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BAILANDO CON BAUDELAIRE, FERNANDO PESSOA, M. HERNÁNDEZ Y M. MACHADO

SIN PRINCIPIO NI FIN. POLVO ENAMORADO. Tantos besos que me encendieron; me encendieron las pupilas, los labios, la médula acogedora del centro de mi cuerpo, como cueva vacía, hambrienta de pasión de fuego eterno e imperecedero que me durmiese como licor de borracho en la eterna noche de ensueño sicodélico sin fin: pasaporte de la muerte a un presente quieto de llamas que me consumiesen, dejando como hijos, ceniza de átomos enamorada, para fecundar la tierra y el universo al soplido del viento caprichoso, para procrear, matando el mal, un universo de universos como mi niño soñó con poder soñar y concebir. Tantas manos en mi espalda recogiéndome en su seno, como madre a ser recién parido. Tantos surcos en mi pelo de dedos como arados, sembrando mis sesos, ávidos de hacer nacer el paraíso elegido por el dios de todos los dioses,


para mí y para mi primer amor. Tanto aliento preñado de alcohol empapando mis mejillas, para encender en la llama de mi boca las chispas de dos lenguas como rocas iniciales, un voluptuoso volcán que nunca consumiese su lava, siendo grito sostenido del infierno de VIBRACIONES TOTALES Y PERENNES.


¡TE QUIERO! Tanto tiempo soñando, tanta soledad, tanto silencio, tanta nada sublimada y tanto vacío lleno: de quimeras y de lágrimas, de suspiros y deseos; tanto anhelo ya olvidado, sonámbulo en noches de viento; viento de amor huérfano, orfandad de un corazón, que bebiéndose sus lágrimas ha comido de su cuerpo, desgarrando sus entrañas en busca de amor de fuego; sin que nadie me escuchase en noches de insomnio y miedo, callé gemidos de sangre tapándolos con mi aliento, reteniéndolos con gélida saliva ardiendo, para que nadie oyese los gritos sostenidos en mi pecho, con las heridas restañadas por un sueño y otro sueño; anhelos ya olvidados, yo sé que aún vagan dentro; llénalos con tu amor, empreña de él el viento, sacia mi hambre con tu aliento, cúrame las heridas, escucha mis sentimientos, haz que duerma soñando


cada noche satisfecho de haber podido colmar el más fuerte de mis anhelos, la más sentida de mis utopías, el más bello de mis sueños; te daré todo mi amor, sólo eso, y no sé cuánto, dónde llega mi mirada no alcanzo a conocerlo; entra dentro de mí y juega con un niño eterno, a tu lado soy un niño que alcanza con la mano el cielo. Volaremos por encima de quién no nos dio alas, porque sabía que nos conoceríamos y entonces sintió celos; dame tu amor si puedes, el mío ya no puedo recogerlo de tu pecho, ámame como yo te amo o dame la muerte a tiempo; de ti lo quiero todo, muerto de amor no vivo, prefiero perenne silencio. Olga, desdichadas y paupérrimas palabras para decirte lo que con ellas no puedo. ¡Olga, como nunca quise a nadie, a ti te quiero! ¡Te quiero!


ME ESCRIBIRÁS VERSOS Algún día, niña, te escribiré versos que tu rubricarás con un beso y estallará en mis labios, apagando con el celo con que se cierran los ojos de un niño que se va durmiendo, vibrando con la misma cadencia con que anuncia una campana el final de mil tormentos, dentro de mis venas, hasta adormecer mis dedos, apagando llama a llama todos mis desalientos. Algún día te contaré mil historias por boca del Nazareno, y como cadenas de oro anudarán dos vidas y atarán dos cuerpos, y serán sobre tus sienes corona, sobre mi papel tus versos; me prestará sus palabras para encerrar un amor de un hombre al que las palabras de un hombre le harían mil desprecios: el amor que te profeso. Algún día te escribiré versos para que tú los escuches de mis labios ardiendo, y me mirarás como sueño, acariciando mi cara y limpiando de mis ojos las lágrimas que brillan tantas noches de silencio.


Algún día, niña, me escribirás versos, bebiendo de mi mirada las palabras que en ti quiero; algún día nuestras manos, aferradas a la misma pluma, temblorosas y latiendo, querrán escribir versos, y se abrirán soltando el bastón de tantos ciegos, para abrazarnos más fuerte y ayudar nuestras miradas, manos, bocas, sexo, aliento, a sentirse más cerca... más cerca de nuestro cielo.


