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Mis Amores: El río Primera edición: Octubre 2018 ©2018 Recopilación 2017

Fernando Vidal Douglas Salomón Fernanda Benavidez Margarita Babel Arboleda Camilo Villamarín Rodrigo Vélez Nasly Sánchez Suárez Compilador: Plataforma Editorial Territorio y Dramaturgia Dulce Compañía Fundación Escénica Investigación y coordinación editorial: Diana Marcela Trujillo Restrepo Rodrigo Vélez Ángel Miguel Ángel Achury Restrepo Editor Literario y corrección de estilo: Diego Fernando Burgos Diseño y Diagramación: Ana María Pizarro Ruíz Fotografía portada: Isabela Vidarte ISBN: 978-958-48-4931-1


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EL CARIÑO DE LOS TONTOS Por Rodrigo Vélez El título de la decimosexta novela de Mahfuz publicada por Doubleday es ya de por sí enigmático: La epopeya de los miserables J.M. Coetzee – ¿Qué le llevamos hoy? Porque todos los días los dos tontos le llevan algo Antonio Di Benedetto Personajes: MANUELA: campesina MADRE: madre de Manuela y madrastra de Luis PANTERA: albino LUIS: hermanastro de Manuela

Manuela y la Madre, en la ribera del río. Junto a ellas, dos viejas carretas con herramientas y, en el suelo, una vara muy larga de madera. Manuela busca entre una de las carretas. Madre mira hacia el río. MANUELA: ¿Dónde está? ¿Usted la ha visto, madre? MADRE: ¿Hija? MANUELA: Madre, vuelva en sí MADRE: ¿Sí? MANUELA: La pala, ¿dónde está? (Mirando alrededor) ¿Dónde la habré dejado? MADRE: ¿Cuál pala? (Buscado entre la carreta) MANUELA: En cualquier momento bajará por ese río y la necesitaré MADRE: ¿Esta? MANUELA: Madre, usted sabe perfectamente a cuál me refiero. MADRE: No sé. MANUELA: La pala grande, madre. La de cabo duro.


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MADRE: Ya sé cuál, hija. Pero esa pala… MANUELA: Madre, ¿por qué no va y descansa? Mire que a usted ya no le hace bien el tiempo bajo el sol. (Cambio) ¿Dónde pude dejarla? MADRE: No la he visto. MANUELA: ¿No la habrá prestado? MADRE: ¡Ponga un anuncio a lo largo del río para que la encuentre! Usted está muy excitada hija y eso no le hace bien. MANUELA: ¿No escuchó? MADRE: No hable de eso. MANUELA: Anoche hubo tiros allá en la cabecera del pueblo. (Madre mira en derredor. Ya sabe lo que pasa cuando eso sucede) ¡Mire! (hacia el cauce) El río ha crecido. Cuando eso pasa es porque ya viene. MADRE: Hija, haga la cosa mejor. MANUELA: Mamá, no la he cogido. (Señala la carreta) MADRE: ¡Le hablo a usted! ¡Mírese! ¡Siempre embarrada! ¡Barro hasta los tobillos! Deje todo esto, ¿sí? Mire que quiero estar tranquila. MANUELA: Ahora con un policía en casa… MADRE: Hija… MANUELA: …debería estarlo MADRE: …váyase a la ciudad. Hágase querer de un hombre. Y salga de estas montañas que aprisionan. Mire: montaña adelante y atrás. Montaña toda la vida MANUELA: Madre, por más que quisiera (intenta limpiarse el barro del cuerpo) ya no me lo puedo quitar. Como que me sale de adentro. MADRE: (Mirando la montaña) Y el sol, siempre sol, siempre río. MANUELA: (Oteando el río) ¿Ha visto hoy a Pantera? MADRE: No quisiera verla con ese tonto. MANUELA: ¡De los hombres que tenemos cerca, madre, él es el único que nunca ha cambiado con nosotras! ¡Y a mí me sirve! MADRE: ¿Vamos a la casa? MANUELA: No, madre. Debo esperar que lo traiga la corriente. (Pateando la tierra) ¡Hace días no llueve y esta tierra está dura! MADRE: Manuela, una pala es una pala. Pero usted… usted, hija, está a tiempo: ¡cambie, váyase de aquí! MANUELA: Madre, anoche hubo tiros y el río ha crecido. Este es mi sitio. Madre se sienta en una de las carretas. Saca un trapo y lo moja con agua. MANUELA: Los tiros quedan retumbando en la montaña. MADRE: (Humedeciéndose la frente) El estampido lo recogen las minas. MANUELA: Anoche los tiros… (Los vuelve a oír sola, primero uno, después dos) Y hoy la montaña tan silenciosa. Oiga. Parece que se estuviera cargando. (Mirando a Madre, brusca) ¡Ahora que Luis ha entrado en la policía deberíamos estar más tranquilas! ¡Pero véase, cada vez más inquieta! MADRE: Luis es un hombre. MANUELA: ¡¿Y?! MADRE: Está trabajando. MANUELA: ¡Madre, no lo defienda! ¡Está devastando!... MADRE: Es su trabajo.


