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Manuel Cerezo Gimnasio la Colina Grado 11

El Paraíso Perdido Canto IV

En aquel momento fueron muchas las cosas que rondaron por la mente del maligno. Como moscas hambrientas revoloteando alrededor de un cadáver días después de la batalla se movían ideas e ilusiones de venganza en la hermosa cabeza de Satanás. Pero el sentimiento que envolvía su ser al caminar por el jardín no tuvo comparación con el indescriptible sentimiento situado entre la emoción y la rabia cuando pudo deslumbrar a lo lejos dos pequeñas figuras que jugaban en un lago. Diminutos cuerpos sin alas, delicados, desnudos e inocentes salpicando agua junto con los peces. Inmensurable fue su esfuerzo para no arrasar con aquel paraíso y con aquellas criaturas alegres e inocentes dejándose impulsar por la envidia, las ansias de venganza y la sed de sangre. Con magnifico esfuerzo logró contener las llamas que desde su pecho ansiaban consumir toda la existencia hasta que sintió una luminosa presencia que se aproximaba con paso imponente y decidido, una presencia que no mucho tiempo atrás fue la responsable de su descenso al fondo del abismo, una presencia que con su espada y su relámpago diezmó la mitad de las fuerzas infernales reduciendo sus espíritus y encadenando su voluntad de luchar. Sin mucho tiempo para reaccionar Satanás mudó su bella figura en una mucho más grotesca y retorcida para que Gabriel no sintiera su presencia. Con su nueva forma alargada y compacta busco escondite en unas rocas cerca del hombre que jugaba apacible en las aguas cristalinas. Inmóvil permaneció Satanás mientras escuchaba a Gabriel llamar al hombre y la mujer mientras se dirigía a su encuentro. Toda la atención del perverso espíritu que entre las rocas asomaba su puntiaguda cabeza se centró en el breve discurso de Gabriel que con voz serena promulgaba: “¡Oh Adán y hermosa Eva!, habitantes y guardianes del jardín, desdichadas son las noticias que vengo a traeros en esta hora, pero debo incomodarlos con el fin de evitar la catástrofe que mentes impuras y manos perversas pretenden traer sobre ustedes y su jardín. Debo advertirles de un ser cuya esencia y único propósito es el odio y la venganza contra nuestro creador y supremo gobernante. Difícil es predecir


el momento y lugar de su acción en contra del altísimo, y más difícil aun es conocer la naturaleza de los actos que con malevolencia planea. Por lo tanto os prevengo y suplico que vuestros ojos estén siempre abiertos, no bajéis la guardia ni disperséis vuestra atención, recordad que los ángeles y arcángeles del cielo estamos a vuestro servicio, disponéis de toda nuestra fuerza y nuestro coraje, no dudéis en convocarnos si el peligro os rodea y el miedo os invade. Antes de irme os recordaré un asunto de suprema importancia, recordad la única prohibición con la que fue condicionada vuestra estadía en el Jardín del Edén, el crimen que merece la pena máxima del Padre. El comer del fruto prohibido acarreara consecuencias terribles más allá de vuestra imaginación. Ahora debo partir de regresó al mundo celestial donde reina la luz y la sabiduría del creador¨ Adán y Eva no fueron sordos a las advertencias del arcángel, con impecable atención escucharon cada una de sus palabras para después, con gran sumisión y profundo respeto Adán responder: “Oh, grandioso Arcángel a quien el Todopoderoso ha enviado en custodia mía y de mi compañera, inmensa es mi alegría y sublime es mi gratitud por el mensaje que hoy nos traéis. Tendremos en mente vuestras advertencias y consejos durante cada momento el día sin pasar por alto ni el menor detalle que salga de lo común en el bello jardín que nuestro señor y creador ha concebido. Cumpliremos el deber que se nos ha impuesto como cuidadores de este inmaculado lugar y seremos fieles a las condiciones que se nos han impuesto pues nuestra lealtad está ahora y estará siempre con el eterno y Todopoderoso creador del cielo y de la tierra. Creedme, oh bello arcángel, que no hemos olvidado nuestra prohibición. La mantenemos siempre en nuestros pensamientos y nos aseguramos que nadie se acerque al árbol ni al fruto prohibido. Aliviado y satisfecho con la respuesta de Adán, Gabriel emprendió nuevamente su caminata hacia el reino celestial, dejando de nuevo el jardín del Edén al cuidado del hombre. Mientras Satanás escuchaba el dialogo desde su escondite la calma fue recobrando el control de su ser, pues había encontrado en las palabras de Adán y Gabriel un camino para llevar a cabo su venganza. Estando satisfecho con su nuevo conocimiento salió de su escondite y serpenteando se alejó para que su presencia no fuera percibida. Sintiendo próxima su victoria la calma comenzó a ser sustituida por impaciencia y ansiedad que como una efervescencia roería cada espacio de su cuerpo ansiando a que el ojo del creador se escondiera en el occidente.


