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Libros problematizadores y censura en la escuela. Diego Fernando Marín. Psicólogo. www.lecturasparatodos.blogspot.com

Buenos días. La siguiente ponencia tiene como objetivo analizar el papel que

juega

la

censura

dentro

de

la

escuela.

Para

esto

definiremos el género de libros problematizadores y el lugar que estos ocupan y deberían ocupar dentro de la escuela. El tema de los libros problematizadores ha sido caro para mí desde que hace cerca de un lustro conocí Juul, el libro de Gregie de Maeyer y Koen Vanmechelen que narra la historia de un niño que presionado por sus compañeros de clases y juegos, se va deshaciendo de cada una de las partes de su cuerpo. Comienza por el pelo y termina siendo sólo una cabeza que es usada para jugar al fútbol. Al final aparece una niña, Nora, quien le permite relatar su historia empleando un lápiz que pone en su boca. La historia es pertinente a muchos niveles, máximo en un ambiente en el que el matoneo escolar va ganando cada día un mayor protagonismo. Sin

embargo

desde

mi

labor

como

promotor

de

lectura

fui

encontrando de manera constante una resistencia de parte de maestros y psicólogos, principalmente, al empleo del libro con niños pequeños. La razón esgrimida fue casi siempre la misma, “Es un libro muy crudo, muy fuerte; de pronto para niños más grandes”. Cuando se referían a niños más grandes querían

decir

niños

que

cursaran

más

allá

de

tercero

de

primaria. Desobedeciendo muchas instrucciones empleé el libro


desde grados de preescolar hasta segundo de bachillerato. Casi siempre las reacciones del auditorio eran las mismas. Había un primer momento de carcajadas atronadoras, seguido de otro instante de silencio opresor. Al final se hallaban los comentarios y el inevitable conversatorio si la situación lo requería. Por el supuesto el elemento del diálogo se daba sobretodo con alumnos de más allá de tercer grado, lo que no se traduce en modo alguno que los niños de grados inferiores no lo pudiesen aprehender ni entender ni que no les fuera significativo. Necesitaban que alguien les ayudara a mediar sus interrogantes, que alguien mediara para que sus preguntas y comentarios pudiesen surgir de la mejor manera. En mi caso nunca

recibí

quejas

de

padres.

Sólo

era

un

promotor

de

lectura, y las lecturas que realizaba eran lecturas regalo. Dicho de otra forma, no quedaba de ellas constancia en las actividades planteadas en clase. No se cumplía con el deber escolar. Hace unos tres años conocí el concepto en el que se ubicaría Juul, el de libros perturbadores. Esta categoría es propuesta por el crítico e investigador literario venezolano Fanuel Hanán Díaz, y puede ser definida como, "Aquellos que producen una sensación de inestabilidad en la mente del lector, que dejan

sensaciones

amargas

y

que

a

veces

pueden

causar

conmociones en nuestra psique porque son devastadores" (Hanán Díaz, 2008; pp. 1). Aunque más adelante Hanán Díaz aclara: (…)la perturbación, en principio, es un fenómeno de recepción, ya que se activa de acuerdo con ciertos contenidos que están en el texto y ciertas experiencias que están en la psique del lector. Hay libros que en su conjunto tienen la particularidad de plantear indagaciones sobre aspectos que conforman la sombra colectiva y es por esto que los asumimos como perturbadores. Hay libros que no son tan universales, pero tocan la sombra particular de un lector, y hay otros donde lo perturbador se entreteje como parte de la trama discursiva. (...) Como fenómeno de recepción, la perturbación va ligada a


la intolerancia que tenemos como lectores para aceptar nuestra sombra. (Hanán Díaz, 2008; pp. 5-6)

El

problema,

consiste

en

también la

enunciado

subjetividad

por

del

el

autor

fenómeno

venezolano,

perturbador.

