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TABÚ CON ESCAMAS Diego Flores


TABĂš CON ESCAMAS Diego Flores Carpas en Argentina: que son, como llegaron, lo que producen en la gente y como pescarlas con mosca.


Flores, Diego Gustavo Tabú con escamas : carpas en Argentina : que son, como llegaron, lo que producen en la gente y como pescarlas con mosca / Diego Gustavo Flores. 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : el autor, 2017. 512 p. ; 21 x 15 cm. ISBN 978-987-42-4954-8 1. Pesca con Mosca. I. Título. CDD 799.124

Título original: Tabú con Escamas Textos: Diego Flores. Armado y diseño: Diego Flores. Concepto de tapa: Diego Flores y Valeria Iñarra. Ilustración de tapa: Leandro de Corso. Fotos contratapa: Leandro Guglielmin y Pablo Saracco.

Para consultas, obsequios o adquirir este material e-mail:diegoflorespesca@gmail.com, Tel.: (011) 1557803764

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IMPRESO EN ARGENTINA / PRINTED IN ARGENTINA "La Imprenta Digital SRL", www.laimprentadigital.com.ar, Talcahuano 940 Florida, Provincia de Buenos Aires. Julio del 2017. Queda hecho el depósito que proviene la ley 11.723 I.S.B.N: 978-987-42-4954-8


A mi madre Dolores Rojo y mi abuela María Mouzo, dos de las personas que más me amaron en la vida. Lamentablemente ya no están entre nosotros, pero su cariño, cuidados y valores perduran omniscientes en el corazón.


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Tabú (del polinesio tapú, que significa lo prohibido): para nosotros es difícil encontrar su equivalente memético, ya que representa un concepto cuya connotación no poseemos. Lo opuesto a tabú se traduce como "común" o "generalmente accesible". En occidente su significado diverge en dos direcciones opuestas. Por un lado “sagrado” o “ritualista”; y por el otro “asombroso”, “peligroso”, “prohibido” o “impuro”. El concepto de tabú hace referencia a las conductas o acciones que están prohibidas o censuradas por un grupo humano debido a cuestiones culturales, sociales o religiosas. Aquel que rompe un tabú comete una falta, y debe ser castigado ya sea legal o socialmente. La obra "Tótem y Tabú" de Sigmund Freud (1913) propone que las creencias, la superstición, las religiones y las neurosis comparten intimas relaciones entre sí.


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AGRADECIMIENTOS En la misma sección en octubre de 2003 de “Aguas Patagónicas” escribí - La vida me enseñó que solo no se llega muy lejos. Que dar es más importante que recibir. Que la historia no empieza y termina con uno, sino que apenas somos la espuma de una ola. Un punto minúsculo en el trazo que une el pasado con el futuro - . Trece años después vuelvo a ratificarlo: sin el apoyo o el intercambio de las siguientes personas “Tabú con Escamas” jamás hubiera sido posible en esta escala y profundidad. Ya sea en la diaria del hogar, los relevamientos a ambientes tan diversos, en los reportajes o a la hora de escribir. En primer lugar agradezco a los todos los que me apoyan en mi pasión. Especialmente a mi esposa Valeria Iñarra y mi hija Candelaria, quienes más lo padecen en la primera trinchera del frente de batalla. En la Cuenca del Salado a mi coequiper carpero de tantos años Tito Fontana. En Patagonia a Gabriel Distilo, Liliana Bauhoffer, Andrés Ramos, Gustavo Monteseirin, Ernesto “Lalo” Alonso, Leandro Guglielmin, Claudio Lezcano, Luis Brunt, Javier “Pipo” Rossi, Pablo Saracco y Claudio Naim Peréz. En Bahía Blanca a Carlos Dingevan y Ezequiel Battista. En el Sistema de Tandilia a José Guazzone di Passalacqua y Maximiliano Mendiri. En la provincia de San Luis a Emiliano Gil Vergés, Sebastián Pagano, Gastón Viapiana y Walter Grillo. En la provincia de Córdoba a Gustavo Estévez y Lucas Faoro. En la provincia de San Juan a Octavio Costabile y Juan Carlos Riveros. En la cuenca del río Lujan a Matías Llanos y Enrique Raberot. Se suman César Tardío y Jorge Fernández por lo pescado y aprendido en la Península Ibérica (España y Portugal). Si omito alguno sin quererlo, y seguro que lo hago, mis más sinceras disculpas.


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Muchos fueron relevantes a la hora de componer el complejo Capítulo 6 “Regiones Pesqueras”. Otros aportes de información surgieron de Nico Ríos en la Pampa Ondulada; Ceferino Traverso y Pedro Guisasola en la Pampa Austral; Esteban Rana Sigal, David Reyes, Diego Colussi, Germán Aguero y Cristian Luchetti en Córdoba; Fernando Belert en San Juan; José Luis Guillen y Nicolás Giner en Mendoza; y Eugenio Lucio, César Neme, Bernardo Chayle, José Daniel García López y Jorge Ureta en el NOA. Agradecimientos “al cubo” a Marcelo Alonso y Fabián Grosman por su colaboración en el Capítulo 19 “¿Qué hacer con las carpas?”. También a Eduardo Ferrano y Jorge Blua por sus sugerencias en Antropología Mosquera. Como olvidar a los detractores carperos, que también fueron un importante estímulo para esta publicación. Y por último a la música, que siempre está allí para ayudarnos o inspirarnos cuando más lo necesitamos. Aguas Patagónicas fue en gran parte escrita bajo los efluvios de Wolfgang Amadeus Mozart. Con este libro pasó lo mismo con Steven Wilson, uno de los artistas más genuinos y talentosos de nuestro tiempo. Hasta el próximo berretín de letras. Siempre ambicioso y autocomplaciente, sin atender o dejarse llevar por lo que otros piensan1. Porque ese es el camino genuino y así debe ser…

Diego Flores, Mayo de 2017, Buenos Aires.

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"Creo que la responsabilidad de todo verdadero artista es en última instancia ser egoísta, hacer algo que ellos mismos creen al 100 por ciento y no pensar nunca en lo que otros quieren de ellos. Nadie me va a decir que Picasso pintó cuadros para complacer a otras personas, ¡no lo creo! Creo que los grandes artistas hacen las cosas de una manera muy egoísta, y los artistas menores piensan en sus fans y tratan de proporcionar algo para complacerlos” - Steven Wilson.


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ANTROPOLOGÍA MOSQUERA “Una cacería, pero con caña”…. Sin dudarlo, la mejor definición que se me ocurre sobre pescar carpas con mosca. Que sean grandes, que sean poderosas, que sean sutiles, que sean difíciles de engañar exaltan la experiencia. Pero la esencia pasa justamente porque es caza en estado puro, elevando el juego de la pesca a otro nivel. Se camina, se rececha, se observa, se descubre, y recién cuando detectamos un pez o alguna de sus manifestaciones se realiza la presentación. Una especie donde todo es a vista, los tiros son escasos y la pesca de estructura representa un hecho fortuito. Gary Borger definió la pesca con mosca como un acto de “predación racional”, o “predación simbólico” según corrige el antropólogo Eduardo Ferraro. No hay necesidad de supervivencia, no hay transferencia de energía en la pirámide trófica, no hay muerte, y el pez es devuelto en forma gentil para que prosiga con su vida…. Aun así, a pesar del marco cultural y racional, el acto predatorio sigue intacto. El paleoantropólogo Donald Johanson descubridor de Lucy, la australopiteco que reescribió la historia de la evolución humana, dice “Aún somos nómadas, pero presos entre paredes y rutinas. Nuestro cerebro todavía es cazador recolector, por eso hoy vivir encerrados nos causa angustia. Porque nuestro cerebro, y nuestro cuerpo con él, evoluciona a ritmo glacial, lentísimo como describió Darwin... Pero nuestra tecnología va muy deprisa. La evolución cultural humana ha avanzado más en los últimos cien años, que en los tres millones que han pasado desde que vivió Lucy. Y sigue acelerándose. Temo que


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nuestra especie, que ya ha perdido la conexión con la naturaleza, acabe como los dinosaurios tras destruir el planeta”. El género Homo, y su última versión sapiens, “es lo que” debido a su transformación en cazador2. No un cazador omnipotente como nos marca la antropocentrista cultura occidental, sino un cazador que a la vez era cazado, como lo reflejan muchas cosmogonías indígenas. A escala tenemos el cerebro más grande entre los animales y a la vez un sistema digestivo proporcionalmente pequeño. Compuesto en un 80% por grasa, y con solo un 2% de nuestro peso corporal, el cerebro consume hasta el 20% de nuestra necesidad calórica en estado de reposo. En las condiciones primigenias de antaño, jamás se habría generado un órgano de tal escala con una dieta vegetariana. Se necesitó de alimentos de gran densidad nutricional como tuétano, grasa, vísceras y músculos. Proteínas, lípidos y vitaminas liposolubles que no estuvieran encerrados en celulosa, a la cual no podemos digerir.

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¹Los orígenes del género Homo (del latín “humano”) se remontan a 2,5 millones de años, e incluso más atrás si tenemos en cuenta a Australopithecus. Hace unos 2,8 millones de años, un cambio climático generó la desertificación de la sabana africana transformándola en estepa. Como resultado de esta variación ciertos Australopithecus se especializaron en la explotación de vegetales duros de escaso valor nutritivo, y terminaron extintos. Otros se adaptaron con una paulatina carnivoría, dando origen a nuestro género. H. habilis, así bautizado por su capacidad para generar herramientas, pero aún carroñero o cazador oportunista. La capacidad predatoria llegó a un nivel jamás antes conocido con H. neanderthalensis, que con su intelecto, fuego, lanzas y piedras cazaban proboscídeos que los superaban hasta 60 veces en peso, y representaban alimento y recursos durante meses. La capacidad predadora y transformadora de H. sapiens es tal, que aún en taparrabos fue un importante agente de la extinción de la megafauna del Holoceno, sobre todo en Sudamérica y Australia. Y actualmente impulsa la sexta extinción global masiva, comparable a la quinta que se llevó a los dinosaurios, y que probablemente termine en el colapso de la civilización tal cual la conocemos.


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Si tomamos los 200.000 años de historia de nuestra especie y al estilo de la serie “Cosmos” los transformamos en un calendario de un año, la agricultura recién aparece el 12 de diciembre. Y el veganismo y la alimentación industrial, en que recolectamos “alimento balanceado” para humanos en supermercados a las 19 hr. del 31 de diciembre. Si incluimos toda la extensión del género Homo, estas últimas dos etapas dan inicio a las 23.36 hr. del último día calendario. Unas pocas generaciones de vida moderna en ciudades industriales, contra más de 150.000 de rústica vida nómade. Desconocer semejante trasfondo ancestral, representa un enorme desconocimiento o negación del animal que somos. Como afirmó el médico psicoanalista Carl Gustav Jung “El inconsciente, es la historia de la humanidad desde los tiempos inmemoriales”. Un estudio científico de la Universidad Heriot-Watt de Edimburgo, demostró que una simple caminata en un entorno natural provee importantes beneficios a la silenciosa pandemia de ansiedad y depresión moderna. Noventa minutos bastan para despejar la mente, aclarar ideas, aumentar la creatividad, la memoria, la concentración, y mejorar la autoestima. El mismo estudio demostró que un paseo de igual duración por la ciudad no supone ningún cambio sustancial en el estado de ánimo. Jenny Roe, investigadora a cargo aclaró, “caminar por ambientes naturales requiere cierta atención pero nada de esfuerzo mental, no demanda atención involuntaria como sí ocurre en un ambiente urbano agitado”. Nuestro cerebro estaba maravillosamente adaptado a su ambiente ancestral, y el Homo sapiens del presente equivale a un cerebro del paleolítico expuesto al interminable flujo de estímulos supernormales3 del siglo XXI. Como 3

Se repite lo ya descripto en el Capítulo Nº 7 - “Moscas”: los estímulos supernormales son una versión exagerada que desata respuestas más fuertes que los estímulos para los cuales evolucionaron esas respuestas. El zoólogo holandés Nikolaas Tinbergen (1907/88) ganó un Nobel en 1937 al descubrirlos. Realizó experimentos con pájaros, como pintar huevos falsos de un color azul más llamativo que los huevos reales de la especie, y los padres dejaban de lado sus propios huevos para incubar los falsos. Algunos tan ridículamente grandes, que los


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indica el Dr. Roberto Rosler “un cocktail explosivo, resultado de una falta de correspondencia entre el ambiente original de adaptación y el medio sociocultural actual”. ¿Por qué la pesca aporta tanta felicidad a millones de humanos?, ¿porque es difícil dormir la noche anterior a una salida al aire libre? Creo que las respuestas subyacen en lo hasta aquí descripto, en nuestra historia como especie. Si unos scanners cerebrales mostraron los beneficios de un simple paseo en un parque,… ¿qué indicarían con un humano “cazando peces”, caña en mano?, ¿qué zonas del cerebro se iluminarían, que rara vez lo hacen en un entorno urbano? ¿Cómo difiere nuestro balance hormonal atrapados en el tedio de rutinas o cemento, o al sentirnos increíblemente vivos pescando? Así, la pesca recreativa en apariencia intrascendente, se transforma en una actividad de inestimable valor al reconectarnos con la naturaleza, y como tal una inagotable fuente de autodescubrimiento. Un poderoso revulsivo que libera ese nómade ancestral olvidado, de las insondables profundidades del sistema límbico. Poniendo a nuestro cerebro en una actitud y condición, que se corresponden a su ambiente original de adaptación. Entonces no es casual, que pescando la vida nos sonría… De momento llevo capturadas alrededor de 65 especies con mosca. Se le agregan otras 20 que fui tras ellas y no las encontré, o las encontré y no tomaron, o picaron y cortaron o se desprendieron en la

progenitores se caían de ellos al incubarlos. De hecho la estrategia reproductiva del ave llamado cuco (Cuculus canorus), parasitando los nidos de otras aves, se basa en superestímulos. Algunos ejemplos de estímulos supernormales para humanos son las comidas y bebidas artificiales, la pornografía, las novelas románticas, las prótesis mamarias, los programas de chimentos, innumerables aplicaciones web o los benditos smartphones que tan alienados tienen a nuestros hijos. Los estímulos supernormales, como columna vertebral del marketing y el actual sistema capitalista, sobreestimulan nuestros circuitos de dopamina de forma adictiva, con la consabida degradación de la salud de nuestra psiquis.