DEL DIOS DE LOS ATEOS, DEL SÁMSARA,DEL BAJO ASTRAL Y DE LOS INFRAMUNDOS Mi dolor no tiene dolor, no tiene padre, no tiene madre, no tiene hermanos mayores, no tiene novia, está huérfano y solo, y podrido de doler. Sé que tendrá hijos: hijos monstruosos y descastados, crueles, horribles y asesinos, sin piedad ni misericordia; y él, que no sabe nada ni nada más, ni porqués (un ser sin comprensión, sin inteligencia y sin vida y único y solo en una nada fría, sólo posee todo el miedo, la angustia y la desesperanza), siente que es un macho con partenogénesis. Sin embargo su vientre, sin células femeninas, sin madre, sin útero, sin pelvis de mujer, cosido y cerrado y sin vagina, reventará de dolor, y en su sudor, bañando el cielo de dolores, resbalarán hijos machos huérfanos y ensangrentados reventando su vientre y su cráneo y mancharán la nada como un monstruoso vómito en porciones que crearán el universo, sin compasión e incomprensivas, que sólo él comprende; y tendrán infinitos hijos del Dolor que serán todo vuestro dolor y sufrimiento y crearán el universo. Y lo culparán de todo, y tampoco lo comprenderán ni conocerán, y no le permitirán ni descansar ni llorar, y serán ateos, y no tendrán fin,


le darán lanzazos como explosiones infinitas de infinitas agujas clavándose en su cerebro y preñando sin cesar su vientre. Él es el Dios padre e hijo omnipotente del dolor y de todos los dolores, y sentirá constante dolor por todos vosotros y nunca será querido, y siempre será repudiado, recibiendo infinitos allaridos que no lo comprenden y rompen sus tímpanos. Ese Dios soy yo, El Yo Soy, mi Yo Soy, el Yo Soy de esta dimensión, del Bajo Astral y los Inframundos, el Porqué de la poesía, el porqué de todo, el porqué sin porqués, Yo, Dios Padre omnipotente del dolor, maldecido y solo. Esta poesía no tiene registro de propiedad intelectual, ni fecha de caducidad, ni puede plagiarse; difundidla corriendo a pie entre sudores y decidle la verdad de este Dios a todos los seres del Sámsara, a todos sus hijos, y pintad lágrimas en el rostro de Van Gogh de Baudelaire, de León Felipe, de Miguel Hernández , de Pessoa, ¡oh, vosotros mis niños preferidos...! ¡No sé porqué!, tal vez los únicos que me amáis. Poesía ulteriormente dedicada a mi madre, a Fina, a Felipe Millán, a María Vázquez y Montse Miragaya. Puesta en ofrenda a los pies de Shri Shirdi Sainath Maharaj. José Ángel Graña Abad (SAINATH BHAKTI)


MUJER DE POCA FE Soy la sombra del anhelo que te mira codiciosa en los ojos de la brisa y te envuelve en la distancia, atada fuerte al desencanto, tirando cruel de mi aliento; obsesa aura que besa tu cuerpo y aún tu espíritu, tu alma, tu olvido, tu falta de fe, tu desprecio y tu silencio. Soy devoto de tus dudas en la ermita del deseo, humillado por tu falta de fe y el abandono cruel de tu esperanza al comienzo de mi sueño, en un siempre, que no formaba parte de tu sueño. Jugaste a la ruleta rusa con la sonrisa en mi sien, una sien que era tuya, y ahora, mi sombra te pide el beneficio de tus dudas, de tus voluptuosos besos, de tus miradas traidoras, del poco valor que para ti tuve, y que para mí se fue perdiendo (mujer de poca fe), hasta que sólo quedase la sombra del anhelo, que sólo sabe que el orgullo es la dignidad de los ciegos, que para ser digno he de estar henchido


de humildad, ser el mĂĄs valiente de todos los pobres que encontraste en tu sendero, y encuentras todos los dĂ­as (somos todos los que estamos), y asĂ­ pedirte que aprietes fuerte con tu boca mis labios, para quemarnos juntos en el fuego con mi amor y tu deseo.


YO NO TENGO CORAZÓN Yo no quiero ya que ninguna, que otra más pinte mi cielo, pues yo vivo aquí en el suelo bajo fango y sobre piedras, y esa manchas figuronas fueron siempre púas de acero, y entre acero y entre piedras, rebotando en ese juego, se partió mi corazón. Yo no quiero que ninguna, que otra más manche mi cielo, pues mi vida está en el suelo, y ese cielo insinuado querría algo de mi pecho y ya no queda corazón. ¡No!... que otra más manche mi cielo; pues la vida entre fango y sobre piedras es costumbre de hace tiempo y no quiero otra aventura que haga que mi propio cerebro se carcajee de ese hueco donde ya no hay corazón. Yo no quiero que ninguna, que otra más pinte mi cielo y lo borre con traición, o lo vea yo de cerca y se apague la ilusión, enturbiando el frío cerebro, y no me queda corazón. Yo sólo quiero soñar solo, sueños fríos y sutiles


que se olviden fácilmente, para así volver a soñar los caprichos de mi mente, que yo debo de apurar; quiero estar solo en el juego de jugar soñando sueños, pues sólo me queda el frío cerebro; yo no tengo corazón. Y si donde habite el olvido, en algún lugar siniestro queda una hembra amante que a mi lado venga a dar, que prosiga su camino, pues yo hueco en este mundo, no podría mirarla a los ojos y separar los labios para decirle que no tengo corazón.


