 143

100 43

Según los datos recogidos por Onor Caduti, el total de los soldados italianos caídos o desaparecidos en esta batalla nos presentan una cantidad de 303. Pero completando esta cifra con la relación de los enterrados en los diversos cementerios de guerra, militares y tumbas aisladas a lo largo de las localidades afectadas por esta batalla de Guadalajara, y que son datos del informe del O.C.S.157 tras la ordenación y acondicionamiento de las tumbas, la cantidad asciende a 350 soldados muertos. No se contabilizan como muertos en esta batalla los enterrados en los cementerios de Toledo, Ávila, Madrid, Getafe, Alcázar, Manzanares y Albacete, que mueren en fechas distintas y alejadas de la situación estudiada. Pero ya es sabido que la verdadera importancia de Guadalajara no fue tanto por el número de víctimas en las filas italianas, casi con toda probabilidad inferiores a las republicanas, como desde el punto de vista moral y psicológico. Hasta esos momentos los fascistas sostenían sin parar la infalibilidad e invencibilidad de Mussolini, el que siempre tenía razón, y aquí este mito fue derrotado. Era la primera derrota del fascismo y su Duce, su material de guerra y sus hombres puestos en evidencia, siendo explotado a la perfección por la propaganda republicana. Datos comparativos según diferentes estudios: Dimas Vaquero 350 Aznar 1.375 Conforti 2.200 Díaz de Villegas 1.000 Lister 1.500 Coverdale 400 Atanasio 490 Largo García 1.000 H. Thomas 2.000 C.T.V. (informe) 423 Si las pérdidas humanas y el fracaso político y militar del fascismo de Mussolini fue lo peor que pudo perder el Duce en la batalla de Guadalajara, una gran parte de su moderno material fue seriamente dañado e inutilizado, registrándose fuertes pérdidas entre sus unidades, unas consecuencia de los aciertos de las acciones republicanas y otros medios abandonados en las carreteras en su alocada huida. Según el


informe158 elaborado a los pocos días de la batalla por el mismo C.T.V., podemos hacer un balance bastante preciso de estas pérdidas materiales: Pistolas 113 Fusiles 841 Fusiles-ametralladores 143 Ametralladoras Cal. 6,5 88 Morteros 10 Pieza de 20 mm. Material comunicaciones Estaciones telefónicas 18 Hilo telefónico (kilómetros)

Artillería Piezas 65/17 15 Piezas 75/27 5 Piezas 100/17 5 Piezas 149/12 1 Carros armados 2 Vehículos Automóviles 34 Autocarros Autocarros ligeros Autocarros pesados Motocicletas Mototriciclos

5 18 49 18 30 7

Guadalajara fue un éxito menor de la República, dice Coverdale. Habían logrado evitar otra amenaza sobre Madrid, pero no habían conseguido con su victoria ningún avance considerable, ni recuperar terreno perdido. La verdadera importancia de Guadalajara no se debe medir en términos meramente numéricos. Fue mucho más importante desde el punto de vista moral y psicológico, que desde el estratégico y táctico. Guadalajara proporcionó elementos suficientes para el descrédito del Duce. Mussolini ya no siempre tenía razón, ni era invencible. La propaganda republicana pronto aprovecharía los acontecimientos y la batalla pronto alcanzaría proporciones épicas. La moral de los defensores de Madrid y de sus partidarios en todo el mundo se vio muy elevada por este éxito. La propaganda fascista pronto respondería con sus datos, cifras y rumores, para contrarrestar el otro tipo de propaganda. Incluso Mussolini declaró que Guadalajara era una victoria italiana. Dijeran lo que dijeran los propagandistas, los italianos sabían que en Guadalajara sufrieron una grave derrota, y nadie lo sabía mejor que los soldados y oficiales que allí habían combatido. Antes de que el C.T.V. volviera a entrar en acción había que purgarlo y reorganizarlo completamente. Muchos oficiales son destituidos. Se licenció a unos 3.000 hombres y otros tantos fueron enviados a servicios de retaguardia. El resto de las tropas serían recompuestas y concentradas en la zona de Valladolid y Palencia para actuar en el frente del Norte. Haciendo un juicio global de la situación y las causas del desastre italiano, el general Roatta159 hace la siguiente valoración al día siguiente del repliegue italiano del día 18 de marzo, señalando cuáles fueron los factores y causas principales que pudieron llevar a este desastre: «La causa esencial de nuestra retirada es la falta de apoyo de las tropas españolas del Jarama que estaban destinadas a representar el brazo de aquella abrazadera. El enemigo así ha podido hacer frente contra nosotros con fuerzas muy eficientes y numéricamente superiores. Circunstancias concomitantes, el tiempo pésimo el frío muy sensible a mil metros de altitud en una zona casi deshabitada y que sucedieron al día mismo del ataque a dos buenas jornadas prometedoras». Roatta, antes que a nada ni a nadie, sobre todo echará las culpas de la derrota y de la huida desesperada a la falta del apoyo que Franco le había prometido, junto a las condiciones climáticas pésimas que envolvían las acciones militares que no llegaron a desarrollar. Pero faltó un análisis más profundo y sincero por parte de los italianos de toda la operación que se iba a desarrollar. Seguían con el orgullo


henchido de la victoria de Málaga y no se podían asumir otros factores que les podían afectar en esta nueva batalla, factores que afectarán a la preparación seria de una batalla de aquella envergadura, calculando todos los elementos, posibilidades y contratiempos que podrían encontrarse, aquello no era ni Málaga ni Abisinia. Sobre los cuadros de su ejército, en el mismo telegrama, Roatta reconoce graves fallos en sus tropas: «Eran oficiales ineptos cuyas deficiencias se demostraron, pertenecientes tanto al ejército como a la milizia. Con cargos y atribuciones militares no correspondientes a los estudios y niveles profesionales que les correspondían, e incluso para los que no habían realizado ningún estudio ni preparación o no habían ejercido nunca en un destino en el que hubiera realmente una guerra a la que enfrentarse, unos inexpertos». Llega a reconocer que las tropas internacionales a las que se enfrentó estaban muy preparadas, no eran unos simples campesinos, sino obreros y empleados que combatían con maestría y sobre todo con fanatismo y odio contra el fascismo. Como se ha dicho anteriormente, existieron momentos tan duros en los que los italianos de ambos bandos, brigadistas italianos defensores de la República y fascistas italianos que apoyaban a los rebeldes, llegaron a tener su pequeña guerra civil en territorio español, hablándose un mismo idioma en los dos contendientes. Los brigadistas italianos estaban bien mandados y dirigidos, poseían además un armamento muy moderno, excepto su artillería ya anticuada. Como contraste a esta valoración última de las tropas republicanas, afirma que los soldados fascistas italianos que habían llevado hasta allí, salvo excepciones, han abandonado sus puestos, se han llegado a autolesionar y estaba compuesto por tropas viejas, padres de familia, poco combativos, mal encuadradas y escasamente preparadas. Mostrando gran pasividad, credibilidad y poco impresionables. Llegaron a coger una gran obsesión con los carros rusos y la aviación republicana, no mostrando odio alguno hacia el enemigo. Se afirma que una parte de la oficialidad estaba constituida por gente que lo que hacía era matar el tiempo, no manda, no se impone, no exige, no conoce el oficio y no sabe, llegando a desconocer la logística que necesitaban para sus acciones. Hubo unidades que se desplazaban con todas sus pertenencias, llevando incluso hasta las cajas de costura de los soldados. Y otras unidades en las que los oficiales permitían con gran apatía abusos de abandono del equipamiento más necesario y de municiones, en donde no se comía rancho caliente durante toda la jornada. También tenían unidades que eran excepción, que se sacrificaban, pero otras que se perdían en el cinismo por una miseria, llegando a afirmar el mismo Roatta que no se puede transformar aquello que no es susceptible de transformar. A este respecto hay que hacer mención a otro informe de un oficial del Estado Mayor alemán160 en el que se habla del comportamiento de las tropas italianas en esta batalla. Mantiene en un principio que la conducta seguida por las tropas italianas fue buena, teniendo que soportar grandes esfuerzos y privaciones, así como que la organización y disciplina en las carreteras estuvo bien organizada. Pero siguiendo la lectura del informe se contradice totalmente con lo que viene después. Coincide con otras observaciones sobre los acontecimientos en que faltó un contacto más estrecho entre los jefes de la tropa, que las unidades estaban constituidas hacía poco y les faltaba orden y organización militar, así como enlaces de confianza entre las distintas unidades y jefes, no se fiaban de los que tenían por el escaso tiempo que llevaban con ellos. Faltó, durante los primeros días, una colaboración y cooperación entre la infantería y la artillería, permaneciendo ésta muy retrasada de modo que los carros blindados enemigos no podían ser alcanzados hasta que se les tenía delante ya, demostrando una falta de estrategia y táctica muy claras y una pésima colocación de las unidades. Sus soldados no estaban preparados para semejantes situaciones, al igual que muchos de sus oficiales provenientes de las más diversas profesiones civiles, no estando a la altura de las exigencias de una guerra moderna. En cuanto se les presentaban sucesos


imprevistos, como ataques de carros blindados republicanos, ataques aéreos o les desbordaban por los flancos, se encontraban en situaciones muy embarazosas, no sabían qué hacer sino huir despavoridos. Franco en una carta enviada al Duce, y después de un rápido análisis de la situación vivida y de las circunstancias de la replegada italiana del día 18, escribe: «Mi convicción íntima y personal es la siguiente: el general Roatta es un buen general y tiene un claro concepto de esta campaña, que conoce por haber asistido a numerosos combates en otros frentes. Es un buen soldado, valeroso e inteligente, pero tiene una concepción doctrinal equivocada sobre las actitudes de las tropas autotransportadas, concepción extraña de la realidad como hoy él mismo reconoce. Esta teoría está compartida por su Estado Mayor, colaboradores muy audaces de sus planes, desproporcionados a la capacidad combativa de las tropas y a la enorme vulnerabilidad de las columnas motorizadas durante el día en los enfrentamientos con la aviación moderna». Otro informe muy preciso que corrobora lo apuntado por Franco, y aún va más allá sobre la actuación italiana en Guadalajara nos lo proporciona el doctor Chiurco, jefe de los servicios hospitalarios italianos durante la intervención en España. En él se habla de los tristes sucesos protagonizados por las tropas italianas, debidos sobre todo no a la falta de combatividad y espíritu de sacrificio de los soldados italianos, sino a un complejo de causas y de circunstancias desfavorables que van desde la escasa valoración del enemigo a la falta de organización de los jefes, pasando desde las malas condiciones climáticas hasta la presencia de elementos técnicamente mal preparados. El profesor Chiurco afirma que se creyó que el enemigo era poco numeroso, mal organizado y peor dirigido, pero que nada de todo eso hubo. Reconoce que todas las apreciaciones son una consecuencia de la fácil victoria de Málaga, que hubiera podido ser el inicio de grandes etapas de victorias fascistas si se hubiera sabido organizar un «Ufficio Informazione» adecuado a las circunstancias. No se tuvo en cuenta, entre otras cuestiones, la situación del ejército republicano en Málaga y ahora en Madrid, el clima del sur y el duro clima alcarreño, las ropas, el buen encuadramiento de las tropas republicanas, su buena disposición estratégica en posiciones sólidas y bien preparadas desde hacía meses. Si a todo esto se le añaden las carencias en el ejército fascista italiano, como fueron la falta de servicios de enlace entre las unidades operantes, y entre éstas y los jefes superiores, haciendo que las unidades combatientes estuvieran inconexas o incomunicadas por falta de funcionamiento de los teléfonos y de los contactos entre sus unidades. Tenían que llevar las órdenes a pie o en motocicletas por terrenos embarrados, sin tener en muchas ocasiones noticias que indicaran la táctica a seguir o bien las órdenes añadidas, poniendo así en situaciones críticas a las unidades de los batallones, las cuales a menudo estaban obligadas, perseguidas por el enemigo, a ir por su propia iniciativa hacia donde fuera para no ser arrollados por sus propios vehículos. — Valoración de las fuerzas de la República: Además de la falta de planificación, organización y demás carencias que se detectaron entre los legionarios italianos, hay que hacer mención importante a los méritos de las tropas de la República y a la ingente labor de espionaje que la República desarrolló con el apoyo de los ciudadanos del lugar, una auténtica quinta columna que en todo momento facilitó datos e informes sobre la situación de las unidades italianas. El espionaje republicano funcionó de una manera perfecta, utilizando a la población civil en los pueblos y sobre todo a mujeres, niños y ancianos, de los que era más difícil sospechar de colaboracionistas. Los jefes y oficiales italianos no se preocuparon de una manera seria de estos temas. Igualmente el ejército republicano supo hacer buenas campañas de propaganda a su favor con las sucesivas victorias que en esta batalla iban teniendo sobre los italianos, con abundantes manifestaciones en la prensa escrita y en la radio, en la primera línea de frente y en la retaguardia, criticando ampliamente


la labor del ejército fascista de ocupación, el número de prisioneros y huidos, y celebrando ampliamente la primera victoria sobre el fascismo internacional. El ejército italiano desarrolló una escasa labor de contraespionaje y su propaganda fue muy limitada, reduciéndose casi exclusivamente a las manifestaciones que aparecían en su revista Il legionario. Según el informe ya señalado del oficial alemán de Estado Mayor enviado a la embajada italiana en Berlín, éste señala que la artillería republicana fue en un principio muy débil en número, con escasa munición y bastante defectuosa, pero muy efectiva en los resultados de tiro obtenidos. Sus baterías supieron irlas cambiando frecuentemente de lugar para dificultar ser detectadas por las tropas italianas, causando graves estragos en los medios materiales y humanos italianos. La fuerza aérea republicana tuvo mucho que ver y que decir en la derrota italiana de Guadalajara. Era numéricamente superior en número y sus aparatos más rápidos que los nacionales, italianos y alemanes incluidos. Llegaron a ser detectados a la vez hasta 96 aparatos, y, teniendo en cuenta que un cuarto del material de vuelo suele estar siempre en estado de revisión, se puede afirmar que la República disponía en el frente de Guadalajara de al menos 120 aparatos, de los cuales 30 eran bombarderos. Sus acciones eran muy rápidas, en forma de cuña, con unos 4 ó 5 aparatos volando juntos durante el día, y por la noche en acciones individuales. Contaban con los aeródromos de Guadalajara, Azuqueca, Meco, Barajas y Paracuellos sobre todo, pero existieron otros en los que también apoyaron sus intervenciones como fueron los de Fuente el Saz, Fuente el Fresno y Alcoroche, siempre en buenas condiciones para efectuar las salidas y llegadas, y sin ser apenas molestados por las baterías antiaéreas italianas o nacionales, aunque entre sus datos figuran 22 aparatos derribados. Los carros blindados republicanos, según el informe alemán, fueron también superiores a los nacionales en número, moviéndose con gran movilidad y sin apenas ser incordiados, con un tiro muy preciso, aunque también solían hacerlo con munición bastante defectuosa. El comportamiento de la infantería republicana fue muy bueno, tanto en los ataques como en la defensa, pero demostrando una gran dureza y tenacidad, así como un alto valor de combate en las tropas internacionales, llegando en muchas ocasiones a la lucha cuerpo a cuerpo con el uso de sus bayonetas. 2.2. El negocio de la guerra: Contrabando fascista italiano con la República El Comité de No Intervención careció en todo momento de poder para obligar a ninguna de sus miembros a cumplir con los acuerdos suscritos. Actuaba como un frente vacío de contenido que permitía a todos parecer que hacían algo pero que siempre quedó claro que realmente nada hicieron. Las relaciones económicas, políticas o militares del gobierno de Mussolini con los golpistas del 18 de julio irían adquiriendo magnitudes cada mes más consistentes y de gran calado, burlando cuando quisieron y como quisieron al citado comité. Políticamente había sido un gran triunfo que la causa fascista italiana se identificara con la causa política de los futuros rebeldes españoles, y si se sumaban esfuerzos de unos y de otros lado para derribar a un gobierno de izquierdas en España se iba a tener además la oportunidad de luchar al mismo tiempo contra la expansión internacional del comunismo, el gran enemigo de Mussolini y de Italia. Las relaciones económicas de los rebeldes con Mussolini, partiendo de una ayuda militar inicial decisiva y de vital importancia para los rebeldes, se irían incrementando a medida que la causa nacional iba adquiriendo mayor consistencia militar y geográfica. La ayuda militar, tanto humana como de medios materiales y técnicos, llegó a tomar tal empuje que junto al apoyo incondicional de Alemania y otros pequeños apoyos internacionales, serían los que inclinarían definitivamente la balanza hacia un lado y le dieran el triunfo final a Franco.


Pero la aportación italiana no fue exclusivamente a la España nacional. Mussolini a la vez que enviaba a la España de Franco ayuda económica y humana, a la vez que enviaba, forzosos en muchos casos y voluntarios en otros, a unos ochenta mil soldados para pelear contra el ejército «rojo», permitió simultáneamente la ayuda a la España republicana, desarrollando el gran negocio de la guerra con la república española. Fue una ayuda y unos negocios lógicamente clandestinos, basados en el contrabando. Nunca existió un comercio oficial italiano con el gobierno de la República. Además de que el escándalo hubiera resultado mayúsculo por las diferencias entre ambos gobiernos, por la presencia de muchos soldados italianos en España que combatían contra ese gobierno y porque el Comité de No Intervención tampoco lo hubiera consentido, aunque ya es sabido por todos cómo funcionaba dicho Comité. Pero que no existiera oficialmente este comercio no quiere decir que no se produjera. Cuando más duros fueron los enfrentamientos y cuando la República más necesitada y asfixiada estaba, se produjo la llegada de barcos con mercancías y productos italianos en muchos casos, o de procedencia europea pero con la colaboración y el transporte de los barcos italianos. El «Silvia Tripcovich», el «Firenze», el «Franca Fassio» o el «Capo Roma», entre otros, mantuvieron frecuentes contactos con los puertos españoles o franceses para descargar mercancías con destino a la República. El comercio o contrabando de trigo, azúcar, minerales indispensables para el funcionamiento de las industrias que aún le quedaban a la República o material y elementos necesarios para la industria militar, fueron algunos de los productos con los que estos barcos negociaron y se encargaron de hacerlos llegar de una u otra manera hasta la España republicana. Algunos de estos barcos mantenían de por sí un comercio regular con la España nacional, o se dedicaban a hacer la línea de transporte de personal entre Italia y la España de Franco, pero fueron utilizados también como una buena manera para hacer contrabando de ciertos productos como divisas, o para que en ellos se pudieran «colar» personal afín a la República para su huida y salida de España, aprovechando sus escalas en puertos africanos y no levantar sospechas a los controles de los nacionales. Algunos de estos transportes llegaron a ser tan llamativos y descarados que el propio Comité de No Intervención llegaría a darles un serio aviso y a hacerles controles más severos con el fin de detectar o descubrir ese tipo de ayuda. Como es de suponer estos controles del Comité no se dieron, o se hicieron los sordos y los ciegos, cuando el transporte de mercancías y de personal era para la España de Franco. Resulta curioso observar cómo el Comité hace un gran esfuerzo por detectar ese supuesto transporte de mercancías para la España republicana en barcos italianos, en los que mantenían una línea «regular», esto es, permanente con la España de Franco, y a los que permitían sin ninguna objeción todo tipo de transporte siempre que fuera para los nacionales, y sin embargo fuera tan severo con el comercio con la República. Esto nos lleva a la conclusión de cómo eran los modos y las maneras de funcionamiento de este Comité de No Intervención que tanto daño causó a la República y en manos de quien estaba su control, haciendo y deshaciendo a su antojo, en función de sus intereses militares y políticos. Una muestra más de la subjetividad del Comité y de quien dependía su control. La política de no intervención favorecería a la larga a los rebeldes franquistas, que no se vieron acosados como la Republica por el bloqueo de sus costas, y la progresiva incorporación de nuevos territorios a la España nacional permitiría también una correspondiente adaptación a las estructuras productivas, mientras que la República cada vez se encontraba con mayores dificultades tanto de producción como de importación de los productos que más necesitaba para su alimentación como para su industria bélica. Será en estos momentos cuando el contrabando y la burla a los controles del comité se agudizarían con mayor intensidad, y cuando los buques italianos verían la oportunidad de aumentar sus negocios colaborando con la República en el transporte de las mercancías que ésta más necesitaba. Se iba a producir un doble juego, y barcos italianos serían los que realizarían los transportes de grano, de azúcar o de material para la industria bélica de la República. La guerra había producido una considerable reducción de la superficie sembrada y además cada vez se encontraba con que la pérdida de territorios


suponía también una pérdida considerable de sus cosechas y de las riquezas minerales existentes y tan necesarias. Tenían una acuciante necesidad de conseguir lo que cada vez les resultaba más escaso y era difícil de obtener. Las producciones de grano sufrían un gran proceso contractivo que acompañaba a otros productos de primera necesidad derivados de esa producción. Ante los documentos que demuestran que Mussolini también hizo guiños a la República suministrándole ayuda, surge la pregunta de si el Duce ayuda a Franco por intereses ideológicos únicamente o movido por otro tipo de motivos particulares o de su política interior y exterior, y siempre teniendo como única finalidad aspectos económicos favorables a sus intereses. Como dice Ismael Saz en la Introducción a su libro sobre Mussolini contra la II República161, «¿existe o no una lógica en la actitud de Mussolini hacia España que conduce, por encima de coyunturas y más o menos accidentales vacilaciones y contradicciones, a la intervención?». Debemos de partir de esta duda, de esta falta de lógica que continuamente movió a Mussolini a adoptar posturas muchas veces contrarias o poco decididas, y otras a volcarse en todo lo necesario. Ismael Saz deja bien claro que fueron los factores económicos los que pudieron tener siempre el mayor peso en estos cambios de postura. La política exterior fascista italiana coincidiría en la mayoría de las veces con las aspiraciones de buena parte de la pequeña burguesía, de los beneficios que pudieran conseguir, era su visión imperialista dominada por el relativismo político; ésta fue la dinámica que presidió las relaciones del régimen fascista con los demás países, incluyendo a España. Una dinámica movida por el doble intento de universalizar el fascismo y el de hacer de Italia una potencia hegemónica, tomando como eje primordial la conquista de la hegemonía en el área danubiana-balcánica, la concepción del Mediterráneo como área de pertenencia más o menos exclusiva de Italia, intentando controlar todo lo que a su alrededor girara. España no constituyó un elemento central en el conjunto de la política exterior de Italia, pero tampoco le resultaría indiferente su desarrollo político que sí que podía variar sus aspiraciones hegemónicas, sobre todo a raíz de los sucesos de julio de 1936. Esto nos lleva a pensar que su actitud hacia España estuvo motivada por las aspiraciones y pretensiones que su política exterior, poco clara, le marcaban, siempre coincidentes con las pretensiones imperialistas y hegemónicas. Estas ambigüedades marcadas por sus intereses económicos nos pueden justificar la doble postura de Italia, por un lado el apoyo político y económico a los sublevados, y por otro el no hacer ascos de ningún tipo a las relaciones comerciales que llegó a mantener con la República amparadas en sus ideas mercantilistas y de hegemonía económica en el espacio mediterráneo. Diferentes barcos o buques italianos se vieron implicados. El buque «Franca Fassio» era un barco italiano construido en Inglaterra en el año 1892, que hacía la línea regular Génova- Sevilla, pasando por Palma de Mallorca y Cádiz, dedicándose el transporte clandestino de mercancías y de personal militar italiano, del C.T.V. y de la Aviazione Legionaria, que venían como voluntarios a España. Pertenecía a la «Societá Anónima Italiana di Navigazione». Pero el «Franca Fassio» no era empleado únicamente con la finalidad antes indicada. Ya a primeros del mes de mayo de 1937, a los pocos meses de iniciada la guerra y con una gran parte del personal voluntario en España, el buque sería sancionado con una multa de 40.000 pesetas. La Societá Villain & Fassio informaba que la Dirección de Aduanas del Palma de Mallorca había impuesto tal multa al buque por haberse empleado en el transporte de mercancías no declaradas o permitidas. Se amenaza al barco con intervenir la mercancía a la próxima llegada al puerto si la multa no era pagada162. Este buque experimentará por parte nacional diversos seguimientos y controles, al levantar continuas sospechas sobre su comercio y transporte, poniéndosele trabas y dificultades continuas para dificultarle su labor por las dudas que sobre él caían. Como en los puertos españoles no le permitían repostar el carbón para sus motores, se le concede y autoriza que lo haga en Gibraltar, eso sí, con instrucciones muy claras para evitar que mientras durara la operación el personal del


barco fuera controlado y evitar contactos de los viajeros y del personal legionario con los extranjeros en el puerto163. La Sociedad Naviera164 ante las acusaciones y malestar existente con el buque citado, enviará una amplia carta al Cónsul General en Sevilla en el mes de marzo de 1938, un año después de las primeras denuncias, con la finalidad de aclarar los malestares producidos sobre el servicio prestado por este barco en la línea Génova-Palma-Sevilla, y del personal del barco. Las autoridades italianas parecían ser que se estaban esforzando en controlar los servicios prestados por este barco, por que se cumplieran las leyes con rigurosos controles en Génova. Igualmente habían cambiado al personal que prestaba sus servicios en el barco, como sospechosos de maniobras poco legales (comandante, oficiales...) ante las quejas habidas. También se había prohibido embarcar en Génova mercancías no permitidas y aumentar los controles y desembarcar todas aquéllas que se consideraban ilegales y que fueran encontradas en sus bodegas. Esto nos confirma que efectivamente había existido un tráfico de mercancías desde Italia que no estaban permitidas, que había implicaciones del personal del barco y que en esos momentos todavía se producía tráfico de estas mercancías cuando se garantiza que en los controles que se hagan todo aquello encontrado y que fuera ilegal sería desembarcado. No se excluye que personas relacionadas directamente con el barco se puedan escapar de los controles a los que será sometido el barco y la sociedad promete haber puesto todos los medios disponibles para cortar el comercio clandestino que estaba llevando a cabo por parte de su personal de a bordo. Quieren mantener bien limpio el nombre de la sociedad, intentando que estas acusaciones recayeran exclusivamente sobre el personal del buque, dejando al margen a la compañía y al estado italiano. Para ello quieren que el barco se someta a los controles e inspecciones de una Comisión Naval de Cádiz que visitaría el barco y realizaría una inspección, de acuerdo con el Ministero delle Marina y del Ministero degli Affari Esteri. Esta inspección se realizó y resultó favorable para el Franca Fassio y favorable para que se continuara con el transporte de pasajeros, aunque parece ser que en otra inspección anterior los informes no fueron tan favorables como en esta última, de ahí que se mantuvieran las sospechas. Como esta última resultó ser favorable, se pretende cerrar el asunto y olvidarse de las preocupaciones sobre el tema, apoyándose en los méritos que el Franca Fassio había contraído a lo largo de su trayectoria y los servicios prestados, lo cual no dejan de ser argumentos para tapar y olvidar todas las sospechas basadas en el contrabando de mercancías ilegales. Sus servicios habían consistido en el transporte de miles de pasajeros, sobre todo del C.T.V., a quienes se les había tratado con gran camaradería, buen trato y la hospitalidad que pueden testificar todos los viajeros que por allí han pasado. Los informes y justificaciones de las actuaciones del Franca Fassio no convencían llegando a intervenir el control del Comité de No Intervención165. En abril de 1938 la Societá Italiana de Navegazione hace un informe detallado sobre el viaje que este barco realiza en su viaje desde Génova a Sevilla y su retorno (del 1 al 28 de abril de 1938), donde se recogen diversas incidencias surgidas en este viaje, incidencias que no resultaron ser prácticamente ninguna y dando por bueno todo lo que el barco transportaba. Se empieza con la sustitución del observador Hendir Johan Heuff, holandés, por Herman Hendir de Leur, oficial de la marina mercante holandesa y observador inscrito con el número 572 del Comité de No Intervención, y con número de pasaporte N.L. 184961 expedido en Amsterdam el 20 de julio de 1935, y el inglés Francis Le Geyt. El buque transportaba 83 toneladas de mercancías diversas, de las cuales 64 serían desembarcadas en Palma y 19 en Sevilla. El número de pasajeros era de 177, 162 desembarcarían en Sevilla y el resto lo habría hecho en Palma. De estos pasajeros 6 eran marineros de la marina italiana destinados al R.N. Quarto y al R.N. Espero, un oficial y tres aviadores de la Aviación Legionaria. Cuatro más eran españoles, uno era una mujer, y otra mujer de nacionalidad cubana. Los pasajeros que se dirigían a Sevilla, menos seis de nacionalidad española y un estudiante universitario italiano, eran todos oficiales y militares italianos pertenecientes a varios cuerpos y destinados al R.C. Truppe Volontarie: 10 oficiales, 25 suboficiales y 29 aviadores de la Aviación Legionaria y 91 oficiales del C.T.V.


El barco «Silvia Tripcovich» fue uno de los muchos barcos italianos que se dedicaron de lleno al contrabando de mercancías con la España republicana, según se recoge en los documentos que nos hablan de frecuentes denuncias de la España nacional sobre la dedicación de este barco italiano. El Ministero delle Comunicazione166 en una comunicación declarada como reservada, hace referencia a un telegrama, n.º 7309 del Ministero Affari Esteri de fecha 21 de septiembre, en el que se confirma la denuncia hecha por las autoridades españolas sobre el presunto contrabando de este barco italiano. Aquí se informa de que el Silvia Tripcovich en navegación de Génova hacia Imperia, con escala en Marsella, Orán, Gibraltar, Cádiz y Casablanca, después de revisar el equipaje, la documentación y el diario de abordo no se han encontrado muestras o señales que levantaran sospechas sobre las acusaciones de la denuncia española. Se ruega volver a realizar indagaciones que confirmen las sospechas denunciadas. En otro comunicado del Ministero degli Affari Esteri167 se recoge que el R. Consulado General de Tánger ha confirmado la denuncia. Se comunica de que el vapor triestino «Silvia Tripcovich» de la compañía italiana Tripcovich dedicado a traficar con los rojos realizó un viaje de Barcelona a Túnez el 29 de agosto, siendo comunicado inmediatamente al consulado de Túnez quien le responde que este vapor no para en Túnez, y sí el barco «Maroccino» de esta misma compañía lo hizo el 25 de agosto, pero que no hay ningún barco de esta compañía que se dedique al tráfico con los rojos. En una respuesta al anterior telegrama168 se indica que no hay elementos positivos que confirmen la denuncia de las autoridades nacionales españolas. No obstante continúan las denuncias y las sospechas de la existencia de este tráfico marítimo. Sospechas que se confirmarían posteriormente con otros vapores italianos. Los productos o mercancías con los que estos y otros vapores traficaron fueron varios. En algunas de las intervenciones de los observadores internacionales habían requisado material de guerra para los alemanes, así como el transporte de personal militar voluntario para el ejército nacional. Hasta aquí nada nuevo. Pero junto a este tráfico «oficial» se produjo un abundante tráfico de productos que iban a parar al ejército de la República, al mismo contra el que los italianos voluntarios luchaban en los frentes con las armas y material de guerra que enviaban a Franco. Muchas expediciones de material eran destinadas a la «España roja» a bordo de naves mercantes italianas. A medida que la República se encontraba más derrotada y cercada, a medida que a la República le faltaban los productos más elementales y necesarios para su subsistencia bélica y para sus hombres, los envíos desde diferentes países aumentaron y las sospechas de este tráfico de mercancías fueron aumentando. El comercio con Marsella de estos barcos italianos se confirma en informes y comunicados que el Ministerio de Comunicación italiano enviaba al Ministero degli Affari Esteri, U.S., y al Ministero della Marina169. Después de haber realizado varias indagaciones se comunica que otro barco, el «Capo Arma», de la compañía Genovesa de Navegación a Vapor había comprado en Varna a la empresa G. Bessi mercancía embarcada en puerto, 2.850 toneladas de grano, por cuenta de la empresa Zadrouga G.M.B.H., sociedad alemana, para entregar en el puerto de Marsella. En este puerto la mercancía de la compañía Genovesa sería retirada por el agente L. Cremieux. Su destino final, localidades republicanas españolas. El barco «Capo Faro» de la misma compañía, cargaría mercancía comprada en Costanza a la empresa Gattorno S.A. Romena, embarcando en el puerto 99 toneladas de cebada, cargada por S.A.R. Sodcac, 100 toneladas de grano para pan, cargadas por S.A.R. Furajul; 500 toneladas de grano, cargadas por S.A.R. Bunge; para entregar en el puerto de Marsella, y destino la República española. El barco partió de Costanza el 10 de febrero. El barco «Capo Mele» de la misma compañía Genovesa partió desde Constantinopla el 22 de febrero después de haber cargado varios cientos de toneladas de grano. Todos los barcos tenían como destino el puerto de Marsella, desde donde se enviaría posteriormente a poblaciones republicanas españolas.


El barco «Tagliamento» de la Lloyd Triestino, con póliza de carga de Takoradi que era un agente de la Takoradi Coalin e Lighterage Co Ltd., para transportar 400 toneladas de manganeso, la recibiría el Sr. Maudi di Lione, quien había dado órdenes a sus agentes de Marsella de enviar el mineral a los establecimientos de Villefranche sur Saone, cerca de Lione. Este mineral sería enviado por ferrocarril a determinados establecimientos españoles. El barco «Recca», perteneciente a la Sociedad «Italia», con póliza de carga a cuenta de Baer e Videcoq de la Rue St. Lazare de París, transportaba 563 toneladas de plomo refinado. Esta mercancía había sido encargada por la Compañía Metalúrgica Penoles S.A. Tampico. El agente en Marsella era la Agencia Maritime Ríune, organización de la Soc. «Italia», quien se servía como subagente para transportar esta mercancía de la empresa Miche e Co. Otro barco, el «Siculo» del armador Lauro realizaría transporte de grano con póliza de carga destinadas también al puerto de Marsella. Todas estas cargas desde Marsella serían enviadas por diversos medios de transporte a los puertos de la España republicana. Desde este Ministerio de la Comunicación se aconseja que para evitar contratiempos a las naves italianas en los puertos franceses y en otros puertos y que puedan recibir productos para la «España roja» que no se acerquen al puerto de Marsella para no levantar tantas sospechas, lo cual nos confirma que este tráfico era cierto, y que se permite el atrevimiento de darle consejos para evitar ser detectado por los controles. Recomiendan evitar el tráfico con este puerto francés llegando incluso a solicitar su prohibición cuando los niveles de mercancías llegaron a ser muy elevados. Son instrucciones que se da a estos barcos que traían la mayor parte de las mercancías de los sectores del Danubio, donde era más intenso el tráfico para proveer al ejército de la República española. Un caso intermedio, pero en el que igualmente se aprecia este comercio con la República, lo encontramos en un informe de la delegación italiana en Rumanía, que enviaría un Telespresso170, firmado por Ugo Sola, sobre el aprovisionamiento de grano al gobierno de Valencia. No estaba de acuerdo con las disposiciones enviadas por la Dirección General de la Marina Mercante sobre el tráfico de productos de esta zona danubiana. Bien claramente se recoge en este comunicado que no se debe rechazar cargamento de grano ni siquiera cuando sea absolutamente cierto que su destino iba ser la “España roja”, y que el problema con el que se encuentra es otro, se debería hacer los mismos embarques bajo un pretexto cualquiera que los justificara y posteriormente no hacerlo llegar a su destino. Este comunicado va efectivamente más allá. Se debe dejar embarcar y luego requisarlo por parte del Gobierno italiano, justamente cuando más lo necesitaba el Gobierno de Valencia. No desean cortar ni poner trabas a que el grano y las mercancías salgan en barcos italianos, pues la solución venía más tarde interviniendo esos barcos y no dejándoles llegar a su destino con cualquier pretexto como podía ser el no estar en regla su póliza, la presencia de ratones apestados a bordo o cualquier otra diablura que se les ocurriera. El negocio se iba a mantener igual, llegara a su destino la mercancía o no. La no llegada a España de veinte o treinta mil toneladas de grano, recoge este escrito, en este momento crítico podría hacer mucho daño a cualquier ciudad de Cataluña o de Valencia, che si chiama Catalogna sporca. Los barcos deberán ser intervenidos y registrados, bien a la salida del puerto de origen, en rumbo a su destino o a la llegada a los puertos italianos, bloqueando la llegada de las toneladas de grano. Prefieren esta medida a otras, dado que si no son los barcos italianos los encargados de hacerlo habrá muchos barcos griegos que se ofrecerían a hacer este transporte y nosotros perderíamos no sólo lo fletado sino sobre todo la posibilidad de meter la mano sobre la mercancía e impedir que ésa llegue a su destino. El envío de componentes industriales y el de electrodos para el gobierno de Valencia también fue un comercio frecuente171. Sería Giuseppe Mangiameli, quien con varios seudónimos, uno de ellos Edgardo Rosa, y que tenía varios antecedentes pendientes con la justicia italiana, entre otros por contrabando y por desertor, quien lograría contactar con el ingeniero Leone Tagliaferri, constructor de hornos eléctricos en Cusano Milanino para negocios de contrabando con la España republicana, comprando mercancías con destino a Francia, Madagascar y a Inglaterra para hacerlos desviar a España... Damiano Sartorio,


director administrativo de la «Societá Talco e Grafite» de Pinerolo, conocía también a Mangiameli y atestiguaría que efectivamente éste iba a destinar sus hornos a la España republicana. En otro Telespresso172 del Ministero degli Affari Esteri y firmado por el mismo Pietromarchi se informa sobre G. Mangiameli, alias Ing. Rosa, intermediario del aprovisionamiento de electrodos llevados a cabo por la Sociedad «Talco-Grafite Valchisone», de quien se dice que efectivamente varios tribunales de Palermo le habían condenado por apropiación indebida y por estafa, y que posteriormente se había dedicado al periodismo con el seudónimo de Rossa, pasando a vivir a Hamburgo como corresponsal de un periódico de Sicilia. Había entrado en Francia ya en el 1911 como empleado de la empresa Sirius con sede en París. Se alista en el ejército como voluntario en el 1916 hasta 1918, por lo que se pone en duda que sea ingeniero como él decía que era. También se recoge un informe sobre el Ingeniero Leone Tagliaferri, constructor de hornos eléctricos con establecimiento propio en Cusano-Milano, nombrando representante suyo a Mangiameli en Francia, siendo entonces cuando consigue colocar una gran cantidad de hornos eléctricos en Inglaterra consiguiendo hacerse con una gran fortuna, casándose con una hija del entonces alcalde de Montmorency (París). Tagliaferri llegaría a decir de Mangiameli que era un hombre y negociante con pocos escrúpulos. De Damiano Sartorio, quien conocía de años a Mangiameli, se recoge la opinión de que éste excluye la posibilidad de que los electrodos de los hornos vendidos puedan ser destinados a la España roja puesto que no existían establecimientos preparados para el uso posterior de este material. Añadía que las sospechas de que puedan servir tal vez para las fábricas rusas, aunque Mangiameli presenta los justificantes y documentos de que éstos eran enviados a Madagascar, presentando documentos de la partida de estos electrodos y mostrando a Sartorio un contrato firmado con la empresa alemana Conradty para el aprovisionamiento de 60 toneladas de electrodos con destino a Madagascar, entonces perteneciente a Francia, la gran enemiga de Italia. A pesar de estas justificaciones, lo que resultó evidente era el tráfico de productos empleados posteriormente en la industria de guerra y que eran proporcionados por ciudadanos italianos que de un modo u otro ayudaban a la República, más que por cuestiones políticas por intereses económicos particulares. Del comercio con la zona danubiana al que antes ya he hecho alguna referencia, los documentos nos siguen aclarando que efectivamente esta vía era la más seguida para hacer llegar provisiones a la República. Estamos en el mes de mayo de 1938, cuando la República veía reducir sus espacios dedicados a la agricultura y una falta de recursos alimenticios cada vez más acuciante. El grano búlgaro173 se hacía llegar a Francia para posteriormente desviarlo hasta Barcelona. Se habla de la adquisición de 20.000 toneladas de grano búlgaro recientemente adquirido por la intendencia militar francesa, pareciendo ser que este grano iba a ser desviado para aprovisionar al Gobierno de Barcelona. El representante de la empresa búlgara, que se había acercado expresamente a París para tratar el asunto, tuvo que regresar sin solucionar nada puesto que el funcionario español con el que tenía que tratar en París había sido llamado a Barcelona. El pago del grano comprado sería hecho en metálico y en divisas con nota de entrega de la Casa Dreyfus; ésta a su vez se la había vendido al gobierno republicano español con pago a tres meses y con un interés de un 4%. El gobierno italiano tomaría algunas medidas para evitar este comercio clandestino, pero medidas para protegerse de posibles acusaciones por el descaro de su apoyo a la república y que indirectamente afectaba a los intereses y al personal italiano que se encontraba luchando en España contra la causa a la que Italia por otro lado estaba contribuyendo. Así se informa a la Sociedad de Navegación Adriática174 de que procure olvidarse de hacer este tipo de transporte de grano a Marsella, dado que su verdadero destino era la España roja. La citada sociedad naviera se mostraría preocupaba por esta posible limitación de su comercio y de sentirse excluida de este tráfico marítimo ilegal en las líneas del Danubio, según las recomendaciones que el gobierno italiano estaba haciendo para cortar el tráfico ilegal y que estaba bajo sospechas. La sociedad naviera intenta demostrar que esta afirmación del gobierno italiano son simples sospechas y que pueden estar en un error o equivocación de la Delegación italiana en Rumanía.