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lucha. Todas ofrecieron emoción y contribuyeron a mi evolución como pescador. Aunque con las carpas sucedieron acontecimientos particulares, que culminaron en un libro aún más particular… ¿Porque este pez y no otro?,… Indudablemente existen aspectos subconscientes que desconozco, y otros que puedo racionalizar. En primer lugar el placer y la complejidad de pescarlas, esa sensación de cacería visual4. Muchas especies tropicales marinas también se pescan con los ojos, aunque la experiencia de hacerlo a pie, en interfases tierra/agua dulce tan familiarmente telúricas, en solitario y sin asistencia profesional, produce sensaciones únicas. Sigue la adrenalina de la “página en blanco”, de salirse del rebaño para internarse por los senderos menos transitados. De sentirse explorador o pionero en un nuevo mundo piscatorio de momento contracultural y underground, en oposición a otros más desgastados por antiguos, sectarios o conexos al status quo. Se suma el turbulento contexto cultural de la carpa en Argentina, “un pez basura” tan irreverente como revelador a la hora de investigar sobre ella: el villano que se transformó en antihéroe. Nada puede tomarse demasiado serio, y pocas especies permiten semejante cuota de desparpajo, frescura y sarcasmo. Por último hay carpas por todos lados, siendo un hecho inexorable que se transformen en el “pez difícil universal” de las próximas generaciones. En un mundo donde el objeto de deseo son peces cada vez más caros e inaccesibles, lo más interesante de la carpa es que propone una 4

En una cacería con un arma, la historia termina con la presa en la mira y jalando del gatillo sin que el animal tenga demasiado control de la situación. Por el contrario en la pesca una vez que localizamos el pez, este debe tomar la mosca, algo ligado 100% a su voluntad. Y si el pez no desea picar, pues no puede ser pescado.


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pesca compleja, pero de logística extremadamente simple y barata. En la cual el dinero jamás será una barrera o un diferenciador social, con todo lo filosóficamente autorreferencial que ello implica5. Llegado al final de esta tormenta de ideas, en apariencia inconexas pero estrechamente conectadas, se me hace complejo encontrarle un cierre lógico a este prólogo. Y como empecé con Donald Johanson elijo terminar con él: “Lo importante es que voy aprendiendo a vivir conectado al entorno y al instante como Lucy. Sus circunstancias no eran en absoluto envidiables, pero me gustaría olvidarme del pasado (es irremediable) y del futuro (es impredecible), y sin temer la muerte (es irremediable e impredecible), -apreciar el aquí y ahora. Lo único que realmente tenemos”.

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De la misma manera que entre 1950 y 1980 se vivieron los “Años de Oro de la Patagonia”,… los “Años de Oro de la Carpa” son justo ahora. Cuando miles vayan tras ellas, cuando el sistema de consumo pervierta su pesca, cuando la soledad y los trofeos sean la excepción y no la regla, y créanme que sucederá, no se lamenten que la descubrieron demasiado tarde.


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Capítulo - 1 ¿POR QUÉ LA CARPA ES COMO ES? UBICACIÓN TAXONÓMICA: -Dominio: Eukaryota (organismos celulares con núcleo verdadero). -Reino: Metzoa (animales). -Filo: Chordata (animales con cordón nervioso). -Subfilo: Vertebrata (animales con columna vertebral). -Infrafilo: Gnathostomata (animales con mandíbulas). -Superclase: Osteichtyes (vertebrados con esqueleto óseo). -Subclase: Actinopterygii (peces óseos con aletas radiadas). -Superorden: Ostariophysi (peces con Aparato de Weber). -Orden: Cypriniformes (ciprínidos). -Familia: Cyprinidae. -Género: Cyprinus. -Especie: Cyprinus carpio (Linnaeus, 1758). -Nombre común: su origen proviene del término kyprinos o kyprianos, que generalmente se traduce como “pez dorado”. El primero en utilizarlo fue Aristóteles (384-322 A.C.) y se cree que deriva del término "Kypris" (del latín Cypria), un nombre secundario de Afrodita, la diosa del amor. Aparentemente relacionado a la fecundidad de la carpa y los ruidosos desoves en masa que produce. Posteriormente este nombre fue re-latinizado, probablemente por


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Plinio el Viejo, como Cyprinus. Luego, dondequiera que los celtas vivieron, la raíz del nombre carpa siempre es la misma: carpa en español, italiano y portugués; carpe en francés; carp en inglés; karpfen en alemán; karp en polaco y sueco; kapr en checo; kapor en eslovaco; karpe en danés y noruego; karper en holandés, karpe en noruego; y karppi en finlandés.

Con más de 2000 especies y más de 200 géneros, Cyprinidae es la segunda familia más grande de peces del mundo, y también la dulceacuícola más difundida. Su área de distribución abarca todos los continentes salvo la Antártida, llegando a América del Sur y Australia por antropocoria. Se trata de peces de agua dulce, a lo sumo salobres o estuariales, cuya distribución está dada por su incapacidad de cruzar el mar. Aparecen por primera vez como registro fósil en el Eoceno, hace aproximadamente 50 millones de años. Se trata de una familia con gran diversidad de tamaños y estrategias de vida, desde la gigantesca carpa siamesa (Catlocarpio siamensis) con pesos máximos registrados de 300 kg, hasta especies pigmeas que no superan los 5 cm de largo. En Medio Oriente, durante el Mioceno tardío (entre 10 y 5,3 millones de años), el cierre gradual del mar de Tetis dio lugar a un importante centro de evolución y especiación para los peces continentales. Desde allí irradiaron al norte hacia el mar de Paratetis, y hacia Europa en el oeste. Ello fue posible porque el río proto-Eufrates recogía las aguas dulces de un área muy extensa, mezclando especies africanas y asiáticas. De allí que Cyprinidae se encuentre mucho más diversificada en Asia, sobre todo en la región sudeste, que en Europa. El género Cyprinus agrupa unas 24 especies, algunas en peligro crítico de extinción. Dentro de ellas la carpa común es la más cultivada y estudiada a nivel mundial.


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¿POR QUÉ LA CARPA ES COMO ES? La adaptabilidad y plasticidad de la carpa es el resultado de la poderosa presión ambiental donde se originó. La misma comprende el este de Europa y Asia (Laurasia), tomando como principal referencia la cuenca del mar Caspio, donde los científicos estiman que vivían los ancestros de Cyprinus carpio, al final del Plioceno hace unos 3 millones de años. Luego se dispersaron por los mares Negro y Aral, muy cercanos, y posteriormente al oeste de Europa y el este de Asia. Estos espejos, con decenas de miles de kilómetros cuadrados, son el final de las más gigantes cuencas endorreicas del mundo. Durante los últimos millones de años sufrieron profundas modificaciones en su habitad, variaciones de temperatura y aislaciones geográficas durante las glaciaciones pleistocénicas, cambios en la salinidad, desecaciones y rotundas transformaciones del alimento, en que las “paleocarpas” tuvieron que adaptarse para sobrevivir. Se estima que la carpa recién apareció en el río Danubio al final de la última glaciación, hace unos 8000 o 10.000 años. Sin embargo resulta muy difícil determinar su ambiente original debido a la antiquísima antropocoria de la que fue objeto. Tomando como ejemplo el clima del actual Uzbekistán, aparente epicentro del genoma de Cyprinus carpio, vemos que es extremadamente continental, con enormes variaciones de temperatura y una media anual de 13 ºC. Sus inviernos son fríos con una gama de -2 ºC y mínimas conocidas de hasta -40 ºC. Los veranos resultan extremadamente cálidos y secos, con promedios de 30 ºC y picos de 45 ºC. La mayor parte del país es bastante árido, con escasas precipitaciones: 100 a 200 mm anuales, concentradas en su mayoría en invierno y primavera.

SUBESPECIES DE CARPA COMÚN Un detalle no menor es que actualmente las carpas poseen 3 subespecies bien diferenciadas:


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-Carpa común europea (Cyprinus carpio carpio): con epicentro en el este de Europa tomando como referencia las cuencas de los ríos Danubio y Volga. De esta subespecie derivan las líneas domésticas europeas, que fueron las más distribuidas en territorio americano y argentino. -Carpa común asiática (Cyprinus carpio haematopterus): con epicentro en Asia, tomando como referencia la cuenca del río Yangtsé. De esta subespecie deriva las llamadas carpas koi presentes en Argentina, pero con menor incidencia que la anterior. -Carpa roja (Cyprinus carpio rubrofuscus): con epicentro en Laos, Vietnam y el sudeste de China, tomando como referencia las cuencas de los ríos Amur y Rojo. Considerada como una especie independiente por algunos autores, Cyprinus rubrofuscus, en estado adulto no supera los 30 cm de largo. Según Svetovidov las primeras dos subespecies se distinguen principalmente por el número de branquioespinas. C. c. haematupterus tiene un media 27 (24 a 31), mientras en C. c. carpio la media es de 32 (29 a 36). También se observó otros desvíos como el número de radios de la aleta dorsal, en el que el solapamiento es aún mayor. La evolución del genoma en la carpa común exhibió dos oleadas de reordenamientos: una duplicación del genoma completo (entre 12 y 16 millones de años) y una ola más reciente de duplicaciones segmentarias que ocurrieron entre 2,3 y 6,8 millones de años. Por último la divergencia entre C.c. carpio y C.c. haematopterus, ocurrió hace más de 500.000 años, como consecuencia de una aislación poblacional anterior a la glaciación Weichselience.

CARPAS SALVAJES VS. CARPAS DOMÉSTICAS Las carpas salvajes de genética primigenia, eran sorprendentemente diferentes de la carpas domesticas que hoy conocemos. De hecho, y aunque resulte paradójico por lo numeroso de la especie, las carpas salvajes en sus cuencas originales (mares Negro, Aral y Caspio) se


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encuentran en estado de vulnerabilidad (UICN). E incluso, muchos científicos consideran que la genética original se encuentra extinta por la destrucción de las llanuras de inundación de grandes ríos como el Danubio, la contaminación, la sobrepesca y sobre todo la erosión genética que produjeron los repoblamientos o fugas de peces domésticos (un tema desarrollado en el Capítulo 2 -“Cultura y Antropocoria”). La mayor parte de estas carpas salvajes pesaban entre 3 y 5 kg, y rara vez superaban los 15 años de edad. Poseían un cuerpo alargado, musculoso y en forma de torpedo, con una transición entre la cabeza y el lomo casi recta, sin la típica giba de las carpas domésticas o asilvestradas. Otro signo claro de domesticación son los cuerpos altos y vientres voluminosos. El mayor poder físico, agilidad y resistencia de la carpa salvaje tiene correlación en su fisiología. Las carpas salvajes tienen entre 18 y 19% más de eritrocitos y hemoglobina que una típica domesticada. El nivel de glucosa en la sangre es del 16 al 26% más alto. Por otra parte, tiene un mayor contenido de grasa en los órganos individuales, más glucógeno en el hígado, y músculos más vascularizados. Incluso muchos consideran que el sabor de la carpa salvaje es "mejor", ya que se percibe como más jugoso La carpa salvaje, parece tener más carne, pero la relación calculada del músculo es idéntica a la doméstica. Lo que si aumentó es la tasa de crecimiento y la conversión de alimento en peso. Otro detalle observado en las carpas domésticas es una marcada reducción en el tamaño en la vejiga natatoria, el desarrollo de una boca más grande y un intestino más desarrollado, adaptado a los alimentos complementarios de los cultivos humanos, como los cereales.

VARIEDADES DE CARPAS Básicamente se conocen las siguientes variedades de C. carpio en el mundo: -Variedad común, húngara o flavipinis: está cubierta completamente por escamas ordenadas. Se reconocen a su vez dos


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formas, salvajes (genética primigenia) y domésticas (seleccionadas artificialmente por el hombre). Las diferencias entre las domésticas y salvajes son difíciles de apreciar en peces pequeños, pero saltan a la vista una vez superados los 3 o 4 kg. El cuerpo de la carpa salvaje adulta es más alargado, cilíndrico y aerodinámico, mientras las variedades domésticas tiende a crecer más a lo ancho y alto, con panzas y gibas pronunciadas. Otro aspecto tiene que ver con el crecimiento, mientras en las salvajes es más lento y difícilmente supere los 18 kilos en la naturaleza, en las domésticas es más rápido y pueden superar los 30 kilos. -Variedad de espejo, espejada, royal o specularis: son variedades domésticas de gran tamaño y gordura, que tienen como característica unas pocas escamas de gran tamaño, desiguales y desordenadas, con amplias superficies de piel sin cubrir. Esta variedad surgió en Europa central durante el medioevo, cuando los monjes que las criaban seleccionaron ejemplares con anomalías genéticas, cruzándolos entre ellos cientos de veces. El objetivo de esta manipulación fue conseguir carpas muy grandes y de pocas escamas, más fáciles de limpiar. Dentro de la fenomenología de la royal, aunque muchos pescadores las consideran distintas, existen “carpas lineales”, que poseen una o dos líneas de escamas de gran tamaño de cabeza a cola siguiendo la línea lateral, sobre un cuerpo desnudo. Por último están las full scaled o “carpas pastel”, una espejada con el cuerpo completamente cubierto de escamas asimétricas, sin exposición de piel desnuda. -Variedad de cuero, desnuda o nudus: surgen de la misma manera y con la misma intencionalidad que las royales. Deberían carecer completamente de escamas, pero esto último es muy poco frecuente. Dentro de esta variedad se aceptan los ejemplares con algunas escamas aisladas en el lomo o en el pedúnculo caudal, siempre y cuando el centro del cuerpo esté desnudo. Erróneamente se considera


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Carpa lineal del río Salado. Un tipo particular de carpa de espejo con una o dos líneas de escamas de gran tamaño de cabeza a cola siguiendo la línea lateral (Foto Diego Flores).

