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Plan 7 – Abril y Mayo El tamaño de Pedro y Raquel se fue reduciendo cada vez más hasta quedarse del tamaño de una pulga. Elena puso a ambos sobre una de sus uñas mientras ellos continuaban disminuyendo de tamaño hasta casi desaparecer de su vista. En ese momento, Elena acercó la uña a la nariz de su marido en el momento en que éste inspiraba aire para respirar. Una fortísima corriente de aire absorbió a Pedro y Raquel como si fuera un torbellino. Dando vueltas a enorme velocidad, atravesaron la laringe, la tráquea y fueron a estamparse contra la pared de un bronquio de Ricardo. Todo empezó a temblar. Oyeron un potentísimo rugido, al tiempo que una enorme fuerza los expulsaba de nuevo hacia afuera. -¡Un terremoto! -gritó Raquel, dando trompicones. -No -dijo Pedro-, me temo que tu padre está tosiendo porque nosotros le molestamos en la garganta. En efecto, Ricardo estaba tosiendo para expulsar de su garganta a los pequeños intrusos, que le estaban molestando. -Agárrate a donde puedas -gritó Pedro. Pero era inútil, la tos tenía la fuerza de un huracán y arrastraba todo a su paso. Raquel y Pedro se vieron envueltos en una pegajosa mucosidad que los arrastró hacia atrás, hasta que por fin se quedó pegada a un grueso tronco y la tos cesó. Con mucho esfuerzo, nuestros amigos consiguieron librarse de la viscosa mucosidad que los apresaba. -Esto son las cuerdas vocales –dijo Pedro-. Estamos en la laringe. -Debemos volver a recorrer el mismo camino, pero con cuidado de no chocar con nada, para que mi padre no vuelva a toser -dijo Raquel. Así lo hicieron, penetraron cuidadosamente hasta lo que a Pedro le pareció un inmenso saco lleno de aire. -Esto debe de ser un alvéolo pulmonar -dijo Raquel-. Según mis datos, desde aquí podríamos pasa fácilmente a las venas pulmonares, que nos llevarían al corazón. -¡Pues a bucear se ha dicho! -exclamó Pedro. La niña y su amigo se zambulleron en una corriente de sangre venosa. Se las prometían muy felices cuando de pronto apareció ante ellos un grupo de seres extraños, parecidos a globos, que comenzaron a rodearlos. -¡Huy, huy! Creo que estos bichos tienen malas intenciones -dijo Pedro-. ¿Crees que son glóbulos blancos? -Sí, son leucocitos -contestó Raquel-. Son los encargados de salir al paso de los invasores. Mal asunto. - No es momento de dar muchas explicaciones-dijo Pedro, mientras apretaba inútilmente a un leucocito-. Y ponte a pensar cómo librarnos de ellos, ¡me quieren comer viva!

C. E.I.P. Abencerrajes

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Sexto nivel

Evolucion y desarrollo  
Evolucion y desarrollo  

poliedros; fracciones; cuerpo

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