LA TESIS DE LOS SUEÑOS Soy un soñador y juro que lo soñado es verdad. A veces sueño que sueño, y cuando creo despertar, busco un momento en mi pasado, y esos sueños que se borran dejan un hueco vacío; la nada no es realidad. Todo lo que vivo es sueño y cuando no sueño no vivo (y si no soñase no viviese), pues no conozco ese sueño que no se puede soñar; ¿acaso existe la vida sin percibir, sentir, pensar, un mundo que todos sueñan con sueños todos distintos, y sólo uno es verdad? O, ¿la realidad es la ecléctica promiscuidad entre mil sueños estancos y los demás sueños no son, no existen, no hay? ¿Sólo soñamos un sueño, y al pronto vagamos, sin saber lo que soñamos, por un oscuro vacío hasta soñar la realidad? Soy un soñador y juro que lo soñado es verdad; si toda mi vida es sueño, y toda mi vida es nada, ¿dónde está mi realidad? Soy un soñador y juro que lo soñado es verdad.


MI NIÑO Mi niño nació con los ojos abiertos, mi niño luchó siempre por la verdad, nunca se dio por vencido, vivió siempre lleno de ilusiones, y comprendió desde el primer momento, con los ojos llenos de lágrimas, el porqué de los errores de los mayores. Y vertiendo sangre y sudor, escupiendo a cada rato el pegajoso polvo del camino, triste y frustrado, siguiendo la senda caduca de todos los que vivimos, cambiando odio por amor, triste y cabizbajo, triste y escupido, abandonó este mundo de incomprensión, marchándose con el alma rota, por el mismo lugar por el que había venido. ¡Y pensar que mi niño soñaba cambiar el mundo!: destruir las mentiras, acabar con el odio; conseguir el amor, terminar con la envidia; compartir la alegría, derrotar el temor; conseguir que todos fuéramos felices con la felicidad de los demás... ¡Ay, los sueños de mi niño! Pero el tiempo pasó, la impotencia y el tedio, el odio y el horror, derrotaron a mi niño; y una nube muy alta, llena de amor, de ilusiones, de quimeras y sueños, hasta el suelo cayó, derramando en el golpe llanto y frustración.


¡Pero no lo cambiasteis!; se marchó diferente, con la frente muy alta, sin haberlo engañado, ¡incólume, sin mancha!. ¡Qué orgulloso estoy de mi niño! y si mi niño volviera a salir algún día del jardín del olvido, si su alma supiera que aún estoy vivo, para no defraudarle volvería a luchar; aunque llanto y lágrimas me costase, porque él se lo merece todo, todo lo haría otra vez por mi niño, por mi niño, ¡por el niño que yo he sido!


SOLAMENTE EL AMOR Tantas miradas, tantos suspiros, tantos sexos cómplices, tantos estallidos de nuestros cuerpos y espíritus; almas y mentes en frenéticas muertes hacia el sueño postorgásmico. Tantas hembras que yo amé bajo el juramento de amarme. ... y hoy, después de tantos siglos enamorado de la mujer y del amor, después de tantos holas y adioses, con los surcos en mi piel y el cabello helado, los ojos secos sin miradas ni lágrimas que permitan ser espejo del pasado a tanta nostalgia, recuerdos y melancolía, mientras la nada espera envolver y abrazar mi cuerpo y mi espíritu, ensañándose en el último expirar, aconsejo al niño del vientre de la mujer que más me amó y me ama, a esa última generación de mi amor, del amor hacia mí y de mi ser, que apure el tiempo exiguo de su vida en respetar el horizonte de mi mirada, y volcarse incivilmente en la misma senda, siendo homenaje, tributo y despojo hasta el último latido, del amor, el deseo, los sueños, el placer y el dolor sucesivos e intermitentes que genera en algunos, que nos empeñamos en ser solamente el amor.


POESÍA DEDICADA A JOAQUÍN SABINA Desde los diez años tengo alquilado el sótano a Joaquín en el trece de la Melancolía, al fondo del Callejón de la Hipocondría, entrando en la Avenida de los Desesperados, donde corta la Travesía de la Desesperanza. Es un pueblo muy pequeño, de casas grises, donde las ventanas las dibujamos hoy, para vivir un día más, esperando un mañana que no existe. Cuando nos levantamos pintamos el horizonte de cada jornada con la pintura humana de la contumacia. Nos acostamos tarde, después de mojar los ojos en una fuente que todos compartimos (aunque ninguno nos conocemos), para mirarnos al espejo y ver las lágrimas que se acabaron aquel día... Es un pueblo sin nombre, y para encontrarnos hay que preguntar tan sólo por nosotros mismos; aunque oí decir que hace mucho tiempo le llamaban El Toboso. Yo vivo de escribir poesía, aunque no me pagan por ello. Hace tiempo me presenté para rodar “Psicosis 10” bajo la dirección de Belcebú. Hicieron su solicitud conmigo Gustavo (1) , José (2), Pedro (3), la reina Juana, y Carlos “El Hechizado”, entre otros “egregios colgados”;


pero el director renunció, porque se apiadó de sus elegidos y de una verdad tan hiriente para el público. El filme lo rodamos cada día con nuestro sino... hasta que cese… ¡Hasta que cese! (1) Bécquer (2) Espronceda (3) Calderón de la Barca