que para obtener carpas cuero se deben cruzar ejemplares de carpas royales con pocas escamas, cuando en realidad surge del cruce de una carpa lineal con una carpa royal. De este cruce se puede obtener como máximo un veinticinco por ciento de alevines de carpa cuero, razón que la vuelve tan preciada o escasa (en la naturaleza es prácticamente imposible que se produzca). El resultado de cruzar carpas de cuero entre sí, curiosamente, da lugar a carpas comunes, royales y un alto porcentaje de mortalidad, pero nunca carpas cuero. -Carpa de colores, koi y nishikigoi: mientras todas las anteriores son Cyprinus carpio carpio, estás son variedades asiáticas de Cyprinus carpio haematopterus. De ellas no existe constancia de ejemplares de más de 20 kilos, asilvestradas en ámbitos naturales. La variación genética en las poblaciones domésticas de carpa es significativamente menor que en las poblaciones silvestres, como consecuencia de la selección artificial de la que fueron objeto. En la actualidad existen alrededor de 30 a 35 linajes o cepas domesticadas


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de carpa común solo Europa. A nivel mundial las más conocidas son la de vientre de China, Yamoto de Japón, Galicia de España, o las famosas húngaras, donde se busca más carne, con una forma redonda, y una mayor relación alto/largo. Razas que groseramente alimentadas lucen como un obeso mórbido. Las variedades domésticas presentan caracteres recesivos, menor resistencia a las altas temperaturas o condiciones de bajo oxígeno disuelto. El factor más evidente es la eficiencia reproductiva: considerando a las carpas comunes con un índice de 100, apenas alcanza 76 en las de espejo, 39 en la lineal y 19 en la de cuero. Respecto a las variedades o linajes que se encuentran en Argentina no existe un gran conocimiento al respecto. Domina la escena la variedad común o flavipinis, pero no se sabe cuánto hay de genética original silvestre y cuanto de genética doméstica asilvestrada. Muchos ejemplares responden a la morfología de silvestre, aunque no se sabe si es por factores genotípicos o fenotípicos. Un ejemplo son las carpas de la Patagonia, que lucen cilíndricas y musculosas, y se desconoce si son salvajes, o domésticas asilvestradas adaptadas a ríos correntosos. En menor medida se encuentran espejadas, lineales, pastel y koi asilvestradas, e incluso comunes y espejadas con expresiones de color koi. Hasta donde se sabe no existe la variedad de cuero. En este último caso, puede suceder que alguna royal, con muy pocas escamas y/o pequeñas, pase por una desnuda.

CARPAS EN JAPÓN: HISTORIA DE LOS KOI Y NISHIKIGOI Según el “Manual del Nishikigoi” de Takeo Kuroki, la palabra koi se usó en China por primera vez hace aproximadamente 2500 años. No en relación directa con las carpas de colores, si no como mención genérica a los peces que servían como motivos en las obras de arte de la época.


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Es muy probable que en China hayan existido mutaciones naturales de carpa común asiática (Cyprinus carpio haematopterus), pero se reconoce a los japoneses como los verdaderos creadores del Nishikigoi o joyas vivientes. Fueron ellos los primeros en observar esas mutaciones naturales y desarrollarlas. En Corea y Japón, las carpas ya eran cultivadas en el periodo Yayoi a partir del 300 A.C. Los arroceros japoneses, que las criaban como alimento, observaron que había carpas de coloración brillante más vulnerables a los depredadores, y las seleccionaron artificialmente hasta formar pautas de colores definidas. Entre 1820 y 1830 en la prefectura Niigata, tuvo origen la variedad doméstica ornamental llamada koi. En esta zona comprendida entre las ciudades de Nagaoka y Ojiya, aproximadamente 280 km al oeste de Tokio, la carpa fue criada tradicionalmente como alimento en los pequeños estanques/terrazas que alternaban los campos de arroz. Conocida por sus crudos inviernos con abundante nieve, se cree que estas condiciones pueden haber contribuido a una mayor incidencia de aberraciones cromáticas. A medida que se desarrollaron nuevos colores, se extendió a lo largo del Estado y después a todo Japón. Su interés aumentó cuando en 1914 el Emperador Hirohito, introdujo los kois en su estanque del Palacio Imperial. Y su popularización despegó definitivamente durante la exposición anual de Tokio de ese mismo año. La mayoría de los aficionados, considera la prefectura de Niigata, y más específicamente a Ojiya como la casa de los Nishikigoi. Este nombre se aplicó mucho durante la Segunda Guerra Mundial. Hoy en día a la carpa de colores se la llama simplemente koi, término que ha evolucionado hasta convertirse en un estándar mundial. Con el desarrollo del comercio aéreo, el koi viajó a EE.UU., Canadá e Inglaterra, sus principales receptores. Un koi adulto bello pero sin pedigree cuesta un promedio de 200 dólares, pero como no hay dos peces iguales, los grandes campeones, se pueden vender entre 5000 y 7000 dólares. Por ciertos individuos extraordinarios se pagó cerca de


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Carpón de los lagos de Palermo. Nunca deja de sorprender la capacidad de desarrollo y sobrevida de ejemplares de tal tamaño, en los ambientes urbanos menos imaginados (Foto Diego De Santis).

60.000 dólares, entre los precios más altos jamás pagados por un pez individual. Actualmente es una variedad cosmopolita y se la encuentra asilvestrada en buena parte del mundo. Argentina no es la excepción y se la suele hallar en innumerables ambientes naturales o periurbanos, fundamentalmente por liberación de acuarófilos o fugas de estanques. Un detalle para destacar es que los koi vuelven rápidamente a su coloración natural, al cabo de unas pocas generaciones de vida asilvestrada.

CONFORMACIÓN La carpa se caracteriza por su cuerpo macizo, alargado y comprimido lateralmente. Muy variable en forma, proporciones, escamación, el desarrollo de las aletas y su coloración. La forma tradicional posee


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escamas grandes y gruesas, como monedas, que cubren todo el cuerpo. Su color es pardo o gris bronceado en el dorso, y amarillento en el vientre. Varía considerablemente en función del tipo de habitad; más dorada y brillante en aguas cristalinas, y más blanquecina y opaca en aguas turbias. Posee cabeza grande, bien osificada y opérculos desarrollados. Su boca ínfera y carnosa en forma de tubo, está flanqueada por dos pares de barbillas cortas. Desdentada en su cavidad bucal, posee poderosos dientes faríngeos achatados, con los que tritura semillas, frutos, e invertebrados de valvas o exoesqueletos duros. Las carpas tienen una aleta dorsal de base larga. En esta, junto a las pectorales y anales, el primer radio es óseo, espinoso y levemente aserrado. Si bien estas espinas no son peligrosas como las de los bagres sudamericanos, condicionan su manipulación y pueden lastimar el tippet durante la pelea. Su aleta caudal de tipo emarginado, tiene también tres radios espinosos.

EDAD Y TAMAÑO Las tallas promedio de las carpas dependen fundamentalmente de su genética y el hábitat (alimento + competencia + clima); de cómo se interrelacionen estos componentes dependerá el resultado final. Si todos los componentes son óptimos el crecimiento tenderá a un máximo, si todos son negativos el crecimiento será mínimo. En Argentina los pesos más usuales oscilan entre 1 y 6 kg. Salvo en el Paraná, los especímenes adultos poseen tallas superiores a toda la ictiofauna local, por lo que no presentan predadores naturales. En Patagonia, en la cuenca del Río Negro, hay registros de ejemplares que superaron los 16 kg. En nuestro país el récord capturado a caña pertenece a Néstor Gaido, paisajista de Benavidez, que pescó en un lago de Nordelta una carpa de 1,05 m y 24,5 kg.


30 EDAD

5 AÑOS

10 AÑOS

20 AÑOS

30 AÑOS

Muy desfavorable

1,6 kg

4,1 kg

9,1 kg

14 kg

Desfavorable

2,8 kg

6,8 kg

14,8 kg

22,8 kg

Normal

3,2 kg

7,7 kg

16,7 kg

25,7 kg

Muy favorable

5 kg

12,5 kg

27,5 kg

42 kg

El siguiente cuadro extraído de la web Eurocarp muestra las expectativas de crecimiento de las carpas comunes domésticas, en función de su edad y la calidad del hábitat.

En Argentina el ejemplar más grande registrado, de más de 30 kg, fue hallado muerto en el lago San Roque (provincia de Córdoba). De momento el récord mundial, de 1,13 m y 45,9 kg, corresponde a una royal capturada por el pescador austríaco Roman Hanke, en el coto de Euro Aqua (Hungría), el 2 de junio de 2012. ¡El primer ejemplar de la especie que supera la marca de 100 libras! Las carpas son peces muy longevos, con un máximo que en estado salvaje puede alcanzar los 30 años y en cautiverio se estira a 42 años. En Argentina, a pesar de las depredaciones y un nulo manejo, son comunes los ejemplares de 10 y 15 años. Una larga vida no significa un mayor tamaño, ya que el crecimiento y el aumento de peso finaliza alrededor de los veinte o veinticinco años, a partir de allí comienzan a mantener o perder peso, según cuan benigno resultó cada año.

PARÁMETROS ECOLÓGICOS La carpa es considerada un pez rústico ya que sus exigencias ambientales son escasas y posee la capacidad de habitar una variada gama de hábitats, como ríos, arroyos, lagos, lagunas, embalses, estuarios, estanques, etc.


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Es una especie extremadamente euriótica que soporta rangos muy amplios en las variables ambientales. Su extrema adaptabilidad la coloca en ventaja respecto a otros peces de agua dulce, al colonizar nuevos ambientes u ocupar nichos que quedan vacantes debido a causas naturales o artificiales. Debido a que en la Pampasia las especies paranaenses se hallan en una situación marginal, la carpa se vería favorecida por una baja competencia interespecífica, de depredación, y una disponibilidad permanente de recursos que no son enteramente explotados. La carpa es un pez de aguas templadas/subtropicales, propias de las zonas medias y bajas de los ríos. Sus preferencias son aguas eutróficas y desbordes poco profundos, de corriente suave o nula. Si bien posee una boca ínfera típica de los comedores de fondo, también busca su alimento en las capas medias y el menisco de agua. Aquí se enumera su espectro ecológico, en función de distintas variables ambientales: -Salinidad: la bibliografía clásica indica que tolera concentraciones de hasta 10-12 gr/l, aunque se la ha encontrado en ámbitos con más de 15 gr/l. Esta característica permite el uso de aguas salobres de estuarios, rías, sea pools y espejos endorreicos. Pescadores de tiburones de Viedma cuentan que desde que la carpa invadió la franja estuarial del río Negro, aumentó la cantidad de tiburones escalandrún (Carcharias taurus) movilizados por este inusual alimento. -Temperatura: según Darío Colautti los adultos de carpa sobreviven en rangos de temperatura impensada para otros peces, entre 3 ºC en espejos cubiertos de hielo y temperaturas cercanas a los 40/41 ºC. Pero ello es solamente capacidad de sobrevivir en forma momentánea, y no se condice con los requerimientos necesarios para su reproducción o un crecimiento adecuados. Cabe aclarar que los rangos de temperatura varían de acuerdo a la ubicación, no son los mismos para una carpa de Suecia o Ecuador. Lo mismo corre en Argentina para peces en el Río Negro, Chascomús o Formosa.


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-Oxígeno disuelto: habita aguas en rangos entre 0,3-0,5 mg O²/l (mínimo) hasta la completa saturación. Como referencia, los salmónidos requieren un mínimo de 4 o 5 mg O²/l para verse saludables, y el dorado ya no puede compensar la falta de oxígeno por debajo de 2,4 mg O²/l -pH: el rango óptimo oscila entre 6,5-9,0. -Altitud: las carpas son peces típicos de llanuras, estepas y pedemontes andinos o serranos. Normalmente no se las encuentra a más de 500 m.s.n.m., siendo raras las poblaciones por encima de esta cota. -Resistencia a contaminantes: a principios de 1990 biólogos de EEUU, expusieron un grupo control de carpas a 1600 productos químicos presentes comúnmente en las aguas. Sólo 135 contaminantes, un 8,4%, mataron a todos los peces. -Migración: dos carpas marcadas en la zona de Quilmes en el Río de la Plata, fueron recapturadas en distintos puntos de los ríos Salado y Samborombón a unos 500 km. de distancia. Ello, da una idea de la naturaleza migradora de la especie en ambientes argentinos.

ALIMENTACIÓN Las carpas son peces omnívoros, con una gran tendencia hacia el consumo de alimento animal, como zooplancton, insectos acuáticos, anélidos, crustáceos, moluscos y zooplancton. También consume tallos, hojas y semillas de plantas acuáticas y terrestres, junto a bioderma y materia vegetal en descomposición. Puede filtrar en aguas abiertas, comer en la película superficial, sobre el fondo, o escarbar en él a más de 10 cm de profundidad. De esta manera amortigua las variaciones estacionales cuali/cuantitativa en el suministro natural de alimento. Toman la comida por succión con sus bocas ínferas en forma de tubo, lo filtran con sus branquioespinas y si es necesario la trituran con sus dientes faríngeos (como sucede con las valvas de moluscos).


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En las lagunas bonaerenses el macrozooplancton (copépodos y cladóceros) representa una parte fundamental de su alimentación, resultando un componente primario y secundario en su dieta. El mismo es tomado por dos vías: la sedimentación del zooplancton una vez muerto y su consumo vivo ubicado cerca del fondo (la más usual). Otros ítems de gran importancia son larvas de dípteros, materia vegetal (frutos, flores, semillas, perifiton o bioderma, algas, etc…) y donde se los encuentre camarones de tipo Palaemonetes. En el Río de la Plata, y la cuenca del Río Negro se agregan las almejas exóticas Corbicula fluminea. Insectos de mayor tamaño son de menor ocurrencia, y apenas representan un componente terciario.

