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Mis Amores: El río Primera edición: Octubre 2018 ©2018 Recopilación 2017

Fernando Vidal Douglas Salomón Fernanda Benavidez Margarita Babel Arboleda Camilo Villamarín Rodrigo Vélez Nasly Sánchez Suárez Compilador: Plataforma Editorial Territorio y Dramaturgia Dulce Compañía Fundación Escénica Investigación y coordinación editorial: Diana Marcela Trujillo Restrepo Rodrigo Vélez Ángel Miguel Ángel Achury Restrepo Editor Literario y corrección de estilo: Diego Fernando Burgos Diseño y Diagramación: Ana María Pizarro Ruíz Fotografía portada: Isabela Vidarte ISBN: 978-958-48-4931-1


Con el apoyo de:


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FUGA INTEMPESTIVA Por Fernando Vidal

Personajes: Viejo poeta Niño grande Rescatista

E

ncadenados y vendados, en un pequeño cuarto a la entrada de una mina de carbón abandonada, juegan a la descripción de lo que imaginan y no pueden ver. Niño grande: El firmamento está esplendoroso con ese color anaranjado, oxidado, como si el tiempo se hubiera detenido. Viejo poeta: Una cortina de nubes tóxicas tapa la salida del sol. Niño grande: Los árboles parecen de fuego, las llamas son movidas por un torbellino de vientos desatados por la furia de la montaña. Viejo poeta: Como si les hubieran dado recreo para jugar como se les dé la gana, las llamas devoran el follaje. Niño grande: Las siluetas de los farallones se pierden por efectos de la irradiación.… Viejo poeta: Sabemos, porque lo hemos observado hasta el cansancio, que en otras ocasiones es posible ver perfectamente los contornos de Pico de loro. Niño grande: Las bandas de hombres armados, están agazapados detrás de este relumbrón, no sabemos si todavía cumplen órdenes o escapan despavoridos.


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Pausa. Viejo poeta: Él mira por una pequeña ventana. Niño grande: ¿Qué fue eso? Maldita sea, ¿qué fue eso? Viejo poeta: Una diminuta ventana a tres metros de altura para que entre aire en la casucha que está a la entrada de un socavón de la mina de carbón. Niño grande: ¿Qué fue eso? Maldita sea, ¿qué fue eso? Viejo poeta: Eso es único, estamos presenciando algo inesperado. Los sonidos estridentes, parecen los quejidos de unas fuerzas monstruosas que lloran y se lamentan. Pausa. Niño grande: Por la carretera baja el guardabosques aferrado a su familia: huyen del sofocante fuego en combustión que hace estragos en el paisaje; en el paisaje que va encontrando a su paso. Viejo poeta: Mirá el vapor que se desprende del asfalto de la carretera, hierve como si estuviera a punto de derretirse.… Niño grande: los vapores forman figuras movedizas, si no fuera porque estamos a punto de morir, me sobrecogería con sus dibujos. Viejo poeta: Fue una explosión la que hizo sacudir la tierra. Niño grande: No, fue la sacudida de la tierra la que provocó la explosión… Viejo poeta: Las piedras del río se pegaban como si fueran maracas borrachas. Niño grande: De repente una explosión. Viejo poeta: De repente un terremoto. Niño grande: Escuchá… en lo alto de la montaña, en algún lugar de allá arriba, los pájaros gimen en coro. Pájaros de toda índole en algún mirador, comentan como si supieran algo que nosotros ignoramos. Celebran. ¿Qué carajos es lo que festejan que no somos capaces de descifrar? Viejo poeta: El graznido de un gallinazo anuncia a cuatro vientos que hay carroña a la vista para darse un festín. Silencio. Oscuro, ellos imaginan un paisaje desolador, ausente de personas. Niño grande: Los rescoldos de madera chamuscada todavía desprenden humo, carbones desperdigados por toda la zona de la catástrofe son los vestigios de aquellos inmensos árboles que cuidaban el paisaje… Viejo poeta: A lado y lado de la carretera hay arrumadas basuras de toda índole. Niño grande: Un brazo que quiso proteger a un cachorrito de ardilla, yace con su gesto protector. Viejo poeta: El bastón de mando de un paramilitar con el pedazo de humanidad al que se aferró, se identifica por el logo chamuscado. Niño grande: El misal y el rosario de un penitente que quizás nunca alcanzó el arrepentimiento Viejo poeta: El ensordecedor grito de una sirena de emergencias acompaña como un testigo fidedigno al desastre.… Alguien precavido había instalado un sistema de seguridad. Niño grande: Aún se desconocen las causas de este siniestro, si hubo manos criminales, si fue producto de la impericia social colectiva o un caso imprevisible de la naturaleza. (Pausa) No poeta, paremos este juego, ya no doy más. Viejo poeta: Ahora, más rápido, sin adornos, ¡solamente lo que se ve!… junto al cerco un ternero corre presuroso.