Es

decir, si nos atenemos a las palabras de Hanán Díaz, una persona que acepte bien su sombra no será necesariamente perturbada

y,

por

catalogado

como

ende,

puede

perturbador.

recibir

Una

bien

pregunta

un

clave

libro que

se

plantea Hanán Díaz es si la definición de perturbación parte del niño o del adulto. Es ahí cuando estamos frente al tema de la censura. Hace

algunos

años,

cuando

los

libros

de

Stephenie

Meyer

estaban en su apogeo, fui testigo junto con una amiga del diálogo entre una abuela y su nieta dentro de la Librería Nacional. Debo reconocer que ambas formaban una buena pareja pedagógica. Ella, la señora, una abuela que acompañaba a su hija a la librería, capaz de señalar una gran cantidad de buenos libros, de libros útiles, instructivos, capaces de formar. La adolescente, una chica de trece a catorce años, intentaba

convencer

a

su

abuela

de

que

le

comprara

Crepúsculo. La pregunta de la señora era siempre la misma, Pero, ¿eso si te va a dejar algo?1 Al final mi amiga abrió la boca y mencionó la palabra vampiros. Para no hacer más larga la historia diré tan sólo que al final la querida abuela, el componente

principal

de

esta

diada

pedagógica,

terminó

comprando Crítica de la razón pura de Inmanuel Kant, mientras peroraba a su nieta que el libro iba a estar ahí para cuando ella lo necesitara.

1

Y aquí escuchó el eco de mi madre cuando compraba mis libros de literatura en lugar de los de psicología. ¿ Y esos libros si le sirven para algo?


Cuento esta anécdota porque me parece que ahí tenemos en summun de la relación que niños y adolescentes tienen con la lectura. Más aún en un

país católico y orgulloso de su fe

como es el colombiano. Para nadie es un secreto que uno de los papeles que hemos depositado en la escuela es el de acercar a los niños y jóvenes a la lectura. De hecho hay un señalamiento bastante específico hacia la escuela como la culpable de que niños y jóvenes no lean más o no lean lo suficiente. Sin embargo los padres no sólo quieren que los niños y jóvenes lean, quieren que lean cosas que los eduquen, que les sirvan de algo. Ese algo, predicado indeterminado, encierra todo y nada. Ese algo traduce cosas buenas, ejemplos valiosos que les sirvan para la vida. Entonces tenemos a una docente feliz porque está pudiendo trabajar el tema de la violencia urbana, con un libro que enganchó a los estudiantes de octavo grado, cuando llega un correo, carta, misiva, llamada telefónica de una madre de familia preocupada por las porquerías que le están poniendo a leer a su hija. Porque Rosario Tijeras está llena de malas palabras y malos ejemplos para la vida de su hijo (a). Un ejemplo en particular de hasta qué punto puede llegar la censura de los padres hacia los temas que se tratan en el aula de clase se halla representada por el despido de una docente quien recomendó y comenzó a trabajar Sin tetas no hay paraíso de Gustavo Bolívar. En este caso no se trató de una simple presión, en contra de la profesora Angélica María Peña fue cursado un derecho de petición por “incitar a la prostitución y la violencia en los menores” (El Tiempo; http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-3009333) Al terminar el período escolar a la profesora no le fue renovado su contrato. Este tipo de censura no es exclusiva de una institución educativa y no obedece a estratos sociales. Siendo promotor de lectura un prestigioso colegio de Cali me vetó un taller porque en el volante de convocatoria aparecía un monstruo. En una de nuestras principales universidades de nuestra ciudad la literatura fantástica es rechazada porque no incentiva la


investigación ni la crítica. Sé de un colegio en donde la biblioteca infantil mantiene en una vitrina cerrada con llave un ejemplar de Puberman, libro que habla sobre los cambios de la

adolescencia

en

los

jóvenes;

en

otras

institución

educativa Semanario del miedo fue censurado duramente por los padres a causa de sus imágenes y el temor que generaba, no en los

niños,

sino

en

los

padres.