REPRODUCCIÓN El desove de la carpa en Europa comienza cuando la temperatura del agua alcanza los 17-18 °C. Las cepas asiáticas comienzan a desovar cuando la concentración de iones del agua disminuye al comienzo de la estación lluviosa. Mientras las carpas silvestres son desovantes parciales, con dos o tres puestas en un período de entre 10 y 14 días, las carpas domesticadas liberan todos sus huevos maduros de una sola vez y en unas pocas horas. El cortejo de la carpa consiste en violentos desplazamientos de tres o más individuos, con enérgicas arremetidas de los machos contra las hembras. A veces varios machos tras una hembra, y en otras varias hembras contra un solo macho. Ello se realiza en márgenes y costas inundadas de entre 25 y 50 cm de profundidad, con abundante vegetación sumergida. Si por el ingreso de un frente frío la temperatura desciende por debajo de los 17 ºC, la puesta se detiene hasta el próximo aumento de la temperatura. Esta especie no tiene cuidado parental. Durante la reproducción el dimorfismo sexual más visible es el abdomen abultado de las hembras cargadas de huevos, mientras que al tacto los machos eyaculan con mucha facilidad. A su vez, durante


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este período, los machos también pueden distinguirse por unos pequeños gránulos que aparecen en la inserción de las escamas, debajo de la línea lateral, en el pedúnculo caudal y en la cabeza, especialmente en la parte anterior de los opérculos y debajo de los ojos Por término medio las hembras producen alrededor de 100.000 ovocitos por kilo vivo, lo que equivale entre 100 a 230 gr/kg de peso corporal. Sus cáscaras se vuelven adhesivas después del contacto con el agua. Los huevos ya fertilizados son transparentes de tinte amarillento, y quedan adheridos a la vegetación sumergida, para no caer sobre un sustrato anóxico. Luego de fertilizados poseen entre 1 y 1,8 mm de diámetro. Bajo condiciones favorables pueden llegar a eclosionar hasta 50% de ellos. Muchos peces se alimentan de estos desoves masivos, siendo su principal predador en Europa el nase (Chondrostoma nasus). El desarrollo embrionario demora alrededor de tres días a 20-23 °C (60-70 grados/días). Al eclosionar las larvas miden de 5 a 6 mm, y portan una pequeña vesícula vitelina que absorben rápidamente. Bajo condiciones naturales, los peces eclosionados se pegan a un substrato, colgando en posición vertical durante 2 días después de la eclosión. Alrededor de tres a cinco días después de la eclosión se desarrolla la parte posterior de la vejiga natatoria, las larvas nadan horizontalmente y comienzan a consumir alimento externo con un tamaño máximo de 150-180 µm (principalmente rotíferos).

ARSENAL SENSITIVO Quienes comiencen a pescar carpas con mosca, notaran que en relación a otros peces deportivos es una especie más sensitiva. Un motivo es el Aparato de Weber, que conecta el oído interno con la vejiga natatoria, a través de una serie de huesecillos derivados de las primeras vértebras. La vejiga natatoria hace de amplificador, ya que el


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aire es más compresible que el agua y mejora la estimulación del nervio auditivo. Y cuanto más grande es el pez, mayor es el efecto. El Sistema de Weber tiene la función de intensificar el sonido que pierde fuerza en la transición de un medio a otro (aire/agua), o mejorar la discriminación de sonidos simples en ambientes muy ruidosos. Mientras los peces generalistas como las truchas escuchan en frecuentas de 30 a 500 HZ, los especialistas como la carpa pueden abarcar frecuencias de 40 a 2500 Hz. Otro carácter es que poseen una reacción de miedo producida por una feromona de alarma. Esta última explica muy claramente como ante el peligro, cambian inmediatamente su actitud con el cardumen huyendo en perfecto bloque. No existen estudios que indiquen como ven las carpas, aunque es altamente probable que sigan las reglas generales de otras especies ícticas similares. En la retina de los peces hay dos tipos distintos de células fotorreceptoras: los conos y los bastones. Los conos permiten ver colores, y discriminar detalles finos de contorno y forma. Pero poseen la desventaja que necesitan de mucha luz para funcionar. Algo solo posible en aguas cristalinas o con mucho sol. Los bastones proveen una visión borrosa y en tono de grises, pero tienen la ventaja que se desempeñan a baja luminosidad. Por lo tanto son muy relevantes con aguas turbias o en momentos de luz marginal (atardecer y amanecer). De hecho son las células que permiten la visión nocturna. La repercusión en la pesca de estos fenómenos es enorme, ya que es mucho más fácil acercarnos y engañar un pez al momento ve con bastones. Con luz restringida, los colores se vuelven menos relevantes. Lo que necesitamos es una mosca de buena silueta y un color contrastante (negro, chocolate u oliva oscuro) que se recorte contra los exiguos destellos superficiales.


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La cosa cambia, y mucho, en aguas cristalinas, donde la percepción visual se incrementa notablemente. Aquí los colores, formas y detalles se vuelven relevantes. Y no solo con la mosca; el acercamiento, posicionamiento y la presentación tendrán que ser muy cuidadas para no delatar nuestra presencia. En su boca el sentido del tacto está sumamente desarrollado, una especie de “mano tubular”, que le permite inspeccionar objetos con mucho detalle. Y al pescarlas rápidamente descubrir el engaño y resoplarlo. Se le agregan sus cortas barbillas que incrementan al tacto en el área ciega bajo su boca. En referencia a los sentidos del gusto y el olfato, sumamente desarrollados, el apartado “Estímulos químicos”, del Capítulo Moscas, se exponen varias teorías personales sobre como impactan en su pesca.

IMPACTOS PRODUCIDOS POR LAS CARPAS Las carpas son considerados "ingenieros del ecosistema" o "modificadores clave", por los fuertes efectos que tienen en las aguas que colonizan. Aquí una descripción de los más importantes, que cita la bibliografía científica: -Gran efecto estructurador en las comunidades bentónica, que suelen variar drásticamente en número y composición. -Crecimiento individual rápido que le permite escapar de la depredación a una edad temprana, y competir por alimento en mejor condición. -Competencia por simple ocupación física de un lugar. Como ejemplo, en las productivas lagunas bonaerenses, a través de la pesca comercial se han logrado valores superiores a 400 kg/ha de carpa por año. -Reducción de la biodiversidad nativa. Con el pejerrey bonaerense se establecería relaciones en forma directa (predación de los desoves) e


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Gabriel Distilo en la Laguna Grande de Arroyito. El desarrollo sensorial de la carpas le impone al pescador acercamientos muy cuidados (Foto Diego Flores).

indirecto (solapamiento trófico). En las lagunas bonaerenses las carpas habrían desplazado principalmente a los sabalitos. La tararira, que de adulta es sumamente resistente, posee un estadio llamado “larva roja” que sería muy vulnerable a la depredación de las carpas. -Daño a la vegetación arraigada, que es una parte integral de funcionamiento de los ecosistemas. En parte por la generación de alimento (microhábitats y heterogeneidad ambiental), y por reducir los sitios de desove disponibles para especies fitofílicas, como el pejerrey y la perca. -Modificación del régimen de nutrientes, tendencia a la eutrofización a través de la resuspensión de sedimentos, la resolubilización de nutrientes y la excreción excesiva de nitrógeno. -Estimular la floración de algas fitoplanctónicas, por el aumento en la liberación de nutrientes de los sedimentos. También por consumir zooplancton que regula la población de algas unicelulares. Esto favorece la proliferación de algas cianofitas, potenciales causantes de


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floraciones que pueden provocar mortandades masivas de peces al liberar ictiotoxinas o por simple depleción del oxígeno disuelto. -Estructuración de las poblaciones de aves acuáticas. Un estudio en la laguna de Zoñar en España, mostró una caída en la densidad de especies zambullidoras (que se benefician con aguas claras), y un incremento de aves ictiófagas (garzas y cormoranes) -Perturbación física del agua, al revolver los sedimentos del fondo durante la alimentación, que incrementa la sedimentación y la turbidez. Como el agua turbia absorbe más calor, puede influir en el aumento de la temperatura. A su vez disminuye la capa fotosintética. -El retorno de material decantado a la columna de agua, puede afectar a la eficiencia alimentaria de peces predadores que se valen de la vista para cazar, como dientudos y tarariras. -Disminución de la supervivencia de peces juveniles y adultos ligados a la vegetación acuática. -Otro importante aspecto a tener en cuenta es el riesgo de la introducción de parásitos. En Estados Unidos de las 170 especies de parásitos hallados en la carpa, 138 fueron introducidas. En Brasil, el gusano del ancla (Lernaea cyprinacea) fue introducido junto con la carpa. Está claro que la carpa aporta más efectos negativos, que positivos al área donde se la introduce. Aunque también es claro que en nuestro país se le achacan muchos más perjuicios de los que le corresponden. Si hablamos de alteraciones radicales en los ambientes acuáticos el hombre es el principal culpable, obrando en favor de la carpa, y/o en contra de las especies nativas. En el Río Negro es una de las causas del cambio de la comunidad íctica, junto al pésimo manejo de represas, el aumento demográfico y graves eventos de contaminación. En el ámbito bonaerense lo más grave también corre a cargo del hombre con la agresividad de los nuevos métodos agricologanaderos, canalizaciones salvajes,


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destrucción de áreas de nursery y desovaderos, contaminación química y el aporte desmedido de nutrientes. En muchos casos estos son los eventos que barrieron a la fauna íctica nativa, y las carpas perduraron por su gran rusticidad, fecundidad y resistencia a la contaminación. Y la persistencia de la carpa en ambientes deteriorados podría deberse más a su capacidad de soportar condiciones adversas, que a su capacidad para modificarlos. Por su rusticidad, plasticidad y alta fecundidad, siempre que la carpa ingresó a un ambiente nunca pudo ser erradicada. La introducción de depredadores para controlarla, u onerosos programas de pesca dirigida, tuvieron resultados entre dudosos y desastrosos. Los únicos casos donde hubo éxito fue en ambientes pequeños, donde se exterminaron químicamente a todos los peces, y luego se reintrodujeron los nativos. Un mito con respecto a la carpa es que sus huevos se adhieren al plumaje de las aves, permitiendo la colonización de nuevas áreas. Esto es falso, porque resultan demasiado frágiles a los cambios de temperatura o la exposición al aire.


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Capítulo 2 CULTURA Y ANTROPOCORIA En Argentina existen innumerables registros, seguimientos e investigaciones sobre la introducción de los salmónidos, pero no ocurre lo mismo con la carpa común (Cyprinus carpio). Algo llamativo ya que es el pez exótico de más larga en nuestro territorio, traído en la segunda mitad del siglo XIX, varias décadas antes que las siembras patagónicas impulsadas por el Perito Moreno. La llegada de la carpa al país es el resultado de un proceso de miles de años de antropocoria, que terminó transformándolo en un pez de agua dulce cosmopolita, y uno de los teleósteos más investigados y cultivados del mundo. Mucho se apoya en aspectos biológicos como su plasticidad, rusticidad, tolerancia al manejo, una dieta muy variada, alta conversión alimentaria, rápido crecimiento y elevada fecundidad. Se le suman amplios rangos de tolerancia en cuanto a contaminación, temperatura, oxígeno disuelto y salinidad. Una “máquina biológica”, capaz de producir proteína animal de alta calidad a un costo muy bajo, en los lugares menos imaginados. Hoy, por su capacidad invasora y las modificaciones que produce en los ambientes acuáticos, la carpa forma parte de las lista de las “100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo” de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Esta lista de los “100 infernales” es compartida con peces de importante valor deportivo y/o comercial como la perca nilótica, la trucha arco iris, la trucha marrón, el black bass y la tilapia.


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CARPICULTURA Y DISTRIBUCIÓN POR EL MUNDO La domesticación de plantas y animales representó un evento crucial de la historia humana. Interrogantes acerca de dónde y cómo los organismos fueron domesticados por primera vez, son razón de estudios profundos. El cultivo de carpas o carpicultura es el más inmemorial de todos los conocidos, ya que era practicado por sumerios, chinos y romanos. Las referencias más antiguas datan del 3500 A.C. en la antigua China, y ya en el 1400 A.C. existían leyes de protección frente a los ladrones de pescado. El primer tratado conocido sobre carpicultura “El cultivo clásico de peces” es atribuido al acuicultor chino Fan Li en el año 475 AC. Como metodología practicaban la recolección de sus huevos y larvas en las aguas naturales, para luego sembrarlas en los estanques, donde se las cultivaba hasta alcanzar su peso de mercado. En las culturas orientales existen registros de más de 2000 años de antigüedad que atestiguan el traslado de peces a los campos de arroz con variados propósitos: control de larvas de dípteros vectores de parásitos, control de malezas acuáticas, abono del fondo, fuente de proteína animal, recreación y esparcimiento. La carpa es una de las pocas especies capaces de satisfacer todos sus requerimientos dentro de un arrozal, y actualmente es la especie más cultivada para estos fines. Aunque no se puede determinar con precisión el momento en que comienzan a producirse las primeras introducciones de carpas en Occidente, se sabe que los romanos tomaron la carpa común de la cuenca del Danubio y la distribuyeron por otros países del imperio. Justamente la rusticidad de este pez le permitió sobrevivir a los rigores del transporte de la época, en pequeños recipientes durante semanas o meses. Ya en occidente, Plinio el Viejo atribuye al general y cónsul romano Lucinius Muraena, el invento del “estanque de cultivo” (llamado piscinae) y cita las grandes ganancias que su explotación comercial


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generaba en el siglo I. Los mismos aseguraban un suministro permanente de peces frescos, independientemente de las condiciones meteorológicas y el éxito de la pesca. Su importancia creció con el desarrollo de los hábitos culinarios de lujo. Aunque la idea original era almacenar pescado para fines gastronómicos (atracción gourmet), más tarde derivó en la contemplación o la cría de peces como mascotas, costumbre que se convirtió en moda. Por entonces Claudio Eliano, en el siglo II D.C. describió en forma precisa a las carpas, refiriéndose como “kyprianos, un pez negro capturado a través del hielo durante el invierno en el Danubio“. Así la carpa se transformó en un alimento de lujo en el período romano medio y tardío. Buena parte del éxito de su cultivo en estanques, se basa en su capacidad de aceptar cereales proporcionados por los granjeros.