Estas medidas transmitidas por el propio ministro de la Comunicación son trasladadas a la Delegación italiana en Sofía por el Ministero degli Affari Esteri175, y se vuelve a recordar el tráfico mercante de grano existente entre el mar Negro y Marsella en barcos italianos y la obligación de recordar a la Compañía «Adriática» el deseo de que este tipo de transporte desde Bulgaria a Marsella tiene otros destinos y que debe ser suspendido, no así para otro tipo de mercancías. Deben ser rechazados y prohibidos aquellos barcos con sus mercancías de grano que resulten destinados a Marsella, y por consiguiente a la España roja. Se deberán hacer las indicaciones, caso por caso, y no rechazar todos los cargamentos, y a falta de unas indicaciones específicas el armador tendrá la libertad de aceptar los cargamentos de grano que le sean ofrecidos realizar. Estas últimas indicaciones vendrían firmadas por el conde Ciano, lo que nos confirma una vez más que el gobierno fascista italiano era conocedor de todo el tráfico comercial con la República española. La Delegación italiana en Sofía176 dará contestación a las indicaciones antes citadas y firmadas por Ciano y en ella se dice que esa Regia Legazione ha aplicado escrupulosa y literalmente las disposiciones impartidas por Su Excelencia en el comunicado anterior de fecha 14 de junio y anteriores despachos. Esta misma Delegación le informa que ha tenido la ocasión de entrevistarse verbalmente con el representante de la compañía Adriática a quien transmitió las órdenes recibidas sobre este tipo de transporte, pero según parece esta compañía no hizo demasiado caso sobre las mismas. Aconseja y ruega se vuelvan a enviar a la citada sociedad naviera las instrucciones dado que esta Delegación ya la habían sancionado por incumplimiento de las mismas, o bien que intensifique las dificultades al tráfico marítimo de esta compañía. A pesar de las sanciones a la compañía y de las continuas quejas recibidas parece ser que el tráfico con la República continuó, y ello le preocupaba a la España nacional, quien en una de sus quejas al conde Lucha Pietromarchi177 así se lo manifiesta. Los servicios del gobierno nacional tenían noticias ciertas de que las principales mercancías importadas por la República durante el mes de octubre por la frontera franco-catalana habían sido, en este mes, de 60 vagones de trigo y 50 de corcho, y que este corcho era de procedencia italiana. Había llegado a Marsella por mar, posiblemente procedente de Génova, y desde allí dirigido por ferrocarril a la casa V. Bertrand, Agente de Aduanas de Cerbere, en diversas partidas. A medida que iba llegando la mercancía era reexpedida por la casa Bertrand a Palamós a nombre de la «Manufactura de Corcho Armstrong, S.A.». Esta ruta del corcho también sería seguida por el azúcar que llegaba a la España republicana. El azúcar sería otro de los muchos productos que la República buscaría en mercados internacionales y del que el gobierno de la España nacional tenía también información que se realizaba por la ruta GénovaMarsella hasta España. Sobre esta información da cuenta, en un Telespresso firmado por Pietromarchi, el Ministero degli Affari Esteri al R. Ministero Scambi e Valute italiano178 y al consulado en Marsella. Informan de que por la frontera franco catalana atravesaron 50 vagones de azúcar provenientes de Italia. El origen era Marsella, pero hasta allí había llegado con toda seguridad desde Génova. Sería remitido posteriormente a la casa Bertrand, Agencia de la Aduana de Cerbere, y en varias partidas, como el corcho y el grano, se reexpedía a la localidad catalana de Palamós, a nombre de la «Manufactura de Corcho Armstrong, S.A.». Esta información y la firma del propio Pietromarchi llevaría al consulado italiano de Marsella a remitir información sobre las llegadas de estas mercancías y a dar un informe179 más detallado de las diversas partidas que hasta allí habían llegado y que tenían controladas, posiblemente muchas menos de las que verdaderamente llegaron. Según esta información facilitada por el consulado de Marsella, las partidas de azúcar fueron las siguientes: — 3 de julio. En el barco «Verdi» desde Génova: 64 ton. — 27 de julio. En el motovelero «Cesare Padre», desde Cagliari: 51 ton. — 31 de julio. En el motovelero «Maria Grazia» desde Cagliari: 28 ton.


— 21 de agosto. En el barco «Paganini» desde Génova: 13 ton. — 3 de sept. En el barco «Rossini», desde Génova: 95 ton. En total: 251 ton. Aquí se habla de otra nueva ruta, desde Cagliari, y la mercancía era enviada a la casa «Maison Cremieux», para ser reexpedida por tierra a Barcelona. El azúcar procedente de Génova era enviado a la casa «Bisbe» de Marsella a nombre de Luois Piot quien desde hacía varios años tenía contactos comerciales con la empresa Armstrong de Palamós. Sobre este tráfico de azúcar también enviarán noticias desde el consulado italiano de Tolosa en Francia180. Hablan de 50 vagones de azúcar provenientes de Italia y comercializados en el mes de agosto de 1938 hacia la España roja, también vía Marsella. Será el 28 de junio cuando el barco italiano «Puccini» con su capitán Cherati y perteneciente a la Compagnia di Navigazione E. De Luca & Perrella, proveniente de Génova, desembarcó en Marsella 1.219 sacos de azúcar. El día 5 de julio siguiente el barco «Verdi», capitaneado por Descovich y perteneciente a la misma compañía y con el mismo origen, Génova, había desembarcado otros 955 sacos de azúcar. Los 2.074 sacos se cargarían en 50 vagones, con una carga cada uno de unos 5.000 kg. que se reenviarían a la España roja en el curso del mes de agosto. Al pasar la aduana era presentada la mercancía como proveniente de Francia y no de Italia. Todos estos envíos, en lotes diversos, iban dirigidos a Louis Piot, domiciliado en Marsella, de la empresa D. Bertrand de Cerbere, quien esperaba instrucciones para su envío a España vía Cerbere-Port Bou. El envío se realizaba por tren en pequeños convoyes de 10 o 12 vagones para evitar los bombardeos. Su destino era Palamós o Palafrugel, allí se almacenaba y un tal Moradell era el encargado de ordenar su nuevo destino final, según las necesidades y las circunstancias existentes. Moradell tenía su domicilio en el Hotel Astoria de Marsella y era el director general para España de la empresa «Manufacturas de Corcho Armstrong». Las cantidades de azúcar importado por estas vías representaban cerca del 80% del tráfico total de azúcar con la España republicana. Existió otra vía de importación y de contrabando de azúcar, una vía también sorprendente por tratarse también de un país de ideas afines al gobierno de Franco. Así tenemos que la empresa C.A. Greiner & Hijos S.A. de San Felíu de Guixols importaría azúcar desde Portugal, vía Lisboa-Bordeaux, con la compañía Societé de Consignaction Maritime Franco-Britannique. Los envíos eran efectuados a través de una sucursal que la citada compañía tenía en Lisboa. Al igual que el azúcar de procedencia italiana era siempre camuflado o cambiado su origen en la aduna de Port Bou. En fecha posterior del 2 de diciembre el consulado italiano en Marsella181 vuelve a confirmar toda la información que sobre el azúcar ya se poseía y se adjunta una relación de los barcos que han realizado este transporte: Paganini, Verdi, Rossini, Casalini, y Giovinezza, todos ellos pertenecientes a la compañía de navegación arriba mencionada. Junto a estos negocios de guerra con la España republicana también se produjeron diferentes casos de espionaje y deserciones de los voluntarios fascistas, aprovechando las escalas en algunos puertos del Mediterráneo de los buques que hacían los viajes regulares del traslado de tropa hacia España. El buque italiano «Firenze» era el único barco italiano que haciendo el trayecto entre Italia y España, transportando pasajeros y efectivos militares, hacía una parada en Tánger. Otros también lo hacían pero sólo en el viaje de retorno a Italia, como también paraban en su regreso el «Sivigliano» y el «Etruria», pertenecientes a la sociedad «Tripcovich». El «Franca Fassio» que también transportaba militares italianos, en vez de hacer escala en Tánger lo hacía en Gibraltar. Las paradas de este barco en las costas africanas estuvieron también bajo la sospecha de que éstas eran aprovechadas para que soldados españoles desertaran y bajaran en este puerto personal militar procedente de Palma de Mallorca, pensando que tal vez se trataba de agentes rojos al servicio de la república española182. El comandante del barco a la hora de ser interrogado sobre estas posibles sospechas, contestará en fecha del 24 de junio, fecha del último viaje,


que había dado órdenes a los pasajeros para no descender del barco, así como que su equipaje pudiera ser bajado; solamente se permitió en una ocasión, siendo el pasajero al que se le permite descender un vendedor ambulante que no era ni más ni menos que una persona del servicio italiano de información que se hacía pasar por tal. Igualmente informa de que en sus paradas en Sevilla los agentes de esta aduana realizan visitas al mismo y no sólo con fines aduaneros, puesto que en algunas ocasiones estos agentes aduaneros eran suboficiales de la RR. CC. en la ciudad. No obstante, sobre el barco pesaba la sospecha de espionaje y propaganda roja, sobre todo porque en él se efectuaba por parte de algunas personas contrabando de divisas. Las deserciones no se realizaban solamente con personal que viajaba en este barco, sino que los agentes de Sevilla y Palma dirigían también deserciones de militares que viajaban en otros barcos de la misma compañía, la Tirrenia. Desde Valladolid se intentaría dirigir las operaciones para poder atrapar a estos agentes rojos del Firenze, una vez recibidas noticias en una emisión de radio interceptada donde se hablaba de que no era posible conseguir pesetas para el agente que allí actuaba y que viajaba en el Firenze. El Firenze, en el puerto de Sevilla, se estaba convirtiendo en una especie de buque misterioso en torno al cual circulaban de boca en boca noticias de espionaje rojo y de contrabando de pesetas por las noticias radiofónicas interceptadas y por ser el único barco que hacía escala a la vuelta en Tánger, centro de actividad del espionaje y propaganda roja. Sería el Agente de la Tirrenia quien propondría a sus superiores la posibilidad de que este barco no hiciera escala en Tánger de modo temporal, mientras se podría estudiar otra medida. Con el nombramiento de un nuevo comandante del barco desde el 24 de junio e 1938 se darán nuevas órdenes sobre el personal y tripulación, para intentar cortar las sospechas de espionaje y evitar las paradas en Tánger183. En un informe del Agente Generale della «Tirrenia», signor Emilio Carandini transmite un informe sobre este caso de la policía española en el que según la información recogida, existía un señor español que con bastante insistencia deseaba conocer fechas y horas de las salidas y llegadas del barco «Firenze», y ante las preguntas a que fue sometido justificó que existían deserciones en Tánger de militares españoles provenientes de Palma de Mallorca y de Sevilla y que la policía española sospechaba de la existencia de una red de «agentes rojos» encargados de organizar estas deserciones. Ello lleva a la sospecha de que el agente rojo sea un viajero del Firenze que contactaba con otro en Sevilla. El funcionario de la policía española proveniente de Valladolid de nuevo intentará seguir el caso y acusa al Firenze de irresponsabilidad por la falta de controles de este barco y porque desde él se hayan realizado emisiones radiofónicas clandestinas. El Cuartel General del Generalísimo, Estado Mayor, Secc. Segunda, con la información enviada por la Agencia Española en París en fecha 21 de julio184, tenía conocimiento por un miembro del personal del barco italiano «Firenze» de que había partido de Génova con un número tal de voluntarios a bordo que muchos habían dormido sobre la cubierta, y que durante la parada en Palermo bajaron 200 oficiales aviadores y subieron a bordo 50 hombres, que formarían parte de un total de 8.000 hombres que habrían sido enviados a España. Estos hombres partían hacia Palma con destino posterior a Málaga, donde desembarcarían 500 voluntarios y unas 50 cajas muy voluminosas y pesadas. En Ceuta desembarcaron 300 hombres y 15 oficiales, y descargadas cajas con bombas de mano y fusiles. El mismo informante decía que en Tánger seis marineros pasaron a la nave de guerra italiana «Durazzo» allí anclada y que en la noche del 22 continuaron viaje hacia Sevilla con 1.500 voluntarios. En medio de este trasiego de personal fascista voluntario hacia España no sería extraño que efectivamente se diera la posibilidad de que entre sus tripulantes y viajeros existieran agentes republicanos que aprovechando el tumulto hicieran con bastante tranquilidad sus labores de espionaje y de apoyo a los desertores, así como la posibilidad de contrabando de dinero en Tánger. Los controles sobre los viajeros se acentuaron, se mirarían con bastante rigurosidad sus documentaciones y pasaportes y se detectaron algunas pequeñas anomalías en los pasajes, pero sin llegar a encontrar lo que buscaban.


Según diversas fuentes existían noticias fidedignas de la actividad del personal del Firenze, y de que algunos se dedicaban al contrabando de divisas españolas nacionales que conseguían durante la parada de este barco en Tánger. Había noticias también de que algunos miembros de la tripulación mantenían contactos con elementos del espionaje rojo en esta ciudad, y no entendían porque tenía que parar este barco en Tánger, no era necesario, y así se evitarían las deserciones, el contrabando de divisas y los contactos con agentes rojos en la ciudad. El contrabando de divisas no sólo se daría en el «Firenze». El Consulado de Italia en Sevilla185 en un comunicado al Ministero degli Affari Esteri y a la Embajada en San Sebastián hace una exposición sobre el contrabando de divisas y de joyas por parte de los italianos. El jefe local de la sección CC. RR. del C.T.V. había intentado descubrir el delito de contrabando y de objetos preciosos de parte de los soldados italianos en Sevilla, dado que las autoridades españolas ya habían tenido conocimiento de tales actividades ilícitas sin poder precisar datos más concretos. Se realizó una vigilancia especial sobre el personal de a bordo de varios barcos de línea italianos y sobre el personal italiano que residía en Sevilla que por no tener una ocupación definida y que por haber sido vistos en compañías de personal extraño podrían ejercer actividades de contrabando. Estaban implicados italianos y agentes españoles de las aduanas que obtenían ventajas especiales y particulares para poder ejercer ese contrabando y obtener de una manera fácil divisas y objetos preciosos, sin dejar de ejercer muchos su actividad legal en la aduana. 2.3. La muerte en cifras Sé atrevido y ve directo, la muerte inesperada en el combate es la mejor186, con este principio el verdadero soldado fascista no dudaría en cuál iba a ser su misión en el combate, una entrega total por su Duce y por su fe fascista, y si la muerte le sorprendía habría hecho realidad esta máxima. Creer, obedecer y combatir junto al legionario del fascismo hasta que la muerte les llegue a sorpender. Un camarada es para ti un hermano, vive como tu, piensa como tu, lo tendrás a tu lado en la batalla187, y en caso de morir juntos estarán presentes como el mejor ejemplo para sus compañeros. Sobre el número de muertos fascistas y heridos existen muchas versiones con diferentes cifras. Ramón Salas Larrazábal188 nos presenta la cifra de 4.157 soldados del C.T.V. muertos en España, de los que dice que 3.785 están enterrados en el Sacrario de Zaragoza y 175 en el cementerio del Puerto del Escudo. Alcofar Nassaes y Belforte dan una cantidad aproximada de 4.000 soldados italianos fascistas muertos en España. El conde Ciano dio en su día la cifra de 3.327 caídos en España. Aumenta esta cifra O. Conforti hasta los 5.000 muertos, y finalmente Boue la eleva hasta los 6.000. Rispoli189, tras un desglose de muertos según los diferentes frentes, da un total de 3.500 muertos, de los que 2.000 eran del Ejército italiano, unos 2.000 de la M.V.S.N., unos 200 de las FF.AA. y 40 marineros aproximadamente. Coverdale190, tras un estudio detallado de la tropas que intervienen en España, da la cifra definitiva de 3.189, incluyendo en esta cantidad los 180 muertos de la Aviación Legionaria y 38 de la Marina; de estos muertos, 1.824 pertenecían al ejército, 1.777 a las milicias fascistas, 180 a las fuerzas aéreas y 38 a la marina. El índice de mortalidad fue del 4,5 por ciento en el ejército italiano y del 6 por ciento en las milicias fascistas, con una tasa total combinada de bajas, contando heridos, muertos del ejército y de las milicias, entre el 20 y el 22 por ciento. Tendrían unos tres heridos no graves por cada fallecido, frente a la relación 5:1 entre las tropas de Franco, coincidiendo en estos porcentajes con lo que presenta Rispoli. Siguiendo un complejo proceso que recoge los datos de los enterramientos de los soldados italianos en los diferentes cementerios por el territorio español, las correcciones que se fueron produciendo, los agrupamientos en cementerios mayores para organizar y sistematizar todas las tumbas, llevado a cabo por el O.C.S. con gran cuidado y esmero, así como los hallazgos extraídos del archivo de Onoranze Caduti Spagna de Roma, o los repatriados a Italia, unos 150 soldados, así como los considerados desaparecidos, unos 232, y los que tuvieron un enterramiento definitivo en el Sacrario Militare de Zaragoza, se puede confirmar que los caídos italianos fascistas en la guerra civil española ascendieron a un total de 3.796,


incluidos los soldados que fueron llevados a Italia para ser atendidos de sus heridas o enfermedades y mueren allí191. El número de soldados que fueron heridos también sufre variaciones considerables de unos estudiosos a otros. Conforti da una cantidad de unas 15.000 bajas por herida, mientras que Coverdale rebaja un poco esta cantidad hasta 12.000 y Rispoli sitúa el número de heridos en 10.000 soldados, aproximadamente. Son cantidades difíciles de saber con seguridad, por la diversidad de hospitales en los que eran atendidos, no solamente en los italianos. Muchos eran a consecuencia de las enfermedades y contagios que se propagaban, tratados y llevados a Italia en los barcos hospital. Recibieron la Medalla de Oro al Valor Militar, máxima condecoración italiana, 32 combatientes, de ellos 29 a título póstumo, otorgándose también 965 Medallas de Plata y 1.886 de Bronce. En el siguiente cuadro numérico del Archivo del Onor Caduti 192 en Roma, aparece desglosados los soldados muertos que pertenecían a la Milicia Voluntaria de Sicurezza Nazionale y los que pertenecían al Ejército italiano, según los grados y cuerpos donde estaban encuadrados. En la suma final de todos, si se compara con los datos que yo aporto, existe una diferencia de 104 muertos más en el listado de Onor Caduti respecto a esta investigación. La diferencia se da, en parte, en el número de desaparecidos y en el total de soldados muertos en Italia, que consideran ellos inferior al que yo señalo, tomado de los datos de la Torre de Zaragoza. Otra explicación se puede deber a que en Onor Caduti poseen ya de forma definitiva los nombres de aquellos soldados desconocidos, que podían ser italianos o españoles al estar en las mismas unidades mixtas, y que han resultado ser, después de las correspondientes verificaciones, soldados italianos algunos de ellos. De todos modos las diferencias son escasas, motivo por el cual confirmamos los datos investigados como válidos. M.V.S.N. OFICIALES

130 46 3 14 2 2 — 1 — Totales: 198

SUBOF.

TROPA

CUERPO

Ejército

TROPA SUBOF. OFICIAL. MUERTOS ITALIA

138 29 11 19 1 1 — 3 —

930 245 56 61 18 14 9 32 —

Infantería 1.235 Artillería 44 Ingenieros 5 Carros 30 Sanidad 6 Intendencia 10 CC.RR. (Inform.) Automóviles Milizia Strada

145 6 6 — 1 — 7 2

106 4 2 2 3 — — 3 —

202

1.365

1.765 1.615

1.339 161

DESAPAREC.

218 — — — —

— — — —

133 — — — — — — — —

115

133

218

— — —

SUMA FINAL «ONOR CADUTI»: .....................3.731* (Milicia+Ejército+muertos en Italia+Desaparecidos) SUMA FINAL SEGÚN MIS DATOS. ..................3.796193 La relación de los muertos según las zonas establecidas por los servicios italianos, estuvo repartida como sigue a continuación: Zona Norte Vizcaya 141 Cantabria 616


Castilla Norte TOTAL Zona Centro Aragón - Ebro Castilla Centro Levante Cataluña TOTAL Zona Sur Andalucía Extremadura TOTAL Islas Baleares Suma final

153 910 1.074 376 317 495 2.262 127 41 168 74 3.414

Tras el seguimiento de los informes realizados en el acondicionamiento de las tumbas y cementerios antes de finalizada la guerra civil española, con mapas, relaciones numéricas y fotografías de los mismos, con la construcción de los monumentos funerarios y los listados de las diferentes exhumaciones que se fueron produciendo hasta que todos los cuerpos de los soldados italianos, algunos después de haber pasado por varios enterramientos, y ser depositados en la Torre Osario de Zaragoza (Sacrario Militare) o repatriados a Italia, podemos hablar de un total de 3.414 soldados italianos muertos en España. A esta cifra habría que sumar la de aquellos soldados heridos en España y que fallecerían posteriormente en Italia, calculados en unos 150, y los considerados como desaparecidos, unos 232, dando una suma final de 3.796 fallecidos. El cuidado de sus tumbas dependerá del Comisariato, tanto en Italia como en el extranjero. La organización en el extranjero de los cadáveres de los militares y civiles italianos será de la máxima custodia del Comisariato Generale, con la mediación de la representación diplomática o consular italiana en esos lugares. Todas las sepulturas de guerra, cementerios, osarios o sacrarios, formarán parte, con sus dependencias, del patrimonio del estado italiano. Los gastos de mantenimiento y cuidado serán compartidos por los ayuntamientos y el Comisariato, dependiendo del coste. Esto es lo que recoge, de forma resumida, la ley n. 204 del 9 de enero de 1951 sobre el «Onoranze Caduti in Guerra». Por lo que respecta al desarrollo de la misión del Comisariato en España y preocupación por los caídos, será después de la batalla de Guadalajara cuando sale una primera disposición, para proveer y organizar de una manera más ordenada la distribución de las tumbas de los soldados fallecidos, encargándose esta misión a los capellanes, uno del C.T.V. y otro de la Base Sud; mientras se concedió al Ufficio Centrale Notizie, en aquellos momentos recién creado, el deber de tener al día la relación de los caídos, estableciendo el lugar de la sepultura e identificación de los soldados. Pero el tiempo transcurrido y las circunstancias ocurridas, dificultaron la identificación de las tumbas de los legionarios caídos. Será después de la batalla de Santander, cuando el total de las pérdidas italianas era ya considerable, el momento de afrontar el problema con disposiciones y medios más adecuados. El Ufficio Centrale Notizie asumirá entonces la dirección de la distribución de los cementerios militares. En esta misión de recuperación de los cuerpos de los soldados italianos fallecidos, así como en la atención espiritual, tuvieron un papel importantísimo, sin el que no se hubiera podido llevar a efecto, los PP. Capuchinos, que eran los encargados espirituales de las tropas italianas en España, junto a los


franciscanos. Su implicación fue tal que alguno dejaría su vida junto a los cuerpos de los soldados a los que atendía194. La concepción mortuoria de los soldados italianos muertos en España se basa en la vigilancia eterna, los muertos pasarán a ser centinelas permanentes, y desde su puesto contribuirán al triunfo de las ideas por las que entregaron sus vidas. Son los muertos que cayeron víctimas de un combate el fundamento del discurso en el cual la entrega de sus vidas vive para reforzar y escoltar el ideal fascista por el que han muerto. El alegato oficial creó un lenguaje que se apoyaba permanentemente en las creencias católicas de una manera totalmente explícita, actuando como instrumento de expresión ideológica195. La incorporación al ideario de los sublevados contra la república de la defensa de la tradición católica, llevaba lógicamente a considerar como mártir a todo muerto en combate, queriendo embellecer y justificar la muerte de los «caídos» entre quienes podrían ser las próximas víctimas. El discurso del fascismo mantenía que la víctima se encaminaba al morir hacia otra vida y desde allí, desde el cielo, hacer de vigilantes, estando presentes196, mientras los caídos perviven en el recuerdo de los supervivientes, quienes al recordarles y homenajearles no les olvidarán jamás197. Los hombres pasan, pero su ejemplo ahí queda, viviendo entre los vivos que les admiran y recuerdan sus obras y epopeyas. Los héroes siempre han de ser recordados, pero para los fascismos aún más, son mártires por una causa que habrá de servir de verdadero ejemplo para el resto de la causa y para reforzar su martirologio. Recuerda que los caídos por la revolución y por el Imperio precedieron a tu columna198, se encargará de recordárselo su Decálogo fascista para que sirva de ejemplo y de guía al que puede ser su final, la muerte. El origen de los fallecidos fascistas italianos por provincias fue el siguiente199:

Agrigento Alejandría Ancona Aosta Apunia Aquila Arezzo Ascoli Piceno Asti Avellino Bari

44 35 24 7 44 71 26 15

Imperia Litoria Livorno Leche Lucca Macerala Mantova Matera

5 26 13 51 30 24 27 18

Sondrio Siracusa Taranto Terrano Terni Torino Trapani Trento

6 38 46 19 15 24 24 29

Messina Milano Modena

84 50 23

Treviso Sorizia Trieste

26 6 10

Belluno

13 39 10 5 12

Nápoles

Udine

70

Benevento Bergamo Bologna Bolzano Brescia Brindisi Cagliari

44 44 34 7 54 21 82

Novara Nuovo Padova Palermo Parma Pavia Perugia

13 8 12 56 44 60 27 32 28

Varese Venecia Vercelli Verona Vicenza Viterbo Zava

18 32 12 27 25 20 20


Caltanisetta

17

Campobasso 79 Catania 74 Catanzaro 12 6 Como 22 Cremona 40 Cuneo 19 Chieti 40 Consenza 36 Di la Spezia 29 Euna 28 Firenze 31 Foggia Forli Ferrara Frosinone Fiune Génova

45 31 19 41 2 14

Pesaro

16

Pescara Piacenza Pisa

38 14 30

Pistoia Pola Potenza Ragusa Calabria Ravenna Roena Regio Emilia Rieti Rovigo Salerno Sassari Savona Siena

16 15 56 40 56 23 81 16

De otros lugares

56

25 17 40 70 6 9

Tomando como referencia los fallecidos de las provincias de Alejandría, Aquila y Bergamo, la mayoría de los soldados habían nacido entre los años 1910 y 1913, concretamente la edad con que contaban cuando les sorprende la muerte en España, rondaba entre los 24 y los 27 años. Hay varios nacidos a finales del siglo XIX, del año 1891, 1892 y ss., falleciendo con edades de hasta 46 años algunos de éstos, siendo su graduación de simples Camicia Nera o Capo Manipolo; si bien alguno era ya oficial. Esto nos lleva a pensar en un ejército bastante envejecido, formado por voluntarios que se alistaban como simples Camicia Nera, siendo ya bastante mayores para ser soldados y llevados por ideales fascistas de contribuir a la causa de una lucha contra el marxismo, o por otras razones que les pudieran alejar de su patria y conseguir beneficios a su regreso. Los más jóvenes habían nacido entre los años 1915 y 1917, siendo un número reducido. Estos datos nos deparan que el número de fallecidos por provincias nos puede dar una aproximación del origen geográfico de los voluntarios que vienen a luchar a España; lo mismo que las relaciones de finados por unidades, en las que, en su mayoría, aparecen además de los nombres, las graduaciones, nombres de los padres, fecha de nacimiento y distrito al que pertenecían. Así por ejemplo si revisamos la relación del 1.er Regimiento de Infantería voluntario de la División Littorio200 que participó en la batalla de Guadalajara, nos presenta un número de muertos en esta unidad de 53, fallecidos entre el 6 de febrero de 1937 y el 3 de abril del mismo año; si bien la mayoría de ellos pertenecen a las fechas inmediatamente posteriores a la citada batalla. De esta cifra de muertos, igualmente se pueden sacar conclusiones de las edades de estos voluntarios, y se puede comprobar cómo el espíritu y el fervor de venir a luchar a España por una causa política y por unos ideales no parece ser que fuera la principal motivación a esas edades, y parece ser que no pertenecían a un puñado de jóvenes entusiastas idealistas. La media de sus edades superaba en la mayoría de los casos la de una juventud a la que su sangre les hervía por venir a España.


Tal vez los ideales fueran otros. De hecho tenemos que de estos 53 fallecidos, 13 habían nacido en el siglo XIX, oscilando sus edades entre los 37 y los 43 años, estando todos ellos casados; otros 20 pertenecen a la primera década del siglo, con una media de edad que rondaba ya los 30 años; los otros 20 restantes habían nacido en los primeros años de la siguiente década, con una media de edad de 24 años. La juventud ya no era tal, más bien podemos hablar de un ejército, en este caso Unidad, veterana. Si en este mismo listado revisamos las provincias a las que pertenecían, las conclusiones no son ya tan claras, pues había un reparto bastante variado; si bien destacan que las provincias con más fallecidos eran las de Catanzaro, Ragusa, Agrigento y R. Calabria, además de otras provincias, sobre todo del sur de Italia, que se caracterizaban por ser zonas más deprimidas que el resto de las regiones italianas y con menos recursos que ofrecer a su población en aquellos momentos, por lo que una de las salidas a su economía podría ser el alistarse como voluntario en España. Algunos de estos soldados italianos muertos en la guerra civil española morirían como consecuencia de las heridas sufridas en los campos de batalla y serían trasladados a hospitales italianos para su recuperación, falleciendo con posterioridad en ellos: Hospital Militar Napoli 33 H. Militar Caserta 12 H. Militar Roma 7 H. Militar Messijna 4 H. Militar Bologna 3 A bordo del barco «Cesarea» 1 A bordo de la nave hospital «Gradisca» 6 Enfermería de la Marina 1 Muertos en su propia casa 7 Soldado lanzado al mar, al fallecer rumbo a Cádiz1 En otros hospitales, civiles o militares: S. Croce Magliano 1 Padova 1 Caserta 2 Andria 1 Génova 1 Monterotondo 1 Ispica (Ragusa) 1 Montecompatro 1 Foligno 1 Bagheria (Palermo) 1 Morvillo (Nápoles) 1 Leche 1 Levice (Cuneo) 1 Milano 3 Sabandia 1 Nola (Napoli) 1 Consenza 1 Terramo 1


Nicastro Erice (Trapani) Massa Poggibansi (Siena) Luna Marnico Novo (Potenza) Palermo Falerna Vittorio Veneto Santriz e Lueca Grattaglie V. Emanuele de Catania Italo (Napoli) Mantova Asola (Mantova) Ferrara S. Lencio del S. (Benevento) Casalmaggior (Cremona) Paggio Pinenze (Aquila) Sanatorio F. Prev. Sociale (Siena) Luigi Rovigo Cosenza Marsala Pola Ragusa Rigalberto S. Pierdavena Faenza Sanatorio de Anzio Cagliari Firenze Mondoir Recanati (Rimini)

1 1 1 2 1 1 1 1 2 1 1 1 1 1 1 1 1 2 1 1 1 1 1 1 1 1 1 2 1 2 1 1

1 2.4. Lugares y espacios de muerte. Tras creer, obedecer y combatir en España, la muerte fue el destino final de casi 4.000 soldados italianos. Su fe, su creencia ciega y su obediencia al Duce, les llevaron a ocupar un puesto de privilegio en los cementerios de 236 localidades españolas. Estos lugares en los que se localizaron y asentaron los cementerios se dividieron por zonas y regiones, en función de las diferentes batallas en las que participaron. Se denominaron según el número de sepulturas que allí hubiera, y si estas estaban dentro o


fuera de los cementerios municipales. Así tenemos que se llamaban cementerios militares a los agrupamientos de al menos cinco sepulturas «dentro» de un cementerio municipal. Fueron llamados cementerios de guerra cuando los agrupamientos eran de al menos cinco sepulturas pero «fuera» de los cementerios municipales, y se consideraban tumbas aisladas a los enterramientos dispersos, dentro o fuera de los cementerios municipales, la mayoría de las veces menores a un número de cinco sepulturas. Siguiendo esa clasificación por zonas y batallas, los diferentes cementerios los vamos encontrando geográficamente a medida que sus combates y acciones militares van avanzando por la geografía española. Sobre los caídos y heridos, así como sobre sus lugares de enterramientos, hubo muchas rectificaciones en los listados oficiales italianos a lo largo del período en que estuvieron en España. Las luchas, los combates, las prisas con los heridos, recuentos rápidos sin demasiada rigurosidad en la identificación de las víctimas, hicieron que algunos de los fallecidos fueran enterrados en otros cementerios distintos a los señalados en las relaciones de fallecidos, con nombres de otros legionarios, o con nombres de los desaparecidos o heridos en la batalla201. Los reajustes de listas con los nombres de los soldados desaparecidos o fallecidos estuvieron siempre presentes a la hora de dar número de bajas. Era muy difícil de precisar una relación exacta tras un combate, bien porque no se tenía una cifra precisa de las bajas, ante la imposibilidad de confeccionar un listado, bien porque los enterramientos se hacían con prisas sin comprobar los datos del fallecido con precisión, o los nombres eran escritos con las prisas propias de una situación de combate y con datos incompletos o poco claros. Con el paso del tiempo siempre aparecía algún soldado dado por desaparecido, enterrado en otro lugar o se daba como ausente a alguno que estaba ingresado en los hospitales recuperándose202. De entre los soldados italianos caídos en la guerra de España, hubo dos que fueron condecorados con la «Laureada de San Fernando», la más alta condecoración militar española. Fueron Giuseppe Borghese di Borbone Parma y Renato Zanardo. El primero de ellos, Giuseppe Borghese era S. Tenente di compl... in Piemonte R. Cavalla. Tenente Vol. 11.ª com. 4.ª Bandera, 2.º Tercio, nacido el 13 de junio de 1906 y falleció el 23 de septiembre de 1938 en el frente del Ebro. Era hijo de la princesa italiana Isabella Borghese, y fue una de las madres de caídos que más intervino y luchó por la erección de un monumento que diera cobijo a todos los soldados. Para conseguir su objetivo, envió cartas al padre Pietro203, con una visita definitiva al Palacio Venecia en la que se determinó finalmente su construcción. La concesión de la Laureada al Ten. Giuseppe Borghese204 apareció en el diario Oficial del Ministerio del Ejército español n.º 207 en fecha 15 de septiembre, fue una concesión hecha por Franco a propuesta de la Asamblea de la Real y Militar Orden de San Fernando y del Ministro del Ejército, per il suo eroico comportamente nel combattimento sostenuto il 22 de settembre 1938 sul fronte dell’Ebro. La concesión de la Laureada se comunicaría al Distrito Militar de Nápoles y al Molto Reverendo Monsignor Giovanni Calleri, auditor de la Nunciatura apostólica de Madrid, quien en nombre del nuncio apostólico estaba interesado en la concesión de esta laureada. Igualmente el Gabinetto del Ministero della Guerra daría comunicación oficial a la princesa Borghese. En la memoria de la Legión del día 22 de agosto de 1938 se dice sobre la actuación y muerte del teniente Borghese205: «... al mando de la 11.ª compañía iba el Teniente Borghesse de Borbón. Cayó herido, pero sobreponiéndose a ello, continuó combatiendo, y tras conseguir apoderarse de una ametralladora, protegió el avance de los demás legionarios, que llegaron hasta la cota 356. El combate se agudizó, hasta tal extremo de que el citado Teniente, entre granada y granada de mano que continuamente lanzaba, tuvo que hacer uso de su pistola para repeler al enemigo que se le venía encima. Nuevamente herido de gravedad, murió en este lugar. Por esta heroica acción le fue concedida la Laureada Individual de San Fernando». El segundo laureado, Renato Zanardo206, era cabo de Carros. Había nacido en el año 1915, se presentó como voluntario para venir a España, llegando el día 6 de febrero de 1937. Pertenecía a la 2.ª Compañía del «Comando Reparti Specialisti», participó en la batalla de Guadalajara, siendo ya condecorado con la Cruz al


Valor Militar italiana. Participó posteriormente en la batalla de Santander y vuelve a ser condecorado con otra Cruz al Valor Militar, y a su unidad con la Medalla Militar Colectiva española. De Santander pasó a participar en la Campaña de Aragón, su actuación en el puente del río Martín le supondría la concesión de la Medalla de Oro al Valor Militar italiano. En esta acción había sido herido el jefe de su unidad, él con su carro logra pasar el puente e impide que el enemigo lo vuele, defendiéndolo con su carro hasta la llegada de refuerzos. Una granada le hiere en el brazo derecho, no impidiéndole, a pesar de tener el brazo destrozado, llegar hasta la localidad de Oliete. Antes de la concesión de esta condecoración y según la Orden del día 15 de 1938 de S. E. el Generalísimo, se le otorga la Medalla Militar Individual. Regresa a Italia para recuperarse de las heridas y en diciembre vuelve de nuevo a España con el grado de sargento mayor, participando en la batalla de Cataluña. De vuelta a Italia, participaría en la Segunda guerra mundial207. 2.4.1. Zona Sur A) ANDALUCÍA208 B) EXTREMADURA A) ANDALUCÍA Reconocido el régimen de Burgos, después de la información recabada por el general Mario Roatta209 sobre la situación española y la ayuda que necesitaría el nuevo régimen de Franco, fueron enviados los «Camisas Negras» a España a luchar por sus ideales fascistas contra el comunismo. Estos hombres son soldados fascistas voluntarios y, aproximadamente la mitad, han combatido en Abisinia. Anteriormente a estos envíos masivos de tropas, la Italia de Mussolini ya había enviado importantes suministros de material de guerra a la España sublevada y pequeños contingentes de tropas desde los primeros días del mes de agosto, que serían enrolados en unidades del Tercio Extranjero. Será el 22 de diciembre de 1936 cuando desembarca en Cádiz el primer contingente de 3.000 «Camisas Negras», llegados en el transatlántico «Lombardía». El segundo contingente llegó el 15 de enero de 1937, formándose un segundo regimiento que, unido al ya existente, constituyó la primera brigada legionaria. Sobre las causas del alistamiento de estos legionarios, unos son voluntarios de verdad, otros medio engañados con unas promesas que más tarde no se cumplían y otros obligados. La movilización se llevaba con bastante misterio y no se les decía con claridad cuál iba a ser el destino final210. Las siglas oficiales con que eran citados los voluntarios, según testimonio de R. Mastrantonio, eran «O.M.S.», y sobre su significado se hacían muchas conjeturas, pero en realidad era Operazione Militare in Spagna. Su equipo era excelente; la motorización bastante moderna y numerosa. La llegada de los italianos no pareció alegrar demasiado al embajador alemán en España, von Faupel, celoso del prestigio alemán y siempre poco amistoso con los italianos, cuyo desinterés no logró comprender nunca. En el telegrama que envía a Berlín el 12 de enero de 1937, y que recoge en su libro Alcofar Nassaes, se dice: «Como ya sabe, los italianos han emprendido estos últimos días una vigorosa acción militar. Cuando su dispositivo esté completado, su influencia sobre la situación militar se hará sentir. La conducción de la guerra será determinada por la actitud política del gobierno Nacional y debe preverse que el esfuerzo italiano tendrá por efecto aumentar aún más la influencia de Italia, al mismo tiempo que se debilitará la dependencia del gobierno Nacional con respecto a nosotros. No es vano considerar que nuestra influencia política, que hasta ahora contrapesaba a la de Italia, puede pasar a un segundo plano». El embajador quería sentir debilitada con tanto soldado italiano la presencia de los alemanes en España, con la consecuente pérdida de poder en el terreno político en el nuevo gobierno español. Sienten amenazado su prestigio y su importancia política ante el aumento de fascistas italianos en la contienda.


La batalla de Málaga fue la primera gran batalla en la que participan los legionarios italianos. Fue una operación pensada por el general Queipo de Llano, aunque Faldella en su libro quiere hacer entender que fue diseñada por Roatta, y con la llegada de los italianos decidió ponerla en práctica. Las fuerzas italianas quedaron bajo el mando del ya general de Brigada Mario Roatta211, subordinado al general Queipo de Llano, jefe supremo de la operación, que estableció su cuartel general en Antequera. Con los dos primeros contingentes de tropas llegadas a Cádiz, con un total de 6.000 hombres, se formaron tres grupos de banderas que se integraron y formaron la 1.ª Brigada Volontari «Dio lo vuole», que fue encomendada al general de Brigada Edmondo Rossi. A finales de enero se constituyeron dos grupos autónomos de banderas: el IV, al mando del Console Francesco Gidoni, y el V grupo de banderas, al mando del Console Eurico Francisci. Todas estas fuerzas intervinieron en la batalla de Málaga. No lo hicieron las Brigadas Mixtas «Frecce Azzurre» y «Frecce Nero», más retrasadas en su instrucción. Málaga era un buen escenario para foguear a los recién llegados. Queipo de Llano preparó fuerzas marroquíes estacionadas en Andalucía, las mejores tropas de que disponía y columnas de voluntarios para acompañar a los italianos. Fue un éxito italiano y nacional esta batalla, consiguiendo la ocupación de la ciudad en tres días. Los italianos se encontraron con un ejército republicano desorganizado y desarbolado, y pensaron que este ejército era el que se iban a encontrar en los siguientes frentes. Se creyeron tras este triunfo lo que recogía la máxima fascista, si tú vas al asalto con decisión, tienes ya la victoria en el puño 212. Fueron con decisión y entrega, pero estos primeros momentos de guerra sorprendieron a un ejército republicano que, en su desorganización e improvisación, no supo ni pudo dar la cara a las tropas italianas. No resultó así posteriormente, ya que en Guadalajara los republicanos concentrarían la mayoría de los efectivos en defensa de Madrid, dejando un tanto desprotegidos los otros frentes. En esta conquista de Málaga, la flota alemana colaboró activamente en la vigilancia e informó a los atacantes, mientras los submarinos italianos, a los que se les daba el nombre de legionarios, observaban la zona para evitar una sorpresa republicana. A pesar de que la acción fue considerada como casi un paseo militar, las tropas italianas sufrieron bastantes bajas, ascendiendo a unos 127 muertos y más de 400 heridos. El adiestramiento y la preparación de las unidades italianas dejaron mucho que desear, ante un ejército republicano poco organizado. Hubo deficiencias en el reclutamiento y en el adiestramiento de los voluntarios, así como en la táctica empleada por los italianos; todas estas cuestiones no se tuvieron en cuenta para subsanar las insuficiencias de cara a la acción posterior en Guadalajara. A pesar de todo el resultado fue positivo y los italianos se supervalorarían pensando que todas sus intervenciones podrían tener el mismo resultado y la misma oposición enemiga frente a ellos. Los cuerpos fueron enterrados en los cementerios de las localidades próximas, permaneciendo allí hasta las exhumaciones que tuvieron lugar a primeros de marzo de 1941. A pesar del éxito que para el ejército italiano supuso esta victoria, las deficiencias observadas reflejaban que su preparación debería haber sido diferente a la que habían sido entrenados para luchar en Abisinia, y que España no era Abisinia. Su victoria, relativamente fácil, les produjo un fuerte «subidón de autoestima» y prepotencia que pagarían cara poco tiempo más tarde. Un punto muy fuerte y positivo a su favor estuvo en las denuncias, que días más tarde a la conquista de Málaga hacen los mandos del ejército italiano a su gobierno en Italia declarando los procedimientos tremendamente represivos que estaba utilizando el ejército de Franco y sus falangistas contra la población civil de Málaga, asesinando a unos cinco mil, además de miles de prisioneros en sus cárceles por motivos banales, sin apenas juicios, por simples acusaciones particulares, viejas rencillas o simplemente por tener ideas contrarias a la ideología nacional. El ejército italiano no tiene nada que ver en esta cruenta represión, y sí la humanitaria intervención de su cónsul Bianchi.