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MANUELA: (Más categórica) …¡Está devastando! MADRE: Ayúdeme a volver, ¿sí? (Madre se apoya en el brazo de Manuela) No culpe a Luis MANUELA: ¿Él me desapareció la pala, cierto? MADRE: (Limpiándole el barro a Manuela) No estoy segura. MANUELA: ¡Usted lo crio en su casa y ahora es su dolor de cabeza! MADRE: (Limpiándola) No sale. MANUELA: ¡Madre!, lo crio y ahora el cachorro ha crecido ¡Y el cachorro era de hiena! (Se mira los brazos, llenos de aruñazos) ¡Madre, míreme estas marcas! ¡Son de anoche! ¡¿Le parece justo?! MADRE: Se enamoró de usted, hija. MANUELA: ¡Madre, pero crecimos como hermanos! MADRE: Las cosas cambian. Luis está por llegar, lléveme a la casa. MANUELA: (Mirando al río) ¡No! MADRE: Hay que hacer el almuerzo. MANUELA: Que lo prepare él. MADRE: Es un hombre, su lugar está en la calle. MANUELA: (Señalándola con rabia) ¿Y el suyo? MADRE: En la casa, junto a usted. MANUELA: Conmigo no cuente. (Mirando al cielo, con rabia) Tranquila, madre, tiene que estar tranquila. Hoy parece que va a llover (Manuela revisa el contenido de la segunda carreta) MADRE: ¡Ese barro, mi niña! (Le entrega un sombrero) Póngaselo, ¿sí? Recupere ese gesto lindo de mujer. Póngaselo. Manuela se pone el sombrero que le da un aire femenino que contrasta con su continente brusco. MANUELA: (Como un relámpago, sonríe por única vez). No estoy para ser linda. Tampoco soy muy inteligente, lo sé. Pero sé lo que tengo que hacer. MADRE: Mire lo lindo que le queda. ¿Dónde compró ese sombrero? MANUELA: Madre, entrégueme la pala. MADRE: Ah, es verdad que lo compré fui yo (Ríe) Porque usted ¿cómo va a pensar en comprarse algo? MANUELA: Madre, dejemos ahí el tema, por favor. MADRE: Pero es verdad que usted es la última en pensar en usted. Usted es de las que se entregan con alma, vida y sombrero. Para los demás todo; para usted, barro. Eso es cierto, mire esa carreta. En cualquier momento deja de servir: así está usted. Hay que ser servicial mas no servil, porque ahí sí se jode una. ¿Sabe cómo es? MANUELA: ¿Se la llevó Luis, cierto? MADRE: Es que la necesitaba. MANUELA: ¿Es que él cree que me detendré sólo porque se ha llevado algo que me es tan útil? MADRE: ¡No le haga rabiar! MANUELA: ¡Madre, desde que Luis ha entrado en la policía…! ¡Usted y yo sabemos por qué el miedo! MADRE: Tomando una pala de la carreta. Voy a afilarle esta para que la pueda usar. MANUELA: Madre, no se lastime esas manitos (Le toma una mano entre las suyas para besarlas, pero a medio camino se detiene, y las huele como un perro) Hoy no se le ven bien. Vaya a la casa y descanse. Yo espero a Pantera.


