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LA CASA EXTRAÑA po Benjamín Brousse

Un buen día de octubre, por circunstancias profesionales de Roberto Robertson, su familia compuesta de su mujer Clara, el hijo mayor Pablo y las mellizas Jenny y Carla, se mudaron a la casa más vieja de Aguafría, un misteriosos pueblo andaluz. Antes de que la familia se mudara, mientras los padres inspeccionaban la casa con un agente inmobiliario, las niñas escucharon relatos escalofriantes, contados por los chicos de la vecindad: siluetas oscuras moviéndose detrás de las ventanas, chillidos suplicantes a horas avanzadas de la noche y rumores sobre algunos visitantes interesados también en comprar la casa que desaparecieron sin dejar rastro. Naturalmente Roberto, el padre, insistió que todo era mera imaginación de las niñas del pueblo. Por fin llegaron a su casa. Roberto y Clara descargaron y desempaquetaron de inmediato las maletas. Jenny y Carla se fueron enseguida a su nueva habitación, pero antes de entrar vieron un gato negro. Carla intentó acercarse al gato, pero éste se lanzó de repente sobre ella, mordiéndola y arañándola. Su hermana se precipitó a ayudarla, pero el gato desapareció. Carla tenía arañazos en el brazo. Corrió hacia su madre llorando y ésta desinfectó las heridas, consolándola.


Al caer la noche, la familia había terminado la mudanza. La madre sirvió la primera comida en el salón de la casa. De repente, Jenny gritó de horror, al ver gusanos en su plato de espaguetis. Clara creyó que era mentira y que su hija no quería comer, así que no le hizo caso. En pocos segundos los gusanos se desvanecieron, pero Jenny, asustada, no tocó su comida. Cansado, Pablo se fue a su cuarto a dormir. A pocos minutos de apagar la luz, escuchó una voz horrible que le decía: “Morir, vais a morir todos. Matar, os voy a matar.” Pablo gritó del susto y se fue corriendo a pedir ayuda a su padre. Roberto le tranquilizó, diciéndole: “Tranquilo, hijo, no te preocupes. Habrás tenido una pesadilla, vuelve a tu cuarto.” Poco tranquilo, Pablo volvió a su cuarto, dejó la luz encendida y la puerta abierta y puso en marcha su equipo de música. De repente, la puerta se cerró y en vez de música se escuchó la voz: “Morir, vais a morir todos. Matar, os voy a matar.” Dejadme en paz, gritó Pablo, Papá, Papá, ayúdame. Roberto subió rápidamente a ayudarle, pero no podía abrir la puerta y la tuvo que romper a patadas. Todos los niños, asustados, se fueron a dormir con sus padres. Durante la noche se escucharon gritos, ruidos extraños, y siluetas con capuchas oscuras parecían salir y entrar de los armarios. Al llegar la mañana, todo se tranquilizó. Al día siguiente vino el cura del pueblo a la casa, la bendijo y todo volvió a la normalidad. Solamente unos días más tarde Roberto cayó en la cuenta que aquel día terrible había sido martes, trece de octubre 2009.

La casa extraña por Benjamín Brousse  

Historia ganadora del concurso de relatos de terror del IES Dunas de las Chapas de Mabella

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