Anteriormente a la participación en el frente de Málaga, los soldados italianos ya habían participado en varios enfrentamientos. Recordemos que la primera ayuda italiana llega al puerto de Vigo el 8 de agosto de 1936, y que además de las «latas de sardinas»213 llegan oficiales, instructores y mecánicos. Una vez que se asentaron en Valladolid, fueron enviados al frente de Guipúzcoa y terminada allí una breve campaña se les manda a Cáceres, en donde se juntarán con nuevo material italiano enviado214. Los muertos italianos en esta primera gran batalla fueron sepultados en los siguientes cementerios andaluces: Cementerios militares Málaga 19 Antequera 11 Loja 38 Granada 5 Sevilla 32 Total 105 Tumbas aisladas Colmenar 1 Jerez de la Frontera 3 Puerto de Sta. María 2 Raféale 1 Huelva 1 Montilla 1 Villharta 1 Dos Hermanas 1 Algeciras 1

Puerto Real Salobreña Motril Mengibar Córdoba Peñarroya Almería Cádiz Total

1 2 1 1 1 1 1 2 22

El número final de soldados italianos, identificados, fallecidos en esta zona y enterrados en sus cementerios asciende a 127. B) EXTREMADURA Tras la exitosa campaña de Málaga y constituida la primera unidad italo-española en febrero de 1937 entre Utrera y Sevilla, los Flechas Azules, en marzo del mismo año partieron hacia Extremadura, a la zona de Villafranca de los Barros, donde se incorporaron cinco mil soldados españoles. La unidad estaba compuesta por dos regimientos de Infantería con 6 Batallones en total, un Batallón de Asalto, el Xº Grupo de Artillería legionaria de cañones 75/27 y las piezas de acompañamiento de 65/17. Había también una batería de 20 mm antiaérea, con una compañía de Ingenieros y los servicios de Intendencia y Sanidad. La unidad fue mandada por el coronel Gussardo, bajo el seudónimo de Gusberti215. Durante los días de adiestramiento de esta Brigadas se produjeron sus primeras bajas como consecuencia de un bombardeo aéreo sobre la ciudad de Mérida el día 13 de febrero, muriendo el teniente italiano Rocco Mammone y siendo heridos tres soldados falangistas.


A comienzo de marzo de 1937 empezaría la ofensiva de Pozoblanco, con la intervención de los Flechas Azules. La unidad recorrió las localidades de Almendralejo, Villafranca de los Barros, los Santos de Maimona, Azuaga y Llerena. Tras sus andanzas bélicas por tierras extremeñas, los caídos italianos por la causa fascista y por Franco serían enterrados en los cementerios de las siguientes localidades extremeñas: Cementerio militar Granja de Torrehermosa 12 Cementerio de guerra Cruce Campillo de Llerena-Retamal8 Tumbas aisladas Cruce Campillo de Llerena1 9 Azuaga 2 Badajoz 3 Mérida 3 Valencia de las Torres 2 Llerena 2 Suma total 41 Los espacios de sepultura de los soldados italianos en estos cementerios aún se conservan, todos vacíos, en alguna localidad extremeña. Placas con inscripciones y cruces todavía son visibles y recuerdan la memoria de los soldados italianos que allí estuvieron enterrados. Junto a ellos también fueron sepultados muchos soldados españoles pertenecientes a las Brigadas Mixtas, formadas por italianos y españoles. El número final de soldados italianos fallecidos y enterrados en la zona de Extremadura se eleva a 41. El resumen final de muertos y enterramientos en esta zona sur ascendió a Andalucía Extremadura Total Zona Sur 2.4.2. Zona Norte

128 41 168

A) CANTABRIA-PAÍS VASCO B) CASTILLA-NORTE Este cementerio, según la información aportada por D. Antonio Pedrero Rubio, sobe los apuntes para el estudio del cementerio de los italianos de Campillo de Llerena de Raúl Aguado Benítez, fue construido en 1.937, en las inmediaciones de la localidad de Ampillo de Llerena, justo al lado de la carretera que une Llerena con Castuera. Tiene una estructura rectangular en el plano primitivo, con un monumento central a los caídos, de estructura circular realizada en piedras y rematada con una cruz, y una inscripción con la siguiente leyenda: “Deposita una flor y eleva una oración por los soldados españoles y legionarios italianos de la Brigada “Flechas Azules” que heroicamente cayeron por España y por la civilización mundial. Junio 1.937. II Año triunfal”. Junto a los nueve italianos de las Brigadas Mixtas, (Fernando Orny, Barttolo Dattola, Emilio Tulu, Giovanni Airi, Giuseppe Campa, Domingo Anmaicati, Santi Deñllioti, Victor Russo y Galo Ugo ) aparecen numerosos españoles. Según el documento citado, entre 1938 y 1939 fueron enterrados en este cementerio 218 soldados, 11 cabos,16 sargentos, 4 tenientes, 134 alféreces y 2 capitanes, españoles en su totalidad, así como dos soldados de nombre desconocido. Murieron en los ataques a la Sierra de los Argallenes en Febrero de 1.938 y en las operaciones en el sector de Peraleda del Zaucejo en Enero de 1.939. Los soldados italianos fueron trasladados al Sacrario Militare de Zaragoza, aunque sus placas y tumbas vacías sigan presentes en el cementerio. 1


C) LEÓN D) NAVARRA A) CANTABRIA-PAÍS VASCO Transcurría el mes de abril de 1937 y Madrid no se había tomado, por lo que Franco decide cambiar de planes y abandonar la conquista de la capital. Se decide por el objetivo del norte de la península que había quedado aislado en pésima situación militar, y cuya conquista proporcionaría los productos industriales precisos para las zonas agrícolas nacionales y sus minerales resolverían la fabricación de material militar para la guerra. En estos momentos de la guerra la ocupación de Vizcaya era un objetivo económico. Esta zona republicana no estaba lo suficientemente protegida y Franco concentró allí un importante núcleo de tropas, sometiéndola a un fuerte bloqueo. En la conquista participaron las cuatro brigadas navarras existentes y las unidades del C.T.V. italiano, que había sido reorganizado después de Guadalajara: dos Brigadas Mixtas de Flechas Negras y la División 23 de marzo. Gran parte de la artillería era italiana, al mando del coronel Bottari, así como la Aviazione Legionaria italiana puesta al mando de Mola; actuando conjuntamente la aviación nacional al frente del general Kindelán, la Legionaria con el coronel Velardi al frente y la Cóndor con Hugo Sperrle. El número total de soldados italianos fallecidos identificados y enterrados tras las acciones de Vizcaya es de 141, permaneciendo sus cuerpos en numerosas localidades hasta su traslado al mausoleo del Puerto del Escudo y con posterioridad al Sacrario Militare de Zaragoza, siendo unos pocos repatriados. Sus cuerpos reposaron en los siguientes cementerios: Cementerios militares italianos Zumaya 36 Forua 37 Bermeo 13 Bakio 16 Vitoria 6 Murueta 5 Mundaca 10

Tumbas aisladas en cement. municipales Deva 1 San Sebastián 1 Munguía 2 Guecho 1 Portugalete 1 Cárcamo 1 Puentelarre de B. 2

Santurce

Arteaga 3 Munguía (casa Elordui)

5

1

Total: 141 Tras el análisis del tipo de cementerio en el que fueron enterrados, se puede observar cómo no hubo cementerios de guerra. Todos los soldados italianos fueron enterrados en cementerios militares, cementerios de soldados italianos con al menos cinco tumbas de soldados, pero dentro de un cementerio municipal. Las tumbas aisladas también estuvieron en los cementerios municipales, a excepción de las dos mencionadas en la carretera de Bermeo a Munguía, cuyos restos fueron trasladados al cementerio de Forua. Junto a ellos es frecuente encontrar enterrados a numerosos soldados españoles pertenecientes a las mismas unidades que los italianos, Brigadas Mixtas Flechas Negras, así como un número aproximado de diez soldados de estas tropas no identificados, pudiendo ser italianos o españoles. En las cruces colocadas en sus tumbas solía aparecer el lema fascista Credere, Obbedire, Combattere, recordando que habían encontrado la muerte tras la obediencia ciega a sus ideales fascistas. En el cementerio de


Zumaya se puede comprobar un escrito enviado por el Duce a los caídos miembros de la Brigada Mixta «Frecce Nere», y un monumento, cipo funerario, diseñado y pagado por el pintor Zuloaga y que presidía el cementerio italiano. Alineaciones de cruces y tumbas surcaban los diferentes cementerios en los que se agrupaban alto número de fallecidos, e inscripciones en italiano y castellano, recordaban por lo que habían fallecido y el agradecimiento de España hacia su contribución por la causa nacional. Altares, cruces y frescos homenajearon a estos caídos, e innumerables actos y ceremonias frecuentemente les honraban. El cementerio del Puerto del Escudo, con su gran pirámide, sería el destino final de todos ellos, hasta su posterior traslado a la Torre de Zaragoza. Con el frente establecido ya en Santander se pretendió la conquista del Norte con la mayor rapidez posible, a pesar de estar activo el frente de Brunete, en el que no participaron los italianos, con la intención de retrasar esta operación. Según Lojendio216, sucedió en Santander el momento de mayor cooperación de los voluntarios italianos, alcanzando la cifra de 35.000 hombres217. Fue el momento esperado por los jefes del C.T.V. para sacarse la espina del fracaso fascista de Guadalajara. Las tropas fueron colocadas en el sector de Soncillo y su Comandante era el General Ettore Bastico (Doria). La ofensiva comenzó el 14 de agosto de 1937, rompiéndose el frente tras una intensa actuación artillera, siendo ocupadas Reinosa, el Puerto del Escudo, Torrelavega y entrando en Santander el 26, casi a la vez que las Brigadas Navarras. Mientras tanto, por la costa, avanzaban las Flechas Negras que ocuparon Castrourdiales el 23, el 25 Laredo y el 26 Santoña. La operación se inició con fuerte preparación artillera, como era costumbre en el C.T.V., con bombardeos de su Aviazione Legionaria. Los combates más fuertes se dieron en el Paso del Escudo, donde los legionarios italianos sufrieron muchas bajas, siendo muchos condecorados por su entrega guerrera, aunque la mayoría a título póstumo. El parte oficial de los nacionales comunicaría el día 18 la ocupación del Puerto del Escudo. En los radiogramas218 que se enviaron Mussolini y Franco con motivo de esta batalla, se habla de los lazos de amistad entre ambos, amistad que quieren que sea también de sus países al luchar los dos por una misma causa común, contra el marxismo. Franco hizo una mención especial a su ayuda y mostrando su más sentido agradecimiento. Esto fue lo que se ambos se dijeron: «Al Generalísimo Franco Al amigo: Yo agradezco a V. E. las comunicaciones sobre la batalla del Puerto del Escudo. Legionarios italianos han combatido dura y victoriosamente. La sangre vertida en común por una causa común hará de la España y de la Italia dos pueblos fraternalmente unidos». Mussolini. Y esta fue la respuesta de Franco: Querido Duce: Al abandonar vuestros legionarios la tierra española, terminada nuestra gloriosa cruzada, quiero una vez más testimoniaros, cuánta es la gratitud de España y la mía personal por vuestra sentida, eficaz e inteligente ayuda que han creado en nuestros pueblos lazos indestructibles. Mi Ministro de la Gobernación Serrano Suñer os lleva con mi saludo el sentir de nuestra España, mientras no podamos tomar el contacto personal que tanto deseo. Recibir mis sentimientos de amistad y profundo afecto. En Santoña219 las fuerzas del ejército vasco firmarán la rendición el veinticuatro de agosto de 1937 ante el Teniente Coronel del Estado Mayor italiano Amilcare Carina y ante el comandante de Estado Mayor Bartolomé Barba, ambos de la Brigada de Flechas Negras. Varios batallones vascos se rindieron y se deshicieron de la bandera republicana que hasta entonces defendían, izando la suya. Intentaron negociar con los italianos en Santoña, pues pensaban que con ellos estarían más seguros que con Franco, estableciendo un pacto bilateral. Los acuerdos que negociaron con los italianos en este Pacto220 fueron


incumplidos tras la capitulación. Franco no garantizó lo firmado por los italianos y los vascos. Según el citado pacto, se debería proteger la vida y a todos los vascos combatientes, así como garantizar la vida de las autoridades, autorizando a salir del país a los líderes vascos y funcionarios. Se debería considerar a los combatientes vascos sujetos a la capitulación y libres de la obligación de tomar parte en la guerra civil221. Por último, se debería garantizar que la población vasca, leal al gobierno provisional de Euskadi, no fuera perseguida. Los vascos por su parte, se comprometían a abandonar las armas con orden y hacer entrega del material a las fuerzas italianas. Deberían mantener el orden público en la zona que ocupaban, garantizar la vida y la libertad de los rehenes políticos de Laredo y Santoña222. Estas capitulaciones fueron dadas a conocer al coronel Farina, comandante de la columna de legionarios que ocupaban Laredo y a los combatientes vascos. Tras esta capitulación los combatientes vascos comenzaron a subir en el puerto de Santoña en varios barcos: Seven Seas, Spray y Bobbie, con la aceptación, firma y sello de los legionarios italianos, el día 27 de agosto. Sin explicación alguna, dos oficiales de Franco dieron la orden de que desembarcaran en la playa y de que los barcos mencionados zarparan. No tuvo explicación alguna lo sucedido. Los vascos habían cumplido sus acuerdos y no cabía más que tachar lo sucedido como una traición y deshonor militar. Los oficiales italianos estaban totalmente indignados por la situación en la que habían quedado tras no haberse respetado lo que ellos firmaron. La historia no se quedó solamente en esto. Aquí se volverían a repetir escenas y momentos que los italianos ya habían vivido y presenciado en Málaga. En los días siguientes se produjeron fusilamientos de rehenes a los que se había prometido liberar en los acuerdos del Pacto; ejecuciones inclusive de miembros de la Iglesia vasca223, y otros muchos debieron emprender la ruta del exilio si querían salvar sus huesos. De nuevo Franco no quería posibles enemigos a su espalda y lo más efectivo para evitarlos era con su fusilamiento. Estos acontecimientos y esta persecución religiosa por parte del ejército de Franco en el País Vasco será reconocido por el cardenal Gomá, ante la pasividad de las jerarquías eclesiásticas españolas que no hicieron nada por evitarlo. Tras las batallas en Cantabria, el número de soldados italianos fallecidos fue bastante elevado, quedando sus cuerpos repartidos y enterrados en los siguientes cementerios y lugares: Cementerios Cementerios Tumbas militares de guerra aisladas Villarcayo 95 Cruce Villafufre- Cem. de Selaya 23 Santander 4 Sandoñana 7 Entrambas Mesta33 Cem. de Villafufre 4 Vega de Pas 32 La Madalena 12 Cem. Selaya 3 Ontaneda 55 Haedo 35 S. Miguel de Luena 1 S.Pedro del Romeral7Puerto del Escudo10Cem. de Reinosa 4 Riaño 5 Balneario de Cem. S. Martín de Corconte 28 Ollas 1 Argomedo 8 Cabañas de Virtus23Cem. Castrobardo 1 Oña 26 Quintanatella 7 Quintanilla de Pienza 1 BárcenasSantelices 95 Cem. Torme 1 Villacarriedo 23 Soncillo 8 Cem. Sigüenza 1 Venta Nueva 10 Cem. Villalain 2


Cem. Castrourdiales 1 Los Meaderos 4 Castrillo 4 Ctra. Soncillo-Cubillo Casa Colónica 12 Castillo de Bezana4 Cem. Miranda de Ebro 9 Corconte (aisladas) 17

1

Total: 616 Los soldados italianos fallecidos tras la batalla de Santander y enterrados en esta zona fueron 616, distribuidos en los cementerios de numerosos pueblos y tumbas aisladas. Sus cuerpos, como casi todos los de la zona norte, serían trasladados al mausoleo del Puerto del Escudo, el monte de sus caídos. B) CASTILLA NORTE C) LEÓN D) NAVARRA224 En los cementerios que a continuación se detallan fueron enterrados soldados italianos muertos la mayoría de ellos en la campaña del norte, en las batallas libradas por llegar al País Vasco y Santander. Son muertos recogidos en la zona de lucha, algunos enterrados directamente en el campo junto a las carreteras, y en los hospitales a donde eran llevados los heridos. Aparecen también fallecidos algunos soldados, muy pocos, que habían sido heridos en la batalla de Guadalajara y que fueron trasladados a cementerios próximos de esta batalla. Igualmente hay que decir que esta relación de finados en la ascensión hacia Bilbao y Santander aumenta en una cantidad considerable con los fallecidos que fueron enterrados en los cementerios del Norte y que más adelante se detallan. Meses más tarde de estos primeros enterramientos se iniciaría la construcción del gran mausoleo del Puerto del Escudo pensado para recoger a los muertos enterrados en una amplia zona, a donde fueron llevados posteriormente, junto con los de toda la zona norte. Sus cementerios en esta zona fueron: Cementerios militares Haro Palencia Valladolid Soria Logroño Total Tumbas aisladas Medina del Campo 1 Dueñas 1 Saldaña 2 Burgo de Osma 5 Almazán 2 Tumbas aisladas (cont.)

6 14 43 12 13 88

Tudela Peñafiel Aranda de Duero Villalaín Montanejos

3 2 6 2 3


Valdeavellano de Tera Calahorra 1 Casalatierra 1 Casalarreina 1 Viana 1 Castrobardo 1 Quintanilla de Pienza 1 Torme 1 Cigüenza de Villarcayo Los Meaderos 3 S.Martín de Ollas 1 Sotiello 1 Total: 53

1 Burgos 4 Espinosa de Monteros 1 Zazuar 1 Sotillo del Rincón 1 Armiñón 1 Salamanca 5 Cenicero 3 Arnedo 1 1 San Asensio 1 Briones 1 Pamplona 4 Tafalla 1

Todos los enterrados en estos cementerios completarían la lista de fallecidos como consecuencia de las batallas de Vizcaya y de Santander. Solamente unos pocos son consecuencia de la batalla de Guadalajara. La mayoría de los cadáveres fueron trasladados al Puerto del Escudo, otros a Zaragoza. En muchos pueblos de Castilla hubo asentamientos de soldados italianos, lugares de descaso unos, de instrucción otros antes de ir al frente y otros eran asentamientos de escuelas para la formación de alféreces españoles. Homenajes y manifestaciones de simpatía hacia el pueblo italiano fueron muy frecuentes en ciudades castellanas, con actos llenos del protocolo, propaganda y colorido propios de las ceremonias fascistas. Actos que se supieron utilizar políticamente por parte de los nacionales para reforzar el espíritu fascista entre la población, destacando sus hazañas y actos de valor contra la barbarie marxista. El resumen final de los soldados italianos enterrados en la zona norte queda del siguiente modo: Vizcaya Santander Castilla Norte, León, Navarra, Rioja Total Zona Norte

141 616 153 910

2.4.3. Zona Centro A) ARAGÓN B) VALENCIA-LEVANTE C) CASTILLA-CENTRO D) CATALUÑA A) ARAGÓN (Batalla del Ebro) Las tropas italianas habían sufrido mucho ya desde que habían llegado a España, a lo que habría que sumar las numerosas bajas tras la toma de Santander. Sus tropas cansadas ya de las duras luchas necesitaban descansar, ser recompuestas en una nueva organización militar que les diera mayor


operatividad y mayor frescura en sus ataques. Muchos de sus soldados serían relevados e incorporadas tropas nuevas, en parte para renovar los efectivos y en parte pensando en las próximas acciones militares que les esperaban. Mientras tanto, Franco preparaba nuevos ataques contra Madrid. El mando del C.T.V. fue renovado también, las relaciones del General Bastico con Franco parece ser que no eran demasiado buenas; una de las razones fue el material que había capturado al enemigo, del que se había apropiado, cuando Franco quería que este fuera destinado a otras unidades nacionales con mayores necesidades; la otra razón, era la relación y el trato que este general había dado a los vascos que se habían rendido al C.T.V. Todo ello contribuiría a que fuera sustituido por el general Berti, que a partir de ahora sería el comandante del C.T.V. En estos momentos había en España unos 32.000 soldados italianos, casi 4.000 suboficiales y otros 2.000 oficiales y jefes. En pocos días se incorporarían dos batallones de infantería, un batallón de artillería y un batallón de ingenieros, con más de 4.000 hombres nuevos. De igual modo se aumentaría el apoyo naval y aéreo, enviando nuevos bombarderos «S 79» y nuevos pilotos, entre ellos Bruno, hijo de Mussolini, que participaría en 27 misiones antes de que se le relevara en marzo de 1938, otros cuatro submarinos más y nueva tripulación. En octubre se incorporaron unidades de la marina, con dos destructores más, el «Aquila» y el «Falco», a los que se rebautizará con los nombres de «Ceuta» y «Melilla» con tripulación española. Mussolini seguía con su apoyo incondicional a Franco, saltándose los acuerdos de Nyon, aumentando las relaciones de Italia con España y con Alemania. Las antiguas Brigadas se fueron transformando en Divisiones y fueron trasladadas y concentradas en Aragón, creándose Cuerpos del Ejército. La estrategia establecida por Franco, pensando en que el ejército republicano tenía sus fuerzas sobre todo concentradas en Aragón tras los choques de Belchite, era la de volver a la carga sobre Guadalajara y así obligar a dividir las fuerzas del ejército de la República en dos frentes debilitando su poderío. Pero ahora el flanco por el que se iba a atacar era por la zona de Teruel. Mientras tanto la nueva Brigada de Flechas Azules, brigada mixta, participaba en el frente extremeño, en abril de 1937. Esta Brigada también sería enviada a Aragón a finales de agosto y principios de septiembre, formando una unidad mayor al unirse a la Brigada de Flechas Negras, que estaban asentadas en el pueblo, cercano a Zaragoza, de San Mateo de Gállego y a cuyo mando estaba el general Roatta. El día 24 de septiembre las dos brigadas realizaron una penetración de más de diez kilómetros en un frente de veinte, alejando las tropas republicanas de Zuera. Pueblos de esta zona próxima a Zaragoza fueron testigo de la presencia entre sus gentes de los voluntarios italianos, con los que compartieron su tiempo y hasta sus casas, siendo alojados algunos de ellos en viviendas particulares. Restos de su presencia aún se pueden hoy contemplar en localidades como Villanueva de Gállego, Cabañas de Ebro, Peñaflor, Chodes, Arándiga o Morata de Jalón 1, entre otras muchas de Aragón. En otros pueblos aragoneses es recordada su presencia por haber sido bautizados numerosos La colaboración de Antonio Maestro y los testimonios de varias personas de esta localidad y pueblos próximos, como Felicidad Liarte, Agustín Cuartero, Domingo Polo Cabeza o Segundo Garza, nos hablan de sus pequeñas anécdotas sobre la buena relación existente con los legionarios italianos que en sus localidades estuvieron asentados, como por toda la comarca de Valdejalón. Sobre los cerros de San Cristóbal y Santa Bárbara tuvieron sus puestos de observación y hacían las prácticas de tiro la recién creada unidad italiana, el Regimiento de Artillería de los Flechas Verdes. Una placa recordó su fundación sobre la torre de la iglesia hasta hace unos meses, en la que se decía: ANTE VIRIDES, AQUÍ SE FUNDÓ EL REGIMIENTO DE ARTILLERÍA DE FLECHAS VERDES EN EL SIGNO DE LA CRUZ DE CRISTO Y DEL LITTORIO DE ROMA. STA. BÁRBARA 1.938. XVII E.F. III A. T. 1

En el interior del Palacio de Morata aún son numerosos los testimonios y grafittis italianos en diferentes dependencias y que dan testimonio de la presencia en esas estancias de los legionarios italianos durante la guerra civil. Un testimonio muy recordado es que de Morata de Jalón era Mercedes Diest, el “ama de llaves” del mariscal Badoglio, jefe del estado mayor del ejército italiano y gobernador de Libia, y puesto al frente del gobierno italiano por el rey, tras la detención de Mussolini en Julio de 1.943, el que iniciara las conversaciones tras la caída de Mussolini con los aliados y declarara la guerra a Alemania.


niños por los sacerdotes castrenses italianos que acompañaban a las unidades en su recorrido por los frentes, como ocurrió en el pueblo turolense de Blesa. Las tropas italianas seguirán participando en la «reconquista» de Aragón, y participarán también rompiendo el frente aragonés, que fue abriendo poco a poco camino hacia el Mediterráneo. En arrollador avance y en dos jornadas son «liberados» cerca de treinta pueblos, entre ellos Belchite. En el Parte Oficial de Guerra del cuartel general del Generalísimo se habla de este brillante avance llevado a cabo por las tropas del Frente de Aragón: … en el día de hoy han seguido su avance en valeroso impulso el Cuerpo de Ejército Marroquí, el de Legionarios, al que está incorporada la División de Flechas Negras y Azules, el de Galicia, la División de Caballería y la Primera División Navarra consiguiendo todos penetrar profundamente en el terreno que ocupaba el enemigo… La resistencia se fortaleció al encontrarse las tropas italianas con la División de Líster, reforzada por varias unidades más, endureciéndose aún más el frente, y empleando con una gran firmeza y dureza la artillería italiana para lograr el avance. La línea de frente seguía avanzando y con ella las Brigadas Italianas, llegando hasta Calanda en donde había sostenido ligeros combates con grupos enemigos. Al propio tiempo estas tropas legionarias hicieron acto de presencia en La Codoñera, Torrecilla, Castelserás, la Salada y San Miguel, envolviendo poco después la plaza de Alcañiz. Caspe-Alcañiz-Montalbán sería la línea de avance en este frente. Fuertes resistencia y enfrentamientos caracterizarían la toma de Caspe y la de los demás pueblos del Bajo Aragón, con actuaciones durísimas de la Aviación Legionaria sobre los frentes y la población civil de numerosas localidades aragonesas. Como en otras muchas zonas que iban quedando del lado nacional, serían numerosos los actos de agradecimiento y homenaje a los soldados italianos, siendo recogido en los periódicos regionales con gran detalle y espíritu triunfalista. Así el diario El Noticiero decía: «Había escuchado las canciones dulces y lánguidas, aprendidas bajo cielos muy azules a las tropas legionarias que ascendían por la vertiente penosa de Allueva y Fuenfría. El voluntariado de Flechas Negras y Azules, a los que jamás podremos agradecer su generoso e ideal concurso, iba a entrar en combate. Relucían al sol los pesados cascos de acero. Los infantes atravesaban varios barrancos, ocultos a trechos por la vegetación espesa. La artillería Legionaria ponía rizos rubios de humo a los montes, tras los que se ocultaba el enemigo. Y también en un instante determinado, los hombres marcharon de cara a la línea». La actuación de la aviación italiana sobre la ciudad turolense de Alcañiz fue terriblemente dura. El día 3 de marzo de 1938 se produjo sobre la población del Bajo Aragón un intenso bombardeo italiano. El 3 de marzo en la base aérea de Logroño se recibió la orden de atacar esta ciudad, siendo una operación que debería llevar a cabo el XXIX Grupo de la Aviación Legionaria italiana, 15 aviones Savoia-Marchetti 79225, lo más moderno del material italiano, en tres escuadrillas de cinco aviones, si bien parece ser que uno de ellos no llegó a intervenir por sufrir una avería en el camino. Arrojarían 50 bombas de 100 kilos y 120 de 50 kilos. La expedición estaba mandada por el teniente coronel Ranieri Cupini226. Sobre el número de muertos nunca se ha podido precisar la cantidad exacta. Los heridos y los muertos fueron varios cientos, hablando los testimonios de entre 500 y 800 muertos. Los dos hospitales, con capacidad para más de 450 personas se llenaron de heridos227. Pero este durísimo ataque se intentó borrar de la memoria no sólo de la mayoría de los alcañizanos, sino de toda la historia y de su memoria. Fue un intento premeditado e intencionado tras los efectos causados y después de las consecuencias internacionales que trajera el bombardeo de Guernica. Franco nunca negó este bombardeo, pero lo ignoró, que iba a resultar mucho peor para la memoria de todos. En las crónicas de los periódicos nacionales la palabra bombardeo ni aparece, tan sólo hablan de algunos destrozos en la ciudad. Así en el Heraldo de Aragón228 podemos leer: ... Únicamente la plaza del mercado está ardiendo. Tanto la típica fonda de Morera, como las casas que cierran aquella plazoleta, han sido


incendiadas por los rojos minutos antes de huir... Esta frase ya nos hace recordar otros bombardeos y la culpabilidad también de los otros, de ahí el interés por silenciarlo, para mantener limpia la imagen de Franco tras el cruel bombardeo sobre Guernica. José María Maldonado229 en su libro sobre este bombardeo se pregunta si pudo haber actuado por su cuenta el jefe de la Aviación Legionaria, opinando que no parece probable ni creíble que en una acción de esta envergadura en el Frente de Aragón, en donde el mando, que es una parte muy importante de las tropas de ataque que van a intervenir, tenga la osadía de actuar por sí sólo, aunque fueran los designados para llevar a término esta misión. La responsabilidad del bombardeo de Alcañiz no puede hacerse caer directamente sobre los mandos italianos aunque ellos fueron los ejecutores del mismo. Dependían del Estado Mayor del Aire a cuyo frente se encontraba el general español Kindelán. Un bombardeo similar tuvo lugar el 31 de mayo de 1938 en Granollers, llevado a cabo por el mismo tipo de aviones italianos. Tras la toma de Alcañiz por los italianos, la misma Aviación Legionaria que la había bombardeado trasladaría parte de sus aparatos al aeródromo de Puigmoreno, próximo a la localidad bombardeada, y desde allí realizaría numerosas actuaciones aéreas en lo que quedaba de la batalla del Ebro. Este frente del Ebro resultó el más duro para todos los combatientes en la guerra civil, y así lo fue también para los legionarios italianos. El número de bajas resultaría elevadísimo para las dos partes enfrentadas. La duración y la importancia que la batalla tuvo, para los que pretendían partir el territorio fiel a la República, resultó determinante y se reflejó en el número de bajas recibidas. Los republicanos sabían perfectamente que si las tropas franquistas conseguían llegar al Mediterráneo la República poco tenía que esperar ya. Les podía suponer, como así fue, la división no sólo del territorio sino de las tropas y la incomunicación de una zona con la otra. Iba a ser el principio del fin. Ambos ejércitos pusieron un encarnecido empeño por conseguir sus objetivos, pues en ello se llevaban la victoria final y la aportación italiana en estos esfuerzos nacionales fue importantísima y decisiva. El número de bajas italianas, con una presencia tan importante en este frente y con su aportación definitiva para el triunfo de los rebeldes, también fue elevadísimo. Esta operación militar llevada a cabo desde Zaragoza implicó para el contingente italiano el ir sembrando con sus cadáveres todos los cementerios de los pueblos por los que atravesaron o permanecieron sus tropas acantonadas. El siguiente cuadro, resumen de cementerios italianos y número de sepulturas, nos puede dar una idea muy precisa de la dureza bélica en estos frentes. Zaragoza 274 Zuera 23 S. Mateo de Gállego 19 Peñaflor 5 El Burgo de Ebro 1 Cabañas de Ebro 1 Alagón 2 Calanda 8 Blesa 1 Muniesa 12 Andorra 12 Torrecilla de Alcañiz 48 Valdealgorfa 46 Alcañiz 161 Castelserás 77

Calaceite 75 Olalla 7 Gandesa 50 Aldover 1 Bot 126 Pauls 57 Pinel de Bray 30 Caseras 4 Cherta 8 Arrabal de Jesús 2 S. Carlos de la Rápita 3 Roquetas 2 Prat de Comte 6 Regues 3 Bárbara —


Valdetormo Total: 1.074

9

Los soldados italianos enterrados a lo largo del frente de Aragón y batalla del Ebro ascendieron a 1.074, un precio humano altísimo. El cementerio con más número de soldados italianos fue el de Zaragoza, con un gran monumento funerario, formado por una gran cruz colocada sobre un altar. Encima del ara reposaban el yugo y las flechas de la Falange, bajo los brazos de la cruz estaban los dos símbolos de las hachas romanas, con sus cortes sobresaliendo desafiantes. Todo un simbolismo histórico representando la unidad del fascismo italiano y el español, bajo la protección de la santa cruz. Similar a este monumento existen aún los de las localidades turolenses de Valdealgorfa y Alcañiz1, uniéndose en ellos la muerte, la religión, la ideología y el sacrificio en un monumento imperial. Frases de contenido fascista, en castellano o en italiano, y la procedencia militar de los fallecidos suelen estar presentes en las cruces y tumbas de los caídos en los diferentes cementerios aragoneses, no faltando monumentos propios de alguna unidad militar, como el de Torrecilla de Alcañiz, el monumento de la Littorio. Muerte, religión, credo fascista y sacrificio sobre monumentos imperiales. Frases que se repiten en numerosos cementerios con fuerte contenido fascista mezcladas con elementos religiosos que trataban de adoctrinar al visitante. B) VALENCIA-LEVANTE Las tropas italianas, tras las enormes pérdidas humanas sufridas en su avance hacia Gandesa y terminado el Frente del Ebro, pasaron a la zona de Levante, aposentándose en la zona de Cantavieja y a disposición del Ejército del Norte. A mediados de junio de 1938 casi todo el C.T.V. fue empleado en este frente. La batalla de Levante también sería el escenario en el que desarrollaron su labor militar los Flechas Negras y los Flechas Azules. A principios de julio los nacionales hicieron otra tentativa de abrirse camino hacia Valencia y el C.T.V., reforzado con tropas, armas y equipos nuevos, desempeñó un gran papel en esta ofensiva también dura y costosa en vidas230 para los legionarios italianos. El ataque de los nacionales contra Valencia tuvo que suspenderse antes de llegar a su objetivo, porque en la noche del 24 al 25 de julio los republicanos cruzaron el Ebro en varios puntos y establecieron una gran cabeza de puente a 16 kilómetros al este de Gandesa. El ataque cogió a las fuerzas de Franco por sorpresa, aunque las fuerzas italianas aseguran que los servicios del espionaje del C.T.V. habían informado de todos los preparativos y desplazamientos de las tropas republicanas. Las tropas italianas, incluidas las Brigadas Mixtas, habían sido muy castigadas y se estaba preparando una nueva reorganización del C.T.V., mediante una repatriación parcial de algunos combatientes. A primeros de octubre de 1938 regresarían a Italia más de 10.000 voluntarios italianos. Las Divisiones Littorio y XXIII de Marzo, con los restos de las unidades constituyeron la «Divisione d’Asalto Littorio» (División Lictor de Asalto) al mando del general Bitossi. La nueva División se componía de dos Regimientos de «Camisas Negras», un Regimiento de Artillería 65/17 y un Batallón de morteros de 81. Las Brigadas Mixtas Flechas en septiembre de 1938 fueron convertidas en divisiones y se forma pronto una tercera División llamada «Frecce Verdi» (Flechas Verdes) al mando del general Battisti. El 24 de octubre de 1938 el general Gambara sustituyó al general Berti en el mando del C.T.V., quedando organizado en cuatro divisiones: Volontari del Littorio, Frecce Azzurre, Frecce Nere y Frecce Verdi, y permanecería así organizado hasta el final de la guerra civil. El resultado final de muertos italianos en su avance hacia Valencia fue el siguiente: Uno de los muchos legionarios italianos que estuvo enterrado en este cementerio fue el Sottotenente Leonello Tiezzi, sus restos serían trasladados, como los de todos los caídos, al Sacrario Militare de Zaragoza. 1


Cementerios militares y de guerra. Tumbas en cementerios municipales. Calamocha 1 Daroca 5 Cella 13 Teruel 35 Barracas 22 Sarrión 150 Puebla de Valverde 63 Mosqueruela 1 El Toro 1 Valencia 2 Rincón de Ademuz 1 Montanejos 3 Lucena del Cid 7 Masía del Ciruejo 13 Total 317 El total de los soldados italianos enterrados como consecuencia del frente de Levante ascendió a 317. C) CASTILLA-CENTRO Ya había presencia de voluntarios italianos en España cuando un nuevo grupo parte de Italia el día 20 de septiembre de 1936 con quince oficiales italianos y unos 170 hombres más entre suboficiales y tropa, desembarcando en el Puerto de Vigo el día 29 de septiembre; a estos hombres se les unirían unos trescientos soldados españoles, formando ocho baterías de acompañamiento, con tres secciones anticarro, una compañía de carros de asalto y tres secciones de radio. Tras un periodo de instrucción partieron hacia el frente y tuvieron su bautismo de fuego el día 21 de octubre en Navalcarnero con una participación muy importante de los carros italianos. Son retirados el día 20 de diciembre cuando ya se encontraban dentro de la Ciudad Universitaria de Madrid. A este grupo de italianos pertenecía el primer legionario caído en España, el carrista Pietro Barresi, muerto en Esquivias el día 29 de octubre de 1938, encontrando en España el final que un fascista entregado a su causa podía desear, morir por sus ideas y por su fe. Su hoja de defunción decía: Con il propio carro, pur conoscendone l’inferiorità, volle attaccare un carro russo. Morì colpito in pieno da una granata sparata a brevisima distanza dal carro soviétic (sic).. El segundo legionario italiano fallecido en España fue el Caporale de Artillería Pitondo Giuseppe, natural de Roma. Había sido herido gravemente en Esquivias el 29 de octubre y murió en el Hospédale di Sangre de Toledo el día 31 de octubre. El tercer legionario muerto fue el Sargente de Artillería Crescenti Emanuele, de Bordonaro (Messina), que murió en Villaverde, en el kilómetro 4 de la carretera a Madrid, el día 13 de diciembre. Los cuerpos de estos tres legionarios reposaron en el cementerio de Toledo. El día de su enterramiento tuvo lugar el primero de los innumerables homenajes que a lo largo de la guerra, y posteriormente, se les tributó a los caídos italianos. Después de aquel día y de aquellos honores, sus tumbas, parece ser que no fueron demasiado bien atendidas, por lo que el municipio decide recubrir el recinto con una losa de grandes dimensiones y que años atrás había pertenecido a una familia española, de


ahí que la inscripción de esta losa pusiera: Aquí yacen los restos de Amalia Manzano, Josefa Pintado, Petra Pintado y Dolores Pintado. Propiedad de Mamerto Pintado. R.I.P.231. Esta zona de Castilla-Centro sería el lugar de descanso mortuorio de los soldados italianos que mueren como consecuencia de la batalla de Guadalajara, siendo sepultados en los diferentes pueblos y ciudades castellanas. Numerosos monumentos y capillas rindieron homenajes a estos caídos durante muchos años. Entre ellos se encontraban la Pirámide del kilómetro 97 de la denominada carretera de Francia, carretera de Zaragoza a Madrid. Pirámide dedicada a los muertos como una exaltación fúnebre por excelencia, una pirámide que sería el medio más idóneo para representar los valores del Nuevo Estado, la exaltación nacional, y el mejor medio, a la orilla de la carretera, de exaltar los valores del fascismo y glorificar a los caídos en la batalla. Todo caminante y viajero podría ver, leer y reflexionar sobre los epígrafes grabados en sus paredes, exaltando la sangre derramada y salvadora de la nueva España. Otros monumentos y frases, con capillas y frescos en sus altares, tuvieron la misma función, funeraria y de propaganda del nuevo régimen. La Madonna del Legionario que además de la carga religiosa que de por sí tenía, se añadió el elemento falangista del «Presente joseantoniano» en letras mayúsculas, el fascio enmarcado en un óvalo y la máxima de la División XXIII de Marzo «Credere, obbedire, combattere». El siguiente cuadro refleja todos los enterramientos en esta zona de Castilla-Centro: Cementerios militares Torremocha del Campo 21 Mandayona 23 Gajanejos 28 Brihuega 39 Guadalajara 27 Alhama de Aragón 8 Sigüenza 135 Cementerios de guerra Km. 105 (Casa Cantonera)7 Km. 102 (Almadrones) 13 Km. 80 Ctra. Francia 9 Km. 86 Ctra. Francia 15

Tumbas aisladas Km. 97 Ctra. de Francia Ávila Getafe Madrid Morata de Jalón Toledo

1 1 1 9 1 3

Algora

4

Navalpotro Jadraque Congostrina Alaminos Cogollos

1 1 1 1 3

Galapagar Alcázar

1 Atienza 1 Griñón

1 1

Manzanares

1 Trijueque

1

Albacete

1 Villaviciosa

1

Alcolea del Pinar 4 Palacio Ibarra

1?

Parador Alaminos1 Km. 3 Ctra. Masegoso 4 Km. 83 Km. 8 Ctra. Francia 3 Ctra. Brihuega-

Total: 375 En toda la zona de Castilla-Centro fueron sepultados 375 soldados italianos.