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Niño grande: En el pico de ese abeto, el que está allí, un enjambre de abejas africanas está inquieto, a punto de atacar… o defenderse, no entiendo su formación de combate. Viejo poeta: El abrevadero de las vacas está repleto de sal, eso fue lo último que alcanzó a hacer el tuerto antes de perderse en la espesura del monte. Niño grande: Sin comentarios... Mirá al gallinazo revoloteando alrededor del ternero abandonado… Parece que ve el futuro inmediato. Viejo poeta: Las culebras forman una línea que está atravesando la carretera… Niño grande: Gritemos a ver si alguien escucha… Viejo poeta: Nos vamos a chamuscar, y el río a un paso de distancia corre entre las piedras, como si no existiéramos. Niño grande: El gallinero está alborotado, no tienen por donde escapar, parecen fanáticas gritando en el estadio… Tiempo. Viejo poeta: No aguanto más aquí… Niño grande: Nos vamos a sofocar… Viejo poeta: Arrastrémonos debajo del humo. No alcanzaron a llegar, perdiste... Con tanta vida por delante. Niño grande: Aguante viejo, hay mucho futuro por esperar… Si pudiéramos salir de aquí… Viejo poeta: Esos malditos salieron despavoridos, huyendo, ni siquiera protegieron la mercancía. Niño grande: A nosotros, que éramos su mercancía más preciada.… Viejo poeta: Ellos estaban contratados. Niño grande: Instinto de conservación. Viejo poeta: Los van a fusilar por cobardes. Niño grande: Ojalá vinieran los jefes, para verles el rostro y despejar el enigma. Viejo poeta: Quedaremos reducidos a cenizas. ¡Qué les costaba abrir la puerta de este socavón! Niño grande: No puede ser que una maldita llave nos separe de la libertad, una maldita llave de mierda. Viejo poeta: Se oye un helicóptero rondando la zona. Niño grande: Saquemos tu camisa blanca por la ventanita... Viejo poeta: Rucia querrás decir. Niño grande: No toqués esa reja que debe estar recalentada... Viejo poeta: Y el agua del río a veinte pasos de distancia. Niño grande: Venga viejo, arropémonos con todos estos trapos, arrastrémonos, aquí abajo todavía hay oxígeno. Viejo poeta: Nos veremos en la otra vida, si es que no nos achicharramos del todo y quedamos desp erdigados en cenizas. Silencio. Cerca, un par de rescatistas realizan sus tareas, no hablan. Un bombero con un inmenso extinguidor multipropósito termina de sofocar las llamas y recoge muestras para el laboratorio. Un fotógrafo registra el incidente, deteniéndose en los cadáveres humanos y de animales. Testimonios de los estragos. Viejo poeta: No alcanzaron a llegar. Las llamas se acercan… Niño grande: Aguante viejo, hay mucho futuro por delante.


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Viejo poeta: Justamente, hay mucho futuro pero de candela por delante y por detrás, rodeándonos con sus fauces destructoras. Niño grande: No puede ser. Es asunto de una llave, una maldita llave para abrir esta cerradura. Viejo poeta: Fue un placer haber compartido con vos esta tragedia. Niño grande: Estamos abandonados, y con tanta gente afuera… ¡Qué ironía! Viejo poeta: En medio del fragor del combate, de las bombas que explotaban a las goteras cerca de la carretera central, acaeció este siniestro inesperado, un terremoto de 8.5 de magnitud… Niño grande: Ni idea si fue de 8.5, 7.4, o 6.3… Viejo poeta: La magnitud del pánico. Niño grande: Un apocalipsis de película, con efectos especiales, de película, es causado por el cruce de circunstancias: los enfrentamientos y una catástrofe natural Viejo poeta: El calor abrazador del fuego consume lo que encuentra a su paso… Niño grande: ¿Los bomberos alcanzaran a escuchar los gritos del niño y el viejo secuestrados, por los que se estaba negociando un rescate millonario? Viejo poeta: No seas optimista. Por más que gritemos, nadie aparecerá… Niño grande: (Grita con furia) Nadie vendrá a estas minas de carbón, donde nos tienen retenidos… Viejo poeta: Las noticias dirán que encontraron al niño calcinado. Niño grande: Su sonrisa congelada era una bofetada a la esperanza. Viejo poeta: ¿Qué fue eso? Maldita sea, ¿qué fue eso? Un rescatista encuentra al niño y el viejo secuestrados. Rescatista:

Fue un espectáculo sobrecogedor, una fortuna que los hubiera escuchado en medio del ruido de la destrucción. Niño grande: Cuando la avioneta soltó las toneladas de agua, el viento empujó una cantidad suficiente sobre esa torre, permitiendo que los organismos de socorro pudieran encontrarlos por fuerza del azar. Viejo poeta: Nos habíamos arropado con las cobijas, estábamos hechos un zurullo que se protegía en el rincón más oscuro. Niño grande: Entre los escombros, sus sonrisas congeladas eran una bofetada de esperanza. Rescatista: En el balcón de la casa escondida entre el follaje de la montaña, una cámara de video quedó lista para grabar la declaración de alguno de los secuestrados. Niño grande/ Viejo poeta: La corriente del río arrastraba troncos de árboles desgajados, un ternero que fue vencido por la fuerza de la corriente, el cuerpo del brazo que protegía al cachorro de ardilla, un nido de turpiales con sus huevos intactos cargados de esperanza. Rescatista: Cuando se abrió la puerta del socavón, el niño salió corriendo desaforado hacia el río, gritando enloquecido… Viejo poeta: Protéjanlo señores, no lo dejen ahogar ahora que volvimos del infierno. Niño grande: No quiero volver a mi casa, sé que alguien muy cercano fue el enlace con los secuestradores. Viejo poeta: Yo lo consuelo… las cámaras impávidas están grabando la escena, mientras los socorristas rodean al niño que se zambulle en el río, como queriendo borrar las marcas del cautiverio. Rescatista: (Les quita las cadenas). Los estragos del combate y la conflagración causada por el terremoto, se confunden en una sola catástrofe. La cámara de video


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quedó montada en su trípode, con una bandera al fondo, para grabar una declaración para el rescate. Niño grande: Me iba a sentar a comer mi ración de fríjoles con arroz chamuscado, como cada día, cuando en ese momentico sentí algo, una explosión, una explosión que se juntó con un movimiento desesperado de la tierra que rugía, furiosa de esta destrucción. Viejo poeta: Cuando abrí los ojos estaba oscuro, había polvo, había hojas, había de todo y yo no sabía qué había pasado. Viejo poeta/ Niño grande: Nosotros estábamos temblando, la tierra estaba temblando, el mundo estaba temblando... Viejo poeta: Escuché los gritos del carcelero que salió corriendo, sin importarle que nosotros estábamos encerrados. Niño grande: Su reloj de pulso yace tirado en el suelo... sigue marcando la hora en la que el traqueteo de las metralletas se confundió con el crujido del terremoto. Viejo poeta: La creciente del agua arrastra lo que encuentra a su paso. Niño grande: Arrojo la cadena que me aprisionaba a la celda del socavón y veo como el caudal del agua la hunde para luego sacarla a flote más adelante. Viejo poeta: Entró en las aguas que corren impávidas para limpiar esta suciedad... Niño grande: Es agua cristalina. Rescatista: En unos minutos el helicóptero los sacará de esta selva. Niño grande: Él deja que la corriente del río arrastre la ropa harapienta. Viejo poeta: Sabe que las cicatrices de la sospecha no se limpiarán tan fácilmente. Niño grande: Alguien muy cercano de mi familia fue el enlace. Viejo poeta: Traición Niño grande: Ambición Viejo poeta: Viveza. Niño grande: El viejo poeta fue retenido para chantajear a un hermano que se negaba a pagar una deuda. Viejo poeta: Para lo que le importa. Niño grande: Una imagen en la prensa nos muestra agradecidos. Rescatista: Señores, prepárense para abordar el helicóptero. Pónganse esta ropa limpia, no importa que les quede grande. Viejo poeta/ Niño grande: Nosotros nos despedimos del río que nos acompañó por tantos meses de cautiverio.


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Reseña del autor Fernando Vidal Medina, es director de teatro, dramaturgo e investigador en Estéticas Urbanas. Inició su actividad teatral en el colegio con Andrés Caicedo y luego en el Teusaca con Helios Fernández y Enrique Buenaventura. Algunas obras escritas: Sub-terráneos, Momo (recreación libre), Nocturno para Laura F, Charlestón el Andariego, No tienes que hablar con nadie (coautor con Carlos Enrique Lozano), Salón Unisex (Ed. Paso de Gato, México), Un cuarto para las cuatro (Revista de Teatro – Universidad de Caldas), Instantes de Desamor, Azar Callejero, Ensayo General y Jovita frente al espejo roto.


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