Son

los

adultos

quienes

vehiculizan la posibilidad de que un género como el libro perturbador exista. Sin embargo, en palabras de Javier Marías, “No sé yo ahora, hay esa tendencia a encerrar a los niños en una burbuja de felicidad entontencedora y sosiego falso, a no ponerlos en contacto ni siquiera con lo inquietante, y a evitar que conozcan el miedo y hasta que sepan de su existencia creo que circulan por ahí, que hay quienes les dan a leer versiones censuradas, amañadas o edulcoradas de los cuentos clásicos de Grimm y de Perrault y Andersen, desprovistas de lo tenebroso y cruel, de lo amenazador y siniestro , a lo mejor hasta de los disgustos y de los engaños. Una estupidez descomunal desde mi punto de vista. Padres ñoños. Educadores irresponsables. Yo eso lo consideraría un delito, por desamparo y por omisión de ayuda. Porque a los niños los protege mucho percibir el miedo ajeno, y así concebirlo con serenidad, desde su seguridad de fondo; experimentarlo vicariamente, a través de otros, sobre todo por personajes de ficción interpuestos, como un contagio de corta duración. Y además sólo de prestado, y no tanto como fingido. Imaginarse algo es empezar a resistirlo y eso es también aplicable a lo ya sucedido: uno resiste mejor las desgracias si después logra imaginarlas, después de haberlas sufrido. Y claro, el recurso más común de la genta es relatarlas.” (Marías; pp. 307)

Es decir, el denominado libro perturbador es necesario, tiene una utilidad real que trasciende lo físico y la nota. Sin embargo siempre he sentido que la denominación no es correcta. Si nos hallamos de acuerdo con Hanán Díaz, la sensación

de

perturbación

va

a

variar

de

individuo

a


individuo,

aun

cuando

sintamos

que

en

algunos

momentos

podemos estar de acuerdo en lo escabroso de ciertos temas, también puede depender de la forma en que este se trata. Hay un adjetivo que considero se puede ajustar más a este género en particular, hablo de libros problematizadores. Un libro problematizador es aquel que conlleva un contenido alfabético y/o

gráfico

con

imágenes

incomodas

para

los

adultos

y

pletóricas de curiosidad para niños y jóvenes. La función de este tipo de géneros no es causar malestar, perturbar en suma, sino de generar preguntas, de permitir la intervención alrededor de ciertos elementos y ciertas problemáticas. Como ya lo mencionó Javier Marías con anterioridad, la literatura complejiza, corporeiza temas que en ocasiones son abstractos para hacerlos mensurables y tratables. Aquí es donde se halla el valor de obras como Rosario Tijeras o Sin tetas no hay paraíso le dan un volumen y un peso a problemáticas que a menudo se pueden sentir ajenas. Si estamos de acuerdo en que la literatura trabaja sobre el sentido de lo humano, debemos estar de acuerdo en que no sólo debe tratar un aspecto de lo humano sino de todas sus facetas. Así, Shakespeare no sólo trata con personajes como Romeo y Julieta sino que inventó a Hamlet y a Calibán. Es válido que nos preguntemos aquí, ¿qué tiene que ver esto con la Literatura Infantil y Juvenil Colombiana? Si en varios países2 del mundo la censura es abierta, y a menudo pública, aquí se da principalmente a nivel editorial. Quiero decir que la censura que se presenta en la escuela llega

ya

mediada

por

las

editoriales

a

través

de

un

instrumento perverso denominado Plan Lector. Y digo perverso

2

Ver anexo 1


porque impulsó a las editoriales, jalonadas por sus clientes, es decir padres y maestros, a “crear” libros con contenidos plenos de valores y enseñanzas. Con el Plan Lector se comenzó a

planificar

las

obras

literarias

no

sólo

en

exigencias

curriculares sino en función de los valores. Así, los libros dejaron de ser ofrecidos en pro de su valor literario y comenzaron

a

verse

más

como

útiles

escolares,

es

decir,

herramientas valoradas por su capacidad para ser manejadas en ejes transversales y con contenidos específicos. Amen a esto, los valores se quedaron como un eje importante, visible y, para padres y docentes, imprescindible (ver Anexo 2). A raíz de esto los elementos más problemáticos de los libros han

venido

siendo

limados

o

bibliotecas tampoco escapan a representativos

de

la

LIJ

eliminados.