INOCENTES Lejos de amores perfectos, por ser platónicos, vivo el amor contigo cada día (el amor que soñé vivir un día), mas no es perfecto, por no ser platónico; sobresale como punta de lanza ardiente, o es caricia de un momento de ternura real y no soñada en medio de las ruindades de la vida, de las circunstancias del infierno que habitamos, y a tu lado camino todos los días; a veces llueve y nos mojamos, a veces el aire me empuja en la garganta, soportas mis defectos y pecado, y al cabo yo recibo tu imperfección, impuesta por imperativo del nacer en este mundo aciago, basto y raro; vivir juntos fue nuestra meta, y juntos padecemos cada día, que vivir es padecer solo o contigo, viviendo, soñando, envejeciendo y luchando a golpes de ciego contra el mundo que nos construyó y en menor medida construimos con besos, llantos, equívocos, caricias, noticias que recibimos esperanzados y noticias que nos desgarran cada día. En un infierno, con dos infiernos quisimos hacer cielos de pasión, paz y armonía, mas todos son conjuros de momentos,


y el resto sufrir la vida deshonesta, que con voces traidoras y lisonjeras, nos prometió un paraíso, entre rediles y jaurías. Mas ojalá no haya muertes definitivas que nos separen y nos muestren el fondo ensangrentado de sus bocas con sus crueles risas; espera, y esperemos aquí juntos navegar por las eternidades de mundos menos ingratos; vivir de la mano, con los corazones enzarzados, las que fueron quimeras del pasado en la niñez y en la adolescencia del principio inocente de nuestras vidas.


¡ME AGOBIÁIS! Un mundo fabricado por idiotas, y un mundo de idiotas fabricados; un mundo de personas que son gente, cuyos cuerpos despersonalizados corren buscando como refugio el calor del rebaño. Una sociedad que necesita ídolos y chivos expiatorios, una sociedad que se crea dioses y demonios, una sociedad que adora y teme a los fantasmas, multitud de seres que están solos, espectros que ríen en lontananza. Un montón de seres inconscientes, un infierno en el que triunfa la mentira, un lugar en donde se prostituye la verdad, un fuego donde se abrasan inocentes; un mundo, pedestal de hipocresía. Un mundo que camina por inercia, un mundo de estandartes e inconsciencia, un mundo donde todo está relativizado, un mundo sin valores absolutos, un mundo de envidia y de pecado; triunfo de la corrupción y la maldad, un mundo de neurosis colectiva, un mundo donde todo está masificado. Lucha de unos contra otros, tren que avanza sin destino, caballo que corre desbocado, nadie culpable y todos culpables; ¡sociedad de imbéciles, revolcaos vosotros en el lodo y en el barro; porque yo... me marcho!


TE QUIERO PÁLIDA (Hecha por encargo a una joven acomplejada por su palidez) Quiero pálida tu frente, te quiero lívida como un muerto, rojo sólo el blanco de tus ojos, rojo sólo tu espíritu, rojo tu corazón; rojos tus labios de niña, ardientes entre tu piel blanca y fría, quiero algo que me diga que seré tu último amor. Enrojecidas tus entrañas, cálido aliento surgiendo de tu llama de pasión, al contacto de tus labios, un gemido de tu alma, una noche de silencio, que empuje con fuerza el aire y lo cambie en loco viento que nos envuelva a los dos. Frenesí lánguido en tu mirada, mudo el grito de tu voz, sin fuerza tus brazos rendidos a la fuerza de mi emoción. Me gustas niña porque eres pálida, porque tienes la tez de hembra, pupilas de adolescente entre tu iris verde, y el cuerpo de mujer; pálidos cabellos de oro enredados entre mis manos, ceñido tu vientre a mi cuerpo, quiero morir dándote la muerte que calme toda mi hambre, que sacie toda tu sed.