Mudex 3


D) CATALUÑA La batalla de Cataluña232 dará comienzo cuando la batalla del Ebro ha finalizado ya y el ejército republicano buscaba posiciones de retirada. El mando nacional piensa que son tres las opciones a las que puede acceder: conquistar Madrid que aún permanecía firme, llegar a Valencia o perseguir al enemigo en dirección a Cataluña; siendo ésta la opción por la que se decantaron. El objetivo era destruir, de una manera definitiva, al ejército oponente, para cortarle las comunicaciones con Francia y cuanto antes liberar a Cataluña233; lo demás caería por su propio peso como fruta madura. Se iniciaría el gran éxodo de españoles hacia el extranjero huyendo del terror y la represión franquista, iniciada en las zonas tomadas de la Península1. Terror que empezaría cuando la aviación nacional, junto a la Aviazione Legionaria italiana, atacó una y otra vez a las columnas de refugiados que huían a pie hacia Francia por la carretera de la costa catalana. La población civil, con las pertenencias que les cabían en sus manos, huye despavorida en medio de los bombardeos aéreos cuyo objetivo era destruir lo poco que quedaba de la República, la población que huía buscando asilo en Francia. A las 8 del día 24 de diciembre de 1938 empieza una dura batalla, era el comienzo de la operación sobre Cataluña, con un frente que iba desde los Pirineos al Mediterráneo, a lo largo de los ríos Cinca, Segre y Ebro. El cuerpo del ejército italiano estaba concentrado en Serós con cuatro divisiones, más una división enteramente española, y con un frente de unos 10 kilómetros. Fuertes y duros fueron los enfrentamientos, «la terra trema»234, apunta Fornasari en su «Diario», y cientos de bocas de fuego, de bombarderos y de cazas no dejan de lanzar sus bombas, mientras intentan romper las defensas enemigas escondidos entre los carros de combate. El día 26 de enero entran los nacionales en Barcelona, y el 29 Gambara dividió sus tropas en tres columnas, enviando a los Flechas Negras sobre Granollers, a la Littorio sobre Gerona y a los Flechas Azules sobre Blanes, dejando a los Flechas Verdes en la reserva. Líster, tras resistir tres días en Gerona, finalmente dejaría la ciudad en manos de la Vittorio el día 4 de febrero. Desde el balcón del Palazzo Venecia Mussolini hizo una arenga a una multitud enardecida que llenaba la plaza: «La espléndida victoria de Barcelona es otro capítulo en la historia de la nueva Europa que estamos creando. Las magníficas tropas de Franco y nuestros intrépidos legionarios no han derrotado sólo al gobierno de Negrín. En estos momentos muerden el polvo muchos otros enemigos nuestros. El lema de los rojos era ¡No pasarán! Hemos pasado y os aseguro que pasaremos»235. Por otro lado Ciano en su Diario recogía: «Las noticias del avance en Cataluña son cada día mejores. El general Gambara se ha asignado felizmente la misión de arrastrar a todas las fuerzas españolas (?). Comienzan a circular rumores de una intervención en masa de los franceses. Yo no lo creo… Mussolini me dijo esta mañana: si París envía sus tropas, nosotros desembarcaremos treinta batallones en Valencia, aunque esto tuviese que provocar la guerra mundial»236. El número de bajas italianas en esta batalla de Cataluña fue bastante elevado. Algunas fuentes237 hablan de 385 muertos y 2.430 heridos, pero debemos tener en cuenta, que la mayor parte de los soldados de las Brigadas Mixtas italianas eran ya soldados españoles, siendo necesario revisar los datos, partiendo del número de enterramientos de italianos que hubo en esta zona238. En el cementerio oscense de Fraga dejó escrita Egisto Ciatti, comisario político de la Brigada Garibaldi y secretario de la Liga de los Derechos del Hombre, uno de los primeros socialistas italianos en venir como voluntario a España desde su exilio en Francia, afirma en sus memorias : “… partíamos con el corazón encogido cuando el enemigo quería cortar la retirada, y mientras, la aviación italiana, mejor dicho la fascista, ametrallaba a la población en retirada….mujeres y niños atemorizados se apresuraban con nosotros. Fueron escenas dolorosas esta retirada”. 1


Franco la siguiente frase que aún permanece sobre uno de sus muros, junto a otro con un gran mapa de las localidades de esta batalla de Cataluña: «Italia ha demostrado profundamente amar y comprender a España. La sangre derramada por los legionarios italianos ha creado una indestructible amistad y confianza. ¡Viva Italia!». Franco El cementerio italiano que hubo en esta localidad, muy numeroso en sepulturas, fue concebido como un proyecto con un gran monumento formado por un monolito con una gran cruz y símbolos fascistas. A la entrada del mismo hubo un gran arco con dos águilas desafiantes de una altura de tres metros, sujetando los segures fascistas que se elevaban hasta los cuatro metros y veintiocho centímetros. Cuando se termina la construcción en Zaragoza de la Torre Osario, son trasladados los restos de los soldados italianos a esta ciudad, mientras que los de los soldados españoles con ellos sepultados son llevados en 1960 al «Templo Nacional de Cuelgamuros», el Valle de los Caídos. Relación numérica por cementerios con soldados italianos tras la batalla de Cataluña: Cementerios de guerra y municipales Fraga 141 Albi Torrebreses 140 Mataró Solivella 23 Guixols Grañena 26 Blanes Cogull 5 Barcelona Vinaixa 10 Premiá de Mar Granollers 6 Badalona Monte Fosca 32 Torres Ctra. Sarroca-Lardecans 8 Tarragona (militar) Alcano 20 Bagerdá Rocafort de Queralt 3 Casteldans Esparraguera 3 Vimbaadi

23 26 7 1 7 1 1 2 1 6 1 2

Tras la Batalla de Cataluña las tropas italianas sufrieron las bajas de 495 soldados fallecidos. Haciendo la suma final del total de fallecidos en la Zona Centro, tenemos: Aragón-Ebro 1.074 Valencia-Levante 317 Castilla-Centro 376 Cataluña 495 Total Zona Centro 2.262 El final de la guerra y el C.T.V. Terminada la campaña de Cataluña, el C.T.V. pasó a depender del Ejército del Centro, siendo situados en el frente de Toledo. El cuerpo italiano ocuparía Aranjuez, Albacete y Alicante. Después de que las tropas nacionales habían finalmente entrado en Madrid y el día 30 de marzo, los italianos del general Gambara conquistaron Alicante, en cuyo puerto se concentraron miles de fugitivos, en espera de los


barcos que Negrín y los países democráticos no les facilitaron para huir. Sin embargo, consiguieron en un principio que los fugitivos estén autorizados a permanecer en el puerto, convertido en zona neutral o zona internacional239, acuerdo que no se llegó a cumplir por el ejército nacional, por lo que los 12.000 hombres allí concentrados ofrecieron fuerte resistencia, causando 25 bajas a miembros del C.T.V. Los italianos intentaron dar protección a los derrotados en espera de su salida al exilio, pero el General Saliquet había ordenado a Gambara que se les reduzca [a los refugiados en el puerto] por la fuerza de las armas. A las tres de la madrugada del 1 de abril de 1939 el general italiano Gambara transmite este comunicado: «situación milicianos puerto está resolviéndose. Hasta ahora pasáronse cerca de 10.000. Quedan 2.000 declarando voluntad rendición. Por ahora avanzada ha suspendido operación desarme y entrega campos concentración. Operaciones volverán suspenderse mañana por la mañana a las 6,00 horas y serán terminadas hacia las 9,00 horas». El plazo se cumpliría puntualmente. A las 14,45 horas Franco recibe esta nota: Según comunica general Jefe C.T.V. esta mañana se entregaron restos milicianos se encontraban puerto de Alicante. La guerra terminaba así con la última intervención italiana, hasta el último momento su ayuda fue necesaria. En este mismo 1 de abril se hizo público el conocido parte oficial del general Franco: «En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado». Curiosamente las «tropas nacionales» que alcanzaron los últimos objetivos militares fueron las de Mussolini, al frente de las que se encontraba el general italiano Gambara, las tropas legionarias extranjeras que tanto habían contribuido al triunfo final de Franco en una guerra civil. El día 3 de abril les llegaba la comunicación del final de la guerra240. En la primera década de abril el Regimiento Flechas Azules, formado por una mayoría de soldados españoles, se trasladó a Albacete. El 1.º de junio Serrano Súñer, el cuñadísimo del Caudillo, embarcó en Cádiz a bordo del crucero italiano «Duque de Aosta» para acompañar a los voluntarios italianos a su regreso a Italia en los transatlánticos «Umbría», «Calabria», «Lombardía» y «Sardegna». Un grupo de españoles que habían combatido con ellos en las Brigadas Mixtas les acompañó hasta Italia. Eran las vacaciones con las que el nuevo régimen les recompensaba y las únicas que muchos de ellos disfrutarían en toda su vida. Los que hoy aún sobreviven de aquel viaje a Italia lo recuerdan con gran cariño, manteniendo muy vivo su recuerdo241. Despedidas, homenajes y discursos de Queipo de Llano, Gambara y Serrano Súñer elogiaron y agradecieron la ayuda italiana a la causa nacional. En Nápoles serían recibidos por el Rey de Italia, Víctor Manuel III y Ciano. Mussolini no quiso ir al enterarse de que estaría presente el Rey, sus relaciones con el monarca italiano eran ya bastante tensas, y los legionarios se mostrarían descontentos de que no estuviera el Duce y no les pasase revista. Al día siguiente desfilaron los voluntarios por las calles de Nápoles. Presidía el desfile el propio Rey de Italia, Albania, y emperador de Abisinia. Una representación del C.T.V. y todos los oficiales marcharon a Roma a ser recibidos por el Duce. El orgullo y la vanidad de Mussolini, de la que ya se ha hablado en muchas ocasiones, se le contagió también al conde Ciano, que parece no siguió con detenimiento todos los avances e intervenciones de su ejército en la guerra española. Esto lo confirma cuando escribe: La victoria en España lleva solamente el nombre de Mussolini, que ha dirigido la operación con valor, seguridad y firmeza, hasta cuando los que hoy aplauden estaban en gran parte en contra suya242. Para Italia, la guerra civil española, además de establecer una base para la colaboración italo-alemana en la segunda guerra mundial, también centró la atención de Roma en el Mediterráneo occidental y le impidió dedicar más tiempo e interés a la Europa central. La intervención italiana en la guerra civil española apoyando el golpe militar del general Franco, sirvió para crear una corriente internacional muy potente de opinión antifascista, sobre todo en Inglaterra, Francia y los Estados Unidos. Anteriormente las corrientes antifascistas fueron solamente propias de comunistas y socialistas, pero a partir de


este momento cada vez mayor número de gente empezó a ver en el fascismo el enemigo natural de la democracia, no sólo por la intervención directa en España, sino también por las continuas violaciones de los acuerdos firmados en los pactos de no-intervención. Mussolini por el contrario, con las actitudes tan débiles y timoratas de las naciones democráticas, se sintió más fortalecido, viendo que las democracias occidentales no tenían ni la voluntad ni la capacidad para resistirle. Aumentaron las tensiones de Italia con Francia, mientras que respecto a Gran Bretaña se fue confirmando una actitud cada vez más abierta. Dentro de Italia, la guerra civil sirvió para desviar la atención de otros problemas así como de medios materiales que bien podrían haber sido aprovechados en la propia Italia. Pocas conclusiones sacarían los fascistas italianos sobre la eficacia de su armamento y de la industria aeronáutica, y tal vez en la falta de análisis de su intervención en España estuvo gran parte de su fracaso en la segunda guerra mundial. Su observación se limitó a engrandecer su orgullo, por el éxito conseguido en España, y, al contrario que Alemania, les faltó pericia suficiente para obtener de su campaña en España las pruebas necesarias para mejorar sus equipos y técnica de guerra, en pro de futuros compromisos243. 2.4.4. Islas Baleares La importante presencia de bases con aviadores italianos y marineros en estas islas, además de las bravuconadas ya nombradas del conde Rossi, también dejaron huella en sus cementerios; en ellas estaban las bases de sus incursiones aéreas y de sus «controles» marítimos. De las citadas chulerías y de sus abusos ya hemos hablado con anterioridad, centrémonos ahora en los difuntos italianos, en la causa de su muerte y en los espacios de enterramientos con soldados, los únicos fascistas italianos cuyos restos no fueron llevados al Sacrario Militare de Zaragoza o repatriados, como todos los sepultados en los demás cementerios de guerra, militares o tumbas aisladas que sembraban el suelo español tras su intervención en España. Un fortuito y desgraciado accidente ocurrido el día 1 de agosto de 1938-XVI Año fascista, en uno de los buques de la Imperial Armada Italiana, amarrado en el puerto de la isla de Palma, ocasionó la muerte a dieciocho de sus tripulantes, aviadores y marinos italianos pertenecientes al buque «Quarto» de la Marina italiana. Por ello la ciudad de Palma quiso honrar a los valientes hijos de la Italia grande, nuestra desinteresada y sincera amiga, muertos en defensa de un ideal común, con la cesión por parte del Ayuntamiento a la nación italiana de un solar de 8 x 4,25 metros existente en el ensanche del Cementerio, lindante con el Jardín del Silencio y fachada sur-este del mismo, con el fin de que se pueda construir un monumento para la eterna y tranquila mansión de los muertos italianos. Este fue el acuerdo de su Ayuntamiento del 8 de septiembre de 1938, del «Tercer Año Triunfal». Son 36 los muertos allí enterrados y que, como ya he dicho antes, aún permanecen hoy. Se encuentran colocados en la amplia cripta excavada en la base de un significativo monumento, compuesto por una alta columna de mármol, coronada por un capitel corintio. La base de la columna reposa sobre un bloque marmóreo de sección cuadrangular, accesible a través de una escalinata en mármol, de grandes proporciones. En la parte delantera del bloque marmóreo hay colocada una lápida en memoria de los caídos, y una gran águila en bronce preside la mencionada lápida. Además existen otras 34 lápidas dedicadas a la memoria de otros caídos244. En el cementerio de Mahón reposan los cuerpos de otros 29 marineros italianos, 27 de los cuales pertenecían al acorazado «Roma», y entre ellos hay tres desconocidos. Uno pertenecía al cazatorpederos «Mitragliere», muerto por las heridas sufridas durante el ataque padecido por la flota italiana en su rumbo a Malta. El otro soldado pertenecía al también cazatorpederos «Fuciliere». Fueron colocados en una gran tumba de mármol, coronada por dos anclas. Son todos ellos soldados italianos que lucharon en la segunda guerra mundial y que murieron en el bombardeo que sufrió su flota por la aviación alemana, falleciendo 1.326 marinos. Algunos de los náufragos fueron recogidos heridos o muertos y llevados al


puerto de Mahón, en Menorca. Finalizada la segunda gran guerra, y en espera del armisticio, la flota italiana, bajo las órdenes del almirante Ammiraglio Bergamini, se embarca en el barco de guerra «Roma», dirigiéndose hacia la Magdalena, en Malta. Será atacada la formación por la aviación alemana aliada, incendiándose en breve tiempo y causando la muerte de los 1.326 marineros. Mientras, el grueso de la formación mantendrá la ruta hacia Malta. Algunas naves permanecerán en la zona intentando recoger a unos 622 náufragos, muchos de los cuales se encontraban heridos. Estos serán conducidos hacia el puerto español de Mahón (isla de Menorca), donde los heridos serán curados y los que no superaron el proceso de recuperación, serán enterrados en el cementerio municipal. El monumento levantado en el cementerio de Ciudadela, está dedicado a cuatro aviadores italianos muertos en el cielo de Menorca el 14 de agosto de 1937245. Está compuesto por un tronco de pirámide realizado en granito. En la parte anterior del monumento una cruz latina tallada sobre las mismas piedras graníticas. La base de la tumba está rodeada por una zona de hierba de forma cuadrada, con unas pilastras de mármol que sostienen una cadena, a modo de cerca del recinto. Este monumento fue edificado por l’Agenzia Consolare italiana en Mahón, por mandato del cónsul general de Barcelona. El total de soldados italianos enterrados o recordados en los cementerios de las Islas Baleares es de 103, pero hay que tener presente que 29 no mueren en la guerra civil española, eran marineros del buque italiano «Roma» bombardeado por los alemanes en la segunda guerra mundial. El total de fascistas italianos fallecidos durante la guerra civil española y enterrados en estas islas asciende a 74. Haciendo un resumen final y general con el total de pérdidas humanas entre las tropas italianas que vinieron a luchar a España por sus ideales fascistas o como aventureros, en apoyo al general sublevado Franco, ascendió a 3.796, tal y como aparece resumido por zonas y batallas en el siguiente cuadro. Contando en esta cifra a los 382 soldados italianos que mueren y son enterrados en Italia y los considerados como desaparecidos. ZONA NORTE Vizcaya 141 Cantabria 616 Castilla-Norte 153 Total 910 ZONA CENTRO Aragón-Ebro 1.074 Castilla Centro 376 Levante 317 Cataluña 495 Total 2.262 ZONA SUR Andalucía 127 Extremadura 41 Total 168 ISLAS BALEARES 74 Muertos en Italia + desaparecidos 382 Italianos fascistas muertos en la guerra civil española Total 3.796


3. FASCISMO Y MUERTE 3.1. Espacios de muerte y memoria Como dijo De Gaulle en su visita a la ciudad de Toledo, las guerras civiles, en las que en ambas trincheras hay hermanos, son imperdonables, porque la paz no nace cuando la guerra termina, es por ello que todas las situaciones traumáticas por las que pueda atravesar una nación, dejan una profunda huella en el futuro de los acontecimientos que pueda vivir esta nación, y más una guerra civil. Nuestra guerra civil es hoy el gran referente histórico de la España actual, crucial para entender todo el presente, tanto económico, político, social o religioso. Nuevas fuentes y nuevos documentos nos siguen aportando todavía un amplio campo de análisis y estudio, haciendo que la memoria vaya experimentando cambios, en función de lo que nos habían transmitido y las nuevas aportaciones de los historiadores. De entre estas nuevas sugerencias tenemos las que nos ofrecen los estudios sobre los espacios fúnebres como espacios de muerte y «lugares de memoria». El concepto de «lugar de memoria» que consolidó P. Nora246 lo define como aquellas realidades históricas en las que la memoria se ha encargado selectivamente, y que por la voluntad de los hombres o el trabajo del tiempo han permanecido como los símbolos más luminosos de aquélla: fiestas, emblemas, monumentos y conmemoraciones, pero también elogios, diccionarios y museos. Estos lugares sirven en la mayoría de los casos de soporte material para desarrollar una ideología247. Los lugares de memoria se pueden analizar desde varias perspectivas o bloques de contenido; desde los memoriales con sus monumentos a los muertos y sus lugares de enterramiento, como es el caso presente, hasta los emblemas, condecoraciones, ceremonias o los propios hombres-memoria. Los emplazamientos fúnebres, tras el traumatismo histórico que supuso la guerra civil en España, se convierten en uno de los mejores reductos de la nostalgia y de la memoria para algunos hoy, siendo aún utilizados como fuertes mecanismos de fijación del recuerdo para los vencedores248. La presencia y muerte de legionarios fascistas en España en el lado de los vencedores, y tras un importante y decisivo apoyo militar, supo ser perfectamente aprovechado por esos vencedores y servirse, también, de sus muertos y sus cementerios para hacer de ellos lugares de memoria. Cuando los muertos se convierten en mártires, trofeos de la causa o pruebas de su fuerza y en la enrarecida atmósfera de los funerales, el dolor se convierte en entusiasmo político249, sus lugares de descanso definitivo han dejado de ser el espacio que todo humano debe tener reservado para que sus restos sean sólo testimonio, recuerdo para sus familias y conocidos. Su tumba deja el ámbito de la privacidad, porque la muerte es la imagen de una inmolación por una causa, de un acto de abnegación que está en la evocación popular y se convierte en un espacio de memoria; se convierte en un héroe que ha de ser recordado y conmemorado; el recuerdo individual o familiar se convierte en un recuerdo que permanece en el imaginario colectivo. Si las tumbas pertenecen a grandes líderes, políticos, religiosos o militares, además de convertirse en un lugar de memoria se convierte también en un lugar de peregrinación colectiva250. Todos los años en estos espacios de memoria tienen lugar sus ceremonias, remembrance day, en las que se declara ante las tumbas que nunca habrán de ser olvidados. Su recuerdo es la medida de su heroísmo y muestra de gratitud de los que les recuerdan. En los EE.UU., al día siguiente de la guerra de Secesión, los estados del Norte establecerían un día conmemorativo (30 de mayo) que a partir del 1882 se le denominaría memorial day251. Todas las revoluciones quieren fiestas que conmemoren los aniversarios, idea que ya tomó cuerpo tras la revolución francesa, si bien las manías de las celebraciones son sobre todo de los conservadores, y aún más de algunos nacionalistas, para quienes la memoria es un fin y un instrumento de gobierno. Estas conmemoraciones del pasado tendrán su punto culminante en la Alemania nazi y en la Italia fascista. Se exige a los representantes de todas las áreas de la vida pública que comparezcan un día determinado ante el cenotafio y depositen sus coronas: las fuerzas armadas, la


iglesia, los veteranos de guerra, los representantes diplomáticos... Es toda una grandiosa afirmación de la unidad y la solidaridad de los vivos para con los muertos, un acto de memoria colectiva y un rito de «acumulación» de solidaridad. La muerte es cuestión de espacio y de tiempo, dirá Barley en su obra. Junto a estas manifestaciones funerarias colectivas y recuerdo a la memoria de los héroes, hay que añadir la aparición ya en el siglo XIX y en los inicios del XX del fenómeno de la erección de monumentos a los caídos; sobre todo a partir de la primera guerra mundial. La conmemoración funeraria conoce entonces un gran impulso. En muchos países se elevarán monumentos al soldado desconocido, con el propósito de encerrar los límites de la memoria asociada en el anonimato; proclamando sobre el cadáver sin nombre la cohesión de la nación en el recuerdo común. Este esfuerzo por mantener viva la memoria, intenta reconstruir un pasado en el que la verdad y la mentira suelen ir de la mano; los recuerdos suelen ser engañosos porque la memoria inventa, arregla, modifica, actualiza el pasado252 y estos actos se suelen convertir en recuerdos de vivencias y en sentimientos que dan una visión muy subjetiva y particular de la historia, obligando a quien los presencia a hacer un esfuerzo permanente de depuración y contraste de la realidad histórica253. Separar la memoria histórica de la historia misma de la guerra civil, es un acto complejo. Los caídos recordados son los que son, con todo el respeto que se merece su evocación, pero podemos entrar a polemizar en si los aquí enterrados pertenecían a un bando o a otro, con lo cual la visión histórica posiblemente cambie mucho, aflorando la memoria colectiva de que ese espacio en el que están, o deberían estar, «todos», es un emplazamiento que crearon los «unos» como triunfo sobre los «otros», no es el «espacio de la ausencia» que una gran mayoría desearía y que representan la mayoría de las tumbas, del que se ha ido. Aquí están «presentes» y bien «presentes». Hoy día sigue todavía vigente el sentir general heredado de que esos espacios representan el sentir de los de un lado, no un lugar neutral, excitante, de convivencia y de diálogo entre los que aún permanecen vivos de un lado y del otro y que debería ser, tras muchos años de pasado, el reencuentro necesario entre los excombatientes supervivientes. Como dice Reig Tapia254, debería ser una memoria histórica funcional, que refuerce la convivencia, evite las crispaciones, que recuerde olvidando y que olvide recordando. Todavía son bien visibles en muchos cementerios los monumentos o monolitos y las placas levantadas a los caídos por Dios y por España, en lugares privilegiados, como en las fachadas de muchas iglesias, siempre recordados. Mientras en espacios muy próximos a ellos, en los rincones abandonados de muchos cementerios, están en fosas comunes, de tierra, abandonadas por el tiempo y la memoria, las tumbas de muchos fusilados por Dios y por España, sin hablar de las muchas que todavía hoy se sigue sin saber dónde puedan estar para rendirles también el homenaje y el recuerdo que sus familiares desean tras muchos años en silencio. Para éstos sí hubo historia, la historia negra de muchas localidades, que les persiguieron hasta la muerte en vida, y les olvidaron tras perderla. La Torre Osario de los italianos en Zaragoza es uno de estos espacios de muerte y memoria que reaviva el imaginario colectivo de los zaragozanos y aragoneses sobre la guerra civil; multiplicado por la presencia en numerosas localidades de la Comunidad Autónoma de cementerios y monumentos italianos que recuerdan su presencia en suelo español durante la contienda civil. El monumento zaragozano, el monumento de las cien cruces, se concibe originariamente como linterna de los muertos, iluminado como en las antiguas tradiciones célticas que evocaba el faro. Su carga ideológica implícita, a pesar de los intentos realizados porque no fuera así, hace que aún perviva en las mentes de quienes la contemplan su relación con uno de los dos bandos en los que se fracturó España, con el de los vencedores fascistas, y su decisiva contribución al triunfo final de esta facción que supuso aplastar al de la otra media España. Los intentos italianos por recordar en su interior a «todos» los italianos que participaron en la contienda española, han dado sólo un fruto político interno para Italia, no para los españoles, que aún desconocen que ese monumento es el de «todos». A pesar de estos intentos, hoy se siguen viendo elementos, signos y


saludos fascistas en las ceremonias a «todos» los caídos italianos. No pueden caer en el olvido un colectivo de otros cientos de soldados también italianos que se encontraban en el lado de los perdedores, de los vencidos, comprendiendo que el mejor olvido no será posible si no existe también el recuerdo hacia ellos. Sólo seremos capaces de olvidar si no nos olvidamos de recordar255, nos recuerda Reig Tapia en el prólogo de su obra citada. Creyeron, obedecieron, combatieron y murieron en España por una causa, por una fe, sin entrar ahora en el debate de que si todos los que aquí vinieron creían en esa causa. Pero lo que es cierto es que durante muchísimos años sólo han sido recordados los mártires o protomártires de una causa a la que dieron sus vidas, sus nombres fueron «honrosamente» recordados y homenajeados en todos los cementerios donde reposaron hasta llegar al mausoleo de Zaragoza, con misas, placas conmemorativas, monumentos, monolitos, capillas..., no así los nombres ni los cuerpos de las otras víctimas de la misma guerra, que han permanecido olvidados de la memoria colectiva zaragozana y aragonesa256, ninguneados a pesar de que también dejaron su vida en España y por España. Ellos sí que creían en su causa y por ella combatieron hasta encontrar la muerte. Su memoria no ha estado lo suficientemente presente como para que fuera reconocida su presencia. No tuvieron la misma suerte, ni en vida ni en la muerte, debido al olvido, la amnesia y la falta de sensibilidad hacia ellos. De este olvido también es culpable en parte Italia, que no supo o no quiso aprovechar el mismo momento de construcción de la segunda fase de su Sacrario, cuando Mussolini ya había perdido la guerra mundial, presionar al gobierno español franquista para recoger entre sus paredes los restos de «sus otros soldados caídos también en España» y que hubiera significado, al menos para el pueblo italiano —puesto que con los otros españoles era una utopía— cerrar un capítulo de su historia y firmar entre sus muertos en España la reconciliación con el reposo y descanso definitivo de «todos» sus caídos en España, haciendo del lugar un espacio común a todos ellos, un lugar de encuentro. No esperar a la llegada de la democracia a España para justificar el olvido con el se que trató a los soldados italianos que dejaron su vida por la defensa de la democracia española. La presencia de los italianos fascistas en España, en los pueblos donde se asentaron, en los frentes en los que participan y en los cementerios de guerra o militares donde muchos descansaron, produjo una auténtica «mitologización o ideologización»257, que incidió muy directamente en la memoria histórica de sus habitantes. El monumento258 funerario de Zaragoza conjuga el carácter de obra de arquitectura con fines conmemorativos, con el de la muerte y su ideologización. Es un monumento concebido para hacer recordar e instruir en una dirección, está ligado a la capacidad voluntaria de perpetuar la muerte y las causas que llevaron hasta esa muerte. Es una obra arquitectónica que formaba parte del nuevo discurso ideológico-artístico franquista, en el que sólo era válido el arte útil, definido como un arte con fuerte capacidad de proyección ideológica y de inserción en el Estado. Esta nueva concepción arquitectónica del franquismo formaba parte de los canales sociales de comunicación, como instrumento de coerción ideológica y social, con unos modelos artísticos concebido como vehículos de propaganda del Nuevo Estado. El falangista Dionisio Ridruejo valoraba al máximo la «misión de la propaganda en sus múltiples facetas rituales y hacía suyas las concepciones expresadas por Hitler ya en 1931: la primera obligación de la propaganda es conseguir individuos para la organización, y la primera finalidad de la organización es conseguir individuos que continúen la propaganda259. Toda una dialéctica política, basada en la producción de agentes portadores de la ideología que la Falange pretendió por todos los medios desarrollar, convirtiendo los símbolos y lemas en signos y emblemas del nuevo Estado; tampoco dudó en utilizar los espacios funerarios y a los muertos para ello, tal como sucedió con el Sacrario de los italianos en Zaragoza. Sus símbolos fueron colocados junto a los italianos, en estrecha comunión con la cruz (Alcañiz, Valdealgorfa, Zaragoza...). Las manifestaciones doctrinarias funerarias eran la unión entre el discurso político y el sentido mortuorio, con


un lenguaje imperial preñado de contenido religioso. La Torre Osario de Zaragoza es un espacio arquitectónico para el nuevo orden. Los monumentos funerarios fueron, ni más ni menos, que una expresión más de su peculiar estilo y discurso, el reflejo del triunfo político, religioso y militar franquista y fascista. El triunfo de la Iglesia, el militar y los civiles nacionales, todos juntos en estrecha comunión, intentando imprimir en su concepción, en sus formas, la propaganda de su particular régimen; recogiendo las influencias clásicas en el trazado, uniéndolas en su ejecución —sobre todo en la iglesia y convento— a la técnica del ladrillo de fuerte tradición mudéjar, unificando lo clásico con lo aragonés. Todo el rosario de cementerios italianos iban a representar también para los vencedores, como las ruinas heroicas de la guerra (Belchite), el rumbo funerario que serviría para mantener vivo y bien presente un tiempo próximo, muy cercano, evitando cualquier tipo de amnesia con «sus caídos» por España. Supuso fijar en el tiempo, en el espacio, su triunfo militar y religioso (cruzada) sobre las «hordas comunistas», el triunfo de una nueva civilización. Otros ejemplos de arquitectura de la posguerra española nos avalan esta teoría, tal fue el caso de monumentos como el de los Mártires de la guerra, en Pamplona (Víctor Eusa) o la Basílica de Aránzazu (Saéz de Oiza). Podemos hablar de la arquitectura político-militar igualmente reflejada en la construcción de cuarteles, bases aéreas, residencias o edificios oficiales, donde se pueden apreciar, como en la Torre Osario, los abundantes reflejos de una arte militar sólido, historicista. Claro ejemplo de la utilización de la arquitectura como símbolo de fuerza y poder político, y reflejo de la ideología triunfadora. El poder militar y religioso sabía cuál era la efectividad de este lenguaje arquitectónico, de monumentos conmemorativos, de obeliscos, de inscripciones y capillas votivas y no dudo en utilizar monumentos españoles o italianos. Las exaltaciones fúnebres del fascismo italiano en España seguirán los mismos pasos que los reflejados en los estilos y modos de la España vencedora. Algunas de sus realizaciones (Monumento del Puerto del Escudo) recuerdan obras y proyectos de la arquitectura española conceptualista, como la de Luis Moya260 y su Pirámide no realizada, dedicada también a los muertos; así como otra de Goya, tampoco llevada a cabo, dedicada a los muertos de la guerra de la Independencia. Todos estos proyectos eran una exaltación fúnebre, siguiendo ejemplos faraónicos, de los que tomarían ejemplo para la concepción y diseño del Valle de los Caídos. Monumentos conmemorativos a los difuntos, junto con los obeliscos o monolitos, cruces funerarias, capillas votivas o inscripciones y pinturas murales. Era una arquitectura votiva y expiatoria que sólo fue realizada medianamente sin alcanzar el grado retórico de los discursos a que tan aficionados eran entonces los jerarcas del Régimen261, unido todo ello a las grandes manifestaciones, actos, homenajes, desfiles de los primeros años posbélicos, en los que toda la parafernalia propagandística se cargaba de operatividad efectista en los escenarios, ceremonias y símbolos que ambientaban y decoraban los espacios. Su enorme efectividad estaba demostrada. Un homenaje funerario, con los caídos voluntarios de un país hermano delante, lleno de símbolos, himnos, banderas, monumentos y discursos con fuerte lenguaje militar y religioso, era de lo más efectivo para adoctrinar a las masas, era la apoteosis del Régimen. El arte ceremonial y la liturgia de masas, tan fascista, fueron moneda corriente para los que tenían en sus manos la función de mover el ánimo de las multitudes262, así como la presencia en muchos momentos en las celebraciones político-religiosas, o en desfiles militares con una arquitectura efímera delimitando espacios litúrgicos y patrióticos que enmarcaban toda la ceremonia de masas, cargadas de símbolos triunfantes. El símbolo histórico de las virtudes guerreras y heroicas de los caídos italianos, de una nación hermana, voluntarios defensores de los valores cristianos, de la civilización occidental heredera de un pasado Imperial gloriosos, era reforzado con todo el despliegue de banderas y gallardetes, estandartes, emblemas, insignias, condecoraciones, coronas de laurel; el yugo y las flechas falangistas bien visibles, los fascios de Littorio y las inscripciones conmemorativas, muchas de ellas en latín para darle mayor carácter imperial a las evocaciones del pasado.


Al terminar la guerra civil, la búsqueda de una nueva arquitectura que expresase el triunfo del nuevo Régimen, fue una preocupación en algunos arquitectos vinculados a este nuevo Régimen, y Víctor Eusa, el arquitecto navarro de la Torre Osario de Zaragoza, lo era. Debería ser un arquitecto nacional que hiciera referencia a los conceptos historicistas del pasado, tomando como ejemplo y modelo el estilo escurialense y el neoclásico, como los que mejor recogían su esencia263, y Víctor Eusa respondía a ese perfil. Luís Moya, otro arquitecto para la causa, era más partidario en su concepción arquitectónica de la figura de la Pirámide como la forma y medio más idóneo para representar los valores del Nuevo Estado, de la exaltación nacional, desarrollado con un clasicismo en los elementos decorativos para hacer frente a la cultura desarrollada durante la República, contraponiendo su concepción del mundo occidental y católico a la última turbamulta de los escarnios procedentes del cubismo y del racionalismo de Le Corbusier, de La Bahaus y de todos los judíos del mundo264. En los lugares y espacios fúnebres italianos en España, los símbolos de las unidades militares italianas que participan en la campaña, y a las que pertenecían los difuntos, están siempre presentes en cruces, lápidas, monolitos, placas..., incluso en el diseño global de su más significativo monumento funerario, la Torre Osario o Sacrario Militare de Zaragoza; recordando formas o esquemas fascistas en su diseño, siempre dentro de las líneas conceptuales y políticas del nuevo arte arquitectónico. La representación abstracta de sus símbolos es una constante, presidiendo los monumentos funerarios como guardianes firmes y serenos en las entradas a los recintos mortuorios, delimitando el espacio historia-memoria, haciendo guardia sobre los luceros. En la Torre de Zaragoza, si ésta es divisada desde una cierta distancia, se puede apreciar en su silueta recortada en el cielo el símbolo del hacha romana invertida, con la potente Torre a modo de mango y el enorme arco de entrada al recinto como si fuera el corte del hacha. La decoración de las verjas que la delimitan también recoge unas pequeñas columnillas de hierro a modo de fascios romanos, que pasan desapercibidas si no se busca el sentido político de la obra. Los escritos y epígrafes que cubren las superficies funerarias de los diferentes cementerios con soldados italianos, combinadas con iconografía, son recuerdos permanentes al valor de los difuntos, a la causa por la que dieron sus vidas, al valor y significado religioso de su muerte, y sobre todo al marco ideológico que los ampara. Yugos, flechas, fascios, cruces y la palabra escrita, elementos simbólicos que nos purifican de la hoz y del martillo marxista; la sangre de los caídos, de los mártires, a sus pies, como savia que hará germinar una nueva civilización y avivarán la memoria de los victoriosos con el sacrificio de aquellos difuntos. Estos símbolos eran una permanente idealización y espiritualización de aquellos caídos, representantes de los ideales de la victoria final y de la justificación de la necesidad histórica del Alzamiento Nacional, de la defensa por las armas de la civilización cristiana, y su reproducción, movida por unos valores eternos, verdades sacadas del código de la iglesia católica. Tanto la Torre Osario de Zaragoza, como el otro gran espacio de historia y memoria, el Mausoleo italiano del Puerto del Escudo, entre Burgos y Santander, respondían a las intenciones políticas del momento265, teniendo la grandeza de los monumentos antiguos que desafían al tiempo, al olvido y que constituyen un lugar de meditación y de reposo para las generaciones futuras y siendo un tributo de admiración para el visitante por ser los caídos venidos de un país, más o menos lejano, para morir en España. Son monumentos que conmemoran la victoria sobre un adversario político, enemigo de la fe cristiana y de los nuevos valores occidentales. Lugares de peregrinación y sitios históricos, como su homólogo del Valle de los Caídos266, salvando distancias y caídos. Monumento cívico-militar-religioso de marcado nacionalismo, ubicado en altozano, con la ciudad y la Virgen del Pilar a sus pies, recortando su silueta en el cielo aragonés de la ciudad imperial de Zaragoza. Lugar de peregrinación todavía hoy, y su monumentalidad, a pesar de haberse quedado prácticamente en la mitad, su consistencia arquitectónica, su efecto expresionista, sus grandes arcos, y su Torre-Osario como gran necrópolis militar y sus ceremonias a los caídos, siguen impresionando a cualquier paseante que repare en sus dimensiones y en su función mortuoria.