Curiosamente

las

esto. Uno de los libros más

colombiana,

galardonado

con

el

Premio Nacional de Literatura Juvenil Fundalectura en 1992, es Pelea en el Parque. El libro editado por la Editorial Magisterio presenta la historia de un grupo de muchachos quienes, haciendo honor a su título, se enfrentan por el dominio de un parque. Durante este enfrentamiento una de las protagonistas muere. Aunque el texto es ganador del premio ya mencionado, aunque sus protagonistas son niños y su problemática es inherente a este

tipo

de

población,

el

libro

no

es

catalogado

como

literatura infantil y juvenil. Sólo en un acto tan nimio como el de su catalogación podemos observar una intención de censura. Otro hecho curioso que puede deberse a la capacidad de distribución es que pocas entidades educativas lo han de tener dentro de su denominado Plan Lector.


El tema de pelea en el parque me lleva a un libro cuyo proceso editorial conocí de cerca. En el libro en cuestión, perteneciente a una editorial de plan lector,

se hallaba una

mítica pelea a pedradas. Una banda de chicos se enfrentaba contra otra y el protagonista en particular mataba a un rival de

un

solo

golpe

con

un

terrón.

El

suceso

estaba

bien

planteado, era consecuente con el relato y bastante verosímil dado el caso. Empero, a pesar de pasar la evaluación del conjunto de lectores, la dueña de la editorial decidió que dado su mercado objetivo, es decir colegios, lo mejor era evitar la situación en cuestión. Aunque

en

editorial

un

principio

pueda

parecer

la

situación

traída

de

planteada

los

desde

cabellos,

la

debemos

recordar que una editorial es una entidad con ánimo de lucro que responde a la demanda del mercado. Un mercado, en este caso, que suele preferir el texto anodino a los contenidos problemáticos. Un libro que pasó la censura de la editorial pero que se ha enfrentado a la censura por parte de un grupo de padres es Semanario

del

miedo,

escrito

por

Henry

delgado

Guana,

ilustrado por Andrés Rodríguez y publicado por la Editorial Educar. Este libro es una colección de relatos de terror, más específicamente, de relatos de espantos. Semanario del miedo fue elegido para un grupo de quinto de primaria, y su elección se realizó teniendo en cuenta en primer lugar la calidad literaria del texto y en segundo lugar el interés que este género puede suscitar en los niños de esta edad. Con lo que no se contaba era con las creencias de los padres de algunos niños.


Al ver las ilustraciones y algunos apartes de los cuentos, los padres pidieron al colegio no continuar con el libro dado que sentían inadecuadas tanto la temática del libro como la forma

en

que

alfabético.

se

expresaba

esta

en

el

texto

gráfico

y

En la parte gráfica se hallaron elementos de

tipo esotérico, alusiones a la muerte y, por supuesto a la brujería. Todo ello en concordancia con un texto alfabético, que sin ser muy detallista, cuenta relatos plenos de misterio y ambigüedad, o mejor de espantos. Subrayo este último punto porque los cuentos de espantos son connaturales en nuestra cultura. Hablamos de brujas y duendes y el hombre caimán y el riviel como protagonistas de los relatos de nuestra cultura. Nos identificamos con ellos y ese tipo de historias nos rodean desde nuestra niñez. Negarles el acceso a este tipo de relatos a los niños y jóvenes es negarles una parte de su cultura. En este mismo orden de ideas

nos

encontramos

con

que

se

les

niega

también

la

posibilidad de sentir miedo. O mejor, la posibilidad de saber qué hacer con el miedo, de manejarlo, pues al fin y al cabo se trata de enfrentar este tipo de emociones a través de la ficción. En el caso de Semanario del miedo, el resultado fue feliz. El libro se siguió trabajando poniendo fe en el trabajo que la docente tuviera en su mediación. Y este punto es uno de los más relevantes. Recientemente tuve una discusión académica con una psicóloga escolar y una docente acerca del elemento a privilegiar en la elección de los libros. Mientras para mí era claro que el valor literario era el que debía primar, se me argumentó que la institución educativa tiene un compromiso ético con la


formación, resultando en este caso un compromiso con el deber ser; y dado que el deber ser era el elemento más relevante, era por tanto quien primaba en

la elección de

cualquier

libro, por encima de la calidad literaria incluso. Considero aquí que hay una incomprensión del deber ser, o mejor, de la misión de la labor educativa, que debe estar más allá de mantener el status quo social. El deber ser que se impone como argumento, desconoce así la función del docente y su

capacidad

diferencia

mediadora

del

cine,

entre las

el

libro

películas,

y

su

lector.