HAMBRE E INFLUENCIA RELIGIOSA Tras del colapso del Imperio Romano y el establecimiento del cristianismo, se continuó la cría en estanques de los monasterios. Muchos estiman que la carpa comenzó a ser distribuida a gran escala como alimento por griegos y romanos, en sitios no originarios de Europa entre los siglos XI y XII. Pero modernas investigaciones muestran que los transportes fueron mucho más antiguos, con las primeras carpas viajando al oeste del Danubio en los siglos I y II D.C. Y así hace casi 2000 años, con las inevitables fugas, estos peces fueron traslocados a la península itálica. El registro fidedigno más antiguo pertenece a Casiodoro, secretario del rey ostrogodo Teodorico el Grande (475-526 DC). En el recibió la orden del transporte de la carpa salvaje, desde el Danubio hasta Roma, “para imitar y continuar con los gustos y hábitos romanos”.


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En la Edad Media, los peces eran una de las fuentes de proteínas de calidad de más fácil acceso para las poblaciones ribereñas de ríos o lagos.

En la Edad Media, los peces eran una de las fuentes de proteínas de calidad de más fácil acceso para las poblaciones ribereñas de ríos o lagos. Carlomagno (768-814 DC), el primer emperador santo, es conocido por instruir a sus arrendatarios sobre la mantención de los estanques, muy preocupado por la caza furtiva y la regulación de la pesca. A su vez el obispo y destacado teólogo Alberto Magno (11931280) fue quién escribió por primera vez sobre la cría de carpas en estanques. La información al respecto es vaga, por la hermeticidad que los monasterios ejercían sobre el conocimiento. El tratado filosófico y de historia natural “Liber Subtilatum“, ya habla de peces silvestres en el río Rin (Alemania) a partir del 1200. En similares fechas pasaron a Francia, Inglaterra y Holanda. Las apreciaciones de que recién arrivaron a Inglaterra en 1514 gracias a Leonard Mascal son erróneas; las carpas llegaron mucho antes. A su vez la tradición de los estanques en el territorio checo se remonta al siglo XII, cuando en 1115 fue edificado el primer estanque


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artificial en Bohemia. Esta obra se realizó tras decreto emitido por el Monasterio de Kladruby. La carpicultura en Europa fue errática hasta que tomó fuerza en la Edad Media (XIII y XVI), por intermedio de los monjes y clérigos de las abadías, impulsada por las hambrunas del período tardío. Se la realizaba en estanques alimentados por ríos o arroyos, en que básicamente se engordaban carpas y truchas marrones. Este fenómeno se vio fuertemente impulsado por las creencias religiosas de la época. La Iglesia Católica siempre tuvo pruritos en comer la carne de mamíferos en ciertos períodos del año, un fenómeno muy asociado a la lujuria por su cópula interna. A partir el siglo XII la Iglesia reforzó la observancia estricta de la “Regla de San Benito de Nursia”: se prohibía comer carne los viernes, sábados, durante las 4 semanas de Adviento y los 40 días de la Cuaresma. Sumado a la recomendación de los miércoles, la cifra oscilaba entre 120 y 180 días anuales. Y justamente los monjes, monjas y los sacerdotes, fueron los que tuvieron que seguir las normas de ayuno con más obediencia. La segunda obligación era que los peces tenían que ser vendidos con vida. Caso contrario, tenían que ser salados, secos o ahumados. Para las personas que vivían cerca del mar, especialmente en Inglaterra e Italia, no fue un gran problema. Lo contrario ocurrió en países o regiones alejadas de la costa. De allí que la carpicultura tome forma principalmente en Europa Central, la actual Checoslovaquia y Alemania. Los monjes fueron los pioneros en aplicar la selección artificial privilegiando las carpas más grandes y rechonchas, aumentando así el tamaño medio de la especie. Otro paso fue seleccionar ejemplares con anomalías genéticas, como la falta de escamas, desarrollando las primeras carpas royal o espejo. El objetivo final era conseguir carpas muy pesadas con mucha carne y pocas escamas, más fáciles de limpiar. La acuicultura medieval europea se dividió rápidamente en dos ramas: las granjas de truchas desarrolladas principalmente en áreas


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montañosas, mientras que el cultivo de carpas (y otros ciprínidos) se producía en tierras bajas y cálidas, donde tenían un mejor crecimiento. Los típicos “estanques de carpas” eran pozas eutróficas, poco profundas, con un fondo fangoso y una densa vegetación acuática. Estos acontecimientos medievales explican (en parte) la falta de consideración, y el posterior odio de las carpas en Argentina. Españoles e italianos, la base de nuestra inmigración, siempre consumieron peces de mar, despreciando los de agua dulce a excepción de los salmónidos. Como excepción se encuentra el pejerrey, de características organolépticas muy similares a un pez marino. Lo contrario hubiera sucedido de haber recibido una mayoría de inmigrantes del centro o este de Europa. Por ejemplo, en Polonia, la República Checa y Eslovaquia, una comida muy habitual consiste en carpa frita con ensalada de patatas y sopa de pescado o col. Allí la carpa forma una parte muy importante de la tradición navideña, de manera equivalente al pavo asado en EEUU o Inglaterra. Queda patente que las fuerzas que trajeron la carpa a nuestro país no son antojadizas y que los acontecimientos actuales en relación a este pez, hunden sus raíces en culturas antiquísimas y miles de años de historia y antropocoria. La salmonicultura y la carpicultura tienen caminos fuertemente interrelacionados, por componentes religiosos y culturales. El primer método completo de cría de estos peces en Europa fue descripto en el siglo XVI por el monje checo Jan Dubravius, que documentó los principios de su propagación y el manejo posterior en estanques. En el año 1758 se inició una nueva fase del cultivo por Stephen Ludvig Jacobi, quien fertilizó por primera vez ovas de trucha artificialmente. Este trabajo resultó una curiosidad científica en ese tiempo, que luego fue olvidada. Los investigadores Garlick en EE.UU., así como Nicolsky y Vranski en Rusia, desarrollaron los principios para el manejo de la trucha, y sus experiencias influenciaron directamente las tecnologías de manejo de la carpa. Los conocimientos genéticos evolucionaron al punto que hoy no es necesario experimentar, y


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esperar los resultados durante años. Las técnicas de laboratorio permiten una selección más rápida y efectiva, actuando directamente sobre el embrión, para elegir variedad, anatomía o sexo.

DISTRIBUCIÓN POR EL RESTO DEL MUNDO La carpa es introducida en Norteamérica en el siglo XVII, y registros ictiológicos del siglo XVIII ya la señalan como un pez común en las aguas dulces norteamericanas. Julius A. Poppe fue uno de los primeros y más exitosos acuicultores de EE.UU., a partir de 5 reproductores carpa traídos de Alemania en 1872, en su próspera granja de California. En 1877 la Comisión de Pesca de EEUU inició un programa intensivo de siembras, seguida de las comisiones estatales a partir de 1883. En 1896 invaden los Grandes Lagos, donde penetran al Ontario a través del río Holland. En 1912 se encuentran poblaciones con altos índices de crecimiento en Canadá en la cuenca del río Okanagan, en plena Columbia Británica. Con la llegada del siglo XX, la introducción de la carpa fue tan exitosa que los organismos públicos y deportistas la consideraron una grave molestia. Al igual que en Argentina, la carpa común se introdujo en Chile, Australia y Brasil durante el siglo XIX. Posteriormente en 1914 fueron introducidas en Madagascar. En 1925 en Marruecos y los lagos de Zimbabwe procedentes de Francia. En Egipto llegaron en 1939 procedentes de Indonesia. Las aguas de Nigeria, Ruanda, Ghana, Uganda, República Centroafricana y Camerún fueron repobladas con carpas provenientes de Austria. Sudán con carpas de la India. En 1935 ingresa en Israel y a mediados del siglo XX su distribución, a través de la acuicultura y la cría de ornamentales, las vuelve cosmopolitas.

INTRODUCCIÓN EN ARGENTINA: SARMIENTO Y LAS CARPAS La carpa es el pez exótico de más larga data en la República Argentina, introducida con fines comerciales durante la segunda mitad del siglo XIX, en una difusa coyuntura de intereses privados y estatales.


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Históricos relacionados con la primera introducción de carpas en Argentina. De izquierda a derecha: Julio Argentino Roca, Federico Lacroze y Domingo Faustino Sarmiento.

Al presidente Domingo Faustino Sarmiento (1811/88) se le atribuye el ingreso de numerosas especies exóticas invasoras, con el gorrión (Passer domesticus), el paraíso (Melia azedarach) y la carpa, como las más célebres. Con los gorriones la versión de mayor sustento indica que fueron introducidos en 1871, cuando el cervecero suizo alemán Emilio Bieckert llegó por primera vez a la Argentina. Cuenta la historia que entre sus pertenencias poseía una jaula con varias parejas de gorriones, algunos nacidos en altamar. Como la aduana le exigía un oneroso arancel soltó los pájaros, diciendo: "Todos juntos no valen un cobre. Que regresen a Europa si quieren". Y así se dispersaron por la costa noroeste del Río de la Plata. Sarmiento comentó en varias ocasiones sobre su presencia en la provincia de Buenos Aires, y que era un hecho positivo porque operaba como control de plagas para la agricultura. Sin dudas el relacionamiento de Sarmiento con las carpas surge de uno de sus libros menos conocidos, llamado “Las Carpas” publicado en 1882. Inspirado en la comedia “Los Pájaros” de Aristófanes es una obra satírica y política, que gira en torno al alboroto y la burocracia estatal, de lo que todo indica fue la primera introducción de carpas en Argentina. Hecho que terminó con el despido de un Superintendente de la Nación, su Consejo, y fue comentado por importantes periódicos de la época. De hecho el mismo Sarmiento participó del proceso como


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acusador y testigo; muchos pasajes son cartas o están narrados en primera persona. No es un libro fácil pero varias frases sirven para entender los acontecimientos: “se llama “las carpas” a la serie de escritos que el advenimiento al país de unos pececillos provocó, muy gustados a la medida que iban apareciendo, ante un público tan benévolo y malicioso”… “La llegada a esta parte de América de las llamadas carpas, pez que ahora saben nuestros consejos es muy socorrido para el uso doméstico, pues una huevada suya contiene seiscientos mil pececillos”,… “Tan ruidosa entrada de las carpas en la vida de nuestros lagos merecía una inscripción epigráfica o una medalla conmemorativa, cuyo diseño bosquejarían los artistas del “Mosquito”, cuanto más no fuera para que los futuros que comieran carpas en Córdoba, no olviden cuantos sufrimientos cuesta cada progreso a la pobre humanidad, y la influencia que sobre su suerte ejercieron siempre los animales”, .. “aunque en esta última década del siglo, la “piscicultura” sea una de las grandes preocupaciones de la opinión, y muy atrasado de noticias está el hombre que ignora que viajaban hoy salmones, carpas, truchas, como antes merinos, vacas o cerdos, para dotar a los pueblos de nuevos elementos de alimentación”. Cabe destacar que la resistencia a su ingreso no tenía que ver con cuestiones ecológicas, ciencia hasta el momento desconocida, sino a la resistencia ante lo desconocido. Cuenta el libro que el ideólogo y mecenas de esta introducción fue el empresario Julio Alberto Lacroze (1838/90), con una remesa de 50 ejemplares adultos traídos de Europa en un viaje en barco de 26 días, “Para progreso de nuestra patria. Y con ánimo de enriquecer al país con tan suculento, sabroso y socorrido pescado doméstico”. Su llegada fue el viernes en 17 diciembre de 1881, hubo que encontrarle un vivero en Palermo que no había, y fue encargado al señor Victorica. Solo sobrevivieron 20 o 30 que fueron volcados en lagos que parecen ser los del actual Zoológico.


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El propósito era que 10 ejemplares partieran para Córdoba, para ser aclimatados y cuidados por los Dr. Augusto López y Enrique Rodríguez, en el Paseo de Sobremonte donde existía un pequeño lago. Aunque al momento de imprimir el libro todavía no habían llegado, por falta de quien las lleve. Por las fechas, es indudable que Federico Lacroze estaba muy al tanto de las políticas y objetivos de la Comisión de Pesca de EEUU para con la especie. Sarmiento narraba: “Después de trescientos años, las carpas del lago de Córdoba, como en los estanques del palacio de Fontainebleau, las carpas tres veces centenarias que llevan el anillo de oro que les puso Francisco I, dirán a nuestros descendientes que aquí las trajo uno que fue Superintendente, y que en aquellos tiempos fue suprimido a causa de ellas”. Estudios científicos indican, aunque sin demasiadas precisiones, que parte de esas carpas fueron enviadas al sur de la provincia de Entre Ríos.