Parece ser que se ha eternizado el pasado entre sus piedras. El tiempo ha continuado quemando meses y muchos años, pero estos lugares siguen impasibles escabulléndose entre el deslizar del tiempo. Todo, o casi todo, permanece impasible, como si nada, o casi nada, hubiera cambiado. La historia quiere no dormirse y correr paralela al tiempo en los mismos espacios. Pero nuestra labor es no dejar que esto suceda, que no deje de latir. Toda historia ha tenido su tiempo, su época, pero los tiempos actuales son productos de la memoria de aquella etapa, que nos ha de conducir hacia tiempos futuros, teniendo en cuenta y evitando los errores pasados. Aunque todo, o casi todo, parezca silenciado, adormecido, propio de un lugar de reposo de difuntos, siempre hay que echar esa mirada atrás, y ver, de vez en cuando, nuestro pasado, cargado de símbolos, de restos arqueológicos, de tradiciones, de acontecimientos, de personas, de ideas y de escenarios en los que todo eso transcurrió. Un lugar de historia y recuerdo que poco a poco debemos descifrar para tener viva esa memoria. La muerte consecuencia de una creencia que les llevó a obedecer, combatir y morir. Es la memoria y la historia de la muerte de unas personas, entregadas a una causa, que dieron su vida por ella, por sus ideas, equivocadas o no; quien muere por sus ideas debe tener una muerte muy respetuosa y siempre recordada. Estas motivaciones fueron el origen de esos espacios funerarios repartidos por todo el territorio español, llenos de símbolos, cargados de ideología, de elementos interpretativos y con el rumbo que les marcó un régimen. Alegorías e iconos que, en la mayoría de ellos, eran el norte de sus vidas y que intentaron que presidieran su muerte también para justificar el sacrificio. Atrás quedó la muerte, la violencia, la agresividad bélica, sus cánticos fascistas, las exaltaciones militares, los homenajes heroicos, los desfiles militares, la política belicista, y la Iglesia cómplice junto a una sociedad a la que se supieron ganar para la causa de los vencedores. Sus hazañas, sus valores militares, su abnegación, sus ideales religiosos, y la estrecha unión fascismoiglesia-ejército, sólo tuvieron un resultado, la muerte, el mismo final y resultado que para sus enemigos. Sólo les diferenció el tratamiento de esa muerte, muy discriminatorio. Las conmemoraciones eran siempre las encrucijadas entre la institucionalización de unos actos y el lugar de la memoria, el doble juego entre el presente y el pasado. P. Nora267 diseccionó varios elementos como posibles objetos de análisis en estas conmemoraciones: el lugar, los homenajeados, el escenario, la representación o teatralización y símbolos, el tiempo y la reescritura de la historia que toda conmemoración significa. Se convirtieron en la reconstrucción del pasado destinado a reforzar la identidad de un grupo, reforzando lazos a través del ejercicio del recuerdo y la memorización268. Como un método específico de aproximación al estudio de la memoria, P. Nora llegó a la consolidación de un concepto, el de los «lugares de la memoria», que llegó a definir como aquellas realidades históricas en las que la memoria se ha encarnado relativamente y que por voluntad de los hombres o el trabajo del tiempo han permanecido como los símbolos más luminosos de aquellas fiestas, emblemas, momentos y conmemoraciones. Estos lugares no son sólo espaciales, ni son tampoco sitios que se recuerdan, sino espacios en los que la memoria actúa, no sólo la tradición, mezclando los recuerdos personales con los hechos que se vivieron, recordando la huella que dejaron como vencedores. Ya he señalado el significado que tenían los monumentos funerarios italianos, su valor didáctico y de propaganda para la exaltación de la muerte como una victoria sobre el enemigo. Eran la justificación que necesitaban los vencedores para demostrar que lo trágicamente sucedido había tenido sentido, al igual que justificar su presencia en España, y la sociedad tenía que percibirlo, al recordarlo continuamente, teniéndolo presente con sus homenajes. Formaba parte de una historia, unida al poder, con necesidad de perpetuarlo a través de los monumentos funerarios, que evocasen su memoria. Como quien269 dijo con gran acierto que la memoria histórica necesita de unos «soportes», «lugares» donde se fije el recuerdo, lleno de contenidos y que hagan perdurar en el tiempo su historia270. Son los lugares de historia, son los lugares de la memoria. Creyeron, obedecieron, combatieron y murieron y todos estos monumentos funerarios, en sus formas arquitectónicas, en su grabados y escritos, en su concepción, en sus homenajes,


en su presencia entre la sociedad, en las peregrinaciones y visitas. En todo eso y más, son los lugares en donde efectivamente la memoria está encarnada, es en donde su muerte hizo verdadera mella en la conciencia de los ciudadanos. Estas realidades perduran como auténticos símbolos y mitos para una parte de la sociedad; siendo emblemas totalmente anacrónicos tras los años transcurridos, representaciones de una de las mayores dictaduras y guerras sufridas, para los otros. Han sido lugares de memoria que han perdurado a través del tiempo y de los cambios políticos como símbolos destacados de una época y que hoy se podrían reconvertir en lugar de encuentro y convivencia para todos. Esto fue lo ocurrido con la Torre Osario de Zaragoza, Sacrario Militare italiano donde reposan sus muertos, en la que existió, desde que fue concebida la idea de memoria, de que perdurara y se recordara la intervención italiana en España. Los muertos se convierten en mártires, en trofeos de la causa y prueba de su fuerza y, en la atmósfera de los funerales, el dolor se convertirá en entusiasmo político, afirmará Barley271 cuando en su obra hace referencia al significado de los muertos en los lugares que llamamos de memoria. La imagen definitiva es la de la muerte como inmolación. Un lugar que se resistiera al tiempo, un espacio de memoria en las conmemoraciones y homenajes, de fijación para los emblemas y símbolos, un monumento para transmitir y reforzar una ideología, un lugar para la didáctica del pasado glorioso en determinados actos y celebraciones. La elección de la ciudad de Zaragoza, como el sitio que en ella ocupa, formaría igualmente parte de la historia que tampoco se debe olvidar, Caesaraugusta. Un asentamiento dominante, en un altozano de Zaragoza, impuesto en su día por unas autoridades cargadas de oficialidad y de protocolarios actos. Se puede concebir también como un espacio para homenajear no sólo a los difuntos allí enterrados, sino, y creo que ante todo, para homenajear a los que aún viven, a esos que ganaron no sólo la guerra, sino que sobre todo ganaron la vida; para homenajear a dos países y a dos gobiernos que se entregaron a una causa común. Los homenajes, presentes todos los años, significan administrar la memoria de los muertos, del pasado y reconocer que los homenajeados son portadores de unos valores paradigmáticos, distintos a los iniciales, que van a ser mostrados como modelos a seguir. Antes eran celebraciones donde el apoyo de la iglesia (guerracruzada) y su discurso eclesial se confundía con el militar y con el político. Eran actos religiosos revestidos con carácter de rito político, o viceversa, sin llegar a saberse cuál era lo uno y qué era lo otro. Era un signo de adhesión a la causa. Estos lugares eran la excusa para enardecer los fervores de los fanáticos al régimen, atribuyendo un sentido perverso y pervertido de lo que representan los inhumados, hoy en el reposo del sueño perpetuo. Los muertos eran esos mártires que enarbolaban para su causa, muy alejada en el tiempo de aquéllos, pero sí próxima con los pensamientos de muchos de ellos. Podemos traer al hilo de esto la frase del ya citado Barley272: Los cuerpos de los poderosos resultan políticamente tan peligrosos como lo fueron en vida sus propietarios. En la actualidad el honor a los caídos italianos se celebra con otro sentido más democrático y reconciliador, pero todavía con cierto tufo de nostalgia fascista entre algunos de los asistentes, siendo la parte principal del acto una solemne misa a la que asisten las autoridades civiles, militares y religiosas, no sólo de la ciudad, sino de ambos países, Italia y España. Le siguen un pequeño desfile de oferentes con sus coronas en honor a los caídos, que depositarán junto al altar de la cripta de la Torre Osario tras un responso por las almas de los caídos. Este tipo de ceremonia son las que la denomina el ya citado Barley273, el Remembrance Day. La memoria y el recuerdo a los soldados caídos en España no quedó encerrada entre los grandes sillares pétreos del Santuario de San Antonio. La evocación a sus muertos siempre ha estado muy presente en la memoria de los italianos, que desde la construcción de la Torre todos los años rinden homenaje a sus difuntos. Un homenaje que ha continuado, en algunos aspectos, recordando los actos y homenajes del pasado. Símbolos, presencia militar, autoridades civiles y militares de Italia y España, discursos, amplio seguimiento en la prensa, misa..., son elementos que siempre han estado presentes en estos actos, que todos los años se celebran el día 2 de diciembre en el Santuario de Torrero. La ceremonia exige a todos los representantes de las diferentes áreas, política, municipal, militar,


diplomática, veteranos de guerra..., que se comparezca ante el cenotafio y depositen sus coronas. Quiere ser una grandiosa afirmación de la unidad y la solidaridad de los vivos para con los muertos, un rito de acumulación de solidaridad. 3.2. El yugo, el fascio, la cruz y la muerte274 Luigi Pomé, representante de la Missione Militare italiana, realizó una visita a los cementerios, y posteriormente notificó a las madres de los caídos, a modo de consuelo, el sentido que para Italia tenía en aquellos momentos la sangre de sus hijos derramada en España. Era como invertir en el desarrollo y difusión de una ideología fascista, el mejor regalo que se podía hacer al fascismo italiano. Sus muertes eran la justificación de lo que defendían. Según este alegato, cada combatiente no pudo morir enteramente, el final de cada soldado no puede terminar en la humana decadencia, en la muerte. Il soldato non muere, s’inmola, el soldado no muere, se inmola, y con su vida rescata innumerables vidas y por ello vive del reconocimiento, de la gratitud. Su sangre es la simiente fecunda que crea nuevos héroes, el crisma que se renueva sobre el frente y es por ello que se revive en el acontecer de la Patria y en la leyenda. Molti battaglie vincono i morti..., y es bello que a los valientes se les dé el máximo valor, no en la humilde tristeza de sus exequias. Todo este sentir es el que trasmite a las madres y en el que se aprecia no sólo un consuelo, sino una justificación, a su manera, de la muerte. A este espíritu se unen las cruces, los emblemas, los fascios Littorio que vigilan a los legionarios caídos o las innumerables frases cargadas de fuerza, palabras escuetas, esquelas funerarias que se grabaron en sus tumbas, en los cementerios o en los monumentos de toda España. El aforismo más repetido era el de la División Littorio: Credere, Obbedire, Combattere, pero junto a este toda una serie de frases, palabras y consignas llenaron los cementerios, las tumbas y los monumentos funerarios. Algunas de estas fueron: — Due fiamme un solo vertice, que fue grabada en la tumba del Sargento Abate Filippo y del soldado Trevisani Livio en el cementerio de la localidad de Gandesa, Tarragona, por una persona desconocida. O las otras que decían: — Piú lieve la terra, sotto il tuo materno sguardo. — España nunca olvida a quien por ella dio la vida. Y que fueron colocadas a los pies de una Madonna que guardaba y protegía las tumbas en el cementerio de Santaelices, Cantabria. — Il buono non si domanda mai se vale la pena, era un aforismo del Duce en el cementerio de Vinaixa. En este cementerio también estaba el que había en la tumba de el Medalla de Oro, Romolo Fowst, que también aparece en el cementerio del pueblo turolense de Torrecilla de Alcañiz, y decía: — Nihil nobis obstaculum. En el cementerio de la localidad de Zumaya el Duce dejó escrito: — Qui riposano nella gloria i legionari italiani caduti per la causa della Spagna e della civiltà, il loro sacrificio suggella la fraternitá tra i due popoli mediterranei e cristiani. En el cementerio oscense de Fraga será Franco quien deja escrito, y todavía hoy está presente: — La Italia Imperial ha demostrado profundamente amar y comprender a España. La sangre derramada por los legionarios italianos ha creado una indestructible amistad y confianza. ¡Viva Italia! En el cementerio de Villarcayo una lápida recogía las siguientes frases: — Scese per me l’ultima sera nella speranza di un domani migliore per te, o Spagna! — Dieron sus vidas defendiendo el patrimonio espiritual común a entrambos pueblos.


— Aquí yacen 95 legionarios italianos caídos en heroica lucha por el triunfo de Cristo y del alma hispana. Los años no marchitan la gloria ni el amor que guardan estos despojos. En una cruz del cementerio de Cogull se recogía la siguiente inscripción: — Qui cademo onde Spagna si alzi verso l’Impero.(sic) En otra cruz del cementerio de Torrebreses: — Descúbrete viajero este suelo está consagrado con sangre de heroicos soldados de Italia caídos por salvar en España la fe de Cristo. Y en la tumba del coronel aviador Mario Vetrella: — ... che consacrá il trionfo con sacrificio nel cielo di Zaragoza e holocausto degnissimo alla Vittoria, la Mamma lontana dolorante e fiera dalle pietesse Mamme spagnole invoca culto di fiori e di lacrime (sic). Un caminante, peregrino o fiel seguidor de los legionarios italianos en España dejaría escrito sobre una tumba italiana la promesa de una oración a la Virgen del Pilar; y otro grupo de peregrinos dejaría depositada unas flores con la siguiente inscripción: — Peregrinos españoles a los legionarios italianos caídos por España, un recuerdo, una oración, unas rosas. Aunque la mayoría de los cementerios de guerra y militares italianos han desaparecido tras su incorporación a la Torre Osario de Zaragoza, y consiguientemente la mayoría de las cruces y monumentos, aún quedan numerosos vestigios y numerosas frases que nos dan testimonio de lo que hemos dicho de otros cementerios y tumbas, junto a emblemas falangistas y fascistas. La idea de la muerte, la religión, la ideología falangista y fascista, o el sacrificio, eran elementos religiosos y políticos que intentaban adoctrinar e impactar en el visitante. En el cementerio de Alcañiz aún permanece el monumento italiano de la gran cruz, similar al que hubo en Zaragoza y al que hay hoy día en el pueblo próximo de Valdealgorfa, una enorme cruz, con las siguientes inscripciones: — Dal giorno e dalle frecce sull’altare si eleva la croce con le braccia tese a protezione i fascio stanno a sotengo e presidio del símbolo cristiano(sic). — Il sangue versato dai volontari fraternalmente a fianco dei magnifici soldati spagnoli ha creato un vincolo indistruttibile di amicizia frai i due popoli (Mussolini). — La sangre derramada de vuestros voluntarios y de nuestra juventud selló entre las dos naciones hermanas una indestructible amistad. — La luz y la gloria de Cristo cubren despojos triunfales de artilleros italianos que iluminarán al sucumbir el sol imperecedero de la Victoria. Está clara la verdadera sintonía entre las dos naciones, la Italia de Mussolini y la España de Franco; entre el fascismo italiano, la falange española y la protección de la Iglesia, reflejada muy claramente en los elogios recíprocos de las dedicatorias funerarias. Es el símbolo cristiano, la cruz, levantada y sostenida por los símbolos fascistas españoles e italianos, el yugo con las flechas y los segures, los que daban protección bajo sus brazos a quien bajo ellos se cobijara. Iglesia e ideología fascista de la mano en su lucha común, contra los otros que suponen que no son cristianos y sí enemigos a pesar de ser hermanos, «las hordas marxistas». Iglesia, muerte y victoria, toda una síntesis fascista española. En el monumento del pueblo de Valdelagorfa, otra gran cruz con el yugo y los segures, similar al que antes he nombrado de Alcañiz, aún se puede leer:


— Por España y por mi fe aquí muerto me quedé. — Qui combattemmo que di vedetta per sempre riamnemmo(sic). — Haec corpore Romae spiritu. La Roma imperial sale de nuevo como ejemplo y aspiración del fascismo, ensalzando y recordando sus hazañas, sus ejércitos y tomándola como modelo a imitar en España. En el frente de Guadalajara también aparecieron en sus monumentos funerarios las frases y aforismos que recogían la ideología política y religiosa que envolvían estos enterramientos. En la Pirámide edificada en la tumba del kilómetro 97 de la denominada carretera de Francia aparecían en los cuatro costados estas inscripciones: — Sua gran luce guidovanni in camino la fide che vince anche il destino (sic). — Nel nome di Spagna e di Cristo ove pongo il piede registro (sic). — Dal mio sangue tosto sboccerá il fior purpureo della libertá (sic). — Scende per me l’ultima sera nella speranza di un domani migliore per te, o Spagna! En este mismo escenario y carretera, pero en el punto kilométrico 105, en la capilla votiva de la Madonna del Legionario que existió ponía: — Siste victor, heroes saluta. El propio significado del monumento funerario levantado en el Puerto del Escudo, el «monte de los caídos» italianos, representaba en su forma externa una Pirámide del antiguo Egipto, el símbolo de la montaña, simbolizando la inmortalidad del alma y una entrada triunfal al cementerio de estas almas. Un panteón romano y en sus cruces talladas las siguientes palabras: — Per crucem ad lucem. Per aspera ad astra (sic). — Scutum ense fratum, La espada frente al escudo. En esta unión de cruz y fascismo, hay que recordar que una de las razones de la elección de Zaragoza, como lugar de reposo de los cuerpos de los legionarios italianos, fue también religiosa, el que en esta ciudad existía un gran fervor y devoción a la Virgen del Pilar, no sólo a nivel local, sino también nacional. Zaragoza había sido durante la grandeza del imperio romano, Caesaraugusta, hija de Roma, dos veces milenaria, fundada por el emperador Augusto y además capital guerrillera de España contra los franceses, los grandes enemigos de Italia en aquellos momentos, lo que le valió el título de muy heroica. La muerte del correligionario serviría para exaltar las ideas religiosas y políticas por las que en teoría sucumbe, o para exagerar la crueldad del enemigo275, habiendo incorporado a su ideario fascista la defensa de la tradición católica, que llevaba a considerar como mártires a todo muerto en la batalla, defendiendo la cruz como en una santa cruzada. El mensaje funerario se convierte en una señal dirigida al que mira a los monumentos y visita los cementerios, para promover su adhesión al ideario político y religioso, cuya defensa justifica la lucha armada, exaltando el término de la muerte. Estaba comprobado que todo ello unido surtía un efecto muy positivo para el aparato propagandístico, apelando a la emotividad del que lo ve bajo una gran grandilocuencia expresiva en las consignas que se reflejan en los monumentos funerarios, en los símbolos fascistas y religiosos que se repiten. Como dice Pérez Bowie en el libro que se cita más arriba, las referencias permanentes en sus manifestaciones a la vida de ultratumba será el rasgo diferencial más importante con el discurso oficial de la izquierda, para quien la muerte honrosa es preferible a una vida de opresión y miseria. En estos enterramientos y monumentos la vida ultraterrena funcionaba como recurso insustituible para predisponer los ánimos de los próximos mártires y para dar consuelo a quienes pierden a los seres queridos. La muerte no debe entristecer, debe ser motivo de regocijo, es el culto a la muerte276. 3.3. Réquiem por «todos» los caídos


Las ceremonias y homenajes tenían en un principio el significado de honrar a los caídos, a los mártires por la causa. Su muerte se había convertido en un holocausto por la defensa de la religión y de la nueva civilización que estaba implantando el nuevo estado. Cuando la guerra finaliza al concepto anterior se añade la rememoración de la guerra, las exaltaciones de signo político, en unos momentos de reafirmación ideológica, de contenido didáctico e instructivo y elevada función exaltadora de vencedores sobre los vencidos. Los lugares de la memoria son visitados y utilizados como instrumento de propaganda. Se institucionalizó la memoria de los caídos y la visita a sus lugares de reposo. Las conmemoraciones se caracterizaban por ser unas expresiones fuertemente institucionalizadas, con un alto grado de teatralización donde se unían en estrecho lazo el lugar, los difuntos, los escenarios, la representación de las ceremonias, los gestos, gritos y aplausos, los himnos y los emblemas. El paso del tiempo y el traslado de la mayoría de los restos de los caídos a la Torre de Zaragoza, convirtió la mayoría de estos loci memoriae en depósitos de memoria277. Ya no se evocará el lugar de enterramientos, puesto que el objeto del recuerdo había cambiado de lugar; quedando para la posteridad como un simple recuerdo allí presente. No pasarían al olvido, pues permanecen vivos en la memoria de las gentes de esos lugares, pero están dejando de convertirse en objeto de recuerdo y nostalgia, a pesar de ciertas manifestaciones políticas que aún se siguen observando hoy día en las ceremonias. El peso de la memoria hacia los vencedores todavía se impone en los homenajes y misas actuales, a pesar de los intentos porque eso no suceda. Siguen existiendo y asistiendo los forjadores de aquella historia arropados por un lugar de memoria que ellos crearon. Está perdiendo el peso didáctico y el contenido ideológico de los primeros años, intentando que en el presente sea un lugar de encuentro y de recuerdo hacia «todos». Desde la muerte del primer legionario italiano en tierras de España, el carrista Pietro Barresi que falleció en Esquivias (Toledo) el día 29 de octubre de 1936, y la muerte de Giuseppe Pittardo en la misma batalla pero muerto el día 31, junto con la de Emanuele Crescente, caído en Villaverde el día 13 de diciembre del mismo año, que fueron enterrados en el cementerio de Toledo, empezarían a ser homenajeados, visitados278 y honrados, no solamente el día de su enterramientos, sino en ceremonias conmemorativas a los largo de toda la guerra civil, y posteriormente, sobre todo, todos los días dos noviembre279 de cada año. De esta manera se comenzó a glorificar su muerte. La muerte de un «camarada», de un correligionario fascista, era el marco ideal para exaltar las virtudes de la causa por la que muere o se inmola. Emblemas, símbolos, frases, gritos de «slogan» fascistas, sirvieron para dar el apoyo visual y sonoro a los discursos, sermones efectistas y propagandistas. La repetición sonora de las expresiones ¡Duce, Duce, Duce!, ¡Arriba España!, ¡Franco, Franco, Franco!, ¡España Una, Grande, Libre!, ¡Viva, Italia, Viva España! o el grito fascista italiano ¡Eia, eia, eia, olalá!, entre otros, junto con las formaciones militares rindiendo culto a sus compañeros, con el saludo a la romana, las aclamaciones multitudinarias, y los cánticos finales de los himnos «Oriamendi», «Giovinezza» o el «Cara al sol», se repitieron en cualquiera de los actos funerarios. Seguirán las instrucciones que Mussolini en más de una ocasión recordó y que él siempre utilizaba en sus apariciones esperpénticas, hay que cargar las tintas en el aspecto coreográfico y pintoresco. Se exaltaba el valor de los allí enterrados y se aprovechaba el momento para exagerar la crueldad del enemigo, del que le había llevado hasta allí. El término muerte era una exaltación patriótica funeraria, mezclando el más allá que les esperaba con el futuro de esperanza para la «nueva España». En ocasiones los homenajes y ceremonias no eran sólo cosa de un acto en un día concreto y en un lugar determinado. Aprovechando la visita de familiares de los caídos y de las asociaciones de excombatientes fascistas, tanto italianas como españolas, se organizaban rutas y recorridos para visitar los diferentes cementerios280 a lo largo de la geografía española, con los correspondientes actos de exaltación en cada uno de ellos. Las ceremonias y homenajes a los caídos han seguido perdurando hasta la actualidad, celebrándose todos los años en la Torre Osario de Zaragoza282. Siguen siendo ceremonias conmemorativas que recuerdan en la actualidad a «todos» los caídos en la guerra civil española, perdiendo poco a poco, con alguna resistencia, todo el carácter paramilitar y político que en los tiempos


del franquismo tenían283. Estos actos en la actualidad terminan con la colocación en la cripta de la Torre de una corona con los colores nacionales italianos que en los primeros años se hacía al principio de la ceremonia, así como de otras ofrecidas por asociaciones de excombatientes italianas y españolas, y la que ofrece Falange Española. A estas ceremonias asistían todas las autoridades religiosas, civiles y militares de Zaragoza, miembros de la colonia italiana, representantes del ejército de Tierra y del Aire, representantes de los cuerpos consulares de otros países y numerosos fieles y simpatizantes, hoy el número de representantes oficiales ha descendido. 3.4. El Monte de los Caídos: mausoleo italiano del Puerto del Escudo El gobierno fascista italiano proyectó en el año 1934 un sagrario militar para los llamados «mártires de la Revolución Fascista italiana»; dicho diseño fue presentado por el arquitecto racionalista Giuseppe Samoná para el Palacio del Littorio, cuartel general del nuevo Partido Fascista, como el Mausoleo de la Revolución. Estaba concebido como un templo dentro de un templo, con unos volúmenes austeros, como había sido austero el sagrario erigido según el diseño de los racionalistas Adalberto Libero y Antonio Valente en 1932 para la Exposición de la Revolución Fascista que celebraba el décimo aniversario de la Marcha sobre Roma. Era una sala circular y en la oscuridad reinante resplandecía sobre la pared el lema Presente284, bien iluminado desde el fondo, para semejar la irradiación lumínica de las almas de los mártires. Estos mismos conceptos fueron los desarrollados en los dos principales sagrarios militares italianos en España, el del Puerto del Escudo y el Sacrario Militare. El excombatiente italiano Atilio Radic supo recoger las esencias de los sagrarios fascistas italianos, reflejarlas en este cementerio y monumento del Puerto del Escudo. Se trataba de un lugar para mártires a los que había que hacer un homenaje permanente, en el mismo lugar en el que muchos de ellos habían dejado su vida creyendo, obedeciendo, combatiendo y muriendo en el lugar en el que habían encontrado su muerte. Desde lo alto del monte, estarían vigilantes y «presentes» como ejemplo de su sacrificio por una nueva España. Atilio Radic eligió una pirámide, monumento funerario por excelencia, junto con la torre, en el que la luz tendrá un papel importante cuando atraviesa el hueco vacío de la cruz, como un símbolo de la gloria en el sacrificio, y la oscuridad de su cripta representará el silencio imperturbable de los que allí descansan, rodeados de un ejército de mártires que reposan sobre la llanura exterior. Como se ha recogido en páginas anteriores, las pérdidas de los soldados italianos, en el frente del Norte, fueron cuantiosas. El C.T.V. había participado con un gran potencial de hombres en esta campaña del norte y su intervención resultaría decisiva para la recuperación de esos territorios para la España de Franco. Sus muertos fueron sepultados en las localidades próximas a los frentes de batalla, en diferentes cementerios de guerra y militares a donde se llevaron los cadáveres de los soldados italianos y españoles caídos en combate. Estos cementerios se fueron acondicionando para la organización, en un principio «definitiva», de los cuerpos. El O.C.S.285 tuvo como misión los trabajos de recoger y dar sepultura digna a los cadáveres de los soldados italianos, bajo la dirección del Padre Capellán, Centurione Pietro Giovanni Bergamini (Pietro di Varzi). Varios fueron los cementerios que se fueron construyendo en el Norte, siguiendo el recorrido que el C.T.V. llevó para la conquista del Norte: Corconte, Paso del Escudo, Quintanatello, Villarcarriedo kilómetro 13, Santaelices, Soncillo, Forua, Bakio, Zumaya..., y la idea era de agruparlos a todos y facilitar tanto el mantenimiento de los cementerios como las visitas de sus familiares. A este monumento del Puerto del Escudo fueron llevados y reunidos los cadáveres de todos los soldados italianos que participaron en el Frente del Norte, un total de 372 cadáveres, que allí dejaron sus vidas. Serían desenterrados de los cementerios próximos y llevados a este monte. De los enterrados aquí,


268 cuerpos fueron posteriormente repatriados286, cuando los otros, 104 caídos, son llevados a la TorreOsario de Zaragoza287 en el año 1975. Las obras del Monumento Osario del Escudo contarán con una estatua de la Victoria. Las obras deberían estar ultimadas antes del día 24 de mayo de 1939, y así lo manifiesta el coronel jefe del Ufficio Centrale Notizie, Balzarini, en el documento n.º 10076 enviado a finales del mes de abril al Ministero degli Affari Esteri, Ufficio «S»288. La dirección de las obras es encargada al Centurione Bergamini, Padre Giovanni (Padre Pietro di Varzi), capuchino, cappellano delle Truppe Legionarie, quien más tarde se haría cargo de la dirección de las obras de la Torre de Zaragoza. El monumento se revistió de mármol, una decisión del Ministero degli Esteri, y que el general de División G. Gambara así lo confirma en el documento que envía a S. E. el ministro Conte Pietromarchi, ministro degli Esteri289. El monumento y cementerio se encuentra a una altura de 1.100 m en el Puerto del Escudo, provincia de Burgos, al lado oeste de la carretera que va desde Santander a Burgos, a 40 km de Santander, hoy en estado de abandono. El acceso se realizaba a través de una verja de hierro, entre dos grandes fascios de cemento. En la calle de la entrada estaban las 270 lápidas de los soldados provenientes de los cementerios de guerra de la zona próxima. La cripta está bajo una pirámide de piedra con base cuadrada. Es una pirámide asociada al panteón de la más pura esencia romana; Victoria alada con el escudo, arco triunfal y ornamentación con fascios. El monumento ofrecía el aspecto de una forma escalonada, con una cruz vaciada en la parte superior, por la que la luce entra dalla croce come la gloria dal sacrificio. En la parte inferior de esta pirámide, una puerta atraviesa la misma a modo de arco triunfal, y en su interior con bóveda semiesférica, un altar de mármol. Sobre las cuatro paredes fueron recogidos los 360 «loculi» con unas pequeñas lápidas individuales, con el grado, nombre del caído, unidad a la que pertenecía y fecha de su muerte. En doce tumbas fueron depositados los restos de 12 soldados, únicos que estaban enterrados en el interior, junto a la del Console Alberto Liuzzi, en la pequeña cripta, y en ella también estaban anotados los nombres de los que fallecieron. El resto, 372 soldados, permanecían enterrados en el exterior, en el recinto de forma circular. Actualmente ya no queda ninguno, pues fueron trasladados en camiones militares españoles a Zaragoza en el año 1975 y otros fueron reclamados por sus familiares y llevados a Italia. A esta necrópolis fueron llegando los cadáveres procedentes de otros cementerios y enterramientos próximos, para ser depositados en uno mayor y que reuniera a más soldados. Desde Sigüenza fueron traídos los restos del general (Console) Alberto Liuzzi, condecorado con la medalla de Oro y que tiene su placa en solitario en el Sacrario Militare de Zaragoza. Del cementerio de Oña también serían llevados al del Puerto del Escudo 26 cadáveres, como lo testifican las 26 partidas de defunción existentes en el archivo de la parroquia de Oña, con anotaciones al margen, donde se lee que fueron trasladados a este cementerio el día 28 de abril de 1941. En las exhumaciones llevadas a cabo por el Sergente Petrozzi290 desde el 13 de agosto de 1941 en los cementerios próximos, zonas de Valladolid, Soria, Santander, País Vasco, Navarra, Burgos, figuran un total de 93 cadáveres de la zona de Valladolid-Soria llevados al cementerio del Puerto del Escudo y 291 cadáveres más de las zonas restantes, dando un total de ingresos en este cementerio, por estas fechas, de 384 cuerpos inhumados, ahora en este cementerio. De nuevo vuelve a surgir la idea de hacer un reagrupamiento mayor, en un cementerio más grande, con todos los soldados italianos. De esta manera se mantendrían más atendidos, se facilitaría la visita de sus familiares al estar todos agrupados en un mismo lugar, y su mantenimiento resultaría más barato. Se contaba además con espacio suficiente en el Sacrario Militare de Zaragoza para reunirlos a todos. Pero esta idea sería muy estudiada, analizada y no parecía tenerlo todo a su favor. Así se aprecia en un informe291, del Maggiore Lorenzo della Ragione tras su visita al Sacrario de Zaragoza y al cementerio del Paso del Escudo en el año 1960, en el que dice que no parece conveniente ni posible transportar los cadáveres del Puerto del Escudo a Zaragoza, ya que los italianos residentes en la zona de Santander y Bilbao, muchos excombatientes que se quedaron aquí a vivir, han manifestado el deseo de que no sean llevados los allí enterrados. Y que por otra


parte el traslado de estos cuerpos significaría la eliminación del monumento, ya que una vez sacados los restos hacia otro lugar la Sociedad propietaria del terreno querrá que vuelvan a su propiedad. Pero su traslado a la Torre Osario de Zaragoza se haría definitivamente en el año 1975. El monumento292 funerario del Puerto del Escudo conjugaba el carácter de obra de arquitectura con fines conmemorativos, con el de la muerte. Fue un mausoleo concebido para hacer recordar y honrar la memoria de sus caídos en España, y estaba ligado a la capacidad voluntaria de perpetuar la muerte y las causas que llevaron hasta esa muerte. Era una obra arquitectónica que formaba parte del nuevo discurso artístico franquista, en el que sólo era válido el arte útil, definido como un arte con fuerte capacidad de proyección ideológica y de inserción en el Estado. Si el Valle de los Caídos fue, y es, el símbolo de los soldados de Franco que murieron en la guerra civil, el Puerto del Escudo tuvo un significado similar para los italianos, era el monte de los caídos en España. Fue un auténtico lugar de historia tras los duros combates que allí se desarrollaron para la conquista del norte por los italianos, y un lugar de memoria para el futuro. Aquel monumento representaba el homenaje funerario permanente a los caídos voluntarios de un país hermano, lleno de símbolos, himnos, banderas, y discursos con fuerte lenguaje militar y religioso; lo más efectivo para adoctrinar a las masas, era la apoteosis del Régimen fascista. El arte ceremonial y la liturgia de masas, tan fascista, fueron moneda corriente para los que tenían en sus manos la función de mover el ánimo de las multitudes293; la presencia de los símbolos triunfantes fascistas nos recordarán siempre de quién fue la victoria y quiénes eran aquellos héroes que allí desafiaban a la misma muerte. El símbolo histórico de las «virtudes guerreras y heroicas» de los caídos italianos, de una nación hermana, voluntarios defensores de los valores cristianos y de la civilización occidental heredera de un pasado Imperial gloriosos, fue reforzado en las ceremonias y homenajes con todo el despliegue de banderas y gallardetes, estandartes, emblemas, insignias, condecoraciones, coronas de laurel, el yugo y las flechas bien visibles, los fascio de Littorio y las inscripciones conmemorativas, muchas de ellas en latín para darle mayor carácter imperial a las evocaciones del pasado, cuando de homenajes y celebraciones se trataba. Tanto la Torre Osario de Zaragoza como el Mausoleo del Puerto del Escudo respondieron a las intenciones políticas del momento, teniendo la grandeza de los monumentos antiguos, que desafían al tiempo, al olvido, que constituyen un lugar de meditación, de reposo para las generaciones futuras, siendo un tributo de admiración para el visitante por ser los caídos venidos de otro país más para morir en España. Lugares de peregrinación y lugares de historia, como su homólogo del Valle de los Caídos, salvando proporciones. Los muertos se convierten en mártires, en trofeos de la causa y prueba de su fuerza y, en la atmósfera de los funerales, el dolor se convertirá en entusiasmo político, afirmará Barley294 cuando en su obra hace referencia al significado de los muertos en los lugares que llamamos de memoria. La imagen definitiva es la de la muerte como inmolación. Un lugar que se resistiera al tiempo, un lugar de memoria en las conmemoraciones y homenajes, un lugar en el que se fijaran los emblemas y símbolos, un lugar para transmitir y reforzar una ideología, un lugar para la didáctica del «pasado glorioso» en determinados actos y celebraciones. 3.5. El Sacrario Militare de Zaragoza: «Un espacio para la historia y un lugar para la memoria» El concepto de «Sacrario», como ya se ha comentado anteriormente, se concibe como lugar sagrado para los muertos y tiene sus orígenes en la idea que diseñó y presentó el arquitecto racionalista Giuseppe Samoná en el año 1934, en el «proyecto para un Sacrario» para el Palacio del Littorio, el cuartel general


del nuevo Partido Fascista italiano con el Mausoleo de la Revolución y estaba concebido como un templo dentro del templo, con unos volúmenes austeros y sobrios. Todo aquel soldado italiano que entregaba su vida por defender a su patria merecía el mejor de los honores y las máximas atenciones para con sus restos. Sus héroes debían permanecer honrados a perpetuidad y su recuerdo siempre tenido presente. Para ello la mejor manera es la de reunir, juntar y conmemorar sus muertes en los lugares de memoria que para ello el estado italiano acondiciona. Los monumentos a sus víctimas, a sus héroes, no importa la idea por la que han muerto, deberán ser de la importancia y dignidad que sus moradores se merecen, y ese principio Italia siempre lo ha tenido muy presente con los soldados que andado la vida por su bandera. Tras la Primera Guerra Mundial, la idea del Sacrario Militare fue desarrollada en diferentes localidades con soldados italianos caídos en los frentes de guerra. Una idea puesta en la práctica ya en la colina de Leiten, en Aciago. Es un Sacrario inaugurado en 1938, con el deseo de servir de monumento a la memoria y al valor de tantos hombres que habían dejado la vida en el Altopiano de Aciago, durante la gran guerra295. Son 50.000 soldados caídos, que se encuentran distribuidos en «loculi» a lo largo de las paredes de la galería perimetral y axial del monumento. En su centro existe una capilla votiva. Todo el conjunto está presidido por un gran «arco triunfal quadrifonte», con 47 metros de altura, visible desde todo el Altiplano. Junto a la entrada del Osario están recogidos algunos objetos encontrados en los campos de batalla del Altopiano, así como documentos y fotografías, lo que también sucede en el de Zaragoza. Es un monumento, que al igual que el Sacrario de Zaragoza, recoge las esencias de una arquitectura fascista con elementos de clara ascendencia romana. En Slovaquia Mussolini también se inauguró otro Sacrario Militare de características similares, y también como homenaje a los caídos en la Primera guerra mundial. En Redipuglia, sobre la pendiente del monte Sei Busi, está el Sacrario Militar italiano más grande que existe296, inaugurado en el año 1938 y en el que reposan los restos de 100.000 soldados italianos caídos en esta gran guerra. En la base del monumento se encuentra la tumba del duque de Aosta, comandante de la Armada. En 22 escaleras están dispuestos los cuerpos de 39.857 muertos italianos identificados. En el último escalón, en dos grandes tumbas comunes a los lados de la capilla votiva, reposan los otros 60.330 caídos, desconocidos. Existen unas salas adyacentes donde se encuentran objetos personales de los soldados italianos y austro-húngaros. Es un auténtico Parque de la Memoria, con una gran avenida con cipreses y adornada con reproducciones y restos de las excavaciones de Aquileia, para celebrar la memoria de los caídos de todas las guerras, «sin distinciones de tiempos y de fronteras». Posterior a la época fascista italiana, y en recuerdo a los caídos de la Primera y Segunda guerra mundial, es el Sacrario Militare D’Oltremare, inaugurado el 20 de diciembre de 1967 en las proximidades de Bari, junto a la carretera a Brindisi. Custodia los restos de 70.000 muertos italianos en tierras extranjeras (Albania, Grecia, Argelia, Marruecos, Túnez, Libia, Somalia, Etiopía, Eritrea, Alemania y mar Mediterráneo) de la primera y segunda guerra mundial, en los frentes o en las prisiones, de los que unos 40.000 son desconocidos297. El Sacrario Militare del Alamein298, en tierras africanas, fue también un proyecto basado en sacrarios de la época fascista, aunque éste iba a dar cobijo a los caídos en tierras del norte de África en la segunda guerra mundial. Se compone de tres grandes unidades, El Sacrario, un complejo de edificios situados a lo largo de la carretera y la denominada base italiana de «Quota 33». El Sacrario es una torre octogonal, ligeramente más estrecha en la parte superior, sobre una amplia base, descansando en su interior los restos de los caídos. Fue construido entre los años 1949 y 1960. Según la Memoria que se adjuntaba al proyecto presentado para la construcción del Mausoleo italiano de Zaragoza, el concepto fundamental del mismo era reunir en un solo recinto la casi totalidad de los muertos legionarios italianos que valerosamente lucharon en tierras de España durante los años 1936-1939. Una idea similar a la preocupación que los italianos habían tenido con los cementerios construidos para sus muertos en la


primera guerra mundial y que más tarde también aplican con los de la segunda guerra mundial. Querían construir un espacio para convertirlo en un lugar de «memoria» a sus caídos en España y que sirviera de lugar de peregrinación para honrar a estos «héroes», a quienes la historia les había reservado un lugar especial para ellos en las páginas de la historia italiana. Los cuerpos de los soldados italianos estaban muy dispersos por la geografía española, muchos se encontraban aún en tumbas aisladas, semi abandonadas y alejadas de núcleos habitados, fuera de los cementerios donde se encontraban sus compañeros caídos. Organizar la conservación y mantenimiento de todos los cementerios y tumbas resultaba muy dificultoso y de elevado coste económico. Muchas eran las dificultades que tenían sus familiares cuando venían desde Italia y querían visitar a sus difuntos, por estar en muchas ocasiones alejados de los núcleos urbanos o de ciudades bien comunicadas, o por estar en terrenos casi inhóspitos con unos medios de acceso muy dificultosos. Sus familiares creían que era un deber moral dar un mejor lugar de reposo y un mejor homenaje a aquellos que con su sangre habían contribuido a «la causa española»299, por lo que consideraban el deseo de muchas madres y viudas de construir «un único Sacrario» en el cual reunir todos los cuerpos de los legionarios. Unido a este deseo de los familiares se recogía también el anhelo de que el monumento, o Sacrario, debería ser un recuerdo especial de la lejana patria hacia sus muertos, que en España siempre tuviera presente la aportación y el sacrificio de Italia. La asociación Ut vivant de madres y viudas de los legionarios italianos, había pedido y obtenido permiso del gobierno español para que éste les concediera gratuitamente en Zaragoza el terreno necesario, lindante al Parque Pignatelli, para levantar un Mausoleo, al que fueran trasladados los restos de los cuatro mil legionarios caídos en España. Mussolini había dado ya su consentimiento y la Missione Militare Italiana recibe el encargo de llevar a cabo la ejecución de las obras300. ¿Por qué se elige Zaragoza como lugar para el Sacrario? Una de las respuestas a esta cuestión nos la da el que era entonces embajador de Italia en España: «Es de justicia que el monumento de nuestros muertos se levante en Zaragoza, que lleva en su nombre el de su imperial fundador romano, bien está el monumento de los caídos en la Inmortal Ciudad de los Mártires, en el Santuario de la Raza hispánica, centro espiritual de la nación desde que la Santísima Virgen fijó en ella su Pilar inconmovible»301. Otra explicación que se da a esta pregunta puede estar en que al finalizar la guerra civil española, Mussolini da la orden de recoger a los muertos caídos en España, de ambas partes, y para ello había designado una patrulla militar, Onoranze Cadutti302, y la misión posterior de que se le erigiera un monumento, el monumento de las cien cruces. Este mausoleo debería estar situado en un altozano de una ciudad media española, cuya situación geográfica permitiera una mejor recogida de los cadáveres y su posterior reunión en el monumento. Estas condiciones iniciales de Mussolini las reunía Zaragoza. La tercera explicación que nos puede aclarar la pregunta, y a mi parecer la correcta, se recoge en el documento de la M.M.I.303 en España, dirigido al Ministero della Guerra italiano, en el que se dice que la elección de la ciudad de Zaragoza estuvo determinada por encontrase en ella el mayor número de soldados enterrados, por el carácter «augusto» de la ciudad y por la presencia allí de «il Santuario del Pilar, centro religioso di Spagna». En la Memoria304 que se adjuntó al Proyecto presentado al Ayuntamiento de Zaragoza, se justificaba la idea y el lugar con las siguientes palabras: «La idea de recoger en un solo recinto a los muertos, el recuerdo de los campos de batalla y el concepto de lo que fue la gran Cruzada Española, ha llevado a pensar que el lugar apropiado a tal fin, debe expresar una espiritualidad tal, que borre el concepto material de la muerte... Se ha elegido como lugar adecuado la ciudad de Zaragoza, donde a la sombra del Pilar Santo, reposarán hasta el día de la resurrección».