internet

y

A

otros

contenidos gráficos y textuales, en la niñez y adolescencia la mayor parte de los contenidos alfabéticos son mediados por los

adultos.

realidad tachar

ni o

significa

Y

mediar

aparecer

eliminar asumir

no con

las

los

significa el

dar

instrumento

palabras

elementos

o

la

espalda

de

a

censura

escenas

la

para

indeseadas,

problematizadores

que

se

encuentran en los libros y dialogar sobre ellos, sobre las diferentes

posiciones

sociales,

individuales,

políticas,

sexuales y económicas que se pueden asumir. Es por esta razón que esos libros políticamente incorrectos, esos libros que generan preguntas incomodas, no deben de ser dejados a un lado, sino asumidos por la comunidad educativa en pleno para poder dar respuestas autenticas a problemas auténticos. FUENTES DE CONSULTA El libro “Sin tetas no hay paraíso” genera revuelo en colegio Agustiniano Centro de Palmira. (2006, 22 de Julio) El Tiempo [En

línea],

Español.

Disponible:

http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-3009333 [3 de Marzo de 2012]


HANAN

Días,

Fanuel.

categoría

Libros

perturbadores

a

para

niños:

la

Una

sombra.

http://www.cedilijweb.com.ar/docs/articulos/Hanan%20Diaz%20Li bros%20perturbadores%20para%20ninos.pdf (en Línea: 3 de Marzo de 2012) Publicado en: Octubre de 2008. MAEYER, Gregie de & Vanmechelen, Koen. (1996) Juul. 1ª. Ed. España. Editorial Lóguez. MARÍAS, Javier. Tu rostro mañana vol. 2.

Baile

y sueño.

Editorial Alfaguara. 2004. ANEXO 1 Libros censurados

Motivos

El origen de

Motivos religiosos hicieron que este libro

las especies

fuese censurado en muchos países. Hasta el día de hoy existen personas que se oponen a que este libro sea permitido

El diario de

en las escuelas. Otros dudan de la

Anne Frank

credibilidad del texto. Censurado en Egipto. Se le acusó de contener pasajes obscenos, que ponían en

Las mil y una

riesgo la integridad moral de los

noches

ciudadanos.

Alicia en el

Prohibido en China porque les otorga

país de las

cualidades a los animales para que actúen

maravillas

en el mismo nivel que los humanos. En Líbano, los líderes de la comunidad

El código da

católica consiguieron que el libro sea


Vinci

prohibido ya que era ofensivo para su religión.

El ingenioso hidalgo don Quijote de la

Fue censurada en algún momento por

Mancha

“aspectos morales”.

Harry Potter

Por incentivar la brujería Fue incluido en la “Index librorum prohibitorum”, la lista de libros

El Decamerón

prohibidos de la Iglesia Católica.

Los versos satánicos

Por burlarse de Mahoma

Crepúsculo

Contradice principios religiosos

Sin tetas no hay paraíso

Por incentivar la prostitución de menores

Nada

Por cuestionar el sentido de la vida

Tres con Tango

Por incentivar la homosexualidad

Tres con Tango

Por incentivar la homosexualidad

Ulises

Por su contenido sexual

1984

Por alentar el comunismo

Diarios de Anais Nin

Por su contenido sexual

La virgen de los sicarios

Por su lenguaje y violencia


Rosario Tijeras

Por su lenguaje y violencia

El prĂ­ncipe feliz y otros

Porque sus historias son angustiantes y

cuentos

morbosas Por utilizar lenguaje soez, promover

James y el

adicciones e incitar a los niĂąos a

melocotĂłn

desobedecer a los padres, en particular, y

gigante

a los adultos, en general.

ANEXO 2


Libros problematizadores y lectura en la escuela  

Un acercamiento a la definición de libros problematizadores, en contraposición a los libros perturbadores, y su relación con la censura en l...

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