Sentarme mudo al alba y ver tu cuerpo sin vida después de hacerte feliz, de apagar para siempre la ternura de tu voz. Para siempre tu tez pálida, para siempre lívida tu piel blanca, besar por último los labios fríos entre la sonrisa de éxtasis reflejada en tu rostro, tatuada en tu corazón; dejando caer mi cuerpo sin vida sobre tu cuerpo de ángel, abrazado a ti para siempre, es anhelo de mi pasión; después de amarte no quiero vivir un recuerdo despiadado, un anhelo ya para siempre eterno, una frenética obsesión; quiero morir feliz, niña de mis ojos, que desde hace tanto tiempo caminas dentro de mi cuerpo, naciendo muda de mi aliento, dándole fuerza a mi voz; no seas más mi latido, sé mi paz para siempre después de darme tu amor.


PARIA. (Hecha por encargo) Te parieron inocente en una barra americana; naciste paria, llenas de amor tus venas. Te mandaron a la escuela y aprendiste las primeras letras, cuatro muros y una pizarra eran tus primeras cadenas; porque tú, niño paria, sólo buscabas amor, llenas de él tus venas. Te enamoraste de aquella nena, era hija de papá, tú estabas solo en la selva; eras paria, llenas de amor tus venas. Te ofreció el mundo cosas; el bolsillo vacío, ni una moneda. Comprensión y amor eran eco vacío de tus llantos en la habitación de aquella ramera; joven paria, llenas de amor tus venas; pero te viste reflejado en sus ojos, y cuando te contó su vida llorasteis juntos vuestras penas. Macarra humillado por el dinero, encuentras la libertad cuando el ácido baña tu cerebro, cuando el caballo corre por tus venas, y entonces vives de olvidos, del pasado, del presente, del futuro que te espera; hombre paria, llenas de amor tus venas. Cuchillo ceñido al cinto esperas en una esquina, humillado por el mundo, el bolso de aquella vieja.


Ayer te encontraron muerto abrazado a tu pareja, desnudo como te parieron, con el cuerpo marcado por navajas y cadenas, llenas de amor tus venas. “¡Sobredosis de heroína!” El opulento rió y comió la cena ¡Moriste paria!, ¡llenas de amor tus venas!


LAS ALBAS. AMANECERES Colgado de la pared junto al cuadro, se veía el espejo... comencé caminando despacio, y conforme me movía yo se movía lo que había dentro; todo ello y el silencio reinante me hizo meditar un momento: como un espejo es la vida, pues en tanto por ella vas pasando, te va ofreciendo con el transcurrir del tiempo, hora tras hora, día tras día, un sinfín de imágenes distintas; y si lo piensas nada es nuevo ni verdad, todo son reflejos y mentiras: sombras de una realidad que eres tú mismo, de un mundo que desde siempre está contigo, y que va cambiando conforme caminas; y el día en que el espejo se quiebre, el día en que la ilusión se apague... habrá terminado tu vida.


QUIMERAS Mas algún día volverá, y verá sus sueños realizados, sobrevivirá al tiempo, continuará en él la esperanza después de muerto; podrá vagar por un mundo de silencio, mas algún día volverá y se mecerá en sus sueños hechos realidad. Las quimeras de los espíritus puros no puede destruirlas el tiempo, perduran en la ilusión de almas hermanas de las suyas, y un día muy lejano, de cielo muy azul, podrá ver tangible el mundo hijo de sus sueños. Podré estar oculto bajo las aguas de un mar que desde aquí creemos incierto, pero la misma ilusión y la rebeldía que me hicieron sufrir en la vida, harán que en la muerte no esté muerto, y surgirá de las olas mi sonrisa, que en las noches de tormenta escucharán mis hermanos desde el mundo en el que yo quise vivir.


A GLORIA. EN MIS VERSOS HAY UNA NIÑA En mis sueños hay una niña... una niña que me llama... se muere todas las noches cuando se levanta el alba. En mis sueños hay una niña... una niña que me llama. Yo sé que ya es mujer; algún día la puedo ver, sin que ella mire mis ojos, sin que ella vea mi cara. De día veo su cuerpo; ella es muda y no me habla, de noche cuando me acuesto siempre me despierta su alma. Son dos ojos negros en una carita lánguida, me miran cuando me duermo y yo los miro despierto, cuando están lejos, y ya no puedo alcanzarla. Quisiera poder fundir cada día y cada noche con el fuego que me abrasa, palpar la luz de sus ojos con la luz de mi mirada y apartarla con ternura acariciando su cara. Nunca más vivir sin ella, no más silencio, más distancia, alumbrar con mi inquietud la palidez de su cara, amarla cuerpo a cuerpo, borrar esa lontananza


de unos versos sin esperanza. En mis sueños hay una niña... una niña que me llama. En mis versos hay una niña…