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MADRE: Él ya es un hombre muy viejo para usted. MANUELA: No será para mí, en todo caso. (Mirando hacia el río) ¿qué se habrá hecho? (Se agacha y comienza a clavar un clavo en la punta de la vara larga) MADRE: Necesito volver a la casa. ¿Vamos? Acompáñeme. MANUELA: (Mirando hacia el río) Sigue creciendo. MADRE: Esta osteoporosis. MANUELA: (Mirando hacia el río) Madre, por favor, deje la osteoporosis en paz. (Da unas paladas contra la tierra) MADRE: Está muy mellada. (saca una lima y le lima los bordes a una de las palas) MANUELA: ¡Madre, alégrese por mí! ¡Esto es lo que tengo! Aquí, donde todo es triste. MADRE: Me preocupa que algo le pase. MANUELA: ¿Por qué? ¿Porque ayudo a los que ya no pueden? Madre, los míos me cuidan. ¡Y cómo no! ¡Viven con nosotras! MADRE: Ya no queda espacio en el patio. MANUELA: Les abriremos espacio, madre, y ellos descansarán. ¡Alégrese! ¡Mire que usted me ha infundido fuerza y ahora usted no las tiene! MADRE: Mi angustia no la cura el sol. MANUELA: Y eso es lo único que sí tenemos a montones. MADRE: ¿Cuándo va a pensar en usted? Todavía es bonita. Piense en hombres vivos. MANUELA: ¡Cuando debo esperar junto al río, no se imagina, madre, la alegría que llevo! ¡No digo que me emociona! ¡Tampoco es así! Y no puedo creer que mientras tanto el resto del país esté de espaldas. ¡Porque el país dio la espalda! Entonces en medio de todo, ellos nos tienen. MADRE: Dios se encargará. MANUELA: ¿Usted cree que Dios anda por estas montañas? Madre, desde allá, desde la cabecera del pueblo hasta el ombligo… (Se pone el dedo índice en el ombligo. Tranquila) ¡Estamos solas! MADRE: Ya no estoy para esto. MANUELA: Por eso déjemelo a mí (mira hacia el río. Haciéndole señas, lo llama) ¡Pantera! (Pantera, desde afuera, responde con un silbido) A él le importa lo que traiga el río. Tiene el cariño de los tontos: un cariño que dura. MADRE: ¡Me produce terror! MANUELA: Madre, Pantera es un niño. MADRE: Usted también me produce terror. MANUELA: Debería producirle terror lo que pasa aquí, no yo que nací de usted. (camina hasta la orilla del río. Oteando la corriente) Pantera lanza el cabo de una cuerda que recibe desde la orilla Manuela. MANUELA: MADRE: MANUELA: MADRE: MANUELA: MADRE: MANUELA: MADRE:

¿Dónde quedaron los registros? Guardados. Se los confié a usted. Prométame que no se los entregará. ¡Eso es una locura! ¡No, madre, ellos merecen un nombre! Ni se enteran. Si se los entrega a Luis me haré estrangular. ¡Es mejor que no lo haga! Hija, me asusta. ¡No se puede ser tan diferente! Entre los animales pasa lo mismo.


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MANUELA: Es normal que alguien como yo, que mira la muerte a los ojos, produzca miedo. Pero ya le dije: estoy contenta. Madre, si los llega a perder, tendrá que pedir perdón, conmigo, a los muertos. Madre se sienta muy cansada. MANUELA: MADRE: MANUELA: MADRE:

Tranquila, algún día nos iremos a tierras menos escalofriantes Antes este río era más caudaloso. ¿Lo vio usted misma? Yo, no. Mi mamá.