El embajador Gambara, de acuerdo con el Ministerio de la Gobernación, daba el proyecto al arquitecto navarro Víctor Eusa, y la construcción del mismo a una empresa española, AISA, bajo la vigilancia, supervisión y control de un oficial italiano que se designaría para ello. Se tenía muy clara la idea. Se concibe un monumento-cementerio no sólo como un lugar para la muerte, sino un lugar conmemorativo y que además llamara la atención para transmitir unos contenidos políticos; la idea de unos mártires que habían entregado sus vidas por el nuevo estado y en defensa de la religión. Estos mausoleos, monumentos conmemorativos, adoptan siempre las formas de pirámides, torres, obeliscos o capillas, decantándose en este caso por la Torre por el número elevado de cadáveres que ha de albergar. Una Torre que fuera linterna de los muertos, el monumento de las cien cruces iluminado con la luz de la inmortalidad, cual faro que había de servir de guía para los vivos305. No se limitará a un simple espacio destinado a ser soporte o depósito de unos restos humanos. Tenía que haber una estrecha relación entre ese soporte y su contenido, concretado en ese espacio mítico en el que se ha de convertir, un lugar, más que cuantitativo por el número de cuerpos sepultados, cualitativo, lleno de significado y de fuerza ideológica. El «sacrario» habría de ser un núcleo histórico, un lugar de memoria, donde se concreta el fetiche, el monumento o lugar sacralizado, símbolo de la nueva civilización. La fecha oficial de la colocación de la primera piedra es la del domingo día 3 de mayo de 1942, pero las obras ya llevaban unos meses desarrollándose a un buen ritmo; este retraso motivó que el Provincial de los Capuchinos, con la comunidad de San Antonio, en una mañana del mes de febrero de este mismo año, bendijera ya las obras, y en la zanja que se realizó para la cimentación del ábside de la iglesia fue enterrada una cajita, en cuyo interior se depositaron papeles con la fecha del día y un ejemplar del diario El Noticiero y otro ejemplar de la revista El mensajero de San Antonio de ese mismo mes y año306. Una ceremonia humilde, propia del espíritu capuchino, al contrario que la celebrada meses más tarde por las autoridades civiles y militares, cargada de actos políticos y militares. Los actos oficiales de colocación de la primera piedra empezarían con la llegada a la ciudad de Zaragoza del embajador de Italia en España, Francisco Lequio, para asistir a los actos. Fue recibido en el Gran Hotel por el cónsul de Italia en Zaragoza, señor Giambanco, y otras representaciones de Italia en la ciudad. Las altas jerarquías militares, de la ciudad y del Movimiento en Zaragoza acudieron a su recibimiento, y posteriormente se trasladaron a la Jefatura Provincial de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S., a fin de devolver la visita que le había hecho en el Gran Hotel el jefe provincial del Movimiento Aniceto Ruiz Castillejo siendo obsequiado por un vino español acompañado por los vivas respectivos a España, Italia, al Duce y al Caudillo. Como recoge el diario Amanecer307: puso de relieve la entrañable amistad y camaradería que une al partido fascista italiano con la Falange del Caudillo. Esta visita a la sede del Movimiento se complementó con otras visitas a las autoridades locales en sus respectivos edificios oficiales. La avenida del General Mola de Zaragoza se encontraría adornada con gallardetes. Un piquete de «Carabinieri», una compañía del Regimiento de Infantería n.º 54 con escuadra, bandera y música, la Banda Divisionaria, una compañía de la 4.ª Región Aérea, con guión, banda de cornetas y tambores, dieron el distintivo toque militar propio de estos actos. La revista a las tropas allí formadas y los correspondientes himnos iniciaron los actos. Al término de la misa fue cantando un Miserere por el coro de los Padres Agustinos de Zaragoza. A continuación se procedió, por parte del Nuncio de Su Santidad revestido de pontifical, a la bendición de la primera piedra y el correspondiente ritual. Tras esta bendición el jefe de protocolo de la Misión italiana extendió sobre una mesita el texto del pergamino que ha de colocarse en la primera piedra de la Torre. El texto del pergamino que se incluyó en esta primera piedra iba orlado con alegorías, que significan la historia de los soldados italianos a través de los tiempos. Escudos de Italia, España y Zaragoza. De fondo una galera romana y Augusto, y decía lo siguiente: REYNANDO VICTOR EMANUEL IIIº


MIENTRAS ROMA PUGNA CONTRA LOS ENEMIGOS DEL DERECHO Y DE LA FE, BAJO LOS AUSPICIOS DE MUSSOLINI Y FRANCO. CON LA BENDICIÓN DEL ROMANO PONTÍFICE PÍO XII ESTA OBRA DE PAZ A LA COSTUMBRE DE LOS PADRES PARA EL INCREMENTO DE LA RELIGIÓN Y LA MEMORIA DE LOS LEGIONARIOS ITALIANOS CAÍDOS EN ESPAÑA SE LEVANTA CON ROMANA GRANDEZA EL DÍA 3 DE MAYO DE 1942 En esta primera piedra se incorporarán, además del pergamino, periódicos del día y algunas monedas, siendo luego alzada por una grúa y trasladada a la fosa de cimentación, en el sitio que había de quedar. Los discursos pronunciados en la colocación de la primera piedra, se fundamentan en las mismas ideas, como podemos observar a continuación. Las palabras del embajador, además de señalar por qué se escogió Zaragoza como sede del monumento, empezaron con un entrañable recuerdo a su nación y a su Duce, quien en su nombre venía a pagar una deuda de gratitud y admiración a los 4.000 héroes compatriotas que a la unidad, la grandeza y a la libertad de España ofrecieron sus vidas. Hizo un recuerdo a una frase, que en unos de los muchos cementerios que había por el territorio español, había oído: España nunca olvida a quien por ella dio la vida. Agradece la hospitalidad zaragozana, que a partir de ahora las madres y esposas italianas quedarán tranquilas cuando sepan que las veneradas cenizas de sus hijos y esposos han sido encomendadas al valor e hidalguía de los aragoneses. Sus palabras se mezclan con el ideal patriótico realzado y consagrado por el ideal religioso, cuando habla de que «la cruz que ha de coronar la altísima atalaya de la torres será el símbolo del sacrifico humano junto al Redentor, e infinito sacrificio divino. El templo, unido a la Torre, dio a toda la obra un profundo sentido de espiritualidad religiosa; a la sombra de la gran torre, este manantial perenne de oración, sufragio de los que cayeron, será a la vez fuente de consuelo para los que lloran su muerte. El lugar sagrado está bajo la protección del Santo más popular e italiano de corazón, el santo taumaturgo Antonio de Padua, que alejará de este lugar cualquier idea de muerte, elevando un canto a la vida y al amor con las estrofas del Laude creatorem, aprendida de su padre y maestro Francisco de Asís, el más italiano de los santos y el más santo de los italianos: Lodato sie mie Signore per suora nostra morte corporale. Unión perfecta de la muerte con la vida, todo un sentido escatológico y divino junto al político y al militar. El texto del pergamino depositado en la ceremonia encierra con gran claridad todo lo que se puede decir sobre la idea de construir este lugar de memoria y de historia. La historia era la de Mussolini y Franco, los vencedores de una guerra bajo la bendición eclesiástica, y la memoria pretendía ser una obra símbolo de la paz para el incremento de la religión. Grandes contradicciones308. Hubiera sido símbolo de la paz si tras la finalización de esta guerra no hubiera habido ni vencedores ni vencidos y si este monumento no hubiera sido concebido solamente para los vencedores, para perpetuar su memoria, aunque en las instrucciones de Mussolini se decía que para todos los italianos muertos en España. Esta concepción inicial de ser un monumento para los «legionarios italianos» caídos en España fue la que perduró hasta hace unos pocos años, a pesar de que la obra finaliza con el nuevo régimen italiano tras la segunda guerra mundial. Al nuevo régimen italiano le faltó el punto y el gesto reconciliador, todos habían sido soldados italianos y habían dejado aquí sus vidas. Pudieron haber convertido el monumento en un verdadero símbolo de la paz, un monumento neutral, integrador y conciliador;


al soldado muerto fuera de su patria, a los combatientes italianos de uno y otro ejército, a los que lucharon y murieron por su patria, entendido de diferentes maneras. También es preciso recordar que con las circunstancias políticas en España existentes en esos momentos, poco o nada podría hacer el nuevo gobierno democrático italiano. Hubiera sido el mejor modo de contribuir ya desde entonces a olvidar esta guerra, también para ellos, de compatriotas, y fomentar los perdones. La misma idea que muchos años después se intentó reflejar. Tal vez no se ejerció, por parte del gobierno italiano de aquellos momentos, la suficiente presión a Franco para que, al menos para los italianos, se fuera olvidando esa guerra y darle una nueva orientación a los caídos, otro carácter a este monumento funerario. También cabe la posibilidad de que esta falta de un gesto reconciliador para con todos los caídos italianos fuera intencionado, tal vez les interesara al nuevo gobierno italiano mantener vivo un monumento fascista, con toda su carga política, en un país fascista, como reflejo de una ideología imperial, invasora, del fascismo al que habían derrotado; como ejemplo para el pueblo italiano de hasta dónde les había llevado el régimen de Mussolini309. El proyecto a desarrollar era de una enorme grandiosidad, constando de varias partes. Se proyecta una Torre, en cuyas paredes van colocadas las sepulturas, en agrupaciones, separadas en cada tramo por un hueco de luz, en cuyo centro se encaja el símbolo de la cruz; una suave rampa escalonada recorre la totalidad de los enterramientos, dejando en su centro un espacio libre, desde el que se ve en la planta baja una gran cruz negra, composición del pavimento de mármol de la pequeña capilla funeraria que ocupa la totalidad de la base de la Torre y en la que en zona adosada se dispone la parte del presbiterio, en planta semicircular, de muros de ladrillo a cara vista, con los solos elementos de una mesa de altar de mármol negro y seis hachones de hierro a los lados de un gran crucifijo; un arco de medio punto, también de ladrillo a cara vista, enlaza ambas zonas y otro gran arco situado en la cara opuesta de la torre, permite ver constantemente desde el exterior el gran Mausoleo. En la parte más alta de la Torre se pensaba emplazar las campanas, cuyo canto de esperanza resonará majestuosamente exterior e interiormente, ya que la cubierta quedará libre en su parte central, permitiéndose así desde el interior, la contemplación del cielo recortado dentro de un círculo310. Sobre todo el conjunto, se colocaría una gran cruz, rodeada de otras más pequeñas, iluminándose la agrupación por grandes reflectores cuyas radiaciones se dirigirán hacia el cielo. Un desarrollo conceptual de la Torre-faro que habrá de guiar a los difuntos. Aneja a la Torre se alzará una iglesia dedicada a San Antonio. El hecho de atender el culto los PP. Franciscanos (sic), permite y obliga a hacer de ella un recinto simple y austero, por todos conceptos armónicos con el sentido de la agrupación. Bajo el pórtico se tenía proyectado emplazar la imagen de San Antonio a cuya advocación se destinaba la iglesia, imagen que tuvo como fondo la puerta de ladrillo del templo. Proyectándose también la construcción de un convento para dar cobijo a la comunidad de religiosos, encargada de la custodia del santuario y monumento. Los cimientos de la iglesia estaban casi concluidos, y se preveía entonces, que si los suministros de materiales eran regulares, en año y medio, aproximadamente, estaría concluida la inmensa mole de granito y de hierro que habrían de dar reposo a los restos de los voluntarios italianos. Según recoge la prensa del momento, no coincidiendo con la idea inicial del padre Pietro, parece ser que no todos los restos de los soldados pensaban ser traídos a Zaragoza, solamente los restos de unos tres mil, que ocuparían los nichos. El resto de los legionarios quedarían en sus enterramientos primitivos del Puerto del Escudo y Fraga, salvo una parte reducida que sería trasladada al Valle de los Caídos, para que simbólicamente representaran en aquel recinto el esfuerzo y la aportación de la nación hermana a nuestra lucha contra el comunismo311. Cuando nos surge la pregunta de por qué se escoge como forma de cementerio una Torre, espacio vertical, y no un espacio más amplio como puede ser el horizontal, la respuesta está en el momento en el que se pensó en el diseño del monumento-santuario y para qué había de servir. Se encuentran con un


problema técnico que había que vencer y buscar una solución original, pues se trataba de dar cobijo a un gran número de restos que se resuelve con la solución de la «Torre», en el interior de la cual se colocarán en sus paredes las sepulturas, con su correspondiente lápida, ahorrando grandes espacios. La visión de un gran número de enterramientos, en una inmensa cripta hubiera sido agobiadora y monótona, de ahí la solución de la Torre. «La Torre había de ser de severas líneas, de piedra berroqueña del tipo de la utilizada en El Escorial. Una mole inmensa, con severidad y robustez muy en consonancia con su significado militar. Líneas que recuerdan las desnudas y macizas (sin perder por ello la ligereza y la espiritualidad) de los castillos y monasterios medievales. Una rampa permitirá el acceso desde el pie de la torre hasta la cúspide. La cima, que se alzara a 72 metros sobre el nivel del suelo, y sobre la cual aún se elevará una cruz de doce metros de altura, rodeada de doce cruces más pequeñas, habría de ser el mirador culminante de Zaragoza, muy por encima de las torres del Pilar, teniendo en cuenta la diferencia de altitud entre su situación en la playa de Torrero y el emplazamiento de la Basílica del Pilar. Una permanente iluminación, durante las horas nocturnas, de las cruces que remataban el monumento recordarían a distancia su finalidad funeraria y su cristiana plasmación»312. Esta terminación de la Torre resultaba ser una especie de Calvario, una gran cruz acompañada de otras doce más pequeñas. La Torre estuvo pensada también para presumir de su grandiosidad, era una obra inmensa para dar el mejor de los tributos a los caídos del fascismo italiano en España313, como mansión de reposo para los valerosos italianos que aquí dejaron su vida. Una idea de esta grandiosidad nos la puede dar las cimentaciones de la Torre, en la que se invierten ciento seis toneladas de hierro, para hacer una base que soportara el peso total del monumento de granito y de hierro. El estado italiano habría de soportar los gastos de su construcción. Próxima a la Torre se coloca la iglesia y una entrada para ambas por medio de cuatro pétreos arcos de once metros de luz, que terminarían en el lado del jardín en Fascios Litorios coronados por mástiles. Una puerta para la iglesia de resabios románicos; un jardincillo rodeado de cipreses ante la entrada a la Torre, un estanque silencioso en el eje del jardín sobre cuyas aguas tranquilas se reflejará la Torre funeraria con su severa majestad. La Torre es de planta cuadrada, estando enclavada dentro de un recinto protegido por una verja de tres cuerpos que cierra el jardín, en donde se coloca una imagen de la Virgen, traída del cementerio santanderino del Puerto del Escudo, anteriormente en el de Entrambasmestas. Siguiendo la verja, un enorme arco triunfal con verja similar a la del jardín. La planta de la Torre no es visible desde el exterior, está inmersa en una construcción pétrea a modo de fortaleza, en la que sobresale, de modo visible, como una torre vigía. Cuatro enormes arcos triunfales, emparejados dos a dos, completan el conjunto de la Torre. Estos arcos romanos nos conducen a través de una suave escalinata hasta la puerta abocinada de la iglesia, que semeja ser una continuación de los arcos de la Torre, al igual que hacia la entrada del convento. Grandes bloques graníticos, de Villalva, cubren todo este conjunto de la Torre, que se halla incrustada entre los pilares del segundo y tercer arco. Robustez y sobriedad es la impresión que causa al ver este conjunto, roto por la línea de ventanas que ascienden hasta los tres ventanales de la pequeña galería porticada de su final, decoradas en su base por tres cruces latinas, en cada una de sus cuatro caras. En los monumentos históricos del arte, en esta época, se observa como una característica de su estilo, la influencia política del momento; dicho influjo lo vemos expresado en esta Torre. Reflejo de aquel fascismo italiano son las columnillas de las verjas de la fachada, donde se puede apreciar que están hechas a modo de fascios romanos, coronadas por una bola presidida por una cruz, así como la vidriera que reproduce el escudo nacional vigente durante el franquismo. Esta influencia también se aprecia si observamos el monumento de la Torre desde una cierta distancia, y podríamos percibir en la silueta de la


Torre y los arcos triunfales un símbolo representativo del hacha romana: la Torre sería el mango del hacha y los arcos la hoja de la misma. Todo ello, arcos triunfales, fascios en las columnas y la idea del hacha nos pueden hablar de este influjo político en la idea del arquitecto, influencia doble de la Italia fascista y de la España triunfante bajo el dominio franquista. Además de estos restos y símbolos romanos, la falta de recursos económicos con la que se encontraron en su construcción, hizo que se suprimieran algunos elementos, además de ver reducidas sus dimensiones. Uno de ellos sería la terminación de la Torre, con su gran cruz y las doce más pequeñas, la supresión de los fascio littorio o símbolos más representativos del fascismo, que se iban a colocar en los laterales de los arcos que dan al jardín, aunque sí se mantienen en la verja. La Torre propiamente dicha se compone de dos partes, una la Cripta, en la parte baja y que ocupa la planta de la Torre, y la otra el cuerpo de la Torre donde se encuentran los restos. La Cripta a la izquierda de la entrada al recinto, es de planta cuadrada y está presidida por un arco triunfal que nos da acceso a un espacio cuadrado con un altar en el lado opuesto a la entrada. Sobre el arco de entrada a la cripta se halla la siguiente inscripción grabada en el granito, rodeando las dovelas del arco: «L’ITALIA A TUTTI SUOI CADUTI IN SPAGNA» Una cruz latina dibujada con las baldosas en el suelo, las paredes de ladrillo, y cuatro pechinas de granito sustentan el cuerpo de la Torre. El techo de la cripta no existe, es un amplio hueco que se va prolongando hacia la cubierta, recorriendo las zonas de los enterramientos que se encuentran en los laterales del cuerpo. Suele estar adornadas por coronas de laureles todo el año, en recuerdo y homenaje a los caídos. En uno de los laterales se encuentra colocada una bandera italiana, que, según reza en la inscripción fue recuperada por el capellán militar P. Domenico Leone en la Batalla de Brihuega, en Guadalajara, entre el 8 y el 23 de marzo de 1937. En el otro lateral de la cripta se hallan dos placas, una en italiano y otra en español, con un recuerdo a todos los italianos caídos. Se encuentra grabado lo siguiente: EN ESTA TORRE-OSARIO SE RECUERDA LOS 4.183 ITALIANOS CAÍDOS EN TIERRAS DE ESPAÑA EN LA GUERRA DE 1936-1939 Los restos de los caídos están inhumados: Torre-Osario de Zaragoza 2.889 Cementerio de P. de Mallorca 36 Cementerio de Ciudadela 4 Cementerio de P. Mahón 27 En otros cementerios civiles españoles50 Repatriados 274 Muertos en la Patria 142 Desaparecidos 232 Brigadas Internacionales 526 Desconocidos en P. Mahón 3 Como se aprecia es un recuerdo a todos los italianos que cayeron en España, aunque cuando se decide su construcción la idea era otra bien distinta y durante muchos años únicamente ha habido cuerpos de soldados pertenecientes al C.T.V., olvidándose durante mucho tiempo de los brigadistas que lucharon contra Franco314. El cuerpo de la Torre es la prolongación vertical de la cripta. Se accede a él a través de una escalera desde uno de los laterales de la cripta. Una escalera helicoidal, de sección cuadrada, une los siete rellanos en los que se encuentra dividida la torre. Sobre las paredes laterales en cada una de las rampas, hay cuatro cuadrados sobre los que están colocados en placas de mármol los nombres de los soldados


muertos. Hay 3.799 placas, que no corresponden con el número de enterramientos. Actualmente hay enterrados 2.876 cuerpos, el resto de los nombres son de los soldados brigadistas que también murieron o desaparecieron en el campo de batalla y cuyos nombres han sido incluidos entre las placas de los demás soldados. Actualmente la cifra puede experimentar variaciones, pues desde que se colocó la placa con los datos señalados se han ido produciendo algunas repatriaciones de cadáveres. La iglesia es de un estilo sencillo y austero, contrastando con la grandiosidad del resto del conjunto exterior. Esta verticalidad también la podemos apreciar en la fachada con la disposición de sus ventanas en la Torre y el enrejado que las protege, en sentido ascendente y configurando tres pequeños volúmenes de rejas. En cada uno de los cuadrados existe una placa granítica en el centro, con una cruz grabada. Esta placa se puede quitar, abriéndose un hueco en la pared, a modo de pasillo, en cuyos laterales se encuentran los «loculi» de los cuerpos enterrados. Los nombres que figuran en cada uno de estos cuadrados no corresponden precisamente con los nombres de los cuerpos que hay en su interior. Las placas fueron colocadas por orden alfabético, mientras que los cuerpos fueron numerados y distribuidos por toda la torre. Existe, por supuesto, una lista con la disposición exacta de cada uno de los cuerpos, donde aparece el nombre del individuo, el número asignado, el piso y la sección en la que se encuentra enterrado. En la parte superior existen dos recuadros vacíos, pensando en su día que podían venir más cuerpos. Los últimos cuerpos incorporados a este enterramiento definitivo fueron traídos a Zaragoza el 11 de diciembre de 1987, eran 22 soldados procedentes del cementerio de Brihuega. En algunas de las placas aparece el nombre del cementerio de procedencia; en otras, junto al nombre, una plaquita haciendo referencia a la medalla con la que fue premiada su misión. De entre todos los soldados italianos aquí enterrados, el de mayor graduación es un general, de origen judío, Alberto Liuzzi, condecorado con la Medalla de Oro, y cuya placa figura en solitario en el primer rellano. Alberto Liuzzi había nacido en 1898, ingresando en la Escuela de Oficiales de Complemento, y estando destinado en los «alpini» durante la primera guerra mundial fue condecorado por dos veces con la Cruz de Guerra. Se licencia en el año 1920 con el grado de teniente e ingresaría en el Partido Fascista, pasando a la Milizia con el grado de Centurione, ascendiendo hasta alcanzar el grado de Cónsule Generale. Llegó a participar en la guerra de Abisinia y se alistó como voluntario para la guerra civil española. A España llegaría a principios de 1937, participando ya en la batalla de Guadalajara. Muere el 12 de marzo de 1937, junto a otros oficiales, a causa de un bombardeo aéreo republicano, cuando en un coche se desplazaba hacia la localidad alcarreña de Trijueque durante los trágicos días de la batalla de Guadalajara. Tras su muerte fue condecorado con la Medalla de Oro. A finales de 1942 ya estaba la cubierta de la iglesia echada, la Torre avanzaba con rapidez, pero el convento estaba aún sin comenzar a causa del arrendador de los terrenos, que no los quería dejar. Por fin el día 20 de abril de 1943 se pudo bendecir el solar sobre el que se edificaría el convento de los Padres Capuchinos. En marzo de 1943, debido al cambio de condiciones, los trabajos se reanudaron. Pero el cinco de julio la embajada se echa atrás y da orden de paralizar de nuevo las obras a partir del día doce de agosto. La tirantez entre religiosos y el gobierno italiano llegaba al máximo. Se trataba de requisitos notariales que, naturalmente, para el Provincial de los Capuchinos eran fundamentales, pero la Embajada italiana los quería omitir como cosa sin importancia, para no atarse las manos. El desenlace que llevaba la segunda guerra mundial ponía mal las cosas al proceso de construcción. En julio de 1943 Mussolini dimite y llega la rendición de Italia. Si antes habían existido problemas con la financiación del monumento, ahora que Mussolini había perdido la guerra e Italia tenía que resarcirse de los estragos bélicos, el problema sería aún mayor.


Las obras del convento se quedaron interrumpidas en el primer piso; la Torre-Osario en el segundo, de los dieciocho previstos, y la iglesia con la albañilería terminada, en espera de solución. Al padre Pietro se le culpará, por parte del nuevo gobierno italiano, de no haber empleado correctamente los fondos que el anterior gobierno le había entregado para la construcción de la Torre y de la iglesia; a esa causa hay que sumar lo acaecido con las acusaciones vertidas contra el padre Pietro di Varzi por el Ufficio Militare en España de la nueva Republica Sociale Italiana. El Agente en España del gobierno de Mussolini, no de la nueva Italia, en una notificación enviada al Ministerio de Asuntos Exteriores315, tras un pequeño repaso al proceso seguido para la construcción de la Torre y las aportaciones económicas entregadas, comunica que después de los sucesos en Italia del 25 de julio de 1943, «... la tendenza democratica-comunista assunta dal governó Badoglio, ha vuto una ripercussione anche in questi lavori che riguardano i Legionari Italiani Caduti per un ideale perfettamente contrario a tale tendenza». La caída de Mussolini se empezaba a dejar sentir y su nuevo gobierno tenía el temor de que la tendencia de las obras, a partir de estos momentos, iban a experimentar un cambio total, según ellos, en el rumbo que habían emprendido para homenajear a sus caídos. Fueron tantas las diferencias que se habían producido en los gobiernos de las dos Italias tras Badoglio, que los temores comunistas, por supuesto sin ningún fundamento, volvían a aflorar en Mussolini. Con la caída de Mussolini, el proceso de construcción se vería detenido, surgiendo serios problemas económicos derivados del cambio político experimentado en Italia tras ser derrotado el fascismo. La obra de la Torre se tendrá que reducir a casi la mitad de lo que se había proyectado, se buscarían nuevas formas de financiación para poder ser terminada, teniendo también que recortar algunos gastos al proyecto diseñado por los fascistas de Mussolini. Al paralizarse las obras de la construcción de esta Torre, se verterán acusaciones por parte del nuevo gobierno italiano contra el padre Pietro, culpándole de no haber empleado correctamente los fondos. El nuevo representante del gobierno italiano en España y su agregado militar, Luciano Biggi, tras la revisión de los informes que se elaboraron sobre el proceso de la construcción y los estudios económicos, se encuentran con una falta de presupuesto para pagar los trabajos y terminar la obra. El padre Pietro, junto al Maggiore Valli Luigi, son cesados como responsables de los trabajos y puestos a disposición el Ministero della Guerra. El padre Pietro será despedido tras las sospechas de no haber sabido administrar bien los fondos que le fueron asignados y por haberse tomado ciertas libertades en su administración sin contar con el consentimiento de las autoridades italianas. Así, en el momento del armisticio la situación general de la obra se podría resumir del siguiente modo: — La iglesia estaba terminada, faltaban solamente algunos remates y los elementos para su amueblamiento. — La Torre alcanzaba la altura de 20 metros. — La construcción del convento alcanzaba la altura del primer piso. — La cantidad de 3.280.000 pesetas destinada a la construcción del complejo Torre-iglesia estaba casi agotada. — El millón de pesetas relativo al convento estaba aún sin haberse hecho uso de él en la Banca, pero se debía liquidar todavía a la empresa constructora el importe de los trabajos ya desarrollados por ésta. Se ordenó la inmediata suspensión de los trabajos del convento. La situación financiera en la que se encontraban era crítica por la actuación irresponsable del padre Bergamini, que habiendo asumido una posición de semi independencia del gobierno italiano, no se ajustó a las normas establecidas y había además realizado gastos demasiado excesivos para la obra (con excesiva larghezza di vedute). Ante tales circunstancias, no pudiendo esperar a posteriores aprovisionamientos de fondos para las obras, como único medio de poder resolver la crisis y salir de la situación, la Real Embajada solicita a las autoridades


centrales la posibilidad de vender a los PP. Capuchinos lo construido del convento y el terreno circundante que había sido donado en su tiempo al gobierno italiano por la Banca Nazionale del Lavoro. La autorización sería obtenida y el Embajador procedió a la venta que ascendió a un millón de pesetas que serían empleadas para proseguir los trabajos de construcción de la Torre. Una de las propuestas que se hizo fue el reducir la Torre hasta una altura de 55 metros, pero los gastos calculados eran todavía superiores a la cantidad disponible para ello, por lo que se piensa en una reducción, aún, de su altura, hasta los 42 metros de la actualidad. A pesar de estar ya tomada la decisión de continuar las obras y reducir dimensiones, las labores estarían paradas varios meses. El nuevo gobierno estaba ante la tesitura de financiar una obra del régimen fascista para recordar la memoria de los caídos en una guerra anticomunista. El Ufficio de Zaragoza se había cerrado, y las posibilidades de continuar los trabajos serían llevadas a efecto después de varios meses de la llegada a España del nuevo embajador Gallara ti Scotti y de su agregado militar Luciano Bigi. Se fueron mientras tanto haciendo los ajustes del personal encargado de su nueva dirección, tras haber sido cesados los anteriores responsables directos de ello, el padre Bergamini y el Maggiore del Genio Valli Luigi. El padre Bergamini, puesto a disposición del Ministerio de la Guerra, fue despedido tras las sospechas de no haber sabido administrar bien los fondos que le asignaron y haber tomado ciertas libertades en su administración, para las que no estaba autorizado sin el consentimiento de las autoridades italianas. Su cargo a partir de este momento será el de simple religioso encargado de los trabajos de búsqueda y conservación de los cuerpos. El Maggiore Valli, por su parte, quedó de técnico administrador, en situación de ser repatriado. Se intentará volver a la normalidad, con deseo de reiniciar de un modo ya definitivo las obras y la finalización del Sacrario. La solución y decisión última será la venta del convento a los PP. Capuchinos y reducir la altura de la Torre hasta los 42 metros actuales, que llevó incluida igualmente el enterramiento de «todos» los italianos caídos en España, pertenecientes a todos los partidos. Todos los trabajos iban a ser realizados bajo la más estricta economía. La dirección y todo lo concerniente a la obra estuvo bajo el mando del agregado militar Luciano Bigi y la supervisión del embajador Gallarati Scotti. Mientras, la iglesia ya había sido terminada y abierta al culto por los PP. Capuchinos, a los que se les había entregado en usufructo gratuito. Por fin, el día 24 de julio de 1944 fue bendecida la iglesia, siendo inaugurada el 25 de julio de 1945. Con anterioridad, el 25 de marzo de 1945, el Padre Provincial de los Capuchinos había firmado, mediante entrega de medio millón de pesetas a la Embajada de Italia en Madrid, el contrato de compra-venta del edificio del convento. Las estipulaciones fundamentales eran, que el embajador, vendía a la Provincia Capuchina el solar del convento y la obra construida por valor de un millón de pesetas, pagaderas al contado la mitad y la otra mitad a plazos mensuales. La iglesia construida, con todos sus anejos, quedó en uso y usufructo gratuito perpetuo e intransferible. Los Capuchinos se comprometieron a custodiar el Monumento dignamente316. La propiedad del inmueble del templo pertenece al gobierno italiano, pero los objetos muebles son propiedad de los religiosos, quienes celebrarán una misa solemne de Réquiem por los italianos caídos en España el día de ánimas, el 2 de diciembre de cada año. Esta Eucaristía se sigue celebrando, con la asistencia de las primeras autoridades civiles y militares de Zaragoza. A partir de esos momentos empezaron a llegar las peregrinaciones y visitas de los familiares de los caídos italianos: madres, viudas, padres, hermanos... Los capuchinos siguen teniendo la obligación, por contrato, de atender a estas gentes en peregrinación a visitar a sus familiares. La Torre-Osario siguió levantándose, pero viendo reducidas sus dimensiones, de una altura de 80 metros que tenía el proyecto inicial se quedó en los 42,65 que tiene en la actualidad317, y el 13 de junio de 1945 quedaría oficialmente la Torre abierta al público. Los PP. Capuchinos tomaron posesión del convento el 27 de septiembre de 1946. Los cuerpos de los caídos seguirían llegando mientras tanto a Zaragoza desde diferentes puntos de España, a excepción de los del Puerto del Escudo y de las Baleares; encontrándose verdaderas


dificultades para la búsqueda y rescate de los cadáveres de los caídos entre los brigadistas internacionales debido al largo tiempo transcurrido desde la finalización de la guerra y haber sido muchos de ellos abandonados en los campos de batalla, además del nulo empeño del nuevo régimen político por facilitar la búsqueda y recuperación. Todos los cuerpos reposan ya definitivamente aquí, no pudiendo ser repatriados a Italia. Una ley de 1951 prohibiría llevárselos a Italia, aunque algunos de los que fueron traídos del Puerto del Escudo y de Brihuega fueron reclamados por sus familiares y se les permitió la repatriación. El último, hasta el momento, en ser llevado a su localidad natal fueron los restos del piloto Federico Cozzolino, enterrados en la ciudad italiana de Scafati el 20 de diciembre del 2003. La monumentalidad de la Roma imperial está muy patente en todo el conjunto de Torrero, pero destaca sobre todo él, la presencia de la enorme torre, reducida a la mitad del proyecto original, y los monumentales y potentes arcos triunfales de granito. Una monumentalidad reforzada por los materiales constructivos empleados, piedra granítica del Escorial forrando arcos y Torre, combinada con la piedra negra de Calatorao en el suelo, en un claro contraste con el tratamiento que se le da al ladrillo caravista, logrando «un complejo de extrema simplicidad y severidad». Sobre el arquitecto del monumento, Víctor Eusa, hay que decir que participó en la guerra civil, formando parte de las Juntas Carlistas, lo cual nos lleva a la idea de que políticamente está bastante ligado al régimen y que su obra habría de reflejar su afinidad política. Parece ser que también diseñó un altar para la Puerta del Sol de Madrid en el que se celebró la primera misa tras la toma de la ciudad por las tropas franquistas. Había nacido en Pamplona en 1894, y allí también falleció en el año 1990. Será en esta ciudad donde podemos encontrar la mayor parte de su obra, además de San Sebastián con el antiguo Casino del Gran Kursal, donde actualmente está el de Rafael Moneo. En Estella y Tafalla también dejaría parte de su producción. El papel desempeñado por el Centurione padre Pietro de Varzi318, así como su trabajo desarrollado en la construcción de los diferentes cementerios y monumentos italianos en España, fue clave. Sin su tenacidad, constancia y esfuerzo la edificación de los cementerios, y sobre todo de la Torre-Osario de Zaragoza, tal vez hubieran sido más dificultosos. Se le pone al frente del Onoranze Caduti Spagna, unidad para la recogida y traslado de los cuerpos de los soldados fallecidos a los diferentes cementerios, que él se encargó de construir a lo largo de la geografía española. La Compañía del O.C.S. deberá necesariamente emprender un gran trabajo al tratarse de una ardua empresa, con el equipo necesario, bajo el control siempre de la Embajada de Madrid y de la Missione Militare. El alto valor moral y político de la empresa queda claramente recogido y verificado en el documento firmado en Roma el 17 de mayo de 1940-XVIIIº, en el que se habla de esta misión tan importante y de este encargo. Cuando se refiere al monumento que se ha de construir en Zaragoza, en el documento que se cita a continuación dice que deberá perpetuar en los siglos venideros el recuerdo del sacrificio de los legionarios que liberaron a aquella tierra del marxismo319. En este escrito también hace alusión a que fue el padre Pietro y no otro quien ideó y construyó todos los cementerios que se fueron edificando en España. Perpetuar, esa era la idea principal, que no fueran nunca olvidados ni abandonados en la amnesia del pasado, y lo mejor para ellos era reunir a todos en un espacio mortuorio presidido por el sacrificio de sus hazañas en la lucha contra el marxismo. Los PP. Capuchinos habían acompañado durante la guerra civil española a las tropas italianas, siendo los encargados de recoger a sus muertos, de enterrarlos junto a una botella atada a una de sus extremidades, brazo o pierna, dependiendo de si era oficial o tropa, con su identificación, y de realizar un seguimiento de sus exhumaciones. El padre Pietro siempre deseó la construcción de un inmenso monumento que sirviese de sarcófago para los cerca de cuatro mil italianos muertos en tierras españolas, enterrados y dispersos en más de ciento ochenta cementerios civiles y de guerra por toda la península. Algo parecido se había hecho en Asiago o en Redipuglia, con los italianos muertos durante la primera


guerra mundial, y se hizo después también en las cercanías de Bari o en el Alamein con los muertos en la segunda guerra mundial. 4. A MODO DE EPÍLOGO Unos 70.000 soldados fascistas italianos vinieron a luchar a España por motivos diversos, pero con una misma idea, luchar y combatir a favor del fascismo y contra la República española, apoyando un golpe militar que trató de imponer, costase lo que costase, la razón de la fuerza contra la fuerza de la razón que le habían dado a la república los resultados de las urnas. Creían o tenían que creer lo que la fe fascista les obligaba, y obedecieron a Mussolini hasta llegar muchos de ellos a dejar su vida en España. Agredieron y combatieron con unos medios materiales bastante modernos, pero no siempre supieron compaginar sus creencias, su obediencia y su lucha en el combate con esos medios. Una preparación rápida, deficiente, una improvisación y un mal cálculo de lo que era el suelo español y lo que les podía esperar frente al ejército republicano, y la falta de confianza de Franco, les puso una nota negativa en el momento clave de apuntarse una gran victoria, la de entrar en Madrid, pero ello no quita fuerza a que su actuación en España fue decisiva para el triunfo franquista y para el posterior devenir militar de Italia en Europa. Sus otras agresiones y victorias nada tuvieron que ver con Guadalajara. La agresión italiana a España no finalizaría al terminar la guerra civil, tras las muertes de los cuatro mil italianos fascistas que dejaron aquí sus vidas por creer, obedecer y combatir contra la República española. La colaboración de Franco con Mussolini, y viceversa, continuará en los siguientes años al declararse la guerra europea. España no estaba en condiciones de emprender una nueva guerra, estaba agotada y aún no había transcurrido tiempo suficiente para iniciar su recuperación. Pero Franco sí que estará con el Eje, porque como dijo Ciano en su diario (5-6 de junio de 1939), hacia él le llevan el sentimiento y la razón. Franco tenía firme esperanza en que su posicionamiento junto al Eje le podría ayudar a resolver el problema de Gibraltar. Pero Franco, con las ideas muy claras y grandes problemas internos en aquellos momentos, no quiso adquirir compromisos concretos y, aunque fijó su postura ante el Eje, adoptó la posición muy diplomática de «no beligerante», una postura muy cómoda frente a las potencias internacionales aliadas, era un ser y no estar. No era neutral en la lucha contra el comunismo, pero no tomaba parte directa en el conflicto junto al Eje. Esta postura fue tomada tras haber solicitado Mussolini a Franco un gesto de solidaridad con los países del Eje, y aunque su participación con el envío de la División Azul podrá ser suficiente para satisfacer la ayuda solicitada, también contribuyó con otros métodos. Mussolini supo perfectamente aprovechar esta postura de Franco, y le servirá para poder utilizar el suelo español y su espacio aéreo como si se tratara de una colonia italiana en el extranjero, para hacer daño a sus enemigos de guerra. Anteriormente, a finales de mayo de 1939, el general Gambara ya supo reforzar las relaciones entre las Fuerzas Armadas de ambos países, dejando en España un grupo de oficiales italianos con la tarea de enseñar la organización y táctica del ejército italiano en las diferentes academias militares españolas, al igual que oficiales españoles podrían acudir a Italia a perfeccionar su formación. Era un plan perfecto para disimular y camuflar las verdaderas intenciones de Mussolini, utilizando esta excusa para introducir en España su inteligencia militar que tan buenos resultados le daría con posterioridad contra el espionaje aliado y el contraespionaje. Igualmente Mussolini hizo un uso encubierto de los puertos españoles para las unidades de la Marina italiana, como sucedió con los cinco submarinos italianos que se abastecían desde diferentes puertos españoles: el «Capellini» en Ceuta, el «Barin» y el «Bianchi» en Tánger, el «Giada» en Valencia y el «Torelli» en Santander. El espacio aéreo español fue igualmente violado por los bombarderos de Mussolini que atacaban Gibraltar durante la guerra mundial. Aterrizaban, se reparaban y repostaban en las bases españolas, contando con permiso para usar el espacio aéreo español.


Franco contaría igualmente con el apoyo diplomático de Italia y Mussolini en la preparación de la operación «Félix» junto a Alemania, para destruir la base británica de Gibraltar. La inteligencia italiana en España trabajó intensamente en los preparativos, reuniendo información y controlando el tráfico marítimo del Estrecho, para facilitar un posterior ataque de submarinos o sabotajes. Esta participación italiana también fue patente en los sabotajes y colocación de diferentes cargas explosivas a buques británicos en Gibraltar: «Barón Kinmarid», «Sherna», «Barón Douglas» y «Enrique Snipe», además de la participación en acciones contra mercantes británicos o cargueros, causándoles enormes daños con sus torpedos tripulados por hombres rana que actuaban desde las bases secretas italianas en el antiguo petrolero «Olterra» o desde la base secreta de «Villa Carmela». Cuando Mussolini se decidió a ayudar a Franco y a intervenir en España, su idea era clara. Quería hacer del suelo español una gran base en el Mediterráneo para su uso en el control del mismo y poder debilitar a las grandes potencias francesa y británica. Agredir y Vencer en España le hubiera supuesto mucho más que la extensión de su fascismo, que más bien le preocupaba poco. Le hubiera supuesto un lugar privilegiado en la geopolítica mediterránea y una fácil expansión territorial, ocupando los puestos de privilegio internacional que siempre anheló. Zaragoza, septiembre de 2005 5. FUENTES INFORMATIVAS a) ARCHIVOS CONSULTADOS: — Archivio Centrale dello Stato, Ministero per i Beni e le Attività Culturali. Roma. — Archivio Storico Diplomático (Ufficcio Spagna), Ministero degli Affari Esteri. Roma. — Archivio Ministero della Guerra, Ufficio Storico. Roma. — Archivio Centrale dello Stato. Roma. — Archivio Stato Maggiore Aeronautica Militare, 5.º Reparto. Ufficio Storico. Roma. — Archivio Commissariato Generale Onoranze Cadutti in Guerra (Onor Caduti). Ministero della Diffesa. Roma. — Archivo de los PP. Capuchinos de San Antonio. Zaragoza. — Archivo General Militar. Ávila. — Archivo Municipal de Alcañiz (Teruel). — Archivo Municipal de Fraga (Huesca). — Archivo Municipal y Parroquial de La Puebla de Valverde (Teruel). — Hemeroteca, Ayuntamiento de Zaragoza: Diario Amanecer. Diario Heraldo de Aragón. Diario El Noticiero. — Archivo Municipal de Zaragoza. b) ORGANISMOS QUE HAN FACILITADO IMFORMACIÓN: — Viceconsulado italiano en Zaragoza. — Consulado Italiano en Sevilla. — Consulado General de Italia en Barcelona. — Consulado italiano en Palma de Mallorca. — Ayuntamiento de La Puebla de Valverde (Teruel). — Ayuntamiento de Valdealgorfa (Teruel).


— Ayuntamiento de Torrecilla de Alcañiz (Teruel). — Ayuntamiento de San Mateo de Gállego (Zaragoza). — Ayuntamiento de Zuera (Zaragoza). — Ayuntamiento de Morata de Jalón (Zaragoza). — Ayuntamiento de Luena (Cantabria). — Parroquia de San Cosme y San Damián, Soncillo (Burgos). — Ayuntamiento de Alhama de Aragón (Zaragoza). — Parroquia Santa María de la Peña, Brihuega (Guadalajara). — Ayuntamiento de Andorra (Teruel). — Ayuntamiento de Muniesa (Teruel). — Commitato Tricolore per gli Italiani nel Mondo. Delegazione di Zaragoza. — Ayuntamiento de Alagón (Zaragoza). — Ayuntamiento de Fraga (Huesca). — Junta Vecinal Peñaflor (Ayuntamiento de Zaragoza). — Parroquia Nuestra Señora de los Ángeles, Peñaflor (Zaragoza). — Ayuntamiento de Daroca. Oficina de Turismo. (Teruel). — Ayuntamiento de Caudiel (Castellón). — Instituto de Estudios «Alto Palancia». Caudiel (Castellón). — Ayuntamiento de Sarrión (Teruel). — Ayuntamiento de Pínell de Braí (Tarragona). — Asociación Cultural «El Hocino», Blesa. Teruel. — Associazione Culturale italiana «Federico II». Zaragoza. — A.N.C.I.S. (Asoziacione Nazionale Combattenti Italiani Spagna), Roma. Italia. — Fondazione «Italo Zetti» y Biancamaria Zetti Ugolotti, Milano. Italia. — Centro Studi «Piero Gobetti», Torino. Italia. -Centro de Estudios Extremeños. Diputación de Badajoz. -CEBE, Gandesa (Tarragona). -GEFREMA , Madrid. c) TESTIMONIOS Y APORTACIONES PERSONALES: — Giuseppe Bartolomeu. — Vincezo Puttagio, ex cónsul italiano de Zaragoza. — D. Roberto Mastrantonio, ex cónsul y ex intendente de la Torre-Osario de Zaragoza. Excombatiente italiano. — D. Cesare di Bisceglie, ex presidente de A.N.C.I.S. Excombatiente italiano. — D. Domingo García, presidente de Banderas de Falange, Zaragoza. Ex combatiente. — Doña Francisca Camaño, viuda de Alfonso Spatolisano, ex combatiente italiano y Familia Spatolisano, Zaragoza. — Antonio Vasco, ex combatiente Flecha Negra. — Dativo Marco, excombatiente Flecha Negra. — Ettore Giglioti, ex combatiente italiano. — Doña Luisa Pérez, viuda de Pagnusat, ex combatiente italiano.