Cuando la oscuridad cubrió el cielo y los tibios rayos del sol dejaron de acariciar la superficie de la creación y todas las criaturas descansaban sumergidas en profundo sueño fue cuando el Maligno puso en ejecución su plan. La luz poderosa que da vida a todo ser viviente en la paradisíaca morada del hombre había sido remplazada por el extenso velo de la noche que cubría toda la creación, siendo únicamente iluminada por las numerosas estrellas y la brillante luna que con su tenue luz libra a la tierra de la oscuridad total. De nuevo con su forma original, bella y resplandeciente extendiendo sus blancas alas a lo ancho del cielo oscurecido, Satanás caminó en dirección a Eva quien yacía dormida al pie de un inmenso árbol de gruesas raíces. De pronto, a pocos metros de llegar donde dormitaban sus víctimas, una luz comparable con la del mismo sol se esparció y cubrió todo lo que se encontraba debajo de la bóveda celestial interrumpiendo el avance del vengativo espíritu. De inmediato apareció entre los destellos la figura angelical de Gabriel, armado con su espada y escudo. ¨¡Mente perversa condenada al abismo! Cómo os atrevéis a poner pie en la obra del creador. Tonto sois si creíais que podríais pasar desapercibido fuera de vuestra bóveda de castigo, e insensato vuestro intento por conseguir venganza del todopoderoso. Conocéis bien las consecuencias por abandonar vuestra prisión ¿y aun así pretendéis aumentar vuestro castigo corrompiendo al hombre?¨ Satanás no demoró su respuesta, invadido por la ira que comenzó a manifestarse en forma de llamas rojas alrededor de su cuerpo le respondió al arcángel: ¨ ¡Silencio perro de las nubes!, que con vuestros compañeros se subliman cediendo sus voluntades a Yahvé y amarrados con sus cadenas de sumisión agachan la cabeza y se apresuran ciegos a cumplir cualquier capricho. Ninguna autoridad tienes tú sobre mí que ahora camino libre para hacer mi voluntad sin someterme al yugo celestial. Es la venganza mi deseo, y es la venganza lo que conseguiré aunque signifique para mí pasar a la no existencia. Es imposible para mí vencer a Dios en confrontación directa, pero sí puedo enviarte a ti y a los demás perros celestiales al olvido.¨ Las llamas procedentes del cuerpo del maligno comenzaron a expandirse y esparcirse por el césped que comenzó a arder en fuego escarlata. Satanás lanzó un rugido ensordecedor que helaría la sangre del mismo Aquiles de haber estado presente en tan aterradora escena. Ángeles caídos que esperaban pacientes el llamado de su señor desde los límites del jardín llegaron de todas direcciones, por los cielos y la tierra abriéndose


paso entre los bosques y las nubes. Al escuchar el tumulto y el caos que se formaba en el jardín recién convertido en campo de batalla; las criaturas, incluido el hombre, se dispersaron para alejarse del peligro. Los ángeles caídos rodearon al arcángel con postura amenazante, pero apenas alcanzaron a tomar posición antes de que Gabriel los desapareciera con un torbellino producido por el movimiento de su espada. Al instante Satanás atacó a Gabriel con su tridente y se dio inicio a una batalla de proporciones inimaginable para cualquier mortal. Más tropas infernales salían de entre la tierra y tropas celestiales descendían desde las negras nubes. Un remolino de luces, relámpagos y llamas cubrió por completo el jardín hasta que por el oriente asomó de nuevo la presencia del sol iluminando los despojos de la brutal contienda. Las criaturas salieron de las madrigueras y las cuevas que habían usado a manera de refugio para encontrar mismo jardín que habían visto antes de cerrar los ojos la noche anterior. Con el resurgimiento del sol renació el jardín destruido durante la noche, todo el ejecito infernal fue regresado al abismo, encadenado y sometido por la fuerza de los arcángeles; pero el líder de las huestes infernales no se encontraba con su sequito, su presencia había desaparecido al tiempo que el sol ascendía por el Oriente. La normalidad regresó al jardín del edén sin tardanza, Adán y Eva continuaron con la tarea que les había encargado el Padre celestial cuidando del jardín y sus criaturas. Eva sin embargo atendió con especial delicadeza una criatura que ella no conocía antes de la feroz batalla, una criatura alargada, sin pelo ni plumas y carente de extremidades que había sido herida por un relámpago del poderoso Gabriel.


Canto IV de "El paraíso perdido"