Entra Pantera, hombre albino, con botas de caucho y sin camisa. Lleva un sombrero de paja demasiado ancho. PANTERA: (A Manuela) Estaba atrancado. Lo ayudé a bajar. (A Madre) ¡Buenas! Manuela y Pantera extienden sobre el río la vara larga y enganchan la punta. Agarrados a la línea de la vara salen del escenario. Regresa Pantera cargando, con su mano derecha, un atado de pescados, y con la izquierda, halando un brazo del muerto. Del otro brazo del muerto le ayuda Manuela. Lo ponen en tierra. Pantera le ofrece a Madre los pescados. Al ver que la Madre no se los recibe, los pone en el suelo. Madre entonces avanza un paso y los recoge. MANUELA: (Mirando reconcentrada a los ojos del muerto) Se llamará Antonio. Entra Luis. LUIS: Pantera, no lo volví a ver. MANUELA: No lo moleste. LUIS: Defiendo solamente lo que es útil. PANTERA: Remo de noche. LUIS: (A la madre) Claro, Pantera alumbra MANUELA: ¿Puede acompañar a mi mamá a la casa? LUIS: (A la madre) Hasta un conejo blanco es normal. Manuela se dirige a la carreta pero Luis se atraviesa. MANUELA: ¡Córrase! LUIS: Claro. (Le abre espacio) Manuela se agacha a la carreta. Luis se acerca por detrás. MANUELA: ¡Luis, quédese ahí! LUIS: (Sonriendo) ¿Aquí? Luis va a una de las carretas y la patea al suelo. Todo se riega. LUIS: Ya puede pasar. MANUELA: ¡No me voy a mover si no se corre! LUIS: Va a tener que pasar.


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MADRE: Luis, no más. Luis se acerca a Manuela. Manuela se lanza a la canoa. Trae una lona con la que tapa al muerto. Luis le muestra un labial. LUIS: MANUELA: LUIS: MADRE:

Solamente le quería regalar esto. ¿Qué es? Lo que usan las mujeres. Recíbaselo, hija.

Luis le lanza el labial. Manuela lo recibe, lo abre, lo saca. LUIS: (Señalando al muerto) También le queda bueno a él. Manuela lanza el labial al río. LUIS:

¡Está contaminando su río, Manuela! ¡Todos la vimos!

Luis descorre la lona del muerto. Agachado, mira a Manuela. LUIS:

¿Usted cree que le voy a hacer algo? ¡Lo rico que es dañar cosas lindas!

Luis se acerca un poco. MANUELA: ¡Luis, manténgase ahí! ¡Le advierto! LUIS: ¿Qué pasa? MANUELA: ¡Algo terrible! Luis sigue acercándose a Manuela. MANUELA: ¡Me gané un problema! Manuela levanta una panela y amenaza con ella. LUIS: No dudo que lo hará. MANUELA: No se acerque. LUIS: ¡Úsela! ¡Úsela ya que quiere usarla! ¿Quiere? ¡Una vez que la levantó le va a tocar usarla! Luis salta sobre Manuela. Manuela grita. Luis aferra la muñeca de la mano que sostiene la panela. LUIS: MADRE: LUIS:

¡Suéltela! (Manuela no suelta la panela) ¡Que la suelte! (Manuela cede Luis la suelta. Sonriendo) Usted y yo estamos unidos. Desde que nos conocimos. (A Madre) Madre, ¿está la comidita? Vamos. Vamos. (A Manuela) En la casa no va a enterrarlo. ¡Que le quede claro!

Salen Luis y Madre


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MANUELA: (Enderezando la carreta) ¡Pantera, ayude! Pantera empieza arrastrar el muerto hacia la barca. MANUELA: ¿Qué hace? PANTERA: Devolverlo al río. MANUELA: ¡No! Montan el muerto en la carreta. Cuando Manuela intenta arrastrarla, la carreta se atranca en la tierra. MANUELA: ¡Si no se hubiera muerto el caballito! La carreta sigue trancada. Manuela mira a Pantera. Pantera no se mueve. PANTERA: Es que su hermano me da miedo. Manuela desatranca la carreta y sale hacia la casa. Pantera desamarra la barca y sale.

Apagón


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Reseña del autor Rodrigo Vélez Ángel ha sido profesor de literatura y arte dramático en la Universidad del Valle. En 2014 fue becario del gobierno italiano en Bogliasco Fundazione (La Liguria, Génova) donde residió e inició la investigación de su libro sobre dramaturgos afrocolombianos. Estudiante de la Maestría en Dramaturgia de la Universidad Nacional de las Artes, en Buenos Aires. Es autor de Lady Málaga, que en 2012 recibió la Beca de Dramaturgia del Ministerio de Cultura de Colombia.


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EL CARIÑO DE LOS TONTOS de Rodrigo Vélez  
EL CARIÑO DE LOS TONTOS de Rodrigo Vélez