— Antonio Espadaler Pujol, Flecha Verde. — Fernando Pujol Velasco, Flecha Verde. — Antonieta Mangione y Albert Van Dyck, familiares legionario italiano caído. — Ivan Giambanco, hijo del ex combatiente y ex cónsul italiano en Zaragoza, G. Giambanco. — Doña Pilar Sanz, madrina de guerra de aviadores italianos. — Familia Urzainqui, Villanueva de Gállego. — D. Clemente Calvo, San Mateo de Gállego. — D. Jesús Laboreo, San Mateo de Gállego. — D. José Acín, ex combatiente nacional, San Mateo de Gállego. — D. José Antonio Felices (Rolde de Estudios Aragoneses). — D. Javier Pérez-Llantada, familiar del médico del Núcleo Quirúrgico «Chiurco», en Zaragoza, don Antonio Pamplona. — D. Florencio López, Villanueva de Gállego. — Srta. Anna Tiezzi, Prato, Florencia. Nieta de legionario italiano Leonello Tiezzi y biznieta del garibaldino Egido Ciatti. — D. Antonio Maestro, Morata de Jalón, Zaragoza. — D. Antonio Pedrero Rubio, Sevilla. — D. Miguel Sanz, Instituto Cultural del Bajo Aragón. — D. Oscar González López, Bilbao. — D.José Mariño, Medina del Campo, Valladolid. — D. Ernesto García Martínez, Madrid. — D. José Ignacio Jaime. — D. José Joaquín Sainz Rasillo, Cantabria. — Dª. Carmina Gustrán, Alagón, Zaragoza.

6. BIBLIOGRAFÍA BÁSICA 1. AGUILAR FERNÁNDEZ, Paloma, Memoria y olvido de la guerra civil, Alianza Editorial, Madrid, 1996. 2. ALCOFAR NASSAES, José Luis, C.T.V. Los legionarios italianos en la guerra civil española, 19361939, Edt. Dopesa, Barcelona, 1972. 3. ALPERT, Michael, La guerra civil en el mar. Siglo XXI, Madrid, 1987. 4. ALTED, Alicia, Entre el pasado y el presente. Historia y memoria, UNED, Madrid, 1996. 5 ARÓSTEGUI, Julio (coord.), Historia y memoria de la guerra civil. Encuentro en Castilla y León, 3 vols., Salamanca, 24-27 de septiembre de 1986. Junta de Castilla y León, Consejería de Cultura y Bienestar Social, 1998. 6. AZNAR, Manuel, Historia militar de la guerra de España, 3.ª edición. Tomo I. Editora Nacional, Madrid, 1958.


7. BARDI, Ubaldo, La guerra civile di Spagna, Universitá di Urbino, 1974. 8. BARLEY, Nigel, Bailando sobre la tumba. Edit. Anagrama, Barcelona, 1995. 9. BELFORTE, Francesco, La guerra civile in Spagna, Istituto per gli Studi di Politica Internazionale, Milán, 1939. 10. BERNANOS, Georges, Los grandes cementerios bajo la luna, Ediciones Siglo Veinte, Buenos Aires, 1964. 11. BOLLATI, Ambrogio, La guerra civile di Spagna, 2 tomos, Turín, 1939. 12. CANTALUPO, Roberto, Embajada en España, Luis de Caralt, Barcelona, 1951. 13. CARDONA, Gabriel, El poder militar en la España contemporánea hasta la Guerra Civil, Siglo XXI, Madrid. 14. CASANOVA, Julián, La iglesia de Franco, Temas de hoy, Madrid, 2001. 15. CASTELLS, Andreu, Las Brigadas Internacionales en la guerra de España, Barcelona, 1974. 16. CIANO, Galeazzo, Diario, Edt. Los libros de nuestro tiempo, Barcelona, 1946. 17. CONFORTI, Olao, Guadalajara, la prima sconfita del fascismo, Ed. Mursia, Milán 1967. 18. CORDEDDA, Giussepe, Guerra di Spagna. 100/17, alzo cero, Edizione occidentale, Roma, 1983. 19. COVERDALE, John, La intervención fascista en la guerra civil española, Edit. Alianza, Madrid, 1979. 20. COZZOLINIO, Federico, Lettere alla Mamma, Scafati, marzo 1940. 21. C.S.I.C. (Simposio celebrado en la Escuela Española de Historia y Arqueología de Roma), «Italia y la guerra civil española». Madrid, 1986. Centro de Estudios Históricos. 22. CUESTA BURILLO, Josefina, Memoria e historia, Edit. Marcial Pons, Madrid, 1998. 23. D’AMOJA, Fulvio, La política estera dell’Imperio. Storia della política estera fascista dalla conquista dell’Etiopia all’Anscluss, Padova, 1967. 24. FALDELLA, Emilio, Veinti mesi di guerra in Spagna, Ed. Le Monier, Florencia, 1939. 25. FELICE, Renzo de, Mussolini il Duce. 2 vols. Einaudi Tascabili, Torino, 1996. 26. HOWSON, Gerald, Armas para España, Península, Barcelona, 2000. 27. HUGH, Thomas, La guerra civil española, 2 tomos, Mondadori, Barcelona, 2001. 28. KINDELÁN, Alfredo, La aviación en nuestra guerra. Zaragoza, 1961. 29. LE GOFF, Jean, El orden de la memoria, Paidos, Barcelona, 1991. 30. LODOLI, Renzo, I Legionari, Milán, 1970. 31. LONGO, Luigi, Las brigadas internacionales en España, Méjico, 1966. 32. MALDONADO, José M.ª, Alcañiz, 1938, el bombardeo olvidado, Biblioteca Aragonesa de Cultura, Zaragoza, 2003. 33. MANLIO, Gabrielli, Una guerra civile per la civiltà, Roma, 1966. 34. MANLIO, Gabrielli, Una guerra civile per la libertá. La Spagna degli anni 30 alla luce degli anni 60, Giovanni Volpe, Editore. Roma, 1966. 35. MARTÍNEZ BANDE, José Manuel, La guerra en el Norte, San Martín, Madrid, 1969. 36. MARTÍNEZ BANDE, José Manuel, La campaña de Andalucía, San Martín, Madrid, 1969. 37. MARTÍNEZ BANDE, José Manuel, La invasión de Aragón y el desembarco en Mallorca, San Martín. Madrid. 38. MARTÍNEZ BANDE, José Manuel, La marcha sobre Madrid, San Martín, Madrid, 1968. 39. MATTIOLI, Guido, L’Aviazione legionaria in Spagna, Roma, 1940.


40. MESA, José Luis de, El regreso de las legiones (voluntarios italianos en la guerra civil española), García Hispán, Editor, S.L., Granada, 1994. 41. MONTANARI, M., L’Impiego italiano nella guerra di Spagna, Edit. Stto Maggiore dell’Esercito, Roma, 1980. 42. MORADIELLOS, Enrique, La perfidia de Albión. El gobierno británico y la guerra civil española, Edit. Siglo XXI, Madrid, 1996. 43. NORA, Pierre (dir.), Les lieux de memorie, I. La Republique, Paris, Gallimard, 1984. 44. OLAYA, Francisco, La intervención extranjera en la guerra civil, Ediciones Madre Tierra, Móstoles, 1990. 45. PAYNE, Stanley, El Fascismo, Alianza Universidad. Madrid, 1986. 46. PEDRIALI, F., Guerra di Spagna e aviazione italiana, Nuevo Studio Tecno, Roma, 1992. 47. PRESTON, Paul, La guerra civil española, Edit. Plaza & Janés, Barcelona, 2000. 48. REIG TAPIA, Alberto, Memoria de la guerra civil. Los mitos de la tribu. Alianza Edit., Madrid, 1999. 49. ROSELLI, Carlo, Oggi in Spagna, domani in Italia, París, 1938. 50. ROUX, George, Mussolini, Edit. Cid, Madrid, 1961. 51. SALAS LARRAZÁBAL, Jesús, La intervención extranjera en la guerra de España, Editora Nacional, Madrid, 1974. 52. SALAS LARRAZÁBAL, Ramón, Pérdidas de la guerra. Planeta, Barcelona, 1977. 53. SANTAMARÍA, Aldo, Operazione Spagna, Roma, 1965. 54. SANTONI, Enrico, Ali di Giovinezza Ali di vittoria, como visse e mori Vitttorino Ceccherelli, Vasllecchi Editore, Firenze, 1939. 55. SAZ, Ismael, y TUSELL, Javier, Fascistas en España, C.S.I.C. Madrid, 1981. 56. SAZ, Ismael, Mussolini contra la II República, Edicions Alfons el Magnànim. 57. SAZ, Ismael, Fascismo y franquismo, Publicacions de la Universitat de Valencia, 2004. 58. SMITH, Denis M., Mussolini, Edt. Fondo de Cultura Económica. México, 1981. 59. TOGLIATTI, Palmiro, Escritos sobre la guerra de España, Edt. Crítica, Barcelona, 1980. 60. TUÑÓN DE LARA, Manuel, y otros, La guerra civil española 50 años después, Edt. Labor, Madrid, 1989. 61. TUSSELL, Javier, y QUEIPO DE LLANO, Genoveva, Franco y Mussolini, Edt. Planeta, Barcelona, 1985. 62. VIÑAS, Ángel, Guerra, dinero y dictadura, Crítica, Barcelona, 1984. 63. WINCKLER, Lutz, La función social del lenguaje fascista, Edit. Ariel, Barcelona, 1979.

NOTAS


1 Alicio GARCITORAL, Italia con Camisa Negra, Edit. Zeus, Madrid, 1930. 2 Alicio GARCITORAL, op. cit., p. 60. 3 FIEDRICH, The unique character in Totalitarian Society, Cambridge, Mass, 1954. 4 Leonard SCHAPIRO, El totalitarismo, F.C.E., Méjico 1981, p. 176. 5 Richard VINEN, Europa en fragmentos. Historia del viejo continente en el s. XX, Edit. Península, Barcelona, 2002, p. 198. 6 Carl von CLAUSEWITZ, en su libro más importante e influyente De la guerra, desarrolla este pensamiento militar, «la guerra no es más que la política del Estado proseguida por otros medios». 7 «El fascismo no se exporta», llegó a decir en algún momento Mussolini. 8 Galeazzo CIANO, Diario, Edit. Los libros de nuestro tiempo, 1946, Barcelona, p. 253, 29 de enero de 1940. 9 Enrico Corradini, joven intelectual procedente del sindicalismo revolucionario, escritor y periodista brillante, sufrió la influencia del nacionalismo francés, mezclado con influencias sorelianas, que habían de contribuir a reformar la mentalidad política de las clases intelectuales italianas. Fundó la revista Il Regno. 10 Francisco OLAYA, La intervención extranjera en la guerra civil, Ed. Madre Tierra, Móstoles, 1990, p. 154. 11 Georges BERNANOS, Los grandes cementerios bajo la luna, Ediciones S. XX, Buenos Aires, 1964. 12 Hugh THOMAS, La guerra civil española, París, 1967, p. 289. 13 Georges BERNANOS, Los grandes..., p. 58. 14 Ibídem, p. 83. 15 Ibídem, p. 98. 16 Olao CONFORTI, Guadalajara, pp. 32-33. 17 Se iba a producir un doble juego, y barcos italianos serían los que realizarían los transportes de grano, de azúcar o de material para la industria bélica de la República. A.M.A.E., U.S., Ministero delle Comunicazione, Direzione Generale della Marina Mercantile, al Ministero Affari Esteri, U.S. Prot. 89/R, Roma, 2 de octubre de 1937. A.M.A.E., U.S., Ministero Affari Esteri al Ministero delle Comunicazione y a la R. Embajada de Salamanca, U.S. Telespresso n.º 235343. Oggetto: Piroscafo Silvia Tripcovich, 12 de octubre de 1937. 18 A.M.A.E., U.S., Telespresso n.º 1712/304, del consulado de Sevilla al R. Ministero degli Affari Esteri y a la R. Embajada italiana en San Sebastián. Sevilla, 23 de mayo de 1938. Oggetto: control del No Intervención a bordo del barco nacional «Franca Fasio». Firmado por el R. Console Conti. 19 A.M.A.E., U.S., Villain&Fasio, Societá Anónima Italiana di Navegazione. Genova, 28 aprile 1938. 20 Ismael SAZ, Mussolini contra la II República, Edicions Alfons el Magnánim, Valencia, 1986, p. 6. 21 G. CABANELLAS, La guerra de los mil días, Buenos Aires, 1973, p. 1.047. 22 Galeazzo CIANO, Diario, 22 de febrero de 1939. 23 Galeazzo CIANO, ibídem, 22 de febrero de 1939. 24 Il Mesagero, 28 de enero de 1939. 25 Galeazzo CIANO, Diario, Edit. Los libros de nuestro tiempo, Barcelona, 1946, p. 312, 20 de marzo de 1938. 26 Enrico SANTONI, Ali di giovinenza, ali di vittoria, Vallecchi Editore, Firenze, 1939, p. 91. 27 Una obra muy interesante para poder comprender la violencia aérea italiana es la de Joan VILLAROYA FONT, Los bombardeos de Barcelona durante la guerra civil, Barcelona, Abadía de Montserrat, 1981.


28 José María MALDONADO, Alcañiz, 1938. El bombardeo olvidado, Edit. Biblioteca Aragonesa de Cultura, Zaragoza, 2003. 29 Galeazzo CIANO, Diario, 28 de marzo de 1939. 30 BOTTAI, Vent’anni e un giorno, p. 110. 31 John F. COVERDALE, La intervención fascista en la guerra civil española, Alianza Universidad, p. 248. 32 Heraldo de Aragón, 30 de octubre de 1937, p. 5. 33 Richard VINEN, Europa en fragmentos. Historia del viejo continente en el siglo XX, Edit. Península, Barcelona, 2002, p. 219. 34 C.S.I.C., Centro de Estudios Históricos, «Italia y la guerra civil española», en L’Intervento in Spagna e la política estera fascista, por Gianluca ANDRÈ. 35 Roberto CANTALUPO, Fu la Spagna. Ambasciata presso Franco. Febrario-aprile 1937, Milano, Mondadori, 1948. 36 Anschluss: anexión de Austria por parte de Alemania, impuesta por Hitler en 1938. 37 Conde Galeazzo CIANO, Diario, p. 146. 38 Ismael SAZ, Mussolini contra la República, Edicions Alfons El Magnánim, p. 237. 39 Denis M. SMITH, Mussolini, Edit. F.C.E., México, p. 327. 40 De Mussolini y su intervención en la guerra, afirma Virginio Fronasari en su pequeño «Diario», que en un principio rechaza intervenir en España diciendo que Italia ya estaba bastante desgastada con lo de Etiopía, y que se decide a intervenir cuando es convencido por un enviado de España haciéndole creer que el conflicto sería breve y fácil. Esto, por supuesto, sería definitivamente todo lo contrario. Las tropas italianas son acogidas de una manera triunfal al principio, porque se esperaba que traerían el final de la guerra, pero posteriormente fueron mal soportadas por el ejército de Franco, que preferían de ellos solamente el material bélico, no sus intervenciones para ponerse medallas tras las victorias. Mussolini, invencido, prefería la gloria de sus hombres, y había más hombres en la contienda que materiales. Esta observación creo que puede ayudar mucho a comprender la importancia de la ayuda italiana al ejército rebelde y a dar la razón a quien afirma que la ayuda exterior a Franco, en hombres y en armas, fue decisiva para la victoria final. La amplia presencia humana exterior en los ejércitos nacionales fue clave. 41 Ismael SAZ y J. TUSELL, Fascistas en España, la intervención italiana en la Guerra civil a través de los telegramas de la Missione Militare Italian in Sapgna, C.S.I.C., Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma, Madrid, 1981, Teleg. 8. 42 Roberto CANTALUPO, Fu la Spagna. Ambasciata presso Franco. Febrario-aprile 1937, Milano, Mondadori, 1948, p. 77. 43 Uno de los personajes más funestos del fascismo italiano. Comenzó siendo un ferroviario, participando en la guerra mundial desde la retaguardia. Se adhiere al fascismo en sus comienzos y se erigió señor de Cremona. Fue uno de los hombres más influyentes de Italia. Fundó y dirigió el Régimen Fascista, uno de los periódicos extremistas del partido, con ideas violentas en sus contenidos. Sería nombrado secretario del partido, tomó parte en la guerra de Abisinia donde perdería una mano. Hombre de gran riqueza, se dice que en Andalucía tenía un gran cortijo. Fue fusilado después de la caída de Mussolini. 44 Ismael SAZ y J. TUSELL, Fascistas..., t. 97, 98. 45 Indalecio PRIETO, Entresijos de la guerra de España, Edit. Planeta, Fundación I. Prieto, Barcelona, 1989, pp. 26-27. 46 Ibídem, p. 38.


47 El régimen de Franco, según la terminología de Linz, era un régimen burocrático-militar, pero no de régimen plenamente fascista. Hubo simplemente imitaciones del régimen fascista italiano, más que un verdadero fondo fascista, eran formas. Ismael Saz, en el Congreso Internacional sobre El Régimen de Franco (1936-1975), celebrado en Madrid en mayo de 1993, organizado por la U.N.E.D. y en su ponencia «El franquismo, ¿Régimen autoritario o dictadura fascista?», p. 192, hizo la siguiente reflexión: era una «dictadura fascistizada», era el régimen menos fascista de los regímenes fascistas o el más próximo al fascismo de entre los no fascistas. Era el más totalitario de los regímenes autoritarios o el menos totalitario de entre los de esta categoría. Es un tema sobre el que aún no se ha llegado a un acuerdo y sobre el que son numerosas las interpretaciones dadas. 48 Ibídem, p. 298. 49 Galeazzo CIANO, Diario, p. 89, 4 de marzo de 1939. 50 Consolato d’Italia. San Sebastiano. Gennaio, 1937. Al Comm. Filippo Anfuso. 51 A.M.A.E., U.S., Ministero degli Affari Esteri. Gab. U.S. Telegrama in partenza n.º 88630. Indirizzato a ITALDIPL, Salamanca. 13-6-1937. Segreto Non Diramare. Cifra. 52 A.M.A.E., U.S., Telespresso n. 231284, dirigido a las RR. Embajadas de Londres, Berlín, consulado de San Sebastián y al Gabinete Ufficio Spagna, de fecha 7 de septiembre de 1938. Oggetto: Spagna. Pretesa oferta trono spagnolo. 53 Cuando Bolín preguntó a Franco qué tipo de aviones quería, Franco escribió en la nota, a pie de página: 12 bombarderos, 3 cazas con bombas y material de bombardeo de 50 a 100 kg (1.000 bombas de 59 kg y 100 más de 500 kg). G. HOWSON, Armas para España, Edit. Península, Barcelona, 2000. 54 Gerald HOWSON, Armas para España, Edit. Península, Barcelona, 2000. 55 Gerald HOWSON, ibídem. 56 Gerald HOWSON, ibídem. 57 Enrique MORADIELLOS, La perfidia de Albión. El gobierno británico y la guerra civil española, Edit. S. XXI, Madrid, 1996. 58 John F. COVERDALE, La intervención fascista..., p. 98. 59 Ibídem, p. 238, nota 7 del cap. XII: «En agosto de 1937, los servicios secretos de espionaje franceses informaron al Estado Mayor del ejército de que dos vapores (probablemente italianos) habían descargado material de guerra en Portugal, que había sido enviado por ferrocarril hasta Valencia de Alcántara, bajo la dirección del comandante Fernando Rauda, director de ferrocarriles y colaborador del ministro de Trabajos Públicos, principal auxiliar de Franco. Numerosas fábricas portuguesas trabajaban con el mismo fin». 60 Las relaciones de los rebeldes con Alemania fueron desde un principio «comerciales». Se crea la Sociedad Hispano-Marroquí (HISMA) y la Rohstoffe und Wareneinkaufs Gesellschaft (ROWAK). Bajo camuflaje de estas relaciones «comerciales» se organizarían los abastecimientos a la España nacional y el suministro de materias primas a la Alemania nazi. 61 Jesús SALAS LARRAZÁBAL, No-intervención extranjera en la guerra española, Madrid, 1974, pp. 410-411. 62 Carlos BLANCO, Franco y Rojo, dos generales para dos Españas, Edit. Labor, p. 227. 63 Manuel TUÑÓN y otros, La guerra civil española. 50 años después, Edit. Labor, Barcelona, 1989, p. 479. 64 Ángel VIÑAS, «Las condiciones internacionales», en La guerra civil española. 50 años después, Edit. Labor, Barcelona, 1985, p. 125. 65 Ibídem, p. 99.


66 Francisco OLAYA MORALES, La intervención extranjera en la guerra civil, Ediciones Madre Tierra, Móstoles, 1990, p. 303. 67 Enrico SANTONI, Ali di giovinenza ali di vittoria..., p. 91. 68 Punto séptimo del Decálogo fascista. 69 Así se lo comunica a su novia en una carta de fecha 7 de agosto de 1936. Ibídem, p. 122. 70 Enrico SANTONI, ibídem, p. 115. 71 Enrico SANTONI, ibídem, p. 122. 72 Ibídem, p. 135. 73 Ibídem, p. 126. 74 Se había distinguido ya como jefe de las escuadras de Emilia y Romagna. Fanático fascista, él mismo era llamado «el león de Son Cervera». 75 Emilio FALDELLA, Veinti mesi di guerra in Spagna, Florencia, 1939. 76 Según Belforte, allí sería, el día 21, «el primer golpe de cañón disparado por los italianos en la guerra de España». Cosa no cierta del todo, pues con anterioridad los aviones italianos ya habían actuado en la isla de Mallorca y en suelo peninsular. 77 José Luis ALCOFAR NASSAES, Los legionarios italianos en la guerra civil española, Dopesa, Barcelona, 1972, p. 50. 78 Militar italiano que ostentó la jefatura de las tropas que intervinieron en la guerra civil española, especialmente en la toma de Málaga y en la batalla de Guadalajara, acciones por la que fue ascendido a general de División. En Italia fue jefe de Estado Mayor, general de las fuerzas de ocupación de Croacia. Reclamado por criminal de guerra por los yugoslavos. 79 Punto número cinco del Decálogo fascista. 80 Prot. N.º 22. Oggetto: militi indesiderabili. Bandera «Leone», Fdo.: Il comandante Senirore Marini. A.G.M.A., Documentación Nacional: Cuerpo de Tropas Voluntarias, Legajo n.º 1. 81 Entre los ciudadanos italianos que se alistan como voluntarios para venir a luchar a España, también se producen casos, al igual que entre los soldados españoles, de hermanos que se encuentran luchando en bandos opuestos, uno como soldado fascista y otro como soldado brigadista. Esto ocurrió con los hermanos Giovanni Conte, teniente 1º Bataglione mixto de Asalto «Frecce Azzurre», Camicia Nera que murió el 24 de septiembre de 1937 en la zona de la Paridera de Arriba, término de San Mateo de Gállego (Zaragoza), y Nicandro Conte, brigadista garibaldino que murió años después siendo partisano, el 2 de abril de 1944, después de caer prisionero y ser torturado por los alemanes. En http:// www.cassino2000.com. 82 Ismael SAZ, Javier TUSELL, Fascistas en España, t. 56. 83 Ibídem, t. 47, 26, 120, 153, 43, 1, 3. 84 Ibídem, t. 120, 153. 85 Ibídem, t. 109, 68. 86 Ibídem, t. 32, 36. 87 Ibídem, t. 47. 88 Nombre oficial dado a las fuerzas regulares del ejército italiano que lucharon junto a Franco. 89 BORKENAU, El reñidero español, París, 1971, p. 212. 90 A.G.M.A., Documentación Nacional. Escrito sobre los intentos de la mujer de un soldado para que su marido no sea enviado a España, y la opinión de un Capo Squadra della Milizia, voluntario en España, que expone cómo algunos de los soldados parten de Italia como voluntarios, pero que otros son movilizados por la fuerza, tal y como había ya hecho Mussolini en África.


91 A.G.M.A., Documentación Nacional. Escrito de la Prefettura di Roma sobre el comportamiento de algunos voluntarios considerados como conflictivos e indisciplinados. 92 Subteniente italiano de complemento del C.T.V. 93 Giuseppe CORDEDDA, Guerra di Spagna 100/17, Alzo zero, Roma, Edizioni Occidentale, 1983, p. 7. Era un fascista de espíritu aventurero. Abandona la vida civil y el trabajo y se alista como soldado voluntario. Cuando le llegan noticias de Bolonia de que se va a crear una división de voluntarios para un «destino desconocido» se alista. Como buen fascista había sido con anterioridad balilla, avanguardista, giovane fascista y finalmente militar voluntario. A los 19 años viene a España a formar parte del C.T.V., pero a su salida de Nápoles no sabía hacia dónde partía. 94 Ibídem, p. 13. 95 «Inviti Presente, Primo Reggimento Frecce Azzurre». Edit. Vda. de Sebastián Ruiz, Albacete, 1939. Documento impreso proporcionado por un familiar del alférez médico, asimilado, de Sanidad Militar teniente don Antonio Pamplona Liria. Perteneció a los «Flechas Azules». Su número de Cartera de Identidad era el 15.932 y realizó su misión como médico en el Hospital n.º 9 de Zaragoza, situado en el Colegio de los PP. Agustinos del Camino de las Torres, en Zaragoza. 96 «Los judíos no pertenecen a la raza italiana... Los judíos representan la única población que no se ha asimilado nunca a Italia, porque está constituida por elementos raciales no europeos distintos en absoluto de los elementos que han dado origen a los italianos». (Punto 9.º del Manifiesto fascista italiano sobre la raza). 97 Galeazzo CIANO, Diario, 1 de agosto de 1940. 98 Gabinete de Guerra, de orden de Sorice. 99 Roma, 2 de diciembre de 1938. Oggetto: Rimpatrio del personale di razza ebraica. Ministero degli Affari Esteri. 100 El informe recogido en «Inviti presente....» termina la historia militar con el apartado «Victoria completa», y en grandes titulares recoge: España es «Una-Grande-Libre». 101 Conde Galeazzo CIANO, Diario, p. 66. 102 John F. COVERDALE, La intervención fascista..., p. 363. 103 Archivio Centralle dello Stato, Roma. Segretaria Particolare del Duce. Carta del maestro Emilio Robledo de la localidad de Arcos de Jalón, enviada al Excmo. Sr. Jefe del Gobierno de Italia. 104 A.M.A.E., Ufficio Histórico e Diplomático, F-6. 105 A.M.A.E., U.S. (Ufficio Storico, Archivio) S.M.E. (Estado Mayor del Ejército) del Ministero della Guerra, F-18. 106 FO 425 expediente 115, citado por M. ALPERT, La guerra civil en el mar. Madrid, Siglo XXI, 1987. 107 Jesús SALAS LARRAZÁBAL, Intervención extranjera en la guerra de España. Madrid, Nacional 1974, apéndice 28, cita 20 entre octubre y diciembre de 1936 y 16 en las cinco primeras semanas de 1937. 108 Michael ALPERTO, La guerra en el mar, p. 164, La llegada de material desde el exterior. 109 Alcofar NASSAES, Marina italiana..., pp. 103-104. 110 A.M.A.E., U.S., Banca d’Italia, Administrazione Centrale, Roma, 30 novembre 1937, al Ministero degli Affari Esteri, Gabinetto, Roma. 111 A.M.A.E., U.S., Appunto per sua excelecia il Ministro. Roma, 3 diciembre 1937, XVI. 112 A.M.A.E., U.S., Ministero degli Affari Esteri, U.S., Telespresso n. 10512 indirizzato a S.E. Il Gobernatore della Banca d’Italia. Roma. Oggetto: Deposito di oro, foglio di V.E. del 30 novembre u.s., fto. Galeazzo Ciano. 11 dic. 1937, anno XVI.


113 Francisco OLAYA MORALES, La intervención extranjera..., p. 303. 114 V. CECHERELLI en Enrico SANTONI, Ali di giovinezza ali di vittoria, Vallechi. 115 El Noticiero, 3 de junio de 1939. 116 U.S., 167, A.E.M., Telespresso n. 1139/287, del Cónsul F. Ramondino en Mallorca al R. Ministero degli Affari Esteri, con fecha 22 de noviembre de 1939, XVIII, Oggetto: Monumento ai legionari de ai marineri sepolti in Palma, con referencia su Telespresso n.º 954/235, del 2 de noviembre de 1938. Registro de entrada el 29 de noviembre. 117 Zaragoza, 10 de enero de 1941. 118 M.A.E., U.S., c. 11. 119 Rafael TORRES, Desaparecidos de la guerra de España, RBA, Barcelona, 2005, p. 103. 120 I. MARTÍN JIMÉNEZ, La guerra civil en Valladolid (1936-1939), Ámbito, Valladolid, 2000. 121 Julián CASANOVA, El pasado oculto, p. 146, Mira Editores, 1999, Zaragoza. 122 Consolato di S.M. il Re Dìtalia, Sevilla, 9 de marzo de 1937. XV.º, Pos. P.I., Prot. N.º 854/46, al Ministero degli Affari Esteri y a S.E. il R. Ambasciatore di Salamanca. Oggetto: Situazione di Málaga. 123 Diego CARCEDO, El Schindler español, RBA, Barcelona, 2005. 124 Comando Corpo Truppe Volontarie, Reparto Operazioni, n.º 227/40 di prot. Op. Oggetto: relazione «esecuzioni capitali». 1 de mayo de 1937. 125 Arthur KOESTLER, Un testamento español, París 1939, p. 107. 126 El soldado español Salustiano Armela, de la 1.ª Brigada Mixta Legionaria «Flechas Azules», 2.º Regimiento, 3.er. Batallón, 9.ª Compañía, en una carta que envía desde el frente de Leciñena, junto a la sierra de Alcubierre (Zaragoza), a un comerciante textil de la ciudad de Zaragoza, le solicita un par de calcetines para combatir el frío de la sierra, en la que luchan no sólo contra «los enemigos de la patria y contra el marxismo odioso y criminal…, sino también contra otro enemigo que es el frío. 127 Informe de Faupel, de fecha 3-XII-1937, en Alcofar NASSAES, Los legionarios italianos..., p. 186. 128 Julián RUIZ MARÍN, Crónica de Zaragoza año por año, p. 375. 129 Alcofar NASSAES, Los legionarios..., pp. 187-188. 130 Virginio Fornasari en su pequeño «Diario» recoge que tras la caída de Madrid, la ciudad es acordonada por los italianos, siendo ocupada posteriormente por los soldados de Franco. Antes habían ocupado Ocaña. Volvería a surgir el pequeño pique que a lo largo de la contienda siempre existió entre unos y otros, «entre quien pone el trabajo y los medios para conseguir la victoria y quien se apunta el éxito con las entradas triunfales y gloriosas». 131 José Luis ALCOFAR NASSAES, C.T.V. Los legionarios italianos en la guerra civil española, Barcelona, 1972. 132 General de pelo rojo y barba rizada. Mussolini, hablando un día de él y no recordando el nombre, le llamó «barba eléctrica». Sería hecho prisionero por los ingleses en África. 133 MARTÍNEZ BANDE, La marcha sobre Madrid, Madrid, 1968. 134 Una de estas unidades especiales fue la denominada «Comando Raporti Specializzati (C.R.S.)», compuesta por un batallón de carros de asalto, una compañía de «auto-blindo-metragliactrice», una sección de piezas de 47 mm, una compañía de moto-ametralladoras y otra de «Lanzallamas-química», actuando también un Comando de Ingenieros con dos compañías y dos núcleos autónomos. José Luis ALCOFAR NASSAES, Los legionarios…, p. 80. 135 Telegrama 16 RP, 25 de marzo. 136 Datos extraídos del informe-conclusiones «Azione di Guadalajara», Stato Maggiore A.M., 5.º Reparto, Ufficio Storico. Roma.


137 Azione di Guadalajara, del informe presentado por el doctor Chiurco, jefe de los servicios sanitarios italianos del C.T.V. Archivio de la Aeronaútica Militare. Roma. 138 Prot. n.º 22, Fregenal de la Sierra, 18 de enero de 1937. Oggetto: militi indesirabili. Bandera Leone. A.G.M.A., Documentación Nacional, Cuerpo de Tropas Voluntarias, Legajo 1. 139 Sandro SANDRI, informe recogido en Azione di Guadalajara, Archivio Aeronáutica Militare. Roma. 140 H. THOMAS, op. cit. 141 H. THOMAS, op. cit. 142 Francesco BELFORTE, La guerra civile in Spagna, III, p. 134. 143 Nanni Devoto, Roa de Duero, 31-3-37, XV. Tenente inc, del grado di cap. M.S. 144 Olao CONFORTI, Guadalajara, p. 360. 145 Carlos BLANCO ESCOLÁ, Franco y Rojo, dos generales para dos Españas, Edit. Labor, Barcelona, 1993. Carlos BLANCO, La incompetencia militar de Franco, Edit. Alianza, Madrid 2000. 146 Rapporto di un ufficiale di Stato Maggiore Germanico alla Ambasciata d’Italia, Berlin. Archivio Stato Maggiore A.M., 5.º reparto. Ufficio Storico. Roma. 147 Manuel AZNAR, Historia militar de la guerra de España, Editora Nacional, Madrid, 1958, p. 116, 148 De entre los muchos soldados que cayeron en Guadalajara nombraré a Mina, Giuliani, Luizzi, Frezza (Medalla de Oro al Valor), Salvatori, Miduri, Gino Fruccia (Medalla de Oro al Valor), el centurión Fulvio Drago, el capo manipolo Tullio Baroni (Medalla de Oro al Valor) y al Caporal mayor Salvatore Batista. 149 Olao CONFORTI, Guadalajara, p. 376. 150 DELPERRIE DE BAYAC, Les Brigades Internationales, p. 258. 151 John F. COVERDALE, La intervención fascista…, p. 228. 152 A.O.C., Roma. C.T.V., Ufficio Centrale Notizie, 10 Setembre 1937, Il Maggiore di S.M., Capo Ufficio Centrale Notizie. 153 A.D.S., Roma. Elenco delle perdite delle forze volontarie italiane in Spagna. 154 A.M.A.E., U.S., política, C. 33. Roma. 155 ATANASIO, Gli italiani e la guerra di Spagna, p. 139. 156 LARGO GARCÍA, La batalla de Guadalajara, pp. 28-30. 157 Onoranze Cadutti Spagna. 158 Materiali produtti durante le ultime operazioni (8-24 marzo 1937) secondo dati presso le varie unità il 15 aprile da un Ufficiale del C.T.V. Archivio Stato Maggiore A.M., Roma. 159 Telegrama 3.200, del 19 de marzo de 1937, recogido en el informe «Azione di Guadalajara», en el Archivio del Stato Maggiore A. M., 5.º Reparto, Uffcicio Storico. 160 Esperienze ricavata dall’impresa di Guadalajara. Rapporto di un Ufficiale di Stato Maggiore Germanico. Ambasciata d’Italia, Berlin. Stato Maggiore A.M., 5.º Reparto, Ufficio Storico. Roma. 161 Ismael SAZ, Mussolini contra la II República, Edicions Alfons el Magnànim, Valencia 1986, p. 6. 162 Telegrama urgentísimo. Cifra n. 6249/368. P.R. enviado desde Roma, 1/5/37, a la Embajada italiana en Salamanca. 163 Telegrama n.º 18695/68 del Ministero degli Affari Esteri, Uff. U.S., dirigido al R. Consolato de Siviglia, desde Roma, con fecha 26/11/1937.


164 Sociedad Naviera, 8 de marzo de 1938, al Ilustrisimo Señor Cónsul General de S.M. Re d’Italia Imperatore d’Etiopia. Sevilla. 165 Villain & Fassio, Societá Anónima Italiana di Navegazione. Génova, 28 aprile 1938. Informe del viaje Génova-Palma. 166 Ministero delle Comunicazioni, Direzione Generale della Marina Mercantile, al Ministero Affari Esteri U.S., y al Ministero Marina, Gabinetto. Prot. 89/R. Roma, 2 de octubre de 1937. 167 Ministero Affari Esteri al Ministero delle Comunicazioni y a la R. Embajada de Salamanca. U.S. Telespresso n.º 235343. Posizione Marocco 1/1, oggetto Piroscafo Silvia Tripcovich, registrado el 12 de octubre de 1937. 168 Ministero delle Comunicazioni, divisione II, Sez. I, prot. n.º 100 R, al Ministero Affari Esteri Eur. Mer. III y al Ministero affari Esteri Uff. Spagna. Roma, 23 de octubre de 1937. 169 Ministero delle Comunicazioni, Direzione Generale della Marina Mercantile. Al Ministero Affari Esteri, U.S. y al Ministero della Marina. Gabinetto. Relazione foglio B.2237 del 16-2-u.s. 2 de febrero de 1938. Protc. n.º 127 R. Oggetto: Spedizioni di material destinati alla Spagna rossa a mezo di navi mercantili nazionali. 170 Legazione d’Italia in Romania. Telespresso n.º 920/307, al Ministero degli Affari Esteri U.S., Roma. Bucarest, 16 de marzo de 1938. Oggetto: Rifornimento grano per il gobernó di Valenza. 171 Ministero della Guerra, al Ministero degli Affari Esteri, U.S., Prot. n.º 3/9971. Roma, 19 de abril de 1938. Segreto. Oggetto: forniture di electrodi ai rossi spagnoli. 172 Telespresso n.º 18533 del Ministero degli Affari Esteri al R. Ministero Scambi e Valute-Gab. Comisariato Generale per le Fabricación di Guerra. Roma, 23 de abril de 1938. Oggetto: Fornitura electrodi della Societá «Talco-Grafite Valchisone». 173 Telespresso n.º 2232/801, Legazione d’Italia in Romania, al Regio Ministero degli Affari Esteri en Roma. Sofía, 11 de mayo de 1938. Oggetto: grano búlgaro per la Francia. 174 Ministero delle Comunicazioni, Direzione Generale della Marina Mercantile, al Ministero degli Affari Esteri, U.S., Roma. Prot. n.º 13795. Oggetto: aprovisionamiento de grano a la España roja. Roma, 11 de junio de 1938. 175 Ministero degli Affari Esteri, U.S., a la Legazione, Sofia. Posizione. 11-12 Spagna. Oggetto: Aprovisionamiento de grano a la España Roja. Roma, 14 de junio de 1938. 176 R. Legazione D’Italia, Sofía, al Regio Ministero degli Affari Esteri. Pos. A I Spagna. Sofía, 1 de julio de 1938. 177 Embajada de España en Italia, al Excm. Sr. Conde Luca Pietromarchi. Roma, 26 de octubre de 1938. 178 Telespresso n.º 33304 del Ministero degli Affari Esteri al R. Ministero Scambi e Valute, al R. Ministero delle Comunicación, Dir. Gen. Marina Mercantile, al Consolato Generale de Marsiglia. Roma, 5 de noviembre de 1938. Oggetto: Aprovisionamiento de azúcar italiano a la España roja. 179 Telespresso n.º 22744/2946, del R. Consolato Generale D’Italia, al Ministero degli Affari Esteri. Marsiglia, 23 de noviembre de 1938. Oggetto: Aprovisionamiento de azúcar italiano a la España roja. Riferimento al dispaccio ministeriale n.º 33304 del 5 u.s. 180 Telespresso Circolare n.º 1390/2781, del Consolato Generale D’Italia en Tolosa, Francia, al Ministero degli Affari Esteri (A.G.) Roma, al R. Ministero deglli Affari Esteri (U.S.) y a la R. Ambasciata d’Italia en París. Tolosa, 25 de noviembre de 1938. Oggetto: 5.º vagoni di sughero di provenieza italiana esportati nella Spagna rossa. 181 Telespresso Circolare n.º 14230/287 del consolato Generale d’Italia al R. Ministero degli Affari Esteri (A.G.), al R. Ministero degli Affari Esteri (U.S.) y a la


R. Ambasciata d’Italia en París. Tolosa, 2 de diciembre de 1938. Oggetto, Esportazione di sughero nella Spagna rossa. Riferimento: Mio Telespresso n.º 13090, del 25 de nov. U.S. 182 Consolato d’Italia en Sevilla. Telespresso n.º 2791/4631, al Ministero degli Affari Esteri, U.S. y a la regia ambasciata d’Italia en San Sebastián. Roma, 15 de agosto de 1938. 183 Telespresso n.º 27158, del Ministero degli Affari Esteri U. S. al R. Ministero della Guerra, al R. Ministero della Marina y al R. Ministero delle Comunicazioni. Roma, 28 de agosto de 1938. 184 Telespresso n.º 322832, riservato, del Ministero degli Affari Esteri A.G. IVº, a la R. Ambasciata de Salamanca. Gabinetto Uff. S. Posizione S.P. 74-2523. Oggetto: Agente rosso sul piroscafo «Firenze». Roma, 26 de septiembre de 1938. 185 Telespresso n.º 46/10, R. Consolato d’Italia, segreto. Al Regio Ministero degli Affari Esteri, U.S., y a la Regia Ambasciata d’Italia en San Sebastián. Sevilla, 9 de enero de 1939. Oggetto: Contrabando di valuta nella Spagna nazionale. Riferimento al Telesp. Di cod. R. Ministero n.º 35770, del 6 de diciembre U.S. Posiz. 11-12 Spagna. 186 Punto octavo del Decálogo fascista. 187 Punto segundo del Decálogo fascista. 188 Ramón SALAS LARRAZÁBAL, Pérdidas de la guerra, Planeta, Barcelona, 1977. 189 RISPOLI, La Spagna dei legionari. 190 John F. COVERDALE, La intervención fascista..., p. 373. 191 En el Sacrario Militare de Zaragoza aparece la cifra de 4.183 italianos caídos en tierras de España, pero aquí están incluidos los voluntarios de las Brigadas Internacionales que también eran italianos y que igualmente murieron en tierras de España. 192 A.O.C., Ministero della Guerra. Roma. 193 Si a esta cifra le sumamos los 548 soldados brigadistas italianos que mueren en el lado republicano, tenemos una cifra total de italianos muertos en España en la guerra civil de 4.344. 194 En esta misión hay que recordar al franciscano padre Antonio Bortolon que el 30 de marzo caía mortalmente herido en la Batalla de Guadalajara mientras confortaba y socorría a las bajas que se producían en el combate. 195 PÉREZ BOWIE, El léxico de la muerte durante la guerra civil, p. 44, Ediciones Universidad de Salamanca, 1983. 196 Este sentido de presencia es recordado en la mayoría de los cementerios militares y de guerra italianos. En el mausoleo del Puerto del Escudo este «Presente» se hizo grabar sobre sus paredes repetidamente, reforzando esta idea ante los cientos de soldados vigilantes allí sepultados. 197 «Están presentes en nuestro afán», dice una estrofa del «Cara al sol» de los falangistas. 198 Punto número uno del Decálogo fascista. 199 A.M.A.E., U.S. Roma. 200 A.O.C., Elenco dei Militari morti in combattimento dal 6-2-37 al 3-4-37. Ministero della Guerra. Roma. 201 La tranquilidad después del nerviosismo e investigaciones posteriores dieron lugar a rectificaciones sobre nombres de fallecidos. En diciembre de 1937 aparece ya una relación nominal de legionarios caídos en O.M.S., con cuatro nombres de soldados que aparecían con los nombres mal escritos o confundidos: — Sergente Albera Arturo, era la misma persona que Sergente Ellera Arturo. — Camicia Nera Ardinghi Álvarez, en lugar de Ardinghi Odoardo. — El legionario Alzi Mosé en vez del identificado como Orsi Mose. — Benvenuti Carmine y Benevento Carmine eran en realidad la misma persona.