LUZ SOÑADORA Mis ojos se centraron en un mar iluminado, un mar azul radiante, en un espejo que emitía torrentes de luz; inmensa claridad contrastaba con las manchas de las rocas perdidas en la lejanía; aguas vivas que ocupaban mis pupilas y rompían en espuma absorbían mis sentidos; un plano perfecto, formas en suave relieve, himnos celestiales que brotaban al abrirse las olas, cristales transparentes que nada ofrecían tras de sí, porque no podía haber más belleza, porque el infinito estaba allí. La perfección de la imagen; chorros de sensibilidad bullían en mí, y una prueba irrevocable de que la realidad de por sí puede superar la más ambiciosa de las imaginaciones. La calma y la quietud, el sol, la paz y la belleza de un ángel de nácar, se fueron deshaciendo a borbotones, aquello que las palabras de un dios no podrían describir, aquello que calmó toda mi sed de poesía no lo pude plasmar aquí; y el alma de Dios se trocó de luz soñadora en penumbra y oscuridad, nubes deshicieron el encanto


de los incre铆bles paisajes Becquerianos, y una puesta de sol me abandon贸, para dejarme de nuevo solo... hundido en mi mediocridad.


ABRIR LAS PENAS MÁS GRANDES Me quiere llorar el alma, a borbotones, como llantos de payaso, un tétrico día de función sin ganas de llorar ni de reír. Se me mata por llorar el alma, como ríos de glaciar que arañe todos mis ojos todos, hasta arrancar el vítreo que corra por las mejillas de mi corazón (mas aún sabiendo que está muerta). Se me murió por llorar el alma, cuando mis dedos no encontraron la exención tan principal de secar secos ojos secos de ceniza y escarbaron las uñas de los hombres y el Dios de todos, con fuerza unísona, la fuente muerta de mi ser. Sin saber que me duele, todo me duele todo, y todo es nada, sino una misteriosa formidable fuerza que me hace ser el dolor. Y aquí, donde dejo de esperar, espera esa fuerza irrespetuosa, esperando en la esperanza, sin que tenga ser mi cuerpo ni para esperar, ni para existir, ni para hallar nada. ¡Muérete diablo!, que habitas en quien yo fui, sin dejarme esconder entre tu vello repugnante y sucio, porque temes que mi dolor te doblegue como picadura de hiel


a despreciable monstruo, y me humedezcas para renacer yo, mรกs allรก del bien y del mal; tan sรณlo para llorar.


¡OJALÁ ESTUVIESES A MI LADO! ¡Qué noches tan tristes, tan mojadas de sudor tan frío, por no poder no pensar en ti! En cada hueco estás tú, mirándome; en cada vacío está tu cuerpo y espíritu, una sonrisa y una voz que me dice: ¡ven!. Te busco en cada esquina y en cada rincón, el lleno de tu cuerpo, espíritu, tu sonrisa y tu voz, y cuando voy a abrazarte, suspirando de pasión, el aire hueco cruel y la nada me despiertan sobresaltado, recordándome que es una burla del amor. ¡Qué noches tan crueles sin el susurro de tu voz! ¡Qué cruel noche es la distancia que convierte tu contacto, tu respirar, tu latido, en eco de una obsesión! Si estuvieras a mi lado cada noche y esta noche, ¡qué bella sería la palabra amor! ¿Y tú serías quién eres? -No. ¿Y yo sería quién soy? -No; seríamos uno solo, un solo latido, un solo suspiro, un solo corazón; y yo sería tú, y tú serías yo, seríamos uno solo,


palpando un solo cuerpo, y entonces el sudor frío sería un no pensar en nada, un vivirlo todo, un cálido aliento que nos mojaría a los dos. ¡Ay Dios, no sé qué sería... ! ¡Si estuvieses a mi lado cada noche y esta noche... qué bella sería la palabra amor!.


FEMINEIDAD Sus ojos se vislumbran entre las sombras, y sus senos tiernos transparentan a través de la camisa azul claro, sus labios gruesos son de un rosa pálido, y su mirada es profunda y distante, se oculta en ella el amor y el misterio de una pasión callada. El pelo negro, ligeramente ondulado, le cae sobre los hombros, y hace juego con sus ojos, dos rocas perdidas en el mar, que a lo lejos se ve bravo, y de cerca está quieto y callado. Su mirada sugiere la monotonía de un continuo frenesí emocional; la armonía de la tonalidad de sus ojos, su cabello y sus carnes parece desprender la energía de su alma, que configura un aura magnética, que susurra dibujando en la lontananza de la más bella puesta de sol, con nubes enrojecidas por la fuerza deslumbrante y efímera que se oculta con la fugacidad de lo inefable, la palabra femineidad. Sensualidad, fragilidad, ternura, melancolía y tristeza vaga de un vitalismo infinito y estático, monótono, proyectan la forma de sus labios y la luz de su mirada, que se confunden, haciendo soñar y añorar


un ánima misteriosa, enigmática, paradisíaca, un mundo lleno de exotismo. Quisiera poder abrazarme a su cuerpo y a su espíritu con toda la intensidad de mi afecto erótico y penetrar dentro de sí formando una sola realidad, y bebiendo dentro de su aliento su felicidad, regresar dentro de mí, en un éxtasis ataráxico entre el frenesí y la ternura. Mientras la miro me muero por dentro, porque sé que nunca la conseguiré, es demasiado distante; ¡qué mirada tan distante, tan cercana y tan provocativa! Sin embargo, yo la amo, sí, estoy enamorado de esa mujer, de la mujer del cuadro.