NUEVAS INTRODUCCIONES EN CAPITAL FEDERAL Y BUENOS AIRES Los registros se pierden en el tiempo, y se desconoce que sucedió exactamente con los peces traídos por Lacroze. Aunque con seguridad no se extinguieron, y sirvieron de reproductores para sucesivos eventos de antropocoria. Al respecto el ictiólogo Emiliano Mc Donagh del Museo de la Plata del Museo de la Plata, trascribe una carta de 1925 que le enviara Carlos Thays (1849/1934), célebre paisajista que diseñó los Lagos de Palermo y el Parque 3 de Febrero: “En contestación a su amable nota del 23 del ctte., con respecto al origen de las carpas en el Lago de Palermo es el siguiente: entre los años 1925 y 26 el Ministerio de Agricultura de la Nación, sembró huevos de ese pescado en los lagos de las plazas Constitución, Recoleta y Garay, donde se procrearon y fueron la felicidad de los chicos del vecindario al dedicarse a la pesca, con el consiguiente trabajo de vigilancia de la Dirección de


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Paseos para evitar la persecución de los mismos. Cuando en 1930 asumió la Intendencia don José Guerrico una de las primeras medidas que tomó fue proceder a la demolición de las grutas que existían en esas plazas, levantadas por don Torcuato de Alvear. Al desagotar los lagos que desaparecieron nos encontramos con carpas hasta de dos kilos que fueron llevadas al Lago de Palermo y al Jardín Botánico donde me ocupé en multiplicarlas en la pileta existente sobre Plaza Italia, y que deben existir”. Según informes, en 1932 otros ejemplares del mismo estanque del Jardín Botánico fueron llevados a una pequeña laguna situada a unos cincuenta kilómetros de Buenos Aires, en las cercanías de La Plata. No se sabe cómo, pero estas carpas se introducen al sistema del Río de la Plata. En 1945 el Dr. Mc Donagh describe el primer ejemplar capturado en un medio silvestre: una carpa de espejos en la zona de Ensenada. En 1967 el Dr. Candia, mencionan la captura de dos ejemplares más, en las mismas costas, considerándolo como un hecho extraordinario. Es evidente que las fugas de escasos ejemplares, diluidos en un ámbito tan vasto, no pudieron encontrase entre sí para generar una población de importancia, o fueron diezmados por los abundantes depredadores de la época. Lo contrario sucedería en pequeñas lagunas puntanas, más pequeñas, con menos competencia y peces cazadores. Paradojas del destino, la gran avanzada de Cyprinus carpio en Buenos Aires recién se daría 105 años después de las introducciones de Lacroze, tras las grandes inundaciones del río Quinto/Salado en 1986, con la irrupción de millares ejemplares adultos provenientes de San Luis y Córdoba, donde estaban consolidados desde hacía 4 décadas. Recuerdo que en ese tiempo, se empezaron a capturar carpas en el sistema del Salado, las encadenadas del Oeste y el Río de la Plata, en pesos que rara vez excedían los 2,5 kg. Hoy los portes en el Río de la Plata pueden superar los 10 kg, con expectativas máximas cercanas a los 20 kg.


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En las lagunas pampásicas la carpa ha tenido un crecimiento demográfico explosivo, y su natural condición eutrófica colaboró en su propagación. Con el tiempo ha invadido prácticamente todos los cuerpos de agua de la región, favorecida por canalizaciones que comunicaron ambientes distantes e incluso cuencas diferentes. Se agregan siembras voluntarias o involuntarias, como el caso de la carnada viva utilizada por los pescadores y que al finalizar la jornada liberan al medio.

INTRODUCCIÓN EN SAN LUIS Y CÓRDOBA Las primeras introducciones de carpas en la provincia de Córdoba refieren a fines del siglo XIX, y seguramente estén relacionadas con los ejemplares descriptos por Sarmiento. Allí el dos veces presidente Julio Argentino Roca (1843/1914) las llevó a su famosa estancia La Paz, en lagunas y arroyos de la cuenca del río Ascochinga. Recordamos, como ejemplo de la agenda política del momento, que fue en ejercicio de su presidencia cuando se gestionaron las siembras de salmónidos en la Patagonia. Emiliano Mc Donagh narra en una de sus campañas como ictiólogo, que en 1938 ya había emprendimientos privados de carpicultura, en estanques y tanques australianos, en los alrededores de Villa Mercedes (provincia de San Luis). En 1946 fueron enviados al Museo de la Plata ejemplares silvestres capturados con red en la laguna “Tres Amigos” de la localidad de Lavaisse. El Dr. Federico Cantoni, uno de los dueños de ese espejo, lo sembró a partir de reproductores obtenidos en 1943 en el Jardín Botánico. Las mismas eran capturadas con red en la laguna, y vendidas frescas a Mendoza a través del ferrocarril, teniendo su carne por entonces muy buena aceptación. Tras estos emprendimientos privados, nuevamente el Estado realiza una siembra oficial de carpas en 1946 en el lago San Roque, el más antiguo de los embalses de tipo moderno construido en Latinoamérica. Esta introducción tenía como fin evitar la proliferación


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de la vegetación acuática, como alternativa al uso de herbicidas, y generar alimento en ámbitos donde los peces nativos eran muy escasos. Posteriormente por una mezcla de iniciativas estatales, privadas o simples fugas, las carpas colonizan los diques Los Molinos, embalse Río Tercero y Cruz del Eje, entre muchos otros. De allí en más se irradian a todas las aguas aptas en las cuencas de los ríos Primero, Segundo, Tercero y Cuarto. Y a través del Tercero toman contacto con el río Paraná. A pesar de tantas décadas, y aunque no hay una barrera física que se lo impida, las carpas no colonizaron en forma efectiva las secciones medias y superiores del río Paraná, siendo relevantes solo en la sección deltaica más inferior (de Cinco Bocas hacia el estuario). Lo mismo corre para ríos como el Dulce Medio, Uruguay o Juramento. Indudablemente especies cazadoras como dorados, palometas y pirañas resultaron predadores sumamente eficientes que la mantienen a raya. Basta imaginarse a una suculenta masa de carne de aletas ondulantes entrando a un madrejón paranaense, ¡y la alegría de estos carnívoros al verla! Una pregunta sumamente esclarecedora sería ¿porque la carpa se volvió tan numerosa en los ámbitos pampásicos, en contraposición a los ámbitos típicamente paranaenses? Los biólogos opinan que como en la Pampasia las especies paranenses se hallan en una situación marginal, la carpa se vería favorecida por una baja competencia interespecífica, de depredación, y una disponibilidad permanente de recursos que no son enteramente explotados.


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Publicación de Emiliano Mc Donagh de 1948, y dos ejemplares de carpa provenientes de San Luis. Arriba una común, y abajo una espejada lineal.

Ello no sucedería en los ámbitos típicamente paranaenses, de mayor biodiversidad con nichos bien ocupados, donde la competencia y la predación es muchísimo más alta.

CARPAS EN MENDOZA Y SAN JUAN En una reciente visita al Instituto Hidrobiológico de San Juan, donde son criadas carpas desde larga data, los técnicos me contaron que su introducción en la región ocurrió a fines de siglo XIX por iniciativa de Sarmiento. Al respecto existen dos hipótesis: o no fueron volcadas a ámbitos naturales o se trata de una información falsa. Ello se explica porque debido a los sucesivos desbordes del sistema del Desaguadero en el siglo XX, hubieran llegado mucho antes al río Colorado. Mi hipótesis es que su volcado al sistema del río Atuel se debió a una siembra en el embalse Nihuil (finalizado en 1941), como alimento y control de malezas acuáticas. Y que lo mismo ocurriera más tarde en otros embalses cuyanos donde su presencia es muy habitual.


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En Cuyo sucede algo muy similar a Europa, mientras los salmónidos son los exóticos dominantes en las aguas frías y rápidas cordilleranas, las carpas encuentran su habitad ideal en aguas más bajas y cálidas del llano. Como por ejemplo las Lagunas de Guatrache, hoy casi desaparecidas. Al igual que en Córdoba, las políticas estatales cuyanas potenciaron la siembra de especies no nativas, en áreas donde existe una alta demanda de peces pero una baja productividad de especies nativas.

CARPA EN LA PATAGONIA, ÁREA DE ESTEPA El ingreso de las carpas a la cuenca del río Colorado se dio a mediados de la década del 80´ cuando el río Curaco, portador del sistema del Desaguadero, desbordó a la altura de la reserva Pichi Mahuida. En la cuenca del río Negro, el primer registro data de 1995 y fue realizado por Claudio Naim Peréz, en un brazo del río Negro ubicado en la estancia Peumayen, a la altura de Guardia Mitre. Uno de sus clientes pescadores de pejerrey le había hablado de robustos peces negros, mucho más grandes que una perca. Por curiosidad puso una red en el lugar, y capturó un ejemplar de 35 cm completamente desconocido. Lo llevó al IDEVI para que lo analizaran, y allí se percataron que era una carpa. Claudio recuerda como los técnicos exclamaban - Este es el cáncer del río -. Son muchas las teorías sobre cómo llegaron estos peces a la cuenca del Río Negro. Siempre se habló de una siembra estatal o privada para control de malezas en los canales de riego del Valle Inferior. Incluso biólogos de la Dirección de Medio Ambiente de Coronel Roca, no descartan un trasvaso natural entre el Colorado/Negro, durante una crecida excepcional. La teoría con más sustento es la que maneja el Doctor en Biología Jorge Bridi, subsecretario de Pesca de Río Negro. Entre los años 1992/93 dos barcos de nacionalidad ucraniana, ingresaron sin aviso previo al puerto de San Antonio Oeste. En contravención, y sin una


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empresa que los respalde económicamente, sus restos continúan oxidándose en el lugar. Tras un conflicto de meses parte de su tripulación, empobrecida y librada a su suerte, volvió a Europa como pudo. Otra se reencontró con compatriotas en el Valle Medio (entre Pomona y Luis Beltrán). Afincados allí, trajeron carpas del río Colorado para sembrarlas en la laguna “El Pejerrey” de la isla Choele Choel, para poder pescarlas y comerlas según su cultura. Y con la primera creciente, colonizaron el río principal. Bridi afirma que el IDEVI realizó experimentos de control biológico para solucionar el tema de las malezas en los canales: pero con sogios, nunca con carpas. En esta última cuenca lo único que detuvo su migración aguas arriba fueron las represas: Arroyito sobre el río Limay Inferior, y el Ingeniero Ballester sobre el río Neuquen. Aunque en el caso del Ballester, en realidad se trata de una exclusa que se abre desde el lecho hacia arriba, y si los peces superan este flujo de agua podría pasar aguas arriba hasta el dique el Chañar. En el lago Pellegrini, hasta donde se sabe, no está constatada su presencia. Un tema candente es su posible paso a la sección conocida como Limay Medio, un pesquero de truchas marrones de clase internacional. El vector más preocupante serían los pescadores de pejerreyes patagónicos (y furtivos de trucha) que se valen de carnada viva recolectada en el Limay inferior o Río Negro, con trampas de botellas de plástico y cebo de pan, para su uso en los embalses Ezequiel Ramos Mexía, Piedra del Águila, y el río Limay Medio. Lo sustenta la habitual práctica de la liberación del sobrante de los pececillos vivos en el sitio de pesca, entre los que podría haber juveniles de carpa, a simple vista muy parecidos a pequeñas mojarras. Algo similar podría suceder en los ríos Neuquen, Valcheta o Chubut inferior, donde la pesca con carnada viva (antirreglamentaria), está culturalmente muy arraigada.


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CARPAS EN LOS PARQUES NACIONALES CORDILLERANOS Las primeras carpas que ingresaron a los lagos cordilleranos de la Patagonia lo hicieron, en algún momento de mediados del siglo XX, como consecuencia de fugas de estanques o sueltas de acuarófilos. Durante la década del 90´, mientras estudiaba Acuicultura en la Universidad del Comahue en Bariloche, profesores como Teresa Bello y Miguel Baiz me hablaron de avistajes de carpas koi asilvestradas, muy fáciles de ver por su coloración, en los lagos Morenito y Nahuel Huapi. Se estima que fueron una consecuencia de fugas accidentales de estanques o juveniles desechados por acuaristas. Otro tanto ocurría con un acuarista de Dina Huapi, profesor también, que las tenía en un estanque conectado al lago Nahuel Huapi por un canal, en el que los peces entraban y salían a voluntad. La tasa de crecimiento de esos peces era tan baja, que en invierno cuando se congelaba el estanque, las tenía que pasar a una gran pecera dentro de su casa. Consultado sobre el problema de generar una población, afirmaba que era imposible, porque la reproducción no es factible en aguas tan gélidas. Los ejemplares fugados jamás desarrollaron poblaciones, ya que las bajas temperaturas inhiben el desarrollo de las gónadas en el periodo crítico de invierno/primavera, en que necesita un mínimo de 17 ºC. En la zona del Bolsón, cuenca del río Puelo, las autoridades de Chubut como el caso Walter Frizzera, ven con preocupación la proliferación de estanques con esta especie. Daniel Wegrzyn y Silvia Ortubay, en su libro “Salmónidos en Patagonia”, cita una fuga sin consecuencias sobre el río Futaleufu, tras una inundación que rompió instalaciones en un emprendimiento acuícola en el río Corinto. Las especies exóticas se descontrolan o generan problemas graves en sitios donde hallan los nichos adecuados para desplegar sus adaptaciones, Ej.: truchas en ámbitos fríos de montaña o carpas en zonas templados de llanura. Donde ecológicamente sobreviven demasiado forzadas, aunque exista reproducción marginal, su impacto ambiental normalmente es despreciable.


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Yendo al caso puntual de nuestros Parques Nacionales Patagónicos, la principal preocupación de biólogos y ecologistas está puesta en la “realidad” de los salmónidos, muy por encima de las “hipótesis” de Cyprinus carpio. Como ejemplo, para el Parque Nacional Nahuel Huapi el pez con mayor valor de conservación es el bagre otuno, cuyo principal predador son las truchas marrones trofeo, paradójicamente las más preciadas por los pescadores con mosca.

PERCEPCIÓN DE LA CARPA EN EL MUNDO La carpa común es una de las especies acuícolas más antiguas y de mayor consumo en el mundo. Según la FAO, la producción de 2008 fue de 3.043.289 toneladas, ascendiendo a 3.228.169 toneladas en 2009 y pasando a 3.444.203 toneladas a finales de 2010; hoy se estima que las cifras ascienden a casi 5 millones. Otra importante biomasa se extrae de los ambientes naturales, como contribución a la alimentación humana. La producción mundial está dominada por China en un 80 %. Muy por detrás siguen Indonesia, Vietnam, la Unión Europea (UE), Rusia, Bangladesh, Brasil, Israel y Siria. Dentro de la Unión Europea, los dos países principales son Polonia y la República Checa, que consumen prácticamente todo lo que producen. La percepción de la carpa cambia muchísimo según los países y con quien se está hablando. En el sudeste asiático, China y Japón poseen un enorme valor cultural. Algo similar sucede en Europa oriental, Alemania, Inglaterra y Francia; este último país poseedor de numerosos récords mundiales. El ejemplo más vivo es el carpfishing, que para la pesca deportiva en Europa resulta el equivalente del bass para EEUU, movilizando una industria de cientos de millones de dólares al año. Con páginas webs y revistas de tratamiento exclusivo, como la conocida “Carpology”, en que muchos expertos la consideran el pez más deportivo del mundo.


