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Mis Amores: El río Primera edición: Octubre 2018 ©2018 Recopilación 2017

Fernando Vidal Douglas Salomón Fernanda Benavidez Margarita Babel Arboleda Camilo Villamarín Rodrigo Vélez Nasly Sánchez Suárez Compilador: Plataforma Editorial Territorio y Dramaturgia Dulce Compañía Fundación Escénica Investigación y coordinación editorial: Diana Marcela Trujillo Restrepo Rodrigo Vélez Ángel Miguel Ángel Achury Restrepo Editor Literario y corrección de estilo: Diego Fernando Burgos Diseño y Diagramación: Ana María Pizarro Ruíz Fotografía portada: Isabela Vidarte ISBN: 978-958-48-4931-1


Con el apoyo de:


Mis amores ·21

DILUCIÓN Por Fernanda Benavidez “Ahora falta mi vida, falto a mi vida, me fui con ese rostro que no encuentro, que no recuerdo.” Alejandra Pizarnik

E

I

n el río una mujer joven lava ropa, se escucha el viento, es un día soleado, las piedras están calientes, allí sobre las piedras la mujer pone a secar la ropa. El sonido del río es como una melodía, la mujer sigue lavando ropa y susurra una canción. “[…] y solo cuando el río deja pasar al que camina, para llegar hasta vos voy cerrado los ojos anhelando verte otra vez, voy cerrando los ojos y me parece verte otra vez” El sonido del río deja de escucharse, la mujer sigue susurrando “espero que me recuerdes soy solo uno de los muchos que se van.”1 El viento sopla más fuerte y unas prendas idénticas a las que la mujer lleva puestas se levantan 1

Perotá Chingó. (2017) Anhelando Iruya. En Aguas. Argentina: Tai Recods


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de las piedras. La silueta, idéntica a la mujer, camina hasta ella. La mujer no se da cuenta. La silueta saluda a alguien a quien no vemos. Luego de un momento, la silueta empieza a forcejear con ese alguien que al parecer la ha tomado del cuello. La silueta es sumergida en el agua, sigue forcejeando pero es inútil. La silueta sin vida es arrastrada por el río. La mujer ve como sus prendas son arrastradas, intenta ir por ellas, pero escucha que alguien la saluda, entonces saluda. Apagón. II Un cuarto oscuro iluminado por una luz blanca. Un hombre sentado que aparenta estar tranquilo. No lo está. Voz I: Voz II:

¿Cómo sucedió? ¿Y porque lo hizo?

El hombre antes de responder se rasca la cara. Él: Voz II: Él:

Ella solo estaba en el lugar equivocado. No he sentido culpa. No la conocía, su muerte me fue lejana, su vida se me escapó de entre las manos. La muerte no es lo que parece. ¿Y por qué lo hizo? Nunca me ha gustado hablar con nadie, nunca me encontré a nadie en ese lugar (Se coloca las manos en la cara luego las quita y habla un poco más fuerte) Y ella quería hablar conmigo. Es una lástima. (Se pasa una mano por la boca) Cuando me miró a los ojos fue demasiado tarde.

Se escuchan varias voces, son periodistas, están pidiendo permiso para hacer preguntas. Al hombre parece gustarle esa atención. Voz de una periodista: Para RadioNoticias señor, aún no ha dicho con detalles los motivos. Él:

No tengo un precio, yo solo intervengo como la mano de Dios. Ella no sufrió, fui silencioso y delicado. (Se toma las manos, pero luego las deja caer en sus piernas, mira al suelo). Ella murió sin tiempo para lamentarse o darse cuenta de lo que estaba sucediendo.

Voz de la periodista: ¿Es usted consiente de lo que hizo? Él: (Hace una pausa y habla con un tono molesto, seguro) Me están poniendo nervioso, no me van hacer quedar como un loco. No debería hablar así. Lo he dicho ya, he confesado (Está incomodo). He dicho la verdad, ella estaba en el río y… y no deseo hablar más. Apagón.

III


Mis amores ·23

En una sala pequeña. Se escucha música en un radio. Hay un perchero y un gabán. El hombre se dispone a salir, quiere tomar su gabán, pero este parece cobrar vida. El gabán le hace una caricia sobre la cabeza para luego limpiarle la mejilla. El hombre no se sorprende, le agrada. Limpia un poco el gabán y este le responde haciendo lo mismo. Se miran. Se abrazan. Durante el abrazo el gabán empieza a perder la vida y cae al suelo. El hombre desesperado intenta que el gabán se levante de nuevo, pero es imposible. La música se interrumpe, el hombre sigue intentando que el gabán se levante. Se escucha la noticia del asesinato de una mujer. Dan algunos detalles: “Mujer joven, ahogada en el río, tiene marcas en el cuello, su cuerpo fue arrastrado por la corriente hasta donde se encontraban unas lavanderas.” Apagón. La misma sala, pero ahora invadida de periódicos que cobrando vida se mueven por el espacio llegando hasta el hombre. Lo cubren lentamente hasta darle forma a su silueta, mientras esto sucede el hombre repite mecánicamente cómo mató a la mujer. Él:

Ella estaba en el lugar equivocado. La muerte no es lo que parece. La tomé del cuello. Ella me miró a los ojos, era demasiado tarde. La sumergí en el agua, la dejé ir. Es una lástima. Ella estaba en el lugar equivocado. La tomé del cuello. La dejé ir… Apagón. IV El cuerpo de la mujer es arrastrado por la corriente

Ella:

Ahora llueve, llueve dentro de mí, puedo sentir la inundación. Me pregunto si alguna vez te diste cuenta que respiraba. Sigue lloviendo, se me inunda el alma, es un fastidio. Pero ya no tengo miedo. Tengo asco de tanta agua, tanta lluvia, de tanta palabra. No creas cuando te digan que a la gente buena le ocurren cosas buenas. Las cosas buenas son mala idea, pueden pudrirte mientras respiras en el agua. Sigue lloviendo, me fastidia el alma tan mojada, me deshago. Sé que vos, estés donde estés, también estás inundado. Si vas a decir algo, no hieras. Nadie tiene por qué aceptarlo, pero tienen la obligación de comprenderlo. Soy una de las muchas que se van y no espero que me recuerdes. A él, a mi pedazo de cielito se lo contás cuando pueda entenderlo. Todo retrocede, todo es un desequilibrio. Es temporal supongo. Me he confiado a la melodía del agua. Nada pasa. Cada instante que pasa, ya no me pasa a mí. ¿Para qué tanta vida? Apagón.


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V En el río una mujer joven lava ropa. Se escucha el viento, es un día soleado, las piedras están calientes. Allí sobre las piedras la mujer pone a secar la ropa. El sonido del río es como una melodía, la mujer sigue lavando ropa y susurra una canción. “y solo cuando el río deja pasar al que camina, para llegar hasta vos voy cerrado los ojos anhelando verte otra vez, voy cerrando los ojos y me parece verte otra vez”. El sonido del río deja de escucharse, la mujer sigue susurrando “espero que me recuerdes, soy solo uno de los muchos que se van.” La mujer ve como sus prendas son arrastradas por el río. Intenta ir por ellas. Escucha que alguien la saluda, ella saluda. Vemos a un hombre. Se acerca a la mujer. Apagón.


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Reseña del autor Fernanda Benavidez Noguera candidata a grado de la Licenciatura en Literatura de la Universidad del Valle. Hace parte de LEEE, Laboratorio Escuela de Escritura Escénica proyecto donde escribe Dilución cuyo estreno se realiza en Mis Amores Territorio y Dramaturgia.


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DILUCIÓN de Fernanada Benavidez  

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