COLORES APAGADOS Qué inmensa es la tristeza cuando no se siente curiosidad por la vida, y sólo se espera la muerte, tan callada, tan sombría. Qué inmensa es la tristeza cuando no te queda inspiración para escribir los postreros versos de la vida, y sólo se espera la muerte, tan obscura, tan vacía. Cuando los ojos ya no tienen lágrimas para desahogar las penas que te hunden en el fango de la vida, cuando no puedes llorar por ti mismo y te sientes impotente aguardando la muerte, ¡qué tétrico se vuelve el aire que respiras... y qué apagados son los colores que te rodean!. Después del frenesí que me ha tocado vivir, yo no me enfrento a la muerte, no tengo fuerzas, la muerte se enfrenta a mí; y mientras los ojos fijos en el papel no se atreven a mirar alrededor, ¡qué solo me siento sin ti!. Sí, por un momento pasan por mi mente los rostros borrosos de las personas queridas, pero no me queda amor, apenas me resultan reconocibles, sólo tú te alejas con mayor nitidez, pero no es suficiente, apenas puedo ya reconocerte entre las sombras. Siento frío gélido en las sienes y fatiga de vivir,


saco fuerzas de flaqueza para poder escribir y el sudor baĂąa mi frente. Mas nunca se pierde la esperanza, ni siquiera ante la muerte... pues si mientras vivo me muero... quizĂĄs morir sea vivir.


SOLEDAD Y SOLEDAD Si te abrasa en el rostro la llama de la antorcha que alimenta esta larga, negra, tan confusa y de horror noche de tu vida, que parece no respetar la llegada de un nuevo amanecer, déjame que camine junto a ti para humedecer tu cara con mis besos, y espera conmigo un alba, que está condenada a nacer y a ser testigo de como la iluminas de nuevo con tu mirada, mientras te adoro; si tienes fe en quien vive en ti, el motivo tan grande y tan solo de su vida, si tienes la fuerza y el amor de renuncia; ¡ámame con esa fuerza!, y sólo querré lavar tus pies con la última gota de mis venas. No permitas que tu agonía queme en cenizas mi cuerpo y mi espíritu. Si las espinas, calientes, crueles, secas, que humedecen tus pies desnudos al caminar, te hacen buscar otra senda; perdido, desnudo, a un lado del camino, en un nido de zarzas entre la maleza, en una noche eterna y fría, atado, impotente por las espinas que cambiaron tu camino,


gritaré afónico, con la sangre bullendo en mis labios resecos (que nunca tanto amé) Nunca podré pensar mas que ese pensar eterno, en el bosque del horror, donde las almas insatisfechas vagan tropezando para siempre sin final; mientras anhelo sea siempre un calor plácido en tu pecho, que sonría en cada latido de tu corazón.


TODOS LOS SUEÑOS Sólo hablé contigo un momento; sólo un momento miré tus ojos; diferente momento... principio y parte de un ensueño: un par o un sinfín de raras y extrañas sensaciones invadió mi aliento. Obscuros ojos... no sé si marrones o negros; no lo sé; no me acuerdo. Sólo sé que eran transparentes, porque a través del brillo de tu mirada pude o creí ver muchas cosas dentro; eran cosas bellas, muy bellas, eran utopías, eran imposibles, y creí reconocer en su infinitud sueños hijos de mis sueños. Tú fuiste la realidad que en lugar de mi espíritu habitó en mí por un momento. Durante un día tú has sido todo el mundo de mis sueños; todo mi mundo; todo el mundo; todos los sueños.


COMO EL MAR Soy la lucha, luché fuerte... como el mar. Soy la espuma, formé mundos de espuma... como el mar; soy paz y tempestad... como el mar; me hirieron los hombres... como al mar; ...y porque visité mil mundos sin viajar y llegué tan lejos como el mar... yo soy el mar. La amé con tanta fuerza como el mar. Luché en grandes tempestades, sobreviví a la muerte, me superé a mí mismo... como las olas del mar; a veces soy la violencia, a veces soy la paz, puedo romper las rocas con mi grito, como las olas del mar. En mí vive la vida, y porque creo en mí mismo... yo soy el mar.