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El carpfishing, creado en Inglaterra en 1978 por Kevin Maddocks y Lenny Middleton, es una modalidad de pesca deportiva que está orientada a la captura de grandes carpas. Todos los ejemplares son devueltos al agua, siendo la primera norma del movimiento la pesca sin muerte. El trato de los peces es extremadamente cuidadoso con copos especiales y esteras de recepción, que los mantienen siempre húmedos, sin injurias en el mucus y las escamas. Incluso se llega al extremo de utilizar soluciones desinfectantes para las heridas, sobre todo las generadas por el anzuelo. La selección del tamaño de los ejemplares se realiza a partir del diámetro de un cebo esférico de masa cocida llamada boilie (de "boil" o hervir), sujeto a un montaje especial conocido como hair que deja el anzuelo desnudo. Este sistema es posible porque las carpas se alimentan aspirando el alimento y no mordiéndolo como otros peces; de hecho la clavada se produce cuando lo expulsan. De esta manera el anzuelo casi siempre penetra en el borde de la boca, con mínimas posibilidades de tragadas y evitando daños mayores al animal. Todo se completa con la limpieza del lugar, generando la mínima modificación del medio natural. España representa un caso emblemático, con una brutal colisión de intereses entre fanáticos de la pesca y las nuevas políticas ecologistas. Un caso es la Laguna del Zoñar en la provincia de Córdoba, sitio Ramsar de 32 hectáreas colonizado por las carpas tras una siembra clandestina en 1985. Allí se realizó un programa de eliminación mediante un insecticida llamado Rotenona con un costo aproximado de 700.000 Euros y 4 años de preparación (2003 a 2006) en el que se extrajeron 500 kg/ha de carpa que fueron enterrados con cal en las inmediaciones. Otro caso es la implementación de la polémica Ley 42/2007 que obliga a los pescadores a matar especies alóctonas como carpas, lucios, black bass y truchas arco iris, con severas multas para los que se resistan y sean descubiertos. Ello generó una multitudinaria protesta de 300.000 personas y decenas de ONG, marchando por las calles de Madrid.


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En EEUU la carpa es poco valorada, aunque con referentes o grupos minoritarios en alza que la consideran un gran pez deportivo, o directamente la próxima revolución de la pesca con mosca de agua dulce. Sorprende como se desarrollaron productos específicos para la especie, la proliferación de guías de carpa y eventos como “Carpocalypse”, junto a films de prestigiosos cineastas apoyados por las principales marcas. Algunos ejemplos son “Carpology I y II” de Todd Moen, o “Carpland” que ganó los premios 2015 de la revista “Drake” a las categorías “Fly Fishing Movie of the Year” y “Best Story”. Un panorama impensado apenas 10 años atrás. Australia es el mejor ejemplo de una impresión negativa, donde ni siquiera se lo considera un pez deportivo. Recientemente su gobierno anunció un polémico plan para erradicarla, mediante la liberación del virus del herpes CyHV-3 o KHV, que ataca riñones, branquias e hígado. El proyecto llamado “Carpagedón” es impulsado por Barnaby Joyce, el ministro australiano de Agricultura. Se espera que el virus se libere por primera vez en 2018 en las cuencas de los ríos Murray y Darling, al sureste del continente, donde las carpas representan hasta el 90% de la biomasa de peces. Si bien el Ministerio de Ciencias asegura que este herpes no tendría impacto en el ser humano o los peces nativos, se desconoce que podría suceder en caso de una mutación. Otro de los perjuicios serían cientos de toneladas de pescados pudriéndose en el agua.

PERCEPCIÓN DE LA CARPA EN LA ARGENTINA En nuestro país la carpa es poco vista en pescaderías, y en la mesa se la considera un pez de baja calidad “con gusto a barro”. La única excepción son pescadores locales que las capturan para consumo cerca de sus casas, o las numerosas colectividades asiáticas. Casos


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El film Superfish, el primero dedicado a la carpa con mosca en Sudamérica. Realizado por Pablo Saracco, contó con la producción de Andrés Ramos y Gustavo Monteseirin. Diego Flores fue uno de los pescadores participantes.

emblemáticos son los eventos del Ceppyt en Villa Regina, para promover el consumo de la llamada “carpa patagónica” junto al chef Leonardo Perazzoli, o los productos artesanales a base de carpa de Leandro Pistagnesi, de Allen. En Argentina los cultivos acuícolas de carpa son muy pequeños, y los ejemplares provenientes de pesquerías comerciales en las lagunas bonaerenses, incluidas sus huevas, se venden al exterior a través de frigoríficos Santa Fe y Entre Ríos. Los grupos ecologistas argentinos, como en todo el mundo, desean la erradicación de toda especie exótica, y la carpa es una más entre ellas. Aun así la percepción negativa parece ser notablemente inferior a los salmónidos, extensamente distribuidos (y protegidos) en muchos Parques Nacionales, y sobre los que pesa la posible extinción de varias especies. Casos emblemáticos son el bagre otuno, la peladilla, la mojarra desnuda, el macá tobiano, y numerosos invertebrados y anfibios endémicos de la Cordillera y las Sierras Pampeanas. Aviva la polémica la gran valoración de los salmónidos por parte de los


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pescadores deportivos, que se reconocen a sí mismos como ecologistas cuidándolas o sembrándolas, y las divisas económicas que representan. Dentro de la comunidad de pescadores, la percepción varía según las regiones y los grupos consultados, aunque en general su prensa es mala. Entre los pescadores de pejerrey, mayoritarios en la región pampeana, la carpa es una “porquería” por su efecto negativo sobre las flechas de plata y su menor valor como alimento. Visión que también comparten con la tararira, uno de los principales depredadores naturales de estos aterínidos. Los pescadores de artificiales (mosca y señuelos) también ven a la carpa como una entidad negativa, por cómo afectan a la tararira, uno de sus peces más valorados. Por el contrario muchos pescadores costeros del Río de la Plata lo consideran un gran pez trofeo, al nivel del dorado, la boga o el pejerrey. En las regiones cuyanas y cordobesas, donde la carpa lleva largas décadas aclimatada, la situación oscila entre un pez deportivo inapreciado, y una posición llamativamente silenciosa respecto a su impacto ecológico. Hoy el grupo de pescadores más volátil corresponde al norte patagónico (Alto Valle), movilizados por las depleciones en las poblaciones de truchas y pejerreyes bonaerenses en los ríos Colorado y Negro. Sus especies deportivas más valoradas, aunque respectivamente sean un exótico y un autóctono traslocado. Aun así los investigadores no vinculan su ocaso exclusivamente a la carpa, sino a su combinación con otros factores aún más preocupantes. Los principales son un agresivo manejo de caudales por parte de las represas, la explosión demográfica, e innumerables eventos de contaminación con plantas depuradoras colapsadas, agrotóxicos, derrames de la industria del petróleo, y metales pesados por encima de los niveles saludables. Según un informe del Comité Provincial Interjurisdiccional del Río Colorado (2012), solo en 2011 se produjeron 1982 “incidentes


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ambientales”, y a lo largo de los últimos diez años ya se contabilizan más de 10.000, que contaminaron la cuenca con más de 4600 toneladas de petróleo y más de 54.500 toneladas de agua contaminada. En la actualidad el Negro es un río amenazado por los brutales cambios de nivel que propician las represas sobre el río Limay, con infladas y estiajes excesivos que producen grandes mortalidades en los desoves de peces autóctonos (que utilizan las algas costeras como sustrato). Ya en 2006 el experto Neil Ward (de la Universidad de Surrey) ratificó una presencia muy preocupante de naftaleno (subproducto de combustibles fósiles), amoníaco, nitritos, sulfuros y fenoles, sumado a metales pesados como el plomo, mercurio, hierro y cobre (muchos de ellos volcados en forma clandestina en el Canal Grande). En 2015 el Cuerpo Médico Forense de la Corte Suprema validó esos resultados, junto a valores en alza de DQO (demanda química de oxígeno). Otros eventos muy preocupantes son las prácticas de fracking en los alrededores del poblado de Allen, a menos de 1 kilómetro lineal del río. De momento el real impacto de la carpa sobre nuestros cuerpos de agua es aún ignorado. Citando las palabras de los investigadores Miguel Mancini y Fabián Grosman “aún sigue en deuda la elaboración de un estudio integral que valide económicamente a este pez, en donde se contemplen sus aspectos negativos y positivos desde diferentes perspectivas”. Yendo al leitmotiv de este libro que es la carpa con mosca en Argentina, y en paralelo a lo que sucede en el resto del mundo, la situación parece ser un vigoroso despertar sobre su valor deportivo. Una síntesis del mapa argento podría componerse así: resistencia o agresión, tradicionalistas negándola, muchos pescadores expectantes, otros frustrados por su dificultad técnica, y pequeños grupos de fanáticos duros. Estos últimos, aún minoritarios, pero de influyente


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opinión y distribuidos en cada una de las provincias donde habita este pez. Si al dorado, con su enorme valor cultural y deportivo, le costó décadas ser asimilado como “pez mosquero”,… ¿qué le cabe a la vilipendiada carpa? Es difícil saber cómo o a qué velocidad evolucionarán los acontecimientos, aunque es claro que en las décadas futuras Cyprinus carpio será una especie muy significante en el fly fishing del mundo y la Argentina. Y las risueñas rencillas de nuestros inicios, con el film “Superfish” como chispa de ignición, motivo de risas y debates para las futuras generaciones que las pesquen.


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Capítulo - 19 ¿QUÉ HACER CON LAS CARPAS?

Por MARCELO ALONSO6 A nivel mundial, la carpa es considerada una de las especies más potencialmente peligrosas para el medio ambiente, porque posee rasgos que contribuyen a su éxito como invasora allí donde aparece, tanto si es llevada por el ser humano como si llega de forma natural al conectarse las cuencas, por ejemplo en eventos de inundación. Estos rasgos incluyen una amplia tolerancia a variables ambientales que son las que definen la posibilidad de una especie de prosperar en un ambiente dado.

6 Técnico en Acuicultura de la Universidad Nacional del Comahue y Magister del programa de Acuicultura de la Escuela para Graduados de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires. Trabaja desde hace más de 25 años en ecología de peces, particularmente edad y crecimiento, dinámica poblacional y biología pesquera, con el objetivo de aplicar estos conocimientos a la conservación de ictiofauna o a su explotación sustentable. También ha trabajado en aspectos relativos al cultivo de peces, particularmente los efectos sobre el ambiente, la capacidad de carga de los cuerpos de agua y el desarrollo armónico de la actividad acuícola en el norte de la Patagonia. Actualmente estudia del curso superior del río Limay, desde un enfoque ecosistémico, para la conservación de la calidad ambiental y el modelado de cambios de escenarios futuros, como calentamiento global, cambios en los usos de la tierra, aumento del desarrollo urbanístico, entre otros. Se puede tomar contacto en el Departamento de Explotación de Recursos Acuáticos, Centro Regional Universitario Bariloche, Universidad Nacional del Comahue:

-marcelo.alonso@crub.uncoma.edu.ar. -www.acuiculturaenargentina.blogspot.com.ar


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Este preocupante conjunto de efectos no necesariamente pasará en los ambientes en los que la carpa se encuentra, ya que dependen también de las características del cuerpo de agua, los otros componentes de la ictiofauna, la existencia de otros depredadores que puedan llegar a controlar la abundancia de carpas y de condiciones climáticas con eventos extremos que resulten en mortalidades altas de peces, tales como temperaturas muy altas. Dado que es un tema sobre el que hemos trabajado en los últimos años, hablaremos de la carpa del río Negro como un “caso de estudio”. La carpa fue registrada de forma sistemática en el río Negro a partir de mediados de los años 2000, en los estudios que realizó la Universidad del Comahue en ese curso de agua. Los pescadores y habitantes ribereños ya venían advirtiendo su presencia en la zona media del río, pero la captura con redes y pesca eléctrica dio datos precisos. La carpa estaba en la parte inferior y media del río, en números relativamente bajos. En la actualidad, se registra su presencia en los ríos Neuquén y Limay. En este último, se han capturado carpas hasta el paredón de la Represa de Arroyito, es decir que subió de forma natural, en cerca de diez años, desde la localidad de General Conesa, en el Valle Medio, hasta los ríos que dan origen al Negro, siendo detenida por una presa. En el mundo de los pescadores, se habla de peces de gran porte, de hasta diez kilos de peso, y sectores de aguas mansas en los que se pueden ver grandes concentraciones de carpas. Pero un posible problema ambiental dado por la presencia de poblaciones importantes de carpa no debe encararse considerando solo percepciones individuales, anécdotas, creencias o datos fragmentarios o inconexos. Otras actividades en la cuenca podrían estar aportando a cambios en el ambiente, por lo que responsabilizar solo a un componente del ecosistema es un riesgo grande. El río Negro y su cuenca han sido noticia en los últimos meses por aspectos relativos a la contaminación dada por el desarrollo agrícola y petrolero. En resumen, los cambios dados en la calidad de agua de la cuenca, particularmente el río Negro, y las modificaciones en la ictiofauna,


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podrían tener múltiples causas, una de las cuales podría ser la proliferación de carpas. Harán falta estudios sistemáticos y detallados para definir y precisar el grado de importancia de cada componente del cambio ambiental, lo que no quiere decir que haya que descuidar la vigilancia o monitoreo de esos factores de cambio. En la actualidad la Dirección de Pesca de Río Negro está comenzando a realizar un estudio de ictiofauna del río Negro y su afluente el Limay, con énfasis en la distribución y abundancia de la especie.