Otra relación de fecha 30 de enero de 1938 recoge las variaciones sobre el Camicia Nera Bricchi Giuseppe, muerto en realidad el 25 de enero, o el Vice Capo Squadra Cipollone Filippo y el Camicia Nera Saponaro Casimiro, que aparecían como desaparecidos y con nombres cambiados, están enterrados en el cementerio de Sigüenza. 202 A.M.A.E., U.S., Ufficio «S», n.º 47864, al ministero della guerra, Gabinetto., e per conoscenza al Comando Generale della M.V.S.N... Oggetto: Rinvenimiento salme di legionari. Un caso de estas características se puede apreciar con el Caporale Zocco Giuseppe y el soldato Sifarelli Angelo enterrados en la zona de Guadalajara y muertos los días 14 y 15 de marzo de 1937, recuperándose sus cuerpos y siendo enterrados con posterioridad en el cementerio del legionario del Km. 105 de la llamada carretera de Francia, carretera de Madrid a Zaragoza. 203 A.O.C., Roma. De Isabella Borhghese al Padre Pietro, 1/XII/41. Palazio Hasperia, Florencia. De Isabella Borghese al Padre Pietro, Palazio Hasperia, Florencia, 30-1-42. 204 A.O.C., Misione Militare Italiana Spagna. Ufficio personale. Madrid, 9 novembre 1942 XXIº. n.º 1876 protocollo allegatti: due. Oggetto: Laureada de S. Fernando concessa al Ten. Giuseppe Borghese di Borbone Parma, al Núcleo O. S. s. (Rif. F.n.n. 1046 del c.m. Zaragoza. Firmado por Il Colonello Capo Missione, Ottavio Carnevale. 205 Francisco CABRERA CASTILLO, Del Ebro a Gandesa, Edit. Almena, Madrid 2002, p. 548. 206 José Luis DE MESA, El regreso de las..., p. 175. 207 También sería propuesto para esta misma laureada, aunque finalmente no se la concedieran, el Teniente Antonio Bossonetto, Teniente Médico perteneciente a los Flechas Azules, por su actuación en la carretera de Pauls a Cherta, donde dejaría la vida. Sería condecorado a título póstumo con la Medalla de Oro al Valor Militar italiana. Son una pequeña muestra, a modo de representación, de los soldados fallecidos y de algunas de las condecoraciones recibidas. El lenguaje utilizado para resaltar el valor y los méritos de los soldados condecorados nos hacen pensar en ejemplos a admirar por parte del resto de los compañeros. Exaltando su valor, su valerosa entrega y el riesgo de sus vidas por la causa fascista y por su Duce. No hay duda de que ejemplos serían vidas ejemplares para el resto de los soldados. El lema «Credere, Obedere, Combatere» se deja bien claro en la redacción de estos partes. 208 A.O.C., Ministero della Difesa, Roma. 209 Militar italiano que ostentó la jefatura de las tropas que intervinieron en la guerra civil española, especialmente en la toma de Málaga y en la batalla de Guadalajara, acciones por la que fue ascendido a general de División. En Italia fue jefe de Estado Mayor, general de la fuerzas de ocupación de Croacia. Reclamado por criminal de guerra por los yugoslavos. 210 Alfonso Spatolisano afirmaba que él vino engañado, se había enrolado pensando que la misión que iba a desempeñar en España era una misión de paz, nunca una guerra, aunque nadie le obligó a venir. Pagnusat, según relata su mujer, se encontraba haciendo la Academia y se presenta voluntario para España, era oficial del ejército. G. Giambanco era oficial del ejército, había estado destinado en Abisinia y luego fue destinado a España como oficial del ejército italiano. Virginio Fornasari fue teniente del ejército italiano, pero anteriormente era un maestro de escuela en Italia, en Taverna. Se le prepara documentación falsa para incorporarse a la guerra de España y burlar los controles del Comité de No Intervención. Ettore Giglioti fue soldado voluntario de la División XXIII de marzo, sergente Maggiore. Vino voluntario, nunca fue obligado ni engañado, aunque reconoce que a muchos sí se les prometió ir a rodar una película o a misiones de paz y terminaron en España en medio de la guerra civil. 211 Manzini fue el nombre que el general Roatta había adoptado para venir a España.


212 Punto número seis del Decálogo fascista. 213 Nombre popular con el que eran conocidos los «Carro Veloce L3/35» de la casa Fiat. 214 El primer soldado italiano de tierra muerto en la península sería el artillero Pittondo, que muere el día 31 de octubre en el hospital de Toledo, habiendo caído previamente herido en la ocupación de Borox y Esquivias. 215 José Luis DE MESA, El regreso..., p. 68. 216 Luis María LOJENDIO, Operaciones militares de la Guerra de España, Barcelona, 1940. 217 José Luis de Mesa habla en su libro El regreso de las legiones de que el C.T.V. lo componen en este frente 30.764 hombres, de los que 25.202 son infantes, 739 barristas, 4.170 artilleros y 653 ingenieros, sin contabilizar el personal de los Servicios. En junio llegaría un refuerzo de otros 1.020 soldados más, p. 97. 218 A.G.M.A., Documentación Nacional, Legajo 588, carpeta n.º 86, armario 08. 219 A.G.M.A., Documentación Nacional, Legajo 10, carpeta 17 tris, armario 35. Brigada de Flechas Negras, fotocopias del Acta y Orden de Operaciones para la rendición de las fuerzas rojas del Ejército Vasco. agosto de 1937. 220 BOWERS, Misión en España, Edic. Éxito, S.A., Barcelona, 1979. 221 Según la Orden de Operaciones de la Brigada de Flechas Negras para la rendición de las fuerzas vascas, fueron unos 30.000 soldados vascos los que se entregaron. Sin embargo, en esta Orden de operaciones se firma que la rendición de este ejército debería ser sin condiciones, pero respetándose la vida de todos, excepto la de aquellos que hayan cometido crímenes. 222 A.G.M.A., Documentación Nacional, Legajo 10, Carpeta 17 tris., Armario 35. Operaciones. Brigada de Flechas Negras: fotocopias del Acta y Orden de Operaciones para la rendición de las fuerzas rojas del Ejército Vasco, el veinticuatro de agosto de 1937. 223 Dieciséis sacerdotes de la Iglesia vasca fueron fusilados por Franco. 224 Información extraída de la «Relazione sull ‘Àtttività svolta... antes citada. A.O.C. 225 José María MALDONADO, Alcañiz 1938, el bombardeo olvidado, Biblioteca Aragonesa de Cultura, Zaragoza, 2003, p. 90. La relación de los 15 aviones fue la siguiente: 1.ª patrulla. Cuatro aparatos del comando-escuadra 280 y uno de la 285. Cada uno de ellos cargaría diez bombas de 100 kg. 2.ª patrulla. Un aparato de la escuadra 280 y cuatro de la 285. Cada uno de ellos cargaría doce bombas de 50 kg. 3.ª patrulla. Cinco aparatos de la escuadra 289. Cada uno de ellos cargaría doce bombas de 50 kg. La orden era que los quince aviones debían arrojar sobre Alcañiz la cantidad de ciento setenta bombas con un total de 11.000 kg. 226 Diario Heraldo de Aragón, «Heraldo domingo», 2 de marzo de 2003. 227 La enfermera voluntaria María Pratsavall, que tenía entonces 22 años, cifra hoy los muertos en más de 500. El testimonio de José Blanc, entonces juez municipal, asegura que el número de muertos llevados a la iglesia de San Francisco en las primeras horas superaba los 200. Muchos de ellos serían llevados a los pueblos próximos y a ciudades como Lérida, Gandesa y Tarragona. Los muertos fueron llevados a fosas comunes del cementerio. Las entrevistas recientes del Heraldo de Aragón a varios testigos de la tragedia así lo confirman: Manuel Garín, Mari Milián, Luis Navarro, Virginia Rubira, Francisco Marcos, Asunción Ponz Gracia... 228 Diario Heraldo de Aragón, 16 de marzo de 1938. 229 José María MALDONADO, Alcañiz..., p. 74.


230 El avance desde Teruel, por la carretera hacia Sagunto, lo podemos encontrar en la documentación del Archivo General Militar de Ávila. La documentación recoge las operaciones del Comando División Voluntario de la Littorio, de las Brigadas de las Flechas Azules, las Brigadas de las Flechas Negras y los diferentes servicios de apoyo a la operación Levante. 231 A.O.C., Roma. Relato de Dante Pariset quien realiza la visita con un operador cinematográfico, Luigi Saantuci, y con un fotógrafo, Ottorino Montesanti, por los diferentes cementerios españoles con soldados italianos, recogiendo y filmando el estado de las tumbas. Aparece firmado el informe en Toledo, el 29 de diciembre de 1937. 232 A.O.C., Ministero della Difesa, Roma. Compagnia O.C.S., direzione Lavori. 5 de febrero de 1939. Il Direttore dei lavori Centurione Cappellano Bergamini P. Giovanni. 233 José Luis DE MESA, El regreso de las legiones, p. 135, Edit. García Hispan, Granada 1994. 234 «La tierra tiembla». 235 En John F. COVERDALE, La intervención fascista…, p. 336. 236 CONDE CIANO, Diario, p. 62. 237 José Luis DE MESA, El regreso..., p. 144. 238 Entre los muertos de estas fechas figuran el centurión Mario Roseéis, del batallón de máquinas de los Flechas Negras, al que Piazzoni llamaba «anciano simpático y valeroso, voluntario de tres guerras». Fue herido el general Bitosi, comandante de la División Littorio, y el teniente coronel Gaetano Amoroso. 239 Manuel MARTÍNEZ BANDE, La guerra en el Norte, San Martín, Madrid, 1969, pp. 343 y ss. 240 El informe recogido en «Inviti presente» termina la historia militar con el apartado «Victoria completa», y en grandes titulares recoge: España es «Una-Grande-Libre». 241 Antonio Vasco y Dativo Marco, que pertenecieron a los Flechas Negras, muy ancianos hoy en el pueblo zamorano de Fuentes de Ropel, lo recuerdan con gran frescura y sentimiento. 242 Galeazzo CIANO, Diario, p. 66. 243 John F. COVERDALE, La intervención fascista..., p. 363, Edit. Alianza Universidad. 244 Este Sacrario está a cargo del Viceconsulado de Italia en Palma de Mallorca. 245 Sus nombres y graduaciones son: Capitán Alfonso Chiapparo, Teniente Pietro Mosca, Sargento Remo Barsotti, Av. Francesco Tomada. 246 Pierre NORA (dir.), Les lieux de mémoire, 7 vols. París, Gallimard, 1984. En Josefina CUESTA BUSTILLO y otros, Memoria e Historia, p. 130. Nora pretendió clasificar todos los lugares de memoria en la sociedad francesa, y para ello organizó en siete volúmenes su análisis de los «lieux de memorie» en Francia, en torno a tres principios que para él estaban superpuestos de manera significativa: la República, la Nación y «Les France». Este orden representaba una progresión histórica desde la unidad, siendo el eje central la memoria-nación, que se apoyaba en narraciones históricas nacionales para proporcionar una continuidad. La idea de nación para Nora se ha ido erosionando a medida que el Estado ha cedido poder a la sociedad civil, estando en declive la importancia de la nación-estado y que es la última encarnación de la unificación entre la memoria y la historia. Todo lo que queda por hacer es una autopsia del pasado, como Hutton caracteriza el proyecto de Nora, o en el mejor de los casos, celebrar sus celebraciones. (P. H. HUTTON, History as an Art of Memory, University of Vermont, 1993). 247 El «locus memoriae» ya fue definido por Cicerón como el lugar en el que el orador quiere colocar las «imágenes» de las cosas que quiere recordar, tanto imágenes vivas (imágenes agentes) como del pasado. 248 El concepto de la Memoria permaneció ignorado por la escuela de los Annales durante mucho tiempo. También lo fue en la revisión historiográfica dirigida por J. Le Goff, Hacer historia. P. Nora la introduce en el curso 1977-1978 de la mano de la Historia del presente, y la consolida por escrito en la


Nouvelle Histoire, en 1978. Anteriormente en 1977, Le Goff había ya publicado un extenso trabajo sobre el tiempo, la memoria y la historia, Storia e memoria. La historia es entendida como un saber acumulativo cargado de rigor y de control, y la memoria de estos hechos pasados es la cultivada por los contemporáneos y sus descendientes emergiendo de un modo potente las fuentes orales. Se van a complementar dos conceptos diferentes de la historia, el erudito de los archivos y el existencial de la memoria personal. 249 N. BARLEY, Bailando sobre la tumba, Anagrama, Barcelona, 1995, p. 148. 250 N. BARLEY, ibídem, «Los cuerpos de los poderosos resultan políticamente tan peligrosos como lo fueron en vida sus propietarios», p. 148. 251 Jacques LE GOFF, El orden de la memoria, Paidos, Barcelona, 1991. 252 Eduardo Haro Tecglen. 253 Alberto REIG TAPIA, Memoria de la guerra civil. Los mitos de la tribu, Alianza Editorial. Madrid, 1999, p. 317. 254 Ibídem, p. 331. 255 Ibídem, en el prólogo. 256 La historia nos la escribieron y nos la enseñaron los vencedores. 257 Alberto REIG TAPIA, La memoria de la..., p. 38. 258 La palabra latina «monumentum» está vinculada a la raíz indoeuropea «men» que expresa una de las funciones fundamentales de la mente (mens), la memoria (memini). El verbo «monere» significa «hacer recordar», «avisar», «iluminar», «instruir». El «monumentum» es un signo del pasado, todo lo que puede hacer volver al pasado, perpetuar el recuerdo. Desde la antigüedad romana el «monumentum» tiende a especializarse en dos sentidos: Como una obra de arquitectura o de escultura con fines conmemorativos, como son el arco de triunfo, la columna, el trofeo... Y como un monumento funerario destinado a transmitir el recuerdo de un aspecto en el que la memoria tiene un valor particular, la muerte. (Jacques LE GOFF, El orden de la memoria, Paidos, Barcelona, 1991). 259 Hitler, en la Conquista del Estado. 260 «Sueño arquitectónico para una exaltación nacional», en la revista Vértice, septiembre de 1940. Revista cultural de Falange. 261 Antonio BONET y otros, Arte del franquismo, Cuadernos Arte Cátedra, Madrid, 1981, p. 37. 262 Ibídem, p. 39. 263 Jiménez Caballero, el ideólogo más notable del fascismo español y para quien el arte era propaganda, va a ser el primero en estudiar el papel de la arquitectura. Para él la idea del nuevo orden vendría expresada por una arquitectura «desnuda, masiva y proporcional». A. BONET, Arte del franquismo..., p. 50. Víctor d’Ors, figura notable de la concepción fascista del arte y muy vinculado al ideario de Falange, ya señalaba como puntos de partida para la creación de una nueva arquitectura la necesidad de estudiar lo que denomina «constante de españolidad» y que define en cuatro puntos: — Tendencia a la cubicidad de las masas y a su macicez y a la cuadratura de plantas y vanos. — Tendencia a la simplificación decorativa. — Individualización de algunos elementos, vanos. — Tendencia a lo plano que se acusa claramente en el ornato. Antonio Palencia preconizaría una vuelta a los modelos neoclásicos. Diego de Reinosa sería un gran defensor del estilo imperial, afirmando que había que ser rotundo en la expresión del ideario, bello en su forma pero severo en su línea, tranquilo en sus masas, moderno en su


concepción, actual en su técnica, universal en su acierto, humano en su escala y noble en sus materiales. Diego de REINOSA, Ensayo sobre las directrices arquitectónicas de un Estilo Imperial, Madrid, 1949. Pedro Muguruza será quien desde la Dirección General de Arquitectura intentará controlar la arquitectura del país, intentando dar cuerpo a tres ideas básicas: exaltación fúnebre, idea triunfal y forma militar. El ejemplo más característico de sus pretensiones lo tenemos en el Sacrario Militare de Zaragoza. 264 Luis MOYA, «Orientaciones de arquitectura en Madrid», Revista Reconstrucción, n.º 7, 1940, p. 10. 265 Carrero Blanco, en su discurso del día 28 de enero de 1964, con motivo de las celebraciones de los 25 años de paz, haría un significativo comentario sobre el significado del Valle de los Caídos como monumento conmemorativo a los que sacrificaron sus vidas por España y que se ajusta a las mismas intenciones políticas en la construcción del Sacrario Militare de Zaragoza o el del Puerto del Escudo: «El monumento conmemora una victoria, pero no una victoria sobre unos adversarios políticos, como torcidas y amañadas interpretaciones han pretendido hace creer, sino una victoria de España contra los enemigos de su independencia y de su fe, únicos ideales cuya defensa justifica el máximo sacrificio de las vidas». En el Congreso Internacional El Régimen de Franco. Madrid 1993, «Los lugares de la memoria de la guerra civil. El Valle de los Caídos: la ambigüedad calculada», Tomo I, de Paloma Aguilar Fernández, p. 491. 266 Francisco Franco Salgado-Araujo, primo de Franco y su secretario personal, opinaba así en el año 1954 sobre el significado del monumento funerario del Valle de los Caídos: «Obra romántica y espiritual y el deseo de rendir culto a los caídos en la guerra de liberación». Años más tarde había cambiado en parte su visión sobre la construcción de esta gigantesca obra, haciendo una reflexión sobre el dinero empleado y su mejor aprovechamiento si se hubiera dedicado antes que a los muertos, a los hijos de los muertos de uno y otro bando, en un afán reconciliador e integrador entonces muy arriesgado, y «así recordar a las generaciones venideras que los que nos alzamos por una España mejor no somos rencorosos ni queremos que el odio y la intransigencia separen siempre a los que somos hijos de la misma Patria». Francisco SALGADO-ARAUJO, Mis conversaciones privadas con Franco, Planeta, Barcelona, 1976, p. 118. 267 Pierre NORA, Les lieux de..., Vol. I, La Republique, París, Gallimard, 1984. Otros estudios sobre la Memoria en J. E. BODUAR, J. DAVALLOON, PH. DIJARDIN y G. NAMER. 268 Lutz WINCKLER, La función social del lenguaje fascista, Ariel, Barcelona, 1979. 269 José I. MADALENA y otros, en «Lugares de Memoria de la guerra civil en un centro de poder. Salamanca 1936-39», Encuentros, Historia y memoria de la guerra civil. Encuentro en Castilla-León (V. 2), Salamanca, 1986. 270 Pierre NORA, Les lieux de..., p. VII. 271 N. BARLEY, Bailando sobre la tumba. Edit. Anagrama, Barcelona, 1995. 272 Ibídem, p. 148. 273 Ibídem. 274 A.O.C., in memoriae dei legionari Caduti in Spagna. Allegato de Luigi Pomé. Madrid, Septembre de 1940. XVIII. 275 J. A. PÉREZ BOWIE, El léxico de la muerte durante la guerra civil, Ediciones Universidad de Salamanca, 1983, p. 136. 276 PÉREZ BOWIE, op. cit., p. 136. 277 Concepto utilizado por J. CUESTA, J. I. MADALENA y otros, para diferenciarlo del concepto de los lugares, más definido y presente en el congreso sobre Historia y memoria de la guerra civil celebrado en 1988 en Salamanca.


Julio ARÓSTEGUI (coord.), Historia y memoria de la guerra civil, encuentros en Castilla y León. Junta de Castilla y León, Salamanca, 1998. 278 Francesca Purini de Presel (Bolzano), fue la primera mujer italiana que vino a Zaragoza a visitar la tumba de su hijo, oficial de Aviación, Guido Presel, Medalla de Oro al Valor y Medalla del Mérito Militar español. 279 En este primer homenaje estuvieron presentes un Maggiore, capitanes y oficiales italianos, mientras una compañía de soldados en el momento del sepelio les rendía un saludo a los hermanos caídos con una descarga de fusilería. 280 Raquel Guidi, viuda de Mussolini, realizaría una visita al Sacrario Militare de Zaragoza el 26 de junio de 1958, alojándose en el Gran Hotel de esta ciudad. Completaría su estancia en la ciudad con una visita al Pilar al día siguiente y almorzando en el restaurante Savoy. Su recorrido lo completa visitando el Cementerio Militar italiano de la localidad oscense de Fraga. 281 Otras asociaciones italianas, como la «Associazione Amici della Spagna», también harían en más de una ocasión visitas al Sacrario o la «Associazione Italiana combattenti voluntari antifascisti di Sapgna» (AICVAS) o la «Associazione Nazionale Partisani Italiani» (ANPI), la «Associazione Nazionale fra gli ex prigionieri di guerra dei campi franesi», todas ellas para recordar y conmemorar a sus caídos, tanto los pertenecientes a un bando como a otro. 282 Véase entre otras informaciones aparecidas en diferentes años, Amanecer, n.º 11939 del 3-11-74; Heraldo de Aragón, n.º 26318 del 3-11-74; El Noticiero del 3-11-74. 283 A.O.C., Ministero della Difesa, Comissariato Generale Onoranze Caduti. Roma, 15 febrero 1996, al Dr. Baratto, Prot. n.º 3 /0750/450/Spagna. Se le comunica que tras una conversación con el embajador de Italia en Madrid se llega a un acuerdo para reducir al mínimo el ceremonial en el Sacrario de Zaragoza. 284 Después de la primera guerra mundial el ejército italiano instituyó el ritual de decir en voz alta los nombres de cada soldado muerto y alguien contestaría «presente», como si el soldado estuviera allí todavía. 285 Onoranze Cadutti Spagna. 286 Relación de caídos italianos sepultados en el Paso del Escudo y repatriados, con número de orden, grado, nombre y apellidos y datos de las sepulturas (Fila y lóculi). La custodia del monumento correría a cargo de Francisco López Fernández, vecino de Venta Nueva (Corconte), labrador. Debería tener constantemente en perfecto orden y limpieza el interior y el acceso, así como la alambrada. El señor Alfredo Correa, propietario del vecino Balneario de Corconte se ofreció gratuitamente, para velar sobre la constante observancia de parte del contrayente de las cláusulas y compromisos adquiridos, comunicando los eventuales incumplimientos a la Misión Militar Italiana. Su contrato llevó la firma del alcalde y del cura de Corconte, además de la de contrayente y la del señor Alfredo Correa. 287 Las cajas trasladadas a Zaragoza fueron desocupadas y trasladados sus cuerpos a cajas de cinc en febrero de 1975, realizándose las labores en la hacienda o fábrica de colas que el entonces cónsul e intendente de la Torre en Zaragoza, señor Baratto, tenía en las proximidades del cementerio de La Cartuja. Las cajas fueron quemadas en ese lugar, contando con la bendición del P. Antonio, capellán del citado cementerio. 288 Registrato, 1, Mag. 1939. n.º 58430. Archivio Ministero degli Affari Esteri, U.S., Roma. 289 Gámbara, generale comandante del Corpo Truppe Volontarie, a S. E. il Ministro Pietromarchi. 290 A.O.C., Roma. Elenchi dei cimiteri da esumare consegnati al Sergente Petrozzi il 13 agosto de 1941. 291 Maggiore Lorenzo della Ragione, Roma, 22 de agosto de 1960. Oggetto: Visita Sacrari di Zaragoza e Paso Escudo in Spagna, 28 Luglio al 4 agosto 1960, al Comissariato Generale Onoranze


Caduti in guerra. Roma. Rif. F.n. 1/1049 in data 15 luglio 1960 diretto al M. D. E. Ufficio del Segretario Generale. 292 La palabra latina «monumentum» está vinculada a la raíz indoeuropea «men» que expresa una de las funciones fundamentales de la mente (mens), la memoria (memini). El verbo «monere» significa «hacer recordar», «avisar», «iluminar», «instruir». El «monumentum» es un signo del pasado, todo lo que puede hacer volver al pasado, perpetuar el recuerdo. Desde la antigüedad romana el «monumentum» tiende a especializarse en dos sentidos: — Como una obra de arquitectura o de escultura con fines conmemorativos, como son el arco de triunfo, la columna, el trofeo... — Y como un monumento funerario destinado a transmitir el recuerdo de un aspecto en el que la memoria tiene un valor particular, la muerte. (Jacques LE GOFF, El orden de la memoria, Paidos, Barcelona, 1991). 293 Ibídem, p. 39. 294 N. BARLEY, Bailando sobre la tumba. Edit. Anagrama, Barcelona, 1995. 295 Era un proyecto desarrollado por el arquitecto O. Rossato, con el trabajo de los escultores Montini y Zaretti, de planta cuadrada, una sola planta, con una cripta en su interior. Sobre la cripta una gran terraza. Una segur romana ilustra la victoria bélica del sector montano en los años 1915-1916, el otro segur recoge documentos de los hechos del bienio 1917-1918 con los combates en el Passubio y los trabajos de organización logística y de reforzamiento de las posiciones montanas en el holocausto de las tropas alpinas en la batalla de Ortigosa. 296 Obra del arquitecto Giovanni Greppi y del escultor Giannino Castigliani. Este gran mausoleo fue realizado frente al primer cementerio de guerra de la 3.ª Armada italiana, es un Parque de la Memoria. 297 Fue diseñado por el Ten. Col. de Ingenieros Guastatori Alpino, Paolo Caccia Dominioni de Sillavengo. Recuerda al Sacrario de Trípoli. Existe también un pequeño museo histórico que recuerda las fases de la segunda guerra mundial, con documentos, fotografía, notas, uniformes, armas y efectos personales de los soldados. En una gran campana donada a este Sacrario por las asociaciones de combatientes se recuerda a todos los vivos y caídos, apareciendo grabado sobre el bronce «Victi vivimus». 298 Situado en el km. 120 de la carretera litoral de Egipto, Alejandría-Marsa Matruch, sobre una amplia zona de terreno de colinas, con un entorno de amplias llanuras desérticas sobre las que se desarrollaron las grandes batallas del Alamein. El proyecto fue también obra de Paolo Caccia Diminioni, oficial de ingenieros y comandante del XXI batallón Guastatori de Ingenieros, que ya había diseñado el Sacrario de Oltremare. A unos quinientos metros del Sacrario, al noroeste, sobre una colina se encuentra el cementerio de carros de combate destruidos a los beduinos. En la «Quota 33» fue sacrificado el 52 Grupo de cañones de 152/37 el 10 de julio de 1942. En los otros edificios junto a la carretera se encuentran el cementerio de los Ascari libios, un pórtico de ingreso y el complejo de servicios con un pequeño museo y sala de proyecciones. 299 A.O.C., Misione Militare Italiana in Spagna. N. Prto. 1207 Prt. Segreto. Madrid 8 novembre 1940 XIX. Oggetto: Sacrario per i Legionari caduti in Spagna. Al Ministero della Guerra-Gabinetto. 300 A.H.M.Z., Missione Militare Italiana Spagna. n.º 512. Fdo.: Pietro Riccardi, jefe de la Misión Militar y Coronel de E. M. al señor alcalde-presidente del Ayuntamiento de Zaragoza. 18 de marzo de 1941. 301 El Noticiero, 5 de mayo de 1942, p. 2. 302 Ver en el Anexo Resumen de los trabajos realizados por Onoranze Caduti en los distintos cementerios, por regiones, número de soldados italianos y españoles y dinero que se gastó. (Riepilogo di lavori), así como el Prospecto Numérico de las tumbas divididas por localidades, sobre los legionarios italianos caídos en O.M.S.


303 A.O.C., Missione Militare Italiana in Spagna. N. 1207 Prt. Segreto. Oggetto: Sacrario per i Legionari cadutti in Spagna. Madrid 8 Novembre 1940 XIX. Firmado por Il Colonnello si S.M. Capo Missione Pietro Riccardi. 304 A.H.M.Z., Missione Militare Italiana, Proyecto de Mausoleo para los legionarios de Italia muertos en la cruzada española, 1936-1939. Memoria. Firmada en Pamplona en octubre de 1940 por el arquitecto Víctor Eusa. 305 El arquitecto Teodoro Añazagas, que integró arquitectura y naturaleza y se reflejaría más tarde en la obra de Pedro Muguruza en el Valle de los Caídos, había tomado anteriormente la idea de faro y de torre en sus diseños para cementerios, con significados ancestrales de la tradición céltica. Faro que en forma de columna aparece también en el cementerio italiano de Brescia realizado por R. Vantini entre 1815-1819, al igual que en otro monumento sepulcral, el de J. C. J. van Speyk, proyectado por J. D. Zocher en 1839, configurando un faro en forma de columna dórica coronada por un “tholos”. De las Actas del I Encuentro Internacional sobre cementerios contemporáneos. Sevilla, junio 1991. 306 Luis LONGÁS OTÍN, Los capuchinos en Zaragoza, IV Centenario. 1598-1998. Zaragoza, 1998. Edit. Hermanos menores Capuchinos. 307 Amanecer, 3 de mayo de 1942, p. 2. 308 La idea sobre lo que había de significar este monumento y para quien iba a ser levantado coincide con la que tenía Franco cuando piensa en la construcción del Valle de los Caídos, «que desafié al tiempo y al olvido», es el homenaje a «nuestros muertos... los héroes y mártires de la Cruzada». En el preámbulo del decreto de 1 de abril de 1940, primer aniversario de la Victoria. 309 En la idea e intención original de Franco para con el Valle de los Caídos estaba que éste fuera exclusivamente para albergar los restos de los soldados vencedores, de sus soldados, los que habían liberado a España de las hordas marxistas y habían luchado por salvar la fe. Pero consiguen que vayan modificando esta idea inicial e integrar allí también a los vencidos, eso sí, a los que sus familiares reclamaran y demostraran que habían sido católicos, aunque republicanos. Este cambio se produce en el año 1958 y fue debido, u obligado en gran parte, por la necesidad de adaptarse a un nuevo marco internacional de convivencia con el exterior y las potencias democráticas y un reconocimiento internacional tras el aislamiento sufrido por el régimen. En Congreso Internacional El Régimen de Franco..., «Los lugares de la memoria...», Paloma AGUILAR, tomo I, p. 493. Este espíritu integrador, aunque pobre y escaso, no ocurre con el Sacrario de Zaragoza. 310 A.H.M.Z. De la Memoria del proyecto del Mausoleo. 311 El Noticiero, 5 de mayo de 1942, p. 2. 312 El Noticiero, 3 de mayo de 1942. 313 El concepto de grandiosidad que se concibe para el Sacrario coincide con la concepción que Franco tiene para su Sacrario del Valle de los Caídos, y así se recoge también en el ya citado Decreto del 1 de abril de 1940: «... un acontecimiento tan glorioso trascendente como la contienda no puede ser evocado por pequeños y sencillos monumentos, sino por lugares grandiosos que desafíen al tiempo y al olvido, es el homenaje a nuestros muertos..., los héroes y mártires de la Cruzada». 314 Ya he comentado anteriormente de los distintos cementerios que en un primer momento fueron enterrados la mayoría de ellos. Algunos serían exhumados hasta tres veces antes de llegar a este lugar, una para sacarles de la tumba en la que se encontraban en el campo y llevarles al cementerio municipal, otra para trasladarles del cementerio municipal hasta los distintos monumentos que se fueron haciendo en su memoria, y una última para ser traslados a Zaragoza. Los restos que con posterioridad se han repatriado aún han experimentado un enterramiento más. También se comentó cómo la mayoría de los cuerpos de los brigadistas internacionales no se conocía su paradero, por los motivos entonces ya expuestos. El número de soldados brigadistas que aquí se recoge no coinciden con el listado que yo


poseo. Según este listado son 548, y no 526 que aparecen en esta placa. Tampoco entiendo a qué llaman enterrados en otros cementerios españoles, cuando a excepción de los de las Islas Baleares y la mayoría de los brigadistas, el resto están ya aquí en este Sacrario o han sido repatriados. Estas placas habría que actualizarlas y especificar más y con más claridad sus datos. 315 A.O.C., Ufficio Militare, Republica Sociale Italiana. Appunto n.º 577, copia, Madrid 10 febraio 1944 XXII. 316 Tampoco la Iglesia en estos momentos hizo ninguna observación ni oposición a que este Sacrario fuera exclusivamente para dar cobijo a los muertos italianos en uno de los dos bandos contendientes, a pesar de existir otros muchos italianos que también habían dejado sus vidas en España. Ni en Iglesia ni en la Orden capuchina surgieron voces contrarias a ello. Cuando en el Valle de los Caídos su primer abad, fray Justo Pérez de Urbel, acepta el cargo, un sector de la Iglesia no ve con buenos ojos el nombramiento por considerar que ese cargo para ese lugar concreto era una cosa en la que no se debe comprometer la Iglesia. En este caso el papel de la Iglesia fue, una vez más, de compromiso con el Régimen. 317 Empresas que realizaron trabajos en la construcción de esta Torre: Manuel Abenia, con sede en la Av. S. José, 32. Manuel Tolosa, cerrajero, con sede en la calle Cortes de Aragón, 66; La Veneciana, con sede en la calle Fuenclara, 3, realizó los trabajos de cristalería; Construcciones AISA, todo lo referente a albañilería y construcción en general: Encargado de obra don Luis Gil, capataz don Joaquín Muñoz, cantero don Regino Dea, fontanero don Eusebio Muñoz, encofrador don Juan Tena. En el mes de junio del año 1946, terminándose las obras, había trabajando en la empresa de AISA un total de 65 trabajadores. Datos extraídos del documento de obra «personal-jornales» referente a la semana del 24 de junio de 1946 al 30 de mismo mes que realizó la empresa Ángel Aísa y Hermano, con sede en Zaragoza. 318 Pietro de Varzi o Pietro Bergamini, según sea el nombre civil o religioso, era un padre capitáncapellán capuchino que estaba encargado por su gobierno para erigir monumentos a sus compatriotas muertos en tierras españolas. 319 A.M.A.E., U.S. 167.

ÍNDICE

Agradecimientos .........................................................

7

Introducción ...............................................................

9

1. Agredir para vencer 1.1. Creer ............................................................... 1.1.1. Chi si ferma e perduto ............................. 1.1.2. El fascismo, un movimiento para la acción 1.1.3. Sin escrúpulos ......................................... 1.1.4. Acción y agresión en España .................. 1.1.5. ¿Mussolini confió en Franco? ................. 1.1.6. La agresión se consuma ..........................

13 15 18 26 30 37 51


1.2. Obedecer .......................................................... 63 1.2.1. Los primeros fascistas: «volontari della morte» 63 1.2.2. Los Camisas Negras: «Operazione Militare Spagna» .............................................. 1.2.3. El Corpo Truppe Volontarie: «Toda España os admira, toda Italia os aplaude» ................. 75 1.2.4. Las depuraciones antisemíticas en España: el mito de la raza latina ......................................... 79 1.2.5. De regreso a casa .................................... 85 1.2.6. Ceremonias y homenajes 1.2.7. Despedidas al C.T.V. y agradecimientos por la ayuda prestada. 1.2.8. ¿Dónde estuvo la no intervención? ......... 90 1.2.9. La Aviazione Legionaria ......................... 96 1.2.10. Un ángel italiano en Málaga: el agente consular Bianchi ...................................................... 104 1.2.11. La burla popular: «de guerra celere a andante ma non tropo» ........................................... 119 2. Combatir, negociar y morir en España 2.1. ¿Qué fue de Guadalajara? ............................... 129 2.2. El negocio de la guerra: Contrabando fascista italiano con la República ............................................... 156 2.3. La muerte en cifras ......................................... 178 2.4. Lugares y espacios de muerte ......................... 191 2.4.1. Zona Sur .................................................. 194 2.4.2. Zona Norte ............................................. 202 2.4.3. Zona Centro ............................................ 212 2.4.4. Islas Baleares .......................................... 232 3. Fascismo y muerte 3.1. Espacios de muerte y memoria ....................... 237 3.2. El yugo, el fascio, la cruz y la muerte ............. 256 3.3. Réquiem por «todos» los caídos ..................... 263 3.4. El Monte de los Caídos: mausoleo italiano del Puerto del Escudo ........................................................ 267 3.5. El Sacrario Militare de Zaragoza: «Un espacio para la historia y un lugar para la memoria» ................ 276 4. A modo de epílogo ................................................ 307 5. Fuentes informativas ............................................ 311 6. Bibliografía básica ............................................... 315

71


PIES DE FOTO y puntos del guión en los que van incluidas las fotos correspondientes Capilla del legionario. Crtra. De Guadalajara.

2.4.3

Villanueva de Gállego (Zaragoza). Lema fascista .

1.1.1

Villanueva de Gállego (Zaragoza) Firma de Mussolini.

1.1.6

Submarino «General Sanjurjo», comprado a los italianos.

2.2

Traslado de un soldado italiano herido.

2.4.3

Banderín C.T.V.

1.2.7

Carta d’ identità de un legionario italiano.

1.2.1

Interior de la carta d’identitá del legionario italiano

1.2.1

Placa de agradecimiento a los italianos en el cementerio de Fraga. 2.4.3 Escudos de las Divisiones italianas.

1.2.10

Bombardeo de la Aviazione legionaria sobre la localidad de Flix.

1.2.9

Capilla del Legionario en la carretera de Guadalajara.

2.4.3

Torre Sacrario Militare. Bandera italiana de la Batalla de Guadalajara y crucifijo del capellán militar 2.1 Cuerpo de legionario muerto.

2.6.3

Ritual funerario en el cementerio de Concorte (Cantabria).

1.2.8

Dibujo enterramiento del cementerio de Campillo de Llerena (Badajoz).

Zumaya. Monumento del pintor Zuloaga a los italianos.

3.1

Torrecilla de Alcañiz (Teruel). Detalle del Monumento Littorio.

3.1

2.4.1


Enterramiento italiano en Forua (Vizcaya).

2.4.2

Valdealgorfa (Teruel). Monumento funerario italiano

2.3.

Entierro de soldados italianos tras la Batalla del Norte.

2.4.2

Madonna di Bronzino Entrambasmestas (Cantabria). Hoy en el Sacrario de Zaragoza. 2.4 Cripta del mausoleo del Puerto del Escudo (Burgos).

3.4

Mausoleo italiano en el Puerto del Escudo (Burgos). Pirámide funeraria. 3.4 Sacrario Militare de Zaragoza. Arquetas enterramientos.

3.5

Sacrario Militare de Zaragoza. Interior de la Torre.

3.5

Torre Sacrario Militare de Zaragoza.

3.5

Ceremonia militar y homenaje funerario.

1.2.6

Escudos divisiones italianas

1.2.10

La cruz, el fascio, el yugo y las flechas, en la puerta de la capilla del legionario. Crta. De Guadalajara. 3.2 Pirámide funeraria como homenaje a los italianos e caídos en Guadalajara. 2.1 Mural y grafittis del altar italiano en Morés (Zaragoza), en homenaje a un soldado italiano ahogado en el río Jalón. 3.2 Pilotos italianos con soldados moros.

1.2.1

Piezas italianas en las calles de Sigüenza

1.2.11

Placa y monumento en el interior del cementerio italiano de Campillo de Llerena (Badajoz) 2.4.1 Portada de la Tribuna Ilustrata

1.2.7

Recordatorio funerario del Sottotenente Giuseppe Borghese

1.2.9

Aviones Fiat en Son San Juan (Mallorca)

2.4.4

Bombardeo de la Aviazione Legionaria sobre una localidad del valle del Ebro.

1.2.9


Bosque de Brihuega, Guadalajara. Palacio de Ibarra, lugar de duros enfrentamientos entre italianos garibaldinos y fascistas. 1.2.9 Cripta Sacrario Militare de Zaragoza. Ofrenda de flores el día 2 de Noviembre en homenaje a todos los caídos italianos. 3.3 Gandesa (Tarragona). Bajorrelieve con la cabeza de Mussolini.

1.2.4

Grafitti italiano en el interior del Palacio de Morata de Jalón (Zaragoza), lugar de creación de una unidad de Flechas Azules. 1.2.5 Homenaje en el diario falangista Amanecer.

1.1.4

Il Popolo. Sobre la victoria de Santander.

1.2.6

Leonello Tiezzi junto a otros legionarios italianos en España.

1.2.3

Sottotenente Leonello Tiezzi.

1.2.2

Medallas conmemorativas de la toma de Santander.

1.1.3

Morata de Jalón (Zaragoza). Grafitti alusivo al Duce, a Hitler y a Franco. 1.1.5 Morata de Jalón (Zaragoza). Grafitti con el lema fascista Credere, obbedire, combattere. 1.1.2


Credere, Obbedire, Combattere, fascistas italianos en la guerra civil española