SOLEDAD Es un día de sol y brisa; sentado en el banco verde del parque, mientras los pájaros se mueven entre los álamos y las palmeras, veo los bultos pasar. Vacío, tristeza inmensa, soledad. Silencio en el ruido, vacío en la multitud, paisaje mudo, y yo, absorto en mí mismo, una piedra; sólo el rayo tétrico que cruza mi pecho me da la consciencia de que estoy despierto. Vacío, tristeza inmensa, soledad. Entre la punta de mis botas pasa una hormiga, también ella camina sola, y mientras recuerdo vagamente los momentos felices y tristes del pasado, la hormiga perdida me da ganas de llorar. Vacío, tristeza inmensa, soledad. La brisa me despeina y su contacto me produce melancolía; trato de fijar la mirada en el sol, dos lágrimas corren por mis mejillas, y los bultos que pasan se deforman. Vacío, tristeza inmensa, soledad. Destapo la lata de cerveza, y mientras humedezco la garganta vuelven a mí ansias frescas de vivir, pero sólo por un instante. Cerca pasa el río, que se oye monótono;


al lado está la nostálgica estación, y los pitidos del tren a lo lejos. Es un día de sol y brisa, sentado en el banco verde del parque, mientras los pájaros se mueven entre los álamos y las palmeras, veo los bultos pasar. Vacío, tristeza inmensa y vaga; sinsentido de la vida; ¡cuánta soledad!


A NURIA Rosa del cielo, noche estrellada, flor de la luna, ángel del aura; cometa de amor, ternura en el sol, prima cercana de otra galaxia; reina de Lemuria, Diosa de la Atlántida, espíritu que regresa de hermosas civilizaciones pasadas. Índigo hembra, sueño exquisito de primavera en la fecunda tierra mojada. Guarda de luz, cartera de Dios, mensajera del alba, mártir de los humanos, luz en la niebla, Diosa y esclava en un planeta de hermanos pequeños cobijo del ego y la ignorancia. Dulce sonrisa en ojos tristes de mirada blanca. Fuego y dolor, princesa encarcelada, calor en el alma. Un planeta en el kharma, espíritu amigo de la sonrisa y de las lágrimas; estela vital, maestra aventajada de los hermanos de la ignorancia; guía que llora, heridas que sangran, golpes brutales en el costado de la esperanza. Consejera constante de buscadores ante los ojos de un bosque espeso de la tercera noche del Sámsara. Alma que vibra, compasión encarnada ... Vibración de dios y de la bondad que regresa a pintar de belleza y de mensajes


la espuma blanca de las olas que regresan a besar la playa. Rayo de luz, besos de luz, niña de luz, dolor para la luz, parto de luz; luz en los labios, en la sonrisa, en las palabras, el pensamiento y los sentimientos de la amiga madre, Diosa y hermana desde el pasado para un futuro lleno de amor que explosionará en brotes índigos, inundando de magia el universo de los universos de los poetas que buscan musas en las luciérnagas de las oscuras noches del alma.


DENTRO DE TU ALIENTO Luces que brillan en el cielo, flores que brotan en el agua, destellos que relucen en el alma: dos amores que se aman. Soles que deslumbran en la niebla, hojas en blanco que se cubren de notas musicales... un “sí” en el espacio ardiendo y el eco de una voz a lo lejos, que se acerca gimiendo, haciendo perlas de lágrimas. Volcanes que nacen con nosotros, haciendo amor de su lava; un espejo y una vela, y en la habitación... dos personas que se aman.


AYER ENCONTRÉ EL UNICORNIO DE SILVIO Ayer en el cielo encontré un unicornio azul con su cuerno de añil. Estaba sentado en su camita y tenía en la mano un ramo de flores. Me dijo que en el cielo los ángeles tenían juguetes vivos y que Silvio siempre dormía abrazado a él; que lo perdió, porque lleno de nostalgia, se marchó en un viaje a la niñez para decirle a su madre Lealtad que siempre continúa pensando en ella y jamás su corazón la había soltado de la mano. Me contó que solo hablaba Cantando canciones con la TERNURA, “un poco con amor, un poco con verdad”, porque era un ángel cuya misión es hacer regalos de amor y sinceridad en la cajita de la sensualidad y la belleza, sin importarle nunca el dinero que costase… “cien mil… un millón… “ Que en el cielo no se compraba ni vendía nada, y todo se compartía ayudando unos a otros; porque Dios, aunque era un poco mandón, siempre hacía lo mejor para todos; no hacía ninguna diferencia entre unos y otros, y le pedía “a cada uno según su capacidad”, y le daba “según sus necesidades”. A los ángeles que solo sabían hacer poesía


les regalaba instrumentos musicales, y sólo les pedía aprender a tocarlos hasta que hacían canciones tan bonitas como las de Silvio; entonces venían a la tierra para decirnos la verdad cantando, como el ángel Milanés, que en el cielo dormía abrazado a una muñequita llamada Yolanda, y en la tierra pronuncia “eternamente su nombre”. Luego se despidió diciéndome que le pidiese a Silvio “un millón” de bendiciones; y cantando, “se fue…” (¡“Ojalá” encuentre todos los unicornios azules…!)



BAILANDO CON BAUDELAIRE, FERNANDO PESSOA, M. HERNÁNDEZ Y M. MACHADO