UN PROBLEMA, UNA OPORTUNIDAD, LLAMADOS DE ATENCIÓN… Así es, la carpa ya está en la cuenca, ha hecho ver su presencia en todo el curso del río Negro y ha comenzado a remontar los grandes afluentes, Neuquén y Limay, siendo detenida por las represas y diques. Con el potencial como especie invasora que comentáramos antes, esto no es raro, pero el primer llamado de atención es que la carpa NO DEBE superar las barreras que constituyen las represas. Este salto de barreras podría pasar con el mismo humano llevando peces (por ejemplo como carnada viva, así parecen haber llegado al mismo río Negro mojarras y tachuelas) y los libere en los embalses o tramos del río aguas arriba de las represas, aunque esto vale para todas las otras cuencas en las que se desee limitar la dispersión de la carpa. Para que esto no ocurra, será preciso imponer el tema en los foros, ámbitos de discusión y asociaciones de pescadores, sobre buenas prácticas en la pesca y en el cuidado del medio ambiente. Con respecto a las poblaciones ya establecidas, es en la práctica imposible eliminarlas, ya que las características de la especie (alta fecundidad, gran tamaño, resistencia a condiciones ambientales adversas) le permitirán recuperarse fácilmente o aprovechar las oportunidades que el ecosistema les brinda (como la existencia de brazos secundarios o lagunas temporarias que se comunican con el río en época de aguas altas y que les permitirán refugiarse). La eliminación de las poblaciones que se han diseminado a lo largo del río (de 600 km


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de extensión) sería entonces en la práctica imposible de implementar desde lo técnico y muy difícil sostener desde lo económico, porque habría que aplicar enormes esfuerzos para la extracción de peces, reducir el efecto sobre los otros componentes de la ictiofauna y minimizar los efectos negativos sobre el hábitat. De manera que si no es posible eliminar la carpa del río, la alternativa viable es estudiar una explotación racional y razonable que permita por un lado controlar en cierta forma los números poblacionales y, por otro lado, aprovechar este potencialmente valioso recurso pesquero. Dos son las alternativas que se pueden desarrollar, una consiste en la pesca comercial, tanto con redes agalleras como con cañas o trampas, y otra es la pesca deportiva o recreacional. De la primera ya ha habido experiencias muy acotadas, en las que un pescador captura carpas y comercializa su carne y cuero a nivel local. Si esta actividad se alentase y ordenase desde la esfera oficial, el producto de la pesca podría aplicarse a la alimentación en comedores escolares o comunitarios, podría comercializarse tanto en fresco como con valor agregado (escabechado, ahumado, en forma de paté, etc.), creando puestos de trabajo y dando alternativas productivas a la región. Hay muchas comunidades y pueblos a lo largo del río, en los que personas interesadas podrían pescar con redes de tamaño de malla grande, de manera de reducir la captura de otras especies y retirar del río los grandes desovantes (los que mayor cantidad de huevos aportarán en la época reproductiva. El Estado debería ordenar esta actividad, alentando a la participación de los vecinos y ribereños en esta clase de emprendimientos que perfectamente pueden ser rentables si se manejan adecuadamente y se trabaja activamente en la promoción de este nuevo “producto”. La otra alternativa es la pesca deportiva y recreacional, que ya se viene dando en los últimos años. Los pescadores locales, habituados a la pesca de percas, pejerreyes y salmónidos, todavía no parecen encontrar atractiva la pesca de carpas, ya que no tienen las


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características buscadas en un pez deportivo al que se encuentran habituados. En resumen, la carpa ha llegado para quedarse, no es posible su eliminación aunque puede intentarse una regulación de la abundancia, es imperativo que la especie no traspase las barreras que halló en su dispersión y, finalmente, puede constituirse en un recurso económico importante como pez de captura para su comercialización y como pez de interés para la pesca deportiva en distintas modalidades. Dependerá de un compromiso entre todos los actores involucrados (el Estado, los pescadores, los usuarios, las fuerzas productivas interesadas en nuevas alternativas, el mercado) encarar el “problema de la carpa” desde un punto de vista multidisciplinario y con intereses diversos.

Por FABIÁN GROSMAN7 La carpa es un pez exótico en Argentina y en etapa de expansión en cuanto a su distribución. Las especies invasoras exitosas, poseen en 7

Biólogo (UNLP) y Mg. Sc. en Gestión Ambiental (UNMdelP). Profesor de las Facultades de Agronomía y Cs. Veterinarias de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires. Miembro fundador del Instituto multidisciplinario sobre ecosistemas y desarrollo sustentable (www.exa.unicen.edu.ar/ecosistemas). Fundador en 2004 y tutor de la Sala de interpretación y difusión de las Ciencias Naturales “La Mulita” (Fac. de Agronomía). Participante de diferentes proyectos de investigación y extensión vinculados a ambientes acuáticos continentales de la región pampeana. Vinculación con distintos municipios, clubes de pesca, productores agropecuarios, ONGs, compartiendo saberes e intercambiando conocimiento, sobre recursos pesqueros y manejo de ambientes acuáticos continentales. Autor de artículos y libros sobre peces y su gestión. Fue participante del proyecto “Aprovechamiento integral de la carpa común (Cyprinus carpio) como recurso alimenticio” (UNCPBA) dirigido por Méd. Vet. Pablo Sanzano y Dra. Daniela Agüeria, cuyo objetivo primario fue desarrollar productos alimenticios no convencionales tendientes a optimizar el aprovechamiento integral del recurso


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común ser generalistas, una alta capacidad de adaptación a los nuevos ecosistemas, elevada fecundidad, resistencia a enfermedades, amplio y plástico espectro trófico, escasos predadores naturales, entre otros atributos. La situación ideal, sería cada especie en su lugar de origen, pero por diversas razones vinculadas exclusivamente a las personas, existe una constante dispersión y translocación debido a cuestiones sociales, económicas, culturales, productivas, a veces voluntarias, otras no, con impactos positivos o negativos acorde a las variables empleadas para determinarlos. En cuestiones ambientales, y más específicamente ecológicas, las consecuencias generalmente no son las deseadas. Pero la realidad impone un escenario donde las carpas ya están presentes desde hace décadas, y ni siquiera es posible buscar culpables ya que se estaría juzgando en forma atemporal y posicionados en otro paradigma de conservación, conocimiento y uso de recursos naturales. La especie que ya tuvo sentencia sin oportunidad de defensa fue la propia carpa, rotulada como pez invasor y nocivo, también como “bolsas de cuero cubiertas de escamas y llenas de espinas”, sin recordar que el único responsable es el ser humano que desde el Este asiático la dispersó por casi todo el mundo, cruzando mares y trasvasando cuencas.

DIAGNÓSTICO DE SITUACIÓN El panorama actual es la presencia masiva de carpas en gran parte del territorio nacional, con ejemplares de grandes portes. El impacto ecológico es aún teórico y no comprobado, tal vez, producto de una deuda interna de la ictiología nacional más preocupada en otras

carpa, a través de la búsqueda de alternativas tecnológicas para su consumo. Como producto del mismo, se elaboraron tesis de grado y doctoral. Contacto: fgrosman@faa.unicen.edu.ar


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cuestiones académicas, soslayando necesidades cotidianas. Los cambios ecosistémicos posiblemente provocados son muy profundos, pero se hallan en proceso de desarrollo desconociéndose las consecuencias finales dado el alto grado de dinamismo. En algunos países, su cultivo se ha difundido y no en vano pertenece al grupo de las 10 especies de mayor volumen de producción mundial, para aportar proteína de calidad al humano. En Argentina, existen algunos emprendimientos al respecto e incluso se practica pesca comercial artesanal. En general el producto (cultivo u origen silvestre) cubre mercado local y el resto es exportado ya que por razones culturales, su aceptación es limitada. Algunas pesquerías de carpas de la región pampeana han colapsado y cerrado los frigoríficos asociados debido más que a razones de manejo, por cuestiones de la propia variabilidad climática que reduce drásticamente la superficie de una laguna y ello afecta en forma negativa la comunidad de peces. La pesca deportiva de la carpa, ha generado la organización de fiestas provinciales, concursos, hasta el simple pescador recreativo atraído por los pesos individuales o satisfacer o complementar una necesidad de carne animal. La capacidad de observación del pescador ha incrementado las formas y estrategias de pesca, desde el uso de arpones (integración real de caza y pesca), hasta las líneas o formas y estilos de pesca más sofisticadas elaboradas en función de hábitos biológicos de las carpas; incluso es reciente la pesca con mosca. En otras latitudes, (especialmente países europeos como Alemania, Francia, España, Italia, por ejemplo) existen una pesca con marca registrada de carpas de portes extremos que atrae a miles de aficionados; está demás aclarar que la pesca deportiva genera movimiento económico en múltiples rubros concatenados a esta actividad. En cuanto al producto de la pesca recreativa/deportiva, en un pasado cercano, era abandonado en las orillas del ambiente, hasta que surgieron manejos y recetas para su consumo, siempre basadas en el


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excelente kilaje. En innegable que la carpa aporta en muchas mesas familiares nacionales proteína de excelente calidad.

LO QUE NO SE DEBE HACER Existen experiencias de erradicación de carpas empleando la desecación total (Laguna del Rincón) o ictiotóxicos (Lagunas de Zóñar), ambas en España, para preservar sistemas de humedales de interés ambiental, pero por razones hidrológicas, económicas, culturales son técnicas no aplicables en Argentina. En base a experiencias nacionales sobre otras especies o desarrolladas en carpas en otros países, es recomendable no propiciar o fomentar la siembra de carpas, bajo ningún justificativo. Tampoco debe realizarse la práctica de pesca deportiva en forma irresponsable, esto es capturando ejemplares para dejarlos morir al sol, y abandonarlos en el lugar para la acción moscas y otros agentes descomponedores, paisaje que comúnmente se observa en las orillas de ambientes. No se recomienda aplicar técnicas de recuperación de ambientes basadas en la desecación o empleo de ictiotóxicos. Considerar que el ámbito de la pesca incluye al perilago, y por lo tanto mantener este espacio en buenas condiciones es parte del camino al cambio de conducta en pos de un pescador ambientalmente responsable.

PERSPECTIVAS El cuadro de situación es claro: presencia irreversible de la carpa en Argentina, producto de políticas y posiciones ambientales diferentes a las actuales, más allá de la extraordinaria capacidad colonizadora de esta especie. Poca información sobre impactos reales sobre ambientes acuáticos locales. Ejemplares de gran porte. Comunidad pesquera deportiva atraída por esta especie, conformada por personas de diferentes estratos sociales, etarios, culturales, con múltiples


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propósitos y estrategias de captura. Animales que producen proteína animal de buena calidad. Carne magra, contrariamente a lo supuesto, métodos de sangrado, blanqueo, adobo y consumo acorde a aprendizaje. Pesca comercial a nivel artesanal en diferentes sitios, con destino de exportación. Cultivo en Misiones, para mercado local. Ante este rápido diagnóstico y la imposibilidad práctica de erradicación, cabe aplicar el concepto ecológico de manejo denominado plaga – recurso. Es transformar y ampliar la mirada y el uso sobre una especie, recuperando los aspectos beneficiosos. Es considerar la totalidad del sistema, incluyendo al hombre, y por lo tanto un desafío mayor. La pesca deportiva de la carpa no sólo debe regularse (épocas, lugares, tallas, cantidad de ejemplares o kilaje, mantenimiento o conservación del sitio, tanto perilago como el agua, entre las principales medidas) sino además cumplimentarse con lo establecido. Esta normativa debería estar elaborada en conjunto con los sectores organizados y representativos involucrados, lo cual facilita la integración y acercamiento entre posiciones diferentes. El uso responsable del recurso amerita la contención de todas las posturas, ya que si alguna de ellas no está presente (pescadores, conservacionistas, funcionarios, científicos, etc.) pierde representatividad.

DEVOLUCIÓN, ¿SI O NO? La pesca deportiva, que parece ser uno de los mejores destinos de las carpas, se halla frente a la encrucijada de una especie invasora, que perturba el ambiente (en forma aún no mensurada), con buenos pesos de captura, diferentes técnicas y estrategias de pesca de las cuales sus practicantes se sienten orgullosos por ser creadas en forma personal y mejoradas por observación, prueba y error. Aquel pescador que va en búsqueda de proteína animal, es bienvenido que se lleve el producto de la pesca para su consumo personal. Aquel pescador que no necesita


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y va a un acto recreativo, ¿qué debe hacer? En primer lugar, esa persona no es la responsable que la carpa este en ese lugar; por otro lado, sacrificarla por el hecho de su condición de exótica no es una acción respetuosa de la vida. Entregarla, sin acuerdo previo, para su consumo a quien no la pide, independiente que la necesite o no, tampoco cabe desde los valores éticos. Se han escrito cientos o miles de hojas de normativas con o sin fundamento ecológico, pero en el momento de captura y decidir la devolución o sacrificio de la pieza, en ese lugar se halla el pescador deportivo y su conciencia. Sólo de ella dependerá su práctica y actuará acorde al sentir de ese único e irrepetible instante, más allá de vivencias previas. Y si su conducta se encuadra en la normativa vigente, no puede ser juzgada su actitud. A esta situación y considerando que muchos pescadores dejan aún las carpas muertas a la orilla del ambiente, se deben promover en forma masiva, alternativas de consumo y aprovechamiento de la carne de carpa. Toda política de desarrollo pesquero, aplicada sobre cualquier especie requiere de una mirada íntegra del sistema que incluya cambios de conducta, participación y consulta en las decisiones, educación ambiental, presencia regular en los ambientes, difusión de las actividades realizadas, entre otros aspectos claves. La carpa no escapa a esta situación más allá de su condición exótica. Al afirmar que el conocimiento se halla en etapa de desarrollo, y que es la base del gerenciamiento, indirectamente se hace referencia al estado de la ordenación de los recursos pesqueros continentales, incluyendo a la carpa. Todos somos responsables, en diferente grado. El divorcio y la escasa o nula comunicación entre grupos sociales, incluso a veces hasta con intereses en común, es uno de los aspectos a salvar si se desea transformar a una plaga, en un recurso.


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Tabú con Escamas  

Extracto del libro, que incluye los siguientes capítulos: "Antropología Mosquera", "¿Por qué la carpa es como es?, "Cultura y antropocoria",...

Tabú con Escamas  

Extracto del libro, que incluye los siguientes capítulos: "Antropología Mosquera", "¿Por qué la carpa es como es?, "Cultura y antropocoria",...

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